Creación (Reseña sintética) En el principio(a) creó Dios el cielo y la tierra. Pero la tierra estaba desierta e informe; y tinieblas, sobre la faz del abismo; y el Espíritu de Dios flotando(b) sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios:(c) «Hágase luz»; e hízose luz. Y vio Dios la luz que(d) bella. Y dividió Dios por entre la luz y por entre las tinieblas. Y llamó Dios la luz «día», y las tinieblas llamó «noche». E hízose tarde e hízose mañana: día uno.(e) Y dijo Dios: «Hágase firmamento(f) en medio de las aguas, y esté dividiendo por entre aguas y aguas». E hízose así. E hizo Dios el firmamento; y dividió Dios por entre las aguas que estaban por debajo del firmamento, y por entre las aguas, las por sobre el firmamento. Y llamó Dios el firmamento «cielo». Y vio Dios que(g) bello. E hízose tarde, e hízose mañana: día segundo. Y dijo Dios: «Congréguense las aguas las por debajo del cielo en congregación una, y aparezca la seca». E hízose así. Y congregáronse las aguas las por debajo del cielo en las congregaciones de ella; y apareció la seca. Y llamó Dios la seca «tierra», y las juntas de las aguas llamó «mares». Y vio Dios que bello. Y dijo Dios: «Brote la tierra planta: hierba semillando semilla según género y según semejanza; y leño fructífero, haciendo fruto; del cual la semilla de él en él, según género y según semejanza». E hízose así. Y produjo la tierra planta: hierba semillando semilla según género y semejanza; y leño fructífero, haciendo fruto; del cual la semilla de él, según género y semejanza, sobre la tierra. Y vio Dios que bello. E hízose tarde, e hízose mañana: día tercero. Y dijo Dios: «Háganse lumbreras en el firmamento del cielo para iluminación sobre la tierra, para dividir por entre el día y por entre la noche; y sean para señales, y para sazones, y para días y para años. Y estén para iluminación en el firmamento del cielo, para lucir sobre la tierra». E hízose así. E hizo Dios las dos lumbreras las grandes: la lumbrera la grande para principados del día; y la lumbrera la menor para principados de la noche; y las estrellas. Y púsolas Dios en el firmamento del cielo para lucir sobre la tierra; y principar al día y a la noche, y dividir por entre la luz y por entre las tinieblas. Y vio Dios que bello. E hízose tarde, e hízose mañana: día cuarto. Y dijo Dios: «Produzcan las aguas reptiles de almas vivientes y volátiles volando sobre la tierra por el firmamento del cielo». E hízose así. E hizo Dios los cetáceos los grandes y toda alma de vivientes reptiles, que produjeron las aguas según el género de ellos; y todo volátil alado, según género. Y vio Dios que bellos. Y bendíjoles Dios, diciendo: «Creced y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares; y los volátiles multiplíquense sobre la tierra». E hízose tarde, e hízose mañana: día quinto. Y dijo Dios: «Produzca la tierra alma viviente, según género: cuadrúpedos y reptiles y bestias de la tierra, según género». E hízose así. E hizo Dios las bestias de la tierra, según género, y ganado y todos los reptiles de la tierra, según género. Y vio Dios que bellos. Y dijo Dios: «Hagamos hombre según imagen nuestra y según semejanza; y principe a los peces de la mar, y a los volátiles del cielo, y al ganado, y a toda la tierra, y a todos los reptiles los que reptan sobre la tierra.» E hizo Dios al hombre; según imagen de Dios hízole; macho y hembra hízoles. Y bendíjoles Dios, diciendo: «Creced y llenad la tierra, y enseñoreaos de ella y principad a los peces del mar, y a los volátiles del cielo, y a todo ganado, y a toda la tierra y a todos los reptiles que reptan sobre la tierra». Y dijo Dios: «He aquí os he dado toda hierba sembradera, semillando semilla que hay sobre la faz de toda la tierra; y todo leño que tiene en sí fruto de semilla sembradera para vosotros será en comida; y para todas las bestias de la tierra y todo reptil el que repta sobre la tierra, que tiene en sí alma de vida; y toda hierba verde en comida». E hízose así. Y viólo Dios todo cuanto había hecho; y he aquí, bello sobre manera. E hízose tarde, e hízose mañana: día sexto. Santifica Dios el día séptimo Y consumados fueron el cielo y la tierra y todo el ornato de ello. Y consumó Dios en el día el sexto las obras suyas que hizo; y reposó el día el séptimo de todas las obras suyas que hizo. Y bendijo Dios el día el séptimo y santificóle, porque en él cesó de todas las obras suyas que empezó Dios a hacer. Este, el libro de la génesis de cielo y tierra, cuando fueron creados, el día que hizo Señor Dios el cielo y la tierra. Y todo lo verde(a) de campo aún no había sobre la tierra; y toda hierba de campo aún no había brotado,(b) pues no había llovido Dios sobre la tierra; y hombre no había para trabajarla. Y niebla ascendía de la tierra, regaba toda la faz de la tierra. Y plasmó Dios al hombre, polvo de la tierra. E inspiró en su faz soplo de vida, y vino a ser el hombre en alma viviente. Y plantó Dios un huerto en Edén(c) hacia el oriente, y puso allí al hombre, que plasmó. Y produjo Dios todavía, de la tierra, todo leño gracioso de ver y bello de comer; y el leño de la vida en medio del paraíso, y el leño de ver lo cognoscible de bello y malo.(d) Y río sale de Edén a regar el paraíso; de allí se parte en cuatro cabezas.(e) Nombre del uno: Fisón; éste, el que rodea toda la tierra de Evilat: allí donde está el oro; y el oro de aquella tierra, bello; y allí está el rubí y la piedra de ónice. Y el nombre del río el segundo: Gehón; éste, el que rodea toda la tierra de Etiopía. Y el río el tercero: Tigris; éste, el que avanza frente por frente de Asiria. Y el río, el cuarto, éste: Eufrates. Y tomó Señor Dios el hombre que plasmó, y púsole en el paraíso de las delicias a trabajar y guardar. Y mandó Señor Dios a Adán,(f) diciendo: «De todo leño el en el paraíso,(g) para alimento, comerás. Del leño, empero, del conocer bello y malo, no comáis de él; y el día que comiereis de él, de muerte moriréis». Y dijo Señor Dios: «No bello, estar el hombre solo: hagámosle auxiliador conforme a él». Y plasmó Dios todavía, de la tierra, todas las bestias del campo y todos los volátiles del cielo,(h) y trájolos a Adán, a ver cómo los llamaba; y todo lo que llamara Adán alma viviente, éste(i) su nombre. Y llamó Adán nombres para todo ganado y todos los volátiles del cielo y todas las bestias del campo; pero para Adán no se halló auxiliador semejante a él. Y lanzó Dios éxtasis sobre Adán y durmióse; y tomó una de sus costillas y rellenó carne en lugar de ella. Y edificó Dios la costilla que tomó de Adán en mujer,(j) y trájola a Adán. Y dijo Adán: «Esto ahora,(k) hueso de los huesos míos, y carne de la carne mía; ésta llamaráse «varona», porque de varón tomada ha sido. Por esto abandonará hombre al padre de él y a la madre; y conglutinaráse con su mujer, y serán dos para en carne una». (2:24) Y estaban los dos desnudos, así Adán como su mujer, y no se ruborizaban.(l) Caída Pero la serpiente era el más sagaz de todos los vivientes los sobre la tierra, que hizo Señor Dios. Y dijo la serpiente a la mujer: «¿Pues qué? ha dicho Dios: «No comáis, no, de todo leño del paraíso»? Y dijo la mujer a la serpiente: «Del fruto del leño del paraíso hemos de comer; pero del fruto del leño que está en el medio del paraíso, dijo Dios: «No comeréis de él ni lo toquéis, no; para que no muráis». Y dijo la serpiente a la mujer: «No de muerte moriréis; pues sabía Dios que el día que comiereis de él, se abrirán los ojos vuestros y seréis como dioses conociendo bello y malo». Y vio la mujer qué bello es el leño de comer, y qué agradable a los ojos de ver y qué gracioso de contemplar:(a) y tomando el fruto de él, comió; y dio también al varón de ella, con ella, y comió. Y abriéronse los ojos de los dos, y conocieron que desnudos estaban; y cosieron hojas de higuera, e hiciéronse cinturones. Y oyeron la voz de Señor Dios paseándose en el paraíso a la tarde, y ocultáronse y Adán y su mujer a faz de Dios en medio del leño del paraíso. Y llamó Dios a Adán y díjole: «Adán, ¿dónde estás?». Y díjole: «La voz tuya he oído paseándote en el paraíso, y temí(b) porque desnudo estoy, y me oculté». Y díjole Dios: «¿Quién te ha significado que desnudo estás, sino que, del leño, del que te mandé: de éste sólo no comer —de él has comido?» Y dijo Adán: «La mujer que has dado(c) conmigo, ésta me ha dado del leño y he comido». Y dijo Señor Dios a la mujer: «¿Qué, esto has hecho?». Y dijo la mujer: «La serpiente engañóme, y comí». Y dijo Señor Dios a la serpiente: «Porque esto has hecho, maldita tú delante de todo el ganado y delante de todas las bestias las sobre la tierra; sobre el pecho tuyo y el vientre andarás y tierra comerás todos los días de tu vida.(d) Y enemistad pondré entre ti y entre la mujer; y entre la simiente tuya y entre la simiente de ella: ella(e) te quebrantará la cabeza, y tú le quebrantarás el calcañar». Y a la mujer dijo: «Multiplicando multiplicaré los dolores tuyos y el gemido(f) tuyo: en dolores parirás hijos, y hacia tu marido, tu conversión, y él te dominará». Y a Adán dijo: «Porque has escuchado la voz de tu mujer y comido del leño, del cual te mandé —de él sólo no comer— de él has comido, maldita la tierra en tus obras: en dolores comerás de ella todos los días de tu vida. Espinas y cardos te brotará, y comerás la hierba del campo. En sudor de tu rostro comerás tu pan, hasta que vuelvas a la tierra de que se te tomó; que tierra eres y a tierra te irás». Y llamó Adán el nombre de su mujer «Eva»;(g) por ser madre de todos los vivientes. E hizo Dios a Adán y a su mujer túnicas pelíceas, y vistióles. Y dijo Dios: «He aquí Adán hecho está cual uno de entre nosotros para conocer bello y malo.(h) Y ahora no sea que extienda su mano y coja del árbol de la vida, y viva por el siglo.(i)» Y envióle Señor Dios fuera del paraíso de las delicias a trabajar la tierra; de que se le tomó. Y echó fuera a Adán y le aposentó frente a frente del paraíso de las delicias; y ordenó a los querubines y la llameante espada la que se volvía,(j) a guardar el camino del leño de la vida. Caín y Abel Y Adán conoció a Eva su mujer, y concibió y parió a Caín. Y dijo: «Adquirí(a) hombre por Dios». Y volvió a parir, al hermano suyo: Abel. E hízose Abel pastor de ovejas; y Caín estaba trabajando la tierra. Y aconteció después de días, ofrecer Caín de los frutos de la tierra sacrificio al Señor; y Abel ofreció también él de los primogénitos de sus ovejas y de las grosuras de ellas; y miró Dios a Abel y sus dones; pero a Caín y a sus sacrificios no atendió. Y entristecióse Caín sobremanera, y decayó su rostro. Y dijo Señor Dios a Caín: «¿Por qué en torno triste te has puesto, y por qué ha decaído tu rostro? Si rectamente hubieres ofrecido, pero rectamente no determinado ¿no has pecado? Tranquilízate: hacia ti la conversión de él;(b) y tú imperarásle». Y dijo Caín a Abel su hermano: «Pasemos a la llanura». Y aconteció, estando ellos en la llanura, alzóse Caín contra Abel, su hermano, y matóle. Y dijo Señor Dios a Caín: «¿Dónde está Abel el hermano tuyo?». Y dijo: «No sé; ¿acaso guarda de mi hermano soy yo?». Y dijo Señor: «¿Qué has hecho? Voz de sangre del hermano tuyo clama a mí de la tierra. Y ahora maldito tú de la tierra que ha abierto su boca para recibir la sangre de tu hermano, de la mano tuya. Cuando trabajares la tierra, tampoco prestará su fuerza para darte:(c) gimiendo y temblando estarás sobre la tierra». Y dijo Caín a Señor Dios: «Mayor mi culpa que para que se me perdone. Si me lanzas hoy de faz de la tierra;(d) y de la faz tuya he de ocultarme(e) y estar gimiendo y temblando sobre la tierra; también todo el que me encuentre,(f) mataráme». Y díjole Señor Dios: «No así; quienquiera que matare a Caín, siete veces(g) lo que agraviare, pagará».Y puso Señor Dios señal(h) a Caín, para que no le arrebatase todo el que le hallase. Y salió Caín de faz del Señor y habitó en tierra de Naíd,(i) frente a frente del Edén. Y conoció Caín a su mujer, y concibió y parió a Henoc. Y había edificado ciudad; y llamó la ciudad, por el nombre de su hijo «Henoc». Y nació a Henoc, Irad; e Irad engendró a Maviael; y Maviael engendró a Matusalén; y Matusalén engendró a Lamec. Y tomóse Lamec dos mujeres: nombre de una: Adá, y nombre de la segunda: Selá. Y parió Adá a Jabel; éste fue el padre de los que habitan en tiendas, ganaderas. Y nombre de su hermano: Jubal; éste fue el que descubrió salterio y cítara. Y Selá parió, también ella, a Tubalcaín; éste fue forjador broncero de bronce y fierro. (Y hermana de Tubalcaín, Noema).(j) Y dijo Lamec a sus mujeres:«Adá y Selá, oíd mi voz;mujeres de Lamec, escuchad mis palabras:que varón me maté(k) por herida,y jovencillo por cardenal; porque siete veces se ha vindicado a Caín, pero a Lamec setenta veces siete». Y conoció Adán a Eva su mujer, y concibió y parió hijo. Y denominó el nombre de él: Set,(l) diciendo: «Pues me suscitó Dios simiente(m) otra en lugar de Abel; a quien mató Caín». Y a Set nació hijo y denominó su nombre: Enós; éste esperó(n) que se invocara nombre de Señor Dios. Genealogías Este, el libro de generación de Adán. El día que creó Dios a Adán, a imagen de Dios hízole; macho y hembra creóles, y bendíjoles. Y denominó el nombre de ellos Adán, el día que les creó. Y vivió Adán ciento treinta años y engendró a su imagen y a su semejanza y denominó su nombre Set. Y llegaron a ser los días de Adán, después que engendró a Set, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Adán los que vivió, novecientos treinta años; y murió. Y vivió Set ciento cinco años y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Set novecientos doce años; y murió. Y vivió Enós noventa años y engendró a Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió. Y vivió Cainán setenta años y engendró a Malaleel. Y vivió Cainán, después que engendró a Malaleel, ochocientos cuarenta años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió. Y vivió Malaleel setenta y cinco años y engendró a Jared. Y vivió Malaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Malaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió. Y vivió Jared ciento sesenta y dos años y engendró a Henoc. Y vivió Jared, después que engendró a Henoc, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. Y Henoc vivió sesenta y cinco años y engendró a Matusalén. Y complació Henoc a Dios; y vivió, después que engendró a Matusalén, trescientos años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Henoc trescientos sesenta y cinco años. Y complació Henoc a Dios; y no fue hallado por esto: porque trasladóle Dios.(a) Y vivió Matusalén ciento ochenta y siete años y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió. Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años y engendró hijo. Y denominó su nombre Noé,(b) diciendo: «Este nos aliviará de las obras nuestras, y de las aflicciones de las manos nuestras y de la tierra a quien maldijo Dios». Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años; y engendró hijos e hijas. Y llegaron a ser todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió. (5:31) Y era Noé de quinientos años y engendró a Sem, a Cam y a Jafet. Noé Y aconteció, cuando principiaron los hombres a hacerse muchos sobre la tierra, que hijas(a) les nacieron; y, viendo los hijos de Dios(b) a las hijas de los hombres ser bellas,(c) tomáronse cónyuges de entre todas las que eligieran. Y dijo Dios: «No permanecerá, no, mi espíritu en estos hombres por el siglo,(d) por ser ellos carne; y serán los días de ellos ciento veinte años». Y los gigantes estaban sobre la tierra en aquellos días;(e) y, también después entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres y les parieron; éstos son los potentes, los desde el siglo, los hombres los renombrados. Y, viendo Dios que se habían multiplicado las malicias de los hombres sobre la tierra, y cada cual pensaba en su corazón empeñosamente lo malo todos los días; arrepintióse Dios de haber hecho al hombre sobre la tierra; y se entristeció en su corazón. Y dijo Dios: «Borraré al hombre, que creé, de faz de la tierra, desde el hombre, al ganado; y desde los reptiles a los volátiles del cielo; que me pesa haberlos creado»(f). Pero Noé halló gracia en los ojos de Dios. Y éstas, las génesis(g) de Noé, hombre justo; perfecto siendo en sus generaciones; a Dios complació Noé. Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y Jafet. Y perdióse la tierra a faz de Dios; y llenóse la tierra de iniquidad. Y vio Dios la tierra; y estaba perdida; que perdido había toda carne en su camino sobre la tierra. Y dijo Dios a Noé: «Fin de toda carne ha llegado a faz mía,(h) que llena está la tierra de iniquidad de ellos; y he aquí yo perderé a ellos y la tierra. Hazte un arca de maderos pulidos;(i) alcobas y alcobas harás el arca, y asfaltarásla por dentro y por fuera con asfalto. Y así harás el arca: de trescientos codos, el largo del arca; de cincuenta codos el ancho, y de treinta codos, el alto de ella. Abertura en el arca harás y en un codo terminarás la terminación de ella;(j) y la puerta del arca harás a los lados; de piso inferior, segundo y tercero la harás. Y yo he aquí traigo aguas de diluvio sobre la tierra, para perder toda carne en que hay, en ella, aliento de vida debajo del cielo; y cuanto hubiere sobre la tierra, acabará. Y pondré mi alianza contigo; y entrarás en el arca, tú, y tus hijos y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo ganado, y de todos reptiles, y de todas fieras y de toda carne, dos y dos, macho y hembra serán. De todos los volátiles, según género; y de todo ganado, según género; y de todo reptil de la tierra según género, dos y dos de todos entrarán a ti, para alimentarse contigo, macho y hembra. Y tú te tomarás de toda vitualla que coméis, y juntarás contigo y será para ti y aquellos para comer». E hizo Noé todo cuanto le mandó Dios; así hizo. El diluvio Y dijo Señor Dios a Noé: «Entra tú y toda tu casa en el arca; pues a ti vi justo a faz mía en esta generación. Y del ganado del puro entra contigo siete y siete,(a) macho y hembra; pero de los no puros dos y dos, macho y hembra; y de los volátiles del cielo(b) siete y siete, macho y hembra; para conservar simiente sobre la faz de toda la tierra. Pues aún días siete, y traigo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y borraré todo ser que hice, de la faz de la tierra». E hizo Noé todo cuanto le había mandado el Señor. Y Noé era de seiscientos años, y el diluvio fue sobre la tierra. Y entró Noé, y sus hijos, y su mujer y las mujeres de sus hijos con él, en el arca por el agua del diluvio. Y de los animales puros y no puros, y de los volátiles, y de todo lo que repta sobre la tierra; dos y dos entraron a Noé en el arca, macho y hembra, así como había mandado el Señor a Noé. Y sobrevino, después de los siete días, que las aguas del diluvio sobrevinieron a la tierra. En el sexcentésimo año de la vida de Noé, el mes segundo, el séptimo día del mes; en este día rompiéronse todas las fuentes del hondo abismo, y las cataratas del cielo abriéronse; y sobrevino la lluvia a la tierra cuarenta días y cuarenta noches. En este mismo día entró Noé, Sem, Cam y Jafet, sus hijos, su mujer y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca. Y todas las fieras, según su género; y todo ganado, según género; y todo reptil que se mueve sobre la tierra, según su género; y todo volátil, según su género: todo lo alado, todo lo plúmeo; llegáronse a Noé; al arca, dos y dos, macho y hembra, de toda carne en que hay aliento de vida. Y los que se llegaron, macho y hembra de toda carne, entraron, así como había mandado Dios a Noé; y cerró el Señor el arca por de fuera de él. Y sobrevino el diluvio a la tierra cuarenta días; y multiplicáronse las aguas y alzaron el arca, y remontóse de sobre la tierra. Y prevalecían las aguas y multiplicábanse impetuosamente sobre la tierra; y flotaba el arca por sobre las aguas. Y las aguas prevalecían impetuosamente impetuosas sobre la tierra, y cubrieron todos los montes, los erguidos que hay debajo de todo el cielo. Quince codos por encima remontáronse las aguas. Y pereció toda carne que se mueve sobre la tierra; de todos los volátiles, y del ganado, y de las fieras, y todo reptil que se mueve sobre la tierra; y todo hombre. Y todo cuanto tiene aliento de vida, y todo lo que estaba sobre la seca, murió. Y borró todo ser que había sobre la faz de la tierra, de hombre a ganado, a reptiles y a volátiles del cielo; y borrados fueron de la tierra; y quedó sólo Noé y los con él en el arca. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. Fin del diluvio Y acordóse Dios de Noé, y de todas las fieras y de todo el ganado que estaban, con él en el arca, y trajo viento sobre la tierra, y cesaron las aguas. Y cerráronse las fuentes del abismo y las cataratas del cielo; y detenida fue la lluvia del cielo; y retirábanse las aguas yéndose de la tierra, y disminuyeron después de ciento cincuenta días.(a) Y asentóse el arca en el mes séptimo, el día vigésimo séptimo del mes, sobre los montes de Ararat. Y las aguas, yéndose, disminuyeron hasta el décimo mes, y en el décimo(b) mes, el primero del mes, aparecieron las cimas de los montes. Y aconteció después de cuarenta días abrir Noé la ventana del arca que había hecho; y envió el cuervo;(c) que saliendo no volvió(d) hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. Y envió la paloma de sí, para ver si habían cesado las aguas sobre la faz de la tierra. Y no hallando la paloma reposo para sus pies,(e) volvió a él al arca, porque agua había sobre la faz de toda la tierra; y, extendiendo su mano, cogióla y entróla en el arca. Y aguardando todavía siete días más, de nuevo envió la paloma. Y volvió a él la paloma hacia la tarde y tenía una hoja de olivo cogida en su boca. Y conoció Noé que habían cesado las aguas sobre la tierra. Y, aguardando todavía siete días más, de nuevo envió la paloma; y no hubo de volver a él ya. Y aconteció en el sexcentésimo primer año(f), el primer mes, el primer día del mes, haberse secado las aguas sobre la tierra; y, abrió Noé el techo del arca, y vio que se habían secado las aguas de la faz de la tierra. Y en el mes segundo, el séptimo y vigésimo día del mes del todo seca estaba la tierra. Y habló Dios a Noé, diciendo: «Sal del arca tú y tu mujer, y tus hijos y las mujeres de tus hijos, contigo. Y todos los animales que están contigo, de toda carne, de volátiles a ganado y todos los reptiles que se mueven sobre la tierra, saca contigo y esparcíos sobre la tierra; creced y multiplicaos sobre la tierra». Y salió Noé y su mujer, y sus hijos y las mujeres de sus hijos con él; y todas las fieras, ganado y reptiles que se mueven sobre la tierra, según su género, salieron del arca. Y edificó Noé altar al Señor, y tomó de todo ganado y volátiles puros, y ofreció holocaustos sobre el altar. Y olió Dios olor de suavidad y dijo Dios pensando:(g) «No volveré ya a maldecir la tierra por los hombres; que yace el pensamiento solícitamente sobre lo malo desde su adolescencia. No volveré, pues, a percutir a toda carne viviente, tal como lo hice. Todos los días de la tierra, simiente y mies, frío y calor, noche y día no reposarán». Noé después del diluvio. Dios le bendice. Alianza de Dios con Noé Y bendijo Dios a Noé y sus hijos, y díjoles: «Creced y multiplicaos y llenad la tierra(a). Y vuestro temor y terror será sobre todos los animales de la tierra, y sobre los volátiles del cielo; y todo lo que se mueve sobre la tierra y todos los peces de la mar bajo vuestras manos dados están. Y todo lo que se mueve y vive seráos comida: cual hortalizas verdes os he dado todo. Sólo que carne en su sangre(b) no comeréis. Sólo que la sangre vuestra de vuestras almas exigiré: de mano de todas las fieras exigiréla; y de mano de hombre; de mano de cada cual exigiré la vida del hermano suyo; quien derramare sangre de hombre, por hombres será derramada su sangre; que a imagen de Dios ha sido hecho el hombre. Y vosotros creced y multiplicaos, y extendeos por la tierra y llenadla. Y dijo Dios a Noé, y a sus hijos con él, diciendo: «He aquí yo estatuyo mi pacto con vosotros y con vuestra simiente, después de vosotros, y con toda alma viviente con vosotros, en volátiles, y en ganado, y en todas las fieras. Y estableceré mi pacto con vosotros: que no perecerá toda carne ya, por las aguas del diluvio, y no habrá ya diluvio de aguas para perder la tierra». Y dijo Dios: «Esta la señal del pacto que yo doy entre mí y vosotros, para generaciones sempiternas: mi arco pondré en la nube, y será para señal del pacto entre mí y la tierra. Y será: nublando yo con nubes la tierra, aparecerá el arco mío en la nube, y recordaré el pacto mío con vos y toda alma viviente en toda carne. Y estará el arco mío en la nube y le veré, para recordar pacto sempiterno entre mí y toda alma viviente en toda carne que hay sobre la tierra». Y dijo Dios a Noé: «Esta es la señal del pacto que he pactado entre mí y toda carne que hay sobre la tierra».(c) Y eran los hijos de Noé que salieron del arca: Sem, Cam y Jafet; (Cam era padre de Canaán). Estos tres son los hijos de Noé; de éstos poblóse toda la tierra. Y empezó Noé como hombre agrícola de la tierra, y plantó viña. Y bebió del vino, y embriagóse y desnudóse en su casa. Y vio Cam, el padre de Canaán, la desnudez de su padre, y saliendo, anunciólo a sus dos hermanos fuera. Y, cogiendo Sem y Jafet la vestidura, pusiéronla sobre sus hombros, y caminaron, mirando hacia atrás, y cubrieron la desnudez de su padre. Y despertó Noé del vino, y conoció cuanto le había hecho su hijo menor. Y dijo:«Maldito Canaán:(d)siervo de siervos(e) será a sus hermanos». «Bendito, Señor, el Dios de Sem,y será Canaán siervo suyo. Dilate Dios a Jafet,y habite(f) en las casas de Sem,y hágase Canaán siervo suyo».(g) Y vivió Noé, después del diluvio, trescientos cincuenta años; y llegaron a ser todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió. Genealogías de los hijos de Noé Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. Hijos de Jafet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mosoc y Tiras. E hijos de Gomer: Ascenez, y Rifat y Togorma. E hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Cetim y Dodanim. De éstos dividiéronse las islas(a) de las gentes en la tierra de ellos; cada cual según su lengua y sus familias en las gentes de ellos. E hijos de Cam: Cus, y Mesraím, y Fut, y Canaán. Hijos de Cus: Sabá, y Hevila y Sabata, y Regmá, y Sabatacá. Hijos de Regmá: Sabá y Dadán. Y Cus engendró a Nemrod; éste comenzó a ser gigante sobre la tierra. Este era gigante cazador a faz de Señor(b) Por esto dirán: «Cual Nemrod gigante cazador a faz de Señor». E hízose principio de su reino Babilonia, y Arac, y Acad y Calanne en la tierra de Sennaar. De aquella tierra salió a Asur, y edificó a Nínive y Roboot ciudad y Calé, y a Resén entre Nínive y Calé; ésta, la ciudad la grande(c) Y Mesraím engendró a los ludim, y anamim, y laabim, y fetruim y casluim; de donde salieron los filisteos y los caftorim. Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito y al heteo, y al jebuseo y amorreo y gergeseo, y heveo, y araceo y sineo, y aradio y samareo, y amateo. Y después de esto disemináronse los pueblos de los cananeos. Y fueron hechos los límites de los cananeos, desde Sidón hasta llegar a Gerar y Gaza; hasta llegar a Sodoma, y Gomorra, y Adamá y Seboím; hasta Lesá. Estos son los hijos de Cam según sus tribus; según sus lenguas; en sus regiones y en sus gentes. Y a Sem también le nacieron,(d) al padre de todos los hijos de Heber, al hermano de Jafet el mayor. Hijos de Sem: Elam y Asur y Arfaxad y Sud y Aram. Hijos de Aram: Us y Hul y Geter y Mes. Y Arfaxad engendró a Salé y Salé engendró a Heber. Y nacieron a Heber dos hijos: nombre del uno, Faleg,(e) porque en sus días se dividió la tierra; y nombre de su hermano, Jectán. Y Jectán engendró a Elmodad, y Salef, y Asarmot y Jaré, y Adurám, y Uzal, y Declá, y Ebal, y Abimael, y Sabá, y Ofir, y Hevilá, y Jobab; todos estos, hijos de Jectán. Y fue hecha la habitación de ellos, desde Mesá hasta llegar a Sefar, monte oriental. Estos, hijos de Sem, según sus tribus, según sus lenguas; en sus regiones y en sus gentes. Estas, las tribus de Noé, según sus generaciones, en sus gentes; y de éstos se diseminaron las gentes por la tierra, después del diluvio. Babel, y genealogías de Sem Y era toda la tierra labio uno, y voz una de todos. Y aconteció, al moverse ellos de oriente, hallaron llanura en tierra de Sennaar, y habitaron allí. Y dijo hombre al vecino: «Venid: fabriquemos ladrillos, y cozámoslos a fuego». Y llególes a ser el ladrillo piedra; y el asfalto les fue argamasa. Y dijeron: «Venid; edifiquémonos ciudad y torre, cuya cumbre llegará al cielo; y haremos el nombre(a) nuestro, antes de dispersarnos por la faz de toda la tierra». Y descendió Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres; y dijo: «He aquí linaje uno, y labio uno de todos; y esto han principiado a hacer, y no desistirán por sí de todo cuanto han intentado hacer. Venid: descendamos y confundamos allí su lengua para que no oigan cada cual la voz del vecino». Y dispersóles Señor de allí por la faz de toda la tierra; y cesaron de edificar la ciudad. Y por esto fue llamado el nombre de ella Babel,(b) porque allí confundió Señor los labios de toda la tierra; y de allí dispersóles Señor por la faz de toda la tierra. Y estas, las generaciones de Sem: Sem era de cien años, cuando engendró a Arfaxad un bienio después del diluvio. Y vivió Sem, después de engendrar a Arfaxad, quinientos años; y engendró hijos e hijas(c) Y Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Salé. Y vivió Arfaxad, después de engendrar a Salé, trescientos tres años; y engendró hijos e hijas. Y vivió Salé treinta años, y engendró a Heber. Y vivió Salé, después de engendrar a Heber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Faleg. Y vivió Heber, después de engendrar a Faleg, cuatrocientos treinta años; y engendró hijos e hijas. Y vivió Faleg treinta años, y engendró a Reu. Y vivió Faleg, después de engendrar a Reu, doscientos nueve años; y engendró hijos e hijas. Y vivió Reu treinta y dos años, y engendró a Sarug. Y vivió Reu, después, de engendrar a Sarug, doscientos siete años; y engendró hijos e hijas. Y vivió Sarug treinta años, y engendró a Nacor. Y vivió Sarug, después de engendrar a Nacor, doscientos años y engendró hijos e hijas. Y vivió Nacor veintinueve años, y engendró a Taré. Y vivió Sarug, después de engendrar a Taré, ciento diecinueve años; y engendró hijos e hijas. Y vivió Taré setenta años, y engendró a Abrám, y Nacor y Arán. Y estas son las generaciones de Taré:Taré engendró a Abrám, y Nacor y Arán; y Arán engendró a Lot. Y murió Arán a faz de Taré su padre, en la tierra que nació; en Ur de los caldeos. Y tomaron Abrám y Nacor para sí mujeres: nombre de la mujer de Abrám, Sarai; y nombre de la mujer de Nacor, Melcá, hija de Arán, el padre de Melcá y padre de Jescá. Pero Sarai era estéril, e hijos no tenía. Y tomó Taré a Abrám su hijo, y a Lot, hijo de Arán, hijo de su hijo; y a Sarai, mujer de Abrám, su hijo, y sacóles de Ur de los caldeos, para irse a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y habitaron allí. Y llegaron a ser los días de Taré, doscientos cinco años, y murió en Harán. Historia de Abrahán Y dijo Dios a Abram: «Sal de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre; y ven a la tierra que te mostraré. Y te haré en gente grande; te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendito. Bendeciré a los que te bendicen; y a los que te maldicen, maldeciré, y benditas serán en ti todas las tribus de la tierra». Y partió Abram, así como le habló Señor, y fue con él Lot; de setenta y cinco años era Abram al salir de Harán. Y llevó a Sarai, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, y todos los haberes de ellos cuantos adquirieran, y toda alma(a) que adquirieran en Harán; y salieron para ir a tierra de Canaán, Y vinieron a tierra de Canaán. Y atravesó Abram a lo largo de ella, hasta el lugar de Siquem, hasta el valle ilustre(b) y el cananeo entonces habitaba la tierra. Y apareció Señor a Abram, y díjole: «A tu simiente daré esta tierra». Y edificó altar a Señor, al que le había aparecido. Y separóse de allí al monte, a oriente de Betel, y fijó allí su tienda, a occidente de Betel y a oriente de Haí; y edificó allí altar al Señor, e invocó el nombre de Señor. Y alzóse Abram y fue avanzando hacia la «tierra del mediodía»(c). Y hubo hambre sobre la tierra; y bajó Abram a Egipto, para peregrinar allí, que prevalecía el hambre sobre la tierra. Y aconteció, cuando se acercaba Abram a entrar en Egipto, dijo a Sarai, su mujer: «Conozco que mujer bella de faz eres; será, pues, que, cuando te vieren los egipcios, dirán: que «Mujer de él es ésta»; y matáranme y a ti reservarán. Di, pues, que: «Hermana de él soy», para que bien me vaya por ti y viva mi alma por ti». Y aconteció, al entrar Abram en Egipto, viendo los egipcios a la mujer que bella era sobre modo, verla también los príncipes de Faraón y alabarla ante Faraón; y fue traída la mujer a casa de Faraón. Y a Abram bien trataron por ella; y fuéronle ovejas, y bueyes, y asnos, y siervos, y siervas, y asnas y camellos. Y azotó Dios a Faraón con azotes grandes, y a su casa, por Sarai, la mujer de Abram. Y llamó Faraón a Abram y díjole: «¿Qué es esto que me has hecho? ¿Por qué no me significaste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste que era tu hermana, para que me la tomase por mujer? Pero ahora, he aquí tu mujer, tómala y vete». Y mandó Faraón acerca de Abram a varones, y condujéronle, y a su mujer y todo lo que tenía. Abrahán y Lot Y subió Abram de Egipto, él y su mujer y todo lo que tenía, y Lot con él, a la tierra del mediodía. Y era rico sobre manera en ganado, y plata y oro. Y volvió por donde viniera: desde el mediodía a Betel, hasta el lugar donde antes fijara su tienda entre Betel y entre Hai; al lugar del altar que había hecho antes; e invocado allí el nombre de Señor. También Lot, el que vino juntamente con Abram, tuvo ovejas, y bueyes y tiendas. y no cabían en la tierra, para habitar juntos; pues eran los haberes de ellos muchos, y no podían habitar juntos. Y hubo riña entre los pastores del ganado de Abram y de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban en aquella tierra. Y dijo Abram a Lot: «No haya riña entre mí y ti; y entre mis pastores y tus pastores; que hombres hermanos nosotros somos. Y he aquí toda la tierra ante ti; sepárate de mí. Si tú, a la izquierda; yo, a la derecha; si tú, a la derecha; yo, a la izquierda». Y, levantando Lot sus ojos vio toda la circunvecindad del Jordán que toda estaba regada, antes de hundir Dios a Sodoma y Gomorra, cual un paraíso de Dios, cual la tierra de Egipto, viniendo a Segor. Y eligióse Lot toda la circunvecindad del Jordán; y retiróse Lot del oriente; y separáronse cada uno de su hermano. Y Abram habitó en tierra de Canaán; y Lot habitó en las ciudades de las circunvecindades y fijó sus tiendas en Sodoma. Pero los hombres los de Sodoma, malos y pecadores delante de Dios sobremanera. Y dijo Dios a Abram, después de separarse de él Lot: « Levanta tus ojos, y mira desde el lugar donde estás, hacia aquilón, y mediodía, y oriente y occidente: que toda la tierra que ves, te la daré y a tu simiente por el siglo. Y haré tu simiente como polvo de la tierra; si alguno puede contar el polvo de la tierra también tu simiente se contará. Alzando, atraviesa la tierra a lo largo de ella y a lo ancho de ella; pues a ti la daré». Y moviendo tienda Abram, yendo, habitó en el valle de Mambré, el de Hebrón; y edificó allí altar a Señor. Abrahán libra a Lot, y da diezmo a Melquisedec Y aconteció en los días de Amrafel, rey de Sennaar; y Arioc, rey del Ponto(a); y Codorlahomor, rey de Elam; y de Tadal rey de gentes; hacer ellos guerra contra Bara, rey de Sodoma y contra Bersa, rey de Gomorra, y contra Sennaab rey de Adamá y contra Semeber, rey de Seboim, y contra el rey(b) de Balá; ésta es Segor. Todos estos juntáronse en el «valle silvestre»(c); éste es el mar de las sales. Doce años sirvieron a Codorlahomor, y en el décimotercer año rebeláronse. Y en el décimocuarto año vino Codorlahomor y los reyes los con él y destrozaron a los rafaitas(d) en Astarot-Carnaím; y a los zuzitas con ellos, y a los emitas, en Savé Cariataim; y a los correos en los montes de Seír, hasta El Farán, que está en el desierto. Y volvieron y vinieron a la fuente de Misfat; ésta es Cadés, y destrozaron toda la región de los amalecitas, y al amorreo que habitaba en Asasón Tamar. Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adamá, y el rey de Seboim, y el rey de Balá; ésta es Segor; y ordenáronse en batalla en el «valle silvestre»; contra Codorlahomor, rey de Elam; y Tadal, rey de gentes; y Amrafel, rey de Sennaar; y Arioc, rey de Ponto; cuatro reyes contra cinco. Y el «valle silvestre» estaba lleno de pozos de asfalto. Y huyeron el rey de Sodoma y el rey de Gomorra y cayeron en ellos; y los restantes huyeron a la montaña. Y cogieron todos los haberes de Sodoma y Gomorra y todas sus vituallas, y se fueron. Y cogieron también a Lot, hijo del hermano de Abram y sus bienes; y se fueron; pues habitaba en Sodoma. Y viniendo uno de los que salvaron anunció a Abram, el «hebreo»(e); que habitaba en valle de Mambré, el amorreo, el hermano de Escol y de Aner; que eran confederados de Abram. Y oyendo Abram que estaba cautivo Lot, su hermano, enumeró(f) a los vernáculos ejercitados suyos: trescientos dieciocho, y lanzóse tras ellos(g) hasta Dan. Y dividió su gente, y cayó sobre ellos de noche, él y sus niños, y percutióles y persiguióles hasta Hobá, que está a la izquierda de Damasco. Y recobró todos los bienes, y a Lot, hermano suyo, y todos sus haberes, y las mujeres y el pueblo. Y salió el rey de Sodoma al encuentro de él, después de volver de la matanza de Codorlahomor y de los reyes los con él, al valle el de Savé; el que es: la «llanura de rey». Y Melquisedec, rey de Salem, sacó fuera pan y vino; y era sacerdote de Dios el altísimo. Y bendijo a Abram y dijo: «Bendito Abram para Dios, el altísimo; quien creó el cielo y la tierra; Y bendito Dios el altísimo, quien entregó tus enemigos en tus manos». Y dióle diezmos de todo. Y dijo el rey de Sodoma a Abram: «Dame las personas; y los bienes toma para ti». Y dijo Abram al rey de Sodoma: «Alzo mi mano a Dios el altísimo; quien creó el cielo y la tierra: que, desde el hilo hasta la correa del zapato(h), no he de tomar de todo lo tuyo, porque no digas: que «Yo enriquecí a Abram»; salvo lo que han comido los jóvenes, y la parte de los varones que vinieron conmigo: Aner, Escol y Mambré; éstos recibirán sus partes». Promesas de Dios a Abrahán Después de estas cosas, vino palabra de Dios a Abram, en visión diciendo: «No temas, Abram: yo soy tu escudo; y tu galardón grande será sobremanera». Y dijo Abram: «Señor Dios ¿qué me darás? Que yo me voy sin hijos; e hijo del procurador de mi casa, éste damasceno Eliezer»; Y dijo Abram: «Ya que no me has dado simiente, este vernáculo mío me heredará». Y luego voz de Señor vino a él, diciendo: «No te heredará éste; sino el que saldrá de tu vientre, éste te heredará». Y sacóle fuera y díjole: «Mira ya al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes acabarlas de contar»; y díjole: «Así será tu simiente». Y creyó Abram a Dios, y fuele imputado a justicia. Y díjole: «Yo el Dios que te saqué de Ur de los caldeos, a darte esta tierra a heredar». Y díjole: «Señor Dios, ¿en qué conoceré que la he de heredar»? Y díjole: «Tómame una becerra de tres años, y una cabra de tres años y un carnero de tres años; y una tórtola y un palomino(a)» Y tomó todo esto y partiólo por medio y púsolo cada parte frente en frente de la otra; pero las aves no partió. Y descendieron aves rapaces sobre los cuerpos, y apartábalas(b) Abram. Y alrededor de ponerse el sol, éxtasis cayó sobre Abram; y he aquí temor, tiniebla grande,(c) cayó sobre él. Y fuéle dicho: «Conociendo conocerás que peregrina será tu simiente en tierra no propia, y maltrataránla, y esclavizaránla y humillaránla cuatrocientos años. Y la gente a quien sirvieren, juzgaré yo; y, después de esto, saldrán con hacienda grande. Y tú irás(d) a tus padres en paz, sepultado(e) en ancianidad hermosa. Y en la generación cuarta volverán acá; pues aún no se llenan los pecados de los amorreos(f) hasta el día de hoy». Y, cuando llegó el sol a poniente y se hizo tiniebla espesa, he aquí horno humeante y llama de fuego atravesando por en medio de estas particiones. En aquel día pactó Dios pacto con Abram, diciendo: «A la simiente tuya daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, Eufrates: el cineo, y cenezeo, y cedmoneo, y heteo y ferezeo, y los rafaítas; y el amorreo, y el cananeo, y gergeseo y gebuseo». Agar Y Sarai, la mujer de Abram, no le paría; y tenía una criada egipcia, cuyo nombre: Agar. Y dijo Sarai a Abram: «He aquí cerrádome ha señor para que no para; entra, pues, a la criada mía, por ventura al menos de ella tendré hijos». Y Abram obedeció a la voz de ella. Y, tomó Sarai la mujer de Abram, a Agar, la egipcia, la criada de ella, después de habitar diez años en tierra de Canaán, y dióla a su marido por mujer. Y entró a Agar y concibió; y, al ver que había concebido, menospreció a su señora. Y dijo Sarai a Abram; «Injúriaseme por ti; yo he dado mi criada en tu seno; y, viendo que ha concebido, soy menospreciada en sus ojos: juzgue el Señor entre mí y ti». Y dijo Abram a Sarai: «He aquí tu criada, delante de ti; haz con ella como te pluguiere». Y maltratóla Sarai; y escapóse de su faz. Y hallóla un ángel de Señor a par de la fuente del agua en el desierto; a par de la fuente en el camino de Sur. Y díjole el ángel de Señor: «Agar, criada de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas? Y dijo: «De faz de Sarai la señora mía, yo vengo huyendo». Y díjole el ángel de Señor: «Vuélvete a tu señora y humíllate bajo su mano». Y díjole: «Multiplicando multiplicaré tu simiente, y no se contará por la muchedumbre». Y díjole: «He aquí tú has concebido, y parirás hijo, y llamarás su nombre: Ismael(a); pues ha oído Señor tu aflicción. Este será un fiero hombre: sus manos, contra todos; y las manos de todos contra él, y contra faz de todos sus hermanos habitará». Y llamó el nombre de Señor que le hablaba: «Tú el Dios el que ves». Porque dijo: «Por cierto he visto y, después de ver, estoy viva». Por esto llamó el pozo: «Pozo del que vivo ve». Helo aquí entre Cadés y Barad. Y parió Agar a Abram un hijo, y llamó su nombre: Ismael.(b) Y Abram era de ochenta y seis años, cuando Agar le parió a Ismael. Promesa de Isaac Y era Abram de noventa y nueve años, y aparecióse Señor a Abram, y díjole: «Yo soy el Dios omnipotente; camina a faz mía y hazte perfecto. Y pondré mi alianza entre mí y ti, y te multiplicaré sobremanera». Y cayó Abram sobre su faz, y hablóle Dios, diciendo: «Yo soy —he aquí mi alianza contigo: y serás padre de muchedumbre de gentes. Ni se llamará ya tu nombre: Abram, sino que será Abrahán(a) tu nombre; pues padre de muchas gentes te he constituido. Y te acrecentaré sobremanera y te pondré para gentes, y reyes saldrán de ti. Y pondré mi alianza entre mí y ti y entre la simiente tuya, después de ti por generaciones de ellos, por alianza sempiterna. Y daré a ti y a la simiente tuya, después de ti, la tierra que habitas: toda la tierra de Canaán para posesión eterna; y seréles Dios». Y dijo Dios a Abrahán: «Y tú mi alianza guardarás, tú y tu simiente, después de ti, por sus generaciones. Y ésta es la alianza que guardaréis entre mí y vosotros: circuncidaráseos todo lo masculino; y cincuncidaréis la carne de vuestro prepucio, y será en señal de alianza entre mí y vosotros. E infante de ocho días seráos circuncidado todo lo masculino por vuestras generaciones; y el vernáculo y el comprado circuncidado será, y quienquiera que no fuere de la simiente vuestra; y será mi alianza en vuestra carne para alianza eterna. Pero un varón incircunciso, que no ha sido circuncidado en la carne de su prepucio, exterminada será(b) aquella alma de su pueblo, porque mi alianza ha disipado». Y dijo Dios a Abrahán: «A Sara, tu mujer, no llamarás su nombre Sarai(c), sino Sara(d) será su nombre. Y la bendeciré y te daré de ella un hijo; y le bendeciré, y será para gentes, y reyes de gentes de él serán. Y cayó Abrahán sobre su faz y rió,(e) diciendo en su corazón: «Si a un centenario nacerá hijo y Sara nonagenaria parirá» Y dijo a Dios: «Ojalá Ismael viva ante ti». Y dijo Dios a Abrahán: «Sí; Sara tu mujer te parirá hijo, y llamarás su nombre Isaac(f); y pondré mi alianza con él en alianza eterna. Y acerca de Ismael te he oído; y bendeciréle, y acrecentaréle y multiplicaréle sobremanera: doce príncipes engendrará y le haré un pueblo grande. Pero mi alianza estatuiré con Isaac, que te parirá Sara, por este mismo tiempo el año, el otro». Y acabó de hablar con él, y alzóse Dios de Abrahán. Y tomó a Ismael su hijo y todos sus vernáculos y todos los comprados y todo macho de todos los varones de su casa, y circuncidó la carne del prepucio de ellos el mismo día, según le mandara Dios. Y Abrahán era de noventa y nueve años, cuando circuncidó la carne de su prepucio. E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidado en la carne de su prepucio. El mismo día circuncidado fue Abrahán e Ismael su hijo. Y todos los varones de su casa, así vernáculos como comprados de extrañas gentes, fueron circuncidados con él. Promesa de Isaac. Sodoma. Y aparecióle el Señor en el valle de Mambré, sentado él ante la puerta de su tienda al mediodía. Y, levantando los ojos, miró, y he aquí tres varones estaban parados cerca de él. Y viéndoles, corrió a su encuentro, y adoró sobre la tierra. Y dijo: «Señor»(a), si he hallado gracia en tus ojos, no pases de tu siervo. Tráigase un poco de agua, para que lavéis vuestros pies; y refrigeráos debajo del árbol. Y pondré un bocado de pan; y confortad vuestro corazón; y, después de esto, proseguiréis vuestro camino, ya que habéis pasado a vuestro siervo». Y dijeron: «Así haz cual has dicho». Y Abrahán corrió a la tienda, a Sara, y dijo: «Apresúrate y amasa tres satos(b) de harina y haz tortas». Y a las vacas corrió Abrahán, y tomó de allí un becerro tierno y hermoso y diólo al niño, éste apresuróse a aderezarlo. Y tomó nata y leche y el becerro que había aderezado, y puso delante de ellos y comieron; y él asistíales debajo del árbol. Y dijéronle: «¿Dónde está Sara tu mujer?» Y él, respondiendo, dijo: «He aquí en la tienda». Y dijo: «Volviendo vendré a ti reviviendo este tiempo, y tendrá un hijo Sara tu mujer». Y Sara oyó tras la puerta de la tienda. Y Abrahán y Sara eran ancianos, avanzados en días; y habían cesado a Sara de venirle las cosas mujeriles. Y rió Sara dentro de sí, diciendo: «Después de envejecer ¿tendría yo aún gozo?, y también mi señor viejo está». Y dijo Señor a Abrahán: ¿Por qué se rió Sara, diciendo: «¿Con que verdaderamente pariré; y estoy vieja? ¿Acaso para Dios algo es imposible? Reviviendo este mismo determinado tiempo, volveré y tendrá Sara un hijo». Y negó Sara diciendo: «No me reí», pues temía. Y dijo: «Que no; sino que te reíste». Y, levantándose de allí los varones, miraron a faz de Sodoma y Gomorra; y Abrahán iba juntamente, acompañándoles. Y dijo el Señor: «¿Acaso podré ocultar a Abrahán(c), lo que he de hacer?» Puesto que él será en gente mucha y grande, y en él han de ser benditas todas las gentes de la tierra? Pues sé que ha de mandar a sus hijos y a su casa, después de él, que guarden el camino de Señor a hacer juicio y justicia, para que traiga Señor sobre Abrahán todo lo que le ha hablado». Y dijo Señor: «El clamor de Sodoma y Gomorra hase multiplicado, y el pecado de ellos grande es sobremanera. Descendiendo, pues, veré si el clamor que ha venido a mí han consumado; y si no, —para saberlo(d)». Y, volviéndose de allí, fueron a Sodoma, y Abrahán parado estaba aún delante de Señor. Y, acercándose, dijo: «¿Acaso perderás a justo con impío?» Si hubiere cincuenta justos en la ciudad ¿perecerán juntamente? ¿y no perdonarás a aquel lugar por cincuenta justos, si los hubiese en él? ¡Lejos de ti hacer esto: que mates a justo con impío, y llegue a ser el justo como el impío! Lejos esto de ti. El que juzgas toda la tierra, nunca harás este juicio». Y dijo Señor: «Si hallare yo en Sodoma cincuenta justos, en la ciudad, perdonaré a todo el lugar por ellos». Y, respondiendo Abrahán, dijo: «Ahora he comenzado a hablar al Señor, y yo soy polvo y ceniza: ¿acaso, si faltaren de los cincuenta justos cinco, perderás, por los cuarenta y cinco(e), toda la ciudad?». Y dijo: «No perderé no, si hallare allí cuarenta y cinco». Y prosiguió hablándole, y dijo: «Y si se hallaren allí cuarenta ¿qué harás?» Dijo: «No perderé, por los cuarenta». Y dijo:»No te aíres, Señor, si hablo: ¿que si se hallaren treinta?» Y dijo: «He aquí he empezado a hablar a mi Señor: ¿qué, si allí se hallaran veinte?» Dijo: «No perderé por los veinte». Dijo: «No te aíres, Señor, si hablo todavía una vez: ¿qué si se hallaren allí diez?» Y dijo: «No perderé, por los diez». Y fuése el Señor, cuando cesó de hablar a Abrahán; y Abrahán volvió a su lugar. Sodoma. Lot. Y vinieron los dos ángeles a Sodoma a la tarde; y sentado estaba Lot a las puertas de Sodoma; y Lot vióles, y levantóse y fue a su encuentro, y adoró con el rostro sobre la tierra; y dijo: «He aquí, señores, pasad a la casa del siervo vuestro, y hospedaos; y lavad vuestros pies; y, madrugando, proseguid vuestro camino». Y dijeron: «Que no; sino que en la calle nos hospedaremos». Y obligóles, y pasaron a él; y entraron en su casa; e hízoles bebida y ázimos amasóles; y comieron. Y antes de dormir, los varones de la ciudad cercaron la casa, de mozo a viejo, todo el pueblo a una. Y llamaron a Lot y dijéronle: «¿Dónde están los varones que a ti han venido esta noche? Sácales fuera a nosotros, para conocerles». Y Lot salió a ellos, y la puerta cerró tras sí. Y dijo: «De ninguna manera, hermanos, no obréis mal. Tengo dos hijas, que no han conocido varón; sacarélas a vosotros y abusad de ellas según os pluguiere; sólo a estos varones no hagáis nada malo, pues han entrado a la sombra de mi techo». Y dijeron: «¡Quita allá! Has entrado advenedizo ¿y también juicio juzgas? Ahora, pues, a ti más mal te trataremos que a aquellos». Y violentaban a Lot sobremanera, y llegáronse a quebrantar la puerta. Y he aquí, extendiendo las manos, introdujeron a Lot a sí en la casa, y la puerta de la casa cerraron; y a los varones que estaban delante de la puerta de la casa, hirieron con ceguera, de pequeño a grande; y se perdieron buscando la puerta. Y dijeron a Lot: «¿Tienes a alguno aquí: yernos o hijos o hijas? y si algún otro tienes, saca fuera de esta ciudad. Pues perdemos este lugar; porque acrecentóse el clamor de ellos(a) delante de Dios; y nos ha enviado para perderlos». Y salió Lot y habló a sus yernos los que habían de tomar a sus hijas, y dijo: «Levantaos y salid de este lugar; porque perderá Señor la ciudad». Pero pareció como que se burlaba, en los ojos de sus yernos. Y al despuntar la aurora, apremiaban los ángeles a Lot, diciendo: «Levántate, toma tu mujer y las dos hijas que tienes;(b) no sea que tú también igualmente perezcas en la culpa de la ciudad». Y vacilando él, cogieron los ángeles la mano de él y la mano de su mujer y las manos de sus dos hijas, para perdonarle Señor. Y le llevaron fuera de la ciudad y dijeron: «Salva tu alma; no mires atrás; no te pares en todo el contorno; en la montaña sálvate, para que no seas a la vez arrebatado». Y dijo Lot a ellos: «Suplico, Señor, ya que tu siervo ha hallado gracia delante de ti, y has magnificado la misericordia tuya que has hecho conmigo, para salvar mi alma: no puedo salvarme en la montaña, no sea que me coja lo malo y muera. He aquí esta ciudad cerca para refugiarme allí; que es pequeña; allá salvaréme: ¿no es pequeña? y vivirá mi alma». Y díjole: «He aquí, condesciendo también contigo en esto: de no destruir la ciudad por la que has hablado. Apresúrate y sálvate allá; pues nada podré hacer, mientras no entres allá». Por esto ha sido llamado el nombre de aquella ciudad: Segor(c). El sol subió sobre la tierra, y Lot entró a Segor. Y Señor llovió sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, desde Señor, del cielo; y destruyó estas ciudades y todo el contorno, todos los habitantes de las ciudades y todo lo verde de la tierra. Y, mirando atrás la mujer de él, e hízose estatua de sal.(d) Y, madrugó Abrahán, de alba, al lugar donde había estado ante Señor, y miró a faz de Sodoma y Gomorra y toda la tierra del contorno, y vio: y he aquí subía ceniza de la tierra como humo de un horno. Y, cuando destruyó Dios las ciudades de aquella región, acordándose de Abrahán, libró a Lot de la destrucción de las ciudades en que habitaba. Y salió Lot de Segor, y aposentóse en la montaña; y sus dos hijas con él; pues temió permanecer en Segor. Y habitó en una caverna, él y sus dos hijas con él. Y dijo la mayor a la menor: «Nuestro padre anciano es, y ningún varón ha quedado en la tierra(e) que pueda entrar a nosotras, cual acostumbra toda la tierra. Ea, pues, demos a beber a nuestro padre vino, y durmamos con él, y levantaremos de nuestro padre simiente». Y dieron a su padre vino aquella noche. Y entró la mayor y durmió con su padre, y no supo al dormir ella ni al levantarse. Y al otro día dijo la mayor a la menor: «He aquí, dormí con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y dormirás con él y levantaremos de nuestro padre simiente». Y dieron también aquella noche a beber vino a su padre; y no supo al dormir ella ni al levantarse. Y concibieron las dos hijas de Lot, de su padre. Y parió la mayor un hijo y llamó su nombre: Moab; éste es padre de los moabitas hasta el día de hoy. Y parió también la menor un hijo; y llamó su nombre: Amón; esto es: «hijo de mi linaje»; éste es padre de los amonitas hasta el día de hoy. Sara y Abimelec Y partió de allí Abrahán a «la tierra del mediodía», y habitó entre Cadés y Sur; y peregrinó en Gerar. Y dijo Abrahán de Sara su mujer: «Hermana mía es». Y envió Abimelec, rey de Gerar, y llevóla. Pero vino Dios a Abimelec, en sueño, de noche, y díjole: «Hé aquí morirás por la mujer que has llevado; pues tiene marido». Y Abimelec no la había tocado, y dijo: «Señor ¿a gente ignorante y justa matarás? ¿No me dijo él mismo: «Hermana mía es»; y ella dijo: «Hermano mío es? En sencillez de mi corazón y en pureza de mis manos he hecho esto». Y dijo a él Dios: «También yo sé que con sencillo corazón le has hecho; y por esto te guardé que no pecaras contra mí, y no permití que la tocaras. Y ahora devuelve la mujer al hombre; que profeta es; y orará por ti, y vivirás. Mas, si no quisieres devolverla, sábete que morirás tú y todo lo tuyo». Y madrugó Abimelec al alba y llamó a todos sus siervos, y habló todas estas palabras en las orejas de ellos; y temieron todos los hombres sobremanera. Y llamó Abimelec a Abrahán y díjole: «¿Qué nos has hecho? ¿Qué hemos pecado contra ti que has traído sobre mí y sobre el reino mío pecado grande? Cosas que no debiste hacernos has hecho». Y dijo: «¿Qué has visto que hiciste esto?» Y dijo Abrahán: «Pensé dentro de mí, diciendo: «Acaso no hay temor de Dios en este lugar; y me matarán por mi mujer. Pero también verdaderamente hermana mía es: hija de mi padre, pero no hija de mi madre; y fue hecha mi mujer. Y aconteció, cuando Dios me sacó de casa de mi padre, díjela: «Esta piedad harás conmigo: en todo lugar, donde entráremos, dirás que soy tu hermano». Y tomó Abimelec ovejas, y bueyes y siervos, y siervas, y dio a Abrahán. Y díjole: «He aquí mi tierra delante de ti está: donde te pluguiere, habita». Y a Sara dijo: «He aquí he dado mil didracmas a tu hermano: Esto te será para honra de tu rostro(a) y a todas las contigo; y en todo justificada seas». Y oró Abrahán a Dios, y sanó Dios a Abimelec y a su mujer y sus siervas; y parieron; pues cerrado había Señor toda matriz en la casa de Abimelec, por Sara, la mujer de Abrahán. Nace Isaac. Es desterrada Agar. Alianza de Abrahán con Abimelec Y Señor visitó a Sara, según había dicho; e hizo, según había hablado. Y concibió y parió un hijo en su vejez, al tiempo que le había dicho Dios. Y llamó Abrahán el nombre de su hijo que le engendró Sara: Isaac. Y circuncidóle el octavo día, según le mandara Dios. Y era de cien años, cuando le nació Isaac. Y dijo Sara: «Risa me ha hecho Dios; pues, quien oyere, se reirá conmigo». Y dijo: «¿Quién creyera que hubiese de oír Abrahán que Sara lactase hijo, que le parió ya anciano?» Y creció el infante y fue destetado; e hizo Abrahán convite grande el día de su destete. Y viendo Sara al hijo de Agar la egipcia jugando con Isaac su hijo, dijo a Abrahán: «Arroja a esta sierva y su hijo; pues no heredará el hijo de la sierva con el hijo mío Isaac». Y dura pareció la palabra sobremanera a faz de Abrahán, por su hijo. Y dijo Dios a Abrahán: «No te parezca dura la palabra sobre el infante y sobre la sierva tuya. Todo lo que te dijere Sara —oye la voz de ella; pues en Isaac te será llamada simiente.(a) Pero también al hijo de la sierva haré en gente grande, por ser simiente tuya». Y levantóse Abrahán al alba y tomó pan y un odre de agua y puso en el hombro de ella, y entregó el niño, y despidióla(b). Y, yéndose erraba por el desierto de Bersabé. Y, habiéndose agotado el agua en el odre, puso al infante debajo de un árbol. Y, apartándose, sentóse enfrente, como a tiro de arco; pues dijo: «No veré morir al infante»; y sentada enfrente, alzó su voz y lloró.(c) Y escuchó Dios la voz del niño del lugar donde estaba; y llamó un ángel de Dios a Agar desde el cielo, diciendo: «¿Qué haces Agar? No temas; pues ha escuchado Dios la voz del infante desde el lugar donde está. Levántate; toma al infante y afirma en él tu mano; que en gente grande le haré». Y abrió sus ojos Dios, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre y dio de beber al infante. Y fue Dios con él, y creció, y vivió en el desierto; e hízose arquero; y habitó en el desierto de Farán, y tomóle su madre mujer de la tierra de Egipto. Y aconteció en aquél mismo tiempo decir Abimelec y Ficol, el príncipe de su ejército a Abrahán: «Dios está contigo en todo lo que haces. Ahora, pues, júrame por Dios que no dañarás a mí, ni a mi simiente, ni a mis nietos; sino que, según la piedad que hice contigo, harás conmigo y a la tierra en que has peregrinado». Y dijo Abrahán: «Yo juraré». E increpó Abrahán a Abimelec por el pozo de agua que robaran los siervos de Abimelec. Y respondió Abimelec: «No sé quien haya hecho esto; ni tú me has avisado, ni lo he oído sino hoy». Y tomó Abrahán ovejas y becerros, y dio a Abimelec y pactaron ambos alianza. Y puso Abrahán siete corderas de grey aparte. Y dijo Abimelec: «¿A qué estas siete corderas que has puesto aparte? Y dijo: «Para que las siete corderas tomes de mi mano, en testimonio de que yo cavé este pozo». Por esto fue llamado aquel lugar: Bersabé,(d) por haber allí jurado los dos. Y pactaron alianza en «el pozo del juramento». Y levantóse Abimelec y Ficol, el príncipe de su ejército y regresaron a la tierra de los filisteos. Y Abrahán plantó una selva en Bersabé e invocó allí el nombre de Señor el Dios eterno. Y peregrinó Abrahán en la tierra de los filisteos días muchos. Isaac Y aconteció después de estas cosas, tentar Dios a Abrahán y decirle: «¡Abrahán! ¡Abrahán!» Y él dijo: «Heme aquí». Y dijo: «Toma a tu hijo unigénito(a) a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de la Visión,(b) y allí le ofrecerás en holocausto sobre uno de los montes que te he de mostrar». Y levantándose Abrahán al alba, aparejó su asno, y tomó consigo dos niños y a Isaac, su hijo; y partió leña para el holocausto; y alzando, partió. Y vino al lugar que Dios le dijo. El tercer día levantó Abrahán sus ojos y vio el lugar en lontananza; y dijo Abrahán a sus niños: «Quedáos aquí con el asno; y yo y el infante iremos hasta allá; y, después de adorar, volveremos a vosotros». Y tomó Abrahán la leña del holocausto y púsola sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y la cuchilla; y fueron los dos juntos. Y dijo Isaac a Abrahán, su padre, diciendo: «¡Padre!» Y el dijo: «¿Qué hay hijo?» Y dijo: «He aquí el fuego y la leña: ¿dónde está el cordero del holocausto?» Y dijo Abrahán: «Dios se proveerá de cordero de holocausto, hijo». Y yendo ambos juntos, vinieron al lugar que le dijo Dios. Y edificó allí Abrahán altar y puso sobre él la leña; y atando a Isaac, su hijo, púsole sobre el altar encima de la leña. Y Abrahán extendió su mano y cogió la cuchilla para degollar a su hijo. Y llamóle un ángel de Señor, desde el cielo, y díjole: «¡Abrahán! ¡Abrahán!» Y él dijo: «Heme aquí». Y dijo: «No pongas tu mano en el niñito, ni le hagas nada; pues ahora he conocido que temes a Dios tú, y no has perdonado a tu hijo querido, por mí». Y Abrahán alzó sus ojos, y miró, y he ahí a sus espaldas un carnero enredado, en las zarzas, de los cuernos. Y fue Abrahán y cogió el carnero, y ofreciólo en holocausto en vez de su hijo. Y llamó Abrahán el nombre de aquel lugar: «Señor ve»:(c) Así que hasta hoy se dice: En el monte «Dios verá». Y llamó un ángel de Señor a Abrahán segunda vez desde el cielo, diciendo: «Por mí mismo he jurado, dice Señor: por esto porque no perdonaste a tu hijo unigénito, por mí, te bendeciré y multiplicaré(d) la simiente tuya como las estrellas del cielo y como la arena la que en la orilla del mar; y heredará tu simiente las ciudades de sus enemigos, y serán benditas en tu simiente todas las gentes de la tierra, por esto, porque obedeciste mi voz». Y volvió Abrahán a sus niños; y fuéronse a Bersabé juntamente, y habitó Abrahán en Bersabé. Y aconteció después de estas cosas, anunciarse a Abrahán que «Melca también ha parido hijos a Nacor tu hermano: a Hus el primogénito, y Bus su hermano, y Camuel, padre de los siros; y Cased, y Azan y Feldás y Jedlaf, y Batuel»; y Batuel engendró a Rebeca; estos ocho parió Melca a Nacor, hermano de Abrahán. Y la concubina de él, cuyo nombre Roma, parió a Tabeé y Gaam y Taás y Maacá. Muerte y entierro de Sara Y llegó a ser la vida de Sara ciento veintisiete años. Y murió Sara en la ciudad de Arbé; la que es Hebrón, en tierra de Canaán. Y vino Abrahán para plañirla y llorarla. Y levantóse Abrahán de su muerta; y habló a los hijos de Het, diciendo: «Advenedizo y peregrino soy yo entre vosotros. Dadme, pues, propiedad de sepulcro con vosotros, y sepultaré mi muerto allí». Respondieron los hijos de Het, diciendo: «Escúchanos, señor: un príncipe de Dios eres entre nosotros: en las escogidas tumbas nuestras sepulta tu muerto; pues nadie de nosotros te negará su sepultura; para sepultar tu muerto». Y levantóse Abrahán y adoró al pueblo de(a) la tierra: a los hijos de Het. Y habló a ellos: «Si place a vuestra alma que sepulte yo mi muerto, oídme y hablad por mí a Efrón, el hijo de Seor, para que me dé la caverna doble que tiene, la al fin de su campo; por todo su valor en plata démela, delante de vosotros, en propiedad de sepultura». Y Efrón sentado estaba en medio de los hijos de Het, y Efrón respondió a Abrahán en las orejas de los hijos de Het, de todos los que entraban en la ciudad, diciendo: «No sea así, mi señor; óyeme: el campo y la caverna la en él te doy; delante de los hijos de mi pueblo te están dados: sepulta tu muerto». y adoró Abrahán delante del pueblo de la tierra. Y dijo a Efrón delante de todo el pueblo de la tierra: «Ruégote, óyeme: la plata del campo recíbemela, y sepultaré mi muerto allí». Y Efrón respondió, y dijo: «Señor mío, óyeme: un campo de cuatrocientas didracmas de plata ¿qué es esto entre mí y ti? Pero tú entierra tu muerto». Y oyó Abrahán a Efrón, y Abrahán pesó a Efrón la plata que había dicho en las orejas de los hijos de Het: cuatrocientas didracmas valederas ante el mercader. Y pesóse el campo de Efrón en que estaba la caverna doble, el que estaba a faz de Mambré, el campo y la caverna que estaba en él y todo árbol que estaba en el campo en todos los confines de él en contorno; para Abrahán en posesión delante de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad. Después de esto sepultó Abrahán a Sara su mujer en la caverna del campo la doble, que está frente por frente de Mambré; esta es Hebrón en la tierra de Canaán. Y adjudicóse el campo y la caverna la en él para Abrahán en posesión de sepultura, por los hijos de Het. Isaac y Rebeca Y Abrahán era anciano, avanzado en días, y Señor había bendecido a Abrahán en todo. Y Abrahán dijo al siervo mayor de su casa, el príncipe de todo lo suyo: «Pon tu mano debajo de mi muslo; y te juramentaré por Señor, el Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás mujer, para mi hijo Isaac, de las hijas de los cananeos, entre quienes habito; sino que irás a mi tierra y parentela mía y tomarás mujer para mi hijo de allí.» Y el siervo díjole: «Si no quisiere la mujer venir conmigo a esta tierra ¿retornaré a tu hijo a la tierra de donde has salido?» Y díjole Abrahán: «Guárdate de no retornar a mi hijo allá. Señor el Dios del cielo que me ha sacado de la casa de mi padre y de la tierra donde nací; quien me habló y me juró, diciendo: «A tu simiente daré esta tierra»; él enviará su ángel delante de ti; y tomarás mujer para mi hijo Isaac de allí. Pero, si no quisiere la mujer venir contigo, libre estás de tu juramento; sólo que a mi hijo no retornarás allá». Y puso el siervo su mano debajo del muslo de Abrahán, su señor, y juróle sobre esta palabra. Y tomó doce camellos de los camellos de su señor; y de todos los bienes de su señor, consigo; y levantándose partió a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. Y recostó los camellos fuera de la ciudad junto al pozo del agua, al atardecer, cuando salen las aguadoras. Y dijo: «Señor, el Dios de mi señor Abrahán, camina delante de mí hoy y haz misericordia con mi señor Abrahán. He aquí yo estoy sobre la fuente del agua, y las hijas de los que habitan la ciudad, salen por agua. Y será: la doncella a quien yo dijere: «Baja tu cántaro para que yo beba», y ella respondiere: «Bebe, y también tus camellos abrevaré(a)»; ésta has prevenido para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que has hecho misericordia con mi señor». Y aconteció que, antes de acabarlo él de hablar en su pensamiento, he aquí Rebeca salía, la nacida a Batuel, hijo de Melca, mujer de Nacor, el hermano de Abrahán, teniendo el cántaro sobre sus hombros. Y la doncella era hermosa de faz sobremanera virgen era: varón no la había conocido. Y habiendo bajado a la fuente, llenara su cántaro y subía. Y corrióle al encuentro el niño y dijo: «Dame a beber un poco de agua de tu cántaro». Y ella dijo: «Bebe señor»; y apresuróse y bajó el cántaro sobre su brazo y dióle de beber, hasta que dejó de beber. Y dijo: «También a tus camellos daré agua hasta que todos bebieren». Y apresuróse y vació su cántaro en el bebedero, y corrió al pozo a sacar agua y dio agua a todos los camellos. Y el hombre contemplábala y callaba, para conocer si encaminaba bien Señor su camino, o no. Y aconteció que, cuando acabaron todos los camellos de beber, tomó el hombre pendientes de oro, de a dracma de peso, y dos brazaletes para las manos de ella; diez didracmas de oro, el peso de ellos. Y preguntóla y dijo: «¿Cuya hija eres? cuéntame. ¿Si habrá cerca de tu padre lugar para nosotros de hospedarnos?» Y díjole: «Hija de Batuel soy yo, del hijo de Melca, que parió Nacor». Y díjole: «y paja y forraje mucho cerca de nosotros, y lugar de hospedarse». E inclinándose el hombre, adoró a Señor, diciendo: «Bendito Señor el Dios de mi señor Abrahán; quien no ha retirado su misericordia y verdad de mi señor: me ha encaminado bien Señor a casa del hermano de mi señor». Y, corriendo la niña, anunció a la casa de su madre, según estas palabras. Y tenía Rebeca un hermano cuyo nombre Labán; y corrió Labán al hombre, fuera, a la fuente. Y aconteció, cuando vio los pendientes y los brazaletes en las manos de su hermana; y, cuando oyó las palabras de Rebeca, su hermana, diciendo: «Así me ha hablado el hombre» —y vino al hombre parado allí a par de los camellos, a par de la fuente, le dijo: «Ven, entra, bendito de Señor(b) ¿Por qué estás fuera? Yo te he aderezado la casa, y lugar para los camellos» Y entró al hombre en la casa, y desaparejó los camellos; y dio paja y forraje a los camellos, y agua a los pies de él y a los pies de los hombres los con él; y presentóles panes que comer; y dijo: «No comeré, no, hasta hablar las palabras mías». Y dijeron: «Habla». Y dijo: «Niño de Abrahán soy yo. Y Señor ha bendecido a mi señor sobremanera; y se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y becerros, y plata y oro; niños y niñas; camellos y asnos. Y parió Sara, la mujer de mi señor, un hijo a mi señor, después de envejecida; y le ha dado todo lo que tenía. Y juramentóme mi señor, diciendo: «No tomarás mujer para mi hijo, de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito; sino que a la casa de mi padre irás, y de la parentela mía tomarás mujer para mi hijo». Pero yo dije a mi señor: «¿No sea que no parta la mujer conmigo?» y díjome: «Señor, delante de quien camino, él enviará a su ángel y bien encaminará tu camino; y tomarás mujer para mi hijo de la parentela mía y de la casa de mi padre. Entonces libre estarás de mi maldición, cuando vinieres a mis parientes, y si no te dieren; y estarás libre de mi juramento». Y he venido hoy a la fuente y dicho: «Señor, el Dios de mi señor Abrahán, si tú has bien encaminado el camino que ahora yo ando: he aquí parado estoy sobre la fuente del agua, y será la virgen que saliere por agua y yo le dijere: «Dame un poco de agua que beber de tu cántaro»; y me dijere: «Y tú bebe, y para tus camellos sacaré;» ésta es la mujer que ha prevenido Señor para el hijo de mi señor». Y aconteció, antes de acabar yo de hablar en mi pensamiento, he aquí Rebeca salía, y tenía su cántaro sobre el hombro, y bajó a la fuente por agua. Y díjela: «Dame de beber». Y presurosa bajó el cántaro del hombro, y díjome: «Bebe y también tus camellos abrevaré»; y bebí y mis camellos abrevó. Y preguntéla y dije: «¿Cuya hija eres? cuéntame». Y ella dijo: «Hija de Batuel soy, del hijo de Nacor, que le parió Melca». Y puse entorno de ella los pendientes, y los brazaletes a sus manos. E inclinándome adoré a Señor, y bendije a Señor el Dios de mi señor Abrahán; el que bien me ha encaminado en camino recto a tomar la hija del hermano de mi señor para el hijo de él. Si hacéis, pues, vosotros misericordia y verdad con mi señor, indicádmelo; y, si no, indicádmelo, y me volveré a derecha o a izquierda». Y respondieron Labán y Batuel: «De Señor ha salido esta disposición: no podemos, pues, fuera de lo que le place, decirte nada. He aquí Rebeca delante de ti, tómala y parte; y sea mujer del hijo de tu señor, según ha hablado Señor». Y aconteció que, oyendo el niño de Abrahán estas palabras, postróse en tierra y adoró a Señor. Y sacó fuera el niño vasos argentinos y áureos, y vestiduras, y diólos a Rebeca; y dones dio a sus hermanos y a su madre. Y comieron y bebieron, él y los varones que con él estaban, y durmieron. Y, levantándose al alba, dijo el niño: «Despedidme para que vaya a mi señor». Y dijeron los hermanos de ella y la madre: «Quede la niña con nosotros unos diez días, y, después de ello parta». Y díjoles: «No me detengáis; que Señor ha encaminado bien mi camino; enviadme para que me vaya a mi señor». Y ellos dijeron: «Llamemos a la niña y preguntemos su boca». Y llamaron a Rebeca y dijéronle: «¿Irás con este hombre?» Y dijo: «Iré» Y despidieron a Rebeca y su nodriza y al niño de Abrahán y a los con él. Y bendijeron a Rebeca y dijéronle: «Hermana nuestra eres: hecha seas en miles de miríadas, y herede tu simiente las puertas de tus enemigos». Y, levantándose Rebeca y sus doncellas, subieron en los camellos y partieron con el hombre, y él apresuradamente, volvióse a su señor. E Isaac caminaba en la soledad por el pozo, el Viviente y Vidente; y él habitaba en la tierra la del mediodía. Y había salido a meditar(c) a la llanura, hacia la tarde, y alzó los ojos y he aquí venían camellos. Y Rebeca alzó los ojos y vio a Isaac, y saltó del camello, y dijo al niño: «¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a encontrarnos»? Y el niño dijo: «Ese es mi señor». Mas ella cogió el cendal y se veló. Y contó el niño a Isaac todas las cosas que hiciera. Y la introdujo Isaac en el pabellón de Sara, su madre, y tomóla por mujer; y amóla; y consolóse Isaac de Sara su madre. Jacob y Esaú Y Abrahán tomó nuevamente mujer; cuyo nombre: Cetura. Y parióle a Zamram, y Jecsan, y Madán, y Madián, y Yesboc y Sué. Jecsan engendró a Sabá y Dadán, e hijos de Dadán nacieron: los asuretas, los latusitas y los loomitas; y los hijos de Madián: Efá y Ofer y Henoc y Abidá y Eldaá; todos estos son los hijos de Cetura. Y dio Abrahán todos sus bienes a Isaac; y a los hijos de las concubinas dio dádivas, y separólos de Isaac su hijo, mientras él aún vivía, al oriente, a la tierra oriental. Y éstos son los días de la vida de Abrahán: ciento setenta y cinco años. Y desfalleciendo murió Abrahán en hermosa ancianidad; anciano y lleno(a) de días; fue reunido a su pueblo. Y sepultáronle Isaac e Ismael, sus hijos, en caverna doble, en el campo de Efrón, el hijo de Seor el heteo; la que está frente a frente de Mambré, en el campo que compró a los hijos de Het; allí sepultóse a Abrahán y a Sara su mujer. Y aconteció, después de morir Abrahán, bendijo Dios a Isaac, su hijo; y habitó junto al pozo del Viviente y Vidente. Y estas son las generaciones de Ismael, el hijo de Abrahán, que parió Agar, la servidora egipcia de Sara y Abrahán, Y éstos, los nombres de los hijos de Ismael, por nombres y generaciones de ellos: el primogénito de Ismael, Nabayot; y Cedar, y Adbeel, y Mabsam, y Masmá, y Dumá y Masá, y Hadar, y Temá, y Yetur, y Nafís y Cedmá; estos son los hijos de Ismael; y éstos los nombres en sus castillos y ciudades: doce príncipes de sus tribus. Y estos, los años de la vida de Ismael: ciento treinta y siete años; y desfalleciendo, murió y fue reunido a su pueblo. Y habitó desde Hevilá hasta Sur; que está a faz de Egipto, hasta llegar a los asirios; a faz(b) de todos sus hermanos habitó. Y éstas son las generaciones de Isaac, el hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Y era Isaac de cuarenta años, cuanto tomó por mujer a Rebeca, hija de Batuel, el siro, de la Mesopotamia, hermana de Labán, el siro. Y oró Isaac a Señor por Rebeca, su mujer, pues era estéril. Y escuchóle Dios, y concibió Rebeca. Y entrechocaban en su vientre los párvulos; y dijo: «Si así me ha de acontecer ¿a qué a mí esto?»(c) Y fue a consultar a Señor. Y Señor díjole:«Dos gentes en tu vientre están,y dos pueblos de tu seno se dividirán;y pueblo a pueblo superaráy el mayor servirá al menor». Y cumpliéronse los días de parir ella, y he aquí mellizos en su vientre. Y salió el hijo primogénito: rojizo todo, a manera de piel híspida; y fue llamado su nombre Esaú.(d) Y, después salió su hermano, y su mano sujetaba el talón de Esaú; y llamó su nombre: Jacob(e). E Isaac era de sesenta años, cuando le nacieron los párvulos. Y crecieron los niños; y era Esaú hombre versado en el cazar, agreste; pero Jacob era un hombre llano, viviendo en tiendas(f). Y amaba Isaac a Esaú, pues la caza de él era su comida; pero Rebeca amaba a Jacob. Y coció Jacob un potaje; y vino Esaú de la llanura fatigado. Y dijo Esaú a Jacob: «Dame de ese cocimiento, el rojo; porque desfallezco». Por esto fue llamado su nombre: Edom(g). Y dijo Jacob a Esaú: «Véndeme tu primogenitura». Y Esaú dijo: «He aquí muriéndome estoy: ¿a qué a mí esta primogenitura?» Y díjole Jacob: «Júrame Ya». Y le juró Esaú y vendió la primogenitura a Jacob. Y Jacob dio a Esaú pan y un potaje de lentejas; y comió y bebió; y levantóse y se fue; y despreció la primogenitura. Isaac y Abimelec Y hubo hambre sobre toda la tierra; fuera del hambre, la anterior que hubo en los días de Abrahán; y se fue Isaac a Abimelec, rey de los filisteos, a Gerar. Y aparecióle Señor y dijo: «No desciendas a Egipto, sino que habita en la tierra que yo te dijere. Y peregrina en esta tierra, y seré contigo, y te bendeciré; pues a ti y a tu simiente daré todas estas tierras; y confirmaré el juramento mío que juré a Abrahán tu padre. Y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras, y serán benditas, en tu simiente, todas las gentes de la tierra; por esto: por haber obedecido Abrahán a mi voz y guardado mis preceptos, y mis mandamientos, y mis disposiciones y mis leyes». Y habitó Isaac en Gerar. Y preguntaron los varones del lugar acerca de su mujer, y dijo: «Hermana mía es»; pues temió decir: «Mi mujer es»; no fuese que le matasen los varones del lugar, por Rebeca, pues hermosa de faz era. Y aconteció que, después de habitar mucho tiempo allí, mirase Abimelec, rey de Gerar, por la ventana y le viese jugar con Rebeca su mujer. Y llamóle y dijo: «Por cierto mujer tuya es. ¿Por qué has dicho: «Hermana mía es»? Y díjole Isaac: «Porque dije: «No sea que yo muera por causa de ella». Y dijo Abimelec: «¿Qué nos has hecho esto? por poco no duerme alguien de mi linaje con ella y traes sobre nosotros una culpa». Y mandó a todo el pueblo, diciendo: «Quien tocare a este hombre o su mujer, de muerte morirá». Y sembró Isaac en aquella tierra, y halló en aquel año el céntuplo: y bendíjole Señor. Y fue enaltecido el hombre y fue creciendo sin cesar, hasta que llegó a ser grande sobremanera; y llegó a tener hatos de ovejas, y hatos de vacas y mucha servidumbre; y envidiáronle los filisteos; Y todos los pozos que cavaran los niños de su padre, en los días de su padre Abrahán, cegaron los filisteos y llenáronlos de tierra. Y dijo Abimelec a Isaac: «Retírate de nosotros, pues más poderoso que nosotros te has hecho sobremanera». Y retiróse de allí Isaac; y detúvose en la hondonada de Gerar, y habitó allí. Y descavó Isaac los pozos que cavaran los niños de su padre Abrahán y cegaran los filisteos, después de morir Abrahán, y llamóles con los mismos nombres que los llamara Abrahán su padre. Y cavaron los niños de Isaac en la hondonada de Gerar, y hallaron allí un pozo de agua viva. Y altercaron los pastores de Gerar con los pastores de Isaac, diciendo: «Nuestra es el agua»; y llamó el nombre de aquel pozo: «Agravio». Y cavaron otro pozo; y también por él riñeron; y llamó su nombre: «Enemistad». Y, partiendo de allí, cavó otro pozo, y no altercaron por él, y denominó su nombre: «Dilatación», diciendo: «Ahora nos ha dilatado Señor y acrecentándonos sobre la tierra». Y subió de allí a Bersabé. Y apareciósele Señor en aquella noche, y dijo: «Yo soy el Dios de Abrahán tu padre; no temas, que contigo soy, y te bendeciré, y multiplicaré tu simiente, por Abrahán mi siervo». Y edificó allí altar e invocó el nombre de Señor y clavó allí su tienda; y cavaron allí los niños de Isaac un pozo. Y Abimelec vino a él desde Gerar y Ocozat, su compañero,(a) y Ficol el príncipe de su milicia. Y díjole Isaac: ¿«A qué habéis venido a mí? pues vosotros me odiáis y habéis arrojado de vosotros». Y dijeron: «Hemos visto que Señor es contigo, y dicho: «Haya juramento entre nosotros y ti; y pactemos contigo un pacto de no hacernos tú nada malo; así como nosotros nada de lo tuyo hemos tocado ni hecho lo que te dañe, y en paz te hemos despedido; y ahora tú bendito eres de Señor». E hízoles festín y comieron y bebieron. Y, levantándose al alba, juró el uno al otro; y despidióles Isaac; y partieron de él en paz. Y aconteció el mismo día venir los niños de Isaac y noticiarle del pozo que cavaban, y dijeron: «Hemos hallado agua». Y llamó el nombre de él: Abundancia(b). Por esto es el nombre de la ciudad: Bersabé,(c) hasta el día de hoy. Y era Esaú de cuarenta años, y tomó por mujer a Judit, hija de Beer el heteo; y a Basemat, hija de Elán el heteo; y altercaban con Isaac y Rebeca. Esaú y Jacob contrarios Y aconteció, después de envejecer Isaac y desfallecer sus ojos para ver, que llamó a Esaú su hijo mayor y díjole: «¡Hijo mío!»Y díjole: «Heme aquí». Y dijo: «He aquí, he envejecido, y no conozco el día de mi muerte. Ahora, pues coge tus armas: la aljaba y el arco; y sal a la llanura y cázame caza; y hazme viandas como amo yo, y tráeme para que coma; a fin de que te bendiga mi alma antes de morir». Y Rebeca oyó hablar a Isaac con Esaú, su hijo; y Esaú fue a la llanura a cazar caza. Y Rebeca dijo a Jacob su hijo menor: «He aquí, he oído a tu padre hablar con Esaú tu hermano, diciendo: «Tráeme caza y hazme viandas para que, después de comer, te bendiga a faz de Señor, antes de morir». Ahora, pues, hijo, escúchame en lo que te encargo: y, yendo a las ovejas tómame de allí dos cabritos tiernos y hermosos, y los haré viandas para tu padre, cual ama; y llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de morir». Y dijo Jacob a Rebeca su madre: «He aquí Esaú mi hermano es varón velloso, y yo, lampiño, no sea que me atiente mi padre; y seré a faz de él como uno que burla y atraeré sobre mí maldición y no bendición». Y díjole su madre: «Sobre mí, tu maldición, hijo; solamente escucha mi voz, y, yendo, tráeme». Y fue, y cogió y trajo a su madre. E hizo su madre viandas como amaba su padre. Y tomó Rebeca la vestidura de Esaú, su hijo mayor, la hermosa, que estaba cerca de ella en la casa y vistióla a Jacob, su hijo menor; y con las pieles de los cabritos cubrió sus manos y lo desnudo de su cuello. Y dio las viandas y el pan que había hecho, en mano de Jacob su hijo. Y los entró a su padre, y dijo: «¡Padre mío!; y él dijo: «Heme aquí: ¿quién eres tú, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: «Yo soy tu primogénito Esaú;(a) he hecho según me hablaste. Levántate, siéntate y come de la caza mía; para que me bendiga tu alma». Y dijo Isaac a su hijo: «¿Qué esto tan pronto has hallado, hijo mío?» Y él dijo: «Porque Dios lo trajo a mi encuentro». Y dijo Isaac a Jacob: «Acércate a mí, y te atentaré, hijo mío; si tú eres mi hijo Esaú, o no». Y acercóse Jacob a Isaac su padre; y atentóle, y dijo: «La voz, voz de Jacob; pero las manos, manos de Esaú». Y no le conoció; pues sus manos eran como las manos de Esaú, su hermano, vellosas; y bendíjole. Y dijo: «¿Tú eres mi hijo Esaú?» y dijo: «Yo». Y dijo: «Tráeme y comeré de tu caza, hijo mío, para que te bendiga mi alma». Y trájolo, y comió; y trájole vino, y bebió. Y díjole Isaac su padre: «Llégate a mí y bésame, hijo mío». Y llegóse y le besó. Y olió el olor de su vestidura, y bendíjole y dijo:«He aquí el olor del hijo mío,Cual olor de campo lleno que bendijo Señor Y déte Dios del rocío del cielo,y, de la grosura de la tierra,muchedumbre de trigo y de vino; Y sírvante las gentes,y adórente príncipes;y sé hecho señor de tus hermanos,y adórente los hijos de tu madre.Quien te maldijere ¡maldito!quien te bendijere ¡bendito!» Y aconteció, acabando Isaac de bendecir a Jacob, y Jacob, de salir de la faz de Isaac, vino Esaú su hermano de su caza. E hizo también él viandas y trajo a su padre; y dijo a su padre: «Levántate, padre mío, y come de la caza de tu hijo, para que me bendiga tu alma». Y díjole Isaac su padre: «¿Quién eres tú?» Y dijo él: «Yo soy tu hijo primogénito Esaú». Y espantóse Isaac con espanto grande sobremanera y dijo: «¿Quién pues ha sido el que cazó caza y me trajo, y comí de todo antes de entrar tú, y le bendije? Y bendito será» Y aconteció, al oír Esaú las palabras de su padre, rugió con voz grande y amarga sobremanera, y dijo: «Bendíceme también a mí, padre mío». Y díjole: «Vino tu hermano con engaño, y recibió tu bendición». Y dijo: «Justamente es llamado su nombre Jacob; pues me ha suplantado ya ahora segunda vez: la primogenitura mía, se llevó, y ahora se ha llevado mi bendición». Y dijo: «¿No me has reservado bendición?» E Isaac respondió y dijo a Esaú: «He aquí por señor te le he constituido y todos sus hermanos constituido siervos suyos; y con trigo y vino afianzándole: ¿y a ti qué haré, hijo mío?» Y dijo Esaú a su padre: «¿Acaso una sola bendición tienes, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío». Y Esaú alzó su voz y lloró. E Isaac, su padre, respondió y dijo:«He aquí lejos de la grosura de la tierra será tu vivienda,y del rocío del cielo desde arriba; y sobre(b) tu cuchilla vivirás;y a tu hermano servirás y será cuando te agitares¡sacudirás su yugo de tu cuello!» Y odiaba Esaú a Jacob por la bendición que le bendijera su padre; y Esaú dijo en su pensamiento: «Aproximaránse los días del luto de mi padre, cuando matare yo a mi hermano Jacob». Y anunciáronse a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor; y envió y llamó a Jacob su hijo menor, y díjole: «He aquí Esaú tu hermano, amenázate con matarte. Ahora, pues, hijo mío, oye mi voz: y, levantándote huye a Labán, mi hermano, a Harán; y habitarás con él algunos días, hasta que calmare el furor de tu hermano, y su indignación contra ti, y olvidare lo que le has hecho; y, enviando, te retornaré de allá: ¿por qué he de ser despojada de los dos vosotros en día uno?» Y dijo Rebeca a Isaac: «Hastiada estoy de mi vida por las hijas de Het. Si tomare Jacob mujer de las hijas de Het; ¿a qué a mí el vivir?» Jacob en Mesopotamia Y llamó Isaac a Jacob, y bendíjole y mandóle, diciendo:»No tomarás mujer de las hijas de Canaán. Alzando corre a Mesopotamia de Siria, a casa de Batuel, padre de tu madre, y tómate de allí mujer de las hijas de Labán, el hermano de tu madre. Y Dios omnipotente te bendecirá, y acrecentará y multiplicará, que seas muchedumbres de pueblos; y te dé la bendición de Abrahán, tu padre, a ti y a tu simiente, después de ti, para que heredes la tierra de tu peregrinación, que ha dado Dios a Abrahán». Y despidió Isaac a Jacob; y partió a Mesopotamia, a Labán el hijo de Batuel, el siro, al hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esaú. Y vio Esaú que bendijo Isaac a Jacob y le envió a Mesopotamia de Siria, a tomarse mujer, bendiciéndole y mandándole, diciendo: «No tomarás mujer de las hijas de Canaán». Y que Jacob oyó a su padre y a su madre; y partió a Siria. Y vio Esaú que malas eran las hijas de Canaán a faz de Isaac, su padre; y fue Esaú a Ismael, y tomó a Mahelet, hija de Ismael, hijo de Abrahán, hermano de Nabayot, con sus mujeres para mujer. Y salió Jacob de Bersabé y fue a Harán. Y llegó a un lugar y durmió allí; porque se había puesto el sol; y tomó una de las piedras del lugar; y púsole debajo de su cabeza y durmió en aquel lugar. Y soñó; y he aquí una escala afianzada en la tierra y su cabeza tocaba el cielo; y he aquí ángeles de Dios ascendían y descendían por ella. Y he aquí el Señor estaba apoyado en ella; y dijo: «Yo el Señor el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac: la tierra en que duermes, te daré y a tu simiente. Y será tu simiente como el polvo de la tierra, y te delatarás hacia la mañana y la tarde, y la medianoche y el mediodía; y benditas serán en ti todas las tribus de la tierra, y en la simiente tuya. Y he aquí yo contigo, guardándote, en todo camino que anduvieres, y te retornaré a esta tierra; pues no te abandonaré hasta hacer yo todo lo que he hablado». Y despertó Jacob del sueño y dijo: «Verdaderamente, está Señor en este lugar, y yo no lo sabía». Y temió y dijo: «¡Cuán terrible es este lugar! No es esto sino casa de Dios, y ésta la puerta del cielo». Y levantóse Jacob al alba, y tomó la piedra que pusiera debajo de su cabeza, y erigióla en columna(a) y vertió aceite encima de ella. Y llamó el nombre de aquel lugar: Betel(b); pero Luza era el nombre de la ciudad antes. Y votó Jacob voto, diciendo: «Si fuere Dios conmigo y me guardare en este camino que ando y me diere pan que comer y vestido que ponerme; y me devolviere con salud a casa de mi padre: me será Señor para Dios(c), y esta piedra que he erigido en columna, será para mí una casa de Dios; y todo lo que me dieres diezmárelo para ti.» Jacob y Labán Y alzó Jacob sus pies y partió a la tierra de los orientales. Y miró, y he aquí un pozo en la llanura; y he aquí tres greyes de ovejas recostadas a par de él; pues de aquel pozo abrevábanse las greyes, y la piedra era grande sobre la boca del pozo. y juntábanse allí todas las greyes, y rodaban la piedra de la boca del pozo, y abrevaban las ovejas, y reponían la piedra sobre la boca del pozo en su sitio. Y Jacob dijo a ellos: «Hermanos, ¿de dónde sois vosotros? Y dijeron: «De Harán somos». Y díjoles: «¿Conocéis a Labán el hijo de Nacor?». Y ellos dijeron: «Conocémosle». Y díjoles: «¿está bien?». Y ellos dijeron: «Bien está. Y he ahí Raquel, su hija viene con las ovejas de su padre». Y dijo Jacob: «Aún es día mucho, no es todavía hora de juntar el ganado; abrevando las ovejas, yéndoos, apacentad». Y dijéronle: «No podemos, hasta juntarse todas las greyes; y removeremos la piedra de la boca del pozo, y abrevaremos las ovejas». Aún hablaba él con ellos, cuando Raquel llegó con las ovejas de su padre; pues ella apacentaba las ovejas de su padre. Y aconteció que, al ver Jacob a Raquel, hija de Labán, el hermano de su madre, acercándose Jacob, rodó la piedra de la boca del pozo, y abrevó las ovejas de Labán, el hermano de su madre. Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz y lloró. Y notició a Raquel que hermano(a) del padre de ella, e hijo de Rebeca era; y corrió y anunció a su padre. Y cuando Labán oyó la nueva de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a su encuentro, y le abrazó y besó, y llevó a su casa; y contó a Labán todas estas palabras. Y Labán díjole: «De mis huesos y mi carne eres tú». Y quedóse con él un mes. Y dijo Labán a él: «Porque eres mi hermano ¿me servirás de balde? Dime qué es tu galardón». Y tenía Labán dos hijas: el nombre de la mayor: Lía; y el nombre de la menor: Raquel. Y los ojos de Lía eran débiles, pero Raquel era hermosa de faz y graciosa de aspecto. Y amó Jacob a Raquel, y dijo: «Te serviré siete años por Raquel tu hija menor». Y díjole Labán: «Mejor dártela a ti que darla a otro varón; quédate conmigo». Y sirvió Jacob por Raquel siete años; y eran a faz de él como pocos días, por lo que la amaba. Y dijo Jacob a Labán: «Dame mi mujer; que están cumplidos mis días para entrar a ella». Y reunió Labán todos los varones del lugar e hizo bodas. Y atardeció, y, tomando a Lía su hija, llevóla a él, y él vino a ella; y dio Labán a su hija Lía una servidora; Zelfa, por servidora. Y amaneció, y he aquí era Lía(b). Y dijo Jacob a Labán: «¿Qué me has hecho esto? ¿No te he servido por Raquel? ¿Y por qué me has engañado?(c)». Y dijo Labán: «No es así en nuestro lugar: dar la menor antes de la mayor. Cumple, pues, la semana de ésta, y te daré también ésta por el servicio que me sirvieres aún otros siete años». E hizo Jacob así, y cumplió la semana de ésta; y dióle su hija Raquel por mujer. Y dio Labán a su hija Raquel, su servidora —Bala por servidora. Y entró a Raquel, y amó más a Raquel que a Lía; y sirvióle otros siete años. Y vio Señor Dios que era desamada Lía y abrió su matriz, mas Raquel era estéril. Y concibió Lía y parió hijo; y llamó su nombre: Rubén(d); pues dijo: «Por esto: porque Señor ha visto mi bajeza: ahora me amará mi marido». Y concibió otra vez y parió hijo y dijo: «Ha oído Señor que soy desamada, y me ha dado también éste»; y llamó su nombre: Simeón. Y concibió de nuevo y parió hijo, y dijo: «Ahora, esta vez, será para mí mi marido; que le he parido tres hijos»; por esto se llamó su nombre: Leví(e). Y concibió todavía y parió hijo; y dijo: «Esta vez confesaré a Señor», por esto llamó su nombre: Judá(f). Y cesó de parir. Otros hijos de Jacob. Este se enriquece Y, viendo Raquel que no le paría a Jacob, envidió a su hermana, y dijo a Jacob: dame hijos; de no me muero». Y airóse Jacob con Raquel y díjola: «¿Acaso estoy en lugar de Dios yo, quien te ha negado fruto de vientre?» Y dijo: «He aquí mi servidora Bala; entra a ella a fin de que para sobre mis rodillas(a), y tenga yo también hijos de ella». Y dióle Bala su servidora por mujer, y entró a ella Jacob; y concibió y parió a Jacob un hijo. Y dijo Raquel: «Juzgádome ha Dios, y escuchado mi voz y dádome un hijo»; por esto llamó su nombre: Dan(b). Y concibió otra vez Bala, la servidora de Raquel, y parió a Jacob un segundo hijo. Y Raquel dijo: «Lucha de Dios luché con mi hermana, y vencí»; y nombró su nombre: Neftalí(c). Y vio Lía que había cesado de parir y tomó a Zelfá, su servidora y dióla a Jacob por mujer. Y parió Zelfá, la servidora de Lía a Jacob un hijo. Y dijo Lía: «Felizmente»; y llamó su nombre: Gad(d). Y parió Zelfá, la servidora de Lía, un segundo hijo a Jacob. Y dijo Lía: «Bienaventurada yo, porque bienaventurada me dicen las mujeres»; y llamó: Aser(e). Y fue Rubén en los días de la mies del trigo, y halló manzanas de mandrágora(f) en el campo y trájolas a Lía su madre. Y dijo Raquel a Lía: «Dame de las mandrágoras de tu hijo». Y dijo: «¿No te basta haberte llevado mi marido, que también las mandrágoras de mi hijo te has de llevar?». Y dijo Raquel: «Duerma contigo esta noche a trueque de las mandrágoras de tu hijo». Y vino Jacob del campo a la tarde, y fue Lía a su encuentro y dijo: «A mí entrarás hoy, que te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo». Y durmió con ella esa noche». Y oyóla Dios, y concibió y parió a Jacob el hijo quinto. Y dijo: «Me ha dado Dios mi galardón porque di mi servidora a mi marido»; y llamó su nombre Isacar(g). Y concibió todavía Lía y parió el hijo sexto a Jacob. Y dijo Lía: «Me ha dado Dios dádiva bella; esta vez habitará conmigo mi marido, pues le he parido seis hijos»; y llamó su nombre Zabulón(h). Y, después de esto, parió hija; y llamó su nombre: Dina. Y acordóse Dios de Raquel, y oyóla y abrió su matriz. Y concibió y parió un hijo, y dijo: «Quitó Dios mi oprobio». Y llamó su nombre: José(i), diciendo: «Añadiérame Dios otro hijo». Y aconteció, cuando parió Raquel a José, dijo Jacob a Labán: «Despídeme para volverme a mi lugar y a mi tierra. Dame mis mujeres y mis hijos, por quienes te he servido para irme; pues tú conoces la servidumbre con que te he servido. Y díjole Labán: Si he hallado gracia delante de ti —(he augurado; pues me ha bendecido Dios por ti); determina el salario tuyo, y te lo daré». Y díjole Jacob: «Tú conoces cómo te he servido, y cuánto era tu ganado conmigo; pues poco era, cuanto había delante de mí, y ha crecido en muchedumbre; y bendecídote Señor a mi pisada. Ahora, empero ¿cuándo me he de hacer yo también casa? Y dijo Labán: «¿Qué te daré»? Y díjole Jacob: «No me darás nada: si me hicieres esta palabra, de nuevo pastorearé tus ovejas y guardaré: Atraviesa(j) por todas tus ovejas hoy, y separa de allí toda oveja pintada y abigarrada; y todo lo que fuere negro y manchado y pintado, tanto en las ovejas como en las cabras, será mi salario. Y testimoniará por mí mañana mi justicia, cuando viniere mi salario ante ti: todo lo que no fuere pintado y abigarrado y negro tanto en las ovejas como en las cabras, hurtado será delante de mí». Y dijo Labán: «Sea según tu palabra». Y separó aquel día las cabras, y ovejas y los cabríos y los carneros pintados y manchados; pero todo ganado unicolor, esto es: de vellón blanco y negro entregó en mano de sus hijos. Y puso un camino de tres días entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las ovejas de Labán.(k) Y tomóse Jacob varas verdes de pobo,(l) y almendro y plátano y descortézolas con descortezaduras blancas, arrancando lo verde; y apareció multicolor lo blanco(m) lo de las varas. Y dispuso las varas que había descortezado, dentro de los abrevaderos de las aguas, para que, viniendo las ovejas a beber, a la vista de las varas, se recalentaran. Y recalentáronse las ovejas a la vista de las varas, y parieron blanquizcos, y pintados y cenicientos. Y los corderos separó Jacob, y puso delante de las ovejas lo blanquizco y todo lo pintado en los corderos, y segregó para sí greyes aparte, y no la mezcló con las ovejas de Labán. Y aconteció que, cuando la primera vez apetecían ayuntamiento las ovejas, ponía Jacob las varas delante de las ovejas en los abrevaderos, para que, a su vista, concibiesen; pero, cuando venían las concepciones tardías, no las ponía; e hízose lo tardío de Labán y lo primerizo de Jacob. Y enriquecióse el hombre muy sobremanera, y tuvo ganado mucho, y siervos y siervas; y camellos y asnos. Huye Jacob; riñe con Labán; pactan alianza Y oyó las palabras de los hijos de Labán, diciendo: «Llevóse Jacob todo lo de nuestro padre; y de lo de nuestro padre ha hecho toda esta gloria». Y vio Jacob el rostro de Labán; y he aquí no era con él como ayer y anteayer. Y dijo Señor a Jacob: «Vuelve a la tierra de tus padres, y a tu linaje; y seré yo contigo». Y envió Jacob y llamó Raquel y Lía al campo donde los rebaños; y díjoles: «Veo yo el rostro de vuestro padre que no es para conmigo como ayer y anteayer; pero el Dios de mi padre ha sido conmigo. Y vosotras mismas sabéis que con toda mi fuerza he servido a vuestro padre. Pero vuestro padre me ha engañado y mudado mi salario diez(a) veces; y no le ha dado Dios hacerme mal. Si él así decía: «las pintadas serán tu salario», parían todas las ovejas pintadas;(b) y si decía: «las blancas serán tu salario», parían todas las ovejas blancas. Y ha quitado Dios todo el ganado de vuestro padre y dádomelo a mí». Y aconteció que, cuando se recalentaban las ovejas, alcé mis ojos en sueño, y he aquí los machos que subían sobre las hembras, eran blanquizcos, y pintados y cenicientos manchados. Y díjome el ángel de Dios en el sueño: «¡Jacob!» Y yo dije: «Heme aquí». Y dijo: «Alza tus ojos, y ve: todos los machos que suben sobre las hembras, blanquizcos y pintados y cenicientos manchados;(c) pues he visto cuanto Labán te hace. Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una columna, y voto me votaste. Ahora, pues, levántate y sal de esta tierra y vuelve a la tierra de tu nacimiento». Y respondieron Raquel y Lía y dijéronle: «¿Acaso tenemos aún parte y herencia en la casa de nuestro padre?» No hemos sido reputadas como extrañas por él y nos ha vendido y devorado el dinero de nuestra venta? Mas todas las riquezas ha quitado Dios a nuestro padre, y entregádolas a nosotros y nuestros hijos; ahora, pues, cuanto te ha dicho Dios, haz». Levantóse, pues, Jacob, y alzó sus hijos y sus mujeres sobre los camellos. Y llevó consigo todos sus haberes, y ganado y cuanto había adquirido en Mesopotamia, para ir a Isaac su padre, a la tierra de Canaán. Y Labán había salido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre. Y Jacob ocultóse de Labán el siro, no anunciándole que se huía. Y huyóse él y todo lo suyo y pasó el río y dirigióse al monte de Galaad. Y anuncióse al día tercero a Labán que se había huido Jacob. Y tomó consigo sus hermanos, y persiguióle siete días y le cogió en el monte de Galaad. Y vino Dios a Labán el siro en sueños de noche y díjole: «Guárdate que no hables a Jacob cosa mala». Y cogiera Labán a Jacob y fijara Jacob su tienda, y Labán fijó su tienda con sus hermanos en el monte. Y dijo Labán a Jacob: «¿Qué has hecho? engañaste mi corazón y condujiste mis hijas como cautivas de guerra. ¿Por qué hiciste secretamente y no me avisaste para haberte enviado con alegría y con música, con tímpanos y cítaras? Y no me has permitido besar a mis niñitos y mis hijas; y ahora insensatamente has obrado. Y ahora puede mi mano hacerte mal; pero el Dios de vuestro padre ayer hablóme diciendo: «Guárdate que no hables contra Jacob cosa mala». Y ahora te has ido, porque ansiabas volver a casa de tu padre: «¿por qué me hurtaste mis dioses?» Y respondió Jacob y dijo a Labán: «Porque temía, pensando no me arrebatases tus hijas. Cerca de quien hallares tus dioses, no vivirá delante de nuestros hermanos: reconoce qué hay de tuyo cerca de mí y tómalo», y no sabía que Raquel los había hurtado. Y entró Labán en la tienda de Jacob y de Lía y de las servidoras, y no halló nada. Y entró en la tienda de Raquel. Pero Raquel había tomado sus ídolos y puéstolos debajo de una albarda de camello y sentádose encima. Y Labán rebuscó por toda la tienda y nada halló. Y dijo ella a su padre: «No se aíre mi señor que no pueda levantarme, pues tengo lo de la costumbre de las mujeres». Y rebuscó y no halló los ídolos. Y airóse Jacob y riñó a Labán. Y Jacob respondió y dijo a Labán: «¿Cuál es mi culpa y cuál el pecado que te has lanzado tras mí, y has escudriñado todo el menaje de mi casa? ¿Qué has hallado de todo el menaje de tu casa? ¡Pónlo aquí delante de tus hermanos y mis hermanos, juzguen entre mí y ti! Veinte años ha que estoy contigo; tus ovejas y tus cabras no han dejado de parir; carneros de tus ovejas no me he comido. Lo apresado por fieras no te traía; yo tenía que pagar; de mi mano pedías lo robado de día y de noche. De día consumíame el calor, y la escarcha de noche, y retirábase el sueño de mis ojos. Así he estado veinte años en tu casa, te he servido catorce años por tus dos hijas y seis años por tus greyes; y tú mudaste mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre Abrahán y el temor de Isaac(d) no hubiera sido conmigo, ahora vacío me despidieras; mi aflicción y el trabajo de mis manos ha mirado Dios, y te increpó ayer». Y respondió Labán y dijo a Jacob: «Las hijas son mis hijas y los hijos, mis hijos, y tu ganado, ganado mío, y cuanto ves, mío es; pero a mis hijas ¿qué les haré a éstas ahora o a los hijos que parieron? Ahora, pues, ven y hagamos alianza yo y tú, y sea ella en testimonio(e) entre mí y ti». Y tomó Jacob una piedra, y erigióla en columna. Y dijo Jacob a sus hermanos: «Recoged piedras». Y recogieron piedras e hicieron un montículo, y comieron allí sobre el montículo. Y Labán le llamó: Montículo testigo; y Jacob le llamó: Montículo testimonio (cada uno según la propiedad de su lengua). Y dijo Labán: «Este montículo será testigo entre mí y ti; por esto fue llamado su nombre: Galaad (esto es: Montículo del testimonio); y: La visión, porque dijo: Mire Dios entre mí y ti, cuando nos apartáremos el uno del otro: Si afligieres a mis hijas e introdujeres otras mujeres sobre ellas; aunque ningún hombre esté con nosotros, mira: Dios es testigo entre ti y mi.» Y dijo Labán a Jacob: «He aquí el montículo y la columna que he erigido entre mí y ti, testigo sea este montículo y columna de que ni yo iré a ti, pasando de este montículo, ni tú pasarás de este montículo y esta columna para mal. El Dios de Abrahán y el Dios de Nacor juzgará entre nosotros; el Dios(f) de sus padres. Y juró Jacob por él a quien temía su padre Isaac. Y Jacob inmoló víctimas en el monte; y convidó a sus hermanos a comer; y comieron y durmieron en el monte. Y Labán se levantó al alba y besó sus hijas, y bendíjoles, y volvió a su lugar. Jacob envía dones a Esaú, y lucha con el ángel. Y Jacob fue por su camino, viniéronle al encuentro ángeles. Y dijo Jacob al verles: «Campamento de Dios es éste», y llamó el nombre de aquel lugar: Mahanaim(a) (esto es: Campamentos). Y envió Jacob mensajeros delante de sí, a Esaú, su hermano, a la tierra de Seír, a la región de Edom; y preceptuóles, diciendo: «Así diréis a mi señor Esaú: «Así dice tu hermano(b) Jacob: Cerca de Labán he peregrinado y permanecido hasta ahora, y adquirí bueyes, y asnos, y ovejas; y niños y niñas; y he enviado a anunciarlo a mi señor Esaú, para que tu niño halle gracia delante de ti». Y volvieron los mensajeros a Jacob, diciendo: «Hemos venido a tu hermano Esaú; y viene a tu encuentro y cuatrocientos varones con él». Y temió Jacob sobremanera y vaciló; y dividió el pueblo el con él, y las ovejas y los bueyes y camellos en dos campamentos, y dijo: «Si viniere Esaú a uno de los campamentos y lo destrozare, será el campamento el segundo para que se salve». Y dijo Jacob: «El Dios de mi padre Abrahán y el Dios de mi padre Isaac, Señor que me dijiste: «Vuelve a tu tierra y al lugar de tu nacimiento y yo te haré bien». Menor soy que toda gracia y toda verdad(c) que has hecho a tu siervo; pues con mi báculo pasé este Jordán; y ahora heme hecho dos campamentos. Líbrame de la mano de mi hermano Esaú; que le temo, no sea que venga y me hiera, a madre con hijos. Y tú has dicho: «Bien te haré, y pondré tu simiente como la arena del mar que no se contará por lo mucha». Y durmió allí aquella noche y tomó de lo que llevaba, un presente para su hermano Esaú: cabras doscientas, cabríos veinte; ovejas doscientas y carneros diez; camellas paridas con sus crías, treinta; vacas cuarenta y toros veinte(d); asnas veinte y diez pollinos. Y diólos en mano de sus siervos: manada por manada; y dijo a sus siervos: «Adelantaos a mí, y espacio haced entre manada y manada. Y mandó al primero, diciendo: «Si te encontrare Esaú, mi hermano, y te preguntare: «¿Cuyo eres»? o: «¿Adónde vas?» o: «¿Para quién es eso que va delante de ti?»; responderás: «De tu niño Jacob: presentes ha enviado a mi señor Esaú, y he ahí a él mismo detrás de nosotros». Y mandó al segundo y al tercero y a todos los que se iban adelantando, detrás de las manadas, diciendo: «Según estas palabras hablaréis a Esaú hallándole, y diréis: He aquí tu niño Jacob viene en pos de nosotros». Pues dijo: «Propiciaré su rostro con los presentes que me preceden; y después veré su rostro: acaso aceptará el rostro mío». Y precedían los presentes ante su faz; y él durmió aquella noche en el campamento. Y levantóse con noche, tomó sus dos mujeres y las dos servidoras y sus once niñitos y pasó el vado del Jaboc. Y tomóles y pasó el torrente, y pasó todo lo suyo. Y quedó solo, y luchó con él un hombre(e) hasta el amanecer. Y vio que no podía contra él, y tocó la cavidad de su muslo, y se paralizó la cavidad del muslo de Jacob; al luchar con él. Y díjole: «Déjame, que ha subido la aurora(f). Y él dijo: «No te he de dejar, si no me bendijeres». Y díjole: «¿Cuál es tu nombre?» Y díjole: «Jacob». Y díjole: «No se denominará ya tu nombre: Jacob, sino Israel(g); porque has prevalecido contra Dios; también contra hombre poderoso(h)». Y preguntó Jacob y dijo: «Anúnciame tu nombre». Y dijo: «¿Por qué preguntas mi nombre?»(i) Y bendíjole allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar: Fanuel(j)»: pues he visto a Dios faz a faz, y salvóse mi alma».(k) Y salióle el sol, cuando pasó de Fanuel, y cojeaba de su muslo. Por esto no han de comer los hijos de Israel, el nervio que se paralizó el que está en la cavidad del muslo, hasta el día de hoy; pues tocó en la cavidad del muslo de Jacob, en el nervio. Reconcíliase con Esaú Y alzó Jacob sus ojos y vio, y he aquí Esaú su hermano venía, él y cuatrocientos hombres con él; y dividió a los niñitos con Lía y con Raquel y las dos servidoras; y puso a las dos servidoras y los hijos de ellas adelante, y a Lía y sus niñitos, detrás; y a Raquel y José los últimos. Y él mismo adelantóse a ellos y adoró(a) sobre la tierra siete veces, hasta acercarse a su hermano. Y corrió Esaú a su encuentro, y abrazóle, y le besó y echóse sobre su cuello; y lloró(b) Y alzó los ojos, y vio las mujeres y los niñitos y dijo: «¿Qué?» ¿éstos son tuyos? Y dijo: «Los niñitos, con que Dios se apiadó del niño tuyo». Y llegáronse las servidoras y los niñitos de ellas y adoraron. Y llegóse Lía y los hijos de ella, y adoraron; y, después de esto llegóse José y Raquel(c), y adoraron. Y dijo: «¿Qué? ¿esto tuyo es: todos estos campamentos que he encontrado?». Y el dijo: «Para hallar el niño tuyo gracia en los ojos de mi señor». Y dijo Esaú: «Tengo mucho, hermano: sea tuyo lo tuyo». Y dijo Jacob: «No tal; sino que, si he hallado gracia en tus ojos, recibe los dones de mis manos; puesto que he visto en tu rostro, como se ve el rostro de Dios(d); y me complacerás: toma las bendiciones que te he traído, porque Dios se ha apiadado de mí; y tengo todo».Y obligóle y aceptó. Y dijo: «Levantémonos y caminemos e iré a tu lado». Y díjole: «Mi señor sabe que los niñitos son tiernos; y las ovejas y las vacas paridas, conmigo; y si las apurare un día, morirá todo el ganado. Adelántese mi señor a su niño; y yo seguiré, según la lentitud de mi marcha(e), al paso de los niñitos, hasta venir a mi señor, a Seír». Y dijo Esaú: «Dejaré contigo del pueblo el conmigo». Y él dijo: «¿A qué esto? Basta haber hallado gracia en tus ojos, señor». Y volvió Esaú en aquel día a su camino hacia Seír. Y Jacob levantóse a Sucot; e hízose allí casa y a su ganado hizo tiendas; por esto se llamó el nombre del lugar: Sucot (esto es: Tiendas). Y vino Jacob a Salem, ciudad de síquimos; la que está en tierra de Canaán, cuando vino de Mesopotamia de Siria; y establecióse a faz de la ciudad. Y compró una parte del campo donde había fijado su tienda, de Hemor padre de Siquem, en cien corderos. Y erigió allí altar y le llamó: «Dios es el Dios de Israel». Dina y Siquem Y salió Dina la hija de Lía a conocer las hijas de la región. Y viéndola Siquem, el hijo de Hemor, heveo, el príncipe de la tierra tomóla y durmió con ella y violentóla. Y adhirióse de alma a Dina, la hija de Jacob; y amó a la joven y habló al corazón de la joven. Y Siquem dijo a su padre Hemor: «Tómame a esta niña por mujer». Y Jacob oyó haber mancillado el hijo de Hemor a Dina su hija (y sus hijos estaban con su ganado en el campo) y calló Jacob hasta volver ellos. Y salió Hemor el padre de Siquem, a hablarle. Y los hijos de Jacob volvieron del campo, y, al oirlo enfureciéronse y contristáronse sobremanera, por haber hecho Siquem cosa ignominiosa a Israel, durmiendo con la hija de Jacob; y no así ha de ser. Y habló con ellos Hemor, y dijo: «Siquem, mi hijo, ha elegido el alma de vuestra hermana; dádsela, pues, por mujer. Emparentaos con nosotros: las hijas vuestras dadnos, y las hijas nuestras tomaos. Y entre nosotros habitad, y la tierra os esté abierta; negociad sobre ella y poseedla». Y dijo Siquem al padre de ella y a los hermanos de ella: «Halle gracia yo delante de vosotros; y lo que me dijéreis, os daremos. Acrecentadme grandemente el dote y los dones, y daré según dijereis: sólo dadme este niña por mujer». Y respondieron los hijos de Jacob a Siquem y Hemor, su padre, con dolo, habláronles porque mancillado había a la hermana de ellos. Y dijéronles(a): «No podemos esto hacer: dar nuestra hermana a hombre que tiene prepucio: es ignominia para nosotros. En esto pactaremos con vosotros: si os hiciereis también vosotros como nosotros: circuncidándose todo lo masculino vuestro; y os daremos nuestras hijas, y vuestras hijas tomaremos, y habitaremos con vosotros: y seremos un pueblo; pero si no os circuncidáreis, tomaremos nuestra hija y nos iremos». Y plugieron las palabras en los ojos de Hemor y en los ojos de Siquem el hijo de Hemor; y no tardó el jovencillo en hacer esta palabra; que apegado estaba a la hija de Jacob; y él era el más esclarecido de todos en la casa de su padre. Y Hemor y Siquem, su hijo vinieron a la puerta de su ciudad y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo: «Estos hombres pacíficos son para con nosotros: quieren habitar en el país y conversar en él; pero abierto está delante de ellos: sus hijas nos tomaremos por mujeres, y nuestras hijas les daremos. Sólo en esto pactarán con nosotros los hombres habitar con nosotros hasta ser un pueblo: si circuncidamos todo lo masculino nuestro, según ellos están circuncidados. Y el ganado de ellos, y sus haberes, y sus bestias ¿no serán de nosotros? Sólo en esto pactemos con ellos; y habitarán con nosotros». Y oyeron a Hemor y Siquem su hijo, todos los que salieron a la puerta de su ciudad, y circuncidóse todo lo masculino. Y aconteció que, al tercero día, cuando estaban con el dolor, cogieron los dos hijos de Jacob: Simeón y Leví, hermanos de Dina, cada uno su cuchilla y entraron en la ciudad desprevenida, y mataron lo masculino todo. Y a Hemor y Siquem, su hijo mataron a filo de cuchilla, y tomaron a Dina de casa de Siquem y salieron. Y los hijos de Jacob lanzáronse sobre los occisos y saquearon la ciudad, por haberse mancillado a Dina, su hermana. Y sus ovejas, y sus vacas, y sus asnos y cuanto había en la ciudad y cuanto había en el campo, lleváronse. Y toda su hacienda, y sus niños y sus mujeres cautivaron. Y dijo Jacob a Simeón y Leví: «Entristecídome habéis hasta hacerme odioso a los cananeos y a los ferezeos, los habitantes de esta tierra; pues poco soy en número, y, juntándose me destrozarán,y exterminado seré, yo y mi casa». Y dijeron: «Por ventura ¿cual ramera abusarán de nuestra hermana?». Y Dios aparécese de nuevo a Jacob. Muerte de Raquel y de Isaac Y Dios dijo a Jacob: «Levántate y sube a Betel, y habita allí, y haz altar al Dios que se te apareció, cuando huías de Esaú, tu hermano». Y dijo Jacob a su casa y a todos los con él: «Quitad los dioses ajenos de en medio de vosotros; y purificaos y mudad vuestras vestiduras; y nos levantaremos y subiremos a Betel y haremos allí un altar al Dios que oyó en el día de mi tribulación; quien estuvo conmigo y me salvó en el camino que anduve». Y dieron a Jacob todos los dioses ajenos que estaban en sus manos y los zarcillos que estaban en sus orejas; y enterrólos bajo el terebinto, que hay detrás de Siquem. Y levantáronse, y hubo un terror de Dios sobre todas las ciudades las en torno de ellos, y no persiguieron a los hijos de Jacob. Y vino Jacob a Luza, que estaba en tierra de Canaán; la que es Betel, él y todo el pueblo que estaba con él. Y edificó allí altar y llamó el nombre de aquel lugar: Casa de Dios(a), pues allí apareciósele Dios cuando huía de su hermano. Y murió Débora, la nodriza de Rebeca, y más abajo de Betel fue sepultada debajo de la encina que llamó el nombre de ella: Encina del llanto. Y aparecióse Dios a Jacob nuevamente, cuando volvió de Mesopotamia, y bendíjole. Y díjole Dios: «Tu nombre ya no será llamado: Jacob, sino Israel, será tu nombre» y llamó su nombre Israel. Y díjole Dios: «Yo soy Dios el omnipotente: cría y multiplícate, y gentes y congregaciones de gentes vendrán de ti; y reyes saldrán de tus lomos. Y la tierra que he dado a Abrahán e Isaac, te daré y a tu simiente después de ti». Y alzóse Dios del lugar donde le hablara. Y puso Jacob columna en el lugar donde le hablara: columna de piedra; y libó sobre ella una libación; y derramó sobre ella aceite. Y llamó Jacob el lugar donde hablara con él Dios: Betel. Y alzó de allí y vino en primavera(b) hasta cerca de Efrata, y parió Raquel, y trabajó en el parir. Y aconteció, al parir ella trabajosamente, díjole la partera: «No temas; que también éste es hijo». Y aconteció que, al retirársele el alma, pues murió; nombró su nombre: Benoni; (esto es: Hijo de mi dolor), pero su padre llamóle Benjamín esto es (Hijo de la diestra). Y murió Raquel y fue sepultada en el camino de Efrata, esto es: Belén. Y puso Jacob columna sobre su sepulcro, ésta es la columna del sepulcro de Raquel hasta el día de hoy. E Israel levantóse y fijó su tienda, detrás de la torre de greyes. Y aconteció, al habitar Israel en aquella tierra, fue Rubén y durmió con Balá la concubina de su padre; y oyólo Israel(c). Fueron los hijos de Jacob doce: Los hijos de Lía: el primogénito, de Jacob: Rubén y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar y Zabulón. Los hijos de Raquel: José y Benjamín. Y los hijos de Balá, niña de Raquel: Dan y Neftalí. Y los hijos de Zelfá, niña de Lía: Gad y Aser. Estos son los hijos que le nacieron en Mesopotamia de Siria. Y vino Jacob a Isaac, su padre, a Mambré, a la ciudad de Arbé; esta es: Hebrón, donde peregrinaran Abrahán e Isaac. Y llegaron a ser los días de Isaac ciento ochenta años. Y, desfalleciendo, murió y fue reunido a su linaje, anciano y lleno de días y sepultáronle Esaú y Jacob, sus hijos. Genealogías de Esaú Estas son las generaciones de Esaú; este es: Edom. Esaú tomóse mujeres de las hijas de Canaán: a Adá, hija de Elón el heteo; y a Olibamá, hija de Sebeón, el heveo; y a Basemat, hija de Ismael, hermano de Nabayot. Y Adá a Esaú parió a Elifaz; y Basemat parió a Ragüel. Y Olibamá parió a Jehús, y a Yelón y Coré. Estos son los hijos de Esaú que le nacieron en tierra de Canaán. Y Esaú tomó sus mujeres; y su hijos, y sus hijas, y todas las almas(a) de su casa, y todos sus haberes, y su ganado y todo cuanto había adquirido en la tierra de Canaán, y partió de la tierra de Canaán, de la faz de Jacob su hermano. Pues eran sus haberes muchos para habitar juntos, y no podía la tierra de su peregrinación llevarles por la muchedumbre de sus greyes. Y habitó Esaú en el monte de Seír; Esaú, éste es Edom. Y éstas las generaciones de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seír. Y éstos los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz: hijo de Adá, mujer de Esaú; y Ragüel, hijo de Basemat; mujer de Esaú. Y fueron los hijos de Elifaz: Teman, Omar, Sefó, y Gatam y Cenez. Y Tamna era concubina de Elifaz; hijo de Esaú y a Elifaz parió a Amalec. Estos son los hijos de Adá, mujer de Esaú. Y éstos son los hijos de Ragüel: Nahat y Zará, Samá y Mezá; éstos los hijos de Basemat, mujer de Esaú. Y éstos eran los hijos de Olibamá, hija de Aná, hija de Sebeón, mujer de Esaú; y a Esaú parió a Jehús e Ihelón y Coré. Y éstos son los caudillos de los hijos de Esaú: los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: caudillo Temán, caudillo Omar, caudillo Cenés, caudillo Coré, caudillo Gatam, caudillo Amalec; éstos son los hijos de Elifaz en tierra de Edom; y éstos los hijos de Adá. Y éstos, los hijos de Ragüel, hijo de Esaú: caudillo Nahat, caudillo Zará, caudillo Samá, caudillo Mezá; éstos son los caudillos de Ragüel en tierra de Edom; éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. Y éstos los hijos de Olibamá, mujer de Esaú: caudillo Jehús, caudillo Yhelón, caudillo Coré; éstos, los caudillos de Olibamá hija de Aná, mujer de Esaú. Estos son los hijos de Esaú, y éstos los caudillos de ellos; éste es Edom. Estos son los hijos de Seír, el horreo, habitadores de la tierra: Lotán, y Sobal, y Sebeón, y Aná, y Disón, y Eser y Disam(b); éstos son los caudillos del horreo, los hijos de Seír, en tierra de Edom. Y fueron hijos de Lotán: Horí y Hemán; y hermana de Lotán: Tamná. Y éstos, los hijos de Sobal: Alván, y Manahat, y Ebal, y Sef y Onán. Y éstos los hijos de Sebeón: Ayá y Aná(c) éste es Aná que halló los yemitas(d) en el desierto, al apacentar los asnos de Sebeón, su padre. Y éstos los hijos de Aná: Disón; y Olibamá, hija de Aná. Y éstos son los hijos de Disón: Hamdán y Esebón y Jetram y Corán. Y éstos, los hijos de Eser: Balaán y Zaván y Acán. Y éstos, los hijos de Disán: Hus y Aram. Estos caudillos de los horreos: caudillo Lotán, caudillo Sobal, caudillo Sebeón, caudillo Aná, caudillo Disón, caudillo Eser, caudillo Disán; éstos los caudillos de los horreos en las capitanías de ellos en tierra de Seír. Y éstos los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes de tener rey los hijos de Israel: reinó en Edom, Balac, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad: Denabá. Y murió Balac, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zará, de Bosrá. Y murió Jobab y reinó en su lugar Husam, de tierra de temanitas. Y murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Badad; que destrozó a Madián en la llanura de Moab; y nombre de su ciudad: Avit. Y murió Hadad, y reinó en su lugar Semlá, de Masrecá. Y murió Semlá y reinó en su lugar Saúl, del río de Rohobot. Y murió Saúl, y reinó en su lugar Balanán, hijo de Acbor. Y murió Balanán, y reinó en su lugar Adar; y el nombre de su ciudad: Fau; y el nombre de su mujer: Meetabel, hija de Matred, hija de Mezaab. Estos, los nombres de los caudillos de Esaú, en sus familias, según sus lugares y nombres: caudillo Tamná, caudillo Alvá, caudillo Jetet, caudillo Olibamá, caudillo Elá, caudillo Finón, caudillo Cenez, caudillo Temán, caudillo Mebsar, caudillo Magdiel, caudillo Hiram; éstos los caudillos de Edom según sus moradas en la tierra de su posesión; éste, Esaú, padre de Edom(e). José en Canaán Y Jacob habitaba en la tierra donde peregrinó su padre: en tierra de Canaán. Y éstas son las generaciones(a) de Jacob.José de diecisiete(b) años, estaba pastoreando con sus hermanos, las ovejas, y, como niño(c) con los hijos de Balá y con los hijos de Zelfá, las mujeres de su padre; y trajo José infamia mala(d) acerca de ellos a su padre. Y amaba Israel a José sobre todos sus hijos, porque hijo de vejez le era; e hízole una túnica multicolor. Pero, viendo sus hermanos que le amaba su padre sobre todos sus hijos, aborreciéronle, ni podíanle hablar nada pacífico. Y, habiendo soñado José un sueño, contóle a sus hermanos, y aborreciéronle, por esto, aún más. Porque les dijo: «Escuchad este sueño que soñé: He aquí atábamos gavilla en el campo, y he aquí la gavilla mía alzóse y enderezóse; y he aquí, poniéndose alrededor vuestras gavillas adoraban la gavilla mía». Y dijéronle sus hermanos: «¿Acaso reinando reinarás sobre nosotros, o, señoreando nos señorearás?» Y aborrecíanle aún más por sus sueños y sus palabras. Y vio otro sueño, y narrólo a su padre y a sus hermanos y dijo: «He aquí soñé otro sueño; y he aquí el sol y la luna y once estrellas adorábanme». Y narrólo a su padre y a sus hermanos, y su padre le increpó, y díjole: «¿Qué este sueño que soñaste? Por ventura, viniendo vendremos yo y tu madre y tus hermanos y te adoraremos sobre la tierra?» Y envidiábanle sus hermanos; pero su padre guardóse la palabra. Y partieron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: «¿No pastorean tus hermanos Siquem? Ven: te enviaré a ellos» Y díjole: «Heme aquí». Y díjole Israel: «Yendo, ve si están bien tus hermanos y las ovejas; y anúnciamelo». Y envióle del valle de Hebrón; y vino a Siquem. Y hallóle un hombre: y he aquí perdido andaba en el campo. Y preguntóle el hombre, diciendo: «¿Qué buscas?» Y dijo: «A mis hermanos busco: indícame dónde pastorearán». Y díjole el hombre: «Se han ido de aquí, pues oíles decir: «Vamos a Dotaín». Y fue José tras de sus hermanos, y hallóles en Dotaín. Y viéronle de lejos, antes de acercarse a ellos, y concertáronse para matarle. Y decían el uno al otro: «He aquí el soñador ahí viene; ahora venid: matémosle y arrojémosle en una cisterna; y diremos: «Fiera mala devoróle» y veremos qué es de sus sueños». Y Rubén oyólo, y salvóle de sus manos, y dijo: «No le hiramos hasta el alma». Y Rubén díjoles: «No derraméis sangre; sino arrojadle en una de las cisternas del desierto; pero mano no pongáis en él», para librarle de las manos de ellos y devolverle a su padre. Y aconteció que, cuando vino José a sus hermanos, desvistieron a José la túnica la multicolor, la en torno de él, y cogiéronle y lanzáronle en la cisterna; pero aquella cisterna agua no tenía. Y sentáronse a comer pan; y alzaron sus ojos y vieron: y he ahí viajeros ismaelitas venían de Galaad, y sus camellos, llenos de timiamas, y resina y bálsamo; y marchaban llevándolo a Egipto. Y dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué aprovecha, si matáremos a nuestro hermano y ocultáremos su sangre?» Venid: le venderemos a estos ismaelitas; y nuestras manos no sean sobre él, pues hermano nuestro y carne nuestra es». Y oyéronle sus hermanos. E iban pasando los hombres, los madianitas(e) los mercaderes; y extrajeron a José, y vendieron a José a ismaelitas en veinte argénteos(f) y llevaron a José a Egipto. Y volvió Rubén a la cisterna, y no vio a José en la cisterna; y rasgó sus vestiduras y volvió a sus hermanos, y dijo: «El niño(g) no está, ¿y yo a dónde iré ya? Y tomaron la túnica de José y degollaron un cabrito y tiñeron la túnica en la sangre. Y enviaron la túnica, la multicolor, y lleváronla a su padre y dijeron: «Esta hemos hallado; mira si es la túnica de tu hijo o no». Y conocióla y dijo: «Fiera mala devoróle; fiera desgarró a José». Y rasgó Jacob sus vestiduras, y puso saco en torno de sus lomos y lloró a su hijo días muchos. Y juntáronse todos sus hijos e hijas, y vinieron a consolarle; pero él no quería consolarse, diciendo: «Descenderé al hijo mío, llorando, a los infiernos». Y lloróle su padre. Y los madianitas vendieron a José, al Egipto, a Putifar, eunuco(h) de Faraón, al jefe de su guardia. Her, Onán y Tamar Y aconteció en aquel tiempo, descendió Judá de sus hermanos, y llegó a un hombre odolamita; y su nombre: Hiram. Y vio allí Judá a una hija de hombre cananeo, y el nombre de ella: Sué; y tomóla y entró a ella. Y concibió, y parió un hijo; y llamó su nombre: Her. Y concibió de nuevo, y parió un hijo; y llamó su nombre: Onán. Y parió otra vez un hijo, y llamó su nombre: Selá; y él estaba en Quesib, cuando le parió(a), Y tomó Judá mujer para Her su primogénito, y el nombre de ella: Tamar. Y fue Her, el primogénito de Judá, malo en los ojos de Dios, y matóle Dios. Y dijo Judá a Onán: «Entra a la mujer de tu hermano y cásate con ella leviráticamente y levanta simiente a tu hermano». Pero sabiendo que no había de ser suya la simiente, aconteció que cuando entraba a la mujer de su hermano, derramaba en la tierra, para no dar simiente a su hermano. Y mala pareció la palabra(b) en los ojos de de Dios, porque hacía esto, y mató también a éste. Y dijo Judá a Tamar su nuera: «Quédate viuda en casa de tu padre hasta que sea grande Selá, mi hijo». Pues decía: «No sea que también muera éste como sus hermanos». Y Tamar fue y quedóse en la casa de su padre. Y cumpliéronse sus días y murió Sué, la mujer de Judá; y, después de consolarse Judá, subió a los que trasquilaban sus ovejas, él e Hirás, su pastor el odolamita, a Tamná. Y se anunció a Tamar: «He aquí tu suegro viene subiendo a Tamná a trasquilar las ovejas». Y, deponiendo los vestidos de su viudez, tomó un cendal y se veló y sentóse en las puertas de Enán; la que está camino de Tamná; pues vio que Selá estaba grande y que no le era ella dada por mujer. Y Judá la vio y túvola por ramera; pues había cubierto su rostro, y no la conoció. Y apartóse a ella, del camino; y dijo: «Déjame venir a ti(c)», pues no conoció ser su nuera. Y ella dijo: «¿Qué me darás, si vinieres a mí?» Y él dijo: «Yo te enviaré cabrito de las greyes». Y ella dijo: «Si me das prenda hasta enviármelo». Y él dijo: «¿Qué prenda te daré?» Y ella dijo: «Tu anillo, y tu cadenilla y tu báculo el en tu mano». Y dióselos; y entró a ella; y preñóse de él. Y se levantó y se fue, y sacóse el cendal y vistióse las vestiduras de su viudez. Y envió Judá el cabrito por su pastor odolomita, para tomar la prenda de la mujer; pero no la halló. Y preguntó a los hombres del lugar: «¿Dónde está la ramera, la que estuvo sentada en Enán sobre el camino?» Y dijeron: «No ha estado aquí ramera». Y volvió a Judá, y dijo: «No la hallé, y los hombres los del lugar dicen no haber allí ramera». Y dijo Judá: «Téngaselo; empero jamás se burlará de nosotros; que yo he enviado este cabrito, y tú no la has hallado». Y aconteció, después de tres meses, anuncióse a Judá, diciendo: «Ha fornicado Tamar tu nuera, y he aquí concebido ha de ramería». Y dijo Judá: «Sacadla fuera, y quémesela». Y, al sacarla fuera, envió a decir a su suegro: «Del varón cuyas son estas cosas, he concebido». Y dijo: «Reconozca cuyo este anillo y cadenilla, y báculo. Y conoció Judá y dijo: «Más justa es Tamar que yo por esto: porque no la di a Selá, mi hijo». Y no la conoció más. Y aconteció, que al parir ella, he aquí mellizos en su vientre. Y aconteció, al parir, que uno sacó la mano; y cogiendo la partera la mano de él, ató en ella hilo de grana, diciendo: «Este saldrá primero».(d) Y, cuando retiró la mano, al punto salió el hermano de él. Y ella dijo: «¿Por qué sobre ti se ha roto la cerca?»(e). Y llamó su nombre Farés. Y después salió su hermano, en cuya mano estaba el hilo de grana; y llamó su nombre: Zará. José en Egipto, en casa de Putifar. Y José fue llevado a Egipto; y comprólo Putifar, el eunuco(a) de Faraón, el jefe de su guardia, varón egipcio, de mano de los ismaelitas que le llevaran allá. Y era Señor con José, y era varón afortunado; así estaba en la casa de su señor, el egipcio. Y sabía su señor que Señor con él y que cuanto hacía, bien se encaminaba en manos de él. Y halló José gracia en los ojos de su señor; y érale grato; y púsole sobre su casa; y cuanto tenía, dio en su mano. Y aconteció que, habiéndole puesto sobre su casa y sobre todo cuanto tenía, bendijo Señor la casa del egipcio por José; y vino bendición de Señor sobre todos los bienes de él en la casa y en el campo. Y entregó todo cuanto tenía, en manos de José; y no sabía de lo que cerca de él, nada sino del pan que comía él mismo. Y era José hermoso de forma, y gracioso de faz sobremanera. Y aconteció, después de estas palabras(b) que fijó la mujer de su señor, sus ojos en José, y dijo: «Duerme conmigo». Mas él no quiso, y dijo a la mujer de su señor: «He aquí mi señor no conoce, por causa mía, nada en su casa, y todo cuanto es suyo ha dado en mis manos; y no se aventaja en su casa nada a mí, y no me ha reservado nada sino a ti, por ser tú su mujer —y ¿cómo hacer yo esta palabra, la mala, y pecar a faz de Dios? Y, mientras hablaba a José día a día, él tampoco escuchábala para dormir con ella, a estarse con ella. Y ocurrió un día como éste: entró José en la casa a hacer su labor, y nadie había en la casa dentro; y asióle de sus vestiduras, diciendo: «Duerme conmigo». Y dejando él sus vestiduras, huyó y salió fuera. Y aconteció que, cuando vio haber él dejado sus vestiduras en manos de ella, y huido y salido fuera, llamó a los que había en la casa, y hablóles diciendo: «Ved: nos ha traído niño hebreo, a jugarse con nosotras; y entró a mí, diciendo: «Duerme conmigo»; y grité con voz grande. Mas, oyendo él que yo alzaba mi voz y gritaba, dejando sus vestiduras conmigo, huyó y salió fuera». Y dejó las vestiduras cabe sí hasta volver el señor a su casa. Y hablóle, según estas mismas palabras diciendo: «Ha entrado a mí el niño, el hebreo, que nos has traído, a jugarse conmigo, y díjome: «Duerme conmigo». Mas, oyendo él que yo alzaba mi voz y gritaba, dejó sus vestiduras conmigo, y huyó y salió fuera». Y aconteció, cuando oyó el señor las palabras de su mujer, cuantas le habló, diciendo: «Así me ha hecho el niño tuyo»; ardió en ira. Y tomó el señor a José y arrojóle en la cárcel, en el sitio que los presos del rey detenidos estaban en la cárcel allí. Mas era Señor con José, y derramó su misericordia, y dióle gracia en los ojos del carcelero mayor. Y dio el carcelero mayor la cárcel en manos de José y a todos los presos, cuantos en la cárcel, y todo cuanto se hacía allí. Y el carcelero mayor no entendía, por causa de él, en nada que todo estaba en la mano de José, por estar el Señor con él; y cuanto hacía, Señor encaminábalo bien en sus manos. José en la cárcel Y aconteció, después de estas palabras pecó el copero mayor del rey de Egipto y panadero mayor contra su señor: el rey de Egipto. Y airóse Faraón contra sus dos eunucos: el copero mayor y el panadero mayor; y púsoles en detención cerca del carcelero mayor, en cárcel, en el lugar donde José estaba preso. Y entrególes el carcelero mayor a José, y asistióles; y estuvieron días en la detención. Y vieron ambos un sueño; cada uno un sueño en una misma noche (visión(a) del sueño de él) el copero mayor y el panadero mayor que tenía el rey de Egipto; los que estaban en la cárcel. Y entró a ellos de mañana José y vióles y estaban turbados. Y preguntó a los eunucos de Faraón, los que estaban con él en detención cerca de su señor, diciendo: «¿Porqué vuestros semblantes hoy sombríos?» «Sueño hemos visto, y quien lo interprete no hay». Y díjoles José: «¿No son de Dios las interpretaciones de ellos? Pues contadme». Y contó el copero mayor su sueño a José, y dijo: «En mi sueño estaba una vid delante de mí, y en la vid, tres sarmientos; y ella creciendo cubriéndose de flores: maduros los racimos de uva. Y la copa de Faraón en mi mano; y tomé la uva y exprimíla en la copa y di la copa en las manos de Faraón». Y dijo José: «Esta, su interpretación: Los tres sarmientos, tres días son; aún tres días y se acordará Faraón de tu principado y te restituirá a tu copería mayor, y darás la copa de Faraón en su mano, según tu principado el primero, cuando eran escanciador. Empero, acuérdate de mí, por ti, cuando bien te fuere y harás conmigo misericordia; y te acordarás de mí ante Faraón; y me sacarás de esta cárcel; pues con hurto he sido hurtado de tierra de hebreos y aquí no he hecho nada, sino que me han arrojado en este lago». Y vio el panadero mayor que rectamente había interpretado, y dijo a José: «También yo he visto sueño: y he aquí tres cestas de sémula sobre mi cabeza; y en la cesta la de encima, toda especie de comida que el rey Faraón come, obra de panadero; y los volátiles del cielo devorábanlo de la cesta la de encima de mi cabeza». Y respondió José y dijo: «Esta es su interpretación: «Las tres cestas son tres días; después de tres días quitará Faraón tu cabeza de ti, y te colgará en madero y comerán las aves del cielo tu carne de ti». Y aconteció en el día el tercero ser el día natal de Faraón (y hacía festín a todos sus niños) y acordóse del principado del copero mayor en medio de sus niños. Y restituyó al copero mayor a su principado; y dio la copa en la mano de Faraón; pero al panadero mayor colgó; según les interpretó José. Mas no recordó el copero mayor a José, sino olvidóse de él. José enaltecido Y aconteció después de dos años de días, ver Faraón un sueño: Parecíale estar parado sobre el río; y he aquí cual si del río, subían siete vacas hermosas de aspecto y selectas de carne, y pacían en la verdura; y otras siete vacas subían después de éstas, del río, feas de aspecto y flacas de carnes, y apacentábanse las vacas, junto al labio del río; y devoraron las siete vacas feas y flacas de carnes a las siete vacas las hermosas de aspecto y las selectas. Y despertó Faraón. Y soñó segunda vez: y he aquí siete espigas subían de una sola caña, selectas y hermosas; y otras siete espigas flacas, agostadas del viento, brotaron, después de ellas. Y devoraron las siete espigas las flacas y agostadas del viento, a las selectas y las llenas. Y despertó Faraón; y sueño era(a) Y amaneció y turbóse su alma; y envió y llamó a todos los intérpretes de Egipto y a todos los sabios de él; y refirióles Faraón el sueño, y no había quién los interpretase a Faraón. Y habló el copero mayor a Faraón, diciendo: «Mi pecado recuerdo hoy. Faraón airóse con sus niños, y púsonos en detención en la casa del carcelero mayor, a mí y al panadero mayor; y vimos sueño en una misma noche, yo y él; cada uno según el sueño suyo,(b) vimos. Y había allí con nosotros un jovencillo, niño hebreo, del carcelero mayor; e interpretónos. Y sucedió según nos interpretó; así también aconteció: ser yo restituido a mi principado; y aquél, colgado». Y envió Faraón y llamó a José, y sacóle de la cárcel; y peláronle y mudaron sus vestidos; y vino a Faraón. Y dijo Faraón a José: «Sueño he visto, y no hay quien los interprete; y yo he oído acerca de ti decir que, oyendo tú sueños, los interpretas». Y José respondió a Faraón y dijo: «Sin Dios, no se responderá lo saludable(c) de Faraón». Y habló Faraón a José diciendo: «En mi sueño parecíame estar parado sobre el labio del río; y, cual si del río, subían siete vacas hermosas de aspecto y selectas de carnes y pacían en la verdura. Y he aquí otras siete vacas subían en pos de ellas del río, malas y feas de aspecto, y flacas de carnes, y pacían en la verdura; cuales no he visto semejantes en todo Egipto de feas; y devoraron las siete las feas y flacas a las siete vacas las primeras, las hermosas y selectas; y entraron en sus vientres; y no manifiestas hacíanse de haber entrado en sus vientres; y sus aspectos, feos como antes. Y desperté. Y dormíme; y vi de nuevo en mi sueño, cual si siete espigas subieran en una sola caña, llenas y hermosas; y otras siete espigas flacas y agostadas del viento brotaban tras ellas. Y devoraron las siete espigas las flacas y agostadas del viento a las siete espigas las hermosas y llenas. He dicho, pues, a los intérpretes, y no habido quien me interprete». Y respondió José a Faraón: «El sueño de Faraón uno es: cuanto Dios hará, ha manifestado a Faraón. Las siete vacas hermosas, siete años son y las siete espigas las hermosas, siete años son: el sueño de Faraón uno es. Y las siete vacas flacas, las que subían en pos de ellas, siete años son; y las siete espigas las flacas y agostadas del viento: serán siete años de hambre. Esta la palabra que he dicho a Faraón; cuanto Dios hará, ha manifestado a Faraón. He aquí siete años vienen de abundancia mucha en toda tierra de Egipto; y llegarán siete años de hambre, después de esto, y olvidaránse de la abundancia en toda la tierra de Egipto; y consumirá el hambre la tierra; y no se conocerá la abundancia sobre la tierra, por el hambre que habrá, después de esto, que fuerte será sobremanera. Y, cuanto a reiterarse el sueño de Faraón dos veces: verdadera será la palabra, y apresúrase Dios a hacerla. Ahora, pues, vea a un hombre prudente y sabio, y póngale sobre la tierra de Egipto; y hágalo Faraón y ponga prefectos sobre la tierra y junten todos los frutos de la tierra de Egipto de los siete años de abundancia, y junten todos los víveres de los siete años los venideros, los hermosos estos; y júntese trigo bajo la mano de Faraón, víveres en las ciudades júntense. Y guardaránse los víveres a la tierra para los siete años del hambre que habrá en la tierra de Egipto; y no se agotará la tierra en el hambre». Y plugieron las palabras en los ojos de Faraón, y en los ojos de todos sus niños. Y dijo Faraón a todos sus niños: «¿Acaso hallaremos hombre semejante que tenga el espíritu de Dios en sí?» Y dijo Faraón a José: «Ya que te ha manifestado Dios todo esto, no hay hombre más prudente y sabio que tú. Tú serás sobre mi casa, y a tu boca obedecerá todo mi pueblo; sólo en el trono te aventajaré yo». Y dijo Faraón a José: «He aquí póngote hoy sobre toda la tierra de Egipto». Y sacóse Faraón el anillo de su mano, y púsolo en la mano de José, y vistióle estola bísina(d) y puso collar de oro en torno de su cuello; y subióle en el carro, el segundo de él, y heraldeó delante de él un heraldo;(e) y púsole sobre la tierra de Egipto. Y dijo Faraón a José: «Yo, Faraón: sin ti, no alzará nadie su mano y su pie en toda la tierra de Egipto». Y llamó Faraón el nombre de José: «Abundancia de vida».(f) Y dióle a Asenet, hija de Putifare, sacerdote de Heliópolis, por mujer. Y José era de treinta años, cuando se presentó ante Faraón, rey de Egipto. Y salió José de faz de Faraón y atravesó toda la tierra de Egipto. E hizo la tierra, en los siete años, de abundancia gavillas; y juntó todos los víveres de los siete años, en que hubo abundancia en la tierra de Egipto; y puso los víveres en las ciudades: los víveres de las llanuras de la ciudad, las en torno de la misma On(g) puso en ella. Y juntó José trigo a modo de la arena del mar, mucho sobremanera, hasta no poderse contar; que era sin número. Y a José nacieron hijos dos, antes de venir los siete años del hambre; los que le parió Asenet hija de Putifare, sacerdote de Heliópolis. Y llamó José el nombre del primogénito: Manasés(h), diciendo: que «olvidar me hizo Dios todos mis trabajos y todo lo de mi padre»; y el nombre del segundo llamó: Efraín;(i) «porque me ensalzó Dios en tierra de mi humillación». Y pasaron los siete años de la abundancia que hubo en la tierra de Egipto; y empezaron los siete años del hambre a venir, según dijera José. Y hubo hambre en toda la tierra; y en toda la tierra de Egipto no había pan.(j) Y hambreó toda la tierra de Egipto; y clamaba todo el pueblo de Faraón por pan; y dijo Faraón a todos los egipcios: «Id a José, y lo que os dijere, hacer». Y el hambre estaba sobre la faz de toda la tierra; y abrió José todos los graneros; y vendíales a todos los egipcios. Y todas las regiones venían a Egipto a comprar de José; que prevalecía el hambre en toda la tierra. Los hermanos de José ante él Y, viendo Jacob que había venta(a) en Egipto, dijo a sus hijos «¿Por qué os estáis mirando?(b) He oído que hay trigo en Egipto: bajad allá y compradnos unos pocos víveres para que vivamos, y no muramos». Y bajaron los hermanos de José, los diez, a comprar trigo de Egipto; pero a Benjamín, el hermano de José, no envió con sus hermanos, pues dijo: «No sea que le suceda daño». Y vinieron los hijos de Israel a comprar con los que venían, pues había hambre en tierra de Canaán. Y José era príncipe de la tierra; éste vendía a todo el pueblo de la tierra; y viniendo los hermanos de José, adoráronle de rostro sobre la tierra. Y José vio a sus hermanos, y conocióles; tratóles cual extraños; y hablóles cosas duras, y díjoles: «¿De dónde venís?» Y ellos dijeron: «De tierra de Canaán a comprar víveres». Y conoció José a sus hermanos; pero ellos no le conocieron. Y rememoró José los sueños que él había visto. Y díjoles: «Espías sois; a explorar las huellas(c) de la región habéis venido». Pero ellos dijeron: «No señor; niños tuyos hemos venido a comprar víveres; todos somos hijos de un hombre; pacíficos somos; no son los niños tuyos espías». Y díjoles: «No; sino que las huellas de la tierra habéis venido a ver». Y ellos dijeron: «Doce somos, tus niños, hermanos, en tierra de Canaán; y he aquí el menor, con nuestro padre, hoy; y el otro no es». Y díjoles José: «Esto es, lo que os he dicho, diciendo: «Espías sois». En esto se os probará: ¡vive Faraón!: no saldréis, no, de aquí, si el hermano vuestro, el menor, no viniere acá. Enviad uno de vosotros a traed a vuestro hermano; y vosotros seréis detenidos hasta que se hagan manifiestas vuestras palabras: si verdad decís o no; y, si no ¡vive Faraón! que sois espías». Y púsoles en prisión tres días. Y díjoles al día tercero: «Esto haced, y viviréis; pues temo yo a Dios:(d) si pacíficos sois, un hermano de vosotros quédese detenido en prisión; y vosotros id y llevad la compra de vuestra provisión de trigo; y a vuestro hermano el menor traed a mí; y serán creídas vuestras palabras; y, si no, moriréis». E hicieron así. Y dijo cada uno a su hermano: «Sí; en pecado estamos acerca de nuestro hermano, porque nos desentendimos de la tribulación de su alma, y no le escuchamos; por esto ha venido sobre nosotros esta tribulación». Y, respondiendo Rubén, díjoles: «¿No os lo decía yo, diciendo: «No dañéis al niñito?» y no me escuchásteis; y he aquí su sangre se pide». Y no sabían ellos que escuchaba José; pues el intérprete en medio de ellos estaba; y retirándose de ellos, lloró José; y vino de nuevo a ellos y hablóles; y tomó a Simeón de ellos, y atóle ante sus ojos. Y mandó José llenar sus vasos de trigo; y devolver el dinero de cada uno en su saco; y darles viático para el camino; y se les hizo así. Y, poniendo el trigo sobre sus asnos, retiráronse de allí. Y, desatando uno su alforja, para dar forraje a sus asnos, donde se hospedaron, vio el atado de dinero, y he aquí estaba encima de la boca de su alforja. Y dijo a sus hermanos: «Devuéltoseme ha el dinero, y helo aquí en mi alforja. Y extasióse su corazón y turbáronse unos a otros diciendo: «¿Qué nos ha hecho esto Dios?» Y vinieron a Jacob su padre a la tierra de Canaán y contáronle todo lo a ellos acontecido, diciendo: «Ha hablado el hombre, el señor de la tierra a nosotros cosas duras, y puéstonos en prisión por espías de la tierra. Y dijímosle: «No somos espías; doce hermanos somos, hijos de nuestro padre; el uno no es, y el menor con nuestro padre hoy en tierra de Canaán». Y díjonos el hombre, el señor de la tierra: «En esto se os conocerá que sois pacíficos: un hermano dejad aquí conmigo; y, la compra de la provisión vuestra de trigo tomando, idos; y traed a mí a vuestro hermano el menor; y conoceré que no sois espías sino que pacíficos sois; y vuestro hermano devolveréos, y en la tierra conversad». Y aconteció que, vaciando ellos sus sacos, estaba el atado de dinero de cada uno en su saco; y miraron(e) los atados de su dinero, ellos y su padre; y amedrentáronse. Y díjoles Jacob su padre: «A mí sin hijos me habéis dejado: José no es; Simeón no es, y a Benjamín habéis de llevar; sobre mí viene todo esto». Y dijo Rubén a su padre; diciendo: «A mis dos hijos mata, si no te lo devuelvo; dale en mi mano, y yo te lo devolveré». Y dijo Jacob: «No bajará mi hijo con vosotros; su hermano muerto es; y él solo ha quedado(f) y sucederá que reciba daño en el camino que vais, y bajaréis mi vejez, con tristeza, a los infiernos. Benjamín en Egipto Y el hambre prevaleció sobre la tierra. Y aconteció que, cuando acabaron de comer todo el trigo que trajeran de Egipto, díjoles su padre: «De nuevo yendo, compradnos unos pocos víveres». Y díjole Judá, diciendo: «Con conjuración nos ha conjurado el hombre, diciendo: «No veréis mi faz, si vuestro hermano el menor no descendiere a mí. Si, pues, enviares nuestro hermano con nosotros, descenderemos, y compraremos víveres; pero, si no enviares nuestro hermano con nosotros, no iremos; pues el hombre díjonos, diciendo: «No veréis mi faz, si vuestro hermano el menor no está con vosotros». Y dijo Israel: «¿Porqué me habéis hecho mal, anunciando al hombre que tenéis hermano?» Y ellos dijeron: «Preguntando preguntónos el hombre por nuestro linaje, diciendo: «¿Si aún vuestro padre vive? ¿Si tenéis hermanos? Y le anunciamos según su pregunta. ¿Acaso sabíamos que nos diría: «Traed vuestro hermano?» Y dijo Judá a Israel su padre: «Envía el niñito conmigo, y levantándonos, partiremos, para que vivamos y no muramos, así nosotros como tú, como nuestros pequeñuelos. Y yo le recibo: de mi mano pídele: si no te le trajere y pusiere delante de ti, pecado habré contra ti todos los días. Pues si no hubiéramos tardado, ya volviéramos dos veces». Y díjoles Israel su padre: «Si así es, esto haced: tomad de lo selecto de la tierra en vuestros vasos y llevad al hombre dones: de resina y de miel; timiama y bálsamo, y terebinto y nueces. Y el dinero doble llevad en vuestras manos; el dinero el devuelto en vuestras alforjas, devolved con vosotros; acaso fue error. Y a vuestro hermano tomad, y, levantándoos, id al hombre. Y mi Dios todopoderoso os dé gracia delante del hombre, y remita vuestro hermano el otro y Benjamín; yo, empero, así como he quedado sin hijos, he quedado sin hijos». Y, tomando los varones estos dones, el dinero doble, tomaron en sus manos y a Benjamín; y, levantándose, descendieron a Egipto, y presentáronse delante de José. Y vióles José y a Benjamín su hermano, y mandó al que era sobre su casa: «Entra los hombres en la casa, y mata víctimas y dispón; que conmigo comerán los hombres pan al mediodía». E hizo el hombre según dijo José y entró los hombres en la casa de José. Y temieron los hombres cuando se les llevó a la casa de José, y dijeron: «Por el dinero el devuelto en nuestras alforjas antes, se nos lleva, para calumniarnos e imputarnos para cogernos por esclavos a nosotros y nuestros asnos». Y llegáronse al hombre el que era sobre la casa de José y habláronle en la puerta de la casa, diciendo: «Te rogamos, señor: descendimos antes de comprar víveres; y aconteció, cuando vinimos a hospedarnos, abrimos nuestras alforjas, y he aquí el dinero de cada uno estaba en la alforja de él; nuestro dinero en balanza, hemos devuelto ahora en nuestras alforjas; y otro dinero hemos traído con nosotros a comprar víveres; no sabemos quién echó el dinero en nuestras alforjas». Y díjoles el hombre: «Paz con vosotros: no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestros padres os dio tesoro en vuestras(a) alforjas y el dinero vuestro probado(b) lo tengo». Y sácoles a Simeón; y entróles a la casa de José, y trajo agua para que se lavaran los pies, y trajo forraje a sus asnos. Y previnieron los dones hasta que viniera José al mediodía; pues habían oído que allí habían de comer. Y entró José en la casa, y trajéronle los dones que tenían en sus manos a la casa, y adoráronle de rostro sobre la tierra. Y preguntóles: «¿Cómo estáis?» Y díjoles: «¿Está bien vuestro padre el anciano que decíais? ¿Aún vive? Y ellos dijeron: «Está bien el niño tuyo, nuestro padre; aún vive». Y dijo: «Bendito aquel hombre por Dios»(c). E inclinándose, adoraron. Y, levantando los ojos José,(d) vio a Benjamín su hermano, el hijo de su madre, y díjoles: «¿Ese es vuestro hermano el menor que me decíais? Y dijo: «Dios apiádese de ti, hijo mío». Y turbóse José, y conmoviéronse sus entrañas sobre su hermano; y buscaba dónde llorar; y, entrando en la cámara, lloró allí. Y lavóse el rostro, y salió fuera, y dominóse y dijo: «Poned panes». Y pusieron para él solo; y para ellos aparte; y para los egipcios que comían con él, aparte; pues no pueden los egipcios comer con los hebreos pan; que abominación es para los egipcios todo pastor de ovejas.(e) Y sentáronse en frente de él: el primogénito, según su primogenitura, y el menor, según su menoría; y asombráronse los hombres cada uno con su hermano. Y lleváronse presentes de él a ellos; y excedía el presente de Benjamín los presentes de todos cinco veces. Y bebieron y embriagáronse con él.(f) Prueba José a sus hermanos con respecto a Benjamín Y mandó José al que era sobre su casa diciendo: «Llena los costales de los hombres con víveres, cuantos pudieren llevar, y echad el dinero de cada uno sobre la boca del costal; y mi copa, la de plata, echa en el costal del menor, y el precio del trigo de él». Y se hizo según la palabra de José, conforme hablara. La aurora despuntaba, y fueron despedidos los hombres, ellos y sus asnos. Y, salidos ellos de la ciudad, no estaban lejos; y José dijo al sobre su casa, diciendo: «Alzando, corre en pos de los hombres; y les alcanzarás y dirásles: «¿Y por qué habéis devuelto cosas malas por bellas? ¿Por qué habéis hurtado mi copa, la de plata? ¿No es ésta en la que bebe mi señor? El mismo con augurio augura en ella.(a) Cosas malas habéis consumado —las que habéis hecho». Y, hallándoles, díjoles según estas palabras. Y ellos dijéronle: «¿Por qué habla el señor según estas palabras? ¡No sea que tus niños hagan esta palabra! Si el dinero que hallamos en nuestros costales, devolvimos a ti, de la tierra de Canaán ¿cómo habíamos de hurtar, de la casa de tu señor, plata u oro? En quien hallare la copa de entre los niños tuyos, muera; y nosotros seremos niños a nuestro señor». Y él dijo: «Y ahora, según decís, así será: el hombre cerca del cual se hallare la copa, él será mi niño; pero vosotros seréis inocentes». Y apresuráronse y bajaron cada uno su costal a la tierra y abrió cada uno su costal. Y escudriñó, principiando por el mayor hasta llegar al menor, y halló la copa en el costal de Benjamín. Y rasgaron sus vestidos, y pusieron cada uno su costal sobre su asno, y tornaron a la ciudad. Y entró Judá y sus hermanos a José; que aún estaba allí; y cayeron delante de él en tierra. Y díjoles José: «¿Qué cosa es ésta que habéis hecho? ¿No sabíais que en augurio augura hombre como yo?» Y dijo Judá: «¿Qué replicaremos al señor o qué hablaremos o cómo nos justificaremos? Dios ha hallado la iniquidad de tus niños; he aquí somos esclavos para nuestro señor, así nosotros como el cerca de quien se halló la copa». Y dijo José: «¡Lejos de mí hacer esta palabra!: el hombre cerca de quien se ha hallado la copa, él será niño mío; pero vosotros bajaréis en paz a vuestro padre». Y, llegándosele Judá, dijo: «Ruégote, señor: hable tu niño una palabra delante de ti; y no te aíres con tu niño, pues tú eres después de Faraón. Señor, tú preguntaste a tus niños, diciendo: «¿Si tenéis padre o hermano». Y dijimos al señor: «Tenemos padre anciano y un niñito menor, hijo de su ancianidad, y el hermano de él ha muerto, y él solo ha quedado a su padre; y su padre le ha amado». Y tú has dicho a tus niños: «Traédmele, y yo cuidaré de él». Y dijimos al señor: «No podrá el niñito dejar a su padre; y si dejare a su padre, morirá». Y tú dijiste a tus niños: «Si no descendiere vuestro hermano el menor con vosotros, no volveréis a ver mi rostro». Y aconteció, cuando descendimos a tu niño, nuestro padre, le anunciamos las palabras del señor. Y díjonos nuestro padre: «Marchad otra vez; compradnos unos pocos víveres». Y nosotros dijimos: «No podremos descender, a no ser que nuestro hermano el menor descendiere con nosotros; pues no podremos ver el rostro del hombre, no estando el hermano el menor con nosotros». Y dijo tu niño, nuestro padre a nosotros: «Vosotros sabéis que dos me ha parido la mujer; y se fue el uno de mí, y dijisteis: «Pasto de fiera ha sido», y no le vi más. Si, pues, tomáreis también a éste de mi faz, y le aconteciere daño en el camino, bajaréis mi vejez con tristeza a los infiernos». Ahora, pues, si voy a tu niño, nuestro padre, y el niñito no fuere conmigo, el alma de él colgada está del alma de éste; y será que en viendo él no estar el niñito con nosotros, fallecerá y bajaremos los niños tuyos la vejez de tu niño, nuestro padre, con dolor, a los infiernos». «Pues tu niño se ha recibido del niñito del padre, diciendo: «Si no te le traigo y le pongo delante de ti, pecado habré contra el padre todos los días». Ahora, pues, quedaré contigo niño, en lugar del niñito, esclavo del señor, y el niñito descienda con los hermanos. Pues ¿cómo descenderé a mi padre, no estando el niñito con nosotros? que no vea yo el mal que hallará a mi padre». Dase a conocer José Y no pudo José reprimirse delante de todos los que estaban a par de él, y dijo: «Haced salir a todos de mí»; y, no estaba nadie a par ya de José, cuando se dio a conocer a sus hermanos. Y alzó su voz con llanto (y oyeron todos los egipcios y de oídas llegó a la casa de Faraón). Y dijo José a sus hermanos: «Yo soy José —¿Aún vive mi padre?» Y no podían sus hermanos responderle; que turbados estaban. Y dijo José a sus hermanos: «Llegaos a mí». Y llegáronse, y dijo: Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis a Egipto. Ahora, pues, no os aflijáis ni duro os parezca haberme vendido para acá; que para vida envióme Dios delante de vosotros. Pues este es el segundo año que hay hambre sobre la tierra, y todavía faltan cinco años en que no habrá aradura ni siega. Me ha enviado, pues, Dios delante de vosotros, para que reste vuestro resto sobre la tierra, y se conserve vuestra vida para salvación grande. Ahora, pues, no vosotros me habéis enviado acá, sino que Dios; y me ha hecho como padre de Faraón y señor de toda su casa, y príncipe de toda la tierra de Egipto. Apresuraos, pues y descended a mi padre y decidle: «Esto dice tu hijo José: «Héchome a Dios señor de toda la tierra de Egipto; desciende, pues, a mí y no tardes; y habitarás en tierra de Gesén de Arabia, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos y los hijos de tus hijos, tus ovejas y tus vacas, y cuanto tiene ahí; y te alimentaré allí, pues todavía cinco años hay hambre; para que no te agotes tú y tus hijos y todos tus haberes. He aquí vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín: que mi boca es la que os habla.(a) Anunciad, pues, a mi padre toda mi gloria la en Egipto, y cuanto veis, y, apresurándoos, descended a mi padre acá. Y cayendo sobre el cuello de Benjamín, su hermano, cayó sobre él y lloró; y Benjamín lloró sobre su cuello. Y besó a todos sus hermanos y lloró sobre ellos; y, después de esto, hablaron sus hermanos con él. Y resonó la voz hasta la casa de Faraón, diciendo: «Han llegado los hermanos de José», y gozóse Faraón y su servidumbre. Y dijo Faraón a José: «Di a tus hermanos: «Esto haced: cargad vuestros jumentos, e id a la tierra de Canaán; y, tomando a vuestro padre y vuestros haberes, venid a mí; y os daré de todos los bienes de Egipto y comeréis la médula de la tierra. Y tú ordena esto: «Tomaos —carros de la tierra de Egipto para vuestros niñitos y las mujeres; y tomad a vuestro padre y venid; y no se os dé nada de vuestro menaje; que todo lo mejor de Egipto vuestro será». E hicieron así los hijos de Israel; y dióles José carros, según lo dicho por Faraón el rey; y dióles viático para el camino; y a todos dio dobles vestiduras, y a Benjamín dio trescientos áureos(b) y cinco vestiduras de mudar; y a su padre mandó, según lo mismo, y diez asnos cargados con todos los bienes de Egipto, y diez mulas cargadas de panes a su padre para el camino. Y despidió a sus hermanos; y partieron. Y díjoles: «No os airéis en el camino»(c) Y bajaron de Egipto y vinieron a la tierra de Canaán, a Jacob su padre, y anunciáronle, diciendo: «Tu hijo José vive, y él impera a toda la tierra de Egipto». Y extasióse el corazón de Jacob, porque no les creyó. Y habláronle todo lo dicho por José y cuanto les dijo; y viendo los carros que enviara José para conducirle, revivió el espíritu de Jacob su padre. Y dijo Israel: «Grande es para mí, si aún el hijo mío José vive: yendo veréle, antes de morirme». Jacob en Egipto Y levantándose Israel, él y todo lo suyo, vino al Pozo del juramento y victimó allí víctima al Dios de su padre Isaac. Y dijo Dios a Israel en visión de la noche, diciendo: «¡Jacob, Jacob!» Y él dijo: «Heme aquí». Y él le dice: Yo soy el Dios de tus padres: no temas bajar a Egipto; que gran pueblo te haré allí; y yo bajaré contigo a Egipto, y yo te subiré hasta el fin; y José pondrá sus manos sobre tus ojos. Y levantóse Jacob del Pozo del juramento; y tomaron los hijos de Israel a su padre y a sus hijos y sus mujeres sobre los carros que enviara José para conducirle; y tomaron los haberes de ellos y toda la ganancia que ganaron de la tierra de Canaán; y entró Jacob a Egipto, y toda su simiente con él: hijos y los hijos de los hijos de él con él; hijas e hijas de los hijos de él con él; y toda su simiente trajo a Egipto. Y éstos, los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: el primogénito de Jacob: Rubén; e hijos de Rubén: Henoc, y Falú, y Hesrón y Carmí. E hijos de Simeón: Jamuel, y Jamín, y Ahod, y Jaquín y Sohar; y Saúl, hijo de la cananea. E hijos de Leví: Gersón y Caat y Merarí. E hijos de Judá: Her y Onán, y Selá, y Farés y Zará; pero murieron Her y Onán en tierra de Canaán; y nacieron hijos de Farés: Hesrón y Hamul. E hijos de Isacar: Tolá y Fuá y Job y Semrón. E hijos de Zabulón: Sared, y Helón y Jahelel. Estos, hijos de Lía; los que parió a Jacob en Mesopotamia de Siria, y a Dina su hija; todas las almas: hijos y las hijas: treinta y tres. E hijos de Gad: Sefión, y Hagi, y Suni, y Esebón, y Herí, y Arodí y Arelí. E hijos de Aser: Jamné, y Jesuá, y Jesuí y Beriá; y Sara su hermana. Y los hijos de Beriá: Heber y Melquiel. Estos los hijos de Zelfá, que dio Labán a Lía su hija; la que parió éstos a Jacob: dieciséis almas. Y los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín. Y nacieron hijos a José en la tierra de Egipto; los que parió Asenet, hija de Putifare sacerdote de Heliópolis: Manasés y Efraín.(a) E hijos de Benjamín: Balá, y Becor, y Asbel, y Gerá, y Naamán, y Equí, y Ros, y Mofín, y Ofín y Ared. Estos son los hijos de Raquel que nacieron a Jacob; todas las almas: catorce. E hijos(b) de Dan: Husim. E hijos de Neftalí: Jasiel, y Guni, y Jeser y Salem. Estos hijos de Balá que dio Labán a Raquel su hija; la que parió éstos a Jacob: todas las almas: siete. Y todas las almas que entraron con Jacob a Egipto; los que salieron de sus lomos (fuera de las mujeres de los hijos de Jacob); todas las almas: sesenta y seis. E hijos de José que le nacieron en Egipto: almas dos.(c) Todas las almas de la casa de Jacob, las que entraron en Egipto; setenta.(d) Y envió a Judá delante de ellos a José a encontrarle por Heroópolis, a tierra de Gesén. Y unciendo José sus carros, subió al encuentro de Israel, su padre, por Heroópolis; y, viéndole, cayó sobre su cuello, y lloró con llanto copioso. Y dijo Israel a José: «Muera yo ahora mismo ya que he visto tu faz; que todavía tú vives». Y dijo José a sus hermanos:(e) «Subiendo, anunciaré a Faraón, y le diré: «Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en tierra de Canaán, han llegado a mí y los varones son pastores (pues ganaderos eran); y su ganado y sus vacas y todo lo suyo han traído consigo». Si, pues, os llamare Faraón y os dijere: «¿Cuál es vuestra labor?; diréis: «Varones ganaderos somos tus niños, desde niño hasta ahora, y nosotros y nuestros padres»; para que habitéis en tierra de Gesén, en Arabia; pues abominación es de los egipcios todo pastor de ovejas». Jacob ante Faraón. Sigue el hambre. Muerte de Jacob. Y viniendo José, anunció a Faraón diciendo: «Mi padre y mis hermanos y el ganado y las vacas de ellos y todo lo suyo, han venido de tierra de Canaán, y he aquí están en tierra de Gesén». Y de sus hermanos tomó cinco varones y púsoles delante de Faraón. Y dijo Faraón a los hermanos de José: «¿Cuál la labor vuestra?» Y ellos dijeron a Faraón: «Pastores de ovejas, tus niños y nosotros y nuestros padres». Y dijeron a Faraón: «A peregrinar en la tierra hemos venido pues no hay pasto para las ovejas de tus niños; que ha prevalecido el hambre en tierra de Canaán; ahora, pues, peregrinaremos en tierra de Gesén». Y dijo Faraón a José: «Habiten en tierra de Gesén; y si sabes que hay entre ellos varones poderosos, constitúyelos príncipes de mi ganado». Y llegó,(a) a Egipto, a José Jacob y sus hijos. Y oyólo Faraón rey de Egipto. Y dijo Faraón a José diciendo: «Tu padre y tus hermanos han llegado a ti; he aquí la tierra de Egipto delante de ti está: en la mejor tierra establece a tu padre y a tus hermanos». Y llevó José a Jacob, su padre, y presentóle a Faraón, y bendijo Jacob a Faraón. Y dijo Faraón a Jacob: «¿Cuántos días de años de tu vida?». Y dijo Jacob a Faraón: «Días de años de mi vida que estoy peregrinando: ciento treinta años; pequeños y malos se han hecho días de años de mi vida: no han llegado a días de años de mi vida de mis padres; los días que peregrinaron». Y bendiciendo Jacob a Faraón, salió de delante de él. Y estableció José a su padre y sus hermanos y dióles posesión en tierra de Egipto; en la mejor tierra: en tierra de Ramsés; según ordenara Faraón. Y midió trigo José a su padre y a sus hermanos y a toda la casa de su padre; trigo por cabeza. Y trigo no había en toda la tierra; que prevalecía el hambre sobremanera; y desfalleció la tierra de Egipto y la tierra de Canaán del hambre. Y juntó José todo el dinero, el hallado en tierra de Egipto y en tierra de Canaán, del trigo que compraban y les medía; y llevó José todo el dinero a la casa de Faraón. Y agotóse todo el dinero en tierra de Egipto y en tierra de Canaán. Y vinieron los egipcios todos a José diciendo: «Danos pan. Y ¿porqué morimos delante de ti? que agotado está nuestro dinero». Y díjoles José: «Traed vuestro ganado, y daréos pan por ganado, si agotado está vuestro dinero». Y trajeron el ganado a José, y dióles José pan por los caballos, y por las ovejas, y por las vacas y por los asnos. Y alimentóles con pan en aquel año. Y terminó aquel año; y vinieron a él en el año el siguiente, y dijéronle: «No ocultemos delante de nuestro señor que está agotado nuestro dinero, y nuestro ganado a ti el señor, y no nos queda delante del señor sino el propio cuerpo y la tierra nuestra. ¿Porqué hemos de morir delante de ti y desolarse la tierra? Cómpranos y nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra niños de Faraón; da semilla para que sembremos y no muramos y nuestra tierra se desuele». Y compró José toda la tierra de los Egipcios para Faraón; pues vendieron los egipcios la tierra de ellos a Faraón; que prevalecía sobre ellos el hambre; e hízose la tierra de Faraón; y el pueblo esclavizóselo para niños, de los altos límites de Egipto hasta los altos; fuera de la tierra de los sacerdotes solamente; no compró ésta José; pues en don había dado casa a los sacerdotes Faraón, y comían el don que les daba Faraón; por esto no vendieron la tierra de ellos. Y dijo José a todos los egipcios: «He aquí os he comprado a vos y vuestra tierra hoy para Faraón: llevaos semilla y sembrad la tierra; y serán los frutos de ella: daréis la quinta parte a Faraón; y las cuatro partes serán para vosotros, para semilla a la tierra y para alimento a vosotros y todas las casas de vosotros». Y dijeron: «Salvádonos has; hemos hallado gracia delante de nuestro señor, y seremos niños de Faraón». Y púsoselo José por mandamiento hasta el día de hoy sobre la tierra de Egipto: el quintar para Faraón; salvo la tierra de los sacerdotes solamente; no era ella de Faraón. Y habitó Israel en tierra egipcia, en la tierra de Gesén; y heredaron en ella, y multiplicáronse sobremanera. Y vivió aún Jacob en tierra egipcia diecisiete años; y llegaron a ser los días de Jacob de años de su vida: ciento cuarenta y siete años. Y aproximáronse los días de Israel de morir; y llamó a su hijo José y díjole: «Si he hallado gracia delante de ti, pon tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad de no sepultarme en Egipto; sino que dormiré con mis padres, y me llevarás de Egipto y me sepultarás en la sepultura de ellos». Y él dijo: «Yo haré según tu palabra». Y dijo: «Júrame». Y juróle; y se inclinó Israel sobre el extremo de su báculo.(b) Adopta Jacob a Efraín y Manasés Y aconteció, después de estas palabras, anunciarse a José: «Tu padre siéntese mal». Y tomando a sus dos hijos consigo: a Manasés y Efraín, vino a Jacob. Y anuncióse a Jacob, diciendo: «He aquí tu hijo José viene a ti». Y esforzándose Israel sentóse en el lecho(a). Y dijo Jacob a José: «Aparecióseme el Dios omnipotente en Luza, en tierra de Canaán; y bendíjome y me dijo: «He aquí yo te acrecentaré y multiplicaré y te haré en congregaciones de gentes, y a ti daré esta tierra y a tu simiente, después de ti, en posesión sempiterna». Ahora, pues, los dos hijos tuyos, los nacidos a ti en Egipto, antes de venir yo a Egipto a ti, míos son: Efraín y Manasés; como Rubén y Simeón, serán míos. Y la progenie que engendrares, después de esto, serán con el nombre de sus hermanos, llamados serán con las heredades de aquellos. Y yo(b) —cuando venía de Mesopotamia de Siria, murió Raquel, tu madre, en tierra de Canaán, al acercarme por el camino, un trecho a la tierra, viniendo a Efrata; y enterréla en el camino; éste es Belén». Y viendo Israel a los hijos de José, dijo: «¿Quiénes son éstos?» Y dijo José a su padre: «Hijos míos son los que me ha dado Dios aquí». Y dijo Jacob: «Acércamelos, para bendecirlos». Y los ojos de Israel apenas veían por la vejez, y no podía ver; y acercóles a él; y besóles y abrazóles. Y dijo Israel a José: «He aquí de tu rostro no he sido privado; y he aquí mostróme Dios también tu simiente.» Y retiróles José de las rodillas de él, y adoróle de rostro sobre la tierra(c) Y, tomando José a sus dos hijos; a Efraín con la derecha, a izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, acercóles a él. Y extendió Israel su mano; la derecha, y púsola sobre la cabeza de Efraín, y éste era el menor; y la izquierda sobre la cabeza de Manasés, cruzando las manos. Y bendíjoles y dijo: «El Dios a quien complacieron mis padres —a faz de él: Abrahán e Isaac; el Señor el que me nutre desde mi juventud hasta este día; el ángel el que me libra de todos los males: bendiga estos niñitos; y será nombrado mi nombre en ellos, y el nombre de mis padres: Abrahán e Isaac; y multiplíquese en muchedumbre mucha sobre la tierra». Y, viendo José que puso el padre su diestra sobre la cabeza de Efraín, pesado parecióle; y cogió José la mano de su padre para sacarla, de la cabeza de Efraín, a la cabeza de Manasés. Y dijo José a su padre: «No así, padre; que éste es el primogénito: pon tu diestra sobre su cabeza». Y no quiso; sino que dijo: «Sé, hijo mío, sé; también él será en pueblo; también él será enaltecido; empero su hermano, el menor, mayor será que él, y su simiente serán en muchedumbre de gente». Y bendíjoles en aquel día, diciendo: «En vosotros bendito será Israel, diciendo: «Hágate Dios como Efraín y como Manasés»; y puso a Efraín delante de Manasés. Y dijo Israel a José: «He aquí yo muero; mas Dios será con vosotros y os volverá a la tierra de vuestros padres; y yo te doy Síquima elegida sobre tus hermanos; la que cogí de manos de amorreos con mi cuchilla y arco». Profetiza Jacob a sus hijos sus destinos futuros; y muere. Y llamó Jacob a sus hijos y díjoles: «Congregaos, para anunciaros lo que os ha de acontecer en los postreros de los días: Congregaos y oídme, hijos de Jacob;oíd a Israel; oíd a vuestro padre: Rubén, primogénito mío, tú, mi fuerza y principio de mis hijos,duro de llevar y duro altanero. Desenfrenástete como agua —no crecerás,que ascendiste al lecho de tu padre;entonces mancillaste el tálamo donde ascendiste. Simeón y Leví, hermanos,consumaron iniquidad por su violencia. En consejo de ellos no entre mi alma;y en su junta no contiendan mis entrañas;porque en su furor mataron hombres,y en su apetito enervaron al toro. Maldito, su furor, por altanero,y sus iras porque seendurecieron;desmembrarélos en Jacoby dispersarélos en Israel. Judá, a ti loaron tus hermanos;tus manos sobre la espalda de tus enemigos;adoraránte los hijos de tu padre. Cachorro de león Judá:de presa,(a) hijo mío, has subido;tendístete y dormiste como león y leona—¿quién te despertará?— No faltará príncipe de Judáy caudillo de sus muslos,hasta que viniere el que ha de ser enviado(b)y él será la expectación de las gentes. Atando a la vid su pollino,y al pámpano el pollino de su asna,lavará en vino su estola,y en sangre de uva su palio. Alegres sus ojos por el vino,y albos sus dientes por la leche. Zabulón sobre el mar habitaráy él sobre el puerto de las naves,y dilatárase hasta Sidón. Isacar, asno huesudo(c)reposando en medio de las heredades. Y viendo el reposo que bello,y la tierra que pingüe,arrimó su hombro a trabajar,e hízose varón agrícola. Dan juzgará a su pueblotal como una tribu(d) en Israel. Y sea Dan serpiente sobre el camino,recostada sobre la senda;mordiendo talón de caballo;y caerá el jinete de espaldas; la salud aguardando de Señor.(e) Gad, probación probarále;pero él probará por los pies de ellos.(f) Aser, pingüe su pany él dará delicias a los príncipes. Neftalí, terebinto erguido,produciendo en los vástagos hermosura. Hijo lozaneante Joséhijo lozaneante, envidiable mío;sus ramas se han dilatado sobre el muro. Exasperáronle, disparáronley persiguiéronle los maestros de las saetas; y destrozáronse con poder los arcos de ellosy disolviéronse los nervios de las manos de ellospor la mano del poderoso de Jacob;por el nombre del pastor de los hijos de Israel.(g) El Dios de tu padre te amparará,y el Omnipotente te bendecirá:con bendición del cielo desde arriba;con bendición del abismo(h) que yace abajo:con bendición de pechos y de matriz.(i) Bendiciones de tu padre—exceden a las bendiciones de mis progenitoreshasta los límites de preeminencias eternas(j)éstas vienen sobre la cabeza de José,el vértice del coronado entre sus hermanos. Benjamín lobo rapaz:por la mañana comerá presa.por la tarde despresará rapiña(k). Todos estos, hijos de Jacob, doce; y esto hablóles su padre; y bendíjoles; a cada uno según su bendición, bendíjoles. Y díjoles: «Yo reunido soy a mi pueblo: sepultadme, con mis padres, en la caverna la que está en el campo de Efrón el heteo; en la caverna la doble, la enfrente de Mambré en tierra de Canaán; la caverna que adquirió Abrahán de Efrón el heteo en adquisición de sepultura. Allí sepultaron a Abrahán y Sara, su mujer; allí sepultaron a Isaac y Rebeca su mujer; allí sepultaron a Lía, en la adquisición del campo y de la caverna que está en él, de los hijos de Het». (49:32) Y cesó Jacob de mandar a sus hijos; y, levantando sus pies al lecho, reunido fue a su pueblo.(l) Sepultura de Jacob. José consuela a sus hermanos. Muere. Y cayó José sobre el rostro de su padre, y lloróle y besóle. Y mandó José a sus niños, los embalsamadores; embalsamar a su padre; y embalsamaron los embalsamadores a Israel. Y cumplieron los cuarenta días de él; pues así se cuentan los días de la sepultura; y lloróle Egipto setenta días. Y, cuando pasaron los días del luto, habló José a los potentados de Faraón, diciendo: «Si he hallado gracia en vuestros ojos, hablad por mí en las orejas de Faraón diciendo: «Mi padre me juramentó, diciendo: «He aquí muero, en la sepultura que me cavé en tierra de Canaán, allí me sepultarás». Ahora, pues, bajando sepultaré a mi padre, y volveré». Y dijo Faraón: «Baja, sepulta a tu padre según tu juramento». Y subió José a sepultar a su padre y subieron juntamente con él todos los niños de Faraón, y los ancianos(a) de la casa de él; y todos los ancianos de la tierra de Egipto; y toda la casa entera de José y los hermanos de él y toda la casa, la paterna de él y la parentela de él; solo los niños y las ovejas y las vacas dejaron en tierra de Gesén. Y subieron juntamente con él, y carros y caballería, e hízose el campamento grande sobremanera. Y llegaron a la «era de Atad»; la que está allende el Jordán, y lloráronle con llanto grande y fuerte sobremanera; e hicieron el llanto a su padre siete días. Y vieron los habitadores de la tierra de Canaán el llanto en la «era de Atad» y dijeron: «Llanto grande es éste para los egipcios»; por esto llamaron su nombre: «Llanto de Egipto(b); el que está allende el Jordán. E hiciéronle así sus hijos, como les había mandado. Y lleváronle sus hijos a tierra de Canaán y sepultáronle allí en la caverna la doble; caverna que adquirió Abrahán en adquisición de sepultura, de Efrón el heteo, en frente de Mambré. Y volvió José a Egipto, él y sus hermanos y los que subieron con él a sepultar al padre de él. Y, viendo los hermanos de José que había muerto el padre de ellos dijeron: «No sea que se acuerde mal de nosotros José, y nos pague con pago todo lo malo que le ocasionamos». Y presentáronse a José, diciendo: «Tu padre nos conjuró, antes de morir, diciendo: «Así decid a José: Perdónales la iniquidad y el pecado de ellos; pues malas cosas te ocasionaron». Y ahora perdona la iniquidad a los servidores del Dios de tu padre». Y lloró José, al hablarles ellos. Y, viniendo a él, adoráronle y dijeron: «Henos aquí esclavos». Y díjoles José: «No temáis: ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?(c) Vosotros dispusisteis contra mí para mal; pero Dios dispuso acerca de mí para bien: para que sucediese como ha sido hoy: para que fuese alimentado pueblo mucho». Y díjoles: «No temáis: yo mantendré a vosotros y vuestras casas». Y consolóles y hablóles al corazón. Y habitó José en Egipto, él y sus hermanos y toda la casa entera de su padre; y vivió José ciento y diez años. Y vio José de Efraín niñitos hasta la tercera generación; también hijos de Maquir, el hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José. Y dijo José a sus hermanos, diciendo: «Yo muero; mas con visita os visitará Dios, y os subirá de esta tierra a la tierra que juró a nuestros padres: a Abrahán e Isaac y Jacob». Y juramentó José a los hijos de Israel, diciendo: «En la visita que os visitare Dios, llevaréis mis huesos de aquí con vos». Y falleció José de ciento y diez años; y sepultáronle y pusieron en sarcófago en Egipto. El nuevo faraón oprime a Israel Estos los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto junto con Jacob, su padre; cada uno con toda su casa entraron. Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón y Benjamín, Dan y Neftalí, Gad y Aser. Eran todas las almas de Jacob setenta; y José estaba en Egipto. Y falleció José y todos sus hermanos y toda aquella generación. Y los hijos de Israel acrecentáronse y multiplicáronse, y desparramáronse y prevalecieron sobremanera; y llenóse de ellos la tierra. Y levantóse otro rey en Egipto que no conocía a José. Y dijo a su gente: «He aquí el linaje de los hijos de Israel, gran muchedumbre y se fortalece sobre nosotros. Venid, pues: suplantémosles; no sea que se multipliquen, y, cuando nos sobreviniere guerra se pasen éstos a nuestros enemigos y guerreen contra nosotros y salgan de la tierra». E impúsoles prefectos de las obras, para que los maltrataran en las obras; y edificaron ciudades fortificadas a Faraón: Fitom y Ramesés(a) Pero mientras les oprimían, tanto más se multiplicaban, y fortalecían sobremanera. Y abominaban los egipcios a los hijos de Israel. Y señoreaban los egipcios a los hijos de Israel con violencia; y amargábanles la vida en las obras las duras: en barro y ladrillería, y todas las obras las del campo; fuera de todas la obras con que los esclavizaban con violencia. Y dijo el rey de los egipcios a las parteras las hebreas: una de ellas por nombre Séfora, y el nombre de la otra: Fuá; y dijo: «Cuando parteareis a las hebreas, y estén para parir, si varón fuere matadle; pero si hembra reservadla». Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron según les ordenara el rey de Egipto, y dejaron vivo lo masculino. Y llamó el rey de Egipto a las parteras, y díjolas: «¿Porqué hacéis esto y dejáis vivo lo masculino?» Y dijeron las parteras a Faraón: «No como mujeres de Egipto, las hebreas; pues antes de llegar a ellas las parteras han parido». Y hacía Dios bien a las parteras, y multiplicábase el pueblo y fortalecíase sobremanera. Puesto que temían las parteras a Dios, hízoles casas(b). Y ordenó Faraón a todo su pueblo, diciendo: «Todo lo masculino que naciere a los hebreos, al río lanzadle, y todo lo femenino, dejadlo vivir». Moisés, hasta su huida a Madián Y había uno de la tribu de Leví que se tomó una de las hijas de Leví, y concibió, y parió varón; y, viéndole gracioso, ocultáronle tres meses. Y, como no le podían ocultar más, tomó para él su madre una cesta papirácea, y untóla con pez de asfalto, y colocó al niñito en ella, y púsola en el carrizal a orillas del río. Y atalaya su hermana de lejos, para saber qué le pasaba. Y descendió la hija de Faraón a bañarse en el río y sus doncellas paseaban a orillas del río; y vio la cesta en el carrizal, y envió la servidora y la hizo traer. Y, abriendo, vio un niñito llorando en la cesta, y apiadóse de él la hija de Faraón, y dijo: «De los niñitos de los hebreos éste». Y dijo la hermana de él a la hija de Faraón: «¿Quieres que te llame una mujer criando, de los hebreos, y te amamantará al niñito?» Y dijo la hija de Faraón: «Ve». Y fue la niña y llamó a la madre del niñito. Y dijo a ella la hija de Faraón: «Cuídame este niñito y amamántamelo, y yo te pagaré». Y tomó la mujer al niñito y amamantóle. Y cuando hubo crecido el niñito, llevóle a la hija de Faraón y adoptóle por hijo, y denominó su nombre: Moisés, diciendo: «Del agua le saqué».(a) Y aconteció en aquellos días después que fue grande Moisés, que salió a sus hermanos, los hijos de Israel. Y contempló el trabajo de ellos y vio a un hombre egipcio golpear a un hebreo, de sus hermanos. Y mirando acá y allá, no vio a nadie, e hirió al egipcio y ocultóle en la arena. Y saliendo al siguiente día, vio a dos varones hebreos riñendo, y dice al agraviador: «¿Porqué tú hieres al prójimo?» Y él dijo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez sobre nosotros? ¿Acaso matarme tú quieres al modo que mataste ayer al egipcio? «Y temió Moisés y dijo: «¿Si tan manifiesta se ha hecho esta palabra?» Y oyó Faraón esta palabra y buscaba matar a Moisés. Y retiróse Moisés de la faz de Faraón y habitó en tierra de Madián; y, viniendo a tierra de Madián, sentóse sobre el pozo. Y el sacerdote de Madián tenía siete hijas, que pastoreaban las ovejas de su padre: Jetró. Pero, viniendo los pastores, arrojáronlas de allí; y, levantándose Moisés, defendiólas y abrevó las ovejas de ellas. Y vinieron a Ragüel(b), su padre; y él díjoles: «¿Porque os habéis apresurado hoy en venir?» Y ellas dijeron: «Hombre egipcio nos ha defendido de los pastores y nos ha sacado agua y abrevado nuestras ovejas». Y él dijo a sus hijas: «¿Y dónde está?» ¿y porqué habéis dejado al hombre? Llamadle, pues, para que coma pan». Y habitó Moisés con el hombre, y dio a Séfora, hija suya, a Moisés por mujer. Y concibió la mujer y parió hijo; y denominó Moisés su nombre: Gersam(c) diciendo: Peregrino soy en tierra extraña(d). Y, después de aquellos muchos días, murió el rey de Egipto; y gemían los hijos de Israel de las obras y vociferaban y subieron sus voces a Dios desde las obras. Y escuchó Dios su gemido, y acordóse Dios de su alianza, la con Abrahán e Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel y conoció(e). Vocación de Moisés Pero Moisés pastoreaba las ovejas de Jetró su suegro, el sacerdote de Madián; y condujo las ovejas adentro del desierto, y vino al monte de Dios: Horeb. Y aparecióle un ángel(a) de Dios en llama de fuego de la zarza, y veía la zarza arder en fuego, y no quemarse la zarza. Y dijo Moisés: «Acercaréme y veré esta visión grande: por qué no se quema la zarza». Y, cuando vio Señor que se acercaba a ver, llamóle Dios, desde la zarza, diciendo: «¡Moisés! ¡Moisés!» Y él dijo: «Heme aquí». Y él dijo: «No te llegues acá; desata el calzado de tus pies; que el lugar en que estás, tierra santa es». Y dijo: «Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abrahán, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob». Y ocultó Moisés su rostro; porque se guardaba de mirar a faz de Dios. Y dijo Señor a Moisés: «Viendo he visto la miseria de mi pueblo, el en Egipto, y su clamor he oído por los opresores de las obras; y sé su dolor; y he descendido a librarles de mano de egipcios, y sacarles de aquella tierra y llevarles a tierra buena y mucha: a tierra que mana leche y miel: al lugar de los cananeos, y heteos, y amorreos, y ferezeos, y heveos, y jebuseos. Y ahora he aquí clamor de los hijos de Israel llega a mí y yo he visto la opresión con que los egipcios les oprimen. Y ahora, ven: te enviaré a Faraón rey de Egipto; y sacarás al pueblo mío los hijos de Israel, de tierra de Egipto. Y dijo Moisés a Dios: «¿Quién soy yo para ir a Faraón rey de Egipto, y para sacar los hijos de Israel de tierra de Egipto?» Y dijo Dios a Moisés, diciendo: «Yo estaré contigo; y ésta séate señal de que yo te he enviado: cuando sacares a mi pueblo de Egipto, serviréis a Dios en este monte. Y dijo Moisés a Dios: «He aquí yo iré a los hijos de Israel y les diré: «El Dios de nuestros padres me ha enviado a vosotros; preguntaránme: «¿Cuál el nombre de él? ¿qué diré a ellos?»(b) Y dijo Dios a Moisés, diciendo: «Yo soy el que soy»(c). Y dijo: «Así dirás a los hijos de Israel: El que es, me ha enviado a vosotros». Y dijo Dios de nuevo a Moisés: «Así dirás a los hijos de Israel: «Señor el Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, y Dios de Isaac y Dios de Jacob me ha enviado a vosotros; éste es mi nombre eterno y éste mi memorial de generaciones en generaciones. Ve, pues, y junta la ancianidad de los hijos de Israel, y les dirás: «Señor el Dios de vuestros padres se me ha aparecido; Dios de Abrahán, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob, diciendo: «Con observación os he observado y cuanto os ha sobrevenido en Egipto». Y dijo: «Os ascenderá de la miseria de los egipcios a la tierra de los cananeos, y heteos, y amorreos, y ferezeos, y heveos, y jebuseos; a una tierra que mana leche y miel. Y escucharán tu voz; y entrarás tú y la ancianidad de Israel a Faraón rey de Egipto y le dirás: «El Dios de los hebreos nos ha llamado; iremos camino de tres días al desierto para sacrificar a nuestro Dios». Pero yo sé que no os dejará Faraón, rey de Egipto, partir, si no con mano fuerte; y extenderé la mano y heriré a Egipto con todas mis maravillas, que haré en medio de ellos; y, después de esto, os dejará. Y daré gracia a este pueblo a faz de los egipcios; y, cuando partiereis, no saldréis vacíos: (3:21) pedirá mujer a su vecina, o cohabitadora vasos argénteos y áureos y vestimentas, y los pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto». Prodigios de Moisés. Esle asociado Aarón Y respondió Moisés y dijo: «Si no me creyeren, ni escucharen mi voz (pues dirán: ‘No se te ha aparecido Dios’) ¿qué les diré?» Y díjole Señor: «¿Qué es eso en tu mano?» Y él dijo: «Vara». Y dijo: «Tírala al suelo». Y tiróla al suelo, y se hizo serpiente; y huyó Moisés de ella. Y dijo Señor a Moisés: «Extiende tu mano, y cógela de la cola»; e hízose vara en su mano. «Para que te crean que se te ha aparecido Dios de los padres de ellos; Dios de Abrahán, y Dios de Isaac y Dios de Jacob». Y díjole Señor de nuevo: «Mete tu mano en tu seno». Y metió su mano en su seno; y sacó su mano de su seno, y volvióse su mano leprosa(a) como nieve. Y dijo «Mete de nuevo tu mano en tu seno»; y metió su mano en su seno, y sacóla de su seno, y de nuevo fue restituida al color de la carne misma. Y si no te creyeran ni escucharen la voz de la señal primera, creerán a la voz de la señal última. Y será: si no creyeren a éstas dos señales ni escucharen tu voz, tomarás del agua del río y la derramarás sobre lo seco; y será el agua que tomares del río, sangre sobre lo seco». Y dijo Moisés a Señor: «Ruégote, Señor: no soy hombre de palabra, ni desde ayer, ni desde anteayer(b) —ni desde que empezaste a hablar a tu servidor: tardo de voz y pesado de lengua soy yo». Y dijo Señor a Moisés: «¿Quién dio boca a hombre, y quién hizo a mudo y sordo, a vidente y ciego? ¿No soy Dios?» Y ahora ve, y yo abriré tu boca y te enseñaré lo que has de hablar». Y dijo Moisés: «Ruégote, Señor: elige a otro que pueda(c), a quien envíes». E inflamóse en ira Señor sobre Moisés y dijo: «¿No está aquí Aarón tu hermano, el levita? Sé que hablando hablará él por ti; y he aquí él saldrá a tu encuentro, y viéndote, se gozará en su corazón. Y dirás a él y pondrás mis palabras en su boca, y yo abriré tu boca y la boca de él y os enseñaré lo que hagáis. Y él te hablará al pueblo, y él será tu boca; y tú serás a él lo para con Dios. Y esta vara tomarás en tu mano, en la cual harás las señales». Y fue Moisés y volvió a Jetró, su suegro y díjole: «Iré y volveré a mis hermanos(d) los en Egipto, y veré si aún viven». Y dijo Jetró a Moisés: «Ve en paz». Y dijo Señor a Moisés en Madián: «Ve, y vuelve a Egipto, que han muerto todos los que buscaban tu alma». Y tomando Moisés a su mujer y los niñitos púsolos sobre los asnos y volvió a Egipto; y tomó Moisés la vara, la de Dios, en su mano. Y dijo Señor Moisés: «Yendo tú y volviendo a Egipto, mira todos los prodigios que he puesto en tu mano, para que los hagas delante de Faraón; pero yo endureceré su corazón para que no deje partir el pueblo. Y tú dirás a Faraón: «Esto dice Señor: «Hijo primogénito mío Israel; y te he dicho: «Deja partir mi hijo para que me sirva»; y si no quieres dejarle partir, he aquí yo mato a tu hijo primogénito». Y aconteció en el camino en la posada, encontróle un ángel de Señor y trataba de matarle(e) Y tomando Séfora piedra afilada circuncidó el prepucio de su hijo y arrojóselo ante los pies, diciendo: «¡Esposo de sangre me eres tú(f)!» Y dejóle(g); y ella dijo: «Esposo de sangre de la circuncisión». Y dijo Señor a Aarón: «Ve al encuentro de Moisés al desierto». Y fue y encontróle en el monte de Dios, y besáronse. Y narró Moisés a Aarón todas las palabras de Señor con que le enviara y todas las señales que mandara. Y fueron Moisés y Aarón y congregaron toda la ancianidad de los hijos de Israel . Y habló Aarón todas estas palabras que habló Dios a Moisés; e hizo(h) las señales a la faz del pueblo. Y creyó el pueblo y gozóse porque visitaba Dios a los hijos de Israel y porque había visto su aflicción; en inclinóse el pueblo y adoró. Moisés y Aarón ante Faraón Y, después de esto, entraron Moisés y Aarón a Faraón y dijéronle: «Esto dice Señor el Dios de Israel: Despide a mi pueblo para que me hagan una fiesta en el desierto». Y dijo Faraón: «¿Quién es el Señor para oír su voz de despedir a Israel? No conozco al Señor, y a Israel no despido». Y le dijeron: «El Dios de los hebreos nos ha llamado; iremos, pues, camino de tres días al desierto, para sacrificar a nuestro Dios; no sea que nos encuentre muerte o matanza». Y díjoles el rey de Egipto: «¿Por qué, Moisés y Aarón, apartáis al pueblo de las obras? Id a vuestra tierra». Y Faraón dijo: «He aquí ahora muy numeroso, el pueblo de la tierra: no les daremos, pues, reposo de sus faenas». Y ordenó Faraón el mismo día a los cuadrilleros del pueblo y a sus prefectos, diciendo: «No deis ya paja al pueblo para ladrillería, como ayer y anteayer; ellos mismos vayan y rastrojéense paja. Y la tarea de ladrillos que hacían ayer y anteayer, imponedles»; y no les disminuyáis nada, pues ociosean; por eso están gritando: «Vamos y sacrifiquemos nuestro a Dios». Agrávense los trabajos de estos hombres, y atiendan a ellos; y no atiendan a razonamientos vanos». Y apremiáronles los cuadrilleros y los prefectos, y hablaron al pueblo, y dijeron: Esto dice Faraón: «Ya no os doy paja: vosotros mismos recogeos paja donde halléis; pues nada se quita de la tarea vuestra». Y desparramóse el pueblo por toda la tierra de Egipto a recoger rastrojo para paja. Y los cuadrilleros apremiábanles, diciendo: «Acabad vuestra obra, la tarea, la diaria en su día, como cuando se os daba la paja». Y eran azotados los prefectos de los hijos de Israel, que habían puesto sobre ellos los prepósitos de Faraón, diciendo: «¿Por qué no habéis acabado la tarea vuestra de ladrillos, como ayer y anteayer: así también lo de hoy?» Y, entrando los prefectos de los hijos de Israel, vociferaron a Faraón, diciendo: «¿Por qué haces así a tus siervos? Paja no se da a tus siervos y el ladrillo nos dicen hacer; y he aquí tus niños hemos sido azotados; agraviarás, pues, a tu pueblo.» Y díjoles: «Haraganead; haraganes sois; por esto decís: «Vamos: sacrifiquemos a nuestro Dios. Ahora, pues, yendo, trabajad; que la paja no se os dará, y la tarea de los ladrillos entregaréis». Y viéronse los prefectos de los hijos de Israel en males, diciendo: «No disminuiréis de la tarea diaria de los ladrillos». Y encontráronse con Moisés y Aarón, viniendo a su encuentro cuando salían de Faraón; Y dijéronles: «Véaos Dios y juzgue, pues hicisteis abominable nuestro olor(a) a faz de Faraón y a faz de sus servidores, dando espada en las manos de él para que nos mate». Y volvióse Moisés a Señor y dijo: «Ruégote, Señor ¿por qué estás maltratando a este pueblo? ¿Y por qué me has enviado? Y desde que fui a Faraón a hablarle en tu nombre, ha maltratado a este pueblo, y no has salvado a tu pueblo». Y dijo Señor a Moisés: «Ahora verás lo que haré a Faraón; que en mano fuerte los despedirá; y en brazo excelso, lanzárales de esta tierra». Y habló Dios a Moisés y díjole: «Yo Señor; y he aparecido a Abrahán, e Isaac y Jacob; como Dios omnipotente; y mi nombre: Jehová, no les he manifestado; y he establecido mi alianza con ellos: de darles la tierra de los cananeos, la tierra que han habitado; en que también habitaron(a). Y yo he escuchado el gemido de los hijos de Israel con que los egipcios los oprimen, y acordádome de la alianza mía. «Ve di a los hijos de Israel, diciendo: «Yo Señor, y os sacaré de la potestad de Egipto, y os libraré de su servidumbre, en brazo excelso y en juicio grande. y os tomaré por pueblo para mí y seré vuestro Dios y conoceréis que yo soy Señor el Dios vuestro que os he sacado de la esclavitud de Egipto; y os llevaré a la tierra a que extendí mi mano para darla a Abrahán e Isaac y Jacob, daréosla en herencia: yo Señor». Y habló Moisés así a los hijos de Israel; pero no escucharon a Moisés por la pusilanimidad y por las obras las duras. Y dijo Señor a Moisés, diciendo: «Entra habla a Faraón rey de Egipto para que deje ir a los hijos de Israel de su tierra». Y habló Moisés a faz de Señor, diciendo: «He aquí los hijos de Israel no me escuchan; y ¿cómo me escuchará Faraón? y yo, incircunciso de labios». Y dijo Señor a Moisés y Aarón, y ordenóles a Faraón rey de Egipto, que dejara ir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. Y éstos, los príncipes de sus casas paternas. Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Henoc y Falú, Hesrón y Carmi; éstas, las generaciones de Rubén. Hijos de Simeón: Jamuel, y Jamín, y Ahod, y Jaquín y Soar; y Saúl hijo de la cananea; éstas las generaciones de Simeón. Y éstos, los hijos de Leví, por sus parentelas: Gersón y Caat y Merarí; y los años de la vida de Leví: ciento treinta y siete. Hijos de Gersón: Lobní y Semeí, según sus generaciones. Hijos de Caat: Amram, e Isaar, y Hebrón y Oziel; y los años de la vida de Caat; ciento treinta y tres.(b) Hijos de Merarí: Moholí y Musé; éstas las generaciones de Leví por sus parentelas. Y tomó Amram a Yocabed, hermana de su padre, por mujer; y parióle a Aarón y Moisés, y fueron los años de la vida de Amram: ciento treinta y siete(c). Hijos de Ysaar: Coré, y Nefeg y Zeorí. E hijos de Oziel: Misael e Elisafán, y Setrí. Y tomó Aarón a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Naasón, por mujer; y parióle a Nadab, y Abiú, y Eleazar e Itamar. E hijos de Coré: Aser y Elcaná y Abiasaf; éstas las generaciones de Coré. Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó mujer de las hijas de Futiel; y parióle a Finees; éstos son los príncipes de la familia de los levitas, según sus generaciones. Estos son Aarón y Moisés; a quienes dijo Dios que sacaran a los hijos de Israel de tierra de Egipto con el haber de ellos. Estos son los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de tierra de Egipto; éste es Moisés y Aarón. El día que habló el Señor a Moisés en tierra de Egipto; habló también el Señor a Moisés, diciendo: «Yo Señor: habla a Faraón rey de Egipto, cuanto yo te digo». Y dijo Moisés a faz de Señor: «He aquí yo, incircunciso de labios soy; y ¿cómo me escuchará Faraón?». Y dijo Señor a Moisés, diciendo: «He aquí te he dado Dios a Faraón; y Aarón tu hermano será tu profeta; y tú le hablarás, cuanto te mando; y Aarón tu hermano hablará a Faraón que deje los hijos de Israel ir de la tierra de él. Pero yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y prodigios en tierra de Egipto. Y no os escuchará Faraón; y pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré mi ejército: el pueblo mío, los hijos de Israel, de tierra de Egipto con castigo grande; y conocerán todos los egipcios que yo soy Señor, extendiendo la mano sobre Egipto; y sacaré los hijos de Israel en medio de ellos». E hizo Moisés y Aarón, según les mandó Señor; así hicieron. Y Moisés era de ochenta años, y Aarón su hermano de ochenta y tres años, cuando hablaron a Faraón. Y dijo Señor a Moisés y Aarón, diciendo: Y si os hablare Faraón, diciendo: «dadnos señal», dirás a Aarón tu hermano: «Coge tu vara y arrójala ante Faraón y ante sus servidores; y será serpiente». Y entró Moisés y Aarón ante Faraón y sus servidores, e hicieron así como les había mandado Señor; y arrojó Aarón su vara ante Faraón y ante sus servidores e hízose serpiente. Y convocó Faraón a los sabios de Egipto y los hechiceros; e hicieron también los encantadores de los egipcios con sus hechicerías del mismo modo; y arrojaron cada cual su vara, e hiciéronse serpientes; y devoró la vara la de Aarón las varas de aquellos. Y fortalecióse el corazón de Faraón, y no les escuchó, según les había mandado Señor. Y dijo Señor a Moisés: «Agravado está el corazón de Faraón que no deja ir al pueblo. Ve a Faraón de mañana; he aquí él saldrá al agua y estarás frente por frente de él, sobre el labio del río; y la vara la convertida en serpiente, tomarás en tu mano; y dirás a él: «Señor el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: «Deja ir a mi pueblo para que me sirva en el desierto; y he aquí no has escuchado hasta ahora.» Esto dice Señor: «En esto conocerás que yo soy Señor: he aquí hiero con la vara la en mi mano el agua, la en el río, y se convertirá en sangre. Y los peces los en el río, morirán, y hederá el río, y no podrán los egipcios beber agua del río». Y dijo Señor a Moisés: «Di a Aarón tu hermano: Toma tu vara en tu mano, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, y sobre sus ríos, y sobre sus canales, y sobre sus pantanos y sobre todo su agua reunida; y será sangre; —hecha está sangre en toda tierra de Egipto, así en las maderas(a) como en las piedras». E hicieron así Moisés y Aarón como les mandara Señor; y alzando con su vara hirió el agua la en el río, ante Faraón y ante sus servidores; y convirtióse toda el agua la en el río, en sangre. Y los peces los que en el río murieron, y hedió el río, y no podían los egipcios beber agua del río, en toda tierra de Egipto. E hicieron del mismo modo los encantadores de Egipto con sus hechicerías; y endurecióse el corazón de Faraón, y no les escuchó según dijo Señor. Y volvióse Faraón y entró en su casa; y no reparó su corazón ni en esto. Y cavaron todos los egipcios alrededor del río para beber agua, que no podían beber agua del río. Y cumpliéronse siete días después de herir Señor el río. Plagas 2ª, 3ª y 4ª Y dijo Señor a Moisés: «Entra a Faraón; y le dirás: «Esto dice Señor: «Deja ir mi pueblo para que me sirva»; y si no quieres tú dejarlo ir, he aquí yo hiero todos los confines con ranas. Y vomitará el río ranas, y, subiendo, entrarán, en tu casa y en las alcobas de los que duermen contigo y sobre tus lechos y en las casas de tus servidores y tu pueblo, y en tus artesas y en tus hornos, y sobre ti y sobre tus servidores y sobre tu pueblo subirán las ranas». Y dijo Señor a Moisés: «Di a Aarón tu hermano: «Extiende con la mano tu vara sobre los ríos, y sobre los canales y sobre los pantanos, y sube(a) las ranas». Y extendió Aarón la mano sobre las aguas de Egipto y subió las ranas; y ascendieron las ranas y cubrieron la tierra de Egipto. E hicieron del mismo modo también los encantadores con sus hechicerías, y trajeron las ranas sobre la tierra de Egipto. Y llamó Faraón a Moisés y Aarón y dijo: «Rogad por mí a Señor y quite las ranas de mí y de mi pueblo; y los dejaré ir, y sacrifiquen al Señor». Y dijo Moisés a Faraón: «Señálame para cuando he de rogar por ti y por tus servidores y por tu pueblo, para que desaparezcan las ranas de ti, y de tu pueblo y de vuestras casas; sólo que en el río quedarán». Y él dijo: «Para mañana». Dijo, pues: «Como has dicho; para que veas que no hay otro sino el Señor; y quitadas serán de en torno las ranas de ti, y de los servidores tuyos y de tu pueblo; sólo en el río quedarán». Y salió Moisés y Aarón de Faraón; y clamó Moisés a Señor por la limitación de las ranas, como había señalado Faraón. E hizo Señor según dijo Moisés , y murieron las ranas de las casas, y de las granjas, y de los campos; y juntáronlas montones, montones(b); y hedió la tierra. Pero, viendo Faraón que había refrigerio, agravóse su corazón, y no les oyó; según había hablado Señor. Y dijo Señor a Moisés: «Di a Aarón: «Extiende tu vara y hiere el polvo de la tierra, y habrá mosquitos, y en los hombres y en los cuadrúpedos, y en toda tierra de Egipto». Extendió, pues, con la mano, la vara y hubo los mosquitos en los hombres y en los cuadrúpedos; y todo polvo de la tierra convirtióse en mosquitos en toda la tierra de Egipto. E hicieron del mismo modo también los encantadores; y no pudieron. Y había(c) mosquitos en los hombres y en los cuadrúpedos. Dijeron, pues, los encantadores a Faraón: «Dedo(d) de Dios es éste». Pero el corazón de Faraón se endureció, y no les escuchó; según había hablado Señor. Y dijo Señor a Moisés: «Madruga mañana y ponte frente a frente de Faraón; he aquí él saldrá al agua, y dirás a él: «Esto dice Señor: «Deja ir mi pueblo para que me sirva en el desierto; y si no quieres dejar ir mi pueblo, he aquí yo suelto, sobre ti y tus servidores y sobre tu pueblo y sobre vuestras casas mosca(e) y llenáronse las casas de Egipto de mosca, y la tierra donde están. Pero maravillaré(f) en aquel día la tierra de Gesén, en donde está mi pueblo; sobre la cual no habrá mosca; para que sepas que yo soy Señor; el señor de toda la tierra. Y pondré división entre el pueblo mío y entre el pueblo tuyo; y mañana habrá esto sobre la tierra». E hizo Dios así, y vino la mosca muchedumbre, a las casas de Faraón y a las casas de sus servidores y a toda la tierra de Egipto; y devastada fue la tierra por la mosca. Y llamó Faraón a Moisés y Aarón, diciendo: «Yendo, sacrificad a vuestro Dios en la tierra». Y dijo Moisés: «No es posible hacer así; pues abominaciones de los egipcios sacrificaremos a Señor, nuestro Dios; pues, si sacrificáremos las abominaciones de los egipcios a faz de ellos, lapidarásenos. Camino de tres días iremos al desierto y sacrificaremos a nuestro Dios, según nos dijo Señor». Y dijo Faraón: «Yo os dejo ir, y sacrificad a vuestro Dios en el desierto; pero no os alejéis mucho en el andar; rogad, pues, por mí a Señor». Y dijo Moisés: «He aquí yo saldré contigo y oraré a Dios y se irá de ti la mosca y de tus servidores y de tu pueblo mañana; no prosigas ya, Faraón, en engañar para no dejar ir al pueblo a sacrificar a Señor». Y salió Moisés de con Faraón y oró a Dios; e hizo Señor, según dijo Moisés, y quitó la mosca de Faraón y sus servidores y su pueblo; y no quedó ninguna. Y agravó Faraón su corazón, también esta vez, y no quiso dejar ir al pueblo. Plagas 5ª, 6ª y 7ª Y dijo Señor a Moisés: «Entra a Faraón, y le dirás: «Esto dice Señor, el Dios de los hebreos: «Deja ir mi pueblo, para que me sirva; que, si no quieres dejar ir mi pueblo, sino que aún le retienes, he aquí mano de Señor estará sobre tu ganado el en los campos, y sobre los caballos y sobre los jumentos, y los camellos, y vacas y ovejas: muerte grande sobremanera. Y maravillaré(a) yo en aquel tiempo entre el ganado de los egipcios y entre el ganado de los hijos de Israel: no morirá, de todo lo de los hijos de Israel nada». Y puso Dios término, diciendo: «Mañana hará Señor esta palabra sobre la tierra». E hizo Señor esta palabra al siguiente día y murió todo el ganado de los egipcios; pero, del ganado de los hijos de Israel, no murió nada. Y, viendo(b) Faraón que no murió de todo el ganado de los hijos de Israel nada, se agravó el corazón de Faraón; y no dejó ir el pueblo. Y dijo Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Tomaos llenas las manos de hollín de cocina y espárzalo Moisés al cielo a faz de Faraón y a faz de sus servidores, y vuélvase polvo sobre toda la tierra de Egipto; y se tornará, en los hombres y en los cuadrúpedos, úlceras apostemadas, toda la tierra de Egipto; y se tornará, en los hombres y toda tierra de Egipto». Y tomó hollín de cocina a faz de Faraón, y esparciólo Moisés al cielo y volvióse úlceras apostemadas en los hombres y en los cuadrúpedos. Y no pudieron los hechiceros estar a faz de Moisés por las úlceras, pues las úlceras estaban en los hechiceros y toda tierra de Egipto. Pero endureció Señor el corazón de Faraón y no les escuchó; según ordenara Señor. Y dijo Señor a Moisés: «Madruga mañana y ponte delante de Faraón, y le dirás: «Esto dice Señor el Dios de los hebreos: «Deja ir mi pueblo para que me sirva. Porque esta vez yo suelto todos mis golpes contra tu corazón y el de tus servidores y de tu pueblo, para que sepas que no hay, como yo, otro en la tierra. Ahora, pues, soltando la mano, te hiriera y tu pueblo matara y te borrara de la tierra; empero, por esto has sido reservado: para manifestar yo en ti mi fuerza, y para que sea anunciado mi nombre en toda la tierra. ¿Todavía, pues, tú te levantas contra mi pueblo para no dejarles ir? He aquí yo lluevo, esta misma hora mañana, granizo mucho sobremanera, como no le ha ha ido semejante en Egipto desde el día que se fundó hasta el día de hoy. Ahora, pues, apresúrate a juntar el ganado y cuanto tuyo es en el campo; pues todos los hombres y el ganado, cuanto tuyo es en el campo, y no entrare en casa, y cayere sobre ellos el granizo, morirán». El temeroso de la palabra de Señor, entre los servidores de Faraón, juntó su ganado en las casas, pero el que no adhería su corazón a la palabra de Señor, dejó su ganado en los campos. Y dijo Señor a Moisés: «Extiende tu mano al cielo y habrá granizo sobre toda la tierra de Egipto, y sobre los hombres, y el ganado y toda planta la sobre la tierra». Y extendió Moisés la mano al cielo, y Señor dio voces(c) y granizó y corría el fuego sobre la tierra; y llovió Señor granizo sobre toda la tierra de Egipto. Y había granizo y fuego llameante en el granizo y el granizo mucho sobremanera; que no había habido tal en Egipto desde el día que se había hecho en él gente. E hirió el granizo en toda la tierra de Egipto, de hombre a ganado; y toda planta, la en el campo, hirió el granizo; y todos los árboles, los en los campos, destrozó el granizo; sólo en la tierra de Gesén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo. Y envió Faraón y llamó a Moisés y Aarón, y díjoles: «He pecado esta vez: el Señor es justo; pero yo y mi pueblo, impíos. Rogad, pues, por mí a Señor, y cese de haber voces de Dios, y granizo y fuego; y os dejaré ir y ya no seguiréis quedando». Y díjole Moisés: «Cuando hubiere yo salido de la ciudad, extenderé mis manos a Señor, y las voces cesarán; y granizo y lluvia no habrá ya; para que sepas que del Señor, la tierra. Y tú y tus servidores sé que todavía no temeréis a Dios». Y el lino y la cebada fueron heridos; pues la cebada, espigando(d), y el lino semillando; pero el trigo y la escanda no fueron heridos, porque eran tardíos. Y salió Moisés de con Faraón fuera de la ciudad y extendió las manos a Señor; y las voces cesaron, y el granizo, y la lluvia no destiló ya sobre la tierra. Pero viendo Faraón que había cesado la lluvia y el granizo y las voces, continuó pecando y agravó su corazón y el de sus servidores. Y endurecióse el corazón de Faraón, y no dejó ir a los hijos de Israel; según había Señor hablado a Moisés. Plagas 8ª y 9ª Y dijo Señor a Moisés, diciendo: «Entra a Faraón; pues yo he endurecido su corazón y el de sus servidores, para que, una tras otra, les sobrevengan estas señales; para que narréis en las orejas de vuestros hijos, y a los hijos de vuestros hijos con cuán grandes cosas he burlado a los egipcios; y las señales mías que he hecho en ellos; y conoceréis que yo Señor». Y entraron Moisés y Aarón a Faraón y dijéronle: «Esto dice Señor el Dios de los hebreos: «¿Hasta cuándo no quieres humillarte a mí?» Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Pero, si no quisieres tú dejar ir mi pueblo, he aquí traigo a esta misma hora mañana langosta mucha sobre tus confines; y cubrirá la faz de la tierra, y no podrás ver la tierra; y devorará todo lo restante de la tierra lo dejado que os dejó el granizo; y devorará todo árbol el que os nace sobre la tierra; y llenáranse las casas tuyas y las casas de tus servidores y todas las casas en toda tierra de los egipcios; cual no han visto jamás tus padres ni los padres de tus padres, desde el día que fueron hasta el día de hoy». Y volvióse Moisés, y salió de con Faraón. Y dijeron los servidores de Faraón a él: «¿Hasta cuándo tendremos este tropiezo(a)? Deja ir los hombres para que sirvan a su Dios; o ¿quieres ver perecer a Egipto?» Y volvieron a Moisés y Aarón; Faraón díjoles: «Id y servid a vuestro Dios ¿Quiénes y quiénes son los que han de ir?» Y dijo Moisés: «Con nuestros niños y viejos partiremos, con los hijos e hijas y ovejas y vacas de nosotros; porque es fiesta de Señor, el Dios nuestro». Y díjoles: «Sea así Señor con vosotros, así como os dejo ir a vosotros ¿acaso también vuestros haberes(b)? Mirad que maldad intentáis. No así, partan los varones y sirvan a Dios; que esto vosotros mismos pedíais». Y arrojáronles de la faz de Faraón. Y dijo Señor a Moisés: «Extiende la mano sobre tierra de Egipto, y suba langosta sobre la tierra; y devorará toda hierba de la tierra y todo el fruto de los árboles el que ha dejado el granizo». Y alzó Moisés la vara al cielo y trajo viento este sobre toda la tierra aquel día y toda la noche: mañana fue y el viento el este levantó a la langosta, y trájola sobre toda la tierra de Egipto, y posóse sobre todos los confines de Egipto, mucha sobremanera; antes de ella, no hubo semejante langosta, y después de esto no habrá así. Y cubrió la faz de la tierra; y corrompida fue la tierra; y devoró toda la hierba de la tierra y todo el fruto de los árboles el que había sido dejado por el granizo; no quedó nada verde en los árboles y en toda hierba de campo en toda tierra de Egipto. Y apresuróse Faraón a llamar a Moisés y Aarón, diciendo: «He pecado a faz de Señor el Dios vuestro y contra vosotros; ahora, pues, perdonad mi pecado aún esta vez y rogad a Señor, el Dios vuestro, y arrebate de mí esta muerte». Y salió Moisés de con Faraón y oró a Dios. Y cambió Señor viento: de la mar impetuoso, y llevóse la langosta y lanzóla al mar Rojo; y no quedó langosta una en toda tierra de Egipto. Y endureció Señor el corazón de Faraón, y no dejó ir a los hijos de Israel. Y dijo Señor a Moisés: «Extiende tu mano al cielo y haya tinieblas sobre tierra de Egipto, que se toquen las tinieblas». Y extendió Moisés la mano y hubo tinieblas de tenebrosidad sobre toda tierra de Egipto tres días; y no vio nadie a su hermano tres días; y no se levantó nadie de su lecho tres días; pero para todos los hijos de Israel luz había dondequiera que estuvieran. Y llamó Faraón a Moisés y Aarón, diciendo: «Marchaos, servid a Señor, el Dios vuestro; sólo las ovejas y las vacas dejad; también vuestros párvulos vayan con vosotros». Y dijo Moisés: «Empero también tú nos darás holocaustos y hostias que hacer a Señor el Dios nuestro; y el ganado nuestro irá con nosotros, y no quedará uña; que de él tomaremos para servir a Señor el Dios nuestro; y nosotros no sabemos con qué hemos de servir a Señor el Dios nuestro, hasta que lleguemos allá». Y endureció Señor el corazón de Faraón, y no quiso dejarles ir. Y dijo Faraón: «Retírate de mí, guárdate de que no vuelvas ya a ver mi rostro; pues el día que me vieres, morirás». (10:28) Y dijo Moisés: «Has dicho; ya no veré tu rostro». Ultima plaga: muerte de los primogénitos Y dijo Señor a Moisés: «Todavía una plaga traeré sobre Faraón y sobre Egipto, y, después de esto, os dejara ir de aquí; y cuando os dejare ir, con todo lanzamiento os lanzará de aquí. Habla, pues,(a) en las orejas del pueblo: y pida cada uno a su vecino y la mujer a su vecina vasos de oro y de plata y vestimentas». Y Señor dio gracia a su pueblo a faz de los egipcios, y diéronles; también el hombre Moisés grande se había hecho sobremanera a faz de los egipcios, y a faz de Faraón y a faz de todos los servidores de él. Y dijo Moisés: «Esto dice el Señor: «Hacia la medianoche yo saldré al medio de Egipto: Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde primogénito de Faraón que está sentado en el trono, hasta el primogénito de la criada la de la molienda, y el primogénito de todo ganado; y habrá lamentación grande al través de toda tierra de Egipto, cual no ha habido y cual no volverá a haber. Y en todos los hijos de Israel no chistará perro con su lengua, desde contra hombre hasta contra ganado(b); para que sepas cuanto maravilla(c) Dios entre Egipto e Israel. Y vendrán todos estos niños tuyos a mí, y me adorarán, diciendo: «Sal tú y todo tu pueblo que tú acaudillas» y después de esto, saldré(d)».Y salió Moisés de ante el Faraón con ira. Y dijo Señor a Moisés: «No os escuchará Faraón, para que, multiplicando multiplique yo mis señales y prodigios en tierra de Egipto». Y Moisés y Aarón hicieron todas estas señales y prodigios en tierra de Egipto a faz de Faraón; y endureció Señor el corazón de Faraón y no escuchó para dejar ir los hijos de Israel de tierra de Egipto. El cordero pascual y el ángel exterminador Y dijo Señor a Moisés y Aarón en tierra de Egipto, diciendo: «Este será para vosotros principio de meses, primero para vosotros en los meses del año. Habla a toda la congregación de hijos de Israel, diciendo: «El décimo de este mes tomen cada cual un cordero por familia, cada cual un cordero por casa. Y, si pocos fueren los de la casa, hasta no bastar para un cordero, tomará consigo al vecino próximo; según número de almas cada cual lo bastante a él contará para un cordero(a). Cordero perfecto, macho, de año tendréis: de las ovejas y de las cabras lo tomaréis. Y lo tendréis guardado hasta el catorce de este mes; y lo mataréis toda la muchedumbre de la congregación de hijos de Israel hacia la tarde. Y tomarán de la sangre y pondrán sobre los dos postes y sobre el dintel, en las casas en que lo comieren. Y comerán las carnes aquella noche, asadas al fuego; y ázimos con hierbas amargas comerán. No comeréis de ellos nada crudo ni cocido en agua, sino asado a fuego, cabeza con los pies y las entrañas. No quedará de él hasta la mañana; y hueso no quebrantaréis de él, y lo sobrante de él; hasta la mañana, en el fuego lo quemaréis. Y así lo comeréis: ceñidos vuestros lomos, y el calzado en vuestros pies, y los báculos en vuestras manos; y lo comeréis a prisa: pascua(b) es para Señor. Y pasaré por la tierra de Egipto en esta noche y heriré todo primogénito en tierra de Egipto, de hombre a bestia, y en todos los dioses de Egipto haré venganza: yo Señor. Y os será la sangre en señal en las casas en que estáis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga perdedora, cuando hiriere yo en tierra de Egipto. Y seráos este día en memorial, y celebraréisle fiesta a Señor en todas vuestras generaciones; legítimo, sempiterno lo celebraréis. Siete días ázimos comeréis; y desde el día el primero haréis desaparecer la levadura de vuestras casas; todo el que comiere leudado, borrada(c) será aquella alma de entre Israel, desde el día primero; hasta el día el séptimo. Y el día primero llamado será santo, y el día séptimo llamado será santo por vosotros; toda obra servil no haréis en ellos; fuera de lo que se hiciere a toda alma(d) y esto solamente será hecho por vosotros. Y guardad este mandamiento; pues en este día sacaré vuestro ejército de tierra de Egipto; y haréis este día, en vuestras generaciones, legítimo, sempiterno; y principiando el día catorce del mes el primero, desde la tarde(e), comeréis ázimo, hasta el día veintiuno del mes, hasta la tarde. Siete días levadura no se hallará en vuestras casas; todo el que comiere leudado, borrada será aquella alma de la congregación de Israel; ya de advenedizos ya de indígenas, todo lo leudado no comeréis; y en todas vuestras habitaciones comeréis ázimos». Y llamó Moisés a toda la ancianidad de los hijos de Israel y díjoles: «Id y tomaos un cordero por familia y sacrificad la pascua. Y tomaréis un manojo de hisopo, y mojándolo en la sangre la en la aljofaina, rociaréis los dinteles y los dos postes con la sangre la en la aljofaina; pero vosotros no saldréis nadie por la puerta de su casa hasta la mañana. Y pasará Señor a herir los egipcios, y verá la sangre en el dintel, y en los dos postes, y pasará de la casa y no dejará al exterminador entrar en vuestras casas a herir. Y guardaréis esta palabra por ley para ti y tus hijos por siglos. Y, cuando entrareis en la tierra que os dará Señor, según ha hablado, observaréis este servicio; Y será: cuando os dijeren vuestros hijos: «¿Qué servicio, éste?» diréisles: «Sacrificio de pascua, éste para Señor; porque amparó las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando hirió a los egipcios, y salvó nuestras casas». E inclinándose el pueblo, adoró. Y, yendo hicieron los hijos de Israel, según mandó Señor a Moisés, así hicieron. Y aconteció a media noche que hirió Señor todo lo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón el sentado en el trono, hasta el primogénito de la cautiva, la en la cárcel, hasta el primogénito de toda bestia. Y, levantándose Faraón de noche, y sus servidores y todos los egipcios, hubo clamor grande en toda tierra de Egipto; que no había casa donde no hubiera un muerto. Y llamó Faraón a Moisés y Aarón de noche y díjoles: «Levantaos y salid de mi pueblo, y vosotros y los hijos de Israel. Id y servid a Señor vuestro Dios, según decís; y vuestras ovejas y vuestras vacas tomando, partid, y bendecidme también a mí». Y forzaban los egipcios al pueblo, a lanzarlo prestamente de la tierra; pues decían: «¡Todos nosotros morimos!» Y tomó el pueblo la masa antes que leudase, sus artesas amarradas en sus vestiduras sobre los hombros. Y los hijos de Israel habían hecho según les ordenara Moisés y pedido a los egipcios vasos de oro y de plata y vestimentas. Y había dado Señor gracia a su pueblo a faz de los egipcios, y habíanles dado; y despojaron(f) a los egipcios. Y, alzando los hijos de Israel, de Ramesés a Sucot como seiscientos mil a pie, los varones; fuera de los párvulos; también mezcolanza grande fue con ellos, y ovejas, y vacas y jumentos muchos sobremanera. Y cocieron la masa que trajeran de Egipto tortas ázimas, pues no había leudado; que los arrojaron los egipcios, y no se pudieron detener, y viático no se habían hecho. Y la habitación de los hijos de Israel la que habitaron en tierra de Egipto(g): cuatrocientos treinta años; y aconteció que, después de los cuatrocientos treinta años, salió todo el ejército de Señor de tierra de Egipto, de noche. Es de guardar para el Señor, cuando los sacó de Egipto, aquella noche misma, de guardar para Señor, para que a todos los hijos de Israel sea en sus generaciones. Y dijo el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Esta, la ley de la pascua; todo extranjero no comerá de ella; y a todo siervo comprado, circuncidarás, y entonces comerá de ella; peregrino o asalariado no comerá de ella. En casa una se comerá; y no sacaréis de la casa, de las carnes fuera; y hueso no quebrantaréis suyo. Toda la congregación de los hijos hará esto. Pero, si viniere a vosotros un advenedizo para hacer la pascua de Señor, circuncidarás todo lo masculino suyo, y entonces vendrá a hacerla; y será como el indígena de la tierra; todo incircunciso no comerá de ella. Ley una habrá para el indígena y para el que viniere advenedizo a vosotros». E hicieron los hijos de Israel, según ordenara Señor a Moisés y Aarón, así hicieron. Y aconteció en aquel día sacó Señor a los hijos de Israel de tierra de Egipto. Ley de lo primogénito. Viaje por el desierto Y dijo Señor a Moisés, diciendo: «Santifícame todo lo primogénito que abre toda matriz, en los hijos de Israel, de hombre a bestia: mío es». Y dijo Moisés al pueblo: «Acuérdate de este día en que has salido de Egipto; de casa de servidumbre; pues en mano fuerte os ha sacado Señor de allí; y no se comerá leudado, el día de hoy que salió, en el mes de las espigas. Y será, cuando te introdujere Señor tu Dios en la tierra de los cananeos, y heteos, y amorreos, y heveos, y jebuseos, que juró a tus padres darte; tierra manando leche y miel, harás este servicio en este mes. Siete días comeréis ázimos; y el día el séptimo, fiesta de Señor, ázimos comeréis siete días; no se te verá leudado ni levadura en todos tus confines. Y anunciarás a tu hijo en aquel día, diciendo: «Por esto que me hizo Señor, cuando salí de Egipto(a)». Y te será señal en tu mano(b), y memorial entre tus ojos(c); para que esté la ley de Señor en tu boca; pues, en mano fuerte te sacó Señor Dios, de Egipto. Y guardaréis esta ley de días en días. Y será: cuando te introdujere Señor tu Dios en la tierra de los cananeos del modo que juró a tus padres, y te la diese; separarás todo lo que abre matriz, lo masculino, para el Señor; todo lo que abre matriz de las vacadas o en tu ganado, cuanto tuvieres, lo masculino, santificarás al Señor. Todo lo que abre matriz de asno, rescatarás con cordero, y, si no lo rescatares, lo matarás; todo primogénito de hombre, de tus hijos, rescatarás. Y, cuando te preguntare tu hijo, después de esto, diciendo: «¿Qué esto?» dirásle: «En mano fuerte sacónos Señor, de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; cuando se endureció Faraón para dejarnos ir, mató todo primogénito en tierra de Egipto, de primogénito de hombre a primogénito de bestia; por esto yo sacrifico todo lo primogénito al Señor, todo lo que abre matriz, lo masculino, y todo primogénito de mis hijos rescato». Y será para señal en tu mano e inamovible de entre tus ojos; que en mano fuerte te sacó Señor de Egipto». Y, cuando dejó ir Faraón al pueblo, no los condujo Dios camino de tierra filiestea, por estar cercano, pues dijo Dios: «No sea que se arrepienta el pueblo viendo guerra y retorne a Egipto». Y llevó Dios al pueblo por rodeo al desierto, al Mar Rojo; y armados(d) subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto. Y tomó Moisés los huesos de José consigo; pues con juramento juramentara a los hijos de Israel, diciendo: «Con visitación visitaráos Señor, y llevaréis con vosotros mis huesos de aquí». Y alzando los hijos de Israel de Sucot, acamparon en Etam, orillas del desierto. Y Dios guiábalos: de día en columna de nube para mostrarles el camino; y de noche, en columna de fuego para alumbrarles; y no faltó la columna de la nube, de día, y la columna de fuego, de noche, delante del pueblo todo. Paso del Mar Rojo Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y volviendo acampen frente por frente de Fihahirot entre Mágdalo y el mar, frente de Beelsefón; a faz de ellos acamparás sobre el mar. Y dirá Faraón de los hijos de Israel: «Errantes andan éstos en la tierra; que encerrados los tiene el desierto». Y yo endureceré el corazón de Faraón y se lanzará tras ellos; y glorificaréme en Faraón y en todo su ejército, y conocerán todos los egipcios que yo soy Señor». E hicieron así. Y anuncióse al rey de Egipto que había huido el pueblo; y mudóse el corazón de Faraón y el corazón de sus servidores contra el pueblo, y dijeron: «¿Qué es esto que hemos hecho: de dejar ir a los hijos de Israel para que no nos sirvan?». Y unció sus carros; y a todo su pueblo llevó consigo; y tomando seiscientos carros escogidos y todos los carros de los egipcios y jefes en todos. Y endureció Señor el corazón de Faraón rey de Egipto y el de sus servidores y lanzáronse tras los hijos de Israel; y los hijos de Israel habían salido en mano excelsa. Y lanzáronse los egipcios tras ellos y halláronlos acampados sobre el mar; y todos los caballos, y los carros de Faraón y los jinetes y su ejército(a) frente por frente de Fihahirot, delante de Beelsefón. Y Faraón aproximábase; y levantaron los hijos de Israel los ojos, y he aquí los egipcios avanzando detrás de ellos; y temieron sobremanera. Y vociferaron los hijos de Israel a Señor; y dijeron a Moisés: «¿Por no haber sepulcros en Egipto nos has sacado a matarnos en el desierto? ¿Qué es esto que nos has hecho, sacándonos de Egipto? ¿No es ésta la palabra que te hablábamos en Egipto diciendo: «Déjanos servir a los egipcios. Que mejor es servir a los egipcios que morir en el desierto». Y dijo Moisés al pueblo: «No temáis: paraos y ved la salvación, la de Dios; la que nos hará hoy; pues tales como veis a los egipcios hoy, no los volveréis a ver eternamente. Señor guerreará por vosotros, y vosotros callaréis(b). Y dijo Señor a Moisés: «¿Qué clamas a mí? Habla a los hijos de Israel y marchen; Y tu levanta tu vara y extiende tu mano sobre el mar y húndelo, y pasen los hijos de Israel al través del mar por lo seco. Y he aquí yo endureceré el corazón de Faraón y de los egipcios, y entrarán en pos de ellos, y glorificaréme en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros y en sus caballos. Y conocerán todos los egipcios que yo soy Señor; y glorificaréme en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros y en sus caballos». Y alzóse el ángel de Dios el que precedía el campamento de Israel y fue en pos de ellos; y alzóse también la columna de la nube de la faz de ellos, y púsose detrás de ellos. Y entró entre los egipcios y entre el campamento de Israel y paróse; y era allí nube y tinieblas, e iluminaba aquí la noche; y no se juntaron toda la noche. Y extendió Moisés la mano sobre el mar, y llevó Señor el mar con un viento este, impetuoso, toda la noche, y puso seco el mar, y partiéronse las aguas. Y pasaron los hijos de Israel al través del mar por lo seco, y las aguas éranles muro a diestra y muro a siniestra. Y lanzáronse en pos los egipcios y entraron tras de ellos, y todo caballo de Faraón y los carros y los aurigas en medio del mar. Y aconteció en la vigilia la matutina, miró Señor sobre el campamento de Egipto en columna de fuego y de nube(c), y perturbó el campamento de Egipto; y juntó las ruedas de sus carros, y llevóles con violencia(d). Y dijeron los egipcios: «Huyamos de faz de Israel; que el Señor guerrea por ellos contra los egipcios». Y dijo el Señor a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar y restitúyanse las aguas y vuelvan sobre los egipcios; sobre sus carros y sobre sus aurigas». Y extendió Moisés la mano sobre el mar, y restituyéronse las aguas, al alba, a su lugar; y los egipcios huyeron debajo de las aguas; y despeñó el Señor a los egipcios en medio del mar. Y volviendo las aguas cubrieron los carros y los aurigas y toda la fuerza de Faraón; a los que habían entrado en pos de ellos al mar; y no quedó de ellos uno solo. Pero los hijos de Israel pasaron por lo seco en medio del mar, y las aguas, para ellos muro a diestra y muro a siniestra. Y salvó Señor a Israel en aquel día de mano de Egipto; y vio Israel a los egipcios muertos sobre la ribera del mar. Y vio Israel la mano la grande que hizo Señor a los egipcios; y temió el pueblo al Señor; y creyó a Dios y a Moisés su servidor. Cántico de Moisés. Israel en Mara Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cantar a Dios, y dijeron, diciendo:«Cantemos al Señor, pues gloriosamente se ha glorificado:bridón y auriga lanzó a la mar. Fuerza y loor se me ha hecho para salud,éste, mi Dios, y glorificaréle;Dios de mi padre, y exaltaréle. Señor, quebrantando guerras,Señor su nombre. Carros de Faraón y su fuerza lanzó a la mar;selectos jefes aurigas campeones,hundió en la roja mar. Mares cubriéronles:sumergiéronse en el abismo, cual piedra. Tu diestra, Señor, se ha glorificado en podertu diestra mano Señor, hirió a los enemigos. Y con la muchedumbre de su gloria quebrantaste a los adversariossoltaste tu ira y devorólos, cual paja. Y por el soplo de tu furor amontonáronse las aguas:cuajáronse, cual muro, las aguas;cuajáronse las olas en medio de la mar. Dijo el enemigo: «Corriendo en pos, cogeré:partiré despojos; hartaré mi alma;arrebataré con mi cuchilla, señoreará mi mano». Soltaste tu soplo: cubrióles la mar,descendieron, como plomo, en aguas profundas. ¿Quién semejante a ti entre los dioses, Señor?¿Quién semejante a ti glorificado en santidad,aterrador en gloria, hacedor de maravillas? Extendiste tu diestra:devoróles la tierra. Guiaste en tu piedad a este tu pueblo que redimiste;llevástele en tu poder, a la mansión santa tuya. Oyeron gentes, y airáronse:dolores puerperales cogieron a los habitantes de Filistea. Entonces temblaron los príncipes de Edom;los poderosos de Moab cogióles temblor;deshiciéronse todos los habitantes de Canaán. Caiga sobre ellos temblor y temor;por la grandeza de tu brazo petrifíquense,hasta que pase tu pueblo, Señor;hasta que pase este tu pueblo que adquiriste. Los llevarás, les plantarás en el monte de tu heredad;en tu morada prevenida que dispusiste, Señor;santuario, Señor, que prepararon tus manos. Señor reina por siglos, y por siglos y siempre. Que entró el corcel de Faraón con carros y aurigas en la mary trajo sobre ellos Señor las aguas de la mar;pero los hijos de Israel anduvieron por la seca en medio de la mar. Y tomando María, la profetisa, la hermana de Aarón, el tímpano en su mano, salieron todas las mujeres en pos de ella con tímpanos y danzas. Y entonóles María diciendo:«Cantemos al Señor, pues gloriosamente se ha glorificado:bridón y auriga lanzó a la mar». Y levantó Moisés a los hijos de Israel del Mar Rojo y llevóles al desierto de Sur; y anduvieron tres días por el desierto y no hallaron agua para beber. Y vinieron a Mara; y no podían beber agua de Mara, pues era amarga; por esto denominó el nombre de aquel lugar: Amargura. Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: «¿Qué beberemos?» Y clamó Moisés a Señor; y mostróle Señor un leño, y arrojólo en el agua, y endulzóse el agua. Allí púsole(a) prescripciones y juicios; y allí tentólo, y dijo: «Si con oído oyeres la voz de Señor tu Dios; y lo grato en sus ojos hicieres, y escuchares sus mandamientos y observares sus prescripciones todas, toda enfermedad que traje sobre los egipcios, no traeré sobre ti, que yo soy Señor tu Dios el que te sana». Y vinieron a Elim; y había allí doce fuentes de aguas y setenta palmeras; y acamparon allí sobre las aguas. Las codornices. El maná. Y partieron de Elim y vinieron, toda la muchedumbre de hijos de Israel, al desierto de Sin; el que está entre Elim y entre Sinaí: el día quince del mes segundo que salieron de Egipto. Y murmuró toda la muchedumbre de hijos de Israel contra Moisés y Aarón. Y dijéronles los hijos de Israel: «Ojalá que hubiéramos muerto heridos de Señor en tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de las carnes, y comíamos pan en hartura, pues nos habéis sacado a este desierto para matar a toda esta multitud de hambre». Y dijo Señor a Moisés: «He aquí que yo os lluevo panes del cielo; y saldrá el pueblo, y recogerán lo del día para el día, para probarles yo, si caminan en mi ley o no(a). y será el día el sexto preparen lo que guarden; y será el doble de lo que recogieren en el día para el día». Y dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: «A la tarde conoceréis que Señor os ha sacado de tierra de Egipto; y a la mañana veréis la gloria de Señor, pues ha oído la murmuración vuestra contra Señor; porque nosotros ¿qué somos para que nos murmuréis?» Y dijo Moisés: «En(b) daros Señor a la tarde carnes a comer, y panes a la mañana en hartura, por haber oído Señor vuestra murmuración con que nos murmuráis. Pues nosotros ¿qué somos? No contra nosotros es vuestra murmuración, sino contra Dios». Y dijo Moisés a Aarón: «Di a toda la congregación de los hijos de Israel: «Acercaos a la faz de Dios; pues ha oído vuestra murmuración». Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel y, volviéndose ellos al desierto, he aquí la gloria de Señor aparecióse en nube. Y habló Señor a Moisés, diciendo: «He escuchado la murmuración de los hijos de Israel: háblales diciendo: «A la tarde comeréis carne, y a la mañana os hartaréis de panes, y conoceréis que yo Señor el Dios vuestro». Y fue tarde, y subió codorniz y cubrió el campamento; a la mañana aconteció después de subir el rocío en torno del campamento, he aquí sobre la faz del desierto, una cosa fina, a modo de cilantro albo, a modo de escarcha, sobre la tierra. Y viéndola los hijos de Israel dijeron el uno al otro: «¿Qué es esto?»(c) pues no sabían qué era. Y díjoles Moisés: «Este, el pan que os ha dado Señor a comer. Esta la palabra que ordenó Señor: «Recogeréis de él cada cual según lo que comáis; un gomor(d) por cabeza según número de vuestras almas, cada cual para sus convivientes recoged». E hicieron así los hijos de Israel, y recogieron el uno más, el otro menos. Y, midiendo con el gomor, no tenía demás el que mucho; y el que menos, no tenía de menos; cada cual lo que comía, había recogido(e). Y díjoles Moisés: «Nadie deje de él para mañana». Y no escucharon a Moisés, sino que dejaron algunos de él hasta la mañana; y crió gusanos y hedió». Y airóse contra ellos Moisés. Y recogíanlo a la mañana cada cual, según lo que comía, y, cuando calentaba el sol, derretíase. Y aconteció que el día el sexto recogieron el doble de pan: dos gomor para uno; y vinieron todos los príncipes de la congregación y refiriéronlo a Moisés. Y díjoles: «Esta es la palabra que ha hablado Señor: «Sábado(f), reposo sagrado al Señor, mañana; cuanto cociereis, coced, y cuanto cocinareis, cocinad; y todo lo sobrante, guardadlo para mañana». Y dejaron de él para la mañana, según les ordenara Moisés; y no hedió ni gusano crióse en él. Y dijo Moisés: «Comed hoy, porque es sábado hoy para el Señor; no lo hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis; pero el día, el séptimo, es sábado, no estará allí. Y aconteció en el día el séptimo, salieron algunos del pueblo a recoger, y no hallaron. Y dijo Señor a Moisés: «¿Hasta cuándo no queréis escuchar mis mandamientos y mi ley? Ved que el Señor os ha dado este día; por esto él os ha dado el día el sexto panes de dos días; reposad, cada cual, en vuestras casas; nadie salga de su lugar el día séptimo». Y sabatizó el pueblo el día séptimo. Y denomináronlo los hijos de Israel, el nombre de él, man; y era como semilla de cilantro alba, y el gusto de él como de hojuela con miel. Y dijo Moisés: «Esta, la palabra que ha ordenado Señor: «Llenad un gomor de man para guardar, para vuestras generaciones, a fin de que conozcan el pan que comisteis vosotros en el desierto, cuando os sacó Señor de tierra de Egipto». Y dijo Moisés a Aarón: «Toma una urna(g), y echa en ella un gomor entero de man, y la pondrás delante de Señor para guardar para vuestras generaciones». Al modo que ordenó Señor a Moisés, púsolo Aarón delante de Dios para guardar. Y los hijos de Israel comieron el man cuarenta años, hasta llegar a la tierra habitada; comieron el man hasta llegar al confin de la tierra de Canaán, Y el gomor es la décima parte del efá. El agua de la peña. Josué derrota a Amalec Y partió toda la congregación de hijos de Israel, del desierto de Sin (según sus acampamentos, por palabra de Señor) y acamparon en Rafidin; donde no tenía agua el pueblo que beber. E improperó el pueblo a Moisés, diciendo: «Danos agua que beber». Y díjoles Moisés: «¿Qué me reñís? ¿Y qué tentáis a Señor? Y padeció allí sed el pueblo de agua y murmuró allí el pueblo contra Moisés, diciendo: «¿Pues a qué nos ha subido de Egipto a matarnos a nosotros y a nuestros hijos y el ganado de sed?» y clamó Moisés a Señor, diciendo: «¿Qué haré a este pueblo? De aquí a poco me lapidarán». Y dijo Señor a Moisés: «Adelántate al pueblo y toma contigo de los ancianos del pueblo; y la vara con que heriste el río, toma en tu mano, y anda. He aquí estoy allí delante de ti sobre la peña de Horeb; y herirás la peña y saldrá de ella agua, y beberá mi pueblo». E hizo Moisés así delante de los hijos de Israel. Y denominó el nombre de aquel lugar: «Tentación», e «Improperio»; por el improperio de los hijos de Israel y por tentar ellos a Señor diciendo: «¿Estará Señor entre nosotros o no?». Y vino Amalec; y guerreaba Israel en Rafidim; y dijo Moisés a Josué: «Elígete varones, y, saliendo batalla contra Amalec mañana; y he aquí yo me pongo en la cumbre de la colina, y la vara de Dios en mi mano». E hizo Josué según le dijo Moisés, y, saliendo batalló contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur ascendieron a la cumbre de la colina. Y aconteció, cuando alzaba Moisés las manos, prevalecía Israel; pero cuando bajaba las manos, prevalecía Amalec. Mas las manos de Moisés, pesadas; y, cogiendo una piedra, pusiéronla debajo de él, y sentóse en ella; y Aarón y Hur sostenían las manos de él, de acá uno y de acá uno; y quedaron las manos de Moisés sostenidas hasta el ocaso del sol. Y fugó Josué a Amalec y todo su pueblo en matanza de cuchilla. Y dijo Señor a Moisés: «Escribe esto, para memorial, en un libro, y confía a las orejas de Josué que con borradura, borraré la memoria de Amalec de la tierra de debajo el cielo». Y edificó Moisés un altar a Señor; y denominó su nombre: «Señor refugio mío»; pues en mano oculta(a) guerreará Señor contra Amalec de generaciones en generaciones. Jetró y la creación de magistrados Y oyó Jetró, el sacerdote de Madián, el suegro de Moisés, todo cuanto hiciera Señor a Israel su pueblo: que sacó Señor a Israel de Egipto. Y tomó Jetró el suegro de Moisés, a Séfora, la mujer de Moisés, después del envío de ella, y a los dos hijos de ella: el nombre del uno: Gersam, diciendo: «Peregrino he sido en tierra extraña»; y el nombre del segundo: Eliezer, diciendo: «Porque el Dios de mi padre, mi ayuda, y me salvó de la mano de Faraón». Y salió Jetró el suegro de Moisés y los hijos y la mujer, a Moisés, al desierto; donde acampaba junto al monte de Dios. Y anunciara a Moisés, diciendo: «He aquí tu suegro Jetró, vengo a ti y tu mujer y tus dos hijos con ella». Y salió Moisés al encuentro del suegro, y adoróle y besóle; y saludáronse; y llevóle a la tienda. Y refirió Moisés al suegro todo cuanto hizo Señor a Faraón y a todos los egipcios por causa de Israel; y todo el trabajo ocurrido a ellos en el camino, y que les salvó Señor de la mano de Faraón y de la mano de los egipcios. Y asombróse Jetró de todo el bien que les hizo Señor, por haberles salvado de mano de los egipcios y de mano de Faraón. Y dijo Jetró: «Bendito Señor, porque os salvó de mano de egipcios y de mano de Faraón; ahora sé que grande Señor sobre todos los dioses, por esto: porque se ensoberbecieron contra ellos(a). Y ofreció Jetró, suegro de Moisés, holocaustos y hostias a Dios; y vino Aarón y todos los ancianos de Israel a comer juntos pan con el suegro de Moisés ante Dios. Y sucedió al siguiente día, sentóse Moisés a juzgar al pueblo; y estuvo en torno a Moisés todo el pueblo de mañana a tarde. Y, viendo Jetró todo cuanto hacía al pueblo, dijo: «¿Qué es esto que tú haces al pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está en torno de ti de mañana a tarde?» Y dijo Moisés al suegro: «Porque viene a mí el pueblo a buscar juicio de Dios; pues, cuando le sobreviene una contienda y vienen a mí, juzgo a cada uno y manifiéstoles las ordenaciones de Dios y su ley». Y dijo el suegro de Moisés a él: «No rectamente haces esta palabra: con consunción te consumirás inllevadera, tú y todo el pueblo que está contigo: pesada para ti esta palabra; no podrás hacerla solo. Ahora, pues, escúchame, y te aconsejaré y será Dios contigo. Sé tú para el pueblo en lo de Dios, y llevarás sus palabras a Dios; y les manifestarás las ordenaciones de Dios y su ley, y les señalarás los caminos en que han de caminar y las obras que han de hacer. Y tú búscate de todo el pueblo varones poderosos, timoratos; varones justos, odiadores de la avaricia; y pondrás sobre ellos(b) tribunos, y centuriones, y quincuagenarios y decanos; que juzguen al pueblo a todas horas; pero la palabra la grave traerán a ti; y los pequeños de los juicios juzgarán ellos, y te aliviarán y conllevarán contigo. Si esta palabra hicieres, te fortalecerá Dios, y podrás resistir, y todo este pueblo a su lugar en paz llegará». Y escuchó Moisés la voz del suegro, e hizo cuanto le dijo. Y eligió Moisés varones poderosos de todo Israel, y púsoles sobre ellos: tribunos, y centuriones, y quincuagenarios y decanos, y juzgaron al pueblo a todas horas, pero toda palabra grave trajeron a Moisés; y toda palabra ligera juzgaron ellos. Y despidió Moisés a su suegro; y retornó a su tierra. La ley del Sinaí Al tercer mes de la salida de los hijos de Israel, de la tierra de Egipto; en este día vinieron al desierto del Sinaí. Y partieron de Rafidim y vinieron al desierto del Sinaí; y acampó allí Israel enfrente del monte. Y Moisés subió al monte de Dios; y llamóle Dios del cielo, diciendo: «Esto dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: «Vosotros mismos habéis visto cuanto he hecho a los egipcios, y os he tomado como sobre alas de águilas y traídos a mí. Y ahora, si con oído oyereis mi voz y guardareis mi testamento, seréis mi pueblo príncipe de todos los pueblos; que mía es toda la tierra, y vosotros soisme real sacerdocio y gente santa». Estas palabras dirás a los hijos de Israel». Y vino Moisés y llamó a los ancianos del pueblo y expúsoles todas estas palabras que le mandara Dios. Y respondió todo el pueblo unánimemente y dijo: «Todo cuanto ha dicho Dios, haremos y escucharemos». Y llevó Moisés todas estas palabras a Dios. Y dijo Señor a Moisés: «He aquí yo vengo a ti en columna de nube, para que el pueblo me oiga hablarte y te crean por el siglo». Y anunció Moisés las palabras(a) del pueblo a Señor. Y dijo Señor a Moisés: «Bajando advierte al pueblo, y santifícales hoy y mañana; y laven las vestiduras; y estén preparados para el día el tercero; que al día el tercero, descenderá Señor sobre el monte el Sinaí a faz de todo el pueblo. Y delimitarás al pueblo en cerco, diciendo: «Guardaos de subir al monte y tocar algo de él, todo el que tocare el monte de muerte morirá. No le tocará mano, sino que con piedras será apedreado o con tiro será derribado; sea bestia, sea hombre, no vivirá. Cuando resonare la trompeta(b) suban al monte». Y bajó Moisés del monte al pueblo y santificóle; y lavaron sus vestiduras. Y dijo al pueblo: «Preparaos para el tercero día, no os lleguéis a mujer». Y aconteció al tercero día, hacia la aurora, hubo voces, y relámpagos y nube tenebrosa sobre el monte Sinaí; y voz de trompeta retronaba grandemente y atemorizóse todo el pueblo el en el campamento. Y sacó fuera Moisés al pueblo al encuentro de Dios, del campamento; y pusiéronse al pie del monte Sinaí. Y el monte el Sinaí, humeaba entero, por haber descendido sobre él Dios en fuego; y subía el humo, cual humo de horno, que tembló todo el monte grandemente(c). Y se hicieron las voces de la trompeta más y más fuertes sobremanera: Moisés hablaba, y Dios respondíale con voz. Y bajó Señor sobre el monte el Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Señor a Moisés a la cumbre del monte; y subió Moisés. Y dijo Dios a Moisés, diciendo: «Bajando advierte al pueblo que no se lleguen a Dios(d) a mirar, y caiga de ellos muchedumbre, y los sacerdotes los que se llegan a Señor(e), Dios, santifíquense, no sea que haga estrago en ellos Señor», Y dijo Moisés a Dios: «No podrá el pueblo subir al monte el Sinaí; pues nos has testificado, diciendo: «Delimita el monte y santifícalo». Y díjole Señor: «Ve, desciende, y asciende tú y Aarón contigo; pero los sacerdotes y el pueblo no se esfuercen por subir hasta Dios, no sea que extermine de ellos Señor». Y bajó Moisés al pueblo y díjoselo. El decálogo Y habló Señor todas estas palabras, diciendo: «Yo soy Señor tu Dios, quien te ha sacado de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses que yo. No te harás ídolo ni imagen alguna de lo del cielo arriba, y de lo de la tierra abajo, y de lo de las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni les servirás; que yo soy Señor tu Dios, Dios celador, vengando los pecados de los padres en los hijos(a) hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian; y haciendo misericordia hasta millares(b) a los que me aman y guardan mis ordenaciones. No tomarás el nombre de Señor tu Dios en vano(c); pues no dejará impune Señor tu Dios al que tomare su nombre en vano. Acuérdate del día sábado para santificarlo; seis días trabajarás y harás todas tus obras; pero el día el séptimo es sábado para Señor Dios; no harás en él obra alguna, tú, y tu hijo, y tu hija, tu siervo y tu sierva, tu bestia, y el advenedizo el habitante contigo. Pues en seis días hizo Señor el cielo, y la tierra y el mar y todo lo en ellos; y reposó el día el séptimo; por esto bendijo Señor el día el séptimo y santificólo. Honra a tu padre y a tu madre para que longevo(d) seas sobre la tierra la buena que Señor tu Dios te dará. No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No atestiguarás contra tu prójimo testimonio falso. No codiciarás a la mujer de tu prójimo; no codiciarás la casa de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni sus asnos, ni todo lo que es de tu prójimo». Y todo el pueblo veía la voz, y las llamas, y la voz de la trompeta y el monte el fumante; y temeroso todo el pueblo detúvose lejos; y dijeron a Moisés: «Háblanos tú, y escucharemos; pero no nos hable Dios, no sea que muramos». Y díjoles Moisés: «No temáis, pues, para probaros ha venido Dios; para que su temor esté en vosotros; para que no pequéis». Y estúvose el pueblo a lo lejos; pero Moisés entró en las tinieblas donde estaba Dios. Y dijo Señor a Moisés: «Esto dirás a los hijos de Israel: «Vosotros habéis visto que desde el cielo os he hablado. No os haréis dioses argentinos; y dioses áureos no os haréis. Altar de tierra me haréis e inmolaréis sobre él vuestros holocaustos, y vuestros pacíficos, y vuestras ovejas, y vuestros becerros, en todo lugar donde nombrare yo mi nombre; y vendré a ti y te bendeciré. Y, si altar de piedra me hicieres, no las edificarás canteadas; pues tu pico has alzado sobre ellas y profanádolas. No subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra tu vergüenza sobre él». Preceptos judiciales Y éstos son los juicios que propondrás a faz de ellos: Si comprases siervo hebreo, seis años te servirá; pero en el séptimo año, saldrá libre de balde. Si él solo hubiere entrado, solo saldrá; pero, si mujer hubiere entrado con él, saldrá también la mujer con él. Mas, si el amo le diere mujer; y le pariere hijos o hijas, la mujer y los niños serán de su amo, y él solo saldrá.(a) Pero, si respondiendo, dijere el siervo: «Tengo amor a mi amo, y a la mujer y los niños: no salgo libre»; le llevará su amo a los jueces; y entonces le llevará a la puerta, o al poste, le horadará su amo la oreja con lezna, y le servirá por el siglo. Y, si alguno vendiere su hija por sierva, no saldrá como se retiran las esclavas. Si no agradare ella a su amo, que se la había destinado, rescátela; a gente extraña no es dueño de venderla, porque la ha envilecido. Y si a su hijo la hubiere destinado, según ley de las hijas, le hará. Y, si otra tomare para él(b), lo necesario, y la vestidura y la cohabitación no le negará. Y, si estas tres cosas no le hiciere, saldrá de balde, sin dinero. Si hiriere alguien a alguno, y muriere, de muerte morirá; pero, si involuntariamente, sino que Dios le ha entregado en sus manos, te daré un lugar adonde huya. Mas, si alguno intentare matar al prójimo con engaño, de mi altar le tomarás para matarle. Quien hiriere a su padre o a su madre, de muerte morirá. Si alguien raptare a alguno de los hijos de Israel, y le vendiere, y se le hallare en su mano, de muerte morirá. (c)Quien maldijere a su padre o a su madre, de muerte morirá. Y, si riñeren dos varones y, uno hiriere al otro con piedra o con el puño y no muriere, pero cayere en cama; si, levantándose el hombre, caminare fuera sobre su báculo, libre será el que le ha herido, sólo que sus cesantías pagará y la curación. Y si alguno hiriere a su siervo o sierva con palo, y muriere bajo su mano, con juicio será castigado. Pero, si viviere uno o dos días, no será castigado; que dinero suyo es(d). Y si riñeren varones e hirieren a mujer preñada, y abortare(e), pero no hubiere daño, será multado; según le impusiere el marido de la mujer, dará con avaluación. Mas, si hubiere daño, dará alma por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal. Y si alguno hiriere el ojo de su siervo o el ojo de su sierva, y cegare, libres dejarálos, por el ojo de ellos. Y si el diente de su siervo o el diente de su sierva quebrare, libres dejarálos por el diente de ellos. Y si corneare un toro a hombre o mujer y muriere, con piedras será apedreado el toro, y no se comerán las carnes de él; pero el dueño del toro libre será. Pero, si el toro corneador hubiere sido desde ayer y anteayer, y se le hubiere advertido a su dueño, y no le hubiere hecho desaparecer, y matare a hombre o mujer; el toro apedreado será, y su dueño también morirá. Pero, si rescate se le impusiere, dará su rescate de su alma, cuanto se le impusiere. Y si niño o niña corneare, según este juicio le harán. Y, si a siervo corneare el toro o a sierva, treinta didracmas de plata, dará al amo de ellos, y el toro apedreado será. Y si alguno cavare cisterna, y no la cubriere, y cayere allí becerro o asno; el dueño de la cisterna resarcirá; dinero dará al dueño de ellos; y lo muerto, suyo será. Y, si corneare el toro de alguien al toro del prójimo, y muriere, venderán el toro el vivo y partirán el dinero de él; y el toro muerto, partirán. Pero si era conocido el toro por corneador, desde ayer y anteayer, y su dueño no le hubiere hecho desaparecer, pagará toro por toro, y el muerto suyo será. Preceptos judiciales Y si alguno hurtare buey(a) u oveja, y la matare o vendiere, cinco bueyes restituirá por el buey, y cuatro ovejas por la oveja. Si, penetrando el ladrón, fuere hallado y, golpeado, muriere, no será occisión la suya; pero, si saliere el sol sobre él, reo es(b): morirá a su vez. Y si no tuviere(c), vendido sea por el hurto. Y, si se cogiere y hallare en su mano el hurto, de asno a oveja, vivo, el doble resarcirá. Y si hiciere alguno pacer campo o viña, y echare su bestia a pacer campo ajeno, resarcirá con lo mejor de su campo y con lo mejor de su viña. Y, si, saliendo fuego, hallare espinas(d) y quemare eras o espigas o campo; resarcirá, el que hubiere encendido el fuego. Y, si alguno diese al prójimo dinero o utensilios a guardar, y fuere hurtado de la casa del hombre, si fuere hallado el ladrón, pagará el doble; pero, si no fuere hallado el ladrón, presentaráse el dueño a los jueces(e) y jurará no haber él faltado en nada a lo depositado del prójimo. Por cada delatada injusticia, a causa de buey, y jumento y oveja y vestido y de toda pérdida imputada, cualquiera que sea; ante los jueces irá el juicio de ambos, y el condenado por los jueces, pagará el doble al prójimo. Y, si alguno diere al prójimo un jumento o buey u oveja o cualquier bestia a guardar, y se dañare o muriere o fuere prendido, y nadie supiere; juramento de Dios habrá en medio de ambos: de no haber él en nada faltado a lo depositado del prójimo; y así aceptará el dueño de ello, y no pagará. Mas, si le hubiere sido hurtado, pagará al dueño. Y si hubiere sido destrozado por fiera, llévelo ante el dueño, y no pagará. Y si alguno pidiere(f) de su prójimo, y se dañare, o muriere, y el dueño no estuviere, pagará pero, si el dueño estuviere, no pagará, y si fuere mercenario admitirásele a su jornal(g). Y si alguno engañare a una doncella no desposada, y durmiere con ella, se la dotará para mujer. Pero, si, negándose, se negare y no quisiere el padre de ella dársela por mujer, dinero pagará al padre, según el dote de las doncellas. Hechiceras no dejaréis vivir. Todo el que durmiere con bestias de muerte matadle. El que sacrificare a dioses será exterminado y no a Señor sólo(h). Y a advenedizos no maltrataréis ni atribularéis; pues advenedizos fuisteis en tierra de Egipto. Ninguna viuda y huérfano maltrataréis; y si los maltratareis, y, clamando, clamaren a mí, con oído oiré su voz; y me enfureceré y mataréos a cuchilla; y serán vuestras mujeres, viudas, y vuestros niños huérfanos. Y si dinero prestares a mi pueblo(i), al pobre a par de ti, no serás para él un opresor, no le impondrás interés. Y si, en prenda recibieres el vestido del prójimo, antes del ocaso del sol, se lo devolverás; porque es su vestuario; ésta sola la cobertura de sus carnes: ¿sobre qué dormirá? Si, pues, clamare a mí, le escucharé; que misericordioso soy. A dioses(j) no maldecirás; y de los príncipes de tu pueblo no hablarás mal. Primicias de tu era y lagar no retardarás; al primogénito de tus hijos me darás. Así harás con tu becerro y tu oveja: siete días estará debajo de la madre; y al octavo día me lo devolverás. Y varones santos me seréis; y carne comida de fiera no comeréis; al perro arrojádsela. Leyes judiciales y ceremoniales No acojerás rumor falso, ni pondrás tu mano con el impío para hacerte testigo falso. No estarás con los muchos en malicia; no te juntarás con la muchedumbre a desviarte con los muchos, hasta excluir el juicio. Tampoco al pobre compadecerás en el juicio. Y, si te encontrares con el buey de tu enemigo o el jumento errantes, se lo devolverás. Y si vieres el jumento de tu enemigo caído bajo su carga, no pasarás de largo, sino que lo levantarás con él. No torcerás la sentencia del pobre en su juicio. De toda palabra injusta te apartarás; al inocente y justo no matarás; y no justificarás al impío por dádivas. Y dádivas no admitirás, pues las dádivas ciegan a los que ven, y tuercen las palabras de los justos. Y al advenedizo no oprimáis; pues conocéis el alma de los advenedizos; que vosotros mismo advenedizos fuisteis en tierra de Egipto. Seis años sembrarás tu tierra y recogerás sus frutos; pero, al séptimo, la dejarás vacar y reposar; y comerán los indigentes de tu pueblo y lo sobrante comerán las bestias del campo. Así harás con tu viña y con tu olivar. Seis días harás tus labores, pero el día, el séptimo, reposarás; para que repose tu buey y tu jumento; y para que repose el hijo de tu sierva, y el advenedizo. Todo cuanto os he hablado, guardad; y nombre de otros dioses no recordaréis, ni se le oiga de vuestra boca. Tres tiempos del año me festejaréis. La fiesta de los ázimos guardaréis; siete días comeréis ázimos, según que te he mandado, según el tiempo del mes de las espigas; que en él saliste de Egipto; no aparecerás a faz mía vacío. Y fiesta de mies, de las primicias harás de tus obras que hubieres sembrado en tu campo; y fiesta de consumación a la salida del año en la recolección de tus obras de tu campo. Tres tiempos del año aparecerá todo lo masculino tuyo a faz de Señor tu Dios. No inmolarás sobre fermentado, la sangre de mi víctima; ni quede la grosura de mi fiesta hasta la mañana. Las primicias de los frutos de tu tierra llevarás a la casa de Señor tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre(a). Y he aquí yo envío mi ángel ante tu faz para que te guarde en el camino, para que te introduzca en la tierra que te he preparado. Atiende a él y escucha su voz y no le desobedezcas; porque no perdonará tus pecados, pues mi nombre está en él. Pero, si oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te mandare, contrariaré a tus contrarios, y oprimiré a tus opresores. Que mi ángel te conducirá, e introducirá al amorreo, y ferezeo, y cananeo, y heveo y jebuseo; y los destruiré. No adorarás los dioses de ellos ni les servirás; no harás según las obras de ellos, sino que, exterminando los exterminarás, y triturando triturarás sus estatuas. Y servirás a Señor tu Dios; y bendeciré tu pan y tu agua, y apartaré enfermedad de tu medio. No habrá infecunda ni estéril en tu tierra; el número de tus días colmaré. Mi terror enviaré delante de ti y espantaré todas las gentes a las que vinieres, y volveré las espaldas de todos tus enemigos. Y enviaré las avispas delante de ti para que ahuyenten a los heveos, y cananeos y heteos delante de ti. No los arrojaré delante de ti en un año(b), para que no se yerme la tierra y no se multipliquen en torno tuyo las fieras; poco a poco arrojarélos de ti hasta que te acrecientes y heredes la tierra. Y pondré tus términos desde el Mar Rojo hasta el mar de Filistea, y desde el desierto hasta el gran río, Eufrates; y entregaré en vuestras manos los habitantes de la tierra, y arrojarélos de ti. No pactarás con ellos y sus dioses, alianza; y no habitarán en tu tierra, para que no te hagan pecar contra mí, pues, sirviendo tú a los dioses de ellos, éstos te serán de escándalo». Alianza de Dios con Israel. Las tablas de la ley Y a Moisés dijo: «Sube al Señor tú, y Aarón, y Nadab y Abiú; y setenta de los ancianos de Israel; y adorarán en lontananza al Señor. Y se acercará Moisés solo al Señor, y ellos no se acercarán; y el pueblo no subirá con ellos». Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del Señor y las justicias(a), y respondió todo el pueblo a una voz, diciendo: «Todas las palabras que ha hablado Señor, haremos». Y escribió Moisés todas las palabras de Señor. Y, madrugando Moisés, al alba edificó un altar al pie del monte, y doce piedras para las doce tribus de Israel; y envió a los jóvenes de los hijos de Israel, y ofrecieron holocaustos y victimaron víctimas pacíficas a Dios: becerros. Y, tomando Moisés la mitad de la sangre, echóla en tazones, y la mitad de la sangre, derramó sobre el altar. Y, tomando el libro de la alianza, leyó en las orejas del pueblo, y dijeron: «Todo lo que ha hablado Señor, haremos y obedeceremos». Y, tomando Moisés la sangre, esparció sobre el pueblo y dijo: «He aquí la sangre de la alianza que ha hecho Señor con vosotros, sobre todas estas palabras». Y subió Moisés, y Aarón, y Nadab y Abiú; y setenta de los ancianos de Israel; y vieron la visión del Dios de Israel: y debajo de los pies de ella, como labor de piedra de zafiro y como el firmamento del cielo en serenidad. Y en los elegidos de Israel no puso su mano, sino que vieron la visión de Dios, comieron y bebieron. Y dijo Señor a Moisés: «Sube a mí, al monte, y estate allí, y te daré las tablas, las lapídeas: la ley y los mandamientos que he escrito para legislarles». Y levantáronse Moisés y Josué, su servidor, subieron al monte de Dios; y a los ancianos dijo: «Quedáos aquí, hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur con vosotros, si a alguno ocurriere juicio, preséntese a ellos». Y subió Moisés(b) al monte y cubrió la nube el monte. Y descendió la gloria de Dios sobre el monte Sinaí, y cubriólo la nube seis días; y llamó Señor a Moisés, el día séptimo, de en medio de la nube. Y la visión de la gloria de Señor, como fuego encendido sobre la cumbre del monte, a faz de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube y subió al monte, y estuvo allí cuarenta días y cuarenta noches. El arca. Leyes ceremoniales Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Di a los hijos de Israel que tomen para mí primicias; de todos los que les pareciere en el corazón, tomaréis primicias. Y éstas son las primicias que tomaréis de ellos: oro, y plata y bronce; y jacinto, y púrpura, y grana doble y biso(a), y pelo caprino; y pieles de carnero purpuradas, y pieles violáceas, y madera de Sitim(b); aceite de alumbrar, aromas para ungüentos y timiamas olorosos; piedras ónices y gemas para ornar el efod(c) y el racional(d). Y haránme un santuario y habitaré en medio de ellos; según todo lo que te muestro como modelo del tabernáculo y de todos sus utensilios, así lo haréis. Y, haréis un arca de madera de Sitim; dos y medio codos su longitud, y codo y medio su latitud, y codo y medio su altura. Y la dorarás de oro puro; por dentro y por fuera la dorarás, y harás encima una corona de oro alrededor. Y fundirás para ella cuatro anillos de oro y los pondrás en las cuatro esquinas: dos anillos a un lado y dos anillos al otro lado. Y harás varas de madera de sitim y las cubrirás de oro. Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas, En los anillos del arca estarán las varas; no se sacarán de ellos. Y pondrás en el arca el testimonio(e) que te daré. Y harás un propiciatorio —cubierto(f) de oro puro: de dos y medio codos su longitud; y de codo y medio su latitud. Y harás dos querubines de oro; batidos los harás de los dos extremos de la cubierta; y haz un querubín del extremo de acá y un querubín del extremo de allá; de la cubierta haced los querubines de sus dos extremos. Y los querubines estarán desplegando las alas por encima, cubriendo con sus alas la cubierta, y sus rostros uno contra el otro; e inclinados sobre la cubierta estarán los rostros de los querubines. Y pon la cubierta sobre el ara encima; y en el arca pon el testimonio que te daré. Allí me presentaré a ti y te hablaré (de sobre el propiciatorio, de en medio de los dos querubines, los sobre el arca del testimonio) todo lo que te mandaré para los hijos de Israel. Y harás una mesa de madera de Sitim(g): dos codos su longitud, y un codo, su latitud; y codo y medio, su altura. Y la cubrirás de oro puro, y le harás una coronación de oro en contorno. Y le harás un borde(h), de una mano de ancho, en contorno; y harás la coronación de oro en contorno. Y harás para ella cuatro anillos de oro y pondrás los cuatro anillos en las cuatro esquinas las de sus cuatro pies; Y debajo del borde estarán los anillos para colocación de las varas, a fin de llevar con ellas la mesa. Y harás las varas de madera de sitim y las cubrirás de oro puro; y se llevará con ellas la mesa. Y harás escudillas, y tazas, e incensarios y tazones en que libar; de oro puro los harás. Y pondrás sobre la mesa panes de proposición delante de mí continuamente. Y harás un candelabro de oro puro, batido harás el candelabro; su astil, y los brazos, y los cálices y las manzanas y azucenas saldrán del mismo. Y seis brazos saldrán de sus lados: tres brazos del candelabro de un lado y tres brazos del candelabro del otro lado. Y tres cálices almendriformes en el un brazo; manzana y azucena(i); y tres cálices almendriformes en el otro brazo; manzana y azucena; así en los seis brazos que nacen del candelabro. Y en el candelabro, cuatro cálices(j) almendriformes; sus manzanas y sus azucenas. Y una manzana hacia debajo de dos brazos en él; y una manzana debajo de dos brazos en él y una manzana debajo de dos brazos en él, según los seis brazos que nacen de él(k). Y las manzanas y los brazos de él mismo serán(l) enteramente batidos; macizos de oro puro. Y harás sus lámparas siete; y pondrás encima de las lámparas y lucirán a un sólo lado(m). Y sus despabiladeras y ceniceras de oro puro harás; todos estos vasos: un talento de oro puro. Mira y haz conforme al ejemplar que se te ha mostrado en el monte. El arca y el tabernáculo Y el tabernáculo harás de diez tapices de biso torcido, y jacinto(a), y púrpura y grana doble: querubines de labor textil los harás. Longitud de un tapiz: veintiocho codos; latitud: cuatro codos, de un tapiz será; la misma medida para todos los tapices. Y cinco tapices juntáranse entre sí, uno con otro; y cinco tapices se juntarán uno con otro. Y harás lazadas de jacinto en el borde del un tapiz, en el extremo de la una juntura; y así harás en el borde del tapiz exterior de la otra juntura. Cincuenta lazadas harás para un tapiz, y cincuenta lazadas harás en el extremo del tapiz el de la segunda juntura; contrapuestas las lazadas la una a la otra. Y harás cincuenta anillos de oro y juntarás los tapices uno con otro con los anillos; y será un solo tabernáculo. Y harás cortinas de pelo para cubierta del tabernáculo; once cortinas las harás. La longitud de una cortina, treinta codos, y cuatro codos la latitud de una cortina; la misma medida tendrán las once cortinas. Y juntarás las cinco cortinas aparte, y las seis cortinas aparte; y doblarás la sexta cortina delante de la faz del tabernáculo; y harás cincuenta lazadas en el borde de la una cortina extrema, en la juntura, y cincuenta lazadas en el borde de la cortina de la otra juntura. Y harás anillos broncíneos cincuenta para atar las lazadas, y atarás las cortinas y serán un todo. Y lo sobrante de las cortinas de la tienda: la mitad de una cortina sobrante, colgará detrás de la tienda. Y el codo de aquí y el codo de allí, que sobra en la longitud de las cortinas de la tienda, sobrecolgará a los lados de la tienda, para cubrirla. Y harás una techumbre para la tienda: pieles de carnero purpuradas, y una techumbre: pieles violáceas, por encima. Y harás las tablas, para la morada, de madera de sitim, derechas: diez codos la longitud de la tabla, y codo y medio la latitud de la tabla; dos encajes en cada tabla calzando el uno con el otro; así harás todas las tablas de la morada. Y harás las tablas para la morada: veinte tablas al lado del mediodía. Y cuarenta basas argentinas harás para las veinte tablas: dos basas para una tabla, para sus dos encajes; y dos basas para una tabla, para sus dos encajes. Y al otro lado de la morada: al septentrión veinte tablas. Y sus cuarenta basas argentinas: dos basas para una tabla, y dos basas para una tabla. Y al lado posterior de la morada, al occidente, harás seis tablas. Y dos tablas harás en las esquinas de la morada al lado posterior; y se juntarán desde abajo y se juntarán iguales hasta lo alto con un anillo; así las harás ambas en las dos esquinas. Y serán ocho tablas, y sus basas argentinas, dieciséis: dos basas para una tabla y dos basas para una tabla. Y harás travesaños de madera de Sitim: cinco para las tablas del un lado de la morada; y cinco travesaños para las tablas del otro lado de la morada, y cinco travesaños para las tablas del lado posterior de la morada, al occidente. Y el travesaño del medio en la mitad de las tablas, cerrando del un extremo al otro extremo. Y las tablas cubrirás de oro, y los anillos harás de oro por los cuales meterás los travesaños, y cubrirás de oro los travesaños. Y levantarás el tabernáculo según la imagen que se te ha mostrado en el monte. Y harás un velo de jacinto, y púrpura y grana tejida y de biso torcido: obra de arte textoria(b) haráslo: querubines. Y lo pondrás(c) sobre cuatro columnas de madera de sitim, cubiertas de oro; y sus capiteles áureos y sus cuatro basas argentinas. Y pondrás el velo sobre las columnas e introducirás adentro del velo el arca del testimonio; y os dividirá el velo entre el santo y entre el santo de los santos. Y pondrás el propiciatorio(d) sobre el arca del testimonio en el santo de los santos. Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelabro enfrente de la mesa al lado del tabernáculo, al mediodía; y la mesa pondrás al lado del septentrión. Y harás una cortina para la entrada del tabernáculo; de jacinto, y púrpura y grana tejida y biso hilado: obra de bordador. Y harás para la cortina cinco columnas de Sitim y las cubrirás de oro; y los capiteles de ellas de oro; y fundirás para ellas cinco basas broncíneas. El altar; el atrio y el alumbrado Y harás el altar de madera de Sitim; cinco codos la longitud y cinco codos la latitud; cuadrado será el altar; y tres codos su altura. Y harás los cuernos a sus cuatro esquinas; de él saldrán los cuernos, y lo(a) cubrirás de bronce. Y harás sus calderas para echar su ceniza(b), y sus paletas, y sus tazones, y sus garfios y sus braceros; y todos sus vasos harás broncíneos. Y le harás un enrejado, obra de red, broncíneo y harás a la red cuatro anillos broncíneos a las cuatro esquinas. Y la pondrás dentro del cerco del altar desde abajo, y llegará la red hasta la mitad del altar. Y harás varas para el altar, varas de madera de Sitim y las cubrirás de bronce, Y meterás sus varas en los anillos y estén las varas a ambos lados del altar cuando se le lleve. Hueco, de tablas, lo harás; según se te ha mostrado en el monte, así lo harás. Y harás atrio a la morada; al lado del mediodía, cortina del atrio, de biso torcido; cien codos la longitud de un lado. Y sus columnas veinte y las basas de ellas veinte, broncíneas y los capiteles de las columnas y sus molduras argentinos. Así también al lado del septentrión, a lo largo cortinas, cien codos la longitud; y sus columnas veinte, y sus basas veinte de bronce, y los capiteles de las columnas y sus molduras argentinos. Y la latitud del atrio, al occidente, velas, de cincuenta codos; sus columnas, diez, y sus basas, diez. Y la latitud del atrio, al oriente cincuenta codos; sus columnas, diez y las basas de ellas, diez. Y quince codos la altura de las velas del un lado; las columnas de ellas, tres, y las basas de ellas tres. Y, al otro lado, quince codos la altura de las velas; sus columnas tres, y las basas de ellas tres. Y para la puerta del atrio un velo: veinte codos la altura, de jacinto, y púrpura, y grana torcida y biso torcido con labor varia de bordador; columnas de ellas cuatro, y las basas de ellas cuatro. Todas las columnas del atrio, en contorno, cubiertas de plata; y los capiteles de ellas argentinos y las basas de ellas, broncíneas. Y la longitud del atrio ciento por ciento(c), y la latitud, cincuenta por cincuenta, y la altura, cinco codos: de biso torcido; y sus basas, broncíneas. Y todos los vasos, y todos los instrumentos y los clavos del atrio, broncíneos. Y tú manda a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas puro molido, para luminaria, para que arda lámpara continuamente, en el tabernáculo del testimonio; afuera del velo, el de la alianza; y quemáralo Aarón y sus hijos desde la tarde hasta la mañana a faz de Señor: ley eterna, para vuestras generaciones, de los hijos de Israel». Vestiduras sacerdotales Y tú trae a ti a Aarón tu hermano y sus hijos, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes: Aarón; y Nadab, y Abiud, y Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. Y haz vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y decoro. Y tú habla a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría: y harán las vestiduras sagradas a Aarón, para santificarle, para que sirva de sacerdote. Y éstas las vestiduras que harán: el racional(a), el efod(b) y el manto, y la túnica labrada, y mitra y cinturón así harán vestiduras sagradas a Aarón y sus hijos para ministrarme. Y ellos tomarán para esto el oro, y el jacinto, y la púrpura, y la grana y el biso. Y harán el efod de oro, y de jacinto, y púrpura y grana y biso torcido: obra de bordador. Dos hombreras unidas tendrá en los dos lados; y así se unirá. Y la faja de ceñir que hay sobre él, será de la misma labor, de una pieza con él: de jacinto, y púrpura y grana, y biso torcido. Y tomarás dos piedras, piedras de ónice y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel(c): seis nombres en la una piedra y los otros seis nombres en la otra piedra, según sus generaciones: obra de arte lapidario: cinceladura de sello cincelarás las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; fijas en engaste de oro las harás. Y pondrás las dos piedras en las hombreras del efod, como piedras de memoria a los hijos de Israel; y llevará Aarón sus nombres delante de Señor, sobre sus dos hombros, en recuerdo de ellos. Y harás ganchos(d) de oro puro; y harás dos cadenillas de oro puro trenzadas, obra de trenza; y fijarás las cadenillas en los ganchos. Y harás un racional(e) del juicio, labor varia del bordador; al modo del efod; de oro, y jacinto, y púrpura, y grana y biso torcido lo harás. Cuadrado será, doblado; un palmo su longitud y un palmo su latitud. Y entretejerás en él cuatro hileras de piedras engastadas. Hilera de piedras habrá: sardio, topacio y esmeralda, la hilera primera; y la hilera segunda: carbunclo, y zafiro y jaspe; y la hilera tercera: jacinto, ágata, ametisto; y la hilera cuarta: crisólito y ónice y berilo; cubiertas en torno de oro y engastadas en oro, según sus hileras. Y las piedras serán los nombres de los hijos de Israel: doce según sus nombres; cinceladuras de sellos, cada una con su nombre, sean para las doce tribus. Y harás en el racional cadenillas trenzadas, obra de cadenillero, de oro puro. Y harás en el racional dos anillos de oro y pondrás los dos anillos en las puntas del racional; y pondrás las dos trenzas de oro en los dos anillos de las esquinas del racional. Y los dos extremos de las dos trenzas pondrás en los dos engastes y los pondrás en las hombreras del efod por delante. Y harás dos anillos de oro y los pondrás en las dos puntas del racional, en su orla, la a lo largo del efod, adentro(f). Y harás dos anillos de oro y los pondrás en las dos hombreras del efod, abajo, por delante, cerca de la juntura, sobre el cinturón del efod. Y juntarán el racional con sus anillos a los anillos del efod con un cordón de jacinto, para que quede sobre el cinturón del efod, y no se aparte del efod el racional. Así lleve Aarón los nombres de los hijos de Israel en el racional del juicio, sobre su corazón al entrar en el santuario, en memoria, ante el Señor, por siempre. Y pondrás en el racional del juicio la Declaración y la Verdad(g), y estarán sobre el corazón de Aarón, cuando entrare a faz del Señor; y así llevará Aarón el juicio de los hijos de Israel, sobre su corazón, por siempre, ante Señor. Y harás la túnica del efod toda de jacinto. Y habrá una abertura para la cabeza al medio de ella, borde teniendo, obra de tejedor: una orla entretejida en ella, para que no se rasgue. Y harás en su orilla granadas de jacinto, púrpura y grana, en su orilla alrededor; y campanillas de oro en medio de ellas alrededor. Una campanilla de oro y una granada; y una(h) campanilla y una granada en la orla de la túnica alrededor. Y la llevará Aarón, cuando ministrare para que se oiga su son al entrar él en el santuario ante Señor, y al salir, para que no muera. Y harás una diadema de oro puro y grabarás en ella grabadura de sello: «Santo al Señor». Y la atarás con jacinto torcido, y estará sobre la mitra; en el frente de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y(i) llevará Aarón los pecados de las cosas santas, cuantas santificaren los hijos de Israel, de toda dádiva santa de ellos; y estará sobre la frente de Aarón, por siempre: aplacamiento para ellos ante Señor. Y tejerás una túnica(j) de biso, y una tiara de biso; y un cinturón, obra de bordador. Y para los hijos de Aarón harás túnicas, y cinturones y tiaras para honra y decoro. Y vestirás de ellos a Aarón, tu hermano, y a los hijos de él con él, y los ungirás y llenarás(k) sus manos y les santificarás, para que sean mis sacerdotes. Y les harás femorales líneos para cubrir la vergüenza de su carne; desde los lomos hasta los muslos serán. Y llevarálos Aarón y sus hijos, cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, o, cuando se llegaren a servir al altar del santuario, para que no contraigan pecado y mueran; ley eterna para él y su simiente después de él. Consagración de Aarón y sus hijos Y esto es lo que harás con ellos, para santificarles, para que sean mis sacerdotes: tomarás un becerro de entre la vacada y dos carneros sin tacha; y panes ázimos amasados y tortas ázimas amasadas con aceite y hojaldres ázimas untadas con aceite; de flor de harina tritícea los harás. Y los pondrás en cesta una; y los traerás en la cesta, y el becerro y los dos carneros. Y a Aarón y sus hijos traerás a las puertas del tabernáculo del testimonio y les lavarás con agua. Y tomarás las vestiduras y vestirás a Aarón la túnica y el manto del efod, y el efod y racional; y le ceñirás con el cinturón del efod. Y pondrás la mitra en su cabeza, y pondrás la diadema, la santificación, en la mitra. Y tomarás el óleo de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza y lo ungirás. Y sus hijos acercarás y vestirásles las túnicas. Y les ceñirás los cinturones y les pondrás las mitras; y seráles sacerdocio para mí por los siglos, y perfeccionarás a Aarón: las manos de él y las manos de sus hijos(a) Y traerás el becerro a las puertas del tabernáculo del testimonio, y pondrán Aarón y sus hijos sus manos sobre la cabeza del becerro a faz de Señor; y degollarás el becerro a faz de Señor, a las puertas del tabernáculo del testimonio. Y tomarás de la sangre y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo; y toda la otra sangre derramarás a la basa del altar. y tomarás toda la grosura la sobre los intestinos y el redaño sobre el hígado y los dos riñones, y la grosura la sobre ellos, y los quemarás sobre el altar. Pero la carne del becerro, y la piel y el fimo quemarás a fuego, fuera del campamento; pues por pecado es(b). Y el carnero tomarás, el uno, y pondrá Aarón y sus hijos sus manos sobre la cabeza del carnero; y lo degollarás, y tomarás su sangre y rociarás con ella el altar en contorno. Y despresarás el carnero y lavarás sus intestinos y sus piernas con agua y los pondrás sobre sus presas y su cabeza. Y ofrecerás(c) entero el carnero sobre el altar en olor de suavidad: holocausto para Señor será. Y tomarás el carnero, el segundo, y pondrá Aarón y sus hijos sus manos sobre la cabeza del carnero; y lo degollarás y tomarás de la sangre de él y pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y sobre el lóbulo de sus hijos y sobre los pólices de la mano derecha de ellos y sobre el pólice de los pies derechos de ellos, y rociarás con la sangre el altar en contorno. Y tomarás de la sangre, la sobre el altar(d) y del óleo de la unción, y esparcirás sobre Aarón y sus vestiduras, y sobre sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él, y será santificado él y sus vestiduras, y sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él(e). Y tomarás del carnero la grosura de él, y la grosura que cubre el vientre,(f) y el redaño del hígado y los dos riñones, y la grosura de sobre ellos, y el muslo derecho (pues carnero de consagración es éste) y un pan, y una torta de aceite y una hojaldre de la cesta de los ázimos, los puestos ante Señor. Y pondrás todo en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y con agitación lo agitarás ante Señor. Y lo tomarás de las manos de ellos y lo quemarás sobre el altar, sobre el holocausto(g), en olor de suavidad ante Señor; es ofrenda encendida para Señor. Y tomarás el pecho del carnero de la consagración para Aarón, y con agitación lo agitará ante Señor, y será tu porción. Y santificado el pecho de la agitación y el muslo de la elevación (el uno es agitado y el otro es elevado) del carnero de la consagración, para Aarón y para sus hijos. Y será para Aarón y sus hijos; ley eterna de los hijos de Israel; porque elección(h) es ésta; y elevación habrá de parte de los hijos de Israel de sus víctimas pacíficas de los hijos de Israel; elevación para Señor. Y las vestiduras sagradas de Aarón tendrán sus hijos después de él, para ser ungidos con ellas y consagradas las manos de ellos; siete días las vestirá el sacerdote en lugar de él, de sus hijos, el que entrare en el tabernáculo del testimonio, a ministrar en el santuario. Y el carnero de la consagración tomarás y cocerás su carne en lugar sagrado; y comerán Aarón y sus hijos la carne del carnero y los panes los en la cesta a las puertas del tabernáculo del testimonio; comerán los en que han sido santificados, para perfeccionar sus manos, para santificarles y extranjero no comerá de ello, que es santo. Y, si sobrare de la carne de consagración y de los panes hasta la mañana, quemarás lo sobrante a fuego; no se comerá, que santo es. Y harás a Aarón y sus hijos así, conforme a todo cuanto te he mandado: siete días consagrarás sus manos. Y el becerro por el pecado sacrificarás diariamente en propiciación, y expiarás el altar, propiciando(i) sobre él, y lo ungirás en santificación. Siete días propiciarás el altar y santificarás, y será santo de santos(j), todo lo que tocare el altar, se santificará(k). Y esto es lo que ofrecerás en el altar: dos corderos de año, cada día perpetuamente. El un cordero ofrecerás a la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la tarde; y un décimo(l) de flor de harina amasado con cuarto de hin de aceite molido; y una libación: un cuarto de hin de vino para el un cordero. Y el otro cordero ofrecerás a la tarde; como la ofrenda matutina y como su libación ofrecerás en olor de suavidad; ofrenda encendida para Señor, holocausto perpetuo en vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo del testimonio, ante Señor, donde me presentaré a vosotros, para hablar contigo. Allí preceptuaré a los hijos de Israel, y me santificaré en mi gloria. Y santificaré el tabernáculo del testimonio y el altar; y a Aarón y sus hijos santificaré, para que sean mis sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel y seré el Dios de ellos. Y conocerán que soy Señor su Dios el que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo, Señor, su Dios. El altar de los timiamas. El tributo, pila, óleo y timiamas Y harás un altar de timiamas; de madera de Sitim lo harás. un codo su longitud y un codo, su latitud: cuadrado será; y dos codos, su altura; de entre el mismo sus cuernos. Y lo cubrirás de oro puro: su enrejado y sus paredes alrededor y sus cuernos; y harásle una coronación de oro alrededor. Y, dos anillos áureos debajo de la coronación, a sus dos esquinas, en sus dos lados, y serán para colocación de las varas para llevarlo con ellas. Y harás las varas de madera de Sitim y las cubrirás de oro. Y le pondrás enfrente del velo el que está delante del tabernáculo del testimonio, donde hablaré contigo. Y quemará sobre él Aarón timiama, mañana por mañana; cuando aderezare las lámparas, quemarálo. Y, cuando encendiere Aarón las lámparas a la tarde quemarálo: timiama de incesante continuación, ante Señor, por vuestras generaciones. Y no ofreceréis sobre él otro timiama(a), víctima, oblación; y libación no derramaréis sobre él. Y propiciará Aarón en sus cuernos, una vez en el año: la sangre de la expiación, expiará sobre él, por vuestras generaciones: santo de santos es(b) para Señor». Y habló Señor a Moisés y dijo: «Cuando tomares el número de los hijos de Israel, en la cuenta de ellos, dará cada uno rescate de su alma a Señor, y no habrá en ellos mortandad, en la cuenta de ellos(c). Y esto es lo que darán, cuantos pasaren por la cuenta: medio siclo(d), según el siclo del santuario; veinte óbolos, el siclo; medio siclo ofrenda a Señor, todo el que pasare por la cuenta, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Señor. El rico no aumentará y el pobre no disminuirá de medio siclo, al dar la ofrenda, a Señor, para expiar por vuestras almas. Y tomarás el dinero de la ofrenda, de los hijos de Israel y lo darás para el servicio del tabernáculo del testimonio, y será a los hijos de Israel memorial, ante Señor, para propiciar vuestras almas». Y Señor habló a Moisés y dijo: Harás una fuente de bronce, y su basa, de bronce, para lavar; y la pondrás entre el tabernáculo del testimonio y entre el altar(e); y echarás en ella agua. Y se lavará Aarón y sus hijos, de ella, las manos y los pies. Cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, se lavarán con agua; y no morirán; cuando entraren al altar a ministrar y ofrecer los sacrificios a Señor, se lavarán las manos y los pies con agua, para que no mueran; y seráles ley eterna, a él y su simiente por sus generaciones». Y habló Señor a Moisés y dijo: «Y tú toma aromas: la flor de mirra escogida: quinientos siclos; y cinamomo aromático: la mitad: doscientos cincuenta; y cálamo aromático: doscientos cincuenta; y casia: quinientos, según el siclo del santuario, y aceite de olivas: un hin(f). Y harás de ello óleo de unción santo: mezcla de ungüento, con arte de mezclador; óleo de unción santo será. Y ungirás con él el tabernáculo del testimonio y el arca del testimonio; y la mesa, y todos sus vasos, y el candelabro y todos sus vasos, y el altar de timiama, y el altar del holocausto y todos sus vasos y la fuente y su basa. Y santificarás todo, y serán cosas santas de santas: todo lo que las tocare, santificado será. Y a Aarón y sus hijos unge y santifícales, para que sean mis sacerdotes. Y a los hijos de Israel habla y di: «Oleo de unción santo será éste para vosotros, por vuestras generaciones; sobre carne de hombre no será ungido, y según su composición no haréis nada semejante: santo es; santo será para vosotros. Quien hiciere semejante, y quien diere de él a extraño, cortado será de su pueblo». Y dijo el Señor a Moisés: Tómate especias: estacte, ónice(g), gálbano aromático e incienso transparente; por igual será. Y harás de ellos un timiama, obra de mezclador mezclada, pura obra santa. Y triturarás de ella un polvo y pondrás delante del testimonio en el tabernáculo del testimonio; de donde hablaré contigo; santo de santo será para vosotros. Timiama, según esta composición no os haréis vosotros; santo seráos para Señor, el que hiciere cosa semejante para olerla, cortado será de su pueblo. Fábrica del tabernáculo. Reitérase la observancia del sábado. Las tablas de la ley. Y habló Señor a Moisés y dijo: «He aquí he llamado por su nombre a Besebel, hijo de Urí, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y le he llenado de espíritu divino de sabiduría, y entendimiento, y ciencia en toda obra, para excogitar e inventar en labrar el oro, y la plata y el bronce; y en cortar piedras de engaste y en cortar madera de hechura de toda obra. He aquí le he asociado Ooliab, hijo de Abisamac de la tribu de Dan; y a todo inteligente de corazón he dado inteligencia; y harán todo lo que te he mandado: el tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, y el propiciatorio sobre ella, y todos los vasos del tabernáculo, y la mesa y sus vasos, y el candelabro el puro y todos sus vasos, y el altar del timiama, y el altar del holocausto y todos sus vasos y la fuente y su basa; y las vestiduras litúrgicas de Aarón y las vestiduras de sus hijos para el ministerio sacerdotal, y el óleo de la unción y el timiama de la composición para el santuario; según todo cuanto te he mandado, harán. Y habló Señor a Moisés y dijo: «Y tú manda a los hijos de Israel y di: «Mirad, y mis sábados guardad: señal es ésta entre mí y vosotros por vuestras generaciones; para que conozcáis que yo, Señor, que os santifico. Y guardad los sábados, pues santo es esto para vosotros; quien lo profanare, de muerte morirá; todo el que hiciere en él labor, cortada será aquella alma de su pueblo. Seis días harás labor; pero el día el séptimo: los sábados, reposo sagrado para el Señor; todo el que hiciere labor el día el séptimo, matado será. Y guardarán los hijos de Israel los sábados, celebrándolos por sus generaciones; alianza sempiterna. Entre mí y los hijos de Israel es señal eterna, pues en seis días hizo Señor el cielo y la tierra y el día el séptimo cesó y reposó». Y dio a Moisés, cuando cesó de hablarle en el monte, el Sinaí, las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas con el dedo de Dios. El becerro de oro Cuando vio el pueblo que tardaba Moisés en descender del monte, reunióse el pueblo contra Aarón; y dijéronle: «Alza, haznos dioses que vayan delante de nosotros; que este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, —no sabemos qué le haya acontecido». Y díjoles Aarón(a): «Tomad los zarcillos, los áureos, los en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos de vuestras hijas(b), y traédmelos». Y se quitó todo el pueblo los zarcillos, los áureos, los en sus orejas y trajéronlos a Aarón. Y recibió de manos de ellos y lo plasmó con buril, e hízolo becerro fundido; y dijeron(c): «Estos, tus dioses, Israel, los que te han sacado de la tierra de Egipto». Y vio Aarón y edificó altar enfrente de él; y pregonó Aarón: «Fiesta del Señor mañana». Y madrugaron al día siguiente, y ofrecieron holocaustos y trajeron pacíficos; y sentóse el pueblo a comer y beber, y levantáronse a regocijarse. Y dijo Señor a Moisés: «Anda, desciende: pues ha prevaricado tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto. Se han desviado pronto del camino que les mandaste; se han hecho un becerro, y adorádole y sacrificádole y dicho: «Estos, tus dioses, Israel, los que te han sacado de la tierra de Egipto». Y el Señor dijo a Moisés: «He visto a este pueblo, y he aquí, pueblo es duro de cerviz; Ahora déjame e inflámese mi furor contra ellos; y los borraré, y te haré un pueblo grande». Y rogó Moisés ante Señor, su Dios y dijo: «¿Por qué, Señor, se inflama tu furor contra el pueblo que sacaste de tierra de Egipto en potencia grande y en mano excelsa? No sea que digan los egipcios: «Para mal sacóles, para matarlos en la montaña y borrarles de la tierra». Cálmese el furor de tu ira, y aplácate sobre el mal de tu pueblo. Acuérdate de Abrahán, Isaac e Israel, servidores tuyos, a quien juraste por ti mismo y hablásteles diciendo: Multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo, y toda esta tierra; de la cual dije: «La doy a vuestra simiente; poseeránla por siempre». Y aplacóse Señor sobre el mal que dijera haría a su pueblo. Y volvió Moisés y bajó del monte; y las dos tablas del testimonio en sus manos; tablas escritas a entrambos lados; del un lado y del otro escritas estaban. Las tablas, empero, obra de Dios eran, y la escritura, escritura de Dios, grabadas en las tablas. Y oyendo Josué la voz del pueblo vociferando; dijo a Moisés: «Voz de guerra en el campo». Y dijo: «No es voz de vencedores ni voz de fugitivos: voz de abominaciones yo escucho». Y, cuando se acercó al campo, y vio el becerro y las danzas, inflamóse en ira Moisés y lanzó de sus manos las dos tablas y destrozólas al pie del monte; y tomó el becerro que hicieron, y quemólo en fuego y pulverizólo; y espolvoreólo sobre el agua y dióla a beber a los hijos de Israel. Y dijo Moisés a Aarón: «¿Qué te hizo este pueblo que has traído sobre él culpa grande?» Y dijo Aarón: «No se indigne mi señor, pues tú conoces la propensión(d) de este pueblo. Porque me dijeron: «Haznos dioses que vayan delante de nosotros; pues este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido». Y díjeles: «¿Quién de vosotros tiene oro?» Quitáronselo y diéronmelo; y arrojéle en el fuego, y salió este becerro». Y vio Moisés al pueblo que estaba desnudo(e), pues habíalo desnudado Aarón, en ignominia ante sus adversarios(f); y púsose Moisés a la puerta del campamento y dijo: «¿Quién con Señor? —Venga a mí».Y juntáronse con él todos(g) los hijos de Leví. Y díjoles: «Esto dice Señor el Dios de Israel: «Poned cada uno su espada sobre el muslo; atravesad y volved de puerta a puerta por en medio del campo, y matad, cada uno a su hermano, y cada uno a su amigo y cada uno a su pariente(h)». E hicieron los hijos de Leví, según les hablara Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Y dijo Moisés: «Habéis consagrado vuestras manos hoy a Señor, cada cual en el hijo o el hermano, para que se dé sobre vosotros bendición». Y aconteció el otro día hablar Moisés al pueblo: «Vosotros pecasteis pecado grande, y ahora ascenderé a Dios para aplacarle sobre el pecado vuestro». Y retornó Moisés a Señor y dijo: «Ruégote, Señor: pecó este pueblo pecado grande, que se hicieron dioses de oro. Pero ahora, si les has de perdonar el pecado, perdona; si no bórrame de tu libro que has escrito». Y dijo Señor a Moisés: «Si alguno ha pecado a faz mía —borraréles del libro mío. Empero ahora, ve, desciende y conduce a este pueblo al lugar que te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de tu faz; y en el día de la visitación, traeré sobre ellos su pecado». E hirió Señor al pueblo por la hechura del becerro que hizo Aarón. Perdona Dios al pueblo; y va él mismo delante de él. Ve Moisés la gloria de Dios. Y dijo Señor a Moisés: «Ve, asciende de aquí tú y tu pueblo, que has sacado de tierra de Egipto, a la tierra que juré a Abrahán e Isaac y Jacob, diciendo: «A tu simiente la daré». También enviaré al par a mi ángel delante de tu faz, y arrojaré al cananeo, y amorreo, y heteo, y ferezeo, y heveo y jebuseo. Y te introduciré en tierra que mana leche y miel; pues no ascenderé contigo, por ser pueblo duro de cerviz tú para no anonadarte en el camino». Y oyó el pueblo esta palabra la mala; y enlutáronse y ya nadie se engalanó. Y dijo Señor a Moisés: «Di a los hijos de Israel: «Vosotros, pueblo duro de cerviz; de estar yo un momento en medio de ti, te anonadara(a); pero ahora deponed vuestros atavíos, y te mostraré lo que te he de hacer». Y despojáronse los hijos de Israel de sus atavíos, desde el monte Horeb(b). Moisés tomó su tienda y clavóla fuera del campamento, y fue llamada tienda del testimonio; y todo el que buscaba a Señor, salía a la tienda fuera del campamento. Y, cuando salía Moisés a la tienda, levantábase todo el pueblo, y cada cual parábase a la puerta de su tienda; y miraban en pos de Moisés hasta que entraba en la tienda. Y, cuando Moisés entraba en la tienda, descendía la columna de la nube y parábase a la puerta de la tienda, y hablaba con Moisés. y veía todo el pueblo la columna de la nube parada a la puerta de la tienda; y pasado todo el pueblo, adoraban cada cual desde la puerta de su tienda. Y hablaba Señor a Moisés faz a faz, como habla un hombre a su amigo; y volvía él al campamento; pero su servidor Josué, hijo de Nun, el discípulo, no salía de la tienda. Y dijo Moisés a Señor: «He aquí tú me dices: «Lleva arriba a este pueblo; y tú no me has manifestado quién has de enviar conmigo; y tú me has dicho: «Conózcote por nombre y has hallado gracia en mis ojos». Si he hallado, pues gracia en tus ojos, muéstrate a mí: claramente véate yo, para ser como quien ha hallado gracia en tus ojos, y para que yo sepa, que pueblo tuyo, esta gente la grande». Y dijo: «Mi faz irá delante de ti y te reposaré». Y díjole: «Si tu faz no precediese, no nos saques de aquí. Y ¿cómo se conocerá que he hallado gracia en tus ojos yo y tu pueblo sino en andar, tú con nosotros, para que seamos glorificados ante todos los pueblos, cuantos hay sobre la tierra?» Y dijo Señor a Moisés: «También esta palabra que has hablado, haré; pues has hallado gracia en mis ojos, y te conozco por nombre». Y dijo: «Manifiéstame tu gloria». Y dijo: «Yo pasaré delante de ti con toda mi bondad y hablaré con mi nombre: «Señor delante de ti»; y como me apiado de quien me apiado, y compadezco a quien compadezco». Y, dijo: «No podrás ver mi faz, que no ve hombre mi faz, y vive». Y dijo Señor: «He aquí un lugar cerca de mí, y estarás sobre la peña; y cuando pasare mi gloria, te pondré en hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano, hasta que hubiere pasado; y retiraré mi mano, y entonces me verás las espaldas; empero mi faz no se verá». Moisés ve la gloria de Dios, y recibe las nuevas tablas de la ley Y dijo Señor a Moisés: «Córtate dos tablas lapídeas, conforme a las primeras; y escribiré sobre las tablas las palabras las de las primeras tablas que quebraste. Y prepárate para mañana, y ascenderás al monte Sinaí y te me estarás allí sobre la cima del monte. Y nadie ascienda contigo ni aparezca en todo el monte; y las ovejas y las vacas no se apacienten cerca de aquel monte». Y cortó dos tablas lapídeas conforme a las primeras; y Moisés madrugó y subió al monte Sinaí, según le ordenara Señor; y tomó en su mano las dos tablas las lapídeas. Y descendió Señor en nube y púsose junto a él allí, y exclamó con el nombre de Señor. Y pasó Señor ante su faz y clamó: «¡Señor, Señor! el Dios misericordioso y compasivo, longánimo, y lleno de piedad y fidelidad; guardando piedad a los millares(a); quitando iniquidades e injusticias y pecados; y no justificará al culpable, trayendo las iniquidades de padres sobre hijos, y sobre hijos de hijos, sobre tercera y cuarta generación». Y apresuróse Moisés e inclinóse hasta la tierra y adoró; y dijo: «Si he hallado gracia en tus ojos, camine mi Señor en medio de nosotros, porque pueblo de dura cerviz es; y perdonarás nuestros pecados y nuestras iniquidades, y seremos tuyos». Y dijo Señor: «He aquí yo pacto alianza: a faz de todo tu pueblo haré maravillas que no ha habido en toda la tierra y en toda gente; y verá todo el pueblo entre quienes estás, las obras de Señor, que pasmosas son las que te haré. Atiende tú a cuanto hoy te mando: he aquí arrojo ante tu faz al amorreo, y cananeo, y heteo, y ferezeo y heveo y jebuseo. Guárdate de que no hagas alianza con los habitantes de la tierra a que llegares, para que no se te hagan tropiezo en medio de vosotros; sino que sus aras destruirás y sus estatuas desmenuzarás y sus selvas cortarás. Porque no adorarás dioses ajenos; pues Señor, el Dios, celador, su nombre; Dios celoso es. No pactes alianza con los habitantes de la tierra; no sea que fornicando ellos con sus dioses y sacrificando a sus dioses, te llamen y comas de su sacrificio; y tomes de las hijas de ellos para tus hijos, y forniquen sus hijas con los dioses de ellas y forniquen tus hijos con los dioses de ellas. Y dioses conflátiles no te harás, y la fiesta de los ázimos guardarás; siete días comerás ázimos, según te tengo ordenado, en el tiempo del mes de las espigas; que en el mes de las espigas saliste de Egipto. Todo lo que abre matriz, mío lo masculino: todo primogénito de becerro y primogénito de oveja. Y el primerizo del asno redimirás con cordero; y si no lo redimieres, lo desnucarás. Todo primogénito de tus hijos, redimirás; no comparecerás vacío ante mi faz. Seis días trabajarás, pero el séptimo reposo; en la siembra y en la siega reposo. Y fiesta de semanas te harás: primicias de siega de trigo, y primicias de recolección a la vuelta del año. Tres veces al año comparecerá todo lo masculino tuyo ante la faz de Señor el Dios de Israel. Pues, cuando yo hubiere arrojado las gentes ante tu faz y dilatado tus confines; no codiciará nadie tu tierra, cuando subieres a comparecer ante la faz de Señor, tu Dios, tres veces al año. No degollarás sobre fermento sangre de mis víctimas; y no pernoctará hasta la mañana la víctima de la pascua. Las primicias de tu tierra pondrás en la casa de Señor tu Dios. No cocerás cabrito en leche de su madre(b)». Y dijo Señor a Moisés: «Escríbete estas palabras; que con estas palabras pacto alianza contigo y con Israel». Y estuvo allí Moisés delante de Señor cuarenta días y cuarenta noches; y pan no comió y agua no bebió; y escribió estas palabras en las tablas de la alianza; las diez palabras. Y, al descender Moisés del monte, las dos tablas en las manos de Moisés; y, al descender del monte, no sabía Moisés que la tez de su faz esplendorosa, por haber hablado él con él. Y vio Aarón y todos los ancianos de Israel a Moisés, y he aquí esplendorosa estaba la tez de su faz y temieron llegarse a él. Y llamóles Moisés, y volvieron a él Aarón y todos los príncipes de la sinagoga; y hablóles Moisés. Y después de esto, llegáronse a él todos los hijos de Israel; y mandóles cuanto le mandara Señor en el monte. Y, cuando terminó de hablarles, puso sobre su rostro un velo. Y, cuando entraba Moisés ante Señor a hablarle, quitábase el velo, hasta salir; y, saliendo, hablaba a todos los hijos de Israel, cuanto le mandara Señor. Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés que la tez del rostro de Moisés estaba esplendorosa; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro hasta entrar a hablar con él. Del sábado. Ofrenda para la fábrica del tabernáculo Y reunió Moisés toda la congregación de hijos de Israel, y díjoles: «Estas las palabras que ha mandado Señor hacer. Seis días haráse labor; pero el día el séptimo, reposo sagrado, sábados de reposo para Señor; todo el que hiciere en él labor, morirá. No encenderéis fuego en toda habitación vuestra el día de los sábados». Y dijo Moisés a toda la congregación de hijos de Israel, diciendo: «Esta la palabra que ha mandado Señor, diciendo: «Tomad de entre vosotros ofrendas para Señor; todo aquel a quien moviere el corazón, traerá primicias a Señor: oro, plata, bronce, jacinto, púrpura, grana doble hilada, biso y pelo caprino, y pieles de carnero purpuradas y pieles violáceas y madera de Sitim; y aceite de alumbrar, aromas para ungüentos y timiamas olorosos, y piedras ónices y gemas para ornar el efod y el racional. Y todo sabio de corazón entre vosotros venga y labre cuanto ha mandado Señor: el tabernáculo, su tienda y su cubierta, y sus anillos y sus tablas, sus barras, sus columnas y sus basas; el arca y sus vasas; el propiciatorio y el velo de la tienda; la mesa, y sus varas y todos sus vasos y los panes de proposición; y el candelabro de alumbrar, y sus vasos, y sus lámparas y el aceite de alumbrar; y el altar del timiama y sus varas y el óleo de unción, y el timiama de especias, y el pabellón de entrada para la entrada del tabernáculo; y el altar del holocausto y su reja de bronce, sus varas y todos sus vasos; la fuente y su basa; las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas; las estacas del tabernáculo, y las estacas del pabellón del atrio y sus cuerdas; y las vestiduras de ministerio del santuario: las vestiduras sagradas de Aarón y las vestiduras de sus hijos para el sacerdocio». Y salió toda la sinagoga de los hijos de Israel, de con Moisés. Y trajeron cada cual lo que le movía el corazón y a cuantos pareció en el alma: donativo; y trajeron donativo a Señor para toda la obra del tabernáculo del testimonio, y para todas las dependencias de él y para todas las vestiduras sagradas. Y vinieron los hombres con las mujeres; todo aquel a quien movía el corazón, trajeron sellos(a), y zarcillos, y anillos, y diademas y brazaletes; toda obra de oro, y todos cuantos trajeron donativos áureos a Señor; y todo el que se hallaba con jacinto, y púrpura y grana, y biso, y pelo caprino y pieles de carnero, traíanlo. Y todo el que levantaba un don de plata y bronce, traía el don a Señor; y todo el que se hallaba con madera de Sitim, para toda obra del servicio, traíalo. Y toda mujer sabia en la industria de hilar con las manos, traían lo hilado: el jacinto, y la púrpura, y la grana y el biso; y todas las mujeres cuyo corazón se levantaba en sabiduría, hilaban los pelos caprinos. Y los príncipes traían las piedras de ónice y las piedras del engaste para el efod y el racional; y las especias y el aceite del alumbrado y el óleo de la unción, y las especias del timiama. Y todo hombre y mujer a quienes movía su corazón a traer para toda obra que había mandado Señor hacer por medio de Moisés, traían los hijos de Israel, don a Señor. Y dijo Moisés a los hijos de Israel: «He aquí llamó Dios por nombre a Beseleel, hijo de Urí, hijo de Hur, de tribu de Judá, y llenóle espíritu divino de sabiduría, y entendimiento y ciencia de todo; para fabricar según todas las obras de fábrica para labrar el oro, y la plata y el bronce, para cortar la piedra y elaborar la madera y labrar en toda obra de sabiduría; y enseñar dióle en el corazón, a él y a Ooliab, hijo de Aquisamec, de tribu de Dan. Llenóle de sabiduría para saber hacer todas las obras del artífice y tejedor y recamador en jacinto, y púrpura, y grana y biso, y en telar; para hacer toda labor y excogitar pensamientos. E hicieron Beseleel y Ooliab y todo sabio de corazón, a quienes diera Señor sabiduría y entendimiento para saber hacer todas las obras del servicio del santuario, según todo cuanto les ordenara Señor. Y llamó Moisés a Beseleel y Ooliab y a todos los que tenían la sabiduría; a quienes había dado Dios ciencia en el corazón; y a todos los que de grado querían entrar a las labores para consumarlas. Y tomaron de Moisés todos los dones que trajeran los hijos de Israel para todas las obras del santuario, por hacer; y ellos seguían recibiendo las ofrendas que traían mañana a mañana. Y vinieron todos los sabios, los hacedores de las obras del santuario; cada cual según la labor que ellos labraban; y dijeron a Moisés: «Exceso trae el pueblo para las obras que ha ordenado Señor hacer». Y mandó Moisés y pregonó en el campamento, diciendo: «Hombre y mujer no trabajen ya en dones del santuario». Y detenido fue el pueblo en ofrecer. Y las obras éranles bastantes para hacer toda obra, y sobraba. E hizo todo sabio entre los obreros del tabernáculo, de diez tapices; de(a) biso torcido, y jacinto, y púrpura y grana, con querubines, obra de arte textoria hízolo. Veintiocho codos la longitud de un tapiz; cuatro codos la latitud de un tapiz; una medida para todos los tapices. Y juntó los cinco tapices uno con otro y ligó los otros cinco tapices, uno con otro. E hizo lazadas de jacinto en la orilla de un tapiz en el borde de la una juntura; y así hizo en la orilla del tapiz exterior de la otra juntura. Cincuenta lazadas hizo en el un tapiz, y cincuenta lazadas hizo en el borde del tapiz, el de la segunda juntura: unas en frente de las otras las lazadas. E hizo cincuenta anillos áureos y juntó los tapices entre sí con los anillos, y el tabernáculo fue un todo. E hizo cortinas de pelo caprino para la cubierta sobre el tabernáculo; once de tales cortinas hizo. Treinta codos la longitud de la una cortina; y cuatro codos la latitud de la una cortina; una medida para las once cortinas. Y juntó las cinco cortinas aparte, y las seis cortinas aparte. E hizo cincuenta lazadas en la orilla de la una cortina exterior en la una juntura, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la otra juntura. E hizo cincuenta anillos de bronce para juntar la tienda, para que fuese un todo. E hizo una techumbre para la tienda, de pieles de carnero purpuradas, y una(b) cubierta de pieles violáceas encima. E hizo las tablas para la morada, de madera de Sitim, derechas. Diez codos la longitud de las tablas, y codo y medio la latitud de una tabla. Dos encajes en una tabla, correspondiendo la una a la otra; así hizo en todas las tablas de la morada. E hizo las tablas para la morada; veinte tablas al lado del mediodía, al sur. Y cuarenta basas de plata hizo debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de una tabla para sus dos encajes; y dos basas debajo de una(c) tabla para sus dos encajes. Y al otro lado del tabernáculo, hacia el septentrión, hizo veinte tablas; y sus cuarenta basas argentinas: dos basas bajo una tabla, y dos basas bajo una tabla. Y al otro lado de la morada, al occidente, hizo seis tablas. Y dos tablas hizo en las esquinas de la morada, al lado posterior; y uníanse desde abajo, y juntábanse hasta la cima con un anillo; así hizo con las dos, en los dos extremos. Así eran ocho tablas y sus basas de plata, dieciséis basas; dos basas debajo de cada tabla. E hizo travesaños de madera de Sitim: cinco para las tablas del un lado de la morada, y cinco travesaños para las tablas del otro lado de la morada; y cinco travesaños para las tablas al lado posterior, a occidente. E hizo el travesaño medio de atravesar, en mitad de las tablas, de un extremo al otro. Y cubrió las tablas con oro e hizo sus anillos de oro para colocación de los travesaños y cubrió los travesaños con oro. E hizo el velo de jacinto, y púrpura, y grana y biso torcido; obra de arte textoria hízolo: con querubines. E hizo para él cuatro columnas de Sitim y cubriólas de oro; sus capiteles de oro; y fundió para ellas cuatro basas de plata. E hizo una tienda para la entrada del tabernáculo, de jacinto, y púrpura, y grana, y biso torcido, obra de bordador, y sus cinco columnas y sus capiteles; y cubrió las cabezas de ellas y sus molduras con oro; y sus basas broncíneas. Fábrica del arca, la mesa, candelabro y altar de los timiamas Besebeel hizo el arca de madera de Sitim: dos y medio codos su longitud, y codo y medio su latitud, y codo y medio su altura. Y cubrióla de oro puro por dentro y por fuera; e hízole una coronación de oro alrededor. Y fundió para ella cuatro anillos de oro, para sus cuatro esquinas: dos anillos para el uno de sus lados, y dos anillos para el otro de sus lados. E hizo varas de madera de Sitim y cubriólas de oro. Y metió las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca. E hizo un propiciatorio de oro puro: dos y medio codos, su longitud, y codo y medio su latitud, y codo y medio su altura. E hizo dos querubines de oro; batidos hízolos de entre los dos extremos del propiciatorio; un querubín del extremo de acá y un querubín del extremo de allá; de entre el propiciatorio hizo los dos querubines, de sus dos extremos. Y los querubines estaban extendiendo las alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio; y sus rostros, el uno enfrente del otro; sobre el propiciatorio inclinados estaban los rostros de los querubines. E hizo la mesa de madera de Sitim; dos codos su longitud, y un codo su latitud, y codo y medio su altura. Y cubrióla de oro puro, e hizo para ella una coronación áurea alrededor. E hizo para ella una moldura del ancho de una mano alrededor, e hizo una coronación de oro en su moldura alrededor. Y fundió para ella cuatro anillos de oro y puso los cuatro anillos a las cuatro esquinas, las de sus cuatro pies. Debajo de la moldura estaban los anillos depositarios de las varas para llevar la mesa. E hizo las varas de madera de Sitim y cubriólas de oro, para llevar la mesa. E hizo los vasos, los para sobre la mesa: escudillas y tazas e incensarios y tazones en que libar, de oro puro. E hizo el candelabro de oro puro; obra batida hizo el candelabro; su astil y sus brazos, sus cálices, sus manzanas y sus azucenas salían de él mismo; y sus brazos salían de sus lados: tres brazos del candelabro de un lado, y tres brazos del candelabro del otro lado. Tres cálices almendriformes en el un brazo, manzana y azucena; y tres cálices almendriformes en el otro brazo, manzana y azucena; así en los seis brazos que nacían del candelabro. Y en el candelabro, cuatro cálices almendriformes, sus manzanas y sus azucenas. Y una manzana debajo de dos brazos en él, y una(a) manzana debajo de dos brazos en él, según los seis brazos que nacían del candelabro. Sus manzanas y sus brazos de él mismo eran; enteramente batidos, macizos de oro puro. E hizo sus siete lámparas, y sus despabiladeras y sus ceniceras de oro puro. De un talento de oro puro hízolo y todos sus vasos. E hizo el altar del timiama, de madera de Sitim; un codo, su longitud, y un codo, su latitud, cuadrado, y dos codos su altura; de él salían sus cuernos. Y cubriólo de oro puro, su enrejado y sus paredes alrededor; e hizo para él una coronación en contorno. Y dos anillos de oro hizo para él, debajo de su coronación, para colocación de sus varas, para llevarlo con ellas. E hizo las varas de madera de Sitim y cubriólas de oro. E hizo el óleo de unción Santo y los puros timiamas de especias; mezcla de ungüento con arte de mezclador. Fabrícase el ara del holocausto, la fuente y el atrio. Cómputo de las ofrendas. E hizo el altar del holocausto de madera de Sitim; cinco codos, su longitud, y cinco codos, su latitud, cuadrado, y tres codos, su altura. E hizo sus cuernos a sus cuatro esquinas; de él salían sus cuernos, y cubriólo de bronce. E hizo todos los vasos del altar, y las calderas, y tenazas, y tazones, y garfios y braseros; todos sus vasos hizo de bronce. E hizo para el altar un enrejado, labor de red broncínea, debajo, en su cerco, desde abajo hasta la mitad de él. Y fundió cuatro anillos a las cuatro esquinas del enrejado broncíneo, depósitos de las varas. E hizo las varas de madera de Sitim, y cubriólas de bronce. Y metió las varas por los anillos, a los lados del altar, para llevarlo; hueco, de tablas, hízolo. E hizo la fuente de bronce, y su basa de bronce, de los espejos del agolpamiento de las mujeres que se agolpaban a la entrada del tabernáculo. E hizo el atrio; al lado del mediodía, al sur, las cortinas del atrio, de biso torcido, cien codos. Sus columnas veinte, y sus basas veinte broncíneas, y los capiteles de las columnas y sus molduras, argentinos. Y al lado del septentrión, cien codos, sus columnas, veinte y sus basas, veinte broncíneas, y los capiteles de las columnas y sus molduras, argentinos. Y al lado del occidente, cortinas, cincuenta codos; sus columnas, diez y sus basas diez y los capiteles de las columnas y sus molduras argentinos. Y al lado del oriente, al nacimiento del sol, cincuenta codos; quince codos, cortinas al un lado, sus columnas, tres y sus basas, tres. Y al otro lado, a entrambas partes de la puerta del atrio, quince codos de cortinas; sus columnas, tres, y sus basas, tres; todas las cortinas del atrio en torno, de biso torcido. Y las basas para las columnas, de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; y sus cabezas, cubiertas de plata; y molduras de plata tenían todas las columnas del atrio. Y el pabellón de la puerta del atrio era labor varia de bordador, de jacinto, y púrpura, y grana y biso torcido, y veinte codos, la longitud y la altura en la latitud, cinco codos, conforme a las cortinas del atrio, y sus columnas cuatro, y sus basas cuatro de bronce; los capiteles, de plata, y las cubiertas de sus cabezas y sus molduras, de plata, y todas las estacas de la morada y del atrio, en contorno de bronce. Estas son las cuentas de la morada, de las moradas del tabernáculo del testimonio, que fueron contadas de orden de Moisés, un servicio de los levitas, por medio de Itamar, hijo de Aarón sacerdote. Y Beseleel, hijo de Urí, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todo lo que mandara el Señor a Moisés; y, con él, Ooliab, hijo de Aquisamec, de la tribu de Dan, artífice y tejedor y recamador de jacinto, y púrpura, y grana y biso. Todo el oro empleado en la obra, en toda la labor del santuario, oro de ofrenda: veintinueve talentos, y setecientos treinta siclos, según el siclo del santuario. (a) Y la plata de los contados de la congregación: cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario. Medio por cabeza, medio siclo según el siclo del santuario, de todos los que pasaron por cuenta, de veinte años arriba, de seiscientos tres mil quinientos en cuenta; Y cien talentos de plata sirvieron para fundir las basas del santuario y las basas del velo; cien basas, y cien talentos, un talento por basa. Y de los mil setecientos setenta y cinco(b) hizo capiteles para las columnas y cubrió sus cabezas e hizo sus molduras. Y el bronce de la ofrenda: setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos; e hizo de ellos las basas de la puerta del tabernáculo, y el altar de bronce y el enrejado broncíneo de él y todos los vasos del altar; y las basas del atrio alrededor y las basas de la puerta del atrio, y todas las estacas del atrio alrededor. Vestiduras sagradas. Terminado todo, bendice Moisés al pueblo Y del jacinto, y púrpura y grana(a) hicieron la indumentaria del ministerio del santuario; e hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, como Señor mandara a Moisés. E hizo el efod de oro, jacinto, y púrpura, y grana y biso torcido. Y extendieron láminas de oro; y cortó(b) hilos para entretejerlos con el jacinto, y con la púrpura, y con la grana y con el biso; labor varia del bordador. Hiciéronle hombreras unidas; en sus dos lados uníanse. Y la faja de ceñir, la sobre él, de la misma labor, de una pieza con él; de oro, jacinto, y púrpura, y grana y biso torcido, como Señor mandara a Moisés. Y labraron las piedras de ónice, fijas en engastes de oro cinceladas con cinceladura de sello, con los nombres de los hijos de Israel. Y púsolas en las hombreras, como piedras de memoria a los hijos de Israel; como Señor mandara a Moisés. E hizo el racional, labor varia de bordador, como la labor del efod: de oro, jacinto, y púrpura, y grana y biso torcido. Cuadrado era; doblado hicieron el racional; un palmo, su longitud y un palmo, su latitud, doblado. Y entretejieron en él cuatro hileras de piedras; una hilera: sardio, topacio y esmeralda, la una hilera, y la segunda hilera: carbunclo, zafiro y jaspe; y la tercera hilera: jacinto, ágata y ametisto; y la cuarta hilera crisólito, ónice y berilo, cubiertas en torno de oro y engastadas en oro. Y las piedras eran según los nombres de los hijos de Israel; doce, según sus nombres cinceladura de sello, cada una con su nombre para las doce tribus. E hicieron en el racional cadenillas trenzadas, obra de cadenillero, de oro puro. E hicieron en el racional dos engastes áureos y dos cadenas áureas y pusieron los dos anillos en las esquinas del racional. Y pusieron las dos trenzas en los dos anillos de oro en las esquinas del racional, y los dos extremos de las dos trenzas pusieron en los dos engastes, y pusieron éstos sobre las hombreras del efod, abajo. E hicieron dos anillos de oro y los pusieron en las dos esquinas del efod, en su orla, a lo largo del efod, adentro. E hicieron dos anillos de oro y los pusieron en las dos hombreras del efod, abajo, por delante cerca de la juntura sobre el cinturón del efod. Y juntaron el racional con sus anillos a los anillos del efod con un cordón de jacinto, para que quedase sobre el cinturón del efod y no se apartase del efod el racional; como Señor mandara a Moisés. E hizo la túnica del efod, obra de tejer; toda entera de jacinto; y la abertura del efod al medio de ella, como la abertura de una coraza, con un borde alrededor de la abertura, porque no se rasgara. E hicieron en la orla de la túnica granadas de jacinto, y púrpura y grana y biso torcido. E hicieron campanillas de oro puro, y pusieron las campanillas entre las granadas en la orla de la túnica alrededor, entre las granadas; una campanilla y una granada, y una campanilla y una granada en la orla de la túnica alrededor, para el ministerio, como Señor mandara a Moisés. E hicieron túnicas bísinas, obra de tejedor para Aarón y sus hijos; y la tiara bísina y los femorales líneos, de biso torcido; y el cinturón de biso torcido, de jacinto, y púrpura y grana, labor varia de recamador; como Señor mandara a Moisés. E hicieron la diadema sagrada, de oro puro, y grabaron en ella, grabadura de sello: «Santo al Señor». Y pusieron en ella un cordón de jacinto para atarla a la mitra, encima; como el Señor mandara a Moisés. Y terminada fue toda la obra de la morada del tabernáculo, y los hijos de Israel hicieron como el Señor mandara a Moisés, así lo hicieron. Y trajeron la morada a Moisés: el tabernáculo y todos sus vasos, sus anillos, sus tablas, sus barras y sus columnas y sus basas; y la cubierta de pieles de carnero purpuradas y la techumbre de pieles de jacinto y el velo del pabellón; el tabernáculo del testimonio y sus varas y el propiciatorio; la mesa y todos sus vasos y el pan de la proposición; el candelabro de oro puro, sus lámparas, las lámparas de encender y todos sus vasos y el aceite de alumbrar, y el altar de oro, y el óleo de unción; y los timiamas de especias, y el pabellón de entrada al tabernáculo, el altar de bronce y el enrejado de bronce en él sus varas y todos sus vasos; la fuente y su basa; las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, y el pabellón para la puerta del atrio, sus cuerdas y sus estacas, y todos los vasos del ministerio de la morada, para el tabernáculo; la indumentaria para el ministerio del santuario, las vestiduras sagradas para Aarón, el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para el ministerio sacerdotal. Tal como mandara Señor, así hicieron los hijos de Israel toda la obra. Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Señor mandara, así habían hecho, y bendíjoles Moisés. Erección y consagración del tabernáculo. Cúbrele la gloria de Dios Y habló Señor a Moisés y dijo: «El día del primer mes, el primero del mes, levantarás el tabernáculo del testimonio; y pondrás el arca del testimonio en él, y cubrirás el arca con el velo; y entrarás la mesa y pondrás delante su proposición(a); y entrarás el candelabro, y pondrás en él sus lámparas. Y pondrás el altar áureo para el timiama ante el tabernáculo del testimonio; y pondrás el velo a la puerta de la morada. Y el altar del holocausto pondrás delante de la puerta de la morada del tabernáculo. Y la fuente pondrás entre el tabernáculo y el altar y echarás agua en ella. Y levantarás el atrio alrededor y el pabellón de la puerta del atrio. Y tomarás el óleo de la unción y ungirás la morada y todo lo de ella y la santificarás y todos sus vasos, y será santo. Y ungirás el altar del holocausto y todos sus vasos, y santificarás el altar, y el altar será santo de santos. Y ungirás la fuente y su basa, y las santificarás. Y allegarás Aarón y sus hijos a la puerta del tabernáculo y les lavarás con agua. Y vestirás a Aarón las vestiduras sagradas y le ungirás y santificarás para que sea mi sacerdote. Y allegarás sus hijos y les vestirás túnicas. Y los ungirás al modo que ungiste a su padre, para que me sean sacerdotes, porque les sea la unción del sacerdocio por el siglo, por sus generaciones». Y Moisés hizo tal como le mandó el Señor, así hizo. Y aconteció en el mes el primero, en el segundo año de haber salido ellos de Egipto, en la neomenia, erigióse la morada; y alzó Moisés, la morada y asentó sus basas, y levantó sus tablas y púsoles sus barras y colocó las columnas. Y extendió la tienda sobre la morada y puso la cubierta del tabernáculo sobre ella, encima; como mandara Señor a Moisés. Y tomó el testimonio(b) y metiólo en el arca; y colocó las varas al arca, y puso el propiciatorio sobre el arca, encima. E introdujo el arca en la morada, y puso el velo de cubrir, que cubriera el arca del testimonio; como mandara Señor a Moisés. Y puso la mesa en el tabernáculo, al lado de la morada, al septentrión, fuera del velo, y puso sobre ella panes de la proposición, delante de Señor; como mandara Señor a Moisés. Y puso el candelabro en el tabernáculo, enfrente de la mesa, al lado de la morada al del mediodía. Y encendió las lámparas delante de Señor, del modo que mandara Señor a Moisés. Y puso el altar de oro en el tabernáculo, delante del velo. Y encendió sobre él timiamas de especias; según mandara Señor a Moisés. Y puso la cortina de la puerta de la morada. Y puso el altar del holocausto ante la puerta de la morada del tabernáculo, y ofreció sobre él holocaustos y ofrendas, como mandara Señor a Moisés. Y puso la fuente entre el tabernáculo y el altar, y echó agua en ella para lavar. Y lavaban en ella Moisés y Aarón y sus hijos sus manos y sus pies. cuando entraban en el tabernáculo; y cuando se llegaban al altar, lavábanse, como mandara Señor a Moisés. Y erigió el atrio alrededor de la morada y puso la cortina de la puerta del atrio.Y consumó Moisés toda la obra. Y envolvió la nube el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Señor llenó la morada. Y no pudo(c) Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio; pues sombreábalo la nube, y la gloria de Señor llenaba la morada. Pero, cuando ascendía de la morada la nube, partían los hijos de Israel, en todas sus vías. Y cuando no ascendía la nube, no partían hasta el día que ascendía. Porque la nube estaba sobre la morada de día, y fuego sobre ella de noche, a los ojos de toda la casa de Israel, en todas sus vías. Del holocausto Y llamó a Moisés y hablóle el Señor desde el tabernáculo del testimonio, diciendo: «Habla a los hijos de Israel y les dirás: Un hombre de entre vosotros si ofreciere dones al Señor, de ganado, sea de vacas, sea de ovejas, ofreced vuestros dones. Si holocausto, su don, de las vacas, macho intachable lo ofrecerá; a la puerta del tabernáculo traerálo; acepto(a) para él a la faz del Señor. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto acepto para él a fin de expiar por él. Y matarán el becerro delante de Señor; y ofrecerán los hijos de Aarón, los sacerdotes, la sangre, y derramarán la sangre sobre el altar en contorno, sobre él a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y desarrollarán el holocausto y desmembraránlo en sus miembros; y pondrán los hijos de Aarón, los sacerdotes, fuego sobre el altar y compondrán leña sobre el fuego; y compondrán los hijos de Aarón, los sacerdotes, los miembros, y la cabeza y el redaño, sobre la leña, sobre el fuego, sobre el altar. Y sus intestinos y pies lavarán con agua y quemará el sacerdote todo sobre el altar; holocausto es, olor de suavidad para el Señor. Pero, si de ovejas su don al Señor, sea de los corderos o de las cabras, para holocausto, macho, intachable, ofrecerálo(b). Y lo degollarán al lado del altar al septentrión, ante señor; y derramarán los hijos de Aarón, los sacerdotes, su sangre sobre el altar en contorno; y lo desmembrarán miembro por miembro y con su cabeza y su redaño los pondrán los sacerdotes sobre la leña, sobre el fuego encendido sobre el altar. Y los intestinos y los pies lavarán con agua; y compondrá el sacerdote todo y lo quemará sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida, olor de suavidad para el Señor. Pero, si de los volátiles holocausto se ofreciere, don al Señor, traerá de las tórtolas o de los palominos(c) su don. Y lo traerá el sacerdote al altar, y le arrancará la cabeza; y lo quemará el sacerdote sobre el altar y exprimirá la sangre sobre la pared del altar. Y quitará el buche con las plumas y lo arrojará al lado del altar, al oriente, al lugar de la ceniza. Y lo rasgará por las alas y no lo partirá; y quemarálo el sacerdote sobre el altar sobre la leña, sobre el fuego, holocausto es, ofrenda encendida, olor de suavidad para el Señor. De las ofrendas Y, cuando un alma ofreciere oblación, un sacrificio al Señor, harina flor será su oblación; y derramará sobre ella aceite y pondrá sobre ella incienso: Sacrificio es. Y lo traerá a los hijos de Aarón, los sacerdotes; y tomará de ella un puñado de harina flor, harina con el aceite y todo el incienso y lo quemará el sacerdote, memorial de ella sobre el altar, ofrenda encendida, olor de suavidad para el Señor. Y lo sobrante del sacrificio(a), para Aarón y sus hijos, santo de santos de los sacrificios de Señor. Y cuando ofreciere oblación, un sacrificio cocido en horno, don(b) al Señor, de harina flor, panes ázimos, amasados con aceite y hojaldres ázimas, untadas con aceite. Y, si el sacrificio de sartén, tu don, harina flor amasada en aceite, ázima es; y la partirás en piezas y derramarás sobre ellas aceite: Sacrificio es a Señor. Y, si el sacrificio de parrillas, tu don, harina flor en aceite se hará. Y ofrecerás el sacrificio que hicieres de esto al Señor, y lo traerás al sacerdote y él lo traerá al altar; y sacará el sacerdote, del sacrificio el memorial de él, y lo quemará el sacerdote sobre el altar: Holocausto, olor de suavidad para Señor. Y lo restante del sacrificio, para Aarón y sus hijos: santo de santos de los holocaustos de Señor. Todo sacrificio que ofreciéreis a Señor no haréis fermentado; pues todo fermento y toda miel no ofreceréis de ello en holocausto a Señor; ofrenda de primicias lo ofreceréis a Señor; pero sobre el altar no subirán en olor de suavidad para Señor. Y toda ofrenda de tu sacrificio, con sal se salará, y no dejarás faltar sal(c) de la alianza de Señor tu Dios en tus sacrificios: En toda ofrenda tuya ofrecerás sal. Y, si ofrecieres sacrificio de primicias al Señor, espigas tostadas, perladas(d), y ofrecerás el sacrificio de las primicias; y derramarás aceite sobre él, y pondrás sobre él incienso: sacrificio es. Y quemará el sacerdote el memorial de él, de la perlada con el aceite, y todo el incienso de él; holocausto es a Señor. De las hostias pacíficas Y, si hostia pacífica,(a) su ofrenda al Señor, si de vacada ofrendare, ya macho ya hembra, intachable ofrecerála ante Señor; y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda, y la degollará ante Señor, a la puerta del tabernáculo del testimonio; y derramarán los hijos de Aarón, los sacerdotes, la sangre sobre el altar en contorno. Y ofrecerán de la hostia pacífica, en holocausto al Señor, la grosura sobre los intestinos, y toda grosura en los intestinos; y los dos riñones y la grosura sobre ellos y el redaño sobre el hígado con los riñones quitará. Y los quemarán los hijos de Aarón los sacerdotes, sobre el altar, sobre el holocausto, sobre la leña sobre el fuego, sobre el altar: Holocausto, olor de suavidad para Señor. Y, si de ovejas su ofrenda, hostia pacífica al Señor, macho o hembra, intachable la ofrecerá. Si cordero ofreciere en don, lo traerá ante Señor; y pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda y la degollará a la puerta del tabernáculo del testimonio; y derramarán los hijos de Aarón, los sacerdotes, su sangre sobre el altar en contorno. Y ofrecerá de la hostia pacífica, holocausto a Dios, la grosura, la cola entera(b), a raíz del espinazo, quitará; y la grosura que cubre los intestinos, y toda grosura, sobre los intestinos; y los dos riñones y la grosura sobre ellos, sobre los lomos, y el redaño del hígado, con los riñones quitará. y quemará el sacerdote sobre el altar: Pábulo de fuego, para Señor. Y, si es cabra su ofrenda, la traerá ante Señor. y pondrá su mano sobre su cabeza, y la degollará ante Señor, a la puerta del tabernáculo del testimonio; y derramarán los hijos de Aarón, los sacerdotes, su sangre sobre el altar en contorno. Y ofrecerá de ella su don; holocausto a Señor la grosura que cubre los intestinos; y toda grosura, sobre los intestinos, y los dos riñones, y la grosura sobre ellos, sobre los lomos; y el redaño del hígado, con los riñones, quitará. Y lo quemará el sacerdote, sobre el altar: holocausto, olor de suavidad; toda grosura para el Señor. Ley por el siglo, por vuestras generaciones, en toda morada vuestra: toda grosura y toda sangre no comeréis». De los sacrificios expiatorios Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a los hijos de Israel y di: «Un alma si pecare inadvertidamente contra uno de los mandamientos de Señor y obrare contra alguno de ellos; Si el sumo sacerdote, el ungido, pecare(a) haciendo pecar al pueblo; ofrecerá, por el pecado que ha pecado, un becerro intachable al Señor, por su pecado; y traerá el becerro a la puerta del tabernáculo del testimonio ante Señor, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro y degollará el becerro ante Señor. Y tomará el sacerdote el ungido de la sangre del becerro y la traerá a la tienda del tabernáculo del testimonio. Y mojará el sacerdote su dedo en la sangre y esparcirá de la sangre siete veces ante Señor hacia el velo del santuario. y pondrá el sacerdote de la sangre sobre los cuernos del ara del timiama, ante Señor, la cual está en el tabernáculo del testimonio; toda la sangre del becerro derramará al pie del altar del holocausto, el cual está a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y toda la grosura del becerro del pecado quitará de él, la grosura que cubre los intestinos, y toda la grosura, sobre los intestinos; y los dos riñones, y la grosura que hay sobre ellos, la que está sobre los lomos, y el redaño del hígado, con los riñones, quitará, así como se quita del becerro, el de la hostia pacífica; y lo quemará el sacerdote sobre el altar del holocausto. Y la piel del becerro y toda su carne, con su cabeza y sus piernas, y sus intestinos y su fimo; todo el becerro sacará fuera del campamento a lugar limpio donde echan las cenizas, y lo quemará sobre leña a fuego, sobre el hacinamiento de la ceniza se le quemará. Y si toda la congregación de Israel errare, pero quedare ello oculto a los ojos de la congregación; y si hicieron una de las prohibiciones de Señor y delinquieron; y se entendiere el pecado que pecaron; ofrecerá la congregación un becerro por el pecado y lo traerá delante del tabernáculo del testimonio. Y pondrán los ancianos de la congregación sus manos sobre la cabeza del becerro ante Señor; y degollarán el becerro ante Señor; e introducirá el sacerdote el ungido, de la sangre del becerro en el tabernáculo del testimonio; y mojará el sacerdote su dedo en la sangre del becerro, y rociará siete veces, ante Señor, hacia el velo; y de la sangre pondrá sobre los cuernos del altar el delante de Señor en el tabernáculo del testimonio; y la sangre toda derramará al pie del altar del holocausto, el de la puerta del tabernáculo del testimonio. Y toda su grosura quitará de él y la quemará sobre el altar. Y hará con el becerro, como hizo con el becerro del pecado; así hará con él; y el sacerdote les expiará, y se les perdonará. Y sacará el becerro fuera del campamento, y lo quemará, como quemó el becerro el primero en expiación de la congregación. Y si un príncipe pecare e hiciere contra una de las prohibiciones de Señor su Dios inadvertidamente y delinquiere, y se conociere su pecado que pecó; ofrecerá su don: un cabrón intachable. Y pondrá su mano sobre la cabeza del cabrón, y lo degollará en el lugar donde se degüellan los holocaustos, a faz de Señor; por pecado es. Y tomará el sacerdote de la sangre, la por el pecado con su dedo y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto; y toda su sangre derramará al pie del altar del holocausto. y toda su grosura quemará sobre el altar, así como la grosura de hostia pacífica; y expiará el sacerdote por el pecado de él, y perdonarásele. Y si un alma del pueblo de la tierra pecare inadvertidamente, haciendo una de las prohibiciones de Señor, y delinquiere; y se conociere el pecado que pecó; traerá por don una cabra, intachable, hembra, por el pecado que pecó; Y pondrá su mano sobre la cabeza del pecado(b), y degollará la del pecado en el lugar del holocausto. Y tomará el sacerdote de la sangre de ella con su dedo y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto; y toda la sangre derramará al pie del altar. Y toda su grosura quitará, del modo que se quita la grosura a la hostia pacífica, y quemará el sacerdote sobre el altar en olor de suavidad para Señor; y expiará por él el sacerdote, y perdonarásele. Y si oveja trajere, don suyo por pecado, hembra intachable, traerála, y pondrá su mano sobre la cabeza de ella, la del pecado, y la degollará en el lugar donde se degüellan los holocaustos. Y tomará el sacerdote de la sangre de la del pecado con su dedo y pondrá sobre los cuernos del altar, y toda la sangre de ella derramará al pie del altar; y toda su grosura quitará del modo que se quita la grosura de la oveja de la hostia pacífica; y la pondrá el sacerdote sobre el altar, sobre el holocausto de Señor; y expiará por él el sacerdote, por el pecado que pecó y perdonarásele. De otros sacrificios expiatorios Y, si un alma pecare y hubiere(a) oído voz de juramento y testigo él, ha oído o sabido, y no ha denunciado, y lleva el pecado; o un alma que tocare toda cosa impura; o cadáver de fiera impura, o cadáver de bestia impura o cadáver de reptil impuro, y se le ha ocultado(b), y está impura y culpable; o si alma tocare la impureza de un hombre, según(c) toda la impureza con su mancilla, y se le ha ocultado y se ha hecho culpable; o si un alma jurare en vaniloquio hacer mal o bien, en todo lo que puede hablar vanamente el hombre con juramento, y se le ha ocultado, y ha advertido(d) y héchose culpable de una de estas cosas; cuando así, se hubiere hecho culpable de una de estas cosas, confesará en lo que pecó; y ofrecerá, por lo que ha delinquido, a Señor, por el pecado que pecó: una hembra de las greyes: cordera o cabra por el pecado; y expiará por él el sacerdote por el pecado. Y si su mano no alcanzare para la oveja, ofrecerá, por el pecado que pecó: dos tórtolas o dos palominos a Señor: uno por el pecado, y uno para holocausto. Y los traerá al sacerdote y los ofrecerá el sacerdote; el por el pecado primeramente; y retorcerá su cabeza, detrás de la nuca, pero sin separarla; y rociará de la sangre del por el pecado: sobre la pared del altar, y lo restante de la sangre exprimirá al pie del altar: del pecado(e) es. Y el segundo hará holocausto conforme al rito; y expiará el sacerdote por su pecado que pecó, y perdonarásele. Y, de no hallar su mano un par de tórtolas o dos palominos, ofrecerá su don por lo que ha pecado: un décimo de efá de harina flor por el pecado; no derramará sobre ella aceite ni pondrá sobre ella incienso; que por pecado es. Y la traerá al sacerdote; y tomará el sacerdote de ella un puñado, en memorial suyo, y lo quemará sobre el altar de los holocaustos a Señor; por pecado es. Y expiará por él el sacerdote, por el pecado que pecó en una cosa de éstas, y perdonarásele. Y lo sobrante será para el sacerdote, como el sacrificio de la harina flor». Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Un alma si cometiere una infidelidad y pecare inadvertidamente en las cosas santas a Señor(f), traerá, por su pecado, al Señor, un carnero intachable, de las greyes, valor de siclos de plata(g), según el siclo del santuario, por lo que ha delinquido. Y en lo que hubiere pecado en las cosas santas, restituirá y el quinto añadirá a ello, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote expiará por él, y perdonarásele. Y el alma, si pecare e hiciere una de todas las prohibiciones de Señor, y no conociere, y delinquiere y llevare el pecado; traerá un carnero intachable de las greyes, valor de la hostia por el pecado, al sacerdote, y expiará por él el sacerdote, por su ignorancia con que ignoró, y no conocía; y perdonarásele. Hostia por delito es, delinquido ha contra Señor». De la restitución, los sacrificios diarios y otros Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Un alma si pecare y prevaricare contra Señor, negando a su prójimo lo depositado o confiado, o bien hurtare o retuviere(a) a su prójimo; o hallare algo perdido y lo negare y perjurare por algo de todo lo que hiciere el hombre y pecare en ello; y será cuando pecare y delinquiere, devolverá el hurto que hubiere hurtado, o el daño que hubiere dañado, o el depósito que hubiere depositado para si, o lo perdido que hubiere hallado. Y toda cosa que hubiere jurado falsamente, restituirá por entero, y un quinto añadirá, de quien fuere, a ése lo devolverá el día que lo expiare. Y por su delito traerá al Señor un carnero de las greyes, intachable, según el valor de lo que hubiere delinquido, al sacerdote; y expiará por él el sacerdote ante Señor y perdonarásele por lo que hubiere hecho y delinquido». Y habló Señor a Moisés y dijo: Manda a Aarón y sus hijos, y di: «Esta la ley de los holocaustos: el holocausto, sobre su quema(b), sobre el altar toda la noche hasta la mañana y el fuego del altar arderá sobre él. Y se vestirá el sacerdote túnica línea, y femoral líneo se vestirá en torno de su cuerpo, y sacará las cenizas en que hubiere incinerado el fuego el holocausto sobre el altar y la pondrá junto al altar; y se desvestirá su túnica, y se vestirá otra túnica, y sacará las cenizas fuera del campamento, a lugar limpio. Y el fuego sobre el altar arderá en él, y no se apagará, y encenderá el sacerdote, sobre él, leña por la mañana, y compondrá sobre él el holocausto y quemará sobre él la grosura de la hostia pacífica. Y el fuego siempre arderá sobre el altar; no se apagará. Esta la ley de la hostia: la ofrecerán los hijos de Aarón ante Señor, delante del altar. Y tomará de ella un puñado: de la harina flor de la hostia con el aceite de ella y el incienso de ella, sobre la hostia, y quemará sobre el altar —olor de suavidad—, el memorial de ella, al Señor. Y el sobrante de ella comerá Aarón y sus hijos; ázimo se comerá en lugar sagrado; en el atrio del tabernáculo lo comerán. No se cocerá leudo; como parte se lo he dado de los holocaustos míos, santo de santos es, como el por el pecado y el por el delito. Todo lo masculino de los sacerdotes comeránla; ley eterna para vuestras generaciones, de los holocaustos de Señor, todo el que los tocare santificado será».(c) Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Esta es la ofrenda de Aarón y sus hijos que ofrecerán al Señor el día(d) que le ungieres: un décimo de un efá de harina flor en hostia perpetua: la mitad por la mañana, y la mitad por la tarde. En sartén con aceite se aderezará; mezclada la ofrecerás, arrollada, hostia de fragmentos, hostia olor de suavidad al Señor. El sacerdote el ungido, en lugar de él, de sus hijos la aderezará —ley sempiterna— entera se quemará; y toda hostia de sacerdote, íntegra se quemará, y no se comerá». Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a Aarón y sus hijos y di: «Esta ley(e) por el pecado: en el lugar que se degüella el holocausto, degollarán los por el pecado ante Señor: cosa santa de santas es. El sacerdote que la ofreciere, la comerá; en lugar santo se comerá, en el atrio del tabernáculo. Todo el que tocare su carne, santificado será, y, si se derramare de su sangre sobre el vestido, el en que se derramare, se lavará en lugar santo. Y la vasija de barro en que se cociere, se quebrará; y, si se cociere en vasija broncínea se fregará y lavará con agua. Todo varón de los sacerdotes la comerá: cosa santa de santas es. Pero todo lo por el pecado, de cuya sangre se introdujere en el santuario, no se comerá: al fuego quemaráse. Diversos ritos en los sacrificios Y ésta es la ley por el delito; cosa santa de santas es. En el lugar donde degollaren el holocausto, degollarán el carnero por el delito ante Señor; y se rociará su sangre sobre el altar en contorno; y toda su grosura ofreceráse de él; la cola(a) y la grosura que cubre los intestinos; y los dos riñones y la grosura sobre ellos; y el redaño sobre el hígado, con los riñones, se quitará. Y el sacerdote lo quemará sobre el altar; holocausto al Señor; por delito es. Todo varón de los sacerdotes lo comerá; en lugar sagrado comeránlo, cosa santa de santas es. Como(b) el por el pecado,así también el por el delito: ley una para ambos; del sacerdote que expiare, de él será. Y el sacerdote, el que ofreciere holocausto de alguien, la piel del holocausto que ofreciere, —de él será. Y toda hostia que se cociere en horno, y toda la que se aderezare en parrillas y en sartén, del sacerdote que lo ofreciere, de él será. Y toda hostia amasada con aceite o seca, será de todos los hijos de Aarón, tanto del uno como del otro. Y ésta, la ley de la hostia pacífica que se ofrecerá al Señor. Si en agradecimiento se ofreciere, ofreceránse, con la hostia del agradecimiento, panes de harina flor amasados con aceite y hojaldres ázimas untadas con aceite y harina flor cocida en aceite. Con panes leudados ofrecerá sus dones, en su hostia de agradecimiento pacífica. Y ofrecerá uno(c) de todos sus dones por ofrenda elevada al Señor; del sacerdote que rociare la sangre de la hostia, de él será; y la carne de la hostia de agradecimiento pacífica, en el día que se ofreciere, se comerá, y no dejarán de ella para otro día.(d) Y si voto o voluntario fuere su sacrificio ofrecido, en el día que ofreciere su hostia, se comerá, y al otro día; lo restante de la carne de la hostia, al tercer día, en fuego se quemará. Y si comiere de la carne de la hostia pacífica, al tercer día, no se le aceptará al que la ofreciere; no se le reputará; abominación será; y el alma que comiere de ella, llevará su pecado. Y la carne que tocare a alguna cosa impura, no se comerá: en fuego se quemará. Todo puro comerá carne(e). Y un alma, si comiere de la carne de la hostia pacífica, que es de Señor, y su impureza está en ella, borrada será aquella alma de su pueblo. Y un alma que tocare toda cosa impura, o la impureza de un hombre o un animal impuro o toda abominación impura, y comiere de la carne de la hostia pacífica, que es de Señor; borrada será aquella alma de su pueblo». Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a los hijos de Israel y di: ‘Toda grosura de buey y oveja y cabra no comeréis. Y grosura de mortecino(f) y grosura de destrozado se usará para toda obra; y su comida no se comerá. Todo el que comiere grosura de animales que se ofrecerán en holocausto al Señor, borrada será el alma que hubiere comido, del pueblo de ella’. Y toda sangre no comeréis en todas vuestras habitaciones, ni de aves, ni bestias. Toda alma que comiere alguna sangre borrada será esta alma de su pueblo». Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a los hijos de Israel y di: ‘El que ofreciere hostia pacífica a Señor, traerá su don a Señor, de su hostia pacífica. Sus manos traerán el holocausto a Señor; la grosura, con el pecho; el pecho para que sea agitado ante Señor; y quemará el sacerdote la grosura sobre el altar; y será el pecho para Aarón y sus hijos. Y la espaldilla la derecha daréis, separación(g), al sacerdote, de vuestras hostias pacíficas. El que ofreciere la sangre de la hostia pacífica y la grosura, de entre los hijos de Aarón, de él será la espaldilla la derecha en(h) porción. Pues el pecho de la elevación y la espaldilla de la separación he tomado, de los hijos de Israel, de sus hostias pacíficas, y dádolos a Aarón el sacerdote, y a sus hijos: estatuto sempiterno de los hijos de Israel. Esta la unción(i) de Aarón y la unción de sus hijos, de los holocaustos de Señor, en el día que los allegó para ser sacerdotes del Señor, según mandó el Señor darles el día que les ungió, de entre los hijos de Israel: estatuto perpetuo en sus generaciones. Esta, la ley del holocausto y de la hostia, así por el pecado como por el delito, y de la consagración y de la hostia pacífica; al modo que mandó el Señor a Moisés en el monte Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel ofrecer sus dones delante del Señor, en el desierto de Sinaí’». Consagraciones Y habló Señor a Moisés y dijo: «Toma a Aarón y sus hijos, y las vestiduras de él y el óleo de la unción, y el becerro el por el pecado, y los dos carneros y la cesta de los ázimos; y toda la congregación reúne a la puerta del tabernáculo del testimonio». E hizo Moisés del modo que le ordenó Señor y reunió la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y dijo Moisés a la congregación: «Esta es la palabra que ha mandado Señor hacer». Y allegó Moisés a Aarón y sus hijos y lavóles con agua. Y vistióle la túnica y ciñóle el cinturón, y vistióle el manto, y púsole el efod y ciñóle el cinto del efod y ajustólo con él. Y puso sobre él el racional, y puso sobre el racional la Doctrina y la Verdad; y puso la mitra al frente, la diadema de oro, consagrada, santa; del modo que ordenara Señor a Moisés. Y tomó Moisés el óleo de la unción, y ungió la morada y todo lo en ella, y santificólo. Y roció de él sobre el altar siete veces y ungió el altar y todos sus vasos; la fuente y su basa, y santificólos; y derramó del óleo de la unción sobre la cabeza de Aarón, y ungióle y santificóle: y allegó Moisés a los hijos de Aarón y vistióles túnicas y ciñóles cinturones e impúsoles mitras; según ordenara Señor a Moisés. Y allegó Moisés el becerro por el pecado; puso Aarón y sus hijos las manos sobre la cabeza del becerro del pecado. Y degollólo, y tomó Moisés de la sangre y puso sobre los cuernos del altar en contorno con el dedo, y purificó el altar; y la sangre derramó al pie del altar, y santificólo para expiar sobre él. Y tomó Moisés toda la grosura, la sobre los intestinos, y el redaño sobre el hígado y los dos riñones y su grosura, y quemólos sobre el altar. Y el becerro y su piel, y su carne, y su fimo, quemólos a fuego fuera del campamento; del modo que ordenara Señor a Moisés. Y ofreció Moisés el carnero el del holocausto y puso Aarón y sus hijos sus manos sobre la cabeza del carnero. Y degolló Moisés el carnero, y derramó la sangre sobre el altar en contorno. Y el carnero despresó, y Moisés lo quemó; la cabeza, y las presas y la grosura. Y los intestinos y las piernas lavó con agua, y quemó Moisés todo el carnero sobre el altar: holocausto que es en olor de suavidad; holocausto es para el Señor; según mandara Señor a Moisés. Y allegó Moisés el segundo carnero, carnero de la congregación; y puso Moisés y Aarón y sus hijos sus manos sobre la cabeza del carnero. Y degollólo Moisés, y tomó de su sangre y puso sobre el lóbulo de la oreja de Aarón la derecha y sobre el pólice de la mano la derecha y sobre el pólice del pie el derecho. Y allegó Moisés los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre los lóbulos de las orejas las derechas y sobre los pólices de sus manos las derechas y sobre los pólices de sus pies los derechos; y derramó Moisés la sangre sobre el altar en contorno. Y tomó la grosura y la cola y la grosura sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y la grosura la sobre ellos, y la espaldilla la derecha; y de la cesta de los ázimos, la ante Señor, tomó un pan ázimo, y una torta de aceite y una hojaldre; y los puso sobre la grosura y la espaldilla la derecha; y púsolo todo sobre las manos de Aarón y sobre las manos de sus hijos, y con agitación lo agitó ante Señor. Y lo tomó Moisés de las manos de ellos y quemólo Moisés sobre el altar, sobre el holocausto de la consagración; que es olor de suavidad; sacrificio es para el Señor. Y tomó Moisés el pecho, y con agitación agitólo ante Señor; del carnero de la consagración hízose parte de Moisés; según había mandado Señor a Moisés. Y tomó Moisés del óleo de la unción y de la sangre, la sobre el altar, y roció sobre Aarón y sus vestiduras, y sobre los hijos y las vestiduras de sus hijos con él. Y dijo Moisés a Aarón y sus hijos: «Coced la carne a la puerta del tabernáculo y comedlo allí y los panes los en la cesta de la consagración, del modo que se me ha ordenado, diciendo: «Aarón y sus hijos lo comerán». Y lo sobrante de la carne y del pan, en fuego se quemará. Y de la puerta del tabernáculo no saldréis siete días hasta que el día se cumpla de vuestra consagración; pues siete días se consagrarán vuestras manos. Según se hizo en este día, mandó Señor hacer(a), para expiar por vosotros. Y sobre la puerta del tabernáculo os asentaréis siete días, día y noche: guardaréis las guardias de Señor, para que no muráis; que así me ordenó Señor Dios». E hizo Aarón y sus hijos todas las palabras que ordenara Señor a Moisés. Aarón sumo sacerdote Y aconteció en el octavo día llamar Moisés a Aarón y sus hijos y los ancianos de Israel; y dijo a Aarón: «Tómate un becerro de la vacada, por el pecado y un carnero para holocausto, intachables y ofrécelos ante Señor; y a los ancianos de Israel habló diciendo: «Tomad un cabrón por el pecado y becerro y cordero de un año(a), intachables para holocausto; y un novillo y un carnero para hostia pacífica ante Señor; y harina flor amasada con aceite; pues hoy Señor se os aparecerá». Y llevaron, según mandó Moisés, delante del tabernáculo; y llegóse toda la congregación; y pusiéronse delante de Señor. Y dijo Moisés: «Esta la palabra que dijo el Señor, haced, y se os aparecerá la gloria de Señor». Y dijo Moisés a Aarón: «Llégate al altar y adereza lo por el pecado tuyo y el holocausto tuyo, y expía por ti y por el pueblo; y adereza los dones del pueblo y expía por ellos según ha mandado Señor». Y llegóse Aarón al altar y degolló el becerro el por el pecado. Y le trajeron los hijos de Aarón la sangre, y mojó su dedo en la sangre y puso sobre los cuernos del altar, y la sangre derramó al pie del altar; y la grosura y los riñones y el redaño del hígado, del por el pecado quemó, del modo que mandó Señor a Moisés. Y la carne y la piel quemólos al fuego, fuera del campamento. Y degolló el holocausto; y trajéronle los hijos de Aarón la sangre y la roció sobre el altar en contorno; y el holocausto trajeron miembro por miembro, y la cabeza; y los quemó sobre el altar; y lavó(b) los intestinos y las piernas con agua y quemólos sobre el holocausto sobre el altar. Y ofreció el don del pueblo y tomó el cabrón el por el pecado del pueblo, y degollólo y ofreciólo por el pecado, como el anterior. Y ofreció el holocausto y aderezólo según el rito. Y ofreció la hostia y llenó su mano con ella y quemólo sobre el altar; además del holocausto matutino. Y degolló el novillo y el carnero de la hostia pacífica, la del pueblo; y trajéronle los hijos de Aarón la sangre y rocióla sobre el altar en contorno; y la grosura la del novillo y del carnero, la cola y la grosura que cubre los intestinos, y los riñones y el redaño, el sobre el hígado; y pusieron las grosuras sobre las espaldillas, y quemaron las grosuras sobre el altar. Y los pechos y la espaldilla la derecha agitó Aarón con agitación ante Señor, del modo que mandó a Moisés. Y alzó Aarón sus manos hacia el pueblo, y lo bendijo y descendió, después de hacerlo por el pecado y el holocausto y la hostia pacífica. Y entró Moisés y Aarón en el tabernáculo del testimonio; y saliendo bendijeron al pueblo; y aparecióse la gloria del Señor a todo el pueblo. Y salió fuego delante de Señor y consumió lo sobre el altar, así holocausto como grosuras; y vio todo el pueblo y extasióse; y cayeron sobre su faz. Castigo de los hijos de Aarón. Prohibición, y concesión al sacerdocio. Y tomaron los hijos de Aarón: Nadab y Abiú, cada cual su brasero; pusieron en ellos fuego y echaron en ellos timiama; y ofrecieron ante Señor fuego ajeno, el que no les había mandado Señor. Y salió fuego de delante de Señor y devoróles y murieron ante Señor. Y dijo Moisés a Aarón: «Esto es lo que habló Señor, diciendo: «En los que se me llegaren me santificaré(a) y en toda la congregación me glorificaré» y enmudeció Aarón. Y llamó Moisés a Misael y Elisafán, hijos de Oziel, hijos del hermano del padre de Aarón, y díjoles: «Acercaos y alzad a vuestros hermanos de la faz del santuario, fuera del campamento». Y acercáronse y alzáronlos con sus túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés. Y dijo Moisés a Aarón y Eleazar e Itamar sus hijos: «Vuestra cabeza no desnudéis y vuestras vestiduras no rasguéis, para que no muráis y sobre toda la congregación haya ira; vuestros hermanos: toda la casa de Israel, llorarán el incendio que ha sido encendido de delante de Señor. Y de la puerta del tabernáculo no saldréis, para que no muráis, pues el óleo de la unción el de Señor, sobre vosotros». E hicieron según la palabra de Moisés. Y habló el Señor a Aarón, diciendo: «Vino y sidra no beberéis, tú y tus hijos contigo cuando entraréis en el tabernáculo del testimonio para que no muráis: ley sempiterna por vuestras generaciones; para discernir entre lo sagrado y lo profano, y entre lo impuro y lo puro; y para enseñar a los hijos de Israel todas las leyes que ha hablado Señor a ellos por mano de Moisés». Y dijo Moisés a Aarón y a Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón, los sobrevivientes: «Tomad la hostia, la restante de los holocaustos de Señor, y la comeréis ázima, junto al altar: cosas santas de santas son. Y la comeréis en lugar sagrado; pues ley sempiterna para ti es ley para tus hijos esto, de los holocaustos de Señor; pues así me está mandado. Y el pecho de la agitación y la espaldilla de la separación comeréis en lugar puro, tú y tus hijos y tus hijas(b) contigo; pues por ley a ti y ley a tus hijos han sido dados de las hostias pacíficas de los hijos de Israel. La espaldilla de la separación y el pecho de la agitación con los holocaustos de las grosuras traerán, para agitar con agitación ante Señor; y(c) será para ti y tus hijos y tus hijas contigo, ley sempiterna, del modo que ha ordenado Señor». Y por el cabrón el por el pecado preguntó Moisés, y he aquí quemado estaba; y airóse contra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón los sobrevivientes, diciendo: «¿Porqué no habéis comido el cabrón por el pecado en lugar santo? pues, por ser cosas santas de santas, éstas os ha dado a comer para llevar el pecado de la congregación y expiar por ellos delante de Señor. Pues no fue introducido de su sangre en el santuario; habíais de comerlo en lugar santo, como me ha ordenado Señor». Y Aarón dijo a Moisés: «Si hoy han ofrecido por el pecado suyo y los holocaustos suyos delante de Señor, y me han acontecido estas cosas, y hubiera yo comido los por el pecado hoy ¿hubiera esto agradado a Señor?» Y escuchó Moisés y plúgole. De los animales puros e impuros Y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Hablad a los hijos de Israel y decid: «Estos son los animales que comeréis de todos los animales sobre la tierra: Todo animal que hiende hendedura: dos pezuñas, y que rumian, en los animales; esto comeréis. Estos, empero, no comeréis de los rumiantes y de los de pezuña hendida: el camello, porque rumiante es, pero su pezuña no está hendida; inmundo os será; y el erizo(a), porque rumiante es, pero su pezuña no está hendida; inmundo os será; y la liebre, porque rumiante es, pero su pezuña no está hendida; inmunda os será; y el puerco, pues hendida está su pezuña, y hendida está con hendedura; pero no rumia; inmundo os será. De la carne de ellos no comeréis, y sus cadáveres no tocaréis; inmundos os serán. Y esto lo que comeréis de todo lo que hay en las aguas: todo lo que tiene aletas y escamas en las aguas, y en los mares, y en los ríos, esto comeréis. Y todo cuanto no tiene aletas y escamas, en los mares y en los ríos, de todo reptil de las aguas y de toda alma viva la en el agua, abominación es; y abominaciones os serán; de la carne de ellos no comeréis; y sus cadáveres abominaréis. Y todo cuanto no tiene aletas y escamas en el agua, abominación esto os será. Y éstos los que abominaréis de los volátiles, y no comeréis; abominación serán:(b) el águila, y el quebrantahuesos y el águila marina, y el milano, y el buitre y los semejantes a él; y el cuervo y los semejantes a él; y avestruz y lechuza y gaviota y gavilán y los semejantes a él; y búho, y somormujo, e ibis; y cisne, y alcatraz, y calamón; y garza, y cerceta, y los semejantes a ella; y abubilla y murciélago. Y todos los reptiles de los volátiles que andan en cuatro patas, abominación os serán. Empero éstos comeréis de todos los reptiles que andan en cuatro patas: los que tienen piernas sobre sus pies para saltar con ellas sobre la tierra. Y éstos comeréis de ellos; el grillo y los semejantes a él, y el langostín, y el langostón, y la langosta y los semejantes a ella. Todo reptil de los volátiles que tiene cuatro pies, abominación os será. Y con éstos os mancillaréis; todo el que tocare sus cadáveres, inmundo será hasta la tarde; y todo el que llevare de sus cadáveres, lavará sus vestidos, e inmundo será hasta la tarde. Todo animal que tiene pezuña hendida, pero no hendida con hendedura(c) y no rumia, inmundo os será; quien lo tocare, inmundo será. Y todo el que anda sobre manos(d) en todas las bestias que andan en cuatro, inmundo os será; el que tocare su cadáver, inmundo será hasta la tarde; y el que llevare su cadáver, lavará sus vestidos, e inmundo será hasta la tarde; inmundos éstos os serán. Y éstos os serán inmundos de todos los reptiles de la tierra: la mustela y la rata y el esquinco; ratón(e); camaleón, y lagartija, y lagarto y topo. Estos os serán inmundos de todos los reptiles, el que los tocare muertos, inmundo será hasta la tarde; y en todo lo que cayere de ellos muertos, inmundo será: vaso lígneo o vestido, o piel o saco; todo utensilio con que se adereza alguna cosa en agua se lavará; e inmundo será hasta la tarde; y limpio será(f). Y todo vaso barrizo en que cayere de ellos adentro; —cuanto en él esté,— inmundo será, y el mismo será quebrado; toda vianda que se come, sobre la cual viniere agua(g), inmunda será, y toda bebida que se bebe, en toda vasija, inmunda será. Y todo en donde cayere de sus cadáveres, inmundo será; hornos y hornillos se destruirán; inmundos son e inmundos os serán. Empero fuentes de aguas y cisterna: reuniones de aguas, limpias serán; mas el que hubiere tocado sus cadáveres(h) inmundo será. Y, si de sus cadáveres cayere en semilla que se siembra, limpia será; pero, si se hubiere derramado agua sobre la semilla, y cayere de sus cadáveres sobre ella, inmunda os será. Y, si muriere de las bestias de comer, el que tocare sus cadáveres, inmundo será hasta la tarde; y el que comiere de sus cadáveres, lavarás sus vestidos e inmundo será hasta la tarde; y el que llevare de sus cadáveres, lavará sus vestidos e inmundo será hasta la tarde. Y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, abominación será: no se comerá. Todo lo que anda sobre el pecho y todo lo que anda sobre cuatro patas: lo con muchedumbre de pies, de todo reptil que se arrastra sobre la tierra no lo comeréis; abominación es. No haréis abominables vuestras almas en todos los reptiles que se arrastran sobre la tierra, y no os contaminaréis en éstos, y no seréis inmundos en ellos. Porque yo soy Señor, Dios vuestro, y os santificaré y santos seréis; que santo soy yo, Señor, Dios vuestro; y no mancillaréis vuestras almas en todos los reptiles los que se arrastran sobre la tierra; porque yo soy Señor el que os ha sacado de tierra de Egipto para ser vuestro Dios; y seréis santos, porque santo soy yo Señor. Esta, la ley acerca de las bestias, y volátiles y toda alma que se mueve en el agua y de toda alma que se arrastra sobre la tierra; para discernir entre limpio e inmundo y entre vivientes que se comen y vivientes que no se comen». Purificación de la puérpera Y habló Señor a Moisés y Aarón, y dijo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Mujer que semillare y pariere varón, impura, siete días; según los días de la separación de su menstruo, impura será. Y el día el octavo circuncidará la carne del prepucio de él; y treinta días y tres sentaráse en su sangre impura; toda cosa santa no tocará, y en el santuario no entrará hasta que se cumplan los días de su purificación. Y si hembra pariere, impura será dos semanas, según la separación; y sesenta días y seis sentada estará en su sangre impura. Y, cuando se cumplieren los días de su purificación por hijo o por hija, ofrecerá cordero de año, intachable en holocausto y un palomino o tórtola por pecado, a la puerta del tabernáculo del testimonio, al sacerdote. Y lo ofrecerá delante de Señor y expiará por ella el sacerdote y la purificación del flujo de su sangre. Esta, la ley de la puérpera de varón o hembra. Pero, si no hallare su mano lo bastante para cordero, tomará dos tórtolas o dos palominos: uno para holocausto y uno por pecado(a); y expiará por ella el sacerdote y se purificará. De la lepra Y habló Señor a Moisés y Aarón, y dijo: «A un hombre si sobreviniere, en la piel de su carne, hinchazón o postilla o algo blanco: llaga de lepra, llevarásele a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. Y mirará el sacerdote la llaga de la piel de su carne: y el pelo en la llaga, se ha vuelto blanco y parece la llaga hundida en la piel de la carne, llaga de lepra es; y mirará el sacerdote y le dará por impuro. Y si una mancha blanca hubiere en la piel de su carne y hundida no pareciere en la piel y su pelo no se hubiere vuelto blanco, recluirá el sacerdote al llagado siete días. Y mirará el sacerdote la llaga el día el séptimo, y he aquí la llaga ha permanecido delante de él, no se ha agrandado la llaga en la piel, lo recluirá el sacerdote siete días por segunda vez. Y le mirará el sacerdote el día el séptimo por segunda vez; y he aquí, obscura la llaga no se ha agrandado la llaga en la piel, le dará por limpio el sacerdote, porque postilla es; y lavará sus vestidos, y limpio será. Pero si agrandando se hubiere agrandado la postilla, después de mirarle el sacerdote para purificarle, será mirado por segunda vez del sacerdote; y mira el sacerdote y he aquí se ha agrandado la postilla en la piel, le dará por impuro el sacerdote: lepra es. Y llaga de lepra si apareciere en un hombre, será traído al sacerdote; y mirará el sacerdote y he aquí escamas blancas en la piel y ellas han vuelto blanco el pelo; y señal de carne viva hay en las escamas, lepra envejecida es, en la piel de su carne; y le dará por impuro el sacerdote, y le recluirá, porque impuro es. Mas, si brotando brotare la lepra por la piel y cubriere la lepra toda la piel de llagado, de la cabeza a los pies, cuanto miraren los ojos del sacerdote, y mirará el sacerdote: y he aquí ha cubierto la lepra toda la piel de su carne; dará el sacerdote por limpio al llagado; porque todo se ha vuelto blanco; limpio es. Pero el día que apareciere en él carne viva; será impuro; y mirará el sacerdote la carne la viva y le dará por impuro la carne viva, porque impuro es; lepra es. Pero si se restituyere la carne la viva y se volviere blanca, vendrá al sacerdote; y mirará el sacerdote: y he aquí la llaga se ha vuelto blanca, dará por limpia el sacerdote la llaga; limpio es. Y carne, si se tornare, en su piel, úlcera y sanare, y se tornare, en el lugar de la úlcera, escama blanca o mancha blanca o rojiza, será mostrado al sacerdote; y mirará el sacerdote: y he aquí, se ve más baja que la piel, por impuro le dará el sacerdote: lepra es: en la úlcera ha brotado. Y si mirare el sacerdote: y he aquí no hay en ella pelo blanco y más baja no está que la piel de la carne, y está obscura, le recluirá el sacerdote siete días. Y si se ha derramado por la piel, le dará por impuro el sacerdote: lepra es; y si en su lugar hubiere permanecido la mancha y no cundido, cicatriz de la úlcera es, y le dará por limpio el sacerdote. Y carne, si hubiere en su piel quemadura de fuego y se hubiere lo brotado de la quemadura hecho mancha blanca, rojiza o blanquecina, le mirará el sacerdote: y he aquí se ha vuelto el pelo blanco en la mancha y pareciere baja en la piel; lepra es; de la quemadura ha brotado; y le dará por impuro el sacerdote: llaga de lepra es; Y si mirare el sacerdote; y he aquí no hay en la mancha pelo blanco y no ha bajado en la piel y está obscura, le recluirá siete días. Y le verá el sacerdote al día séptimo; y, si derramándose se ha derramado por la piel le dará por impuro el sacerdote: llaga de lepra es. Pero, si en su lugar permaneciere la mancha y no hubiere cundido por la piel y estuviere obscura, cicatriz de quemadura es, y le dará por limpio el sacerdote; porque la huella de la quemadura es. Y a hombre y mujer, si les saliere llaga en la cabeza o en la barba, y mirare el sacerdote la llaga: y he aquí aparece más hundida que la piel y en ella pelo amarillento, fino; le dará por impuro el sacerdote: tiña es, lepra de la cabeza o de la barba. Y si mirare la llaga de la tiña: y he aquí no aparece más hundida que la piel y(a) pelo negro no hay en ella, recluirá el sacerdote al tiñoso siete días; y mirará el sacerdote la llaga el día el séptimo: y he aquí no ha cundido la tiña y pelo amarillento no hay en ella y la tiña no aparece profunda en la piel; raparáse la piel, pero la tiña no se rapará; y recluirá el sacerdote al tiñoso siete días segunda vez. Y mirará el sacerdote la tiña el día el séptimo: y he aquí no ha cundido la tiña en la piel y la tiña no aparece profunda en la piel; le dará por limpio el sacerdote; y lavará sus vestidos y limpio será. Pero, si cundiendo hubiere cundido la tiña en la piel, después de dado por limpio; le mirará el sacerdote: y he aquí ha cundido la tiña, en la piel, no buscará el pelo amarillento; porque impuro es; pero, si se ve detenida la tiña en su sitio y pelo negro ha brotado de ella, sana está la tiña; limpia es, y le dará por limpio el sacerdote. Y a hombre o mujer si salieren en la piel de su carne manchas blancas blanquecinas; y mirare el sacerdote; y he aquí en la piel de su carne manchas blancas blanquecinas, empeine es; limpio es. Y si a alguno se le pelare la cabeza, calvo es; limpio es; y si a la parte de su rostro se le pelare la cabeza, antecalvo es: limpio es. Mas, si saliere, en su calva o en su antecalva, llaga blanca rojiza, lepra es en su calva, o en su antecalva. Y le mirará el sacerdote: y he aquí el aspecto de la llaga blanco rojizo en su calva o en su antecalva, como apariencia de lepra en la piel de su carne: hombre leproso es, impuro; con la impureza impuro le declarará el sacerdote: en su cabeza la llaga de él. Y el leproso que tuviere la llaga, sus vestidos estarán desgarrados y su cabeza descubierta y se cubrirá hasta en torno de su boca(b), e impuro se pregonará; todos los días que hubiere en él lepra, impuro siendo, impuro estará; separado habitará: fuera del campamento será su morada. Y en vestido, si hubiere plaga(c) de lepra; en vestido lanar o en vestido líneo, o en estambre o en trama, en lino o lana o en toda labor de piel, y fuera la plaga verdosa o rojiza en la piel o vestido, o en estambre o en trama, o en toda labor de piel; plaga de lepra es, y se mostrará al sacerdote. Y mirará el sacerdote la plaga y encerrará lo plagado siete días. Y mirará el sacerdote la plaga el día séptimo; y si hubiere cundido la plaga en el vestido: o en estambre o en trama, o en piel, en todo cuanto de piel se hace en la labor lepra roedora es la plaga: impura es. Quemará el vestido: o estambre o trama de lana o lino o de toda hechura de pieles en que hubiere la plaga; porque la plaga roedora es: en fuego se quemará. Pero, si mirare el sacerdote: y he aquí no ha cundido la plaga en el vestido; o estambre o trama o en toda hechura de pieles; ordenará el sacerdote se lave en lo que hubiere plaga; y encerrará el sacerdote la plaga siete días, segunda vez. Y mirará el sacerdote, después de lavada, la plaga: y he aquí no ha cambiado de aspecto la plaga, y la plaga no ha cundido; inmunda es: en fuego se quemará: ha corroído estambre o trama. Y si mirare el sacerdote, y fuere obscura la plaga después de lavada, la arrancará del vestido o de las pieles, o de estambre o de trama. Y si apareciere todavía en el vestido: o estambre o trama o en toda hechura de pieles, lepra naciente es: en fuego se quemará lo en que estuviere la plaga. Y el vestido o estambre o trama o toda hechura de pieles que se lava y se le ha quitado la plaga, se lavará por segunda vez, y limpia será. Esta, la ley de plaga de lepra de vestido de lana lino o estambre o trama o toda hechura de pieles, para darla por pura o impura. Purificación de la lepra Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Esta la ley del leproso el día que se limpiare: tráigasele al sacerdote; y saldrá el sacerdote fuera del campamento, y mirará el sacerdote: y he aquí sana está la llaga de la lepra en el leproso. Y ordenará el sacerdote que se tomen para el purificando dos avecillas vivas, puras y palo cedrino y estambre de grana e hisopo(a); y ordenará el sacerdote y matarán la una avecilla en vaso de barro sobre agua viva; y la avecilla la viva la tomará, y el palo el cedrino y el estambre de grana y el hisopo —y mojarálos y la avecilla la viva en la sangre de la avecilla la degollada sobre el agua viva; y rociará sobre el purificando de la lepra, siete veces y limpio será; y soltará la avecilla la viva al campo. Y lavará el purificando sus vestidos, y raerá todo su pelo y se bañará en agua, y limpio será; y después de esto, entrará en el campamento; y quedará fuera de su casa siete días. Y será que el día el séptimo raerá todo su pelo: su cabeza y su barba y cejas y todo su pelo; y lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua, y limpio será. Y el día el octavo tomará dos corderos de año, intachables, y(b), una cordera de año, intachable, y tres décimas de harina flor para hostia, amasada con aceite, y un sextario(c) de aceite, y pondrá el sacerdote purificador al hombre purificando y estas cosas delante de Señor a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y tomará el sacerdote un cordero, y lo ofrecerá por el delito y el sextario de aceite, y lo agitará con agitación delante de Señor. Y degollarán el cordero en el lugar donde degüellan los holocaustos y las víctimas por pecado, en lugar santo; porque es la por pecado como la por delito; es para el sacerdote: cosa santa de santas es. Y tomará el sacerdote de la sangre de la por el delito, y pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja del purificando la derecha, y en el pulgar de la mano la derecha y en el pulgar del pie el derecho; y tomará el sacerdote del sextario del aceite y derramará en la mano del sacerdote la izquierda; y mojará su dedo el derecho en el aceite que está en la mano la izquierda, y rociará siete veces con el dedo delante de Señor. Y del aceite restante que está en la mano, pondrá el sacerdote en el lóbulo de la oreja del purificando la derecha y en el pulgar de la mano derecha y en el pulgar del pie el derecho, sobre la sangre de la del delito, y el aceite restante en la mano del sacerdote, pondrá el sacerdote sobre la cabeza del purificando, y expiará por él el sacerdote delante de Señor. Y hará el sacerdote lo por el pecado, y expiará por él el sacerdote: por lo impuro del purificando, por el pecado de él; y después de esto, degollará el sacerdote el holocausto. Y subirá el sacerdote y la hostia al altar delante de Señor; y expiará por él el sacerdote, y será limpio. Pero si fuere pobre y no hallare su mano, tomará un cordero por lo que hubiere delinquido, para agitación, para ser expiado, y una décima de harina flor amasada con aceite para hostia, y un sextario de aceite, y dos tórtolas y dos palominos, lo que hallare en su mano, y será uno por pecado y uno para holocausto; y los traerá el día el octavo, para purificarse, al sacerdote, a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Señor. Y tomará el sacerdote el cordero del delito y el sextario del aceite y los agitará con agitación delante de Señor. Y degollará el cordero del delito y tomará el sacerdote de la sangre del por el delito, y pondrá en el lóbulo de la oreja la derecha y en el pulgar de la mano la derecha en el pulgar del pie el derecho. Y del aceite derramará el sacerdote sobre la mano del sacerdote la izquierda; y rociará el sacerdote, con el dedo el derecho del aceite el en su mano izquierda siete veces delante de Señor. Y pondrá el sacerdote del aceite del en su mano en el lóbulo de la oreja del purificando la derecha y en el pulgar de su mano la derecha, y en el pulgar de su pie el derecho, en el lugar de la sangre del por el delito; y lo restante del aceite el que está en la mano del sacerdote, pondrá sobre la cabeza del purificando, y expiará por él el sacerdote delante de Señor. Y aderezará una de las tórtolas o de los palominos, según hubiere hallado su mano: uno por pecado y uno en holocausto con la hostia; y expiará el sacerdote por el purificando delante de Señor. Esta, la ley para el en quien hay la llaga de lepra y quien no hallare en la mano para su purificación». Y habló el Señor a Moisés y Aarón diciendo: «Cuando entrareis en la tierra de Canaán, que yo os doy en posesión y yo diere plaga de lepra en las casas de la tierra de vuestra posesión; vendrá aquel cuya casa es y avisará al sacerdote, diciendo: «Una como plaga se está viendo en mi casa». Y ordenará el sacerdote despejar la casa antes de entrar a ver el sacerdote la casa; y(d) no se haga, no, impuro cuanto hubiere en la casa; y, después de esto entrará el sacerdote a reconocer la casa. Y mirará la plaga en las paredes de la casa: cavidades verdosas o rojizas, y su aspecto más hundido que las paredes; saldrá el sacerdote de la casa a la puerta de la casa, y cerrará la casa siete días. Y volverá el sacerdote el día séptimo y mirará la casa: y he aquí no ha cundido la plaga en las paredes de la casa; y ordenará el sacerdote y arrancarán las piedras en que está la lepra y arrojaránlas fuera de la ciudad en lugar inmundo. Y raerán la casa dentro en contorno y echarán el polvo fuera de la ciudad, en lugar inmundo. Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras; y otra tierra tomarán y embarrarán la casa. Y si entrare de nuevo plaga y brotare en la casa, después de arrancadas las piedras y después de raída la casa y después de embarrada de nuevo; entrará el sacerdote y mirará: si ha cundido la plaga, lepra roedora hay en la casa: inmunda es. Y arrancarán la casa; y su madera, y sus piedras y toda la tierra llevarán fuera de la ciudad, a lugar inmundo; y el que entrare en la casa, todos los días que estuviere cerrada, impuro será hasta la tarde; y el que durmiere en la casa, lavará sus vestidos, e impuro será hasta la tarde; y el que comiere en la casa, lavará sus vestidos, e impuro será hasta la tarde. Y cuando viniere el sacerdote, y entrare y viere: y he aquí no ha cundido la plaga en la casa, después de la reembarrada la casa, dará por pura el sacerdote la casa; que sana está la plaga. Y tomará, para expiar la casa, dos avecillas vivas, puras, y palo cedrino, y estambre de grana e hisopo; y degollará una avecilla en vaso barrizo sobre agua viva; y tomará el palo el cedrino, y el estambre de grana, y el hisopo y la avecilla la viva; y los mojará en la sangre de la avecilla la degollada sobre agua viva y rociará con ellos sobre la casa siete veces. Y expiará la casa en la sangre de la avecilla, y en el agua la viva, y en el palo el cedrino, y en el hisopo y en el estambre de grana. Y soltará la avecilla la viva fuera de la ciudad al campo, y expiará por la casa, y limpia será. Esta, la ley para toda plaga de lepra y de tiña. y de la lepra de vestido y casa, y tumor y postilla y mancha blanca; para enseñar qué día(e) es impuro(f) y qué día se purificará; esta la ley de la lepra. Purificación de impurezas legales involuntarias Y Señor habló a Moisés y Aarón y dijo: «Hablad a los hijos de Israel y les diréis: «A hombre, hombre(a) a quien sobreviniere flujo de su cuerpo, su flujo impuro es. Y esta la manera de su impureza: destila su miembro del flujo o se obstruye su miembro del flujo; esta es impureza en él. Todo lecho en que durmiere el gonorreoso, inmundo es; y todos los enseres en que se sentare, inmundos serán. Y el hombre que tocare su lecho, lavará sus vestidos y bañaráse en agua; e impuro será hasta la tarde; y el que se sentare en enseres en que se hubiere sentado el gonorreoso, lavará sus vestidos y se bañará en agua; e impuro será hasta la tarde. Y el que tocare el cuerpo del gonorreoso, lavará sus vestidos y se bañará en agua; e impuro será hasta la tarde; y, si escupiere el gonorreoso sobre el puro, lavará sus vestidos, y se bañará en agua, e impuro será hasta la tarde; y todo aparejo sobre el cual cabalgare el gonorreoso, inmundo será. Y todo el que tocare cuanto hubiere estado debajo de él, impuro será hasta la tarde; y el que lo llevare, lavará sus vestidos y bañaráse en agua, e impuro será hasta la tarde. Y todo aquel a quien tocare el gonorreoso, sin haber lavado sus manos, lavará sus vestidos y bañaráse en agua e impuro será hasta la tarde. Y vaso barrizo que tocare el gonorreoso, se quebrará; y vaso lígneo se lavará con agua, y limpio será. Y, si se purificare el gonorreoso de su flujo, se contarán siete días para su purificación, y lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en aguas vivas, y limpio será. Y el día el octavo se tomará dos tórtolas o dos palominos y los llevará delante de Señor a las puertas del tabernáculo del testimonio y darálos al sacerdote; y aderezarálos el sacerdote: uno por pecado, y uno para holocausto; y expiará por él el sacerdote delante de Señor, por su flujo. Y el hombre de quien saliere efusión de semen, se bañará en agua, e impuro será hasta la tarde; y todo vestido y toda piel sobre la cual hubiere efusión de semen; será inmunda hasta la tarde. Y la mujer, si durmiere varón con ella, con efusión de semen, se bañarán en agua, e impuros serán hasta la tarde. Y la mujer que estuviere hemorrágica, será flujo de su cuerpo(b), siete días estará en su separación; todo el que la tocare, impuro será hasta la tarde; y en todo lo que durmiere en su separación, inmundo será; y en todo lo que se sentare, inmundo será. Y el que tocare su lecho, lavará sus vestidos y se bañará en agua, e impuro será hasta la tarde. Y el que tocare cualesquiera enseres en que se hubiere ella sentado, lavará sus vestidos y se bañará en agua y será impuro hasta la tarde. Y si algo hubiere sobre el lecho o sobre los enseres en que se sentare ella, si él lo tocare, impuro será hasta la tarde. Y, si en lecho alguien durmiere con ella y viniere la impureza de ella sobre él, impuro será siete días, y todo lecho en que durmiere inmundo será. Y mujer que fluyere con flujo de sangre días muchos, no en tiempo de su separación, y si fluyere, después de su separación, todos los días del flujo de su impureza, así como los días de su separación, impura será. Y todo lecho en que durmiere todos los días de su flujo será para ella como el lecho de su separación; y todos los enseres en que se sentare, inmundos serán según la inmundicia de la separación. Todo el que los tocare, impuro será y lavará sus vestidos y se bañará en agua, e impuro será hasta la tarde. Y si ella se purificare de su flujo, se contará siete días, y, después de esto, pura será. Y el día el octavo se tomará dos tórtolas o dos palominos y los llevará al sacerdote a la puerta del tabernáculo del testimonio; y aderezará el sacerdote, uno por pecado y uno en holocausto, y expiará por ella el sacerdote delante de Señor, por el flujo de impureza. Así apartaréis a los hijos de Israel de sus impurezas; y no morirán por su impureza, mancillando mi tabernáculo, el en medio de ellos. Esta la ley del gonorreoso, y si de alguno saliere efusión de semen, mancillándose con ella; y para la hemorrágica en su separación; y para el gonorreoso en su flujo, sea hombre o mujer; para el varón que durmiere con impura». De la expiación general Y habló el Señor a Moisés, después de muertos los dos hijos de Aarón al ofrecer fuego extraño delante de Señor y morir; y dijo el Señor a Moisés: «Habla a Aarón tu hermano que no entre a toda hora en el santuario, del velo adentro, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; pues en la nube apareceré sobre el propiciatorio. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro por pecado y un carnero en holocausto. Y túnica línea santa se vestirá; y femoral líneo habrá sobre su cuerpo; y con cinturón líneo se ceñirá; y mitra línea se pondrá: vestiduras santas son; y bañará en agua su cuerpo, y se las vestirá. Y de parte de la congregación de los hijos de Israel tomará dos cabrones por pecado y un carnero en holocaustos. Y traerá Aarón el becerro el por su pecado, y expiará por sí y su casa. Y tomará los dos cabrones y los pondrá delante de Señor a la puerta del tabernáculo del testimonio; y echará suertes Aarón sobre los dos cabrones: una suerte «al Señor», y una suerte «a Azazel(a)». Y traerá Aarón el cabrón sobre el cual cayó la suerte: «al Señor», y le ofrecerá por pecado; y el cabrón sobre el cual cayó la suerte: «a Azazel», pondrá vivo delante de Señor, para expiar por medio de él, enviándole a Azazel, al desierto. Y traerá Aarón el becerro el por el pecado de él, y expiará por sí y su casa, y degollará el becerro el por el pecado suyo. Y tomará el incensario lleno de brasas de fuego del altar el delante de Señor, y llenará sus manos de timiamas de especias y lo llevará del velo adentro, y pondrá el timiama sobre el fuego delante de Señor; y cubrirá el humo de timiama el propiciatorio el sobre el testimonio, y no morirá. Y tomará de la sangre del becerro y rociará con el dedo sobre el propiciatorio al oriente; por el frente del propiciatorio rociará siete veces con su dedo. Y degollará el cabrón el por el pecado, el por el pueblo delante de Señor, e introducirá de su sangre del velo adentro y hará con su sangre del modo que hizo con la sangre del becerro, y rociará su sangre sobre el propiciatorio y por el frente del propiciatorio; y expiará el santuario de las impurezas de los hijos de Israel y de las iniquidades de ellos, por todos sus pecados; y así hará al tabernáculo del testimonio, el edificado entre ellos, en medio de sus impurezas. Y todo hombre no estará en el tabernáculo del testimonio, entrando él a expiar, hasta que saliere; y expiará por sí, y por su casa y por toda la congregación de hijos de Israel. Y saldrá al altar, al que está delante de Señor, y expiará sobre él; y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del cabrón, y pondrá sobre los cuernos del altar en contorno, y rociará de la sangre con su dedo siete veces, y lo purificará y lo santificará de las impurezas de los hijos de Israel. Y acabará de expiar el santuario y el tabernáculo y el altar, y traerá el cabrón el vivo. Y pondrá Aarón sus manos sobre la cabeza del cabrón el vivo y confesará sobre él todas las transgresiones de los hijos de Israel y todas sus iniquidades y todos sus pecados, y los pondrá sobre la cabeza del cabrón el vivo y enviará(b), en mano de hombre preparado, al desierto; y tomará el cabrón sobre sí las iniquidades de ellos a tierra inhabitada, y enviará el cabrón al desierto. Y entrará Aarón en el tabernáculo del testimonio y se desvestirá las vestiduras las líneas que se había vestido al entrar en el santuario, y las pondrá allí. Y bañará su cuerpo en agua en lugar santo y se pondrá sus vestiduras, y saldrá y hará su holocausto y el holocausto, del pueblo; y la grosura por los pecados, quemará sobre el altar. Y el que llevare el cabrón a Azazel, lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua y después de esto, entrará en el campamento. Y el becerro el por el pecado y el cabrón el por el pecado de los cuales la sangre se ha introducido para expiar en el santuario, los sacarán fuera del campamento, y los quemarán en fuego: sus pieles y sus carnes, y su fimo; y el que los quemare, lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua, y, después de esto, entrará en el campamento. Y será esto para vosotros ley sempiterna: en el mes el séptimo, el diez del mes, humillaréis vuestras almas(c) y toda obra no haréis, el indígena y el advenedizo el que peregrina entre vosotros. Pues en este día os expiará para purificaros de todos vuestros pecados delante de Señor; y purificados seréis. Sábado de sábados este reposo será para vosotros; y humillaréis vuestras almas: ley sempiterna. Expiará el sacerdote a quien se ungiere y cuyas manos se consagren para ser sacerdote después de su padre y se vestirá las vestiduras líneas, vestiduras sagradas; y expiará el santo de los santos; y el tabernáculo del testimonio y el altar expiará. Y será esto para vosotros ley sempiterna: el expiar a los hijos de Israel de todos sus pecados; una vez al año». «Hízose» del modo que Señor había ordenado a Moisés. De las inmolaciones Y habló Señor a Moisés y dijo: «Habla a Aarón, y a sus hijos y a todos los hijos de Israel, y dirás a ellos: «Esta la palabra que ha mandado Dios, diciendo: «Hombre hombre(a) de los hijos de Israel que degollare becerro, u oveja o cabra en el campamento y el que degollare fuera del campamento, y a la puerta del tabernáculo del testimonio y no lo trajere para hacer ofrenda a Señor ante la morada de Señor: imputada le será a aquel hombre sangre: sangre derramó: cortada será aquella alma, de su pueblo; para que traigan los hijos de Israel sus hostias, cuantas degollaren en los campos y las traigan al Señor, a las puertas del tabernáculo del testimonio al sacerdote y la victimen víctima pacífica al Señor; y derramará el sacerdote la sangre sobre el altar de Señor en contorno a la puerta del tabernáculo del testimonio, y quemará la grosura en olor de suavidad para Señor; y no victimarán ya sus víctimas a los demonios tras los cuales han ido fornicando: ley sempiterna será para ellos en sus generaciones». Y dirás a ellos: «Hombre hombre de los hijos de Israel y de los advenedizos que peregrinan entre vosotros, que hiciere holocausto u hostia; y a la puerta del tabernáculo del testimonio no los trajere a hacerlos al Señor, cortado será aquel hombre, de su pueblo. Y hombre hombre de los hijos de Israel y de los advenedizos que peregrinan entre ellos, que comiere toda sangre(b), pondré mi rostro contra el alma la que comiere la sangre, y la cortaré de su pueblo. Que el alma de toda carne, su sangre es, y yo os la he dado sobre el altar para expiar por vuestras almas; porque la sangre por el alma expiará. Por eso he dicho a los hijos de Israel: «Toda alma de vosotros no comerá sangre; y el advenedizo el que peregrina entre vosotros no comerá sangre». Y hombre hombre de los hijos de Israel y de los advenedizos que peregrinan entre vosotros, que cazare, con caza, una fiera o volátil que se come, derramará la sangre y cubrirála con tierra; que el alma de toda carne, su sangre es; y he dicho a los hijos de Israel: «Sangre de toda carne no comeréis; todo el que la comiere, cortado será. Y toda alma que comiere cosa mortecina o cazada, indígena o advenedizo, lavará sus vestidos y se bañará en agua, e impuro será hasta la tarde; y puro será. Pero, el que no lavare, y su cuerpo no bañare, llevará su iniquidad». Del incesto y la castidad Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Yo Señor Dios vuestro; según las obras de la tierra de Egipto en la que morasteis, no haréis; y según las obras de la tierra de Canaán, a la cual os conduzco, no haréis; ni en sus leyes andaréis. Los juicios míos haréis y mis preceptos guardaréis, para andar en ellos: yo Señor el Dios vuestro. Y guardaréis todos los preceptos míos y todos los juicios míos, y los haréis; los que haciendo el hombre vivirá en ellos: yo Señor el Dios vuestro. Hombre hombre a consanguíneos no se llegará a descubrir su vergüenza: yo Señor. La vergüenza de tu padre y la vergüenza de tu madre no descubrirás; que tu madre es y no descubrirás su vergüenza. La vergüenza de mujer de tu padre no descubrirás: vergüenza de tu padre es. Vergüenza de hermana tuya de padre y de madre, nacida dentro o nacido fuera, no descubrirás su vergüenza. Vergüenza de hija de tu hijo o de hijos de tu hija —no descubrirás la vergüenza de ellas, que tu vergüenza es. Vergüenza de hija de mujer de tu padre no descubrirás: hermana tuya es— no descubrirás su vergüenza. Vergüenza de hermana de tu padre no descubrirás: consanguínea de tu padre es. Vergüenza de hermana de tu madre no descubrirás; que consanguínea de tu madre es. Vergüenza de hermano de tu padre no descubrirás y a su mujer no te llegarás; que parienta tuya es. Vergüenza de tu nuera no descubrirás; pues mujer de tu hijo es —no descubrirás su vergüenza. Vergüenza de mujer de tu hermano no descubrirás: la vergüenza de tu hermano es. Vergüenza de mujer y de su hija no descubrirás; la hija del hijo de ella y la hija de la hija de ella no tomarás, para descubrir la vergüenza de ellas: consanguíneas tuyas son; incesto es. Y mujer juntamente con su hermana no tomarás por rival, para descubrir su vergüenza, delante de ella, viva ella. Y a mujer en su separación de impureza no te llegarás para descubrir su vergüenza. Y con la mujer de tu prójimo no tendrás coito, contaminándote con ella. Y de tu simiente no darás para servir a Moloc(a), y no contaminarás el nombre de tu Dios: yo Señor. Y con hombre no dormirás como se duerme con mujer; porque abominación es. Y con todo cuadrúpedo no tendrás coito, contaminándote con él; y mujer no se acercará a todo cuadrúpedo para fecundarse; que oprobioso es. No os mancillaréis en todo esto, pues en todo esto se han mancillado las gentes que yo arrojo de delante de vosotros. Y se ha mancillado la tierra, y yo les he retribuido por causa de ella: y ha vomitado(b) sus moradores. Y guardaréis todas mis leyes y preceptos y no haréis de todas estas abominaciones, el indígena y el advenedizo que peregrina entre vosotros; pues todas estas abominaciones han hecho los hombres de la tierra, los antes de vosotros, y se ha mancillado la tierra; a fin de que no os vomite la tierra, mancillándola vosotros del modo que vomitó las gentes las antes de vosotros. Pues todo el que hiciere de todas estas abominaciones cortadas serán las almas las tales, de su pueblo. Y guardaréis mis preceptos, para no hacer todas las leyes las abominables que han sido antes de vosotros, y no os mancillaréis en ellas: yo Señor el Dios vuestro». Varios preceptos morales y ceremoniales Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y dirás a ellos: «Santos seréis, porque yo, santo, Señor el Dios vuestro. Cada uno a su padre y su madre tema; y mis sábados, guardaréis: yo Señor el Dios vuestro. No seguiréis ídolos; y dioses conflátiles(a) no os haréis: yo Señor el Dios vuestro. Y, cuando victimareis víctima pacífica al Señor, espontáneos victimaréis; el día que victimáreis, será comida y el siguiente día; y, si quedare hasta el tercer día, en fuego se quemará. Y si se comiere el día tercero, no sacrificado es: no será acepto; y el que lo comiere pecado llevará, porque lo santo de Señor ha profanado; y cortada será esta alma, de su pueblo. Y, cuando segareis la siega de vuestra tierra, no ultimarás tu siega, segando tu campo hasta la linde; y lo caído de tu siega no recogerás; y tu viña no rebuscarás, ni las uvas(b) de tu viña no recogerás; al pobre y al peregrino lo dejarás: yo soy Señor el Dios vuestro. No hurtaréis; no mentiréis; no calumniaréis cada cual al prójimo. Y no juraréis en mi nombre en lo injusto: y no profanaréis el nombre de vuestro Dios: yo soy Señor, el Dios vuestro. No dañarás al prójimo, y no robarás; y no dormirá el jornal de tu jornalero cerca de ti hasta la mañana. No maldecirás al sordo; y delante del ciego no pondrás tropiezo; y temerás a Señor tu Dios: yo soy Señor. No haréis cosa injusta en juicio; no aceptarás rostro de pobre ni admirarás rostro de poderoso: en justicia juzgarás a tu prójimo. No andarás calumniando en tu pueblo; no te detendrás ante la sangre(c) de tu prójimo: yo Señor. No odiarás a tu hermano en tu corazón; con reprensión reprenderás a tu prójimo; y no llevarás, por causa suya pecado. Y no se vengue tu mano; y no te airarás contra los hijos de tu pueblo; y amarás a tu prójimo como a ti mismo: yo soy Señor. Mi ley guardaréis: tu animal no ayuntarás con otro animal; y tu campo no sembrarás con dos simientes y vestido de telas no te pondrás(d). Y si alguno durmiere con mujer con efusión de semen; y ella fuere sierva, desposada con varón; y ella no fuere rescatada ni se le hubiere dado libertad, serán azotados; no morirán, por no ser ella libre. y traerá por su delito al Señor, a la puerta del tabernáculo del testimonio, un carnero de delito; y expiará por él el sacerdote en el carnero del delito, delante de Señor, por el pecado que pecó, y se le perdonará el pecado que pecó. Y cuando hubiéreis entrado en la tierra, y plantado todo leño comestible(e) dejaréis, como prepucio(f) su fruto: tres años será para vosotros incircunciso(g): no se comerá. Y el año el cuarto será todo su fruto santo, loable al Señor; y el año el quinto comeréis el fruto, ganancia para vosotros sus gérmenes: yo soy Señor el Dios vuestro. No comeréis con sangre; no agoraréis ni adivinaréis. No cortaréis en redondo el cabello de vuestra cabeza; ni desfiguraréis el aspecto de vuestra barba(h). Incisiones, por un muerto, no haréis en vuestro cuerpo y señales impresas no haréis en vosotros. No contaminarás a tu hija prostituyéndola; y no se prostituya la tierra, y se llene la tierra de iniquidad. Mis sábados guardaréis, y mi santuario temed: yo soy Señor. No sigáis a nigromantes: y a encantadores no adhiráis, mancillándoos con ellos: yo soy Señor, el Dios vuestro. Ante cabeza cana te levantarás; y honrarás faz de anciano; y temerás a tu Dios: yo soy Señor. Si habitare un advenedizo con vosotros en vuestra tierra, no lo oprimiréis. como indígena estará entre vosotros el advenedizo que viniere a vosotros; y le amarás como a ti mismo; pues advenedizos fuisteis en tierra de Egipto: yo Señor el Dios vuestro. No haréis cosa injusta en juicio, en mensura, en peso y en medida: balanza justa, pesas justas, celemín justo y sextario justo tendréis: yo soy Señor, el Dios vuestro que os sacó de tierra de Egipto. Y guardaréis todas mis leyes y todos mis preceptos, y los haréis: yo soy Señor, el Dios vuestro». Pena de muerte para varios crímenes Y habló el Señor a Moisés, y dijo: «Y a los hijos de Israel hablarás: «Si alguno de los hijos de Israel o de los advenedizos venidos a Israel —quien diere de su simiente a Moloc(a), de muerte morirá: el pueblo el de la tierra lapidárale. Y yo pondré mi rostro contra aquel hombre y le perderé de mí de su pueblo, porque de su simiente ha dado a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre. Pero, si apartare el pueblo de la tierra sus ojos de aquel hombre, cuando diere de su simiente a Moloc, para no matarle; pondré mi rostro contra aquel hombre y contra su linaje, y le perderé y a todos los que consintieren con él para fornicar con él tras Moloc, de en medio de su pueblo. Y el alma que siguiere a nigromantes y encantadores para fornicar tras ellos —pondré mi rostro contra aquella alma y la perderé de su pueblo. Y seréis santos, que santo yo, Señor el Dios vuestro. Y guardaréis mis preceptos y los haréis: yo, Señor, el que os santifico. Hombre hombre que maldijere a su padre o a su madre, de muerte muera: a su padre o madre ha maldecido: su sangre sobre él. Un hombre que adulterare con mujer de varón y el que adulterare con mujer del prójimo, de muerte mueran el adúltero y la adúltera. Y, si alguno durmiere con la mujer de su padre, la vergüenza de su padre ha descubierto: de muerte mueran ambos; su sangre sobre ellos. Y, si alguno durmiere con su nuera, de muerte mueran ambos; ignominiosamente se han ayuntado: su sangre sobre ellos. Y, quien durmiere con varón como con mujer, abominación han hecho ambos: mueran: su sangre sobre ellos. Quien tomare mujer y la madre de ella, lujuria es: en fuego se les quemará a él y a ellas; y no habrá lujuria entre vosotros. Y quien tuviere cópula con bestia, de muerte muera, y la bestia mataréis. Y la mujer que se llegare a toda bestia para dormir con ella; —mataréis a la mujer y la bestia; de muerte mueran; su sangre sobre ellas. Quien tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y él viere la vergüenza de ella, y ella viere la vergüenza de él, ignominia es: cortados serán a faz de los hijos del pueblo de ellos; la vergüenza de su hermana ha descubierto; su pecado lleva(b). Y el hombre que durmiere con mujer en su enfermedad, y descubriere su vergüenza: la fuente de su sangre descubrió; y ella descubrió el flujo de su sangre; cortados serán ambos de en medio de su pueblo. Y la vergüenza de la hermana de tu padre y de la hermana de tu madre no descubrirás; pues sus consanguíneos ha descubierto; su pecado llevarán. El que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la vergüenza del hermano de su padre ha descubierto: sin hijos(c) morirán. El que tomare la mujer de su hermano (impureza es), la vergüenza de su hermano ha descubierto: sin hijos morirán. Y guardaréis todos mis preceptos y mis juicios, y los haréis; y nos os vomitará, la tierra, a la cual os llevo para que habitéis en ella. Y no caminaréis en las leyes de las gentes que arrojo de delante de vosotros, porque todo esto han hecho, y las he abominado. Y os he dicho: «Vosotros heredaréis su tierra, y yo os la daré en posesión, tierra que mana leche y miel: yo Señor, el Dios vuestro; que os he separado de todas las gentes. Y discernid vosotros entre bestia pura e impura, y entre volátil puro e impuro; y no haréis abominables vuestras almas en las bestias y en las aves, y en todos los reptiles de la tierra; los cuales yo he separado para vosotros en impureza. Y seréisme santos, porque yo, santo, Señor el Dios vuestro, que os he separado de todas las gentes, para que seáis míos. Y hombre o mujer que fuere entre ellos adivino o encantador de muerte mueran: en piedras serán apedreados: su sangre sobre ellos». De la pureza del sacerdocio Y dijo el Señor a Moisés: «Di a los sacerdotes, los hijos de Aarón, y les dirás: «En un alma nadie se contaminará en su pueblo(a); sino sólo en los consanguíneos los más cercanos de ellos: su padre y madre, e hijo e hija: su hermano; y en su hermana virgen, cercana a él que no ha sido dada a marido; en éstos se contaminará. No se contaminará príncipe(b) del pueblo, en profanación suya. Y calva no raerán su cabeza y la punta de la barba no raerán y en su carne no harán incisiones. Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios; pues las hostias de Señor, dones de su Dios ofrecen ellos: y serán santos. Mujer ramera y profanada(c) no tomarán; y mujer repudiada de su marido no tomarán; porque santo(d) es a su Dios; y le santificarás; pues los dones de tu Dios él ofrece: santo te será, pues, santo yo Señor, el que os santifico. Y la hija de un hombre sacerdote, si se profanare, ramereando, el nombre de su padre profana: en fuego será quemada. Y el sacerdote, el grande entre sus hermanos, él en cuya cabeza se ha derramado el óleo de la unción y me ha sido consagrado, vistiéndose las vestiduras, su cabeza no descubrirá, y sus vestidos no rasgará; y a toda alma muerta(e) no entrará; en su padre ni en su madre se contaminará; y del santuario no saldrá(f) y no profanará el santuario de su Dios, pues el óleo de la santa unción de su Dios sobre él está: yo Señor. Este mujer virgen de su pueblo tomará; pero viuda, y repudiada, y profanada y ramera, éstas no tomará; sino que una virgen de su pueblo tomará por mujer; y(g) no profanará su simiente en su pueblo: yo Señor, quien le santifico». Y habló Señor a Moisés y dijo: Di a Aarón: Hombre de tu linaje, por vuestras generaciones, en quien hubiere deformidad, no entrará a ofrecer los dones de su Dios. Todo hombre en quien hubiere deformidad, no entrará: hombre, o ciego, o cojo, o mútilo o monstruoso(h); u hombre en quien hubiere quebradura de pie o quebradura de mano; gibado o enano, o de nube en los ojos; u hombre en quien hubiere sarna curable o empeine o hernia; todo el en que hubiere deformidad, de entre la simiente de Aarón, el sacerdote, no se llegará a ofrecer las hostias a su Dios: deformidad hay en él; los dones de Dios no entrará a ofrecer. Los dones a su Dios, lo santo de lo santo, y de lo santo comerá; sólo que al velo no entrará y al altar no se llegará, pues deformidad tiene; y no profanará mi santuario; porque yo soy Señor quien les santifica». Y habló Moisés a Aarón y sus hijos y a todos los hijos de Israel. De los sacrificios Y habló el Señor a Moisés, y dijo: «Di a Aarón y sus hijos que se retraigan(a) los santuarios de los hijos de Israel (y no profanarán el nombre mío el santo) cuantos me santifican ellos: yo, Señor. Diles: «Hombre que entrare, de toda la simiente vuestra, a los santuarios cuantos me santifican los hijos de Israel, y su impureza estuviere en él, cortada será aquella alma de delante de mi faz: yo Señor. Y hombre de la simiente de Aarón que fuere leproso o gonorreoso, de lo santo no comerá hasta que fuere limpio; y el que tocare toda impureza de ánima, u hombre de quien saliere semen de coito; el que tocare todo reptil que le contamina o a un hombre que contamina, según toda su impureza: el alma que los tocare, impura será hasta la tarde; no comerá de todo lo santo, si no hubiere bañado su cuerpo en agua; y pondráse el sol, y puro será; y entonces comerá de lo santo, porque pan es suyo. Mortecino y destrozado(b) no comerá; para contaminarse en ello; yo Señor. Y guardarán mis guardas(c), para que, por ellas, no lleven pecado y mueran, por ellas; y si las profanaren —yo Señor, el Dios que les santifico. Y todo extraño no comerá(d) cosas santas: inquilino de sacerdote o mercenario no comerá cosas santas. Mas, si un sacerdote comprare un alma por su dinero, éste comerá de pan(e) de él; y los vernáculos de él, también éstos comerán del pan de él. Y una hija de sacerdote si fuere mujer de un hombre extraño, ésta de lo santo comerá. E hija de sacerdote, si fuere viuda o repudiada, y simiente no hubiere en ella, y volviere a la casa paterna, como en su juventud; del pan de su padre comerá: pero todo extraño no comerá de él. Y hombre que comiere cosa santa por ignorancia, añadirá su quinto a ella y dará al sacerdote la cosa santa. Y no profanarán las cosas santas de los hijos de Israel que ellos separen para el Señor; y atraerán sobre sí iniquidad de delito, comiendo lo santo de ellos; que yo Señor el que les santifico». Y habló el Señor a Moisés y dijo: «Habla a Aarón y sus hijos y a todos los hijos de Israel, y les dirás: «Hombre hombre de la casa de Israel o de los advenedizos que habitaren en Israel: que ofreciere sus dones, según todos sus votos, según toda su elección, cuanto ofrecieren a Dios en holocausto; para que sea acepto para vosotros, intachable, masculino será, de la vacada, y de las ovejas y de las cabras. Todo cuanto tuviere tacha, no ofrecerán; para esto: porque acepto no os será. Y hombre que ofreciere hostia pacífica al Señor, cumpliendo voto según elección; o en vuestras fiestas, de entre la vacada o de las ovejas; —tacha no habrá en ella. Ciega, o contrahecha, o mutilada, o verrugosa o sarnosa o roñosa; no ofreceréis éstas al Señor; y para holocausto no pondréis sobre el altar al Señor. Y becerro o cordero sin orejas o sin cola(f), hostia voluntaria los harás; pero para voto tuyo no serán aceptos. Quebrantado o deshecho, o cortado o despojado(g), no ofrecerás esto al Señor; y en vuestra tierra(h) no lo haréis; y(i) de mano de extraño no ofreceréis los dones de vuestro Dios, de todos estos(j), pues defectos hay en ellos, tacha en ellos; no serán éstos aceptos para vosotros». Y habló Señor a Moisés y dijo: «Becerro, u oveja o cabra, cuando naciere, estará siete días bajo su madre; mas, desde el octavo día en adelante, será acepto para don: holocausto a Señor. Y becerro u oveja, ella y su cría no degollaréis en un día(k). Y si degollares víctima de agradecimiento a Señor, para que os sea acepto, degolladla; en el mismo día será comida; no dejaréis de su carne hasta la mañana: yo soy Señor. Y guardaréis mis mandamientos y los haréis. Y no profanaré mi santo nombre, y santificado seré en medio de los hijos de Israel: yo, Señor, el que os santifico; el que os he sacado de tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: yo, Señor». Santificación de las fiestas Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Las fiestas de Señor, las que proclamaréis convocaciones santas, —estas son mis fiestas. Seis días harás labores; y el día séptimo, el sábado reposo, con vocación santa: toda obra no haréis; sábado es del Señor, en toda morada vuestra. Estas las fiestas del Señor, santas con vocaciones a las que convocaréis en sus tiempos. En el primer mes, el catorceno día del mes, al atardecer, es pascua para el Señor. Y el quinceno día de este mes, fiesta de los ázimos para el Señor: siete días ázimos comeréis. Y el día el primero, convocación santa tendréis; toda obra servil no haréis; y ofreceréis holocaustos al Señor, siete días; y el séptimo día convocación santa tendréis; toda obra servil no haréis». Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Di a los hijos de Israel, y les dirás: «Cuando entrareis en la tierra que os doy, y segareis su siega, traeréis una gavilla, al sacerdote; y agitará la gavilla delante de Señor, acepta para vosotros; el día siguiente al primero la agitará el sacerdote. Y haréis el día que trajeres la gavilla, un cordero intachable de año, en holocausto al Señor; y la hostia de él: dos décimas de harina flor amasada con aceite: hostia al Señor, olor de suavidad, y su libación, un cuarto de hin de vino. Y pan, y grano tostado y espiga fresca no comeréis hasta este mismo día; hasta que hubiereis ofrecido los dones a vuestro Dios: ley sempiterna por vuestras generaciones, en toda morada vuestra. Y contaréis, desde el día después del sábado, desde el día que ofreciereis la gavilla de la oblación, siete semanas enteras; hasta el día después de la última semana, contaréis cincuenta días, y ofreceréis hostia nueva al Señor. De vuestras moradas traeréis panes de oblación, dos: de dos décimas de harina flor serán, leudos coceránse, primicias al Señor. Y traeréis, con los panes, siete corderos intachables de año, y un becerro y dos carneros intachables; serán holocausto al Señor y sus hostias y sus libaciones: holocausto olor de suavidad al Señor. Y harán un cabrón por pecado y dos corderos de un año para hostia pacífica. Y agitarálos el sacerdote, con los panes de las primicias, en agitación delante de Señor, con los dos corderos, santos serán al Señor; del sacerdote que los ofreciere, de él serán. Y convocaréis en este día convocación; santo os será; toda obra servil no haréis en él: ley sempiterna por vuestras generaciones, en toda morada vuestra. Y, cuando segareis la siega de vuestra tierra, no acabaréis el resto de la siega de tu campo; y lo caído de tu siega no recogerás: al pobre y al extraño dejarás estas cosas: yo Señor el Dios vuestro». Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel y di: «Del mes séptimo, en el primero del mes, habrá para vosotros reposo: memorial de trompetas convocación santa habrá para vosotros; toda obra servil no haréis, y ofreceréis holocausto a Señor». Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Y el diez de este mes séptimo, día es de expiación; convocación santa habrá para vosotros, y humillaréis vuestras almas, y ofreceréis holocausto al Señor. Todo trabajo no haréis en este día; porque día de expiación es él para vosotros, para expiaros delante de Señor, el Dios vuestro. Toda alma que no se humillare en este día, cortada será de su pueblo; y toda alma que hiciere trabajo en este día, —destruiré esta alma de entre su pueblo. Todo trabajo no haréis; ley sempiterna por vuestras generaciones en todas vuestras moradas. Sábado de sábados será para vosotros, y humillaréis vuestras almas; desde el nueve del mes, de tarde a tarde, sabatizaréis, vuestro sábado(a)». Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, diciendo: «El quince de este mes séptimo será la fiesta de los tabernáculos, siete días al Señor. Y el día primero, convocación santa; toda obra servil no haréis. Siete días ofreceréis holocaustos al Señor; y el día el octavo, convocación santa habrá para vosotros; y ofreceréis holocaustos al Señor: fiesta final es: toda obra servil no haréis. Estas, las fiestas de Señor: a las que convocaréis convocaciones santas, para ofrecer oblaciones al Señor: holocausto, y hostias y libaciones, lo del día cada día; a más de los sábados de Señor; y a más de vuestros dones, y de todos vuestros votos y de lo que voluntariamente diréis al Señor. Y el día quince de este séptimo mes, cuando hubiereis recogido los frutos de la tierra, celebraréis al Señor siete días: el día el primero, reposo, y el día el octavo, reposo. Y tomaréis el día el primero, fruto del naranjo y palmas y mirto y sauce, para regocijaros delante de Señor el Dios vuestro, siete días. Lo celebraréis fiesta a Señor, siete días en el año: ley sempiterna por vuestras generaciones en el mes séptimo lo celebraréis. En pabellones habitaréis siete días; todo indígena de Israel habitará en pabellones; Para que sepan vuestras generaciones que en pabellones aposenté a los hijos de Israel, al sacarles de tierra de Egipto: yo, Señor, el Dios vuestro». Y dijo Moisés las fiestas de Señor a los hijos de Israel. Ritos. Penas. Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Manda a los hijos de Israel y tráiganme aceite de olivas, puro, molido para luz a fin de encender lámparas continuamente, fuera del velo del testimonio en el tabernáculo del testimonio; y encenderála Aarón(a), de tarde a mañana, a faz de Señor continuamente: ley sempiterna por vuestras generaciones. Sobre el candelabro el puro(b) aderezará las lámparas. Y tomarás flor de harina y la harás doce panes: de dos décimas será cada pan. y los pondrás, dos capas: seis cada capa, sobre la mesa, la pura(c) delante de Señor. Y pondrás sobre la capa incienso puro(d); y serán para panes, para memoria hostia al Señor. El día de los sábados los propondrá delante de Señor, continuamente a faz de los hijos de Israel: pacto sempiterno. Y será Aarón y sus hijos, y lo comerán en lugar sagrado; que es cosa santa de santas, de lo ofrendado al Señor: ley sempiterna. Y salió el hijo de una mujer israelita, y éste era hijo de egipcio, entre los hijos de Israel; y altercaron en el campamento el hijo de la israelita y un hombre israelita; y blasfemando el hijo de la mujer israelita, el nombre(e) maldijo; y lleváronle a Moisés; y el nombre de su madre, Salumit, hija de Dabré, de la tribu de Dan. Y pusiéronle en prisión, para juzgarle a faz(f) de Señor. Y dijo el Señor a Moisés, diciendo: «Saca el blasfemo fuera del campamento, y pondrán todos los que oyeron, sus manos sobre la cabeza de él, y lapidáranle, toda la congregación. Y a los hijos de Israel, y les dirás: «Hombre que blasfemare a Dios pecado llevará; y el que blasfemare el nombre de Señor de muerte muera: con piedras apedréelo toda la congregación de Israel; sea advenedizo sea indígena, blasfemando el nombre de Señor, muera. Y hombre que hiriere alma de hombre, y(g) muriere, de muerte muera; y el que hiriere bestia, y muriere, pagará alma por alma. Y, si alguno infiriere mácula al prójimo, cual le hizo, tal se hará a su vez a él: quiebra por quiebra, ojo por ojo, diente por diente; tal como infiriere mácula al hombre, así se inferirá a él. Quien matare bestia, la pagará; quien matare hombre, de muerte muera; justicia una habrá para el advenedizo y el indígena; que yo soy Señor, el Dios vuestro». Y habló Moisés a los hijos de Israel, y sacaron al blasfemo fuera del campamento y apedreáronle con piedras. Y los hijos de Israel hicieron, cual ordenara Señor a Moisés. Leyes del año sabático y jubilar Y habló Señor a Moisés en el monte Sinaí, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Cuando entraréis en la tierra que yo os doy, reposará(a) la tierra sábado al Señor. Seis años sembrarás tu campo y seis años podarás tu viña, y recogerás su fruto; pero el año, el séptimo, sábado; reposo, habrá para la tierra; sábado al Señor: tu campo no sembrarás y tu viña no podarás; y lo que de suyo brotare en tu campo, no segarás y las uvas de tu consagración(b), no vendimiarás: año de reposo será para la tierra; y será el sábado de la tierra alimento para ti, y tu siervo y tu sierva, y tu jornalero y el advenedizo que habitare contigo; y para tus bestias y las fieras las de tu tierra será todo su fruto para comida. Y te contarás siete sábados(c) de años: siete años siete veces, y te serán siete semanas de años: cuarenta y nueve años. Y anunciarás a son de trompeta en el mes, el séptimo, el diez del mes; el día de la expiación anunciaréis en toda vuestra tierra. Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis remisión en la tierra a todos sus habitantes: jubileo(d) él os será; y volverá cada cual a su posesión; y cada cual a su familia volveréis. Jubileo éste, el quincuagésimo año, os será: no sembraréis, ni haréis lo que de suyo brotare en ella(e); y no vendimiaréis la consagración de ella, que jubileo es: santo seráos: de los campos comeréis el fruto de ella. En el año de este jubileo volveréis cada cual a su posesión. Y si hicieres una venta a tu prójimo, y si comprares de mano de tu prójimo, no oprima hombre al prójimo: según el número de años, después del jubileo, comprarás de tu prójimo; según el número de años de frutos, se te venderá. Según el mayor número de años aumentarás su precio; según el menor número de años, disminuirás su precio; pues el número de los frutos te venderá. No oprima hombre al prójimo; y temerás a Señor, tu Dios: yo soy Señor el Dios vuestro. Y haréis mis preceptos, y mis juicios guardad; y habitaréis sobre la tierra seguros, y dará la tierra sus frutos, y comeréis hasta la hartura; y habitaréis seguros sobre ella. Mas si dijereis: «¿Qué comeremos el año, este séptimo, si no sembraremos ni recogiéremos nuestros frutos?» y enviaré mi bendición el año el sexto; y hará fruto para tres años. Y sembraréis el año el octavo y comeréis del fruto añejo; hasta el año nono, hasta que viniere su fruto, comeréis añejo de añejo. Y la tierra no se venderá para siempre; que mía es la tierra; por esto: porque advenedizos y peregrinos vosotros sois delante de mí; y en toda tierra de vuestra posesión, rescate otorgaréis a la tierra. Y, si empobreciere tu hermano y vendiere de su posesión, y viniere su pariente próximo, rescatará lo vendido por su hermano. Y, si no tuviere pariente(f), y enriqueciere su mano y hallare lo bastante al rescate; contará los años de su venta, y pagará lo que faltare al hombre a quien vendió, y volverá a su posesión. Pero, si no enriqueciere su mano lo bastante para pagarle, tendrá lo comprado el comprador hasta el año del jubileo: y en el jubileo saldrá(g), y él volverá a su posesión. Pero, si alguno vendiere casa habitable en ciudad murada; rescate habrá de ella hasta que se cumpla un año de días, rescate habrá de ella. Y, si no fuere rescatada antes de cumplirse un año entero, pertenecerá la casa la que estuviere en ciudad murada, por siempre al que la hubiere comprado por sus generaciones, y no saldrá en el jubileo. Pero, las cosas, las de las aldeas, que no tuvieren muros alrededor, con el campo de la tierra serán contados: rescatables siempre serán, y en el jubileo saldrán. Y las ciudades de los levitas, las casas de la posesión de ellos, rescatables siempre serán a los levitas; y si no hubieren sido rescatadas de los levitas saldrá la compra de sus casas de la ciudad de su posesión, en el jubileo; porque casas de las ciudades de los levitas, posesión(h) de ellos en medio de los hijos de Israel. Y los campos del ejido de las ciudades de ellos no se venderán porque posesión sempiterna esto de ellos es. Y, si empobreciere tu hermano y vacilare de manos a par de ti, acógele, advenedizo(i) y peregrino, y vivirá tu hermano contigo. No tomarás usura de él, ni aumento y temerás a tu Dios: y vivirá tu hermano contigo. Tu dinero no le darás a usura y tu vitualla no a ganancia: yo, Señor, el Dios vuestro, que os saqué de tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán, para ser vuestro Dios. Si empobreciere tu hermano a par de ti, y se vendiere a ti, no te servirá servicio de esclavo: como mercenario o inquilino será para ti; hasta el año del jubileo trabajará cerca de ti; y saldrá en el jubileo, y sus hijos con él; y volverá a su familia; a la posesión, la paterna, regresará. Por esto: porque siervos míos son estos, que saqué de tierra de Egipto, no serán vendidos en ventas de esclavos. No te enseñorearás de él con dureza; y temerás a Señor tu Dios. Y siervo y sierva, cuantos tuviereis —de las gentes cuantas en torno de ti hay —de éstas compraréis esclavo y esclava; y de los hijos los peregrinos, los que hubiere entre vosotros— de éstos compraréis y de sus parientes, cuantos hubieren nacido en vuestra tierra; os sean en posesión. Y los legaréis a vuestros hijos, después de vosotros; y os serán posesión por siempre; más de vuestros hermanos, los hijos de Israel, cada cual a su hermano no señoreará con dureza. Y, si hallare la mano del advenedizo o del peregrino a par de ti, y empobrecido tu hermano, se vendiere al advenedizo o al peregrino, a par de ti, o al linaje del advenedizo; después de haberse vendido, rescate habrá para él: uno de sus hermanos le rescatará. Hermano de su padre o hijo de hermano de su padre le rescatará o de los consanguíneos suyos de su tribu le rescatará; y, si enriquecido de manos, se rescatare a sí mismo, y contará con el que le compró, desde el año que se vendió él hasta el año del jubileo; y será el dinero de su venta como el de mercenario: año por año habrá estado con él. Si a alguno quedare muchos años, según esto pagará su rescate, del dinero de su venta; y, si poco rescatara de los años hasta el año del jubileo, contará con él(j), según los años de él, y pagará su rescate. Como mercenario, año por año, estará con él; no le oprimirás con dureza delante de tus ojos. Y, si, de este modo, no se rescatare, saldrá en el año del jubileo, él y sus hijos con él. Pues a mí los hijos de Israel siervos son; niños míos son éstos, que saqué de tierra de Egipto.» Sanción de la ley «Yo, Señor, el Dios vuestro: no os haréis ídolos, ni esculturas; ni columna os erigiréis; ni piedra atalaya(a) pondréis en vuestra tierra para adorarla: yo soy Señor el Dios vuestro. Mis sábados guardaréis, y mi santuario temeréis: yo soy Señor. Si en mis preceptos caminareis y mis mandamientos guardareis y los hiciereis, dareos la lluvia en su tiempo, y la tierra dará su germen y los árboles de los campos darán sus frutos; y os alcanzará la trilla a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la siembra; y comeréis vuestro pan en hartura, y habitaréis en seguridad, en vuestra tierra(b); y daré paz en vuestra tierra; y dormiréis, y no habrá quien os espante; y exterminaré bestias malas de vuestra tierra; y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán delante de vosotros a cuchilla; y perseguirán de vosotros cinco a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y caerán vuestros enemigos delante de vosotros a cuchilla. Y miraré por vosotros y os acrecentaré y os multiplicaré y afianzaré mi pacto con vosotros; y comeréis añejo y añejo de añejo; y lo añejo, de la faz de lo nuevo, sacaréis fuera; Y pondré mi tabernáculo en medio de vosotros y no os desechará mi alma; y caminaré en medio de vosotros, y veré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Yo soy Señor, el Dios vuestro, que saqué de tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y que quebranté las ataduras de vuestro yugo, para que anduvieseis recto. Pero, si no obedeciereis y no hiciereis estos mis preceptos, sino que les desobedeciereis, y mis juicios despreciareis, no haciendo todos mis mandamientos, quebrantando mi pacto; yo también así haré con vosotros: alzaré sobre vosotros la indigencia, consunción e inflamación que corroan vuestros ojos y vuestra alma atormenten; y sembraréis en vano vuestra simiente, y la comerán vuestros enemigos. Y pondré mi faz contra vosotros, y caeréis delante de vuestros enemigos; y os dominarán los que os odian; y huiréis, sin que nadie os persiga. Y, si aún con esto no me obedeciereis, seguiré castigándoos siete veces más por vuestros pecados; y quebrantaré la soberbia de vuestro poder, y pondré cielo como hierro y vuestra tierra como bronce; y será en vano vuestra labor; y no dará vuestra tierra su esquilmo, y el árbol del campo vuestro no dará su fruto. Y, si, después de esto, anduviereis torcidos, y no me quisiereis escuchar, os añadiré siete veces más plagas, según vuestros pecados; y soltaré sobre vosotros las fieras del campo; y os devorarán; y consumirán vuestro ganado; y pocos os haré, y se yermarán vuestras vías. Y, con esto si todavía no os corrigiereis, sino que anduviereis conmigo torcidos; andaré también yo con vosotros, con ánimo torcido, y os heriré también yo siete veces, por vuestros pecados. Y traeré sobre vosotros cuchilla vengadora con vindicta de la alianza: y os refugiaréis en vuestras ciudades; y enviaré pestilencia entre vosotros, y entregados seréis en mano de enemigo; cuando yo os quebrantare el sostén del pan: y cocieren diez mujeres vuestro pan en horno uno(c), y distribuyeren vuestro pan en balanza; y comiereis y no os hartareis. Y, si con esto, no me escuchareis, y anduviereis conmigo torcidos; andaré también yo con vosotros en ánimo torcido y os castigaré yo siete veces más, según vuestros pecados: y comeréis la carne de vuestros hijos; y la carne de vuestras hijas comeréis; y destruiré vuestras alturas, y borraré vuestros simulacros, y pondré vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos, y os abominará mi alma; y tornaré vuestras ciudades en yermos; y yermaré vuestros santuarios; y no oleré el olor de vuestras hostias; y yermaré yo vuestra tierra: y se espantarán de ella vuestros enemigos; los que habitan en ella; y dispersaréos por las gentes y tiraré en pos de vosotros de la cuchilla: y estará vuestra tierra desierta; y vuestras ciudades estarán desiertas. Entonces pagará la tierra los sábados de ella y en todos los días de su soledad; y vosotros estaréis en la tierra de vuestros enemigos; entonces sabatizaré la tierra, y pagará la tierra de los sábados de ella. Todos los días de su soledad sabatizará lo que no sabatizó en los sábados vuestros, cuando la habitabais. Y a los que quedaren de vosotros —traeré en sus corazones cobardía en la tierra de vuestros enemigos; y les perseguirá son de hoja volante; y huirán como huyendo de guerra, y caerán sin que nadie persiga; y se precipitarán unos sobre otros, como en guerra, sin que nadie les corra: y no podréis afrontar a vuestros enemigos. y pereceréis entre las gentes; y os devorará la tierra de vuestros enemigos. Y los que quedaren de vosotros, consumidos serán por vuestros pecados; en la tierra de sus enemigos se desharán. Y confesarán sus pecados, y los pecados de sus padres; que prevaricaron y me despreciaron; que anduvieron conmigo torcidos. y yo anduve con ellos en ánimo torcido; y los perderé en la tierra de sus enemigos; entonces se convertirá su corazón, el incircunciso; y entonces reconocerán sus pecados. Y acordaréme de mi alianza con Jacob; y de mi alianza con Isaac, de mi alianza con Abrahán acordaréme, de la tierra acordaréme. Y la tierra abandonada estará de ellos, entonces pagará la tierra sus sábados, desolada como estará por ellos, y ellos pagarán sus pecados, por haber mis juicios despreciado; y hastiádose de mis ordenaciones su alma. Pero, ni así estando ellos en la tierra de sus enemigos, les despreciaré; ni hastiaréme de ellos hasta aniquilarles, a quebrantar mi alianza, la con ellos; porque yo soy Señor; el Dios suyo. Y acordaréme de ellos: de la alianza la primera, cuando les saqué de tierra de Egipto, a faz de las gentes, para ser su Dios: yo, Señor». Estos, los juicios, y los preceptos y la ley que estableció Señor entre sí y los hijos de Israel en el monte Sinaí, en mano de Moisés. De los votos y diezmos Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Quien votare voto como precio de su alma(a) al Señor, será el precio del varón, de veinte a sesenta años, cincuenta siclos(b) de plata, según, la balanza del santuario; y de la hembra será el precio, treinta siclos. Y, si de cinco a veinte años, será el precio de lo masculino, veinte siclos y el de lo femenino, diez siclos. Y, de un mes a cinco años, será el precio de lo masculino, cinco siclos de plata, y de lo femenino, tres siclos. Y, si de sesenta años arriba, si masculino fuere, será el precio quince siclos de plata y si femenino, diez siclos. Pero, si fuere pobre para el precio, se pondrá delante del sacerdote, y le apreciará el sacerdote: según pudiere la mano del votante, apreciarále el sacerdote. Y, si es animal de los que ofrece ofrenda al Señor, todo lo que ofreciere de éstos al Señor, será santo: no lo cambiará: hermoso por malo, ni malo por hermoso; pero, si cambiando lo cambiare: animal por animal; será él y el cambiado santos. Y, si todo animal inmundo, de los que no se ofrece ofrenda al Señor, pondrá el animal delante del sacerdote; y apreciarálo el sacerdote según fuere hermoso o malo; y, según apreciare el sacerdote, así valdrá. Y, si lo redimiere, añadirá un quinto a su apreciación. Y hombre que santificare su casa santa al Señor, apreciarála el sacerdote, según fuera hermosa o mala; como la apreciare el sacerdote así se avaluará. Y, si el santificante redimiere su casa; añadirá el quinto del dinero a la avaluación de ella; y será suya. Y, si del campo de su posesión santificare un hombre al Señor, será su apreciación según su siembra: un celemín de cebada, cincuenta siclos de plata. Si, desde el año del jubileo, santificare su campo, a la apreciación de él, se estará. Mas, si, después del jubileo, santificare su campo, calcularále el sacerdote el dinero, conforme a los años los restantes, hasta el año del jubileo, y se descontará de su apreciación. Y, si redimiere el campo, quien le santificó, añadirá el quinto del dinero, a la apreciación de él, y será para él. Y, si no redimiere el campo, y se hubiere vendido el campo a otro hombre, ya no se redimirá; sino que será el campo, saliendo en el jubileo, santo al Señor, como la tierra, la delimitada; del sacerdote será posesión. Mas, si del campo que ha comprado, que no es del campo de su posesión, santificare al Señor; le calculará el sacerdote la suma de la apreciación hasta el año del jubileo, y pagará la apreciación en aquel día, sagrado al Señor; y en el año del jubileo se devolverá el campo al hombre de quien lo compró, de quien era la posesión de la tierra. Y toda apreciación será en balanzas sagradas: veinte óbolos será el siclo. Y todo lo primogénito del ganado será del Señor, y nadie lo santificará, sea becerro, sea oveja: del Señor es. Y, si de los cuadrúpedos los inmundos, lo redimirá conforme a su estimación y añadirá el quinto a ella; y, si no se redimiere, se venderá según su apreciación. Toda consagración(c) que consagrare un hombre al Señor, de todo cuanto tuviere, de hombre a bestia, y de campo de su posesión, no se venderá ni redimirá; toda consagración cosa santa de santas será al Señor. Y todo lo que se execrare(d) de hombres,(e) no se redimirá: de muerte morirá. Todo diezmo de la tierra: de la simiente de la tierra y del fruto del árbol, del Señor es; santos al Señor. Y si redimiere un hombre el diezmo propio, el quinto añadirá a él. Y todo diezmo de los bueyes y ovejas; todo lo que pasa bajo la vara(f) el diezmo será santo al Señor. No cambiarás lo hermoso por malo; y, si, cambiando, le cambiares, también lo cambiado por él, será santo: no se redimirá». Estos son los mandamientos que mandó el Señor a Moisés, para los hijos de Israel, en el monte Sinaí. Número de la gente de armas Y habló el Señor a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo del testimonio, en el primero del mes segundo, del año segundo de su salida de tierra de Egipto; diciendo: «Tomad la suma de toda la congregación de los hijos de Israel, según sus linajes, según sus casas paternas, según número de sus nombres, según cabeza de ellos; todo varón, de veinte años arriba; todo el que sale en el ejército de Israel: los contaréis por sus ejércitos, tú y Aarón. Y con vosotros estará un varón de cada tribu, un varón, cabeza de su familia. Y éstos los nombres de los varones que os asistirán: de Rubén, Elisur hijo de Sedeúr; de Simeón, Salamiel, hijo de Surisadai; de Judá, Naasón, hijo de Aminadab; de Isacar, Natanael, hijo de Suar; de Zabulón, Eliab, hijo de Helón; de los hijos de José; de Efraín, Elisamá, hijo de Amiud; de Manasés, Gamaliel, hijo de Fadasur; de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón; de Dan, Ahiezer, hijo de Amisadai; de Aser, Fegiel, hijo de Ocrán; de Gad, Eliasaf, hijo de Duel; de Neftalí, Ahirá, hijo de Enán. Estos, los llamados de la congregación, príncipes de las tribus; capitanes de Israel eran. Y tomó Moisés a Aarón estos varones, los llamados nominalmente; y toda la congregación congregaron el primero de segundo mes; y juntáronse según sus linajes, según sus familias, según el número de sus nombres, de veinte años arriba: todo lo masculino por sus cabezas; del modo que ordenó el Señor a Moisés, contóles en el desierto de Sinaí. Y fueron los hijos de Rubén, primogénito de Israel, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino, de veinte años arriba; todo lo que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Rubén: cuarenta y seis mil quinientos. De los hijos de Simeón, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba: todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Simeón: cincuenta y nueve mil trescientos. De los hijos de Gad, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos de la tribu de Gad: cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta. De los hijos de Judá, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Judá; setenta y cuatro mil seiscientos. De los hijos de Isacar, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos de la tribu de Isacar: cincuenta y cuatro mil cuatrocientos. De los hijos de Zabulón, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos en la tribu de Zabulón: cincuenta y siete mil cuatrocientos. De los hijos de José: de los hijos de Efraín, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Efraín: cuarenta mil quinientos. De los hijos de Manasés, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Manasés: treinta y dos mil doscientos. De la tribu de Benjamín, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Benjamín: treinta y cinco mil cuatrocientos. De los hijos de Dan, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Dan: sesenta y dos mil setecientos. De los hijos de Aser, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Aser: cuarenta y un mil quinientos. De los hijos de Neftalí, según sus generaciones, y familias y casas, según el número de sus nombres, por cabezas, todo lo masculino de veinte años arriba; todo el que va en el ejército; la cuenta de ellos, de la tribu de Neftalí: cincuenta y tres mil cuatrocientos. Esta la cuenta que contaron Moisés y Aarón y los príncipes de Israel: doce varones: varón por una tribu de familias eran. Y fue toda la cuenta de hijos de Israel, según sus familias de veinte años arriba, todo el que va en el ejército de Israel: seiscientos tres mil quinientos cincuenta. Pero los levitas, según su tribu paterna, no fueron contados entre ellos. Y habló el Señor a Moisés diciendo: «Mira: la tribu de Leví no contarás y el número de ellos no tomarás en medio de los hijos de Israel; y tú pondrás a los levitas sobre el tabernáculo del testimonio, y sobre todos los vasos de él y todo cuanto hay en él; llevarán ellos el tabernáculo y todos los vasos de él; y ellos ministrarán en él, y en contorno del tabernáculo acompañarán. Y alzándose el tabernáculo, desarmaránle los levitas; y acampando el tabernáculo, alzaránle; y el extraño que se llegare, morirá. Y acamparán los hijos de Israel, cada cual en su campo, y cada cual, bajo su estandarte, por sus huestes. Y los levitas acamparán en contorno del tabernáculo del testimonio: y no habrá ira sobre la congregación de los hijos de Israel. Y guardarán los levitas la guarda del tabernáculo del testimonio.» E hicieron los hijos de Israel según todo lo que ordenara el Señor a Moisés y a Aarón; así hicieron. Los cuatro campos en torno del tabernáculo Y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Cada cual junto a su estandarte, junto a la enseña de las casas de sus familias, acamparán los hijos de Israel; enfrentados, en contorno del tabernáculo del testimonio acamparán. Los acampantes hacia el oriente; el estandarte del campo de Judá, con su ejército; y el príncipe de los hijos de Judá: Naasón, hijo de Aminadab. Su ejército, los contados: setenta y cuatro mil seiscientos. Y los acampantes próximos: la tribu de Isacar, y el príncipe de los hijos de Isacar: Natanael, hijo de Suar. Y su ejército y sus contados: cincuenta y cuatro mil cuatrocientos. Y los acampantes próximos: la tribu de Zabulón, y el príncipe de los hijos de Zabulón: Eliab, hijo de Helón. Y su ejército y sus contados: cincuenta y siete mil cuatrocientos. Todos los contados del campo de Judá: ciento ochenta y seis mil cuatrocientos; con sus ejércitos, los primeros partirán. El estandarte del campo de Rubén; hacia el mediodía su ejército y el príncipe de los hijos de Rubén: Elisur, hijo de Sedeúr. Su ejército y sus contados: cuarenta y seis mil quinientos. Y los acompañantes próximos: la tribu de Simeón; y el príncipe de los hijos de Simeón: Salamiel, hijo de Surisadai. Su ejército y sus contados: cincuenta y nueve mil trescientos; y la tribu de Gad, y el príncipe de los hijos de Gad; Eliasaf, hijo de Duel; y su ejército y sus contados: cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta. Todos los contados del campo de Rubén: ciento cincuenta y un mil cuatrocientos cincuenta; con el ejército de ellos, segundos partirán. Y se alzará el tabernáculo del testimonio y el campo de los levitas en medio de los campos. Así como acamparen, así también se alzarán, cada cual en su lugar, según sus estandartes. El estandarte del campo de Efraín: hacia occidente, con el ejército de ellos: y el príncipe de los hijos de Efraín: Elisamá, hijo de Amiud. Su ejército y sus contados: cuarenta mil quinientos. Y los acampantes próximos: la tribu de Manasés; y el príncipe de los hijos de Manasés: Gamaliel, hijo de Fadasur. Su ejército y sus contados: treinta y dos mil doscientos. Y la tribu de Benjamín, y el príncipe de los hijos de Benjamín: Abidán, hijo de Gedeón. Su ejército y sus contados: treinta y cinco mil cuatrocientos. Todos los contados del campo de Efraín: ciento ocho mil cien: con su ejército los terceros se alzarán. El estandarte del campo de Dan; hacia el aquilón, con su ejército; y el príncipe de los hijos de Dan: Ahiezer, hijo de Amisadai. Su ejército y sus contados: sesenta y dos mil setecientos. Y los acampantes próximos: la tribu de Aser; y el príncipe de los hijos de Aser; Fegiel, hijo de Ocrán. Su ejército y sus contados: cuarenta y un mil quinientos; y la tribu de Neftalí, y el príncipe de los hijos de Neftalí: Ahirá, hijo de Enán. Su ejército y sus contados: cincuenta y tres mil cuatrocientos. Todos los contados del campo de Dan: ciento cincuenta y siete mil seiscientos; postreros se alzarán según sus estandartes. Este, el número de los hijos de Israel según las casas de sus familias; todos contados de los campos según sus ejércitos: seiscientos tres mil quinientos cincuenta. Mas los levitas no se contaron en los hijos de Israel; según ordenara Señor a Moisés. E hicieron los hijos de Israel todo cuanto ordenara Señor a Moisés; así acamparon según sus estandartes; y así se alzaron cada cual junto con su ejército, según la casa de su familia. Numeración de los levitas. Rescate de los primogénitos. Y éstas las generaciones de Aarón y Moisés, el día que habló Señor a Moisés en el monte de Sinaí. Y éstos los nombres de los hijos de Aarón: primogénito Nadab; y Abiú, y Eleazar e Itamar. Estos, los nombres de los hijos de Aarón, los sacerdotes ungidos, cuyas manos consagradas fueron para ser sacerdotes. Y murió Nadab y Abiú, delante del Señor, cuando ofrecieron fuego extraño delante de Señor, en el desierto de Sinaí; e hijos no tenían; y fue sacerdote Eleazar e Itamar, con Aarón, su padre. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Toma la tribu de Leví, y les pondrás delante de Aarón el sacerdote, y le ministrarán; y guardarán la guarda de él y la guarda de todos los hijos de Israel, delante del tabernáculo del testimonio, obrando las obras del tabernáculo; y guardarán todos los vasos del tabernáculo del testimonio, y la guarda de los hijos de Israel, según todas las obras del tabernáculo. Y darás los levitas a Aarón y a sus hijos: dado del todo éstos le son(a) de los hijos de Israel. Y a Aarón y sus hijos pondrás y guardarán su sacerdocio; y el extraño que se llegare morirá.» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Y he aquí yo he tomado a los levitas de en medio de los hijos de Israel, en lugar de todo lo primogénito que abre matriz, entre los hijos de Israel; y serán míos los levitas. Pues mío es todo primogénito; el día que herí todo primogénito en tierra de Egipto, santifíqueme todo primogénito en Israel, de hombre a bestia; míos serán; yo Señor.» Y habló el Señor a Moisés en el desierto de Sinaí, diciendo: «Cuenta los hijos de Leví, por sus casas paternas, por sus familias; todo lo masculino, de un mes arriba, les contarás.» Y contólos Moisés por voz del Señor, del modo que le ordenó el Señor. Y eran éstos los hijos de Leví, por sus nombres: Gersón, y Caat y Merarbí. Y éstos, los hijos de Gersón por sus familias: Lební y Semeí. Y, los hijos de Caat, por sus familias: Amram y Jesaar, Hebrón y Oziel. Y los hijos de Merarbí, por sus familias: Moolí y Musí. De Gersón: la familia de Lební y la familia de Semeí: éstas son las familias de Gersón. Su cuenta, según el número de todo lo masculino, de un mes arriba; su cuenta: siete mil quinientos. Y los hijos de Gersón, detrás del tabernáculo acampaban: al occidente; Y el príncipe de la casa paterna de Gersón: Eliasaf, hijo de Lael. Y la guarda de los hijos de Gersón, en el tabernáculo del testimonio: el tabernáculo y su cubierta, y el velo de la puerta del tabernáculo; y las cortinas del atrio; y el pabellón de la puerta del atrio el en torno del tabernáculo, y del altar en contorno; y las cuerdas para todo su servicio. Y de Caat, la familia Amram, y la familia Jesaar, y la familia Hebrón, y la familia Oziel; éstas son las familias de Caat. En la cuenta de todo lo masculino, de un mes arriba: ocho mil seiscientos, guardando la guarda del santuario. Las familias de los hijos de Caat acamparán al lado del tabernáculo, al mediodía. Y el príncipe de la casa paterna de las familias de Caat: Elisafán, hijo de Oziel. Y su guarda: el arca, y la mesa, y el candelabro, y los altares, y los vasos sagrados con que ministraban, y el velo y todas las obras de ellos. Y el príncipe de los príncipes de Leví: Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, estaba puesto para guardar la guarda del santuario. De Merarbí, la familia Mohol y la familia de Musí; éstas son las familias de Merarbí. La cuenta de ellos, según número, todo lo masculino, de un mes arriba: seis mil doscientos. Y el príncipe de la casa paterna de las familias de Merarbí: Suriel, hijo de Abihaiel; al lado del tabernáculo acamparán al septentrión. Y el cuidado de la guarda de los hijos de Merarbí: las tablas del tabernáculo, y las barras, y las columnas, y las basas de ellas, y todo lo perteneciente a este servicio; y las columnas del atrio en contorno, y sus basas, y sus estacas y sus cuerdas. Los acampantes a faz del tabernáculo del testimonio, a oriente; Moisés y Aarón y los hijos de él, guardando la guarda del santuario, para guarda de los hijos de Israel; y el extraño que se llegare morirá. Toda la cuenta de los levitas, que contó Moisés y Aarón, por voz de Señor, según sus familias, todo lo masculino, de un mes arriba: veintidós mil. Y dijo Señor a Moisés: «Cuenta todo lo primogénito masculino entre los hijos de Israel, de un mes arriba, y toma su número, por nombres. Y tomarás los levitas para mí (yo el Señor), en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel; y el ganado de los levitas, en lugar de todo lo primogénito entre el ganado de los hijos de Israel.» Y contó Moisés, del modo que le ordenó Señor, todo lo primogénito en los hijos de Israel. Y fueron todos los primogénitos masculinos, según el número de los nombres, de un mes arriba, de la cuenta de ellos; veintidós mil, doscientos setenta y tres. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Toma los levitas en lugar de todos los primogénitos de hijos de Israel, y el ganado de los levitas, en lugar del ganado de ellos, y serán míos los levitas: yo Señor. Y, en rescate de los doscientos setenta y tres que excedan el número de los levitas, de los primogénitos de los hijos de Israel; tomarás cinco siclos por cabeza; según el siclo del santuario tomarás: veinte óbolos el siclo. Y darás el dinero a Aarón y sus hijos, en rescate de los excedentes de ellos». Y tomó Moisés el dinero de los excedentes a los rescatados por los levitas. De los primogénitos de los hijos de Israel tomó el dinero: mil trescientos sesenta y cinco, según el siclo del santuario. Y dio Moisés el rescate a Aarón y sus hijos, por voz de Señor, del modo que ordenó Señor a Moisés. Oficio de los levitas Y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Toma la suma de los hijos de Caat, entre los hijos de Leví, según sus casas y familias; de treinta años arriba hasta cincuenta años; todo el que viene a ministrar, hacer todas las obras en el tabernáculo del testimonio. Este es el ministerio de los hijos de Caat en el tabernáculo del testimonio: el santo de los santos. Entrarán a Aarón y sus hijos, cuando se moviere el campo y quitarán el velo que cubre y envolverán en él el arca del testimonio. Y pondrán sobre ella una cubierta de piel morada, y tenderán sobre ella un paño todo morado; y meterán las varas. Y sobre la mesa de la proposición tenderán paño todo purpúreo; y pondrán sobre ella las escudillas, y los turíbulos, y las tazas y los tazones de libar; y los panes siempre sobre ella estarán. Y tenderán sobre ella un paño de grana, y la cubrirán con velo de piel morada; y meteránle las varas. Y tomarán un paño morado, y envolverán el candelabro de alumbrar, y las lámparas de él, y sus despabiladeras y sus ceniceras y todos los vasos del aceite de su servicio. Y pondránlo y todos los vasos de él, sobre cubierta de piel morada y lo colocarán sobre parihuelas. Y sobre el altar, el áureo, tenderán paño morado y cubriránlo con cubierta de piel morada, y meteránle sus varas. Y tomarán todos los vasos del ministerio con que ministran en el santuario y pondránlos sobre paño morado, y cubrirán estas cosas con velo de piel morado, y pondrán sobre parihuelas. Y limpiarán de cenizas el altar(a), y cubriránlo con paño todo purpúreo. Y pondrán sobre él todos los vasos del ministerio con que ministran en él: los braseros, y los garfios, y las paletas, y las tazas y todos los vasos del altar; y tenderán sobre ellos un velo de piel morado; y meterán las varas en él. Y terminarán Aarón y sus hijos de cubrir las cosas santas y todos los vasos los santos, al moverse el campo; y, después de esto, allegaránse los hijos de Caat a llevar; pero no tocarán las cosas santas, para no morir. Estas llevarán los hijos de Caat en el tabernáculo del testimonio. Y cuidado de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote: el aceite de la luz, y el timiama de composición, y la hostia la cotidiana, y el óleo de la unción, y el cuidado de todo el tabernáculo y cuanto hay en él, del santuario y de todos sus vasos.» Y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «No cortaréis(b) de la tribu, el pueblo de Caat, de en medio de los levitas; esto hacedles, y vivirán y no morirán, cuando entraren en el santo de los santos: Aarón y sus hijos entrarán, y les pondrán, a cada uno sobre su ministerio, según su carga(c), y no entrarán a ver cómo se envuelve el santuario, y mueran.» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Toma la suma de los hijos de Gersón, según sus casas paternas, según sus familias: de veinticinco años arriba hasta cincuenta años los contarás; todo el que entra a ministrar y hacer sus obras en el tabernáculo del testimonio. Este, el ministerio de la familia de Gersón para ministrar y llevar: llevarán las cortinas del tabernáculo; y el tabernáculo del testimonio; y su cubierta; y el velo de jacinto el que hay sobre él; y el pabellón de la puerta del tabernáculo del testimonio; y las cortinas del atrio y el pabellón de la puerta del atrio, el en torno del altar y sus cuerdas y todos los vasos del ministerio, y cuanto hubiere que hacer ministrarán; por boca de Aarón y sus hijos, será el ministerio de los hijos de Gersón, en todas las cargas de ellos y en todas las obras de ellos, y les determinaréis cuanto hubieren de llevar. Este, el ministerio de los hijos de Gersón en el tabernáculo del testimonio, y la guarda de ellos en mano de Ytamar, hijo de Aarón el sacerdote. A los hijos de Merarbí, según sus familias, según sus casas paternas, los contarás; de treinta(d) años arriba hasta cincuenta años, los contarás; a cada uno que entra a ministrar las obras del tabernáculo del testimonio. Y ésta, la guarda de lo llevado por ellos, según todas las obras de ellos en el tabernáculo del testimonio; las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas y sus basas; y las columnas del atrio en contorno, y las basas de ellas, y sus estacas, y sus cuerdas; y todos sus vasos y todo lo de su servicio; y nominalmente les determinaréis todos los vasos que han de guardar y llevar.» Este, el ministerio de la familia de los hijos de Merarbí en todas sus obras, en el tabernáculo del testimonio; en mano de Ytamar, el hijo de Aarón el sacerdote. Y contaron Moisés y Aarón y los príncipes de Israel a los hijos de Caat, según sus familias, según sus casas paternas; de treinta años arriba hasta los cincuenta años; a todo el que entra a ministrar y hacer en el tabernáculo del testimonio. Y fueron los contados según sus familias: dos mil setecientos cincuenta. Este, el número de la familia de Caat; todo el que ministra en el tabernáculo, según contaron Moisés y Aarón, por voz de Señor, en mano de Moisés. Y contados fueron los hijos de Gersón, según sus familias, según sus casas paternas, de treinta años arriba hasta los cincuenta años; todo el que entra a ministrar y hacer en el tabernáculo del testimonio. Y fueron los contados, según sus familias, según sus casas paternas: dos mil seiscientos treinta. Estos los contados de la familia de los hijos de Gersón; todo el que entra a ministrar en el tabernáculo del testimonio: los que contaron Moisés y Aarón; por voz de Señor, en mano de Moisés. Y contados fueron también las familias de los hijos de Merarbí, según sus familias y casas paternas; de treinta años arriba hasta cincuenta años; todo el que entra a ministrar en el tabernáculo del testimonio. Y fueron los contados, según sus familias y casas paternas: tres mil doscientos. Estos los contados de la familia de los hijos de Merarbí; los que contaron Moisés y Aarón, por voz de Señor, en mano de Moisés. Todos los contados, los que contaron Moisés y Aarón y los príncipes de Israel: los levitas, según familias y casas paternas de ellos, de treinta años arriba hasta cincuenta años; todo el que entra al trabajo del ministerio, y al ministerio del llevar en el tabernáculo del testimonio; y fueron los contados ocho mil quinientos ochenta. Por voz del Señor fueron contados, en mano de Moisés, cada uno para su ministerio y para su cargo. Y contados fueron del modo que ordenó el Señor a Moisés. De los impuros; la restitución; los celos. Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Ordena a los hijos de Israel; y despidan del campamento a todo leproso, y todo gonorreoso y todo impuro sobre un alma(a); de hombre a mujer, despedidles fuera del campo, y no mancillarán sus campos en los que yo habito en medio de ellos.» E hicieron así los hijos de Israel y les despidieron fuera del campo, según habló Señor a Moisés, así hicieron los hijos de Israel. Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, diciendo: «Hombre o mujer que hiciere de todos los pecados los humanos(b), y desentendiéndose, se desentendiere de Señor, y prevaricare aquella alma; confesará el pecado que hizo, y pagará la prevaricación: el todo y el quinto añadirá a él, y pagará a aquél contra quien hubiere prevaricado. Mas, si el hombre no tuviere pariente a quien pagar(c) la prevaricación, la prevaricación que se paga(d) al Señor, será del sacerdote; salvo el carnero de la expiación, con el cual se le expiará. Y todas las primicias, según todo lo que se santificare en los hijos de Israel, cuanto ofrendaren a Señor: del sacerdote mismo será; y de cada cual lo santificado será(e) y el hombre que lo diere al sacerdote de éste será.» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Varón, varón, cuya mujer se extraviare, y, desentendiéndose, se desentendiere de él; y durmiere alguien con ella, con coito, y se ocultare ello, a los ojos de su marido y quedare oculto, y ella se contaminare(f) y no hubiere con ella testigo, y no se la hubiere cogido; y viniere sobre él un espíritu de celos, y celare a su mujer, mas ella no se hubiere contaminado, traerá el hombre a su mujer al sacerdote y ofrecerá el don por ella: la décima de un efá de harina de cebada; no derramará aceite sobre él ni podrá sobre él incienso, porque es hostia de celos, hostia de recordación, recordando pecado. Y la traerá el sacerdote y pondrás delante de Señor; y tomará el sacerdote agua pura viva en vaso barrizo, y de la tierra que hay sobre el pavimento del tabernáculo y, tomándola el sacerdote, la arrojará en el agua. Y pondrá el sacerdote a la mujer delante de Señor; y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá en sus manos la hostia de la recordación, la hostia de los celos; y en la mano del sacerdote estará el agua amarga, portadora de maldición; y la juramentará el sacerdote y dirá a la mujer: «Si no ha dormido hombre contigo, y no te has extraviado a contaminarte contra tu marido, ilesa seas de esta agua amarga, portadora de maldición. Mas, si te has extraviado contra tu marido, y contaminádote, y otro ha tenido coito contigo, fuera de tu marido. (Y juramentará el sacerdote a la mujer en los juramentos de esta maldición; y dirá el sacerdote a la mujer): «déte el Señor en maldición y conjuro en medio de tu pueblo, haciendo el Señor consumirse(g) tu muslo y henchirse tu vientre; y entrará esta agua portadora de maldición en tus entrañas a henchir tu vientre y consumir tu muslo.» Y dirá la mujer: «¡Amén, amén!» Y escribirá el sacerdote estas maldiciones en un libro, y las borrará en el agua amarga. Y hará beber a la mujer el agua amarga portadora de la maldición, y entrará(h) en ella el agua amarga portadora de la maldición. Y tomará el sacerdote de mano de la mujer la hostia de los celos, y agitará la hostia delante de Señor y la llevará al altar; y tomará el sacerdote un puñado de la hostia: el recuerdo de ella, y lo quemará sobre el altar; y, después de esto, hará beber a la mujer el agua. Y, haciéndola beber el agua, será que, si se hubiere contaminado y en oculto ocultándose a su marido y entrare en ella el agua amarga, portadora de maldición, henchirá su vientre y se consumirá su muslo; y será la mujer en maldición para su pueblo. Mas, si no se hubiese contaminado la mujer, y pura estuviese, libre, será y semen recibirá.» Esta, la ley de los celos, si se extraviare la mujer contra su marido y se contaminare; o si a un hombre sobreviniere el espíritu de celos, y celare a su mujer y pusiere a su mujer delante de Señor; le hará el sacerdote toda esta ley; y libre estará el hombre de pecado; y aquella mujer llevará su pecado. El nazareto. La bendición pontificial Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Hombre o mujer que se apartare, votando voto de lo consagrado, consagrarse a Señor; de vino y de sidra se abstendrá; y vinagre de vino y vinagre de sidra no beberá; y cuanto se hace de uva no beberá; y uva y pasa no comerá. Todos los días de su voto, de todo cuanto se hace de la vid, de granillo a hollejo; no comerá. Todos los días de su voto, navaja no pasará sobre su cabeza, hasta que se cumplan los días, cuantos ha votado a Señor: sagrado será; dejará crecer libre la cabellera de su cabeza. Todos los días de su voto a Señor, a toda alma muerta no entrará. Por su padre y madre, y por su hermano y por su hermana no se mancillará, cuando murieren; porque voto de su Dios, sobre él, sobre su cabeza. Todos los días de su voto, santo será a Señor. Mas, si alguno muriere junto a él, súbitamente, mancillaráse la cabeza de su voto, y raerá su cabeza el día que se purificare: el día el séptimo lo raerá. Y el día el octavo traerá dos tórtolas o dos palominos al sacerdote, a la puerta del tabernáculo del testimonio; y hará el sacerdote una por pecado y uno en holocausto; y expiará por él el sacerdote por lo que ha pecado sobre el alma, y santificará su cabeza en aquel día. Y se consagrará a Señor el tiempo de su voto, y traerá un cordero de un año para prevaricación; y los días los anteriores no se contarán, pues ha mancillado la cabeza de su voto. Y esta, la ley del votante: el día que cumpliere los días de su voto, vendrá a la puerta del tabernáculo del testimonio; y ofrendará su don a Señor: un cordero de año, intachable, para holocausto; y una cordera de año; intachable, por pecado; y un carnero intachable para hostia pacífica; y un canastillo de ázimos de harina flor: panes amasados con aceite, y hojaldres ázimas untadas con aceite, y las hostias de ellas y la libación de ellas. Y lo ofrecerá el sacerdote delante de Señor y hará el(a) por el pecado y el holocausto de él; y el carnero hará hostia pacífica al Señor juntamente con el canastillo de los ázimos; y hará el sacerdote la hostia de él y la libación de él. Y raerá el votante, a la puerta del tabernáculo del testimonio, la cabeza de su voto, y pondrá los cabellos sobre el fuego, el debajo de la hostia pacífica. Y tomará el sacerdote la espaldilla cocida, del carnero, y un pan ázimo, del canastillo y una hojaldre ázima, y pondrálo sobre las manos del votante, después de raerse éste el cabello de su voto; y agitarálo el sacerdote con agitación delante de Señor: sagrado, será(b) para el sacerdote, con el pecho de la agitación y la espaldilla de la separación; y, después de esto beberá(c) el votante vino.» Esta, la ley del votante, que ha votado su don al Señor, con su voto; fuera de lo que hallare su mano. Según su voto que ha votado, así hará según ley de su consagración. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a Aarón y sus hijos, diciendo: «Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: «Bendígate Señor y guárdete. Ilumine Señor su faz sobre ti y apiádese de ti. Vuelva Señor su faz a ti y déte paz.» Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo bendeciréles.» Ofrendas de la dedicación del santuario. Habla Dios a Moisés desde el propiciatorio. Y aconteció el día que terminó Moisés de levantar el tabernáculo y ungiólo y santificólo, y todos sus vasos y el altar y todos sus vasos; ungiólos y santificólos; ofrendaron los príncipes de Israel, los doce príncipes de sus familias, éstos, los príncipes de las tribus, éstos los que estaban sobre los contados. Y trajeron el don de ellos ante el Señor: seis carros cubiertos(a) y doce bueyes: un carro por cada dos príncipes, y un becerro por cada uno; y lo trajeron delante del tabernáculo. Y dijo el Señor a Moisés, diciendo: «Toma de ellos(b), y será para las obras del ministerio del tabernáculo del testimonio, y lo darás a los levitas, a cada cual según su ministerio». Y tomó Moisés los carros y los bueyes, y diolos a los levitas. Dos carros y cuatro bueyes dio a los hijos de Gersón, según su ministerio. Y cuatro carros y ocho bueyes dio a los hijos de Merarbí, según sus ministerios, en mano de Itamar, hijo de Aarón el sacerdote. Y a los hijos de Caat no dio, pues el ministerio del santuario tienen: en hombros llevan. Y ofrendaron los príncipes para la dedicación del altar el día que lo ungió; y ofrendaron los príncipes sus dones delante del altar. Y dijo el Señor a Moisés: «Un príncipe un día, un príncipe otro día, ofrecerán sus dones para la dedicación del altar. Y fue el que ofreció el primer día su don: Nahasón, hijo de Aminadab, de la tribu de Judá; y ofreció una escudilla de plata —ciento treinta siclos su peso; una taza de plata —setenta siclos, según el siclo del santuario; ambas llenas de harina flor, amasada con aceite, para la hostia; un brasero —diez siclos de oro— lleno de timiama; un becerro, un carnero, un cordero de año, para holocausto, un cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, cabrones cinco, corderos de año cinco; éste el don de Nahasón hijo de Aminadab. El día segundo ofreció Natanael hijo de Suar, el príncipe de la tribu de Isacar: ofreció su don: escudilla argentina una —ciento treinta su peso— taza una, argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—; ambas llenas de harina flor amasada con aceite para hostia; brasero uno —diez áureos(c)— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año para holocausto; y cabrón uno por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, cabrones cinco, corderos de año cinco; éste el don de Natanael, hijo de Suar. El día tercero, el príncipe de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón; su don: escudilla argentina una, ciento treinta, su peso, taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste el don de Eliab, hijo de Helón. El día cuarto, el príncipe de los hijos de Rubén: Elisur, hijo de Sedeúr; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso—; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, cordero de año cinco; éste el don de Elisur, hijo de Sedeur. El día quinto el príncipe de los hijos de Simeón: Salamiel hijo de Surisadai; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso—; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor, amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Salamiel hijo de Surisadai. El día sexto, el príncipe de los hijos de Gad: Eliasaf, hijo de Duel, su don: escudilla argentina una, ciento treinta, su peso; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Eliasaf hijo de Duel. El día séptimo, el príncipe de los hijos de Efraín: Elisamá, hijo de Amiud; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso—, taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor, amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Elisamá hijo de Amiud. El día octavo, el príncipe de los hijos de Manasés: Gamaliel, hijo de Fadasur; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario— ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Gamaliel, hijo de Fadasur. El día noveno, el príncipe de los hijos de Benjamín: Abidán, hijo de Gedeón—; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso—; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno, diez áureos —lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año; para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Abidán, hijo de Gedeón. El día décimo, el príncipe de los hijos de Dan: Ahiezer, hijo de Amisadai; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno, —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Ahiezer, hijo de Amisadai. El día undécimo, el príncipe de los hijos de Aser: Fegiel, hijo de Ocrán; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario— ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno, —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco: éste, el don de Fegiel, hijo de Ocrán. El día duodécimo, el príncipe de los hijos de Neftalí: Ahirá, hijo de Enán; su don: escudilla argentina una —ciento treinta, su peso; taza una argentina —setenta siclos, según el siclo del santuario—, ambas llenas de harina flor amasada con aceite, para hostia; brasero uno —diez áureos— lleno de timiama; becerro uno, carnero uno, cordero uno de año, para holocausto; y cabrón por pecado; y para hostia pacífica: becerros dos, carneros cinco, corderos de año cinco; éste, el don de Ahirá hijo de Enán. Esta fue la dedicación del altar el día que fue ungido, de parte de los príncipes de Israel: escudillas argentinas doce, tazas argentinas doce, braseros áureos doce; ciento treinta siclos cada escudilla, y setenta siclos cada taza: toda la plata de los vasos; dos mil cuatrocientos siclos, según el siclo del santuario; braseros áureos doce, llenos de timiama —diez áureos el brasero según el siclo del santuario—; todo el oro de los braseros: ciento veinte áureos. Todas las reses para el holocausto: becerros doce, carneros doce, corderos de año doce, y las hostias de ellos y las libaciones de ellos; y carneros doce por pecado. Todas las reses para hostia pacífica: becerros veinticuatro, carneros sesenta, corderos sesenta de año; esta la dedicación del altar después de ungírsele. Y, cuando entraba Moisés en el tabernáculo del testimonio a hablar con él; oía la voz del Señor hablándole de encima del propiciatorio, que está sobre el arca del testimonio, de en medio de los dos querubines; y hablábale. Del candelabro. Consagración de los levitas Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a Aarón; le dirás: «Cuando pusieres las lámparas, del lado anterior del candelabro, alumbrarán las siete lámparas». E hizo así Aarón: al lado anterior del candelabro encendió las lámparas de él; según ordenó el Señor a Moisés. Y ésta la hechura del candelabro: de oro batido, el asta de él, y las azucenas de él de oro batido, todo entero(a); según la forma que mostró Señor a Moisés, así hizo el candelabro. Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Toma los levitas de en medio de los hijos de Israel, y los santificarás. Y así les harás su purificación: rociarásles con agua de purificación, y pasarás navaja por sobre todo su cuerpo, y lavarán sus vestidos, y limpios serán. Y tomarán un becerro y hostia de él: harina flor amasada con aceite; y un becerro de año tomarás por pecado. Y traerás los levitas delante del tabernáculo del testimonio; y congregarás toda la congregación de los hijos de Israel. Y traerás los levitas delante de Señor, y pondrán los hijos de Israel sus manos sobre los levitas. Y ofrecerá Aarón los levitas: don delante de Señor, de parte de los hijos de Israel, y serán para obrar las obras de Señor. Y los levitas pondrán sus manos sobre las cabezas de los becerros; y harás el uno por pecado y el uno por holocausto para holocausto a Señor, para expiar por ellos. Y pondrás los levitas delante de Señor y delante de Aarón y delante de sus hijos; y los ofrenderás ofrenda delante de Señor. Y separarás los levitas de en medio de los hijos de Israel, y serán míos. Y, después de esto, entrarán los levitas a obrar las obras del tabernáculo del testimonio, y los purificarás, y los ofrecerás delante de Señor. Pues ofrenda(b), ofrecidos éstos me están de en medio de los hijos de Israel; en lugar de los que abren toda matriz, de los primogénitos todos los hijos de Israel, los he tomado para mí; porque mío es todo lo primogénito en los hijos de Israel, de hombre a bestia; el día que herí todo primogénito en tierra de Egipto, hémeles santificado; y he tomado los levitas, en vez de todo lo primogénito entre los hijos de Israel. Y he ofrendado los levitas, ofrenda, ofrendados a Aarón y sus hijos, en medio de los hijos de Israel, a obrar las obras de los hijos de Israel en el tabernáculo del testimonio y expiar por los hijos de Israel, y no habrá en los hijos de Israel plaga que se llegue al santuario.» E hizo Moisés a Aarón y toda la congregación de los hijos de Israel a los levitas, según mandara Señor a Moisés acerca de los levitas; así hiciéronles los hijos de Israel. Y purificáronse los levitas y lavaron sus vestiduras, y ofrendóles Aarón, ofrenda delante de Señor y expió por ellos Aarón para purificarles. Y después de esto, entraron los levitas a ministrar su ministerio en el tabernáculo del testimonio delante de Aarón y delante de los hijos de él; según ordenara Señor a Moisés acerca de los levitas; así hiciéronles. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Esto es lo acerca de los levitas: de veinticinco años arriba entrarán a servir en el tabernáculo del testimonio; y desde los cincuenta años se retirará del ministerio y no servirá ya. Y ministrará a sus hermanos en el tabernáculo del testimonio; guardando guardas; pero obras no obrará. Así harás con los levitas en sus guardas.» La pascua. La columna de fuego. Y habló el Señor a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de haber salido ellos de tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo: «Di y harán los hijos de Israel la pascua, según la hora de ella: el día catorce de este mes, a la tarde la haréis, a su tiempo; según todas sus leyes y según todas sus prescripciones la haréis.» Y habló Moisés a los hijos de Israel para que hiciesen la pascua. E hicieron la pascua, empezando el día catorce del mes, a la tarde, en el desierto de Sinaí; según ordenara Señor a Moisés; así hicieron los hijos de Israel. Y había hombres que estaban impuros por alma de hombre, y no podían hacer la pascua en aquel día; y vinieron delante de Moisés y Aarón en aquel día. Y dijeron aquellos hombres a él: «Nosotros, impuros por alma(a) de hombre: ¿seremos acaso excluidos de ofrecer el don a Señor a su tiempo en medio de los hijos de Israel?» Y díjolos Moisés: «Estaos aquí, y oiré que manda Señor acerca de vosotros». Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel diciendo: «Hombre hombre(b) que se hallare impuro por alma de hombre, o de camino lejos de vosotros o en vuestras generaciones(c), hará la pascua a Señor. en el mes segundo, el día catorce; hacia la tarde la harán; con ázimos y hierbas amargas la comerán. No dejarán de ella para la mañana, y hueso no quebrantarán de ella; según toda la ley de la pascua, la harán. Y el hombre que limpio estuviere y de camino lejos no estuviere y dejare de hacer la pascua; cortada será aquella alma de su pueblo, porque el don a Señor no ofreció a su tiempo; su pecado llevará aquel hombre. Y, si viniere a vosotros un extraño en la tierra vuestra e hiciere la pascua al Señor; según la ley de la pascua y según la ordenación de ella, la hará: ley una será para vosotros, así para el extraño como para el indígena.» Y el día que se erigió el tabernáculo cubrió la nube el tabernáculo, la casa del testimonio; y a la tarde estaba sobre el tabernáculo como aparición de fuego; hasta la mañana. Así fue siempre: la nube cubríalo de día y aparecía de fuego de noche. Y cuando se alzaba la nube del tabernáculo, entonces levantábase los hijos de Israel: y en el lugar donde se detenía la nube, allí acampaban los hijos de Israel. Al mandato de Señor decampaban los hijos de Israel, y al mandato de Señor acampaban; todos los días que sombreaba la nube el tabernáculo, acampaban los hijos de Israel; y, cuando se cernía la nube sobre el tabernáculo muchos días, guardaban los hijos de Israel la guarda de Dios, y no decampaban. A veces estaba la nube, pocos días sobre el tabernáculo; a la voz de Señor acampaban, y al mandato de Señor decampaban. A veces estaba la nube, de tarde a mañana, y se alzaba la nube a la mañana; y decampaban; o un día y una noche, y alzábase la nube; y decampaban; o dos días o un mes, o un año, si la nube se detenía sobre el tabernáculo, cerniéndose sobre él, acampaban los hijos de Israel, y no decampaban; y, cuando se alzaba, decampaban. Al mandato de Señor acampaban, y al mandato de Señor decampaban: la guarda de Señor guardaban, por mandato de Señor, en mano de Moisés. Las trompetas Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Hazte dos trompetas de plata; batidas las harás; y seránte para convocar la congregación y levantar los campos. Y, cuando las tocares, se juntará a ti toda la congregación, a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y, cuando se tocare una, vendrán a ti todos los príncipes, caudillos de Israel. Y, tocaréis alarma, y decamparán los campamentos los acampados a oriente. Y, tocaréis alarma la segunda vez y decamparán los campamentos los acampados al mediodía; y tocaréis alarma la tercera vez, y decamparán los campamentos los acampados al mar, y tocaréis alarma la cuarta vez, y decamparán los campamentos acampados al septentrión; alarma tocarán en su decampar. Y, cuando congregáreis la congregación, tocaréis, y no alarma. Y los hijos de Aarón los sacerdotes tocarán las trompetas; y seráos ley eterna por vuestras generaciones. Y, cuando viniereis a la guerra en vuestra tierra, contra los adversarios que se pusieren contra vosotros, tocaréis alarma; y se os rememorará delante del Señor, el Dios vuestro, y se os salvará de vuestros enemigos. Y en los días de vuestra alegría, y en vuestras fiestas y vuestras neomenias, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre vuestras hostias pacíficas. Y os(a) será memoria delante de vuestro Dios: yo Señor, el Dios vuestro. Y aconteció en el año segundo, en el mes segundo, el veinte del mes alzóse la nube del tabernáculo del testimonio. Y, decamparon los hijos de Israel, según sus escuadras, del desierto de Sinaí y paróse la nube en el desierto de Farán. Y decamparon por primera vez, a la voz del Señor, en mano de Moisés. Y decampó primero el estandarte del campo de Judá, según sus ejércitos; y sobre su ejército: Nahazón hijo de Aminadab; y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Isacar: Natanael hijo de Suar; y sobre el ejército de la tribu de Zabulón: Eliab, hijo de Helón. Y levantaron el tabernáculo; y decamparon los hijos de Gersón y los hijos de Merarbí, los llevadores del tabernáculo. Y decampó el estandarte de Rubén, según sus ejércitos; y sobre su ejército: Helisur, hijo de Sedeúr. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Simeón: Salamiel, hijo de Surisadai. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Gad: Eliasaf, hijo de Duel. Y decamparon los hijos de Caat, llevando el santuario; y levantaron(b) el tabernáculo, mientras llegaban(c). Y decampó el estandarte del campo de Efraín, según sus ejércitos; y sobre su ejército: Eliasamá, hijo de Amiud. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Manasés: Gamaliel, hijo de Fadasur. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Benjamín: Abidán, hijo de Gedeón. Y decampó el estandarte del campo de los hijos de Dan, los últimos de todos los campos, según sus ejércitos; y sobre su ejército: Ahiezer, hijo de Amisadai. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Aser: Fegiel, hijo de Ocrán. Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Neftalí: Ahirá, hijo de Enán. Estos, los ejércitos de los hijos de Israel; y decampaban según sus escuadras. Y dijo Moisés a Hobab hijo de Ragüel, el medianita, suegro de Moisés: «Decampamos nosotros al lugar que dijo el Señor: «Ese daréos». Ven, pues, con nosotros, y bien te haremos; que el Señor ha dicho bien sobre Israel». Y dijo: «No iré; sino a mi tierra y a mi gente iré». Y dijo: «No nos abandones, porque conoces nuestros acampamentos en el desierto, y serás nuestro guía. Y será: si fueres con nosotros y sobreviniere todo aquel bien que nos hará Señor, bien te haremos». Y decamparon del monte de Señor tres jornadas, y el arca de la alianza de Señor precedíales tres jornadas a elegirles reposo. Y la nube estaba sombreando de día cuando decampaban. Y aconteció cuando se alzaba el arca, decir Moisés: «Levántate, Señor, y disípense tus enemigos; huyan todos tus aborrecedores ante tu faz». Y cuando reposaba, decía: «Vuelve, Señor, entre los millares, miríadas, en Israel». Murmura el pueblo. Los setenta ancianos. Y aconteció murmurar el pueblo malamente delante del Señor; y oyó Señor e inflamóse en ira e incendióse en ellos fuego desde Señor, y devoró un extremo del campamento. Y, clamó el pueblo a Moisés, y oró Moisés al Señor, y cayó el fuego. Y fue llamado el nombre de aquel lugar Incendio, pues incendióse en ellos fuego desde Señor. Pero el populacho entre ellos, ansió con ansia; y, sentándose lloraron, y también los hijos de Israel, y dijeron: «¿Quién nos nutrirá con carne?» Nos acordamos de los peces que comíamos en Egipto de balde y de los cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas y de los ajos. Ahora, empero, nuestra alma reseca; nada sino maná, nuestros ojos. Pero el maná como semilla de cilantro es, y su aspecto como aspecto de cristal. Y dispersábase el pueblo y recogía, y molíalo en molienda, o trituraban en mortero, y cocíanlo en olla; y hacíanlo tortas; y su sabor era como el sabor como de hojuelas de aceite. Y, cuando descendía el rocío sobre el real de noche, descendía el maná, descendía sobre él. Y oyóles Moisés llorar por sus pueblos, cada uno a la puerta de su tienda; e inflamóse en ira el Señor sobremanera; y delante de Moisés era malo. Y dijo Moisés al Señor: «¿Por qué has abatido a tu siervo? Y ¿Por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Que he concebido yo a todo este pueblo o yo los he parido, que dices: «Llévale en tu regazo como la nodriza lleva al mamante, a la tierra que has jurado a sus padres? ¿De dónde a mí dar carne a todo este pueblo? porque me lloran diciendo: «Danos carne para comer». No podré yo solo llevar a todo este pueblo, pues demasiado pesado es para mí esta palabra(a). Y, si así haces tú conmigo, quítame de en medio, para no ver mi abatimiento». Y dijo el Señor a Moisés: «Congrégame setenta varones de entre los ancianos de Israel que tú sabes que ancianos son del pueblo y maestros de ellos; y los traerás al tabernáculo del testimonio, y se pondrán allí contigo. Y descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu, que hay en ti, y pondré sobre ellos, y conllevarán contigo la carga del pueblo; y no los llevarás tú solo. Y al pueblo dirás: «Purificáos para mañana, y comeréis carne; pues habéis llorado en oídos del Señor, diciendo: «¿Quién nos nutrirá con carne? porque bello, para nosotros estar en Egipto»; y el Señor os dará a comer carne, y comeréis carne. No un día comeréis, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días; hasta un mes de días comeréis; hasta que salga por vuestras narices, y seráos en náuseas, porque habéis desechado al Señor, que está en medio de vosotros y llorado delante de él, diciendo: «¿A qué a nosotros haber salido de Egipto?». Y dijo Moisés: «Seiscientos mil infantes tiene el pueblo entre quienes estoy yo, y tú has dicho: «Carne daréles de comer, y comerán un mes de días». ¿Acaso ovejas y bueyes se les degollarán, y les bastará? ¿O todos los peces del mar juntaránseles, y les bastará?». Y dijo el Señor a Moisés: «¿Acaso mano del Señor no alcanzará? Ya sabrás si te faltará mi palabra o no». Y salió Moisés, y habló al pueblo las palabras del Señor; y congregó setenta varones, de los ancianos del pueblo, y púsoles en contorno del tabernáculo. Y descendió el Señor en nube, y hablóle, y tomó del espíritu, de él, y puso sobre los setenta varones, los ancianos; y aconteció que, al reposar el espíritu sobre ellos, profetizaron; y ya no cesaron. Y habíanse quedado dos varones en el real: nombre del uno: Eldad, y nombre del otro: Madad; y reposó sobre ellos espíritu; y éstos eran de los inscritos, y no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en el real. Y corriendo vino el niño; avisó a Moisés, y dijo, diciendo: «Eldad y Madad profetizan en el real». Y, respondiendo Josué, el hijo de Nun, el servidor de Moisés, el elegido, dijo: «Señor mío Moisés, impídeles». Y díjole Moisés: «¿Celas tú por mí? ¿Quién diera que todo el pueblo del Señor profetizase, que diese Señor su espíritu sobre ellos?» Y retiróse Moisés al real, él y los ancianos de Israel. Y ráfaga salió del Señor y lanzó codornices, desde el mar, y esparciólas en torno del campamento, camino de un día acá y camino de un día allá, en contorno del campamento, como dos codos sobre la tierra. Y, levantándose el pueblo, todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que poco, recogió diez coros(b); y sacáronles para sí secas, en contorno del campamento. La carne aún estaba en sus dientes, antes de faltarles; y Señor inflamóse en ira contra el pueblo e hirió Señor al pueblo, con plaga grande sobremanera. Y, fue llamado el nombre de aquel lugar: Sepulcros del apetito; porque allí sepultaron al pueblo apetecedor. De los Sepulcros del apetito decampó el pueblo, a Haserot; y quedóse el pueblo en Haserot. Castigo de María Y habló María y Aarón contra Moisés por causa de la mujer la etíope que había tomado Moisés, pues mujer etíope había tomado; y dijeron: «¿Acaso a Moisés sólo está hablando el Señor? ¿No a nosotros también ha hablado?» Y oyó el Señor. Y hombre Moisés, manso sobremanera, más que todos los hombres que había sobre la tierra. Y dijo el Señor al punto a Moisés, y Aarón y María: «Salid vosotros los tres al tabernáculo del testimonio». Y salieron los tres al tabernáculo del testimonio; y descendió el Señor en columna de nube y detúvose a la puerta del tabernáculo del testimonio; y llamó a Aarón y María y salieron ambos. Y dijo a ellos: «Oíd mis palabras: Si fuere hecho profeta alguno de vosotros del Señor, en visión seré de él conocido, y en sueños hablaré con él; no así mi siervo Moisés; en toda mi casa está versado; boca a boca háblole con claridad, y no en enigmas; y la gloria del Señor ve; y, ¿por qué no habéis temido hablar contra mi siervo Moisés?» Y el furor del Señor se incendió contra ellos, y se fue; y la nube retiróse del tabernáculo; y he aquí María, leprosa como nieve, y miró Aarón a María, y he aquí leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: «Ruégote, Señor, no pongas sobre nosotros pecado, porque necios hemos sido, que hemos pecado. Que no sea hecha igual a muerte, como aborto que sale de la matriz de su madre, y devorada está la mitad de su carne». Y clamó Moisés al Señor, diciendo: «Dios mío, ruégote, sánala». Y dijo el Señor a Moisés: «Si su padre escupiendo escupiérala al rostro ¿no se avergonzaría siete días? reclúyasela siete días fuera del campo, y después entrará». Y recluida fue María fuera del campo siete días; y el pueblo no decampó, hasta que fue limpia María. (13:1) Y después de esto, decampó el pueblo de Haserot, y acampó en el desierto de Farán. La exploración de Canaán (13:2) Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Envíate varones, y exploren la tierra de los cananeos, que yo doy a los hijos de Israel en posesión; varón uno por tribu, por sus familias paternas, los enviáras; todo príncipe de ellos». (13:3) Y enviólos Moisés del desierto de Farán, por voz del Señor; todos príncipes de hijos de Israel, éstos. (13:4) Y estos los nombres de ellos: (13:5) de la tribu de Rubén: Samua, hijo de Zecur; (13:6) de la tribu de Simeón: Safat, hijo de Hurí. (13:7) De la tribu de Judá: Caleb, hijo de Jefoné. (13:8) De la tribu de Isacar: Igal, hijo de José. (13:9) De la tribu de Efraín: Oseas, hijo de Nun. (13:10) De la tribu de Benjamín: Faltí, hijo de Rafú. (13:11) De la tribu de Zabulón: Gediel hijo de Sodí. (13:12) De la tribu de José, de los hijos de Manasés: Gadí, hijo de Susí. (13:13) De la tribu de Dan: Amiel hijo de Jemalí. (13:14) De la tribu de Aser: Stur, hijo de Micael. (13:15) De la tribu de Neftalí: Nahabí, hijo de Vapsí. (13:16) De la tribu de Gad: Güel, hijo de Maquí. (13:17) Estos, los nombres de los varones que envió Moisés a explorar la tierra. Y sobreapellidó Moisés a Oseas, hijo de Nun: Josué. (13:18) Y envióles Moisés a explorar la tierra de Canaán, y díjoles: «Subid por este desierto, y subiréis a la montaña. (13:19) Y miraréis la tierra: cuál es; y el pueblo que la habita: si fuerte es o débil; si pocos son o muchos; (13:20) y cuál la tierra que éstos habitan: si hermosa es o mala; y cuáles las ciudades que éstos habitan: si en tiendas o en fortalezas; (13:21) y cuál, la tierra: si pingüe o flaca; si hay en ella árboles o no; y teniendo paciencia, coged de los frutos de la tierra». Y los días, días de estío, precursores de uva. (13:22) Y subiendo, exploraron la tierra, desde el desierto de Sin a Rohob, entrando a Emat. (13:23) Y subieron por el desierto y llegaron a Hebrón, y allí: Aquimán y Sisai y Tolmai, hijos de Enac. Y Hebrón siete años edificóse antes de Tanim, de Egipto. (13:24) Y llegaron hasta la hondonada de «La uva»; y cortaron de allí un sarmiento con su racimo, y lleváronlo en andas; y de granadas y de higos. (13:25) Y aquel lugar denominaron: «Hondonada de la uva», por la uva que cortaron de allí los hijos de Israel. (13:26) Y volvieron de allí los exploradores de la tierra, después de cuarenta días. (13:27) Y, yendo, vinieron a Moisés y Aarón y a toda la congregación de hijos de Israel, al desierto de Farán de Cadés. Y respondiéronle la palabra y a toda la congregación, y mostráronles el fruto de la tierra; (13:28) y contáronle y dijeron: «Llegamos a la tierra a que nos enviaste, tierra que mana leche y miel; y éste, su fruto. (13:29) Sólo que intrépida la gente que la habita; y las ciudades, fuertes, muradas, grandes sobremanera; y también raza de Enac hemos visto allí. (13:30) Amalec habita en la tierra, la del mediodía; y el heteo y jebuseo y amorreo, habitan la montaña; y el cananeo habita a lo largo del mar y del río Jordán». (13:31) Y acalló Caleb al pueblo para con Moisés, y díjole: «No; sino que, subiendo, subiremos, y nos posesionaremos de ella(a), que, poderosos podremos contra ellos». (13:32) Y los hombres que subieron con él, dijeron: «No subiremos, pues no podemos, no, subir contra la gente; porque más fuerte es que nosotros.» (13:33) Y trajeron pasmo de la tierra que exploraron a los hijos de Israel, diciendo: «La tierra que hemos recorrido explorándola, tierra que devora sus habitantes(b), es; y todo el pueblo que hemos visto en ella, varones sobremanera grandes. (13:34) Y allí vimos los gigantes; hijos de Enac, de(c) los gigantes; y éramos, en nuestros ojos como langostas; y también así éramos en los ojos de ellos». Todo el pueblo condenado a morir en el desierto Y alzó toda la congregación la voz y lloró el pueblo lloró aquella noche; y murmuraron contra Moisés y Aarón todos los hijos de Israel, y díjoles toda la congregación: «Ojalá hubiésemos muerto en tierra de Egipto; o muriéramos en este desierto. Y ¿por qué nos trae el Señor a esta tierra a caer por la espada, y a que nuestras mujeres y nuestros hijos sean para rapiña? ¿No es mejor para nosotros volver a Egipto?» Y dijeron el uno al otro: «Démonos caudillo, y volvamos a Egipto». Y cayó Moisés y Aarón sobre su rostro a faz de toda la congregación de hijos de Israel. Y Josué, el hijo de Nun y Caleb, el hijo de Jefoné, de los exploradores de la tierra, rasgaron sus vestiduras, y dijeron a toda la congregación de hijos de Israel, diciendo: «La tierra que hemos recorrido y explorado, buena es, mucho, mucho. Si se complace en nosotros el Señor, nos llevará a esta tierra; tierra es manando leche y miel. Empero, contra el Señor no seáis rebeldes. Y vosotros no temáis el pueblo de la tierra; pues pan para nosotros son. Porque se ha alejado el amparo de ellos; y el Señor entre nosotros: no les temáis.» Y dijo toda la congregación que se les apedreara con piedras. Y la gloria del Señor apareció en la nube sobre el tabernáculo del testimonio a todos los hijos de Israel. Y dijo el Señor a Moisés: «¿Hasta cuándo irrítame este pueblo? y ¿hasta cuándo no me creen, a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? Los heriré de mortandad y los destruiré; y haré a ti y la casa de tu padre en gente grande, y mucho más que éste!» Y Moisés dijo al Señor: «Y oirá Egipto, pues sacaste con tu poder este pueblo de entre ellos. Pero también todos los habitantes de esta tierra han oído que tú estás, Señor, en medio de este pueblo; a quien, ojo a ojo, apareces Señor; y la nube tuya parada está sobre ellos; y en columna de nube te vas delante de ellos, de día, y en columna de fuego de noche. Y destruirás a este pueblo como a un hombre. Y dirán las gentes, cuantas han oído tu nombre, diciendo: «Por no haber podido Señor llevar este pueblo a la tierra que le juró, degollólos en el desierto». Y ahora sublímese tu poder, Señor, cual has dicho, diciendo: «Señor longánimo y misericordiosísimo, perdonando iniquidades y pecados; y con purificación no purificará al culpable, visitando los pecados de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Perdona el pecado de este pueblo, según la grandeza de tu misericordia; así como has sido piadoso con ellos, desde Egipto hasta ahora.» Y dijo el Señor: «Piadoso soy con ellos, según tu palabra. Empero; vivo yo, y llenará la gloria del Señor toda la tierra»(a); que todos los varones que han visto mi gloria y las señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ahora por décima vez, y no han escuchado mi voz, a fe que no verán la tierra que juré a sus padres(b); todos los que me han irritado no la verán. Pero mi niño Caleb; pues otro espíritu en él y del todo me ha seguido —llevarále a la tierra en la cual entró; y su simiente la heredará. El amalecita y el cananeo ahora habitan en el valle; mañana os volveréis vosotros y decamparéis al desierto, camino del mar rojo». Y dijo el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «¿Hasta cuándo a esta congregación mala —lo que ellos murmuran contra mí? La murmuración de los hijos de Israel que han murmurado contra mí, he escuchado. Diles: «¡Vivo yo, dice el Señor: a fe que, cual habéis hablado en mis orejas, así os haré!» En este desierto caerán vuestros cadáveres, todos vuestros contados, según toda la cuenta de ellos, de veinte años arriba, cuántos habéis murmurado contra mí. ¡Si vosotros entrareis en la tierra, sobre la cual he extendido mi mano para estableceros en ella...! fuera de Caleb, hijo de Jefoné, y Josué hijo de Nun. Y vuestros hijos que dijisteis rapiña serían, llevaréles a la tierra; y heredarán la tierra que vosotros habéis desdeñado. Y vuestros cadáveres caerán en este desierto; y vuestros hijos irán habitando en el desierto cuarenta años y pagarán vuestra fornicación, hasta que se consuman vuestros cadáveres en el desierto. Según el número de los días, cuantos explorásteis la tierra: cuarenta días, día por año, pagaréis vuestros pecados: cuarenta años; y conoceréis el furor de mi ira. Yo Señor he hablado: a fe que así haré a toda esta congregación, la mala; que a una se ha alzado contra mí: en este desierto consumidos serán y ahí morirán». Y los hombres que envió Moisés a explorar la tierra, y volvieron contra él a(c) toda la congregación, prefiriendo palabras malas acerca de la tierra; y murieron los hombres los que hablaron mal de la tierra, en la plaga(d) delante del Señor. Y Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, vivieron de aquellos hombres que salieron a explorar la tierra. Y habló Moisés todas estas palabras a todos los hijos de Israel; y enlutóse el pueblo sobremanera. Y madrugando al alba, subieron, hacia la altura de la montaña diciendo: «Hénos aquí: subiremos al lugar que ha dicho el Señor; porque hemos pecado». Y dijo Moisés: «¿Por qué quebrantáis esta palabra del Señor? No llevaréis buen camino. No subáis; pues no está el Señor con vosotros; y caeréis a faz de vuestros enemigos; porque el amalecita y el cananeo, allí delante de vosotros, y caeréis a cuchillo; pues, por haberos apartado, desobedeciendo al Señor, tampoco estará el Señor entre vosotros». Y, obstinándose, subieron a la altura de la montaña; mas el arca de la alianza del Señor y Moisés no se movieron del real. Y bajó el amalecita y el cananeo que habitaban aquella montaña y los hirieron y dispersaron hasta Hormá(e). Ceremonia. Primicias. Suplicio del profanador del sábado. Fimbrias. Y dijo el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Cuando entrareis en la tierra de vuestra morada, que yo os doy, e hiciereis holocausto al Señor: holocausto u hostia, para cumplir un voto o espontáneamente, o en vuestras fiestas, para hacer olor de suavidad al Señor, sea de los bueyes o de las ovejas; ofrecerá, quien ofreciere su don al Señor, una hostia; un décimo de harina flor, amasada con un cuarto de un hin de aceite; y vino para libación: un cuarto de hin harás sobre el holocausto o sobre la hostia; a cordero uno harás tal. Y al carnero, cuando lo hicieres en holocausto o en hostia, harás hostia: dos décimos de harina flor amasados con un tercio de hin de aceite; y un tercio de hin de vino para la libación traerás en olor de suavidad al Señor. Y, si hicieres becerro en holocausto o en hostia, cumpliendo un voto, o en hostia pacífica al Señor; traerás, con el becerro, una hostia: de harina flor tres décimos amasados con aceite: la mitad de un hin; y vino traerás en hostia: la mitad de un hin, hostia, olor de suavidad al Señor. Así harás con el becerro, el uno; o con el carnero, el uno; o con el cordero, el uno; de las ovejas o de las cabras. Según el número que hiciereis, así haréis a cada uno, según el número de ellos. Todo indígena hará así al ofrecer tales holocausto en olor de suavidad al Señor. Y, si un peregrino estuviere entre vosotros o quien se hallare entre vosotros en vuestras generaciones e hiciere holocausto: olor de suavidad al Señor; así como hacéis vosotros, así hará en la congregación al Señor. Ley una será y juicio uno será para vosotros y los peregrinos que habitaren entre vosotros; ley sempiterna por vuestras generaciones; así como vosotros, también el peregrino será ante Señor. Ley una será y juicio uno será para vosotros y al peregrino que habitare entre vosotros». Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Cuando entrareis en la tierra, a la cual os llevo, será que, cuando comiereis vosotros del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda separada al Señor: primicias de vuestra masa: un pan separaréis en ofrenda. Como ofrenda de la era, así lo ofreceréis, primicias de vuestra masa, y daréis al Señor ofrenda por vuestras generaciones. Y, cuando pecareis y no hiciereis todos estos mandamientos que habló Señor a Moisés, según todo lo que ha ordenado el Señor para vosotros en mano de Moisés, desde el día que ordenó el Señor para vosotros y en adelante por vuestras generaciones; será que, si en los ojos de la congregación ha sucedido involuntariamente; hará toda la congregación un becerro en holocausto, en olor de suavidad a Señor, y hostia de él y libación de él según el rito; y un cabrón por pecado. Y expiará el sacerdote por toda la congregación de los hijos de Israel, y perdonaráseles por ser involuntario y ofrecer ellos su don: un holocausto a Señor por su pecado delante de Señor, por lo involuntario de ellos. Y perdonaráse a toda la congregación de hijos de Israel, y al peregrino que habitare entre vosotros; pues para todo el pueblo ha sido involuntario. Mas, si un alma pecare involuntariamente, ofrendará una cabra de año por pecado. Y expiará el sacerdote por el alma que ha errado y pecado involuntariamente delante del Señor, para expiarla; y se le perdonará. Para el indígena entre los hijos de Israel, y para el peregrino que habitare entre ellos, ley una será para ellos, si alguno hiciere(a) involuntariamente. Y el alma que hiciere con mano de altanería, de los indígenas o los peregrinos, a Dios irritará éste: cortada será aquella alma de su pueblo; porque la palabra del Señor ha menospreciado y sus mandamientos quebrantado; borrada será aquella alma; su pecado en ella». Y estaban los hijos de Israel en el desierto y hallaron a un hombre que recogía leña en el día de sábado. Y trajéronle los que le hallaron recogiendo leña, a Moisés y Aarón y toda la congregación de hijos de Israel. Y pusiéronle en prisión, pues no estaba determinado qué hacerle. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «De muerte muera el hombre: apedréenle, toda la congregación fuera del real». Y sacáronle, toda la congregación fuera del real, y le apedrearon y murió, según ordenó el Señor a Moisés. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás que se hagan franjas en las orlas de sus vestiduras(b) por sus generaciones; y añadirán a las franjas de las orlas un cordón cárdeno. Y estaráos en las orlas, y los miraréis, y os acordaréis de todos los mandamientos del Señor y los haréis; y no os apartaréis tras de vuestros pensamientos y vuestros ojos; en los que ramereáis tras de ellos; para que recordéis y hagáis todos mis mandamientos; y seréis santos a vuestro Dios. Yo Señor, el Dios vuestro; que os saqué de tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: yo Señor el Dios vuestro». Sedición y castigo Y habló Coré; hijo de Isaar, hijo de Caat, hijo de Leví; y Datán y Abirón, hijos de Eliab, y Hon, hijo de Felet, de los hijos de Rubén; y alzáronse contra Moisés; y varones de los hijos de Israel: doscientos cincuenta, príncipes de la congregación, llamados al consejo y varones renombrados; y reuniéronse contra Moisés y Aarón; y dijeron: «Básteos, que toda la congregación, es de santos y en ellos está el Señor. ¿Y por qué os levantáis sobre la congregación del Señor?» Y, oyendo Moisés cayó sobre su rostro. Y habló a Coré y toda la congregación de él, diciendo: «¡Mañana! entonces manifestará Señor quien es suyo, y los santos se allegará, y el que hubiere elegido, allegará a sí. Esto haced: Tomáos incensarios Coré y toda su congregación, y poned fuego en ellos y poned en ellos timiama delante del Señor mañana, y será: el varón a quien eligiere Señor, éste santo; básteos, hijos de Leví». Y dijo Moisés a Coré: «Escuchadme hijos de Leví: ¿es poco esto para vosotros que os haya separado el Dios de Israel, de la congregación de Israel, y allegádoos a sí, a ministrar los ministerios del tabernáculo del Señor y estar delante del tabernáculo a ministrar por ellos? Y te allegó y todos tus hermanos, hijos de Leví, contigo: ¿y buscáis también sacerdotes ser? ¡Así tú y toda tu congregación, la reunida contra Dios...(a) Y Aarón ¿quién es que murmuráis contra él?» Y envió Moisés a llamar a Datán y Abirón, hijos de Eliab. Y dijeron: «No subimos. ¿Poco es esto: que nos hayas sacado de tierra que mana leche y miel, para matarnos en el desierto; que también nos señoreas? señor eres. ¡Y tú a la tierra que mana leche y miel nos has traído y dádonos heredad de tierra y viña! ¿Los ojos de estos hombres has de arrancar? No subimos». Y airóse Moisés sobremanera, y dijo a Señor: «No te vuelvas al sacrificio de ellos: ni un asno(b) de ninguno de ellos he tomado; ni mal tratado a ninguno de ellos». Y dijo Moisés a Coré: «Tú y toda tu congregación ponéos delante del Señor; tú y ellos y Aarón, mañana; y tomad cada uno su turíbulo, y poned en él timiama; y traed delante del Señor cada uno su turíbulo: doscientos cincuenta turíbulos; y tú y Aarón cada uno su turíbulo! Y tomó cada uno su turíbulo, y pusieron en ellos fuego y echaron en ellos timiamas; y pusiéronse a la puerta del tabernáculo del testimonio Moisés y Aarón. Y había juntado contra ellos Coré toda su congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y aparecióse la gloria del Señor a toda la congregación. Y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Retiráos de en medio de esta congregación; y los anonadaré a la vez». Y cayeron sobre su rostro y dijeron: «¡Dios, Dios de los espíritus y de toda carne! si hombre uno ha pecado ¿por qué sobre toda la congregación la ira del Señor?» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a la congregación diciendo: «Apartáos en contorno de la tienda(c) de Coré, y Datán y Abirón». Y levantóse Moisés y fue a Datán y Abirón y fueron con él los ancianos de Israel; y habló a la congregación, diciendo: «Retiráos de las tiendas de estos hombres impíos y no toquéis de todo lo que es de ellos, para que no perezcáis juntamente en todos los pecados de ellos». Y apartáronse de la tienda de Coré, y Datán y Abirón en contorno; y Datán y Abirón salieron y paráronse a la puerta de sus tiendas, y sus mujeres, y sus hijos y su servidumbre. Y dijo Moisés: «En esto conoceréis que Señor me ha enviado hacer todas estas obras; que no de mí mismo; si según muerte de todos los hombres murieren éstos, y si según suerte de todos los hombres la suerte fuere de ellos; no me ha enviado Señor. Empero si en visión manifestare(d) el Señor, y, abriendo la tierra su boca, tragare a ellos y todo cuanto es de ellos y bajaren vivos al infierno; conoceréis que han irritado estos hombres al Señor». Y aconteció, cuando acabó de hablar todas estas palabras, hendióse la tierra debajo de los pies de ellos. Y abrió la tierra su boca y tragó a ellos y sus casas y todos los hombres pertenecientes a Coré, y toda su hacienda. Y bajaron ellos y cuanto era de ellos, vivos al infierno, y cubrióles la tierra, y perecieron de en medio de la congregación. Y todo Israel, que estaba en torno de ellos, huyó a gritos de ellos, porque decían, diciendo: «Que no nos trague también la tierra». Y fuego salió del Señor y devoró los doscientos cincuenta varones que ofrecían el timiama. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Di a Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote: «Sacad los turíbulos de bronce, de en medio de los quemados y desparrame el fuego; porque santificados están. Los turíbulos de estos criminales de muerte; y hágalos láminas batidas, guarnición del altar; pues traídos fueron ante el Señor y santificados, y serán por señal a los hijos de Israel». Y tomó Eleazar hijo de Aarón del sacerdote los turíbulos los broncíneos, cuantos trajeron los quemados y pusiéronles por guarnición al altar; memorial a los hijos de Israel; para que no se acerque ningún extraño, que no es de la simiente de Aarón, a ofrecer timiama delante de Señor, y no sea cual Coré y su partido; según habló el Señor en manos de Moisés. Y murmuraron los hijos de Israel, toda la congregación, al día siguiente, contra Moisés y Aarón, diciendo: «Vosotros habéis muerto al pueblo de Israel». Y aconteció, cuando se aglomeró la congregación contra Moisés y Aarón, dirigéronse al tabernáculo del testimonio; y he aquí cubrióle la nube y apareció la gloria del Señor. Y salió Moisés y Aarón, a faz del tabernáculo del testimonio; y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Retiráos de en medio de esta congregación, y les anonadaré a la vez». Y cayeron sobre su rostro; y dijo Moisés a Aarón: «Toma el turíbulo, y pon en él fuego del altar, y echa en él timiama, y tráelo al punto al real, y expía por ellos; pues ira ha salido de faz del Señor: ha empezado a herir al pueblo». Y tomó Aarón, según le habló Moisés; y corrió al medio de la congregación; y había ya empezado la plaga en el pueblo; y echó el timiama, y expió por el pueblo. Y estúvose en medio de los muertos y de los vivos, y detúvose la plaga; y llegaron a ser los muertos en la plaga: catorce mil setecientos; fuera de los muertos por causa de Coré. Y volvió Aarón a Moisés a la puerta del tabernáculo del testimonio, y(e) detúvose la plaga. La vara de Aarón Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos vara, vara por sus casas paternas, de todos los príncipes de ellos; por sus casas paternas: doce varas; y de cada uno el nombre escribe sobre su vara; y el nombre de Aarón escribe sobre la vara de Leví; pues habrá vara una por la tribu de las casas paternas. Y las pondrás en el tabernáculo del testimonio, delante del testimonio; en donde te me manifestaré. Y será; el hombre a quien yo eligiere —la vara de él florecerá. Y quitaré de en torno mío, la murmuración de los hijos de Israel, lo que ellos murmuran contra vosotros». Y habló Moisés a los hijos de Israel, y diéronle todos sus príncipes vara, por cada príncipe una vara, por sus casas paternas: doce varas; y la vara de Aarón en medio de sus varas. Y puso Moisés las varas delante de Señor en el tabernáculo del testimonio. Y aconteció al día siguiente entrar Moisés y Aarón en el tabernáculo del testimonio; y he aquí habría brotado la vara de Aarón por la casa de Leví; y pimpollecido, y abierto flores y madurado almendras. Y Moisés sacó todas las varas, de la faz de Señor, a todos los hijos de Israel; y vieron, y tomó cada uno su vara. Y dijo el Señor a Moisés: «Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio; para guarda, para señal a los hijos de los rebeldes, y cese su murmuración en torno mío, y no mueran». E hizo Moisés; según ordenó Señor, así hizo. Y dijeron los hijos de Israel a Moisés: «He aquí somos aniquilados, perecemos, todos perecemos. Todo el que se llega al tabernáculo de Señor, muere: ¿totalmente pereceremos?» Emolumentos y deberes del sacerdocio Y dijo el Señor a Aarón, diciendo: «Tú y tus hijos y la casa de tu padre contigo llevaréis las primicias(a) del santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis los pecados de vuestro sacerdocio: y tus hermanos, la tribu de Leví, la gente de tu padre trae a ti, hijos contigo(b) delante del tabernáculo del testimonio. Y guardarán tus guardas y las guardas del tabernáculo; sólo que a los vasos sacros y altar no se allegarán, para que no mueran y éstos y vosotros;(c) y se asociarán a ti guardarán las guardas del tabernáculo del testimonio, según todos los ministerios del tabernáculo; y ningún extraño se llegará a vosotros. Y guardarán las guardas del santuario y las guardas del altar; y no habrá ya ira sobre los hijos de Israel. Y yo he tomado vuestros hermanos, los levitas, de en medio de los hijos de Israel: don donado al Señor, a ministrar los ministerios del tabernáculo del testimonio. Y tú y tus hijos contigo observaréis vuestro sacerdocio, según todo el rito del altar y lo de adentro del velo; y el ministrar los ministerios, don del sacerdocio vuestro; y el extraño que se llegare, morirá». Y habló el Señor a Aarón: «Empero he aquí os he dado la guarda de mis primicias de todo lo consagrado a mí por los hijos de Israel, y te las he dado en don, y a tus hijos después de ti: ley sempiterna. Y esto será para vosotros de lo sacro consagrado de los holocaustos, de todas las ofrendas de ellos, y de todas sus hostias, y de toda iniquidad de ellos y de todos los pecados de ellos, cuanto me pagaren: como cosa santa de santas, tuyo será y de tus hijos. En el santo de los santos lo comeréis; todo lo masculino lo comerá; sagrado te será. Y esto será vuestro de las primicias de ellos, de todas las ofrendas de los hijos de Israel: a ti lo he dado y a tus hijos y a tus hijas contigo: ley sempiterna; todo puro en tu casa lo comerá. Toda la flor del aceite, y toda la flor del vino y del trigo; las primicias(d) de lo que dieren a Señor, a ti lo he dado; los primeros frutos todos cuantos en su tierra, cuantos trajeren a Señor, tuyos serán; todo puro en tu casa los comerá; todo votado en Israel; tuyo será. Todo lo que abriere vulva, de toda carne, cuanto ofrecen a Señor; de hombre a bestia, tuyo será; empero con rescate rescatado será lo primogénito de los hombres; y lo primogénito de las bestias las impuras rescatarás. Y el rescate de ello, desde un mes: su precio, cinco siclos, según el siclo del santuario: de veinte óbolos es. Pero lo primogénito de vacas, y lo primogénito de ovejas y lo primogénito de cabras, no rescatarás: sagrado es: su sangre rociarás sobre el altar; y su grosura quemarás: holocausto, en olor de suavidad, a Señor. Y la carne será tuya; como el pecho de la agitación y como la espaldilla la derecha, tuyos serán. Toda ofrenda del santuario, cuando ofrecieren los hijos de Israel a Señor, a ti he dado, y a tus hijos y a tus hijas contigo: ley sempiterna; pacto de sal(e) sempiterna es para ti y tu simiente después de ti». Y habló Señor a Aarón: «En la tierra de ellos nada poseerás, y no tendrás parte entre ellos, porque yo, tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel. Y a los hijos de Leví he aquí dado todos los diezmos en Israel, en posesión, por sus ministerios, los que ellos ministran en el tabernáculo del testimonio; y no se llegarán ya los hijos de Israel al tabernáculo del testimonio, para que no lleven pecado y mueran; y ministrará el levita el ministerio del tabernáculo del testimonio; y ellos llevarán los pecados de ellos: ley sempiterna por sus generaciones; y en medio de los hijos de Israel no poseerán posesión. Porque los diezmos de los hijos de Israel, cuantos ofrecieren a Señor, dádiva he dado a los levitas en heredad; por esto les he dicho: «En medio de los hijos de Israel no poseeréis posesión». Y habló Señor a Moisés, diciendo: «Y a los levitas hablarás y les dirás: «Si tomareis de los hijos de Israel el diezmo, que os he dado de ellos, en heredad ofrendaréis vosotros de él: ofrenda al Señor, el diezmo del diezmo; y se os contará vuestra ofrenda como trigo de la era y como ofrenda del lagar. Así ofrendaréis también vosotros, de todos los diezmos que recibiereis de los hijos de Israel, daréis también de ellos ofrenda a Señor, a Aarón el sacerdote; de todas vuestras dádivas ofrendaréis ofrenda a Señor, de todas las primicias lo sacro de ellas. Y les dirás: «Cuando ofrendareis las primicias de ellas, se os contará, levitas, como fruto de la era y como fruto del lagar; y lo comeréis en todo lugar, vosotros y vuestras casas, pues remuneración es ésta para vosotros por vuestro ministerio en el tabernáculo del testimonio, y no llevaréis por esto, pecado, cuando(f) hubiereis ofrendado las primicias de ellos; y lo sacro de los hijos de Israel no contaminaréis para que no muráis». El agua lustral Y habló el Señor a Moisés y Aarón, diciendo: «Este es el tenor de la ley que mandó Señor, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y tráigante una becerra rojiza, intachable, que no tenga en sí, y en que no se haya puesto yugo; y la daréis a Eleazar el sacerdote; y la llevarán fuera del campamento, y la degollarán delante de él; y tomará Eleazar de la sangre de ella con su dedo y rociará hacia la faz del tabernáculo del testimonio, con la sangre de ella siete veces; y quemarán la becerra delante de él y la piel y la carne de él y su sangre, con el fimo, se quemará. Y tomará el sacerdote cedro e hisopo y grana, y los arrojará en medio de la quema de la becerra. Y lavará sus vestiduras el sacerdote, y bañará su cuerpo en agua; y después entrará en el real; y será impuro el sacerdote hasta la tarde. Y el que la quemare, lavará sus vestiduras y bañará su cuerpo en agua, y será impuro hasta la tarde. Y recogerá hombre limpio las cenizas de la becerra y las pondrá fuera del real en sitio puro, y quedará a la congregación de hijos de Israel, en guarda, en agua de aspersión; porque es por pecado. Y el que recogiere la ceniza de la becerra, lavará sus vestiduras, e impuro será hasta la tarde; y será para los hijos de Israel y los peregrinos que moraren en medio de ellos, ley sempiterna. El que tocare toda alma de hombre muerto, impuro será siete días; éste se purificará con ésta(a) el día tercero y el día séptimo, y puro será. Pero, si no se purificare el día tercero y el día séptimo, no será puro. Todo el que tocare un muerto, de alma de hombre, si muriere y no se purificare, el tabernáculo del Señor ha mancillado: cortada será aquella alma, de Israel; pues el agua de la aspersión no fue asperjada en torno sobre él: impuro es; aún su impureza en él está. Y ésta, la ley: un hombre si muriere en la tienda —todo el que entrare en la tienda, y todo cuanto hubiere en la tienda, impuro será siete días. Y todo vaso abierto, cuanto con tapa no estuviere tapado, impuro será. Y todo el que tocare en el campo a un occiso, o un muerto, u osamenta de hombre o un sepulcro, siete días impuro será. Y tomarán para el impuro, de la ceniza de la quemada de la purificación, y derramarán sobre ella agua viva en un vaso; y tomará hisopo y lo mojará en el agua un hombre puro, y rociará sobre la casa y sobre todos los vasos y sobre las almas, cuantas hubiere allí; y sobre el que ha tocado la osamenta, o al occiso, o al muerto, o al sepulcro. Y rociará el puro en torno sobre el impuro el día tercero y el día séptimo, y purificado será el día séptimo; lavará sus vestiduras y se bañará en agua, y puro será a la tarde. Y hombre que se contaminare y no se purificare, cortada será aquella alma de en medio de la congregación; pues el santuario de Señor ha contaminado; pues con agua de aspersión no ha sido asperjado: impuro es. Y seráos ley sempiterna; y el que rociare en torno agua de aspersión, lavará sus vestiduras, y el que tocare el agua de la aspersión, impuro será hasta la tarde. Y todo lo que tocare el impuro, impuro será; y el alma que le tocare, impura será hasta la tarde. El agua de la contradicción. Hostilidad de Edom. Muerte de Aarón. Y llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Sin, en el mes primero; y asentóse el pueblo en Cadés. Y murió allí María y fue sepultada allí. Y no tenía agua la congregación; y aglomeráronse contra Moisés y Aarón. Y altercó el pueblo con Moisés, diciendo: «¡Ojalá que hubiéramos perecido en la perdición de nuestros hermanos delante de Señor! Y ¿porqué habéis subido la congregación de Señor a este desierto, para matar aquí a nosotros y nuestro ganado? ¿a qué esto? Nos habéis subido de Egipto para traernos a este lugar malo, lugar donde no hay siembra, ni higuera, ni vid, ni granado; ni agua hay para beber.» Y fueron Moisés y Aarón, de delante de la congregación, a la puerta del tabernáculo del testimonio, y cayeron sobre su rostro(a), y aparecióseles la gloria de Señor. Y habló el Señor a Moisés diciendo: «Toma la vara, y junta la congregación, tú y Aarón; y hablad a la peña, en ojos de ellos, y dará(b) el agua de ella, y les sacaréis agua de la peña, y daréis de beber a la congregación y su ganado». Y tomó Moisés la vara, la delante de Señor, según ordenó el Señor. Y juntó Moisés y Aarón la congregación delante de la peña, y díjoles: «Escuchadme los rebeldes: ¿acaso de esta peña os sacaremos agua?» Y, alzando Moisés su mano hirió la peña con la vara dos veces, y salió agua mucha, y bebió la congregación y su ganado. Y dijo el Señor a Moisés y a Aarón: «Pues no habéis confiado en mí, para santificarme en ojos de los hijos de Israel; por esto no introduciréis vosotros esta congregación en la tierra que les he dado. Esta, el «agua de contradicción», porque contradijeron los hijos de Israel delante de Señor, y santificóse en ellos». Y envió Moisés mensajeros, desde Cadés, al rey de Edom, diciendo: Esto dice tu hermano Israel: «Tú sabes todo el trabajo que nos ha alcanzado; como nuestros padres descendieron a Egipto, y habitamos en Egipto días muchos y maltrataron los egipcios a nosotros y nuestros padres; y clamamos a Señor, y escuchó Señor nuestra voz, y envió un ángel y nos sacó de Egipto; y ahora estamos en Cadés ciudad en el extremo de tus confines. Atravesaremos por tu tierra; no pasaremos por los campos, ni por las viñas; ni beberemos agua de tus pozos; por camino real iremos; no torceremos a diestra ni a siniestra, hasta que hayamos pasado tus confines.» Y díjole Edom: «No pasarás por mí; si no, en guerra iré a tu encuentro.» Y dijéronle los hijos de Israel: «A lo largo de tus términos iremos; y, si de tu agua bebiéremos yo y mi ganado, te daré paga; empero (lo que nada es): a lo largo de tu confín iremos.» Mas él dijo: «No pasarás por mí». Y salió Edom a su encuentro en muchedumbre pesada y en mano fuerte. Y no quiso Edom dar a Israel pasar por sus confines; y desvióse Israel de él. Y decamparon de Cadés; y llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al monte Hor. Y dijo el Señor a Moisés y Aarón en el monte Hor, en los confines de la tierra de Edom, diciendo: «Reúnase Aarón a su pueblo, pues no entraréis en la tierra que he dado a los hijos de Israel, por esto: porque me irritásteis en el agua de la contradicción. Toma a Aarón y su hijo Eleazar, y súbeles al monte Hor; y desviste a Aarón de sus vestiduras, y vístelas a Eleazar, su hijo; y Aarón, reuniéndose(c), muera allí.» E hizo Moisés como le ordenara Señor, y le subió al monte Hor a los ojos de toda la congregación. Y desvistió a Aarón de sus vestiduras, y vistiólas a Eleazar su hijo; y murió Aarón en la cumbre del monte; y descendió Moisés y Eleazar del monte. Y vio toda la congregación que había fallecido Aarón; y lloró a Aarón treinta días toda casa de Israel. Arad vencido. La serpiente de bronce. Sehón y Og vencidos. Y oyó el cananeo rey Arad, el que habitaba al mediodía, que venía Israel camino de Atarim; y guerreó con Israel y tomóles cautivos. Y votó Israel voto a Señor y dijo: «Si me dieres este pueblo en la mano, anatematizaré(a) a él y sus ciudades.» Y oyó Señor la voz de Israel y entregó al cananeo en su mano; y anatematizó a él y sus ciudades y llamó el nombre de aquel lugar Hormá(b). Y decamparon del monte Hor, camino del mar rojo, para rodear la tierra de Hedom. Y abatióse el pueblo en el camino; y murmuró el pueblo contra Dios y contra Moisés, diciendo: ¿»A qué esto? Nos has sacado de Egipto para matarnos en el desierto, pues no hay pan ni agua; y asquea a nuestra alma este pan fofo.» Y envió el Señor al pueblo serpientes ígneas(c); y mordían al pueblo, y moría pueblo, muchos de los hijos de Israel. Y vino el pueblo a Moisés y dijeron: «Que hemos pecado, que hemos hablado contra el Señor y contra ti. Ruega, pues, a Señor, y quite de nosotros la serpiente». Y rogó Moisés a Señor por el pueblo. Y dijo el Señor a Moisés: «Hazte una serpiente y pónla sobre una enseña; y será: si mordiere serpiente a hombre, todo el que la mirare, vivirá». E hizo Moisés serpiente broncínea y púsola sobre enseña; y acontecía: cuando mordía serpiente a hombre, miraba a la serpiente, la broncínea, y vivía. Y decamparon los hijos de Israel y acamparon en Obot. Y, decampando de Obot, acamparon en Jeabarim, en el desierto, que está contra la faz de Moab, hacia el oriente del sol. Y de allí decamparon y acamparon en el torrente de Zared. Y de allí decamparon y acamparon allende del Arnón, en el desierto, el que sale de los confines de los amorreos; porque el Arnón es el confín de Moab, entre Moab y el amorreo. Por esto se dice en el libro de las guerras del Señor: «Lo que hizo en el mar Rojo, así(d) en los torrentes de Arnón; y los torrentes detuvo para que moraran en Ar y reposaran en los confines de Moab». Y de allí(e), al pozo; éste es el pozo que dijo el Señor a Moisés: «Reúne al pueblo, y daréles agua a beber». Entonces cantó Israel este cantar: ¡»Asciende pozo! ¡Cantadle! Pozo —lo cavaron príncipes; ahuecáronlo próceres del pueblo con sus báculos—».Y del pozo, a Mataná. Y de Mataná, a Nahaliel; de Nahaliel, a Bamot. Y de Bamot, al valle el de la campiña de Moab, a la cumbre de Fasgá; que mira la faz del desierto. Y envió Israel mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, diciendo: «Pasaremos por tu tierra; no nos desviaremos ni a campo ni a viña; ni beberemos agua de tu pozo; camino real iremos, hasta salir de tus fines.» Pero no dio Sehón a Israel el pasar por sus confines; y reunió Sehón todo su pueblo y salió a guerrear con Israel al desierto y vino a Jasá, y guerreó con Israel. Y batióle Israel a filo de cuchilla y apoderóse de su tierra, desde el Arnón al Jaboc, a los hijos de Amón; porque fuerte, el confín de los hijos de Amón. Y tomó Israel todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo; en Hesebón y en todas sus hijas(f). Que Hesebón era la ciudad de Sehón rey del amorreo; y éste había guerreado con él rey de Moab antes y tomado toda su tierra, hasta el Arnón. Por esto dicen los enigmatistas:«Venid a Hesebón:fabríquese y fortifíquese la ciudad de Sehón; que fuego salió de Hesebón,llama de la ciudad de Sehón,y devoró a Ar de Moab,a los señores de las alturas de Arnón. ¡Ay de ti, Moab!pereciste, pueblo de Camós:entregados fueron sus hijos a la fuga,y sus hijas cautivas al rey del amorreo, Sehón. La lumbre de ellos pereció, de Hesebón a Dibón,devastamos hasta Nofé y hasta Medabá.»(g) Y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo. Y envió Moisés a explorar a Jazer, y conquistaron sus hijas y lanzaron al amorreo que habitaba allí. Y volvieron y subieron camino de Basán; y salió Og, rey de Basán a su encuentro, él y todo su pueblo, a batalla, a Edraí. Y dijo el Señor a Moisés: «No le temas, que en tus manos le he entregado, y todo su pueblo y toda su tierra y harás de él cual hiciste de Sehón, rey del amorreo, que habitaba en Hesebón.» Y batióle y a los hijos de él y todo su pueblo, hasta no dejar uno; y posesionóse de su tierra. Balaam Y decamparon los hijos de Israel, y acamparon al occidente de Moab, aquende el Jordán, hacia Jericó. Y viendo Balac, hijo de Sefor, todo cuanto hizo Israel al amorreo, temió Moab sobremanera, pues muchos eran, y aterróse Moab a faz de los hijos de Israel. Y dijo Moab a los ancianos de Madián: «Ahora esta turba raerá a todos en contorno nuestro, tal como rae el becerro la verdura del campo». Y Balac, hijo de Sefor, rey de Moab era por aquel tiempo. Y envió mensajeros a Balaam, hijo de Beor, a Fatura, que está sobre el río de la tierra de los hijos de su pueblo, a llamarle, diciendo: «He aquí un pueblo ha venido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y éste se ha asentado junto a mí; y ahora ven: maldíceme a este pueblo, porque fuerte es éste más que yo, por si puedo batirle y arrojarle de la tierra; pues sé que a quien bendijeres tú, bendito es, y a quien maldijeres tú, maldito es.» Y partieron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián; y los dones divinatorios en las manos de ellos. Y vinieron a Balaam y dijéronle las palabras de Balac. Y díjoles: «Pernoctad aquí esta noche, y os responderé las cosas que Señor me hablare.» Y quedáronse los príncipes de Moab con Balaam. Y vino Dios a Balaam, y díjole: «¿Qué(a), estos hombres contigo?» Y dijo Balaam a Dios: «Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, les ha enviado a mí diciendo: «He aquí un pueblo ha venido de Egipto, y cubierto la faz de la tierra, y éste se ha asentado junto a mí; y ahora ven: maldícemele, por si puedo batirle y arrojarle de la tierra.» Y dijo Dios a Balaam: «No irás con ellos, ni maldecirás al pueblo, porque es bendito.» Y levantándose Balaam de mañana, dijo a los príncipes de Moab: «Volveos a vuestra tierra: no me deja Dios ir con vosotros.» Y, levantándose los príncipes de Moab, vinieron a Balac y dijeron: «No quiso Balaam venir con nosotros.» Y de nuevo envió Balac príncipes, más y más honorables que aquéllos. Y vinieron a Balaam, y dijéronle: «Esto dice Balac, hijo de Sefor: «Ruégote: no tardes en venir a mí; pues honrosamente te honraré y cuanto dijeres te haré. Pues ven y maldíceme este pueblo.» Y respondió Balaam y dijo a los príncipes de Balac: «Si me diese Balac llena su casa de plata y de oro, no podría yo traspasar la palabra de Señor, mi Dios, a hacerla pequeña o grande en la mente mía(b); y ahora quedaos aquí también vosotros esta noche, y sabré qué más Señor me ha de hablar.» Y vino Dios a Balaam de noche y díjole: «Si a llamarte han venido estos hombres, levántate, sígueles; empero la palabra que yo te hablaré, ésa harás.» Y, levantándose Balaam de mañana, aparejó su asna, y fue con los príncipes de Moab. Y, se inflamó en furor Dios, porque él iba(c), y púsose el ángel de Dios en el camino a estorbarle; y él iba sobre su asna, y los dos niños suyos con él. Y, viendo el asna al ángel de Dios enfrentado en el camino y la espada desenvainada en su mano, desvióse el asna del camino, e íbase al campo; y golpeó Balaam al asna con su vara para enderezarla al camino. Y púsose el ángel de Dios en los senderos de las viñas: pared acá y pared allá; y, viendo el asna al ángel de Dios, pegóse a la pared y apretó el pie de Balaam contra la pared; y tornóla a golpear. Y fue más allá el ángel de Dios, y detúvose en sitio estrecho, donde no era dato torcer a diestra ni a siniestra. Y viendo el asna al ángel de Dios, tendióse debajo de Balaam, y airóse Balaam y golpeó al asna con la vara. Y abrió Dios la boca del asna, y dijo a Balaam: «¿Qué te he hecho que me has golpeado tres veces con ésta?» Y dijo Balaam al asna: «Porque te has burlado de mí, y si tuviera cuchilla en la mano, ya te hubiera traspasado.» Y dijo el asna a Balaam: «¿No(d) yo, el asna tuya, sobre la cual has cabalgado siempre hasta el día de hoy? ¿Acaso con desprecio te he despreciado así»? Y él dijo: «No.» Y descubrió Dios los ojos de Balaam, y vio al ángel de Señor enfrente de él en el camino y la cuchilla desenvainada en su mano, e inclinóse y adoró sobre su faz. Y díjole el ángel de Dios: «¿Por qué has golpeado tu asna tres veces con ésta? Y he aquí yo he venido a oponerme a ti, porque nada bueno tu camino delante de mí; y me ha visto el asna y desviádose de mí tres veces con ésta; y, si no se desviara, ahora, pues, a ti hubiera yo muerto y a ella perdonado.» Y dijo Balaam al ángel de Señor: «He pecado; que no sabía que tú te oponías a mí en el camino; y ahora, si te desagrada, volveréme.» Y dijo el ángel de Dios a Balaam: «Ve con los hombres; empero la palabra que yo te dijere, ésa cuidarás de hablar». Y fue Balaam con los príncipes de Balac. Y oyendo Balac que venía Balaam, salióle al encuentro, a la ciudad de Moab, que está en los confines del Arnón, que está en los últimos confines. Y dijo Balac a Balaam «¿No envié a ti a llamarte? ¿Por qué no viniste a mí? En verdad, ¿no podré honrarte?» Y dijo Balaam a Balac: «He aquí he venido a ti ahora: ¿Poderoso seré a hablarte algo? La palabra que pusiere Dios en mi boca, ésa hablaré». Y fue Balaam con Balac, y vinieron a ciudades de alquerías. Y sacrificó Balac ovejas y becerros, y envió(e) a Balaam y a los príncipes los con él. E hízose la mañana; y, tomando Balac a Balaam, subióle a las alturas(f) de Baal, y mostróle desde allí una parte del pueblo. Balaam bendice a Israel Y dijo Balaam a Balac: «Edifícame aquí siete altares y prevénme aquí siete becerros y siete carneros.» E hizo Balac de modo que le dijo Balaam; y pusieron becerro y carnero sobre el altar(a). Y dijo Balaam a Balac: «Ponte a par de tu holocausto, y yo iré, por si aparece Dios a mi encuentro; y la palabra que me mostrare, te anunciaré.» Y fue a una altura. Y aparecióse Dios a Balaam y díjole Balaam: «Los siete altares he preparado y puesto becerro y carnero sobre el altar.» Y puso Dios palabra en la boca de Balaam, y dijo: «Vuelve a Balac y así hablarás». Y volvió a él. Y él a par de sus holocaustos, y todos los príncipes de Moab con él; y vino espíritu de Dios sobre él; y alzó su parábola y dijo: «De Aram trájome Balac rey de Moab, de los montes, desde el oriente, diciendo: «Ven, maldíceme a Jacob; y ven; exécrame a Israel. ¿Cómo he de maldecir a quien Señor no maldijo? o ¿Cómo he de execrar a quien no execró Dios? Porque de la cima de los montes le veré, y de las colinas, le miraré: he aquí, pueblo solitario habitará, y entre las gentes no se le contará. ¿Quién contará el polvo(b) de Jacob? ¿Y quién enumerará los pueblos de Israel? «Muera mi alma la muerte de los(c) justos; mi fin sea como el fin de éstos(d). Y dijo Balac a Balaam: «¿Qué me estás haciendo? Para maldición de enemigos te he llamado; y he aquí has bendecido bendición.» Y dijo Balaam a Balac: «Cuanto pusiere Dios en mi boca, esto ¿no he de cuidar de hablarlo?». Y díjole Balac: «Ven ahora conmigo a otro lugar, de donde le verás; empero alguna parte de él verás, mas a todos no verás; y exécramele desde allí». Y condújole a la «atalaya del campo», sobre la cumbre del Pisgá, y edificó allí siete altares; y ofreció becerro y carnero en el altar. Y dijo Balaam a Balac: «Ponte a par de tu holocausto, y yo iré a preguntar a Dios». Y vino Dios al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca; y dijo: «Vuelve a Balac y esto hablarás.» Y volvió a él, y él estaba a par de su holocausto, y todo los príncipes de Moab con él. Y díjole Balac: «¿Qué ha hablado Señor?» Y alzó su parábola y dijo: «Alza, Balac, y oye: escúchame hijo de Sefor: No(e) hombre Dios, para que mienta; no hijo de hombre, para que se arrepienta. El ha dicho ¿y no hará?; ha hablado ¿y no cumplirá? He aquí, a bendecir se me ha traído; bendeciré y no me volveré. No habrá dolor(f) en Jacob, ni se verá trabajo en Israel; Señor, el Dios suyo, con él; clangor y júbilo del rey, en él. Dios hale sacado de Egipto: como de unicornio, su gloria(g); que no hay augurio en Jacob, ni adivinación en Israel; a su tiempo se le dirá a Jacob, y a Israel lo que hubiere decretado Dios. He aquí un pueblo: como leona se alzará y como león erguiráse: no dormirá hasta que devorare presa, y sangre de occisos bebiere.» Y dijo Balac a Balaam: «Ni con execraciones me le execrarás; ni bendiciendo le bendecirás.» Y respondió Balaam y dijo a Balac: «¿No te he dicho, diciendo: «La palabra que me hablare Dios, ésa haré?» Y dijo Balac a Balaam: «Ven: te conduciré a otro lugar; si plugiere a dios, exécramele desde allí.» Y condujo a Balaam a la cumbre del Fogor, el que mira al desierto. Y dijo Balaam a Balac: «Edifícame aquí siete altares, y aderézame aquí siete becerros y siete carneros.» E hizo Balac según le dijo Balaam, y ofreció becerro y carnero sobre el altar. Bendición y profecía de Balaam Y, viendo Balaam que bello es en los ojos de Señor bendecir a Israel, no fue, según acostumbraba, al encuentro de las aves; y volvió su faz al desierto. Y levantó Balaam sus ojos y vio a Israel acampado por tribus, y vino sobre él espíritu de Dios. Y alzó su parábola y dijo:Dice Balaam hijo de Beor:dice el hombre, el que verdaderamente ve; dice el que oye arcanos del poderoso;el que visión de Dios vioen sueño abiertos sus ojos. !»Cuán hermosos tus pabellones, Jacob;tus moradas, Israel! Como valles umbrosos,y como vergeles sobre el río,y como áloes(a) que ha plantado Dios;como cedros a par de aguas. De sus cubos agua fluye:su simiente, en aguas muchas;y se ensalzará sobre Agag su reyy subirá su dominación. Dios le ha guiado desde Egipto;como de unicornio, su gloria;exterminará gentes de sus enemigos;los huesos de ellos destrozará;con sus saetas traspasará. Se tiende, se duerme, cual león y cual leona:¿quién le despertará?Quien te bendejire, ¡bendito!Quien te maldijere, ¡maldito!» E inflamóse la ira de Balac sobre Balaam, y batió sus palmas, y dijo Balac a Balaam: «A maldecir a mi enemigo te he llamado; y he aquí, bendiciendo le bendices tercera vez con ésta. Ahora, pues, huye a tu lugar. Dije: «Te honraré», y ahora privádote ha Señor, de la gloria». Y dijo Balaam a Balac: «¿No dije a tus mensajeros también que enviaste a mí, diciendo: «Si me diese Balac llena su casa de plata y oro, no podría yo traspasar la palabra de Señor, para hacerla hermosa o mala delante de mí? Cuanto dijere Dios, eso diré»? Y ahora he aquí corro a mi lugar, ven: te aconsejaré lo que hará este pueblo en el postrimero de los días.» Y alzó su parábola y dijo:«Dice Balaam hijo de Beor;dice el hombre que verdaderamente ve; dice el que oye arcanos de Dios,el que sabe sabiduría desde el Altísimo,y visión de Dios veen sueño, abiertos sus ojos: «Veréle, y no ahora:ensalzárele, y no cerca:nacerá estrella de Jacob,y levantaráse vara de Israel;y herirá los caudillos de Moab,destruirá todos los hijos de Set. Y será Edom herenciay será herencia Seir a sus enemigos;e Israel hizo poderosamente. Y despertaráse de Jacoby destruirá al que salvare de ciudad.» Y vio a Amalec, y alzó su parábola y dijo:«Principio de gentes, Amalec;y la simiente de ellos perecerá». Y vio al cineo, y alzó su parábola y dijo:«Poderosa, tu mansión;y, si pusieres en peña tu nido; borrado será Cin;¿hasta cuándo? Asur(b) te cautivará.» Y vio a Og(c) y alzó su parábola y dijo:«¡Ay! ¡ay! ¿quien vivirá, cuando dispusiere esto Dios? Y ¡naves de Citim!(d)maltratarán a Asur, maltratarán a los hebreos,y ellos mismos a una perecerán». Y Balaam se levantó y retiróse, volviendo a su lugar; y también Balac fuese por su camino. Los Moabitas. Fineés. Y reposaba Israel en Sitim; y contaminóse el pueblo, ramereando con las hijas de Moab; y llamáronles a los sacrificios de sus dioses; y comió el pueblo y adoró a sus dioses; y consagróse Israel a Beelfegor; e inflamóse en ira Señor contra Israel. Y dijo el Señor a Moisés:«Toma todos los caudillos del pueblo y ahórcalos delante de Señor a la faz del sol, y se apartará la ira del furor de Señor, de Israel». Y dijo Moisés a los jueces de Israel: «Matad cada cual a su prójimo consagrado a Beelfegor». Y he aquí un hombre de los hijos de Israel, viniendo, trajo a sus hermanos una madianita a ojos de Moisés y a ojos de toda la congregación de los hijos de Israel; y ellos lloraban a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y viniendo Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, levantóse de en medio de la congregación, y, tomando una lanza en la mano, salió tras el hombre israelita a la alcoba, y alanceó entrambos: al hombre israelita y a la mujer por la vulva de ella; y cesó la plaga entre los hijos de Israel. Y llegaron a ser los muertos en la plaga, veinticuatro mil. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, ha apartado mi furor de los hijos de Israel, celando mi celo entre ellos, y no consumí los hijos de Israel en mi celo. Así di: «He aquí yo le doy mi testamento, testamento de paz; y será para él y su simiente, después de él, testamento sempiterno de sacerdocio, por lo que ha celado a su Dios y expiado por los hijos de Israel». Y el nombre del hombre israelita muerto con la madianita: Zambrí, hijo de Salú(a) príncipe de una familia de la tribu de Simeón; y el nombre de la mujer madianita muerta: Cosbí hija de Seor; príncipe de una familia y tribu de Madián era él. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Hostilizad a los madianitas y heridlos; porque ellos también os hostilizaron en suplantación, por cuanto os suplantaron por Fogor(b) y por Cosbí, hija de un príncipe de Madián, hermana de ellos, la muerta el día de la plaga por Fogor». Tercer censo de Israel en el desierto Y aconteció después de la plaga hablar el Señor a Moisés y Eleazar, hijo de Aarón, el sacerdote, diciendo: «Tomad la suma de toda la congregación de hijos de Israel, de veinte años arriba, según sus casas paternas, —todo el que sale en el ejército en Israel». Y hablaron Moisés y Eleazar el sacerdote, a ellos en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, enfrente de Jericó diciendo: «De veinte años arriba(a) del modo que ordenó Señor a Moisés». Y los hijos de Israel los salidos de Egipto: Rubén, primogénito de Israel; e hijo de Rubén: Henoc y la familia de Henoc; de Falú, la familia de los faluitas; de Esrón, la familia de los esronitas; de Carmí, la familia de los carmitas. Estas, las familias de Rubén; y llegó su cuenta a cuarenta y tres mil setecientos treinta. E hijos de Falú: Eliab, e hijos de Eliab: Namuel(b) y Datán y Abirón: éstos los príncipes de la congregación: éstos son los que se levantaron contra Moisés y Aarón en la congregación de Coré, en el levantamiento contra Señor; y abrió la tierra su boca y tragó a ellos y a Coré, en la muerte de la congregación de él, cuando devoró el fuego los doscientos cincuenta; y fueron hechos en señal. Pero los hijos de Coré no murieron. Los hijos de Simeón según sus familias: de Namuel, la familia de los namuelitas; de Jamín, la familia de los jaminitas; de Jaquín la familia de los jaquinitas. De Zaré la familia de los zareitas; de Saúl, la familia de los saúlitas; éstas las familias de Simeón, por su cuenta: veintidós mil doscientos. Los hijos de Gad, según sus familias: de Safón, la familia de los safonitas; de Agí, la familia de los agitas; de Suní, la familia de los sunitas; de Ozní, la familia de los oznitas; de Her, la familia de los heritas; de Arod, la familia de los aroditas; de Ariel la familia de los arielitas; éstas, las familias de los hijos de Gad; por su cuenta: cuarenta mil quinientos. Los hijos de Judá: Her y Onán; y murieron Her y Onán en tierra de Canaán; y eran los hijos de Judá, según sus familias: de Selá, la familia de los selaitas; de Farés, la familia de los faresitas; de Zaré, la familia de los zareítas; y era los hijos de Farés: de Hesrón, la familia de los hesronitas; de Hamul, la familia de los hamulitas; éstas las familias de Judá, por su cuenta: setenta y seis mil quinientos. Los hijos de Isacar, según sus familias: de Tolá, la familia de los tolaítas; de Fuá, la familia de los fuaítas; de Jasub, la familia de los jasubitas; de Semram, la familia de los semramitas; éstas las familias de Isacar; por su cuenta: sesenta y cuatro mil trescientos. Los hijos de Zabulón, según sus familias: de Sared, la familia de los sareditas; de Elón, la familia de los elonitas; de Jalel, la familia de los jalelitas; éstas, las familias de Zabulón; por su cuenta: sesenta mil quinientos. Los hijos de José, según sus familias: Manasés y Efraín; hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas; y éstos, los hijos de Galaad: Jezer, familia de los jezeritas; y Helec, familia de los helecitas; y Asriel, familia de los asrielitas, y Sequem, familia de los sequemitas; y de Semidá, la familia de los semidaítas; y de Hefer, la familia de los heferitas; y a Salfaad, hijo de Hefer, no nacieron hijos, sino hijas; y éstos, los nombres de las hijas de Salfaad: Maalá, Noá, Heglá, Melcá, y Tersáa; éstas, las familias de Manasés; por su cuenta: cincuenta y dos mil setecientos. Y los hijos de Efraín, según sus familias: de Sutalá, la familia de los sutalaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tehén, la familia de los tehenitas: Y el hijo de Sutalá, Herán, del cual la familia de los heranitas; éstas, las familias de Efraín; por su cuenta: treinta y dos mil quinientos; éstas las familias de los hijos de José, según sus familias. Los hijos de Benjamín, según sus familias: de Belá, la familia de los belaítas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ahiram, la familia de los ahiramitas; de Sufán, la familia de los sufanitas; de Hufán, la familia de los hufanitas. Y fueron los hijos de Belá: Hered y Noemán; de Hered, la familia de los hereditas, y de Noemán, la familia de los noemanitas. Estos los hijos de Benjamín, según sus familias por su cuenta: cuarenta y cinco mil seiscientos. Los hijos de Dan, según sus familias: de Suham, la familia de los suhamitas; éstas, las familias de Dan, según sus familias; todas las familias de Suham, por su cuenta: sesenta y cuatro mil cuatrocientos. Los hijos de Aser, según sus familias: de Jemná, la familia de los jemnaítas; de Jesuí, la familia de los jesuitas; de Brié, la familia de los brieítas. De los hijos de Brié: de Heber, la familia de los heberitas; de Melquiel, la familia de los melquielitas; y el nombre de la hija de Aser: Sara; éstas, las familias de Aser; por su cuenta: cincuenta y tres mil cuatrocientos. Los hijos de Neftalí, según sus familias: de Jesiel, la familia de los jesielitas; de Guní, la familia de los gunitas; de Jeser, la familia de los jeseritas; de Selem, la familia de los selemitas; éstas, las familias de Neftalí; por su cuenta: cuarenta y cinco mil cuatrocientos. Esta es la cuenta de los hijos de Israel: seiscientos un mil setecientos treinta. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: A éstos repartiráse la tierra, para poseerla, por el número de nombres; a los más aumentarás la posesión, y a los menos disminuirás la posesión; a cada uno, según han sido contados se dará la posesión de ellos. Por suerte se repartirá la tierra; según los nombres de las tribus de sus padres, poseerán; por la suerte repartirás su posesión entre los muchos y los pocos.» Y los contados de Leví, según sus familias: de Gersón, la familia de los gersonitas; de Caat, la familia de los caatitas; de Merarbí, la familia de los merarbitas, éstas las familias de los hijos de Leví: familia de Lobní, familia de Hebróm, familia de Moholí, familia de Musí, familia de Coré; y Caat engendró a Amram; y el nombre de su mujer: Jocabed, hija de Leví; la que le nació en Egipto; y parió a Amram, Aarón y Moisés, y María, la hermana de ellos. Y nacieron a Aarón: Nadab, y Abiú, y Eleazar e Itamar; y murieron Nadab y Abiú, al ofrecer fuego, fuego extraño delante de Señor. Y fueron, por la cuenta de ellos: veintitrés mil; todo lo masculino, de un mes arriba; porque no fueron contados juntamente con los hijos de Israel; pues no se les había dado heredad entre los hijos de Israel. Y ésta la cuenta de Moisés y Eleazar el sacerdote; cuando contaron los hijos de Israel en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, enfrente de Jericó. Y entre éstos no había hombres de los contados por Moisés y Aarón; que contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí. Porque díjoles el Señor: «De muerte morirán en el desierto»; y no quedó de ellos uno solo; fuera de Caleb, hijo de Jefoné, y Josué, hijo de Nun. Ley hereditaria. Moisés ve la tierra prometida. Josué. Y llegáronse las hijas de Salfaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, hijo de José; y éstos los nombres de ellas: Maalá, y Noá, y Meglá, y Melcá y Tersá; Y presentáronse ante Moisés y ante Eleazar el sacerdote, y ante los príncipes y ante toda la congregación, a la puerta del tabernáculo del testimonio, diciendo: «Nuestro padre murió en el desierto, y él no estuvo en medio de la congregación del levantamiento contra Señor, en la congregación de Coré; sino que en su pecado(a) murió; e hijos no le nacieron; ¿por qué se borrará el nombre de nuestro padre, de su familia, por no haber tenido hijo? Dadnos heredad entre los hermanos de nuestro padre». Y llevó Moisés su causa ante el Señor. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Bien las hijas de Salfaad han dicho: les darás posesión entre los hermanos de su padre, y traspasarás a ellas la herencia de su padre. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: «Un hombre si muriere y no tuviere hijo, traspasad su herencia a la hija; y, si no tuviere hija, dad su herencia a su hermano; y si no tuviere hermanos, dad su herencia al hermano de su padre; y, si no hubiere hermanos de su padre, da su herencia al pariente más cercano de su tribu, que le herede; y será esto para los hijos de Israel justicia de juicio, según ha ordenado Señor a Moisés.» Y dijo el Señor a Moisés: «Asciende a este monte Abarim, y ve la tierra de Canaán que yo doy a los hijos de Israel; y la verás y serás reunido a tu pueblo también tú, según fue reunido tu hermano Aarón; por esto: porque os desviasteis de mi palabra en el desierto de Sin, al contradecirme la congregación, cuando debíais santificarme en el agua; ante los ojos de ellos; ésta es el «agua de la contradicción», en Cadés en el desierto de Sin.» Y dijo Moisés al Señor: «Provea Señor, el Dios de los espíritus y de toda carne, un hombre a esta congregación; quien salga a faz de ellos y quien entre a faz de ellos; y quien les saque y quien les entre(b); y no será la congregación de Señor como ovejas que no tienen pastor.» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Toma contigo a Josué, hijo de Nun, hombre que tiene espíritu en sí, y pondrás tus manos sobre él; y le pondrás delante de Eleazar el sacerdote y de toda la congregación, y le preceptuarás en los ojos de ellos: y pondrás tu gloria(c) sobre él, para que le escuchen los hijos de Israel. Y delante de Eleazar el sacerdote se pondrá y preguntará el juicio de la luz(d) ante Señor; y, a su palabra saldrán, y a su palabra entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación.» E hizo Moisés según le mandó Señor; y tomó a Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote y delante de toda la congregación; y puso sus manos sobre él y preceptuóle, según mandó Señor a Moisés. Sacrificios cotidianos. Fiestas Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Manda a los hijos de Israel, y les dirás: «Mis oblaciones, mis dones, mis holocaustos en olor de suavidad, cuidaréis de ofrecerme en mis fiestas». Y les dirás: «Estos, los holocaustos que ofreceréis a Señor: Corderos, de año, intachables, dos al día, en holocausto perpetuo: el un cordero harás por la mañana y el otro cordero harás hacia la tarde. Y harás un décimo de efá(a) de harina flor para ofrenda, amasada con un cuarto de hin de aceite molido. Holocausto perpetuo, cual se hizo en el monte Sinaí, en olor de suavidad; holocausto a Señor; y la libación de él, un cuarto de hin para cada cordero; en el santuario libarás libación, licor generoso, a Señor. Y el otro cordero harás hacia la tarde; según la hostia de él, la matutina, y según la libación de él haréis, en olor de suavidad a Señor. Y el día del sábado ofreceréis dos corderos, de año, intachables, y dos décimos de harina flor amasada con aceite, en hostia y la libación de ella; un holocausto del sábado en los sábados; fuera del holocausto perpetuo y la libación de él. Y en las neomenias ofreceréis holocausto al Señor: becerros dos, carnero uno, corderos de año siete, intachables; tres décimas de harina flor amasada con aceite para cada becerro, y dos décimas de harina flor, amasada con aceite sobre cada carnero; y una décima de harina flor para cada cordero: hostia en olor de suavidad, holocausto al Señor. La libación de ellos: medio hin, será para cada becerro; y un tercio de hin será para cada carnero; y un cuarto de hin para cada cordero; de vino; éste, el holocausto, de mes en mes por todos los meses del año. Y cabrón uno, por pecado(b), al Señor; fuera el holocausto el perpetuo, se hará, y la libación de él. Y en el mes el primero, el día catorce del mes, pascua a Señor. Y el día quince de este mes, fiesta: siete días ázimos comeréis. Y el día el primero, convocación santa tendréis: toda obra servil no haréis. Y ofreceréis holocausto, oblación a Señor: becerros dos, carnero uno, corderos de año siete; intachables os serán. Y hostia de ellos: harina flor, amasada con aceite: tres décimas para el becerro y dos décimas para el carnero, y una décima harás para cada cordero de los siete corderos; y cabrón uno, por pecado, para expiar por vosotros; a más del holocausto perpetuo matutino, haréis éstos. Según éstos haréis al día, por los siete días, dádiva-oblación, en olor de suavidad a Señor; a más del holocausto el perpetuo la haréis, y la libación de ella. Y el día el séptimo convocación santa tendréis: toda obra servil no haréis en él. Y el día de las primicias(c), cuando ofreciereis oblación nueva a Señor, en vuestras semanas, convocación santa tendréis: toda obra servil no haréis. Y ofreceréis holocausto, en olor de suavidad a Señor: becerros dos, carnero uno, corderos de año, siete, intachables; y la oblación de ellos, harina flor amasada con aceite: tres décimas para cada becerro, y dos décimas para cada carnero; una décima para cada cordero de los siete corderos; y cabrón uno, por pecado, para expiar por vosotros; a más del holocausto perpetuo; y la oblación de ellos haréisme (intachables os serán) y las libaciones de ellos.» Otros sacrificios Y el mes el séptimo, el primero del mes, convocación santa tendréis: toda obra servil no haréis; os será día de clangor de trompetas. Y haréis holocausto, en olor de suavidad al Señor: becerro uno, carnero uno, corderos de año siete, intachables. La oblación de ellos, harina flor amasada con aceite: tres décimas para cada becerro, y dos décimas para cada carnero; una décima para cordero, de los siete corderos; y cabrón uno por pecado, para expiar por vosotros; fuera del holocausto de la neomenia y las oblaciones de él, y las libaciones de él, conforme a su ley, en olor de suavidad, holocausto al Señor. Y el diez de este mes, convocación santa tendréis y afligiréis vuestras almas, y toda obra no haréis. Y ofreceréis holocausto en olor de suavidad, al Señor: becerro uno, carnero uno, corderos de año siete; intachables os serán. La oblación de ellos harina flor amasada con aceite: tres décimas para cada becerro, dos décimas para cada carnero; una décima para cada cordero de los siete corderos; y cabrón uno, por pecado; fuera de lo por el pecado de la expiación, y del holocausto perpetuo y su oblación y su libación. Y el día quince de este mes séptimo, convocación santa tendréis: toda obra servil no haréis; y le celebraréis, fiesta a Señor siete días; y ofreceréis holocausto-oblación, en olor de suavidad a Señor: el primer día, becerros trece, carneros dos, corderos de año, catorce; intachables serán; y las oblaciones de ellos, harina flor amasada con aceite: tres décimas para cada becerro de los trece becerros; y dos décimas para cada carnero de los dos carneros; y una décima para cada cordero de los catorce corderos; y cabrón uno, por pecado (fuera del holocausto perpetuo), sus oblaciones y sus libaciones. El día, el segundo: becerros doce, carneros dos, corderos de año catorce, intachables; y la oblación de ellos y la libación de ellos para los becerros, y los carneros y los corderos, según el número de ellos, según el rito de ellos; y cabrón uno por pecado (fuera del holocausto perpetuo), las oblaciones de ellos y las libaciones de ellos. El día el tercero: becerros once, carneros dos, corderos de año catorce, intachables; la oblación de ellos y la libación de ellos para los becerros, y los carneros y los corderos, según su número, según su rito; y cabrón uno, por pecado; (fuera del holocausto perpetuo); sus oblaciones y sus libaciones. El día, el cuarto: becerros diez, carneros dos, corderos de año catorce, intachables; sus oblaciones y sus libaciones, para los becerros, y los carneros, y los corderos, según su rito; y cabrón uno, por pecado (fuera del holocausto perpetuo); sus oblaciones y sus libaciones. El día, el quinto: becerros nueve, carneros dos, corderos de año catorce, intachables; sus oblaciones y sus libaciones, para los becerros, y los carneros, y los corderos, según su número, según su rito; y cabrón uno, por pecado (fuera del holocausto perpetuo); sus oblaciones y sus libaciones. El día el sexto: becerros ocho, carneros dos, corderos de año catorce, intachables; sus oblaciones y sus libaciones para los becerros, y los carneros y los corderos, según su número, según su rito; y cabrón uno, por pecado (fuera del holocausto perpetuo); sus oblaciones y sus libaciones. El día el séptimo: becerros siete, carneros dos, corderos de año catorce, intachables; sus oblaciones y sus libaciones, para los becerros, y los carneros y los corderos, según su número, según su rito; y cabrón uno, por pecado (fuera del holocausto perpetuo); sus oblaciones y sus libaciones. Y el día, el octavo, seráos fiesta final: toda obra servil no haréis en él; y ofreceréis holocausto, en olor de suavidad, oblación al Señor: becerro uno, carnero uno, corderos de año siete, intachables; sus oblaciones y sus libaciones, para el becerro, y el carnero y los corderos, según su número, según su rito; y cabrón uno, por pecado (fuera del holocausto perpetuo); sus oblaciones y sus libaciones. Esto haréis a Señor en vuestras fiestas; fuera de vuestros votos; y espontáneas dádivas en(a) vuestros holocaustos, y vuestras oblaciones y vuestras libaciones y vuestras hostias pacíficas.» (30:1) Y Moisés habló a los hijos de Israel, según todo cuanto mandó Dios a Moisés. De los votos (30:2) Y habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: «Esta es la palabra que ha mandado el Señor: (30:3) «Hombre que vote voto al Señor, o jurare juramento, o se impusiere una obligación, no contaminará su palabra: todo cuanto hubiere salido de su boca, hará. (30:4) Mas, si votare una mujer voto al Señor o se impusiere una obligación en la casa de su padre, en su juventud; (30:5) y callare su padre a ello, valen todos sus votos; y todas la obligaciones que se ha impuesto, valen. (30:6) Mas, si vedando, le vedare su padre el día que oyere todos sus votos y las obligaciones que se hubiere impuesto, no valdrán; y Señor la perdonará por haberle vedado su padre. (30:7) Y, si viniere a ser de marido, y tuviere sobre sí votos o lo que hubiere salido de sus labios, obligando a su alma, (30:8) y lo oyere su marido, y callare a ello el día que lo oyere; valdrán todos sus votos y obligaciones que se hubiere impuesto. (30:9) Pero, si vedando le vedare su marido el día, que oyere todos sus votos y lo que hubiere salido de sus labios, obligando a su alma, no valdrán, porque su marido le ha vedado, y Señor la perdonará. (30:10) Y el voto de la viuda y la repudiada, cuanto votare, vale para ella. (30:11) Y, si en la casa de su marido, su voto o la obligación que se hubiere impuesto con juramento; (30:12) y lo hubiere oído su marido y callado a ello, valdrán todos sus votos; y todas las obligaciones que se hubiere impuesto valdrán. (30:13) Mas, si anulando, anulare su marido el día que lo oyere, cuanto hubiere salido de sus labios, por lo tocante a sus votos y a todas las obligaciones de su alma, no vale para ella: su marido lo ha anulado, y Señor la perdonará. (30:14) Todo voto y todo juramento promisorio de afligir el alma, su marido lo confirma y su marido lo anula. (30:15) Mas, si su marido callare a ello, de día en día; confirmará todos los votos de ella y todas las obligaciones que tiene ella sobre sí, porque calló a ello el día que lo oyó; (30:16) y si anulando, lo anulare su marido, después del día que lo oyó, se llevará su pecado. (30:17) Estas, las leyes cuantas mandó Señor a Moisés entre marido y mujer, entre padre e hija en su juventud, en casa de su padre.» Exterminio de Madián. Balaam es muerto. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Vindica la vindicta de los hijos de Israel, de los madianitas; y después reunido serás a tu pueblo.» Y habló Moisés al pueblo, diciendo: «Armad de vosotros varones en ejército ante Señor; contra Madián. Mil de tribu, mil de tribu, de todas las tribus de hijos de Israel, enviad a guerra.» Y fueron contados, de los millares de Israel, mil por tribu: doce millares en guerra. Y enviólos Moisés, mil por tribu, con el ejército de ellos, y Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote; y los vasos sacros y las trompetas de alarma, en sus manos. Y ordenáronse contra Madián, según había ordenado el Señor a Moisés; y mataron todo lo masculino. Y a los reyes de Madián mataron en medio de sus muertos: a Eví, y a Requem, y a Sur, y a Hur, y a Rebé: cinco reyes de Madián; y a Balaam, hijo de Beor, mataron a espada. Y cautivaron los hijos de Israel a las mujeres de Madián, y sus hijos y sus ganados y todos sus haberes; y todas las pertenencias de ellos devastaron; y todas sus ciudades, las en sus moradas, y todas sus alquerías quemaron en fuego. Y tomaron todo el botín de ellos; y todos los despojos de ellos, de hombre a bestia; y trajeron a Moisés y a Eleazar el sacerdote y a todos los hijos de Israel, lo cautivo y los despojos, y el botín, al campamento en las llanuras de Moab, las sobre el Jordán, enfrente de Jericó. Y salió Moisés y Eleazar, el sacerdote y todos los príncipes de la congregación, al encuentro de ellos, fuera del campamento. Y airóse Moisés contra los caudillos del ejército, los tribunos y centuriones que venían de la expedición de guerra. Y díjoles Moisés: «Por qué habéis dejado vivo todo lo femenino? He aquí éstas fueron a los hijos de Israel, por palabra de Balaam, para separarse y desentenderse de la palabra de Señor, por causa de Fogor; y hubo la plaga en la congregación de Señor. Y ahora matad todo lo masculino entre los niños, y toda mujer que hubiere conocido varón en coito, matad. Y toda criatura de las mujeres, la que no sepa de coito de varón, reserváos. Y vosotros acampad fuera del campamento siete días: todo el que hubiere quitado alma y el que hubiere tocado occiso, purificaráse el día tercero y el día séptimo, vosotros y los cautivos. Y toda vestimenta, y todo utensilio de piel y toda obra de pelo caprino, y toda obra lígnea purificad.» Y dijo Eleazar el sacerdote a los varones del ejército que habían venido de la expedición de guerra: «Este es el precepto de la ley que mandó el Señor a Moisés: «Sólo el oro, y la plata, y bronce, y hierro, y plomo y estaño (toda cosa que pasa por el fuego) pasará por el fuego y se purificará; empero por el agua de la purificación, se purificará; y todo cuanto no pasa por el fuego, pasará por el agua. Y lavaréis vuestras vestiduras el día séptimo, y os purificaréis, y, después de esto, entraréis en el campamento.» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Toma la cuenta del botín, de los cautivos, de hombre a bestia, tú y Eleazar el sacerdote y los príncipes de las tribus de la congregación; y partiréis el botín entre los guerreros que salieron a la guerra y entre toda la congregación. Y aparta como tributo al Señor, de parte de los guerreros que salieron a la guerra: un alma de quinientas, de los hombres, y de los bueyes, y de las ovejas y de los asnos; de la mitad de ellos lo tomaréis; y darás a Eleazar, el sacerdote, las primicias de Señor. Y de la mitad de lo de los hijos de Israel, tomarás uno de cincuenta, de los hombres, y de los bueyes, y de los asnos; de todas las bestias y lo darás a los levitas, a los que guardan las guardas en el tabernáculo de Señor.» E hizo Moisés y Eleazar el sacerdote, según ordenó Señor a Moisés. Y fue lo sobrante de la presa que apresaron los varones guerreros: de ovejas, seiscientos setenta y cinco mil; y bueyes; setenta y dos mil; y asnos: sesenta y un mil; y almas de hombres, de mujeres que no habían conocido coito de varón: treinta y dos mil. Y fue la mitad, la parte de los que habían salido a la guerra: el número de las ovejas, trescientos treinta y siete mil quinientos; y el tributo para Señor, en ovejas: seiscientas setenta y cinco; y bueyes; treinta y seis mil; y su tributo a Señor: setenta y dos; y asnos: treinta mil quinientos; y su tributo a Señor: sesenta y uno; y almas de hombres: dieciséis mil; y su tributo a Señor: treinta y dos almas. Y dio Moisés el tributo del Señor: las primicias de Dios, a Eleazar el sacerdote, según ordenó Señor a Moisés; y de la mitad para los hijos de Israel, los que separó Moisés de los varones guerreros; y fue la mitad para la congregación, en ovejas: trescientas treinta y siete mil quinientas; y bueyes: treinta y seis mil; asnas: treinta mil quinientos; y almas de hombres: dieciséis mil. Y tomó Moisés de la mitad para los hijos de Israel: uno de cada cincuenta, en hombres y en bestias, y diolo a los levitas que guardan las guardas del tabernáculo de Señor; del modo que ordenó Señor a Moisés. Y vinieron a Moisés todos los que estaban sobre los millares del ejército: tribunos y centuriones; y dijeron a Moisés: Los niños tuyos hemos tomado la cuenta de los varones guerreros, los con nosotros, y no ha faltado de ellos uno solo; y hemos traído la dádiva a Señor, cada uno lo que ha hallado: vasos de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos y cadenas, para expiar por nosotros ante Señor.» Y tomó Moisés y Eleazar el sacerdote, el oro de ellos: toda alhaja elaborada; y fue todo el oro, las primicias que separaron para Señor dieciséis mil setecientos cincuenta siclos, de los tribunos y de los centuriones. Y los varones guerreros apresado habían cada cual para sí. Y tomó Moisés y Eleazar el sacerdote, el oro de los tribunos y de los centuriones; y lo trajeron al tabernáculo del testimonio: memorial de los hijos de Israel ante Señor. Posesiones de Rubén, Gad y Manasés Y ganado, muchedumbre, tenían los hijos de Rubén; y los hijos de Gad, muchedumbre grande sobremanera; y vieron la región de Jazer y la región de Galaad; y era el lugar, lugar para ganado. Y viniendo los hijos de Rubén y los hijos de Gad, dijeron a Moisés y Eleazar el sacerdote, y a los príncipes de la congregación diciendo: «Atarot, y Dibón, y Jazer, y Nemra, y Hesebón, y Elealé, y Sabán, y Nebó y Beón; tierra que percutió el Señor a faz de los hijos de Israel, tierra ganadera es, y tus niños ganado tienen.» Y decían: «Si hemos hallado gracias a faz tuya, dése esta tierra a tus siervos en posesión, y no nos pases al través del Jordán.» Y dijo Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: «Vuestros hermanos van a la guerra, y vosotros ¿os sentaréis aquí? Y ¿por qué pervertís los pensamientos de los hijos de Israel para que no pasen a la tierra que Señor les da? ¿No hicieron así vuestros padres, cuando les envié de Cadés-Barné a explorar la tierra? Y subieron al valle del Racimo, y exploraron la tierra y apartaron el corazón de los hijos de Israel, para que no entrasen en la tierra, que les dio Señor. Y se inflamó en furor el Señor en aquel día, y juró diciendo: «¡No verán estos hombres que han subido de Egipto, de veinte años arriba, la tierra que juré a Abrahán e Isaac y Jacob pues no han seguido en pos de mí!...» Fuera de Caleb, hijo de Jefoné el cenezeo, y Josué hijo de Nun; pues siguieron en pos de Señor.» E inflamóse en furor el Señor contra Israel y les giró por el desierto cuarenta años, hasta desaparecer toda la generación, los que hicieron lo malo delante de Señor. He aquí os alzasteis en lugar de vuestros padres, raza de hombres pecadores a acrecentar aún el furor inflamado del Señor sobre Israel. Porque, si os apartareis de él, le dejará aún más tiempo en el desierto, y perderéis a toda esta congregación.» Y acercáronse a él y decían: «Rediles de ovejas construiremos aquí para nuestro ganado, y ciudades para nuestras familias; y nosotros nos armaremos en vanguardia los primeros de los hijos de Israel, hasta que les llevemos a su lugar; y habitará nuestra familia en ciudades muradas, por causa de los que habitan la tierra. No volveremos, no, a nuestras casas, hasta que sean repartidos los hijos de Israel cada uno en su heredad; y ya no heredaremos con ellos allende el Jordán, al oriente.» Y díjoles Moisés: «Si hiciereis según esta palabra; si os armareis ante el Señor en guerra; y pasare cada armado de vosotros el Jordán, ante el Señor, hasta que sea lanzado su enemigo de su faz; y subyugada la tierra ante el Señor y después de esto volviereis, inocentes seréis ante el Señor, y ante Israel; y seráos esta tierra posesión ante el Señor. Pero, si no hiciereis así, pecaréis ante el Señor y conoceréis vuestro pecado cuando os cogiere el mal. Fabricaos ciudades para vuestras familias, y rediles para vuestro ganado; y lo salido de vuestra boca, haced.» Y dijeron los hijos de Rubén y los hijos de Gad a Moisés: «Los niños tuyos harán, según el Señor nuestro manda; nuestras familias y nuestras mujeres y todos nuestros ganados estarán en las ciudades de Galaad; pero los niños tuyos pasarán todos armados y ordenados, ante Señor, a la guerra, al modo que el Señor dice.» Y puso con ellos Moisés a Eleazar, el sacerdote, y a Josué, hijo de Nun y Moisés a Eleazar, el sacerdote, y a los príncipes de las familias paternas de Israel. Y díjoles Moisés: «Si pasaren los hijos de Rubén y los hijos de Gad, con vosotros, el Jordán, todos armados en guerra ante Señor; y subyugareis la tierra delante de vosotros; dadles la tierra de Galaad en posesión. Pero, si no pasaren armados, con vosotros, poseerán junto con vosotros, en la tierra de Canaán.» Y respondieron los hijos de Rubén y los hijos de Gad, diciendo: «Cuanto el Señor dice a sus siervos; así haremos; nosotros pasaremos armados ante Señor, a la tierra de Canaán; y nos daréis la posesión aquende el Jordán.» Y dioles Moisés a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad, y a la mitad de la tribu de Manasés, hijo de Josué, el reino de Sehón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán; la tierra y las ciudades con los confines de ella; ciudades de la tierra en contorno. Y edificaron los hijos de Gad a Dibón, y Atarot, y Aroer, y Etrot, y Sofán, y Jaser, y Jegbahá, y Bet, Nemrá y Betarán ciudades fortificadas y rediles de ovejas. Y los hijos de Rubén edificaron a Hesebón, y Elealé, y Cariataím, y Nabó y Baalméon, mudadas de nombres, y a Sebamá; y denominaron según los nombres de ellos las ciudades que edificaron. Y fueron los hijos de Maquir, hijo de Manasés, a Galaad y la tomaron. Y dio Moisés Galaad a Maquir, hijo de Manasés; y habitó en ella. Y Jaír, hijo de Manasés, fue y tomó las aldeas de ellos y denominólas: Aldeas de Jaír. Y Nobé fue y tomó a Canat y las villas de ella y denominólas: Nobé, de su nombre. Mansiones de Israel en el desierto Y éstas, las mansiones de los hijos de Israel cuando salieron de tierra de Egipto, por sus escuadrones en mano de Moisés y Aarón; y escribió Moisés sus decampamentos, y sus acampamentos, por palabra de Señor. Y éstas, las mansiones de su peregrinación. Decamparon de Ramesés el mes primero, el día quince del mes primero; el día después de pascua salieron los hijos de Israel en mano excelsa, y a los ojos de todos los egipcios; y los egipcios sepultaban todos los muertos que percutió Señor, todo primogénito en tierra de Egipto; y en sus dioses hizo vindicta Señor. Y decamparon los hijos de Israel, de Ramesés, y acamparon en Socot. Y decamparon de Socot, y acamparon en Etán; la que está en el confín del desierto. Y decamparon de Etán, y acamparon a faz de Fihahirot; que está enfrente de Beelsefón, y acamparon enfrente de Magdalo. Y decamparon de Fihahirot y atravesaron, por medio del mar, al desierto, y anduvieron camino de tres días por el desierto, y acamparon en Mará(a). Y decamparon de Mará, y vinieron a Elim; y en Elim, doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí y a par del agua. Y decamparon de Elim, y acamparon sobre el mar Rojo. Y decamparon del mar Rojo, y acamparon en el desierto de Sin. Y decamparon del desierto de Sin, y acamparon en Dafcá. Y decamparon de Dafcá, y acamparon en Alus. Y decamparon de Alus, y acamparon en Rafidim; y no tenía allí agua el pueblo para beber. Y decamparon de Rafidim, y acamparon en el desierto de Sinaí. Y decamparon del desierto de Sinaí, y acamparon en los Sepulcros de la concupiscencia. Y decamparon de los Sepulcros de la concupiscencia, y acamparon en Haserot. Y decamparon de Haserot, y acamparon en Retmá. Y decamparon de Retmá, y acamparon en Remón-Farés. Y decamparon de Remón-Farés, y acamparon en Lebná. Y decamparon de Lebná, y acamparon en Resá. Y decamparon de Resá, y acamparon en Ceelatá. Y decamparon de Ceelatá, y acamparon en el monte de Sefer. Y decamparon del monte de Sefer, y acamparon en Aradá. Y decamparon de Aradá, y acamparon en Maselot. Y decamparon de Maselot, y acamparon en Tahat. Y decamparon de Tahat, y acamparon en Taré. Y decamparon de Taré, y acamparon en Metcá. Y decamparon de Metcá, y acamparon en Hesmoná. Y decamparon de Hesmoná, y acamparon en Moserot. Y decamparon de Moserot, y acamparon en Bene-Jaacan. Y decamparon de Bene-Jaacan, y acamparon en el monte de Gadgad. Y decamparon de Gadgad, y acamparon en Jetebatá. Y decamparon de Jetebatá, y acamparon en Hebroná. Y decamparon de Hebroná, y acamparon en Asiongaber. Y decamparon de Asiongaber, y acamparon en el desierto de Sin; éste es Cadés. Y decamparon de Cadés, y acamparon en el monte Hor, en los confines de la tierra de Edom. Y subió Aarón, el sacerdote, al monte de Hor, por mandato de Señor, y murió allí en el año cuarenta de la salida de los hijos de Israel, de Egipto, en el mes quinto, el primero del mes. Y Aarón era de ciento veintitrés años, cuando murió en el monte Hor. Y oyó el cananeo rey de Arad; y éste habitaba al mediodía, en tierra de Canaán, que venían los hijos de Israel. Y decamparon del monte Hor, y acamparon en Salmoná. Y decamparon de Salmoná, y acamparon en Funón. Y decamparon de Funón, y acamparon en Obot. Y decamparon de Obot, y acamparon en Je Abarim, en los confines de Moab. Y decamparon de Je Abarim, y acamparon en Dibón Gad. Y decamparon de Dibón Gad, y acamparon en Helmondeblataím. Y decamparon de Helmondeblataím, y acamparon en la montaña Abarim, frente a Nabó. Y decamparon de la montaña de Abarim, y acamparon en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, frente a Jericó. Y acamparon a orillas del Jordán, desde Betsimot hasta Abelsatim, en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, frente a Jericó. Y habló el Señor a Moisés en las llanuras de Moab, frente a Jericó, diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Vosotros pasad el Jordán a tierra de Canaán: y destruiréis a todos los habitadores de la tierra, ante vuestra faz; y demoleréis todas sus atalayas; y todos los ídolos los conflátiles de ellos los destruiréis; y todas las columnas de ellos demoleréis; y destruiréis a todos los habitantes de la tierra, y habitaréis en ella; que a vosotros he dado la tierra de ellos en posesión. Y repartiréis sus tierras por suertes, según vuestras tribus: a los más aumentaréis su posesión y a los menos disminuiréis su posesión: donde saliere su nombre allí será su posesión; según las tribus paternas vuestras repartiréis. Pero si no destruyereis los habitantes de la tierra, ante vuestra faz, serán los que dejareis de ellos, astillas en vuestros ojos y tiros en vuestros costados; y os hostilizarán sobre la tierra, sobre la cual vosotros habitaréis; y será: cual pensaba yo hacer a ellos, haré a vosotros. Delimitación de Canaán. Sus repartidores. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Manda a los hijos de Israel, y les dirás: «Vosotros entraréis en la tierra de Canaán; ésta tendréis en posesión; la tierra de Canaán con sus confines. Y os será la parte, la del mediodía, desde el desierto de Sin; que está a lo largo de Edom; y os será los límites al mediodía, desde el fin del mar salado, al oriente; y se os redondearán los límites, desde el mediodía hacia la subida de Acrabim; y pasarán a Sená, y será su término, al mediodía, Cadés-Barné; y saldrán a la villa Adar y pasarán a Asemoná; y rodearán los confines desde Asemoná el torrente de Egipto; y será su salida el mar. Y los confines del mar os serán: el mar el grande(a) os confinará: éste os será el confín del mar. Y éstos os serán los confines al septentrión: desde el mar el grande os mediréis desde el monte de los montes(b). Y, desde el monte de los montes os mediréis, llegando hasta Emat; y será su confín Sedadá; y el confín saldrá a Zefroná, y su término será la villa Enán; éste os será confín al septentrión. Y os mediréis los confines del oriente, desde la villa Enán hasta Sefamá; y bajarán los confines desde Sefamá a Reblá, de oriente a la fuente de Dafnin; y bajarán los confines hasta la espalda del mar de Zeneret(c); y bajarán los confines sobre el Jordán y será su salida en mar salado; ésta seráos la tierra y los confines de ella en contorno.» Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: «Esta la tierra que heredaréis por suertes, del modo que ha mandado Señor darla a las nueve tribus, y a la mitad de la tribu de Manasés. Porque ha tomado la tribu de hijos de Rubén, según sus casas paternas, y la tribu de hijos de Gad, según sus casas paternas; y la mitad de la tribu de Manasés han tomado sus herencias; dos tribus y media tribu han tomado sus herencias aquende el Jordán, enfrente de Jericó, del austro al oriente.» Y habló el Señor a Moisés, diciendo: «Estos, los nombres de los varones que os repartirán la tierra: Eleazar, el sacerdote y Josué, hijo de Nun; y un príncipe de cada tribu tomaréis para repartiros la tierra. Y éstos, los nombres de los varones: de la tribu de Judá: Caleb, hijo de Jefoné; de la tribu de Simeón: Samuel, hijo de Amiub; de la tribu de Benjamín: Elidad, hijo de Caselón; de la tribu de Dan: príncipe Boqui, hijo de Joglí; de los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés: príncipe Haniel, hijo de Efod; de la tribu de los hijos de Efraín: Camuel, hijo de Seftán; de la tribu de Zabulón: príncipe Elisafán, hijo de Farnac; de la tribu de los hijos de Isacar: príncipe Faltiel, hijo de Ozán; de la tribu de hijos de Aser: príncipe Ahiud, hijo de Salomí; de la tribu de hijos de Neftalí: príncipe Fedail, hijo de Amiud. A éstos mandó Señor repartir a los hijos de Israel, en tierra de Canaán. Ciudades levíticas y asilatorias Y habló el Señor a Moisés en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, enfrente de Jericó, diciendo: «Ordena a los hijos de Israel, y darán a los levitas de sus heredades de posesión ciudades de habitar; y los suburbanos de las ciudades darán a los levitas; y serán de ellos las ciudades de habitar y los ejidos de ellas serán para su ganado y todos sus cuadrúpedos; y los ejidos de las ciudades que daréis a los levitas, desde el muro de la ciudad para fuera: mil(a) codos en contorno: y medirás, fuera de la ciudad, la parte al oriente: dos mil codos; y la parte al mediodía: dos mil codos; y la parte occidental: dos mil codos; y la parte septentrional: dos mil codos; y la ciudad, al medio de esto, os estará, y los suburbanos de las ciudades. Y las ciudades daréis a los levitas: las seis ciudades del refugio, que daréis a refugiarse allí al homicida; y, además de éstas: cuarenta y dos ciudades. Todas las ciudades que daréis a los levitas: cuarenta y ocho ciudades; ellas y los suburbanos de ellas. Y las ciudades que diereis, de la heredad de los hijos de Israel: de los de mucho, mucho; y de los pocos, poco: cada uno, según su heredad que hubieren heredado, darán, de las ciudades, a los levitas.» Y habló el Señor a Moisés diciendo: «Habla a los hijos de Israel, y les dirás: «Vosotros pasáis el Jordán a tierra de Canaán; y os elegiréis ciudades: refugios os serán para refugiarse allí el homicida; todo el que hubiere percutido alma involuntariamente. Y serán las ciudades para vosotros refugios ante el consanguíneo, y no morirá el homicida, hasta que comparezca delante de la congregación en juicio. Y las ciudades que daréis, las seis ciudades, refugios os serán; las tres ciudades daréis, allende el Jordán, y las tres ciudades daréis en tierra de Canaán; asilos serán, para los hijos de Israel y para el peregrino y el advenedizo entre vosotros. Serán estas ciudades para refugio, para refugiarse allí todo el que hubiere percutido alma involuntariamente. Pero, si con instrumento de hierro le percutiere, y muriere, asesino es: de muerte muera el asesino. Y, si con piedra, de mano, con la que muera, le percutiere, y muriere, asesino es: de muerte muera el asesino. Y, si con instrumento de palo, de mano, con el que muera, le percutiere, y muriere, asesino es: de muerte muera el asesino. El consanguineo, éste matará al asesino; donde le hallare éste, le matará. Y, si por enemistad, le golpeare y tirare sobre él, toda cosa por acechanzas, y muriere; o por ira, le percutiere con la mano, y muriere; de muerte muera el percusor: asesino es: de muerte muera el asesino: el consanguíneo matará al asesino, encontrándose con él. Pero, si fortuitamente, no por enemistad, le atropellare, o lanzare sobre él toda cosa no por acechanza; o con toda piedra, con que se ha muerto, no sabiendo hubiere caído sobre él, y muriere; y él no era su enemigo, ni buscaba hacerle mal; juzgará la congregación entre el que hubiere percutido y entre el consanguíneo, según estos juicios; y salvará la congregación al homicida de la mano del consanguíneo; y restituiránle la sinagoga a la ciudad de asilo suya donde se asilare; y habitará allí hasta que muera el sacerdote el grande, a quien ungieron con el óleo el sacro. Y, si saliendo, saliere el homicida de los límites de la ciudad de su asilo; y matare el consanguíneo al homicida, culpable no es. Pues en las ciudades de su asilo habitará hasta que muera el sacerdote el grande; y, después de morir el sacerdote el grande, volverá el homicida a la tierra de su posesión. Y seráos esto en justicia de juicio, en vuestras generaciones, en todas vuestras moradas. Todo el que percutiere un alma —por testigos matarás al asesino; y un testigo no atestiguará sobre el alma para que muera. Y no tomaréis rescate por el alma de un asesino; del que es reo de muerte; pues de muerte morirá. No tomaréis rescate del huir a la ciudad de asilo, para volver a habitar en la tierra, hasta que muera el sacerdote; y no profanaréis la tierra en que habitáis; que esta sangre profana la tierra, y no se expiará la tierra de la sangre derramada sobre ella sino con la sangre del que la derramó. Y no mancillaréis la tierra en que habitáis en que yo habitaré entre vosotros; pues yo soy el Señor el que habito en medio de los hijos de Israel. Védase a las herederas casarse fuera de la tribu Y llegáronse los príncipes de la tribu de los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de la tribu de los hijos de José, y hablaron ante Moisés y ante los príncipes de las casas paternas de los hijos de Israel; y dijeron: «A nuestro señor mandó el Señor dar la tierra de la heredad, por la suerte a los hijos de Israel; y al señor mandó el Señor dar la heredad de Salfaad nuestro hermano, a las hijas de él; y serán de alguno de las tribus de Israel mujeres; y quitada será su heredad de la posesión de nuestros padres, y añadida a la heredad de la tribu, a los cuyas mujeres fueren; y de la heredad de nuestra herencia será quitada. Y, cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, se agregará su heredad a la heredad de la tribu, a los cuyas mujeres fueren; y de la heredad de la tribu paterna nuestra será quitada su heredad.» Y mandó Moisés a los hijos de Israel, por mandato de Señor, diciendo: «Bien la tribu de los hijos de José, habla. Esta, la palabra que ordenó Señor a las hijas de Salfaad, diciendo: «Del que plugiere en sus ojos, sean mujeres; empero de la tribu de su padre sean mujeres; y no pasará la heredad de los hijos de Israel, de tribu en tribu; pues cada uno a la heredad de su tribu paterna se allegarán los hijos de Israel. Y toda hija que obtuviere herencia de las tribus de hijos de Israel, de uno de la tribu del padre de ella, serán mujeres, para que obtengan los hijos de Israel cada uno la herencia paterna suya; y no pasará la herencia, de una tribu en otra; sino que cada uno a su herencia se allegarán los hijos de Israel.» Del modo que ordenó el Señor a Moisés, así hicieron las hijas de Salfaad. Y fueron Maalá, y Tersá, y Heglá, y Melcá, y Noá, de hijos de sus tíos mujeres; de la tribu de los hijos de Manasés, hijo de José, fueron mujeres, y quedó su heredad en la tribu de la familia de su padre. Estos, los mandamientos y juicios que mandó Señor, en mano de Moisés, a los hijos de Israel, en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, enfrente de Jericó. Compendio de los sucesos del desierto Estas, las palabras que habló Moisés a todo Israel, allende el Jordán, en el desierto, en la llanura enfrente del Mar Rojo, entre Farán y Tofel y Laban, y Hazerot y Di-Sahab(a); once jornadas(b), desde Horeb, camino del monte Seír, hasta Cadés-Barné. Y aconteció en el año cuarenta, en el mes once, el primero del mes, habló Moisés a todos los hijos de Israel, según todo cuanto le mandó el Señor para ellos; después de batir a Sehón rey de los amorreos que habitaba en Hesebón, y a Og, rey de Basán que habitaba en Astarot y en Edraí. Allende el Jordán, en tierra de Moab, empezó Moisés a explanar esta ley diciendo: «Señor el Dios nuestro hablónos en Horeb, diciendo: Básteos lo que habéis habitado en este monte; volved y decampad y entrad en el monte de los amorreos, y en todos sus contornos, en la llanura, en el monte y en el llano, al mediodía y la tierra marina de los cananeos y el Líbano, hasta el río el grande, el río Eufrates. Mirad: he entregado a faz de vosotros la tierra; entrando, poseed la tierra que juré a vuestros padres: a Abrahán e Isaac y Jacob, darles y a su simiente, después de ellos. Y díjeos en aquel tiempo diciendo: «No puedo solo llevaros: el Señor, el Dios vuestro, os ha multiplicado, y he aquí sois hoy como las estrellas del cielo en muchedumbre. (Señor, el Dios de vuestros padres, añádaos como sois, mil veces y bendígaos, según os habló). ¿Cómo podré solo llevar el trabajo vuestro, y el peso vuestro y las contiendas vuestras?» Dad de entre vosotros varones sabios y entendidos y expertos, según vuestras tribus, y los pondré sobre vosotros, príncipes de vosotros.» Y me respondisteis y dijisteis: «Bella la palabra que has hablado, de hacer.» Y tomé de vuestros varones sabios, y entendidos y expertos, y los puse sobre vosotros a principar sobre vosotros: caudillos de mil, y caudillos de ciento, y caudillos de cincuenta y caudillos de diez; y escribas para vuestros jueces. Y mandé a vuestros jueces en aquel tiempo, diciendo: «Oíd bien entre(c) vuestros hermanos, y juzgad justamente entre hombre y su hermano, y su peregrino; No mirarás rostro en juicio; cual al pequeño tal al grande juzgarás; no temas, no, rostro de hombre, que el juicio de Dios es; y la palabra que pesada fuere para vosotros traeréismela. Y mandéos en aquel tiempo todas las palabras que hiciereis. Y, decampando de Horeb, atravesamos todo aquel desierto el grande y el medroso que visteis, el camino a la montaña del amorreo, según que nos mandó el Señor, el Dios nuestro, y vinimos hasta Cadés-Barné. Y os dije: «Venido habéis hasta la montaña del amorreo la que el Señor, el Dios nuestro nos da. Mirad: entregádote ha el Señor el Dios, tu Dios, ante tu faz la tierra; asciende, tómala, como ha dicho el Señor, el Dios de tus padres a ti; no temas y no te desalientes.» Y os acercásteis todos a mí y dijisteis: «Enviemos varones delante de nosotros, y explórennos ellos la tierra y tráigannos noticias del camino por donde ascender a ella, y de las ciudades a donde ir.» Y plugo en mis ojos la palabra, y tomé de vosotros varones, varón por tribu, y partiendo, subieron a la montaña, y llegaron hasta el valle del Racimo, y exploráronlo. Y tomaron en sus manos el fruto de la tierra y trajeron y dijéronnos: «Buena la tierra que el Señor nuestro Dios nos da.» Y no quisisteis subir, sino que desobedecisteis a la palabra del Señor nuestro Dios. Y murmurasteis en vuestras tiendas y dijisteis: «Por aborrecernos el Señor, nos sacó de la tierra de Egipto, para entregarnos en manos de los amorreos, para exterminarnos. ¿A dónde subimos? Nuestros hermanos han aterrado nuestro corazón, diciendo: «Un pueblo grande y mucho y más poderoso que nosotros; y ciudades grandes y muradas hasta el cielo; pero también hijos de gigantes hemos visto allí.» Y díjeos: «No os espantéis ni temáis de ellos; el Señor, el Dios vuestro, el que va delante de vuestra faz, él combatirá junto con vosotros, según todo cuanto hizo con vosotros en la tierra de Egipto, a vuestros ojos; y en este desierto que habéis visto, camino de la montaña del amorreo: cómo te ha llevado el Señor tu Dios, cual si un hombre lleva a su hijo, por todo el camino por donde habéis andado, hasta venir a este lugar. Y en esta palabra no habéis creído al Señor vuestro Dios; el que va delante de vosotros en el camino a elegiros lugar; guiándoos en fuego, de noche; mostrándoos el camino por donde habéis de andar; y en nube de día. Y, cuando el Señor oyó la voz de vuestras palabras, irritóse y juró, diciendo: ¡Si verá alguno, esta mala generación, esta tierra buena que he jurado a sus padres! Fuera de Caleb, hijo de Jefoné; éste la verá, y a éste daré la tierra a la que subió; y a sus hijos, por haber él adherido al Señor. También contra mí se airó el Señor, por vosotros, diciendo: «Tampoco tú entrarás allá. Josué hijo de Nun, el que está delante de ti, éste entrará allá; a él fortalece, porque él repartirála a Israel. Y vuestros párvulos de quienes dijisteis que botín serían, y todo pequeñuelo que no sabe hoy bueno y malo, éstos entrarán allá, y a éstos daréis, y éstos la heredarán; y vosotros volveos y acampad en el desierto, camino del Mar Rojo.» Y respondisteis y me dijisteis: «Hemos pecado ante el Señor, nuestro Dios; subiremos y guerrearemos según todo cuanto ha mandado el Señor, nuestro Dios, a nosotros»; y cogiendo cada uno sus instrumentos bélicos y juntándoos, subíais a la montaña. Y díjome el Señor: Diles: «No subáis ni guerréeis, que no estoy con vosotros; para que no seáis deshechos delante de vuestros enemigos.» Y os hablé y no me escuchasteis y quebrantasteis la palabra del Señor, y, prevaricando, subisteis a la montaña. Y salió el amorreo que habita aquella montaña, a vuestro encuentro, y os persiguió cual hacen las abejas; y os dispersaron de Seír hasta Hormá. Y sentándoos, llorabais, llorabais ante el Señor nuestro Dios, y no oyó el Señor nuestro Dios, vuestra voz ni os atendió; y os quedasteis en Cadés días muchos, cuantos días entonces os quedasteis. Son perdonados los hijos de Esaú; vencido Sehón. Y, volviendo, decampamos hacia el desierto, camino del Mar Rojo, al modo que el Señor me habló; y rodeamos la montaña de Seír, días muchos. Y díjome el Señor: «Básteos rodear esta montaña: dirigíos al septentrión. Y al pueblo manda, diciendo: «Atravesáis ahora los términos de vuestros hermanos, los hijos de Esaú; los que habitan en Seír, y os temerán. Guardaos sobremanera; no les mováis a guerra; que no os daré de su tierra ni un pie, pues, en heredad he dado a los hijos de Esaú la montaña de Seír; por dinero víveres compraréis de ellos y comeréis; y agua tomaréis de ellos por dinero y beberéis.» Pues el Señor, el Dios nuestro te ha bendecido en toda obra de tus manos; considera cómo has pasado aquel desierto, el grande, el temeroso; he aquí cuarenta años el Señor, tu Dios, contigo: no te ha faltado palabra(a). Y pasamos de nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír, del camino de las llanuras, de Elat y de Asión-Jaber; y apartámonos y fuimos camino del desierto de Moab. Y díjome el Señor: «No hostilicéis a los moabitas, ni les mováis a guerra, pues no os daré de su tierra en posesión; porque a los hijos de Lot he dado Ar a poseer. Los emim(b) primero asentáronse sobre ella, pueblo grande; y mucho, y poderosos como los enacim(c). Gigantes eran reputados también éstos, cual los enacim, y los moabitas llámanles emim. Y en Seír asentóse el hórreo primero; e hijos de Esaú expulsáronles y extermináronles ante la faz de ellos; y habitan en su lugar; cual hizo Israel con la tierra de su heredad, que les ha dado el Señor. Ahora, pues, alzaos y decampad y atravesad el torrente de Zared.» Y atravesamos el torrente de Zared. Y los días que anduvimos, desde Cadés-Barné hasta que atravesamos el torrente de Zared, treinta y ocho años, hasta que hubo caído toda la generación de varones guerreros, del campamento, según les había jurado el Señor. Y la mano de Dios fue sobre ellos, para consumirles de en medio del campamento, hasta que hubieron caído. Y aconteció que, después de caer todos los varones guerreros de en medio del pueblo; hablóme el Señor diciendo: «Tú pasarás hoy los términos de Moab a Ar, y te acercarás a los hijos de Amón; no les hostilicéis ni les mováis a guerra, pues no os daré de la tierra de los hijos de Amón, en posesión; porque a los hijos de Lot la he dado en posesión. Tierra de gigantes será reputada, pues también en ella habitarán los gigantes primero; y los amonitas denomínanles zonzomim(d); un pueblo grande y mucho y más potente que vosotros, tal cual también los enacim; y los exterminó el Señor ante la faz de ellos, y heredaron y habitaron en lugar de ellos hasta el día de hoy; tal como hizo con los hijos de Esaú que habitan en Seír; los que exterminaron el hórreo ante la faz de ellos y heredaron y habitaron en lugar de ellos hasta el día de hoy; también los heveos que habitaban en Haserim, hasta Gaza y los capadocios, que salieron de Capadocia, extermináronlos y habitaron en lugar de ellos. Ahora, pues, alzáos y decampad y pasad el torrente de Arnón; he aquí he entregado en tus manos a Sehón, rey de Hesebón, el amorreo, y su tierra; empieza a posesionarte; muévele a guerra. En este día comenzaré a poner temblor a ti y temor a ti sobre la faz de todas las gentes las bajo todo el cielo; las cuales, oyendo tu nombre, se conturbarán y dolores de parturiente tendrán a tu faz.» Y envié mensajeros del desierto de Cademot a Sehón, rey de Hesebón, con palabras pacíficas, diciendo: «Pasaré por tu tierra; por el camino iré; no me desviaré a diestra ni siniestra; víveres por dinero me darás, y comeré; y agua por dinero me darás, y beberé; sólo que pasaré a pie; como hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitan en Seír, y los moabitas que habitan en Ar; hasta que yo pase el Jordán, a la tierra que el Señor, nuestro Dios, nos da.» Y no quiso Sehón, rey de Hesebón, que pasásemos por él, pues había endurecido el Señor, nuestro Dios, el espíritu de él y empedernido el corazón de él, a fin de entregarle en tus manos como(e) en el día de hoy. Y díjome el Señor: «He aquí comenzado he, a entregar ante tu faz a Sehón, rey de Hesebón, el amorreo, y la tierra de él; empieza a posesionarte de su tierra. Y saliónos Sehón, rey de Hesebón al encuentro, él y todo su pueblo, en guerra, a Jasá. Y entrególe el Señor, nuestro Dios, a faz de nosotros, y le batimos y los hijos de él y su pueblo todo. Y nos apoderamos de todas sus ciudades en aquel tiempo, y destruimos toda ciudad, y las mujeres de ellas y los niños de ellas; no dejamos captura de vivo; tan sólo las bestias apresamos, y los despojos de las ciudades tomamos; desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente de Arnón y la ciudad que está en el torrente, hasta Galaad, no hubo ciudad que se nos escapara; todas entregó el Señor, nuestro Dios, en nuestras manos. Sólo a la tierra de los hijos de Amón no nos avecinamos: a todo lo que está junto al torrente de Jacob y a las ciudades, las de la montaña y a todo lo que nos vedó el Señor, nuestro Dios. Reparto de la tierra cisjordánica Y, apartándonos, subimos camino de Basán; y saliónos Og, rey de Basán, al encuentro, y todo su pueblo con él, en guerra, a Edraí. Y díjome el Señor: «No le temas, pues en tus manos le he entregado, y todo su pueblo y toda su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón, rey de los amorreos; que habitaba en Hesebón.» Y entrególe el Señor, Dios nuestro, en nuestras manos, y a Og, rey de Basán y todo su pueblo; y le batimos hasta no dejar de él simiente. Y nos apoderamos de todas sus ciudades en aquella sazón; no hubo ciudad que no tomáramos de ellos: sesenta ciudades, todas las circunvecindades de Argob del rey Og en Basán; todas ciudades fortificadas, muros altos, puertas y barras, fuera de las muy muchas ciudades abiertas. Y los destruimos como habíamos hecho a Sehón, rey de Hesebón, destruyendo toda ciudad, varones y mujeres y niños. Y todo el ganado y los despojos de las ciudades cogimos para nosotros. Y tomamos en aquella sazón la tierra de manos de dos reyes de los amorreos que estaban allende el Jordán, desde el torrente Arnón hasta el monte Hermón. (Los sidonios llaman el Hermón: Sarión; y el amorreo llámale: Sanir). Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad y todo Basán hasta Selcá y Edraí, ciudades del reino de Og en Basán. Pues sólo Og, rey de Basán, quedaba de los gigantes. He aquí su lecho, lecho férreo; he aquí él en Rabat de los hijos de Amón: nueve codos, su longitud, y cuatro codos de latitud, en codo de varón. Y de aquella tierra nos posesionamos en aquella sazón, desde Aroer que está sobre la ribera del torrente Arnón, hasta la mitad de la montaña de Galaad; y sus ciudades di a Rubén y a Gad. Y el resto de Galaad y todo Basán, reino de Og, di a la mitad de la tribu de Manasés, y toda la circunvecindad de Argob; todo Basán, tierra de gigantes se reputará. Jaír, hijo de Manasés, tomó toda la circunvecindad de Argob hasta los confines de Jesuri y de Macatí, y llamólas de su nombre: el «Basán villas de Jaír» hasta el día de hoy. Y a Maquir di Galaad. Y a Rubén y a Gad he dado desde Galaad hasta el torrente Arnón; el medio confín del torrente, y hasta el torrente Jabec, el confín de los hijos de Amón; y la llanura y el Jordán y el confín, desde Generet hasta el mar de la llanura: el mar salado, bajo las alturas del Fasgá al oriente. Y os mandé en aquel tiempo, diciendo: "El Señor, vuestro Dios os ha dado esta tierra en posesión: armados id ante la faz de vuestros hermanos, hijos de Israel, todo potente; sólo vuestras mujeres y vuestros hijos y vuestros ganados (sé que es mucho el ganado vuestro) quedaránse en vuestras ciudades que os he dado, hasta que repose el Señor, vuestro Dios, a vuestros hermanos como también a vosotros y heredaren también éstos la tierra que el Señor, vuestro Dios, les da allende el Jordán y volviereis cada cual a su heredad que os he dado. Y a Josué mandé en aquella sazón, diciendo: «Tus ojos han visto todo cuanto hizo el Señor, nuestro Dios, a estos dos reyes; así hará el Señor, nuestro Dios a todos los reinos sobre los cuales tú fueres allí. No les temas; que el Señor, vuestro Dios, él combatirá por vosotros.» Y rogué al Señor en aquella sazón, diciendo: «Señor, Dios, tú has empezado a mostrar a tu siervo tu fuerza y tu poder y tu mano, la poderosa, y tu brazo, el excelso; pues ¿qué Dios hay en el cielo o sobre la tierra que haga según has hecho tú y según tu fortaleza? Pasaré, pues, y veré esta tierra, la buena, la que está allende el Jordán, esta montaña la buena y el Líbano.» Y desentendióse el Señor de mí, por vosotros y desoyóme; y dijo el Señor: «Bástete; no repitas ya esta palabra: asciende a la cima del Fasgá, y alza tus ojos a occidente, y septentrión y mediodía y oriente; y mira con tus ojos, pues no pasarás este Jordán. Y manda, a Josué, y fortalécele y exhórtale; pues éste irá ante la faz de este pueblo, y éste repartiráles toda la tierra que vieres.» Y nos asentamos en el valle, enfrente del templo de Fogor. Exhorta Moisés a cumplir la ley Y ahora, Israel, escucha los preceptos(a) y los juicios(b) cuantos os enseño hoy a hacer, para que viváis y(c) entrando, poseáis la tierra que el Señor, el Dios de vuestros padres os da. No añadáis a la palabra que os mando y no quitéis de ella; guardad los mandamientos del Señor nuestro Dios, que os mando; vuestros ojos han visto todo cuanto ha hecho a Beelfegor; pues todo hombre que fue tras Beelfegor, destruyólo el Señor, nuestro Dios, de entre vosotros. Y vosotros los que adherís al Señor vuestro Dios, vivís todos hoy. Mirad: os he mostrado preceptos y juicios según me mandó el Señor, para que hagáis así en la tierra a que vais para heredarla; y guardad y haced; pues ésta, la sabiduría de vosotros y el entendimiento, a faz de todas las gentes cuantas oyeren todos estos preceptos; y dirán: «He aquí pueblo sabio y entendido esta gente la grande». Pues ¿qué gente grande, que tenga un dios cercano a ellos como el Señor, nuestro Dios, en todo lo que le invocamos? Y ¿qué gente grande que tenga preceptos y juicios justos, según toda esta ley que yo doy a faz de vosotros hoy? Cuídate, y guarda tu alma muy mucho; no te olvides de todas las palabras que han visto tus ojos y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida. Y referirás a tus hijos y los hijos de tus hijos el día que estuvisteis a faz del Señor, en Horeb, cuando me dijo el Señor: «Congrega junto a mí al pueblo, y oigan mis palabras, porque aprendan a temerme todos los días que vivieren sobre la tierra; y a sus hijos enseñen»(d). Y vinisteis y estuvisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta el cielo: tinieblas, nube, tormenta, voz grande. Y os habló el Señor de en medio del fuego voz de palabras, la que vosotros oísteis; pero figura no visteis, fuera de la voz. Y os anunció su alianza que os mandó hacer; las diez palabras y escribiólas en dos tablas de piedra. Y a mí mandó en aquella sazón, enseñaros preceptos y juicios, para hacerlos vosotros sobre la tierra a que vais, para posesionaros de ella. Y guardad muy mucho vuestras almas, pues no visteis toda figura el día que habló el Señor a vosotros en el Horeb, de en medio del fuego; no sea que prevariquéis y os hagais esculpida figura; toda imagen, figura de varón o mujer; figura de toda bestia que hay sobre la tierra; figura de toda ave volátil que vuela bajo el cielo; figura de todo reptil que repta sobre la tierra; figura de todo pez, cuantos hay en las aguas por debajo de la tierra; y, mirando al cielo, y viendo el sol, y la luna, y las estrellas, y todo el ornato del cielo, no te extravíes y los adores y les sirvas, a los que el Señor, tu Dios, ha distribuido a todas las gentes, la de debajo el cielo. Pero a vosotros ha tomado Dios y traídoos de tierra de Egipto, del horno férreo; de Egipto, para serle pueblo escogido, como en el día de hoy. Y el Señor Dios, airóse conmigo por lo dicho por vosotros y juró que no pasaría yo el Jordán y no entraría en la tierra, la buena, que el Señor tu Dios te da en posesión. Pues yo muero en esta tierra y no paso el Jordán; mas vosotros pasáis, y poseeréis esta tierra, la buena. Guardáos; no olvidéis el pacto del Señor, nuestro Dios, lo que ha pactado con vosotros, y no prevariquéis, y os hagáis esculpida figura de todo lo que te ha vedado el Señor, tu Dios; porque el Señor, tu Dios, fuego consumidor es, un Dios celoso. Y, si engendrares hijos e hijos de tus hijos, y tardareis sobre la tierra, y prevaricareis; e hiciereis esculpida figura de todo, e hiciereis lo malo a faz del Señor, vuestro Dios, para irritarle; conjúroos hoy, y por el cielo y por la tierra, que con perdición seréis perdidos pronto de la tierra, para la cual pasáis el Jordán, a posesionaros de ella; no estaréis muchos días en ella, sino que, con exterminio seréis exterminados. Y dispersaráos el Señor entre todas las gentes; y quedaréis pocos en número entre todas las gentes, a las que os llevará el Señor allí; y serviréis allí a otros dioses, obras de manos de hombres: palos y piedras que no verán ni oirán, ni comerán ni olerán. Y buscaréis allí al Señor, vuestro Dios, y le hallaréis, cuando le buscares de todo tu corazón y de toda tu alma en tu tribulación. Y te hallarán todas estas palabras en el postrero de los días; y te volverás al Señor, tu Dios, y oirás su voz. Porque Dios de piedades, el Señor, tu Dios: no te abandonará, ni te destruirá; ni olvidará la alianza de tus padres, que les juró el Señor. Pregunta los días anteriores, los que fueron antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra y desde el confín del cielo; si ha acontecido esta palabra, la grande; si se ha oído cosa semejante; si ha oído una gente la voz de Dios viviente, hablando de en medio del fuego, al modo que has oído tú, y has vivido(e); si ha tentado Dios, viniendo, tomarse una gente, de en medio de una gente, en tentaciones, y en señales, y en prodigios, y en guerra, y en mano fuerte y en brazo excelso, y en visiones grandes, según todo cuanto ha hecho el Señor, Dios nuestro, en Egipto ante tus ojos; para que supieras que el Señor, tu Dios, éste tu Dios es, y no hay más, fuera de él. Del cielo vino su voz a enseñarte, y sobre la tierra te manifestó su fuego, el grande; y sus palabras oíste de en medio del fuego; por haber amado él a tus padres, eligió también su simiente después de ellos: a vosotros; y te sacó él en su fortaleza, la grande, de Egipto; para exterminar gentes grandes y más fuertes que tú, ante tu faz; para sacarte a darte la tierra de ellas, en posesión, según estás hoy. Y conocerás hoy y revolverás en el corazón que el Señor, tu Dios, éste(f), Dios en el cielo arriba y sobre la tierra abajo, y no hay más fuera de él. Y guardaréis sus mandamientos y sus juicios, cuantos yo te mando hoy, para que bien te vaya y a tus hijos después de ti, a fin de que longevos seáis sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da, todos los días». Entonces delimitó Moisés tres ciudades allende el Jordán, hacia el orto del sol, para refugiarse allí el matador que matase al prójimo no sabiendo; y éste no le odiaba desde ayer y anteayer, y se refugiará en una de estas ciudades y vivirá: a Bosor, en el desierto, en la tierra la llana, para Rubén; y a Ramot, en Galaad, para Gad; y a Golán, en Basán, para Manasés. Esta es la ley que propuso Moisés a la faz de los hijos de Israel. Estos, los testimonios, y los preceptos y los juicios que habló Moisés a los hijos de Israel, cuando hubieron salido de tierra de Egipto. Allende el Jordán, en el valle, enfrente del templo de Fogor, en tierra de Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesebón; a quien batió Moisés y los hijos de Israel, cuando hubieron salido de tierra de Egipto, y se posesionaron de su tierra y de la tierra de Og, rey de Basán, dos reyes de los amorreos, que estaban allende el Jordán hacia el orto del sol; desde Aroer, la que está sobre la ribera del torrente Arnón, hasta el monte de Sión; éste es: Hermón, toda la llanura allende el Jordán hasta el orto del sol, hasta el mar de la llanura, bajo las alturas del Fasgá. Repetición del Decálogo Y llamó Moisés a todo Israel y díjoles: «Oye, Israel, los preceptos y los juicios, que yo hablo en vuestras orejas en este día, y los aprenderéis y guardaréis, para hacerlos. Señor, vuestro Dios, ha pactado con vosotros pacto en Horeb. No con vuestros padres pactó el Señor este pacto, sino con nosotros; nosotros los aquí todos hoy. Faz a faz habló el Señor a nosotros en el monte, de en medio del fuego. (Y yo estaba en medio del Señor y de vosotros en aquella sazón, para anunciaros las palabras del Señor; porque temíais a faz del fuego; y no subisteis al monte) diciendo: «Yo soy el Señor, tu Dios, el que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás otros dioses ante mi faz; no te harás ídolo, ni imagen de todo cuanto en el cielo arriba, y cuanto en la tierra abajo y cuanto en las aguas debajo de la tierra; no les adorarás ni les servirás; pues yo soy el Señor, tu Dios, Dios celoso, volviendo pecados de padres sobre hijos hasta tercera y cuarta generación, a los que me odian; y haciendo misericordia a millares, a los que me aman y a los que guardan mis preceptos. No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, para lo falso; pues no dará por puro el Señor, tu Dios, al que tomare su nombre para lo falso. Guarda el día de los sábados, para santificarlo, cual te ha mandado el Señor, tu Dios. Seis días trabaja, y harás todas tus obras; pero el día el séptimo, reposo, al Señor, tu Dios; no harás en él toda obra, tú y tu hijo y tu hija, tu servidor y tu servidora, tu buey y tu jumento y toda bestia tuya; y el peregrino el que habitare en ti; para que repose tu servidor y tu servidora como tú. Y recordarás que siervo fuiste en tierra de Egipto y te sacó el Señor, tu Dios, de allí en mano fuerte y en brazo excelso; por esto te ha ordenado el Señor, tu Dios, guardar el día de los sábados. Honra a tu padre y a tu madre, como te ha mandado el Señor, tu Dios, porque se prolonguen tus días y porque bien te vaya sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No testimoniarás contra tu prójimo testimonio falso. No codiciarás la mujer de tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, su tierra, y su servidor y su servidora, su buey y su jumento; no, todo cuanto sea de tu prójimo.» Estas palabras habló el Señor a toda la congregación vuestra, en el monte, de en medio del fuego: tinieblas, nube, tormenta, voz grande; y no añadió y escribiólas en dos tablas de piedra, y me dio. Y aconteció, cuando oísteis la voz de en medio del fuego, y el monte ardía en fuego, vinisteis a mí todos los príncipes de vuestras tribus y vuestros ancianos, y decíais: «He aquí nos ha mostrado el Señor, nuestro Dios, su gloria y su grandeza; y su voz hemos oído de en medio del fuego. En este día hemos visto que hablará(a) al hombre; y vivirá(b). Y ahora, ¡no muramos! pues nos consumirá este fuego el grande, si continuáremos escuchando la voz del Señor, nuestro Dios; y moriremos. Pues ¿qué es toda carne que ha oído voz de Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros, para que viva? Llégate tú, y escucha todo cuanto dijere el Señor, nuestro Dios, a ti, y tú nos hablarás todo cuanto te hablare el Señor, nuestro Dios, y oiremos y haremos.» Y oyó el Señor la voz de vuestras palabras cuando me hablasteis, y díjome el Señor: «He oído la voz de las palabras de este pueblo, cuanto te han hablado: bien(c), todo cuanto han hablado. ¡Quién dará que sea tal su corazón en ellos que me teman y guarden todos mis mandamientos todos los días para que bien les vaya y a sus hijos por siempre! Anda, diles: «Volveos a vuestras casas; y tú está conmigo, y te hablaré todos los mandamientos, y los preceptos y los juicios, cuantos les enseñarás, y hagan así en la tierra que yo les doy en posesión.» Y cuidaréis de hacer tal como te ha mandado el Señor; no os desviaréis a diestra ni a siniestra, por todo el camino que te ha mandado el Señor, tu Dios, caminar por él, para que viváis y bien os vaya y se prolonguen vuestros días en la tierra que poseeréis. Amor de Dios Y estos son los mandamientos y los preceptos y los juicios, cuantos ha mandado el Señor, vuestro Dios, enseñaros a hacer así en la tierra a la que vais para posesionaros de ella; a fin de que temáis al Señor, vuestro Dios, guardando todos sus preceptos y sus mandamientos, que te mando hoy, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, todos los días de tu vida para que se prolonguen vuestros días. Y escucha, Israel, y cuida de hacerlos, para que bien te vaya y para que multipliquéis muy mucho; según habló el Señor, el Dios de tus padres, darte tierra que mana leche y miel. Y éstos los preceptos y los juicios, cuantos ha mandado el Señor a los hijos de Israel en el desierto después que salieron de Egipto: «Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma y de toda tu fuerza. Y estarán estas palabras que yo te mando hoy, en tu corazón y en tu alma; y las inculcarás a tus hijos; y hablarás en ellas, sentado en tu casa y andando en el camino, y acostándote y levantándote; y las atarás en señal, en tu mano; y estará inamovible ante tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas. Y será: cuando te introdujere el Señor, tu Dios, en la tierra que juró a tus padres: a Abrahán, y a Isaac, y a Jacob, para darte ciudades grandes y hermosas, que no has edificado; casas llenas de todos los bienes, las que no has llenado; cisternas cavadas, que no has cavado; viñas y olivares que no has plantado, y comieres y te hartares; guárdate de olvidar al Señor tu Dios que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. Al Señor tu Dios temerás y al él servirás; y por su nombre jurarás. No iréis en pos de otros dioses, de los dioses de las gentes de en torno de vosotros; porque es Dios celoso Señor, el Dios en medio de ti; no sea que se inflame en ira el Señor, tu Dios, contra ti y te extermine de la faz de la tierra. No tentarás al Señor tu Dios, como le tentasteis en la Tentación. Guardando, guardaréis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, los testimonios y los preceptos, cuantos te ha mandado. Y harás lo agradable y lo bello en ojos del Señor, tu Dios, para que bien te vaya, en entres y poseas la tierra, la buena que juró el Señor a tus padres; que arrojaría todos tus enemigos de delante de tu faz; según habló el Señor. Y será: cuando te preguntare tu hijo mañana, diciendo: «¿A qué los testimonios, y los preceptos y los juicios, cuantos ha mandado el Señor, el Dios nuestro, a nosotros?» Dirás a tu hijo: «Esclavos éramos de Faraón en tierra de Egipto, y sacónos el Señor de allí en mano fuerte y en brazo excelso; y dio el Señor señales y prodigios grandes y malos, en Egipto, al Faraón y a toda su casa, en nuestros ojos; y nos sacó de allí, para llevarnos a darnos esta tierra, que juró dar a nuestros padres. Y mandónos el Señor hacer todos estos preceptos, temer al Señor, nuestro Dios, para que bien nos vaya todos los días; para que vivamos, al modo que hoy. Y piedad habrá para nosotros, si cuidáremos de hacer todos estos mandamientos, a faz del Señor, nuestro Dios, según nos ha mandado.» Exterminio de los idólatras Y, cuando te introdujere el Señor, tu Dios, en la tierra que entrarás para poseerla y arrojares gentes grandes de delante de tu faz: al heteo y gergeseo, y amorreo, y cananeo, y ferezeo, y heveo, y jebuseo: siete gentes mayores y más fuertes que tú; y los entregare el Señor, tu Dios en tus manos y los batieres; con anonadamiento los anonadarás; no pactarás con ellos pacto, ni te apiadarás de ellos; ni te emparentarás con ellos; tu hija no darás al hijo de él, y la hija de él no tomarás para tu hijo; pues apartará a tu hijo de mí, y servirá a dioses ajenos; y se inflamará en ira el Señor contra vosotros, y te exterminará pronto. Sino que así les haréis: sus aras demoleréis, y sus estatuas destrozaréis, y sus selvas cortaréis, y las esculturas de sus dioses quemaréis en fuego; porque pueblo santo eres al Señor, tu Dios; y te ha elegido el Señor, tu Dios, para serle un pueblo especial, entre todas las gentes, cuantas sobre la faz de la tierra. No por más numerosos que todas las gentes, os ha elegido el Señor y segregádoos el Señor; que vosotros sois los menos de todas las gentes; sino, por amaros el Señor, y guardar el juramento que juró a nuestros padres, os sacó el Señor en mano poderosa; y te redimió de casa de servidumbre, de mano del Faraón rey de Egipto. Y conocerás que el Señor, tu Dios, éste es Dios, Dios fiel, el que guarda alianza y misericordia para con los que le aman y los que guardan sus mandamientos, por millares de generaciones; y pagando a los que le odian; en su rostro exterminándolos; y no tarda con los que odian: en su rostro les pagará. Y guardarás estos mandamientos, y preceptos y juicios, cuantos yo te mando hoy hacer. Y será: cuando oyereis estos preceptos y los guardareis e hiciereis, te guardará también el Señor, tu Dios, la alianza y la misericordia, que juró a tus padres; y te amará, y bendecirá y multiplicará; y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra: tu trigo, y tu vino, y tu aceite; las crías de tus vacas y las greyes de tus ovejas en la tierra, que juró el Señor a tus padres darte. Bendito serás entre todos los pueblos: no habrá entre vosotros impotente ni estéril; ni en tus bestias; y quitará el Señor de ti toda dolencia; y todas las enfermedades de Egipto, las malas, que has visto, y cuantas conoces, no pondrá sobre ti, y pondrá sobre todos los que te odiaren. Y consumirás todas las gentes que el Señor tu Dios te da; no se apiadará tu ojo de ellos, y no servirás a sus dioses, pues tropiezo es esto para ti. Y si dijeres en tu corazón: «Más son estas gentes que yo, ¿cómo podré exterminarles?» No los temas: con memoria rememora cuanto hizo el Señor, tu Dios, al Faraón y a todos los egipcios: las tentaciones grandes que vieron tus ojos, aquellas señales y prodigios grandes, la mano la poderosa y el brazo el excelso. Como te sacó el Señor tu Dios, así hará el Señor tu Dios a todas las gentes que tú temieres —a faz de ellos. También la avispa enviará el Señor, tu Dios, contra ellos hasta que perezcan los dejados y ocultados de ti. No te aterres ante su faz porque el Señor, tu Dios, en medio de ti, un Dios grande y poderoso. E irá consumiendo el Señor; tu Dios, estas gentes de delante de tu faz poco a poco: no podrás consumirlas luego, para que no se(a) multipliquen contra ti las bestias del campo. Y los entregará el Señor, tu Dios, en tus manos, y los perderás con perdición grandes, hasta exterminarlos. Y entregará sus reyes en tus manos, y borrarás su nombre de debajo del cielo; no resistirá nadie tu faz, hasta que los extermines. Las esculturas de sus dioses quemaréis con fuego: no codiciarás plata, ni oro de ellas, para tomar para ti, para que no ofendas por ellos, porque abominación para el Señor, tu Dios, es. Y no traerás abominación a tu casa, para que no seas anatema al modo que esto; con indignación te indignarás y con abominación abominarás, porque anatema es. Memoria de los divinos oficios Todo mandamiento que yo te mando hoy, cuidaréis de hacer, para que viváis y os multipliquéis, y entréis y poseáis la tierra que juró el Señor a vuestros padres. Y recordarás todo el camino que te trajo el Señor, tu Dios, estos cuarenta años en el desierto, para afligirte y tentarte, y conocer lo de dentro de tu corazón: si guardarás sus mandamientos, o no. Y te afligió y te hizo hambrear y te sustentó con maná, el que no conocías y no conocieron tus padres; para manifestarte que no de pan sólo vivirá el hombre, sino que de toda palabra(a) salida de boca de Dios vivirá el hombre. Tu vestidura no se gastó sobre ti; tu pie no se encalleció(b); he aquí cuarenta años. Y conocerás en tu corazón que tal como un hombre educa a su hijo, así el Señor, tu Dios, te ha de educar. Y guardarás los mandamientos del Señor, tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. Que el Señor, tu Dios, te llevará a tierra buena, tierra de torrentes de aguas, y manantiales de los abismos, vertiéndose al través de las llanuras y al través de los montes; tierra de trigo y cebada; vides, higos, granadas; tierra de oliva, aceite y miel; tierra donde no en pobreza comerás tu pan; y no te faltará en ella nada; tierra cuyas piedras, hierro; de sus montes cortarás bronce; y comerás y te hartarás, y bendecirás al Señor, tu Dios, en la tierra, la buena, que te ha dado. Guárdate de no olvidarte del Señor tu Dios, de no observar sus mandamientos, y sus juicios y preceptos, cuantos yo te mando hoy; que, comiendo y hartándote, y casas hermosas edificando y habitándolas, y multiplicándosete tus vacas y tus ovejas, y multiplicándosete plata y oro y multiplicándosete todo cuanto es tuyo; no te levantes en tu corazón y te olvides del Señor, tu Dios, quien te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; quien te llevó por aquel desierto, el grande y el medroso; donde sierpe mordedora, y escorpión; y aridez donde no había agua; quien saca para ti de peña pedernalina, manantial de agua; quien te sustentó con maná en la soledad, el que no conocieron tus padres, para afligirte y tentarte, y bien hacerte en los postreros de tus días. Y no digas en tu corazón: «Mi fuerza y el poder de mi mano me ha hecho este poderío el grande»; y te acordarás del Señor, tu Dios, pues él te da fuerza de hacer poderío, para confirmar el pacto que juró el Señor a tus padres, cual hoy. Y será: si con olvido olvidares al Señor, tu Dios, y fueres tras dioses ajenos y les sirvieres y los adorares, conjúroos hoy, y por el cielo, y por la tierra, que con perdición pereceréis. Tal cual las demás gentes, cuantas el Señor Dios pierde de delante de vuestra faz, tal pereceréis; por esto: por no haber escuchado la voz del Señor, vuestro Dios. Canaán, don gratuito a Israel; recuérdale Moisés sus infidelidades Oye Israel: tú pasas hoy el Jordán, para entrar a posesionarte de gentes grandes y mucho más fuertes que tú; ciudades grandes y muradas hasta el cielo; un pueblo grande y erguido, hijos de Enac, los que tú sabes y has oído: «¿Quién resistirá a faz de hijos de Enac?» Y conocerás hoy que el Señor, tu Dios, éste caminará ante tu faz; (fuego devorador es); éste los exterminará, y éste los dispersará de delante de tu faz y los perderá en breve; según ha dicho el Señor. No digas en tu corazón, al consumir el Señor, tu Dios, estas gentes, de delante de tu faz, diciendo: «Por mí justicia me ha traído el Señor, a posesionarme de esta tierra, la buena.» Empero por la impiedad de estas gentes; el Señor las exterminará de delante de tu faz. No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón, entrarás a poseer su tierra; sino por la impiedad de estas gentes, el Señor las exterminará de delante de tu faz, y para confirmar la alianza que juró el Señor a nuestros padres: a Abrahán, y a Isaac y a Jacob. Conocerás hoy que, no por tus justicias el Señor, tu Dios, te da esta tierra, la buena, poseer, porque pueblo duro de cerviz eres. Acuérdate, no olvides cuanto has irritado al Señor, tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de Egipto, hasta que llegasteis a este lugar, rebeldes habéis pasado para con el Señor. Y en Horeb irritasteis al Señor, y airóse el Señor contra vosotros, para exterminaros; cuando subí al monte a recibir las tablas, las de piedra; tablas del pacto que pactó el Señor con vosotros y estuve en el monte cuarenta días y cuarenta noches; pan no comí y agua no bebí. Y dióme el Señor las tablas, las lapídeas, escritas con el dedo de Dios, y en ellas estaban escritas todas las palabras que habló el Señor a vosotros en el monte, de en medio del fuego, el día de la congregación. Y aconteció, después de cuarenta días y de cuarenta noches darme el Señor las dos tablas, las lapídeas, tablas del pacto. Y díjome el Señor: «Levántate y desciende pronto de aquí, porque prevaricó tu pueblo; los que sacaste de Egipto; hanse desviado luego del camino que le mandaste, y héchose cosa conflátil». Y díjome el Señor, diciendo: «He visto este pueblo, y he aquí pueblo duro de cerviz es. Y ahora déjame exterminarlos, y borraré su nombre de debajo del cielo; y haré a ti en gente grande y fuerte, mucho más que ésta.» Y volviéndome, descendí del monte; y el monte ardía en fuego hasta el cielo; y las dos tablas de los testimonios en mis dos manos. Y miré, y he aquí habíais pecado ante la faz del Señor, nuestro Dios, y héchoos un becerro conflátil y desviádoos pronto del camino que os había mandado el Señor hacer. Y tomando las dos tablas, arrojélas de mis dos manos y quebrélas ante vuestros ojos. Y supliqué ante el Señor, de nuevo, tal como antes, cuarenta días y cuarenta noches; pan no comí y agua no bebí, por todos vuestros pecados, que pecasteis para hacer lo malo a los ojos del Señor, para irritarle. Y temeroso estaba yo del furor y de la ira, por estar irritado el Señor contra vosotros, para exterminaros, y oyóme el Señor también en este tiempo. También contra Aarón airóse muy mucho; para exterminarle; y rogué también por Aarón en aquel tiempo. Y el pecado vuestro que habíais hecho: el becerro, tomélo y quemélo en fuego y destrocélo, desmenuzándolo muy mucho, hasta que se molió; y volvióse como polvo, y lancé su polvo en el torrente que baja del monte. También en el Incendio, y en la tentación y en los Sepulcros de la concupiscencia irritando estuvisteis al Señor. Y, cuando os envió el Señor de Cadés-Barné, diciendo: «Ascended y poseed la tierra que os doy», y desobedecisteis la palabra del Señor, vuestro Dios, y no le creisteis, y desoísteis su voz; desobedientes habéis estado para con el Señor, desde el día que os fue conocido(a). Y supliqué ante el Señor cuarenta días y cuarenta noches cuantos suplicando estuve, porque dijo el Señor que os exterminaría; y rogué a Dios y dije: «Señor, Dios, no extermines a tu pueblo y tu herencia que redimiste en tu grandeza; que sacaste de Egipto en mano fuerte. Acuérdate de Abrahán, e Isaac y Jacob, tus servidores; no mires a la dureza este pueblo y sus impiedades y a sus pecados, para que no digan los que habitan la tierra; de donde nos sacaste: «Por esto: porque no pudo el Señor introducirlos a la tierra, que les dijo; y por esto: por aborrecerlos, sacóles para en el desierto matarles. Y, éstos tu pueblo y tu heredad, los que sacaste en tu fuerza, la grande y en tu brazo, el excelso.» Segundas tablas de la ley. Exhortación. En aquella sazón, díjome el Señor: «Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí, al monte; te harás un arca de madera, y escribiré en ellas las palabras que estaban en las primeras que quebraste, y las pondrás en el arca». E hice un arca de madera de sitim; y labré las dos tablas lapídeas como las primeras, y subí al monte, y las dos tablas en mis manos; y escribió en las tablas, conforme a la escritura, la primera, las diez palabras que habló el Señor a vosotros en el monte, de en medio del fuego, en el día de la congregación, y diómelas el Señor. Y, volviéndome, bajé el monte, y puse las tablas en el arca que hice; y quedaron allí, según me mandó el Señor. Y los hijos de Israel decamparon de Berot de los hijos de Jacán, en Moserá; allí murió Aarón, y fue sepultado allí; y sacerdote fue Eleazar su hijo en lugar de él. De allí decamparon a Gadgad, y de Gadgad a Jetebatá; tierra de torrentes de agua. En aquel tiempo separó el Señor la tribu la de Leví a llevar el Arca de la Alianza del Señor, a estar delante del Señor, a ministrar y bendecir en su nombre hasta este día. Por esto no tuvo Leví parte y heredad con sus hermanos; el Señor mismo es su heredad; según le dijo el Señor, tu Dios. Y yo estuve en el monte, como los días, los primeros, cuarenta días y cuarenta noches, y me escuchó el Señor en este tiempo; y no quiso el Señor exterminarte. Y díjome el Señor: «Levántate, anda delante de este pueblo; y vayan y posean la tierra que he jurado a sus padres darles». Y ahora, Israel ¿qué te pide el Señor, sino que temas al Señor, tu Dios y andes en todos sus caminos, y le ames y sirvas al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma; que guardes los mandamientos del Señor, y los preceptos, cuantos te mando hoy, para que bien te vaya? He aquí del Señor, tu Dios, el cielo y el cielo del cielo, y la tierra y cuanto hay en ella; empero a tus padres eligió Dios para amarles; y escogió su simiente después de ellos; a vosotros de entre todas las gentes, como hoy(a). Y circuncidad vuestra dureza de corazón; y vuestra cerviz no endurezcáis ya. Pues el Señor, vuestro Dios, este, Dios de los dioses y Señor de los señores; el Dios, el grande, y fuerte, y temible; quien no admira rostro, ni aceptará dádiva; haciendo justicia a huérfano y viuda, y ama al peregrino, dándole pan y vestido; amaréis al peregrino; que peregrinos fuisteis en tierra de Egipto. Al Señor, tu Dios, temerás; a él servirás; a él adherirás; y en su nombre jurarás. Este, tu gloria; y éste, tu Dios; que ha hecho en ti estas cosas grandes y estas cosas gloriosas que han visto tus ojos. En setenta almas bajaron tus padres a Egipto; y ahora te ha hecho el Señor, tu Dios, cual los astros del cielo en muchedumbre. Premio. Castigo. Y amarás al Señor, tu Dios, y guardarás sus guardas, y sus preceptos, y sus mandamientos y sus juicios todos los días. Y conoceréis hoy; porque no con vuestros niñitos(a), cuantos no saben ni han visto la corrección del Señor, vuestro Dios, y sus grandezas, y la mano, la fuerte y el brazo, el excelso; y sus señales y sus prodigios, cuantos hizo en medio de Egipto a Faraón y toda su tierra; y cuanto hizo al ejército de los egipcios y sus caballos y sus carros: cómo soltó el agua del mar el Rojo sobre la faz de ellos, que se precipitaban en pos de vosotros; y los destruyó; hasta el día de hoy; y cuanto hizo con vosotros en el desierto hasta que llegasteis a este lugar; y cuanto hizo a Datán y Abirón, hijos de Eliab, hijo de Rubén; a los cuales, abriendo la tierra su boca, tragó y sus casas y sus tiendas y toda su hacienda la con ellos, en medio de todo Israel, porque vuestros ojos han visto todas las obras del Señor, las grandes, cuantas ha hecho. Y guardad todos sus mandamientos, cuantos te mando hoy; para que viváis y os multipliquéis y, entrando, poseáis la tierra, a que vais para poseerla; para que se prolonguen vuestros días sobre la tierra, que juró el Señor a vuestros padres darles y a su simiente, después de ellos; tierra manando leche y miel. Porque es la tierra, a la que vais para poseerla, no como la tierra de Egipto es, de donde habéis salido; donde sembrabas tu simiente y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza; pero la tierra a la que vais para poseerla, tierra montañosa y llana, de la lluvia del cielo bebe agua; tierra que el Señor, tu Dios, visita de continuo; los ojos del Señor, tu Dios, sobre ella, desde el principio del año hasta el fin del año. Y si, con oído oyereis todos los mandamientos que yo os mando hoy de amar al Señor, vuestro Dios, y servirle de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma; dará la lluvia a vuestra tierra a sus horas, la temprana y la tardía, y juntarás tu trigo y tu vino y tu aceite. Y dará hierbas en tus campos para tus bestias. Y, comiendo y hartándoos, guardaos de que no se infatúe vuestro corazón, y prevariquéis y sirváis a dioses ajenos y los adoréis; e, inflamado en ira el Señor contra vosotros, cierre el cielo, y no haya lluvia y la tierra no dé su fruto, y perezcáis en breve de la tierra la buena, que os ha dado el Señor. Y poned estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma y ligadlas en señal, sobre vuestra mano, y estarán inamovibles ante vuestros ojos; y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando en ellas, sentado tú en casa, y yendo tú de camino; y acostándote tú y levantándote tú. Y las escribiréis en los postes de tu casa y en tus puertas; para que se prolonguen vuestros días y los días de vuestros hijos en la tierra que juró el Señor a vuestros padres darles, como los días del cielo sobre la tierra(b). Y será: si con oído oyereis todos estos mandamientos que os mando hoy hacer: amar al Señor, vuestro Dios, y andar en todos sus caminos y adherirás a él; arrojará el Señor todas estas gentes de delante de vuestra faz y heredaréis gentes grandes y fuertes más que vosotros. Todo lugar que hollare la planta de vuestros pies, vuestro será, desde el desierto y el Líbano, desde el río grande, el río Eufrates, hasta el mar el de occidente, serán vuestros confines. No resistirá nadie ante vuestra faz; y vuestro temor y vuestro temor, pondrá el Señor, vuestro Dios sobre la faz de toda la tierra que pisareis; del modo que os ha hablado. He aquí yo pongo ante la faz de vosotros hoy la bendición y la maldición: la bendición, si escuchareis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, cuantos yo os mando hoy; y la maldición, si no escuchareis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, cuantos yo os mando hoy, y os apartareis del camino que os he mandado, yendo a servir a dioses ajenos, que no habéis conocido. Y será: cuando te introdujere el Señor, tu Dios, en la tierra, a que vas para poseerla; pondrás la bendición sobre el monte Garizim, y la maldición sobre el monte Hebal(c). He aquí, estos allende el Jordán, detrás del camino del ocaso del sol, en tierra del cananeo que habita en la llanura, en frente de Galgal, junto a los terebintos de Moré. Pues vosotros pasáis el Jordán, entrando a poseer la tierra que el Señor, vuestro Dios, os da en posesión, y habitaréis en ella. Y cuidaréis de hacer todos sus mandamientos, y estos juicios, cuantos yo doy a faz de vosotros hoy. Oblaciones y sacrificios. Santuario único. Manjares inmundos. Y éstos, los mandatos y los juicios, que cuidaréis de hacer en la tierra que el Señor, el Dios de vuestros padres, os da en posesión todos los días que vosotros vivieseis sobre la tierra. Con perdición perderéis todos los lugares en que las gentes han servido a sus dioses; las que vosotros habéis heredado, sobre los montes, los altos y las colinas y por debajo de todo árbol frondoso; y demoleréis sus altares y destrozaréis sus columnas; y sus selvas cortad, y las esculturas de sus dioses quemad en fuego, y borrad el nombre de ellos de aquel lugar. No haréis así al Señor, vuestro Dios; sino que al lugar que eligiere el Señor, vuestro Dios, en una de vuestras tribus(a), para denominar su nombre allí, para ser invocado; buscaréis y vendréis allí; y traeréis allí vuestros holocaustos y vuestras hostias, y vuestros diezmos y las primicias de vuestras manos, y vuestros votos y lo voluntario vuestro y los primerizos de vuestras vacas y de vuestras ovejas; y comeréis allí delante de vuestro Dios y os regocijaréis en todo lo que pusiereis mano, vosotros y vuestras casas, según te hubiere bendecido el Señor, tu Dios. No haréis todo cuanto nosotros aquí hoy: cada cual lo agradable en sus ojos. Porque no habéis llegado hasta hoy al reposo y a la heredad que el Señor, tu Dios, te da. Y pasaréis el Jordán y habitaréis en la tierra que el Señor, vuestro Dios, os da en posesión, y os reposará de todos vuestros enemigos en contorno, y habitaréis con seguridad; y será: el lugar que hubiere elegido el Señor, vuestro Dios, para que en él sea invocado su nombre; allí llevaréis todo cuanto yo os mando hoy: vuestros holocaustos, y vuestras hostias y vuestros diezmos y las primicias de vuestras manos, y todo lo escogido de vuestros dones, cuanto votareis al Señor, vuestro Dios. Y os regocijaréis delante del Señor, vuestro Dios, vosotros y vuestros hijos y vuestras hijas, los niños vuestros y las niñas vuestras; y el levita, el a vuestras puertas; pues no tiene parte ni heredad con vosotros. Guárdate de no ofrecer tus holocaustos en todo lugar que vieres; sino que al lugar que eligiere el Señor, tu Dios, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos; y allí harás todo cuanto yo te mando hoy. Empero, en todo tu deseo, matarás y comerás carne, según la bendición del Señor, tu Dios, la que te diere en toda ciudad(b) tuya; el impuro, en ti, y el puro igualmente lo comerá, como corza y ciervo. Empero la sangre no comeréis: sobre la tierra derramadla como agua. No podrás comer en tus ciudades el diezmo de tu trigo y de tu vino, y los primerizos de tus vacas y de tus ovejas, y todos los votos cuantos votares y lo voluntario tuyo y las primicias de tus manos; sino que delante del Señor, tu Dios, lo comerás en el lugar que se eligiere el Señor, tu Dios, tú y tu hijo y tu hija, tu niño y tu niña; y el levita el a tus puertas; y te regocijarás delante del Señor, tu Dios, en todo lo que pusieres mano. Guárdate de no desamparar al levita todo el tiempo que vivieres sobre la tierra. Y, cuando dilatare el Señor, tu Dios, tus confines, según te ha hablado, y dijeres: «Comeré carne», si deseare tu alma comer carne, en todo deseo de tu alma comerás carne. Y, si lejos estuviere de ti el lugar que hubiere elegido el Señor, tu Dios, para ser su nombre invocado allí, matarás de tus vacas y de tus ovejas que te diere Dios, del modo que te he mandado(c); y comerás en tus ciudades, según el deseo de tu alma. Cual se come la corza y el ciervo, así se comerá; el impuro en ti y el puro igualmente comerá. Guárdate firme de no comer sangre, que sangre es vida; no se comerá vida con la carne. No la comerás; sobre la tierra la derramarás como agua; no la comerás, para que bien te vaya y a tus hijos después de ti, si hicieres lo agradable a los ojos del Señor, tu Dios. Sólo que lo santificado tuyo que tuvieres y tus votos tomarás y vendrás al lugar que eligiere el Señor, tu Dios, para ser invocado su nombre allí; y harás tus holocaustos; la carne ofrecerás sobre el altar del Señor, tu Dios, y la sangre de tus hostias derramarás en el altar del Señor, tu Dios y la carne comerás. Guarda y escucha todas las palabras que yo te mando, para que bien te vaya y a tus hijos, después de ti, por el siglo, si hicieres lo agradable a los ojos del Señor, tu Dios. Y, cuando exterminare el Señor, tu Dios, las gentes a que vas para heredar la tierra de ellas, a faz tuya, y habitares en su tierra; guárdate de no seguirlas, después de exterminadas ante tu faz. No buscarás a sus dioses, diciendo: «Como han hecho estas gentes a sus dioses, haré así también yo.» No harás así a tu Dios; pues toda abominación del Señor, la que aborrece, han hecho a sus dioses; que también a sus hijos y sus hijas queman en fuego a sus dioses. Toda palabra que yo os mando hoy, ésta cuidarás de hacer; no añadirás a ella, ni quitarás de ella. De los pseudo profetas y seductores. Si se levantare en ti un profeta o soñador de sueños, y te diere una señal o prodigio, y sobreviniere la señal o el prodigio que te ha hablado; y dijere: «Vamos y sirvamos a dioses ajenos que no conoces»; no escucharás las palabras de aquel profeta o soñador, pues os tienta el Señor, vuestro Dios, para ver si amáis a vuestro Dios de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma. En pos del Señor, vuestro Dios, iréis y a éste temeréis, y sus mandamientos guardaréis y su voz escucharéis, y a él serviréis y a él adheriréis. Y aquel profeta o aquel soñador muera: pues ha hablado para apartaros del Señor, vuestro Dios, el que os sacó de tierra de Egipto, el que os redimió de la servidumbre —para lanzarte del camino que te ha mandado el Señor, tu Dios, andar en él; y quitarás el mal de en medio de ti mismo. Y si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, o hija o mujer la de tu regazo, o un amigo, igual a tu alma, secretamente diciendo: «Vamos y sirvamos a dioses ajenos»; que no has conocido tú y tus padres, de entre los dioses de las gentes de las en torno tuyo, las cercanas a ti o de las lejos de ti, de extremo de la tierra a extremo de la tierra; no consentirás con él; no le atenderás, ni tu ojo le perdonará para apiadarte y ocultarle; sino que, denunciando le denunciarás: tus manos serán sobre él en primer lugar, para matarle, y las manos de todo el pueblo después. Y le lapidarás, que muera: pues buscó apartarte del Señor, tu Dios, el que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. Y todo Israel, oyendo, temerá y no seguirá ya haciendo según esta palabra la mala en medio de ti. Y, si oyeres que en una de las ciudades que el Señor, tu Dios, te da para habitar allí, dicen: «Han salido hombres prevaricadores de ti y apartado a todos los que habitan en su tierra, diciendo: «Vamos y sirvamos a dioses ajenos», que no conocéis; inquirirás y preguntarás y escudriñarás muy mucho; y he aquí cierta claramente se ha hecho la palabra: esta abominación en ti; arrebatando arrebatarás a los habitadores de aquella ciudad en matanza de cuchilla; con anatema la anatematizarás y todo lo en ella y todo el ganado de ella; y todos sus despojos juntarás en sus calles, y quemarás la ciudad en fuego, y todos sus despojos en público, ante el Señor, tu Dios; y será inhabitable por el siglo; no se reedificará más. Y no se adherirá nada del anatema a tu mano; para que vuelva el Señor del furor de su ira, y te dé piedad, y se apiade de ti y te multiplique, del modo que juró a tus padres; si escuchares la voz del Señor, tu Dios, para guardar todos sus mandamientos, cuantos yo te mando hoy, para hacer lo agradable a los ojos del Señor, tu Dios. Del luto; y de animales puros e impuros. Diezmos. Hijos sois del Señor, vuestro Dios: no os haréis cortes ni rasuras(a) en medio de vuestros ojos, por un muerto. Porque pueblo santo eres al Señor, tu Dios, y te ha elegido el Señor, para serle pueblo especial entre todos los pueblos, los sobre la haz de la tierra. No comeréis toda abominación. Estas, las bestias que comeréis: becerro de vacas(b), y cordero de ovejas, y cabrito de cabras; ciervo, y corzo y búfalo, y gamuza, y cabra montés, y antílope, y gacela y jirafa; toda bestia de pezuñas, que hiende del todo las dos uñas y que rumia entre las bestias; esto comeréis. Y esto no comeréis: de los que rumian, y de los que hienden las uñas: el camello, la liebre, el erizo, porque rumian, y no hienden las uñas: impuros éstos son. Y el puerco, porque hiende las uñas éste, y no rumia: impuro éste para vosotros es; de su carne no comeréis y su carroña no tocaréis. Y esto comeréis, de todo lo que hay en el agua; todo cuanto tiene aletas y escamas, comeréis; y todo cuanto no tiene aletas y escamas no comeréis: impuros os son. Toda ave pura comeréis. Y éstos, no comeréis de ellas: el águila, y el quebrantahuesos y el águila marina; y el alción y el buitre y el milano, y lo semejante a él; y todo cuervo y lo semejante a él; y avestruz, y lechuza y gaviota; y gavilán y lo semejante a él; y garza y cisne e ibis; y somorgujo, y calamón y cigüeña; alcatraz y caradrio, y lo semejante a él; y abubilla y murciélago; todo reptil volátil impuro es; no lo comeréis. Todo volátil puro comeréis. Todo mortecino no comeréis; al peregrino al de tus ciudades se le dará, y comerá, o se venderá al extranjero; que pueblo santo eres al Señor, tu Dios; no cocerás cordero en leche de su madre(c). Diezmos diez tomarás de todo fruto de tu simiente, el fruto de tu campo año por año; y lo comerás delante del Señor, tu Dios, en el lugar que eligiere, para ser invocado su nombre allí: y traerás el diezmo de tu trigo y de tu vino y de tu aceite; y los primerizos de tus vacas y de tus ovejas, para que aprendas a temer al Señor, tu Dios, todos los días. Y, si lejos fuere el camino de ti, y no pudieres llevarlo, porque lejos de ti el lugar hubiere elegido el Señor, tu Dios, para ser invocado su nombre allí porque te bendecirá el Señor, tu Dios; lo venderás por dinero, y, tomarás el dinero en tus manos(d) e irás al lugar que hubiere elegido el Señor, tu Dios; y darás el dinero por todo lo que deseare tu alma: por vacas o por ovejas o por vino o por sidra; o por todo lo que deseare tu alma; y comerás allí delante del Señor, tu Dios, y te alegrarás tú y tu casa; y el levita en tus ciudades —no le olvidarás, pues no tiene parte ni heredad contigo. Después de tres años, sacarás todo el diezmo de tus frutos; en aquel año lo pondrás en tus ciudades; y vendrá el levita, pues no tiene parte ni heredad contigo, y el peregrino y el huérfano y la viuda la de tus ciudades, y comerán y se hartarán, para que te bendiga el Señor, tu Dios, en todas las obras de tus manos que hicieres. Año sabático Después de siete años, harás perdón; y así es la orden del perdón: perdonarás toda deuda que te debiere el prójimo; y a tu hermano no exigirás; pues pregonado ha sido perdón al Señor, tu Dios. Del extranjero exigirás cuanto tuviere tuyo; pero a tu hermano harás perdón de tu deuda; porque no ha de haber en ti menesteroso; pues, bendiciéndote bendecirá el Señor, tu Dios, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión para que la poseas; si con oído oyeres la voz del Señor, tu Dios, para guardar y hacer todos estos mandamientos que yo te mando hoy; pues el Señor, tu Dios, te bendecirá del modo que te ha hablado, y prestarás a muchas gentes tú, empero, no pedirás prestado; y dominarás a gentes muchas, y a ti no te dominarán. Y si hubiere en ti un menesteroso de tus hermanos en una de tus ciudades en la tierra que el Señor, tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano ante tu hermano el menesteroso. Abriendo abrirás tus manos para él y prestando le prestarás, cuanto pidiere, según necesitare. Guárdate de que no haya palabra oculta en tu corazón; impiedad, diciendo: «Acércase el año el séptimo: año del perdón», y se malee tu ojo para con tu hermano el menesteroso y no le des, y clamará contra ti al Señor y habrá en ti pecado grande. Dando le darás y prestando le prestarás cuanto pidiere, según necesitare, y no te entristecerás en tu corazón por haberle dado, pues por esta palabra te bendecirá el Señor, tu Dios, en todas las obras y en todo lo que pusieres tu mano. Pues no faltará menesteroso en tu tierra; por esto yo te mando, diciendo: «Abriendo abrirás tu mano a tu hermano; al pobre y al menesteroso en tu tierra. Y si se te vendiere tu hermano: hebreo o hebrea, te servirá seis años y el año el séptimo le despedirás libre de ti; y, cuando le despidieres libre de ti, no le despedirás vacío. Dones donarásle de tus ovejas, y de tu trigo y de tu vino; según te hubiere bendecido el Señor, tu Dios, le darás; y te acordarás de que fuiste siervo en tierra de Egipto, y te redimió el Señor, tu Dios, de allí, por esto yo te mando hacer esta palabra hoy. Y, si te dijere: «No saldré de contigo», pues ama a ti y tu casa, que bien le va contigo; tomarás una lezna y perforarás su lóbulo a la puerta, y será siervo tuyo para siempre; y a tu servidora así mismo harás. No duro parezca en tus ojos, el despedirle libre de ti; que por anual jornal de jornalero te ha servido y te bendecirá el Señor, tu Dios, en todo cuanto hicieres. Todo primerizo que naciere en tus vacas y en tus ovejas, lo masculino santificarás al Señor, tu Dios; no trabajarás con el primerizo de tus vacas, ni trasquiles los primerizos de tus ovejas. Delante del Señor, tu Dios, lo comerás año por año en el lugar que hubiere elegido el Señor, tu Dios, tú y tu casa. Y si hubiere en él tacha: cojo o ciego, tacha mala, no lo sacrificarás al Señor, tu Dios; en tus ciudades lo comerás; el impuro en ti y el puro igualmente comerá como corzo o ciervo. Sólo que sangre no comerás; sobre la tierra la derramarás como agua. Fiestas. Juicios. Guarda el mes de las espigas; y harás la pascua al Señor, tu Dios; porque, en el mes de las espigas, te sacó el Señor, tu Dios, de Egipto de noche. Y sacrificarás la pascua al Señor, tu Dios: ovejas y vacas en el lugar que eligiere el Señor, tu Dios, para ser invocado su nombre allí. No comerás en ella, leudo: siete días comerás en ella, ázimos, pan de aflicción, pues a prisa saliste de Egipto, para que recuerdes el día de tu salida de tierra de Egipto, todos los días de tu vida. No se te verá levadura en todos tus confines siete días, y no quedará de la carne que sacrificares a la tarde, el primer día, hasta la mañana. No podrás sacrificar la pascua en ninguna de las ciudades que el Señor, tu Dios, te da; sino que, en lugar que eligiere el Señor, tu Dios, para ser invocado su nombre allí; sacrificarás la pascua, a la tarde, a puesta del sol, al tiempo que saliste de Egipto. Y cocerás y asarás y comerás en el lugar que eligiere el Señor, tu Dios; y te devolverás por la mañana y vendrás a tu casa. Seis días comerás ázimos y el día séptimo, conclusión, fiesta al Señor tu Dios: no harás en ella toda obra(a). Siete semanas te contarás; empezando tu hoz bajo la mies, empezarás a contar siete semanas; y harás fiesta de semanas(b) al Señor, tu Dios; según tu mano pudiere, cuanto te hubiere dado en lo que te hubiere bendecido el Señor, tu Dios; y te regocijarás delante del Señor, tú, y tu hijo, y tu hija; tu niño y tu niña; y el levita el de tus ciudades y el advenedizo y el huérfano y la viuda la entre vosotros, en el lugar que eligiere el Señor, tu Dios, para ser invocado su nombre allí. Y recordarás que siervo fuiste en tierra de Egipto, y guardarás y harás estos mandamientos. Fiesta de tabernáculos te harás siete días, cuando recolectares de tu era y de tu lagar; y te regocijarás tú, y tu hijo, y tu hija, tu niño y tu niña; y el levita, y el advenedizo, y el huérfano y la viuda la en tus ciudades. Siete días festearás al Señor, tu Dios, en el lugar que eligiere el Señor, tu Dios, para sí; pues te bendecirá el Señor, tu Dios, en todos tus frutos y en toda obra de tus manos; y estarás gozoso. Tres veces en el año parecerá todo lo masculino tuyo ante el Señor, tu Dios, en el lugar que eligiere el Señor: en la fiesta de los ázimos, y en la fiesta de las semanas y en la fiesta de los tabernáculos; no parecerás delante del Señor, tu Dios, vacío; cada cual según el poder de tus manos, según la bendición del Señor, tu Dios, que te diere. Jueces y prepósitos te crearás en tus ciudades, que el Señor, tu Dios, te da, según tus tribus, y juzgarán al pueblo juicio justo; no torcerán juicio ni aceptarán persona ni recibirán dádivas; que las dádivas ciegan ojos de sabios y pervierten palabra de justos. Justamente lo justo seguirás, para que vivas, y, entrando poseas la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No te plantarás selva: todo árbol junto al altar del Señor, tu Dios, que hicieres. No te levantarás estatua: lo que aborrece el Señor, tu Dios. De sacrificios, y jueces. No sacrificarás al Señor, tu Dios, becerro u oveja en que haya tacha: toda palabra mala(a); porque abominación al Señor, tu Dios, es. Y, si se hallare, en ti, en algunas de tus ciudades que el Señor, tu Dios, te da, hombre o mujer que hiciere lo malo ante el Señor, tu Dios, traspasando su pacto, y fuérense a servir a dioses ajenos y los adoraren: al sol o a la luna o cualquiera de los de la milicia del cielo; lo que no te he mandado(b); y se te anunciare y oyeres y hubieres indagado muy mucho, y he aquí verdadera se ha hecho la palabra: hanse hecho esta abominación en Israel; sacarás a aquel hombre o aquella mujer, los que hubieren hecho esta palabra la mala, a tus puertas y los apedrearás con piedras y morirán. Con dos testigos o con tres testigos se matará, el que hubiere de morir, no morirá con un testigo. Y la mano de los testigos estará sobre él, en los primeros, para matarle; y la mano del pueblo entre los últimos; y arrancarás lo malo de entre vosotros. Y, si imposible te fuera una palabra en juicio: entre sangre y sangre(c), y entre juicio y juicio, y entre lepra y lepra, y entre contradicción y contradicción; palabras(d) de juicios en tus ciudades; levantándote, subirás al lugar que hubiere elegido el Señor, tu Dios, allí; e irás a los sacerdotes, los levitas y al juez que hubiere en aquellos días, e, investigando, te anunciarán el juicio. Y harás según la sentencia que te anunciaren desde el lugar(e) que hubiere elegido el Señor, tu Dios, y cuidarás de hacer todo cuanto se te preceptuare: según el precepto y según el juicio que te dijeren, harás: no te desviarás de la palabra que te anunciaren, a diestra ni a siniestra. Y el hombre que obrase en soberbia, no obedeciendo al sacerdote(f) que estuviere allí para ministrar en el monte en el nombre del Señor, tu Dios, o al juez(g) que hubiere en aquellos días; morirá aquel hombre, y arrancarás lo malo de entre Israel; y todo el pueblo, oyendo, temerá y no se ensoberbecerá ya. Y, cuando entrares en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, y la poseyeres y habitares en ella, y dijeres: «Pondré sobre mí un rey, como todas las gentes en torno mío»; poniendo pondrás sobre ti un rey, el que eligiere el Señor, tu Dios: de tus hermanos pondrás sobre ti un rey; no podrás poner sobre ti un hombre extranjero, porque hermano tuyo no es. Empero no se multiplicará caballos(h), ni volverá al pueblo a Egipto, para aumentar sus caballos; y el Señor os ha dicho: «No trataréis de volver ya por este camino.» Y no se multiplicarán mujeres, para que no se pervierta su corazón; y plata y oro no se multiplicará sobremanera. Y, sentándose en el trono de su reino, se escribirá este Deuteronomio en libro, ante los sacerdotes, los levitas; y lo tendrá consigo y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor, su Dios y a guardar todos estos mandamientos, y estos preceptos a hacer; para que no se levante su corazón sobre sus hermanos, para que no se desvíe de los mandamientos a diestra o siniestra, a fin de que mucho viva en su reino, él y sus hijos, en los hijos de Israel. Obvenciones sacerdotales. Promesa del Mesías. Falsos profetas. No tendrán los sacerdotes, los levitas, toda la tribu de Leví, parte ni heredad con Israel: sacrificios del Señor, su heredad: comeránlos. Y heredad no tendrán entre sus hermanos: el Señor mismo, su heredad, como les ha dicho. Y éste será el juicio de los sacerdotes en lo del pueblo, de los que sacrificaren los sacrificios sea becerro, sea oveja: darás al sacerdote la espalda, y las quijadas y el estómago, y las primicias de tu trigo, y de tu vino y de tu aceite, y las primicias de las trasquilas de tus ovejas le darás; pues le ha elegido el Señor, tu Dios, de todas tus tribus para presentarse ante el Señor, tu Dios, a ministrar y bendecir en su nombre, él y sus hijos en los hijos de Israel; y, si viniere el levita, de una de las ciudades vuestras, de todos los hijos de Israel, donde habitare, según lo que deseare su alma, en el lugar que eligiere el Señor, ministrará en el nombre del Señor, su Dios, así como todos sus hermanos los levitas, los presentes allí delante del Señor; parte partida comerá, fuera de los bienes patrimoniales. Y, cuando entrares en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas gentes. No se hallará en ti quien purifique, a su hijo o a su hija en fuego, quien adivine adivinación, y présagos, y agorero y maléfico; quien cante en canto, y consulte conjuro, hechicero y nigromante; que es abominación para el Señor, todo el que hace esto: pues, por estas abominaciones el Señor los borrará de delante de tu faz. Perfecto serás ante el Señor, tu Dios. Porque estas gentes que tú poseerás ahora; éstos agoreros y adivinos oyen; tú, empero, no, así te ha dado el Señor, tu Dios. Profeta de en medio de ti, de entre tus hermanos, como a mí, te levantará el Señor, tu Dios; a él oiréis, según todo cuanto pediste al Señor, tu Dios, en Horeb el día de la congregación, diciendo: «No he de seguir oyendo la voz del Señor, tu Dios, y este fuego, el grande no he de ver ya, porque no muera yo.» Y dijo el Señor a mí: «Bien han dicho todo. Profeta suscitaréles de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en boca de él, y les hablará, según lo que yo le mandare. Y el hombre que no escuchare las palabras de él, cuantas hablare aquel profeta en mi nombre; yo me vengaré de él. Empero el profeta que prevaricare hablando en mi nombre palabra que no le he mandado hablar y que hablare en nombre de dioses ajenos, morirá aquel profeta». Y si dijeres en tu corazón: «¿Cómo conoceré la palabra que no ha hablado el Señor?» Cuando hablare aquel profeta en el nombre del Señor y no fuere, y no aconteciere, ésta, palabra que no ha hablado el Señor: en impiedad ha hablado aquel profeta: no le temerás. Asilos. Testigos. Y cuando disipare el Señor, tu Dios, las gentes que(a) tu Dios te da, la tierra, y te posesionares de ella y habitares en sus ciudades y en sus casas; tres ciudades te separarás en medio de tu tierra, que el Señor, tu Dios, te da para que te posesiones de ella; te dispondrás el camino y tripartirás los confines de tu tierra que te reparte el Señor, tu Dios; y habrá allí refugio para todo homicida. Y ésta será la ley del homicida que se refugiare allí, y vivirá: Quien hiriere a su prójimo sin saber, y éste no le(b) aborrecía desde ayer y anteayer; y quien entrare con su prójimo en la selva a cortar leña(c), y se ha desviado la mano del que con el hacha corta el leño, y escapándose el hierro, del leño, diere en el prójimo, y muriere; éste se refugiará en una de estas ciudades y vivirá; para que el consanguíneo no corra tras el matador, por estar inflamado de corazón, y le coja si fuere más(d) largo el camino y percuta su alma; y éste no es juicio de muerte, por no haberle aborrecido desde ayer ni desde anteayer. Por esto yo te mando esta palabra, diciendo: «Tres ciudades te separarás.» Y, si dilatare el Señor, tu Dios, tus confines del modo que juró a tus padres y te diere el Señor toda la tierra que dijo daría a tus padres; si escuchares a hacer todos estos mandamientos que yo te mando hoy: amar al Señor, tu Dios, andar en todos sus caminos todos los días; te añadirás aún tres ciudades a estas tres ciudades; y no se derramará sangre inocente en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión; y no habrá en ti de sangre reo. Y, si hubiere en ti hombre que aborreciere a su prójimo y le asechare y le asaltare y percutiere su alma; y muriere, y huyere a una de estas ciudades; enviarán los ancianos de la ciudad de él y le cogerán de allí y le entregarán en manos de los consanguíneos, y morirá. No se apiadará tu ojo de él, y purificarás de sangre inocente a Israel, y bien te irá. No removerás las lindes de tu prójimo las que pusieron tus padres en tu posesión que poseyeres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión. No se levantará testigo uno para atestiguar contra un hombre según toda injusticia, y según todo yerro y según todo pecado que pecare: en la boca de dos testigos y en la boca de tres testigos se establecerá toda palabra. Y si se levantare testigo injusto contra un hombre, acusándole de iniquidad; pondránse los dos hombres que tienen la contradicción, delante del Señor y ante los sacerdotes y ante los jueces que hubiere en aquellos días, e inquirirán los jueces exactamente; y he aquí testigo injusto ha atestiguado cosa injusta, se ha alzado contra su hermano; y le haréis de la manera que prevaricó para hacer contra su hermano; y arrancarás lo malo de en medio de ti; y los demás, oyendo temerán y no se atreverán ya a hacer según esta palabra mala en medio de ti. No se apiadará tu ojo de él: alma por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie(e). Leyes bélicas Y, si salieres a guerra contra tus enemigos y vieres bridón y auriga y pueblo mayor que tú, no les temerás, porque el Señor, tu Dios, está contigo, el que te sacó de tierra de Egipto. Y será, cuando os acercaseis a la guerra, llegándose el sacerdote hablará al pueblo, y les dirá: «Oye, Israel: vosotros vais hoy a la guerra contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón; ni temáis, ni os abatáis, ni cedáis ante su faz; que el Señor, vuestro Dios, el que va con nosotros, a guerrear con vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros». Y hablarán los escribas al pueblo, diciendo: «¿Quién es el hombre que ha edificado casa nueva y no la ha estrenado? —Vaya y vuelva a su casa, para que no muera en la guerra y otro hombre la estrene. Y ¿quién es el hombre que ha plantado viña, y no ha gozado de ella? —Vaya y vuelva a su casa, para que no muera en la guerra, y otro hombre goce de ella. Y ¿quién el hombre que ha desposado con mujer y no la ha tomado? —Vaya y vuelva a su casa para que no muera en la guerra y otro hombre la tome.» Y seguirán los escribas hablando al pueblo y dirán: «Quién es el hombre, el tímido y desmayado de corazón? —Vaya y vuelva a su casa, para que no se desaliente el corazón de su hermano, cual su corazón.» Y será: cuando terminaren los escribas de hablar, pondrán a los príncipes del ejército a ir delante del pueblo. Y, si te acercares a una ciudad a atacarla, le ofrecerás la paz; y será: si pacífica te responde y se te abre, todo el pueblo el que se hallare en ella, te será tributario y sumiso; mas, si no te escuchare e hiciere contra ti guerra la cercarás; y, cuando la entregare el Señor, tu Dios, en tus manos, percutirás todo lo masculino de ella en matanza de cuchilla, salvo las mujeres y los niños, y el ganado; y todo cuanto hubiere en la ciudad y todo su botín te repartirás, y comerás el botín de tus enemigos, que el Señor, tu Dios, te da. Así harás a todas las ciudades las que estuvieren muy lejos de ti; no de las ciudades de estas gentes; y he aquí que de estas ciudades que el Señor, tu Dios, te da, a poseer su tierra, no cogerás vivo todo lo que alienta; sino que, con anatema, los anatematizarás: al heteo, y al amorreo, y al cananeo, y al ferezeo, y al heveo y al jebuseo, del modo que te ha mandado el Señor, tu Dios; a fin de que no os enseñen a hacer todas sus abominaciones, cuantas hacen a sus dioses, y pequéis delante del Señor, vuestro Dios. Y si cercares una ciudad muchos días, debelándola para tomarla, no destruirás sus árboles, poniendo en ellos hierro, sino que de él comerás, y no le cortarás: ¿acaso hombre, el leño, el del campo, para venir a faz tuya, a empalizada? Empero el leño que sabes que no es frutal, éste destruirás y cortarás, y construirás estacada contra la ciudad que te hiciere guerra, hasta que se rinda. Leyes sobre cadáveres; cautivos; primogénitos; hijos incorregibles. Y, si se hallare un occiso en la tierra que el Señor, tu Dios, te da a poseer, caído en el campo; y no saben quien le hirió; saldrán tus ancianos y tus jueces, y medirán hasta las ciudades las en contorno del occiso; y será: la ciudad la próxima al occiso —tomarán los ancianos de aquella ciudad una becerra de las vacas, que no ha trabajado, y que no ha arrastrado yugo; y bajarán los ancianos de aquella ciudad la becerra a quebrada áspera, que no ha sido trabajada ni sembrada, y desnucarán la becerra en la quebrada. Y se llegarán los sacerdotes, los levitas, pues los ha elegido el Señor, tu Dios, para servirle y bendecir en su nombre; y en boca de ellos estará toda contradicción y toda llaga. Y todos los ancianos de aquella ciudad, los cercanos al occiso, lavarán sus manos sobre la cabeza de la becerra la desnucada en la quebrada; y, respondiendo, dirán: «Nuestras manos no han derramado esta sangre y nuestros ojos no han visto. Propicio sé a tu pueblo Israel que has redimido, Señor; para que no haya sangre inocente en tu pueblo Israel»; y perdonaráseles la sangre. Pero tú quitarás la sangre inocente de en medio de ti, si hicieres lo bello y lo grato ante el Señor, tu Dios. Y, si, saliendo a guerra contra tus enemigos y los entregare el Señor, tu Dios, en tus manos, y repartieres su botín; y vieres en el botín una mujer hermosa de figura y la deseares, te la tomarás por mujer; y la traerás a tu casa; y raerá su cabeza y cortará sus uñas(a); y se quitará las vestiduras del cautiverio, y sentaráse en su casa y llorará a su padre y su madre de un mes días, y después de esto, entrarás a ella y habitarás con ella, y será tu mujer. Y será: si no la quisieres, la despedirás libre, y en venta no la venderás por dinero; no la envilecerás, por cuanto la has humillado. Y, si un hombre tuviere dos mujeres; una de ellas amada, y una de ellas aborrecida; y le parieren hijos la amada y la aborrecida, y fuere hijo primogénito el de la aborrecida, será: el día que repartiere a sus hijos sus bienes, no podrá primogenitar al hijo de la amada, desentendiéndose del hijo de la aborrecida al primogénito; sino que al primogénito hijo de la aborrecida reconocerá, dándole el doble(b) de todo lo que se le hallare; porque éste es el principio de sus hijos, y a él corresponde la primogenitura. Y, si alguno tuviere hijo desobediente y rebelde, que no oyere voz de padre y voz de madre, y le corrigieren, y no le escuchare; le cogerán su padre y su madre y le llevarán a los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar; y dirá a los varones de su ciudad: «Este hijo nuestro desobedece y se rebela; no escucha nuestra voz; glotoneando borrachea»; y le apedrearán los varones de su ciudad con piedras, y morirá; y arrancarán lo malo de entre vosotros, y los demás, oyendo temerán. Y, si hubiere en alguno pecado: juicio de muerte, y muriere y le colgares en leño; no pernoctará su cuerpo en el leño, sino que, con sepultura, le sepultarás en aquel día, porque maldito de Dios todo colgado en leño; y no mancillarás la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión. Caridad y humanidad. Respeto del hogar. No verás el becerro de tu hermano o la oveja de él errantes por el camino y te desentenderás de ellos; con vuelta volveráslos a tu hermano; y, si no estuviere cerca tu hermano de ti y no le conocieres, lo traerás a tu casa y estarán contigo hasta que los buscare tu hermano; y se los entregarás. Así harás con su asno, y así harás con su vestido, y así harás con toda pérdida de tu hermano; cuanto se le perdiere y hallares —no te podrás desentender. No verás el asno de tu hermano o su becerro caídos en el camino y te desentenderás de ellos: levantando levantarás con él. No habrá prenda de varón en mujer; ni vestirá varón vestido de mujer(a) que abominación al Señor, tu Dios, es todo el que hace esto. Si encontrares nido de ave ante tu faz en el camino o en todo árbol o sobre la tierra: pollos o huevo y la madre calentare sobre los pollos o sobre los huevos; no tomarás la madre con los hijos; con despedida despedirás la madre, y tomarás para ti los hijuelos; para que bien te vaya y de muchos días seas. Si edificares casa nueva, harás pretil a tu terrado, y no harás muerte en tu casa, si cayere el que hubiere caído de ella. No sembrarás tu viña diferentemente(b), para que no se santifique(c) el fruto y la simiente que hubieres sembrado, con el fruto de tu viña. No ararás en becerro, y asno a la vez(d). No vestirás falsificado: lana y lino juntamente(e). Flecos te harás en las cuatro puntas del manto con que te cubrieres(f). Y, si alguno tomare mujer y habitare con ella; y la aborreciere; y la impusiere palabras de pretexto y trajere sobre ella nombre malo, y dijere: «Esta mujer he tomado, y, entrando a ella, no he hallado su virginidad»; el padre de la niña y la madre sacarán fuera las señales de virginidad, ante los ancianos de la ciudad a la puerta; y dirá el padre de la niña a los ancianos: «Esta mi hija he dado a este hombre por mujer, y, aborreciéndola, ahora éste pone sobre ella palabras de pretexto, diciendo: «No he hallado a tu hija virginidad»; y éstas, las señales de virginidad de mi hija», y extenderán el vestido delante de los ancianos de la ciudad; y tomarán los ancianos de aquella ciudad a aquel hombre y le castigarán, y le penarán en mil siclos y darán al padre de la niña, porque trajo nombre malo sobre virgen de Israel; y será su mujer; no la podrá despedir todo el tiempo de él. Pero, si en verdad fue esta palabra, y no se hallare virginidad en la niña; sacarán la niña a la puerta de su padre, y la apedrearán los varones de su ciudad con piedras, y morirá; porque hizo ignominia entre hijos de Israel, ramereado en la casa de su padre; y arrancarás lo malo de en medio de ti. Y, si fuere hallado hombre durmiendo con mujer que habitare con varón, morirán ambos: el varón que durmiere con la mujer, y la mujer; y arrancarás lo malo de Israel. Y, si estuviere una niña virgen desposada con varón, y la hallare un hombre en la ciudad y durmiere con ella; sacaréis a entrambos a la puerta de la ciudad de ellos, y apedreados serán con piedras, y morirán: la niña, por no haber gritado en la ciudad y el hombre, por haber humillado a la mujer de su prójimo; y arrancarás lo malo de en medio de ti. Pero, si en campo hallare un hombre a la niña desposada y, forzando, durmiere con ella; morirá el que durmió con ella, sólo; y a la niña nada harás, y no hay culpa de muerte: como si se levantare un hombre contra su prójimo, y matare su alma; tal, este hecho; pues en el campo la halló; gritó la niña la desposada y no hubo quien la favoreciese. Y, si alguno hallare a una niña, una virgen, la que no estuviere desposada, y, forzando, durmiere con ella, y fuere hallado(g); dará el que durmió con ella, al padre de la niña cincuenta siclos de plata, y será su mujer, por haberla humillado; no la podrá despedir en todos sus días. No tomará hombre la mujer de su padre y no descubrirá el cobertor de su padre. Entredichos. Usura. Votos. No entrará eunuco ni castrado en la congregación del Señor; No entrará bastardo en la congregación del Señor; y hasta la décima generación no entrará en la congregación del Señor(a); no entrará amonita ni moabita en congregación del Señor; y hasta la décima generación no entrará en congregación del Señor para siempre, por no haberos encontrado con pan y agua, en el camino, cuando salisteis de Egipto; y porque asalariaron contra ti a Balaam, hijo de Beor; de Mesopotamia de Siria, para maldecirte. Y no quiso tu Dios escuchar a Balaam; y convirtió el Señor, tu Dios, las maldiciones en bendición; pues el Señor,tu Dios, te amaba. No hablarás cosas pacíficas a ellos ni provechosas a ellos, todos tus días para siempre. No abominarás al idumeo, porque es tu hermano; no abominarás al egipcio, porque advenedizo fuiste en tierra de él. Hijos, si les nacieren, en la tercera generación entrarán en la congregación del Señor. Y, si salieres a acampar, a guerra contra tus enemigos; te guardarás de toda palabra mala. Si hubiere en ti hombre que no estuviere puro por su derrame de noche, saldrá del campamento, y no entrará en el campamento; y será: a la tarde lavará su cuerpo con agua, y, puesto el sol, entrará al campamento. Y sitio tendrás fuera del campamento y saldrás allá fuera. Y estaca tendrás en tu ceñidor, y será: cuando te sentares fuera, cavarás con él y, levantando, cubrirás tu fealdad. Porque el Señor, tu Dios, paséase en medio de tu real, para salvarte y entregarte tu enemigo ante tu faz; será tu real santo, y no se ha de ver en ti fealdad de cosa alguna, y apartarse él de ti. No entregarás siervo a su amo, quien se hubiere refugiado cerca de ti, de su amo; contigo habitará, entre vosotros habitará en el lugar que eligiere en una de tus puertas, donde le pluguiere; no le atribularás. No habrá meretriz entre hijas de Israel; y no habrá afeminado entre hijos de Israel; no habrá iniciado(b) entre hijos de Israel. No traerás ganancia de meretriz ni lucro de can(c) a la casa del Señor, tu Dios, para todo voto; pues abominación para el Señor, tu Dios, son entrambas cosas. No cobrarás a tu hermano interés de dinero, interés de víveres, e interés de cuanto se da a interés; al extranjero cobrarás, mas a tu hermano no cobrarás, para que te bendiga el Señor, tu Dios, en todas tus obras sobre la tierra, a la que entras para poseerla. Y, si votares voto al Señor, tu Dios, no tardes en cumplirlo; porque pidiendo lo pedirá el Señor, tu Dios, de ti, y habrá en ti pecado. Y, si no quisieres votar, no hay en ti pecado. Lo salido de tus labios guardarás y harás del modo que has votado al Señor, tu Dios, una dádiva que has hablado con tu boca. Y, si entrares en la viña de tu prójimo, comerás uvas, hasta que tu alma se harte; pero en vaso no echarás. Y, si entrares en mies de tu prójimo, recogerás en tus manos espigas; pero hoz no echarás a mies de tu prójimo. Repudio. Misericordia. Si alguno tomare mujer y habitare con ella, será: si no hallare gracia en los ojos de él, porque halló en ella una fealdad, le escribirá libelo de repudio y dará en las manos de ella, y la despedirá de su casa. Y saldrá de su casa, y saliendo será de otro varón; y la aborrecerá el varón el último y le escribirá libelo de repudio y dará en las manos de ella, y la despedirá de su casa, y morirá el varón el último que se la tomó por mujer; no podrá el varón el primero, el que la despidió, volvérsela a tomar por mujer, después de haber sido mancillada; porque abominación es a los ojos del Señor, tu Dios; y no mancillarás la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión. Si alguno hubiere tomado mujer recientemente, no saldrá a guerra, ni se le impondrá ningún negocio. Impune estará en su casa; un año regocijará a la mujer que tomó. No prenderás piedra de moler, ni cosa de la piedra, pues el alma éste prenda. Si hallado fuere un hombre robando alma(a) de sus hermanos, los hijos de Israel, y le esclavizare y vendiere, muera aquel ladrón; y arrancarás lo malo de en medio de ti. Guárdate de la plaga de la lepra; cuidarás sobremanera de hacer según toda la ley que os anunciaren los sacerdotes los levitas; del modo que les he mandado cuidaréis de hacer. Acuérdate de cuanto el Señor, tu Dios, a María, en el camino, saliendo vosotros de Egipto. Si deuda hay en tu prójimo, cualquiera deuda, no entrarás en la casa de él a prendar prenda de él; fuera te estarás, y el hombre a quien prestaste, te sacará la prenda afuera. Y, si el hombre fuere pobre, no te dormirás en su prenda: devolviendo devolverás su prenda a la puesta del sol y dormirá en su vestidura y te bendecirá y habrá para ti misericordia delante del Señor, tu Dios. No defraudarás el jornal del pobre y menesteroso de tus hermanos o de los advenedizos, los de tu tierra, en tus ciudades: el mismo día pagarás su jornal; no se pondrá el sol sobre él, porque es y en él(b) tiene la esperanza; y clamará contra ti el Señor, y habrá en ti pecado. No morirán padres por hijos, y los hijos no morirán por padres: cada cual en su propio pecado morirá. No torcerás el juicio del advenedizo, y huérfano y viuda; y no prendas vestido de viuda. Y recuerda que siervo fuiste en tierra de Egipto y te libró el Señor, tu Dios, de allí; por esto yo te mando hacer esta palabra. Y, cuando segares siega en tu campo y se te olvidare una gavilla, no tornarás a tomarla: para el advenedizo, y el huérfano y la viuda será, a fin de que te bendiga el Señor, tu Dios, en todas las obras de tus manos. Y cuando recogieres olivas, no tornarás a rastrojear lo detrás de ti: para el advenedizo, y el huérfano y la viuda será, y recordarás que siervo fuiste en tierra de Egipto; por esto te mando hacer esta palabra. Y cuando vendimiares tu viña no la rastrojearás lo detrás de ti: para el advenedizo, y el huérfano y la viuda será; y recordarás que siervo fuiste en tierra de Egipto; por esto yo te mando hacer esta palabra. Leyes judiciales. Matrimonio levirático. Peso y medida juntos. Exterminio de Amalec. Y, si hubiera contradicción en medio de hombres y vinieren a juicio y se les juzgare; justificarán lo justo y condenarán lo impío; y será: si mereciere azote el impío, le sentarás delante de los jueces y le azotarán delante de sí, según la impiedad de él; y en número, cuarenta le azotarán; no se excederán. Y, si te propasares a azotarle sobre estos azotes, se afeará tu hermano delante de ti. No bozalearás al buey trillador. Y, si cohabitaren hermanos y muriere uno de ellos y simiente no tuviere; no será la mujer del muerto, fuera, de varón no pariente: el hermano del marido de ella entrará a ella, y se la tomará por mujer y habitará con ella; y será: el niñito que pariere, se levantará con el nombre del muerto, y no se borrará su nombre de Israel. Mas, si no quisiere el hombre tomar la mujer de su hermano, subirá la mujer a la puerta, a los ancianos y dirá: «No quiere el hermano de mi marido suscitar el nombre de su hermano en Israel; no quiere el hermano de mi marido.» Y le llamarán los ancianos de su ciudad y le dirán; y levántese y diga: «No quiero tomarla». Y, acercándose la mujer de su hermano a él, delante de los ancianos, desatará un zapato del pie de él y le escupirá al rostro, y respondiendo, dirá: «Así harán al hombre que no edificare la casa de su hermano en Israel», y será llamado su nombre en Israel: Casa del descalzado. Y, si se batieren hombres dos, un hombre con su hermano, y acudiere la mujer de uno de ellos a arrebatar a su marido de mano del que le hiere, y, extendiendo la mano, cogiere su genital; cortarás la mano de ella; no se apiadará tu ojo de ella. No habrá en tu bolsa pesa y pesa: grande y pequeña. No habrá en tu casa medida y medida: grande y pequeña. Pesa exacta y justa tendrás; y medida exacta y justa tendrás; para que muchos días seas sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión; pues abominación al Señor, tu Dios, todo el que hace esto, todo el que hace cosa injusta. Acuérdate de cuanto te hizo Amalec en el camino, cuando salíais de tierra de Egipto; cómo se te atravesó por el camino, y cortó tu retaguardia, a los fatigados detrás de ti; y tu hambreabas y te fatigabas; y no temió a Dios. Y será: cuando te reposare el Señor, tu Dios, de todos tus enemigos, los en tu contorno, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da a poseer; borrarás el nombre de Amalec de la(a) de debajo el cielo; y no lo olvidarás. Diezmos y primicias. Y será cuando entrares en la tierra que el Señor, tu Dios, te da a poseer, y la poseyeres y habitares en ella; tomarás de la primicia de todos los frutos de tu tierra que el Señor, tu Dios, te da, y pondrás en canastillo e irás al lugar que eligiere el Señor, tu Dios, para ser invocado su nombre allí. Y vendrás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: «Confieso hoy al Señor, mi Dios, que he venido a la tierra que juró el Señor a nuestros padres darnos.» Y tomará el sacerdote el canastillo de tus manos y lo pondrá delante del altar del Señor, tu Dios; Y, respondiendo, dirás delante del Señor, tu Dios: «A Siria abandonó mi padre y descendió a Egipto, y habitó allí en número corto e hízose allí gente grande y gentío mucho. Y maltratáronnos los egipcios, y humilláronnos y nos impusieron obras duras; y clamamos al Señor, Dios de nuestros padres; y oyó el Señor nuestra voz y vio nuestra humillación y el trabajo nuestro y la angustia nuestra; y sacónos el Señor de Egipto, él mismo en su poder el grande, y en mano fuerte y brazo excelso, y ambiciones grandes y en señales y en prodigios; y trájonos a este lugar y dionos esta tierra, tierra que mana leche y miel. Y ahora he aquí he traído las primicias de los frutos de la tierra que me has dado, Señor, tierra que mana leche y miel»; y lo dejarás delante del Señor, tu Dios, y adorarás ante el Señor, tu Dios; y te regocijarás en todos los bienes que te ha dado el Señor, tu Dios, y tu casa y el levita y el advenedizo, el en ti. Y, si terminares de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año el tercero, el segundo diezmo darás al levita, y al advenedizo, y al huérfano y a la viuda; y comerán en tus ciudades y se regocijarán. Y dirás delante del Señor, tu Dios: «He sacado lo santo de mi casa y dádolo al levita, y al advenedizo, y al huérfano y a la viuda, según todos los mandamientos que me has mandado; no he preterido tu mandamiento ni olvidado; y no he comido en mi luto de ello; no he sacado de ello en impureza, no he dado de ello para un muerto, he obedecido la voz del Señor, nuestro Dios; he hecho todo según me has mandado. Mira desde tu casa la santa, desde el cielo y bendice a tu pueblo Israel, y la tierra que le has dado, según juraste a nuestros padres darnos tierra manando leche y miel. En este día el Señor, tu Dios, te ha mandado hacer todos los preceptos y los juicios; y los guardaréis y los haréis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma. A Dios has elegido hoy para ser tu Dios, y andar en todos sus caminos, y guardar sus preceptos, y sus mandamientos y sus juicios, y oir su voz; y el Señor te ha elegido hoy para serle pueblo peculiar, según, dijo, guardes sus mandamientos; y para que seas sobre todas las gentes, como te ha hecho renombrado, y gloria y esplendoroso, para que seas pueblo santo al Señor, tu Dios, según ha hablado. Un altar, con la ley en él inscrita. Y mandó Moisés y los ancianos de Israel al pueblo, diciendo: «Guardad todos estos mandamientos, cuantos yo os mando hoy. Y será: el día que pasareis el Jordán a la tierra que el Señor, tu Dios, te da, te levantarás piedras grandes y las empolvarás con polvo(a); y escribirás sobre estas piedras todas las palabras de esta ley; como pasares el Jordán; cuando entrares en la tierra que el Señor, el Dios de tus padres te da; tierra manando leche y miel; del modo que te ha dicho el Señor, el Dios de tus padres. Y será: cuando hubiereis pasado el Jordán levantaréis estas piedras que yo te mando hoy, en el monte Hebal, y las empolvarás con polvo; y edificarás allí ara al Señor, tu Dios, ara de piedra; no descargarás sobre ella fierro. Piedras enteras edificarás ara(b) al Señor, tu Dios, y pondrás sobre ella holocausto al Señor, tu Dios; y sacrificarás allí hostia pacífica; y comerás allí y te hartarás y regocijarás ante el Señor, tu Dios. Y escribirás sobre las piedras toda esta ley, claramente sobremanera.» Y habló Moisés y los sacerdotes, los levitas a todo Israel diciendo: «Calla y escucha, Israel: en este día has sido hecho pueblo al Señor, tu Dios; y oirás la voz del Señor, tu Dios, y harás todos sus mandamientos y sus preceptos, cuantos yo te mando hoy.» Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo: «Estos estarán para bendecir al pueblo en el monte Garizim, después de pasar el Jordán: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. Y éstos estarán para maldición en el monte Hebal: Rubén, Gad, y Aser, Zabulón, Dan y Neftalí. Y respondiendo, dirán los levitas a todo Israel con voz grande: «Maldito el hombre que hiciere esculpido o conflátil, abominación al Señor, obra de mano de artífice, y lo pusiere en oculto.» Y respondiendo todo el pueblo dirá: «Amén.» «Maldito el que deshonrare a su padre y a su madre»; y dirá todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que cambiare términos del prójimo.» y, dirá todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que extraviare a ciego en el camino», y dirá todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que torciere el derecho del advenedizo, y huérfano y viuda»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que durmiere con mujer de su padre, porque ha descubierto la cobertura de su padre»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que durmiere con un bruto»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» «Maldito, el que durmiere con hermana, de parte de padre o de parte de madre»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que durmiere con su nuera.» Y dirá todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que durmiere con la hermana de su mujer»; y dirá todo el pueblo: «Amén.»(c). «Maldito el que golpeare a su prójimo traidoramente»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» «Maldito el que recibiere dádivas para herir alma de sangre inocente»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» «Maldito todo hombre que no permaneciere en todas las palabras de esta ley(d) para hacerlas»; y dirá, todo el pueblo: «Amén.» Bendiciones. Maldiciones. Y será: si con oído oyeres la voz del Señor, tu Dios, para guardar y hacer todos estos mandamientos que yo te mando hoy; te pondrá el Señor, tu Dios, por cima de todas las gentes de la tierra; y vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán; si con oído oyeres la voz del Señor, tu Dios, bendito tú en la ciudad y bendito tú en el campo. Bendito lo nacido de tu vientre, y los frutos de tu tierra, y lo nacido de tu ganado, y las vacadas de tus vacas y las greyes de tus ovejas. Benditos tus graneros y tus sobras. Bendito tú en tu entrar, y bendito tú en tu salir. Entregará el Señor, tu Dios, tus enemigos, los que se hubieren levantado contra ti, destrozados ante tu faz; por vía una vendrán contra ti, y en siete vías huirán ante tu faz. Enviará el Señor sobre ti la bendición en tus arcas y sobre todas las cosas en que pusieres tu mano; y te bendecirá sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da. Te levantará el Señor para sí pueblo santo; del modo que juró a tus padres, si oyeres la voz del Señor, tu Dios, y anduvieres en todos sus caminos; y te verán los pueblos de la tierra que el nombre del Señor ha sido invocado sobre ti y temeránte. Y te multiplicará el Señor, tu Dios, en bienes, en lo nacido de tu vientre y con lo nacido de tu ganado, y con los gérmenes de tu tierra, sobre la tierra que juró el Señor a tus padres darte. Te abrirá el Señor su tesoro el bueno: el cielo, dando la lluvia a tu tierra, a tiempo: bendecirás todas las obras de sus manos; y prestarás a gentes muchas; tú empero no pedirás prestado; y dominarás tú a gentes muchas; a ti, empero, no dominarán. Te pondrá el Señor, tu Dios, por cabeza y no por cola; y estarás entonces arriba y no estarás debajo, si oyeres la voz del Señor, tu Dios, cuanto yo te mando hoy guardar y hacer; no te apartarás de todos los mandamientos que te mando hoy, a derecha ni a izquierda, para ir tras otros dioses a servirles. Y será: si no oyeres la voz del Señor, tu Dios, para guardar y hacer todos sus mandamientos y ceremonias cuantos yo te mando hoy; pondrán sobre ti todas estas maldiciones y te cogerán. Maldito tú en ciudad, y maldito tú en campo. Malditos tus graneros y tus sobras. Maldito lo nacido de tu vientre, y los gérmenes de tu tierra, las vacadas de tus vacas y las greyes de tus ovejas. Maldito tú en tu entrar, y maldito tú en tu salir. Enviará el Señor sobre ti la indigencia y el hambre rabiosa, y la consunción sobre todas las cosas en que pusieres tu mano, cuanto hicieres, hasta destruirte y hasta perderte en breve, por tus malas obras, por esto: por haberme abandonado. Adhiérate el Señor la muerte, hasta borrarte de la tierra a que irás a poseerla. Percútate el Señor en miseria, y fiebre, y frío, e inflamación, y matanza, y tormenta y en la palidez; y te perseguirán hasta exterminarte. Y será para ti el cielo el sobre tu cabeza broncíneo, y la tierra debajo de ti, férrea. Dé el Señor, tu Dios, la lluvia de tu tierra, polvo; y ceniza desde el cielo descenderá sobre ti, hasta consumirte y hasta perderte en breve. Déte el Señor, tu Dios, en matanza delante de tus enemigos: en un camino vendrás a ellos y en siete caminos huirás a faz de ellos y serás dispersión en todos los reinos de la tierra; y serán vuestros muertos pasto a todos los volátiles del cielo y a las fieras de la tierra; y no habrá quien espante. Percútate el Señor con llaga de Egipto en las asentaderas, con sarna furiosa y picazón, a punto de no podérsete sanar. Percútate el Señor con frenesí y ceguera y trastorno de espíritu. Y andarás palpando al mediodía como cuando palpa un ciego en las tinieblas; y no encaminará(a) bien tus caminos; y serás agraviado y despojado todos los días, y no habrá quien te ampare. Mujer tomarás y otro varón la tendrá; casa edificarás, y no habitarás en ella; viña plantarás, y no la vendimiarás. Tu becerro degollado a tus ojos, y no comerás de él; tu asno, arrebatado de ti, y no se te devolverá; tus ovejas, dadas a tus enemigos; y no habrá quien ampare. Tus hijos y tus hijas entregados a otra gente, y tus ojos mirarán, inflamándose, hacia ellos todo el día; no valdrá tu mano(b). Los frutos de tu tierra y todas tus labores comerá gente que no conoces y serás vejado y herido todos los días; y te pondrás frenético por las vistas de tus ojos que verás. Percútate el Señor en llaga mala sobre las rodillas y sobre las piernas, sin que puedas sanar; de las plantas de tus pies hasta tu vértice. Lleve el Señor a ti y tus príncipes los que hubiere puesto sobre ti, a gente que no conoces tú y tus padres; y servirás allí a otros dioses: palos y piedras. Y estarás allí en proverbio y parábola y fábula en todas las gentes, a las que te hubiere llevado el Señor allí. Simiente, mucha sacarás al campo, y poca recogerás, que la devorará la langosta. Viña plantarás y labrarás, y vino no beberás ni te regocijarás con él; que lo devorará el gusano. Olivos tendrás en todos tus términos, y con óleo no te ungirás; que se caerá tu oliva. Hijos e hijas engendrarás, y no serán; que partirán en cautiverio. Todos tus árboles y los frutos de tu tierra consumirá el grillo. El advenedizo que hay en ti ascenderá sobre ti arriba, arriba, y tu descenderás abajo, abajo. Este te prestará, y tú a éste no prestarás; éste será cabeza, y tú serás cola. Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán y te cogerán hasta exterminarte y hasta perderte, por no haber escuchado tú la voz del Señor, tu Dios, guardando sus mandamientos y los preceptos cuantos te mandó. Y habrá en ti señales y prodigios y en la simiente tuya hasta el siglo; por cuanto no has servido al Señor, tu Dios, en alegría y buenamente por la abundancia de todo. Y servirás a tus enemigos que enviará el Señor contra ti en hambre y en sed, y en desnudez y falta de todo; y pondrá yugo férreo sobre tu cerviz hasta exterminarte. Traerá sobre ti el Señor una gente, de lejos, del confín de la tierra, cual dispararse de águila; gente que no habrá oído la voz de ella; gente descarada; el que no respetará rostro de anciano, y de niño no se apiadará; y devorará la cría de tu ganado, y los frutos de tu tierra, hasta borrarte, hasta no dejarte trigo, vino, aceite, las vacadas de tus vacas y las greyes de tus ovejas, hasta perderte, y borrarte en todas tus ciudades, hasta destruirte los muros, los encumbrados y los fuertes, en que confiabas, en toda tu tierra; y te atribulará en toda tu tierra, en tus ciudades que te dio el Señor, tu Dios; y comerás lo nacido de tu vientre: carne de tus hijos y tus hijas, cuanto te ha dado el Señor, tu Dios, en tu angustia y en tu aflicción conque te afligirá tu enemigo. El varón, el delicado que hay en ti y el regalado sobremanera envidiará con su ojo a su hermano y a su mujer en su regazo y a los restantes hijos que le restaren, para dar a uno de ellos, de la carne de sus hijos que hubiere devorado por no quedarle nada, en su angustia y en su aflicción con que te afligirán tus enemigos en todas tus ciudades. Y la delicada en ti y la regalada cuyo pie no ha hecho la prueba de andar sobre la tierra por el regalo y por la delicadeza, envidiará con su ojo a su marido, al en su regazo, y a su hijo y a su hija; aun sus secundinas, las salidas de entre sus muslos y el hijo de ella que pariere; pues los devorará por la carencia de todo, silenciosa, en tu angustia y en la tribulación con que atribulará tu enemigo, en tus ciudades; si no escuchares haciendo todas las palabras de esta ley, las escritas en este libro, temiendo este nombre, el glorioso y el admirable: al Señor, tu Dios. Y glorificará el Señor tus plagas y las plagas de tu simiente, plagas grandes y admirables, y enfermedades malas y persistentes; y volverá sobre ti toda la aflicción de Egipto, la mala, de la cual te amedrentaba a faz de ellas, y se adherirán a ti; y toda flaqueza y toda plaga la no escrita y toda la escrita en el libro de esta ley, traerá el Señor sobre ti hasta exterminarte. Y quedaréis, en número breve, en lugar de haber sido como los astros del cielo en muchedumbre; porque no escuchaste la voz del Señor, tu Dios. Y será: así como se gozó el Señor en vosotros, bien haciéndoos y multiplicándoos, así se gozará el Señor en vosotros exterminándoos y borrándoos; y arrebatados seréis en breve de la tierra, a que vas para poseerla. Y te dispersará el Señor, tu Dios, por todas las gentes, de confín de la tierra a confín de la tierra; y servirás allí a otros dioses, palos y piedras, que no conocías tú y tus padres. Empero tampoco en aquellas gentes te reposará; y no hay firmeza para la planta de tu pie; y te dará el Señor allí otro corazón desconfiado y desfallecientes ojos y deshecha alma; y estará tu vida suspensa delante de tus ojos: te amedrentarás día y noche, y no confiarás en tu vida. Por la mañana dirás: «Ojalá fuera tarde»; y por la tarde, dirás: «Ojalá fuera mañana», del temor de tu corazón con que temerás y de las visiones de tus ojos que verás. Y te volverá el Señor a Egipto en naves; en el camino que te dije: «No le volverás a ver»; y seréis vendidos allí a vuestros enemigos por siervos y siervas y no habrá quien compre.» Renovación de la alianza. Amenazas a los rebeldes. Estas las palabras de la alianza que mandó el Señor a Moisés ajustar con los hijos de Israel, en tierra de Moab; a más de la alianza que hizo con ellos en Horeb. Y llamó Moisés a todos los hijos de Israel y díjoles: «Vosotros habéis visto todo cuanto hizo el Señor en tierra de Egipto, a faz de vosotros, a Faraón y a toda su tierra: las tentaciones las grandes que han visto vuestros ojos: las señales de aquellos grandes prodigios; y no os dio el Señor Dios corazón para entender, y ojos para ver y oídos para oír, hasta este día. Y trájoos cuarenta años por el desierto: no envejecieron vuestros vestidos y vuestras sandalias no se gastaron en vuestros pies. Pan no comisteis, vino y sidra no bebisteis, para que supieseis que el Señor, el Dios vuestro soy yo. Y vinisteis a este lugar; y salió Sehón, rey de Hesebón, y Og rey de Hasán a vuestro encuentro, en guerra; y los percutimos y tomamos su tierra, y la di en heredad a Rubén y a Gad y a la mitad de la tribu de Manasés. Y cuidaréis de hacer todas las palabras de esta alianza, para que entendáis todo cuanto hiciereis. Vosotros estáis todos hoy delante del Señor, vuestro Dios: los príncipes de tribus vuestros, y vuestros ancianos y vuestros jueces, los escribas príncipes vuestros; todo varón de Israel; vuestras mujeres y los nacidos de vosotros, y el advenedizo en medio de tu real, del leñador vuestro a vuestro aguador, porque pases en el pacto del Señor, vuestro Dios, y en los juramentos de él, cuanto el Señor, tu Dios, pacta contigo hoy; para ponerte hoy para sí por pueblo; y él será tu Dios, del modo que te ha dicho y del modo que juró a tus padres: a Abrahán, e Isaac y Jacob. Y no con vosotros solos yo pacto este pacto y este juramento; sino también con los que aquí están con vosotros hoy ante el Señor, vuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con vosotros. porque vosotros sabéis cómo hemos habitado en tierra de Egipto; qué ha pasado en medio de las gentes que pasasteis; y visteis sus abominaciones y sus ídolos: palo y piedra, plata y oro, los que hay entre ellos. ¡Que no haya entre vosotros varón o mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se haya apartado hoy del Señor, vuestro Dios, yendo a servir a los dioses de aquellas gentes; que no haya en vosotros, raíz brotando en hiel y amargura! Y será, cuando oyere las palabras de este juramento, será gloriado en su corazón, diciendo: «Lícito hágaseme pues en el descarrío de mi corazón andaré; para que el pecador no pierda al inocente.»(a). No querrá Dios perdonarle; sino que entonces inflamárase la cara del Señor y su celo en aquel hombre; y se le adherirán todas las maldiciones de esta alianza; las escritas en este libro, y borrará el Señor el nombre de él de la(b) de debajo del cielo; y le separará el Señor para males de entre todos los hijos de Israel, según todas las maldiciones de la alianza, las escritas en el libro de esta ley. Y dirán, la generación, la otra, vuestros hijos que se levantarán, después de vosotros, el extranjero que viniere de tierra lejos; y verán las plagas de aquella tierra y las enfermedades de ella, que ha enviado el Señor sobre ella; azufre y sal ardientes; todo el suelo de ella no será sembrado ni germinará ni brotará de ella toda verdura, así como trastornada fue Sodoma y Gomorra, Adamá y Seboím; las que trastornó el Señor en su furor e ira; y dirán todas las gentes: «¿Por qué ha hecho el Señor así a esta tierra? ¿Cuál el furor de la ira, este grande?» Y dirán: «Porque abandonaron el pacto del Señor, el Dios de sus padres, lo que se pactó con sus padres, cuando les sacó de tierra de Egipto; y yendo sirvieron a otros dioses y adoráronles, los que no conocían ni les atribuyera(c); y airóse con furor el Señor contra aquella tierra, trayendo sobre ella según todas las maldiciones las escritas en el libro de esta ley; y arrebatóles el Señor de la tierra de ellos en furor e ira, e indignación grande sobremanera, y les lanzó a otra tierra, tal cual hoy.»(d) Lo oculto, para el Señor, vuestro Dios, pero lo manifiesto para nosotros y nuestros hijos(e) por siempre, para que hagamos todas las palabras de esta ley. Reconciliárase Dios un día con su pueblo. Y será: cuando vinieren sobre ti todas estas palabras: la bendición y la maldición que he puesto ante tu faz y recibieres en tu corazón, en todas las gentes, donde te hubiere dispersado el Señor, tu Dios; y escuchares su voz, según todo cuanto yo te mando hoy, tú y tus hijos, de todo tu corazón y de toda tu alma; sanará el Señor, tu Dios, tus pecados y se apiadará de ti y de nuevo te congregará de todas las gentes entre las cuales te hubiere dispersado el Señor allí. Si fuere tu dispersión de lo alto del cielo a lo alto del cielo, de allí te congregará el Señor, tu Dios, y allí te tomará el Señor, tu Dios; y te congregará tu Dios de allí a la tierra que heredaron tus padres; y la heredarás, y bien te hará, y más lleno te hará sobre tus padres. Y circumpurificará el Señor tu corazón y el corazón de tu simiente, para amar al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y toda tu alma, para que vivas tú. Y pondrá el Señor, tu Dios, todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te odian, los que te han perseguido. Y tú retornarás y escucharás la voz del Señor, tu Dios, y harás todos sus mandamientos, cuantos yo te mando hoy. Y te bendecirá el Señor, tu Dios, en toda obra de tus manos, en los nacidos de tu vientre y en los nacidos de tu ganado y en los frutos de tu tierra para bien; porque volverá el Señor, tu Dios, a gozarse en ti, para bien, según que se gozó en tus padres. Si escuchares la voz del Señor, tu Dios, guardando sus mandamientos, y sus preceptos y sus juicios; los escritos en el libro de esta ley; si te volvieres al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te mando hoy, no es demasiado grande ni lejos de ti está. No en el cielo arriba está, diciendo: «¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá, y, oyendo lo haremos?» Ni allende el mar está, diciendo: «¿Quién atravesará por nosotros allende el mar y nos lo tomará y oíble nos lo hará, y haremos?» Cerca de ti está la palabra sobremanera en tu boca, y en tu corazón y en tus manos el hacerla. He aquí he puesto ante tu faz hoy la vida y la muerte, lo bueno y lo malo. Si escuchares los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te mando hoy, de amar al Señor, tu Dios, andar en todos sus caminos y guardar sus mandamientos, y sus preceptos y sus juicios; viviréis y mucho seréis, y te bendecirá el Señor, tu Dios, en toda la tierra a que vas allí para poseerla. Y, si se apartare tu corazón y no escuchares y errando adorares dioses ajenos y les sirvieres; te anuncio hoy, que con perdición pereceréis, y no de muchos días seréis sobre la tierra a que vosotros pasáis el Jordán, a entrar allí a poseerla. Conjúroos hoy por el cielo y la tierra: la vida y la muerte he puesto ante vuestra faz, la bendición y la maldición; elige la vida tú, para que vivas tú y tu simiente; para que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y adhieras a él, que esto es tu vida y la largura de tus días; porque habites sobre la tierra, que juró el Señor a tus padres: Abrahán, e Isaac y Jacob, darles. Constituye caudillo Moisés a Josué. Lectura de la ley. Cántico de Moisés. Y terminó Moisés de hablar todas estas palabras a todos los hijos de Israel; y díjoles: «De ciento veinte años soy hoy: no podré ya entrar y salir; y el Señor me dijo: «No pasarás este Jordán. El Señor, tu Dios, el que va delante de tu faz; éste exterminará estas gentes de delante de tu faz, y las heredarás, y Josué, el que va delante de tu faz, según ha hablado el Señor. Y haráles el Señor, tu Dios, tal como hizo a Sehón y Og, dos reyes de los amorreos, que estaban allende el Jordán y a la tierra de ellos, según los exterminó. Y entrególos el Señor a vosotros, y les haréis, según os he mandado. Envalentónate y esfuérzate; no temas, ni acobardes; ni te aterres ante su faz, que el Señor, tu Dios, éste el que va delante con vosotros, entre vosotros, no te dejará ni te abandonará.» Y llamó Moisés a Josué, y díjole delante de todo Israel: «Envalentónate y esfuérzate; pues tú entrarás ante la faz de este pueblo a la tierra que juró el Señor a vuestros padres darles; y tú se la repartirás en heredad. Y el Señor el que va contigo él mismo será contigo; no te dejará ni abandonará: no temas, ni acobardes.» Y escribió Moisés las palabras de esta ley en libro y diole a los sacerdotes los hijos de Leví, a los que llevan el arca de la alianza del Señor, y a todos los ancianos de los hijos de Israel. Y mandóles Moisés en aquel día, diciendo: «Después de siete años, en tiempo del año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos; cuando se junta todo Israel a comparecer ante la faz del Señor, vuestro Dios, en el lugar que eligiere el Señor; leeréis esta ley delante de todo Israel a las orejas de ellos; congregando al pueblo, a los hombres y las mujeres y los hijos, y el advenedizo, el en vuestras ciudades, para que oigan y para que aprendan al Señor, vuestro Dios; y oirán, para hacer todas las palabras de esta ley: Y sus hijos, los que no saben, oirán y aprenderán a temer al Señor tu Dios todos los días cuantos ellos vivieren sobre la tierra, a la que pasáis el Jordán, para allí heredarla.» Y dijo el Señor a Moisés: «He aquí cercanos están los días de tu muerte; llama a Josué, y poneos a las puertas del tabernáculo del testimonio, y mandaréle.» Y fue Moisés y Josué al tabernáculo y pusiéronse a las puertas del tabernáculo del testimonio. Y descendió el Señor en nube y detúvose a las puertas del tabernáculo del testimonio, y detúvose la columna de la nube a las puertas del tabernáculo del testimonio. Y dijo el Señor a Moisés: «He aquí tú dormirás con tus padres; y, alzándose este pueblo, rameará tras dioses ajenos de la tierra a la que éste va; y me abandonarán y disiparán mi pacto que pacté con ellos. Y airaréme con furor contra ellos en aquel día y los abandonaré y apartaré de ellos mi rostro; y será devoración, y le hallarán males muchos y tribulaciones; y dirá en aquel día: «Por esto, porque no está el Señor, mi Dios, en mí, me han hallado estos males.» Y yo con apartamiento apartaré mi rostro de ellos en aquel día por todas las maldades que han hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos. Y, ahora escribid las palabras de este cantar y enseñadlo a los hijos de Israel, y ponedlo en la boca de ellos, para que me sea este cantar contra faz testimoniando en hijos de Israel. Pues los llevaré a la tierra la buena, que juré a sus padres darles, tierra manando leche y miel, y comerán y llenándose, hartaránse, y se volverán a dioses ajenos, y serviránles, y me irritarán, y disiparán mi alianza. Y será: cuando os hallaren males muchos y tribulaciones, afrontará este cantar contra faz testimoniando; pues no se olvidará de boca de la simiente de ellos; pues yo sé la maldad de ellos, cuanto hacen aquí hoy, antes de introducirles yo en la tierra, la buena, que juré a sus padres.» Y escribió Moisés este cantar en aquel día y enseñólos a los hijos de Israel. Y mandó a Josué, hijo de Nun y dijo: «Envalentónate y esfuérzate; que tú introducirás los hijos de Israel en la tierra que les juró el Señor, y él será contigo. Y, cuando terminó Moisés de escribir todas las palabras de esta ley en libro hasta el fin; y mandó a los levitas los que llevan el arca de la alianza del Señor, diciendo; «Tomad el libro de esta ley y ponedlo al lado del arca de la alianza del Señor, vuestro Dios, y estará allí, en ti, para testimonio; porque sé tu contumacia y tu cerviz la dura; pues, aun vivo yo con vosotros hoy, habéis estado exacerbando lo para con Dios, ¿cómo no también después de mi muerte? Congregad a mí vuestros príncipes de tribu y vuestros ancianos y vuestros jueces, y vuestros príncipes escribas, para hablar yo a las orejas de ellos todas estas palabras, y conjúroles, y el cielo y la tierra. Porque sé que, después de mi fin, con prevaricación prevaricaréis y os desviaréis del camino que os he mandado; y os encontrarán los males a la postre de los días, pues haréis lo malo delante del Señor, irritándole en las obras de vuestras manos.» Y habló Moisés a las orejas de toda la congregación de Israel las palabras de este cantar hasta el fin. Cántico de Moisés Advierte, cielo, hablaré;escuche la tierra palabras de mi boca. Aguárdese, como lluvia, mi sentencia,y desciendan como rocío, mis palabras;así como nubada sobre grama,y así como nieve sobre prado. Porque el nombre del Señor he llamado:«¡Dad magnificencia a nuestro Dios!» Dios, —verdaderas sus obras,y todos sus caminos, juicios(a);Dios fiel, y no hay injusticia,justo y recto Señor. ¡Han pecado! —¡No a él!(b)hijos vituperables,generación torcida y perversa. ¿Esto al Señor retribuís?¿Así pueblo necio, y no sabio?¿No él mismo, tu padre, te adquirió,y te hizo y te formó? Acordaos de días de siglo;ponderad año de generaciones con generaciones;pregunta a tu padre y te anunciará;a tus ancianos, y te dirán. Cuando repartía el Altísimo gentes,como diseminaba hijos de Adán;fijó lindes de gentes según número de ángeles de Dios(c) Y fue hecho parte del Señor, pueblo suyo, Jacob;lienza de su heredad, Israel. Bastóle en el desierto,en sed de ardor, en tierra sin agua;rodeóle y enseñóley guardóle como pupila de ojo. Cual un águila ha cubierto su nido,y sobre sus hijuelos anhelado;desplegando sus alas acogióles,y tomóles sobre sus hombros. Señor, sólo condújolos,y no había con ellos dios ajeno. Alzóles sobre la fuerza de la tierra:nutrióles con frutos de los campos;amamantáronse con miel de peñay con aceite de árida peña. Crema de vaca y leche de ovejascon grosura de corderosy de carneros, de hijos de toros y cabrones,con grosura de riñones de trigo,sangre de uva bebía vino(d). Y comió Jacob y hartóse, y recalcitró el amado;engrasóse, arrecióse, dilatóse,y abandonó a Dios al que le hizo,y apartóse de Dios su salvador. Irritáronme en ajenos(e);en sus abominaciones exacerbáronme, Inmolaron a demonios, y no a Dios;a dioses que no conocieron;nuevos y recientes vinieron,que no conocieron sus padres. A Dios que te engendró, has abandonado,y olvidádote del Señor, que te nutrió. Y vio el Señor, y encelóse;y se irritó por la ira(f) de sus hijos e hijas; Y dijo: «Apartaré mi rostro de ellos,y mostraré qué será de ellos en los postreros días;porque generación perversa es,hijos en quien no hay fe en ellos. Ellos me han encelado con un no-Dios;irritádome en los ídolos de ellos;y yo los encelaré con un no-gente,con gente insensata los enfureceré. Porque fuego se ha enardecido de mi furor:arderá hasta el infierno abajo;devorará tierra y frutos de ella;inflamará fundamentos de montes. Juntaré sobre ellos males,y con mis dardos guerrearé contra ellos. Deshechos de hambrey de presa de aves; yretracción(g) insanable;dientes de fiera enviaré contra ellos;con furor de los que se arrastran por la tierra; De fuera los dejará sin hijos la cuchilla;y dentro de los hogares el temor;el joven con la doncella,mamante al par con anciano(h). Dije: «Dispersaréles;borraré de entre los hombres la memoria de ellos. Si no(i) por la ira de enemigos, porque no duraran mucho,porque no presumieran los adversarios;que no dijeran: «Nuestra mano la excelsa,y no el Señor ha hecho todo esto.» Gente perdida de consejo es;y no hay en ellos juicio. No han pensado en entender;esto ponderen para el venidero tiempo: ¿Cómo perseguirá uno a millares,y dos batirán a miríadas,si Dios no los ha vendido,y el Señor entregádolos? Que no son como nuestro Dios, sus diosesy nuestros enemigos, insensatos. De la vid de Sodoma(j) su vid,y su guía de Gomorra;su uva, uva de hiel;racimo de amargura para ellos. Furor de dragones su vinoy furor de áspides insanable. ¿No tengo, he aquí, esto yo guardadoy sellado en mis tesoros? En día de venganza retribuiré,cuando vacilare el pie de ellos;porque cerca el día de perdición para ellos;y sobreviene ya lo preparado para vosotros. Pues juzgará el Señor a su pueblo,y en sus siervos se consolará;porque los ha visto disueltos,y desfallecidos en acometida,y postrados. Y dijo el Señor: «¿Dónde están sus diosesen quienes confiaban, en ellos? cuya grosura de las hostias de ellos comíais,y bebíais el vino de sus libaciones.Levántense y socórrannosy háganseos amparadores. Ved, ved que yo soy,y no hay Dios, fuera de mí:yo mataré y vivir haré;heriré y yo sanaré,y no hay quien haya arrebatado de mis manos. Porque alzaré al cielo mi mano.y juraré por mi diestra, y diré: «Vivo yo por los siglos.» Porque afilaré como relámpago mi cuchilla,y empuñará juicio mi mano,y volveré venganza a mis enemigosy a los que me aborrecen, retribuiré. Embriagaré mis dardos de sangre;(y mi cuchilla comerá carne),de sangre de occisos y cautiverio,de cabezas de príncipes enemigos.» Regocijaos, cielos, a par de ély adórenle todos los ángeles de Dios;regocijaos gentes, con su pueblo,y confórtense en él, todos los hijos de Dios;porque la sangre de sus hijos ha vengado;y vengaráse y retribuirá venganza a sus enemigos;y a los que aborrecen, retribuirá,y purificará el Señor la tierra de su pueblo.» Y escribió Moisés este cantar en aquel día, y enseñólo a los hijos de Israel. Y vino Moisés y habló todas las palabras de esta ley a las orejas del pueblo, él y Josué el hijo de Nun. Y acabó Moisés todas estas palabras hablando a todo Israel. Y díjoles: «Atended de corazón a todas estas palabras que yo os conjuro hoy; lo que mandaréis a vuestros hijos, guardar y hacer todas las palabras de esta ley. Pues no es palabra vacía ésta para vosotros; porque ésta es vuestra vida, y por esta palabra viviréis largos días sobre la tierra, a la que vosotros pasáis el Jordán allí, para poseerla.» Y habló el Señor a Moisés en aquel día diciendo: «Asciende al monte, al Abarim: este monte Nebo, que está en tierra de Moab, contra la faz de Jericó; y mira la tierra de Canaán que yo doy a los hijos de Israel en posesión; y muere en el monte a que subes, allí y júntate con tu pueblo, del modo que murió Aarón, tu hermano, en Hor, el monte, y se juntó con su pueblo; porque desconfiasteis de mi palabra, en los hijos de Israel, en el «agua de la contradicción», Cadés, en el desierto de Sin; por esto, porque no me santificasteis en los hijos de Israel; frente a frente verás la tierra, y allí no entrarás, en la tierra que yo doy a los hijos de Israel.» Bendiciones proféticas de Moisés. Y ésta, la bendición con que bendijo Moisés, hombre de Dios, a los hijos de Israel, antes de su muerte; y dijo: «Señor de Sinaí ha venido; y despuntádonos de Seir, y precipitádose del monte Farán, con miríadas de Cadés, a su diestra, ángeles con él(a)». Y apiadóse de su pueblo; y todos los santificados, bajo las manos de él (y éstos bajo ti están); y tomó de sus palabras ley que nos mandó Moisés, herencia para congregaciones de Jacob. Y será(b), entre el amado(c) príncipe, congregados los príncipes de pueblos junto con tribus de Israel. «Viva Rubén, y no muera y sea mucho en número.» Y ésta(d) de Judá: «Escucha Señor la voz de Judá, y a su pueblo ven: sus manos vindicaránle, y amparador contra sus enemigos serás.» Y a Leví dijo: «Dad a Leví las claridades(e) de él y la verdad de él al varón, al santo, a quien tentaron en tentación, riñéronle en el agua de contradicción; el que dice a su padre y a su madre: «No te he visto»; y sus hermanos no conoció; y sus hijos desconoció; guardó tus dichos, y tu alianza observó(f). Manifestarás tus preceptos a Jacob, y tu ley a Israel; pondrán timiama, en tu ira de continuo sobre tu altar. Bendice, Señor, su poder y las obras de sus manos acoge; quebranta el lomo de enemigos alzados contra él y los que le aborrecieren, no se levanten.» Y a Benjamín dijo: «Amado por el Señor, habitará confiadamente, y Dios le sombreará todos los días, y en medio de sus hombros reposó.» Y a José dijo: «De bendición del Señor, su tierra, de la flor del cielo y, del rocío, y del abismo de las fontanas desde abajo; y según flor de frutos de solsticios, y de lunaciones: y de la cumbre de montes de principados(g), y de la cumbre de colina eternas(h); y según flor de tierra de plenitud, y el beneplácito del que en la zarza, venga sobre la cabeza de José —y sobre el vértice— glorificado(i) entre sus hermanos. Primogénito de toro —su hermosura; cuernos de unicornio, sus cuernos; en ellos gentes corneará a la vez, hasta el confín de la tierra; éstas, las miríadas de Efraín, y estos los millares de Manasés.» Y a Zabulón dijo: «Regocíjate, Zabulón, en tu salida(j); e Isacar(k) en sus tiendas; gentes exterminarán; e invocaréis allí(l) y victimaréis allí víctima de justicia, porque riquezas de mar te amamantaron, y los emporios de los que ribereños habitan»(m). Y a Gad dijo: «Bendito, el que dilata a Gad; como león reposó, después de quebrantar brazo y príncipe(n). Y vio primicias suyas, pues allí repartióse tierra de príncipes reunidos juntos con caudillos de pueblos: justicia el Señor hizo y juicio suyo con Israel.» Y a Dan dijo: «Dan, cachorro de león, y saltará de Basán»(o). Y a Neftalí dijo: «Neftalí, plenitud de beneplácito, y llénese de bendición del Señor: piélago y mediodía(p) poseerá.» Y a Aser dijo: «Bendito por los hijos de Aser; y será acepto a sus hermanos: bañará en aceite su pie; hierro y bronce su sandalia será; como(q) tus días de pujanza. No hay cual el Dios del amado(r); el que asciende sobre el cielo, protector tuyo, y el magnífico del firmamento. Y te cubrirá de Dios el principado, y(s) bajo el poder de brazos eternos; y lanzará de delante de tu faz al enemigo, diciendo: «¡Perece!» Y habitará Israel confiadamente, sólo, sobre la tierra, fontana(t) de Jacob, sobre trigo y vino; y el cielo para ti nublado de rocío. ¡Bienaventurado tú, Israel! ¿Quién semejante a ti, pueblo salvado por el Señor? Escudará tu amparador, y la cuchilla, tu gloria; y te mentirán tus enemigos, y tú sobre su cerviz ascenderás.» Muerte de Moisés. Su elogio. Y subió Moisés de las llanuras de Moab al monte de Nebo, a la cumbre del Fasgá, que está a faz de Jericó; y mostróle el Señor toda la tierra, de Galaad, hasta Dan; y toda la tierra de Neftalí, y toda la tierra de Efraín, y Manasés y toda la tierra de Judá hasta la mar la postrera; y el desierto y la circunvecindad de Jericó, ciudad de palmeras, hasta Segor. Y dijo el Señor a Moisés; «Esta la tierra que he jurado a Abrahán, e Isaac y Jacob, diciendo: «A vuestra simiente daréla»; y he mostrado a tus ojos, y allá no entrarás.» Y murió allí Moisés, el siervo del Señor en tierra de Moab, por palabra de Dios el Señor. Y sepultósele(a) en el «valle», en tierra de Moab, cerca de la casa de Fogor; y no supo nadie su sepulcro hasta el día de hoy. Y Moisés era de ciento veinte años, al morir; y no habían cegado sus ojos, ni hundídose sus mejillas. Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en las llanuras de Moab, sobre el Jordán, frente a Jericó, treinta días. Y Josué, hijo de Nun, fue lleno de espíritu de inteligencia, porque había puesto Moisés, sus manos sobre él; y escucháronle los hijos de Israel, e hicieron, según mandara el Señor a Moisés. Y no se levantó ya profeta en Israel como Moisés; a quien conocía el Señor faz a faz, en todas las señales y prodigios; a quien envió el Señor a hacerlos en tierra de Egipto, a Faraón y sus servidores y toda su tierra, y las maravillas las grandes y toda la mano la fuerte, las que hizo Moisés delante de todo Israel. Apréstase Josué a pasar el Jordán Y aconteció, después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que dijo el Señor a Josué, hijo de Nun, el ministro de Moisés, diciendo: «Moisés, mi servidor, ha muerto, ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy. Todo lugar que pisareis con la planta de vuestros pies, os le daré, del modo que he dicho a Moisés: el desierto y el Líbano, hasta el río grande, el río Eufrates, toda la tierra de los heteos, y hasta la mar la postrera; desde el ocaso del sol serán vuestros confines. No afrontará hombre a faz de vosotros, todos los días de tu vida; y así como fui con Moisés, así seré también contigo, y no te abandonaré, y no te miraré en menos. Esfuérzate y envalentónate; que tú repartirás a este pueblo la tierra que he jurado a vuestros padres darles. Esfuérzate pues, y envalentónate para guardar y hacer conforme a toda la ley, según te mandó Moisés, el niño mío, y no te desviarás de ella a diestra ni a siniestra, para que aciertes en todo lo que hicieres. Y no se apartará el libro de esta ley de tu boca; y meditarás en él día y noche, para que sepas hacer todo lo escrito en ella; entonces bien te encaminarás y bien caminarás tus caminos, y entonces acertarás. He aquí te he mandado: esfuérzate y envalentónate; no te acobardarás ni temerás, pues contigo es el Señor, tu Dios, en todo lo que anduvieres.» Y mandó Josué a los escribas del pueblo, diciendo: «Entrad por en medio del campamento del pueblo, y mandad al pueblo, diciendo: «Preparaos víveres, pues, aun tres días, y vosotros pasaréis este Jordán, entrando a poseer la tierra que el Señor, el Dios de vuestros padres, os da.» Y a Rubén y a Gad y a la mitad de la tribu de Manasés, dijo Josué: «Acordaos de la palabra que os mandó Moisés, el niño del Señor, diciendo: «Señor, vuestro Dios, os reposó y os dio esta tierra. vuestras mujeres y vuestros niñitos y vuestro ganado habiten en la tierra que os dio Moisés, allende del Jordán: vosotros, empero, pasaréis bien ceñidos, delante de vuestros hermanos, todo fuerte; y combatiréis al par de ellos, Hasta que repose el Señor, nuestro Dios, a nuestros hermanos, cual también a vosotros, y se posesionaren también éstos de la tierra que el Señor, nuestro Dios, les da; y os retiraréis cada uno a vuestra herencia, y la heredaréis, la que os dio Moisés, el niño del Señor, allende el Jordán, al oriente del sol.» Y, respondiendo a Josué, dijeron: «Todo cuanto nos mandares, haremos; y a todo lugar, a donde nos enviares, iremos. Según todo cuanto hemos oído a Moisés, así te oiremos; empero sea el Señor, vuestro Dios, contigo, según era con Moisés. Y el hombre que te desobedeciere, y el que no escuchare tus palabras, según que le hubieres mandado, muera: empero esfuérzate y envalentónate. Exploradores. Rahab. Y envió Josué, hijo de Nun, de Sitim dos jovencillos a explorar ocultamente, diciendo: «Subid y ved la tierra y a Jericó.» Y, yendo los dos jovencillos, entraron en Jericó y entraron en casa de una mujer meretriz(a) cuyo nombre era Rahab; y pernoctaron allí. Y anuncióse al rey de Jericó y díjosele: «He aquí que han llegado aquí esta noche; hombres de los hijos de Israel a explorar la tierra». Y envió el rey de Jericó y dijo a Rahab, diciendo: «Saca fuera los varones, los que han entrado en tu casa esta noche, pues a explorar toda la tierra han venido.» Y, tomando la mujer los dos varones, ocultólos; y díjoles diciendo: «Han venido a mí los varones; y no sabía de dónde eran. Y, cuando la puerta se cerró en las tinieblas, los varones salieron; no sé a dónde han ido. Seguid presto en pos de ellos, si los habéis de coger.» Mas ella subióles al terrado y les ocultó en la paja de lino que tenía amontonada en el terrado. Y los varones siguieron en pos de ellos camino del Jordán, a los vados, y la puerta se cerró. Y aconteció, cuando salieron los que seguían en pos de ellos, ellos a su vez, antes de dormirse ellos aquélla subió al terrado, y díjoles: «Sé que os ha dado el Señor la tierra; pues ha caído vuestro temor sobre nosotros y desfallecido todos los habitadores de la tierra, a faz de vosotros. Pues hemos oído que secó el Señor Dios la roja mar a faz de vosotros, cuando salisteis de tierra de Egipto; y cuán grandes cosas hizo a los dos reyes de los amorreos, que estaban allende del Jordán; a Sehón y Og, que los exterminasteis. Y, oyendo, nosotros nos hemos aterrado en nuestro corazón, y no ha quedado ya espíritu en ninguno de nosotros; a faz vuestra, porque el Señor, el Dios vuestro, Él es Dios en el cielo arriba, y sobre la tierra abajo. Y ahora juradme por el Señor Dios, pues os hago misericordia, y haced también vosotros misericordia en la casa de mi padre, y dadme señal cierta. Y coged vivos la casa de mi padre: a mi madre y mis hermanos y toda mi casa, y todo cuanto tienen, y salvaréis mi alma de muerte.» Y dijéronle los varones: «El alma nuestra por la vuestra, a la muerte, si no anunciareis esta palabra nuestra.» Y ella dijo: «Cuando os entregare el Señor la ciudad, haréis conmigo misericordia y verdad.» Y los bajó por la ventana con cuerdas (pues su casa en el muro). Y díjoles: «A la montaña retiraos, que no os encontréis con los que os persiguen y ocultaos allí tres días, hasta que vuelvan los que siguen en pos vuestra, y después de esto, seguid vuestro camino.» Y dijéronle los varones: «Libres somos de este juramento que nos ha juramentado; he aquí(b) nosotros entramos a la parte de la ciudad, y pondrás la señal: esta cuerda, la escarlatina, atarás a la ventana por la cual nos has bajado por ella; y a tu padre, y a tu madre, y tus hermanos y toda la casa de tu padre juntarás contigo en tu casa. Y será: todo aquel que saliere de la puerta de tu casa, fuera, reo para consigo será, pero nosotros, libres de este juramento; y cuantos estuvieron contigo en tu casa; nosotros reos seremos, si mano le tocare. Y si alguien nos agraviare, o también revelare estas nuestras palabras, seremos libres de este tu juramento.» Y díjoles: «Según vuestra palabra sea», y despidiólos, y fuéronse; y ató la señal la escarlatina a la ventana; y fuéronse y llegaron a la montaña, y permanecieron allí tres días, hasta volver los perseguidores; y rebuscaron los perseguidores por todos los caminos, y no les hallaron. Y retornaron los dos jovencillos y descendieron de la montaña; y pasaron a Josué hijo de Nun, y refiriéronle todo lo a ellos acontecido. Y dijeron a Josué que «ha entregado el Señor toda la tierra en nuestras manos, y aterrado está todo el que habita aquella tierra ante nosotros.» Paso del Jordán Y madrugó Josué, hijo de Nun, de mañana, y decampó de Sitim; y vinieron al Jordán, él y todos los hijos de Israel, y pernoctaron allí antes de pasar. Y aconteció después de tres días, atravesaron los escribas el campamento, y mandaron al pueblo, diciendo: «Cuando viereis el Arca de la Alianza del Señor, vuestro Dios, y nuestros sacerdotes y los levitas llevándola, también vosotros decampad de vuestros lugares e id en pos de ella; empero lejanía haya en medio de vosotros y de aquélla; como a dos mil codos quedaréis, no os lleguéis a ella, para que sepáis el camino que habéis de andar: pues no habréis de andar el camino de ayer o anteayer.» Y dijo Josué al pueblo: «Santificaos para mañana; porque mañana hará el Señor en vosotros maravillas.» Y dijo Josué a los sacerdotes: «Alzad el Arca de la Alianza del Señor, e id delante del pueblo.» Y alzaron los sacerdotes el Arca de la Alianza del Señor e iban delante del pueblo. Y dijo Señor a Josué: «En este día comienzo a ensalzarte ante la faz de todos los hijos de Israel, para que conozcan que, según era yo con Moisés, así seré también contigo. Y ahora manda a los sacerdotes, los que llevan el Arca de la Alianza, diciendo: «Cuando entrareis en medio del agua del Jordán, en el Jordán pararéis.» Y dijo Josué a los hijos de Israel: «Llegaos acá y escuchad la palabra del Señor nuestro Dios: en esto conoceréis que Dios viviente entre vosotros, y perdiendo perderás ante la faz vuestra, al cananeo, y al heteo, y al heveo, y al ferezeo, y al gergeseo y el jebuseo. He aquí el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra, pasa delante de ti el Jordán. Elegíos doce varones de los hijos de Israel, uno de cada tribu. Y será: cuando reposaren los pies de los sacerdotes que llevan el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra, en el agua del Jordán, el agua del Jordán desfallecerá y el agua la que baja de arriba se detendrá: —un montón. Y decampó el pueblo de sus tiendas a pasar el Jordán, y los sacerdotes llevaron el Arca de la Alianza del Señor, delante del pueblo; y, cuando vinieron los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza, al Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor, se bañaron en el borde del agua del Jordán (pero el Jordán llenóse por todo su lecho; tal como los días de la siega del trigo); paráronse las aguas las que descienden de arriba; paráronse masa una, dilatada lejos, muy mucho, muy grandemente, hasta la parte de Cariatiarim; y lo de abajo bajó hasta la mar, de la «llanura», la mar «de la sal», hasta al fin perderse; y el pueblo detúvose frente a frente de Jericó. Y estuvieron los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor, sobre la seca en medio del Jordán firmemente; y todos los hijos de Israel pasaron por la seca, hasta que terminó todo el pueblo de pasar el Jordán. Monumento del paso Y cuando terminó todo el pueblo de pasar el Jordán; dijo el Señor a Josué, diciendo: «Tomando varones doce del pueblo, uno de cada tribu, ordénales, diciendo: «Y sacaréis de en medio del Jordán, de la estada de los pies de los sacerdotes, preparadas(a) doce piedras, y estas traed juntamente con vosotros, y ponedlas en el campamento vuestro donde acampareis allí esta noche.» Y fue llamando Josué los doce varones de entre los ilustres de los hijos de Israel, uno de cada tribu, y díjoles: «Id delante de mí, a la faz del Señor, vuestro Dios, al medio del Jordán; y, tomando de allí cada uno una piedra traiga sobre sus hombros, según el número de las doce tribus de Israel; para que os sirvan éstas de señal puesta para siempre; porque cuando te pregunte tu hijo mañana, diciendo: «¿Qué son estas piedras para nosotros?» Y tú explicarás a tu hijo, diciendo: «Porque desfalleció el río Jordán, ante la faz del Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra, cuando le pasó; y serán estas piedras para vosotros memorial a los hijos de Israel por los siglos.» E hicieron así los hijos de Israel según mandó el Señor a Josué; y, tomando doce piedras del medio del Jordán, según que ordenó el Señor a Josué, en la consumación del paso del Jordán, trajeron consigo al campamento y depusieron allí. Y puso Josué también otras doce piedras en el Jordán mismo, en el lugar que estuvo bajo los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor, y están allí hasta hoy día. Y detuviéronse los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza, en el Jordán, hasta que consumó Josué, cuanto le mandara el Señor anunciar al pueblo. Y apresuróse el pueblo, y pasaron. Y aconteció, cuando terminó todo el pueblo de pasar, que pasó el Arca de la Alianza del Señor, y las piedras delante de ellos. Y pasaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, armados delante de los hijos de Israel, según que les mandara Moisés: Cuarenta mil bien ceñidos a batalla pasaron delante del Señor a guerra contra la de Jericó. En aquel día engrandeció el Señor a Josué delante de todo el linaje de Israel, y temiéronle, tal como temían a Moisés todo el tiempo que vivió. Y dijo el Señor a Josué diciendo: «Manda a los sacerdotes los que llevan el Arca de la Alianza del testimonio del Señor, salir del Jordán». Y mandó Josué a los sacerdotes, diciendo: «Salid del Jordán.» Y aconteció cuando salieron los sacerdotes, los que llevaban el Arca de la Alianza del Señor, del Jordán y pusieron los pies en tierra, que se precipitó el agua del Jordán al través del lugar, y corría como ayer y anteayer por todo su lecho. Y el pueblo subió del Jordán el décimo del mes primero; acamparon los hijos de Israel en Galgal; hacia el sol oriente de Jericó. Y estas doce piedras que tomó del Jordán erigió Josué en Galgal, diciendo a los hijos de Israel: «Cuando os preguntaren vuestros hijos, diciendo mañana: «¿Qué son estas piedras?» Anunciad a vuestros hijos que «sobre seca pasó Israel este Jordán, secando el Señor, nuestro Dios, el agua del Jordán delante de la faz de ellos, hasta que pasaron (4:24) según hizo el Señor, nuestro Dios, a la roja mar, la que secó el Señor nuestro Dios, delante de nosotros, hasta que pasamos; (4:25) para que conozcan, todas las gentes de la tierra, que el poder del Señor fuerte es, y para que vosotros temáis al Señor, nuestro Dios, en toda obra.» Circuncisión. Cesa el maná. El ángel Y aconteció, cuando oyeron los reyes de los amorreos, los que estaban allende el Jordán, y todos los reyes de Canaán, los a lo largo del mar, que el Señor Dios secó el río Jordán, de delante de los hijos de Israel, al pasar ellos; disolviéronse sus pensamientos, y aterráronse y no hubo en ellos alguno ante la faz de los hijos de Israel. Y a la sazón dijo el Señor a Josué: «Házte cuchillos petrinos de piedra muy aguda, y, sentando, circuncida a los hijos de Israel segunda vez(a). E hizo Josué cuchillos petrinos agudos, y circuncidó a los hijos de Israel en el llamado lugar: «Colina de los prepucios». De manera que depuró en torno Josué a los hijos de Israel, cuantos nacieran antes en el camino y cuantos antes incircuncisos estaban de los salidos de Egipto; a todos estos circuncidó Josué. Pues cuarenta y dos(b) años peregrinó Israel por el desierto mabdarítida(c); por esto incircuncisos estaban los más de los guerreros los salidos de tierra de Egipto; los que habían desobedecido los mandamientos de Dios; a los cuales determinó que no vieran ellos la tierra que jurara el Señor a sus padres dar; tierra manando leche y miel. En lugar de ellos levantó los hijos de ellos; a quien Josué circuncidó; porque prepuciados estaban, por haber ellos nacido por el camino, incircuncisos. Y, circuncidados, reposo tenían allí sentados en el campamento hasta sanar. Y dijo el Señor a Josué, hijo de Nun: «En el día de hoy he quitado el oprobio de Egipto de vosotros.» Y llamó el nombre de aquel lugar «Galgal» hasta el día de hoy. Y acamparon los hijos de Israel de Galgal, e hicieron los hijos de Israel la pascua el catorceno día del mes, desde la tarde, sobre el occidente de Jericó, allende del Jordán, en la llanura. Y comieron del trigo de la tierra, al otro día, ázimos y nuevo(d). En aquel día desfalleció el maná, después de haber comido ellos del trigo de la tierra, y ya no hubo para los hijos de Israel maná. Y cosecharon la región de Canaán en aquel año. Y aconteció, estando Josué por Jericó, alzó sus ojos y vio a un hombre parado enfrente de él, y la espada desenvainada en su mano; y, acercándose Josué, díjole: «¿Nuestro eres, o de los contrarios?» Y él díjole: «Yo, príncipe del ejército del Señor, ahora he venido». Y Josué cayó sobre su faz sobre la tierra, y díjole: «Señor ¿qué mandas a tu servidor?» Y dijo el príncipe del Señor a Josué: «Desata la sandalia de tus pies; que el lugar sobre el cual estás, sobre él, santo es». E hizo Josué así. Destrucción de Jericó Y Jericó, cerrada y fortificada a la faz de los hijos de Israel, nadie salía de ella ni entraba. Y dijo Señor a Josué: «He aquí yo entrego en tus manos a Jericó y su rey, el en ella; poderosos que son en fuerza. Y tú pon en torno de ella los guerreros en contorno de la ciudad una vez, así haréis seis días; y el día séptimo, sacerdotes tomarán siete trompetas del jubileo, delante del arca, y rodearéis la ciudad siete veces, y los sacerdotes tocarán las trompetas. Y será: cuando trompeteareis con la trompeta, que vociferará todo el pueblo juntamente; y vociferando ellos, caerán solos los muros de la ciudad; y entrará todo el pueblo, precipitándose cada uno ante su faz, en la ciudad.» Y entró Josué, hijo de Nun, a los sacerdotes y díjoles: «Tomad el Arca de la Alianza, y siete sacerdotes tomarán siete trompetas del jubileo ante la faz del Arca del Señor.» Y díjoles, diciendo: «Anunciad al pueblo que vayan alrededor y rodeen la ciudad; y los guerreros que acompañen armados delante del Señor. Y siete sacerdotes teniendo siete trompetas sagradas acompañen asimismo delante del Señor, y toquen continuamente; y el Arca de la Alianza del Señor siga. Y los guerreros vayan delante, y los sacerdotes, los de retaguardia, detrás del Arca de la Alianza del Señor, trompeteando.» Y al pueblo mandó Josué, diciendo: «No gritéis, ni oiga nadie vuestra voz, y no salga de vuestra boca palabra, hasta que yo mismo el día os ordene que vociferéis, y entonces vociferaréis.» Y, habiendo ido en torno el Arca de la Alianza de Dios, al punto volvió al campamento, y pernoctó allí. Y el día, el segundo, levantóse Josué de mañana, y llevaron los sacerdotes el Arca de la Alianza del Señor. Y los siete sacerdotes, los que llevaban las trompetas, las siete, iban delante del Arca del Señor; y, después de esto, iban los guerreros y la restante muchedumbre, detrás del Arca de la Alianza del Señor; y los sacerdotes trompetearon con las trompetas; y la restante muchedumbre toda rodeó la ciudad seis veces de cerca; y volvieron de nuevo al campamento; así hacían por seis días. Y el día, el séptimo se levantaron temprano, y rodearon la ciudad en aquel día siete veces. Y aconteció en la vuelta, la séptima, que trompetearon los sacerdotes; y dijo Josué a los hijos de Israel: «Vociferad; pues os ha entregado el Señor la ciudad. Y será la ciudad anatema, ella y todo cuanto hay en ella, para el Señor de los ejércitos, empero a Rahab la meretriz, la perdonaréis y todo cuanto hay en su casa, pues ocultó los mensajeros que enviamos. Mas vosotros guardaos sobremanera del anatema; no sea que, codiciando, vosotros mismos toméis del anatema, y hagáis el campamento de los hijos de Israel anatema, y nos exterminéis. Y toda plata u oro, o bronce o hierro, santo será al Señor: al Tesoro del Señor se llevará.» Y trompetearon con las trompetas los sacerdotes; y, como escuchara el pueblo las trompetas, vociferó todo el pueblo a la vez con vociferación grande y fuerte, y cayó entera la muralla en torno, y subió todo el pueblo a la ciudad. Y anatemizóla Josué y cuanto había en la ciudad, de varón a mujer, de niño a viejo y a becerro y jumento, en boca de espada.» Y a los dos jovencillos los que exploraron, dijo Josué: «Entrad en la casa de la mujer y sacadla fuera, acá, y cuanto tenga, según le jurasteis.» Y entraron los dos jovencillos, los que exploraron la ciudad, en la casa de la mujer, y sacaron fuera a Rahab, la meretriz y su padre, y su madre y sus hermanos y su parentela, y todo cuanto tenía, y pusiéronla fuera del campamento de Israel. Y la ciudad quemada fue en incendio con todos los en ella; sólo que plata, y oro, y bronce y hierro dieron al Tesoro del Señor a llevar. Y a Rahab, la meretriz, y todo lo suyo y su casa paterna tomó vivos Josué y domicilió en Israel, hasta el día de hoy, por cuanto ocultó a los que exploraban, los que envió Josué a explorar a Jericó. Y juró Josué en aquel día ante Señor, diciendo: «¡Maldito el hombre ante el Señor, que se levantare y edificare esa ciudad de Jericó! en su primogénito la fundamentará, y en su mínimo alzará sus puertas.» Y así hizo Hozán el de Betel; en Abirón su primogénito la fundamentó y en el mínimo salvado alzó sus puertas(a). Y fue el Señor con Josué, y fue su nombre por toda la tierra. Derrota de Haí. Castigo de Acán. Pero los hijos de Israel prevaricaron con prevaricación grande: y separaron bienes del anatema; y tomó Acán hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zaré, de la tribu de Judá, del anatema; y se inflamó el Señor en ira contra los hijos de Israel. Y envió Josué varones a Haí, la que está al lado de Betavén, al oriente de Betel, diciendo: «Explorad a Haí.» Y subieron los varones; y exploraron a Haí, y volvieron a Josué y dijéronle: «No suba todo el pueblo; sino unos dos mil o tres mil varones suban y conquisten la ciudad; no lleves allá el pueblo entero; que pocos son.» Y subieron unos tres mil varones, y huyeron ante la faz de los varones de Haí; y mataron de ellos los varones de Haí hasta treinta y seis varones, y persiguiéronles desde la puerta, y derrotáronles desde el occidente; y aterróse el corazón del pueblo, e hízose(a) cual agua. Y rasgó Josué sus vestiduras; y cayó Josué sobre la tierra, sobre su faz, ante el Arca del Señor, hasta la tarde, él y los ancianos de Israel, y esparcieron polvo sobre sus cabezas. Y dijo Josué: «Ruégote, Señor: ¿por qué ha pasado tu niño a este pueblo a través del Jordán, para entregarle al amorreo, para perdernos? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado y domiciliado allende el Jordán! En mí, Señor(b): ¿y qué diré después de volver Israel la cerviz ante su enemigo? Y, oyendo el cananeo y todos los que habitan la tierra, nos cercarán y nos borrarán de la tierra; y ¿qué harás tu nombre el grande? Y dijo el Señor a Josué: «Levántate; ¿por qué así tú estás caído sobre tu rostro?» Ha pecado el pueblo y traspasado el pacto que he pactado con ellos; hurtando el anatema, mintieron y echaron en sus vasos; y no pueden los hijos de Israel afrontar el rostro de sus enemigos; cerviz volverán ante sus enemigos, pues se han hecho anatema; no volveré ya a estar con vosotros, si no arrancareis el anatema de entre vosotros mismos. Levantándote, santifica al pueblo, y di que se santifiquen para mañana; esto dice Señor el Dios de Israel: «El anatema está en vosotros: no podréis resistir delante de vuestros enemigos hasta que arranquéis el anatema de entre vosotros. Y os juntaréis todos de mañana, por tribus; y será: la tribu que señalare el Señor, allegaréis por familias; y la familia que señalare el Señor, allegaréis por varones. Y el que sea descubierto en el anatema quemado será en fuego, y todo cuanto tiene, porque ha transgredido la Alianza del Señor y hecho maldad en Israel.» Y madrugó Josué y allegó el pueblo por tribus, y descubrióse la tribu de Judá. Y fue allegada por familias, y descubrióse la familia de Zaré; y fue allegada la familia de Zaré por varones, y descubrióse a Zabdí; y fue allegada su casa por varones, y descubierto Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zaré(c), de la tribu de Judá. Y dijo Josué a Acán: «Da gloria, hijo mío, hoy al Señor Dios de Israel, y da la confesión y anúnciame qué has hecho, y no lo ocultes de mí.» Y respondió Acán a Josué: «Verdaderamente yo he pecado delante del Señor, el Dios de Israel: Así y así he hecho. Vi en el botín un tapiz pintado, y doscientos didracmas(d) de plata y lengua(e) una de oro de cincuenta didracmas; y, codiciando los tomé; y he aquí escondidos están en mi tienda, y la plata escondida debajo de ellos.» Y envió Josué mensajeros y corrieron a la tienda; y esto escondido estaba en su tienda, y la plata debajo de ellos. Y sacáronlo de la tienda y trajeron a Josué y los ancianos de Israel, y pusiéronlo delante del Señor. Y tomó Josué a Acán, hijo de Zaré, y subiólo a la hondonada de Acor, y sus hijos, y sus hijas, y todos sus becerros y sus jumentos y todas sus ovejas, y su tienda y todos sus haberes; (y todo el pueblo con él) y subióles a Emec-Acor. Y dijo Josué a Acán: «¿Qué nos has exterminado? Acábate de exterminar, Señor; según lo que también hoy(f)». Y apedrearon con piedras, todo Israel; y quemaron ello(g) en fuego; y levantaron sobre él montón de piedras grandes; (hasta este día). Y calmó el Señor el furor de la ira. Por esto llamóla «Emec-Acor»(h), hasta este día. Toma de Haí Y dijo el Señor a Josué: «No temas ni acobardes: toma contigo todos los varones, los guerreros, y levantándote, sube a Haí; he aquí, he entregado en tus manos al rey de Haí, y la tierra, y el pueblo y la ciudad de él; Y harás a Haí y a su rey del modo que hiciste a Jericó y su rey; y la presa de su ganado apresarás para ti. Y ponte asechanzas a la ciudad por detrás.» Y levantóse Josué y todo el pueblo, el guerrero, para subir a Haí; y eligió Josué treinta mil varones potentes en fuerza, y envióles de noche. Y les mandó, diciendo: «Vosotros asechad detrás de la ciudad; no lejos estéis de la ciudad; y estaréis todos prontos; y yo y todos los que están conmigo nos aproximaremos a la ciudad; y será: cuando salieren los habitantes de Haí al encuentro de nosotros, según que también antes, huiremos a faz de ellos; y, cuando salieren tras nosotros, los retraeremos de la ciudad; y dirán: «Huyen éstos a faz de nosotros del modo que también antes.» Pero vosotros os levantaréis de la asechanza, e iréis a la ciudad, y la exterminaréis; y darála el Señor, nuestro Dios, en vuestras manos; y será: cuando hubieres prendido la ciudad, quemaréisla en fuego. Según esta palabra haréis; he aquí os he mandado.» Y envióles Josué, y fueron a la asechanza; y asentáronse en medio de Betel y en medio de Haí, hacia la mar de Haí; y acampó Josué aquella noche en medio del pueblo; y, madrugando Josué al alba, revistó al pueblo, y subieron él y los ancianos ante la faz del pueblo, sobre Haí. Y todo el pueblo, el guerrero, con él subieron; y, yendo vinieron en frente de la ciudad, desde oriente; y las asechanzas de la ciudad, desde la mar. Y acamparon por el septentrión a Haí (y la hondonada en medio de ellos y de Haí); y tomó como cinco mil varones, y púsolos por asechanzas en medio de Betel y de Haí, mar de Haí. Y puso el pueblo todo el campamento (el cual estaba al septentrión de la ciudad) y los confines de él; la mar(a) de la ciudad; y anduvo Josué toda aquella noche en medio de la hondonada. Y aconteció, cuando vio el rey de Haí, apresuróse y salió al encuentro de ellos, vía recta, a la guerra, él y todo el pueblo con él; y él no sabía qué asechanzas para él hay detrás de la ciudad. Y vio: y retrocedió Josué e Israel a faz de ellos y huyó por el camino del desierto; y envalentonóse todo el pueblo de Haí a perseguir tras ellos. Y persiguieron tras los hijos de Israel; y ellos alejáronse de la ciudad; y no quedó nadie en Haí ni en Betel, y dejaron la ciudad abierta, y persiguieron tras Israel. Y dijo el Señor a Josué: «Extiende tu mano(b) en la lanza, la en tu mano, sobre la ciudad; que en tus manos la he entregado; y las asechanzas se levantarán al punto del lugar de ellas.» Y extendió Josué su mano, la lanza, sobre la ciudad; y las asechanzas se levantaron al punto del lugar de ellas; y entraron en la ciudad, y tomáronla, y salieron, cuando extendió la mano; y apresurados quemaron la ciudad en fuego. Y, mirando en torno los habitantes de Haí hacia sus espaldas, vieron humo surgir de la ciudad al cielo; y no tenían ya a dónde huir acá o acá; y todo el pueblo el que huía al desierto volviéronse contra los perseguidores. Y Josué y todo Israel vieron que habían tomado las asechanzas la ciudad, y que subía el humo de la ciudad al cielo, y, volviéndose, batieron a los varones de Haí. Y éstos(c) salieron de la ciudad al encuentro; y quedaron en medio del campamento: éstos acá y éstos acá. Y batiéronles hasta no quedar de ellos salvo y fugitivo. Y al rey de Haí cogieron vivo y trajéronle a Josué. Y, cuando cesaron los hijos de Israel de matar a todos los en Haí y a los en las llanuras y los en el monte, sobre la bajada; no les persiguieron desde ella, hasta el fin; y volvió Josué a Haí y batióla en boca de la espada. Y llegaron los caídos en aquel día, de hombre a mujer, a doce mil, todos los habitantes de Haí. Y Josué no retrajo su mano que extendió en la lanza, hasta que anatematizó todos los habitantes de Haí; fuera de las bestias y los despojos, los en la ciudad, todos los cuales repartiéronse los hijos de Israel, según el precepto del Señor; del modo que ordenó el Señor a Josué. Y quemó Josué la ciudad en fuego; hacinamiento inhabitable por los siglos púsola hasta este día. Y al rey de Haí suspendió sobre leño doble; y estuvo sobre el leño hasta la tarde; y, poniéndose el sol, ordenó Josué, y quitaron su cuerpo del leño y arrojáronlo en el hoyo, y levantaron sobre el un acervo de piedras grande, hasta este día. Entonces edificó Josué un altar al Señor, al Dios de Israel en el monte Hebal; según que mandara Moisés el servidor del Señor a los hijos de Israel; según está escrito en la Ley de Moisés: Altar de piedras enteras, sobre los cuales no se había descargado hierro, y ofreció sobre él holocaustos al Señor y hostia pacífica. Y escribió Josué sobre las piedras el Deuteronomio, Ley de Moisés; la que escribió a la faz de los hijos de Israel. Y todo Israel, y los ancianos de ellos, y los jueces y los escribas de ellos estaban de acá y de acá del Arca, enfrente; y los sacerdotes y los levitas llevaban el Arca de la Alianza del Señor; y el advenedizo y el indígena que estaban la mitad cerca del monte Garizim, y los que estaban la mitad cerca del monte Hebal; según que mandara Moisés, el servidor del Señor, bendecir al pueblo de Israel, primeramente. Y después de esto, así leyó Josué todas las palabras de esta ley: las bendiciones y las maldiciones, según todo lo escrito en la Ley de Moisés. No hubo palabra de todas las que mandara Moisés a Israel que no leyera en las orejas de toda la congregación de hijos de Israel: a los varones y a las mujeres y a los niños y a los advenedizos, los venidos a Israel. Gabaón Y, cuando oyeron los reyes de los amorreos, los de allende del Jordán, los de la montaña, y los de la llanura y los de la costa del mar el grande; y los hacia el Antilíbano, y los heteos, y los amorreos y los cananeos, y los ferezeos, y los heveos, y los jebuseos; congregáronse a una a guerrear contra Josué e Israel, juntamente todos. Y los habitantes de Gabaón oyeron todo cuanto hizo el Señor a Jericó y Haí. E hicieron también ellos con artería; y, viniendo aprovisionáronse y preparáronse; y, tomando sacos viejos sobre sus hombros y odres de vino viejos, rotos, remendados; y el fondo de sus calzas y sus sandalias viejas y rezurcidas en sus pies; y sus vestidos envejecidos sobre ellos; y el pan de ellos de la vitualla seco y florecido y carcomido. Y vinieron a Josué al campamento de Israel a Galgal, y dijeron a Josué y a Israel: «De tierra lejana venimos, y ahora pactad con nosotros pacto.» Y dijeron los hijos de Israel al heveo: «Mira, no en mí habites; y ¿cómo pactaré contigo pacto?» Y dijeron a Josué: «Servidores tuyos somos.» Y díjoles Josué: «¿De dónde sois, y de dónde habéis venido acá?» Y dijeron: «De tierra lejos sobremanera han venido tus niños, en nombre del Señor, tu Dios; pues hemos oído su nombre y todo cuanto hizo en Egipto; y cuanto hizo a los reyes de los amorreos, que estaban allende del Jordán; a Hebrón, rey de los amorreos, y a Og, rey de Basán que habitaba en Astarot y en Edraín. Y, oyendo dijéronnos nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra, diciendo: «Tomaos víveres para el camino, e id al encuentro de ellos; y les diréis: «Estos, los panes-calientes los tomamos para el camino el día que salimos de nuestras casas, para venir hasta vosotros; y ahora secádose han y carcomido; y éstos los odres del vino que llenamos nuevos; y éstos rasgados están; y nuestros vestidos y nuestras sandalias envejecídose han, del mucho camino sobremanera.» Y tomaron los príncipes de sus víveres, y al Señor no preguntaron. E hizo Josué con ellos paz; y pactaron con ellos pacto de salvarles; y juráronles los príncipes de la congregación. Y aconteció, después de tres días, después de pactar con ellos pacto, oyeron que cerca de ellos son y que entre ellos habitan. Y decamparon los hijos de Israel y vinieron el día tercero a las ciudades de ellos: Gabaón, y Cafirá, y Berot y Cariatiarim. Y no batallaron contra ellos los hijos de Israel, por haberles jurado todos los príncipes de la congregación, por el Señor, el Dios de Israel; y murmuraron toda la congregación contra los príncipes. Y dijeron los príncipes a toda la congregación: «Nosotros les hemos jurado por el Señor, el Dios de Israel, y ahora no podemos tocarlos. Esto haremos: vivos los prenderemos, y no habrá contra nosotros ira por el juramento, que juramos; vivirán, y serán leñadores y aguadores a toda la congregación; según que les dijeron los príncipes.» Y convocólos Josué, y díjoles: «¿Por qué me engañasteis, diciendo: «Lejos de ti estamos sobremanera»; y vosotros vecinos sois de los que habitan entre nosotros?» Y ahora malditos sois: no faltará de vosotros siervo, ni leñador ni aguador a mí y a mi Dios.» Y respondieron a Josué, diciendo: «Anunciósenos cuanto dispuso el Señor, tu Dios, a Moisés su niño; daros toda esta tierra y exterminarnos y todos los habitantes sobre ella, de la faz vuestra; y temimos sobremanera por nuestras almas a la faz de vosotros, e hicimos esta acción; y ahora, he aquí nosotros en vuestras manos; según os plazca y os parezca, hacednos.» E hiciéronles así; y sacóles Josué, en aquel día, de manos de los hijos de Israel; y no les arrebataron. Y púsolos Josué, en aquel día, leñadores y aguadores a toda la congregación y al altar de Dios. Por esto fueron hechos los habitantes de Gabaón leñadores y aguadores del altar de Dios, hasta el día de hoy, y en el lugar que hubiere elegido el Señor Josué detiene al sol Y, como óyese Adonisedec, rey de Jerusalén, que tomó Josué a Haí y la exterminó, del modo que hizo a Jericó y a su rey; y que se pasaron los habitantes de Gabaón a Josué y a Israel y estaban en medio de ellos; temieron de ellos sobremanera; pues sabía que era una ciudad grande, Gabaón, tal como una de las metrópolis, grande sobre Haí; y todos los varones de ella fuertes. Y envió Adonisedec, rey de Jerusalén, cerca de Oham, rey de Hebrón, y cerca de Farán, rey de Jerimot; y cerca de Jefiá, rey de Laquis, y cerca de Dabir, rey de Eglón, diciendo: «Venid, ascended a mí, y ayudadme y guerrearemos contra Gabaón; pues se ha pasado a Josué y a los hijos de Israel.» Y juntáronse y subieron los cinco reyes de los amorreos: rey de Jerusalén, y rey de Hebrón, y rey de Jerimot, y rey de Laquis y rey de Eglón; ellos y todo su pueblo; y cercaron a Gabaón, y pugnáronla. Y enviaron los habitantes de Gabaón a Josué, al campamento de Israel, a Galgal, diciendo: «No sueltes tus manos, de tus niños; sube a nosotros presto y ayúdanos y sálvanos; que reunidos están contra nosotros todos los reyes de los amorreos, que habitan la montaña.» Y subió Josué, de Galgal, él y todo el pueblo, el guerrero, con él: todo potente en fuerza. Y dijo el Señor a Josué: «No les temas; que en tus manos les he entregado; no quedará de ellos ninguno a faz de vosotros.» Y, fue Josué sobre ellos, súbitamente, toda la noche subió de Galgal. Y aterrólos el Señor a la faz de los hijos de Israel; y quebrantó el Señor con quebranto grande de Gabaón; y persiguiólos camino de subida de Betorón, y destrozábanlos hasta Azecá y hasta Macedá. Y, al huir ellos de la faz de los hijos de Israel, sobre la subida de Betorón: el Señor arrojó sobre ellos piedras de granizo, desde el cielo; hasta Azecá; y fueron más los muertos por las piedras del granizo que los que mataron los hijos de Israel, a cuchilla, en el combate. Entonces habló Josué al Señor el día que entregó el Señor al amorreo maniatado de los hijos de Israel; cuando los quebrantó en Gabaón, y fueron quebrantados de la faz de los hijos de Israel. Y dijo Josué: «Deténgase el sol sobre Gabaón, y la luna sobre la hondonada de Ayalón.» Y detúvose el sol y la luna en detenimiento, hasta que Dios apartó de sí a sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro «del justo»? «Y detúvose el sol por la mitad del cielo; y no se adelantó hacia el ocaso, al fin(a) de un día». Y no hubo día tal, ni antes, ni después, que escuchase Dios voz de hombre; porque el Señor combatía con Israel. Y volvióse Josué con todo Israel al campamento de Galgal. Y huyeron estos cinco reyes y ocultáronse en la caverna, la en Macedá. Y avisóse a Josué diciendo: «Hanse hallado los cinco reyes ocultos en la caverna, la en Macedá.» Y dijo Josué: «Rodad piedras grandes sobre la boca de la caverna, y poned varones a custodiar acerca de ellos. Y vosotros no os detengáis persiguiendo en pos de vuestros enemigos; y coged su retaguardia; y no dejéisles entrar en sus ciudades; que los ha entregado el Señor, nuestro Dios, en nuestras manos.» Y aconteció, cuando cesó Josué y todo hijo de Israel de matarlos con matanza grande sobremanera, hasta el fin; los que salvaron, salvaron y entraron en las ciudades las fuertes. Y volvió todo el pueblo a Josué a Macedá, al campamento, salvos; y no chistó(b) nadie contra los hijos de Israel con su lengua. Y dijo Josué: «Abrid la caverna, y sacad a mí estos cinco reyes, de la caverna.» Y sacaron a él los cinco reyes de la caverna: al rey de Jerusalén, y al rey de Hebrón, y al rey de Jerimot, y al rey de Laquis y al rey de Eglón. Y, después de sacarles a Josué, convocó Josué todo varón de Israel y los príncipes de la guerra, los que habían ido con él, diciéndoles: «Adelantaos, y poned vuestros pies sobre sus cuellos». Y, acercándose, pusieron sus pies sobre sus cuellos, Y díjoles Josué: «No temáis, ni desmayéis: envalentonaos y esforzaos; porque así hará el Señor a todos los enemigos vuestros, a quien vosotros les debelareis.» Y percutióles Josué después de esto, y matóles y colgóles sobre cinco leños, y estuvieron colgados sobre los leños hasta la tarde. Y aconteció: hacia el ocaso del sol que mandó Josué quitarles los leños y arrojáronles a la caverna, en la que se refugiaran allí, y rodaron piedras grandes, sobre la caverna; hasta el día de hoy. Y Macedá tomaron en aquel día, y matáronla en boca de espada, y a su rey; y exterminaron todo lo respirante que había en ella; y no quedó nadie en ella salvo y fugitivo; e hicieron al rey de Macedá del modo que hicieron al rey de Jericó. Y partió Josué y todo Israel, con él, de Macedá a Lebná y cercaba a Lebná; y entrególa el Señor en manos de Israel; y tomáronla y al rey de ella, y matáronla en boca de espada; y todo lo respirante en ella; y no quedó en ella salvo y fugitivo; e hicieron al rey de ella, del modo que hicieron al rey de Jericó. Y partió Josué y todo Israel, de Lebná a Laquis, y cercóla y opugnóla. Y entregó el Señor a Laquis en las manos de Israel, y tomóla en aquel día, el segundo, y matóla en boca de espada; y exterminóla del modo que hicieron a Lebná. Entonces subió Horam rey de Gages a socorrer a Laquis; y percutióle Josué en boca de espada y al pueblo de él; hasta no quedar de ellos ni salvo ni fugitivo. Y partió Josué y todo Israel, con él, de Laquis a Eglón, y cercóla y opugnóla; y entregó el Señor en manos de Israel. Y tomóla en aquel día, y matóla en boca de espada; y todo lo respirante en ella mató, del modo que hicieron a Laquis. Y partió Josué y todo Israel, con él, a Hebrón, y cercóla; y percutióla en boca de espada y todo lo respirante, cuanto había en ella; no hubo salvo; del modo que hicieron a Eglón, extermináronla, y cuanto había en ella. Y tornó Josué y todo Israel a Dabit, y cercándola, tomáronla y al rey de ella, y sus ciudades. Y percutióla en boca de espada, y extermináronla, y todo lo respirante en ella; y no dejáronla ninguno salvo; del modo que hicieron a Hebrón y al rey de ella, así hicieron a Dabit y al rey de ella. Y percutió Josué toda la tierra de la montaña, y el mediodía, y la llana y la faldeña, y a los reyes de ella, no dejó de ellos salvo, y todo respirante de vida, extirpó, del modo que mandó el Señor, el Dios de Israel; desde Cadés-Barné hasta Gaza, toda Gosén, hasta Gabaón. Y a todos los reyes de ellos, y la tierra de ellos percutió Josué a la vez; porque el Señor, el Dios de Israel, luchaba junto con Israel. Y volvió Josué y todo Israel con él al campamento, a Galgal. Prosigue la conquista de Canaán Y, como oyese Jabín, rey de Asor, envió a Jobab, rey de Madón; y al rey Semerón y al rey Acsaf; y a los reyes los a lo largo de Sidón la grande a la montaña y a Araba enfrente de Cenerot y a la llanura y a Fenaedor, y a los marítimos cananeos por el oriente, y a los marítimos amorreos, y a los heteos, y ferezeos y jebuseos, los del monte y a los heveos y a los bajo el Hermón, a tierra de Masfá. Y salieron y sus reyes con ellos, pueblo mucho la arena del mar por la muchedumbre, y caballos y carros muchos sobremanera. Y juntáronse todos los reyes mismos y reuniéronse en uno y acamparon sobre el agua de Marón, a guerrear contra Israel. Y dijo el Señor a Josué: «No temas ante la faz de ellos, pues mañana, a esta hora, yo entrego a todos, fugitivos delante de Israel; los caballos de ellos desjarretarás, y los carros de ellos quemarás en fuego.» Y vino Josué y todo el pueblo el guerrero sobre ellos, sobre el agua de Marón súbitamente; y precipitóse sobre ellos en la montaña. Y entrególos el Señor maniatados a Israel; e, hiriendo, persiguiéronles hasta Sidón, la grande, y hasta Maserefot y hasta las llanuras de Masfá, al oriente; y destrozóles hasta no quedar de ellos salvo. E hízoles Josué del modo que le mandó el Señor: sus caballos desjarretó y sus carros quemó en fuego. y volvió Josué en aquella sazón; y tomó a Asor y al rey de ella mató en espada; y era Asor antes príncipe de todos estos reinos. Y mató todo respirante en ella, con espada, y exterminó a todos y no quedó en ella respirante y a Asor quemó en fuego. Y todas las ciudades de los reinos y a sus reyes tomó Josué y arrebatóles en boca de espada; y exterminólos, del modo que ordenó Moisés, el niño del Señor. Empero todas las ciudades, las valladas, no quemó Israel; fuera de Asor sola quemó Israel. Y todos los despojos de ella y el ganado repartiéronse los hijos de Israel; y todos ellos exterminaron en boca de espada, hasta que los perdió; no dejó de ellos nada respirante. Al modo que ordenó el Señor a Moisés, su niño, y Moisés del mismo modo mandó a Josué, así también hizo Josué: no transgredió nada de todo lo que le ordenó Moisés. Y tomó Josué toda la tierra montañosa y toda la tierra de Nageb(a) y toda la tierra de Gosén, y la llanura, y la al occidente y el monte Israel y las honduras, las hacia el monte, desde el monte Quelcá, y el que va ascendiendo hacia Seír y hasta Baalgad, y las llanuras del Líbano bajo el monte, el Hermón; y a todos sus reyes cogió, y arrebató y mató. Y días muchos hizo Josué contra estos reyes la guerra. Y no hubo ciudad que no tomara Israel, fuera del heveo, el habitante de Gabaón; todo tomaron en guerra. Pues, mediante el Señor fue que se esforzó su corazón para afrontar en guerra a Israel, a fin de que fuesen exterminados, que no se les diese misericordia; sino que fuesen exterminados, al modo que dijo el Señor a Moisés. Y vino Josué en aquella sazón y exterminó a los enaquim(b), de la montaña de Hebrón y de Dabir y de Anab y de todo el linaje de Israel y de todo monte de Judá, con las ciudades de ellos, y exterminólos Josué. No quedó de los enaquim por los hijos de Israel; sino que en Gaza, y en Get y en Azoto quedó. Y tomó Josué toda la tierra, según que mandó el Señor a Moisés, y diólos Josué en herencia a Israel, en partición, según sus tribus. Y la tierra descansó del guerrear. Catálogo de los reyes vencidos Y éstos son los reyes de la tierra, los que arrebataron los hijos de Israel; y posesionáronse de la tierra de ellos, tras el Jordán, desde el sol naciente, desde la hondonada del Arnón hasta el monte Hermón, y de toda la tierra Araba(a), del oriente: Sehón, rey de los amorreos que habitaba en Hesebón, señoreando desde Armón, la que está en la hondonada del Arnón, a la parte de la hondonada, y sobre la mitad de Galaad hasta el Jaboc, el torrente, confines de los hijos de Amón; y Araba hasta la mar de Quenerot, al oriente, y hasta la mar de Araba, mar de las sales, desde oriente, camino el a Betsimot, desde Temán(b) la bajo Asedot Fasgá. Y Og, rey de Basán quedó de los gigantes, el que habitaba en Astarot y en Edraí; dominando desde el monte Hermón y desde Salcá y toda la tierra de Basán, hasta los confines de Gesurí y a Macatí y la mitad de Galaad, de los confines de Sehón, rey de Hesebón. Moisés, el niño del Señor y los hijos de Israel percutiéronles, y dióla Moisés, en herencia, a Rubén y Gad y la mitad de la tribu de Manasés. Y éstos, los reyes de los amorreos que arrebató Josué e hijos de Israel en lo allende del Jordán junto al mar Baalgad en la llanura del Líbano y hasta el monte de Quelcá, cuando se sube a Seír; y dióla Josué a las tribus de Israel a heredar, según herencia de ellos, en el monte y en el llano, y en Araba, y en Asedot, y en el desierto y Nageb al heteo y al amorreo, y al cananeo, y al ferezeo, y al heveo y al jebuseo. Al rey de Jericó y al rey de Haí, la que está cerca de Betel; al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón; al rey de Jerimot, al rey de Laquis; al rey de Eglón, al rey de Gazer; al rey de Dabir, al rey de Gader; al rey de Hermá, al rey de Hered; al rey de Lebná, al rey de Oddalam; al rey de Macedá, al rey de Betel; al rey de Tafná, al rey de Ofer; al rey de Afec, al rey de Sarón; al rey de Madón, al rey de Acor; al rey de Semerón, al rey de Acsaf; al rey de Tenac, al rey de Magedó; al rey de Cadés, al rey de Jacanán del Carmelo; al rey de Dor en la altura de Dor; al rey de las gentes de Galgal; al rey de Tersá. Todos estos reyes: treinta y uno. Reparto de Canaán Y Josué era ya anciano, avanzado en días; y dijo el Señor a Josué: «Tú has envejecido, avanzado en días, y la tierra queda mucha para posesión; y ésta la tierra que queda: todos los confines de los filisteos, y el gesurí y el cananeo; desde la inhabitada, la que a faz de Egipto, hasta los confines de Acarón, a la siniestra de los cananeos, cuéntase entre las cinco satrapías de los filisteos: el gazeo, y el azotio, y el escalonita, y el geteo, y el acaronita; y el hevita; al mediodía, toda la tierra de Canaán en frente de Gaza, y los sidonios, hasta Afec, hasta los confines de los amorreos. Y toda la tierra de Galiat de filisteos, y todo el Líbano, desde el oriente del sol, desde Galgal, bajo el monte Hermón, hasta la entrada de Emat; todo habitante de la montaña, desde el Líbano hasta Maserefot Menfomaím; a todos los sidonios yo los exterminaré de la faz de los hijos de Israel; empero repártela, en herencia a Israel, al modo que te he mandado. Y ahora divide esta tierra, en herencia; a las nueve tribus y a la mitad de la tribu de Manasés; desde el Jordán hasta la mar, la grande, al ocaso del sol la darás; la mar, la grande, limitará». A las dos tribus y la mitad de la tribu de Manasés; a Rubén y Gad dio Moisés allende el Jordán; al oriente del sol le ha dado Moisés, el niño del Señor; desde Aroer, la que está sobre el labio del torrente Arnón; y la ciudad, la en medio de la hondonada, y toda la llanura desde Medabá hasta Dibón; todas las ciudades de Sehón, rey de los amorreos; que reinó en Hesebón hasta los confines de los hijos de Amón. Y Galaad y los fines de Gesurí y Macatí, todo el monte Hermón, y toda Basán, hasta Acá; todo el reino de Og, en Basán; que reinó en Astarot y en Edraí; éste quedó de los gigantes, y percutióle Moisés y exterminóle. Y no exterminaron los hijos de Israel al gesurí y al macatí(a); y habitó el rey de Gesurí y el macatí, entre los hijos de Israel, hasta el día de hoy. Empero a la tribu de Leví no se dio herencia: Señor, el Dios de Israel, éste herencia de ellos, según díjoles el Señor. Y ésta, la repartición, que repartió Moisés a los hijos de Israel en la llanura de Moab, allende el Jordán frente a Jericó. Y dio Moisés a la tribu de los hijos de Rubén, según sus familias. Y fueron sus confines desde Aroer, la que está a faz de la hondonada del Arnón; y la ciudad la en la hondonada del Arnón; y toda la llanura hacia Medabá, hasta Hesebón, y todas las ciudades que hay en la llanura; y Dibón y Bamot-Baal y Bet-Baal Maón; y Jasá y Cedimot y Mefaat; y Cariataím; y Sabamá y Saratasar, en el monte del valle; y Betfogor y Asedot y Fasgá y Betjesimot; y todas las ciudades de la llanura y todo el reino el de Sehón, rey de los amorreos; que reinó en Hesebón; a quien percutió Moisés, a él y a los príncipes de Madián, y al heveo, y al requem, y al sur, y al hur y a Rebé, príncipe de Sehón y los habitantes de Sehón. Y a Balaam, hijo de Beor, al agorero mataron los hijos de Israel, en espada, en el embate. Y fueron los términos de los hijos de Rubén, del Jordán el término; ésta, la herencia de los hijos de Rubén, según sus familias; las ciudades de ellos y las villas de ellos. Y dio Moisés a los hijos de Gad, según sus familias. Y fueron sus límites, Jazer: todas las ciudades de Galaad y la mitad de la tierra de los hijos de Amón, hasta Araba, la que está contra la faz de Arad; y, desde Hesebón, hasta Ramot, Masfé y Betonim; y, desde Manaím, hasta los confines de Dabir; y el valle de Betarán, y Betnemrá, y Socot y Safón; y el restante reino de Sehón, rey de Hesebón; y el Jordán delimitará hasta la parte de la mar de Queneret, allende el Jordán, desde oriente. Esta, la herencia de los hijos de Gad, según sus familias y según sus ciudades; —según sus familias la cerviz volverán delante de sus enemigos; porque fueron, según sus familias, sus ciudades y sus villas—(b). Y dio Moisés a la mitad de la tribu de Manasés, según sus familias. Y fueron los términos de ellos, desde Manaím, todo el reino de Basán y todo el reino de Og, rey de Basán, y todas las aldeas de Jaír, que hay en Basán: sesenta ciudades; y la mitad de Galaad; y, en Astarot y en Edraí, ciudades de Og en Basán, a los hijos de Maquir, hijos de Manasés; y a la mitad de los hijos de Maquir, hijos de Manasés, según sus familias. Estos, los que repartió Moisés allende el Jordán, el enfrente de Jericó, de oriente. Y a la tribu de Leví no dio Moisés herencia: el Señor, el Dios de Israel, él mismo, es herencia de ellos, al modo que les habló. Reparto de Canaán Y éstos, los repartidos de los hijos de Israel en la tierra de Canaán; a los que repartióles Eleazar el sacerdote, y Josué, hijo de Nun, y los príncipes de las paternas tribus de los hijos de Israel; según suertes sortearon, al modo que mandó el Señor en mano de Josué, a las nueve tribus y a la mitad de la tribu; pues dio Moisés herencia a las dos tribus y a la mitad de la tribu, desde allende el Jordán; y a los levitas no dio herencia en ellos; porque eran los hijos de José dos tribus: Manasés y Efraín. Y no se dio parte en la tierra a los levitas sino ciudades para habitar, y los ejidos de ellas para los ganados de ellos, y los ganados de ellos. Del modo que mandó el Señor de Moisés, así hicieron los hijos de Israel y repartieron la tierra. Y acercáronse los hijos de Judá a Josué, en Galgal; y díjole Caleb, el hijo de Jefoné, el cenezeo: «Tú sabes la palabra que habló el Señor a Moisés, hombre de Dios, acerca de mí y de ti en Cadés-Barné; pues de cuarenta años era yo, cuando me envió Moisés, el niño de Dios, desde Cadés-Barné, a explorar la tierra; y respondíle palabra, según la mente de él. Mis hermanos, los que subieron conmigo, trocaron el corazón del pueblo; yo, empero, continué siguiendo al Señor, mi Dios. Y juró Moisés en aquel día, diciendo: «La tierra a que subiste, te será en herencia y a tus hijos por los siglos; pues has continuado siguiendo en pos del Señor, nuestro Dios.» Y ahora me ha nutrido el Señor, al modo que dijo: «Este, el cuadragésimo quinto año, desde que habló el Señor esta palabra a Moisés y anduvo Israel por el desierto; y ahora he aquí yo ahora de ochenta y cinco años; aún soy hoy fuerte así como cuando me envió Moisés; así mismo fuerte para salir y entrar a la guerra. Y ahora pídote este monte, según lo que dijo el Señor aquel día, porque tú has oído esta palabra en aquel día; y ahora los enaquim allí son —ciudades fuertes y grandes; si, pues Señor conmigo exterminaréles, del modo que me dijo el Señor.» Y bendíjole Josué y dio Hebrón a Caleb, hijo de Jefoné, hijo de Quenez, en posesión. Por esto fue Hebrón de Caleb, el hijo de Jefoné, el quenezeo; hasta este día, por haber él seguido el precepto del Señor, Dios de Israel. Y el nombre de Hebrón era antes: Ciudad-Arbé metrópoli de los enaquim, ésta(a). Y la tierra descansó de la guerra. Territorio de Judá Y fueron los límites de la tribu de hijos de Judá, según sus familias, desde los límites de la Idumea, desde el desierto Sin hasta Cadés al mediodía. Y fueron sus límites, desde el mediodía hasta la parte del mar, el salado, desde la punta que lleva al mediodía. Y pasan enfrente de la subida de Acrabín(a), y atraviesan Siná y suben, desde mediodía a Cadés-Barné, y salen a Esrón y siguen subiendo a Adar, y salen a la al poniente Cadés(b); y salen a Asemoná y van pasando hasta la hondonada de Egipto; y será la salida de sus confines, a la mar; éste es de sus confines del mediodía. Y los confines de oriente, toda la mar la salada hasta parte del Jordán; y sus confines, desde el septentrión, y desde la punta de la mar y de la parte del Jordán, suben los confines a Bet-Aglá. Y pasan, del septentrión, a Bet-Araba, y siguen subiendo los confines a «piedra de Boen», hijo de Rubén; y siguen subiendo los confines al cuarto de la hondonada de Acor, y hacia el septentrión, descienden a Galgal; la que está frente por frente de la subida de Adomim; la que está hacia el mediodía de la hondonada y da en el agua de la «fuente del sol»; y será su salida «fuente Rogel». Y suben los confines a la hondonada del hijo de Enom sobre la espalda del jebuseo, del mediodía; ésta es Jerusalén; y pasan los confines sobre la cima del monte, la que está contra la faz de la hondonada de Geenom hacia la mar; la que está de parte de la tierra de los rafaím, al septentrión; y pasa el confín, desde la cima del monte, a la fuente de agua de Neftoá, y pasa al monte Efrón; y llevará el confín a Baalá; ésta es ciudad «Jarím»(c). Y serpenteará el confín desde Baalá sobre el mar y pasará hacia el monte Asar(d), sobre la espalda, a la ciudad Jarím, desde el septentrión; ésta es Queslón; y descenderá sobre «ciudad de sol»(e), y pasará a mediodía(f). Y sigue el confín por la espalda de Acarón, al septentrión; y seguirán los confines a Socroná; y pasarán los confines al mediodía(g) y llegarán a Jebneel; y será la salida de los confines al mar, y sus confines desde la mar; la mar la grande confinará. Estos los confines de los hijos de Judá en contorno, según sus familias. Y a Caleb, hijo de Jefoné dio parte en medio de los hijos de Judá, por precepto de Dios; y dióle Josué la «ciudad Arbé», metrópoli de los enaquim; ésta es Hebrón. Y exterminó Caleb, hijo de Jefoné los tres hijos de Enac: Sesaí, y Ahimán y Tolmaí, engendros de los de Enac. Y subió de allí Caleb sobre los habitantes de Dabir; y el nombre de Dabir era antes: «ciudad de letras»(h). Y dijo Caleb: «El que tomare y extirpare la «ciudad de las letras» y la señoreare, daréle Axa, hija mía, por mujer.» Y tomóla Otoniel, hijo de Kenez, hermano de Caleb, el menor; y dióle Axa, hija suya, por mujer. Y aconteció, al salir ella, aconsejóse con él, diciendo: «Pediré a mi padre un campo», y clamó desde el asno; y díjola Caleb: «¿Qué tienes?» Y díjole: «Dame bendición, pues a tierra árida(i) me has entregado; dame «fuentes de aguas»; y dióla las «fuentes de arriba» y las «fuentes de abajo»; Esta fue la herencia de la tribu de hijos de Judá. Y fueron sus ciudades —ciudades para la tribu de hijos de Judá— desde los confines de Edom, al mediodía: Cabseel, y Edir y Yagur; y Ciná y Dimond y Addá; y Kadés, y Asor y Yetnam; y Zif y Telem y Balotú; y Asor nueva, y Cariot-Hesrón; ésta es Asor; Y Amam y Samá y Moladá, y Asergadá y Hasemón y Betfelet; y Hasersual, y Bersabée y Baziotiá; Baalá, y Yim y Esem, y Eltolad y Kecil y Harmá; Sikeleg y Medemená y Sensená; y Lebaot y Selim, y Aén y Remón; todas las ciudades veintinueve y sus aldeas. Y en la llanura: Estaol, y Sarea y Asena. y Tanoé, y Enganim, y Tafná y Enaim; y Jerimot y Adulam, y Socó y Aserá; y Saraím y Aditaím y Gedra y Gederotaím: ciudades catorce y sus aldeas. Sanán y Hadasá y Magdalgad; y Deleán, y Masefá y Yectel; y Lakis y Bascat y Eglón; y Kebón, y Lehemán y Ketlis; y Giderot, y Bet-Dagón, y Naamá y Masedá: ciudades dieciséis, y sus aldeas. Labaná, y Eter y Asán; y Jeftá, y Esná y Nesib; y Keilá, y Aczib y Maresá: ciudades nueve y sus aldeas. Akarón y sus aldeas y sus alquerías. Desde Akarón hasta el mar; todo lo que cae hacia Azoto; y sus aldeas. Azoto y sus aldeas y sus alquerías. Gaza, y sus aldeas y sus alquerías, hasta el torrente de Egipto; y la mar, la grande, delimita. Y en la montaña: Samir y Yeter y Sokot; y Daná y Kariat-Sená; ésta es Dabir, y Anaba e Istemó y Anim; Gosen, y Olón y Giló: ciudades once y sus aldeas. Arab, y Rumá y Esaán; y Yano, y Bet-Tafuá y Afecá; y Atmatá, y Kariat-Arbé; ésta es Hebrón, y Siot: ciudades nueve y sus alquerías. Maón, y Carmel, y Zif y Yotá; y Jesrael y Yucadam, y Zanoé; y Acaín y Gabáa y Tamná: ciudades diez y sus aldeas. Halhul, y Besur, y Gedor; y Maret, y Betanot y Eltekón: ciudades seis y sus aldeas. —Tekó y Efratá; ésta es Belén—; y Fagor, y Aitán, y Kulón, y Tatam, y Tobés, y Karem, y Galem, y Teter y Manokó: ciudades once y sus aldeas(j). Kariat-Baal; ésta es ciudad Yarim; y Arebá: ciudades dos y sus alquerías. En el desierto: Bet-Araba, y Medín y Sakaká; y Neblán y Ciudad-Sal, y Engadí: ciudades seis y sus aldeas. Y el jebuseo habitaba en Jerusalén, y no pudieron los hijos de Judá perderles; y habitaron los jebuseos en Jerusalén, hasta este día. Territorio de Efraín Y se hicieron los confines de los hijos de José desde el Jordán, desde las aguas las frente de Jericó, del oriente; y subirán desde Jericó hasta la montaña, la desierta hasta Betel-Luza. Y saldrán a Betel y pasarán a los confines de Arqui, a Atarot. Y atravesarán hasta el mar sobre los confines de Yefletí hasta los confines de Betorón la de abajo, y hasta Gazer, y será su salida al mar. Y heredaron los hijos de José: Efraín y Manasés. Y fueron los confines de los hijos de Efraín, según sus familias; y fueron los confines de la herencia de ellos, desde oriente: Atarot-Adar, hasta Betorón la de arriba y Gazará; e irán los confines al mar a Ykasmón, del septentrión de Termá. Serpenteará el confín, desde oriente, a Tanat-Siló; y pasará, del oriente, a Yanoé. Y bajará de Yanoé a Atarot y Naaratá, y sus aldeas; e irán a Jericó y pasarán al Jordán. Y de Tafná irán los confines al mar a Quelkaná, y será su salida al mar. Esta la herencia de la tribu de los hijos de Efraín, según sus familias. Y las ciudades, las delimitadas a los hijos de Efraín, en medio de la herencia de los hijos de Manasés; todas las ciudades y sus aldeas. Y no perdió Efraín al cananeo, al habitante de Gazer, y habitaba el cananeo en Efraín, hasta este día; hasta que subió Faraón, rey de Egipto y la tomó y la quemó en fuego; y a los cananeos y los ferezeos y los habitantes de Gazer traspasaron; y dióla Faraón en dote a su hija(a). Territorio de Manasés Y se hicieron los confines de la tribu de hijos de Manasés, porque éste, el primogénito de José, a Maquir, primogénito de Manasés, al padre de Galaad; pues varón guerrero era, en Galaad y Basán; e hiciéronse a los hijos de Manasés los restantes, según sus familias: a los hijos de Abiezer, y a los hijos de Helek, y a los hijos de Esriel, y a los hijos de Sequem, y a los hijos de Hefer y a los hijos de Semidá: éstos los hijos de Manasés, hijo de José, los varones, según sus familias. Y Salfaad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés; no tenía hijos, sino hijas; y éstos los nombres de las hijas de Salfaad: Maalá, y Noá, y Heglá, y Melcá y Tersá. Y pusiéronse delante de Eleazar el sacerdote, y delante de Josué, hijo de Nun, y delante de los príncipes, diciendo: «Dios mandó por mano de Moisés; darnos herencia en medio de nuestros hermanos.» Y dióseles, según precepto del Señor, herencia entre los hermanos de su padre. Y cayó la medida(a) de ellas, desde Anasa; y el llano Labek de la tierra de Galaad, y Basán; la que está allende del Jordán. Porque hijas de hijos de Manasés heredaron la herencia en medio de sus hermanos: y la tierra de Galaad fue de los hijos de Manasés, los restantes. E hiciéronse los fines de los hijos de Manasés: desde Aser a Macmetat(b); la que está contra la faz de los hijos de Siquem; e irán a los confines, a la derecha, a la fuente de Tafná. Para Manasés será; y Tafná sobre los fines de Manasés, para los hijos de Efraín. Y bajarán los fines a la hondonada Caraná(c) al mediodía por la hondonada Yariel: el terebinto para Efraín, en medio de la ciudad de Manasés. Y confines de Manasés al septentrión, hacia el torrente. Y será su salida al mar, al mediodía para Efraín. Y al septentrión, Manasés; y será la mar límites para ellos; y sobre Aseb tocaránse por el septentrión, y a Isacar, de oriente. Y será Manasés en Isacar y en Aser: Betsán y Yeblaam y sus aldeas; y a los habitantes de Dor y las aldeas de ellos; y a los habitantes de Endor y las aldeas de ella; y a los habitantes de Tenac y las aldeas de ella; y a los habitantes de Magedó y las aldeas de ella; y el tercio de Nofet y las aldeas de ella. Y no pudieron los hijos de Manasés extirpar estas ciudades; y comenzó el cananeo a habitar en esta tierra. Y aconteció, cuando se envalentonaron los hijos de Israel e hicieron a los cananeos súbditos, y para extirpar, no los extirparon. Y contradijeron los hijos de José a Josué, diciendo: «¿Por qué nos has sorteado suerte una y medida una? Y yo pueblo mucho soy, Dios me ha bendecido.» Y díjoles Josué: «Si pueblo mucho eres, asciende a la selva y límpiate(d) allí en la tierra a los ferezeos y los rafím, si te estrecha el monte, el Efraín.» Y dijeron: «No nos place el monte, el Efraín; y bridón escogido y hierro(e) al cananeo el habitante de él, en Betsán, y en las aldeas de ella, en el valle de Yesrael.» Y dijo Josué a los hijos de José: a Efraín y a Manasés: «Si pueblo mucho eres y fuerza grande tienes, no tendrás suerte una; pues la selva será para ti, porque selva es, y la limpiarás, y será para ti; y, cuando hubieres extirpado al cananeo, porque bridón escogido tiene, pues tú prevalecerás sobre él.» El tabernáculo en Silo. Reparto a las otras tribus. Territorio de Benjamín. Y convocada fue toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, y clavaron allí el tabernáculo del testimonio y la tierra fue dominada por ellos. Pero quedaron los hijos de Israel, los que no heredaron su herencia: siete tribus. Y dijo Josué a los hijos de Israel: «¿Hasta cuándo os retraeréis de ir a heredar la tierra que dio el Señor, el Dios de nuestros padres? Dad de entre vosotros varones tres por tribu, y los enviaré y, levantándose, atraviesen la tierra y descríbanla delante de mí, según precisaré dividirla. (Y llegáronse a él, y dividióles siete partes): Judá pondráles límite del mediodía, y los hijos de José pondránles del septentrión. Y vosotros repartid la tierra: siete partes; y traed acá, a mí, y sacaréos suerte aquí, delante de Señor, nuestro Dios. Pues no hay parte para los hijos de Leví en vosotros; que el sacerdocio del Señor, parte suya es; y Gad y Rubén y la mitad de la tribu de Manasés tomaron la herencia de ellos, tras el Jordán, al oriente; la que les dio Moisés el niño del Señor.» Y, levantándose los varones, partieron; y mandó Josué a los varones que partían a recorrer la tierra, diciendo: «Partid y recorred la tierra, y llegaos a mí, y aquí sacaréos suerte delante del Señor en Silo.» Y partieron y recorrieron la tierra, y viéronla y escribiéronla según ciudades: siete partes, en libro y trajeron a Josué, al campamento, a Silo. Y echóles Josué en Silo; delante del Señor, y repartió allí la tierra a los hijos de Israel, según las partes de ellos; y salieron los límites de la suerte de ellos en medio de los hijos de Judá y en medio de los hijos de Josué. E hiciéronse sus límites, del septentrión; desde el Jordán subieron los límites por la espalda de Jericó, del septentrión; y subirán al monte, al mar; y será su salida la «desierta» Betavén. Y pasarán de allí los límites de Luzá por la espalda de Luzá, del mediodía de ella; ésta es Betel; y bajarán los límites a Atarot-Adar, a la montaña, que está al mediodía de Betorón la de abajo. Y pasarán los límites y pasarán a lo largo a la parte que mira al mar, desde mediodía, del monte, a faz de Betorón al mediodía; y será su salida, a Kariat-Baal; ésta es Kariat-Yarín, ciudad de hijos de Judá; ésta es la parte, la hacia el mar. Y parte, la hacia el mediodía, desde parte de Kariat-Baal; y pasarán los límites a Gasín, a la fuente de agua de Neftoá; y bajarán los límites a una parte del monte; éste es contra la faz de la quebrada de Ben-Ennom; el que está a la parte de Emec-Rafaím, del septentrión, y bajará a Geennom, sobre la espalda de los jebusitas, al mediodía; bajarán a la fuente de Rogel. Y pasarán a la fuente de Ensemés, y seguirán a Galilot; la que está enfrente, hacia la subida de Aitamín; y bajarán a Piedra-Boén, de hijos de Judá. Y pasarán por la espalda de Bet-Araba, del septentrión y bajarán a Araba, a los límites, a la espalda del mar, desde el septentrión; y será la salida de los límites por la punta del mar de las sales, por la espalda del Jordán, del mediodía; éstos los límites son, del mediodía. Y el Jordán limitará de la parte de oriente; ésta, la herencia de los hijos de Benjamín, los límites de ella en contorno según familias. Y fueron las ciudades de los hijos de Benjamín, según sus familias: Jericó, y Bet-Haglá, y Amecasís(a); y Bet-Araba, y Samaraím y Betel; y Avim, y Afará y Oferá; y Kafar-Amoná, y Ofní y Gabeé: ciudades doce y las aldeas de ellas. Gabaón, y Ramá y Berot; y Mesfé, y Kafará y Amosá; y Rekem, y Yarefel y Tarelá; y Sedá, y Elef y Yebús; ésta es Jerusalén; Gabaat y Kariat: ciudades catorce y sus aldeas; ésta, la herencia de los hijos de Benjamín, según sus familias. Territorio de las otras seis tribus, y de Josué. Y salió la segunda suerte, de los hijos de Simeón, e hízose su herencia en medio de las suertes de hijos de Judá; e hízose su suerte: Bersabeé, y Sabeé y Moladá; y Haser-Sual y Balá y Asem; y Eltolad, y Betul y Harmá; Sikelek, y Bet-Marcobot y Haser-Susá; y Bet Lebaot y Sarohén: ciudades trece y sus aldeas. Aín, y Remón, y Atar y Asán: ciudades cuatro y sus aldeas, en contorno de ellas, hasta Baalat-Beer-Ramat hacia el mediodía. Esta la herencia de la tribu de hijos de Simeón, según sus familias; desde la suerte de Judá, la herencia de la tribu de hijos de Simeón; pues se hizo la parte de los hijos de Judá mayor que la de ellos, y heredaron los hijos de Simeón en medio de la suerte de ellos. Y salió la suerte, la tercera a Zabulón, según las familias de ellos; serán los confines de la herencia de ellos, hasta Sarid; y los confines subirán al mar y Meralá, y tocarán en Debaset, y tocarán en el torrente; el que está contra la faz de Yeconam; volverán de Sarid en frente desde el oriente a los confines de Kese-Set-Tabor, y pasarán a Daberet y subirán a Yafié. Y de allí serpenteará al frente, de oriente, a Get-Hefer y Takasim; y atravesarán hacia Remón, Amtar y Noá. Y serpentearán los confines al septentrión, a Hanatot; y será su salida al valle de Yeftahel, y Katet, y Naalol, y Semerón y Yedalá y Betlehem: ciudades doce y sus aldeas. Esta es la herencia de hijos de Zabulón, según sus familias, ciudades y aldeas de ellas. Y a Ysacar salió la suerte, la cuarta: e hiciéronse los confines de ellos: Jesrael, y Casalot y Sunem; y Hafaraím, y Seón y Anaharat; y Rabot, y Kesión y Abés; y Kamet y Engannim y En-Hadá y Betfesés; y tocan sus confines en Tabor y Sehesimá y Betsamés; y será la salida de él, de los confines, el Jordán: ciudades dieciséis y sus aldeas. Esta, la herencia de la tribu de hijos de Isacar, según sus familias, sus ciudades y sus aldeas. Y salió la suerte la quinta; a la tribu de hijos de Aser, según sus familias; e hiciéronse los confines de ellos: Halkat, y Calí, y Betén y Axaf; y Elmelec, y Amaad y Mesal; y toca en el Karmelo, al mar y en Sihor y Labanat; y volverán del oriente del sol a Bet-Dagón, y tocarán en Zabulón y en el valle de Yeftael, al septentrión y entrarán los confines a Betemec y Nehiel; y pasarán a la izquierda de Cabul, y Abrán y Rohob, y Hamón y Kaná hasta Sidón, la grande; y volverán los confines a Hormá y hasta el fuerte de Tiro; y volverán los confines a Hormá, y hasta la ciudad del fuerte de Tiro y hasta Hosá, y será la salida de él la mar y la región de Aczibá; y Amá y Afek, y Rohob: ciudades veintidós y las aldeas de ellas. Esta, la herencia de la tribu de los hijos de Aser, según sus familias; las ciudades y las aldeas de ellos. Y a Neftalí salió la suerte la sexta. Y se hicieron los límites de ellos: Helef y Helón y Besaananim y Adamí-Hanekeb y Yebnael hasta Lakum, y fueron sus salidas el Jordán; y volverán los límites al mar en Azanot-Tabor, y pasarán de allí a Hukuká, y tocarán en Zabulón, de la espalda(a), y en Aser tocarán a lo largo del mar; y en Judá el Jordán desde el oriente del sol. Las ciudades muradas: Asedim, y Ser, y Emat, y Rekat y Keneret; y Edemá, y Aramá y Asor; y Kedes, y Edraí y En-Hasor; y Yerón, y Magalel, y Horem, y Betanat y Betsamés: ciudades diecinueve y sus aldeas. Esta, la herencia de la tribu de hijos de Neftalí, según sus parentelas, sus ciudades y sus alquerías. Y a Dan salió la suerte, la séptima; e hiciéronse sus límites: Saraá, y Estaol e Hiá-Semés; y Selebín, y Atalón, y Yetelá; y Elón y Temná y Akrón; y Elteké, y Gebetón, y Balaat; y Yud, y Bané, y Barac y Getremón, y Meyarkón y Arekón, con el límite delante de Jope; y fueron los hijos de Dan, y debelaron a Lesem, y tomáronla, y percutiéronla en boca de cuchilla; y habitáronla y llamáronla Lesem-Dan, según el nombre de Dan, padre de ellos. Y el amorreo quedó habitando en Elom y en Salamín; y pesó la mano de Efraín sobre ellos y fuéronles hechos tributarios(b). Esta la herencia de la tribu de hijos de Dan, según sus familias; sus ciudades y sus aldeas. Y no acabaron de atribular los hijos de Dan al amorreo que les atribulaba en el monte; y no les dejaron los amorreos bajar al valle, y atribularon, desde ellos, el monte de la parte de ellos(c). Y partieron a ocupar la tierra, según el límite de ellos. Y dieron los hijos de Israel herencia a Josué, al hijo de Nun, en medio de ellos, por precepto de Dios; y diéronle la ciudad que pidió: Tamnat-Saraá; la que está en el monte de Efraín; y edificó la ciudad y habitó en ella. Estas, las particiones que sorteó Eleazar, el sacerdote, y Josué, hijo de Nun, y los príncipes de las familias en las tribus de Israel, según suertes, en Silo, delante del Señor a las puertas del tabernáculo del testimonio; y partieron a ocupar la tierra. Las seis ciudades de refugio Y habló el Señor a Josué diciendo: «Habla a los hijos de Israel, diciendo: «Dad las ciudades de los refugios, que os dije por Moisés; refugio al homicida, al que ha percutido alma involuntariamente; y serán para vosotros las ciudades refugio y no será muerto el homicida por el consanguíneo en sangre, hasta que compareciere delante de la congregación, en juicio. Y huirá a una de estas ciudades y se pondrá a la puerta de la ciudad, y hablará en las orejas de los ancianos de aquella ciudad las palabras y traeránle la congregación de ellos, y daránle lugar y habitará con ellos. Y, cuando persiguiere el consanguíneo la sangre tras de él, no encerrarán al homicida en la mano de él; pues, no sabiendo, percutió a su prójimo, y no odiándolo de ayer y anteayer. Y habitará en aquella ciudad, hasta que compareciere a faz de la congregación en juicio; hasta que muriere el sacerdote, el grande, que hubiere en aquellos días(a); entonces volverá el homicida e irá a su ciudad y a su casa, de donde ha huido de allí. Y separó a Kadés en Galilea en el monte de Neftalí, y Siquem en el monte de Efraín y Kariat Arbé, ésta en Hebrón, en el monte de Judá. Y allende el Jordán, al oriente de Jericó, dio a Bosor, en el desierto, en la llanura, de la tribu de Rubén, y Ramot en Galaad, de la tribu de Gad, y, Gaulón, en Basán, de la tribu de Manasés. Estas las ciudades, las señaladas a todos los hijos de Israel y al advenedizo, al establecido en medio de ellos, para refugiarse allí todo el que hiriere alma involuntariamente, para que no muera en mano del consanguíneo en sangre, hasta que comparezca delante de la congregación en juicio. Ciudades levíticas Acercáronse los príncipes de familias de los hijos de Leví a Eleazar, el sacerdote, y a Josué, hijo de Nun y a los príncipes de tribu de las familias de Israel. Y dijéronles en Silo en tierra de Canaán; diciendo: «Mandó el Señor en mano de Moisés darnos ciudades a habitar, y los ejidos de ellas para nuestro ganado.» Y dieron los hijos de Israel a los levitas, en el heredar, por precepto del Señor, las ciudades y los ejidos de ellas. Y salió la suerte a la familia de Kaat, y fueron para los hijos de Aarón, los sacerdotes, los levitas, de la tribu de Judá y de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín, por suerte: ciudades trece; y para los hijos de Kaat, los restantes de la tribu de Efraín, y de la tribu de Dan y de la mitad de la tribu de Manasés, por suerte: ciudades diez. Y para los hijos de Gersón, de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí y de la mitad de la tribu de Manasés, en Basán: ciudades trece. Y para los hijos de Merarí, según sus familias, de la tribu de Rubén, y de la tribu de Gad, y de la tribu de Zabulón, por suerte; ciudades doce. Y dieron los hijos de Israel a los levitas las ciudades y sus ejidos, al modo que mandó el Señor a Moisés, por suerte. Y dio la tribu de hijos de Judá, y la tribu de hijos de Simeón, y de la tribu de hijos de Benjamín estas ciudades, y fueron llamadas para los hijos de Aarón, de la familia de Kaat de los hijos de Leví; pues para éstos fue la suerte primera. Y dióles Kariat-Arbé, metrópoli de los enaquim; ésta es Hebrón en el monte de Judá, y los ejidos en su contorno; Y los campos de la ciudad y las aldeas de ella dio Josué a los hijos de Caleb, hijo de Jefoné, en posesión. Y a los hijos de Aarón dio la ciudad refugio del homicida: Hebrón, y lo delimitado con ella; y Lobná y lo delimitado para ella; y Yeter y lo delimitado a ella, y Estemó y lo delimitado a ella; y Holón y lo delimitado a ella; y Dabir y lo delimitado a ella; y Aín y lo delimitado a ella; y Yetá y lo delimitado a ella; y Bet-Samés y lo delimitado a ella; ciudades nueve, de estas dos tribus. Y de la tribu de Benjamín: Gabaón y lo delimitado a ella; y Gabaé y lo delimitado a ella; y Anatot y lo delimitado a ella, y Almón y lo delimitado a ella; ciudades cuatro. Todas las ciudades de hijos de Aarón, los sacerdotes: trece, y los ejidos de ellas. Y a las familias, hijos de Kaat, los levitas; los restantes de los hijos de Kaat, fue la ciudad de los mismos sacerdotes, de la tribu de Efraín. Y dióles la ciudad de refugio, la del homicida: Siquem, y lo delimitado a ella, en el monte de Efraín, y Gazer y lo junto a ella y lo delimitado a ella; y Kibsaím y Bet-Horón y lo delimitado a ella: ciudades cuatro. Y de la tribu de Dan: Eltekón y lo delimitado a ella, y Gabatón y lo delimitado a ella; Y Ayalón y lo delimitado a ella, y Get-Remón y lo delimitado a ella: ciudades cuatro. Y de la mitad de la tribu de Manasés: Tanac y lo delimitado a ella y Yebetá(a) y lo delimitado a ella; ciudades dos. Todas las ciudades, diez y lo delimitado a ellas, lo junto a ellas, a las familias de hijos de Kaat, los restantes. Y a los hijos de Gersón, los levitas: de la mitad de la tribu de Manasés, las ciudades las señaladas a los homicidas: Gaulón, en Basán y lo delimitado a ella, y Bosram y lo delimitado a ella; ciudades dos. Y de la tribu de Ysacar: Kesión y lo delimitado a ella, y Daberet y lo delimitado a ella; y Yaramot y lo delimitado a ella y En-Ganim y lo delimitado a ella; ciudades cuatro. Y de la tribu de Aser: Masal y lo delimitado a ella, y Abdón y lo delimitado a ella; y Helcat y lo delimitado a ella, y Rohob y lo delimitado a ella, ciudades cuatro. Y de la tribu de Neftalí: la ciudad la señalada al homicida Kadés en Galilea y lo delimitado a ella, y Hamot-Dor y lo delimitado a ella y Kartán y lo delimitado a ella; ciudades tres. Todas las ciudades de Gersón, según sus familias: ciudades trece y lo delimitado a ellas. Y a la familia de hijos de Merarí, los levitas, los restantes: de la tribu de Zabulón; Yecná y sus ejidos y Kadés y sus ejidos; y Damná y sus ejidos, y Naalol y sus ejidos; ciudades cuatro(b). Y, allende el Jordán, el frente a Jericó, de la tribu de Rubén: la ciudad, el refugio del homicida: Bosor, en el desierto; Misor y sus ejidos y Yazer y sus ejidos, y Yetsón y sus ejidos, y Mafaat y sus ejidos; ciudades cuatro. De la tribu de Gad: ciudades de refugio del homicida; Ramot, en Galaad, y sus ejidos, y Manaím y sus ejidos, y Hesebón y sus ejidos, y Yaser y sus ejidos, ciudades cuatro. Todas las ciudades de los hijos de Merarí; según las familias de ellos, los restantes de la tribu, las de Leví: doce. Todas las ciudades de los levitas en medio de la posesión de hijos de Israel: cuarenta y ocho, y sus ejidos en contorno de estas ciudades.Y acabó Josué de repartir la tierra en los confines de ellos; y dieron los hijos de Israel parte a Josué, por precepto del Señor. Diéronle la ciudad que pidió: Tamnasacar diéronle en el monte de Efraín, y edificó Josué la ciudad y habitó en ella. Y tomó Josué las cuchillas las de piedra, en los que circuncidó los hijos de Israel los nacidos en el camino, en el desierto, y púsolas en Tamnasacar(c). Y dio el Señor a Israel toda la tierra que juró dar a sus padres, y heredáronla y habitaron en ella. Y reposóles el Señor en contorno, según que juró a sus padres. No afrontó ninguno a faz de ellos de todos sus enemigos. Todos sus enemigos entregó el Señor en sus manos. No calló de todas las palabras las hermosas, que habló el Señor a los hijos de Israel: todas cumpliéronse. Retíranse las dos medias tribus y edifican altar Entonces convocó Josué a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés y díjoles: «Vosotros habéis oído todo cuanto os mandó Moisés, el niño del Señor y obedecido a mi voz, según todo cuanto os mandó; no habéis abandonado a vuestros hermanos todos estos muchos días; hasta el día de hoy habéis guardado el mandamiento del Señor, vuestro Dios. Pero ahora ha reposado el Señor, nuestro Dios, a nuestros hermanos, al modo que les dijo; ahora, pues, volviendo, retiraos a vuestras casas y a la tierra de vuestra posesión que os dio Moisés, siervo del Señor, allende del Jordán. Empero cuidad sobremanera de hacer los mandamientos y la ley que os mandó hacer Moisés, el niño del Señor: amar al Señor, vuestro Dios, andar en todos sus caminos, guardar sus mandamientos y adherir a él y servirle de toda vuestra mente y de toda vuestra alma.» Y bendíjoles Josué y despidiólos; y partieron a sus casas. Y a la mitad de la tribu de Manasés diera Moisés en Basán, y a la mitad diera Josué, con sus hermanos allende el Jordán a lo largo de la mar. Y, cuando los despidió Josué a sus casas y les bendijo; también dijo a ellos:(a) «En riquezas muchas hanse ido a sus casas; y ganado mucho sobremanera, y plata, y oro y bronce y hierro, y vestidura mucha han repartido: el botín de los enemigos, con sus hermanos.» Y retornaron y fuéronse los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, de los hijos de Israel en Silo, en tierra de Canaán, a retirarse a Galaad a tierra de su posesión, que la heredaron por precepto del Señor en mano de Moisés. Y vinieron a Galaad del Jordán, que es en tierra de Canaán; y edificaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, allí altar sobre el Jordán, altar grande de ver. Y oyeron los hijos de Israel decir: «He aquí, han edificado los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés altar en los confines de la tierra de Canaán, sobre Galaad del Jordán, allende los hijos de Israel.» Y oyeron, y juntáronse todos los hijos de Israel en Silo, como subiendo a combatirlos. Y enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a los hijos de la mitad de la tribu de Manasés, a tierra de Galaad, Fineés, hijo de Eleazar hijo de Aarón, del sumo sacerdote, y diez de los príncipes con él; príncipe uno de casa paterna, de todas las tribus de Israel. Príncipes de casas paternas son príncipes de mil(b) en Israel. Y llegaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a los de la media tribu de Manasés, a tierra de Galaad, y habláronles, diciendo: «Esto dice toda la congregación del Señor: «¿Qué prevaricación, ésta que habéis prevaricado delante del Dios de Israel, separándoos hoy del Señor, edificándoos a vosotros mismos un altar, para rebeldes haceros hoy al Señor? ¿Acaso poco, para vosotros el pecado de Beelfogor, que no nos hemos purificado de él hasta este día? Y hubo plaga en la congregación del Señor. Y vosotros os habéis separado hoy del Señor, y será: si os rebeláis hoy contra el Señor y mañana, sobre todo Israel será la ira. Y ahora, si pequeña vuestra tierra de la posesión vuestra, pasad a la tierra la del Señor posesión, donde habita allí el tabernáculo del Señor, y heredaréis entre nosotros; y no a Dios rebeldes os hagáis; y vosotros tampoco os separéis del Señor, por haber edificado vosotros ara, fuera del altar del Señor, Dios nuestro. Acaso he aquí Acán, hijo de Zaré, con prevaricación ¿no prevaricó por el anatema y sobre toda la congregación de Israel hubo ira? ¿Y ése uno él, murió por su pecado?» Y respondieron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, y hablaron a los príncipes de mil de Israel, diciendo: «Dios, Dios Señor es, y Dios, Dios mismo sabe e Israel mismo ha de conocer: si en separación hemos prevaricado delante del Señor, no nos ampare en este día; y si nos hemos edificado ara por separarnos del Señor, nuestro Dios, para poner sobre ella hostia de holocaustos, para hacer sobre ella hostia pacífica, el Señor inquirirá. Empero por precaución de una palabra(c) hemos hecho esto diciendo: «Para que no digan mañana vuestros hijos a nuestros hijos: «¿Qué a vosotros y al Señor, el Dios de Israel? Y límites ha puesto el Señor en medio de nosotros y vosotros; los hijos de Rubén y los hijos de Gad: el Jordán, y no tenéis parte del Señor; y apartarán vuestros hijos, a nuestros hijos, para que no teman al Señor»; y dijimos hacer así: edificar esta ara, no para oblaciones, ni para hostias; sino para que esto sea testimonio en medio de nosotros y vosotros y en medio de nuestras generaciones después de nosotros, para ir al Señor ante él, en nuestras oblaciones, y en nuestras hostias y en nuestras hostias pacíficas; y no dirán vuestros hijos a nuestros hijos mañana: «No tenéis parte del Señor.» Y dijimos: Si aconteciere algún día y hablaren a nosotros o a las generaciones nuestras mañana, dirán: «Mirad una imagen del altar del Señor, la que hicieron nuestros padres, no para oblaciones, ni para hostias, —sino que testimonio es en medio de vosotros, y en medio de nosotros y en medio de nuestros hijos. No acontezca, pues, que nos separemos del Señor, que edifiquemos altar para las oblaciones y las hostias pacíficas y la hostia de salud, fuera del altar del Señor, que está delante de su tabernáculo.» Y, oyendo Fineés, el sacerdote, y todos los príncipes de la congregación de Israel, los que estaban con él, las palabras que hablaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, pluguiéronles. Y dijo Fineés, hijo de Eleazar, el sacerdote, a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la mitad de la tribu de Manasés: «Hoy hemos conocido que, con vosotros el Señor, por cuanto no habéis prevaricado, delante del Señor, prevaricación, y que librasteis a los hijos de Israel de mano del Señor.» Y volvió Fineés, el sacerdote, y los príncipes, de con los hijos de Rubén y de con los hijos de Gad y de con la mitad de la tribu de Manasés, de Galaad a tierra de Canaán, a los hijos de Israel y respondiéronles las palabras. Y plugo la palabra a los hijos de Israel y hablaron a los hijos de Israel y bendijeron al Dios de los hijos de Israel; y dijeron no ya subir a ellos en guerra a exterminar la tierra de los hijos de Rubén y de los hijos de Gad y de la mitad de la tribu de Manasés; y habitaron en ella. Y denominó Josué el ara de los hijos de Rubén y los de Gad y la mitad de la tribu de Manasés, y dijo que testimonio es en medio de ellos, que el Señor, el Dios de ellos es. Y aconteció, después de muchos días, después de reposar el Señor de Israel de todos sus enemigos en contorno; que Josué(a) era anciano, avanzado en días. Y convocó Josué a todos los hijos de Israel y sus ancianos, y sus príncipes, y sus jueces y sus escribas, y díjoles: «Yo he envejecido y avanzado en días; y vosotros habéis visto todo cuanto ha hecho el Señor nuestro Dios, ha hecho a todas estas gentes, de(b) faz nuestra, pues era el Señor, vuestro Dios, el que combatía por vosotros. Veis, os he echado todas estas gentes las que os restan, en suertes entre vuestras tribus; desde el Jordán todas las gentes ya he exterminado, y desde la mar, la grande terminará(c) al ocaso del sol. Y el Señor, el Dios nuestro, Él los exterminará de la faz de vosotros, hasta que perezcan, y enviaráles bestias salvajes hasta que exterminen a ellos y sus reyes, de la faz de vosotros; y heredaréis su tierra, según que ha hablado el Señor, el Dios nuestro, a vosotros. Esforzaos, pues sobremanera, por guardar y hacer todo lo escrito en el libro de la ley de Moisés, para no desviaros de él, a diestra o a siniestra, para no entrar en las gentes las restantes con vosotros; y los nombres de sus dioses no se nombrarán en vosotros, ni serviréis ni les adoraréis; sino que al Señor, el Dios vuestro os adheriréis; según que habéis hecho hasta este día. Y los exterminará el Señor, de la faz vuestra, gentes grandes y fuertes, y nadie ha resistido a faz vuestra, hasta este día. Uno de vosotros ha perseguido millares, porque el Señor, el Dios vuestro, éste guerreaba por vosotros, según os dijo. Y cuidaréis sobremanera de amar al Señor el Dios nuestro. Pues, si os separareis y os juntareis con las restantes gentes, éstas las con vosotros y matrimonios hiciereis con ellos, y os mezclareis con ellos y ellos con vosotros; conoced que no continuará el Señor, el Dios vuestro exterminando estas gentes de faz de vosotros y os serán para lazos y escándalos y para clavos en vuestros calcañares, y dardos en vuestros ojos hasta ser aniquilados vosotros de esta tierra, la buena, que os ha dado el Señor, vuestro Dios. Y yo lánzome por la vía, según que también todos los sobre la tierra; y conoceréis, en todo vuestro corazón y vuestra alma, esto: que no ha caído una palabra de todas las palabras que ha dicho el Señor, nuestro Dios, a todo lo que nos acontece; no se ha apagado(d) de ellas. Y será: al modo que llegan a vosotros las palabras, las hermosas, que os ha hablado el Señor, así traerá el Señor Dios sobre vosotros todas las palabras, las malas, hasta exterminaros de esta tierra, la buena, que os ha dado el Señor; por haber traspasado vosotros la Alianza del Señor, Dios nuestro, que os mandó; y(e) yendo, sirviereis a otros dioses y les adorareis. Y se airará con furor el Señor en(f) vosotros, y pereceréis en breve de la tierra, la buena, que os ha dado.» Postrera exhortación de Josué. Su muerte. Y congregó Josué a todas las tribus de Israel en Silo; y convocó a sus ancianos, y sus escribas, y sus jueces, y púsoles ante Dios; y dijo Josué a todo el pueblo: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Allende el río habitaron vuestros padres al principio: Taré, el padre de Abrahán y el padre de Nacor, y sirvieron a dioses ajenos. Y tomé a vuestro padre Abrahán de allende el río, y le conduje por toda la tierra y multipliqué su simiente, y dile Isaac; y a Isaac Jacob y Esaú; y di a Esaú el monte, el Seír, a heredar a él; y Jacob y sus hijos bajaron a Egipto, y se hicieron allí pueblo grande, y mucho y fuerte, y maltratáronles los egipcios. Y envié a Moisés y Aarón y herí a Egipto en señales que hizo en ellos.» Y después de esto, sacó a vuestros padres de Egipto y entrasteis en el mar, el rojo, y persiguieron los egipcios tras de nuestros padres, en carros y en caballos, por el mar, el rojo. Y exclamamos al Señor y dio nube y tinieblas en medio de nosotros y en medio de los egipcios, y trajo sobre ellos el mar y cubriólos; y vieron vuestros ojos cuanto hizo el Señor en tierra de Egipto; y estuvisteis en el desierto días muchos; y llevónos a tierra de amorreos, los que habitaban allende el Jordán; y ordenáronse contra vosotros y entrególes el Señor en vuestras manos; y heredasteis la tierra de ellos y los exterminasteis de la faz vuestra. Y alzóse Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, y ordenóse contra Israel, y enviando llamó a Balaán, hijo de Beor, para que nos maldijera; y no quiso el Señor, tu Dios, perderte y con bendiciones bendíjonos y nos arrancó de manos de ellos y entrególos; y pasasteis el Jordán y llegasteis a Jericó; y guerrearon contra nosotros los habitantes de Jericó; el amorreo, y el cananeo, y el ferezeo, y el heveo, y el jebuseo, y el heteo y el gergeseo; y entrególes el Señor en nuestras manos. Y lanzó ante vosotros la avispa, y lanzóles(a) de la faz de nosotros: doce(b) reyes de los amorreos, no en espada tuya ni en arco tuyo. Y os dio tierra sobre la cual no trabajasteis sobre ella, y ciudades que no edificasteis, y habitasteis en ellas; y viñas y olivares que no plantasteis vosotros, comisteis. Y ahora temed al Señor y servidle en rectitud y en justicia y quitad en torno los dioses ajenos, a quien sirvieron nuestros padres en lo de allende el río y en Egipto, y servid al Señor. Y si no os place servir al Señor, elegid para vosotros mismos hoy a quien servir: si a los dioses de vuestros padres, a los de allende el río, o a los dioses de los amorreos en que habitáis sobre la tierra de ellos; yo, empero, y mi casa serviremos al Señor, porque santo es.» Y respondiendo el pueblo, dijo: «No, no nos acontezca abandonar al Señor, para servir a dioses ajenos. El Señor, el Dios nuestro, él Dios es; él ha sacado a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de casa de siervos, y héchonos estas señales las grandes; y guardádonos en todo el camino que hemos andado en él, y en todas las gentes por las que hemos pasado por ellas. Y arrojó el Señor al amorreo y todas las gentes las habitantes en la tierra, de faz de nosotros; empero también nosotros serviremos al Señor, porque éste Dios nuestro es.» Y dijo Josué al pueblo: «No podréis, no, servir al Señor porque Dios santo es; y, celando, éste no perdonará vuestros pecados y vuestras iniquidades, cuando abandonareis al Señor y sirviereis a dioses ajenos; y, sobreviniendo os afligirá y os destruirá, por cuanto os ha hecho bien.» Y dijo el pueblo a Josué: «Jamás; sino que al Señor, serviremos.» Y dijo Josué al pueblo: «Testigos vosotros contra vosotros, pues vosotros habéis elegido al Señor, servir a él. (Y dijeron: «Testigos») Y ahora quitad en torno los dioses ajenos, los en vosotros y enderezad vuestro corazón al Señor Dios de Israel.» Y dijo el pueblo a Josué: «Al Señor, el Dios nuestro, serviremos y su voz escucharemos.» Y pactó Josué con el pueblo en aquel día; y dióle ley y juicio en Silo, ante el tabernáculo del Dios de Israel. Y grabó estas palabras en el libro de las leyes de Dios, y tomó una piedra grande, y púsola Josué bajo el terebinto, delante del Señor. Y dijo Josué a todo el pueblo: «He aquí, esta piedra estará en vosotros para testimonio, pues ella ha oído todo lo dicho a ella por el Señor; porque ha hablado a vosotros hoy, y ésta será en vosotros para testimonio hasta los postreros de los días, cuando mintiereis al Señor, mi Dios.» Y despidió Josué al pueblo, y se fue cada uno a su lugar. Y aconteció, después de esto, que murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, de ciento diez años. Y sepultáronle a los confines de su heredad, en Tamnat-Saré, en el monte de Efraín, al septentrión del monte de Gaás; allí pusieron, con él, en el sepulcro, en que le sepultaron allí, las cuchillas las de piedra en que circuncidó a los hijos de Israel, en Galgal, cuando les sacó de Egipto; según que les ordenó el Señor; y allí están hasta este día(c). Y sirvió Israel al Señor todos los días de Josué, y todos los días de los ancianos, cuantos pasaron el tiempo con Josué, y cuantos vieran todas las obras del Señor, cuantas hizo a Israel. Y los huesos de José trajeron los hijos de Israel de Egipto y enterraron en Siquem en la parte del campo que adquirió Jacob, de los amorreos, los habitantes en Siquem por corderas ciento, y dióla a José en parte. Y aconteció después de esto, que Eleazar, hijo de Aarón el sumo sacerdote falleció, y fue sepultado en Gabaat-Fineés, de su hijo, la que le dio en el monte de Efraín. En aquel día, tomando los hijos de Israel el arca de Dios llevaron en contorno en su medio; y Fineés fue sacerdote en vez de Eleazar, su padre, cuando murió, y fue enterrado en Gabaar, la de él. Y los hijos de Israel retiráronse cada uno a su lugar, y a la propia ciudad, y veneraron los hijos de Israel a Astarté y Astarot, y a los dioses de las gentes las en su contorno; y entrególes el Señor en manos de Eglón, el rey de Moab y señoreáronles años dieciocho.(d) Victorias de Israel Y aconteció, después de la muerte de Josué, preguntar los hijos de Israel por medio del Señor, diciendo: «¿Quién subirá por nosotros a los cananeos, acaudillando para guerrear contra ellos?» Y dijo Señor: «Judá subirá; he aquí he dado la tierra en mano de él.» Y dijo Judá a Simeón, su hermano: «Sube conmigo en la herencia mía, y dispongámonos contra los cananeos, e iré también yo contigo en la herencia tuya.» Y fue con él Simeón. Y subió Judá y entregó el Señor al cananeo y al ferezeo en las manos de ellos y destrozáronles en Bezek unos diez millares de varones. Y alcanzaron a Adonibezek en Bezek, y ordenáronse contra él; y destrozaron al cananeo y al ferezeo. Y huyó Adonibezek; y lanzáronse tras él, y cogiéronle y cortáronle las extremidades de sus manos y las extremidades de sus pies. Y dijo Adonibezek: «Setenta reyes, con las extremidades de sus manos y las extremidades de sus pies mutilados, habían recogiendo lo que había debajo de mi mesa; según, pues, he hecho, así me ha pagado Dios.» Y llévanle a Jerusalén; y murió allí. Y guerrearon los hijos de Judá contra Jerusalén, y tomáronla y percutiéronla en boca de espada, y la ciudad quemaron en fuego. Y, después de esto, descendieron los hijos de Judá a guerrear contra el cananeo el habitante de la montaña y del austro y lo llano. Y fue Judá contra el cananeo, el habitante de Hebrón, y salió Hebrón en su contra (y el nombre fue de Hebrón primeramente: Kariat-Arbé) y percutieron a Sesaí y Ahimán y Tolmaí, vástagos de Enac; y subieron de alli contra los habitantes de Dabir (y el nombre de Dabir era antes Kariat-Sefer: «ciudad de letras»). Y dijo Caleb: «Quien percutiere la ciudad de las letras, y la expugnare, daréle a Axá, mi hija, por mujer». Y la expugnó Otoniel, hijo de Kenez, hermano de Caleb, el menor; y diole Caleb a Axá, su hija, por mujer. Y aconteció en la entrada de ella, que instóla Otoniel a que pidiera a su padre un campo. Y murmuraba y clamaba desde el asno: «A tierra de austro me has entregado.» Y díjole Caleb: «¿Qué tienes?». Y díjole Axá: «Dame ya bendición, pues a tierra de austro me has entregado; y me darás rescate(a) de agua.» Y diole Caleb, según el corazón de ella, rescate de alto y rescate de bajo. Y los hijos de Jetró el cineo, el suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmeras, con los hijos de Judá, al desierto, el que hay al austro de Judá, que hay sobre la bajada de Arad, y habitaron con el pueblo. Y fue Judá con Simeón, su hermano, y destrozó el cananeo, al habitante de Sefat, y exterminólos; y llamó el nombre de la ciudad Hormá(b). Y no heredó(c) Judá a Gaza, ni sus confines, ni a Ascalón, ni sus confines; ni a Acarón, ni sus confines; a Azoto ni sus contornos. Y fue el Señor con Judá; y heredó el monte, porque no pudieron exterrninar a los habitantes del valle, porque Recab(d) les resistió. Y dio a Caleb Hebrón, según habló Moisés; y heredó allí las tres ciudades, las de los hijos de Enac. Y al jebuseo, al habitante en Jerusalén, no heredaron los hijos de Benjamín; y habitó el jebuseo con los hijos de Benjamín, en Jerusalén hasta este día. Y subieron los hijos de José, también ellos a Betel, y el Señor era con ellos. Y acamparon y exploraron a Betel (y el nombre de la ciudad era antes: Luzá.) Y vieron los que observaban y he aquí un hombre salía de la ciudad y cogiéronle; y dijéronle: «Muéstranos de la ciudad la entrada, y haremos contigo misericordia.» Y mostróles la entrada de la ciudad; y percutieron la ciudad en boca de espada, pero al varón y su parentela despidieron. Y fue el varón a tierra de hetim y edificó allí una ciudad y llamó su nombre Luzá (éste el nombre de ella hasta este día). Y no arrebató Manasés a Betsán (que es de escitas ciudad) ni las hijas(e) de ella ni la circunvecindad de ella; ni a Tanac, ni las hijas de ella; ni a los habitantes de Dor, ni a las hijas; ni al habitante de Balac, ni las circunvecindades de ella, ni las hijas de ella, ni a los habitantes de Magedó, ni las circunvecindades de ella, ni las hijas de ella; ni a los habitantes de Yeblaam, ni las circunvecindades de ella, ni las hijas de ella; y comenzó el cananeo a habitar en esta tierra. Y aconteció, cuando se envalentonó Israel, que pagó al cananeo su tributo, y quitando no le quitó. Y Efraín no quitó al cananeo al habitante en Gazer, y habitó el cananeo en medio de él en Gazer, y fue hecho en tributo. Y Zabulón no quitó a los habitantes de Ketrón ni los habitantes de Naalol, y habitó el cananeo en medio de ellos y fuele hecho en tributo. Y Aser no quitó a los habitantes de Acá, y fuele hecho en tributo, y a los habitantes de Dor y a los habitantes de Sidón, y a los habitantes de Ahalab, al Aczib, y al Helbá y al Afec y al Rohob; y habitó Aser en medio del cananeo, del que habitaba la tierra, porque no pudo quitarle. Y Neftalí no quitó a los habitantes de Betsamés y a los habitantes de Betanat; y habitó Neftalí en medio del cananeo del habitante de la tierra; y los habitantes de Betsamés y de Betanat fuéronles hechos en tributo. Y atribuló el amorreo a los hijos de Dan en el monte, pues no les dejaron bajar al valle. Y comenzó el amorreo a habitar en el monte el «testacio»(f), en el que había osos y zorros, en el «Mirto» y en el Talabín; y agravóse la mano de José sobre el amorreo, y fueles sometidos a tributo. Y el límite del amorreo, fue de la subida de Akrabín(g) de la peña hacia arriba. Un ángel reconviene a Israel. Y subió un ángel del Señor, de Galgal sobre el lugar del «llanto» y sobre Betel y sobre la casa de Israel, y díjoles: «Esto dice el Señor: «Heos sacado de Egipto y traídoos a la tierra que juré a vuestros padres; y he dicho: «No disiparé mi pacto con vosotros, por los siglos; y vosotros no pactaréis pacto con los residentes en esta tierra, ni a sus dioses adoraréis, sino que sus esculturas destrozaréis; sus aras arrancaréis; y no habéis escuchado mi voz, porque esto habéis hecho. Y yo dije: «No les quitaré tampoco de la faz vuestra y os serán para angustias y los dioses de ellos os serán para escándalo.» Y aconteció, cuando hubo hablado el ángel del Señor estas palabras a todos los hijos de Israel, que alzó el pueblo su voz y lloró. Y llamaron el nombre de aquel lugar: Llantos(a); e inmolaron allí al Señor. Y despidió Josué al pueblo; y vino el varón(b) a su herencia, a heredar la tierra. Y sirvió el pueblo al Señor todos los días de Josué y todos los días de los ancianos, cuantos prolongaron sus días con Josué, cuantos conocieron toda la obra del Señor la grande, cuanto hizo en Israel. Y murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, hijo de ciento diez años. Y sepultáronle en el linde de su herencia de Tamnat-Saré en el monte de Efraín, al septentrión del monte de Gaás. Y toda aquella generación fue reunida con sus padres; y se levantó otra generación después de ella, que no conoció al Señor ni la obra que hizo en Israel. E hicieron los hijos de Israel lo malo ante la faz del Señor, y sirvieron a los Baalim(c). Y abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, al que los sacó de tierra de Egipto; y fueron tras de otros dioses, de entre los dioses de las gentes las que había en su contorno y adoráronlos; y exasperaron al Señor. Y abandonáronle y sirvieron al Baal y a las Astartes(d). E inflamóse en ira el Señor en Israel, y entrególes en manos de despojadores y despojáronlos y vendiólos en manos de sus enemigos en contorno, y no pudieron ya resistir ante la faz de sus enemigos, en todos los en(e) que salían; y la mano del Señor era sobre ellos para mal; según que habló el Señor, y según que les juró el Señor; y atribulóles sobremanera. Y levantó el Señor Jueces, y salvóles el Señor de mano de los que les despojaban. Y ni los jueces obedecieron; porque fuéronse tras otros dioses y adoráronles; y desviáronse pronto del camino en que anduvieron sus padres, oyendo las palabras del Señor; no hicieron así. Y porque les levantaba el Señor jueces, y era el Señor con el juez, y salvóles de manos de sus enemigos todos los días del juez; porque era llamado el Señor por el gemido de ellos, ante la faz de los que les asediaban y atribulaban. Y aconteció que como murió el juez, se volvieron ellos y de nuevo se corrompieron sobre(f) sus padres, yendo tras otros dioses para servirles y adorarles; no arrojaron lejos sus empeños y sus caminos los duros. Y airóse con furor el Señor con Israel, y dijo: «Por todo lo que han abandonado esta gente la alianza mía que mandé a sus padres, y no han escuchado mi voz; tampoco yo proseguiré quitando varón de ante su faz, de entre las gentes que dejó Josué, hijo de Nun, en la tierra.» Y dejó para tentar en ellas a Israel si guardan el camino del Señor para andar en él al modo que guardaron sus padres o no. Y dejó el Señor estas gentes, no quitándolas en breve; y no las entregó en mano de Josué. Otoniel, Aod y Samgar. Y éstas, las gentes que el Señor dejó para tentar con ellos a Israel, a todos los que no conocían las guerras de Canaán; sólo por causa de las generaciones de hijos de Israel, para enseñarles la guerra (sólo porque sus antepasados no lo(a) conocieron): las cinco satrapías de los filisteos(b) y todo el cananeo, y el sidonio y el heveo, el habitante del Libano, desde el monte Baal-Hermón, hasta Hemat. Y aconteció tentar con ellos a Israel, si oirán los mandamientos del Señor que mandó a los padres de ellos en mano de Moisés. Y los hijos de Israel habitaron en medio del cananeo, y del heteo, y del amorreo, y del ferezeo, y del heveo y del jebuseo. Y tomáronse a las hijas de ellos por mujeres; y las hijas de ellos dieron a los hijos de ellos, y sirvieron a los dioses de ellos. E hicieron los hijos de Israel lo malo delante del Señor, y olvidáronse del Señor, su Dios, y sirvieron a los Baalim y a las selvas(c). Y airóse con furor el Señor con Israel, y vendiólos en mano de Cusán-Rataím, rey de Mesopotamia, y sirvieron los hijos de Israel a Cusán-Rataím ocho años. Y clamaron los hijos de Israel al Señor y suscitó el Señor un salvador a Israel y salvóles: a Otoniel, hijo de Cenez, hermano de Caleb, el menor sobre él. Y vino sobre él el espíritu del Señor, y juzgó a Israel; y salió a la guerra contra Cusán-Rataím y entregó el Señor en mano de él a Cusán-Rataím rey de Mesopotamia; y fortalecióse su mano sobre Cusán-Rataím. Y reposó la tierra años cuarenta; y murió Otoniel, hijo de Cenez. Y prosiguieron los hijos de Israel haciendo lo malo ante la faz del Señor, y envalentonó el Señor a Edón, rey de Moab, sobre Israel, por haber hecho ellos lo malo ante el Señor. Y congregó consigo todos los hijos de Amón y Amalec, y fue y percutió a Israel y heredó la ciudad de «las palmeras». Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón, rey de Moab, años dieciocho. Y clamaron los hijos de Israel al Señor, y suscitóles un salvador: a Aod, hijo de Gerá, hijo de Yeminí, varón ambidextro; y enviaron los hijos de Israel dones en mano de él a Eglón, rey de Moab. E hízose Aod cuchilla, de dos bocas(d) de un palmo su longitud, y ciñósela debajo del sayo, sobre su muslo el derecho. Y fue y llevó los dones a Eglón, rey de Moab; y Eglón, varón urbano(e) sobremanera. Y aconteció, cuando hubo terminado Aod de traer los dones, despidió a los que trajeron los dones. Y él volvió de las esculturas(f) las con Galgal. Y dijo: Aod: «Palabra tengo oculta para ti, rey.» Y díjole Eglón: «Calla.» Y despidió de sí todos los que estaban con él. Y Aod entró a él; y él estaba sentado en su cenáculo el veraniego, muy solo. Y dijo Aod: «Palabra de Dios tengo para ti, rey.» Y levantóse del trono Eglón, cerca de él. Y aconteció, en levantándose él, que extendió Aod su mano, la izquierda, y tomó la cuchilla sobre su muslo derecho, y clavóla en el vientre de él, y hundió también la empuñadura tras de la punta y cerróse la grosura tras de la punta, pues no sacó la cuchilla del vientre de él(g). Y pasó Aod al vestíbulo y pasó los apostados, y cerró las puertas del cenáculo tras sí, y trancó. Y él salió, y los niños de él acercáronse y vieron, y he aquí las puertas del cenáculo trancadas; y dijeron: «¿No vaciará, por ventura sus pies en la cámara estival?» Y aguardaron hasta más tarde; y he aquí no hay quien abra las puertas del cenáculo; y tomaron la llave y abrieron; y he aquí su señor caído sobre la tierra, muerto. Y Aod salvó, mientras tumultuaban, y no había quien le advirtiera; y él pasó las esculturas y salvóse en Seirat. Y aconteció, cuando llegó Aod a tierra de Israel, que tocó el cuerno en el monte Efraín; y bajaron con él, los hijos de Israel, del monte, y él delante de ellos. Y díjoles: «Bajad tras de mí, pues ha entregado el Señor Dios a los enemigos nuestros: a Moab, en nuestra mano». Y bajaron tras él y preocuparon los vados del Jordán, de Moab; y no dejó varón pasar. Y percutieron a Moab en aquel día, como diez millares de varones, todo lo pingue, y todo varón de fuerza; y no salvó el(h) varón. Y mudado fue Moab en aquel día bajo mano de Israel; y reposó la tierra ochenta años; y juzgólos Aod hasta que murió(i). Y, después de él, levantóse Samgar, hijo de Anat, y percutió a los filisteos: como seiscientos varones en el arado de los bueyes(j); y salvó él también a Israel. Débora y Barac Y prosiguieron los hijos de Israel haciendo lo malo ante la faz del Señor; y Aod murió; y vendió a los hijos de Israel el Señor en mano de Yabín, rey de Canaán, que reinó en Asor. Y el príncipe de sus fuerzas, Sisara; que habitaba en Haroset de las gentes. Y clamaron los hijos de Israel al Señor, porque novecientos carros férreos tenía; y él afligió a Israel fuertemente veinte años. Y Débora, mujer profetisa, mujer de Lapidot, ella juzgaba a Israel en aquel tiempo. Y ella, sentábase bajo una palmera, Débora, en medio de Ramá y en medio de Betel, en el monte Efraín, y subían a ella los hijos de Israel a juicio. Y envió Débora y llamó a Barac, hijo de Abinoem, de Cedés-Neftalí, y díjole: «¿No te ha mandado el Señor, el Dios de Israel, a ti: Irás al monte Tabor y tomarás contigo diez millares de varones de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón; y traeré, a ti, al torrente Cisón, sobre(a) Sisara, príncipe de las fuerzas de Yabín, así sus carros como su muchedumbre, y le entregaré en tus manos?» Y díjole Barac: «Si fueres conmigo, iré; y, si no fueres conmigo, no iré, porque no sé el día en que bien encaminare el Señor al ángel conmigo(b).» Y dijo: «Yendo iré contigo; empero conoce que no será tuya la supremacía sobre el camino que tú andas, porque en mano de mujer venderá el Señor a Sisara.» Y levantóse Débora y fue con Barac, desde Cadés. Y voceó Barac a Zabulón y a Neftalí, desde Cadés, y subieron a sus plantas diez millares de varones, y subió Débora con él. Y Heber, el cineo, separárase de Cainá, de los hijos de Hobab, suegro de Moisés, y fijara su tienda hasta la «encina de los codiciosos»(c), la junto a Cadés. Y anuncióse a Sisara que subió Barac, hijo de Abinoem al monte Tabor. Y llamó Sisara todos sus carros: novecientos carros férreos y todo su pueblo con él, de Haroset de las gentes al torrente Cisón. Y dijo Débora a Barac: «Levántate, que éste, el día en que ha entregado el Señor a Sisara en tu mano; el Señor irá delante de ti.» Y bajó Barac del monte Tabor y diez millares de varones en pos de él. Y aterró el Señor a Sisara y todos sus carros y todo su campo en boca de espada a faz de Barac; y bajó Sisara de sobre su carro, y huyó con sus pies; y Barac persiguiendo tras los carros y tras el campo, hasta Haroset de las gentes; y cayó todo el campo de Sisara en boca de espada; no quedó ni uno. Y Sisara huyó con sus pies a la tienda de Jael, mujer de Heber, el cineo, porque paz había en medio de Yabín, rey de Asor y en medio de la casa de Heber, el cineo. Y salió Jael, al encuentro de Sisara; y díjole: «Entrad, Señor mío, entra a mí; no temas.» Y entró a ella, a la tienda, y cubrióle con manto. Y dijo Sisara a ella: «Dame ya a beber un poco de agua, pues tengo sed.» Y abrió el odre de la leche, y diole de beber y cubrióle. Y díjole Sisara: «Estate ya a la puerta de la tienda, y si un varón viniere a ti y te preguntare y dijere: «¿Si está aquí un varón?», dirás: «No está.» Y tomó Jael, mujer de Heber, la estaca de la tienda, y puso el martillo en su mano, y entró a él ocultamente, y clavó la estaca en su sien y pasó a tierra; y él, aletargado, en tinieblas estaba, y murió. Y he aquí a Barac, persiguiendo a Sisara, y salióle Jael al encuentro y díjole: «¡Acá! y te mostraré al varón que tú buscas.» Y entró a ella, y he aquí Sisara derribado, muerto, y la estaca en su sien. Y mudó Dios a Yabín, rey de Canaán, en aquel día delante de los hijos de Israel. Y fue la mano de los hijos de Israel, yendo y endureciéndose sobre Yabín, rey de Canaán, hasta que exterminaron a Yabín, rey de Canaán. Cántico de Débora Y cantaron Débora y Barac, hijo de Abinoem en aquel día diciendo: Revélose la revelación en Israel, espontaneándose el pueblo: bendecid al Señor. Oid, reyes, y con orejas escuchad, príncipes;cantaré —yo soy— al Señor; —yo soy—cantaré al Señor, al Dios de Israel. Señor en la salida tuya en Seír,alzándole tú del campo de Edom,la tierra se estremeció,y el cielo destiló rocíos, y las nubes destilaron agua. Montes balanceáronse a faz del Señor, Dios mío:este Sinaí a la faz del Señor, Dios de Israel. En los días de Samgar, hijo de Anat;en los días de Jael, abandonaron los caminos,y anduvieron por senderos;anduvieron por caminos torcidos. Desfallecieron los poderosos en Israel; desfallecieron,hasta que se alzó Débora,hasta que se alzó una madre en Israel, Eligieron dioses nuevos(a)entonces debelaron(b) ciudades de príncipesy no se veía ni un escudo ni una lanzaentre los cuarenta millares en Israel: Mi corazón se va a los ordenados en batalla para Israel,los que os espontaneasteis en el pueblo,bendecid al Señor. Los que cabalgáis sobre asna de mediodía(c),sentados sobre tribunal,y caminando sobre caminos: de deliberantes sobre camino: Cantad a la voz de los que entonanen medio de las aguadoras(d):allí darán justicias,Señor, justicias acrece en Israel;entonces bajó a las ciudades el pueblo del Señor. Despierta, despierta, Débora;despierta, despierta: habla un cantar;levántate, Barac, y cautiva tu cautividad, hijo de Abinoem. Entonces descendió el residuo contra los fuertes:el pueblo del Señor descendió para él en los poderosos conmigo. Efraín desarraigólos en Amalec;tras de ti iba Benjamín, en tus pueblos;en mí, de Maquir bajaron escudriñando;y de Zabulón conduciendo en vara de narración de escriba(e). Y los príncipes de Isacar, con Débora y Barac;así Barac en hondonadas precipitóse, en sus pies,a las partes de Rubén,grandes ansiedades, de corazón. ¿Por qué te estás entre las majadaspara oír las zampoñas de los mensajeros(f)por los términos de Rubén?¡Grandes deliberaciones de corazón! Galaad, en lo de allende el Jordán, donde reposaba;y Dan ¿por qué moras a par de las naves?Aser reposaba en la marina de los mares;y sobre las salidas de él(g) habitará. Zabulón, un pueblo, condenando su alma a la muerte,y Neftali sobre las alturas del campo suyo. vinieron reyes ordenáronse en batalla;entonces guerrearon reyes de Canaán en Tanac sobre las aguas de Magedó,—pedazo de plata no cogieron— Desde el cielo batallaron las estrellas(h);desde sus sendas batallaron contra Sisara. El torrente Cisón barriólos,el torrente de la antigüedad, el torrente Cisón:hollarále mi alma poderosa. Cuando se trabaron los callos del bridón,con presura apresuráronse sus fuertes. Maldecid a Meroz, dijo el ángel del Señor;maldecid; maldito todo el que la habita;porque no vinieron en auxilio del Señor,en auxilio, en poderosos. Bendita sea entre mujeres Jael, mujer de Heber el cineo;sobre mujeres, en tiendas, bendita sea. Agua pidió; leche dio;en taza de príncipes ofreció nata. Su mano siniestra a estaca extendióy su diestra a martillo de trabajadores;y martilló a Sisara; traspasó su cabeza y percutió;traspasó su sien: En medio de sus plantas fue retorciéndosecayó, durmióse en medio de sus plantas;retorcióse, cayó; como se retorció, alli cayó exánime. A la ventana asomóse la madre de Sisara,fuera de la celosía:«¿Por qué se avergonzó su carro?¿Por qué han tardado los pies de su carro?» Las sabias princesas de ella respondiéronle,y ella devolvióse las palabras suyas a sí misma: «¿No le hallarán repartiendo despojos?¡Apiadando apiadárase de cabeza de varón!(i)Despojos de grana(j) para Sisara.Despojos de grana de bordadura;grana de bordados, ella para su cuello despojos.» Así perezcan todos los enemigos tuyos, Señor,y los que le aman, como la salida del sol en su poder.(5:32) Y reposó la tierra cuarenta años. Gedeón E hicieron los hijos de Israel lo malo ante la faz del Señor, y diolos el Señor en mano de Madián, siete años. Y fortalecióse la mano de Madián sobre Israel, e hiciéronse los hijos de Israel delante del rostro de Madián, los agujeros en los montes, y las cavernas y las cumbres. Y acontecía que si habían sembrado los hijos de Israel, subían Madián y Amalec, y los hijos del oriente subían con ellos, y acampaban contra ellos; Y devastaban los frutos de ellos, hasta llegar a Gaza, y no dejaban sustancia de vida en la tierra de Israel; ni en los rebaños, toro y asno. Porque ellos y sus greyes subían, y sus tiendas llegaban así como langosta en muchedumbre, y de ellos y de sus camellos no había número; y venían a la tierra de Israel y devastábanla. Y mendigó Israel muy mucho a faz de Madián. Y clamaron los hijos de Israel al Señor delante de la faz de Madián. Y envió el Señor un varón profeta a los hijos de Israel; y díjoles: «Esto dice el Señor el Dios de Israel: «Yo soy el que os saqué de tierra de Egipto, y os saqué de casa de vuestra servidumbre; Y os libré de mano de Egipto y de mano de todos los que os afligían; y arrojéles de delante de la faz vuestra, y os di la tierra de ellos. Y os dije: «Yo, el Señor, vuestro Dios: no temáis a los dioses del amorreo, entre quienes vosotros os asentasteis, en tierra de ellos; y no habéis escuchado mi voz.» Y vino un ángel del Señor y sentóse bajo el terebinto el en Efrá, en tierra de Joás, padre de Ezrí. Y Gedeón el hijo de él, apaleando trigo en el lagar, huyendo de la faz de Madián. Y apareciósele el ángel del Señor y díjole: «Señor contigo-poderoso(a) de los ejércitos.» Y díjole Gedeón: «Ay de mí, Señor mío; y si el Señor es con nosotros ¿por qué nos han encontrado estos males? y ¿dónde están todas las maravillas de él que nos han contado nuestros padres, diciendo: «¿Por ventura no nos ha traído de Egipto el Señor?» Y ahora nos arrojó y nos dio en mano de Madián». Y volvióse a él el ángel del Señor y dijo: «Ve en esta tu fuerza, y salvarás a Israel de mano de Madián; he aquí enviádote he.» Y díjole Gedeón: «Ay de mí, Señor mío, ¿en qué salvaré a Israel? He aquí mi millar(b) decaído está en Manasés y yo soy el más pequeño en casa de mi padre.» Y díjole el ángel del Señor: «El Señor será contigo, y batirás a Madián tal cual a varón uno». Y díjole Gedeón: «Si ahora he hallado piedad en tus ojos, harásme también hoy todo lo que has hablado conmigo, no te apartes de aquí hasta venir yo a ti, y traeré la hostia e inmolaré ante la faz tuya». Y dijo: «Yo soy: sentaréme hasta volver tú.» Y Gedeón entró e hizo un cabrón de cabras y un efá de harina ázimos, y las carnes puso en la cesta y el caldo echó en la olla y trájolos a él bajo el terebinto y acercóse. Y díjole el ángel de Dios: «Toma las carnes y los ázimos y pon junto a aquella piedra, y el caldo a par derrama.» E hizo así. Y extendió el ángel del Señor la punta de su vara en su mano, y tocó las carnes y los ázimos y subió fuego de la peña y consumió las carnes y los ázimos; y el ángel del Señor se fue yendo de sus ojos. Y vio Gedeón que un ángel del Señor éste es; y dijo Gedeón(c): «Ay!, ay! Señor, mi Señor que he visto al ángel del Señor faz a faz.» Y díjole el Señor: « Paz a ti: no temas: no morirás, no.» Y edificó allí Gedeón un altar al Señor; y le llamó: Paz del Señor; hasta este día; aún estando él en Efrá, de su padre Ezrí. Y aconteció en aquella noche decirle el Señor: «Toma el becerro, el toro que es de tu padre, y becerro segundo de siete años, y arrasarás el altar de Baal, que es de tu padre, y la selva, la junto a él extirparás». Y edificarás altar al Señor, tu Dios sobre la cumbre de esta «peña», sobre el sacrificadero; y tomarás el becerro, el segundo, y ofrecerás holocaustos en la leña de la selva que extirparas. Y tomó Gedeón diez varones de sus siervos e hizo al modo que le habló el Señor; y aconteció que, como temiese la casa de su padre y a los varones de la ciudad para hacer de día, hizo de noche. Y madrugaron los varones de la ciudad al alba, y he aquí arrasado estaba el altar de Baal y la selva la sobre él, extirpada; y vieron el becerro, el segundo que ofreció sobre el altar el edificado. Y dijo el varón a su vecino(d): «¿Quién ha hecho esta palabra(e)?» Y averiguaron y escudriñaron y conocieron que Gedeón, hijo de Joás, hizo esta palabra. Y dijeron los varones de la ciudad a Joás: «Saca fuera a tu hijo, y muera, porque arrasó el altar de Baal y porque extirpó la selva la sobre él.» Y dijo Gedeón(f), hijo de Joás a todos los varones que se alzaron contra él: «¿Por ventura vosotros juzgáis sobre Baal? o ¿vosotros le salvaréis? Quien le juzgare(g), muerto sea hasta el alba; su Dios es, júzguele porque arrasó su altar». Y llamósele en aquel día: Jerobaal, diciendo: «Juzgue en él Baal, porque arrasó su altar.» Y todo Madián y Amalec y los hijos del oriente juntáronse en uno, y pasaron y acamparon en el valle Jezrael. Y el espíritu del Señor revistió a Gedeón; y trompeteó en bocina y voceó a Abiezer en pos de sí. Y mensajeros envió a todo Manasés, y él también voceó en pos de él; y envió mensajeros: y por Aser, y por Zabulón y por Neftalí; y subió al encuentro de ellos. Y dijo Gedeón a Dios: «Si tú salvas, en mi mano, a Israel, según que has hablado; He aquí yo pongo el vellón de lana en la era; si rocío hubiere sobre el vellón sólo, y sobre toda la tierra sequedad; conoceré que salvarás en mi mano a Israel, según que has hablado». Y aconteció así; y madrugó al otro día y exprimió el vellón, y goteó rocío del vellón: llena una taza de agua. Y dijo Gedeón a Dios: «No se aíre ahora tu furor contra mí; y hablaré aún una vez en el vellón: probaré ahora y esto, aún una vez en el vellón, y sea la sequedad sobre el vellón sólo, y sobre toda la tierra haya rocío.» E hizo Dios así en aquella noche: y hubo sequedad sobre el vellón sólo y sobre toda la tierra hubo rocío. Triunfo de Gedeón Y madrugó Jerobaal —él es Gedeón— y todo el pueblo con él, y acamparon sobre la fuente Arad; y el campo de Madián tenía, al septentrión, desde la colina Moré, en el valle. Y dijo el Señor a Gedeón: «Mucho es el pueblo que está contigo, para entregar yo a Madián en mano de ellos no sea que Israel se gloríe contra mí, diciendo: «Mi mano me salvó.» Y ahora habla en las orejas del pueblo, diciendo: «¿Quién es el medroso y el cobarde? Vuélvase y salga del monte Galaad.» Y volviéronse del pueblo, veintidós millares, y diez millares quedaron. Y dijo el Señor a Gedeón: «Todavía el pueblo es mucho; bájalos al agua, y depurarétele allí, y será: de quien dijere yo a ti: «Este irá contigo», el irá contigo; y todo aquél de quien dijere yo a ti: «Este no irá contigo, él no irá contigo.» Y bajó al pueblo al agua; y dijo Señor a Gedeón: «Todo el que lamiere con su lengua el agua como lame el perro; pondrásle aparte; y todo aquél que se inclinare sobre sus rodillas a beber, colocarásle separado.» Y fue el número de los que lamieron en su mano contra su boca, trescientos varones y todo lo restante del pueblo inclináronse sobre sus rodillas a beber agua. Y dijo el Señor a Gedeón: «En los trescientos varones que han lamido, salvaréos; y daré a Madián en tu mano, y todo el pueblo irán-varón(a) a su lugar.» Y tomaron los víveres del pueblo en su mano, y sus cuernos, y a todo varón de Israel envió-varón a la tienda de él; y a los trescientos varones retuvo; y el real de Madián estaba de él abajo, en la hondonada. Y aconteció en aquella noche decirle el Señor: «Levántate, baja en medio del real que yo lo he entregado en tu mano. Y si temes tú bajar, baja tú y Fará, tu niñito, al real; y oirás qué hablarán, y, después de esto, robusteceránse tus manos, y bajarás en medio del real.» Y bajo él y Fará, su niñito al principio de los cincuenta(b) que estaban en el real. Y Madián y Amalec y todos los hijos de oriente, tendidos en la hondonada, como langostas en muchedumbre(c); y de sus camellos no había número, sino que eran cual la arena la sobre el labio de la mar en muchedumbre. Y vino Gedeón, y he aquí un varón contando a su vecino un sueño, y dijo: «He aquí he soñado un sueño, y he aquí una masa de pan cebadeño, rodando en medio del real de Madián y llegó hasta el pabellón y lo percutió, y cayó, y volviólo arriba y cayó el pabellón.» Y respondió su vecino, y dijo: «No es ésta sino la espada de Gedeón, hijo de Joás, varón de Israel: ha entregado Dios en su mano a Madián y todo el real.» Y aconteció como oyera Gedeón la narración del sueño y su interpretación, adoró al Señor, y volvió al real de Israel y dijo: «Levantáos, que ha entregado el Señor en nuestras manos el real de Madián.» Y repartió los trescientos varones en tres mandos, y dio cuernos en manos de todos y cántaros vacíos y lámparas en los cántaros; y díjoles: «De mí veréis, y así haréis. Y he aquí yo entro en el principio del real; y será: según que yo hiciere, así haréis; y trompetearé en la bocina yo, y todos conmigo trompetearéis en los cuernos en contorno de todo el real, y diréis: «¡Para el Señor y para Cedeón!» Y entró Gedeón y los cien(d) varones los con él, en el principio del real, en el principio de la vigilia media; y, despertando despertaron a los guardias, y trompetearon en los cuernos, y sacudieron de sí los cántaros, los en sus manos. Y trompetearon los tres mandos en los cuernos y quebraron los cántaros, y tomaron en sus manos izquierdas las lámparas, y en sus manos derechas los cuernos para trompetear, y vociferaron: «¡Espada al Señor y a Gedeón!» Y púsose varón sobre sí(e) en contorno del real, y corrió todo el real, y señalaron y huyeron. Y trompetearon en los trescientos cuernos, y puso el Señor la espada de varón en su vecino en todo el real; y huyó el real hasta Betsetá, hasta el confín de Abelmehulá sobre Tebat. Y vocearon, varón de Israel, desde Neftalí, y desde Aser, y desde todo Manasés; y persiguieron tras de Madián. Y mensajeros envió Gedeón por todo el monte Efraín diciendo: «Bajad al encuentro de Madián, y tomáos el agua hasta Betberá y el Jordán.» Y voceó todo varón de Efraín y preocuparon el agua hasta Betberá y el Jordán. Y cogieron a la vez a los príncipes de Madián, así a Oreb como a Zeb, y mataron a Oreb en «peña Oreb», y a Zeb en «lagar Zeb»; y persiguieron tras de Madián, y la cabeza de Oreb y Zeb trajeron a Gedeón desde allende el Jordán. Nuevos triunfos de Gedeón. Muere. Abimelec. Y dijeron a Gedeón-varón(a) de Efraín: «¿Qué esta palabra nos has hecho de no llamarnos, cuando fuiste a acampar en Madián?» Y altercaron con él fuertemente. Y díjoles: «¿Qué he hecho yo ahora así como vosotros? ¿O por ventura no es mejor la rebusca de Efraín que la vendimia de Abiezer? En mano vuestra entregó el Señor a los príncipes de Madián, a Oreb y a Zeb; y ¿qué he podido hacer como vosotros?» Entonces calmó el espíritu de ellos para con él al hablar esta palabra. Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos varones los con él hambrientos y persiguiendo. Y dijo a los varones de Socot: «Dad ahora panes de comer a este pueblo, el que está en mis pies, porque desfallecen; y he aquí yo estoy persiguiendo tras de Zebeé y Salmaná, reyes de Madián.» Y dijeron los príncipes de Socot: «¿Acaso la mano de Zebeé y Salmaná está ahora en tu mano, para que demos a tu ejército panes?» Y dijo Gedeón: «Por esto, cuando diere el Señor a Zebeé y Salmaná en mi mano, yo trillaré vuestras carnes en las espinas del desierto y en trilladoras.» Y subió de allí a Fanuel y hablóles así mismo; y respondiéronle los varones de Fanuel al modo que respondieron los varones de Socot. Y dijo Gedeón a los varones de Fanuel: «A mi vuelta con paz, demoleré esta torre.» Y Zebeé y Salmaná, en Karkar y su real con ellos; como quince millares; todos los que quedaron de todo el real de los hijos del oriente; y los caídos, ciento veinte millares de varones que desenvainaban espada. Y subió Gedeón camino de los habitantes de tiendas, al oriente de Nobé y Yegbaá; y batió el real, y el real estaba confiado. Y huyeron Zebeé y Salmaná; y persiguió tras de ellos y cogió los dos reyes de Madián: a Zebeé y Salmaná, y todo el real aterró. Y volvió Gedeón, hijo de Joás, de la expedición, desde la altura de la expedición, junto a Arés(b). Y cogió a un niñito de los varones de Socot, y preguntóle; y escribióle los nombres de los príncipes de Socot y los ancianos de ellos: setenta y siete varones. Y llegóse Gedeón a los príncipes de Socot y dijo: «He aquí Zebeé y Salmaná, en los que me oprobiasteis, diciendo: «¿Acaso la mano de Zebeé y Salmaná está ahora en tu mano, para que demos panes a tus varones, los desfallecientes?» Y tomó a los ancianos de la ciudad en las espinas del desierto y las trilladoras, y trilló en ellas a los varones de la ciudad. Y la torre de Fanuel arrasó y mató a los varones de la ciudad. Y dijo a Zebeé y Salmaná: «¿Cómo eran los varones que matasteis en Tabor?» Y dijeron: «Como tú, así eran ellos, semejantes a un hijo de rey.» Y dijo Gedeón: «Hermanos míos e hijos de mi madre eran: ¡Vive el Señor! si los dejárais vivos, yo no os matara.» Y dijo a Jeter su primogénito: «Levántate y mátales.» Y no desenvainó el niñito su espada; porque temió, porque aún pequeño era. Y dijo Zebeé y Salmaná: «Levántate tú y afréntanos, pues, como de varón tu fuerza.» Y levantóse Gedeón y mató a Zebeé y Salmaná; y tomó las lunetas que llevaban en los cuellos de sus camellos. Y dijeron los varones de Israel a Gedeón: «El Señor reina sobre nosotros; y tú, y tu hijo y el hijo de tu hijo, pues tú nos has salvado de la mano de Madián.» Y díjoles Gedeón: «No reinaré yo y no reinará mi hijo en vosotros: el Señor reinará sobre vosotros.» Y díjoles Gedeón: «Os hago esta petición: Dadme-varón zarcillos de sus despojos(c); pues zarcillos áureos tenían, pues eran ismaelitas. Y dijeron: «Te lo daremos. Y plegó su vestido, y echó allí el varón-zarcillo de sus despojos. E hízose el peso de los zarcillos, los áureos, que pidió: siclos mil y setecientos áureos; fuera de las lunetas, y los collares, y las vestiduras y las púrpuras, las sobre los reyes de Madián; y fuera de las cadenillas las que había en los cuellos de sus camellos. E hízolo Gedeón una estatua(d) y colocóla en su ciudad, en Efrá. Y fornicó todo Israel, después de él(e), allí, e hízose a Gedeón y su casa en escándalo. Y humillado fue Madián a faz de los hijos de Israel, y no volvieron a alzar su cabeza; y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón. Y fue Jerobaal, hijo de Joás, y sentóse en su casa. Y tuvo Gedeón setenta hijos, salidos de sus muslos; porque mujeres muchas tuvo. Y una concubina de él estaba en Siquem; y parióle también ella un hijo, y puso el nombre: Abimelec. Y murió Gedeón, hijo de Joás, en feliz ancianidad(f), y fue sepultado en el sepulcro de Joás, su padre, en Efrá, de la familia Ezrí. Y aconteció que cuando murió Gedeón, volviéronse los hijos de Israel y fornicaron tras baales; y pusiéronse con un baal, alianza, para que él les fuese en dios. Y no se acordaron los hijos de Israel del Señor, su Dios, el que los libró de mano de todos los que les afligían en contorno. Y no hicieron misericordia con la casa de Jerobaal; —él es Gedeón— según todo lo bueno que hizo para con Israel. Abimelec Y fue Abimelec, hijo de Jerobaal, a Siquem a los hermanos de su madre; y habló a ellos y a toda la parentela del padre de su madre, diciendo: «Hablad ahora en las orejas de todos los varones de Siquem. ¿Cuál es lo bueno para vosotros: que os señoreen setenta varones, todos hijos de Jerobaal, que os señoree un solo varón? Y acordaos de que hueso vuestro y carne vuestra soy.» Y hablaron de él los hermanos de su madre en las orejas de todos los varones de Siquem todas estas palabras; e inclinóse su corazón tras de Abimelec, porque dijeron: «Hermano nuestro es.» Y diéronle setenta siclos de plata de la casa de Baal-Berit, y alquilóse Abimelec varones vanos y míseros y vinieron en pos de él. Y entró en la casa de su padre, en Efrá y mató a sus hermanos, hijos de Jerobaal, setenta varones sobre una piedra; y quedó Joatán, hijo de Jerobaal, el menor, pues se ocultó. Y congregáronse todos los varones de Siquem, y toda la casa de Meló y fueron e hicieron rey a Abimelec a par de la encina, la que se halla en el monumento, el en Siquem. Y anuncióse aJoatán, y fue, y púsose en la cumbre del monte Garizim, y alzó su voz y lloró; y díjoles: «Escuchadme, varones de Siquem, y os escuchará Dios»: «Yendo fueron los árboles a ungir sobre sí rey, y dijeron a la oliva: «Reina sobre nosotros.» Y díjoles la oliva: «¿Acaso, dejando mi grosura, en la que glorificarán a Dios los varones, he de ir a mecerme sobre los árboles?» Y dijeron los árboles a la higuera: «¡Acá! reina sobre nosotros.» Y díjoles la higuera: «¿Acaso, dejando yo mi dulzura y mis frutos, los buenos, he de ir a mecerme sobre los árboles?» Y dijeron los árboles a la vid: «¡Acá! tú reina sobre nosotros.» Y díjoles la vid: «¿Acaso, dejando el vino, el que alegra a dioses y hombres, he de ir a mecerme sobre los árboles?» Y dijeron todos los árboles a la zarza: «¡Acá! tú reina sobre nosotros.» Y dijo la zarza a los árboles: «Si, en verdad, me ungís vosotros para reinar sobre vosotros, venid: poneos bajo mi sombra; y, si no, salga fuego de mí y devore los cedros del Líbano.» Y ahora si en verdad y perfección habéis hecho y hecho rey a Abimelec; y si bondad habéis hecho con Jerobaal y con su casa; y si como retribución de su mano le habéis hecho; cual acampó mi padre por vosotros, y lejos arrojó su alma frente a frente, y os libró de mano de Madián; y vosotros os habéis levantado contra la casa de mi padre hoy, y muerto los hijos de él: setenta varones sobre una piedra, y hecho rey a Abimelec, hijo de su criada, sobre los varones de Siquem, porque hermano vuestro es. Y, si en verdad y perfección habéis hecho, con Jerobaal y con su casa, en este día-alegraos en Abimelec, y alégrese también él en vosotros; y, si no, salga fuego de Abimelec y devore a los varones de Siquem y la casa de Meló, y salga fuego de los varones de Siquem y de la casa de Meló y devore a Abimelec.» Y huyó Joatán y retiróse y fue hasta Berá, y habitó allí de ante de la faz de Abimelec, su hermano. Y reinó Abimelec sobre Israel tres años. Y envió Dios un espíritu malo en medio de Abimelec y en medio de los varones de Siquem, y desecharon los varones de Siquem, en la casa a Abimelec, para subir la iniquidad de los setenta hijos de Jerobaal, y para las sangres de ellos poner sobre Abimelec, el hermano de ellos que les mató, y sobre los varones de Siquem, porque envalentonaron las manos de él para matar a sus hermanos. Y pusiéronle los varones de Siquem asechadores sobre las cabezas de los montes, y despojaban a todo el que pasaba por ellos en el camino; y anuncióse al rey Abimelec. Y vino Gaal, hijo de Obed y sus hermanos y pasaron a Siquem; y esperaron en él los varones de Siquem. Y salieron al campo y vendimiaron las viñas de ellos, y lagarearon e hicieron festines, y llevaron a la casa de su dios y comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. Y dijo Gaal hijo de Obed: «¿Quién es Abimelec, y quién el hijo de Siquem para que le sirvamos? ¿No(a) hijo de Jerobaal, y Zebul, su sátrapa, siervo suyo con los varones de Emor, padre de Siquem? ¿Y qué, por qué le hemos de servir nosotros? ¿Y quién diera a este pueblo en mi mano? Y quitaré a Abimelec y le diré: «Multiplica tu ejército y sal fuera.» Y oyó Zebul, príncipe de la ciudad, las palabras de Gaal, hijo de Obed, y airóse con furor él. Y envió mensajeros a Abimelec en secreto, diciendo: «He aquí Gaal, hijo de Obed, y sus hermanos vienen a Siquem, y he aquí ellos tienen sitiada la ciudad sobre ti. Y ahora levántate de noche y el pueblo, el contigo, y asecha en el campo; y será; al alba, en despuntando el sol, madrugarás y marcharás sobre la ciudad; y he aquí él y el pueblo, el con él, salen contra ti y harásle cuanto hallare tu mano.» Y levantóse Abimelec y todo el pueblo con él, de noche, y asecharon sobre Siquem en cuatro mandos. Y salió Gaal, hijo de Obed, y púsose a la entrada de la puerta de la ciudad; y levantóse Abimelec y el pueblo con él, de la asechanza. Y vio Gaal, hijo de Obed, al pueblo y dijo a Zebul: «He allí el pueblo baja de las cabezas de los montes.» Y díjole Zebul: «La sombra de los montes tú ves como varones.» Y prosiguió Gaal hablando y dijo: «He allí el pueblo bajando, a lo largo del mar, desde lo contiguo al ombligo(b) de la tierra; y escuadra otra viene por el camino de la «encina hechicera». Y díjole Zebul: «¿Y dónde está tu boca que hablabas? ¿Quién es Abimelec, para que le sirvamos? ¿Acaso no es éste el pueblo que desdeñabas? Sal ya ahora y batalla contra él.» Y salió Gaal y a faz de los varones de Siquem y batalló contra Abimelec. Y persiguióle Abimelec, y huyó delante de su faz, y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta. Y entró Abimelec en Rumá; y arrojó Zebul a Gaal y sus hermanos para que no la habitaran en Siquem. Y aconteció al siguiente día salir el pueblo al campo y anunciar a Abimelec. Y tomó al pueblo y repartióles en tres mandos y asechó en el campo; y vio: y he aquí el pueblo salió de la ciudad; y levantóse contra ellos y batiólos, y Abimelec y los príncipes con él marcharon y pusiéronse junto a la entrada de la puerta de la ciudad; y los dos mandos marcharon contra todos en el campo y batiéronlos. Y Abimelec opugnó la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad y al pueblo, al en ella, mató y la ciudad arrasó y sembróla de sal. Y oyeron todos los varones de la torre de Siquem, y vinieron a la fortaleza de la casa del dios Berit. Y anuncióse a Abimelec que se congregaron todos los varones de la torre de Siquem. Y subió Abimelec al monte Selmón, y todo el pueblo con él; y cogió Abimelec las segures en su mano y cortó una rama de árbol y alzó y puso sobre sus hombros. Y dijo al pueblo que estaba con él: «Lo que me habéis visto hacer hacedlo pronto como yo.» Y cortaron asimismo un varón una rama, todo varón, y fueron en pos de Abimelec y pusieron sobre la fortaleza e incendiaron sobre ellas la fortaleza en fuego; y murieron asimismo todos los varones de la torre de Siquem, como mil hombres y mujeres. Y fue Abimelec de la casa del dios Berit y acampó en Tebes y tomóla. Y torre fuerte había en medio de la ciudad, y huyeron allá todos los hombres y las mujeres y todos los príncipes de la ciudad, y cerraron por fuera de sí, y subieron al terrado de la torre. Y vino Abimelec hasta la torre y batalló contra ella; y acercóse Abimelec hasta la puerta de la torre para quemarla en fuego. Y lanzó mujer una un trozo molar sobre la cabeza de Abimelec y rompió su cráneo. Y voceó luego al muchachuelo que llevaba sus armas y díjole: «Tira de tu espada y mátame; no sea que digan: «Mujer le mató.» Y traspasóle el muchachuelo suyo, y murió. Y vio varón de Israel que murió Abimelec, y fuéronse-varón(c) a su lugar. Y volvió Dios la maldad de Abimelec que hizo a su padre, matando a sus setenta hermanos. Y toda la maldad de los varones de Siquem volvió Dios a la cabeza de ellos; y vino sobre ellos la maldición de Joatán, hijo de Jerobaal. Tolá y Jair Y levantóse, después de Abimelec, para salvar a Israel, Tolá, hijo de Fuá, hijo del hermano de su padre, un varón de Ysacar, y él habitaba en Samir en el monte Efraín. Y juzgó a Israel veintitrés años y murió y fue sepultado en Samir. Y levantóse, después de él, Jaír el galaadita, y juzgó a Israel veintidós años. Y tenía treinta(a) hijos que subían sobre treinta pollinos(b) y tenían treinta ciudades; y llamáronlas «alquerías de Jaír», hasta este día, en tierra de Galaad. Y murió Jaír y fue sepultado en Kamón. Y prosiguieron los hijos de Israel haciendo lo malo ante la faz del Señor y sirvieron a los baales, y a los astarot, y a los dioses de Aram; y a los dioses de Sidón; y a los dioses de Moab, y a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos; y abandonaron al Señor, y no le sirvieron. Y airóse con furor el Señor sobre Israel, y vendióles en mano de filisteos y en mano de los hijos de Amón. Y atribularon y quebrantaron a los hijos de Israel, en aquella sazón, durante dieciocho años, a todos los hijos de Israel, a los de allende el Jordán en tierra del amorreo, del en Galaad. Y pasaron los hijos de Amón el Jordán a batallar contra Judá, y Benjamín y contra Efraín; y eran atribulados los hijos de Israel muy mucho. Y clamaron los hijos de Israel al Señor, diciendo: «Hemos pecado, por haber abandonado a Dios y servido a los baales.» Y dijo el Señor a los hijos de Israel: «¿Acaso de Egipto y del amorreo, y de los hijos de Amón y de los filisteos, y de los sidonios y Amalec y Madián, los que os atribularon, y clamasteis a mí, no os he salvado de la mano de ellos? Y vosotros me habéis abandonado y servido a dioses otros; por esto ya no os salvaré más Id y clamad a los dioses que os elegisteis, y ellos os salven en tiempo de vuestra tribulación.» Y dijeron los hijos de Israel al Señor: «Hemos pecado, haz tú a nosotros según todo lo bueno en tus ojos; empero líbranos en este día.» Y apartaron los otros dioses de en medio de ellos, y sirvieron al Señor sólo, y empequeñecióse(c) su alma en el trabajo de Israel. Y subieron los hijos de Amón y acamparon en Galaad; y juntáronse los hijos de Israel y acamparon en Masfá(d). Y dijeron el pueblo; los príncipes de Galaad, varón a su vecino: «¿Quién es el varón que comenzare a batallar contra los hijos de Amón, y será en príncipe a todos los habitantes de Galaad?» Jefté Y Jefté el galaadita, descollante en fuerza, era un hijo de mujer ramera(a); la que engendró a Galaad(b) a Jefté. Y parió la mujer al mismo Galaad hijos; y crecieron los hijos de la mujer, y lanzaron a Jefté y dijéronle: «No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de la mujer hetera(c) tú.» Y huyó Jefté de delante de la faz de sus hermanos y habitó en tierras de Tob. Y juntáronse con Jefté varones ociosos y salieron con él. Y aconteció, después de días, guerrear los hijos de Amón con Israel. Y aconteció, cuando batallaron los hijos de Amón con Israel, fueron los ancianos de Galaad a tomar a Jefté, de la tierra de Tob. Y dijeron a Jefté: «¡Acá! y serásnos en caudillo, y batallaremos contra los hijos de Amón.» Y dijo Jefté a los ancianos de Galaad: «¿Acaso vosotros no me aborrecisteis y me arrojasteis de la casa de mi padre, y me despedisteis de vosotros? ¿Y por qué habéis venido a mí ahora, cuando necesitados estáis?» Y dijeron los ancianos de Galaad a Jefté: «Por esto ahora hemos vuelto a ti, e irás con nosotros y batallarás contra los hijos de Amón y serásnos en príncipe a todos los habitantes de Galaad.» Y dijo Jefté a los ancianos de Galaad: «Si me volvéis vosotros para batallar contra los hijos de Amón y los entregare el Señor a faz mía, ¿también yo os seré en príncipe?» Y dijeron los ancianos de Galaad a Jefté: «El Señor esté oyendo en medio de nosotros, si no según tu palabra así hiciéremos.» Y fue Jefté con los ancianos de Galaad, y pusiéronle el pueblo sobre sí en cabeza y en caudillo. Y habló Jefté todas sus palabras a faz del Señor en Masfá. Y envió Jefté mensajeros al rey de los hijos de Amón, diciendo: «¿Qué a mí y a ti(d), que has venido contra mí, a batallar en la tierra mía?» Y dijo el rey de los hijos de Amón a los mensajeros de Jefté: «Porque tomó Israel mi tierra, al subir él de Egipto, desde Arnón hasta el Jaboc y hasta el Jordán, y ahora devuélvelas en paz, e iréme.» Y prosiguió todavía Jefté y envió mensajeros al rey de los hijos de Amón. Y díjoles: «Así dice Jefté: «No ha tomado Israel la tierra de Moab, y la tierra de hijos de Amón; pues, al subir ellos de Egipto, fue Israel por el desierto hasta la mar de las cañas(e) y vino a Cadés. Y envió Israel mensajeros al rey de Edom, diciendo: «Pasaré ahora por tu tierra.» Y no escuchó el rey de Edom; también al rey de Moab envió, y no le pareció bien, y detúvose Israel en Cadés. Y fue por el desierto, y rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y vino por el oriente del sol a la tierra de Moab, y no entró por los confines de Moab, porque el Arnón es el confín de Moab. Y envió Israel mensajeros a Sehón, rey del amorreo, rey de Hesebón, y díjole Israel: «¿Pasaríamos ahora por tu tierra hasta el lugar de nosotros?» Y no se fió Sehón de Israel para que pasara por su confin. Y juntó Sehón todo su pueblo y acampó por Jasá y batalló contra Israel. Y entregó el Señor, el Dios de Israel a Sehón y todo su pueblo en manos de Israel, y batióle; y heredó Israel toda la tierra del amorreo que habitaba aquella tierra, y todo su confin, desde el Arnón y hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. Y ahora el Señor, el Dios de Israel quitó al amorreo, de la faz de su pueblo Israel ¿y tú le poseerás? Por ventura de lo que te posesionare Camós, el dios tuyo ¿eso no poseerás? y todos los que ha quitado el Señor, el Dios nuestro a faz vuestra ¿no les poseeremos? Y ahora ¿acaso en lo bueno eres mejor tú sobre Balac, hijo de Sefor, rey de Madián? ¿Acaso combatiendo combatió con Israel o guerreando guerreó con él; habitando(f) en Hesebón y en todos los confines de ella, y en Aroer, y en los confines de ella y en todas las ciudades las junto al Jordán; trescientos años? ¿Y por qué no los has salvado en ese tiempo? Y ahora, yo soy(g) no he pecado contra ti y tú haces conmigo maldad en batallar contra mí: juzga el Señor quien juzga hoy en medio de los hijos de Israel y en medio de los hijos de Amón.» Y no oyó el rey de los hijos de Amón las palabras de Jefté que envió a él. Y vino sobre Jefté el espíritu del Señor; y atravesó a Galaad y a Manasés; y atravesó a Masfá de Galaad, y desde Masfá de Galaad hasta más allá de los hijos de Amón. Y votó Jefté un voto al Señor, y dijo: «Si dando me dieres los hijos de Amón en mi mano, también será: el saliente que saliere de la puerta de mi casa, a mi encuentro, al volver yo, en paz de los hijos de Amón, será para el Señor: ofreceréle holocausto.» Y pasó Jefté a los hijos de Amón a batallar contra ellos; y entrególes el Señor en su mano. Y batióles desde Aroer hasta que se llega a Minit, en número: veinte ciudades, y hasta Abel: estrago grande sobremanera. Y humillados fueron los hijos de Amón a faz de los hijos de Israel. Y vino Jefté a Masfá a su casa; y he aquí su hija salía al encuentro en tímpanos y coros; y ella era su unigénita; no tenía otro hijo o hija. Y aconteció, como la vio él, rasgó sus vestiduras y dijo: ¡Ah, ah, hija mía! con perturbación me has perturbado, y tú has estado en mi turbamiento y —yo soy— he abierto contra ti mi boca al Señor, y no podré volver atrás.» Y ella díjole: «Padre ¿has abierto tu boca al Señor? Hazme al modo que salió de tu boca para hacerte Señor venganza de tus enemigos; de los hijos de Amón.» Y ésta dijo a su padre: «Haga ya mi padre esta palabra: déjame dos meses, e iré y descenderé sobre los montes, y oraré sobre lo virginal mío(h) —yo soy—(i)y las compañeras mías.» Y dijo: «Ve», y despidióla dos meses y fue ella y sus compañeras, y lloró sobre lo virginal de ella, sobre los montes. Y aconteció, al fin de los dos meses, volvió a su padre e hizo en ella el voto que votó: y ella no conoció varón(j). Y fue hecho en precepto en Israel: de días en días(k) iban hijas de Israel a plañir a la hija de Jefté, el galaadita, por cuatro días en el año. Efraín-Abesán, Ahialón, Abdón. Y voceó varón de Efraín, y pasaron al septentrión, y dijeron a Jefté: «¿Por qué pasaste a batallar contra los hijos de Amón, y a nosotros no nos llamaste a ir contigo? Tu casa quemaremos sobre ti en fuego.» Y díjoles Jefté: «Varón batallador era yo y mi pueblo, y los hijos de Amón, muy mucho(a); y os voceé, y no me salvasteis de mano de ellos. Y vi que no eras salvador, y puse mi alma en mi mano, y pasé a los hijos de Amón, y dioles el Señor en mi mano; ¿y a qué habéis subido hasta mí, en este día, a batallar contra mí? Y congregó Jefté a todos los varones de Galaad y batalló con Efraín, y batieron los varones de Galaad a Efraín, porque dijeron los fugitivos de Efraín: «Vosotros Galaad, en medio de Efraín y en medio de Manasés(b). Y preocupó Galaad los vados del Jordán de Efraín; y dijéronles(c) los fugitivos de Efraín: «¿Pasaremos?»; y dijéronle los varones de Galaad: «¿Efrates eres?» Y dijo: «No» Y dijéronle: di ya: shiboleth(d); y él dijo: shiboleth; y no podía hablar bien; y cogíanle y degollábanle en los vados del Jordán; y cayeron, en aquella sazón, de Efraín cuarenta y dos millares. Y juzgó Jefté a Israel seis años, y murió Jefté el galaadita, y fue sepultado en su ciudad, Galaad. Y juzgó, después de él, a Israel Abesán, de Belén. Y tenía treinta hijos y treinta hijas; las que envió fuera; y treinta hijas trajo a sus hijos de fuera; y juzgó a Israel siete años. Y murió Abesán y fue sepultado en Belén. Y juzgó después de él a Israel Ahialón, el zabulonita, diez años. Y murió Ahialón, y fue sepultado en Ahialón, en tierra de Zabulón. Y juzgó, después de él, a Israel Abdón, hijo de Ylel, el faratonita. Y tenía cuarenta hijos y treinta hijos de hijos subiendo sobre setenta pollinos, y juzgó a Israel ocho años. Y murió Abdón el faratonita y fue sepultado en Faratón, en tierra de Efraín, en monte de Amalec. Sansón Y prosiguieron aún los hijos de Israel, haciendo lo malo ante la faz del Señor; y entrególe el Señor en manos de los filisteos cuarenta años. Y había varón uno, de Saraá, de la familia de la parentela de Dan; y su nombre era Manué, y su mujer, estéril y no había parido. Y aparecióse un ángel del Señor a la mujer y díjole: «He aquí, tú, estéril y no has parido; y concebirás un hijo; y ahora guárdate ya y no bebas vino y cosa embriagante; y no comas pan(a) impuro; pues he aquí tú en vientre tienes y parirás un hijo; y hierro sobre su cabeza no subirá, pues un consagrado a Dios será el niñito, desde el vientre y él empezará a salvar a Israel de mano de los filisteos.» Y entró la mujer y dijo a su marido, diciendo: «Hombre de Dios vino a mí y su faz era como la faz de un ángel de Dios, aterradora muy mucho; y no le pregunté de dónde es; y su nombre no me anunció(b); y díjome: «He aquí tú en el vientre tienes y parirás un hijo; y ahora no bebas vino ni cosa embriagante, y no comas pan impuro; pues de Dios sacro será el niñito desde el vientre hasta el día de su muerte.» Y oró Manué al Señor y dijo: «Ay de mí, Señor, el hombre de Dios que has enviado, venga ahora otra vez a nosotros y enséñenos qué hemos de hacer al niñito que nacerá.» Y oyó Dios la voz de Manué y vino el ángel de Dios otra vez a la mujer, y ella sentada estaba en el campo; y Manué, su marido, no estaba con ella. Y apresuróse la mujer, y corrió, y anunció a su marido y díjole: «He aquí se me ha aparecido el varón que vino el(c) día a mí.» Y levantóse y fue Manué en pos de su mujer, y vino el varón, y díjole: «¿Si tú eres el varón que has hablado a la mujer?» y dijo el ángel: «Yo» Y dijo Manué: «Ahora vendrá(d) la palabra, ¿cuál será el juicio del niñito y sus obras.?»(e) Y dijo el ángel del Señor a Manué: «De todo lo que he dicho a la mujer, se guardará; de todo lo que sale de la vid del vino no comerá, y vino y cosa embriagante no beba, y pan impuro no coma; todo cuanto la he mandado, guardará.» Y dijo Manué al ángel del Señor: «¿Te detendríamos aquí y haríamos ante tu faz un cabrito de cabras?»(f) Y dijo el ángel del Señor a Manué: «Si detuvieres, no comeré de tus panes; y si hicieres holocausto, al Señor lo ofrecerás.» Porque no conoció Manué que era un ángel del Señor el que hablaba. Y dijo Manué al ángel del Señor: «¿Cuál tu nombre, para que venga el dicho tuyo y te glorifiquemos?» Y díjole el ángel del Señor: «¿A qué preguntas esto, mi nombre? y él es admirable.» Y tomó Manué el cabrito de las cabras y la hostia y ofreció sobre la peña al Señor; y separóse(g) para hacer; y Manué y su mujer mirando. Y aconteció, al subir la llama por sobre el altar hasta el cielo, subir también el ángel en la llama; y Manué y su mujer mirando, y cayeron sobre su rostro en tierra. Y no continuó ya el ángel del Señor visible para Manué y para su mujer; entonces conoció Manué que ángel del Señor éste. Y dijo Manué a su mujer: «De muerte moriremos, porque a Dios hemos visto. Y díjole su mujer: «Si quisiera el Señor matarnos, no hubiera tomado de nuestra mano holocausto y hostia; y manifestádonos todo esto, y a la sazón héchonos oír esto.» Y parió la mujer un hijo, y llamó su nombre, Sansón; y creció el niñito y bendíjole el Señor. Y empezó el espíritu del Señor a caminar con él en el campamento de Dan y en medio de Saraá y en medio de Estaol. Nupcias de Sansón Y bajó Sansón a Tamnatá y vio una mujer a Tamnatá de las hijas de los filisteos Y subió y anunció al padre de él y a la madre de él, y dijo: «Mujer he visto en Tamnatá de las hijas de los filisteos; y ahora tomádmela por mujer.» Y le dijo su padre y su madre: «¿No hay acaso hijas de tus hermanos, y de todo mi pueblo mujer, que tú vas a tomar mujer de los filisteos los incircuncisos?» Y dijo Sansón a su padre: «Esta tómame, que ésta bien a mis ojos.» Y su padre y su madre no conocieron que de Señor es, porque venganza él busca de los filisteos; y en aquel tiempo los filisteos, enseñoreados de Israel. Y bajó Sansón, y su padre y su madre a Tamnatá; y vino hasta la viña de Tamnatá; y he aquí cachorro de león rugiendo al encuentro suyo. Y sobrevínole el espíritu del Señor, y desgarróle, tal como desgarrara(a) cabrito de cabras, y nada había en sus manos, y no anunció a su padre y su madre lo que hizo. Y bajaron y hablaron a la mujer y plugó en los ojos de Sansón. Y volvió, después de días, para tomarla, y desvióse a ver el cuerpo del león y he aquí enjambre de abejas en la boca del león y miel. Y sacóla en sus manos, y caminó caminando y comiendo; y fue a su padre y a su madre, y dioles y comieron y no les anunció que de la boca del león sacó la miel. Y bajó su padre a la mujer, e hizo allí bebida(b) días siete, pues así hacen los jovencillos. Y aconteció que le vieron y tomaron treinta llamados(c) y estuvieron con él. Y díjoles Sansón: «Proposición os propongo; si indicando me la indicareis en los siete días de la bebida y hallareis, daréos treinta sábanas y treinta mudas de vestidos; y, si no pudiereis indicarme, daréisme vosotros treinta lienzos y treinta cambiantes mudas de vestidos.» Y dijeron: «Propón tu proposición, y la escucharemos.» Y díjoles: «¿Qué de comestible salió del comedor, y del fuerte, de dulce?» Y no pudieron indicar la proposición en tres días. Y aconteció en el día el cuarto(d), dijeron a la mujer de Sansón: «Engaña ahora a tu marido e indíquete la proposición, no sea que te quememos y la casa de tu padre en fuego; o ¿para despojar nos habéis llamado?» Y lloró la mujer de Sansón a él y dijo: «En verdad, me has aborrecido y no me has amado, que la proposición que has propuesto a los hijos de mi pueblo, no me has indicado.» Y díjole Sansón: «Si a mi padre y a mi madre no he indicado ¿a ti te indicaré?» Y lloróle los siete días que tuvieron la bebida. Y aconteció en el día el séptimo indicóle, porque le tenía molesto, y ella indicó la proposición a los hijos de su pueblo. Y dijéronle los varones de la ciudad en el día el séptimo, antes de ponerse el sol: «¿Qué más dulce que la miel y qué más fuerte que el león?» Y díjoles Sansón: «Si no hubierais arado en mi novilla, no conocierais mi proposición.» Y sobrevínole el espíritu del Señor y descendió a Ascalón, y percutió de ellos treinta varones, y tomó los vestidos de ellos y dio las estolas a los que indicaran la proposición. Y airóse con furor Sansón, y ascendió a la casa de su padre. Y fue la mujer de Sansón de uno de los amigos de él con quien se amistara. Los chacales. Sansón ligado. Y aconteció, días después, en los días de la siega de trigo, que fue Sansón a visitar a su mujer con un cabrito de cabras, y dijo: «Entraré a mi mujer, en su alcoba»; pero no le dio el padre permiso de entrar. Y dijo el padre de ella, diciendo: «Dije que aborreciendo la has aborrecido y la he dado a uno de tus amigos; ¿por ventura la hermana de ella, la menor, mejor sobre ella? sea ahora tuya en vez de ella.» Y díjole Sansón: «Inocente soy también esta vez para los filisteos, porque hago yo con ellos maldad.» Y fue Sansón y recogió trescientas zorras(a) y cogió teas y volvió cola contra cola y puso tea una en medio de las dos colas, y ató; y encendió fuego en las teas y echó por las espigas de los filisteos; y quemaron desde era y hasta espigas rectas, y hasta viña y hasta olivo. Y dijeron los filisteos: «¿Quién ha hecho esto?» Y dijeron: «Sansón, el yerno del timnates, porque tomó su mujer y diola a uno de sus amigos.» Y subieron los filisteos y quemáronla y la casa del padre de ella en fuego. Y díjoles Sansón: «Si habéis hecho así esta(b), a fe que me vengaré de vosotros y por fin me calmaré.» Y batióles, piernas sobre(c) muslo; y descendió y sentóse en la caverna de la peña Etam. Y ascendieron los filisteos y acamparon en Judá y extendiéronse en Lequí. Y dijeron —varón de Judá: «¿A qué habéis ascendido sobre nosotros?»Y dijeron los filisteos: «A atar a Sansón hemos ascendido y hacedle al modo que nos ha hecho.» Y descendieron tres mil, de Judá, varones, a la caverna de la Peña Etam, y dijeron a Sansón: «¿No sabes que nos señorean los filisteos; y que esto nos has hecho?» Y díjoles Sansón: «Al modo que me hicieron, así les hice.» Y dijéronle: «A atarte hemos descendido para darte en manos de los filisteos.» Y díjoles Sansón: «Juradme que no habéis de acometerme vosotros.» Y dijéronle, diciendo: «No, sino que con atadura te ataremos, y te entregaremos en mano de ellos; y con muerte no te mataremos.» Y atáronle en dos cuerdas nuevas y sacáronle de aquella peña; y vinieron hasta la «Quijada»; y los filisteos dieron alaridos y corrieron a su encuentro. Y sobrevínole el espíritu del Señor y se hicieron las cuerdas sobre sus brazos tal cual estopa que se ha quemado en fuego; y deshiciéronse sus ataduras de sus manos. Y halló una quijada de asno recién arrojada, y extendió su mano y cogióla, y percutió en ella mil varones. Y dijo Sansón: «En quijada de asno borrando, heles borrado, que en quijada de asno he percutido mil varones.» Y aconteció, como acabó de hablar, lanzó la quijada de su mano; y llamó a aquel lugar: «Alzamiento de Quijada». Y tuvo sed sobremanera, y lloró al Señor y dijo: «Tú te has complacido en la mano de tu siervo, en esta salvación la grande, y ¿ahora moriré de sed y caeré en manos de los incircuncisos?» Y rompió Dios la cisterna la en la «Quijada»(d), y salió de ella agua, y bebió y tornó su espíritu y vivió; por esto se llama el nombre de ella: «Fuente de la Invocación»; la que está en la «Quijada», hasta este día. Y juzgó a Israel en días de filisteos, veinte años. Sansón en Gaza. Dalila Y fue Sansón a Gaza y vio allí mujer ramera y entró a ella. Y anuncióse a los gazeos, diciendo: «Ha venido Sansón acá.» Y se acercaron y acecháronle toda la noche, a la puerta de la ciudad; y enmudecieron toda la noche, diciendo: «Hasta que despunte el alba, y le mataremos.» Y durmió Sansón hasta la medianoche; y se levantó en la mitad de la noche y cogió las hojas de la puerta de la ciudad con los dos postes, y alzólas con el cerrojo, y puso sobre sus hombros, y subió a la cumbre del monte, el sobre la faz de Hebrón, y púsolos allí. Y aconteció, después de esto, que amó a una mujer en Sorec y su nombre era Dalila. Y subieron a ella los príncipes de los filisteos y dijéronle: «Engáñale y ve en qué está su fuerza la grande, y en qué podemos contra él, y le ataremos para humillarle; y nosotros daremos-varón mil y ciento de plata.» Y dijo Dalila a Sansón: «Cuéntame ahora en qué está tu fuerza la grande, y en qué se atará para humillarte.» Y díjole Sansón: «Si me ataren en siete cuerdas húmedas, por desecar, seré débil y como uno de los hombres.» Y trajéronla los príncipes de los filisteos siete cuerdas húmedas, por desecar, y le ató en ellas. Y la asechanza tenía ella sentada en la alcoba; y díjole: «¡Filisteos sobre ti, Sansón!» Y trozó las cuerdas, cual si alguno destrozara un copo de estopa, cuando él huele fuego; y no se conoció su fuerza. Y dijo Dalila a Sansón: «He aquí me has engañado y habládome mentiras; ahora, pues, cuéntame en qué se te atará.» Y díjola: «Si ligando me ligares en cabos nuevos en que no se ha hecho trabajo en ellos; seré débil y como uno de los hombres.» Y tomó Dalila cabos nuevos y atóle en ellos; y las asechanzas salieron de la alcoba; y dijo: «¡Filisteos sobre ti, Sansón!»Y desgarrólos de sus brazos tal como espartillo. Y dijo Dalila a Sansón: «He aquí me has engañado y habládome mentiras; cuéntame ahora en qué se te atará.» Y díjola: «Si entretejieres las cinco trenzas de mi cabeza con el hilo y clavares en la estaca, en la pared, seré como uno de los hombres, débil.» Y aconteció, al dormir él, tomó Dalila las siete trenzas de su cabeza y tejió en el hilo y clavó en la estaca, en la pared, y díjole: «¡Filisteos sobre ti, Sansón!» Y despertó de su sueño y arrancó la estaca de la urdimbre, de la pared. Y dijo a Sansón Dalila: «¿Cómo dices: «mucho te amo», y tu corazón no está conmigo? Esta es la tercera vez que me has engañado, y no me cuentas en qué, la fuerza tuya la grande.» Y aconteció atribularle ella mucho en sus palabras todos los días, y angustiarle y examinarle, hasta morir. Y le manifestó todo su corazón y díjole: «Hierro no ha ascendido sobre mi cabeza, porque santo de Dios yo soy, desde el vientre de mi madre; si fuere, pues, rapado, apartárase de mí la fuerza mía y me debilitaré y seré como todos los hombres.» Y vio Dalila que le manifestó todo su corazón, y envió y llamó los príncipes de los filisteos, diciendo: «Subid aún esta vez, porque me ha manifestado todo su corazón.» Y subieron a ella los príncipes de los filisteos y trajeron la plata en sus manos. Y durmió Dalila a Sansón sobre sus rodillas; y llamó a un varón y cortó las siete trenzas de su cabeza y comenzó a humillarle y retiróse su fuerza de él. Y dijo Dalila: «¡Filisteos sobre ti, Sansón!» Y despertó de su sueño y dijo: «Saldré como una vez y una vez(a), y sacudiréme.» Y él no conoció que el Señor se había retirado de sobre él. Y apoderáronse de él los filisteos, y sacaron sus ojos y le bajaron a Gaza, y aherrojáronle en grillos broncíneos; y estaba moliendo en casa de la cárcel. Y empezó el cabello de su cabeza a crecer, después de cortado. Y los príncipes de los filisteos congregáronse a sacrificar sacrificio grande a Dagón, su dios, y a regocijarse; y dijeron: «Ha dado el dios en nuestras manos a Sansón el enemigo nuestro.» Y viéronle el pueblo y cantaron a su dios porque «ha entregado el dios nuestro a nuestro enemigo en nuestra mano, al que devastaba nuestra tierra, y el que multiplicaba a nuestros heridos.» Y cuando se alegró su corazón, dijeron: «Llamad a Sansón de la casa de la cárcel y juegue(b) a faz de nosotros.» Y llamaron a Sansón de la casa de la cárcel y jugaba a faz de ellos; y abofeteábanle y pusiéronle en medio de las columnas. Y dijo Sansón al joven, al que tenía la mano de él: «Déjame y atentaré las columnas sobre las cuales la casa, sobre ellas, y me apoyaré en ellas.» Y la casa llena de varones y mujeres, y allí todos los príncipes de los filisteos, y sobre el terrado como tres mil varones y mujeres, los que contemplaban las burlas de Sansón. Y lloró Sansón al Señor y dijo: «Señor, Señor, acuérdate ahora de mí y fortaléceme todavía esta vez, Dios, y retribuiré retribución una por los dos ojos míos a los filisteos». Y abrazóse Sansón con las dos columnas de la casa sobre las cuales la casa estribaba y apoyóse sobre ellas, y cogió una con su diestra y una con su siniestra. Y dijo Sansón: «Muera mi alma con los filisteos»; y quitólas en fuerza, y cayó la casa, sobre los príncipes y sobre todo el pueblo, el en ella; y fueron los muertos, que mató Sansón en su muerte, más que los que mató en su vida. Y bajaron sus hermanos y la casa de su padre y tomáronle; y subieron y sepultáronle en medio de Saraá y en medio de Estaol en el sepulcro de Manué, su padre, y él juzgó a Israel veinte años. Imágenes idolátricas de Micás. Y hubo un varón del monte Efraín y su nombre era Micás. Y dijo a su madre: «Los mil y cientos(a) que tomaste de plata para ti; y me maldijiste y hablaste de ellos en mis orejas; he aquí la plata, conmigo está; yo la tomé.» Y dijo su madre: «Bendito el hijo mío al Señor.» Y devolvió los mil y cientos siclos de plata a su madre. Y dijo su madre: «Santificando es santificado la plata al Señor, de mi mano a mi hijo para que haga esculpido y conflátil(b); y ahora te la devolveré.» Y(c) él devolvió la plata a su madre; y tomó su madre doscientos de plata y diolo al platero e hízolo esculpido y conflátil; y estuvo en casa de Micás. Y la casa de Micás para él, casa de Dios e hizo efod y terafines(d) y llenó(e) la mano de uno de sus hijos, y fuele hecho en sacerdote. Y en aquellos días no había rey en Israel: varón(f) lo recto en sus ojos hacía. Y hubo un adolescente de Belén, de familia de Judá, de la parentela deJudá, y él, levita; y éste habitaba allí. Y fue el varón desde Belén, la ciudad de Judá a peregrinar en el lugar que hallase; y vino hasta el monte Efraín y hasta la casa de Micás, para(g) hacer su camino. Y díjole Micás: «¿De dónde vienes?» Y díjoles: «Levita soy de Belén de Judá y yo voy para peregrinar en el lugar que hallare.» Y díjole Micás: «Asiéntate conmigo y házteme en padre y en sacerdote y yo te daré diez siclos de plata para el día(h) y estola de vestiduras y lo necesario para tu vida.» Y fue el levita y comenzó a habitar con el varón y fuele hecho el adolescente como uno de sus hijos. Y llenó Micás la mano del levita y fuele hecho sacerdote; y estaba en la casa de Micás. Y dijo Micás: «Ahora he conocido que bien me hará el Señor, porque me ha sido hecho el levita en sacerdote.» Micás despojado por danitas. En aquellos días no había rey en Israel; y en aquellos días la tribu de Dan buscábase herencia para habitar porque no le cayó heredar hasta aquel día, en medio de las tribus de hijos de Israel, herencia(a). Y enviaron los hijos de Dan, de sus familias, cinco varones, hijos de fuerza, desde Saraá y desde Estaol a explorar la tierra y escudriñarla; y dijéronles: «Id y escudriñad la tierra». Y vinieron hasta el monte Efraín, hasta la casa de Micás; y pernoctaron ellos allí; en casa de Micás; y ellos reconocieron la voz del adolescente, el levita, y desviáronse allá; y dijéronle: «¿Quién te ha traído acá ¿Y tú qué haces en este lugar? y ¿Qué, a ti aquí?»(b). Y díjoles: «Así y así me ha hecho Micás, y alquiládome y hecho he sido para él en sacerdote.» Y dijéronle: «Pregunta ahora en Dios, y conoceremos si bien encaminado será nuestro camino en que nosotros caminamos en él.» Y díjoles el sacerdote «Id en paz: a la faz del Señor, vuestro camino en que andáis en él.» Y fueron los cinco varones y vinieron a Lais; y vieron el pueblo en medio de ella, sentado en confianza, en jurisdicción de los sidonios, tranquilo; y no hay quien tuerce o avergüence palabra en la tierra(c); heredero exprimiendo tesoros, y lejos están de los sidonios; y palabra no tienen con nadie(d). Y vinieron los cinco varones a sus hermanos a Saraá y Estaol, y dijeron a sus hermanos: «¿Qué os estáis vosotros sentados?» Y dijeron(e): «Levantáos y subamos a ellos, pues hemos visto la tierra, y he aquí buena sobremanera; y vosotros ¿os estáis quedos? No vaciléis en ir y salir a posesionaros de la tierra. Y cuando viniereis, entraréis a mi pueblo en confianza y la tierra dilatada, porque la ha dado Dios en vuestra mano; lugar donde no hay, allí, falta de toda palabra(f) de las en la tierra.» Y decamparon de allí de los pueblos de Dan, de Saraá y de Estaol, seiscientos varones, ceñidos de armas de batalla. Y subieron y acamparon en Cariatiarim, en Judá; por esto se nombra por aquel lugar: Campo de Dan; hasta este día (he aquí detrás de Cariatiarim) . Y pasaron de allí al monte Efraín y vinieron hasta la casa de Micás. Y respondieron los cinco varones los que fueron a explorar la tierra de Lais y dijeron a sus hermanos: «Conocéis que hay en esta casa efod, y terafines, y esculpido y conflátil; y ahora sabed qué hagáis.» Y pasaron de allí y entraron en la casa del jovencillo, del levita, a la casa de Micás y preguntáronle en paz(g). Y los seiscientos varones, los ceñidos de sus armas de batalla, puestos a la entrada de la puerta; los de los hijos de Dan. Y subieron los cinco varones, los que fueron a explorar la tierra, viniendo allí a tomar lo esculpido, y el efod, y los terafines y lo conflátil; y el sacerdote, puesto a la puerta, y los seiscientos varones ceñidos de armas bélicas. Y entraron allí en casa de Micás; y el sacerdote, parado; y tomaron lo esculpido, y el efod, y los terafines y lo conflátil; y díjoles el sacerdote: «¿Qué vosotros hacéis?» Y dijéronle: «Calla, pon tu mano sobre tu boca; y, acá: con nosotros; y háztenos en padre y en sacerdote. Por ventura ¿es bueno que seas tú sacerdote de casa de varón uno que hacerte sacerdote de tribu y casa, en familia de Israel?». Y alegróse el corazón del sacerdote, y tomó el efod, y los terafines, y lo esculpido y lo conflátil; y vino en medio del pueblo. Y volvieron y fuéronse y pusieron los hijos, y los haberes y el bagaje delante de sí. Ellos alejáronse de casas de Micás; y he aquí Micás y los varones los en las casas las con la casa de Micás, vocearon y alcanzaron a los hijos de Dan. Y vocearon a los hijos de Dan; y volvieron los hijos de Dan su rostro, y dijeron a Micás: «¿Qué tienes que has voceado?» Y dijo Micás: «Porque lo esculpido mío que hice, habéis tomado y al sacerdote, e ídolos; ¿y qué me queda? Y qué esto decís a mí: «¿qué gritas?» Y dijéronle los hijos de Dan: «No se oiga ya tu voz con nosotros, no sea que os afronten varones acerbos de alma, y añadan(h) tu alma y el alma de tu casa.» Y fueron los hijos de Dan por su camino. Y vio Micás que más poderosos son sobre él, y volvióse a su casa. Y los hijos de Dan tomaron lo que hizo Micás, y al sacerdote que tenía; y vinieron sobre Lais, sobre pueblo reposando y confiado en esperanza; y batiéronles en boca de espada y la ciudad quemaron en fuego; y no hubo quien amparase; porque lejos está de los sidonios, y palabra(i) no tienen con hombre; y ella en la hondonada de la casa de Rohob; y edificaron la ciudad y habitaron en ella; y llamaron el nombre de la ciudad: Dan, en nombre de Dan, su padre; que nació a Israel; y era Lais el nombre de la ciudad antes. Y pusiéronse los hijos de Dan lo esculpido; y Jonatán, hijo de Gersam, hijo de Manasés(j); él y sus hijos fueron sacerdotes para la tribu de Dan, hasta el día de la transmigración de la tierra. Y pusiéronse lo esculpido que hizo Micás, todos los días que estuvo la casa de Dios en Silo. Y aconteció en aquellos días no haber rey en Israel. Crimen de los gabaaítas Y aconteció: que un varón levita peregrinando en los muslos(a) del monte Efraín, tomóse mujer concubina, de Belén de Judá. Y fuese de él su concubina, y retiróse de él a casa de su padre, a Belén de Judá y estuvo allí días de meses cuatro(b). Y levantóse su marido y fue en pos de ella, a hablar a su corazón para volverla consigo; y su joven con él, y un par de asnos. Y ella introdújole en casa de su padre; y vióle el padre de la joven, y regocijóse a su encuentro(c). Y retúvole el suegro de él, el padre de la joven; y sentóse con él hasta tres días, y comieron y bebieron y pernoctaron allí. Y aconteció el día el cuarto, madrugaron al alba; y levantóse a partir, y dijo el padre de la joven a su yerno: «Conforta tu corazón con un bocado de pan; y después de esto partiréis.» Y sentáronse y comieron los dos juntos y bebieron. Y dijo el padre de la joven al varón: «Ea, ahora pernocta, y alégrese tu corazón.» Y levantóse el varón a partir él, y obligóle su suegro, y sentóse pernoctó allí. Y madrugó al alba, el día el quinto, para partir. Y dijo el padre de la joven: «Conforta ahora tu corazón, y prevente, hasta que se incline el día»; y comieron los dos. Y levantóse el varón para partir, él y su concubina y el joven suyo; y díjole a su yerno, el padre de la joven: «He aquí ya se ha debilitado el día hacia la tarde: pernocta aquí, y se regocijará tu corazón; y madrugaréis mañana para vuestro camino, e irás a tu tienda.» Y no pareció bien al varón pernoctar; y levantóse y se fue y vino hasta frente a Jebús (ésta es Jerusalén), y con él, un par de asnos aparejados; y su concubina con él. Y vinieron hasta Jebús. Y el día había avanzado sobremanera, y dijo el joven a su amo: «¡Acá ahora! y pasemos a esa ciudad de Jebús, y pernoctemos en ella.» Y díjole su amo: «No pasemos a ciudad ajena, en que no hay de hijos de Israel ahí; y seguiremos hasta Gabaá.» Y dijo a su joven: «¡Acá! y acerquémonos a uno de los lugares, y pernoctaremos en Gabaá o en Ramá.» Y siguieron y caminaron; y púsoseles el sol junto a Gabaá; la que está en Benjamín. Y desviáronse allí para entrar a pernoctar en Gabaá; y entraron y sentáronse en la calle de la ciudad; y no hubo varón que les llevase a la casa a pernoctar. Y he aquí un varón anciano venía de sus labores del campo a la tarde; y el varón era del monte Efraín; y él vivía en Gabaá; y los varones del lugar, hijos de Benjamín. Y levantó sus ojos y vio al viajero varón en la calle de la ciudad; y dijo el varón el anciano: «¿Adónde vas, y de dónde vienes?» Y díjole: «Pasamos nosotros de Belén de Judá hasta los muslos del monte Efraín; de allí yo soy; y he venido hasta Belén de Judá, y a mi casa(d) yo voy; y no hay varón que me lleve a la casa; aunque paja y forraje hay para nuestros asnos; y pan y vino hay para mí y la niña y el jovencito; con los niños tuyos; no hay falta de toda cosa.» Y dijo el varón anciano: «Paz a ti; empero toda tu falta(e) sobre mí; empero en la calle no pernoctarás, no.» Y llevóle a su casa; y lugar hizo a los asnos; y ellos laváronse los pies y comieron y bebieron. Y ellos alegrando su corazón; y he aquí varones de la ciudad, hijos de inicuos, cercaron la casa, golpeando a la puerta; y dijeron al varón, al dueño de la casa, al anciano, diciendo: «Saca fuera al varón que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos.» Y salió a ellos el varón; el dueño de la casa, y dijo: «No, hermanos; no hagáis mal ahora, después de entrar este varón en mi casa; no hagáis esta insensatez.» He aquí la hija mía, la virgen, y la concubina de él: sacarélas fuera, y humilladlas y hacedles lo bueno en vuestros ojos; y a este varón no hagáis la palabra de esta insensatez.» Y no pareció bien a los varones escucharle; y cogió el varón a su concubina y sacóla hacia ellos fuera; y conociéronla y jugaron en ella toda la noche hasta el alba, y despidiéronla, como despuntó el alba. Y vino la mujer a la aurora y cayó a la puerta de la casa en que estaba su marido, hasta que amaneció. Y levantóse su marido al alba, y abrió las puertas de la casa, y salió, para ir su camino; y he aquí su mujer, la concubina caída a las puertas de la casa, y sus manos sobre el umbral. Y díjola: «Levántate y partamos»; y no respondió, porque estaba muerta. Y tomóla sobre el asno, y fue a su lugar. Y vino a su casa, y cogió la espada y tomó a su concubina, y desmembróla por sus huesos, en doce miembros, y enviólos por todo confín de Israel. Y aconteció: todo el que miraba, decía: «No ha acontecido y no se ha visto, desde el día de la subida de los hijos de Israel de tierra de Egipto, hasta el día, como ésta(f); poneos a vosotros mismos consejo sobre ella y hablad.» Castigo Y salieron todos los hijos de Israel; y congregóse la congregación como varón uno, desde Dan y hasta Bersabé; y la tierra de Galaad, ante el Señor, en Masfá: Y pusiéronse ante la faz del Señor todas las tribus de Israel, en congregación del pueblo de Dios: cuarenta millares de varones infantes, tirando espada. Y oyeron los hijos de Benjamín que subieron los hijos de Israel a Masfá; y, viniendo, dijeron los hijos de Israel: «Hablad: ¿cómo sucedió esta maldad?» Y respondió el levita; el marido de la mujer, la asesinada, y dijo: «A Gabaá, la de Benjamín, vine yo y mi concubina a pernoctar; y levantáronse contra mí los varones de Gabaá y cercaron sobre mí, sobre la casa, de noche; a mí quisieron matar(a); y a mi concubina humillaron(b) y murió. Y tomé a mi concubina y desmembréla y envié por todo confín de herencia de hijos de Israel, porque hicieron libídine y abominación en Israel. He aquí todos vosotros, hijos de Israel, daos palabra y consejo allí.» Y levantóse todo el pueblo como varón uno, diciendo: «No nos iremos-varón(c) a su tienda, y no volveremos varón a su casa; y ahora ésta es la palabra que se hará en Gabaá: subiremos contra ella en suerte. A saber: tomaremos diez varones de los ciento, de todas las tribus de Israel; y ciento de los miles, y mil de las miríadas, para tomar víveres, para hacerles ir contra Gabaá de Benjamín, a hacerle según toda su abominación que ha hecho en Israel.» Y congregóse todo varón de Israel contra la ciudad, como varón uno caminando; y enviaron las tribus de Israel varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: «¿Cuál, ésta maldad la acontecida en vosotros?» Y ahora dad los varones hijos de inicuos, los en Gabaá, y les mataremos y purificaremos maldad de(d) Israel.» Y no pareció bien a los hijos de Benjamín oir la voz de sus hermanos hijos de Israel. Y juntáronse los hijos de Benjamín, de sus ciudades, en Gabaá, a salir a batallar contra los hijos de Israel. Y contados fueron los hijos de Benjamín, en aquel día, de todas las ciudades: veintitrés(e) millares-varón tirando espada; fuera de los habitantes de Gabaá; los que fueron contados; seiscientos varones escogidos de todo el pueblo ambidextros; todos estos honderos en piedras a un cabello y no errando. Y varón de Israel contáronse, fuera de Benjamín, cuatrocientos millares de varones tirando espada; todos éstos, varones de batalla. Y levantáronse y subieron a Betel y consultaron en Dios, y dijeron los hijos de Israel: «¿Quién nos subirá al principio, a batalla contra los hijos de Benjamín?» Y dijo el Señor: «Judá, al principio, subirá jefe.» Y levantáronse los hijos de Israel al alba y acamparon sobre Gabaá. Y salieron —todo varón de Israel a batalla contra Benjamín y cerraron con ellos sobre Gabaá. Y salieron los hijos de Benjamín de Gabaá y postraron en Israel, en aquel día, veintidós millares de varones, sobre la tierra. Y envalentonáronse —varón de Israel, y acordaron de nuevo trabar batalla en el lugar donde trabaron el día el primero. Y subieron los hijos de Israel y lloraron a faz del Señor hasta la tarde; y consultaron en Señor(f), diciendo: «¿Si proseguiremos allegándonos a batalla contra los hijos de Benjamín, hermanos nuestros?» Y dijo el Señor: «Subid contra ellos.» Y acercáronse los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín en el día el segundo. Y salieron los hijos de Benjamín en contra de ellos de Gabaá en el día el segundo, y postraron de los hijos de Israel aun dieciocho millares de varones, sobre la tierra; todos estos tirando espada. Y subieron todos los hijos de Israel y todo el pueblo, y vinieron a la casa del Señor; y lloraron y sentáronse allí a faz del Señor y ayunaron en aquel día hasta la tarde; y ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas a faz del Señor. Y consultaron los hijos de Israel en Señor, pues allí el Arca de la Alianza del Señor Dios, en aquellos días; y Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, asistiendo a faz de ella en aquellos días. Y consultaron los hijos de Israel en Señor, diciendo: «¿Si proseguiremos aún saliendo a batalla contra los hijos de Benjamín, hermanos nuestros?» Y dijo el Señor: «Subid; mañana daréles en vuestras manos.» Y pusieron los hijos de Israel asechanzas a Cabaá en contorno. Y subieron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín en el día el tercero y cerraron con Gabaá como una vez y una vez(g). Y salieron los hijos de Benjamín en contra del pueblo y vaciáronse de la ciudad; y empezaron a percutir, de entre el pueblo, heridos, como una vez y una vez, en los caminos; el que hay: uno subiendo a Betel, y uno a Gabaá, en el campo: como treinta varones en Israel. Y dijeron los hijos de Benjamín: «Caen a faz de nosotros como antes.» Y los hijos de Israel dijeron: «Huyamos y vaciémosles lejos de la ciudad a los caminos»(h). E hicieron así. Y todo varón de Israel levantóse de su lugar, y cerraron con ellos en Baal-Tamar; y la emboscada de Israel acudió de su lugar: de la llanura de Gabaá. Y vinieron de enfrente de Gabaá diez millares de varones, elegidos de todo Israel; y la batalla, pesada; y ellos no sabían que se llegaba sobre ellos el mal. Y batió el Señor a Benjamín ante la faz de los hijos de Israel; y postraron los hijos de Israel, de Benjamín, en aquel día, veinticinco mil cien varones; todos estos tiraban espada. Y vieron los hijos de Benjamín que estaban batidos; y dio varón de Israel a Benjamín lugar(i) porque esperaban en la emboscada que les pusieron sobres(j) Gabaá. Y al retirarse ellos(k) también la emboscada se movió y extendió sobre Gabaá, y derramóse toda la emboscada, y batieron la ciudad en boca de espada. Y señal había para los hijos de Israel para con la emboscada de combate: alzar ellos consigna de humo desde la ciudad. Y vieron los hijos de Israel que preocupó la emboscada a Gabaá; y pararon en la batalla y(l) Benjamín empezó a percutir heridos en varones de Israel como treinta varones; porque dijeron: «De nuevo con caída caerán a faz de nosotros, como la batalla la primera.» Y la consigna subió más y más sobre la ciudad, como columna de humo; y Benjamín miró hacia atrás de sí, y he aquí subió consumación(m) de la ciudad hasta el cielo. Y varón de Israel volvióse; y apresuráronse los varones de Benjamín, porque vieron que venía en contra, sobre ellos el mal. Y miraron atrás, delante de los hijos de Israel, al camino del desierto, y huyeron; y la batalla alcanzóles; y los de las ciudades(n) postráronles en medio de sí; y destrozaron a Benjamín, y persiguiéronle, desde Nuá, pie con pie de él, hasta enfrente de Gabaá hacia el oriente del sol. Y cayeron, de Benjamín, dieciocho millares de varones; todos éstos, varones de fuerza. Y miraron atrás los restantes, y huyeron al desierto, a la «Piedra de Remón»; y rastrojaron, de ellos, los hijos de Israel cinco mil varones; y bajaron tras ellos los hijos de Israel hasta Gedán, y percutieron de ellos dos mil varones. Y fueron todos los caídos de Benjamín: veinticinco millares de varones tirando espada, en aquel día; todos éstos varones de fuerza. Y miraron atrás los restantes, y huyeron al desierto, a la «Piedra de Remón»; seiscientos varones; y sentáronse en «Piedra de Remón» cuatro meses. Y los hijos de Israel volviéronse contra los hijos de Benjamín, y percutiéronles en boca de espada, desde la ciudad Metlá, y hasta el ganado, y hasta todo lo que se halló en todas las ciudades; y las ciudades las halladas quemaron en fuego. Restauración de Benjamín Y los hijos de Israel juraron en Masfá, diciendo: «Varón de nosotros no dará su hija a Benjamín por mujer.» Y vino el pueblo a Betel y sentáronse allí hasta la tarde ante la faz de Dios; y alzaron su voz y lloraron llanto grande, y dijeron: «¿A qué, Señor, Dios de Israel, ésta de faltar hoy de Israel tribu una?» Y aconteció al otro día madrugar el pueblo; y edificaron allí altar y ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas. Y dijeron los hijos de Israel: «¿Quién no ha subido en la congregación, de entre todas las tribus de Israel al Señor?» Porque juramento grande había para los que no habían subido al Señor a Masfá, diciendo: «De muerte morirá.» Y arrepintiéronse los hijos de Israel por Benjamín, su hermano, y dijeron: «Cortada ha sido hoy tribu una de Israel. ¿Qué les haremos a los demás, a los sobrevivientes, cuanto a mujeres? Y nosotros hemos jurado, en Señor no darles de nuestras hijas por mujeres.» Y dijeron: «¿Quién uno de las tribus de Israel que no haya subido al Señor a Masfá?» Y he aquí no había venido varón al campamento, de Jabés-Galaad,a la congregación. Y fue contado el pueblo, y no había allí varón de los habitantes de Jabés-Galaad. Y envió allí la congregación doce millares de varones, de los hijos de la fuerza, y mandóles; diciendo: «Id y herid a los habitantes de Jabés-Galaad en boca de espada, y a las mujeres y al pueblo. Y esto haced: todo varón y toda mujer que hubiere conocido lecho de varón, anatematizaréis; pero las vírgenes reservaréis.» E hicieron así. Y hallaron, de los habitantes de Jabés-Galaad, cuatrocientas jóvenes vírgenes, que no habían conocido hombre en lecho de varón, y trajéronlas al campamento, a Silo, la en tierra de Canaán. Y enviaron-toda la congregación y hablaron a los hijos de Benjamín en la «Piedra de Remón», y llamáronles a paz. Y volvió Benjamín a los hijos de Israel a aquella sazón; y diéronles los hijos de Israel las mujeres que tomaron vivas, de las hijas de Jabés-Galaad; y plúgoles así(a). Y el pueblo arrepintióse por Benjamín, por haber hecho el Señor escisión en las tribus de Israel. Y dijeron los ancianos de la congregación: «¿Qué haremos a los restantes cuanto a mujeres?» Porque borrada estaba, de Benjamín, la mujer. Y dijeron: «Heredad(b) de los salvos de Benjamín, y no se borrará tribu de Israel; porque nosotros no podremos darles mujeres, porque hemos jurado, en hijos de Israel, diciendo: «Maldito quien diere mujer a Benjamín.» Y dijeron: «He aquí ahora fiesta del Señor en Silo de días en días(c); la que(d) al septentrión de Betel hacia el oriente del sol, sobre la via que sube de Betel a Siquem y del austro de Leboná.» Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: «Id y asechad en las viñas; y veréis, y he aquí: si(e) salieren las hijas de los habitantes de Silo, a danzar en las danzas, saldréis de las viñas y os raptaréis un varón una mujer de las hijas de Silo e iréis a tierra de Benjamín. Y será: cuando vinieren sus padres o sus hermanos a demandárnoslo, les diremos: «Piedad hacednos con ellas; pues no cogimos un varón su mujer en la batalla; pues no vosotros les habéis dado que, de vuestra parte(f) hubierais delinquido.» E hicieron así los hijos de Benjamín; y cogieron mujeres según el número de ellos, de las danzantes que raptaron. Y fueron y volvieron a su heredad y edificaron las ciudades y estableciéronse en ellas. Y encamináronse de allí los hijos de Israel, a aquella sazón —varón a su tribu y a su parentela; y salieron de allí— varón a su heredad. En aquellos días no había rey en Israel. Varón lo recto a faz de él hacía. Noemí Y aconteció, al juzgar los jueces, acontecer hambre en la tierra, y fue un varón de Belén de Judá a peregrinar en campo de Moab, él y su mujer y sus dos hijos. Y nombre del varón: Elimelec; y nombre de su mujer: Noemí; y nombre de sus dos hijos: Mahalón y Quelión, efrateos de Belén de Judá; y vinieron al campo de Moab, y estuvieron allí. Y murió Elimelec, el marido de Noemí, y quedó ella y sus dos hijos. Y tomáronse mujeres moabitas; nombre de una: Orfa, y nombre de la segunda: Rut; y habitaron allí como diez años. Y murieron también ambos: Mahalón y Quelión; y quedó la mujer de su marido y de sus dos hijos. Y levantóse ella misma y sus dos nueras y volvieron de campo de Moab; porque oyeron en el campo de Moab, que había visitado el Señor a su pueblo, dándoles panes. Y salió del lugar donde estaba allí, y sus dos nueras con ella; e iban por el camino para volver a la tierra de Judá, y dijo Noemí a sus dos nueras: «Id ahora, volved cada una a casa de su madre; haga el Señor con vosotras misericordia; según que habéis hecho con los muertos y conmigo, el Señor os dé que halléis reposo cada una en casa de su marido.» Y besólas mucho, y alzaron su voz y lloraron. Y dijéronle: «Contigo volvemos a tu pueblo.» Y dijo Noemí: «Volvéos ya hijas mías, y ¿a qué vais conmigo? Por ventura ¿todavía tengo hijos en mi vientre, y os serán dados como maridos? Volvéos ya, hijas mías, pues que he envejecido; para no ser de varón. Porque dije: «Porque hay en mí un fundamento, de ser yo de varón, y parir hijos(a), ¿acaso los aguardaréis hasta que crezcan? ¿o por ellos os detendréis a no ser de varón? No, hijas mías, no; que amargada estoy muy mucho sobre vosotras; que ha salido en mí la mano del Señor.» Y alzaron su voz, y siguieron llorando; y mucho besó Orfa a su suegra; y volvió a su pueblo; pero Rut acompañóla. Y dijo Noemí a Rut: «He aquí se ha vuelto tu connuera a su pueblo y a sus dioses, vuélvete ahora también tú en pos de tu connuera.» Mas dijo Rut: «No me ocurra abandonarte o apartarme de en pos de ti; que, tú a don de fueres iré y donde te albergares, me albergaré: tu pueblo, mi pueblo, y tu Dios, mi Dios. Y donde murieres, moriré, y allí seré sepultada: esto hágame el Señor y esto sígame haciendo: que la muerte(b) se parará en medio de mí y de ti.» Y», viendo Noemí que estaba firme ella en ir con ella, cesó de seguir hablando. Y fueron ambas hasta llegar a Belén; y aconteció, viniendo ellas a Belén que resonó toda la ciudad sobre ella, y dijeron: «¿Si ésta es Noemí?» Y ella las dijo: «No me llaméis ya Noemí(c); llamádme Amarga(d), pues se ha amargado en mí el Omnipotente sobremanera. Yo llena partí, y vacía me ha vuelto el Señor; y ¿a qué me llamáis Noemí, si el Señor me ha humillado y el Omnipotente afligídome?» Y volvió Noemí y Rut, la moabita, la nuera suya, volviendo de campo de Moab; y éstas llegaron a Belén al comienzo de la siega de cebada. Rut espigando Y Noemí tenía un varón pariente de su marido; y era el varón poderoso en fuerza, de la parentela de Elimelec; y su nombre: Booz. Y dijo Rut, la moabita a Noemí: «Iré ahora al campo y recogeré en las espigas, en pos del que hallare gracia en ojos de él.» Y díjola: «Ve, hija.» Y fue y viniendo recogió en el campo en pos de los segadores; y cayó por acaso en la parte del campo de Booz, el de la parentela de Elimelec. Y he aquí Booz que vino de Belén, y dijo a los segadores: «El Señor esté con vosotros.» Y dijéronle: «Bendígate el Señor.» Y dijo Booz a su niñito(a), el sobrestante de los segadores: «¿De quién es esa joven?» Y respondió el niñito, el sobrestante de los segadores, y dijo: «La niña, la moabita es, la que ha vuelto con Noemí de campo de Moab.» Y dijo: «Recogeré ya y espigaré, en las gavillas, en pos de los segadores.» Y vino y estúvose desde el alba y hasta la tarde, y no reposó en el campo ni un poco. Y dijo Booz a Rut: «¿No has oído(b), hija? No vayas en campo a espigar, en otro; y tú no te vayas de aquí; aquí júntate con mis niñas. Tus ojos en el campo en que segaren, e irás en pos de ellas, he aquí he mandado a los niñitos no tocarte(c). Y cuando tuvieres sed y fueres a los vasos, bebe del agua que sacaron los niñitos.» Y cayó sobre su rostro y adoró sobre la tierra y díjole: «¿Qué?» que he hallado gracia en tus ojos para reconocerme y yo soy peregrina?» Y respondió Booz y díjola: «Con aviso se me ha avisado cuánto has hecho con tu suegra, después de morir tu marido; y cómo has dejado a tu padre y a tu madre y la tierra de tu nacimiento, y venido a pueblo que no conocías ayer y anteayer. Galardone el Señor tu obrar y sea tu galardón lleno del Señor, Dios de Israel; a quien has venido, a confiarte bajo sus alas.» Y ella dijo: «Halle gracia yo en tus ojos, señor mío, porque me has consolado y porque has hablado al corazón de tu sierva; y he aquí yo seré como una de tus niñas.» Y díjole Booz: «Ya, hora de comer; ven acá, y comerás de los panes y mojarás tu bocado en el vinagre.» Y sentóse Rut al lado de los segadores y colmóle Booz perlada, y comió y hartóse, y dejó. Y levantóse a espigar. Y mandó Booz a sus niñitos, diciendo: «Aunque entre las gavillas espigue, no la avergoncéis; y llevando, llevadle; aun tirando al lado, tiradle de lo amontonado, y comerá(d) y espigará, y no la estorbaréis.» Y espigó en el campo hasta la tarde; y apaleó lo que espigara, y fue como un efá(e) de cebada. Y tomó y entró en la ciudad; y vio su suegra lo que espigó y, sacando Rut, diole lo que dejó de lo que se hartó. Y díjole su suegra: «¿Dónde has espigado hoy y dónde has trabajado? ¡Sea quien te ha reconocido, bendito!» Y contó Rut a su suegra dónde trabajó y dijo: «EI nombre del varón con quien he trabajado hoy: Booz.» Y dijo Noemí a su nuera: «Bendito es el Señor, pues no ha faltado su misericordia con los vivos(f) y con los muertos.» Y díjole Noemí: «Pariente es de nosotros, el varón; de los cercanos nuestros es.» Y dijo Rut a su suegra: «Y por cierto que me dijo: «Con mis chiquillas estáte, hasta que terminen toda la siega que tengo.» Y dijo Noemí a Rut, su nuera: «Bien, hija, que hayas salido con sus chiquillas, y no te contrariarán en campo ajeno.» Y estúvose Rut con las niñitas de Booz para espigar, hasta terminar la mies de la cebada y del trigo. Esponsales de Rut con Booz Y sentóse con su suegra; y díjole Noemí, su suegra: «Hija ¿no he de buscarte reposo, para que bien te vaya? Y ahora ¿no es Booz pariente nuestro, con cuyas chiquillas has estado? He aquí él avienta la era de cebada esta noche. Pero tú te bañarás y te ungirás y te pondrás tu vestidura sobre ti; y subirás a la era; no seas conocida del varón hasta acabar él de comer y beber. Y será: al dormir él, notarás el lugar donde durmiere allí; e irás y descubrirás lo a sus pies, y dormirás, y él te avisará lo que hagas.» Y díjole Rut: «Todo cuanto dijeres, haré.» Y bajó a la era e hizo según todo cuanto le mandó su suegra. Y comió Booz y bebió y alegróse su corazón, y fue a dormir en una parte del montón, y ella vino de secreto, y descubrió lo a sus pies y durmióse. Y aconteció a la media noche, que se asombró el varón y se turbó: y he aquí que una mujer dormida está a sus plantas. Y dijo: «¿Quién eres tú?» Y ella dijo: «Yo soy Rut, tu sierva, y echarás en torno tu ala sobre tu sierva; pues pariente cercano eres tú.»(a). Y dijo Booz: «Bendita tú, al Señor Dios, hija porque has alegrado tu piedad(b) postrera sobre la primera, con no ir tú tras de jóvenes; sea pobre, sea rico. Y ahora, hija, no temas; todo cuanto dijeres te haré; pues sabe toda la tribu de mi pueblo que mujer de fortaleza eres tú. Y ahora a la verdad pariente cercano yo soy; empero hay pariente cercano más cercano sobre mí. Quédate la noche; y será al alba: si se casare contigo, bueno cásese; pero, si no quisiere casarse contigo, me casaré contigo yo; ¡vive Señor!, duérmete hasta el alba.» Y durmióse a las plantas de él hasta el alba; y ella levantóse antes de reconocer varón a su prójimo. Y dijo Booz: «No se conozca que ha venido mujer a la era.» Y díjola: «Trae el manto sobre ti.» Y tomólo y midió seis(c) de cebada, que puso encima de ella; y entró en la ciudad. Y Rut entró a su suegra; y ella díjole: «¿Hija?» Y díjole todo cuanto le hizo el varón. Y díjole: «Estas seis de cebada me dio, porque me dijo: «Para que no entres vacía a tu suegra.» Y ella dijo: «Siéntate, hija, hasta que conozcas cómo no ha de caer(d) la palabra; pues no descansará el varón hasta que termine la palabra hoy.» Cásase Booz con Rut Y Booz ascendió a la puerta y sentóse allí; y he aquí el pariente pasaba de quien hablara Booz. Y díjole Booz: «Desviándote, siéntate aquí ocultamente.» Y desvióse y sentóse. Y tomó Booz diez varones de los ancianos de la ciudad y les dijo: «Sentáos aquí.» Y sentáronse. Y dijo Booz al pariente: «Está en venta la parte del campo que es de nuestro hermano, Elimelec, la que se ha dado a Noemí, la que ha vuelto de campo de Moab»; y yo he dicho: «Descubriré tu oreja»(a), diciendo: «Adquiere(b), delante de los que están sentados y delante de los ancianos de mi pueblo; si redimes redime; y si no redimes, anúnciame y conoceré, pues no hay, fuera de ti, para redimir, y yo soy, después de ti.» Y él dijo: «Yo soy: redimiré.» Y dijo Booz: «En el día de adquirir tú el campo de mano de Noemí, también de Rut, la moabita, mujer del muerto y también a ella debes adquirir, para suscitar el nombre del muerto sobre su heredad.» Y dijo el pariente: «No podré adquirir para mí; no sea que deteriore mi heredad; redímete mi redención, pues no podré redimir.» Y ésta, la justificación(c) antes, en Israel, sobre la redención y sobre el cambio, para afianzar cualquier palabra: desatábase el varón su zapato y daba a su prójimo, al que redimía su redención; y éste era testimonio en Israel. Y dijo el redentor a Booz: «Adquiérete la redención mía», y desató su zapato y diole. Y dijo Booz; a los ancianos y a todo el pueblo: «Testigos vosotros hoy, de que he adquirido todo lo de Elimelec; y todo cuanto es de Quelión y de Mahalón, de mano de Noemí. Y también a Rut la moabita, la mujer de Mahalón, me he adquirido por mujer, para suscitar el nombre del muerto sobre su heredad; y no se borrará el nombre del muerto de entre sus hermanos y de la tribu de su pueblo: testigos vosotros hoy.» Y dijeron-todo el pueblo, los en la puerta: «Testigos.» Y los ancianos dijeron: «Dé el Señor a tu mujer, la que entra en tu casa, como a Raquel y como Lia, que edificaron ambas la casa de Israel e hicieron(d) poder en Efratá; y será(e) nombre en Belén. Y hágase tu casa como casa de Farés, a quien parió Tamar a Judá, de la simiente que te dará el Señor de esta niña.» Y tomó Booz a Rut, y fuele hecha mujer, y entró a ella, y diola el Señor concepción y parió hijos. Y dijeron las mujeres a Noemí: «Bendito el Señor que no te ha deshecho hoy al redentor, y él llame tu nombre en Israel. Y te será en reparante alma y para sustentar tu ancianidad, porque tu nuera, la que te ama, le ha parido; la que te es buena sobre siete hijos.» Y tomó Noemí al niñito, púsole en su regazo; y se hizo para él en ama. Y llamáronle las vecinas nombre, diciendo: «Nacídole ha hijo a Noemí», y llamaron su nombre: Obed.Este, padre de Jesé, padre de David. Y éstas, las generaciones de Farés: Farés engendró a Esrón; Esrón engendró a Aram; y Aram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Naasón; y Naasón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Booz; y Booz engendró a Obed. Y Obed engendró a Jesé; y Jesé engendró a David. Nace Samuel y es consagrado a Dios Un hombre hubo de Ramataím Sofim, del monte Efraín; y su nombre era Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohú, hijo de Suf, efrateo. Y éste tenía dos mujeres: el nombre de la una, Ana; y el nombre de la segunda, Fenena. Y tenía Fenena hijos; y Ana no tenía hijos. Y subía el hombre, de días en días, de su ciudad, de Ramataím, a adorar y sacrificar al Señor Dios de los ejércitos, a Silo. Y allí estaban Helí y sus dos hijos, Ofní y Fineés, sacerdotes del Señor. Y vino el día, y sacrificó Elcana, y dio a Fenena, su mujer y a todos los hijos de ella, partes. Y a Ana dio solo una parte, pues no tenía ella hijos; empero a Ana amaba Elcana sobre esta; y el Señor cerró lo cerca de su matriz. Porque no le dio el Señor hijo, según la tribulación de ella, y según el desaliento de su tribulación, y desalentábase por esto, porque cerró el Señor lo cerca de su matriz para no darle hijo(a). Así hacía año por año, al subir ella a casa del Señor; y desalentábase, y lloraba y no comía. Y díjole Elcana, su marido: «¿Ana?» Y díjole: «Heme aquí, señor.» Y díjola: «¿Qué tienes que lloras? ¿Y por qué no comes? ¿Y por qué te azota el corazón? ¿No soy bueno yo para ti más que diez hijos?» Y levantóse Ana, después de comer y beber ellos en Silo, y púsose ante la faz del Señor, y Helí, el sacerdote, sobre la silla sobre los umbrales de la casa del Señor. Y ella, muy dolorida de alma y suplicó al Señor y llorando lloró. Y votó voto al Señor, diciendo: «Mi Señor, Señor, Dios de los ejércitos, si mirando mirares a la humildad de tu sierva, y te acordares de mí; y dieres a tu sierva simiente de varones lo daré a tu faz, hasta el día de su muerte; y vino y cosa embriagante no beberá y hierro no subirá sobre su cabeza.» Y aconteció que cuando se multiplicaba suplicando ante la faz del Señor, que, Helí, el sacerdote, observó su boca, y ella hablaba en su corazón, y sus labios se movían pero la voz de ella no se oía; y túvola Helí por ebria. Y díjola el niñito de Helí: «¿Hasta cuándo estarás ebria? Quita tu vino de ti, y vete de la faz del Señor.» Y respondió Ana y dijo: «No, señor, no: mujer la dura de día(b) yo soy; y vino y cosa embriagante no he bebido; y derramo mi alma ante la faz del Señor. No des tu sierva a hija pestilente, porque de la plenitud de mi locuacidad y desaliento me he extendido hasta ahora.» Y respondió Helí y díjole: «Ve en paz, el Dios de Israel te dé toda tu petición que le has pedido.» Y dijo: «Ha hallado tu sierva gracia en tus ojos.» Y fue la mujer por su camino y entró en su vivienda, y comió con su marido y bebió; y su rostro no volvió a decaer. Y madrugan al alba y adoran al Señor y van su camino; y entró Elcana en su casa de Ramataím, y conoció a Ana su mujer, y acordóse de ella el Señor, y concibió; y aconteció, a la sazón(c) de los días que parió un hijo y nombró su nombre: Samuel(d); y dijo: «Porque al Señor, Dios de los ejércitos le he pedido.» Y subió el hombre Elcana y toda su casa a sacrificar en Silo el sacrificio de los días, y los votos de él y todos los diezmos de su tierra. Y Ana no subió con él, porque dijo a su marido: «Hasta subir el niñito, si le hubiere destetado; y se presentará al rostro del Señor, y sentaráse por el siglo allí.» Y díjola Elcana su marido: «Haz lo bueno en tus ojos: siéntate hasta que le destetes; empero afiance el Señor lo que ha salido de tu boca.» Y sentóse la mujer y amamantó a su hijo, hasta destetarle. Y subió con él a Silo, cuando le hubo destetado, llevando un becerro(e) trienal y panes y un efá(f) de harina flor y un nebel(g) de vino; y entró en la casa del Señor en Silo, y el niñito con ellos; y lo trajeron ante la faz del Señor; y degolló el padre de él la hostia que hacía, de días en días, al Señor, y trajo al niñito. Y degolló el becerro. Y trajo Ana, la madre del niñito(h) a Helí. Y dijo: «¡Ea, Señor! ¡Vive tu alma, Señor mío! yo, la mujer, la puesta a faz tuya, contigo, al suplicar al Señor. Por este niñito supliqué, y diome el Señor mi petición que le pedí; y yo ofrézcole al Señor todos los días que viviere como ofrenda al Señor.» Y adoró allí al Señor. Y oró Ana y dijo: Cántico de Ana. Impiedad de los hijos de Helí. «Confirmádose ha mi corazón en el Señor;exaltádose mi cuerno en mi Dios;ha dilatádose sobre mis enemigos mi boca;regocijéme en tu salud. Que no hay santo como el Señor;y no hay justo como nuestro Dios;no hay santo fuera de ti. No os gloriéis, y no habléis lo excelso por soberbia;no salga grandilocuencia de vuestra boca,que Dios de ciencias es el Señor;y Dios previniendo sus designios. Arco de potentes desfalleció;y desfallecientes ciñéronse con fuerza. Hartos de panes desmedraron;y los hambrientos descuidaron tierra(a),porque la estéril parió siete;y la que muchos hijos tenía desmayó. El Señor mata y vivifica;hunde en el infierno y sube. El Señor empobrece y enriquece;humilla y exalta. Exalta de la tierra al pobre,y del lodo suscita al mendigo,para sentarse con los potentados del puebloy trono de gloria dales a heredar.Porque del Señor son las columnas de la tierray sobre ellas puso el orbe. Dando voto al votante;y bendijo los años del justo;pues no en su fuerza poderoso el varón. El Señor, débil hará a su adversario;el Señor es santo.No se gloríe el prudente en su prudencia;y no se gloríe el poderoso en su poder;y no se gloríe el rico en su riqueza;sino que en esto gloríese, quien se gloriare:en saber y conocer al Señor,y hacer juicio y justicia en medio de la tierra.El Señor ascendió a los cielos y tronó;él juzgará los confines de la tierra;y dará fuerza a nuestros reyes,y sublimará el cuerno de su ungido(b). Y dejóle(c) allí ante la faz del Señor y se fue a Ramataím. Y el niñito estaba ministrando al rostro del Señor a faz de Helí el sacerdote. Y los hijos de Helí, el sacerdote eran hijos pestilentes, que no conocían al Señor, y la justificación(d) del sacerdote, para con todo el pueblo, el sacrificante. Y venía el jovencillo del sacerdote, cuando se cocía la carne, y un tenedor tridente en su mano; y metíalo en el baño o en el caldero el grande o en la caldera o en la olla, y todo lo que subía en el tenedor tomaba para sí el sacerdote. Según esto hacían a todo Israel, a los que venían a sacrificar al Señor en Silo. Y antes de encender la grosura, venía el jovencillo del sacerdote y decía al varón, al sacrificante: «Da carne a asar para el sacerdote, y no recibiré de ti carne cocida del caldero». Y decía el varón, el sacrificante: «Enciéndase primero, cual conviene, la grosura; y toma para ti de todo lo que apeteciere tu alma.» Y decía: «De ningún modo; pues ahora darás, y, si no, tomaré por fuerza.» Y era el pecado ante la faz del Señor, de los jovencillos grande sobremanera; porque despreciaban el sacrificio del Señor. Y Samuel estaba ministrando ante la faz del Señor, niñito, ceñido de efod líneo. Y túnica pequeña hízole su madre, y llevábasela de días en días, al subir ella con su marido a sacrificar el sacrificio de los días. Y bendijo Helí a Elcana y a su mujer diciendo: «Retribúyate el Señor simiente, de esta mujer, por la prenda que has prestado al Señor.» Y fuese el hombre a su lugar. Y visitó el Señor a Ana, y concibió y parió aún tres hijos y dos hijas. Y engrandecido fue el niñito Samuel a la faz del Señor. Y Helí, anciano muy mucho, oyó todo lo que hacían sus hijos a los hijos de Israel; y cómo dormían con las mujeres que se llegaban a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y díjoles: «¿Por qué hacéis según esta palabra que yo oigo de boca de todo el pueblo del Señor? No, hijos; que no es buena la oída que yo oigo, para que no sirva el pueblo a Dios. Si pecando pecare varón contra varón, también rogarán por él al Señor; y si al Señor pecare, ¿quién rogará por él?» Pero no escuchaban la voz de su padre; pues queriendo, quería el Señor perderles. Y el niñito Samuel iba, y era bueno con el Señor y con los hombres. Y vino un hombre de Dios a Helí y dijo: «Esto dice el Señor: «Revelando, reveléme a la casa de tu padre, estando ellos en tierra de Egipto sirviendo a la casa de Faraón; y he elegido la casa de tu padre, de entre todos los cetros de Israel, para mi sacerdocio, para ascender a mi altar y sacrificar sacrificio, y llevar el efod ante mi faz; y he dado a la casa de tu padre todo lo del fuego de los hijos de Israel, para alimento. Y ¿por qué has mirado mi timiama y mi hostia con impudente ojo? ¿Y has glorificado a tus hijos sobre mí, para bendecirse con la primicia de toda hostia de Israel delante de mí? Por eso, esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He dicho: tu casa y la casa de tu padre pasará a la faz mía hasta los siglos. Y ahora dice el Señor: «De ninguna manera yo, porque sólo a los que me glorificaren, glorificaré, y el que me menospreciare, deshonrado será.» He aquí vienen días que exterminaré tu simiente y la simiente de la casa de tu padre, y no habrá para ti anciano en mi casa todos los días. Y verás al rival en el tabernáculo en todo lo bueno que hará a Israel; y no habrá anciano en tu casa todos los días. Y varón no te exterminaré, de mi altar —para que desfallezcan tus ojos y se derrame tu alma; y todo sobreviviente de tu casa— caerán en espada de varones. Y esta, será para ti la señal que vendrá sobre tus dos hijos Ofní y Fineés, que en un día morirán ambos. Y me suscitaré un sacerdote fiel, que hará todo lo que mi corazón y mi alma digan; y le edificaré una casa fiel y pasará ante la faz de mi ungido todos los días. Y será: el sobreviviente en tu casa vendrá a adorarle por un óbolo de plata y de pan, diciendo: «Deséchame entre uno de tus sacerdocios para comer pan.» Revela Dios a Samuel el castigo de Helí Y el niñito Samuel estaba ministrando al Señor a la faz de Helí el sacerdote; y palabra del Señor era rara en aquellos días; no había visión distinguible. Y aconteció en aquel día que Helí dormía en su lugar y sus ojos empezaban a apesadumbrarse y no podían ver. Y la lámpara de Dios, antes de apagarse, Samuel dormía en el templo, donde estaba el arca de Dios. Y llamó el Señor: «¡Samuel, Samuel!» Y dijo: «Heme aquí.» Y corrió a Helí y dijo: «Heme aquí, que me has llamado.» Y dijo: «No te he llamado: vuélvete; duerme.» Y volvióse y durmió. Y prosiguió el Señor y aún llamó: «¡Samuel, Samuel!» Y fue a Helí segunda vez y dijo: «Heme aquí, que me has llamado.» Y dijo: «No te he llamado, hijo mío; vuélvete; duerme.» Y Samuel aún no conocía a Dios y no se le había revelado la palabra del Señor. Y prosiguió el Señor llamando a Samuel, en tercera vez. Y levantóse y fue a Helí y dijo: «Heme aquí que me has llamado.» Y entendió Helí que el Señor había llamado al niñito; y dijo: «Vuélvete, duerme, hijo; y será que si te llamare, dirás: «Habla, Señor, que escucha tu siervo.» Y fue Samuel y durmióse en su lugar. Y vino el Señor y detúvose y llamóle como una vez y una vez: «¡Samuel, Samuel!» Y dijo Samuel: «Habla, que escucha tu siervo.» Y dijo el Señor a Samuel: «Heme aquí: yo hago mis palabras en Israel, de modo que de todo el que las oyere, retiñirán ambas orejas de él. En aquel día suscitaré sobre Helí todo cuanto he hablado a su casa; comenzaré y terminaré. Y le he anunciado que vindicaré yo su casa hasta los siglos, por las iniquidades de sus hijos, porque maldiciendo, sus hijos a Dios, y no los amonestaba, y ni así. Juré a la casa de Helí: ¡Si será propiciada la iniquidad de la casa de Helí, en timiama y en hostia hasta los siglos!» Y durmió Samuel hasta el alba, y madrugó al alba, y abrió las puertas de la casa del Señor; y Samuel temió anunciar la visión. Y dijo Helí a Samuel: «¡Samuel, hijo!» Y dijo: «Heme aquí.» Y dijo: «¿Cuál la palabra la hablada a ti? No ocultes ahora de mí: esto te haga Dios y esto añada(a), si ocultares de mí una palabra de todas las razones las habladas en las orejas tuyas.» Y refirióle Samuel todas las razones y no le ocultó. Y dijo Helí: «El Señor, lo bueno en sus ojos hará.» Y engrandecido fue Samuel, y era el Señor con él, y no cayó de todas sus razones sobre la tierra. Y conocieron todo Israel, desde Dan y hasta Bersabé que el fiel Samuel era un profeta del Señor. Y continuó el Señor manifestándose en Silo; porque se reveló el Señor a Samuel. Y fue creído Samuel que profeta se hacía al Señor, para todo Israel(b), de confín de la tierra y a confín. Y Helí, anciano sobremanera; y sus hijos andando andaban; y malo su camino era a la faz del Señor. Guerra con los filisteos. Muerte de Helí y de sus hijos. Y aconteció en aquellos días que se congregaron los filisteos contra Israel en guerra; y salió Israel a su encuentro en guerra, y acamparon sobre «Piedra de ayuda»(a), y los filisteos acamparon en Afec. Y ordénanse los filisteos en guerra sobre Israel; e inclinóse la guerra y resbaló el varón de Israel a la faz de los filisteos; y batidos fueron en las filas en el campo cuatro millares de hombres. Y vino el pueblo al campamento, y dijeron los ancianos de Israel: «¿Por qué nos ha resbalado el Señor hoy a faz de filisteos? Tomemos el arca de nuestro Dios, de Silo, y salga al medio de nosotros, y nos salvará de mano de nuestros enemigos.» Y envió el pueblo a Silo, y tomaron de allí el arca del Señor de los ejércitos, sentado sobre querubines; y entrambos hijos de Helí, con el Arca de la Alianza de Dios, Ofní y Fineés. Y aconteció, como vino el arca del Señor al campamento, que vociferó todo Israel con voz grande, y resonó la tierra. Y oyeron los filisteos la voz de la grita, y dijeron los filisteos: «¿Por qué la grita del alarido grande esta en el campamento de los hebreos?» Y conocieron que el arca del Señor había llegado al campamento. Y amedrentáronse los filisteos, y dijeron: «Estos los dioses han llegado a ellos, al campamento. ¡Ay de nosotros! ¡Sálvanos, Señor!, hoy, pues no se ha hecho cosa semejante ayer y anteayer. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos salvará de mano de estos dioses los firmes? Estos son los dioses que hirieron al Egipto en toda plaga y en el desierto. Confortáos y hacéos varones, filisteos, para que no sirváis a los hebreos, así como han servido a nosotros; y seréis varones y guerrearéis contra ellos.» Y guerrearon contra ellos; y resbaló el varón de Israel, y huyó cada cual a su tienda. Y fue hecha plaga grande sobremanera; y cayeron de Israel treinta millares de infantes. Y el arca de Dios fue tomada, y entrambos hijos de Helí murieron; Ofní y Fineés. Y corrió un varón benjaminita, de la batalla, y vino a Silo, en aquel día; y sus vestiduras desgarradas y tierra, sobre su cabeza. Y vio he aquí Helí estaba sentado sobre una silla, a par de la puerta, observando el camino; porque estaba su corazón fuera de sí por el arca de Dios; y el hombre entró en la ciudad a anunciar y voceó la ciudad. Y oyó Helí la voz de la grita, y dijo: «¿Cuál es la voz de esta grita?» Y el hombre, apresurándose, entró y anunció a Helí. Y Helí, hijo de noventa y ocho años, y sus ojos estaban rígidos y no veía. Y dijo Helí a los varones los que estaban en su torno: «¿Cuál es la voz de este estruendo?» Y el varón apresurándose, entró a Helí y díjole: «Yo soy el que vengo del campamento, y yo he escapado de la batalla hoy.» Y dijo Helí: «¿Cuál la acontecida palabra, hijo?» Y respondió el jovencillo y dijo: «Ha huido el varón de Israel de faz de los filisteos, y héchose plaga grande en el pueblo, y entrambos hijos tuyos han sido muertos, y el arca de Dios tomada.» Y aconteció, como mencionara el arca de Dios, que cayó de la silla de espaldas, junto a la puerta, y quebrantóse su cerviz, y murió, pues anciano era el hombre y pesado; y él juzgó a Israel cuarenta(b) años. Y su nuera mujer de Fineés, preñada, para parir y oyó la nueva de que fue tomada el arca de Dios y que murió su suegro y su marido, y lloró y parió, porque sobreviniéronle sus dolores; y en su tiempo muere. Y dijéronla las mujeres las asistentes a ella: «No temas; pues un hijo has parido.» Y no respondió, y no conoció su corazón. Y llamó al niñito: Icabod(c) diciendo: por el arca de Dios, y por su suegro y por su marido. Y dijeron: «Ha transmigrado la gloria de Israel, en haber sido tomada el arca del Señor.» Castigo de los filisteos por el arca Y los filisteos tomaron el arca de Dios, y lleváronla, de «Piedra de ayuda», a Azoto. Y tomaron los filisteos el arca del Señor y lleváronla a casa de Dagón, y pusiéronla junto a Dagón. Y madrugaron los azotios al siguiente día, y entraron en casa de Dagón; y vieron a Dagón caído sobre su rostro, sobre la tierra, a la faz del arca de Dios. Y repusiéronle en su lugar; y(a) agravóse la mano del Señor sobre los azotios, y atormentóles y percutióles en las asentaderas a Azoto y sus confines. Y aconteció cuando madrugaron al siguiente día, al alba, he aquí a Dagón caído sobre su rostro, sobre la tierra, a la faz del arca del Señor; y la cabeza de Dagón y entrambas palmas de sus manos cortadas, sobre lo de adelante, cada una, y entrambas articulaciones de sus manos caídas(b) sobre el umbral; sólo el tronco de Dagón quedaba. Por esto no pisan los sacerdotes de Dagón y todo el que entra en casa de Dagón, sobre el umbral de casa de Dagón en Azoto hasta este día, porque pasando pasan. Y agravóse la mano del Señor sobre Azoto y trájola sobre ellos, y les hirvió(c) en las naves; y en medio de la región misma pulularon ratas; y hubo amontonamiento de muerte magno en la ciudad. Y vieron los varones de Azoto que así, y dicen que: «No se asentará el arca del Dios de Israel con nosotros; porque dura su mano sobre nosotros y sobre Dagón nuestro dios.» Y envían y congregan todos los sátrapas de los filisteos a sí, y dicen: «¿Qué haremos al arca del Dios de Israel?» Y dicen los geteos: «Pase el arca de Dios a nosotros.» Y pasó el arca del Dios de Israel a Get(d). Y aconteció, después de pasar ella, que vino la mano del Señor a la ciudad: tumulto grande sobremanera; y percutió a los varones de la ciudad, del pequeño al grande; y percutióles en las asentaderas de ellos. E hiciéronse los geteos asentaderas(e). Y enviaron el arca de Dios a Acarón; y aconteció, que como entró el arca de Dios en Acarón, vocearon los acaronitas diciendo: «¿Qué habéis vuelto el arca del Dios de Israel a nosotros para matarnos a nosotros y nuestro pueblo?» Y convocaron y congregaron a todos los sátrapas de los filisteos; y dijeron: «Despedid el arca del Dios de Israel que se asiente en su lugar; y no nos matará a nosotros y a nuestro pueblo.» Pues hízose un terror de muerte en toda la ciudad, pesado sobremanera, cuando entró el arca del Dios de Israel allí. Y los que vivían y no morían, eran heridos en la asentaderas; y subió el ululato de la ciudad al cielo. El arca en Betsamés Y estuvo el arca del Señor, en campo de los filisteos siete meses, e hirvió la tierra de ellos en ratas. Y llamaron los filisteos a los sacerdotes, y a los adivinos y a los hechiceros de ellos, diciendo: «¿Qué haremos con el arca del Señor? Manifestádnos a qué lugar la enviemos.» Y dijeron: «Si despedís vosotros el Arca de la Alianza del Señor Dios de Israel, ya no la despidáis vacía, sino que devolviendo devolvedle por el castigo; y entonces sanaréis, y se apiadará de vosotros; ¿acaso no se retirará su mano de vosotros?» Y dicen: «¿Qué por el castigo le volveremos?» Y dijeron: «Según número de los sátrapas de los filisteos: cinco asentaderas áureas y cinco ratas áureas; porque delito en vosotros y vuestros príncipes y vuestro pueblo; y ratas áureas, semejanza de vuestras ratas: las que devastan la tierra; y daréis al Señor gloria, para que aligere su mano sobre vosotros y sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra; y ¿por qué agraváis vuestros corazones como agravó Egipto y Faraón su corazón? ¿Acaso, cuando se burló de ellos no les despidieron y partieron? Y ahora tomad y haced carro nuevo uno, y dos vacas primerizas sin los hijos; sobre las cuales no se ha puesto yugo; y uncid las vacas al carro y retirad los hijos de detrás de ellas a casa; y tomaréis el arca del Señor y pondréisla sobre el carro; y los objetos los de oro devolveréis por el castigo y pondréis en caja al lado de ella; y la despediréis y la echaréis, y os retiraréis; y miraréis; si el camino de los confines de ella anduviere, hacia Betsamés, él nos ha hecho este mal el grande; y, sino , conoceremos que no la mano de él está fija en nosotros, sino que casualidad esto nos ha acontecido.» E hicieron los filisteos así y tomaron dos vacas primerizas y unciéronlas al carro; y sus hijos recluyeron en casa; y pusieron el arca del Señor sobre el carro y la caja y las ratas las áureas y las imágenes de sus asentaderas. Y enderezaron las vacas, en el camino, al camino de Betsamés; en senda una iban y esforzábanse(a) y no se desviaron a diestra, ni a siniestra. Y los sátrapas de los filisteos iban detrás de ella hasta las lindes de Betsamés. Y los betsamitas segaban siega de trigo en el valle, y levantaron sus ojos y vieron el arca del Señor y regocijáronse a su encuentro. Y el carro entró en el campo de Josué el de Betsamés, y pusieron allí junto a ella una piedra grande; y parten la madera del carro; y las vacas ofrecieron en holocausto al Señor. Y los levitas bajaron el arca del Señor y la caja con ella y los sobre ella objetos, los de oro, y pusieron sobre la piedra la grande. Y los varones de Betsamés ofrecieron holocaustos y hostias en aquel día al Señor; y los cinco sátrapas de los filisteos miraban; y volvieron a Acarón en aquel día. Y estas, las asentaderas las áureas que devolvieron los filisteos por el castigo al Señor: por Azoto, una; por Gaza, una; por Ascalón, una; por Get, una; por Acarón, una; y ratas, las áureas, según número de todas las ciudades de los filisteos, de los cinco sátrapas, desde la ciudad fortificada y hasta aldea del ferezeo, y hasta piedra la grande, donde pusieron, sobre ella, el Arca de la Alianza del Señor, hasta este día, la en el campo de Josué el betsamita. Y no se regocijaron los hijos de Jeconías entre los varones de Betsamés(b), porque vieron el arca del Señor; e hirió en ellos a setenta varones, y a cincuenta millares de varones y enlutóse el pueblo, por haber el Señor herido, en el pueblo, plaga grande sobremanera. Y dijeron los varones, los de Betsamés: «¿Quién podrá pasar a la faz del Señor, de este Dios el santo? ¿Y a quién subirá el arca del Señor, de nosotros?» Y enviaron mensajeros a los habitantes de Cariatiarim, diciendo: «Han devuelto los filisteos el arca del Señor: bajad y subidla a vosotros.» En arca en Cariatiarim. Penitencia y triunfo de Israel. Y vienen los varones de Cariatiarim y suben el Arca de la Alianza del Señor, y éntranla en casa de Abinadab, el en la colina(a); y a Eleazar, su hijo, santificaron para custodiar el Arca de la Alianza del Señor. Y aconteció desde el día que estuvo el arca en Cariatiarim, llenáronse(b) los días; y fueron veinte años y miró toda la casa de Israel tras el Señor. Y dijo(c) Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: «Si en todo vuestro corazón vosotros os volvéis al Señor, quitad los dioses ajenos de en medio de vosotros y las selvas; y preparad vuestros corazones para el Señor, y servid a él sólo; y os salvará de mano de los filisteos.» Y quitaron en torno los hijos de Israel a las baales y las selvas de Astarot, y sirvieron al Señor sólo. Y dijo Samuel: «Congregad todo Israel en Masfá, y rogaré por vosotros al Señor.» Y juntáronse en Masfá, y aguaron agua y derramaron a la faz del Señor sobre la tierra, y ayunaron en aquel día y dijeron: «Hemos pecado ante la faz del Señor.» Y juzgaba Samuel a los hijos de Israel en Masfá. Y oyeron los filisteos que se congregaron todos los hijos de Israel en Masfá, y subieron los sátrapas de los filisteos sobre Israel; y oyeron los hijos de Israel, y amedrentáronse a la faz de los filisteos.» Y dijeron los hijos de Israel a Samuel: «No enmudezcas por nosotros, para no clamar(d) al Señor tu Dios, y nos salvará de mano de filisteos.» Y tomó Samuel un cordero mamante y ofreciólo en holocausto, con todo el pueblo, al Señor; y clamó Samuel al Señor por Israel, y escuchóle el Señor. Y estaba Samuel ofreciendo el holocausto y(e) los filisteos aproximáronse en guerra sobre Israel; y tronó el Señor, en voz grande, en aquel día sobre los filisteos y revolviéronse y resbalaron ante la faz de Israel. Y salieron los varones de Israel, de Masfá, y persiguieron a los filisteos y percutiéronles hasta por debajo de Betcar. Y tomó Samuel una piedra y púsola en medio de Masfá y en medio de Sen, y llamó su nombre: «Piedra de ayuno», y dijo: Hasta ahora nos ha ayudado el Señor.» Y humilló el Señor a los filisteos y no pretendieron ya venir sobre el confín de Israel; y fue la mano del Señor sobre los filisteos todos los días de Samuel. Y fueron devueltas las ciudades que tomaron los filisteos a los hijos de Israel, y devolviéronlas a Israel, desde Acarón hasta Get; y el confín de Israel quitaron de mano de los filisteos; y hubo paz en medio de Israel y en medio del amorreo. Y juzgaba Samuel a Israel todos los días de su vida. E iba por año a año(f) y rodeaba a Betel y a Galgal y a Masfá, y juzgaba a Israel en todos estos santificados(g). Y su retorno a Ramatá, porque allí estaba su casa; y juzgaba allí a Israel; y edificó allí un altar al Señor. El pueblo pide rey Y aconteció, como hubiere envejecido Samuel, que constituyó a sus hijos jueces a Israel. Y éstos los nombres de sus hijos: el primogénito Joel y nombre del segundo, Abiá, jueces en Bersabé. Y no anduvieron sus hijos en el camino de él; y desviáronse tras la ganancia, y recibían dádivas, y desviaban juicios. Y júntanse todos los varones de Israel, y lléganse en Ramatá a Samuel; y dijéronle: «He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tu camino; y ahora constituye sobre nosotros rey que nos juzgue; al modo que también las demás gentes.» Y mala, la palabra en los ojos de Samuel como dijeron: «Danos rey que nos juzgue». Y oró Samuel al Señor. Y dijo el Señor a Samuel: «Oye la voz del pueblo, según te hablaron, pues, no es a ti a quien han desechado; sino que a mí han desechado para no reinar sobre ellos. Según todos los hechos que me hicieron desde el día que les saqué de Egipto hasta este día; —y me abandonaron, y servían a dioses otros—; así ellos hacen también a ti. Y ahora oye la voz de ellos; empero testificando, testificarásles, y anunciarásle el derecho del rey que reinará sobre ellos.» Y dijo Samuel toda la palabra del Señor al pueblo: a los que le pedían rey; y dijo: «Este será el derecho del rey que reinará sobre vosotros: vuestros hijos tomará y pondráles en sus carros y en sus jinetes, precursores de sus carros; y para ponérselos centuriones y quiliarcas(a), y para segar su siega y vendimiar su vendimia; y hacer sus armas bélicas y las armas de sus carros; y vuestras hijas tomará para perfumadoras y para cocineras y para panaderas. Y vuestros campos, y vuestras viñas y vuestros olivares los buenos tomará, y dará a sus siervos; y vuestras sementeras y vuestras viñas diezmará, y dará a sus eunucos y a sus siervos; y vuestros siervos y vuestras siervas y vuestras vacadas(b) y vuestros bienes y vuestros asnos tomará y diezmará para sus obras; y vuestras greyes diezmará, y vosotros seréis para él siervos. Y clamaréis en aquel día de ante el rostro de vuestro rey que os habréis elegido, y no os escuchará el Señor en aquellos días, porque vosotros os habréis elegido rey.» Y no quería el pueblo oír a Samuel; y dijéronle: «De ninguna manera, sino que un rey habrá sobre nosotros; y seremos también nosotros, según todas las gentes; y juzgarános nuestro rey, y saldrá delante de nosotros y guerreará nuestra guerra.» Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y hablólas en las orejas del Señor. Y dijo el Señor a Samuel: «Oye la voz de ellos, y reine sobre ellos rey.» Y dijo Samuel a los varones de Israel: «Corra de aquí cada cual a su ciudad.» Saúl Y un varón, de hijos de Benjamín, y su nombre Cis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afiá, hijo de un varón benjaminita; varón poderoso. Y éste tenía un hijo, y su nombre Saúl, bellamente grande, varón bueno; y no había, entre los hijos de Israel, bueno sobre él; desde el hombro y más arriba, excelso sobre toda la tierra. Y perdiéronse las asnas de Cis, padre de Saúl; y dijo Cis a Saúl, su hijo: «Toma contigo uno de los jovencillos, y levantaos, e id y buscad las asnas.» Y pasaron por el monte Efraín, y pasaron por la tierra de Salisá, y no hallaron; y pasaron por la tierra de Salim, y no estaban; y pasaron por la tierra de Benjamín, y no hallaron. Y, viniendo ellos a Suf, Saúl dijo a su jovencito, al con él: «¡Acá! y volvamos; no sea que, desentendiéndose mi padre de las asnas se solicite por nosotros.» Y díjole el jovencillo: «He aquí que ahora hay un hombre de Dios en esta ciudad, y el hombre, renombrado; todo lo que hablare que sucederá, acontecerá; y ahora vamos allá, para que nos avise el camino nuestro por el cual hemos venido, por él.» Y dijo Saúl a su jovencillo, al con él: «Y he aquí iremos; y ¿qué llevaremos al hombre de Dios; porque los panes agotados están de nuestras alforjas; y más no tenemos con nosotros para llevar al hombre de Dios, que sea nuestro?» Y prosiguió el jovencillo respondiendo a Saúl, y dijo: «He aquí se ha hallado en mi mano un cuarto de siclo argénteo, y darás al hombre de Dios, y nos avisará nuestro camino.» (Y antes en Israel esto decía cada uno, al ir a consultar a Dios: «¡Acá! y vamos al vidente»; pues al profeta llamaba el pueblo antes: el vidente). Y dijo Saúl a su jovencillo: «Buena tu palabra: acá y vamos.» Y fueron a la ciudad donde estaba allí, el hombre el de Dios. Subiendo ellos la subida de la ciudad, ellos hallan a las niñas venidas a aguar agua, y dícenlas: «¿Si está aquí el vidente?» Y respondiéronles las niñas, y dícenles: «Está, he aquí delante de vuestra faz; y apresúrate ahora: por el día ha llegado a la ciudad, pues hostia hoy al pueblo en la altura. Como entrareis en la ciudad le hallaréis en la ciudad, antes de subir él a la altura a comer; pues no comerá el pueblo hasta entrar él; porque éste bendice la hostia; y, después de esto, comen los huéspedes; y ahora subid, pues por el día le hallaréis.» Y suben a la ciudad, entrando ellos en medio de la ciudad, he aquí Samuel salió al encuentro de ellos para subir a la altura. Y el Señor había revelado la aurícula de Samuel, día uno, antes de venir a él Saúl, diciendo: «Como a la(a) sazón, mañana enviaré a ti un varón de tierra de Benjamín, y le ungirás en príncipe sobre mi pueblo de Israel; y salvará a mi pueblo de mano de filisteos; porque he mirado sobre la humillación de mi pueblo, pues ha venido su clamor a mí.» Y Samuel vio a Saúl, y el Señor le respondió: «He ahí al hombre que te dije; éste principará en mi pueblo.» Y acercóse Saúl a Samuel en medio de la ciudad, y dijo: «Indícame ahora, cual la casa del vidente.» Y respondió Samuel a Saúl, y dijo: «Yo mismo soy; sube delante de mí a la altura y come conmigo hoy, y te despediré al alba; y todo lo en tu corazón te anunciaré; y acerca de tus asnas las perdidas hoy tres días, no pongas tu corazón en ellas; pues se han hallado; y ¿de quién será lo hermoso de Israel? ¿No tuyo y de toda la casa de tu padre?» Y respondió Saúl y dijo: «¿No de varón hijo: de un benjaminita, yo soy, de pequeño cetro de tribu de Israel y de la tribu la más pequeña de todo el cetro de Benjamín? ¿Y por qué me has hablado según esta palabra?» Y tomó Samuel a Saúl y a su jovencillo y entróles en la sala. Y púsoles allí lugar en los primeros de los convidados: como treinta(b) varones. Y dijo Samuel al cocinero: «Dame la parte que te he dado, que te dije ponerla cerca de ti.» Y coció el cocinero el muslo y lo en él, y púsole delante de Saúl. Y dijo Samuel a Saúl: «He aquí el resto; póntelo delante y come; pues, en testimonio, se te ha puesto, ante los otros: corta.» Y comió Saúl con Samuel en aquel día. Y bajó de la altura a la ciudad(c); y tendió lecho a Saúl en el terrado; y durmió. Y aconteció, al despuntar el alba, llamar Samuel a Saúl sobre el terrado, diciendo: «Levántate, y te despediré.» Y levantóse Saúl y salió él y Samuel hasta fuera. Y bajando ellos a una parte de la ciudad, Samuel dijo a Saúl: «Di al jovencillo, y pase delante de nosotros —y pasó— y tú párate como hoy(d) y escucha una palabra de Dios.» Saúl rey Y tomó Samuel la ampolla del aceite y derramó sobre su cabeza; y besóle, y díjole: «¿No te ha ungido el Señor en príncipe sobre su pueblo de Israel? Y tú principarás en el pueblo del Señor, y tú le salvarás de mano de sus enemigos en contorno. Y esto será para ti la señal de que te ha ungido el Señor sobre su heredad en príncipe: cuando te fueres hoy de mí, hallarás a dos varones por los sepulcros de Raquel en el monte Benjamín saltando grandemente y te dirán: «Se han hallado las asnas que habéis ido a buscar; y he aquí tu padre se ha dejado de la palabra de las asnas, y desatentádose por vosotros, diciendo: «¿Qué haré por mi hijo?» Y partirás de allí, y más allá vendrás hasta la encina Tabor, y hallarás allí tres varones subiendo a Dios, a Betel: uno llevando tres cabritos, y uno llevando tres vasos de panes, y uno llevando un odre de vino; y te preguntarán lo para paz(a), y te darán dos primicias de panes, y tomarás de la mano de ellos. Y después de esto, entrarás en la colina de Dios, donde está, allí, la estación(b) de los filisteos; allí el «Centinela filisteo»(c). Y será: cuando entrareis allí en la ciudad, te encontrarás con un coro de profetas bajando de la altura; y delante de ellos, nabla(d) y tímpano, y flauta y cínira(e), y los mismos profetizantes. Y saltará sobre ti el espíritu del Señor; y profetizarás con ellos, y te mudarás en varón otro. Y será: cuando vinieren estas señales sobre ti, has todo cuanto hallare tu mano, porque Dios está contigo. Y descenderás delante de Galgal; y he aquí desciendo a ti para ofrecer holocausto y sacrificar sacrificios pacíficos: siete días aguardarás hasta venir yo a ti; y te manifestaré lo que hagas.» Y aconteció: luego que se volvió con su hombro, de Samuel, le mudó Dios el corazón; y vinieron todas las señales en aquel día Y va de allí a la colina; y he aquí coro de profetas en frente de él; y saltó sobre él el espíritu de Dios, y profetizó en medio de ellos. Y aconteció: todos los que conocían ayer y anteayer, y vieron; y he aquí él, en medio de los profetas, profetizando; y dijo el pueblo, cada cual a su vecino: «¿Qué es esto, lo acontecido al hijo de Cis? ¿Acaso también está Saúl entre profetas?» Y respondió alguno de ellos y dijo: «¿Y quién el padre de él?» Y por esto volvióse parábola: «¿Acaso también Saúl está entre los profetas?» Y acabó de profetizar; y va a la colina. Y dijo su pariente a él y a su jovencillo: «¿A dónde habéis ido?» Y dijeron: «A buscar las asnas, y vimos que no están, y entramos a Samuel.» Y dijo el pariente de Saúl: «Anúnciame ahora qué te dijo Samuel.» Y dijo Saúl a su pariente: «Anuncióme anunciando que se han hallado las asnas.» Pero la palabra del reino no le anunció la que dijo Samuel. Y convocó Samuel todo el pueblo, al Señor, a Masfá. Y dijo a los hijos de Israel: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel diciendo: «Yo saqué los hijos de Israel, de Egipto; y os libré de mano de Faraón, rey de Egipto y de todos los reinos que os afligían. Pero vosotros hoy habéis desechado a Dios, que el mismo es vuestro salvador de todos los males vuestros y aflicciones vuestras y habéis dicho: «De ninguna manera; sino que un rey constituirás sobre nosotros»; y ahora constituíos ante la faz del Señor, según los cetros vuestros y según las tribus vuestras.» Y llegó a Samuel todos los cetros de Israel; y fue sorteado el cetro de Benjamín; y llega el cetro de Benjamín por tribus, y fue sorteada la tribu de Metrí; y llegan la tribu de Metrí por varones y fue sorteado Saúl hijo de Cis; y buscábalo y no se hallaba. Y preguntó Samuel aún al Señor: «¿Si viene el varón aquí?» Y dijo el Señor: «He aquí oculto está en el bagaje.» Y corrió y sacóle de allí y púsole en medio del pueblo, y elevóse sobre todo el pueblo desde el hombro arriba. Y dijo Samuel a todo el pueblo: «¿Si habéis visto al que se ha elegido el Señor, pues no hay semejante a él en todos vosotros?» Y conocieron todo el pueblo y dijeron: «Viva el rey.» Y dijo Samuel al pueblo el derecho del rey, y lo escribió en un libro y púsolo a la faz del Señor; y despidió Samuel a todo el pueblo; y se fue cada uno a su lugar. Y Saúl fuese a su casa a Gabaá; y fueron hijos de virtudes cuyos corazones, de ellos, tocó el Señor, con Saúl. E hijos pestilentes dijeron: «¿Quién nos salvará: éste?» Y despreciáronle, y no le trajeron dones(f). Vence Saúl a los Amonitas Y aconteció, como después de un mes, subir Naas el amonita y acampar sobre Jabés Galaad. Y dijeron todos los varones de Jabés a Naas el amonita: «Pacta con nosotros pacto, y te serviremos.» Y díjoles Naas el amonita: «En esta(a) pactaré pacto con vosotros: en sacar todo ojo vuestro derecho; y pondréle oprobio sobre todo Israel.» Y dícenle los varones de Jabés: «Concédenos siete días, y enviaremos mensajeros a todo confín de Israel; si no hay quién nos salve, saldremos a vosotros». Y van los mensajeros a Gabaá, a Saúl y hablan las palabras a las orejas del pueblo; y alzaron —todo el pueblo su voz y lloraron. Y he aquí Saúl venía, después del alba(b), del campo, y dijo Saúl: «¿Qué? ¿Por qué llora el pueblo?» Y refiérenle todas las palabras de los varones de Jabés. Y saltó el espíritu del Señor sobre Saúl, como oyó estas palabras, y enfurecióse sobre ellos su ira muy mucho. Y tomó dos vacas y destrozólas y envió a todo confin de Israel en mano de mensajeros, diciendo: «El que no está yendo en pos de Saúl y en pos de Samuel, según esto harán a sus bueyes.» Y vino éxtasis del Señor sobre el pueblo de Israel, y vocearon como varón uno. Y revistólos en Besec, en la altura—todo varón de Israel: trescientos millares, y varones de Judá: treinta millares(c). Y dijo a los mensajeros, los venidos: «Esto decid a los varones de Jabés Galaad: «Mañana a vosotros salvación, en calentando ya el sol.» Y vinieron los mensajeros a la ciudad y anunciaron a los varones de Jabés, y regocijáronse. Y dijeron los varones de Jabés a Naas el amonita: «Mañana saldremos a vosotros, y hacednos lo bueno a faz de vosotros.» Y aconteció al otro día, puso Saúl al pueblo en tres escuadrones; y entran en medio del campamento en la vigilia la matutina; y batían a todos los hijos de Amón hasta que calentó el día; y aconteció que también los sobrevivientes se dispersaron, y no quedaron, en ellos, dos en lo mismo(d). Y dijo el pueblo a Samuel: «¿Quién fue el que dijo que «Saúl no reinará sobre nosotros?» Entrega los varones y los mataremos.» Y dijo Saúl: «No morirá nadie en este día, porque hoy ha hecho el Señor la salvación en Israel.» Y dijo Samuel al pueblo, diciendo: «Vamos a Galgal y estrenemos allí el reino.» Y fue todo el pueblo a Galgal, y ungió Samuel allí a Saúl por rey a faz del Señor en Galgal, y sacrificó allí sacrificios y pacíficos ante la faz del Señor; y regocijóse Samuel allí y todo Israel muy sobremanera . Protesta y exhortación de Samuel al pueblo Y dijo Samuel a todo Israel: «He aquí, he escuchado vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho; y enreyecido sobre vosotros rey; y ahora aquí el rey anda ante la faz de vosotros; y yo he envejecido, y me sentaré, y mis hijos he aquí en vosotros; y yo he aquí he pasado a la faz de vosotros, desde mi adolescencia y hasta este día. Heme aquí: responded contra mí ante la faz del Señor y a faz de su ungido: cuyo becerro he tomado; o cuyo asno tomado; o a quién he oprimido de vosotros; o a quién he concusionado; o de cuya mano tomado propiación y cohecho? Responded contra mí, y devolveréos.» Y dijeron a Samuel: «No nos has agraviado, y no nos has oprimido; y no nos has afligido; y no has tomado de la mano de nadie nada.» Y dijo Samuel al pueblo: «¡Testigo es el Señor en vosotros, y testigo su ungido hoy, en este día, que no habéis hallado en mi mano nada!» Y dijeron: «¡Testigo!». Y dijo Samuel al pueblo, diciendo: «Testigo es el Señor quien hizo a Moisés y a Aarón; quien sacó a vuestros padres de Egipto. Y ahora llegaos y os juzgaré ante la faz del Señor, y os anunciaré toda la justicia del Señor: lo que hizo en vosotros y en vuestros padres; cuando entró Jacob y sus hijos en Egipto y les humilló Egipto; y clamaron vuestros padres al Señor, y envió el Señor a Moisés y a Aarón y sacó a nuestros padres a Egipto y establecióles en este lugar. Y olvidáronse de su Dios, y entrególes en manos de Sisara, arquiestratego de Jabín, rey de Hasor, y en manos de filisteos, y en manos de Moab; y guerrearon en ellos. Y clamaron al Señor, y dijeron: «Hemos pecado, por haber abandonado al Señor y servido a los baales y a las selvas; y ahora líbranos de mano de nuestros enemigos, y te serviremos.» Y envió el Señor a Jerobaal, y a Badán y a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos, los en contorno; y habitasteis confiados. Y visteis que Naas, rey de hijos de Amón vino sobre vosotros, y dijisteis: «De ninguna manera; sino que un rey reinará sobre nosotros»; y el Señor, el Dios vuestro, vuestro rey. Y ahora he aquí el rey que habéis elegido, que habéis pedido; y he aquí ha dado el Señor sobre vosotros rey. Si temiereis al Señor y oyereis su voz, y no irritareis la boca del Señor; estaréis y vosotros y el rey que reina sobre vosotros en pos del Señor caminando. Pero, si no oyereis la voz del Señor e irritareis la boca del Señor, estará la mano del Señor sobre vosotros y sobre vuestro rey. Y ahora llegaos y ved esta palabra la grande, que el Señor hará en vuestros ojos. ¿No por ventura la siega del trigo hoy? Invocaré al Señor, y dará voces y lluvia, y conoced y ved que la maldad vuestra, grande, la que habéis hecho ante la faz del Señor, pidiéndoos rey.» E invocó Samuel al Señor, y dio el Señor voces y lluvia en aquel día; y temió todo el pueblo al Señor sobremanera, y a Samuel. Y dijo todo el pueblo a Samuel: «Ruega por tus siervos al Señor, tu Dios, y no muramos, pues hemos añadido a todos nuestros pecados maldad, pidiendo para nosotros rey.» Y dijo Samuel al pueblo: «No temáis; vosotros habéis hecho toda esta maldad; empero no os desviéis de en pos del Señor; y servid al Señor en todo vuestro corazón. Y no os descarriéis en pos de los que nada son; los que nada pueden; y los que no salvarán, porque nada son; pues no desechará el Señor a su pueblo, por su nombre, el grande; pues de grado os preeligió el Señor para sí en pueblo. Y a mí de ninguna manera; el pecar al Señor, dejando de orar por vosotros; y serviré al Señor y mostraréos el camino el bueno y el recto. Empero temed al Señor y servidle en verdad y en todo vuestro corazón; pues habéis visto lo que ha engrandecido con vosotros; y si con maldad mal hacéis, así vosotros como vuestro rey, agregados seréis.»(a) Hazaña de Jonatás Hijo de año era Saúl, al reinar(a); y dos años reinó sobre Israel; y elígese Saúl tres millares de varones de los varones de Israel; y estaban con Saúl dos mil; los en Macmás y en el monte Betel, y mil estaban con Jonatás en Gabaá de Benjamín; y lo restante del pueblo despidió a cada uno a su tienda. Y batió Jonatás al Centinela(b), al filisteo, el de la colina; y oyen los filisteos y Saúl con trompeta trompetea por toda la tierra diciendo: «Han desdeñado los siervos.»(c) Y todo Israel oyó que decían: «Ha batido Saúl al Centinela, al filisteo»; y avergonzáronse—Israel en los filisteos, y subieron los hijos de Israel, en pos de Saúl en Galgal. Y los filisteos júntanse en guerra sobre Israel, y suben sobre Israel treinta millares de carros, y seis millares de jinetes; y pueblo, como la arena la junto al mar, por la muchedumbre; y suben y acampan en Macmás, en frente de Betavén al oriente. Y el varón de Israel vio que estrechamente para él, para no avanzar(d); y se ocultó el pueblo en las cavernas, y en los establos, y en las peñas, y en los hoyos y en las cisternas. Y los pasantes pasaron el Jordán a tierra de Gad y de Galaad; y Saúl aún estaba en Galgal; y todo el pueblo aterróse en pos de él. Y dejó pasar siete días, por el testimonio(e) como dijo Samuel; y no llegó Samuel a Galgal; y dispersóse su pueblo, de él. Y dijo Saúl: «Traed para hacer yo holocausto y pacíficos.» Y ofreció holocausto. Y aconteció: como acabó de ofrecer el holocausto, Samuel llega; y salió Saúl a su encuentro para bendecirle(f). Y dijo Samuel: «¿Qué has hecho?» Y dijo Saúl: «Porque vi como se dispersó el pueblo de mí, y tú no llegabas, como ordenaras en el testimonio de los días, y los filisteos congregáronse en Macmás; dije: «Ahora bajarán los filisteos a mí a Galgal, y el rostro del Señor no he suplicado; y violentéme y ofrecí el holocausto.» Y dijo Samuel a Saúl: «Necio has sido, que no has guardado mi precepto que te preceptuó el Señor; porque ahora había dispuesto el Señor tu reino sobre Israel por los siglos. Y ahora tu reino no permanecerá para ti; y se buscará el Señor un hombre según su corazón; y le mandará el Señor para príncipe sobre su pueblo; porque no has guardado cuanto te mandó el Señor.» Y levantóse Samuel y se fue de Galgal; y el resto del pueblo subió en pos de Saúl al encuentro, en pos del pueblo el guerrero. Llegando ellos de Galgal a Gabaá Benjamín, revistó Saúl al pueblo el que se hallaba con él: como seiscientos varones. Y Saúl y Jonatás, su hijo y el pueblo, los que se hallaban con ellos, sentáronse en Gabaá de Benjamín y lloraban(g) y los filisteos acampados estaban en Macmás. Y salió exterminador(h) del campo de los filisteos con tres escuadrones: el escuadrón el uno, mirando al camino de Efrá sobre tierra de Sual; y el escuadrón el uno, mirando al camino de Betorón; y el escuadrón el uno, mirando al camino de la linde, el inclinado sobre el valle de Seboim, al desierto. Y herrero no se hallaba en toda tierra de Israel; porque decían los filisteos: «No sea que hagan los hebreos espada y lanza.» Y bajaban —todo Israel a tierra de filisteos a fabricar cada uno su segadora y su herramienta; y cada uno, su segur y su hoz. Y estaba la vendimia pronta a cosechar; pero las herramientas estaban a tres siclos por diente; y para la segur y para la hoz el valor era el mismo(i). Y aconteció, en los días de la guerra de Macmás, no hallarse espada y lanza en mano de todo el pueblo el con Saúl y el con Jonatás; y hallársele a Saúl y a Jonatás, su hijo. Y salió(j) de la estación de los filisteos a la de allende Macmás. Jonatas victorioso Y aconteció el día de decir Jonatás, hijo de Saúl, al jovencillo, al que llevaba sus armas: «¡Acá! y pasemos a la estación de los filisteos, la que está tras de aquel lugar.» Y a su padre no avisó. Y Saúl sentado estaba en lo alto de la colina, bajo el granado el en Magrón; y estaban con él como seiscientos varones. Y Aquías hijo de Aquitob, hermano de Icabod, hijo de Fineés, hijo de Helí, el sacerdote de Dios en Silo, llevando el efod; y el pueblo no sabía haberse ido Jonatás. Y, en medio del paso donde buscaba Jonatás pasar a la estación de los filisteos, diente de peña de acá, y diente de peña acá; nombre del uno: Bosés, y nombre del otro: Sené. Y el camino, el uno, de septentrión, al que viene a Macmás; y el camino, el otro, de mediodía, al que viene a Gabaá. Y dijo Jonatás al jovencillo, al que llevaba sus armas: «¡Acá! pasemos a la estación de estos incircuncisos: si algo hace el Señor para nosotros; porque no es al Señor estrecho salvar en muchos o en pocos.» Y díjole el que llevaba sus armas: «Haz todo a lo que tu corazón se inclinare; heme aquí contigo; como tu corazón, mi corazón.» Y dijo Jonatás: «He aquí nosotros pasamos a los varones, y no rodaremos(a) a ellos; si esto nos dijeren: «Retiraos allá, hasta que os avisemos»; nos pararemos sobre ellos, y no subiremos a ellos.» Y si esto nos dijeren: «Subid a nosotros», subiremos; pues les ha entregado el Señor en nuestras manos: esta será para nosotros la señal.» Y salieron ambos a la estación de los filisteos y dicen los filisteos: «He aquí los hebreos salen de sus cuevas donde estaban ocultos, allí.» Y respondieron los varones de la estación a Jonatás y al que llevaba sus armas; y dicen: «Subid a nosotros, y os manifestaremos una palabra.» Y dijo Jonatás al que llevaba sus armas: «Sube tras mí, pues los ha entregado el Señor en mano de Israel.» Y subió Jonatás sobre sus manos y sobre sus pies, y el que llevaba sus armas, tras él; y miraron al rostro de Jonatás(b); y percutióles y el que llevaba sus armas, ultimaba tras él. E hízose la plaga la primera que percutió Jonatás y el que llevaba sus armas, como veinte varones en tiros y en pedradas y en guijarros de la llanura(c). E hízose terror en el campamento y en el campo; y todo el pueblo el en la estación, y los devastantes, aterráronse y ellos no quisieron hacer; y asombróse la tierra y hubo terror del Señor. Y vieron los centinelas de Saúl en Gabaá Benjamín, y he aquí el campamento revuelto de acá y de acá. Y dijo Saúl al pueblo al con él: «Explorad ahora y ved quién ha ido de vosotros.» Y exploraron, y he aquí no se halló a Jonatás y al que llevaba sus armas. Y dijo Saúl a Aquías: «Traed el efod»; porque él llevaba el efod, en aquel día, a la faz de Israel(d). Y aconteció: como habla Saúl al sacerdote, el estruendo en el campamento de los filisteos venía viniendo y llenábase; y dijo Saúl al sacerdote: «Junta tus manos.»(e). Y subió Saúl y todo el pueblo el con él, y vienen hasta la guerra; y he aquí era espada de varón contra su prójimo; hacinamiento grande sobremanera. Y los siervos los estantes ayer y anteayer con los filisteos, los subidos al campamento, volvieron también ellos a estar con Israel: los con Saúl y Jonatás. Y todo Israel: los ocultos en el monte Efraín, oyeron que han huido los filisteos y juntáronse también ellos en su pos en guerra. Y salvó el Señor en aquel día a Israel; y la guerra pasó a Betavén; y todo el pueblo era con Saúl; como diez millares de varones; y estaba la guerra esparcida a toda la ciudad en el monte Efraín. Y Saúl ignoró ignorancia grande en aquel día, y conjuró al pueblo, diciendo: «Maldito el hombre que comiere pan hasta la tarde. Y me vengaré de mi enemigo.» Y no gustó todo el pueblo pan, y toda la tierra comía. Y Yaal selva era de colmena por la faz del campo. Y entró el pueblo a la colmena, y he aquí iba hablando; y he aquí no había quien volviera su mano a su boca, pues temía el pueblo el juramento del Señor. Y Jonatás no había oído, al conjurar su padre al pueblo, y alargó la punta de la vara la en su mano y untóla en el panal de miel, y volvió su mano a su boca, y sus ojos(f) vieron. Y respondió uno del pueblo y dijo: «Jurando juró al pueblo tu padre, diciendo: «¡Maldito el hombre que comiere pan hoy!» y desfalleció el pueblo. Y conoció Jonatás y dijo: «Ha demudado mi padre la tierra; mira por esto han visto mis ojos porque gusté un poco de esta miel; ojalá comiese comiendo hoy el pueblo del botín de sus enemigos que ha hallado; pues ahora mayor fuera la plaga la en los filisteos.» Y batió en aquel día de entre los filisteos de Macmás; y fatigóse el pueblo sobremanera. Y desvióse el pueblo al botín, y tomó el pueblo greyes y vacadas e hijos de vacas, y degolló sobre la tierra, y comió el pueblo con la sangre. Y anuncióse a Saúl, diciendo: «Ha pecado el pueblo al Señor, comiendo con la sangre.» Y dijo Saúl: «Prevaricáis(g); rodadme piedra acá grande.» Y dijo Saúl: «Dispersaos en el pueblo y decidles traer aquí a cada uno su becerro y cada uno su oveja; y deguelle sobre ella y comedlos; y no pequéis al Señor, comiendo con la sangre.» Y trajo el pueblo—cada uno en su mano, y degollaban allí. Y edificó allí Saúl altar al Señor; este empezó Saúl a edificar altar al Señor. Y dijo Saúl: «Bajemos tras los filisteos de noche, y saqueemos en ellos hasta que despunte el día y no dejemos en ellos varón.» Y dijeron: «Todo lo bueno en tus ojos, haz.» Y dijo el sacerdote: «Acerquémonos aquí a Dios.» Y consultó Saúl a Dios: «¿Si bajaré tras los filisteos? ¿Si los entregarás en manos de Israel?» Y no le respondió en aquel día. Y dijo Saúl: «Traed acá todos los ángulos(h) de Israel, y conoced y ved en qué ha sido este pecado hoy.» «Porque ¡vive el Señor el que ha salvado a Israel! que si respondiere contra Jonatás, mi hijo, de muerte morirá.» Y no hubo quien respondiera de todo el pueblo; y dijo a todo varón de Israel: «Vosotros seréis en servidumbre(i), y yo y Jonatás mi hijo seremos en servidumbre.» Y dijo el pueblo a Saúl: «Lo bueno en tus ojos, haz.» Y dijo Saúl: «Señor, Dios de Israel, ¿qué? ¿por qué no has respondido a tu siervo hoy? Si en mí o en Jonatás, mi hijo, hay injusticia, Señor, Dios de Israel, da manifestaciones(j), y si esto dijere(k); da ahora a tu pueblo de Israel, da ahora santidad.»(l). Y fue sorteado Jonatás y Saúl; y el pueblo salió. Y dijo Saúl: «Echad en medio de mí y en medio de Jonatás, mi hijo: a quien sorteare el Señor muera.» Y dijo el pueblo a Saúl: «No es(m) esta palabra.» Y dominó Saúl al pueblo; y echan en medio de él y en medio de Jonatás, su hijo(n); y sorteado fue Jonatás. Y dijo Saúl a Jonatás: «Anúnciame: ¿qué has hecho?» Y anuncióle Jonatás y dijo: «Gustando gusté en la extrema vara la en mi mano un poco de miel; y he aquí yo muero.» Y díjole Saúl: «Esto hágame Dios y esto añádame, que de muerte morirás hoy.» Y dijo el pueblo a Saúl. «¿Si hoy ha de morir el que ha hecho la salvación, esta grande, en Israel? ¡No sea! ¡Vive el Señor! No caerá ni un cabello de su cabeza sobre la tierra; porque el pueblo de Dios ha hecho este día.» Y suplicó el pueblo por Jonatás en aquel día, y no murió. Y subió Saúl de en pos de los filisteos, y los filisteos retiráronse a su lugar. Y Saúl llegó a reinar: ha sorteado obra sobre Israel(o); y debelaba en contorno a todos sus enemigos: en Moab, y en los hijos de Armón, y en los de Edom, y en Beteor(p), y en los reyes de Sobá y en los filisteos; a donde se volvía, salvábase. E hizo poder y batió a Amalec, y libró a Israel de mano de los que le conculcaban. Y eran los hijos de Saúl: Jonatás, y Yesuí y Melquisuá; y nombre de sus dos hijas: nombre de la primogénita: Merob; y nombre de la segunda: Micol. Y nombre de su mujer: Aquinoam, hija de Aquimaás; y nombre de su arquiestratego: Abner, hijo de Ner, hijo de un pariente(q) de Saul. Y Cis, padre de Saúl; y Ner, padre de Abner, hijo(r) de Abiel. Y fue la guerra fuerte sobre los filisteos todos los días de Saúl; y, viendo Saúl todo varón poderoso y todo varón, hijo de poder, juntábales consigo. Triunfo sobre Amalec Y dijo Samuel a Saúl: «A mí ha enviado el Señor a ungirte en rey sobre su pueblo de Israel; y ahora oye la voz de las palabras del Señor. Esto dice el Señor de los ejércitos: «Ahora vengaré lo que hizo Amalec a Israel: cómo le salió al encuentro en el camino, al subir él de Egipto. Y ahora ve, y batirás a Amalec y Hierim(a) y todo lo de él, y no reservarás de él y le exterminarás; y anatematizarás a él y todo lo suyo; y no perdonarás de él, y matarás, de varón y hasta mujer; y de pequeñuelo hasta mamante; y de becerro hasta oveja; y de camello a asno.» Y comunicó Saúl al pueblo, y revístelos en Galgal(b): doscientos(c) millares de infantes; y a Judá: diez(d) millares de infantes. Y vino Saúl hasta las ciudades de Amalec y emboscóse en el torrente. Y dijo Saúl al cineo: «Retírate y desvíate de en medio del amalecita, para no juntarte yo con él; y tú hiciste misericordia con todos los hijos de Israel, al subir ellos de Egipto.» Y desvióse el cineo de en medio de Amalec. Y batió Saúl a Amalec, desde Hevilá hasta Sur sobre la faz de Egipto. Y cogió a Agag, rey de Amalec, vivo; y a todo el pueblo y a Hierim mató en boca de espada. Y reservó Saúl y todo el pueblo a Agag vivo y lo bueno de las greyes, y de las vacadas y de los víveres, y de las viñas, y de todos los bienes; y no querían exterminarlo; y toda obra despreciable y de nada exterminaron. Y se hizo palabra del Señor a Samuel, diciendo: «Arrepentido estoy de haber enreyecido a Saúl en rey, pues se ha vuelto de en pos de mí, y mis palabras no ha guardado.» Y entristecióse Samuel, y clamó al Señor toda la noche. (e) Y madrugó Samuel y fue al encuentro de Israel, al alba. Y se le anunció a Saúl, diciendo: «Ha llegado Samuel a Karmel, y constituídose mano.»(f). Y volvió el carro y descendió a Galgal, a Saúl; y he aquí él ofrecía holocausto al Señor: lo primero del botín que llevó de Amalec; y acercóse Samuel a Saúl y díjole Saúl: «¡Bendito tú al Señor! He cumplido todo cuanto ha hablado el Señor.» Y dijo Samuel: «¿Y cuál la voz de esta grey en mis orejas, y la voz de las vacas que escucho?» Y dijo Saúl: «De Amalec los he traído, los que reservó el pueblo: lo mejor de la grey y de las vacas para ser sacrificado al Señor, tu Dios; y lo demás he exterminado.» Y dijo Samuel a Saúl: «Deja y te anunciaré lo que habló el Señor a mí anoche.» Y díjole: «Habla.» Y dijo Samuel a Saúl: «Por ventura, siendo pequeño tú en tus ojos ¿no has sido hecho príncipe de las tribus de Israel, y te ha ungido el Señor en rey sobre Israel? Y te envió el Señor en camino, y te dijo: «Ve, y extermina: arrebatarás a los que pecan contra mí: a Amalec, y les debelarás hasta acabarlos.» Y ¿por qué no has escuchado la voz del Señor, sino que, agitando, te echaste sobre el botín e hiciste lo malo en los ojos del Señor?» Y dijo Saúl a Samuel: «Por escuchar yo la voz del pueblo, y anduve por el camino que me envió el Señor, y traje a Agag, rey de Amalec, y a Amalec exterminé. Y tomó el pueblo del botín greyes y vacadas: lo primero del exterminio, para sacrificar a la faz del Señor, Dios nuestro, en Galgal.» Y dijo Samuel: «¿Si de querer para el Señor holocaustos y hostias como el oír la voz del Señor? ¡He aquí oída, sobre hostia buena; y la obediencia, sobre grosura de carneros. Porque pecado de adivinación es el resistir; e iniquidad de los ídolos, el desobedecer; porque has desechado la palabra del Señor, también te desechará el Señor, para que no seas rey sobre Israel.» Y dijo Saúl a Samuel: «He pecado porque trasgredí el verbo del Señor y la palabra tuya; porque temí al pueblo, y escuché la voz de ellos; y ahora quita ya mi pecado y vuélvete conmigo, y adoraré al Señor, tu Dios.» Y dijo Samuel a Saúl: «No me volveré contigo; porque has desechado la palabra del Señor, también te desechará el Señor, para que no seas rey sobre Israel.» Y volvió Samuel su rostro para irse; y cogió Saúl la orla de su manto, y la rasgó. Y díjole Samuel: «Rasgó el Señor tu reino, de Israel, de tu mano hoy; y lo dará a tu prójimo, al bueno sobre ti. Y será desgarrado Israel en dos; y no se volverá(g) ni se arrepentirá; pues no como hombre es, para arrepentirse él.» Y dijo Saúl: «He pecado; empero glorifícame ahora a faz de los ancianos de Israel y a faz de mi pueblo, y vuélvete conmigo, y adoraré al Señor, tu Dios.» Y volvióse Samuel en pos de Saúl y adoró al Señor. Y dijo Samuel: «Traedme a Agag, rey de Amalec.» Y llegóse a él Agag temblando. Y dijo Agag: «Si así amarga, la muerte.»(h). Y dijo Samuel a Agag: «Según que ha deshijado mujeres tu espada, así deshijada será de entre mujeres tu madre.» Y degolló Samuel a Agag a la faz del Señor en Galgal. Y fuese Samuel a Ramatá; y Saúl subió a su casa, a Gabaá. Y no volvió Samuel a ver a Saúl, hasta el día de su muerte; porque lloraba Samuel sobre Saúl: y el Señor arrepentídose había de haber enreyecido a Saúl sobre Israel. Es ungido David Y dijo el Señor a Samuel: «¿Hasta cuándo tú lloras sobre Saúl; y yo le he desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ¡acá! te enviaré a Jesé hasta Belén, porque me he visto entre sus hijos un rey.» Y dijo Samuel: «¿Cómo iré? y oirá Saúl, y me matará.» Y dijo el Señor: «Becerra de vacas(a) toma en tu mano, y dirás: «A inmolar al Señor vengo»; y llamarás a Jesé a la hostia, y te manifestaré lo que hagas; y ungirás a quien yo te dijere.» E hizo Samuel todo lo que le habló el Señor, y vino a Belén; y espantáronse los ancianos de la ciudad a su encuentro y dijeron: «¿Acaso es de paz tu venida, vidente?» Y dijo: «De paz: a inmolar al Señor vengo; santificaos y regocijaos conmigo hoy.» Y santificó a Isaí y sus hijos y llamóles a la hostia. Y aconteció, al entrar ellos, que vio a Eliab y dijo: «¡Pero también ante la faz del Señor, ungido será él!» Y dijo el Señor a Samuel: «No mires a su figura ni al porte de su magnitud; pues desechado le tengo; porque, no como contemplará el hombre, mirará Dios; porque el hombre mirará el rostro, pero Dios mirará el corazón.» Y llamó Isaí a Abinadab; y pasó ante el rostro de Samuel; y dijo: «Ni a éste ha elegido Dios.» Y trajo Isaí a Samá. Y dijo: «Tampoco en éste ha elegido el Señor.» Y trajo Isaí los siete hijos suyos a faz de Samuel. Y dijo Samuel a Isaí: «No ha elegido el Señor en éstos.» Y dijo Samuel a Isaí: «¿Se han acabado los niñitos?» Y dijo: «Todavía el pequeño, he aquí pastorea en lo pastante.» Y dijo Samuel a Isaí: «Envía y tómale; pues no nos hemos de recostar, hasta que viniere él.» Y envió e introdújole; y él, rosado con hermosura de ojos; y bueno de ver al Señor(b). Y dijo el Señor a Samuel: «Levántate y unge a David, porque éste es bueno.» Y tomó Samuel el cuerno del aceite y ungióle en medio de sus hermanos; y saltó el espíritu del Señor sobre David, desde aquel día, y en adelante; y levantóse Samuel y se fue a Ramatá. Y el espíritu del Señor retiróse de Saúl; y le sofocaba el espíritu malo, del(c) Señor. Y dijeron los niños de Saúl a él: «He aquí ahora el espíritu del Señor, malo sofócate. Hablen ahora tus siervos a faz tuya, y busquen a nuestro Señor un varón que sepa tañer en cínira; y será que estando el espíritu malo sobre ti, tañerá en su cínira, y bueno te será, y te calmará.» Y dijo Saúl a sus niños: «Vedme ya un varón buen tañedor, y traédmele.» Y respondió uno de sus jovencillos y dijo: «He aquí he visto un hijo de Isaí, al betlehemita y entendido él en cántico; y es varón, prudente y guerrero, y sabio en palabra; y es varón, bueno de figura, y el Señor está con él.» Y envió Saúl mensajeros a Isaí, diciendo: «Envíame tu hijo David, al en tu grey.» Y tomó Isaí un gomor(d) de panes y un odre de vino y cabrito de cabras uno, y envió en manos de David, su hijo, a Saúl. Y entró David ante Saúl y púsose ante la faz de él, y le amó sobremanera, y fuele hecho armígero suyo. Y envió Saúl a Isaí, diciendo: «Quédese ahora David ante la faz mía, porque ha hallado gracia en mis ojos.» Y aconteció que al estar el espíritu malo sobre Saúl, cogía David la cínira y tañía en su mano: y respiraba Saúl, y era bueno para él, y se retiraba de él el espíritu malo. David y Goliat Y juntan los filisteos sus reales en guerra, y júntanse en Socó de Judá, y acampan en medio de Socó y en medio de Azecá, en Domim. Y Saúl y los varones de Israel se juntan y acampan en el valle ellos y se ordenan en guerra en frente de los filisteos. Y los filisteos están sobre el monte de acá e Israel está sobre el monte de allá, y el valle en medio de ellos. Y salió un varón poderoso(a) de la fila de los filisteos —Goliat, su nombre, de Get; su altura seis codos y palmo. Y morrión sobre su cabeza; y de coraza escamada, él revestido. Y el peso de su coraza, de cinco millares de siclos de bronce y hierro. Y grebas broncíneas, sobre sus muslos, y escudo broncíneo en medio de sus hombros. Y el astil de su lanza como rodillo de telar, y su lanza, de seiscientos siclos de hierro; y su escudero precedíale. Y paróse y vociferó a la fila de Israel, y díjoles: «¿Qué salís a batallar con guerra en contra de nosotros? ¿No soy filisteo, y vosotros, los siervos de Saúl? Elegíos un varón, y baje a mí. Y, si pudiere guerrear contra mí y si me percutir, os seremos en siervos. Pero, si yo pudiere y le percutiere, seréis nuestros siervos y nos serviréis.» Y dijo el filisteo: «He aquí yo he improperado la fila de Israel hoy, en este día: «Dadme un varón y nos batiremos ambos.» Y oyó Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo y se pasmaron y amedrentaron sobremanera. Y era David, hijo de varón efrateo, de Belén de Judá; y su nombre Isaí, y tenía ocho hijos; y el varón en los días de Saúl, era anciano venido entre varones. Y fueron los tres hijos de Isaí, los mayores, en pos de Saúl en guerra; y nombre de sus hijos, los venidos a la guerra: Eliab, su primogénito; y el segundo: Abinadab; y el tercero: Samá. Y David mismo es el menor; y los tres, los mayores, fueron en pos de Saúl. Y David se fue, y volvió, de Saúl, a pastorear las ovejas de su padre en Belén. Y adelantábase el filisteo, amaneciendo y tardeciendo y enhestóse cuarenta días. Y dijo Isaí a David: «Toma ahora para tus hermanos un efá de cebada y estos diez panes y ve corriendo al campamento y da a tus hermanos. Y los diez quesos de la leche llevarás al quiliarco, y a tus hermanos visitarás para la paz(b), y cuanto necesitaren, conocerás.» Y Saúl mismo y todo varón de Israel estaban en el valle del terebinto, guerreando con los filisteos. Y madrugó David al alba y dejó las ovejas a un guarda; y tomó y partió, según lo que le mandara Isaí; y vino al bagaje y fuerza, la que salía a la batalla; y vociferaron en la guerra. Y ordenáronse Israel y los filisteos, fila contra fila. Y quitó David sus efectos de sí en mano de un guarda, y corrió a la fila, y llegó y preguntó por sus hermanos por la paz. Y hablando él con ellos, he aquí un varón: el monómaco, subió: Goliat el filisteo, su nombre, de Get, de entre las filas de los filisteos, y habló según esas palabras, y oyó David. Y todo varón de Israel, al ver ellos al varón —huyeron de su rostro y temieron sobremanera. Y dijo el varón de Israel: «¿Si habéis visto al varón, a éste que sube, porque, para afrentar a Israel, ha subido? Y será el varón que le batiere que le enriquecerá el rey con riqueza grande, y su hija le dará, y la casa de su padre sea libre en Israel.» Y dijo David a los varones, los circunstantes, diciendo: «¿Qué se hará el varón que batiere a aquel filisteo y quitare la afrenta de Israel? Pues ¿quién un filisteo, el incircunciso mismo, ha afrentado al ejército del Dios vivo?» Y díjole el pueblo, según esta palabra, diciendo: «Así se hará al varón que le batiere.» Y oyó Eliab; su hermano, el mayor, al hablar él a los varones, y se airó con furor Eliab contra David, y dijo: «¿A qué acá has bajado? ¿Y a quién has dejado aquellas pequeñas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la maldad de tu corazón, porque, para ver la guerra, has bajado.» Y dijo David: «¿Qué he hecho ahora? Sólo hablar una palabra, ¿no es(c) así?» Y volvióse de él al de enfrente del otro, y dijo según esta palabra, y respondióle el pueblo según la palabra primera. Y oyéronse las palabras que habló David y se anunciaron ante Saúl; y tomóle. Y dijo David a Saúl: «No decaiga el corazón de mi señor(d) sobre él; tu siervo irá y guerreará con este filisteo.» Y dijo Saúl a David: «No podrás ir contra el filisteo a guerrear con él; porque jovencillo eres tú y él, un varón guerrero desde su juventud.» Y dijo David a Saúl: «Gregando estaba tu siervo a mi padre en la grey, y, cuando venía el león o el oso, y cogía oveja del rebaño; iba yo tras él y batíalo y arrebataba de su boca; y, si se alzaba sobre mí —cogí sus fauces y batí y lo maté. Y al león y al oso hería tu siervo—; y será el filisteo, el incircunciso, como uno de éstos. ¿Acaso no iré y le batiré, y quitaré hoy afrenta de Israel? Porque ¿quién es el incircunciso éste que ha afrentado al ejército del Dios vivo?» Y dijo David: «El Señor que me ha librado de la mano del león y de la mano del oso, él me librará de manos del filisteo, del incircunciso éste.» Y dijo Saúl a David: «Ve, y será el Señor contigo.» Y vistió Saúl a David armadura(e) y el morrión broncíneo en torno de su cabeza; y ciñó a David su espada sobre su armadura; y fatigóse, andando una y dos veces. Y dijo David a Saúl: «No podré andar en éstos; pues no estoy acostumbrado.» Y se los quitó. Y tomó su cayado en su mano y escogió cinco piedras lisas, del torrente, y púsolas en el saco el pastoril el que tenía para guardar; y con su honda, en la mano; y adelantóse hacia el varón filisteo. Y vino el filisteo viniendo y acercándose a David; y un varón el que llevaba su escudo delante de él; y miróle el filisteo. Y vio Goliat a David, y menosprecióle, porque él era un jovencillo, y él, rosado con hermosura de ojos. Y dijo el filisteo a David: «¿Así que como perro soy yo, que tú vienes sobre mí con palo y piedras?» Y dijo David: «No por cierto, sino que peor que perro.»(f) Y maldijo el filisteo a David en sus dioses. Y dijo el filisteo a David: «¡Acá! Ven a mí, y daré tus carnes a los volátiles del cielo y a las bestias de la tierra.» Y dijo David al filisteo: «Tú vienes a mí en espada y en lanza y en escudo; y yo voy a ti en nombre del Señor Dios de los ejércitos; del ejército de Israel, a quien has afrentado hoy. Y te encerrará el Señor hoy en mi mano; y te mataré y quitaré tu cabeza de ti, y daré tus restos y los restos del campamento de los filisteos en este día a los volátiles del cielo y a los brutos de la tierra; y conocerá toda la tierra que hay Dios en Israel; y conocerá toda esta congregación que no en espada y lanza salva el Señor; pues del Señor es la guerra; y entregará el Señor a vosotros en nuestras manos.» Y levantóse el filisteo, fue y llegóse al encuentro de David. Y apresuróse David y corrió hacia la fila del filisteo. Y extendió David su mano a la bolsa y sacó de allí piedra una y hondeó y percutió al filisteo en la frente; y traspasó la piedra, por el morrión, la frente de él; y cayó sobre su rostro en la tierra. Y prevaleció David sobre el filisteo, en la honda y en la piedra, y batió al filisteo y le mató; y espada no había en mano de David. Y corrió David, y púsose sobre él, y tomó la espada de él, y matóle y quitó su cabeza; y vieron los filisteos que ha muerto el poderoso de ellos, y huyeron. Y alzáronse los varones de Israel y Judá, y vociferaron, y persiguieron tras ellos hasta la entrada de Get y hasta la puerta de Acarón; y cayeron heridos de los filisteos en el camino de Saraím y hasta Get, y hasta Acarón. Y volvieron los varones de Israel apartándose de en pos de los filisteos y conculcaron sus campamentos. Y tomó David la cabeza del filisteo y trájola a Jerusalén, y las armas de él puso en su tienda. Y viendo Saúl a David ir al encuentro del filisteo, dijo a Abner, el príncipe del ejército: «¿Hijo de quién ese jovencillo?» Y dijo Abner: «¡Vive tu alma, rey, si sé!» Y dijo el rey: «Pregunta tú, hijo de quién ese jovencillo.» Y, como volvió David de batir al filisteo, cogióle Abner y llevóle a presencia de Saúl, con la cabeza del filisteo en su mano. Y díjole Saúl: «¿Hijo de quién eres, hijo?» Y dijo David: «Hijo de tu siervo Isaí, el betlehemita.» Envidia de Saúl Y aconteció que cuando acabó de hablar a Saúl, el alma de Jonatás se ligó con el alma de David; y amóle Jonatás como a su alma. Y tomóle Saúl en aquel día, y no le dio volver a casa de su padre. Y se alió Jonatás con David, al amarle como a su alma. Y desvistióse Jonatás su sobreveste la de encima; y diola a David, y su coraza, y hasta su espada, y hasta su arco y hasta su cinturón. Y salía David; en todo lo que le envió Saúl, acertó; y púsole Saúl sobre los varones de la guerra; y plugo en ojos de todo el pueblo y también en ojos de los siervos de Saúl. Y aconteció, al entrar ellos, al volver David de batir al filisteo, que salieron las danzantes al encuentro de David, de todas las ciudades de Israel, al encuentro de Saúl, el rey, en tímpanos, y en gozo y en címbalos. Y entonaban las mujeres, las tañedoras, y decían: «Batió Saúl en millares de él, y David, en miríadas(a) de él.» Y mala pareció la palabra en ojos de Saúl, acerca de este decir, y dijo: «A David han dado las miríadas, y a mí han dado los millares. Y ¿qué le falta a él, sino el reino?» Y estaba Saúl envidiando a David, desde aquel día y en adelante. Y aconteció, desde el siguiente día que cayó el espíritu de Dios, malo sobre Saúl y profetizaba(b) en medio de su casa, y David tañía en su mano, como cada día; y la lanza, en mano de Saúl. Y alzó Saúl la lanza y dijo(c): «Heriré en David y en la pared.» Y desvióse David del rostro de él dos veces. Y temió Saúl el rostro de David; pues estaba el Señor con él, y de Saúl se había retirado. Y retiróle de sí y constituyóle para sí quiliarca, y salía y entraba(d) delante del pueblo. Y era David en todos sus caminos acertado; y el Señor era con él. Y vio Saúl como él acierta sobremanera; y recelaba delante de su rostro. Y todo Israel y Judá amaba a David, pues él entraba y salía delante del rostro del pueblo. Y dijo Saúl a David: «He aquí mi hija, la mayor, Merob; a ella te daré por mujer; sólo házteme hijo de fuerza, y guerrea las guerras del Señor.» Y Saúl decía: «No sea mi mano sobre él; y será sobre él la mano de filisteos.» Y dijo David a Saúl: «¿Quién yo soy, y cuál, la vida de la parentela de mi padre en Israel, para ser yerno yo del rey?» Y aconteció en el tiempo de ser dada Merob, hija de Saúl, a David; ella fue dada a Hadriel, el molatita, por mujer. Y amó Micol, la otra hija de Saúl, a David; y fue anunciado a Saúl y pareció bien en los ojos de él. Y dijo Saúl: «Se la daré y le será en escándalo.» Y era sobre Saúl la mano de los filisteos(e). Y dijo Saúl a David: «En las dos te harás mi yerno hoy.» Y mandó Saúl a sus niños diciendo: «Hablad vosotros secretamente a David, diciendo: «He aquí te quiere el rey, y todos sus niños te aman, y tú sé yerno del rey.» Y hablaron los niños de Saúl en las orejas de David estas palabras, y dijo David: «¡En vuestros ojos es fácil ser yerno del rey! Y yo, varón humilde y no renombrado.» Y anunciaron los niños de Saúl a él según estas palabras que habló David. Y dijo Saúl: «Esto diréis a David: «No se mira el rey en don(f), sino en cien prepucios de filisteos, para vengarse de los enemigos del rey»; y Saúl pensaba lanzarle en manos de los filisteos. Y anunciaron los niños de Saúl a David estas palabras; y pareció bien el dicho en los ojos de David, de ser yerno del rey. Y no se cumplieron los días(g), y levantóse David y partió, él y sus varones, y percutió en los filisteos cien(h) varones; y trajo los prepucios de ellos y entrególos al rey; y es hecho yerno del rey, y diole Saúl a Micol, su hija, por mujer. Y vio Saúl que el Señor estaba con David; y todo Israel(i) amábale. Y prosiguió precaviéndose de David aún. E hízose Saúl enemigo de David todos los días. Y salieron los príncipes de los filisteos, y aconteció que en toda salida de ellos, acertó David más que todos los siervos de Saúl; y ensalzado fue su nombre sobremanera. Persigue Saúl a David Y habló Saúl a Jonatás, su hijo, y a todos sus servidores, pidiéndoles que mataran a David. Y Jonatás, el hijo de Saúl, que amaba a David sobremanera lo anunció a David, diciendo: «Saúl busca matarte; guárdate, pues, mañana temprano, y ocúltate y permanece oculto; y yo saldré y me pondré junto a mi padre en el campo adonde fueres, allí; y yo hablaré por ti a mi padre, y veré lo que fuere y te avisaré.» Y habló Jonatás por David bien a Saúl, su padre, y díjole: «No peque el rey contra tu siervo David; pues no ha pecado contra ti y los hechos de él, buenos para ti sobremanera; y ha puesto su alma en mano suya y batido al filisteo; y ha hecho el Señor salvación grande, y todo Israel vio, y alegráronse; y ¿por qué pecas contra sangre inocente, matando a David de balde?» Y escuchó Saúl la voz de Jonatás, y juró Saúl, diciendo: «¡Vive el Señor, no morirá!» Y llamó Jonatás a David y anuncióle todas estas palabras e introdujo Jonatás a David ante Saúl; y estaba delante de él como ayer y anteayer. Y prosiguió la guerra haciéndose contra Saúl; y prevaleció David, y guerreó con los filisteos y percutió en ellos plaga grande sobremanera; y huyeron a su faz. Y vino el espíritu de Dios, malo sobre Saúl; y él, en casa, sentado, y lanza en su mano; y David tañía con sus manos. Y buscaba Saúl clavar la lanza en David y en la pared; y desvióse David de faz de Saúl, y clavó la lanza en la pared, y David retiróse y se salvó. Y aconteció que aquella noche que Saúl envió mensajeros a casa la de David, a guardarle, para matarlo al alba; y anunció a David Micol, su mujer, diciendo: «Si no salvares tu alma esta noche, mañana morirás.» Y bajó Micol a David por la ventana, y se fue, y huyó, y se salvó. Y tomó Micol una estatua y la puso en el lecho y envoltorio de pelo de cabra puso a su cabeza y cubrióla con vestimenta. Y envió Saúl mensajero a coger a David, y dicen que está enfermo. Y envía a ver acerca de David, diciendo: «Traédmele sobre el lecho para matarle.» Y vienen los mensajeros y he aquí la estatua sobre el lecho y envoltorio de pelo de cabra a su cabeza. Y dijo Saúl a Micol: «¿A qué así me has engañado, y soltado a mi enemigo; y se ha salvado?» Y dijo Micol a Saúl: «El me dijo: Suéltame, si no, te he de matar.» Y David huyó y salvóse; y llega a Samuel en Ramatá, y refiérele todo cuanto le ha hecho Saúl. Y fue Samuel y David, y quedáronse en Nayot. Y anunciósele a Saúl diciendo: «He aquí David en Nayot en Ramatá.» Y envió Saúl mensajero a coger a David, y vieron una reunión de profetas, de los profetizantes, y Samuel estaba presidiéndoles; y vino sobre los mensajeros de Saúl el espíritu de Dios; y profetizan también ellos. Y anuncióse a Saúl y envió otros mensajeros, y profetizaron también ellos. Y prosiguió Saúl enviando mensajeros por tercera vez, y profetizaron también ellos. Y se indignó con iras Saúl, y fue también él a Ramatá; y viene hasta el pozo de la era la en Socó, y preguntó y dijo: «¿Dónde Samuel y David?» Y dijeron: «He aquí en Nayot, en Ramatá.» Y fue de allí a Nayot en Ramatá, y vino también sobre él el espíritu de Dios y andaba profetizando hasta venir él a Nayot en Ramatá. Y quitóse también él sus vestiduras, y profetizó también él, a faz de ellos, y cayó desnudo todo aquel día y toda la noche. Por esto decían: «¿Si también Saúl entre profetas?» Amor de Jonatás a David Y huyó David de Nayot en Ramatá; y viene delante de Jonatás; y le dijo: «¿Qué he hecho; y cuál es la iniquidad mía; y qué he pecado delante de tu padre que busca mi alma?» Y díjole Jonatás: «De ninguna manera para ti(a); no morirás, no; he aquí, no hará, no, mi padre cosa grande o pequeña, y no revelará a mi aurícula; y ¿qué ha de ocultar mi padre a mí esta palabra? No es esto.» Y respondió David a Jonatás y dijo: «Conociendo sabe tu padre que he hallado gracia en tus ojos; y dice: «Que no sepa esto Jonatás; no sea que no quiera»; empero ¡vive el Señor y vive tu alma! que, según he dicho, lleno se está(b) en medio de mí y de la muerte.» Y dijo Jonatás a David: «¿Qué desea tu alma, y qué te he de hacer?» Y dijo David a Jonatás: «He aquí ahora neomenia mañana; y yo, que debía sentarme, no me sentaré con el rey a comer, y me despedirás y me ocultaré en el llano, hasta la tarde del día tercero. Y, si reparando reparare en mí tu padre, dirás: «Pidiendo me pidió permiso David para correr hasta Belén, su ciudad; pues hay hostia de los días allí para toda la tribu.» Si a esto dijere: «Bien»; paz a tu siervo. Y si duramente te respondiere, sábete que consumado(c) está el mal por él. Y harás misericordia con tu siervo, porque has introducido en alianza del Señor a tu siervo contigo; y si hay iniquidad en tu siervo, mátame tú; y hasta tu padre ¿a qué así me introduces?» Y dijo Jonatás: «De ninguna manera para ti; pues, si conociendo conociere yo que consumado está el mal por mi padre para venir sobre ti, aún cuando no fuere en tus ciudades, yo te avisaré.» Y dijo David a Jonatás: «¿Quién me avisará, si respondiere tu padre duramente?» Y dijo Jonatás a David: «Ve y quédate en el campo.» Y salen ambos al campo. Y dijo Jonatás a David: «El Señor, el Dios de Israel sabe que escudriñaré a mi padre, conforme a oportunidad, tres veces; y he aquí, bien es acerca de David, no enviaré a ti al campo. Esto haga Dios a Jonatás y esto añada, que transmitiré el mal sobre ti y revelaré tu aurícula; y te despediré e irás en paz; y será el Señor contigo, como ha sido con mi padre. Y si ciertamente todavía yo viviere, harás misericordia conmigo; y si de muerte muriere, no quitarás tu misericordia de mi casa por los siglos; ni cuando quitare el Señor los enemigos de David, cada uno de la faz de la tierra, sea hallado el nombre de Jonatás lejos de la casa de David; y requiera el Señor a los enemigos de David.» Y pactó Jonatás un pacto con la casa de David: «¡Así requiéralo el Señor de la mano de los enemigos de David(d)!» Y continuó aún Jonatás jurando a David lo que le amaba; pues amó al alma del que le amaba. Y díjole Jonatás: «Mañana, neomenia, y se reparará en ti, porque se reparará en tu silla. Y pasarás tres días y te ocultarás y llegarás a tu lugar donde te esconderás en el día de trabajo; y te quedarás junto a aquella Piedra del camino. Y yo terciaré con las flechas, a fieras(e) tirando, disparando hacia el lado de ella. Y he aquí envío al niñito, diciendo: «¡Acá! búscame la flecha»; si dijere yo, diciendo al niñito: «Ahí la flecha: de ti para acá; cógela»; vente, porque hay paz para ti, y no hay palabra(f); ¡vive el Señor! Si dijere yo al niñito: «Ahí la flecha: de ti para allá»; vete, pues te ha despedido el Señor. Y la palabra que hemos hablado, yo y tú, he aquí el Señor, testigo en medio de mí y de ti por los siglos.» Y escóndese David en el campo; y llega el mes, y viene el rey a la mesa a comer. Y sentóse el rey en su silla como una vez y una vez(g) en la silla contra la pared y adelantóse a Jonatás(h) y sentóse Abner al lado de Saúl; y reparóse en el lugar de David. Y no habló Saúl nada en aquel día; pues ha dicho: «Casualidad; parece él no pudo estar, por no haberse purificado.» Y aconteció el día siguiente de la luna, al día el segundo; y reparóse en el lugar de David; y dijo Saúl a Jonatás, su hijo: «¿Y por qué no ha venido aquí el hijo de Isaí, y ayer y hoy, a la mesa?» Y respondió Jonatás a Saúl, y díjole: «Me ha pedido David permiso para ir hasta Belén, su ciudad. Y dijo: «Despídeme ahora, porque hay hostia de la tribu para nosotros, en la ciudad; y han mandado a mí mis hermanos; y ahora, si he hallado gracia en tus ojos, pasaré ya a ver a mis hermanos»; por esto no ha venido a la mesa del rey.» E indignóse con ira Saúl sobre Jonatás muy mucho, y díjole: «¡Hijo de muchachas vagabundas! ¿Que sé, qué partícipe eres tú del hijo de Isaí, para vergüenza tuya y para vergüenza de la desnudez de tu madre? Porque todos los días que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, no será preparado tu reino; ahora, pues, enviando, coge al mozo, pues hijo de muerte es ése.» Y respondió Jonatás a Saúl, su padre y díjole: «¿Por qué muere? ¿Qué ha hecho?» Y alzó Saúl la lanza para matarle; y conoció Jonatás que consumado está este mal por su padre, de matar a David. Y saltó Jonatás de la mesa en ira de furor, y no comió, en el segundo de la luna pan, porque herido fue sobre David; porque consumó sobre él su padre. Y amaneció, y salió Jonatás al campo, según había constituido, en testimonio a David, y un niñito pequeño, con él; y dijo al niñito: «Corre, búscame las flechas en que yo tiro.» Y el niñito corrió, y él tiró con la flecha, y pasóla por alto. Y vino el niñito hasta el lugar de la flecha, al que tiró Jonatás. Y clamó Jonatás detrás del joven y dijo: «Allá la flecha, de ti para allá.» Y clamó Jonatás detrás de su niñito, diciendo: «Apresurándote apura, y no te detengas.» Y recogió el niñito de Jonatás las flechas, y trajo las flechas a su señor. Y el niñito no conoció nada; sólo Jonatás y David. Y Jonatás dio sus armas sobre su niñito, y dijo a su niñito: «Ve y entra en la ciudad.» Y, como entró el niñito, David se alzó de la Piedra del camino y cayó sobre su rostro sobre la tierra, y adoróle(i) tres veces. Y besáronse mucho el uno al otro, y lloró el uno sobre el otro, hasta consumación grande. Y dijo Jonatás a David: «Vete en paz; y como nos hemos jurado nosotros ambos en nombre del Señor, diciendo que el Señor será testigo en medio de mí y de ti, y en medio de mi simiente y en medio de tu simiente(j); por los siglos.» Y alzóse David y se fue, y Jonatás entró en la ciudad. David fugitivo en Get Y viene David a Nobé, a Aquimelec, el sacerdote; y asombróse Aquimelec de su encuentro y díjole: «¿Y por qué tú vienes sólo y nadie contigo?» Y dijo David a Aquimelec, el sacerdote: «El rey me ha mandado palabra hoy; y me dijo: «Que nadie sepa la palabra por la cual yo te envío y por la cual yo te he mandado»; y a los jovencillos he convenido en reunirlos en el lugar, el llamado de Dios «Felaní Maemoní»(a). Y ahora si hay bajo tu mano cinco panes, da en mi mano lo hallado.» Y respondió el sacerdote a David y dijo: «No hay panes profanos bajo mi mano; pues no más que panes sacros hay; si se han guardado los jovencillos solamente de mujeres, comerán.» Y respondió David al sacerdote, y díjole: «Pero de mujer nos hemos abstenido ayer y anteayer; poniéndome yo en camino, se han hecho, todos los jovencillos, purificados; y este camino(b), profano; por esto santificado será hoy por los vasos míos»(c). Y diole Aquimelec, el sacerdote, los panes de la proposición; pues allí no había panes, sino los panes del rostro, los quitados del rostro del Señor, para sustituir el pan cálido el día que los tomó. Y allí estaba uno de los jovencillos de Saúl, en aquel día, detenido(d) ante la faz del Señor, y su nombre: Doeg, el edomita, pastoreando las mulas de Saúl. Y dijo David a Aquimelec: «Ve si hay aquí bajo tu mano lanza o espada, pues mi espada y mis armas no he traído en mi mano, pues era la palabra del rey, según la prisa.» Y dijo el sacerdote: «He aquí la espada de Goliat, el filisteo, a quien batiste en el valle del terebinto; y esta envuelta ha estado en vestidura, detrás del efod si esta hubieres de tomar, tómala, pues no hay otra, fuera de ella, aquí.» Y dijo David: «He aquí no hay como ella; dámela.» Y diósela y levantóse David y huyó en aquel día del rostro de Saúl. Y vino David a Aquís, rey de Get. Y dijeron los niños de Aquís a él: «¿Que no es éste David, el rey de la tierra? ¿Que no a éste salían las danzantes, diciendo: «Ha batido Saúl en millares suyos, y David, en miríadas suyas»?» Y puso David las palabras en su corazón, y temió sobremanera a faz de Aquís, rey de Get. Y demudó su rostro a faz de él, y fingióse(e) en aquel día; y timpanizaba sobre las puertas de la ciudad; y desplomábase en sus manos; y caía sobre las puertas de la ciudad; y sus salivas deslizábanse sobre su barba. Y dijo Aquís a sus niños: «¡He ahí, habéis visto a un varón loco! ¿Por qué le habéis traído a mí? ¿Acaso me faltan locos que le habéis traído a loquear, a mí? Este no entrará en mi casa.» David en Moab. Saúl mata a los sacerdotes de Nobé. Y se alejó de allí David, y se salvó; y vino a la caverna de Odolam y le oyen sus hermanos y toda la casa de su padre, y descienden a él allí. Y congregáronse con él —todo el que en necesidad, y todo deudor y todo exacerbado de alma—; y era sobre ellos príncipe y estaban con él como cuatrocientos varones. Y retiróse David de allí a Masfá de Moab; y dijo al rey de Moab: «Estén ahora mi padre y mi madre contigo, hasta que yo conociere qué me ha de hacer Dios.» Y rogó ante la faz del rey de Moab; y habitaban con él todos los días que estuvo David en la fortaleza. Y, dijo Gad, el profeta, a David: «No estés sentado en la fortaleza; ve, y llegarás a la tierra de Judá.» Y partió David, y vino y detúvose en sierra Haret. Y oyó Saúl que se ha reconocido a David, y a los varones los que estaban con él; y Saúl estaba sentado en la colina bajo la campiña la en Ramá; y la lanza, en su mano; y todos sus niños estaban puestos junto a él. Y dijo Saúl a los niños, los puestos junto a él: «¿Habéis oído ahora, hijos de Benjamín, si verdaderamente a todos vosotros dará el hijo de Isaí campos y viñas y a todos vosotros pondrá centuriones y quiliarcas? Que os habéis concertado todos vosotros sobre mí; y no hay quien revele mi aurícula, por haber pactado mi pacto con el hijo de Isaí y no hay quien trabaje por mí, de entre vosotros y revele mi aurícula; porque ha levantado el hijo mío a mi siervo sobre mí en enemigo, como este día.»(a) Y respondió Doeg, el edomita, el constituido sobre las mulas de Saúl y dijo: «He visto al hijo de Isaí, en Nobé, con Aquimelec, hijo de Aquitob, del sacerdote; y consultó, por él, a Dios; y víveres diole, y la espada de Goliat, el filisteo, diole.» Y envió el rey a llamar a Aquimelec, hijo de Aquitob, al sacerdote, y a todos los hijos de su padre, los sacerdotes, los en Nobé; y vinieron todos ante el rey. Y dijo Saúl: «Oye ahora, hijo de Aquitob.» Y dijo: «Heme aquí: habla, señor.» Y díjole Saúl: «¿Por qué te has concertado contra mí, tú y el hijo de Isaí, para darle pan y espada, y consultar, por él, a Dios y ponerle sobre mí por enemigo, como este día?» Y respondió Aquimelec al rey y dijo: «¿Y quién en todos tus siervos, como David, fiel; y yerno del rey y príncipe de todo mandato tuyo, y glorioso en la casa tuya? ¿Acaso hoy he comenzado a consultar, por él, a Dios? De ningún modo; no dé el rey contra su siervo palabra y sobre toda la casa de mi padre; porque no sabía tu siervo, en todo esto, palabra pequeña o grande». Y dijo el rey Saúl: «De muerte morirás, Aquimelec, tú y toda la casa de tu padre.» Y dijo el rey a los satélites los circunstantes suyos: «Traed y matad a los sacerdotes del Señor; porque la mano de ellos con David, y porque conocieron que huye él, y no revelaron mi aurícula.» Y no quisieron los niños del rey inferir sus manos a afrontar a los sacerdotes del Señor. Y dijo el rey a Doeg: «Vuélvete tú y afronta a los sacerdotes.» Y volvióse Doeg, el edomita, y mató a los sacerdotes en aquel día: ochenta y cinco(b) varones, todos llevando efod líneo. Ya Nobé, la ciudad de los sacerdotes, percutió en boca de espada, de varón a mujer, de párvulo a mamante, y becerro y asno y oveja. Y sálvase un hijo a Aquimelec, hijo de Aquitob; y su nombre: Abiatar; y huyó en pos de David. Y anunció Abiatar a David que mató Saúl a todos los sacerdotes del Señor. Y dijo David a Abiatar: «Yo sabía que en aquel día, que Doeg el edomita —que, anunciando, anunciará a Saúl; yo soy culpable de las almas de la casa de tu padre. Quédate conmigo; no temas; porque, donde yo buscare, para mi alma, un lugar, buscaré también para tu alma; pues guardado estás conmigo. David fugitivo Y se anunció a David, diciendo: «He aquí los filisteos guerrean en Ceilá y ellos saquean, conculcan las eras.» Y consultó David al Señor, diciendo: «¿Si iré y percutiré en estos filisteos?» Y dijo el Señor: «Ve y percutirás en estos filisteos, y salvarás a Ceilá.» Y dijeron los varones de David a él: «He aquí nosotros aquí en la Judea, tememos; y ¿cómo será si fuéremos a Ceilá? ¿A los despojos de los filisteos entraremos?» Y prosiguió David aún consultando al Señor; y respondióle el Señor y le dijo: «Levántate y baja a Ceilá, pues yo entrego los filisteos en tus manos.» Y partió David y los varones, los con él, a Ceilá y guerreó con los filisteos; y huyeron de la faz de él, y llevóse su ganado, y percutió en ellos plaga grande; y salvó David a los habitantes de Ceilá. Y aconteció, al refugiarse Abiatar, hijo de Aquimelec, cerca de David, el mismo con David a Ceilá bajó, teniendo el efod en su mano. Y avisóse a Saúl que llega David a Ceilá y dijo Saúl: «Le ha vendido Dios en mis manos; pues encerrado está, habiendo entrado en ciudad de puertas y cerrojos.» Y mandó Saúl a todo el pueblo bajar en guerra a Ceilá, aprehender a David y sus varones. Y conoció David que no acalla Saúl, acerca de él, el mal; y dijo David a Abiatar, el sacerdote: Trae el efod del Señor.» Y dijo David: «Señor, Dios de Israel, oyendo ha oído tu siervo que busca Saúl venir a Ceilá a perder la ciudad por mí; ¿si será cerrada? Y ahora ¿si bajará Saúl, según ha oído tu siervo? Señor, Dios de Israel, anúncialo a tu siervo.» Y dijo el Señor «Cerraráse.» Y dijo David: «¿Si entregarán los de Ceilá a mí y a los varones míos en manos de Saúl?» Y dijo el Señor: «Entregarán.» Y levantóse David y los varones los con él, como seiscientos, y salieron de Ceilá, e iban adonde iban(a). Y a Saúl anuncióse que se ha salvado David de Ceilá, y dejó de ir. Y quedóse en Maserem, en el desierto, en angostura; y se estuvo en el desierto; en el monte Zif, en la tierra, la árida, y buscábale Saúl todos los días y no le entregó el Señor en sus manos. Y vio David que sale Saúl a buscar a David; y David estaba en el monte, el árido, en la Selva de Zif. Y se levantó Jonatás, hijo de Saúl, y fue a David a la Selva, y confortó las manos de él en el Señor; y díjole: «No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; y tú reinarás sobre Israel, y yo te seré en segundo; y Saúl, mi padre, lo sabe así.» Y pactaron ambos un pacto ante la faz del Señor; y se estuvo David en la Selva, y Jonatás se fue a su casa. Y subieron los zifitas, desde la árida, a Saúl sobre Gabaá, diciendo: «¿No está, he aquí, David oculto cerca de nosotros, en Mesará, en las angosturas, en la Selva, en el collado de Haquilá, la a la derecha del Páramo? Y ahora, todo conforme al alma del rey, a bajada baja a nosotros: encerrado le tienen en las manos del rey.» Y díjoles Saúl: «Benditos vosotros ante el Señor, pues habéis trabajado por mí. Ved ahora y prevenid ya, y conoced el lugar de él, donde estará su pie en breve, allí, donde habéis dicho; no sea que artere. Y ved y conoced acerca de todos los sitios donde se ocultare, allí, y volved a mí, al prevenido; e iré con vosotros; y si está sobre la tierra, le escudriñaré en todos los millares de Judá.» Y levantáronse los zifitas, y partieron delante de Saúl; y David y sus varones, en el desierto Maón, al occidente, a derecha de Yesimón. Y fue Saúl y sus varones a buscarle; y anuncióse a David, y bajó a la peña, la que está en el desierto de Maón y lo oyó Saúl, y persiguió a David al desierto Maón. Y van Saúl y sus varones de una parte del monte, de esta; y estaba David y sus varones a la parte opuesta del monte, y estaba David encubriéndose para ir de faz de Saúl; y Saúl y sus varones acamparon sobre David y sus varones, para cogerlos. Y a Saúl vino un mensajero, diciendo: «Apresúrate y ¡acá! porque filisteos se han echado sobre la tierra.» Y volvió Saúl, no persiguiendo tras de David; y fue al encuentro de los filisteos; por esto fue llamado aquel lugar: Peña la partida(b). (24:1) Y se levantó David de allí y se detuvo en las angosturas de Engadí. (24:1) David corta la punta de la clámide de Saúl (24:2) Y aconteció, cuando volvió Saúl de en pos de los filisteos, que se le anuncia diciendo: «He aquí David, en el desierto de Engadí.» (24:3) Y tomó consigo tres millares de varones elegidos de todo Israel y fue a buscar a David y sus varones sobre la faz de la Peña de las cabras. (24:4) Y vino a las majadas de las greyes, las que hay sobre el camino; y había allí una caverna; y entró Saúl a prevenirse(a); David y sus varones estaban dentro de la caverna. (24:5) Y dijeron los varones de David a él: «He aquí, éste es el día que te dijo el Señor de entregar a tu enemigo en tus manos; y le harás como bueno en tus ojos.» Y levantóse David y quitó la punta de la clámide de Saúl, ocultamente. (24:6) Y aconteció, después de esto, golpear el corazón de David a él por haber quitado la punta de su clámide. (24:7) Y dijo David a sus varones: «De ninguna manera a mí, de mi señor, se ha de hacer(b) esta palabra a mi señor, al ungido del Señor: inferir mi mano sobre él; pues ungido del Señor es éste.» (24:8) Y persuadió David a sus varones con sus palabras, y no les dio oportunidad de levantarse para matar a Saúl. Y levantóse Saúl de la caverna y descendió el camino. (24:9) Y levantóse David tras de él, de la caverna; y clamó David tras de Saúl, diciendo: «Señor mío, rey.» Y miró Saúl atrás de sí; e inclinóse David sobre su rostro, sobre la tierra, y adoróle. (24:10) Y dijo David a Saúl: «¿Por qué escuchas las palabras del pueblo, de los que dicen: He aquí David busca tu alma?» (24:11) He aquí en este día han visto tus ojos cómo te ha entregado el Señor hoy en mis manos, en la caverna, y no he querido matarte y te he perdonado y dicho:» No pondrá mi mano en mi señor, pues ungido de Dios éste es. (24:12) Y padre mío, he aquí la punta de tu clámide en mi mano; yo he quitado la punta de tu manto y no te he muerto; y conoce y ve hoy que no hay maldad en mi mano ni impiedad, ni menosprecio, y no he pecado contra ti; y tú aherrojas a mi alma para cogerla. (24:13) Juzgue el Señor en medio de mí y de ti, y véngueme el Señor de ti; (24:14) según que se dice la parábola la antigua: «De inicuos saldrá iniquidad»; y mi mano no será sobre ti. (24:15) Y ahora ¿tras de quién tú sales, rey de Israel? ¿Tras de quién persigues tú? ¿Tras de un can muerto y tras de una pulga? (24:16) Hágase el Señor juez y vengador en medio de mí y de ti, vea el Señor y juzgue mi juicio y véngueme de tu mano.» (24:17) Y aconteció, como terminó David estas palabras, hablando a Saúl, decir Saúl: «¿Tu voz esta, hijo David? Y alzó Saúl su voz y lloró. (24:18) Y dijo Saúl a David: «Justo, tú sobre mí, pues tú me has retribuido bien, y yo retribuidote mal. (24:19) Y tú me has avisado hoy lo que me has hecho de bueno: como me encerró el Señor en tus manos hoy, y no me mataste. (24:20) Y por cierto, si hallare alguno a su enemigo y le encaminare en vía buena; también el Señor le retribuirá bienes; según que has hecho hoy. (24:21) Y ahora, he aquí yo conozco que reinando reinarás y se afirmará en tu mano el reino de Israel. (24:22) Y ahora júrame por el Señor que no exterminarás mi simiente después de mí y no borrarás mi nombre de la casa de mi padre.» (24:23) Y juró David a Saúl y se retiró Saúl a su lugar; y David y sus varones subieron a la Fortaleza angosta. Abigail Y murió Samuel y congregáronse todo Israel y le lloraron y sepultaron en su casa en Ramatá. Y levantóse David y bajó al desierto de Maón(a). Y había un hombre en Maón, y sus greyes en el Carmelo; y el hombre, grande sobremanera; y éste tenía greyes: tres mil(b), y cabras mil; y aconteció, al trasquilar su grey en el Carmelo; y el nombre del hombre: Nabal; y el nombre de su mujer Abigail; y su mujer, buena de discreción, y buena de forma sobremanera; y el hombre duro y malo en designios, y el hombre, cínico. Y oyó David en el desierto que trasquilaba Nabal el carmelita su grey; y envió David diez mozos, y les dijo: «Subid al Carmelo e id hasta Nabal, y preguntadle en mi nombre, para paz; y decid esto: «Por horas(c) y salvo(d) tú, y tu casa; y todo lo tuyo, salvo. Y ahora he aquí he oído que trasquilan, para ti, ahora tus pastores, los que estaban con nosotros en el desierto; y no los hemos estorbado y no les hemos mandado nada todos los días que han estado en el Carmelo. Pregunta a tus mozos y te anunciarán; y hallen tus mozos gracia en tus ojos, pues sobre día bueno(e) hemos venido; da ahora lo que hallare tu mano, a tu hijo David.» Y vienen los mozos y hablan estas razones a Nabal según todas estas palabras en el nombre de David. Y saltó(f); y respondió Nabal a los niños de David, y dijo: «¿Quién, David? ¿Y quién el hijo de Isaí? Hoy multiplicádose han los siervos, separándose cada cual de la faz de su señor. Y ¿tomaré mis panes y mi vino y los sacrificios que he sacrificado a los trasquiladores de mis ovejas y los daré a varones que no sé de dónde son?» Y volvieron los mozos de David a su camino y retornaron, y vinieron y anunciaron a David, según todas estas palabras. Y dijo David a sus varones: «Ceñíos cada cual su espada» Y ciñéronse en torno —varón su cuchilla y ciñóse en torno también David su cuchilla; y subieron en pos de David, como cuatrocientos varones; y los doscientos sentáronse con las armas. Y a Abigail, mujer de Nabal, anunció uno de los mozos, diciendo: «He aquí que David ha enviado mensajeros, desde el desierto, a bendecir(g) a nuestro señor; y desvióse de ellos. Y los varones, buenos con nosotros sobremanera; no nos han estorbado ni mandádonos todos los días que hemos estado con ellos. Y, cuando estábamos en el campo, como muro eran en torno de nosotros y de noche y de día, todos los días que hemos estado con ellos pastoreando lo pastante. Y ahora conoce y ve tú qué has de hacer; porque consumado está el mal contra nuestro señor y contra su casa; y éste, hijo pestilente; y no hay cómo hablarle.» Y apresuróse Abigail y tomó doscientos panes, y dos odres de vino y cinco ovejas preparadas, y cinco medidas de cebada y cien atados de pasas y doscientos panes de higos, y puso sobre los asnos. Y dijo a sus mozos: «Id delante de mí y he aquí yo tras de vosotros llego»; y a su marido Nabal no avisó. Y aconteció, habiendo ella subido sobre el asna y bajando en lo encubierto del monte; he aquí David y sus varones bajaban al encuentro de ella, y encontróse con ellos. Y David dijo: «¡Tal vez en agravio he guardado todo lo de él en el desierto, y no he mandado tomar de todo lo de él nada! Y me ha retribuido mal por bien. Esto haga Dios a David y esto añada, si dejare yo de todo lo de Nabal, hasta el alba, lo meante a la pared(h). Y vio Abigail a David, y apresuróse y saltó del asna y cayó a faz de David sobre su rostro y adoróle sobre la tierra; y cayó sobre los pies de él y dijo: «En mí, señor mío, la injusticia mía; hable ahora tu sierva en tus orejas; y oye las palabras de tu sierva. No ya ponga mi señor su corazón sobre este hombre el pestilente: sobre Nabal, porque, según su nombre, éste es; Nabal(i) su nombre y necedad con él; y yo, tu sierva no vi los mozos que enviaste, mi señor. Y ahora, señor mío, ¡vive el Señor y vive tu alma! que te ha estorbado el Señor, para que no vinieras a sangre inocente, y salvaras tu mano para ti(j); y ahora háganse, como Nabal, tus enemigos y los que buscan, para mi señor, mal. Y ahora toma esta bendición que ha traído tu sierva a mi señor; y darás a los mozos los que asisten a mi señor; quita ahora la iniquidad de tu sierva; pues haciendo hará el Señor a mi señor, casa fiel; pues guerra de mi señor el Señor guerrea, y mal no se hallará en ti jamás. Y se levantará un hombre, persiguiéndote y buscando tu alma, y estará el alma de mi señor en ligadura de la vida ante el Señor Dios; y el alma de tus enemigos hondearás en medio de la honda. Y será cuando hiciere el Señor a mi señor todos cuantos habló bienes sobre ti y te mandare para príncipe sobre Israel; no te será esto abominación y tropiezo de corazón, a mi señor: haber derramado sangre inocente de balde y salvado la mano a mi señor para sí; y bien haga el Señor a mi señor; y acuérdese de su sierva para bien hacerle.» Y dijo David: «¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que te ha enviado hoy en día al encuentro mío! Y bendita tu manera, y bendita tú que me has estorbado hoy en día para no venir a sangres y salvar mi mano para mí. Empero a fe ¡vive el Señor el Dios de Israel, que me ha estorbado hoy hacerte mal! que, si no te apresuraras y llegaras a mi encuentro; entonces yo había dicho: ¡Si quedará a Nabal hasta la luz del alba un meante a la pared!» Y tomó David de la mano de ella todo lo que le traía, y díjola: «Sube en paz a tu casa; mira: he escuchado tu voz y aceptado tu rostro.» Y llegó Abigail a Nabal; y he aquí tenía un beber en su casa como beber de rey. Y el corazón de Nabal, bien en él, y él, ebrio hasta no más; y no le anunció palabra pequeña o grande, hasta la luz del alba. Y aconteció de alba, como se recobró del vino Nabal; anuncióle su mujer todas estas palabras, y amortecióse su corazón en él, y él se quedó como piedra. Y hacía como diez días e hirió el Señor a Nabal y murió. Y oyó David que murió Nabal y dijo: «Bendito el Señor que ha juzgado el juicio de mi oprobio de mano de Nabal; y la maldad de Nabal ha vuelto el Señor a la cabeza de él.» Y envió David y habló acerca de Abigail, para tomársela por mujer. Y vinieron los niños de David a Abigail al Carmelo, y habláronla diciendo: «David nos ha enviado a ti a tomarte para sí por mujer.» Y levantóse y adoró sobre la tierra de rostro, y dijo: «He aquí tu sierva para esclava, para lavar las plantas de tus mozos.» Y apresuróse y levantóse Abigail y subió en el asna, y cinco doncellas la acompañaban; y fue en pos de los mozos de David; y fue hecha su mujer. También a Aquinoam tomó David, de Jezrael; y ambas fuéronle mujeres. Y Saúl dio a Micol, su hija, la mujer de David, a Faltí, hijo de Lais, al de Galim. Saúl de nuevo en manos de David Y vienen los zifitas, desde la seca(a), a Saúl, a la Colina(b), diciendo: «He aquí que David se esconde en la Colina-Haquilá, contra la faz del desierto. Y se levantó Saúl y descendió al desierto de Zif, y con él tres millares de varones, elegidos de Israel, a buscar a David en el desierto de Zif. Y acampó Saúl en la Colina-Haquilá, la contra la faz del desierto, sobre el camino; y David asentóse en el desierto y vio David que llega Saúl, tras de él, al desierto. Y envió David exploradores y conoció que llega Saúl preparado de Ceilá. Y se levantó David ocultamente; e introdúcese en el sitio donde dormía, allí, Saúl, y allí Abner, hijo de Ner, arquiestratego de él; y Saúl dormía en lampene(c) y el pueblo acampado en contorno de él. Y respondió(d) David y dijo a Aquimelec, el heteo, y a Abisaí, hijo de Sarvía, hermano de Joab, diciendo: «¿Quién ha de entrar conmigo a Saúl al campamento?» Y dijo Abisaí: «Yo entraré contigo.» Y entróse David y Abisaí por el pueblo de noche; y he aquí Saúl durmiendo sueño en lampene, y su lanza clavada en la tierra a su cabeza; y Abner y el pueblo de él dormía en contorno de él. Y dijo Abisaí a David: «Ha encerrado el Señor hoy a tu enemigo en tus manos; y ahora le percutiré con la lanza contra la tierra de una vez y no le reiteraré. Y dijo David a Abisaí: «No le humilles, pues ¿quién pondrá su mano en ungido del Señor y será inocente?» Y dijo David: «¡Vive el Señor! Si el Señor no le hiriere, o su día llegare y muriere; o a guerra descendiere y fuere puesto en ella; de ningún modo, a mí, del Señor me está permitido poner mi mano sobre el ungido del Señor; y ahora toma ya la lanza de su cabecera y la redoma del agua; y vámonos nosotros solos.» Y tomó David la lanza y la redoma del agua, de la cabecera de él y fuéronse solos; y no había quien mirara, y no había quien conociera; y no había quién despertara; todos dormidos; pues el letargo del Señor había caído sobre ellos. Y pasó David hasta allende; y paróse sobre la cumbre del monte lejos; y mucho, el camino en medio de ellos. Y llamó David a sí al pueblo, y a Abner habló diciendo: «¿No responderá Abner?» Y Abner respondió y dijo: «¿Quién eres tú que clamas al rey?» Y dijo David a Abner: «¿No, varón tú? Y, ¿quién como tú en Israel? Y, ¿por qué no guardas a tu señor, al rey? Que ha entrado uno del pueblo a perder a tu señor: al rey. Y no es buena esta palabra que has hecho: ¡Vive el Señor! que hijos de matanza vosotros que no guardáis al rey, a vuestro señor, al ungido del Señor; y ahora ve ya la lanza del rey y la redoma del agua, ¿dónde están las a la cabeza de él?» Y conoció Saúl la voz de David dijo: «¿Tu voz, esta, hijo David?» Y dijo David: «Siervo tuyo, señor rey.» Y dijo: «¿Por qué esto: persigue el señor a su siervo? Pues, ¿qué he pecado? Y, ¿cuál se ha hallado, en mí, iniquidad? Y ahora, escuche ya mi señor el rey la palabra de su siervo: si Dios te lanza sobre mí, trascienda tu hostia; y, si hijos de hombres, malditos éstos ante la faz del Señor, pues me han arrojado hoy para que no me afiance en heredad del Señor, diciendo: «Vete, sirve a dioses otros(e). Y ahora, no caiga mi sangre sobre la tierra frente a frente de la faz del Señor; pues ha salido el rey de Israel a buscar mi alma(f) como persigue el búho en los montes.» Y dijo Saúl: «He pecado, vuelve, hijo David; pues mal no te haré ya por esto: por ser preciosa mi alma en tus ojos; y en este día he desatinado, y desconocido cosas muchas sobre modo.» Y respondió David, y dijo: «He aquí la lanza del rey; pase uno de sus soldados y tómela. Y el Señor vuelva a cada uno según las justicias de él y la fe de él; como te ha entregado el Señor hoy en mis manos; y no he querido poner mi mano sobre el ungido del Señor. Y he aquí, según que se ha engrandecido(g) tu alma hoy en día en mis ojos; así sea engrandecida mi alma a faz del Señor, y cúbrame y sálveme de toda tribulación.» Y dijo Saúl a David: «Bendito tú, hijo, y haciendo harás y poderoso podrás.» Y retiróse David a su camino; y Saúl volvió a su lugar. David en Get Y dijo David en su corazón, diciendo: «Ahora añadido seré(a) en día uno en manos de Saúl; y no hay para mí bueno si no me salvare en tierra de filisteos y se deje de mí Saúl de buscarme en todo confín de Israel; y salvaré de mano de él.» Y levantóse David, y pasó él y los seiscientos varones con él, y fue a Aquís, hijo de Maoc, rey de Get. Y asentóse David con Aquís, en Get él y los varones de él, cada uno y su casa; y David con sus dos mujeres: Aquinoam, la jezraelita; y Abigail, la mujer de Nabal, el carmelio. Y anuncióse a Saúl que ha huido David a Get, y no continuó ya buscándole. Y dijo David a Aquís: «Si ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, deme ahora lugar en una de las ciudades, las por el campo, y me asentaré allí; y ¿por qué está asentado tu siervo en ciudad real contigo?» Y diole Aquís, en aquel día, Siceleg; por esto fue Siceleg para el rey de la Judea, hasta este día. Y fue el número de los días que permaneció David en campo de filisteos, un año y cuatro meses. Y subió David y sus varones, y depredaban por toda Jesurí y por el amalecita; y he aquí la tierra era habitada por ellos, desde la murada Sur hasta la tierra de Egipto; y hería David la tierra, y no vivificaba(b) varón o mujer; y cogían greyes y vacadas, y asnos y camellos, y vestuario, y volvieron, y venían a Aquís. Y dijo Aquís a David: «¿Por dónde habéis depredado hoy?» Y dijo David a Aquís: «Al austro de la Judea, y al austro de Jerameel y al austro de Cení; y varón y mujer no he vivificado para traer a Get, diciendo: «Para que no avisen en Get contra nosotros diciendo: «Esto hace David.» Y ésta, la justificación(c) de él todos los días que permaneció David en campo de los filisteos. Y fiose de David Aquís sobremanera diciendo: «Se le ha avergonzado en su pueblo, en Israel; y me será siervo por los siglos.» Saúl con la pitonisa de Endor Y aconteció en aquellos días que se congregan los filisteos en sus campamentos para salir a guerrear en Israel; y dijo Aquís a David: «Conociendo conocerás que conmigo a guerra, tú y los varones tuyos.» Y dijo David a Aquís: «Así ahora conocerás lo que hará tu siervo.» Y, dijo Aquís a David: «Así arquicustodio de cuerpo(a) te pondré todos los días.» Samuel había muerto. Plañiérale todo Israel y sepultáranle en Ramatá, en su ciudad; y Saúl quitara de en torno los magos y los adivinos de la tierra. Y congréganse los filisteos, y vienen y acampan en Sunam; y congrega Saúl todo varón de Israel; y acampan en Gelboé. Y vio Saúl el campamento de los filisteos, y temió y espantose su corazón sobremanera. Y consultó Saúl por medio del Señor, y no le respondió el Señor en los sueños y en el racional y en los profetas. Y dijo Saúl a sus niños: «Buscadme mujer pitonisa(b) e iré a ella y buscaré en ella.» Y dijeron sus niños a él: «He aquí mujer pitonisa en Endor.» Y encubrióse Saúl y se envolvió en otras vestiduras; y van él y dos varones con él, y vienen a la mujer de noche; y le dijo: «Adivíname ahora en el pitón y evócame a quien yo te dijere.» Y díjole la mujer: «He aquí ahora tú sabes cuanto ha hecho Saúl: cómo ha exterminado los pitones y los adivinos de la tierra; y ¿por qué tú enlazas mi alma para matarla?» Y juróle Saúl en Señor, diciendo: «¡Vive el Señor! si se te devolverá injuria en esta palabra.» Y dijo la mujer: «¿A quién te evoco?» Y dijo Saúl: «A Samuel evócame». Y vio la mujer a Samuel y vociferó con voz grande; y dijo la mujer a Saúl: «¿Por qué me has engañado? y tú eres Saúl.» Y díjole el rey: «No temas; di ¿a quién has visto?» Y díjole la mujer: «Dioses he visto subir de la tierra.» Y díjola: «¿Qué has conocido?» Y díjole: «A un varón recto(c) subiendo de la tierra; y éste, clámide vestido.» Y conoció Saúl que éste era Samuel, e inclinóse su rostro sobre la tierra, y adoróle. Y, dijo Samuel: a ¿Por qué me has perturbado, subiéndome?» Y dijo Saúl: «Atribulado estoy sobremanera, y los filisteos guerrean en mí, y Dios se ha separado de mí, y no me ha escuchado ya, y en mano de los profetas, y en los sueños; y ahora te he llamado, para que me manifiestes qué he de hacer.» Y dijo Samuel: «¿Por qué me preguntas; si el Señor se ha separado de ti y está con tu prójimo? Y ha hecho el Señor a ti, según ha hablado el Señor en mano mía; y rasgará el Señor tu reino, de mano tuya y la dará a tu prójimo, a David. Por esto: porque no oíste voz del Señor, y no hiciste furor de su ira en Amalec; por esto la palabra ha hecho el Señor a ti en este día. Y entregará el Señor a Israel contigo en manos de filisteos; y mañana tú y tus hijos contigo caerán(d) y el campamento de Israel dará el Señor en manos de filisteos.» Y espantóse Saúl y cayó puesto sobre la tierra, y temió sobremanera por las palabras de Samuel; y en él no hubo fuerza ya; pues no comió pan todo el día y toda aquella noche. Y entró la mujer a Saúl y vio que se había espantado sobre modo; y díjole: «He aquí ahora ha oído tu sierva tu voz, y he puesto mi alma en mi mano y oído las palabras que me hablaste; y ahora oye ya la voz de tu sierva y pondré delante de ti un bocado de pan y come, y tendrás fuerza, cuando anduvieres de camino.» Y no quiso comer; y obligábanle sus niños y la mujer, y oyó la voz de ellos y se levantó de la tierra, y sentóse en la silla. Y la mujer tenía una becerra suelta(e) en la casa y apresuróse y la sacrificó; y tomó harina, y amasó, y coció ázimos; y puso delante de Saúl y delante de sus niños; y comieron y se levantaron y partieron aquella noche. David con los filisteos Y reúnen los filisteos todos sus campamentos en Afec; e Israel acampó en la Fuente, la en Israel. Y los sátrapas de los filisteos pasaban con centenares y millares; y David y sus varones pasaban entre los postreros con Aquís. Y dijeron los sátrapas de los filisteos: «¿Quiénes, los pasantes éstos?» Y dijo Aquís a los estrategos de los filisteos: «¿No, éste es David, el siervo de Saúl, rey de Israel? Ha estado con nosotros muchos días: éste, el segundo año, y no he hallado en él nada, desde el día que dio conmigo hasta este día.» Y entristeciéronse sobre él los estrategos de los filisteos; y dícenle: «Vuelve el varón, y vuelva a su lugar donde le has puesto allí, y no venga con nosotros a la guerra y no se haga asechador del real; y ¿en qué se reconciliará éste con su señor? ¿No acaso en las cabezas de esos varones? ¿No éste David a quien cantaban en coros diciendo: «Batió Saúl en millares de él, y David en miríadas de él?» Y llamó Aquís a David y díjole: «¡Vive el Señor! que recto tú y bueno en mis ojos, y tu salida y tu entrada, conmigo en el campamento; y que no he hallado contra ti maldad, desde el día que llegaste a mí hasta el día de hoy; y en ojos de los sátrapas, no bueno tú. Y ahora vuélvete y ve en paz, y no me hagas mal en ojos de los sátrapas de los filisteos.» Y dijo David a Aquís: «¿Qué te he hecho y qué has hallado en tu siervo desde el día que he estado a faz tuya y hasta este día, para no venir yo a guerrear con los enemigos de mi señor, el rey?» Y respondió Aquís y dijo a David: «Sé, que bueno eres tú en mis ojos; pero los sátrapas de los filisteos dicen: «No vendrá con nosotros a la guerra.» Y ahora madruga al alba, tu y los niños de tu rey los que vienen contigo, e id al lugar que os puse, allí; y palabra pestilente no pongas en tu corazón; porque bueno eres tú ante mi faz, y madrugad para el camino, y amanézcaos y partid.» Y madrugó David, él y sus varones para retirarse al alba y guardar(a) la tierra de los filisteos; y los filisteos subieron a guerrear contra Israel. Vence David a los amalecitas Y aconteció, entrando David y sus varones a Siceleg el día tercero, que Amalec invadió sobre el austro y sobre Siceleg; y percutió a Siceleg y quemóla en fuego. Y cautivó a las mujeres, y todo lo en ella, desde pequeño a grande no mataron, hombre ni mujer, sino cautivaron y fuéronse a su camino. Y vino David y sus varones a la ciudad; y he aquí encendida está en fuego, y sus mujeres, y sus hijos e hijas cautivos. Y alzó David y sus varones su voz y lloraron hasta no haber en ellos fuerza ya de llorar. Y las dos mujeres de David estaban cautivas: Aquinoam, la jezraelita y Abigail, la mujer de Nabal, el carmelio. Y atribulóse David sobremanera; pues dijo el pueblo lapidarle pues muy adolorida el alma de todo el pueblo, de cada uno sobre sus hijos y sobre sus hijas; y confortóse David en el Señor su Dios. Y dijo David a Abiatar, el sacerdote, hijo de Aquimelec: «Tráeme el efod», y Abiatar trajo el efod a David. Y consultó David por el Señor, diciendo: «¿Si perseguiré tras de esta turba? ¿Si les tomaré?» Y díjole: «Persigue; pues tomando los tomarás, y librando librarás.» Y partió David, él y los seiscientos varones con él, y vienen hasta el torrente Besor; y los demás se detuvieron; y persiguió en cuatrocientos varones; pero detuviéronse doscientos varones, los que se quedaron allende el torrente de Besor. Y hallan un varón egipcio en el campo y le toman y llevan a David; y danle pan, y comió; y le dieron a beber agua. Y le dan un pedazo de pan de higos, y comió: y recobróse su espíritu; pues no había comido pan y no había bebido agua tres días y tres noches. Y díjole David: «¿De quién tú eres? Y, ¿de dónde eres?» Y dijo el varón egipcio: «Yo soy siervo del varón amalecita, y me ha abandonado mi señor, porque enfermé yo hoy el tercero(a); y nosotros hemos invadido sobre el austro del Ceretí, y sobre las de la Judea partes, y sobre el austro de Caleb y a Siceleg, quemamos en fuego.» Y díjole David: «¿Si me bajarás sobre esta turba?» Y díjole: «Júrame ahora por Dios no matarme y no entregarme en manos de mi amo, y te bajaré sobre esta turba.»(b) Y bajóle allá; y he aquí ésos derramados sobre la faz de toda la tierra, comiendo y bebiendo y festeando en todos los despojos los grandes que tomaran de tierra de filisteos y de tierra de Judá. Y vino sobre ellos David y batióles, de lucero a tarde, y al siguiente día; y no salvó de ellos varón, sino que sólo cuatrocientos niñitos que habían subido sobre sus camellos, y huyeron. Y quitó David todo lo que tomaran los amalecitas; y sus dos mujeres libró. Y no les faltó, de pequeño a grande, y de despojos y a hijos e hijas, y a todo lo que tomaran de ellos, y todo volvió David, y tomó todas las greyes y las vacadas y llevó delante de los despojos; y por aquellos despojos se decía: «Estos los despojos de David.» Y llega David a los doscientos varones, los reservados de ir en pos de David, y los asentara en el torrente de Besor; y vinieron al encuentro de David y al encuentro del pueblo, el con él; y se adelantó David hasta el pueblo; y preguntóles(c) lo de paz(d). Y respondió todo varón pestilente y malo de los varones los guerreros los idos con David, y dijeron: «Porque no persiguieron con nosotros, no les daremos de los despojos(e) que arrebatamos; sino que sólo cada uno su mujer y sus hijos, llévense y tornen.» Y dijo David: «No haréis así, hermanos míos, después de entregar el Señor a nosotros y guardarnos; y nos ha entregado el Señor la turba la venida sobre nosotros en nuestras manos. Y ¿quién os escuchará estas palabras? Porque no menos que nosotros son; por esto: porque, según la parte del que baja a la guerra, así será la parte del sentado sobre el bagaje; al igual repartirán.» E hízose desde aquel día en adelante, hízose precepto y derecho para Israel, hasta el día de hoy. Y vino David a Siceleg, y remitió a los ancianos de los despojos de Judá, y a sus allegados, diciendo: «He aquí, a vosotros bendición, de los despojos de los enemigos del Señor: a los en Betel y a los en Ramot, al austro; y a los en Jeter; y a los en Aroer, y a los en Sefamot, y a los en Estamó, y a los en Racal, y a los en las ciudades de Jerameel; y a los en las ciudades de Cení, y a los en Aramá; y a los en el lago de Asán; y a los en Atac; y a los en Hebrón, y a todos los lugares por donde pasara David; allí, él y sus varones. Desastre en Gelboé Y los filisteos guerreaban contra Israel; y huyeron los varones de Israel de la faz de los filisteos; y caen heridos en el monte de Gelboé. Y cierran los filisteos con Saúl y sus hijos; y hieren los filisteos a Jonatás, y a Abinadab y a Melquisná, hijos de Saúl. Y agrávase la guerra contra Saúl y le hallan los tiradores varones arqueros; y fue herido en los hipocondrios(a). Y dijo Saúl a su armígero: «Tira de tu espada y mátame en ella; para que no vengan estos incircuncisos y me maten y se mofen de mí.» Y no quería el armígero pues temía sobremanera; y tomó Saúl la espada, y cayó sobre ella. Y vio el armígero que está muerto Saúl; y cayó también él sobre su espada; y murió con él. Y murió Saúl y sus tres hijos, y el armígero y todos sus varones en aquel día juntamente. Y vieron los varones de Israel, los de allende el valle y los de allende el Jordán, que huyeron los varones de Israel y que está muerto Saúl y sus hijos; y abandonan sus ciudades y huyen; y vienen los filisteos y habitan en ellas. Y aconteció al siguiente día, vienen los filisteos a desvestir a los muertos, y hallan a Saúl y sus tres hijos caídos sobre los montes de Gelboé. Y le decapitan y desvisten sus armas, y las envían a tierra de filisteos en contorno, anunciando a sus ídolos(b) y al pueblo. Y depositaron sus armas en la casa de Astarot; y su cuerpo clavaron en la muralla de Betsán. Y oyen los habitantes de Jabés-Galaad lo que han hecho los filisteos a Saúl. Y levantáronse, todo varón de fuerza, y caminaron toda la noche y tomaron el cuerpo de Saúl y el cuerpo de Jonatás su hijo,(c) de la muralla de Betsán; y llévanles a Jabés y les queman allí. Y toman sus huesos y sepultan bajo la campiña, la en Jabés; y ayunan siete días. Llora David a Saúl y Jonatás Y aconteció, después de morir Saúl que David volvió, hiriendo a Amalec, y se detuvo David en Siceleg días dos. Y aconteció al día el tercero que he aquí un varón vino del campamento, desde el pueblo de Saúl, y sus vestiduras, desgarradas, y tierra sobre su cabeza; y aconteció, al entrar él a David que cayó sobre tierra y le adoró. Y díjole David: «¿De dónde tu llegas?» Y díjole: «Del campamento de Israel yo he salvado.» Y díjole David: «¿Cuál esta palabra? Anúnciame.» Y dijo que «huyó el pueblo de la guerra; y han caído muchos; y Saúl y Jonatás, su hijo, murieron.» Y dijo David al niñito el que le anunciaba: «¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatás, su hijo?» Y dijo el mozo el que le anunciaba: «Con rodeo rodé por el monte, el Gelboé, y he aquí que vi a Saúl clavado que estaba sobre su dardo; y he aquí los carros y los hiparcas(a) pegados estaban con él. Y miró detrás de sí y me vio y me llamó, y dije: «Heme aquí.» Y díjome: «¿Quién eres tú?» Y díjele: «Amalecita yo soy.» Y díjome: «Ponte ya sobre mí y mátame; porque me han cogido tinieblas(b) terribles, mientras tengo mi alma, en mí.» Y púseme sobre él y le maté; pues sabía yo que no vivirá, después de caer él; y tomé la diadema sobre su cabeza y el brazalete el sobre su brazo y los he traído a mi señor acá.» Y asió David sus vestiduras y desgarrólas; y todos los varones los con él desgarraron las vestiduras de ellos. Y plañieron y lloraron y ayunaron hasta la tarde sobre Saúl y sobre Jonatás, su hijo, y sobre el pueblo de Judá y sobre la casa de Israel; porque heridos fueron en espada. Y, dijo David al varón, al que le anunciaba: «¿De dónde eres tú?» Y dijo: «Hijo de varón inquilino amalecita yo soy.» Y díjole David: «¿Cómo no has temido extender tu mano para perder al ungido del Señor?» Y llamó David a uno de sus soldados y dijo: «Acercándote afróntale.» Y percutióle y murió. Y díjole David: «Tu sangre sea sobre tu cabeza porque tu boca respondió, contra ti diciendo que «Yo maté al ungido del Señor.» Y plañió David este plañido sobre Saúl y sobre Jonatás, su hijo; y ordenó enseñarlo a los hijos de Judá. Es el canto del arco(c) y escrito está en el «Libro del recto»: «Pásmate, Israel(d), sobre los muertos,sobre tus alturas heridos:¡cómo cayeron los poderosos! No lo anunciéis en Get,y no lo pregonéis en las plazas de Ascalón;no sea que se regocijen las hijas de los filisteos,no sea que se alborocen las hijas de los incircuncisos. Montes, los de Gelboé, no descienda sobre vosotros el rocío y la lluvia;¡ni campos de primicias!(e)porque allí ultrajado fue el broquel de poderosos;el escudo de Saúl, cual si ungido no fuese con el óleo. De sangre de heridos y de grosura de poderososel arco de Jonatás no retrocedió vacío;y la espada de Saúl no se desvió vacía. Saúl y Jonatás, los amados y floridos,no separados entre sí,esbeltos en su vida;y en su muerte separados no fueron entre sí;sobre águilas ligeros; y sobre leones envalentáronse. Hijas de Israel, sobre Saúl llorad,el que os vestía de púrpura con ornato vestro,e que ponía ornato de oro sobre vestras vestiduras. ¡Cómo cayeron poderosos en medio de la guerra! ¡Jonatás sobre tus alturas! —heridos!... Duélome sobre ti hermano mío Jonatás,florecísteme sobremanera;maravillóme tu amor sobre amor de mujeres(f) ¡Como cayeron poderososy perecieron armas guerreras!» David ungido en Hebrón Y aconteció, después de esto que consultó David al Señor, diciendo: «¿Ascenderé a una de las ciudades de Judá?» Y díjole el Señor: «Asciende.» Y dijo David: «¿A dónde ascenderé?» Y dijo: «A Hebrón.» Y ascendió allá David, a Hebrón, con sus dos mujeres: Aquinoam, la jezraelita y Abigail, la mujer de Nabal, el carmelio; y los varones suyos, los con él, los que trajo David, cada uno y su casa, y habitaban en las ciudades de Hebrón. Y vienen los varones de Judea y ungen a David allí para que reine sobre la casa de Judá, y anunciaron a David, diciendo: «Que los varones de Jabés, la galaadita, han sepultado a Saúl.» Y envió David mensajeros a los príncipes de Jabés, la galaadita, y díjoles David: «Benditos vosotros ante el Señor, pues habéis hecho esta misericordia sobre vuestro señor, sobre Saúl, el ungido del Señor, y sepultádole y a Jonatás, su hijo. Y ahora haga el Señor con vosotros misericordia y verdad; y yo también haré con vosotros este bien, pues habéis hecho esta palabra. Y ahora, envalentónense vuestras manos, y haceos hijos poderosos; pues ha muerto vuestro señor, Saúl, también a mí ha ungido la casa de Judá sobre sí en rey. Y Abner, hijo de Ner, arquiestratego de Saúl tomó a Isboset, hijo de Saúl, y le subió del campamento, a Mahanaím; y enreyecióle sobre Galaad, y sobre Gesurí, y sobre Jezrael, y sobre Efraín, y sobre Benjamín y sobre todo Israel. De cuarenta años era Isboset, hijo de Saúl, cuando reinó sobre Israel, y dos años reinó; menos la casa de Judá, los que eran en pos de David. Y fueron los días que David reinó en Hebrón: siete años y meses seis. Y salió Abner, hijo de Ner, y los niños de Isboset, hijo de Saúl, de Mahanaím, a Gabaón. Y Joab, hijo de Sarvia, y los niños de David salieron de Hebrón, al encuentro de ellos sobre la fuente la de Gabaón, en uno, y asentáronse éstos sobre la fuente, aquende; y éstos sobre la fuente, aquende. Y dijo Abner a Joab: «Levántense ahora los niñitos y jueguen a faz de nosotros.» Y dijo Joab: «Levántense.» Y levantáronse y pasaron en número, de los niños de Benjamín: doce de los de Isboset, hijo de Saúl; y doce de los niños de David. Y cogieron cada uno con la mano la cabeza de su vecino; y su cuchilla(a) en costado de su vecino; y caen en uno. Y fue llamado el nombre de aquel lugar: «Parte de los insidiosos»(b), —la que está en Gabaón—. E hízose la guerra dura sobre manera en aquel día; y sucumbió Abner y los varones de Israel a la faz de los niños de David. Y estaban allí tres hijos de Sarvía: Joab y Abisaí y Asael; y Asael ligero de los pies así como una corza en campo. Y persiguió Asael en pos de Abner, y no declinó, yendo, a derecha ni a izquierda, detrás de Abner. Y miró Abner detrás de sí, y dijo: «¿Si tú eres el mismo Asael?» Y dijo: «Yo soy.» Y díjole Abner: «Declina tú a la derecha o a la izquierda, y cógete uno de los jóvenes y tómate su armadura.»(c). Y no quiso Asael declinar de detrás de él. Y añadió todavía Abner, diciendo a Asael: «Apártate de mí, para no batirte por tierra; y ¿cómo alzaré mi faz a Joab? Y ¿dónde(d) es esto? Vuelve a Joab tu hermano.»(e) Y no quería apartarse; y hiérele Abner, en(f) lo posterior de la lanza, en la ingle; y pasó la lanza hasta por lo posterior de él; y cae allí y muere debajo de sí; y aconteció que todo el que venía hasta el sitio donde cayera allí Asael y muriera, parábase. Y persiguieron Joab y Abisaí tras de Abner; y el sol se ponía; y ellos entraron hasta la colina de Amá; que está sobre la faz de Gai, camino del desierto de Gabaón. Y congregáronse los hijos de Benjamín los detrás de Abner; y convirtiéronse en encuentro uno y se pusieron sobre la cabeza de colina una. Y llamó Abner a Joab y dijo: ¿Acaso hasta la victoria devorará la espada? ¿O no sabes que amarga será al extremo? ¿Y hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelvan de en pos de nuestros hermanos?» Y dijo Joab: «¡Vive el Señor! que si no hubieras hablado(g), por esto mismo, ya desde el alba subiera el pueblo cada cual en pos de su hermano.» Y trompeteó Joab con la trompeta y se retiraron-todo el pueblo; y no persiguieron tras de Israel, y no continuaron ya guerreando. Y Abner y sus varones retiráronse al ocaso toda aquella noche y atravesaron el Jordán, y anduvieron al través de toda la recta(h); y vienen al campamento. Y Joab volvió de en pos de Abner; y juntó todo el pueblo y faltaron de los jóvenes de David diecinueve varones. Y Asael(i) y los niños de David percutieron, de los hijos de Benjamín, de los varones de Abner: trescientos setenta varones cerca de él. Y alzan a Asael y sepúltanle en el sepulcro de su padre en Belén; y anduvo Joab y los varones los con él toda la noche; y amanecióles en Hebrón. Abner pásase a David y es muerto por Joab Y fue la guerra larga en medio de la casa de Saúl y en medio de la casa de David; y la casa de David iba y fortalecíase; y la casa de Saúl iba y debilitábase. Y(a) nacieron a David hijos en Hebrón; y fue su primogénito Amnón, de Aquinoam, la jezraelita, y su segundo, Queleab, de Abigail, la carmelia; y el tercero, Absalón, hijo de Maacá, hija de Tomai, rey de Gesur; y el cuarto, Adonías, hijo de Hagit; y el quinto, Safatía, de Abital; y el sexto, Jetraam, de Eglá, mujer de David. Estos nacieron a David en Hebrón. Y aconteció al haber la guerra en medio de la casa de Saúl y en medio de la casa de David, que Abner estaba gobernando la casa de Saúl. Y tenía Saúl una concubina: Resfá, hija de Ayá; y dijo Isboset, hijo de Saúl a Abner: «¿Qué, por qué has entrado a la concubina de mi padre?» Y se airó sobremodo Abner, por esta palabra, con Isboset; y díjole Abner: «Acaso cabeza de can yo soy?(b) He hecho hoy misericordia con la casa de Saúl, tu padre, y por hermanos y allegados; y no me he pasado a la casa de David, ¿Y me requieres tú por iniquidad de mujer hoy? ¡Esto haga Dios a Abner y esto añádale! que, según que juró el Señor a David, que así le haré en este día: quitar el reino de la casa de Saúl y alzar el trono de David, sobre Israel y sobre Judá, de Dan a Bersabé.» Y no pudo ya Isboset responder a Abner palabra, por temerle. Y envió Abner mensajeros(c) a David a Tailam, donde estaba por el momento, diciendo: «Pacta tu pacto conmigo; y he aquí mi mano contigo para volver a ti toda la casa de Israel». Y dijo David: «¡Bellamente! Yo pactaré contigo pacto, sólo que una palabra yo pediré de ti, diciendo: «No verás mi rostro, si no trajeres a Micol, hija de Saúl, viniendo tú a ver mi rostro.» Y envió David a Isboset, hijo de Saúl, mensajeros, diciendo: «Entrégame mi mujer Micol, que tomé en cien prepucios de filisteos.» Y envió Isboset, y tomóla a su marido, a Faltiel, hijo de Laís. E iba su marido con ella, llorando en su pos; hasta Bahurim. Y díjole Abner: «Anda, vuelve.» Y volvió. Y dijo Abner a los ancianos de Israel, diciendo: «Ayer y anteayer buscabais a David para que reinara sobre vosotros. Y ahora haced, porque el Señor habló de David, diciendo: «En mano de mi siervo David salvaré a Israel de mano de todos los enemigos de ellos. Y habló Abner asimismo en las orejas de Benjamín; y fue Abner a hablar en las orejas de David, a Hebrón, todo cuanto plugo en ojos de Israel y en ojos de toda la casa de Benjamín. Y vino Abner a David a Hebrón y con él veinte varones; e hizo David a Abner y a los varones, los con él, un convite. Y dijo Abner a David: «Levantaréme ahora e iré y congregaré a mi señor, el rey, todo Israel; y pactaré con él un pacto, y reinarás sobre todos los que deseare tu alma.» Y despidió David a Abner, y fue en paz. Y he aquí los jóvenes de David y Joab venían de una correría y botín mucho traían consigo; y Abner no estaba con David en Hebrón, pues le ha despedido; y se ha ido en paz. Y Joab y toda su milicia vinieron; y se anunció a Joab, diciendo: «Ha venido Abner, hijo de Ner, a David; y le ha despedido, y se ha ido en paz.» Y entró Joab al rey y dijo: «¿Qué esto has hecho? He aquí ha venido a ti; y ¿a qué le has despedido, y se ha ido en paz? ¿O no sabes la malicia de Abner, hijo de Ner, porque a engañarte ha venido y a conocer tu salida y tu entrada y conocer todo cuanto tú haces?» Y volvió Joab de David y envió mensajeros a Abner en pos y volviéronle del pozo de Sirá; y David no sabía. Y volvió a Abner a Hebrón y le desvió Joab del todo de la puerta, a hablar con él, asechando; y le percutió allí en la ingle; y murió, en venganza por la sangre de Asael, el hermano de Joab. Y oyó David, después de esto, y dijo: «Inocente soy yo y mi reino ante el Señor y por siglo, de la sangre de Abner, hijo de Ner. Retornen sobre la cabeza de Joab y sobre toda la casa de su padre; y no falte de la casa de Joab, gonorreoso y leproso y quien ande con báculo, y caiga en espada y escasee de panes.» Pero Joab y Abisaí, su hermano, asecharon a Abner, por haber muerto él a Asael, el hermano de ellos, en Gabaón, en la guerra. Y dijo David a Joab, y a todo el pueblo el con él: «Desgarrad vuestras vestiduras y ceñíos los sacos y plañid a faz de Abner.» Y el rey David iba tras del féretro. Y sepultan a Abner en Hebrón; y alzó el rey su voz, y lloró sobre su tumba, y lloró todo el pueblo sobre Abner. Y endechó el rey sobre Abner y dijo:«¿Si, según muerte de Nabal(d) ha muerto Abner? Tus manos no se ataron;tus pies, no están en cadenados.No se allegó como Nabala la faz de los hijos de iniquidad caíste.Y congregóse todo el pueblo a llorarle. Y vino todo el pueblo a alimentar a David con panes, aun siendo de día. Y juró David, diciendo: «¡Esto hágame Dios y esto añádame! pues, si no se pusiere el sol, no gustaré, no, pan o toda otra cosa.» Y conoció todo el pueblo y plugo a faz de ellos, todo cuanto hiciera el rey, a faz del pueblo, de bueno. Y conoció todo el pueblo y todo Israel en aquel día, que no vino del rey el matar a Abner, hijo de Ner. Y dijo el rey a sus mozos: «¿No sabéis que un príncipe grande ha caído en este día en Israel, y que yo soy pariente(e) hoy y constituido bajo rey? Y estos varones, hijos de Sarvía más duros que yo son. Retribuya el Señor al maléfico según su maldad.» Es asesinado Isboset, y vengado por David Y oyó Isboset, hijo de Saúl, que ha muerto Abner, hijo de Ner, en Hebrón; y disolviéronse sus manos; y todos los varones de Israel desmayaron. Y dos varones príncipes de turbas tenía Isboset, hijo de Saúl: nombre del uno, Baaná, y nombre del segundo, Recab, hijos de Remón, el berotita, de los hijos de Benjamín; porque Berot se contaba con los hijos de Benjamín. Y se refugiaran los berotitas en Getaím; y eran allí íncolas hasta este día. Y tenía Jonatás, hijo de Saúl, un hijo lisiado de los pies, hijo de años cinco; y éste, cuando vino el anuncio de Saúl y Jonatás su hijo, de Jezrael —alzóse su nodriza y huyó; y aconteció, al apresurarse con él y alejarse, que cayó y se encojó; y su nombre, Mefiboset(a). Y fueron los hijos de Remón, el berotita: Recab y Baaná, y entraron en el ardor del día, en casa de Isboset; y él dormía en el lecho del mediodía. Y he aquí la portera de la casa limpiaba trigo, y dormitara y durmiérase; y Recab y Baaná, los hermanos, ocultáronse, y entraron en la casa. E Isboset dormía sobre su lecho en su dormitorio; y le hieren, y le matan, y quitan su cabeza; y tomaron su cabeza, y fuéronse, camino al poniente, toda la noche. Y trajeron la cabeza de Isboset a David, a Hebrón, y dijeron al rey: «He aquí la cabeza de Isboset, hijo de Saúl, tu enemigo, quien buscaba tu alma; y ha dado el Señor a mi señor rey, venganza de sus enemigos; como este día, de Saúl tu enemigo y de su simiente.» Y respondió David a Recab y a Baaná, su hermano, hijos de Remón, el berotita, y díjole: «¡Vive el Señor, que ha redimido a mi alma de toda angustia! que el que anunció que ha muerto Saúl, y él estábase como mensajero feliz a faz mía, le cogí y le maté en Siceleg; al que debía yo dar albricias. Y ahora hombres malos han asesinado a un varón justo, en la casa de él, sobre el lecho de él; y ahora pediré su sangre de vuestras manos; y os exterminaré de la tierra.» (4:11) Y mandó David a sus jovencillos y matáronles, y cortaron sus manos y pies, y los suspendieron sobre la fuente de Hebrón; y la cabeza de Isboset sepultaron en el sepulcro de Abner, hijo de Ner. David, rey de todo Israel. Vence a los filisteos. Y alléganse todas las tribus de Israel a David en Hebrón; y le dijeron: «He aquí, huesos tuyos y carnes tuyas somos nosotros. Y ayer y anteayer, siendo Saúl rey sobre nosotros, tú eras el que sacaba y entraba a Israel; y te dijo el Señor a ti: «Tú pastorearás a mi pueblo: a Israel.» Y vienen todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón; y pactó con ellos el rey David un pacto en Hebrón, a faz del Señor; y ungen a David en rey sobre todo Israel. Hijo de treinta años era David, cuando reinó, y cuarenta años reinó. Siete años y meses seis reinó en Hebrón sobre Judá; y treinta y tres años reinó sobre todo Israel y Judá en Jerusalén. Y retiróse David y sus varones a Jerusalén, contra el jebuseo, el que habitaba la tierra. Y se dijo a David: «No entrarás acá, porque se han opuesto(a) los ciegos y los cojos, diciendo que «no entrará David acá.» Y tomó David el circuito de Sión; ésta, la ciudad de David. Y dijo David aquel día: «Todo el que hiriere a jebuseo, toque en puñal(b): y a los cojos y a los ciegos, y a los que odiaren el alma de David.» Por esto dirán: «Ciegos y cojos(c) no entrarán en casa del Señor.» Y asentóse David en el circuito(d); y fue llamado éste la ciudad de David; y la edificó ciudad en contorno desde la cumbre, y la casa de él. Y adelantaba David adelantando y engrandeciéndose; y el Señor Dios, el omnipotente, estaba con él. Y envió Hiram, rey de Tiro mensajeros a David y maderas cedrinas y artífices de maderas y artífices de piedras de pared; y edificaron una casa a David. Y conoció David que le dispuso el Señor en rey sobre Israel y que fue exaltado su reino por su pueblo Israel. Y tomó David aún mujeres y concubinas, de Jerusalén, después de venir de Hebrón. Y éstos, los nombres de los hijos que le nacieron en Jerusalén: Samua(e), y Sobab, y Natán, y Salomón; y Jabahar y Elisuá y Nefeg; y Jafiá, y Elisamá, y Eliodá y Elifalet. Y oyeron los filisteos que ha sido ungido David rey sobre Israel; y subieron todos los filisteos a buscar a David; y oyó David y bajó al circuito. Y los filisteos se llegan; y cayeron sobre el valle de los titanes. Y consultó David con el Señor, diciendo: «¿Si subiré contra los filisteos, y los entregarás en mis manos?» Y dijo el Señor a David: «Sube, pues entregando entregaré a los filisteos en tus manos.» Y vino David de los «Superiores destrozos»(f) y trozó a los filisteos allí. Y dijo David: «Destrozó el Señor a los enemigos filisteos, a faz mía, como se destrozan aguas.» Por esto se llamó el nombre de aquel lugar: de Superiores destrozos. Y abandonaron allí a los dioses de ellos, y los tomaron David y los varones con él. Y los filisteos tornaron aún a subir, y precipitáronse sobre el valle de los titanes. Y consultó David con el Señor; y dijo el Señor: «No subirás al encuentro de ellos; vuélvete de ellos y te llegarás a ellos cerca del Lloro. Y será que al oír tu la voz de la agitación(g), desde la selva del Lloro; entonces bajarás a ellos; porque entonces saldrá el Señor delante de ti, a trozar en la guerra de los filisteos.» E hizo David según que le mandó el Señor, y batió a los filisteos desde Gabaón hasta la tierra de Gezer. El arca, de Cariatiarim a Jerusalén Y congregó aún David toda la juventud, de entre Israel: treinta(a) millares. Y levantóse y fue David y todo el pueblo con él, y de los príncipes de Judá, en subida, a conducir de allí el arca de Dios, sobre la cual invocado fue el nombre del Señor de los ejércitos, sentado sobre los Querubines, sobre ella. Y subieron el arca del Señor sobre un carro nuevo, y alzáronle de la casa de Abinadab la que está en la Colina(b); y Oza y sus hermanos(c), hijos de Abinadab guiaban el carro. Y alzáronlo de casa de Abinadab en la Colina, con el arca; y los hermanos de él(d) iban delante del arca. Y David y los hijos de Israel, tañendo en órganos concertados en fuerza, y en cantares, y en cíniras(e), y en arpas, y en tímpanos, y en címbalos y en flautas; y llegan hasta la «era de Nacor»; y extendió Oza su mano al arca de Dios para sostenerla, y cogióla, porque la retorcía el becerro. E inflamóse en ira el Señor contra Oza; e hirióle allí Dios por la temeridad(f); y murió allí junto al arca del Señor, a faz de Dios. Y contristóse David por cuanto trozó el Señor destrozo en Oza. Y llamóse aquel lugar: Destrozo de Oza, hasta este día. Y temió David al Señor en aquel día, diciendo: «¿Cómo entrará a mí el arca del Señor?» Y no quiso David pasar a sí el Arca de la Alianza del Señor, a la ciudad de David; y la desvió David a casa de Obededom, el geteo; y asentóse el arca del Señor en casa de Obededom, el geteo, meses tres; y bendijo el Señor toda la casa de Obededom, y todo lo de él. Y se anunció al rey David, diciendo: «Ha bendecido el Señor la casa de Obededom y todo lo de él por el arca de Dios»; y fue David, y subió el arca del Señor de la casa de Obededom, a la ciudad de David, con alegría. Y estaban con él llevando el arca siete coros, y hostia: becerro, y corderos(g). Y David tañía en órganos concertados, a faz del Señor; y David, vestido estola eximia(h). Y David y toda la casa de Israel subieron el arca del Señor con júbilo y con voz de trompeta. Y aconteció que llegando el arca del Señor hasta la ciudad de David, Micol, la hija de Saúl, inclinóse al través de la ventana y vio al rey David danzar y tañer a faz del Señor, y menosprecióle en su corazón. Y llevan el arca del Señor y la deponen en el sitio de ella en medio del tabernáculo que la armó David; y ofreció David holocaustos a faz del Señor, y pacíficos. Y terminó David de ofrecer al par los holocaustos y los pacíficos; y bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos. Y repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, desde Dan a Bersabé, y desde varón a mujer, a cada uno una hogaza, y un asado y una torta de sartén; y retiróse todo el pueblo, cada cual a su casa. Y volvióse David a bendecir su casa; y salió Micol, la hija de Saúl, al encuentro de David y bendíjole(i) y dijo: «¡Cuánto se ha glorificado hoy el rey de Israel; quien se ha descubierto(j) hoy en ojos de las muchachas de sus siervos, así como se descubre descubriéndose uno de los danzantes!» Y dijo David a Micol: «A faz del Señor danzaré; bendito el Señor que me ha elegido sobre tu padre y sobre toda tu casa, constituyéndome en príncipe sobre su pueblo, sobre Israel; y tañaré y danzaré a faz del Señor; y me descubriré aun así; y seré inútil en tus(k) ojos y con las muchachas con que has dicho que no me he glorificado»; y(l) Micol, hija de Saúl, no tuvo más pequeñuelos hasta el día que murió. Quiere David edificar un templo; prohíbeselo Natán. Y aconteció cuando se asentó el rey en su casa y el Señor le posesionó, en redondo, de todos sus enemigos, en redondo; que habló el rey a Natán el profeta: «He aquí ahora yo habito en casa cedrina, y el arca de Dios está asentada en mediodel tabernáculo.» Y dijo Natán al rey: «Todo cuanto, en tu corazón, anda y haz; pues el Señor, contigo.» Y fue aquella noche, y fue palabra del Señor a Natán, diciendo: «Camina y di a mi siervo David: «Esto dice el Señor: «No tú me edificarás(a) casa para habitar yo; porque no he habitado en casa desde el día que subí los hijos de Israel, de Egipto hasta este día, y he estado allí, peregrinado en pabellón, y en tabernáculo en todo lo que he pasado en todo Israel. ¿Si hablando he hablado a una tribu de Israel, a la que he mandado pastorear mi pueblo de Israel, diciendo: «¿Por qué no me habéis edificado casa cedrina?» Y ahora esto dirás a mi siervo David: «Esto dice el Señor omnipotente: «Tomádote he, de la dehesa en pos de las ovejas para que fueras príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he sido contigo en todo lo que has andado, y he exterminado todos tus enemigos, de ante tu faz, y héchote renombrado según el nombre de grandes los sobre la tierra. Y pondré lugar a mi pueblo, a Israel, y plantaréle, y habitará por sí, y no se solicitará más; y no volverá hijo de iniquidad a humillarle, así como del principio, desde los días que dispuse jueces sobre mi pueblo de Israel; y te sosegaré de todos tus enemigos, y te anunciará el Señor que casa le edificarás. Y será cuando se cumplieren tus días y durmieres con tus padres; y suscitaré tu simiente después de ti; el que será de tu vientre y prepararé su reino. Él me edificará casa, a mi nombre y afianzaré su trono hasta por el siglo. Yo le seré su padre, y él me será mi hijo; y si viniere la iniquidad de él, le reconvendré en vara de varones, y en plagas de hijos de hombres. Pero mi misericordia no se retirará de él, así como retiré de los que retiré de mi rostro. Y será asegurada su casa y su reino hasta el siglo, a mi faz; y su trono estará afianzado por el siglo.» Según todas estas palabras y según toda esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David y sentóse a faz del Señor y dijo: «¿Quién soy yo, Señor mío, Señor, y cuál la casa mía que me has amado hasta esto? Y heme apocado un poco a faz tuya Señor, mi Señor, y has hablado sobre la casa de tu siervo a lo largo; pues ésta, la ley(b) del hombre, Señor mío, Señor. Y ¿qué proseguirá David todavía hablando a ti? Y ahora tú sabes a tu siervo, Señor mío, Señor; y por tu siervo has hecho, y, según tu corazón hiciste toda esta grandeza que manifestar a tu siervo, por esto: para engrandecerte, Señor mío; porque no hay como tú, y no hay Dios, fuera de ti en todo lo que hemos oído en nuestras orejas. Y ¿cuál, como tu pueblo Israel hay gente otra en la tierra? Como le condujo Dios para redimirse un pueblo, para tú poner nombre(c), para hacer grandeza y manifestación, para lanzar tú (de la faz de tu pueblo: a los que te redimiste de Egipto) gentes y pabellones. Y te has dispuesto tu pueblo Israel en pueblo hasta siglo, y tú, Señor, has sido hecho para ellos en Dios. Y ahora, Señor mío, la palabra que has hablado de tu siervo y la casa de él, afianza hasta el siglo, Señor omnipotente Dios de Israel; y ahora, según has hablado, engrandézcase tu nombre hasta el siglo, diciendo: «Señor omnipotente, Dios sobre Israel; y la casa de tu siervo David será afirmada a faz de ti; Señor omnipotente, Dios de Israel, has revelado la aurícula de tu siervo, diciendo: «Casa te edificaré.» Por esto ha hallado tu siervo su corazón para orar a ti esta oración. Y ahora, Señor mío, Señor, tú eres Dios, y tus palabras serán verdaderas, y has hablado de tu siervo estos bienes. Y ahora comienza y bendice la casa de tu siervo para ser por el siglo ante tu faz; porque tú, Señor mío, Señor, has hablado y, de tu bendición, bendita será la casa de tu siervo, para ser por el siglo.» Victorias de David Y aconteció, después de esto, batió David a los filisteos y ahuyentólos, y tomó David la selecta(a) de mano de los filisteos. Y batió David a Moab, y midiólos en cordeles, adurmiéndolos sobre la tierra; y fueron los dos cordeles para matar; y los dos cordeles cogieron vivos(b); y fue Moab a David en siervos, trayendo dádivas. Y batió David a Adarezer, hijo de Rohob, rey de Sobá, al ir él a poner su mano sobre el río Eufrates. Y capturó David de lo de él mil setecientos jinetes y veinte mil infantes; y deshizo David todos los carros, y dejó para sí cien carros. Y acude Siria-Damasco a ayudar a Adarezer, rey de Sobá; y batió David, en el siro, veintidós millares de varones. Y puso David guarnición en Siria de Damasco, y fue hecho el siro a David en siervos trayendo dádivas; y salvó el Señor a David en todo lo que andaba. Y tomó David las joyas, las de oro, que estaban sobre los niños de Adarezer, rey de Sobá, y las llevó a Jerusalén; (y tomólo Susaquim, rey de Egipto, cuando subió a Jerusalén en días de Roboam, hijo de Salomón)(c). Y de Beté y de las selectas ciudades(d) de Adarezer, cogió el rey David bronce mucho sobremanera; (en(e) él hizo Salomón la mar la broncínea, y las columnas, y los baños y todos los vasos)(f). Y oyó Toú el rey de Emat, que batió David toda la fuerza de Adarezer; y envió Toú a Joram, su hijo al rey David a preguntarle lo de su paz(g), y a bendecirle por cuanto debeló a Adarezer y lo batió; pues enemigo era de Adarezer; y en sus manos había vasos argénteos, y vasos áureos y vasos broncíneos. Y éstos, santificó el rey David al Señor, con la plata y con el oro que santificara de todas las ciudades que subyugó: de Idumea, y de Moab, y de los hijos de Amón, y de los filisteos, y de Amalec, y del botín de Adarezer, hijo de Rohob, rey de Sobá. E hizo(h) David nombre; y, volviendo percutió la Idumea en el Valle salado(i), hasta dieciocho millares. Y puso en la Idumea guarnición; en toda la Idumea guarnición; en toda la Idumea puso guardas; y fueron hechos todos los idumeos siervos del rey; y salvó el Señor a David en todo lo que anduvo. Y reinó David sobre todo Israel; y estaba David haciendo juicio y justicia sobre todo su pueblo. Y Joab, hijo de Sarvia, sobre su ejército; y Josafat, hijo de Ahilud, sobre las memorias(j). Y Sadoc, hijo de Aquitob, y Aquimelec, hijo de Abiatar, sacerdotes; y Saraías el escriba; y Banaías, hijo de Joyadá, consejero; y el ceretí y el feletí y los hijos de David, príncipes del aula, eran. Mefiboset Y dijo David: «¿Si hay todavía sobreviviente en la casa de Saúl, no haré con él misericordia por causa de Jonatás?» Y de la casa de Saúl había un servidor, y su nombre era Sibá; y llámanle a David; y díjole el rey: «¿Tú eres Sibá?» Y dijo: «Yo, siervo tuyo.» Y dijo el rey: «¿No ha sobrevivido de la casa de Saúl todavía un varón; y haré con él misericordia de Dios?» Y dijo Sibá al rey: «Todavía tiene un hijo Jonatás, heridos los pies.» Y dijo el rey: «¿Dónde está?» Y dijo Sibá: «He aquí en casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lodábar.» Y envió el rey David y tomóle de la casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lodábar. Y llégase Mefiboset, hijo de Jonatás, hijo de Saúl al rey David, y cayó sobre su rostro y adoróle. Y díjole David: «¿Mefiboset?» Y dijo: «He aquí tu siervo.» Y díjole David: «No temas, porque haciendo haré contigo misericordia, por Jonatás, tu padre; y te restituiré todo el campo de Saúl, padre de tu padre; y tu comerás pan sobre mi mesa por siempre.» Y adoró Mefiboset y dijo: «¿Quién soy tu siervo que has mirado sobre el can, el muerto, el semejante a mí?» Y llamó el rey a Sibá, el jovencillo de Saúl y díjole: «Todo cuanto es de Saúl y toda su casa, he dado al hijo de tu señor; y lábrale la tierra tú y tus hijos y tus siervos; y traerás al hijo de tu señor panes, y comerá panes, y Mefiboset, hijo de tu señor, comerá por siempre pan sobre la mesa mía.» Y Sibá tenía quince hijos y veinte siervos. Y dijo Sibá al rey: «Según todo cuanto ha mandado mi señor, el rey, a su siervo, así hará tu siervo.» Y Mefiboset comió sobre la mesa de David así como uno de los hijos del mismo rey. Y Mefiboset un hijo pequeño tenía, y su nombre Micá; y toda la habitación(a) de la casa de Sibá eran siervos de Mefiboset. Y Mefiboset habitaba en Jerusalén; pues sobre la mesa del rey él por siempre comió, y él era cojo de entrambos sus pies. Castiga David a Hanón, rey de Amón Y aconteció, después de esto, morir el rey de los hijos de Amón, y reinó Hanón su hijo, en lugar de él. Y dijo David: «Haré misericordia con Hanón, hijo de Naás, a la manera que hizo su padre conmigo misericordia.» Y envió David a consolarle, en mano de sus siervos, de su padre; y llegaron los representantes de David a la tierra de los hijos de Amón. Y dijeron los príncipes de los hijos de Amón de Hanón, su señor: «¿Acaso a glorificar David a tu padre a faz tuya(a) —que te ha enviado consoladores? Empero ¿acaso para que no(b) escudriñen la ciudad y la exploren, y para remirarla(c) ha enviado David sus representantes a ti?» Y tomó Hanón los enviados de David, y rapó las barbas(d) de ellos y recortó los mantos de ellos en la mitad hasta sus nalgas; y despidiólos. Y anunciaron a David lo sucedido a los varones, y envió al encuentro de ellos, porque estaban los varones ultrajados sobremanera; y dijo el rey: «Asentaos en Jericó hasta que brotaren vuestras barbas, y volved.» Y vieron los hijos de Amón que se avergonzaron —el pueblo de David; y enviaron los hijos de Amón y asalariaron en Siria Betrohob y en Siria Sobá: veinte millares de infantes; y al rey de Moacá, mil varones; y a Isbot, doce millares de varones. Y lo oyó David y envió a Joab y toda su fuerza; los poderosos. Y salieron los hijos de Amón y ordenáronse en guerra junto a la entrada de la puerta(e); y Siria Sobá, y Rohob, e Istob y Maacá solos en campo. Y vio Joab que estaba contra él la contra faz de la guerra, de lo de a su faz en frente, y de lo de atrás, eligió de todos los jóvenes de Israel, y pusiéronse en frente de Siria. Y el resto del pueblo dio en mano de Abisaí, su hermano; y pusiéronse en frente de los hijos de Amón; y dijo: «Si prevaleciere Siria sobre mí, seréisme en salvación; y si prevalecieren hijos de Amón sobre ti, seremos para salvarte. Envalentónate, y prevalezcamos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios; y Señor hará lo bueno en sus ojos». Y llegóseJoab y su pueblo con él en guerra contra Siria; y huyeron a faz de él. Y los hijos de Amón vieron que huyó Siria, y huyeron a faz de Abisaí y entraron en la ciudad; y volvió Joab de los hijos de Amón, y llegó a Jerusalén. Y vio Siria que ha caído delante de Israel; y juntáronse en uno. Y envió Adarezer y reunió a la Siria la de allende el río Calamac(f) y llegaron a Helam; y Sobac(g), príncipe de la fuerza de Adarezer, delante de ellos. Y se anunció a David y congregó todo Israel y pasó el Jordán y llegóse a Helam; y se ordenó Siria en frente de David; y combatieron con él. Y huyó Siria a la faz de Israel, y percutió David, de la Siria, setecientos carros y cuarenta millares de jinetes; y a Sobac, el príncipe de su fuerza hirió, y murió allí. Y vieron todos los reyes, los siervos de Adarezer, que han caído delante de Israel, y(h) acudieron a Israel y les sirvieron. Y temió Siria salvar ya a los hijos de Amón. Adulterio de David Y aconteció, volviendo el año(a), al tiempo de la salida de los reyes(b), enviar David a Joab y sus niños(c) con él y a todo Israel; y asolaron a los hijos de Amón; y asediaron a Rabá; y David asentóse en Jerusalén. Y aconteció, a la tarde levantarse David de su lecho y pasearse por el terrado de la casa del rey, ver a una mujer bañándose, desde el terrado; y la mujer hermosa de forma sobremanera. Y envió David y buscó a la mujer y dijo: «¿Qué no es ésta Betsabé, hija de Eliab, mujer de Urías, el heteo?» Y envió David mensajeros y tomóla, y entró a ella y durmió con ella; y ella, santificada de su impureza(d) y volvió a su casa. Y en el vientre cogió la mujer; y, enviando, anunció a David, y dijo: «Yo soy(e): en vientre tengo». Y envió David a Joab, diciendo: «Envíame a Urías, el heteo», y envió Joab a Urías a David. Y llegó Urías y entró a él y preguntó David, para paz, a Joab, y, para paz del pueblo y para paz de la guerra. Y dijo David a Urías: «Baja a tu casa y lava tus pies(f). Y salió Urías de casa del rey, y salió tras de él selección(g) del rey. Y durmió Urías a par de la puerta del rey, con los siervos de su señor, y no bajó a su casa. Y anunciaron a David, diciendo: «Que no bajó Urías a su casa». Y dijo David a Urías: «¿Acaso no del camino tú vienes? ¿Qué, porqué no has bajado a tu casa?». Y dijo Urías a David: «El arca, e Israel y Judá habitan en pabellones; y mi señor, Joab, y los siervos de mi señor sobre la faz del campo acampan, y ¿yo entraré en mi casa a comer y beber y dormir con mi mujer? ¿Cómo? ¡Vive mi alma, si haré la palabra ésta!» Y dijo David a Urías; «Siéntate aquí también hoy y mañana te despediré». Y sentóse Urías en Jerusalén en aquel día y el siguiente. Y, llamóle David; y comió a faz de él, y bebió, y embriagóle; y salió a la tarde a dormir en su lecho con los siervos de su señor y a su casa no bajó. Y aconteció al alba, escribir David una carta a Joab y la envió por mano de Urías. Y escribió en la carta diciendo: «Entra a Urías frente en frente de la guerra la recia, y volveos de en pos de él, y percutido será y morirá». Y aconteció, al observar Joab la ciudad, puso a Urías en el lugar que sabía que varones de fuerzas allí. Y salieron los varones de la ciudad, y guerrearon con Joab y cayeron del pueblo, de entre los siervos de David; y murió también Urías el heteo. Y envió Joab y anunció a David todas las palabras de la guerra que hablar al rey. Y mandó al mensajero, diciendo: «Terminando todas las palabras de la guerra que hablar al rey; será: si subiere la ira del rey te dijere: «¿Qué por qué os acercasteis a la ciudad a guerrear? ¿No sabíais que flecharían desde lo alto del muro? ¿Quién percutió a Abimelec, hijo de Jerobaal, hijo de Ner? ¿Acaso una mujer no lanzó fragmento de piedra molar sobre él de lo alto del muro, y murió en Tebés? ¿Por qué os allegasteis al muro?» Y dirás: «También el siervo tuyo Urías el heteo murió». Y fue el mensajero de Joab al rey, a Jerusalén; y llegó y anunció a David todo cuanto le anunciara Joab: todas las palabras de la guerra. Y airóse David contra Joab y dijo al mensajero: «¿Por qué os allegasteis a la ciudad a guerrear? ¿No sabíais que seríais percutidos desde el muro? ¿Quién hirió a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿Acaso una mujer no lanzó sobre él un fragmento de piedra molar, desde el muro, y murió en Tebés? ¿Por qué os allegasteis al muro?»(h). Y dijo el mensajero a David: «Porque prevalecieron sobre nosotros los varones, y salieron sobre nosotros al campo, y fuimos sobre ellos hasta la entrada de la puerta. Y flecharon los flechadores contra tus niños de lo alto del muro, y murieron de los niños del rey; también tu siervo Urías el heteo murió». Y dijo David al mensajero: «Esto dirás a Joab: «No mala sea en tus ojos esta palabra, pues ahora así y ahora así comerá la cuchilla; esfuerza tu guerra contra la ciudad y derríbala, y apodérate de ella». Y oyó la mujer de Urías que murió Urías, su marido y plañó por su marido. Y pasó el luto, y envió David y condújola a su casa y fuele en mujer; y parióle un hijo. Y mala pareció la palabra que hizo David en ojos del Señor. Penitencia y castigo de David Y envió el Señor a Natán, el profeta, a David; y entró a él y díjole: «Dos varones había en una ciudad: uno rico y uno pobre. Y el rico tenía greyes y vacadas muchas, sobre manera; y el pobre, nada sino una cordera pequeña que adquiriera y reservara y la criara, y creciera con él y con sus hijos en lo mismo; de su pan comía y de su cáliz bebía, y en su regazo dormía y era para él como una hija; y vino un viajero al varón, el rico, y perdonó tomar de sus greyes y de sus vacadas para hacer al huésped viandante que viniera a él; y tomó la cordera del pobre e hízole al varón al venido a él». Y se enfureció con ira David sobre modo contra ese varón, y dijo David a Natán: «Vive, el Señor, que hijo de muerte es el varón, el que ha hecho esto; y la cordera pagará séptupla(a), por cuanto ha hecho esta palabra y por lo que no perdonó». Y dijo Natán a David: «Tú eres el varón, el que ha hecho esto; esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Yo soy el que te ungí en rey sobre Israel, y yo soy el que te libré de manos de Saúl; y te di la casa de tu señor y las mujeres de tu señor en el regazo tuyo; y te di la casa de Israel y a Judá; y si pequeña cosa es, te añadiré conforme a esto. «¿Qué —porque has vilipendiado la palabra del Señor, haciendo lo malo en sus ojos? A Urías el heteo has percutido en espada, y a su mujer te tomaste por mujer, y a él mataste en espada del hijo de Amón. Y ahora no se apartará la espada de tu casa por el siglo, por cuanto me despreciaste y tomaste la mujer de Urías el heteo, para que te fuera en mujer. Esto dice el Señor: «He aquí yo suscitaré contra ti males, de la casa tuya y tomaré las mujeres tuyas en ojos tuyos, y se las daré a tu prójimo; y dormirá con tus mujeres delante de este sol. Porque tú has hecho en oculto; yo haré esta palabra delante de todo Israel y frente a frente de este sol». Y dijo David a Natán: «He pecado contra el Señor». Y dijo Natán a David: «También el Señor ha apartado tu pecado: no morirás, no. Empero, pues, irritando, has irritado a los enemigos del Señor en esta palabra, también tu hijo el que te ha nacido, de muerte morirá». Y se fue Natán a su casa; e hirió el Señor al infante, el que parió la mujer de Urías, el heteo, a David y enfermó. Y buscó David a Dios por el niñito y ayunó David ayuno, y entró y pernoctó al sereno y durmió sobre la tierra. Y levantáronse sobre él los ancianos de su casa a alzarle de la tierra; y no quiso y no comió con ellos pan. Y aconteció en el día el séptimo, morir el niñito; y temieron los siervos de David anunciarle que ha muerto el niñito, pues dijeron: «He aquí cuando el niñito aún vivía, le hablamos y no escuchó nuestra voz ¿cómo le diremos que ha muerto el niñito?; y hará mal»(b). Y advirtió David que sus niños cuchichean, y comprendió David que había muerto el niñito; y dijo David a sus niños: «¿Si ha muerto el niñito?» Y dijeron: «Ha muerto». Y levantóse David de la tierra, y bajóse y ungióse, y mudó sus vestiduras, y entró en la casa de Dios, y le adoró ; y entró en su casa y pidió pan que comer, y presentáronle pan y comió. Y dijéronle sus niños: «¿Qué es la palabra ésta que has hecho por causa del niñito? Aun vivo, ayunabas y llorabas y velabas, y cuando ha muerto el niñito, te has levantado y comido pan y bebido?» Y dijo David: «Cuando el niñito aún vivía, ayuné y lloré, porque dije: «¿Quién sabe si se apiadará de mí, el Señor y vivirá el niñito?» Y ahora ha muerto; ¿a qué esto de yo ayunar? ¿Acaso podrá volverle ya? Yo iré a él, y él no tornará a mí». Y consoló David a Betsabé, su mujer, y entró a ella y durmió con ella; y concibió y parió un hijo; y llamó su nombre «Salomón», al que el Señor amó. Y envió en mano de Natán el profeta, y llamó su nombre: Predilecto del Señor(c). Y guerreó Joab en Rabat de hijos de Amón, y tomó la ciudad del reino. Y envió Joab mensajeros a David y dijo: He guerreado en Rabat y tomado la ciudad de las aguas. Y ahora congrega lo restante del pueblo y acampa sobre la ciudad y tómala antes, para que no tome antes yo la ciudad y sea llamado mi nombre sobre ella». Y congregó David todo el pueblo, y fue contra Rabat, y guerreó en ella y la tomó. Y tomó la corona de Melaom, el rey de ellos, de la cabeza de él y el peso de ella un talento de oro(d) y de piedra preciosa, y estuvo sobre la cabeza de David, y despojos de la ciudad sacó muchos sobremanera. Y el pueblo el que había en ella, sacó y puso en la sierra y en los trillos los férreos, y en seguras férreas y los pasó por el horno de ladrillos. Y así hizo a todas las ciudades de hijos de Amón y volvió David y todo el pueblo a Jerusalén. Tamar Y aconteció, después de esto: tenía Absalón, hijo de David, una hermana, hermosa de forma sobremanera, y su nombre: Tamar, y amóla Amnón, hijo de David. Y afligióse Amnón hasta enfermar por Tamar, su hermana; pues virgen era ésta, y demasiado difícil en ojos de Amnón hacer algo a ella. Y tenía Amnón un compañero, y su nombre Yonadab, varón sagaz sobremanera; y díjole: «¿Qué te pasa a ti, que estás demacrado, hijo del rey, de mañana, mañana?(a) ¿no comunicaste conmigo?» Y díjole Amnón: «A Tamar, la hermana de Absalón, mi hermano, yo amo». Y díjole Yonadab: «Acuéstate sobre tu lecho y enférmate, y entrará tu padre a verte y le dirás: «Venga ahora Tamar, mi hermana, y aliménteme y haga a mis ojos, una vianda, para que yo vea y coma de su mano.(b) Y acostóse Amnón y enfermóse; y entró el rey a verle; y dijo Amnón al rey: «Venga ahora Tamar, mi hermana, y fría, en mis ojos, dos frituras, y comeré de su mano». Y envió David por Tamar, a la casa, diciendo: «Ve ahora a la casa de Amnón, tu hermano, y hazle comida». Y fue Tamar a la casa de Amnón, y su hermano; y él, acostado; y tomó la masa y mezcló y frió ante sus ojos y coció las frituras. Y tomó la sartén y vació a la faz de él; pero no quiso comer. Y dijo Amnón: «Sacad fuera a todo varón de encima de mí». Y sacaron fuera a todo varón de encima de él. Y dijo Amnón a Tamar: «Trae la comida a la alcoba, y comeré de tu mano». Y tomó Tamar las frituras que hiciera y trajo a Amnón, su hermano, al dormitorio. Y presentóle a comer, y cogióla y díjole: «¡Acá! duerme conmigo, hermana mía». Y díjole: «No, hermano mío, no me humilles; por cuanto no se hará así en Israel; no hagas esta insensatez; y yo ¿dónde me desprenderé de mi oprobio? Y tú serás como uno de los insensatos en Israel; y ahora habla ya al rey; pues no me negará, no, a ti». Y no quiso Amnón escuchar su voz y prevaleció sobre ella, y humillóla y, durmió con ella. Y odióla Amnón con odio grande sobremanera; porque grande fue el odio con que la odió sobre el amor con que la amara; porque mayor era la maldad, la última, que la primera; y díjole Amnón: «Levántate y vete». Y díjole Tamar: «Por esta maldad, la grande sobre la otra que has hecho conmigo —despidiéndome!» Y no quiso Amnón escuchar su voz. Y llamó a su jovencillo, el sobrestante de la casa y díjole: «Enviad ya a ésta fuera de mí; y cierra la puerta tras ella». Y sobre sí tenía túnica manguilarga(c), pues así se sobrevisten las hijas del rey, las vírgenes, sus sobrevestes(d); y sacóla el servidor fuera, y cerró la puerta tras ella; y tomó Tamar ceniza y puso sobre su cabeza y la túnica, la manguilarga sobre ella, rasgó, y puso sus manos sobre su cabeza, y fue llendo y gritando. Y díjole Absalón, su hermano: «¿Acaso Amnón tu hermano, ha estado contigo? —Y ahora, hermana mía, calla, porque hermano tuyo es, no pongas tu corazón a hablar en esta palabra». Y sentóse Tamar enviudada en casa de Absalón, su hermano. Y oyó el rey David todas estas palabras y airóse sobremanera; y no contristó el espíritu de Amnón, su hijo, porque le amaba, porque su primogénito era. Y no habló Absalón con Amnón, de malo a bueno; pues aborrecía Absalón a Amnón por la palabra que humilló(e) a Tamar, en hermana. Y aconteció al bienio de días(f), estaban trasquilando para Absalón en Baalhasor, cerca de Efraín; y llamó Absalón a todos los hijos del rey. Y vino Absalón al rey y dijo: «He aquí ahora trasquilan para tu siervo: vaya ahora el rey y sus niños con tu siervo». Y dijo el rey a Absalón: «No ahora, hijo mío; no vayamos todos nosotros, y no acabemos, no, de gravarte». Y forzóle; y no quiso ir y bendíjole. Y dijo Absalón a él: «Y si no, vaya ahora con nosotros Amnón mi hermano». Y díjole el rey: «¿Por qué ha de ir contigo?» Y forzóle Absalón, y envió con él a Amnón y todos los hijos del rey; e hizo Absalón festín, según el festín del rey. Y mandó Absalón a sus jovencillos, diciendo: «Ved cuándo se hubiere alegrado el corazón de Amnón en el vino, y yo os dijere: «Herid a Amnón», también matadle. No temáis, pues ¿no yo acaso soy, quien os manda? Envalentonaos y haceos en hijos de fuerza». E hicieron los jovencillos de Absalón a Amnón, según les mandara Absalón; y levantáronse todos los hijos del rey y sentáronse —varón sobre su mula y huyeron. Y aconteció, yendo ellos de camino, la oída vino a David, diciendo: «Ha percutido Absalón a todos los hijos del rey, y no ha quedado de ellos ni uno». Y levantóse el rey, y rasgó sus vestiduras y acostóse sobre la tierra; y todos los niños los circunstantes a él, rasgaron sus vestiduras. Y respondió Yonadab, hijo de Semaa, hermano de David, y dijo: «No diga mi señor, el rey que, a todos los jovencillos los hijos del rey, han muerto; pues sólo Amnón ha muerto, pues sobre la boca de Absalón estaba puesto(g) desde el día que humilló a Tamar, su hermana. Y ahora no ponga mi señor, el rey, sobre su corazón palabra, diciendo: «Todos los hijos del rey han muerto»; puesto que Amnón, solísimo ha muerto». Y huyóse Absalón; y alzó el jovencillo, el atalaya, sus ojos y vio: y he aquí pueblo mucho yendo en el camino en pos de él, del lado del monte, en la bajada; y se vino el atalaya y anunció al rey, y dijo: «Varones he visto del camino, el de Oronén, de parte del monte»(h). Y dijo Yonadab al rey: «He aquí los hijos del rey están aquí; según la palabra de tu siervo, así ha acontecido». Y aconteció: cuando acabó de hablar, he aquí los hijos del rey llegaron, y alzaron su voz y lloraron; y también el rey y todos sus niños lloraron llanto grande sobremanera. Y Absalón huyó y fue a Tolomaí, hijo de Amiud rey de Gesur, a la tierra de Camaacad. Y enlutóse David por su hijo todos los días. Y Absalón huyóse y fue a Gesur y estuvo allí tres años. Y cesó David de salir contra Absalón, por haberse consolado sobre Amnón, por ser muerto. La tecuita Y conoció Joab, hijo de Sarvía, que el corazón del rey, estaba por Absalón. Y envió Joab a Tecué y tomó de allí una mujer sabia y díjole: «Enlútate ahora y vístete vestiduras de luto, y no te unjas con óleo, y serás como mujer llorando sobre un muerto, de esto muchos días; Yvendrás al rey, y le hablarás según esta palabra»: Y puso Joab las palabras en la boca de ella. Y entró la mujer, la tecuita, al rey y cayó sobre su rostro en la tierra y adoróle, y dijo: ¡«Salva, rey, salva»! Y díjole el rey: «¿Qué tienes?» Y ella dijo: «Y mucho: mujer viuda yo soy y ha muerto mi marido; y también tenía tu sierva dos hijos, y altercaron ambos en el campo, y no había quien separara en medio de ellos; y golpeó el uno a su hermano, y le mató. Y he aquí levantóse toda la parentela contra tu sierva; y dijeron: «Entrega al que golpeó a su hermano, y le mataremos en vez del alma de su hermano a quien mató, y arrebataremos también a vuestro heredero»; y apagarán la brasa mía la que me queda, hasta no poner a mi marido reliquia, y nombre sobre la faz de la tierra». Y dijo el rey a la mujer: «¡Adiós! ve a tu casa y yo mandaré acerca de ti». Y dijo la mujer la tecuita al rey: «Sobre mí, mi señor rey, la iniquidad y sobre la casa de mi padre, y al rey y su trono, inocente(a)» Y dijo el rey: «Quienquiera que hablare contra ti, traerásle a mí; y no seguirá ya tocándote». Y dijo: «Rememore ahora el rey al Señor, su Dios, que se ha multiplicado el prójimo de la sangre para perder; y no arrebaten, no, al hijo mío». Y dijo: «¡Vive el Señor! si caerá del cabello tu hijo sobre la tierra». Y dijo la mujer: «Hable ahora tu sierva a mi señor rey una palabra». Y dijo: «Habla». Ydijo la mujer: «¿Por qué no has pensado tal cosa sobre el pueblo de Dios? ¿Acaso de la boca del rey sale esta palabra como culpa por no devolver el rey al repelido suyo? Que de muerte moriremos, y cual el agua la que se desliza sobre la tierra, la que no se recogerá; y ¿tomará Dios el alma también pensando repeler de sí al repelido?(b). Y ahora, cuando ha venido a hablar al rey, mi señor, esta palabra, me intimidó el pueblo(c); mas dijo tu sierva: «Hablaré ahora a mi señor el rey, por si hace el rey la palabra de su sierva. Porque oirá el rey y salvará ahora a su sierva de mano del varón el que busca arrebatar a mí y a mi hijo a la vez de la heredad de Dios». Y dijo la mujer: «¿Si ahora la palabra de mi señor, el rey, me sea para hostia pacífica? pues así como un ángel de Dios, así mi señor el rey para oír lo bueno y lo malo; y el Señor, tu Dios, será contigo». Y respondió el rey y dijo a la mujer: «No ya me ocultes palabra que yo te preguntare». Y dijo la mujer: «Hable ya mi señor, el rey». Y dijo el rey «¿Acaso está la mano de Joab en todo esto contigo?» Y dijo la mujer al rey: «¡Vive tu alma, mi señor rey! si está a la diestra o a la siniestra(d) de cuanto ha hablado mi señor, el rey; pues tu siervo Joab, él mismo me mandó y él puso en la boca de tu sierva todas estas palabras; para mudar la faz de esta palabra; para esto hizo tu siervo Joab este razonamiento; y mi señor, sabio así como sabiduría de un ángel de Dios, para conocer todo lo de la tierra». Y dijo el rey a Joab: «He aquí ahora te he hecho según esta palabra: ve, devuelve al jovencillo, a Absalón». Y cayó Joab sobre su rostro sobre la tierra, y adoró; y bendijo él al rey; y dijo Joab: «Hoy ha conocido tu siervo que he hallado gracia en tus ojos, mi señor rey; pues ha hecho mi señor, el rey, la palabra de su siervo». Y levantóse Joab; y fue a Gesur, y trajo a Absalón a Jerusalén. Y dijo el rey «Vuelva a su casa; y mi rostro no vea». Y volvió Absalón a su casa; y el rostro del rey no vio. Y como Absalón no había varón en todo Israel, loable sobremanera: desde la planta de su pie, y hasta su vértice no había en él tacha. Y cuando esquilaba su cabeza (y acontecía de comienzo de días a días(e) cuando se esquilaba, porque llegaba a pesar sobre él(f) el que la esquilaba, pesara la cabellera de su cabeza doscientos siclos en el siclo el real(g). Y nacieron a Absalón tres hijos y una hija, y su nombre Tamar. Esta era una mujer hermosa sobremanera; y fue mujer de Roboam, hijo de Salomón, y parióle a Abías(h). Y asentóse Absalón en Jerusalén dos años de días, y el rostro del rey no vio. Y envió Absalón cerca de Joab para enviarle al rey; y no quiso ir a él; y envió segunda vez cerca de él; y no quiso presentarse. Y dijo Absalón a sus niños: «Veis: la parte en el campo de Joab contigua a mí, y él tiene allí cebadas: id y quemadla en fuego». Y quemaron los niños de Absalón la parte; y llegan los siervos de Joab a él habiendo desgarrado sus vestiduras, y dijeron: «Han quemado los siervos de Absalón la parte en fuego». Y levantóse Joab y vino a Absalón, a la casa, y díjole: «Por qué han quemado tus niños la parte, la mía, en fuego?» Y dijo Absalón a Joab: «He aquí envié a ti diciendo: Ven acá, y te enviaré al rey diciendo: ¿A qué he venido de Gesur? Bueno era para mí estar allí; y ahora he aquí el rostro del rey no he visto, y, si hay en mí iniquidad, mátame». Y entró Joab al rey, y avisóle; y llamó a Absalón; y entró al rey, y adoróle y cayó sobre su rostro, sobre la tierra, y ante el rostro del rey; y tiernamente besó el rey a Absalón. Rebelión de Absalón Y aconteció, después de esto, que se hizo Absalón de carros y caballos, y cincuenta varones que corrieran delante de él. Y madrugara Absalón y se pusiera a la mano del camino de la puerta; y acontecía que todo varón que tenía algún juicio, venía al rey a juicio, y gritárale Absalón, y le decía: «¿De qué ciudad tú eres? Y dijo: «De una de las tribus de Israel, tu siervo». Y díjole Absalón: «He aquí tus palabras, buenas y hacederas; y quien oiga, no tienes ante el rey». Y dijo Absalón «¿Quién me constituirá juez en la tierra; y a mí vendrá todo varón que tenga contradicción y juicio y le juzgaré»? Y acontecía que, al acercarse un varón a adorarle, extendía su mano y cogíale y le besara tiernamente. E hizo Absalón, según esta palabra, a todo Israel: a los que se presentaban a juicio al rey; y ganábase Absalón el corazón de los varones de Israel. Y aconteció desde el fin de cuarenta(a) años, que dijo Absalón a su padre: «Iré ahora y pagaré los votos que voté al Señor en Hebrón; porque voto votó tu siervo, cuando vivía yo en Gesur en Siria, diciendo: «Si volviendo me volviere el Señor a Jerusalén, serviré al Señor». Y díjole el rey: «Anda en paz»; y, levantándose, fue a Hebrón. Y envió Absalón exploradores a todas las tribus de Israel, diciendo: «Al oír vosotros la voz de la trompeta diréis: «Reinando está rey Absalón en Hebrón». Y con Absalón fueron doscientos varones, desde Jerusalén llamados y yendo en la simplicidad de ellos, y no conocieron toda palabra. Y envió Absalón cerca de Aquitofel, el gilonita, consejero de David, de su ciudad; de Giló; cuando él sacrificaba; e hízose el quebranto(b) fuerte, y el pueblo el que iba, también mucho con Absalón. Y llegó uno que anunció, a David, diciendo: «Se ha ido el corazón de los varones de Israel en pos de Absalón». Y dijo David, a todos sus niños, los que con él estaban en Jerusalén: «levantaos, y huyamos; pues no hay para nosotros salvación, de la faz de Absalón; apresuraos a iros, porque no se apresure y nos coja y lance sobre nosotros el mal; y percuta a la ciudad en boca de cuchilla». Y dijeron los niños los del rey, al rey: «Según todo cuanto determine nuestro señor, el rey, —he aquí a tus niños». Y salió el rey y toda su casa por sus pies; y dejó el rey diez mujeres de sus concubinas, a guardar la casa. Y salió el rey y todos sus niños a pie, y detuviéronse en una casa lejana. Y todos sus niños a mano de él caminaban, y todo queletí y todo feletí; y detuviéronse sobre el olivo en el desierto; y todo el pueblo iba junto a él, y todos los en torno de él y todos los robustos y todos los batalladores: seiscientos varones; y caminaron a par de su mano, y todo el queletí y todo el feletí; y todos los geteos, los seiscientos varones, los venidos por sus pies de Get y que iban a faz del rey. Y dijo el rey a Etaí, el geteo: «¿Por qué vas también tú con nosotros? Retorna, y habita con el rey; porque peregrino eres tú y porque transmigraste de tu lugar. Si ayer has llegado ¿también hoy te he de remover con nosotros a ir? Y yo iré a donde yo fuere; vuélvete y vuelve tus hermanos contigo, y el Señor hará contigo misericordia y verdad». Y respondió Etaí al rey y dijo: Vive el Señor y vive mi señor, el rey, que al lugar que fuere mi señor, el rey, sea a la muerte sea a la vida, allí estará tu siervo». Y dijo el rey a Etaí: ¡Acá! y pasa conmigo». Y pasó Etaí, el geteo, y el rey, y todos los niños de él y toda la turba con él. Y toda la tierra lloró con voz grande, y todo el pueblo iba pasando por el torrente de los cedros, y el rey atravesó el torrente de Cedrón; y todo el pueblo y el rey iban pasando sobre la haz de la vía al desierto. Y he aquí también Sadoc y todos los levitas con él llevando el arca de alianza del Señor, de Baitar(c), y depusieron el arca de Dios; y subió Abiatar hasta acabar todo el pueblo de pasar de la ciudad. Y dijo el rey a Sadoc: «Retorna el arca de Dios a la ciudad; si hallare yo gracia en los ojos del Señor, El me volverá y me la mostrará y el decoro(d) de ella». Y si dijere así: «No he querido(e) en ti, «Heme aquí: hágame según lo bueno en sus ojos», y dijo el rey a Sadoc, el sacerdote: «Ved tú, retorna a la ciudad en paz; y Aquimaás, tu hijo, y Jonatás el hijo de Abiatar, los dos hijos vuestros, con vosotros; ved; yo soy: acampo en las llanuras del desierto, hasta venir palabra de vosotros a anunciarme». Y volvió Sadoc y Abiatar el arca de Dios a Jerusalén, y asentóse allí. Y David subió en la subida de los olivos, subiendo y llorando, y la cabeza cubierta; y él iba descalzo; y todo el pueblo con él cubrió cada varón su cabeza; y subieron subiendo y llorando. Y se anunció a David, diciendo: «También Aquitofel entre los coligados con Absalón». Y dijo David: «Disipa ahora el consejo de Aquitofel, Señor, mi Dios». Y fue David caminando hasta la cumbre; donde adoró allí a Dios; y he aquí, a su encuentro, Cusaí, el príncipe amigo de David, rasgada su túnica, y tierra sobre su cabeza. Y díjole David: «Si acaso pasares conmigo, serás sobre mí para carga. Y, si volvieres a la ciudad, dirás a Absalón: Han pasado tus hermanos, y el rey, en pos de mí ha parado tu padre; y ahora, niño tuyo soy, rey: déjame vivir; niño de tu padre era yo entonces y denantes; y ahora, siervo tuyo(f)»; y disiparás el consejo de Aquitofel. Y ve allí contigo Sadoc y Abiatar, los sacerdotes, y será: —toda palabra que oyeres de casa del rey, anunciarás a Sadoc y a Abiatar, los sacerdotes. Ve allí con ellos, dos hijos de ellos: Aquimaás hijo de Sadoc y Jonatás, hijo de Abiatar; y enviad en manos de ellos, a mí, toda palabra que oyereis». Y entró Cusaí el amigo de David, en la ciudad; y Absalón acababa de irse a Jerusalén. David y Semeí David pasó un poco de la cumbre y he aquí Sibá, el jovencillo de Mefiboset vino a su encuentro; y una pareja de asnos enalbardados, y sobre ellos, doscientos panes, y cien pasas(a) y cien de dátiles, y un odre de vino. Y dijo el rey a Sibá: «¿Qué es esto a ti(b)?» Y dijo Sibá: «La pareja para la familia del rey, a montar; y los panes y los dátiles para comida a los jovencillos; y el vino a beber, para los desfallecidos en el desierto». Y dijo el rey: «¿y dónde, el hijo de tu señor?» Y dijo Sibá al rey: «He aquí asentado está en Jerusalén, porque dijo: «Hoy devolveránme la casa de Israel el reino de mi padre». Y dijo el rey a Sibá: «He aquí para ti, cuanto es de Mefiboset». Y dijo Sibá, adorando: «¡Encuentre yo gracia en tus ojos, mi señor rey!». Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí, de allí un varón salía, de parentela de casa de Saúl; y su nombre: Semeí, hijo de Gerá; salió avanzando y maldiciendo y apedreando en piedra a David y todos los niños del rey David; y todo el pueblo estaba, y todos los potentes, a derecha y a izquierda del rey. Y así decía Semeí, al maldecirle: «¡Sal, sal, varón de sangres y varón el inicuo! ha vuelto sobre ti el Señor todas las sangres de la casa de Saúl; pues has reinado por él; y ha dado el Señor el reino en mano de Absalón tu hijo; y he aquí tú, en tu mal; porque eres varón de sangre, tú». Y dijo Abisaí, hijo de Sarvía, al rey: «¿Por qué maldice el perro, el muerto éste, a mi señor, al rey? Pasaré ahora, y arrancaré su cabeza». Y dijo el rey: «¿Qué a mí y a vosotros, hijo de Sarvía(c)? Y dejadle, y así maldiga; pues el Señor le ha dicho maldecir a David; y quién dirá: ¿Por qué has hecho así?». Y dijo David a Abisaí y a todos sus niños: «He aquí el hijo, el salido de mi vientre, busca mi alma, y mucho más ahora el hijo de Jeminí(d); dejadle maldecir, pues se lo ha dicho el Señor; por si acaso repara el Señor en mi humillación; y me vuelve el Señor bienes por la maldición de él este día». Y anduvo David y todos sus varones en el camino; y Semeí iba por la falda del monte, junto a él, yendo y maldiciendo y apedreando en piedras por el lado de él y con polvo tirando. Y llegó el rey y todo el pueblo con él, fatigados; y respiraron allí. Y Absalón y todo varón de Israel entraron en Jerusalén y Aquitofel con él. Y aconteció cuando vino Cusaí, el príncipe amigo de David a Absalón, que dijo Cusaí a Absalón: «¡Viva el rey!» Y dijo Absalón a Cusaí: «¿Esta es tu misericordia con tu amigo? ¿Por qué no te has ido con tu amigo?». Y dijo Cusaí a Absalón: «No; sino que en pos del que ha elegido el Señor y este pueblo y todo varón de Israel, de él seré y con él asentaréme; y, lo segundo, ¿a quien yo serviré, acaso no ante la faz de su hijo? Así como serví a la faz de tu padre, así seré a tu faz». Y dijo Absalón a Aquitofel: «Tráenos consejo: ¿qué haremos?» Y dijo Aquitofel a Absalón: «Entra a las concubinas de tu padre, las que ha dejado para guardar su casa; y oirá todo Israel, que has acabado de avergonzar a tu padre; y se envalentonarán las manos de todos los contigo». Y clavaron la tienda para Absalón sobre el terrado; y entró Absalón a las concubinas de su padre a los ojos de todo Israel. Y el consejo de Aquitofel que aconsejó en los días primeros fue al modo que alguno consulta en la palabra de Dios: Así todo el consejo de Aquitofel era de confianza tanto para David como para Absalón. Confunde Dios a Aquitofel Y dijo Aquitofel a Absalón: «Me elegiré ahora doce millares de varones, y me levantaré y perseguiré en pos de David, de noche; y vendré sobre él, y él, trabajado y fatigado de manos, le espantaré; y huirá todo el pueblo el con él; y percutiré al rey muy solo, y volveré todo el pueblo a ti, del modo que vuelve la desposada a su marido(a). Tan solo el alma de un varón tú buscas; y para todo el pueblo habrá paz». Y recta la palabra en ojos de Absalón y en ojos de todos los ancianos de Israel. Y dijo Absalón: «Llamad ahora también a Cusaí, el de Arac, y oigamos lo que en su boca, también de él». Y entró Cusaí a Absalón, y díjole Absalón, diciendo: «Según esta palabra ha hablado Aquitofel: ¿haremos según su palabra? Y, si no, tú habla». Y dijo Cusaí a Absalón: «No es bueno, este consejo que ha aconsejado Aquitofel, esta vez». Y dijo Cusaí: «Tú sabes que a tu padre y sus varones como potentes son sobremanera, y muy amargos en su alma; cual osa deshijada en campo y como jabalina áspera en la llanura(b); y tu padre, varón guerrero, y no disolverá al pueblo. Pues he aquí él ahora escondido está en alguna de las colinas o en alguno de los lugares; y será al caer sobre ellos, al principio, oirá oyendo y dirá: «Ha sido hecha plaga en el pueblo tras de Absalón»; también él mismo, hijo de fuerza, cuyo corazón así como el corazón del león, deshaciéndose desharáse; pues sobre todo Israel que potente tu padre e hijos de potencia los con él. Pues así aconsejando he aconsejado: juntando juntárase contigo todo Israel, desde Dan y hasta Bersabé, como la arena sobre el mar en muchedumbre, y tu rostro caminando en medio de ellos. Y llegaremos a él a alguno de los lugares donde le hallemos allí, y acamparemos sobre él, como cae el rocío sobre la tierra, y no dejaremos en él y sus varones, con él, ni siquiera uno. Y, si en la ciudad se juntare, tomárase todo Israel contra aquella ciudad cuerda y la arrastraremos hasta el torrente, para que no quede allí ni una piedra». Y dijo Absalón y todo varón de Israel: «Bueno es el consejo de Cusaí el de Arac, sobre el consejo de Aquitofel». Y el Señor mandó disipar el consejo de Aquitofel, el bueno, para traer el Señor sobre Absalón los males todos. Cusaí, el de Arac, a Sadoc y Abiatar, los sacerdotes: «Así y así ha aconsejado Aquitofel a Absalón y los ancianos de Israel y así y así he aconsejado yo. Y ahorá enviado presto y anunciad a David, diciendo: «No pernoctes la noche en las llanuras del desierto, sino que pasando, apresúrate, no sea que se trague el rey y todo el pueblo con él. Y Jonatás y Aquimaás se estaban en la fuente Rogel; y fue la niña y anuncióles y ellos van y anuncian al rey David, porque no podían manifestarse para entrar en la ciudad. Y vióles un jovencillo, y anunció a Absalón y fueron los dos rápidamente, y entraron en la casa de un varón en Barurím, y él tenía una cisterna en el atrio, y bajaron allá. Y tomó la mujer y extendió el velo sobre la faz de la cisterna, y secó sobre él perlada; y no se conoció palabra. Y vinieron los niños de Absalón a la mujer, a la casa, y dijeron: «¿Dónde Aquimaás y Jonatás?» Y díjoles la mujer: «Pasaron un poco del agua, y buscaron, y no hallaron y volvieron a Jerusalén». Y aconteció, después de retirarse ellos, que subieron de la cisterna, y fueron y anunciaron al rey David, y dijeron a David: «Levantaos y pasad presto el agua; pues así aconsejó acerca de vosotros Aquitofel». Y levantóse David y todo el pueblo con él, y pasaron el Jordán, hasta la luz del alba, hasta uno no faltó que no pasara el Jordán. Y Aquitofel vio que no se hizo el consejo de él, y ensilló su asna, y levantóse y se fue a su casa, a su ciudad; y mandó a su casa, y se estranguló y murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre. Y David pasó a Manaím; y Absalón atravesó el Jordán, él con todo varón de Israel con él. Y a Amasá puso Absalón en lugar de Joab sobre la fuerza; y Amasá, hijo de un varón y su nombre Jetrá, el jezraelita; éste entró a Abigaíl, hija de Naás, hermano de Sarvía, madre de Joab. Y acampó todo Israel y Absalón en la tierra de Galaad. Y aconteció: cuando vino David a Manaím, que Sabí, hijo de Naás, de Rabat de hijos de Amón, y Maquir, hijo de Amiel, de Ladabar y Berzelaí, el galaadita, de Roquelin(c). Diez lechos de dobles mantas, y calderos diez(d), y vasos barrizos, y trigo y cebada, y harina y perlada y alubias y lentejas; y miel y manteca, y abejas y queso de vaca, trajeron a David y el pueblo con él, a comer, porque dijeron: «El pueblo está hambriento y desfallecido y sediento en el desierto». Derrota y muerte de Absalón Y revistó David el pueblo con él, y puso sobre ellos príncipes de mil y príncipes de ciento. Y envió David el pueblo, el tercio, en mano de Joab, y el tercio en mano de Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab; y el tercio en mano deEtaí, el teteo; y dijo David al pueblo: «Saliendo saldré también yo con vosotros». Y dijeron: «No saldrás porque, si con huida huimos, no pondrán sobre nosotros corazón(a); aunque muriésemos la mitad de nosotros no es bueno que estés, para nosotros en la ciudad: auxilio para auxiliar». Y díjole el rey: «Lo que pluguiere en vuestros ojos, haré». Y púsose el rey a la mano de la puerta; todo el pueblo salía por centenares y por millares. Y mandó el rey a Joab, y a Abisaí y a Etaí, diciendo: «Perdonadme al jovencillo, a Absalón». Y todo el pueblo oyó al rey mandando a todos los príncipes acerca de Absalón. Y salió todo el pueblo a la selva en frente de Israel; y fue la guerra en la selva de Efraín. Y derribóse allí el pueblo de Israel a la faz de los niños de David; y fue la plaga grande en aquel día: veinte millares de varones. Y fue allí la guerra dispersa sobre la faz de toda la tierra; y se multiplicó la selva el devorar del pueblo(b), sobre los que devoró en el pueblo la cuchilla aquél día. Y encontróse Absalón a faz de los niños de David, y Absalón estaba sentado sobre su mula; y paró la mula bajo lo tupido de la encina la grande; y enredóse en torno su cabeza en la encina y colgó en medio del cielo y en medio de la tierra, y la mula por debajo de él pasó. Y lo vio un varón y lo anunció a Joab y dijo: «He visto a Absalón colgado en la encina». Y dijo Joab al varón al que anunciaba: «Y he aquí has visto: ¿qué, por qué no le percutiste allí en tierra? Y yo te hubiera dado diez(c) de plata y un cinturón?». Y dijo el varón a Joab: «Y. yo soy ¡peso en mis manos mil siclos de plata! y no pondré, no, la mano mía sobre el hijo del rey, pues en nuestras orejas te mandó el rey y a Abisaí y a Etaí, diciendo: «Guardadme al jovencillo, a Absalón»; para no hacer en su alma cosa injusta, y toda palabra no se ocultará al rey, y tú estarías en contra». Y dijo Joab: «Esto yo emprenderé: no así me quedaré a faz de ti». Y cogió Joab tres dardos en su mano, y clavólos en el corazón de Absalón, aún vivo él, en el corazón(d) de la encina. Y cercaron diez jovencillos, llevando las armas de Joab, y percutieron a Absalón y le mataron. Y trompeteó Joab en cuerno y volvió el pueblo para no perseguir en pos de Israel; pues perdonaba Joab al pueblo. Y tomó a Absalón y arrojóle a hendedura grande en la selva, al hoyo grande y levantó sobre él un acervo de piedras grandes sobremanera; y todo Israel huyó —varón a su tienda. Y Absalón aún vivo, tomara y pusiérase el monumento en que fue recibido(e), y monumentáralo para coger(f) el monumento el del valle del rey; porque dijo que no tiene(g) hijo para que rememorara su nombre». Y llamó el monumento, de su nombre y llamó el monumento: «Mano(h) de Absalón», hasta este día. Y Aquimaás, hijo de Sadoc dijo: «Correré ahora y bien anunciaré al rey que ha juzgado Señor de la mano de sus enemigos». Y díjole Joab: «No serás varón de buena nueva, tú en este día, y bien anunciarás en día otro, y en este día no bien anunciarás; por cuanto el hijo del rey ha muerto. Y dijo Joab a Cusaí: «Yendo anuncia al rey cuanto has visto». Y adoró Cusaí a Joab y salió. Y añadió aún Aquimaás, hijo de Sadoc, y dijo a Joab: «También será que correré asimismo yo en pos de Cusaí». Y dijo Joab: «¿A qué tú esto corres, hijo mío? ¡Acá! no hay para ti buena nueva, de provecho, si vas». Y dijo: «¿Pues qué, si corro?» Y díjole Joab: «Corre». Y corrió Aquimaás el camino el del centro, y se adelantó a Cusaí. Y David estaba sentado en medio de las dos puertas; y fue el atalaya al terrado de la puerta, junto al muro, y levantó sus ojos, y vio y he aquí un varón corriendo solo, a faz de él. Y exclamó el atalaya y avisó al rey, y dijo el rey: «Si está solo, es buena nueva en boca de él». Y venía viniendo y acercándose. Y vio el atalaya a varón otro corriendo, y clamó el atalaya junto a la puerta, y dijo: «Y he ahí varón otro, corriendo solo». Y dijo el rey: «También ese, bien anunciando». Y dijo el atalaya: «Yo veo la corrida del primero como corrida de Aquimaás, hijo de Sadoc». Y dijo el rey: «Varón bueno, éste; también a nueva buena vendrá». Y clamó Aquimaás y dijó al rey: ¡«Paz»! Y adoró al rey sobre su rostro, sobre la tierra y dijo: «Bendito Señor, tu Dios quien encerró a los varones los que alzaron su mano contra mi señor el rey». Y dijo el rey: «¿Paz al jovencillo, a Absalón?» Y dijo Aquimaás: «He visto la muchedumbre la grande, cuando ha enviado al siervo del rey Joab y al siervo tuyo; y no supe qué ocurrió allí». Y dijo el rey: «Vuélvete y estáte ahí». Y se volvió y paró. Y he aquí Cusaí llegaba, y dijo al rey: «Bien anunciado esté mi señor, el rey, porque ha juzgado para ti Señor hoy, de mano de todos los que se levantaron contra ti». Y dijo el rey: «¿Si paz al jovencillo, a Absalón?» Y dijo Cusaí: «Háganse como el jovencillo todos los enemigos de mi señor, el rey; y todos cuantos se han alzado sobre él para mal». (19:1) Y conturbóse el rey, y subió al terrado de la puerta, y lloró; y así dijo, mientras iba él: «Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío, Absalón, ¿quién diera la muerte mía por la tuya? ¡Yo por ti... Absalón, hijo mío, hijo mío!». Luto del rey, vuelve a Jerusalén y perdona. (19:2) Y se anunció a Joab, diciendo: «He aquí el rey llora y plañe sobre Absalón.» Y fue hecha la salvación, en aquel día, luto para todo el pueblo; pues oyó el pueblo, en aquel día, decir: «Que se aflige el rey por su hijo.» Y escabullíase el pueblo, en aquel día, entrando en la ciudad; así como se escabulle el pueblo: los avergonzados, por haber ellos huido en la guerra. Y el rey cubrió su rostro, y vociferó con voz grande, diciendo: «¡Hijo mío, Absalón! ¡Absalón, hijo mío!» Y entró Joab al rey, a la casa, y dijo: «Has afrentado hoy los rostros de todos tus siervos, que te han salvado hoy, y al alma de tus hijos y de tus hijas, y al alma de tus mujeres y al alma de tus concubinas; amando a los que aborrecen y aborreciendo a los que te aman. Y has anunciado hoy que no son tus príncipes ni niños; pues he conocido hoy que, si Absalón viviere, y todos nosotros hoy estuviéramos muertos, entonces eso sería lo recto en tus ojos.» Y ahora, levantándote, sal y habla al corazón de tus siervos; pues en el Señor he jurado que, si no salieres hoy ¡no pernoctará varón contigo esta noche!... Y sábete que también este mal será para ti(a), sobre todo el mal que te ha venido desde tu juventud hasta ahora.» Y se levantó el rey y sentóse en la puerta y todo el pueblo —avisaron diciendo: «He aquí el rey sentado está en la puerta.» Y entró todo el pueblo a rostro del rey, a la puerta; e Israel huyó —varón a sus tiendas. Y estaba todo el pueblo riñendo en todas las tribus de Israel, diciendo: «El rey David nos ha librado de todos nuestros enemigos; y él nos ha sacado de mano de los filisteos; y ahora ha huido de la tierra y de su reino, y de Absalón. Y Absalón, a quien ungiéramos sobre nosotros, ha muerto en la guerra; y ahora ¿por qué vosotros sordomudos estáis para reducir al rey?» Y la palabra de todo Israel vino al rey. Y el rey David envió cerca de Sadoc y de Abiatar, los sacerdotes, diciendo: «Hablad a los ancianos de Judá, diciendo: «¿Por qué os hacéis último para reducir al rey a su casa? Y palabra de todo Israel ha venido al rey, a su casa. Hermanos míos, vosotros, huesos míos y carne mía, vosotros, ¿por qué os hacéis últimos para devolver al rey a su casa?» Y a Amasá diréis: «¿Acaso tú no eres hueso mío y carne mía? Y ahora esto háganse Dios y esto añada, si no príncipes de ejército fueres a faz mía todos los días en lugar de Joab.» E inclinó el corazón de todo varón de Judá como de un solo varón. Y enviaron cerca del rey diciendo: «Vuelve tú y todos los siervos tuyos.» Y volvió el rey y vino hasta el Jordán; y los varones de Judá vinieron a Galgal al encuentro del rey, para pasar al rey por el Jordán. Y se apresuró Semeí, hijo de Gerá, hijo de Jeminí, de Bahurim, y bajó con varón de Judá al encuentro del rey David, y mil varones con él, de Benjamín, y Sibá, el jovencillo de la casa de Saúl y quince hijos suyos con él y veinte siervos suyos con él. Y lanzáronse por elJordán antes que el rey; y ministraron el ministerio de pasar al rey; y pasó la pasada para alzar la casa del rey, y hacer lo recto en ojos de él; y Semeí, hijo de Gerá cayó sobre su rostro a faz del rey, pasando él el Jordán; y dijo al rey: «No ya considere mi señor la iniquidad, y no recuerde cuánto delinquió tu niño en el día que mi señor salía de Jerusalén, para ponerlo el rey en su corazón. Porque ha conocido tu siervo que yo pequé, y he aquí yo he venido hoy primero que todo Israel y casa de José para bajarme al encuentro de mi señor, el rey.» Y respondió Abisaí, hijo de Sarvía y dijo. «¿Acaso por esto no será muerto Semeí porque maldijo al ungido del Señor?» Y dijo David: «¿Qué a mí y a vosotros hijos de Sarvía, porque os hacéis para mí hoy adversario? Hoy no será muerto varón alguno de Israel; porque no sé si hoy reino yo sobre Israel.» Y dijo el rey a Semeí: «No morirás, no»; y juróle el rey. Y Mefiboset, hijo del hijo de Saúl, bajó al encuentro del rey; y no curara sus pies, ni cortara sus uñas, ni hiciera su barba; y sus vestidos no lavara desde el día que se fue el rey hasta el día que él llegó en paz. Y aconteció, cuando entró en Jerusalén, al encuentro del rey, que díjole el rey: «¿Qué, por qué no fuiste conmigo, Mefiboset?» Y díjole Mefiboset: «Mi señor rey, mi siervo me engañó, pues díjole tu niño: «Aparéjame el asno, y subiré en él e iré con el rey, porque cojo, tu siervo; y se descarrió en tu siervo para con mi señor, el rey; y mi señor el rey, como un ángel de Dios; y haz lo bueno en tus ojos. Pues no era toda la casa de mi padre sino varones de muerte para mi señor, el rey; y pusiste a tu siervo entre los que comen tu mesa; y ¿a qué hay para mí ya derecho? ¡Y para haber voceado yo ya al rey!» Y le dijo el rey: «¿Por qué hablas ya tus palabras?. He dicho: Tú y Sibá dividíos el campo.» Y dijo Mefiboset al rey: «También él todo llévese después de volver mi señor, el rey en paz, a su casa.» Y Berzelaí, el galaadita bajó de Rogelim y pasó, con el rey el Jordán, para acompañarle por el Jordán. Y Berzelaí, varón anciano sobremanera, hijo de ochenta años, y él sustentara al rey cuando habitaba en Mahanaún, pues varón grande era sobremodo. Y dijo el rey a Berzelai: «Tú para conmigo y yo sustentaré tu vejez en Jerusalén.» Y dijo Berzelaí al rey: «¿Cuántos los días de años de mi vida, para subir con el rey a Jerusalén? Hijo de ochenta años yo soy hoy; ¡si ya conoceré en medio de bueno y malo, por desgracia!(b) ¡Si gozará tu siervo todavía con lo que como y bebo! ¿O escucharé todavía voz de cantores y cantatrices? Y ¿a qué será todavía tu siervo para carga sobre mi señor el rey? Apenas pasará tu siervo el Jordán con el rey; ¿y por qué me retribuirá el rey esta retribución? Siéntese ya tu siervo; y moriré en mi ciudad a par de la tumba de mi padre y de mi madre; y he aquí tu siervo Camaam, pasará con mi señor el rey; y haz lo bueno en tus ojos.» Y dijo el rey: «Conmigo pase Camaam, y yo le haré lo bueno en mis ojos; y todo cuanto me pidieres te haré.» Y pasó todo el pueblo el Jordán; y el rey pasó, y besó tiernamente el rey a Berzelaí, y le bendijo; y volvió a su lugar. Y pasó el rey a Galgal, y Camaam pasó con él; y todo el pueblo de Judá, pasando con el rey, y también la mitad del pueblo de Israel. Y he aquí todo varón de Israel —llegáronse al rey; y dijo al rey: «¿Por qué, que te han robado nuestros hermanos —varón de Judá y pasado al rey y su casa por el Jordán, y todos los varones de David con él?»(c). Y respondió todo varón de Judá a varón de Israel; y dijeron: «Por cuanto se acerca a mí el rey; y ¿por qué te has airado así por esta palabra?(d) ¿Acaso con sustento hemos comido del rey, o dádiva ha dado o selección ha alzado para nosotros?» Y respondió el varón de Israel al varón de Judá y dijo: «Diez manos(e) tengo en el rey; y primogénito yo, que no tu y también en David soy sobre ti; y ¿por qué esto(f) me has agraviado, y no se me consideró mi palabra primero que la de Judá de reducir yo al rey?» Y endurecióse(g) la palabra del varón de Judá sobre la palabra del varón de Israel. Rebelión y muerte de Sebá. Mata Joab a Amasá. Y hubo allí un nombrado hijo inicuo y su nombre: Sebá, hijo de Bocri, varón benjaminita; y trompeteó con el cuerno y dijo: «No tenemos parte en David; ni heredad tenemos en el hijo de Isaí; varón a tus tiendas Israel.» Y subió todo varón de Israel de en pos de David, en pos de Sebá, hijo de Bocrí; y varón de Judá adhirió al rey de ellos desde el Jordán y hasta Jerusalén. Y entró David a su casa, a Jerusalén; y tomó el rey las diez mujeres, sus concubinas que dejara a cuidar la casa; y diolas en casa de guarda y sustentólas y a ellas no entró y fueron detenidas hasta el día de su muerte como viudas vivientes. Y dijo el rey a Amasá: «Convócame al varón de Judá tres(a) días; y tú aquí estáte.»(b) Y fue Amasá a convocar a Judá desde el tiempo que le ordenara David. Y dijo David a Abisaí: «Ahora nos hará mal Sebá, hijo de Bocrí sobre Absalón; y ahora tú toma contigo los niños de tu señor y persigue en pos de él; no sea que se halle ciudades fortificadas; y sombreará(c) nuestros ojos.» Y salieron en pos de él Abisaí y los varones de Joab y el ceretí, y el feletí y todos los potentes; y salieron de Jerusalén a perseguir en pos de Sebá; hijo de Bocrí. Y ellos junto a la piedra la grande, la en Gabaón; y Amasá vino delante de ellos; yJoab, circunceñido de túnica, su vestidura, y sobre ella, ceñido de cuchilla, pegada a su muslo, en su vaina; y la cuchilla salió y ella salió y cayó(d). Y dijo Joab a Amasá: «¿Si estás bien tú, hermano? Y cogió la mano derecha de Joab la barba de Amasá para tiernamente besarle. Y Amasá no se guardó de la cuchilla, la en la mano de Joab, e hirióle en ella Joab por el lomo, y derramóse su vientre por la tierra, y no se volvió contra él, y murió; y Joab y Abisaí, su hermano, persiguieron en pos de Sebá, hijo de Bocrí. Y un varón detúvose sobre él de los jovencillos de Joab y dijo: «¿Quién es el que quiere a Joab? ¿Y quién de David va en pos de Joab?» Y Amasá, salpicado en la sangre, en medio de la senda; y vio el varón que se paraba todo el pueblo; y retiró a Amasá, de la senda al campo; y tiró sobre él una vestidura, como viere a todo caminante, sobre él parado. Pero, después de sacado de la senda, pasó todo varón de Israel en pos de Joab, a perseguir en pos de Sebá, hijo de Bocrí. Y pasó(e), en todas las tribus de Israel, a Abelá y a Bet-Maacá; y todos en Carrí(f) también se congregaron y fueron detrás de él. Y llegaron y sitiaron sobre él en Abelá y Bet-Maacá y derramaron un vallado contra la ciudad y se levantó a par de las fortificaciones; y todo el pueblo con Joab pensaron derribar el muro. Y gritó una mujer sabia desde el muro y dijo: «Oíd, oíd; decid ahora a Joab: «Allégate hasta aquí, y hablaré contigo.» Y se fue allegando a ella; y dijo la mujer: «¿Si tú eres Joab?» Y él dijo: «Yo.» Y díjole: «Oye las palabras de tu sierva.» Y dijo Joab: «Oigo —yo soy.» Y dijo hablando: «Palabra hablarán entre primeros(g), diciendo: «Al interrogado interrogóse en Abelá, y en Dan, si ha faltado lo que pusieron los fieles de Israel.» Preguntando, preguntarán en Abelá, y así si ha faltado(h). Yo soy pacifico de las fortalezas de Israel; tú empero, buscas matar ciudad y metrópoli en Israel. ¿Por qué abismas la heredad del Señor?» Y, respondió Joab y dijo: «¡Lejos de mí!, lejos de mí, si abismare yo y si pendiere; no así la palabra; porque un varón del monte Efraín (Sebá, hijo de Bocrí, su nombre) ha levantado su mano contra el rey David; dádmele sólo, y partiré de sobre la ciudad.» Y dijo la mujer a Joab: «He aquí la cabeza de él se lanzará a ti por el muro.» Y entró la mujer a todo el pueblo y habló a toda la ciudad en su sabiduría; y quitó la cabeza de Sebá, hijo de Bocrí; y quitó y lanzó hacia Joab; y trompeteó en cuerno, y dispersáronse, de la ciudad, por él —varón a sus tiendas; y Joab retornó a Jerusalén, al rey. Y Joab, sobre todas las fuerzas de Israel; y Banaías, hijo de Yoyadá, sobre el ceretí y sobre el feletí; y Aduram sobre el tributo; y Josafat, hijo de Ahilud, rememorador; y Sibá, escriba, y Sadoc y Abiatar, sacerdotes; y también Irá, el de Jarín, era príncipe cerca de David(i). Hambre. Muerte de hijos de Saúl. Triunfos de David. Y hubo hambre en los días de David, por tres años contiguos: Y buscó David el rostro del Señor; y dijo el Señor: «Es por Saúl y sobre su casa, la iniquidad, en muertes de sangres de él, por cuanto mató a los gabaonitas.» Y llamó el rey David a los gabaonitas, y díjoles. Y los gabaonitas no son hijos de Israel, sino tan sólo reliquias del amorreo; y los hijos de Israel les juraran un pacto; y buscó Saúl percutirlos, celando él a los hijos de Israel y Judá. Y dijo David a los gabaonitas: «¿Qué os haré y en qué desagraviaros, y bendeciréis la heredad del Señor?» Y dijéronle los gabaonitas: «No tenemos plata u oro para con Saúl y para con su casa; y no tenemos varón a quien matar en Israel.» Y dijo: «¿Qué vosotros decís, y os haré?» Y dijeron al rey: «El varón que ha acabado con nosotros y perseguídonos, el que maquinó exterminarnos; borrémosle para que no esté en todo confín de Israel. Danos siete varones de los hijos de él, y asoleémoslos(a) al Señor en Gabaón de Saúl elegidos(b) del Señor.» Y dijo el rey: «Yo daré.» Y perdonó el rey respecto a Mefiboset, hijo de Jonatás, hijo de Saúl, por el juramento del Señor, el en medio de ellos, y en medio de David y en medio de Jonatás, hijo de Saúl. Y tomó el rey los dos hijos de Resfá, hija de Ayá, los que parió a Saúl: a Armoní y a Mefiboset; y los cinco hijos de Micol, hija de Saúl, los que parió a Hadriel, hijo de Berzelaí, el de Molatí. Y dioles en mano de los gabaonitas, y los asolearon en el monte delante del Señor(c); y cayeron los siete ellos juntos; y ellos fueron muertos en días de siega, en los primeros, a principios de la siega de cebada. Y tomó Resfá, hija de Ayá el(d) saco y se lo clavó sobre la peña, a principios de la siega de cebada; hasta que destiló sobre ellos agua desde el cielo; y no dio que los volátiles del cielo reposaran sobre ellos, de día, y las fieras del campo, de noche. Y anuncióse a David cuanto hizo Resfá, hija de Ayá, concubina de Saúl; y deshiciéronse y recogiólos Dan, hijo de Joás de los descendientes de los gigantes(e). Y fue David y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatás, su hijo, de los varones de Jabés-Galaad; los que los robaran de la plaza de Betsán; pues los pusieron allí los filisteos en el día que percutieron los filisteos a Saúl en Gelboé. Y transportó de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatás, su hijo; y trajo al par los huesos de los asoleados. Y sepultaron los huesos de Saúl y los huesos de Jonatás, su hijo, y los huesos de los asoleados, en tierra de Benjamín, en la ladera, en el sepulcro de Cis, su padre; e hicieron todo cuanto mandara el rey; y escuchó Dios a la tierra, después de esto. Y tuvieron aún guerra los filisteos con Israel; y bajó David y sus niños con él, y guerrearon con los filisteos; y se fue(f) David; y Jesbí, de Nob, que era entre los descendientes de Rafá(g); —y el peso de su lanza(h); trescientos siclos en peso de bronce; y él, ceñido de clava; y pensó percutir a David. Y le socorrió Abisaí, hijo de Sarvía, y percutió el filisteo y le mató. Entonces juraron los varones de David, diciendo: «No saldrás ya con nosotros a guerra; y no apagarás, no, la lámpara de Israel.» Y hubo, después de esto, aún guerra, en Gob, con los filisteos; entonces percutió Sobocaí, el husatí, a Saf, el entre los descendientes de Rafá. Y hubo la guerra, en Gob, con los filisteos; y percutió Elhanam, hijo de Ariorgim(i), el betlemita, a Goliat(j), el geteo; y el astil de su lanza como madero de tejedores—. Y hubo aún guerra en Get, y había un varón guerrero, y los dedos de sus manos y los dedos de sus pies: seis y seis; veinticuatro en número; y también él naciera a Rafá. E improperó a Israel y percutióle Jonatás, hijo de Semaá, hermano de David. Estos cuatro nacieron descendientes de los gigantes, en Get, a Rafá(k), casa; y cayeron en mano de David y en mano de sus siervos. Epinicio de David Y habló David al Señor las palabras de este cantar, en el día que le salvó el Señor de mano de todos sus enemigos y de mano de Saúl; y dijo: «Señor, mi peña y mi fortaleza y mi salvador; mi Dios, mi guarda me será; confiado estaré en él.Escudador mío y cuerno de mi salud,acogedor mío y refugio míode mi salud, del mismo me salvarás. Al Loable invocaré, al Señor;y de mis enemigos me salvaré. Que me han cercado quebrantos de muerte;torrentes de iniquidad me aterraron. Dolores puerperales de muerte(a) circundáronme; preocupáronme asperezas de muerte, Atribulándome invocaré al Señor;y a mi Dios clamaré.Y escuchará, desde su templo, mi vozy mi clamor, en sus orejas. Y turbóse y estremecióse la tierra;y los fundamentos del cielo conturbáronsey sacudiéronse, pues se airó el Señor con ellos. Subió humo, en su ira;y fuego de su boca, devorará:brasas inflamáronse por él. E inclinó cielos y descendió;y tinieblas por debajo de sus pies. Y asentóse sobre los querubines, y voló;y pareció sobre alas de viento; y puso tinieblas como escondite suyo;en torno de él, su pabellón: tinieblas de aguacondensó en nubes de aire; del fulgor delante de élinflamáronse brasas de fuego. Tronó del cielo el Señor;y el Altísimo dio su voz. Y despidió dardos; y disipóles;y relampagueó relámpago y aterróles. Y aparecieron hendeduras de mar;y descubriéronse fundamentos del orbeen la increpación del Señor,por ráfaga de hálito de su furor. Envió de lo excelso, y cogióme;y extrájome de aguas muchas. Me libró de mis enemigos de poder,de los que me odiaban, pues prevalecieran sobre mí Asaltáronme días de mi tribulación;e hízome el Señor, afianzamiento mío; y sacóme a la anchuray me libró; pues complacióse en mí. Y me retribuyó el Señor según mi justicia;y según la pureza de mis manos, me retribuyó(b). Porque guardé los caminos del Señor,y no delinquí contra mi Dios. Porque todos sus juicios, por delante de mí,y sus justificaciones (c) —no me desvié de ellos. Y seré intachable para con él;y me guardaré de mi iniquidad. Y me retribuirá el Señor según mi justiciay según la pureza de mis manos por delante de sus ojos. Con santo te santificarás;y con varón perfecto te perfeccionarás. Y con elegido serás;y con perverso te pervertirás. Y al pueblo el indigente salvarás;y ojos en encumbrados humillarás. Porque tú, mi lámpara, Señor;y Señor me esplendorará mis tinieblas. Porque, en ti, correré sólo ceñido(d)y, en mi Dios, salvaré muro. El Fuerte-intachable, su camino;la palabra del Señor, poderosa, acrisolada;escudador es a todos los confiados en él. ¿Quién, fuerte, sino el Señor?y ¿quién creador será sino nuestro Dios? El Fuerte, quien me robustece con poder;y sacudió(e) inmaculada mi vía. Poniendo mis pies cual de ciervos;y sobre lo excelso colocándome. Enseñando mis manos a la guerra,y quebrantando arco broncineo en mi brazo. Y dísteme escudamiento de mi salud,y tu vida multiplicóme. Y anchura, a mis pisadas bajo de mí,y no zozobrarán mis muslos. Perseguiré a mis enemigos, y desvanecerélosy no retornaré hasta consumirlos. Y acabarélos y quebrantarélos, y no resurgirán,y caerán debajo de mis pies. Y me fortalecerás con poder a la guerra;doblegarás a mis adversarios debajo de mí. Y mis enemigos me diste de espalda,los que me odiaban, y los mataste. Clamarán —y no hay amparador—al Señor, y no les ha oído. Y los he triturado como polvo de tierra,como lodo de vías deshécholes. Y me salvarás de batalla de pueblos;me guardarás para cabeza de gentes;pueblo que no he conocido, me sirven, hijos ajenos me han halagado:a oída de aurícula oídome. Hijos ajenos se postrarány estremecerán desde sus alcázares. ¡Vive el Señor y bendito mi Dios,el guarda mi salud! Fuerte Señor, el que me da venganzas,sometiendo pueblo debajo de mí, y sacándome de entre mis enemigos;y de entre los que se alzan contra mí, me enaltecerás,de varón de iniquidades me salvarás. Por esto, te confesaré, Señor, en las gentes,y en tu nombre cantaré, engrandeciendo las salvaciones de su rey,y haciendo misericordia a su ungido:a David y su simiente por siempre. Últimas palabras de David. Censo de los campeones. Y estas las palabras de David, las postreras:«Fiel(a) David, hijo de Isaí,y fiel varón a quien levantó el Señor en ungido del Dios de Jacob;y autor de apacibles salmos de Israel. Dice el Dios de Israel,me habló el guarda de Israel parábola; dije en hombre:«¿Cómo confirmaremos temor de ungido, ha hablado el Dios de Jacob, la roca de Israel me ha dicho:un justo dominador de los hombres, dominador en el temor de Dios, como la luz de Dios de la mañana.?» Cuando salga el sol en una mañana sin nubes.A sus rayos, después de la lluvia, se yergue la hierba en la tierra. ¿Qué no es así mi casa para con el Fuerte?; pues pacto eterno me ha pactado,dispuesto en todo tiempo guardado;pues toda mi salud y toda mi voluntad(b),y no germinará el inicuo. Así como espina arrojada, todos estos,pues no con mano serán tomados; y varón no trabajará en ellos;y llenos de fierro; y leño de lanza(c),y en fuego arderá, y quemaránse en su ignominia.» Estos, los nombres de los poderosos de David: Joseb, el cananeo, príncipe de los tres(d) es; Adimón, el asoneo, —éste desenvainó su cuchilla sobre ochocientos soldados, de una vez. Y, después de él, Eleazar, hijo de hermano paterno de él, hijo de Dudí, hijo de Ahohí: el entre los tres poderosos con David; y al provocar él entre los filisteos, juntáronse allí en guerra; y subió varón de Israel; él se levantó y percutió en los filisteos; hasta que se fatigó su mano, y se pegó su mano a la cuchilla; e hizo el Señor salud grande en aquel día, y el pueblo asentóse en pos de él, sólo para saquear(e). Y, después de él, Samá, hijo de Agé, del ararita. Y se juntaron los filisteos en Fieras(f); y había allí una parte del campo llena de lenteja; y el pueblo huyera del rostro de los filisteos. Y cuadróse en medio de la parte y libróla y percutió a los filisteos, e hizo el Señor salud grande. Y bajaron tres de los treinta, y bajaron a Casón(g) a David, a la caverna Adolam, y un escuadrón de filisteos acamparon en el Valle de Rataím(h). Y David entonces en la circunvalación; y una estación de los filisteos, entonces en Belén. Y deseó David y dijo: «¿Quién me dará a beber agua de la cisterna, la en Belén, la en la puerta?» Y la estación de los filisteos, entonces en Belén. Y rompieron los tres poderosos al través del campamento de los filisteos, y aguaron agua de la cisterna, la en Belén, la en la puerta y tomaron y llegaron a David; y no quiso beberla, y libóla al Señor; y dijo: «Lejos de mí, Señor, hacer esto, su(i) sangre de los varones de los que fueron, en las almas de ellos(j), yo bebiere.» Y no quiso beberla. Esto hicieron los tres poderosos. Y Abisaí el hermano de Joab, hijo de Sarvía, él, príncipe en los tres, y él suscitó su lanza sobre trescientos occisos; y a él nombre en los tres; entre aquellos tres, glorioso, y fueles en príncipe; y a los tres(k) no llegó, y Banaías, hijo de Yoyadá, varón él, mucho en obras, de Cabseel, él percutió a los dos hijos de Ariel(l), de Moab; y él bajó y percutió el león, en medio de la cisterna en el día de la nieve. E1 percutió al varón, al egipcio, varón expectable; y en la mano del egipcio lanza, como madero de escala; y bajó a él en vara y arrebató la lanza de la mano del egipcio, y matóle en la lanza de él. Esto hizo Banaías, hijo de Yoyadá, y a él, nombre en los tres, los poderosos, entre los tres(m) glorioso; y a los tres no llegó(n); y constituyóle David para sus oídas(o).Y estos los nombres de los poderosos de David el rey: Asael, hermano de Joab; éste, entre los treinta; Elenán, hijo de Dudí, hermano paterno de él, en Belén, Semá, el arodita; Elicá, el arodita; Helés, el faltita; Hirá, hijo de Accés, el tecuita; Abiezer, el anatotita; Mobonai, el husatita. Selmón, el ahodita; Hamarai el netofatita; Heled, hijo de Baaná, el netofatita; Itaí, hijo de Ribai, de Gabaat de hijos de Benjamín; Banaía, faratonita; Hedaí, del torrente Gaás; Abialbón el arbatita; Azmavet, el beronita; Eliabá, el salabonita; de los hijos de Jasén: Jonatás, Semá, el ororita; Ayam, hijo de Sarar, el aronita; Elifelet, hijo de Aasbai, hijo del macatita; Eliam, hijo de Aquitofel, el gebonita; Hesraí, el carmelita; Farai, el arbita; Ygaal, hijo de Natán de Sobá; Boní, el gadita, Selec, el amonita; Naharí, el berotita, los armígeros de Joab, hijo de Sarvía; Irá, el yetrita, Yareb, el yetrita; Urías, el heteo; todos ellos treinta y siete. Censo militar, y su castigo. Y prosiguió la ira del Señor inflamándose en Israel; y excitó a David entre ellos diciendo: «Anda cuenta a Israel y a Judá.» Ydijo el rey de Joab, príncipe de la fuerza(a), con él: «Recorre ahora todas las tribus de Israel y Judá desde Dan y hasta Bersabé; y cuenta el pueblo, y conoceré el número del pueblo.» Y dijo Joab al rey: «Y añada el Señor, tu Dios, al pueblo, y así como ellos(b) el céntuplo, y ojos de mi señor el rey, viendo(c) y ¿mi señor, el rey, por qué quiere en esta palabra?» Y prevaleció la palabra del rey a Joab y a todos los príncipes de la fuerza; y salió Joab y los príncipes de la fuerza a faz del rey a revistar al pueblo, a Israel. Y pasaron el Jordán, y acamparon en Aroer, a la diestra de la ciudad la en medio del valle Gad y Yazer. Y vinieron a Galaad y a la tierra baja Hodsí, y llegaron a Dan Yaán y rodearon a Sidón. Y vinieron al fuerte de Tiro y a todas las ciudades del heveo y del cananeo; y vinieron, por el mediodía de Judá y Bersabé; y recorrieron toda la tierra; y llegaron al fin de nueve meses y veinte días a Jerusalén. Y dio Joab el número de la cuenta del pueblo al rey; y fue Israel ochocientos millares de varones de fuerza, tirando espada; y varón de Judá quinientos millares de varones batalladores. E hirió el corazón de David a él(d), después de contar al pueblo; y dijo David al Señor: «He pecado sobremanera por lo(e) que he hecho ahora, Señor; quita ya la iniquidad de tu siervo; pues he desvariado sobremanera.» Y levantóse David al alba; y palabra de Dios vino a Gad, el profeta, el vidente, diciendo: «Anda y habla a David, diciendo: Esto dice el Señor: Tres cosas: ¡Yo soy!, alzo sobre ti, y elígete una de ellas y te haré.» Y entró Gad a David, y anuncióle y díjole: «Elige qué se te haga; si ha de venirte, tres años, hambre en tu tierra; o tres meses huir tú a faz de tus enemigos, y estarán persiguiéndote; o haber tres días muerte en tu tierra; y ahora, pues, conoce y ve cuál he de contestar al que envió, palabra.» Y dijo David a Gad: «Estrechas cosas para mí, de todas partes sobremanera hay: caeré yo en manos del Señor; pues muchas sus conmiseraciones sobremanera; pero en manos de hombre no caiga, no.» Y eligióse David la muerte. Y los días de siega de trigo; y dio Dios muerte en Israel, desde el alba hasta hora de comer; y murieron del pueblo, desde Dan a Bersabé, setenta millares de varones. Y extendió el ángel de Dios su mano sobre Jerusalén para perderla; y se arrepintió el Señor sobre el mal y dijo al ángel, al que perdía en el pueblo: «¡Mucho ya! Retira tu mano.» Y el ángel del Señor estaba a la par de la era de Arevná, el jebuseo. Y dijo David al Señor, cuando vio al ángel herir en el pueblo, y dijo: «He aquí ¡yo soy!, he delinquido y yo he hecho mal; y éstos, las ovejas ¿qué han hecho? Sea ya tu mano contra mí y contra la casa de mi padre.» Yvino Gad a David en aquel día y le dijo: «Asciende y pon al Señor un altar en la era de Arevná, el jebuseo.» Y ascendió David, según la palabra de Gad, según lo que le mandó el Señor. Y atisbó Arevná y vio al rey y sus niños, arribando hacia él y salió Arevná y adoró al rey sobre su rostro, sobre la tierra. Y dijo Arevná: «¿Qué, por qué ha venido mi señor, el rey, a su siervo?» Y dijo David: «A adquirir de ti la era, para edificar un altar al Señor, y se detendrá el herimiento encima del pueblo.» Y dijo Arevná a David: «Tome y ofrende mi señor, el rey, al Señor lo bueno en sus ojos; he aquí los bueyes para holocausto, y las ruedas y los aparejos de los bueyes para leña.» Todo lo dio Arevná al rey; y dijo Arevná al rey: «Señor, tu Dios, bendígate.» Y dijo el rey a Arevná: «No, no; sino que adquiriendo adquiriré de ti, en trueque; y no ofrendaré al Señor, mi Dios, holocausto de balde.» Y adquirió David la era y los bueyes en plata de siclos cincuenta. Y edificó allí David un altar al Señor, y ofrendó holocaustos y pacíficos. (Y añadió Salomón al altar, al último; pues pequeño era, al principio). Y escuchó el Señor a la tierra y detúvose el herimiento encima de Israel. Continencia de David. Conspiración de Adonías. Consagración de Salomón. Y el rey David, anciano, avanzado en días(a); y cubríanle de vestiduras y no se calentaba. Y dijeron sus niños: «Busquen para nuestro señor, el rey, una doncella joven, y asistirá al rey y estará abrigándole y reposará con él; y se calentará mi señor, el rey.» Y buscaron una joven hermosa de todo confín de Israel; y hallaron a Abisag, la sunamita, y trajéronla al rey. Y la joven, hermosa hasta no más; y estábase abrigando al rey, y servíale; y el rey no la conoció. Y Adonías, hijo de Hagit, encumbróse, diciendo: «Yo reinaré.» E hízose carros y jinetes, y cincuenta varones para correr delante de él. Y no le inhibió su padre jamás, diciendo: «¿Por qué tú has hecho?(b) Y también él, hermoso de faz sobremanera, y le pariera después de Absalón. Y fueron sus palabras con Jacob, el hijo de Sarvía, y con Abiatar el sacerdote y ayudaban en pos de Adonías. Y Sadoc, el sacerdote, y Banaías, el hijo de Yoyadá, y Natán, el profeta, y Semeí y Reí e hijos poderosos de David, no eran en pos de Adonías. Y sacrificó Adonías ovejas, y becerros y corderos, junto a la Piedra de Zohelet; que estaba contigua a la Fuente Rogel; y llamó a todos sus hermanos y a todos los robustos de Judá, niños del rey; y a Natán, el profeta, y a Bananías y los poderosos y a Salomón, su hermano, no llamó. Y dijo Natán a Betsabé, madre de Salomón, diciendo: «¿No has oído que está reinando Adonías, hijo de Hagit, y nuestro señor, David, no ha conocido? Y ahora ¡acá! te aconsejaré ahora un consejo, y libra tu alma y el alma de tu hijo, Salomón. Ea, entra al rey David y le dirás diciendo: «¿Acaso tú, mi señor rey, no has jurado a tu sierva, diciendo: «¿que tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?» y ¿qué, por qué está reinando Adonías? Y he aquí: aún hablando tú allí con el rey, también yo entraré en pos de ti y completaré tus palabras.» Y entró Betsabé al rey, a la alcoba; y el rey, anciano sobremanera; y Abisag, la sunamita, estaba sirviendo al rey. E inclinóse Betsabé y adoró al rey, y dijo el rey: «¿Qué tienes?» Y ella dijo: «Señor, tú has jurado en Señor, tu Dios, a tu sierva, diciendo: «Que tu hijo Salomón reinará después de mí, y se sentará en mi trono.» Y ahora he aquí Adonías está reinando y tú, mi señor rey, no has conocido. Y ha sacrificado becerros, y corderos y ovejas en muchedumbre, y llamado a todos los hijos del rey; y a Abiatar, el sacerdote; y a Joab, el príncipe de la fuerza; y a Salomón, tu siervo, no le ha llamado. Y tú, mi señor, rey —los ojos de todo Israel, a ti corresponde anunciarles quién se sentará en el trono de mi señor, el rey, después de él. Y será: cuando durmiere mi señor, el rey, con sus padres, seré yo y Salomón, mi hijo, perseguidos como pecadores.»(c). Y he aquí, aún hablando ella con el rey, Natán, el profeta, vino. Y anuncióse al rey, diciendo: «He aquí Natán, el profeta». Y entró a faz del rey, y adoró al rey con su rostro sobre la tierra. Y dijo Natán: «Mi señor rey, tú has dicho: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono», porque ha bajado hoy y sacrificado becerros, y corderos y ovejas en muchedumbre, y llamado a todos los hijos del rey, y a los príncipes de la fuerza, y a Abiatar, el sacerdote; y he aquí están comiendo y bebiendo a faz de él; y han dicho: «Viva el rey Adonías.» Y a mí mismo, tu siervo, y a Sadoc, el sacerdote y a Banaías, hijo de Yoyadá, y a Salomón, tu siervo, no ha llamado. «¿Si por mi señor, el rey, se ha hecho esta palabra, y no has manifestado a tu siervo quién se sentará en el trono de mi señor, el rey, después de él?» Y respondió el rey David y dijo: «Llamadme a Betsabé.» Y entró a faz del rey, y detúvose a faz de él. Y juró el rey y dijo: «¡Vive el Señor, quien salvó mi alma de toda tribulación! Que así como te juré en Señor Dios de Israel, diciendo que «Salomón, tu hijo, reinará, después de mí y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así haré en este día.» E inclinóse Betsabé de rostro sobre la tierra y adoró al rey y dijo: «¡Viva mi señor, el rey David por el siglo!» Y dijo el rey David: «Llamadme a Sadoc, el sacerdote, y Natán el profeta y Banaías, hijo de Yoyadá.» Y entraron a faz del rey. Y díjoles el rey: «Tomad los siervos de vuestro señor, con vosotros, y subid a mi hijo Salomón en la mula, la mía y conducidle a Gihón; y únjale allí Sadoc, el sacerdote, y Natán, el profeta, en rey sobre Israel, y trompetead con corneta, y decid: «¡Viva el rey Salomón!» Y subiréis en pos de él; y entrará y se sentará en mi trono, y reinará en lugar mío; y yo he mandado que sea constituido en príncipe sobre Israel y Judá.» Y respondió Banaías, hijo de Yoyadá, al rey y dijo: «¡Hágase! así confirme(d) el Señor, el Dios de mi señor, el rey. Así como ha sido el Señor con mi señor el rey; así sea con Salomón, y engrandezca su trono sobre el trono de mi señor, el rey David.» Y bajó Sadoc, el sacerdote, y Natán, el profeta, y Banaías hijo de Yoyadá, y el ceretí y el feletí; y sentaron a Salomón sobre la mula del rey David y lleváronle a Gihón. Y tomó Sadoc, el sacerdote el cuerno del óleo, del tabernáculo, y ungió a Salomón y trompeteó con la corneta; y dijo todo el pueblo: «¡Viva el rey Salomón!» Y subió todo el pueblo en pos de él, y danzaban en danzas y regocijándose con regocijo grande, y hendióse la tierra en su voz. Y oyó Adonías y todos los llamados de él; y ellos terminaron de comer; y oyó Joab la voz de la corneta, y dijo: «¿Qué esta voz de la ciudad resonante?» Aún hablando él, he aquí Jonatás, hijo de Abiatar, el sacerdote, entró; y dijo Adonías: «Entra, que varón de fuerza eres tú, y cosas buenas bien anuncias.» Y respondió Jonatás y dijo a Adonías: «Ni con mucho; nuestro señor, el rey David, ha enreyecido a Salomón; y enviado con él el rey a Sadoc, el sacerdote, y a Natán, el profeta , y a Banaías, el hijo de Yoyadá y al ceretí y al feletí; le han sentado en la mula del rey. Y le han ungido Sadoc, el sacerdote y Natán, el profeta, en Gihón; y subido de allí regocijándose, y resonada la ciudad; ésta, la voz que habéis oído. Y se ha sentado Salomón en trono de reino; y han entrado los siervos del rey a bendecir a nuestro señor, el rey David, diciendo: «¡Bien haga Dios al nombre de Salomón sobre el nombre tuyo y engrandezca su trono!» Y adoró el rey sobre su lecho. Y también así dijo el rey: «Bendito el Señor, el Dios de Israel, quien ha dado hoy, de mi simiente, al sentado en mi trono, y mis ojos ven.» Y aterráronse todos los llamados de Adonías, y fueron varón por su camino. Y Adonías temió a la faz de Salomón, y levantóse, y se fue y se asió a los cuernos del altar. Y se anunció a Salomón, diciendo: He aquí Adonías temió al rey Salomón, y se toma de los cuernos del altar, diciendo: «Júreme hoy Salomón, si no ha de matar a su siervo en espada.» Y dijo Salomón: «Si se hiciere hijo de fuerza ¡si caerá de sus cabellos sobre la tierra! Y, si maldad se hallare en él matarásele.» Y envió el rey Salomón, y bajáronle de sobre el altar; y entró y adoró al rey Salomón, y díjole Salomón: «Ve a tu casa.» Muerte de David. Mátase a sus enemigos. Y llegáronse los días de David a que él muriera, e instruyó a su hijo Salomón diciendo: «Yo soy(a) voy en mi camino de todos en la tierra; y te esforzarás y serás un varón; y guardarás guarda del Señor, tu Dios, para andar en todos sus caminos, guardar sus mandamientos; y las justicias, y los juicios y los testimonios de él, los escritos en la ley de Moisés, a fin de que entiendas lo que hagas, según todo cuanto yo te mandare; para que afiance el Señor su palabra, que habló acerca de mí, diciendo: «Si guardaren tus hijos los caminos de ellos, para andar a la faz mía en verdad, en todo su corazón y en toda su alma: No te será exterminado varón de sobre el trono de Israel.» Y tú también sabes cuánto me hizo Joab, hijo de Sarvía, cuánto hizo a los dos príncipes de las fuerzas de Israel: a Abner, hijo de Ner, y a Amasá, hijo de Jeter, y los mató y dispuso sangres de guerra durante la paz, y dio sangre inocente en su ceñidor, el en su lomo, y en su calzado el en su pie. Y harás según tu sabiduría, y no bajarás su canicie en paz, al infierno. Y a los hijos de Berzelaí, el galaadita harás misericordia; y serán entre los que comen tu(b) mesa; porque así se allegaron a mí al correr yo de faz de Absalón, tu hermano. Y he aquí, contigo, Semeí, hijo de Gerá, hijo de Jerminí, de Bahurim; y él me maldijo maldición acerba el día que yo iba a los campamentos; y él bajó a mi encuentro, al Jordán; y juréle en Señor, diciendo: «¡Si te matare yo en espada!» Y no le justificarás; pues varón sabio eres tú, y conocerás lo que le hagas, y bajarás su canicie en sangre, al infierno». Y durmióse David con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Y los días que reinó David sobre Israel: cuarenta años; en Hebrón reinó siete años, y en Jerusalén treinta y tres años. Y Salomón sentóse en el trono de David, su padre; y se afianzó su reino sobremanera. Y entró Adonías, hijo de Hagit, a Betsabé, madre de Salomón y adoróla; y ella dijo: «¿Paz tu entrada?» Y dijo: «Paz.» Y dijo: «Tengo una palabra para ti.» Y le dijo: «Habla.» Y díjola: «Tú sabes que yo tenía reino, y sobre mí pusiera todo Israel su faz, para rey, y cambióse el reino y fue de mi hermano; pues del Señor fue para él. Y ahora petición una yo te pido; no apartes tu rostro.» Y díjole Betsabé: «Habla.» Y díjole: «Habla ahora a Salomón, el rey, que no apartará su rostro de ti, y me dará a Abisag, la sunamita, por mujer.» Y dijo Betsabé: «Bellamente: yo hablaré por ti al rey.» Y entró Betsabé al rey Salomón, a hablarle por Adonías; y levantóse el rey a su encuentro y besóla tiernamente y sentóse en el trono; y puesto fue trono a la madre del rey, y sentóse a la diestra de él. Y díjole: «Petición una, pequeña yo te pido; no apartes tu rostro.» Y díjole el rey: «Pide, madre mía, y no te apartaré.» Y dijo: «Dése ahora a Abisag, la sunamita, a Adonías, tu hermano por mujer.» Y respondió el rey Salomón y dijo a su madre: «Y ¿por qué tú pides a Abisag, la sunamita para Adonías? También pide para él el reino; porque este hermano mío, es mayor que yo, y, de él, Abiatar, el sacerdote, y de él Joab, el hijo de Sarvía, el arquiestratego(c), son amigos.»(d). Y juró el rey Salomón por el Señor, diciendo: «Esto hágame Dios y esto añada; que contra su alma ha hablado Adonías esta palabra. Y ahora, ¡vive el Señor! que me ha dispuesto y colocádome en el trono de David, mi padre; y él me ha hecho casa, según habló el Señor; que hoy se matará a Adonías.» Y envió el rey Salomón en mano de Banaías, hijo de Yoyadá, y arrebatóle, y murió Adonías en aquel día. Y a Abiatar, el sacerdote, dijo el rey: «Apresúrate tu en ir a Anatot, a tu campo; pues varón de muerte eres tú en este día; y no te mataré, porque has llevado el Arca de la Alianza del Señor, a faz de mi padre; y porque maltratado fuiste en todo lo que fue maltratado mi padre.» Y arrojó fuera Salomón a Abiatar para que no fuese sacerdote del Señor, para que se cumpliese la palabra del Señor que habló sobre la casa de Helí, en Silo. Y la oída vino hasta Joab, hijo de Sarvía, porque Joab habíase inclinado en pos de Adonías, y en pos de Salomón no se inclinara quien huyó al tabernáculo del Señor y aferróse de los cuernos del altar. Y fue anunciado a Salomón, diciendo: «Que ha huido Joab al tabernáculo del Señor, y he aquí se aferra de los cuernos del altar.» Y envió Salomón, el rey, cerca de Joab, diciendo: «¿Qué te ha pasado que has huido al altar?» Y dijo Joab: «Porque temí de tu faz, he huido al Señor.»(e). Y envió Salomón a Banaías, hijo de Yoyadá, diciendo: «Ve y arrebátale y sepúltale.» Y fue Banaías, hijo de Yoyadá, a Joab, al tabernáculo del Señor, y díjole: «Esto dice el rey: «Sal fuera.» Y dijo Joab: «No voy fuera; que aquí moriré.» Y volvió Banaías, hijo de Yoyadá, y dijo al rey, diciendo: «Esto ha hablado Joab y esto respondídome.» Y díjole el rey: «Ve y hazle según ha dicho, y arrebátale; y le sepultarás, y apartarás hoy la sangre que gratuitamente derramó, de mí y de la casa de mi padre. Y ha vuelto el Señor la sangre de su iniquidad a su cabeza, pues acometió a los dos hombres, los justos y buenos sobre él, y les mató en espada; y mi padre David no supo de su sangre: a Abner, hijo de Ner, arquiestratego de Israel, y a Amasá, hijo de Yeter, arquiestratego de Judá. Y se han vuelto las sangres de ellos a la cabeza de él y a la cabeza de su simiente por el siglo; y a David y a la simiente de él y a la casa de él y al trono de él, venga la paz hasta el siglo, del Señor.» Y subió Banaías, hijo de Yoyadá, y acometióle y le mató y le sepultó en la casa de él, en el desierto. Y dio el rey a Banaías, hijo de Yoyadá, en lugar de él sobre el ejército, y el reino se irguió en Jerusalén(f); y a Sadoc, el sacerdote, diole el rey ser el sacerdote primero, en lugar de Abiatar.Y Salomón, hijo de David, reinó sobre Israel y Judá en Jerusalén. Y dio el Señor prudencia a Salomón y sabiduría mucha, y anchura de corazón, como la arena la a par de la mar(g). Y llamó el rey a Semeí y díjole: «Edifícate casa en Jerusalén y asiéntate allí, y no saldrás de allí a ninguna parte; y será el día de tu salida, y pasares el torrente Cedrón, conociendo conocerás que de muerte has de morir: tu sangre será sobre tu cabeza.» Y juróle el rey en aquel día. Y dijo Semeí al rey: «Buena la palabra que has hablado mi señor rey; así hará tu siervo.» Y asentóse Semeí en Jerusalén tres años. Y aconteció, después de los tres años que se fugaron dos siervos de Semeí a Aquís, hijo de Maacá, rey de Get. Y avisóse a Semeí, diciendo: «He aquí tus siervos en Get.» Y levantóse Semeí y aparejó su asno y fue a Get, a Aquís, para requerir sus siervos; y fue Semeí y trajo sus siervos de Get. Y avisóse a Salomón, diciendo: «Que fue Semeí, de Jerusalén, a Get y retornó sus siervos.» Y envió el rey y llamó a Semeí y le dijo: «¿Acaso no te he jurado por el Señor y conjurádote, diciendo: «En el día que salieres de Jerusalén y fueres a derecha o a la izquierda, conociendo conocerás que de muerte has de morir?» Y me dijiste: «Buena la palabra que he escuchado.» Y ¿qué, por qué no has guardado el juramento del Señor, y el mandato que mandé contra ti?» Y dijo el rey a Semeí: «Tú sabes toda la maldad tuya, que sabe tu corazón; la que hiciste a David, mi padre; y ha retribuido el Señor tu maldad a tu cabeza. Y el rey Salomón bendecido y el trono de David estará preparado a la faz del Señor por el siglo.» Y mandó el rey Salomón a Banaías,a hijo de Yoyadá, y salió y arrebatóle; y murió. Sabiduría de Salomón Y acrecentóse la prudencia de Salomón grandemente, sobre la prudencia de todos los hijos de los antiguos, y sobre todos los prudentes de Egipto(a). Y tomó la hija del Faraón, y trájola a la ciudad de David, hasta terminar él de edificar la casa de él, y la casa del Señor, primeramente, y el muro de Jerusalén en contorno(b). Empero, el pueblo estaba incensando en las alturas; pues no estaba edificada la casa del Señor, hasta ahora. Y amó Salomón al Señor, andando en los preceptos de David, su padre; empero en las alturas él sacrificaba e incensaba. Y levantóse y fue a Gabaón, a sacrificar allí; pues ella, la altísima y grande: milenario holocausto ofreció Salomón sobre aquel altar en Gabaón. Y se apareció el Señor a Salomón, en sueño, de noche, y dijo el Señor a Salomón: «Pídete alguna petición.» Y dijo Salomón: «Tú has hecho con tu siervo, David, mi padre, misericordia grande, según que caminó a faz tuya, en verdad, y en justicia y en rectitud de corazón contigo; y le has guardado esta misericordia, la grande, dando que su hijo se siente sobre su trono; como este día(c). Y ahora, Señor, Dios mío, tú has dado a tu siervo en lugar de David, mi padre; y yo soy niñito pequeño, y no sé mi salida y mi entrada. Y tu siervo en medio de tu pueblo, que has elegido(d) pueblo mucho; que no se contará y no se empadronará por su muchedumbre. Y darás a tu siervo corazón de escuchar y juzgar a tu pueblo en justicia y para entender entre lo bueno y lo malo; pues ¿quién podrá juzgar a tu pueblo, el pesado éste?» Y plugo el dicho a la faz del Señor, por haber pedido Salomón esta palabra. Y díjole el Señor: «Por cuanto me has pedido esta palabra, y no pedídote días muchos y no pedido riquezas, ni pedido almas de tus enemigos, sino pedídote el entender de escuchar juicio; he aquí, te he hecho según tu palabra; he aquí te he dado corazón prudente y sabio; cual tú no ha habido antes de ti, y después de ti, no se levantará semejante a ti. Y lo que no has pedido, te he dado, así riquezas como gloria, que no ha habido varón semejante a ti en reyes. Y, si anduvieres en mi camino, guardando mis mandamientos y preceptos como anduvo David, tu padre, también multiplicaré tus días.» Y despertó Salomón de su sueño(e), y levantóse, y fue a Jerusalén, y púsose en frente del altar, el en frente del Arca de la Alianza del Señor, en Sión; y ofreció holocaustos e hizo sacrificios pacíficos; e hizo un festín grande para sí y todos sus niños. Entonces presentáronse dos mujeres, meretrices, al rey, y se pusieron a faz de él. Y dijo la mujer una: «¡Favor, señor! yo y esta mujer vivimos en una casa, y parimos en la casa; y aconteció en el día el tercero de haber parido yo, parió también esta mujer; y nosotras juntas y no hay nadie con nosotras, fuera de entrambas nosotras en la casa. Y murió el hijo de esta mujer en la noche, pues se durmió encima de él. Y levantóse a medianoche y tomó mi hijo de mis brazos; y tu sierva dormía; y recostóle en su seno, y al hijo de ella, al muerto, recostó en el seno mío. Y levantéme al alba a amamantar a mi hijo, y aquél estaba muerto; y he aquí no era el hijo mío que parí.» Y dijo la mujer la otra: «¡Que no! sino que el hijo tuyo es el muerto; pero hijo mío, el vivo». Mas ella habla, la otra dijo: «¡Que no! que mi hijo el vivo; pero el hijo el tuyo, el muerto.» Y hablaron a faz del rey. Y díjole el rey: Tú dices: «Este es el hijo mío, el vivo, y el hijo de ésta, el muerto.» Y tú dices: «¡Que no! sino que el hijo mío, el vivo, y el hijo tuyo, el muerto.» Y dijo el rey: «Traedme cuchilla.» Y trajeron cuchilla a faz del rey. Y dijo el rey: «Partid el niñito, el vivo, el mamante, en dos y dad la mitad de él a ésta, y la mitad de él a ésta.» Y repuso la mujer, cuya era el hijo el vivo, y dijo al rey (pues se conturbó el útero de ella sobre su hijo); —y dijo: «Favor, señor: dadle el niñito el vivo, y de muerte no le matéis.» Y ésta dijo: «Ni de mí ni de ella sea; partid.» Y repuso el rey, y dijo: «Dad el niñito el vivo a la que dijo: «Dádselo y de muerte no le matéis»; ella es la madre de él.» Y oyeron todo Israel este juicio que juzgó el rey y temieron a faz del rey, pues vieron que había prudencia de Dios en él, para hacer justicia. Grandeza y gloria de Salomón. Y estaba el rey Salomón reinando sobre Israel, y éstos los príncipes que tenía: Azarías, hijo de Sadoc, el sacerdote; Elihoref y Ahía, hijos de Sisá, el escriba y Josafat, hijo de Ahilud, rememorador; Banaías, hijo de Yoyadá, sobre el ejército; y Sadoc y Abiatar, sacerdotes; Azarías, hijo de Natán, sobre los asistentes; y Zabud, hijo de Natán, sacerdote, amigo del rey; y Ahisar era ecónomo, y Eliac, el ecónomo; y Eliab, hijo de Saf, sobre la familia(a); y Adoníram, hijo de Abadá, sobre los tributos. Y tenía Salomón doce prefectos sobre todo Israel, para proveer al rey y a su casa; un mes en el año estaba sobre el uno(b) proveer. Y éstos los nombres de ellos Benhur en monte Efraín, una; Ben Decar en Maccés, y en Salebina, y en Betsamés y en Elón y en Betanán, uno; Ben-Hesed, en Arubot (de el Socó y toda la tierra de Efer). Ben-Abinadab (de él toda Nefat-Dor) —a Tafat, hija de Salomón tenía por mujer—: uno(c). Boná, hijo de Ahilud, en Tanac y Magedó y toda Betsán, la que a par de Sartaná, bajo de Yezrael, desde Betaán hasta Abelmehulá, hasta allende de Yecmaán: uno; Ben-Gaber en Ramot-Galaad (de él Avot-Yair, del hijo de Manasés; en Galaad; de éste, la región de Argob, en Basán: sesenta ciudades grandes muradas y cerrojos broncíneos), uno; Abinadab, hijo de Adó, en Manaím; Aquimaás en Neftalí (y éste tomó a Basemat, hija de Salomón por mujer), uno. Baaná, hijo de Husí, en Aser y en Balot, uno; Josafat, hijo de Tarne, en Isacar; Semeí, hijo de Elá, en Benjamín; Gaber, hijo de Urí, en la tierra de Galaad, tierra de Sehón, rey amorreo, y de Og, rey de Basán, y prefecto uno en tierra de Judá. Judá e Israel, eran numerosos, como la arena, la que hay sobre el mar, en muchedumbre; comiendo y bebiendo y regocijándose. Y Salomón era poderoso en todos los reinos, desde el río de tierra de filisteos y hasta el confín de Egipto, los que traían dones, y servían a Salomón todos los días de su vida. Y esto lo necesario a Salomón: en día uno: treinta coros de harina flor, y sesenta coros de harina triturada; y diez becerros escogidos y veinte bueyes sueltos, y cien ovejas, fuera de ciervos y gacelas y aves escogidas: cebados(d); pues era príncipe en todo, allende el río desde Tafá hasta Gaza en todos los reyes allende el río, y tenía paz de todas las partes en contorno. Y habitaba Judá e Israel confiados, cada cual bajo su vid y bajo su higuera, comiendo y bebiendo, de Dan y hasta Bersabé, todos los días de Salomón; y tenía Salomón cuarenta mil paridores de caballos para carros; y doce millares de jinetes. Y suministraban los prefectos así(e) al rey Salomón; y todo lo dispuesto sobre la mesa del rey: cada uno su mes no traspasaban en punto. Y la cebada y la paja para los caballos y los carros llevaran al lugar donde estaba el rey, cada uno según su orden. Y dio el Señor prudencia a Salomón, y sabiduría mucha sobremanera y anchura de corazón como la arena a par de la mar. Y multiplicóse la sabiduría de Salomón muy mucho sobre la prudencia de todos los viejos(f) hombres, y sobre todos los prudentes de Egipto. Y sabía sobre todos los hombres; y sabía sobre Etán, el ezrahita y Hemán y Calcol y Dordá, hijos de Mahol; y era su nombre en todos los pueblos en contorno(g). Y habló Salomón tres mil parábolas; y fueron sus cantares cinco mil(h). Y habló sobre los leños, desde el cedro, el del Líbano, y hasta el hisopo que brota de la pared; y habló sobre las bestias y sobre los volátiles; y sobre los reptiles y sobre los peces. Y venían todos los pueblos a oír, la sabiduría de Salomón, y de todos los reyes de la tierra, cuanto oían su sabiduría(i). Salomón e Hiram Y envió Hiram, rey de Tiro, sus niños a ungir a Salomón, en vez de David, su padre; porque amante fuera Hiram de Salomón todos los días. Y envió Salomón cerca de Hiram, diciendo: «Tú sabes: mi padre David como no pudo edificar casa al nombre del Señor, mi Dios, a faz de las guerras, las que la cercaban, hasta darles el Señor bajo las plantas de sus pies. Y ahora ha pacificado el Señor, mi Dios, para mí, en contorno: no hay adversario, y no hay falta mala. Y he aquí yo digo que edificaré casa al nombre del Señor, mi Dios; según habló el Señor Dios a David, mi padre, diciendo: «El hijo tuyo el que daré, en tu lugar, sobre tu trono, éste edificará la casa al nombre mío.» Y ahora manda, y córtenme leños del Líbano; y he aquí mis siervos estén con tus siervos y la paga de tu servicio te daré, según todo cuanto dijeres; porque tú sabes que no tenemos nosotros entendido en leños cortar como los sidonios.» Y aconteció; así como oyó Hiram las palabras de Salomón se alegró sobremanera y dijo: «Bendito Dios hoy, que ha dado a David un hijo prudente, sobre este pueblo, el mucho.» Y envió Hiram cerca de Salomón, diciendo: «He oído acerca de todo lo que has enviado a mí: yo haré toda tu voluntad: leños cedrinos y abetinos; tus siervos bajaránlos del Líbano al mar; yo pondré balsas en el mar, hasta el lugar que me avisares y los tirarán allí y tú llevarás, y harás mi voluntad de dar panes a mi casa.» Y estuvo Hiram dando a Salomón cedros y abetos a toda su voluntad. Y Salomón dio a Hiram veinte mil coros de trigo y sustento para su casa, y veinte mil bat de aceite molido; según esto daba Salomón a Hiram al año. Y el Señor dio sabiduría a Salomón, según que le habló. Y hubo paz entre Hiram y entre Salomón, y pactaron pacto entre sí. Y levantó el rey Salomón tributo de todo Israel; y era el tributo treinta millares de varones. Y envióles al Líbano: diez millares en el mes, remudándose: un mes estaban en el Líbano, y dos meses en la casa de ellos; y Adoniram, sobre el tributo. Y tenía Salomón setenta mil hombres cargando carga, y ochenta mil picapedreros en la montaña; fuera de los príncipes de los puestos sobre las obras por Salomón: tres mil y trescientos(a) prefectos que hacían las obras. Y mandó el rey y llevan piedras grandes, piedras valiosas para el fundamento de la casa, y piedras labradas; y labraron los artífices de Salomón y los artífices de Hiram, y los giblios; y prepararon las piedras y los leños tres años. Fábrica del templo Y aconteció en el año cuatrocientos ochenta(a) de la salida de los hijos de Israel, de Egipto, el año, el cuarto en el mes, el segundo de reinar el rey Salomón sobre Israel; edificó la casa al Señor. Y edificóle en siete años. Y la casa que edificó el rey Salomón al Señor: sesenta(b), en codos, su longitud; y veinte, en codos, su latitud; y veinticinco, en codos, su altura. Y el pórtico a faz del templo: veinte codos su longitud, según la latitud de la casa por la faz de la casa; y edificó la casa y terminóla(c). E hizo a la casa ventanas oblicuas, ocultas(d). Y dio sobre la pared de la casa moradas en contorno, con la pared de la casa en contorno, al templo y el oráculo. E hizo costados(e) en contorno. El costado el de abajo; de cinco codos su latitud; y el medio: seis codos de latitud; y el tercero, siete, en codos, su latitud; pues distancia dio a la casa en contorno, por fuera de la casa, para que no se pegaran con las paredes de la casa. Y la casa, al edificarse, de piedras labradas, juntas se edificó. Y martillo y hacha y toda herramienta férrea no se oyó en la casa, mientras se edificó. Y la puerta del costado el de abajo, bajo el hombro(f) de la casa el derecho; y de caracol, las subidas al medio, y del medio a las techumbres terceras. Y edificó la casa y terminóla; y abovedó la casa, con artesones y combinaciones, con cedros. Y edificó las amarras(g) por toda la casa; cinco, en codos, su altura, y ligó la ligadura en leños cedrinos. Y fue palabra del Señor a Salomón, diciendo: «Esta casa que tú edificas, si caminares en mis preceptos, y mis juicios hicieres, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, afianzaré contigo la palabra que hablé a David, tu padre. Y me aposentaré en medio de los hijos de Israel y no abandonaré a mi pueblo de Israel.» Y edificó Salomón la casa y terminóla. Y edificó las paredes de la casa por dentro, de leños cedrinos, desde el pavimento de la casa y hasta las paredes y hasta las vigas; abovedó conjuntamente con leños por dentro, y rodeó lo interior de la casa en costillas(h) abetinas. Y edificó los veinte codos, desde la cima de la pared el costado; el costado uno desde el pavimento hasta las vigas; e hizo desde el oráculo al santo de los santos. Y de cuarenta codos era el templo; éste, el templo, el más interior. Y de cedro, a través de la casa por dentro entablada, relieves, y hojas y tablas; todo cedrino: no asomaba piedra. Por el frente del oráculo, en medio de la casa, por dentro preparó dar allí el Arca de la Alianza del Señor. Y al frente del oráculo (veinte codos de longitud y veinte codos de latitud, y veinte codos de altura; y revistiólo de oro macizo) hizo el altar al frente del oráculo y revistiólo de oro(i). Y toda la casa revistió de oro, hasta la conclusión de toda la casa. Y todo el interior del oráculo enlaminó de oro(j). E hizo en el oráculo dos querubines de leños cipresinos; de diez codos magnitud medida. Y de cinco codos el ala de querubín el uno, y de cinco su ala la otra en codos diez de una parte de su ala a una parte de su ala. Y diez, en codos, así tenía el querubín el segundo; en medida una, terminación una a entrambos. Y la altura del querubín el uno diez en codos; y así el querubín el segundo. Y puso entrambos querubines en medio de la casa la más interior, y desplegó las alas de ellos, y tocaba ala una en la pared; y un ala del querubín el segundo tocaba en la pared la segunda; y las alas de ellos, en medio de la casa, tocaban ala con ala. Y revistió los querubines con oro. Todas las paredes de la casa, en contorno, cincelados grabó con grabadura, querubines(k); y palmeras y esculturas rotundas salientes, en lo interior y en lo exterior. Y el pavimento de la casa revistió de oro, en(l) lo más interior y lo más exterior. Y a la portada del oráculo hizo puertas enebrinas(m) y columnas quíntuplas; y dos puertas de leños abetinos y cinceladuras sobre ellas: cincelados querubines y palmeras y hojas(n) entreabiertas, y revistió de oro; y descendía sobre los querubines y sobre las palmeras el oro. Y así hizo con el pórtico de la casa: postes de leños de enebro: columnas cuadruplicadamente; y en ambas puertas, leños abetinos; dos hojas, la puerta la una y los quicios de ellas; y dos hojas, la puerta la segunda, tornadizo(o); cincelados querubines y palmeras, y entreabiertas hojas, y revestidos de oro descendiendo sobre la escultura. Y edificó el atrio el más interior; tres órdenes de pulidas(p) y un orden de labrado de cedro, en contorno. En el año cuarto fundóse la casa del Señor, en el mes de Ziv; y en el año undécimo, en el mes de Bul (éste es el mes octavo) se terminó la casa en toda su obra y en todos sus utensilios; y se edificó en siete años(q). El palacio salomónico Y la casa se edificó Salomón en trece años, y terminó Salomón toda su casa. Y edificó la casa de la «selva del Líbano»: cien codos, en longitud, y cincuenta codos, en latitud; y de treinta codos, en altura; y de tres órdenes de columnas cedrinas; y vegas cedrinas, en las columnas. Y artesonó la casa arriba sobre los costados de las columnas; y el número de las columnas: cuarenta y cinco el orden(a); y estancias tres, y aposento sobre aposento triplicadamente. Y todos los pórticos y los aposentos, cuadrangulares estanciados, y del pórtico a la puerta, triplicadamente. Y el atrio de las columnas hizo de codos cincuenta de longitud; y cincuenta(b) en latitud, ligando el atrio a la faz de ellas. Y columnas y techumbre, sobre su faz en los atrios. Y el atrio de los tronos (donde ha de juzgar, allí); atrio de juicio hizo, y techólo en cedro, de pavimento a pavimento; y la casa de ellos, en que se ha de sentar, allí aula una, desenvolviéndose con esto, según esta obra; y una casa para la hija del Faraón, que tomó Salomón, según este atrio. Todo esto, de piedras preciosas, a medida cortadas, labradas por dentro y por fuera, y desde el fundamento hasta las cornisas; y por fuera hasta el aula, la grande; la fundamentada en preciosas piedras grandes, piedras de diez codos y de ocho codos; y por encima, con preciosas, a medida cortadas; y de cedros. Del aula, la grande tres órdenes, de labrados; y un orden de cincelado cedro. Y envió el rey Salomón y tomó a Hiram, de Tiro, hijo de mujer viuda; y éste de la tribu de Neftalí: y su padre, varón tirio, artífice de bronce y lleno de arte e inteligencia y conocimiento para hacer toda obra en bronce; y fue introducido al rey Salomón, e hizo todas las obras. Y fundió las dos columnas para el atrio de la casa: dieciocho codos la altura de la columna; y perímetro (catorce(c) codos) rodeábala el grueso de la columna; de cuatro dedos las canales(d); y así, la columna la segunda. Y dos capiteles hizo dar sobre las cabezas de las columnas, fundidos, broncíneos; cinco codos la altura del capitel, el uno, y cinco codos la altura del capitel, el segundo. E hizo dos redes(e) para cubrir en torno el capitel de las columnas, y red para el capitel el uno, y red para el capitel segundo; Y obra colgadiza: dos órdenes de granadas broncíneas, enredadas, obra colgadiza, orden sobre orden; y así hizo con el capitel el segundo. Y capiteles sobre las cabezas de las columnas, labor de azucena, al través del atrio, de cuatro codos. Y arquitrabe, sobre ambas columnas, y por sobre los costados, capitel, el arquitrabe(f) en lo grueso, y de granadas, cinco(g) órdenes en contorno del capitel el segundo(h). Y erigió las columnas, del(i) atrio del templo; y erigió la columna la una, y llamó su nombre: Jaquín(j); y erigió la columna la segunda y llamó su nombre: Boás(k). Y sobre las cabezas, labor de azucena y terminó la obra de las columnas. E hizo la mar: diez, en codos, del labio de ella al labio de ella, redonda en contorno; cinco, en codos, su altura, y cordón, treinta y tres, en codos, cercábala en cerco. Y sostenes(l) por debajo del labio de ella, en cerco cercábanla: diez en(m) codos, en cerco; y el labio de ella como labor de labio de cáliz brote de azucena, el grueso de él un palmo(n). Y doce bueyes por debajo de la mar: los tres mirando al aquilón, y los tres mirando al occidente, y los tres mirando al mediodía y los tres mirando al oriente; y todo lo posterior, a la casa, y la mar sobre ellos por encima. Y el grueso de ella, un palmo, y el labio de ella como labor de labio de cáliz: brote de azucena, dos mil bat cogiendo. E hizo diez basas broncíneas(o); cuatro codos, la longitud de la basa, la una, y cuatro codos, la latitud de ella y seis, en codos, su altura. Y ésta obra de las basas amarrada entre sí y amarrada en medio de las esquinas. Y sobre las amarras de ellas, en medio de las esquinas: leones y bueyes y querubines; y sobre las esquinas así también por encima; y por debajo para los leones y los bueyes, lugares para labor de descenso(p). Y cuatro ruedas broncíneas en la basa la una, y los ejes broncíneos y los cuatro ángulos de ellas; hombros por debajo de los baños; los hombros fundidos, uno enfrente del otro, fijos. Y la basa de él(q), dentro del capitel(r), por encima en un codo, redonda; hechura así de un codo y medio, y también sobre la boca de él, esculturas y las amarras de ellos, cuadrangulares, no redondas. Y las cuatro ruedas por debajo de las amarras. Y los ejes de las ruedas debajo de la basa; y el alto de la rueda la una de un codo y medio. Y la obra de las ruedas, obra de ruedas de carro; sus ejes, y sus llantas, y sus rayos y sus cubos, y la fábrica de ellas toda fundida. Los cuatro hombros sobre los cuatro ángulos de la basa la una, de entre la basa los hombros de ella. Y sobre la cabeza de la basa: mitad de un codo una elevación de ella, en contorno de la cabeza de la basa; y principio de las manos(s) de ella, y las amarras de ella; y abríase sobre los principios de las manos de ella(t). Y las amarras de ella: querubines, y leones y palmeras, rectos fijo cada uno de faz por dentro y alrededor(u). Según ella hizo todas las diez basas: disposición una, y medida y hechura una para todas. E hizo diez baños broncíneos, de cuarenta bat capaz el un baño, de medida de cuatro codos; baño el uno, sobre la basa la una, sobre las diez basas. Y puso las cinco basas al costado de la casa, a la derecha, y cinco, al costado de la casa, el izquierdo; y la mar, al costado de la casa, a derecha hacia oriente desde el lado del austro. E hizo Hiram las calderas y los braseros y las tazas. Y acabó Hiram de hacer todas las obras que hizo al rey Salomón en casa del Señor. Columnas dos y las espirales de las columnas sobre capiteles de las columnas dos; y las redes dos de cubrir entrambas las espirales de lo esculpido las que estaban sobre las columnas; las granadas cuatrocientas para entrambas las redes —dos órdenes de granadas para la red la una; de cubrir entrambas las que había: las espirales del capitel, sobre entrambas las columnas; y las basas diez y los baños diez sobre las basas; y la mar una y los bueyes doce por debajo de la mar; y las calderas, y los braseros y las tazas y todos los vasos; los que hizo Hiram al rey Salomón, para la casa del Señor; y las columnas cuarenta y ocho de la casa del rey y de la casa del Señor(v). Todas las obras del rey que hizo Hiram, broncíneas totalmente. En los alrededores del Jordán fundiólas el rey, en la grosura de la tierra en medio de Socot y en medio de Sartán. No hubo balanza del bronce que hizo todas estas obras, por la abundancia sobre todo. No hubo límite de las balanzas del bronce. Y tomó(w) el rey Salomón los vasos que hizo en casa del Señor: el altar el áureo, y la mesa sobre la que los panes de la proposición, áurea; y los candelabros cinco a izquierda, y cinco a derecha, a faz del oráculo, áureos acrisolados; y las lamparillas y los candeleros y las aceiteras(x), áureos; y los vestíbulos, y los clavos(y), y las tazas, y las escudillas y los incensarios, áureos acrisolados; y las portadas de la puerta de la casa más interior del santo de los santos, y las puertas del templo, áureas. Y completóse la obra que hizo Salomón, de la casa del Señor; e introdujo Salomón lo sacro de David, su padre y todo lo sacro de Salomón, la plata y el oro, y los vasos dio para los tesoros de la casa del Señor. Dedicación del templo Y aconteció, cuando hubo terminado Salomón de edificar la casa del Señor y la casa suya, después de veinte años; entonces congregó el rey Salomón a todos los ancianos de Israel, y a los príncipes de las tribus y a los jefes de las familias de los hijos de Israel, cerca del rey Salomón, en Sión, para llevar el Arca de la Alianza del Señor, desde la ciudad de David; y congregáronse cerca del rey Salomón todo varón de Israel en el mes de Etanim, en la fiesta; él, el mes séptimo. Y vinieron todos los ancianos de Israel, y llevaron los sacerdotes el arca, y subieron el Arca del Señor y el tabernáculo del testimonio, y subiéronlos los sacerdotes y los levitas. Y el rey y todo Israel, delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes innumerables, que no se contarán por su muchedumbre. E introducen los sacerdotes el Arca de la Alianza del Señor en el lugar de ella: en el oráculo de la casa, en el santo de los santos, bajo las alas de los querubines. Porque los querubines desplegados estaban de las alas sobre el lugar del arca; y cubrían los querubines en torno sobre el arca y sobre las cosas sacras de ella por encima, y sobresalían las varas; y veíanse las cabezas de las varas, desde el santo a la faz del oráculo y no se veían desde afuera; y quedaron allí hasta este día. No había en el arca sino dos tablas petrinas, las tablas del pacto, las que puso Moisés en Horeb, las que pactó Moisés con los hijos de Israel, cuando salieron de tierra de Egipto. Y aconteció, cuando salieron los sacerdotes del santo que la nube llenó la casa del Señor. Y no podían los sacerdotes detenerse a ministrar, a faz de la nube; pues llenaba la casa la gloria del Señor. Entonces dijo Salomón: «Señor, has dicho habitar en tinieblas.» He edificado casa de habitación para ti, afianzamiento de tu sede por los siglos.» Y volvió el rey su faz, y bendijo el rey a todo Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie. Y dijo: «Bendito el Señor, el Dios de Israel hoy, quien habló en su boca, de David mi padre, y en sus manos cumplió, diciendo: «Desde el día que saqué a mi pueblo, a Israel de Egipto, no he elegido, en ciudad, en un cetro(a) de Israel, para edificar casa, para estar mi nombre allí, y elegí a David para estar sobre mi pueblo de Israel. Y vino sobre el corazón de David, mi padre, edificar la casa al nombre del Señor, Dios de Israel.» Y dijo el Señor a David, mi padre: «Por cuanto ha venido sobre tu corazón edificar casa a mi nombre; bellamente has hecho por haber venido sobre tu corazón. Empero tú no edificarás la casa, sino que el hijo tuyo, el salido de tus costados, éste edificará la casa a mi nombre.» Y suscitó(b) el Señor su palabra que habló, y me levanté, por David, mi padre y sentéme sobre el trono de Israel, según habló el Señor, y edifiqué la casa al nombre del Señor, Dios de Israel. Y he puesto allí lugar para el arca en que está, allí, el pacto del Señor que pactó el Señor con nuestros padres, al sacarlos él, de tierra de Egipto.» Y púsose Salomón a faz del altar del Señor, delante de toda la congregación de Israel; y extendió sus manos al cielo, y dijo: «Señor, Dios de Israel, no hay como tú, Dios en el cielo arriba y sobre la tierra abajo, guardando alianza y misericordia para con tu siervo que camina delante de ti en todo su corazón; como guardaste para con tu siervo David, mi padre; pues que hablaste en tu boca y en tus manos ampliaste, como este día(c). Y ahora, Señor, Dios de Israel, guarda para con tu siervo David, mi padre, lo que le hablaste, diciendo: «No te será quitado varón de delante de mi faz, sentado sobre el trono de Israel, como guarden tus hijos sus caminos para andar a faz mía, así como has andado a faz de mí.» Y ahora Señor, Dios de Israel, confírmese ya tu palabra que hablaste a tu siervo, a David mi padre. «¿Qué si verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si el cielo y cielo del cielo no han de bastarte —¿empero también esta casa que he edificado a tu nombre? Y mirarás a la oración de tu siervo y a mi súplica, Señor, Dios de Israel, para escuchar la oración que tu siervo ora, delante de ti, a ti hoy, para que estén tus ojos abiertos a esta casa, día y noche, al lugar que dijiste: «Estará mi nombre allí para escuchar la oración que ora tu siervo a este lugar, día y noche. Y escucharás la súplica de tu siervo, y de tu pueblo, Israel, lo que oraren a este lugar; y tú escucharás en el lugar de tu habitación, en el cielo, y harás y propicio serás. Cuanto hubiere pecado cada uno contra su prójimo, y si tomare sobre él maldición, maldiciéndole, y viniere y confesare a faz de tu altar en esta casa; tu escucharás desde el cielo y harás; y juzgarás a tu pueblo de Israel, para que sea culpado el culpable, dando su camino sobre su cabeza; y para justificar al justo, dándole según su justicia. Cuando caiga tu pueblo de Israel delante de enemigos (pues pecarán contra ti, y se convertirán y confesarán tu nombre y orarán y suplicarán en esta casa); tú escucharás desde el cielo y propicio serás a los pecados de tu pueblo de Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres. Cuando cerrado fuere el cielo y no hubiere lluvia (pues pecarán contra ti, y orarán en este lugar y confesarán tu nombre, y de sus pecados se convertirán, cuando los humillares); escucharás desde el cielo y propicio serás a sus pecados de tu siervo y de tu pueblo de Israel; pues les mostrarás el camino bueno para andar en él; y darás lluvia sobre la tierra que has dado a tu pueblo en herencia. Hambre si sobreviniere, muerte si sobreviniere (pues habrá inflamación); langosta, tizón si sobreviniere, y si le atribulare su enemigo en una de sus ciudades; toda calamidad, todo trabajo, toda oración, toda súplica si se hiciere por todo hombre de todo el pueblo de Israel, cuando conociere cada cual una llaga de su corazón y extendiere sus manos a esta casa; tú escucharás del cielo, de tu preparada mansión, y propicio serás, y harás y darás al varón según todos sus caminos, según que conocieres su corazón; pues tú solísimo conoces el corazón de todos los hijos de los hombres; a fin de que te teman todos los días cuantos ellos vivieren sobre la tierra que diste a nuestros padres. También al extranjero, que no es de tu pueblo de Israel, éste, y viniere de tierra lejana por causa de tu nombre, pues oirán tu nombre el grande, y tu mano la fuerte y tu brazo el extendido; y vendrán en este lugar; tú escucharás del cielo, de tu preparada mansión, y harás según todo cuanto te invocare el extranjero; a fin de que conozcan todos los pueblos de la tierra tu nombre y te teman, según te teme el pueblo de Israel, y conozcan que tu nombre está invocado sobre esta casa que edifiqué. Que saldrá tu pueblo a guerra sobre sus enemigos en el camino que los volverás; y orarán en nombre del Señor camino(d) de la ciudad que has elegido, en ella, y de la casa que he edificado a tu nombre; y tú escucharás, del cielo su plegaria y su oración, y harás justicia a ellos; porque pecarán, que no hay hombre que no peque; y les precipitarás y les entregarás a faz de enemigos, y cautivarán los cautivadores a tierra del enemigo, lejos o cerca; y convertirán sus corazones en la tierra a que hubieren sido transportados, y convertiránse en tierra de su transmigración y te suplicarán diciendo: «Hemos pecado, prevaricado, delinquido.» Y convertiránse a ti en todo su corazón y toda su alma, en la tierra de sus enemigos a donde los habrás trasladado, y orarán a ti camino de su tierra que diste a sus padres, y de la ciudad que has elegido y de la casa que edifiqué a tu nombre; y escucharás, del cielo, de tu preparada mansión, su oración y su plegaria y harás juicio de ellos; y propicio serás a sus iniquidades que han pecado contra ti, y según todas las prevaricaciones que han prevaricado contra ti; y les darás en lástimas a faz de los que les cautivan y se lastimarán de ellos; porque pueblo tuyo y heredad tuya, los que sacaste de Egipto de en medio de horno férreo. Y estén tus ojos y tus orejas abiertos a la plegaria de tu siervo, y a la plegaria de tu pueblo de Israel para escucharles en todo lo que invocaren; pues tú te los segregaste en heredad de entre todos los pueblos de la tierra, según que hablaste en mano de tu siervo Moisés, al sacar tú a nuestros padres de tierra de Egipto, Señor, Señor!»Entonces habló Salomón acerca de la casa, cuando acabó de edificarla: «Al sol ha manifestado en cielo: El Señor dijo habitar en tinieblas: Edifica tú mi casa; casa decorosa a ti mismo, para habitar sobre novedad.» —¿Acaso, he aquí no está ésta(e) escrita en el libro del Cantar?»—(f). Y aconteció, como terminó Salomón de orar al Señor toda esta oración y plegaria, levantóse de faz del altar del Señor, habiendo estado de hinojos, y sus manos extendidas al cielo. Y paróse y bendijo a toda congregación de Israel con voz grande, diciendo: «Bendito Señor hoy quien ha dado reposo a su pueblo Israel, según todo cuanto habló; no ha disonado palabra una en todas sus palabras las buenas que habló en mano de su siervo Moisés. Sea el Señor, nuestro Dios, con nosotros, según que fue con nuestros padres; no nos abandone ni nos aparte, a declinar nuestro corazón de él, para andar en todos sus caminos y guardar todos sus mandamientos y preceptos(g) que mandó a nuestros padres. Y sean estas mis palabras (cual ha suplicado a faz del Señor, nuestro Dios) allegándose al Señor, nuestro Dios, día y noche, para hacer la justificación de tu siervo y la justificación de tu pueblo Israel, palabra(h) de día en día del año. Para que conozcan todos los pueblos de la tierra que el Señor Dios, él,(i) Dios y no más. Y sean nuestros corazones perfectos ante el Señor, nuestro Dios; y para santamente andar en sus preceptos y guardar sus mandamientos, como este día.» Y el rey y todos los hijos de Israel con él sacrificaron sacrificio a faz del Señor. Y sacrificó el rey Salomón los sacrificios de los pacíficos que sacrificó al Señor: de bueyes veintidós millares, de ovejas ciento veinte millares; y dedicó la casa del Señor el rey y todos los hijos de Israel. Aquel día santificó el rey en medio del aula, el en enfrente de la casa del Señor; porque hizo allí el holocausto y las hostias y las grosuras de los pacíficos; pues el altar, el broncíneo, el que está enfrente del Señor era pequeño(j), para poder contener el holocausto y las hostias de los pacíficos(k). E hizo Salomón la fiesta en aquel día, y todo Israel con él: hubo una congregación grande, desde la entrada de Emat hasta el río de Egipto, delante del Señor, nuestro Dios, durante siete días y siete días: catorce días. Y en el día el octavo despidió al pueblo; y bendijeron al rey, y retiróse cada cual a sus tiendas alegrándose, lleno de gozo el corazón por todos los bienes que hizo el Señor a David, su siervo, y a Israel, su pueblo. Segunda aparición de Dios a Salomón. Ciudades de Hiram. Oro de Ofir. Y aconteció: cuando terminó Salomón de edificar la casa del Señor y la casa del rey, y toda la obra de cuanto quiso hacer, que se apareció el Señor a Salomón segunda vez, según que se le apareció en Gabaán; y díjole el Señor: «He escuchado la voz de tu oración y de tu súplica que has suplicado delante de mí: te he hecho según toda tu oración. He santificado esta casa que has edificado para poner mi nombre allí por el siglo, y estarán mis ojos allí y mi corazón todos los días. Y tú, si anduvieres delante de mí, según que anduvo David, tu padre, en santidad de corazón y en rectitud, y haciendo conforme a todo lo que le mandé, y mis preceptos y mis mandamientos guardares; que levantaré el trono de tu reino en Israel por el siglo; según que hablé a David, tu padre, diciendo: «No se te quitará varón príncipe en Israel.» Pero, si apartando os apartareis vosotros y vuestros hijos de mí, y no guardareis mis mandamientos y mis preceptos que dio Moisés a faz de vosotros y anduviereis y sirviereis a dioses otros y les adorareis; arrancaré a Israel de la tierra que les di, y esta casa que he santificado a mi nombre, arrojaré de mi rostro; y será Israel en anonadamiento y en fábula para todos los pueblos. Y esta casa será, la excelsa todo el que pasare por ella, se espantará y silbará; y dirán: «¿Por qué causa ha hecho el Señor así a esta tierra y a esta casa?» Y dirán: «Por cuanto abandonaron al Señor, su Dios, que sacó a sus padres de Egipto, de casa de servidumbre, y adhirieron a dioses ajenos y adoráronles y sirviéronles; por esto trajo el Señor sobre ellos todo este mal.»Entonces subió Salomón la hija del Faraón, de ciudad de David, a casa de él, que edificó para sí en aquellos días(a). Veinte años en que edificó Salomón las dos casas: la casa del Señor y la casa del rey; Hiram, rey de Tiro, acudió a Salomón en leños cedrinos y en leños abetinos, y en oro, y en toda voluntad de él. Entonces dio el rey Salomón a Hiram veinte ciudades en la tierra de Galilea. Y salió Hiram de Tiro y fue a la Galilea a ver las ciudades que le dio Salomón. Y no le pluguieron; y dijo: «¿Qué, éstas las ciudades que me has dado, hermano?» Y llamólas: Fin(b) —hasta este día. Y trajo Hiram a Salomón ciento veinte talentos de oro. Y ésta la suma del tributo que levantó el rey Salomón para edificar la casa del Señor y la casa del rey; e igualmente a Meló y el alcázar, para cercar el cerco de la ciudad de David, y a Asur e igualmente a Medán y el muro de Jerusalén(c), y a Heser, y a Magedó y a Gazer. (Faraón, rey de Egipto subiera y expugnara a Gazer, y quemárala en fuego; y al cananeo, al asentado en la ciudad matara; y dióla en dote a su hija, mujer de Salomón. Y edificó Salomón a Gazer) y la Betorón, la inferior; y a Baalat y a Palmira en el desierto; y en la tierra todas las ciudades de las tiendas, que eran de Salomón, y las ciudades de los carros y todas las ciudades de los jinetes; y toda empresa de Salomón que emprendió a edificar en Jerusalén, y en el Líbano y toda la tierra para que no le oprimiera(d). Y todo el pueblo que quedó del amorreo, y del heteo, y del ferezeo, y del heveo y del jebuseo, del que no era de los hijos de Israel; los hijos de ellos, los que quedaron con ellos en la tierra; a los que no supieron los hijos de Israel exterminarlos; redújolos Salomón a tributo de servidumbre; —hasta este día. Y de los hijos de Israel no dio Salomón al trabajo; pues ellos eran varones guerreros, y niños de él, y príncipes de él, y jefes de él, y príncipes de sus carros, y jinetes suyos. Estos los príncipes los puestos, los sobre la obra de Salomón: quinientos cincuenta, dominantes en pueblo, los que hacían en la obra. Empero la hija del Faraón subió de la ciudad de David a casa de ella, que edificó con la(e) de Maló. Y ofreciera Salomón, tres veces en el año, holocausto y pacíficos sobre el altar que edificó al Señor, e incensaba él mismo a faz del Señor; y terminó la casa. Y una nave para esto(f) hizo el rey Salomón en Asiongaber, la que está contigua a Ailat sobre el labio de la postrera mar(g) en tierra de Edom. Y envió Hiram en la nave, de entre sus niños, varones nautas de surcar sabedores la mar, con los niños de Salomón. Y vinieron a Ofir y tomaron de allí de oro ciento veinte(h) talentos y trajeron al rey Salomón. La reina de Sabá. Magnificencia de Salomón. Y la reina de Sabá oyó el nombre de Salomón y el nombre del Señor, y vino a tentarle en enigmas. Y vino a Jerusalén, en poder grave(a) sobremanera; y camellos cargando aromas y oro mucho sobremanera y piedra preciosa; y vino a Salomón, y hablóle todo cuanto estaba en su corazón. Y respondióle Salomón todas sus palabras; no hubo palabra oculta para el rey la que no anunciase. Y vio la reina de Sabá toda la prudencia de Salomón, y la casa que edificó; y las viandas de Salomón, y la mansión de sus niños, y el estado de sus ministros, y la vestidura de él, y los coperos de él y el holocausto de él, que ofrecía en casa del Señor; y fuera de sí salió, y dijo al rey Salomón: «Verdadera es la palabra que oí de ti en mi tierra acerca de tu palabra y acerca de tu prudencia. Y no creí a los que me hablaban hasta que vine, y han visto mis ojos; y he aquí que no es la mitad lo que me anunciaron; has sobreañadido sabiduría y bienes a ello, sobre toda la oída que oí en mi tierra. Felices, las gentes(b) tuyas, felices, los niños tuyos, éstos que están delante de ti siempre, los que escuchan toda tu prudencia. Sea el Señor, tu Dios, bendito, quien se ha complacido en ti, dándote sobre el trono de Israel por amar el Señor a Israel afianzar por el siglo. Y te ha puesto rey sobre ellos para hacer juicio en justicia y en los juicios de ellos.» Y dio a Salomón ciento veinte talentos de oro y aromas muchos sobremanera y piedra preciosa; no ha venido según aquellos aromas ya, en abundancia, los que dio la reina de Sabá al rey Salomón. (Y la nave de Hiram la que cargaba el oro, de Ofir, trajo leños dolados(c) muchos sobremanera y piedra preciosa. E hizo el rey los leños los dolados barandillas de la casa del Señor y de la casa del rey, y cítaras y liras para los cantares; no han venido tales leños dolados ya sobre la tierra, ni vuéltose a ver hasta este día). Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo cuanto quiso, cuanto pidió; fuera de todo lo que la había dado por mano del rey Salomón(d). Y retornó y vino a su tierra, ella y todos sus niños. Y era el peso del oro el venido a Salomón en año uno: seiscientos sesenta y seis talentos de oro; fuera de los tributos de los subyugados y de los mercaderes y todos los reyes de allende(e), y de los sátrapas de la tierra. E hizo el rey Salomón trescientas lanzas(f) áureas batidas; trescientos áureos(g) había sobre la lanza la una; y trescientos escudos áureos batidos; y tres minas había de oro sobre el escudo el uno; y diolos el rey a la casa de la Selva del Líbano. E hizo el rey un trono marfileño grande, y cubriólo en torno con oro acrisolado; seis gradas tenía el trono, y prominencias de becerros, el trono de la parte posterior de él(h), y manos(i) de acá y de acá del sitio del asiento y dos leones puestos junto a par de las manos; y doce leones puestos allí sobre las seis gradas del trono, de acá y de acá; no ha habido tal en todo reino. Y todos los vasos, los por Salomón hechos, áureos, y los baños, áureos, y todos los vasos de la casa de la Selva del Líbano, de oro macizo; no había plata, pues no era apreciada en los días de Salomón. Pues nave de Tarsis tenía el rey Salomón, en el mar, con las naves de Hiram; una cada tres años, venía al rey nave, de Tarsis, de oro y plata y piedras torneadas y doladas(j).Y edificó el muro de Jerusalén y el alcázar (para cercar en torno el cerco de la ciudad de David) y a Asur y a Megadad, y a Gazer, y a Betorán la superior y a Jetermat(k). Y engrandecido fue Salomón sobre todos los reyes de la tierra, en riquezas y prudencia. Y todos los reyes de la tierra buscaban el rostro de Salomón para oír su prudencia que dio el Señor a su corazón. Y ellos traían cada uno los dones: vasos áureos y vestimenta; estacte y aromas y caballos y mulas, de año en año. Y juntó Salomón carros y caballos; y tenía Salomón cuatro millares de yeguas para carros(l), y doce millares de jinetes; y púsolos en las ciudades de los carros y, con el rey, en Jerusalén; y era príncipe de todos los reyes, desde el río y hasta la tierra de filisteos, y hasta los confines de Egipto. Y dio el rey el oro y la plata en Jerusalén como piedras; y los cedros dio como sicomoro los en la llanura, en muchedumbre. Y la salida, para Salomón, de los jinetes(m); de Egipto y de Coá mercaderes(n) del rey; y tomaban de Coá, en compra; y subía la salida de Egipto(o): un carro por ciento(p) de plata, y un caballo por cincuenta de plata,(q) y así para todos los reyes de los heteos y reyes de Siria por mar salían. Depravación y castigo de Salomón Y el rey Salomón era mujeriego, y tomó mujeres extranjeras, y la hija del Faraón, moabitas, amonitas, idumeas y sidonias y heteas; de las gentes que vedó el Señor a los hijos de Israel: «No entraréis a ellas, y ellos no entrarán a vosotros, para que no desvíen vuestros corazones en pos de sus ídolos», a ellos conglutinóse Salomón, amando. Y tuvo las mujeres princesas, setecientas, y concubinas, trescientas; y desviaron las mujeres las extranjeras el corazón de él en pos de los dioses de ellas. Y, aconteció en tiempo de vejez de Salomón, no ser su corazón perfecto con el Señor, su Dios, según que el corazón de David, su padre. Entonces edificó Salomón altura a Camós, ídolo de Moab(a), y al rey(b) de ellos: el ídolo de los hijos de Amón; y a Astarte, abominación de los sidonios(c). E hizo Salomón lo malo a faz del Señor; no fue en pos del Señor, como David, su padre. Y así hizo con todas sus mujeres, las extranjeras, las que incensaban y sacrificaban a sus ídolos. Y airóse el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón, del Señor, Dios de Israel; quien se le apareciera dos veces; y le mandara sobre esta palabra, de en modo alguno, andar tras dioses otros, y de guardar a hacer lo que le mandara el Señor Dios. No fue su corazón perfecto con el Señor, según el corazón de David, su padre. Y dijo el Señor a Salomón: «Por cuanto ha acontecido esto contigo, y no has guardado mis mandamientos y los preceptos míos que te mandé, rasgando rasgaré tu reino de tu mano, y darélo a tu siervo. Empero en tus días no haré estas cosas, por David tu padre; de mano de tu hijo lo tomaré. Empero entero tu reino no tomaré, no: cetro uno daré a tu hijo, por David, mi siervo y por Jerusalén la ciudad que me elegí.» Y suscitó el Señor un satán(d) a Salomón: a Adad, el idumeo; 23. y a Razón, hijo de Eliadá, al que huyera de Adarezer, rey de Sobá, su señor. 24. Y juntáronse con él varones; y era príncipe de sedición, cuando David los percutió, y apresuróse a apoderarse de Damasco. Y fueran satán para Israel todos los días; y Adad el idumeo, de la simiente del reino de Idumea. Y aconteciera al exterminar David a Edom, al ir Joab, príncipe del ejército a sepultar los occisos, que mataron todo lo masculino de Idumea; porque seis meses asentóse allí Joab y todo Israel en la Idumea; hasta que hubieron exterminado todo lo masculino en la Idumea. Y huyó Adad él y todos los varones idumeos de los niños de su padre con él; y salieron de Egipto; y Adad, niñito pequeño. Y levantáronse varones de la ciudad de Madián, y vienen a Farán y toman varones consigo, de Farán, y vienen a Faraón rey de Egipto. Y entró Adad al Faraón; y diole casa, y panes le dispuso y tierras diole. Y halló Adad gracia a faz del Faraón sobremanera, y diole por mujer una hermana de su mujer, hermana de Tafne, mayor. Y parióle la hermana de Tafne, a Adad, a Genubad, hijo de ella; y crióle Tafne en medio de los hijos del Faraón; y era Genubad en medio de los hijos del Faraón. Y Adad oyó en Egipto que David se ha dormido con sus padres y que ha muerto Joab, el príncipe del ejército, y dijo Adad al Faraón: «Despídeme y volveré a mi tierra.» Y dijo el Faraón a Adad: «¿Qué te ha faltado conmigo? y he aquí tú buscas irte a tu tierra.» Y díjole Adad: «Que despidiendo me despedirás.» Y volvió Adad a su tierra(e). -- -- (f) E hízose adversario de Israel todos los días de Salomón. Esta la maldad que hizo Adad. Y apesaró a Israel, y reinó en tierra de Edom. Y Jeroboam, hijo de Nabat, el efrateo de tierra de Saredá, hijo de Sarvá, mujer viuda, siervo de Salomón, también alzó mano contra el rey. Y éste, el hecho por qué levantó manos contra el rey Salomón: y(g) el rey Salomón edificó el alcázar y cerró el cerco de la ciudad de David, su padre. Y el hombre Jeroboam, fuerte en poder; y vio Salomón al jovencillo que varón de obras es, y púsole sobre los tributos de la casa de José. Y aconteció en aquella sazón que Jeroboam saliera de Jerusalén, y le hallara Ahías, el silonita, el profeta, en el camino; y Ahías, envuelto en vestidura nueva; y ambos, solos en la llanura. Y asió Ahías de su vestidura la nueva, la sobre el y rasgóla: doce rasgaduras; y dijo a Jeroboam: «Cógete diez rasgaduras, pues esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He aquí yo rasgo el reino de mano de Salomón; y te daré diez cetros(h). Y dos(i) cetros serán para él, por mi siervo David, y por Jerusalén, la ciudad que he elegido en ella(j) de todas las tribus de Israel; por cuanto me ha abandonado y héchose para Astarte, abominación de sidonios y para Camós y los ídolos de Moab y para el rey de ellos, horror de hijos de Amón; y no ha andado en mis caminos para hacer lo recto a faz mía y mis justificaciones y mis juicios, como David, su padre. Y no tomaré no, el reino entero de su mano; sino que oponiendo opondréme a favor de él todos los días de su vida, por David mi siervo a quien elegí —a él, quien guardó mis mandamientos y justificación. Y tomaré el reino de mano de su hijo, y te daré los diez cetros, y al hijo de él daré los dos(k) cetros; para que asiento(l) tenga mi siervo todos los días a faz mía, en Jerusalén, la ciudad que me he elegido para poner mi nombre allí. Y a ti tomaré, y reinarás en lo que deseare tu alma, y tú serás rey sobre Israel. Y será: si guardares todo cuanto te mandare y anduvieres en mis caminos e hicieres lo recto a faz mía, para guardar los preceptos míos y los mandamientos míos, según que hizo David, mi siervo, también seré contigo y edificaré tu casa fiel, según que edifiqué para David, y te daré Israel. Y afligiré la simiente de David por ésta(m), empero no todos los días.» Y buscó Salomón matar a Jeroboam; y levantóse y huyó a Egipto, cerca de Sesac, rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta que murió Salomón. Y lo restante de las palabras de Salomón y todo cuanto hizo y toda su prudencia, ¿no está, he aquí, esto escrito en el libro de las palabras de Salomón? Y los días que reinara Salomón en Jerusalén, sobre todo Israel: cuarenta años. Y durmióse Salomón con sus padres y le sepultaron en ciudad de David, su padre. Y reinó Roboam, su hijo, en lugar de él. Roboam. Escisión del reino. Jeroboam y su impiedad. Y va el rey Roboam a Siquem; porque a Siquem venían todo Israel a enreyecerle. Y aconteció cuando oyó Jeroboam, hijo de Nabat, y estando aún él en Egipto, cuando huyó de faz de Salomón, y se asentó en Egipto, endereza y va a la ciudad de él, a la tierra de Sarirá, la situada en el monte de Efraín. Y el rey Salomón durmióse con sus padres(a). Y enviaron y llamaron y vino Jeroboam y toda la congregación de Israel, y habló el pueblo al rey Roboam, diciendo: «Tu padre agravó nuestro yugo, y tú ahora aligera de(b) la servidumbre de tu padre, la dura, y del yugo suyo, el pesado, que dio sobre nosotros, y te serviremos.» Y díjoles: «Idos hasta dentro de tres días, y volved a mí.» Y se fueron. Y avisó el rey Roboam a los ancianos, los que estaban puestos a faz de Salomón, su padre, aún viviendo él, diciendo: «¿Cómo vosotros aconsejáis, y responderé, a este pueblo, palabra?» Y habláronle diciendo: «Si en este día fueres siervo a este pueblo, y les sirvieres y les cedieres y les hablares palabras buenas, te serán siervos todos los días.» Y dejó el consejo de los ancianos: lo que le aconsejaran; y aconsejóse con los jovencillos, los criados con él, los puestos ante su faz. Y díjoles: «¿Qué vosotros aconsejáis? y ¿qué responderé a este pueblo, a los que me dicen, diciendo: «Aligera del yugo que dio tu padre sobre nosotros?» Y habláronle los jovencillos, los criados con él, los puestos ante su faz, diciendo: «Esto dirás a este pueblo, a los que te han hablado, diciendo: «Tu padre agravó nuestro yugo, y tú ahora aligera de nosotros.» Esto les dirás: «La pequeñez mía(c), más gruesa que el lomo de mi padre, y ahora mi padre os aparejó con yugo pesado; y yo añadiré sobre el yugo vuestro; mi padre os castigó en azotes, pero yo os castigaré en escorpiones.» Y llegaron todo Israel al rey Roboam en el día el tercero, conforme les hablara el rey, diciendo: «Volved a mí el día el tercero.» Y respondió el rey al pueblo cosas duras. Y dejó Roboam el consejo de los ancianos: lo que le aconsejaran; Y hablóles según el consejo de los jovencillos, diciendo: «Mi padre agravó vuestro yugo, y yo añadiré sobre vuestro yugo, mi padre os castigó en azotes, y yo os castigaré en escorpiones.» Y no oyó el rey al pueblo porque había aversión ante el Señor, para confirmar su palabra que habló en mano de Ahías el silonita, acerca de Jeroboam, hijo de Nabat. Y vio todo Israel que no oyó el rey a ellos; y respondió el pueblo al rey, diciendo: «¿Cuál a nosotros tiene parte en David? No hay para nosotros herencia en el hijo de Jesé. Huye, Israel, a tus tiendas; ahora apacienta tu casa, David.» Y retiróse Israel a sus tiendas. Y sobre los hijos de Israel los asentados en ciudades de Judá, reinó sobre ellos Roboam. Y envió el rey Roboam a Aduram el sobre el tributo y apedreáronle todo Israel en piedras y murió; y el rey Roboam apresuróse a subir en el carro para huir a Jerusalén; y se rebeló Israel contra la casa de David hasta este día. Y aconteció: cuando oyó todo Israel que había vuelto Jeroboam, de Egipto, enviaron y llamáronle a la congregación, e hiciéronle rey sobre Israel; y no fue en pos de la casa de David sino el cetro de Judá y Benjamín, solos. Y Roboam entró en Jerusalén y convocó la congregación de Judá y el cetro de Benjamín: ciento ochenta(d) millares de jóvenes haciendo guerra, para guerrear contra la casa de Israel a devolver el reino a Roboam, hijo de Salomón. Y vino palabra del Señor a Semeías, hombre de Dios, diciendo: «Di a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá y a toda la casa de Judá y Benjamín y al restante pueblo, diciendo: «Esto dice el Señor: «No subiréis ni guerrearéis con vuestros hermanos los hijos de Israel, vuelva cada cual a su casa; pues de mí ha sido esta palabra.» Y oyeron el verbo del Señor, y cesaron de ir, conforme a la palabra del Señor(e).(Y el rey Salomón durmiendo está con sus padres y sepultado con sus padres en la ciudad de David. Y reinó Roboam, su hijo, en su lugar en Jerusalén; hijo siendo de dieciséis años, al empezar a reinar; y doce años reinó en Jerusalén. Y nombre de su madre: Naanán, hija de Ana, hijo de Naás, rey de los hijos de Amón. E hizo lo malo a faz del Señor, y no anduvo en el camino de David, su padre.Y hubo un hombre del monte de Efraín, siervo de Salomón, y su nombre, Jeroboam, y nombre de su madre: Sarirá, mujer meretriz. Y diole Salomón en príncipe de báculo sobre los tributos de la casa de José. Y edificó a Salomón la Sarirá en el monte de Efraín. Y tenía trescientos carros de caballos. Este edificó el alcázar en los tributos de la casa de Efraín; éste, cercó la ciudad de David; y estábase alzando sobre el reino. Y buscaba Salomón matarle. Y temió y huyó el mismo a Susakim, rey de Egipto. Y estuvo con él hasta que murió Salomón. Y oyó Jeroboam en Egipto, que ha muerto Salomón; y habló en las orejas de Susakim, rey de Egipto, diciendo: «Despídeme, e iré yo a mi tierra.» Y díjole Susakim: «Pide alguna petición y te daré.» Y Susakim diole a Jeroboam a Anó, hermana de Tekemina, la mayor de su mujer, por mujer. Esta era grande en medio de las hijas del rey; y parióle a Jeroboam a Abiá, hijo de él. Y dijo Jeroboam a Susakim: «De una vez despídeme, y partiré.» Y salió Jeroboam de Egipto, y vino a tierra de Sarirá, la del monte Efraín. Y júntase allí todo el cetro de Efraín. Y edificó allí Jeroboam un valladar. Y enfermó el niñito de él de enfermedad fuerte sobremanera. Y fue Jeroboam a consultar acerca del niñito. Y dijo a Anó, su mujer: «Levántate, ve, pregunta a Dios acerca del niñito: si vivirá de su enfermedad.» Y un hombre había en Selom, y su nombre Aquiá(f); y éste era hijo de sesenta años y verbo del Señor con él. Y dijo Jeroboam a su mujer: «Levántate y toma en tu mano, para el hombre de Dios, panes y tortas para los hijos y uva y ánfora de miel.» Y levantóse la mujer y tomó en su mano, para el hombre de Dios, panes y dos tortas para sus hijos, y uva y ánfora de vino para Aquiá. Y el hombre anciano, y sus ojos desmayaban para ver. Y levantóse de Sarirá, y va. Y aconteció: viniendo ella a la ciudad, a Aquiá el selonita, dijo Aquiá al niñito de él: «Sal ahora al encuentro a Anó, la mujer de Jeroboam, y la dirás: «Entra y no te detengas; pues esto dice el Señor: «Duras cosas envío sobre ti.» Y entró Anó al hombre de Dios y díjola Aquiá: «¿Por qué me has traído panes, y uva, y tortas y ánfora de miel? Esto dice el Señor: «He aquí tú te irás de mí, y será entrando tú en la ciudad, en Sarirá, tus jovencillas te saldrán al encuentro y te dirán: «El pequeñuelo ha muerto.» Porque esto dice el Señor: He aquí yo exterminaré de Jeroboam a meante en pared; y serán los muertos de Jeroboam en la ciudad devorarán(g) los perros; y al muerto en el campo devorarán los volátiles del cielo; y el pequeñuelo plañirá: «¡Ay, Señor!» por haberse hallado en él palabra bella acerca del Señor.» Y fuese la mujer como oyó. Y aconteció: como entró en Sarirá, el pequeñuelo murió. Y vínole el clamor al encuentro.Y fue Jeroboam a Síkira, la en el monte Efraín, y congregó allí las tribus de Israel; y subió allí Roboam, hijo de Salomón. Y palabra del Señor vino a Samaías, el elamita, diciendo: «Tómate vestidura nueva, la no ida al agua, y rasgándola diez rasgaduras, darás a Jeroboam y le dirás: «Esto dice el Señor: «Tómate diez rasgaduras para envolverte.» Y tomó Jeroboam; y dijo Samaías: «Esto dice el Señor sobre las diez tribus de Israel.»Y dijo el pueblo a Roboam, hijo de Salomón: «Tu padre ha agravado su yugo sobre nosotros; y agravado las viandas de su mesa; y ahora aligerarás sobre nosotros, y te serviremos.» Y dijo Roboam al pueblo: «Aún tres días, y os responderé palabra.» Y dijo Roboam: «Traedme los ancianos, y me aconsejaré con ellos qué he de responder al pueblo, palabra en el día el tercero.» Y habló Roboam en las orejas de ellos, según que enviara el pueblo a él. Y le dijeron los ancianos del pueblo: «Así te ha hablado el pueblo.» Y disipó Roboam el consejo de ellos y no plugo a faz de él. Y envió y trajo a los colactáneos de él y díjoles: «Esto y esto ha enviado el pueblo a mí, diciendo.» Y dijéronle sus colactáneos: «Así hablarás al pueblo: «La pequeñez mía, más gruesa sobre el lomo de mi padre: mi padre os azotaba con azotes; pero yo os señorearé en escorpiones.» Y plugo la palabra a faz de Roboam; y respondió al pueblo según que le aconsejaran sus colactáneos, los jovencillos. Y dijo todo el pueblo como varón uno, cada cual a su vecino y vociferaron todos, diciendo: «No hay parte para nosotros en David, ni herencia en hijo de Jesé: cada cual a tus tiendas, Israel; pues este hombre ni para príncipe ni para jefe.» Y dispersóse todo el pueblo, de Síkira. Y se fue cada uno a su tienda, y sobrepúsose Roboam, y se fue y subió en su carro y entró en Jerusalén. Y van tras él todo el cetro de Judá y todo el cetro de Benjamín. Y aconteció empezado el año, congregar Roboam a todo varón de Judá y Benjamín; y subió a guerrear contra Jeroboam a Síkira. Y vino palabra del Señor a Samaías, hombre de Dios, diciendo. «Di a Roboam, rey de Judá y a toda la casa de Judá y Benjamín, y a lo restante del pueblo: «Esto dice el Señor: «No subiréis ni guerrearéis contra vuestros hermanos hijos de Israel; volved cada cual a su casa; porque de mí ha venido esta palabra.» Y oyeron el verbo del Señor y detuviéronse para no ir; según la palabra del Señor). Y edificó Jeroboam a Siquem la en el monte de Efraín y habitaba en ella; y salió de allí y edificó a Fanuel. Y dijo Jeroboam en su corazón: «He aquí ahora volveré el reino a la casa de David. Si subiere este pueblo a ofrecer hostia en la casa del Señor a Jerusalén, volverá el corazón de este pueblo al Señor(h), y al señor de ellos, Roboam, rey de Judá, y me matará.» Y aconsejóse el rey, y fue e hizo dos becerras áureas, y dijo al pueblo: «Sóbreos ascender a Jerusalén: he aquí tus dioses; Israel, los que te subieron de tierra de Egipto». Y puso la una en Betel, y la una dio en Dan. Y fue esta palabra para pecado: e iba el pueblo ante la faz de la una hasta Dan; y abandonaron la casa del Señor. E hizo casas sobre alturas, e hizo sacerdotes parte alguna entre el pueblo; los que no eran de los hijos de Leví. E hizo Jeroboam fiesta en el mes el octavo, en el quincenio día del mes, según la fiesta, la en tierra de Judá; y subió sobre el ara que hizo en Betel, a sacrificar a las becerras que hizo, y constituyó en Betel a los sacerdotes de las alturas que hizo. Y subió sobre el ara que hizo en Betel el quinceno día, en el mes el octavo, en la fiesta que inventó en su corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel y subió sobre el ara a sacrificar. Castigo de Jeroboam. Un profeta desobediente es destrozado por un león. Y he aquí, un hombre de Dios, de Judá, presentóse por mandato de Dios en Betel; y Jeroboam estaba sobre el ara para incensar. Y clamó contra el ara en verbo del Señor, y dijo: «Altar, altar esto dice el Señor: «He aquí que un hijo nace a la casa de David: Josías, su nombre, y sacrificará sobre ti los sacerdotes de las alturas, los que inciensan sobre ti, y huesos de hombres quemará sobre ti; y dará, en aquel día, prodigio, diciendo: «Esta, la palabra que habló el Señor, diciendo: «He aquí el ara hiéndese, y se derramará la grosura, la sobre ella.» Y aconteció, al oír el rey Jeroboam las palabras del hombre de Dios, del que clamaba contra el ara, en Betel, que extendió el rey la mano desde el ara, diciendo: «Prendedle.» Y he aquí que se le secó la mano que extendió sobre él, y no pudo retirarla hacia sí. Y el ara se hendió y se derramó la grosura del ara, según el prodigio que dio el hombre de Dios, en verbo del Señor. Y dijo el rey Jeroboam al hombre de Dios: «Ruega a la faz del Señor tu Dios y ora por mí y vuelva mi mano a mí.» Y rogó el hombre de Dios a la faz del Señor, y volvió la mano del rey a él y se hizo así como antes. Y habló el rey al hombre de Dios: «Entra conmigo en casa, y come y te daré una dádiva.» Y dijo el hombre de Dios al rey: «Si me dieres la mitad de tu casa, no entraré contigo ni jamás comeré pan, ni jamás beberé agua en este lugar. Porque así me ha mandado el Señor, en palabra diciendo: «No comas pan y no bebas agua, y no vuelvas en el camino que has andado, en él.» Y se fue en camino otro y no volvió en el camino que vino, en él a Betel. Y profeta uno, anciano, habitaba en Betel; y vienen sus hijos, y contáronle todas las obras que hizo el hombre de Dios, en aquel día, en Betel, y las palabras que habló el rey, y apartaron(a) la faz de su padre. Y hablóles su padre, diciendo: «¿Por qué camino se ha ido?» Y muéstranle sus hijos el camino en que subió el hombre de Dios, el venido de Judá. Y dijo a sus hijos: «Aparejadme el asno.» Y aparejáronle el asno, y subió en él. Y fue tras el hombre de Dios, y hallóle sentado bajo una encina, y díjole: «¿Si tú eres el hombre de Dios el que ha venido de Judá?» Y díjole: «Yo.» Y díjole: «¡Acá, conmigo a mi casa, y come pan.» Y dijo: «No podré, no, volver contigo ni comeré jamás pan, ni beberé agua en este lugar; pues así me ha mandado, en verbo, el Señor, diciendo: «No comas pan allí ni bebas agua, y no vuelvas allí en el camino que has ido, en él.» Y díjole: «También yo profeta soy, así como tú, y un ángel me ha hablado en verbo del Señor, diciendo: «Vuélvete a ti, a tu casa, y coma pan y beba agua»; y mintióle. Y le volvió consigo, y comió pan y bebió agua en su casa. Y aconteció, sentados ellos a la mesa que vino la palabra del Señor al profeta, al que le volviera, y dijo al hombre de Dios, al venido de Judá, diciendo: «Esto dice el Señor: «Por cuanto has exacerbado la palabra del Señor, y no guardado el mandato que te mandó el Señor, tu Dios; y retornado y comido pan y bebido agua en este lugar que te hablé diciendo: «No comerás, no, pan ni beberás agua, no entre tu cuerpo, no, en el sepulcro de tus padres.» Y aconteció, después que comió pan y bebió agua, le aparejó el asno al profeta; y volvióse y se fue. Y hallóle un león en el camino y le mató. Y estaba su cuerpo arrojado en el camino, y el asno se estaba a par de él, y el león estábase a par del cuerpo. Y he aquí varones iban pasando y vieron el cadáver arrojado en el camino, y el león estábase junto al cadáver. Y entraron y hablaron en la ciudad que el profeta el anciano habitaba en ella. Y oyó el que le volvió de camino y dijo: «El hombre de Dios éste es el que exacerbó la palabra del Señor; y diole el Señor al león, y desmenuzóle y matóle, según la palabra del Señor, que le habló.» Y habló a sus hijos diciendo: «Aparejadme el asno», y lo aparejaron. Y fue y halló el cuerpo de él arrojado en el camino; y el asno y el león estábanse a par del cuerpo; y no comió el león el cuerpo del hombre de Dios, y no desmenuzó el asno. Y alzó el profeta el cuerpo del hombre de Dios, y púsolo sobre el asno y volvióle a la ciudad del profeta, del anciano, para plañir y sepultarlo. Y terminó sus funerales el profeta, de sepultarle en el sepulcro de él; y plañéronle: «¡Ay, hermano!» Y aconteció, después de plañirle, dijo a sus hijos diciendo: «Si hubiere yo muerto, sepultadme en este sepulcro, que el hombre de Dios está sepultado —en él. A par de mis huesos con sus huesos. Pues cumplida será la palabra que habló en verbo del Señor, sobre el ara en Betel y sobre las casas las excelsas, las en Samaria.» Y después de esta palabra no volvió Jeroboam de su maldad, y volvió e hizo, de una parte del pueblo, sacerdotes de las alturas; el que quería llenaba su mano(b) y hacíase sacerdote para las alturas. E hízose esta palabra para pecado a la casa de Jeroboam y para ruina y desaparecimiento de sobre la faz de la tierra. Consulta la mujer de Jeroboam a Ahías. Muere Jeroboam. Impiedad de Roboam. Sesac despoja el templo. En aquel tiempo enfermóse Abia, hijo de Jeroboam. Y dijo Jeroboam a su mujer: «Levántate y disfrázate, y no conocerán que tú, mujer de Jeroboam; e irás a Silo. Y he aquí allí, Ahías el profeta; él hablóme de reinar sobre este pueblo. Y toma en tu mano para el hombre de Dios panes, y torta para sus hijos y uvas y un ánfora de miel; e irás a él y él te anunciará que será del niño.» E hizo así la mujer de Jeroboam, y levantóse y fue a Silo, y entró en casa de Ahías. Y el hombre, anciano para ver, y debilitábanse sus ojos, de su vejez. Y el Señor dijo a Ahías: «He aquí la mujer de Jeroboam entra a preguntar palabra, de ti, acerca del hijo de ella; pues enfermo está; según esto y según esto le hablarás.» Y aconteció, al entrar ella, ella extranjereaba. Y aconteció, como oyó Ahías la voz de sus pies, entrando ella en la abertura, dijo: «Entra mujer de Jeroboam, ¿por qué tú esto extranjereas? Y yo soy mensajero para ti duro. Yendo, di a Jeroboam: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Por cuanto tanto te he exaltado de en medio del pueblo y te he dado por príncipe sobre mi pueblo de Israel; y he rasgado a la vez el reino desde la casa de David, y te lo he dado; y no has sido como mi siervo David que guardó mis mandamientos y que anduvo en pos de mí en todo su corazón, haciendo cada cosa recta en mis ojos; y has hecho mal, haciendo más que todos cuantos fueron delante de ti, y has andado y héchote dioses otros: cosa conflátil, para irritarme, y me has arrojado detrás de tu cuerpo; por esto yo traigo mal sobre ti, a casa de Jeroboam; exterminaré de Jeroboam a meante en pared, a pegado y dejado en(a) Israel, y sacaré de la casa de Jeroboam, así como se saca el estiércol, hasta acabarle. Los muertos de Jeroboam en la ciudad —devorarán los perros; y al muerto en el campo, devorarán los volátiles del cielo; pues el Señor ha hablado. Y tú, levantándote vete a tu casa; al entrar tu pie en la ciudad, morirá el niñito. Y le plañirán todo Israel, y le sepultarán, porque éste sólo entrará a Jeroboam en el sepulcro; porque hallada ha sido en él palabra bella acerca del Señor Dios de Israel, en casa de Jeroboam. Y suscitará el Señor para sí un rey sobre Israel, quien percutirá la casa de Jeroboam este día; y ¿qué? ya ahora. El Señor percutirá a Israel, tal como se mueve(b) la caña en el agua; y arrancará a Israel de sobre esta tierra la buena que dio a sus padres y aventarálos de allende el río, por cuando hicieron las selvas de ellos, irritando al Señor. Y entregará el Señor a Israel por causa de los pecados de Jeroboam, quien pecó y quien hizo pecar a Israel.» Y levantóse la mujer de Jeroboam y fue a tierra de Tersá. Y aconteció, como entró en el vestíbulo de la casa, el niñito murió. Y sepultáronle y plañiéronle todo Israel, según la palabra del Señor, que habló en mano de Ahías el profeta. Y lo restante de las palabras de Jeroboam: cuanto guerreó y cuanto reinó; he aquí esto escrito sobre el libro de palabras de los días de los reyes de Israel. Y los días que reinó Jeroboam: veintidós años; y durmióse con sus padres; y reinó Nabat, su hijo, en lugar de él. Y Roboam, hijo de Salomón, reinó sobre Judá; hijo de cuarenta y un años, Roboam, al reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, la ciudad que eligió el Señor para poner su nombre allí, de entre todas las tribus de Israel; y el nombre de su madre: Naamá, la amonita. E hizo Roboam(c) lo malo a faz del Señor, y encelóle en todo lo que hicieron los padres de ellos, en sus pecados que pecaron. Y edificáronse también ellos alturas, y columnas, y selvas sobre toda colina excelsa y debajo de todo leño sombroso. Y ayuntamiento(d) hubo en la tierra; e hicieron de todas las abominaciones de las gentes que lanzó el Señor de la faz de los hijos de Israel. Y aconteció en el año el quinto que reinó Roboam, ascendió Sesac, rey de Egipto sobre Jerusalén. Y tomó todos los tesoros de la casa del Señor, y los tesoros de la casa del rey, y las lanzas(e) las áureas que tomó David de mano de los niños de Adarezer, rey de Sobá(f); y trájolo a Jerusalén todo lo que tomara: los escudos áureos cuantos hizo Salomón, y llevólo a Egipto. E hizo Roboam, el rey, escudos broncíneos en lugar de ellos; y poníanlos sobre él(g) los príncipes de los precursores los que guardaban el atrio de la casa del rey; y acontecía, cuando entraba el rey en casa del Señor, alzábanlos los precursores, y reclinábanlos en el aposento de los precursores. Y lo restante de las palabras de Roboam, y todo lo que hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en el libro de las palabras de los días(h), para los reyes de Judá? Y guerra hubo en medio de Roboam y en medio de Jeroboam todos los días. Y durmióse Roboam con sus padres, y sepultósele con sus padres en la ciudad de David, y el nombre de su madre: Naamá, la amonita. Y reinó Abiam, su hijo, en su lugar. Abiam y Asa, reyes de Judá. Nadab y Baasá, reyes de Israel. Y en el décimo octavo año que reinaba Jeroboam, hijo de Nabat, reina Abiam, hijo de Roboam sobre Judá. Y tres años reinó sobre Jerusalén; y el nombre de su madre: Maacá, hijas de Absalóm. Y anduvo en todos los pecados de su padre que hizo delante de él, y no fue su corazón perfecto con el Señor, como el corazón de David, su padre. Que, por David diole el Señor reliquias en Israel, para afianzar sus hijos, después de él y para afianzar a Jerusalén; como hizo David lo recto a faz del Señor: no declinó de todo lo que le mandara todos los días de su vida; tan sólo en palabra de Urías el heteo. Y guerra hubo entre Roboam y entre Jeroboam todos los días de la vida de ellos. Y lo demás de las palabras de Abiam y todo cuanto hizo ¿no está he aquí, esto escrito en el libro de las palabras de los días, para los reyes de Judá? Y guerra hubo en medio de Abiam y en medio de Jeroboam. Y durmióse Abiam con sus padres(a) y es sepultado con sus padres en la ciudad de David; y reina Asa, su hijo, en lugar de él. En el año el vigésimo(b) de Jeroboam, rey de Israel, reina Asa sobre Judá. Y cuarenta y un años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre: Aná(c), hija de Absalón. E hizo Asa lo recto, a faz del Señor, como David su padre. Y quitó los afeminados de la tierra, y desterró todas las idolatrías que hicieron sus padres. Y a Aná, su madre, quitó para que no fuese princesa; puesto que hiciera reunión(d) en la selva de ella; y destrozó Asa los escondites(e) de ella, y quemó en fuego en el torrente de Cedrón. Pero las alturas no destruyó; sin embargo el corazón de Asa era perfecto con el Señor, todos sus días. E introdujo las columnas de su padre, y sus columnas(f) introdujo en la casa del Señor, argénteas y áureas y vasos. Y guerra hubo en medio de Asa y en medio de Baasá, rey de Israel, todos los días de ellos. Y subió Baasá, rey de Israel sobre Judá, y edificó a Ramá, porque no hubiese saliente y entrante para Asa, rey de Judá. Y tomó Asa toda la plata y el oro el que se halló en los tesoros de la casa del Señor y en los tesoros de la casa del rey, y diolos en manos de niños de él y enviólos el rey Asa a Benadad, hijo de Talbremón, hijo de Hezión, rey de Siria, el que habitaba en Damasco, diciendo: «Pacta pacto en medio de mi y en medio de ti, y en medio de mi padre y tu padre: he aquí te he enviado dones: plata y oro. ¡Acá! deshaz tu pacto el con Baasá, rey de Israel, y subirás de mí.» Y oyó Benadad al rey Asa, y envió los príncipes de sus fuerzas a las ciudades de Israel y percutió Ahión, y Dan y a Abil de casa de Maacá, y toda Quenerot, hasta toda la tierra de Neftalí. Y aconteció, como oyó Baasá, dejó de edificar a Ramá y volvió a Tersá. Y el rey Asa citó a todo Judá a Enakim(g); y llevan las piedras de Ramá y los leños de ella, lo que edificara Baasá, y edificó en ellos el rey Asa toda la Colina de Benjamín y Masfá(h). Y lo demás de las palabras de Asa y todo el poderío suyo que hizo y las ciudades que edificó ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días para los reyes de Judá? —Sólo en el tiempo de su ancianidad, se enfermó de los pies(i). Y durmióse Asa con sus padres, y es sepultado con sus padres, en la ciudad de David, su padre, y reina Josafat, su hijo, en lugar de él. Y Nadab, hijo de Jeroboam, reina sobre Israel en el año segundo de Asa, rey de Judá, y reinó en Israel en el año segundo de Asa, rey de Judá, y reinó en Israel años dos. E hizo lo malo a faz del Señor, y anduvo en el camino de su padre, y en los pecados de él los que hizo pecar a Israel. Y asechóle Baasá, hijo de Ahías(j), sobre la casa de Balaán, hijo de Ahías, y destrozóle en Gebetón la de los filisteos; y Nadab y todo Israel, sitiaban a Gebetón. Y matóle Baasá en el año tercero de Asa(k), rey de Judá y reinó en lugar de él. Y aconteció, cuando reinó, percutió toda la casa de Jeroboam, y no dejó todo aliento de Jeroboam, hasta exterminarle, según la palabra del Señor, la que habló, en mano de su siervo Ahías, el silonita, acerca de los pecados de Jeroboam; que hizo pecar a Israel; y en su exacerbación que exacerbó al Señor, Dios de Israel. Y lo demás de las palabras de Nadab y todo lo que hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en el libro de las palabras de los días, para los reyes de Israel? Y guerra hubo entre Asa y entre Baasá, rey de Israel, todos los días de ellos. Y en el año el tercero de Asa, rey de Judá, reina Baasá, hijo de Ahías, sobre Israel, en Tersá, veinticuatro años. E hizo lo malo a faz del Señor, y anduvo en camino de Jeroboam, hijo de Nabat, y en los pecados de él como hizo pecar a Israel. Exterminio de la casa de Baasá. Los reyes impíos: Elá, Zambú, Ambú y Acab. Y vino palabra del Señor en mano de Jehú, hijo de Ananí, sobre Baasá: «Por cuanto te enaltecí de la tierra y te di príncipe sobre mi pueblo de Israel; y has andado en el camino de Jeroboam y hecho pecar a mi pueblo, a Israel, irritándome en las vanidades(a) de ellos; he aquí que yo barro en pos de Baasá y en pos de su casa: y daré tu casa, como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat al muerto de Baasá en la ciudad, devoraránle los perros, y al muerto de él, en el campo, devoraránles los volátiles del cielo.» Y lo demás de las palabras de Baasá, y todo lo que hizo y el poderío de él ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días de los reyes de Israel? Y durmióse Baasá con sus padres y es sepultado en Tersá; y reina Elá, su hijo, en lugar de él. Y en mano de Hehú, hijo de Ananí, del profeta, habló el Señor sobre Baasá y sobre la casa de él; toda la maldad que hizo a faz del Señor, exacerbándole en las obras de sus manos, siendo según la casa de Jeroboam; y sobre él percutirle. Y Elá, hijo de Baasá reinó, en año vigésimo sexto de Asa, rey de Judá, sobre Israel dos años en Tersá. Y rebelóse contra él un niño de él: Zambrí, el príncipe de la mitad de la caballería; y él estaba en Tersá bebiendo, ebrio en la casa de Asa(b), el ecónomo, en Tersá. Y entró Zambrí y percutióle y matóle, en año vigésimo séptimo de Asa, rey de Judá, y reinó en lugar de él. Y aconteció, reinando él, sentándose en su trono, percutió toda la casa de Baasá; no le dejó meante en pared y parientes de él y amigos de él. Según la palabra que habló el Señor sobre la casa de Baasá y a Jehú el profeta, acerca de todos los pecados de Baasá y Elá, su hijo, que pecaron y como hicieron pecar a Israel, irritando al Señor, el Dios de Israel, en las vanidades de ellos. Y lo demás de las palabras de Elá y todo lo que hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días de los reyes de Israel? Y Zambrí reinó en el año vigésimo séptimo de Asa, rey de Judá, en Tersá días siete; y el campamento de Israel sobre Gebetón de los filisteos. Y oyó el pueblo en el campamento a los que decían: «Rebelóse Zambrí y mató al rey». E hicieron rey, en Israel, a Amrí, el príncipe del ejército, sobre Israel en aquel día, en el campamento. Y subió Amrí y todo Israel con él, de Gebetón, y cercaron a Tersá. Y aconteció, como vio Zambrí que está tomada su ciudad, va al antro de la casa del rey, y quemó sobre sí la casa del rey, y murió, por sus pecados que hizo, haciendo lo malo a faz del Señor, andando en camino de Jeroboam, hijo de Nabat; y en los pecados que hizo pecar a Israel. Y lo demás de las palabras de Zambrí y sus conspiraciones que conspiró ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días de los reyes de Israel? Entonces divídese el pueblo de Israel: mitad del pueblo va en pos de Tební, hijo de Ginet, a hacerle rey; y la mitad del pueblo va en pos de Amrí. El pueblo que estaba en pos de Amrí prevaleció sobre el pueblo el en pos de Tební, hijo de Ginet; y murió Tební, y Joram, su hermano, en aquel tiempo, y reinó Amrí, después de Tební(c). En el año el trigésimo primero del rey Asa, reina Amrí sobre Israel doce años; en Tersá reina seis años. Y adquirió Amrí el monte de Samaria, de Somer, el dueño del monte, en dos talentos de plata; y edificó el monte y llamaron el nombre del monte, que edificó, del nombre de Somer, el dueño del monte(d): Samaria. E hizo Amrí lo malo a faz del Señor, y males sobre todos los que fueron antes de él. Y anduvo en todo camino de Jeroboam, hijo de Nabat, y en sus pecados que hizo pecar a Israel en las vanidades de ellos. Y lo demás de las palabras de Amrí y todo lo que hizo el poderío de él ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días de los reyes de Israel? Y durmióse Amrí con sus padres, y es sepultado en Samaria; y reina Acab, su hijo, en lugar de él. (Y en el año, el undécimo de Amrí, reina Josafat, hijo de Asa, de años treinta y cinco, en su reino, y veinticinco años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre, Gazubá, hija de Selí. Y anduvo en el camino de Asa, su padre, y no declinó de él, haciendo lo recto a faz del Señor; sólo que las alturas no se quitaron y sacrificaban en las alturas e incensaban. Y lo que ajustó Josafat con el rey de Israel, y todo su poderío que hizo y los que debeló ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días de los reyes de Judá? Y lo restante de los ayuntamientos(e) que impusieran en los días de Asa, su padre quitó de la tierra. Y rey no había en Siria-Nasib; y el rey Josafat hizo nave(f), a Tarsis a ir: a Sofir, al oro; y no fue, porque fue deshecha la nave en Gasión-Gaber. Entonces dijo el rey de Israel a Josafat: «Enviaré tus niños y los jovencillos míos en la nave»; y no quiso Josafat y durmióse Josafat con sus padres, y es sepultado con sus padres en la ciudad de David; y reinó Joram, su hijo en lugar de él. En el año segundo de Josafat, rey de Judá)(g), Acab hijo de Amrí reinó sobre Israel, en el año treinta y ocho de Asa, rey de Judá; habiendo reinado en Samaria, veintidós años. E hizo Acab lo malo a faz del Señor e hizo mal sobre todos los antes de él. Y no le fue bastante andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios; y fue y sirvió a Baal y adoróle. Y puso altar a Baal en la casa de las abominaciones, la que edificó en Samaria. E hizo Acab selva; y añadió Acab hacer irritaciones, irritando al Señor, Dios de Israel y a su alma exterminando(h): mal hizo sobre todos los reyes de Israel los que fueron antes de él. Y en sus días edificó Hiel, el betelita, a Jericó, en(i) Abirón, su primogénito fundamentóla y a Segub, su menor, puso las puertas de ella; según la palabra del Señor la que habló en mano de Josué hijo de Nun. Elías ante Acab. La viuda de Sarefta. Y dijo Elías el profeta tesbita, el de Tesbe de Galaad, a Acab: «Vive el Señor, el Dios de los ejércitos, el Dios de Israel, de quien estuve a la faz de él que ni habrá estos años rocío y lluvia, sino por boca de palabra mía.» Y vino palabra del Señor a Elías: «Ve de aquí hacia el oriente y ocúltate en el torrente de Garit, el que está sobre la faz del Jordán. Y será así: del torrente beberás agua, y a los cuervos mandaré alimentarte allí.» E hizo Elías según la palabra del Señor; y asentóse en el torrente de Garit sobre la faz del Jordán. Y los cuervos traíanle panes y carne al alba, y panes y carne a la tarde, y del torrente bebía agua. Y aconteció, después de algunos días que se secó el torrente; que no venía lluvia sobre la tierra. Y vino la palabra del Señor a Elías, diciendo: «Levántate y ve a Sarefta de la Sidonia y asiéntate allí, he aquí he mandado allí a una mujer viuda alimentarte.» Y levantóse y fue a Sarefta y vino a la puerta de la ciudad; y he aquí, allí una mujer viuda recogía leña; y clamó en pos de ella Elías, y díjola: «Cógeme ahora un poco de agua en vaso, y beberé.» Y fue a coger, y clamó en pos de ella Elías, y dijo: «¿Me cogerías ahora un bocado de pan, del que está en tu mano?» Y dijo la mujer: «Vive el Señor, tu Dios, si tengo torta, sino sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la ampolla; y he aquí que yo recogeré dos astillas y entraré y harélo para mí misma y mis hijos(a), y lo comeremos y moriremos.» Y díjola Elías: «Confía, entra y haz según tu palabra; y me traerás primero a mí, mas para ti misma y tus hijos harás al último. Que esto dice el Señor, el Dios de Israel: «El cántaro de la harina no desfallecerá, y la ampolla del aceite no minorará hasta el día de dar el Señor la lluvia sobre la faz de la tierra.» Y fue la mujer, e hizo según la palabra de Elías, y comió ella y él y los hijos de ella, desde este día. Y el cántaro de la harina no desfalleció y la ampolla del aceite no minoró, según la palabra del Señor la que habló en mano de Elías. Y aconteció después de esto que enfermó el hijo de la mujer, la dueña de la casa; y era la enfermedad fuerte sobre todo, hasta no quedar en él aliento. Y dijo a Elías: «¿Qué a mí y a ti(b), hombre de Dios? ¿Has entrado a mí para rememorar mi iniquidad y matar a mi hijo?» Y dijo Elías a la mujer: «Dame tu hijo.» Y tomóle del seno de ella y subióle al terrado, en que él se hospedaba, allí, y recostóle en el lecho de él. Y clamó Elías y dijo: «¡Ay, Señor, soy el testigo(c) de la viuda con quien yo habito con ella, y tú has maltratado hasta matar a su hijo.» Y alentó(d) sobre el pequeñuelo tres veces e invocó al Señor y dijo: «Señor, Dios mío, vuelva ya el alma de este pequeñuelo a él.» E hízose así, y clamó, y oyó el Señor en la voz de Elías; y volvió el alma del pequeñuelo a sus entrañas y vivió. Y tomó Elías al pequeñuelo y bajóle del terrado a la casa y diole a su madre; y dijo Elías: «Mira: vive tu hijo.» Y dijo la mujer a Elías: «He aquí, he conocido que tú eres un hombre de Dios, y que es verdad que el verbo del Señor está en tu boca.» Elías y Acab y Baal. Lluvia. Y aconteció, después de días muchos que la palabra del Señor vino a Elías en el año el tercero diciendo: «Ve, y manifiéstate a Acab, y daré lluvia sobre la haz de la tierra.» Y fue Elías a manifestarse a Acab; y el hambre; fuerte en Samaria. Y llamó Acab a Abdías, el ecónomo; y Abdías era temeroso del Señor sobremanera. Y aconteció, al herir Jezabel a los profetas del Señor, que tomó Abdías a cien varones profetas y ocultóles, de a cincuenta, en una caverna y alimentóles con pan y agua. Y dijo Acab a Abdías: «¡Acá! y pasemos por la tierra y por las fuentes de las aguas y por todos los torrentes, por si hallamos hierba y conservamos caballos y mulas, y no sean exterminados de las tiendas(a). Y dividiéronse el camino para atravesarla: Acab fue en camino uno, y Abdías fue en camino otro, solo. Y estaba Abdías en el camino, solo, y vino Elías a su encuentro, solo: Y Abdías apresuróse y cayó sobre su rostro y dijo: «¿Si tú eres el mismo, señor mío, Elías?» Y díjole Elías: «Yo. Ve y di a tu señor: «He aquí a Elías.» Y dijo Abdías: «¿Qué he pecado que das tu siervo en mano de Acab para que me mate? Vive el Señor tu Dios, si hay gente o reino a donde no haya enviado mi señor a buscarte; y si han dicho: «No está», ha encendido el reino y sus lugares, porque no te ha hallado. Y ahora tú dices: Ve, anuncia a tu señor: «He aquí a Elías.» Y será que si yo me retirare de ti el espíritu del Señor te llevará a la tierra que no sé, y entraré a anunciar a Acab y no te hallará, y me matará; y tu siervo está temiendo al Señor, desde su adolescencia. ¿Acaso no se ha anunciado a ti, mi señor, cuanto he hecho al matar Jezabel a los profetas del Señor que oculté, de los profetas del Señor cien varones, de a cincuenta en una caverna, y alimenté en panes y agua? Y ahora tú me dices: «Ve, di a tu señor: «He aquí a Elías»; y me matará.» Y dijo Elías: «¡Vive el Señor de los ejércitos, ante quien estoy ante su faz, que hoy manifestaréme a él.» Y fue Abdías al encuentro a Acab y anuncióle, y corrió Acab y fue al encuentro de Elías. Y aconteció, como vio Acab a Elías, que dijo Acab a Elías: «¿Si tú eres el mismo que perturbas a Israel?» Y dijo Elías: «No perturbo a Israel, sino que tú y la casa de tu padre, con abandonar vosotros al Señor Dios vuestro; y has ido en pos de los baales. Y ahora entra, congrega a todo Israel en el monte el Carmelo y los profetas de la ignominia, cuatrocientos cincuenta a los profetas de las selvas y cuatrocientos que comen a la mesa de Jezabel». Y envió Acab cerca de todo Israel y congregó a todos los profetas en el monte el Carmelo. Y llegóse Elías a todos y díjoles Elías: «¿Hasta cuándo vosotros cojearéis de ambas rodillas? Si es el Señor Dios, id en pos de él, pero si Baal, id en pos de él.» Y no respondió el pueblo palabra. Y dijo Elías al pueblo: «Yo he quedado profeta del Señor, solísimo; y los sacerdotes de Baal, cuatrocientos cincuenta varones, y los profetas de la selva cuatrocientos. Dennos dos bueyes, y escójanse ellos el uno y desmiembre y pongan sobre los leños, y fuego no pongan; y yo haré el buey, el otro y daré sobre los leños, y fuego no pondré. Y vocead en nombre de vuestros dioses; y yo invocaré en el nombre del Señor, mi Dios; y será el dios que escuchare en fuego, éste, Dios.» Y contestó, todo el pueblo: «Bella la palabra que has hablado.» Y dijo Elías a los profetas de la ignominia: «Escogeos el becerro el uno, y haced primero, pues muchos, vosotros; e invocad en nombre de vuestro dios; y fuego no pongáis». Y tomaron el becerro que les dio, e hicieron, e invocaban en nombre de Baal, de alba a mediodía; y decían: «Oyenos, el Baal, óyenos.» Y no había oída; y saltaban por sobre el altar que hicieran. E hízose mediodía, y escarneciólos Elías el tesbita, y dijo: Invocad en voz grande, porque dios es, porque locuacidad tiene; y también no sea que esté negociando él o no sea que duerma él, y despertará.» E invocaban en voz grande; y cortábanse, al uso de ellos, en cuchillos y lancetas hasta efusión de sangre sobre sí; y profetizaban(b) hasta que fue pasando el atardecer; y se hizo como el tiempo de ofrendar la hostia —y no había voz, y no había oída— habló Elías el tesbita a los profetas de las provocaciones, diciendo: «Apartaos desde ahora, y yo haré mi holocausto.» Y apartáronse y retiráronse(c). Y dijo Elías al pueblo: «Llegaos a mí», y llegóse todo el pueblo a él. Y tomó Elías doce piedras, según el número de las tribus de Israel, como habló el Señor a él(d), diciendo: «Israel será tu nombre.» Y edificó las piedras en nombre del Señor, y sanó el altar del Señor, al derruido; e hizo un mar que cogía dos medidas de semilla, en contorno del altar. Y amontonó las astillas sobre el altar que hizo; y desmembró el holocausto y puso sobre las astillas y amontonó sobre el altar; y dijo: «Cogedme cuatro cántaros de agua y derramad sobre el holocausto y sobre las astillas; e hicieron así.» Y dijo: «Asegundad»; y asegundaron. Y dijo: «Atercerad»; y aterceraron. Y atravesaba el agua en contorno del altar, y el mar llenaron de agua. Y aconteció alrededor de la oblación de la hostia, que exclamó Elías al cielo y dijo: «Señor, el Dios de Abrahán e Isaac e Israel, escúchame, Señor; escúchame hoy en fuego, y conozcan todo este pueblo que tú eres el Señor, el Dios de Israel, y yo, tu siervo, y por ti he hecho estas obras. Escúchame, Señor, escúchame y sepa este pueblo que tú eres Señor Dios —y(e) tú has vuelto el corazón de este pueblo atrás.» Y cayó fuego de ante el Señor, desde el cielo, y devoró los holocaustos y las astillas y el agua en el mar; y las piedras y el polvo lamió el fuego. Y vieron y cayó todo el pueblo sobre su rostro, y dijeron: «Verdaderamente, Señor, el Dios, él es el Dios.» Y dijo Elías al pueblo: «Coged juntos a los profetas de Baal; nadie salve de ellos.» Y cogiólos juntos, y bajólos Elías al torrente de Cisón, y degollólos allí. Y dijo Elías a Acab: «Asciende, y come y bebe; que es la voz de los pies de la lluvia.» Y ascendió Acab a comer y beber, y Elías ascendió sobre el Carmelo y postróse sobre la tierra, y puso su rostro en medio de sus rodillas; y dijo a su niñito: «Asciende y mira camino de la mar.» Y ascendió y miró el niñito y dijo: «No hay nada.» Y dijo Elías: «Y tú vuelve siete veces.» Y volvió el niñito siete veces; y aconteció en la séptima he ahí una nube, pequeña como huella de varón, subiendo agua y dijo: «Asciende y di a Acab: «Unce tu carro y baja porque no te coja la lluvia.» Y aconteció, de acá a allá, que el cielo se ennegreció de nubes y viento, y vino lluvia grande; y lloraba(f) e íbase Acab a Jezabel. Y mano del Señor vino sobre Elías; y ciñó su lomo y corrió delante de Acab, para ir a Jezabel. Elías en Horeb. Unge a Eliseo. Y anunció Acab a Jezabel, su mujer, todo lo que hizo Elías y cómo mató a todos los profetas en espada. Y envió Jezabel un mensajero a Elías y dijo: «Si tú eres Elías, también yo soy Jezabel. Esto hágame Dios y esto añádame, que a esta hora, mañana, he de poner tu alma así como el alma de uno de entre ellos.» Y temió Elías y levantóse y fue tras su alma; y va a Bersabé, tierra de Judá, y dejó a su siervo allí. Y él fue por el desierto camino de un día y vino y sentóse bajo un enebro y rogó que su alma muriera y dijo: «Baste ya; toma ahora mi alma, de mí, Señor, pues no soy mejor yo sobre mis padres.» Y durmióse y durmió allí bajo una planta; y he aquí alguien(a) le tocó, y díjole: «Levántate y come.» Y miró Elías y he aquí a su cabeza, una torta escandeña y una jarra de agua; y levantóse y comió y bebió, y volvióse a dormir. Y volvió el ángel del Señor segunda vez, y tocóle y díjole: «Levántate y come, que es mucha, para ti, la vía.» Y levantóse y comió y bebió, y caminó en fuerza de aquel alimento cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios Horeb. Y entró allí en la caverna, y hospedóse allí, y he aquí palabra del Señor a él y dijo: «¿Qué, tú aquí Elías?» Y dijo Elías: «Celando he celado por el Señor omnipotente, porque te han dejado los hijos de Israel: tus alturas han demolido y tus profetas han matado en espada; y he quedado yo solísimo; y buscan mi alma para quitarla.» Y dijo: «Saldrás mañana, y te pondrás a la faz del Señor en el monte; he aquí que pasará el Señor, y he aquí que una ráfaga grande y poderosa, deshaciendo montes y quebrantando peñas a faz del Señor; pero en la ráfaga no estaba el Señor; y, después de la ráfaga un temblor; y en el temblor no estaba el Señor; y, después del temblor, fuego; pero en el fuego no estaba el Señor; y, después del fuego, voz de aura suave.» Y aconteció, que cuando la oyó Elías, cubrió su semblante en su pellón, y salió y púsose bajo la caverna, y he aquí, a él, una voz y dijo: «¿Qué tú, aquí, Elías?» Y dijo Elías: «Celando he celado por el Señor omnipotente, porque te han dejado los hijos de Israel, y tus altares han demolido y a tus profetas han matado en espada, y he quedado yo solísimo, y buscan mi alma para quitarla.» Y díjole el Señor: «Ve, toma a tu camino y tomarás y ungirás a Hazael por rey de Suria; y a Jehú, hijo de Namsí ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo, hijo de Safat, de Abelmulá, ungirás por profeta, en lugar tuyo. Y será al salvo de la espada de Hazael que matará Jehú; y al salvo de la espada de Jehú que matará Eliseo. Y dejarás(b) en Israel siete millares de varones: todas las rodillas que no hincaron rodillas a Baal, y toda boca que no le adoró.»(c). Y fuese de allí; y encuentra a Eliseo, hijo de Safat, y él araba en vacas: doce yuntas delante de él, y él en las doce; y fuese a él y arrojó su pellón sobre él. Y dejó Eliseo las vacas y corrió en pos de Elías, y dijo: «Acabaré de besar a mi padre y seguiré en pos de ti.» Y dijo Elías: «Ve, vuelve, que he hecho para ti.»(d). Y volvió de en pos de él y tomó yuntas de vacas; y sacrificó y cociólas en los aparejos de las vacas, y dio al pueblo, y comieron; y levantóse y fue en pos de Elías y le sirvió. Derrota del rey de Siria Y juntó Benadad, rey de Siria, toda su fuerza y subió y sitió a Samaria; y treinta y dos reyes con él, y todo caballo y carro; y subieron y sitiaron a Samaria y combatieron contra ella. Y envió mensajeros a Acab, rey de Israel a la ciudad y le dijo: «Esto dice Benadad: «Tu plata y tu oro es mío; y tus mujeres y tus hijos, los hermosos, míos son.» Y respondió el rey de Israel y dijo: «Según que has hablado, señor mío, rey: tuyo yo soy, y todo lo mío.» Y volvieron los mensajeros y dijeron: «Esto dice Benadad: Yo he enviado a ti, diciendo: «Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás; a esta hora, pues, mañana enviaré mis niños a ti, y escudriñarán tu casa y las casas de tus niños; y será: todos los deseos de sus ojos, sobre lo que pusieren sus manos, cogerán.» Y llamó el rey de Israel todos los ancianos de la tierra, y dijo: «Conocéis ahora y veis qué maldad éste busca; pues ha enviado a mí acerca de mis mujeres, y acerca de mis hijos y acerca de mis hijas, la plata mía y el oro mío; no le he negado». Y dijéronle los ancianos y todo el pueblo: «No oigas y no quieras.» Y respondió a los mensajeros de Benadad: «Decid a vuestro señor, al rey: todo cuanto has enviado a tu siervo primeramente, hará; pero esta palabra no podré hacer.» Y partieron los varones y lleváronle la palabra.» Y envió a él Benadad, diciendo: «Esto hágame Dios y esto añada, si ha de bastar el polvo de Samaria a las zorras(a), a todo el pueblo, a los infantes míos.» Y respondió el rey de Israel y dijo: «¡Baste! ¡No se gloríe el gacho como el recto!»(b). Y aconteció, cuando le respondió esta palabra bebiendo estaba él y todos los reyes con él, en tiendas; y dijo a sus niños: «Edificad un vallado.» Y pusieron vallado sobre la ciudad. Y he aquí que un profeta se acercó a Acab, rey de Israel, y dijo: «Esto dice el Señor: «¿Si has visto lo grande de esta muchedumbre? He aquí yo la doy hoy en tus manos, y conocerás que yo, soy el Señor.» Y dijo Acab: «¿En(c) quién?» Y dijo: «Esto dice el Señor: «En los jovencillos de los príncipes de las regiones.» Y dijo Acab: «¿Quién empezará la guerra?» Y dijo: «Tú.» Y revistó Acab a los príncipes, a los jovencillos, de las regiones; y eran doscientos treinta; y, después de esto, revistó a todo el pueblo entero: siete millares. Y salió al mediodía; y Benadad, bebiendo ebrio «en las tiendas», él y los reyes: treinta y dos reyes, auxiliares de él. Y salieron los príncipes jovencillos de las regiones, entre los primeros. Y envían y anuncian al rey de Siria, diciendo: «Varones han salido de Samaria.» Y díjoles: «¡Si a paz salen, cogerlos vivos a todos! y si a guerra han salido, vivos, cogerlos a todos; y no salgan de la ciudad princesa(d) la chiquillería de las regiones.»(e). Y el ejército, en pos de ellos. Y percutió cada uno al junto a él, y asegundó cada uno al junto a él(f); y huyó Siria, y persiguióles Israel; y sálvase Benadad sobre caballo de caballero. Y salió el rey de Israel y cogió todos los caballos y los carros; y percutió plaga grande en Siria. Y acercóse el profeta al rey de Israel y díjole: «Esfuérzate y conoce y ve qué has de hacer; pues volviendo el año, Benadad, rey de Siria, sube contra ti.» Y los niños del rey de Siria dijéronle: «Dios de montes, Dios de Israel, y no dios de valles(g); por esto ha prevalecido sobre nosotros; pero si guerreáremos con ellos por llano, de fijo prevaleceremos sobre ellos. Y esta palabra haz: despide a los reyes, a cada uno a su lugar, y pon en vez de ellos sátrapas. Y te llevaremos un ejército según el ejército caído de ti, y caballo por caballo y carros por carros; y guerrearemos contra ellos por el llano, y prevaleceremos sobre ellos.» Y oyó su voz, y se hizo así. Y aconteció, volviendo el año que revistó Benadad la Siria, y subió a Afer, en guerra contra Israel. Y los hijos de Israel fueron revistados y aprovisionados, llegáronse al encuentro de ellos; y acampó Israel en frente de ellos, tal como dos hatillos de cabras; y Siria llenó la tierra. Y acercóse el hombre de Dios y dijo al rey de Israel: «Esto dice el Señor: «Por cuanto ha dicho Siria: «Dios de montes, el Dios de Israel, y no dios de valles él, daré este ejército el grande en tu mano, y conocerás que yo soy el Señor.» Y acampan éstos en frente de éstos siete días; y aconteció que en el día séptimo sobrevino la guerra; y percutió Israel a la Siria cien millares de infantes en un(h) día. Y huyeron los sobrevivientes, a Afer, a la ciudad; y cayó el muro sobre veintisiete millares de varones de los sobrevivientes; y Benadad huyó y entró en la casa del dormitorio, en el tálamo. Y dijo a sus niños: «Sé que los reyes de la casa de Israel, reyes de misericordia son. Pongámonos ya sacos sobre nuestros lomos y cuerdas sobre nuestras cabezas, y salgamos al encuentro del rey de Israel, por si vivifica nuestras almas.» Y ciñéronse sacos sobre sus lomos, y pusieron cuerdas sobre sus cabezas, y dijeron al rey de Israel: «Tu siervo Benadad dice: «Viva ahora nuestra alma.» Y dijo: «Si todavía vive, hermano mío es.» Y los varones auguraron(i) y libaron; y recogieron la palabra de su boca y dijeron: «Hermano tuyo es Benadad.» Y dijo: «Entrad y tomadle.» Y salió a él Benadad; y súbenle a él, en el carro. Y díjole: «Las ciudades que tomó mi padre a tu padre, te devolveré; y salidas(j) te pondrás en Damasco así como puso mi padre en Samaria; y yo en alianza te despediré.» E hizo con él alianza, y despidióle. Y hombre uno de los hijos de los profetas dijo a su compañero, en verbo del Señor: «Percúteme ahora.» Y no quiso el hombre percutirle. Y díjole: «Por cuanto no has oído la voz del Señor, he aquí tú corres de mí, y te percutirá un león.» Y retiróse de él; y hállale un león, y percutióle. Y halla hombre otro, y dijo: «Percúteme ahora.» Y percutióle el hombre; percutiendo también quebrantóle. Y fue el profeta y presentóse al rey de Israel sobre el camino, y ató en venda sus ojos. Y aconteció, cuando pasaba el rey, éste clamaba al rey, y dijo: «Tu siervo salió a la milicia de la guerra; y he aquí un varón trájome un varón y díjome: «Guarda a este varón; pero si, escapando escapare, tu alma, por su alma; o un talento de plata pesarás.» Y aconteció: miró en torno tu siervo acá y acá, y ése no estaba.» Y díjole el rey de Israel: «He aquí, hasta los efugios ante mí has matado.»(k). Y apresuróse y quitó la venda de sus ojos, y conocióle el rey de Israel: que de los profetas era éste. Y díjole: «Esto dice el Señor: «Por esto: porque soltaste tú a un varón digno de muerte, de tu mano, será tu alma por el alma de él, y tu pueblo por el pueblo de él.» Y fuese el rey de Israel a su casa confuso y desfallecido; y viene a Samaria. La viña de Nabot. Y aconteció, después de estas palabras que tenía Nabot, el jezraelita, una viña junto a la era(a) de Acab, rey de Samaria. Y habló Acab a Nabot, diciendo: «Dame tu viña, y seráme en huerto de hortalizas; pues cercana está de mi casa; y te daré viña otra, buena sobre ella; pero si place delante de ti, te daré dinero precio de esta tu viña, y seráme en huerto de hortalizas.» Y dijo Nabot a Acab: «No me venga de mi Dios darte la heredad de mis padres.» Y púsose el espíritu de Acab turbado y recostóse en su lecho; y cubrió su semblante, y no comió pan. Y entró Jezabel, su mujer, a él y hablóle: «¿Por qué está tu espíritu turbado y no estás tú comiendo pan?» Y díjola: «Porque he hablado a Nabot, el jezraelita, diciendo: «Dame tu viña por dinero; mas si quieres, te daré otra por ella.» Y dijo: «No te daré la heredad de mis padres.» Y díjole Jezabel, su mujer: «¿Tú ahora así haces de rey sobre Israel? Levántate y come pan y estáte en ti; yo te daré la viña de Nabot el jezraelita.» Y escribió carta en el nombre de Acab y selló con el sello de él; y envió la carta a los ancianos y a los libres los de la ciudad de él, los habitantes con Nabot. Y escrito estaba en las cartas, diciendo: «Ayunad ayuno y sentad a Nabot al principio del pueblo. Y colocad a dos varones hijos de inicuos enfrente de él, y testimonien contra él, diciendo: «Bendijo(b) a Dios y al rey» y sáquenle fuera y apedréenle y muera.» E hicieron los varones de la ciudad de él los ancianos y los libres, los habitantes en la ciudad de él, así como envió a ellos Jezabel, y según lo que había escrito en las cartas que les envió. Y pregonaron ayuno, y colocaron a Nabot al principio del pueblo. Y entraron dos varones, hijos de inicuos y sentáronse enfrente de él y testimoniaron contra él, varones de la apostasía, frente a frente del pueblo, diciendo: «Has bendecido a Dios y al rey.» Y le sacaron fuera de la ciudad y apedrearon en piedras y murió. Y enviaron cerca de Jezabel, diciendo: «Apedreado está Nabot y muerto.» Y aconteció, cuando oyó Jezabel que estaba Nabot apedreado y muerto, dijo a Acab: «Levántate y posee la viña de Nabot el jezsraelita, que no dio por dinero; pues no está Nabot vivo, porque ha muerto.» Y aconteció, como oyó Acab que estaba muerto Nabot el jezraelita, rasgó sus vestiduras y revistióse de saco; y aconteció, después de esto, levantóse Acab y descendió a la viña de Nabot, el jezraelita, a poseerla. Y dijo el Señor a Elías, el tesbita, diciendo: «Levántate y desciende al encuentro de Acab, rey de Israel, el de Samaria; pues éste está en viña de Nabot porque ha descendido allí a poseerla; Y le hablarás diciendo: Esto dice el Señor: «Como tú has matado y poseído, por eso esto dice el Señor: «En todo lugar donde han lamido los puercos y los perros la sangre de Nabot, allí lamerán los perros tu sangre, y las rameras lavarán en tu sangre.»(c). Y dijo Acab a Elías: «¿Si me has hallado enemigo mío?» Y dijo: «Te he hallado; por esto: porque en vano te has vendido a hacer lo malo a faz del Señor, para irritarle. He aquí yo traigo sobre ti males; y quemaré en pos de ti y exterminaré, de Acab a todo meante en pared y a guardado y abandonado en Israel; y daré tu casa como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y como la casa de Baasá, hijo de Ahías, por las exacerbaciones con que exacerbaste e hiciste pecar a Israel.» Y a Jezabel ha hablado el Señor, diciendo: «Los perros devoraránla en el antemural de Jezrahel. Al muerto de Acab en la ciudad comerán los perros; y al muerto suyo en el campo comerán los volátiles del cielo. Por cierto, en vano Acab; quien se vendió a hacer lo malo a faz del Señor, cual le mudó Jezabel, su mujer, e hízose abominable sobremanera, andando tras de las abominaciones; según todo lo que hizo el amorreo; a quien exterminó el Señor de la faz de hijos de Israel.» Y por la palabra, ¡cómo se compungió Acab ante la faz del Señor! y caminaba llorando; y rasgó su túnica, y ciñóse saco sobre su cuerpo y ayunó; y se revistió de saco en el día que percutió a Nabot, el jezraelita(d); y anduvo inclinado. Y vino palabra del Señor en mano de su siervo Elías acerca de Acab y dijo el Señor: (21:28) «¿Has visto cómo se ha compungido Acab ante mi faz? No traeré el mal en los días de él; sino en los días de su hijo traeré el mal sobre la casa de él». Acab y Josafat. Miqueas y los pseudoprofetas. Y reposaron tres años y no hubo guerra en medio de Siria y en medio de Israel. Y aconteció en el año tercero descender Josafat, rey de Judá, al rey de Israel. Y dijo el rey de Israel a los suyos: «¿No sabéis que Ramat Galaad es nuestra, y nosotros callamos(a) tomarla de manos del rey de Siria?» Y dijo el rey de Israel a Josafat: «¿Subirás con nosotros a Ramat Galaad, a guerra?» y dijo Josafat al rey de Israel: «Así como yo, también tú así; así como mi pueblo, tu pueblo; como mis caballos, tus caballos.» Y dijo Josafat rey de Judá al rey de Israel: «Consultad ahora hoy al Señor.» Y juntó el rey de Israel todos los profetas, como cuatrocientos varones, y díjoles el rey: «¿Si iré a Ramat Galaad a guerra o desistiré?» Y dijeron: «Sube», y dando dará el Señor en manos del rey.» Y dijo Josafat al rey de Israel: «¿No hay aquí un profeta del Señor, y consultaremos al Señor por medio de él?» Y dijo el rey de Israel a Josafat: «Uno hay para consultar por medio de él al Señor; y le odio, pues no habla acerca de mí cosas bellas, sino malas: Miqueas, hijo de Yemlá.» Y dijo Josafat, rey de Judá: «No diga el rey así.» Y llamó el rey de Israel a un eunuco, y le dijo: «Presto traed a Miqueas, hijo de Yemlá.» Y el rey de Israel y Josafat, rey de Judá estaban sentados, sobre sus tronos armados(b) en las puertas de Samaria; y todos los profetas profetizaban a faz de ellos. E hízose Sedecías, hijo de Canaaná cuernos férreos y dijo: «Esto dice el Señor: «En éstos cornearás a la Siria, hasta acabarle.» Y todos los profetas profetizaban así, diciendo: «Sube a Ramat Galaad, y bien te encaminará y dará el Señor en tus manos también al rey de Siria». Y el mensajero, el ido a llamar a Miqueas, hablóle, diciendo: «He aquí ahora hablan todos los profetas, en boca una, cosas bellas acerca del rey; hazte ahora también tú, en tus palabras, según las palabras de uno de éstos y habla cosas bellas.» Y dijo Miqueas: «Vive el Señor que lo que me hablare el Señor, esto hablaré.» Y vino al rey; y díjole el rey: «Miqueas, ¿si subiré a Ramat Galaad a guerra, o desistiré?» Y díjole: «Sube, y bien encaminará el Señor en mano del rey.»(c). Y díjole el rey: «¿Cuántas veces yo te conjuro que me hables la verdad en nombre del Señor?» Y dijo: «No es así: he visto a todo Israel disperso en los montes como rebaño que no tiene pastor; y dijo el Señor: «¿No, señor de éstos Dios?(d). Cada uno a su casa en paz se vuelva.» Y dijo el rey de Israel a Josafat, rey de Judá: «¿No te dije que no me profetiza éste cosas bellas, sino que malas?» Y dijo Miqueas: «No así; no yo; oye palabra del Señor, no así: vi al Dios de Israel sentado sobre su trono; y toda la milicia del cielo estaba en torno de él, a su diestra y a su siniestra. Y dijo el Señor: «¿Quién engañará a Acab, rey de Israel; y subirá y caerá en Ramat Galaad?» Y dijo éste así, y éste así. Y salió un espíritu y púsose a faz del Señor y dijo: «Yo le engañaré.» Y díjole el Señor: «¿En qué?» Y dijo: «Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.» Y dijo: «Engañarás; que también podrás; sal y haz así.» Y ahora he aquí ha dado el Señor un espíritu mentido en la boca de todos tus profetas éstos; y el Señor ha hablado sobre ti cosas malas.» Y acercóse Sedecías, hijo de Canaaná y percutió a Miqueas en la mejilla, y dijo: «¿Qué espíritu del Señor éste ha pasado de mí, el que ha hablado en ti?» Y dijo Miqueas: «He aquí tú verás en aquel día cuando entrares en alcoba de la alcoba, a ocultarte allí.» Y dijo el rey de Israel: «Coged a Miqueas, y volvedle a Amón, el rey de la ciudad. Y a Joás, hijo del rey di: «Dice el rey y poner a éste en prisión, y que él coma pan de tribulación y agua de tribulación, hasta volver yo en paz.» Y dijo Miqueas: «Si volviendo volvieres en paz, no ha hablado el Señor en mí.» Y dijo: «Escuchad pueblos todos.» Y subió el rey de Israel y Josafat, rey de Judá con él a Ramat Galaad. Y dijo el rey de Israel a Josafat, rey de Judá: «Encubriréme y entraré en la guerra; y tú ponte la vestidura mía.» Y encubrióse el rey de Israel, y entró en la guerra. Y el rey de Siria mandó a los príncipes de sus carros: treinta y dos, diciendo: «No guerrearéis contra pequeño y grande, sino que contra el rey de Israel solísimo.» Y aconteció, cuando vieron los príncipes de los carros a Josafat, rey de Judá, ellos dijeron: «Parece rey de Israel éste.» Y acercáronle a guerrear, y gritó Josafat. Y aconteció, como vieron los príncipes de los carros que no es el rey de Israel éste, volviéronse de él. Y tendió uno el arco certeramente, y percutió al rey de Israel en medio del pulmón y en medio de la coraza; y dijo a su auriga: «Vuelve tus manos y sácame de la guerra que herido estoy.» Y fluctuó la guerra en aquel día, y el rey estúvose sobre el carro en frente de Siria, desde el alba hasta la tarde y destilaba la sangre, desde la herida al seno del carro; y murió al atardecer; y corría la sangre de la mudanza hasta el seno del carro(e). Y púsose el heraldo del ejército en el campamento, poniéndose el sol, diciendo: «Cada cual a su ciudad y a su tierra corra; que ha muerto el rey.»(f). Y vinieron a Samaria, y sepultaron al rey en Samaria. Y lavaron la sangre sobre la fuente de Samaria, y lamiéronse los puercos y los perros la sangre; y las rameras laváronse en la sangre(g); según la palabra del Señor la que habló. Y lo demás de las palabras de Acab y todo lo que hizo y una casa marfileña que edificó, y todas las ciudades que hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los reyes de Israel? Y durmióse Acab con sus padres, y reinó Ocozías, su hijo, en lugar de él. Y Josafat, hijo de Asa, reinó sobre Judá; en año cuarto de Acab, rey de Israel, reinó Josafat; hijo de treinta y cinco años, al reinar; y veinticinco años reinó en Jerusalén, y nombre de su madre Azubá, hija de Salaí. Y anduvo en toda vía de Asa, su padre; no declinó de ella; haciendo lo recto en ojos del Señor. (22:44) Empero las alturas no quitó; todavía el pueblo sacrificaba e incensaba en las alturas. (22:45) Y paz tuvo Josafat con el rey de Israel. (22:46) Y lo demás de las palabras de Josafat y los poderíos de él, cuanto hizo y cuanto guerreó, ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días de reyes de Judá? (22:47) Y el resto de la inmutación(h) que quedó en días de Asa, su padre, recogió de la tierra. (22:48) Y rey no había en Edom(i), constituido. (22:49) Y el rey Josafat hizo naves társicas(j) que fueran a Ofir por oro; y no fueron, porque destrozadas fueron naves en Asión-Gaber. (22:50) Entonces dijo Ocozías, hijo de Acab, a Josafat: «Vayan mis siervos con tus siervos en las naves.» Y no quiso Josafat. (22:51) Y durmióse Josafat con sus padres, y fue sepultado junto a sus padres en la ciudad de David, su padre; y reinó Joram, su hijo, en lugar de él. (22:52) Y Ocozías, hijo de Acab, reinó sobre Israel en Samaria; en año décimo séptimo de Josafat, rey de Judá, Ocozías, hijo de Acab, reinó en Israel, en Samaria, dos años. (22:53) E hizo lo malo a faz del Señor, y anduvo en camino de Acab, su padre, y en camino de Jezabel, su madre, y en los pecados de casa de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. (22:54) Y sirvió a los baalim, y adorólos, e irritó al Señor, Dios de Israel, según todo lo hecho antes de él(k). Persigue Ocozías a Elías. Fuego del cielo. Muere el rey. Y rebelóse Moab en Israel, después de morir Acab. Y cayó Ocozías por el enrejado en la terraza de él en Samaria y enfermó. Y envió mensajeros y díjoles: «Id y consultad en el Baal-mosca(a), dios de Acarón, si he de vivir de esta mi enfermedad». Y un ángel del Señor llamó a Elías, el tesbita, diciendo: «Levantándote ¡acá! al encuentro de los mensajeros de Ocozías, rey de Samaria, y les dirás: ¿Si, por no haber, Dios en Israel, vosotros vais a consultar en el Baal-mosca, dios de Acarón? Y no así; pues esto dice el Señor: «El lecho sobre el cual has subido allí —no bajarás de él, porque de muerte morirás». Y fue Elías, y díjoles: Y volvieron los mensajeros a él, y díjoles: «¿Qué, porqué habéis vuelto?». Y dijéronle: «Un varón subió a nuestro encuentro y díjonos: «Id, volved al rey, al que os ha enviado y decidle: «Esto dice el Señor: «¿Si por no haber Dios en Israel, tú vas para consultar en Baal-mosca, dios de Acarón? No así; el lecho sobre el cual has subido allí —no bajarás de él, porque de muerte morirás». Y los vueltos anunciaron al rey según que les habló Elías(b). Y díjoles: «¿Cuál el distintivo del varón el que os subió al encuentro y os habló estas palabras». Y dijéronle: «Varón piloso, y de cinturón pelíceo ceñido en torno del lomo de él». Y dijo: «Elías, el tesbita, este es». Y envió a él a un príncipe cincuentenario y los cincuenta hombres de él; y subió a él. Y he aquí Elías sentado estaba sobre la cima del monte. Y habló el príncipe cincuentenario a él y dijo: «Hombre de Dios, el rey te ha llamado: Desciende». Y respondió Elías y dijo al príncipe cincuentenario: «Y si soy hombre de Dios, yo, bajará fuego desde el cielo y te devorará a ti y a los cincuenta tuyos». Y bajó fuego desde el cielo y devoróle, y a los cincuenta de él. Y prosiguió el rey y envió a él a otro príncipe cincuentenario y los cincuenta de él; y ascendió y habló el príncipe cincuentenario a él y dijo: «Hombre de Dios esto dice el rey: «Presto desciende». Y respondió Elías y hablóle y dijo: «Si soy hombre de Dios, yo, bajará fuego desde el cielo y devorará a ti y los cincuenta tuyos». Y bajó fuego desde el cielo y devoróle y a los cincuenta de él. Y prosiguió el rey todavía enviando a un caudillo y los cincuenta de él; y vino el príncipe cincuentenario el tercero y doblóse sobre sus rodillas delante de Elías y rogóle; y le habló y dijo: «Hombre de Dios, encarezca mi alma y el alma de estos siervos tuyos, los cincuenta en tus ojos; he aquí ha bajado fuego desde el cielo y devorado a los dos príncipes cincuentenarios los primeros y a los cincuenta de ellos; y ahora encarezca ya mi alma en tus ojos». Y habló un ángel del Señor a Elías y dijo: «Desciende con él: no temas a la faz de ellos». Y levantóse Elías y bajó con él al rey; y hablóle y dijo Elías: «Esto dice el Señor: «¿Qué, por qué has enviado mensajeros a consultar en el Baal-mosca, dios de Acarón? ¿Por no haber Dios en Israel para consultar en palabra de él? ¿No es así? El lecho sobre el cual has subido, allí no bajarás de él; porque de muerte morirás». Y murió según la palabra del Señor que habló Elías. Y reinó Joram, su hermano, en lugar de él, en año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá; pues no tenía hijo. Y lo demás de las palabras de Ocozías lo que hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días, para reyes de Israel? —Y Joram, hijo de Acab, reina sobre Israel en Samaria, años doce, en año décimo octavo de Josafat, rey de Judá; e hizo lo malo a faz del Señor; empero no como sus hermanos, ni como su madre; y quitó las columnas de Baal que hizo su padre, y destrozólas; empero a los pecados de casa de Jeroboam, quien hizo pecar a Israel, adhirió, ni se apartó de ellos. Y enfurecióse con ira el Señor contra la casa de Acab(c). Asunción de Elías. Eliseo sana aguas. Los niños y los osos. Y aconteció, al asumir el Señor en retembla a Elías como al cielo, iba Elías y Eliseo, de Galgal. Y dijo Elías a Eliseo: «Siéntate ahora aquí; porque Dios me ha enviado hasta Betel». Y dijo Eliseo: «¡Vive Señor y vive tu alma, si te he de abandonar!» Y vino a Betel. Y vinieron los hijos de los profetas, los en Betel, a Eliseo y dijéronle: «¿Si has conocido que el Señor hoy toma a tu señor de sobre tu cabeza?» Y dijo: «También yo he conocido; callad». Y dijo Elías a Eliseo: «Siéntate ahora aquí; porque el Señor me ha enviado a Jericó». Y dijo: «Vive el Señor y vive tu alma, si te he de abandonar!» Y vinieron a Jericó; y acercáronse los hijos de los profetas de Jericó, a Eliseo y dijéronle: «¿Si has conocido que hoy toma el Señor a tu señor de sobre tu cabeza?». Y dijo: «También por cierto yo he conocido; callad». Y díjole Elías: «Siéntate ahora aquí porque el Señor me ha enviado al Jordán». Y dijo Eliseo: «¡Vive Señor y vive tu alma si te he de abandonar!» Y fueron ambos y cincuenta varones, hijos de los profetas, y paráronse frente a frente, en lontananza; y ambos paráronse sobre el Jordán. Y tomó Elías su pellón y enrolló, y golpeó el agua; y hendióse el agua acá y acá; y pasaron ambos en seco. Y aconteció al pasar ellos que Elías dijo a Eliseo: «Pide que te haga yo, antes de ser asumido yo de ti». Y dijo Eliseo: «Hágase ahora lo duplo en tu espíritu sobre mí». Y dijo Elías: «Duro has sido para pedir; si me vieres asumido de ti, te será así; y, si no, no te habrá de ser». Y aconteció, ellos caminando caminaban y hablaban; y he aquí que un carro de fuego y bridones de fuego, les dividieron en medio de entrambos; y asumido fue Elías en retemblor como al cielo. Y Eliseo miraba y gritaba: «¡Padre, padre! carro de Israel y su auriga(a)». y no le vio más; y tomó sus vestiduras y rasgólas en dos rasgones. Y levantó el pellón de Elías, que cayera sobre él; y volvió Eliseo y paróse sobre el labio del Jordán. Y tomó el pellón Eliseo, el que cayó sobre él y golpeó el agua y dijo: «¿dónde está el Dios de Elías el eterno?»(b) Y golpeó las aguas y hendiéronse acá y acá, y pasó Eliseo. Y viéronle los hijos de los profetas los en Jericó, frente a frente y dijeron: «Reposando está el espíritu de Elías sobre Eliseo.» Y vinieron a su encuentro y adoráronle sobre la tierra; y dijéronle: «He aquí ahora, con tus niños, cincuenta varones, hijos de poder; yendo ahora busquen a tu señor, no sea que le haya alzado el espíritu del Señor y lanzádole en el Jordán o sobre uno de los montes o sobre una de las colinas»(c). Y dijo: «No enviéis». Y obligáronle hasta avergonzarle, y dijo: «Enviad». Y enviaron cincuenta varones y buscaron tres días, y no le hallaron. Y volvieron a él; y él sentado estaba en Jericó; y dijo Eliseo: «¿No os dije: «No vayáis»? Y dijeron los varones de la ciudad a Eliseo: «He aquí la habitación de la ciudad, buena, según que el señor ve; y las aguas, malas, y la tierra abortiva(d)». Y dijo Eliseo: «Tomadme una anforita nueva, y poned allí sal». Y tomaron y trajéronle. Y salió Eliseo a la salida del agua y arrojó allá sal, y dijo: «Esto dice el Señor: «He sanado estas aguas; no será ya de allí muerte y abortiva». Y sanaron las aguas desde este día, según la palabra de Eliseo, la que habló. Y subió de allí a Betel; y, subiendo él en el camino, rapazuelos pequeños salieron de la ciudad, e íbanse burlando de él y decíanle: «Sube, calvo; sube, calvo». y volvióse en pos de ellos y los vio y maldíjolos en nombre del Señor; y he aquí salieron dos osos del bosque y destrozaron de ellos, cuarenta y dos rapaces. Y fue de allí, al monte: al Carmelo, y de allí retornó a Samaria. Moab vencido. Agua sin lluvia. Y Joram, hijo de Acab, reinó en Israel, en el año décimoctavo de Josafat, rey de Judá; y reinó doce años. E hizo lo malo en ojos del Señor; empero no como su padre, y no como su madre. Removió las columnas de Baal que hizo su padre; empero al pecado de Jeroboam, hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel, se adhirió y no se apartó de él. Y Mesa, rey de Moab, era pastor, y tributaba al rey de Israel, en(a) la rebelión, cien millares de corderos y cien millares de carneros con sus lanas. Y aconteció, después de morir Acab, rebelarse el rey de Moab contra el rey de Israel. Y salió el rey Joram, en aquel día, de Samaria; y revistó a Israel. Y fue y envió cerca de Josafat, rey de Judá, diciendo: «El rey Moab se ha rebelado contra mí, ¿si irás conmigo contra Moab, en guerra»? Y dijo: «Subiré, el semejante a mí, semejante a ti; como mi pueblo, el pueblo tuyo; como mis bridones, los bridones tuyos». Y dijo: «¿Por qué vía ascenderé»? Y dijo: «Vía desierta de Edom». Y fue el rey de Israel y el rey de Judá y el rey de Edom; y rodearon camino de siete días; y no había agua para el campamento y las bestias las en sus pies(b). Y dijo el rey de Israel: «¡Ay! que ha llamado el Señor a los tres reyes combatientes para entregarlos en mano de Moab». Y dijo Josafat: «¿No hay aquí profeta del Señor, y buscaremos al Señor por él?» Y respondió uno de los niños del rey de Israel y dijo: «Aquí Eliseo, hijo de Safat, que derramaba agua sobre manos de Elías»(c). Y dijo Josafat: «Tiene palabra del Señor». Y descendió a él, el rey de Israel; y Josafat, rey de Judá y rey de Edom. Y dijo Eliseo al rey de Israel: «¿Qué a mí y a ti? Ve a los profetas de tu padre y los profetas de tu madre». Y díjole el rey de Israel: «No; sino que ha llamado el Señor a los tres reyes para entregarlos en manos de Moab». Y dijo Eliseo: «¡Vive el Señor de los ejércitos, ante quien estoy, a faz de él, que, si el rostro de Josafat, rey de Judá, yo no considerase ¡si volviera los ojos a ti y mirárate! Y ahora, tráeme un cantante». Y aconteció, al cantar el cantante, que vino sobre él la mano del Señor. y dijo: «Esto dice el Señor: «Haced este torrente(d), fosos y fosos». Porque esto dice el Señor: «No veréis viento y no veréis lluvia, y este torrente llenaráse de agua y beberéis vosotros y las bestias de vosotros; y leve ésta(e) en ojos del Señor: también entregará a Moab en vuestra mano. Y percutiréis toda ciudad fortificada y toda ciudad elegida; y todo leño bueno derribaréis; y todas fuentes de agua obstruiréis y toda parte buena inutilizaréis en piedras». Y aconteció, al alba, subiendo la hostia, he aquí aguas venían camino de Edom y llenóse la tierra de agua. Y toda Moab oyeron que subieron los tres reyes a guerrear contra ellos, y vociferaron de doquiera ceñidos de ceñidor. Y dijeron: «¡Oh!»; y pusiéronse en el confín(f). Y madrugaron al alba; y el sol salió sobre las aguas; y vio Moab en frente las aguas rojas como sangre. Y dijeron: «Sangre, ésta de espada; y se han combatido los reyes, y percutido, varón a su vecino; y ahora; sobre los despojos, Moab». Y entraron en el campamento de Israel, e Israel levantóse y percutió a Moab, y huyeron a faz de ellos; y entraron llegándose e hirieron a Moab; y las ciudades arrasaron; y a toda parte buena arrojaron varón la piedra y llenáronla; y toda fuente de agua obstruyeron; y todo leño bueno derribaron, hasta dejar las piedras del muro demolidas; y cercaron los honderos y percutiéronla. Y vio el rey Moab que prevaleció sobre él la guerra, y tomó consigo setecientos varones desenvainando espada, para romper al través al rey de Edom, y no pudieron. Y tomó al hijo suyo, al primogénito a quien enreyeciera en su lugar, y ofrecióle por holocausto sobre el muro; y vino arrepentimiento(g) grande contra Israel; y decamparon de él y retornaron a la tierra. El aceite de la viuda. El hijo de la sunamita. Alimento sanado. Multiplicación de panes. Y mujer una de los hijos de los profetas clamaba a Eliseo, diciendo: «Tu siervo, mi marido murió, y tú conoces que tu siervo era temeroso del Señor; y el acreedor ha venido a tomarme los dos hijos míos para siervos». Y díjola Eliseo: «¿Qué te he de hacer»? Cuéntame qué tienes en casa» Y ella dijo: «No tiene tu sierva nada en la casa sino una vasija con que me he de ungir, aceite». Y díjola: «Ve, pídete vasos, de fuera, de todos tus vecinos; vasos vacíos; no te acortes. Y entrarás y cerrarás la puerta tras de ti y tras tus hijos; e irás vertiendo aceite en todos estos vasos y el lleno alzarás». Y retiróse de él. Y cerró la puerta tras sí y tras sus hijos; ellos acercábanse a ella y ella vertía hasta llenarse los vasos. Y dijo a sus hijos: «Traedme todavía el vaso». Y dijéronla: «No hay ya vaso». Y paró el aceite. Y vino y anunció al hombre de Dios, y dijo Eliseo: «Ve y vende el aceite; y pagarás tus deudas; y tú y tus hijos viviréis en el sobrante aceite». Y vino un día, y pasó Eliseo a Samaria, y allí, una mujer grande, y retúvole a comer pan; y aconteció, al pasar él bastante, hospedábase allí a comer. Y dijo la mujer a su marido: «He aquí ahora he conocido que es un hombre de Dios santo, éste que pasa por nosotros a menudo; hagámosle ahora un terrado, lugar pequeño y pongámosle allí lecho, y mesa, y silla, y candelabro; y será, al pasar él a nosotros que se hospedará ahí». Y aconteció un día que entró allí y hospedóse en el terrado y durmió allí. Y dijo a Giezi, niñito suyo: «Llámame a la sunamita ésta». Y llamóla y paróse a faz de él. Y díjole: «Dile ahora: «He aquí has salido de ti, por nosotros con esta salida(a); ¿qué hay que hacer por ti? ¿Si tienes palabra para el rey o para el príncipe de la milicia?» Pero ella dijo: «En medio del pueblo, yo soy, habito(b)». Y dijo a Giezi: «¿Qué hay que hacer»? Y dijo Giezi el niñito de él: «A la verdad, hijo no tiene y su marido, anciano». Y dijo: «Llámala». Y llamóla; y paróse a la puerta. Y díjola Eliseo: «En este tiempo, al año, viviendo tú(c), abrazarás a un hijo». Mas ella dijo: «No, señor, hombre de Dios: no mientas a tu sierva». Y concibió la mujer, y parió un hijo, en este tiempo, al año, viviendo; como le habló Eliseo. Y creció el niñito; y aconteció, al salir su padre a los segadores, dijo a su padre: «¡Mi cabeza! mi cabeza! «Y dijo al(d) niñito: «Llévale a su madre», Y llevóle a su madre, y durmió sobre sus rodillas hasta mediodía, y murió. Y subióle y acostóle en el lecho del hombre de Dios y cerró tras él y salió; y llamó a su marido y le dijo: «Envíame ahora uno de los niñitos y una de las asnas, y correré hasta el hombre de Dios, y volveré». Y dijo: «¿Qué por qué tú has de ir a él hoy, no(e) neomenia, ni sábado?» Y ella dijo: «Paz»(f). Y aparejó el asna y dijo a su sirviente: «Anda, camina; no me detengas en el marchar, sino diciéndote yo; ¡Acá! e irás y vendrás al hombre de Dios, al monte, al Carmelo»(g). Y fue y vino hasta el hombre de Dios, al monte, y aconteció, al verla Eliseo venir, dijo a Giezi, su mozo: «He ahí ahora a la sunamita aquella; ya corre a su encuentro, y dirás: «¿La paz a ti? ¿La paz a tu marido? ¿La paz a tu niñito?» Y ella dijo: «Paz». Y vino a Eliseo al monte y estrechóle los pies y acercóse Giezi a quitarla: Y dijo Eliseo: «Déjala, que el alma de ella, muy dolorida en ella, y el Señor ha ocultado de mí, y no anunciádome». Y ella dijo: «¿Acaso he pedido hijo a mi señor? ¿Que no dije: «No me engañes?». Y dijo Eliseo a Giezi: «Ciñe tu lomo, y toma mi báculo en tu mano, y ve, que, si hallares varón, no le bendigas(h) y si te bendijere varón, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niñito». Y dijo la madre del niñito: «¡Vive Señor y vive tu alma, si te he de dejar!» Y levantóse Eliseo y fue en pos. Y Giezi pasó delante de ella y puso el báculo sobre el rostro del niñito; y no había voz, y no había oído; y volvió al encuentro de él y anuncióle diciendo: «No ha despertado el niñito». Y entró Eliseo en la casa, y he aquí el niñito muerto recostado en el lecho de él. Y entró Eliseo en la casa y cerró la puerta tras los dos ellos, y oró al Señor. Y subió y acostóse sobre el niñito, y puso su boca sobre la boca de él; y sus ojos sobre los ojos de él, y sus manos sobre las manos de él y encogióse sobre él; y fue calentándose la carne del niñito. Y volvió y anduvo en la casa acá y acá; y subió y encogióse, juntándose, sobre el niñito hasta siete veces(i); y abrió el niñito sus ojos. Y voceó Eliseo a Giezi y dijo: «Llama a esa sunamita». Y llamóla y entró a él, y dijo Eliseo: «Toma tu hijo» Y entró la mujer y cayó sobre los pies de él, y adoró en la tierra; y tomó su hijo y salió. Y Eliseo volvió a Gálgala; y había hambre en la tierra; y los hijos de los profetas asentáronse a faz de él; y dijo Eliseo a su criado: «Pon la olla la grande, y cuece cocimiento a los hijos de los profetas». Y salió al campo a recoger hierbas, y halló una vid en el campo y recogió de ella coloquíntida silvestre, lleno su manto; y viniendo, echó en la olla del cocimiento; pues no conocían. Y toca a los varones comer; y aconteció, al comer ellos del cocimiento, que gritaron y dijeron: «¡Muerte en la olla, hombre de Dios!». Y no pudieron comer. Y dijo: «Tomad harina y echad en la olla». Y dijo Eliseo a Giezi a su criado: «Vacía para el pueblo, y coman». Y no hubo allí ya palabra mala en la olla. Y un varón pasó de Baal-Salisá y trajo al hombre de Dios, de primicias veinte panes cebadeños y masas; y dijo: «Dad al pueblo, y coman». Y dijo su servidor: «¿Qué doy esto delante de cien varones?» Y dijo: «Dad al pueblo, y coman, pues esto dice el Señor: «Comerán y dejarán». Y dio a faz de ellos, y comieron y dejaron; según la palabra del Señor. Naamán sana de la lepra. Enferma de ella Giezi. Y Naamán, el príncipe del ejército de Siria era varón grande a faz de su señor, y muy admirado de rostro, pues en él dio el Señor salud a Siria; y el varón era poderoso en fuerza; pero estaba leproso. Y Siria —salieron sólo ceñidos(a), y cautivaron de tierra de Israel, a una niñita pequeña; y estaba a faz de la mujer de Naamán. Pero ella dijo a su señora: «¡Ojalá mi señor(b), a faz del profeta de Dios, del de Samaria! —entonces le librará de la lepra de él». Y entró(c) y contó a su señor; y dijo: «Así y así ha hablado la niña, la de tierra de Israel». Y dijo el rey de Siria a Naamán: «Ve, entra; y enviaré un librito al rey de Israel». Y fue y tomó en su mano diez talentos de plata y seis mil áureos y diez estolas de mudar. Y llevó el librito al rey de Israel, diciendo: «Y ahora cuando llegue este librito a ti, he aquí yo he enviado cerca de ti a Naamán, tu siervo, y le librarás de su lepra». Y aconteció cuando leyó el rey de Israel el librito que rasgó sus vestiduras, y dijo: «¿Soy Dios yo para matar y vivificar, que éste envía a mí para que yo libre a un varón de su lepra? Pues bien: conoced ahora y ved qué pretexta(d) éste conmigo». Y aconteció, al oír Eliseo, hombre de Dios, que rasgó el rey de Israel sus vestiduras que envió cerca del rey de Israel diciendo: «¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Venga ahora a mí Naamán y conozca que hay profeta en Israel». Y vino Naamán en caballo y carro y paró a puerta de casa de Eliseo. Y envióle Eliseo un mensajero, diciendo: «Yendo, báñate siete veces en el Jordán, y mudarásete tu carne y te depurarás». Y airóse Naamán y se retiró y dijo: «He aquí he dicho: «A mí seguramente saldrá, y detendráse e invocará en el nombre de su Dios, y pondrá su mano sobre el sitio y despedirá lo leproso; ¿acaso no son buenos Abaná y Farfar, ríos de Damasco, sobre todas las aguas de Israel? ¿Acaso yendo, no he de bañarme en ellos y me depuraré?» Y apartóse y se fue con ira. Y llegáronse sus siervos y le hablaron: «Padre, gran palabra te ha hablado el profeta: ¿acaso no harás lo que te dijo: «Báñate y te depurarás?». Y descendió Naamán y sumergióse en el Jordán siete veces, según la palabra de Eliseo, y mudóse su carne, como carne de pequeñuelos, y se depuró. Y volvió a Eliseo, él y todo su real y vino y detúvose a faz de él y dijo: «He aquí he conocido que no hay Dios en toda la tierra sino sólo en Israel; y ahora toma la bendición de tu siervo». Y dijo Eliseo: «¡Vive Señor, ante quien estoy, a faz de él, no he de tomar!» Y forzóle mucho para que tomase; y no obedeció. Y dijo Naamán: «Y si no, dése ya a tu siervo una carga(e): un par de(f) mulas; pues no hará ya tu siervo holocausto y hostia a dioses otros, sino al Señor con esta palabra(g). Y se apiadará el Señor de tu siervo al entrar mi señor en casa de Remón, a adorar allí; y él reposará sobre mi mano, y adoraré en casa de Remón, al adorar él en casa de Remón; y se apiadará ya el Señor de tu siervo, en esta palabra». Y dijo Eliseo a Naamán: «Ve a paz». Y retiróse, de él, un trecho de tierra. Y dijo Giezi, el criado de Eliseo: «He aquí ha perdonado mi señor a Naamán, a este siro, no tomando de su mano lo que trajera; ¡vive el Señor! que —si no he de correr tras él y tomar de él algo». Y fue corriendo Giezi tras de Naamán. Y vióle Naamán correr tras sí, y volvió del carro a su encuentro y dijo: «¿Paz?» Y dijo: «Paz ¡mi señor me ha enviado, diciendo: «He aquí ahora han venido a mí dos niñitos de monte Efraín, de los hijos de los profetas, dadles ya un talento de plata y dos estolas de mudar». Y dijo: «Toma un doble talento de plata en dos sacos y dos estolas de mudar. «Y dio sobre dos criados suyos y llevaron delante de él. Y vino a lo tenebroso y tomó de la mano de ellos y guardó en su casa y despidió a los varones; y se fueron. Y él entró y púsose ante su señor, y díjole Eliseo: «¿De dónde Giezi?» Y dijo Giezi: «No ha ido tu siervo acá ni acá». Y díjole Eliseo: «¿Acaso mi corazón no fue contigo, cuando volvió el varón, del carro, a tu encuentro? Y ahora has tomado la plata, y ahora has tomado las vestiduras y olivares y viñas; y ovejas y vacas; y niños y niñas; y la lepra de Naamán se pegará en ti y en tu simiente por el siglo». Y salió de ante la faz de él, leproso como la nieve. Hierro nadando. Siros cegados. Hambre. Y dijeron los hijos de los profetas a Eliseo: «He aquí ahora el lugar en que nosotros habitamos ante ti es angosto para nosotros; vamos ya hasta el Jordán y tomemos de allí varón uno, viga una y hagámonos(a) allí para habitar allí». Y dijo: «Id». Y dijo el uno: «Ahora ven con tus siervos». Y dijo: «Yo iré». Y fue con ellos y vinieron al Jordán y cortaron los leños. Y he aquí el uno derribando la viga, y el hierro se le cayó al agua, y gritó y dijo: «Oh señor, y él ocultado(b)». Y dijo el hombre de Dios: «¿Dónde cayó?» Y mostróle el lugar. Y cortó leño y arrojó allí, y sobrenadó el hierro. Y ha dicho: «Alzatelo». Y extendió la mano y cogiólo. Y el rey de Siria estaba guerreando contra Israel, y consultóse con sus servidores, diciendo: «En tal y tal sitio acamparé». Y envió Eliseo cerca del rey de Israel, diciendo: «Guárdate de pasar por ese sitio, pues allí Siria está oculta». Y envió el rey de Israel al sitio que le dijo Eliseo, y apartóse de él y guardóse de allí, no una vez ni dos(c). Y desasosegóse el alma del rey de Siria por esta palabra; y llamó a sus niños y les dijo: «¿No me anunciaréis quien me traiciona ante el rey de Israel?». Y dijo uno de sus niños: «No, no mi señor rey; que Eliseo, el profeta, el de Israel, anuncia al rey de Israel todas las palabras que hablan en el secreto de tu alcoba». Y dijo: «Id, ved dónde esté, y enviando, tomárele». Y anunciáronle, diciendo: «He aquí, en Dotán». Y envió allá caballo y carro y fuerza pesada; y vinieron de noche y cercaron la ciudad. Y madrugó el servidor de Eliseo a levantarse y salió; y he aquí, vio fuerza rodeando la ciudad, y caballo y carro; y díjole el mozo: «Oh señor ¿cómo haremos?» Y dijo Eliseo: «No temas, porque más son los que están con nosotros que con ellos». Y oró Eliseo y dijo: «Señor, abre ahora los ojos del criado y que vea». Y abrió el Señor los ojos de él, y vio; y he aquí el monte, lleno de bridones y carros de fuego(d), en contorno de Eliseo; y bajaron a él. Y oró Eliseo al Señor y dijo: «Hiere ahora a esta gente con ceguedad». E hiriólos con ceguedad, según la palabra de Eliseo. Y díjoles Eliseo: «No ésta, no es la ciudad, y éste el camino; venid en pos de mí y os llevaré al varón que buscáis». Y desviólos hacia Samaria. Y aconteció, cuando entraron en Samaria, que dijo Eliseo: «Abre ahora, Señor, sus ojos, y vean». Y abrió el Señor sus ojos, y vieron; y he aquí, estaban en medio de Samaria. Y dijo el rey de Israel a Eliseo cuando le vio: «¿Si hiriendo los heriré, padre?». Y dijo: «No herirás, ¿Acaso a los que hubieres prendido en tu espada y tu arco, hieres? Sírveles panes y agua a faz de ellos, y coman y beban; y váyanse a su señor». Y sirvióles servicio grande, y comieron y bebieron; y despidiólos, y fuéronse a su señor. Y no volvieron ya solo-ceñidos de Siria a venir a tierra de Israel. Y aconteció, después de esto, que juntó Benadab, rey de Siria, todo su campamento; y subió y cercó a Samaria. Y hubo hambre grande en Samaria; y he aquí cercáronla hasta que estuvo una cabeza de asno a ochenta(e) de plata, y un cuarto de cabo(f) de estiércol de paloma(g), a cinco de plata. Y estaba el rey de Israel andando sobre el muro; y una mujer gritóle, diciendo: «Sálvame, señor rey». Y díjole el rey: «Acaso te salve el Señor. ¿De dónde te salvaré? ¿acaso de la trilla o del lagar?». Y díjole el rey: «¿Qué tienes?» Y dijo la mujer: «Esta mujer me dijo: «Dame tu hijo, y le comeremos hoy; y a mi hijo le comeremos mañana». Y cocimos mi hijo y lo comimos, y le dije al día el segundo: «Dame tu hijo, y le comeremos; y ocultó su hijo». Y aconteció, al oír el rey de Israel estas palabras, rasgó sus vestiduras (y él andaba sobre el muro) y vio el pueblo el saco sobre su carne adentro. Y dijo: «Esto hágame Dios y esto añádame, si quedare la cabeza de Eliseo sobre él hoy». Y Eliseo sentado estaba en su casa, y los ancianos, sentados con él. Y envió a un varón delante de su rostro antes de venir el mensajero a él, y él dijo a los ancianos: «¿Si sabéis que ha enviado este hijo de homicida a cortar mi cabeza? Ved, cuando llegare el mensajero, de cerrar la puerta y estrechadle en la puerta; ¿qué no se oye la voz de los pies de su señor tras él?» Aún hablando él con ellos he aquí un mensajero bajó a él y dijo: «He aquí este mal, del Señor ¿qué he de esperar ya más en el Señor?». Descerco de Samaria. Derrota de Siria. Y dijo Eliseo: «Oyete(a) la palabra del Señor: «Esto dice el Señor: Tal como esta hora, mañana, estará un celemín de harina flor a un siclo, y un doble celemín de cebada, a un siclo en las puertas de Samaria». Y respondió el asistente sobre el cual el rey se apoyaba sobre la mano de él, a Eliseo, y dijo: «He aquí hará el Señor cuando abra cataratas en el cielo; ¿Acaso será esta palabra?» Y Eliseo dijo: «He aquí tú lo verás con tus ojos; pero no lo comerás». Y cuatro varones estaban leprosos a la puerta de la ciudad, y dijo varón a su vecino: «¿Qué estamos nosotros sentados aquí hasta morir? Si dijéremos: Entremos en la ciudad, hay hambre en la ciudad y moriremos allí; y si estuviéremos aquí sentados, también moriremos; y ahora vamos y caigamos en el campamento de Siria; si nos prendieren vivos, vivos estamos; y si nos mataren, muertos». Y levantáronse en las tinieblas a entrar en el campamento de Siria; y he aquí que no hay varón allí. Y Señor oíble hiciera a Siria voz de carro, y voz de bridón, voz de ejército grande, y dijo el varón a su hermano: «Ahora asalarió sobre nosotros el rey de Israel a los reyes de los heteos y a los reyes de Egipto a venir sobre nosotros». Y levantáronse y escapáronse en las tinieblas y abandonaron sus tiendas, y sus bridones y sus asnos en el campamento, como está; y huyeron por su alma. Y entraron estos leprosos hasta parte del campamento, y entraron en una tienda y comieron y bebieron, y llevaron de allí plata, y oro y vestuario; y fuéronse y ocultaron, y volvieron de allí,, y entraron en otra tienda, y tomaron de allí y fuéronse y ocultaron bien. Y dijo el varón a su vecino: «No, no. ¿Así nosotros hacemos? Este día, día de buena nueva es ¿y nosotros callaremos y aguardaremos a luz del alba y hallaremos iniquidad?(b). Y ahora, vamos y entremos y anunciemos a la casa del rey». Y entraron y vocearon a la puerta de la ciudad, y anunciáronles diciendo: «Hemos entrado en el campamento de Siria; y he aquí no hay allí varón ni voz de hombre, sino solo caballos atados y asnos atados y las tiendas de ellos, como están»(c). Y vocearon los porteros y anunciaron a la casa del rey adentro. Y levantóse el rey de noche y dijo a sus servidores: «Os anunciaré ahora lo que os ha hecho Siria: han conocido que estábamos hambreados nosotros y han salido del campamento y ocultádose en el campo, diciendo: «Que saldrán de la ciudad, y les cogeremos vivos, y en la ciudad entraremos». Y respondió uno de sus servidores y dijo: «Tomen ahora cinco de los caballos, los abandonados, los que se abandonaron aquí, porque he aquí son al par de toda la multitud de Israel la restante, y enviaremos allí y veremos». Y tomaron a dos aurigas de bridones; y envió el rey de Israel tras el rey de Siria, diciendo: «Id y ved». Y fueron tras ellos hasta el Jordán, y he aquí todo el camino lleno de vestidos y enseres que arrojó Siria, al aterrarse; y tomaron los mensajeros y anunciaron al rey. Y salió el pueblo y despojaron el campamento de Siria, y estuvo el celemín de harina flor a siclo y el doble celemín de cebada a siclo. Y el rey puso al asistente sobre el cual el rey se apoyaba —sobre la mano de él, sobre la puerta y le conculcó el pueblo en la puerta y murió, según lo que habló el hombre de Dios, el que habló al venir el mensajero a él. Y aconteció, según lo que habló Eliseo al rey, diciendo: «Un doble celemín de cebada, a siclo y celemín de harina flor, a siclo; y será como a la hora, mañana en la puerta de Samaria». Y respondiera el asistente a Eliseo y dijera: «¡He aquí Señor que él hace cataratas en el cielo! ¿acaso será esta palabra?». Y dijera Eliseo: «He aquí verás con tus ojos; y de ahí no comerás, no». Y aconteció así; y conculcáronle el pueblo en la puerta y murió. La sunamita. Hazael, Joram, Ocozías. Y Eliseo habló a la mujer cuyo hijo vivificara, diciendo: «Levántate y ve tú y tu casa, y peregrina a donde peregrinares; pues ha llamado Señor hambre sobre la tierra y está ya viniendo sobre la tierra siete años». Y levantóse la mujer, e hizo según la palabra de Eliseo y fuese ella y su casa; y peregrinara en tierra de filisteos siete años. Y aconteció, después del fin de los siete años, que volvió la mujer de tierra de filisteos a la ciudad y vino a clamar al rey por la casa de ella y los campos de ella. Y el rey hablaba a Giezi, el servidor de Eliseo, el hombre de Dios, diciendo: «Cuéntame ahora todas las grandezas que ha hecho Eliseo». Y aconteció, contando él al rey cómo vivificó al hijo muerto, que llegó la mujer, cuyo hijo vivificara Eliseo, clamando al rey por la casa de ella y los campos de ella. Y dijo Giezi: «Señor rey, ésta es la mujer, y éste el hijo de ella, al que vivificó Eliseo». Y preguntó el rey a la mujer, y contóle; y diola el rey un eunuco, diciendo: «Devuelve todo lo de ella y todos los frutos del campo, desde el día que dejó la tierra hasta ahora mismo». Y vino Eliseo a Damasco; y Benadab, rey de Siria estaba enfermo; y anunciáronle, diciendo: «Ha llegado el hombre de Dios hasta aquí». Y dijo el rey a Hazael: Toma en tu mano dádiva y ve al encuentro del hombre de Dios, y busca al Señor por medio de él, diciendo: «¿Si viviré de esta enfermedad mía?». Y fue Hazael a su encuentro y tomó dádiva en su mano y todos los bienes de Damasco, carga de cuarenta camellos, y vino y detúvose delante de él y dijo a Eliseo: «Tu hijo Benadab, rey de Siria, me ha enviado a ti a preguntar, diciendo: «¿Si viviré de esta enfermedad mía?» Y dijo Eliseo: «Ve, di: «¡Con vida vivirás!»— y me ha manifestado el Señor que de muerte morirás(a)». Y detúvose con el rostro y clavó hasta la confusión; y lloró el hombre de Dios. Y dijo Hazael: «¿Qué por qué mi señor llora»? Y dijo: «Porque sé cuantos males harás a los hijos de Israel: sus fortalezas echarás al fuego; y sus elegidos en espada matarás; y sus pequeñuelos estrellarás y sus preñadas desgarrarás». Y dijo Hazael: «¿Quién es tu siervo, el perro, el muerto, para que haga esta palabra?» Y dijo Eliseo: «Me ha manifestado el Señor que reinarás sobre Siria». Y fuese de Eliseo, y entró a su señor; y díjole: «Qué te dijo Eliseo?» Y dijo: «Díjome: «Con vida vivirá»: Y aconteció al siguiente día tomó el cobertor y mojó en agua y puso en torno sobre el rostro de él; y murió. Y reinó Hazael en su lugar. En año quinto para Joram, hijo de Acab, rey de Israel, reinó Joram, hijo de Josafat, rey de Judá. Hijo de treinta y dos años era, al reinar, y ocho años reinó en Jerusalén. Y anduvo en caminos de reyes de Israel, según que lo hizo la casa de Acab; pues hija de Acab era su mujer; e hizo lo malo a faz del Señor. Y no quiso el Señor perder a Judá, por David, su siervo; según que dijo darle lámpara y a sus hijos todos los días. En sus días rebelóse Edom de debajo de mano de Judá, y enreyeció sobre sí rey. Y subió Joram a Seirá y todos los carros los con él; y aconteció, subiendo él de noche, que percutió a los idumeos los que estaban en contorno sobre él y a los príncipes de los carros; y huyó el pueblo(b) a sus tiendas. Y rebelóse Edom de debajo de la mano de Judá hasta este día. Entonces rebelóse Lobná en aquella sazón. Y lo demás de las palabras de Joram, y todo cuanto hizo ¿no está, he aquí, todo escrito en el libro de palabra de los días para los reyes de Judá? Y durmióse Joram con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David, su padre; y reinó Ocozías,, su hijo en lugar de él. En año duodécimo, para Joram, hijo de Acab, rey de Israel; reinó Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá. Hijo de veintidós años, Ocozías, al reinar, y año uno reinó en Jerusalén; y nombre de su madre Atalía, hija de Amrí, rey de Israel. Y anduvo en el camino de la casa de Acab e hizo lo malo a faz del Señor, tal como la casa de Acab; pues, yerno de la casa de Acab es; y fue con Joram, hijo de Acab en guerra con Hazael, rey de Siria en Ramot Galaad, e hirieron los siros a Joram. Y volvióse el rey Joram para curarse en Israel de las heridas con que le hirieran en Ramot Galaad; al guerrear él con Hazael, rey de Siria; y Ocozías hijo de Joram, rey de Judá, bajó a ver a Joram, hijo de Acab, en Jezrael, pues enfermo estaba él. Joram y Ocozías muertos. Jezabel devorada de perros. Y Eliseo, el profeta llamó a uno de los hijos de los profetas y díjole: «Ciñe tu lomo y toma la redoma del óleo en tu mano y ve a Ramot Galaad. Y entrarás allí y verás allí a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Namsí; y entrarás y le suscitarás de en medio de sus hermanos y le llevarás a la alcoba en alcoba(a). Y tomarás la redoma del óleo y derramarás sobre su cabeza; y di: «Esto dice el Señor: «Ungídote he en rey sobre Israel», y abrirás la puerta y huirás y no quedarás». Y fue el jovencillo, el profeta, a Ramot Galaad; y entró; y he aquí los príncipes del ejército estaban sentados, y dijo: «Palabra tengo para ti, el príncipe». Y dijo Jehú: «¿Para quién de todos nosotros?» Y dijo: «Para ti, el príncipe». Y levantóse y entró en la casa, y derramó el óleo sobre la cabeza de él y dijo: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Ungídote he en rey sobre pueblo del Señor, sobre Israel. Y exterminarás la casa de Acab, tu señor, de mi rostro y vindicarás las sangres de todos los siervos del Señor, de mano de Jezabel; y de mano de toda la casa de Acab; y exterminarás, a la casa de Acab, meante en pared, y a pegado y dejado(b) en Israel; y daré(c) la casa de Acab como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y como la casa de Baasá, hijo de Aquiá; y a Jezabel devorarán los perros en la parte de Jezrael; y no hay quien entierre». Y abrió la puerta y huyó. Y Jehú salió a los niños, del señor de él, y le dijeron: «¿Paz? ¿Qué por qué ha entrado este mentecato a ti?» Y díjoles: «Vosotros conocéis al varón y su charlatanería». Y dijeron: «¡Desatino! cuéntanos ya». Y díjoles Jehú: «Así y así me habló diciendo; y dijo: Esto dice el Señor: «Ungídote he en rey sobre Israel». Y, oyendo, apresuráronse y tomó cada cual su vestimenta y pusieron por debajo de él sobre el cuerpo de las gradas y trompetearon en cuerno y dijeron: «Reinando está Jehú». Y volvióse Jehú, hijo de Josafat, hijo de Namsí, contra Joram; y Joram mismo custodiaba en Ramot Galaad, él y todo Israel, de faz de Hazael, rey de Siria, y volviera Joram, el rey, a curarse en Jezrael, de las heridas con que le hirieran los siros, al guerrear él con Hazael, rey de Siria. Y dijo Jehú: «Si está vuestra alma conmigo, no salga de la ciudad fugitivo a ir y anunciar en Jezrael». Y montó y fue Jehú y bajó a Jezrael; pues Joram, rey de Israel curábase en Jezrael de los saetazos con que le asaetearon los arameos, en Ramot, en la guerra con Hazael rey de Siria, pues él, un poderoso y varón de poder; y Ocozías, rey de Judá, bajara a ver a Joram. Y el atalaya subió a la torre de Jezrael y vio la polvareda de Jehú, al acercarse él, y dijo: «Polvareda yo veo». Y dijo Joram: «Toma auriga y envía delante de ellos, y diga: «La Paz». Y fue un auriga de bridón al encuentro de ellos. Y dijo: «Esto dice el rey: «La paz». Y dijo Jehú: «¿Qué a ti y paz? «Vuélvete en mi pos», y anunció el atalaya, diciendo: «Llegó el mensajero a ellos, y no ha vuelto». Y envió auriga de bridón, segundo, y vino a él y dijo: «Esto dice el rey: «La paz». Y dijo Jehú: «¿Qué a ti y paz? Vuélvete en mi pos». Y anunció el atalaya, diciendo: «Llegó hasta ellos y no ha vuelto; y el que tira, tirando está— a Jehú, hijo de Namsí, que de confundirlo es con él». Y dijo Joram: «Unce». Y unció su carro, y salió Joram rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, varón(d) en su carro y salieron al encuentro de Jehú. Y halláronle en la parte de Nabot el jezrahelita. Y aconteció, como vio Joram a Jehú, dijo: «¿La paz, Jehú?» Y dijo Jehú: «¿Qué? ¿Paz? Todavía las ramerías de Jezabel, tu madre, y los tósigos de ella, los muchos» Y volvió Joram sus manos y huyó. Y dijo a Ocozías: «¡Traición, Ocozías!». Y llenó Jehú su mano(e) en el arco; e hirió a Joram en medio de sus brazos; y salió el dardo de él por su corazón; y doblóse sobre sus rodillas. Y dijo a Badacer, su asistente: «Arrójale a la parte del campo de Nabot, el jezrahelita; pues me acuerdo, yo y tú, subidos en carros en pos de Acab, su padre, que el Señor tomó sobre él esta palabra». «¡Si no las sangres de Nabot y las sangres de los hijos de él, he visto ayer, dice el Señor; y le retribuiré en esta parte! dice el Señor». «¡Y ahora alzando ya arrójale a la parte, según la palabra del Señor». Y Ocozías, rey de Judá, vio y huyó camino de Casa de huerto; y persiguióle en pos Jehú, y dijo: «¡También a ése!» Y le percutió en el carro, al ascender a Gaí, ésta es: Yeblaam; y huyó a Magedó; y murió allí. Y subiéronle sus niños al carro y lleváronle a Jerusalén, y sepultáronle en el sepulcro, con sus padres, en la ciudad de David. Y en año undécimo de Joram, rey de Israel, reinara Ocozías sobre Judá. Y vino Jehú a Jezrahel; y Jezabel oyó y estibió(f) sus ojos, y alindó su cabeza y asomóse por la ventana. Y Jehú entraba por la ciudad; y dijo: «¿La paz a Zambrí, el matador de su señor?». Y alzó el rostro de él a la ventana y la vio, y dijo: «¿Quién eres tú? Baja conmigo»(g). E inclináronse a él dos eunucos. Y dijo: «Precipitadla». Y precipitáronla, y salpicóse de su sangre por la pared y por los caballos; y conculcáronla. Y entró, y comió y bebió; y dijo: «Id a ver ahora a esta maldita, y sepultadla, porque hija del rey es». Y fueron para sepultarla, y no hallaron en ella otra cosa que el cráneo y los pies y las palmas de las manos. Y volvieron y anunciáronle; y dijo: «Palabra del Señor la que habló en manos de Elías; el tesbita, diciendo: En la parte de Jezrahel devorarán los perros las carnes de Jezabel; y serán los restos de Jezabel como estiércol sobre la faz del campo en la parte de Jezrahel, al punto de no decir ellos: ¡Jezabel!(h)». Muerte de los hijos de Acab y de los hermanos de Ocozías. Jonadab. Fin del culto de Baal. Muerte de Jehú. Y tenía Acab setenta hijos en Samaria; y escribió Jehú carta y envió a Samaria, a los príncipes de Samaria, y a los ancianos, y a los ayos de Acab, diciendo: «Y ahora cuando llegare esta carta a vosotros (y con vosotros(a); los hijos de vuestro señor, y con vosotros, el carro y los caballos, y ciudades fortificadas y las armas); veréis al bueno y al recto entre los hijos de vuestro señor, y ponedle sobre el trono de su padre; y guerread por la casa de vuestro señor». Y temieron sobremanera, y dijeron: «He aquí los dos reyes no subsistieron ante su faz ¿cómo subsistiremos nosotros?» Y enviaron los sobre la casa, y los sobre la ciudad, y los ancianos y los ayos a Jehú, diciendo: «Servidores tuyos somos nosotros, y cuanto nos dijeres, haremos; no enreyeceremos varón; lo bueno en tus ojos haremos». Y escribióles Jehú una segunda carta, diciendo: «Si míos, vosotros; y la voz mía vosotros escucháis, tomad la cabeza de varones de los hijos de vuestro señor y traédmela como a la hora, mañana, a Jezrahel». Y los hijos del rey eran setenta varones; —éstos, magnates de la ciudad criábanles. Y aconteció cuando llegó la carta a ellos, tomaron a los hijos del rey y degolláronles, a setenta varones; y pusieron sus cabezas en cestos y enviáronlas a él, a Jezrahel. Y vino el mensajero y anunció, diciendo: «Han traído las cabezas de los hijos del rey». Y dijo: «Ponedlas a dos montones, a la entrada de la puerta, al alba». Y amaneció, y salió y púsose y dijo a todo el pueblo: «Inocentes vosotros; he aquí —yo soy—(b), me crié con vuestro señor, y le maté; y ¿quién ha percutido a todos estos? Ves, por lo tanto, que no ha caído de la palabra del Señor en la tierra, la que habló el Señor sobre la casa de Acab; y el Señor hizo cuanto halló en mano de su siervo Elías». Y percutió Jehú a todos los dejados en la casa de Acab, en Jezrahel; y a todos los magnates de él, y los conocidos de él, y los sacerdotes de él, hasta no dejar de él reliquia. Y levantóse y fue a Samaria. El(c), en «Casa —junta de pastores»(d), en el camino. Y Jehú habló a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y dijo: «¿Quiénes, vosotros?» Y dijeron: «Hermanos de Ocozías, nosotros y hemos bajado a paz(e) de los hijos del rey y de los hijos de la dominadora». Y dijo: «Cogedles vivos». Y cogiéronles vivos y degolláronles en Casa-junta: cuarenta y dos varones, no dejaron varón de entre ellos. Y fue de allí, y halló a Jonadab, hijo de Recab, que venía a su encuentro, y bendíjole. Y le dijo Jehú: «¿Si es recto tu corazón con mi corazón, como lo es mi corazón con el tuyo?» Y dijo Jonadab: «Es». Y dijo Jehú: «Y si es, dame tu mano». Y diole su mano y subióle a sí, al carro; y díjole: «Ven conmigo, y veme en celar al Señor». Y sentóle en su carro. Y entró en Samaria; y percutió a todos los sobrevivientes de Acab, hasta exterminarle; según la palabra del Señor, la que habló a Elías. Y congregó Jehú todo el pueblo y les dijo: « Acab sirvió a Baal poco; Jehú servirále mucho. Y ahora todos los profetas de Baal, a todos los siervos de él y los sacerdotes de él llamad a mí; varón no se eche menos; pues haré un sacrificio grande, para Baal; todo el que fuere echado menos, no vivirá» Y Jehú hizo con suplantación, para perder a todos los siervos de Baal. Y dijo Jehú: «Santificad una festividad a Baal». Y pregonaron. Y envió Jehú por todo Israel, diciendo: «Y ahora todos los siervos y todos los sacerdotes de él, y todos los profetas de él nadie se quede, pues sacrificio grande hago; el que se quedare, no vivirá». Y vinieron todos los siervos de Baal, y todos los sacerdotes de él y todos los profetas de él; no quedó varón que no llegó; y entraron en la casa de Baal, y llenóse la casa de Baal, boca a boca. Y dijo al cuidador de la casa de vestimentas: «Saca vestuario para todos los siervos de Baal». Y trájoles el vestimentero. Y entró Jehú y Jonadab, hijo de Recab en casa de Baal, y dijo a los siervos de Baal: «Juzgad y ved si hay, con vosotros, de los siervos del Señor; —porque no más que los siervos de Baal solísimos». Y entró a hacer los sacrificios y los holocaustos; y Jehú dispúsose fuera ochenta varones y dijo: «Varón que salvare de los varones que yo subiere sobre vuestra mano, —el alma de él por el alma suya». Y aconteció, cuando se terminó de hacer el holocausto, dijo Jehú a los corredores y asistentes: «Entrando percutidlos; no salga de entre ellos varón». Y percutiéronlos en boca de espada, y arrojaron los corredores y asistentes; y fueron hasta la ciudad de casa de Baal, y sacaron la columna de la casa de Baal, y quemáronla. Y derribaron las columnas de Baal, y derrocaron la casa de Baal, y trocáronla en letrinas, hasta este día. Y disipó Jehú a Baal, de Israel. Empero de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat los que hizo pecar a Israel —no se desvió Jehú, de en pos de ellos, dejó en pie las becerras áureas en Betel y en Dan. Y dijo el Señor a Jehú: «Por todo cuanto te has gozado en hacer lo recto en mis ojos, según todo cuanto en mi corazón hiciste a la casa de Acab; tus hijos terceros se sentarán sobre el trono de Israel». Y Jehú no guardó ir en ley del Señor Dios de Israel, en todo su corazón: no declinó de sobrepecados de Jeroboam el que hizo pecar a Israel. En aquellos días empezó el Señor a recortar en(f) Israel, y percutióles Hazael en todo límite de Israel; desde el Jordán, hacia oriente del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, y de Rubén y de Manasés, desde Aroer que está sobre el labio de torrente de Arnón, y a Galaad y a Basán. Y lo demás de las palabras de Jehú y todo cuanto hizo, y todo su poder, y las alianzas que alió(g) ¿no está esto escrito en el libro de palabras de los días, para los reyes de Israel? Y durmióse Jehú, con sus padres y sepultáronle en Samaria; y reinó Joacaz, su hijo en lugar de él. Y los días que reinó Jehú sobre Israel, veintiocho años, en Samaria. Atalía. Joas. Atalía, la madre de Ocozías, viendo que murió su hijo, y exterminó toda la simiente del reino. Y tomó Josabá, hija del rey Joram, hermana de Ocozías, a Joás, hijo del hermano de ella; y robóle de en medio de los hijos del rey cuando eran asesinados, a él y la nodriza de él, en el aposento de los lechos y le ocultó del rostro de Atalía; y no se le mató. Y estuvo con ella, oculto en casa del Señor seis años, y Atalía reinando sobre la tierra. Y en el año el séptimo, envió Joyadá y tomó a los centuriones de los soldados y corredores y trájolos a sí, a la casa del Señor, y pactó con ellos un pacto del Señor y juramentóles en el pacto del Señor, y mostróles Yoyadá al hijo del rey, y mandóles, diciendo: «Esta es la palabra que haréis: el tercio de vosotros salga el sábado, y guardad guardia de la casa del rey en el pórtico; y el tercio, en la puerta de los caminos; y el tercio de(a) la puerta, detrás de los corredores(b); y guardad la guardia de la casa(c). Y dos manos de entre vosotros; todo el que sale el sábado, guardarán la guardia de la casa del Señor junto al rey. Y cercad sobre el rey, en cerco, varón(d), y el arma de él en su mano; y el que entrare por las filas, morirá; y estarán con el rey al salir él y al entrar él». E hicieron los centuriones todo cuanto mandó Yoyadá, el prudente; y tomó varón a los varones de él y a los entrantes del sábado con los salientes del sábado, y entraron a Yoyadá el sacerdote. Y dio el sacerdote a los centuriones las lanzas y los broqueles de David, los de la casa del Señor. Y pusiéronse los corredores: varón, y su arma en su mano, desde el costado de la casa el derecho, hasta el costado de la casa, el izquierdo, del altar y de la casa sobre el rey, en contorno. Y sacó fuera al hijo del rey, y puso sobre él diadema y el ornato, y enreyecióle y ungióle; y batieron palmas y dijeron: «¡Viva el rey!». Y oyó Atalía la voz de los que corrían del pueblo, y entró al pueblo en casas del Señor; Y vio, y he aquí el rey estábase sobre el pedestal para el juicio; y los cantores y las trompetas a par del rey; y todo el pueblo de la tierra, alegrándose y trompeteando en trompetas. Y rasgó Atalía sus vestidos y gritó: «¡Conjuración! ¡Conjuración!» Y mandó Yoyadá, el sacerdote, a los centuriones los inspectores del ejército, y díjoles: «Sacadla fuera de las filas; y el que entrare en pos de ella, de muerte será muerto en espada»; porque dijo el sacerdote: «Que no muera en casa del Señor». Y pusieron en ella manos, y entraron, camino de la entrada de los bridones de la casa del rey; y allí murió. Y pactó Yoyadá un pacto en medio del Señor y en medio del rey y en medio del pueblo: obligáronse a ser el pueblo del Señor y en medio del rey y en medio del pueblo. Y entró todo el pueblo de la tierra, en casa de Baal y derribólo; y sus altares y sus imágenes destrozaron bien; y a Matán, el sacerdote de Baal, mataron a faz de los altares; y puso el sacerdote guardianes en la casa del Señor. Y tomó a los centuriones, y los soldados y los corredores y todo el pueblo de la tierra, y bajaron al rey de la casa del Señor y entraron camino de puerta de los corredores de la casa del rey; y sentáronle sobre el trono de los reyes. Y alegróse todo el pueblo de la tierra; y la ciudad reposó; y a Atalía mataron en espada en casa del rey. Hijo de siete años era Joás al reinar. Joás. Restauración del templo. Dones a Siria. En año séptimo de Jehú, reinó Joás; y cuarenta años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre, Sebiá de Bersabeé. E hizo Joás lo recto a faz del Señor, todos los días que le iluminó Yoyadá, el sacerdote. Empero las alturas no se removieron; y allí todavía el pueblo sacrificaba e incensaba en las alturas. Y dijo Joás a los sacerdotes: «Toda la plata del santuario, que fuere entrando en la casa del Señor: plata de estimación de(a) varón plata tomando plata de estimación—, toda la plata que subiere al corazón del varón traer a casa del Señor, tómense los sacerdotes: varón de su venta(b); y ellos restaurarán el deterioro de la casa en todo lo que se hallare allí deterioro». Y aconteció en el vigésimo tercio año al rey Joás que no restauraron los sacerdotes el deterioro de la casa. Y llamó Joás, el rey, a Yoyadá el sacerdote y a los sacerdotes, y díjoles: «¿Qué por qué no habéis restaurado el deterioro de la casa? Y ahora no toméis plata, de las ventas vuestras; pues para el deterioro de la casa lo daréis». Y concertáronse los sacerdotes para no tomar plata del pueblo, y para no reparar el deterioro de la casa. Y tomó Yoyadá, el sacerdote un arca y perforó una abertura sobre su tapa y púsola junto al altar a la derecha, en la casa de varón(c); de la casa del Señor, y dieron los sacerdotes los que guardaban la puerta toda la plata hallada en casa del Señor. Y aconteció, como vieron mucha la plata en el arca, que subió el escriba del rey y el sacerdote el grande, y ataron y contaron la plata, la hallada en casa del Señor. Y dieron la plata, la prevenida, en manos de los que hacían las obras de los guardianes de casa del Señor; y entregaron a los carpinteros y a los edificadores los que trabajaban en casa del Señor; y a los albañiles y a los picapedreros, para comprar maderas y piedras labradas, para reparar el deterioro de la casa del Señor, para todo cuanto se gastara en la casa para restaurar. Y no se harán a la casa del Señor puertas argentinas, clavos, tazas(d) y trompetas, todo utensilio áureo y utensilio argentino de la plata, la entrada en casa del Señor; pues a los que hacen las obras la darán—; y repararon en ella la casa del Señor. Y no pedían cuenta a los varones a quien daban la plata en manos de ellos para dar a los que hacían las obras; pues en fe de ellos hacen. Plata por pecado y plata por culpa, la que entrara en casa del Señor, para los sacerdotes era. Entonces subió Hazael, rey de Siria, y guerreó contra Get y arrebatóla; y dirigió Hazael su rostro a subir sobre Jerusalén. Y tomó Joás, rey de Judá, todo lo santo cuanto santificara Josafat y Jorám y Ocozías, los padres de él y reyes de Judá, y lo santo de él y todo el oro, el hallado en tesoros de casa del Señor y casa del rey, y envió a Hazael, rey de Siria; y subió de Jerusalén. Y lo demás de las palabras de Joás y todo cuanto hizo ¿no está, he aquí, esto escrito, en libro de palabras de los días para los reyes de Judá? Y levantáronse sus siervos y tramaron toda trama y percibieron a Joás, en casa de Meló, la de Selá. Yosacar, hijo de Semaat, y Yosabad, hijo de Somer, los siervos de él percutiéronle y murió; y sepultáronle con sus padres en ciudad de David; y reinó Amasías su hijo, en lugar de él. Joacaz. Muerte de Eliseo. En el vigésimo tercer año para Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, reinó Joacaz, hijo de Jehú sobre Israel, en Samaria, diecisiete años. E hizo lo malo en ojos del Señor, y fue en pos de pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; no se desvió de ellos. Y airóse con furor el Señor contra Israel y les dio en mano de Hazael, rey de Siria, y en mano de Benadab, hijo de Hazad, todos los días. Y rogó Yoacaz el rostro del Señor, y le escuchó el Señor, pues vio la tribulación de Israel, pues les atribuló el rey de Siria. Y dio el Señor salud a Israel y salió de debajo la mano de Siria, y sentáronse los hijos de Israel en sus tiendas como ayer y anteayer. Empero no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y también la selva se alzaba en Samaria. Porque no quedó a Joacaz pueblo sino cincuenta jinetes y diez carros y diez millares de infantes; pues los aniquiló el rey de Siria; y pusiéronles como polvo en holladora. Y lo demás de las palabras de Joacaz y todo cuanto hizo y los poderíos de él ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel? Y durmióse Joacaz con sus padres y le sepultaron en Samaria; y reinó Joás, su hijo, en su lugar. En año trigésimo séptimo año para Joás, rey de Judá, reinó Joás, hijo de Joacaz, sobre Israel en Samaria, dieciséis años. E hizo lo malo en ojos del Señor; no se desvió de todo el de Jeroboam, hijo de Nabat, pecado; quien hizo pecar a Israel; en él anduvo. Y lo demás de las palabras de Joás y todo cuanto hizo, y los poderíos de él los que hizo contra Amasías, rey de Judá ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel? Y durmióse Joás con sus padres; y Jeroboam sentóse en su trono; y fue sepultado Joás, en Samaria, con los reyes de Israel. Y Eliseo se enfermó de su enfermedad, de la que murió; y bajó a él Joás, rey de Israel; y lloró a su faz, y dijo: «¡Padre, padre: carro(a) de Israel y auriga suyo!» Y le dijo Eliseo: «Coge arco y dardos» y tomóse arco y dardos y dijo al rey de Israel: «Sube tu mano sobre el arco». Y subió Joás su mano. Y puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey; «Sube tu mano sobre el arco». Y subió Joás su mano. Y puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey; y dijo: «Abre la ventana a oriente». Y abrió y dijo Eliseo: «Dispara». Y disparó. Y dijo: «Dardo de salud para(b) el Señor; y dardo de salud contra Siria; y percutirás a Siria en Afec, hasta la extinción». Y díjole Eliseo: «Coge saetas». Y cogió. Y dijo al rey de Israel: «Percute sobre la tierra». Y percutió el rey tres veces, y paró. Y entristecióse sobre él el hombre de Dios, y dijo: «Si percutieras cinco veces o seis veces, entonces percutirías a Siria, hasta extinción; y ahora tres veces percutirás a Siria». Y murió Eliseo y le sepultaron. Y solo —ceñidos de Moab vinieron a la tierra, viniendo el año. Y aconteció, sepultando ellos al(c) varón, que he aquí que vieron al(d) solo— ceñido y arrojaron al varón en el sepulcro de Eliseo; y llegó y tocó los huesos de Eliseo, y vivió y se levantó sobre sus pies. Y Hazael, rey de Siria, atribuló grandemente a Israel todos los días de Joacaz. Y se apiadó el Señor de ellos, y conmiseróse de ellos y miró a ellos por su alianza con Abrahán e Isaac y Jacob; y no quiso el Señor aniquilarlos y no los arrojó de su rostro. Y murió Hazael, rey de Siria, y reinó Benadab, su hijo, en su lugar. Y volvióse Joás hijo de Joacaz, y tomó las ciudades de mano de Benadab, hijo de Hazael; las que tomó de mano de Joacaz, su padre, en la guerra. Tres veces percutióle Joás y volvió las ciudades de Israel. Amasías es vencido. En año segundo para Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, reinó Amasías, hijo de Joás, rey de Judá. Hijo de veinticinco años era, al reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre era Joadán de Jerusalén. E hizo lo recto en ojos del Señor, empero, no como David, su padre; según todo cuanto hizo Joás, su padre, hizo; empero las alturas no quitó; todavía el pueblo sacrificaba e incensaba en las alturas. Y aconteció cuando se robusteció el reino en su mano que percutió a los siervos que percutieron al rey su padre. Y a los hijos de los que percutieron, no mató; según está escrito en libro de leyes de Moisés, como mandó el Señor, diciendo: «No morirán padres por hijos; e hijos no morirán por padres; sino que cada uno en sus pecados morirá». El percutió a Edom en el Valle de la sal: diez millares; y tomó a Piedra en la guerra, y llamó el nombre de ella: Yectehel —hasta este día. Entonces envió Amasías mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: «Ven: veámonos de rostros»(a). Y envió Joás, rey de Israel, a Amasías, rey de Judá, diciendo: «El cardo, el del Líbano, envió cerca del cedro, el del Líbano, diciendo: «Da tu hija a mi hijo por mujer». Y pasaron las bestias del campo, las del Líbano, y conculcaron el cardo. Hiriendo has percutido a Ydumea y levantádote tu corazón; glorifícate sentado en tu casa. Y ¿por qué porfías en tu mal? Y caerás tú y Judá contigo». Y no oyó Amasías, y subió Joás, rey de Israel, y viéronse de rostros él y Amasías, rey de Judá, en Betsamés, la de Judá. Y cayó Judá, de faz de Israel y huyó —varón a su tienda. Y a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, tomó Joás, rey de Israel, en Betsamés. Y vino a Jerusalén, y arrasó, en el muro, a Jerusalén, en la puerta de Efraín hasta puerta del ángulo: cuatrocientos codos. Y tomó el oro y la plata, y todos los vasos que se hallaron en casa del Señor y en tesoros de casa del rey; y a los hijos de las mezclas(b), y volvió a Samaria. Y lo demás de las palabras de Joás, cuanto hizo en su poderío, lo que guerreó con Amasías, rey de Judá, ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel? Y durmióse Joás con sus padres y fue sepultado en Samaria, con los reyes de Israel; y reinó Jeroboam, hijo suyo, en su lugar. Y vivió Amasías, hijo de Joás rey de Judá, después de morir Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, quince años—. Y lo demás de las palabras de Amasías y todo cuanto hizo: ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? Y se conjuraron contra él una conjuración de Jerusalén, y huyó a Laquís, y enviaron en su pos a Laquís y le mataron allí. Y le alzaron sobre bridones; y fue sepultado en Jerusalén, con sus padres, en ciudad de David. Y tomó todo el pueblo de Judá a Azarías: y él, hijo de dieciséis años, y le enreyecieron, en lugar de su padre Amasías. El edificó Elat y devolvióla a Judá, después de dormirse el rey con sus padres. En el año décimoquinto de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, reinó Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, sobre Israel en Samaria cuarenta y un años. E hizo lo malo a la faz del Señor; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat; el que hizo pecar a Israel. El restituyó el límite de Israel, de entrada de Emat hasta la mar la de «la llanura»; según la palabra del Señor, Dios de Israel; la que habló en mano de su siervo Jonás, hijo de Amatí, el profeta, el de Get-Ofer. Pues vio el Señor la humillación de Israel, amarga sobremanera: y pocos, presos, y solitarios y abandonados; y no había quien ayudara a Israel. Y no habló el Señor borrar la simiente de Israel, de debajo del cielo; y salvóles por mano de Jeroboam, hijo de Joás, Y lo demás de las palabras de Jeroboam y todo cuanto hizo y sus poderíos, cuanto guerreó; y cuanto devolvió a Damasco y Emat a Judá en Israel, ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel? Y durmióse Jeroboam con sus padres, con los reyes de Israel; y reinó Zacarías, su hijo, en su lugar. Azarías. Selum. Manahem. Los asirios, Faceé. Oseé. Joatam. En año vigésimo séptimo para Jeroboam, rey de Israel, reinó Azarías(a), hijo de Amasías, rey de Judá. Hijo de dieciséis años era al reinar; y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre: Yequelía, de Jerusalén; E hizo lo recto en ojos del Señor, según todo cuanto hizo Amasías, su padre; empero las alturas no arrasó porque todavía el pueblo sacrificaba e incensaba en las alturas. Y tocó el Señor al rey, y estuvo leproso hasta el día de su muerte; y reinó en casa aparte; y Joatán, hijo del rey, sobre la casa, juzgando al pueblo de la tierra. Y lo demás de las palabras de Azarías, y todo cuanto hizo, ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? Y durmióse Azarías con sus padres y sepultáronle con sus padres en ciudad de David, y reinó Joatán, su hijo en su lugar. En el año trigésimo octavo para Azarías, rey de Judá, reinó Zacarías, hijo de Jeroboam, sobre Israel, en Samaria, un semestre. E hizo lo malo en ojos del Señor, según hicieron sus padres; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat; el que hizo pecar a Israel. Y conjuráronse contra él —Selum, hijo de Yabís; y percutiéronle a faz del pueblo y le mataron; y reinó en su lugar. Y lo demás de las palabras de Zacarías, he aquí está escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel. La palabra del Señor(b), la que habló a Jehú, diciendo: «Hijos cuartos se te sentarán sobre el trono de Israel»(c). Y aconteció así. Y Selum, hijo de Yabís, reinó; en el año trigésimo nono, para Azarías, rey de Judá y reinó Selum un mes de días, en Samaria. Y subió Manahem, hijo de Gadía, de Tirzá, y vino a Samaria, y percutió a Selum, hijo de Yabís, en Samaria, y le mató. Y lo demás de las palabras de Selum y la conjuración de él con que se conjuró, he aquí está escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel. Entonces percutió Manahem también a Tafsá y todo lo en ella, y sus confines desde Tafsá, porque no le abrieron; y la percutió y las preñadas desgarró. En año trigésimo nono para Azarías, rey de Judá, reinó Manahem, hijo de Gadí sobre Israel, en Samaria, diez años: E hizo lo malo a los ojos del Señor, no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. En sus días subió Ful, rey de los asirios sobre la tierra; y Manahem dio a Ful mil talentos de plata, para que fuera su mano con él, para afianzar su reino en su mano. Y sacó Manahem la plata de sobre Israel, sobre todo pudiente con poder de dar al rey de los asirios cincuenta siclos de plata; al varón al uno; y volvióse el rey de los asirios y no se detuvo allí en la tierra. Y lo demás de las palabras de Manahem y todo cuanto hizo, ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel? Y durmióse Manahem con sus padres, y reinó Faceya, su hijo en su lugar. En año quincuagésimo de Azarías, rey de Judá, reinó Faceya, hijo de Manahem, sobre Israel, en Samaria, dos años. E hizo lo malo en ojos del Señor; no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Y conjuróse contra él Faceé, hijo de Romelía, el príncipe suyo, y percutióle en Samaria, delante de la casa del rey, con Argob y con Arié, y con él cincuenta varones de los hijos de Galaad(d), y le mató; y reinó en su lugar. Y lo demás de las palabras de Faceya, y todo cuanto hizo, he aquí está escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Israel. En año quincuagésimo segundo de Azarías, rey de Judá, reinó Faceé, hijo de Romelía, sobre Israel, en Samaria, veinte años. E hizo lo malo en ojos del Señor; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat; el que hizo pecar a Israel. En los días de Faceé, rey de Israel, vino Teglatfalasar, rey de los asirios, y tomó a Ayón, y a Abel-Beto Maacá, y a Janoé, y a Cedés, y a Asor y a Galaad y a Galilea, toda la tierra de Neftalí, y trasplantólos a los asirios. Y conjuró conjuración Oseé, hijo de Elá, contra Faceé, hijo de Romelía y le percutió y mató; y reinó en su lugar en año vigésimo de Joatam, hijo de Azarías. Y lo demás de las palabras de Faceé y todo cuanto hizo, he aquí esto escrito está en el libro de palabras de los días, para los reyes de Israel. En año segundo de Faceé, hijo de Romelía, rey de Israel, reinó Joatam, hijo de Azarías, del rey de Judá. Hijo de veinticinco años era, cuando reinó y dieciséis años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre: Jerusá, hija de Sadoc. E hizo lo recto en ojos del Señor, según todo cuanto hizo Azarías, su padre; empero las alturas no arrasó; todavía el pueblo sacrificaba e incensaba en las alturas. El edificó la puerta de la casa del Señor, la de arriba. Y lo demás de las palabras de Joatam y todo cuanto hizo, ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? En aquellos días, empezó el Señor a enviar contra Judá a Rasín, rey de Siria, y a Faceé hijo de Romelía. Y durmióse Joatam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en ciudad de David, su padre; y reinó Acaz, su hijo, en su lugar. Acaz y sus impiedades. En año diecisiete de Faceé, hijo de Romelía, reinó Acaz, hijo de Joatam, rey de Judá. Hijo de veinte años era Acaz, cuando reinó, y dieciséis los reinó en Jerusalén; y no hizo lo recto en los ojos del Señor su Dios, fielmente como David su padre. Y anduvo en el camino de los reyes de Israel; y también a su hijo pasó por fuego(a), según las abominaciones de las gentes que arrancó el Señor de delante de los hijos de Israel. Y sacrificaba e incensaba en las alturas y sobre las colinas y debajo de todo leño frondoso. Entonces subió Rasín, rey de Siria, y Faceé, hijo de Romelía, rey de Israel, contra Jerusalén en guerra, y cercaron sobre Acaz. Y no pudieron vencer. En aquel tiempo devolvió Rasín, rey de Siria, a Ailam a Siria, y arrojó los judíos de Ailam; e idumeos vinieron y habitaron allí, hasta este día. Y envió diez mensajeros cerca de Teglatfalasar, rey de asirios, diciendo: «Tu siervo y tu hijo, sube y sálvame de las manos de rey de Siria, y de las manos del rey de Israel, los que se han levantado contra mí». Y tomó Acaz plata y oro, lo hallado en tesoro de la casa del Señor y la casa del rey y envió dones al rey de asirios. Y oyóle rey de asirios. Y subió rey de asirios contra Damasco y la tomó, y trasplantóla; y a Rasín, rey mató. Y fue rey Acaz a Damasco, y vio el altar en Damasco; y envió el rey Acaz a Urías, el sacerdote una semejanza del altar y la medida de él y toda la hechura de él. Y edificó Urías el sacerdote, el altar según todo cuanto envió el rey Acaz, desde Damasco. Así hizo Urías el sacerdote, hasta venir el rey Acaz, de Damasco; y vino el rey; de Damasco, y vio el rey el altar, y llegóse el rey al altar y ascendió sobre él. e incensó el holocausto de él y la hostia de él, y libó la libación de él, y derramó la sangre de los pacíficos, los de él, sobre el altar, el broncíneo, el enfrente del Señor; y retiró(b) de la faz de la casa del Señor, de en medio del altar y de en medio de la casa del Señor(c), y lo puso al costado del altar, hacia el septentrión. Y mandó el rey Acaz a Urías, el sacerdote, diciendo: «Sobre el altar, el grande, ofrece el holocausto matutino y la hostia vespertina; y el holocausto del rey y la hostia de él, y el holocausto de todo el pueblo y la hostia de ellos y la libación de ellos; y toda sangre de holocausto y toda sangre de hostia sobre él derramarás; y el altar el broncíneo será para mí, para la mañana». E hizo Urías, el sacerdote, según todo cuanto le mandó el rey Acaz. Y destrozó el rey Acaz los engastes de las basas, y quitó de ellos los baños; y el mar derribó de los bueyes los broncíneos los debajo de él, y púsolo sobre base lapídea. Y el fundamento de la cátedra trasladó a la casa del Señor, y la entrada(d) del rey la de fuera traspuso a casa del Señor —ante rostro del rey de asirios. Y lo demás de las palabras de Acaz, cuanto hizo, ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días para los reyes de Judá? Y durmióse Acaz con sus padres y fue sepultado con ellos, en ciudad de David; y reinó Ezequías, su hijo en su lugar. Israel cautivo en Asiria. Culto samaritano En año doce para Acaz, rey de Judá, reinó Oseé, hijo de Elá, en Samaria, sobre Israel nueve años. E hizo lo malo en ojos del Señor; empero, no como los reyes de Israel, que fueron antes de él. Sobre él ascendió Salmanasar, rey de Asiria; y fuele Oseé siervo, y le pagó tributo. Y halló el rey de los asirios en Oseé, iniquidad; pues envió mensajeros a Suá, rey de Egipto; y no pagó tributo al rey de Asiria, en aquel año; y le cercó el rey de Asiria, y le ató en casa de custodia. Y ascendió el rey de Asiria a toda la tierra, y ascendió a Samaria y cercó sobre ella tres años. En el año nueve de Oseé tomó rey de Asiria a Samaria y transportó a Israel a Asiria y transportólos a Halá y a Habor, ríos de Gozán y confines de los medos. Y aconteció(a) porque pecaron los hijos de Israel al Señor, su Dios, el que los sacó de Egipto de debajo de mano de Faraón rey de Egipto; y temieron a dioses otros; y anduvieron por justificaciones(b) de las gentes que arrancó el Señor, de faz de los hijos de Israel; y los reyes de Israel cuantos hicieron(c); y cuantas se revistieron los hijos de Israel palabras, no así según el Señor, su Dios: y edificaron para sí alturas en todas sus ciudades de atalaya hasta la ciudad fortificada. Y estatuyeron para sí estatuas, y selvas sobre toda colina elevada y debajo de todo leño frondoso. E incensaron allí en toda altura; así como las gentes, que desterró el Señor a faz de ellos, e hicieron compañeros(d) y se cortaron(e), irritando al Señor. Y sirvieron a los ídolos que les dijo Señor: «No haréis esta palabra al Señor». Y testificó el Señor en Israel y en Judá, y en mano de todos sus profetas, de todo vidente, diciendo: «Volveos de vuestros caminos los malos, y guardad mis mandamientos y mis justificaciones(f) y toda la ley que he mandado a vuestros padres, cuanto les envié en mano de mis siervos, los profetas». Y no oyeron, y endurecieron su cerviz sobre la cerviz de sus padres; los que no creyeron al Señor, su Dios; y arrojaron de sí sus instituciones y su alianza que pactó con los padres de ellos; y sus testimonios cuantos les testificó, no guardaron y anduvieron en pos de las vanidades, y envaneciéronse en pos de las gentes las en torno de ellos; a quienes mandara el Señor, no hacer según ellas. Abandonaron los mandamientos del Señor, su Dios, e hiciéronse conflátil: dos becerras, e hicieron selvas y adoraron a toda potencia del cielo; y sirvieron a Baal. Y consumaron a sus hijos y a sus hijas en fuego; y vaticinaron vaticinios y agoraron; y se vendieron a hacer lo malo en ojos del Señor, para irritarle. Y enfurecióse el Señor sobremanera con Israel; y desterróles de su rostro; y no quedó sino la tribu de Judá solísima. Y tampoco Judá guardó los mandamientos del Señor, su Dios, y anduvieron en los estatutos de Israel que hicieron; y lanzaron al Señor; y enfurecióse el Señor con toda la simiente de Israel, y los removió y los dio en mano de los que los despojaran, hasta arrojarlos de su rostro; porque, además, Israel, por sobre(g) la casa de David y enreyecieron a Jeroboam, hijo de Nabat, y lanzó Jeroboam a Israel de en pos del Señor y los hizo pecar pecado grande. Y anduvieron los hijos de Israel en todo pecado de Jeroboam que hizo; no se desvió de él, hasta que quitó el Señor a Israel de su rostro; según habló el Señor en mano de todos sus siervos, los profetas; y trasladó a Israel de sobre la tierra de él a Asiria; hasta este día. Y llevó el rey de Asiria desde Babilonia, al de Catá, desde Avá y desde Emat y Sefarvaím, y habitaron en ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y heredaron a Samaria y habitaron en sus ciudades. Y aconteció al principio de su asentamiento que allí no temieron al Señor y envió el Señor a ellos los leones, y estuvieron matando en ellos. Y dijeron al rey de Asiria, diciendo: «Las gentes que trasladaste y asentaste en ciudades de Samaria, no conocen el juicio del Dios de la tierra; y ha enviado el Señor contra ellos los leones, y he aquí, están matándoles, puesto que no saben el juicio del Dios de la tierra». Y mandó el rey de Asiria, diciendo: «Llevad de allá, y vayan y habiten allí, e ilústrenles el juicio del Dios de la tierra». Y llevaron uno de los sacerdotes que trasladaran de Samaria; y se asentó en Betel y estúvoles ilustrando cómo temieran al Señor. Y estuvieron haciendo gentes, gentes(h) a sus dioses; y pusieron en casa de las alturas que hicieron los samaritas, gentes, gentes en sus ciudades en que habitaban en ellas. Y los varones de Babilonia hicieron la Socotbenot; y los varones de Cutá, hicieron la Nergel; y los varones de Emat hicieron la Asimá; y los heveos hicieron la Nebahaz y la Tartac(i); y el Sefarvaím, entonces quemaban a sus hijos en fuego a Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaím. Y estaban temiendo(j) al Señor; y colocaron sus abominaciones en las casas de las alturas que hicieron en Samaria, gente, gente, en ciudad en que habitaban en ella, y estaban temiendo al Señor; e hicieron para sí sacerdotes de las alturas. Y al Señor temían; y a sus dioses servían según el juicio de las gentes; de donde los trasladaron de allí. Hasta este día ellos hacían según el juicio de ellos; ellos temen, y ellos hacen según las justificaciones de ellos, y según el juicio de ellos; y según la ley y según el mandamiento que mandó el Señor a los hijos Jacob, de quien puso el nombre —de él— Israel. Y pactó el Señor con ellos un pacto y mandóles diciendo: «No temeréis a otros dioses, y no los adoraréis, y no les serviréis, y no les incensaréis; sino sólo al Señor que os sacó de tierra de Egipto en fuerza grande y en brazo excelso; a él temeréis, y a él adoraréis; a él incensaréis. Las justificaciones, y los juicios, y la ley y los mandamientos que os escribió para hacer, guardaréis todos los días y no temeréis a dioses otros. Y el pacto que pactó con vosotros no olvidaréis; y no temeréis a dioses otros; sino que al Señor, vuestro Dios, temeréis y él os librará de todos vuestros enemigos; y no escucharéis su juicio que ellos hacen»(k). Y estuvieron estas gentes temiendo al Señor; y a sus esculturas estuvieron sirviendo; y también los hijos e hijos de los hijos de ellos, según hicieron sus padres, hacen hasta este día. Ezequías. Salmanasar. Y aconteció en año tercero para Oseé, hijo de Elá, rey de Israel, que empezó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, el rey de Judá. Hijo de veinticinco años, al reinar; y veintinueve años reinó en Jerusalén y nombre de su madre: Abí, hija de Zacarías. E hizo lo recto en ojos del Señor, según todo cuanto hizo David, su padre. El arrasó las alturas; y quebrantó las estatuas; y exterminó las selvas, y la serpiente, la broncínea, que hizo Moisés; pues hasta aquellos días estábanle los hijos de Israel incensando; y llamóla Nohestán(a). En el Señor Dios de Israel confió, y después de él, no hubo semejante a él en todos los reyes de Judá, y en los que fueron antes de él. Y adhirió al Señor; no se separó de en pos de él y guardó los mandamientos de él, cuantos mandó a Moisés. Y era el Señor con él; y en todo cuanto hizo, acertó; y se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió. El percutió a los filisteos hasta Gaza y hasta los confines de ella, desde Torre de los guardianes, y hasta la ciudad fuerte. Y aconteció en el año que el cuarto para rey Ezequías —el mismo, año el séptimo para Oseé, hizo de Elá, rey de Israel—; que subió Salmanasar, rey de Asiria sobre Samaria y la cercó; y tomóla al fin de tres años, en año sexto para Ezequías, —el mismo, año nono para Oseé, rey de Israel—; fue capturada Samaria. y trasladó el rey de Asiria a Samaria, a Asiria y los puso en Halá en Habor, río de Gozán, y confines de medios; por cuanto no oyeron la voz del Señor, su Dios, y traspasaron el pacto de él, todo cuanto mandó Moisés, el siervo del Señor, y no oyeron y no hicieron. Y el décimo cuarto año del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de asirios, sobre las ciudades de Judá, las fortificadas y capturólas. Y envió Ezequías, rey de Judá, mensajeros al rey de Asiria, a Laquís diciendo: «He pecado; vuélvete de mí, lo que pusieres sobre mí llevaré». E impuso el rey de Asiria, a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata y treinta talentos de oro. Y dio Ezequías toda la plata hallada en casa del Señor, y en tesoros de la casa del rey. En aquel tiempo recortó Ezequías las puertas del templo y los postes que dorara Ezequías, rey de Judá, y diole a rey de Asiria. Y envió rey de Asiria a Tartán, y a Rabsarís y a Rabsaces, desde Laquís, cerca del rey Ezequías en ejército pesado sobre Jerusalén; y subieron y vinieron a Jerusalén, y detuviéronse en el acueducto de la piscina la de arriba; que está en el camino del campo del batanero. Y clamaron a Ezequías. Y vinieron a él Eliacim, hijo de Helcías, el ecónomo; y Sobán, el escriba; y Joahé el canciller. Y díjoles Rabsaces: «Decid ahora a Ezequías: Esto dice el rey, el gran rey de Asiria: «¿Qué, esta confianza con que confías?» Has dicho: «¡No más que palabras de los labios para crear consejo y fuerza para la guerra! Ahora, pues ¿en qué estás confiado, rebelándote contra mí? Ahora, he aquí te has confiado a esta vara, la caña, la quebrada a Egipto? Quien se apoyare varón en ella, entrará en la mano de él y la perforará: así Faraón, rey de Egipto para todos los que confían en él. Y porque me dijiste: «En el Señor Dios confiamos»; ¿acaso este mismo no quitó —Ezequías, las alturas de él y los altares de él, y dijo a Judá y Jerusalén: «Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?». Y ahora mezclaos ya con mi señor el rey de Asiria; y te daré dos mil caballos, si pudieres darte jinetes sobre ellos. Y ¿cómo apartarás el rostro de mandatario uno de los siervos de mi señora, los más pequeños? ¡Y has confiado en Egipto por carros y jinetes! Y ahora ¿acaso, sin Señor, hemos subido sobre este lugar para perderlo? El Señor me dijo: «Sube sobre esta tierra y piérdela». Y dijo Elicacim, hijo de Helcías, y Sobná y Yoahé a Rabsaces: «Habla ya a tus niños en siro, pues oímos nosotros; y no hablarás con nosotros en judío; y ¿por qué hablas en las orejas de este pueblo sobre el muro?». Y les dijo Rabsaces: «¿Acaso por tu señor y cerca de ti me ha enviado mi señor a hablar estas palabras? acaso ¿no por los varones, los asentados en el muro para comer su estiércol y beber sus orines con vosotros juntamente?». Y púsose Rabsaces y vociferó con voz grande en judío, y habló y dijo: «Oíd las palabras del gran rey de Asiria. Esto dice el rey: «No os engañe Ezequías con palabras; pues no podrá, no, libraros de mano de él; y no os esperance Ezequías en el Señor, diciendo: «Librando libertará(b) el Señor: no será entregada, no, esta ciudad en mano del rey de Asiria». No oigáis a Ezequías, pues esto dice el rey de Asiria: «Haced conmigo bendición, y salid a mí y beberá varón su vid; y varón su higuera comerá, y beberá agua de su cisterna; hasta venir yo y llevaros a tierra como tierra vuestra; tierra de trigo, y vino, y pan y vides; tierra de olivo de óleo y miel; y viviréis y no moriréis, no; y no oigáis a Ezequías, pues os engaña, diciendo: «Señor os librará». ¿Acaso librando han librado, los dioses de las gentes cada uno a su lugar de mano del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Emat; y Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaím, Aná y Avá? ¿Que han arrebatado a Samaria de mi mano? ¿Quién en todos los dioses de las tierras —que han librado las tierras de ellos de mi mano, que ha de librar el Señor a Jerusalén de mi mano?». Y enmudecieron y no le respondieron palabra, pues existía un mandamiento del rey, diciendo: «No le respondáis». Y llegaron Eliacim, hijo de Helcías, el ecónomo; y Sobná, el escriba; y Yohé, hijo de Safat, el canciller, a Ezequías, rasgadas sus vestiduras y le anunciaron las palabras de Rabsaces. Profecía de Isaías. Oración de Ezequías. El ángel extermina a los asirios. Y aconteció, como oyó el rey Ezequías que rasgó sus vestiduras, y revistióse de saco y entró en la casa del Señor. Y envió a Eliacim, el ecónomo y a Sobná, el escriba y a los ancianos de los sacerdotes revestidos de sacos, cerca de Isaías, el profeta, hijo de Amós. y díjole: «Esto dice Ezequías: «Día de tribulación y prueba e irritación, este día; pues han venido hijos a dolores de parto y fuerza no tiene la parturienta. Por si oye el Señor, tu Dios, todas las palabras de Rabsaces; que le ha enviado el rey de Asiria, el señor de él, a improperar al Dios viviente y a blasfemar en palabras que ha oído el Señor, tu Dios; y alzas tu ruego por el resto que se halla(a)». Y vinieron los niños del rey Ezequías a Isaías: «Esto diréis a vuestro señor: «Esto dice el Señor: «No temas por las palabras que has oído que blasfemaron los jovencillos del rey de Asiria contra mí. He aquí yo doy en él un espíritu; y oirá un mensaje y se volverá a su tierra y le derribaré en espada en su tierra». Y volvió Rabsaces y halló al rey de Asiria guerreando sobre Lobná; pues oyó que decampó de Laquís. Y oyó acerca de Tarasá, rey de Etiopía, diciendo: «He aquí ha salido a guerrear contigo». Y volvió y envió mensajeros a Ezequías, rey de Judá, a decir: «No te ensoberbezca tu Dios en quien confías, en él, diciendo: «No será entregada, no, Jerusalén en manos de rey de Asiria; he aquí ¿tú has oído todo cuanto han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, anatematizándolas, y tú salvarás? ¿Acaso librando los han librado los dioses de las gentes, a las que perdieron mis padres: a Gozán, y a Harán, y a Resef, y a los hijos de Edén, los de Telasar? ¿Dónde está el rey de Emat y el rey de Arfad? ¿Y dónde está el rey de la ciudad de Sefarvaím, Aná y Abá?». Y tomó Ezequías las cartas de mano de los mensajeros y las leyó, y subió a casa del Señor y las desplegó Ezequías delante del Señor; y oró Ezequías a faz del Señor y dijo: «Señor, el Dios de Israel, el sentado sobre los querubines, tú eres el Dios solo en todas las reyecías de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra; inclina, Señor, tu oreja y escucha; abre, Señor, tus ojos, y mira y escucha las palabras de Senaquerib las que ha enviado a improperar al Dios viviente. Pues en verdad, Señor, han devastado los reyes de Asiria a las gentes y la tierra de ellas; y han dado a los dioses de ellas al fuego, pues no dioses son, sino que obra de manos de hombres, leños y piedra; y los han perdido. Y ahora, Señor, el Dios nuestro, sálvanos de mano de él y conocerán todas las reyecías de la tierra que tú eres el Señor, el Dios sólo». Y envió Isaías, hijo de Amós, cerca de Ezequías, diciendo: «Esto dice el Señor, el Dios de los ejércitos, Dios de Israel: «Lo que has orado a mí acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he oído». Esta, la palabra que ha hablado el Señor sobre él: «desdeñádote ha y mofádose ha de ti la virgen hija de Sión; sobre ti su cabeza ha movido la hija de Jerusalén; ¿a quién has improperado y a quién has blasfemado? ¿y sobre quién has alzado voz, y levantado a lo alto tus ojos? Al santo de Israel. En mano de tus mensajeros has improperado al Señor y dicho: «En la muchedumbre de mis carros yo subiré a la altura de los montes: muslos del Líbano; y he cortado la grandeza de su cedro, lo selecto de sus cipreses, y venido a medio de selva y Carmelo. Yo he secado y bebido aguas ajenas y yermado con la planta de mi pie todos los ríos del contorno». ¿Acaso no has oído? de lejos la(b) he hecho, hasta desde los días de antiguo formádola, congregádola. Y se han convertido en escombros de emigraciones guerreras, ciudades fortificadas. Y los habitantes de ellas se han debilitado de la mano, temblado y avergonzádose; han sido hechos heno del campo o verde hierba, pasto de tejados y holladura del que en frente se ha parado(c). Y tu sentarse y tu entrada y tu salida sé, y tu furia sobre mí; por haberte airado sobre mí; y tu altanería ha subido a mis orejas; y pondré mis argollas en tus narices y freno en tus labios y te volveré por el camino que has venido por él. Y ésta, para ti la señal: come este año lo espontáneo, y el año, el segundo, lo que germinare, y año tercero, siembra, y siega y plantación de viñas, y comeréis el fruto de ellas. Y echará(d) al salvo de casa de Judá: el resto, raíz abajo, y hará fruto arriba. Porque de Jerusalén saldrá reliquia, y salvado, de monte de Sión: el celo del Señor de los ejércitos hará esto. ¿No es así? Esto dice el Señor al rey de Asiria: «No entrará en esta ciudad; y no flechará allá dardo; y no se llegará a ella escudo; y no derramará, no, contra ella valladar. Por el camino que vino, por él volverá, y en esta ciudad no entrará», dice el Señor. «Y escudaré esta ciudad para salvarla, por mí y por David, mi siervo». Y aconteció de noche salir un ángel del Señor y percutió en el campamento de los asirios ciento ochenta y cinco millares. Y madrugaron al alba, y he aquí todos los cuerpos muertos. Y decampó y partió y volvió Senaquerib, rey de Asiria; y habitó en Nínive. Y aconteció, adorando él en casa de Nesroc, su dios, Adramelec y Sarazar, sus hijos, percutiéronle en cuchilla; y ellos se salvaron a tierra de Ararat; y reinó Asarhaddón, su hijo, en su lugar. Enferma Ezequías. La sombra. Fin de Ezequías. En aquellos días enfermóse Ezequías de muerte, y entró a él Isaías, hijo de Amós, el profeta y díjole: «Esto dice el Señor: «Manda a tu casa, pues mueres tú y no vivirás». Y se volvió Ezequías a la pared y oró al Señor, diciendo: «¡Ay de mí, Señor, acuérdate ahora cuanto he andado ante tu faz, en verdad y corazón lleno; y lo bueno en tus ojos he hecho». Y lloró Ezequías con llanto grande. Y estaba Isaías en el atrio el medio, y palabra del Señor vino a él, diciendo: «Vuelve, y dirás a Ezequías, príncipe de mi pueblo: «Esto dice el Señor, el Dios de David tu padre: «He oído tu súplica, visto tus lágrimas: He aquí yo te sanaré; el día tercero ascenderás a casa del Señor; y añadiré a tus días quince años; y de mano de rey de Asiria te salvaré y esta ciudad, y escudaré sobre esta ciudad por mí y por David, mi siervo». Y dijo Isaías: «Tomen una torta de higos y pongan sobre la llaga, y sanará». Y dijo Ezequías a Isaías: «¿Cuál la señal de que me sanará el Señor, y ascenderé a casa del Señor el día el tercero?». Y dijo Isaías: «Esta la señal del Señor de que hará Señor la palabra que ha hablado: ¿andará la sombra diez grados? ¿si volverá diez grados?» Y dijo Ezequías: «Fácil, que la sombra declina diez grados; no; sino vuelva la sombra, en los ascensos, diez grados hacia atrás». Y clamó Isaías, el profeta al Señor; y volvió la sombra, en los ascensos que descendiera, en los ascensos(a) de Acaz; hacia atrás diez grados. En aquel tiempo envió Berodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, cartas y dádivas a Ezequías, pues oyó que estuvo enfermo Ezequías. Y se alegró de ellos Ezequías; y mostróles toda la casa del tesoro: la plata, y el oro, los aromas y el aceite el bueno; y la casa de su vajilla, y cuanto se halló en sus tesoros; no hubo palabra(b) que no les mostró Ezequías en su casa y toda su hacienda(c). Y entró Isaías el profeta al rey Ezequías y díjole: «¿Qué te han hablado estos varones y de dónde han venido a ti»? Y dijo Ezequías: «De tierra lejana han venido a mí: de Babilonia». Y dijo: «¿Qué han visto en tu casa?» Y dijo: «Todo cuanto, en mi casa han visto; no había en mi casa qué no les mostré; sino también lo de mis tesoros». Y dijo Isaías a Ezequías: «Escucha la palabra del Señor: «He aquí días que vienen días en que será llevado todo lo de tu casa y cuanto han atesorado tus padres hasta este día a Babilonia; y no quedará palabra que ha dicho el Señor(d). Y los hijos tuyos los que saldrán de ti, que engendrarás —tomado será, y serán eunucos en la casa del rey de Babilonia». Y dijo Ezequías a Isaías: «Buena la palabra del Señor que ha hablado; haya paz y verdad(e) en mis días». Y lo demás de las palabras de Ezequías, y todo su poder, y cuanto hizo: la fuente y el acueducto —y trajo el agua a la ciudad— ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? Y durmióse Ezequías con sus padres; y reinó Manasés, su hijo, en su lugar. Impiedad de Manasés. Amenazas de Dios. Hijo de doce años, Manasés, al reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre: Hafsibá. E hizo lo malo en ojos del Señor, según las abominaciones de las gentes que desarraigó el Señor a la faz de los hijos de Israel. Y volvió y edificó las alturas que derribó Ezequías, su padre, y levantó altar a Baal, e hizo las selvas, así como hizo Acab, rey de Israel; y adoró a todo el ejército del cielo y les sirvió. Y edificó altar en casa del Señor, según dijo(a): «En Jerusalén pondré mi nombre». Y edificó altar a todo el ejército del cielo en los dos atrios de casa del Señor. Y pasó sus hijos en fuego; y vaticinaba y agoraba; e hizo recintos(b) y arúspices multiplicó, haciendo lo malo en ojos del Señor, irritándole. Y puso la escultura de la selva(c) en la casa que dijo el Señor a David y a Salomón, su hijo: «En esta casa, en Jerusalén que he elegido de todas las tribus de Israel —y pondré mi nombre por el siglo; y no volveré a conmover el pie de Israel de la tierra que di a sus padres; los cuales cuidarán de hacer todo cuanto he mandado, según todo el mandamiento que les mandó mi siervo Moisés». Y no oyeron; y extraviólos Manasés a hacer lo malo en ojos del Señor, sobre(d) las gentes que borró el Señor de faz de hijos de Israel. Y habló el Señor en mano de sus siervos, los profetas, diciendo: «Por todo esto que ha hecho Manasés, el rey de Judá, con estas abominaciones las malas, sobre todo lo que hizo el amorreo el de antes; y hecho también pecar a Judá en los ídolos de ellos». ¡No así!... esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He aquí yo traigo mal sobre Jerusalén y Judá, de modo que de todo el que oyere, zumbarán entrambas orejas de él; Y extenderé sobre Jerusalén la medida de Samaria y la balanza de la casa de Acab, y enjugaré a Jerusalén así como se enjuaga el alabastro(e) que se enjuga y vuelve su boca. Y lanzaré el resto de mi heredad y los entregaré en manos de sus enemigos, y serán en despojo y botín a todos sus enemigos; por todo lo que han hecho —lo malo en mis ojos y han estado irritándome desde el día que saqué a sus padres de Egipto, y hasta este día». Y también sangre inocente derramó Manasés mucha, sobre manera, hasta llenar a Jerusalén, boca a boca; fuera de sus pecados con que hizo pecar a Judá para hacer lo malo en ojos del Señor. Y lo demás de las palabras de Manasés y todo cuanto hizo y su pecado que pecó ¿no está esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? Y durmióse Manasés con sus padres y fue sepultado, en el huerto de su casa, en huerto de Oza; y reinó Amón, su hijo, en su lugar. Hijo de veintidós años, Amón, al reinar; y dos años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre: Mesalemet, hija de Harús, de Yeteba. E hizo lo malo en ojos del Señor, según que hizo Manasés, su padre. Y anduvo en todo camino que anduvo su padre; y sirvió a los ídolos que sirvió su padre y los adoró. Y abandonó al Señor, Dios de sus padres; y no anduvo en camino del Señor. Y conjuráronse los niños de Amón contra él y mataron al rey en su casa. Y percutió el pueblo de la tierra a todos los conjurados contra el rey Amón; y enreyeció el pueblo de la tierra a Josías, su hijo, en su lugar. Y lo demás de las palabras de Amón y cuanto hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? Y le sepultaron en su tumba en el huerto de Oza; y reinó Josías, su hijo, en su lugar. Josías. Reparación del templo. Hállase la ley de Moisés. Holda. Hijo de ocho años, Josías, al reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén, y el nombre de su madre era Idida, hija de Hadaya, de Besecat. E hizo lo recto en ojos del Señor, y anduvo en todo camino de David, su padre; no declinó a diestra y a siniestra. Y aconteció en el décimo octavo año para el rey Josías, en el mes el octavo que envió el rey a Safán, hijo de Aslía, hijo de Mesulam, el escriba de casa del Señor, diciendo: «Asciende a Helcías, el sacerdote, el grande y sella la plata, la entrada en casa del Señor, la que han juntado los que guardan el umbral del pueblo; y denla en mano de los que hacen las obras, los sobrestantes en casa del Señor»; y diola a los que hacen las obras, a los que trabajan en la casa del Señor para reparar lo ruinoso de la casa. a los carpinteros, a los constructores, a los albañiles, y para comprar madera y piedras labradas, para restaurar lo ruinoso de la casa. Empero no les tomaron cuenta de la plata la entregada a ellos; pues en fe ellos hacen. Y dijo Helcías, el sacerdote, el grande a Safán el escriba: «Un libro de la ley he hallado en casa del Señor». Y dio Helcías el libro a Safán; y lo leyó. Y entró, en casa del Señor, al rey, y refirió al rey una palabra y dijo: «Fundieron tus siervos la plata hallada en casa del Señor, y diéronla en mano de los que hacen las obras, los sobrestantes, en casa del Señor». Y dijo Safán, el escriba, al rey diciendo: «Un libro me ha dado Helcías el sacerdote»; y lo leyó Safán ante el rey. Y aconteció cuando oyó el rey las palabras del libro de la ley, desgarró sus vestiduras. Y mandó el rey a Helcías, el sacerdote; y a Ahicam, hijo de Safán; y a Acobor, hijo de Micá; y a Safán el escriba; y a Asaías, siervo del rey, diciendo: «Id, consultad al Señor acerca de mí, y acerca de todo el pueblo, y acerca de todo Judá, y acerca de todas las palabras de este libro, el hallado; porque es grande la ira del Señor, inflamada contra nosotros; puesto que no han oído nuestros padres las palabras de este libro, para hacer según todo lo escrito para nosotros». Y fue Helcías el sacerdote y Ahicam y Acohor, y Safán y Asaías a Holda, la profetisa, mujer(a) de Selum, hijo de Tecna, hijo de Araás, del guardarropas; y ella habitaba en Jerusalén, en el suburbio; y la hablaron. Y díjoles: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Decid al varón, al que os ha enviado a mí: Esto dice el Señor: «He aquí yo traigo mal sobre este lugar y sobre los que lo habitan: todas las palabras del libro las que leyó rey de Judá; por cuanto me han abandonado, e incensado a dioses otros, para irritarme en las obras de sus manos; y se inflamará mi furor en este lugar y no se apagará. Y al rey de Judá, al que os ha enviado a consultar al Señor; esto le diréis: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Las palabras que has oído — por cuanto se ha ablandado tu corazón y te has confundido a la faz del Señor, al oír cuanto hablé sobre este lugar y sobre los habitantes de él para ser en desaparecimiento y en maldición —y desgarraste tus vestiduras y lloraste a faz mía; yo también he oído, dice el Señor. ¡No así! he aquí yo te reúno a tus padres y serás congregado en tu sepulcro en paz; y no será visto en tus ojos —en todos los males que ¡yo soy! traigo sobre este lugar». Renovación de la alianza. Destrucción de los ídolos. Y refirieron al rey la palabra; y envió el rey y congregó consigo a todos los ancianos de Judá y Jerusalén. Y subió el rey a la casa del Señor, y todo varón de Judá y todos los habitantes de Jerusalén con él. Y los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo, de pequeño y hasta grande; y leyó en sus orejas todas las palabras del libro de la alianza, el hallado en casa del Señor. Y estaba el rey a par de la columna, y pactó pacto a la faz del Señor: de andar en pos del Señor y guardar sus mandamientos, y sus testimonios(a) y sus justificaciones(b) en todo corazón y en toda alma, para suscitar las palabras de este pacto: lo escrito en este libro; y entró todo el pueblo en el pacto. Y mandó el rey a Helcías el sacerdote, el grande, y a los sacerdotes del orden segundo y a los guardianes del umbral, sacar fuera del templo del Señor todos los vasos hechos a Baal, y a la selva(c) y a todo el ejército del cielo; y los quemó fuera de Jerusalén, en las campiñas de Cedrón y lanzó sus cenizas a Betel. Y borró(d) a los arúspices que dieron reyes de Judá, e incensaban en las alturas y en las ciudades de Judá y los alrededores de Jerusalén; y a los incensadores de Baal, y del sol, y de la luna, y de las constelaciones de todo el ejército del cielo. Y llevó la selva de la casa del Señor, fuera de Jerusalén, al torrente de Cedrón y quemóla en el torrente de Cedrón y la redujo a ceniza. Y arrojó la ceniza de ella al sepulcro de los hijos del pueblo(e). Y arrasó la casa de los sodomitas, y los que estaban en la casa del Señor; donde las mujeres tejían, allí, tiendas para la selva. Y trajo a todos los sacerdotes, de ciudades de Judá, y contaminó las alturas, donde incensaran allí, los sacerdotes, desde Gabaá y hasta Bersabé; y arrasó la casa de las puertas, la junto a la entrada de la puerta de Josué, príncipe de la ciudad, de las a siniestra de varón(f), en la puerta de la ciudad. Empero no subieron los sacerdotes de las alturas al altar del Señor en Jerusalén; porque sólo comían ázimos en medio de sus hermanos. contaminó a Tofet(g), el de la hondonada de hijo de Enom, para(h) pasar por varón a su hijo y varón a su hija a Moloc, en fuego. Y quemó los bridones que dieron los reyes de Judá al sol, en la entrada de la casa del Señor al gazofilacio de Natanmélec, el eunuco, en Farurim; y el carro del sol quemó en fuego; y los altares sobre el terrado del cenáculo de Acaz, los que hicieron reyes de Judá; y los altares que hizo Manasés en los dos atrios de casa del Señor, derribó el rey y arrasó de allí; y lanzó su polvo al torrente de Cedrón. Y la casa situada al frente de Jerusalén, a diestra del «monte de la perdición», la que edificó Salomón, rey de Israel, a Astarte, horror de sidonios; y a Camós, horror de Moab, y a Moloc, abominación de hijos de Amón, contaminó el rey. Y destrozó las columnas y extirpó las selvas; y llenó sus sitios de huesos de hombres. También el altar, el de Betel, el alto, que hizo Jeroboam, hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel; —también aquel altar y la altura arrasó; y destrozó las piedras de él y redujo a polvo; y quemó la selva. Y volvióse Josías, y vio los sepulcros, allí, en la ciudad; y envió, y tomó los huesos de los sepulcros; y quemó sobre el altar, y lo contaminó, según la palabra del Señor que habló el hombre de Dios, al estar Jeroboam en la fiesta junto al altar; y volviéndose, alzó los ojos al sepulcro del hombre de Dios, el que habló estas palabras; y dijo: «¿Qué aquel montículo que yo veo?» Y dijéronle: «El hombre de Dios, el que vino de Judá y anunció estas palabras que anunció acerca del altar de Betel». Y dijo: «Dejadlo; el varón —no se muevan los huesos de él». Y salváronse sus huesos con los huesos del profeta del venido de Samaria. También todas las casas de las alturas, las de las ciudades de Samaria, que hicieron reyes de Israel para irritar al Señor, quitó Josías, e hizo en ellas todas las obras que hizo en Betel. E inmoló todos los sacerdotes de las alturas, los que había allí sobre los altares, y quemó los huesos de los hombres sobre ellos; y volvió a Jerusalén. Y mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: «Haced pascua al Señor, nuestro Dios, según que está escrito en libro de esta alianza». Porque no se había hecho tal pascua, desde días de los jueces que juzgaron a Israel, y todos los días de reyes de Judá. Empero el décimo octavo año del rey Josías se hizo esta pascua al Señor en Jerusalén. También los pitones, y los adivinos, y los terafines, y los ídolos y todas las abominaciones las hechas en la tierra de Judá y en Jerusalén desarraigó Josías para cumplir las palabras de la ley, las escritas en el libro que halló Helcías, el sacerdote en casa del Señor. Semejante a él no hubo antes de él, rey que volviera al Señor en todo su corazón, y en toda su alma, y en toda su fuerza, según toda la ley de Moisés; y después de él, no se levantó semejante a él. Empero no desistió el Señor del furor de su ira, la grande, con que se enfureció en su ira, en Judá sobre(i) las irritaciones que le irritó Manasés. Y dijo el Señor: «También a Judá apartaré de mi faz; así como he apartado a Israel; y lanzaré esta ciudad que yo elegí: Jerusalén, y la casa de que dije: «Será mi nombre allí». Y lo demás de las palabras de Josías y todo cuanto hizo ¿no está esto escrito en el libro de palabras de días, para los reyes de Judá? En sus días subió Faraón Necao, rey de Egipto contra el rey de Asiria sobre río Eufrates; y fue Josías en su contra, y le mató Necao en Magedo, al verle(j). Y condujéronle sus niños muerto de Magedo y lleváronle a Jerusalén y le sepultaron en su sepulcro; y tomó el pueblo de la tierra a Joacaz, hijo de Josías, y le ungieron y le enreyecieron en lugar de su padre. Hijo de veintitrés años era Joacaz al reinar y tres meses reinó en Jerusalén, y nombre de su madre: Amital, hija de Jeremías, de Lobná. E hizo lo malo en ojos del Señor; según todo cuanto hicieron sus padres. Y le trasladó(k) Faraón Necao a Eblá, en tierra de Emat para que no reinase en Jerusalén; y dio multa sobre la tierra: cien talentos de plata y cien(l) talentos de oro; y enreyeció el Faraón Necao sobre ellos a Eliacim, hijo de Josías, rey de Judá, en lugar de Josías, su padre; y mudó su nombre en Yoacim; y a Joacaz tomó y llevó a Egipto; y murió allí. Y la plata y el oro dio Yoacim a Faraón. Empero apreció la tierra para dar la plata por boca(m) de Faraón: varón(n) según su apreciación, dio la plata y el oro, con el pueblo de la tierra, para dar a Faraón Necao. Hijo de veinticinco años, Yoacim, al reinar; y once años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre: Zebidá, hija de Fadaía, de Rumá. E hizo lo malo en ojos del Señor, según todo cuanto hicieron sus padres. Nabucodonosor. Joaquín en Babilonia. En los días de él subió Nabucodonosor, rey de Babilonia; y le fue hecho Yoacim siervo tres años; y se volvió y rebeló contra él. Y envióle el Señor a los sólo-ceñidos(a) de los caldeos; y a los sólo-ceñidos de Siria, y los sólo —ceñidos de Moab y los sólo —ceñidos de hijos de Amón, y envióles a la tierra de Judá, para dominarle, según la palabra del Señor, que habló en mano de sus siervos, los profetas. Empero, por el furor del Señor, aconteció en Judá, el apartarle de su rostro, por los pecados de Manasés, según todo cuanto hizo. También la sangre inocente derramó, y llenó a Jerusalén de sangre inocente; y no quiso el Señor apiadarse. Y lo demás de las palabras de Yoacim y todo lo que hizo ¿no está, he aquí, esto escrito en libro de palabras de los días, para los reyes de Judá? Y durmióse Yoacim con sus padres, y reinó Joaquín, su hijo en su lugar; y no volvió ya el rey de Egipto a salir de su tierra; pues conquistó el rey de Babilonia desde el torrente de Egipto hasta el río Eufrates, todo cuanto era del rey de Egipto. Hijo de dieciocho años, Joaquín, al reinar; y tres meses reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre era Nohetán; hija de Elnatán, de Jerusalén. E hizo lo malo en ojos del Señor, según todo cuanto hizo su padre. En aquel tiempo subió Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén; y vino la ciudad a cerco. Y llegó Nabucodonosor, rey de Babilonia a la ciudad; y sus niños asediáronla. Y salió Joaquín, rey de Judá, contra rey de Babilonia él y sus niños, y su madre y sus príncipes y sus eunucos; y cogióle el rey de Babilonia, en el octavo año de su reinado. Y sacó de allá todos los tesoros de casa del Señor, y los tesoros de casa del rey, y destrozó todos los vasos, los áureos que hizo Salomón, el rey de Israel en el templo del Señor; según la palabra del Señor. Y trasladó a toda Jerusalén, y todos los príncipes y los poderosos en fuerza llevó cautivos a diez millares; y a todo carpintero y cerrajero; y no quedaron sino los pobres de la tierra. Y trasladó a Joaquín a Babilonia, y a la madre del rey, y las mujeres del rey y sus eunucos; y los fuertes de la tierra llevó a trasmigración, de Jerusalén a Babilonia. Y a todos los varones de la fuerza diecisiete mil; y al carpintero y al cerrajero, mil. Todos potentes haciendo la guerra llevólos el rey de Babilonia de trasmigración a Babilonia. Enreyeció el rey de Babilonia a Matanías, tío de él, en su lugar y puso el nombre de él: Sedecías. Hijo de veintiún años Sedecías, al reinar; y once años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre: Amital, hija de Jeremías, de Lobná. E hizo lo malo a faz del Señor; según todo cuanto hizo Joaquín. Pues por el furor del Señor aconteció sobre Jerusalén y en Judá, hasta que los arrojó de su rostro; y se rebeló Sedecías contra el rey de Babilonia. Sedecías. Destrucción de Jerusalén. Y aconteció en el año nono de su reinado, en el mes décimo, a décimo de mes, que vino Nabucodonosor, el rey de Babilonia, y todo su ejército sobre Jerusalén; y acamparon sobre ella y edificaron sobre ella una circunvalación en torno. Y vino la ciudad a cerco hasta el undécimo año del rey Sedecías, el noveno del mes. Y prevaleció el hambre en la ciudad; y no había panes para el pueblo de la tierra. Y rota fue la ciudad, y todos los varones de la guerra salieron de noche, camino de la puerta, en medio de los muros; esta es del huerto del rey; y los caldeos(a), sobre la ciudad en contorno; y anduvo(b) el camino de la llanura; y persiguió el ejército de los caldeos en pos del rey, y le cogieron en la llanura de Jericó; y todo su ejército se dispersó de sobre él. Y aprehendieron al rey y lleváronle ante rey de Babilonia, a Reblatá; y habló, con él, sentencia. Y a los hijos de Sedecías degolló ante sus ojos; y los ojos de Sedecías cegó, y le ató en grillos, y llevóle a Babilonia. Y en el mes el quinto, a siete del mes; él(c) el año diecinueve, para Nabucodonosor, rey de Babilonia; vino Nabuzardán, el príncipe de los satélites, el puesto ante el rey de Babilonia, a Jerusalén. Y quemó la casa del Señor y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén; y toda casa quemó el príncipe de los satélites, en fuego. Y el muro de Jerusalén en contorno demolió todo el ejército de los caldeos, los que estaban con el príncipe de los satélites. Y el resto del pueblo, el dejado en la ciudad y los tránsfugas, los fugados al rey de Babilonia, y al resto del vulgo deportó Nabuzardán, el príncipe de los satélites. Y de los pobres dejó el príncipe de los satélites para viñadores y para aradores. Y las columnas, las broncíneas, las en casa del Señor y las basas y la mar la broncínea, la en casa del Señor, destrozaron los caldeos y llevaron el bronce de ellas a Babilonia. Y las calderas, y los tridentes, y las tazas, y los braceros, y todos los vasos, los broncíneos en que ministran, en ellos, tomó. Y los incensarios y las tazas las áureas y las argentinas tomó el príncipe de los satélites. Columnas dos y la mar una y las basas que hizo Salomón para la casa del Señor —no había peso(d) del bronce de todos los vasos. De dieciocho codos de altura de la columna la una, y el capitel sobre ella, el broncíneo; con altura de tres codos, labor de red; y granadas sobre el capitel en contorno: todo broncíneo; y, conforme a esto, la columna la segunda, a más de la red. Y tomó el príncipe de los satélites a Saraías, sacerdote el primero, y a Sofonías, hijo de la segundía(e), y a los tres guardas del umbral. Y de la ciudad tomó un eunuco, el que era sobrestante de los varones los guerreros; y a cinco varones de los que veían el rostro del rey, los hallados en la ciudad; y al escriba del príncipe del ejército, el que conscribía al pueblo de la tierra; y a sesenta varones del pueblo de la tierra, los hallados, en la ciudad. Y tomólos Nabuzardán, el príncipe de los satélites y llevólos al rey de Babilonia, a Reblatá. Y percutiólos el rey de Babilonia, y los mató en Reblatá, en tierra de Emat; y fue deportado Judá sobre la tierra de él. Y el pueblo, el dejado en la tierra de Judá, los que dejó Nabucodonosor, rey de Babilonia —constituyó sobre ellos a Godolías, hijo de Ahicas, hijo de Safán. Y oyeron todos los príncipes del ejército, ellos y sus varones, que constituyó rey de Babilonia a Godolías, y vinieron a Godolías, a Masfá: Ismael, hijo de Natanías, y Joanan hijo de Garsé, y Saraías, hijo de Tencumet, el netofotita y Yezonías, hijo de Maacamí, ellos y sus varones. Y juró Godolías a ellos y sus varones, y díjoles: «No temáis la aparición de los caldeos: asentaos en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y bellamente os estará». Y aconteció en el séptimo mes venir Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisamá, de la simiente de los reyes, y diez varones con él, y percutió a Godolías, y murió; y a los judíos y a los caldeos que estaban con él en Masfá. Y levantóse todo el pueblo, de pequeño a grande, y los príncipes de los ejércitos, y entraron en Egipto, pues temieron a faz de los caldeos. Y aconteció en el trigésimo séptimo año de la trasmigración de Joaquín, rey de Judá, en el duodécimo mes, el vigésimo séptimo día del mes, que enalteció Evilmerodac, rey de Babilonia, al año de su reinado, la cabeza de Joaquín, el rey de Judá; y le sacó de casa de su prisión; y habló con él cosas buenas; y dio su trono por sobre los tronos de los reyes, los con él, en Babilonia. Y mudó las vestiduras de la prisión de él; y comió pan siempre a faz de él todos los días de su vida. Y el sustento suyo, sustento siempre se le dio de casa del rey, ración de día, en su día, todos los días de su vida. Genealogía, de Adán a Abrahán. Reyes de Edom. Adán, Set, Enós; Cainán, Malaleel, Jared; Henoc, Matusalén, Lamec; Noé, Sem, Cam y Jafet; Hijos de Jafet: Gomer y Magog, y Madaí, y Javán, Tubal, Mosoc, Tiras; Y los hijos de Gomer: Ascenez y Rifat y Togormá. Y los hijos de Javán: Elisá y Tarsis, Cetim y Dodanim. E hijos de Cam: Cus y Mesraim, y Fut y Canaán. E hijos de Cus: Sabá y Hevilá, Sabatá. Y Regmá y Sabatacá. E hijos de Regmá: Sabá, y Dadán. Y Cus engendró a Nemrod; éste empezó a ser gigante, cazador sobre la tierra. Y Mesraim engendró a los ludim, y ananim, y laabim y neftuim; Y los fitrusim y los casluim; de donde salieron los filisteos y los catftorim(a). Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y al heteo; y al jebuseo, y al amorreo, y al gergeseo, Y al heveo y al araceo y al cineo; y al aradeo, y al samareo y al hamateo. Hijos de Sem: Elam y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram, y Hus y Hul, y Geter y Masoc. Y Arfaxad engendró a Cainán(b), y Cainán engendró a Sale, y Sale, engendró a Héber. Y a Héber nacieron dos hijos; nombre del uno: Faleg (porque en sus días se dividió la tierra); y el nombre de su hermano: Yectán. Y Yectán engendró a Elmodad, y Salef, y Asarmot y Yare; y a Adoram, y a Huzal y a Declá, y a Hebal, Abimael y a Sabá; y a Ofir, y a Hevilá y a Yobab; todos éstos, hijos de Yectán. Hijos de Sem: Elam y Asur(c), y Arfaxad, Sale; Héber, Faleg, Ragau; Serug, Nacor, Taré; Abraham; el mismo Abraham. E hijos de Abraham: Isaac e Ismael. Y éstas las generaciones de ellos: primogénitos de Ismael: Nabayot y Cedar, y Adbeel y Masam; Y Masmá y Dumá, Masá, Hadad y Teman; Yetur, Nafis, Cedma; éstos hijos de Ismael. E hijos de Cetura, concubina de Abrahán; y engendróle Zamram, Yecsán, Nadán, Madián, Yesboc y Sué. E hijos de Yecsán: Sabá y Dadán. E hijos de Dadán: los asurim y los latusim y los laomim. Y engendró Abrahán a Isaac; e hijos de Isaac: Esaú e Israel. Hijos de Esaú: Elifaz, Ragüel, Yehús, Yhelom y Coré. Hijos de Elifaz: Temán, Omar, Sefí, Gatán, Cenez, Tamnná y Amalec. E hijos de Ragüel: Nahat, Zará, Samá, Mezá. Hijos de Seir: Lotán, Sobal, Sebeón, Aná, Disón, Eser, Disán. Hijos de Lotán: Horí, Homán, y hermana de Lotán: Tamná. Hijos de Sobal: Alián, Manahat, Ebal, Sefí y Onán. Hijos de Sebeón: Ayá y Aná. Hijos de Aná: Disón. Hijos de Disón: Hamram, y Esebán, y Yetrán y Carán. Hijos de Eser: Balaán y Zaván y Yacán. Hijos de Disán: Hus y Arán. Y éstos los reyes, los reinantes en Edom; antes de enreyecer rey los hijos de Israel: Balé, hijo de Beor; y nombre de su ciudad: Denabá. Y murió Balé, y reinó Yobab, hijo de Zaré, de Bosrán. Y murió Yobab y reinó en su lugar Husam de tierra de temanitas. Y murió Husán, y reinó en su lugar Adad, hijo de Badad, que percutió a Madián en la llanura de Moab; y nombre de su ciudad: Avit. Y murió Adad, y reinó en su lugar Semlá de Masrecá. Y murió Semlá, y reinó en su lugar Saúl de Rohobot, la sobre el río. Y murió Saúl, y reinó en su lugar Balanán, hijo de Acobor. Y murió Salaán y reinó en su lugar Adad; y nombre de su ciudad: Faú; y nombre de su mujer: Mectabel, hija de Matred, hija de Mezaab. Y murió Adad; y fueron príncipes de Edom: príncipe Tamná, príncipe Alvá, príncipe Yetet, príncipe Colibamá, príncipe Elá, príncipe Finón, príncipe Cenez, príncipe Temán, príncipe Mabsar, príncipe Magdiel, príncipe Hiram; éstos príncipes de Edom. Genealogía de Jacob y Judá hasta David. Estos los nombres de los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad, Aser. Hijos de Judá: Her, Onán, Selá: tres le nacieron de la hija de Sué, la cananea; y era Her, el primogénito de Judá, malo delante del Señor: y le mató. Y Tamar, su nuera, parióle a Farés y a Zará; todos hijos de Judá: cinco. Hijos de Farés: Hesrón y Hamul. Hijos de Zará: Zamrí, y Etán, y Enán, y Gaoal y Dará; todos, cinco. E hijos de Carmí: Acar, el estorbador de Israel, el que prevaricó contra el anatema(a). E hijos de Etán: Azarías. E hijos de Herón, que le nacieron: Yerameel, y Ram y Calubí. Y Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Nahasón, príncipe de casa de Judá. Y Nahasón engendró a Salmón; y Salmón engendró a Booz. Y Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí. E Isaí engendró a su primogénito Eliab; Abinadab el segundo; Simaá, el tercero; Natanael, el cuarto; Radaí, el quinto; Asom, el sexto; David, el séptimo; y la hermana de ellos, Sarvía, y Abigaíl. E hijos de Sarvía: Abisaí, y Joab y Asael: tres. Y Abigaíl engendró a Amasá; y padre de Amasá; Yeter, el ismaelita. Y Caleb, hijo de Hesrón, tomó a Azubá por mujer y a Yeriot, y éstos, hijos de ella: Yaser, y Sobab y Ardón. Y murió Azubá y tomó para sí Caleb a Efrat y parióle a Hur: Y Hur, engendró a Bezeleel. Y después de esto, entró Hesrón a la hija de Maquir, padre de Galaad; y él la tomó, y él era de sesenta años; y parióle a Segub. Y Segub engendró a Yaír; y tenía veintitrés ciudades en Galaad. Y tomó Gesur y Aram las aldeas de Yaír, de ellas, a Canat y las aldeas de ella: sesenta ciudades; todas éstas, de hijos de Maquir, padre de Galaad. Y, después de morir Hesrón vino Caleb a Efrata; y la mujer de Hesrón; Abiá, y parióle a Asur, padre de Tecuá. Y fueron los hijos de Yerameel, primogénito de Hesrón: el primogénito Ram, y Buná, y Arán, Y Asom y Aquiá. Y tuvo otra mujer Yerameel, y su nombre: Atara; ésta es madre de Onam. Y fueron hijos de Ram, primogénito de Yerameel: Moos, y Yamín, y Acor. Y fueron hijos de Onam: Semeí y Yadá; e hijos de Semeí: Nadab y Abisur. Y nombre de la mujer de Abisur: Abihaíl; y parióle a Ahobam y Molid. E hijos de Nadab: Saled y Apfaím; y murió Saled sin tener hijos. E hijos de Apfaím: Yesí; e hijos de Yesí: Sesán. E hijos de Sesán Oholaí. E hijos de Yadá, hermano de Semeí: Yeter y Yonatán; y murió Yeter sin tener hijos. E hijos de Yonatán: Falet y Zizá; éstos fueron hijos de Yerameel. Y no tuvo Sesán hijos sino hijas; y tuvo Sesán un niño egipcio, y su nombre Yeraá. Y dio Sesán su hija a Yeraá por mujer; y parióle a Eteí. Y Eteí engendró a Natán; y Natán engendró a Zabad. Y Zabad engendró a Oflal, y Oflal engendró a Obed. Y Obed engendró a Yehú, y Yehú engendró a Azarías. Y Azarías engendró a Helés, y Helés engendró a Elasá. Y Elasá engendró a Sisamoí; y Sisamoí engendró a Selum. Y Selum engendró a Ycamías; e Ycamías engendró a Elisamá; y Elisamá engendró a Ismael(b). E hijos de Caleb, hermano de Yerameel: Marisá su primogénito (éste, padre de Sif) e hijos de Marsá del padre de Hebrón. E hijos de Hebrón: Coré, y Tafná y Recem y Samá. Y Samá engendró a Raham, padre de Yercaam; y Recem engendró a Samaí. E hijo de él: Maón; y Maón padre de Betsur. Y Efá, la concubina de Caleb, engendró a Harán, y Mosá y Gezez; y Harán engendró a Gezez; e hijos de Yahadaí: Regem, y Joatán, y Gesán, y Falet, y Efá y Saaf. Y la concubina de Caleb, Maacá engendró a Saber y a Taraná; y engendró a Saaf, padre de Madmená y a Sué, padre de Macbená y al padre de Gabaá; e hija de Caleb: Aesá. Estos eran hijos de Caleb: Hur, primogénito de Efratá; Sobal, padre de Cariatiarim; Salmá, padre de Betlehem, y Harif, padre de Betgader. Y fueron hijos de Sobal, padre de Cariatiarim: Haraá, y Aisí y Amanit(c). Y las generaciones de Cariatiarim: los yetritas, y los afutitas, y los sematitas y los maseritas; de éstos salieron los saraítas y los estaolitas. Hijos de Salmá: Betlehem, el netofatita; Atarot; de casa de Yoab; y mitad de la de Malatí, Saraí: Las parentelas de los escribas, habitantes de Yabés; de targatiítas, y samatiítas y socatitas; éstos, los cineos, los que vienen de Hemat, padre de casa de Recab. Genealogía de David y de los Reyes de Judá Y estos fueron los hijos de David, los que le nacieron en Hebrón: el primogénito: Amnón, de Aquinoam, la jezraelita; el segundo: Daniel, de Abigaíl, la carmelita; el tercero: Absalón, hijo de Maacá, hija de Tolmaí, rey de Gesur; el cuarto: Adonías, hijo de Agit; el quinto: Safatías, de Abital; el sexto Yetraham, de Eglá, su mujer. Seis naciéronle en Hebrón; y reinó allí siete años y seis meses; y treinta y tres reinó en Jerusalén. Y éstos naciéronle en Jerusalén: Simaá, Sobab, Natán y Salomón; cuatro de Betsabé, hija de Amiel; Y Yebaar y Elisamá; y Elifalet y Nogé, y Nefeg y Yafía; y Elisamá y Eliadá y Elifelet: nueve; todos hijos de David (fuera de los hijos de las concubinas) y Tamar hermana de ellos. Hijos de Salomón: Roboam; Abías, su hijo; Asá, su hijo; Yosafat, su hijo; Yorano, su hijo; Ocozías, su hijo; Yoás, su hijo; Amasías, su hijo; Azarías, su hijo; Yoatán, su hijo; Acaz, su hijo; Ezequías, su hijo; Manasés, su hijo; Amón, su hijo; Yosías, su hijo. E hijos de Yosías: primogénito: Yoanán; el segundo: Yoasím; el tercero: Sedecías; el cuarto: Salum. E hijos de Yoasím: Yeconías, su hijo; Sedecías, su hijo. E hijos de Yeconías: Asir y Salatiel, su hijo; Melquiram, y Fadaías, y Seneser, y Yecemías, y Samá y Nadabías. E hijos de Fadaías: Zorobabel y Semeí; e hijos de Zorobabel: Mosolam y Hananías; y Salomit, la hermana de ellos; y Hasabán, y Ohol, y Baraquías, y Hasadías y Yosabesed: cinco. E hijos de Hananías: Faltías y Yeseías, su hijo; Rafaías, su hijo; Arnán, su hijo; Obdías, su hijo; Sequenías, su hijo; e hijo de Sequenías: Semeías; e hijos de Semeías: Hasfás, y Yegaal, y Barías, y Naarías y Safat: seis. E hijos de Naarías: Elioenaí, y Ezequías y Ezricam: tres. E hijos de Elioenaí: Oduías, y Eliasub, y Feleías, y Acub, y Yohanán, y Dalaías y Ananí: siete. Posteridad de Judá y Simeón E hijos de Judá: Farés, Esrón y Carmí, y Hur y Sobal; y Raya hijo de Sobal, engendró a Yahat; y Yahat engendró a Ahumaí y a Laad, —Estas son las generaciones de Saratí; éstos, los hijos de Etam: Yezrahel, y Yesemá y Yedebós, y nombre de la hermana de ellos: Asalelfuni. Y Fanuel padre de Yedor y Ezer, padre de Hosá; éstos los hijos de Hur, el primogénito de Efratá, padre de Betlehem. Y Asur padre de Tecué, tuvo dos mujeres: Halaá y Naará. Y parióle Naará a Oozam y a Hefer y a Temaní, y a Ahastaré; todos éstos, hijos de Naará. E hijos de Halaá: Seret e Isaar y Etnán. Y Cos engendró a Anob y a Sobobá y las generaciones de Aharehel; hijo de Arum. Y fue Yabés glorioso sobre sus hermanos; y la madre llamó su nombre Yabés, diciendo: «He parido con dolor». E invocó Yabés al Dios de Israel, diciendo: «¡Si bendiciendo me bendijeras, y llenaras mis confines y fuera tu mano conmigo e hicieras manifestación de no humillarme!...» Y otorgó Dios todo cuanto pidió. Y Caleb hermano de Suá, engendró a Maquir; éste el padre de Estón. Y Estón engendró a Betrafá, y Fesé y Teiná, padre de la ciudad de Naás, hermano de Eselom, el cenizita(a); éstos los varones de Recá. E hijos de Cenez: Otoniel y Saraía; e hijos de Otoniel: Hatat(b). Y Maonatí engendró a Ofrá; y Saraías engendró a Joab, padre del Valle de los artífices; pues allí artífices eran. E hijos de Caleb, hijo de Jefoné: Hir, y Elá y Naham; e hijos de Elá: Cenez. E hijos de Yaleleel: Zif, y Zifá, y Tiriá y Asrael. E hijos de Ezrá: Yeter, y Mered y Efer y Yalón; y engendró Yeter a Marón(c) y Samaí; y a Yesbá, padre de Estamó. Y su mujer; ésta, Yudaía, parió a Yared, padre de Gedor, y a Heber, padre de Socó, y a Yeutiel, padre de Zanoé; y éstos los hijos de Betía, hija de Faraón que tomó Mered. E hijos de la mujer, Odaía, hermana de Naham, padre de Ceilá, Garmí y Estamó, el macatita. E hijos de Simón: Amnón, y Riná, Benhanán y Tilón. E hijos de Yesí: Zohet y Benzohet. Hijos de Selá, hijo de Judá: Her, padre de Lecá, y Laadá, padre de Maresá; y las generaciones de la casa de la labor de biso, de la Casa de Esobá(d); y Yoasim y varones de Cosebá, y Joás y Saráf, que habitaban en Moab; y retornaron los Abederín, Atuquim(e): Estos, alfareros los que habitaban en plantíos y alquerías, con el rey; en el reino de él fortaleciéronse y habitaron allí. Hijos de Simeón: Namuel y Yamín, Yarib, Zará, Saúl; Selum, su hijo; Mapeam, su hijo; Masmaí, su hijo; Masmá, su hijo; Hamuel, su hijo; Zacur, su hijo; Semeí, su hijo; Y Semeí tuvo hijos dieciséis, e hijas seis; y sus hermanos no tuvieron hijos muchos; y todas sus familias no abundaron como hijos de Judá. Y habitaron en Bersabeé, y Moladá y Hasarsuhal, y en Balá, y en Asom y en Tolad; y en Batuel y en Hormá, y en Siceleg; y en Betmarcabot, y en Hasarsusim, y en Betberai y en Saarim; éstas las ciudades de ellos hasta el rey David. Y sus villas: Etam y Aén y Remón, y Toquén y Asán; ciudades cinco. Y todas sus villas, en contorno de estas ciudades hasta Baal; ésta, su habitación y su distribución. Y Mosobab y Yemlec y Yosá, hijo de Amasías; Y Joel, y Jehú; hijo de Yosabías, hijo de Sarahías, hijo de Asiel; Y Elioenaí y Jacobá e Ysuhaías, y Asaías y Abdiel e Ysmiel y Banaías; y Zizá, hijo de Sefeí, hijo de Alón, hijo de Ydaías, hijo de Semrí, hijo de Samaías. Estos, los que han pasado en nombre de príncipes en sus generaciones y en sus casas paternas, se multiplicaron en muchedumbre; y salieron hasta llegar a Gador, hasta el oriente de Gaí, a buscar prados para sus greyes. Y hallaron prados abundantes y mejores; y la tierra, dilatada ante ellos y paz y tranquilidad; pues(f) de los hijos de Cam, de los que habitaron allí antes. Y vinieron éstos, los escritos por nombre en días de Ezequías, rey de Judá, y percutieron las casas de ellos y los habitadores que hallaron allí; y habitaron en lugar de ellos; porque había prados para sus greyes allí. Y de ellos: de los hijos de Simeón, fueron al monte Seir varones quinientos; y Faltías, y Naarías y Rafaías y Oziel, hijos de Yesí, príncipes de ellos. Y percutieron a los restantes, los dejados de Amalec y habitaron allí hasta este día. Rubén, Gad y la mitad de Manasés E hijos de Rubén, primogénito de Israel (porque éste fue el primogénito de él; y, al subir él al lecho de su padre, éste dio su bendición a su hijo José, hijo de Israel; y no es genealogado en primogenitura; pues Judá, fue poderoso en fuerza, entre sus hermanos, y el príncipe(a) de ellos; pero la primogenitura fue para José). Hijos de Rubén; primogénito de Israel: Enoc, y Falú, y Esrón y Carmí. Hijos de Joel: Samaías, su hijo; Gog, su hijo; Semeí, su hijo: Micá, su hijo; Reyá, su hijo; Baal, su hijo; Beerá, su hijo; a quien deportó Teglatfalnasar, rey de Asiria, éste príncipe de los de Rubén. Y sus hermanos, por la familia de él, en las enumeraciones de ellos; según sus generaciones: el príncipe Yehiel y Zacarías. Y Balá, hijo de Azaz, hijo de Samá, hijo de Joel; éste habitó en Aroer y sobre Nebo y Balmeón. Y al oriente habitó hasta donde se llega al desierto, desde el río Eufrates; porque tenían muchas bestias de ellos, en tierra de Galaad. Y en días de Saúl hicieron guerra a los agarenos; y cayeron(b) en manos de ellos y habitaron en sus tiendas todos, al oriente de Galaad. Hijos de Gad, frente a frente de ellos habitaron en tierra de Basán, hasta Selcá. Joel, primogénito y Safán, el segundo, y Yanaí y Safat, en Basán. Y sus hermanos, según casas de sus familias: Micael, y Mosolam, y Sebé, y Yoraí, y Yacán, y Zié y Heber: siete. Estos, hijos de Abigaíl, hijo de Hurí, hijo de Yará, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Yesesí, hijo de Yedó, hijo de Bus, hermano del hijo de Abdiel, hijo de Guní, príncipe de casa de familias. Habitaban en Galaad, en Basán, y en las villas de ella, y todos los contornos de Sarón, hasta el confín. De todos la enumeración en días de Yoatán, rey de Judá, y en días de Yeroboam, rey de Israel. Hijos de Rubén; y Gad y mitad de tribus de Manasés, de entre hijos de fuerza; varones llevando escudo y cuchilla, y tendiendo arco, y enseñados a guerra: cuarenta y cuatro mil, setecientos sesenta, saliendo a batalla. Y hacían guerra a los agarenos e itureos y nafiseos y nodebeos; y prevalecieron sobre ellos, y fueron, entregados en sus manos agarenos y todas sus tiendas; pues a Dios clamaron en la guerra, y oyóles, pues esperaron en él. Y apresaron el ganado de ellos: camellos cincuenta mil, y de ovejas doscientas cincuenta mil, y asnos dos mil; y almas de varones cien mil; pues heridos muchos cayeron, porque de Dios era la guerra; y habitaron en lugar de ellos hasta la trasmigración. Y la mitad de la tribu de Manasés habitaron en tierra, desde Basán hasta Baal-Hermón, y Sanir y monte Hermón; y en el Líbano abundaron. Y éstos los jefes de casa de sus familias: Efer, y Yesí, y Eliel, y Esriel, y Jeremías, y Odoías y Yediel: varones fuertes en poder, varones renombrados, príncipes de las casas paternas de ellos. Y se rebelaron, contra el Dios de sus padres y fornicaron en pos de dioses de las gentes de la tierra, las que quitó Dios de la faz de ellos. Y despertó el Dios de Israel el espíritu de Ful, rey de Asiria, y el espíritu de Teglatfalnasar, rey de Asiria, y trasportó a Rubén y a Gad y la mitad de tribu de Manasés, y llevóles a Lahelá, y Habor, y Ará y sobre el río Gozán hasta este día. Levitas. Sacerdocio. Hijos de Leví: Gersón, Caat y Merarí; e hijos de Caat: Amram e Ysaar, Hebrón y Oziel. Hijos de Amram: Aarón, Moisés, y María; e hijos de Aarón: Nadab y Abiú, Eleazar e Ytamar. Eleazar engendró a Fineés; y Fineés engendró a Abisué. Abisué engendró a Boquí; y Boquí engendró a Ozí. Ozí engendró a Zaraías; y Zaraías engendró a Merayot. Y Merayot engendró a Amarías; y Amarías engendró a Aquitob. Y Aquitob engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Aquimaás. Y Aquimaás engendró a Azarías, y Azarías engendró a Yohanán. Y Yohanán engendró a Azarías; éste, sacerdote en la casa que edificó Salomón en Jerusalén. Y engendró Azarías a Amarías; y Amarías engendró a Aquitob. Y Aquitob engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Selum. Y Selum engendró a Helcías; y Helcías engendró a Azarías. Y Azarías engendró a Saraías, y Saraías engendró a Yosedec. Y Yosedec fue en la trasmigración con Judá a Jerusalén en mano de Nabucodonosor. Hijos de Leví: Gersón, Caat y Merarí. Y éstos los nombres de los hijos de Gersón: Lobní y Semeí. Hijos de Caat: Amram, e Ysaar y Hebrón y Oziel. Hijos de Merarí: Moholí y Musí. Y estas las parentelas de Leví, según sus familias. De Gersón: Lobní, su hijo; Yahat, su hijo; Zamá, su hijo; Yoah, su hijo; Adó, su hijo; Zará, su hijo; Yetraí, su hijo. Hijos de Caat: Aminadab, su hijo; Coré, su hijo; Asir, su hijo; Elcana, su hijo; Abiasaf, su hijo; Asir, su hijo; Tahat, su hijo; Uriel, su hijo; Ozías, su hijo; Saúl, su hijo. E hijos de Elcana: Amasaí, y Aquimot. y Elcana. Y los hijos de Elcana: Sofaí, su hijo; Nahat, su hijo; Eliab, su hijo; Yerohán, su hijo; Elcana, su hijo. Hijos de Samuel: el primogénito Vaserrí, y Abiá. Hijos de Merarí: Moholí; Lobní, su hijo; Semeí, su hijo; Oza, su hijo; Samaí, su hijo; Hagía, su hijo; Asaías, su hijo. Estos son los que constituyó David sobre manos de cantantes en casa del Señor, en el reposo(a) del arca. Y eran ministrantes a la faz del tabernáculo del testimonio en órganos, hasta que edificó Salomón la Casa del Señor en Jerusalén; y estaban, según su orden sobre sus ministerios. Y éstos, los constituidos y sus hijos, de los hijos. De Caat: Hemán, el cantor, hijo de Johel, hijo de Samuel; hijo de Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Tohú; hijo de Suf, hijo de Elcana, hijo de Mahat, hijo de Anasaí; hijo de Elcana, hijo de Johel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías; hijos de Tahat, hijo de Asir, hijo de Abisaf, hijo de Coré; hijo de Ysaar, hijo de Caat, hijo de Leví, hijo de Israel. Y su hermano Asaf, el pueblo a su derecha; Asaf, hijo de Baraquías, hijo de Amná; hijo de Micael, hijo de Basaías, hijo de Melquías; hijo de Atamí, hijo de Zará, hijo de Adaías; hijo de Etán, hijo de Zamá, hijo de Zemeí, hijo de Yet, hijo de Gersón, hijo de Leví. Y los hijos de Merarí, los hermanos de ellos, a la izquierda. Etán, hijo de Cusí, hijo de Abdí, hijo de Maloc; hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo de Elcías; hijo de Amasaí, hijo de Boní, hijo de Somer; hijo de Moholí, hijo de Musí, hijo de Merarí, hijo de Leví. Y sus hermanos, según las casas de sus familias; los levitas los dedicados a toda obra de ministerio de tabernáculo de la Casa de Dios. Y Aarón y sus hijos, incensando sobre el altar de los holocaustos, y sobre el altar de los timiamas, para toda obra: santo(b) de los santos, y para propiciar por Israel, según todo cuanto mandó Moisés, niño de Dios. Y éstos los hijos de Aarón: Eleazar, su hijo; Fineés, su hijo; Abisné, su hijo; Boquí, su hijo; Ozí, su hijo; Zaraías, su hijo. Merayot su hijo; Amarías, su hijo; Aquitob, su hijo; Sadoc, su hijo; Aquimaás su hijo; Y éstas las moradas de ellos, en sus villas, en sus confines, para los hijos de Aarón, a la familia de ellos; a los de Caat; pues a ellos les tocó la suerte. Y diéronles Hebrón, en tierra de Judá y los ejidos de ella, en su contorno. Y las campiñas de la ciudad y sus villas, dieron a Caleb, hijo de Jefoné. Y a los hijos de Aarón dieron las ciudades de los refugios Hebrón; Lobná, y los ejidos de ella; y Jeter, y Estemó y los ejidos de ella; y Helón y sus ejidos y Dabir y sus ejidos; y Asán y sus ejidos; Betsemés y sus ejidos; y de la tribu de Benjamín, a Gabaí y sus ejidos, y Almat y sus ejidos, y Amatot, y sus ejidos; todas sus ciudades, trece ciudades, según sus parentelas. Y a los hijos de Caat, los restantes de las parentelas de la tribu: de la media tribu de Manasés, por la suerte, ciudades diez. Y a los hijos de Gersón, según sus parentelas, de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí, de la tribu de Manasés, en Basán: ciudades trece. Y a los hijos de Merarí, según sus parentelas, de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad, de la tribu de Zabulón, por la suerte: ciudades doce. Y dieron los hijos de Israel a los levitas las ciudades y los ejidos de ellas: Y dieron en suerte, de la tribu de hijos de Judá, y de la tribu de hijos de Simeón, y de la tribu de hijos de Benjamín, estas ciudades que las llamaron por su nombre: Y(c), de las parentelas de los hijos de Caat; también fueron las ciudades de sus confines, de(d) la tribu de Efraín. Y diéronles las ciudades de los refugios: Siquem y sus ejidos, en monte Efraín, y Gazer y sus ejidos; y Yecmaán y sus ejidos; y Betorón y sus ejidos; y Helón y sus ejidos, y Getremón y sus ejidos. Y de la media tribu de Manasés: Aner y sus ejidos, según parentela, a los hijos de Caat los restantes. A los hijos de Gersón, de las parentelas de la media tribu de Manasés: Gaulón de Basán, y sus ejidos, y Astarot y sus ejidos. Y de la tribu de Isacar: Quedés y sus ejidos, y Daberet y sus ejidos; y Ramot y sus ejidos, y Anem y sus ejidos. Y de la tribu de Aser: Masal y sus ejidos, y Abdón y sus ejidos; Hucac y sus ejidos, y Rohob y sus ejidos. Y de la tribu de Neftalí: Quedés en la Galilea y sus ejidos, y Hamón y sus ejidos, y Cariataím y sus ejidos. A los hijos de Merarí los restantes: de la tribu de Zabulón: Remonó y sus ejidos, y Tabor y sus ejidos; y de allende el Jordán: Jericó a occidente del Jordán; de la tribu de Rubén: Bosor, en el desierto, y sus ejidos, y Yasá y sus ejidos; y Cademot y sus ejidos y Mefaat y sus ejidos. Y de la tribu de Gad: Ramot en Galaad, y sus ejidos y Manaím y sus ejidos; y Hesebón y sus ejidos, y Yezer y sus ejidos. Genealogía de Ysacar, Benjamín, Neftalí, Manasés, Efraín y Aser Y de los hijos de Ysacar: Tolá, y Fuá, y Yasub y Simeón: cuatro. E hijos de Tolá: Ozí, y Rafaía, y Yeriel, y Yemaí, y Yebsem y Samuel, príncipe de sus casas paternas; de Tolá, fuertes en poder, según sus generaciones—; el número de ellos, en días de David: veintidós mil seiscientos. E hijos de Ozí: Izrahía; e hijos de Izrahía: Micael y Obadía y Johel y Yesía: cinco, príncipes todos. Y con ellos, según sus generaciones, según sus casas paternas —fuertes para armarse en guerra: treinta y seis mil; pues se llenaron de mujeres e hijos, Y sus hermanos de todas las parentelas de Isacar, y fuertes en poder: ochenta y siete mil, el número de todos ellos. Hijos de Benjamín: Belá, y Becor y Jediel: tres. E hijos de Belá: Esbón, y Ozí, y Oziel, y Yerimot, y Uraí: cinco; príncipes de casas paternas, fuertes en poder, y el número de ellos; veintidós mil treinta y cuatro. E hijos de Becor: Zamirá, y Joás, y Eliezer, y Elioenaí, y Amarí, y Yerimot, y Abiá, y Anatot y Almat; todos éstos hijos de Becor; y el número de ellos según sus generaciones, príncipes de sus casas paternas, fuertes en poder: veinte mil doscientos. E hijos de Yadihel: Balán; e hijos de Balán: Jehús, y Benjamín, y Aod, y Canaaná, y Zetán, y Tarsis y Ahisahar. Todos éstos, hijos de Yadihel, príncipes de parentelas, fuertes en poder: diecisiete mil doscientos, saliendo, en fuerza de guerrear. Y Sefán y Hafam, hijos de Hir; y Hasim, hijos de Aher(a). Hijos de Neftalí: Yasiel, y Guní, y Yeser, y Selum; los hijos de Balá. Hijos de Manasés: Esriel, a quien parió la concubina de él la sira; y parióle también a Maquir, padre de Galaad. Y Maquir tomó mujer para Hapfim y Safán; y nombre de la hermana de él: Maacá; el nombre del segundo: Salfaad, y nacieron a Salfaad hijas: Y parió Maacá, mujer de Maquir, un hijo, y llamó su nombre: Faré; y el nombre de su hermano: Sarés; hijo de él: Ulam y Requiem. E hijos de Ulam: Badán; éstos, hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. Y su hermana Malequed(b) parió a Ysud(c) y a Abiezer y a Maholá. Y eran hijos de Semidá: Abín, y Sequem, y Laquí, y Aniam. E hijos de Efraín: Sutalá, y Bared, su hijo; Tahat, su hijo; Eladá, su hijo; Taat, su hijo; Zabad, su hijo; y Sutalá, su hijo; y Eser y Elad; y los mataron los varones de Jet, los nacidos en la tierra; pues descendieron a coger su ganado. Y plañó Efraín, el padre de ellos muchos días y vinieron sus hermanos a consolarle. Y entró a su mujer; y concibió y parió un hijo; y llamó su nombre Bería, porque: «en males nació en mi casa». Y su hija, Sara; y, entre aquellos restos(d) también edificó a Betorón, la baja y la alta, y Ozen-Sara(e). Y Refá, su hijo; Resef y Talé, su hijo, y Tahán, su hijo; Laadán, su hijo; Amiud, su hijo; Elisamá, su hijo; Nun, su hijo, Josué, su hijo. Y la posesión de ellos y la morada de ellos, Betel, y sus villas, al oriente Norán; al occidente Gazer y sus villas; y Siquem y sus villas, hasta Asa y sus villas; y hasta confines de hijos de Manasés: Betsán y sus villas, Tanac y sus villas, Magedó y sus villas, Dor y sus villas; en éstas habitaron hijos de José; hijos de Israel. Hijos de Aser: Yemná, y Jesuá y Jesuí, y Bariá; y Sara, hermana de ellos. E hijos de Bariá: Heber y Melquier; éste, padre de Barsait, y Heber engendró a Yeflat y Somer y Hotán y Suá, hermana de ellos. E hijos de Yeflat: Fosec, y Camaal y Asot; éstos, hijos de Yeflat. E hijos de Somer: Haí, y Roagá, y Habá y Aram; y un hijo de Helem, su hermano: Sufá, y Yemná, y Selés, y Amal. Hijos de Sufá: Sué, y Harnacer, y Sual, y Berí y Yamrá; y Mosor, y Hod, y Samá, y Salusá, y Yetrán y Berá. Hijos de Yeter: Yefoné, y Fasfá y Ará. e hijos de Olá: Areé y Haniel y Resiá. Todos éstos, hijos de Aser; todos, príncipes de parentela; elegidos, fuertes en poder, príncipes caudillos; el número de ellos para fila de guerrear; fue de veintiséis mil varones. Genealogía de Benjamín hasta Saúl. Hijos de Saúl. Benjamín engendró a Balé, su primogénito, y a Asbel, el segundo; a Ahará, el tercero; a Nahaá, el cuarto; a Rafá, el quinto. Y fueron hijos de Balé: Atar, y Gerá y Abiud; y Abisué, y Naamán y Ahoé; y Gerá y Sefufán y Huram. Estos hijos de Ahod, príncipes de parentelas que habitaban en Gabaá; que fueron trasportados a Manahat: Naamán y Aquía; y Gerá los trasportó y engendró a Osa y Ahiud. Y Saharaím engendró en la campiña de Moab, después de repudiar a Husim y Bará, sus mujeres; engendró de Hodés, su mujer: a Jobab, y Sebiá y Mosá y Molcom; y a Jehus y a Sequiá y a Marmá; éstos, hijos suyos, príncipes de parentelas. Y, de Mehusim, engendró a Abitob y a Elfaal. E hijos de Elfaal: Heber, Misaam, Samad; éste edificó Onó y Lod y sus villas. Y Bariá y Sama: éstos, príncipes de las parentelas, entre los habitantes de Ayalón; y éstos fugaron a los habitantes de Jet. Y Ahió, y Sesac, y Yerimot. Y Sabadía y Arod y Heder; y Micael, y Yesfá y Johá, hijos de Bariá; y Sabadía, y Mesolam, y Yezequí y Heber; y Yesamarí y Yesliá y Yobab, hijos de Elfaal; y Jaquim, y Zecri y Zabdí; y Elisenaí, y Seletaí y Eliel; y Adaía, y Baraía y Samarat, hijos de Semeí; y Yesfam, y Heber y Eliel; y Abdón, y Zecrí y Hanán; y Hananías y Elam y Anatotías; y Yefdaía y Famuel hijos de Sesac; y Samsarí, y Sohorías y Otolías, y Yersía y Eliá y Zecrí, hijos de Jeroham: Estos, príncipes de parentela, según su generación, príncipes; éstos habitaron en Jerusalén. Y en Gabaón habitó el padre de Gabaón; y nombre de su mujer: Maacá: y el hijo de ella, el primogénito: Abdón, y después Sur, y Cis, y Baal, y Nadab y Ner(a), y Gedor, y Ahió, y Zaquer y Maquelot; y Maquelot engendró a Samaá, y también éstos, frente a frente de sus hermanos, habitaron en Jerusalén con sus hermanos. Y Ner engendró a Cis; y Cis engendró a Saúl; y Saúl engendró a Jonatás y a Melquisuá y a Abinadab y Baal. E hijo de Jonatás: Meribaal; y Meribaal engendró a Micá. E hijos de Micá: Fitón, y Melec, y Taraá y Ahaz. Y Ahaz engendró a Yoadá; y Yoadá engendró a Alamat, y Azmot, y Zamrí, y Zamrí engendró a Mosá, Y Mosá engendró a Banaá. Rafá, su hijo; Elasá, su hijo, Asel, su hijo. Y Asel tuvo seis hijos; y éstos, sus nombres: Ezricam, Bocrú, e Ismael, y Saría, y Obdía y Hanán; todos estos, hijos de Asel. E hijos de Esec, su hermano: Ulam, su primogénito; y Yehús, segundo; y Elifalet, tercero. Y fueron los hijos de Ulam fuertes, varones en fuerza, tendiendo el arco y multiplicando hijos e hijos de hijos, ciento cincuenta; todos éstos, son hijos de Benjamín. Jerusalén, después de la vuelta. Historia de Saúl. Y todo Israel, el número de ellos, y éstos, estaban inscritos en el libro de los reyes de Israel y Judá, con los que fueron trasportados a Babilonia en sus iniquidades; y los que habitaron primero en sus posesiones en las ciudades de Israel: los sacerdotes, los levitas y los obligados(a). Y en Jerusalén habitaron los hijos de Judá, y los hijos de Benjamín, y los hijos de Efraín y Manasés. Y Oteí, hijo de Amiud, hijo de Amrí; hijo de Omraí, hijo de Boní, de los hijos de Farés, hijo de Judá. Y de los hijos de Silomí: Asaía, su primogénito, y los hijos de él. Y de los hijos de Zará: Yehuel, y los hermanos de ellos: seiscientos noventa. Y de los hijos de Benjamín: Saló, hijo de Mesolam, hijo de Odnía, hijo de Asaná. Y Jobaniá, hijo de Jeroham, y Elá, hijo de Ozí, hijo de Mocorí; y Mesolam, hijo de Safatía, hijo de Regüel, hijo de Jebaniá; Y los hermanos de ellos, según sus generaciones: novecientos cincuenta y seis; todos éstos, varones príncipes de parentelas según sus casas paternas. Y de los sacerdotes: Yedaía, Yoyarib y Jaquín; y Azarías, hijo de Helcías, hijo de Mosolam, hijo de Sadoc, hijo de Marayot, hijo de Aquitob, príncipe de casa de Dios. Y Adaías, hijo de Jeroham, hijo de Fasur, hijo de Melquías; y Maasaí, hijo de Adiel, hijo de Yezrá, hijo de Mosolam, hijo de Mosolamit, hijo de Ener. Y hermanos de ellos, príncipes de sus casas paternas: mil setecientos setenta, fuertes en poder para obra de ministerio de casa de Dios: Y de los levitas: Samaías, hijo de Hasub, hijo de Ezricam, hijo de Hasebiá, de los hijos de Merarí, y Baclacar y Yarés(b), y Galal y Matanías, hijo de Micá, hijo de Zecrí, hijo de Asaf, y Obdía, hijo de Semeía, hijo de Galal, hijo de Yditún, y Baraquía hijo de Asá, hijo de Elcaná; que habitó en las villas de Netofatí. Y porteros: Selum, y Acub, y Telmón, y Ahimam y los hermanos de ellos. (Selum el príncipe); y hasta el día están en la puerta del rey, al oriente. Estas son las puertas de los campamentos de hijos de Leví. Y Selum, hijo de Coré, hijo de Abiasaf; hijo de Coré; y los hermanos de él en casa de su padre: los coritas(c), sobre las labores del ministerio, guardando las guardas del tabernáculo; y los padres de ellos, sobre el campamento del Señor, guardando la entrada. Y Fineés, hijo de Eleazar, príncipe era sobre ellos, delante del Señor; y éstos con él. Zacarías, hijo de Mesolamiá, portero de la puerta del tabernáculo del testimonio. Todos ellos elegidos sobre la puerta en las puertas: doscientos doce, éstos en las alquerías de ellos la enumeración de ellos. Estos instituyó David y Samuel el vidente, en la fe de ellos. Y éstos y sus hijos, sobre los pórticos, en casa del Señor y en casa del tabernáculo, para custodiar. Hacia los cuatro vientos eran las puertas: a oriente, mar, bóreas, noto. Y sus hermanos en sus alquerías para entrar cada siete días, de tiempo en tiempo, con ellos. Porque en fe(d) son cuatro poderosos de las puertas; y los levitas sobre los pastoforios(e) y sobre los tesoros de la casa de Dios, acampan; pues sobre ellos, la guarda; y éstos sobre las cerraduras, mañana a mañana, para abrir las puertas del santuario; y, de entre ellos, sobre los vasos del ministerio; pues en número, los han de entrar y en números los han de sacar. Y de entre ellos, sobreestantes sobre los vasos, y sobre todos los vasos los sagrados, y sobre la harina flor, el vino, el óleo, el incienso y los aromas. Y, de entre los hijos de los sacerdotes eran perfumistas del perfume, y para los aromas. Y Matatías, de los levitas —éste el primogénito de Selum el corita, en la fe, cuidaba sobre las obras del sacrificio de la sartén(f). Y de los hijos de Caat, de sus hermanos, sobre los panes de la proposición, para preparar, de sábado en sábado. Y éstos, los cantores príncipes de las parentelas de los levitas —dispuestos turnos diarios— pues día y noche sobre ellos en las faenas. Estos los príncipes de las parentelas de los levitas, según sus linajes; príncipes éstos, habitaban en Jerusalén. Y en Gabaón habitó el padre de Gabaón: Jehiel; y nombre de su mujer: Maacá. Y el hijo de él, el primogénito: Abdón, y Sur, y Cis, y Baal, y Ner, y Nadab, y Gedor, y Ahió, y Zacarías y Maquelot. Y Maquelot engendró a Samaam; y éstos, en medio de sus hermanos. Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saúl; y Saúl engendró a Jonatás, y Abinadab y Esboal. E hijo de Jonatás: Meribaal, y Meribaal engendró a Micá. E hijos de Micá: Fitón, y Melec, y Taraá y Ahaz; y Ahaz engendró a Yará; y Yará engendró a Alamat, y Azmot y Zamrí; y Zamrí engendró a Mosá; y Mosá engendró a Banaá; y Rafaía, su hijo; y Elasá, su hijo; y Asel, su hijo. Y Asel tuvo seis hijos; y éstos los nombres de ellos: Ezricam, Bocrú, Ismael, Saría, Obdía, Hanán; éstos, hijos de Asel. Fin de Saúl Y los filisteos guerrearon contra Israel; y huyeron ante la faz de los filisteos y cayeron heridos en monte de Gelboé. Y persiguieron los filisteos en pos de Saúl y en pos de sus hijos, y percutieron filisteos a Jonatás y a Abinadab, y a Melquisuá, hijos de Saúl; y le encontraron los arqueros en arcos y disparos; y dispararon con los arcos. Y dijo Saúl a su armígero: «Tira de tu espada y traspásame en ella; no vengan estos incircuncisos y se mofen de mí». Y no quiso el armígero, pues temía sobremanera; y tomó Saúl la espada y precipitóse sobre ella. Y vio el armígero que murió Saúl y echóse también él sobre su espada y murió. Y murió Saúl y sus tres hijos en aquel día; y toda la casa de él a una murió. Y vio todo varón de Israel, el de la alquería(a), que huyó Israel y que murieron Saúl y sus hijos: y abandonaron las ciudades de ellos y huyeron; y vinieron los filisteos y habitaron en ellas. Y aconteció al siguiente día, venir los filisteos a despojar los heridos, y hallaron a Saúl y sus hijos caídos en el monte de Gelboé. Y desnudáronle y tomaron su cabeza y sus armas; y enviaron a tierra de filisteos en contorno a dar la buena nueva a los ídolos de ellos y al pueblo. Y pusieron las armas de ellos en casa de su dios; y la cabeza de él pusieron en casa de Dagón. Y oyeron todos los habitantes de Jabés-Galaad, todo lo que hicieron los filisteos a Saúl y a Israel. Y alzáronse de Galaad, todo varón poderoso, y tomaron el cuerpo de Saúl y el cuerpo de sus hijos y trajéronlos a Jabés y sepultaron los huesos de ellos bajo la encina de Jabés; y ayunaron siete días. Y murió Saúl en(b) sus prevaricaciones que prevaricó contra Dios, según la palabra del Señor; por esto: porque no observó(c); porque consultó Saúl a la pitonisa para indagar (y le respondió Samuel el profeta)(d), y no preguntó al Señor: y matóle y trasladó el reino a David, hijo de Isaí. Unción de David. Sus héroes. Y vino todo Israel a David en Hebrón, diciendo: «He aquí huesos tuyos y carne tuya somos nosotros; y ayer y anteayer, siendo Saúl rey, tú eras el que sacabas y entrabas a Israel; y dijo a Israel el Señor —a ti: «Tú pastorearás a mi pueblo de Israel, y tú serás el príncipe sobre Israel». Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey, a Hebrón, y pactó con ellos el rey David pactó en Hebrón, delante del Señor; y ungieron a David en rey sobre Israel, según la palabra del Señor, por mano de Samuel. Y fue el rey y sus varones a Jerusalén, «ella Jebús» y allí los jebuseos los habitantes de la tierra dijeron a David; «No entrarás acá». Y apoderóse de la ciudad de Sión; ésta es la ciudad de David. Y dijo David: «El que hiriere primero a los jebuseos, será el príncipe y el estratego. Y subió a ella primero Joab, hijo de Sarvía, y fue hecho príncipe. Y asentóse David en la ciudadela; por esto la llamó(a): Ciudad de David. Y edificó la ciudad en contorno, desde la cumbre(b) y hasta el ámbito; y Joab reconstruyó el resto de la ciudad. Y fue David yendo y engrandeciéndose y el Señor omnipotente con él. Y éstos, los príncipes de los poderosos que estaban con David, los que prevalecían con él en su reino con todo Israel, para enreyecerle, según la palabra del Señor sobre Israel. Y éste, el número de los poderosos de David: Yesbaam, hijo de Acamoní, primero de los treinta; éste tiró de su espada de una vez sobre trescientos heridos a un tiempo. Y después de él, Eleazar, hijo de Dodaí(c), él ahohita; éste era entre los tres poderosos. Este era con David en Fesdomín, y los filisteos congregáronse allí en guerra; y estaba aparte del campo lleno de cebada; y el pueblo huyó de la faz de los filisteos, y detúvose en medio de la parte; y la salvó; y percutió a los filisteos, e hizo el Señor salvación grande. Y bajaron tres de los treinta príncipes a la peña, a David, a la caverna de Odolam; y el campo de los filisteos estaba acampado en el «valle de los gigantes»(d). Y David entonces en la ciudadela; y la estación de los filisteos, en Belén. Y deseó David y dijo: ¿«Quién me dará a beber agua de la cisterna de Belén, la de la puerta?» Y rompieron los tres por en medio del campamento de los filisteos y cogieron agua de la cisterna, la de Belén, la que había en la puerta, y tomaron y vinieron a David; y no quiso David beberla, y libóla al Señor, y dijo: «Líbreme Dios de hacer esta palabra: si sangre de estos varones bebiere, en sus almas; pues, en sus almas la trajeron». Y no quiso beberla. Esto hicieron los tres poderosos. Y Abisaí, hermano de Joab, este era príncipe de los tres(e); éste tiró de su espada sobre trescientos, heridos en tiempo uno; y éste era renombrado entre los tres. Entre los tres, sobre los dos, glorioso, y érales en príncipe; y a los tres(f) no llegó. Y Banaías, hijo de Yoyadá, hijo de varón poderoso muchas, sus obras de Capseel. Este percutió a los dos héroes leones de Moab; y éste bajó y percutió al león en la cisterna, en días de nieve; y éste percutió al varón, al egipcio, varón conspicuo de cinco codos; y en mano del egipcio lanza como enjullo de tejedores; y bajó a él Banaías, en vara, y quitó de la mano del egipcio la lanza, y le mató en la lanza de él. Esto hizo Banaías, hijo de Yoyadá; y éste tenía nombre entre los tres los poderosos. Sobre los treinta era glorioso éste; y a los tres; no llegó; y constituyóle David sobre su familia. Y los poderosos de los ejércitos: Asael, hermano de Joab, y Elcanan, hijo de Dodoí, de Belén, Samot, el arolina; Helés, el falonita. Yuá, hijo de Aquís, el sacerdote; Abiezer, el anatotita; Sobocaí, el husatita; Ylaí, el ahotita; Naharí, el netofatita; Heled, hijo de Baaná, el netofatita; Etaí, hijo de Ribaí, de Gabaat de los hijos de Benjamín; Banaías, el farotonita; Huraí, de Nacalí-Gaas; Abiel, el arbatita; Armot, el bauramita; Eliabá, el salabonita. Hijos de Asem, él gezonita; Yonatán, hijo de Sagé, el aratita; Ahías, hijo de Sacar, el aratita; Elifal hijo de Ur; Hefer, el mequeratita; Ahías el felonita. Hesró, el carmelita; Naaraí, hijo de Asbaí; Joel, hermano de Natán; Mibahar, hijo de Agaraí, Selé, el amonita; Naaraí, el berotita, el armígero de Joab, hijo de Sarvía. Irá, el gedreo; Gareb, el getreo; Urías, el heteo; Sabad, hijo de Oholí; Adiná, hijo de Sizá, el rubenita, príncipe de los rubenitas; y con él treinta. Hanán, hijo de Maacá, Josafat, el matanita; Ozías, el astarotita; Samá y Jehiel, hijos de Hotam, el arotita; Yehiel, hijo de Samrí, y Yohá, y su hermano el tosaita; Eliel, el mahumita, y Yeribaí y Yosayá, hijos de Elnaen; Yetmó, el moabita; (11:46) Eliel y Obed y Yasiel, el masobita. Compañeros de David Prófugo. Y éstos los venidos a David en Siceleg, aún encerrado a la faz de Saúl, hijo de Cis; y éstos, entre los poderosos ayudando en guerra; y con arco; ambidextros para tirar piedras con honda y para arco; de los hermanos de Saúl, de Benjamín: el príncipe Abiezer y Joás, el hijo de Samaá, el gabaatita; y Yaziel y Falet, hijos de Azmot; y Baracá y Yehú, el anatotita; y Samaías, el gabaonita, poderoso entre los treinta y sobre los treinta Jeremías, y Yeheziel y Joanán y Jesabad, el gaderotita; y el Uzaí, y Yerimut, y Baalía, y Samaría y Safatía, el harsufita; Eleana y Yesiá y Asareel y Yoeser y Yesbaam, y los coritas(a); y Yoela y Zabadía, hijos de Yeroham, de Gedor(b), y Degadí, apartáronse de David, del desierto, fuertes, poderosos varones, de batalla, de guerra, alzando broqueles y lanzas; y semblantes de león, los semblantes de ellos; y leves, como gacelas sobre los montes; por la velocidad. Ezer, el príncipe; Obdías, el segundo; Eliab, el tercero; Masmaná, el cuarto; Geremías, el quinto; Etí, el sexto; Eliel, el séptimo; Yohanán, el octavo; Elzebad, el nono; Geremías, el décimo; Macbanaí, el undécimo. Estos, de los hijos de Gad, príncipes de la milicia, uno solo, pequeño; y grande, por mil. Estos, los que pasaron el Jordán, en el mes el primero, y éste, lleno sobre toda su ribera; y fugaron a todos los habitantes de alquerías, de oriente a poniente. Y vinieron de los hijos de Benjamín a Judá en ayuda de David. Y David salió a su encuentro y díjoles: «Si en paz llegáis a mí, a ayudarme, séame mi corazón de suyo para con vosotros; y, si entregarme a mis enemigos, limpio de manos; vea el Dios de nuestros padres y juzgue». Y espíritu apoderóse de Amasaí, príncipe de los treinta y dijo: «Ea, que pueblo tuyo(c), David, hijo de Isaí; paz, paz a ti y paz a tus ayudadores; que a ti ha ayudado tu Dios»; y acogióles David y los constituyó príncipes de los ejércitos. Y, de Manasés, apartáronse de David al venir los filisteos sobre Saúl en guerra; (y no les ayudó, pues ello fue a junta, ante los estrategos de los filisteos, diciendo: «En(d) las cabezas de aquellos varones, volveráse a su señor Saúl). Al ir David a Siceleb, apartáronse de él; de Manasés: Ednás, y Yozabad, y Yedihel, y Nicael(e), y Yosabait, y Eliú y Salatí, capitanes de millares. Y éstos combatieron junto con David contra los merodeadores; pues poderosos de fuerza, eran todos; y eran caudillos en la milicia, en el ejército. Pues, de día en día venían a David, en(f) ejército grande, como ejército de Dios. Y éstos los nombres de los príncipes de la milicia, los venidos a David, a Hebrón, para traspasar el reino de Saúl a él, según la palabra del Señor: hijos de Judá escudados y lanceros: Seis mil ochocientos poderosos de batalla; de los hijos de Simeón, poderosos de fuerza para batalla: siete mil ciento; de los hijos de Leví: cuatro mil seiscientos. Y Yoyadá, el caudillo, para Aarón y con él, tres mil setecientos. Y Sadoc, joven, poderoso en fuerza; y de su paterna casa: príncipes veintidós. Y de los hijos de Benjamín, de los hermanos de Saúl: tres mil; y aún lo más de ellos miraban con la guardia de casa de Saúl. Y de los hijos de Efraín: veinte mil ochocientos, poderosos en fuerza, varones renombrados, según(g) sus casas paternas. Y de la media tribu de Manasés: dieciocho mil; los que fueron nombrados en nombre del rey David. Y de los hijos de Isacar, conocedores de prudencia para los tiempos, conocedores de lo que había de hacer Israel, para los principados de ellos: doscientos; y todos sus hermanos con ellos. Y de Zabulón, saliendo a orden de guerra en todas armas guerreras, cincuenta mil; a auxiliar a David, no manivacíos. Y Neftalí: príncipes mil, y con ellos en escudo y lanza, treinta y siete mil. Y de los danitas, ordenados en guerra; veintiocho mil seiscientos. Y de Aser, saliendo a auxiliar en guerra: cuarenta mil. Y de allende el Jordán, de Rubén y Gad; y de la media tribu de Manasés, en todas armas guerreras: ciento veinte mil. Todos estos varones guerreros, ordenando orden(h), en alma pacífica(i), vinieron a Hebrón, a enreyecer a David sobre todo Israel. Y el restante Israel, alma una para enreyecer a Israel. Y estuvieron allí días tres comiendo y bebiendo lo que aderezaran para ellos sus hermanos. Y los vecinos de ellos hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, traíanles sobre los camellos, y sobre los asnos, y sobre las mulas y sobre los becerros, viandas, harina, tortas de higo, pasas, vino y aceite; becerros y ovejas en abundancia, pues hubo gozo en Israel. Trasládase el arca. Muerte de Oza. Y aconsejóse David con los quiliarcas y los centuriones y todo caudillo. Y dijo David a toda la congregación de Israel: «Si ante vosotros es bueno, y por el Señor nuestro Dios bien se encaminare; enviemos cerca de nuestros hermanos los restantes en toda tierra de Israel; y con ellos los sacerdotes y los levitas en ciudades de su posesión, y congréguense con vosotros; y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros; pues no la han(a) buscado, desde los días de Saúl». Y dijo toda la congregación hacer así, pues fue recta la palabra en ojos de todo el pueblo. Y juntó David a todo Israel, desde Sihor de Egipto y hasta la entrada de Emat, para traer el arca de Israel, de Cariatiarim. Y subióla David, (y todo Israel subió a la ciudad de Israel la que estaba en Judá, para subir de allí el arca de Dios Señor, sentado sobre querubines; donde sea invocado su nombre. Y colocaron el arca de Dios sobre el carro nuevo de casa de Aminadab; y Oza y su hermano(b) guiaban el carro. Y David y todo Israel cantando delante de Dios, en toda fuerza y en todos cánticos y en cínira(c) y en nablas, en tímpanos y en címbalos y en trompetas. Y vinieron hasta la «era de Gidón»; y extendió Oza su mano a sostener el arca; pues la inclinaba el becerro. Y enfurecióse el Señor con ira contra Oza y percutióle allí por haber extendido su mano sobre el arca(d); y murió allí delante del Señor. Y afligióse David, por haber destrozado destrozos en Oza; y llamó a aquel lugar Destrozo de Oza— hasta este día. Y temió David a Dios en aquel día, diciendo: «¿Cómo traeré el arca de Dios a mí?» Y no encaminó David el arca hacia sí, a la ciudad de David; y la desvió a casa de Obededom, el geteo. Y asentóse el arca de Dios en casa de Obededom tres meses, y bendijo Dios a Obededom y todos los suyos. David e Hiram. Son vencidos los filisteos. Y envió Hiram, rey de Tiro, mensajeros a David y maderas cedrinas y constructores de muros y artífices en maderas, para edificarle casa. Y conoció David que le dispuso el Señor en rey sobre Israel, pues se acrecentó hasta la altura de su reino por su pueblo de Israel. Y tomó David aún mujeres en Jerusalén, y nacieron a David aún hijos e hijas. Y éstos, los nombres de los que le nacieron, los que tuvo en Jerusalén: Samuá, Sobad, Natán y Salomón; y Yebahar, y Elisuá y Elfalet, y Nogá, y Noefeg y Yafiá; Y Elisamat y Elifalet. Y oyeron los filisteos, que fue ungido David rey de todo Israel; y subieron todos los filisteos a buscar a David; y oyó David y salióles al encuentro. Y los filisteos vinieron y precipitáronse al valle de los gigantes(a). Y consultó David cerca de Dios, diciendo: «¿Si subiré sobre los filisteos, y si los darás en mis manos?» Y subió(b) a Baalfarasim. Y dejaron allí sus dioses los filisteos, y dijo David quemarlos con fuego. Y volvieron aún los filisteos y precipitáronse al valle de los gigantes. Y consultó David aún en Dios, y dijo Dios: «No vayas en pos de ellos, vuélvete de ellos; y ve a ellos frente a los perales. Y será que al oír tú la voz de reestremecimiento de las cimas mismas de los perales; entonces entrarás en la guerra pues ha salido Dios ante ti a percutir el campamento de los filisteos». E hizo, según que le mandó Dios, y percutió el campamento de los filisteos, de Gabaón a Gazerá. Y fue grande el renombre de David en toda la tierra; y el Señor dio el temor de él sobre todas las gentes. Traslación del arca. David danzando. E hízose casas en la ciudad de David; y preparó un lugar para el arca de Dios, y le hizo un tabernáculo. Entonces dijo David; «No es de llevar el arca sino de los levitas; pues a ellos ha elegido el Señor para llevar el arca del Señor y suministrar a él hasta el siglo;» Y congregó David a todo Israel en Jerusalén a llevar el arca del Señor al lugar que preparó para él. Y juntó a los hijos de Aarón, los levitas. De los hijos de Caat: Uriel, el príncipe, y sus hermanos: ciento veinte. De los hijos de Naralí: Asaías, el príncipe, y sus hermanos doscientos veinte. De los hijos de Gersom: Joel, el príncipe, y sus hermanos: ciento treinta. De los hijos de Elisafán: Semeías, el príncipe, y sus hermanos: doscientos. De los hijos de Hebrón: Eliel, el príncipe, y sus hermanos: ochenta. De los hijos de Oziel: Aminadab, el príncipe y sus hermanos: ciento doce. Y llamó David a Sadoc y Abiatar, los sacerdotes; y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semeías, Eliel y Aminadab; y díjoles: «Vosotros príncipes de familias de los levitas, santificaos y los hermanos vuestros; y subid el arca del Dios de Israel a donde le he preparado; porque, antes, no estando vosotros, hendió vuestro Dios en nosotros; porque no buscamos en juicio(a)». Y santificáronse los sacerdotes y los levitas, para subir el arca de Dios de Israel. Y tomaron los hijos de los levitas el arca de Dios, según mandó Moisés en palabra de Dios, según la escritura, en varas portadoras sobre sí. Y dijo David a los príncipes de los levitas: «Poned a los hermanos vuestros los cantores en órganos de cantares, nablas, cíniras y címbalos, para resonar en alto, el son de regocijo. Y pusieron los levitas: a Hernán, hijo de Joel; y de los hermanos de él; a Asaf, hijo de Baraquías; y de los hijos de Mararí, sus hermanos, a Etán, hijo de Casaías. Y con ellos, sus hermanos, los segundos: Zacarías(b), y Jaziel y Semiramot, y Jahiel, y Amí, y Eliab, y Banaías, y Maasías, y Matatías, y Elifanú, y Maquenías, y Obed-Edom y Jehiel; porteros. y los cantores: Hernán, Asag, Getán, en címbalos broncíneos de hacerse oír. Zacarías, y Oziel y Semiramot, y Jahiel y Aní y Eliab, y Maasías, y Banaías: en nablas de soprano(c). Y Matatías, y Elifalú, y Maquenías, y Obed-Edom, y Jehiel y Ozaziú, en cíniras, de octava, de preludiar. Y Conemías, príncipe de los levitas, príncipe de los cantares, pues entendido era. Y Baraquías y Elcana, porteros del arca. Sebenías, y Josafat, y Natanael, y Amasaí, y Zacarías, y Banaías y Eliazer: los sacerdotes, los trompeteros, con las trompetas delante del arca de Dios; y Obed-Edom y Jehías, porteros del arca de Dios; Y estaba David y los ancianos de Israel y los quiliarcas los que iban, para subir el arca de la alianza del Señor, de casa de Obed-Edrom, en alegría. Y aconteció que al esforzar Dios a los levitas(d) que llevaban el arca de la alianza del Señor, sacrificaban de a siete becerros y de a siete carneros(e). Y David iba ceñido, en estola bísina, y todos los levitas que llevaban el arca de alianza del Señor, y los cantores, y Conemías, el príncipe de los cantares; y sobre David un efod(f) bísino. Y todo Israel, subían el arca de alianza del Señor, con alborozo y en voz de bocina, y en trompetas y en címbalos, concertando en nablas y en cínira. Y aconteció que al venir el arca de la alianza del Señor hasta la ciudad de David, Micol la hija de Saúl, se asomó al través de la ventana, y vio al rey danzando y tañendo y le menospreció en su alma. Fiesta de la Traslación. Salmo de David. Y trajeron el arca de Dios y la constituyeron en medio del tabernáculo que fijó para ella David, y ofrecieron holocaustos y dones pacíficos delante de Dios. Y consumó David ofrendando holocaustos y pacíficos, y bendijo al pueblo en nombre del Señor; y repartió a todo hombre de Israel, de varón hasta mujer, al varón una hogaza(a), una ración de carne y una torta de pasas. Y constituyó a la faz del arca de la alianza del Señor, de entre los levitas, ministrantes concertadores y para confesar y loar al Señor el Dios de Israel: Asaf el jefe, y su segundo Zacarías; Yahiel, Semiramot, Yehiel, Matatías, Eliab, y Banaías y Obed-Edom; y Yehiel en órganos, en nablas, en cíniras; y Asaf en címbalos concertadores. Y Banaías y Yazul, los sacerdotes, en las trompetas, sin cesar, delante del arca de la alianza del Señor. En aquel día, entonces, ordenó David, por primera vez, loar al Señor en mano de Asaf y sus hermanos. Confesad al Señor, invocadle en su nombre; publicad en forma sus solicitudes; Cantadle y concertadle;Narrad a todos las maravillas que ha hecho el Señor. Load su santo nombre;Regocíjese el corazón que busca su beneplácito. Buscad al Señor y esforzaos;buscad su rostro siempre. Rememorar las maravillas que hizo:portentos y juicios de su boca, simiente de Israel, niños suyos;hijos de Jacob, elegidos suyos. El mismo Señor, Dios nuestro;en toda la tierra prevalecen sus juicios. Rememorar por siempre su pacto—su palabra que mandó— por mil generaciones; el que pactó con Abraham; y su juramento a Isaac; y que constituyó a Jacob en precepto;a Israel el pacto sempiterno, diciendo: A ti daré la tierra de Canaán,medida de vuestra heredad. Al ser ellos pocos en números,cual hubiesen sido hecho pequeños y colonos en ellos, y trasmigraron de gente en gente,y de reino en pueblo otro; no dejó a varón señorearles,e increpó, por ellos a los reyes: «No toquéis a mis ungidosy a mis profetas no hagáis mal». Cantad al Señor, toda la tierra;anunciad, de día en día su salud. Narrad en las gentes su gloria,en todos los pueblos sus maravillas. Porque, grande es el Señor, y loable sobremanera,terrible, sobre todos los dioses. Pues todos los dioses de las gentes, son ídolos;y el Dios nuestro hizo los cielos. Gloria y loor ante su faz;poder y alborozo en sitio de él. Dad al Señor, las familias de las gentes;dad al Señor gloria y poder; Dad al Señor gloria a su nombre;tomad dones y traed a su presencia,y adorad al Señor en sus atrios santos. Tema ante su faz toda la tierra;Afírmese la tierra y no tiemble. Regocíjense el cielo y alborócese la tierray digan en las gentes: «El Señor reina». Retronará la mar con su plenitud;y leño(b) de campiña y todo lo de ella. Entonces se regocijarán los leños de la selva a la faz del Señorpues ha venido a juzgar la tierra. Confesad al Señor, porque es bueno;porque, por siempre existe su misericordia. Y decid: «Sálvanos, oh Dios de nuestra salud,y congréganos y líbranos de las gentes,para loar tu nombre santo,gloriarnos en tus loores. ¡Bendito el Señor, el Dios de Israel, de siglo en siglo!Y dirá todo el pueblo: ¡Amén! y loor al Señor». Y dejó allí, delante del arca de la Alianza del Señor, a Asaf y sus hermanos, a ministrar delante del arca de continuo, lo de cada día; y a Obed-Edom y sus hermanos, sesenta y ocho y a Obed-Edom, hijo de Iditún, y a Osas, para porteros. y a Sadoc, el sacerdote, y a sus hermanos, los sacerdotes, delante del tabernáculo del Señor en la altura, la de Gabaón, a ofrecer holocaustos al Señor sobre el altar de los holocaustos, de continuo, mañana y tarde, y según todo lo escrito en la ley del Señor, cuanto mandó a los hijos de Israel, en mano de Moisés, el servidor de Dios. Y con él, a Hernán e Iditún y los demás elegidos por nombre para loar al Señor: «Porque por los siglos su misericordia». Y, con ellos trompetas y címbalos de concertar y órganos de los cantares de Dios; y los hijos de Iditún, para la puerta. Y fue todo el pueblo, cada uno a su casa; y volvióse David para bendecir su casa. Fábrica del Templo. Oración de David. Y aconteció, cuando habitó David en su casa, decir David a Natán, el profeta: «He aquí yo habito en casa cedrina, y el arca de alianza del Señor, bajo pieles». Y dijo Natán a David: «Todo lo en tu alma, haz; que Dios está contigo». Y aconteció en aquella noche venir palabra del Señor a Natán diciendo: «Ve y di a David mi siervo: «Así ha dicho el Señor: «No tú me edificarás casa para habitar yo en ella; pues no he habitado en casa desde el día en que subí a Israel, hasta este día, y he estado en tabernáculo y pabellón, por donde quiera que he pasado en todo Israel— ¿si hablando he hablado a una tribu de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo; diciendo: «¿Por qué no me habéis edificado casa cedrina?». Y ahora así dirás a mi siervo David: «Esto dice el Señor Todopoderoso: «Yo te he tomado del aprisco, de en pos de las greyes, para ser príncipe sobre mi pueblo de Israel; y he sido contigo en todo lo que has andado y he exterminado todos tus enemigos delante de tu faz y héchote nombre según el nombre de los grandes sobre la tierra. Y pondré lugar a mi pueblo de Israel y plantárele y habitará de por sí, y no se acuitará más; y no volverá hijo de iniquidad a humillarte como al principio, y desde los días que dispuse jueces sobre mi pueblo Israel; he humillado todos tus enemigos; y te acrecentaré; y casa te edificará al Señor. Y será que cuando se cumplieren tus días y durmieres con tus padres, suscitaré tu simiente, después de ti, la que será de tu vientre, y prepararé tu reino. El me edificará casa, y erguiré su trono por los siglos. Yo le seré su padre, y el me será mi hijo; y mi misericordia no retiraré de él, como retiré la de los que fueron(a) antes de él. Y le afianzaré en mi casa, y en su reino por los siglos; y su trono se alzará por los siglos». Según todas estas palabras y según toda esta visión; así habló Natán a David. Y vino el rey David y sentóse delante del Señor y dijo: «¿Quién soy yo, Señor Dios?» ¿y cuál mi casa para darme tú por los siglos? Y empequeñóse(b) esto a faz tuya, Dios, y has hablado sobre la casa de tu niño para lejanía(c); y me miraste, como mirada de hombre(d); y me exaltaste, Señor Dios. ¿Qué añadirá aún David ante ti, para glorificar, que tú a tu siervo conoces; y, según tu corazón has hecho toda esta magnificencia? Señor no hay semejante a ti y no hay Dios fuera de ti, según todo cuanto hemos oído en nuestras orejas. Y no hay como tu pueblo Israel, gente todavía sobre la tierra— ¡cuál le ha guiado Dios para redimirle, pueblo para sí!— para ponerle nombre grande y manifiesto; para lanzar, de faz de tu pueblo (lo que redimiste de Egipto) gentes. Y has dado tu pueblo Israel a ti mismo por pueblo por los siglos; y tú, Señor, te has hecho para ellos Dios. Y ahora, Señor, tu palabra que hablaste a tu niño y sobre su casa, afiáncese por los siglos. Y has según que hablaste. Y afiáncese y magnifíquese su nombre por los siglos, diciéndose: «Señor, Señor omnipotente, Dios de Israel» en la casa de David erguida delante de ti. Porque tú, Señor, Dios mío, has abierto la oreja de tu niño para edificarle casa; por esto ha hallado tu niño cómo orar ante tu faz. Y ahora, Señor, tú eres el mismo Dios, y has hablado sobre tu siervo esto bueno. Y ahora comienza a bendecir la casa de tu niño, para que subsista por los siglos delante de ti; pues tú, Señor, has bendecido; y bendices por los siglos. Victoria de David Y aconteció, después de esto, percutir David a los filisteos y revolverlos y tomar a Get y sus villas de mano de filisteos. Y percutió a Moab y fueron los moabitas niños para David, trayendo dones. Y percutió David a Adarezer, rey de Sobá-Emat, al ir él a afirmar su mano sobre río Eufrates. Y fue cogiendo de ellos mil carros, y siete mil caballos, y veinte mil varones infantes; y desjarretó David todos los carros(a), y dejó de ellos cien carros. Y vino el siro, de Damasco, a ayudar a Adarezer, rey de Sobá; y percutió David, en el siro, veintidós millares de varones, Y puso David guarnición, en Siria, la hacia Damasco y fueron, para David, en niños, trayendo dones, y salvó el Señor a David en todo lo que andaba. Y tomó David los collares(b), los áureos que había sobre los niños de Adarezer, y trájolos a Jerusalén. Y Detebat y Decun(c), ciudades de Adarezer, tomó David bronce mucho sobremanera; del cual hizo Salomón el mar el broncíneo, y las columnas y los vasos los broncíneos. Y oyó Toú, rey de Emat, que percutió David todo el ejército de Adarezer, rey de Sobá; y envió a Adoram, su hijo al rey, a David para preguntarle lo relativo a la paz y para bendecirle por esto; por haber guerreado contra Adarezer y percutídole; pues varón enemigo Toú era de Adarezer, y envió todos los vasos los áureos, y los argénteos y los broncíneos— También esto consagró el rey David al Señor, con la plata y el oro que tomó de toda la gente: de Idumea, y Moab, y de los hijos de Amot, y de los filisteos y de Amalec. Y Abisaí, hijo de Sarvía percutió a Edom en el valle de las sales: dieciocho millares; y puso en Edom guarnición; y fueron todos los idumeos, niños de David; y salvaba el Señor a David en todo lo que andaba. Y reinó David sobre todo Israel, y estaba haciendo juicio y justicia a todo su pueblo. Y Joab, hijo de Sarvía, sobre la milicia; y Josafat, hijo de Ahilud, el memorialista; y Sadoc, hijo de Aquitob, y Aquimelec, hijo de Abiatar, los sacerdotes; y Susá, escriba; y Bananías, hijo de Yoyadá, sobre el feretí, y los hijos de David, los primeros lugartenientes del rey. Guerra contra Amón Y aconteció, después de esto, morir Naas, rey de hijos de Amón, y reinar Hanón(a) su hijo, en su lugar. Y dijo David: «Haré misericordia con Hanón, hijo de Naás; como hizo su padre conmigo misericordia.» Y envió mensajeros David para consolarle de su padre; y vinieron niños de David a tierra de hijos de Amón, a Hanón, para consolarle. Y dijeron príncipes de hijos de Amón a Hanón: ¿«Acaso glorificando David a tu padre delante de ti te ha enviado consoladores? ¿No es acaso para escudriñar la ciudad y explorar la tierra que han venido los niños de él a ti?». Y tomó Hanón a los niños de David y los rapó y quitó de sus túnicas la mitad hasta las nalgas, y despidiólos. Y vinieron a anunciar a David acerca de los varones, y envió al encuentro de ellos; porque estaban afrentados sobremanera; y dijo el rey: «Asentaos en Jericó, hasta que crezcan vuestras barbas, y retornad.» Y vieron los hijos de Amón, que se avergonzó al pueblo de David, y enviaron Hanón y los hijos de Amón, mil talentos de plata, para asalariarse de Siria-Mesopotamia y de Siria-Maacá y por Sobá, carros y jinetes. Y asalariáronse treinta y dos millares de carros, y al rey de Maacá y su pueblo; y vinieron y acamparon frente a frente de Medabá. Y los hijos de Amón se juntaron de sus ciudades, y vinieron para guerrear. Y oyó David y envió a Joab y toda la milicia de los poderosos. Y salieron los hijos de Amón y ordenáronse en guerra, junto a la puerta de la ciudad; y los reyes, los venidos, acamparon separadamente en la llanura. Y vio Joab que están vueltos a guerrear contra él de frente y por detrás, y eligió de todo joven, de Israel, y ordenóse contra el siro. Y el resto del pueblo dio en manos de Abisaí, su hermano y ordenáronse frente a frente contra los hijos de Amón. Y dijo: «Si prevaleciere contra mí el siro, me serás en salvación, y si los hijos de Amón prevalecieran contra ti, te salvaré. Envalentónate y esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y Señor lo bueno en sus ojos hará. Y ordenóse Joab y el pueblo con él, frente a frente de los siros en guerra; y huyeron de ellos. Y los hijos de Amón vieron que huyeron los siros y huyeron también ellos de la faz de Abisaí y de la faz de Joab, su hermano, y vinieron a la ciudad, y vino Joab a Jerusalén. Y vio el siro que le fugó Israel, y envió mensajeros; y sacó al siro de allende el río; y Sofac, arquiestratego del ejército de Adarezer, delante de ellos. Y anuncióse a David y juntó todo Israel, y pasó el Jordán, y vino sobre ellos y ordenóse sobre ellos; y ordenóse David al frente del siro en guerra y guerreó con él. Y huyó el siro a la faz de Israel; y mató David, del siro, siete millares de carros y cuarenta millares de infantes; y a Sofac, arquiestratego del ejército mató. Y vieron los niños de Adarezer que habían sucumbido a la faz de Israel, y pactaron con David y le sirvieron; y no quiso el siro ayudar a los hijos de Amón ya. Derrota de Amón Y aconteció, volviendo el año a la salida de los reyes, que llevó Joab toda la fuerza de la milicia, y devastaron la región de hijos de Amón; y vino y cercó a Rabá, y David asentóse en Jerusalén, y percutió Joab a Rabá y arrasóla, Y tomó David la corona de Melcom, su rey, de su cabeza, y hallóse su peso un talento de oro, y en ella una piedra preciosa y fue colocada sobre la cabeza de David; y despojos de la ciudad sacó muchos sobremanera; y al pueblo en ella sacó y aserró con sierras; y en segures férreas y en hendedoras; y así hizo David a todos los hijos de Amón; y volvió David y todo su pueblo a Jerusalén. Y aconteció, después de esto, haber aún guerra en Gazer con los filisteos; entonces percutió Sobacaí husatita a Safut, de los hijos de los gigantes, y le humilló. Y hubo aún guerra con los filisteos, y percutió Eleanán, hijo de Jair, a Lacmí(a), hermano de Goliat, el getita, y el leño de su lanza como enjullo de tejedores. Y hubo aún guerra en Get; y había un varón grande por demás y sus dedos, seis y seis: veinticuatro; y éste era descendiente de gigantes. E injurió a Israel; y percutióle Jonatán, hijo de Samaá, hermano de David. Estos nacieron a Rafá, en Get; todos eran cuatro gigantes, y cayeron en mano de David y en mano de sus niños. Castigo de David por el censo Y levantóse el Diablo en Israel(a), y incitó a David a contar a Israel. Y dijo el rey David a Joab y a los príncipes del ejército: «Id, contad a Israel, desde Bersabeé y hasta Dan, y traedme y conoceré el número de ellos.» Y dijo Joab: «Añada el Señor a su pueblo, que ellos se centupliquen, y los ojos de mi señor, el rey, viendo(b) todos para mi señor servidores —¿por qué busca mi señor esto? No sea que se convierta en pecado para Israel». Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab, y salió Joab, y atravesó por todo Israel, y vino a Jerusalén. Y dio Joab el número del censo del pueblo a David; y era todo Israel mil millares y cien millares de varones tirando cuchilla; e hijos de Judá, cuatrocientos cincuenta millares tirando cuchilla. Y a Leví y a Benjamín no contó —en medio de ellos; pues violentó la palabra del rey a Joab. Y malo, delante de Dios cuanto a este hecho; y percutió a Israel. Y dijo David a Dios: «He pecado sobremanera por haber hecho esta acción, y ahora quita ya la maldad de tu siervo porque he desatinado sobremanera.» Y habló el Señor a Gad, el vidente(c), diciendo: «Ve y habla a David diciendo: «Esto dice el Señor: «Tres cosas traeré sobre ti; elígete una de ellas y te haré». Y vino Gad a David y díjole: «Así dice el Señor: «Elígete: o tres años de hambre o tres meses huir tú de la faz de tus enemigos, y cuchilla de tus enemigos para exterminar; o tres días con espada del Señor y muerte en la tierra, y ángel del Señor exterminando en toda heredad de Israel, y ahora, ve qué he de responder al que me ha enviado a hablar». Y dijo David a Gad: «Estrecha para mí también las tres cosas sobremodo: caeré ya en manos del Señor; pues muchas, sus conmiseraciones sobremodo; y en manos de hombres no caeré, no». Y dio Dios muerte en Israel, y cayeron de Israel, setenta millares de varones; y envió Dios un ángel a Jerusalén a exterminarlos; y cuando exterminaba, vio el Señor y arrepintióse del mal, y dijo al ángel, al exterminador: «Bástete; retarda tu mano». «Y el ángel del Señor, se paró en la era de Ornán, el jebuseo. Y alzó David sus ojos y vio al ángel del Señor parado en medio de la tierra y del cielo, y su espada desenvainada en su mano extendida sobre Jerusalén, y cayó David y los ancianos, revestidos de saco, sobre el rostro de ellos. Y dijo David a Dios: «¿No he yo dicho contar en el pueblo? Y yo soy el que he pecado; el que mal haciendo mal he hecho, y éstas ovejas ¿qué han hecho? Señor Dios, sea tu mano en mí y en la casa de mi padre y no en tu pueblo para perdición, Señor». Y un ángel del Señor dijo a Gad decir a David que ascendiera a erigir altar al Señor en la era de Ornán, el jebuseo. Y ascendió David según la palabra de Gad la que habló en nombre del Señor. Y volvióse Ornán y vio al rey, y sus cuatro hijos con él, y se ocultaron; y Ornán estaba trillando trigo. Y vino David a Ornán, y Ornán salió de la era, y adoró a David con el rostro sobre la tierra. Y dijo David a Ornán: «Dame tu lugar de la era, y edificaré sobre él un altar al Señor; en plata justa dámelo; y cesará la plaga del pueblo.» Y dijo Ornán a David: «Tómatelo, y haga mi Señor, el rey, lo bueno ante él; he aquí he dado los becerros para holocausto, y el arado para leña, y el trigo para sacrificio; todo lo he dado». Y dijo el rey David a Ornán: «De ningún modo; que comprando, compraré en plata justa; que no tomaré, no, lo que es tuyo, para el Señor, para ofrecer holocausto gratuitamente al Señor». Y dio David a Ornán, por su lugar, siclos de oro, de balanza, seiscientos. Y edificó allí, David, altar al Señor y ofreció holocausto y pacíficos; y clamó al Señor, y escuchóle en fuego del cielo, sobre el altar del holocausto, y devoró el holocausto. Y dijo el Señor al ángel, y volvió la espada a su vaina. En aquel tiempo, al ver David que le escuchó el Señor en la era de Ornán, el jebuseo, sacrificó allí. Y tabernáculo del Señor que hizo Moisés en el desierto, y altar de los holocaustos(d), en aquel tiempo, en altura, en Gabaón. No pudo David ir ante él, a buscar a Dios; pues no se apresuró(e) a faz de la espada del ángel del Señor. Prepara David la fábrica del Templo. Y dijo David: «Esta es la casa del Señor Dios, y éste el altar, para el holocausto, para Israel». Y dijo David congregar a todos los prosélitos, que había en tierra de Israel; y puso picapedreros a picar piedras pulidas para edificar la casa de Dios. Y hierro mucho para los clavos de los pórticos y las puertas; y los quicios preparó David y bronce en muchedumbre; no había peso. Y madera cedrina —no había número; pues trajeron los sidoneos y los tirios madera cedrina en muchedumbre a David. Y dijo David: «Salomón, mi hijo, es joven tierno, y la casa para edificar al Señor ha de ser en magnificencia, para nombre y para gloria por toda la tierra, por eso le prevendré». Y previno David en abundancia, antes de su fin. Y llamó a Salomón, su hijo, y mandóle edificar la casa al Señor Dios de Israel. Y dijo David a Salomón: «Hijo, me ha venido sobre el alma a edificar la casa al nombre del Señor Dios. Y vínome palabra del Señor, diciendo: «Sangre en abundancia has vertido y guerras grandes has hecho: No edificarás casa a mi nombre; pues sangres muchas has vertido sobre la tierra delante de mí. He aquí que un hijo te nacerá; éste será varón de reposo, y le reposaré de todos sus enemigos en contorno; Salomón(a) será su nombre, y paz y tranquilidad daré sobre Israel en sus días; Este edificará casa a mi nombre y éste me será el hijo y yo le seré en padre y erguiré el trono de él en Israel para siempre. Y ahora, hijo mío, será contigo el Señor, y bien encaminará tus pasos; y edificarás casa al Señor tu Dios; como ha dicho acerca de ti. Empero dáte sabiduría y prudencia Señor y afiánzate sobre Israel, para guardar y para hacer la ley del Señor tu Dios. Entonces bien encaminará, si guardares para hacer los preceptos y los juicios que mandó el Señor a Moisés sobre Israel; envalentónate, y esfuérzate: no temas ni te arredres. Y he aquí yo, según mi pobreza, he prevenido para la casa del Señor de oro talentos cien millares, y de plata talentos mil millares; y bronces y hierros, que no hay balanzas, pues en abundancia hay; y maderas y piedras he prevenido; y a esto añade tú; y contigo, añade, en muchedumbre, de los que hacen obras. Artífices y edificadores de piedras y carpinteros, y todo sabio en toda obra. En oro y plata, bronce, y en hierro —no hay número. Levántate y haz, Señor contigo». Y mandó David a todos los príncipes de Israel a ayudar a Salomón, su hijo. ¿Acaso no está el Señor, con vosotros y os ha reposado en contorno?; pues ha dado en vuestras manos a los habitantes de la tierra; y sometida ha sido la tierra delante del Señor y delante del pueblo. Ahora dad vuestros corazones y vuestras almas a buscar al Señor vuestro Dios, y levantad y edificad un santuario a vuestro Dios para introducir el arca de la Alianza del Señor y los vasos sagrados de Dios, en la casa que se edifica con el nombre del Señor. Número y funciones de los levitas. La familia de Moisés. Y David, anciano y lleno de días se enreyeció a Salomón, su hijo, en su lugar sobre Israel. Y congregó a todos los príncipes de Israel, y a los sacerdotes y a los levitas. Y fueron contados los levitas de treinta años arriba; y fue su número según cabeza de ellos hasta varones de treinta y ocho millares. De los prefectos de obras de casa del Señor: veinticuatro millares; y escribas y jueces: seis millares. Y cuatro mil porteros, y cuatro mil loando al Señor, en órganos que hizo para loar al Señor. Y distribuyólos David —turnos diarios a los hijos de Leví: a Gersón, Caat y Merarí; De los de Gersón: a Leedán y Semeí; hijos de Leedán: príncipes Yahiel y Zetán y Joel; tres. Hijos de Semeí: Solomit y Hosiel y Aram tres éstos, príncipes de la familia de Leedán. Y los hijos de Semeí: Lehet y Zizá, y Jaús y Bariá; éstos, hijos de Semeí; cuatro. Y era Lehet el príncipe y Zizá, segundo; y Jaús y Bariá no multiplicaron hijos, y fueron en casa paterna, en cómputo uno. Hijos de Caat: Amram, Isaar, Hebrón y Oziel; cuatro. Hijos de Amram: Aarón y Moisés; y fue separado Aarón para santificar los santos de santos, él y sus hijos para siempre para incensar delante del Señor, ministrar y bendecir y en su nombre para siempre. Y Moisés, hombre de Dios —sus hijos fueron elegidos en tribu de Leví. Hijos de Moisés: Gersom y Eliezer. Hijos de Gersom: Subiel, el príncipe. Y fueron hijos de Eliezer: Rahobiá, el príncipe; y no tuvo Eliezer hijos otros; y los hijos de Rahobiá aumentaron hasta lo sumo. Hijos de Ysaar: Salomit, el príncipe. Hijos de Hebrón: Yeriaú, el príncipe; Amariá, el segundo; Yahaziel, el tercero; Yecmaán, el cuarto. Hijos de Oziel: Micá, el príncipe, y Yesiá, el segundo. Hijos de Merarí: Maholí y Musí. Hijos de Maholí: Eleazar y Lis. Y murió Eleazar, y no tuvo hijos, sino hijas; y tomarónlas hijos de Sis, hermanos de ellas. Hijos de Musí: Maholí, y Eder y Yerimot; tres. Estos, hijos de Leví, según las casas de sus familias, fueron príncipes de sus familias, según su censo, según el número de sus nombres, según cabeza de ellos, haciendo las obras de ministerio de casa del Señor de veinte años arriba. Porque dijo David: «Reposo ha dado el Señor, el Dios de Israel, a su pueblo y habitado en Jerusalén para siempre; y los levitas no tendrán ya que llevar el tabernáculo y todos los vasos de él, para el ministerio de él». Porque(a) en las palabras de David, las postreras, está el número de hijos de Leví, de veinte años arriba. Porque los puso sobre la mano de Aarón a ministrar en casa del Señor sobre los vestíbulos y sobre los pastoforios, y sobre las purificaciones de todo lo sagrado, y sobre las obras del ministerio de casa de Dios; y(b) para los panes de la proposición, y para la harina flor del sacrificio, y para las hojuelas las ázimas, y para la sartén y para lo tostado y para toda medida; y para que estuvieran de mañana para loar y confesar al Señor; y así, a la tarde; y sobre todos los ofrecidos holocaustos al Señor, en los sábados, y en las neomenias, y en las fiestas, según número, según preceptuación sobre ellos, de continuo, para el Señor. Y guardarán las guardas de tabernáculo del testimonio, y la guarda del santo, y las guardas de hijos de Aarón, sus hermanos, para ministrar en casa del Señor. Los aaronitas. Orden de su ministerio. Y de los hijos de Aarón ésta es su distribución: hijos de Aarón: Nadab, y Abiú, y Eleazar e Itamar. Y murió Nadab y Abiú antes que su padre; e hijos no tuvieron; y ejercieron de sacerdotes Eleazar e Itamar. Y separólos David y Sadoc de entre los hijos de Eleazar; y Ahimelec, de entre los hijos de Itamar, según el censo de ellos, según el ministerio de ellos, según la casa de sus familias. Y fueron hallados los hijos de Eleazar más numerosos, en príncipes potentes, que los hijos de Itamar; y dividiólos a los hijos de Eleazar en príncipes para casas de familias, dieciséis; y para los hijos de Itamar, según casas de familias, ocho. Y los separaron, por suertes, éstos de éstos(a); pues eran príncipes del santuario, y príncipes del Señor entre los hijos de Eleazar y entre los hijos de Itamar. Y los escribió Semeías, hijo de Natanael, el escriba, de la tribu de Leví, delante del rey y de los príncipes y de Sadoc, el sacerdote, y de Ahimelec, hijo de Abiatar, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes y los levitas de casa paterna: una una(b) para Eleazar, y una una para Itamar. Y salió la suerte la primera para Yoyarib; para Yediá, la segunda; para Harin, la tercera; para Seorim, la cuarta; para Melcá, la quinta; para Maimán, la sexta; para Acós, la séptima; para Abías, la octava; para Yesuá, la nona; para Secanías, la décima; para Eliasib, la undécima; para Yecim la duodécima; para Hopfá, la décimatercera; para Ysbaab, la décimacuarta; para Belgá, la décimaquinta; para Emer, la décimasexta; para Hezir, la décimaséptima; para Afsés, la décimaoctava; para Feteías, la décimanona; para Hezequiel, la vigésima; para Jaquín la vigésima primera; para Gamul, la vigésima segunda; para Dalayán, la vigésima tercera; y para Maaziaú, la vigésima cuarta. Este el censo de ellos, según el ministerio de ellos, para entrar a casa del Señor, según la preceptuación de ellos, por mano de Aarón, su padre; como mandó el Señor, el Dios de Israel. Y de los hijos de Leví, los restantes: de los hijos de Amram: Subael; y de los hijos de Subael: Yehedihía; y de los hijos de Rohobías, el príncipe, Yesías. Y de Ysaarí, Salemot; y de los hijos de Salemot; Yahat; hijos Yeriaú; Amarías, el segundo; Yahaziel, el tercero; Yecmaán, el cuarto. Los hijos de Oxiel: Micá; hijos de Micá: Samir. Hermano de Micá: Yesía; hijo de Yesía: Zacarías. Hijos de Merarí: Moholí, y Musí. Hijo de Oziaú: Benó; e hijos de Merarí: Oziaú, y Soam, y Zacur y Hebrí. De Moholí: Eleazar(c), que no tuvo hijos: Y de Cis: Yerameel. E hijos de Musí: Moholí, Eder y Yerimot; éstos, hijos de los levitas, según las casas de sus familias. Y tomaron también ellos suertes, así como sus hermanos, hijos de Aarón delante del rey(d) y Sadoc y Ahimelec, y los príncipes de las familias de los sacerdotes y los levitas; patriarcas igualmente que sus hermanos los menores(e). Orden y suerte de cantores y músicos Y constituyó David, el rey, y los príncipes de los ejércitos para las obras, a los hijos de Asaf y Hemán e Iditún, los que tañeron en cíniras, y en nablas y en címbalos; y fue su número, según cabeza de los que obraban en las obras de ellos. Hijos de Asaf: Zacur, y José, y Natanías y Asarelá; hijos de Asaf, juntos al rey. De Iditún —hijos de Iditún: Godolías, y Sorí y Yesías, y Hasabía y Matatías; seis, con su padre Iditún, en cínira concertando confesión y loor al Señor. Y de Hemán—, hijos de Hemán; Boquías(a), y Matanías, y Oziel, y Subuel, Yerimot, y Hananías, y Hananí, y Eliatá, y Gedeltí, y Romemtiazer, y Yebacasá, y Melotí, y Otir y Mahaziot. Todos estos hijos de Heman, el que concertaba(b) con el rey, en palabras de Dios, para alzar cuerno, y dio Dios a Heman hijos catorce, e hijas tres. Todos estos, con su padre, himnodiando en casa de Dios, en címbalo y en nablas y en cínira, para servicio de la casa de Dios, juntos al rey y a Asaf, e Iditún y Hemán. Y fue el número de ellos, después de sus hermanos, enseñados a cantar al Señor —cada uno hábil: doscientos ochenta y ocho. Y echaron también ellos suerte de turnos diarios, según el pequeño y según el grande, de maestros y discípulos(c). Y salió la suerte primera de José, de Asaf: Godolías(d) el segundo, él y sus hermanos y sus hijos; doce. El tercero Zacur, sus hijos y sus hermanos, doce; el cuarto Isarí, sus hijos y sus hermanos, doce; el quinto Natanías, sus hijos y sus hermanos, doce; el sexto Boquías, sus hijos y sus hermanos, doce; el séptimo Isreelá, sus hijos y sus hermanos, doce; el octavo Yesaías, sus hijos y sus hermanos, doce; el nono Matanías, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimo Semeías, sus hijos y sus hermanos, doce; el undécimo Azareel, sus hijos y sus hermanos, doce; el duodécimo Hasabías, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimotercero Subael, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimocuarto Matatías, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimoquinto Yerimob, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimosexto Hananías, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimoséptimo Yesbacasá, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimooctavo Hananí, sus hijos y sus hermanos, doce; el décimonono Melotí, sus hijos y sus hermanos, doce; el vigésimo Eliatá, sus hijos y sus hermanos, doce; el vigésimoprimero, Otir, sus hijos y sus hermanos, doce; el vigésimosegundo, Gedeltí, sus hijos y sus hermanos, doce; el vigésimotercero Mahaziot, sus hijos y sus hermanos, doce; el vigésimocuarto Romemtiazer, sus hijos y sus hermanos, doce; Portero y custodia Y para las distribuciones de las guardias de las puertas: hijos de Coré: Meselemía, hijo de Coré, de los hijos de Asaf. Y de Meselemía hijo de Zacarías, el primogénito; Yadihel, el segundo; Zabadía, el tercero; Yatanael, el cuarto; Elam, el quinto; Yohonan, el sexto; Elioenaí, el séptimo; Obededom, el octavo(a); y de Obededom hijos: Sabaías, el primogénito; Yosabad, el segundo; Yoahá, el tercero; Sacar, el cuarto; Natanael, el quinto; Amiel, el sexto; Ysacar, el séptimo; Folatí, el octavo; pues le bendijo Dios. Y a Samaías, su hijo nacieron hijos, del primogénito Rosaí(b); para la casa, la paterna suya, pues poderosos eran. Hijos de Semeí: Otní y Rafael, y Obed, y Elzabad y Aquimud(c); hijos poderosos Eliú y Samaquías e Isbacom(d): Todos, de los hijos de Obed-Edom, ellos y sus hijos y sus hermanos, haciendo poderosamente en la obra, todos ellos sesenta y dos de Obed-Edom. Y de Meselemía, hijos y hermanos dieciocho poderosos. Y de Hosá, de los hijos de Merarí, hijos: Simrí, la cabeza, pues el no tenía primogénito; y le hizo su padre príncipe. Helmías, el segundo; Tabelías, el tercero; Zacarías, el cuarto; todos estos hijos y hermanos de Hosá; trece. A estos, las distribuciones de las puertas, a los príncipes de los poderosos turnos diarios, para así como sus hermanos, ministrar la casa del Señor. Y echaron suerte, según el pequeño y según el grande, según casas de sus familias, para puerta y puerta. Y cayó la suerte de las de oriente a Selemías; y Zacarías, y su hijo, un prudente consejero —echaron suerte(e), y salió su suerte al septentrión; y a Obed-Edom, el austro; y a sus hijos la casa de provisiones(f). A Sefim y Hosá, el occidente, tras de la puerta de pastoforio, de la subida, custodia, frente de custodia. Al oriente, seis por día; al septentrión por día, cuatro; al austro, por día, cuatro; hacia la casa de provisiones de a dos. Al occidente, en las cámaras de los porteros, cuatro en el camino y de a dos por las cámaras. Estas, las distribuciones de los porteros para los hijos de Coré y para los hijos de Merarí. Y los levitas, sus hermanos, tenían a su cargo los tesoros de la casa del Señor, y los tesoros de lo consagrado(g). De entre los hijos de Ladán, los hijos de Gersomí, Yehiel. Hijos de Yehiel: Zatán y Joel, los hermanos, sobre los tesoros de la casa del Señor. De los amramitas, de los isaaritas, de los hebronitas, de los ozielitas; era Subael, hijo(h) de Gersom, hijo de Moisés, príncipe sobre los tesoros. Y sus hermanos, de Eliezer, y su hijo Rahabías, y su hijo Ysaías, y su hijo Joram, y su hijo Zecrí, y su hijo Selemit. Este Selemit y sus hermanos guardaban todos los tesoros del santuario los que santificó David, el rey, y los príncipes de las familias, quiliarcas, y centuriones y caudillos del ejército; lo que tomó de las ciudades y de los despojos, y santificó de ellos, para no retardar la fábrica de la casa de Dios. Y sobre todo lo santo de Dios, lo de Samuel, el profeta, y Saúl, de Cis, y Abner de Ner, y Joab, de Sarvía; todo lo que santificaron, por(i) mano de Selemit y sus hermanos. De los isaaritas, Conenías e hijos, sobre la labor la de fuera, en Israel, para enseñar y juzgar. De los hebronitas, Asabías y sus hermanos, hijos poderosos, mil setecientos, sobre la atalaya de Israel, allende el Jordán, a occidente, para todo ministerio del Señor y labor del rey. De los hebronitas, Jerías, el príncipe de los hebronitas, según sus parentelas, según sus familias, en el cuadragésimo año del reinado de David, fueron empadronados, y hallado varón(j) poderoso entre ellos, en Yazer-Galaad. Y sus hermanos, hijos poderosos, dos mil setecientos, los príncipes de las familias; y constituyólos, David el rey, sobre los rubenitas y gaditas y media tribu de Manasés, para todo precepto del Señor y orden del rey. Prefectos militares Y los hijos de Israel, según su número: príncipes de las familias, quiliarcas y centuriones y escribas; los que servían al rey, y para toda palabra del rey, según divisiones; cada palabra del entrante y saliente, mes a mes; por todos los meses del año; distribución una(a); veinticuatro millares por sección. Y sobre la división la primera, del mes el primero Yesboam, hijo de Zabdiel; y sobre la división de él: veinticuatro millares. De los hijos de Farés, príncipe de todos los príncipes del ejército, del mes el primero. Y sobre la división del mes, el segundo, Dodía el ahohita, (y sobre su división también Macelot el príncipe) y sobre su división veinticuatro millares de príncipes de ejército. La tercera, el mes el tercero —Banaías, hijo de Yoyadá, el sacerdote el príncipe, y sobre su división veinticuatro millares. Este es Banaías, el más poderoso de los treinta y sobre los treinta, y sobre su división, Amizabad, su hijo. El cuarto para el mes el cuarto, Azahel, hermano de Joab y Zabadías, su hijo(b) y los hermanos; y sobre su división veinticuatro millares. El quinto para el mes el quinto, el príncipe Samaot, el yerzerita; y sobre su división, veinticuatro millares. El sexto, para el mes el sexto, Hirá, hijo de Aqués el tecnita; y sobre su división, veinticuatro millares. El séptimo, para el mes el séptimo, Helés, el falonita, de los hijos de Efraín, y sobre su división veinticuatro millares. El octavo, para el mes el octavo, Sobocaí el husatita, de los zarahitas; y sobre su división, veinticuatro millares. El nono, para el mes el nono, Abiezer el anatotita, el de tierra de Benjamín; y sobre su división veinticuatro millares. El décimo, para el mes el décimo, Maraí, el netofatita, de los zarahitas; y sobre su división, veinticuatro millares. el undécimo, para el mes el undécimo, Banaías el faratonita, de los hijos de Efraín; y sobre su división veinticuatro millares. El duodécimo, para el mes el duodécimo, Holtaí el netofatita, de los gotonielitas; y sobre su división, veinticuatro millares. Y sobre las tribus de Israel: sobre los rubenitas, el príncipe Eliezer, hijo de Zecrí; sobre los simeonitas, Safatías, hijo de Maacá. Sobre Leví, Hasabías, hijo de Camuel; sobre Aarón, Sadoc; sobre Judá, Eliú, de los hermanos de David; sobre Isacar, Amrí, hijo de Micael; sobre Zabulón, Yesmaías, hijo de Abdías; sobre Neftalí, Yerimot, hijo de Ozriel; sobre Efraín, Oseé, hijo de Ozaziú, sobre la media tribu de Manasés, Joel, hijo de Fadaías; sobre la media tribu de Manasés, en tierra de Galaad, Yadó, hijo de Zacarías; sobre Benjamín, Yasiel, hijo de Abner; sobre Dan, Ezriel, hijo de Yeroboam; éstos, patriarcas de las tribus de Israel. Y no tomó David el número de ellos de veinte años abajo; pues dijo el Señor que multiplicaría a Israel, como las estrellas del cielo. Y Joab, hijo de Sarvía, comenzó a contar en el pueblo; y no terminó; y aconteció, en esto, ira sobre Israel; y no fue traspasado el número a libro de palabras de los días del rey David. Y sobre los tesoros del rey, Azmot, hijo de Adiel; y sobre los tesoros de los habitantes del campo, y en las aldeas, y en los caseríos y en las torres, Yonatán, hijo de Ozías. Y sobre los que cultivaban la tierra, los labradores, Ezrí, hijo de Quelut. Y sobre las alquerías, Semeías, el romatita; y sobre los tesoros los en las alquerías de vino, Zabdías, el afonita. Y sobre los olivares y sobre los higuerales los en la llanura, Balanán, el gederita; y sobre los tesoros del aceite, Joás. Y sobre la vacada, la suelta, en Sarón, Setraí, el saronita; y sobre la vacada la en los apriscos, Safat, hijo de Adlí. Y sobre los camellos; Ubil, el ismaelita; y sobre los asnos, Yadías el meronatita. Y sobre las ovejas, Jazir el agarita; todos éstos, prefectos de la hacienda de David el rey. Y Jonatán, tío de David, consejero, hombre, prudente; él y Jahiel, hijo de Hacamoní, con los hijos del rey. Y Aquitofel, consejero del rey, y Cusaí el araquita, el primer amigo(c) del rey. Y, después de éste, Aquitofel, en pos(d), Yoyadá, hijo de Banaías, y Abiatar, y Yoab, arquiestratego del rey. Exhortación de David acerca del templo. Y convocó David a todos los príncipes de Israel; a los príncipes de las tribus(a) y a todos los príncipes de los turnos diarios en torno del cuerpo del rey; y a los príncipes de los millares y de los centenares; y a los guardatesoros y a los sobre haberes de él y de toda la posesión del rey y de los hijos de él, con los cortesanos(b); y a los potentados y a los campeones del ejército, en Jerusalén. Y levantóse David el rey, en medio de la congregación, y dijo: «Oídme, hermanos míos y pueblo mío: Me estaba sobre el corazón edificar una casa de reposo del Arca de Alianza del Señor y escabel de plantas de nuestro Señor; y preparé lo necesario para la mansión; Y Dios me dijo: «No me edificarás casa de nombrar mi nombre sobre ella; porque hombre guerrero eres tú y sangre has vertido.» Y eligióme el Señor, el Dios de Israel, de toda la casa de mi padre para ser rey sobre Israel por los siglos, y en Judá ha escogido el reino; y, de la casa de Judá, la casa de mi padre; y entre los hijos de mi padre, a mí quiso, porque me hiciese yo rey sobre Israel. Y de todos mis hijos (pues muchos hijos me ha dado el Señor) ha elegido a Salomón, mi hijo, para sentarle sobre el trono del reino del Señor, sobre Israel. Y díjome Dios: «Salomón, tu hijo, edificará mi casa y mis atrios; pues le he escogido para que sea mi hijo, y yo seré para él un padre. Y afianzaré su reino por los siglos; si se esforzare por guardar mis mandamientos y mis juicios, como este día». Y ahora, a faz de toda la congregación del Señor, y, en orejas de nuestro Dios: guardad y buscad todos los mandamientos de nuestro Dios, para que heredéis la tierra, la buena, y la trasmitáis a vuestros hijos, después de vosotros, por siglos, Y ahora, Salomón, hijo, conoce al Dios de tus padres y sírvele en corazón perfecto y alma pronta; pues todos los corazones escudriña el Señor y todo pensamiento conoce. Si le buscares, hallado será de ti; y si le abandonares; te abandonará para siempre. Ve ahora que el Señor te ha escogido, para edificarle casa para santuario; esfuérzate y haz». Y dio David a Salomón, su hijo, el modelo del templo, y de las casas de él, y de sus cámaras, y de los terrados, y de las recámaras las anteriores, y de la casa de la propiciación. Y el modelo que tenía en su espíritu, de los atrios de casa del Señor, y de todos los pastoforios los entorno, los hacia las recámaras de casa del Señor; y de las recámaras las sacras; y de las habitaciones y los turnos diarios de los sacerdotes y de los levitas, para toda obra de ministerio de la casa del Señor; y de las recámaras de los litúrgicos vasos del ministerio de la casa del Señor; y del oro —el peso del oro para todos los vasos del ministerio; de todos los vasos de plata, según el peso; para todos los vasos de cada ministerio; y el peso para los candelabros de oro y sus lámparas de oro, según el peso de cada candelabro y sus lámparas y para los candelabros de plata; según el peso del candelabro y de sus lámparas, según el ministerio de todos los candelabros; y el peso del oro para las mesas de proposición, para cada mes; y de la plata para las mesas de plata; y el peso de los garfios, y palanganas y tazas de oro, y de los braseros(c). de oro, según el peso de cada brasero. Y de los del altar de los timiamas, de oro puro el peso le mostró, y el modelo del carro de los querubines, los extendidos de alas y sombreando sobre el arca de alianza del Señor. Todo en escritura de mano del Señor, dio David a Salomón; según la a él venida inteligencia de la hechura del modelo. Y dijo David a Salomón, su hijo: «Esfuérzate, y envalentónate y haz; no temas ni te arredres; pues el Señor, mi Dios, contigo; no te dejará y no te abandonará, no, hasta que termines toda la obra de ministerio de casa del Señor; Y he aquí las divisiones de los sacerdotes y levitas para todo ministerio de la casa del Señor; y, contigo, en toda obra, también todo imbuido sus sabidurías, según todo arte, y los príncipes y todo el pueblo, para tus palabras». Oración y muerte de David. Reina Salomón. Y dijo David el rey a toda la congregación: «Salomón, el hijo mío, a quien le ha elegido Señor, joven y tierno; y la obra, grande; pues no para hombre, la edificación; sino para el Señor Dios. Según toda mi fuerza he prevenido, para casa de mi Dios, oro sobre oro, y plata sobre plata, y bronce sobre bronce, hierro sobre hierro, y madera sobre madera, piedras ónices y, en abundancia, piedras valiosísimas y pintadas, y toda piedra preciosa y paria mucha. Y además, complaciéndome en casa de mi Dios, tengo lo que he reservado: oro y plata; y he aquí lo he dado, para casa de mi Dios, hasta lo sumo; fuera de lo que he prevenido para la casa del santuario. Tres mil talentos de oro, del de Ofir; y siete mil talentos de plata acrisolada para incrustar en ellos las paredes del santuario: Para(a) el oro, con el oro, y para la plata, con la plata, y para toda obra, por mano de los artífices. —Y ¿quién es el deseoso de llenar sus manos, hoy para el Señor?». Y desearon hacerlo los príncipes de familia, y los príncipes de los hijos de Israel, y los quiliarcas, y los centuriones y los prefectos de las obras y los edificadores del rey. Y dieron para las obras de la casa del Señor; de oro talentos cinco mil y áureos(b), diez mil; y de plata talentos diez mil; y de bronce talentos dieciocho mil y de hierro talentos cien mil. Y a los que se halló, cerca de ellos, con piedras preciosas, las dieron a las cámaras de casa del Señor, por mano de Jahiel, el gersonita. Y Alegróse el pueblo del espontanear; porque en corazón lleno se espontaneaban para el Señor; y David el rey alegróse grandemente; y bendijo el rey David al Señor a faz de la congregación, diciendo: «Bendito eres, Señor, el Dios de Israel, el padre de nosotros desde la eternidad y hasta la eternidad. A ti, Señor, la grandeza, y la potencia, y la gloria, y la victoria y la fuerza: que tú en todo lo del cielo y sobre la tierra imperas. Ante tu faz estremécese todo rey y gente(c): De ti, las riquezas y la gloria, tú a todo dominas, Señor, el dominador de toda dominación; y en tu mano, fuerza y poderío; y en tu mano Todopoderoso, el engrandecer y fortalecer todo. Y ahora, Señor te confesamos, y alabamos el nombre de tu gloria. Y ¿quién soy yo y qué, el pueblo mío que hayamos podido espontanearlos contigo, de esta manera? Porque tuyo, todo y de lo tuyo te hemos dado; pues peregrinos somos delante de ti; y peregrinantes como todos nuestros padres; somos sombra, nuestros días sobre la tierra, y no hay permanencia, Señor, Dios nuestro, cuanto a toda esta opulencia, que hemos preparado para que se edifique casa a tu nombre, el santo, de tu mano es, y tuyo todo. Y conozco, Señor, que tú eres el que escudriñas corazones, y justicia amas: en sencillez de corazón he espontaneado todo esto; y ahora a tu pueblo, el que se halla aquí, he visto en alegría espontaneándose contigo. Señor, Dios de Abraham e Isaac y Jacob nuestros padres, guarda esto en sentir de corazón de tu pueblo por los siglos; y endereza sus corazones a ti. y a Salomón, mi hijo, da corazón bueno para hacer tus mandamientos, y tus testimonios y tus prescripciones, y para a término llevar la fábrica de tu casa.» Y dijo David a toda la congregación: «Bendecid al Señor, nuestro Dios.» Y bendijo toda la congregación al Señor, el Dios de sus padres, y doblando las rodillas, adoraron al Señor; Y sacrificó David al Señor, sacrificios y ofreció holocaustos a Dios, el siguiente día del primero: becerros mil, carneros mil, corderos mil y las libaciones de ellos; y sacrificios en abundancia a todo Israel. Y comieron y bebieron delante del Señor, en aquel día, con gozo; y enreyecieron segunda vez a Salomón, hijo de David, y ungiéronle al Señor, en rey, y a Sadoc, en sacerdocio. Y sentóse Salomón en trono de David, su padre, y plugo y obedeciéronle todo Israel. Los príncipes, y los potentados y todos los hijos de David, el rey, su padre, sometiéronsele. Y engrandeció el Señor a Salomón por cima de todo Israel, y diole gloria de rey, cual no hubo sobre todo rey(d) antes de él. Y David, hijo de Isaí, reinó sobre Israel. años cuarenta: en Hebrón, años siete, y en Jerusalén, años treinta y tres. Y murió en ancianidad hermosa, lleno de días, riquezas y glorias; y reinó Salomón, su hijo, en su lugar. Y las demás palabras del rey David, las primeras y las postreras, escritas están en palabras de Samuel el vidente; y entre palabras de Natán, el profeta, y entre palabras de Gad, el vidente; acerca de todo su reinado y de su poderío; y los tiempos que acontecieron sobre él, y sobre Israel y sobre todos los reinos de la tierra. Sabiduría y grandeza de Salomón Y se afianzó Salomón, hijo de David, en su reino y el Señor, su Dios(a) estaba con él; y magnificóle hasta lo sumo. Y habló Salomón a todo Israel: a los quiliarcas, y centuriones, y a los jueces y a todos los príncipes ante Israel, los príncipes de las familias. Y fue Salomón y toda la congregación, con él, a la altura, la de Gabaón; donde, allí, estaba el tabernáculo del testimonio de Dios; que hizo Moisés, un varón de Dios, en el desierto. Empero, el arca de Dios subiera David desde Cariatiarim, porque preparó para ella, porque fijó para ella tabernáculo en Jerusalén. Y el altar, el broncíneo, que hizo Beseleel, hijo de Urí, hijo de Hur, allí estaba delante del tabernáculo del Señor; y buscóle Salomón en la congregación toda. Y ofreció Salomón allí sobre el altar, el broncíneo, a faz del Señor, el en el tabernáculo; y ofreció sobre él holocaustos mil. En aquella noche apareció el Señor a Salomón y le dijo: «Pide ¿qué te doy?». Y dijo Salomón a Dios: «Tú has hecho con David mi padre, misericordia grande; y enreyecídome en su lugar; y ahora, Señor Dios, confírmese ya tu nombre(b) sobre David, mi padre; pues tú me has enreyecido sobre pueblo, mucho, como el polvo de la tierra. Ahora sabiduría y entendimiento dame: y saldré a faz de este pueblo y entraré; pues ¿quién juzgará a este pueblo el grande?» Y dijo Dios a Salomón: «Por cuanto ha acontecido esto en tu corazón, y no has pedido riqueza de bienes, ni gloria, ni el alma de los enemigos, y días muchos no has pedido; y has pedido para ti sabiduría y entendimiento, para juzgar a mi pueblo, sobre el cual te he enreyecido, sobre él: la sabiduría y el entendimiento te doy; y riquezas, y bienes y gloria te daré, tal que no ha habido semejante a ti, entre los reyes antes de ti y después de ti no había tal». Y vino Salomón de la altura, la de Gabaón, a Jerusalén, a faz del tabernáculo, y reinó sobre Israel. Y juntó Salomón carros y jinetes, y tuvo mil cuatrocientos carros y doce millares de jinetes; y dejóles en ciudades de los carros; y el pueblo(c), con el rey, en Jerusalén. Y puso el rey la plata y el oro en Jerusalén como piedras, y los cedros los de Judea, como sicomoros los de la llanura, en muchedumbre. Y la salida de los bridones de Salomón, de Egipto(d), y el precio, de los mercaderes del rey de ir(e), y compraban. Y subían y sacaban de Egipto carro uno de seiscientos(f), de plata, y bridón, de ciento cincuenta de plata; y así, de todos los reyes de los heteos y de los reyes de Siria, en manos de ellos sacaban. Salomón pacta con Hiram Y dijo Salomón edificaré casa al nombre del Señor, y casa para su reino. Y juntó Salomón setenta mil varones cargadores y ochenta mil picapedreros en la montaña; y los sobreestantes sobre ellos: tres mil seiscientos. Y envió Salomón cerca de Hiram, rey de Tiro, diciendo: «Como hiciste con mi padre y le enviaste cedros para edificarse una casa para habitar en ella; también he aquí yo, hijo suyo, edifico casa al nombre del Señor, mi Dios, para consagrarla a él, para incensar delante de él incienso y proposición sin cesar y ofrecer holocaustos sin cesar, mañana y tarde, y en los sábados, y en las neomenias, y en las fiestas del Señor, nuestro Dios —por los siglos, sobre Israel. Y la casa que yo edifico, es grande; porque grande es el Señor, nuestro Dios, más que todos los dioses. Y ¿quién valdrá para edificarle casa? Pues si el cielo y el cielo del cielo no soportan su gloria; ¿quién soy yo para edificarle una casa, sino es para incensar delante de él? Y ahora envíame varón sabio y entendido en labrar en el oro, y en la plata, y en el bronce, y en el hierro; y en la púrpura y en la escarlata, y en el jacinto; y sabedor de esculpir escultura con los sabios, los conmigo en Judá y en Jerusalén, lo que preparó David, mi padre. Y envíame madera cedrina y enebrina y cipresina del Líbano; porque yo sé que tus siervos saben cortar madera del Líbano; y he aquí tus jóvenes, con mis jóvenes, van para prepararme madera en abundancia, pues la casa que yo edifico, es grande y gloriosa. Y he aquí a los obreros, los que cortaren madera, para víveres he dado trigo: veinte millares; y de cebada coros: veinte millares; y de vino medidas: veinte millares, y de aceite medidas: veinte millares. Y dijo Hiram, rey de Tiro por escrito, que envió a Salomón, diciendo: «Por amar el Señor al pueblo de Israel, te ha puesto sobre ellos por rey». Y dijo Hiram: «Bendito, Señor, el Dios de Israel, que hizo el cielo y la tierra, que ha dado a David, el rey, un hijo sabio y discreto de discreción y prudencia, que edificará casa al Señor, y casa para su reino. Y ahora te he enviado un varón sabio y entendido en prudencia: Hiram, padre mío; su madre de las hijas de Dan, y su padre, varón tirio, sabedor de labrar en oro, y en plata y en bronce, y en hierro y en piedras y maderas; y de tejer en la púrpura, y en el jacinto, y en el biso, y en la escarlata; y de esculpir esculturas, y de inventar todo, invento, cuanto le dieres, con los sabios tuyos y sabios de David, mi señor, padre tuyo. Y ahora el trigo, y la cebada, y el aceite y el vino que ha dicho mi señor, envíelo a sus niños. Y nosotros cortaremos madera del Líbano, según toda la necesidad tuya, y la llevaremos en balsas por el mar de Jope; y tú la llevarás a Jerusalén». Y juntó Salomón todos los varones los prosélitos, los en tierra de Israel por la cuenta que los contó David su padre; y halláronse ciento cincuenta millares y tres mil seiscientos. E hizo de ellos setenta millares de cargadores, y ochenta millares de picapedreros, y tres mil seiscientos prefectos de obras, sobre el pueblo. Fábrica del templo Y empezó Salomón a edificar la casa del Señor en Jerusalén, en el monte Moria; donde apareció el Señor a David, su padre, en el lugar que preparó David en la era de Ornán el jebuseo. Y empezó a edificar en el mes segundo, en el año el cuarto de su reinado. Y esto(a) empezó, Salomón a edificar la casa de Dios: longitud: codos —la medida la primera de codos sesenta; y latitud —codos veinte. Y el pórtico, al frente de la casa: longitud (sobre el frente de la anchura de la casa): codos veinte y altura: codos ciento veinte; dorólo por dentro con oro puro. Y la casa la grande incrustó en madera cedrina, y doró con oro puro; y esculpió sobre ellas palmeras y cadenas. Y ornó la casa con piedras preciosas para gloria y doró con oro, de oro del de Parvaím. Y doró la casa y sus paredes, y los postes, y las techumbres y las puertas con oro, y esculpió querubines sobre las paredes. E hizo la casa del santo de los santos —su longitud, según la latitud de la casa: codos veinte, y su anchura: codos veinte, y la doró con oro puro(b), cerca de los talentos seiscientos. Y el peso de los clavos, peso de uno, cincuenta siclos de oro; y la terraza doró con oro. E hizo en la casa, en el santo de los santos, querubines dos, obra de madera y las doró con oro. Y las salas de los querubines —su longitud de codos veinte, y el ala la una, de codos cinco, tocando la pared de la casa; y el ala la otra de codos cinco, tocando el ala de querubín el otro. Y el ala del querubín el uno, de codos cinco, tocando la pared de la casa; y el ala de la otra, de codos cinco, tocando el ala del querubín el otro. Y las alas de estos querubines, extendidas codos veinte; y ellos, puestos sobre sus pies, y sus rostros, hacia la casa. E hizo el velo de jacinto, y púrpura y escarlata y biso; y tejió en él querubines. E hizo delante de la casa columnas dos, de codos treinta y cinco su altura y el capitel de ellas, de codos cinco. E hizo cadenas en el oráculo y puso sobre el capitel de las columnas; e hizo granadas ciento y puso sobre las cadenas. Y puso las columnas al frente del templo: una a la derecha; y la otra, a la izquierda; y llamó el nombre de la derecha: Rectitud y el nombre de la izquierda: «Fortaleza»(c). Las demás obras del templo E hizo un altar broncíneo, de veinte codos de longitud, y de diez codos su latitud, y de diez codos su altura. E hizo el mar fundido: de diez codos de diámetro, redondo en contorno; y de cinco codos de altura y el circuito de treinta codos. Y semejanza de becerros debajo de él; en contorno lo rodean; diez codos abrazan el baño en contorno; dos(a) órdenes fundieron los becerros en sus fundiciones con las que hicieron doce becerros: los tres mirando al septentrión, y los tres al occidente, y los tres al austro, y los tres hacia el oriente; y el mar sobre ellos arriba; estaba lo posterior de ellos hacia adentro. Y el espesor de él, una mano, y su labio como labio de cáliz, esculturas-brotes de lirios, cogiendo metretas tres mil(b). E hizo jofainas diez, y púsolas: las cinco a diestra y las cinco a siniestra, para lavar en ellas las obras de los holocaustos y enjuagar en ellas; y el mar, para lavarse los sacerdotes en él. E hizo los candelabros los áureos diez según la prescripción de ellos; y puso en el templo: cinco a la derecha y cinco a la izquierda. E hizo mesas diez y puso en el templo: cinco a la derecha y cinco a la izquierda —e hizo tazas áureas ciento; e hizo el atrio de los sacerdotes y el atrio el grande y puertas al atrio; y bronceó las hojas de ellas con bronce. Y el mar puso en ángulo de la casa, a derecha, como al oriente hacia el medio día. E hizo Hiram las marmitas, y los braseros y el hogar del altar, y todos los vasos de ellos. Y acabó Hiram de hacer toda la obra que hizo a Salomón el rey, en casa de Dios: columnas dos y sobre ellas capiteles redondeados sobre las cabezas de las columnas dos, y redes dos para cubrir los capiteles redondeados que hay sobre las cabezas de las columnas; y granadas áureas cuatrocientas para las dos redes, y dos órdenes de granadas en la red la una, para cubrir los dos capiteles redondeados de las columnas. Y las basas hizo diez y las jofainas hizo sobre las basas; y el mar uno y los becerros los doce, debajo de él; (c)y las marmitas, y los tridentes, y las tazas y todos los vasos de ellos hizo Hiram a Salomón para la casa del Señor, de bronce puro. En los alrededores del Jordán fundíalos el rey, en lo compacto de la tierra, entre Socot y Saredatá. E hizo Salomón todos estos vasos en abundancia sobremanera, que no se contó el peso del bronce. E hizo Salomón todos los vasos de casa del Señor, y el altar el áureo, y las mesas, y sobre ellas panes de proposición. Y los candelabros y las lámparas de la luz, según la prescripción, y enfrente del oráculo, de oro puro; y las flores y las lámparas y las despabiladeras, de oro puro. Y los braseros, y los turíbulos, y las tazas y los morterillos, de oro puro; y la entrada de la casa, sus puertas interiores al santo de los santos, y las puertas de la casa, del templo, áureas. Dedicación del templo Y consumóse toda la obra que hizo Salomón en casa del Señor. E introdujo Salomón lo sacro de David, su padre: la plata y el oro y los vasos; y dio el tesoro de casa del Señor. Entonces congregó Salomón a todos los ancianos de Israel, y todos los príncipes de familias de hijos de Israel, en Jerusalén, para traer el arca de Alianza del Señor, de la ciudad de David; ésta(a), Sión. Congregáronse con el rey todo varón de Israel en la fiesta; éste, el mes séptimo. Y vinieron todos los ancianos de Israel, y tomaron todos los levitas el arca; y subieron el arca y el tabernáculo del testimonio, y todos los vasos, los sagrados, los del tabernáculo; y subiéronla los sacerdotes y los levitas. Y el rey Salomón y toda la congregación de Israel,(b) delante del arca, sacrificando becerros y ovejas que no eran de contar y que no eran de calcular por la muchedumbre. E introdujeron los sacerdotes el arca de la alianza del Señor en su lugar: en el oráculo de la casa, en el santo de los santos, debajo de las alas de los querubines. Y estaban los querubines, extendidas sus alas, sobre el lugar del arca; y sombreaban los querubines sobre el arca y sobre las barras de ella por encima. Y sobresalían las barras y se veían las cabezas de ellas desde el oráculo, por delante del tabernáculo; no se veían de fuera; y han estado allí hasta este día. No había en el arca sino las dos tablas que puso Moisés en Horeb, cuando pactó Señor con los hijos de Israel, al salir ellos de tierra de Egipto. Y aconteció, al salir los sacerdotes del santuario, pues todos los sacerdotes que se hallaron, se santificaron; no había ordenados por turnos diarios; y los levitas los cantores todos, con los hijos de Asaf, con Hemán, con Iditún y sus hijos y sus hermanos; vestidos de estolas bísinas, en címbalos, y en nablas y en cíniras, puestos en frente del altar; y con ellos sacerdotes ciento veinte trompeteando con las trompetas; y hubo una voz en el trompetear, y en el cantar y en el concertar con voz una, para confesar y loar al Señor; y cuando alzaron voz en trompetas, y en címbalos y órganos de los cantares; y decían: «Confesad al Señor porque es bueno, porque por los siglos es su misericordia»; y la casa llenóse de nube de gloria de Señor; y no podían los sacerdotes estar para ministrar a faz de la nube; pues llenó gloria de Señor la casa de Dios. Oración de Salomón Y dijo Salomón: «Señor ha dicho habitar en calígine; y yo he edificado casa a tu nombre, santa para ti y dispuesta para habitar por los siglos». Y volvió el rey su semblante y bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie; Y dijo: «¡Bendito, Señor, el Dios de Israel, como que habló en su boca a David, mi padre, y en manos de él cumplió, diciendo: Desde el día que subí mi pueblo de tierra de Egipto, no he elegido ciudad de entre todas las tribus de Israel, para que edifique casa para estar mi nombre allí; y no he elegido varón para ser príncipe sobre mi pueblo de Israel. Y he elegido a Jerusalén para que esté mi nombre allí, y elegido a David para que esté sobre mi pueblo de Israel». «Y vino al corazón de David, mi padre, el edificar una casa a nombre del Señor, Dios de Israel. Y dijo el Señor a David, mi padre: «Por esto: por haber venido a tu corazón el edificar casa a mi nombre, bellamente hiciste por haber venido a tu corazón. Empero, tú no edificarás la casa; porque tu hijo, el que saldrá de tus lomos, éste edificará la casa a mi nombre». Y suscitó el Señor esta palabra que habló, y entrada en lugar de David, mi padre, y sentádome en el trono de Israel, según habló el Señor, y edificado la casa al nombre del Señor, Dios de Israel; y puesto allí el arca, en la que, allí(a), el pacto del Señor que pactó con Israel». Y púsose por delante del altar, delante de toda la congregación de Israel; y extendió sus manos; (pues Salomón hiciera una basa broncínea y la pusiera en medio del atrio del santuario: de cinco codos de longitud, y de cinco codos su anchura, y de tres codos su altura); y púsose sobre ella; y cayó de rodillas delante de toda la congregación de Israel; y extendió sus manos al cielo; y dijo: «Señor, Dios de Israel, no hay semejante a ti, Dios en el cielo y sobre la tierra, guardando la alianza y la misericordia a tus niños los que caminan delante de ti en su corazón; como has guardado a David, mi padre, como le hablaste diciendo y hablaste en tu boca, y en tus manos cumpliste —como este día. Y ahora, Señor, el Dios de Israel, guarda a tu niño, a David mi padre, lo que le hablaste diciendo: «No te faltará varón ante mi faz, sentado en trono de Israel; empero, si guardaren tus hijos el camino de ellos, para caminar en mi ley, como has caminado delante de mí». Y ahora, Señor, el Dios de Israel, afiáncese ya tu palabra que hablaste a tu niño David. Porque: ¡si verdaderamente ha de habitar Dios con hombres sobre la tierra! Si el cielo y el cielo del cielo no te han de bastar— ¡y cuál esta casa que he edificado! también mirarás a la oración de tu niño y a la súplica mía, Señor Dios, para escuchar la súplica y la oración que tu niño ora delante de ti hoy; para que estén sus ojos abiertos sobre esta casa día y noche, a este lugar que dijiste sería invocado tu nombre allí, para escuchar la oración que ora tu niño a este lugar: Y escucharás la plegaria de tu niño y de tu pueblo Israel, lo que oraron; a este lugar; y tu escucharás en el lugar de tu habitación, desde el cielo; y escucharás y propicio serás. Si pecare un varón contra su prójimo y cogiere sobre él maldición para maldecirle y viniere y se maldijere delante del altar en esta casa, tú escucharás del cielo y harás, y juzgarás a tus siervos, retribuyendo al inicuo y retribuyendo sus caminos sobre su cabeza; y justificando al justo, retribuyéndole según su justicia. Y si herido fuere el pueblo de Israel en frente del enemigo si hubieren pecado contra ti; y se arrepintieren, y confesaren tu nombre, y oraren y suplicaren delante de ti en esta casa; tú escucharás del cielo, y propicio serás a los pecados de tu pueblo de Israel, y los volverás a la tierra que diste a ellos y sus padres. Cuando se cerrare el cielo y no hubiere lluvia; (porque pecarán contra ti, y orarán a este lugar, y alabarán tu nombre, y de sus pecados se arrepentirán; porque los humillarás) tú escucharás del cielo, y propicio serás a los pecados de los niños y de tu pueblo de Israel; porque les manifestarás el camino el bueno en que caminarán en él, y darás lluvia sobre tu tierra, que has dado a tu pueblo en herencia. Hombre si viniere sobre la tierra; muerte si viniere; aire infecto e ictericia, langosta y oruga si naciere, y si le atribulare el enemigo frente por frente de sus ciudades; según cada plaga y cada trabajo; toda oración y toda súplica, que se hiciere por todo hombre su plaga y su flaqueza, y tendiere sus manos a esta casa; tú escucharás del cielo, de tu prevenida morada, y te propiciarás y darás cada uno según sus caminos, como conocieres su corazón; pues sólo(b) conoces el corazón de hijos de hombres; para que te teman y anden por tus caminos, todos los días que ellos vinieren sobre faz de la tierra que diste a nuestros padres. También todo extraño, quien no es de tu pueblo de Israel, y viniere de tierra en lontananza, por tu nombre el grande, y tu mano la poderosa y tu brazo el excelso —y vinieren y oraren a este lugar; tú escucharás del cielo, de tu prevenida morada, y harás según todo cuanto te invocare el extraño, para que conozcan todos los pueblos de la tierra tu nombre y para temerte como tu pueblo de Israel y para conocer que tu nombre invocado ha sido sobre esta casa que edifiqué. Pero, si saliere tu pueblo a guerra sobre sus enemigos, en caminos que los enviares y oraren a ti, según el camino(c) de esta ciudad la que has elegido; y de la casa que he edificado a tu nombre; escucharás, del cielo, su oración y su súplica y harás la justificación de ellos. Porque pecarán contra ti (porque no habrá hombre que no peque), y los percutirás; y los entregarás a faz de enemigos; y los cautivarán los cautivadores a tierra de enemigos, a tierra lejos o cerca; y(d) convirtieren su corazón, en su tierra a donde han sido trasladados, allí; y también se convirtieren y te suplicaren en su cautiverio; diciendo: «Hemos pecado, prevaricado, delinquido»; y se convirtieren a ti en todo su corazón y en toda su alma, en tierra de sus cautivadores, donde los hubieren cautivado, y oraren camino de su tierra que diste a sus padres y de la ciudad que elegiste y de la casa que he edificado a tu nombre; escucharás, del cielo, de tu prevenida morada, su oración y su súplica, y harás juicios, y propicio, serás al pueblo, al que ha pecado contra ti. Y ahora, Señor, estén ya tus ojos abiertos y tus orejas escuchadoras de la plegaria de este lugar. Y ahora álzate, Señor Dios, al reposo tuyo, tú y el arca de tu fortaleza: tus sacerdotes, Señor Dios, revístanse salud, y tus hijos(e) regocíjense en bienes. Señor Dios, no apartes, el rostro de tu ungido; acuérdate de las misericordias(f) de David, tu siervo». Fiestas de la dedicación Y, al acabar Salomón de orar, el fuego descendió del cielo y devoró los holocaustos y las hostias; y gloria del Señor llenó la casa; y no podían los sacerdotes entrar en la casa del Señor en aquella sazón, pues se llenó de la gloria del Señor la casa. Y todos los hijos de Israel veían descendiendo el fuego y la gloria del Señor sobre la casa, y cayeron de rostro sobre la tierra, sobre el pavimento, y adoraron y loaron al Señor: «Porque es bueno(a) porque por los siglos su misericordia». Y el rey y todo el pueblo, sacrificando sacrificios delante del Señor. Y sacrificó el rey Salomón el sacrificio de becerros: veintidós millares; de ganado ciento veinte millares; y dedicó la casa de Dios el rey y todo el pueblo. Y los sacerdotes sobre sus guardas puestos y los levitas en órganos de cantares del Señor; de David el rey, para confesar delante del Señor. «Porque por los siglos es su misericordia», en himnos de David, por mano de ellos; y los sacerdotes trompeteando con las trompetas delante de ellos; y todo Israel, de pie. Y santificó Salomón en medio del atrio de la casa del Señor, pues hizo allí los holocaustos y las grosuras de los pacíficos; pues el altar broncíneo que hizo Salomón, no bastaba a coger los holocaustos y los pacíficos y las grosuras. E hizo Salomón la fiesta, en aquella sazón, siete días; y todo Israel con él, congregación grande sobremanera, desde la entrada de Emat y hasta el torrente de Egipto. E hizo en el día el octavo un éscodo(b), porque hizo la dedicación del altar: siete días de fiesta; y en el vigésimo tercio del mes el séptimo; despidió al pueblo a sus tiendas regocijados y con buen corazón por los bienes que hizo el Señor a David, y a —Salomón y a Israel, su pueblo. Y terminó Salomón la casa del Señor y la casa del rey; y todo cuanto quiso en el alma Salomón hacer en casa del Señor y en casa suya, bien encaminado fue. Y apareció el Señor a Salomón de noche y díjole: «He escuchado tu oración y elegídome este lugar para casa de sacrificio. Si cerrare yo el cielo y no hubiere lluvia; y si mandare a la langosta devorar la tierra(c); y si enviare muerte en medio de mi pueblo; y si se arrepintiere mi pueblo, sobre los que está invocado mi nombre, sobre ellos; y oraren y buscaren mi rostro y se volvieren de sus caminos los malos, yo escucharé del cielo y propicio seré a sus pecados y sanaré su tierra. Y ahora mis ojos estarán abiertos y mis orejas escuchadoras de la oración de este lugar. Y ahora he elegido y santificado esta casa para que esté mi nombre allí hasta los siglos; y estarán mis ojos y mi corazón allí todos los días. Y tú, si anduvieres delante de mí, como David, tu padre, e hicieres conforme a todo lo que te he mandado; y mis preceptos y mis juicios guardares; levantaré el trono de tu reino como prometí a David, tu padre, diciendo: «No te será quitado príncipe varón en Israel». Y, si os apartareis y abandonareis mis preceptos y mis mandamientos, que he dado delante de vosotros; y fuereis y sirviereis a dioses otros y los adorareis; os arrancaré de la tierra, que les he dado; y esta casa que he consagrado a mi nombre, arrojaré entre todas las gentes. Y esta casa, la sublime —todo el que pasare por ella, se espantará y dirá: «¿Por qué causa ha hecho el Señor(d) a esta tierra y a esta casa?». Y dirán: «Por esto; porque abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, el que los sacó de tierra de Egipto; y adhirieron a dioses otros, y los adoraron y les sirvieron; por esto trajo sobre ellos toda esta malandanza». Ciudades, disposiciones litúrgicas y naves de Salomón Y aconteció, después de veinte años en que edificó Salomón la casa del Señor y la casa suya; las ciudades que dio Hiram a Salomón, las edificó Salomón y radicó allí a los hijos de Israel. Y vino Salomón a Emat-Subá y conquistóla. Y edificó a Palmira en el desierto y todas las ciudades fortificadas, que edificó en Emat. Y edificó a Betorón la alta, y a Betorón la baja, ciudades fortificadas: muros, puertas y cerrojos; y a Balaat, y todas las ciudades las fortificadas que tenía Salomón y las ciudades de los carros y las ciudades de los jinetes; y cuanto deseó Salomón, según el deseo, edificar en Jerusalén, y en el Líbano y en todo su reino. Todo el pueblo que quedó del heteo, y del amorreo, y del ferezeo, y del heveo y del jebuseo, los que no son de Israel, sino que eran de los hijos de ellos que quedaron con ellos en la tierra, los que no exterminaron los hijos de Israel; alzólos Salomón a tributo —hasta este día. Y de los hijos de Israel no dio Salomón, para niños(a) a su reino; pues, he aquí(b), varones guerreros y príncipes, y los poderosos y príncipes de carros y jinetes. Y éstos, los príncipes de los prefectos del rey Salomón: doscientos cincuenta proveedores de obras en el pueblo. Y a la hija del Faraón ascendió Salomón de la ciudad de David, a la casa que edificó para ella; porque dijo: «No habitará mi mujer en la casa(c) de David, el rey de Israel, porque santa es, donde ha entrada allí el Arca del Señor». Entonces, ofreció Salomón holocaustos al Señor sobre el altar(d) que edificó delante del templo; para que en razón del día, en su día se ofreciera, según los mandamientos de Moisés; en los sábados, y en los meses y en las fiestas; tres veces al año: en la fiesta de los Azimos, y en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de los Tabernáculos: Y estableció, según el precepto de David, su padre, las divisiones de los sacerdotes, y según los ministerios de ellos; y los levitas, sobre las guardas de ellos, para alabar y ministrar delante de los sacerdotes, en razón del día, en el día; y los porteros, según sus divisiones, en puerta y puerta; porque así, lo había mandado David; hombre de Dios. No preterieron los mandamientos del rey acerca de los sacerdotes y levitas, cuanto a toda palabra y cuanto a los tesoros. Y dispúsose toda la labor, desde el día que se fundamentó hasta que terminó Salomón la casa del Señor. Entonces fue Salomón a Asiongaber y a Ailat la marina, en tierra edomita. Y envió Hiram, en mano de sus niños naves y niños sabedores del mar, y fueron con los niños de Salomón a Ofir, y tomaron de allí los cuatrocientos cincuenta talentos de oro; y vinieron al rey Salomón. Sabiduría y gloria de Salomón. La reina de Sabá. Y una reina de Sabá oyó el nombre de Salomón, y vino a tentar a Salomón en enigmas, a Jerusalén, en poder, pesado sobremanera; y camellos, llevando aromas en muchedumbre y oro y piedra preciosa; y vino a Salomón, y hablóle todo cuanto había en su alma. Y anuncióle Salomón todas sus palabras, y no se ocultó palabra a Salomón que no le respondiera. Y vio la reina de Sabá la sabiduría de Salomón y la casa que edificó; y las viandas de las mesas, y la sede de sus niños, y el estado de sus servidores; y la vestidura de ellos, y los coperos de él, y la indumentaria de ellos; y los holocaustos que ofrecía en casa del Señor; y fuera de sí quedó. Y dijo al rey: «Verdadera es la palabra que oí en mi tierra acerca de tus palabras y acerca de tu sabiduría; y no les creí hasta que vine, y vieron mis ojos; y, he aquí, no se me anunció la mitad de la muchedumbre de tu sabiduría; has sobrepasado la oída que oí. ¡Venturosos los varones tuyos, venturosos los niños tuyos, éstos los presentes a ti sin cesar y escuchando tu sabiduría! Sea el Señor, tu Dios, bendito, que se ha complacido en ti, poniéndote en su trono por rey, para el Señor tu Dios. En haber amado el Señor, tu Dios, a Israel para afianzarlo por los siglos, te ha puesto sobre ellos por rey para hacer juicio y justicia». Y dio al rey ciento veinte talentos de oro y aromas en plenitud mucha, y piedra preciosa; y no hubo como aquellos aromas que dio la reina de Sabá al rey Salomón. Y los servidores de Salomón y los servidores de Hiram traían oro a Salomón, de Ofir y madera abetina y piedra preciosa. E hizo uso el rey de la madera abetina como gradas para la casa del Señor y la casa del rey, y cítaras y nablas para los cantares; y no se vio tal(a) antes en tierra de Judá. Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todas sus voluntades que pidió, fuera de todo lo que trajo al rey Salomón; y volvió a su tierra(b). Y era el peso del oro el traído a Salomón en un año, de seiscientos sesenta y seis talentos de oro; fuera de lo que los varones, los súbditos y los mercaderes traían; y todos los reyes de Arabia y sátrapas de la tierra, todos traían oro y plata al rey Salomón. E hizo el rey Salomón doscientos paveses(c) áureos batidos —seiscientos áureos(d) puros caían sobre él un pavés; y trescientas rodelas batidas, áureas— de(e) trescientos áureos era subido sobre cada rodela; y púsolas el rey en «casa de selva» del Líbano. E hizo el rey un trono marfileño grande y lo doró con oro acrisolado. Y seis gradas tenía el trono entretejidas de oro(f); y brazos de acá y de acá sobre el trono de la sede; y dos leones parados juntos a los brazos. Y doce leones, parados allí sobre las seis gradas de acá y de acá. —No hubo tal en todos los reinos. Y todos los vasos del rey Salomón, de oro; y todos los vasos de «casa de selva» del Líbano, de oro fundidos; —no había plata que valiera, en días de Salomón, para nada. Pues nave(g) para el rey iba a Tarsis, con los niños de Hiram; una vez cada tres años venían navíos, desde Tarsis, al rey, cargados de oro, y plata, y marfil y monos(h). Y fue engrandecido Salomón sobre todos los reyes(i), así en riqueza como en sabiduría(j). Y todos los reyes de la tierra buscaban el rostro de Salomón para oír su sabiduría que dio Dios en el corazón de él. Y ellos traían cada cual sus dones: vasos argénteos y vasos áureos y vestimenta, estacte(k) y aromas, bidones y mulas, de año en año. Y tuvo Salomón cuatro mil bridones(l) para carros, y doce millares de jinetes, y los puso en ciudades de los carros y con el rey, en Jerusalén. Y fue dominador de todos los reyes desde el río(m) y hasta la tierra de los filisteos y hasta los confines de Egipto. Y dio el rey el oro y la plata, en Jerusalén, como piedras; y los cedros, como sicomoros los de la llanura, en muchedumbre. Y la salida de los bridones, de Egipto, para Salomón, y de toda la tierra. Y las demás palabras de Salomón, las primeras y las últimas, he aquí están escritas en las palabras de Natán el profeta y en las palabras de Ahías el Silonita; y en las visiones de Adó(n) el vidente acerca de Jeroboam, hijo de Nabat. Y reinó Salomón, en Jerusalén, sobre todo Israel, cuarenta años. Y durmióse con sus padres, y sepultáronle en la ciudad de David, su padre, y reinó Roboam, su hijo, en su lugar. Roboam y Jeroboam Y vino Roboam a Siquem, pues a Siquem iba todo Israel a enreyecerle. Y aconteció al oír Jeroboam, hijo de Nabat (y él en Egipto como huyó de la faz de Salomón el rey, y habitó Jeroboam en Egipto), que volvió Jeroboam, de Egipto. Y enviaron y le llamaron; y vino Jeroboam y toda la congregación a Roboam, diciendo: «Tu padre endureció nuestro yugo; y ahora, quita de la servidumbre de tu padre la dureza, y de su yugo el pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos». Y díjoles: «Idos hasta tres días, y venís a mí». Y se fue el pueblo. Y reunió el rey Roboam a los ancianos, los asistentes ante su padre Salomón, cuando vivía, diciendo: «¿Cómo aconsejáis vosotros responder a este pueblo palabra?». Y habláronle diciendo: «Si hoy te volvieres bueno para con este pueblo y complacieres y les hablares palabras buenas, te serán servidores todos los días». Y dejó el consejo de los ancianos que le aconsejaron; y aconsejóse con los jovencillos, los criados con él, los asistentes ante él. Y díjoles: «¿Qué vosotros aconsejáis y responderé palabra a este pueblo, que han hablado a mí diciendo: «Quita el yugo que puso tu padre sobre nosotros?». Y habláronle los jovencillos los criados con él, diciendo: «Así hablarás al pueblo, al que te ha hablado diciendo: «Tu padre agravó nuestro yugo, y tú quitas de nosotros»; así hablarás: «Mi pequeño dedo es más grueso que los lomos de mi padre; y ahora mi padre os castigó con yugo pesado, y yo añadiré más a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes y yo os castigaré con escorpiones». Y vino Jeroboam y todo el pueblo a Roboam el día el tercero, como habló el rey diciendo: «Volved a mí el día el tercero». Y respondió el rey cosas duras, y dejó el rey Roboam, el consejo de los ancianos; y hablóles según el consejo de los jóvenes, diciendo: «Mi padre agravó vuestro yugo; y yo añadiré a él; mi padre os castigó con azotes, y yo os castigaré con escorpiones». Y no escuchó el rey al pueblo; pues era un trastorno venido de Dios, para confirmar el Señor su palabra que habló en manos de Ahías, el silonita, acerca de Jeroboam, hijo de Nabat, y de todo Israel; porque no les oyó el rey, y respondió el pueblo al rey, diciendo: «¿Cuál fue nuestra parte en David y heredad en el hijo de Isaí. ¡A tus tiendas, Israel! ¡Ahora mira por tu casa David!» Y fue todo Israel a sus tiendas. Y los varones de Israel y los habitantes de ciudades de Judá, enreyecieron sobre sí a Roboam. Y envió sobre ellos Roboam, el rey, a Aduram el sobre el tributo, y le apedrearon los hijos de Israel con piedras y murió. Y el rey Roboam apresuróse a subir en el carro para huir a Jerusalén. Y rebelóse Israel contra la casa de David hasta este día. Reinado y mujeres de Roboam Y vino Roboam a Jerusalén y congregó a Judá y Benjamín: ciento ochenta millares de jóvenes haciendo guerra; y guerreaba contra Israel para devolver el reino a Roboam. Y vino palabra del Señor a Semeías, hombre de Dios; diciendo: «Di a Roboam, hijo de Salomón, diciendo: «Esto dice el Señor: «No subiréis y no guerrearéis contra vuestros hermanos; volved cada uno a su casa pues de mí ha venido esta palabra». Y escucharon la palabra del Señor y se volvieron, para no ir contra Jeroboam. Y habitó Roboam en Jerusalén y edificó ciudades en la Judea. Y edificó a Belén, y Etán y Tecué, y Betsur, y Socó, y Odolam; y Get, y Maresá y Zif; y Aduram, y Saquías y Azecá; y Saará, y Ayalón, y Hebrón, la que es de Judá y Benjamín, ciudades muradas. Y fortificó las muradas y puso en ellas a príncipes y depósitos de víveres, aceite y vino; por ciudad y por ciudad, escudos y lanzas; y reforzólas en exceso, por demás; y eran suyos Judá y Benjamín. Y los sacerdotes y los levitas que había en todo Israel, juntáronse a él, de todos los confines. Porque abandonaron los levitas las tiendas de su posesión, y fueron a Judá, a Jerusalén; porque los lanzó Jeroboam y sus hijos, para que no ministrasen al Señor. Y constituyóse sacerdotes de las alturas, y para los ídolos(a) y los becerros que hizo Jeroboam. Y lanzólos de las tribus de Israel; los que dieron su corazón a buscar al Señor Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén a sacrificar al Señor, Dios de sus padres. Y robustecieron el reino de Judá; y robusteció(b) a Roboam, hijo de Salomón, tres años; porque anduvo en los caminos de David y Salomón tres años. Y tomóse Roboam por mujer a Mahalat, hija de Yermot, hijo de David; y a Abihail, hija de Eliab, hijo de Isaí. Y parióle hijos: a Jehús, y a Somorías y a Zoon. Y, después de esto tomóse a Maacá, hija de Absalón, y le parió a Abías, y a Etaí, y a Zizá y a Solomit. Y amó Roboam a Maacá, hija de Absalón sobre todas sus mujeres y sus concubinas; pues mujeres dieciocho tuvo y concubinas sesenta; y engendró hijos veintiocho e hijas sesenta. Y constituyó príncipe Roboam a Abías, hijo de Maacá, ductor en sus hermanos; pues pensaba enreyecerle. Y creció(c) sobre todos sus hijos en todos los confines de Judá y Benjamín, y en las ciudades fortificadas; y diolas víveres en mucha abundancia, y pidió(d) abundancia de mujeres. Sesac contra Roboam Y aconteció, cuando se fundamentó el reino de Roboam y cuando se reforzó que abandonó los mandamientos del Señor; y todo Israel con él. Y aconteció en el año quinto en el reino de Roboam, subir Sesac, rey de Egipto, sobre Jerusalén, pues pecaron ante el Señor, con mil doscientos carros y sesenta mil jinetes; y no había número de la muchedumbre la venida, con él, de Egipto, libios, trogloditas y etíopes. Y se apoderaron de las ciudades las fortificadas que había en Judá, y vinieron a Jerusalén. Y Samaías, el profeta vino a Roboam y a los príncipes de Judá, los reunidos en Jerusalén, de la faz de Sesac, y les dijo: «Así dice el Señor: «Vosotros me habéis abandonado, y yo os abandonaré en mano de Sesac». Y confundiéronse los príncipes de Israel y el rey y dijeron: «Justo es el Señor». Y viendo el Señor que se convirtieron, vino palabra del Señor a Samaías, diciendo: «Se han convertido: no los perderé; y los daré un poco en salud, y no goteará, no, mi furor en Jerusalén; pues serán como servidores y conocerán la servidumbre mía y la servidumbre del reino de la tierra». Y subió(a) Sesac, rey de Egipto, sobre Jerusalén, y tomó los tesoros los de la casa del Señor y los tesoros los de la casa del rey, todos los tomó; y tomó los paveses áureos que hizo Salomón; e hizo el rey Roboam paveses broncíneos en lugar de ellos y entrególos en mano de los príncipes de los corredores(b), los que custodiaban la puerta del rey. Y acontecía, al entrar el rey en la casa del Señor, venir los corredores y llevarlos, y devolverlos al aposento de los corredores. Y, convirtiéndose él, retiróse de él la ira del Señor, y no para perdición, para el fin, pues también en Judá había palabras buenas. Y reforzóse el rey Roboam en Jerusalén, y reinó; y de cuarenta y un años, Roboam, al reinar reinó diecisiete años en Jerusalén; en la ciudad que eligió el Señor, para nombrar su nombre allí, de entre todas las tribus de los hijos de Israel; y el nombre de su madre: Naamá la amanita. E hizo lo malo, pues no enderezó su corazón para buscar al Señor. Y palabras de Roboam, las primeras y últimas, no, he aquí escritas en las palabras de Samaías el profeta y Adó el vidente, y acciones de él. Y guerreó Roboam con Jeroboam todos los días. Y durmióse Roboam con sus padres; y fue sepultado en ciudad de David, y reinó Abías, su hijo, en su lugar. Abías vence a Jeroboam En el décimoctavo año del reinado de Jeroboam, reinó Abías sobre Judá. Tres años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre Micayá, hija de Uriel de Gabaa: Y guerra hubo entre Abías y entre Jeroboam. Y dispúsose Abías a la guerra en poder, con guerreros de poder: con cuatrocientos millares de varones poderosos, y Jeroboam dispúsose contra él en ochocientos millares poderosos, guerreros de fuerza. Y levantóse Abías del monte Semerón, que está en la montaña de Efraín; y dijo: «Oíd, Jeroboam y todo Israel. «¿No conocéis vosotros que el Señor, el Dios de Israel, puso rey sobre Israel por los siglos a David y sus hijos, con pacto de sal?(a) Y levantóse Jeroboam, hijo de Nabat, el niño de Salomón, hijo de David, y rebelóse contra su Señor. Y juntáronse a él varones—pestes, hijos inicuos; y se levantó contra Roboam, hijo de Salomón; y Roboam era jovencillo y menguado de corazón y no se levantó contra su faz. Y ahora vosotros decís resistir a la faz del reino del Señor, por mano de los hijos de David; y vosotros, turba, y con vosotros, becerros áureos que os hizo Jeroboam en dioses. ¿O no habéis lanzado a los sacerdotes del Señor, los hijos de Aarón, y a los levitas, y hechos sacerdotes de entre el pueblo de la tierra toda? El que venía a llenar las manos(b), con becerro de vacas y siete carneros, era hecho sacerdote al que no era Dios. Y nosotros, a nuestro Dios no hemos abandonado y sus sacerdotes ministran al Señor, los hijos de Aarón y los levitas; y en sus turnos diarios. Sacrifican al Señor holocaustos, mañana y tarde y timiama de composición y proposiciones de panes sobre la mesa pura; —y el candelabro áureo y las lámparas de encendimiento de prender a la tarde(c); porque guardamos nosotros los mandatos del Señor, el Dios de nuestros padres; y vosotros le habéis abandonado. Y he aquí con nosotros al frente del Señor y sus sacerdotes y las trompetas de alarma para alarmar contra nosotros: «Los hijos de Israel, no guerrearéis contra el Señor, Dios de nuestros padres; porque no os sucederá bien». Y Jeroboam tramó que la(d) emboscada anduviese para él por detrás, y estuvo delante Judá y la emboscada por detrás. Y volvióse Judá, y he aquí para ellos guerra por delante y por detrás; y clamaron al Señor, y los sacerdotes trompetearon con las trompetas. Y clamaron los varones de Judá y aconteció, al clamar los varones de Judá, que el Señor percutió a Jeroboam y a Israel, delante de Abías y Judá. Y huyeron los hijos de Israel a la faz de Judá, y entrególes el Señor en sus manos. Y percutió en ellos Abías y su pueblo plaga grande, y cayeron heridos, de Israel, quinientos mil varones poderosos. Y fueron humillados los hijos de Israel en aquel día; y fortaleciéronse los hijos de Judá, por haber esperado en el Señor, Dios de sus padres. Y persiguió Abías en pos de Jeroboam y conquistó, de él, las ciudades Betel, y sus aldeas; a Jesaná y sus aldeas; a Efrón y sus aldeas. Y no tuvo fuerza Jeroboam y a todos los días de Abías; y percutióle el Señor y murió. Y fortalecióse Abías; y tomóse mujeres catorce, y engendró hijos veintidós, y dieciséis hijas. Y las demás palabras de Abías, y sus acciones y palabras están escritas, en el libro del profeta Adó. Asa renueva el culto. Vence a los etíopes. Y durmióse Abías con sus padres, y le sepultaron en la ciudad de David; y reinó Asa, su hijo, en su lugar. En los días de Asa reposó la tierra de Judá diez años; e hizo lo hermoso y lo recto en los ojos del Señor, su Dios. Y quitó los altares de los extraños y las alturas; y destrozó las columnas y cortó las selvas; y envió a Judá a buscar al Señor, Dios de sus padres, y hacer cumplir la ley y los mandamientos. Y quitó de todas las ciudades de Judá los altares y los ídolos; y tuvo paz. Y edificó ciudades muradas en tierra de Judá, pues se apaciguó la tierra; y no tuvo él guerra en estos años pues reposo le dio el Señor. Y dijo a Judá: «Edifiquemos estas ciudades y hagamos muros, y puertas y cerrojos: a la faz de la tierra dominaremos; pues, así como hemos buscado al Señor, nuestro Dios nos ha buscado y reposádonos en contorno y prosperádonos(a)». Y tuvo un ejército Asa de armígeros llevando paveses y lanzas, en tierra de Judá: trescientos millares; y, en tierra de Benjamín, escudados y arqueros: doscientos ochenta millares; todos estos guerreros de poder. Y salió sobre ellos Zará, el etíope, con un ejército de mil veces mil, y carros trescientos; y vino hasta Maresá. Y salió Asa a su encuentro y dispuso guerra en el valle de Selfatá, junto a Maresá. Y clamó Asa al Señor, su Dios, y dijo: «Señor, no te es imposible salvar en muchos y en pocos: esfuérzanos, Señor, Dios nuestro, pues en ti confiamos y en tu nombre hemos venido contra esta turba la mucha. Señor, Dios nuestro: no prevalezca contra ti un hombre». Y percutió el Señor a los etíopes a faz de Judá; y huyeron etíopes; Y persiguióles Asa y su pueblo hasta Gerará; y cayeron etíopes, hasta no quedar en ellos vida, pues fueron deshechos a la faz del Señor y a la faz del ejército de él. Y apresaron presas muchas. Y extirparon sus aldeas, en contorno de Gerará; pues vino terror del Señor sobre ellos; y saquearon todas sus ciudades; pues mucho botín había en ellas. Y también las dehesas de los ganados(b) destruyeron y cogieron ovejas muchas y camellos, y volvieron a Jerusalén. Profecía de Azarías. Celo de Asa. Y sobre Azarías, hijo de Oded —vino el espíritu del Señor. Y salió al encuentro de Asa y todo Judá y Benjamín, y dijo: «Oídme Asa y todo Judá y Benjamín: El Señor está con vosotros, siendo vosotros con él; y, si le buscareis, hallado será de vosotros; y, si le abandonareis, os abandonará. Y días muchos(a) para Israel, en no dios verdadero (y no enseñando sacerdote) y en ni ley. Y los convertirá al Señor, Dios de Israel, y hallado será de ellos. Y en aquel tiempo no hay paz al que sale y al que entra; sino el terror del Señor sobre todos los habitadores de las regiones. Y guerreará gente contra gente, y ciudad contra ciudad; pues Dios los aterró en toda tribulación. Y vosotros fortaleceos, y no desmayen vuestras manos; que hay galardón para vuestra labor». Y, al oír(b) estas palabras y la profecía de Oded, el profeta, fortalecióse y arrojó las abominaciones de toda la tierra de Judá y Benjamín, y de las ciudades que retuviera Jeroboam(c) en el monte Efraín; y dedicó el altar del Señor; el que estaba delante del templo del Señor. Y convocó a Judá y Benjamín y los prosélitos que habitaban con él, de Efraín y de Manasés y de Simeón; porque agregáronse a él muchos de Israel al verlos cómo estaba el Señor, el Dios de él, con él. Y congregáronse en Jerusalén, en el mes el tercero, en el año el décimoquinto del reinado de Asa. Y sacrificó al Señor, en aquel día, de los despojos que trajeron: becerros setecientos, y ovejas siete mil. Y entraron en pacto de buscar al Señor, Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma; y todo el que no buscara al Señor, Dios de Israel, moriría, de joven a viejo, de varón a mujer. Y juraron al Señor, en voz grande, y en trompetas y en cuernos. Y regocijáronse todos en Judá por el juramento, porque de toda su alma juraron; y en toda voluntad le buscaron, y fue hallado de ellos; y reposo les dio el Señor, en contorno. También a Maacá, su madre, removió de sí, para que no estuviese a Astarte(d) ministrando; y destrozó el ídolo y quemólo en el torrente de Cedrón. Empero las alturas no quitaron; aun quedaron en Israel; mas el corazón de Asa fue lleno(e) todos los días de él. E introdujo lo consagrado de él mismo, en casa de Dios: plata, y oro y vasos. Y guerra no hubo con él, hasta el trigésimo quinto año del reinado de Asa. Asa contra Baasa. Enferma y muere. Y en el trigésimo sexto año del reinado de Asa, subió Baasa, rey de Israel, sobre Judá, y edificó a Rama para no dar salida y entrada a Asa, rey de Judá. Y tomó Asa plata y oro de los tesoros de casa del Señor y casa del rey, y envió cerca de Benadad, rey de Siria, que habitaba en Damasco, diciendo: «Pacta pacto entre mí y ti, entre mi padre y entre tu padre; he aquí te he enviado oro y plata; ven y disipa(a) de mí, a Baasa, rey de Israel; y retírese de mí». Y oyó Benadad al rey Asa, y envió los príncipes de su ejército sobre las ciudades de Israel y percutió a Ahión, y Dan y Abelmain y todos los alrededores de Neftalí. Y aconteció, al oír Baasa, que desistió de edificar a Rama y paró su obra. Y Asa rey tomó a todo Judá y tomó todas las piedras de Rama y la madera de ella con que edificó Baasa; y edificaron con ellas a Gabaá y Masfá. Y en aquel tiempo vino Hananí, el profeta, a Asa, rey de Judá, y díjole: «Por haber confiado tú en el rey de Siria, y por no haber confiado tú en el Señor, tu Dios; por esto se salvó el ejército de Siria de tu mano. ¿No eran los etíopes y libios un gran ejército, de mucha confianza con jinetes y muchedumbre por demás; y que por confiar tú en el Señor, entregó él en tus manos? Porque los ojos del Señor miraron toda la tierra, para dar fuerza a todo corazón lleno para con él; ignorante has sido; por esto, desde ahora, habrá contra ti guerra». Y airóse Asa contra el profeta y púsolo en prisión; pues se encolerizó por esto; y desmandóse Asa en el pueblo, en aquel tiempo. Y he aquí las palabras de Asa las primeras y las últimas escritas en libros de reyes de Judá e Israel. Y enfermóse Asa, en el año el trigésimo nono de su reinado, de los pies, hasta el extremo se enfermó; y en su enfermedad no buscó al Señor, sino a los médicos. Y durmióse Asa con sus padres, en el cuadragésimo primer año de su reinado. Y le sepultaron en el monumento que se había él cavado en ciudad de David; y le recostaron sobre el lecho y llenaron de aromas y linajes de ungüentos de ungüentario(b); e hiciéronle(c) funeral grande por demás. Piedad y grandeza de Josafat Y reinó Josafat, su hijo, en su lugar, y fortalecióse Josafat sobre Israel. Y puso fuerza en todas las ciudades de Judá, las fortificadas, y constituyó príncipes en todas las ciudades de Judá, y en las ciudades de Efraín, que conquistó Asa, su padre. Y fue el Señor con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de su padre(a); y no buscó los ídolos; sino al Señor, el Dios de su padre, buscó; en los mandamientos de su padre anduvo; y no cual las obras de Israel. Y enderezó el Señor el reino en su mano; y dio todo Judá dones a Josafat, y tuvo riquezas y gloria mucha. Y enaltecióse su corazón en el camino del Señor, y quitó las alturas y las selvas de la tierra de Judá. Y en el año tercero de su reinado envió sus príncipes: Benhail, y Obdías, y Zacarías, y Natanael y Miqueas a enseñar en las ciudades de Judá; Y con ellos los levitas: Semeías y Natanías, y Zabadías, y Asael, y Semiramot, y Jonatán, y Adonías, y Tobías y Tobadonías, levitas; y con ellos Elisamá y Joram, los sacerdotes. Y enseñaban en Judá; y con ellos el libro de la Ley del Señor; y atravesaron las ciudades de Judá, y enseñaban al pueblo. Y vino el terror del Señor sobre todos los reinos de la tierra en torno a Judá, y no guerreaban contra Josafat. También de los filisteos traían a Josafat tributo, y plata y dones; y los árabes traíanles carneros de ovejas(b) siete mil setecientos, y cabrones siete mil setecientos. Y fue Josafat engrandeciéndose hasta lo sumo; y edificó en Judá alcázares y ciudades fortificadas; y obras muchas llegó a tener en Judá, y varones guerreros poderosos, fuertes, en Jerusalén. Y éste el número de ellos, según las casas de sus familias: de Judá, quiliarcas: Ednas, el príncipe y con él hijos poderosos del ejército, trescientos mil. Y, después de él, Joanán, el príncipe, y, con él, doscientos ochenta mil. Y, después de él, Amasías, hijo de Tecrí, el que se espontaneaba con el Señor; y con él, doscientos mil poderosos de poder. Y de Benjamín(c) un poderoso de poder: Eliadá; y con él arqueros y escudados, doscientos mil. Y, después de él, Jozabad; y, con él, ciento ochenta mil poderosos de guerra. Estos eran los que servían al rey; fuera de los que puso el rey en las ciudades fortificadas de todo Judá. Alianza con Acab. Miqueas el profeta. Y tuvo Josafat riquezas y gloria mucha, y fue afín en casa de Acab. Y descendió, al fin de años de Acab, a Samaria; y mató para él Acab ovejas y becerros muchos, y para el pueblo con él; y amóle a fin de que juntos con él subiese contra Ramot de Galaad. Y dijo Acab, rey de Israel, a Josafat, rey de Judá: «¿Si irás conmigo a Ramot de Galaad?» Y díjole: «Como yo, así también tú; como tu pueblo, también mi pueblo iremos contigo a la guerra». Y dijo Josafat al rey de Israel: «Busca(a) ahora hoy al Señor». Y congregó el rey de Israel a los profetas, cuatrocientos varones, y díjoles: «¿Si iré contra Ramot de Galaad, o desistiré?». Y dijeron: «Sube y la dará Dios en las manos del rey». Y dijo Josafat: «¿No hay aquí algún profeta del Señor y buscaremos por medio de él?» Y dijo el rey de Israel a Josafat: «Todavía hay un varón para buscar al Señor por medio de él; y yo le he aborrecido porque no me está profetizando para bien, sino, todos sus días, para mal. Este es Miqueas, hijo de Yemlá. «Y dijo Josafat: «No hable el rey así». Y llamó el rey de Israel a un eunuco y dijo: «Pronto, trae a Miqueas, hijo de Yemlá». Y rey de Israel y Josafat, rey de Judá, sentados cada uno en su trono y vestidos de estolas; sentados en la plaza de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. E hízose Sedecías, hijo de Canaaná cuernos férreos, y dijo: «Esto dice el Señor: «En estos cornearás a Siria, hasta que se acabe». Y todos los profetas profetizaban así, diciendo: «Sube a Ramot Galaad y te sucederá bien, y la dará el Señor en manos del rey». Y el mensajero, el ido a llamar a Miqueas, hablóle diciendo: «He aquí han hablado los profetas con boca una bien para el rey; y sean ahora tus palabras como de uno de ellos; y hablarás lo bueno». Y dijo Miqueas: «¡Vive Señor! que lo que me dijere Dios a mí, eso hablaré». Y vino al rey, y díjole el rey: «Miqueas, ¿si iré a Ramot de Galaad, a guerra, o desistiré?» Y dijo: «¡Sube, y te sucederá bien, y serán todos en vuestras manos...» Y dijo el rey: ¿»Cuántas veces te conjuro que no me hables sino la verdad en nombre del Señor? Y dijo: «Vi a Israel disperso en los montes, como ovejas que no tienen pastor. Y dijo el Señor «No tienen príncipes éstos, vuelvan cada cual a su casa en paz». Y dijo el rey de Israel a Josafat: «¿No te digo que no profetiza acerca de mí bueno sino malo?». Y dijo: «No así. Oíd palabra del Señor: Vi al Señor sentado en su trono; y todo el ejército del cielo asistió a su diestra y a su siniestra. Y dijo el Señor: «¿Quién engañará a Acab, rey de Israel; y subirá y caerá en Ramot de Galaad?» Y éste(b), dijo así; y éste dijo así. Y salió el(c) espíritu y púsose ante el Señor y dijo: «Yo le engañaré». Y dijo el Señor: «¿En(d) qué?». Y dijo: «Saldré y seré espíritu mendaz en boca de todos sus profetas». Y dijo: «Engañarás y podrás; sal y haz así». Y ahora he aquí, ha dado el Señor espíritu mendaz en boca de todos estos profetas tuyos; y el Señor ha hablado malo sobre ti». Y llegóse Sedecías, hijo de Canaaná, y percutió a Miqueas en la mejilla, y díjole: «¿Por qué caminos se fue el espíritu del Señor, de mí a hablarte a ti?». Y dijo Miqueas: «He aquí verás aquel día en que entrarás de alcoba en alcoba, para ocultarte». Y dijo el rey de Israel: «Coged a Miqueas y conducidle a Amón, príncipe de la ciudad, y a Joás, hijo del rey(e). Y diréis: «Así dijo el rey: «Meted a éste en casa de prisión y coma pan de tribulación y agua de tribulación, hasta volver yo en paz». Y dijo Miqueas: «Si volviendo volvieres en paz no ha hablado el Señor en mí». Y dijo: «Oíd, pueblos todos». Y subió el rey de Israel y Josafat, rey de Judá, a Ramot de Galaad. Y dijo el rey de Israel a Josafat: «Encubriréme y entraré en la guerra y tú vístete la vestidura mía(f). Y disfrazóse el rey de Israel y entró en la guerra. Y el rey de Siria mandó a los príncipes de los carros con él diciendo: «No guerrearéis con el pequeño y con el grande, sino con el rey de Israel sólo». Y aconteció, al ver los príncipes de los carros a Josafat, ellos dijeron: «Rey de Israel es»; y cercáronle a guerrear; y clamó Josafat, y el Señor le salvó y apartóles Dios de él. Y aconteció, al ver los príncipes de los carros que no era el rey de Israel, apartáronse de él. Y un varón tendió arco a la ventura, y percutió al rey de Israel en medio del pulmón y en medio de la coraza. Y dijo al auriga: «Retira tu mano, y sácame de la guerra; pues estoy mal». Y consumóse la guerra en aquel día; y el rey de Israel estuvo de pie en su carro, en frente de Siria, hasta la tarde; y murió poniéndose el sol. Reprende el profeta Jehú a Josafat. Este instituye jueces que celen la Ley. Y tornó Josafat, rey de Judá en su casa, a Jerusalén. Y salió a su encuentro Jehú, hijo de Hanán, el profeta, y le dijo: «Rey Josafat(a) ¿si a pecador tú ayudas, o con odiados del Señor te amistas? Por esto ha venido sobre ti la ira del Señor; empero palabras buenas se han hallado en ti, porque quitaste las selvas, de la tierra de Judá; y has enderezado tu corazón a buscar al Señor».(b) Y habitó Josafat en Jerusalén; y de nuevo salió al pueblo, desde Bersabé hasta el monte Efraín y los redujo al Señor, Dios de sus padres. Y constituyó jueces en todas las ciudades de Judá las fortificadas, en ciudad y ciudad. Y dijo a los jueces: «Ved qué vosotros hacéis; porque, no a hombre vosotros juzgáis, sino al Señor; y con vosotros están las palabras(c) del juicio. Y ahora sea el temor del Señor sobre nosotros; guardaos y haced; pues no hay, con el Señor nuestro Dios, injusticia, ni aceptación de persona ni tomar de dádivas». Y también en Jerusalén constituyó Josafat, a los sacerdotes, y los levitas y los patriarcas de Israel, para juicio del Señor, para juzgar a los habitantes de Jerusalén. Y les mandó diciendo: «Así haréis en temor del Señor, en verdad y en lleno corazón. Todo varón, lite(d) ha venido a vosotros de vuestros hermanos, los habitantes de sus ciudades, entre sangre de sangre y entre precepto y mandamiento, y justificaciones y juicios(e) y mandadles, y no habrá ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Así haréis y no pecaréis. Y he aquí Azarías, el sacerdote, príncipe sobre vosotros para toda palabra del Señor; y Zabadías, hijo de Ismael, el príncipe, para la casa de Judá para toda palabra del rey; y los escribas y los levitas ante faz de vosotros; esforzaos y haced; y será el Señor con el bueno». Victoria de Josafat; los enemigos mátanse unos a otros. Y después de esto vinieron los hijos de Moab e hijos de Amón, y con ellos, de los mineos(a), contra Josafat en guerra. Y vinieron y avisaron a Josafat diciendo: «Ha llegado contra ti una muchedumbre crecida, de allende el mar: de Siria; y he aquí están en Asasontamar; ésta es Engadí». Y temió y puso Josafat su rostro a buscar al Señor, y pregonó ayuno en toda Judá. Y reunióse Judá a buscar al Señor, y de todas las ciudades de Judá vinieron a buscar al Señor. Y levantóse Josafat en la congregación de Judá, en Jerusalén, en casa del Señor, al frente del atrio el nuevo; y dijo: «Señor, Dios de nuestros padres ¿acaso tú no eres Dios en el cielo arriba, y tú dominas todos los reinos de las gentes; y en tu mano está la fuerza del poderío y no hay contra ti forma de resistir? ¿Acaso tú, el Señor, no has exterminado a los habitantes de esta tierra, a faz de tu pueblo de Israel, y dándola simiente a Abrahán, el amado tuyo, por los siglos? Y habitaron en ella y edificaron en ella santuario a tu nombre, diciendo: «Si vinieran sobre nosotros males; espada, juicio(b), muerte, hambre, nos pondremos delante de esta casa y delante de ti; porque tu nombre está sobre esta casa; y clamaremos a ti, de la tribulación y oirás y salvarás». Y ahora he aquí los hijos de Amón, y Moab, y monte Seír por los cuales no diste a Israel pasar por ellos, saliendo ellos de tierra de Egipto; porque desviáronse de ellos y no los exterminaron. y ahora he aquí se aprestan sobre nosotros para salir a arrojarnos de nuestra heredad, la que nos diste. Señor, Dios nuestro ¿no juzgarás en ellos? Porque no tenemos fuerza de resistir a esta crecida muchedumbre, que ha venido sobre nosotros y no sabemos qué hacerles; empero sobre ti están nuestros ojos». Y todo Judá estaba puesto delante del Señor, y sus pequeñuelos y sus mujeres. Y a Yahaziel, hijo de Zacarías, hijo de Banaías, hijo de Yehiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, vino sobre el espíritu del Señor, en la congregación; y dijo: «Oídme, toda Judá y los habitadores de Jerusalén y el rey Josafat: Esto dice el Señor a vosotros mismos: «No temáis y no os arredréis ante esta muchedumbre numerosa; pues no es de vosotros la batalla, sino de Dios. Mañana, bajad sobre ellos; he aquí suben por la subida Sis, y les hallaréis en el extremo del torrente del desierto de Yeruel. No a vosotros toca guerrear; esto entended y ved la salud del Señor con vosotros, Judá y Jerusalén; no temáis ni os arredréis mañana para salirles al encuentro; y el Señor, está con vosotros». E inclinándose Josafat sobre su rostro y todo Judá y los habitantes de Jerusalén, cayeron delante del Señor a adorar al Señor. Y levantáronse los levitas, de los hijos de Caat y de los hijos de Coré, a loar al Señor, Dios de Israel, en voz grande, en alto; y madrugaron al alba y salieron al desierto de Tecué; y, al salir ellos, púsose Josafat y clamó y dijo: «Oídme, Judá y los habitantes de Jerusalén: confiad en el Señor, Dios nuestro, y él confiará en vosotros(c); confiad en el profeta de él, y os sucederá bien». Y aconsejóse con el pueblo, y puso cantores y loadores, para confesar y loar lo santo(d), saliendo delante del ejército; y decían: «Confesad al Señor, pues por los siglos su misericordia». Y al empezar ellos la alabanza y la confesión, dio el Señor que guerrearan los hijos de Amón y Moab contra el monte Seír, los salidos contra Judá; y se fugaron. Y levantáronse los hijos de Amón y Moab contra los habitantes del monte Seír a exterminar y borrarlos; y cuando acabaron con los habitantes de Seír, levantáronse unos contra otros para exterminarse. Y Judá vino a la atalaya del desierto y miró, y vio la muchedumbre; y he aquí, todos muertos, caídos sobre la tierra; no había salvo. Y salió Josafat y su pueblo a despojar sus despojos, y hallaron ganado mucho, y armadura, y despojos y vasos deseables; y apresaron en ellos; y pasaron días tres, despojando ellos los despojos; pues muchos eran. Y aconteció el día el cuarto, que se congregaron a la vez en el valle de la bendición; pues allí bendijeron al Señor; por esto llamaron el nombre de aquel lugar: «Valle de bendición», hasta este día. Y volvió todo varón de Judá a Jerusalén; y Josafat encabezándolos, en alegría grande; pues alegróles el Señor, de sus enemigos. Y entraron en Jerusalén, en nablas, y cíniras, y en trompetas a la casa del Señor. Y vino terror del Señor sobre todos los reinos de la tierra, cuando oyeron que el Señor guerreó contra los adversarios de Israel. Y pacificóse el reino de Josafat, y reposo diole su Dios en contorno. Y reinó Josafat sobre Judá, siendo de treinta y cinco años al reinar, y veinticinco años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre; Azubá, hija de Selahí. Y anduvo en los caminos de su padre Asa; y no se desvió en hacer lo recto en los ojos del Señor. Pero también las alturas todavía existían; y todavía el pueblo no enderezaba su corazón al Señor, el Dios de sus padres. Y las demás palabras de Josafat, las primeras y las últimas, he aquí escritas, en palabras de Jehú, hijo de Hemán; el que escribió libros de reyes de Israel. Y, después de esto, unióse Josafat, rey de Judá, con Ocozías, rey de Israel (y éste prevaricó en su obra) para ir a él, a fin de hacer naves para ir a Tarsis; e hicieron naves en Asiongaber. Y profetizó Eliezer hijo de Dodán, de Maresá, a Josafat, diciendo: «Como te has amistado con Ocozías, hirió el Señor tu obra y quebrantó tus naves». Y no pudieron ir a Tarsis. Impiedad de Joram Y durmióse Josafat con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David; y reinó Joram, su hijo, en su lugar. Y tuvo hermanos, hijos de Josafat, seis: Azarías, y Jahiel, y Zacarías, y Azarías(a), y Micael y Safatías, todos estos, hijos de Josafat, rey de Judá. Y dioles su padre muchos dones: plata y oro, y aromas(b), con las ciudades muradas, en Judá; y el reino dio a Joram; porque éste era su primogénito. Y levantóse Joram sobre su reino, y afianzóse y mató a todos sus hermanos en espada; y(c) de los príncipes de Judá. Siendo el de treinta y dos años, constituyóse Joram sobre su reino; y ocho años reinó en Jerusalén. Y anduvo en el camino de los reyes de Israel; como lo hizo la casa de Acab, pues hija de Acab, era su mujer; e hizo lo malo en los ojos del Señor. Y no quería el Señor exterminar la casa de David; por el pacto que pactó con David; y según le dijo dar lámpara a él y a sus hijos todos los días. En aquellos días rebelóse Edom contra Judá y enreyeció dándose un rey. Y marchó Joram con los príncipes, y toda la caballería con él; y aconteció que levantóse de noche, percutió a Edom, que le cercaba, y a los príncipes de los carros; y huyó el pueblo a sus tiendas. Y(d) rebelóse contra Judá Edom— hasta este día; entonces se rebeló Lobná, en aquel tiempo, contra su mano, porque abandonó al Señor, el Dios de sus padres. Pues también él hizo alturas en las ciudades de Judá; e hizo fornicar a los habitantes de Jerusalén, y extravió a Judá. Y vino una escritura de Elías, el profeta, diciendo: «Esto dice el Señor, Dios de David, su padre: «Por cuanto no has andado en camino de Josafat, tu padre, y en caminos de Asa, rey de Judá, y andado en caminos de reyes de Israel, y hecho fornicar a Judá y a los habitantes de Jerusalén, como hizo fornicar la casa de Acab; y a tus hermanos, hijos de tu padre, los buenos sobre ti, has muerto; he aquí que el Señor te percutirá con plaga grande en tu pueblo, y en tus hijos, y en tus mujeres, y en todos tus bienes; y tú en dolencia mala, en enfermedad de vientre, hasta que salga tu vientre, con la enfermedad, de días en días». Y suscitó el Señor sobre Judá a los filisteos, y a los árabes y(e) a los limítrofes de los etíopes. Y subieron sobre Judá, y enseñoreáronse y llevaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos y a sus hijas, y no le quedó hijo sino Ocozías, el más pequeño de sus hijos. Y, después de esto, percutióle el Señor en el vientre con dolencia de que no hay cura; y fue de días en días. Y cuando vino tiempo de los días: días(f) dos, salió su vientre, con la enfermedad; y murió en dolencia mala; y no hizo su pueblo exequias(g) como exequias de sus padres. Era de treinta y dos años, cuando reinó y ocho años reinó; y anduvo no en alabanza; y fue sepultado en la ciudad de David; pero no en el sepulcro de los reyes. Ocozías. Atalia. Y enreyecieron los habitantes de Jerusalén a Ocozías, su hijo, el pequeño, en su lugar; porque a todos los mayores mataría los que vinieran sobre ellos en banda: los árabes(a); y reinó Ocozías hijo de Joram de rey de Judá. Siendo de años veinte Ocozías reinó, y un año reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre: Atalía, hija de Amrí. También éste anduvo en el camino de la casa de Acab; porque su madre era consejera del pecar. E hizo lo malo en los ojos del Señor, como la casa de Acab; porque ellos eran sus consejeros (después de morir su padre) para exterminarle; y en sus consejos anduvo; y fue, con Joram, hijo de Acab, rey de Israel a guerra contra Hazael, rey de Siria, a Ramot de Galaad, y percutieron los arqueros a Joram; y volvióse Joram a curarse a Jezrael, de las heridas, con que le percutieron los sirios en Ramot, al guerrear él contra Hazael, rey de Siria. Y Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá, descendió a ver a Joram, hijo de Acab, a Jezrael porque estaba enfermo. Y de Dios fue perdición para Ocozías el venir él a Joram; y al venir él, salió con él Joram contra Jehú, hijo de Namsí, ungido del Señor contra la casa de Acab. Y aconteció, al juzgar Jehú la casa de Acab, que halló a los príncipes de Judá y a los hijos de los hermanos de Ocozías, sirviendo a Ocozías, y los mató. Y dijo buscar a Ocozías, y le cogieron curándose en Samaria, y trajéronle a Jehú; y matóle; y le sepultaron, porque dijeron: «Hijo de Josafat es; quien buscó al Señor en todo su corazón»; y no había en la casa de Ocozías cómo apoderarse del reino. Y Atalía, la madre de Ocozías vio que ha muerto el hijo de ella, y levantóse y exterminó toda la simiente del reino en la casa de Judá(b). Y tomó Josabet, hija del rey, a Joás, hijo de Ocozías, y le sustrajo de en medio de los hijos del rey, los que eran muertos; y púsole y a la nodriza de él, en la alcoba de los lechos; y le ocultó Josabet, hija del rey Joram, hermana de Ocozías, mujer de Yoyadá el sacerdote; y le ocultó de la faz de Atalía; y no le mató. Y estuvo con ellos en la casa de Dios, muy oculto, seis años; y Atalía reinó sobre la tierra. Joás Rey. Muerte de Atalía. Y en el año séptimo fortalecióse Yoyadá, y tomó a los centuriones: a Azarías, hijo de Jeroham; y a Ismael, hijo de Joamán; y a Azarías, hijo de Obed; y a Maasías, hijo de Adaías; y a Elisafat, hijo de Zecrí consigo a la casa del Señor(a). Y recorrieron Judá y juntaron a los levitas de todas las ciudades de Judá; y a los príncipes de las familias de Israel, y vinieron a Jerusalén. Y pactaron, toda la congregación de Judá pactó en la casa de Dios, con el rey; y mostróles al hijo del rey y les dijo: «He aquí el hijo del rey reine, según habló el Señor sobre la casa de David. Ahora, ésta es la palabra que haréis: el tercio de vosotros, los que entráis el sábado, los sacerdotes y levitas: colocaos a(b) las puertas de las entradas; y el tercio en la casa del rey; y el otro tercio, en la puerta la media; y todo el pueblo, en los atrios de la casa del Señor. Y no entren en la casa del Señor, sino los sacerdotes y los levitas y(c) los ministrantes de los levitas. Ellos entraron, porque son santos; y todo el pueblo guarde las guardas del Señor. Y cercarán los levitas al rey, en cerco de varón(d) arma, arma(e) en mano de él; y el que entrare en la casa, morirá; y estarán con el rey, salientes y entrantes». E hicieron los levitas y todo Judá, según todo cuanto mandara Yodadá, el sacerdote; y tomaron la casa cual sus varones, desde comienzos del sábado hasta la salida del sábado; pues no despidió Yoyadá el sacerdote, los turnos diarios. Y dio Yoyadá las cuchillas, y los paveses y las armas que había del rey David, en la casa de Dios. Y colocó al pueblo todo, a cada uno en sus armas, desde el costado derecho de la casa, hasta el costado izquierdo del altar y de la casa, sobre el rey en contorno. Y sacó al hijo del rey, y puso sobre él la diadema y el ornato; y le enreyecieron y le ungieron Yoyadá el sacerdote y sus hijos, y dijeron: «Viva el rey». Y oyó Atalía la voz del pueblo que corría y confesaban y loaban al rey; y entró con el pueblo, en la casa del Señor. Y vio, y he aquí vio al rey sobre su tribunal, y sobre la entrada los príncipes y las trompetas; y los príncipes alrededor del rey; y todo el pueblo de la tierra se regocijara y trompeteara con las trompetas. Y los cantantes en los órganos, cantores(f) e himnodeando prez; y rasgó Atalía su estola y gritó: «¡Conjurando, os habéis conjurado!». Y salió Yoyadá el sacerdote y mandó a los centuriones y a los príncipes del ejército y le dijo: «Arrojadla fuera de la casa y entrad en pos de ella y muera a cuchilla»; porque dijo el sacerdote: «No muera en la casa del Señor». Y diéronla lugar(g), y atravesó por la puerta de los jinetes de la casa del rey; y la mataron allí. Y pactó Yoyadá un pacto entre él y el pueblo y el rey, de ser pueblo para el Señor. Y entró el pueblo de la tierra en la casa de Baal, y la derribaron; y sus altares y sus ídolos arrasaron; y a Matán, sacerdote de Baal, mataron ante los altares de él. Y dispuso Yoyadá, el sacerdote, las obras de la casa del Señor por mano de sacerdotes y levitas; y constituyó los turnos diarios de los sacerdotes y los levitas que repartiera David sobre la casa del Señor, y ofrecieron holocaustos al Señor, según está escrito en la ley de Moisés, en alegría y cantares por mano de David. Y pusiéronse los porteros sobre las puertas de la casa del Señor; y no entrará impuro a toda cosa. Y tomó a los centuriones y a los poderosos, y a los príncipes del pueblo, y todo el pueblo de la tierra, y descendieron al rey de la casa(h) del Señor, y entró, por la puerta la anterior, a la casa del rey; y sentaron al rey sobre el trono del reino. Y alegróse todo el pueblo de la tierra; y la ciudad reposada y a Atalía mataron con cuchilla. Joás, piadoso primero, después impío. Era de siete años Joás, al reinar; y, cuarenta años reinó a Jerusalén; y nombre de su madre: Sebiá, de Bersabé. E, hizo Joás lo recto en ojos del Señor todos los días de Yoyadá sacerdote. Y tomó Yoyadá dos mujeres para él; y engendraron hijos e hijas. Y aconteció, después de esto, venir al corazón de Joás restaurar la casa del Señor; y juntó a los sacerdotes y levitas, y les dijo: «Salid a las ciudades de Judá y reunid de todo Israel, dinero para reparar la casa del Señor, año por año; y apresuraos a hablar», y no se apresuraron los levitas. Y llamó el rey Joás a Yoyadá, el sacerdote y le dijo: «¿Por qué no has mirado por los levitas para que trajeran, de Judá y de Jerusalén, lo estatuido por Moisés, hombre de Dios; pues juntó a todo Israel en el tabernáculo del testimonio?» Porque Atalía fue la inicua; y sus hijos devastaron la casa de Dios; pues aún los santos de la casa de Dios hicieron para los baales. Y dijo el rey: «Hágase una alcancía, y póngase en puerta de la casa del Señor». Y pregonaron en Judá y en Jerusalén traer para el Señor según lo que dijo Moisés, niño de Dios, sobre Israel en el desierto. Y alegráronse(a) todos los príncipes y todos los pueblos, y trajeron y echaron la alcancía, hasta que se llenó. Y aconteció, cuando llevaban la alcancía a los prefectos del rey, por mano de los levitas; que cuando veían que se colmaba el dinero, venía el escriba del rey y el prefecto del sacerdote el grande, y vaciaba la alcancía; y reponíanla en su lugar; así hacían día a día; y juntaron mucho dinero. Y diolo el rey y Yoyadá el sacerdote a los que hacían las labores para labranza de la casa del Señor; y alquilaban picapedreros y carpinteros, para renovar la casa del Señor; y herreros y bronceros, para renovar la casa del Señor. Y hacían los hacedores las obras y surgió longitud de las obras(b) en manos de ellos, y levantaron la casa del Señor sobre su estado y consolidaron. Y, cuando terminaron, trajeron al rey y a Yoyadá lo restante del dinero e hicieron vasos para la casa del Señor: vasos litúrgicos de holocaustos, y tazas áureas y argénteas; y ofrecieron holocaustos en la casa del Señor, continuamente, todos los días de Yoyadá. Y envejeció Yoyadá lleno de días; y murió, siendo de ciento treinta años, al morir. Y sepultáronle en la ciudad de David, con los reyes; porque hizo lo bueno para con Israel y para con Dios y la casa de él. Y aconteció, después de la muerte de Yoyadá, que entraron los príncipes de Judá y adoraron al rey; entonces oyóles el rey, y abandonaron la casa del Señor, Dios de sus padres, y sirvieron a las astartes y a los ídolos; y vino la ira sobre Judá y sobre Jerusalén en ese día. Y envió a ellos profetas, para volver al Señor y no les oyeron; y conjuróles y no escucharon. Y el espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo de Yoyadá, el sacerdote; y alzóse por sobre el pueblo y dijo: «Esto dice el Señor: «¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Señor? Y no prosperaréis por haber abandonado al Señor, os abandonará». Y se arrojaron sobre él y le lapidaron, por mandato de Joás el rey, en el atrio de la casa del Señor. Y no se acordó Joás de la misericordia que hizo Yoyadá, su padre con él; y mató al hijo de él; y al morir dijo: «Vea el Señor y juzgue». Y aconteció, después del término del año, subió sobre él un ejército de Siria, y vino sobre Judá y sobre Jerusalén, y perdió todos los príncipes del pueblo, en el pueblo; y todos los despojos de ellos envió al rey de Damasco; porque, en pocos varones vino el ejército de Siria, sin embargo Dios entregó en sus manos un ejército numeroso sobremanera; pues abandonaron al Señor, el Dios de sus padres; y con Joás hizo juicios; Y, después de retirarse ellos de él, abandonándole en enfermedades grandes, rebeláronse contra él sus servidores, en sangres del hijo de Yoyadá, el sacerdote, y le mataron en su lecho; y murió; y sepultáronle en ciudad de David, y no le sepultaron en el sepulcro de los reyes. Y los rebelados contra él: Zabad, hijo de Semaat, el amanita; y Josabed, el de Semarit, el moabita. Y sus hijos y la gran profecía(c) contra él y la fundación de la casa de Dios: he aquí escritos están en la explicación del libro de los reyes; y reinó Amasías, su hijo en su lugar(d). Amasías idolatra y es vencido y muerto Siendo de veinticinco años, reinó Amasías, y veintinueve años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre fue Joadán, de Jerusalén. E hizo lo recto en los ojos del Señor; pero no en corazón lleno. Y aconteció, cuando se afianzó el reino en su mano mató a los siervos los que mataron al rey, su padre. Y los hijos de ellos no mató, según el pacto de la ley del Señor, según está escrito como mandó el Señor, diciendo: «No morirán padres por hijos, e hijos no morirán por padre, sino que cada cual por su propio pecado morirá». Y congregó Amasías la casa de Judá, y púsolos, según sus casas paternas, bajo quiliarcas y centuriones, en todo Judá y Jerusalén; y los contó, de veinte años arriba, y halló trescientos mil de salir a guerra poderosos, empuñando lanzas y pavés. Y asalarió, de Israel, cien mil poderosos en fuerza, por cien talentos de plata. Y un hombre de Dios vino a él, diciendo: «Rey, no irá contigo un ejército de Israel, porque no está el Señor con Israel, con todos los hijos de Efraín. Porque si imaginas prevalecer en(a) éstos, te fugará el Señor delante de los enemigos, porque es del Señor así el envalentonar como el fugar». Y dijo Amasías al hombre de Dios: «¿Y qué haré los cien talentos que he dado al ejército de Israel?». Y dijo el hombre de Dios: «Tiene el Señor como darte mucho más que esto». Y paró Amasías el ejército, el venido a él, de Efraín, para que se retirase a su lugar; y airáronse sobremanera contra Judá, y volvieron a su lugar en ira de furia. Y Amasías envalentonóse, y tomó su pueblo y fue al valle de las Sales, y percutió allí a los hijos de Seír: diez millares. Y diez millares cautivaron los hijos de Judá, y los fueron llevando a lo alto de un precipicio, y despeñando de lo alto del precipicio, y todos fueron destrozados. E hijos del ejército a los que destruyó Amasías para que no partieran con él a la guerra, arrojáronse sobre las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Betorón, y percutieron en ellos tres millares y apresaron mucha presa. Y aconteció, después de venir Amasías percutiendo la Idumea; que se trajo los dioses de los hijos de Seír y se los puso por dioses; y ante ellos adoraba y él mismo les incensaba. Y vino la ira del Señor sobre Amasías, y envió cerca de él a un profeta; y le dijo: ¿«Que has buscado a los dioses del pueblo, los que no han librado al pueblo de ellos mismos de tus manos?» Y aconteció al hablarle él, le dijo: «¿Acaso consejero del rey te he puesto? Tente para que no te azote». Y calló el profeta y dijo: «Que conozco que Dios ha decretado(b) sobre ti perderte, porque has hecho esto, y no has escuchado el consejo». Y consultóse Amasías, el rey de Judá y envió cerca de Joás, hijo de Joacaz, hijo de Yehú, rey de Israel, diciendo: «Ven y veámonos los rostros(c)». Y envió Joás, rey de Israel cerca de Amasías, rey de Judá, diciendo: «El cardo el del Líbano envió cerca del cedro el del Líbano, diciendo: «Da tu hija a mi hijo por mujer»; y he aquí irán las fieras del campo las del Líbano; y vinieron las fieras y conculcaron el cardo. Dijiste: «He aquí percutí a Edom», y te alza tu corazón el impetuoso. Ahora, siéntate en tu casa; y ¿por qué te lanzas en el mal, y caerás tú y Judá contigo?» Y no escuchó Amasías, porque del Señor era el entregarle en sus manos, porque buscó los dioses de Edom. Y subió Joás, rey de Israel, y viéronse él y Amasías, rey de Judá en Betsamés; la que es de Judá. Y sucumbió Judá a la faz de Israel; y huyó cada cual a su tienda. Y a Amasías, rey de Israel, en Betsamés, llevóle a Jerusalén, abriendo una brecha desde la puerta Efraín hasta la puerta del ángulo: en cuatrocientos codos. Y todo el oro, y la plata, y los vasos los hallados en la casa del Señor y cerca de Obededom, y los tesoros de la casa del rey, y los hijos de los rehenes se llevó a Samaria. Y vivió Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, después de morir Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel quince años. Y las demás palabras de Amasías, las primeras y las últimas ¿no, he aquí, escritas en el libro de los reyes de Judá e Israel? Y en el tiempo que se apartó Amasías del Señor, conjuraron contra él conjuración; y huyó de Jerusalén a Laquís, y enviaron tras él a Laquís y le mataron allí. Y trajéronle sobre los bridones y le sepultaron con sus padres en la ciudad de David. Triunfo, riquezas y desobediencia de Ozías. Y tomó todo el pueblo de la tierra a Ozías, de dieciséis años; y enreyeciéronle en lugar de su padre, Amasías. El edificó a Ailat; él la devolvió a Judá, después de dormir el rey con sus padres. Hijo de dieciséis años, reinó Ozías; y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre, Yequelía, de Jerusalén. E hizo lo recto en ojos del Señor, según todo cuanto hizo Amasías, su padre. Y estuvo buscando al Señor, en los días de Zacarías, el entendido en el temor del Señor; y, en todos los días de él, buscó al Señor, y prosperóle el Señor. Y salió y guerreó contra los filisteos, y derrocó los muros de Get, y los muros de Yabniá, y los muros de Azato; y edificó ciudades en Azoto y en los filisteos. Y le envalentonó el Señor contra los filisteos y contra los árabes, los habitantes de Gurbaal(a) y contra los mineos(b). Y dieron los mineos dones a Ozías; y fue su nombre hasta la entrada de Egipto; pues se envalentonó hasta lo sumo. Y edificó Ozías torres en Jerusalén, y sobre la puerta del ángulo y sobre la puerta del valle, y sobre los ángulos; y fortificó. Y edificó torres en el desierto; y cortó en piedra muchas cisternas; pues tenía muchos rebaños en la hondonada y en la llanura; y viñadores en la montaña y en el Carmelo; pues agrícola era. Y tuvo Ozías un ejército haciendo guerra y saliendo a batalla, a guerra, y entrando a batalla, por número. Y era el número de ellos, por mano de Yehiel el escriba, y de Maacasías, el juez; por mano de Hananías, el príncipe del rey. Todo el número de los patriarcas de los poderosos para guerra: dos mil seiscientos; y con ellos, un ejército guerrero: trescientos millares y siete mil y quinientos. Estos, los haciendo guerra en ejército de poder, para ayudar al rey contra los adversarios. Y prevínoles Ozías, a todo el ejército, paveses, y morriones y corazas, y arcos y para piedras, hondas. E hizo en Jerusalén inventos inventados de ingenio, para que estuvieran sobre las torres y sobre los ángulos, para disparar con dardos y piedras grandes; y oyóse la disposición de ellos hasta lejos; pues fue hecho maravilloso en ayudársele hasta que se fortaleció. Y, cuando se fortaleció actuó contra el Señor su Dios, y entró en el templo del Señor a incensar en el altar de los timiamas. Y entró en pos de él Azarías, el sacerdote, y con él, sacerdotes del Señor ochenta, hijos poderosos. Y pusiéronse contra Ozías, el rey, y dijéronle: «No a ti, Ozías, corresponde el incensar al Señor, sino a los sacerdotes, hijos de Aarón, los santificados para incensar. Sal del santuario, porque te has separado del Señor, y no te será esto para gloria ante el Señor Dios». Y enfurecióse Ozías; y en su mano, el incensario de incensar en el templo; y, al enfurecerse contra los sacerdotes, la lepra brotó en su frente delante de los sacerdotes en la casa del Señor, sobre el altar de los timiamas. Y volvióse a él Azarías, el sacerdote, el primero, y los sacerdotes, y he aquí, leproso en la frente, y apresuráronle de allí; pues también él mismo se apresuró a salir, por haberle reconvenido el Señor. Y Ozías, el rey, estuvo leproso hasta el día de su muerte; y en casa separada asentóse leproso, pues apartado fue de la casa del Señor; y Joatán, su hijo, sobre el reino de él, juzgando al pueblo de la tierra. Y las demás palabras de Ozías, las primeras y las últimas, escritas por Isaías el profeta. Y durmióse Ozías con sus padres, y le sepultaron con sus padres en la campiña de la tumba de los reyes; porque dijeron: «Que leproso es»; y reinó Joatán, su hijo, en su lugar. Piedad y victoria de Joatán Hijo de veinticinco años, Joatán, al reinar; y dieciséis años reinó en Jerusalén, y el nombre de su madre: Jerusá, hija de Sadoc. E hizo lo recto en los ojos del Señor, según todo lo que hizo Ozías, su padre; pero no entró en el templo del Señor(a); y todavía el pueblo se corrompía(b). El edificó la puerta de la casa del Señor la alta; y en el muro de Ofel edificó mucho. Y ciudades edificó en el monte de Judá; y en las sierras, alcázares y torres. El batalló contra el rey de los hijos de Amón; y prevaleció contra él; y dábanle los hijos de Amón, y al año, cien talentos de plata y diez mil coros de trigo y de cebada diez mil; esto traíale el rey de los hijos de Amón, al año, en el primer año, y en el segundo y el tercero. Fortalecióse Joatán, por haber preparado sus caminos delante del Señor, su Dios. Y las demás palabras de Joatán y la guerra y las obras de él, he aquí, están escritas en el libro de los reyes de Judá e Israel. Y de veinticinco años era al reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalén. Y durmióse Joatán con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David; y reinó Acaz, su hijo, en su lugar. Impiedad y castigo de Acaz Hijo de veinte(a) años era Acaz al reinar; y dieciséis años reinó en Jerusalén; y no hizo lo recto en ojos de Señor, como David, su padre. Y anduvo según los caminos de los reyes de Israel; pues también hizo esculturas; y a los ídolos de ellos incensó en Valle-Benenom; y pasó sus hijos por el fuego, según las abominaciones de las gentes, que exterminó el Señor a la faz de los hijos de Israel. E incensaba sobre las alturas y sobre los terrados y debajo de todo leño silvestre. Y entrególe el Señor Dios por mano del rey de Siria; y percutió en él, y cautivó de ellos cautiverio grande y llevó a Damasco y en manos del rey de Israel le entregó, y percutió en él plaga grande. Y mató Faceé, hijo de Romelía, rey de Israel, en Judá, en un día, ciento veinte millares de varones poderosos en fuerza, al abandonar ellos al Señor, el Dios de sus padres. Y mató Zecrí, el poderoso de Efraín, a Maasías el hijo del rey; y a Ezricán, príncipe de su casa; y a Elcanán, el lugarteniente del rey. Y cautivaron los hijos de Israel de los hermanos de ellos, doscientos(b) millares: mujeres e hijos e hijas; y despojos muchos despojaron de ellos, y trajeron los despojos a Samaria. Y allí estaba el profeta del Señor; Obed, su nombre; y salió al encuentro del ejército de los que venían a Samaria, y les dijo: «He aquí la ira del Señor, Dios de vuestros padres, contra Judá; y los entregó en vuestras manos y habéis matado en ellos: en ira y hasta el cielo ha llegado(c). Y ahora hijos de Judá y Jerusalén vosotros decís poseer como siervos y siervas. Mirad ¿no estoy con vosotros para acusaros al Señor, vuestro Dios? Y ahora oídme y devolved el cautiverio que cautivasteis de vuestros hermanos; pues ira del furor del Señor contra vosotros». Y levantáronse los príncipes de Efraín: Azarías, hijo de Ivonán; Baraquías, hijo de Mosolamot; Ezequías, hijo de Selum; y Amasa, hijo de Adalí, contra los que venían de la guerra; y dijéronles: «No traigan, no el cautiverio acá a nosotros; pues, para pecar al Señor en contra de nosotros, vos decís añadir a nuestros pecados y a nuestra ignorancia; porque mucho es el pecado nuestro y la ira del furor del Señor está sobre Israel». Y dejaron los guerreros el cautiverio y los despojos delante de los príncipes y de toda la congregación. Y levantáronse los varones, los que fueron llamados por nombre, y acogieron el cautiverio; y a todos los desnudos cubrieron de los despojos, y los vistieron y los calzaron y dieron de comer y ungieron; y acogiéronles y en cabalgaduras a todo débil condujéronles a Jericó, ciudad de «palmeras», a sus hermanos; y retornaron a Samaria. En aquel tiempo envió el rey Acaz cerca del rey de Asiria que le ayudara, y en esto, porque los idumeos invadieron y percutieron en Judá y cautivaron cautiverio. Y los filisteos invadieron las ciudades de la llanura y al mediodía de Judá; y tomaron a Betsamés, y Ayalón, y Gaderot, y Socó, y Tamnán y Ganzó con sus aldeas; y habitaron allí(d); porque humilló el Señor a Judá, por Acaz, rey de Judá; porque apostató con apostasía del Señor. Y vino sobre él Teglatfalnasar, rey de Asiria, y le atribuló. Y tomó Acaz lo de la casa del Señor y lo de la casa del rey y de los príncipes, y dio al rey de asirios; y no de ayuda le fue; sino para ser atribulado(e); y añadió apostatar del Señor y dijo el rey Acaz: «He de buscarme los dioses de Damasco, los que me hieren»; y dijo: «Qué dioses del rey de Siria, ellos les fortalecen; a ellos por tanto sacrificaré y me acogerán». Y ellos fuéronle en tropiezos y a todo Israel. Y quitó Acaz los vasos de la casa del Señor, y deshízolos; y cerró las puertas de la casa del Señor e hizo para sí altares en todo ángulo, en Jerusalén; y en toda ciudad y ciudad, en Judá, hizo alturas para incensar a dioses extraños; e irritaron al Señor, el Dios de sus padres. Y las demás palabras suyas y sus acciones, las primeras y las últimas, he aquí, escritas en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Y durmióse Acaz con sus padres; y fue sepultado en la ciudad de David; pues no le llevaron a los sepulcros de los reyes de Israel(f) y reinó Ezequías, su hijo, en su lugar. Piedad de Ezequías Y Ezequías reinó, siendo de veinticinco años; y veintinueve años reinó en Jerusalén; y el nombre de su madre fue Abía, hija de Zacarías. E hizo lo recto en los ojos del Señor, según todo cuanto hizo David, su padre. Y aconteció al principio en su reino, en el mes primero, que abrió las puertas de la casa del Señor y reparólas. Y trajo a los sacerdotes y los levitas, y constituyólos al costado al oriente, y les dijo: «Oíd, los levitas: ahora santificaos, y santificad la casa del Señor, Dios de vuestros padres, y lanzad la inmundicia fuera del santuario. Porque apostataron nuestros padres, e hicieron lo malo ante el Señor, vuestro Dios; y le abandonaron; y apartaron el rostro de ellos del tabernáculo del Señor, y dieron la espalda. Y cerraron las puertas del templo y apagaron las lámparas; y sahumerio no sahumaron: y holocaustos no ofrecieron, en el santuario, al Dios de Israel. Y airóse con ira el Señor contra Judá y Jerusalén y los entregó al espanto, y a anonadamiento y a rechifla; como vosotros veis con vuestros ojos. Y he aquí heridos fueron vuestros padres en cuchilla; y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestras mujeres en cautividad en tierra no de ellos; lo que también ahora es. Por esto, ahora tengo en el corazón pactar mi pacto, pacto del Señor, Dios de Israel; y apartará la ira de su furor de nosotros. Y ahora(a) no tardéis; pues a vosotros ha elegido el Señor para estar delante de él ministrando, y serle ministrantes e incensantes». Y levantáronse los levitas: Mahat, hijo de Amasaí; y Joel, hijo de Azarías, de los hijos de Caat; y de los hijos de Merarí: Cis hijo de Abdí, y Azanías, hijo de Yalaleel; y de los hijos de Gersón: Yoá, hijo de Zemá; y Edén, hijo de Yoá. Y de los hijos de Asaf: Zacarías y Matanías; y de los hijos de Hemán: Yahiel y Seneí; y de los hijos de Iditún: Semeías y Oziel. Y congregaron sus hermanos, y santificáronse, según el mandato del rey por disposición del Señor, para purificar la casa del Señor. Y entraron los sacerdotes dentro a la casa del Señor, a santificar, y lanzaron toda la inmundicia hallada en la casa del Señor; y(b) al atrio de la casa del Señor; y recibieron(c) los levitas para lanzarla al torrente de Cedrón fuera. Y empezaron el día el primero, en neomenia del primer mes santificar; y el día octavo del mes, entraron al templo del Señor, y santificaron la casa del Señor, en días ocho; y en el día dieciséis del mes, el primero, terminaron. Y entraron adentro, a Ezequías, el rey, y dijeron: «Hemos santificado a todos los de la casa del Señor: el altar del holocausto y los vasos de él; y la mesa de la proposición y los vasos de ella; y todos los vasos que mancilló el rey Acaz, en el reinado de él, en su apostasía, hemos preparado y santificado; he aquí están delante del altar del Señor». Y madrugó Ezequías, el rey, y congregó a los príncipes de la ciudad; y ascendió a la casa del Señor. Y ofrecieron becerros siete, carneros siete, corderos siete, cabrones de cabra siete por pecado, por el reino, y por el santuario y por Israel; y ordenó a los hijos de Aarón, los sacerdotes, subir al altar del Señor: y sacrificar los becerros, y recibieron los sacerdotes la sangre y la esparcieron sobre el altar; y sacrificaron los carneros; y esparcieron la sangre sobre el altar; y sacrificaron los corderos, y rociaron la sangre en torno del altar; Y acercaron los cabrones, por pecado, delante del rey y de la congregación; y pusieron sus manos sobre ellos. Y los sacrificaron los sacerdotes y propiciaron su sangre sobre el altar, y propiciaron por todo Israel; porque dijo el rey: «Por todo Israel, el holocausto, y por el pecado». Y colocó a los levitas en la casa del Señor, con címbalos, y con nablas y con cínira, según el precepto de David, el rey, y Gad, el vidente del rey, y Natán, el profeta; pues, por precepto del Señor, la disposición en manos de los profetas; y colocáronse los levitas con los órganos(d) de David, y los sacerdotes, con las trompetas. Y dijo Ezequías ofrecer el holocausto sobre el altar; y al empezar a ofrecer el holocausto, empezaron a cantar al Señor, y las trompetas con los órganos de David, rey de Israel. Y toda la congregación adoraba, y los cantantes, cantando, y trompetas, trompeteando; hasta que se consumó el holocausto. Y cuando consumaron ofreciendo; inclinóse el rey y todos los que se hallaban y adoraron. Y dijo Ezequías, el rey, y los príncipes de los levitas concertar al Señor con palabras de David y Asaf, el profeta; y concertaron en alegrías, y postráronse y adoraron. Y respondió Ezequías y dijo: «Ahora habéis llenado vuestras manos para el Señor; llegaos y traed sacrificios de loor a la casa del Señor»; y trajo la congregación sacrificios y loores a la casa del Señor; y todo pronto de corazón, holocaustos. Y fue el número del holocausto que ofreció la congregación: becerros setenta, carneros ciento, corderos doscientos; para holocausto al Señor(e) todo esto. Y los santificados becerros: seiscientos; ovejas: tres mil. Empero los sacerdotes eran pocos; y no podían desollar el holocausto, y ayudáronles sus hermanos, los levitas, hasta terminarse la labor y hasta santificarse los sacerdotes; pues los levitas gustosamente se santificaron más que los sacerdotes(f). Y el holocausto, mucho, con las grosuras de los pacíficos y las ligaciones del holocausto se ordenó la labor en la casa del Señor. Y se alegró Ezequías y todo el pueblo de haber estado preparado Dios al pueblo; pues repentinamente fue la palabra. Celébrase de nuevo la Pascua Y envió Ezequías por todo Israel y Judá; y epístolas escribió a Efraín y Manasés para que reunieran en la casa del Señor, en Jerusalén, a celebrar la Pascua del Señor Dios de Israel. Y acordaron el rey, y los príncipes y toda la congregación en Jerusalén, hacer la Pascua el mes segundo. Pues no pudieron hacerla en aquel tiempo; pues los sacerdotes no se habían santificado bastante, y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. Y plugo la palabra ante el rey y ante la congregación. Y determinaron recorrer un pregón a todo Israel, de Bersabé a Dan, para que viniesen a hacer la Pascua del Señor, Dios de Israel, a Jerusalén; porque muchedumbre no lo hiciera, según la escritura. Y fueron los emisarios con las epístolas del rey y de los príncipes a todo Israel y Judá, según la orden del rey, diciendo: «Los hijos de Israel, convertidos al Señor, Dios de Abrahán e Isaac e Israel; y convertid(a) a los salvados, los dejados de mano del rey de Asiria. Y no lo hagáis según lo hicieron vuestros padres y vuestros hermanos que apostataron del Señor, Dios de sus padres y les entregó a desolación, según vosotros veis. Y ahora no endurezcáis vuestros corazones, como vuestros padres; dad gloria al Señor Dios, y entrad en su santuario, que santificó por los siglos; y servid al Señor, vuestro Dios, y apartará de vosotros el furor de su ira. pues convirtiéndoos al Señor vuestros hermanos y vuestros hijos serán en conmiseraciones ante todos los que los cautivan; y los devolverá a esta tierra misericordioso y compasivo el Señor, nuestro Dios, y no apartará su rostro de nosotros, si nos convirtiéremos a él». E iban los corredores atravesando de ciudad en ciudad en el monte Efraín, y Manasés, y hasta Zabulón; y estábanse como burlando de ellos y rechiflando. Pero unos hombres de Aser, y de Manasés y de Zabulón, se arrepintieron y vinieron a Jerusalén(b). Y fue mano del Señor el darles corazón uno de venir, de hacer según las disposiciones del rey y de los príncipes, en palabra del Señor. Y juntóse en Jerusalén pueblo mucho a hacer la fiesta de los ázimos, en el mes el segundo; congregación mucha sobremanera. Y levantáronse y arrasaron los altares los de Jerusalén; y todos los en que incensaban a los embustes, derrocaron y arrojaron al torrente de Cedrón. Y sacrificaron la Pascua al catorce del mes segundo; los sacerdotes y los levitas arrepintiéronse y santificáronse y se ofrecieron holocaustos en la casa del Señor. Y pusiéronse en su puesto, según el orden de ellos, según el precepto de Moisés, hombre de Dios; y los sacerdotes recibían la sangre de manos de los levitas. Porque muchedumbre de la congregación no se santificara; y los levitas estaban para sacrificar la Pascua a todo el que no podía santificarse al Señor. Porque muchísimo pueblo de Efraín y Manasés, e Isacar y Zabulón no se santificaran, sino que comieron la Pascua contra la escritura; esto también rogó Ezequías por ellos, diciendo: «Señor bueno, propíciese. Sobre todo corazón que se endereza a buscar al Señor, Dios de sus padres; y no según la santidad de los santos». Y escuchó el Señor a Ezequías y sanó al pueblo. E hicieron los hijos de Israel, los hallados en Jerusalén, la fiesta de los ázimos siete días, en alegría grande y contentando al Señor día por día; y los sacerdotes y los levitas, en órganos al Señor. Y habló Ezequías a todo corazón de los levitas y de los que sentían un buen sentir para con el Señor; y terminaron la fiesta de los ázimos siete días, sacrificando sacrificios de pacíficos, y confesando al Señor, Dios de sus padres. Y acordó la congregación juntamente hacer siete días más; e hicieron siete días en alegría; porque Ezequías consagró a Judá, a la congregación, mil becerros y siete mil ovejas; y los príncipes consagraron al pueblo becerros mil y ovejas diez mil; y santificáronse sacerdotes en muchedumbre. Y alegróse toda la congregación: los sacerdotes y los levitas, y toda la congregación de Judá y los hallados de Jerusalén(c); y los prosélitos los venidos de tierra de Israel y los habitantes de Judá. Y hubo alegría grande en Jerusalén desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel no hubo semejante fiesta en Jerusalén. Y levantáronse los sacerdotes, los levitas, y bendijeron al pueblo, y oyóse la voz de ellos, y llegó su oración a la morada la santa de él, al cielo. Renuévase el orden sacerdotal y levítico Y cuando se terminó todo esto, salió todo Israel, los hallados en ciudades de Judá, y quebrantaron las estatuas y cortaron las selvas y derrocaron las alturas y las aras de toda la Judea y Benjamín; y de Efraín y de Manasés, hasta el fin; y volvieron todos a Israel, cada uno a su heredad y a sus ciudades. Y determinó Ezequías los turnos diarios de los sacerdotes y de los levitas, y los turnos diarios de cada uno según su propio ministerio, a los sacerdotes y los levitas para el holocausto y para los pacíficos y loar y confesar, y ministrar en las puertas en los atrios de la casa del Señor. Y una parte donó el rey(a), de sus primicias, para los holocaustos: el matutino y el vespertino; y los holocaustos para los sábados, y para las neomenias, y para las fiestas, según lo prescrito en la ley del Señor. Y dijeron al pueblo, a los habitantes de Jerusalén, dar la parte de los sacerdotes y de los levitas para que se esforzasen en el ministerio de la casa del Señor. Y cuando ordenó la palabra, colmó Israel primicias de trigo, y vino, y aceite y miel, y todo fruto del campo; y diezmos, todos en abundancia trajeron los hijos de Israel y de Judá. Y los habitantes de las ciudades de Judá, también ellos trajeron diezmos de becerros y ovejas, y diezmos de cabras y santificaron para el Señor, su Dios; e introdujeron y pusieron montones y montones(b). En el mes el tercero empezaron los montones a fundamentarse, en el mes el séptimo se terminaron. Y vino Ezequías y los príncipes y vieron los montones, y bendijeron al Señor y a su pueblo Israel. Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y levitas acerca de los montones. Y díjole Azarías el sacerdote, el príncipe en casa de Sadoc, y dijo: «Desde que han empezado las primicias a traerse a la casa del Señor, hemos comido y bebido, y dejado hasta abundancia; pues el Señor ha bendecido a su pueblo, y hemos dejado en esta abundancia». Y ordenó Ezequías preparar pastoforios en la casa del Señor; y prepararon. Y trajeron allí las primicias y los diezmos y lo santificado en la fe; y sobre él sobrestante Conenías, el levita; y Semeí, su hermano, como sustituto; y Yehiel, y Azarías, y Nahat, y Azael, y Yerimot y Jozab, y Ehiel, y Yesmaquías, y Mahat y Banaías, los hijos de él(c) sobrestante, bajo Conenías y Semeí, su hermano; según ordenara Ezequías, el rey, y Azarías el príncipe de la casa del Señor. Y Coré, hijo de Yemná, el levita, el portero, al oriente, sobre los dones, para dar la primicia del Señor y los santos de los santos; por mano de Edén; y Benjamín y Jesué, y Semeía, y Amarías y Sequenías, por mano de los sacerdotes en la fe, para dar a los hermanos, según los turnos diarios, así al grande como al pequeño; fuera(d) de las criaturas de lo masculino, de tres años arriba, a todo el que andaba en la casa del Señor en razón de días en días(e), al ministerio por turnos diarios de la distribución de él. Este(f) es el catálogo de los sacerdotes según sus casas de familias; y los levitas, en los turnos diarios de ellos, de veinte años arriba, en orden, para distribuir en toda familia de sus mujeres y de sus hijos y de sus hijas, a toda muchedumbre; pues en la fe se santificara a los santos. Para los hijos de Aarón los en función sacerdotal, también(g), los de las ciudades de ellos en toda ciudad y ciudad, varones que se nombraran por nombre, para dar parte a todo lo masculino en los sacerdotes, y a todo apuntado en los levitas. E hizo así Ezequías, en todo Judá; e hizo lo bello y lo recto delante del Señor, su Dios. Y en toda obra que empezó, en operación en la casa del Señor, y en la Ley y los preceptos, buscó a su Dios de toda su alma; e hizo y prosperó. Invasión de Senaquerib Después de estas palabras y esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiria, y vino sobre Judá; y acampó sobre las ciudades muradas, y dijo conquistárselas. y vio Ezequías que llegó Senaquerib, y el rostro de él a guerrear contra Jerusalén. Y aconsejóse con sus ancianos y los poderosos, para cegar las aguas de las fuentes que había fuera de la ciudad; y apoyáronle. Y juntó mucho pueblo y cegó las aguas de las fuentes, y el río el que dividía la ciudad diciendo: «No venga rey de Asiria y halle agua mucha, y se fortalezca». Y fortaleció Ezequías y edificó todo el muro el derribado y torres y fuera baluarte otro; y fortificó el alcázar(a) de la ciudad de David; y fabricó muchas armas(b). Y constituyó príncipes de la guerra sobre el pueblo; y juntáronse con él en la plaza de la puerta del valle, y habló al corazón de ellos, diciendo: «Confortaos y sed hombres; no temáis, no os espantéis a faz del rey de Asiria y a faz de todo el pueblo el con él. Con él hay sólo brazos de carne; con nosotros, empero, está el Señor, nuestro Dios, para salvar y guerrear esta guerra de nosotros». Y reanimóse el pueblo con las palabras de Ezequías, rey de Judá. Y después de esto envió Senaquerib, rey de Asiria, un emisario sobre Jerusalén, y él, sobre Laquis, y todo el ejército con él; y envió cerca de Ezequías, rey de Judá, y cerca de toda Judá, el en Jerusalén, diciendo: «Así dice Senaquerib, rey de Asiria: «¿En quién vosotros confiáis y estáis sentados en el cerco, en Jerusalén? ¿Acaso Ezequías no os engaña para entregaros a la muerte y a hambre y a sed, diciendo: «¿Señor, el Dios nuestro nos salvará de la mano del rey de Asiria?». ¿No es este Ezequías que arrasó las aras de él y las alturas de él y dijo a Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciendo: «Delante de esta ara adoraréis y sobre ella incensaréis?». ¿No conoceréis lo que he hecho yo y mis padres a todos los pueblos de las regiones? ¿Acaso pudiendo pudieron los dioses de las gentes de toda la tierra salvar al pueblo de ellos de mi mano? ¿Quién entre todos los dioses de estas gentes que exterminaron mis padres? ¿Acaso han podido salvar al pueblo de mi mano que pueda vuestro Dios salvar de mano mía? Ahora, pues, no os engañe Ezequías, y no confiar os haga cuanto a esto, y no le creáis, pues no ha podido, no, el dios de todas las gentes salvar al pueblo de él, de mi mano y de mano de mis padres; porque vuestro Dios no os salvará, no, de mi mano». Y más hablaron los emisarios de él contra el Señor Dios, y contra Ezequías, su niño. Y carta escribió para blasfemar del Señor Dios de Israel; y dijo de él diciendo: «Así como los dioses de las gentes de la tierra no libraron a sus pueblos de mi mano, así no librará, no, el Dios de Ezequías a su pueblo de mi mano». Y gritó con voz grande, en judío, contra el pueblo de Jerusalén sobre el muro, para que le ayudaran y derribaran(c), a fin de tomar la ciudad. Y habló contra el Dios de Jerusalén así como también contra los dioses de los pueblos de la tierra, obras de mano de hombres. Y oró Ezequías, el rey, e Isaías, hijo de Amón el profeta, por esto, y clamaron al cielo. Y envió el Señor un ángel y exterminó todo poderoso; y guerreó, y príncipe y estratego en el campamento del rey de Asiria; y retiróse con ignominia del rostro a su tierra; y vino a casa de su dios. Y de los salidos de su vientre derribáronle en espada. Y salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén, de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos; y sosególes en contorno. Y muchos trajeron dones al Señor, a Jerusalén, y dádivas a Ezequías, rey de Judá; y fue exaltado en ojos de todas las gentes después de esto. En aquellos días enfermó Ezequías de muerte, y oró al Señor; y escuchóle y señal le dio. Y no según la retribución que le dio, retribuyó Ezequías, sino que se enalteció su corazón; y vino sobre él la ira del Señor y sobre Judá y Jerusalén. Y humillóse Ezequías del enaltecimiento de su corazón, él y los habitantes de Jerusalén, y no sobrevino sobre ellos la ira del Señor en los días de Ezequías. Y tuvo Ezequías riqueza y gloria mucha sobre manera; y cámaras se hizo para guardar la plata y oro, y la piedra preciosa, y para los aromas, y armerías, y para los vasos deseables; y ciudades para los productos del trigo y vino y aceite; y aldeas y pesebres de todo ganado, y dehesas para las greyes; y ciudades que se edificó; y hacienda de ovejas y vacas en multitud; pues diole el Señor hacienda mucha sobremanera. El mismo Ezequías cegó la salida del agua del gihón, la de arriba; y dirigiólas(d) hacia abajo, al occidente de la ciudad de David; y prosperó Ezequías en todas sus obras. Y así, a los legados de los príncipes, de Babilonia, a los enviados a él para preguntarle acerca del milagro(e) que aconteciera sobre la tierra; abandonóles el Señor para tentarle, para verlo en el corazón de él. Y lo demás de las palabras de Ezequías y su misericordia, he aquí está escrito en la profecía de Isaías, hijo de Amós, el profeta, y el libro de los reyes de Judá e Israel. Y durmióse Ezequías con sus padres, y le sepultaron en subida(f) de sepulcros de los hijos de David; y gloria y honor diéronle en su muerte todo Judá y los habitantes de Jerusalén; y reinó Manasés, su hijo, en su lugar. Impiedad de Manasés Siendo de doce años Manasés reinó; y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén. E hizo lo malo en los ojos del Señor, según todas las abominaciones de las gentes que exterminó el Señor a la faz de los hijos de Israel. Y volvió y edificó las alturas que derribó Ezequías, su padre y puso estatuas a los baales, e hizo selvas y adoró a toda la milicia del cielo y les sirvió. Y edificó aras en casa del Señor, de la que dijo el Señor: «En Jerusalén estará mi nombre por los siglos». Y edificó aras a todo el ejército del cielo en los dos atrios de la casa del Señor. Y él pasó sus hijos por el fuego en el valle de Ben-Ennom; y presagió, y auguró, y hechizó; e hizo ventrílocuos y encantadores, y colmó el hacer lo malo en los ojos del Señor, para irritarle. Y puso la escultura, la fundida: una imagen que hizo, en la casa del Señor, de la que dijo Dios a Israel a David y a Salomón, su hijo: «En esta casa y Jerusalén, la que he elegido de todas las tribus de Israel pondré mi nombre por los siglos; y no valoré a mover el pie de Israel, de la tierra que di a sus padres como cuiden de hacer todo lo que les mandé, según toda la ley y preceptos y los juicios en mano de Moisés». Y sedujo a Manasés, a Judá y a los habitantes de Jerusalén a hacer lo malo sobre todas las gentes que exterminó el Señor a la faz de los hijos de Israel. Y habló el Señor a Manasés y al pueblo de él; pero no escucharon. Y trajo el Señor sobre ellos a los príncipes del ejército del rey de Asiria, y prendieron a Manasés, en cadenas, y atáronle en grillos y llevaron a Babilonia. Y como fuese atribulado, buscó el rostro de Dios su Señor y humillóse sobremanera a la faz de Dios, de sus padres. Y oró a él, y escuchóle y escuchó su clamor, y volvióle a Jerusalén, a su reino; y conoció Manasés que el Señor, es el Dios. Y después de esto, edificó un muro fuera de la ciudad de David, de occidente a mediodía, en el torrente y a la entrada la de los que por la puerta de los Peces, salen a la puerta la en contorno y a Ofel, y levantó sobremanera; y contribuyó nombrando príncipes del ejército en todas las ciudades las muradas de Judá. y quitó de en torno los dioses los ajenos, y la escultura, de la casa del Señor, y todas las aras que edificara en el monte de la casa del Señor, y en Jerusalén y afuera de la ciudad. Y restauró el altar del Señor y sacrificó sobre él sacrificio de salud y loor. Y mandó a Judá servir al Señor, Dios de ellos; empero todavía el pueblo sobre las alturas sacrificaba; aunque sólo al Señor, Dios de ellos. Y lo demás de las palabras de Manasés, su oración a Dios, y palabras de los videntes los que le hablaron en nombre del Dios de Israel; he aquí, sobre(a) las palabras de su oración; y como le oyó; y todos sus pecados, y sus apostasías, y los lugares en que edificó, en ellos, las alturas y puso allí silvas y esculturas, antes de convertirse; he aquí escrito está sobre las palabras de los videntes(b). Y durmióse Manasés con sus padres, y le sepultaron en un huerto de su casa; y reinó, en su lugar, Amón, su hijo. Era de veintidós años, al reinar, y dos años reinó en Jerusalén. E hizo lo malo en los ojos del Señor, como hizo Manasés su padre; y a todos los ídolos que hizo Manasés su padre sacrificaba Amón, y les sirvió. Y no se humilló delante del Señor como se humilló Manasés, su padre; pues su hijo Amón colmó las prevaricaciones. Y rebeláronse contra él sus niños y le percutieron en su casa. Y percutió el pueblo de la tierra a los que se rebelaran contra el rey Amón; y enreyeció el pueblo de la tierra a Josías, su hijo en su lugar. Piedad de Josías Era de ocho años Josías, al reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. E hizo lo recto en ojos del Señor, y anduvo en el camino de David, su padre, y no declinó a diestra y siniestra. Y en el octavo año de su reinado, y él aún pequeñuelo, empezó a buscar al Señor el Dios de David, su padre; y en el duodécimo año de su reinado empezó a depurar a Judá y a Jerusalén de las alturas y las selvas; y de los cerca-altares(a) y de los conflátiles(b). Y derribaron a su vista las aras de los baales y las alturas sobre ellos; y cortó las selvas y las esculturas; y los conflátiles desmenuzó y pulverizó y lanzó sobre la faz de las tumbas de los que le sacrificaran. Y huesos de sacerdotes quemó sobre las aras, y depuró a Judá y a Jerusalén; y en las ciudades de Manasés, y Efraín, y Simeón y Neftalí, y los lugares de ellas en contorno. Y derribó las aras y las selvas; y los ídolos destrozó pulverizados, y todas las alturas cortó de toda la tierra de Israel; y volvió a Jerusalén. Y en el año décimoctavo de su reinado, después de haber depurado la tierra y la casa, envió a Safán, hijo de Eselía y a Maasías, príncipe de la ciudad, y a Yohá, hijo de Joacaz, su canciller, para restaurar la casa del Señor, su Dios. Y vinieron a Helcías el sacerdote, el grande, y dieron el dinero, el traído a la casa de Dios, el que juntaran los levitas que guardaban la puerta de mano de Manasés y Efraín y de los príncipes, y de todo el resto de Israel, y de los hijos de Judá y Benjamín y los habitantes de Jerusalén. Y lo dieron en manos de los que hacían las obras, los constituidos en la casa del Señor; y lo dieron a los que hacían las obras, los que hacían(c) en la casa del Señor para que reedificara y reparara la casa. Y dieron a los carpinteros y edificadores para comprar piedras de cuatro pies y madera para vigas para techar las casas que demolieran los reyes de Judá. Y los varones en fe(d) sobre las obras; y sobre ellos, cuidadores: Yahat y Abdías, los levitas de hijos de Merarí; y Zacarías y Mosolam, de los hijos de Caat para cuidar; y todo levita y todo entendido en órganos de cantares. Y(e) sobre los cargadores y sobre todos los que hacían las obras con operación y operación(f); y de los levitas, escribas, y jueces y porteros. Y al sacar ellos el dinero entrado en la casa del Señor, halló Helcías, el sacerdote, un libro de la ley del Señor dado por mano de Moisés. Y respondió Helcías y dijo a Safán, el escriba: «Un libro de la ley he hallado en la casa del Señor»; y dio Helcías el libro a Safán; e introdujo Safán el libro al rey; y dio también al rey cuenta: «Todo el dinero dado en mano de tus servidores los que trabajan(g); han amontonado el dinero hallado en la casa del Señor, y dado en mano de los cuidadores, y en mano de los que hacen la labor». Y anunció Safán, el escriba al rey una palabra diciendo: «Un libro me ha dado Helcías, el sacerdote», y leyólo Safán delante del rey; y aconteció, como oyera el rey las palabras de la ley que rasgó sus vestiduras. Y mandó el rey a Helcías, y a Ahicam, hijo de Safán; y a Abdón, hijo de Micá; y a Safán, el escriba; y a Asaías, servidor del rey, diciendo: «Id, buscad al Señor acerca de mí y acerca de todo lo restante de Israel y Judá, acerca de las palabras del libro el hallado; porque es grande el furor del Señor que está encendido en nosotros; por esto: porque no escucharon nuestros padres las palabras del Señor, para hacer todo lo escrito en este libro». Y fue Helcías y a los que dijo el rey, a Olda, la profetisa, mujer de Selum, hijo de Temat, hijo de Hasrá; la que guardaba los mandamientos(h) y ella habitaba en Jerusalén en suburbio; y habláronle según esto. Y les dijo: «Así dice el Señor, el Dios de Israel: «Decid al varón, el que os envía a mí; Así dice el Señor: «He aquí yo traigo sobre este lugar muchos males: todas las palabras escritas en el libro, el leído delante del rey de Judá; por cuanto me han abandonado e incensado a dioses extranjeros, para irritarme en todas las obras de sus manos; y se encendió mi furor en este lugar, y no se apagará. Y al rey de Judá, el que os ha enviado a buscar al Señor, así le diréis: «Así dice el Señor, el Dios de Israel: «Las palabras que he oído, indican que se ha conmovido tu corazón, y se ha humillado ante mí tu rostro al oír mis palabras sobre este lugar y los habitantes de él y te has humillado delante de mí y rasgado tus vestiduras y llorado delante de mí; yo he oído —dice el Señor, he aquí te reúno con tus padres, y serás reunido a las tumbas en paz, y no verán tus ojos todos los males que yo traigo sobre este lugar y sobre todos los habitantes de él». Y dieron al rey cuenta, y envió el rey y congregó a los ancianos de Judá y Jerusalén. Y ascendió el rey a la casa del Señor, y todo Judá y los habitantes de Jerusalén, y los sacerdotes, y los levitas y todo el pueblo, de pequeño a grande; y leyó en orejas de ellos todas las palabras del libro de la alianza, las halladas en la casa del Señor. Y púsose el rey sobre la columna y pactó pacto delante del Señor: de andar a la faz del Señor, de guardar sus mandamientos y sus testimonios y preceptos en todo el corazón y en toda el alma, para hacer valer las palabras del pacto escritas en ese libro. Y puso a todos los hallados en Jerusalén y Benjamín; e hicieron los habitantes de Jerusalén pacto en casa del Señor, Dios de sus padres. Y arrasó Josías todas las abominaciones, de toda la tierra que era de los hijos de Israel; e hizo a todos los hallados en Jerusalén y Judá servir al Señor Dios de ellos. Todos los días de él, no se desvió(i) de ir en pos del Señor, Dios de los padres de él. Celébrase la Pascua. Muere Josías en la guerra. E hizo Josías la Pascua al Señor, su Dios; y sacrificó la Pascua el día catorce del mes el primero. Y puso a los sacerdotes en las guardas de ellos y los confortó para las obras de la casa del Señor. Y dijo a los levitas, los poderosos en todo Israel que se santificaran para el Señor; y pusieron el arca, la santa, en la casa que edificó Salomón, hijo de David, el rey de Israel; y dijo el rey: «No es para vosotros obligación llevar sobre los hombros nada; ahora, pues, ministrad al Señor, vuestro Dios y a su pueblo Israel; y preparaos, según vuestras casas paternas y según vuestros turnos diarios, según la escritura de David, rey de Israel, y por mano de Salomón, su hijo. Y poneos en la casa según las divisiones de vuestras casas paternas para vuestros hermanos, hijos del pueblo, y parte de la casa paterna para los levitas; y sacrificad la Pascua, y lo santo preparad para muchos hermanos, para hacer según la palabra del Señor por mano de Moisés». Y obsequió Josías a los hijos del pueblo ovejas y corderos y cabritos de los hijos de las cabras(a) todo para la Pascua y todos los que se hallaban en número de treinta millares y de becerros tres millares; esto es de las primicias del rey. Y los príncipes de él obsequiaron al pueblo y a los sacerdotes y a los levitas; y dio Helcías y Zacarías y Iahiel, los príncipes a los sacerdotes de la casa de Dios; y dieron para la Pascua, ovejas y corderos y cabritos, dos mil seiscientos; y becerros, trescientos. Y Conenías y Semeías y Natanael, sus hermanos, y Hasabías, y Yeheel, y Yosabad, príncipes de los levitas, obsequiaron a los levitas, para la Pascua ovejas cinco mil, y becerros quinientos. Y arreglóse el ministerio y colocáronse los sacerdotes en su sitio; y los levitas sobre las divisiones de ellos, según el mandato del rey. Y sacrificaron la Pascua y derramaron los sacerdotes la sangre de mano de ellos; y los levitas desollaron. Y prepararon los holocaustos para entregarles, según la división, según las casas paternas a los hijos del pueblo, para ofrecer al Señor, como está escrito en el libro de Moisés, y así(b) para la mañana(c). Y asaron la Pascua en fuego, según lo dispuesto; y lo santo cocieron en los bronces, y en las ollas y en las calderas, y prosperó; y lo distribuyeron a todos los hijos del pueblo, Y después, prepararon para ellos y los sacerdotes porque los sacerdotes(d) estuvieron ocupados en el ofrecer de los holocaustos y las grosuras, hasta la noche; también los levitas prepararon para sí y sus hermanos, hijos de Aarón. Y los cantores hijos de Asaf, en el sitio de ellos, según los mandatos de David y Asaf y Hemán e Iditún, los profetas del rey; y los príncipes y los porteros de puerta y puerta —no tuvieron que moverse del ministerio de lo santo porque sus hermanos, los levitas, prepararon para ellos. Y arreglóse y dispúsose todo el ministerio del Señor, en aquel día, de hacer la Pascua y ofrecer los holocaustos sobre el altar del Señor, según el mandato del rey Josías. E hicieron los hijos de Israel los que se hallaban, la Pascua en aquel tiempo y la fiesta de los ázimos siete días. Y no hubo Pascua semejante a ella en Israel desde días de Samuel, el profeta, y de todo rey de Israel no hicieron como la Pascua que hizo Josías, y los sacerdotes, y los levitas y todo Judá e Israel el que se hallaba y los habitantes de Jerusalén, al Señor. El décimoctavo año del reinado de Josías se hizo esta Pascua.Después de todo esto que hizo Josías en la casa, a los ventrílocuos y a los adivinos, y los terafin y los ídolos y los caresim(e), que había en tierra de Judá y en Jerusalén, quemó el rey Josías para estatuir las palabras de la ley, las escritas en el libro que halló Helcías, el sacerdote en la casa del Señor. Semejante a él no hubo antes de él, que se volviera al Señor en todo su corazón, y en toda su alma y en toda su fuerza, según toda la ley de Moisés; y después de él no se levantó semejante. Empero no se volvió el Señor de la ira de su furor, el grande, con que se airó con furor contra Judá, por todas sus irritaciones que irritó Manasés. Y dijo el Señor: «También a Judá desecharé de mi faz; así como deseché a Israel, y he arrojado la ciudad que eligió a Jerusalén y la casa que dije: «Estará mi nombre allí(f)». Y subió el Faraón Necao, rey de Egipto, contra el rey de Asiria(g) sobre el río Eufrates; y fue el rey Josías a su encuentro; y envióle mensajeros, diciendo: «¿Qué a mí y a ti, rey de Judá? No contra ti he venido hoy a guerrear; y Dios ha dicho que me apresure; no te opongas ante Dios porque está conmigo, para que él no te pierda». Y no volvió Josías su rostro de él, sino que a guerrear contra él se esforzó, y no oyó las palabras de Necao, por boca de Dios, y vino a guerrear en la llanura de Magedó. Y arquearon los arqueros contra el rey Josías; y dijo el rey a sus servidores: «Sacadme fuera, porque estoy mal herido». Y sacáronle sus sirvientes del carro y le subieron en el carro segundo que tenía, y le llevaron a Jerusalén; y murió, y fue sepultado con sus padres; y todo Judá y Jerusalén plañeron sobre Josías. Y trenó Jeremías sobre Josías, y dijeron todos los príncipes y las princesas treno sobre Josías, (hasta hoy); y diéronle por precepto sobre Israel; y he aquí escrito está entre los trenos. Y estaban las demás palabras de Josías y su esperanza(h) escritas en la ley del Señor; y sus palabras las primeras y las últimas, he aquí escritas en el libro de los reyes de Israel y Judá. El cautiverio babilónico. Ciro le pone fin. Y tomó el pueblo de la tierra a Joacaz, hijo de Josías y le ungieron, y constituyéronle en lugar de su padre por rey sobre Jerusalén. Hijo de veintitrés años, Joacaz, al reinar; y tres meses reinó en Jerusalén(a); y el nombre de su madre fue Amital, hija de Jeremías de Lobná, e hizo lo malo a faz del Señor, según todo lo que hicieron sus padres. Y atóle Faraón Necao en Deblatá, en tierra de Aimat, para que no reinase en Jerusalén. Y trasladóle el rey a Egipto e impuso tributo a la tierra: cien talentos de plata y un talento de oro. Y constituyó Faraón Necao a Eliaquin, hijo de Josías, por rey sobre Judá, en lugar de Josías, su padre; y mudó su nombre en Joaquín; y a Isacaz, hermano de él, tomó faraón Necao y llevóle a Egipto(b) y murió allí; y la plata y el oro dio al faraón. Entonces empezó la tierra a ser tributaria para dar la plata sobre la boca(c) del faraón; y cada uno, según poder, pedía la plata y el oro, al pueblo de la tierra para darlo al faraón Necao. Era de veinticinco años Joaquín, al reinar y once años reinó en Jerusalén(d); y el nombre de su madre, Zecorá, hija de Nerías, de Ramá, e hizo lo malo a la faz del Señor; según todo cuanto hicieron sus padres. En los días de él vino Nabucodonosor, el rey de Babel, a la tierra, y estuvo sirviéndole tres años; y rebelóse contra él. Y envió el Señor sobre ellos a los caldeos y bandas de siros y bandas de moabitas y de hijos de Amón y de la Samaria; y rebeláronse, después de esta palabra, según la palabra del Señor, en mano de sus niños, los profetas, empero el furor del Señor era contra Judá, para arrojarlo de su faz por el pecado de Manasés en todo lo que hizo; y en sangre inocente, que derramó Joaquín y llenó a Jerusalén de sangre inocente; y no quiso el Señor exterminarlos. Y ascendió sobre él Nabucodonosor rey de Babilonia y atóle en broncíneos grillos y le llevó a Babilonia. Y parte de los vasos de la casa del Señor llevó a Babilonia y púsolos en su templo en Babilonia. Y lo demás de las palabras de Joaquín y todo lo que hizo(e) ¿no, he aquí, esto, escrito en el libro de las palabras de los días para los reyes de Judá? Y(f) durmióse Joaquín con sus padres, y fue sepultado en el Huerto Ozá con sus padres; y reinó Joacín(g), su hijo, en su lugar. De ocho años, Joacín al reinar, y tres meses y diez días reinó en Jerusalén; e hizo lo malo a la faz del Señor. Y volviendo el año, envió el rey Nabucodonosor y llevólo a Babilonia con los vasos deseables de la casa del Señor; y enreyeció a Sedecías, hermano de su padre, sobre Judá y Jerusalén. De veintiún años era Sedecías al reinar, y once años reinó en Jerusalén. E hizo lo malo a la faz del Señor, su Dios; no se arrepintió, a la faz de Jeremías, el profeta, y por boca(h) del Señor. De lo de rebelarse contra el rey Nabucodonosor en lo que le juramentara ante Dios; y endureció su cerviz; y su corazón fortaleció para no volverse al Señor, Dios de Israel. Y todos los ilustres de Judá, y los sacerdotes y el pueblo de la tierra colmaron el prevaricar prevaricaciones de abominaciones de genes, y mancillaron la casa del Señor en Jerusalén. Y envió el Señor, el Dios de sus padres, en(i) de sus profetas madrugando y mandando sus mensajeros, pues era piadoso con su pueblo y su santuario. Y estábanse rechiflando a sus mensajeros, y menospreciaron sus palabras; y jugándose con sus profetas hasta que subió el furor del Señor contra su pueblo; hasta que no hubo curación. Y trajo sobre ellos al rey de los caldeos; y mató a sus jovencillos con espada en casa de su santuario; y no perdonó a Sedecías; y de las vírgenes de ellos no se lastimó; y a sus ancianos llevaron; todo entregó en manos de ellos. Y todos los vasos de la casa de Dios, los grandes y los pequeños, y los tesoros de la casa del Señor, y todos los tesoros del rey y los potentados; todo lo llevó a Babilonia. Y quemó la casa del Señor y arrasó el muro de Jerusalén, y los palacios de ella quemaron en fuego, y todo vaso hermoso en anonadamiento. Y trasportó a los restantes a Babilonia; y fueron para él y sus hijos como siervos, hasta el reinado de los medos; para que se cumpliese la palabra del Señor dicha por boca de Jeremías: «hasta recibir la tierra los sábados de ella para sabatizar, todos los días de su desolación sabatizar hasta cumplimiento de años setenta». El año primero de Ciro, rey de Persia, después de cumplida la palabra del Señor por boca de Jeremías suscitó el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, y mandó pregonar en todo su reino de la tierra: (36:22) «Me ha dado el Señor, el Dios del cielo todos los reinos de la tierra y él mismo me mandó edificarle una casa en Jerusalén, en la Judea: ¿quién de vosotros(j) es de su pueblo? Será su Dios con él, que suba». Ciro despide a los israelitas Y en el primer año de Ciro, el rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor, de boca de Jeremías, suscitó el Señor el espíritu de Ciro y fue anunciando con voz en todo su reino, también por escrito, diciendo: «Así dice Ciro, rey de Persia»: «Todos los reinos de la tierra me ha dado el Señor, el Dios del cielo, y él mismo me miró para que yo le edificara casa en Jerusalén, la de Judea. ¿Quién de vosotros hay de todo el pueblo de él? Y será Dios con él, y subirá a Jerusalén, la de Judea, y edificará la casa del Dios de Israel: él, el Dios el de Jerusalén. Y todo restante de todos los lugares donde él peregrina allí, le acudirán los varones de su lugar con plata y oro, y haberes y ganado; juntamente con dones voluntarios para la casa de Dios la de Jerusalén». Y levantáronse los príncipes de las parentelas de Judá y Benjamín, y los sacerdotes y los levitas, de todos a quienes levantó Dios el espíritu de ellos para subir y edificar la casa del Señor, la de Jerusalén. Y todos en contorno auxiliaron sus manos con vasos de plata, con oro, con haberes y con ganado y con dádivas, fuera de lo voluntario. Y el rey Ciro sacó los vasos de casa del Señor los que tomara Nabucodonosor, de Jerusalén y los pusiera en casa de su dios. Y sacólos fuera Ciro, el rey de Persia, por mano de Mitrídates, el tesorero(a), y contólos a Sasabasar, el príncipe de Judá. Y éste, el número de ellos: tazones áureos, treinta; y tazones argénteos, mil; cuchillos veintinueve; tazas áureas, treinta; y argénteas dobes, cuatrocientas diez; y vasos otros, mil. Todos los vasos de oro y de plata: cinco mil cuatrocientos, y todos los subidos, con Sasabasar, de la trasmigración, desde Babilonia a Jerusalén. Censo de los que vuelven con Zorobabel Y estos, los hijos de la región, los que subieron del cautiverio de la trasmigración que trasmigró Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Babilonia. Y volvieron a Jerusalén y Judá, varón(a) a su ciudad; los que volvieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Saraías, Rahelaías, Mardocaí, Belsán, Mesfar, Begnaí, Baaná. De varones número del pueblo de Israel: Hijos de Farós, dos mil ciento setenta y dos. Hijos de Safatías; trecientos setenta y dos. Hijos de Area, setecientos setenta y cinco. Hijos de Fahat-Moab, de los hijos de Josué-Joab, dos mil ochocientos doce. Hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Zetuá, novecientos cuarenta y cinco. Hijos de Zacaí, setecientos setenta. Hijos de Baní, seiscientos cuarenta y dos. Hijos de Bebaí, seiscientos veintitrés. Hijos de Azgad, mil docientos veintidós. Hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis. Hijos de Begnaí, dos mil cincuenta y seis. Hijos de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro. Hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. Hijos de Besaí, trescientos veintitrés. Hijos de Jorá, ciento doce. Hijos de Hasum, doscientos veintitrés. Hijos de Gebar, noventa y cinco. Hijos de Belén, ciento veintitrés. Varones de Netufá, cincuenta y seis. Varones de Anatot, ciento veintiocho. Hijos de Azmavet, cuarenta y dos. Hijos de Cariatiarim, Cefirá y Berot, setecientos cuarenta y tres. Hijos de Ramá y Gabaá, seiscientos veintiuno. Varones de Macmás, ciento veintidós. Varones de Betel y Haí, doscientos veintitrés. Hijos de Nebó, cincuenta y dos. Hijos de Megbís, ciento cincuenta y seis. Hijos de Elam(b), la otra, mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Hasim, trescientos veinte. Hijos de Lod, Hadid y Onó, setecientos veinticinco. Hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco. Hijos de Denaá, tres mil seiscientos treinta. Y los sacerdotes hijos de Judá, de la casa de Josué, novecientos setenta y tres. Hijos de Emer, mil cincuenta y dos. Hijos de Fesur, mil doscientos cuarenta y siete. Hijos de Harim, mil diecisiete. Y los levitas, hijos de Josué y Cadmiel, de los hijos de Adovía, setenta y cuatro. Y cantores, hijos de Asaf, ciento veintiocho. Hijos de los porteros, hijos de Selum, hijos de Ater, hijos de Telmón, hijos de Acab, hijos de Hatitá, hijos de Sobaí; todos ellos: ciento treinta y nueve. Los natineos(c): hijos de Siha, hijos de Azufá, hijos de Tabaot; hijos de Cerós, hijos de Siaá, hijos de Fadón; hijos de Lebaná, hijos de Hagabá, hijos de Acub; hijos de Hagab, hijos de Semlaí, hijos de Hanán; hijos de Gadel, hijos de Raajá, hijos de Rasín, hijos de Necodá, hijos de Gazam; hijos de Azá, hijos de Faseá, hijos de Beseé; hijos de Asená, hijos de Munim, hijos de Nefusim, hijos de Baebuc, hijos de Hacufá, hijos de Harur; hijos de Beslut, hijos de Mahidá, hijos de Harsá; hijos de Bereós, hijos de Sisara, hijos de Temá; hijos de Nasiá, hijos de Hatifá; hijos de los siervos de Salomón, hijos de Sotaí, hijos de Soferet, hijos de Farudá; hijos de Yalá, hijos de Deraón, hijos de Gedeil; hijos de Safatías, hijos de Matil, hijos de Foqueret-Hazebaím, hijos de Amí. Todos los natineos e hijos de siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. Y éstos, los que subieron de Telmalá, Telharsá, Querub, Adom, Emer; y no pudieron indicar casa de sus familias y simiente de ellos para probar si de Israel son. Hijos de Dalayá, hijos de Obías, hijos de Necodá, seiscientos cincuenta y dos. Y de los hijos de los sacerdotes: hijos de Hobías, hijos de Asós, hijos de Berzelaí que tomó de las hijas de Berzelaí, el galaadita, mujer y fue llamado por el nombre de ellas; éstos buscaron escritura de su linaje, y no fueron hallados y fueron emparentados fuera del sacerdocio. Y díjoles Atersatá que no comieran del santo de los santos hasta que se levantara el sacerdote de los iluminados y de los perfectos(d) Toda la congregación juntamente, como cuarenta y dos mil trescientos sesenta; fuera de sus siervos y sus servidores; éstos: siete mil trescientos treinta y siete; y éstos: los cantantes y las cantantes, doscientos. Sus caballos, setecientos treinta y seis; sus mulas, doscientas cuarenta y cinco; sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; sus asnos, seis mil setecientos veinte. Y de los príncipes de familias, al entrar ellos en casa del Señor, la de Jerusalén, se espontanearon, para la casa de Dios, a fin de levantarla sobre su fundación; y según sus fuerzas dieron para el tesoro de la obra, oro puro, minas seis miríadas y mil; y de plata, minas cinco mil; y vestiduras de los sacerdotes ciento. Y asentáronse los sacerdotes y los levitas, y los del pueblo y los cantantes y los porteros y los natineos en las ciudades de ellos; y todo Israel en sus ciudades. Constrúyese el altar; y se fundamenta el templo. Y llegó el mes el séptimo y los hijos de Israel, en sus ciudades, y juntóse el pueblo, como varón uno, en Jerusalén. Y levantóse Josué, hijo de Yosedec y sus hermanos sacerdotes; y Zorobabel, hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer en él holocaustos, según lo escrito en la ley de Moisés, hombre de Dios. Y fundaron el altar sobre el fundamento(a) de él; a pesar del terror sobre ellos(b) de los pueblos de las tierras; y subió a él holocausto al Señor mañana y tarde. E hicieron la fiesta de los Tabernáculos, según lo escrito; y holocaustos, día a día, en número como lo determinado, prescripción de día en día(c). Y después de esto, holocaustos de perpetuidad, y en las neomenias y en todas las fiestas al Señor consagradas, y a todo el que se espontaneaba en lo espontáneo para el Señor. En día uno del mes el séptimo, principiaron a ofrecerse holocaustos al Señor; pero la casa del Señor no estaba fundamentada. Y dieron dinero a los picapedreros y a los carpinteros, y víveres y bebida y aceite a los sidonios y a los tirios, para que trajesen madera cedrina del Líbano al mar de Jope, según concesión de Ciro rey de Persia a ellos. Y en el año segundo de venir ellos a casa de Dios en Jerusalén, en mes segundo, comenzó Zorobabel, hijo de Salatiel, y Josué, hijo de Josedec, y los restantes de los hermanos de ellos, los sacerdotes y los levitas, y todos los venidos del cautiverio, a Jerusalén; y constituyeron a los levitas, de veinte años arriba, para vigilar los que hacían las obras en casa del Señor. Y levantóse Josué y sus hijos y sus hermanos y Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como varón uno, sobre los que hacían las obras en casa de Dios; hijos de Henadad, hijos de ellos y los hermanos de ellos, los levitas(d). Y fundamentaron, para edificar la casa del Señor; y pusiéronse los sacerdotes revestidos con trompetas; y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos para loar al Señor; por manos de David, rey de Israel. Y respondieron en alabanza y confesando al Señor: «Porque es bueno; porque los siglos perdura su misericordia sobre Israel». Y todo el pueblo manifestábase con voz grande a alabar al Señor sobre la fundamentación de la casa del Señor. Y muchos de entre los sacerdotes y los levitas y príncipes de las familias, los ancianos que vieran la casa primera en su fundamentación, con sus ojos, lloraban con voz grande; y el pueblo en manifestación con regocijo, gritaban alzando su cantar. Y no podía el pueblo distinguir la voz de manifestación del regocijo de la voz del llanto del pueblo; pues el pueblo vociferaba con voz grande y la voz se oía de lejos. Los samaritanos impiden la fábrica Y oyeron los que atribulaban a Judá y Benjamín, que los hijos de la transmigración edificaban una casa al Señor, Dios de Israel, y se llegaron a Zorobabel y a los príncipes de la familias y les dijeron: «Edificaremos, con vosotros, pues, como vosotros, buscamos a vuestro Dios, y a él nosotros sacrificamos desde días de Asaradám, rey de Asur, que nos trajo acá». Y dijéronle Zorobabel y Josué y los demás príncipes de las familias de Israel: «No a nosotros y a vosotros, conviene edificar la casa a nuestro Dios, porque hemos de ser nosotros solos, los que edificaremos para el Señor, Dios nuestro, como nos ha mandado Ciro, el rey de Persia». Y estuvo el pueblo de la tierra, disolviendo las manos del pueblo de Judá, e impidiéndoles edificar; y asalariados contra ellos intentando frustrar su intento, todos los días de Ciro, rey de Persia, y hasta el reinado de Darío, rey de Persia. Y en el reinado de Asuero, y en el principio de su reinado, escribieron una epístola contra los habitantes de Judá y Jerusalén. Y en los días de Artajerjes, escribió a Meselam, Mitridates, Tabiel y sus demás compañeros a Artajerjes, rey de Persia; y estaba la escritura de la carta en siro e interpretada: «Reum, el consejero(a), y Samsaí, el escriba, escribieron una carta contra Jerusalén a Artajerjes rey: «Esto juzgaba, Reum, el consejero, y Samsaí, el escriba, y los demás compañeros nuestros: dineros, afarsataqueros, terfaleos, afarseos, ercueos, babilonios, susanequeos, dievos y elamitas; y los demás de gentes que transportó Asenafar, el grande y el glorioso; y los estableció en ciudades de Samaria, y lo demás allende el río». (Este es el tenor de la epístola que enviaron a él): «A Artajerjes, rey, tus siervos, varones de allende el río: «Notorio sea al rey, que los judíos, los que han subido de ti a nosotros, han venido a Jerusalén, la ciudad la rebelde y mala, que edificaron; y sus muros están construyéndose y sus cimientos han subido. Ahora, pues, notorio sea al rey, que si aquella ciudad se edificare y sus muros se construyeren, tributos no tendrás(b), ni darán, y esto a los reyes daña. Ahora, como comemos la sal del rey, la vergüenza del rey no nos es lícita ver, por esto hemos enviado y noticiado al rey; para que se registre en el libro de memorias de tus padres y hallarás y conocerás en ellos que aquella ciudad, es una ciudad rebelde y dañadora de reyes y país; y transfugios de siervos(c), hácense en medio de ella desde días y de siglo; por esto esta ciudad fue asolada. Noticiamos, pues nosotros al rey que, si aquella ciudad se edificare y sus muros se construyeren, no hay para ti paz aquende el río». Y envió el rey cerca de Reum, el consejero, y Samsaí, el escriba, y de los demás compañeros de ellos que vivían en Samaria y de los demás allende el río: «Paz» -y dice: «El correo que enviaste a nosotros, ha sido llamado ante mí, y por mí fue puesta orden, y hemos registrado y hallado que aquella ciudad, desde antiguo se ha levantado sobre los reyes y rebeliones y transfugios hácense en ella. Y reyes fuertes ha habido en Jerusalén, y dominando todo lo de allende el río; y tributos llenos y parte se les dan. Y ahora poned edicto de que cesen aquellos varones, y aquella ciudad no se edificará ya, hasta que por mí se dé edicto. Y guardaos de descuido hacer en esto; no sea que se multiplique el daño para malaventura de los reyes». Entonces el correo de Artajerjes rey leyó ante Reum el consejero, y Samsaí, el escriba y sus compañeros; y fueron apresuradamente a Jerusalén, a los judíos, y les pararon con bridones y ejército. Entonces paró la obra de la casa de Dios, la de Jerusalén; y permaneció parada hasta el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia. Los profetas Ageo y Zacarías exhortan a proseguir la labor Y profetizan Ageo, el profeta, y Zacarías, hijo de Adó, sobre los judíos, los de Judá y Jerusalén, en nombre de Dios, de ellos. Entonces levantáronse Zorobabel, hijo de Salatiel, y Josué hijo de Yosedec, y principiaron a edificar la casa de Dios, la de Jerusalén; y con ellos, los profetas de Dios, ayudándoles En el mismo tiempo vino sobre ellos Tatanaí, gobernador allende el río, y Starbuzanaí, y los compañeros de ellos, y tal les dijeron: «¿Quién os dio orden de edificar esta casa, y esta fábrica consumar?» Entonces les dijeron cuales eran los nombres de los varones que edificaban esta ciudad. Y los ojos de Dios estaban sobre la cautividad(a) de Judá y no los detuvieron hasta que la causa a Darío se llevó, y se contestó por escrito a ello. Copia de la carta que envió Tatanaí, el gobernador allende el río, y Starbuzanaí, y sus compañeros afarsaqueos, los de allende el río, a Darío el rey. Palabras enviaron a él y esto estaba escrito en ellas: «A Darío, el rey, paz toda. Notorio sea al rey que fuimos a la judía región, a casa de Dios, el grande. Ella se edifica de piedras escogidas y madera se pone en las paredes, y aquella obra se hace muy derecha y prospera en sus manos. Entonces preguntamos a aquellos ancianos y les dijimos: ¿Quién os ha dado orden de esta casa edificar y esta fábrica consumar? Y los nombres de ellos les preguntamos para noticiarte,a fin de escribirte los nombres de los varones, los príncipes de ellos. Y esta palabra nos respondieron, diciendo: «Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra y edificamos la casa que estaba edificada antes de ahora, años muchos, y un rey de Israel grande la edificó y la consumó para ellos. Pero después que irritaron nuestros padres al Dios del cielo, diolos en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia el caldeo; y esta casa deshizo y al pueblo transportó a Babilonia. Mas en el año primero del reinado de Ciro(b), Ciro el rey, puso decreto de que esta casa de Dios se edificase; y los vasos de la casa de Dios, los áureos y los argénteos que Nabucodonosor sacara de la casa la de Jerusalén y llevara al templo del rey, sacólos Ciro el rey fuera del templo del rey y diolos a Sasabasar, al tesorero, el que sobre el tesoro(c) y le dijo: «Todos los vasos toma y ve, y la casa de Dios edifíquese en su lugar(d)». Entonces aquel Sasabasar vino y puso cimientos de la casa de Dios la de Jerusalén y desde entonces hasta ahora se ha edificado, y no terminado. Y ahora, si al rey plugiere, indague en la casa del tesoro del rey de Babilonia, para conocer: ¿por qué el rey Ciro, dio decreto de edificar aquella casa de Dios, la de Jerusalén?; y conociendo el rey, acerca de esto, envíe a nosotros». Darío ordena la fábrica del templo. Este se termina y dedica. Celébrase la Pascua. Entonces Darío el rey, dio un decreto, e indagó en las bibliotecas donde el tesoro yace en Babilonia. Y se halló en Ecbatana, en ciudad, en el palacio que hay en Media, capítulo uno y esto estaba escrito en él: «Memorial: «En el año primero de Ciro rey, Ciro el rey, dio decreto acerca de la casa santa de Dios, la de Jerusalén: «Casa edifíquese y lugar donde sacrifican los sacrificios». Y puso elevación(a): altura: codos sesenta; su anchura, de codos sesenta; y casas(b) pétreas fuertes tres, y casa maderil una, y los dispendios, de la casa del rey se darán. Y los vasos de la casa de Dios los argénteos y los áureos que Nabucodonosor sacó de la casa la de Jerusalén y llevó a Babilonia, dense y vayan al templo el de Jerusalén, sobre el lugar donde se pusieran en casa de Dios. Ahora, Tatanaí, gobernador allende el río, Starbuzanaí y sus compañeros los afarsaqueos los de allende el río, lejos estaros de allí. Ahora dejad que continúe la obra de la casa de Dios; que los jefes de los judíos y los ancianos de los judíos aquella casa edifiquen sobre el lugar de ella. Y por mí orden se ha dado, no sea que algo hagáis(c) a los ancianos de los judíos al edificarse aquella casa de Dios; y de la hacienda del rey de los tributos allende el río cuidadosamente las expensas sean dadas a aquellos varones para que no cese; y lo necesario, y crías de vacas y de carneros, y corderos para holocaustos al Dios del cielo; trigo, sal, vino, aceite, según palabra de sacerdotes, los de Jerusalén, séales dado, de día en día, lo que pidieren; para que estén fragancias ofreciendo al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y de sus hijos, Y por mí se ha dado orden, de que todo hombre que mudare esta palabra, se arrancará leño de la casa de él y levantado será clavado en él; y su casa lo perteneciente a mí, será hecha. Y el Dios cuyo nombre habita allí, derroque a todo rey y pueblo que extendiere su mano a mudar o anonadar la casa de Dios; la de Jerusalén. Yo Darío he dado orden, cuidadosamente ello será»(d). Entonces Tatanaí, el gobernador allende el río, y Starbuzanaí y sus compañeros, según lo que enviara Darío, así hicieron cuidadosamente. Y los ancianos de los judíos edificaron y los levitas, en profecía de Ageo, el profeta, y de Zacarías, hijo de Adá, y edificaron hacia arriba y terminaron por orden de Dios de Israel y por orden de Ciro, y Darío y Artajerjes, reyes de Persia. Y concluyeron esta casa hasta día tercero del mes de Adar, que es año sexto del reinado de Darío el rey. E hicieron los hijos de Israel los sacerdotes y los levitas y los demás de hijos de transmigración, dedicación de la casa de Dios en alegría. Y ofrecieron para la dedicación de la casa de Dios becerros ciento, carneros doscientos, corderos cuatrocientos, machos de cabras por pecado, por todo Israel, doce, según número de tribus de Israel. Y colocaron a los sacerdotes en divisiones de ellos y a los levitas en reparticiones de ellos, para servicio de Dios en Jerusalén, según la escritura de libro de Moisés; e hicieron los hijos de la trasmigración la Pascua el catorce del mes el primero. Pues habíanse purificado los sacerdotes levitas, hasta uno(e), todos puros, y degollaron la Pascua para todos los hijos de la trasmigración y para sus hermanos los sacerdotes y para sí mismos. Y comieron los hijos de Israel la Pascua, los de la trasmigración, y todo el separado de la impureza de gentes de la tierra, con ellos, para buscar al Señor Dios de Israel; e hicieron la fiesta a los ázimos siete días en alegría porque les alegró Señor, y mudó corazón de rey de Asur para con ellos, para fortificar las manos de ellos en las labores de la casa del Dios de Israel. Vuelta de Esdras. Decreto y dones de Artajerjes. Y después de estas palabras en reinado de Artajerjes, rey de Persia, subió Esdras, hijo de Saraías, hijo de Azarías, hijo de Heloías, hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Aquitob, hijo de Amarías, hijo de Azarías(a), hijo de Marayot, hijo de Zarahías, hijo de Ozí, hijo de Boquí, hijo de Abisué, hijo de Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, el sacerdote el primero. El mismo Esdras subió de Babilonia, y él, un escriba versado en ley de Moisés, la que dio el Señor, el Dios de Israel; y diole(b) el rey (pues mano del Señor, su Dios, estaba sobre él) en todo lo que buscaba él mismo. Y subieron, de los hijos de Israel, y de los sacerdotes y de los levitas, y los cantantes y los porteros y los natineos(c) a Jerusalén, en año séptimo para Artajerjes el rey. Y vinieron a Jerusalén el mes el quinto del año séptimo para el rey. Porque, a primero del mes, el primero, él arregló la subida la de Babilonia; pero en el primero, el mes el quinto, llegaron a Jerusalén; porque la mano de su Dios era bondadosa sobre él. Porque Esdras puso en su corazón buscar la ley, y hacer enseñar, en Israel, la ley y el derecho. Y ésta fue la interpretación del decreto que dio Artajerjes a Esdras, el sacerdote, el escriba del libro de palabras de los mandamientos del Señor y sus preceptos sobre Israel: «Artajerjes, rey de reyes a Esdras, escriba de la ley del Señor, el Dios del cielo: cumplida está la palabra y la respuesta(d). Por mí ha sido dado decreto de que todo voluntario, en reino mío del pueblo de Israel y de sacerdotes y levitas, se vayan a Jerusalén, cuando tú fueres. De faz del rey y de los siete consejeros se ha enviado(e) a requerir a través de la Judea y en Jerusalén con ley(f) de su Dios, en mano tuya; y(g) para la casa del Señor plata y oro que el rey y los consejeros han espontaneado al Dios de Israel, el que en Jerusalén habita, y toda plata y oro que hallares en toda la región de Babilonia, con espontaneidad del pueblo y de los sacerdotes, los que espontaneen para la casa de Dios la de Jerusalén. Y todo el que viniere, a éste convenientemente registra en este libro(h); becerros, carneros, ovejas, y sus hostias y libaciones; y lo ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios, la de Jerusalén. Y si algo ante ti y tus hermanos plugiere con lo demás de la plata y del oro hacer, como grato, a vuestro Dios, hace. Y los vasos que se te dan para ministerio de la casa de Dios, entrega a la faz de Dios en Jerusalén. Y lo demás necesario de casa de tu Dios, lo que te pareciere dar, darás de cajas del tesoro del rey. Y de mí, yo, Artajerjes, rey, he dado orden a todos los tesoros los de allende el río, de que todo lo que os pidiere Esdras, el sacerdote y escriba de la ley del Dios del cielo, cuidadosamente, se haga, hasta de plata, talentos ciento; y hasta de trigo, coros ciento, y hasta de vino, batos ciento; y hasta de aceite, batos ciento; y de sal, de que hay escritura(i). Todo lo que es en orden a Dios del cielo, hágase; cuidad que nadie atente contra la casa del Dios del cielo(j) no sea que venga su ira sobre el reinado del rey y sus hijos. Y a vosotros ha sido hecho notorio: en todos los sacerdotes y los levitas, cantores, porteros, nataneos, y ministros de esta casa de Dios tributo(k) no haya para ti: no podrás esclavizarlos. Y tú, Esdras, como la sabiduría de Dios, en tu mano, constituye, escribas y jueces que estén juzgando a todo el pueblo el de allende el río, a todos los que saben la ley de tu Dios; y al que no sabe, le manifestaréis; y todo el que no hiciere la ley de Dios y la ley del rey prontamente, el juicio será hecho de él, sea a la muerte, sea al castigo, sea a la pena de bienes, sea a la cárcel». Bendito, Señor, el Dios de nuestros padres que puso en el corazón del rey así, para glorificar la casa del Señor, la de Jerusalén; y sobre mí inclinó misericordia en ojos del rey y de sus consejeros y de todos los príncipes del rey, los elevados. Y yo me fortalecí, como mano de Dios, la bondadosa, sobre mí, y congregué, de Israel, príncipes que subieran conmigo. Catálogo de los que volvieron a Jerusalén Y éstos, los príncipes de sus familias, los guías, que subieron conmigo, en el reinado de Artajerjes, el rey, desde Babilonia: De los hijos de Fineés, Gersón, de hijos de Itamar, Daniel; de hijos de David, Hatus; de hijos de Sequenías y de hijos de Farós, Zacarías, y con él, por todo: ciento cincuenta. De hijos de Fahat Moab, Elioenaí, hijo de Saraías(a) y con él doscientos varones. Y de hijos de Sequenías, hijo de Ezequiel, y con él trescientos varones. Y de hijos de Adía(b), Abed, hijo de Jonatán, y con él, cincuenta varones. Y de hijos de Alam, Isaías, hijo de Atalía; y con él, setenta varones. Y de hijos de Safatías, Zebedía, hijo de Micael; y con él, ochenta varones. Y de hijos de Joal, Obedía, hijo de Jahiel; y con él doscientos dieciocho varones. Y de hijos de Selonit, hijo de Josfía; y con él, ciento sesenta varones. Y de hijos de Babaí, Zacarías, hijo de Bebaí; y con él veintiocho varones. Y de hijos de Azgad, Johanán, hijo de Acetán(c) y con él ciento diez varones. Y de los hijos de Adonicam los últimos, y éstos los nombres de ellos: Elifelet y Yehiel y Samaías, y con ellos, sesenta varones. Y de hijos de Beguí, Utaí, y Zacur; y con ellos, setenta varones. Y congreguélos en el río que va a Ahavá; y acampamos allí tres días; e inquirí en el pueblo y en los sacerdotes; y de los hijos de Leví no encontré allí. Y envié cerca de Eliezer y de Ariel, y de Semeías y de Elnatán(d) y de Yarib, y de Elnatán, y de Natán, y de Zacarías, y de Mosolam, los príncipes; y cerca de Yoyarib y de Elnatán, sabios. Y los remití a Edó, príncipe del lugar Casfia, y puse en su boca las palabras que hablarían a Edó y sus hermanos, los servidores del templo del lugar Casfia, para que nos trajeran ministros para la casa de nuestro Dios(e). Y vinieron a nosotros, como mano de nuestro Dios, bondadosa sobre nosotros, un varón prudente de los hijos de Moholí , hijo de Leví, hijo de Israel; Saraías y sus hijos y sus hermanos: dieciocho; y Hasabías; y con él Isaías, y de los hijos de Merarí, y los hijos de él y los hermanos de él: veinte. Y de los nataneos, que dio David y los príncipes para servicio de los levitas, nataneos doscientos veinte; todos se congregaron en su nombre(f). Y publiqué allí un ayuno, sobre el río Ahavá, para humillarnos a la faz de nuestro Dios, para buscar, de él, camino cierto para nosotros y nuestros hijos y toda nuestra hacienda. Pues nos avergonzábamos de pedir al rey ejército y jinetes para salvarnos del enemigo en el camino; porque dijimos al rey, diciendo: «Mano de nuestro Dios, está sobre todos los que buscan para bien; y su poder y su furor, sobre todos los que le abandonan». Y ayunamos y buscamos de nuestro Dios acerca de esto, y nos oyó. Y congregué de príncipes de los sacerdotes, doce: a Sarabías, a Hasabías y, con ellos, de sus hermanos, diez. Y peséles la plata y el oro y los vasos de dádiva de casa de nuestro Dios, los que ofrendó el rey y sus consejeros y sus príncipes; y todo Israel los que se hallaban. Y pesé sobre sus manos: de plata, talentos seiscientos cincuenta; y vasos argénteos, ciento; y talentos de oro, ciento. Y tazas áureas veinte, de mil áureos cada una; vasos de bronce dos, relucientes, preciosos a par de oro. Y les dije: «Vosotros, consagrados al Señor, y los vasos consagrados, y la plata y el oro, espontaneados al Señor, Dios de nuestros padres: velad y guardad, hasta que peséis, a la faz de los príncipes de los sacerdotes, y de los levitas y de los príncipes de las familias en Jerusalén, en las cámaras de la casa del Señor». Y recibieron los sacerdotes y los levitas el peso de la plata y del oro y de los vasos, para llevar a Jerusalén, a casa de nuestro Dios. Y partimos del río, el Ahavá, en el duodécimo del mes el primero, para ir a Jerusalén; y mano de nuestro Dios fue sobre nosotros y nos libró de mano del enemigo y guerreante en el camino. Y llegamos a Jerusalén y nos quedamos allí tres días. Y aconteció el día cuarto: pesamos la plata, y el oro y los vasos en casa de nuestro Dios, sobre mano de Meremot, hijo de Urías, el sacerdote; y, con él, Eleazar, hijo de Fineés; y, con ellos, Yozabed, hijo de Josué, y Noadaías, hijo de Benoí, los levitas; en número y en peso todo; y escrito fue todo el peso. En aquel tiempo los venidos de la cautividad, los hijos de la transmigración, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel: becerros doce por todo Israel, carneros noventa y seis, corderos setenta y siete, cabrones por pecado doce; todo holocausto al Señor. Y dieron el decreto del rey a los sátrapas del rey, y a los príncipes, de allende el río; y(g) glorificaron al pueblo y la casa de Dios. Lamenta Esdras los matrimonios con paganas Y cuando se terminó esto, acercáronse a mí los príncipes, diciendo: «No se ha separado el pueblo de Israel, y los sacerdotes y los levitas, de los pueblos de la tierras, en los extravíos de ellos: del cananeo, del heteo, del ferezeo, del jebuseo, del amonita, del moabita, del egipcio y del amorreo; pues han tomado, de las hijas de ellos para sí y para sus hijos; y se ha mezclado simiente la santa con pueblos de las tierras; y mano de los príncipes, en esta prevaricación, la delantera. Y cuando oí esta palabra, rasgué mis vestiduras; y temblaba(a), y arrancaba cabellos de mi cabeza y de mi barba, y sentábame solitario, y juntáronse a mí todo el que seguía la palabra del Dios de Israel, sobre la prevaricación de la transmigración; y yo, sentado solitario hasta el sacrificio vespertino. Y en el sacrificio vespertino, me levanté de mi humillación; y rasgando mis vestiduras, temblaba, e inclínome sobre mis rodillas, extiendo mis manos al Señor Dios, y dije: «Señor, me he avergonzado y confundido de levantar, Dios mío, mi rostro a ti; porque las iniquidades nuestras se han multiplicado sobre nuestras cabezas; y nuestros delitos han crecido hasta el cielo. Desde los días de nuestros padres estamos en delito grande hasta este día; y en nuestras iniquidades entregados hemos sido nosotros, y nuestros reyes y nuestros hijos, en manos de reyes de las gentes, en espada, y en cautividad y en desprecio y confusión de nuestro rostro; como este día(b). Y ahora se ha mitigado con nosotros nuestro Dios para dejarnos en salud y darnos afianzamiento en sitio de su santificación, para alumbrar nuestros ojos y dar vivificación pequeña en nuestra servidumbre; porque siervos somos; y en nuestra servidumbre no nos ha abandonado el Señor, nuestro Dios; y ha inclinado sobre nosotros su misericordia a la faz de los reyes de Persia, para darnos vivificación, exaltando ellos la casa de nuestro Dios y resucitando sus desolaciones y dándonos un cercado en Judá y en Jerusalén. ¿Qué diremos, al Dios nuestro, después de esto? Pues, que hemos abandonado tus mandamientos, que nos diste en manos de tus siervos, los profetas, diciendo: «La tierra a la que vais para heredarla, es tierra perversa en perversión de pueblos, los gentiles, en extravíos de ellos de que lo llenaron, de boca a boca, en las inmundicias de ellos». Y ahora vuestras hijas no deis a sus hijos; y de sus hijas no toméis para vuestros hijos; y no busquéis paz de ellos y bien de ellos hasta los siglos, para que os fortifiquéis y comáis los bienes de la tierra; y la heredéis a vuestros hijos hasta los siglos. Y después de todo lo venido sobre vosotros, en vuestros hechos los malos y en vuestro delito el grande; pues no hay como nuestro Dios; pues nos has aligerado las iniquidades y dádonos salud, pues hemos vuelto a disipar tus mandamientos, y casarnos con pueblos de las tierras; no te irrites contra nosotros hasta consumación, de no haber reliquia y salvo. Señor, el Dios de Israel, justo tú, pues henos quedado salvos; como este día; hemos aquí delante de ti en nuestros delitos; pues no hay como estar a la faz tuya, por causa de esto». Obedece el pueblo y repudia a los extranjeros Y al orar Esdras y al confesar llorando y orando a la faz de la casa de Dios, congregáronse a él, de Israel, reunión mucha sobremanera; varones y mujeres y niños; porque lloró el pueblo y alzóse(a) llorando. Y respondió Sequenías, hijo de Jehiel, de hijos de Elam, y dijo a Esdras: «Nosotros hemos prevaricado contra nuestro Dios y casádonos con mujeres extrañas, de los pueblos de la tierra; y ahora hay esperanza, para Israel, en esto. Y ahora pactemos pacto con nuestro Dios de arrojar todas las mujeres, y lo nacido de ellas, como él quisiere: levántate y atemorízalos con los mandamientos de nuestro Dios; y, como la ley, así se haga. Levanta; pues sobre ti la palabra, y nosotros contigo: fortalece y haz». Y levantóse Esdras y juramentó a los príncipes, los sacerdotes y levitas, y a todo Israel de hacer según esta palabra; y juraron. Y levantóse Esdras de faz de casa de Dios, y fue al gazofilacio de Johanán, hijo de Eliasib; y fue allá, pan no comió y agua no bebió; pues lloraba sobre la prevaricación de la transmigración. Y transmitieron voz en Judá y en Jerusalén a todos los hijos de la transmigración, de congregarse en Jerusalén: «Todo el que no viniere en tres días, conforme al consejo de los príncipes y de los ancianos, anatematizada será toda su hacienda; y él mismo, expulsado de la congregación de la transmigración». Y juntáronse todos los varones de Judá y Benjamín en Jerusalén en los tres días; éste, el mes, el noveno. A veinte del mes asentóse todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, por el tumulto de ellos a causa de la palabra y por el invierno. Y levantóse Esdras, el sacerdote, y les dijo: «Vosotros habéis prevaricado y casado con mujeres extrañas, para añadir al delito de Israel. Y ahora dad loor al Señor, Dios de vuestros padres, y haced lo grato a la faz de él y separaos de los pueblos de la tierra y de las mujeres de los extraños» Y respondieron toda la congregación y dijeron(b): «Grande(c) esta palabra tuya sobre nosotros para hacer. Empero el pueblo mucho y el tiempo invernizo, y no hay posibilidad de estar afuera; y la obra no es para un día y ni para dos; porque hemos multiplicado el delinquir de esta palabra. Pónganse ya nuestros príncipes para toda la congregación y para todos los de nuestras ciudades. Quien se hubiere casado con mujeres extrañas vengan en tiempos según convenios; y con ellos los ancianos de ciudad y ciudad, y jueces; al fin de apartar la ira del furor de nuestro Dios, de nosotros, cuanto a esta palabra». Empero Jonatán, hijo de Azahel, y Jaasías, hijo de Teciré, en cuanto a esto se opusieron y Mesolam y Sebetaí el levita les ayudaron. E hicieron así hijos de la transmigración, y fueron elegidos Esdras, el sacerdote y los varones príncipes de familias para la(d) casa; y todos por nombres y volvieron en día uno(e) del mes el décimo, para inquirir la palabra. Y terminaron con todos los varones que se habían casado con mujeres extrañas; hasta día uno del mes primero. Y fueron hallados, de hijos de sacerdotes que se habían casado con mujeres extrañas: de hijos de Josué, hijo de Josedec y sus hermanos: Maasía y Eliezer, y Jarib y Godolía. Y dieron su mano de despedir sus mujeres, y de delito un carnero de ovejas por su delincuencia. Y de hijos de Emer: Hananí y Zebedía. Y de hijos de Harim: Maasía, y Elía, y Semeía, y Jehiel y Ozías. Y de hijos de Feshur: Elioenaí, Maasía, Ysmael, Natanael, Josabed y Elasá. Y de hijos de levitas: Josabed, y Semeí, y Calaía —él mismo: Calita; Faraía, Judá y Eliezer. Y de los cantantes: Eliasib. Y de los porteros: Selum y Télem y Urí. Y de Israel(f): de hijos de Farós: Remeía, y Jezía, y Melquía, y Miamín, y Eliezer, y Melquía y Banea. Y de los hijos de Elam: Matanía, y Zacarías, y Jehiel, y Abdí, y Jerinot y Elía. Y de hijos de Zetúa: Elisenaí, Eliasib, Matanía, y Jerimut, y Zabad y Azizá. Y de hijos de Bebaí: Johanán, Hananía, Zabdaí y Atalaí. Y de hijos de Baní: Mesolam, y Meluc, y Adaía, Jasub, Saal y Ramot. Y de hijos de Fahat-Matanías, Beseleel, y Benuí y Manasés. Y de hijos de Jarim: Eliezer, Josué, Melquías, Semeías, Simeón, Benjamín, Maloc, Samarías. Y de hijos de Hasem: Matanaí, Matatá, Zabad, Elifelt, Yermaí, Manasés, Semeí. Y de los hijos de Baní: Maadí, Amram y Vel, Baneas, y Badaías, Queliam, Vanía, Marimut, Eliasib, Matanías, Matanaí y Yasí. Y Baní y Benué, Semeí. Y Salmías, y Natán, y Adaías, y Mecnebedaí, Sesaí, Saraí, Ezrel, y Selemiau, y Semería. y Selum, Anaría, José. De hijos de Nebó: Yehiel, Matatías, Zabad, Zabina, Jedú, y Joel y Banaía. Todos éstos tomaron mujeres extrañas, que parieron, de entre ellas, hijos. Nehemías ora por el pueblo Palabras de Nehemías, hijo de Helcías. Y aconteció, en el mes de Casleu, del año veinte, y yo estaba en Susán, la ciudadela. Y vino Hananí, uno de mis hermanos, él y varones de Judá, y preguntéles acerca de los salvos, los sobrevivientes del cautiverio, y acerca de Jerusalén. Y me dijeron: «Los sobrevivientes, los que han sobrevivido a la cautividad están en la región en malaventura grande, y en oprobio, y los muros de Jerusalén están arrasados, y las puertas de ella, se han quemado en fuego.» Y aconteció, al oír yo estas palabras, sentarme, y llorar y plañir días, y estar ayunando y orando a la faz del Dios del cielo. Y dije: «No, no, Señor, el Dios del cielo, el fuerte, el grande y temeroso, que guarda el pacto y misericordia a los que le aman y a los que guardan sus mandamientos. Esté ahora tu oreja atenta y tus ojos, abiertos para escuchar la oración de tu siervo, que yo oro a faz tuya hoy, día y noche, por hijos de Israel, tus siervos, y confesando los pecados de los hijos de Israel que han pecado contra ti; y yo y la casa de mi padre hemos pecado. Con separación nos hemos separado de ti y no hemos guardado los mandamientos, y los preceptos y los juicios que mandaste a Moisés tu siervo. Acuérdate ya de la palabra que mandaste a Moisés, tu siervo, diciendo: «Vosotros, si prevaricareis, yo os dispersaré en los pueblos; y si volviereis a mí y guardareis mis mandamientos, y los hiciereis, si fuere vuestra dispersión por la sumedad del cielo, de allí los congregaré y los conduciré al lugar que he elegido para que habite mi nombre allí. Y ellos, siervos tuyos y pueblo tuyo, a los que has redimido en tu fuerza, la grande, y en tu mano la poderosa. No, no, Señor; sino que esté tu oreja atenta a la oración de tu siervo y a la oración de tus niños, los que quieren temer tu nombre; prospera ya a tu niño hoy, y dale a conmiseraciones a faz de este varón.» Y yo era copero del rey. Nehemías ante Artajerjes Y aconteció en el mes de Nisán del año vigésimo para Artajerjes rey, estar el vino delante de mí; y cogí el vino y di al rey, y no había otro delante de él(a). Y me dijo el rey: «¿Por qué tu semblante está malo y no estás enfermo? Esto no es sino un malestar de corazón.» Y temí mucho sobremanera; y dije al rey: «El rey por los siglos viva. ¿Por qué no se ha de poner malo mi semblante, por esto: porque la ciudad, casa de sepulcro de mis padres, está desolada, y sus puertas, devoradas por el fuego?» Y díjome el rey: «Pues ¿qué te quieres?» Y oré al Dios del cielo. Y dije al rey: «Si ante el rey le pareciere bueno y si fuere bueno tu siervo delante de ti, que me enviaras a Judá, a la ciudad y sepulcros de mis padres, y la reedificaré.» Y me dijo el rey y la concubina, la sentada a la par de él: «¿Hasta cuándo será tu viaje, y cuándo volverás?» Y pareció bien a faz del rey, y me envió; y yo señalé el término. Y dije al rey: «Si al rey le pareciera bien déme cartas a los sátrapas allende el río para que me conduzcan hasta llegar a Judá; y carta a Asaf, el custodio de la selva que tiene el rey, a fin de que me dé madera para techar las puertas y para el muro de la ciudad y casa en qué entrar yo, en ella.» Y diome el rey esas cartas(b), por la mano bondadosa de Dios. Y vine a los sátrapas allende el río, y diles las cartas del rey y envió conmigo el rey príncipes de ejército y jinetes. Y oyó Sanabalat, el horonita, y Tobías, el siervo, el amonita, y malo parecióles el haber venido un hombre a buscar bien para los hijos de Israel. Y vine a Jerusalén, y estuve allí días tres. Y me levanté de noche, y varones pocos conmigo y no manifesté a hombre alguno lo que Dios me pone en corazón para hacer con Israel; y jumento no hay conmigo, sino el jumento en que yo ando, en él. Y salí por la «puerta del valle», de noche, y hacia «fuente del dragón»(c) y a la «puerta del estiércol»; y estuve contemplando el muro de Jerusalén que ellos arrasan; y sus puertas, devoradas por el fuego. Y pasé a la «puerta de la fuente» y a la piscina del rey, y no había lugar para pasar el jumento en que iba. Y estuve subiendo por el muro del torrente de noche, y estuve contemplando el muro. Y estuve en la «puerta del valle», y volví. Y los guardianes no sabían a dónde había ido y qué era lo que yo hacía. Hasta entonces no había dicho nada a los judíos, y a los sacerdotes, y a los aristócratas, y a los estrategos y a los demás que hacían la obra. Y les dije: «Vosotros veis esta malaventura en que estamos, en ella: cómo Jerusalén está desierta, y sus puertas han sido dadas al fuego. Venid pues y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no seremos ya más oprobio.» Y les refería cómo la mano bondadosa de Dios había estado sobre mí; y, además, las palabras del rey, que me dijo. Y dije: «Levantémonos, y edifiquemos.» Y fortaleciéronse las manos de ellos para el bien. Y oyó Sanabalat, el horonita; y Tobías, el siervo, el amonita; y Gosem, el árabe, y mofáronse de nosotros, y nos menospreciaron y dijeron: «¿Qué la palabra ésta que vosotros hacéis? ¿Acaso contra el rey os rebeláis?». Y diles respuesta y les dije: «El Dios del cielo, él nos prosperará; y nosotros, siervos de él puros(d), edificaremos; y vosotros no tenéis parte, ni justicia ni memoria en Jerusalén». Censo de los reedificadores de Jerusalén Y levantóse Eliasib, el sumo sacerdote, y sus hermanos los sacerdotes edificaron la puerta «probática»(a); ellos la santificaron y colocaron sus hojas; y hasta torre «de los ciento»(b) santificaron, hasta torre de Hanannel; y sobre manos(c) de varones, los hijos de Jericó, y sobre manos de los hijos de Zacur, hijo de Amrí. Y la puerta, la piscina edificaron hijos de Asnaá; y ellos la fortificaron y fortificaron sus hojas, y sus cerraduras y sus cerrojos. Y sobre mano de ellos se puso Marimut, hijo de Urías, hijo de Acús; y sobre mano de ellos se puso Mosolam, hijo de Baraquías, hijo de Meserebel; y sobre mano de ellos se puso Sadoc, hijo de Baaná. Y sobre mano de ellos se pusieron los tecüitas; aunque los poderosos de ellos no ofrecieron su cerviz al servicio de su Señor(d). Y la puerta «vieja» restauraron Yoyadá, hijo de Fasea y Mosolam hijo de Besodía; ellos la techaron y pusieron sus hojas, y sus cerraduras y sus cerrojos. Y sobre la mano de ellos remataron Meltías, el gabaonita, e Iadón, meronatita; varones de Gabaón y de Masfá, pertenecientes a la sede del príncipe de los de allende el río. Y junto a él fortificó Eziel, hijo de Araya, de los orífices; y sobre la mano de ellos remató Ananías, hijo del «perfumero», y dejaron(e) a Jerusalén hasta el muro de la «anchura». Y sobre la mano de ellos remató Refaía, hijo de Hur, príncipe de la mitad del circuito de Jerusalén. Y sobre la mano de ellos remató Yedaía, hijo de Haronaf y enfrente de su casa; y sobre mano de él remató Hatús, hijo de Hasebonía. Y segundo, remató Melquías, hijo de Herem y Hasub, hijo de Fahat-Moab, y hasta la torre «de los hornos». Y sobre la mano de él remató Selum, hijo de Alohés, príncipe de mitad de circuito de Jerusalén él y las hijas de él. La puerta del valle remató Hanum, y los habitantes de Zaneé(f); ellos la edificaron y pusieron sus hojas, y sus cerraduras y sus cerrojos y mil codos en el muro hasta la puerta «del estiércol». Y la puerta «del estiércol» remató Melquías, hijo de Recab, príncipe del circuito de Betacaram, él y sus hijos; y cubriéronla y pusieron sus hojas, y sus cerraduras y sus cerrojos, y la puerta «de la fuente» aseguró Selum, hijo de Colhosá, príncipe de una parte de Masfá; él la edificó y la techó y puso sus hojas, y sus cerraduras y sus cerrojos y el muro de «piscina del huerto del rey», y hasta las gradas que bajan de ciudad de David. Detrás de él remató Nehemías, hijo de Azboc, príncipe de la mitad del circuito de Betsur, hasta el huerto del sepulcro de David, y hasta la piscina, la hechiza y hasta la «casa de los héroes». Detrás de él remataron los levitas: Rahum, hijo de Bení; sobre la mano de él remató Hasebías, príncipe de mitad del circuito de Ceilá para su circuito. Y después de él, remataron los hermanos de ellos: Bavaí, hijo de Enadad, príncipe de la mitad del circuito de Ceilá. Y remató sobre la mano de él: Azer, hijos de Josué, príncipe de Masfá, una mensura segunda, de «torre de subida», la unida al ángulo. Después de ellos, remató ardoroso Baruc, hijo de Zacaí, una mensura segunda desde el ángulo hasta la puerta de casa de Eliasib, el sumo sacerdote. Después de él remató Merimut, hijo de Urías, hijo de Hacús, una mensura segunda, desde «puerta de casa de Eliasib» hasta fin de «casa de Eliasib». Y después de él remataron los sacerdotes varones de la campiña(g). Y después de él, remató Benjamín y Hasub enfrente de su casa, y, después de él remató Azarías, hijo de Maasías, hijo de Ananías, lo contiguo a su casa. Después de él, remató Benuí, hijo de Henadad, una mensura segunda, desde «casa de Azarías» hasta el ángulo y hasta la esquina. Falel, hijo de Ozí, construyó enfrente del ángulo y de la torre que sobresale de la casa real superior, la del atrio de la cárcel; y, después de él, Fadaía, hijo de Faros. Y los natineos estaban habitando en Ofel, hasta el «huerto de puerta del agua», al oriente; y la torre la sobresaliente(h). Y después de él, remataron los ticuitas una mensura segunda enfrente de la torre la grande, la sobresaliente y hasta el muro de Ofel(i). Más arriba de «puerta de los caballos» remataron los sacerdotes —varón enfrente de su casa. Y, después de él, remató Sadoc, hijo de Emer, enfrente de su casa; y, después de él remató Semaía, hijo de Sequenías, custodio de la puerta del oriente. Después de él, remató Hananías, hijo de Selemías, y Hanum, hijo de Selef, el sexto, una mensura segunda; después de él remató Mosolam, hijo de Baraquías enfrente de su gazofilacio. Después de él remató Melquías, hijo del orífice, hasta la casas de los natineos y de los buhoneros, enfrente de la puerta de la revista y hasta la «subida de la esquina». Y en medio de la puerta de la probática remataron los orífices y los buhoneros. Armados edifican los judíos Y aconteció, al oír Sanabalat que nosotros edificamos el muro; que le pareció mal, y airóse muy mucho y escarnecía a los judíos. Y dijo delante de sus hermanos: «¿Esta es la fuerza de Samaria(a), que los judíos edifican en su ciudad? ¿Con qué sacrifican? ¿Con qué podrán? ¿Y hoy sanarán a las piedras, después de hechas escombros de tierra quemada?» Y Tobías, el amonita, a par de él vino, y díjoles: «¿Acaso sacrificando comerán en el lugar de ellos? No saltará acaso un zorro por encima, y derribará el muro de piedras suyo?» «Oye, Dios nuestro, cómo hemos sido hechos irrisión, y vuelve su mofa a su cabeza, y dalos en irrisión en tierra de cautiverio: y no encubras su iniquidad; y el pecado de ellos de ante tu faz no se borre porque ¡han irritado en contra de los edificantes!» Y aconteció, como oyó Sanabalat, y Tobías y los árabes, y los amonitas, y los azotios que subió la figura de los muros de Jerusalén; pues empezaron las rasgaduras a soldarse; mal les pareció sobremanera. Y juntáronse todos en uno para ir a batallar contra Jerusalén y hacerla desaparecer. Y oramos a nuestro Dios y pusimos guardias contra ellos, día y noche, a faz de ellos. Y dijo Judá: «Se ha debilitado la fuerza del cargador, y los escombros muchos, y nosotros no podremos edificar en el muro.» Y dijeron los que nos atribulaban: «No conocerán y no verán hasta que lleguemos al medio de ellos y los matemos, y pararemos la obra.» Y aconteció que, cuando vinieron los judíos, los que habitaban en las cercanías de ellos, nos dijeron(b): «Suben de todos los lugares contra nosotros.» Y puse en lo más bajo del lugar, detrás del muro, en escondites, allí puse al pueblo por familias con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. Y vi, y me levanté y dije a los próceres, y a los estrategos y a los demás del pueblo: «No temáis a la faz de ellos, acordaos de nuestro Dios el grande y temeroso; y batallad por nuestros hermanos, vuestros hijos y vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas.» Y aconteció, cuando oyeron nuestros enemigos que se nos había noticiado, que disipó Dios el consejo de ellos; y volvimos todos nosotros al muro: varón a su trabajo. Y aconteció, desde aquel día, que la mitad de los perturbados(c) hacían la obra, y la mitad de ellos resistían; y lanzas, y paveses, y arcos, y corazas, y los príncipes detrás de toda casa de Judá, de los que edificaban en el muro; y los cargadores en las cargas, en armas: en una mano hacía su trabajo, y en una tenía el dardo. Y los edificadores —varones, de su espada ceñida a su lomo, y edificaron; y el que trompeteaba en el cuerno, a par de él. Y dije a los próceres y a los príncipes y a los demás del pueblo: «La obra, ancha y mucha, y nosotros estamos dispersos sobre el muro lejos cada varón, de su hermano; en el lugar donde oyereis la voz del cuerno, allí juntaos entre vosotros; y nuestro Dios guerreará por nosotros.» Y nosotros, haciendo la obra, y la mitad de ellos empuñando las lanzas desde subida del alba hasta salida de los astros. Y en aquel tiempo dije al pueblo: «Cada uno, con su jovencillo, pernoctad, en medio de Jerusalén y os sea la noche guardia, y el día labor.» Y estábamos yo y los varones de la guardia en pos de mí; y no había entre nosotros sacándose varón(d) sus vestiduras. Hambre - Usura. Y el clamor del pueblo y de las mujeres de ellos fue grande, en contra de sus hermanos los judíos. Y había algunos diciendo: «Entre los hijos nuestros y entre las hijas nuestras, nosotros(a), tendremos que vender para proveernos de trigo y comer y vivir.» Y hay algunos que dicen: «Nuestros campos y nuestras viñas y nuestras casas —nosotros empeñamos y nos proveeremos de trigo y comeremos.» Y hay algunos que dicen: «Hemos pedido dinero, para pagar los tributos del rey, sobre nuestros campos y nuestras viñas y nuestras casas; y ahora, como carne de nuestros hermanos es nuestra carne, como sus hijos nuestros hijos(b); y he aquí que nosotros esclavizamos a nuestros hijos y a nuestras hijas en siervos, y hay de nuestras hijas, esclavizadas; y no hay fuerza de nuestras manos para rescatar nuestros campos y nuestras viñas, de los próceres.» Afligíme sobremanera así como oí el clamor de ellos y estas palabras. Y aconsejóse mi corazón conmigo, y luché contra los próceres y los príncipes y les dije: «¿Exigirá un varón a su hermano lo que vosotros exigís?» Y di sobre ellos reunión grande, y les dije: «Nosotros hemos comprado a nuestros hermanos, los judíos, los vendidos a las gentes, en espontaneidad nuestra ¿y vosotros compráis a vuestros hermanos, y serán entregados a vosotros?» Y callaron y no hablaron palabra. Y dije: «No es buena la palabra que vosotros hacéis; no así, en temor de vuestro Dios saldréis del oprobio de las gentes, vuestros enemigos. También mis hermanos y mis conocidos y yo les hemos prestado dinero y trigo; dejemos ahora esta exigencia. Devolvedles ahora, como hoy, sus campos, y sus viñas, y sus olivares y sus casas; y, en razón del dinero(c), el trigo, y el vino y el aceite llevaos.» Y dijeron: «Devolveremos, y de ellos no pediremos; así haremos, según tú dices.» Y llamó a los sacerdotes, y juramentólos para que hicieran conforme a esta palabra. También sacudí mi manto, y dije: «Así sacuda Dios a todo varón que no se atuviere a esta palabra de su casa y de su labor y sea como expulso y vacío.» Y dijo toda la reunión: «Amén.» Y loaron al Señor; e hizo el pueblo esta palabra. Desde el día que me ordenó el rey por príncipe de los de la tierra de Judá, desde año veinte y hasta año treinta y dos de Artajerjes, años doce, yo, y mis hermanos no comimos de la exacción(d) de ellos. Y las primeras exacciones que hubo antes de mí, gravaron sobre ellos y tomaron de ellos, en panes y en vino, fuera de(e) dinero, siclos cuarenta (también los subordinados de ellos señorean al pueblo). Y yo no hice así a la faz del temor de Dios. Y en labor del muro a éstos no forcé; campo no adquirí, y todos los míos juntos allí a la obra. Y los judíos, ciento cincuenta varones, venidos a nosotros, de las gentes las en contorno de nosotros tenía sobre la mesa mía; y era preparado para un día, becerro uno; y ovejas seis escogidas y un cabrón(f) preparáranse para mí; y cada diez días para todos vino en abundancia. A pesar de esto, panes de exacción no he buscado, pues pesada era la servidumbre sobre este pueblo. Acuérdate de mí, Dios, para bien, de todo cuanto he hecho a este pueblo. Asechanzas enemigas. Nehemías termina la obra. Y aconteció, así como fue oído por Sanabalat, y Tobías y Gosem, el árabe, y los demás de nuestros enemigos, que había yo edificado el muro; no quedó en ellos aliento(a); aunque hasta aquel tiempo las puertas no había puesto en los pórticos. Y envió Sanabalat y Gosem a mí diciendo: «Ven y reunámonos en uno en «las aldeas», en la llanura de Onó.» Y ellos, pensando hacerme mal. Y enviéles mensajeros, diciendo: «Obra grande yo hago, y no podré bajar, no sea que pare la obra; cuando la terminare, bajaré a vosotros.» Y enviaron(b) a mí como esta palabra, y envié a ellos, según esto. Y envió a mí Sanabalat un servidor, y carta abierta en su mano. Y estaba escrito en ella: «Entre las gentes se ha oído(c) que tú y los judíos pensáis rebelaros; por esto tú edificas el muro; y tú serás su rey. Y además, profetas te has puesto, para asentarte en Jerusalén, como rey sobre Judá; y ahora, se anunciaron al rey estas palabras; y ahora ven y deliberaremos juntamente.» Y envié a él diciendo: «No ha acontecido según estas palabras, como tú dices; porque de tu corazón, tú las mientes.» Porque todos nos amedrentan, diciendo: «Han de desmayar sus manos en esta obra, y no ha de ser hecha»; y fortalecí mis manos. Y yo entré en casa de Semaías, hijo de Dalaías, hijo de Metabeel; y él, encerrado(d). Y dijo: «Juntémonos en la casa de Dios, en medio de ella y cerremos sus puertas; pues vienen de noche a matarte.» Y dije: «¿Quién es el varón como yo —huirá?» O «¿Quién el varón que entrará en la casa?»(e) Y comprendí, que Dios no le envió; pues la profecía contra mí; lo asalariaron Tobías y Sanabalat para lanzar contra mí una turba para que me amedrentase, e hiciese así, y pecase y me volviese, para ellos, en nombre malo, a fin de afrentarme. Acuérdate, Dios, de Tobías y Sanabalat, como que los hechos de él son éstos; y de Noadías, el profeta, y los demás de los profetas, que me estaban amedrentando. Y fue terminado el muro el veinticinco de Elul, en cincuenta y dos días. Y aconteció, cuando oyeron todos nuestros enemigos que temieron todas las gentes, en torno de nosotros, y cayó el temor sobremanera en sus ojos, y conocieron que de nuestro Dios vino el terminarse esta obra. Y en aquellos días, de muchos próceres de Judá cartas iban a Tobías y las de Tobías venían a ellos; porque muchos en Judá jurados estaban con él; porque yerno era de Sequenías, hijo de Areá; y Johanán, su hijo, había tomado a la hija de Mosolam, hijo de Baraquías por mujer. También sus palabras íbanme hablando, y mis palabras llevándole. Y cartas envió Tobías para intimidarme. Guarda del muro. Censo de los remigrados. Y aconteció, después de edificado el muro, y puse las puertas, que fueron revistados los porteros y los cantantes y los levitas. Y ordené a Hananí, mi hermano y a Hananías, príncipe del alcázar, sobre Jerusalén; pues él era como un varón verdadero y temeroso de Dios más que muchos. Y les dije: «No se abrirán las puertas de Jerusalén hasta con el sol; y aun velando ellos(a), ciérrense las puertas y acerrójense; y pongan guardias los habitantes de Jerusalén, varón en su guardia, y varón enfrente de su casa.» Y la ciudad era extensa y grande, y el pueblo, poco numeroso en ella, y no había casas edificadas. Y puso Dios en mi corazón y reuní a los próceres, y a los príncipes y al pueblo en juntas; y hallé un libro de la junta: los que subieron primero. Y estos son los hijos de la región de Judea, los que subieron del cautiverio de la transmigración que transmigró Nabucodonosor, el rey de Babilonia; y volvió a Jerusalén y a Judá, varón a su ciudad con Zorobabel y Josué y Nehemías, Azarías y Raamías, Nahamaní, Mardoqueo, Beksam, Mesfarat, Begosí, Nahum, Baaná.Número de varones del pueblo de Israel: Hijos de Faros: dos mil ciento setenta y dos. Hijos de Safatía; trescientos setenta y dos. Hijos de Areá: seiscientos cincuenta y dos. Hijos de Fahat-Moab, de hijos de Josué y Joab: dos mil ochocientos dieciocho. Hijos de Elam: mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Zetúa: ochocientos cuarenta y cinco. Hijos de Zacaí: setecientos sesenta. Hijos de Banuí: seiscientos cuarenta y ocho. Hijos de Bebaí: seiscientos veintiocho. Hijos de Azgad: dos mil trescientos veintidós. Hijos de Adonicam: seiscientos sesenta y siete. Hijos de Beguaí: dos mil, sesenta y siete. Hijos de Adin: seiscientos cincuenta y cinco. Hijos de Ater, hijo de Hezecías: noventa y ocho. Hijos de Hasem: trescientos veintiocho. Hijos de Besaí: trescientos veinticuatro. Hijos de Haref: ciento doce. Hijos de Babaón: noventa y cinco. Hijos de Betlehem y Netufá: ciento ochenta y ocho. Varones de Anatot: ciento veintiocho. Varones de Betazmot: cuarenta y dos. Varones de Cariatiarim, Caferá y Berot: setecientos cuarenta y tres. Varones de Ramá y Gabá: seiscientos veintiuno. Varones de Macmás: ciento veintidós. Varones de Betel y Haí: ciento veintitrés. Varones de la otra Nebo: cincuenta y dos. Varones de la otra Elam: mil doscientos cincuenta y cuatro. Hijos de Harem: trescientos veinte. Hijos de Jericó: trescientos cuarenta y cinco. Hijos de Lod, Hadid y Onó: setecientos veintiuno. Hijos de Senaá: tres mil novecientos treinta. Los sacerdotes hijos de Ydaía, en casa de Josué: novecientos setenta y tres. Hijos de Emer: mil cincuenta y dos. Hijos de Fasur: mil doscientos cuarenta y siete. Hijos de Arem: mil diecisiete. Los levitas, hijos de Josué, hijo de Cadmiel de los hijos de Odnías: setenta y cuatro. Los cantantes hijos de Asaf: ciento cuarenta y ocho. Los porteros: los hijos de Selum, hijos de Ater, hijos de Telmón, hijos de Asub, los hijos de Hatitá, hijos de Sobaí: ciento treinta y ocho. Los natineos: hijos de Sobá, hijos de Hasufá, hijos de Tebaot, hijos de Querós, hijos de Sín, hijos de Fadón, hijos de Lebaná, hijos de Hagabá, hijos de Selmaí, hijos de Hanán, hijos de Gedel, hijos de Gaher, hijos de Raaía, hijos de Rasín, hijos de Necodá, hijos de Gozem, hijos de Azá, hijos de Faseá, hijos de Munim, hijos de Nefusim, los hijos de Bacbua, hijos de Hacufá, hijos de Harhur, hijos de Beslot, hijos de Mahidá, hijos de Harsá, hijos de Bereós, hijos de Sisará, hijos de Temá, hijos de Nasiá, hijos de Hatifá, hijos de los siervos de Salomón, hijos de Sotaí, hijos de Soferet, hijos de Faridá, hijos de Yahalá, hijos de Darcón, hijos de Ydel, hijos de Safatía, hijos de Hatel, hijos de Foqueret, hijos de Sabaim, hijos de Amón: Todos los natineos e hijos de siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. Y éstos subieron de Telmelá, Telharsá, Querub, Adón, Emer, y no pudieron indicar las casas de sus familias, su simiente y si eran o no de Israel; hijos de Dalaía, hijos de Tobía, hijos de Necodá: seiscientos cuarenta y dos, y de los sacerdotes: hijos de Había, hijos de Acós, hijos de Berzelaí; que tomó(b), de hijas de Berzelaí el gabaadita, mujer; y fue llamado de su nombre. Estos buscaron su escritura de la reunión(c) y no fue hallada y fueron removidos del sacerdocio. Y les dijo Atersatá, que no comieran de lo santo, hasta que se levantase el sacerdote iluminador(d). Y fue toda la congregación como cuatro miríadas(e), dos mil trescientos sesenta; fuera de sus siervos y sus siervas. Estos, siete mil trescientos treinta y siete; y cantores y cantatrices: doscientos cuarenta y cinco. Caballos, setecientos treinta y seis; mulas, doscientas cuarenta y cinco; camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos veinte. Y de entre una parte de los príncipes de las familias dieron para la obra a Nehemías, para el tesoro áureos mil, tazas cincuenta, y vestiduras de los sacerdotes, quinientas treinta y cinco; y los príncipes de las familias, dieron, para tesoros de la obra, de áurea moneda, veinte mil y de plata, minas dos mil doscientas; y dieron los demás del pueblo, de oro veinte mil, y de plata, minas dos mil, y vestiduras de los sacerdotes sesenta y siete. Y asentáronse los sacerdotes, y los levitas, y los porteros, y los cantantes, y los del pueblo, y los natineos y todo Israel, en las ciudades de ellos. Lectura de la ley Y llegó el mes el séptimo, y los hijos de Israel en sus ciudades; congregáronse todo el pueblo como varón uno, en la llanura delante de la «puerta del agua», y dijeron a Esdrás, el escriba, traer el libro de ley de Moisés la que mandó Señor a Israel. Y trajo Esdrás, el sacerdote, la ley a faz de la congregación, de varón a mujer; y todo el capaz de oír, en día primero del mes el séptimo. Y leyó en ella, desde la hora de brillar el sol hasta mitad del día, delante de los varones y las mujeres, y los entendidos mismos; y las orejas de todo el pueblo al libro de la ley. Y estaba Esdrás, el escriba, sobre tarima lígnea, y estaban a par de él Matatías, y Semeías, y Ananías, y Urías y Helcía y Maasía, a su diestra; y a su siniestra, Fadaías, y Misael, y Melquías, y Hasum, y Hasbadaná, y Zacarías y Mosolam. Y abrió Esdrás el libro delante de todo el pueblo; pues él estaba por sobre todo el pueblo, y aconteció, cuando lo abrió que paróse todo el pueblo. Y bendijo Esdrás al Señor, al Dios, al grande; y respondió todo el pueblo, y dijeron: «Amén», alzando las manos de ellos; y se inclinaron y adoraron al Señor, de rostro sobre la tierra. Y Josué y Baní y Sarebía(a) estaban instruyendo al pueblo en la ley; y el pueblo, en su puesto. Y leyeron en el libro de la ley de Dios; y enseñaba Esdrás, y explicó en ciencia del Señor; y entendió el pueblo en la lectura. Y dijo Nehemías y Esdrás, el sacerdote y escriba, y los levitas y los que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Día sagrado es al Señor, nuestro Dios: no plañáis ni lloréis.» Porque lloraba todo el pueblo, al escuchar las palabras de la ley. Y díjoles: «Id, comed grosura, y bebed dulzura; y enviad porciones a los que no tienen; pues sagrado está el día al Señor, nuestro Dios; y no desmayéis, que es el Señor, fuerza nuestra.» Y los levitas acallaron a todo el pueblo diciendo: «Callad, porque día sagrado es hoy; y no desfallezcáis.» Y retiróse todo el pueblo a comer y beber, y enviar porciones y hacer alegría grande; pues se enteraron de las palabras que les noticiaran. Y en el día el segundo congregáronse los príncipes de las familias con todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas cerca de Esdrás, el escriba, para entender en todas las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley que mandó el Señor a Moisés, que habiten los hijos de Israel en tabernáculos, en fiesta, en mes séptimo; y que avisen con trompetas en todas las ciudades de ellos y en Jerusalén. Y dijo Esdrás: «Salid a la montaña y traed follaje de oliva, y follaje de árboles cipresinos, y follaje de mirto, y follaje de palmeras y follajes de árbol denso a hacer tabernáculos conforme a lo escrito.» Y salió el pueblo, y trajeron y se hicieron tabernáculos, unos sobre sus terrados, y en sus atrios y en los atrios de la casa de Dios, y en las plazas de la ciudad y hasta la «puerta de Efraín». E hizo toda la congregación, los vueltos del cautiverio, tabernáculos, y asentáronse en tabernáculos; porque no habían hecho desde los días de Josué, hijo de Nun, así, los hijos de Israel, hasta aquel día; y hubo alegría grande. Y leyó en el libro de la ley de Dios, día a día, desde el día el primero hasta el último; e hicieron fiesta siete días, y el día octavo salida(b) según el rito. Penitencia del pueblo. Oración de Esdrás. Y en día veinticuatro de este mes se congregaron los hijos de Israel en ayuno y en sacos, y ceniza sobre su cabeza. Y se separaron los hijos de Israel de todo hijo extranjero; y se levantaron y confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres. Y situáronse en su sitio, y leyeron en el libro de la ley del Señor, Dios suyo; y fueron confesando al Señor y adorando al Señor, su Dios. Y púsose, sobre subida de los levitas, Josué, y los hijos de Cadmiel; Sabanías, hijo de Sarebías; hijos de Cananí(a), y clamaron con voz grande al Señor, su Dios. Y dijeron los levitas Josué y Cadmiel(b): «Alzad, bendecid al Señor, nuestro Dios desde el siglo y hasta el siglo; y alabarán el nombre de tu gloria y ensalzarán con toda bendición y alabanza.» Y dijo Esdrás: «Tú eres el mismo Señor solo; tú hiciste el cielo y el cielo del cielo y toda la milicia de ellos, la tierra y todo cuanto hay en ella, los mares y todo lo de ellos; y tú vivificas todo y a ti adoran los ejércitos de los cielos. Tú eres Señor, Dios; tú elegiste a Abram y le sacaste de la región de los caldeos y le pusiste nombre de Abrahán. Y hallaste su corazón fiel delante de ti y pactando con él el pacto de darle la tierra de los cananeos, y heteos, y amorreos, y ferezeos, y jebuseos y gergeseos, y a la simiente de él; y confirmaste tus palabras, pues justo eres tú. Y viste la humillación de nuestros padres en Egipto y su clamor oíste sobre el mar Rojo. Y diste señales y prodigios en Egipto, contra el Faraón y en todos sus servidores y en todo el pueblo de su tierra; porque sabías que se ensoberbecieron contra ellos; y te hiciste nombre; —como este día. Y la mar hendiste delante de ellos y pasaron en medio de la mar en seco; y a los que les perseguían lanzaste a la hondura al modo de piedra en agua vehemente. Y en columna de nube los guiaste de día, y en columna de fuego la noche, para alumbrarles el camino en que anduvieran. Y sobre el monte del Sinaí descendiste y les hablaste desde el cielo y les diste juicios rectos y leyes de verdad, preceptos y mandamientos buenos. Y tu sábado el santo les manifestaste; mandamientos y preceptos y ley les mandaste en mano de Moisés, tu siervo. Y pan de cielo les diste en sustento de ellos; y agua de peña les sacaste en su sed; y dijísteles entrar a heredar la tierra sobre la cual extendiste tu mano, para darles. Y ellos y nuestros padres se ensoberbecieron y endurecieron su cerviz, y no oyeron tus mandamientos. Y se negaron a escuchar y no se acordaron de tus maravillas que hiciste con ellos; y endurecieron su cerviz y dieron principio a volver a su servidumbre en Egipto, y tú, el Dios misericordioso y compasivo, longánimo y muy piadoso no les abandonaste. Pero aun también hicieron becerro conflátil y dijeron: «Estos son los dioses que nos han sacado de Egipto.» E hicieron irritaciones grandes. Y tú en tus compasiones muchas no los abandonaste en el desierto; la columna de la nube no apartaste de ellos, de día, para guiarlos en el camino, y la columna de fuego, la noche, para alumbrarles el camino en que anduvieran en él. Y tu espíritu bueno diste para instruirlos; y tu maná no escatimando a su boca y agua dísteles, en su sed. Y cuarenta años los alimentaste en el desierto, no escatimándoles nada; sus vestidos no envejecieron y sus pies no se partieron. Y les diste reinos, y pueblos les repartiste; y poseyeron la tierra de Sehón rey de Hesebón, y la tierra de Og, rey de Basán; y a sus hijos multiplicaste como los astros del cielo, y los entraste en la tierra que dijiste a sus padres; y la poseyeron. Y desalojaste a la faz de ellos a los habitantes de la tierra de los cananeos; y dístelos en las manos de ellos y los reyes de ellos, y los pueblos de la tierra, para hacerles cual grato a faz de ellos. Y tomaron ciudades altas, y poseyeron casas llenas de todos bienes; cisternas cortadas(c), viñas y olivares y todo árbol frutal en abundancia. Y comieron y se hartaron, y engrosaron y lozanearon en tu bondad, la grande. Y cambiaron y apartáronse de ti, y arrojaron tu ley detrás de su cuerpo; y a tus profetas mataron, los que conjuraban, en ellos, para volverlos a ti; e hicieron irritaciones grandes. Y los diste en mano de los que les atribulaban, y los atribularon; y clamaron a ti en tiempo de su tribulación, y tú, de tu cielo, oíste; y en tus conmiseraciones las grandes dísteles salvadores y los salvaste de mano de los que les atribulaban. Y como reposaron, volvieron a hacer lo malo ante la faz tuya; y los abandonaste en manos de sus enemigos, y se enseñorearon de ellos; y nuevamente clamaron a ti y tú, del cielo, escuchaste y los libraste en tus conmiseraciones muchas; y los conjuraste para volverlos a tu ley; y no oyeron, sino que en tus mandamientos y en tus juicios pecaron, los que haciéndolos el hombre, vivirá en ellos; y dieron espalda rebelde; y su cerviz endurecieron; y no oyeron. Y trajiste sobre ellos años muchos, y les conjuraste en tu espíritu, en mano de tus profetas, y no escucharon, y los diste en mano de pueblos de la tierra. Y tú, en tus conmiseraciones las muchas no les hiciste en consumación, y no les abandonaste; porque fuerte eres y misericordioso y compasivo. Y ahora, Dios nuestro, el fuerte, el grande, el poderoso y el terrible, que guardas tu alianza y tu misericordia: no se empequeñezca, a faz tuya, todo el trabajo que nos ha hallado, y a nuestros reyes, y a nuestros príncipes, y a nuestros sacerdotes, y a nuestros profetas, y a nuestros padres; y en todo tu pueblo, desde días de reyes, de Asiria, y hasta este día. Y tú, justo en todo lo venido sobre nosotros, pues verdad has hecho; y nosotros hemos pecado, y nuestros reyes, y nuestros príncipes y nuestros sacerdotes; y nuestros padres no hicieron tu ley (y no adhirieron a tus mandamientos) y tus testimonios que les testificaste. Y ellos, en tu reino y en tu bondad, la mucha que les diste, y en la tierra, la anchurosa y pringüe que diste a faz de ellos no te sirvieron, y no se volvieron de sus empeños, los malos. He aquí hoy somos siervos, y la tierra que diste a nuestros padres a comer el fruto de ella y los bienes de ella; he aquí somos siervos sobre ella; y sus frutos muchos, para los reyes que has puesto sobre nosotros, en nuestros pecados; y de nuestros cuerpos se enseñorean, y en nuestro ganado, como grato, a ellos; y en tribulación grande estamos. Y en todo esto nosotros pactamos fe y escribimos, y sean nuestros príncipes, nuestros levitas, nuestros sacerdotes. Nómina de los firmantes. Acuerdos. Y entre los firmantes: Nehemías, Atersatá, hijo de Haquelai, y Sedecías, Saraías, Azarías, Jeremías, Fesur, Amarías, Melquilao, Hatús, Sebenía, Meluc, Harem, Merimut, Obdías, Daniel, Gentón, Baruc, Mosolam, Abía, Miamín, Maasía, Belgaí, Semeía; —estos sacerdotes. Y los levitas: Josué, hijo de Azanías; Benuí, de hijos de Henadad; Cadmiel, y los hermanos de él: Sebenía, Odaía, Quelitá, Falaía, Hanán, Micá, Bohob, Hasebía, Zacur, Serebía, Sabanía, Odaía, Baní, Baniner; príncipes del pueblo: Farós, Fahat-Moab, Elam, Zatú, Baní, Boní, Azgad, Bebaí, Adonía, Begoaí, Adín. Ater, Hezecía, Azur, Odaía, Hasum, Besaí, Haref, Anatot, Nebaí, Megfías, Mosolam, Hazir, Mesizabel, Sadoc, Yeduá. Feltía, Hanán, Anaía, Oseé, Hananía, Hasub, Alohés, Falea, Sobec, Rehum, Hasebuá, Maasía, Ecaía, Hanán, Anán, Meluc, Haram, Baaná; y los demás del pueblo; los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantantes, los natineos, y todo el segregado, de los pueblos de la tierra, a ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas; todo sabedor y entendido, esforzábanse sobre sus hermanos; y conjuráranlos y entraran en execración y en juramento de andar en ley de Dios, la que fue dada en mano de Moisés, siervo de Dios; de guardar y hacer todos los mandamientos de nuestro Señor, y sus juicios y sus preceptos; y de no dar nuestras hijas a los pueblos de la tierra; y las hijas de ellos no tomar para nuestros hijos. Y son pueblos de la tierra los que traen las ventas y todo negocio en día del sábado a vender —los que no compraremos el año séptimo y petición de toda mano(a). Y pondremos sobre nosotros mandamientos de dar sobre nosotros(b) un tercio de siclo, al año, para servicio de la casa de nuestro Dios, para panes de la proposición y sacrificio de continuidad, y para holocausto de continuidad, de los sábados, las neomenias; para las fiestas, y para lo santo y lo por pecado, para expiar por Israel; y para obras de casa de nuestro Dios. Y suertes hemos echado, acerca de la suerte del acarreo de leña, los sacerdotes y los levitas y el pueblo de traerla a casa de nuestro Dios, por la casa de nuestras familias, de tiempos en tiempos año por año, para encender sobre el altar del Señor, nuestro Dios; según está escrito en la ley; y traer las primicias de nuestra tierra, y las primicias del fruto de todo árbol, año por año, a casa de nuestro Dios, y lo primogénito de nuestros hijos y de nuestro ganado; como está escrito en la ley; y lo primogénito de nuestras vacas y de nuestras greyes traer a casa de nuestro Dios, a los sacerdotes los ministrantes en casa de nuestro Dios. Y las primicias de nuestros cereales y el fruto de todo árbol, vino y aceite traeremos a los sacerdotes, al gazofilacio de la casa de Dios; y el diezmo de nuestra tierra, a los levitas; y los mismos levitas, diezmando en todas ciudades de nuestro servicio. Y será el sacerdote, hijo de Aarón, con el levita en la decimación del levita; y los levitas traerán el diezmo de la decimación a casa de nuestro Dios, a los gazofilacios, a casa de Dios. Porque a los tesoros introducirán los hijos de Israel y los hijos de Leví las primicias del trigo y del vino y del aceite, y allí, (10:40) vasos los sacros; y los sacerdotes, y los ministrantes, y los porteros y los cantantes; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios. Habitantes de Jerusalén y las ciudades Y asentáronse los príncipes del pueblo en Jerusalén; y los demás del pueblo echaron suertes para sacar a uno de entre diez para asentarse en Jerusalén; ciudad la santa; y nueve partes en las restantes ciudades. Y bendijo el pueblo a todos los varones que se espontaneaban para asentarse en Jerusalén(a). Y éstos son los príncipes de la región, los que se asentaron en Jerusalén y en las ciudades de Judá asentáronse cada varón en su heredad, en sus ciudades de Israel los sacerdotes, y los levitas, y los natineos, y los hijos de siervos de Salomón. Y en Jerusalén se asentaron los hijos de Judá y de hijos de Benjamín; de hijos de Judá: Ataías, hijo de Aziam, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Safatías, hijo de Malaleel; y de los hijos de Farés: Maasía, hijo de Baruc, hijo de Colhzá, hijo de Hazía, hijo de Adaía, hijo de Yoyarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloní; todos hijos de Farés, los asentados en Jerusalén: cuatrocientos sesenta y ocho varones de poder. Y éstos los hijos de Benjamín: Salum, hijo de Mosolam, hijo de Joed, hijo de Fadaía, hijo de Colaía, hijo de Masía, hijo de Eteel, hijo de Ysaía; y después de él: Gebaí, Selaí: novecientos veintiocho. Y Joel, hijo de Zecrí, visitador de ellos, y Judas, hijo de Senuá, de la ciudad, el segundo. Y de los sacerdotes: Idaía, hijo de Joarib, Yaquín, Saraía, hijo de Helcías, hijo de Mosolam, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Aquitob, príncipe de casa de Dios; y los hermanos de ellos, haciendo la labor de la casa: ochocientos veintidós; y Adaía, hijo de Jeroham, hijo de Elelía, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Fesur, hijo de Melquías; y sus hermanos, príncipes de familias: doscientos cuarenta y dos: Y Amasaí, hijo de Azreel, hijo de Ahazí, hijo de Mosolamot, hijo de Emer; y los hermanos de él, poderosos de batalla: ciento veintiocho y el visitador: Zabdiel, hijo de los grandes. Y de los levitas: Semeía, hijo de Hasub, hijo de Azariacam, hijo de Hasabía, hijo de Boní; y Sabataí y Jozabed, sobre la labor, la exterior de la casa de Dios, de los príncipes de los levitas; y Matanía, hijo de Micá, hijo de Zebedeí, hijo de Asaf, príncipe(b) de la alabanza de Judá en la oración; y Becbequía, segundo de sus hermanos, y Abdá, hijo de Samuá, hijo de Galal, hijo de Iditún; todos los levitas en la ciudad, la santa: doscientos ochenta y cuatro. Y los porteros: Acub, Toelmón y los hermanos de ellos, los guardas en las puertas; ciento setenta y dos. Y el resto de Israel; los sacerdotes y los levitas en todas las ciudades de la Judea, cada uno en su heredad; y los natineos que habitaran en Ofel; y Sihaá y Gasfá, sobre los natineos; y visitador de los levitas en Jerusalén: Azzí, hijo de Baní, hijo de Hasabías, hijo de Matanías, hijo de Micá; de hijos de Asaf, los cantantes(c), en frente de la obra de la casa de Dios; porque mandato del rey, sobre ellos(d). Y Fatahía, hijo de Mesezebel, de los hijos de Zará, hijo de Judá, era comisario del rey par todo negocio con el pueblo, y para las alquerías en el campo de ellos; y de los hijos de Judá se asentaron en Cariat-Arbé y sus hijas, y en Dibón y sus hijas, y en Cabseel y sus aldeas; y en Jesué, y en Moladá y en Betfalet; y en Hasesual y en Bersabeé y en sus hijas; y en Siceleg, y en Moconá y en sus hijas; y en Remón y en Saraá y en Jerimut. Zanoa, Odolam, y en las alquerías de ellas, Laquís y sus campiñas, y Azeca y sus hijas. Y acamparon desde Bersabée hasta el valle Enom; y los hijos de Benjamín desde Gebá, Mecmas y Haí y Betel y sus hijas: Anatot, Nob, Ananiá, Asor, Ramá, Getaím, Hadid, Seboím, Nebalat, Lod, y Onó en el valle de los artífices. Y de las porciones de los levitas, desde Judá y hasta Benjamín. Sacerdotes y levitas regresados con Zorobabel. Dedicación de los muros. Y éstos, los sacerdotes y los levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Salatiel, y Josué: Saraía, Jeremías, Esdrás, Amaría, Meluc, Hatús, Sebenías, Reúm, Merimut, Adó, Fentón, Abía, Miamín, Madía, Belgá, Semeía, Yoyarub, Yidaía, Selum, Amoc, Helcías, Idaía; éstos los príncipes de los sacerdotes y sus hermanos, en los días de Josué. Y los levitas: Jesuá, Benuí, Cadmiel, Sarebía, Judá, Matanías, sobre los coros él y sus hermanos. Y Babequía, y Haní y los hermanos de ellos, sobre los guardias. Y Josué engendró a Joaquim, y Joaquim engendró a Eliasib, y Eliasib engendró a Yoyadá; y Yoyadá a Jonatán; y Jonatán engendró a Idoá. Y en los días de Joaquim, sus hermanos, los sacerdotes y los príncipes de las familias: para Saraías, Maraía; para Jeremías, Hananía; para Esdrás, Mosolam; para Amarías, Hohanám; para Melicó, Yonatán; para Sebenías, José; para Haram, Edná; para Maryot, Helquí; para Adaías, Zacaría; para Gentón, Mosolam; para Abías, Zecrí; para Miamín y Moadía, Feltí; para Belgá, Samuá; para Semaías, Jonatán; para Yoyarib, Matanaí; para Yoyadá, Azzú; para Selaí, Quelaí; para Amoc, Heber; para Helcías, Hasebía; para Ydaías, Natanael. En los días de Eliasib, y Yoyadá y Johanán y Yedoá, los levitas(a), príncipes de las familias, y los sacerdotes, fueron inscritos hasta el reinado de Darío el persa. Los hijos de Leví, príncipes de las familias, escritos en el libro de palabras de los días y hasta los días de Jonatán, hijo de Eliasib. Y los príncipes de los levitas: Hasebía, Serebía y Josué, hijo de Cadmiel; y los hermanos de ellos, a su lado, servían por turno para loar los himnos, en mandato de David, hombre de Dios, día a día. Matanías y Becbequía, Obedía, Mosolam, Telmón, Acub, eran guardas de las puertas, en los umbrales de las puertas. Esto era en los días de Joaquim, hijo de Josué, hijo de Jisedec, y en días de Nehemías, el gobernador y de Esdrás, el sacerdote y escriba. Y en la dedicación del muro de Jerusalén, buscaron a los levitas en los lugares de ellos, para traerles a Jerusalén, a hacer la dedicación y alegría, en himnos de gracias y en cánticos, y címbalos, y salterios y cíniras. Y congregáronse los hijos de los cantantes, y de la circunvecindad en contorno de Jerusalén, y de las villas de Netufatí, y de Bet-Galgal y de las campiñas de Gebá y Azmavet; pues villas se edificaron los cantores en torno de Jerusalén. Y purificáronse los sacerdotes y los levitas; y purificaron al pueblo y las puertas y el muro. Y subí(b) a los príncipes de Judá a lo alto del muro, y les coloqué(c) en dos grandes coros de loor; y pasaron a la derecha de lo alto del «muro del estiércol». Y fueron tras ellos Osaía y la mitad de príncipes de Judá. Y Azarías, y Esdrás, y Mosolam, (12:33) y Judas, y Benjamín, y Semeía, y Jeremías. (12:34) Y de los hijos de los sacerdotes en trompetas: Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semeías, hijo de Matanías, hijo de Micarías, hijo de Zecur, hijo de Asaf; (12:35) y los hermanos de él: Semeía y Azarieel, Malalaí, Galalaí, Maaí, Natanael y Judas y Hananí, para loar en cantares de David, hombre de Dios; y Esdrás, el escriba delante de ellos. (12:36) Y sobre la «puerta de la fuente», enfrente de ellos, subieron por las gradas de ciudad de David, en subida del muro, por encima de la casa de David, y hasta la «puerta de las aguas» al oriente. (12:37) Y de loor el segundo coro iba al encuentro de ellos; y yo, en pos de él y la mitad del pueblo, sobre el muro, por arriba de la «torre de los hornos», y hasta el muro el ancho; (12:38) y sobre la puerta de Efraín, y sobre la puerta la «antigua», y sobre la puerta de «los peces», y la torre de Hananeel, y la torre Emat, y hasta la puerta de la «probática», se detuvieron en puerta «de la guarda». (12:39) Y detuviéronse los dos coros del loor en la casa de Dios; y yo y la mitad de los estrategos conmigo; (12:40) y los sacerdotes Eliaquim, Maasía, Miamín, Miquea, Elioenaí, Zacaría, Hananía, en trompetas; (12:41) y Maasía, y Semeía, y Eleazar, y Azzi, y Yohanán y Melquía, y Elam y Ezer; y oyéronse los cantores y se notaran(d). (12:42) Y sacrificaron en aquel día sacrificios grandes y alegráronse porque Dios los alegró grandemente; y sus mujeres y sus hijos alegráronse; y oyóse la alegría en Jerusalén, en lontananza. (12:43) Y constituyeron en aquel día varones sobre los gazofilacios; para los tesoros, las primicias y los diezmos, y, para los congregados en ellos príncipes de las ciudades(e), partes para los sacerdotes y los levitas; porque hubo alegría en Judá, por los sacerdotes y por los levitas, los que estaban presentes. (12:44) Y guardaban las guardas de su Dios, y las guardas de la purificación, como cantores, y porteros, cual(f) mandato de David y Salomón su hijo. (12:45) Porque ya en los días de David, Asaf(g) desde el principio fue el primero de los que cantaban en himnos y loor a Dios. (12:46) Y todo Israel en los días de Zorobabel, y en días de Nehemías, daba su parte de los cantores y a los porteros, cada cosa en su día, y santificando(h) para los levitas y los levitas santificando para los hijos de Aarón. Nehemías vuelve por la santidad del templo En aquel día se leyó en el libro de Moisés, en orejas del pueblo y se halló escrito en él que no entren amonitas y moabitas en la congregación de Dios por siglos; porque no brindaron a los hijos de Israel pan y agua, y asalariaron contra él a Baalam, para maldecirle; y convirtió nuestro Dios la maldición en bendición. Y aconteció, como oyeron la ley, que fueron separados todos los mestizos en Israel. Y antes de esto, Eliasib, el sacerdote, habitando en el gazofilacio de la casa de nuestro Dios, y que estaba emparentado con Tobías; y habíase hecho una gran cámara y allí estaban antes los que daban la hostia, y el incienso, y los vasos, y el diezmo del trigo y del vino y del aceite: mandado dar a los levitas y a los cantantes y a los porteros; y las primicias de los sacerdotes. Pero en todo esto no estaba yo en Jerusalén, pues en año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, viniera yo al rey; y después del fin de los días(a), obtuve del rey el permiso y; vine a Jerusalén, y me enteré de la maldad que hizo Eliasib a Tobías, haciéndole gazofilacio en el atrio de la casa de Dios. Y mal me pareció sobremanera, y arrojé todos los enseres de casa de Tobías fuera del gozofilacio; y mandé que purificaran los gazofilacios; y repusieran allí los enseres de la casa de Dios y las hostias e incienso. Y conocí que las partes de los levitas no se dieron y que huyó varón a su campo, los levitas y los cantantes que hacían la labor. Y reñí a los estrategos y dije: «¿Por qué ha sido abandonada la casa de Dios?» Y los junté y los puse en su puesto. Y todo Judá trajo el diezmo del trigo, y del vino y del aceite, a los tesoros, y constituí sobre los tesoros a Selemías, el sacerdote; y a Sadoc, el escriba y a Fadaía de los levitas; y sobre mano(b) de ellos, a Hanán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque fieles fueron juzgados para sobre ellos, repartir a sus hermanos. Acuérdate de mí Dios, en ésta(c); y no se borre la misericordia mía que hice en casa del Señor Dios. En aquellos días vi en Judá a unos que hollaban lagares en el sábado y que llevaban gavillas, y cargaban sobre los asnos, y vino, y uva e higos y toda carga y llevaban a Jerusalén en día del sábado; y los conjuré por el día de su venta. Y asentáronse(d) en ella los que traían peces y toda venta, vendiendo, el sábado, a los hijos de Judá y en Jerusalén. Y reñí a los hijos de Judá los nobles y les dije: «¿Cuál esta palabra mala que vosotros hacéis y profanáis el día sábado? ¿Acaso no así hicieron vuestros padres y trajo sobre ellos nuestro Dios y sobre nosotros todos estos males, y sobre esta ciudad? Y vosotros añadís ira sobre Israel, profanando el sábado.» Y aconteció, cuando se arrimaban puertas en Jerusalén, antes del sábado, que dije que cerraran las puertas, y agregué que no las abriesen, hasta después del sábado; y de mis servidores puse algunos sobre las puertas para que no alzaran cargas en día del sábado. Y pernoctaron todos e hicieron compra fuera de Jerusalén una y dos veces; y les conjuré y les dije: «¿Por qué vosotros pernoctáis enfrente del muro? Si lo repitiereis, extenderé mi mano contra vosotros.» Desde aquel tiempo, no vinieron en sábado. También ordené a los levitas que se habían purificado y venían, que guardaran las puertas para santificar el día del sábado. Por esto, acuérdate de mí, Dios, según la muchedumbre de tu misericordia. Y en aquellos días vi a los judíos que se casaban con mujeres azotias, amonitas y moabitas; y los hijos de ellos, mitad hablando azotio, y no sabían hablar judío(e). Y los reñí y maldije, y percutí en ellos a los varones, los mesé y los juramenté por Dios: «¡Si diereis vuestras hijas a sus hijos, y si tomareis a sus hijas para vuestros hijos!...» ¿No así pecó Salomón, rey de Israel? Y gentes muchas no tuvieron rey semejante a él; y amado por Dios era, y diolo Dios por rey sobre todo Israel, y a éste extraviaron las mujeres extranjeras. Y de vosotros no oigamos(f)haber hecho toda esta maldad, de prevaricar contra nuestro Dios, casándoos con mujeres extranjeras. Y de los hijos de Yoyadá, hijo de Eliasib, el sacerdote el grande, uno era yerno de Sanabalat el horonita; y le arrojé de mí. Recuérdalo para ellos, Dios, por la profanación del sacerdocio y de la alianza del sacerdocio y los levitas. Y purifíquelos de todo lo extranjero; y establecí turnos diarios a los sacerdotes y a los levitas, varón a sus obras; Y, el don de los leñadores, de tiempos a tiempos, y en las primicias. Acuérdate de mí, Dios nuestro, para bien. Sueño de Mardoqueo. Convite. Sueño. El año segundo del reinado de Artajerjes(a) el gran rey, el primero de Nisán, tuvo un sueño Mardoqueo, hijo de Jairo, de Semeías, de Quisayo, de la tribu de Benjamín, hombre judío, que habitaba en Susa, la ciudad, hombre grande, sirviendo en la corte del rey. Mas era de la cautividad que cautivó Nabucodonosor rey de Babilonia, de Jerusalén, con Jeconías, el rey de la Judea. Y éste su sueño:Y he aquí voces y tumulto y truenos y temblor y conturbación sobre la tierra; y he aquí dos dragones grandes, prontos adelantáronse ambos a luchar. Y se hizo de ellos voz grande, y a la voz de ellos aprontóse toda la gente a la guerra, para guerrear contra la nación de los justos. Y he aquí día de tinieblas y calígine; tribulación y angustia, aflicción y conturbación grande sobre la tierra y conturbóse toda la gente justa, temerosos de los propios males; y se aprontaron a perecer; y clamaron a Dios. Y, al clamor de ellos, nació, al modo que, de una pequeña fuente se convierte en un río grande, con mucha agua; y luz y sol salió, y los humildes fueron exaltados, y devoraron a los gloriosos.Y, despertando Mardoqueo, el que había visto este sueño, y qué Dios había determinado hacer, teníalo en el corazón y a toda costa quería conocerlo, hasta la noche. Y reposó Mardoqueo en la corte, con Gabatá y Tarsa, los dos eunucos del rey, los que custodiaban la corte, y oyó sus consideraciones; y sus proyectos escudriñó; y supo que preparan sus manos para apoderarse de Artajerjes el rey. E informó al rey acerca de ellos; y examinó el rey a los dos eunucos, y, confesando, fueron ajusticiados. Y escribió el rey estas palabras para memorial; y Mardoqueo escribió acerca de estas palabras; y ordenó el rey a Mardoqueo servir en la corte y diole dádivas por esto. Y era Amán de Amadatí, Bugeo, de gran crédito ante la faz del rey, y buscaba cómo hacer mal a Mardoqueo y a su pueblo, por la denuncia de los dos eunucos del rey.Y aconteció después de estas palabras, que en los días de Artajerjes, este Artajerjes, dominó desde la India, a ciento veintisiete regiones. En los mismos días, cuando se entronizó el rey Artajerjes en Susa, la ciudad, en el tercer año, reinando él, hizo un festín a los amigos y demás gentes, y a los persas y medos gloriosos, y a los príncipes de los sátrapas. Y, después de esto, él hizo muestras de las espléndidas riquezas de su reino, y de la gloria del regocijo de sus riquezas durante días ciento ochenta. Pero, cuando se cumplieron los días de las bodas, hizo el rey un convite a las gentes halladas en la ciudad, por días seis, en el aula de la casa del rey, adornada de bisos y cárbasos(b), tendidos en cuerdas bísinas y purpurinas, en dados áureos y argénteos, en columnas marmóreas y lapídeas; con lechos áureos y argénteos sobre pavimento de esmeraldina piedra y pínino(c); y paria piedra; y estrados diáfanos, variadamente entretejidos de flores, y en contorno rosas esparcidas. Tazas áureas y argénteas, y carbunclosa ánfora, antepuesta, de talentos treinta mil; vino mucho y dulce, que el mismo rey bebía. Y este convite, no según antepuesta la ley se hizo; que así quiso el rey; y ordenó a los ecónomos hacer la voluntad de él y de los hombres. Y Astín, la reina hizo un convite a las mujeres en el palacio del rey Artajerjes. Y en el día, el séptimo, habiéndose alegrado el rey, dijo a Amán y Bazán, y Tarra y Barazí, y Zatoltá y Abatazá y Tarabá, los siete eunucos, los servidores del rey Artajerjes, que introdujeran a la reina a él, para enreyecerla y ceñirle la diadema y mostrar a los príncipes, y a las gentes la hermosura de ella; pues hermosa era. Y no le escuchó la reina, para venir con los eunucos; y entristecióse el rey y se encolerizó; Y, dijo el rey a sus amigos: «Según esto ha hablado Astín; haced, pues, acerca de esto una ley y juicio». Y acercáronse a él Arquesayo, y Sarsatayo y Malisear, los príncipes de persas y medos, los cerca del rey, los primeros que se sientan cerca de él, y le anunciaron según las leyes como se debe hacer a Astín, la reina, porque no hizo lo por el rey fue ordenado por medio de los eunucos. Y dijo Mucayo al rey y los príncipes: «No al rey sólo ha agraviado Astín, la reina, sino también a todos los príncipes y capitanes del rey. Puesto que se les han referido(d) las palabras de la reina, y cómo contradijo al rey. Así, pues, como contradijo al rey Artajerjes; así hoy las soberanas, las demás, de los príncipes de persas y medos, oyendo al rey dicho por ella, se atreverán igualmente a menospreciar a sus maridos. Si, por tanto, parece al rey, fíjese un decreto real y escríbase según las leyes de los medos y persas, y para que de otra manera no se haga; ni entre ya la reina a él y el reino de ella dé el rey a mujer mejor que ella. Y óigase la ley del rey, la que hiciere en su reino; y así todas las mujeres tributarán honra a sus maridos, de mendigo a rico». Y plugo la palabra al rey y a los príncipes; e hizo el rey según habló Mucayo. Y envió por todo el reino, lugar por lugar, según el dicho de ellos, para que hubiese temor a ellos en sus casas. Ester hecha reina Y, después de estas palabras se calmó el furor del rey, y ya no se acordó de Astín, recordando cuanto ella habló, y como la condenó; y dijeron los servidores del rey: «Búsquense, para el rey, jovencillas incorruptas, bellas de faz; y constituirá el rey prefectos en todas las regiones de su reino y elijan jóvenes virginales, hermosas de faz, para Susa, la ciudad; para el gineceo y que sean entregadas al eunuco del rey, al custodio de las mujeres, para que se le dé ungimiento y el restante cuidado. Y la mujer que agradare al rey, reinará en lugar de Astín». Y agradó al rey el hecho e hizo así. Y un hombre había judío en Susa, la ciudad, y su nombre: Mardoqueo, el de Jairo, de Semeías, de Quisayo, de la tribu de Benjamín; el que estaba cautivo desde Jerusalén a la cual había cautivado Nabucodonosor, rey de Babilonia. Y tenía éste una niña adoptiva, hija de Aminadab, hermano de su padre; y su nombre era Ester; pero al transmigrar sus padres, educóla, para sí, para mujer; y era la jovencita hermosa de faz. Y, cuando se oyó la orden del rey, fueron reunidas muchas jovencitas en Susa, la ciudad, bajo mano de Gaí, y fue traída Ester a Gaí, el custodio de las mujeres. Y agradóle la jovencita y halló gracia ante él; y apresuróse a darle ungimiento y lo perteneciente y siete jovencitas señaladas para ella, de la casa real; y tratóla bellamente y a sus doncellas, en el gineceo. Y no manifestó Ester su linaje ni su patria; pues Mardoqueo le mandara no indicar. Pero cada día paseábase Mardoqueo a lo largo del aula femenina, inspeccionando qué sucedía a Ester. Y éste era el tiempo de que la jovencilla entrase al rey, cuando cumplió doce meses. Pues así se cumplen los días del servicio: meses seis, siendo ungidas con óleo mirrino, y meses seis, en los aromas y en los ungüentos de las mujeres: Y entonces entra al rey; y al que él dijere, la entregará, andando ella juntamente con él, desde el gineceo hasta el palacio. A la tarde entra, y hacia la mañana se va al punto al gineceo, el segundo; donde Gaí el eunuco del rey, el custodio de las mujeres; ya no entra al rey, sino se la llama por nombre, Mas, al cumplirse el tiempo de Ester, la hija de Aminadab, hermano de padre de Mardoqueo, para que entrase al rey, nada desdeñó(a) de lo que mandara el eunuco, el custodio de las mujeres; que estaba Ester hallando gracia delante de todos los que la miraban. Y entró Ester a Artajerjes, el rey, el duodécimo mes, que es Adar, el séptimo año de su reinado. Y amó el rey a Ester, y halló gracia, más que todas las doncellas, y le impuso la diadema femenina. E hizo el rey un convite a todos sus amigos y a las potencias, por siete días; y exaltó las bodas de Ester, y remisión hizo a los bajo en su reino. Pero Mardoqueo servía en la corte. Mas Ester no manifestó la patria de ella; que así le mandara Mardoqueo, temer a Dios y hacer sus mandamientos, cuando estaba con él; y Ester no cambió su educación. Y entristeciéronse los dos eunucos del rey, los príncipes de custodia de cuerpo, por haber sido adelantado Mardoqueo, y buscaban matar a Artajerjes, el rey. Y avisóse a Mardoqueo la palabra, y significó a Ester, y ella reveló al rey lo de la trama. Y el rey interrogó a los dos eunucos, y colgólos; y dispuso el rey poner aparte, para memorial, en la regia biblioteca acerca de la benevolencia de Mardoqueo, en encomio. Mardoqueo y Amán Pero, después de esto, glorificó el rey Artajerjes a Amán, de Amadatí, Bugeo, y exaltóle; y sentábase primero que todos los amigos de él; y todos los de la corte adorábanle; pues así ordenó el rey hacer; mas, Mardoqueo no le adoraba. Y hablaron los de la corte del rey a Mardoqueo: «Mardoqueo ¿por qué desoyes lo que por el rey es dicho?». Día a día le hablaban; y no les obedecía. Y manifestaron a Amán que Mardoqueo contrariaba las palabras del rey, y manifestóles Mardoqueo que era judío. Y conociendo Amán que no le adora Mardoqueo, se enfureció sobremanera, y determinó borrar a todos los judíos bajo el reino de Artajerjes. E hizo sorteo en año duodécimo del reinado de Artajerjes, y echó suertes día por día, y mes por mes, para perder en un día el linaje de Mardoqueo; y cayó la suerte en el catorceno del mes, que es Adar. Y habló al rey Artajerjes, diciendo: «Hay una gente esparcida entre las gentes, en todo tu reino; pero las leyes de ellos son diversas de las de todas las gentes. Las leyes del rey desobedecen, y no conviene al rey dejarlos. si parece al rey, decrete perderlos, y yo pasaré para el gazofilacio del rey, diez mil talentos de plata». Y quitando el rey su anillo, lo puso en manos de Amán, para sellar lo escrito contra los judíos. Y dijo el rey a Amán: «La plata, por cierto, ten para ti; pero de la gente úsala como quieres». Y fueron llamados los escribas del rey, en mes primero, el trece, y escribieron como ordenó Amán, a los estrategos y a los príncipes de todas las regiones, desde India hasta Etiopía, a las ciento veintisiete regiones, y a los príncipes de las gentes según el habla de ellas, por Artajerjes, el rey. Y se envió por carteros, al reino de Artajerjes, borrar el linaje de los judíos en día uno del mes duodécimo, que es Adar, y arrebatar los bienes de ellos. Y de la epístola, ésta es la copia:«El rey grande Artajerjes, a los que desde la India hasta la Etiopía en las ciento veintisiete regiones, son sátrapas y prefectos subordinados, esto escribe: «Aunque tenga el imperio de muchos reinos y haya subordinado toda la tierra, no he querido engreírme con la altivez del poder ensoberbecido, sino gobernar más equitativamente y con suavidad siempre asegurando a los súbditos una vida perpetuamente tranquila y disponer la quietud y seguridad del reino hasta los confines, ofreciendo renovar también la de todos los hombres que desean la paz. Pero, preguntando a mis consejeros cómo llevar esto a término Amán, por cordura, entre nosotros, distinguido, y en benevolencia invariablemente firme, en fidelidad, probado y el segundo que los regios honores ha alcanzado: nos ha manifestado que en todas las regiones, con el pueblo está mezclado cierto enemigo nuestro, por sus leyes opuesto a toda gente, y de los reyes preteriendo continuamente las ordenaciones, para no ajustarse a las medidas irreprensiblemente dictadas. Habiendo, pues, considerado que esta gente solísima está en contradicción con todo, y que siempre todo hombre(a) considera la institución de leyes peregrinas permutando, y, malévola con nuestras cosas, los pésimos consuman(b) males para esto: para impedir que el reino a firmeza no llegue. Hemos, pues, ordenado que los que se os señalan en lo escrito por Amán, el puesto sobre los negocios, y segundo padre nuestro, todos, con sus mujeres, e hijos sean de raíz exterminados por la espada de sus enemigos, sin misericordia ni perdón, el catorceno del duodécimo mes de Adar del presente año; a fin de que los antes y ahora enemigos, en un solo día, violentamente bajen al infierno por muerte violenta, y en el tiempo venidero sea nuestro gobierno firme, e imperturbable hasta el fin de las cosas». Y las copias de las epístolas se publicaron en cada región, y se ordenó a todas las gentes estar prontas para ese día. Y apresuróse el negocio, también en Susa; mas el rey y Amán se banqueteaban pero la ciudad se turbaba. Consternación de los judíos. Mardoqueo y Ester deliberan. Pero Mardoqueo, sabiendo lo que pasaba, rasgó sus vestiduras y se vistió de saco y se espolvoreó con ceniza, y precipitándose por las calles de la ciudad; gritaba con voz grande: «Arrebátese a una gente que nada ha prevaricado». Y vino hasta la puerta del rey, y detúvose; pues no le era lícito entrar en el aula teniendo saco y ceniza. Y en toda región, donde se publicaban las letras, hubo vociferación y plañido y luto grande, para los judíos, y se echaron saco y ceniza. Y entraron las doncellas y los eunucos de la reina, y anunciáronle; y conturbóse oyendo lo sucedido, y envió a que se vestimentara Mardoqueo y se quitara el saco; pero él no obedeció. Mas Ester llamó a Acratayo, el eunuco de ella, que la asistía y envió a saber ella misma de Mardoqueo lo exacto. --(a) Y Mardoqueo le manifestó lo sucedido y la promesa que prometió Amán al rey: para el tesoro de talentos diez mil, para quien perdiese a los judíos; y la copia del edicto publicado para perderlos diole para mostrar a Ester. Y díjole mandarla que entrando suplicase al rey a rogarle por el pueblo: «Acordándote de los días de tu humillación; cómo te criaste en mano mía; por esto, porque Amán, el segundo después del rey, ha hablado contra nosotros de muerte; invoca al Señor, y habla al rey acerca de nosotros, para librarnos de la muerte». Y, entrando Acratayo le habló todas estas palabras. Y dijo Ester a Acratayo: «Ve a Mardoqueo y di, que las gentes todas del reino conocen que todo hombre o mujer que entrare al rey, en el aula interior, sin ser llamado, no tiene para él salvación, fuera del a quien extendiere el rey la áurea vara, porque sólo ese se salvará; y ya no he sido llamada a entrar al rey, en estos treinta días». Y anunció Acratayo a Mardoqueo todas estas palabras de Ester. Y dijo Mardoqueo a Acratayo: «Ve y dile»: «Ester, no te digas que salvarás sola en el reino, de entre todos los judíos. Porque, si desoyeres en esta sazón, de otra parte vendrá auxilio y protección a los judíos; tú, empero, y la casa de tu padre, pereceréis. Y ¿quién sabe si para esta razón has sido entronizada?». Y reenvió Ester al que llegó a ella, a Mardoqueo, diciendo: «Caminando, congrega a los judíos, los de Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis por tres días, noche y día; y yo y mis doncellas no comeremos, y entonces entraré al rey, contra la ley, aun cuando yo debiere perecer» Y, caminando Mardoqueo, hizo cuanto le mandó Ester, y rogó a Señor acordándose de todas las obras del Señor y dijo:«Señor, Señor, rey todopoderoso, pues en tu poder todo está, y no hay quien te contradiga, queriendo tú salvar a Israel; porque tú has hecho el cielo y la tierra, y todo lo maravilloso que hay(b) debajo del cielo; tú, Señor, eres de todo; y no hay quien se oponga al Señor. Tú todo conoces; tú sabes, Señor, que no en altanería, ni en soberbia, ni en vana gloria he hecho esto: de no adorar al soberbio Amán; (porque placíame besar las plantas de sus pies, para salvación de Israel) sino que hice esto por no poner gloria de hombre sobre la gloria de Dios. Y no adoraré a nadie sino a ti, mi Señor, y no lo haré en soberbia. Y ahora, Señor, el Dios, el rey, el Dios de Abrahán, apiádate de tu pueblo; porque nos miran para perdición, y han deseado perder desde principio la heredad tuya. No te desentiendas de la porción tuya que te has redimido, de tierra de Egipto. Escucha mi plegaria y reconcíliate con tu heredad y trueca nuestro llanto en regocijo; para que, viviendo, cantemos tu nombre, Señor, y no destruyas la boca de los que te loan, Señor».Y todo Israel vociferó con fuerza, porque tenían la muerte en sus ojos. Y Ester, la reina, se refugió en el Señor, en agonía de muerte abandonada, y quitándose las vestiduras de su gloria, púsose vestiduras de angustia y luto, y en vez de los soberbios perfumes, de ceniza y fimo llenó su cabeza; de polvo y ceniza, y su cuerpo humilló sobremanera; y todo sitio de su atavío de regocijo llenó de retorcidos(c) cabellos suyos. Y oró al Señor, Dios de Israel y dijo:«Señor mío, rey nuestro, tú eres sólo, ampárame a la sola que no tiene amparador sino a ti; pues el peligro está en mi mano. Yo oía, de mi linaje, de la tribu de mi familia, que tú, Señor, has tomado a Israel de todas las gentes, y a nuestros padres, de todos sus progenitores, en herencia eterna; y les has hecho, cuanto has hablado. Y ahora hemos pecado ante tu faz, y nos has entregado en manos de nuestros enemigos; por cuanto hemos glorificado a los dioses de ellos. Justo eres, Señor, y ahora no se han contentado con la amargura de nuestra servidumbre, sino puesto sus manos sobre las manos de sus ídolos, para quitar la determinación de tu boca, desvanecer la herencia tuya; obturar la boca de los que alaban; extinguir la gloria de tu casa y tu altar; y abrir la boca de las gentes para oír(d) virtudes de los vanos(e) y para ser maravillado rey carnal por el siglo. No entregues, Señor, tu cetro a los que no son; y no se rían en nuestra caída, sino vuelve su determinación contra ellos; y al que ha empezado contra nosotros, pon por ejemplo. Acuérdate, Señor, conózcasete en tiempo de nuestra tribulación; y a mí envalentona, rey de los dioses, y sobre toda dominación poderoso. Da palabra bien sonante a mi boca a faz del león, y muda el corazón de él en odio del que guerrea contra nosotros, para consumación de él y de los que sienten como él. Mas a nosotros salva en tu mano, y ampárame a la sola y que no tiene sino a ti, Señor. De todas las cosas conocimiento tienes, y sabes que he aborrecido la gloria de impíos, y abomino el lecho de incircuncisos y de todo extraño. Tú sabes mi necesidad, que abomino la señal de mi soberbia que está sobre mi cabeza en días de mi ostentación. Abomínolo como trapo de menstruo, y no lo llevo en días de mi reposo. Y no ha comido tu sierva mesa(f) de Amán; y no he glorificado simposio(g) de rey, ni bebido vino de libaciones; y no se ha regocijado tu sierva, desde el día de mi translación hasta ahora; sino en ti, Señor, Dios de Abrahán. El Dios, el fuerte sobre todos, escucha la voz de los desesperados y líbranos de mano de los malobrantes, y líbrame de mi temor». Ester ante el rey. Convida a éste y a Amán a comer con ella. Y aconteció en el día tercero, cuando cesó de orar, que se quitó las vestiduras de la servidumbre y se revistió de su gloria; y, hecha esplendorosa, invocando al de todo mirador Dios y salvador, tomó consigo las dos doncellas; y en la una se apoyaba como delicadísima, pero la otra seguía aligerando su vestimenta; y ella, sonrosada de colmo de su hermosura. Y su rostro, alegre, como amable; su corazón, empero, estrechado del temor. Y, entrando por todas las puertas, paróse delante del rey; y él estaba sentado en el trono de su reino, y de toda estola de su esplendidez revestido todo entre oro y piedras preciosas; y estaba amedrentador sobremanera. Y, alzando su semblante, encendido de gloria, en colmo de furor miró. Y cayó la reina, y demudó su color en desmayo; y reclinóse sobre la cabeza de la doncella que la precedía. Y mudó Dios el espíritu del rey en mansedumbre; y, espantado, salió de su trono, y tomóla en sus brazos hasta que se recobró. Y consolábala con palabras pacíficas, y le dijo: «¿Qué hay Ester? Yo, tu hermano; consuélate: no morirás, no. Porque el decreto es para el común de las gentes, no es para nosotros: acércate». Y, levantando la áurea vara, puso sobre su cerviz, y saludóla y dijo: «Háblame». Y díjole: «Te he visto, señor, cual a un ángel de Dios y se ha conturbado mi corazón de temor de tu gloria; pues maravilloso eres, señor, y tu semblante de gracias henchido». Pero, mientras hablaba cayó en delirio; y el rey se conturbó y todo su séquito la consolaba. Y dijo el rey: «¿Qué quieres Ester? ¿O cuál es tu petición? Hasta la mitad de mi reino será para ti». Y dijo Ester: «Día mío señalado es hoy, si, pues parece al rey, venga él mismo y Amán al convite que haré hoy». Y dijo el rey: «Apresurad a Amán, porque hagamos la palabra de Ester». Y vienen ambos al convite que dijo Ester. Pero, en la bebida del vino, dijo el rey a Ester: «¿Qué hay, reina Ester? y será, cuanto pidieres». Y dijo Ester: «Mi ruego y petición: si he hallado gracia en los ojos del rey, venga el rey y Amán aún mañana al convite que les haré; y mañana lo haré». Y salió Amán de delante del rey muy gozoso regocijado; pero, al ver Amán a Mardoqueo, al judío en el aula, se airó sobremanera. Y, entrando en lo propio, llamó a los amigos y a Zosara, su mujer, y mostróles sus riquezas y la gloria de que el rey le rodeó y cómo le hizo primer y regir el reino. Y dijo Amán: «No ha llamado la reina con el rey, a nadie al convite sino a mí; también para mañana he sido llamado. Y esto no me place, cuando veo a Mardoqueo, el judío, en el aula». Y díjole Zosara, su mujer y los amigos: «Córtate madero de codos cincuenta, y al alba di al rey, y sea colgado Mardoqueo en el madero; y tú entra al convite con el rey y regocíjate». Y plugo la palabra a Amán, y preparóse el madero. Exaltación de Mardoqueo Pero el Señor alejó el sueño del rey, aquella noche; y dijo a su servidor que le trajera las escrituras —memorias de los días, para que le leyera. Y halló las escrituras, las escritas sobre Mardoqueo, cómo anunció al rey acerca de los dos eunucos del rey, al custodiar ellos y buscar echar las manos a Artajerjes. Y dijo el rey: «¿Qué gloria o gracia hicimos a Mardoqueo?» Y dijeron los servidores del rey: «No le hiciste nada». Pero, mientras preguntaba el rey acerca de la benevolencia de Mardoqueo, he aquí Amán en el aula. Y dijo el rey: «¿Quién está en el aula?» Pero Amán había ido a hablar al rey para colgar a Mardoqueo en el madero que preparó. Y dijeron los servidores del rey: «He aquí Amán está en el aula». Y dijo el rey: «Llamadle». Y dijo el rey a Amán: «¿Qué haré al hombre a quien yo quiero glorificar?». Y dijo dentro de sí Amán: «¿A quién quiere el rey glorificar sino a mí?» Y dijo al rey: «Al hombre a quien el rey quiere glorificar. Traigan los niños del rey viste bísina que el rey se viste, y bridón en que el rey sube, y dése a uno de los amigos del rey, los gloriosos, y revista al hombre a quien el rey ama; y súbale en el bridón, y pregone por la vía de la ciudad diciendo: Así será a todo hombre a quien el rey glorifica». Y dijo el rey a Amán: «Bellamente has hablado: así haz a Mardoqueo, el judío, el que sirve en el aula, y no caiga palabra tuya de las que has hablado». Y tomó Amán la veste y el bridón; y vistió a Mardoqueo y subióle en el bridón, y atravesó la vía de la ciudad, y pregonó, diciendo: «Así será a todo hombre a quien el rey quiere glorificar». Y volvió Mardoqueo al aula, y Amán volvió a lo propio contristado, cabizbajo. Y contó Amán lo a él sucedido a Zosara, su mujer y a los amigos, y dijéronle los amigos y la mujer: «Si del linaje de judíos es Mardoqueo, has empezado a ser humillado ante él: cayendo caerás, y no podrás vengarte, no; pues el Dios viviente está con él». Aun hablando ellos, vienen los eunucos, apresurando a Amán a la potación que preparó Ester. Amán colgado Y entró el rey y Amán a beber con la reina. Y dijo el rey a Ester, el segundo día, en la potación: «¿Qué hay, Ester reina, y cuál es tu ruego, y cuál es tu petición? Y séate hasta mitad de mi reino?». Y respondiendo, dijo: «Si he hallado gracia en los ojos del rey, dése el alma a mi ruego, y mi pueblo a mi petición. Pues hemos sido vendidos así yo, como mi pueblo en perdición y despojo y servidumbre, nosotros y nuestros hijos en muchachos y muchachas; y no oí(a); pues no digno el calumniador del aula del rey». Y dijo el rey: «¿Quién es ese que se ha atrevido a hacer este hecho?». Y dijo Ester: «El enemigo es Amán, el malvado éste». Y Amán conturbóse ante el rey y la reina. Pero el rey se levantó del simposio al huerto; pero Amán suplicaba a la reina; pues se veía en males estar. Y volvió el rey del huerto; pero Amán se había inclinado sobre el lecho, rogando a la reina. Y dijo el rey: «Conque ¿hasta a la mujer viola en mi casa?». Y Amán, oyendo, demudóse. Y dijo Gugatán, uno de los eunucos, al rey: «He aquí también un madero aparejó Amán para Mardoqueo, el que habló a favor del rey; y está erigido en lo de Amán, madero de codos cincuenta». Y dijo el rey: «Crucifíquesele en él». Y colgóse a Amán del madero que aparejó para Mardoqueo. Y entonces el rey se calmó del furor. Derogación del edicto contra los judíos Y en el mismo día el rey Artajerjes donó a Ester cuanto poseía Amán, el calumniador; y Mardoqueo fue llamado por el rey porque manifestó Ester que era de casa de ella. Y tomó el rey el anillo que quitó a Amán, y lo dio a Mardoqueo, y constituyó Ester a Mardoqueo sobre todo lo de Amán. Y, añadiendo, habló al rey y postróse a sus plantas; y rogaba quitar la maldad de Amán, y cuanto hizo a los judíos. Y extendió el rey a Ester la vara, la áurea; y se levantó Ester a asistir al rey, y dijo Ester: «Si te parece y he hallado gracia en tus ojos, envíese a que se devuelvan las escrituras, las enviadas por Amán, las escritas para perder a los judíos, que están en tu reino; pues ¿cómo podré ver el mal tratamiento de mi pueblo, y cómo podré salvar en la perdición de mi patria?». Y dijo el rey a Ester: «Si todos los haberes de Amán te he dado y agraciado, y a él mismo he suspendido en el madero, porque las manos echó a los judíos ¿qué más buscas aún?. Escribid también vosotros en mi nombre, como os parezca y sellad, con mi anillo; pues cuanto se escribe, mandando el rey, y se sella con mi anillo, no puede ser revocado». Y fueron llamados los escribas en el primer mes, que es Nisán, el veintitrés del mismo año y se escribió a los judíos, cuanto mandó a los ecónomos y a los príncipes de los sátrapas, desde la India hasta la Etiopía, a ciento veintisiete sátrapas, según región y región, según el habla de ellos. Y se escribió por el rey y selló con su anillo; y se enviaron las escrituras por carteros; como les mandó usar de sus leyes en toda ciudad, y auxiliarles y tratar a sus contradictores y contrarios, como quieren. Esto es en el día uno en todo el reino de Artajerjes, el trece del duodécimo mes, que es Adar. De las cuales es copia, de la epístola, lo abajo escrito: «Rey grande Artajerjes, a los, desde la India hasta la Etiopía, a ciento veintisiete satrapías, de regiones príncipes, y a los que en lo nuestro piensan, salud.»Muchos con la mayor de los bienhechores bondad más a menudo honrados, más altamente han pensado; y no sólo a los a nosotros sometidos buscan mal hacer; y la hartura no pudiendo sobrellevar, hasta contra los propios bienhechores tratan de maquinar. Y la gratitud no sólo de los hombres quitando, sino que también con las, de inusitados bienes, pompas levantados y del que todo mira siempre: Dios, la del mal odiadora sueñan evitar sentencia. Pero muchas veces también a muchos de los en potestades constituidos, de los delegados para administrar de los amigos los negocios; habiéndoles alguna solicitación, partícipes de sangres inocentes constituidos, ha envuelto en calamidades incurables, con el de la artería mentido engaño, engañando la de los gobernantes sencilla probidad.(a) Que miréis conviene (no tanto, por las antiguas que hemos indicado, historias) cuanto está ante las plantas, vosotros que investigáis: lo consumado por la de los de lo injusto mandaste, pestilencia, y que atendáis a lo de después de esto; a que el reino no turbado a todos los hombres, con paz brindaremos, no usando de mudanzas y lo que bajo la vista viene, juzgando siempre con más equitativa acogida.(b) Así, pues, Amán, de Amadatí, macedón, en realidad de verdad, ajeno a la de los persas sangre, y muy distanciado de nuestra bondad, peregrino para nosotros logra la que tenemos con toda gente filantropía, tanto que fue llamado nuestro padre y adorado por todos, la segunda del real trono persona desempeñando. No llevando, empero, la soberbia, pretendió del principado despojarnos y del espíritu; y a nuestro salvador y siempre bienhechor, Mardoqueo, y a la intachable del reino compañera, Ester, con toda la de éstos gente, por múltiples de arterías enredos, buscando para perdición.(c) Pues, por estos modos creyó cogernos solitarios, para la de los persas dominación a la de los macedones transferir. —Empero nosotros a los por tres veces malvados entregados a exterminio judíos hallamos no malhechores ser, sino por justísimas gobernarse leyes, y ser hijos del altísimo, máximo, viviente Dios, el que ha enderezado así a nosotros como a nuestros progenitores, el reino en la más hermosa disposición. Hermosamente, pues, haréis no usando las por Amán, de Amadatí, enviadas escrituras; por haber sido el mismo que esto tramó, en las puertas de Susa, crucificado con toda la familia; la condigna el todopoderoso Dios en breve, devolviéndole condena.(d) Pero la copia de esta epístola publicada en todo lugar con libertad; permitir(e) a los judíos usar sus leyes, y auxiliarles para que en los que, en tiempo de tribulación se alzaron contra ellos, así venguen el trece del duodécimo mes, Adar, el mismo día. Porque está el omnipotente Dios, en vez de perdición del elegido linaje, les ha hecho alegría(f). Y vosotros, pues, en vuestras renombradas festividades, insigne día, con todo regocijo, pasad, a fin de que ahora y después de esto, salud sea para nosotros y todos los benévolos con persas; pero, para los que traman contra nosotros memorial de la perdición. Mas toda ciudad o región doquiera la que esto no hiciere, a lanza y fuego consumida será con ira. No sólo a hombres inaccesible, sino también a las fieras y volátiles, por todo tiempo aborrecidísima, será puesta. Y las copias publíquense visiblemente en todo reino; y prontos estar(g) todos los judíos para ese día, a guerrear contra sus adversarios. Ellos, pues, los jinetes salieron presurosos lo por el rey dicho a ejecutar; y se publicó el edicto también en Susa. Y Mardoqueo salió vestido de la regia veste, y corona llevando áurea, y diadema, y bísino purpúreo; y viendo los de Susa regocijáronse. Y para los judíos hubo luz y alegría. Y por ciudad y región, donde se publicó el edicto; gozo y alegría; para los judíos, festín y alegría; y muchos de los gentiles se circuncidaron, y judaizaban, por el temor de los judíos. Vindicta de los judíos Y así, el duodécimo mes, el trece del mes, que es Adar, en que debían cumplirse las escrituras escritas por el rey, en el mismo día perecieron los adversarios de los judíos; pues nadie se opuso a ellos, temiéndolos. Pues los príncipes de los sátrapas y los soberanos y los reales escribas honraban a los judíos haciendo que el temor a Mardoqueo se posaba sobre ellos. Pues habíales llegado el edicto del rey de que se le nombrase(a) en todo el reino. --(b) Y en Susa, la ciudad, mataron los judíos a quinientos varones; y a Farsanés, y Delfón, y Fasgá: y a Faradatá y Bareá, y Sarbacá; y a Marsimá y Rufayo y Arsayo y Zabutayo, los diez hijos de Amán, de Amadatí, Bugeo, el enemigo de los judíos, y despojaron en el mismo día. Y se entregó al rey el número de los perecidos en Susa. Y dijo el rey a Ester: «Han perdido los judíos en Susa la ciudad, quinientos varones; pero en el contorno ¿cómo crees que han procedido? ¿Qué, pues, pides aún, y te será dado?» Y dijo Ester al rey: «Dése a los judíos proceder así mañana, para colgar a los diez hijos de Amán». Y lo concedió así; y permitió a los judíos de la ciudad colgar los cuerpos de los hijos de Amán. Y juntáronse los judíos en Susa el catorce de Adar, y mataron a trescientos varones; pero nada despojaron; pero los demás judíos, los que había en el reino, se juntaron y auxiliáronse y se defendieron de los contrarios, pues mataron de ellos a cincuenta mil el trece de Adar; y nada despojaron. Y reposaron el catorce del mismo mes, y pasáronlo día de reposo con regocijo y alegría. Y los judíos de Susa, la ciudad, juntáronse también el catorce y reposaron; y pasaron el quince con regocijo y alegría. Por esto los judíos, los dispersos en toda región, la de fuera, pasan el catorce de Adar, día bueno, con alegría, enviando porciones cada uno al prójimo. Y escribió Mardoqueo estas palabras en una carta que envió a los judíos, cuantos había en el reino de Artajerjes, a los de cerca y a los de lejos; para que instituyeran estos días, buenos, y celebraran el catorce y el quince de Adar; (pues en estos días reposaron los judíos, de sus enemigos); y el mes en que hubo trueque para ellos (el que era Adar) de llanto en gozo, y de tristeza en buen día, celebraran entero; días buenos de bodas y alegría, enviando porciones a los amigos y a los mendigos. Y aceptaron los judíos, según les escribió Mardoqueo: cómo Amán de Amadatí, el macedón, guerreaba contra ellos, según tiró decreto y suerte de aniquilarlos; y cómo entró al rey, pidiendo que colgara a Mardoqueo; mas cuantos males intentó traer sobre los judíos, sobre él vinieron, y fue colgado él mismo y sus hijos en los maderos. Por esto fueron llamados estos días fruraí(c), por las suertes, pues en la lengua de ellos se llaman fruraí, por las palabras de esta epístola, y cuánto padecieron por esto y cuánto les aconteció; y estableció; y tomaron los judíos sobre sí, y sobre su simiente y sobre los agregados a ellos; ni a la verdad de otra suerte procederán. Y estos días, memorial perfecto, por generación y generación, y ciudad, y patria y región. Y estos días de los fruraí celebrados serán por todo el tiempo, y la memoria de ellos no desfallecerá, no, de las generaciones. Y escribió Ester, la reina, hija de Aminadab, y Mardoqueo, el judío, cuanto hicieron y el afianzamiento de la epístola de los fruraí. -- (9:30) Y Mardoqueo y Ester, la reina, estatuyeron(d) para sí de por sí, y entonces(e) estatuyendo, a causa de la salvación suya, también el consejo(f) de ellos. (9:31) Y Ester con palabra estatuyó por el siglo; y fue escrito para memorial. El sueño de Mardoqueo Y dispuso el rey tributos sobre el reino, así de la tierra como del mar. Y su poder y fortaleza; sus riquezas y la gloria de su reino; están escritos en el libro de los reyes de persas y medos para memorial. Pero Mardoqueo desempeñaba el cargo más importante del reino, después del rey Artajerjes, y grande era en el reino y glorificado por los judíos, y amado, narraba su educación a toda su gente. Y dijo: «De Dios ha venido esto; pues acuérdome del sueño que vi acerca de estas palabras; pues no ha pasado de ellas palabra alguna. La pequeña fuente, la que se hizo río, y era luz y sol y agua mucha, —Ester es el río con la que se casó el rey e hizo reina; y los dragones, yo soy y Amán; empero las gentes reunidas para borrar el nombre de los judíos y la gente mía, éste es Israel, los que clamaban a Dios y fueron salvos. Y salvó el Señor a su pueblo, y nos libró el Señor de todos estos males; he hizo Dios las señales grandes las que no han sido en las gentes. Por esto hizo suertes dos: una para el pueblo de Dios, y una para todas las gentes. Y vinieron estas dos suertes a hora y sazón, y a día de juicio, delante de Dios y a todas las gentes. Y acordóse Dios de su pueblo y justificó a su heredad. Y serán para ellos estos días en el mes de Adar, el catorce y el quince del mes, con reunión y gozo y alegría, delante de Dios, por generación por el siglo, en su pueblo de Israel. (11:1) Envío del libro de Ester al Egipto y al mundo helénico. El año cuarto reinando Ptolomeo y Cleopatra trajo Dositeo, que decía ser sacerdote y levita y Ptolomeo, su hijo, la presente epístola(a) de los fruraís que dijeron ser y haber interpretado Lisímaco, de Ptolomeo, el de Jerusalén. Job es tentado Un hombre había en región la Ausítide(a) —su nombre Job; y era aquel hombre veraz, intachable, justo, timorato, apartado de toda mala obra. Y naciéronle hijos siete e hijas tres. Y era su ganado: ovejas siete mil; camellos, tres mil; yuntas de bueyes, quinientas; hembras(b) asnas pastantes, quinientas; y servidumbre mucha sobremanera; y obras grandes tenía sobre la tierra; y era aquel hombre noble entre los del sol oriente. Y, juntándose sus hijos entre sí, hacían festín cada día(c); tomando juntamente consigo también a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. Y, cuando terminaran los días del festín, enviaba Job y purificábalos, levantándose al alba, y ofrecía por ellos hostias, según el número de ellos, y becerro uno por pecado, por las almas de ellos. Pues decía Job: «No sea que mis hijos en su mente mal hayan pensado para con Dios». Así, pues, hacía Job todos los días(d). Y aconteció, como este día(e) he aquí vinieron los ángeles de Dios a presentarse a faz del Señor, y el diablo vino con ellos. Y dijo el Señor al diablo: «¿De dónde vienes?» Y, respondiendo el diablo al Señor dijo: «Después de recorrer yo la tierra, y atravesar la debajo del cielo, heme aquí(f)». Y díjole el Señor: «¿Has atendido con tu mente a mi niño Job: que no hay conforme a él sobre la tierra: hombre intachable, veraz, timorato, apartado de toda mala obra?» Y respondió el diablo, y dijo delante del Señor: «¿Acaso de balde Job teme al Señor? ¿No has tú vallado lo fuera de él, y lo de dentro de su casa, y lo fuera de entre todo lo que está en su contorno? ¿y las obras de sus manos has bendecido y su ganado mucho has hecho sobre la tierra? Empero, envía tu mano y toca todo lo que tiene —a fe que a faz te bendecirá»(g). Entonces dijo el Señor al diablo: «He aquí todo lo que tiene, doy en tu mano; a él empero, no toques». Y salió el diablo de ante el Señor. Y era como este día: los hijos de Job y sus hijas comían y bebían vino en la casa de su hermano el mayor; y he aquí mensajero vino a Job y díjole: «Las yuntas de los bueyes araban y las hembras asnas pacían junto a ellas; y viniendo merodeadores(h) merodeáronlas, y a los niños mataron a cuchilla; y salvo yo sólo he venido a avisarte.» Aún hablando éste, vino otro mensajero y dijo a Job: «Fuego cayó del cielo y abrasó las ovejas; y a los pastores devoró igualmente; y salvo yo sólo, he venido a avisarte. Aún hablando éste, vino otro mensajero y dijo a Job: «Los cabalgadores(i) nos hicieron cabezas(j) tres y rodearon los camellos y los cogieron, y a los niños mataron a cuchilla; y salvé yo sólo y he venido a avisarte.» Aún hablando éste, otro mensajero viene, diciendo a Job. «Estando tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo cerca de su hermano el mayor; de súbito ráfaga grande precipitóse del desierto y cogió los cuatro ángulos de la casa; y cayó la casa sobre tus niñitos y murieron; y salvé yo sólo, y he venido a avisarte». Al punto, levantándose Job, rasgó sus vestiduras y rapó la cabellera de su cabeza y cayendo en tierra, adoró, y dijo: «Yo desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo también volveré allá: el Señor dio, el Señor quitó; como al Señor ha parecido así se ha hecho; sea el nombre del Señor bendito». En todo esto que le sucedió, nada pecó Job delante del Señor, y no dio necedad a Dios. Job llagado. Sus amigos. Y aconteció como este día, y vinieron los ángeles de Dios a presentarse ante el Señor; y el diablo vino, en medio de ellos, a presentarse ante el Señor. Y dijo el Señor al diablo: «¿De dónde tú vienes?». Entonces dijo el diablo a faz del Señor: «Después de recorrer yo la debajo el cielo, y atravesar la universal, heme aquí». Y dijo el Señor al diablo: «Has atendido, pues, a mi servidor Job que no hay conforme a él entre los de sobre la tierra? Hombre inocente, veraz, intachable, timorato, apartado de todo lo malo, y aún conserva inocencia, tú, empero, dijiste que sus haberes en vano perecieran.» Y, respondiendo el diablo, dijo al Señor: «Piel por piel: y todo cuanto tiene el hombre, por su alma pagará. Empero, enviando tu mano, toca sus huesos y sus carnes —a fe que a faz te bendecirá». Y dijo el Señor al diablo: «He aquí te le entrego: solamente su alma guarda». Y salió el diablo de ante la faz del Señor, e hirió a Job de úlcera mala, de pies a cabeza. Y cogió un tejuelo para la pus raer, y sentóse sobre el estercolero, fuera de la ciudad. Y, pasado tiempo mucho, díjole su mujer: «¿Hasta cuándo padecerás, diciendo: «He aquí me queda tiempo todavía, un poco aguardando la esperanza de mi salvación?» Pues he aquí que borrada está tu memoria de la tierra: hijos e hijas, de mi vientre dolores y trabajos; los que en vano sufrí con afanes; y tú mismo en podredumbre y gusanos estás sentado, pernoctando al aire libre; y yo, errabunda y sierva, de lugar en lugar, y de casa en casa, aguardando al sol, cuando se pone, para reposar de mis afanes y los dolores que ahora me oprimen. Pero di alguna palabra contra el Señor y muere»(a). Pero él mirándola, le dijo: «Tal como una de las insensatas mujeres has hablado. Si lo bueno hemos recibido de mano del Señor, ¿lo malo no soportaremos? En todo esto que le aconteció, nada pecó Job con sus labios, delante de Dios.» Pero, cuando oyeron los tres amigos de él todo lo malo que le había sobrevenido, llegaron cada uno de su propia región a él: Elifaz, el de temanitas rey, y Baldad, de suhitas soberano, y Sofar, de mineos(b) rey y llegaron a él juntamente para consolar y visitarle. Mas, viéndole de lejos no reconocieron; y, clamando con voz grande lloraron, y rasgando cada uno su estola, y echando tierra sobre sus cabezas hacia el cielo; estuvieron sentados con él sobre la tierra siete días y siete noches, y ninguno de ellos le habló palabra; pues veían que la plaga terrible era y grande sobre modo. Maldice Job su nacimiento Después de esto, abrió Job su boca y maldijo a su día, y respondió Job diciendo: «Perezca el día en que nací y aquella noche que dijeron: «He aquí varón». Aquella noche sea tinieblas, y no la considere el Señor desde lo alto, ni venga a ella esplendor. Cójanla tinieblas y sombra de muerte; venga sobre ella calígine; maldito sea el día. y aquella noche, arrebátenla tinieblas: no esté entre días de año, ni sea contada entre días de lunas, sino que aquella noche sea dolor; y no venga sobre ella alegría ni gozo; sino que la maldiga el que maldice a aquel día, el que está pronto a medirse con el gran monstruo(a). Entenebrézcanse los astros de aquella noche; quédese y a luz no venga, y no vea el lucero nacer; pues no cerró puertas de vientre de mi madre; porque hubiera alejado trabajo de mis ojos. ¿Por qué, pues, en vientre no morí? ¿y de seno salí y no al punto perecí? Y ¿por qué presentáronseme las rodillas? Y ¿por qué pechos mamé? Ahora, durmiendo, reposara; y, adormido, descansara, con reyes y consejeros de tierra, los que se gloriaban de espadas; o con príncipes, cuyo oro era mucho; los que llenaron sus casas de plata; o como aborto salido de entraña de madre; o como pequeñuelos que no vieron luz. Allí impíos apagaron furor de ira; allí reposan fatigados del cuerpo; juntos los eternales(b) han prosperado, no han oído voz de opresor. Pequeño y grande allí está, y el siervo que ha temido a su señor. Pues ¿a qué se da a los en amargura, luz, y vida a adoloridas almas? Los que anhelan por la muerte y no la alcanzan, excavándola(c) cual un tesoro, y gozosos están si la hallaren. Muerte al varón, descanso, pues cerró(d) Dios sobre él. Porque ante mis alimentos, el gemido llega; y lloro yo, angustiado de temor. Pues el temor(e) que me acuitaba, me vino, y el que temía, me encontró. Ni me apacigüé; ni me tranquilicé; ni reposé; y me ha venido ira». Elifaz pretende que a los malos sobrevienen los males Y, respondiendo Elifaz, el temanita, dice: «¿Acaso, si largamente se te hablare, será molesto?» Pero la fuerza de tus palabras ¿quién sufrirá? He aquí tú has instruido a muchos, y manos débiles consolado; a debilitados levantaste con palabras; y rodillas impotentes de fuerza cercaste. Y ahora ha venido sobre ti trabajo, y cogídote: turbado estás. ¿Acaso tu temor no está en desacierto(a), y tu esperanza y la simplicidad de tu camino? Acuérdate, si no, ¿quién siendo inocente, ha perecido? O ¿cuándo veraces radicalmente perecieron? Tal como lo vi: los que araban sinrazones, los que las sembraban, dolores segarán para sí; Al mandato de Dios perecerán; a la ráfaga de su ira se desvanecerán. Fuerza de león, y voz de leona, y alborozo de dragones, apagados fueron. León hormiguero(b) pereció, falto de presa, y cachorros de leones disipados fueron. Pero, a haber habido alguna palabra verdadera en tus razones, nada de esto malo te sucediera. ¿Acaso no percibirá mi oreja cosas extraordinarias de él? Y con temor y eco nocturno cayendo temor sobre hombres; erizamiento cogióme y temblor, y grandemente mis huesos sacudió; y ráfaga sobre mi faz vino y erizáronse mis pelos y carne. Me levanté y no conocí; miré, y no había figura ante mis ojos, sino que aura y voz escuché: «¿Pues qué? ¿acaso puro será un mortal delante del Señor? ¿o por sus obras intachable un varón?». Si de sus niños(c) no se fía, y en sus ángeles algo pravo ha conocido, a los habitadores de casas barrizas, de los que también nosotros del mismo barro somos, les ha herido a modo de polilla; y, de mañana a tarde, ya no son; y por no haberse podido ellos mismos favorecer, han perecido; pues sopló sobre ellos y secáronse; perecieron por no tener sabiduría(d). Continúa Elifaz Pero clama, por si alguien te escucha, o si a alguno de los ángeles santos ves. Pues al insensato arrebata ira y al errante mata indignación. Y yo he visto a insensatos raíces echar; empero luego devorada fue su habitación. Lejos estén sus hijos de salud y oprimidos sean sobre puertas(a) de inferiores; y no habrá quien liberte. Pues, lo que aquellos han congregado justos comerán; y ellos de males no se librarán; agotada será su fortaleza. Pues no brotará de la tierra labor, no, ni de montes germinará trabajo. Pero el hombre nace para labor, y pollos de buitre a las alturas vuelan. Sin embargo, yo rogaré al Señor; al Señor, al de todas las cosas dueño, invocaré; al que hace cosas grandes e inescrutables, y gloriosas y extraordinarias, de que no hay cuenta; al que da lluvia sobre la tierra, al que envía agua sobre la debajo del cielo; al que pone a humildes en altura; y a los que habían perecido, suscita a salvación; que disipa trazas de malignos; y no harán sus manos, no, cosa verdadera. El que coge a sagaces en el pensar de ellos; y consejo de embaidores disipa. De día les sobrevendrán tinieblas, y al mediodía andarán a tientas, al igual que de noche. Perezcan en guerra; y el impotente salga de mano del potente. Haya para impotente, esperanza; pero de injusta boca sea obstruida. Bienaventurado el hombre a quien castiga el Señor, y admonición de Omnipotente no deseches. Pues él sufrir hace, y, a su vez, restituye; hirió y sus manos sanaron. Seis veces de angustia te salvará, y a la séptima, no te tocará, no, lo malo. En hambre te librará de muerte; y, en guerra, de mano de hierro te desatará. De flagelo de lengua te ocultará; y no te amedrentarás, no, ante males venideros. De injustos e inicuos te mofarás; y ante bestias salvajes no te amedrentarás, no. Porque con las piedras del campo, tu alianza; pues bestias salvajes se te apaciguarán. Después, conocerás que se apaciguará tu casa; y la morada de tu pabellón no faltará, no. Y conocerás que mucha tu simiente, y tus hijos serán como hierba omnímoda del campo. Y llegarás a la tumba, cual trigo maduro en sazón segado, o como acervo de era a tiempo amontonado. He aquí esto así hemos investigado; esto es lo que hemos oído; tú, empero, conócete a ti mismo, si algo has hecho». Quéjase Job de sus miserias y de sus amigos Y respondiendo Job, dice: «Pues si alguno pesando pesara la ira mía, y los dolores míos alzara en balanza a la vez; por cierto que más pesada que arena de mar será. Empero, según parece, mis palabras son malas. Pues saetas del Señor en mi cuerpo están, cuyo furor, de ellas, me bebe la sangre; cuando empezare yo a hablar, me clavan. ¿Pues qué? ¿Acaso en vano gritará un asno montés, sino pasto buscando? ¿O si también bramará un buey, en pesebre teniendo que comer? ¿Si se comerá pan sin sal? ¿O si hay también goce en palabras vanas? Pues no puede calmar mi ira; pues rugido veo(a) mis viandas, como olor de león. ¡Oh si él diera, y viniese mi ruego; y mi esperanza diese el Señor! Habiendo empezado el Señor me hiera, pero hasta término no me arrebate. Y sea mi ciudad sepulcro, sobre cuyos muros yo saltaba, sobre ella. No rehuiré; que no he falseado palabras santas de mi Dios. Pues ¿cuál mi fortaleza para sufrir? ¿O cuál mi tiempo(b) para que soporte mi alma? ¿Acaso fuerza de piedras es mi fuerza? ¿O mis carnes son broncíneas? ¿Acaso en él(c) no he confiado? ¿Pero, mi amparo lejos está de mí? Desechome misericordia, y visitación del Señor me despreció. No me miraron mis más allegados: como torrente que desfallece, o como ola pasaron de mí. Los que me reverenciaban, ahora han caído sobre mí cual nieve, o hielo cuajado. Así como derretido, sobreviniendo calor, no se conoció lo que fue; así también yo he sido abandonado de todos y he perecido y de mi casa he sido arrojado. Ved caminos de temanitas, sendas de sabeos, los que investigáis; y confusión estarán debiendo, los en ciudades y riquezas confiados. Ahora, empero, también vosotros os habéis levantado contra mí despiadados, de modo que viendo mi llaga os amedrentáis. ¿Pues qué? ¿Acaso algo a vosotros he pedido, o de vuestra fortaleza necesito, para que me salvéis de enemigos o de mano de poderosos me libréis? Enseñadme, y yo enmudeceré; si algo he errado, decidme. Empero, a lo que parece, inferiores a lo verdadero, las palabras(d); pues no a vosotros fortaleza pido; ni vuestra reprensión de palabra me calmará; ni vuestro estrépito de palabra he de soportar; a fe que sobre un huérfano os precipitáis; y asaltáis a vuestro amigo. Y ahora mirando vuestro semblante no mentiré. Sentaos ahora, y no haya injusticia, y de nuevo al justo llegaos. Que no hay en mi lengua injusticia. O mi garganta ¿acaso cordura no medita?» Continúa Job ¿Acaso tentación no es la vida del hombre sobre la tierra; y como de jornalero su vida? ¿O como siervo temeroso de su señor y que ha hallado sombra, o como jornalero que aguarda su jornal? Así también yo he aguardado meses vanos; y noches de dolores hánseme dado. Si duermo, digo: «¿Cuándo(a), día?» Y, cuando me levanto de nuevo: «¿Cuándo, tarde?» «Y llénome de dolores, de tarde a mañana. Y hierve mi cuerpo en podredumbre, de gusanos; y deshago terrones, pus rayendo. Y mi vida es más ligera que el habla; y ha perecido en vana esperanza. Acuérdate, pues, de que un aura es mi vida; y no volverá ya el ojo mío a ver bueno. No me considerará el ojo del que me mira: tus ojos, en mí, y ya no soy, como nube borrada del cielo. Pues, si el hombre descendiere a los infiernos, ya no ascenderá; y no tornará, no, al propio hogar y no le reconocerá, no, ya su lugar. Por esto yo tampoco perdonaré a mi boca: hablaré en angustia como estoy, abriré la amargura de mi alma agobiado. ¿Por ventura mar soy o dragón, que has puesto, sobre mí, guarda? Dije que me consolaría mi lecho, y llevaría conmigo en secreto palabra a mi tálamo. Me aterras con ensueños, y en visiones me espantas. Quitarás(b) con mi aliento el alma mía, y con muerte mis huesos. Pues no por el siglo viviré, para longanimarme; apártate de mí; que vana mi vida. Pues ¿qué es el hombre para que le hayas engrandecido o para que llegues la mente a él? ¿O su visitación harás hasta la mañana, y en reposo le juzgarás(c)? ¿Hasta cuándo no me dejas, ni me sueltas, mientras trago mi saliva(d)? Si yo he pecado ¿qué podré hacer, el(e) que sabes la mente de los hombres? ¿Por qué me has puesto acusador tuyo, y soy para ti una carga? ¿Por qué no has hecho de mí iniquidad olvido, y purificación de mi pecado? Ahora, empero, a tierra iréme; y amaneciendo ya no soy». Loa Baldad la justicia de Dios Y, respondiendo Baldad, el suhita, dice: «¿Hasta cuándo hablarás estas cosas: ráfaga multisonante de tu boca? ¿Acaso el Señor agraviará juzgando? ¿O el que todo lo ha hecho, perturbará la justicia? Si tus hijos han pecado ante él, ha enviado en mano las iniquidades de ellos(a). Mas tú madruga al Señor omnipotente rogando. Si puro eres y veraz, tu ruego escuchará, y te restituirá habitación(b) de justicia. De modo que será lo primero tuyo, poco; lo último, empero, inenarrable. Pues pregunta a generación primera; investiga en linaje de padres. Que de ayer somos; y no sabemos; porque sombra es sobre la tierra nuestra vida. ¿O éstos no te enseñarán y referirán, y de su corazón proferirán palabras? ¿Acaso lozanea papiro(c) sin agua, o será enaltecido prado sin beber? Aún estando sobre su raíz(d) ¿no será, no, segado? antes de beber, toda hierba ¿no aridece? Así(e), pues, serán las postrimerías de todos los que se olvidan del Señor; que esperanza de impío perecerá. Que deshabitada será su habitación; y telaraña tornaráse su tienda. Si afianzare su casa, no quedará, no, en pie; y apuntalándola él, no permanecerá, no; pues húmedo está(f) bajo el sol, y de su podredumbre, su germen saldrá. Sobre amontonamiento de piedras duerme, y en medio de guijas vivirá. Si le devorare el lugar, le negará: «No has visto tal cosa»; porque la ruina del impío, tal; y de la tierra germinará a otro. Que el Señor no desechará al inocente; pero todo don de impío no aceptará. De veraces boca llenará de risa; y sus labios de confesión. Mas los enemigos de ellos revestidos serán de confusión, y tienda de impío no será». Prueba Job que los buenos son afligidos Y, respondiendo Job, dice: En verdad, sé que así es; porque ¿cómo ha de ser justo un mortal ante el Señor? Pues, si quisiere ser juzgado(a) con él no será poderoso, no, a reponerle ni una palabra por mil. Que sabio es de pensamiento, y poderoso y grande, ¿quién, obstinándose, ante él ha permanecido? El que quita montes y no saben, el que los hunde con ira; el que sacude la(b) debajo del cielo de sus fundamentos; y las columnas de ella se estremecen; el que dice al sol, y no nace, y los astros sella; el que tiende el cielo sólo y camina como sobre pavimento, sobre la mar; el que hizo la Pléyada, y el lucero, y la Osa, y las cámaras de los tesoros del austro; el que hace cosas grandes e inescrutables, y gloriosas y extraordinarias que no tienen número. Si pasare por sobre mí, no lo veré, no; si pasare a par de mí, ni así conozco. Si removiere, ¿quién restituirá? ¿O quién le dirá: «¿Qué has hecho?» Pues él ha apartado ira: bajo él se han encorvado los monstruos(c) los debajo del cielo. Pero ¿si me habrá de oír o juzgar mis palabras? Pues, si yo fuere justo, no me escuchará; su juicio imploraré. Pero, si yo llamare y no me oyere, no creo que ha percibido mi voz. No con tinieblas me quebrante; y muchos quebrantos míos ha hecho en vano. Pues no me deja respirar y me ha llenado de amargura, puesto que prevalece en fortaleza. ¿Quién, pues, a juicio suyo se opondrá? Pues, si(d) yo fuere justo, mi boca prevaricará; y si fuere intachable, pravo saldré(e). Porque si he prevaricado, no sabe mi alma; sin embargo, se me arrebata la vida. Una cosa es, por lo cual dije: A grande y poderoso extermina ira; porque malos, en muerte privilegiada(f), justos empero son burlados. Que son entregados en manos de impíos, rostros de jueces de ella(g) encubre; y si él no es ¿quién es?(h). Pero mi vida es más rápida que carrera; precipitáronse y no vieron ventura. ¿O tienen también naves huella de camino, o águila volando, buscando presa? Pues, aunque yo dijera: «Olvidaré, mientras hablo; inclinándome de rostro, gemiré», sacudido soy de todos los miembros, pues sé que no inocente me dejarás. Pero, ya que soy impío ¿por qué no he muerto? Pues, si me lavare con nieve y me purificare con manos puras; bastante(i) en lodo me sumergiste, y me ha contaminado la estola. Pues no eres hombre, cual yo, a quien contradecir, para que vengamos juntamente a juicio. Ojalá tuviéremos mediador, y quien arguya e interrogue en medio de entrambos. Retire de mí su vara; y su temor no me agite; y no temeré, no, sino que hablaré; pues así(j) no estoy en mí. Prosigue Job Trabajado en mi alma, gimiendo enviaré a él mis palabras; hablaré con amargura de mi alma angustiado y diré al Señor: No a prevaricar me enseñes; y ¿por qué así me has juzgado? ¿O hermoso, para ti, si yo delinquiere? puesto que has negado obras de tus manos, y al consejo de impíos atendido. ¿O como un mortal mira, miras en menos? O según ve un hombre ¿has de mirar? O tu vida ¿humana es? o tus años como días de varón, porque has inquirido mi iniquidad y mis pecados investigado. Pues sabes que no he prevaricado. Empero ¿quién es el que de tus manos se evade? Tus manos me han plasmado y héchome; después, mudando me has herido. Acuérdate de que lodo me plasmaste, y en tierra otra vez me conviertes. ¿O no cual leche me has ordeñado, y cuajádome al igual de queso? Piel y carne me vestiste; y de huesos y nervios me pegaste. Y vida y misericordia pusiste conmigo, y tu visitación guardó mi espíritu. Esto teniendo tú en ti mismo, sé que todo puedes y que imposible para ti no hay nada. Que, si hubiere yo pecado, me guardas y de iniquidad no inocente me has hecho. Que si hubiere yo prevaricado ¡ay de mí! Mas, si soy justo, no puedo erguirme; que lleno de oprobio estoy. Pues cogido soy, como león, para degüello; pues de nuevo cambiando(a), terriblemente me exterminas; renovando contra mí tu investigación; y de ira grande conmigo has usado y traído sobre mí tentaciones. ¿Por qué, pues, de vientre me sacaste, y no morí? Y ojo no me viera; y, como no siendo, sería yo. ¿Por qué, pues, de vientre a sepulcro no pasé? ¿O no es poca la vida de mi tiempo? Déjame reposar un poco, antes de partir de donde no he de volver: a tierra tenebrosa y caliginosa, (10:21) a tierra de tinieblas sempiternas, donde no hay claridad ni ver vida de mortales. Sofar le acusa de impiedad Y, respondiendo Sofar, el mineo, dice: «El que mucho dice, igualmente a su vez ha de oír. ¿O también el bien hablado cree ser justo? Bienaventurado el nacido de mujer, corto de vida(a). No largo en palabras seas; que no hay quien te contradiga. Pues no digas que: «puro soy de obras, e intachable delante de él». Empero ¿cómo el Señor te ha de hablar y abrir sus labios contigo? Luego te anunciará poder de sabiduría, pues doble será de lo cerca de ti(b); y entonces conocerás que justo te viene del Señor lo que has pecado. ¿O huella del Señor hallarás, o hasta lo postrero has llegado que hizo el Omnipotente? Sublime, el cielo, y ¿qué harás?(c) Y cosas más profundas(d) que las del infierno ¿qué sabes? ¿Acaso no más largas que medida de tierra o anchura de mar? Y, si lo trastornare todo ¿quién le dirá: ¿Qué has hecho? Pues él sabe obras de inicuos; y viendo lo inconveniente, no lo desatenderá. Pero el hombre, a su vez, va nadando en palabras; y el mortal, nacido de mujer, igual(e), a asno salvaje(f). Pues si tú puro has puesto tu corazón, has de extender las manos a él. Si algo inicuo hay en tus manos, lejos lánzalo de ti; e iniquidad en tu mansión no habite; que así lucirá tu faz como agua pura; y te desvestirás impureza, y no temerás, no. Y el trabajo olvidarás, cual ola que pasa, y no te espantarás. Y tu oración cual lucero; y del mediodía te brotará vida. Y confiado estarás, pues tienes esperanza; y de cuidado y solicitud te nacerá paz. Que reposarás y no habrá quien guerree contra ti, y, cambiados muchos, te rogarán. Pero ojos de impíos desharánse; y salud les abandonará; que su esperanza, perdición de alma». Job alaba el poder de Dios, y se dice inocente. Y, respondiendo Job, dice: «¿Conque, vosotros sois hombres solos(a), o con vosotros ha de morir la sabiduría? También yo el corazón como vosotros tengo. Pues un justo varón e intachable se ha convertido en oprobio. Pues por tiempo determinado se le había dispuesto para caer bajo otros, y sus casas para ser devastadas por impíos. Empero nadie confíe, si malo fuere, en que impune ha de quedar, cuantos(b) irritan al Señor, como si investigación de ellos no hubiese de haber. Pero ya pregunta a los cuadrúpedos, si te dicen, y a los volátiles del cielo, si te anuncian; narra a la tierra, si te habla, y te referirán los peces de la mar(c). ¿Quién, pues, no conoce en todas estas cosas, que la mano del Señor las ha hecho? ¿Si no(d) en mano de él el alma de todos los vivientes, y el espíritu de todo hombre?(e). La oreja por cierto, de las palabras juzga; y las fauces los alimentos gustan. En mucho tiempo, sabiduría; y en mucha vida, ciencia. En él, sabiduría y poder; de él consejo y entendimiento(f). Si él derribare ¿quién edificará? Si él cerrare sobre los hombres ¿quién abrirá? Si detuviere el agua, secará la tierra; y si la soltare, la ha arruinado, destruyendo. En él, poder y fortaleza; de él, ciencia y entendimiento. El que conduce a los consejeros, cautivos; y los jueces de la tierra ha espantado. Sentado reyes sobre tronos, ha ceñido de ceñidor los lomos de ellos. El que envía sacerdotes cautivos, y poderosos de la tierra ha arruinado. El que muda labios de fieles, e inteligencia de ancianos conoce(g). El que derrama deshonra sobre príncipes; y a humildes ha sanado. El que revela lo profundo de entre tinieblas, y ha sacado a luz sombra de muerte. El que engaña gentes y las pierde; postra gentes, y las encamina. El que muda corazones de príncipes del pueblo de la tierra; y les ha engañado en camino que no sabían. Han de haber palpado tinieblas, y no luz, y errado, como el ebrio. Prosigue Job justificándose He aquí todo esto ha visto el ojo mío, y oído el oído mío. Y sé cuanto también vosotros sabéis, y no menos cuerdo soy que vosotros. Empero yo al Señor hablaré; y argüiré delante de él si él quisiere. Pero vosotros sois médicos injustos y curadores pésimos todos(a). Sea vuestro el callar, y se os convertirá en sabiduría. Oíd, pues, el reproche de mi boca; al juicio de mis labios atended. ¿Acaso no delante del Señor habláis, y delante de él proferís dolo? ¿O os evadiréis? Vosotros mismos os hacéis jueces. Que cosa hermosa, si os escudriñare; porque, si, todo haciendo, le patrocináis; no menos os argüirá. Y si también ocultamente personas mirareis. ¿acaso su torbellino no os envolverá? Y el temor, desde él, caerá sobre vosotros. y se os irá vuestra jactancia, al igual de ceniza, y el cuerpo barrizo. Enmudeced, para que hable yo, y se calme mi ira; cogiendo mis carnes con mis dientes(b); y mi alma pondré en mi mano(c). Aunque me oprimiere el Potente, ya que ha empezado, a la verdad hablaré y argüiré(d) ante él; y esto se me convertirá en salud, que ante él dolo no entrará. Escuchad, escuchad mis palabras, pues narraré, escuchando vosotros. He aquí yo pronto estoy para mi juicio; sé yo que justo apareceré. Pues ¿quién es el que me ha de juzgar, para ahora enmudecer yo y desfallecer? Pero dos cosas otórgame; entonces de tu faz no me ocultaré: tu mano ¡lejos de mí! y tu temor no me aterre; no. Luego llamarás, y yo te obedeceré; o hablarás, y yo te daré contestación. ¿Cuántos son mis pecados y mis iniquidades? enséñame cuáles son. ¿Por qué de mí te ocultas y me juzgas contrario tuyo? ¿Acaso una hoja que se mueve al viento, agitarás, o cual a hierba seca, arrastrada por la ráfaga te alzas contra mí? Porque has escrito contra mí males; y cercádome de pecados de la adolescencia. Y pusiste mi pie en tropiezo, y observaste todas mis obras y hasta las plantas de mis pies has llegado; el que envejece(e) al igual de odre; o como vestidura apolillada. Job desea morir Pues el mortal, nacido de mujer, corto de vida y lleno de desazón; o como flor, desfloreciendo, cayó; y huyó como sombra, y no se detuvo, no. ¿Acaso también a éste razón has tomado, y a éste hecho entrar en juicio delante de ti? Pues ¿quién puro será de inmundicia? Empero nadie. Aún cuando un día la vida de él sobre la tierra; y contados sus meses por ti; tiempo fijástele, y no pasará más allá, no. Retírate de él para que repose y se huelgue de la vida, como el jornalero. Pues el árbol tiene esperanza; porque, si le corta, retoñará, y su brote no desfallecerá, no. Pues, si envejeciere en la tierra su raíz, y en la piedra feneciere su tronco, al olor del agua florecerá; y hará mies como planta nueva. Pero el varón fenecido, se fue; y cayendo el mortal, ya no es. Por tiempo escasea el lago; y el río desolado secóse. Y el hombre, cuando se durmiere, no se levantará ciertamente, mientras el cielo no se cosa(a); y no despertarán de su sueño. Ojalá, pues, en el infierno me guardaras y ocultaras, hasta que calme tu ira; y me fijaras tiempo en que memoria de mí hagas. Pues, si muriere el hombre, vivirá, después de consumar los días de su vida: aguardaré hasta que yo de nuevo sea hecho. Luego llamarás y yo te escucharé; y las obras de tus manos no deseches. Y has contado todos sus propósitos, y no se te ocultará, no, nada de mis pecados. Y has sellado mis iniquidades en saco, y anotado si algo involuntariamente he transgredido. Y en verdad, monte cayendo, acabará de caer y piedra será quitada de su lugar. Piedras alisaron aguas; y sumergieron las aguas lo alto del polvo de la tierra; y(b) esperanza de hombre destruiste. Le has lanzado a su fin, y se ha ido; has mudado su rostro y despedídole. Y, si grandes se han hecho sus hijos, no lo sabe; y si pequeños se hubieren hecho, lo ignora(c). Empero sus carnes le han dolido; y su alma en él, ha llorado. Elifaz cree que nadie es justo ante Dios Y, respondiendo Elifaz, el temanita, dice: «¿Acaso un sabio por respuesta dará de prudencia, el viento, y ha llenado de tormenta su seno, reconviniendo en palabras que no son menester, y en razones que no tienen ninguna utilidad? ¿Por ventura también tú has desechado el temor y consumado palabras semejantes delante del Señor? Reo eres de las palabras de tu boca, ni has apreciado palabras de poderosos. Reconvéngate tu boca, y no yo y tus labios testificarán contra ti. ¿Pues qué? ¿Acaso el primero de los hombres has nacido? ¿o antes de los collados sido plasmado? ¿O disposición del Señor has oído? ¿O de consejero te ha usado Dios? ¿A ti ha llegado la sabiduría? Pues ¿qué sabes que no sepamos? o ¿qué entiendes tú que no también nosotros? Así anciano como antiguo(a), entre nosotros, más grave que tu padre en días. Poco, para lo que has pecado, se te flagela; grandemente, excesivamente has hablado. ¿Qué se atrevió tu corazón? o ¿qué se revolvieron tus ojos, que en furor has prorrumpido delante del Señor, y proferido de tu boca palabras semejantes? ¿Pues quién es el mortal, para que sea intachable? ¿O cómo será justo el nacido de mujer? ¿si de sus santos no se fía, y el cielo, no puro delante de él? cuanto menos un abominado e impuro varón, que bebe injusticias al igual de brebaje. Pero te anunciaré; óyeme; lo que ahora he visto; te anunciaré, lo que sabios han de decir; y no lo han ocultado sus padres. A ellos solos dada fue la tierra, y no entró extranjero a ellos. Toda la vida del impío, en cuita; y años contados han sido dados al violento. Y su temor en sus oídos; y, cuando le pareciere ya estar en paz, le cogerá la ruina. No crea retornar de las tinieblas; que destinado está ya a las manos del hierro, y dispuesto en presa de buitres; pues sabe dentro de sí que queda para postración. Y día tenebroso le revolverá, y necesidad y tribulación se apoderarán de él; como estratego en primera fila cayendo. Porque ha levantado manos contra el Señor, y contra el Señor Omnipotente se ha erguido. Y ha corrido contra él con altanería por el espesor del dorso de su broquel; por haber cubierto su faz, en su grosura; y hecho pliegues sobre sus lomos(b). Y habite ciudades desiertas y entre en casas deshabitadas; y lo que aquellos prepararon, otros se lo llevarán. Ni enriquecerá, no; ni conservará, no, sus bienes; no lanzará, no, sobre la tierra sombra; ni huirá, no, de las tinieblas; su vástago secará el viento, y caerá su flor. No crea que permanecerá; porque engaños le acontecerán. Su tronco antes de tiempo se pudrirá, y su rama no se condensará, no. Pues, vendimiado será como agraz antes de tiempo, y caerá como flor de oliva. Pues testimonio(c) del impío, la muerte; y fuego quemará las casas de los sobornados. Y en el vientre cogerá dolores, y le acontecerán engaños, y su seno sufrirá dolo». Job se queja de sus amigos y pone a Dios por testigo de su inocencia. Y, respondiendo Job dice: «He oído cosas tales muchas; consoladores muy malos todos. ¿Pues qué? ¿Acaso límite no tendrán palabras de viento? ¿O que te molestará que respondes(a)? También yo, al modo que vosotros, pudiera hablar. Si acaso estuviese puesta vuestra alma en lugar de mi alma ¿saltaría yo sobre vosotros con palabras y moviera contra vosotros la cabeza? Pero habría fortaleza en mi boca, y movimiento de labios no perdonará(b). Pues si hablara ¿no me doliera mi herida(c)? Y aunque callara ¿qué menos sería lo herido?(d), Pero ahora oprimido me tiene, desatentado, putrefacto; y me has cogido. En testimonio se ha hecho(e) y se ha alzado contra mí el inicuo, y a faz mía acusó. De ira armado me derribó(f); rechinó sobre mí sus dientes; sus saetas de piratas sobre mí han caído. Con aguijones de ojos embistió; con daga hirióme en las rodillas; y en tropel se precipitaban sobre mí. Y entregóme el Señor en manos de injustos; y sobre impíos me lanzó. En paz yo, dispersóme; y, cogiéndome de los cabellos, me mesó; púsome como por blanco de tiros. Me cercaron, con lanzas tirando a mis riñones; sin perdonar, derramaron sobre la tierra mi hiel. Derribáronme: postración sobre postración corrieron contra mí poderosos. Saco cosieron sobre mi piel; y mi fuerza en la tierra se apagó. Mi vientre se abrasó con el llanto; y sobre mis párpados, sombra de muerte. E injusto nada había en mis manos; y mi oración pura. Tierra, no encubras mi sangre; ni haya lugar(g) para mi clamor. Y ahora, he aquí en los cielos mi testigo; y mi consabidor, en lo excelso. Llegue mi ruego hasta el Señor; y delante de él destile el ojo mío. Y haya vindicación para el varón delante del Señor, y para hijo de hombre a su prójimo. Y años contados llegan, y por la vía que no he de volver, caminaré». Job pide a Dios la muerte. Quéjase de sus amigos y los exhorta a arrepentirse. Perezco, por mi espíritu agitado, y pido la tumba, y no la logro. Suplico fatigado: «y ¿qué he hecho? Han hurtado mis bienes los extraños: «¿Quién es éste? Por mi mano sea atado». Porque el corazón de ellos has ocultado ante la prudencia; por esto no los ensalces, no. Por porción(a) me señalará males(b) —¡los ojos de sus hijos desfallezcan!— Hasme puesto, por fábula en las gentes; y ludibrio para ellas he llegado a ser. Pues se han cegado de ira mis ojos; y sitiado estoy grandemente por todos. Espanto ha cogido a los veraces por esto; mas el justo contra el prevaricador se levante; y retenga el fiel su camino; y el puro de manos, tome fortaleza. Empero, todos vosotros empeñaos y venid ya; pues no hallo en vosotros verdad. Mis días han pasado en estrépito; y se han roto las articulaciones de mi corazón. Noche en día he convertido; la luz, cercana a la faz de las tinieblas(c). Pues ¡si esperare! el infierno, mi casa; y en las tinieblas alechado está mi lecho. A la muerte he llamado que mi padre sea y mi madre y hermana la putrefacción. ¿Dónde está, pues, ya mi esperanza? ¿o mis bonanzas veré? (17:15) ¿o conmigo al infierno descenderán? ¿o juntos al polvo descenderemos?». Responde Baldad Y, respondiendo Baldad, el suhita, dice: «¿Hasta cuándo no cesarás? Repórtate para que también nosotros hablemos. Y ¿por qué como cuadrúpedos hemos callado delante de ti? Se ha apoderado de ti ira; ¿pues qué? ¿si tú murieres deshabitada estará la(a) bajo el cielo? ¿o derribados serán los montes desde sus fundamentos? Y la luz de los impíos se apagará; y no medrará su llama. Su luz, tinieblas en su vivienda; y la lámpara sobre él se apagará. Prendan los más pequeños sus haberes, y resbale su consejo. Y metido está su pie en lazo; y en red envuelto está. Vengan sobre él lazos; fortalecerá sobre él a sedientos(b). Oculto está en la tierra su cuerda, y su celada, sobre la senda. En contorno piérdanle dolores; y muchos(c) en torno de su pie vengan en hambre estrecha; y ruina le está preparada inmensa. Comidas sean las plantas de sus pies; y devorará lo hermoso de él la muerte. Y precipítese de su tienda la sanidad; y cójale necesidad con castigo regio. Habitará en su tienda, en su noche(d), espolvoreado será lo precioso de él con azufre. Por debajo sus raíces se secarán; y por arriba se caerá su siega. Su memoria perezca de la tierra; y no quedará su nombre sobre la faz afuera(e). Arrójele(f) de la luz a las tinieblas; y de la habitada(g) transmígrele. No será reconocido en su pueblo, ni salva en la debajo del cielo su casa, sino que en lo de él vivirán otros; sobre él han gemido los últimos; y a los primeros(h) ha cogido asombro. Estas son las casas de los impíos, y éste el lugar de los que desconocieron al Señor». Job, abandonado de todos, consuélase con la resurrección. Y, respondiendo Job, dice: «¿Hasta cuándo molesta tendréis a mi alma y me desharéis con palabras? Sabed solamente que el Señor me ha hecho así; habláis contra mí, no respetándome, me estrecháis. Sí, por cierto, a la verdad, yo he errado, y conmigo habita error: el haber hablado palabras que no convenía; y mis palabras yerran, y no oportunas. Y, ah, que sobre mí os engrandecéis y me impugnáis con oprobio. Sabed, pues, que el Señor es el que me ha conturbado, y su valladar(a) sobre mí levantado. He aquí río del oprobio, no hablaré; clamaré y en ninguna parte, juicio(b), En contorno estoy amurallado; y, no he de pasar, no; sobre mi faz calígine ha caído. Y de gloria me desvistió; y quitó la corona de mi cabeza. Desgarróme en contorno, y fuime, y cortó, como árbol mi esperanza. Y terriblemente usó para conmigo la ira, y me consideró como enemigo. Y a una vinieron sus tentaciones sobre mí; mis vías cercaron asechadores. De mí mis hermanos se apartaron; conocieron a otros que a mí; y mis amigos despiadados se han hecho. No se adhirieron a mí mis parientes, y los sabidores de mi nombre, se han olvidado de mí. Los vecinos de mi casa y las servidoras mías —extraño fui delante de ellos. A mi servidor llamé; y no obedeció; mi boca, empero, rogaba; y suplicaba yo a mi mujer, y llamaba, lisonjeando, a los hijos de mis concubinas. Mas ellos, por el siglo, me rechazaron; cuando me levanto, contra mí hablan. Me abominaron, los que me vieron; aquellos que yo había amado, se alzaron a la vez contra mí. En mi piel se han podrido mis carnes; y mis huesos cuelgan de los dientes(c). Apiadaos de mí, apiadaos de mí, oh amigos; que mano del Señor, la clavada en mí está. ¿Por qué me perseguís tal como también el Señor? ¿y de mis carnes no os hartáis? Ah ¿quién me diera que se escribiesen las palabras mías y se pusiesen en un libro por los siglos? con punzón férreo y en plomo, o que en piedras se grabaran para testimonio. pues «Sé que es eterno, el que me ha de disolver, para sobre la tierra, resucitar mi piel la que padece esto, pues del Señor esto para mí ha sido consumado(d), de lo cual yo soy consabidor, lo cual mi ojo ha visto, y no otro, y todo me ha sido consumado en el seno». Que si también dijereis: «¿Qué diremos contra él, y la raíz(e) de la palabra(f) hallaremos en él?» Guardaos también vosotros de encubrimiento(g); pues furor sobre los inicuos vendrá, y entonces conocerás dónde está la substancia(h) de ellos». Sofar búrlase de esta esperanza Y, respondiendo Sofar, el mineo, dice: «No así respondía yo, para contradecirte en estas cosas; y no entendéis más que yo: enseñanza de(a) mi confusión oiré(b), y espíritu desde la inteligencia, me responde: ¿Acaso esto no conoces desde atrás, desde que fue puesto el hombre sobre la tierra: que la alegría de los impíos, caída ruidosa y el gozo de los prevaricadores, perdición? Si subieron al cielo sus dones, y su hostia las nubes tocare, cuando piense ya haberse afianzado, entonces para siempre perecerá; y los que le conocían, dirán: ¿Dónde está? Como un ensueño que se ha volado no se le hallará, no, y ha volado cual fantasma nocturno. El ojo miró y no volverá a mirar; y ya no le conocerá su lugar. A sus hijos destruyan menores(c); y sus manos(d) enciendan dolores. Sus huesos llénense(e) de su juventud, pero con él, sobre el polvo dormirán. Si se endulzare en su boca la maldad, la ocultará bajo su lengua, no la desechará, y no la dejará, y la juntará en medio de su garganta; y no podrá, no, ayudarse: hiel de áspid(f) en su vientre; riqueza injustamente allegada vomitará: de su casa le arrastrará fuera un ángel. Y furia de dragones mame y arrebátele lengua de serpiente. No vea ordeñadura de ganado, ni reparto de miel y manteca. En cosas vacías y vanas ha trabajado; riquezas de que no gustará; cual carnaza, inmasticable, intragable. Pues de muchos poderosos las casas ha quebrantado, y la morada despojado, y no levantado. Y no salvación suya en los haberes; en su codicia no se salvará. No hay residuos de lo que devora; por esto no florecerán sus bienes. Y, cuando pensare ya estar lleno, será atribulado, y toda necesidad sobre él vendrá. Si alguna vez estuviere, para llenar, su vientre, envíe(g) sobre él furor de ira, llueva sobre él dolores. Y no salve, no, de la mano del hierro; clávele flecha broncínea. Y pase al través de su cuerpo el dardo, y estrellas(h) en las mansiones de él; anden sobre él temores; y toda calígine le aguarde. Devorarále fuego inextinguible; y maltrate el advenedizo su casa. Descubra el cielo sus iniquidades, y la tierra álcese contra él. Arrastre su casa perdición hasta el fin, día de ira sobrevéngale. Esta, la parte del hombre impío, del Señor, y la posesión de sus bienes, del Providente». Considera Job la prosperidad de los malos Y, respondiendo Job, dice: «Oíd, oíd mis palabras, para que no me venga de vosotros esta consolación(a). Soportadme, y, yo hablaré; después no os reiréis de mí. Y ¿qué? ¿Acaso de hombre mi castigo? ¿O por qué no me airaré? Mirándome a mí, os habéis de maravillar, la mano poniendo sobre la mejilla. Puesto que, al recordarlo(b) me he solicitado, y apodéranse de mis carnes dolores: ¿Por qué los impíos viven, y se han envejecido también en las riquezas? Su simiente, según su alma, y sus hijos, ante sus ojos. Sus casas abundan; y temor en parte alguna; y flagelo, del Señor, no está sobre ellos. Su vaca no ha malparido, y salvádose su preñada y no ha faltado. Y permanecen como ovejas sempiternas(c), y sus párvulos, juegan. Cogiendo salterio y cítara, regocíjanse a son de cantar. Y han terminado en bienandanza su vida, y en reposo de infierno(d) se han dormido. Y dice(e) al Señor: «¡Quita de mí! tus caminos conocer no quiero. ¿Qué, el Omnipotente para que le sirvamos? Y ¿qué provecho, de que le roguemos?». Pues en manos estaba de ellos la bienandanza y las obras de los impíos no mira(f). Pero no, sino que(g) de los impíos la lámpara se apagará, y vendrá sobre ellos la ruina; y angustias se apoderarán de ellos por la ira. Y serán cual pajas al viento, o cual polvo que arrebató la tormenta. Falten a los hijos sus bienes(h); —le retribuirá(i) a él y conocerá. Vean sus ojos su propia matanza, y por el Señor no sea salvado. Porque su voluntad(j) en su casa, después de él y los números de sus lunas han sido desgarrados. ¿Acaso no es el Señor el que enseña entendimiento y ciencia? ¿Y él mismo homicidios(k) juzgará? Este muere en la fuerza de su entereza y todo dichoso y rico; y sus vísceras, llenas de grosura, y su médula se dilata. Aquel muere de amargura de alma, sin haber gustado ningún bien. Y juntos en la tierra se duermen, y putrefacción los ha cubierto. Así es que os conozco; lo que, con audacia, me asediáis, hasta decirme: «¿Dónde está la casa del príncipe(l)?» Y ¿dónde está el albergue de las tiendas de los impíos?»(m). Preguntad a los que pasan por el camino(n), y las manifestaciones de ellos no habéis de desechar: Porque para el día de la perdición es elevado el malo; para el día de la ira de él(o) serán llevados. ¿Qué anunciará, en su faz, su camino y lo que él ha hecho? ¿Quién le retribuirá? Y él a tumbas ha sido llevado, y entre muchedumbre ha vigilado(p). Se le han endulzado las guijas del torrente(q); y después de él todo hombre partirá; y antes de él, innumerables(r). Y ¿por qué me consoláis con cosas vanas? Y el ser aliviado yo por vosotros— ¡nada!(s). Elifaz le aconseja haga penitencia Y, respondiendo Elifaz el temanita, dice: «¿Acaso el Señor no es el que enseña entendimiento y ciencia? Pues ¿qué importa al Señor si tú has sido en tus obras intachable? o(a) ¿provecho, porque has allanado tu camino? ¿O defensa de ti haciendo, argüirás, y entrará contigo en juicio? ¿Acaso tu maldad no es mucha e innúmeros son tus pecados? Y has empeñado a tus hermanos en vano, y vestuario de desnudos quitado; ni de agua a los sedientos abrevado, sino a hambrientos privado de pan; y admirado de algunos el rostro, y establecídolos sobre la tierra; y viudas despedido vacías, y huérfanos maltratado. Por lo cual te han cercado lazos y estrechádote guerra notoria. La luz en tinieblas se te ha trocado y dormido el agua(b) te ha cubierto. ¿Acaso el que las alturas habita; no mira, y a los de altanería llevados ha humillado? Y dijiste: «¿Qué sabe el fuerte? ¿Acaso a través de la calígine juzga? La nube, el escondite de él, y no se le verá, y la redondez del cielo atraviesa». ¿Acaso la senda secular(c) guardarás por donde anduvieron varones justos(d); los cuales arrebatados fueron prematuros? Río impetuoso(e) sus fundamentos; los que decían: «¿Señor qué nos hará?» ¿O qué traerá sobre nosotros el Omnipotente?». El que había llenado las casas de ellos de bienes. Pero el consejo de los impíos, lejos de él. Viendo los justos, rieron; y el intachable mofóse de ellos(f): «¿No están por ventura aniquilados sus haberes; y sus restos devorará el fuego»? Hazte ya fuerte; si soportares(g) entonces tu fruto será de los buenos. Toma de su(h) boca amonestación, y recoge sus palabras en tu corazón. Y si te convirtieres y te humillares delante del Señor, lejos has echado de tu tienda lo injusto. Colocado serás sobre vallado en piedra, y como piedra de un torrente de oro. Será, pues, el Omnipotente tu amparador contra enemigos; y puro te volverá como plata acrisolada. Luego obrarás confiado delante del Señor, mirando al cielo alegremente. Y, orando a él, te escuchará, y te dará cumplir tus votos. Y te restituirá tienda de justicia; y sobre tus vías habrá luz. Por haberte humillado a ti mismo; y dirás: «Habíase ensoberbecido; y al que inclina los ojos, salvará. Librará al inocente; y te has de salvar en puras(i) manos tuyas». Job invoca a la providencia de Dios Y, respondiendo Job, dice: «También ahora sé que de la mano mía(a) la increpación es, y la mano suya pesada se ha hecho sobre mí, con gemido. ¡Oh, quién supiera que yo le(b) he de hallar y llegar(c), al fin! Y diría yo mi juicio, y mi boca llénese de vindicaciones. Y conozca yo los alivios que me dirá, y sienta lo que me ha de anunciar. ¿Qué? ¿en mucho poder vendría contra mí? Ciertamente con amenaza no me trataría. Pues verdad y vindicación ante él, y saldría a fin mi juicio. Pues, si anduviere yo adelante, ya no soy(d); y lo posterior, ¿qué le conozco?(e). A siniestra estando él, no le cogí; guardará en torno la diestra, y no veré(f). Pues sabe ya mi camino; y me ha probado como el oro. Y saldré en sus preceptos; pues sus caminos guardé y no me he desviado, no, de sus preceptos; y no me apartaré, no; y en mi seno he guardado sus palabras. Y aunque él haya juzgado así ¿quién es el que le contradiga? Pues él lo ha querido y hecho. Por esto sobre él me acuité, y, amonestado, solicitéme de él. Con esto, a su faz me acuité sobremodo; ponderaré, y temeré de él. Y el Señor ha ablandado mi corazón; y el Omnipotente acuitádome. Pues no sabía yo que me sobrevendrían tinieblas; y ante mi rostro posóse calígine». Prosigue Job: al fin son castigados los malos. ¿Por qué, empero, a Señor se han olvidado las horas(a); y los impíos no han visto los días de él? Linde han traspasado; rebaño con pasto rapiñando Jumento de huérfanos se han llevado y buey de viuda emprendado. Desviaron a desvalidos de camino justo; y juntos se han ocultado los mansos de la tierra. Y escapáronse(b) como ónagros(c), por el campo, sobre mí sacando su fila(d): dulcificóseles(e) el pan(f) para los pequeñuelos. Campo, antes de sazón, el que no era suyo segaron; desvalidos viñas de impíos, sin jornal y sin pan trabajaron. A desnudos muchos acostaron sin vestuario, y la indumentaria de su alma(g) arrebataron. En el rocío de los montes se empapan; y, no teniendo albergue, a la peña se pegaron. Arrancaron al huérfano a los pechos, y al caído humillaron. Y a desnudos acostaron injustamente; y a hambrientos el bocado quitaron. En angosturas injustamente se emboscaron; y camino justo no sabían— Estos(h) de la ciudad y casas propias eran lanzados; y el alma de los párvulos gimió grandemente— Pero él ¿por qué de estas cosas miramiento no ha hecho? Sobre la tierra estando ellos, no conocieron; y camino de justicia no sabían; ni por sendas de ellos(i) anduvieron. Y, conociendo sus obras, entrególes a las tinieblas; y de noche estará(j) como ladrón. Y el ojo del adúltero ha observado las tinieblas, diciendo: «No me alcanzará a ver ojo»; y por velo del rostro se las puso. Perforó, en tinieblas, casas; de día selláronse(k) a sí mismos; no conocieron luz. Porque juntamente para ella la mañana, sombra de muerte, porque conocerá el tumulto de la sombra de muerte— Leve es sobre la faz del agua(l); maldita sea la parte de ellos sobre la tierra; aparezcan los vástagos de ellos sobre la tierra secos. Pues el brazado de los huérfanos robaron; después recordado fue su pecado. Y, cual niebla de rocío, desaparecido quedó; retribuido séale lo que hizo, y quebrantado sea todo inicuo, igual que árbol insanable. Pues a la estéril, no hizo bien; y de mujer no se apiadó; y con furor derribó desvalidos; alzándose, por tanto, no se fíe, no, de su vida. Enfermando, no espere sanar, sino sucumbir a la dolencia. Pues a muchos ha maltratado su encumbramiento; y marchitóse como malva en el ardor, o como espiga, que, de la caña por sí cae. Y si no, ¿quién es el que dirá que mentira yo hablo y reducirá a nada mis palabras?». Nadie es justo ante la majestad de Dios Y, respondiendo Baldad, el suhita, dice: «Pues ¿qué hay, para comienzo, sino el temor para con él, quien hace el universo en las alturas? ¿Por ventura alguno pensará que hay tardanza para los tentadores, sobre quienes no vengan lazos desde él? Pues ¿cómo será justo un mortal ante el Señor? ¿O quién se purificará nacido de mujer? Si a la luna manda, ella no luce y los astros, no puros ante él. ¡Oh! el hombre, podre,(a) e hijo de hombre, gusano!». Vindícase Job del cargo de impiedad y se burla de su interlocutor Y, respondiendo Job, dice: ¿A quién asistes, o a quién quieres ayudar? ¿Acaso no al que mucha fortaleza y al que brazo poderoso tiene? ¿A quién has aconsejado? ¿No a quién tiene toda sabiduría? ¿A quién has de perseguir? ¿No al que tiene muchísimo poder? ¿A quién has anunciado palabras? ¿Hálito(a) de quién es el que ha salido de ti? ¿Acaso gigantes(b) no se engendrarán por debajo del agua y de los vecinos de ella? Desnudos los infiernos a faz de él, y no tiene vestuario la perdición. Tendiendo al bóreas, sobre la nada, suspendiendo la tierra sobre la nada. Aprisionando el agua en las nubes de ella; y no se hendió nube debajo de ella. El que se asienta en la faz del trono, desplegando sobre él su nube. De ley cercó la faz del agua, hasta el confín de la luz con las tinieblas. Las columnas(c) del cielo se extendieron, y pasmáronse a su amenaza. Con fuerza calmó a la mar; y con sabiduría recostó al cetáceo. Los recintos del cielo le temen; y con mandato mató al dragón apóstata(d). He aquí éstas, partes de su camino; y un como rocío de palabra(e) oiremos de él; pero la fuerza de su trueno ¿quién sabe cuándo obrará?(f) Prosigue Job. Asegura su propia justicia. Y aún añadiendo Job, dijo en la parábola(a): «¡Vive Dios, que así me ha juzgado, y el Omnipotente que ha amargado a mi alma! A fe que, mientras aliento hubiere en mí, y espíritu divino el que me circunda, estuviere en mis narices(b), no han de hablar mis labios cosa inicua ni mi alma meditar cosa injusta. No me acontezca justos(c) proclamaros, hasta que yo muera; pues no me desistiré de mi inocencia. Y a mi justicia adhiriendo, no cederé; que no tengo conciencia de haber desatinadamente obrado. Empero sean mis enemigos como el derrocamiento de los impíos; y los que contra mí se levantan, como la perdición de los inicuos. Y ¿cuál es ya la esperanza del impío, para asirse de ella? Confiado en el Señor ¿acaso salvará? ¿o su plegaria escuchará Dios? o, sobreviniéndole necesidad, ¿acaso tiene libertad delante de él; o como llamado por él le escuchará? Empero ahora os anunciaré que está en mano del Señor, lo que está ante el Todopoderoso; no mentiré. He aquí todos sabéis que lo vano(d) a lo vano añadís: Esta, la parte del hombre impío para con el Señor: y la herencia de los poderosos vendrá, del Omnipotente, sobre ellos. Y, si muchos se hacen sus hijos, para degüello serán; y aunque hubieren llegado a envaronecer, mendigarán. Y los sobrevivientes de él, en muerte fenecerán, y de las viudas de ellos nadie se compadecerá. Si aglomerare como tierra la plata, y a par de lodo previniere oro; de todo esto los justos se apoderarán y los haberes de él, los veraces obtendrán. Y se ha ido su casa, cual polilla, y cual telaraña. El rico se dormirá, y no pasará de allí(e); sus ojos abrió, y no es(f). Encontráronle, como agua, los dolores; y en la noche le arrebataron las tinieblas. Y arrebátele el simún, y se irá y le aventará de su lugar. Y disparará sobre él y no perdonará, de entre su mano con huida huirá. Batiránse sobre ellos sus palmas; y le rechiflarán(g) de su lugar(h). Job ensalza la sabiduría de Dios: su precio e insondable profundidad. Empero, la plata sitio tiene de donde nace; y sitio el oro, de donde se acrisola. El hierro, a su vez, de la tierra nace; y el bronce, al igual de la piedra, es cortado. Orden ha puesto a las tinieblas, y toda linde él escudriña —piedra, obscuridad y sombra de muerte. Rompimiento de torrente a través de polvo; y los que olvidan el camino justo han descaecido, de entre los mortales han sido despeñados(a). La tierra —de ella saldrá pan; por debajo de ella se ha revuelto(b) como fuego. Lugar de zafiro las piedras de ella, y amontonamiento el oro para ella. Senda —no la conoció el volátil; y no la miró ojo de buitre; y no la han hollado hijos de soberbios, ni pasado por ella el león. Al granito extendió su mano; y derrocó de raíz los montes. Torbellinos de ríos rompió; y todo lo precioso vio el ojo mío(c). Y honduras de ríos descubrió, y sacó su fuerza a luz. Pero la sabiduría(d) ¿de dónde se halló?(e) ¿Y cuál es el lugar de la ciencia? No conoce el mortal la vía de ella; ni por cierto ha sido hallada entre los hombres. El abismo dijo: «No está en mí»; y el mar dijo: «No está dentro conmigo». No dará(f) arca por ella(g), y no pesará plata, compensación de ella(h). Y no se comparará al oro de ofir, en ónice precioso y zafiro. No se le igualará oro y cristal; y(i) su compensación vasos áureos. Lo excelso y sublime no se recordará —y arrastra tú la sabiduría sobre lo íntimo(j). No se le equiparará topacio de Etiopía; con oro puro no se parangonará. Pero la sabiduría ¿de dónde se ha hallado? Y ¿cuál el sitio es de la inteligencia? Oculta está a todo hombre; y de los volátiles del cielo se escondió. La perdición y la muerte dijeron: «Hemos oído empero, su gloria(k)». Dios bien ha investigado el camino de ella; y él sabe su sitio. Pues él lo debajo del cielo todo ve, conocedor de lo de la tierra, todo lo que ha hecho, de los vientos la pesantez, del agua las medidas, cuando obró; así, viendo, contó, también el camino, en el estremecimiento, los truenos(l). Entonces la vio, y la anunció; tras de preparar; investigó. Y dijo al hombre: «He aquí el temor divino es sabiduría; y el abstenerse de lo malo, es ciencia». Job. Su primera felicidad. Y, aún añadiendo Job, dijo en la parábola: «¿Quién me pusiera a par de luna de los anteriores días, en que Dios me guardara?; como cuando esplendía su lámpara sobre mi cabeza; cuando a su luz, andaba yo por tinieblas, cuando estaba yo recargando(a) mis caminos; cuando Dios visitación hacía de mi casa; cuando estábame embosqueciéndome(b) demasiado; y en contorno mío los niños; cuando manaban mis caminos manteca y mis montes manaban leche; cuando salía yo temprano por la ciudad, y en las plazas se ponía mi silla. Viéndome los jóvenes se ocultaban(c); los ancianos, empero, todos se alzaran. Y los fuertes cesaban de hablar, el dedo poniendo sobre la boca. Y los que oían, beatificábanme, y su lengua a su paladar se pegaba(d). Porque oreja oía y me beatificaba; y ojo viéndome se inclinaba. Porque salvé al mendigo de mano del poderoso; y al huérfano que no tenía amparador, amparé. Bendición del que perece, sobre mí venga; y boca de viuda me bendecirá. De justicia habíame revestido, y envuéltome en juicio a par de manto. Ojo era yo de ciegos, y pie de cojos. Yo era padre de desvalidos, y juicio que yo no sabía(e), indagaba. Y quebranté muelas de inicuos; de en medio de sus dientes rapiña arrebaté. Y dije: «Mi vida envejecerá, como vástago de palma; mucho tiempo viviré. La raíz abierta está sobre el agua; y el rocío se posará en mi mies. Mi gloria solitaria(f) conmigo, y mi arco en mano de él anda». Los que me escuchaban, atendían y callaban a mi consejo. A mi palabra no añadían; y muy gozosos tornábanse, cuando yo les hablaba. Como tierra sedienta recibiendo la lluvia, así éstos el habla mía. Al reír yo con ellos, no creían; no(g); y lumbre de mi faz no se desperdiciaba(h). Elegí la vía de ellos; y sentábame príncipe, y habitaba a modo de rey entre adalides, cual a afligidos consolando.» Su presente calamidad Y ahora se han mofado de mí los más pequeños; ahora amonéstanme a parte, los cuyos padres, de ellos, tenía yo en nada; los que no creía dignos de los canes de mis greyes(a), Y ciertamente la fuerza de sus manos ¿a qué a mí?(b). Sobre ellos ha perecido consumación(c). En indigencia y hambre, estéril(d); los que huían al páramo ayer, a estrechez y miseria; los que rodeaban lo espanta hambre, en estruendo(e), los que— lo espanta hambre era su alimento; deshonrados y envilecidos, carecientes de todo bien; los que hasta raíces de árboles amasaban, de hambre grande; levantáronse contra mí ladrones(f); cuyas casas de ellos, eran cavernas de piedras. En medio de biensonantes clamarán(g), los que bajo broza silvestre habitaban, de estultos hijos, y de deshonrados nombre, y fama de extintos de sobre la tierra. Y ahora cítara yo soy de ellos, y a mí por fábula me tienen(h). Y abominaron de mí, poniéndose lejos; y de mi rostro no contuvieron el esputo. Pues abriendo su aljaba, me ha maltratado(i); y la rienda, a mi faz, han soltado(j). Sobre la diestra del germen(k) se levantaron; su pie extendieron, y encaminaron sobre mí sendas de su perdición. Asendereadas fueron mis sendas; pues desvistieron mi estola(l). Con sus dardos me atravesó(m): me ha tratado, cual quiere; en dolores me he revuelto, se vuelven contra mí mis dolores; se ha ido mi esperanza a par de un hálito; y a par de una nube, mi salvación. Y ahora sobre mí se derramará mi alma; cógenme días de dolores. Y de noches mis huesos están confundidos y mis nervios disueltos. En mucha fuerza asió(n) mi estola(o); y como orla de mi manto me envolvió. Y me reputaste igual a lodo: en tierra y ceniza, mi parte. Y he clamado a ti, y no me escuchas; y pusiéronse y me atisbaron. Y asaltáronme despiadadamente; con mano fuerte me flagelaron. Y me has colocado en dolores, y lanzádome de salud. Pues sé que la muerte me quebrantará, pues casa, para todo mortal, la tierra. Y ojalá pudiere yo poner mano en mí mismo o rogar a otro y me hiciera esto(p). Yo, empero, sobre todo desvalido he llorado; gemido viendo a un varón en necesidades. Yo, empero, confiado en lo bueno, he aquí me han hallado más bien días de males. Mi vientre ha hervido, y no callará; me han sorprendido días de mendiguez. Gimiendo he andado sin freno; y estado en la junta clamoroso. Hermano he venido a ser de sirenas(q); y compañero de avestruces(r). Y mi piel se ha ennegrecido grandemente, y mis huesos, por el ardor, acabádose de tostar. Y se ha mudado en la mente mi cítara, y mi cantar en lloro para mí. Invoca a Dios por testigo de su inocencia Pacto he pactado con mis ojos de no saber de virgen(a). Y ¿qué ha determinado Dios de lo alto, y herencia del Omnipotente desde las alturas? ¡Ay, que perdición para el injusto y destierro para los que hacen iniquidad!(b). ¿Acaso él no verá mi camino y todos mis pasos enumerará? ¡Y si he andado con burladores, y si se ha apresurado mi pie al dolo! Pues me he pesado en balanza justa, y sabe el Señor mi inocencia. Si ha declinado mi pie del camino; y si también a mi ojo ha seguido mi corazón; y si también con mis manos he cogido dádivas; siembre yo entonces, y otros coman, y desarraigado sea yo sobre la tierra. Si ha seguido mi corazón tras mujer de varón otro; si también asediador me he hecho de las puertas de ella; plazca entonces también mi mujer a otro, y mis pequeñuelos humillados sean. Pues furor de ira indómito, el mancillar varón a mujer. Porque fuego es que quema por todas las partes; y donde ha llegado, desde las raíces ha destruido. Y si también he menospreciado litigio de mi servidor o servidora, litigando ellos conmigo; ¿qué entonces haré, si indagación(c) de mí hiciere el Señor? o si también visitación(d) ¿qué respuesta daré? ¿Acaso no como yo he nacido en el vientre, también aquellos han nacido? Y hemos nacido en el mismo vientre. Pero los desvalidos, la necesidad que alguna vez tenían —no eran frustrados; y de la viuda el ojo no agoté(e). Y ¿si también mi bocado yo comí solo, y no al huérfano participé de él? Porque desde mi adolescencia yo le criaba como padre; y desde el vientre de mi madre, le he encaminado; y ¿si también he desdeñado al desnudo que perecía, y no le he vestido? Y ¿si los desvalidos no me han bendecido, y con las trasquilas de mis corderos se han calentado sus hombros? ¿si he levantado sobre el huérfano mi mano, confiado en que mucha ayuda hay en torno mío? sepárese ya mi hombro de la coyuntura; y mi brazo del codo sea quebrantado. Pues temor de Dios me contuvo; y a su asimiento(f) no me sostendré. ¿Si he puesto el oro por medida(g) mía; y si también en piedra preciosa he confiado; Y si también me he regocijado habiéndome venido muchas riquezas; y si también a cosas innúmeras puse mi mano(h)? ¿o no vemos el sol, el esplendente, desfallecer; y la luna decrecer? ¡pues no en ellos está!(i). También si se ha engañado ocultamente mi corazón, y si mi mano poniendo sobre mi boca, besé(j). ¡También esto, pues a iniquidad y máxima se me imputaría, ya que he mentido(k) delante del Señor, el altísimo! Y si también gozoso me puse a la caída de mis enemigos, y dijo mi corazón: «¡Muy bien!», oiga mi oreja mi maldición, y sea yo difamado, por mi gente maltratado. Y si también a menudo han dicho mis criadas: «¿Quién diera de sus carnes hartarnos?»(l), siendo sobremodo bueno yo. Y fuera no pernoctaba advenedizo; y mi puerta a todo el que venía, abierta estaba. ¡Y si también pecando involuntariamente he ocultado mi pecado; pues no he retrocedido ante gentío de muchedumbre, por no confesarlo a faz de ellos; y si también he dejado al desvalido salir de mi puerta, con regazo vacío! ¿Quién me diera quien me escuchase? Y la mano del Señor, si no temí, el documento que yo tenía contra alguno, sobre los hombros poniendo como corona, leía; y si no rasgándolo devolví, nada recibiendo del deudor; si sobre mí alguna vez la tierra gimió; y si también sus surcos lloraron juntamente(m). y si también la fuerza(n) de ella comí sólo sin paga, y si también el alma del dueño de la tierra cogiendo(o), contristé; en vez de trigo; sálgame ortiga, y, en vez de cebada, espino». Eliú increpa a Job y los amigos Y cesó Job en sus palabras; y dejaron también sus tres amigos de contradecir a Job; que era Job justo ante ellos. Y airóse Eliú, el de Baraquiel, el buzita, de la parentela de Ram, la ausítida región; y airóse contra Job sobremanera, por esto: por haberse proclamado justo ante el Señor. Y también contra los tres amigos airóse sobremanera, por esto: porque no pudieron responder en contra de Job, y habían afirmado que él era un impío. Y Eliú había tardado en dar respuesta a Job, porque mayores que él eran en días. Y vio Eliú que no hay respuesta en boca de los tres varones, e inflamóse su ira. Y empezando Eliú el de Baraquiel, el buzita, dijo:(a) «Mas joven ciertamente soy en edad y vosotros sois más ancianos; por esto callé temiendo anunciaros mi entender. Y dije que el tiempo(b) es el que habla(c); pues en muchos años han conocido sabiduría. Empero espíritu hay en los mortales; y espiración del Omnipotente la que enseña. No los longevos son sabios; ni los ancianos saben juicio. Por esto dije: «Oídme y os anunciaré lo que sé; escuchad mis palabras; pues hablaré escuchando vosotros. He aquí he oído vuestras razones, escuchado hasta la comprensión de vosotros, mientras habéis examinado razones; y hasta vosotros llegaré a entender; y he aquí no había quien a Job arguyera, rebatiendo sus palabras, entre vosotros. Para que no digáis: «Hemos hablado sabiduría», al Señor atribuyéndola. Y a un hombre habéis permitido hablar semejantes palabras. ¡Se han aterrado; no han respondido ya; arrebatáronles las palabras! Esperé que no hablé; pues pararon, no respondieron; pues responderé yo también, de mi parte. Y, respondiendo Eliú dice: «De nuevo hablaré, que lleno estoy de palabras; pues me trae perdido el espíritu del vientre; y mi vientre, cual odre de mosto hirviente, atado, o cual fuelle de broncero reventado. Hablaré, para descansar, abriendo mis labios; pues a hombre no temeré, no; pero jamás ante mortal me amedrentaré, no, Que no sé maravillarme de rostros; y, de no, ¡también a mí la polilla ha de comer! Dios siempre es justo Empero, ea, escucha, Job, mis palabras, y el habla advierte mía. Pues he aquí he abierto mi boca; y ha hablado mi lengua. Puro mi corazón en palabras; y la inteligencia de mis labios pura pensará. Espíritu divino el que me ha hecho, y espiración(a), del Omnipotente, la que me enseña. Si pudieres, dame contestación; a ello aguarda, ponte contra mí, y yo contra ti. De lodo has sido plasmado, como también yo; del mismo hemos sido plasmados. No temor de mí te agitará, ni mi mano pesada estará(b) sobre ti. Empero has dicho en mis orejas y voz(c) de tus palabras he oído. Por esto, porque dices: «Puro soy, no pecando, intachable soy, pues no he delinquido. Y vituperio contra mí ha hallado(d), y reputádome enemigo suyo; Y puesto en cepo mi pie y observando todos mis caminos». Pues, ¿cómo dices: «Justo soy, y no me ha escuchado?» Porque eterno es, el que sobre los mortales. Pero dices: «¿Por qué de mi derecho no ha escuchado toda palabra?» Porque una vez hablando el Señor, y otra, un ensueño o en meditación nocturna, así como cuando cae terrible temor sobre los hombres, en adormecimiento sobre el lecho; entonces revela la mente de los hombres: en visiones de temor semejantes los ha aterrado; para apartar al hombre de la injusticia; y el cuerpo de él de soberbia ha librado: y ha preservado su alma de la muerte, y para que no cayese él en la guerra. Y de otra parte le ha argüido en enfermedad, sobre el lecho; y la muchedumbre de sus huesos entorpecido. Y todo alimento de trigo no podrá, no tomar, y su alma comida deseará; hasta que se pudran sus carnes, y muestre sus huesos desnudos. Y se ha acercado a la muerte su alma; y su vida en el infierno. Si hubiere mil ángeles mortíferos, uno de ellos no le herirá, no; si supiere de corazón volverse al Señor, y anunciar al hombre la propia reconvención, y su insensatez manifestare; le socorrerá para que no caiga en muerte; y renovará su cuerpo como untura sobre pared, y sus huesos llenará de médula. Y suavizará sus carnes como de pequeñuelo; y le restaurará envaroneciendo entre hombres. Y, orando al Señor, acepto(e) le será: entrará con rostro alegre, con loor y retribuirá a los hombres justicia. Entonces ya se acusará el hombre a sí mismo, diciendo: «¿Qué cosas consumaba yo? Y no lo condigno investigó en mí, de lo que pequé; salva a mi alma, para que no vaya a perdición; y mi vida luz verá. He aquí que todo esto obra el Fuerte: vías tres, con el varón. Y ha librado a mi alma de la muerte, para que mi vida en luz le loe». Escucha, Job, y óyeme; calla y, yo soy(f), hablaré. Si tienes palabras respóndeme; habla, pues quiero te justifiques. Si no, tú óyeme; calla y te enseñaré sabiduría». Impugna Eliú la probidad de Job Y continuando Eliú, dijo: «Escuchadme sabios, entendidos, oíd. Porque el oído las palabras prueba y el paladar gusta el alimento. Lo resto elijámonos; conozcamos entre nosotros lo que(a) hermoso. Porque ha dicho Job: «Justo soy; el Señor ha alterado mi juicio, y mentido(b) a mi juicio violento el dardo mío(c) sin injusticia». ¿Qué varón, como Job, que bebe mofa como agua? que no pecó ni prevaricó, o que ni siquiera trató con los que hacían lo inicuo, para andar con varones prevaricadores? Pues no digas que no había visitación de varón, ni visitación de él de parte del Señor. Por esto, entendidos de corazón oídme; no me acontezca ante el Señor prevaricar y ante el Todopoderoso pervertir la justicia. Empero retribuya al hombre, según lo que hace cada uno de ellos; y en la senda del varón le hallará. Pero ¿crees que el Señor sinrazón ha de hacer, o que el Todopoderoso pervertirá la justicia, él que hizo la tierra? Y ¿quién es el que hace la(d) debajo del cielo y lo que en ella hay todo? Que si él quisiere estrechar y el aliento consigo detener; perecerá toda carne juntamente, y todo mortal a la tierra partirá, de la que también ha sido formado. Pero, si no advirtieres, oye esto; escucha la voz de las palabras(e): Mira tú que el que odia lo inicuo y el que pierde a los malos, es eterno, justo. Impío, el que dice al rey(f): «Prevaricas», «Impiísimo», a los príncipes. El que(g) no respetó rostro de glorioso, ni ha sabido gloria dar a los fuertes, admirando sus rostros; y vano les saldrá el haber clamado y rogado a varón; pues han procedido inicuamente, desechados los desvalidos. Pues él mirador es de las obras de los hombres, y oculta a él nada está de lo que hacen. No habrá lugar ni sombra de muerte para ocultar a los que obran lo inicuo. Porque no sobre varón lo(h) pondrá ya; pues el Señor a todos ve; el que dispone lo inescrutable, y lo glorioso y lo excelso; de que no hay número; el que conoce las obras de ellos y los volverá noche y serán humillados. Ha extinguido a los impíos, pero visibles(i) delante de él. Porque declinaron de la ley de Dios; y sus justificaciones(j) no conocieron; para llevar a él el clamor de los pobres; y clamor de mendigos escuchará. Y él tranquilidad prestará, y ¿quién condenará? Y ocultará el semblante, y ¿quién le verá? y contra gente, y contra hombre a la vez(k). El que enreyece a un hombre hipócrita por la perversidad del pueblo. Porque el Fuerte está diciendo: «Recibido tengo; no he de emprendar(l). Por mí mismo he de ver(m); tú muéstrame, si injusticia he hecho, no continuaré, no(n)». ¿Acaso según tu sentir, la ha de castigar; puesto que tú has recalcitrado?(o). Puesto que tú(p) has de aprobar(q), y no yo y lo que conocieres(r), habla. Por lo cual, inteligentes de corazón, dirán esto; y varón sabio ha escuchado mi palabra. Mas Job no en entendimiento ha hablado; sus palabras, no en ciencia. En realidad de verdad, aprende, Job; no des ya réplica, así como los necios; a fin de que no añadamos a nuestros pecados, e iniquidad se nos impute, muchas hablando palabras delante del Señor. Continúa Eliú impugnando a Job y le aconseja la resignación. Y, respondiendo Eliú dijo: «¿Por qué esto piensas en juicio?(a) Tú ¿quién eres para decir: «Justo soy delante del Señor?» ¿O dirás: «¿Qué te ha ocurrido a ti? ¿Qué haría yo pecando(b)?». Yo te daré respuesta, y a los tres amigos tuyos. Mira al cielo, y ve: advierte las nubes: cuán altas sobre ti(c). Si has pecado, ¿qué has hecho? Y si también mucho has prevaricado ¿qué puedes hacer? Pero, puesto que eres justo ¿qué le darás? ¿O qué de tu mano tomará? Para un varón semejante a ti, la impiedad tuya; y, para hijo de hombre la justicia tuya(d). Ante la muchedumbre los calumniados clamarán; gritarán ante el brazo de los muchos(e). Y no dijo(f): «¿Dónde está el Dios, el que me hizo, el que distribuyó las guardas nocturnas(g), el que me separa de los cuadrúpedos de la tierra y de los volátiles del cielo?» Allí clamarán, y no escucharás, no. y(h) ante altanería de malvados. Pues sinrazones no quiere ver el Señor; pues él, el Omnipotente, veedor es de los que consuman cosas inicuas; y me salvará; y sé juzgado ante él, si le puedes loar, cual es también ahora(i); porque no es contemplador(j) de su ira; y no ha conocido caída alguna sobremanera. Y Job vanamente abre su boca, en ignorancia palabras agrava. Prosigue Eliú: Dios, castigando, mueve a penitencia; hace maravillas; y prueba también al justo. Y, añadiendo aún Eliú, dice: «Aguárdame un poco todavía, para enseñarte; pues aún en mí hay habla. Tomando mi ciencia de lejos(a)—; pero con mis obras(b) lo justo diré con verdad; y no injustas palabras injustamente entenderás. Y sábete que Dios no desechará, no, al inocente. El Poderoso de fuerza de corazón, al impío no vivificará, no; y juicio de menesterosos dará. No quitará del justo sus ojos; y(c), con reyes en el trono, y los asentará en victoria, y ensalzados serán. Y los atados en ataduras de manos cogidos serán en cuerdas de indigencia; y les anunciará sus obras y sus cuitas, porque arreciarán. Empero al justo escuchará, y ha dicho que se convertirán de la injusticia. Si oyeren y sirvieren(d), consumarán sus días en bienes, y sus años en glorias. Pero a los impíos no salva, puesto que no han querido conocer al Señor; y por esto: porque amonestados, desobedientes eran. Y los hipócritas de corazón provocarán furor; no clamarán, cuando los han atado. Muera, pues, en juventud el alma de ellos y su vida; herida por ángeles(e); por cuanto han atribulado al débil, y desvalido; y juicio de mansos expondrá. Y te ha desenredado de boca de enemigo el abismo(f); derramamiento debajo de él(g); y ha descendido(h) tu mesa llena de grosura. Y no faltará a los justos justicia; pero furor sobre los impíos habrá, por la impiedad de las dádivas que recibían por las iniquidades. No te aparte de grado tu mente de la súplica de los que en necesidad están desvalidos(i); y a todos los que poseen fuerza. No vayas arrastrando la noche: que surjan pueblos en lugar de ellos(j); sino que guárdate de obrar lo injusto; pues esto has elegido después de la miseria(k). He aquí el Fuerte dominará en su fuerza; pues ¿quién es, cual él, potente? Y ¿quién es el que escudriña sus obras? O ¿quién, el que dice: «Ha hecho cosas injustas?». Acuérdate de que grandes son sus obras que han cantado varones; todo hombre ha visto en sí mismo, cuantos heridos han sido mortales(l). He aquí el Fuerte, mucho, y no(m) hemos de conocer; el número de sus años, también infinito. Y contadas tiene las gotas de la lluvia, y se aglomerarán para lluvia en la nube. Fluirán aglomeraciones y sombrearon nubes sobre innúmero mortal. Hora puso a las bestias, y saben del cubil el orden. Por todas estas cosas ¿no se extasía tu mente ni sale tu corazón del cuerpo? Y, si supiere(n) la tendedura de la nube el equilibramiento de su pabellón; he aquí se tenderá sobre él el cantar(o); y las raigambres del piélago ha encubierto. Pues en ellos(p) juzgará pueblos; dará pan al que oye. En las manos ha encubierto la lumbre, y mandado acerca de ella(q) contra el adversario. Y anunciará acerca de ella a su amigo(r); Señor, ganancia hasta por injusticia(s). Prosigue Eliú ensalzando las divinas maravillas También por ésta(a) se ha turbado mi corazón y descorreráse de su lugar. Tú oye oída en ira de furor del Señor; y providencia de su boca saldrá(b). Por debajo de todo el cielo el comienzo de él(c); y su luz, por las alas de la tierra. Tras de sí(d) clamará con voz: tronará en voz de su altivez; y no los permutará(e); —porque oirás la voz de él. Tronará el Fuerte en su voz maravillosa; pues hizo grandezas que no sabíamos; mandando a la nieve: «Hazte sobre la tierra», y tormenta— lluvia, y tormenta de lluvias, de su poderío. En mano de todo hombre sella(f), para que conozca todo hombre su propia flaqueza. Y han entrado las bestias bajo reposo, y reposado sobre cubil. De los tesoros salen cuitas(g), y de las extremidades(h) el frío. Y del hálito del Fuerte se dará hielo; y gobierna el agua, como él quisiere; y al elegido, forma nubes; dispersará el nublado la luz de él, y él mismo torbellinos revolverá, en contorno contra las obras de ellos; todo cuanto les ha mandado, esto constituido está sobre la tierra; sea para corrección; sea para la tierra de él(i), si, para misericordia, le hallare. Escucha esto Job, írguete, amonestado del poder del Señor. Sabemos que Dios estabilizó sus obras, luz haciendo de tinieblas. Y sabe la diferencia de los nublados, y las descomunales caídas de los malos. Y tu vestido, cálido; y se reposa sobre la tierra(j); afianzamiento con él contra las nubes(k) poderosos cual imagen de bronceadura(l). ¿Por qué? enséñame; ¿qué le diremos? y cesaremos en el mucho hablar. ¿Acaso libro o escriba está junto a mí, para que a un hombre yo vaya a acallar(m)? Que a todos no visible la luz; centelleando está en los nublados, como lo de él sobre las nubes. Desde el septentrión(n), nubes fulgentes de oro; sobre ellas grande la gloria y la prez del Todopoderoso; y no hemos hallado a otro semejante a la fuerza de él: El que lo justo juzga ¿no crees que ese mismo escucha? Por lo cual temeránle los hombres, y temeránle también los sabios de corazón. Dios acalla a todos y expone sus obras y sus grandes y magníficos monstruos Después que cesó Eliú de hablar, dijo el Señor a Job, por entre el torbellino y las nubes(a): «¿Quién, éste que me oculta(b) el pensar, y guarda palabras en el corazón, y de mí cree ocultar? Cíñete como varón el lomo(c), y te preguntaré, y tú respóndeme. ¿Dónde estabas, cuando yo fundamenté la tierra? Anúnciame, si sabes ciencia. ¿Quién puso sus medidas, si sabes? ¿O quién el que tendió cordel sobre ella? ¿Sobre qué están fijos los círculos(d) de ella? y ¿quién es el que ha puesto la piedra angular sobre ella? Cuando fueron hechos los astros loáronme con gran voz todos mis ángeles. Vallé la mar con puertas, cuando bramó, del vientre de la madre ella saliendo; y púsele nube por vestidura y de niebla la fajé; y púsele términos, poniendo en torno cerraduras y puertas; y díjela: «Hasta aquí llegarás, y no pasarás, sino que en ti misma quebrantarás tus olas». ¿O contigo(e) he constituido la luz matinal; y el lucero ha visto su propia ordenación, de abrazar las alas de la tierra: sacudir a los impíos de ella?(f) ¿O tú, cogiendo tierra —lodo has plasmado un viviente y hablante le has puesto sobre la tierra, y quitado de los impíos la luz y el brazo de los soberbios quebrantado? ¿y venido a la fontana de la mar y por las huellas del abismo andando? ¿Y se te han abierto de temor las puertas de la muerte, y los porteros del infierno, al verte, aterrádose? Y has comprendido la anchura de la(g) de bajo el cielo? Anúnciame ya cuánta es. ¿Y en qué tierra habita la luz y de las tinieblas cuál el lugar? ¿Si me has de llevar a los confines de ellos? ¿Y si también conoces las sendas de ellos? Sabes, ya que entonces naciste, y el número de tus años muchos(h)... ¿Y has venido a los tesoros de la nieve, y los tesoros del granizo mirado? ¿Y los tienes guardados para la hora de los enemigos, para el día de las guerras y de la batalla? ¿De dónde sale la escarcha, o se desparrama el noto sobre la de bajo el cielo? Y ¿quién dispuso a la lluvia impetuosa la efusión, y el camino de los estruendos; para que llueva sobre la tierra donde no hay varón, desierta donde no hay hombre en ella; para que harte la inhollada e inhabitada, y para que brote atropellamiento de verdor? ¿Quién es de la lluvia el padre? Y ¿quién es el que ha engendrado los globos del rocío? Y ¿de cuyo vientre sale el hielo? Y la escarcha en el cielo ¿quién ha engendrado, la que desciende, como agua fluyente? La faz del impío ¿quién heló? ¿O has entendido el nexo de las Pléyadas, y la valla(i) del Orión abierto? ¿O ido abriendo el zodíaco en su tiempo y el lucero al través de la cabellera de él, llevándolos? ¿Y sabes las mudanzas del cielo, o lo bajo el cielo a la vez hecho? ¿Y llamarás a la nube con la voz, y con temblor de agua impetuoso te obedecerá? ¿Y enviarás los truenos, e irán; y te dirán: «¿Qué hay?» Y quién ha dado a las mujeres de tejido sabiduría o bordadora ciencia?(j). ¿Y quién el que cuenta las nubes con sabiduría, y el cielo a la tierra ha inclinado?(k). Cuajada está como tierra la polvareda; y le(l) he conglutinado como con piedra un cubo(m). ¿Y cazarás a los leones alimento, y las almas de los dragones llenarás?, pues temerosos están en sus madrigueras, y echados en las selvas asechando. ¿Y quién ha prevenido al cuervo alimento? pues sus polluelos al Señor han gritado, errabundos qué comer buscando. Prosigue el Señor. Las maravillas de la fauna. ¿Si has conocido el tiempo de parto de la gamuza de la peña, y guardado el parto de las ciervas? ¿y contado sus meses llenos(a) del parto, y sus dolores desatado? ¿y criado sus hijuelos sin temor? ¿sus dolores ahuyentarás? Desprenderán de sí sus hijos; crecerán en la grama; saldrán y no volverán, no, a ellas. Y ¿quién es el que ha enviado el asno salvaje libre? y sus ataduras ¿quién ha soltado? y he puesto por su vivienda el desierto, y por sus tiendas páramo salobre. Burlándose de la turba mucha de la ciudad, y el reproche del arriero no escucha; remirará los montes, pasto suyo; y tras de toda verdura busca. ¿Y te querrá el unicornio servir, o dormir en tu pesebre? ¿Atarás en correa su yugo, o tirarás tus surcos en el campo? ¿Y confiarás en él, porque mucha su fuerza, y le entregarás tus labores? ¿Y creerás que te entregará la mies y traerá a tu era? ¿Ala de gozosas el avestruz; cuando concibiere, cigüeña y su pluma?(b); pues abandonará a la tierra sus huevos, y en el polvo se calentarán; y olvidó que el pie los dispersará y las fieras del campo hollarán. Se ha endurecido para con sus hijos, como no suyos; en vano ha trabajado sin temor(c). Pues acallóle Dios la sabiduría; y no le participó de la inteligencia. A su tiempo, en alto se alzará; reiráse de caballo y su jinete. ¿O tú has puesto en torno del caballo fortaleza, y revestido su cerviz de estremecimiento? ¿Y has puesto en torno a él armadura, y la gloria de sus pechos a la audacia? Escarbando en el campo gallardea, y sale al campo en fortaleza; encontrándose con el rey, se ríe de él, y no retrocederá, no, ante el hierro. Sobre él gallardea arco y cuchilla, y con furor aventará la tierra, y no se fiará, no, hasta que avisare el clarín; y avisando el clarín dice: «¡Bien!» y, de lejos, husmea la guerra, con salto y grita. ¿Y con tu ciencia, ciérnese el gavilán desplegando las alas inmóvil, mirando hacia el austro?(d) ¿Y de orden tuya, sublímase el águila; y el buitre, sobre su nido sentado pernocta, sobre la sumidad de la peña y en oculto? Allí estando busca los alimentos; a lo lejos sus ojos atisban; y sus polluelos se salpican de sangre; y doquier hubiere cadáveres al punto se hallan. Habla Dios de los ingentes seres que ha creado (39:31) Y, respondió(e) el Señor Dios a Job y dijo: (39:32) «¿Acaso juicio con el Omnipotente declina(f)? y reconviniendo a Dios ¿lo(g) responderá? (39:33) Y, respondiendo Job, dice al Señor: (39:34) «¿Qué ya se me juzga a mí, después de amonestado, y arguyendo al Señor, escuchando yo tales cosas, nada siendo? Y ¿yo qué respuesta daré a esto? Mano pondré sobre mi boca. (39:35) Una vez he hablado; pero a la segunda no me propasaré». (40:1) Y aún respondiendo el Señor, dijo a Job desde la nube: (40:2) «No; sino que ciñe, como varón tu lomo; y te preguntaré, y tú respóndeme; (40:3) no deseches mi juicio. ¿Y crees que de otra manera te he tratado sino para que aparezcas justo? (40:4) ¿O brazo tienes contra el Señor, o con voz contra él truenas? (40:5) Asume ahora sublimidad y poder; y de gloria y de honor revístete. (40:6) Y envía ángeles con ira, y a todo ultrajador humilla; (40:7) y al soberbio extingue; y pudre a los impíos al punto, (40:8) y oculta(a) en la tierra juntamente, y los rostros de ellos de deshonor llena: (40:9) confesaré que puede tu diestra salvar. (40:10) Empero ahora, mira ahora las fieras(b) junto a ti: hierba al igual que bueyes, comen. (40:11) Mira ahora: la fuerza de él(c) en el lomo; y su poder en el ombligo del vientre; (40:12) ha alzado su cola como ciprés, y sus músculos entretejidos están, (40:13) sus costados, costados broncíneos y su espalda, hierro fundido. (40:14) Este es el comienzo de la criatura del Señor, hecho para ser acariciado por sus ángeles. (40:15) Y, llegando a monte(d) escarpado, hizo alegría a los cuadrúpedos en el tártaro(e); (40:16) bajo toda suerte de árboles duerme, junto a papiro y cálamo y carrizo; (40:17) y le sombrean en él árboles grandes con ramas; y los matorrales del campo. (40:18) Si hubiere inundación, no sentirá, no, confía en que el Jordán(f) se ha de estrellar contra su boca. (40:19) En su ojo(g) ¿le cogerá(h)? torciéndose ¿le perforará la nariz? Prosigue Dios pintando al cocodrilo; y aplicando todo a Job. (40:20) ¿Y llevarás al dragón(i) en anzuelo, y pondrás morral en torno de su nariz? (40:21) ¿Si atarás aro en sus narices, y con armella agujerearás su labio? (40:22) ¿Y te hablará al ruego, a súplica blandamente? (40:23) ¿Pactará pacto contigo? ¿Y le tomarás por siervo perpetuo? (40:24) ¿Y jugarás con él, como con ave, o lo atarás como gorrión, para un niñito? (40:25) ¿Y se alimentan en él gentes y le despresan de fenicios gentes? (40:26) Todo lo náutico, juntándose, no se llevarán, no, piel una de su cola, y en barcas de pescadores, su cabeza. (40:27) Y ¡pon en él la mano; recordando la guerra la hecha en su cuerpo!(j). (41:1) Y ¿con lo dicho ¿no estás maravillado? (41:2) ¿Y no has temido por tenerle yo preparado? (41:3) Pues ¿quién es el que a mí se opone? ¿O quién se opondrá a mí y permanecerá? Si toda la(a) bajo el cielo mía es, no callaré por él; y palabra de poder compadecerá: la igual a él(b). (41:4) ¿Quién descubrirá la faz de su vestimenta(c)? Y en los pliegues de su peto ¿quién entrará? (41:5) Las puertas de su rostro ¿quién abrirá? En contorno de sus dientes, temor. (41:6) Sus entrañas, broqueles broncíneos; el lazo de él como esmeril piedra: (41:7) uno con uno se conglutinan: y aire no pasará, no, por él; (41:8) varón a su hermano(d) se aglutinará; júntanse, y no se separarán; no. (41:9) En su estornudo brota fulgor; y sus ojos imagen del lucero. (41:10) De su boca salen lámparas encendidas; y lánzanse hogares de fuego. (41:11) De sus narices sale humo del horno encendido en fuego de carbones; (41:12) su alma, carbones, y llama de su boca sale. (41:13) Y en su cerviz habita fuerza; delante de él corre perdición. (41:14) Y las carnes de su cuerpo compactas son: descarga(e) sobre él: no se moverá. (41:15) Su corazón está cuajado, cual piedra; y se alza como yunque inmóvil. (41:16) Y, volviéndose, temor para las fieras cuadrúpedas que sobre la tierra saltan. (41:17) Y si juntas le afrontaren lanzas(f) nada harán(g), no, pica y coraza; (41:18) pues que tiene el hierro por paja; y el bronce como por madera podrida. (41:19) No le herirá, no, arco broncíneo; tiene, empero, la ballesta por heno; (41:20) como caña se han considerado martillos; y se ríe de embestida armada de fuego. (41:21) Su cubil, puntas agudas, y todo el oro del mar debajo de él como lodo indecible. (41:22) Hierve el abismo, como olla de bronce; y considera el mar como redoma de ungüento; (41:23) y el tártaro del abismo como cautivo; ha contado al abismo para paseo. (41:24) No hay nada sobre la tierra semejante a él, hecho para ser acariciado por mis ángeles; (41:25) todo lo sublime ve(h), y él, rey de todo lo en las aguas». Job sacrifica por sus amigos, y es enaltecido por Dios. Y, respondiendo Job, dice al Señor: «Sé que todo puedes, e imposible para ti, nada. Pues, ¿quién es el que te oculta el pensar, y, escatimando palabras, también a ti cree ocultarse?(a) Y ¿quién me anunciará lo que no sabía; cosas grandes y maravillosas que no comprendía? Y, óyeme, Señor, para que también yo hable; y, preguntaré, y tú enséñame. De oída ciertamente de oreja te he oído antes; ahora, empero, mi ojo te ha visto. Por donde me he menospreciado a mí mismo, y me tengo yo a mí mismo por tierra y ceniza». Y aconteció después de hablar el Señor todas estas palabras a Job, dijo el Señor a Elifaz, el temanita: «Has pecado tú y tus amigos; pues no habéis hablado delante de mí cosa verdadera ninguna, como mi servidor Job. Y ahora tomad siete becerros y siete carneros, e id a mi servidor Job, y hará sacrificios por vosotros. Y Job, mi servidor, rogará por vosotros; pues sólo su faz aceptaré, porque, si no por él, os hubiera yo exterminado, que no hablasteis contra mi servidor Job verdad». Y fue Elifaz, el temanita, y Baldad, el suhita, y Sofar, el mineo, e hicieron según les ordenó el Señor; y desatóles el pecado por Job. Y el Señor acreció a Job, y, rogando él por los amigos perdonóles también el pecado; y dio el Señor duplicado cuanto tenía antes Job, en duplicación. Y oyeron todos sus hermanos y sus hermanas todo lo acontecido a él; y vinieron a él, y todos cuantos le habían conocido antes; y, comiendo y bebiendo con él, consoláronle y maravilláronse de todo lo que trajo sobre él el Señor; y diole cada uno cordero uno y tetradracma de oro y no sellado(b). Y el Señor bendijo lo postrimero de Job más que lo primero. Y fue su ganado: Ovejas catorce mil; camellos seis mil; yuntas de bueyes mil; asnas hembras(c) pastantes mil. Y nácenle hijos siete e hijas tres. Y llamó a la primera Día, y a la segunda Casia(d), y a la tercera Cuerno de abundancia(e). Y no se hallaron a par de las hijas de Job, mejores en la debajo del cielo y diolas el padre herencia en los hermanos. Y vivió Job, después de la plaga, años ciento sesenta, y todos los años(f) vivió: doscientos cuarenta. Y vio Job sus hijos y los hijos de sus hijos: la cuarta generación; y feneció Job anciano y lleno de días. Y escrito está que él de nuevo ha de resucitar con los que el Señor resucita.Este se interpreta del siro, libro; como en tierra habitando, la Ausítide, en los confines de la Idumea, y Arabia, —y tenía primero por nombre Jobab. Y, tomando mujer árabe engendra hijo por nombre Ennón, y era él mismo de padre Zaré, de los de Esaú hijos hijo, y de madre Bosorra, de modo que era él quinto, desde Abrahán. Y éstos los reyes los reinantes en Edom; (sobre la cual región él mismo dominó): primero Balac, el de Beor, y nombre de su ciudad Denaba; y, después de Balac Jobab, el llamado Job; y después de él, Asom; que era jefe de la Temanítide región; y, después de él, Adad, hijo de Barad, el que destrozó a Madián, en la llanura de Moab; nombre de su ciudad, Gettaim.Y los venidos a él amigos: Elifaz de los de Esaú hijos, de los temanos rey; Baldad el de suhitas soberano; Sofar el de mineos rey.(g) Dicha de los buenos Bienaventurado el varón el que no anduvo en consejo de impíos; y en camino de pecadores no paró; y en asiento de pestes(a) no se sentó; sino que en la ley del Señor, su voluntad; y en su ley meditará día y noche. Y será como el leño, el plantado junto a las corrientes de las aguas; el que su fruto dará a su tiempo, y su hoja no caerá(b), y todo cuanto hiciere, prosperará. No así los impíos; no así, sino que, como el polvo que lanza el viento de faz de la tierra. Por esto no resurgirán los impíos en juicio, ni pecadores en consejo de justos(c). Pues conoce el Señor camino de justos; y camino de impíos perecerá. (Mesiánico) Triunfo del Mesías ¿Por qué han tumultuado gentes y pueblos(a) meditado cosas vanas? Se han alzado los reyes de la tierra; y los príncipes congregádose en uno contra el Señor y contra su Ungido(b). «Destrocemos las ataduras de ellos; y lancemos lejos de nosotros el yugo de ellos». El que habita en los cielos, se reirá de ellos; y el Señor los escarnecerá. Entonces les hablará en su ira; y en su furor los conturbará. Yo, empero, he sido constituido rey por él, sobre Sión, monte el santo suyo; anunciando el precepto del Señor. El Señor díjome: «Hijo mío eres tú: yo hoy te he engendrado; pídeme, y te daré gentes, herencia tuya, y posesión tuya los confines de la tierra; los pastorearás en vara ferrina; como vaso de alfarero los quebrantarás. Y ahora, reyes, entended, aprended, todos los que juzgáis la tierra. Servid al Señor, en temor, y alborozaos en él, en temblor. Coged enseñanza, no sea que se aíre el Señor y perezcáis de vía justa. Cuando se inflamare, en breve su furor, bienaventurados todos los confiados en él. (Salmo para David, al huir de faz, de Absalón, su hijo) Señor ¿qué se han multiplicado los que me atribulan? Muchos se levantan contra mí. Muchos dicen a mi alma: «No hay salvación para él en su Dios(a)». Pero tú Señor, acogedor mío eres, gloria mía y el que exaltas mi cabeza. Con mi voz al Señor clamé, y me escuchó de su monte santo(b). Yo adormíme y dormí, desperté, porque el Señor me acogió. No temeré ante miríadas de pueblo, de los que en contorno me asedian. Levántate Señor: sálvame, Dios mío; pues tú has percutido a todos los que me aborrecen sin causa; dientes de pecadores quebrantaste(c). Del Señor, la salud; y sobre tu pueblo tu bendición. Exhorta a sus enemigos; y confía en Dios. (Para el fin, en cantares. Cántico para David) Al invocar yo, escuchóme el Dios de mi justicia(a); en tribulación, dilataste para mí.(4:2) Compadécete de mí, y escucha mi oración. (4:3) Hijos de hombres ¿hasta cuándo pesados(b) de corazón? ¿Por qué amáis vanidad y buscáis mentira?(c). (4:4) Y sabed que enmaravilló el Señor a su santo(d); el Señor me escuchará, clamando yo a él. (4:5) Airáos, y no pequéis; lo que decís en vuestros corazones(e) en vuestros lechos compungíos(f). (4:6) Sacrificad sacrificio de justicia y esperad en el Señor. Muchos dicen: «¿Quién nos manifestará lo bueno?». (4:7) Señalada está sobre nosotros la luz de tu faz, Señor: Has dado alegría en mi corazón; (4:8) con fruto de su trigo, y vino y aceite se han llenado(g). (4:9) En paz en lo mismo(h) me adormiré y dormiré; pues tú, Señor, de por ti en esperanza me estableciste. Desdicha de los impíos y dicha de los justos. (Para el fin; sobre la heredera; salmo para David) Mis palabras advierte, Señor; atiende a mi clamor; percibe la voz de mi súplica el rey mío y el Dios mío. (5:3) Porque a ti oraré, Señor; (5:4) de mañana escucharás mi voz; de mañana presentáreme a ti y veré que no un Dios que quiere la iniquidad, tú eres; (5:5) ni habitará contigo un malvado; ni permanecerán prevaricadores delante de tus ojos; (5:6) has aborrecido, Señor, a todos los que obran la iniquidad; perderás a todos los que hablan la mentira. (5:7) A varón de sangres y doloso abomina el Señor. Yo, empero, en la muchedumbre de tu misericordia (5:8) entraré en tu casa; adoraré a tu templo santo en tu temor. (5:9) Señor, condúceme en tu justicia, por causa de mis enemigos; endereza a faz tuya mi camino. (5:10) Porque no hay en la boca de ellos verdad; su corazón vano; (5:11) tumba abierta su garganta, con sus lenguas engañaron: júzgalos, Señor; (5:12) derríbense de sus intentos según la muchedumbre de sus impiedades, arrójalos, que te han irritado, Señor. (5:13) Y alégrense en ti, todos los que esperan en ti; por siglo se alborozarán; y habitarás en ellos; (5:14) Y gloriaránse en ti todos los que aman tu nombre; pues tú bendices al justo. (5:15) Señor, como con escudo de beneplácito, nos has coronado. David gravemente enfermo, implora la divina misericordia. (Para el fin; en himnos, para la octava; salmo para David) Señor, no en tu furor me reconvengas, ni en tu ira me castigues. Apiádate de mí, Señor, porque enfermo estoy, sáname, porque conturbados están mis huesos. Y mi alma conturbada está sobre manera; y tú, Señor, ¿hasta cuándo?...(a) Vuélvete, Señor; salva a mi alma, por tu misericordia. Porque no hay en la muerte(b), quien se acuerde de ti; y en el infierno(c) ¿quién te confesará?(d). Trabajado estoy en mi gemido; bañaré cada noche mi lecho; en mis lágrimas mi estrado regaré. Conturbado está de furor el ojo mío; envejecido estoy entre todos mis enemigos. Apartaos de mí todos los que obráis la iniquidad, porque ha oído el Señor la voz de mi llanto; ha oído el Señor mi deprecación; el Señor la oración mía, acogido. Avergüéncense y contúrbense sobremanera todos los enemigos míos; vuélvanse y avergüéncense sobremanera al punto. Implora David el amparo divino contra Saúl, y predice el desgraciado fin de sus enemigos. (Salmo para David, el que cantó al Señor, por las palabras de Cusi, hijo de Benjamín) Señor, mi Dios, en ti he esperado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que arrebate(a), como león, a mi alma, no habiendo quién redima ni salve. Señor, Dios mío, si he hecho esto(b), si hay injusticia en mis manos; si he retribuido a los que retribuyen mal, derríbeme entonces yo ante mis enemigos vacío; persiga entonces el enemigo a mi alma y coja, y conculque en tierra mi vida, y mi gloria en el polvo tienda(c). Levántate Señor, en tu ira, y enaltécete en los confines de mis enemigos; (7:7) álzate, Señor, mi Dios en precepto(d) que mandaste; y congregación de pueblos te cercará; (7:8) y por ella a altura vuélvete(e). El Señor juzgará pueblos. (7:9) Júzgame, Señor, según mi justicia, y según mi inocencia sobre mí(f). (7:10) Consúmese ya la maldad de los pecadores; y enderezarás al justo; escudriñando corazones y riñones, Dios. (7:11) Justo mi amparo de Dios, del que salva a los rectos de corazón. (7:12) Dios, juez justo y fuerte y longánimo no ira trayendo todos los días. (7:13) Si no os convirtiereis, su espada abrillantará; su arco ha tendido y aprontádolo; (7:14) y en él aprontó instrumentos de muerte; sus saetas para encendidas las labró. (7:15) He aquí parturió(g) iniquidad: concibió trabajo y parió injusticia. (7:16) Hoyo cavó y lo ahondó; y caerá en la fosa que hizo. (7:17) Volveráse su trabajo contra su cabeza; y a su frente su injusticia descenderá. (7:18) Confesaré al Señor, según su justicia, y cantaré al nombre del Señor, el Altísimo. Maravillas de Dios. Gloria del Mesías; el hombre por excelencia y cabeza de los hombres. (Para el fin, para los lagares; salmo para David) Señor, Señor nuestro, ¡cuán admirable, tu nombre en toda la tierra; porque se ha alzado tu magnificencia por sobre los cielos!, (De boca de infantes y mamantes has aderezado loor por tus enemigos, para destruir a enemigo y vengador)(a); porque veré tus cielos, obras de tus dedos: luna y estrellas que tú fundaste; ¿qué es un hombre para que te acuerdes de él, o hijo de hombre para que le visites? Minorástele poco menos de los ángeles; de gloria y honor le coronaste; y constituístele sobre las obras de tus manos; todo has sometido por bajo de sus pies, ovejas y vacas todas; y además también el ganado del campo, los volátiles del cielo y los peces de la mar: lo que atraviesa sendas de mares. Señor, Señor nuestro, ¡cuán admirable, tu nombre en toda la tierra! (Para el fin; sobre los arcanos del Hijo; salmo para David) Te confesaré, Señor, en todo mi corazón; narraré todas tus maravillas. Me alegraré y alborozaré en ti; cantaré a tu nombre, Altísimo. Convirtiendo a mi enemigo hacia atrás —flaquearán y perecerán de ante tu faz. Porque has hecho mi juicio y mi causa, sentádote en trono, el que sentencias justicia. Has increpado a gentes; y ha perecido el impío; el nombre de ellos has borrado por el siglo y por el siglo del siglo. Del enemigo han desfallecido las espadas hasta el fin; y ciudades has arrasado; ha perecido la memoria de ellos con el sonido(a); y el Señor por el siglo permanece. Ha prevenido en juicio su trono; y él juzgará al orbe en justicia; juzga pueblos en rectitud. Y se ha hecho el Señor refugio al pobre, amparador en oportunidades(b), en tribulación. Y esperen en ti, los que conocen tu nombre; pues no has abandonado a los que te buscan, Señor. Cantad al Señor, al que habita en Sión; anunciad entre las gentes sus hechos. Porque, requiriendo las sangres(c) de ellos ha recordado; no ha olvidado la plegaria de los pobres. Apiádate de mí, Señor, ve mi humillación de parte de mis enemigos, el que me exaltas de las puertas de la muerte; para que yo anuncie todos tus loores en las puertas de la hija de Sión. Alborozareme en tu salud: enclavadas están gentes en la perdición que hicieron. En este lazo que ocultaron, se prendió su pie. (9:17) Es conocido el Señor, juicios haciendo: en las obras de sus manos prendióse el pecador(d). (9:18) Conviértanse los pecadores al infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios. (9:19) Porque, no hasta el fin, será olvidado el pobre; la paciencia de los pobres no perecerá hasta el fin. (9:20) Levántate, Señor; no se conforte un hombre; juzgadas serán gentes en tu presencia. (9:21) Constituye, Señor, legislador(e) sobre ellos; sepan las gentes que hombres son(f). (9:22) ¿Por qué, Señor, te has apartado lejos? ¿menosprecias en oportunidades, en tribulación? (9:23) Ensoberbeciéndose el impío, se quema(g) el pobre; son prendidos(h) en las tramas que excogitan. (9:24) Porque es alabado el pecador en las concupiscencias de su alma, y el inicuo bendecido. (9:25) Ha exacerbado al Señor el pecador; según la muchedumbre de su ira, no castigará(i). (9:26) No está Dios delante de él, se contaminan sus caminos en todo tiempo; (9:27) son quitados tus juicios de ante la faz de él; de todos sus enemigos se enseñoreará. (9:28) Pues dijo en su corazón: «No me moveré, no, de generación en generación; —sin mal»(j). (9:29) De cuya maldición su boca está henchida y de amargura y de dolo; debajo de su lengua, trabajo y dolor. (9:30) Sentado está en emboscada, con ricos, en escondites, para matar al inocente, (9:31) sus ojos al pobre miran, embóscase en escondite, como león en su madriguera; (9:32) embóscase para arrebatar a menesteroso, arrebatar a menesteroso, atrayéndole. (9:33) En su lazo le humillará. Se inclinará(k) y caerá cuando se hubiere enseñoreado de los pobres. (9:34) Pues dijo en su corazón: «Se ha olvidado Dios; ha apartado su rostro para no ver, hasta el fin». (9:35) Levántate, Señor Dios, exáltese tu mano; no te olvides de los pobres. (9:36) ¿Por qué ha exacerbado el impío a Dios? pues dijo en su corazón: «No indagará». (9:37) Ves; porque tú trabajo e ira considerarás, para entregarles en tus manos. (9:38) A ti, pues, abandonado está el menesteroso; al huérfano tú has sido amparador. (9:39) Quebranta el brazo del pecador y malvado; se buscará su pecado, y jamás se hallará(l). (9:40) Reinará el Señor por los siglos y por los siglos de los siglos; pereceréis, gentes, de sobre la tierra de él. (9:41) El deseo de los pobres ha escuchado el Señor; al anhelo del corazón de ellos prestaste tu oreja, (9:42) para juzgar(m) a huérfano y humilde; para que no prosiga ya hombre ensoberbeciéndose sobre la tierra. (Salmo 10) Aconsejan a David huya ante Saúl al monte; él se niega, poniendo en Dios su confianza. (Para el fin. Salmo para David) En el Señor confío, ¿cómo decís a mi alma: «Transmigra al monte, como gorrión?». Pues he aquí los pecadores han tendido arco; previnieron flechas en aljaba, para asaetear en luna oscura a los rectos de corazón. Pues lo que dispusiste, arrasaron; pero el justo ¿qué ha hecho?(a). Señor, en templo santo suyo; Señor, en el cielo, su trono; (11:5) sus ojos al pobre miran; sus párpados escudriñan a los hijos de los hombres. (10:6) Señor escudriña al justo y al impío; mas el que ama injusticia aborrece a su alma. (10:7) Lloverá sobre pecadores lazos: fuego y azufre y ráfaga de tormenta, la parte del cáliz de ellos. (10:8) Porque justo es el Señor; y justicias amó, rectitud vio su faz. (Salmo 11) Dios confunde la soberbia de los impíos. (Para el fin, para la octava; Salmo para David) Sálvame, Señor; porque está desfallecido el santo; porque han escaseado las veracidades(a) de entre los hijos de los hombres. Lo vano ha hablado cada uno a su prójimo: labios(b) engañosos en el corazón, y en el corazón han hablado. Extermine el Señor todos los labios, los engañosos, y la lengua grandílocua; a los que han dicho: «Nuestra lengua engrandeceremos; nuestros labios de nosotros son: ¿quién de nosotros señor es?» «Por la miseria de los menesterosos, y por el gemido de los pobres; ahora me levantaré, dice el Señor». (12:6) Me pondré en salud; confiado obraré en él. (11:7) Las palabras del Señor, palabras puras, plata acrisolada, probada a la tierra, purificada siete veces. (11:8) Tú, Señor, nos guardarás, y custodiarás de esta generación y por el siglo. (11:9) En contorno los impíos caminan: según tu alteza has multiplicado los hijos de los hombres(c). (Salmo 12) Tristeza del alma que suspira por el auxilio divino. (Para el fin; salmo para David) ¿Hasta cuándo, Señor, te olvidarás de mí hasta el fin? ¿Hasta cuándo apartarás tu semblante de mí? ¿Hasta qué punto pondré designios en mi alma, dolores en mi corazón diariamente? ¿Hasta cuándo se exaltará mi enemigo sobre mí? Mira, óyeme, Señor, Dios mío. Ilumina mis ojos; no sea que me duerma en la muerte; no sea que diga mi enemigo: «He prevalecido contra él»; los que me atribulan, se alborozarán, si yo fuere sacudido; mas yo en tu misericordia he esperado. Se alborozará mi corazón en tu salud; cantaré al Señor, el que me hace bien; y cantaré al nombre del Señor, el Altísimo. (Salmo 13) Castigo de los ateos e impíos. Protege Dios al pobre, y a su pueblo; a quien revocará del destierro. (Para el fin; salmo para David) Dijo el insensato en su corazón: «No hay Dios». (14:2) Se han corrompido y héchose abominables en afanes, no hay quien haga bondad; no hay siquiera uno. (13:3) El Señor, desde el cielo ha mirado sobre los hijos de los hombres, para ver si hay uno que entienda, o que busque a Dios. (13:4) Todos se han extraviado; a la vez inutilizádose; no, no hay quien haga bondad; no hay siquiera uno.(14:5) Tumba abierta, su garganta; con sus lenguas han engañado; veneno de áspides bajo sus labios; (14:6) de los cuales la boca de maldición y amargura está henchida; veloces, sus pies para derramar sangre; (14:7) quebrantamiento y desdicha, en los caminos de ellos; y camino de paz no conocieron; no hay temor de Dios ante sus ojos. (13:8) ¿Acaso no entenderán todos los que obran la iniquidad; los que devoran a mi pueblo por comida de pan? (13:9) Al Señor no invocaron; allí trepidaron con temor donde no había temor; (13:10) pues Dios, en generación justa(a). Consejo de menesteroso habéis confundido; porque el Señor su esperanza es. (13:11) ¿Quién dará desde Sión, la salud de Israel? Cuando apartare el Señor el cautiverio de su pueblo, se alborozará Jacob y se regocijará Israel. (Salmo 14) La justicia y su recompensa. (Salmo para David) Señor ¿quién habitará en tu tabernáculo? y ¿quién reposará en tu monte el sagrado? El que camina intachable y que obra justicia; el que habla verdad en su corazón; el que no ha engañado en su lengua; ni hecho a su prójimo mal, y oprobio no cogió contra los suyos(a). Anonadado fue ante él el malvado; pero a los que temen al Señor, glorifica, el que jura a su prójimo y no engaña, el que su dinero no dio a usura; y dádivas sobre(b) inocentes no recibió. El que hace esto, no vacilará por el siglo. (Salmo 15) David entre infieles, protesta fidelidad a Dios; y predice la resurrección de Cristo. (Inscripción, de columna; para David) Guárdame, Señor; que en ti he esperado. Dije al Señor: «Señor mío eres tú, porque de mis bienes no necesitas»(a). A los santos los de la tierra de él ha enmaravillado todas las voluntades de él en ellos. Multiplicáronse sus flaquezas(b); después de esto apremiaron: no me juntaré(c), no, a sus juntas a holocaustos; ni me acordaré, no, de los nombres de ellos al través de mis labios. Señor, la parte de mi heredad y de mi cáliz; tú eres, el que me restauras mi heredad. Lienzas(d) me cayeron en lo óptimo; puesto que mi heredad, óptima me es. Bendeciré al Señor que me intelectualizó; y además también hasta la noche me enseñaron mis riñones(e). Veía yo al Señor delante de mí siempre; pues a mi derecha está; para que no se me mueva. Por esto alegróse mi corazón, y se alborozó mi lengua; y además también mi carne reposará en esperanza. Porque no abandonarás a mi alma al infierno, ni darás a tu santo a ver corrupción. Me has manifestado caminos de vida; me llenarás de alegría con tu rostro; deleites en tu diestra hasta el fin. (Salmo 16) Implora David el divino auxilio contra la maldad de sus enemigos. (Oración de David) Escucha, Señor, mi justicia; advierte mi súplica; percibe mi oración no en labios dolosos. De tu faz(a) mi juicio salga; tus ojos miren equidades. Has probado mi corazón, visitado de noche(b); acrisoládome y no se ha hallado en mí iniquidad. Para que no hable mi boca las obras de los hombres(c); por las palabras de tus labios, yo he guardado caminos duros. Adereza mis pasos, en tus sendas; para que no vacilen mis pasos. Yo he clamado porque me has oído, Dios; inclina tu oreja a mí, porque has escuchado mis palabras. Enmaravilla tus misericordias, el que salvas, a los que esperan en ti. De los que resisten a tu diestra, guárdame como pupila de ojo; al amparo de tus alas ampárame; de faz de impíos, los que me han afligido. Mis enemigos, mi alma han cercado; de su grosura(d) se rodearon; su boca habló soberbia. Arrojándome ahora me han circuido en torno; sus ojos propusiéronse bajar a la tierra. Cogiéronme tal como león pronto a presa, y tal como leoncillo recostado en escondites. Levántate, Señor, adelántate a ellos y suplántalos; libra a mi alma; del impío con tu espada; de enemigos, con tu mano. Señor, perdiendo de la tierra, destrózalos en la vida de ellos; y de lo recóndito(e) tuyo se ha llenado su vientre hartádose han de lo porcino(f) y abandonado el resto a sus pequeñuelos. Yo, empero, en justicia apareceré a tu faz; hartaréme cuando apareciere tu gloria. (Salmo 17) Cantar eucarístico de David por haberle librado Dios de sus enemigos. Triunfo del Mesías al fin de los siglos. (Al fin, al niño del Señor, David; lo que habló al Señor: las palabras de este cantar, en el día que le libró el Señor de la mano de todos sus enemigos y de mano de Saúl; y dijo:) Te amaré, Señor, fortaleza mía, Señor, sostén mío, y refugio mío y libertador mío. Dios mío, mi ayudador; y esperaré en él. (17:3) Protector mío, y cuerno de salud y acogedor mío. (17:4) Loando, invocaré al Señor; y de mis enemigos salvaré. (17:5) Cercáronme dolores de muerte y torrentes de iniquidad me conturbaron; (17:6) dolores de infierno me circundaron; sorprendiéronme lazos de muerte. (17:7) Y, al atribulárseme, invoqué al Señor, y a mi Dios clamé. (17:8) Oyó desde su templo santo mi voz; y mi clamor a faz de él, entrará en sus orejas. (17:9) Y vaciló y estremecióse la tierra, y los cimientos de los montes conturbáronse y vacilaron, por airarse con ellos Dios. (17:10) Subió humo en su ira, y fuego a su faz inflamóse; carbones fueron encendidos por él. (17:11) E inclinó el cielo, y descendió, y tinieblas bajo sus pies. (17:12) Y ascendió sobre querubines, y voló; voló sobre alas de vientos. (17:13) Y puso calígine por escondite suyo, y en torno de él, su pabellón: caliginosa agua en nubes de aires. (17:14) Al fulgor, a faz de él, las nubes pasaron: granizo y carbones de fuego. (17:15) Y tronó, del cielo, Señor, y el Altísimo dio su voz; (17:16) y despidió saetas, y dispersóles(a); y relámpagos multiplicó y conturbóles. (17:17) Y aparecieron las fuentes de las aguas(b), y descubriéronse los fundamentos(c) del orbe, (17:18) a tu increpación, Señor; al soplo de ráfaga de tu ira. (17:19) Envió de la altura y me cogió; acogióme, de aguas muchas. (17:20) Me librará de mis enemigos poderosos, y de los que me odian; porque se han confortado sobre mí. (17:21) Sorprendiéronme en día de mi maltratamiento; e hízose el Señor mi contrasostén; (17:22) Y me sacó a llanura; me librará; pues me ha querido. (17:23) Y me retribuirá el Señor, según mi justicia; y según la pureza de mis manos me retribuirá; (17:24) pues he guardado los caminos del Señor; y no prevaricado ante mi Dios; (17:25) que todos sus juicios, delante de mí; y sus justicias(d) no se han apartado de mí. (17:26) Y seré intachable con él, y me guardaré de mi iniquidad. (17:27) Y me retribuirá el Señor; según mi justicia, y según la pureza de mis manos delante de sus ojos. (17:28) Con santo te santificarás(e); y con varón inocente, inocente serás; (17:29) y con elegido, elegido serás, y con perverso te pervertirás. (17:30) Porque tú a pueblo humilde salvarás, y ojos de soberbios humillarás(f). (17:31) Porque tú iluminarás(g) mi lámpara, Señor; Dios mío iluminarás mis tinieblas. (17:32) Porque en ti, libraréme de tentación; y, en mi Dios, salvaré muro(h). (17:33) Mi Dios —intachable su camino; las palabras del Señor, acrisoladas; escudador es de todos los que esperan en él. (17:34) Pues ¿qué Dios, fuera del Señor? O ¿qué Dios, fuera de nuestro Dios? (17:35) el Dios que me ha ceñido de fuerza, y puesto intachable mi camino; (17:36) el que dispuso mis pies como de ciervo, y sobre las alturas me puso; (17:37) enseñando mis manos a guerra; y has puesto arco broncíneo mis brazos; (17:38) y dádome el escudamiento de mi salud, y tu diestra me ha acogido; (17:39) y tu enseñanza enderezádome hasta el fin; y tu enseñanza, ella me enseñará. (17:40) Has dilatado mis pasos debajo de mí, y no han flaqueado mis huellas. (17:41) Perseguiré a mis enemigos, y los cogeré; y no me volveré hasta que hubieren desfallecido; (17:42) arrojaréles y no podrán, no, tenerse; caerán debajo de mis pies. (17:43) Y me ceñiste de fuerza a guerra; suplantaste a todos los que se levantaban contra mí, por debajo de mí. (17:44) Y mis enemigos me has dado de espalda(i), y a los que me odiaban, exterminado. (17:45) Clamaron (y no había quien salvara) al Señor; y no los escuchó. (17:46) Y los desmenuzaré como polvo a faz del viento; como lodo de vías los emparejaré(j). (17:47) Líbrame de contradicciones de pueblo; me constituirás por cabeza de gentes: (17:48) pueblo que no he conocido, me sirvió; en oída de oreja me obedeció. Hijos extraños me han mentido; (17:49) hijos extraños han envejecido(k) y claudicado de las sendas de ellos. (17:50) Vive el Señor, y bendito mi Dios; y ensalzado sea el Dios de mi salud; (17:51) el Dios el que da venganzas a mí y somete pueblos debajo de mí; el libertador mío de enemigos iracundos. (17:52) Y de ante los que se levantan contra mí, me exaltarás; de varón inicuo me librarás. (17:53) Por esto te confesaré entre gentes, Señor; y a tu nombre cantaré; (17:54) el que magnifica las saludes de su rey y hace misericordia a su ungido: a David y su simiente por siglo. (Salmo 18) Gloria de Dios en sus obras y en su ley. (Para el fin; salmo para David) Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la hechura de sus manos anuncia el firmamento. Día al día se desborda en palabra; y noche a la noche repite conocimiento(a). No son hablas ni palabras cuyas voces no se oigan, de ellas. A toda la tierra ha salido su son; y a los confines del orbe sus palabras. (18:5) En el sol puso su pabellón; (18:6) y el(b) como esposo saliendo de su tálamo, alborozaráse como gigante a correr su camino: (18:7) de la sumidad del cielo, su salida y su fin hasta la sumidad del cielo; y no hay quien se oculte de su calor. (18:8) La ley del Señor, inmaculada(c), convirtiendo almas; el testimonio del Señor, fiel, instruyendo pequeñuelos. (18:9) Las justicias del Señor, rectas, alegrando al corazón; el mandamiento del Señor, centelleante, iluminando ojos. (18:10) El temor del Señor, casto, permaneciendo por siglo de siglo; los juicios del Señor, verdaderos, justificados en sí mismos, (18:11) deseables sobre oro y piedra preciosa mucha, y más dulces sobre miel y panal. (18:12) Pues también tu siervo los guarda; en guardarlas, galardón mucho. (18:13) Caídas ¿quién entenderá? De las ocultas mías purifícame y de ajenas(d) preserva a tu siervo. (18:14) Si no se enseñorearen(e) de mí, entonces inmaculado seré y puro de pecado grande(f). (18:15) Y serán para beneplácito las palabras de mi boca, y la meditación del corazón mío delante de ti siempre, (18:16) Señor, ayudador mío y redentor mío. (Salmo 19) Oración por el rey que parte a la guerra. (Para el fin; salmo para David) Escúchete el Señor en día de tribulación; escúdete el nombre del Dios de Jacob. Envíete auxilio desde el santo, y de Sión acójate. Acuérdese de todo tu sacrificio; y tu holocausto engruese(a). Déte según tu corazón; y todo tu consejo cumpla. Nos alborozaremos en tu salud; y en nombre de nuestro Dios nos engrandeceremos. Cumpla el Señor todas tus peticiones; ahora he conocido que ha salvado el Señor a su ungido; (19:7) le escuchará desde su cielo santo, en potencias la salud de su diestra. Estos, en carros; y éstos, en bridones; nosotros, empero, en nombre del Señor, nuestro Dios nos engrandeceremos. Ellos atados han sido y han caído; nosotros, empero, nos hemos alzado y erguido. Señor salva al rey, y escúchanos en el día que te invocáremos. (Salmo 20) Epinicio del rey. Predícese la ruina de sus enemigos. (Para el fin; salmo para David) Señor, en tu poder se alegrará el rey; y por tu salud alborozaráse sobremanera. El deseo de su alma le has dado, y de la súplica de sus labios no le has defraudado(a). Porque le previniste en bendiciones de bondad; pusiste sobre su cabeza corona de piedra preciosa. Vida te pidió, y dístele, longura de días por siglo de siglo. Grande, su gloria en tu salud; gloria y magnificencia pondrás sobre él. Porque le darás bendición, por siglo de siglo; le alegrarás en gozo, con tu semblante. Porque el rey espera en el Señor y en la misericordia del Altísimo, no será, no, movido. Hallada sea tu mano, a todos tus enemigos; tu diestra halle a todos los que te odian. Los pondrás como horno de fuego en tiempo de tu semblante(b); Señor, en tu ira los conturbarás; y devoraráles fuego. Su fruto(c) de la tierra perderás, y su simiente, de hijos de hombres. Porque desviaron a ti maldades; excogitaron consejo que no podrán, no, afianzar. Porque les pondrás de espalda; en los restos tuyos aderezarás su rostro(d). Exáltate, Señor, en tu fuerza: cantaremos y tañeremos tus poderíos. (Salmo 21) Oración de Cristo en la cruz. Su pasión, resurrección y gloria. Vocación de las gentes. (Para el fin; para el auxilio matutino; para David) Dios, el Dios mío atiéndeme: ¿Por qué me has abandonado? Lejos de mi salud, las palabras de mis desfallecimientos. Dios mío clamaré de día a ti y no escucharás; y de noche, y no para sosiego, para mí; y tú en el santo habitas, el loor de Israel. En ti han esperado nuestros padres; esperaron y librástelos; a ti clamaron, y fueron salvos; en ti esperaron, y no fueron confundidos. Yo, empero, soy un gusano, y no hombre, oprobio de hombre, y desecho de pueblo. Todos los que me vieron, escarneciéronme; hablaron en labios(a); movieron cabeza: «Esperó en el Señor, líbrele; sálvele, pues le quiere». Porque tú eres el que me sacaste del vientre, esperanza mía, desde los pechos de mi madre; sobre ti he sido arrojado del seno; del vientre de mi madre mi Dios eres tú: no te apartes de mí; porque tribulación, cerca; porque no hay quien ayude. Hanme cercado becerros muchos; toros pingües asediádome; abierto sobre mi boca, como león el que arrebata y ruge. Como agua he sido derramado; y dispersados han sido todos mis huesos. (21:15) Hecho está mi corazón, cual cera derritiéndose en medio de mi vientre. (21:16) Secádose ha tal como tiesto mi fuerza; y mi lengua pegádose a mi paladar; y a polvo de muerte me has bajado. (21:17) Porque me han rodeado perros muchos; congregación de malvados asediádome; (21:18) han horadado mis manos y pies; contado todos mis huesos; (21:19) ellos, empero, contemplaron y miráronme; repartiéronse mis vestiduras, y sobre mi veste echaron suertes. (21:20) Pero, tú, Señor, no alejes mi amparo; a mi auxilio atiende. (21:21) Libra de espada a mi alma, y de mano de perro a mi única(b). (21:22) Sálvame de boca de león, y de cuernos de unicornios mi bajeza. (21:23) Narraré tu nombre a mis hermanos; en medio de congregación te cantaré. (21:24) Los que teméis al Señor, loadle; toda la simiente de Jacob, glorificadle; (21:25) témanle toda la simiente de Israel; porque no menospreció, ni se airó contra la súplica del pobre; (21:26) ni apartó su rostro de mí; y, cuando clamé a él, me escuchó. (21:27) Ante ti mi loor, en congregación grande; mis votos pagaré delante de los que le temen. (21:28) Comerán los menesterosos y se hartarán, y alabarán al Señor los que le buscan; vivirán sus corazones por siglo de siglo. (21:29) Se acordarán y volverán al Señor todos los confines de la tierra; (21:30) y adorarán ante él todas las familias de las gentes. (21:31) Pues del Señor el reino, y él domina a las gentes. (21:32) Comieron y adoraron todos los pingües(c) de la tierra; ante él se postrarán todos los que descienden a la tierra(d); (21:33) también mi alma para él vive; y mi simiente le servirá. (21:34) Anunciaráse(e) al Señor la generación la venidera; y anunciarán la justicia de él al pueblo que nacerá, a quien hizo el Señor. (Salmo 22) Dios es pastor de su pueblo; al que recrea con magnífico festín. (Salmo para David) El Señor me pastorea; y nada me faltará. En paraje de grama, allí me estableció; sobre agua de refrigerio me ha nutrido; a mi alma recreado; guiádome por sendas de justicia, por su nombre. Pues, aunque yo anduviere en medio de sombra de muerte; no temeré el mal; porque tú conmigo estás; (22:5) tu vara y tu báculo, ellos me han consolado. (22:6) Has aderezado delante de mí una mesa, en frente de los que me atribulan; has ungido con óleo mi cabeza; y tu cáliz embriagador ¡cuán bueno! (22:7) Y tu misericordia seguirá en pos de mí todos los días de mi vida; y para que yo habite en la casa del Señor, en longura de días. (Salmo 23) Convídase al Señor a entrar con su arca, en Sión y el templo. (Salmo para David; del primero de los sábados) Del Señor la tierra y la plenitud de ella: el orbe y todos los que habitan en él. Porque él sobre mares la fundó(a) y sobre ríos la dispuso. ¿Quién ascenderá al monte del Señor, y quién se estará en su lugar santo? El inocente de manos, y puro del corazón, que no ha recibido para lo vano(b) su alma, ni jurado, en dolo, a su prójimo. Este recibirá bendición del Señor, y misericordia de Dios, su salvador. Esta, la generación de los que le buscan; de los que buscan la faz del Dios de Jacob.(c) «Alzad puertas los príncipes, vuestras; y levantaos, puertas eternales, y entrará el rey de la gloria». ¿Quién es éste rey de la gloria(d)? «Señor fuerte y poderoso; Señor, poderoso en guerra». «Alzad puertas, los príncipes, vuestras, y levantaos, puertas eternales, y entrará el rey de la gloria». ¿Quién es este rey de la gloria? «Señor de los ejércitos, él es este rey de la gloria». (Salmo 24) Apiádase Dios del atribulado que le invoca con fe. (Salmo para David) A ti, Señor, he levantado mi alma Dios mío, en ti he confiado; no sea yo avergonzado; ni se mofen de mí los enemigos míos; pues que todos los que esperan en ti, no serán avergonzados, no. Avergonzados sean los que prevarican en vano(a). Tus caminos, Señor, manifiéstame; y tus sendas enséñame. Encamíname a tu verdad, y enséñame, porque tú eres Dios, el salvador mío, y en ti he esperado todo el día. Acuérdate de tus conmiseraciones, y tus misericordias que desde el siglo son. Los pecados de mi juventud y las ignorancias no rememores. (24:8) Según tu misericordia, acuérdate de mí, por tu bondad, Señor. (24:9) Bueno y recto, el Señor; por esto legislará a los que yerran en el camino. (24:10) Guiará mansos en juicio(b); enseñará a mansos sus caminos. (24:11) Todos los caminos del Señor, misericordia y verdad para los que buscan su testamento y sus testimonios(c). (24:12) Por tu nombre, Señor, te aplacarás para con mi pecado; porque mucho es. (24:13) ¿Quién es el hombre que teme al Señor? Le legislará en el camino que hubiere elegido. (24:14) Su alma en bienes morará; y su simiente heredará la tierra. (24:15) Fortaleza Señor de los que le temen; y el nombre del Señor de los que le temen; y su testamento(d), para manifestarse a ellos. (24:16) Mis ojos, siempre al Señor; que él quitará, del lazo, mis pies. (24:17) Mírame y apiádate de mí; pues único(e) y pobre soy yo. (24:18) Las tribulaciones de mi corazón se han multiplicado; de mis necesidades sácame. (24:19) Ve mi humillación y mi trabajo; y perdona todos mis pecados. (24:20) Ve a mis enemigos; pues se han multiplicado, y con odio injusto odiádome. (24:21) Guarda a mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado; pues he esperado en ti. (24:22) Inocentes y rectos han adherido a mí; porque confié en ti, Señor. (24:23) Redime, Dios, a Israel de todas sus tribulaciones. (Salmo 25) Ora el justo porque Dios le vengue y libre de los impíos. (De David) Júzgame, Señor, pues yo en mi inocencia he caminado; y, en el Señor esperando, no vacilaré, no. Pruébame, Señor, y tiéntame: acrisola mis riñones y mi corazón. Porque tu misericordia delante de mis ojos está; y me he complacido en tu verdad. No me he sentado con junta de vanidad(a); y con prevaricantes no entraré, no. He aborrecido congregación de malvados; y con impíos no me sentaré, no. Lavaré, entre inocentes mis manos, y rodearé tu altar Señor; para oír voz de alabanza y narrar todas tus maravillas. Señor, he amado el decoro de tu casa, y el lugar de la habitación de tu gloria. No pierdas juntamente con los impíos mi alma, y con varones de sangres mi vida; en cuyas manos, iniquidades; la diestra de ellos está llena de dádivas. Yo, empero, en mi inocencia he caminado: redímeme y apiádate de mí; que mi pie ha estado en rectitud; en congregaciones te bendeciré, Señor. (Salmo 26) Confianza en Dios y amor a su templo. (De David antes de ser ungido) Señor mi iluminación y mi salvador: ¿a quién temeré? (26:2) Señor escudador de mi vida ¿ante quién me amedrentaré? (26:3) Al acercarse a mí maléficos para comer mis carnes; (26:4) los que me atribulan y mis enemigos, ellos mismos flaquearon y cayeron. (26:5) Si se juntare contra mí un campamento, no se amedrentará mi corazón; (26:6) si se levantare contra mí guerra, en ella espero. (26:7) Una sola cosa he pedido al Señor; ésta buscaré: (26:8) el habitar en casa del Señor todos los días de mi vida; el contemplar el deleite del Señor, y visitar su templo. (26:9) Pues me ha ocultado en su tabernáculo en día de mis males; amparádome en lo oculto de su tabernáculo; (26:10) sobre peña me exaltó; y ahora, he aquí, ha exaltado mi cabeza sobre mis enemigos; (26:11) he rodeado y sacrificado en su tabernáculo sacrificio de júbilo: cantaré y tañeré al Señor. (26:12) Escucha, Señor, mi voz con que he clamado; apiádate de mí y escúchame; (26:13) a ti dijo mi corazón: «He inquirido tu faz; tu faz, Señor, buscaré». (26:14) No apartes tu faz de mí; no te desvíes, en ira, de tu siervo; (26:15) ayudador mío hazte: no me abandones, y no te desentiendas de mí, Dios, salvador mío. (26:16) Porque mi padre y mi madre me han abandonado(a); el Señor, empero, acogídome. (26:17) Legíslame, Señor, en tu camino, y guíame en senda recta, por causa de mis enemigos. (26:18) No me entregues a almas que me atribulan; porque se han levantado contra mí testigos inicuos, y se(b) ha mentido la iniquidad. (26:19) Confío ver los bienes del Señor en tierra de vivientes. (26:20) Aguarda al Señor; envalentónate; y esfuércese tu corazón, y aguarda al Señor. (Salmo 27) Ora en su aflicción el justo. (De David) A ti, Señor, he clamado, Dios mío; no enmudezcas sobre mí; no sea que enmudezcas sobre mí, y me asemeje a los que bajan al lago(a). Escucha la voz de mi deprecación, deprecando yo a ti, alzando yo mis manos a tu templo santo. No arrebates junto con los pecadores a mi alma; y con los que obran iniquidad no me pierdas juntamente. (27:4) Los que hablan paz con su prójimo, y mal en sus corazones. (27:5) Dales según sus obras, y según la maldad de sus intentos; (27:6) según las obras de sus manos dales; retribúyeles su retribución. (27:7) pues no han atendido a las obras del Señor, y a las obras de las manos de él; los destruirás y no los edificarás(b), no. (27:8) Bendito, Señor, pues ha escuchado la voz de mi deprecación; (27:9) Señor, mi ayudador y escudador; en él ha esperado mi corazón, y he sido ayudado; y ha reflorecido mi carne; y por mi voluntad le confesaré. (27:10) Señor, fortaleza de su pueblo, y escudador de las salvaciones de su ungido es. (27:11) Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad, y pastoréalos y exáltalos por el siglo. (Salmo 28) Gracias por la lluvia concedida por Dios al pueblo. (Salmo para David; de terminación del tabernáculo) Ofreced al Señor, hijos de Dios(a), ofreced al Señor, hijos de cabrones; ofreced al Señor gloria y honor; ofreced al Señor gloria a su nombre; adorad al Señor en su aula santa. Voz del Señor sobre las aguas; el Dios de la gloria tronó; Señor sobre aguas muchas. Voz del Señor en poder; voz del Señor en magnificencia. Voz del Señor triturando cedros; triturará el Señor los cedros del Líbano; y los aligerará: como al becerro al Líbano; y el Amado(b) como(c) hijo de unicornios. voz del Señor, partiendo llama de fuego(d); (28:7) voz del Señor estremeciendo desierto; estremecerá el Señor el desierto de Cadés. (28:8) Voz del Señor, aderezando(e) ciervas; y descubrirá espesuras; y en su templo cada cual dice: «¡Gloria!» (28:9) Señor el abismo(f) habitará; y sentárase el Señor rey por el siglo. (28:10) Señor fuerza a su pueblo dará; el Señor bendecirá a su pueblo en paz. (Salmo 29) Gratitud por haberle Dios librado de gravísimo peligro. (Para el fin; salmo de cantar de la dedicación de la casa; de David) Te ensalzaré, Señor, porque me has acogido y no alegrado a mis enemigos sobre mí. Señor, Dios mío, he clamado a ti y me has sanado. Señor, has sacado del infierno, a mi alma, salvádome de los que descienden al lago. Cantad al Señor, sus santos; y confesad a la memoria de su santidad. Porque ira, en su indignación, y vida, en su voluntad. (29:6) A la tarde morará llanto; y al alba, alborozo. (29:7) Yo, empero, dije en mi abundancia: «No vacilaré, no, por el siglo». (29:8) Señor, en tu voluntad, prestaste a mi decoro poder; (29:9) apartaste tu rostro, y quedé turbado. (29:10) A ti, Señor, clamaré; y a mi Dios deprecaré. (29:11) ¿Qué utilidad, en mi sangre, descendiendo yo a mi disolución? (29:12) ¿Acaso te confesará el polvo; o anunciará tu verdad? (29:13) Oyó el Señor, y apiadóse de mí; el Señor hízose mi ayudador. (29:14) Has convertido el llanto mío en gozo para mí; desgarrado has mi saco y ceñídome alegría; (29:15) para que te cante mi gloria, y no sea yo afligido, no. Señor, Dios mío, por el siglo te confesaré. (Salmo 30) El justo afligido y abandonado ora y confía en Dios. (Para el fin; salmo para David, de asombro) En ti, Señor, he esperado; no sea yo confundido, por el siglo; en tu justicia líbrame y quítame. Inclina hacia mí tu oreja; acelérate a quitarme; (30:3) házteme un Dios escudador, y casa de refugio, para que me salves. (30:4) Porque fortaleza mía y refugio mío eres tú; y por tu nombre, me guiarás y me nutrirás. (30:5) Me sacarás de este lazo que me han ocultado; pues tú eres mi escudador. (30:6) En tus manos encomendaré mi espíritu; redímeme, Señor, el Dios de la verdad. (30:7) Has odiado a los que observan vanidades en balde; (30:8) yo, empero, en el Señor he esperado; alborozáreme y alegráreme en tu misericordia; (30:9) porque has mirado mi humildad; salvado, de las necesidades, a mi alma. (30:10) Y no me has encerrado en manos de enemigo; has puesto en lugar dilatado mis pies. (30:11) Apiádate de mí, Señor; porque estoy atribulado; conturbado está en ira(a), el ojo mío, el alma mía, y el vientre mío. (30:12) Pues ha desfallecido en dolor, mi vida, y mis años, en gemidos; (30:13) debilitóse en pobreza, mi fuerza; y mis huesos se conturbaron. (30:14) Sobre todos mis enemigos he sido hecho oprobio, y para mis vecinos sobremanera; y temor para mis conocidos; (30:15) los que me veían, fuera huyeron de mí; fui olvidado, tal como un muerto, de corazón(b), (30:16) he sido hecho tal como un vaso perdido; pues he escuchado vituperio de muchos, asentados en torno. (30:17) Juntándose todos a la vez contra mí, quitar a mi alma determinaron. (30:18) Yo, empero, en ti he esperado, Señor, he dicho: «Tú eres mi Dios: en tus manos mi suerte»; (30:19) líbrame de mano de mis enemigos y de los que me persiguen. (30:20) Ilumina tu semblante sobre tu siervo; sálvame en tu misericordia, Señor, no sea yo confundido; pues te he invocado; (30:21) córranse los impíos y bajados sean al infierno. Mudos sean hechos los labios los dolosos, (30:22) los que hablan contra el justo iniquidad en soberbia y menosprecio. (30:23) ¡Cuánta, la muchedumbre de tu bondad, Señor, que has ocultado para los que te temen; (30:24) aderezado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! (30:25) Los esconderás, en el escondite de tu rostro, de ante conturbación de hombres; (30:26) los ampararás, en tabernáculo, de ante contradicción de lenguas. (30:27) Bendito Señor, porque ha enmaravillado su misericordia en ciudad de circunvalación. (30:28) Y yo dije en mi arrobamiento: «Con que lanzado he sido de faz de tus ojos»; (30:29) por esto, has escuchado, Señor, la voz de mi oración, al clamar yo a ti. (30:30) Amad al Señor, todos sus santos; pues verdades(c) inquiere Señor, y retribuye a los que en demasía hacen soberbia. (30:31) Esforzaos, y fortifíquese vuestro corazón, todos los que esperáis en el Señor. (Salmo 31) Dicha del arrepentido. Dios le enseñará y protegerá. (De inteligencia; para David) Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas; y cuyos pecados, cubiertos. Bienaventurado el varón a quien no imputará el Señor, no, pecado; ni hay en su boca dolo. Cuando callé envejeciéronse(a) mis huesos, de haber yo clamado todo el día: Porque día y noche pesó sobre mí tu mano; retorcíme de miseria, mientras se clavaba la espina(b). Mi pecado manifesté, y mi iniquidad no oculté; (31:6) dije: «Confesaré contra mí el pecado mío al Señor»; y tú perdonaste la impiedad de mi corazón(c). (31:7) Por ésta(d) orará todo santo a ti en tiempo oportuno; (31:8) empero, en cataclismo de aguas muchas(e), a él no se acercarán. (31:9) Tú eres mi refugio, de la tribulación, la que me circunda; mi alborozo, redímeme de los que me cercan(f). (31:10) «Te intelectualizaré y te enseñaré en este camino que andarás, fijaré en ti mis ojos». (31:11) —No os hagáis como caballo y mulo, que no tienen entendimiento; (31:12) en brida y morral los belfos de ellos estrecha(g), de los que no se acercan a ti(h). (31:13) Muchos los flagelos del pecador; mas al que espera en el Señor misericordia circuirá. (31:14) Alegraos en el Señor y alborozaos, justos; y gloriaos, todos los rectos del corazón. (Salmo 32) Loores a Dios por su poder y providencia. (Para David) Alborozaos, justos en el Señor; a los rectos conviene alabanza. Confesad al Señor en cítara; en salterio decacordio tañedle. Cantadle cantar nuevo; hermosamente tañedle en vociferación. Porque recta, la palabra del Señor; y todas sus obras, en fe. El ama compasión y juicio; de misericordia del Señor llena la tierra. Por el verbo(a) del Señor afianzáronse los cielos y por el aliento(b) de su boca, toda la fuerza(c) de ellos, el que junta, cual odre(d), las aguas del mar; el que pone en tesoros los abismos(e). Tema al Señor toda la tierra; y ante él estremézcanse todos los habitantes del orbe. Pues él dijo— y hechos están(f), él mandó— y creados están. Señor disipa consejos de gentes; y anula pensamientos de pueblos; y anula consejos de príncipes. Pero el consejo del Señor por el siglo permanece; los pensamientos de su corazón de generaciones en generaciones. Bienaventurada, la gente, cuyo Señor es su Dios; pueblo a quien ha elegido en heredad para sí. Del cielo ha mirado el Señor; ha visto a todos los hijos de los hombres; desde su dispuesta habitación ha mirado sobre todos los que habitan la tierra; el que ha plasmado separadamente sus corazones; el que advierte todas sus obras. No salva rey por mucho ejército; y gigante no salvará en muchedumbre de su fuerza; falaz, el caballo para salvación; y, en la muchedumbre de su poder, no salvará. He aquí los ojos del Señor sobre los que le temen, los que esperan en su misericordia; que libre de muerte a sus almas, y los alimente en el hambre. Nuestra alma aguarda al Señor; pues ayudador y escudador nuestro es. Porque en él se alegrará nuestro corazón; y en su santo nombre hemos esperado. Sea tu misericordia, Señor, sobre nosotros, según hemos esperado en ti. (Salmo 33) Protege el Señor a los suyos. (A David, cuando mudó su faz, ante Abimelec; y le despidió y se fue) Bendeciré al Señor en todo tiempo; siempre su loor, en mi boca. En el Señor, alabada(a) será mi alma: oigan los mansos y alégrense. Magnificad al Señor conmigo; y exaltemos su nombre a una. He buscado al Señor, y me ha escuchado, y de todas mis vecindades me ha librado. Acercaos a él y sed iluminados, y vuestros semblantes no serán, no, confundidos. Este pobre clamó, y el Señor oyóle, y de todas sus tribulaciones le salvó. Acampará un ángel del Señor en contorno de los que le temen y les librará. Gustad y ved que bueno, el Señor: bienaventurado el varón que espera en él. Temed al Señor, todos sus santos; porque no hay indigencia para los que le temen. Ricos han mendigado y hambreado; pero los que buscan al Señor, no serán cercenados de todo bien(b). Venid, hijos, oídme: temor del Señor os enseñaré. ¿Quién es hombre que quiere vida, ama ver días buenos? Contén tu lengua de lo malo; y tus labios de que no hablen dolo; desvíate de lo malo y haz lo bueno; busca paz y ve en pos de ella. Porque ojos del Señor sobre justos, y sus orejas al ruego de ellos; pero semblante del Señor sobre los que hacen lo malo, para exterminar de la tierra su memoria. Han clamado los justos, y el Señor escuchádolos y de todas sus tribulaciones librádolos. Cerca, Señor, de los quebrantados de corazón; y a los humildes de espíritu salvará. Muchas las tribulaciones de los justos, y de todas ellas los librará. Señor guarda todos los huesos de ellos; uno de ellos no será quebrantado. Muerte de pecadores, mala; y los que odian al justo, delinquirán. Redimirá el Señor almas de sus siervos; y no delinquirán, no, todos los que esperan en él. (Salmo 34) Oración de David estrechado por sus enemigos. (Para David) Juzga, Señor, a los que me agravian; combate a los que me combaten; coge armas y broquel, y levántate en auxilio para mí; desenvaina espada y cierra en frente de los que me persiguen; di a mi alma: «Salud tuya yo soy». Ruborícense y confúndanse los que buscan a mi alma; retrocedan y ruborícense, los que trazan contra mí lo malo. Háganse así como polvo a la faz del viento; y un ángel del Señor atribulándolos, hágase su camino tinieblas y resbalamiento, y un ángel del Señor persiguiéndolos. Porque sin causa me ocultaron perdición de su lazo; gratuitamente oprobiaron a mi alma. Venga a ellos lazo que no conocen; y el armadijo que escondieron, cójales; y en el lazo caerán —en él. Pero mi alma se alborozará en el Señor; gozaráse en la salud de él. Todos mis huesos dirán: «Señor ¿quién semejante a ti? que libras al indigente de mano de los más fuertes que él, y al indigente y pobre de los que le despojan?» Levantándose testigos inicuos, lo que no sabía me interrogaban; retribuían lo malo por hermoso, y orfandad para mi alma. Yo, empero, al molestarme ellos, vestíame saco, y humillaba en ayuno mi alma; y mi oración a mi seno retornará(a). Como a pariente, como a hermano nuestro, así complacía(b) yo; como llorando y contristado, así me humillaba. Y contra mí se alegraron y juntaron, juntáronse sobre mí flagelos y yo no sabía; dispersáronse, pero no se compungieron; tentáronme; escarneciéronme con escarnio; rechinaron sobre mí sus dientes. Señor ¿cuándo mirarás? Restituye mi alma de las maldades de ellos; de leones mi única(c). Te confesaré en congregación mucha; en pueblo grave(d) te alabaré. No se regocijen de mí los que me odian gratuitamente; los que me aborrecen sin causa y guiñan de ojos. Pues a mí ciertamente pacíficos hablaban, y en ira, dolos meditaban; y ensancharon sobre mí su boca, dijeron: «¡Bien! ¡bien! han visto nuestros ojos»(e). Has visto, Señor; no enmudezcas; Señor, no te apartes de mí. Levántate, Señor, y atiende mi juicio, oh mi Dios y mi Señor, a mi causa. Júzgame, Señor, según tu justicia, Señor, mi Dios; y no se me regocijen. No digan en sus corazones: «¡Bien!, bien por nuestra alma»; ni digan: «devorádole hemos». Ruborícense y confúndanse a la vez, los que se regocijan de mis males; revestidos sean de rubor y confusión, los que se jactan sobre mí. Alborócense y alégrense, los que quieren mi justicia, y digan siempre: «Magnificado sea el Señor»; los que quieren la paz de su siervo. Y mi lengua meditará tu justicia, todo el día tu loor. (Salmo 35) Maldad del impío. Grandeza de la misericordia divina. (Para el fin; para el siervo del Señor, para David) Dijo el malvado pecar dentro de sí(a); no hay temor de Dios delante de sus ojos. Porque simuló ante la faz de él, para que(b) halle su maldad y aborrezca. Las palabras de su boca, iniquidad y dolo; no quiso entender para bien obrar. Iniquidad meditó en su lecho(c); llegóse a todo camino no bueno; y la maldad no odió. Señor, en el cielo tu misericordia, y tu verdad, hasta las nubes; y tu justicia cual montes de Dios; tus juicios cual abismo mucho, hombres y bestias salvarás(d). Señor; ¡cómo has multiplicado tu misericordia, Dios!; (35:8) y los hijos de los hombres, al abrigo de tus alas, esperarán. (35:9) Se embriagarán con la grosura de tu casa; y con el torrente de tus delicias los abrevarás. (35:10) Porque contigo fuente de vida; en tu lumbre veremos lumbre(e). (35:11) Tiende tu misericordia ante los que te conocen, y tu justicia ante los rectos de corazón. (35:12) No me(f) venga pie de soberbia; y mano de pecadores no me mueva. (35:13) Allí(g) cayeron todos los que obran la iniquidad: expelidos fueron y no pudieron, no, tenerse. (Salmo 36) No hay que envidiar la prosperidad del impío. (De David) No te enceles por los malvados; ni celes a los que obran la iniquidad; porque, tal como heno, en breve se marchitarán y tal como hierbas de verdura en breve caerán. Espera en el Señor y haz bondad, y habita la tierra, y te apacentarás en las riquezas de ella. Deléitate en el Señor, y te dará las peticiones de tu corazón. Confía al Señor tu camino, y espera en él, y él hará; y sacará fuera, como luz, tu justicia, y tu juicio como mediodía. Sométete al Señor y suplícale; no te enceles por el que prospera en su vida, por hombre que hace maldades. Reposa de ira y deja furor; no te enceles para mal hacer. Porque los que mal hacen, exterminados serán; pero los que aguardan al Señor, ellos heredarán la tierra. Y, todavía un poco, y no será, no, el pecador; y buscarás su lugar, y no lo hallarás, no. Mas los mansos heredarán la tierra, y se deleitarán en muchedumbre de paz. Acechará el pecador al justo, y rechinará sobre él de dientes; el Señor, empero, se mofará de él, porque prevé que llegará su día. Espadas desenvainaron los pecadores; tendieron su arco, (36:15) para derribar a pobre y menesteroso, para degollar a los rectos del corazón. (36:16) La espada de ellos entre en el corazón de ellos; y sus arcos quebrantados sean. (36:17) Mejor, lo poco para el justo sobre riquezas de pecadores muchas. (36:18) Porque brazos de pecadores quebrantados serán, mas afianza a los justos el Señor. (36:19) Conoce el Señor los caminos de los inmaculados, y la herencia de ellos por el siglo será; (36:20) no serán confundidos en tiempo malo; y en días de hambre se hartarán. (36:21) Porque los pecadores perecerán; y los enemigos del Señor, tan pronto como fueren glorificados y exaltados, desfalleciendo, cual si humo, desfallecieron. (36:22) Mutúa el pecador, y no paga; el justo, empero, compadécese y da. (36:23) Porque los que le bendicen, heredarán la tierra; los que le maldicen, empero, exterminados serán. (36:24) Por el Señor los pasos del hombre son dirigidos; y el camino de él querrá; (36:25) cuando cayere, no se lastimará; que el Señor sostiene la mano de él. (36:26) Joven fui —pues heme envejecido, y no he visto al justo abandonado ni a su simiente buscando pan. (36:27) Todo el día se apiada y presta, y su simiente en bendición será. (36:28) Declina del mal y haz el bien, y habita por siglo de siglo. (36:29) Porque el Señor ama juicio(a), y no abandonará a sus santos; por el siglo guardados serán. (36:30) Malvados castigados serán, y simiente de impíos exterminada. (36:31) Pero los justos heredarán la tierra, y habitarán por siglo de siglo en ella. (36:32) Boca de justo meditará sabiduría, y su lengua hablará juicio. (36:33) La ley de su Dios, en su corazón; y no serán suplantados sus pasos. (36:34) Observa el pecador al justo, y busca como matarle. (36:35) Pero el Señor no le abandonará, no, a las manos de él; y no le condenará, no, cuando se le juzgare. (36:36) Aguarda al Señor y observa su camino, y te exaltará para que heredes la tierra; cuando fueren exterminados los pecadores, verás. (36:37) He visto impío sobre exaltado y elevado como los cedros del Líbano; (36:38) y pasé, y he aquí no era, y no se halló su lugar. (36:39) Guarda(b) inocencia y mira rectitud; porque hay posteridad para el hombre pacífico. (36:40) Empero los malvados exterminados serán a una; las posteridades de los impíos exterminadas serán. (36:41) Mas la salud de los justos, del(c) Señor, y escudador de ellos es en tiempo de tribulación. (36:42) Y les ayudará el Señor, y les librará; y les sacará de los pecadores; y les salvará; que esperaron en él. (Salmo 37) Suplica David a Dios le perdone sus pecados y le ampare contra sus enemigos. (Salmo para David; en memoria para sábado) Señor, no en tu furor me increpes; ni en tu ira me corrijas. Porque tus saetas se han clavado en mí, y has afirmado sobre mí tu mano; y no hay sanidad en mi carne, a faz de tu ira; no hay paz para mis huesos, a faz de mis pecados. Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; cual si carga pesada han pesado sobre mí. Han hedido y corrompídose mis cardenales, a faz de mi insensatez; me he enmiserado y encorvado hasta el fin(a); todo el día contristado andaba yo; porque mis lomos se han llenado de ilusiones(b) y no hay sanidad en mi carne. Maltratado y humillado he sido por demás; rugía yo de gemido de mi corazón. Y delante de ti, todo mi deseo, y mi gemido no está oculto a ti. Mi corazón está conturbado; abandonádome ha mi fuerza; y la luz de mis ojos no está conmigo. Mis amigos y mis parientes enfrente de mí se han acercado y puéstose; (37:12) y los más allegados a mí, a lo lejos se han puesto; (37:13) y violentádome los que buscaban mi alma; y los que buscaban mal para mí, han hablado vanidades, y maquinaciones, todo el día, meditado. (37:14) Yo, empero, cual si sordo, no oía; y cual si mudo, que no abre su boca; (37:15) y he sido hecho, cual si un hombre que no oye y no tiene en su boca réplicas. (37:16) Porque en ti esperé, Señor; tú escucharás, Señor, Dios mío. (37:17) Porque dije: «No sea que se regocijen por mí los enemigos míos; y, al vacilar mis pies, sobre mí se jactaron. (37:18) Porque yo para flagelos, presto; y mi dolor, delante de mí siempre. (37:19) Porque mi iniquidad anunciaré; y me acuitaré por mi pecado. (37:20) Pero mis enemigos viven y se han fortalecido sobre mí; y se han multiplicado, los que me aborrecen injustamente; (37:21) los que vuelven mal por bien, me calumniaban; porque yo seguía justicia. (37:22) No me abandones, Señor; Dios mío, no te apartes de mí; (37:23) atiende a mi ayuda, Señor de mi salud. (Salmo 38) Vanidad y brevedad de la vida. (Para el fin; para Iditún; cantar para David) Dije: «Guardaré mis caminos, para no pecar en mi lengua; (38:2) he puesto a mi boca guarda al ponerse el pecador enfrente de mí. (38:3) Enmudecí y humilléme, y callé de lo bueno. (38:4) Caldeóse mi corazón dentro de mí; y en mi meditación(a) se inflamará fuego: (38:5) dije en mi lengua: Manifiéstame, Señor, mi fin; (38:6) y el número de mis días ¿cuál es? para saber qué me falta(b). (38:7) He aquí envejecidos(c) has puesto mis días, y mi ser, cual si nada ante ti; (38:8) empero, todo vanidad, todo hombre viviente(d). (38:9) A la verdad, en imagen(e) pasa el hombre; empero en vano se turbará; (38:10) atesora y no sabe para quien lo juntará. (38:11) Y ahora ¿cuál mi expectación? ¿Acaso no el Señor? Y mi ser ante ti está(f). (38:12) De todas mis iniquidades líbrame; oprobio para el insensato me has dado(g). (38:13) He enmudecido y no abierto mi boca; porque tú eres, el que me has hecho; aparta de mí tus flagelos: de la fuerza de tu mano yo he desfallecido; (38:14) en increpaciones por iniquidad, has corregido al hombre; (38:15) y derretido(h), como araña(i), su alma; a fe que en vano se conturba todo hombre(j). (38:16) Oye mi oración y mi plegaria; escucha mis lágrimas. (38:17) No enmudezcas, pues advenedizo soy yo en la tierra, y peregrino, como todos mis padres. (38:18) Déjame refrigerarme, antes de partir y ya no estaré, no(k). (Salmo 39) (Mesiánico) Acción de gracias. No ya víctimas ofrecerá al Señor, sino a sí mismo se ofrendará. (Para el fin; para David, salmo) Aguardando aguardé al Señor, y me atendió; y escuchó mi deprecación, y me sacó de lago de miseria y de entre lodo de pantano; y puso sobre piedra mis pies y enderezó mis pasos; y envió a mi boca un cantar nuevo, un himno a nuestro Dios. Verán muchos, y temerán y esperarán en el Señor. Bienaventurado el varón de quien es el nombre del Señor la esperanza de él, y no miró vanidades y frenesíes mentidos. Muchas has hecho, Señor, Dios mío, tus maravillas, y a tus pensares no hay quien se asemeje, he anunciado y hablado: «Multiplicádose han sobre número». Sacrificio y oblación no has querido; cuerpo(a), empero, aderezádome; holocausto ni por pecado has pedido. Entonces dije: «He aquí vengo(b); a la cabeza del libro(c) está escrito acerca de mí: el hacer tu voluntad, Dios mío, he querido, y tu ley en medio de mi corazón(d). He anunciado bien justicia en congregación grande; he aquí mis labios no detendré, no. Señor tú sabes mi justicia; no he ocultado en mi corazón tu verdad; y tu salud he dicho; no he ocultado tu misericordia y tu verdad ante congregación mucha. Mas tú, Señor, no alejes tus conmiseraciones, de mí; tu misericordia y tu verdad siempre me han acogido. Porque me han cercado males de que no hay número; hanme cogido mis iniquidades, y no he podido ver(e), multiplicádose han sobre los cabellos de mi cabeza; y mi corazón abandonádome. Complácete Señor, en librarme; Señor, a ayudarme atiende. Acábense de ruborizar y confúndanse a la vez, los que buscan a mi alma para quitarla; (39:15) retrocedan y confúndanse, los que me quieren mal. (39:16) Llévense al punto su vergüenza, los que dicen: «¡Bien, bien!» (39:17) Alborócense y alégrense en ti, todos los que te buscan, Señor; y digan siempre: «Engrandecido sea el Señor», los que aman tu salud siempre. (39:18) Yo, empero, un mendigo y pobre soy; el Señor cuidará de mí. (39:19) Mi ayudador y escudador tú eres, Dios mío; no tardes. (Salmo 40) (Mesiánico) Cristo quéjase de sus enemigos y de Judas. (Para el fin; salmo para David) Bienaventurado el que cuida del mendigo y pobre: en día malo le librará el Señor. El Señor le conserve y felicítele en la tierra, y no le entregue en manos de su enemigo. El Señor le ayudará sobre el lecho de su dolor: todo su estrado has vuelto(a) en su enfermedad. Yo dije: «Señor, apiádate de mí; sana a mi alma, que he pecado contra ti». Mis enemigos hablaron mal de mí: «¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?» Y si entraba(b) para ver(c), gratuitamente hablaba(d), su corazón juntó iniquidad para sí. Salía fuera y hablaba en lo mismo, contra mí. (40:8) Susurraban todos mis enemigos contra mí; excogitaban males para mí, (40:9) palabra malvada dispusieron contra mí: «¿Acaso el que duerme no pasará a levantar?»(e). (40:10) Pues también el hombre de mi paz, en el cual esperé; el que comía mi pan, engrandeció sobre mí suplantación. (40:11) Tú, empero, Señor, apiádate de mí, y resucítame y les retribuiré. (40:12) En esto conocí que me has querido: que no se ha de alegrar mi enemigo sobre mí. (40:13) Pero a mí, por la inocencia, acogiste y afianzaste delante de ti por siglo. (40:14) ¡Bendito Señor, el Dios de Israel, desde el siglo y por el siglo. Sea, sea! (Salmo 41) Deseo y esperanza de rever el templo. (Para el fin; para inteligencia, para los hijos de Coré) Del modo que ansía el ciervo por las fuentes de las aguas, tal ansía mi alma por ti, Dios. Sed ha tenido mi alma de Dios, el viviente; ¿cuándo llegaré y apareceré ante el rostro de Dios? Han sido mis lágrimas pan día y noche, al decírseme cada día: «¿dónde está tu Dios?». Esto he recordado y derramado en mí el alma mía; pues pasaré al lugar del tabernáculo maravilloso, hasta la casa de Dios; (41:5) en voz de alborozo y confesión, de resonancia de festeantes. (41:6) ¿Por qué triste en torno estás mi alma? y ¿Por qué me conturbas? (41:7) Espera en Dios que le he de confesar; salud de mi rostro mi Dios. (41:8) En mí mismo se ha conturbado mi alma; por esto me acordaré de ti, de —tierra del Jordán y Hermoniim; desde monte pequeño(a). (41:9) Abismo(b) a abismo llama a la voz de tus cataratas; (41:10) todos tus alzamientos y tus olas sobre mí han pasado. (41:11) De día(c) mandará el Señor su misericordia, y de noche manifestará(d): (41:12) ante mí, oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Acogedor mío eres; (41:13) ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué contristado ando al atribularme mi enemigo? (41:14) Al quebrantar mis huesos, oprobiáronme los que me atribulan; (41:15) al decirme cada día: «¿Dónde está tu Dios?», ¿Por qué triste en torno estás, alma, y por qué me conturbas? (41:16) Espera en Dios, porque le confesaré: «Salud de mi rostro, Dios mío». (Salmo 42) Otros gemidos de los judíos cautivos en Babilonia Senténciame, Dios, y juzga mi juicio de ante gente no santa; de hombre inicuo y doloso líbrame. Porque tú eres, Dios, mi fortaleza; ¿por qué me has desechado? ¿Y por qué contristado ando, al atribularme mi enemigo? Envía tu luz y tu verdad: ellas me guiaron y condujeron a tu monte santo y a tus tabernáculos. Y entraré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud(a); te confesaré, Señor, Dios mío, en cítara ¿Por qué triste en torno estás, alma? ¿Y por qué me conturbas? Espera en Dios; porque le confesaré: «Salud de mi rostro, Dios mío». (Salmo 43) Protección y castigo de Dios a su pueblo. (Para el fin; para hijos de Coré, para inteligencia) Dios, en nuestras orejas hemos oído; nuestros padres nos han anunciado, (43:2) obra que obraste en los días de ellos, en días antiguos: (43:3) Tu mano gentes exterminó; y les plantaste; maltrataste pueblos y expulsástelos. (43:4) Pues no en su espada heredaron tierra; y su brazo no los salvó; (43:5) sino la diestra tuya, y el brazo tuyo, y la iluminación del rostro tuyo; pues te complaciste en ellos. (43:6) Tú mismo eres mi rey y mi Dios; el que ordenas las saludes de Jacob. (43:7) En ti a nuestros enemigos cornearemos(a); y en tu nombre anonadaremos a los que se levantan contra nosotros. (43:8) Pues no en mi arco esperaré; y mi espada no me salvará. (43:9) Porque nos has salvado de los que nos atribulaban; y a los que nos odiaban, has confundido. (43:10) En Dios loados seremos todo el día; y en tu nombre confesaremos por el siglo(b). (43:11) Ahora, empero, nos has desechado y acabado de ruborizar; y no saldrás en nuestros ejércitos. (43:12) Nos has vuelto atrás ante nuestros enemigos; y los que nos odiaban, despojaban(c) para sí. (43:13) Nos has dado como ovejas de comer; y entre las gentes dispersádonos, (43:14) vendido tu pueblo, sin precio(d); y no hubo muchedumbre en la grita de ellos(e). (43:15) Nos has puesto por oprobio a nuestros vecinos, por escarnio y mofa a los en contorno de nosotros. (43:16) Nos has puesto para parábola en las gentes; movimiento de cabeza en los pueblos. (43:17) Todo el día mi confusión delante de mí está, y el rubor de mi semblante me ha cubierto, (43:18) a la voz del que me oprobiaba y denigraba; a la faz del enemigo y perseguidor. (43:19) Todo esto ha venido sobre nosotros; y no nos hemos olvidado de ti, y no hemos prevaricado en tu testamento; (43:20) y no se ha vuelto atrás nuestro corazón; y has desviado nuestras sendas, de tu camino. (43:21) Porque nos has humillado en un lugar de maltrato; y nos ha cubierto sombra de muerte. (43:22) Si hemos olvidado el nombre de nuestro Dios, y si tendido nuestras manos a dios ajeno, (43:23) ¿acaso Dios no indagará esto? pues él conoce lo oculto del corazón. (43:24) Porque por ti se nos mata todo el día; repútasenos ovejas de matanza. (43:25) Levántate —¿por qué duermes, Señor?— levántate y no nos deseches hasta el fin. (43:26) ¿Por qué tu rostro apartas? ¿olvidas nuestra mendiguez y nuestra tribulación? (43:27) Porque humillada está hasta el polvo nuestra alma; pegado a la tierra nuestro vientre. (43:28) Levántate, Señor, ayúdanos y redímenos, por tu nombre. (Salmo 44) Epitalamio del Mesías triunfador y de la Sinagoga convertida a él. (Para el fin; para los que se mudan; a los hijos de Coré, para inteligencia; cantar sobre el amado) Ha lanzado fuera mi corazón palabra buena, digo yo mis obras(a) al rey; (44:2) mi lengua, pluma de escritor escribiendo veloz(b). (44:3) Florido de belleza sobre los hijos de los hombres; derramada está la gracia en tus labios; por eso te ha bendecido Dios por el siglo. (44:4) Cíñete tu espada sobre tu muslo. Poderoso, (44:5) en tu floridez y tu belleza, y asesta(c), y bien encamínate y reina (44:6) por verdad y mansedumbre y justicia; y te guiará maravillosamente tu diestra. (44:7) Tus saetas, agudas, Poderoso (pueblos bajo de ti caerán) en(d) el corazón de los enemigos del rey. (44:8) Tu trono, Dios por siglo de siglo, cetro de rectitud, el cetro de tu reino. (44:9) Has amado justicia, y aborrecido iniquidad; por esto te ha ungido Dios, tu Dios, con óleo de júbilo sobre tus compañeros(e). (44:10) Mirra y estacte y casia, desde tus vestiduras, desde alcázares marfileños, de los cuales te deleitaron hijas de reyes, en honra tuya; (44:11) asistió la reina, a tu diestra, en vestido entretejido de oro envuelta, ornada(f). (44:12) Oye, hija, y ve, e inclina tu oreja; y olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre; (44:13) Porque ha deseado el rey tu hermosura, porque él es tu señor; y adoráranle (44:14) hijas de Tiro(g) en dones; tu rostro implorarán los ricos del pueblo de la tierra. (44:15) Toda la gloria de ella, de hija de rey, por dentro(h), en fimbrias áureas envuelta, ornada. (44:16) Serán llevadas al rey vírgenes, tras de ella; las cercanas a ella serán llevadas en alegría y alborozo. (44:17) llevadas al templo del rey. (44:18) En vez de tus padres te han nacido hijos; los constituirás príncipes sobre toda la tierra. (44:19) Acordaránse de tu nombre en toda generación y generación; por esto pueblos te confesarán por el siglo y por el siglo del siglo. (Salmo 45) La paz mesiánica. (Para el fin; para los hijos de Coré, para los arcanos, salmo) Dios nuestro, refugio y fuerza, ayudador en tribulaciones, las que nos han hallado sobremanera. Por esto no temeremos al conturbarse la tierra y traspor-tarse montes a los corazones de la mar. Tronaron y conturbáronse las aguas de ellos(a); conturbáronse los montes en la fuerza de él(b). Del río(c) los embates regocijan a la ciudad de Dios; santificó su tabernáculo el Altísimo. Dios en medio de ella: no será movida; ayudárala Dios con el rostro(d). Conturbáronse gentes; inclináronse reinos; dio su voz: movióse la tierra. Señor de los ejércitos, con nosotros; acogedor nuestro el Dios de Jacob(e). Venid, ved las obras del Señor, los que ha puesto prodigios sobre la tierra: quitando de por medio guerras hasta los fines de la tierra; (45:10) arco destrozará, y quebrantará armas, y broqueles quemará en fuego. (45:11) Considerad y conoced que yo soy Dios; enalteceréme en las gentes; enalteceréme en la tierra. (45:12) Señor de los ejércitos con nosotros, acogedor de nosotros el Dios de Jacob. (Salmo 46) Convida el profeta a todos los gentiles a loar a Dios. (Para el fin; para los hijos de Coré, salmo) Todas las gentes, batid palmas; clamoread a Dios en voz de júbilo. Porque el Señor, Altísimo, terrible, rey grande sobre toda la tierra. Ha sometido pueblos a nosotros; y gentes debajo de nuestros pies. Ha elegido para nosotros su heredad: la hermosura de Jacob la cual amó.(a) Ha ascendido Dios en júbilo; Señor en voz de trompeta. Cantad a nuestro Dios, cantad; cantad a nuestro rey, cantad; pues rey de toda la tierra, Dios; cantad entendidamente(b). Reinará Dios sobre las gentes; Dios sentado está en su trono santo. Príncipes de pueblos se han congregado con el Dios de Abrahán; porque de Dios los fuertes(c) de la tierra sobremanera han sido exaltados. (Salmo 47) Grandeza y triunfo de Dios en su santuario. (Salmo de cantar, para los hijos de Coré, en el segundo de sábado). Grande es el Señor y loable sobremanera, en ciudad de nuestro Dios, su monte santo, bien radicado júbilo de toda la tierra: montes de Sión, los costados del septentrión(a), la ciudad del rey, el grande. Dios en los alcázares de ella es conocido, cuando la acogiere. Pues, he aquí los reyes de la tierra se han congregado, convenido en uno; ellos, viendo así maravilláronse, conturbáronse, conmoviéronse: temblor cogióles: allí dolores cual de parturienta: (47:6) en ráfaga violenta quebrantarás navíos de Tarsis(b). (47:7) Así como hemos oído, así hemos visto en la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; Dios fundóla por el siglo(c). (47:8) Hemos recibido, Dios, tu misericordia en medio de tu pueblo(d). (47:9) Según tu nombre, Dios, así también tu loor hasta los confines de la tierra; de justicia, llena tu diestra. (47:10) Alégrese el monte de Sión, alborócense las hijas(e) de la Judea, por tus juicios, Señor. (47:11) Cercad a Sión y abrazadla, narrad en sus torres. (47:12) Poned vuestros corazones en la fuerza de ella, y atravesad los alcázares de ella, para que contéis a generación otra. (47:13) Porque este es nuestro Dios por el siglo y por el siglo del siglo; él nos pastoreará por los siglos. (Salmo 48) Vanidad de las riquezas y de la vida humana. Degradación del impío. (Para el fin; para los hijos de Coré, salmo) Oíd esto todas las gentes; escuchad todos los que habitan el orbe; y los terrígenas(a) y los hijos de los hombres(b); a una, rico y pobre. Mi boca hablará sabiduría, y la meditación de mi corazón entendimiento. Inclinaré a parábola mi oreja(c); abriré en salterio mi enigma(d). ¿Por qué he de temer un día malo? la iniquidad de mi calcañar(e) me cercará: los confiados en su poder, y los de la muchedumbre de sus riquezas jactanciosos. Hermano no redime(f); ¿redimirá un hombre? No dará a Dios su propiciación; y el precio del rescate de su alma; y ha(g) trabajado por el siglo, y vivirá hasta el fin; porque no verá perdición(h), cuando viere a sabios morir, juntamente el necio y el insensato perece. Y dejarán(i) a otros sus riquezas; y sus sepulcros, sus casas por el siglo; sus tabernáculos(j), por generación y generación, y se han llamado sus nombres en sus tierras. Y el hombre, en honor estando; no entendió; asemejóse a las bestias, las irracionales, e igualóse con ellas. Este camino de ellos, tropiezo para ellos; y después de esto, en su boca bendecirán(k). Cual oveja(l) en el infierno son puestos; muerte pasteorearálos; (48:15) los señorearán los rectos, al alba(m); y el amparo(n) de ellos se envejecerá(o) en el infierno, tras de su gloria. (48:16) Empero Dios redimirá a mi alma de mano del infierno; cuando él(p) me acogiere(q). (48:17) No temas, cuando enriqueciere un hombre y cuando se multiplicare la gloria de su casa; (48:18) porque, muriendo él, no se llevará todo; ni descenderá junto con él su gloria. (48:19) Porque su alma en su vida bendecida será; y te ensalzará(r) cuando bien le hicieres. (48:20) Entrará hasta las generaciones de sus padres; hasta siglo no verá luz. (48:21) El hombre, en honor estando, no entendió; asemejóse a las bestias, las irracionales, e igualóse con ellas. (Salmo 49) Juicio glorioso de Dios. No bastan los sacrificios materiales. (Salmo para Asaf) Dios de dioses, Señor, habló y llamó a la tierra, desde el oriente del sol y hasta el ocaso: desde Sión, la magnificencia de su hermosura. Dios manifiestamente vendrá; nuestro Dios, y no callará. (49:4) Fuego ante él se inflamará; y en torno de él, tormenta sobremodo. (49:5) Llamará al cielo arriba y a la tierra, a juzgar su pueblo. (49:6) Reunidle sus santos, los que disponen su testamento acerca de sacrificios. (49:7) Y anunciarán los cielos su justicia; que Dios juez es(a). (49:8) Oye, pueblo mío, y te hablaré; Israel, y te atestiguaré: Dios, tu Dios soy yo. (49:9) No en tus sacrificios te reconvendré —aunque tus sacrificios delante de mí están siempre— (49:10) No aceptaré de tu casa becerros, ni de tus rebaños cabrones. (49:11) Porque mías son todas las fieras de la selva, jumentos en los montes y vacas; (49:12) conozco todos los volátiles del cielo; y hermosura de campo conmigo está. (49:13) Si yo hambreare, no te diré, no; que mío es el orbe y su plenitud. (49:14) ¿Acaso comeré carnes de toros? ¿o sangre de cabrones beberé? (49:15) Sacrifica a Dios sacrificio de loor; y paga al Altísimo tus votos; (49:16) e invócame en día de tribulación, y te libraré, y me glorificarás(b). (49:17) Al pecador, empero, dijo Dios: ¿Por qué tú narras mis justicias, y tomas mi testamento en tu boca? (49:18) Pero tú has aborrecido enseñanza, y arrojado mis palabras hacia atrás. (49:19) Si veías ladrón, corrías a par de él; y con adúlteros tu parte(c) ponías. (49:20) Tu boca abundó en maldad; y tu lengua entretejía dolos. (49:21) Sentado(d) contra tu hermano hablabas; y contra el hijo de tu madre ponías tropiezo. Esto hiciste y callé. (49:22) Supusiste iniquidad: que seré a ti semejante; te reconvendré y pondré ante tu faz(e). (49:23) Entended ya esto, los que olvidáis a Dios, no sea que arrebate y no haya quien liberte. (49:24) Sacrificio de alabanza me glorificará; y allí, camino por el que le(f) manifestaré la salud de Dios. (Salmo 50) El corazón contrito vale más que víctimas. (Para el fin; salmo para David; al venir a él Natán, el profeta; cuando entró a Betsabé) Apiádate de mí, Dios, según tu gran piedad, y según la muchedumbre de tus conmiseraciones, borra mi iniquidad; acábame de lavar de mi injusticia; y de mi pecado purifícame. Porque mi injusticia yo conozco, y mi pecado delante de mí está siempre. (50:5) A ti solo he pecado, y lo malo delante de ti he hecho; para que se te justifique en tus palabras(a), y venzas, cuando se te juzgue. (50:6) Pues, he aquí en iniquidades concebido fui, y en pecados apetecióme mi madre. (50:7) Pues he aquí verdad amaste; lo desconocido y lo oculto de tu sabiduría manifestásteme. (50:8) Me rociarás con hisopo, y seré purificado; me lavarás y sobre nieve blanquearé. (50:9) Me enseñarás alborozo y alegría; alborozáranse huesos humillados. (50:10) Aparta tu faz de mis pecados; y todas mis iniquidades borra. (50:11) Un corazón puro crea en mí, Dios, y espíritu recto renueva en mis entrañas. (50:12) No me arrojes de tu faz; y el espíritu el santo tuyo no quites de mí. (50:13) Devuélveme el alborozo de tu salud; y con espíritu príncipe afiánzame. (50:14) Enseñaré a inicuos tus sendas; e impíos convertiránse a ti. (50:15) Líbrame de sangres, Dios, Dios de mi salud: alborozaráse mi lengua con tu justicia. (50:16) Señor, mis labios abrirás, y mi boca anunciará tu loor. (50:17) Porque, si hubieras querido sacrificio, yo te diera; en holocaustos no te complacerás. (50:18) Sacrificio a Dios un espíritu contrito; corazón contrito y humillado, Dios no despreciará. (50:19) Haz bien, Señor, en tu beneplácito; a Sión, y edifíquense los muros de Jerusalén. (50:20) Entonces te complacerás en sacrificio de justicia, oblación y holocaustos; entonces ofrecerán sobre tu altar becerros(b). (Salmo 51) Contra los inicuos. (Para el fin, de inteligencia para David; al venir Doeg, el idumeo, y anunciar a Saúl y decirle: «Ha venido David a casa de Abimelec») ¿Qué te glorías en malicia, el potente, de iniquidad? Todo el día injusticia pensó tu lengua; como navaja afilada, has hecho engaño. Has amado maldad sobre bondad; iniquidad más que hablar justicia(a). Has amado todas las palabras de hundimiento: lengua dolosa. Por esto Dios te destruirá hasta el fin; te arrancará y trasportará de tu tienda, y tu raíz de tierra de vivientes(b). Y verán los justos y temerán; y sobre él reirán y dirán: «He aquí un hombre que no puso a Dios por su ayudador, sino que esperó en la muchedumbre de sus riquezas; y prevaleció en su vanidad». Yo, empero, como oliva fructífera en la casa de Dios; he esperado en la misericordia de Dios, por el siglo y por el siglo del siglo. Te confesaré por el siglo, porque has hecho(c); y aguardaré a tu nombre, porque bueno(d) delante de tus santos. (Salmo 52) Maldad del impío y sus terrores. Fin del cautiverio. (Para el fin, sobre Mahelet; de inteligencia, para David) Dijo el insensato en su corazón: «No hay Dios». Se han corrompido, y asquean de iniquidades. No hay quien haga bien. Dios, desde el cielo, se asomó sobre los hijos de los hombres, para ver si hay quien entienda o busque a Dios. Todos se han desviado; a la vez inutilizádose; no hay quien haga bien; no hay uno siquiera. ¿Acaso no conocerán(a) todos los que obran la iniquidad, los que devoran a mi pueblo con(b) comida de pan? A Dios no han invocado. Allí temerán temor, donde no hay temor; porque Dios ha disipado los huesos de complacedores de hombres; confundidos han sido, porque Dios los ha despreciado. ¿Quién dará, desde Sión, la salud de Israel? Cuando convirtiere el Señor la cautividad de su pueblo, alborozaráse Jacob, y se alegrará Israel. (Salmo 53) Confianza en el amparo divino contra los enemigos. (Para el fin, en himnos; de inteligencia para David, al venir los zifeos y decir a Saúl: «¿No está, he aquí David escondido entre nosotros?») Dios en tu nombre, sálvame; y en tu poder; júzgame. Dios, oye mi oración, escucha las palabras de mi boca. Porque extraños levantáronse contra mí; y poderosos buscaron mi alma, no pusieron a Dios delante de sí(a). Pues, he aquí, Dios me ayuda; y el Señor, acogedor de mi alma; apartará el mal para mis enemigos; en tu verdad, extermínalos. De mío te sacrificaré; confesaré tu nombre, porque bueno(b); porque de toda tribulación me has librado; y en mis enemigos ha mirado por encima el ojo mío. (Salmo 54) Oración en grandes tribulaciones. Quejas por falsos amigos y Absalón. (Para el fin, en himnos; de inteligencia para David) Escucha, Dios, mi oración, y no te desentiendas de mi plegaria, atiéndeme y óyeme. Heme contristado en mi reflexión y conturbado a voz de enemigo, y ante tribulación de pecador. Porque desviaron contra mí iniquidad; y, en ira enrabiábanse contra mí. Mi corazón conturbóse dentro de mí; y temor de muerte cayó sobre mí. Miedo y temblor vino sobre mí; y cubriéronme tinieblas. Y dije: «¿Quién me dará alas como de paloma; y volaré y descansaré?» He aquí me he alejado huyendo, y permanecido en la soledad(a). Yo aguardaba al que me salvara de pusilanimidad y tormenta. Hunde, Señor, y divide sus lenguas, pues he visto iniquidad y contradicción en la ciudad. Día y noche la cercará(b) sobre sus muros; iniquidad y trabajo(c) en medio de ella e injusticia; y no desfalleció de sus calles usura y dolo. Porque, si un enemigo me ultrajara, hubiera yo sufrido; (54:13) y si el que me odiaba, sobre mí se jactara, me escondiera yo de él. (54:14) Tú, empero, hombre unánime, guía mío y familiar mío; (54:15) el que juntamente endulzabas(d) viandas; en la casa de Dios anduvimos en concordia. (54:16) Venga muerte sobre ellos, y bajen al infierno vivientes(e). (54:17) Porque maldades; en sus viviendas, en medio de ellos. (54:18) Yo a Dios clamé, y el Señor me escuchó. (54:19) Tarde y mañana y al mediodía(f) narraré(g); anunciaré y escuchará mi voz. (54:20) Redimirá en paz a mi alma de los que se allegan a mí; porque entre muchos estaban conmigo(h). (54:21) Escuchará Dios, y los humillará, el que es antes que los siglos(i). (54:22) Pues no hay para ellos mudanza, y no temieron a Dios. Extendió su mano para retribuir: (54:23) contaminaron su testamento; disipados fueron por la ira de su faz y llegó el corazón de él(j); (54:24) alisáronse sus palabras(k) sobre aceite; y ellas son dardos. (54:25) Arroja sobre el Señor tu afán, y él te nutrirá; no dará, por el siglo, fluctuación al justo. (54:26) Tú, empero, Dios, los bajarás al pozo de la perdición; varones de sangres y falacia no promediarán, no, sus días; pero yo esperaré en ti, Señor. (Salmo 55) Afligida el alma por sus enemigos, espera en Dios; quien la escucha. (Para el fin; por el pueblo el que del Santo estaba alejado; para David en inscripción de columna; cuando se apoderaron de él los filisteos en Get) Apiádate de mí, Dios, porque me ha conculcado el hombre; todo el día, guerreando, atribuládome; conculcádome los enemigos todo el día, desde lo alto(a) del día; porque muchos, los que guerrean contra mí; no temeré; y yo en ti esperaré. En Dios loaré mis palabras(b) todo el día; en Dios he esperado; no temeré lo que me hiciere carne(c). Todo el día mis palabras abominaban; contra mí todos los pensares de ellos en mal. Asediarán y ocultaránse; ellos mi calcañar acecharán(d); ¡cómo han aguardado a mi alma! de ningún modo les salvarás; en ira pueblos quebrantarás. Dios, mi vida te he manifestado; has puesto mis lágrimas delante de ti; cual también en tu promesa(e). Volveránse mis enemigos hacia atrás, en el día que yo te invocare; he aquí he conocido que mi Dios eres tú. En Dios loaré la palabra; en Dios loaré el dicho(f). En Dios he esperado, no temeré lo que me hiciere el hombre. En mi(g), Dios, los votos que pagaré de loor a ti; porque has librado mi alma de la muerte, y mis pies, de caída, para que yo plazca, delante de Dios, en luz de vivientes. (Salmo 56) Tribulación: Auxilio y gloria de Dios. (Para el fin: «No destruyas»; para David, en inscripción de columna, cuando huyó, de faz de Saúl, a la caverna) Apiádate de mí, Dios; pues en ti ha confiado mi alma; (56:2) y, a la sombra de tus alas; aguardaré, mientras pasare la iniquidad. (56:3) Clamaré a Dios, el Altísimo; a Dios que me ha hecho bien(a). (56:4) Envió desde el cielo, y salvóme; dio a oprobio los que me conculcaban; (56:5) envió Dios su misericordia y su verdad, y libró a mi alma de en medio de leoncillos: dormí conturbado; (56:6) hijos de hombres —los dientes de ellos, armas y flechas; y su lengua, cuchilla aguda. (56:7) Exáltate sobre los cielos, Dios, y sobre toda la tierra, tu gloria. (56:8) Lazos armaron a mis plantas; y encorvaron a mi alma; (56:9) cavaron ante mi faz hoyo; y cayeron en él(b). (56:10) Dispuesto mi corazón, Dios; dispuesto mi corazón: cantaré y tañeré. (56:11) Levántate, mi gloria; levántate, salterio y cítara; levantaréme al alba. (56:12) Te confesaré en pueblos Señor; te tañeré en gentes; (56:13) porque se ha engrandecido hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad. (56:14) Exáltate sobre los cielos, Dios, y sobre toda la tierra tu gloria. (Salmo 57) Perecen los malos y triunfa la providencia de Dios. (Para el fin: «No pierdas»; para inscripción de columna) ¿Si verdaderamente ya justicia habláis? ¿lo recto juzgáis, hijos de los hombres? puesto que en el corazón iniquidades obráis en la tierra; injusticia vuestras manos entretejen. Extrañádose han los pecadores desde la matriz; extraviádose desde el vientre; hablado mentiras. Furor tienen, a semejanza de la serpiente, cual de áspid sordo y cerrando sus orejas; el que no escuchará voz de los que encantan y del medicamento medicado por sabio. Dios ha quebrantado sus dientes en su boca; las muelas de los leones ha destrozado el Señor. Anonadaránse como agua corriente, tenderá su arco hasta que flaqueen. Como cera, la derretida, serán quitados: descargóse fuego, y no vieron el sol. Antes de que conocieran vuestras espinas la zarza(a) como a vivientes, como en ira os devorará. Alegraráse el justo, cuando viere la vindicta de los impíos. Lavará(b) sus manos en la sangre del pecador. Y dirá el hombre: «¿Si ya hay fruto para el justo? Ya hay Dios que los juzga en la tierra?». (Salmo 58) Plegaria para pedir auxilio. (Para el fin: «No pierdas»; para David, en inscripción de columna; cuando envió Saúl y guardó su casa, para matarle) Líbrame de mis enemigos, Dios; y de los que se levantan contra mí, redímeme. Quítame de entre los que obran la iniquidad; y de varones de sangres sálvame. Porque he aquí han cazado a mi alma; precipitáronse sobre mí fuertes, ni iniquidad mía(a), ni pecado mío, Señor; sin iniquidad he corrido y enderezado(b); levántate a encuentro mío, y ve, y tú, Señor, el Dios de los ejércitos, el Dios de Israel, (58:6) atiende a visitar(c) todas las gentes; no te lastimes de todos los obradores de la iniquidad(d). (58:7) Volveránse a la tarde(e), y hambrearán como perro y vagarán por la ciudad. (58:8) He aquí hablan en su boca, y espada en sus labios: «¿Pues quién ha oído?»(f). (58:9) Y tú, Señor, los reirás, anonadarás todas las gentes. (58:10) Mi fuerza en ti guardaré; pues Dios acogedor mío eres. (58:11) Dios mío— su misericordia se adelantará a mí; mi Dios me(g) manifestará en mis enemigos. (58:12) No les mates, no sea que olviden(h) tu ley; dispérsalos en tu poder y derríbalos, mi escudador, Dios. (58:13) Pecado de su boca(i), la palabra de sus labios— y prendidos sean en su soberbia; (58:14) y por la maldición y la mentira se les anunciarán consumaciones(j) en ira de consumación; y no serán, no. (58:15) Y conocerán que el Dios de Jacob domina los confines de la tierra(k). (58:16) Volveránse a la tarde; y hambrearán como perro; y vagarán por la ciudad. (58:17) Ellos dispersáranse para comer; y si(l) se hartaren, aún murmurarán. (58:18) Yo empero, cantaré, a tu fortaleza; y alborozáreme, al alba, por tu misericordia; (58:19) porque te has hecho mi acogedor y refugio en día de tribulación. (58:20) Ayudador mío; a ti tañeré, Dios mío; pues acogedor mío eres, Dios mío, misericordia mía. (Salmo 59) Suplica a Dios le proteja para conquistar países enemigos. (Para el fin; para los que se mudarán; aun para inscripción de columna, para David, para enseñanza; cuando incendió a Mesopotamia de Siria y a Siria Sobal; y volvió Joab, y percutió el valle de las sales: doce millares) Dios, nos rechazaste y nos arrasaste; airástete y lastimástete de nosotros. Estremeciste la tierra y conturbástela; sana los quebrantos de ella, pues sacudida está; has manifestado a tu pueblo cosas duras, abrevádonos con vino de aflicción; has dado a los que temen señal para huir de faz del arco(a). Para que se libren tus amados, salva con tu diestra, y escúchame. Dios habló en su santo: «Alborozaréme y repartiré a Siquima y el «valle de las tiendas» mediré. Mío es Galaad, y mío es Manasés, y Efraín, fuerza de mi cabeza; Judá, mi rey; Moab, la marmita de mi esperanza; (59:9) a Idumea extenderé mi calzado(b); alienígenas se me sometieron. (59:10) ¿Quién me llevará a la ciudad de fortificación?», ¿Quién me encaminará hasta Idumea? (59:11) ¿No tú, Dios, que nos has rechazado, y no saldrás en nuestros ejércitos? (59:12) Danos ayuda en la tribulación; pues vana salud de hombre. (59:13) En Dios haremos poderío; y él anonadará a los que nos atribulan. (Salmo 60) Oración del rey (Mesiánico). (Para el fin; en himnos; para David) Escucha, Dios, mi súplica; atiende a mi oración. Desde los confines de la tierra(a) a ti he clamado, al abatirse mi corazón. Sobre piedra alzásteme; encaminásteme, pues te hiciste esperanza mía, torre de fortaleza ante la faz del enemigo. Habitaré en tu tabernáculo por los siglos, ampararéme al amparo de tus alas(b). Porque tú, Dios, has escuchado mis ruegos, dado heredad a los que temen tu nombre. Días sobre días del rey añadirás; sus años(c) hasta día de generación y generación. Permanecerá por el siglo a faz de Dios: su misericordia y verdad ¿quién requerirá? Así tañeré a su nombre por el siglo del siglo, para pagar mis votos de día en día. (Salmo 61) Confianza en Dios contra los enemigos. (Para el fin; para Iditún; salmo para David) ¿No a Dios se someterá mi alma? pues de él mi salud. Pues también él, mi Dios y mi salvador, mi acogedor: no se me moverá, no, más. ¿Hasta cuándo os lanzáis sobre un hombre? (matáis todos) cual a pared inclinada y cerca impelida. Empero mi honor(a) han querido repeler. He corrido en sed(b); con su boca bendecían, y con su corazón maldecían(c). Empero a Dios sométete, alma mía; porque, de él, mi paciencia. Porque él, mi Dios y mi salvador, acogedor mío; no emigraré, no. En Dios, la salud y la gloria mía; el Dios de mi ayuda; y mi esperanza, en mi Dios. Esperad en él, toda congregación de pueblo; derramad a faz de él vuestros corazones; Dios nuestro ayudador(d). Empero, vanos los hijos de los hombres; mendaces los hijos de los hombres en balanzas para dañar; ellos de(e) vanidad en uno. No esperéis en injusticia; y rapiñas no anheléis; riquezas, si afluyeren, no pongáis en ellas el corazón. Una vez ha hablado Dios; estas dos cosas he oído: que el poder de Dios; (61:11) y de ti Señor, la misericordia; pues tú pagarás a cada uno según sus obras. (Salmo 62) Deseo del santuario y de Dios. (Salmo para David, cuando estaba en el desierto de Idumea) Dios, Dios mío, a ti madrugo: sed ha tenido de ti mi alma; ¡cuántas veces de ti mi carne! En tierra desierta, e intransitable e inacuosa, así(a) en el santo, me he aparecido a ti, para ver tu poderío y tu gloria. Pues, mejor tu misericordia sobre vidas: mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre elevaré mis manos. Como de médula y grosura(b) llénese mi alma; y labios de alborozo loarán tu nombre. Si(c) de ti me he acordado sobre mi lecho, de mañana(d) meditaba en ti; pues te hiciste mi ayudador; y al amparo de tus alas me alborozaré; adhirió mi alma en pos de ti; acogióme tu diestra. Y ellos en vano han buscado mi alma; entrarán en lo más profundo de la tierra(e); (62:9) entregados serán en manos de espada; presas de chacales serán. (62:10) Pero el rey(f) se alegrará en Dios; será loado todo el que jura en él(g); pues obstruida está la boca de los que hablan lo injusto. (Salmo 63) Petición de auxilio y amparo. (Para el fin; salmo para David) Escucha, Dios, mi deprecación, cuando oro a ti; de temor de enemigo saca a mi alma. Me has amparado contra junta de malvados, contra muchedumbre de obradores de iniquidad; los que han aguzado, cual espada, sus lenguas; tendido arco: (cosa amarga); asaetear en escondites al inmaculado, de súbito le asaetearán, y no temerán. Acordaron para sí una palabra mala; determinaron ocultar lazos; dijeron: «¿Quién los ha de ver?». Escudriñaron iniquidad; desfallecieron los escudriñadores con escudriñamiento; allegaráse un hombre y un corazón profundo, y se exaltará Dios. Dardo(a) de pequeñuelos hiciéronse las heridas de ellos; y se anonadaron contra ellos sus lenguas. Conturbáronse todos los que les veían; y temió todo hombre. (63:10) Y anunciaron las obras de Dios y las hechuras suyas entendieron. (63:11) Se alegrará el justo en el Señor; y esperará en él; y loados serán todos los rectos de corazón. (Salmo 64) Loable es Dios. (Para el fin; salmo para David; un cantar) A ti se te debe himno, Dios, en Sión; y a ti se te pagará voto. Escucha mi oración: a ti(a) vendrá toda carne. Palabras de inicuos han prevalecido sobre nosotros; y con nuestras impiedades te propiciarás. Bienaventurado el que has elegido y acogido: habitará en tus atrios. Nos llenaremos en los bienes de tu casa; santo, tu templo; maravilloso en justicia. Escúchanos, Dios, salvador nuestro, la esperanza de todos los confines de la tierra, y en la mar en lontananza; el que dispones montes en tu fuerza; ceñido en potencia; el que conturbas el agua del mar; resonancias de sus olas. Se turbarán las gentes; y temerán los que habitan los confines, ante tus señales(b): los despuntes de la mañana y de la tarde regocijarás. Visitaste la tierra y embriagástela(c); llenaste(d) para enriquecerla: (64:10) el río de Dios(e) llenóse de aguas; aderezaste el sustento de ellos(f); pues así es tu aderezamiento. (64:11) Los surcos de ella embriaga tú; multiplica los gérmenes de ella; en las gotas de ella se alegrará germinando. (64:12) Bendecirás la corona(g) del año de tu bondad, y tus campiñas se llenarán de grosura; (64:13) engrosarán los montes(h) del desierto; y de alborozo las colinas se ceñirán. (64:14) Revestidas se han los carneros de las ovejas; y las hondonadas se llenarán de trigo: clamarán(i), pues que himnodiarán. (Salmo 65) Invitación a alabar a Dios por el fin del cautiverio. (Para el fin, cantar de salmo de resurrección) Jubilad a Dios, toda la tierra, (65:1) tañed a su nombre; dad gloria a su loor; (65:2) decid a Dios: «Cuán temerosas, tus obras; en la muchedumbre de tu poder te mentirán(a) tus enemigos. (65:3) Toda la tierra adórente y táñante; tañan a tu nombre(b)». (65:4) Venid, hijos, y ved las obras de Dios; temeroso en juicios sobre los hijos de los hombres; (65:5) El que convierte el mar(c) en árida; por río(d) pasarán a pie: allí nos alegraremos en él; (65:6) el que señorea en su potencia al siglo; sus ojos sobre las gentes miran los que exasperan; no se exalten en sí(e). (65:7) Bendecid, gentes, a nuestro Dios, y resonad la voz de su loor; (65:8) del que ha puesto mi alma a vida, y no dado a vacilación mis pies. (65:9) Porque nos has probado, Dios, y acrisoládonos, cual es acrisolada la plata. (65:10) Llevástenos al lazo; pusiste tribulaciones sobre nuestra espalda; subiste hombres sobre nuestras cabezas; (65:11) hemos pasado por fuego y agua, y nos has sacado a refrigerio. (65:12) Entraré a tu casa en holocaustos; pagaré mis votos que eligieron mis labios, (65:13) y habló mi boca en mi tribulación. (65:14) Holocaustos medulados(f) te ofreceré con timiama y carneros; te haré bueyes con cabrones(g). (65:15) Venid, oíd y contaré —todos los que teméis al Señor— cuán grandes cosas ha hecho a mi alma. (65:16) A él con mi boca clamé, y ensalcé bajo(h) mi lengua. (65:17) Iniquidad si he mirado en el corazón; no me escuche Señor. (65:18) Por esto(i) escuchóme Dios; atendió a la voz de mi deprecación. (65:19) Bendito Dios que no ha apartado mi deprecación, y su misericordia de mí. (Salmo 66) Plegaria por la conversión de las gentes. (Para el fin; en himnos; salmo para David) Dios lastímese de nosotros y bendíganos: ilumine su rostro(a) sobre nosotros. Para que conozcamos en la tierra tu camino, y en todas las gentes tu salud. Confiésente pueblos, Dios; confiésente todos los pueblos. Alégrense y alborócense gentes, porque juzgarás pueblos en rectitud; y gentes en la tierra guiarás(b). Confiésente pueblos, Dios; confiésente todos los pueblos. La tierra ha dado su fruto(c). Bendíganos Dios, el Dios nuestro; (66:6) bendíganos Dios; y témanle todos los confines de la tierra. (Salmo 67) Epinicio por el gran triunfo. (Para el fin; para David; salmo de cantar) Levántese Dios, y dispérsense sus enemigos, y huyan los que le odian, de ante su faz. Cual desfallece humo desfallezcan; cual se derrite cera a faz de fuego; así perezcan los pecadores a faz de Dios(a). Y los justos alégrense, alborócense delante de Dios; deléitense en alegría. Cantad a Dios; tañed a su nombre; asenderead al ascendido sobre el ocaso(b) —Señor, su nombre—; y alborozaos ante él; se turbarán a faz de él, del padre de los huérfanos y juez(c) de las viudas; Dios en su lugar sano; Dios establece a los concordes en casa(d); (67:7) sacando fuera los aherrojados en fortaleza; igualmente a los exasperadores los que habitan en sepulcros(e). (67:8) Dios, cuando saliste delante de tu pueblo; cuando atravesaste el desierto(f). (67:9) La tierra tembló; asimismo los cielos destilaron a faz del Dios del Sinaí, a faz del Dios de Israel. (67:10) Lluvia espontánea(g) segregarás, Dios, para tu heredad; y flaqueó, pero tú la aderezaste. (67:11) Tus vivientes habitarán en ella; has proveído en tu bondad, para el pobre. (67:12) Dios Señor dará palabra a los que bien anuncian, con poder mucho: (67:13) El rey de los ejércitos del amado; y para hermosura del hogar, el repartir despojos. (67:14) Si(h) durmiereis en medio de las heredades— alas(i) de paloma plateadas en torno, y las espaldas de ella en verdor de oro(j). (67:15) Cuando dispersare el Celestial los reyes sobre ella, se nevarán en Selmón(k). El monte de Dios(l) monte pingüe; (67:16) monte coagulado(m); monte pingüe— ¿por qué envidiáis montes coagulados? (67:17) El monte en que se complació Dios en habitar— en él; pues que el Señor se empabellonó hasta el fin. (67:18) El carro de Dios, de miríadas; millares de dichosos; el Señor entre ellos, en Sinaí, en el santo. (67:19) Ascendiendo a la altura, cautivaste(n) la cautividad; recibiste dones; para los hombres, (67:20) aun para los increyentes, a fin de que habiten aquí. (67:21) Señor Dios, bendito; bendito Señor día a día; y bien nos guiará el Dios de nuestras salvaciones(o). (67:22) El Dios nuestro, Dios del salvar; y del Señor, las salidas de la muerte. (67:23) Empero Dios quebrantará las cabezas de sus enemigos: vértice de cabello de los que andan en sus delitos. (67:24) Dijo el Señor: «De Basán traeré, traeré(p) hasta las honduras de la mar; (67:25) para que se lave tu pie en sangre —la lengua de tus canes— de los enemigos, en ella». (67:26) Viéronse tus entradas(q), Dios; las entradas de mi Dios, del rey el del santo: (67:27) preceden príncipes unidos a los tañedores, en medio de doncellas timpanistas. (67:28) En congregaciones bendecid a Dios, al Señor, los de fontanas(r) de Israel, (67:29) Allí(s) Benjamín el menor(t), en éxtasis. (67:30) Los príncipes de Judá, los caudillos de ellos; los príncipes de Zabulón; los príncipes de Neftalí— (67:31) Manda, Dios, a tus fuerzas; fortalece, Dios, esto que has consumado en nosotros. (67:32) Por tu templo en Jerusalén, te traerán reyes dádivas. (67:33) Increpa tú a las fieras(u) de la caña(v)— la muchedumbre de los toros entre las becerras de los pueblos —(w)para lanzar a los acrisolados como plata(x): (67:34) disipa gentes, las que las guerras quieren; vendrán legados de Egipto; Etiopía adelantará(y) su mano a Dios. (67:35) Los reinos de la tierra cantad a Dios; tañed al Señor(z).Tañed a Dios, al que asciende sobre el cielo del cielo al oriente(a). (67:36) He aquí dará, en su voz, voz de poder. Dad gloria a Dios: sobre Israel, su magnificencia; y su poder, en las nubes. (67:37) Maravilloso, Dios en sus santos; el Dios de Israel, él dará poder y fortaleza a su pueblo: ¡Bendito Dios! (Salmo 68) (Mesiánico) Plegaria del justo atribulado. (Para el fin; para los que se mudan; para David) Sálvame Dios, porque han entrado aguas hasta mi alma. Pegado estoy en cieno de hondura; y no hay fondo; (68:3) he venido a las profundidades del mar; y tormenta me ha hundido. (68:4) Me he fatigado clamando; se ha enronquecido mi garganta; han desfallecido mis ojos de aguardar a mi Dios. (68:5) Multiplicáronse sobre los cabellos de mi cabeza los que me odian sin causa; (68:6) fortaleciéronse mis enemigos, los que me persiguen injustamente; lo que no me llevé, entonces pagaba. (68:7) Dios, tú conoces mi inconsideración; y mis delitos no se te ocultan. (68:8) No se avergüencen por mí, los que te aguardan, Dios de los ejércitos; (68:9) no se confundan por mí, los que te buscan, Dios de Israel. (68:10) Pues por ti he soportado oprobio; ha cubierto confusión mi semblante. (68:11) Extraño he sido hecho para mis hermanos, y peregrino para los hijos de mi madre. (68:12) Porque el celo de tu casa me ha consumido; y los oprobios de los que te oprobiaban, caído sobre mí. (68:13) Y he encorvado, en ayuno, mi alma; y ha sido hecho(a) en oprobio para mí. (68:14) Y púseme mi vestidura: un saco, y convertíme para ellos en parábola. (68:15) Contra mí neceaban los sentados en la puerta, y en mi contra tañían, los que bebían vino. (68:16) Yo, empero, con mi oración hacia ti, Señor; tiempo de beneplácito(b) Dios; (68:17) en la muchedumbre de tu misericordia, escucha; en la verdad de tu salud. (68:18) Sálvame del cieno; para que en él no me pegue; librado sea de los que me odian, y de la profundidad de las aguas. (68:19) No me hunda tormenta de agua; ni me devore la hondura; ni cierre sobre mí el pozo(c) su boca. (68:20) Escúchame, Señor, porque buena tu misericordia; según la muchedumbre de tus conmiseraciones, mírame; (68:21) y no apartes tu rostro de tu niño; pues soy atribulado, presto escúchame. (68:22) Atiende a mi alma y redímela; por mis enemigos líbrame. (68:23) Que tú conoces mi oprobio, y mi vergüenza y mi confusión: (68:24) delante de ti, todos los que atribulan; oprobio ha aguardado mi alma y miseria. (68:25) Y aguardé a quien se entristeciera conmigo, y no hubo; y a quien consolara, y no hallé. (68:26) Y dieron en comida mía, hiel; y en mi sed, abreváronme con vinagre. (68:27) Conviértase la mesa de ellos, delante de ellos, en lazo, y en retribución y en escándalo. (68:28) Obscurézcanse sus ojos para que no vean; y la espalda de ellos siempre encorva; (68:29) derrama sobre ellos tu ira; y el furor de tu ira cójalos. (68:30) Hágase su morada desierta; y en sus tiendas no haya quien habite; (68:31) porque al que tú heriste, persiguieron; y al dolor de mis heridas añadieron. (68:32) Agrega(d) iniquidad a la iniquidad de ellos, y no entren en tu justicia; (68:33) borrados sean del libro de los vivientes; y, con los justos, no sean escritos. (68:34) Pobre y doliente soy yo; y la salud de tu rostro me ha acogido. (68:35) Loaré el nombre de Dios, con cantar; engrandeceréle en loor; (68:36) y placerá a Dios sobre becerro nuevo, cuernos echando y uñas. (68:37) Vean los pobres, y alégrense. Buscad a Dios; y vivirá vuestra alma. (68:38) Pues ha oído a los menesterosos el Señor; y a los aherrojados suyos no ha despreciado. (68:39) Alábenle los cielos y la tierra, piélago y todo lo reptante en ellos. (68:40) Porque Dios salvará a Sión, y edificadas serán las ciudades de la Judea. (68:41) Y habitarán allí y la heredarán; (68:42) y la simiente de los siervos de él la poseerán; y los que aman el nombre de él, se empabellonarán en ella. (Salmo 69) Pidiendo presto auxilio. (Para el fin; para David, en memoria de «haberme salvado el Señor») Dios a mi amparo atiende; Señor, a ampararme apresúrate; ruborícense y confúndanse, los que buscan mi alma. (69:3) Vuélvanse atrás y confúndanse los que me quieren mal; (69:4) vuélvanse al punto ruborizados, los que me dicen: ¡Bien! ¡Bien! (69:5) Alborócense y alégrense en ti, todos los que te buscan; y digan siempre: «Magnificado sea Dios», los que aman mi salud. (69:6) Yo, empero, mendigo y pobre: Dios, ampárame; amparador mío y libertador mío eres tú; Señor, no tardes. (Salmo 70) Implorando a Dios contra los enemigos. (Para David, de hijos de Jonadab y de los primeros cautivos) Dios, en ti he esperado; no sea confundido por el siglo. En tu justicia líbrame y escápame; inclina hacia mí tu oreja y sálvame. Séme en Dios escudador, en lugar fortificado para que me salves; porque afianzamiento mío y refugio mío eres tú. Dios mío, líbrame de mano de pecador, de mano de prevaricador e injusto; pues tú eres mi paciencia, Señor; Señor, mi esperanza desde mi juventud. En ti me he afirmado desde el útero; desde el vientre de mi madre, tú eres protector: en ti, mi cantar siempre. Cual portento he sido hecho para los muchos; y tú, mi ayudador fuerte. Llénese mi boca de tu loor, para cantar yo tu gloria; todo el día tu magnificencia. No me deseches en tiempo de vejez; cuando desfallezca mi fuerza, no me abandones. Porque me han dicho mis enemigos y los que acechaban a mi alma, aconsejáronse en uno; diciendo: «Dios abandonóle: perseguid y cogedle, pues no hay quien liberte». Dios, no te alejes de mí; Dios mío, a mi ayuda atiende. Avergüéncense y desfallezcan los que calumnian a mi alma; cúbranse de vergüenza y confusión, los que buscan mal para mí. Yo, empero, siempre esperaré, y añadiré sobre todo tu loor. Mi boca anunciará tu justicia; todo el día tu salud; pues no conozco negocios. Entraré en el poderío del Señor, Señor, me acordaré de la justicia de ti sólo. Me has enseñado, Dios, desde mi juventud, y hasta ahora anunciaré tus maravillas; y hasta la vejez y decrepitud. Dios, no me abandones, (70:19) hasta que anuncie yo tu brazo a toda la generación, la venidera, (70:20) tu poderío y tu justicia, Dios, hasta lo altísimo, las que has hecho grandezas. Dios, ¿quién semejante a ti? (70:21) Porque me has mostrado tribulaciones muchas y males; y, volviéndote, me has vivificado, y de los abismos de la tierra de nuevo subídome; (70:22) multiplicado tu justicia, y, volviéndote, consoládome, y, de los abismos de nuevo subídome. (70:23) Y también yo te confesaré, en cuerda de cantar, tu verdad Dios; te tañeré en cítara, Santo de Israel. (70:24) Alborozaránse mis labios, tañéndote; y mi alma, a la que has redimido. (70:25) Y además también mi lengua todo el día meditará tu justicia; cuando fueren avergonzados y confundidos los que buscan mal para mí. (Salmo 71) El Mesías, el gran rey. (A Salomón) Dios, tu juicio(a) al rey da y tu justicia(b) al hijo del rey(c), de juzgar a tu pueblo en justicias y a tus pobres en juicio. Cojan los montes(d) paz para el pueblo, y las colinas. En justicia, juzgará a los pobres del pueblo; y salvará a los hijos de los menesterosos, y humillará al calumniador; y permanecerá con el sol; y antes que la luna(e) generaciones de generaciones. Y descenderá como lluvia(f) sobre vellón; y como gotas goteando sobre la tierra. Nacerá en sus días, la justicia, y abundancia de paz hasta que quitada fuere la luna. Y dominará de mar a mar, y de río hasta los los confines del orbe. Delante de él se postrarán los etíopes; y sus enemigos polvo lamerán; reyes de Tarsis(g), y las islas dones ofrendarán; reyes de árabes y Sabá dones traerán; y adoraránle todos los reyes; todas las gentes le servirán. Porque ha librado al pobre de mano del poderoso, y al menesteroso que no tenía ayudador; perdonará a pobre y menesteroso, y almas de menesterosos salvará; de usura y de injusticia redimirá sus almas; y honroso el nombre de ellos ante él. Y vivirá y darásele del oro de la Arabia; y orarán a él siempre; todo el día le bendecirán. Habrá afianzamiento(h) en la tierra sobre las cimas de los montes; se elevará sobre el Líbano su fruto, y florecerán de la ciudad(i), cual hierba de la tierra. Sea su nombre bendito por el siglo, ante(j) el sol permanecerá su nombre; y benditas serán en él todas las tribus de la tierra; todas las gentes le engrandecerán. Bendito, el Señor Dios de Israel, el que hace maravillas solo; y bendito, el nombre de su gloria por el siglo, y por el siglo del siglo; y llenaráse de su gloria toda la tierra. ¡Sea! ¡Sea!(Terminan los himnos de David, el hijo de Jesé) (Salmo 72) El impío no es envidiable; pues acaba mal. (Un salmo para Asaf) ¡Cuán bueno, para con Israel, Dios, a los rectos de corazón! Pero yo —por poco han vacilado mis pies; por nada resbalado mis pasos. Porque me encelé por los inicuos, paz de pecadores viendo; porque no hay repugnancia(a) en su muerte, y afianzamiento en su flagelo(b). En trabajos de hombres no están, y con hombres no serán flagelados. Por esto apoderóse de ellos la soberbia; revistiéronse su injusticia e impiedad. Saldrá como de grosura su injusticia(c); pasaron a talante de corazón. Pensaron y hablaron en maldad; injusticia hasta lo excelso hablaron; pusieron contra el cielo su boca, y su lengua pasó por la tierra. Por esto se convertirá mi pueblo acá(d); y ¿días llenos se hallarán en ellos? Y dijeron: «¿Cómo conoce Dios? ¿y si hay conocimiento en el Altísimo?» He aquí pecadores éstos, y prosperan; y por el siglo han alcanzado riquezas. Y dije: «Luego, en vano he justificado mi corazón, y lavado entre inocentes mis manos; y he sido flagelado todo el día, y la increpación mía desde el alba». Si yo dijera: «Hablaré así», he aquí el linaje de tus hijos reprobara. Y me empeñé en conocer; esto, trabajo(e) para mí; hasta que entrare en el santuario(f) de Dios, y entendiere en las postrimerías de ellos. Empero por sus fraudes les has puesto males; derribádolos, cuando se exaltaban. ¿Cómo han sido convertidos en desolación? Súbitamente desfallecieron, perecieron por su iniquidad. Como un ensueño del que despierta, Señor, en tu ciudad la imagen de ellos aniquilarás. Porque se alegró mi corazón, y mis riñones se mudaron; y yo, aniquilado(g) y no conocí, irracional volvíme ante ti. Y yo(h) siempre contigo, sostuvísteme de la mano, la diestra mía, en tu voluntad me guiaste, y, con gloria, acogísteme. Pues ¿qué tengo en el cielo? Y, fuera de ti ¿qué he querido sobre la tierra? Ha desfallecido mi corazón y mi carne, Dios de mi corazón; y parte mía, Dios por el siglo. Pues he aquí los que se alejan de ti, perecerán; has exterminado a todo el que fornicaba de ti. Para mí, empero, adherir al Señor, bueno es; poner en el Señor mi esperanza; para anunciar todas sus alabanzas en las puertas de la hija de Sión. (Salmo 73) Plegaria, después de devastado el santuario. (De entendimiento para Asaf) ¿Por qué nos has desechado, Dios, hasta el fin? ¿se ha airado tu furor sobre las ovejas de tu dehesa? Acuérdate de tu congregación que has poseído desde el principio; (73:3) redimido el cetro de tu heredad: el monte de Sión éste en que te has empabellonado —en él—. (73:4) Alza tus manos sobre las soberbias de ellos hasta el fin(a); cuanto(b) ha prevaricado el enemigo en tu santo. (73:5) Y jactáronse, los que te odian, en medio de tu fiesta. (73:6) Han puesto sus enseñas por enseñas; (y no han sabido)(c) así como en la entrada(d), en la sumidad). (73:7) Como en selva de leños, con segures han cortado las puertas de ella(e); en uno en hacha y martillo la han destrozado. (73:8) Han encendido en fuego tu santuario, en la tierra profanado el tabernáculo de tu nombre. (73:9) Dijeron en su corazón el linaje de ellos en uno: «Venid, acallemos todas las fiestas del Señor, de la tierra»— (73:10) «Nuestras enseñas no hemos visto; no hay ya profeta, y no nos conocerá ya»(f)—. (73:11) ¿Hasta cuándo, Dios, improperará el enemigo? ¿irritará el contrario tu nombre hasta el fin? (73:12) ¿Por qué apartas tu mano, y tu diestra? ¿de en medio de tu seno(g)» hasta el fin? (73:13) Mas Dios nuestro rey antes del siglo, ha obrado salud en medio de la tierra. (73:14) Tú fortaleciste, en tu poder, la mar; tú quebrantaste las cabezas de los dragones(h) en el agua; (73:15) Tú desbarataste las cabezas del dragón; dístele por presa a los pueblos de Etiopía. (73:16) Tú rompiste manantiales y torrentes; tú secaste los ríos de Etán. (73:17) Tuyo es el día, y tuya es la noche; tú has fabricado el sol y la luna. (73:18) Tú has hecho todas las lindes de la tierra; estío y primavera tú los has hecho. (73:19) Acuérdate de esta tu criatura. El enemigo ha improperado al Señor; y un pueblo necio irritado tu nombre. (73:20) No entregues a fieras alma que te confiesa; las almas de los menesterosos no olvides hasta el fin. (73:21) Mira a tu testamento, porque se han llenado los entenebrecidos(i) de la tierra, de casas de iniquidades. (73:22) No sea rechazado el humillado y confundido; el pobre y menesteroso loarán tu nombre. (73:23) Levántate Dios, juzga tu juicio; acuérdate de los improperios tuyos, los del necio, todo el día. (73:24) No te olvides de la voz de tus suplicantes: la soberbia de los que te odian, ascienda siempre a ti. (Salmo 74) Dios es juez. (Para el fin; «No pierdas»; salmo para Asaf, cantar) Confesarémoste, Dios; confesarémoste e invocaremos tu nombre; contaremos todas tus maravillas. «Cuando yo tomare tiempo(a), yo justicias(b) juzgaré; derretida está(c) la tierra y todos los que la habitan; yo he afianzado sus columnas»(d). He dicho a los delincuentes no delinquir y a los que pecan: «No alcéis cuerno; no levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis contra Dios injusticia»; pues, ni de oriente, ni de occidente ni de los desiertos montes(e)— porque Dios juez es: a éste humilla y a éste ensalza; porque cáliz en mano del Señor, de vino inmixto lleno(f), de mixtura, y(g) ha inclinado de esto a esto; empero de su hez, no ha sido vaciado, y beberán todos los pecadores de la tierra. Mas yo me alborozaré por el siglo; cantaré al Dios de Jacob; (74:9) y todos los cuernos de los pecadores quebrantaré y se exaltarán los cuernos del justo. (Salmo 75) Epinicio (Para el fin; en himnos; salmo para Asaf, cantar, a los asirios) Conocido, en la Judea Dios; en Israel, grande su nombre. Y se hizo en la paz su lugar, y su morada, en Sión. Allí destrozó las potencias de los arcos: armadura, y espada y guerra(a). Iluminas tú maravillosamente de montes(b) eternos: turbáronse todos los insensatos de corazón; durmieron su sueño(c), y no hallaron nada los varones de las riquezas(d) en sus manos. A su increpación, Dios de Jacob, adurmiéronse los que subieran en bridones. Tú terrible eres, y ¿quién te resistirá ante tu ira? Desde el cielo lanzaste juicio: la tierra amedrentóse y calló, levantándose a juicio Dios; para salvar a todos los mansos de corazón(e). Porque la reflexión del hombre te confesará, y el residuo(f) de la reflexión te celebrará. Votad y pagad al Señor, el Dios nuestro; todos los en contorno de él traerán dones al terrible, y que quita espíritus de príncipes, al terrible ante los reyes de la tierra. (Salmo 76) Desconsuelo y esperanza (Para el fin; sobre Iditún; salmo para Asaf) Con mi voz al Señor he clamado; y mi voz, a Dios, y me ha atendido. En día de mi tribulación a Dios he buscado, con mis manos, de noche, delante de él, y no he sido engañado; se negó a consolarse mi alma. Acordéme de Dios y me alegré; neceé y apocóse mi espíritu(a). Anticipáronse a las vigilias mis enemigos(b): turbéme y no hablé. He pensado en días antiguos; y años eternos(c) recordado, y meditado. De noche con mi corazón neceaba yo, y escardaba(d) mi espíritu. «¿Acaso por los siglos desechará el Señor, y no volverá a complacerse? O ¿hasta el fin cortará su misericordia de generación a generación? O ¿se olvidará de conmiserarse Dios, o detendrá sus conmiseraciones, en su ira?»(e). Y dije: «Ahora empiezo: ésta, la mudanza de la diestra del Altísimo». Heme acordado de las obras del Señor; pues me he de acordar, desde el principio, de tus maravillas; y meditaré en todas tus obras; y en tus designios desvariaré. Dios, en lo santo, tu camino; ¿quién, Dios grande, como nuestro Dios? Tú eres el Dios nuestro el que haces maravillas; manifestaste en los pueblos tu poder; redimiste en tu brazo a tu pueblo, a los hijos de Jacob y José(f). Viéronte las aguas, Dios; viéronte las aguas y amedrentáronse, y turbáronse los abismos; ¡muchedumbre de estruendo de aguas! voz dieron las nubes; y también tus saetas van pasando; voz de trueno, en la rueda(g): fulguraron tus relámpagos al orbe; movióse y púsose temblorosa la tierra. En la mar, tu camino, y tus sendas en aguas muchas; y tus huellas no se conocerán(h)—. Guiaste cual a ovejas, tu pueblo en mano de Moisés y Aarón. (Salmo 77) Dios guiando a Israel, hasta David (De inteligencia para Asaf) Atended, pueblo mío, a mi ley; inclinad vuestra oreja a las palabras de mi boca. Abriré en parábolas mi boca; hablaré enigmas(a), del principio; cuantos hemos oído, y conocídolos, y nuestros padres nos han contado; no ha sido ocultado por los hijos de ellos, a la generación otra; (77:5) anunciando los loores del Señor, y sus poderíos, y sus maravillas que hizo. (77:6) Y suscitó un testimonio(b) en Jacob; y ley puso en Israel; (77:7) la que mandó a nuestros padres manifestarla a sus hijos; para que conozca la generación otra, (77:8) los hijos los por nacer, y se levantarán y lo anunciarán a sus hijos; (77:9) para que pongan en Dios su esperanza y no olviden las obras de Dios; y sus mandamientos busquen; (77:10) para que no se hagan cual sus padres: generación prava y exasperadora; (77:11) generación, la que no se enderezó en su corazón; y no se fió de Dios su espíritu; (77:12) como hijos de Efrén: tendiendo, y(c) lanzando lejos el arco; volviéronse en días de guerra(d), (77:13) no guardaron el testamento de Dios; y en su ley no quisieron andar. (77:14) Y olvidaron sus beneficios y sus maravillas que les manifestó; (77:15) delante de sus padres las que hizo maravillas, en tierra de Egipto, en llanura de Tanis. (77:16) Rasgó la mar, y llevólos al través; puso las aguas como un odre; (77:17) y guiólos en nube de día; y toda la noche en iluminación de fuego. (77:18) Rasgó peña en desierto; y abrevóles, como en abismo(e) mucho. (77:19) Y sacó agua de peña, y bajó, cual ríos, las aguas. (77:20) Y prosiguieron pecando contra él; exacerbaron al Altísimo en el inacuoso; (77:21) y tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo alimentos para sus almas(f). (77:22) Y mal hablaron contra Dios, y dijeron: «¿Acaso podrá Dios aderezar mesa en el desierto? (77:23) ¿ya que ha herido peña, y han manado aguas, y torrentes inundados? (77:24) ¿Acaso también pan podrá dar? ¿o aderezar mesa para su pueblo?». (77:25) Por esto oyó el Señor y difirió(g), y fuego inflamóse en Jacob, e ira ascendió sobre Israel; (77:26) porque no creyeron en Dios, ni esperaron en su salud. (77:27) Y mandó a las nubes desde arriba; y las puertas del cielo abrió: (77:28) y llovióles maná de comer; y pan del cielo dioles: (77:29) pan de ángeles comió el hombre; sustento envióles en abundancia. (77:30) Y alzó el austro del cielo, y trajo en su poder, el ábrego; (77:31) y llovió sobre ellos, como polvo, carnes; y, como arena de los piélagos, volátiles alados. (77:32) Y cayeron en medio de su campamento, en contorno de sus tiendas. (77:33) Y comieron y hartáronse grandemente, y el apetito de ellos brindóles. (77:34) No fueron defraudados en su apetito. Aún el alimento de ellos estando en su boca, la ira de Dios ascendió sobre ellos. (77:35) Y mató en muchísimos de ellos, y los elegidos de Israel aherrojó. (77:36) En todo(h) esto pecaron aún; y no creyeron en sus maravillas. (77:37) Y desfallecieron en vanidad sus días, y sus años, en premura(i). (77:38) Cuando les mataba, buscábanle, y volvíanse y madrugaban hacia Dios; (77:39) y acordáronse de que Dios ayudador de ellos es, y Dios, el Altísimo, redentor de ellos es. (77:40) Y amáronle en su boca, y su lengua mintióle; (77:41) y su corazón, no recto para con él, ni túvoseles por fieles en su testamento. (77:42) Pero él es compasivo; y se propiciará con los pecados de ellos; y no destruirá. (77:43) Y abundará en apartar su furor; y no encenderá toda su ira. (77:44) Y acordóse de que carne son: aliento que va y no torna. (77:45) ¡Cuántas veces exacerbáronle en el desierto, irritáronle en tierra inacuosa! (77:46) Y se volvieron y tentaron a Dios, y al Santo de Israel irritaron. (77:47) No se acordaron de su mano, del día que los redimió de mano de atribulante: (77:48) cómo puso en Egipto sus señales, y sus prodigios en llanura de Tanis: (77:49) Y convirtió en sangre los ríos de ellos y sus lluvias para que no bebiesen; (77:50) envió contra ellos canina mosca, y devoróles; y rana y perdióles; (77:51) y dio al añublo el fruto de ellos; y sus labores a la langosta; (77:52) mató, en granizo, su vid; y sus moreras en escarcha; (77:53) y entregó en granizo, su ganado, y sus haberes, al fuego; (77:54) envió contra ellos ira de su furor; furor e ira y tribulación; envió por ángeles malos; (77:55) asendereó su ira, y no perdonó, de la muerte, a sus almas; y su ganado en muerte encerró; (77:56) y percutió todo lo primogénito en Egipto, primicias de sus labores en las tiendas de Cam. (77:57) Y llevóse, como ovejas, a su pueblo; y condújoles, como grey, en el desierto; (77:58) y guióles en esperanza, y no temieron; y a sus enemigos cubrió la mar. (77:59) Y entróles al monte de su santuario; este monte(j) que conquistó su diestra; (77:60) y arrojó de ante la faz de ellos gentes; y sorteóles(k) en lienza de sorteo; (77:61) y empabellonó, en los pabellones de ellos, a las tribus de Israel. (77:62) Y tentaron y exacerbaron a Dios, al Altísimo; y sus testimonios no guardaron; (77:63) y volviéronse y violaron el pacto, según que también sus padres; convirtiéronse en arco pravo(l), (77:64) e irritáronle en las colinas de ellos; y en las esculturas de ellos le encelaron. (77:65) Oyó Dios y menospreció y aniquiló a Israel sobremanera; (77:66) y repelió el tabernáculo de Silo; su pabellón donde se empabellonó entre los hombres; (77:67) y entregó en cautividad la fuerza de ellos; y la hermosura de ellos en manos de enemigo; (77:68) y encerró(m) en espada su pueblo, y su heredad menospreció. (77:69) Sus jóvenes devoró fuego; y sus vírgenes no fueron lamentadas; (77:70) sus sacerdotes a espada cayeron; y sus viudas no serán lloradas. (77:71) Y despertó, como el dormido, Señor; como poderoso ebrio de vino; (77:72) e hirió a sus enemigos en lo posterior(n): oprobio sempiterno dioles. (77:73) Y desechó el tabernáculo de José; y la tribu de Efraín no eligió, (77:74) y eligió la tribu de Judá: el monte de Sión, a quien amó. (77:75) Y edificó, cual unicornio(o), su santuario; en la tierra fundamentólo por el siglo. (77:76) Y eligió a David, su siervo, y tomóle de las greyes de las ovejas; (77:77) de detrás de las paridas tomóle, para que pastorease a Jacob, su siervo, y a Israel su heredad. (77:78) Y pastoreóles en la inocencia de su corazón; y en la discreción(p) de sus manos guióles. (Salmo 78) Contra los profanadores del templo. (Salmo para Asaf) Dios, han venido gentes a tu heredad; mancillado tu templo el santo; puesto a Jerusalén por atalaya frutera(a); han puesto los cadáveres de tus siervos presa a los volátiles del cielo; las carnes de tus santos, a las fieras de la tierra; derramado la sangre de ellos, como agua en torno de Jerusalén; y no había quien sepultara. Hemos sido hechos en oprobio para nuestros vecinos; escarnio e irrisión para los de en contorno nuestro. ¿Hasta cuándo, Señor, te airarás, hasta el fin? ¿se encenderá, como fuego, tu celo? Derrama tu ira sobre gentes que no te han conocido y sobre reinos que tu nombre no han invocado; porque han devorado a Jacob, y su lugar yermado. No te acuerdes de nuestras iniquidades antiguas; presto adelántensenos tus conmiseraciones; porque hemos mendigado sobremanera. Ayúdanos, Dios, salvador nuestro, por la gloria de tu nombre; Señor, líbranos; y propíciate para con nuestros pecados, por tu nombre. No sea que digan en las gentes: «¿Dónde está el Dios de ellos?» Y conózcase, en las gentes, delante de nuestros ojos, (78:11) la vindicta de la sangre de tus siervos, la derramada. Entre delante de ti el gemido de los aherrojados; (78:12) según la grandeza de tu brazo, encárgate de los hijos de los occisos. (78:13) Retribuye a nuestros vecinos el séptuplo en el seno de ellos, su improperio con que te improperaron, Señor. (78:14) Pues nosotros, tu pueblo y ovejas de tu dehesa, te confesaremos por el siglo; por generación y generación anunciaremos tu loor. (Salmo 79) Plegaria porque Dios se apiade de su viña. (Para el fin; por los que se han de mudar; en testimonio para Asaf; salmo sobre el asirio) El que pastoreas a Israel, advierte, el que guías, cual a ovejas a José; el sentado sobre los querubines, manifiéstate ante Efraín, y Benjamín y Manasés; (79:3) despierta tu poderío y ven a salvarnos. (79:4) Dios, conviértenos(a), y muestra tu semblante y nos salvaremos. (79:5) Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te airarás sobre la oración de tu siervo? (79:6) ¿nos nutrirás con pan de lágrimas, y nos abrevarás en lágrimas, en medida llena? (79:7) Nos has puesto en contradicción a nuestros vecinos; y nuestros enemigos nos han escarnecido. (79:8) Señor, el Dios de los ejércitos, conviértenos, y muestra tu semblante y nos salvaremos(b). (79:9) Una vid de Egipto has trasladado; lanzado gentes, y plantádola. (79:10) Guiástela, por delante de ella; y plantaste sus raíces y llenó la tierra. (79:11) Cubrió montes su sombra; y sus vides silvestres, los cedros de Dios(c). (79:12) Extendió sus pámpanos hasta la mar, y hasta el río(d), sus vástagos. (79:13) ¿Por qué has arrasado su cerca, y la vendimian, todos los que pasan por el camino? (79:14) Devastóla el jabalí de la selva, y el asno salvaje la acabó de pacer. (79:15) Dios de los ejércitos, vuélvete ya, mira del cielo y ve, y visita esta vid, (79:16) y aderézala, la que plantó tu diestra; y sobre hijo de hombre(e) a quien te has afianzado; (79:17) quemada a fuego y socavada(f)—; ante la increpación de tu faz perecerán. (79:18) Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, y sobre hijo de hombre que te has afianzado. (79:19) Y no nos apartaremos, no, de ti; nos vivificarás, y tu nombre invocaremos. (79:20) Señor, el Dios de los ejércitos, conviértenos, y muestra tu semblante y nos salvaremos. (Salmo 80) Exhortación a celebrar las fiestas y a la obediencia. (Para el fin; sobre los lagares; salmo para Asaf) Alborozaos a Dios, nuestro ayudador; jubilad al Dios de Jacob. Entonad salmo y dad tímpano; salterio gozoso con cítara. Trompetead en neomenia trompeta, en insigne día de nuestra fiesta. Porque precepto para Israel es, y juicio para(a) el Dios de Jacob; testimonio en José(b) lo puso, cuando salió de tierra de Egipto. Lengua que no conocía oyó(c): apartó de cargas su espalda; sus manos en el cesto(d) sirvieron. En tribulación me invocaste, y te libré; te escuché en lo recóndito de la tormenta; te probé sobre Agua de contradicción(e). (80:8) Oye, pueblo mío, y te hablaré; Israel y te testimoniaré: (80:8) si me escuchares, no habrá en ti Dios reciente; ni adorarás a dios ajeno. (80:9) Pues yo soy Señor, tu Dios, el que te subí de tierra de Egipto: dilata tu boca, y la llenaré. (80:10) Y no oyó mi pueblo mi voz; e Israel no me atendió; (80:11) y despedíles, según los designios de su corazón: andarán en sus designios. (80:12) Si mi pueblo me escuchara; Israel, si en mis caminos anduviera; (80:12) como nada a sus enemigos hubiere yo humillado, y sobre sus atribuladores echado mi mano. (80:13) Los enemigos del Señor, le hubieran halagado, y durado el tiempo de ellos por el siglo; (80:14) y él alimentádolos con la grosura del trigo, y de peña(f), con miel, saciádolos. (Salmo 81) Dios juez de los jueces. (Salmo para Asaf) Dios está en congregación de dioses(a); y en medio a los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgáis injusticia(b), y rostro de pecadores aceptáis?(c). Juzgad al huérfano y menesteroso; al humilde y pobre justificad; salvad al pobre; y al menesteroso de mano de pecador librad—. No han conocido ni entendido: en tinieblas andan; movidos serán todos los fundamentos de la tierra(d). Yo dije: «Dioses sois, e hijos del Altísimo todos»; vosotros, empero, ahora como hombres morís, y como uno de los príncipes caéis(e). Levántate, Dios, juzga la tierra; pues tú heredarás en todas las gentes. (Salmo 82) Pidiendo auxilio contra los enemigos del reino de Dios. (Cantar de salmo para Asaf) Dios, ¿quién se asemejará a ti? No calles ni te ablandes, Dios; pues he aquí que tus enemigos han tumultuado, y los que te odian, erguido cabeza; sobre tu pueblo han tramado designio, y aconsejádose contra tus santos; han dicho: «Venid y exterminémosle de la gente, y no se rememore, no, el nombre de Israel ya»; (82:5) porque se han aconsejado en unanimidad a una; contra ti pacto han pactado: (82:5) las tiendas de los idumeos, y los ismaelitas; Moab y los agarenos, (82:6) Gaibal y Amón y Amalec, los alienígenas con los habitantes de Tiro; (82:7) y también Asur ha llegado con ellos; hanse tornado en acogimiento a los hijos de Lot(a). (82:8) Hazles cual a Madián y a Sisara; cual a Yabin en el torrente de Cisón. (82:9) Exterminados fueron en Endor; hechos fueron cual estiércol a la tierra. (82:10) Pon a sus príncipes como a Oreb, y Zeb, y Zebeé y Salmaná; todos sus príncipes, los que dijeron: (82:11) «Heredémonos el santuario de Dios». (82:12) Dios mío, ponlos como rueda(b) como caña, a faz del viento. (82:13) Como fuego que abrasará selva; como llama queme montes; (82:14) así los perseguirás en tu tormenta, y en tu ira los turbarás. (82:15) Llena sus rostros de ignominia; y busquen tu nombre, Señor. (82:16) Avergüéncense y túrbense por el siglo del siglo y confúndanse y perezcan; (82:17) y conozcan que tu nombre Señor, tú solo eres Altísimo sobre toda la tierra. (Salmo 83) Anhelo del altar de Dios. (Para el fin; para los lagares; para los hijos de Coré, salmo) ¡Cuán amados, tus tabernáculos, Señor de los ejércitos! Anhela y desfallece mi alma por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne se han alborozado por Dios viviente. Pues también el gorrión se ha hallado casa; y la tórtola nido donde pondrá sus polluelos: (83:4) tus altares, Señor de los ejércitos, rey mío y Dios mío. (83:5) Bienaventurados todos los que habitan en tu casa; por los siglos de los siglos te loarán(a). (83:6) Bienaventurado el varón cuyo acogimiento, de él, es de ti, Señor: (83:6) subidas en su corazón ha dispuesto, en el valle del llanto, al lugar que ha puesto(b). (83:7) Que bendiciones dará el legislador: irán de fuerza en fuerza(c): apareceráse el Dios de los dioses en Sión. (83:8) Señor, Dios de los ejércitos; oye mi oración, escucha, Dios de Jacob(d). (83:9) Escudador nuestro, ve, Dios, y mira el rostro de tu ungido(e). (83:10) Porque mejor, día uno en tus atrios sobre millares; (83:11) he elegido ser desechado en la casa de Dios más bien que habitar en pabellones de pecadores. (83:12) Porque misericordia y verdad ama el Señor Dios, gracia y gloria dará. (83:13) Señor no retardará los bienes a los que anduvieren en inocencia. Señor de las virtudes, bienaventurado el hombre que esperare en ti. (Salmo 84) Acción de gracias por el fin del cautiverio. (Apocatástasis de Israel). (Para el fin; para los hijos de Coré, salmo) Has bendecido, Señor, tu tierra, apartado la cautividad de Jacob; perdonado las iniquidades de tu pueblo; cubierto sus pecados(a). Has mitigado toda tu ira; apartádote de la ira de tu furor. Conviértenos, Dios de nuestras salvaciones, y aparta tu furor de nosotros. ¿Acaso por el siglo te airarás contra nosotros, o extenderás tu ira de generación en generación? Dios, tú, convertido, nos vivificarás, y tu pueblo se alegrará en ti. Muéstranos, Señor, tu misericordia; y tu salud, Señor, danos. Oiré lo que hablará en mí Señor Dios; pues hablará paz sobre su pueblo, (84:9) y sobre sus santos y los que vuelven a él el corazón; (84:10) sí; cerca de los que le temen, su salud, para que habite gloria en nuestra tierra. (84:11) Misericordia y verdad se han encontrado; justicia y paz besádose tiernas; (84:12) verdad de la tierra ha brotado; y justicia, desde el cielo, asomádose. (84:13) Pues el Señor dará bondad; y nuestra tierra dará su fruto. (84:14) Justicia ante él caminará y pondrá en camino sus pasos(b). (Salmo 85) Pidiendo amparo contra los enemigos. (Oración para David) Inclina, Señor, tu oreja y escúchame; que menesteroso y pobre soy yo. Guarda a mi alma; que santo(a) soy; salva a tu siervo, Dios mío, al que espera en ti. (85:3) Apiádate de mí, Señor; pues a ti clamaré todo el día; (85:3) alegra al alma de tu siervo; pues a ti, Señor, he levantado mi alma. (85:4) Porque tú, Señor, bueno y benigno; y misericordiosísimo para con todos los que te invocan. (85:5) Escucha, Señor, mi oración y atiende a la voz de mi plegaria. (85:6) En día de mi tribulación clamé a ti, porque me has escuchado. (85:7) No hay semejante a ti entre los dioses, Señor; y no hay como tus obras. (85:8) Todas las gentes cuantas has hecho, vendrán y adorarán ante ti, Señor, y glorificarán tu nombre; (85:9) porque grande eres tú y haciendo maravillas; tú eres el Dios solo, el grande. (85:10) Guíame, Señor, por mi camino, y andaré en tu verdad; alégrese mi corazón, para que tema tu nombre. (85:11) Te confesaré, Señor, Dios mío, en todo mi corazón, y glorificaré tu nombre por el siglo; (85:12) porque tu misericordia, grande sobre mí; y has librado a mi alma, del infierno más profundo. (85:13) Dios, inicuos se han alzado sobre mí; y congregación de poderosos buscado mi alma; no te han puesto delante de sí. (85:14) Y tú, Señor Dios, conmiserador y misericordioso, longánimo y muy misericordioso y veraz; (85:15) mírame y apiádate de mí; da tu poder a tu niño; y salva al hijo de tu jovencilla. (85:16) Haz conmigo señal en bien, y vean los que me odian, y ruborícense; porque tú, Señor, me has ayudado y consoládome. (Salmo 86) La nueva Jerusalén. (Para los hijos de Coré, salmo cantar) Los fundamentos(a) de él, en los montes, los santos: ama el Señor las puertas de Sión sobre todos los tabernáculos de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, ciudad de Dios(b). «Acordaréme de Rahab(c) y Babilonia que me conocen; y he aquí alienígenas, y Tiro y pueblo de etíopes, estos estuvieron allí». «Madre Sión (dirá el hombre) y Hombre ha nacido en ella; y él la ha fundamentado, el Altísimo». El Señor narrará en escritura de pueblos y príncipes de estos los que han estado en ella(d). Cual de regocijados todos(e), la morada en ti. (Salmo 87) Oración del desolado. (Carta de salmo, para los hijos de Coré; para el fin, para Mahelet, de responder; de inteligencia para Emán, el israelita) Señor, Dios de mi salud, de día he clamado y de noche delante de ti; entre delante de ti mi oración; inclina tu oreja a mi súplica, Señor. Pues se ha llenado de males mi alma; y mi vida al infierno aproximádose. He sido estimado con(a) los que descienden al lago; he sido hecho como hombre desamparado, entre muertos libre(b). Como heridos arrojados, durmiendo en la tumba; de que no te acuerdas ya; y ellos de tu mano han sido lanzados; me han puesto en lago profundísimo; en lo tenebroso y en sombra de muerte. Sobre mí se ha clavado tu furor; y todos tus alzamientos(c) sobre mí has traído(d). Has alejado mis conocidos de mí; me han puesto por abominación para sí; entregado fui, y no salía yo fuera(e); mis ojos languidecieron de miseria; (87:10) y clamé a ti, Señor, todo el día, y extendí mis manos a ti; (87:11) ¿acaso a los muertos harás maravillas?(f) ¿o médicos resucitarán(g) y te confesarán? (87:12) ¿Acaso narrará alguno en la tumba tu misericordia, y tu verdad en la perdición? (87:13) ¿Acaso se conocerán en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en tierra olvidada? (87:14) Y yo a ti, Señor, he clamado; y al alba mi oración se adelantará a ti. (87:15) ¿Por qué, Señor, rechazas mi oración, apartas tu semblante de mí? (87:16) Pobre soy yo y en trabajos desde mi adolescencia; y, exaltado, humillado he sido y afligidísimo. (87:17) Sobre mí han pasado tus iras; y tus terrores conturbádome. (87:18) Hanme cercado, cual agua, todo el día; rodeádome a una. (87:19) Alejaste de mí al amigo y al prójimo, y a mis conocidos, de ante miseria. (Salmo 88) Súplica porque se cumplan las promesas divinas hechas a David e Israel. (De inteligencia, para Etán, el israelita) Tus misericordias, Señor, por el siglo cantaré; a generación y generación anunciaré tu verdad en mi boca. Porque has dicho: «Por el siglo misericordia, se edificará; en los cielos prepararáse tu verdad; he pactado pacto con mis elegidos; jurado a David mi siervo: «Hasta el siglo prepararé tu simiente; y edificaré de generación en generación tu trono»(a). Confesarán los cielos tus maravillas, Señor; y tu verdad en congregación de santos(b). Porque ¿quién, en nubes(c), igualará al Señor? ¿y quién se igualará al Señor, en hijos de Dios(d)? el Dios glorificado en asamblea de santos; grande y terrible sobre todos los de su contorno. Señor, el Dios de los ejércitos ¿quién semejante a ti? Poderoso eres, Señor; y tu verdad en torno de ti. Tú señoreas la potencia del piélago; y el vaivén de sus olas tú mitigas. Tú has humillado, cual a herido, al soberbio; y en el brazo de tu poder dispersado tus enemigos— Tuyos son los cielos; y tuya es la tierra; el orbe y su plenitud tú has fundamentado; el aquilón y la mar(e) tú, creado; Tabor y Hermón a tu nombre se alborozarán. Tuyo el brazo de potencia; fortalézcase tu mano; exáltese tu diestra. Justicia y juicio, preparación(f) de tu trono; misericordia y verdad precederán tu faz. Bienaventurado el pueblo que conoce júbilo; Señor, en la lumbre de tu faz andarán; y en tu nombre se alborozarán todo el día; y en tu justicia serán exaltados. Porque la gloriación de su poder eres tú; y en tu beneplácito exaltado será nuestro cuerno. Porque del Señor, el acogimiento y del santo de Israel, nuestro rey. Entonces(g) hablaste en visión, a tus santos, y dijiste: «He puesto ayuda sobre el potente; he exaltado al elegido de entre mi pueblo; hallado a David, mi siervo; en misericordia santa ungíle. Pues mi mano le auxiliará; y mi brazo le confortará; no aprovechará enemigo en él, e hijo de iniquidad no se propondrá maltratarle; y destrozaré sus enemigos de ante su faz, y sus aborrecedores fugaré. Y mi verdad y mi misericordia, con él; y en mi nombre exaltado será su cuerno; y pondré en la mar su mano, y en los ríos su diestra. El me invocará: «Padre mío eres tú, Dios mío y acogedor de mi salud»; y yo primogénito pondréle; excelso ante los reyes de la tierra. Por el siglo guardaréle mi misericordia; y mi testamento, fiel a él; y pondré por el siglo del siglo su simiente, y su trono como los días del cielo— Si abandonaren sus hijos mi ley, y en mis juicios no anduvieren; si mis justificaciones profanaren, y mis mandamientos no guardaren; visitaré, en vara, sus iniquidades, y, en azotes, sus pecados. Pero mi misericordia no disiparé de él, no; ni faltaré, no, a mi verdad; ni profanaré, no, mi testamento; y lo que sale de mis labios, no derogaré, no. (88:35) Una vez(h) he jurado por mi santidad. ¿Si a David habré de mentir? (88:35) su simiente por el siglo permanecerá; (88:36) y su trono como el sol ante mí, (88:36) y como la luna perfecta(i) por el siglo; y el testigo(j) en el cielo fiel»(k). (88:37) Tú empero, has desechado y anonadado; diferido a tu ungido; (88:38) derribado el testamento de tu siervo; profanado en tierra su santidad. (88:39) Arrasado todas sus cercas; puesto sus fortificaciones amedrentamiento; (88:40) le han despojado todos los que caminan por el camino; ha sido hecho oprobio a sus vecinos. (88:41) Has enaltecido la diestra de sus opresores; alegrado a todos sus enemigos; (88:42) apartado la ayuda de su espada y no socorrídole en la guerra. (88:43) Le has derribado de su pureza; su trono en tierra destrozado; (88:44) disminuido los días de su trono; cubiértole de vergüenza(l). (88:45) ¿Hasta cuándo, Señor, apartarás(m), hasta el fin? ¿se inflamará como fuego tu ira? (88:46) Acuérdate, cuál la consistencia mía; pues ¿acaso en vano has creado a todos los hijos de los hombres? (88:47) ¿Quién es el hombre que vivirá, y no verá muerte? ¿librará a su alma de mano del infierno?(n). (88:48) ¿Dónde están tus misericordias, las antiguas, Señor, que juraste a David, en tu verdad? (88:49) Acuérdate, Señor, del oprobio de tus siervos (el que llevo en mi seno) de parte de muchas gentes; (88:50) con que oprobiaron tus enemigos, Señor; con que oprobiaron la mudanza de tu ungido. (88:51) ¡Bendito Señor, por el siglo. Sea, sea! (Salmo 89) Deprecación por el efímero hombre. (Oración de Moisés, hombre de Dios) Señor, refugio para nosotros te has hecho, en generación y generación; antes de que los montes se hicieran, y se plasmara la tierra y el orbe, y del siglo hasta el siglo, tú eres. No apartes al hombre a humildad; y dijiste: «Convertíos(a), hijos de los hombres». Porque mil años en tus ojos, como el día, el de ayer, el que pasó; y una(b) vigilia, en noche. Las nadas los años de ellos serán: al alba, como hierba pase; al alba florezca y pase; a la tarde caiga; endurézcase y marchítese. Porque hemos desfallecido en tu ira, y en tu furor conturbádonos. Has puesto nuestras iniquidades delante de ti; nuestra existencia(c), en iluminación(d) de tu faz. Porque todos nuestros días han desfallecido, y en tu ira hemos desfallecido; nuestros años, cual araña, se han estado afanando(e); los días de nuestros años(f), en años: setenta años(g); (89:11) y, si en potencias(h), ochenta años; y lo más allá de ellos, trabajo y dolor; (89:12) pues ha sobrevenido ablandamiento sobre nosotros y castigados seremos. (89:13) ¿Quién sabe el poder de tu ira, y, del temor, tu furor enumerar(i)? (89:14) Tu diestra así manifiesta y a los enseñados, de corazón, en sabiduría. (89:15) Vuélvete, Señor; —¿hasta cuándo?— y aplácate sobre tus siervos. (89:16) Nos hemos llenado(j), al alba, de tu misericordia, y alborozádonos y alegrádonos, en todos nuestros días; (89:17) por los días que nos has humillado; los años que hemos visto males. (89:18) Y mira a tus siervos y a tus obras; y guía los hijos de ellos. (89:19) Y sea el esplendor del Señor, nuestro Dios, sobre nosotros; y la obra de nuestras manos dirige sobre nosotros; y(k) las obras de nuestras manos dirige. (Salmo 90) Al amparo divino, seguros estamos. (Loor de cantar, para David) Quien habita en la ayuda del Altísimo, en el amparo del Dios del cielo se albergará. Dirá a Dios: «Acogedor mío eres, y refugio mío, Dios mío», esperaré en él. Porque él me librará de lazo de cazadores, y de palabra iracunda. Entre sus hombros te cobijará; y bajo sus alas esperarás; con broquel te cercará su verdad: no temerás de temor nocturno(a); de saeta voladora de día(b); de cosa andante en tinieblas(c); de impugnación y demonio meridiano(d). Caerá a tu lado(e) un millar, y diez millares a tu diestra; pero a ti no se acercará; empero con tus ojos contemplarás y retribución de pecadores verás. Porque tú, Señor, mi esperanza; —al Altísimo has puesto por tu refugio. No vendrán a ti males; y flagelo no se acercará a tu pabellón; pues a sus ángeles ha mandado cerca de ti, guardarte en tus caminos: en manos te llevarán, no sea que ofendas en piedra tu pie. Sobre áspid y basilisco(f) andarás—; y conculcarás a león y dragón(g). Porque en mí ha esperado, le libraré; cobijaréle, porque ha conocido mi nombre. Me invocará, y le escucharé; con él soy en la tribulación, y le arrancaré, y glorificaré. De longura de días le llenaré, y mostraréle mi salud. (Salmo 91) Loor de las obras de Dios; sobre todo de su justicia. (Salmo de cantar, para el día del sábado) Bueno el confesar al Señor; y tañer a tu nombre, Altísimo, para anunciar de mañana, tu misericordia; y tu verdad, a través de la noche; en decacordo salterio, con cantar en cítara. Porque me has alegrado, Señor, en tu hechura(a); en las obras de tus manos me alborozaré. ¡Cuál se han engrandecido tus obras, Señor; sobremanera profundizádose tus pensamientos! Varón inconsiderado no conocerá; y el insipiente no sabrá esto. Cuando brotaren los pecadores como grama, y asomaren todos los obradores de la iniquidad(b)— para ser exterminados por el siglo del siglo; pero tú, Altísimo, por el siglo, Señor. Pues he aquí tus enemigos, Señor; pues he aquí tus enemigos, perecerán, y dispersados serán todos los obradores de la iniquidad. Y exaltado será, cual unicornio; mi cuerno, y mi ancianidad, en óleo(c) pingüe. Y ha menospreciado mi ojo en mis enemigos; y en los que se levantan contra mí malvados, escuchará mi oreja(d). el justo cual palma florecerá; cual el cedro, el del Líbano, multiplicaráse. Los plantados en la casa del Señor, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Entonces se multiplicarán en ancianidad pingüe; y bien estarán; para que anuncien que recto, Señor, nuestro Dios, y no hay injusticia en él. (Salmo 92) Dios, rey del mundo. (Para el día antes del sábado, cuando fue fundada la tierra; loor de cantar, para David) El Señor ha reinado, de majestad revestídose; revestídose el Señor, de poder y ceñídose; pues ha fundamentado el orbe; el que no vacilará. Dispuesto, tu trono, desde entonces; desde el siglo tú eres. Alzaron los ríos, Señor, alzaron los ríos sus voces: (92:4) Alzaron los ríos sus ondas: de voces de aguas muchas(a), (92:5) maravillosos los alzamientos de la mar; maravilloso, en las alturas el Señor. (92:6) Tus testimonios se han confirmado sobremanera: a tu casa conviene santidad, Señor, en largura de días. (Salmo 93) Oración porque sean castigados los enemigos del reino de Dios. (Salmo para David; para el cuarto de los sábados). El Dios, de vindictas, Señor; el Dios de vindictas, justo ha obrado. Ensálzate el que juzgas la tierra; retribuye retribución a los soberbiosos. ¿Hasta cuándo pecadores, Señor, hasta cuándo pecadores se gloriarán? vocearán y hablarán iniquidad; hablarán todos los obradores de la iniquidad A tu pueblo, Señor, han humillado, y tu heredad maltratado; a viuda y huérfano han matado y advenedizo asesinado, y dicho: «No verá Dios; ni entenderá el Dios de Jacob». Entended ya insensatos en el pueblo; y necios, alguna vez pensad. El que plantó la oreja, ¿no oye? o el que plasmó el ojo, ¿no advierte? el que enseña a las gentes, ¿no argüirá, el que enseña al hombre ciencia? Señor, conoce los pensares de los hombres, porque son vanos. Bienaventurado el hombre a quien tú enseñares, Señor; y en tu ley le instruyeres; para suavizarle de(a) días malos; hasta que se cave al pecador hoyo. Porque no desechará el Señor a su pueblo; y su heredad no abandonará; hasta que justicia se convierta en juicio, y juntos a ella, todos los rectos de corazón(b). ¿Quién se me levantará contra los malvados? ¿o quién me asistirá contra los obradores de la iniquidad? De no haberme el Señor ayudado, por poco habitara en el infierno mi alma. Si yo decía: «Ha vacilado mi pie», tu misericordia, Señor, ayudábame. Señor, según la muchedumbre de mis dolores en mi corazón, tus consolaciones han amado a mi alma. ¿Acaso asistirá contigo asiento de iniquidad, el que plasma trabajo en mandato(c)?; prenderán el alma del justo, y sangre inocente condenarán. Y convirtióseme el Señor en refugio, y mi Dios, en ayuda de mi esperanza. Y les retribuirá su iniquidad y su maldad; y borrarálos el Señor, nuestro Dios. (Salmo 94) Invitación a loar y obedecer a Dios. (Loor de cantar, para David) Venid alborocémonos ante el Señor; jubilemos ante Dios, nuestro salvador. Apresurémonos a su faz, en confesión; y en salmos jubilémosle. Que Dios gran Señor, y rey grande sobre todos los dioses. Que no desechará el Señor a su pue-blo; que en su mano los confines de la tierra; y las alturas de los montes suyas son; que suyo es el mar; y él lo hizo; y la seca sus manos han plasmado. Venid, adoremos y postrémonos ante él, y lloremos delante del Señor, que nos ha hecho. Que él, el Dios nuestro, y nosotros, pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. «Hoy si su voz oyereis, no endurezcáis vuestros corazones, como en la exacerbación, por el día de la tentación en el desierto; donde me tentaron vuestros padres, me probaron y vieron mis obras. Cuarenta años airéme con aquella generación, y dije: «Siempre yerran de corazón; y ellos no conocieron mis caminos. Como juré en mi ira: «¡Si entrarán en mi reposo!». (Salmo 95) Load a Dios. (Cuando se edificó la casa, después del cautiverio; cantar para David) Cantad al Señor cantar nuevo; cantad al Señor, toda la tierra. Cantad al Señor, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salud. Anunciad en las gentes su gloria, en todos los pueblos sus maravillas; que grande, Señor y loable sobremanera; terrible es sobre todos los dioses; que todos los dioses de las gentes, demonios; pero el Señor los cielos hizo. Confesión y hermosura delante de él; santidad y magnificencia en su santuario. Traed al Señor, las patrias de las gentes, traed al Señor gloria y honor; traed al Señor gloria a su nombre. Alzad hostias, y entrad en sus atrios, adorad al Señor en su atrio santo; estremézcase, ante su faz, toda la tierra. Decid en las gentes: «El Señor ha reinado(a)»; pues ha afianzado el orbe; el cual no se estremecerá; juzgará pueblos en rectitud. Alégrense los cielos y alborócese la tierra; estremézcase el mar y la plenitud de él; regocijaránse las campiñas y todo lo en ellas; entonces alborozaránse todos los leños de la selva, ante la faz del Señor; porque viene, porque viene a juzgar la tierra; juzgará al orbe en justicia, y pueblos en su verdad. (Salmo 96) El reino de Dios. (Para David, cuando su tierra fue constituida) El Señor ha reinado: alborócese la tierra; alégrense islas muchas: Nube y tinieblas en torno de él; justicia y juicio, afianzamiento de su trono. Fuego delante de él avanzará, e inflamará en torno sus enemigos; aparecieron sus relámpagos al orbe: vio y vaciló la tierra. Los montes, como cera, derritiéronse ante la faz del Señor; ante la faz del(a) Señor de toda la tierra. Anunciaron los cielos su justicia; y vieron todos los pueblos su gloria. Confundidos sean todos los que adoran esculturas, los que se glorían de sus ídolos: adoradle, todos sus ángeles: oyó y alegróse Sión; y alborozáronse las hijas(b) de la Judea, por tus juicios, Señor. Porque tú eres, Señor, el Altísimo sobre toda la tierra; grandemente te has sobreexaltado sobre todos los dioses. Los que amáis al Señor, odiad lo malo; guarda el Señor las almas de sus santos; de mano de pecadores los librará. Luz ha nacido al justo; y a los rectos de corazón, alegría. Alegraos, justos, en el Señor y confesad a la memoria de su santificación(c). (Salmo 97) Loor al salvador y juez. (Salmo para David) Cantad al Señor cantar nuevo; que maravillas ha hecho el Señor: (97:2) salvó, para él su diestra, y su brazo el santo. (97:3) Manifestó el Señor su salud delante de las gentes: reveló su justicia. (97:4) Acordóse de su misericordia para con Jacob; y de su verdad para con la casa de Israel: (97:5) vieron todas las lindes de la tierra la salud de nuestro Dios. (97:6) Jubilad a Dios, toda la tierra; cantad, y alborozaos y tañed. (97:7) Tañed al Señor, en cítara; en cítara y voz de salmo; en trompetas batidas(a), y voz de trompeta córnea(b). (97:8) Jubilad delante del rey al Señor. Estremézcase la mar y su plenitud, el orbe y los que le habitan. (97:9) Ríos batirán palmas a una; los montes alborozaránse; que viene a juzgar la tierra; (97:10) juzgará el orbe en justicia, y pueblos en rectitud. (Salmo 98) Santo es el Señor. (Salmo para David) El Señor ha reinado (aírense pueblos) el que sentado está sobre querubines: estremézcase la tierra. El Señor, en Sión, grande y excelso es sobre todos los pueblos. Confiesen todos tu nombre el grande, que terrible y santo es; y honor de rey juicio ama; tú has dispuesto rectitudes; juicio y justicia en Jacob tú has hecho. Exaltad al Señor el Dios nuestro, y adorad el escabel(a) de sus pies. Santo es. Moisés y Aarón entre sus sacerdotes; y Samuel entre los que invocan su nombre; invocaban al Señor y él les oía: en columna de nube hablábales; guardaban sus testimonios, y los preceptos que les dio. Señor, nuestro Dios, tú les oías; Dios propicio fuísteles, y vindicando todos sus designios. Exaltad al Señor, nuestro Dios, y adorad en su monte santo; que santo, Señor, nuestro Dios. (Salmo 99) Load a Dios. (Salmo para confesión) Jubilad al Señor, toda la tierra; servid al Señor en alegría. Entrad ante él en alborozo. Sabed que el Señor, él es Dios, él nos ha hecho, y no nosotros, su pueblo y ovejas de su dehesa. Entrad en sus puertas en confesión, sus atrios, en himnos, confesadle; load su nombre, que bueno el Señor; por el siglo su misericordia; y hasta generación y generación su verdad. (Salmo 100) Propósitos del buen rey. (Salmo para David) Misericordia y juicio te cantaré Señor; tañeré y entenderé en canto(a) inmaculado; ¿cuándo vendrás a mí?(b)(100:3) andaba(c) yo en inocencia de mi corazón, en medio de mi casa. (100:4) No ponía por delante de mis ojos cosa inicua; a los que hacían prevaricaciones, odié; (100:5) no se adhirió a mí un corazón pravo; al que se apartaba de mí; al malvado, no conocía yo(d). (100:6) Al que detraía secretamente a su prójimo, a éste yo perseguía; (100:7) con el de soberbio ojo e insaciable corazón, con este no comía. (100:8) Mis ojos sobre los fieles de la tierra, para sentarles conmigo; el que andaba en senda inmaculada, éste me servía. (100:9) No habitó en medio de mi casa, quien hace soberbia; el que habla lo injusto, no se enderezó(e) delante de mis ojos. (100:10) De mañana mataba yo todos los pecadores(f) de la tierra, para exterminar de ciudad del Señor a todos los obradores de la injusticia. (Salmo 101) Oración y esperanzas de los cautivos en Babilonia. (Oración para el pobre, cuando se angustiare y delante del Señor derramare su deprecación) Escucha, Señor, mi oración; y mi clamor a ti llegue. No apartes tu rostro de mí; en el día que fuere atribulado, inclina tu oreja a mí; (101:3) en el día que te invocare, presto escúchame. (101:4) Que han desfallecido, cual humo, mis días, y mis huesos, cual hojarasca, endurecídose. (101:5) Heme agostado, cual heno, y secádose ha mi corazón, que me he olvidado de comer mi pan. (101:6) De voz de mi gemido se ha pegado mi hueso a mi carne. (101:7) Heme asemejado a pelícano yérmico; he sido hecho como un búho en(a) vivienda; (101:8) he velado y sido hecho como gorrión, solitario sobre la techumbre. (101:9) Todo el día improperábanme mis enemigos; y los que alababan, contra mí juraban(b). (101:10) Que ceniza, cual pan(c) comía yo, y mi bebida con llanto mezclaba; (101:11) a faz de tu ira y tu furor; pues, alzando, me estrellaste. (101:12) Mis días, cual sombra, se han deslizado, y yo, cual heno, secádome. (101:13) Mas tú, Señor, por el siglo permaneces, y tu memorial, por generación y generación. (101:14) Tú, levantándote, te conmiserarás de Sión, que tiempo de conmiserarse de ella; que ha llegado tiempo. (101:15) Que se han complacido tus siervos en las piedras de ella(d) y de sus escombros conmiserádose. (101:16) Y temerán las gentes tu nombre, Señor; y todos los reyes de la tierra, tu gloria. (101:17) Que edificará el Señor a Sión, y apareceráse en su gloria. (101:18) Ha mirado la oración de los humildes, y no menospreciado su plegaria. (101:19) Escríbase esto para generación otra, y pueblo que es creado, loará al Señor. (101:20) Que se asomó a su altura santa; el Señor, desde el cielo a la tierra miró, (101:21) para oír los gemidos de los aherrojados; para desatar a los hijos de los matados; (101:22) para que anuncien en Sión el nombre del Señor y su loor en Jerusalén; (101:23) cuando se junten los pueblos en uno, y reyes, para servir al Señor. (101:24) Respondióle en camino de su fuerza(e): La poquedad de mis días anúnciame. (101:25) No me llames en mitad de mis días(f): en generación de generaciones, tus años. (101:26) Al principio, la tierra tú, Señor, fundaste, y obras de tus manos, son los cielos; (101:27) ellos perecerán; tú, empero, permanecerás; y todos, cual vestimenta, envejecerán; (101:28) y así como manto, los volverás, y se mudarán; pero tú el mismo eres y tus años no desfallecerán. (101:29) Los hijos de tus siervos se empabellonarán y la simiente de ellos por el siglo será enderezada... (Salmo 102) Loor y gracias por los beneficios divinos. (Para David) Bendice, alma mía, al Señor; y todo lo dentro de mí su nombre, el santo. Bendice, alma mía, al Señor; y no olvides todas sus alabanzas; al que se propicia a todas tus iniquidades; al que sana todas tus dolencias; al que redime de perdición; a tu alma; al que te corona en misericordia y conmiseraciones; al que colma de bienes tu deseo; renovárase(a), como de águila, tu juventud. Haciendo misericordias el Señor; y juicio a todos los agraviados. Manifestó sus caminos a Moisés, a los hijos de Israel sus voluntades. Compasivo y misericordioso, el Señor, longánimo y misericordiosísimo. No hasta el fin se airará; ni por el siglo enfureceráse. No según nuestros pecados, ha hecho con nosotros, ni según nuestras iniquidades retribuídonos. Que, según la altura del cielo desde la tierra, ha fortalecido el Señor su misericordia sobre los que le temen; cuanto dista el oriente del occidente, ha alejado de nos nuestras iniquidades. Según se conmisera el padre de los hijos, se ha conmiserado el Señor de los que le temen; pues él conoce nuestra hechura; acordóse de que polvo somos; el hombre —así como heno sus días; así como flor del campo, así se desflorará; pues viento pasará por ella, y ya no será; y no se conocerá ya su lugar. Pero la misericordia del Señor, desde el siglo por el siglo sobre los que le temen; y su justicia sobre hijos de hijos; para los que guardan su testamento. y se acuerdan de sus mandamientos para hacerlos. El Señor en el cielo ha dispuesto su trono; y su reino a todos señorea. Bendecid al Señor, todos sus ángeles, poderosos de fuerza, haciendo su palabra, para oír la voz de sus palabras. Bendecid al Señor, todos sus ejércitos, servidores suyos, haciendo su voluntad. Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de su dominación; bendice, alma mía, al Señor. (Salmo 103) Loor a Dios en la naturaleza. (Para David) Bendice, alma mía, al Señor: Señor, Dios mío, ¡cómo te has engrandecido sobremanera! De confesión y magnificencia te has vestido, envolviéndote en luz como en vestidura; tendiendo el cielo tal cual una piel; el que cubres de aguas sus alturas; el que pones nubes por ascenso de él, el que caminas sobre alas de vientos; el que hace sus ángeles ráfagas y servidores suyos fuego llameante; el que ha fundamentado la tierra sobre la firmeza de ella: no se inclinará por el siglo del siglo. Abismo(a), cual vestidura el cendal de ella; sobre los montes se detendrán(b) aguas. A tu increpación huirán; a la voz de tu trueno, amedrentaránse. Ascienden montes, y descienden campiñas al sitio que les has fundado; límite pusiste que no se traspasará; ni tornarán a cubrir la tierra. El que envías fuentes a las hondonadas; por en medio de los montes pasarán aguas: abrevaránse todas las bestias del campo; recibirán los ónagros en su sed. Sobre ellas los volátiles del cielo habitarán; de en medio de las peñas darán voz. El que abreva montes desde sus alturas; del fruto de tus obras hartaráse la tierra. El que brotas grama para las bestias, y hierba para el servicio de los hombres; para sacar pan de la tierra: y el vino alegra el corazón del hombre; para que alegre su semblante en óleo; y pan el corazón del hombre afianza. Saturaránse los leños del campo, y los cedros del Líbano que plantó; allí los gorriones anidarán; de la garza la casa(c) los encabeza(d). Montes, los altos, para los ciervos; peña, refugio para los puercoespines. Hizo la luna para los tiempos; el sol conoció su ocaso. Pusiste tinieblas, e hízose noche; en ella pasarán todas las fieras de la selva; leoncillos rugiendo por apresar, y buscando, de Dios, su comida. Nació el sol, y se juntarán, y en sus madrigueras dormirán; saldrá el hombre a su labor y a su labranza hasta la tarde—. ¡Cómo se han engrandecido tus obras!, Señor; todo en sabiduría has hecho: se ha llenado la tierra de tu hechura. Esta mar, la grande y espaciosa: allí, reptiles de que no hay número: vivientes, pequeños con grandes(e); este dragón(f) que plasmaste para jugar con él(g). Todo de ti espera que les des alimento oportuno: dándoles tú, recogerán; y, abriendo tú la mano, el universo entero, se llenará de bondad. Apartando, empero, tú el rostro, se turbarán; quitarás su espíritu, y desfallecerán, y a su polvo tornarán. Enviarás tu espíritu, y creados serán, y renovarás el semblante de la tierra. Sea la gloria del Señor por el siglo; se alegrará el Señor en sus obras; el que mira la tierra, y hácela temblar; el que toca los montes, y humean. Cantaré al Señor en mi vida; tañeré a mi Dios, mientras soy; dulcifíquesele mi habla; y yo me alegraré en el Señor. Desfallezcan pecadores de sobre la tierra e inicuos, de suerte que no sean: bendice alma mía, al Señor. (Salmo 104) Maravillas de Dios a favor de su pueblo. (Aleluya) Confesad al Señor, e invocad su nombre; anunciad en las gentes sus obras. Cantadle y tañedle; contad todas sus maravillas. Loaos en su nombre, el santo; alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Buscad al Señor y fortaleceos; buscad su rostro siempre; acordaos de sus maravillas que hizo: sus prodigios y los juicios de su boca; simiente de Abrahán, sus siervos, hijos de Jacob, sus elegidos. El, Señor, nuestro Dios; en toda la tierra, sus juicios. Acordóse por el siglo, de su alianza (palabra que ha mandado por mil generaciones; la que pactó con Abrahán) y de su juramento a Isaac; y púsola a Jacob por precepto y a Israel por alianza eterna, diciendo: «A ti daré la tierra de Canaán, mensura de vues-tra heredad»; cuando eran en número cortos, contados y peregrinos en ella. Y pasaron de gente en gente, de reino a pueblo diverso; no dejó a hombre agraviarles; y castigó, por ellos, a reyes. No toquéis a mis ungidos; y a mis profetas no maltratéis. Y llamó hambre sobre la tierra; y todo sostén de pan quebrantó. Envió delante de ellos a un hombre: por esclavo vendido fue José. (104:18) Humillaron en grillos sus pies; hierro traspasó su alma; (104:18) hasta que vino(a) la palabra de él: el dicho del Señor inflamóle. (104:19) Envió el rey y soltóle; el príncipe de pueblos, y libróle; (104:20) le constituyó señor de su casa, y príncipe de toda su posesión; (104:21) para que enseñase a sus príncipes, como a él mismo; y a sus ancianos doctrinase. (104:22) Y entró Israel en Egipto; y Jacob peregrinó en tierra de Cam. (104:23) Y acrecentó a su pueblo sobremanera, y afianzóle sobre sus enemigos; (104:24) y mudó el corazón de ellos, para que odiaran a su pueblo, y defraudaran a sus siervos. (104:25) Envió a Moisés, su siervo, y a Aarón a quien eligió —a él; (104:26) puso en ellos las palabras de sus señales y prodigios en tierra de Cam. (104:27) Envió tinieblas y entenebreció; y exacerbaron las palabras de él. (104:28) Mudó sus aguas en sangre, y mató sus peces; (104:29) Brotó la tierra de ellos ranas, en las alcobas de sus reyes(b). (104:30) Dijo, y vino mosca y hormigas en todos sus confines. (104:31) Puso las lluvias de ellos granizo; fuego voraz en su tierra; (104:32) y percutió sus vides y sus higueras, y quebrantó todo leño de confín de ellos. (104:33) Dijo, y vino langosta y grillo, de que no había número; (104:34) y devoró toda hierba, en su tierra; y devoró el fruto de su tierra. (104:35) Y percutió todo lo primogénito en su tierra, primicias de toda su labor. (104:36) Y sacóles en plata y oro; y no había en sus tribus, enfermo: (104:37) alegróse Egipto, en su partida; que cayó su temor sobre ellos. (104:38) Extendió nube para cobijamiento de ellos; y fuego para alumbrarles la noche. (104:39) Pidieron, y vino codorniz; y de pan del cielo llenóles. (104:40) Hendió la peña y fluyeron aguas; fuéronse en lo seco los ríos. (104:41) Porque se acordó de su palabra, la santa, la a Abrahán, su siervo; (104:42) y sacó su pueblo, en alborozo; y sus elegidos, en alegría. (104:43) Y dioles regiones de gentes; y labores de pueblos heredaron; (104:44) para que guarden sus justificaciones; y su ley investiguen. (Salmo 105) Deprecación de Israel en Babel. (Aleluya) Confesad al Señor que bueno, que por el siglo su misericordia. ¿Quién hablará los poderíos del Señor; oídas hará todos sus loores? Bienaventurados los que guardan juicio y hacen justicia en todo tiempo. Acuérdate de nosotros, Señor, en el beneplácito de tu pueblo; visítanos en tu salud; para ver en la bondad(a) de tus elegidos; para alegrarnos en la alegría de tu gente; para que seas loado, con tu heredad. Hemos pecado con nuestros padres, prevaricado, delinquido; nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas y no rememoraron la muchedumbre de tu misericordia; y exacerbaron, cuando subieron a la roja mar. Y salvólos, por su nombre, para manifestar su poder; e increpó a la roja mar, y secóse, y condújoles en el abismo, como en el desierto; y salvóles de mano de aborrecedores; y redimióles de mano de enemigo; y cubrió agua a los que les atribulaban; uno de ellos no quedó. Y creyeron en sus palabras; y loaron su loor. Apresuráronse(b), olvidaron sus obras, no aguardaron a su consejo; y codiciaron codicia en el desierto; y tentaron a Dios en yermo. Y dioles su petición, y envió hartura a sus almas. E irritaron a Moisés en el campamento, y a Aarón, el santo del Señor: abrióse la tierra y devoró a Datán, y cubrió(c) sobre la congregación de Abirón; y enardecióse fuego en la congregación de ellos; y llama inflamó a pecadores. E hicieron becerro en Horeb, y adoraron la escultura; y mudaron a su gloria(d) en una similitud(e) de becerro comiendo hierba. Olvidáronse del Dios, que los salva, que hizo grandezas en Egipto, maravillas en tierra de Cam, terrores en la mar roja. Y dijo que los exterminaría si Moisés, su elegido, no se hubiese puesto en el herimiento(f) delante de él, para apartar su ira, para que no los exterminase. Y menospreciaron la tierra deseable; no creyeron en su palabra; y murmuraron en sus tiendas; no escucharon la voz del Señor. Y alzó su mano sobre ellos, para derribarlos en el desierto; y derribar la simiente de ellos en las gentes, y dispersarlos en las regiones. E iniciáronse a beelfegor(g), y comieron sacrificios de muertos; e irritáronle en los designios de ellos; y multiplicóse sobre ellos ruina. Y alzóse Fineés, y propició; y cesó el herimiento. Y reputósele a justicia; por generación y generación hasta el siglo. Y encolerizáronle sobre Agua de contradicción; y fue maltratado Moisés por causa de ellos, pues exacerbaron el espíritu de él; y vaciló en sus labios. (105:34) No exterminaron las gentes que dijo el Señor; (105:34) y mezcláronse en las gentes, y aprendieron sus obras; (105:34) y sirvieron a sus esculturas, y fueles para escándalo; (105:35) y sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios; (105:36) y derramaron sangre inocente: sangre de sus hijos e hijas, que sacrificaron a las esculturas de Canaán. (105:37) E inficionóse de matanza la tierra en las sangres; y contaminóse en las obras de ellos; y fornicaron en sus designios. (105:38) Y se airó con furor el Señor sobre su pueblo, y abominó su heredad; (105:39) y entrególes en manos de gentes; y enseñoreáronse de ellos, los que les odiaban; (105:40) y atribuláronles sus enemigos; y humillados fueron bajo sus manos. Muchas veces libróles; (105:41) ellos, empero, exacerbáronle en el consejo de ellos; y humillados fueron en sus iniquidades. (105:42) Y vio, cuando eran atribulados, cuando escuchó sus deprecaciones; (105:43) y acordóse de su testamento, y arrepintióse, según la muchedumbre de su misericordia. (105:44) Y dioles a conmiseraciones, delante de todos los que les habían cautivado. (105:45) Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y congréganos de las gentes, (105:46) para confesar tu nombre, el santo, y gloriarnos en tu loor—. (105:47) Bendito, Señor, el Dios de Israel, por el siglo y hasta el siglo; y diga todo el pueblo: «¡Sea!». (Salmo 106) Cántico de los redimidos. (Aleluya) «Confesad al Señor; porque bueno; porque por el siglo, su misericordia»; digan los redimidos por el Señor, los que redimió su mano de enemigo; y de las regiones congrególos; de oriente a occidente y septentrión y mar. Erraron en el desierto, en yermo; camino de ciudad, de vivienda, no hallaron. Hambrientos y sedientos —su alma en ellos desfalleció. Y clamaron al Señor, cuando eran atribulados, y de sus necesidades los libró; y encaminólos a camino recto, para que fuesen a ciudad de habitación. Confiesen al Señor sus misericordias y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Que sació alma vacía, y alma hambrienta repletó de bienes; a los sentados en tinieblas y sombra de muerte, aherrojados en mendiguez y en hierro; porque exacerbaron los dichos de Dios, y el consejo del Altísimo irritaron. y humillado fue en trabajos su corazón; desmayaron y no había ayudador. Y clamaron al Señor cuando eran atribulados, y de sus necesidades salvólos; y les sacó de tinieblas y sombra de muerte, y sus ataduras destrozó. Confiesen al Señor sus misericordias y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Pues quebrantó puertas broncíneas; y cerrojos férreos destrozó. Acogióles de vía de su iniquidad, que por sus iniquidades fueron humillados. Todo alimento abominó su alma; y acercáronse hasta las puertas de la muerte. Y clamaron al Señor, cuando eran atribulados; y de sus necesidades salvólos; envió su palabra, y sanólos; y librólos de sus perdiciones. Confiesen al Señor sus misericordias y sus maravillas para con los hijos de los hombres; Y sacrifiquen sacrificio de loor; y anuncien sus obras en alborozo. Los que descienden a la mar en bajeles, que hacen trabajo en aguas muchas; ellos han visto las obras del Señor, y sus maravillas en el profundo: Dijo, y alzóse viento de tormenta; y exaltáronse sus olas(a), ascienden hasta los cielos y descienden hasta los abismos: el alma de ellos en males deshacíase; se turbaron, movieron, cual el ebrio, y toda su sabiduría se hundió. Y clamaron al Señor, cuando eran atribulados, y de sus necesidades sacólos. Y puso su tormenta en aura, y callaron sus olas; y alegráronse porque sosegaron; y guiólos al puerto de su voluntad(b). Confiesen al Señor sus misericordias y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Exáltenle en congregaciones de pueblo; y en cátedras de ancianos alábenle. Volvió ríos en desierto, y manaderos de aguas en sed; tierra fructífera, en salados, por maldad de los que habitan en ella. Volvió desierto en puertos de aguas; y tierra yerma en manaderos de aguas. Y estableció allí a sedientos; y constituyeron ciudad de habitación. Y sembraron campos, y plantaron viñas, e hicieron fruto de germinación. Y bendíjolos y multiplicáronse sobremanera, y sus ganados no mermó: Y apocados fueron y maltratados por tribulación de malos y dolor. Vertióse desprecio sobre príncipes; y descaminólos por lo intransitable; y no por senda—. Y ayudó al pobre de la mendiguez, y puso, cual ovejas, las familias. Verán los rectos y se alegrarán; y toda iniquidad obturará su boca. ¿Quién sabio, y guardará esto; y entenderán las misericordias del Señor? (Salmo 107) Gloria de Dios, y restitución de su pueblo. (Cantar de salmo, para David) Preparado, mi corazón, Dios; preparado, mi corazón: cantaré y tañeré en mi gloria. Levántate, gloria mía; levántate, salterio y cítara, levantaréme a la aurora. Te confesaré en pueblos, Señor; y te tañeré en gentes; porque grande, por sobre los cielos, tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad. Exáltate sobre los cielos, Dios; y sobre toda la tierra tu gloria. Para que se libren tus amados, salva con tu diestra, y escúchame, Dios ha hablado en su santo: «Me exaltaré y repartiré a Siquem, y la hondonada de los pabellones mediré. Mío es Galaad; y mío es Manasés; y Efraín, acogimiento(a) de mi cabeza; Judá, mi rey; Moab, lebrillo de mi esperanza(b); (107:10) sobre Idumea arrojaré mi calzado(c); a mí los alienígenas se me han sometido. (107:11) ¿Quién me llevará a ciudad de fortificación? ¿quién me conducirá hasta la Idumea? (107:12) ¿Acaso no tú, Dios, el que nos has desechado? ¿y no saldrás, Dios, en nuestros ejércitos? (107:13) Danos ayuda de la tribulación; y vana, salud de hombre. (107:14) En Dios haremos poderío, y él anonadará a nuestros enemigos. (Salmo 108) Suerte de los enemigos de David; imagen de Cristo. (Para el fin; salmo para David) Dios, mi loor(a) no calles; (108:1) que boca de pecador y boca de doloso sobre mí se ha abierto; (108:2) han hablado contra mí con lengua dolosa; y con palabras de odio cercádome, y guerreado contra mí sin causa. (108:3) En vez de amarme, calumniábanme; yo, empero, oraba; (108:4) y pusieron contra mí males por bienes, y odio por amor mío. (108:5) Constituye tú sobre él(b) un pecador(c); y el diablo(d) esté a su derecha. (108:6) Cuando se le juzgue, salga condenado; y su oración conviértase en pecado. (108:7) Conviértanse sus días, en pocos, y su visitación(e) tome otro; (108:8) conviértanse sus hijos en huérfanos; y su mujer, en viuda; (108:9) vagos transmigren sus hijos y mendiguen; (108:10) lanzados sean de sus viviendas. Escudriñe el prestamista todo cuanto tuviere; rapiñen extraños todas sus labores, (108:11) no tenga acogedor, ni haya conmiserador para con sus huérfanos; (108:12) sean sus hijos para exterminio; en generación una bórrese su nombre. (108:13) Rememórese el pecado de sus padres ante el Señor, y el pecado de su madre no se borre. (108:14) Estén ante el Señor siempre, y borrado sea de la tierra el recuerdo de ellos; por cuanto no recordó hacer misericordia; (108:15) y persiguió a pobre y mendigo y quebrantado de corazón, para matar(f). (108:16) Y amó maldición, y le sobrevendrá; y no quiso bendición, y alejaráse de él. (108:17) Y vistióse maldición como vestidura, y entró, como agua, en sus entrañas y, como aceite, en sus huesos; (108:18) tornósele como vestidura de que se cubre, y como ceñidor de que siempre se ciñe. (108:19) Esta, la obra de los que me calumnian delante del Señor, y de los que hablan mal de mi alma. (108:20) Y tú, señor, Señor, haz conmigo misericordia por causa de tu nombre; porque buena, tu misericordia; (108:21) líbrame; porque mendigo y pobre yo soy; y mi corazón turbado está dentro de mí. (108:22) Tal como sombra cuando declina, he sido arrebatado; sacudido tal como langostas. (108:23) Mis rodillas han flaqueado por el ayuno; y mi carne demudádose por causa del óleo. (108:24) Y yo he sido hecho oprobio para ellos: me han visto y han movido sus cabezas. (108:25) Ayúdame, Señor, Dios mío; sálvame según tu gran misericordia. (108:26) Y conozcan que tu mano, ésta, y tú Señor, lo has hecho. (108:27) Maldecirán ellos, y tú bendecirás; los que se levantan contra mí, confundidos sean; y tu siervo se alegrará. (108:28) Revestidos serán, los que me detraen, de rubor; y envueltos en vergüenza, cual en manto, de ellos. (108:29) Confesaré al Señor sobremanera en mi boca, en medio de muchos le loaré; (108:30) porque ha asistido a la diestra de un pobre, para salvar, de los perseguidores, a mi alma. (Salmo 109) Reinado y sacerdocio del Mesías. (Salmo para David) Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi diestra; (109:2) hasta poner yo tus enemigos escabel de tus pies». (109:3) Vara(a) de poder enviará el Señor, de Sión; —y enseñoréate en medio de tus enemigos. (109:4) Contigo, el principado en día de tu poder, en el esplendor de los santos; del vientre, antes del lucero, te he engendrado. (109:5) Juró el Señor, y no le pesará: «Tú eres sacerdote, por el siglo, según el orden de Melquisedec». (109:6) El Señor, a tu diestra, quebrantó, en día de su ira, reyes; (109:7) juzgará en las gentes; llenará ruina; quebrantará cabezas sobre tierra mucha. (109:8) De torrente en camino(b) beberá; por esto exaltará cabeza. (Salmo 110) Loor a Dios por sus beneficios. (Aleluya) Te confesaré, Señor en todo mi corazón; en consejo de rectos y congregación. Grandes, las obras del Señor, escogidas, según todas sus voluntades(a); confesión y magnificencia, su obra; y su justicia permanece por el siglo del siglo. Memoria(b) hizo de sus maravillas, misericordioso y compasivo el Señor alimento(c) dio a los que le temían, se acordará, por el siglo, de su testamento, el poder de sus obras anunciará a su pueblo; para darles heredad de gentes; las obras de sus manos, verdad y juicio; fieles, todos sus mandamientos, confirmados por el siglo del siglo, hechos en verdad y rectitud. Redención envió a su pueblo; mandó por el siglo, su testamento; santo y terrible, su nombre. Principio de sabiduría, temor de Dios, entendimiento bueno a todos los que la hacen; su loor permanece por el siglo del siglo. (Salmo 111) Dicha del temeroso de Dios. (Aleluya) Bienaventurado, el varón que teme al Señor; en sus mandamientos querrá sobremanera; poderosa en la tierra será su simiente; generación de rectos bendecida será; gloria y riquezas, en la casa de él; y su justicia permanece por el siglo del siglo. Ha nacido de entre tinieblas(a) luz a los rectos: el misericordioso y conmiserador y justo(b). (111:5) Bueno el varón, el conmiserador y prestador; dispondrá sus palabras en juicio; pues, por el siglo no vacilará; (111:6) en memoria eterna será el justo. De oída mala no temerá; (111:7) dispuesto, su corazón a esperar en el Señor. Afianzado está su corazón (no temerá) hasta desdeñar a sus enemigos. (111:8) Desparramó, dio a los pobres; su justicia permanece por el siglo del siglo; su cuerno exaltado será en gloria. (111:9) El pecador será, y se encolerizará; sus dientes crujirá, y desharáse: codicia de pecadores perecerá. (Salmo 112) A los humildes favorece Dios. (Aleluya) Load, niños, al Señor; load su nombre. Sea el nombre del Señor bendito, desde ahora y por el siglo; de oriente de sol a ocaso, loado es el nombre del Señor. Excelso sobre todas las gentes el Señor; sobre los cielos, su gloria. (112:5) ¿Quién como el Señor, nuestro Dios? el que en alturas habita, y lo humilde mira en el cielo y en la tierra; (112:6) el que levanta de la tierra al menesteroso; y, del estiércol ensalza, al pobre; (112:7) para sentarlo con príncipes, con príncipes de su pueblo; el que coloca a la estéril en casa, madre sobre hijos gozosa. (Salmo 113) Para Dios la gloria. (Aleluya) A la salida de Israel, de Egipto, de la casa de Jacob, de entre pueblo extraño; hecha fue Judea santuario de él, Israel; la potencia de él. La mar vio y huyó; el Jordán volvióse atrás; los montes retozaron, cual carneros, y las colinas, cual corderos de ovejas(a). ¿Qué tienes mar que huiste? ¿y tú, Jordán que te volviste atrás? ¿los montes que retozasteis, cual carneros, y, las colinas cual corderos de ovejas? A faz del Señor, vaciló la tierra, a faz del Dios de Jacob, el que trueca la peña en lagos de aguas y la escarpa en manantiales de agua—. (Salmo 113, continuación)(113:9) No a nosotros, Señor; no a nosotros sino a tu nombre da gloria; (113:10) por tu misericordia y tu verdad; no sea que digan las gentes: «¿Dónde está el Dios de ellos?». (113:11) Nuestro Dios, empero, en el cielo arriba; en los cielos y sobre la tierra, todo cuanto ha querido, ha hecho—. (113:12) Los ídolos de las gentes, plata y oro, obras de manos de hombres. (113:13) Boca tienen, y no hablan; ojos tienen, y no verán; (113:14) orejas tienen, y no oirán; narices tienen, y no olerán; (113:15) manos tienen, y no palparán; pies tienen, y no andarán; no clamarán en su garganta. (113:16) Semejantes a ellos háganse, los que los hacen, y todos los que confían en ellos. (113:17) Casa de Israel ha esperado en el Señor, su ayudador y su escudador es. (113:18) Casa de Aarón ha esperado en el Señor; su ayudador y su escudador es. (113:19) Los que temen al Señor han esperado en él; su ayudador y su escudador es. (113:20) El Señor se ha acordado de nosotros y bendecídonos; (113:21) bendecido la casa de Israel; bendecido la casa de Aarón; (113:22) bendecido a los que temen al Señor: a los pequeños con los grandes. (113:23) Añada(b) el Señor sobre vos, sobre vos y vuestros hijos; (113:24) benditos vosotros seáis para el Señor, el que ha hecho el cielo y la tierra. (113:25) El cielo del cielo(c), para el Señor; mas la tierra ha dado a los hijos de los hombres. (113:26) No los muertos te loarán, Señor, ni todos los que bajan al infierno; (113:27) sino que nosotros que vivimos, bendeciremos al Señor, desde ahora y por el siglo. (Salmo 114) Gracias por la liberación del cautiverio. (Aleluya) He amado(a) pues ha de escuchar Dios la voz de mi plegaria; pues ha inclinado su oreja a mí; y en los días míos le he de invocar. Cercáronme angustias de muerte; peligros de infierno me hallaron; tribulación y dolor hallé, y el nombre del Señor invoqué: «Oh Señor; libra a mi alma». Misericordioso y justo, el Señor; y Señor, nuestro Dios, se apiada. Guardando a los pequeñuelos el Señor: humillado fui, y me salvó. Vuélvete, alma mía, a tu reposo, que el Señor bien te ha hecho; porque arrancó a mi alma de muerte; mis ojos, de lágrimas, y mis plantas, de resbalamiento. Placeré ante el Señor en región de vivientes. Creí; por lo cual he hablado: «Pero yo humillado he sido sobremanera». Yo dije en mi desvarío: «Todo hombre, mendaz». ¿Qué retribuiré al Señor por todo lo que me ha retribuido? Cáliz de salud cogeré(a), y el nombre del Señor invocaré. -- (114:14)(b) Preciosa(c), delante del Señor, la muerte de sus santos. (114:15) Oh Señor, yo, siervo tuyo e hijo de tu servidora; (114:16) Has roto mis cadenas: a ti sacrificaré sacrificio de loor; y, en nombre del Señor, invocaré. (114:17) Mis votos pagaré al Señor delante de todo su pueblo; en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti Jerusalén. (Salmo 116) Loor a Dios. (Aleluya) Load al Señor, todas las gentes; lóenle todos los pueblos; que afianzada está su misericordia sobre nosotros; y la verdad del Señor permanece por el siglo. (Salmo 117) Gracias por el gran triunfo del Mesías. (Apocatástasis de Israel). (Aleluya) Confesad al Señor que bueno, que por el siglo su misericordia. Diga ahora la casa de Israel que bueno, que por el siglo su misericordia. Diga ahora la casa de Aarón que bueno, que por el siglo, su misericordia. Digan ahora los que temen al Señor, que bueno, que por el siglo, su misericordia(a). En tribulación invoqué al Señor, y escuchóme para dilatación. Señor, para mí, un ayudador: no temeré: ¿qué ha de hacerme un hombre? Señor, para mí, un ayudador y yo desdeñaré a mis enemigos. Bueno, confiar en el Señor, que confiar en hombre. Bueno, esperar en el Señor, que esperar en príncipes. Todas las gentes me circuyeron, y, con el nombre de Dios, heme defendido de ellos. Circuyendo circuyéronme, y, con el nombre del Señor, heme defendido de ellos, circuyéronme, cual abejas el panal(b); y se inflamaron, cual fuego en espinas; y, con el nombre del Señor, heme defendido de ellos. Impelido, vuelto fui para que cayera; y el Señor me acogió. Fuerza mía y concento mío, el Señor, y fueme en salud. Voz de alborozo y salud, en pabellones de justos. La diestra del Señor hizo poder; la diestra del Señor me exaltó, la diestra del Señor hizo poder. No moriré, sino viviré y narraré las obras del Señor. Castigando castigóme el Señor; y a la muerte no me entregó. Abridme puertas de justicia; entrando en ellas, confesaré al Señor; esta, la puerta del Señor; justos entrarán en ella. Te confesaré, porque me has escuchado, y convertídoteme en salud. Piedra que desecharon los edificadores, ésta convertida fue en cabeza de ángulo; por el Señor ha sido hecho esto; y es maravilloso en nuestros ojos. Este, un día que ha hecho el Señor: alborocémonos y alegrémonos en él—. Oh Señor, salva ya; oh Señor, bien encamina ya. Bendito, el que viene en nombre del Señor; os hemos bendecido de la casa del Señor, Dios(c); Señor, y nos ha resplandecido: aderezad fiesta en guirnaldas, hasta los cuernos del altar. Dios mío eres tú, y te confesaré; Dios mío eres tú, y te ensalzaré. Te confesaré, porque me has escuchado, y convertídoteme en salud. Confesad al Señor, porque bueno, porque por el siglo su misericordia. (Salmo 118) Excelencias de la divina ley. (Aleluya) Bienaventurados los intachables en camino, los que andan en ley del Señor. Bienaventurados los que escudriñan sus testimonios; en todo corazón le buscan; que no los obradores de la iniquidad en sus caminos han andado. Tú has mandado tus mandamientos guardar sobremanera. ¡Ojalá se enderezasen mis caminos a guardar sus justificaciones! entonces no seré confundido, no, cuando yo observare todos tus mandamientos. Te confesaré, Señor, en rectitud de corazón, cuando hubiere yo aprendido los juicios de tu justicia. Tus determinaciones guardaré; no me abandones hasta muy mucho. ¿En qué enderezará el joven su camino? En guardar tus palabras. En todo corazón te he inquirido; no me deseches de tus mandamientos. En mi corazón he escondido tus dichos; para no pecar contra ti. Bendito eres, Señor; enséñame tus determinaciones. En mis labios pronunciaré todos los juicios de tu boca; en el camino de tus testimonios gocéme, cual en todas las riquezas. En tus mandamientos ejercitaréme; e investigaré tus caminos; en tus determinaciones meditaré; no olvidaré tus palabras. Retribuye a tu siervo; viviré y guardaré tus palabras. Descubre mis ojos, y consideraré tus maravillas de tu ley. Peregrino soy en la tierra; no apartes de mí tus mandamientos. Ha deseado mi alma anhelar por tus determinaciones en todo tiempo. Has increpado a los soberbios; malditos, los que declinan de tus mandamientos. Quita de mí el oprobio y el menosprecio; que tus testimonios he buscado; pues que se han sentado príncipes; y contra mí hablaban; tu siervo, empero, ejercitábase en tus determinaciones; pues que tus testimonios meditación mía son; y mis consejos, tus determinaciones. Pegada está al suelo mi alma; viviré, según tu dicho. Mis caminos he anunciado, y me has escuchado; enséñame tus determinaciones; y el camino de tus determinaciones manifiéstame; y me ejercitaré en tus maravillas. Ha dormitado mi alma de tedio; confírmame en tus palabras. Camino de iniquidad aparta de mí; y por tu ley apiádate de mí. Camino de verdad he elegido; tus juicios no olvidado. Heme pegado a tus testimonios; Señor, no me confundas. Camino de tus mandamientos he corrido, al dilatar tú mi corazón. Legíslame, Señor, el camino de tus determinaciones; y lo inquiriré siempre. Instrúyeme, y escudriñaré tu ley, y la guardaré en todo mi corazón. Guíame en senda de tus mandamientos; pues ella he querido. Inclina mi corazón a tus testimonios; y no a avaricia. Aparta mis ojos, para que no vean vanidad; en tu camino vivifícame. estatuye a tu siervo tu dicho, para tu temor. Quita el oprobio que yo sospechaba; que tus juicios, buenos. He aquí he anhelado tus mandamientos; en tu justicia vivifícame. Y venga sobre mí tu misericordia, Señor, tu salud, según tu misericordia. Y responderé a los que oprobian una palabra; pues he esperado en tus palabras. Y no quites, de mi boca, palabra de verdad por siempre jamás; que en tus juicios grandemente he esperado. Y guardaré tu ley siempre, por el siglo y por el siglo del siglo. Y yo andaba en anchura; que tus mandamientos inquiría; y hablaba en tus testimonios delante de reyes, y no me avergonzaba; y meditaba en tus mandamientos que has amado sobremanera; y levanté mis manos a tus mandamientos que has amado sobremanera y ejercitábame en tus determinaciones. Acuérdate de tu palabra a tu siervo en la que me has esperanzado. Esto me ha consolado en mi bajeza; que de tu dicho no he declinado. Soberbios prevaricaban, hasta sobre modo; pero de tu ley no he declinado(a). Heme acordado de tus juicios, Señor, desde el siglo, y he sido consolado. Desaliento me ha cogido, por los pecadores, los que abandonan tu ley. Cantables me eran tus determinaciones, en el lugar de mi peregrinación. Heme acordado, en la noche, de tu nombre, Señor; y guardado tu ley. Esto me ha acontecido, porque tus determinaciones inquirí. Mi parte, Señor, he dicho guardar(b) tu ley. He deprecado a tu rostro, en todo mi corazón: apiádate de mí según tu dicho. He pensado en tus(c) caminos, y volví mis pies a tus testimonios. Pronto estoy— y no me he turbado —a guardar tus mandamientos. Lazos de pecadores han sido entretejidos en torno mío; y tu ley no he olvidado. A medianoche levantábame para confesarte por los juicios de tu justicia. Partícipe yo soy de todos los que te temen y guardan tus mandamientos. De tu misericordia, Señor, llena(d), toda la tierra; tus determinaciones, Señor, enséñame. Bondad has hecho con tu siervo, Señor, según tu dicho. Bondad, y disciplina y ciencia enséñame; que a tus mandamientos he creído. Antes de ser humillado, yo delinquí; por esto tu dicho yo he guardado. Bueno eres, tú Señor; y, en tu bondad, enséñame tus determinaciones. Se ha multiplicado sobre mí injusticia de soberbios; yo, empero, en todo mi corazón, escudriñaré tus mandamientos. Coagulado está, como leche, el corazón de ellos; yo, empero, en tu ley he meditado. Bueno para mí, que me hayas humillado, para que aprenda tus determinaciones. Bueno para mí, la ley de tu boca sobre millares de oro y plata. Tus manos me han plasmado y aderezádome; instrúyeme, y aprenderé tus mandamientos. Los que te temen, me verán, y se alegrarán; que en tus palabras he confiado. Conozco, Señor, que con justicia y verdad, tus juicios me han humillado. Sea ya tu misericordia para consolarme; según tu dicho a tu siervo. Vengan a mí tus conmiseraciones, y viviré; que tu ley mi meditación es. Confundidos sean los soberbios, pues injustamente han prevaricado contra mí; pero yo ejercitaré en tus mandamientos. Vuélvanse a mí, los que te temen y los que conocen tus testimonios. Hágase mi corazón inmaculado en tus determinaciones, para que no sea yo confundido. Desfallece en tu salud mi alma, y en tu palabra he confiado. Han desfallecido mis ojos en tu dicho, diciendo: «¿Cuándo me consolarás?»; que he sido hecho, cual odre en escarcha(e): tus determinaciones no he olvidado. ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo me harás, de los que me persiguen, juicio? Narráronme inicuas necedades; pero no como tu ley, Señor. Todos tus mandamientos, verdad; injustamente me han perseguido; ayúdame. Por poco, no me han consumado en la tierra; yo, empero, no he abandonado tus mandamientos. Según tu misericordia, vivifícame; y guardaré los testimonios de tu boca. Por el siglo, Señor, tu palabra permanece en el cielo. Por generación y generación, tu verdad; has fundado la tierra, y permanece. Por tu ordenación permanece el día; que juntamente todo te sirve. De no ser, porque tu ley mi meditación es, entonces hubiese perecido en mi bajeza; Por el siglo no olvidaré, no, tus determinaciones; que en ellas me has vivificado, Señor. Tuyo soy, Señor: sálvame, que tus determinaciones he inquirido; Hanme aguardado pecadores, para perderme; tus testimonios he comprendido. De toda consumación he visto el fin(f): dilatado tu mandamiento sobremanera. ¡Cómo he amado tu ley, Señor! todo el día meditación mía es. Sobre mis enemigos me ilustraste tu mandamiento; pues, por el siglo, para mí es. Sobre todos los que me enseñan, he comprendido, pues tus testimonios meditación mía son. Sobre ancianos he comprendido; pues tus mandamientos he buscado. De todo camino malo he retraído mis pies, para guardar tus palabras; de tus juicios no he declinado, que tú legislaste para mí. ¡Qué dulces a mi garganta, tus dichos!, sobre miel y panal a mi boca. De tus mandamientos he comprendido(g); por esto he odiado todo camino de iniquidad; pues tú legislaste para mí. Lumbrera a mis pies, tu ley; y luz a mis sendas. He jurado y estatuido guardar los juicios de tu justicia. Humillado he sido hasta sobremodo; Señor vivifícame, según tu dicho. Las espontaneaciones(h) de mi boca bendice, Señor; y tus juicios enséñame. Mi alma, en tus(i) manos siempre; y tu ley no he olvidado. Han puesto pecadores lazos para mí; y de tus mandamientos no he errado. He heredado tus testimonios por el siglo; que alborozo del corazón mío son. He inclinado mi corazón a hacer tus determinaciones, por el siglo, por la retribución—. Prevaricadores he aborrecido, y tu ley amado. Ayudador mío y acogedor mío eres tú; y en tus palabras he esperado. Desviaos de mí, los malvados; y escudriñaré los mandamientos de mi Dios. Acógeme, según tu dicho, y vivifícame; y no me confundas en mi expectación. Ayúdame, y me salvaré, y meditaré en tus determinaciones siempre. Has anonadado a todos los que se apartan de tus determinaciones; que injusto su pensar. Transgresores he reputado a todos los pecadores de la tierra; por esto he amado tus testimonios siempre. Enclava con tu temor mis carnes; pues de tus juicios he temido. He hecho juicio y justicia: no me entregues a los que me agravian. Recibe a tu siervo en bien; no me calumnien los soberbios. Mis ojos han desfallecido por tu salud y por el dicho de tu justicia. Haz con tu siervo, según tu misericordia; y según tus determinaciones enséñame. Siervo tuyo soy yo: instrúyeme, y conoceré tus testimonios. Tiempo(j) de hacer para el Señor: han disipado tu ley. Por esto he amado tus mandamientos sobre el oro y el topacio. Por esto a todos tus mandamientos me he enderezado; toda vía injusta aborrecido. Maravillosos, tus testimonios; por esto los ha escudriñado mi alma. La aclaración de tus palabras iluminará; e instruirá a los pequeñuelos. Mi boca he abierto y sacado aliento(k), que tus mandamientos anhelaba. Mírame y apiádate de mí, según el juicio(l) de los que aman tu nombre. Mis pasos endereza, según tu dicho; y no se enseñoree de mí toda iniquidad; redímeme de calumnias de hombres, y guardaré tus mandamientos. Tu faz ilumina sobre tu siervo; y enséñame tus determinaciones. Torrentes de aguas han bajado(m) mis ojos; porque no guardaron tu ley. Justo eres, Señor, y recto, tu juicio; has mandado justicia: tus mandamientos, y verdad sobremanera. Me ha consumido el celo de tu casa; que se han olvidado de tus mandamientos, mis enemigos. Inflamado, tu dicho sobremanera, y tu siervo lo ha amado. Jovencillo soy yo, y anonadado; tus determinaciones no he olvidado. Tu justicia, justicia(n) por el siglo; y tu palabra verdad. Tribulaciones y necesidad hanme hallado; tus mandamientos, mi meditación. Justicia, tus mandamientos, por el siglo; instrúyeme y vivifícame. He clamado en todo mi corazón; escúchame, Señor; tus determinaciones inquiriré. He clamado a ti; sálvame; y guardaré tus testimonios. Heme adelantado a destiempo, y clamado; en tus palabras he confiado. Adelantáronse mis ojos a ti, a madrugar, para meditar tus dichos. Mi voz, escucha, Señor, según tu misericordia; según tu juicio, vivifícame. Se han llegado, los que me persiguen, a la iniquidad; y de tu ley alejádose. Cerca estás, Señor; y todos tus caminos, verdad. Desde el principio he conocido de tus testimonios que por el siglo los has fundado. Ve mi bajeza, y arráncame; que tu ley no he olvidado. Juzga mi juicio y redímeme; por tu palabra vivifícame. Lejos de pecadores la salud; porque tus determinaciones no han inquirido. Tus conmiseraciones, muchas, Señor, sobremanera; según tus juicios vivifícame. Muchos, los que me persiguen y atribulan; de tus testimonios no he declinado. He visto insensatos y consumídome; porque tus dichos no han guardado. Ve que tus mandamientos he amado, Señor; en tu misericordia vivifícame. Principio de tus palabras, verdad, y, por el siglo, todos los juicios de tu justicia. Príncipes me han perseguido sin causa; y de tus palabras se ha amedrentado mi corazón. Alborozaréme yo sobre tus dichos, como quien halla despojos muchos. Injusticia he aborrecido y abominado; pero tu ley amado. Siete veces al día(o) te he loado sobre los juicios de tu justicia. Paz mucha, a los que aman tu ley, y no hay para ellos escándalo. He aguardado tu salud, Señor; y tus mandamientos amado; y aguardado mi alma tus testimonios, y amádolos sobremanera. He guardado tus mandamientos y tus testimonios; que todos tus caminos, delante de mí. Acérquese ya mi deprecación, a faz tuya, Señor; Señor; según tu dicho, instrúyeme. Entre mi petición a faz tuya; según tu dicho, líbrame. Lanzarán mis labios himno, cuando me enseñares tus determinaciones. Suene mi lengua tu dicho; que todos tus mandamientos, justicia son. Sea tu mano para salvarme; que tus mandamientos he elegido. He anhelado tu salud, Señor; y tu ley mi meditación es. Vivirá mi alma y te alabará; y tus juicios me ayudarán. He errado cual oveja perdida; busca a tu siervo; que tus mandamientos no he olvidado. (Salmo 119) Contra los maldicientes. (Cantar de las gradas) —Al Señor, al ser yo atribulado, clamé y escuchóme. Señor, libra a mi alma de labios injustos y de lengua dolosa— «¿Qué se te habrá de dar y qué añadírsete a una lengua dolosa(a)?» Las saetas del poderoso agudas con los carbones, los desoladores(b). ¡Ay de mí, que mi peregrinación se ha prolongado! heme empabellonado con los pabellones de Cedar(c). Mucho ha peregrinado mi alma, con los que odian la paz. Era yo pacífico; cuando les hablaba, guerreaban contra mí sin causa. (Salmo 120) Dios ampara. (Cantar de las gradas) He alzado mis ojos a los montes(a): ¿de dónde vendrá la ayuda mía? Mi ayuda, del Señor, el que hizo el cielo y la tierra. No des a vacilación tu planta; ni dormitará, el que te guarda. He aquí no dormitará, ni dormirá, el que guarda a Israel. El Señor te guardará; Señor, tu amparo sobre tu mano derecha. De día el sol no te quemará, ni la luna(b) de noche. El Señor te guardará de todo mal; guarde él a tu alma. El Señor guardará tu entrada y tu salida, desde ahora y por el siglo. (Salmo 121) Los cautivos, ya libres, cantan y bendicen a Jerusalén. (Cantar de las gradas; para David) Heme alegrado de lo que se me ha dicho: «A casa del Señor iremos»; puestos estaban nuestros pies(a) en los atrios de Jerusalén, Jerusalén, la que es edificada, como ciudad cuya comunidad— de ella, en lo mismo(b) Pues allá han ascendido las tribus del Señor, testimonio(c) de Israel— a confesar al nombre del Señor; Pues allí están asentados tronos para juicio; tronos sobre la casa de David. Buscad ya lo para paz, para Jerusalén; y abundancia(d) a los que te aman. Hágase ya paz en tu poder, y abundancia en tus alcázares; por causa de los hermanos míos y de los prójimos míos. Y hablaba yo paz acerca de ti; por causa de la casa del Señor, nuestro Dios, he anhelado bienes para ti. (Salmo 122) (Plegaria de los cautivos en Babilonia). Confianza en la piedad divina. (Cantar de las gradas) A ti he levantado mis ojos, al que habita en el cielo. He aquí como ojos de siervos en manos de sus señores; (122:3) como ojos de doncella en manos de su señora; así nuestros ojos al Señor, nuestro Dios, hasta que se conmisere de nosotros. (122:4) Apiádate de nosotros, Señor; apiádate de nosotros, pues en mucho se nos ha llenado de anonadamiento; (122:5) en más, llenádose ha nuestra alma: el oprobio(a) a los ricos, y el anonadamiento a los soberbios. (Salmo 123) Gracias por la liberación. (Cantar de las gradas; para David) A no haber estado el Señor en nosotros —diga ahora Israel— a no haber estado el Señor en nosotros; cuando se levantaban hombres sobre nosotros, por cierto vivos nos devoraran; cuando se airaba su furor sobre nosotros. Por cierto el agua nos hundió; torrente atravesó nuestra alma; por cierto atravesó nuestra alma el agua, el irresistible. ¡Bendito el Señor, el que no nos ha dado, en presa, a los dientes de ellos! Nuestra alma, cual gorrión, ha sido librada del lazo de los cazadores; el lazo fue destrozado, y nosotros librados. Nuestra ayuda, en nombre del Señor, el que hizo el cielo y la tierra. (Salmo 124) Dios no confunde a los que esperan en él. (Cantar de las gradas) Los confiados en el Señor, como monte de Sión; no vacilará por el siglo, el que habita en Jerusalén. Montes, en contorno de ella; y el Señor, en contorno de su pueblo, desde ahora y hasta el siglo. Que no dejará el Señor la vara(a) de los pecadores sobre(b) la suerte de los justos; para que no extiendan los justos a iniquidades sus manos. Bien, haz, Señor, a los buenos y a los rectos de corazón; pero a los que se desvían a lazos, llevará(c) el Señor con los obradores de la iniquidad ¡Paz sobre Israel! (Salmo 125) Redención y gloria de Israel. (Cantar de las gradas) Al convertir Señor la cautividad de Sión, fuimos hechos cual consolados. Entonces llenóse de gozo nuestra boca; y nuestra lengua, de alborozo; (125:3) entonces dirán en las gentes: «Magnificó el Señor el obrar con ellos». (125:4) Magnificó el Señor el obrar con nosotros: hemos sido hechos alegres: (125:5) Convierte, Señor, nuestra cautividad; como el torrente en el austro(a). (125:6) Los que siembran en lágrimas, en alborozo segarán. (125:7) Yendo iban y lloraban, arrojando sus semillas; (125:8) viniendo, empero, llegarán, en alborozo, trayendo sus gavillas. (Salmo 126) Todo depende de la bendición de Dios. (Cantar de las gradas) Si el Señor no edificare la casa, en vano han trabajado los edificadores de ella; (126:2) si el Señor no guardare la ciudad, en vano han velado los guardas de ella. (126:3) En vano es para vosotros el madrugar(a); levantaos, después de estar sentados, los que coméis pan de dolor, (126:4) cuando da a sus amados el sueño(b). He aquí heredad del Señor: hijos, el galardón(c) del fruto del vientre de ella. (126:5) Como flechas en mano de poderoso; así los hijos de los lanzados(d). (126:6) Bienaventurado, el que cumpliere su deseo en ellos(e); no será confundido, cuando hablaren a los enemigos de ellos en la puerta(f). (Salmo 127) Feliz el hogar del justo. (Cantar de las gradas) Bienaventurados todos los que temen al Señor; los que andan en sus caminos. Los frutos de tus palmas conocerás; bienaventurado eres y bellamente te estarás: tu mujer, como vid rica en los costados de tu casa; (127:4) tus hijos como vástagos de olivas en contorno de tu mesa. (127:5) He aquí así bendecido será el hombre que temiere al Señor. (127:6) Bendígate Señor, desde Sión, y veas los bienes de Jerusalén todos los días de tu vida; (127:7) y veas hijos de tus hijos. ¡Paz sobre Israel! (Salmo 128) Confundidos serán los enemigos de Israel. (Cantar de las gradas) «Muchas veces han guerreado contra mí; de mi juventud —diga ahora Israel—; muchas veces han guerreado contra mí, de mi juventud; empero no pudieron contra mí. Sobre mi dorso(a) fabricaron(b) los pecadores; prolongaron su iniquidad». Señor justo destrozó cerviz de pecadores. (128:4) Ruborícense y vuélvanse hacia atrás, todos los que odian a Sión; (128:5) sean hechos como hierba de techumbre; que, antes de ser arrancada, se secó; de que no llenó su mano el segador, y su seno, el que las gavillas recoge. (128:6) Y no dijeron, los que pasaban; «Bendición del Señor sobre vos; os hemos bendecido en nombre del Señor». (Salmo 129) Plegaria de perdón (Cantar de las gradas) De honduras(a) he clamado a ti, Señor; Señor, escucha mi voz. Sean tus orejas atentas a la voz de mi súplica. Si iniquidades considerares, Señor, Señor ¿quién subsistirá? Porque cerca de ti la propiciación está. Por causa de tu nombre he aguardado, Señor; ha aguardado mi alma a tu ley, esperado mi alma en el Señor, desde la vigilia matinal a la noche; que cerca del Señor, la misericordia; y mucha, cerca de él, redención; y él redimirá a Israel de todas sus iniquidades. (Salmo 130) Protesta de humildad. (Cantar de las gradas; para David) Señor, no se ha exaltado mi corazón, ni enaltecídose mis ojos, ni he andado en grandezas ni en maravillas sobre mí(a). Si no me humillaba, sino que exalté a mi alma, así como lo destetado(b) sobre su madre, así retribuirás a mi alma. Espere Israel en el Señor, desde ahora y hasta el siglo. (Salmo 131) Plegaria por la restauración del templo y del trono de David. (Cantar de las gradas) Acuérdate, Señor, de David y toda su mansedumbre; como juró al Señor, votó al Dios de Jacob: «Si entraré en pabellón de mi casa; si ascenderé sobre lecho de mi estrado; si daré sueño a mis ojos, y a mis párpados, dormitación, y reposo a mis sienes, hasta hallar un lugar para el Señor, pabellón para el Dios de Jacob! —He aquí la(a) hemos oído en Efrata, halládola en las «llanuras de la selva»(b). Entraremos en sus pabellones; adoraremos en el sitio donde se posaron sus plantas. Levántate, Señor, a tu reposo, tú y el arca de tu santificación; tus sacerdotes vístanse justicia; y tus santos se alborozarán. Por causa de David, tu siervo, no apartes tu rostro de tu ungido. Ha jurado el Señor a David verdad y no la frustrará, no: «De fruto de tu vientre pondré sobre tu trono. Si guardaren tus hijos mi testamento y estos mis testimonios que les he enseñado; también los hijos de ellos, hasta siglo, sentaránse sobre tu trono». Porque ha elegido el Señor a Sión; escogídosela para morada: «Este mi reposo por siglo de siglo: aquí moraré, porque la he escogido. A la viuda de ella bendiciendo bendeciré; a los pobres de ella hartaré de panes; a los sacerdotes de ella vestiré, salud; y los santos de ella con alborozo se alborozarán. Allí brotaré cuerno para David; he preparado lámpara para mi ungido; a sus enemigos vestiré rubor; pero sobre él florecerá mi santificación». (Salmo 132) Concordia y paz. (Cantar de las gradas; para David) He aquí ahora ¿qué bello o qué grato, como habitar hermanos en uno? Como ungüento sobre la cabeza el que desciende a la barba, la barba de Aarón, el que desciende a la orla de su vestimenta(a); como rocío del Hermón, el que desciende sobre los montes de Sión; (132:4) que allá(b) ha mandado el Señor la bendición y vida hasta el siglo. (Salmo 133) Loar a Dios día y noche. (Cantar de las gradas) He aquí ahora bendecid al Señor, todos los siervos del Señor, (133:2) los que estáis en atrios de casa de nuestro Dios; (133:3) en las noches, alzad vuestras manos al santo, y bendecid al Señor, (133:4) Bendígate el Señor, desde Sión, el que ha hecho el cielo y la tierra. (Salmo 134) Loor y gracias a Dios. (Aleluya) Load el nombre del Señor; load, siervos al Señor; los que estáis en casa del Señor, en atrios de casa de nuestro Dios. Load al Señor, que bueno, Señor; tañed a su nombre, que hermoso; porque a Jacob elegióse el Señor, a Israel en posesión suya. Que yo he conocido que grande, Señor; y el Señor nuestro sobre todos los dioses. Todo cuanto ha querido, ha hecho el Señor, en el cielo y en la tierra, en los mares y en todos los abismos; trayendo nubes desde el extremo de la tierra, de relámpagos lluvia ha hecho, el que saca vientos de sus tesoros; el que percutió lo primogénito de Egipto, de hombre a bestia, envió señales y prodigios en medio de ti, Egipto, contra Faraón y todos sus siervos; el que percutió gentes muchas y mató reyes fuertes: a Sehón, rey de los amorreos y a Og, rey de Basán, y todos los reinos de Canaán; y dio la tierra de ellos heredad, heredad a Israel su siervo. Señor, tu nombre por el siglo; Señor, tu memoria en generación y generación. Porque juzgará el Señor a(a) su pueblo; y en sus siervos se consolará(b). Los ídolos de las gentes, plata y oro, obras de manos de hombres. Boca tienen, y no hablarán; ojos tienen, y no verán; orejas tienen, y no escucharán; pues no hay aliento en su boca. Semejantes a ellos háganse, todos los que los hacen; y todos los que confían en ellos. Casa de Israel, bendecid al Señor; casa de Aarón, bendecid al Señor; casa de Leví, bendecid al Señor; los que teméis al Señor, bendecid al Señor. Bendito, Señor desde Sión, el que habita Jerusalén. (Salmo 135) Loores de Dios por su piedad. (Aleluya) Confesad al Señor, que bueno, que por el siglo su misericordia. Confesad al Dios de los dioses, que por el siglo su misericordia. Confesad al Señor de los señores, que por el siglo su misericordia; al que hace maravillas grandes solo, que por el siglo su misericordia; al que hizo los cielos en entendimiento, que por el siglo su misericordia; al que afianzó la tierra sobre las aguas, que por el siglo su misericordia; al que hizo lumbreras grandes solo, que por el siglo su misericordia: al sol en potestad del día, que por el siglo su misericordia; la luna y las estrellas en potestad de la noche, que por el siglo su misericordia; al que percutió a Egipto con sus primogénitos, que por el siglo su misericordia; y sacó a Israel de en medio de ellos, que por el siglo su misericordia; en mano poderosa y en brazo excelso, que por el siglo su misericordia; al que dividió la roja mar en divisiones, que por el siglo su misericordia; y condujo a Israel por en medio de ella, que por el siglo su misericordia; y despeñó a Faraón y su ejército, en mar roja, que por el siglo su misericordia; al que condujo a su pueblo en el desierto, que por el siglo su misericordia; al que percutió reyes grandes, que por el siglo su misericordia; y mató reyes poderosos, que por el siglo su misericordia; a Sehón, rey de los amorreos, que por el siglo su misericordia; y a Og, rey de Basán, que por el siglo su misericordia; y dio la tierra de ellos heredad, que por el siglo su misericordia; heredad a Israel, su siervo, que por el siglo su misericordia. Porque, en nuestra humildad, acordóse de nosotros el Señor, que por el siglo su misericordia; y nos redimió de mano de nuestros enemigos, que por el siglo su misericordia; el que da de comer a toda carne, que por el siglo su misericordia. Confesad al Dios del cielo, que por el siglo su misericordia. (Salmo 136) Trenos de los cautivos. (Para David) Sobre los ríos de Babilonia, allí nos hemos sentado y llorado, al acordarnos de Sión; en los sauces, en medio de ella colgamos nuestras arpas. Pues allí nos preguntaron los que nos cautivaron, palabras de cantares, (136:4) y los que nos sacaron: «Entonadnos de los cantares de Sión». (136:5) ¿Cómo cantaremos el cantar del Señor en tierra extraña?, (136:6) si me olvidare de ti, Jerusalén, olvidada sea mi diestra; (136:7) péguese mi lengua a mi paladar, si no me acordare de ti, (136:8) si no antepusiere a Jerusalén en principio de mi alegría. (136:9) Acuérdate Señor de los hijos de Edom, el día de Jerusalén, (136:10) de los que dicen: «Devastad, devastad, hasta los cimientos de ella». (136:11) Hija de Babilonia la miserable, venturoso, el que te retribuirá la retribución que nos retribuiste; (136:12) venturoso, el que cogerá y estrellará tus párvulos contra la peña(a). (Salmo 137) Loores a la gloria de Dios y confianza en su misericordia. Para David. Te confesaré, Señor, en todo mi corazón, que has oído las palabras de mi boca, y delante de ángeles te tañeré. Adoraré hacia tu templo santo, y confesaré a tu nombre, (137:3) por tu misericordia y tu verdad, que has engrandecido sobre todo nombre, el santo tuyo. (137:4) En el día que te invocare, presto escúchame; me ensalzarás en mi alma, en poder mucho. (137:5) Confiésente, Señor, todos los reyes de la tierra; pues han oído todas las palabras de tu boca; (137:6) y canten en(a) los caminos del Señor; que la gloria del Señor magna; (137:7) que excelso, Señor y lo humilde mira, y lo excelso, de lejos, conoce(b). (137:8) Si anduviere yo en medio de tribulación, me vivificarás; sobre ira de enemigos has extendido tus manos, y salvádome tu diestra. (137:9) Señor, retribuirás por mí; Señor, tu misericordia, por el siglo; Señor las obras de tus manos no desprecies. (Salmo 138) Omnipresencia divina. (Para el fin; salmo para David) Señor, me has probado y conocídome; (138:1) tu has conocido mi sentarme y mi levantarme; (138:2) tú, entendido todos mis pensamientos, desde lejos; mi senda y mi norma(a) has escudriñado (138:3) y todos mis caminos previstos; porque no hay palabra injusta en mi lengua. (138:4) He aquí, Señor, tú conoces todo: lo postrimero y lo antiguo; tú me has plasmado y puesto sobre mí tu mano. (138:5) Se ha enmaravillado tu ciencia ante mí; se ha fortalecido; no podré, no, a ella(b). (138:6) ¿A dónde iré, de tu espíritu? y, de tu faz ¿a dónde huiré? (138:7) Si ascendiere al cielo, tú estás allí; si descendiere al infierno, pereces; (138:8) si tomare(c) mis alas a través de la aurora(d); y me empabellonare en las extremidades del mar(e); (138:9) también allí tu mano me guiará y me sostendrá tu diestra. (138:10) Y dije: «Acaso las tinieblas me hollarán(f); y noche lumbre en mis delicias». (138:11) Que tinieblas no se entenebrecerán para ti; y noche, cual día se alumbrará: como las tinieblas de ella, así la luz de ella. (138:12) Que tú te has posesionado de mis riñones(g), Señor, acogídome del vientre de mi madre. (138:13) Te confesaré que terriblemente te has enmaravillado; maravillosas tus obras, y mi alma conoce sobremanera. (138:14) No se te ocultaron mis huesos, que hiciste en oculto y mi ser(h) en lo más profundo de la tierra. (138:15) Lo informe(i) mío han visto tus ojos; y en tu libro todos serán escritos(j): días serán plasmados, y nadie en ellos(k). (138:16) Para mí, empero, demasiado han sido honrados tus amigos, Dios; demasiado fortalecidos sus principados(l). (138:17) Los enumeraré: y sobre arena serán multiplicados; levantéme(m), y aún estoy contigo. (138:18) Si(n) mataras a los pecadores, Dios; varones de sangres, apartaos de mí. (138:19) Porque dirás(o) en pensamiento: «Tomarán en vano tus(p) ciudades». (138:20) ¿Acaso a los que te odian, Señor, no he odiado y sobre tus enemigos consumídome? (138:21) Con cumplido odio los he odiado; y en enemigos hánseme convertido. (138:22) Pruébame, Dios, y conoce mi corazón; escudríñame, y conoce mis sendas; (138:23) y ve si ves iniquidades en mí, y guíame en camino(q) eterno. (Salmo 139) Implorando el auxilio divino. (Para el fin; para David, salmo) Arráncame, Señor, de hombre malo; de varón injusto líbrame; Los que pensaron injusticias en el corazón; todo el día armaban guerras; aguzaron sus lenguas como serpiente: veneno de áspides bajo los labios de ellos(a). Guárdame, Señor, de mano de pecador; de hombres injustos arráncame; los que pensaron suplantar mis pasos: ocultaron soberbios, lazo para mí; (139:6) y cuerdas tendieron: lazos para mis pies; a par de senda, tropiezo me pusieron(b). (139:7) Dije al Señor: «Dios mío eres tú; escucha, Señor, la voz de mi súplica. (139:8) Señor, Señor, fuerza de mi salud, sombreaste sobre mi cabeza en día de guerra. (139:9) No me entregues, Señor, contra mi deseo, al pecador; han pensado en contra mía; no me abandones, no sea que se exalten(c). (139:10) Lo capital de su asedio; la labor de sus labios, cúbralos. (139:11) Caerán sobre ellos carbones de fuego(d), y los derribarás por tierra en miserias; no subsistirán, no; (139:12) varón deslenguado no enderezará sobre la tierra; a varón injusto males prenderán en perdición. (139:13) He conocido que hará el Señor el juicio del pobre, y la vindicta de los menesterosos. (139:14) Empero justos confesarán a tu nombre; y habitarán rectos a tu faz. (Salmo 140) Implorando el auxilio divino. (Salmo para David) Señor, a ti he clamado; escúchame; atiende a la voz de mi súplica, cuando hubiere yo clamado a ti. Diríjase mi oración, como timiama a faz tuya; elevación de mis manos(a), sacrificio vespertino. Pon, Señor, guarda a mi boca, y puerta de cerco en torno de mis labios. No desvíes mi corazón a palabras de maldad para excusar excusas en pecados, (140:5) con(b) hombres que obran iniquidad; y no participaré, no, con lo selecto de ellos. (140:6) Castigárame el justo en misericordia, y me increpará; aceite, empero, de pecador no unja mi cabeza; (140:7) que aun también mi oración(c) contra los quereres de ellos. Hundidos han sido junto a peña(d) los poderosos de ellos: (140:8) oirán mis palabras; que han podido(e). Como grosura de tierra(f) se rompe sobre la tierra, (140:9) han sido dispersados nuestros huesos hacia el infierno. Que a ti, Señor, Señor, mis ojos: en ti he esperado; no arrebates mi alma; (140:10) guárdame de lazo que me han puesto, y de tropiezos de los obradores de la iniquidad. (140:11) Caerán en la red de él(g) pecadores; aparte estoy yo, mientras pasare(h). (Salmo 141) Implorando el auxilio divino. (De entendimiento, para David, cuando estaba en la caverna; oración) Con mi voz al Señor he clamado; con mi voz al Señor deprecado. Derramaré delante de él mi deprecación; mi tribulación a faz de él anunciaré. Al desfallecer, de mí, el espíritu mío, tú has conocido mis sendas; (141:4) en este camino que yo andaba, escondiéronme lazo. (141:5) Consideraba a mi diestra y miraba; y no había quien me conociera. (141:6) Se ha perdido la fuga, de mí(a), y no hay quien vindique a mi alma. (141:7) A ti, Señor, he clamado y dicho: «Tú eres la esperanza mía, mi parte en tierra de vivientes. (141:8) Atiende a mi súplica; que he sido humillado sobremanera; (141:9) líbrame de los que me persiguen; pues se han fortalecido sobre mí. (141:10) Saca de prisión a mi alma, para confesar a tu nombre. Señor; me aguardan justos hasta que me retribuyas(b)». (Salmo 142) Implorando el auxilio divino. (Salmo para David, al perseguirle el hijo) Señor, escucha mi oración; advierte mi súplica en tu verdad; escúchame en tu justicia; y no entres en juicio con tu siervo, que no será justificado, a faz tuya, todo viviente. Porque ha perseguido el enemigo a mi alma; humillado hasta la tierra la vida mía; colocádome en tenebrosidades, como a muertos de siglo(a); y angustióse, sobre mí, mi espíritu; en mí turbóse mi corazón. Rememoré días antiguos; y medité en todas tus obras; en hechuras de tus manos meditaba. Extendí mis manos a ti; mi alma como tierra sedienta para ti(b). Pronto escúchame Señor; ha desfallecido mi espíritu. (142:8) No apartes tu rostro de mí, y(c) me asemejaré a los que descienden al lago(d). (142:9) Hazme oír temprano tu misericordia; pues en ti he esperado; (142:10) manifiéstame camino en que he de andar, que a ti he levantado mi alma. (142:11) Arráncame de mis enemigos, Señor, que a ti me he refugiado; enséñame a hacer tu voluntad; que mi Dios eres tú; (142:12) tu espíritu, el bueno me guiará en la recta. Por tu nombre, Señor, me vivificarás en tu justicia; (142:13) sacarás de tribulación a mi alma y en tu misericordia exterminarás a mis enemigos; (142:14) Y perderás a todos los que atribulan a mi alma; que siervo tuyo soy yo. (Salmo 143) Nueva petición, después de la victoria. (Para David; contra Goliat) Bendito, Señor, mi Dios, el que enseña mis manos a batalla, mis dedos(a) a guerra, misericordia mía y refugio mío, acogedor mío y libertador mío, (143:3) escudador mío, en él he esperado, el que somete mi pueblo a mí. (143:4) Señor ¿qué es el hombre para que te hayas manifestado a él? ¿o hijo de hombre para que le consideres? (143:5) El hombre a vanidad se ha asemejado; sus días, cual sombra, pasan. (143:6) Señor, inclina tus cielos, y desciende; toca los montes, y humearán. (143:7) Fulmina fulminación, y los dispersarás; tira tus saetas, y los aterrarás. (143:8) Estira tu mano desde la altura; arráncame y líbrame de entre aguas muchas; de mano de hijos de extraños; (143:9) cuya boca ha hablado vanidad; y la diestra de ellos, diestra de injusticia. (143:10) Dios, cantar nuevo te cantaré; en salterio decacordo te salmearé; (143:11) que das la salud a los reyes; que has redimido a David, tu siervo. De espada mala líbrame, (143:12) y arráncame de mano de hijos de extraños, cuya boca ha hablado vanidad, y su diestra, diestra de injusticia; (143:13) cuyos hijos como nuevas plantas afianzadas en su juventud; (143:14) las hijas de ellos, hermoseadas, circumornadas, a semejanza de templo; (143:15) sus graneros, llenos, rebosando de éste en éste(b); (143:16) sus ovejas, multíparas, multiplicadas en sus salidas(c); sus vacas, gruesas. (143:17) No hay caída de cerca, ni pasada(d); ni clamor(e) en sus alquerías. (143:18) Feliz han llamado al pueblo que tiene esto. —Feliz el pueblo, cuyo señor es su Dios. (Salmo 144) Loores divinos. (Loor para David) Te exaltaré, Dios mío, el rey mío; y bendeciré tu nombre, por el siglo y el siglo del siglo; Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre. Grande, el Señor, y loable sobremanera; y de su grandeza no hay fin. Generación y generación loará tus obras, y tu poder anunciarán; y la magnificencia de la gloria de su santidad hablarán, y tus maravillas narrarán; y la fuerza de tus obras terribles dirán, y tu grandeza— la narrarán, y tu poderío hablarán. Memoria de la muchedumbre de tu bondad lanzarán; y por tu justicia se alborozarán. Compasivo y misericordioso, el Señor, longánimo y misericordiosísimo; bondadoso, Señor, para con todos, y sus conmiseraciones, sobre todas sus obras(a). Confiésente, Señor, todas tus obras; y tus santos bendígante. Gloria de tu reino dirán; y tu poderío hablarán, para manifestar a los hijos de los hombres tu poderío, y la gloria de la magnificencia de tu reino. Tu reino, reino de todos los siglos, y tu dominación en toda generación y generación. (144:14) Fiel, Señor en todas sus palabras, y santo en todas sus obras; (144:15) Sustenta Señor a todos los que caen, y levanta a todos los derribados. (144:16) Los ojos de todos en ti esperan, y tú das el alimento de ellos a tiempo; (144:17) abres tú las manos tuyas, y llenas a todo viviente de bendición. (144:18) Justo, Señor en todos sus caminos y santo en todas sus obras. (144:19) Cerca, el Señor de todos los que le invocan, todos los que le invocan en verdad; (144:20) voluntad de los que le temen, hará y su deprecación escuchará, y los salvará. (144:21) Guarda el Señor a todos los que le aman; y a todos los pecadores exterminará. (144:22) Alabanza del Señor hablará mi boca; y bendiga toda carne su nombre, el santo, por el siglo y por el siglo del siglo. (Salmo 145) Loores divinos, y confianza en Dios. (Aleluya; de Ageo y Zacarías) Loa, alma mía, al Señor; (145:1) loaré al Señor en mi vida; tañeré a mi Dios, mientras yo fuere. (145:2) No confiéis en príncipes y en hijos de hombres, que no tienen salud; (145:3) saldrá el espíritu de él, y no volverá a su tierra; en aquel día perecerán todos los pensamientos de ellos. (145:4) Bienaventurado aquel cuyo ayudador(a), el Dios de Jacob; su esperanza, en el Señor, su Dios; el que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo en ellos; (145:5) el que guarda verdad por el siglo; hace juicio a los agraviados; da sustento a los hambrientos. (145:6) Señor suelta a los aherrojados; Señor instruye a ciegos; (145:7) Señor levanta derribados; Señor ama a justos. (145:8) Señor guarda a los advenedizos; a huérfano y viuda acogerá; y camino de pecadores desvanecerá. (145:9) Reinará el Señor por el siglo, tu Dios, Sión, en generación y generación. Loores divinos. (Aleluya; de Ageo y Zacarías) Load al Señor, que cosa buena un cantar; a nuestro Dios agrade el loor. Edificando a Jerusalén el Señor, también las dispersiones de Israel congregará; el que sana a los quebrantados de corazón, y liga los quebrantos de ellos; el que cuenta las muchedumbres de las estrellas, y a todas por nombres llama. Grande, nuestro Señor; y grande, su fuerza; y de su entendimiento no hay número. Acogiendo a los mansos el Señor, y humillando a los pecadores hasta la tierra. Entonad al Señor, en confesión; tañed a nuestro Señor, en cítara; al que cubre el cielo en nubes; al que previene a la tierra lluvia; al que produce en montes hierba y verdura para el servicio de los hombres; que da a las bestias su alimento; y a los hijuelos de los cuervos, los que le invocan. No del poderío del bridón gustará; ni en las piernas del varón se complacerá; complácese el Señor en los que le temen, y en todos los que esperan en su misericordia. (Salmo 147) Loores divinos. (Aleluya; de Ageo y Zacarías) (147:1) Loa a una, Jerusalén, al Señor; loa a tu Dios, Sión; (147:2) porque ha fortalecido los cerrojos de tus puertas; bendecido a tus hijos en ti. (147:3) El que pone tus confines en paz; y de grosura de trigo te sacia; (147:4) el que envía su dicho a la tierra; hasta en rapidez corre la palabra de él; (147:5) el que da nieve como vellón; niebla, como ceniza disemina; (147:6) lanza su cristal(a) como fragmento(b); a faz del hielo de él ¿quién subsistirá? (147:7) Enviará su palabra y lo(c) deshará; alentará su aliento, y correrán aguas. (147:8) El que anuncia su palabra a Jacob; sus determinaciones y juicios a Israel. (147:9) No ha hecho así con toda gente; y sus juicios manifestádoles. Loores divinos. (Aleluya; de Ageo y Zacarías) Load al Señor, desde los cielos; loadle en las excelsitudes. Loadle, todos sus ángeles; loadle, todos sus ejércitos. Loadle, sol y luna; loadle, todos los astros y la luz. Loadle, los cielos de los cielos, y, el agua la por cima de los cielos. Loen el nombre del Señor; que él dijo, y fueron, él mandó, y creados fueron. Afianzólos por el siglo y por el siglo del siglo; precepto puso, y no pasará. Load al Señor, desde la tierra, dragones y todos los abismos. Fuego, granizo, nieve, hielo, ráfaga de tormenta, los que hacen su palabra; los montes y todas las colinas; leños fructíferos y todos los cedros; las fieras y todas las bestias, reptiles y volátiles alados(a); reyes de la tierra y todos los pueblos; príncipes y todos los jueces de la tierra; jóvenes y doncellas; ancianos con mozos: Loen el nombre del Señor, porque se ha exaltado el nombre de él solo; su confesión, sobre tierra y cielo; y exaltará cuerno de su pueblo, Himno a todos sus santos, a los hijos de Israel, pueblo que se aproxima a él—. Loores divinos. (Aleluya) Cantad al Señor cantar nuevo; su loor en congregación de santos. Alégrese Israel en el que le hizo; e hijos de Sión alborócense en su rey. Alaben su nombre en coro; en tímpano y salterio salméenle. Que se complace el Señor en su pueblo; y exaltará a los mansos en salud. Jubilarán los santos en gloria; y alborozaránse en sus lechos(a). Ensalzamientos de Dios en su garganta; y espada bifauce(b) en sus manos, para hacer vindicta en las gentes; increpaciones en los pueblos; para atar a sus reyes en grillos, y a sus nobles en esposas férreas; para hacer en ellos juicio escrito(c); esta gloria es para todos sus santos. Loores divinos. (Aleluya) Load a Dios en su santuario; loadle en el firmamento de su poder; loadle en sus poderíos; loadle según la muchedumbre de su grandeza. Loadle en son de trompeta; loadle en salterio y cítara; loadle en tímpano y coro; loadle en cuerdas y órganos; loadle en címbalos sonorosos; loadle en címbalos de júbilo. (149:5) Todo aliento loe al Señor. Aleluya. Exhortación a la sabiduría Proverbios de Salomón, hijo de David que reinó en Israel; para conocer sabiduría y disciplina(a); para entender palabras de prudencia, y recibir agudezas de palabras, y entender justicia verdadera, y juicio enderezar; para que dé a inocentes astucia, y a niño nuevo el sentir y el pensar. Pues, oyendo esto el sabio, más sabio será; y el inteligente, gobierno logrará; y entenderá parábola y obscura palabra y dichos de sabios y enigmas. Principio de sabiduría, temor de Dios; y entendimiento bueno a todos los que la hacen; y piedad para con Dios, principio del sentir; pero sabiduría y disciplina los impíos menosprecian. Oye, hijo, la enseñanza de tu padre; y no deseches las leyes de tu madre; pues corona de gracias recibirás en tu cabeza, y collar áureo en torno de tu cerviz. Hijo, no te seduzcan varones impíos ni quieras(b), si te invitaren, diciendo: «Ven con nosotros; participa de sangre(c), y ocultemos en tierra varón justo injustamente; devorémosle como el infierno, viviente y quitemos su memoria de la tierra; sus haberes preciosísimos cojamos y llenemos nuestras casas de despojos; y tu suerte echa en nosotros y común manto poseamos todos; y bolsa una tengamos». No andes en camino con ellos, y desvía tu pie de sus sendas; que sus pies al mal corren, y veloces son para derramar sangre; pues ¿no inicuamente(d) se tienden redes a los volátiles? Pues ellos mismos, los del homicidio partícipes, atesoran para sí males, y la ruina de varones inicuos es mala. Estas las vías son de todos los que consuman las cosas inicuas; pues por la impiedad el alma propia se arrebatan. La sabiduría(e) en las plazas es celebrada; y en las vías libertad usa; y en altísimos muros pregona; y en puertas de potentados asiste, y en puertas de ciudad, confiada dice: «Cuanto tiempo inocentes adhieran a la justicia, no serán confundidos; pero los insensatos, de la violencia siendo codiciadores, impíos haciéndose, han odiado la discreción, y reos se han hecho de oprobios. He aquí os proferiré de mi aliento el decir; y os enseñaré mi palabra. Porque llamaba yo, y no obedecisteis, y extendía mis palabras, y no atendíais; sino que nulos hacíais mis consejos; y a mis increpaciones desobedecisteis; por lo tanto, yo también de vuestra perdición reiré: y me regocijaré, cuando os viniere ruina; y al llegaros de repente tumulto, y la catástrofe, semejante a tormenta, se presente; y cuando os viniere tribulación y asedio; o cuando os viniere ruina. Pues será, cuando me invocareis, yo tampoco os escucharé; me buscarán malos, y no me hallarán. Que han odiado a la sabiduría y la palabra del Señor no acogieron; ni querían a los consejos atender míos; y escarnecían mis increpaciones. Por lo tanto, comerán de su camino los frutos, y de su impiedad se hartarán; por cuanto agraviaron a párvulos, serán muertos; y la inquisición a los impíos perderá. Mas el que me oyere, se empabellonará en esperanza, y reposará, descuidado de todo temor. Continúa la exhortación a la sabiduría por sus frutos Hijo, si, recibiendo, el decir de mi mandamiento guardares contigo; obedecerá a la sabiduría tu oreja, y allegarás tu corazón a la prudencia, y la allegarás a amonestación para tu hijo. Pues, si a la sabiduría invocares y a la prudencia prestares tu voz; y si la buscares como plata; y como tesoros la escudriñares; entonces entenderás el temor del Señor, y el conocimiento de Dios hallarás. Porque el Señor da sabiduría, y, desde su faz conocimiento y entendimiento; y atesora a los rectos salud; escudará el andar de ellos; para guardar caminos de justicias; y camino de los que le respetan, custodiará. Entonces entenderás justicia y juicio y enderezarás todos los rodares(a) buenos. Pues, si viniere la sabiduría a tu mente, y sentimiento tu alma hermoso tener pareciere; consejo hermoso te guardará, y pensar santo te preservará; para que te libre de camino malo, y de varón que habla ninguna cosa fiel. ¡Oh, los que dejáis los caminos rectos, por andar en caminos de tinieblas; los que os regocijáis en el mal, y gozáis en perversión mala; cuyas sendas, torcidas, y tortuosas, sus carreras. para alejarte del camino recto, y extrañarte del justo pensar! Hijo, no te coja mala determinación(b), la que abandona la disciplina de la juventud, y del testamento divino olvidada está. Porque ha puesto a par de la muerte su casa; y a par del infierno, con los terrígenas, los rodares de ella; todos los que anduvieren en ella no tornarán; ni cogerán, no, sendas rectas; pues no son cogidos(c) por los años de la vida. Pues, si anduvieran por sendas rectas, hubiesen hallado sendas de justicia llanas. Que los rectos se empabellonarán sobre la tierra; y los santos serán dejados en ella; caminos de impíos, de la tierra perecerán; y los prevaricadores arrojados serán de ella. Continúa la exhortación a la sabiduría Hijo, mis leyes no olvides; y mis palabras observe tu corazón; que largura de edad, y años de vida, y la paz te conciliarán. Limosnas y fe no te falten y lígalas sobre tu cuello, y hallarás gracia; y provee lo hermoso a la faz del Señor y de los hombres. Está confiado, en todo tu corazón en Dios, y en tu sabiduría no te exaltes; para todos tus caminos conócela para que enderece tus caminos. No seas prudente ante ti mismo; teme, empero, a Dios, y declina de todo lo malo; entonces sanidad tendrá tu cuerpo, y cuidado, tus huesos. Honra al Señor con todas tus justas labores, y primíciale de tus frutos de justicia; a fin de que se llenen tus graneros de hartura de trigo; y de vino tus lagares rebosen. Hijo, no descuides la enseñanza del Señor; ni te abatas, cuando fueres de él castigado. pues aquel a quien ama el Señor, increpa y azota a todo hijo a quien acoge. Bienaventurado el hombre que ha hallado la sabiduría; y el mortal que ha visto la prudencia. Que mejor, comprarla que de oro y plata tesoros; que más preciosa es que piedras valiosísimas; no la afrontará ningún mal. Bien conocida es a todos los que se acercan a ella; y todo lo precioso y digno de ella es. Que largura de edad y años de vida en su diestra; y en su siniestra, riquezas y gloria; de su boca sale justicia; y ley y misericordia en su lengua lleva. Sus caminos, caminos hermosos; y todas sus sendas, en paz; leño de vida es para todos los que la abrazan, y estriban en ella, cual en el Señor. Dios, con la sabiduría, fundamentó la tierra, y dispuso los cielos con prudencia; en discreción los abismos rompieron fuera, y las nubes afluyeron en rocío. Hijo no te disipes; y guarda mi consejo y pensar; para que viva tu alma; y gracia sea en torno de tu cuello; y tendrán sanidad tus carnes, y cuidado tus huesos; para que andes confiado, en paz, todos tus caminos; y tu pie no tropiece, no. Pues, si te sentares, intrépido serás; y si te recostares dulcemente dormirás; y no temerás terror sobreviniente, ni embestidas de impíos asaltadoras; pues Señor será sobre todos tus caminos; y afianzará tu pie para que no vaciles. No dejes de hacer bien al indigente; cuando tuviere tu mano cómo ayudar. No digas: «Volviendo, retorna: mañana daré», siendo tú poderoso a bien hacer; pues no sabes qué te depara el mañana. No armes sobre tu amigo mal, el que habita contigo y confía en ti. No alterques con hombre sin causa; no sea que algo te haga malo. No adquieras de(a) malos varones oprobios; ni celes los caminos de ellos; Pues es inmundo ante el Señor todo inicuo; pero en los justos no se asienta en juicio. Maldición de Dios, en casas de impíos; pero majadas de justos benditas son. Señor a soberbios resiste; pero a los humildes da su gracia. Gloria sabios heredarán; pero los impíos han exaltado deshonra. Prosigue la exhortación a la sabiduría Oíd, hijos, enseñanza de padre, y atended a conocer discreción. Que dádiva buena os doy; mi ley no abandonéis. Pues hijo he sido también yo al padre obediente; y amado a faz de madre; los que decían y me enseñaban: «Afiáncese nuestra palabra en tu corazón; guarda mandamientos; no olvides; adquiere sabiduría y prudencia; ni menosprecies el hablar de mi boca; ni la abandones; y se adherirá a ti; ámala, y te guardará. Principio de sabiduría: «Adquiere sabiduría, y en toda tu adquisición(a) adquiere prudencia(b). Circunválala(c) y te exaltará; hónrala, para que te abrace, para que dé a tu cabeza corona de gracias, y con corona de delicias te escude. Oye, hijo, y recibe mis palabras, y se multiplicarán los años de tu vida; para que se te hagan muchos los caminos(d) de la vida; que caminos de sabiduría te enseño; y te encamino por sendas rectas. Pues, si(e) anduvieres, no se encerrarán tus pasos; y si corrieres, no te fatigarás. Recibe mi enseñanza; no la dejes, si no guárdatelas para vida tuya. Caminos de impíos no andes, ni celes caminos de inicuos; en el lugar que acamparen, no te llegues allí; mas desvíate de ellos y apártate. Porque no dormirán, no, si no hubieren hecho mal; quitado se ha el sueño de ellos, y no dormirán; que estos se alimentan con alimentos de impiedad, y con vino inicuo se embriagan. Mas los caminos de los justos, al par de luz esplenden, avanzan y se iluminan hasta enderezarse(f) el día. Mas las vías de los impíos, tenebrosas, no saben cómo(g) han de tropezar. Hijo, a mi decir atiende; y a mis palabras presta tu oreja; para que no se te agoten tus fuentes, guárdalas en el corazón; que vida son para los que la hallan, y para toda carne, sanidad. Con toda custodia guarda tu corazón; pues de éstos(h), fontanas de vida. Quita de ti depravada boca; e injustos labios de ti lejos, aparta. Tus ojos rectos miren; y tus párpados asientan a lo justo. Rectos rodares haz a tus pies; y tus caminos endereza. No declines a la diestra ni a la siniestra; y aparta tu pie de camino malo. Porque los caminos de la diestra conoce Dios; pero perversos son los de la siniestra; y él rectos hará tus rodares; y tus andanzas en paz adelantará. Amonestación contra la impudicicia Hijo, a mi sabiduría atiende, y a mis palabras presta tu oreja. Para que guardes pensar bueno; y sentir de mis labios te manda. No atiendas a mala mujer; que miel destila de los labios de mujer ramera; la que oportunamente aceita tu garganta; el fin, empero, más amargo que hiel hallarás, y afilado más que cuchilla bifauce. Porque de la insensatez las plantas bajan a los que usan de ella, con muerte, al infierno, y las pisadas de ella no se afianzan; que caminos de vida no anda; y resbaladizos, sus rodares y no bien cognoscibles. Ahora, pues, hijo, óyeme, y no hagas inválidas mis palabras. Lejos haz de ella tu camino; no te llegues a las puertas de sus casas; para que no comunique a otros tu vida; y tu conducta a despiadados. para que no se llenen extraños de tu fuerza, y tus labores a casas de extraños vengan; y te arrepentirás a la postre, cuando se hubieren quebrantado las carnes de tu cuerpo, y dirás: «¡Cómo he odiado la corrección, y de reconvenciones se ha desviado mi corazón; no oía yo voz del que me corregía y me enseñaba, y no prestaba mi oreja; casi he venido a todo mal en medio de asamblea y congregación!». Bebe aguas de tus vasos y de la de tus pozos fontana. No se te rebosen aguas de tu fontana(a) y a tus calles pasen tus aguas; sean para ti solo tus haberes y ningún extraño participe de ellos; la fontana de tu agua, séate propia; y gózate al par con la mujer, la de tu juventud. Cierva de cariño y cría de caricias(b), estése(c) contigo; y la propia te guíe y te asista en todo tiempo; pues, del cariño de ésta rodeado longevo serás. No mucho estés con otra, y no te eches en brazos de la no propia; pues delante están de los de Dios ojos los caminos del varón; y todos sus rodares observa. Iniquidades al varón enredan, y en las cuerdas de sus pecados cada uno es asogado. Este fenece con indisciplinados; y de la plenitud de su vivir ha sido arrojado y ha perecido de insensatez. Contra fianzas, pereza y otros vicios Hijo, si fiares a tu amigo, entregarás tu mano al enemigo. Pues lazo fuerte para el varón son los propios labios; y es prendido con los labios de la propia boca. Haz, hijo, lo que yo te mando, y sálvate; pues has llegado a manos de malos, por tu amigo; sé no remiso, y apura también a tu amigo, a quien has fiado. No des sueño a tus ojos ni dormites con tus párpados; para que salves como corza, de lazos; y como ave, de red. Ve a la hormiga, oh perezoso; y emula(a) viendo las vías de ella, y hazte más que ella sabio, pues aquélla, terruño no poseyendo; ni a quien obligue, teniendo; ni bajo señor estando; previene en estío el alimento; y mucho hace, en la siega, el depósito. O ve a la abeja; y aprende cómo obrera es, y la obra cuán magnífica hace; cuyas labores reyes y particulares, para sanidad emplean; y deseable es a todos y esclarecida, aunque, siendo débil de fuerza, a la sabiduría honrando(b), ha sido enaltecida. ¿Hasta cuándo, perezoso, reposas? Y ¿cuándo del sueño despertarás? Poco ciertamente duermes, y poco estás sentado, y brevemente dormitas, y poco cruzarás las manos sobre el pecho; luego te sobreviene, como mal caminante la pobreza, y la indigencia, como buen corredor. Pero si diligente fueres, vendrá como fontana, tu mies, y la indigencia como mal corredor, se retirará. El varón insensato e inicuo anda caminos no buenos; pero él guiña de ojo señala con el pie; y enseña con señas de dedos(c); con perverso corazón fabrica males en todo tiempo; este tal turbaciones trama a la ciudad. Por esto súbitamente viene su perdición, corta y quebranto incurable; porque se goza en todo lo que aborrece Dios; y es quebrantado por causa de inmundicia de alma: Ojo de ultrajador, lengua injusta, manos derramando sangre de justo; y corazón fabricando pensamientos malos y pies apresurándose a mal hacer. Enciende cosas mentidas un testigo injusto y envía juicios en medio de hermanos. Hijo, guarda las leyes de tu padre; y no deseches las de disposiciones de tu madre; y lígalas sobre tu alma siempre; y circuye en torno de tu cuello. Mientras caminares, llévala(d) y contigo esté; y cuando durmieres, guárdate, para que, despertando tú, hable contigo. Porque lámpara es el mandamiento de la ley; y luz, camino de vida, y reconvención y enseñanza; para que te guarde de mujer de varón, y de seducción de lengua de extraños. Que no te venza de hermosura concupiscencia; ni seas prendido en tus ojos, ni seas al par arrebatado por los párpados de ella(e). Pues precio de ramera, cuanto también el de un pan(f); pero mujer de varones(g), preciosas almas prende. ¿Atará alguien fuego en el seno, y los vestidos no quemará? ¿O caminará alguien sobre carbones de fuego, y los pies no quemará? Así el que entra a mujer de varón, no quedará impune, ni todo el que la tocare. No es de admirar si es cogido alguno robando, pues roba para hartar su alma hambriento; y(h) si fuere cogido, pagará el séptuplo, y todos sus haberes dando, se librará; el adúltero, empero, por indigencia de corazón, ruina a su alma acarrea; y dolores y deshonras sufre, y su ignominia no se borrará por el siglo. Pues lleno de celo el furor de su marido: no perdonará en día de juicio. No cambiará por ningún rescate la enemistad; ni se deshará, no, con muchas dádivas. Contra la mujer libertina Hijo, guarda mis palabras; y mis mandamientos guarda contigo; hijo, teme al Señor y te esforzarás; y, fuera de él, no temas a otro. Guarda mis mandamientos, y vivirás, y mis palabras, como niñas de los ojos; y ponlas en torno de tus dedos, y grábalas a lo ancho de tu corazón. Di que la sabiduría sea tu hermana; y a la prudencia para conocida tuya, gánate; para que te guarde de mujer extraña y mala, si con palabras las para gracia, te instare. Pues, por la ventana de su casa, a las calles asomándose, a quien viere de los insensatos hijos joven, indigente de corazón, pasando por esquina, en veredas de sus casas, y hablando en tinieblas vespertinas, cuando el reposo nocturno y obscuro; y la mujer va a su encuentro, aspecto(a) teniendo meretricio; la que hace de los jóvenes volar los corazones. Y vagabunda es y lujuriosa; y en casa no reposan sus pies; que algún tiempo fuera gira, y tiempo en las calles, a par de todo ángulo asecha. Luego, asiéndole, hale besado, y con desvergonzada cara habládole. «Sacrificio pacífico tengo; hoy pago mis votos. Por esto he salido a tu encuentro; deseando tu semblante, halládote. Sobre cuerdas he tendido mi lecho, de tapices cubierto de los de Egipto; he rociado mi cama con azafrán; mi casa, con cinamomo, ven y gocemos de amistad hasta la aurora; ¡acá! y revolvámonos en amor; pues no está mi marido en casa; se ha marchado camino largo, atado de plata tomando en su mano; después de días muchos volverá a su casa. Y le sedujo con mucho coloquio; y con lazos, los de los labios, le descaminó. Y él la siguió embaído(b); y, como buey al degolladero es llevado; y como perro a cadenas; o, como ciervo de flecha herido en el hígado; y se apresura como pájaro al lazo; no sabiendo que por el alma corre. Ahora, pues, hijo, óyeme, y atiende a las palabras de mi boca: no decline a las vías de ella tu corazón, y no vagues en sus sendas pues a muchos hiriendo ha derribado, e innumerables son los que ha matado; caminos de infierno, su casa, que bajan a las cámaras de la muerte. Elogio de la sabiduría Tú la sabiduría pregonarás, para que la prudencia te escuche. Pues sobre elevadas sumidades está; y en medio de las sendas alzándose; a par de puertas de poderosos asiste, y en las entradas se la canta: «A vosotros, oh hombres, llamo; y envío mi voz a hijos de hombres. Entended, inocentes, astucia; y los indisciplinados(a), poned corazón(b). Escuchadme; que cosas sacras diré; y proferiré con los labios cosas rectas. Pues verdad meditará mi garganta; y abominados delante de mí, labios mendaces; con justicia, todas las palabras de mi boca; nada en ellas, pravo ni tortuoso; todas abiertas a inteligentes, y rectas a los que hallan ciencia. Coged disciplina, y no plata, y ciencia, sobre(c) oro acrisolado; que mejor, sabiduría que piedras preciosas; y todo lo valioso, no digno de ella es. Yo, la sabiduría, empabellóneme en consejo; y ciencia y pensar yo invoqué; que mejor, sabiduría que piedras preciosas. El temor de Dios aborrece injusticia, y contumelia y soberbia y caminos malos, y he aborrecido yo perversos caminos de malos. Mío, consejo y seguridad; mía, prudencia y mía fuerza; por mí reyes reinan; y los potentes escriben justicia; por mí los magnates son magnificados; y los soberanos por mí dominan la tierra. Yo a los que aman, amo; y los que me buscan hallarán gracia. Riquezas y gloria tengo, y posesión de mucho y justicia. Mejor, a mí cosechar sobre oro y piedra preciosa; y mis frutos, mejores que plata escogida. En caminos de justicia ando; y en medio de sendas de derecho me vuelvo; para distribuir a los que me aman, haberes; y sus tesoros llenar de bienes. Cuando yo os anunciare lo que cada día acontece, rememoraré lo del siglo enumerar. Señor creóme principio de sus caminos a sus obras; antes del siglo fundamentóme al principio, antes de que la tierra hiciera; antes de que los abismos hiciera; antes de brotar las fontanas de las aguas; antes de que los montes se asentaran; antes de todas las colinas me engendró. Señor hizo regiones, así inhabitadas como sumidades habitadas de la(d) bajo los cielos. Mientras preparaba el cielo, estaba yo con él; y cuando delimitaba su trono sobre los vientos; y cuando poderosas hizo las superiores nubes; y cuando seguras ponía las fontanas de la bajo el cielo; al poner él a la mar la determinación de ella; —y las aguas no pasarán de la boca de ella; y, cuando poderosos hizo los fundamentos de la tierra; estaba con él ordenando; yo era en la que se gozaba; y todos los días alegrábame, en faz de él, en todo tiempo; cuando él se alegraba el orbe consumando; y alegrábase en los hijos de los hombres. Ahora, pues, hijo, óyeme: y bienaventurados, los que mis caminos guardan. Oíd sabiduría y sed sabios, y no os separéis(e). Bienaventurado el varón que me escuchare; y el hombre que mis caminos guardare, velando a mis puertas todos los días, guardando los umbrales de mis entradas. Porque mis salidas, salidas de vida; y es dispuesta la voluntad por el Señor. Pero los que, contra mí pecan, prevarican contra sus almas; y los que me aborrecen, aman la muerte. Poder de la sabiduría. Las artimañas de la adúltera. La sabiduría edificóse casa, y sustentó(a) columnas siete; degolló sus hostias; mezcló en su cáliz vino, y aderezó su mesa. Envió sus siervos, convocando, con alto pregón, al cáliz, diciendo: «El que es insipiente(b), pase a mí»; y a los pobres de sentir dijo: «Venid, comed de mis panes, y bebed vino que os he mezclado; dejad insensatez, para que por el siglo reinéis; y buscad sensatez, y enderezad, en ciencia, el entendimiento». Quien enseña malos, cogerá para sí deshonra; y quien reconviene al impío, se mofará de sí mismo. No reconvengas a malos, para que no te odien; reconvén a sabio, y te amará. Da a sabio ocasión, y más sabio será; instruye a justo, y volverá a pedir(c). Principio de sabiduría, temor del Señor; y consejo de santos, entendimiento; pues el conocer ley, de mente es buena. Que de esta manera, tiempo vivirás mucho; y añadidos te serán días de tu vida. Hijo, si sabio te haces para ti mismo, sabio serás también para los prójimos; pero si malo salieres, solo agotarás males. El que estriba en mentiras, ese pastorea vientos, y el mismo perseguirá aves volando; que ha abandonado los caminos de su viña; y los rodares(d) de su propio terruño ha errado; y va por inacuoso desierto; y tierra destinada a sed; y junta con las manos infructuosidad. Mujer insensata y atrevida; indigente de bocado, se hace, la que no sabe de pudor. Sentóse a las puertas de su casa, en silla; públicamente en las calles; llamando a los transeúntes y a los que rectos iban por los caminos de ellos: «El que es de vosotros insensatísimo, pase a mí»; y a los indigentes de sensatez mandó, diciendo: «Panes ocultos(e) gustosamente coged, y agua de hurto, dulce». Mas él no sabe que los terrígenas cerca de ella perecen, y con maroma de infierno viene a su encuentro. Empero salta de ahí; no tardes en el lugar(f) ni pongas tu ojo en ella, pues así pasarás agua ajena(g); y de agua ajena abstente; y de fuente ajena no bebas; para que tiempo vivas mucho; y se te añadan años de vida. El sabio y el necio. Amor y odio. La lengua. Hijo sabio alegra al padre; hijo necio aflige a su madre. No aprovecharán tesoros a los inicuos; y justicia librará de muerte. No matará con hambre el Señor alma justa; y vida de impíos trastornará. Pobreza a varón humilla, y manos de varoniles enriquecen. Hijo enseñado sabio será y(a) de insensato ministro se valdrá(b). Salvóse de ardor el hijo inteligente; y de viento dañado se hará en la siega el hijo inicuo. Bendición del Señor, sobre cabeza de justo; y boca de impíos cubrirá luto intempestivo(c). Memoria de justos, con loores; y nombre de impío borrado es. El sabio de corazón recibirá mandamientos; y el inconstante de labios, torcido andando, suplantado será. El que anda sencillamente, anda confiado, y el que pervierte sus caminos conocido será. El que asiente de ojos, con dolo, junta, para varones tristezas; y el que reconviene con libertad, pacifica. Fuente de vida en mano de justo; y a boca de impío cubrirá perdición. Odio suscita contienda; mas a todos los no contenciosos cubre amistad; el que de labios profiere sabiduría, con vara hiere a varón descorazonado(d). Sabios guardarán sentido; y boca de temerario se allega a quebranto. Haber de ricos, ciudad fuerte; y quebranto de impíos, pobreza. Obras de justos vida hacen; y frutos de impíos, culpas. Caminos de justa vida guarda enseñanza; y enseñanza irreprehendedora yerra. Cubren enemistad labios justos; y los que profieren contumelias, insensatísimos son. De entre parla no escaparás a culpa; y perdonando labios, juicioso serás. Plata acrisolada, lengua de justo; mas corazón de impío desfallecerá. Labios de justos saben cosas altas; y los insensatos, en indigencia fenecen. Bendición del Señor sobre cabeza de justo; ésta enriquece; y no se le añadirá, no, tristeza en el corazón. En risa el insensato obra mal, y la sabiduría al varón pare prudencia. En perdición el impío vagabundea; y aspiración de justo, acepta. Pasando tormenta, desvanécese el impío; y el justo, desviándose, salva por el siglo. Como agraz a los dientes dañoso, y humo a los ojos, así la iniquidad a los que la cometen. El temor del Señor añade días; y los años de los impíos se minorarán. Mora con justos alegría; y esperanza de impíos perece. Fortificación de santo, el temor del Señor; y quebranto, para los que obran mal. El justo por el siglo no vacilará; y los impíos no habitarán tierra. Boca de justo destila sabiduría; y lengua de injusto perecerá. Labios de varones justos destilan gracias; y boca de impíos pervierte. La virtud. El vicio. Balanza dolosa, abominación ante el Señor; y peso justo, acepto a él. Donde entrare la contumelia, allí también la deshonra; y boca de humildes medita sabiduría. La perfección de los rectos los guiará; y la suplantación de los prevaricadores los devastará(a). Muriendo el justo, dejó pesadumbre; y llevadera se hace y gozosa de impíos la perdición. No aprovecharán haberes en día de furor; y justicia librará de muerte(b). Justicia de inmaculado endereza caminos; e impiedad despéñase en injusticia. Justicia de varones rectos les salva; y en su perdición se prenden los inicuos. Falleciendo un varón justo, no perece la esperanza; y la gloriación de los impíos perece. El justo de captura se evade; y, en lugar de él, es entregado el impío. En boca de impíos, lazo para ciudadanos; y el sentir de justos, bien encaminado. En bienes de justos se enderezó la ciudad; y en perdición de impíos; alborozo(c), En bendición de rectos se exaltará la ciudad; y en bocas de impíos se arruinó(d). Escarnece a los ciudadanos el indigente de entendimiento; y el varón prudente silencio guarda. Varón bilingüe revela consejos en(e) junta; y el fiel de espíritu oculta las cosas. Los que no tienen gobierno, caen como hojas; y salud hay en mucho consejo. El pravo mal hace, cuando se junta con el justo, y aborrece son de seguridad(f). Mujer graciosa suscita al marido gloria; y es trono de deshonra la mujer que odia lo justo. Los para riquezas remisos, indigentes se hacen; y los varoniles estriban en riquezas. A su alma bien hace el varón misericordioso; y pierde su cuerpo el inmisericordioso. El impío hace obras injustas; y la simiente de justos, galardón de verdad. Hijo justo es engendrado para vida; y persecución de impío para muerte. Abominación al Señor son perversos caminos; y aceptos a él todos los inmaculados en los caminos de ellos. Quien con mano manos echa injustamente, no impune será; y el que siembra justicia, cogerá galardón fiel. Como zarcillo en nariz de puerca, así es a mujer malévola, la hermosura. Aspiración de justos toda buena; y esperanza de impíos perecerá. Hay quien lo propio sembrando, más hacen; hay también quienes, recogiendo(g), disminuyen. Alma bendecida, toda sencilla; y varón iracundo, no noble. El que acapara trigo, quédese para las gentes; y bendición sobre la cabeza del que reparte. El que fabrica bienes, busca gracia buena; y el que rebusca males, le cogerán(h). El confiado en riquezas, ése caerá; y el que adhiere a justos, ése germinará. El que no se lo lleva en su casa, heredará viento; y servirá el insensato al sensato. De fruto de justicia, nace árbol de vida; y arrebatadas serán intempestivas las almas de los inicuos. Si el mismo justo apenas se salva(i), el impío y pecador ¿dónde parecerán(j)? De disciplina y justicia Quien ama la disciplina, ama el entendimiento; y el que odia las reconvenciones, es insensato. Mejor quien halla gracia ante el Señor; y varón inicuo silenciado será. No enderezará el hombre con lo inicuo; y las raíces de los justos no serán arrancadas. Mujer varonil, corona para su marido; y así como en madera el gusano, así al varón pierde mujer maléfica. Pensamientos de justos, juicios(a) gobiernan los impíos fraudes. Palabras de impíos, fraudulentas; y boca de rectos les librará. A donde se volviere el impío, se desvanecerá; y casas de justos permanecen. Boca de inteligente encomiada es de varón; y el lerdo, escarnecido. Mejor, un varón en deshonra sirviéndose que de honra circuyéndose y careciendo de pan. El justo se apiada de las almas de sus bestias; y las entrañas de los impíos, desapiadadas. Quien labra su tierra, llenaráse de panes; y los que van en pos de lo vano, menesterosos de alma. Quien es gozoso en de vinos conversaciones, en sus valladares(b) dejará deshonra. Ansias de impíos, malas; y las raíces de los timoratos, en valladares. Por pecado de labios cae en lazos el pecador, y escápase de ellos el justo. Quien mira llano(c), compadecido será; y quien saliere al encuentro en las puertas(d), atribulará almas. De frutos de la boca el alma del varón se llenará de bienes; retribución de sus labios se le dará. Vías de insensatos, rectas delante de ellos; y escucha consejos el sabio. El insensato el mismo día anuncia su ira; y oculta su deshonra el hábil. Manifiesta fe anuncia el justo; y el testigo de los injustos, engañoso. Hay quienes, diciendo, hieren, cuchillas(e); y lenguas de sabio sanan. Labios veraces enderezan testimonio; y testigo ligero lengua tiene injusta. Dolo en corazón de quien forja males; y los que quieren paz, se alegrarán. No placerá al justo nada injusto; y los impíos se llenarán de males. Abominación para el Señor, labios mendaces; y el que hace lealtades, acepto a él. Varón inteligente, trono de entendimiento, y corazón de insensatos se encontrará con maldiciones. Mano de elegidos dominará fácilmente; y los engañosos serán en despojo. Amedrentadora palabra el corazón turba de varón justo; y anuncio(f) bueno, alégrale. Conocedor justo de sí mismo amigo será; y a los que pecan perseguirán males; y el camino de los impíos los extraviará. No logrará el doloso capturas(g); y adquisición preciosa, varón puro. En caminos de justicia, vida; y caminos de rencorosos, hacia la muerte. Diversas reglas de bien vivir Hijo hábil, obediente al padre; e hijo inobediente en perdición. De frutos de justicia comerá el bueno; y las almas de los inicuos perecerán prematuras. Quien guarda su boca, guarda su alma; y el precipitado de labios se aterrará a sí mismo. En deseos está todo ocioso; y las manos de los varoniles en diligencia. Palabra injusta aborrece el justo; y el impío es avergonzado y no tendrá libertad de hablar. Justicia guarda a inocentes; y de los impíos ruines hace el pecado(a). Hay quienes se enriquecen nada teniendo(b); y hay quienes se humillan en muchas riquezas(c). Redención de varón, de alma(d) las propias riquezas; y el pobre no está sujeto a amenazas. Luz para los justos, siempre; y luz de impíos se apaga. Almas dolosas vagan en pecados; y justos se duelen y apiadan. El malo con contumelia obra lo malo; y los de sí mismos conocedores, sabios. Haberes apresurados con iniquidad, menores se hacen; y el que junta para sí con piedad, se llenará; el justo se duele y presta. Mejor el que comienza a ayudar de corazón, que el que promete y a esperanza lleva; que árbol de vida, deseo bueno. Quien desprecia una cosa, despreciado será por ella; y el que teme mandamiento(e) ése sano es. A hijo doloso ninguna cosa habrá buena; y al criado sabio prósperos serán los negocios, y enderezado será su camino. Ley de sabio, fuente de vida; y el demente bajo lazo morirá. Entendimiento bueno da gracia; y conocer ley, de mente es buena; y caminos de despreciadores(f), en perdición. Todo hábil obra con conocimiento; y el insensato ha desplegado su maldad. Rey atrevido caerá en males; y mensajero sabio le librará. Pobreza y deshonra quita la disciplina; y el que guarda reconvenciones glorificado será. Deseos de piadosos dulcifican el alma; y obras de impíos, lejos de la ciencia. Andando con sabios, sabio serás; y el que anda con insensatos, será conocido. A los que pecan, persiguen males; y a los justos cogerán bienes. Un buen varón heredará hijos de hijos; y son atesoradas para justos, riquezas de impíos. Justos harán en riquezas años muchos; e injustos perecen en breve. Quien perdona vara, odia a su hijo; y quien le ama, cuidadosamente le enseña. El justo, comiendo, harta su alma; y las almas de los impíos, menesterosas. Prudencia doméstica Sabias mujeres han edificado casas; y la insensata ha demolido con sus manos. Quien anda rectamente, teme al Señor; y quien anda torcido en sus caminos, será deshonrado. De boca de insensatos, varas de contumelia; y labios de sabios los guardan. Donde no hay bueyes, pesebreras limpias; y donde muchos frutos, patente del buey la fuerza. Testigo fiel no miente; y enciende mentiras un testigo injusto. Buscarás sabiduría cerca de los malos, y no hallarás; y entendimiento cerca de prudentes, fácil. Todo contrario a varón insensato; y armas de entendimiento, labios sabios. La sabiduría de los hábiles conocerá los caminos de ellos; y la demencia de los insensatos, en extravío. Casas de inicuos necesitarán purificación; y casas de justos, aceptas. Corazón de varón, sensible; apenada su alma; y cuando se alegrare, no se mezcla con contumelia. Casas de impíos se desvanecerán; y pabellones de enderezados(a), permanecerán. Hay camino que parece, ante los hombres, recto ser; y las postrimerías de él van al fondo del infierno. En alegrías no se mezcla tristeza; y postrer(b) goce a llanto va. De sus caminos se hartará el temerario; y de sus pensamientos, el bueno. El inocente cree a toda palabra; y el artero va a arrepentimiento. El sabio, amedrentado, desvióse del mal; y el insensato, en sí confiado, mézclase con inicuo. El iracundo obra con temeridad; y varón prudente mucho soporta. Participarán los imprudentes del mal; y los hábiles se apoderarán de entendimiento. Resbalarán los malos ante los buenos; y los impíos servirán las puertas de los justos. Amigos odiarán a amigos pobres; y amigos de ricos, muchos. Quien afrenta pobres, peca; y quien se apiada de mendigos, dichosísimo. Errabundos forjan males; y misericordias y verdad forjan los buenos; no saben misericordia y fe(c) los forjadores de males; y misericordias y fe cerca de forjadores buenos. En todo afanoso hay abundancia; y el gozoso e indolente en indigencia estará. Corona de sabios, el hábil; y la conducta de insensatos, mala. Librará de males el alma un testigo fiel; y enciende mentiras, el doloso. En temor del Señor, esperanza de fuerza; y a sus hijos deja sostén. Precepto del Señor, fuente de vida; y hace desviar de lazo de muerte. En mucha gente, gloria de rey; y en falta de pueblo, quebranto de potentado. Longánimo varón, mucho en prudencia; y el pusilánime, fuertemente imprudente. Manso varón, de corazón médico; y la polilla de los huesos, un corazón sensible. El que calumnia al pobre, irrita al que le hizo; y el que le honra apiádase del menesteroso. En su maldad será lanzado el impío; y el que confía(d) en su santidad, justo. En corazón bueno de varón, sabiduría; y en corazón de insensatos no se(e) conoce. Justicia exalta gente; y merman tribus pecados. Acepto a rey, servidor cuerdo; y, con su habilidad, quita deshonra. Ventajas de la prudencia y probidad Ira pierde hasta prudentes; y respuesta sumisa aparta furor; y palabra ofensiva despierta iras. Lengua de sabios lo bello conoce; y boca de insensatos pronunciará lo malo. En todo lugar, ojos del Señor miran, y a malos y a buenos. Sanidad de lengua, árbol de vida, el que la guarda, se llenará de espíritu. El insensato escarnece enseñanza del padre; y el que guarda mandamientos, más hábil. En abundante justicia, fuerza mucha; y los impíos, de raíz de la tierra perecerán. En casas de justos, fuerza mucha; y frutos de impíos perecerán. Labios de sabios ligados están con entendimiento; y corazones de insensatos, no seguros. Sacrificios de impíos, abominación para el Señor; y votos de bienandantes, aceptos ante él. Abominación para el Señor caminos de impíos; y a los que van en pos de justicia, ama. Disciplina de inocente se conoce por los transeúntes; y los que odian reprensiones fenecen torpemente. Infierno y perdición son patentes ante el Señor ¿cómo no también los corazones de los hombres? No amará el indisciplinado a los que le reprenden; y con sabios no tratará. De corazón alegre la faz florece; y, en tristezas estando se anubla. Corazón recto busca entendimiento; y boca de indisciplinados conocerá males. En todo tiempo los ojos de los malos esperan males; y los buenos, reposan siempre. Mejor, pequeña porción con temor del Señor que tesoros grandes con destemor. Mejor, hospedaje con hortalizas en amistad y gracia, que servicio de becerros, con enemistad. Varón iracundo causa riñas; y el longánimo, hasta la que venía, apacigua. Longánimo, varón apagará juicios; y el impío excita(a) más bien. Vías de haraganes, sembradas de espinas; y las de los varoniles, trilladas. Hijo sabio alegra a padre; e hijo insensato escarnece a su madre. De demente sendas, faltas de corazón; y varón prudente enderezando camina. Difieren pensamientos, los que no honran consultas; y en corazones de los que consultan permanece consejo. No le(b) obedecerá el malo, no; ni hablará, no, cosa oportuna y hermosa para la comunidad. Caminos de vida, pensamientos de inteligente; para que desviándose del infierno, se salve. Casas de contumeliosos, derriba el Señor; y afianza linde de viuda. Abominación para el Señor, pensar injusto; y de puros conversaciones, sagradas. Arruínase a sí mismo el aceptador de dádivas; y el que aborrece de dádivas aceptaciones, se salva. Con misericordias y fe se purifican pecados; y por el temor del Señor, desvíase cada uno del mal. Corazones de justos meditan fe; y boca de impíos responde males. Aceptas ante el Señor, vías de hombres justos; y por ellas, los enemigos mismos amigos se hacen. Lejos está Dios de los impíos; y votos de justos escucha. Mejor, pequeño recibimiento, con justicia, que muchos frutos con injusticia. Mirando el ojo lo hermoso(c) alegra al corazón; y fama buena engruesa huesos. El que escucha reprensiones de vida, en medio de sabios morará(d). Quien desecha disciplina, aborrécese a sí mismo, y el que observa reprensiones, ama a su alma. Temor de Dios, disciplina y sabiduría; y principio de gloria responderá a ella. Providencia. Grandeza del rey. Corazón de varón piense lo justo, porque de Dios sean enderezados sus pasos. Para el hombre, propósitos del corazón; y de Dios, respuesta de la lengua(a). Todas las obras del humilde son patentes ante Dios; y los impíos en día malo perecerán. Rueda(b) sobre el Señor tus obras, y serán afianzados tus pensamientos. Todo ha obrado Señor por sí mismo; y los impíos en día malo perecerán. Impuro ante Dios todo alto de corazón; y con mano, manos infiriendo injustamente, no quedará impune. Principio de camino bueno es hacer lo justo; y acepto ello ante Dios más que sacrificar sacrificios. Quien busca al Señor, hallará ciencia con justicia; y los que rectamente lo buscan, hallarán paz. Todas las obras del Señor son con justicia; y es reservado el impío para día malo. Para el hombre, propósitos del corazón; y Dios endereza sus pasos(c). Oráculo en labios del rey, y en juicio no errará, no, su boca(d). Inclinar de balanza, justicia(e) ante el Señor; y las obras de él, pesos justos. Abominación para el rey, el que hace mal; pues con justicia, prepárase(f) trono de principado. Aceptos al rey, labios justos, y palabras rectas ama. Furor de rey, mensajero de muerte; y varón sabio le aplacará. En lumbre de vida, hijo de rey y los muy aceptos a él, como nube tardía(g). Nidos de sabiduría, preferibles a oro; y nidos de prudencia, preferibles sobre plata. Sendas de vida desvíanse de lo malo; y largura de vida, caminos de justicia. El que recibe enseñanza, en lo bueno estará; y el que observa reprensiones, sabio se hará. El que observa los propios caminos, guarda su propia alma; y el que ama su vida, perdonará a su boca. Ante quebranto precede contumelia; y ante ruina, mal pensar. Mejor el manso con humildad, que quien reparte despojos con contumeliosos. El inteligente en negocios es hallador de bienes; y el confiado en Dios es dichosísimo. A sabios y entendidos, ruines llaman; y los suaves en palabra, más(h) oirán. Fuente de vida, entendimiento, para los que le poseen, y enseñanza de insensatos, mala. Corazón de sabio entenderá lo de la propia boca, y sobre los labios llevará doctrina. Panales de miel, palabras bellas, y la dulzura de ella, sanidad de alma. Hay caminos que parecen ser rectos al varón, las postrimerías, con todo, de ellos miran al fondo del infierno. Varón en trabajos, trabaja para sí; y lanzará la propia perdición; el perverso, empero, en la boca suya lleva la perdición. Varón insensato cávase males; y en sus labios atesora fuego. Varón perverso trasmite males, y antorcha de dolo encenderá a malos, y desunirá amigos. Varón inicuo tienta amigos, y llévales por caminos no buenos. Y el que, afianzando sus ojos(i), piensa cosas perversas y determina con sus labios todo lo malo, ése horno es de maldad. Corona de gloriación, ancianidad, y en caminos de justicia se la halla. Mejor, varón longánimo que fuerte; y quien señorea la ira, mejor que quien conquista ciudad. Al regazo viene todo a los injustos(j), y del Señor todo lo justo(k). Sabiduría. Insensatez. Mejor, un bocado con alegría, en paz, que casa de muchos bienes e injustas víctimas, con altercado. Doméstico inteligente se enseñoreará de amos insensatos; y entre hermanos distribuirá las partes. Así como se acrisola, en horno, plata y oro; así escogidos corazones de parte del Señor. El malo obedece a lengua de inicuos; y el justo no atiende a labios mendaces. Quien se mofa de mendigo, irrita a quien le hizo; y quien se alegra del que perece, no quedará impune; y el que entrañable se apiada, compadecido será. Corona de ancianos, hijos de hijos; y gloriación de hijos, sus padres. Del fiel, todo el mundo de bienes; y del infiel, ni un óbolo. No convienen el insensato labios fieles; ni al justo labios mendaces. Galardón de gracias, la disciplina para los que la usan; y a doquiera se volviere, prosperará. Quien oculta agravios, busca amistad, y quien aborrece ocultar, divide amigos y domésticos. Quebranta amenaza corazón de sensato; y el insensato, azotado, no entiende. Contradicciones despierta todo malo; y el Señor un ángel desapiadado enviará contra él. Caerá cuidado a varón inteligente; y(a) los insensatos excogitarán males(b). Quien vuelve mal por bien, no se moverán males de su casa. Potestad da a las palabras un principio de justicia; y precede a la indigencia condenación y riña(c). Quien justo juzga al injusto, en injusto al justo es inmundo y abominable ante Dios. ¿A qué tiene riquezas el insensato? pues adquirir sabiduría el demente no podrá. Quien excelsa hace su casa, busca quebranto; y el torcido en aprender, caerá en males. Para todo tiempo amigo tengas; y hermanos en necesidades provechosos sean; pues, para esto nacen. Varón insensato apláudese y regocíjase de sí mismo, como también el que ha afianzado fianza de sus amigos. Quien ama pecados, alégrase de riñas(d); y el duro de corazón no se encuentra con bienes; varón versátil de lengua caerá en males; y corazón de insensato, dolor al que lo posee. No se alegra padre sobre hijo indisciplinado; e hijo sensato alegra a su madre. Corazón alegre bien estar hace; y de varón triste sécanse los huesos. Del que toma dádivas injustamente en su seno, no prosperan los caminos; y el impío declina de caminos de justicia. Rostro inteligente, de varón sabio; y los ojos del insensato, en las sumidades de la tierra. Ira para el padre es un hijo insensato; y dolor para la que le parió. Dañar a varón justo, no hermoso, ni santo, asechar a potentados justos. Quien evita palabra proferir dura es reflexivo; y longánimo, un varón sensato. A insensato que pregunta sabiduría, sabiduría se le reputará; y mudo alguien haciéndose, parecerá sensato ser. Diversas reglas de conducta Ocasiones busca, el varón que quiere separarse de sus amigos; y, en todo tiempo, reprensible será. No tiene necesidad de sabiduría, el falto de entendimiento, porque más bien es llevado de insensatez. Cuando viniere el impío al profundo de los males, desprecia, y sobreviénele deshonra y oprobio. Agua profunda, la palabra en corazón de varón; y río(a) brotará y fuente de vida(b). Admirar faz de impío, no hermoso; ni santo, declinar de lo justo, en juicio. Labios de insensato llévanle al mal; y su boca, la atrevida, a la muerte llama. Boca de insensato, quebranto para él; y sus labios, lazo para su alma. A perezosos postra temor; y almas de afeminados hambrearán. El que no sana(c) en sus obras es hermano del que se arruina a sí mismo. De(d) magnificencia de fuerza, el nombre del Señor; y los que a él recurren, justos, son exaltados. Haberes de rico varón, ciudad fortificada; y la gloria de ellos grandemente sombrea. Antes del quebranto es exaltado el corazón de varón; y antes de su gloria es humillado. Quien responde palabra antes de oír, insensatez tiene y oprobio. Furor de varón suaviza un servidor prudente; y a pusilánime varón ¿quién sostendrá? Corazón de prudente adquiere entendimiento; y orejas de sabios buscan parecer. Dádiva de hombre dilátale(e), y a par de poderosos le asienta. El justo, de sí mismo acusador a la primera palabra; y cuando impugnare el adversario, se le censura. Contradicciones calma el silencioso; y en(f) potentados decide. Hermano por hermano ayudado, como ciudad fortificada y excelsa; y se fortalece, como fundamentado reino. De frutos de boca el varón llenará su vientre; y de frutos de sus labios se repletará. Muerte y vida en mano de la lengua; y los que la señorean, comerán sus frutos. Quien ha hallado mujer buena, ha hallado gracias y recibido de Dios hilaridad. Quien expulsa mujer buena, expulsa lo bueno; y el que retiene adúltera, es insensato e impío. Con súplicas clama el pobre; y el rico responde duramente. Varón sociable para sociabilidad, también es amigo, adherido sobre(g) hermano(h). Veracidad. Piedad. Paciencia. Mejor es un mendigo, andando en su simplicidad que un perverso de los labios de él; y él mismo, insensato. aunque sin conocimiento, alma no(a) buena; y el que se apresura de pies(b), peca(c). Insensatez de varón deshonra sus caminos; y a Dios acusa su corazón. Riqueza gana amigos muchos; y el pobre, hasta del que era amigo, es abandonado. Testigo falso no impune quedará; y quien acusa injustamente no se evadirá. Muchos veneran las personas de los reyes; y todo malo hácese oprobio para el varón. Todo el que a hermano pobre odia, también de amistad lejos estará; pensamiento bueno a los que le saben, se llegará; y varón prudente lo hallará. El que mucho mal hace, consuma maldad; y el que contiende con palabras, no se salvará. Quien adquiere prudencia, ámase a sí mismo; y quien guarda prudencia, hallará bienes. Testigo falso no impune quedará; y quien encendiere maldad, perecerá bajo ella. No convienen al insensato delicias, y si un doméstico empezare con oprobio a señorear. Misericordioso varón se longanima; y la gloriación de él pasa sobre los inicuos(d). De rey amenaza, símil a rugido de león; y, como rocío sobre hierba, así la hilaridad de él. Vergüenza para padre es el hijo insensato; no puros votos de negocio de hetera(e). Casa y haberes reparten padres a hijos; y por Dios es amoldada mujer a varón. Cobardía detiene al afeminado; y alma de ocioso hambreará. El que guarda mandamiento, guarda su alma; y el que menosprecia sus caminos, perecerá. Presta a Dios, quien se apiada del pobre; y según su dádiva, se le retribuirá. Corrige a tu hijo; pues así estará bien esperanzado; y a contumelia no te alces en tu alma. Malévolo varón se dañará mucho; y, si se corrompiere, su alma misma añadirá(f). Escucha, hijo, la enseñanza de tu padre; para que sabio te hagas en tus postrimerías. Muchos pensares en corazón de varón; y la voluntad del Señor por el siglo permanece. Fruto, para varón es la misericordia; y mejor es pobre justo que rico mendaz. Temor del Señor, para vida, al varón; y el intemeroso morará en lugares donde no se mira conocimiento(g). El que guarda en su seno las manos injustamente, ni a la boca nunca las llevará(h). De perdición azotado el insensato, más hábil se hace; y si reprendieres a varón sensato, pensará entendimiento(i). Quien deshonra padre y lanza su madre, será avergonzado y censurable será. Hijo que deja de guardar enseñanza de padre, meditará discursos malos. Quien afianza niño insensato, oprobiará lo justo; y boca de impíos devorará juicios. Previénense a desenfrenados, azotes; y castigos igualmente a insensatos. Contra la embriaguez, rebelión, injusticia, ociosidad. Casa desenfrenada el vino, y contumeliosa, la ebriedad; y todo insensato en ellos se enreda. No difiere amenaza de rey, de furor de león; y quien le irrita peca contra su propia alma(a). Gloria para el varón es apartarse de ultraje, y todo insensato en tales cosas se enreda. Oprobiado el perezoso, no se avergüenza; así también(b) el prestador de trigo en siega. Agua profunda, consejo en corazón de varón; y varón prudente la extraerá. Gran cosa, el hombre, y preciosa, el varón misericordioso; y varón fiel, empresa el hallar. Quien conversa intachable en justicia, felices a sus hijos dejará. Cuando rey justo se sentare sobre trono, no se presenta a sus ojos todo lo malo. ¿Quién se gloriará de puro tener el corazón? o ¿quién osará decir que es limpio de pecados? Balanza grande y pequeña, y medidas dobles, impuras ante el Señor, también entrambas y el que las hace. En sus empeños cohibido será el jovencillo, con un santo; y recto, su camino(c). Oreja oye, y ojo ve del Señor obras entrambos(d). No ames el denigrar, para que no te levantes; abre tus ojos y llénate de panes(e). «Malo, malo» dirá el que adquiere; y después de partir, entonces se gloriará. Hay(f) oro y muchedumbre de cosas muy recónditas, y vaso precioso: labios de ciencia. Quítale el vestido(g), pues afianzó a otro, y por extraña(h) se empeñó: Sábele bien al hombre pan de mentira; y, después de esto, llenaráse su boca de pedrezuela(i). Reflexión en consejo se preparará; y en gobernaciones haz guerra. Quien revela secreto anda con dolo, y con quien engaña sus labios, no te mezcles. Del que maldice a padre o madre extinguiráse la lámpara; y las niñas de sus ojos verán tinieblas. Porción acelerada(j) al principio, a la postre no será bendecida. No digas: «Vengáreme del enemigo»; sino aguarda al Señor que te ayude. Abominación para el Señor, doble balanza; y platillo engañoso, no bello delante de él. Del Señor se enderezan los pasos para el varón; y un mortal ¿cómo conocerá sus caminos? Lazo, para el varón, de pronto algo de lo propio santificar; porque, después de votar, el arrepentirse sobreviene. Aventador de impíos, un rey sabio; y echará sobre ellos rueda(k). Luz del Señor, aliento(l) de hombres; quien escudriña recámaras de vientre(m). Misericordia y verdad, guardia a rey; y cercarán en justicia su trono. Ornato para adolescentes, sabiduría; y gloria de ancianos, canas. Cardenales y quebrantos acontecen a los malos, y plagas en recámaras de vientre. Prudencia divina. Diversas enseñanzas. Como embate de agua, así corazón de rey en mano de Dios; a donde quisiere insinuar, allá lo inclina. Todo varón parécese a sí mismo justo; y endereza corazones el Señor. Hacer lo justo y ser veraz, grato ante Dios más que de víctimas sangre. El magnánimo en contumelia, recio de corazón; y lámpara(a) de impíos, el pecado. Pensamientos del concentrado, sólo para abundancia y todo precipitado, sólo para escasez. El que hace tesoros con lengua de mentira, lo vano persigue en lazos de muerte. Perdición con impíos morará; pues no quieren hacer lo justo. A perversos, perversas vías manda Dios; que puras y rectas las obras de él. Mejor, habitar en ángulo descubierto que en blanqueados, con injusticia, y en casa de común. Alma de impío no será compadecida por ninguno de los hombres. Penado el intemperante, más hábil se hace el inocente; y entendido sabio, recibirá conocimiento. Entiende el justo corazones de impíos, y reconviene impíos en lo malo. Quien obstruye sus orejas para no oír a desvalidos, también él mismo clamará, y no habrá quien oiga. Dádiva oculta aparta iras; y dones quien perdona, furor excita fuerte. Alegría de justos, hacer juicio; y el santo, impuro ante malhechores. Varón, errando de vía de justicia, en congregación de gigantes(b) reposará. Varón indigente ama alegría, amante de vino y aceite en abundancia(c); y expiación de justo, el inicuo; y por(d) rectos, el desenfrenado. Mejor, habitar en el desierto que con mujer rencillosa y deslenguada e iracunda. Tesoro deseable reposará sobre boca de sabio; e insensatos varones lo devorarán. Camino de justicia y misericordia hallará vida y gloria. A ciudades fortificadas ascendió el sabio, y arrasó la fortificación en que confiaban los impíos. Quien guarda su boca y lengua, preserva de tribulación a su alma. El osado y arrogante y jactancioso, peste es llamado; y quien el mal recuerda, inicuo. Deseos al perezoso matan; pues no se determinan sus manos a hacer algo. El impío codicia todo el día, codicias malas; y el justo se apiada y compadece inescatimadamente. Hostias de impíos, abominación para el Señor; pues inicuamente las ofrecen. Testigo falso perecerá; y varón obediente, guardándose, hablará. Impío varón desvergonzadamente preséntase de faz; y el recto mismo advertirá sus caminos. No hay sabiduría; no hay hombría; no hay consejo cerca del impío(e). Bridón previénese para día de guerra; y del Señor, el amparo. El buen nombre. Consejos. Preferible, nombre bello a riquezas muchas; y sobre plata y oro, gracia buena(a). Rico y pobre se han encontrado(b) entre sí; y a entrambos el Señor ha hecho. El hábil viendo al malo castigado fuertemente, él mismo se corrige; y los insensatos, pasando, se dañaron. Progenie de sabiduría, temor del Señor, y riqueza, y gloria y vida. Cardos y lazos en caminos perversos; y el que guarda su alma, se abstendrá de ellos. Consagración de joven, según su camino(c); aun después que envejeciere, no se apartará de él. Ricos a pobres dominarán; también domésticos a los propios amos prestarán(d). Quien siembra vil, segará malo, y plaga de sus obras consumará. A varón alegre y dadivoso bendice Dios, y vanidad(e) de sus obras consumará. Quien se apiada del pobre, él mismo nutrido será; pues, de sus panes, ha dado al pobre. Triunfo y honor adquiere quien dones da; empero el alma quita de los poseedores(f). Lanza tú de la junta peste(g), y saldrá con él la contienda; pues, donde se sentare en junta, a todos deshonra. Ama el Señor santos corazones; y aceptos a él, todos los inmaculados; con labios pastorea rey(h). Y los ojos del Señor conservan entendimiento(i); y envilece las palabras(j) el inicuo. Pretexta y dice el perezoso: «León, en los caminos; y en las calles sicarios». Hoyo profundo, boca de inicuo(k), y el aborrecido del Señor caerá en él. Hay caminos malos delante del varón, y no ama volverse de ellos; pero volverse es necesario del camino perverso y malo. Demencia pende de corazón de joven, y(l), vara y enseñanza, lejos de él. Quien calumnia a pobre, mucho hace lo propio; y da al rico para menos(m). A palabras de sabios presta tu oreja y oye mi palabra; y tu corazón afirma para que conozcas que bellas son. Y, si las introdujeres en tu corazón, te alegrarán a la vez sobre tus labios; para que esté sobre el Señor tu esperanza; y él te noticie tu camino. Y tú también cópiatelo tres veces, para consejo y convencimiento, sobre la anchura de tu alma. Te enseño, pues, verdadera palabra y conocimiento bueno a escuchar, para responder palabras de verdad a los que te interrogan. No violentes al pobre porque es menesteroso; y no deshonres a desvalido, en puertas. Pues el Señor juzgará el juicio de él, y librarás asilada tu alma. No seas compañero de varón furioso; y con amigo iracundo no habites; no sea que aprendas sus caminos y cojas lazos para tu alma. No te des a fianza, avergonzándote de semblante, pues, si no tuvieres de dónde pagar, tomarán el estrado bajo tus costillas. No traspases las lindes eternas que han puesto tus padres. Clarividente varón y agudo en sus obras a reyes debe asistir; y no asistir a varones menguados. De la temperancia y moderación Cuando te sentares a comer en mesa de potentados, entendidamente entiende lo que se te pone delante; y echa mano a ello(a) sabiendo que otro tanto debes tú aderezar. Y si insaciable eres(b), no desees sus viandas; pues éstas confinan con vida falsa(c). No te extiendas, pobre siendo, al rico; y de tu pensamiento abstente. Si pusieres tu ojo en él, en parte alguna parece; pues se le han dispuesto alas, como de águila, y se vuelve a la casa de su superior. No cenes con varón envidioso; ni codicies sus manjares, pues, al modo que alguno traga pelo, así come y bebe(d). Ni a ti lo introduzcas y comas tu bocado con él, pues vomitará, y escarnecerá tus palabras, las hermosas. A orejas de insensato nada digas; no sea que se mofe de tus sabias palabras. No traspases lindes eternas, y a posesión de huérfanos no entres; pues quien los redime: Señor; fuerte es, y juzgará el juicio de ellos contigo. Da a disciplina tu corazón; y tus orejas apresta a palabras de entendimiento. No ceses al párvulo de enseñar; pues si le golpeares con varilla no morirá, no. Pues tú ciertamente le golpearás con varilla, mas su alma de muerte librarás. Hijo, si sabio se hiciere tu corazón, alegrarás también mi corazón; y se detendrán en palabras tus labios con mis labios, si rectos fueren. No cele tu corazón a pecadores, sino en temor del Señor estate todo el día. Pues guardándolo(e), tendrás descendientes, y tu esperanza no será desechada. Oye, hijo, y hazte sabio y endereza pensares de tu corazón. No seas bebedor de vino; ni te extiendas a festines de contribución, y de carnes compras; pues todo crapuloso y ramerero mendigará; y vestirá roturas y harapos todo soñoliento. Oye, hijo, a tu padre que te ha engendrado, y no menosprecies, porque ha envejecido tu madre. Verdad adquiere, y no deseches sabiduría, y disciplina y entendimiento. Bellamente educa padre sabio; y de hijo sabio alégrase su alma. Alégrese tu padre y madre de ti; y gócese la que te parió. Dame, hijo, tu corazón; y tus ojos mis caminos guarden. Pues tonel perforado es ajena casa, y pozo estrecho, el ajeno(f). Que éste(g) en breve perecerá; y todo inicuo consumido será. ¿Para quién «ay»?, ¿para quién tumulto?, ¿a quién juicio? ¿Para quién tedios y marañas?, ¿para quién quebrantos en vano?, ¿de quién acardenalados ojos? ¿No de los detenidos en vinos?, ¿no de los que investigan dónde compotaciones se hacen? No os embriaguéis en vinos, sino juntaos con hombres justos y congregaos en paseos; pues si a tazas y cálices dieres tus ojos, al fin andarás más desnudo que maroma; y, al último, como de serpiente herido, se extiende; y, como de cerasta, derrámasele el veneno. Tus ojos, cuando vieron a extraña, tu boca entonces hablará cosas diversas; y yacerás cual en corazón de mar; y, cual piloto en mucha marejada. Y dirás: «Hiérenme, y no me dolió; y mofáronse de mí, y yo no sabía. ¿Cuándo amanecerá, para, yendo, buscar con quienes juntarme?». Reglas de bien vivir Hijo no celes a malos varones, ni ansíes estar con ellos; que mentiras medita su corazón; y trabajos sus labios hablan. Con sabiduría, edifícase casa, y, con entendimiento, se endereza; con sentido(a), llénanse las recámaras, de toda riqueza preciosa y bella. Mejor, sabio que fuerte, y varón prudente que teniendo campo grande. Con gobierno(b) se hace guerra; y auxilio(c), con corazón aconsejador. Sabiduría y pensar bueno, en puertas de sabios; sabios no declinan de boca del Señor; sino que piensan en juntas. A indisciplinados encuentra muerte; y muere el insensato en pecados. E impureza a varón peste. mancillará en día malo y en día de tribulación hasta que desfallezca. Libra a los llevados a muerte, y redime a los que son muertos; no cejes. Y si dijeres: «No conozco a ése; sábete que el Señor los corazones de todos conoce; y el que plasmó el aliento a todos, él conoce todo; el que paga a cada cual según sus obras. Come miel, hijo; que bueno es el panal, para que se endulce tu garganta; así sentirás sabiduría en tu alma; pues, hallando, será hermoso tu fin y esperanza no te abandonará. No conduzcas a impío a pasto de justos; ni te engañes con hartura de vientre(d). Pues siete veces caerá el justo, y se levantará; y los injustos flaquearán en males. Si cayere tu enemigo, no te alegres de él; y en la suplantación de él no te alces; porque verá el Señor, y no le placerá, y apartará su furor de él(e). No te alegres con malhechores; ni celes pecadores. Que no habrá, no, descendientes para el malvado; y antorcha de impíos se apagará. Teme a Dios, hijo, y a rey, y a ninguno de ellos desobedezcas; que súbitamente castigarán a impíos y los castigos de ambos ¿quién conocerá? Palabra guardando hijo, de perdición fuera estará; y recibiendo la recibió. Ninguna mentira de lengua de rey sea dicha; y ninguna mentira de lengua de él, no salga, no. Cuchilla, lengua de rey, y no carnea(f); y el que fuere entregado(g), quebrantado será. Pues, irritándose su furor, con nervios, hombres consume; y huesos de hombres devora; y abrasa, como llama, que incomestibles llegan a ser para pollos de águilas. Y esto os digo, a los sabios, reconocer: reverenciar semblantes, en juicio, no bello. Quien dice del impío: «Justo es», será maldito a pueblos, y aborrecido para las gentes. Y los que reconvienen, mejores perecerán; y sobre ellos vendrá bendición buena. Y labios besarán, respondiendo a palabras buenas. Dispón para la salida(h) tus obras y prepárate para el campo; y ve en pos de mí(i) y restaurarás tu casa. No seas falso testigo contra tu conciudadano, ni te dilates con tus labios(j). No digas: «del modo que me ha tratado, le trataré: me vengaré, en él de lo que me ha agraviado». Como campo, el hombre insensato; y como viña el hombre falto de juicio; si le abandonares, se secará y emboscará todo, y hácese desierto; y las cercas de sus piedras se desarraigan. Por fin, yo me he arrepentido y mirado por elegir disciplina. «Un poco dormito, y un poco duermo, y un poco me abrazo con las manos el pecho». Pero si esto haces, vendrá avanzando tu pobreza, y tu indigencia, como buen corredor. Uso de la lengua. Hacer bien al enemigo. (Estas, las enseñanzas de Salomón, las indistintas(a), las que escribieron los amigos de Ezequías, el rey de Judá). Gloria de Dios oculta palabra; y gloria del rey honra las cosas(b). El cielo, excelso, y la tierra, profunda; y corazón de rey, inescrutable. Bate inacrisolada plata, y se depurará pura toda. Mata a impíos de faz del rey, y se enderezará en justicia su trono. No te jactes en presencia del rey; ni en sitios de potentados te pongas. Pues mejor que se te diga: «Sube a mí», que te humillé(c) a faz de potentado; lo que han visto tus ojos, di. No te propases a riña pronto; para no arrepentirte a la postre. Cuando te injuriare tu amigo; retírate hacia atrás; no afrentes; no te ha de injuriar ciertamente el amigo, pero tu riña y la enemistad no estará lejos, sino que será para ti igual a muerte; gracia y amistad libra(d), las que guarda para ti, para que reprensible no te hagas, empero guarda tus caminos asequiblemente. Manzana áurea en collar sárdico, así el hablar palabra en coyunturas de ella. En zarcillo áureo también sardio precioso engastado está; palabra(e) sabia en dócil oreja. Como salida(f) de nieve, en siega por el ardor aprovecha; así mensajero fiel a los que le envían; pues a las almas de los que de él se sirven, aprovecha. Como vientos, y nubes y lluvias, cosas notísimas; así quien se gloría de don mentido. En longanimidad, bienandanza para reyes; y lengua muelle quebranta huesos(g). Miel hallando, come lo suficiente; no sea que, repleto, vomites(h). Rara vez entra tu pie a tu amigo; no sea que, harto de ti, te aborrezca. Clava y cuchilla y saeta aguda; así también el varón que testimonia en contra de su amigo testimonio falso. Camino de malo y pie de inicuo perecerá en día malo; así quien se quita en torno la vestidura en día de frío. Como el vinagre arrastra lo inconveniente(i), así cayendo pasión en el cuerpo, el corazón contrista; como polilla en vestido y gusano en madera; así tristeza de varón daña el corazón. Cuando hambreare tu enemigo, aliméntale; cuando tuviere sed, abrévale. Que esto haciendo, ascuas de fuego juntarás sobre su cabeza(j), y el Señor te retribuirá bienes. Viendo bóreas levanta nubes, y rostro desvergonzado lengua irrita. Mejor, habitar en ángulo de vivienda que con mujer contumeliosa, en casa común. Como agua fría a alma sedienta, suave, así mensaje bueno de tierra lejana. Como, si alguien fuente obstruye y de agua la corriente destruye; así es indecoroso, que el justo caiga ante el impío. Comer mucha miel, no es bello; y honrar(k) es menester palabras gloriosas. Como ciudad, con los muros derribados y desmurada, así varón que no con consejo algo hace. El necio; el susurrador; el iracundo. Como rocío en siega y como lluvia en estío; así no hay para el insensato honra. Como aves vuelan y gorriones; así maldición vana no sobrevendrá a nadie. Como azote a caballo, y aguijón a asno; así vara a gente inicua. No respondas a insensato, a la de esa insensatez, para que semejante no te hagas a él(a); sino que responde al insensato conforme a su insensatez, para que no parezca sabio ante sí mismo. De sus caminos oprobio hace, quien envía, con mensajero insensato, palabra. Quita andanza de piernas, e iniquidad de boca de insensatos(b). Quien ata piedra en honda, semejante es a quien da a insensato gloria(c). Espinas nacen en mano de ebrio; y servidumbre en mano de insensatos(d). Mucha tormenta sufre toda carne de insensatos; porque es quebrantado el frenesí de ellos(e). Como perro, cuando tornare a su vómito y aborrecible se hace; así el insensato, en su maldad, volviendo a su pecado. Hay vergüenza que acarrea pecado; y hay vergüenza gloria y gracia. He visto a varón que pensaba, dentro de sí, sabio ser; esperanza, empero, tenía más un insensato, que él. Dice el perezoso, enviándosele al camino: «León en los caminos; y en las calles asesinos». Como puerta gira sobre el quicio(f) así el perezoso sobre su lecho. Guardando el perezoso la mano en su seno, no podrá llevar a la boca. Mas sabio a sí mismo el perezoso se parece que quien, en hartura, da respuesta(g). Como el que ase cola de can, así el que preside(h) a ajena contienda. Como los que curan, lanzas palabras a los hombres, y el que se encuentra con la palabra primero, será suplantado(i) así todos los que asechan a sus amigos; y, cuando fueren vistos, dicen que «jugando he obrado». En mucha leña lozanea el fuego; y donde no hay iracundo, calma la contienda. Hogar para brasas y leña para fuego; y varón maldiciente para tumulto de riña. Palabras de zorreros, blandas, y éstas hieren hasta los arcanos de las entrañas. Dinero dado con dolo, por broza se ha de tener; labios lisos corazón ocultan molesto. Con los labios a todo asiente, quien se lamenta de enemigos(j); y en el corazón trama ardides. Si te rogare el enemigo con gran voz, no le creas; pues siete hay maldades en su alma. Quien oculta enemistad, forja dolo, y revela sus pecados bien conocido en juntas(k). Quien cava hoyo al prójimo, caerá en él; quien rueda piedra sobre sí mismo rodará(l). Lengua mendaz aborrece verdad; y boca inconstante hace desórdenes. Propia alabanza; amistad. No te gloríes de lo de mañana; pues no sabes qué ha de parir el mañana. Encómiete el vecino, y no tu boca; otro, y no tus labios. Pesada, la piedra, y mal llevadera la arena; e ira de insensato, más pesada que entrambas. Despiadado, el furor, y aguda(a), la ira; y nada sufre el celo. Mejores reconvenciones abiertas que oculta(b) amistad. Más confiables son heridas de amigo que espontáneos(c) besos de enemigo. Alma que en hartura está, de panales se mofa; y a alma indigente, hasta lo amargo, dulce le parece. Como, cuando el ave se volare del propio nido, así el hombre se esclaviza, cuando emigrare de los propios lugares. En ungüentos, y vinos y timiamas deléitase el corazón; y se desgarra por las calamidades el alma(d). Amigo tuyo o amigo paterno no abandones; y en la casa de tu hermano no entres desgraciado; mejor, amigo cerca que hermano lejos habitando(e). Sabio hazte, hijo, para que se alegre tu corazón; y aleja de ti oprobiosas palabras. El hábil, sobreviniendo males, ocúltase; y los insensatos, sobreviniendo daño sufrirán. Quítate el vestido; pues ha pasado como criminal(f), el que lo ajeno desperdicia. Quien bendijere al amigo, a la mañana, con grande voz, de maldiciente nada diferir parecerá(g). Goteras lanzan al hombre, en día invernal, de su casa, así mismo también la mujer rencillosa, de la propia casa; el bóreas, duro viento, y(h) por nombre diestro es nombrado. Hierro, hierro aguza; y el varón afina la faz(i) del amigo. Quien planta higuera, comerá sus frutos; y quien guarda a su señor será honrado. Como no semejantes rostros a rostros; así tampoco los pensamientos de los hombres. Infierno y perdición no se sacian; así también los ojos de los hombres insaciables. Abominación al Señor, el que afianza el ojo(j), y los indisciplinados, incontinentes de lengua. Prueba para plata y oro, ignición; y el varón es probado por boca de los que le encomian(k). Corazón del inicuo rebusca males; y corazón recto busca ciencia. Si(l) flagelares al insensato en medio de junta, oprobiando, no quitarás, no, de él su insensatez. Conocidamente conocerás las almas de tu grey, y aplicarás tu corazón a tus rebaños; pues no, por el siglo, de varón poder y fuerza, ni(m) entrega de generación en generación. Cuida las del campo verduras, y cortarás hierba; y junta heno montés; porque tengas ovejas para vestuario; honra el campo, para que tengas corderos. Hijo, de mí tienes dichos fuertes, para tu vida y para la vida de tus servidores. El pobre y el rico. Alegría del justo. Huye el impío, nadie persiguiendo(a); y el justo, cual león, confía. Por pecados de impíos, juicios se suscitan; y el varón hábil los apagará. El varonil en impiedades, calumnia a los pobres. Como lluvia impetuosa e inútil, así los que, abandonando la ley, encomian la impiedad; y los que aman la ley, alzan en torno suyo, muralla. Varones malos no entenderán juicio(b); y los que buscan al Señor, entenderán en todo. Mejor, el pobre andando en verdad, que el rico mendaz. Guarda la ley el hijo inteligente, y el que apacienta lujuria, deshonra a su padre. Quien multiplica sus riquezas con usura y excesos, para el misericordioso con los pobres júntalas(c). Quien aparta la oreja para no oír la ley, también él mismo su oración ha hecho abominable. Quien seduce a rectos en camino malo, en perdición él mismo caerá; y los inicuos atravesarán por bienes, y no entrarán a ellos. Sabio ante sí, el varón rico; y el pobre entendido le condenará(d). Por auxilio de justos gloria se engendra mucha; y en lugares de impíos cogidos son los hombres. Quien encubre su impiedad, no prosperará; y quien narra reconvenciones, amado será. Venturoso el varón que recela de todo, por la piedad; y el duro de corazón, caerá en males. León hambriento y lobo sediento, quien tiraniza, pobre siendo, a gente menesterosa. Rey que carece de réditos, grande calumniador(e); y el que odia injusticia, largo tiempo vivirá. Varón que en causa de muerte afianza, fugitivo estará, y no en seguridad. Enseña al hijo, y te amará y dará atavío a tu alma; no obedecerá, no, a gente inicua. El que anda justamente, amparado está; y el que en torcidas sendas anda, envuelto será. Quien trabaja su tierra, llenaráse de panes; y el que va en pos de holganza, se llenará de pobreza. Varón fiel mucho será bendecido; y el malo no impune estará. El que no reverencia rostros de justos, no es bueno; el tal por un bocado de pan venderá un varón. Apresúrase por enriquecer el varón envidioso; y no sabe que el misericordioso se apoderará(f) de él. Quien reconviene de hombre sendas, gracias tendrá más que quien por la lengua se congracia. El que desecha a padre o madre y estima no pecar, ése partícipe es de varón impío. Infiel varón juzga temerariamente; y quien confía en el Señor, en resguardo estará. Quien confía en audaz corazón, éste tal insensato; y el que anda con sabiduría, se salvará. Quien da a pobres, no carecerá de nada; y el que aparta su ojo(g), en mucha penuria estará. En lugares de impíos gimen los justos; y en la de aquellos perdición se llenarán los justos. Impedimentos de la sabiduría. El iracundo; el soberbio. Mejor, varón reprendiendo a varón duro de cerviz; pues súbitamente inflamándose él, no hay cura. Encomiándose a los justos, alegraránse los pueblos; y, principando impíos, gimen varones. Amando el varón la sabiduría, alégrase su padre; y quien apacienta meretrices, perderá riquezas. Rey justo levanta región; y varón inicuo socava. Quien tiende a faz de su amigo red, la envuelve en sus propios pies. A pecador varón gran lazo, y el justo en gozo y alegría estará. Sabe el justo juzgar para los menesterosos; y el impío no piensa ciencia, y el pobre no tiene entendimiento conocedor. Varones inicuos quemaron la ciudad; y sabios apartaron la ira. Varón sabio juzgará gentes; y varón pravo, airándose, es burlado, y no aterra. Varones, de sangre partícipes, odian al santo, y los rectos remiran por el alma de él. Todo su ímpetu profiere el insensato; y el sabio reserva por partes. Escuchando el rey palabra injusta, todos los bajo él, inicuos. Prestamistas y deudores, encontrándose entre sí, inspección de ambos hace el Señor. De rey en justicia juzgando a los pobres —su trono en testimonio será constituido. Golpes y reconvenciones dan sabiduría; y niño errante avergüenza a sus padres. Habiendo muchos impíos, pecados hay muchos; y los justos, cayendo aquellos, temerosos se hacen. Enseña a tu hijo, y te reposará y dará ornato a tu alma. No tendrá, no, intérprete(a) gente inicua; y quien guarda la ley, felicísimo. Con palabras no será enseñado doméstico duro; pues, aun cuando entendiere, no obedecerá. Si vieres a varón veloz en palabras, conoce que esperanza tiene más el insensato que él. Quien regalea de niño, doméstico será(b), y al fin, se dolerá de sí mismo. Varón rabioso despierta contención; y varón iracundo excavó pecados(c). Contumelia al varón humilla; y a los de humilde sentir afianza con gloria el Señor. Quien participa de ladrón, aborrece su propia alma; y si juramento propuesto oyendo, no denunciaren; temiendo y espantándose de los hombres, han sido suplantados; y el confiado en el Señor, se alegrará. Impiedad al varón da resbalamiento; y el que confía en el Amo, se salvará. Muchos sirven a rostros de príncipes; y del Señor viene lo justo(d) al varón. Abominación justo varón para varón injusto, y abominación para el inicuo enderezada senda. La palabra divina. Varios proverbios. Mis palabras, hijo, teme, y recibiéndolas, arrepiéntete; esto dice el varón a los que creen a Dios, y termino. Pues soy el más indocto de todos los hombres, y doctrina de hombres no hay en mí. Dios me ha enseñado sabiduría y ciencia de santos he conocido. ¿Quién ha subido al cielo y descendido?, ¿quién congregado los vientos en su regazo?, ¿quién adunado el agua en(a) vestimenta?, ¿quién señoreado sobre todas las sumidades de la tierra?, ¿qué nombre el suyo?, ¿o qué nombre el de sus hijos(b)? Que todas las palabras de Dios, acrisoladas; y escuda él a los que le temen. No añadas a sus palabras, para que no te reconvenga, y mendaz te hagas. Dos cosas te pido; no me quites gracia, antes de yo morir: vana palabra y mentida lejos de mí haz; y riqueza y pobreza no me des, sino fíjame lo necesario y lo bastante; a fin de que, abundando, no mendaz me haga y diga: «¿Quién me ve(c)?» o empobrecido, hurte, y jure por el nombre de Dios. No entregues al doméstico en manos del amo; no sea que te maldiga, y seas aniquilado(d). Prole mala al padre maldice; y a la madre no bendice. Prole mala justa a sí misma se juzga; y su salida(e) no lavó. Prole mala altivos ojos tiene, y con sus párpados se alza(f). Prole mala cuchillas por dientes tiene; y las muelas, cortantes; para consumir y devorar a los humildes de sobre la tierra, y a los pobres de ellos de entre los hombres. La sanguijuela(g) tres hijas tenía con amor amadas; y las tres mismas no la llenaron; y a la cuarta no bastó decir: «Suficiente»: infierno y amor de mujer, y tierra no llena de agua, y agua y fuego no dirán, no: «Basta». Ojo que se mofa de padre y deshonra vejez de madre, sáquenlo los cuervos de las hondonadas, y devórenlo pollos de águilas. Tres cosas me son imposibles de entender, y la cuarta no columbro: huellas de águila volando y sendas de serpiente sobre piedra y senderos de nave marcando y sendas de varón en juventud: tal(h) la senda de mujer adúltera; que trata de hacer, habiéndose lavado, nada dice haber hecho inconveniente. Por tres cosas estremécese la tierra, y la cuarta no puede sobrellevar; si un esclavo reinase, y un insensato se saciara de manjares; y una esclava si lanzare a su señora, y aborrecible mujer, si lograre marido bueno. Y cuatro cosas hay pequeñísimas sobre la tierra, y éstas son más sabias que los sabios(i): las hormigas que no tienen fuerza, y previenen en estío el sustento; los puerco—espines, raza no robusta, los que han hecho en piedras sus casas; sin rey es la langosta; y acampa, a un mandato, muy ordenadamente; y la lagartija, en manos afianzándose, y siendo fácil de prender, habita en alcázares de reyes. Y tres cosas hay que prósperamente caminan, y la cuarta que bellamente marcha: cachorro de león, más fuerte que las bestias, que no se esquiva, ni tiembla a bestia; y gallo paseándose sobre hembras regocijado; y cabrón principando a hato de cabras; y rey arengando en gente(j). Si te derramares en alegría y extendieres tu mano con riña, te deshonrarás. Ordeña leche y habrá mantequilla; y si estrujares las narices, saldrá sangre; y si arrancares palabras, saldrán juicios y contiendas(k). Loor de la mujer buena Mis palabras dichas han sido por Dios, de rey amonestación, al que enseñó su madre. ¿Qué, hijo, guardarás?, ¿qué? Dichos de Dios. Primogénito a ti digo, hijo: ¿Qué, hijo de mi vientre?, ¿qué, hijo de mis oraciones? No des a mujeres tus riquezas, y tu mente y vida a pos deliberación(a). Con consejo todo haz, con consejo vino bebe. Los potentados iracundos son; y vino no beban; a fin de que, bebiendo, no se olviden de la sabiduría, y lo recto juzgar no puedan, no, a los desvalidos. Dad bebida embriagadora a los en pesares, y vino a beber a los en dolores; porque se olvidan de su estrechez; y de los trabajos no se acuerdan más. Abre tu boca a la palabra de Dios; y juzga a todos sanamente. Abre tu boca y juzga justamente; y justifica al pobre y desvalido. Mujer varonil ¿quién hallará? Y más preciosa es que piedras valiosísimas la tal. Confía en ella el corazón de su marido; a la tal hermosos despojos no faltarán. Pues obra para el marido bien(b) toda la vida. Tejiendo lanas y lino, ha hecho lo provechoso con sus manos. Ha sido hecha cual nave mercante de lejos; y congrega ella la manutención. Y levántase con noche; y dio alimentos a su casa, y labores a sus servidoras. Habiendo visto un campo, compró y de los frutos de sus manos, plantó heredad. Ciñendo fuertemente su lomo, afirmó sus brazos a la labor. Y gustó que hermoso es el labrar; y no se extingue su lámpara toda la noche. Sus codos extiende a lo útil; y sus manos afirma el huso. Y sus manos abrió al pobre; y su palma extendió al menesteroso. No se solicita de los de casa su marido, si por acaso tardare(c); pues todos los cerca de ella bien vestidos están. Dobles vestes ha hecho a su marido; y de biso y púrpura para sí misma vestiduras. Conspicuo hácese su marido en las puertas, cuando se sentare en junta con los ancianos habitadores de la tierra. Sábanas ha hecho, y vendido ceñidores a los cananeos(d). Fuerza y decoro se ha vestido, y alegrádose en días postreros(e); Su boca se abrió debida y legítimamente, y orden determinó a su lengua. Techadas(f) las sendas de sus casas; y manjares ociosa no comió; y la boca abrió sabia y legislativamente; y su misericordia alzó(g) sus hijos, y enriqueciéronse; y su marido la loó: «Muchas hijas adquirieron riquezas; muchas hicieron poderío; pero tú sobresales, las has sobrepasado todas. Mentidas las gracias, y vana la hermosura de la mujer; pues mujer discreta es bendecida; y temor del Señor ésta loe. Dadle de frutos de sus labios; y loado sea en las puertas, su marido». Las riquezas y placeres son vanidad Palabras del Eclesiastés(a), hijo de David, rey de Israel, en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Eclesiastés; vanidad de vanidades; todo es vanidad. ¿Qué resta al hombre en todo su trabajo con que trabaja bajo el sol? Generación va y generación viene; y la tierra por el siglo(b) se está. Y nace el sol y se pone el sol; y a su lugar propende. El naciendo allí, va al noto y gira al bóreas; gira girando la ráfaga, y a sus círculos vuelve la ráfaga. Todos los torrentes van a la mar; y la mar no estará llena; al lugar que los torrentes van, allá los mismos retornan a ir. Todas las palabras(c), laboriosas; no podrá el varón hablar, y no se hartará el ojo de ver, y no se hartará la oreja de oída. ¿Qué lo que fue? Lo mismo que será. Y ¿qué lo hecho? Lo mismo que se hará. Y no hay todo(d) reciente bajo el sol. Quien hablare y dijere: «Mira: esto nuevo es»; ya fue en los siglos que fueron desde antes de nosotros. No hay memoria de lo primero; y, cuanto a lo postrero que se hiciere, no habrá de ello memoria, con lo que se hiciere a la postre. Yo predicador, fui rey sobre Israel, en Jerusalén; y di mi corazón a inquirir y considerar, en la sabiduría, acerca de todo lo que acontece bajo el cielo, pues distracción(e) mala ha dado Dios a los hijos de los hombres para que se distraigan en ella. He visto al par todas las hechuras que se hacen bajo el sol, y he aquí toda vanidad y afán de espíritu. Lo torcido no se podrá exornar(f); y lo que falta(g), no se podrá contar(h). Hablé yo en mi corazón para decir: «He aquí, yo he sido engrandecido, y he añadido(i) sabiduría a todos los que fueron antes de mí en Jerusalén»; y he dado mi corazón a conocer sabiduría y ciencia. Y mi corazón vio mucho: sabiduría y ciencia, parábolas y saber; conocí yo que también esto es afán de espíritu. Porque en muchedumbre de sabiduría, muchedumbre de saber(j); y quien añade saber, añadirá dolor. Riquezas y placeres, son vanos Dije yo en mi corazón: «Ven ahora: te tentaré en alegría, y ve en lo bueno»; y he aquí también esto es vanidad. A la risa dije: «¡Vértigo!» y a la alegría: ¿»Qué esto haces»? Y consideré si mi corazón ha de arrastrar(a), cual vino a mi carne (y mi corazón guió en sabiduría; y para alcanzar alegría) hasta ver yo cuál, lo bueno a los hijos de los hombres, lo que han de hacer bajo el sol, el número de días(b) de su vida. Engrandecí mi hechura; edifiquéme casas, plantéme viñas; híceme huertos y edenes y planté en ellos leños todo de fruto. Híceme piscinas de aguas, para regar, de ello, selva germinadora de leños. Poseí siervos y doncellas; y vernáculos tuve; y posesión de vacada y rebaño mucho tuve sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; Juntéme así plata como oro, y haberes de reyes y de las regiones. Híceme cantores y cantatrices y delicias de hijos de hombres escanciador y escanciadoras. Y engrandecíme y superé a todos los que fueron, antes de mí, en Jerusalén; asimismo mi sabiduría me asistió. Y todo lo que pidieron mis ojos, no quité de ellos. No negué a mi corazón toda mi alegría; que mi corazón se alegró en todo mi trabajo; y ésta fue mi parte de todo mi trabajo. Y contemplé todas mis hechuras que hicieron mis manos; y todo el trabajo que trabajé a hacer; y he aquí todo vanidad y afán de espíritu; y no hay abundancia(c) bajo el sol. Y contemplé yo para ver sabiduría, y error e insensatez; (pues ¿cuál, el hombre que irá en pos de la discreción(d), cuanto(e) la hizo?) y vi yo que tiene eminencia la sabiduría sobre la insensatez; cual la eminencia de la luz sobre las tinieblas. Del sabio sus ojos en su cabeza; y el insensato en tinieblas anda; y conocí asimismo yo que suceso(f) uno sucederá a todos ellos. Y dije yo en mi corazón: «Como el suceso del insensato, asimismo a mí me sucederá; y ¿a qué he sapienciado(g) yo?» Entonces abundantemente hablé en mi corazón que esto asimismo es vanidad, por cuanto el insensato de abundancia habla(h). Pues no hay memoria del sabio con el insensato, por el siglo, puesto que, y a los días los venideros, todo olvidado está; y(i) ¿cómo morirá el sabio con el insensato? Y aborrecí juntamente la vida; porque mala sobre mí la hechura hecha bajo el sol; porque todo es vanidad y afán de espíritu. Y aborrecí yo mi total labor que yo laboro bajo el sol; porque le dejo al hombre que nace después de mí. Y ¿quién sabe si sabio será o insensato, y si señorea en toda mi labor, que laboré y con que sapiencié bajo el sol? Así mismo esto es vanidad. Y volvíme para apartar mi corazón de toda mi labor que laboré bajo el sol; porque(j) es hombre; porque su labor(k), en sabiduría, y en ciencia, y en hombría(l), y hombre(m) para quien no laboró en ello le dará su parte(n); asimismo esto es vanidad y miseria grande; porque sobreviene al hombre en toda su labor y en afán de su corazón con que él labora bajo el sol. Pues todos sus días, de dolores; y de ánimo su distracción(o); asimismo en la noche no duerme su corazón; así mismo esto vanidad es. No hay bien para el hombre lo(p) que comiere, y lo que bebiere y lo que mostrare a su alma bueno en su labor; asimismo esto vi yo que de mano de Dios es; porque ¿quién comerá y quién beberá, sin él? Porque al hombre al bueno ante su faz dio sabiduría, y ciencia y alegría; y al que peca, dio solicitud de añadir y juntar(q); para dar al bueno ante la faz de Dios; pues asimismo esto es vanidad y afán de espíritu(r). Grande instabilidad de las cosas humanas. Hágase todo tranquilamente a su tiempo. Todo tiene tiempo, y sazón cada cosa bajo el sol: Sazón de engendrar, y sazón de morir; sazón de plantar, y sazón de arrancar lo plantado; sazón de matar y sazón de sanar; sazón de arrasar, y sazón de edificar; sazón de llorar y sazón de reír; sazón de plañir, y sazón de danzar; sazón de lanzar piedras, y sazón de recoger piedras; sazón de abrazar, y sazón de alejarse del abrazo; sazón de buscar y sazón de perder; sazón de guardar, y sazón de desperdiciar, sazón de rasgar, y sazón de zurcir; sazón de callar; y sazón de hablar; sazón de amar, y sazón de odiar; sazón de guerra y sazón de paz. ¿Qué resta al que hace en las cosas que él mismo trabaja? Vi juntamente toda la distracción que ha dado Dios a los hijos de los hombres para que se distraigan en ella. Todo lo que ha hecho, bello(a) a su sazón. Asimismo todo el siglo(b) dio(c) en corazón de ellos, para que no halle el hombre la hechura que hizo Dios desde el principio, y hasta el fin. Conocí que no hay bien en ellas(d) sino alegrarse y hacer bien en su vida. Asimismo todo hombre que comerá y beberá y viere bueno en toda su labor, don de Dios es. Conocí que todo lo que ha hecho Dios, eso será por el siglo: a ello no hay que añadir, y de ello no hay que quitar; y Dios hizo(e), porque temieran a faz de él. Lo que ha sido, ya es; y cuanto ha de ser, ya ha sido, y Dios buscará al perseguido. Y aún vi, bajo el sol, lugar de juicio; allí el impío(f), y lugar del justo, allí el pío(g). Y dije yo en mi corazón: «Juntamente al justo, y juntamente al impío juzgará Dios; pues sazón para toda cosa y sobre todo hecho. Y dije yo en mi corazón acerca de hablar(h) de hijos del hombre; que los juzgará Dios, y para manifestar que ellos bestias son. Asimismo ¿no tienen ellas suerte de hijos del hombre y suerte de la bestia: suerte una ellos?: como la muerte de ésta; así la muerte de éste; y espíritu uno de todos. Y ¿qué ha tenido de más el hombre que la bestia? Nada; que todo es vanidad. Todo, a lugar uno; todo ha sido hecho de polvo; y todo vuelve al polvo. Y ¿quién conoce el espíritu de hijos del hombre: si asciende él hacia arriba? ¿y el espíritu de la bestia se va él hacia abajo, a la tierra? Y vi que no es bueno(i) si no lo que se alegrare el hombre en sus hechuras; pues ésta la parte de él. Porque ¿quién lo llevará a ver en lo que sucediere después de él? Vanidad de la vida por la opresión de los inocentes Y volvíme yo y vi todas las calumnias que se hacen bajo el sol. Y he aquí lágrima de los calumniados; y no tienen consolador, y de(a) mano de los que les calumnian, fuerza, y no tienen consolador. Y alabé yo a todos los que han muerto, a los que ya murieron; sobre los vivientes, cuantos de ellos viven(b) hasta ahora. Y bueno sobre(c) estos dos, quien aún no ha sido hecho; que no ha visto juntamente toda la hechura, la mala la hecha bajo el sol. Y vi yo el universal trabajo y la universal hombría de la hechura; que ello celo(d) al varón para con su compañero; asimismo esto es vanidad y afán de espíritu. El insensato cruzó sus manos, y comió sus carnes(e). Buena, plenitud de un puñado de reposo sobre plenitud de dos puñados de trabajo y afán de espíritu. Y volvíme y vi vanidad bajo el sol: hay uno, y no hay segundo: esto es, hijo, esto es; hermano no tiene, y no hay fin para todo su trabajo, y, sin embargo, su ojo no se harta de riquezas(f): «¿Y, para quién trabajo y privo a mi alma de bienestar?» Asimismo esto vanidad y afán malo es. Buenos dos, sobre el uno; quienes tienen, ellos, ganancia buena en su trabajo; pues, si cayeren , el uno levantará a su compañero; y ¡ay! de él, del uno, cuando cayere, y no hubiere segundo para levantarle. Asimismo, si durmieren dos, también calor tendrán; y el uno ¿cómo se calentará? Y, si se fortaleciere el uno, los dos estarán en frente de él; y la cuerda la triple(g) no pronto se romperá. Bueno, un niño pobre y sabio, sobre un rey anciano e insensato, que no sabe proveer todavía. Pues de casa de los aherrojados saldrá(h) a reinar: pues también hasta en su reino ha sido hecho pobre(i). He visto al par todos los vivientes los que van andando bajo el sol con el jovencillo el segundo(j) que se pondrá en lugar de él(k); no tiene fin todo el pueblo, todos los que han sido antes que ellos(l); sin embargo, los postreros(m) no se alegrarán en él. Que asimismo esto es vanidad y afán de espíritu. Votos. Trabajo y vanidad de la avaricia. (4:17) Guarda tu pie en lo que anduvieres a casa de Dios, y cercano(n) a oír; sobre don de los insensatos tu sacrificio; pues no son sabedores(o) de que hacen mal. (5:1) No te apresures con tu boca; y tu corazón no se acelere a proferir palabra ante el rostro de Dios; porque Dios, en el cielo arriba, y tú sobre la tierra; por esto sean las palabras pocas. (5:2) Pues sobreviene ensueño en muchedumbre de cuita; y voz de insensato, en muchedumbre de palabras(a). (5:3) Según hubieres votado voto a Dios, no tardes en pagarlo; pues no hay voluntad(b) en insensatos; tú, pues, cuanto hubieres votado, paga. (5:4) Bueno que no votes, que no que votes y no pagues. (5:5) No des tu boca a hacer pecar tu carne(c), y no digas ante el rostro de Dios que «Ignorancia hay»(d); porque no se aíre Dios por tu voz y pierdas las hechuras de tus manos. (5:6) Pues en muchedumbre de ensueños y vanidades y palabras muchas(e); pues tú a Dios teme(f). (5:7) Si calumnia de pobre y atropellamiento de juicio y justicia vieres en la región, no te admires del negocio; pues no excelso sobre excelso para custodiar; y excelsos sobre ellos. (5:8) Y abundamiento de la tierra, sobre todo está el rey del suelo cultivado(g). (5:9) Quien ama dinero no se hartará de dinero; y ¿quién ha amado, en muchedumbre de ellos, del fruto?(h). Asimismo esto es vanidad. (5:10) En multitud de bienandanza, se han multiplicado los que la consumen. Y ¿qué valor para el sobre ella; porque es principado, el mirar con sus ojos?(i). (5:11) Dulce es el sueño del siervo, es poco o si mucho comiere; y al que está saciado de enriquecer no hay quien le deje dormir. (5:12) Hay enfermedad que he visto bajo el sol: riquezas guardadas al sobre ellas, para su mal; (5:13) y perecerán aquellas riquezas en distracción mala; y ha engendrado hijo, y no hay en mano de él nada; (5:14) así como ha salido del vientre de su madre desnudo, volverá para irse como ha venido; y nada cogerá, no, en su trabajo, para que vaya en mano de él. (5:15) Asimismo esto, es mala enfermedad; pues, tal como ha llegado, así también partirá; y ¿cuál la abundancia de él con que trabaja para el viento? (5:16) Asimismo todos sus días en tinieblas y en llanto, y animosidad mucha, y enfermedad y hiel. (5:17) He aquí he visto yo un bien que es hermoso: el comer, y el beber y el ver bienandanza en todo su trabajo con que trabajare bajo el sol, el número de días de su vida, los que le ha dado Dios, pues esto, su parte. (5:18) Asimismo todo hombre a quien ha dado Dios riquezas y haberes, y le ha concedido comer de ellos y llevarse su parte y alegrarse en su trabajo, esto don de Dios es. (5:19) Porque no mucho se acordará de los días de su vida(j) porque Dios le distrae en alegría de su corazón. De la avaricia Hay malandanza que vi bajo el sol y mucha es bajo el hombre; varón a quien le dará Dios riquezas, y haberes y gloria, y no hay quien prive a su alma de todo lo que deseare; y no le permitirá Dios comer de ellos, pues varón extraño lo comerá. Esto vanidad y enfermedad mala es. Si engendrare un varón ciento, y años muchos viviere, y muchedumbre la que fueren los días de los años de él, y su alma no se llenare de la bienandanza y ni sepulcro siquiera tuviere; he dicho: «Mejor, sobre él, lo abortivo». pues en vanidad(a) ha venido, y en tinieblas su nombre se cubrirá; asimismo el sol no vio, y no conoció descansos(b) a este sobre éste. Aunque hubiere vivido de mil años vueltas(c) y bienandanza no visto ¿acaso a lugar uno no va? Toda labor de hombre, para su boca(d); empero su alma no se llenará. Pues abundancia tiene el sabio sobre el insensato(e); por cuanto el pobre(f) sabe afrontar la vida(g). Buena, la vista de ojos sobre el que va de alma(h): asimismo, esto, vanidad y afán de espíritu. Si algo ha acontecido, ya está llamado el nombre de él, y es conocido lo que es el hombre, y, no podrá ser juzgado con el fuerte sobre él(i); pues hay palabras(j) muchas que multiplican la vanidad. (7:1) ¿Qué(a) resta al hombre de que alguien sepa lo bueno que para el hombre es la vida, el número de días de vida de su vanidad? E hízolo en tinieblas(b); pues ¿quién anunciará al hombre qué habrá después de él, bajo el sol? Sabiduría vale más que riquezas (7:2) Buen nombre, sobre óleo bueno; y día de muerte sobre día de natividad. (7:3) Bueno ir a casa de llanto que no ir a casa de bebida, por cuanto éste(c) el fin de todo hombre; y el viviente dará bueno(d) a su corazón. (7:4) Buena, indignación sobre risa(e) pues, en desmejora de rostro, se mejorará el corazón; (7:5) corazón de sabios, en casa de llanto; y corazón de insensatos, en casa de alegría. (7:6) Bueno, oír reprensión de sabio sobre varón oyendo cántico de insensatos. (7:7) Como voz de espinas debajo de la olla, así la risa de los insensatos; asimismo esto, es vanidad. (7:8) Pues(f) calumnia agita al sabio y destruye el corazón de su nobleza. (7:9) Buena, la postrimería de las palabras(g) sobre el comienzo de ella(h); cosa buena el longánimo sobre el excelso de espíritu. (7:10) No te precipites en tu espíritu a encolerizarte; pues cólera en seno de insensatos reposará. (7:11) No digas: ¿«Qué ha sucedido que los días los primeros eran buenos sobre éstos»? pues no en sabiduría has preguntado acerca de esto. (7:12) Buena, sabiduría con heredad, y abundancia(i) para los que ven el sol; (7:13) pues en sombra de ella(j) como sombra de plata(k); y abundancia de conocimiento de la sabiduría vivificará al de ella(l). (7:14) Mira las hechuras de Dios; pues ¿quién podrá adornar al que Dios le hubiere descompuesto?(m). (7:15) En día de bienandanza vive en lo bueno; y ve(n) en día de mal; ve asimismo con esto concertadamente ese ha hecho Dios por causa de habladuría, para que no halle el hombre tras de él nada(o). (7:16) Todo lo he visto en días de mi vanidad: hay justo que perece en lo justo de él; y hay impío que permanece en su maldad. (7:17) No seas justo mucho(p); ni caviles demasiado, no sea que desvaríes. (7:18) No impíes mucho y no seas duro, porque no mueras a deshora para ti. (7:19) Bueno que te atengas a esto(q), y que en esto no mancilles tu mano; pues a los que temen a Dios, saldrá bien todo. (7:20) La sabiduría amparará al sabio diez potentados los que hubiere en la ciudad; (7:21) pues hombre no hay justo en la tierra que haga lo bueno y no peque. (7:22) Asimismo a todas las palabras que hablaren los impíos no pongas tu corazón, a fin de que no oigas a tu siervo maldecirte; (7:23) pues las más de la veces te desacreditará; y por modos muchos maltratará tu corazón; pues así mismo tú has maldecido a otros. (7:24) Todo esto tenté en sabiduría. Dije: «Sapiensaré». Y ella alejóse de mí; (7:25) lejos sobre lo que yo era(r), y profunda profundidad, ¿quién la hallará? (7:26) Y giré yo y mi corazón para conocer, y para considerar y buscar sabiduría y número(s); y para conocer del impío la insensatez y molestia y vagancia; (7:27) y encuéntrola(t) yo, y diré algo más amargo sobre(u) muerte: juntamente(v) a la mujer la que es lazo; y redes, su corazón; atadura, entre sus manos: el bueno a faz de Dios, será librado de ella; y quien peca, cogido será en ella. (7:28) He aquí esto hallé, dijo el Predicador; una a una(w), para hallar la razón, (7:29) que buscó mi alma, y no hallé: y hombre uno de mil hallé, y mujer en todos estos no hallé. (7:30) Solamente, he aquí, esto hallé: que hizo Dios al hombre recto; y ellos han hallado pensamientos(x) muchos. Suerte de buenos y malos ¿Quién conoce sabios? Y ¿quién conoce solución de la palabra(a)? La sabiduría del hombre iluminará su rostro; y el impudente por su rostro será odiado. Boca de rey observa(b) y acerca de palabra de juramento de Dios no te precipites; de delante de rostro caminarás; no te detengas en palabra(c) mala; que todo lo que quisiere, hará, como rey dominador; y ¿quién le dirá: «¿Qué haces?» Quien guardare mandamiento, no conocerá palabra mala; y sazón de juicio(d) conoce corazón de sabio. Pues cada cosa tiene sazón y juicio; pues ciencia del hombre es mucha sobre él(e), pues no hay, quien conozca qué ha de suceder, pues, cual habrá de ser ¿quién le anunciará? No hay hombre dominador sobre viento, para detener juntamente el viento; y no hay dominio en día de muerte; y no hay envío(f) en día de guerra; y no salvará la impiedad al cerca de ella. Y todo esto al par vi y di mi corazón a toda la hechura que hecha está bajo el sol, cuantas cosas domina el hombre sobre el hombre, para maltratarle; y entonces vi impíos en tumbas introducidos; y del santo; y partieron y fueron alabados en la ciudad, porque así hicieron(g); asimismo esto es vanidad. Por no haberse hecho contradicción a los hacedores de lo malo prontamente; por esto se ha llenado el corazón de hijos del hombre, en ellos, haciendo lo malo. Quien ha pecado, ha hecho lo malo desde entonces(h) y desde lejanía de ellos(i); pues(j) asimismo conozco yo que hay bien para los que temen a Dios, para que teman a faz de él, y que bien no hay para el impío, y no alarga días, en sombra(k), quien no es temeroso a faz de Dios. Hay una vanidad(l) que es hecha sobre la tierra: que hay justos, que viene sobre ellos cual lo hecho de los impíos; y hay impíos, que viene a ellos, cual lo hecho de los justos. Dije que asimismo esto, vanidad. Y loé yo al par la alegría, que no hay bien para el hombre bajo el sol sino el comer, y el beber y el alegrarse; y ello le asistirá al par en su trabajo los días de su vida cuantos le ha dado Dios bajo el sol. En lo cual dí mi corazón a conocer la sabiduría, y a ver la distracción(m) la hecha sobre la tierra; porque así de día como de noche, sueño con sus ojos no está viendo(n); y vi al par todas las hechuras de Dios, que no podrá el hombre hallar(o) al par la hechura la hecha bajo el sol; por más que trabajare el hombre por buscar, no hallará; asimismo por más que dijere el sabio conocer, no podrá hallar; que todo esto al par he dado a mi corazón, y mi corazón todo al par vio esto. Buen uso de la vida Como los justos y los sabios y las obras de ellos, en mano de Dios; asimismo de amor, asimismo de odio no es sabedor el hombre(a); todo, ante el rostro de ellos vanidad en todo. Evento(b) uno al justo y al impío, al bueno y al malo, y al puro y al impuro; y al que sacrifica y al que no sacrifica. Así el bueno, como el pecador; así el que jura(c), como el que juramento teme. Esto, malo(d) en todo lo que se ha hecho bajo el sol: que evento uno a todos; asimismo el corazón de hijos del hombre se ha llenado de lo malo; y circunvagancia, en su corazón, en su vida; y después de ello, a los muertos. Pues ¿quién el que comunica(e) con todos los vivientes? Hay esperanza(f): pues el can, el viviente, el bueno, sobre el león, el muerto. Que los vivientes conocerán que han de morir, y los muertos no son conocedores de nada; y no hay para ellos ya ganancia; pues olvidada está su memoria; asimismo el amor de ellos, asimismo el odio de ellos, asimismo el celo(g) de ellos ya ha perecido; asimismo parte no hay para ellos más por el siglo, en todo lo hecho bajo el sol(h). Ven: come en alegría tu pan y bebe, en corazón bueno, tu vino, pues ya se ha complacido Dios en tus hechos. En todo tiempo sean tus vestiduras albas(i); y óleo a tu cabeza no falte; y ve(j) la vida con mujer que amares, todos los días de vida de tu vanidad, los dados a ti bajo el sol. Todos los días, días de tu respiro(k); que esto, tu parte en tu vida y en tu trabajo que tú trabajas bajo el sol. Todo cuanto hallare tu mano que hacer, como(l) tu posibilidad, haz; pues no habrá obra y pensamiento, y conocimiento y sabiduría en el infierno(m) a donde tú vas, allá. Volvíme y vi bajo el sol: que no para los veloces la carrera, y no para los poderosos la guerra; asimismo no para el sabio el pan y no para los inteligentes las riquezas; asimismo no para los conocedores la gracia; porque tiempo y suceso sucederá al par a todos ellos a la par. Pues asimismo tampoco sabe el hombre su tiempo; como los peces, los cogidos en red mala; y como aves, las cogidas en lazo; como ellos son laceados los hijos del hombre en tiempo malo; cuando cayere sobre ellos(n) súbitamente. Asimismo esto vi: sabiduría bajo el sol; y magna es para mí: Ciudad pequeña, y varones en ella, pocos; y vino sobre ella un rey grande y cercóla y edificó contra ella valladares grandes; y hallé en ella un varón pobre, sabio, y salvó él la ciudad en su sabiduría; y hombre no se acordó ya del varón el pobre aquél. y dije yo: «Buena, sabiduría, sobre potencia», y la sabiduría del pobre, anonadada(o) y sus palabras no escuchadas. Palabras de sabios en quietud se oyen, sobre clamor(p) de potentados en insensateces. Buena, sabiduría sobre armas de guerra; y pecante uno destruirá bondad mucha(q). Apotegmas varios Moscas(a) muriendo pudren composición de óleo de suavidad; precioso, un poco de sabiduría, sobre gloria de insensatez grande. Corazón de sabio, a su diestra(b), y corazón de insensato, a su siniestra. Asimismo en camino luego que un insensato anduviere, su corazón desfallecerá; y lo que pensará, todo insensatez es. Si espíritu del dominante(c) descendiere sobre ti, tu lugar no dejes(d), pues(e) medicina reprimirá pecados grandes. Hay un mal que vi bajo el sol, como a su pesar salió de faz de dominante: fue dado el insensato a alturas grandes; y ricos(f) en lo bajo sentaránse; vi siervos en bridones, y príncipes andando, cual siervos sobre la tierra. quien cavare hoyo, en él caerá; y al que derribare cerca morderále serpiente. Quien arrancare piedras, se fatigará en ellas, quien hendiere la leña peligrará en ella; si se cayere el hierro, también él la faz ha turbado; y(g) esfuerzos esforzará, y recurso(h) para el varón, no(i) sabiduría; si(j) mordiere serpiente, en no silbido, ya no hay recurso para el encantador(k). Palabras de boca de sabio, gracia; y labios de insensato le(l) hundirán: principio de palabras de su boca, insensatez y su postrimería, circunvagancia mala; y el insensato multiplica palabras(m). No sabe el hombre qué lo que ha sido y qué lo que será; lo que después de él ¿quién le anunciará? El trabajo de los insensatos los maltratará, el que(n) no sabe ir a la ciudad(o), ¡Ay de ti ciudad de la que tu rey, un jovencillo, y tus príncipes al alba comen!(p). Feliz tierra, de la que tu rey, un hijo de libres(q); y tus príncipes a tiempo comerán en fortaleza(r), y no se avergonzarán(s). En flojedades humíllase la envigadura, y en pereza de manos se goteará la casa. Para risa(t) hacen pan, y vino y óleo para que se alegren los vivientes; y al dinero, con humillación, obedecerá todo. Tampoco en tu conciencia al rey y maldigas; y en los escondites de tus alcobas no maldigas a los ricos; que volátil del cielo llevará tu voz, y el que tiene alas, anunciará tu palabra(u). Caridad. Conformidad con la divina providencia. Envía tu pan por sobre la faz del agua(a), que en muchedumbre de días, le hallarás. Da parte a los siete(b) y aún a los ocho; pues no sabes que habrá de malo(c) sobre la tierra; si se llenaren las nubes con lluvia, sobre la tierra se derraman; y si cayere el leño al austro y si al septentrión, en el sitio donde cayere el leño, allí estará(d). Quien observa(e) el viento, no sembrará; y quien mirare las nubes, no cosechará(f). En lo que(g) no hay quien conozca cuál(h), el camino del espíritu: cómo los huesos(i), en vientre de preñada; así no conocerá las hechuras de Dios, todas cuantas habrá de hacer en todo(j). Al alba siembra tu semilla y a la tarde no pare tu mano; pues no sabes cuál procederá; si esto o esto; y si entrambas cosas, en uno, buenas(k). Y dulce la luz, y bueno a los ojos mirar a la par el sol. Pues, aunque años muchos viviere el hombre, en todos ellos se alegrará, y acordaráse de los días de tinieblas; pues muchos serán: todo lo que viene vanidad(l). Alégrate jovencillo, en tu juventud, y regocíjete tu corazón en días de tu juventud; y anda en caminos irreprensibles; y no en vista(m) de tus ojos; y sabe que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio. Y aparta ira, de tu corazón; y aleja maldad, de tu carne, pues la juventud y la insensatez(n), vanidad. Temor de Dios Y acuérdate del que te creó, en los días de tu juventud, hasta que vengan los días del mal y lleguen años en que dirás: «No tengo en ellos voluntad(a)»; mientras no se obscurezca el sol y la lumbre, y la luna y las estrellas; y volverán las nubes en pos de la lluvia(b), en día que se estremezcan los guardianes de la casa(c) y se trastornen varones de la fuerza; y paren las moledoras(d), por haberse mermado; y se entenebrecerán las miradoras(e) en las cuencas; y cerrarán puertas de calle, en flaqueza de voz de la moledora(f); y se levantará, a voz del gorrión(g), y humilladas serán todas las hijas del cantar; y a la altura mirarán, y espantos(h), en el camino; y ha florecido el almendro(i), y entorpecídose la langosta(j) y disipádose la alcaparra(k); pues ha ido el hombre a casa de su siglo; y hanse agrupado en la calle los plañidores; mientras no se deshiciere la cuerda de la plata(l), y se destrozare la venda del oro(m); y se destrozare el ánfora sobre la fuente; y junto rodare la rueda a la cisterna(n); y volviere el polvo a la tierra como era; y el espíritu volviere a Dios que lo dio. «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; todo es vanidad» Y más, pues fue Predicador sabio, pues enseñó ciencia al par al hombre; y la oreja escudriñará lo ornado de las parábolas. Mucho buscó el Predicador para hallar palabras de voluntad(o), y escrito de rectitud, palabras de verdad. Palabras de sabios, cual aijadas, y cual clavos plantados(p), las que por congregaciones han sido dadas, de pastor uno. Y fuera de las de ellos(q), hijo mío, guárdate: de hacer libros muchos: no hay linde; y meditación mucha, trabajo de la carne. Fin de la palabra, el todo, oye: a Dios teme y sus mandamientos guarda; que esto, todo el hombre. Pues todo lo hecho al par Dios llevará a juicio, en todo lo inadvertido(r), sea bueno y sea malo. Diálogo. Esposa. Cortejo nupcial. Esposo. Cantar de los cantares; el que es de Salomón. «Béseme con los besos de su boca» —Pues buenos son tus pechos(a) sobre el vino; (1:2) y el olor de tus ungüentos(b), sobre todos los aromas, ungüento deshecho, tu nombre(c). Por esto jovencillas(d) te han amado, (1:3) atraídote; en tu pos, al olor de tus ungüentos correremos. «Introdújome el rey en su recámara».—Nos alborozaremos y alegraremos en ti; amaremos tus pechos sobre el vino; la rectitud te ha amado. (1:4) «Negra soy y bella, hijas de Israel, cual pabellones de Cedar, cual tapices de Salomón. (1:5) No reparéis en mí yo esté ennegrecida; porque mal me paró el sol: hijos de mi madre lucharon contra mí; pusiéronme guardiana en viñas; la viña mía no guardé(e)(1:6) Anúnciame, el a quien ha amado mi alma, dónde pastoreas; dónde sesteas al mediodía; no sea que me convierta como en lanzada alrededor de las greyes de tus compañeros(f). (1:7) «Si no te conocieres, la hermosa entre mujeres, sal tú en huellas de las greyes; y pastorea tus cabritos por los pabellones de los pastores»(g). (1:8) «A mi caballería en carros de Faraón te he asemejado(h), la allegada mía. (1:9) ¡Cuál han florecido tus mejillas, como tórtolas(i), tu cerviz como collares(j)(1:10) «Figuras(k) de oro te haremos con puntos de plata». (1:11) Mientras el rey(l) en su recostadero(m), mi nardo ha dado su olor(n). (1:12) Hacecillo del estacte mi hermano para mí; en medio de mis pechos(o) reposará(p). (1:13) Racimo de la alheña, mi hermano para mí, en viñas de Engadí(q). (1:14) «He aquí eres hermosa, la allegada mía; he aquí eres hermosa: tus ojos, palomas». (1:15) He aquí eres hermoso, hermano mío, asimismo florido; además nuestro reclinadero, umbrío; (1:16) vigas de nuestras casas, cedros; artesonados nuestros cipreses(r). Admiración mutua de los esposos Yo flor de la campiña, azucena de las hondonadas.— «Como azucena en medio de espinos(a), así la allegada mía en medio de las hijas». Como manzano entre los leños de la selva, así mi hermano en medio de los hijos. A su sombra he anhelado y sentádome, y su fruto, dulce a mi paladar. Introducidme en casa del vino(b); disponed sobre mí el amor(c). Fortalecedme en ungüentos; llenadme en manzanas; que herida de amor, yo. Su izquierda, bajo mi cabeza, y su derecha me abrazará». «Conjurádoos he, hijas de Jerusalén, en las virtudes y fuerzas del campo(d)— ¡si excitareis y suscitareis el amor hasta que el quiera(e)!» Voz del hermano mío, he aquí que ése llega, saltando por sobre los montes, atravesando por las colinas. Semejante es mi hermano a la corza o cervato de ciervos(f) sobre los montes de Betel. —He aquí que ése, detrás de nuestra pared, inclinándose a las ventanas, asomándose a las celosías. Responde mi hermano y díceme: «Levántate, ven, la allegada mía, hermosa mía, paloma mía. Pues he aquí el invierno ha pasado, la lluvia partido, ídose; las flores aparecido en la tierra; tiempo de la poda, llegado; voz de la tórtola oídose en nuestra tierra; la higuera producido sus brotes(g); las vides florecen; han dado olor. Levántate, ven, la allegada mía, hermosa mía, paloma mía. Y ven, tú, paloma mía, al abrigo de la peña, junto al antemural; muéstrame tu rostro, y hazme oír tu voz; que tu voz, dulce, y tu rostro, florido». Cogednos las raposas pequeñas que aniquilan viñas(h); y nuestras vides florecen. Mi hermano, para mí, y yo, para él, el que pastorea entre los lirios; hasta que aliente el día, y se remuevan las sombras. Retorna, aseméjate, tú hermano, a la corza o cervato de ciervos sobre montes de hondonadas. Separación y encuentro En mi lecho en las noches, he buscado al a quien amó mi alma; busquéle, y no le hallé; llaméle, y no escuchó. Me levantaré ya, y correré a través de la ciudad, de las plazas y de las calles, y buscaré al a quien amó mi alma; le busqué y no le hallé. Halláronme los guardadores, los que corren al través de la ciudad: «¿Acaso el a quien ama mi alma, habéis visto?». ¡Cuán poco que pasé de ellos, hasta que hallé al a quien ama mi alma! Retúvele y no le dejé, hasta introducirle en casa de mi madre y a la recámara de la que me concibió—. Conjurádoos he, hijas de Jerusalén en las virtudes y fuerzas del campo si excitareis y suscitareis el amor hasta que él quiera—. «¿Quién es ésta que asciende del desierto(a), cual columna de humo encendida en mirra, olívano de todos polvos de ungüentario? He aquí el lecho de Salomón: sesenta poderosos en torno de él, de los poderosos de Israel; todos empuñando espada, enseñados a guerra; varón(b) —su espada sobre su muslo, por el espanto, en las noches. Litera hízose el rey Salomón, de leños del Líbano: sus columnas hizo la plata; su recostadero, áureo; de su gradería púrpura; su interior de pedrería(c) cuajado: amor de las hijas de Jerusalén(d). Hijas de Sión, salid y reparad en el rey Salomón, en la corona con que le coronó su madre en día de los desposorios de él, y en día de alegría del corazón de él.» La hermosura de la desposada «He aquí eres hermosa la allegada mía, he aquí eres hermosa. Tus ojos, palomas, fuera de tu callar(a). Tu cabellera(b), cual greyes de las cabras, que se están asomando desde Galaad. Tus dientes, cual greyes de las trasquiladas(c), que han ascendido del lavadero(d); que todas gemelizantes, y estéril no hay en ellas. Como cuerda, la purpúrea, tus labios; y tu habla graciosa; como corteza de granada, tu mejilla, fuera de tu callar. Como torre de David, tu cuello, la edificada con almenas; mil escudos penden de ella; todos dardos de los poderosos(e). Tus dos pechos, como dos crías mellizas de corza, las que pacen entre lirios(f). Hasta que aliente el día y se retiren las sombras, me iré al monte de la mirra y a la colina del Líbano(g). Toda hermosa eres, la allegada mía, y mancha no hay en ti. Ven del Líbano, esposa, ven del Líbano(h); pasarás y traspasarás del principado de fe(i); de la cabeza del Sanir y Hermón; de madrigueras de leones, de montes de leopardos. Herístenos el corazón, hermana mía, esposa; herístenos el corazón, con uno de tus ojos(j), en una(k); en ornato de tu cuello. ¡Cuánto se han hermoseado tus pechos, hermana mía, esposa! cuánto se han hermoseado tus pechos por el vino(l); y el olor de tus vestiduras sobre todos los aromas(m)! Panal destilan tus labios, esposa; miel y leche bajo tu lengua; y el olor de tus vestiduras, como olor del Líbano. Huerto cerrado, mi hermana, esposa; huerto cerrado, fuente sellada; tus efluvios, vergel de granados, con fruta de frutales; alheñas con nardos; nardo y azafrán, cálamo y cinamomo con todos los leños del Líbano; mirra y áloe, con todos los primeros ungüentos; fontana de vergel y pozo de agua viviente y sonando del Líbano abajo(n)». «Levántate, aquilón; y ven austro y alienta a través de mi huerto, y fluyan mis aromas. Descienda mi hermano a su huerto, y coma la fruta de sus frutales.» La esposa buscando al esposo «Entré en el huerto, hermana mía, esposa; recolecté mi mirra con mis aromas. Comí mi pan con mi miel; bebí mi vino con mi leche; comed, parientes, y bebed y embriagáos(a), hermanos(b)». «Yo duermo y mi corazón vela; voz de mi hermano; golpea a la puerta; «Abreme, hermana mía, la allegada mía, paloma mía, perfecta mía; que mi cabeza se ha llenado de rocío, y mis crenchas, de gotas de la noche(c)». Heme desvestido mi túnica, ¿cómo me la vestiré? Heme lavado mis pies; ¿cómo los mancharé? Mi hermano ha metido su mano por la ventana; y mi vientre se estremeció sobre él. Levantéme a abrir a mi hermano; mis manos destilaron mirra; mis dedos, mirra llena sobre las manos del cerrojo(d). Abrí yo a mi hermano; mi hermano pasó; mi alma salió(e) en su palabra; le busqué, y no le hallé; le llamé y no me obedeció. Halláronme los guardas, los que rondan en la ciudad; percutiéronme, hiriéronme; quitaron mi cendal de mí los guardas de los muros. «Conjurádoos os he, hijas de Jerusalén, en las virtudes y en las fuerzas del campo —si hallareis a mi hermano ¿qué le anunciaréis? que herida de amor, yo»—. ¿Qué, tu hermano de hermano(f), la hermosa entre mujeres? qué, tu hermano de hermano, que así nos has conjurado? «Mi hermano, albo y rosado, elegido entre miríadas. Su cabeza, oro y solidez(g), sus crenchas, abetos(h), negras como cuervo. Sus ojos, como paloma sobre llenura de aguas bañadas(i) en leche, sentadas sobre llenuras. Sus mejillas, como tazas del aroma que producen lo ungüentario; sus labios, lirios(j) destilando mirra llena(k). Sus manos, torneadas, áureas, llenas de crisólito(l); su vientre, redoma marfileña con piedra de zafiro. Sus muslos, columnas marmóreas fundadas en basas áureas; su figura, como el Líbano(m), elegido, como cedro(n). Su garganta(o) dulzuras, y todo anhelo(p). Este, el hermano mío y éste el allegado mío, hijas de Jerusalén». Beldad de la esposa (5:17) ¿A dónde se ha ido tu hermano, la hermosa entre mujeres? ¿A dónde ha mirado tu hermano, y le buscaremos contigo? (6:1) Mi hermano ha descendido a su huerto, a las tazas del aroma, a pastorear en huertos y recoger lirios. (6:2) Yo, para mi hermano, y mi hermano para mí, el que pastorea entre los lirios(a). (6:3) «Hermosa eres, allegada mía, como complacencia; graciosa como Jerusalén; asombro, como batalladoras(b). (6:4) Aparta tus ojos de delante de mí; pues ellos me han volado(c). Tu cabellera como greyes de las cabras, las que han asomado a Galaad; (6:5) tus dientes, como greyes de las trasquiladas, las que han subido del lavadero; todas ellas gemelizantes; y estéril no hay entre ellas. Como cuerda, la purpúrea, tus labios; y tu habla graciosa. (6:6) Como corteza de granada, tu mejilla, fuera de tu callar. (6:7) Sesenta son las reinas, y ochenta, las concubinas; y jovencillas de que no hay número; (6:8) una es la paloma mía, la perfecta mía; una es para su madre; escogida es para la que la parió(d). Viéronla las hijas, y la felicitarán; reinas, asimismo concubinas, y la loarán».— (6:9) ¿Cuál ésta, la que va asomando, cual si aurora; hermosa, como luna; escogida, como el sol; asombro, como batalladoras? (6:10) «A huerto de nuez he descendido a ver por los gérmenes del torrente; a ver si ha florecido la vid, han abierto las granadas; allí te daré mis pechos(e). (6:11) No conoció mi alma(f): me pusieron(g) carros de Aminadab(h)(6:12) Vuelve, vuelve, la Sulamita; vuelve, vuelve, y te contemplaremos. Loores de la esposa; su fidelidad y amor «¿Qué veréis en la Sulamita(a)? la que viene, cual coros de campamentos(b). —Hermoseádose han tus pasos en tus sandalias, hija de príncipe; los movimientos de tus muslos, semejante a collares, obra de artífice. Tu ombligo, taza torneada, no falta de misto(c); tu vientre, acervo de trigo, cercado entre azucenas. Tus dos pechos como dos cervatos mellizos de corza; tu cuello, como torre marfileña; tus ojos como lagunas en Esebón, en puertas de hija(d) de muchedumbre(e). Tu nariz como torre del Líbano mirando a faz de Damasco. Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y el tocado de tu cabeza, como púrpura: un rey ceñido en pliegues. ¡Cómo te has hermoseado y cómo suavizádote, amor, en tus delicias! Esta, tu grandeza: te has asemejado a la palmera; y tus pechos a los racimos. Dije: «Subiré a la palmera; me apoderaré de sus alturas; y serán ya tus pechos, como racimos de vid, y el olor de tu nariz como pomas; y tu garganta, como vino el bueno.—«Que va a mi hermano en derechura, que basta a mis labios y dientes(f). Yo para mi hermano, y a mí su inclinación. Ven, hermano mío; salgamos al campo; reposemos en aldeas; madruguemos en las viñas; veamos si ha florecido la vid, florecido el olivo y florecido los granados, allí te daré mis pechos. Las mandrágoras han dado olor; y, a las puertas nuestras, toda fruta nueva con vieja, hermano mío, he guardado para ti.» Anhelos. Unión «¿Quién diera que tú, hermano mío, mamaras los pechos de mi madre(a)? Hallándote fuera, te besara; y por cierto no me aniquilarán(b). Te tomaré, te introduciré en casa de mi madre, y en lo recóndito de la que me concibió; te daré a beber del vino, el aromado, de la fontana de mis granados. Su izquierda, bajo mi cabeza, y su derecha me abrazará»—. Conjurádoos he, hijas de Jerusalén en las virtudes y en las fuerzas del campo si excitareis y si suscitareis el amor(c), hasta que quisiere. ¿Quién ésta, que asciende emblanquecida, reclinada en su hermano? «Bajo manzano(d) te he despertado(e): allí angustiosa te tuvo tu madre; allí angustiosa te tuvo la que te parió(f). Ponme como sello sobre tu corazón; como sello sobre tu brazo(g); que fuerte, como muerte, el amor; duros como los infiernos los celos; el chisporroteo de fuego, las llamas de él; agua mucha no podrá apagar el amor, y ríos no lo inundarán. Si diere el varón toda su vida(h) en(i) el amor, anonadando, la anonadará. Nuestra hermana, pequeña, y pechos no tiene(j) ¿Qué haremos a nuestra hermana en el día en que se le hable(k) en él? Si muro(l) es, edifiquemos sobre ella almenas argénteas; y si puerta(m) es, engastemos sobre ella tabla cedrina»—. «Yo, muro, y mis pechos, como torres; yo era, en ojos de ellos(n), como la que halla paz(o). Viña tuvo Salomón en Bectlamón, dio su viña a los guardadores; un varón traerá, en fruto de ella; mil(p) de plata; mi viña, la mía delante de mí: los mil para Salomón, y los doscientos para los guardadores de su fruto(q). El que habitas en huertos(r), los compañeros, pendientes(s) de tu voz: házmela oír(t).» «Huye, hermano mío, y aseméjate a la corza o a la cría de los ciervos, sobre montes de aromas.»(u) Ira de Dios contra Israel Visión que vio Isaías, hijo de Amós; que vio contra la Judea y contra Jerusalén; en reinado de Ozías y Joatán; y Acaz y Ezequías; que reinaron sobre la Judea. Oye, cielo, y escucha, tierra, que el Señor ha hablado: «Hijos engendré y enaltecí; ellos, empero, me despreciaron. Conoce un buey al poseedor, y un asno el pesebre de su dueño; Israel, empero, no me conoce, y el pueblo no me comprende». ¡Ay! gente pecadora, pueblo lleno de pecados, simiente mala, hijos inicuos, habéis abandonado al Señor e irritado al Santo de Israel [han retrogradado]. ¿Qué aún habéis de ser percutidos, añadiendo iniquidad? toda cabeza en trabajo y todo corazón en pena: [de plantas] de pies a cabeza, [no hay en él integridad], ni herida, ni cardenal, ni llaga entumecida; ni hay(a) emplasto poner encima, ni óleo, ni vendajes. Vuestra tierra, desierta; vuestras ciudades, a fuego quemadas; la región vuestra, a faz de vosotros, extraños la devoran, y desolada está, destruida por pueblos extraños. Abandonada será la hija de Sión, como tienda en viña, y como guarda frutera en pepinar; como ciudad asediada. Y, si Señor de ejércitos no nos hubiera dejado simiente, como Sodoma fuéramos y como Gomorra nos asemejáramos. Oíd palabra del Señor, príncipes de Sodoma; atended a la ley de [nuestro] Dios, pueblo de Gomorra. ¿Qué a mí, muchedumbre de vuestros sacrificios?» —dice el Señor. «Lleno estoy de holocaustos de carneros; y grosura de corderos y sangre de toros y cabrones no quiero; ni vengáis a presentaros a mí; pues ¿quién ha buscado esto de vuestras manos? A pisar mi aula no proseguiréis. Si trajereis harina flor, en vano; timiama, abominación para mí es; vuestras neomenias y los sábados y día grande no sufro; ayuno y ocio, y vuestras neomenias y vuestras fiestas odia mi alma; os habéis hecho para mí en hastío; no perdonaré ya vuestros pecados. Cuando extendiereis las manos, apartaré mis ojos de vosotros; y si multiplicareis la plegaria, no os escucharé; porque vuestras manos de sangre llenas. Lavaos; puros haceos; quitad las maldades de vuestras almas, delante de mis ojos; dejad vuestras maldades; aprended lo hermoso a hacer; indagad juicio; librad al agraviado, juzgad al huérfano, y justificad a la viuda; y venid, discutamos, dice el Señor; y, si fueren vuestros pecados como lo purpúreo, como nieve(b) blanquearé; y, si fueren como escarlata, como lana, blanquearé. Y, si quisiereis y me escuchareis, los bienes de la tierra comeréis. Pero, si no quisiereis ni me escuchareis, cuchilla os devorará; —que la boca del Señor ha hablado esto». ¡Cómo se ha hecho meretriz una ciudad fiel, Sión, llena de juicio! en la cual justicia dormía en ella; y ahora homicidas. Vuestra plata, despreciada; tus taberneros mezclan el vino con agua; tus príncipes desobedecen, socios de ladrones, amando dádivas, persiguiendo remuneración; a huérfanos no juzgando, y a juicio de viudas no atendiendo. Por esto, esto dice el Señor, el soberano de ejércitos: «¡Ay de los fuertes de Israel! pues no cesará mi furor en los adversarios; y juicio de mis enemigos haré. Y subiré mi mano sobre ti y acrisolaré; y a los inobedientes perderé, y quitaré todos los inicuos, de ti. Y pondré tus jueces, como antes, y tus consejeros, como desde el principio; y después de esto serás llamada Ciudad de justicia, metrópoli fiel, Sión. Pues, con juicio, será salvada su cautividad y con misericordia. Y quebrantados serán los inicuos y los pecadores a la vez; y los que dejaron al Señor, serán consumidos; por esto: porque serán avergonzados por sus ídolos, que ellos querían; y han sido avergonzados por causa de los huertos que desearon. Pues serán como terebinto que ha lanzado las hojas, y como jardín agua no teniendo. Y será su fuerza como paja de estopa, y sus obras como centellas; y quemados serán los inicuos y los pecadores a la vez, y no habrá quien apague. Paz universal del reinado del Mesías La palabra la hecha a Isaías, hijo de Amós, acerca de la Judea y acerca de Jerusalén. Que será en los postreros días visible el monte del Señor y la casa de Dios sobre sumidad de los montes; y se exaltará por cima de las colinas; y vendrán a él todas las gentes. E irán gentes muchas y dirán: «Venid y ascendamos al monte del Señor y a la casa del Dios de Jacob, y nos anunciará su camino, y andaremos en él. Que de Sión saldrá ley, y palabra del Señor, de Jerusalén; y juzgará en medio de las gentes, y redargüirá pueblo mucho; y destrozarán sus cuchillas en arados y sus astas en hoces; y no cogerá gente contra gente cuchilla, y no aprenderán, no, ya a guerrear. Y ahora, la casa de Jacob, andemos a la luz del Señor. Porque ha dejado a su pueblo, la casa de Israel; pues se ha llenado, como del principio, su región de augurios, como la de los filisteos, e hijos muchos filisteos hanles nacido. Pues se ha llenado su región de plata y oro, y no había número de sus tesoros; y llenádose la tierra de bridones, y no había número de sus carros; y llenádose la tierra de abominaciones de las obras de sus manos, y adoraron lo que hicieron sus dedos. E inclinóse el hombre y humillóse el varón(a); y no los dejaré, no. Y ahora entrad en las peñas, y ocultaos en la tierra a faz del temor del Señor, y ante la gloria de su fortaleza; cuando se levante a herir la tierra. Pues los ojos del Señor excelsos, y el hombre, humilde; y humillada será la excelsitud de los hombres, y exaltado el Señor solo en aquel día. Pues día del Señor de ejércitos sobre todo ultrajador y soberbio, y sobre todo excelso y sublime; y serán humillados; y sobre todo cedro del Líbano, de los excelsos y sublimes, y sobre todo árbol de bellota de Basán; y sobre todo excelso monte y sobre toda colina excelsa; y sobre toda torre excelsa y sobre todo muro excelso; y sobre todo navío de mar, y sobre toda vista de navíos de hermosura. Y humillado será todo hombre, y caerá la contumelia de los hombres, y exaltado será el Señor sólo en aquel día. Y las manuhechuras(b) todas ocultarán; introduciendo en las cavernas, y en las hendeduras de las peñas, y en los antros de la tierra, a faz del temor del Señor y a la gloria de su fortaleza; cuando se levantare a herir la tierra. Pues en aquel día lanzará fuera el hombre sus abominaciones, las argénteas y las áureas; que hicieron para adorar a los vanos y los murciélagos, para introducirse(c) en los antros de la firme peña y en las hendiduras de las peñas, a faz del temor del Señor y a la gloria de su fortaleza; cuando se levantare a herir la tierra. [Dejaos del hombre cuyo hálito en sus narices; pues ¿en qué ha sido reputado él?]. Castigos de Israel por sus pecados He aquí ya el soberano Señor de los ejércitos quitará, de Jerusalén y de la Judea, al fuerte y a la fuerte, fuerza de pan y fuerza de agua; a gigante, y fuerte y hombre guerrero, y juez, y profeta, y adivino, y anciano, y capitán de cincuenta, y admirable consejero, y sabio arquitecto y prudente oidor; y pondrá jovencillos por príncipes de ellos; e impostores los señorearán. Y se precipitará el pueblo: hombre contra hombre, y hombre contra su prójimo; chocará el pequeñuelo contra el anciano, el deshonrado contra el honrado; pues cogerá el hombre a su hermano o al doméstico de su padre, diciendo: «Vestuario tienes; príncipe hazte de nosotros, y el sustento el mío bajo ti esté». Y respondiendo en aquel día, dirá: «No seré tu príncipe; que no hay en mi casa pan, ni vestuario; no seré príncipe de este pueblo. Porque está abandonada Jerusalén, y la Judea se ha derrumbado; y las lenguas de ellos, con iniquidad, en lo para con el Señor, incrédulos. Por lo cual ahora humillada ha sido su gloria, y la confusión de su rostro les ha quedado; y su pecado como de Sodoma han anunciado y manifestado. ¡Ay del alma de ellos! por esto: porque han aconsejado consejo malo contra sí mismo, diciendo: «Atemos al justo, porque mal usable para nosotros es». Por tanto los frutos de las obras de ellos comerán. ¡Ay del inicuo! males, según las obras de sus manos le acaecerán. Pueblo mío, vuestros ejecutores os rastrojean, y los recaudadores(a) se enseñorean de vos; pueblo mío, los que os felicitan, os extravían, y la senda de vuestros pies perturban. Empero ahora se pondrá a juicio Señor; y pondrá a juicio su pueblo; el mismo Señor a juicio vendrá con(b) los ancianos del pueblo y con los príncipes de él. Y vos ¿por qué habéis quemado mi viña; y la rapiña del pobre, en vuestras casas? ¿por qué vos agraviáis a mi pueblo, y el rostro de los pobres avergonzáis? Esto dice el Señor: «Puesto que han sido exaltadas las hijas de Sión, y han andado con erguida cerviz y en revolvimientos de ojos; y con la andanza de los pies a una arrastrando las túnicas, y con los pies a una jugando; humillará Dios a las príncipes hijas de Sión; y el Señor desnudará el hábito de ellas, en aquel día; y quitará el Señor la gloria de la vestimenta de ellas: las redecillas, y las borlas, y las lunetas; y el collar, y el ornato de su semblante; y el aderezo del ornato de la gloria, y los brazaletes, y las pulseras, y la redecilla, y los anillos y los diestros brazaletes y los zarcillos; y las pretextas purpúreas y las medias púrpuras; y los cendales los para la casa y los diáfanos lacónicos(c) y los bisinios(d), y los jacintinos y los escarlatinos, y el biso, de oro y jacinto urdimbres, y velos recostatorios. Y habrá, en vez de olor suave, polvo; y en vez del cinto, de cuerda serás ceñida; y en vez del ornato de la cabeza del oro, calva tendrás por tus obras; y, en vez de la túnica la medio purpúrea serás receñida de saco. Y tu hijo el más bello, a quien amas, a cuchilla caerá; y vuestros fuertes a cuchilla caerán; y serán humillados; y se lamentarán los cofres de vuestro ornato; y dejada serás solitaria, y en la tierra serás postrada. La redención Y cogerán siete mujeres a hombre uno, diciendo: «Nuestro pan comeremos, y nuestros vestidos nos pondremos; sólo que el nombre el tuyo sea llamado sobre nosotras; quita nuestro oprobio(a). Y en aquel día centelleará Dios en consejo, con gloria, sobre la tierra, para exaltar y glorificar lo quedado de Israel. Y será: lo quedado en Sión y lo quedado en Jerusalén; —santos serán llamados todos los escritos, para la vida, en Jerusalén». Pues lavará el Señor la inmundicia de los hijos y de las hijas de Jerusalén; y la sangre purificará de en medio de ellos; en espíritu de juicio y espíritu de combustión. Y vendrá; y será: todo(b) lugar del monte Sión— y sobre todo lo en torno de ella sombreará nube, de día; y, cual de humo y lumbre de fuego ardiente, de noche; y por toda la gloria será protegida. Y será para sombra, del ardor, y, en protección y en ocultamiento de rigor y lluvia. Israel, viña estéril Cantaré ya al amado(a) un cantar del amado mío(b) a la viña mía: «Viña tuvo el amado, en cuerno(c) en sitio pingüe. Y cerca puse en torno y vallé, y planté vid de Sorec(d) y edifiqué torre en medio de ella; y lagar cavé en ella; y aguardé a que hiciera uvas, e hizo espinas. Y ahora, los habitadores de Jerusalén y hombre de Judá, juzgad entre mí y en medio de mi viña. ¿Qué haré ya a mi viña, y no he hecho? Puesto que aguardé a que hiciera uvas, e hizo espinas. Mas ahora os anunciaré qué yo he de hacer a mi viña: quitaré su cerca, y será en despojo; y arrasaré su muro, y será en holladura. Y abandonaré mi viña, y no será, no, podada; y no será, no, cavada; y subirán a ella, como a tierra inculta, espinas; y a las nubes mandaré que no lluevan en ella lluvia. Pues la viña del Señor de los ejércitos, casa de Israel, y hombre de Judá, noval amado, aguardé a que hiciera juicio, y ha hecho iniquidad; y no justicia, sino clamor. ¡Ay de los que juntan casa a casa, y que campo a campo acercan para del vecino quitar algo!: ¿Acaso habitaréis solos sobre la tierra? Porque oídas han sido en las orejas del Señor de ejército estas cosas; pues, si se hicieren casas muchas, en desierto serán, grandes y hermosas, y no habrá quien habite en ellas. Que donde trabajan diez yuntas de bueyes hará(e) escudilla una; y el que siembra celemines seis, hará medidas(f) tres. ¡Ay de los que se levantan al alba y la sidra siguen, los que esperan la tarde; que el vino, los abrasará! Pues, con cítara, y salterio, y tímpanos y flautas, el vino beben; y las obras del Señor no miran; y las obras de sus manos no consideran. Por esto cautivo mi pueblo ha sido hecho, por no ver ellos al Señor, y multitud ha sido hecha de muertos de hambre y sed de agua. Y dilató el infierno su alma; y abrió su boca para no cesar; y descenderán los gloriosos, y los grandes, y los ricos y las pestes de ella(g). y humillado será el hombre, y deshonrado el varón; y los ojos, los sublimes, serán humillados; y exaltado, el Señor de los ejércitos en juicio; y Dios, el santo, glorificado en justicia; y serán apacentados los despojados, como toros; y los yermos de los que han sido llevados, corderos comerán. ¡Ay de los que arrastran los pecados, como con cuerda larga, y, como con de yugo correa de becerra(h), las iniquidades! los que dicen: «En breve aproxímese lo que hará, para que veamos; y venga el consejo del Santo de Israel, para que conozcamos». ¡Ay de los que dicen lo malo, hermoso; y lo hermoso, malo; los que ponen las tinieblas, luz, y la luz, tinieblas; los que ponen amargo, lo dulce, y lo dulce amargo! ¡Ay de los prudentes en(i) sí mismos, y a faz de sí, sabidos! ¡Ay de los fuertes de vosotros, los que beben el vino; y los potentados los que mezclan la sidra; los que justifican al impío merced a dádivas, y lo justo del justo quitan! Por esto, al modo que se quemará paja por carbón de fuego, y se requemará por llama suelta; la raíz de ellos como espuma será, y la flor de ellos, como polvo subirá(j); pues no quisieron la ley del Señor de ejércitos, sino que el dicho del Santo de Israel irritaron. Y enfurecióse con ira el Señor de ejércitos contra su pueblo; y extendió su mano contra ellos y percutiólos; e irritáronse los montes; y fueron hechos sus cadáveres, como lodo, en mitad del camino. Y en todo esto no se apartó su furor, sino que todavía, la mano, alta. Por ende levantará señal(k) en las gentes las en lontananza, y silbaráles, de sumidad de la tierra; y he aquí rápidamente, ligeramente vienen. No hambrearán; ni trabajarán; ni dormitarán; ni dormirán; ni soltarán sus cintos de su lomo; y no se romperán, no, las correas de sus calzados; cuyos dardos agudos son; y los arcos de ellos, tendidos; los pies de sus bridones, por dura piedra han sido reputados; las ruedas de sus carros, como tormentas; enfurécense como leones; se han presentado como cachorros de león; y cogerá y clamará como fiera, y arrojará fuera, y no habrá quien los libre. Y clamará por ellos, aquel día, como voz de mar ondeante; y mirarán a la tierra, y he aquí tinieblas duras, en el desatiento de ellos. Vocación y consagración de Isaías Y aconteció el año que murió Ozías, el rey, vi al Señor, sentado sobre solio excelso y sublime, y llena la casa de su gloria. Y serafines estaban en torno de él; seis alas(a), el uno; y seis alas el uno; y con dos cubrían la faz; y con dos cubrían los pies; y con dos volaban. Y clamaban uno al otro y decían: «Santo, santo, santo, Señor de ejércitos, llena, toda la tierra de su gloria». Y alzóse(b) el dintel a la voz con que clamaban; y la casa se llenó de humo. Y dije: «¡Oh mísero yo, por haberme compungido(c), por ser hombre, e impuros labios teniendo, en medio de un pueblo que impuros labios tiene yo habitar, y al rey, Señor de ejércitos, haber visto con mis ojos!». Y enviado fue a mí uno de los serafines; y en la mano tenía una brasa que con tenaza tomó del altar; y tocó mi boca y dijo: «He aquí ha tocado esto tus labios, y quitará tus iniquidades; y tus pecados en torno purificará». Y oí la voz del Señor, diciendo: «¿a quién enviaré? ¿y quién irá a este pueblo?». Y dije: «He aquí yo soy(d): envíame». Y dijo: «Ve y di a este pueblo: «Con oído oiréis, y no entenderéis, no; y mirando, miraréis, y no veréis, no. Pues ha engrosado el corazón de este pueblo; y con sus orejas pesadamente han oído; y los ojos han cerrado, para que jamás vean con los ojos y con las orejas oigan, y con el corazón entiendan; y se conviertan; —y los sanaré»(e). Y dije: «¿Hasta cuándo, Señor?» y dijo: «Hasta yermarse ciudades, por no habitarse, y casas, por no haber hombres; y la tierra será abandonada yerma». Y, después de esto, alejará Dios a los hombres, y se multiplicarán los abandonados sobre la tierra, y aún sobre ella hay la décima; y de nuevo será en depredación, como terebinto y como bellota, cuando cayere de su depósito(f) [simiente santa, su columnata]. Ruina de Efraín y Siria. El Mesías. Y aconteció en los días de Acaz, de Joatán, el hijo de Ozías, rey de Judá, ascendió Rasín, rey de Aram(a), y Faceé, hijo de Romelías, rey de Israel, sobre Jerusalén, a guerrear contra ella, y no pudieron asediarla. Y anuncióse a la casa de David(b), diciendo: «Concertóse Aram con Efraín»(c); y se espantó su alma y el alma de su pueblo, al modo que en la sierra el leño, al viento se habrá balanceado. Y dijo el Señor a Isaías «Sal al encuentro de Acaz tú y el que te ha quedado: Jasub, tu hijo, a la piscina del superior camino del Campo del batanero. y le dirás: «Mira, no te intranquilices, y no temas; y tu alma no flaquee ante estos dos leños de los tizones, los humeantes; pues, cuando ira de mi furor hubiere, de nuevo sanaré. Y al hijo de Aram y el hijo de Romelías, porque han acordado acuerdo malo. «Ascenderemos a la Judea, y hablando con ellos, les apartaremos hacia nosotros; y enreyeceremos sobre ella al hijo de Tabeel»: Esto dice el Señor de los ejércitos: «No permanecerá, no, este acuerdo, ni será; sino que la cabeza de Aram, Damasco(d); y la cabeza de Damasco, Rasín; empero todavía sesenta y cinco años(e) —desfallecerá el reino de Efraín, del pueblo; y la cabeza de Efraín, Samaria; y la cabeza de Samaria, un hijo de Romelías. Y si no creyereis, tampoco entenderéis(f). Y prosiguió el Señor hablando a Acaz, diciendo: «Pídete una señal, del Señor, tu Dios, en hondura o en excelsitud». Y dijo Acaz: «No pediré, no, y no tentaré al Señor, no». Y dijo: «Oíd ahora, casa de David»: ¿Acaso poco(g), para vosotros provocación ofrecer a hombres? y ¿cómo al Señor ofrecéis provocación? Por esto dará el Señor mismo a vosotros una señal: He aquí la(h) virgen en vientre concebirá y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel(i). Mantequilla y miel comerá, antes de conocer o elegir cosas malas, elegir lo bueno; por esto: porque, antes de conocer el párvulo lo bueno o lo malo, reprueba maldad, para elegir lo bueno; y abandonada será la tierra que tú temes, a faz de los dos reyes(j). Empero traerá Dios sobre ti, y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre días que aún no han venido desde el día que quitó a Efraín, de Judá: —al rey de los asirios. Y será: en aquel día silbará(k) el Señor a moscas— lo que se enseñoreará de parte del río de Egipto, y a la abeja que está en región de asirios(l); y vendrán todos a las hondonadas de la región, y a las cavernas de las peñas y a las cavidades y a toda hendidura. En aquel día raerá el Señor en la raedera la alquilada, tras el río, del rey de los asirios, la cabeza; y los pelos de los pies y la barba quitará. Y será: en aquel día criará un hombre novilla y dos ovejas—. Y será: del muchísimo hacer leche(m), mantequilla y miel comerá todo el dejado sobre la tierra(n). Y será en aquel día: todo lugar donde hubiere mil vides de mil siclos(o), en desierto serán y en espina; con saeta y arco entrarán allí; que desierto y espina será toda la tierra; y todo monte arándole, arado será; no entrará, no, allí temor; pues será, por la soledad y espina, en pasto de oveja y holladura de buey». Ruina de Israel y Siria. Invasión de los asirios. Confianza en Dios. Y díjome el Señor: «Tómate un corte de cuero, grande(a), y escribe en él con estilo de hombre(b) del: «prontamente reparto hacer de botín; pues ya está(c)», y testigos hazme fieles hombres: a Urías y Zacarías, hijo de Baraquías». Y me acerqué a la profetisa y en su vientre concibió y parió hijo. Y díjome el Señor: «Llama su nombre: Presto —despoja, velozmente depreda; por esto: porque, antes de saber el párvulo llamar padre o madre, quitará(d) la fuerza de Damasco, y el botín de Samaria delante del rey de asirios». Y prosiguió el Señor hablándome todavía: «Por no querer este pueblo el agua de Siloé que va con sosiego, sino quiere tener a Rasín y al hijo de Romelías, por rey sobre vosotros; por esto he aquí el Señor sube sobre vosotros el agua del río(e) la fuerte y la mucha: al rey de los asirios, y la gloria de él; y ascenderá sobre toda hondonada vuestra; y caminará sobre todo muro vuestro; y quitará de la Judea hombre que pueda cabeza alzar, o potente a consumar algo; y será el campamento de él para llenar la anchura de tu región. Con nosotros Dios: Conoced, gente y sucumbid; escuchad hasta el extremo de la tierra: envalentonados, sucumbid; pues, si de nuevo os envalentonareis, de nuevo sucumbiréis. Y el acuerdo que acordareis, disipará el Señor; y la palabra que hablareis, no permanecerá, no, en vosotros, que con nosotros Dios. Así dice el Señor: Por la fuerte mano se apartan de la andanza del camino de este pueblo(f) diciendo: No sea que digan lo duro; pues todo lo que dijere este pueblo(g) duro es. Pero el temor de él no temáis, no; y no os turbéis, no; al Señor, a él santificad(h); y él será tu temor; y, si en él estuviereis confiado, te será en santificación; y no como de piedra tropiezo, os encontraréis con él, ni como con de peña ruina. Pero las casas de Jacob(i), en lazo, y los en hondonada asentados en Jerusalén; por esto flaquearán en ellos muchos, y caerán y serán quebrantados; y se acercarán y serán prendidos hombres en seguridad. Entonces manifiestos serán los que son sellados, para la ley no aprender. Y dirá(j): «Aguardaré a Dios, al que ha apartado su rostro de la casa de Jacob, y confiado estaré en él». He aquí yo y los pequeñuelos que me ha dado Dios. Y habrá señales y portentos en la casa de Israel, de parte del Señor de ejércitos; que habita en el monte Sión. Y si os dijeren: «Buscad a los ventrílocuos, y a los que, de la tierra, vocean, los vaniparlantes, los que, del vientre vocean— ¿acaso la gente a su dios no preguntará?». —¿Qué preguntarán, acerca de los vivos, a los muertos? Pues ley en auxilio ha dado, para que digan: «No como esta palabra, por la cual no hay dádivas(k) que dar —por ella—». Y vendrá sobre vos dura hambre; y será: cuando hambreareis, os contristaréis y maldeciréis al príncipe y lo patrio; y mirarán al cielo arriba; y a la tierra abajo remirarán; y he aquí indigencia estrecha y tinieblas; tribulación y angustia y tinieblas, hasta no verse; —y no desfallecerá, el que en tribulación estuviere hasta tiempo. El Mesías. Ruina del reino de Israel. Esto primero bebe(a), rápidamente haz, región de Zabulón, la tierra de Neftalí, y los demás, los de la marina; y allende del Jordán, Galilea de las gentes: el pueblo que andaba en tinieblas, ved luz grande; los que habitáis en región, sombra, de muerte, luz resplandecerá sobre vos: la mayor parte del pueblo, la que condujiste en tu alegría; y se alegrarán delante de ti, como los que se alegran en siega, y al modo que los que reparte botín; por esto: porque ha sido quitado el yugo el que sobre ellos yacía, y la vara, la sobre su cerviz; pues la vara de los que estrechaban, dispersó; como el día, el sobre Madián. Porque toda estola reunida con dolo; y vestidura, con permuta, pagarán; y querrán haber sido ellos mismos quemados(b). Porque un pequeñuelo nos ha nacido; un hijo nos ha sido dado, cuyo principado ha sido hecho sobre su hombro(c); y es llamado su nombre: de gran consejo Angel, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Poderoso, Príncipe de paz, Padre del futuro siglo. Pues yo traeré paz sobre los príncipes, y paz y sanidad a él. Grande, el principado de él y de su paz no habrá término, sobre el trono de David y su reyecía; para rectificarla y auxiliar en juicio y en justicia, desde ahora y por el siglo; el celo del Señor de los ejércitos hará esto. Muerte ha enviado el Señor sobre Jacob, y ha venido sobre Israel. Y conocerán todo el pueblo de Efraín y los asentados en Samaria, de altanería y altivo corazón diciendo: «Ladrillos han caído; pero venid, piquemos piedras, y cortemos sicomoros y cedros y edifiquémonos torre. Y henderá Dios a los alzados contra el monte Sión, contra ellos; y a los enemigos disipará: a Siria, desde el sol de oriente, y a los helenos, desde el sol de ocaso, a los que devoran a Israel a toda boca. Con todo esto, no se ha apartado el furor, sino que todavía, la mano excelsa. Y el pueblo no se volvió hasta que percutido fue; y al Señor no buscaron. Y quitó el Señor de Israel cabeza y cola, grande y pequeño, en un día; anciano y los que los rostros admiran: éste, el principado(d): y a profeta enseñando lo inicuo; éste la cola. Y habrá quienes feliciten a este pueblo, engañando; y engañan para devorarlos. Por esto en los jovencillos de ellos no se alegrará el Señor; y de sus huérfanos y viudas no se apiadará; pues todos, inicuos y malos; y toda boca habla lo injusto. Con todo esto no se ha apartado el furor, sino que todavía, la mano excelsa. Y quemada será, como fuego, la iniquidad; y como broza seca, devorada será de fuego; y quemada en las espesuras de la sierra; y devorará al par lo en torno de las colinas(e) todo; por furor de ira del Señor abrasada está la tierra toda; y será el pueblo como quemado de fuego; el hombre de su hermano no se apiadará, sino que declinará a la diestra, porque hambreará, y comerá de la siniestra; y no se hartará hombre, no, comiendo las carnes de su brazo. Pues comerá Manasés a Efraín, y Efraín a Manasés(f); pues juntos asediarán a Judá. Con todo esto, no se ha apartado el furor sino que todavía, la mano excelsa. Continuación. Profecía contra Asiria. ¡Ay de los que escriben(a) maldad! porque escribiendo maldad escriben, declinando juicio de pobres, rapiñando causa de indigentes de mi pueblo, para que les sea viuda en despojo, y huérfano en presa. Y ¿qué harán el día de la visitación? pues la tribulación de lejos os vendrá. Y ¿a quién os refugiaréis para que se os ayude? Y ¿dónde dejaréis vuestra gloria, para no caer en transmigración? —Con todo esto, no se ha apartado la ira, sino que todavía, la mano excelsa. ¡Ay de los asirios! la vara de mi furor y la ira está en las manos de ellos. Mi ira contra gente inicua; y a mi pueblo ordenaré hacer despojos y presa, y hollar las ciudades y ponerlas en polvareda. El mismo(b) no así pensó, y con el alma no así ha considerado; empero se mudará su mente, hasta para gentes exterminar no pocas. Y si le dijeren: «Tú sólo eres príncipe»; también dirá: «¿No he tomado la región la sobre Babilonia y Calane, donde la torre se edificó, y he tomado a Arabia, y a Damasco y Samaria? Al modo que éstas he tomado, también todos los principados tomaré. ¡Ululad, las esculturas, en Jerusalén y en Samaria! Pues, al modo que hice a Samaria y a las manuhechuras(c) de ella, así haré también a Jerusalén y a los ídolos de ella». Y será: cuando consumare el Señor, todo(d) haciendo en el monte Sión y Jerusalén; traerá sobre la mente la grande: sobre el príncipe de los asirios y sobre la altura de la gloria de sus ojos. Pues ha dicho: «En la fuerza haré; y en la sabiduría del entendimiento quitaré límites de gentes; y la fuerza de ellas depredaré; y sacudiré ciudades habitadas; y la habitada(e) toda cogeré con la mano, como nido; y como abandonados huevos alzaré; y no hay quien escape de mí ni me contradiga. ¿Acaso glorificada será segur sin el que corta en ella? ¿O se exaltará sierra, sin el que tira de ella? ¡Como si alguno alzase vara o leño(f), y no así! Sino que enviará el Señor de ejércitos contra tu honra deshonra; y contra tu gloria fuego ardiente arderá. Y será la luz de Israel(g) en fuego, y le santificará en fuego ardiente, y comerá, así como hierba la selva. Aquel día se extinguirán los montes, y las colinas y las sierras(h); y devorará de alma(i) a carnes; y será el que huye, como el que huye de llama ardiente; y los residuos de ellos serán un número(j), y un pequeñuelo los escribirá. Y será en aquel día ya no proseguirá(k) lo residuo de Israel; y los salvados de Jacob no estarán ya confiados en los que les agravian, sino que estarán confiados en el Dios; el santo de Israel, por la verdad. Y estará lo residuo de Jacob sobre Dios fuerte. Y, si(l) se hiciera el pueblo de Israel como la arena de la mar, el resto de ellos se salvará. Palabra consumadora y despedazadora en justicia —porque palabra despedazada(m) el Señor hará en la habitada toda. Por esto, esto dice el Señor de ejércitos: «No temas, pueblo mío, los habitantes en Sión, de los asirios, porque en vara te percutirá; pues plaga traeré sobre ti para ver el camino de Egipto(n); pues todavía un poco, y se calmará la ira, y el furor mío sobre el consejo de ellos. Y suscitará Dios sobre ellos, según la plaga de Madián en sitio de tribulación; y el furor de él al camino, el a lo largo del mar, contra el camino, el a lo largo de Egipto. Y será: en aquel día se quitará su yugo, de tu hombro, y su temor de ti; y se pudrirá el yugo, de vuestros hombros. Pues llegará a la ciudad de Aggai, y pasará a Magedó, y en Macmás pondrá su armadura; y pasará la hondonada y llegará al Aggai: temor cogerá a Rama, ciudad de Saúl. Huirá la hija de Galeím, será oída Laísa, escuchada en Anatot; y se aterró Madebená y los habitantes de Gibeir. Consolad hoy de que en el camino quede(o) con la mano consolad al monte, a la hija de Sión; —y las colinas, las de Jerusalén(p): he aquí el dominador Señor de ejércitos conturbará a los gloriosos con fuerza; y los excelsos por la soberbia, quebrantados serán, y los excelsos, humillados; y caerán excelsos a cuchilla; y el Líbano con los excelsos caerá(q). El Mesías y su reino. Conversión de judíos y gentiles. Y saldrá una vara de la raíz de Jesé; y una flor(a) de la raíz ascenderá; y reposará sobre él espíritu de Dios, espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de conocimiento y piedad; le llenará espíritu de temor de Dios. No según la apariencia juzgará; ni según el habla argüirá; sino que juzgará, al humilde, juicio; y argüirá(b) a los humildes de la tierra; y percutirá la tierra con la palabra de su boca; y, en el aliento a través de los labios, arrebatará al impío; y estará de justicia ceñido su lomo, y en verdad envueltos sus costados; y pacerá junto lobo con cordero; y leopardo reposará con cabrito; y becerrillo y toro, y león juntos pacerán, y niñito pequeño los guiará; y buey y oso juntos pacerán, y juntos los hijuelos de ellos estarán; y león, como buey, comerá pajas; y niñito infante sobre agujeros de áspides, y en cubil de crías de áspides la mano meterá, y no harán mal, no; y no podrán perder, no, a ninguno en el monte, el santo, mío; pues se ha llenado el universo del conocer al Señor; cual si agua mucha cubriese mares. Y se alzará, en aquel día, la raíz de Jesé y el que se levantare, a principar sobre gentes; en él gentes esperarán y será el reposo de él, honra. Y será: aquel día tornará el Señor a manifestar su mano, celando al dejado resto del pueblo: el que fuere dejado por los asirios, y por Egipto, y por Babilonia, y Etiopía, y por elamitas, y por el sol oriente, y de Arabia. Y alzará insignia a las gentes, y congregará los perecidos de Israel; y los dispersos de Judá congregará de las cuatro alas de la tierra. Y se quitará el celo de Efraín; y los enemigos de Judá perecerán; Efraín no celará a Judá; y Judá no atribulará a Efraín. Y volarán en navíos de filisteos; el mar a la vez depredarán, y a los del sol oriente e Idumea; y sobre Moab primero las manos echarán; y los hijos de Amón primero obedecerán. Y yermará el Señor la mar de Egipto, y echará su mano sobre el río, con ráfaga violenta, y percutirá siete hondonadas(c), hasta pasársele en calzado. Y habrá paso para el residuo del pueblo en Egipto; y será para Israel, como el día que salieron de tierra de Egipto. Cántico de gratitud Y dirás en aquel día:«Bendígote, Señor, por esto: porque te airaste conmigo, y apartaste tu furor y apiadástete de mí. He aquí mi Dios, mi salvador; confiado estaré en él, y no temeré; por esto: porque mi gloria y mi loor, Señor; y se me ha convertido en salvación. Y sacad agua, con alegría, de las fontanas de la salud». Y dirás en aquel día: «Celebrad al Señor; vociferad su nombre; anunciad entre las gentes sus glorias; rememorad que se ha enaltecido su nombre. Celebrad el nombre del Señor, pues cosas excelsas ha hecho; pregonad esto en toda la tierra. Alborozaos y alegraos, los habitadores de Sión, pues se ha enaltecido el Santo de Israel, en medio de ella». Visión que vio Isaías, hijo de Amós contra Babilonia. Sobre monte campestre alzad insignia; levantad la voz a ellos; exhortad con la mano: abrid, ¡los príncipes! Yo mando, y yo a ellos!(a). Gigantes vienen, para llenar mi furor, alegres a la vez y ultrajadores. Voz de gentes muchas sobre los montes, símil a la de gentes muchas; voz de reyes y gentes reunidas. Señor de ejércitos mandó a gente armipotente, que venga de tierra en lontananza, de sumo fundamento del cielo(b), Señor y sus armipotentes(c), para perder toda la habitada(d). Ululad, que cerca(e); día del Señor, y quebranto de parte de Dios vendrá. Por esto toda mano se disolverá; y toda alma de hombre acobardará. Turbaránse los ancianos, y congojas les cogerán como de mujer parturiente; y se lamentarán el uno con el otro, y se pasmarán, y su semblante, cual llama, demudarán. Pues he aquí día del Señor viene insanable, de furor e ira, a poner la habitada, desierta, y a los pecadores perder de ella. Pues los astros del cielo, y el Orión y todo el ornato del cielo la luz no darán, y se entenebrecerá al sol naciente; y la luna no dará su luz(f). Y mandaré a la habitada toda males, y a los impíos, sus pecados; y perderé altanería de inicuos; y altanería de soberbios humillaré. Y serán los residuos, preciosos más que el oro no fogueado(g); y un hombre más precioso será que la piedra, la de Ofir. Pues el cielo se enfurecerá, y la tierra se sacudirá de sus cimientos, por el furor de ira del Señor de los ejércitos, en el día que sobreviniere su furor(h). Y serán los residuos como corcilla fugitiva, y como oveja errante, y no habrá quien congregue, para que un hombre a su pueblo vuelva; y un hombre a su región ahuyentado sea. Pues quien fuere cogido, oprimido será; y los que congregados fueren, a cuchilla caerán. Y a sus hijos destrozarán a su vista; y sus casas depredarán; y sus mujeres tendrán. He aquí os suscito los medos, que no aprecian plata, ni de oro necesidad tienen. Arcos de jovencillos quebrantarán, y de vuestros hijos no se lastimarán, no; ni a tus hijos perdonarán sus ojos. Y será Babilonia, la llamada gloriosa por rey de caldeos, del modo que destruyó Dios a Sodoma y Gomorra: no será habitada por el sempiterno tiempo; y no entrarán, no, en ella por muchas generaciones; y no la atravesarán, no, árabes; y pastores no reposarán, no, en ella. Y reposarán allí fieras, y se llenarán las casas de eco; y reposarán allí sirenas(i); y demonios(j) allí danzarán; y onocentauros(k) allí habitarán; y nidificarán erizos en las casas de ellos. Caída de Babilonia. Epinicio. Profecía contra Filistea. Luego viene, y no tardará; y se apiadará el Señor de Jacob y mirará a Israel, y elegirá todavía a Israel; y reposarán sobre la tierra de ellos; y el advenedizo se agregará a ellos, y se agregará a la casa de Jacob; y les tomarán gentes e introducirán en el lugar de ellos; y heredarán, y se multiplicarán sobre la tierra en siervos y siervas; y serán cautivados sus cautivadores(a), y señoreados sus señoreadores. Y será: aquel día te reposará el Señor, de tu dolor y tu furor de tu servidumbre, la dura, con que les serviste. Y alzarás este treno sobre el rey de Babilonia, y dirás: «¿Cómo ha reposado el exactor, y reposado el apremiador? Quebrantó el Señor el yugo de los pecadores, el yugo de los príncipes; percutiendo gente con furor, con plaga insanable; hiriendo gente con plaga de furor, la que no ha perdonado, reposó confiado. Toda la tierra vocifera con alegría; y los leños del Líbano alegráronse sobre ti, y el cedro del Líbano: «desde que tú te has dormido, no ha ascendido quien nos corte». El infierno abajo se exacerbó, saliéndote al encuentro; congregáronsete al par todos los gigantes —que principaron a la tierra, que excitaron de sus tronos, a todos los reyes de las gentes(b). Todos responderán y te dirán: También tú, cautivo, igualmente que nosotros; y entre nosotros has sido contado. Descendió al infierno tu gloria, tu mucha alegría; por debajo de ti tenderán podredumbre, y tu cobertor gusano. ¿Cómo has caído del cielo, el lucero, el al alba naciendo? quebrantado ha sido al suelo el que enviaba cerca de todas las gentes(c). Y tú dijiste en tu pensamiento: «Al cielo ascenderé; sobre las estrellas del cielo pondré mi trono; me sentaré en monte excelso, sobre los montes los excelsos, los al aquilón; ascenderé sobre las nubes; seré semejante al Altísimo». Y ahora al infierno descenderás y a los fundamentos de la tierra. Los que te vieren, maravilláranse de ti y dirán: «Este hombre, el que irritaba la tierra, el que sacudía reyes; el que ponía la habitada entera desierta; y las ciudades de él arrasó; a los en cautiverio no soltó. Todos los reyes de las gentes se durmieron en honor; hombre(d) en su casa; tú, empero, arrojado serás en los montes, como muerto abominado, con muchos muertos traspasados de cuchillas, bajando al infierno. Al modo que un vestido en sangre manchado, no será puro; así ni tú serás puro, por esto: porque la tierra mía perdiste y al pueblo mío mataste; no permanecerás, no, por el sempiterno tiempo, simiente mala. Prepara tus hijos a ser degollados por los pecados de su padre, para que no se levanten y hereden la tierra y llenen la tierra con guerras. «Y me alzaré a la vez sobre ellos, dice el Señor de los ejércitos, y perderé su nombre, y reliquias y simiente»; esto dice el Señor. Y pondré a Babilonia, desierta, hasta habitar erizos; y será para nada; y la pondré de lodo abismo, en perdición». Esto dice el Señor de los ejércitos: «del modo que he dicho, así será; y del modo que he decretado así permanecerá, para perder a los asirios sobre la tierra, la mía, y sobre los montes míos, y serán en holladura, y será quitado de ellos(e) el yugo de ellos; y su fulgor(f) de los hombres será quitado. Este, el decreto que ha decretado el Señor sobre la habitada toda; y ésta, su mano, la excelsa, sobre todas las gentes. Pues lo que Dios, el santo ha decretado, ¿quién disipará? y su mano, la excelsa ¿quién apartará? El año que murió el rey Acaz, hízose esta palabra: «No os alegréis, los filisteos todos, de haberse quebrantado el yugo del que os hería; pues de simiente de sierpe saldrá cría de áspides, y la cría de ellos saldrá sierpes volantes(g); y serán apacentados menesterosos por él; y menesterosos hombres sobre paz descansarán; pues quitará en hambre tu simiente; y los residuos tuyos quitará. Ululad, puertas de ciudades; clamen ciudades turbadas, los filisteos todos; que del aquilón humo viene, y no hay como estar. ¿Y qué responderán reyes de gentes? Porque el Señor ha fundado a Sión, y por él se salvarán los humildes del pueblo. La palabra la contra la Moabítide De noche perecerá la Moabítide; que de noche perecerá el muro de la Moabítide. Contristaos sobre vos mismos; pues ha perecido también Debón, donde, vuestra ara; allí subiréis a llorar sobre Nabau, la moabítide. Ululad; sobre toda cabeza, calvicie(a); todos brazos, destrozados; en las calles de ella ceñíos sacos; y plañid sobre las casas de ella, y en sus calles, y en sus villas; todos ululad con llanto. Porque ha clamado Esebón y Elealé; hasta Yasa se ha oído la voz de ellos, por esto el lomo de la Moabítide clama; el alma de ella conocerá. El corazón de la Moabítide clama en sí, hasta Segor; porque becerra es tresañal; y sobre la subida Luit a ti llorando subirán, el camino de Aronim. Clama quebranto y sacudimiento, el agua de Nemerin desierta estará y la hierba de ella desfallecerá; que hierba verde no habrá. ¿Acaso también así habrá de salvar? Traeré sobre la hondonada a los árabes, y la tomarán. Pues tocó la grita al confín de la Moabítide, la de Agalini; y alarido de ella, hasta el pozo de Ailim. Y el agua de Dimón se llenará de sangre; pues traeré sobre Dimón árabes, y quitaré la simiente de Moab y Ariel, y el residuo de Adamá. Continuación Enviaré como reptiles sobre la tierra(a) ¿Acaso peña desierta es el monte de la hija de Sión?(b). Pues serás, cual de volátil volado cría quitada; serás, hija de Moab; y tras esto, Arnón, mucho. Consulta; y haced amparo de lloro para ella siempre; en meridianas tinieblas huyen; se han espantado; no seas llevado(c). Habitarán contigo los fugitivos de Moab. Serán amparo para vosotros(d), a faz del perseguidor; pues han sido quitados tus aliados, y el príncipe ha perecido, el que conculcaba desde la tierra. Y se levantará, con misericordia, un trono; y se sentará sobre él, con verdad, en tabernáculo de David, uno que juzgue e investigue juicio, y apresure justicia. Hemos oído la altanería de Moab, altanero sobremanera; la altanería he ponderado. No así tu profecía; no así(e). Ululará Moab; pues en la Moabítide todos ulularán; y de los habitantes de Déset cuidarás; y no te confundas. Las llanuras de Esebón llorarán; la vid de Sebamá. Los que devoráis las gentes; conculcad las vides de ella hasta Yaser; no os aferréis, no; vagad por el desierto; los enviados(f), abandonados han sido; pues pasaron hasta el mar. Por esto lloraré como el lloro de Yazer, a la vid de Sebamá. Tus árboles ha derribado Esebón y Elealé; porque sobre tu siega y tu vendimia hollaré, y todo caerá. Y quitada será alegría y alborozo de las viñas; y en tus viñas no se alegrarán, no, y no hollarán, no, vino en los lagares; pues cesaron. Por esto mi seno sobre Moab, como cítara, sonará; y mi interior, como muro, has renovado(g). Y será, para que te confundas, lo que laboró Moab en las aras, y entrarás en las manuhechuras de ella, para orar; y no podrá, no, librarse. Esta, la palabra que habló el Señor sobre Moab, cuando habló. Y ahora digo: «en tres años, de años de jornalero(h), deshonrada será la gloria de Moab, con todas sus riquezas las muchas; y quedará poquísimo(i), y no honrado». La palabra contra Damasco He aquí Damasco será quitada(a) de ciudades, y será en ruina; abandonada por el siglo, en cubil de greyes y reposo; y no habrá quien(b) persiga; y no estará ya fortificada para refugiarse Efraín, y no ya reyecía en Damasco y lo demás de los siros; pues tú no mejor eres que los hijos de Israel y su gloria. Esto dice el Señor de ejércitos: Habrá en aquel día desfallecimiento de gloria de Jacob; y las grosuras de su gloria sacudidas serán. Y será del modo que si alguno recogiere mies estante(c); y semilla de espigas segare, y será del modo que si alguno recogiere espiga en hondonada seca, y hubiere quedado en ella paja, o como granos de oliva dos o tres en sumidad excelsa, o cuatro o cinco sobre las ramas de ellas han sido dejados; esto dice el Señor, el Dios de Israel. Aquel día confiado estará el hombre en el que le hizo; y sus ojos al Santo de Israel mirarán; y no estarán, no, confiados en las aras, ni en las hechuras de sus manos, que hicieron sus dedos; y no verán los árboles(d) ni sus abominaciones. Aquel día estarán tus ciudades abandonadas; al modo que abandonaron(e) los amorreos y los heveos, a faz de los hijos de Israel; y estarán desiertas; por esto: porque abandonaste a Dios, tu salvador; y del Señor, tu ayudador, no te acordaste; por esto plantarás plantación infiel(f) y simiente infiel; y el día que plantares, errarás; y si(g) temprano sembrares, florecerá en mies(h) el día que repartieres y, como padre de hombre, repartieres a tus hijos. ¡Ay de la multitud de gentes muchas! Como mar fluctuante, así seréis turbados; y la espalda(i) de gentes muchas; como agua sonará; como agua mucha, gentes muchas; como agua mucha con ímpetu arrastrada. Y le exterminará y lejos le perseguirá como pelusa de paja de aventadores en frente del viento; y como a polvo de rueda una racha llevando, A la tarde —y habrá llanto; antes del alba— y no será. Esta, la parte de los que os han depredado, y herencia a los que os heredaron. Contra Etiopía ¡Ay de la tierra —de barcos alas!(a) más allá de los ríos de Etiopía; el que envía, en mar, rehenes y epístolas papiráceas por sobre el agua(b). Pues irán mensajeros veloces a gente excelsa, y peregrino pueblo y pesado— ¿quién, más allá de él? Gente desesperada y conculcada(c). Ahora los ríos de la tierra todos —como región habitada, será habitada la región de ellos. Así como señal desde un monte será alzada, como de trompeta voz oíble será. Porque así me dijo Señor: «Seguridad habrá en la ciudad mía; como luz de ardor de mediodía, y como nube de rocío en día de siega será. Antes de la mies, cuando se consumare la flor, también el agraz florecerá, flor agraceando; y quitará(d) los racimillos, los pequeños, con las hoces, y los sarmientos quitará y cortará. y abandonará a la vez a los volátiles del cielo y las bestias de la tierra; y se juntarán sobre ellos los volátiles del cielo; y todas las bestias de la tierra sobre él(e) vendrán». En aquel tiempo se ofrecerán dones al Señor de los ejércitos, de pueblo atribulado y arrancado, y de pueblo grande(f), desde ahora y por el sempiterno tiempo; gente esperanzada y conculcada que está en la parte del río de la región, al(g) lugar donde(h) el nombre del Señor de los ejércitos, monte Sión. Visión de Egipto He aquí el Señor sentado está sobre nube ligera, y vendrá a Egipto(a), y sacudiránse las manuhechuras de Egipto a faz de él; y el corazón de ellos se desmayará en ellos. Y se levantarán egipcios contra egipcios; y guerreará hombre contra su hermano, y hombre contra su prójimo, ciudad contra ciudad, y comarca contra comarca. Y se turbará el espíritu de los egipcios en ellos; y su consejo disiparé; y consultarán a sus dioses y sus simulacros y a los que desde el suelo vocean y a los ventrílocuos. Y entregaré a Egipto en manos de hombres(b), señores duros; y reyes duros los señorearán. Esto dice el Señor de los ejércitos. Y beberán los egipcios agua, la junto al mar, y el río(c) desfallecerá y se secará; y desfallecerán los ríos y los canales del río; y se secará toda juntura de agua y en todo pantano de caña y papiro; y el carrizo, el verde, todo, en torno del río y lo sembrado a par del río se secará perdido por el viento. Y gemirán los pescadores, y gemirán todos los que tiran anzuelos al río; y los que tiran redes, y los pescadores de red se lamentarán. Y vergüenza cogerá a los que labran el lino, el partido, y a los que labran el biso; y estarán los que los labran, en dolor; y todos los que hacen la cerveza, se entristecerán y las almas afligirán. Y fatuos estarán los príncipes de Tanis: los sabios consejeros del rey; el consejo de ellos se infatuará. ¿Cómo diréis al rey: «Hijos de entendidos, nosotros, hijos de reyes, de los del principio?». ¿Dónde están ahora tus sabios, y anúnciente y digan qué ha decretado el Señor de los ejércitos sobre Egipto? Desfallecieron los príncipes de Tanis; y exaltados fueron los príncipes de Menfis, y extraviarán a Egipto por tribus. Pues el Señor les ha mezclado espíritu de extravío, y extraviaron a Egipto en todas las obras de ellos; como se extravía el ebrio y el vomitante a la vez. Y no tendrán los egipcios obra que haga cabeza y cola, y principio y fin. Y aquel día serán los egipcios como mujeres en miedo y en temblor, a faz de la mano del Señor de los ejércitos; la que él les lanzará. Y será la región de los judíos, para los egipcios, en espanto: todo el que se la nombrare —temerán por el decreto que ha decretado el Señor sobre ella. Aquel día habrá cinco ciudades en Egipto, hablando la lengua la cananea, y jurando al nombre del Señor de los ejércitos; Ciudad Asedec(d) será llamada la una ciudad. Aquel día habrá altar para el Señor en región de egipcios, y columna al fin de ella para el Señor, y estará en señal por el siglo, al Señor, en región de Egipto; pues clamarán al Señor por los que les atribularen; y les enviará un hombre que les salvará; juzgando salvaráles. Y conocido será el Señor para los egipcios; y conocerán los egipcios al Señor en aquel día, y harán sacrificios, y votarán votos al Señor, y pagarán. Y percutirá(e) el Señor a los egipcios con plaga y los sanará con sanidad, y se volverán al Señor, y los escuchará y los sanará. Aquel día habrá el camino de Egipto a asirios, y entrarán asirios a Egipto; y egipcios irán a asirios, y servirán egipcios a los asirios(f). Aquel día será Israel tercero en los egipcios y asirios, bendito en la tierra, que bendijo el Señor de los ejércitos, diciendo: Bendito, mi pueblo, el en Egipto y el en asirios, y heredad mía, Israel». Próxima cautividad de egipcios y etíopes El año que entró Tartán en Azoto, cuando fue enviado por Sargón, rey de asirios y guerreó contra Azoto y la tomó; entonces habló el Señor a Isaías, hijo de Amós, diciendo: «Ve y quita el saco de tu lomo; y las sandalias desata de tus pies, y haz así, yendo desnudo(a) y descalzo. Y dijo el Señor: Del modo que ha andado mi niño, Isaías, desnudo y descalzo tres años, tres años serán en señales y prodigios a los egipcios y etíopes; pues así traerá rey de asirios la cautividad de Egipto y de etíopes: jovencillos y ancianos, desnudos y descalzos a la vez, que han descubierto la vergüenza de Egipto. Y se avergonzarán superados sobre los etíopes; en los que estaban confiados los egipcios; pues eran, para ellos, gloria. Y dirán los habitadores de esta isla(b) en aquel día: «He aquí nosotros estábamos confiados en huir a ellos, en ayuda, los que no han podido salvar de rey de asirios; y ¿cómo nosotros hemos de salvar?». Ruina de Babel por los persas y medos. Contra Idumea y Arabia. La visión del desierto. Como tormenta a través de desierto irá, de desierto viniendo, de tierra; espantosa. La visión y dura se me ha anunciado. El devastador devasta; el prevaricador prevarica. Sobre mí los elamitas, y los legados de los persas sobre mí vienen. Ahora gemiré y me consolaré a mí mismo. Por esto se ha llenado mi lomo de desmayo; y congojas me han cogido, cual a la parturiente; desatiné por no oír, me apresuré(a) por no ver. Mi corazón vaga(b); y la iniquidad me sumerge; mi alma paró en temor. Prepara la mesa; comed, bebed; alzando, los príncipes, preparad broqueles; pues así me dijo el Señor: «Yendo ponte un atalaya, y lo que vieres, anuncia». Y vi montadores cabalgantes dos, y montador de asno y montador de camello(c). Oyete oída mucha; y llama a Urías(d) a la atalaya». El Señor dijo: «He estado constantemente, de día, y sobre el campamento he estado, toda la noche; y he aquí, él mismo viene montador de biga». Y respondiendo, dijo: «Ha caído Babilonia; y todos sus simulacros y todas sus manuhechuras han sido quebrantadas en la tierra». Oíd, los residuos y los doloridos; oíd lo que he oído al Señor de los ejércitos: el Dios de Israel os ha anunciado. A mí llama(e) desde Seír: Custodiad, antemurales(f). Custodio por la mañana y la noche. «Si buscares, busca y conmigo habita; en la sierra(g) a la tarde, dormirás, en el camino de Dedán. Al encuentro al sediento agua llevad, los habitantes de la región de Temán; con panes encontrad a los fugitivos, por la muchedumbre de los muertos, y por la muchedumbre de los errantes, y por la muchedumbre de la cuchilla, y por la muchedumbre de los arcos, los tendidos; y por la muchedumbre de los caídos en la guerra. Por esto: porque así díjome el Señor: «Aún un año como año de jornalero —desfallecerá la gloria de los hijos de Cedar; y el residuo de los arcos, los poderosos, de hijos de Cedar será poco; —porque el Señor, el Dios de Israel, ha hablado». La palabra del valle de Sión ¿Qué te ha acontecido que habéis ahora, ascendido todos a terrados vanos?(a). Has llenado la ciudad de clamantes; los heridos tuyos, no heridos en cuchillas; ni tus muertos, muertos de guerra(b); todos tus príncipes han huido; y los cautivos duramente atados están; y los fuertes en ti, lejos han huido. Por esto dije: «Dejadme, amargamente lloraré; no os empeñéis en consolarme del quebrantamiento de la hija del linaje mío»; porque día de turbulencia y perdición, y holladura y errabundez, de parte del Señor de los ejércitos; en valle de Sión yerran; de pequeño a grande yerran por los montes. Y los elamitas cogieron aljabas, montadores hombres sobre bridones; y congregación de enfilamiento. Y serán tus electos valles: se llenarán de carros; y los cabalgadores obstruirán tus puertas; y descubrirán las puertas de Judá; y mirarán aquel día, a las electas casas de la ciudad, y descubrirán lo oculto de las casas del alcázar de David. Y vieron que muchos son; y que apartó el agua de la antigua piscina a la ciudad, y que arrasaron las casas de Jerusalén para fortificaciones de muro para la ciudad. Y os habéis hecho agua en medio de los dos muros dentro de la piscina, la antigua; y no habéis mirado al que desde el principio la hizo; y al que la creó no habéis visto. Y llamó el Señor, Señor de ejércitos en aquel día, llanto y plañido, y rasura y ceñidura de sacos; ellos, empero, hicieron alegría y alborozo, degollando becerros y sacrificando ovejas, para comer carnes y beber vino, diciendo: «Comamos y bebamos, que mañana morimos». Y descubierto esto está en las orejas del Señor de ejércitos; pues no os perdonará este pecado, hasta que muráis. Esto dice el Señor de los ejércitos: «Ve al pastoforio, y di a Somnás, el tesorero: «¿Qué, tú aquí? y ¿qué para ti hay aquí; que te cortaste aquí monumento, y te hiciste, en alto, monumento, y te picaste, en piedra, tabernáculo?» He aquí ahora el Señor de los ejércitos lanza y quebranta varón; y quitará tu estola y tu corona, la gloriosa; y te arrojará a región grande y desmesurada, y allí morirás; y pondrá tu carro, el hermoso, en deshonra, y la casa de tu príncipe en holladura; y quitado serás de la administración tuya y del grado tuyo. Y será en aquel día, y llamaré a mi niño, a Eliacim, el de Helcías, y le vestiré tu estola; y tu corona le daré según poder; y tu administración daré en mano de él; y será, como padre, para los habitantes de Jerusalén y para los habitantes de Judá. Y le daré la gloria de David, y principará y no habrá quien contradiga, y daré la llave de casa de David sobre su hombro; y abrirá y no habrá quien cierre; y cerrará y no habrá quien abra. Y lo pondré príncipe en lugar fiel(c), y será para trono de gloria de la casa de su padre; y estará confiado en él todo glorioso en casa de su padre, de pequeño a grande, y estarán pendientes de él, aquel día. Esto dice el Señor de los ejércitos: «Movido será el hombre, el afianzado en lugar fiel; y quitado será, y caerá, y exterminada la gloria, la sobre él; pues el Señor ha hablado». La palabra de Tiro Ululad, naves de Cartago, pues ha perecido y ya no vienen de tierra de Cetim: llevada ha sido cautiva. ¿A quiénes símiles han sido hechos los habitadores de la ínsula negociantes de Fenicia, que atravesaban la mar, en agua mucha, simiente de negociantes? como siega entrándose, los negociantes de las gentes. «Ruborízate, Sidón», dijo la mar; y la fuerza de la mar dijo: «No parturí, ni parí, ni crié jovencillos ni exalté doncellas(a)». Y, cuando oíble se hiciere a Egipto, les cogerá angustia por Tiro. Y dos a Cartago; ululad, los habitadores de esta ínsula. ¿Acaso ésta no era vuestra altanería desde el principio, antes de ser entregada ella? ¿Quién ha decretado esto sobre Tiro? ¿Acaso más flaca es, o no vale? los mercaderes de ella, gloriosos; príncipes de la tierra. Señor de ejércitos ha decretado disolver toda la altanería de los gloriosos; y deshonrar a todo glorioso sobre la tierra. Labra tu tierra; pues que barcos ya no vienen de Cartago. Y tu mano ya no vale por el mar la que irrita reyes, Señor de ejércitos ha mandado acerca de Canaán(b) perder su fuerza, Y dirán: «Ya no proseguiréis ultrajando y agraviando a la hija de Sidón; y si te fueres a Cetim, ni allí reposo habrá para ti; y a tierra de caldeos, también ésta ha sido yermada por los asirios; el muro de ella ha caído. Llorad barcos de Cartago, que pereció vuestro baluarte. Y será en aquel día: abandonada será Tiro setenta años, como tiempo de rey, como tiempo de hombre(c), y será después de setenta años, será Tiro como cantar de ramera. Coge cítara, divaga, ciudad ramera, olvidada; hermosamente citariza, mucho canta, para que de ti memoria se haga. Y será: después de los setenta años, visitación hará Dios de Tiro, y de nuevo será restaurada a lo antiguo; y será emporio a todos los reinos de la habitada sobre la faz de la tierra. Y será su negociación y ganancia cosa sagrada al Señor; no para ellos será congregada, sino para los que habitan delante del Señor: toda negociación de ella: comer y beber y saciarse, y en escote memorial delante del Señor. Sobre Judá y el mundo He aquí el Señor arruinará el orbe, y lo yermará y descubrirá su faz y perderá sus habitantes. Y será(a) el pueblo, como el sacerdote; y el niño, como el amo; y la servidora, como el ama: será el que compra, como el que vende; el que presta como al que se presta; y el que debe, como al que se debe. Con destrucción destruida será la tierra y con saqueo, saqueada la tierra; pues la boca del Señor ha hablado esto. Ha llorado la tierra, y ha sido destruida la habitada; han llorado los excelsos de la tierra; la tierra empero, delinquió, por los habitadores de ella; por esto: porque traspasaron la ley, y mudaron los preceptos, alianza sempiterna. Por esto maldición comerá a la tierra; pues han pecado sus habitadores; por esto indigentes serán los habitantes de la tierra; y dejados serán hombres pocos. Llorará vino; llorará vid; gemirán todos los que alegran al alma. Ha cesado alegría de tímpanos; cesado arrogancia y riquezas de impíos; cesado voz de cítara. Avergonzáronse; no bebieron vino; amarga se tornó la sidra a los bebedores. Yermada ha sido toda ciudad; cerrará casa para no entrar. Ululad por el vino doquiera; ha cesado toda alegría de la tierra; retirádose toda alegría de la tierra. Y serán dejadas ciudades yermas; y casas abandonadas perecerán. Esto todo será en la tierra, en medio de las gentes; del modo que alguien rastrojea oliva, así los rastrojearán; y cuando cesare la vendimia. Estos(b) con clamor vocearán; y los dejados sobre la tierra(c), se alegrarán juntamente de la gloria del Señor; turbárase el agua de la mar(d). Por esto la gloria del Señor en las ínsulas será de la mar; el nombre del Señor glorioso será. Señor, Dios de Israel, desde las alas de la tierra portentos hemos oído: «Esperanza al pío». Y dirán: «Ay de los que desechan, los que desechan la ley: temor y hoyo y lazo sobre vosotros los que habitáis sobre la tierra». Y será: el que huyere del temor, caerá en el hoyo; y el que saliere del hoyo, será prendido por el lazo; pues las ventanas del cielo se han abierto, y sacudiránse los cimientos de la tierra. Con turbación será turbada la tierra; y con pobreza se empobrecerá la tierra; ha vacilado como ebrio y capuloso; y será sacudida, como custodia frutal(e) la tierra; pues ha prevalecido sobre ella la iniquidad; y caerá, y no podrá levantarse, no. Y traerá Dios sobre el ornato del cielo la mano, y sobre los reyes de la tierra. Y congregarán congregación de ella en prisión; y encerrarán en fortificación; por muchas generaciones visitación habrá de ellos. Y se derretirá el ladrillo y caerá el muro(f); porque reinará el Señor, desde Sión y desde Jerusalén y a faz de los ancianos glorificado será. Epinicio al Mesías glorioso Señor Dios, te glorificaré; cantaré tu nombre, porque has hecho admirables cosas: decreto antiguo verdadero; ¡sea! Porque has puesto ciudades en túmulo, ciudades fortificadas para que no cayeran sus cimientos; de los impíos ciudad por el siglo no será edificada, no. Por esto te bendecirá el pueblo el pobre; y ciudades de hombres agraviados te bendecirán. Pues te has hecho a toda ciudad humilde, ayudador, y a los desfallecidos de indigencia, amparo —de hombres malos líbrales— amparo de sedientos y aliento de hombres agraviados, como hombres pusilánimes sedientos en Sión; de hombres impíos(a) a quien nos has entregado. Y hará Señor de ejércitos a todas las gentes(b): sobre este monte beberán alegría; beberán vino; se ungirán con ungüento en este monte. Entrega todo esto a las gentes; porque este consejo, sobre todas las gentes. Ha devorado la muerte prevaleciendo; y de nuevo quitó el Señor Dios toda lágrima de todo semblante; el oprobio del pueblo quitó de toda la tierra; pues la boca del Señor ha hablado. Y dirán aquel día: «He aquí, nuestro Dios, en quien esperábamos, también nos salvará; este Señor; le hemos aguardado y alborozádonos; y nos alegraremos en la salud nuestra». Reposo dará Dios sobre este monte, y conculcada será la Moabítide, al modo que huellan era en carros; y largará sus manos al modo que también él humilló para perder; y humillará(c) su altanería sobre las cosas sobre que las manos lanzó; y la alteza del refugio de tu muro humillará; y bajarán hasta el pavimento. Epinicio por la restauración de Israel Aquel día, cantarán este cantar sobre tierra de la Judea:«He aquí ciudad fuerte; y salvador pondrá el muro y circunmural. Abrir puertas: entre pueblo guardando justicia y guardando verdad, acogiendo verdad y guardando paz. Pues en ti con esperanza esperé, Señor, hasta el siglo, el Dios, el grande, el eterno; quien, humillando, bajas los habitadores de excelsitudes; ciudades fortificadas derribarás y bajarás hasta el pavimento; y los hollarán plantas de mansos y humildes». Camino de píos recto se ha hecho; el camino de los píos también aderezado. Pues el camino del Señor, juicio; hemos esperado en tu nombre y en la memoria que desea nuestra alma. Con noche madruga mi espíritu a ti, Dios; por esto; porque luz tus preceptos sobre la tierra; justicia aprended los que habitáis sobre la tierra. Que ha cesado el impío; todo el que no aprendiere, no, justicia sobre la tierra; verdad no hiciere, no —quitado sea el impío, para que no vea la gloria del Señor. Señor, excelso tu brazo; y no supieron; y, conociendo, confundidos serán; celo cogerá a pueblo indisciplinado; y ahora fuego a los adversarios comerá. Señor, nuestro Dios, paz danos; puesto todos nos has devuelto. Señor, nuestro Dios, poséenos; Señor, fuera de ti, otro no conocemos; tu nombre nombramos. Y los muertos(a) vida no verán, no; ni médicos(b), no suscitarán, no; por esto los has llevado y perdido, y quitado todo lo masculino de ellos(c). Añádeles males, Señor; añade males a los gloriosos de la tierra. Señor, en tribulación, acordéme de ti; en tribulación pequeña, tu disciplina a nosotros. Y, como la parturiente se acerca al parir; en su congoja ha gritado, así hemos sido hechos para el amado tuyo(d). Por tu temor, Señor, en vientre cogimos y parturimos y parimos: espíritu de tu salvación(e) hicimos sobre la tierra; empero caerán todos los que habitan sobre la tierra. Resurgirán los muertos, y resucitarán los en los monumentos, y se alegrarán los en la tierra, pues el rocío, el de ti, sanidad les es; más la tierra de los impíos caerá. Ve, pueblo mío, entra en tus cámaras; cierra tu puerta; ocúltate un poco —tanto cuanto; hasta que pase la ira del Señor—. Pues he aquí Señor, desde el santo, trae su ira sobre los que habitan sobre la tierra; y descubrirá la tierra la sangre de ella, y no ocultará los occisos. Castigo del dragón. La viña. Perdón de Israel. En aquel día traerá Dios la cuchilla, la santa y la grande y la fuerte, sobre el dragón —sierpe fugitivo; sobre el dragón— sierpe sinuoso: arrebatará al dragón—(a). Aquel día, viña hermosa: anhelo(b) de entonar sobre ella: «Yo, ciudad fortificada, ciudad asediada(c)» —En vano la he de abrevar; pues capturada será en la noche, y en el día caerá el muro. No hay ninguna que no la haya cogido; ¿quién me pondrá a guardar rastrojo en campo? Por esta adversaria(d) la he desechado. — De consiguiente por esto ha hecho el Señor todo cuanto ha ordenado. «Quemada estoy», (gritarán los habitantes de ella) hagamos paz».— Los venideros, hijos de Jacob; germinarán; y florecerá Israel; y se llenará la habitada con el fruto de él.— ¿Acaso no como él(e) ha percutido, también él así percutido será? y, como él ha arrebatado, arrebatado será? Riñendo y oprobiando, los despedirá: ¿No tú estabas meditando con el espíritu, el duro, arrebatarlos con espíritu de furor? Por esto quitada será iniquidad de Jacob, y esto es la bendición de él; cuando yo quitare su pecado; cuando pusieren(f) todas las piedras de los altares destrozadas, cual polvo fino; y no quedaren, no, sus árboles y sus ídolos trozados, tal como encinar(g) en lontananza.— La habitadora(h) grey suelta estará; como grey abandonada; y estará mucho tiempo en pasturaje; y allí reposarán(i).— Y, después de un tiempo, no habrá en ella(j) toda verdura por haberse secado. Mujeres venidas al espectáculo, llegaos; porque no es pueblo que tenga entendimiento; por esto no se lastimará, no, quien los hizo; y quien los plasmó, no se apiadará, no.— Y será en aquel día: vallará Dios, desde el foso del río(k) hasta Rinocorura(l), y vosotros congregad uno por uno los hijos de Israel—. Y será en aquel día: trompetearán con la trompeta, la grande, y acudirán los perecidos en la región de los asirios y los perecidos en Egipto, y adorarán al Señor sobre el monte, el santo, en Jerusalén. Contra Israel y Judá Ay de la corona del ultraje, los mercenarios de Efraín, la flor la caída de la gloria sobre la cima del monte, el pingüe(a); los ebrios, sin vino(b). He aquí cosa fuerte y dura, el furor del Señor; como granizo descargando, no teniendo reparo, con violencia descargando; como de agua gran muchedumbre, arrastrando región, a la tierra hará descanso; con las manos y los pies conculcada será la corona del ultraje; los mercenarios de Efraín. Y estará la flor, la caída de la esperanza de la gloria, en sumidad del monte, el excelso; como precursor de higo(c); el que lo ve, antes de que su mano lo coja, lo querrá devorar.— Aquel día será el Señor de los ejércitos la corona de la esperanza la tejida de la gloria, para lo dejado del pueblo; dejados serán en espíritu de juicio, sobre juicio y fuerza estorbando arrebatar.— Pues éstos de vino prevaricando están, hanse extraviado por la sidra; sacerdote y profeta desvariaron por la sidra; han sido absorbidos por el vino; han vacilado de la ebriedad, extraviádose; ésta es la señal.— Maldición comerá a este consejo; que este consejo, por avaricia— ¿A quién hemos anunciado males, y a quién anunciado anunciación?— ¡los destetados de leche, los apartados de pecho(d)! ¡Tribulación sobre tribulación aguarda tú; esperanza tras esperanza; todavía un poco, todavía un poco!(e)... por desprecio de labios, por lengua otra(f), porque hablarán a este pueblo, diciéndoles: «¡Este, el refrigerio al sediento, y éste, el quebranto(g)!» y no han querido oír.— Y será para ellos el dicho del Señor «tribulación sobre tribulación, esperanza tras esperanza; todavía un poco, todavía un poco», para que vayan y caigan de espaldas: y quebrantados serán y peligrarán y serán capturados.— Por esto oíd palabra del Señor, varones atribulados, y príncipes de este pueblo, el en Jerusalén: «Porque habéis dicho: «Hemos hecho pacto con el infierno, y con la muerte conciertos: tormenta descargándose si pasare, no vendrá, no, sobre nosotros, hemos puesto mentira por nuestra esperanza, y de la mentira nos ampararemos». Por esto así dice señor Señor: «He aquí yo echo en los fundamentos de Sión una piedra preciosa, selecta, angular, honorífica— en los fundamentos de ella, y el que creyere, no será confundido, no. Y pondré juicio en esperanza,(h) y la misericordia mía, en balanza; y los que se han fiado en vano de mentira:(i) porque no pasará, de vosotros tormenta; ¿acaso también quitará de vos el pacto de la muerte, y la esperanza vuestra, la en el infierno, no permanecerá, no? tormenta descargándose si sobreviniere, seréis, para ella, en conculcación.— Cuando pasare, os llevará; temprano, temprano, pasará de día; y en noche habrá esperanza mala. Aprended a oír, angustiados(j); no podemos combatir, y nosotros mismos flaqueamos para congregarnos(k). Así como monte(l) de impíos— se levantará el Señor, y será en la hondonada de Gabaón: con furor hará sus obras, de amargura obra; y el furor de él extrañamente procederá; y la podredumbre de él, extraña(m), Y vosotros no os alegréis, ni se robustezcan vuestras ataduras; por esto: porque consumadas y cortadas cosas(n) he oído al Señor de los ejércitos las que hará sobre toda la tierra, Escuchad y oíd la voz mía; atended y oíd las palabras mías(o). ¿Acaso todo el día arará el arador? ¿o la semilla predispondrá antes de labrar la tierra? ¿no, cuando hubiere emparejado la faz de ella, entonces siembra pequeño eneldo o comino; y luego siembra trigo y cebada, y mijo y escanda en sus lindes? Y serás enseñado por el juicio de tu Dios, y te alegrarás. Pues no con dureza se limpia el eneldo; y la rueda del carro no girará sobre el camino; sino que con vara se sacude el eneldo; y el camino con pan(p) se comerá. Pues no por el siglo yo contra vosotros me airaré; ni la voz de amargura mía os hollará. Y éstos, del Señor de los ejércitos han salido portentos: deliberad, ensalzad vana consolación. Asedio y salvación de Jerusalén. Obcecación e iluminación. Ay ciudad de Ariel(a), con la que guerreó David, acumulad frutos, año por año; comed, pues comed con Moab. Pues estrecharé a Ariel, y será la fuerza de ella y las riquezas para mí. Y cercaré, como David, sobre ti; y lanzaré en torno de ti vallado, y pondré, en torno de ti torres; y humilladas serán, en la tierra, tus palabras; y en la tierra tus palabras se hundirán; y serán como los que vocean, de la tierra — la voz tuya(b); y contra el pavimento tu voz desfallecerá. Y serán como polvareda de rueda las riquezas de los impíos; y como pelusa arrastrada, la muchedumbre de los que te señorean; y será como un(c) punto, súbitamente, de parte del Señor de los ejércitos, pues visitación habrá, con trueno, y terremoto y voz grande: tormenta descargándose y llama de fuego devoradora. Y serán como soñador(d) por entre sueños de noche, las riquezas de todas las gentes, cuantos militaron contra Jerusalén, y todos los congregados contra ella y los atribulantes de ella. Y, como los que en el sueño comen y beben, y, levantándose, vano el ensueño; y al modo que sueña el sediento como que bebe, y, levantándose; todavía sed tiene y su alma en vano ha esperado; así serán las riquezas de todas las gentes cuantos han militado contra el monte de Sión— Desmayad y, pasmaos, embriagaos, no de sidra, ni de vino; porque os ha abrevado el Señor con espíritu de compunción; y cerrará los ojos de ellos y de sus profetas, y sus príncipes, los que ven lo oculto. Y os serán todas estas palabras como las voces de este libro, el sellado(e), que, si lo dieren a hombre sabedor de letras, diciendo: «Lee esto»; dirá: «No puedo leer, que sellado está», Y será dado este libro en manos de hombre no sabedor de letras, y le(f) dirá: «Lee esto»; y dirá: «No sé letras». Y dijo el Señor: Acércaseme este pueblo en su boca, y en los labios de ellos me honran; pero su corazón lejos está de mí; y en vano me veneran, enseñando preceptos de hombres y enseñanzas. Por esto he aquí proseguiré trasladando a este pueblo; y los trasladaré, y perderé la sabiduría de los sabios; y la prudencia de los prudentes ocultaré. Ay de los que de profundidad consejo hacen; y estarán en tinieblas sus obras, y dirán: «¿Quién nos ha visto? Y ¿quién nos conocerá o lo que nosotros hacemos?». ¿No como barro de alfarero seréis reputados? ¿Acaso dirá la figura a su figurador: «No tú me has figurado? o la hechura al hacedor: «¿No prudentemente me has hecho?». Ya no un poco, y trasladado será el Líbano; como el monte, el Quérmel(g), y el Quérmel por encinar será reputado(h). Y oirán en aquel día sordos palabra de libro; y los en la obscuridad y los en la niebla ojos de ciegos verán. Y alborozaránse menesterosos, por el Señor, en alegría; y los desesperados de los hombres llenaránse de alegría. —Ha desfallecido prevaricador y perecido soberbio; y han sido exterminados los que prevarican en maldad, y los que hacen pecar a los hombres en palabra; y a todos los que arguyen en puertas, por tropiezo pondrán(i); pues han desviado, por lo injusto, lo justo. Por esto, esto dice el Señor sobre la casa de Jacob, la que separó, desde Abrahán: «No será ahora avergonzado Jacob; ni ahora la faz mudará; sino que, cuando vieren los hijos de ellos mis obras, por mí santificarán mi nombre; y santificarán al santo de Jacob; y al Dios de Israel temerán. Y conocerán los errantes de espíritu prudencia; y los murmuradores aprenderán a obedecer, y las lenguas las balbucientes aprenderán a hablar paz. Contra la alianza con Egipto. Castigo y perdón. Ay de hijos apóstatas, dice el Señor; habéis hecho consejo, no por mí; y pactos, no por el espíritu mío, para añadir pecados a pecados; Los que van a descender a Egipto; a mí empero, no han consultado— para ser ayudados de Faraón, y amparados de egipcios. Pues seráos amparo de Faraón, en vergüenza, y a los confiados en Egipto, oprobio. Pues hay en Tanis príncipes mensajeros malos; en vano trabajarán para pueblo que no les aprovechará para ayuda, sino para vergüenza y oprobio. La visión de los cuadrúpedos, los en el desierto. En la tribulación y la angustia, león y cachorro de león; después también áspides y engendros de áspides volantes(a); que llevaban(b) sobre asnos y camellos sus riquezas a gente que no les aprovecharán. ¡Egipcios, cosas vanas y vacías os aprovecharán! Anúnciales que «vana, esta vuestra consolación». Ahora, pues, sentándote escribe en boj esto y en libro(c); pues será por días esto, por tiempo y hasta el siglo. Porque pueblo desobediente son, hijos mendaces; los que no querían oír la ley de Dios; los que dicen a los profetas: «No nos anunciéis»; y a los que las visiones ven: «No nos habléis; sino habladnos y anunciadnos otra seducción; y apartadnos de este camino; quitad de nosotros esta senda; y quitad de nosotros el dicho(d) de Israel.»— Por esto, esto dice el Santo de Israel: Porque desobedecisteis estas palabras, y esperasteis en mentira; y porque murmuraste, y confiado te has vuelto en esta palabra; por esto os será este pecado como muro cayendo de súbito de ciudad fortificada tomada, a la que de súbito se presenta la caída; y la caída de ella será como quebrantamiento de vaso barrizo, —desde la alfarería cosas desmenuzadas, hasta no hallar en ellas barro en que fuego lleves, y en que saques agua poca». Así dice el Señor, Señor el santo de Israel: «Cuando, convertido gimieres, entonces salvarás y conocerás dónde estabas; pues confiabas en los vanos(e); vana la fuerza de vosotros se hizo. Y no queríais oír; sino que dijisteis: «Sobre caballos huiremos»; por esto huiréis —y «sobre ligeros aurigas estamos»; por esto ligeros serán, los que os persiguen. Mil, por voz de uno huirán; y, por voz de cinco, huirán muchos; hasta que estéis abandonados como palo sobre monte, y como enseña ondeando sobre collado. Y de nuevo aguardará Dios a lastimarse de vosotros; y por esto se exaltará para apiadarse de vosotros; por esto: porque juez, Señor, vuestro Dios; bienaventurados, los que quedan con él—. Por esto: porque pueblo santo en Sión habitará; y Jerusalén con lloro ha llorado: «Apiádate de mí», se apiadará de ti; la voz de tu clamor, cuando vio, te escuchó. Y os dará el Señor pan de tribulación y agua estrecha; y ya no se acercarán a ti, los que te extravían; pues tus ojos verán a los que te extravían; y tus orejas oirán las palabras de los que, detrás de ti, extraviaban, los que decían: «Este, el camino; andemos en él, sea derecho, sea izquierdo». Y contaminarás los ídolos, los plateados y los dorados; pulverizados harás(f) y aventarás como agua de menstruosa; y como estiércol los lanzarás. Entonces será la lluvia para la semilla de tu tierra; y el pan(g) del fruto de tu tierra será hartura y lozano; y pacerá tu ganado, aquel día, sitio pingüe y anchuroso; vuestros toros y bueyes los que labran la tierra, paja mezclada comerán en cebada aventada; y habrá, sobre todo monte alto y sobre todo collado elevado, agua corriente, en aquel día, cuando hubieren perecido muchos, cuando hubieren caído torres. Y será la luz de la luna como la luz del sol; y la luz del sol será séptupla, en el día que hubiere sanado el Señor el quebranto de su pueblo; y el dolor de tu plaga sanará. He aquí el nombre del Señor viene, tras de tiempo, abrasador furor; con gloria, el dicho de sus labios, el dicho, de ira lleno; y la ira del furor, como fuego comerá; y su hálito, como agua en hondonada arrastrando llegará hasta el cuello, y se dividirá, para turbar gentes, por extravío vano; y los perseguirá extravío, y los cogerá a faz de ellos. «¿Acaso(h) siempre es menester os alegréis, y entréis en lo santo mío, siempre así como festeantes; y así como gozosos entréis con flauta en el monte del Señor, al Dios de Israel?». Y oíble hará el Señor la gloria de su voz; y el furor de su brazo, para manifestar con furor e ira y llama devoradora, fulminará vehementemente, y como el agua y granizo precipitándose con violencia. Que, por la voz del Señor superados serán asirios con la plaga con que los percutirá. Y le(i) estará en contorno, de donde era de ellos la esperanza de ayuda; en que él confiaba; ellos(j) con tímpanos y cítara le debelarán en cambio. Pues tú(k) ante días pedido serás(l); ¿acaso también a ti preparado está el reinar? —hondonada profunda, leña puesta, fuego y leña mucha; el furor del Señor, como hondonada de azufre encendida(m). El Señor, no Egipto, salvará a Israel Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, los en caballos confiados y en carros; pues hay muchos, y en caballos muchedumbre sobremanera; y no han estado confiados en el Santo de Israel; y al Señor no han buscado. Y él sabiamente trajo sobre ellos males; y su palabra no se frustrará, no; y se alzará sobre casas de hombres malos; y sobre la esperanza de ellos, la vana, al egipcio hombre(a), y no a Dios; de caballos carnes; y no hay amparo; y el Señor extenderá su mano sobre ellos; y afanaránse los amparadores; y juntamente todos perecerán. Que así me dijo el Señor: Del modo que gritare el león o el cachorro sobre la caza que ha cogido, y vociferare sobre ella, hasta llenarse los montes de su voz, y vencidos fueren, y la muchedumbre del furor temblaren; así descenderá el Señor de los ejércitos a militar sobre el monte de Sión, sobre los montes de ella. Como aves volantes, así escudará el Señor de los ejércitos sobre Jerusalén; escudará y librará, y conservará y salvará. Convertíos, los que el profundo acuerdo acordasteis e inicuo, hijos de Israel. Pues, aquel día, desecharán los hombres las manuhechuras de ellos, las argénteas, y las manuhechuras, las áureas, que hicieron sus manos; y caerá Asur. No cuchilla de varón ni cuchilla de hombre le devorará; y huirá no ante faz de cuchilla; y los jovencillos serán en derrota; pues de peña serán cercados, como de valladar, y derrotados; y el fugitivo capturado. Ventura del nuevo reino Esto dice el Señor: Bienaventurado el que tiene en Sión simiente y domésticos en Jerusalén.Pues he aquí rey justo reinará; y príncipes, con juicio, principarán. Y estará el hombre ocultando sus palabras; y ocultado será como de agua impetuosa; y aparecerá en Sión, como río impetuoso, glorioso, en tierra sedienta. Y ya no estarán confiados en hombres; sino que las orejas a oír darán. Y el corazón de los débiles atenderá a oír; y las lenguas las balbucientes pronto aprenderán a hablar de paz; y ya no dirán, no, al necio que príncipe; y ya no dirán, no, tus ministros: «¡Calla!». Pues el necio cosas necias hablará; y su corazón cosas vanas entenderá, para consumar inicuas, y hablar al Señor extravío, para disipar almas hambrientas; y las almas, las hambrientas vacías hará. Pues el consejo de los malos cosas inicuas aconsejará, para perder a humildes en palabras injustas, y desparramar palabras de humildes en juicio. Pero los píos cosas cuerdas aconsejaron; y este consejo permanecerá. Mujeres ricas, levantaos y oíd mi voz; hijas en esperanza(a), escuchad mis palabras. De día de año memoria haced, en dolor con esperanza. Consumida ha sido la vendimia; ha cesado, ya no vendrá, no; pasmaos, entristeceos, las confiadas; desvestíos, desnudas haceos; ceñíos los lomos; y sobre los pechos golpeaos, por campo de deseo(b) y vid de germen. La tierra de mi pueblo, espina y heno subirá; y de toda casa alegría será quitada; ciudad rica, casas abandonadas la riqueza de la ciudad dejarán: casas de deseo(c); y serán las villas cavernas hasta el siglo, alegría de asnos salvajes, pasturas de pastores; hasta que venga sobre vosotros espíritu desde el Excelso. Y será yermo el Carmelo; y el Carmelo en sierra será reputado. Y reposará en el yermo juicio; y justicia en el Carmelo habitará. Y serán las obras de la justicia paz; y alcanzará la justicia reposo, los confiados hasta el siglo; y habitará su pueblo en ciudad de paz; e inhabitará confiado; y reposarán con riquezas. Y el granizo si descendiere, no sobre vosotros vendrá. Y serán los habitadores de las sierras confiados, como del llano. Bienaventurados, los que siembran sobre toda agua(d); donde buey y asno huella. Ruina del imperio universal. Triunfo de Israel. Ay de los que os enmiseran; pero a vosotros nadie hace míseros; y el que os reprueba, no reprueba; capturados serán los reprobadores y entregados; y, como polilla en vestido, así serán superados. Señor apiádate de nosotros; pues en ti confiamos. Hecha ha sido la simiente de los inobedientes en perdición; pero nuestra salud(a), en tiempo de tribulación. A voz de temor(b) pasmáronse pueblos, ante tu temor, y dispersáronse las gentes. Y ahora juntados serán vuestros despojos, de pequeño y grande; al modo que alguno juntare langostas, así se mofarán de vosotros. Santo el Dios, el que habita en lo excelso: llenádose ha Sión de juicio y justicia; en ley entregados serán, en tesoros nuestra salud: allí sabiduría, y ciencia y piedad para con el Señor; éstos son tesoros de justicia. He aquí ahora en vuestro temor éstos temerán; a los que temíais, clamarán de ante vosotros; mensajeros serán enviados amargamente llorando, pidiendo paz(c). Pues yermadas serán las de éstos vías; reposará el temor de las gentes(d); y la con éstos alianza es quitada; y no los reputaréis, no, hombres. Lloró la tierra; avergonzóse el Líbano; pantanos ha sido hecho el Sarón; manifiesta será la Galilea, y el Carmelo. «Ahora, alzaréme, dice el Señor; ahora me glorificaré; ahora me exaltaré; ahora veréis; ahora sentiréis: vana será la fuerza de vuestro espíritu; fuego os devorará; y estarán las gentes combustas, como espina(e), en agro, lanzada y quemada. Oirán los de lejos lo que he hecho; conocerán los cercanos mi fuerza. Apartáronse los de Sión inicuos; cogerá temblor a los impíos; ¿quién os anunciará que el fuego arde(f)? ¿quién os anunciará el lugar, el eterno? El que anda en justicia; el que habla recta vía; que odia iniquidad e injusticia, y las manos sacude de dádivas, agrava las orejas para no oír juicio de sangre, cierra los ojos para no ver injusticia; éste habitará en excelsa caverna de peña fuerte: pan se le dará; y su agua, fiel. Rey con gloria veréis; vuestros ojos verán tierra en lontananza; nuestra alma meditará temor: ¿dónde están los letrados? ¿dónde están los consejeros(g)? ¿dónde está el que enumeraba a los que son alimentados: al pequeño y grande pueblo? al que no aconsejaba(h), y no lo sabía de habla profunda(i); de modo que no oyó un pueblo despreciado; y no tiene el que oye, entendimiento. He aquí Sión, la ciudad, la salud nuestra; tus ojos verán a Jerusalén; —ciudad(j) rica; tabernáculos que no serán sacudidos, no; y no se moverán, no, los clavos del tabernáculo de ella por el sempiterno tiempo; y las cuerdas de ella no serán rotas, no, porque el nombre del Señor, grande para vosotros; lugar habrá para vosotros, ríos y canales anchos y espaciosos; no andarás este camino(k), ni andará barca impelida(l). Porque mi Dios grande es: no pasará de mí; Señor, nuestro juez; Señor, nuestro príncipe; Señor, nuestro rey, Señor, éste nos salvará. Rompiéronse tus cuerdas(m); porque no prevalecieron; tu mástil se inclinó; no soltará las velas; no alzará insignia, hasta que fuere entregada en presa; muchos cojos, pues presa harán(n); y no dirán, no: «Trabajaré» el pueblo que habita en ellos(o); pues perdonóseles el pecado. Perdición de los enemigos; sobre todo, de Edom Llegaos, gentes; y oíd, príncipes, oiga la tierra y los en ella, la habitada y el pueblo, el en ella. Por esto: porque furor del Señor sobre todas las gentes; e ira, sobre el número de ellos, para perderlos, y entregarlos a degüello. Y los heridos de ellos arrojados serán; y los muertos; y subirá su olor, y crujirán los montes de la sangre de ellos. Y derretiránse todas las virtudes de los cielos; y arrollado será, como libro, el cielo; y todas las estrellas caerán, como hojas de vid; y, como caen hojas, de higuera. Se ha embriagado en el cielo mi cuchilla; he aquí sobre la Idumea descenderá y sobre el pueblo de la perdición, con juicio. La cuchilla del Señor se ha llenado de sangre, atiesádose de grosura, de sangre de cabrones y corderos, y de grosura de cabrones y carneros. Porque sacrificio al Señor en Bosor, y degüello grande en la Idumea; y caerán los robustos con ellos, y los carneros y los toros; y se embriagará la tierra con la sangre; y de la grosura de ellos se llenará. Pues día de juicio del Señor; y año de retribución de juicio de Sión. Y se convertirán las hondonadas de ella en pez, y la tierra de ella en azufre; y será su tierra, como pez encendida. noche y día; y no se apagará hasta el sempiterno tiempo; y subirá el humo de ella arriba; por generaciones de ella se yermará y por tiempo mucho. Aves, y erizos, e ibis y cuervos habitarán en ella; y se echará sobre ella cordel de agrimensura del desierto; y onocentauros(a) habitarán en ella. Sus príncipes no serán; pues sus reyes y sus magnates serán en perdición. Y brotarán por las ciudades de ellos espinosos leños, y por las fortificaciones de ella; y serán dehesas en sirenas, y aula de avestruces; y se encontrarán demonios con onocentauros, y bramarán otro contra el otro; allí reposarán onocentauros, hallando, para sí, reposo; allí ha anidado el erizo y ha salvado la tierra los hijuelos de ella, con seguridad; allí se han encontrado ciervos, y mirádose los rostros entre sí; con número han pasado, y uno de ellos(b) no ha perecido; otra a la otra no ha buscado(c); pues el Señor les ha mandado y el espíritu suyo congregádolos. Y él les echará suertes; y su mano les repartió a pacer; por el sempiterno tiempo heredaréis; por generaciones de generaciones reposarán sobre ella(d). Ventura de Israel en la tierra y en el cielo Alégrate, desierto sediento; alborócese el desierto, y florezca como lirio, y florecerán y alborozaránse los desiertos del Jordán; la gloria del Líbano se le ha dado(a), y el decoro del Carmelo; y mi pueblo verá la gloria del Señor, y la excelsitud de Dios. Confortaos, manos remisas y rodillas desfallecidas. Consolaos, los pusilánimes del pensar; confortaos; no temáis. He aquí nuestro Dios juicio retribuye y retribuirá; él vendrá y nos salvará. Entonces se abrirán ojos de ciegos; y orejas de sordos oirán. Entonces saltará, como ciervo, el cojo; y expedita será lengua de mudos; porque rota ha sido en el desierto agua(b), y hondonada en tierra sedienta. Y será la inacuosa en pantanos; y a la sedienta tierra manantial de agua habrá; allí alegría de aves, dehesas de caña y pantanos. Habrá allí camino puro, y, camino santo será llamado; y no pasará, no, allí impuro; ni habrá allí camino impuro, y los dispersos andarán por él, y no errarán, no. Y no habrá allí león, y de las malas bestias no subirá(c), no, a él, y no se hallará, no, allí; sino que andarán en él redimidos, y congregados por el Señor; y volverán y vendrán a Sión, con alegría, y alegría eterna, sobre sus cabezas; pues sobre sus cabezas, loor y alborozo; y alegría los cogerá: huyó dolor, y tristeza y gemido. Expedición de Senaquerib contra Jerusalén Y aconteció en el décimocuarto año de Ezequías reinando, subió Senaquerib, rey de asirios, sobre las ciudades de la Judea, las fortificadas y tomólas. Y envió rey de asirios a Rabsaces, desde Laquis, a Jerusalén contra el rey Ezequías, con fuerza mucha; y se detuvo en el acueducto de la piscina, la superior en el camino del Campo del batanero. Y salió a él Heliaquim, el de Quelquías, el ecónomo, y Somnás, el escriba, y Joac, el de Asaf, el memorialista. Y díjoles Rabsaces: «Decid a Ezequías: «Esto dice el rey, el grande, rey de asirios: «¿Qué confías? ¿Acaso en consejo y palabras de labios batalla se hace? Y ahora ¿en quién confías que me desobedeces? He aquí confiado estás en esta vara, la cañosa, la quebrantada: en Egipto; quien se apoyare en ella, entrará en la mano de él y la perforará; así es Faraón, rey de Egipto, y todos los confiados en él. Pero si decís: «En el Señor nuestro Dios confiamos(a); ahora mezclaos con mi señor, el rey de asirios, y os daré dos mil caballos, si pudiereis dar aurigas sobre ellos. Y ¿cómo podréis rehuir contra la faz de los gobernadores? Siervos son los que han confiado en egipcios, en caballo y auriga. Y ahora ¿acaso, sin Señor, hemos subido sobre esta región a guerrear contra ella? El Señor me ha dicho: «Sube sobre esta tierra y piérdela». Y díjole Heliaquim y Somnás y Joac: «Habla a tus niños en siro; pues oímos(b) nosotros, y no nos hables en judío, y ¿a qué hablas en las orejas de los hombres sobre el muro?» Y díjoles Rabsaces: «¿Acaso a vuestro señor o a vosotros me ha enviado mi señor a hablar estas palabras? ¿Acaso no a los hombres, los sentados sobre el muro, para que coman estiércol y beban orines con vosotros juntamente?». Y púsose Rabsaces y gritó con voz grande en judío y dijo: «Oíd las palabras del rey, el grande, rey de asirios. Esto dice el rey: «No os engañe Ezequías con palabras; no podrá libraros, no; y no os diga Ezequías que os librará Dios, y no será entregada, no, esta ciudad en mano de rey de asirios. No oigáis a Ezequías. Esto dice el rey de asirios: «Si quisiereis se os bendiga, salid a mí, y comeréis cada cual su vid y los higos, y beberéis agua de vuestra cisterna, hasta que yo venga y os tome a tierra, como tierra vuestra: tierra de trigo, y vino, y panes y viñas. No os engañe Ezequías, diciendo: «Dios nos librará». ¿Acaso han librado los dioses de las gentes, cada uno a su región, de mano de rey de asirios? ¿Dónde está el dios de Emat y Arfat? ¿Y dónde el dios de la ciudad de Ecfarvaím? ¿Acaso han podido librar a Samaria de mano mía? ¿Quién de los dioses todos de estas gentes, que haya librado su tierra de mano mía, para que libre Dios a Jerusalén de mano mía?». Y callaron, y nadie respondióle palabra, por haber mandado el rey que nadie respondiera, y entró Heliaquim, el de Quelquías, el ecónomo; y Somnás, el escriba de la fuerza, y Joac, el de Asaf, el memorialista, a Ezequías, desgarradas las túnicas, y anunciáronle las palabras de Rabsaces. Oración de Ezequías. Derrota de Senaquerib. Y aconteció, al oír el rey Ezequías, desgarró sus vestiduras, envolvióse en saco, y ascendió a la casa del Señor; y envió a Heliaquim, el ecónomo y a Somnás, el escriba y a los ancianos de los sacerdotes envueltos en sacos, cerca de Isaías, hijo de Amós, el profeta; y dijéronle: «Esto dice Ezequías: «Día de tribulación, y oprobio, y castigo e ira, el día de hoy; pues ha venido el dolor a la parturienta, y fuerza no tiene de parir. Oiga Señor, tu Dios, las palabras de Rabsaces, las que envió el rey de asirios a oprobiar al Dios viviente, y oprobiar, palabras que oyó el Señor, tu Dios; y orarás a tu Señor por estos residuos(a)». Y vinieron los niños del rey Ezequías a Isaías; y díjoles Isaías: «Así diréis a vuestro señor: «Esto dice el Señor: «No te amedrentes por las palabras que has oído, con que me han oprobiado los legados del rey de asirios. He aquí yo lanzo en él un espíritu, y, oyendo el mensaje, tornará a su región, y caerá a cuchilla en su tierra». Y volvió Rabsaces, y halló al rey de asirios asediando a Lobna; pues oyó que decampó de Laquis. Y salió Taraca, rey de etíopes a asediarle; y habiendo oído(b), volvió y envió mensajeros a Ezequías diciendo: «Así diréis a Ezequías, rey de la Judea: «No te engañe tu Dios en quien has confiado en él, diciendo: «No será entregada, no, Jerusalén en mano del rey de asirios». Tú ¿no has oído lo que han hecho reyes de asirios a toda la tierra, cómo han exterminado? ¿y tú librarás? ¿Acaso los han librado los dioses de las gentes que han exterminado mis padres: a Gozán, y Carrán y Rafed, que están en región de Teemat? ¿Dónde están los reyes de Emat y de Arfad? ¿y dónde de la ciudad de Ecfarvaím, Hanag, Ugavá?». Y recibió Ezequías el libro de los mensajeros, y lo leyó, y ascendió a casa del Señor, abriólo delante del Señor. Y oró Ezequías al Señor; diciendo: «Señor de los ejércitos, Dios de Israel, el sentado sobre los querubines, tú eres el Dios solo de todo reino del orbe; tú has hecho el cielo y la tierra. Inclina, Señor, tu oreja; escucha, Señor; abre, Señor tus ojos; mira Señor, y ve las palabras de Senaquerib, las que ha enviado, para oprobiar al Dios viviente. Pues, en verdad, Señor, han yermado reyes de asirios el orbe entero, y la región de ellos; y arrojado los ídolos de ellos en el fuego; pues dioses no eran, sino obras de manos de hombres, leños y piedras; y los han lanzado lejos. Mas ahora Señor Dios nuestro, sálvanos de mano de él; para que conozca todo reino de la tierra que tú eres el Dios solo». Y envió Isaías, hijo de Amós, cerca de Ezequías y díjole: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He oído lo que has orado a mí acerca de Senaquerib, rey de asirios. Esta la palabra que ha hablado acerca de él Dios: «Vilipendiádote ha y escarnecídote, virgen, hija de Sión; sobre ti cabeza ha movido, hija de Jerusalén. ¿A quién has oprobiado e irritado? o ¿contra quién has levantado tu voz? ¿Y no has alzado a altura tus ojos, al Santo de Israel? Pues, por mensajeros, has oprobiado al Señor. Porque tú has dicho: «Con la muchedumbre de los carros, yo he subido a altura de montes y hasta lo postrero del Líbano y cortado la altura de su cedro y la hermosura del ciprés e internádome en la altura de parte del bosque; y puesto puente y yermado aguas y toda congregación de agua». «¿No esto has oído en otros tiempos lo que yo hice? Desde días antiguos dispuse y ahora manifesté yermar gentes en fortificaciones y a los habitadores de ciudades fortificadas; solté las manos y aridecieron y fueron hechos como heno árido sobre terrados y como grama. Y ahora tu reposo y tu salida y tu entrada yo sé; tu furor con que enfureciste y tu amargura ha subido a mí y lanzaré morral a tu nariz y freno a tus labios y te volveré por el camino que viniste — en él. Y esto, para ti la señal: come este año lo que sembraste(c); mas el año, el segundo, los restos; mas el tercero los sembradores segad y plantad vides y comed el fruto de ellas. Y serán los restantes en la Judea: echarán raíz abajo y harán semilla arriba. Porque de Jerusalén serán los restantes, y los salvados, del monte de Sión; el celo del Señor de los ejércitos hará esto. Por esto así dice el Señor sobre rey de asirios: «No entrará, no, en esta ciudad; y no lanzará, no, sobre ella dardo; y no echará, no, sobre ella broquel; y no rodeará, no, sobre ella valladar; sino que el camino que ha venido, en él retornará; y en esta ciudad no entrará, no. Esto dice el Señor: «Sobreescudaré sobre esta ciudad para salvarla por mí y por David, el niño mío». Y salió un ángel del Señor, y arrebató del real de los asirios, ciento ochenta y cinco millares; y levantándose, al alba, hallaron todos los cuerpos muertos. Y partió, volviendo, Senaquerib, rey de asirios, y habitó en Nínive. Y, adorando él en la casa de Nasarac, su patriarca(d), Adramelec y Sarasar, sus hijos, le hirieron con cuchillas, y ellos se salvaron en Armenia; y reinó Asarhaddón, su hijo, en lugar de él. Ezequías enferma, y sana. Su cántico de gratitud. Y aconteció, en aquel tiempo, enfermó Ezequías de muerte; y vino a él Isaías, hijo de Amós, el profeta y le dijo: «Esto dice el Señor: dispón acerca de tu casa; que morirás tú, y no vivirás». Y apartó Ezequías su rostro hacia la pared y oró al Señor diciendo: «Acuérdate Señor, cómo he andado a faz tuya, con verdad, en corazón verdadero, y lo grato a faz tuya he hecho». Y lloró Ezequías con llanto grande. Y vino palabra del Señor a Isaías, diciendo: «Ve y di a Ezequías»: «Esto dice el Señor, el Dios de David, tu padre: «He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí añado a tu tiempo años quince; y de mano de rey de asirios libraré a ti y esta ciudad, y sobreescudaré sobre esta ciudad. Y ésta, para ti, la señal, del Señor, de que hará Dios esta palabra: he aquí yo volveré la sombra de los grados(a) que ha bajado los diez grados de la casa de tu padre, el sol; volveré el sol los diez grados». Y subió el sol los diez grados que había bajado la sombra. Oración de Ezequías, rey de Judea, cuando enfermó, y se levantó de su enfermedad. Yo dije: «En la altura de mis días, en puertas de infierno, dejaré los años los restantes. Dije: «Ya no veré no, la salud de Dios sobre tierra de vivientes; ya no veré, no, la salud de Israel sobre la tierra; ya no veré, no hombre. Ha desfallecido(b) de la parentela mía; he abandonado el resto de mi vida; ha salido y apartádose de mí, tal como el que tienda suelta, después de clavarla; como tela mi espíritu, ante mí, se ha hecho, acercándose la tejedora a cortar. En aquel día he sido entregado hasta el alba, como a león. Quebrantó todos mis huesos; pues, desde el día hasta la noche, entregado he sido. Como golondrina(c), así clamaré; y, como paloma, así me acuito(d); pues han desfallecido mis ojos de mirar a la altura del cielo, al Señor, que me libró y quitó de mí el dolor del alma. [¿Qué diré? cuando me prometió, lo hizo; recorro todos mis años en la amargura de mi alma(e)]. Señor, pues acerca de ella(f) se te anunció; y excitaste mi aliento; y, consolado he vivido(g). Pues libraste a mi alma, para que no pereciera, y arrojaste tras mí todos los pecados. Porque no los del infierno te loarán; ni los muertos te bendecirán; ni esperarán los del infierno tu misericordia. Los vivientes te bendecirán al modo que también yo; pues, desde hoy, niñitos haré, que anunciarán tu justicia. Dios de mi salud; y no cesaré de bendecirte, con salterio, todos los días de mi vida, por delante de la casa de Dios». -- -- Vanidad de Ezequías castigada En aquel tiempo envió Marodac Valadán, el hijo de Baladán, el rey de la Babilonia epístolas, y legados y dones a Ezequías; pues oyó que había enfermado de muerte, y levantádose. Y alegróse de ellos Ezequías, y les mostró la casa de los aromas, y de la plata y del oro y del estacte y de los timiamas y del ungüento, y todas las casas de los vasos de la riqueza, y todo cuanto había en sus tesoros, y no hubo nada que no les mostrara Ezequías en su casa [y en todo su haber]. Y vino Isaías, el profeta, al rey Ezequías y le dijo: «¿Qué dicen estos hombres y de dónde han venido a ti?». Y dijo Ezequías: «De tierra lejana han venido a mí: de Babilonia». Y dijo Isaías: «¿Qué han visto en tu casa?» Y dijo Ezequías: «Todo lo de mi casa han visto; y no hay en mi casa lo que no hayan visto; empero también lo de mis tesoros». Y díjole Isaías: «Oye la palabra del Señor de los ejércitos: «He aquí días vienen, y se llevarán todo lo de tu casa y cuanto han acumulado tus padres, hasta este día; a Babilón irá, y no dejarán nada, no»; y dice Dios que «hasta de tus hijos que engendrares, tomarán y harán eunucos en la casa del rey de los babilonios». Y dijo Ezequías a Isaías: «Buena, la palabra del Señor la que ha hablado; haya ahora paz y justicia en mis días(a)». Consolación. Vanidad de los ídolos y poder de Dios. «Consolad, consolad a mi pueblo», dice Dios; sacerdotes hablad al corazón de Jerusalén; consoladla, que se ha llenado su humildad; disuelto está su pecado; pues ha recibido de mano del Señor dobles los pecados de ella. Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor; rectas haced las sendas de nuestro Dios. Toda hondonada se rellenará, y todo monte y colina serán humillados; y será todo lo torcido en rectitud, y la escabrosa(a), en llanuras; y aparecerá la gloria del Señor, y verá toda carne la salud de Dios; porque el Señor ha hablado. Voz del que dice: «Clama». Y dije: «¿Qué clamaré? Toda carne, heno, y toda gloria de hombre, como flor de heno; Secádose ha el heno y la flor caídose; pero la palabra de nuestro Dios permanece por el siglo». Sobre monte excelso asciende el que evangelizas(b) a Sión; levanta con fuerza tu voz, el que evangelizas a Jerusalén; exaltad, no temáis; di a las ciudades de Judá: «He aquí a vuestro Dios; he aquí al Señor. El Señor con fuerza viene; y el brazo con dominación. He aquí su galardón, con él, y su obra delante de él. Como pastor pastoreará su grey; y con su brazo congregará corderos; y preñadas consolará.— ¿Quién ha medido con la mano el agua, y el cielo, con palmo, y toda la tierra con puñado? ¿Quién pesó los montes con balanza y las hondonadas con fiel? ¿Quién ha conocido la mente del Señor? y ¿quién su consejero ha sido que le enseñara? O ¿con quién se ha aconsejado y le ha enseñado? ¿O quién le ha mostrado juicio? O camino de entendimiento ¿quién le mostró? ¡Si todas las gentes, cual gota de cubo, y cual inclinación de balanza, reputadas han sido; cual saliva reputadas serán!(c) Y el Líbano, no bastante para quema, y todos los cuadrúpedos, no bastantes para holocausto; y todas las gentes como nada son; y en nada han sido reputadas.— ¿A quién asemejaste al Señor? ¿y a qué simulacro le asemejasteis? ¿No una imagen ha hecho un artífice, o aurífice, fundiendo oro le ha dorado? ¿simulacro le ha hecho? Pues leño incorruptible se elige el artífice; y sabiamente buscará donde poner su imagen, y para que no vacile. ¿No conoceréis? ¿No oiréis? ¿No se os ha anunciado desde el principio? ¿No habéis conocido los fundamentos(d) de la tierra? El que domina la redondez de la tierra(e) —, y los habitantes de ella, como langostas; el que puso, cual bóveda, el cielo y extendió, como tienda de habitar—; el que da príncipes, como para nada principar; y la tierra, como nada hizo.— Pues no plantarán, no; ni sembrarán, no; ni se radicará, no, en la tierra la raíz de ellos. Sopló sobre ellos, y secáronse; y tormenta, como fajina los cogerá. Ahora, pues, ¿a quién me asemejasteis, y seré exaltado? dice el Santo. Levantad a la excelsitud vuestros ojos, y ved: ¿quién ha manifestado(f) estas cosas todas? El que sacó, según número, su ornato, a todos por nombre llamará con mucha gloria, y en el poder de su fuerza, nada se te ha ocultado— Pues no digas, Jacob, —y ¿qué has hablado, Israel: Escondido está mi camino ante Dios; y Dios mi juicio ha quitado y apartádose?» ¿Y ahora no conoces? ¿si no has oído? Dios eterno, el Dios que ha dispuesto las sumidades de la tierra, no hambreará, ni trabajará; ni hay escudriñamiento de su prudencia; dando a los hambrientos fuerza; y a los no doloridos tristeza. Pues hambrearán jóvenes, y trabajarán adolescentes; y elegidos flacos serán; pero los que aguardan a Dios, mudarán fuerza(g); alas criarán, como águilas; correrán, y no trabajarán; caminarán, y no hambrearán. Redención de Israel Renovaos hacia mí, islas; porque los príncipes mudarán fuerza; acérquense y hablen juntamente; entonces juicio anuncien(a). ¿Quién suscitó, de oriente, justicia(b), llamóla a sus plantas e irá? Dará(c) a faz de gentes; y reyes pasmará; y dará en tierra con sus cuchillas, y, como fajina arrojada, sus arcos; y los perseguirá; pasará en paz la vía de sus pies. ¿Quién obró e hizo esto? Llamóla, el que la llamó, de generación de principio. Yo, Dios primero, y hasta lo venidero yo soy. Vieron gentes y temieron; las sumidades de la tierra acercáronse y vinieron juntamente; juzgando cada uno al prójimo ayudar y al hermano; y dirá; «Ha acertado varón artífice, y herrero, golpeando con martillo y a la par batiendo»; alguna vez empero, dirá: «Soldadura bella es; lo han asegurado en clavos; lo colocarán, y no se moverá». Mas tú, Israel, niño mío de Jacob, a quien elegí; simiente de Abrahán, a quien amé; a quien acogí, de las sumidades de la tierra; y de las atalayas de ella, te llamé, y te dije: «Niño mío eres; te he elegido y no te he abandonado. No temas; que contigo soy; no yerro; pues yo soy tu Dios; que te he fortalecido, y ayudádote y asegurádote con la diestra la justa, mía. He aquí se avergonzarán y ruborizarán todos los adversarios tuyos; serán cual si no fueran; y perecerán todos los contrarios tuyos; los buscarás, y no hallarás, no, a los hombres que crapulearán contra ti; pues serán como si no fuesen; y no serán los que guerrean contra ti. Pues yo, tu Dios, el que cojo tu diestra, el que te digo: No temas, Jacob pequeñuelo Israel; yo te he ayudado, dice Dios, el que te redime, Israel. He aquí que te he hecho como ruedas de carro trilladoras, nuevas, serriformes; y trillarás montes y alisarás colinas, y como pelusa pondrás; y aventarás, y viento les cogerá, y tormenta les dispersará. Pero tú te alegrarás en lo santo de Israel; y alborozaránse los pobres y los menesterosos. Porque buscarán agua, y no habrá; su lengua de la sed se ha secado; yo, Señor Dios yo escucharé a Israel, y no les abandonaré; sino que abriré sobre los montes ríos; y en medio de las llanuras, fontanas; haré el desierto en pantanos de aguas, y la sedienta tierra en acueductos; pondré en la inacuosa tierra cedro y boj, mirto y ciprés y pobo; para que vean y conozcan y entiendan y sepan juntamente que mano del Señor ha hecho esto, y el Santo de Israel manifestádolo. Aproximádose ha vuestro juicio dice el Señor Dios; aproximáronse vuestros consejos, dice el rey de Jacob.— Aproxímense y anúncienos lo que acontecerá, o lo anterior qué era; decid y prestaremos el entendimiento, y conocerá cuál lo último y lo venidero decidnos; anunciadnos lo venidero al último, y conoceremos qué dioses sois. Bien haced y mal haced y nos maravillaremos, y veremos a la vez que ¿de dónde sois vosotros, y de dónde la obra vuestra? de tierra; abominación os han elegido. Yo empero, suscité al del septentrión, y al del sol naciente; llamados serán con mi nombre; vengan príncipes y como barro de alfarero, y, como alfarero hollando barro así serán hollados. Pues ¿quién anunciará lo del principio, para que conozcamos, y lo de adelante, y diremos qué verdadero es? No hay quien prediga ni quien escuche vuestras palabras. Principado a Sión daré; y a Jerusalén consolaré para el camino. Pues, de las gentes, he aquí nadie, y de los ídolos de ellas no había quien anunciara, y si les preguntare yo: «¿de dónde sois?» no me responderán, no; pues son los que os hacen y vanamente los que os extravían. Redención de Israel Jacob, el niño mío, le acogeré; Israel, el elegido mío(a), le ha recibido mi alma; he dado mi espíritu sobre él: juicio a las gentes publicará(b); no clamará ni descuidará; ni se oirá fuera su voz. Caña quebrada no quebrantará, y lino(c) humeante no apagará; sino que a verdad publicará juicio. Esplenderá, y no será herido, hasta que pusiere sobre la tierra juicio; y en su nombre gentes esperarán. Así dice el Señor Dios, el que ha hecho el cielo y compaginádolo; el que ha afianzado la tierra y lo en ella, y da aliento al pueblo el sobre ella y espíritu a los que la huellan: «Yo, Señor Dios, te he llamado en justicia; y cogeré tu mano, y te confortaré; y te he dado en alianza de linaje en luz de gentes; para abrir ojos de ciegos, sacar de prisiones aherrojados, y, de casa de cárcel, sentados en tinieblas. Yo, Señor Dios —éste es mi nombre; la gloria mía a otro no daré, ni mis virtudes a esculturas. Lo del principio he aquí ha venido; y lo nuevo que yo anuncio, aún antes de anunciar(d), se os ha manifestado. Cantad al Señor cantar nuevo: el principado de él— glorificad su nombre, desde sumidad de la tierra, los que descendéis a la mar y la navegáis; las islas y los habitantes de ellas. Alégrate, desierto y sus villas, alquerías y los habitantes de Cedar; alegraránse los habitantes de peña: de sumidad de los montes clamarán; darán a Dios gloria; sus virtudes en las islas anunciarán. Señor, el Dios de los ejércitos saldrá, y quebrantará guerra; excitará celo y clamará sobre sus enemigos con fuerza. «He callado; ¿acaso también siempre callaré y soportaré? Como parturienta he sufrido; saldré de mí, y secaré a la vez; yermaré montes y collados; y toda grama de ellos secaré; y trocaré ríos en islas, y pantanos secaré. Y llevaré ciegos por vía que no conocían; y sendas que no sabían, hollar les haré; les haré las tinieblas en luz, y lo torcido, en recto. Estas palabras haré; y no les abandonaré; pero ellos se han vuelto hacia atrás. Avergonzaos con vergüenza, los confiados en las esculturas; los que dicen a los conflátiles(e): «Vosotros sois nuestros dioses». Los sordos, oíd; y los ciegos, mirad para ver. Y ¿quién ciego sino mis niños; y sordos sino los que los señorean? Y cegáronse los siervos de Dios. Habéis visto muchas veces, y no guardado(f); abiertos las orejas, y no oído. El Señor Dios ha determinado que se justifique(g), y magnifique loor. Y vi, y estaba el pueblo saqueado y despojado; pues el lazo, en las alcobas doquier y en las casas a la vez, donde los ocultaron, se trocaron en botín, y no había quién arrebatara presa; y no había quién dijera: «Devuelve». ¿Quién de entre vosotros, el que escuchará esto? Oídlo para lo venidero. ¿Quién ha dado a rapiña a Jacob, y a Israel a los que lo saquean? ¿Acaso no el Dios a quien pecaron— a él; y no quisieron en los caminos de él andar, ni oír su ley? Y trajo sobre ellos ira de su furor; y prevaleció contra ellos guerra, y los incendiadores de ellos en contorno; y no conocieron cada uno de ellos, ni pusieron en el alma. Redención gratuita Y ahora así dice el Señor, el Dios que te ha hecho, Jacob; y el que te ha plasmado, Israel: «No temas; que te he redimido; llamádote por tu nombre; mío eres tú. Aun cuando anduvieres por agua, contigo soy, y ríos no te anegarán; aun cuando anduvieres por fuego no te abrasarás, no; llama no te abrasará; porque yo, el Señor, tu Dios, el Santo de Israel; el que te salva; he hecho permuta tuya(a) a Egipto y Etiopía y Siene, por ti. Desde que precioso has sido hecho delante de mí, has sido glorificado y yo te he amado, daré hombres por ti y príncipes por tu cabeza. No temas; que contigo soy; desde oriente traeré tu simiente, y, desde occidente te congregaré. Diré al aquilón: «Trae»; y al ábrego: «No estorbes; trae mis hijos desde tierra en lontananza; y mis hijas desde sumidades de la tierra; a todos cuantos han sido llamados con mi nombre. Pues, en mi gloria, le dispuse, y le plasmé y le hice»; y saqué pueblo ciego, y ojos son igualmente ciegos, y sordos que las orejas tienen. Todas las gentes juntáronse a la vez; y se juntarán príncipes de entre ellos; ¿quién anunciará esto? O lo del principio ¿quién os lo anunciará? Traigan sus testigos, y sean justificados, y oigan y hablen verdad. Sedme testigos, y yo testigo (dice el Señor Dios) y el niño mío a quien elegí; para que conozcáis, y creáis y entendáis que yo soy; antes de mí, no hubo otro Dios, y, después de mí, no habrá. Yo, Dios, y no hay, fuera de mí, quien salve. He anunciado y salvado, improperado; y no hay, en vosotros, extraño; vosotros, mis testigos; y yo, el Señor Dios ya desde el principio, y no hay quien de mis manos libre; haré, y ¿quién lo apartará?». Así dice el Señor, el Dios que os redime, el Santo de Israel: «Por causa de vosotros enviaré contra Babilonia, y suscitaré fugitivos todos, y caldeos en navíos serán atados. Yo, el Señor, el Dios, el santo vuestro, el que manifesté a Israel vuestro rey. Así dice el Señor, el que da en mar camino, y en agua violenta sendero; el que saca carros y bridón y muchedumbre fuerte; empero dormirán; y no resurgirán; se han apagado, como lino apagado. No rememoréis lo anterior; y lo antiguo no reflexionéis; he aquí yo hago cosas nuevas que ahora nacerán; y las conoceréis. Y haré en el desierto vía; y en lo inacuoso, ríos. Me bendecirán las bestias del campo, sirenas(b) e hijas de avestruces pues he dado en el desierto, agua, y ríos en lo inacuoso, para abrevar todo mi linaje, el elegido; a mi pueblo que he adquirido para que mis virtudes narre. No ahora te he llamado, Jacob; ni trabajar te he hecho, Israel; no a mí tus ovejas del holocausto tuyo; ni en tus sacrificios me has glorificado; ni trabajado te hice en incienso; ni adquiriste para mí, por dinero, víctima; ni la grosura de tus sacrificios anhelé; sino que en tus pecados pusístete delante de mí, y en tus injusticias. Yo soy, yo soy el que borró tus iniquidades, por causa mía, y tus pecados; y no recordaré. Pero tú recuerda, y júzguesenos. Di tú los pecados tuyos primero, para que seas justificado. Vuestros padres, primeros, y vuestros príncipes prevaricaron contra mí; y mancillaron los príncipes lo santo mío y di a destruir a Jacob, y a Israel a oprobio. Redención de Israel. Vanidad de los ídolos. Ciro. Y ahora oye, Jacob, niño mío; e Israel a quien elegí: así dice el Señor, el Dios que te ha hecho, y el que te ha plasmado desde el vientre: «Todavía serás ayudado: no temas, niño mío, Jacob, y el amado Israel, a quien elegí. Que yo daré agua, en sed, a los que andan en lo inacuoso; pondré mi espíritu sobre tu simiente, y mis bendiciones sobre tus hijos; y brotarán, como, en medio de agua, heno; y como sauce sobre corriente agua. Este dirá: «De Dios soy»; y éste clamará en el nombre de Jacob; y otro escribirá en su mano: «De Dios soy»; en el nombre de Israel también clamará». Así dice Dios, el rey de Israel y el que le ha salvado, Dios de los ejércitos: «Yo primero, y yo después de esto; fuera de mí, no hay dios. ¿Quién como yo? Alcese, y llame(a) y anuncie, y disponga, para mí, desde que hice al hombre para el siglo; y lo venidero antes que venga, anuncien a vosotros. No os ocultéis(b) ni erréis. ¿No habéis, desde el principio, escuchado; y os anuncié? Testigos vosotros sois de si hay Dios fuera de mí; y no oyeron entonces. Los plasmadores y los escultores, todos cosas vanas, haciendo sus concupiscencias que no les aprovecharán; sino que serán avergonzados. Los plasmadores de dios y escultores, todos cosas inútiles; y todos, de donde fueron hechos, marchitáronse, y sordos para con hombres; congréguense todos y esténse juntos; y confúndanse y avergüéncese juntos. Porque afiló un carpintero un hierro; con segur doble lo(c) elaboró y en barreno lo colocó, y lo elaboró en el brazo de su fuerza y hambreará y se debilitará, y no beberé, no, agua(d). Eligiendo un carpintero un leño, lo colocó en medida, y en cola lo compuso, y lo hizo como figura de varón, y como belleza de hombre, para colocarlo en su casa.— Cortó un leño de la sierra el que plantó el Señor, y lluvia desarrolló; para que sea a los hombres en fuego; y, tomando de él se calentó; y quemando, cocieron panes sobre ello; y lo demás fabricaron dioses; y los adoran(e). Cuya mitad de él, quemó en fuego; y sobre la mitad de él coció en las brasas, panes, y sobre ello carne asando, comió, y se hartó; y habiéndose calentado, dijo: «Dulce para mí que me calenté y vi fuego». Y lo demás hizo en dios esculpido; y adora y ora, diciendo: «Sálvame, que mi dios eres tú».— No han sabido pensar; pues se han entenebrecido para no ver con sus ojos y entender con su corazón. Y no reflexionó en su alma ni conoció por la prudencia que la mitad de él quemó en fuego, y coció sobre sus brasas panes; y, asando carnes, comió; y el resto de él en abominación hizo; y lo adoran. Sábete que ceniza, el corazón de ellos, y yerran y nadie puede librar el alma de él; ved; no diréis que: «Mentira, en mi diestra»— Rememora esto, Jacob e Israel: que niño mío eres tú: te he plasmado, niño mío; y tú, Israel, no te olvides de mí. Pues he aquí he borrado como nube, tus iniquidades, y como tinieblas, tus pecados; vuélvete a mí, y te redimiré. Alegraos, cielos, porque se ha apiadado Dios de Israel; trompetead, los fundamentos de la tierra; clamad montes, alegría, las colinas y todos los leños de ellas; pues redimió Dios a Jacob; e Israel glorificado será. Así dice el Señor, el que te redime y te plasma desde el vientre: «Yo, el Señor, el que consuma todo, he extendido el cielo, solo y afianzado la tierra. ¿Quién otro disipará señales de ventrílocuos, y adivinaciones de corazón? volviendo prudentes hacia atrás; y el consejo de ellos entonteciendo; y afianzando palabra de su niño, y el consejo de sus ángeles verificando; el que dice a Jerusalén: «Habitada serás»; y a las ciudades de la Idumea: «Edificadas seréis; y lo yermo de ella germinará». El que dice al abismo: «Yermado serás; y tus ríos secaré»; el que dice a Ciro que sea prudente, y «Todas mis voluntades hará»; el que dice a Jerusalén: «Serás edificada, y la casa, la santa mía fundaré». Reinado de Ciro Así dice el Señor Dios: «A mi ungido Ciro, cuya diestra he cogido, para que obedezcan, delante de él, gentes; y fuerza de reyes destrozaré; abriré, delante de él, puertas; y ciudades no se cerrarán. Yo delante de ti iré, y montes allanaré; puertas broncíneas quebrantaré, y cerrojos férreos destrozaré; y te daré tesoros tenebrosos escondidos; invisibles te abriré, para que conozcas que el Señor Dios, el que llamo tu nombre, Dios de Israel. Por causa de mi niño Jacob, e Israel, mi elegido, yo te llamaré por mi nombre y te acogeré; pero tú no me has conocido. Porque yo, Señor Dios y no hay ya, fuera de mí, Dios; te he fortalecido y no me conocías; para que conozcan los del oriente del sol, y los del ocaso que no hay fuera de mí. Yo Señor Dios; y no hay ya, yo quien he fabricado luz y hecho tinieblas; quien hace paz y crea males; yo el Señor Dios, quien hace todo esto. Alégrese el cielo arriba; y las nubes rocíen justicia; brote la tierra y germine misericordia; y justicia brote a la vez; yo soy el Señor, que te crié. ¿Qué mejor he preparado que lodo de alfarero? ¿Acaso el arador arará la tierra todo el día?(a) ¿Acaso dirá el lodo al alfarero: «Qué haces que no trabajas, ni tienes manos? ¿Acaso responderá el plasma al que lo plasmó? El que dice a su padre «¿Qué engendrarás?»; y a la madre: «¿Qué partures?» Porque así dice el Señor el Dios, el Santo de Israel, el que ha hecho lo venidero: «Preguntadme acerca de mis hijos; y acerca de las obras de mis manos no me mandéis(b). Yo he hecho tierra y hombre sobre ella, yo con mi mano he afianzado el cielo; yo a todas las estrellas mandado.— Yo le(c) he suscitado, con justicia, rey, y todas sus vías, rectas; éste edificará mi ciudad, y el cautiverio de mi pueblo cambiará, no con rescates, no con dádivas», dice el Señor de los ejércitos. Así dice el Señor de los ejércitos: «Trabajos de Egipto, y emporios de etíopes, y los sabeos varones excelsos a ti pasarán; y te serán siervos; y en pos de ti seguirán atados con grillos; y pasarán hacia ti y te adorarán y en ti orarán(d); «Sí; en ti Dios está, y no hay Dios fuera de ti. Que tú eres Dios(e) (y no sabíamos), el Dios de Israel salvador». Se avergonzarán y confundirán todos los contrarios de él; y andarán en vergüenza. Renovaos hacia mí, islas(f)—. Israel es salvado por el Señor con salvación eterna: no serán avergonzados, ni confundidos, no, hasta el siglo. Así dice el Señor, el que ha hecho el cielo, éste, el Dios, el que ha manifestado la tierra y héchola; él, delimitádola; no en vano la ha hecho, sino para habitada la ha plasmado: yo soy, y no hay más(g). No en oculto he hablado, ni en lugar de tierra tenebroso; no he dicho a la simiente de Jacob: «En vano habéis buscado: yo soy, yo soy el Señor, el que hablo justicia y anuncio verdad. Congregaos y llegaos; aconsejaos juntamente, los que os salváis de las gentes. No conocieron, los que alzan leño, escultura de ellos, y oran a dioses que no salvan. Si anuncian, acérquense, para que conozcan juntamente quién oíbles ha hecho estas cosas desde el principio: entonces anuncióseos. Yo, Dios, y no hay otro fuera de mí; justo y salvador no hay fuera de mí. Convertíos a mí y salvaréis, los de las extremidades de la tierra. Yo soy Dios, y no hay otro. Por mí mismo juro, si no saldrá de mi boca justicia; mis palabras no se apartarán(h), porque a mí se doblará toda rodilla; y jurará toda lengua a Dios, diciendo: Justicia y gloria a él acudirán; y serán avergonzados todos los que se apartan; por el Señor se justificarán; y en Dios será glorificada toda la simiente de los hijos de Israel». Perdición de los ídolos. Contra la idolatría. Cayó Bel; destrozado fue Nabo; se han hecho las esculturas de ellos, a bestias y al ganado: las lleváis atadas como carga al que trabaja, está fatigado, y hambrea, que no puede ya(a); que no podrán ser salvadas de la guerra; y ellos cautivos fueron llevados—. Oídme, casa de Jacob y todo el resto de Israel, los acogidos desde el vientre(b) y criados desde párvulos. Hasta la vejez, yo soy, y hasta que envejezcáis, yo soy; yo os sustento, yo he hecho, y yo llevaré; yo acogeré y os salvaré. ¿A quién me habéis asemejado? Ved trazad, los errantes; los que juntáis oro, de la bolsa, y plata en balanza: pesarán en peso; y contratando al aurífice, hicieron manuhechuras; y, postrándose, adoráronlas; llévanla sobre el hombro y se marchan; y, si la hubieren colocado, en su sitio queda: no se moverá, no; y el que clamare a ella —no oirá, no; de males no le salvará, no. Rememorad esto y gemid; arrepentíos, los errantes, convertíos de corazón; y rememorad lo primero del siglo; porque yo soy Dios, y no hay más, fuera de mí, el que anuncio primero lo postrero, antes que se haga; —y a la vez se cumplió; y dije: «Todo mi consejo permanecerá; y todo cuanto he determinado, haré. El que llamo, del oriente, el volátil(c), y de tierra lejana lo que he determinado; he hablado, y traído; creado y hecho, traídole y bien encaminado su camino. Oídme, los perdidos de corazón, los alejados de la justicia. He acercado mi justicia, y la salud, la de mí, no retardaré. He dado, en Sión, salud a Israel en gloria. Caída de Babel Desciende, siéntate sobre la tierra, virgen, hija de Babilón; siéntate sobre la tierra, hija de caldeos; pues ya no proseguirás llamándote blanda y voluptuosa. Coge molino, muele harina(a), descubre tus cubriduras; desnuda tus canas, arremanga tus pantorrillas; pasa ríos; descubierta será tu vergüenza; parecerán tus ignominias; lo justo de ti quitaré; no ya entregaré, no, a hombres(b). El que te salva, el Señor de los ejércitos; su nombre: Santo de Israel. Siéntate quebrantada, entra en las tinieblas, hija de caldeos; no serás ya llamada: «Fuerza de reino». Me irrité contra mi pueblo; mancillaste mi heredad; yo les di en tu mano; y tú no les diste misericordia; del anciano agravaste el yugo sobremodo; y dijiste: «Hasta el siglo seré dominadora». No entendiste esto en tu corazón; ni te acordaste de las postrimerías. Y ahora oye esto, voluptuosa, la sentada, la confiada, la diciente en su corazón: «Yo soy, y no hay otra; no me sentaré viuda, ni conoceré orfandad». Y ahora vendrán de súbito sobre ti(c), en tu maleficio, en la fuerza de tus hechiceros sobremodo; con la esperanza de tu maldad. Pues tú dijiste: «Yo soy, y no hay otra», sábete: inteligencia de esto habrá, y tu prostitución para ti, vergüenza, y dijiste en tu corazón: «Yo soy, y no hay otra». Y vendrá sobre ti perdición, y no conocerás, no; hoyo y caerás en él, y vendrá sobre ti miseria, y no podrás, no, pura hacerte; y vendrá sobre ti de súbito perdición, y no conocerás. Alzate ahora en tus hechicerías y en tu mucho maleficio, que has aprendido desde tu juventud, si podrás medrar. Has trabajado en tus consejos: pónganse y sálvense los astrólogos del cielo; los que miran las estrellas, anúnciente, lo que debe sobre ti venir. He aquí todos como fajina en fuego, serán quemados; y no librarán, no, su alma de la llama; porque tienes brasas de fuego para asentar sobre ellos; éstos seránte ayuda; has trabajado en el cambio(d) desde la juventud; el hombre en sí mismo ha errado(e); pero para ti no habrá salvación. Hipocresía judaica. Confusión de los idólatras. Salida de Babel. Oíd esto, casa de Jacob, los llamados con el nombre de Israel, y de Judá salidos; los que juráis en el nombre del Señor Dios de Israel que os acordáis no con verdad ni con justicia; y que adherís al nombre de la ciudad, la santa, y en el Dios de Israel os apoyáis; —Señor de los ejércitos, es su nombre. Lo primero ya anuncié, y de mi boca salió, y oíble se hizo; súbitamente hice, y sobrevino(a). Sé que duro eres, y nervio férreo, tu cerviz, y tu frente, broncínea. Y te anuncié lo antiguo antes de venir sobre ti: oíble te lo hice; para que un día no dijeras que «Los ídolos me lo hicieron»; y dijeras que «Las esculturas y los conflátiles me lo mandaron». Oísteis todo, y vosotros no conocisteis. Empero oíbles te hice las cosas nuevas(b), desde ahora, las que han de ser, y no dijiste: «Ahora sucede, y no anteriormente»; y no en anteriores días lo oíste(c); para que no digas «Sí; lo conozco». Ni conociste ni creíste; ni desde el principio abriste tus orejas; pues conozco que, prevaricando, prevaricarás, e inicuo aún, desde el vientre, serás llamado. Por causa de mi nombre, te manifestaré mi furor; y mis glorias traeré sobre ti, para no exterminarte. He aquí te vendí, no por plata; y te saqué del horno de la pobreza(d); por mí te haré; que mi nombre profanado está; y mi gloria a otro no daré. Oyeme Jacob e Israel a quien llamo: yo soy primero, y yo soy por el siglo; y mi mano ha fundamentado la tierra, y mi diestra afianzado el cielo; los llamaré, y se detendrán al punto; y congregaránse todos y escucharán. ¿Quién les ha mandado esto? Amándote(e), he hecho tu voluntad sobre Babilón, de quitar simiente de caldeos; yo he hablado, yo llamado, traídole(f) y prosperado su camino. Llegaos a mí, y escuchad esto: no, desde el principio, en secreto he hablado; cuando sucedía, yo allí estaba; y ahora Señor, Señor me ha enviado y el espíritu de él. Así dice el Señor, el que te libra, el santo de Israel: «Yo soy tu Dios, te he enseñado a hallar el camino en que andarás, en él. Y si hubieras escuchado mis mandamientos, se hiciera así como un río tu paz; y tu justicia, como ola de mar. y se hiciera como arena tu simiente y los fetos de tu vientre como el polvo de la tierra; ni ahora exterminado serás, no; ni perecerá tu nombre delante de mí—. Sal de Babilón, huyendo de los caldeos; voz de alegría anunciad; y oíble hágase esto; anunciad hasta el extremo de la tierra. Decid: «Ha libertado el Señor a su siervo Jacob»; y si sed tuvieren, por desierto les conducirá agua; de peña les sacará; hendiráse la peña y brotará agua, y beberá mi pueblo. Porque no hay alegrarse, dice el Señor, para los impíos. El Mesías redime y glorifica a Israel Oídme, islas, y atended, gentes: por tiempo mucho permanecerá(a), dice el Señor. De vientre de mi madre llamó mi nombre; y puso mi boca como cuchilla aguda y bajo el amparo de su mano me ocultó; púsome como saeta escogida y en su aljaba me ocultó; y díjome: «Siervo mío eres tú, Israel; y en ti me glorificaré». Y yo dije: «En balde he trabajado; en vano y en nada he dado mi fuerza; por esto, mi juicio ante el Señor; y mi trabajo delante de mi Dios». Y ahora así dice el Señor, el que me ha plasmado, desde el vientre, siervo para sí, para congregar a Jacob a él y a Israel. Congregado seré y glorificado delante del Señor; y mi Dios seráme fuerza. Y díjome: «Grande para ti es haber sido llamado niño mío para levantar las tribus de Jacob, y la dispersión de Israel convertir; he aquí te he dado en testamento del linaje, en luz de gentes, para que seas en salud, hasta lo extremo de la tierra»—. Así dice el Señor, el que te ha librado Dios de Israel: «Santificad al que envilece su alma, al que es abominado de las gentes de los siervos de los príncipes; reyes veránle, y se alzarán príncipes y le adorarán por causa del Señor; que fiel es el Santo de Israel; y te he elegido». Así dice el Señor: «En tiempo acepto te escuché y en día de salud auxiliádote y plasmádote y dádote en testamento de gentes, para disponer la tierra y heredar heredades desiertas; diciendo a los en cadenas: «Salid», y a los en las tinieblas: que sean descubiertos. En todos los caminos serán apacentados, y en todas sendas el pasto de ellos; no hambrearán ni sedearán; ni los herirá ardor ni el sol; sino que el que se apiada de ellos, consolará; y por fuentes de aguas los llevará; y pondré todo monte en camino y toda senda en pasto para ellos. He aquí éstos de lejos vendrán; éstos, del septentrión y mar; y otros de tierra de persas. Alegraos, cielos; y alborócese la tierra; hiéndanse los montes en alegría; pues se ha apiadado Dios de su pueblo; y a los humildes de su pueblo ha consolado. Dijo Sión: «Me ha abandonado el Señor, y que el Señor me ha olvidado»—. ¿Acaso se olvidará una mujer de su pequeñuelo, para no apiadarse de los frutos de su vientre? pero, si también éstos olvidare la mujer, yo empero, no me olvidaré de ti, dijo el Señor—. He aquí sobre mis manos he retratado tus muros, y delante de mí estás siempre, y pronto edificada serás por los que arrasada fuiste; y los que te yermaron, saldrán de ti—. Alza en torno los ojos; y ve a todos; he aquí se han congregado y venido a ti; vivo yo, dice el Señor, que de todos éstos, como ornato, te vestirás, y te los pondrás como ornato, como esposa; porque lo yermo tuyo y lo arrasado y lo caído, ahora se estrechará de habitantes; y alejados serán de ti, los que te devoraban. pues dirán en tus orejas los hijos tuyos, que has perdido: «Estrecho para mí el lugar, hazme lugar para que habite». Y dirás en tu corazón: «¿Quién me ha engendrado éstos? y yo, sin hijos y viuda, ¿éstos quién me ha criado? Y yo fui abandonada sola, y ¿éstos donde me estaban?». Esto dice el Señor: «He aquí alzo a las gentes mi mano; y a las islas alzaré mi pendón, y traerán a tus hijos en regazo; y a tus hijas sobre hombros alzarán; y serán reyes tus nutricios, y las princesas de ellos nodrizas tuyas; sobre faz de la tierra te adorarán; y el polvo de tus pies lamerán; y conocerás que yo, Señor; y no serán avergonzados los que me aguardan. ¿Acaso cogerá alguien de gigante despojo? ¿Y si cautivare alguien injustamente, salvará? Así dice el Señor: «Si alguien cautivare un gigante, cogerá despojos, y, cogiendo de fuerte, salvará, y yo tu juicio juzgaré, y yo tus hijos libraré; y comerán los que te atribulaban las carnes de ellos; y beberán como vino nuevo, la sangre de ellos; y se embriagarán; y sentirá toda carne que yo el Señor, el que acudo a la fuerza de Jacob. Israel desobediente; obediente el Mesías. Así dice el Señor: «¿Cuál, el libelo de repudio de vuestra madre por el cual la despedí? ¿O a qué acreedor os he vendido? He aquí por vuestros pecados habéis sido vendidos; y por vuestras iniquidades despedí a vuestra madre. ¿Qué porque vine y no había hombre? ¿llamé y no había quien obedeciera? ¿Acaso no puede mi mano librar, o no puedo quitar? He aquí por mi increpación yermaré la mar, y pondré los ríos, yermos, y aridecerán los peces de ellos por no haber agua y morirán en sed. Vestiré el cielo de tinieblas, y como saco pondré su manto. El Señor me da lengua de enseñanza para conocer cuándo es necesario decir palabra; púsome al alba; dispúsome orejilla(a) de escuchar, y la disciplina del Señor, Señor ábreme las orejas, y yo no desobedezco ni contradigo. Mi espalda he dado a flagelos, y mi rostro no he apartado de vergüenza de esputos; y Señor, el Señor, mi ayudador se ha hecho; por esto no he sido confundido, sino que he puesto mi rostro como dura piedra, y conocí que no seré avergonzado, no; pues se llega, quien me justifica: ¿quién, el que contiende conmigo? afrónteme al par. Y ¿quién, el que contiende conmigo? lléguese a mí. He aquí el Señor me ayudará: ¿quién me maltratará? He aquí todos vosotros como vestidos envejeceréis, y polilla devoraráos. ¿Quién entre vosotros, el que teme al Señor? escuche la voz de su niño; los que andan en tinieblas, y no tienen luz— confiad en el nombre del Señor, y apoyaos en Dios. He aquí todos vosotros fuego(b) encendéis y esforzáis llama; andáis a la luz de vuestro fuego y a la llama que habéis enardecido; por mí ha sucedido esto a vosotros, en tristeza dormiréis. Salvación de Israel. Confianza en Dios. Castigo de sus adversarios. Oídme, los que perseguís lo justo y buscáis al Señor; mirad la sólida piedra que habéis cortado, y el hoyo de la cisterna que habéis cavado. Mirad a Abrahán, vuestro padre y a Sara la que os ha parido; pues uno era, y le llamé, bendíjele y améle— Y a ti ahora consolaré, Sión; y consolaré todos sus desiertos; y pondré sus desiertos, como un paraíso, y lo del ocaso, como un paraíso del Señor: alegría y alborozo hallarán en ella, confesión y voz de loor. Oídme, oídme, pueblo mío, y los reyes a mí escuchad; pues ley de mí saldrá; y mi juicio, para luz de gentes. Se acerca presto mi justicia, y saldrá, como luz, también mi salud; y en mi brazo, gentes esperarán; y a mí islas aguardarán, y en mi brazo esperarán—. Alzad al cielo vuestros ojos, y mirad a la tierra abajo; pues el cielo, como humo, se ha afianzado; y la tierra, como vestido, envejecerá; y sus habitantes, como estas cosas, morirán; pero mi salud por el siglo será; y mi justicia no fallecerá, no. Oídme, los que sabéis juicio, pueblo, cuya ley mía en vuestro corazón, no temáis oprobio de hombres; y por el desprecio de ellos no os aniquiléis. Pues, como un vestido comido será del tiempo, y, como vellocinos comidos serán de polilla; pero mi justicia por el siglo será; y mi salud por generaciones de generaciones. Alzate, álzate, Jerusalén y vístete la fuerza de tu brazo; álzate, como en principio de día, como generación de siglo. ¿No eres tú la que yermas la mar, agua de abismo muchedumbre? ¿la que pusiste las profundidades de la mar camino de pasada a librados y redimidos? Pues del Señor serán repatriados y llegarán a Sión con alegría y alborozo eterno; pues sobre su cabeza loor; y alegría les cogerá; huyó dolor y tristeza y gemido. Yo soy, yo soy, el que te consuelo; conoce, quién siendo; temías de hombre mortal y de hijo de hombre, que, como pasto, secáronse. Y te olvidaste de Dios, el que te hizo, el que hizo el cielo y fundamentó la tierra; y temías siempre todos los días el semblante del furor del que te atribulaba, del modo que trazó quitarte, y ahora ¿dónde el furor del que te atribulaba? Pues, cuando te salvares, no permanecerá, ni durará; pues yo, tu Dios, el que turbo la mar y retumbo sus olas, Señor de los ejércitos, mi nombre. Pondré mis palabras en tu boca; y bajo la sombra de mi mano te cobijaré, en la que afiancé el cielo y fundamenté la tierra; y dirá a Sión: «Pueblo mío eres tú». Alzate, álzate, levántate, Jerusalén, la que bebiste, de mano del Señor, el cáliz de su furor; pues el cáliz de la ruina, la tasa del furor apuraste y agotaste; y no había quien te consolara de todos tus hijos que pariste; y no había quien te cogiera de la mano, ni de todos los hijos que exaltaste. Estas dos cosas, contrarias a ti —¿quién se contristará(a) contigo?—: ruina y quebranto, hambre y cuchilla;— ¿quién te consolará?— Tus hijos, los menesterosos, los durmientes en el extremo de toda pasada, como acelga medio cocida; los llenos de furor del Señor, desfallecidos por el Señor Dios. Por esto oye, la humillada y ebria, no de vino. Así dice el Señor Dios, el que juzga su pueblo: «He aquí he quitado de tu mano el cáliz de la ruina, la taza de mi furor, y no le volverás ya a beber, y le daré en las manos de los que te han oprimido y humillado; los que dijeron a tu alma: «Inclínate, para que pasemos»; y pusiste a par de la tierra la mitad tuya(b), fuera, a los que transitaban. Liberación de Israel Alzate, álzate, Sión; vístete tu fuerza, Sión; y tú vístete tu gloria, Jerusalén, ciudad la santa; ya no volverá a pasar por ti incircunciso e impuro. Sacude el polvo, y levántate; siéntate, Jerusalén; desata la ligadura de tu cuello, la cautiva hija de Sión, porque esto dice el Señor: «Gratis fuisteis vendidos, y no con plata rescatados seréis». Así dice el Señor, Señor: «A Egipto descendió mi pueblo antes para peregrinar allí; y a asirios por fuerza fueron llevados; y ahora ¿qué ahí estáis?». Esto dice el Señor: «Porque llevado fue mi pueblo gratis, admiraos y ululad». Esto dice el Señor: «Por vosotros a la continua mi nombre es blasfemado en las gentes. Por esto conocerá mi pueblo mi nombre, en aquel día, porque yo soy el mismo, que hablo; estoy presente como floridez sobre los montes; como plantas del que anuncia oída de paz; como el que anuncia bienes; pues oíble haré tu salud, diciendo a Sión: «Reinará tu Dios». Porque voz de los que te custodian, se ha alzado, y, con la voz a la vez se alegrarán; pues ojos a ojos mirarán, cuando se apiadare el Señor de Sión. Rompan en alegría a la vez los yermos de Jerusalén; que se ha apiadado el Señor de ella, y librado a Jerusalén—. Y revelará el Señor su brazo, el santo, delante de todas las gentes; y verán todas las sumidades de la tierra la salud, la de nuestro Dios. Retiraos, retiraos, salid de allí y lo impuro no toquéis; salid de en medio de ella; apartaos, los que lleváis los vasos del Señor; pues no con tumulto saldréis; ni con fuga andaréis; que andará delante de vosotros el Señor y el que os congrega Dios de Israel. He aquí entenderá mi niño, y ensalzado será y glorificado sobremanera. Del modo que se extasiarán sobre ti muchos, así se desglorificará por hombres su figura, y tu gloria por los hombres. Así se maravillarán muchas gentes de él; y cerrarán reyes la boca de ellos; porque a los que no fue anunciado acerca de él, verán, y los que no han oído, entenderán. Humillación y gloria del Mesías Señor ¿quién ha creído a nuestra oída?(a) y el brazo del Señor ¿a quién reveládose? Hemos(b) anunciado cual pequeñuelo delante de él(c), cual raíz en tierra sedienta; no tiene figura ni gloria. Y le vimos, y no tenía figura ni belleza; sino que su figura, deshonrosa, y desfallecida ante los hijos de los hombres; hombre en plaga estando y sabiendo llevar enfermedad; pues ha sido apartado(d) su rostro, deshonrado y desestimado. Este nuestros pecados lleva, y de nosotros duélese; y nosotros pensamos que él estaba en trabajo, y en plaga, y en maltratamiento. Pero él fue herido por nuestros pecados, y enfermo está por nuestras iniquidades; enseñanza(e) de paz nuestra sobre él; con el cardenal de él nosotros fuimos sanos. Todos, como ovejas, hemos errado; el hombre en su camino erró; y el Señor le entregó a nuestros pecados. Y él, con estar maltratado, no abre la boca; como oveja a matanza, es llevado; y como cordero ante el que trasquila, mudo, así no abre su boca. En la humillación su juicio fue quitado:— la generación de él ¿quién contará(f)?— porque es quitada de la tierra su vida; por las iniquidades de mi pueblo fue llevado a la muerte. Y daré los malos por la tumba de él, y los ricos por la muerte de él(g); pues iniquidad no hizo, ni dolo en su boca. Y el Señor quiere purificarle de la plaga; si diereis por pecado, vuestra alma verá simiente longeva; y quiere el Señor quitar del trabajo de su alma; mostrarle luz y plasmar con inteligencia, justificar a justo bien sirviendo a muchos; y los pecados de ellos él llevará. Por esto él heredará a muchos, y de los fuertes repartirá despojos; por cuanto fue entregada a muerte su alma, y entre los inicuos fue contado; y él pecados de muchos sobrellevó, y por las iniquidades de ellos entregado fue. Fecundidad y gloria de Sión Alégrate, estéril que no pares; prorrumpe y clama, la que no partures; pues muchos, los hijos de la solitaria, más que de la que tiene varón; pues dijo el Señor: «Dilata el lugar de tu tienda y de tus atrios; clava —no perdones—, alarga tus cuerdas, y tus estacas afianza; aún a la diestra y a la izquierda extiende; y tu simiente gentes heredará; y ciudades desiertas habitarás. No temas, porque has sido avergonzada, ni te confundas, porque has sido oprobiada; porque vergüenza eterna olvidarás; y oprobio de tu viudez no rememorarás, no. Porque el Señor, el que te hace, Señor de los ejércitos, su nombre; y el que te libra, el mismo Dios de Israel, por toda la tierra será nombrado. No, como a mujer abandonada y pusilánime te ha llamado el Señor; ni como a mujer, desde juventud odiada; dice tu Dios. Tiempo poco te abandoné; y, con misericordia grande, me apiadaré de ti; en furor pequeño aparté mi rostro de ti; y, en misericordia sempiterna me apiadaré de ti; dice el que libra, el Señor. Desde el agua, la con Noé, esto tengo(a); según le juré, en aquel tiempo, a la tierra, no enfurecerme ya contigo; ni, en conminación tuya, los montes trastrocar; ni tus colinas serán removidas; así ni la de mí para contigo misericordia desfallecerá; ni la alianza de tu paz no será quitada, no; porque dijo «Propicio(b) a ti, Señor(c)». Humilde e inestable, no fuiste consolada; he aquí yo te prepararé carbúnculo la piedra tuya, y tus cimientos, zafiro; y pondré tus almenas jaspe; y tus puertas, piedras de cristal; y tu circuito, piedras selectas; y todos tus hijos, enseñados de Dios; y en mucha paz tu prole. Y en justicia serás edificada; abstente de lo inicuo, y no temerás, y temblor no se acercará a ti. He aquí prosélitos se llegarán a ti por mí, y habitarán contigo; y en ti se refugiarán. He aquí yo te he creado, no como broncífice, soplando ascuas y sacando vaso a obra; yo te he creado, no para, en perdición, destruir. Toda disposición dispuesta contra ti no prosperaré; y toda voz se alzará contra ti en juicio— a todos ellos superarás; y los culpables para contigo estarán en él. Hay heredad para los que sirven al Señor; y vosotros seréis para mí justos, dice el Señor. Exhortación a convertirse a Dios, fidelísimo y glorificador. Los sedientos, venid por agua; y cuantos no tenéis dinero, yendo comprad; y comed, sin dinero y precio, vino y grosura. ¿Por qué compráis por dinero, y vuestro trabajo(a) no para hartura? y comed bienes; y se regalará en bienes vuestra alma. Atended con vuestras orejas, y seguid mis caminos, escuchadme y vivirá en bienes vuestra alma, y pactaré con vosotros pacto eterno: lo santo de David, lo fiel. He aquí testimonio en gentes le he dado, príncipe y preceptuante de gentes. Gentes que no te conocían, te invocarán, y pueblos que te ignoraban, en ti se refugiarán, por causa del Señor, tu Dios, el santo, de Israel; pues te glorificó. Buscad al Señor; y, hallando, invocadle; y, cuando se aproximare a vos, abandone el impío sus caminos y varón inicuo sus consejos, y vuélvase al Señor; y se le compadecerá; pues mucho perdonará vuestros pecados. Pues no son mis consejos así como vuestros consejos, ni así como vuestros caminos mis caminos; dice el Señor; sino que, como dista el cielo de la tierra, así dista mi camino de vuestros caminos; y vuestros pensamientos, de mis pensamientos. Pues, como desciende la lluvia o nieve del cielo, y no retorna, no, hasta embriagar la tierra y genere y brote y dé simiente al sembrador y pan en comida; así será la palabra mía; la cual, si saliere de mi boca, no retornará, no, hasta cumplir cuanto he querido; y prosperaré los caminos tuyos y los mandatos míos. Que en alegría saldréis; y en gozo seréis enseñados; que los montes y los collados saltarán, aguardándoos en gozo; y todos los leños del campo aplaudirán con las ramas; y, en lugar de la escobera, ascenderá ciprés; y en lugar de la coniza, ascenderá mirto; y será el Señor en nombre y en señal eterna, y no desfallecerá. Exhortación a la justicia. Solaz para los gentiles. Los malos pastores. Esto dice el Señor: «Guardad juicio y haced justicia; pues cerca está mi salud para llegar y mi misericordia para revelarse. Bienaventurado varón el que hace esto; y hombre el que lo retiene y guarda los sábados para no profanar, y custodia sus manos para no hacer cosa injusta. No diga el alienígena el allegado al Señor: «Me separará pues, el Señor de su pueblo»; y no diga el eunuco que: «Yo soy leño seco». Esto dice el Señor a los eunucos cuantos guardaren mis sábados y eligieren lo que yo quiero y retuvieren mi testamento: daréles, en mi casa y en mi muro, sitio nombrado, mejor que de hijos e hijas; nombre eterno daréles, y no desfallecerá. Y a los alienígenas los allegados al Señor para servirle y amar el nombre del Señor; para serle en siervos y siervas; y a todos los que guardan los sábados para no profanar, y a todos los que retienen mi testamento; llevaréles al monte mío, el santo, y alegraréles en la casa de mi oración; sus holocaustos y sus hostias serán aceptos sobre mi altar. Pues mi casa, casa de oración será llamada de todas las gentes, dijo el Señor, el que congrega los dispersos de Israel; pues congregaré a él congregación. Todas las bestias las salvajes, venid, comed, todas las bestias del bosque. Ved que han cegado todos; no han conocido; canes mudos; no podrán ladrar, durmiendo en lecho, amando el dormitar. Y los canes impudentes de alma, no conociendo hartura; y son malos, no conociendo inteligencia; todos sus vías siguieron, cada cual hacia lo propio(a). -- Continúa la increpación contra los malos pastores. Salvación de los buenos. Ved cómo el justo ha perecido; y nadie considera con el corazón; y varones justos son quitados; y nadie advierte. Pues de ante el rostro de la injusticia ha sido quitado el justo; será en paz su tumba; ha sido quitado de en medio. Y vos llegaos acá, hijos inicuos, simiente de adúlteros y prostituta. ¿En qué os habéis engolosinado? y ¿sobre quién abierto la boca vuestra? y ¿sobre quién soltado la lengua vuestra? ¿no sois vosotros hijos de perdición, simiente inicua, los que llamáis a los ídolos bajo los árboles frondosos, degolláis vuestros hijos en los valles en medio de las piedras? Esa es tu parte; ésta, tu herencia; y esas derramaste libaciones, y a éstos ofreciste hostias. ¿Por esto, pues, no me airaré? Sobre monte excelso y encumbrado, allí, tu lecho; y allí subiste hostias; y tras los postes de tu puerta pusiste tus memoriales(a); creías tú que, si de mí apartándote, algo más tendrías; amaste a los que dormían contigo; y multiplicaste tu prostitución con ellos; y muchos hiciste a los lejos de ti, y enviaste legados más allá de tus confines, y fuiste humillada hasta el infierno. Con tus correrías te fatigaste, y no dijiste: «Cesaré»; fortalecida porque hiciste esto, por esto no me suplicaste. ¿A quién temiendo, te amedrentaste, y mentísteme, y no rememoraste, ni me tomaste en tu mente, ni en tu corazón? Y yo viéndote, desprecio; y ante mí no te amedrentaste. Y yo anunciaré tu justicia y tus males, que no te aprovecharán; cuando vociferares, sálvente en tu tribulación; que a estos todos llevará viento y arrebatará tormenta. Pero los que se apoyaren en mí, poseerán tierra, y heredarán el monte, el santo mío; y dirán: «Limpiad ante su faz caminos, y quitad tropiezos del camino de mi pueblo». Esto dice el Altísimo en alturas, habitando el siglo, Santo en santo(b), su nombre; Altísimo, en santos reposando; y a pusilánimes dando longanimidad, y dando vida a los del corazón quebrantados. No hasta el siglo me vengaré de vosotros, ni por siempre me airaré con vosotros; que espíritu de mí saldrá; y la ráfaga toda yo he hecho. Por pecado un poco le(c) contristé, y le percutí y aparté mi rostro de él; y se contristó, y anduvo afligido en sus caminos. Sus caminos he visto; y sanádole, y consoládole y dádole consolación verdadera, paz sobre paz a los que lejos y a los que cerca están. Y dijo el Señor: «Sanáreles»; (57:19) pero los injustos fluctuarán, y reposar no podrán. (57:19) «No hay gozar para los impíos», dijo Dios. (Continuación) Clama en fuerza, y no perdones; cual con trompeta alza tu voz y anuncia a mi pueblo sus pecados y a la casa de Jacob, sus iniquidades. A mí de día en día buscan, y conocer mis caminos desean; como pueblo que justicia ha hecho, y juicio de su Dios no ha abandonado; pídenme ahora juicio justo y llegarse a Dios desean, diciendo: «¿Qué, porque hemos ayunado, y no viste; humillado nuestras almas y no conociste?». Pues en los días de los ayunos vuestros buscáis las voluntades vuestras y a todos vuestros subordinados afligís. Si para juicios y contiendas ayunáis, y herís a puñetazos al humilde ¿a qué me ayunáis como hoy, para que se oiga, en clamoreo, vuestra voz? No este ayuno yo he elegido, y día de humillar el hombre su alma; ni, si encorvares, cual círculo tu cuello, y saco y ceniza tendieres debajo; ni así llamaréis el ayuno, acepto. No semejante ayuno yo he elegido, dice el Señor; sino suelta todo lazo de injusticia; disuelve ligaduras de violentos contratos; envía heridos en perdón; y toda escritura injusta desgarra. Parte al hambriento tu pan; y menesterosos vagos introduce en tu casa; si vieres un desnudo, cubre; y a los domésticos de tu simiente no menosprecies. Entonces romperá auroral tu luz; y tus sanidades de pronto brotarán; y andará delante de ti tu justicia; y la gloria de Dios te envolverá; entonces clamarás y Dios te escuchará; aun hablando tú, dirá: «Heme aquí». Si quitares de ti la atadura(a) y estiramiento de mano(b) y palabra de murmuración; y dieres al hambriento el pan con tu alma; y alma humillada hartares; entonces nacerá en las tinieblas tu luz; y tus tinieblas, como mediodía; y será Dios contigo por siempre; y te llenarás según que desea tu alma; y tus huesos se empingüecerán, y serán como huerto embriagado, y como fuente a que no ha faltado agua; y serán edificados tus desiertos eternos; y serán tus fundamentos eternos de generaciones a generaciones, y serás llamado Edificador de cercados, y tus sendas en medio reposarás. Si apartares tu pie de los sábados, para no hacer tu voluntad en el día, el santo, y llamares los sábados deliciosos, santos a Dios, no alzarás tu pie a labor, ni hablarás palabra de ira en tu boca; y estarás confiado en el Señor, y te subirá sobre los bienes de la tierra, y te nutrirá con la heredad de Jacob, tu padre; pues la boca del Señor ha hablado esto. La maldad de Israel impide la misericordia de Dios. El salvador. ¿Acaso no vale la mano del Señor, para salvar? ¿o se ha agravado su oreja, para no escuchar? Empero vuestros pecados separan en medio de vosotros y en medio de Dios; y por vuestros pecados apartó el rostro de vosotros, para no apiadarse. Que vuestras manos, manchadas de sangre, y vuestros dedos, en pecados; y vuestros labios han hablado iniquidad; y vuestra lengua injusticia medita. Nadie habla lo justo; ni hay juicio veraz; confían en lo vano y hablan lo vacío; pues parturen trabajo y paren iniquidad. Huevos de áspides han quebrado(a) y tela de araña tejen; y el que quisiere de sus huevos comer, quebrando uno vano, halló, hasta en él, un basilisco. La tela de ellos no será para vestidura, y no se cubrirán, no, con las obras de ellos; que las obras de ellos, obras de iniquidad; y sus pies a maldad corren, veloces para derramar sangre, y sus pensamientos, pensamientos de homicidios; quebrantamiento y miseria, en sus caminos, y camino de paz no han conocido; y no hay juicio(b) en sus caminos; pues sus sendas, torcidas por las que pasan; y no han conocido paz. Por esto se apartó el juicio de ellos; y no les cogió, no, justicia(c) aguardando luz, viniéronles tinieblas; esperando esplendor, en noche anduvieron. Palparán, como ciegos, pared, y como no teniendo ojos, palparán; caerán al mediodía como a medianoche; como muriendo gemirán; como oso y como paloma juntamente caminarán(d); esperábamos juicio, y no hay; salud lejos se ha retirado de nos. Pues mucha nuestra iniquidad ante ti; y nuestros pecados nos han afrontado; pues nuestras iniquidades en nos; y nuestras injusticias hemos conocido; nos hemos desapiadado y mentido, y apartádonos de en pos de nuestro Dios; hemos hablado lo injusto y desobedecido; parturido y meditado, de nuestros corazones, palabras injustas, y apartádonos de en pos del juicio; y la justicia lejos se ha retirado; porque consumido ha sido en las sendas de ellos la verdad; y por recta no podían pasar. Y la verdad quitada ha sido; y transfirieron su mente del entender; y vio el Señor, y no le plugo; que no había juicio. Y vio, y no había varón; y miró y no había acogedor; y amparóles con su brazo con la misericordia afianzó. Y vistióse justicia como coraza, y púsose morrión de salud en la cabeza; y envolvióse en vestidura de venganza; y su manto como retribuyendo retribución: oprobio a los adversarios. Y temerán los de occidente el nombre del Señor, y los del oriente del sol el nombre, el glorioso; pues llegará, como río violento la ira desde el Señor; llegará con furor. Y llegará por causa de Sión, el que liberta, y apartará impiedades de Jacob. Y éste para ellos el de parte mía testamento, dijo el Señor: el espíritu, el mío, que está en ti, y las palabras que he dado en tu boca, no desfallecerán, no, de tu boca y de la boca de tu simiente; pues dijo el Señor desde ahora y por el siglo. La gloria de la nueva Jerusalén Ilumínate, ilumínate Jerusalén; que ha llegado tu luz, y la gloria del Señor sobre ti ha nacido. He aquí tinieblas cubrirán la tierra; y calígine, sobre gentes; sobre ti, empero, parecerá el Señor, y su gloria sobre ti se verá; y andarán reyes a tu luz, y gentes a tu fulgor. Alza en torno tus ojos y ve congregada tu prole; han llegado todos tus hijos de lejos; y tus hijas en hombros serán llevadas. Entonces verás, y temerás y te extasiarás de corazón, cuando se transfirieren a ti riquezas de mar, y gentes y pueblos. Y te llegarán hatos de camellos, y te cubrirán camellos de Madián y Efá; todos de Sabá llegarán, trayendo oro; y olíbano traerán; y la salud del Señor anunciarán; y todas las ovejas de Cedar serán congregadas; y carneros de Nabayot llegarán y serán ofrecidos aceptos sobre mi altar; y la casa de mi oración será glorificada. ¿Quiénes ésos, como nubes, vuelan, y, como palomas con pollos a mí? A mí las islas aguardaron, y navíos de Tarsis primeramente, a traer tus hijos de lejos y la plata y el oro de ellos con ellos, y por el nombre del Señor, el santo, y porque el santo de Israel glorioso es. Y edificarán alienígenas tus muros, y los reyes de ellos te asistirán; pues, por mi ira, te percutí, y, por misericordia te amé. Y se abrirán tus puertas por siempre; día y noche no se cerrarán, para introducir en ti potencia de gentes y reyes de ellas traídos. Pues las gentes y los reyes los que no te sirvieren perecerán; y las gentes con yermo yermadas serán. Y la gloria del Líbano a ti llegará en ciprés y abeto y cedro juntamente a glorificar el lugar, el santo mío. E irán a ti temerosos hijos de los que te humillaron y te irritaron; y serás llamada Ciudad del Señor, Sión del Santo de Israel; por haber estado tú abandonada y aborrecida; y no había quien auxiliara. Y te pondré por alborozo eterno, alegría de generaciones para generaciones. Y mamarás leche de gentes; y riquezas de reyes comerás; y conocerás que yo, el Señor el que te salva y te libra Dios de Israel. Y, por bronce, te traeré oro; y, por hierro, te traeré plata; y, por leños, te traeré bronce; y, por piedras, hierro. Y daré tus príncipes en paz, y tus inspectores en justicia. Y no se oirá ya agravio en tu tierra, ni quebranto ni miseria en tus confines; sino que serán llamadas Salud(a) tus muros, y tus puertas Escultura(b). Y no será para ti ya el sol para luz de día ni salida de luna, te iluminará la noche; sino será para ti el Señor luz eterna, y Dios, tu gloria. Pues no se pondrá tu sol; y tu luna no desfallecerá; porque será para ti el Señor lumbre sempiterna, y cumpliránse los días de tu luto. Y tu pueblo todo justo, por siglo heredarán la tierra, el que(c) guarda la plantación, obras de sus manos para gloria. El más pequeño será en millares, y el ínfimo, en gente grande; yo, el Señor, a su tiempo los congregaré. El Mesías Espíritu del Señor sobre mí; por lo cual me ha ungido; a evangelizar pobres enviádome, a sanar quebrantados de corazón, a predicar a cautivos perdón, y a ciegos, vista; a proclamar el año del Señor acepto y día de retribución, a consolar todos los llorosos; para que se dé a los llorosos de Sión— a ellos gloria en vez de ceniza, ungüento de alegría a los llorosos, manto de gloria en vez de espíritu de abandono; y serán llamados generaciones de justicia, plantación del Señor en gloria. Y edificarán yermos eternos; yermadas antes suscitarán; y renovarán ciudades yermas, yermadas para generaciones. Y llegarán alienígenas pastoreando tus ovejas, y extraños, aradores y viñadores; y vosotros sacerdotes del Señor seréis llamados, ministros de Dios: fuerza de gentes comeréis; y en las riquezas de ellas se os admirará. Así la tierra segunda vez poseerán, y alegría eterna sobre su cabeza. Que soy el Señor el que amo justicia y aborrece rapiñas de injusticia; y daré el trabajo de ellos a los justos; y pacto eterno pactaré con ellos. Y se conocerá en las gentes la simiente de ellos, y la progenie de ellos en medio de los pueblos, todo el que los viere, los conocerá que éstos son simiente bendecida de Dios, y con alegría se alegrarán en el Señor. Alborócese mi alma en el Señor; pues me vistió ropa de salud y túnica de alegría; como a esposo ciñóme mitra; y como a esposa atavióme con atavío. Y como tierra acreciendo su flor, y como huerto, sus simientes, así brotará el Señor, Señor, justicia y alborozo delante de todas las gentes. La nueva Sión Por Sión no callaré, y por Jerusalén no cesaré, hasta que salga, cual luz, la justicia de ella; y mi salud, cual lámpara, arderá. Y verán las gentes tu justicia; y reyes, tu gloria; y te llamará el nombre, el nuevo que el Señor lo nombrará. Y serás corona de hermosura en mano del Señor, y diadema de reino en mano de tu Dios. Y ya no serás llamada «Abandonada»; y tu tierra no será llamada ya «Desierto»; pues a ti será llamada «Voluntad mía» y a tu tierra «Habitada»; que se ha complacido el Señor en ti, y tu tierra será cohabitada. Y como cohabita jovencillo con doncella, así cohabitarán tus hijos; y será del modo que se alegrará esposo en esposa, así alegraráse el Señor en ti. Y sobre tus muros, Jerusalén, he constituido guardas todo el día y toda la noche, que a la continua no callarán, acordándose del Señor. Pues no hay a vosotros semejante, si(a) se enderezare e hiciere Jerusalén ufanía sobre la tierra. Juró el Señor por su gloria y por la fuerza de su brazo: «¡Si aún daré tu trigo y tus viandas a tus enemigos, y si aún beberán hijos extraños el vino tuyo en que trabajaste!— sino que los que recogieren, lo comerán, y loarán al Señor; y los que recogieren, lo beberán en los atrios, los santos, míos. Id por mis puertas, y vía haced a mi pueblo, y las piedras, de la vía, lanzad; alzad pendón hacia las gentes». Pues he aquí el Señor hizo oíble(b) hasta los confines de la tierra; decid a la hija de Sión: «He aquí tu Salvador ha venido, teniendo el galardón suyo; y la obra de él, ante su faz». Y le llamará Pueblo santo, redimido por el Señor; y no te llamarás Buscada ciudad; y no abandonada. Triunfo del Mesías ¿Quién es ése que ha venido de Edom, rojez de vestiduras, de Bosrá?(a) ¿así hermoso en estola, en fuerza con poder?— «Yo hablo justicia y juicio de salud». ¿Por qué rojas, tus sobrevestes, y tus vestiduras, como de hollado lagar? Lleno de rehollado(b), y de las gentes no hay varón conmigo, y los he rehollado en mi furor, y conculcádolos como tierra y bajado su sangre en tierra. Pues día de retribución llególes, y año de redención se presenta. Y miré, y no había ayudador; y consideré, y nadie acogía; y libróles mi brazo; y mi furor se presentó. Y los conculqué en mi ira, y bajé su sangre en tierra. La misericordia del Señor rememoré, las virtudes del Señor en todo lo que nos retribuye el Señor, juez bueno para con la casa de Israel, tráenos,(c) según su misericordia y según la muchedumbre de su justicia. Y dijo: «¿No, pueblo mío? Hijos, no prevaricarán, no»; e hízose para ellos en salud de toda su tribulación. No legado ni mensajero, sino él mismo les salvó por amarles y perdonarles; él mismo los redimió, y los acogió y los ensalzó todos los días del siglo; ellos, empero, desobedecieron, e irritaron el espíritu, el santo, de él; y convirtióse para ellos en enemistad; él mismo guerreó contra ellos. Y se acordó(d) de los días eternos(e): ¿dónde, el que sacó de la mar al pastor de las ovejas? ¿Dónde está el que puso en ellos el espíritu, el santo? ¿el que sacó con su diestra a Moisés, el brazo de su gloria? —Dominó al agua a faz de él, para hacerse nombre eterno. Llevóles por abismo; cual bridón por desierto; y no se fatigaron; y como ganado por llanura; descendió espíritu de ante el Señor y guióles; así llevaste tu pueblo, para hacerte nombre de gloria. Vuélvete(f), del cielo, y mira, de tu casa, la santa tuya y de tu gloria: ¿dónde está tu celo y tu fuerza? ¿dónde está la muchedumbre de tu misericordia y tus conmiseraciones, porque nos has sufrido? Pues tú eres nuestro padre, porque Abrahán no nos ha conocido(g), e Israel no reconocídonos; sino tú, el Señor, padre de nosotros; líbranos; desde el principio, tu nombre sobre nosotros está. ¿Qué nos extraviaste, Señor, de tu camino? ¿Endureciste nuestros corazones, para que no te temamos? Vuélvete por tus siervos, por las tribus de tu heredad; porque un poco heredemos de tu monte, el santo(h). Hemos sido hechos como lo del principio: cuando no principabas sobre nos ni se invocaba tu nombre sobre nos. Continúa la plegaria del arrepentimiento Si abrieres el cielo, temblor cogerá, de ti, montes; y se derretirán, como cera por fuego se derrite; y abrasará fuego los contrarios, y manifiesto será tu nombre en los contrarios; ante tu faz gentes se turbarán; cuando hicieres lo glorioso; temblor cogerá, de ti, montes. Desde el siglo no hemos oído ni nuestros ojos visto Dios, fuera de ti; y tus obras que harás a los que aguardaren misericordia. Encontrará a los que hacen lo justo, y de tus caminos se acordarán. He aquí tú te has airado, y nosotros pecado; por esto nos hemos extraviado, y héchonos como impuros todos nosotros; como paño de sentada(a), toda nuestra justicia, y nos hemos derribado, cual hojas, por nuestras iniquidades; así el viento nos llevará. Y no hay quien invoque tu nombre, y quien, acordándose, se acoja a ti; pues has apartado tu rostro de nosotros, y entregádonos por nuestros pecados. Y ahora, Señor, padre nuestro, tú; y nosotros, lodo; obras de tus manos todos nosotros. No te encolerices con nos sobremanera; y no, en tiempo(b), recuerdes nuestros pecados; y ahora míranos; que pueblo tuyo, todos nosotros. La ciudad de tu santo ha sido hecha desierta, Sión, como desierto ha sido hecha Jerusalén, en maldición, la casa, el santuario nuestro; y la gloria que bendijeron nuestros padres se ha trocado en quemada; y todo lo glorioso nuestro ha caído a la vez. Y a todo esto te contuviste, Señor, y callaste, y humillástenos sobremanera. Respuesta divina. Vocación de las gentes. Reprobación de Israel; se salvan sus reliquias. Nuevo cielo y nueva tierra. Manifiesto híceme a los que no me interrogaban; hallado fui de los que no me buscaban; dije: «Heme aquí» a la gente que no llamaron mi nombre. Extendí mis manos todo el día a pueblo inobediente y contradiciente, a los que andaban por camino no hermoso, sino tras sus pecados; este pueblo el que me irrita delante de mí por siempre: ellos sacrifican en los huertos; e inciensan sobre los ladrillos a los demonios, que no son; en los monumentos y en las cavernas duermen por los ensueños; los que comen carne porcina y caldo de hostias, mancillados todos los vasos de ellos; los que dicen: «¡Lejos de mí! no te acerques a mí; porque puro soy». Este, humo de mi furor; fuego arde en él todos los días. He aquí escrito está delante de mí: «No callaré, mientras no diere en el seno de ellos, los pecados de ellos y de sus padres», dice el Señor; los que han incensado sobre los montes; y sobre las colinas oprobiádome— retribuiré sus obras en su seno. Así dice el Señor: Al modo que se hallará el grano en el racimo; y dirán: «No le pierdas; pues bendición hay en él», así haré por causa del que me sirve; por causa de éste no destruiré, no, a todos. Y sacaré la, de Jacob, simiente y, de Judá, y heredará el monte, el santo mío; y heredarán mis elegidos y mis siervos, y habitarán allí. Y habrá en la sierra dehesas de greyes, y hondonada de Acor en reposo de vacadas, para mi pueblo que me han buscado. Y vosotros los que me abandonasteis; y olvidáis el monte, el santo, mío, y preparáis al demonio mesa, y llenáis a la Fortuna mixtura; yo os entregaré a cuchilla; todos en degüello caeréis; porque os he llamado y no habéis obedecido; he hablado y habéis desoído, y hecho lo malo delante de mí; y lo que yo no quería, elegido. Por esto, esto dice el Señor: «He aquí los que me sirven, comerán; vos, empero, hambrearéis; he aquí los que me sirven, beberán; vos, empero; sed habréis: he aquí los que me sirven, se alegrarán; vos, empero, seréis avergonzados. he aquí los que me sirven, se alborozarán en alegría, vos, empero, gritaréis por el trabajo del corazón; y, por quebranto de vuestro espíritu, ulularéis. Pues habéis dejado vuestro nombre, para hartura(a), a mis elegidos; pero a vosotros quitará el Señor. Y a los que me sirven llamado será nombre nuevo; que bendecido será sobre la tierra; pues bendecirán al Dios el verdadero; y los que juran sobre la tierra, jurarán al Dios, el vivo. Porque olvidarán la tribulación la primera; y no ascenderá a su corazón. Pues será el cielo nuevo y la tierra nueva; y no recordarán, no, lo primero; ni vendrá, no, a su corazón, no; sino alegría y alborozo hallarán en él; pues he aquí yo hago a Jerusalén alborozo, y a mi pueblo, alegría. Y me alborozaré por Jerusalén, y me alegraré por mi pueblo; y ya no se oirá, no, en ella voz de llanto y voz de clamor; ni se hará, no, allí, no prematuro y anciano que no llene su tiempo; pues será el joven de cien años(b); y el que muere pecador de cien años maldito también será(c). Y edificarán casas, y ellos las habitarán; y plantarán viñas, y ellos comerán los frutos de ellas; y no edificarán, no, y otros habitarán; y no plantarán, no, y otros comerán. Pues, según los días del leño, de la vida serán los días de mi pueblo; pues las labores de sus trabajos envejecerán. Mis elegidos no trabajarán en vano; ni engendrarán para maldición; pues simiente bendita por Dios es, y la prole de ellos con ellos. Y será: antes de clamar ellos, yo les escucharé; aún hablando ellos, diré: «¿Qué es?». Entonces lobos y corderos pacerán juntos; y el león, como buey, comerá pajas; y la serpiente tierra, como pan; no dañarán ni maltratarán sobre el monte, el santo, mío, dice el Señor. (Continuación) Así dice el Señor: «El cielo, mi trono; y la tierra escabel de mis pies; ¿qué casa me edificaréis? ¿y cuál, lugar de mi reposo? Pues todo esto ha hecho mi mano, y es mío todo esto, dice el Señor; ¿y a quién miraré sino al humilde y tranquilo y tembloroso de mis palabras? Pero el inicuo el que inmola becerro, como(a) quien mata can; y el que ofrece harina flor, como sangre porcina; el que da incienso en memorial, como blasfemo. Y ellos eligieron los caminos de ellos; y sus abominaciones su alma quiso; y yo recibiré sus burlas; y los pecados les retribuiré; pues los he llamado, y no me han obedecido; hablado, y no han escuchado, y hecho lo malo delante de mí, y lo que yo no quería, elegido. Oíd palabras del Señor, los temblorosos del habla de él; decid, hermanos nuestros, a los que os odian y abominan; porque el nombre del Señor sea glorificado y se revele en la alegría de ellos; y aquéllos confundidos serán. Voz de clamor de ciudad; voz de templo; voz del Señor retribuyendo retribución a los adversarios. Antes que la parturienta para, antes que venga el trabajo de los dolores puerperales, escapó y parió varón(b). ¿Quién ha oído tal? ¿y quién visto así? ¿si parturió la tierra en día uno, o también nació gente de una vez, porque parió Sión sus párvulos? Pero yo di esta expectación(c); y no te has acordado de mí, dijo el Señor. ¿No yo, he aquí, engendradora y estéril he hecho? dijo tu Dios. Alégrate, Jerusalén, y celebrad en ella todos los que la amáis; gozaos, junto con ella, con gozo, todos, cuantos lloráis sobre ella; para que maméis y os llenéis del pecho de su consolación; para que, después de mamar, os deleitéis en la entrada de su gloria. Porque esto dice el Señor: «He aquí yo me inclino a ellos, como río de paz, y, como torrente, inundando gloria de gentes; los párvulos de ellos sobre hombros serán llevados, y sobre rodillas consolados. Como si a alguno la madre consolare, así también yo os consolaré; y en Jerusalén seréis consolados. Y veréis, y gozará vuestro corazón y vuestros huesos, como hierba, brotarán; y se conocerá la mano del Señor de los que le temen; y amenazará a los desobedientes. Pues he aquí el Señor, como fuego llegará, y, como turbión sus carros, a devolver, en furor, su vindicta y su execración, en llama de fuego. Que en el fuego del Señor juzgada será toda la tierra, y, en su espada, toda carne; muchos heridos habrá por el Señor. Los que se limpian y purifican en los huertos, y en los umbrales comen carne porcina y las abominaciones y la rata, a una consumidos serán, dijo el Señor. Y yo las obras de ellos y el pensamiento de ellos(d) —vengo a congregar todas las gentes y las lenguas, —y llegarán y verán mi gloria. Y dejaré sobre ellos señal; y enviaré de entre ellos salvados a las gentes; a Tarsis(e), y Fud(f), y Lud(g), y Mosoc(h), y a Tobel(i), y a la Hélada y las islas las lejanas; los que no han oído mi nombre, ni visto mi gloria; y anunciarán mi gloria en las gentes. Y llevarán a vuestros hermanos, de entre todas las gentes, dádiva al Señor, con bridones y carros, en vehículos de mulas con sombreadores, a la santa ciudad de Jerusalén, dijo el Señor; como si llevaran los hijos de Israel sus hostias a mí con cantares a la casa del Señor. Y de ellos tomaré sacerdotes y levitas, dijo el Señor. Pues, del modo que el cielo nuevo y la tierra nueva, los que yo hago permanecen a faz mía, en Jerusalén, dice el Señor: así quedará vuestra simiente y vuestro nombre. Y será: mes a mes, y sábado a sábado, vendrá toda carne a adorar a faz mía en Jerusalén, dijo el Señor. Y saldrán y verán los cadáveres de los hombres los que han prevaricado contra mí; pues el gusano de ellos no morirá y el fuego de ellos no se apagará(j), y serán, para vista a toda carne. Vocación del profeta. Guerra contra Judá. La palabra de Dios que fue hecha sobre Jeremías, el de Helcías, de los sacerdotes; que habitaba en Anatot, en tierra de Benjamín; la cual fue hecha palabra de Dios a él, en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año trece de su reinado. Y fue hecha en los días de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el undécimo año de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el cautiverio de Jerusalén, en el quinto mes. Y fue hecha palabra del Señor a él: «Antes de plasmarte yo en el vientre, te conozco, y antes de salir tú de la matriz, te he santificado; profeta para gentes puéstote». Y dije: «El que eres, Dominador, Señor, he aquí no sé hablar, pues jovencillo yo soy». Y díjome Señor: «No digas que «Jovencillo yo soy», porque a todos los que te enviare, irás; y, según todo cuanto te mandare, hablarás. No temas a faz de ellos; que contigo yo soy, para librarte, dice el Señor. Y extendió el Señor su mano a mí y tocó mi boca y díjome el Señor: «He aquí he dado mis palabras en tu boca. He aquí te he constituido hoy sobre gentes y reinos, para desarraigar, y socavar, y perder, y reedificar y plantar». Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «¿Qué tú ves?» Y dije: «Báculo nogaleño»(a). Y díjome el Señor: «Bellamente has visto, por cuanto velo yo sobre mis palabras para hacerlas». Y fue hecha palabra del Señor a mí, segunda vez; diciendo: «¿Qué tú ves?». Y dije: «Olla encendida, y su faz de faz del aquilón». Y díjome el Señor: «De faz del aquilón será quemado lo malo sobre todos los que habitan la tierra. Por cuanto he aquí yo convoco todos los reinos desde el septentrión de la tierra, dice el Señor; y llegarán y pondrán cada uno su trono sobre los atrios de las puertas de Jerusalén, y sobre todos los muros, en contorno de ella, y sobre todas las ciudades de Judá. Y hablaré a ellos, con juicio, acerca de toda la maldad de ellos: como me abandonaron y sacrificaron a dioses extraños, y adoraron las obras de sus manos. Y tú ciñe tu lomo, y levántate, y di todo cuanto te mandare; no temas a faz de ellos, ni te aterres delante de ellos; que contigo soy, para librarte, dice el Señor. He aquí te he puesto, en el día de hoy, como ciudad fortificada y como muro broncíneo, fortificado, a todos los reyes de Judá y a los príncipes de él y al pueblo de la tierra; y guerrearán contra ti, y no podrán, no, contra ti; por cuanto contigo yo soy, para librarte, dijo el Señor. Ingratitud de Israel (a) Y dijo: Esto dice el Señor: «He recordado la misericordia de tu adolescencia y el amor de tu perfeccionamiento, al seguir tú al santo de Israel, dice el Señor. Santo, Israel al Señor, principio de los frutos de él(b); todos los que comen, prevaricarán; males vendrán sobre ellos, dice el Señor. Oíd palabra del Señor, casa de Jacob y toda familia de casa de Israel. Esto dice el Señor: «¿Cuál hallaron vuestros padres en mí prevaricación, que se apartaron lejos de mí y anduvieron tras los vanos(c) y se envanecieron? Y no dijeron: «¿Dónde está el Señor, el que nos sacó de tierra de Egipto, el que nos condujo en el desierto, en tierra desconocida e intransitable; en tierra inacuosa e infructuosa; en tierra en que no caminó —en ella, nada y no habitó hombre allí?». Y os llevé al Carmelo para que comieseis los frutos de él y los bienes de él; y entrasteis y mancillasteis la tierra mía; y la heredad mía pusisteis en abominación. Los sacerdotes no dijeron: «¿Dónde está el Señor?» Y los que tenían la ley, no me creían; y los pastores despiadábanse contra mí; y los profetas profetizaban a la Baal(d) y en pos de inútiles(e) anduvieron. Por esto aún juzgaré contra vosotros; y contra los hijos de vuestros hijos juzgaré. Por esto id a islas de Cetim(f) y ved; y a Cedar(g) enviad y considerad muy mucho, y ved si ha acontecido cosa semejante: si han cambiado gentes los dioses de ellas; y ésos no son dioses; pero mi pueblo ha cambiado la gloria(h) de él; con lo cual no aprovecharán. Asombróse el cielo de esto y se horrorizó muy mucho, sobremanera, dice el Señor; porque dos cosas y malas ha hecho mi pueblo: a mí han abandonado, fuente de agua viva, y cavádose cisternas rotas, que no podrán agua contener. ¿Acaso siervo es Israel o vernáculo es? ¿Por qué en presa ha sido hecho? Sobre él rugieron leones y dieron su voz, los que pusieron su tierra en yermo; y sus ciudades socavadas fueron; a más de no habitarse. E hijo de Menfis y Tafnes te conocieron y escarneciéronte; ¿acaso no te ha hecho esto, el haber abandonado tú a mí? dice el Señor, tu Dios. Y ahora ¿qué a ti y al camino de Egipto, para beber agua de Gedeón(i)? y ¿qué a ti y al camino de Asiria para beber agua de ríos? Te castigará tu apostasía; y tu maldad te increpará; y sábete y ve que, amargo para ti, el haber abandonado tú a mí, dice el Señor, tu Dios; y no me he complacido en ti, dice el Señor, tu Dios. Porque, desde el siglo, quebrantaste tu yugo; rompiste tus ataduras y dijiste: «No te serviré; mas iré a toda colina excelsa, y, bajo todo leño sombroso, allí me disolveré en mi prostitución». Yo, empero, te planté vid fructífera toda verdadera: ¿cómo te has convertido en amargura, la vid la ajena? Si te lavares en lejía y te multiplicares hierba, manchada estás en tus injusticias delante de mí, dice el Señor. ¿Cómo dirás: «No me he mancillado y tras la Baal no he andado? Ve tus sendas en la común tumba(j) y sábete lo que has hecho. A la tarde, la voz de ella ululó, sus caminos dilató sobre aguas de desierto(k); en las ansias de su alma, fue de viento arrebatada, entregada: ¿quién la volverá? Todos los que la buscan, no trabajarán: en su bajeza la hallarán(l). Aparta tu pie, de camino áspero, y tu garganta de sed. Ella, empero, dijo: «Heme de envalentonar»; porque está amando extraños; y en pos de ellos andaba. Así como vergüenza del ladrón, cuando fuere cogido; así se avergonzarán los hijos de Israel; ellos y sus reyes, y sus príncipes, y sus sacerdotes y sus profetas. Al leño dijeron que: «Padre mío eres tú»; y a la piedra: «Tú me has engendrado»; y me volvieron las espaldas, y no sus rostros; y en el tiempo de sus males dirán: «Levántate y sálvanos». ¿Y dónde están tus dioses que te has hecho? ¡Si se levantarán y salvarán en tiempo de tu malandanza! Porque, según número de tus ciudades, eran tus dioses, Judá; y, según número de las vías de Jerusalén, incensaban a la Baal. ¿A qué me habláis? Todos vosotros habéis despiadado, y todos vosotros prevaricado contra mí, dice el Señor. En vano he percutido a vuestros hijos: disciplina no recibisteis; cuchilla devoró a vuestros profetas, como león exterminador, y no temisteis. Oíd palabra del Señor: «Esto dice el Señor»: ¿Acaso desierto he sido hecho para Israel o tierra devastada? ¿Por qué dijo mi pueblo: «No nos someteremos, y no vendremos a ti, ya?». ¿Acaso olvidará esposa, su ornato, y virgen su pectoral? Pero mi pueblo me ha olvidado días de que no hay número. ¿Qué ya bello procurarás en tus caminos de buscar amor?(m) No así; sino que también tú has prevaricado, manchando(n) tus caminos; y en tus manos halláronse sangres de almas inocentes; no en fosos(o) los he hallado, sino en toda encina. Y dijiste: «Inocente soy; empero apártese su furor de mí». He aquí yo juzgaré contra ti, por decir tú: «No he pecado»; pues has menospreciado muy mucho segundando tus vías. Y por Egipto serás confundida, así como fuiste confundida por Asur; Pues también de allí saldrás, y tus manos, sobre tu cabeza; que desechó el Señor tu esperanza; y no medrarás en ella. Arrepiéntase Israel. Reuniráse con Judá. Gloria de Jerusalén. «Si repudiare un varón a su mujer; y se apartare ella de él y fuere de otro varón, ¿acaso, volviendo, volverá a él ya? ¿No manchada, se manchará aquella mujer? Y tú te has constuprado en pastores muchos, ¿y volvías a mí? dice el Señor. Levanta a rectitud tus ojos, y ve donde no te revolviste. Sobre los caminos te les sentabas, tal como cuervo solitario, y contaminaste la tierra en tus prostituciones y en tus maldades; y tuviste pastores muchos en tropiezo a ti(a): cara de prostituta fue hecha la tuya; te desvergonzaste para con todos. ¿No cual casa me llamaste y padre y guía de tu doncellez? ¿Acaso permanecerá(b) por el siglo, o reservada será al triunfo(c). He aquí hablaste e hiciste esto malo y pudiste». Y dijo el Señor a mí en los días de Josías, el rey: «¿Has visto lo que me ha hecho la casa de Israel? Han ido a todo monte alto y bajo todo leño frondoso; y fornicado allí. Y dije, después de fornicar ella todo esto: «A mí vuélvete»; y no se volvió; y vio la deslealtad de ella la desleal Judá. Y vi que, por todo lo que también vi; por todo lo que fue sorprendida, en lo que fornicó la casa de Israel y la repudié y di libelo de repudio en sus manos; y no temió la desleal Judá, y fue y fornicó también ella. y se convirtió en nada su fornicación, y fornicó con el leño y la piedra. Y en todo esto no se volvió a mí la desleal Judá de todo su corazón, sino en mentira». Y díjome el Señor: «Ha justificado su alma Israel, más que la desleal Judá. Ve y lee estas palabras al septentrión, y dirás: «Vuélvete a mí, la casa de Israel, dice el Señor; y no afianzaré mi rostro sobre vosotros; que misericordioso yo soy, dice el Señor, y no me airaré contra vosotros por el siglo. Empero conoce tu injusticia, que contra el Señor, tu Dios, te has desapiadado y dispersado tus caminos a extraños debajo de todo leño frondoso, y mi voz no has escuchado, dice el Señor. Volveos, hijos separados, dice el Señor, por cuanto yo me enseñorearé de vos, y os tomaré uno de ciudad y dos de familia, y os introduciré en Sión; y os daré pastores, según mi corazón y os pastorearán, pastoreando con saber. Y será: si(d) os multiplicareis y acrecentareis sobre la tierra, en aquellos días, dice el Señor, no dirán ya: «¡Arca de alianza del Santo de Israel!», ni ascenderá(e) a corazón; no será nombrada ni visitada; y no será hecha ya. En aquellos días y en aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono del Señor; y serán congregadas todas las gentes en ella, y no irán ya en pos de los deseos de su corazón, el malo. En aquellos días se juntarán la casa de Judá a la casa de Israel, y llegarán a una, de tierra de septentrión y de todas las regiones a la tierra que legué a sus padres». Y yo dije: «Hágase Señor». Porque(f) te pondré en hijos, y te daré tierra escogida, heredad del Dios todopoderoso de gentes; y dije: «Padre me llamaréis; y de mí no os apartaréis. Empero, como desprecia una mujer al que está con ella, así me despreció la casa de Israel, dice el Señor. Voz de labios escuchóse de llanto y súplica de hijos de Israel, porque agraviaron en sus caminos; olvidáronse de Dios, el Santo de ellos. Volveos, hijos, volviendo, y sanaré vuestros quebrantos». —«He aquí siervos nosotros te seremos; pues tú, Señor, Dios nuestro eres. Verdaderamente en mentira eran los collados y la virtud de los montes; empero por el Señor, nuestro Dios, la salvación de Israel. Pero la confusión consumió los trabajos de nuestros padres, desde nuestra juventud, sus ovejas, y sus becerros; y sus hijos y sus hijas. Hemos dormido en nuestra confusión y nos ha cubierto nuestra deshonra, por cuanto, delante de nuestro Dios, hemos pecado nosotros y nuestros padres, de nuestra juventud hasta este día, y no hemos obedecido la voz del Señor, nuestro Dios. (Continuación) Ruina y treno Si se convirtiere Israel, dice el Señor, a mí, será convertido(a); y, si quitare sus abominaciones, de su boca, y temiere a mi rostro; y jurare: «¡Vive el Señor(b)!», con verdad, en juicio y en justicia; bendecirán en él las gentes; y en él loarán a Dios en Jerusalén. Que esto dice el Señor a los varones de Judá y a los habitantes de Jerusalén: «Innovaos novales, y no sembréis entre espinas. Circuncidaos para vuestro Dios, y circuncidaos vuestra dureza de corazón, varones de Judá y los habitantes de Jerusalén para que no salga, como fuego, su furor; y se inflamará, y no habrá quien apague, a faz de maldad de vuestros cuidados. Anunciad en Judá, y óigase en Jerusalén; decid, señalad sobre la tierra con trompeta, vociferad grandemente, decid: «Congregaos, y entremos en las ciudades, las muradas; alzando, huid a Sión; apresuraos, no os detengáis, porque males yo traigo, del septentrión y quebranto grande. Subió león(c) de su madriguera; exterminando gentes, se levantó, y salió de su lugar a poner la tierra en soledad; y ciudades serán arrasadas, por no habitárselas. Por esto ceñíos sacos, y plañid y ululad, por cuanto no se ha apartado el furor del Señor, de vosotros. Y será en aquel día, dice el Señor: perecerá el corazón del rey y el corazón de los príncipes; y los sacerdotes se pasmarán, y los profetas maravilláranse. y, dije: «Oh dominador Señor, ¿conque, engañando has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: «Paz habrá»(d); y he aquí ha penetrado la cuchilla hasta el alma de ellos? En aquel tiempo dirán a este pueblo, y a Jerusalén: «Ráfaga(e) de extravío, en el desierto, camino de la hija de mi pueblo, no a lo puro, ni a lo santo. Ráfaga de llanura me llegará: y ahora yo hablo juicios a ellos. He aquí, como nube, ascenderá; y, como torbellino, sus carros; más ligeros que águilas, sus bridones: ¡ay de nosotros porque infortunamos! Lava de maldad tu corazón, Jerusalén, porque salves. ¿Hasta cuándo subsisten en ti pensamientos de tus trabajos(f)? Porque voz de anunciante, de Dan, llegará; y será oído trabajo, desde el monte de Efraín. Avisad a las gentes: he aquí han llegado; anunciad en Jerusalén: «Turbas vienen de tierra lejana, y han dado sobre las ciudades de Judá su voz; como guardando campo, han sido hechos sobre ella en contorno; porque me desatendiste, dice el Señor. Tus vías y tus cuidados te han hecho esto; ésta, tu maldad, porque amarga, porque ha penetrado hasta tu corazón. Mi vientre, mi vientre me duele y los sentires de mi corazón; agítase mi alma; se dilacera mi corazón: no callaré; porque voz de trompeta ha oído mi alma, grita de guerra. Y miseria quebrantada, él llama; pues se ha enmiseriado toda la tierra; de súbito se ha enmiseriado el pabellón, desgarrádose mis pieles. ¿Hasta cuándo veré fugitivos, oyendo yo voz de trompetas? Porque los príncipes de mi pueblo no me han conocido; hijos insensatos son, y no cuerdos; sabios son para mal hacer; y bien hacer no han conocido. Miré sobre la tierra; y he aquí nada; y al cielo, y no eran las luces de él. Vi los montes, y estaban temblando, y todas las colinas perturbadas. Miré en torno, y he aquí no había hombre; y todos los volátiles del cielo se habían espantado. Vi, y he aquí el Carmelo, desierto, y todas las ciudades abrasadas ante la faz del Señor; y ante la faz de ira de su furor, habían desaparecido. Esto dice el Señor: «Desierto será toda la tierra; pero consumación no haré, no. Por estas cosas plaña la tierra; y entenebrézcase al par el cielo de arriba; porque he hablado y no me pesará; me he lanzado y no me volveré de ella». Ante voz de cabalgador y tendido arco retrocedió toda región; metiéronse en las cavernas, y en las selvas se ocultaron; y a las peñas ascendieron; toda ciudad fue abandonada; no habitaba en ellas hombre. Y tú, ¿qué harás, si te has envuelto en escarlata, y ornádote en ornato áureo; si ungido con antimonio los ojos? En vano, tu hermosura; te han arrojado tus amadores; tu alma buscan. Porque voz como de parturienta oí de tu gemido, como de primeriza; voz de hija de Sión: desmayará y tenderá sus manos: «¡Ay de mí, que desfallece mi alma por los occisos!». Corrupción de Jerusalén. Amenaza del castigo. Recorred las calles de Jerusalén, y ved, y conoced y buscad en las plazas de ella: si hallareis, si hay quien haga juicio y busque fe, y propicio os seré, dice el Señor. «¡Vive el Señor!» dicen; por esto ¿no en mentiras juran? Señor, tus ojos, en fe; les has flagelado, y no se dolieron; consumádoles, y no han querido recibir corrección, afirmaron sus rostros sobre piedra, y no se quisieron volver. Y yo dije: «Acaso indigentes son, porque no han podido; que no han conocido camino del Señor y juicio de Dios; iré a los poderosos y les hablaré; porque ellos conocen el camino del Señor y el juicio de Dios»; y he aquí unánimemente quebrantaron yugo, destrozaron ataduras. Por esto los ha herido león, de la sierra; y lobo, hasta las casas, los exterminó; y pantera ha velado sobre sus ciudades: todos los que salen de ellas, serán cogidos; pues llenaron sus impiedades; prevalecieron en sus apostasías. ¿Por cuál de ellas propicio me haré a ti? Tus hijos me han abandonado, y juraban en los que no son dioses; y los harté, y fornicaban, y en casas de rameras paraban. Potros hipómanos se hicieron; cada cual sobre la mujer de su prójimo relinchaba. ¿Acaso sobre esto no visitaré? dice el Señor; ¿o en gente tal no vindicará mi alma? Subid sobre las almenas de ella, y socavad; pero consumación no hagáis; dejad los sostenes de ella, porque del Señor son. Porque despreciando, me despreció, dice el Señor, la casa de Israel; y la casa de Judá mintió a su Señor, y dijeron: «No hay tal; no vendrán sobre nosotros males; y cuchilla y hambre no veremos; nuestros profetas fueron a viento; y palabra del Señor no había en ellos; así les irá; por esto, esto dice el Señor omnipotente: «Por cuanto habéis hablado esta palabra, he aquí yo he dado mis palabras en boca tuya fuego, y este pueblo, leña, y los devorará. He aquí yo traigo sobre vos una gente de lejos, casa de Israel, dice el Señor; gente de que no oirás la voz de la lengua de ellos; todos fuertes, y devorarán vuestra mies. y vuestros panes; y, devorarán vuestros hijos y vuestras hijas; y devorarán vuestras ovejas y vuestros becerros; y devorarán vuestras viñas y vuestros higuerales y vuestros olivares; y triturarán las ciudades, las ciudades, las fortificadas vuestras, en las que vos confiabais, en ellas, espada. Y será en aquellos días, dice el Señor, tu Dios: no os haré, no, en consumación. Y será cuando digáis: «¿Por causa de qué nos ha hecho el Señor, nuestro Dios, todo esto?». Y les dirás: «Por lo que servisteis a dioses extraños en vuestra tierra; así serviréis a extraños en tierra no vuestra». Anunciad esto a la casa de Jacob, y óigase en Judá. Oíd ahora esto, pueblo fatuo y desacordado; ojos tienen, y no ven; orejas tienen, y no oyen. ¿Acaso a mí no temeréis? dice el Señor; o a faz mía no respetaréis? al que dispuso arena confín al mar, precepto sempiterno; y no lo traspasará; y se turbará, y no podrá, y retronarán sus olas, y no lo traspasarán. Pero a este pueblo se le volvió el corazón inoyente e inobediente, y declinaron y apartáronse: Y no dijeron en su corazón: «Temamos ya al Señor, nuestro Dios, al que nos da lluvia temprana y tardía, según tiempo de cumplimiento de precepto de mies, y ha guardado para nosotros. Vuestras iniquidades han apartado esto; y vuestros pecados separado los bienes de vos. Porque se hallaron en mi pueblo impíos; y lazos tendieron para perder varones; y cogieron. Como lazo sobrentendido, lleno de volátiles; así las casas de ellos llenas de dolo; por esto se engrandecieron y enriquecieron; y transgredieron juicio; no juzgaron juicio de huérfano; y juicio de viuda no juzgaron. ¿Acaso sobre esto no visitaré? dice el Señor; ¿o en gente tal no vindicará mi alma? Espanto y cosas horrendas se han hecho sobre la tierra. Los profetas profetizan cosas injustas; y los sacerdotes palmotean con sus manos; y mi pueblo amó así; y ¿qué haréis después de esto? Devastación por los caldeos Esforzaos, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén; y en Tecua señalad con trompeta; y sobre Betacarem alzad enseña; pues males se han asomado, de septentrión; y quebranto grande se hace; y quitada será tu celsitud, hija de Sión. A ella vendrán pastores(a) y los rebaños de ellos, y clavarán sobre ella tiendas en contorno; y pastorearán cada uno con su mano. «Preparaos sobre ella en guerra, alzaos y subamos a ella a mediodía; ¡ay de nosotros que ha declinado el día, que desfallecen las sombras del día! Alzaos, y subamos a ella de noche, y deshagamos los cimientos de ella». Porque esto dice el Señor: «Corta, tú, los leños de ella; derrama sobre Jerusalén poderío; ¡oh ciudad mendaz, toda opresión en ella! Como enfría cisterna agua; así enfría maldad de ella; impiedad y miseria se oirá en ella sobre su faz de continuo. Con trabajo y flagelo corregida serás, Jerusalén; para que no se aparte mi alma de ti, para no hacerte intransitable tierra que no se ha habitado». Porque esto dice el Señor: Rastrojead, rastrojead, como vid, las reliquias de Israel; volved, como el vendimiador, a su cesta(b). ¿A quién hablaré y conjuraré; y escuchará? He aquí, incircuncisas las orejas de ellos, y no podrán oír; he aquí la palabra del Señor se les ha hecho en oprobio: no la querrán, no. Y mi furor he llenado, y he sufrido y no los he acabado; derramaré(c) sobre pequeñuelos, desde fuera, sobre congregación de jovencillos a la vez; porque varón y mujer al par serán cogidos, anciano con el lleno de días; y pasarán sus casas a otros; sus campos y mujeres juntamente; porque extenderé mi mano sobre los habitantes de esta tierra, dice el Señor. Porque, de pequeño de ellos y hasta grande, todos han consumado lo inicuo; de sacerdote a pseudoprofeta, todos han hecho mentiras. Y curaban el quebranto de mi pueblo, menospreciando y diciendo: «Paz, paz»; y ¿dónde está la paz? Confundidos fueron, por haber desfallecido; y, no como los que son confundidos, confundidos fueron, y su deshonra no conocieron; por esto caerán en la caída de ellos, y, en tiempo de visitación, perecerán, dijo el Señor. Esto dice el Señor: «Poneos sobre los caminos, y ved y preguntad las sendas del Señor eternas; y ved cuál es el camino, el bueno, y andad en él, y hallaréis purificación para vuestras almas»; y dijeron: «No iremos». He puesto sobre vosotros atalayas; oíd la voz de la trompeta». Y dijeron: «No oiremos». Por esto oyeron las gentes, y los pastoreadores de las greyes de ellas. Oye, tierra: he aquí yo traigo sobre este pueblo males, el fruto del apartamiento de ellos; pues a mis palabras no atendieron, y mi ley desecharon. ¿A qué a mí incienso de Sabá traéis y cinamomo de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptos; y vuestras hostias no me han agradado. Por esto dice el Señor: «He aquí yo doy sobre este pueblo enfermedad, y enfermarán padres e hijos a la vez, vecino y su prójimo perecerán». Esto dice el Señor: «He aquí un pueblo viene del septentrión; y gentes se levantarán de confín de la tierra; arco y dardo tendrán; osado es, y no se apiadará; su voz como mar undoso; en caballos y carros se ordena, como fuego, en guerra contra ti, hija de Sión. Hemos oído la oída de ellos, desfallecieron nuestras manos; tribulación nos cogió, congojas como de parturienta. No salgáis a campo, y en los caminos no andéis; que espada de los enemigos habita en contorno. Hija de mi pueblo, cíñete saco; espolvoréate en ceniza; luto de amado hazte, plañido lastimero; pues súbitamente vendrá miseria sobre vosotros. Probador te he dado en pueblos probados, y me conocerás en probar yo el camino de ellos; todos inobedientes, caminando torcidamente; bronce y fierro, todos corrompidos están. Desfalleció el fuelle de ante el fuego; desfalleció el plomo; en vano el plateador platea; la maldad de ellos no se derritió. Plata reprobada llamadles; que les reprobó el Señor. Sacrificios, sin virtud, no aplacan a Dios. (a) Oíd palabra del Señor, toda la Judea. Esto dice el Señor, el Dios de Israel: Enderezad vuestros caminos y vuestros cuidados; y os estableceré en este lugar. No confiéis en vos, en palabras mentidas, pues en ninguna manera os aprovecharán, diciendo: «Templo del Señor, templo del Señor es». Porque, si, enderezando, enderezareis vuestros caminos y vuestros cuidados, y, haciendo, hiciereis juicio en medio de varón y en medio de su prójimo; y prosélito y huérfano y viuda no señoreareis; y sangre inocente no derramareis en este lugar; y en pos de dioses extraños no anduviereis para mal a vosotros; os estableceré en este lugar en tierra que di a vuestros padres por siglo y hasta siglo. Pero si vos confiareis en palabras mentidas por donde no aprovecharéis; y matareis y adulterareis y hurtareis y jurareis en injusto; e incensareis a la Baal y anduviereis en pos de dioses extraños que no habéis conocido, para que mal os esté; y vinisteis y estuvisteis delante de mí en la casa en que está invocado mi nombre, en ella, y dijisteis: «Nos abstuvimos de hacer todas estas abominaciones». ¿Acaso cueva de ladrones, mi casa, donde está invocado mi nombre en ella, allí, a faz de vosotros? Y yo he aquí he visto, dice el Señor. Porque fuisteis a mi lugar, el de Silo; donde empabelloné mi nombre, allí, antes; y ved lo que le he hecho a faz de maldad de mi pueblo de Israel. Y ahora, por cuanto habéis hecho todas estas obras, y os he hablado, y no me habéis escuchado; y os he llamado, y no habéis respondido; haré a la casa en que está invocado mi nombre, en ella, en que vos confiabais, en ella; y al lugar que di a vos y a vuestros padres; según hice a Silo. Y os arrojaré de mi rostro; según arrojé a vuestros hermanos, toda la simiente de Efraín. Y tú no ores por este pueblo, y no pidas que me apiade de ellos; y no ores y no te acerques a mí por ellos, pues no escucharé. ¿O no ves qué ellos hacen en las ciudades de Judá y en los caminos de Jerusalén? Los hijos de ellos recogen leña; y los padres de ellos encienden fuego, y las mujeres de ellos soban masa para hacer tortas a la milicia del cielo; y liban libaciones a dioses ajenos, para airarme. ¿Acaso ellos no me aíran? dice el Señor: ¿Acaso no a sí mismos para que sean confundidos sus rostros? Por esto, esto dice el Señor: «He aquí que mi ira y furor se derrama sobre este lugar, y sobre los hombres, y sobre los ganados, y sobre todo leño del campo de ellos, y sobre los gérmenes de la tierra; y se encenderá y no se extinguirá». Esto dice el Señor: «Vuestros holocaustos juntad con vuestras hostias, y comed carnes. Porque no he hablado a vuestros padres y no les he mandado en día que les saqué de tierra de Egipto, acerca de los holocaustos y hostias; sino que esta palabra les mandé, diciendo: «Oíd mi voz y seréos en Dios y vosotros me seréis en pueblo, y andaréis en todos mis caminos que os mandare, para que bien os vaya. Y no me oyeron, y no atendió su oreja, sino anduvieron con los deseos de su corazón, el malo, y volviéronse hacia atrás, y no hacia adelante, desde el día que salieron sus padres de tierra de Egipto y hasta este día. Y os envié todos mis siervos, los profetas, de día y alba; y envié, y no me escucharon y no prestaron su oreja y endurecieron su cerviz sobre sus padres. --(b) Y les dirás esta palabra: «Esta, la gente que no escuchó la voz del Señor, ni admitió corrección; desfalleció la fe, de boca de ellos». Rae tu cabeza(c), y lanza lejos, y toma en labios lamentación; pues probó el Señor y desechó la generación, la que hace esto. Porque hicieron los hijos de Judá lo malo delante de mí, dice el Señor; pusieron las abominaciones de ellos en la casa donde invocado está mi nombre, sobre ella, para mancillarla; y edificaron el ara de Tofet; que está en valle de hijo de Ennom, para quemar sus hijos y sus hijas en fuego; lo que no les mandé, ni pensé en mi corazón. Por esto he aquí días vienen, dice el Señor, y no dirán ya: «Ara de Tofet y valle de hijo de Ennom»; sino «El valle de los occisos»; y sepultarán en Tofet, por no haber lugar; y serán los muertos de este pueblo en presa a los volátiles del cielo y a las fieras de la tierra; y no habrá quien espante. Y disiparé, de ciudad de Judá y de vías de Jerusalén, voz de alegres y voz de gozosos, voz de esposo y voz de esposa, que en desolación será toda la tierra. Profanación de las tumbas. Impenitencia. Los caldeos y la destrucción de Jerusalén. En aquel tiempo, dice el Señor, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, los huesos de los habitantes de Jerusalén, de sus sepulcros; y los refrigerarán al sol y la luna, y a todos los astros, y a toda la milicia del cielo; los que amaron, y a los que sirvieron y de los cuales anduvieron en pos, de ellos, y a los que adhirieron y a los que adoraron, a ellos, no serán plañidos, y no serán sepultados; y serán en ejemplo sobre haz de la tierra; pues eligieron(a) la muerte que(b) la vida y también a todos los restantes los que restaren de aquella generación, en todo lugar a donde los hubiere yo expulsado, allí. Porque esto dice el Señor: «¿Acaso el que cae, no se levanta? o el que se segrega, ¿no se congregará? ¿Por qué se separó, este mi pueblo, con separación desvergonzada; y se obstinaron en su determinación y no quisieron volver? Escuchad ahora y oíd ¿no así hablarán: «No hay hombre que se arrepienta de su maldad, diciendo: «¿Qué he hecho? Desmayó el corredor de su carrera, como bridón sudoroso en su relincho. Y la cigüeña en el cielo ha conocido su tiempo; tórtola y golondrina de campo, gorriones han guardado tiempos de sus entradas; pero mi pueblo no ha conocido los juicios del Señor. ¿Cómo diréis que: «Sabios somos nosotros, y la ley del Señor está con nosotros?» En vano se ha hecho junco mendaz a los escribas(c). Avergonzáronse sabios, y ocultáronse y prendidos fueron; porque la ley del Señor reprobaron; ¿sabiduría cuál hay en ellos? Por esto daré las mujeres de ellos a otros, y los campos de ellos a los herederos [porque, de pequeño a grande todos en pos de avaricia corren; y de profeta a sacerdote hacen embuste. Y sanaban quebranto de hija de mi pueblo, para ignominia, diciendo: «Paz, paz», y no había paz. Avergonzados han sido; porque abominación hicieron, y, con vergüenza, no se avergonzaron, y avergonzarse no supieron; por esto caerán, cayendo; en tiempo de su visitación caerán, dice el Señor](d). Y recogerán sus frutos, dice el Señor; no hay uva en las vides; y no hay higos en las higueras; y las hojas cayeron. «¿A qué nosotros estamos sentados? Congregaos y entremos en las ciudades las fortificadas; y arrójesenos allá; porque Dios nos ha arrojado y nos ha abrevado con agua de hiel; pues hemos pecado delante de él. Congregádonos hemos a paz; y no había bienes; a tiempo de cura, y he aquí agitación. Desde Dan oiremos la voz de agudeza de los caballos de él(e), de voz de relincho de caballería de caballos de él se estremeció toda la tierra; y llegará y devorará(f) la tierra y su plenitud, ciudad y sus habitantes». Por esto he aquí yo envío a vos sierpes matadoras; que no hay cómo encantar; y os morderán insanablemente, con dolor de vuestro corazón desfalleciente. He aquí voz de grita de hija de mi pueblo, desde tierra lejana: «¿Acaso el Señor no está en Sión? ¿O rey no hay allí?» ¿Por qué me han airado en sus esculturas y en vanidades ajenas? Ha pasado estío, transcurrido siega, y nosotros no hemos salvado. Sobre quebranto de hija de mi pueblo heme entenebrecido; con aflicción apoderáronse de mí angustias, como de parturienta. ¿Acaso resina no hay en Galaad? ¿o médico no hay allí? ¿Por qué no ha surgido cura de hija de mi pueblo? Maldad de Judá y su castigo ¿Quién dará a mi cabeza agua, y a mis ojos manantial de lágrimas; y lloraré a este mi pueblo día y noche: a los heridos de hija de mi pueblo? ¿Quién me diera en el desierto la cabaña última, y abandonaré a mi pueblo y me retiraré de ellos? Porque todos adulteran, asamblea de prevaricadores; y tendieron su lengua, como arco; mentira, y no fe, ha prevalecido sobre la tierra; que, de males en males han salido, y a mí no han conocido. Cada cual de su prójimo guardaos, y de sus hermanos no os fiéis(a); pues todo hermano, con suplantación suplantará; y todo amigo engañosamente andará. Cada cual contra su amigo se mofará; verdad no hablarán, no: ha aprendido su lengua a hablar embustes; han agraviado y no dejado de tornar(b) Usura sobre usura, y engaño sobre engaño; no han querido saber de mí. Por esto dice el Señor: «He aquí los quemaré y probaré; porque haré(c) a faz de maldad de hija de mi pueblo. Dardo hiriente, la lengua de ellos; engañosas, las palabras de su boca; a su prójimo habla pacífico, y dentro de sí tiene enemistad. ¿Acaso sobre estas cosas no visitaré? dice el Señor; ¿o en este pueblo no vindicará mi alma? Sobre los montes coged llanto; y sobre las sendas del desierto, lamentación; pues desfallecieron, que no hay hombres; no oyeron voz de haber(d); desde volátiles del cielo y hasta bestias, espantáronse, fuéronse. Y daré a Jerusalén en transmigración y en morada de dragones; y las ciudades de Judá en desaparecimiento pondré, que no se habiten. ¿Quién el hombre, el entendido, y entienda esto? y ¿a quién, palabra de boca del Señor(e), a él, anúncieos porqué ha perecido la tierra; quemada fue como desierto, que nadie anda por ella? Y me dijo el Señor a mí; por haber ellos abandonado mi ley que di a faz de ellos; y no haber escuchado mi voz, sino haber andado en pos de los placeres de su corazón, el malo; y en pos de los ídolos que les enseñaron sus padres. Por esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He aquí yo los sustentaré con angustias y los abrevaré con agua de hiel; y los dispersaré en las gentes, las que no conocían ellos y sus padres; y traeré sobre ellos la cuchilla, hasta que sean consumidos en ella. Esto dice el Señor: Llamad las lamentadoras, y vengan, y cerca de las sabias enviad; y entonen, y cojan sobre vos treno; y derramen vuestros ojos lágrimas, y vuestros párpados viertan agua; que voz de lamento se ha oído en Sión: «¡Cómo se nos ha infortunado, avergonzado sobremanera, pues hemos abandonado la tierra y lanzado nuestras tiendas! Oíd ahora, mujeres(f), palabra de Dios, y reciban vuestras orejas palabras de su boca; y enseñad a vuestras hijas lamento, y una mujer a su prójima treno. Porque ha ascendido muerte por vuestras ventanas, entrado en vuestra tierra, a perder vuestros párvulos afuera, y vuestros jovencillos, de las calles; y serán los muertos de los hombres en ejemplo sobre haz de la llanura de vuestra tierra, como hierba tras el segador; y no habrá quien recoja. Esto dice el Señor: «No se gloríe el sabio en su sabiduría; y no se gloríe el fuerte en su fuerza; y no se gloríe el rico en su riqueza; sino en esto gloríese el que se gloría: entender y conocer que yo soy el Señor, que hago misericordia, y juicio y justicia sobre la tierra; porque en esto está mi voluntad, dice el Señor. He aquí días vienen, dice el Señor, y visitaré sobre todos los que han circuncidado sus prepucios: sobre Egipto, y sobre Idumea(g), y sobre Edom y sobre hijos de Amón y sobre hijos de Moab y sobre todo raído(h) de lo de su rostro, los habitantes del desierto; porque todas las gentes, incircuncisas de carne; y toda casa de Israel, incircuncisos de su corazón». Vanidad de la idolatría. Castigo. Lamentación. Oíd la palabra del Señor que habló a vosotros, casa de Israel. Esto dice el Señor: «Según los caminos de las gentes no aprendáis; y de los signos del cielo no temáis; porque los temen(a) con sus rostros; porque las usanzas de las gentes, vanas: leño es de la sierra cortado, obra de artífice, y fundición, de plata y oro exornados; en martillos y clavos aseguráronlos; colocáronlos, y no se moverán; [No hay semejante a ti, Señor; grande eres tú, y grande tu nombre en la fortaleza. ¿Quién no te temerá, rey de gentes? porque a ti cuadra; pues en todos los sabios de las gentes, y en todos los reinos de ellas no hay semejante a ti. Igualmente fatuos e insensatos son: enseñanza de vanidades el leño de ellos es(b) plata tornátil es; no andarán; plata traída de Tarsis vendrá, oro de Ofir, y mano de orífices; obras de artífices todas; jacinto y púrpura les vestirán;] (5b) alzándoseles serán alzados; pues no subirán. No les temáis; que no harán mal, no; y bueno no hay en ellos. [Pero el Señor, verdadero Dios es, Dios de vivientes, y rey eterno, a su irritación temblará la tierra; y no sufrirán gentes su conminación](c). Así les diréis: «Dioses que el cielo y la tierra no han hecho, perezcan de la tierra y de debajo de este cielo. Señor, el que ha hecho la tierra en la fuerza de él; el que erigió el orbe en su sabiduría; y su entendimiento extendió el cielo y muchedumbre de agua en el cielo; y trajo nubes de extremidad de la tierra; relámpagos en lluvia hizo y sacó luz de sus tesoros. Infatuóse todo hombre por ciencia; avergonzado fue todo aurífice con sus esculturas; porque embustes fundió; no hay espíritu en ellas. Vanas son; obras escarnecidas; en tiempo de su visitación perecerán. No tiene tal parte Jacob; pues, quien lo plasmó todo, el mismo es su herencia; Señor es su nombre. Ha congregado de fuera tu haber, que habita en lo escogido(d). Porque esto dice el Señor: He aquí yo seco a los habitantes de esta tierra en tribulación, para que se halle tu plaga. ¡Ay de tu quebrantamiento, dolorosa, la plaga tuya; y yo dije: «Verdaderamente, ésta la herida tuya; y te ha cogido. Tu tienda se ha enmiseriado, perecido, y todas tus pieles desgarrádose; los hijos míos y las ovejas mías no son; no hay ya lugar de mi tienda, lugar de mis pieles. Porque los pastores han insensateado, y al Señor no buscado; por esto no ha entendido toda la dehesa, y han sido dispersados. Voz de oída he aquí viene y sacudimiento grande de tierra de septentrión para poner las ciudades de Judá en desaparición, y dormidero de gorriones. Sé, Señor, que no del hombre su camino, ni varón irá y dirigirá su andanza. Corrígenos, Señor, empero en juicio, y no en furor; para que pocos no nos hagas. Derrama tu furor sobre gentes las que no te han conocido, y sobre generaciones las que tu nombre no han invocado; porque han devorado a Jacob y consumídolo y su dehesa yermado. Alianza divina. Infidelidad y castigo de Israel. Es perseguido el profeta. La palabra fue hecha por el Señor a Jeremías, diciendo: «Oíd las palabras de este testamento; y hablarás a varones de Judá y a los habitantes de Jerusalén; y les dirás: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Maldito, el hombre que no escuchare las palabras de este testamento; que mandé a vuestros padres en día que les saqué de tierra de Egipto, de horno, el férreo, diciendo: «Oíd mi voz, y haced todo cuanto os mandare, y me seréis en pueblo, y yo os seré en Dios. para estatuir yo mi juramento que juré a vuestros padres: de darles tierra manando miel y leche; así como(a) este día. «Y respondí y dije: «Hágase, Señor». Y díjome el Señor: «Lee estas palabras en ciudades de Judá y fuera de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de este testamento y hacedlas. [Porque, conjurando, conjuré a vuestros padres, en el día que los saqué de la tierra de Egipto, hasta este día; madrugando conjuré, diciendo: «Oíd mi voz». Y no oyeron ni inclinaron su oreja; y anduvieron cada uno en perversión de su corazón, el malo; y traje sobre ellos todas las palabras de este testamento, que mandé hacer; y no hicieron]. 8.(b) Y no hicieron. Y díjome el Señor: «Halládose ha ligadura(c) en varones de Judá y en los habitantes de Jerusalén: volviéronse a las injusticias de sus padres, los de antes; que no quisieron escuchar mis palabras; y he aquí ellos andan tras dioses ajenos para servirles; y han disipado la casa de Israel y la casa de Judá el pacto que pacté con sus padres. Por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo traigo sobre este pueblo males de que no podrán salir de ellos, y clamarán a mí, y no les escucharé. E irán ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén, y clamarán a los dioses a que ellos inciensan, a ellos, y no los salvarán en el tiempo de sus males. Porque, según número de tus ciudades, Judá; y, según número de las salidas de Jerusalén; pusisteis aras, para incensar a la Baal. Y tú no ores por este pueblo, y no pidas en súplica y oración; porque no escucharé en el tiempo en que me invocan, en tiempo de sus males. ¿Qué la amada en la casa mía ha hecho abominación? Acaso votos y carnes sacras quitarán de ti, tus maldades o, por éstos(d), te evadirás? Oliva bella, sombrosa de aspecto llamó el Señor tu nombre; a la voz de poda de ella, enardecióse fuego sobre ella; grande, la tribulación sobre ti; inutilizáronse las ramas de ella(e); y el Señor, el que te plantó, habló sobre ti males por la maldad de la casa de Israel y la casa de Judá, lo que hicieron, para sí, a fin de irritarme por incensar ellos a la Baal. «Señor, hazme conocer, y conoceré; entonces vi los designios de ellos; mas yo, como corderillo inocente que es llevado a inmolar, no conocí. Sobre mí pensaron pensar malo, diciendo: «Venid, y echemos leños(f) en el pan de él, y extirpémosle de la tierra de los vivientes; y su nombre no se recuerde; no, ya más. Señor que juzgas lo justo, pruebas riñones y corazones, vea yo la de ti, vindicta en ellos; pues ante ti he revelado mi justificación». Por esto, esto dice el Señor sobre los varones de Anatot, los que buscan mi alma, los que dicen: «No profetizarás, no, en el nombre del Señor; y, si no, morirás en nuestras manos». He aquí yo visitaré sobre ellos: sus jovencillos a cuchilla morirán; y sus hijos y sus hijas fenecerán en hambre; y reliquias no habrá de ellos; pues traeré males sobre los habitantes de Anatot en año de visitación de ellos. Prosperidad y castigo de los malos Justo eres, Señor, en lo que disputare yo contigo; empero juicios(a) hablaré a ti: ¿Qué por qué el camino de los impíos prospera? ¿medran todos los que prevarican prevaricaciones? Plantástelos, y arraigaron; hijos hicieron e hicieron fruto; cerca tú estás de la boca de ellos, y lejos de los riñones de ellos; y tú, Señor, me conoces, probado tienes mi corazón delante de ti; santifícalos para el día de su degüello. ¿Hasta cuándo plañirá la tierra; y toda la hierba del campo se secará por maldad de los habitantes de ella? Desaparecieron bestias y volátiles, porque dijeron(b): «No verá Dios nuestros caminos». «Tus pies corren, y te desploman; ¿cómo afrontarás caballos; y en tierra de paz no(c) has confiado? ¿cómo harás en bramido del Jordán? Porque también tus hermanos y la casa de tu padre, también éstos te menospreciaron, ellos mismos vocearon; pues a tus espaldas se han juntado; no te fíes de ellos; porque te hablan cosas bellas(d)». He abandonado la casa de mi padre; dejado mi heredad; he dado mi querida(e) alma en manos de los enemigos de ella. Háseme hecho mi heredad como león en sierra; ha dado sobre mí la voz de ella; por esto la he aborrecido. ¿Acaso no espelunca de hiena, mi heredad para mí, o espelunca en torno de ella? Id, juntad todas las bestias del campo, vengan a comerla. Pastores muchos corrompieron mi viña; inquinaron mi parte; dieron la parte, la deseable mía, en desierto intransitable; se ha puesto en desaparecimiento de perdición; por mí con desaparecimiento ha desaparecido toda la tierra; pues no hay varón que ponga(f) en corazón. A toda pasada en el desierto vinieron devastadores; porque cuchilla del Señor devorará, desde extremidad de la tierra hasta extremidad de la tierra; no hay paz a toda carne. Sembrad trigos y espinas segad; sus heredades no les aprovecharán; avergonzaos de vuestra jactancia, del oprobio ante el Señor. Que esto dice el Señor acerca de todos los vecinos, los malos, los que cogen mi heredad, que distribuí a mi pueblo de Israel: He aquí yo los arranco de la tierra de ellos; y a Judá lanzo de en medio de ellos. Y será: después de yo lanzarlos, volveré y me apiadaré de ellos, y los estableceré a cada uno en la heredad de él; y a cada uno en la tierra de él. Y será: si, aprendiendo, aprendieren el camino de mi pueblo, para jurar en mi nombre: «¡Vive el Señor!» así como enseñaron a mi pueblo a jurar por la Baal; se(g) edificará en medio de mi pueblo. Pero, si no volvieren, arrancaré a aquella gente con arrancamiento y perdición. Profecía del cautiverio. Exhortación a la penitencia. Esto dice el Señor: «Ve y adquiérete un cinturón líneo y pon en torno de tu lomo; y por agua no pasará». Y adquirí el cinturón, según la palabra del Señor y puse en torno de mi lomo. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Toma el cinturón, el en torno de tu lomo, y levántate y ve al Eufrates, y ocúltalo allí en el agujero de la peña». Y fui y ocultélo en el Eufrates(a), según me mandara el Señor. Y sucedió después de días muchos y me dijo el Señor: «Levántate, ve al Eufrates y coge de allí el cinturón que te mandé ocultar allí». Y fui al Eufrates río, y cavé y tomé el cinturón del sitio donde lo escondí cavando, allí; y he aquí podrido estaba, que no servía, no, de nada. Y fue hecha voz del Señor a mí diciendo: «Esto dice el Señor: «Así pudriré la altanería de Judá y la altanería de Jerusalén; esta mucha altanería, a los que no quieren escuchar mis palabras y van tras dioses extraños a servirles y a adorarlos; y serán tal como este cinturón, que no ha de servir de nada. Pues, así como el cinturón se adhiere en torno del lomo del hombre, así he adherido a mí mismo la casa de Israel y toda casa de Judá, para que se me convirtiese en pueblo nombrado, y en gloriación y en gloria; y no me escucharon. Y dirás a este pueblo: «Todo odre llenaráse de vino; y será: si te dijeren: «¿Acaso conociendo, no conoceremos que todo odre se llenará de vino?»; les dirás: «Esto dice el Señor: He aquí yo lleno a los habitantes de esta tierra y a los reyes de ellos, los sentados hijos de David sobre el trono de ellos, y a los sacerdotes, y a los profetas, y a Judá y a todos los habitantes de Jerusalén, con ebriedad; y los dispersaré: varón y su hermano, y los padres de ellos y los hijos de ellos igualmente; no desearé(b), dice el Señor, y no perdonaré y no me conmiseraré de su perdición. Oíd y escuchad, y no os engriáis, que el Señor ha hablado: dad al Señor, vuestro Dios gloria, antes de que se entenebrezca, y antes que tropiecen vuestros pies en montes tenebrosos; y aguardaréis a luz; y allí sombra de muerte; y serán puestos en tinieblas. Que, si no oyereis, ocultamente llorará vuestra alma a faz de altanería; y verterán vuestros ojos lágrimas; pues quebrantada está la grey del Señor. Decid al rey y a los potentados: «Humillaos y sentaos; que arrancada está de vuestra cabeza la corona de vuestra gloria». Ciudades, las del austro, cerráronse, y no había quien abriera; transmigrado fue Judá, consumaron transmigración perfecta. Levanta tus ojos, Jerusalén, y ve los que vienen del septentrión: ¿dónde está la grey que se te dio, ovejas de tu gloria? ¿Qué dirás, cuando te visitaren? Y tú enseñásteles, contra ti, conocimientos para principado(c); no te cogerán angustias, así como a mujer parturienta? Y si dijeres en tu corazón: «¿Por qué me ha sucedido esto? Por la muchedumbre de tu injusticia fueron desnudadas tus postremidades, para que escarmentaran tus canillas(d). ¿Si mudara un etíope su piel, y un leopardo sus manchas? también(e) vosotros podréis bien hacer, habiendo aprendido lo malo. Y los he diseminado como fajina llevada de viento a desierto. Esta la suerte tuya y parte del desobedecer vosotros a mí, dice el Señor. Como te has olvidado de mí y esperado en embustes; también yo descubriré tus postremidades ante tu faz; y se verá tu deshonra, y tu adulterio, y tu hipar, y el enajenamiento de tu fornicación; sobre las colinas y en los campos he visto tus abominaciones. Ay de ti, Jerusalén, porque no te has purificado en pos de mí ¿hasta cuándo ya? Plegaria de Jeremías, pidiendo lluvia. Y fue hecha palabra de Dios a Jeremías, acerca de la sequía. Lloró la Judea, y sus puertas vaciáronse, y se entenebrecieron(a) sobre la tierra; y la vociferación de Jerusalén subió; y los magnates de ella enviaron a los más jóvenes de ellos por agua; vinieron a los pozos, y no hallaron agua; y tornaron sus cubos vacíos; [avergonzáronse, y ruborizáronse y cubrieron sus cabezas]; y las labores de la tierra desfallecieron; que no había lluvia; avergonzáronse los agrícolas; cubrieron sus cabezas. Y ciervas en el campo perecieron, y abandonaron; que no había hierba. Asnos salvajes paráronse en hondonadas, y aspiraron viento; desfallecieron sus ojos; que no había grama. Nuestros pecados se han alzado contra nosotros; Señor, haz a nosotros por ti; que, muchos de nuestros pecados delante de ti están; que a ti hemos pecado. Expectación de Israel, Señor, y salvas en tiempo de males; ¿por qué te has hecho como un peregrino sobre la tierra; y, como indígena pasando a hospedaje? ¿Acaso serás como un hombre durmiendo, o, como un varón que no puede salvar? Y tú, entre nosotros estás, Señor, y tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no te olvides de nosotros. Así dice el Señor a este pueblo: «Han amado mover sus pies, y no han perdonado(b); y Dios no ha encaminado bien en ellos; ahora se acordará de la injusticia de ellos». Y díjome el Señor: «No ores por este pueblo en bien; porque, si ayunaren, no escucharé su deprecación; y, si ofrecieren holocaustos y hostias, no me complaceré en ellos; porque, en cuchilla, y en hambre, y en muerte yo los acabaré». Y dije: «¡El que eres(c) Señor; he aquí los profetas de ellos profetizan y dicen: «No veréis cuchilla; ni hambre habrá en vosotros; pues verdad y paz daré sobre la tierra, y en este lugar». Y díjome el Señor: «Embustes estos profetas profetizan en mi nombre; no los he enviado, y no les he mandado, y no les he hablado; pues visiones mentidas, y adivinaciones y augurios y propósitos del corazón de ellos, éstos os profetizan. Por esto dice el Señor acerca de los profetas los que profetizan en mi nombre mentiras; y yo no los he enviado; los que dicen: «Cuchilla y hambre no habrá en esta tierra». «En muerte morbosa(d) morirán; y en hambre consumidos serán los profetas, y el pueblo a quien ellos profetizan, a ellos; y serán lanzados en las vías de Jerusalén a faz de cuchilla y del hambre; y no habrá quien les sepulte, y sus mujeres, y sus hijos y sus hijas; y derramaré sobre ellos sus males. Y les dirás esta palabra: «Verted, de vuestros ojos lágrimas día y noche, y no cesen; porque con quebranto ha sido quebrantada la hija de mi pueblo; y con plaga dolorosa sobremanera. Si saliere yo a la llanura, y he aquí occisos a cuchilla; y si entrare en la ciudad, he aquí trabajo de hambre; pues sacerdote y profeta fuéronse a tierra que ignoraban. ¿Acaso reprobando, has reprobado a Judá; y de Sión se ha apartado tu alma? ¿Por qué nos has herido, y no hay para nosotros sanación? Hemos aguardado la paz, y no ha habido bien; a tiempo de sanación; y he aquí turbación. Hemos conocido, Señor, nuestros pecados, las injusticias de nuestros padres; pues hemos pecado delante de ti. Cesa, por tu nombre; no destruyas el trono de tu gloria; acuérdate; no disipes tu testamento con nosotros. ¿Acaso hay, en ídolos de las gentes, quien llueva? Y, si el cielo diere su hartura ¿no eres tú mismo(e)? Y te aguardaremos, Señor; que tú has hecho todo esto. Niégase Dios a oírle; se queja el profeta. Y díjome el Señor: «Si se pusieran Moisés y Samuel ante mi faz, no está mi alma para con ellos; despide a este pueblo, y salgan. Y será: si dijeren a ti: «¿A dónde saldremos?» les dirás: «Esto dice el Señor: «Cuantos a muerte, a muerte; y cuantos a cuchilla, a cuchilla; y cuantos a hambre, a hambre; y cuantos a cautiverio, a cautiverio; y vindicaré sobre ellos cuatro especies(a): dice el Señor: la cuchilla a degüello; y los perros a destrozo; y las fieras de la tierra y los volátiles del cielo, a pasto y perdición. Y entregarélos a violencias a todos los reinos de la tierra, por Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, a causa de todo lo que hizo en Jerusalén. ¿Quién perdonará en ti, Jerusalén? ¿Y quién se amedrentará ante ti? ¿O quién se doblegará a paz para ti? Tú te separaste de mí, dice el Señor: atrás irás; y extenderé mi mano, y te perderé; y ya no les perdonaré. Y los dispersaré en dispersión; en puertas de mi pueblo deshijados fueron; destruyeron mi pueblo por sus maldades; multiplicáronse sus viudas sobre(b) la arena del mar; traje(c) sobre la madre jovencillos, calamidad a mediodía(d): arrojé sobre ella súbitamente temblor y agitación. Despojada fue, la que pare siete, maltratada el alma de ella; hundiósele el sol aún promediado el día; avergonzada fue y oprobiada; los restantes de ellos a cuchilla daré, delante de los enemigos de ellos. ¡Ay de mí, madre! ¿a qué me engendraste varón que soy juzgado y condenado en toda la tierra? No he aprovechado, ni me ha aprovechado nadie(e); mi fuerza ha desfallecido en los que me maldicen. Hágase, dominador, castigando ellos, si no he asistido ante ti en tiempo de los males de ellos y en tiempo de la tribulación de ellos, en bien, contra el enemigo.(f) ¿Si se conocerá el hierro? Y manto broncíneo, tu fuerza(g). Y tus tesoros en botín daré, en cambio de todos tus pecados, y en todos tus confines. Y te esclavizaré, en contorno, a tus enemigos, en tierra que no conocías; que fuego está encendido de mi furor: sobre vos arderá. Señor, acuérdate de mí y visítame y ampárame de los que me persiguen; y no(h) longanimidad: sabe que he recibido, por ti, oprobio de los que reprueban tus palabras: consúmalos, y seráme tu palabra en alegría y gozo de mi corazón; pues tu nombre ha sido invocado sobre mí, Señor, Omnipotente. No me he sentado en el sinedrio de ellos burlando; sino que temía a vista de tu mano; a solas estaba sentado; porque de amargura me llené. ¿A qué los que me contristan, prevalecen contra mí? Mi llaga, rígida(i): ¿por dónde sanaré? Haciéndose, fueme hecha cual agua mentida, no teniendo fe(j). Por esto dice el Señor: «Si te convirtieres(k), te restituiré, y ante mi rostro estarás; y si sacares lo precioso de lo vil(l) como boca mía serás(m); y se volverán ellos a ti, y tú no te volverás a ellos. Y te daré a este pueblo como muro fortificado, broncíneo; y guerrearán contra ti, y no podrán, no, contra ti; puesto que contigo soy yo salvándote; y sacándoles de mano de malos, y te redimiré de mano de pestes. Cautiverio-libertad Y tú no tomes mujer, dice el Señor, el Dios de Israel, y no se te genere hijo ni hija en este lugar(a). Porque esto dice el Señor acerca de los hijos y acerca de las hijas los que nacen en este lugar; y acerca de sus madres las que los han parido y acerca de sus padres los que los han engendrado en esta tierra: «En muerte morbosa morirán; no serán llorados, y no serán sepultados; para escarmiento sobre la faz de la tierra serán; y para las bestias de la tierra serán; y para los volátiles del cielo, en cuchilla caerán y en hambre acabados serán. Esto dice el Señor: «No entres en las bacanales de ellos; y no vayas a plañir y no los llores; pues he apartado mi paz de este pueblo(b). No los plañirán, no; ni recortes(c) no se harán, no; y no se raerán; y no se partirá pan, no, en su luto, en solaz sobre el muerto; no le brindarán cáliz, en solaz sobre su padre y madre. En casa de bebida no entrarás, a sentarte con ellos a comer y beber. Por donde esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He aquí yo me retiro de este lugar delante de vuestros ojos; y en vuestros días, voz de gozo y voz de alegría; voz de esposo y voz de esposa. Y será: cuando anunciares a este pueblo todas estas palabras, y te dijeren: «¿Por qué ha hablado el Señor sobre nosotros todos estos males? ¿cuál, nuestra injusticia, y cuál nuestro pecado que hemos pecado», ante el Señor, nuestro Dios»? Les dirás: «Por cuanto me abandonaron vuestros padres, dice el Señor, y fueron tras dioses ajenos y les sirvieron y les adoraron y a mí me abandonaron, y mi ley no guardaron; y vosotros os habéis maleado sobre vuestros padres; y he aquí vosotros vais cada cual en pos de los apetitos de vuestro corazón, el malo, para no obedecerme. Y os arrojaré de esta tierra a la tierra que no habéis conocido vosotros y vuestros padres; y serviréis allí a dioses otros que no os dispensarán misericordia». Por esto he aquí días vienen, dice el Señor, y no dirán ya: «Vive el Señor, quien sacó a los hijos de Israel de tierra de Egipto»; sino: «Vive el Señor, el que sacó la casa de Israel de tierra de septentrión y de todas las regiones adonde fueron expulsados allí; y los restituiré a la tierra de ellos que di a sus padres. He aquí yo envío los pescadores, los muchos, dice el Señor, y los pescarán; y después de esto enviaré los muchos cazadores, y cazaránlos de sobre todo monte y de sobre todo collado y de los agujeros de las peñas. Porque mis ojos, sobre todos los caminos de ellos; y no se ocultan sus injusticias delante de mis ojos. Y retribuiré el doble(d) las maldades de ellos y los pecados de ellos, en que han contaminado mi tierra, en los cadáveres(e) de sus abominaciones y en sus iniquidades, en que infestaron mi heredad. Señor, tú, mi fuerza, y mi amparo y mi refugio en días de males; a ti gentes vendrán de extremidades de la tierra, y dirán: «¡Qué mentidos han tenido nuestros padres ídolos; y no hay en ellos provecho, si se hiciere el hombre dioses, y esos no son dioses!» Por esto he aquí yo les manifestaré en este tiempo mi mano, y les noticiaré mi poder; y conocerán que mi nombre es el «Señor». Castigo de la idolatría. Plegaria del profeta. El pecado de Judá está escrito en estilo férreo, en uña diamantina; esculpido en tabla del corazón de ellos, y en cuernos de los altares de ellos; ya que sus hijos rememoran sus altares y sus selvas, con leño frondoso, sobre collados excelsos. De montes en la llanura, tu fuerza y todos tus tesoros al botín daré, tus alturas en pecado, en todos tus confines. Y serás abandonada y humillada de tu heredad, que te di y servir te haré a tus enemigos, en la tierra que no conoces; porque fuego encendisteis en mi furor; hasta el siglo arderá(a). Maldito el hombre que la esperanza tiene en el hombre; y afirmare carne de su brazo en él, y del Señor se apartará su corazón; y será, como tamarindo silvestre en el desierto; no verá cuándo haya de venir el bien; y habitará en saladares, y en desierto, en tierra salobre que no se habita. Y bendito el hombre que confía en el Señor; y será el Señor su esperanza; y será como leño lozano a par de aguas, y sobre humedad echará su raíz; no temerá, cuando viniere ardor; y habrá en él troncos selvosos; en año de sequía no temerá, y no dejará de hacer fruto. Profundo, el corazón, sobre todas las cosas, y hombre es: ¿y quién le conocerá?(b) Yo, el Señor, el que escudriña corazones y prueba riñones, para dar a cada uno según sus caminos y según los frutos de sus apetitos. Gritó la perdiz y congregó lo que no parió(c); haciendo su riqueza no con juicio, en mitad de sus días le abandonarán; y en sus novísimos será insensato. Trono de gloria alto, el santuario nuestro; expectación de Israel, Señor, todos los que te dejaren; confundidos sean; los que se apartaren, en la tierra sean escritos, pues abandonaron fontana de vida: al Señor. Sáname, Señor, y sanaré; sálvame y salvaré; que gloriación mía tú eres. He aquí ellos dícenme: «¿Dónde está la palabra del Señor? ¡Venga!». Pero yo no he trabajado siguiendo en pos de ti(d) y día de hombre(e) no he anhelado; tú sabes: lo salido de mis labios ante tu faz está. No te me conviertas en mudanza, faltándome en día malo. Confundidos sean, los que me persiguen y no sea confundido yo; atérrense ellos, y no me aterre yo; trae sobre ellos día malo, con doble quebranto, quebrántalos. Esto dice el Señor: «Ve y ponte en las puertas de los hijos de tu pueblo, en las que entran, en ellas, reyes de Judá y en las que salen, en ellas, y en todas las puertas de Jerusalén; y les dirás la palabra del Señor: «Reyes de Judá y toda Judea y toda Jerusalén, los que entráis en estas puertas; esto dice el Señor: «Guardad vuestras almas y no llevéis cargas en el día de los sábados; y no salgáis de las puertas de Jerusalén; y no saquéis cargas de vuestras casas en el día de los sábados, y toda obra no haréis: santificad el día de los sábados tal como mandé a vuestros padres. Y no oyeron, y no inclinaron su oreja; y endurecieron su cerviz, sobre sus padres, para no oírme y no recibir enseñanza. Y será si me oyereis, dice el Señor, para no entrar con cargas, por las puertas de esta ciudad en el día de los sábados, y santificar el día de los sábados, para no hacer toda obra; entrarán, por las puertas de esta ciudad, reyes y príncipes, sentados sobre trono de David y subidos en carros y bridones de ellos, ellos y los príncipes de ellos, varones de Judá y los habitantes de Jerusalén; y habitada será esta ciudad, por el siglo; y llegarán de las ciudades de Judá; y en torno de Jerusalén y de tierra de Benjamín y de tierra llana, y del monte y de la del septentrión, trayendo holocaustos, y hostias, y timiamas, y maná(f) y olíbano, trayendo loor a casa del Señor. Y será: si no me oyereis para santificar el día de los sábados, para no llevar cargas y no entrar por las puertas de Jerusalén en el día de los sábados; encenderé fuego en sus puertas, y devorará los barrios de Jerusalén; y no se apagará». Obstinados los judíos, persiguen al profeta; ora porque Dios los castigue. La palabra, la hecha por el Señor a Jeremías, diciendo: «Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí oirás mis palabras». Y descendí a casa del alfarero, y he ahí él hacía labor sobre las piedras; y cayó el vaso que él hacía, en sus manos; y de nuevo él hizo otro vaso, según plugo a faz de él hacerlo. Y fueme hecha palabra del Señor, diciendo: «¡Si tal como este alfarero, ¿no podré haceros, casa de Israel?» He aquí, como el barro del alfarero, vosotros estáis en mis manos. Por fin hablaré sobre gente y sobre reino para quitarlos y para perder; y se(a) convertirá aquella gente de todos sus males; y me arrepentiré de los males que pensé hacerles. Y por fin hablaré sobre gente y reino, para reedificar y para plantar; y harán lo malo delante de mí, no oyendo mi voz; y me arrepentiré de los bienes que hablé hacerles. Y ahora di a los varones de Judá y a los habitantes de Jerusalén: «He aquí yo plasmo sobre vos males; y pienso sobre vos pensamiento: apártese ya cada uno de su vía, la mala; y más hermosos haced vuestros afanes». Y dijeron: «Nos esforzaremos, que, tras nuestros apartamientos iremos, y cada uno lo grato a su corazón, el malo, haremos». Por esto dice el Señor: «Preguntad ya en gentes: «¿Quién ha oído tales cosas horrendas que ha hecho en gran manera la virgen(b) de Israel? ¿Acaso desfallecerán, de peña, ubres, o nieve del Líbano? ¿Acaso declinará agua violentamente de viento llevada(c)? Porque me han olvidado, mi pueblo; en vano han incensado; y debilitarán(d), en sus caminos, cuerdas sempiternas(e), para marchar por sendas que no tienen camino de ida; para poner su tierra en desaparecimiento y silba sempiterna: todos los que transitaren por ella espantaránse y moverán su cabeza. Cual a viento quemante los dispersaré a faz de sus enemigos; mostraréles día de su perdición. Y dijeron: «Venid y pensemos sobre Jeremías un pensamiento; porque no perecerá la ley del sacerdote; ni el consejo del sabio; ni la palabra del profeta(f); venid y percutámosle en la lengua; ¡y oiremos todas sus razones!»(g). Escúchame, Señor, y escucha la voz de mi justificación. ¿Si se devuelven, por bienes, males? porque se han confabulado(h) contra mi alma, y el castigo de ellos ocultádome; acuérdate de que me he puesto ante tu faz para hablar por ellos bienes; para apartar tu furor, de ellos. Por esto da sus hijos al hambre, y congrégalos en manos de cuchilla; sean hechas sus mujeres deshijadas y viudas; y los maridos de ellas paren en ser arrebatados de muerte y los jovencillos de ellos caídos a cuchilla en guerra. Hágase grita en sus casas; traerás sobre ellos ladrones de repente; porque armaron palabra en captura mía; y lazos escondieron sobre mí. Y tú, Señor, conoces todo el consejo de ellos sobre mí, en muerte; no dejes impunes sus injusticias; y sus pecados a faz tuya no borres; hágase la flaqueza de ellos ante ti; en tiempo de tu furor haz en ellos. Será destruida Jerusalén, cual vaso de arcilla. Entonces díjome el Señor: «Anda y proporciónate vaso hechizo, barrizo; y llevarás de los ancianos del pueblo y de los sacerdotes; y saldrás al cementerio de los hijos de la prole de ellos(a), que está sobre los vestíbulos de la puerta de Tarsés; y lee allí todas estas palabras que yo te hablaré; y les dirás: «Oíd la palabra del Señor, reyes de Judá y varones de Judá, y los habitantes de Jerusalén y los que entráis en estas puertas: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «He aquí yo traigo sobre este lugar males, que de todo el que los oyere, resonarán las orejas de él; por cuanto me han abandonado y ajenado este lugar e incensado en él a dioses extraños que no conocieron ellos y sus padres; y los reyes de Judá llenaron este lugar de sangres inocentes; y edificaron alturas a la Baal, para quemar a sus hijos en el fuego; lo que no mandé ni pensé en mi corazón. Por esto he aquí días vienen, dice el Señor, y no será llamado este lugar Ruina y Cementerio de hijo de Ennom, sino Cementerio del degüello. Y degollaré el consejo de Judá y el consejo de Jerusalén en este lugar; y los derribaré en cuchilla delante de sus enemigos y en manos de los que buscan las almas de ellos; y daré sus muertos en pasto a los volátiles del cielo y a las bestias de la tierra; y postraré esta ciudad en desaparecimiento y en silba; todo el que pasa por ella, se entristecerá y silbará sobre toda la plaga de ella. Y comerán las carnes de sus hijos y las carnes de sus hijas; y cada uno las carnes de su prójimo comerán en la angustia y el sitio con que los sitiarán sus enemigos». Y quebrarás el vaso a ojos de los varones los salidos contigo; y dirás: «Esto dice el Señor: «Así quebraré este pueblo y esta ciudad, así como se quiebra un vaso barrizo, y no podrá sanar. Que así haré, dice el Señor, a este lugar y a los habitantes de él; para que sea dada esta ciudad como la que se derriba. Y casas de Jerusalén y casas de reyes de Judá serán así como el lugar, el que se derriba, por las impurezas de ellos en todas las casas que incensaron sobre las terrazas de ellas a toda la milicia del cielo, y vertieron libaciones a dioses extraños. Y vino Jeremías de la ruina a donde le había enviado el Señor, allí, a profetizar; y paróse en el atrio de la casa del Señor y dijo a todo el pueblo: «Esto dice el Señor: «He aquí yo traigo sobre esta ciudad, y sobre todas las ciudades de ella y sobre las aldeas de ella, todos los males que he hablado sobre ella; pues han endurecido su cerviz, para no escuchar mis mandatos». Jeremías, preso, vaticina contra su perseguidor, y se lamenta de las persecuciones. Y oyó Fasur, hijo de Emmer, el sacerdote y éste estaba constituido príncipe de la casa del Señor, que Jeremías profetizaba estas palabras. Y percutióle y le arrojó en el cepo que hay en la puerta de casa asignada de los altos que hay en la casa del Señor. Y sacó Fasur a Jeremías del cepo; y díjole Jeremías: «No ha llamado «Fasur»(a) el Señor, tu nombre, sino «Transmigrante»(b). Porque esto dice el Señor: «He aquí yo te doy en transmigración con todos tus amigos; y caerán en cuchilla de sus enemigos; y tus ojos verán; y a ti y todo Judá daré en manos del rey de Babilón; y los transmigrarán, y destrozarán en cuchillas. Y daré toda la fuerza de esta ciudad, y todos sus trabajos y todos los tesoros del rey de Judá, en manos de sus enemigos; y llevaránlos a Babilón. Y tú y todos los habitantes de tu casa iréis en cautiverio; y en Babilón morirás, y allí serás sepultado tú y todos tus amigos; a los cuales has profetizado, a ellos, embustes». Engañásteme, Señor; y me engañé(c); obligaste, y pudiste; he sido hecho en mofa; todo el día he pasado escarnecido; pues, con mi amarga palabra seré reído; prevaricación y miseria invocaré; pues se ha convertido la palabra del Señor en oprobio para mí y en sarcasmo todo el día mío. Y dije: «No nombraré, no, el nombre del Señor; y no hablaré; no, ya en su nombre. Y se ha hecho(d) como fuego encendido, inflamado, en mis huesos; y languidezco doquier, y no puedo soportar; pues he oído increpación de muchos congregados en torno»: «Apiñaos, y apiñémonos contra él todos varones amigos suyos; observad su intento: si se habrá de engañar, y podremos contra él, y tomaremos nuestra venganza de él». Pero el Señor, conmigo así como batallador fuerte; por esto han perseguido y entender no han podido; avergonzados han sido sobremanera; pues no entendieron las ignominias de ellos, las que por siglo no serán olvidadas. Señor que pruebas lo justo, comprendes riñones y corazones, vea ya la de ti venganza contra ellos; pues a ti he revelado mis defensas. Cantad al Señor; loadle; pues ha librado alma de pobre, de mano de maleantes. Maldito el día en que nací, en él; el día en que me parió mi madre no sea bendito. Maldito el hombre el que bien anunció a mi padre, diciendo: «Te ha nacido varón», alegrándose. Sea aquel hombre, como las ciudades que ha destruido el Señor, en furor, y no se ha arrepentido; óigase vociferación al alba y alarido a mediodía; ¡porque no me mató en la matriz, y fue mi madre mi tumba, y la matriz, de concepción eterna! ¿A qué esto salí de matriz a mirar trabajos y afanes; y han transcurrido en confusión mis días? Cautivo irá Sedecías, y tomada será la ciudad. La palabra hecha por el Señor, a Jeremías, cuando envió cerca de él el rey Sedecías a Fasur, hijo de Melquías, y a Sofonías, hijo de Manasés, el sacerdote diciendo: «Interroga por nosotros, al Señor, porque el rey de Babilón está alzado sobre nosotros: si hará el Señor según todas sus maravillas, y se retirará de nosotros». Y díjoles Jeremías: «Así diréis a Sedecías, rey de Judá: «Esto dice el Señor: «He aquí yo convertiré las armas, las guerreras, en que vosotros guerreáis, en ellas, contra los caldeos, los que han encerrado, de fuera del muro al medio de esta ciudad; y guerrearé yo contra vosotros en mano extendida y en brazo fuerte, con furor e ira grande; y percutiré a todos los habitantes de esta ciudad, a los hombres y las bestias, en muerte grande; y morirán. Y después de esto, así dice el Señor, daré a Sedecías, rey de Judá y sus niños y el pueblo, el quedado en esta ciudad, de la muerte, y del hambre y de la cuchilla, en manos de sus enemigos, los que buscan sus almas; y los destrozarán en boca de cuchilla; no les perdonaré, y no me conmiseraré, no, de ellos». Y a este pueblo dirás: «Esto dice el Señor: «He aquí yo he dado ante vuestra faz el camino de la vida y el camino de la muerte: el sentado en esta ciudad, morirá en cuchilla y en hambre; y el salido a pasarse a los caldeos, los que os tienen encerrados; vivirá, y será su alma en despojos(a), y vivirá. Por esto: porque he afirmado mi rostro sobre esta ciudad en males, y no en bienes; en manos de rey de Babilón será entregada, y la quemará en fuego. La casa del rey de Judá, oíd palabra del Señor; casa de David, esto dice el Señor: «Juzgad, al alba(b), juicio, y enderezad, y librad a despojado, de mano del que le agravia; para que no se encienda, como fuego, mi ira; y arderá y no habrá quien apague. He aquí yo a ti(c) el que habitas la hondonada de la Piedra(d), la campestre; a los que decís: «¿Quién nos aterrará? ¿o quién entrará en nuestra vivienda?» (21:13) —y encenderé fuego en la sierra de ella, y devorará todo lo en contorno de ella». Contra Selum, Joaquín y Jeconías. Esto dice el Señor: «Ve y desciende a la casa del rey de Judá, y hablarás allí esta palabra, y dirás: «Oye la palabra del Señor: rey de Judá, el sentado sobre el trono de David, tú, y tu casa y tu pueblo y los que entráis por estas puertas. Esto dice el Señor: «Haced juicio y justicia, y librad al despojado, de mano del que le agravia; y a prosélito, y a huérfano, y a viuda no oprimáis, y no os despiadéis, y sangre inocente no derraméis en este lugar. Puesto que, si, haciendo, hicieres esta palabra, entrarán en las puertas de esta casa reyes sentados sobre el trono de David, y subidos en carros y bridones; ellos y sus niños y su pueblo. Pero, si no hiciereis estas palabras, por mí mismo he jurado, dice el Señor, que en soledad será esta casa. Porque esto dice el Señor contra la casa del rey de Judá: «¡Un Galaad, tú para mí, un principado del Líbano—; si no te pusiere en desierto; ciudades que no se habitarán! Y traeré sobre ti un varón exterminador y la segur de él; y cortarán tus selectos cedros y lanzarán al fuego. Y pasarán gentes por esta ciudad; y dirá cada cual a su prójimo: «¿Por qué ha hecho el Señor así a esta ciudad, la grande»? Y dirán: «Por cuanto han abandonado el testamento del Señor, su Dios, y adorado a dioses extraños y servídoles». No lloréis al muerto ni le lamentéis: llorad con llanto al que sale, porque no volverá más, ni verá la tierra de su patria. Porque esto dice el Señor sobre Selum, hijo de Josías, el que reina en lugar de Josías, su padre; el que ha salido de este lugar: «No volverá aquí ya; sino que en el lugar a donde le transmigré, allí morirá; y esta tierra no verá más. Quien(a) edifica su casa no con justicia, y sus altos no en juicio —de parte(b) de su prójimo trabaja de balde; y su salario no le pagará, no. Te has edificado casa simétrica; altos airosos, entrecortados de ventanas y engastados en cedro y pintados de bermellón. ¿Acaso reinarás, que tú irritaste en Acaz, tu padre? No comerán y no beberán; mejor fuera que hicieses juicio y justicia. No(c) conocieron; no juzgaron juicio al pobre, ni juicio del indigente; ¿no es esto no conocerme tú a mí? dice el Señor(d). He aquí no son tus ojos, ni tu corazón, hermoso; sino(e) a tu codicia y a la sangre, la inocente, para derramarla; y a injusticia y a homicidio para hacer. Por esto, esto dice el Señor sobre Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá: «También sobre este varón(f): no le plañirán, no: «¡Oh hermano!» y no llorarán sobre él, no: «¡Ay de mí, Señor!» con sepultura de asno será sepultado; arrastrado, lanzado será fuera de la puerta de Jerusalén. Sube al Líbano y clama; y a Basán da tu voz, y vocifera a lo de allende la mar; pues quebrantados fueron todos tus amadores. Hete hablado en tu ruina y has dicho: «No oiré»; éste tu camino desde tu adolescencia: no has oído mi voz». A todos tus pastores pastoreará el viento; y tus amadores en cautividad saldrán; porque entonces avergonzada y deshonrada serás de todos los amantes tuyos. Habitadora del Líbano, anidada en los cedros, prorrumpirás en gemidos, cuando te vinieren dolores, cual de parturienta. ¡Vivo yo! dice el Señor, si haciéndose, se hubiere hecho Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, sello sobre mi mano, la diestra, de allí te arrancaré, y te entregaré en manos de los que buscan tu alma, de las cuales tú temes, el rostro de ellos; en manos de los caldeos. Y te lanzaré y a tu madre, la que te parió, a tierra donde no has nacido, allí; y allí moriréis; y a la tierra que ellos desean con sus almas, no retornarán, no. Deshonrado fue Jeconías, como vaso del cual no hay uso de él; pues ha sido desechado y arrojado a la tierra que no conocía(g). Tierra, tierra, oye palabra del Señor: «Escribe a este varón, pregonado(h) hombre, que no será acrecentado, no, de su simiente sentado sobre el trono de David, príncipe ya en Judá. Los malos pastores. Los pseudoprofetas. ¡Oh pastores, los que destruyen y dispersan las ovejas de su dehesa! Por esto dice el Señor sobre los que pastoreáis a mi pueblo: «Vos habéis dispersado mis ovejas, y arrojádolas y no visitádolas; he aquí yo me vengo de vos, según los malos designios vuestros. Y yo acogeré a los residuos de mi pueblo sobre toda la tierra, a donde los desterré, allí, y los constituiré en la dehesa de ellos, y crecerán y se multiplicarán. Y les suscitaré pastores que los pastorearán; y no temerán ya ni se aterrarán, dice el Señor. He aquí días vienen, dice el Señor, en que suscitaré a David un oriente justo, y reinará rey, y entenderá y hará juicio y justicia sobre la tierra. En los días de él, y será salvo Judá e Israel habitará confiado, y éste su nombre que le llamará el Señor: «Señor es justicia». Por esto, he aquí días vienen, dice el Señor, y no dirán ya: «¡Vive el Señor, que sacó los hijos de Israel de la tierra de Egipto!» sino: «¡Vive el Señor que sacó y trajo la simiente de la casa de Israel de tierra del septentrión y de todas las tierras a donde los había yo lanzado, allí; y habitación en su tierra». Para los profetas(a): Quebrantóse mi corazón en mí; conmoviéronse todos mis huesos; he sido hecho cual varón quebrantado y cual hombre oprimido de vino, a faz del Señor y a faz de majestad de su gloria. Porque a faz de éstos, lloró la tierra; marchitáronse las dehesas del páramo; y se tornó la carrera de ellos mala y la fuerza de ellos igualmente. Pues sacerdote y profeta mancilláronse; y en mi casa he visto sus maldades. Por esto hágaseles su vía en resbalamiento de tinieblas; y suplantados serán, y caerán en ella; por esto: porque traeré sobre ellos males en año de visitación de ellos. Y en los profetas de Samaria he visto iniquidades: han profetizado por la Baal, y seducido a mi pueblo de Israel. Y en los profetas de Jerusalén he visto cosas horrendas, adulterantes y andantes en embustes y antecogiendo manos de muchos para que no volviera cada uno de su camino, el malo: hiciéronseme todos, como Sodoma; y los habitantes de ella, como Gomorra. Por esto dice el Señor: He aquí yo los sustentaré con dolor, y los abrevaré con agua amarga; pues de los profetas de Jerusalén ha salido mancillamiento a toda la tierra. Así dice el Señor omnipotente: «No oigáis las palabras de los profetas; pues envanecen para sí visión: de su corazón hablan, y no de boca del Señor». Dicen a los que desechan la palabra del Señor: «Paz habrá para vosotros»; y a todos los que andan con sus voluntades, a todo el que anda con extravío de su corazón, han dicho: «No vendrán sobre ti males. Pues ¿quién ha estado en estada(b) del Señor y visto su palabra? quién fue escuchado y oído». He aquí, temblor de parte del Señor; e ira sale en retemblor; henchida, sobre los impíos vendrá; y ya no se apartará el furor del Señor, hasta que lo hiciere, y hasta que lo estatuyere según intento de su corazón; en el novísimo de los días lo entenderán. No enviaba yo los profetas, y ellos corrían; no les hablé, y ellos profetizaban. Y si hubieran estado en mi estada y si hubieran oído mis palabras, a mi pueblo apartáranlos de sus malos propósitos. Dios que se acerca, yo soy; que no Dios en lontananza. Si se esconderá alguno en escondites, y ¿yo no le veré? ¿Acaso no el cielo y la tierra yo lleno, dice el Señor? He oído lo que hablan los profetas; profetizan en mi nombre mentiras, diciendo: «He soñado un ensueño(c). ¿Hasta cuándo habrá, en el corazón de los profetas los profetizantes, mentiras; profetizando ellos las voluntades del corazón de ellos; los que piensan que se olvide mi ley, en los ensueños de ellos; los que cuentan cada cual a su prójimo; así como olvidaron sus padres mi nombre, en la Baal? El profeta en quien el ensueño está, cuente su ensueño; y en quien, mi palabra a él, cuente mi palabra, en verdad. ¿Qué la paja al trigo? Así mis palabras, dice el Señor; ¿no he aquí mis palabras tal como fuego y como segur cortando piedra? [He aquí yo a los profetas, dice el Señor Dios, a los que hurtan mis palabras, cada uno a su prójimo; he aquí a los profetas que emiten profecías de boca y dormitan su dormitación;(d)] por esto he aquí yo a los profetas, los que profetizan ensueños mentidos y no los cuentan, y extravían a mi pueblo en los embustes de ellos y en los extravíos de ellos; y yo no los he enviado y no les he mandado y con provecho no aprovecharán a este pueblo. Y si te interrogaren este pueblo, o sacerdote o profeta: «¿Cuál la cogedura(e) del Señor?» les dirás: «Vosotros sois la cogedura; y destrozaréos», dice el Señor. El profeta y los sacerdotes y el pueblo que dijeren: «Cogedura del Señor»; me vengaré de aquel hombre y su casa. Así diréis cada uno a su prójimo, y cada uno a su hermano: «¿Qué ha respondido el Señor, y qué, hablado el Señor?». Y «cogedura del Señor» no nombréis ya, pues la «cogedura»(f) para el hombre será su palabra [y pervertisteis las palabras del Dios viviente, Señor de los ejércitos. Así diréis al profeta: «¿Qué te ha respondido el Señor?(g)] Y ¿por qué(h) ha hablado el Señor, Dios nuestro? Por esto dice el Señor, nuestro Dios: «Por cuanto habéis hablado esta palabra: «Cogedura del Señor» y envié cerca de vosotros diciendo: «No diréis: «Cogedura del Señor»; por esto he aquí yo os cojo y destrozo y la ciudad que os he dado y a vuestros padres; y daré sobre vosotros oprobio sempiterno y deshonra sempiterna; la que no se olvidará. Bajo el símbolo de los higos se vaticina el porvenir de Israel Mostróme el Señor dos cestas de higos, colocadas a faz del templo del Señor; después de trasladar Nabucodonosor, rey de Babilón, a Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá y a los príncipes y los artífices y los cerrajeros y los ricos, de Jerusalén; y llevólos a Babilón. La cesta la una, de higos buenos sobremanera, como los higos los tempranos; y la cesta la otra, de higos malos sobremanera, que no se comerán, de maldad de ellos». Y díjome el Señor: «¿Qué tú ves, Jeremías?» Y dije: «Higos: los buenos, buenos sobremanera, y los malos, malos sobremanera, que no se comerán, de maldad de ellos. Y fue hecha palabra del Señor, a mí, diciendo: Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Como estos higos los buenos, así conoceré a los transmigrados judíos, que he despedido de este lugar a tierra de caldeos, a bienes. Y afianzaré mis ojos sobre ellos a bienes; y restituiréles a esta tierra —a bienes. Y reedificaréles y no los destruiré, no, y trasplantáreles, y no los desarraigaré, no. Y les daré corazón de conocerme que yo soy el Señor; y seránme en pueblo y yo seréles en Dios; pues se convertirán a mí de todo su corazón. Y, como los higos los malos que no se comerán por la maldad de ellos, esto dice el Señor, así entregaré a Sedecías, rey de Judá y sus magnates y lo demás de Jerusalén, los que han quedado en esta tierra y los que habitan en Egipto; y los daré en dispersión, a todos los reinos de la tierra, y en oprobio y en parábola y en odio y en maldición, en todo lugar, adonde los arrojé, allí. Y enviaré a ellos el hambre, y la muerte y la cuchilla; hasta que desfallezcan de la tierra que les di. Los setenta años de cautividad. Castigo de Babilonia y otros pueblos. La palabra, la hecha a Jeremías sobre todo el pueblo de Judá, en el año el cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá; la que habló a todo el pueblo de Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciendo: «En décimotercer año de Josías, hijo de Amós, rey de Judá, y hasta este día veintitrés años; hablé a vosotros madrugando y diciendo. Y envié cerca de vos mis siervos, los profetas, al alba enviando; y no escuchasteis y no prestasteis vuestras orejas; diciendo: «Conviértase cada cual de su camino, el malo, y de vuestros malos propósitos; y habitaréis sobre la tierra que di a vosotros y vuestros padres, de siglo y hasta siglo. No andéis tras dioses extraños sirviéndoles y adorándolos; a fin de que no me airéis en las obras de vuestras manos para maltrataros; y no me oísteis. Por esto dice el Señor: «Puesto que no habéis creído a mis palabras, he aquí yo envío, y tomaré tribu de septentrión(a) y traerélos sobre esta tierra y sobre los habitantes de ella; y sobre todas las gentes las en contorno de ella; y los yermaré y darélos en desaparecimiento, y en silba y en oprobio sempiterno. Y perderé, de ellos, voz de gozo y voz de alegría, voz de esposo y voz de esposa, olor de ungüento(b) y luz de lámpara. Y será toda la tierra en desaparecimiento; y servirán, en las gentes, setenta años; y, cuando se cumplieren los setenta años, vengaréme de aquella gente, y los pondré en desaparecimiento sempiterno; y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que hablé contra ella, todo lo escrito en este libro, [cuanto profetizó Jeremías contra todas las gentes; porque sirvieron en ellas; pues los esclavizarán gentes muchas y reyes grandes; y les retribuiré según las obras de ellos y según la maldad de los propósitos de ellos](c). Así dice el Señor, el Dios de Israel: «Toma el cáliz de este vino no mixto de mi mano, y abrevarás todas las gentes a las cuales yo te enviaré, a ellas; y vomitarán, y se enfurecerán a faz de la cuchilla que yo envío en medio de ellos». Y tomé el cáliz de mano del Señor, y abrevé las gentes a que me envió el Señor a ellas; a Jerusalén, y las ciudades de Judá, y reyes de Judá y príncipes de él; para ponerlas en yermo, y en intransitable y en silba; y a Faraón, rey de Egipto, y sus niños y sus magnates y todo su pueblo, y todos los mestizos y todos los reyes de alienígenas; y Ascalón, y Gaza, y Acarón y el resto de Azoto; y la Idumea, y la Moabítide y los hijos de Amón; y reyes de Tiro, y reyes de Sidón y reyes, los de allende del mar; y Dedán y Temán y Ros y a todo lo circuntonso por su rostro; y a todos los mestizos habitantes del desierto; y a todos los reyes de Elam y todos los reyes de persas; y a todos los reyes del oriente, los de lejos y los de cerca, cada uno a su hermano; y a todos los reinos los sobre la haz de la tierra. Y les dirás: «Así dice el Señor omnipotente: «Bebed, embriagaos, y vomitad y caed, y no os levantéis, no, de la faz de la cuchilla que yo enviaré en medio de vosotros. Y será: cuando no quisieren recibir el cáliz, de tu mano, para beber, dirás: «Así dice el Señor: «Bebiendo, beberéis; pues en ciudad en que se ha nombrado mi nombre, sobre ella, yo empiezo a maltratar; y vos con purificación no seréis purificados, no; que cuchilla yo llamo sobre los sentados sobre la tierra. Y tú profetizarás a ellos estas palabras y dirás: Señor desde lo excelso decretará, desde su santo dará su voz; palabra decretará sobre su lugar; y aquellos, como vendimiadores responderán; y sobre los sentados de la tierra viene perdición; sobre parte de la tierra; porque juicio, para el Señor; en las gentes; juzgará él a toda carne; y los impíos serán dados a cuchilla», dice el Señor. Así dice el Señor: «He aquí males vienen de gente a gente; y tormenta grande sale del extremo de la tierra; y habrá heridos por el Señor, en día del Señor, de parte de la tierra y hasta parte de la tierra: no serán enterrados, no; en estiércol sobre la faz de la tierra estarán. Ululad, pastores; y vociferad y plañid, los carneros de las ovejas; pues se han cumplido vuestros días para degüello; y caeréis, tal como los carneros, los selectos; y perecerá fuga, de los pastores, y salvación, de los carneros de las ovejas. Voz de grita de los pastores, y alarido, de las ovejas y los carneros; que ha destruido el Señor sus dehesas; y cesarán los restos de la paz, a rostro de ira de mi furor, Dejó, tal como león, su manida; pues ha sido trocada la tierra de ellos en un intransitable, a faz de la cuchilla(d), la grande». Jeremías es condenado a muerte, pero absuelto. Al principio del reinado del rey Joaquín, hijo de Josías, fue hecha esta palabra de parte del Señor: «Así dice el Señor: «Ponte en el atrio de la casa del Señor, y responderás a todos los judíos y a todos los que vienen a adorar en casa del Señor, todas las palabras que te he ordenado responderles; no quites palabra. Tal vez oirán y se apartarán cada uno de su camino, el malo; y cesaré en los males que yo pienso hacerles por causa de sus malos propósitos». Y dirás: «Así dice el Señor: «Si no me oyereis para andar en mis leyes que os he dado a faz de vosotros; para escuchar las palabras de mis niños, los profetas, que os envío, al alba; y he enviado y no me habéis oído; daré esta casa como Silo, y la ciudad daré en maldición a todas las gentes de toda la tierra». Y oyeron los sacerdotes, y los pseudoprofetas y todo el pueblo a Jeremías hablando estas palabras en la casa del Señor. Y aconteció, habiendo Jeremías hablado todo lo que le ordenó el Señor hablar a todo el pueblo; que le cogieron juntamente los sacerdotes, y los pseudoprofetas, y todo el pueblo, diciendo: «De muerte mueras; pues ha profetizado en el nombre del Señor, diciendo: «Como Silo estará esta casa; y esta ciudad yermada será de habitantes». Y congregóse todo el pueblo sobre Jeremías en la casa del Señor. Y oyeron los príncipes de Judá esta palabra, y subieron de la casa del rey a la casa del Señor, y sentáronse en vestíbulos de puerta la nueva. Y dijeron los sacerdotes y los pseudoprofetas a los príncipes y todo el pueblo: «Juicio de muerte a este hombre; pues ha profetizado contra esta ciudad, según habéis oído en vuestras orejas». Y dijo Jeremías a los príncipes y todo el pueblo, diciendo: «El Señor me ha enviado a profetizar sobre esta casa y sobre esta ciudad todas estas palabras que habéis oído. Y ahora mejores haced vuestros caminos y vuestras obras; y oíd la voz del Señor; y cesará el Señor en los males que ha hablado sobre vosotros. Y he aquí yo, en vuestras manos: hacedme, como conviene, y como mejor para vosotros. Empero, conociendo, conoceréis que, si me matareis, sangre inocente dais sobre vos y sobre esta ciudad y sobre los habitantes de ella; pues en verdad me ha enviado el Señor a vosotros a hablar en las orejas vuestras todas estas palabras». Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y a los pseudoprofetas: «No hay para este hombre juicio de muerte; pues en el nombre del Señor, nuestro Dios, nos ha hablado». Y levantáronse varones de los ancianos de la tierra y dijeron a toda la congregación del pueblo: «Miqueas, el morastita, era en los días de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el pueblo de Judá: «Así dice el Señor: «Sión, como campo, arada será; y Jerusalén en intransitable será, y el monte de la casa, en selva de sierra». ¿Acaso, matando, matóle Ezequías y todo Judá? Acaso, ya que temieron al Señor y ya que deprecaron la faz del Señor ¿no cesó el Señor en los males que había hablado sobre ellos? y nosotros hemos hecho males grandes sobre nuestras almas». Y un hombre hubo profetizado con el nombre del Señor: Urías, hijo de Samaías, de Cariatiarim, y profetizó de esta tierra, según todas las palabras de Jeremías; Y oyó el rey Joaquín y todos los príncipes las palabras de él; y buscaban matarle; y oyó Urías y entró en Egipto. Y envió el rey varones a Egipto(a); y sacáronle de allí y percutióle en cuchilla; y le arrojó en el monumento de hijos de su pueblo». Empero la mano de Ahicam, hijo de Safán, era con Jeremías, para no entregarle en manos del pueblo, para que no le matasen. Cautiverio de Judá. Los pseudoprofetas. [Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, fue hecha esta palabra a Jeremías, del Señor, diciendo:(a)]. Así dice el Señor: «Haz ataduras y cadenas y pon en torno de tu cuello(b); y las enviarás al rey de Idumea, y al rey de Moab, y al rey de hijos de Amón, y al rey de Tiro y al rey de Sidón, en manos de los mensajeros de ellos, los que vienen a su reunión, a Jerusalén, a Sedecías, rey de Judá. Y les ordenarás a sus señores decir: «Así dice el Señor, el Dios de Israel: «Así diréis a vuestros señores que «Yo he hecho la tierra en mi fuerza, la grande, y en mi brazo, el excelso, y la daré a quien pareciere en mis ojos. He dado la tierra a Nabucodonosor, rey de Babilón(c) para que le sirva y las bestias del campo para que trabajen para él. [Y le servirán todas las gentes, y al hijo de su hijo, hasta que viniere el tiempo de la tierra de él; y le servirán gentes muchas y reyes grandes(d)]. Y la gente y el reino cuantos no sometieren la cerviz bajo el yugo del rey de Babilón, en cuchilla y en hambre los visitaré, dice el Señor; hasta que desfallezcan en mano de él. Y vos no oigáis a vuestros pseudoprofetas, y a los que os adivinan, y a los que os sueñan; y los augurios vuestros, y a los maleficios vuestros, los que dicen: «No trabajéis, no, para el rey de Babilón; porque embustes os profetizan ellos, para alejaros de vuestra tierra. Y la gente que metiere su cerviz bajo el yugo del rey de Babilón y trabajare para él; dejaréle en su tierra y trabajará para él, y habitará en ella». Y a Sedecías, rey de Judá, hablé, según todas estas palabras, diciendo: «Meted vuestra cerviz, y trabajad para el rey de Babilón [y para el fuego de él, y viviréis. ¿Por qué habéis de morir tú y tu pueblo en cuchilla, y en hambre y en peste, como ha hablado el Señor contra la gente que no ha servido al rey de Babilón? No oigáis las palabras de los profetas que os dicen: «No sirváis al rey de Babilón](e) porque cosas injustas ellos os profetizan; porque no los he enviado, dice el Señor; y profetizan por mi nombre, sobre lo injusto, para perderos; y os perderéis vos y vuestros profetas, los que os profetizan, sobre lo injusto, embustes». A vos y a todo este pueblo y a los sacerdotes he hablado, diciendo: «Así dijo el Señor: «No oigáis las palabras de los profetas, los que os profetizan, diciendo: «He aquí vasos de casa del Señor volverán de Babilón»; porque cosas injustas ellos os profetizan; no los he enviado. [No los oigáis, sino servid al rey de Babilón, para que viváis: ¿por qué será esta ciudad en yermo?(f)] Si profetas son, y si hay palabra del Señor en ellos, preséntenseme [para que(g) no sean llevados los vasos, los dejados en casa del Señor y en casa del rey de Judá y Jerusalén, a Babilón](h). Porque así dijo el Señor: [acerca de las columnas y acerca de la mar, y acerca de las vasas]. «También los demás vasos, los dejados en esta ciudad; que no tomó rey de Babilón, cuando trasladó a Jeconías, [hijo de Joaquín, rey de Judá] de Jerusalén [a Babilón, y todos los príncipes de Judá y Jerusalén. Porque esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel, acerca de los vasos, los dejados en casa del Señor y en casa del rey de Judá y Jerusalén:] en Babilón entrarán, dice el Señor» [y allí estarán hasta el día de la visitación de ellos, y los volveré a su lugar]. Castigo de un pseudoprofeta Y sucedió en el(a) cuarto año de Sedecías, rey de Judá, en mes, el quinto, díjome Ananías, hijo de Azor el pseudoprofeta, de Gabaón en casa del Señor, en ojos de los sacerdotes y todo el pueblo, diciendo: «Así dijo el Señor: «He quebrantado el yugo del rey de Babilón. Todavía dos años de días, y yo volveré a este lugar los vasos de la casa del Señor; y a Jeconías y la transmigración de Judá; porque quebrantaré el yugo del rey de Babilón». Y dijo Jeremías a Ananías, en ojos de los sacerdotes los puestos en casa del Señor; y dijo Jeremías: «Verdaderamente, así haga el Señor: afiance la palabra que tú profetizas: que vuelvan los vasos de casa del Señor y toda la transmigración la de Babilón, a este lugar. Empero oíd la palabra del Señor que yo hablo en vuestras orejas y en las orejas de todo el pueblo: «Los profetas que han sido primero que yo y primero que vosotros desde el siglo, y profetizan sobre tierra mucha y sobre reinos grandes, de guerra; el profeta que ha profetizado de paz, viniendo(b) la palabra, conocerán al profeta que les ha enviado el Señor en fe»(c). Y cogió Ananías, en ojos de todo el pueblo, las cadenas del cuello de Jeremías y las destrozó. Y dijo Ananías ante los ojos de todo el pueblo, diciendo: «Así dijo el Señor: «Así destrozaré el yugo del rey de Babilón, del cuello de todas las gentes». Y fue Jeremías por su camino. Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías, después de destrozar Ananías las cadenas, de su cuello, diciendo: «Ve y di a Ananías, diciendo: «Así dijo el Señor: «Cadenas madéricas destrozaste, y haré, en vez de ellas, cadenas férreas. Porque así dijo el Señor(d): «Yugo férreo he puesto sobre el cuello de todas las gentes a trabajar para el rey de Babilón(e). Y dijo Jeremías a Ananías: «No te ha enviado el Señor, y confiar has hecho a este pueblo en lo injusto. Por esto así dice el Señor: «He aquí yo te despido de sobre la faz de la tierra: este año morirás». Y murió en el mes el séptimo. Escribe Jeremías a los cautivos de Babilonia y es perseguido por ello Y éstas, las palabras del libro que envió Jeremías, de Jerusalén, a los ancianos de la transmigración, y a los sacerdotes y a los pseudoprofetas, epístola a Babilón, a la transmigración, y a todo el pueblo; después de salir Jeconías, el rey, y la reina y los eunucos y todos libres y cautivo y artífice, de Jerusalén; en mano de Elasa, hijo de Safán, y Gamarías, hijo de Helcías; a quien envió Sedecías, rey de Judá, al rey de Babilón a Babilón, diciendo: «Así dijo el Señor, el Dios de Israel a la transmigración que he transmigrado, de Jerusalén: Edificad casas, y habitaréis; y plantad arbolados, y comed sus frutos; y tomad mujeres, y engendrad hijos e hijas; y tomad, para vuestros hijos mujeres, y vuestras hijas a varones dad; y multiplicaos, y, no minoréis; y buscad en paz de la tierra a que os he transmigrado, allí; y orad por ellos al Señor; pues en paz de ellos es la paz vuestra. Porque así dijo el Señor: «No os engañen los pseudoprofetas, los que hay en vosotros, y no os engañen vuestros adivinos; y no oigáis a vuestros sueños que vos soñáis; porque lo injusto ellos os profetizan en el nombre mío, y no los he enviado. Porque así dijo el Señor: «Cuando hubieren de cumplirse a Babilón setenta años, os visitaré, y suscitaré mis palabras sobre vos, para volver vuestro pueblo a este lugar; y pensaré sobre vos pensar de paz, y no males, para daros éstos. Y orad a mí y os escucharé; y buscadme, y me hallaréis; porque me buscaréis en todo vuestro corazón; y me apareceré a vosotros [dice el Señor, y convertiré vuestra cautividad y os congregaré de todas las gentes, y de todos los lugares adonde os he dispersado allí, dice el Señor; y os convertiré al lugar de donde os he transmigrado, allí(a). Porque dijisteis: Hanos suscitado el Señor profetas en Babilón. [Porque así dice el Señor al rey, el sentado sobre el trono de David, y a todo el pueblo habitante de esta ciudad, y a vuestros hermanos que no salieron con vosotros al cautiverio; así dice el Señor de los ejércitos: He aquí yo enviaré a vos cuchilla, y hambre, y peste; y pondrélos como higos malos, los que no se pueden comer de malos. Y los perseguiré en cuchilla, y hambre y peste; y los daré a vejación en todos los reinos de la tierra; y a maldición, y a penuria, y a silba y a oprobio a todas las gentes; a las cuales yo los lanzo. Por esto: porque no oyeron mis palabras, dice el Señor, las que les envié por mis siervos, los profetas, madrugando y enviando; y no oísteis, dice el Señor. Vosotros, pues, oíd las palabras del Señor, toda la transmigración que he enviado, de Jerusalén, a Babel(b)]. Así dijo el Señor [de los ejércitos, el Dios de Israel] sobre Acab, hijo de Golías] y sobre Sedecías [hijo de Maasías, que os profetizan, en mi nombre, mentiras:] «he aquí que yo los doy en manos del rey de Babilón, y los percutirá ante vuestros ojos. Y tomarán, de ellos, maldición en toda la transmigración de Judá, en Babilón, diciendo: «Hágate el Señor, como a Sedecías hizo, y como a Acab; los que tostó rey de Babilón en fuego; por la que hicieron iniquidad en Israel; y adulteraban a las mujeres de sus ciudadanos, y palabra respondieron en mi nombre, la que yo no les ordené, y yo soy testigo», dice el Señor. Y a Semeías, el nehelamita, dirás: «No te he enviado con mi nombre». Y a Sofonías, hijo de Maasías, el sacerdote di:(c) «El Señor te ha dado por sacerdote en lugar de Yoyadá, el sacerdote, para ser prefecto en la casa del Señor a todo hombre profetizante, y a todo hombre frenético; y le darás en prisión y en calabozo. Y ahora ¿por qué habéis oprobiado juntamente a Jeremías, el de Ananot, al que os profetizaba?(d) ¿No por esto envió cerca de vosotros a Babilón, diciendo: «Lejos está:(e) edificad casas y habitad, y plantad huertos y comed sus frutos?» Y leyó Sofonías el libro en las orejas de Jeremías. Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías, diciendo: «Envía cerca de la transmigración, diciendo: Así dijo el Señor sobre Semeías, el elamita: «Puesto que os ha profetizado Semeías, y yo no le envié y os ha hecho confiar en cosas injustas, por esto, así dijo el Señor: «He aquí yo visitaré sobre Semeías y sobre su linaje; y no habrá de ellos hombre en medio de vosotros para ver lo bueno que yo os haré; no verán»(f). Restaurado será Israel La palabra, la que fue hecha a Jeremías por el Señor, para hablar: «Así dijo el Señor, el Dios de Israel, diciendo: «Escribe todas las palabras que te he respondido, en un libro. Pues he aquí que días vienen, dice el Señor; y volveré la transmigración de mi pueblo de Israel y Judá, dijo el Señor; y los volveré a la tierra que di a sus padres, y la dominarán». Y estas las palabras que habló el Señor sobre Israel y Judá: Así dijo el Señor: «Voz de temor oiréis: temor y no hay paz. Preguntad y ved si ha parido lo masculino;(a) y sobre el temor en que apretarán lomo y(b) salvación; por lo cual he visto a todo hombre, y las manos de él sobre el lomo; demudáronse sus rostros: en ictericia se convirtieron. Porque grande, aquel día, y no hay semejante, y tiempo estrecho hay para Jacob; y de éste será salvo. En aquel día, dijo el Señor, quebrantaré el yugo del cuello de ellos, y sus ataduras destrozaré; y no trabajarán ellos a otros; y trabajarán para el Señor, su Dios; y a David, su rey, les suscitaré». [Y tú no temas, siervo mío, Jacob, dice el Señor; y no te aterres, Israel; que he aquí yo te salvaré de tierra lejana; y tu simiente, de tierra de su cautividad; y regresará Jacob, y reposará y redundará en todos los bienes, y no habrá quien atemorice. Porque contigo yo soy, dice el Señor, para salvarte; pues haré consumación en todas las gentes, en que te he dispersado; y a ti no haré, no, en consumación, sino te castigaré en juicio, y, limpiando, no te limpiaré»(c)]. Así dijo el Señor: «He suscitado quebrantamiento; dolorosa es tu plaga; no hay quien juzgue tu juicio; para dolorida has sido curada; provecho para ti no hay. Todos tus amigos te han olvidado; no interrogarán, no; pues con plaga de enemigo te he percutido, corrección fuerte; sobre toda tu injusticia se han multiplicado tus pecados]. ¿Qué clamas sobre tu quebrantamiento? Insanable es tu trabajo; por la muchedumbre de tu injusticia, y por tus pecados, los duros, te he hecho esto(d)]. Por esto todos los que te comen, devorados serán; de todos tus enemigos su carne toda comerán; por la muchedumbre de tus injusticias, se han multiplicado tus pecados, te han hecho esto; y serán tus depredadores en depredación, y a todos los que te despojan daré en despojo; pues traeré tu curación; de plaga dolorosa te curaré, dice el Señor; pues «Dispersa» has sido llamada; caza vuestra es, que quien la busque no hay. Así dijo el Señor: He aquí, yo volveré la transmigración de Jacob, y de su cautiverio me apiadaré; y edificada será la ciudad sobre su altura; y el pueblo(e), según su juicio(f), se asentará. Y saldrán de ellos cantantes: voz de jubilosos; y los multiplicaré, y no serán, no, minorados. Y entrarán los hijos de ellos, como antes; y sus testimonios, a mi faz, se enderezarán; y visitaré a los que los atribulan; y serán los más fuertes de él(g) sobre ellos; y el príncipe de él, de él saldrá; y les congregaré y se volverán a mí; pues ¿quién es éste que ha dado su corazón para volverse a mí? dice el Señor. [Y me seréis en pueblo, y yo os seré en Señor(h)]. Pues la ira del Señor ha salido furiosa; ha salido ira girante: sobre los impíos vendrá. No se apartará, no, la ira del furor del Señor; hasta que haga, y hasta que constituya el intento de su corazón; en los postreros de los días lo conoceréis». Redención de Israel. El Mesías. «En aquel tiempo, dijo el Señor, seré en Dios para el linaje de Israel; y ellos me serán en pueblo». Así dijo el Señor: «He hallado lo cálido(a) en el desierto, con perecidos a cuchilla: idos y no perdáis a Israel. Señor en lontananza apareciósele: Con amor eterno te he amado; por esto te he atraído en conmiseración. Pues te edificaré; y edificada serás, virgen de Israel: cogerás tu tímpano y saldrás con congregación de tañedores. Pues habéis plantado viñas en montes de Samaria, plantad y load; pues es día de llamada de los que responden(b) en los montes de Efraín: «Levantaos y subid a Sión, al Señor, nuestro Dios. Pues así dijo el Señor a Jacob: «Alegraos y vociferad sobre cabeza de gentes; oíble hacedlo, y load; decid: «Ha salvado Dios a su pueblo: las reliquias de Israel. He aquí yo los traigo de septentrión; y los juntaré de confín de la tierra,(c) en la fiesta de Pascua; y engendrará(d) turba mucha; y retornarán acá. En lloro salieron; y en consolación los traeré, hospedando sobre fosos de aguas en vía recta; y no errarán, no, en ella; porque me he hecho a Israel en padre; y Efraín(e) primogénito mío es». Oíd palabras del Señor, gentes, y anunciad a las islas lejanas; decid. «El que aventó a Israel, le congregará y le guardará, como el pastoreante, a su grey. Que ha redimido el Señor a Jacob; librádole de mano de más recios que él». Y vendrán y alegraránse en el monte de Sión; y vendrán a bienes del Señor, a tierra de trigo, y vino, y frutos, y ganados y ovejas; y será su alma cual leño fructífero, y no hambrearán más. Entonces alegráranse las doncellas en congregación de jóvenes; y los ancianos se alegrarán; y mudaré su llanto en alegría; y haréles gozosos. Engrandeceré y embriagaré el alma de los sacerdotes, hijos de Leví; y mi pueblo de mis bienes se llenará». Así dijo el Señor: «Voz de Ramá se oyó de treno, y lloro y lamentación: Raquel, llorando, no quiso cesar sobre sus hijos; porque no son». Así dijo el Señor: «Deje tu voz el lloro, y tus ojos, tus lágrimas; que hay galardón para tus obras; y volverán de tierra de enemigos; cosa estable para tus hijos. De oída he oído a Efraín lamentándose: «Castigásteme, y castigado he sido; yo tal como becerro, no aprendí; conviérteme, y me convertiré; porque tú, Señor, eres mi Dios. Porque después de mi cautiverio, arrepentíme; y después que conocí, gemí sobre día de vergüenza; y te manifesté que recibí oprobio, desde mi juventud». «Hijo amado, Efraín, para mí; niñito regalado; pues, por cuanto mis palabras, en él, con memoria le rememoraré; por esto me he solicitado por él; apiadándome, apiadaréme de él» dice el Señor. Ponte, Sión; haz pena(f); da tu corazón a las espaldas(g): por el camino que anduviste, vuélvete, virgen de Israel; vuélvete a tus ciudades llorando. ¿Hasta cuándo te volverás, hija deshonrada? pues ha creado el Señor salud para una plantación nueva; en salud doquier andarán los hombres(h). Porque así dijo el Señor: «Aún dirán esta palabra en tierra de Judá y en sus ciudades; cuando yo volviere su cautividad: «Bendito, Señor sobre justo monte, el santo de él»; y habitantes de las ciudades de Judá y de toda su tierra, juntos con agrícola; y elevado será en grey. Pues he embriagado a toda alma sedienta; y a toda alma hambrienta saciado. Por esto he despertado y visto, y mi sueño dulce hízoseme. Por esto, he aquí días vienen, dice el Señor, y sembraré a Israel y a Judá; simiente de hombre y simiente de bestia. Y será: así como he velado sobre ellos; para destruir y maltratar; así velaré sobre ellos para edificar y plantar, dice el Señor. En aquellos días no dirán, no: «Los padres comieron agraz; y los dientes de los hijos destempláronse»; sino que cada uno en su pecado morirá, y del que comiere el agraz, destemplaránse sus dientes. He aquí días vienen, dice el Señor, y pactaré con la casa de Israel y la casa de Judá pacto nuevo; no según el pacto que pacté con sus padres, en el día que cogí la mano de ellos, para sacarlos de la tierra de Egipto; pues ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Pues éste, mi pacto, que pactaré con la casa de Israel: «Después de aquellos días, dice el Señor, dando daré mis leyes en la mente de ellos; y en su corazón las escribiré, y seréles su Dios, y ellos seránme mi pueblo. Y no enseñarán cada uno a su ciudadano, y cada uno a su hermano, diciendo: «Conoce al Señor»; pues todos me entenderán, de pequeño de ellos a grande de ellos; pues propicio seré con sus injusticias; y de sus pecados no me acordaré, no, ya. Si se levantare el cielo a lo sublime, dice el Señor, y se humillare el suelo de la tierra abajo, yo no reprobaré el linaje de Israel, dice el Señor; por todo lo que hicieron. Así dijo el Señor, el que da el sol para luz del día; luna y estrellas para luz de la noche,y clamor en el mar, y rebombaron sus olas, Señor, Omnipotente, su nombre: «Si cesaren estas leyes ante mi faz, dice el Señor, también el linaje de Israel cesará de ser gente ante mi faz, todos los días». «He aquí días vienen, dice el Señor, y edificada será la ciudad al Señor, de torre de Hanameel a puerta del ángulo; y saldrá la medida de ella en frente de ellos hasta las colinas de Gareb; y será circuida en torno por selectas piedras; y todas las regiones de muerte, hasta el torrente de Cedrón; hasta el ángulo de puerta de bridones del oriente, santuario al Señor; y ya no desfallecerá, no, y no será arrasada, no, hasta el siglo». En señal de la vuelta del cautiverio, compra Jeremías un campo. Castigos. Redención. La palabra la hecha por el Señor a Jeremías, en el año décimo para el rey Sedecías, y dieciocho para el rey Nabucodonosor, rey de Babilón. Y el ejército del rey de Babilón valló sobre Jerusalén, y Jeremías era custodiado en atrio de la custodia que hay en casa del rey; en que le encerró el rey Sedecías, diciendo: «¿Por qué tú profetizas, diciendo: «Así dijo el Señor: He aquí yo doy esta ciudad en manos del rey de Babilón, y la tomará; y Sedecías no salvará, no, de mano de los caldeos; pues con entrega, entregado será en manos del rey de Babilón, y hablará su boca a boca de él; y sus ojos los ojos de él verán; y entrará Sedecías en Babilón, y allí se asentará [hasta que yo le visitare, dice el Señor; y si guerreareis contra los caldeos, no prosperaréis. Y dijo Jeremías(a)]. Y palabra del Señor fue hecha a Jeremías, diciendo: «He aquí Hanameel, hijo de Selum, hermano de tu padre, viene a ti, diciendo: «Cómprate mi campo, el de Anatot; pues a ti, juicio(b) de tomar en compra». Y vino a mí Hanameel, hijo de Selum, hermano de mi padre, al atrio de la custodia, y dijo: «Cómprate mi campo, el en tierra de Benjamín, el de Ananot; pues, a ti juicio, de comprarlo, y tú, el más anciano». Y conocí que era palabra del Señor y compré el campo de Hanameel, hijo de hermano de mi padre, y le pesé siete siclos y diez de plata; y escribí en libro y sellé, y testimoneé testigos, y puse la plata en balanza. Y tomé el libro de la compra, el sellado(c), y dilo a Baruc, hijo de Neri, hijo de Maasías, a ojos de Hanameel, hijo de hermano de mi padre, y a ojos de los varones los presentes y firmantes del libro de la compra, y a ojos de los judíos, los del atrio de la custodia. Y mandé a Baruc, a ojos de ellos, diciendo: Así dice el Señor, Omnipotente: «Toma este libro de la compra y el libro, el leído, y lo pondrás en vaso barrizo, para que dure días muchos. Porque así dijo el Señor: «Todavía se comprarán agros, y casas y viñas en esta tierra». Y oré al Señor, después de dar el libro de la compra a Baruc, hijo de Neri, diciendo: «¡El que eres, Señor! tú has hecho el cielo y la tierra con tu fuerza, la grande, y tu brazo, el excelso y el sublime; no se ocultará, no, de ti nada; el que haces misericordia a millares y vuelves pecados de padres a senos de hijos, con ellos; el Dios, el grande, el fuerte; Señor de gran consejo y poderoso por las obras; el Dios, el grande, el Omnipotente y de gran nombre, Señor: tus ojos, en los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según su camino; el que hiciste señales y portentos en tierra de Egipto, hasta este día, y en Israel y en los terrígenas, y te has hecho nombre, como(d) este día; y sacaste tu pueblo Israel, de tierra de Egipto en señales y portentos, en mano fuerte y en brazo sublime, y en visiones grandes; y dísteles esta tierra que juraste a sus padres, tierra manando leche y miel. Y entraron y tomáronla; y no oyeron tu voz; y en tus preceptos no anduvieron: todo cuando les mandabas, no hicieron; para que les sobreviniesen todos estos males. He aquí turba viene a la ciudad a tomarla; y la ciudad ha sido dada en manos de caldeos; que guerrean contra ella, a faz de cuchilla y del hambre; como has hablado, así ha acontecido. Y tú me dices: «Cómprate el agro en plata»; y he escrito libro, y sellado, y testimoniado testigos, y la ciudad ha sido dada en manos de caldeos». Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Yo, Señor, el Dios de toda carne, ¿acaso se me ocultará algo? Por esto, así dijo el Señor, el Dios de Israel: «Dada, entregada será esta ciudad en mano del rey de Babilón; y la tomará; y llegarán los caldeos, guerreando contra esta ciudad, y quemarán esta ciudad en fuego; y quemarán las casas en que incensaban, sobre los terrados de ellas, a la Baal, y libaban libaciones a dioses otros, para irritarme. Pues han sido los hijos de Israel y los hijos de Judá los solos que han hecho lo malo en mis ojos, desde su juventud; pues sobre mi ira y sobre mi furor ha estado esta ciudad; desde el día que la edificaron, y hasta ese día, para apartarla de mi semblante; por todas las maldades de los hijos de Israel y Judá, que hicieron para exacerbarme, ellos, y sus reyes, y sus príncipes, y sus sacerdotes y sus profetas, varones de Judá y los habitantes de Jerusalén; y volviéronme la espalda, y no el rostro. Y les enseñé al alba; y les enseñé, y no oyeron para ya recibir enseñanza, Y pusieron sus inmundicias en la casa donde se invocó mi nombre, sobre ella, en impurezas de ellos. Y edificaron las aras a la Baal, las en hondonada de hijo de Ennom, para ofrendar sus hijos y sus hijas al Moloc rey; lo que no les mandé, ni subió a mi corazón; para hacer esta abominación, para hacer pecar a Judá. Y ahora así dijo el Señor, el Dios de Israel, sobre esta ciudad que tú dices: «Entregada será en manos del rey de Babilón, en cuchilla, y en hambre y en deportación. He aquí yo los congrego de toda la tierra donde los dispersé, allí, en mi ira, y en mi furor y en paroxismo grande; y los vuelvo a este lugar y los asentaré confiados; y me serán mi pueblo, y yo les seré su Dios. Y les daré camino otro y corazón otro, para que me teman todos los días, y para bien a ellos y sus hijos después de ellos. Y pactaré con ellos pacto sempiterno; el que no apartaré, no, de en pos de ellos; y mi temor daréles en su corazón, para que no se separen de mí. Y visitaré para bien hacerles; y los plantaré en esta tierra, en(e) fe, y en todo corazón y en toda alma. Porque así dijo el Señor: «Así como he traído sobre este pueblo todos los males, los grandes; así yo traeré sobre ellos todos los bienes que he hablado sobre ellos. Y serán comprados todavía agros en la tierra que tú dices: «Intransitada será de hombres y bestias; y entregados han sido en manos de caldeos»; y comprarán agros en plata. Y escribirás libro y sellarás y testimoniarás testigos, en tierra de Benjamín y en contorno de Jerusalén, y en ciudades de Judá, y en ciudades del monte, y en ciudades del llano, y en ciudades del mediodía; porque volveré las transmigraciones de ellos». Prométense tiempos venturosos y alianza eterna Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías, segunda vez (y él estaba aún atado en el atrio de la custodia), diciendo: Así dijo el Señor, el que hace la tierra, y la plasma para levantarla; Señor es su nombre: «Clama a mí, y te responderé, y te anunciaré cosas grandes y fuertes que tú no las conociste. Porque así dijo el Señor acerca de casas de esta ciudad y acerca de casas del rey de Judá, las destruidas en valladares y antemurales, para combatir contra los caldeos y llenarla(a) de los cadáveres de los hombres que he percutido en mi ira y en mi furor; y apartado mi rostro de ellos, por todas sus maldades: He aquí yo la traigo cicatriz y sanidad, y les revelaré, y la curaré; y haré también paz y fe; y volveré la transmigración de Judá y la transmigración de Israel, y los edificaré tal como también antes; y los purificaré de todas sus injusticias que pecaron contra mí; y no me acordaré, no, de sus pecados que pecaban contra mí, y apartáronse de mí. Y será en alegría, y loor y en magnificencia a todo el pueblo de la tierra; los que oirán todos los bienes que yo haré; y temerán, y se exasperarán por todos los bienes y por toda la paz que yo les haré. Así dijo el Señor: «Aún se oirá en este lugar que vos decís: «Desierto está de hombres y bestias», en ciudades de Judá y fuera de Jerusalén, las yermadas, por no haber hombre y bestia: voz de alegría y voz de gozo, voz de novio y voz de novia, voz de los que dicen: «Confesad al Señor, al Todopoderoso, porque bueno es el Señor, porque por el siglo dura su misericordia»; y traerán dones a la casa del Señor; porque volveré toda la transmigración de aquella tierra, según lo primero, dijo el Señor. Así dijo el Señor de los ejércitos que: «Habrá en este lugar, el desierto, por no haber hombre y bestia, en todas sus ciudades, majadas de pastores velando ovejas; en ciudades de montaña y en ciudades del llano, y en ciudades del mediodía, y en tierra de Benjamín; y en las en contorno de Jerusalén y en ciudades de Judá, todavía pasarán ovejas, a mano del enumerante, dijo el Señor». [«He aquí, dice el Señor, y suscitaré la palabra, la buena, que hablé sobre la casa de Jacob, y sobre la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo, germinar haré a David germen de justicia, y reinará como rey, y entenderá y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días salvará Judá; y Jerusalén será habitada confiadamente; y éste es el nombre que le llamarán: «Señor, justo nuestro». Pues así dice el Señor: «No faltará a David varón sentado sobre el trono de Israel. Y de los sacerdotes y levitas no faltará varón, a faz mía ofreciendo holocausto, e incensando don, y haciendo sacrificio todos los días. Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías, diciendo: «Así dice el Señor: «Si nula hiciereis mi alianza, la con el día, y mi alianza, la con la noche, de modo que no hubiera día y noche en tiempo de ellos; también mi alianza nula será con David, mi siervo, de modo que no haya, de él hijo reinando sobre su trono, y con los levitas y los sacerdotes, ministros míos. Así como no se contará la milicia del cielo, y no se medirá la arena del mar, así multiplicaré la simiente de David, mi siervo, y a los levitas, mis ministros. Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías diciendo: «¿No ves qué este pueblo ha hablado, diciendo: «Dos parentelas, que eligió el Señor, desechólas, y a mi pueblo irritaron, para que no haya gente, delante de ellos». Así dice el Señor: «Si no hubiera mi alianza con el día y la noche, y leyes del cielo y de la tierra no hubiese yo puesto; Así la simiente de Jacob y David, mi siervo, hubiera yo desechado, para no recibir, de la simiente de él príncipes, en la simiente de Abrahán, e Isaac y Jacob; pues volveré la cautividad de ellos y me apiadaré de ellos»(b)]. Castigo de Sedecías y de los infieles judíos La palabra hecha a Jeremías, del Señor (y Nabucodonosor, rey de Babilón, y todo su ejército y toda la tierra de su imperio que guerreaban sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá), diciendo: Así dijo el Señor: «Ve a Sedecías, rey de Judá; y le dirás: «Así dijo el Señor: «Con entrega, entregada será esta ciudad en manos del rey de Babilón; y la tomará y la quemará en fuego; y tú no salvarás, no, de mano de él, y con cogida serás cogido y en manos de él entregado; y tus ojos sus ojos verán; y en Babilón entrarás». Pero oye la palabra del Señor, Sedecías, rey de Judá: «Así dice el Señor: «En paz morirás; y, como lloraron a tus padres a los reinantes antes de ti, llorarán también a ti y hasta el infierno(a) te plañirán; pues palabra yo he hablado, dijo el Señor». Y habló Jeremías al rey Sedecías todas estas palabras en Jerusalén. Y el ejército del rey de Babilón guerreaba sobre Jerusalén, y sobre las ciudades de Judá, y sobre Laquis y sobre Azeca; pues éstas quedaban, entre las ciudades de Judá, ciudades fortificadas. La palabra la hecha a Jeremías, del Señor, después de consumar el rey Sedecías pacto con el pueblo, proclamando liberación: de enviar cada uno a su niño y cada uno a su niña: al hebreo y a la hebrea, libres, para que no sirviera varón de Judá. Y mudáronse los magnates y todo el pueblo, los entrados en el pacto, para despedir cada uno a su niño y a su niña; y los dejaron para niños y niñas(b). Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías, diciendo: «Así dijo el Señor: «Yo he pactado pacto con vuestros padres en el día que les saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre, diciendo: «Cuando se cumplieren seis años, despedirás a tu hermano, el hebreo, que fuere comprado por ti y te hubiere trabajado seis años, y le despedirás libre»; y no me oyeron y no inclinaron su oreja. Y se apartaron hoy de hacer lo recto ante mis ojos, de proclamar remisión cada cual de su prójimo, y consumaron pacto a mi faz en la casa donde ha sido invocado mi nombre sobre ella. Y os habéis vuelto, y mancillado mi nombre, para volver a cada uno su niño y cada cual su niña; que habían despedido libres de almas de ellos(c), a vosotros para niños y niñas. Por esto, así dijo el Señor: «Vosotros no me habéis oído para proclamar la remisión de cada cual a su prójimo; he aquí yo os proclamaré remisión a cuchilla, y a la muerte y al hambre; y os daré en dispersión a todos los reinos de la tierra. Y daré los varones, los que han transgredido mi pacto, los que no han guardado mi pacto que hicieron, a mi faz, el(d) becerro que hicieron para trabajarle(e); a los príncipes de Judá y los poderosos y los sacerdotes y el pueblo; y los daré a sus enemigos y serán sus cadáveres presa a los volátiles del cielo y a las bestias de la tierra. Y a Sedecías, rey de la Judea, y a los príncipes de ellos daré en manos de sus enemigos; y ejército del rey de Babilón a los que huyen de ellos. He aquí yo ordeno, dice el Señor, y los volveré a esta tierra; y guerrearán sobre ella, y la tomarán y la quemarán en fuego; y las ciudades de Judá, y las daré desiertas de habitantes». Obediencia de los recabitas; ejemplo para los inobedientes judíos La palabra, fue hecha a Jeremías, del Señor, en días de Joaquín, rey de Judá, diciendo: «Ve a casa de los recabitas, y los traerás a casa del Señor, a uno de los atrios, y les brindarás vino». Y saqué a Jeconías, hijo de Jeremías, hijo de Habsanías y a sus hermanos, y sus hijos y toda la casa de recabitas; e introdújeles en la casa del Señor, en el pastoforio de hijos de Hanán, hijo de Ananías, hijo de Yegedelías, hombre de Dios; el cual está cerca de la casa de los príncipes, los sobre la casa de Maasías, hijo de Selum, el que custodia el atrio. Y di, ante el rostro de ellos, un cántaro de vino y copas, y dije: «Bebed vino». Y dijeron: «No beberemos vino, no; pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos ha mandado: «No beberéis vino, no, vos y vuestros hijos por el siglo; y casas no edifiquéis, no; y semilla no sembréis, no; y viña no tendréis; pues en tiendas habitaréis todos vuestros días; para que viváis días muchos sobre la tierra, sobre la cual moráis vosotros sobre ella. Y hemos oído la voz de Jonadab, nuestro padre, de no beber vino todos nuestros días, nosotros, y nuestras mujeres, y nuestros hijos y nuestras hijas; y de no edificar casas para habitar ahí; viña y agro y semilla no hemos tenido; y hemos habitado en tiendas y oído y hecho según todo lo que nos mandó Jonadab, nuestro padre. Y sucedió cuando subió Nabucodonosor sobre la tierra, que resolvimos entrar y entramos en Jerusalén, a faz del ejército de los caldeos, y a faz del ejército de los asirios, y habitamos allí». Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Así dice el Señor: «Así dice el Señor: «Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No tomarás no, corrección para oír mis palabras? Afianzaron palabra los hijos de Jonadab, hijo de Recab, lo que mandó a sus hijos de no beber vino; y no bebieron. Y yo os hablé al alba y no visteis. Y envié a vosotros a mis niños, los profetas, diciendo: «Apartaos cada cual de su camino el malo; y mejores haced vuestros propósitos, y no vayáis tras dioses extraños a servirles, y habitad sobre la tierra que di a vos y vuestros padres; y no inclinasteis vuestras orejas, y no oísteis. Y establecieron hijos de Jonadab, hijo de Recab, el mandato de su padre; y este pueblo no me ha oído a mí. Por esto, así dijo el Señor: «He aquí yo traigo sobre Judá y sobre los habitantes de Jerusalén todos los males que he hablado sobre ellos. Por esto, así dijo el Señor: «Pues han oído hijos de Jonadab, hijo de Recab, el mandato de su padre, de hacer según les mandó su padre; no faltará, no, varón de los hijos de Jonadab, hijo de Recab, que asista a mi faz todos los días de la tierra». Jeremías dicta a Baruc su profecía. Quémala el rey. Redíctala el profeta y anuncia el castigo. En el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías rey de Judá fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Tómate papiro de libro y escribe en él todas las palabras que te he hablado sobre Jerusalén, y sobre Judá y sobre todas las gentes, desde el día de hablar yo a ti; desde días de Josías, rey de Judá y hasta este día. Tal vez oirá la casa de Judá todos los males que yo pienso hacerles; para que se vuelvan de su camino, el malo; y propicio seré con sus injusticias y sus pecados»; Y llamó Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y escribió, de boca de Jeremías, todas las palabras del Señor, que habló a él, en papiro de libro. Y mandó Jeremías a Baruc, diciendo: «Yo soy custodiado; no podré, no, entrar en casa del Señor. Y leerás en este papiro a las orejas del pueblo en casa del Señor, en día de ayuno; y en orejas de todo Judá de los que vienen de su ciudad, les leerás. Tal vez caerá misericordia de ellos ante rostro del Señor, y se volverán de su camino, el malo; pues grande, el furor y la ira del Señor, la que ha hablado sobre este pueblo». E hizo Baruc según todo lo que le mandó Jeremías, de leer en el libro palabras del Señor, en casa del Señor. Y aconteció en el año, el octavo para el rey Joaquín, en el mes el noveno, convocaron ayuno ante el rostro del Señor todo el pueblo de Jerusalén y casa de Judá. Y leyó Baruc en el libro las palabras de Jeremías, en casa del Señor, en casa de Gamarías, hijo de Safán, del escriba, en el atrio, el de arriba, en vestíbulos de casa del Señor, el nuevo, y en orejas de todo el pueblo. Y oyó Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safán, todas estas palabras del Señor, del libro; y bajó a casa del rey, a la casa del escriba; y he aquí que allí todos los príncipes sentados estaban: Elisamá, el escriba; Dalaías, hijo de Semeías; y Elnatán, hijo de Acobor; y Gamarías, hijo de Safán; y Sedecías, hijo de Ananías, y todos los príncipes; y anuncióles Miqueas todas las palabras que oyó leer a Baruc en orejas del pueblo. Y enviaron todos los príncipes cerca de Baruc, hijo de Nerías, a Judí, hijo de Natanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, diciendo: «El papiro en que tú lees, en él, en orejas del pueblo, toma en tu mano y ven». Y tomó Baruc el papiro y bajó a ellos. Y dijéronle: «De nuevo lee en nuestras orejas»; y leyó Baruc. Y sucedió, cuando oyeron todas las palabras, aconsejáronse(a), cada cual con su prójimo, y dijeron: «Anunciando, anunciemos al rey todas estas palabras». Y a Baruc interrogaron, diciendo: «¿Dónde(b) has escrito todas estas palabras?». Y dijo Baruc: «De su boca me anunció Jeremías todas estas palabras, y escribía yo en libro». Y dijeron a Baruc: «Ve, y ocúltate, tú y Jeremías; hombre no sepa dónde vosotros». Y entraron cerca del rey, al atrio; y el papiro dieron a guardar en casa de Elisamá; y anunciaron al rey todas las palabras. Y envió el rey a Judí a tomar el papiro. Y tomólo de casa de Elisamá; y leyó Judí en las orejas del rey y en las orejas de todos los príncipes, los asistentes del rey. Y el rey sentado en casa inverniza, y hogar de fuego, a faz de él. Y sucedió que, leyendo Judí tres páginas y cuatro, cortólas con el cuchillo del escriba; y arrojábalas en el fuego el sobre el hogar; hasta que se acabó todo el papiro en el fuego, el sobre el hogar. Y no inquirieron(c), y no rasgaron sus vestiduras el rey y sus niños los que oían todas estas palabras. Y Elnatán y Dalaías [y Gamarías](d) amonestaron al rey contra el quemar el papiro. Y mandó el rey a Jeremiel, hijo del rey, y a Saraías, hijo de Ezriel, coger a Baruc y a Jeremías; y se ocultaron(e). Y fue hecha palabra del Señor a Jeremías, después de quemar el rey el papiro: todas las palabras que escribió Baruc, de boca de Jeremías, diciendo: «De nuevo toma, tú, un papiro otro y escribe todas las palabras, las que había en el papiro, las que quemó el rey Joaquín; y dirás: «Así dijo el Señor: «Tú has quemado este papiro diciendo: «¿Por qué has escrito en él diciendo: «Entrando, entrará el rey de Babilón, y exterminará esta tierra, y desfallecerá, de ella, hombre y bestia?». Por esto, así dijo el Señor sobre Joaquín, rey de Judá: «No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cadáver estará lanzado en el ardor del día y en la escarcha de la noche. Y visitaré sobre él, y sobre su linaje, y sobre los niños de él; y traeré sobre él, y sobre los habitantes de Jerusalén, y sobre tierra de Judá, todos los males que he hablado a ellos, y no han oído». Y tomó Baruc papiro otro, y escribió en él, de boca de Jeremías todas las palabras del libro las que quemó Joaquín; y aún se le añadieron palabras más; como éstas. Profetiza Jeremías que volverá Nabucodonosor, de Egipto, contra Jerusalén; es preso y libertado por Sedecías. Y reinó Sedecías, hijo de Josías, en lugar de Joaquín; a quien enreyeció Nabucodonosor para reinar sobre Judá. Y no oyeron él, y los niños de él y el pueblo de la tierra, las palabras del Señor que habló en mano de Jeremías. Y envió el rey Sedecías a Yucal, hijo de Selemías, y a Sofonías, hijo de Maasías, el sacerdote, cerca de Jeremías, diciendo: «Ora ahora por nosotros al Señor». Y Jeremías vino, y pasó por medio de la ciudad; y no le dieron en la casa de la custodia. Y el ejército del Faraón salió de Egipto, y oyeron los caldeos la oída de ellos y subieron a Jerusalén. Y fue hecha la palabra del Señor a Jeremías, diciendo: «Así dijo el Señor: «Así dirás al rey de Judá, el que ha enviado cerca de ti a preguntarme; «He aquí las fuerzas del Faraón, las salidas a vos en auxilio, volverán a tierra de Egipto; y retornarán los caldeos mismos y guerrearán contra esta ciudad, y la tomarán y la quemarán con fuego. Porque así dijo el Señor: «No penséis con vuestras almas, diciendo: «Corriendo, se irán de nosotros los caldeos»; pues no se irán, no. Y si percutiereis todas las fuerzas de los caldeos los que guerrean contra vosotros; y restaren algunos traspasados, cada uno en su lugar, éstos se levantarán, y quemarán esta ciudad en fuego». Y aconteció, cuando subieron las fuerzas de los caldeos, de Jerusalén, de faz de las fuerzas de Faraón; que salió Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín, para comprar allí en medio del pueblo. Y estaba él en la puerta de Benjamín, y allí, un hombre con quien se hospedaba(a): Jerias, hijo de Selemías, hijo de Ananías, cogió a Jeremías, diciendo: «¿A los caldeos tú huyes?». Y dijo: «Mentira: no a los caldeos yo huyo». Y no le escucharon; y cogió Jerias a Jeremías, y le introdujo a los príncipes. Y se exacerbaron los príncipes sobre Jeremías y percutiéronle; y enviáronle a la casa de Jonatán, el escriba; pues ésta hicieron en casa de custodia. Y vino Jeremías a casa de la cisterna y al calabozo; y estuvo sentado allí días muchos. Y envió Sedecías y le llamó; y le preguntó el rey ocultamente: «¿Si hay la palabra del Señor?». Y dijo: «Hay: en manos del rey de Babilón serás entregado». Y dijo Jeremías al rey: «¿Qué he agraviado a ti y a tus niños y a este pueblo, que tú me das en casa de custodia? ¿Y dónde están vuestros profetas los que os profetizaban, diciendo: «No vendrá, no, rey de Babilón a esta tierra?». Y ahora, señor rey, caiga tu misericordia sobre tu faz; y ¿qué me volverás a casa de Jonatán, el escriba? Y no moriré, no, allí». Y ordenó el rey y metiéronle en casa de la custodia; y dábanle pan, uno al día, desde afuera, donde cocían; hasta que faltaron los panes, de la ciudad; y sentóse Jeremías en el atrio de la custodia. Jeremías es salvado de la cisterna; y exhorta al rey. Y oyó Safatías, hijo de Matán; y Gedelías, hijo de Fasur; y Yucal, hijo de Selemías; [y Fasur, hijo de Melquías(a)] las palabras que Jeremías hablaba al pueblo, diciendo: «Así dijo el Señor: «El habitante de esta ciudad morirá en espada y en hambre; y el que saliere a los caldeos vivirá; y será su alma en hallazgo y vivirá. Pues así dijo el Señor»: «Entregándosela, entregada será esta ciudad en manos del ejército del rey de Babilón, y la tomará». Y dijeron al rey: «Mátese ya ese hombre; pues él disuelve las manos de los hombres que guerrean, que han sido dejados en la ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles según estas palabras; porque este hombre no vaticina paz a este pueblo, sino mal». Y dijo el rey: «Hele en vuestras manos»; pues no podía el rey contra ellos. Y arrojáronle en la cisterna de Melquías, hijo del rey, la que había en el atrio de la custodia; y bajáronle a la cisterna; y en la cisterna no había agua, sino lodo, y estuvo en el lodo. Y oyó Abdemelec, el etíope (y él, en casa del rey) que dieron a Jeremías en la cisterna; y el rey estaba en la puerta de Benjamín; y salió a él y habló al rey y dijo: «Mal has hecho lo que has hecho, matando a este hombre a faz del hambre que no hay ya panes en la ciudad». Y mandó el rey a Abdemelec, diciendo: «Coge en tus manos, de aquí, treinta hombres, y sácale de la cisterna; que no muera». Y cogió Abdemelec los hombres, y entró en la casa del rey, la subterránea; y tomó, de allí, viejos trapos y viejas cuerdas, y arrojólas a Jeremías, a la cisterna; y dijo: «Estos pon debajo de las cuerdas». E hizo Jeremías así. Y tiráronle con las cuerdas; y le sacaron de la cisterna; y asentóse Jeremías en el atrio de la custodia. Y envió el rey y le llamó a sí a casa tercera, la en casa del Señor. Y díjole el rey: «Te preguntaré una palabra; y no ahora me ocultes palabra». Y dijo Jeremías al rey: «Si te anunciare ¿no con muerte me matarás? Y si te aconsejare, no me oirás, no». Y le juró el rey, diciendo: «¡Vive el Señor, que nos ha hecho esta alma, que ni te mataré, ni te daré en manos de estos hombres! Y díjole Jeremías: «Así dijo el Señor: Si saliendo salieres a los caudillos del rey de Babilón, vivirá tu alma; y esta ciudad no será quemada a fuego, no; y vivirás tú y tu casa. Y si no salieres, dada será esta ciudad en manos de los caldeos, y la quemarán a fuego, y tú no salvarás, no». Y dijo el rey a Jeremías: «Yo cuenta tengo de los judíos, los huidos a los caldeos, no me entreguen en manos de ellos; y me escarnecerán». Y dijo Jeremías: «No te entregarán, no; oye la palabra de Dios que yo te digo, y mejor será para ti, y vivirá tu alma. Y, si no quieres tú salir, ésta es la palabra que me ha manifestado el Señor: «Y he aquí todas las mujeres, las dejadas en casa del rey de Judá, han sido conducidas a príncipes de rey de Babilón, y éstas decían: «Hante engañado y podrán contra ti varones pacíficos(b) tuyos, y meterán en resbalones tu pie; se han apartado de ti; y tus mujeres y tus hijos sacarán a los caldeos; y tú no salvarás, no; que en mano del rey de Babilón serás cogido y esta ciudad, quemada». Y díjole el rey: «Hombre no sepa de estas palabras, y tú no morirás, no. Y si oyeren los príncipes que te he hablado, y vinieren a ti y te dijeren: «Anúncianos qué te habló el rey; no ocultes de nosotros; y no te mataremos, no; y qué habló a ti el rey»; y les dirás: «Arrojo yo mi misericordia ante los ojos del rey, para que no me vuelva a casa de Jonatán para morir allí». Y vinieron todos los príncipes a Jeremías e interrogáronle; y anuncióles según todas estas palabras que le mandó el rey; y callaron; pues no se había oído palabra del Señor. Y estuvo sentado Jeremías en el atrio de la custodia, hasta el tiempo que fue capturada Jerusalén. [Y aconteció ser capturada Jerusalén(c)]. Captura de Jerusalén. Libre, Jeremías. Salva Abdemelec. Y aconteció en el mes nono de Sedecías, rey de Judá, que llegó Nabucodonosor, rey de Babilón y todo su ejército sobre Jerusalén; y la sitiaba(a). Y en el undécimo año de Sedecías, en el mes, el cuarto, el nono del mes, fue hendida la ciudad; y entraron todos los príncipes del rey de Babilón, y sentáronse en una puerta, la media: Marganasar, y Samagot, y Nabusacar y Nabusarés, Nagargás Naserrabamat y los demás caudillos del rey de Babilón(b). [Y sucedió, cuando los vio Sedecías, el rey de Judá, que todos los varones de la guerra huyeron y salieron de noche, de la ciudad, camino del huerto del rey, por la puerta, la en medio de los dos muros; y salieron por vía del desierto. Y persiguió el ejército de caldeos tras ellos, y aprehendieron a Sedecías en las llanuras de Jericó; y le prendieron y condujeron a Nabucodonosor, rey de Babilón, en Reblatá, en tierra de Emat, y habló con él juicios. Y degolló el rey de Babilón a los hijos de Sedecías, en Reblatá, a ojos de él; y a todos los libres de Judá degolló el rey de Babilón. Y los ojos de Sedecías cegó, y atóle en grillos broncíneos y llevóle a Babilón. Y la casa del rey y las casas del pueblo quemaron los caldeos en fuego, y el muro de Jerusalén arrasaron. Y el resto del pueblo, los dejados en la ciudad, y los tránsfugas que huyeron a él, y el resto del pueblo, los dejados, trasladó Nabuzardán, el archicocinero, a Babilón. Del pueblo de los pobres, que nada tenían, dejó Nabuzardán en tierra de Judá, y dioles viñas y pozos, en aquel día. Y mandó Nabucodonosor, el rey de Babilón, acerca de Jeremías, a Nabuzardán, el archicocinero, diciendo: «Tómale, y tus ojos pon en él, y no le hagas ningún mal, sino que, según él te hablare, haz con él». Y envió Nabuzardán, el príncipe de ejército, y Babsarés, y Neregel, y Sereser, y Rebmag, y todos los magnates del rey de Babilón;(c)] y enviaron y tomaron a Jeremías del atrio de la custodia, y diéronle a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán; y sacáronle y se sentó en medio del pueblo. Y fue hecha a Jeremías palabra del Señor en el atrio de la custodia, diciendo: «Ve y di a Abdemelec, el etíope: «Así dijo el Señor, el Dios de Israel: «He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad, para mal, y no para bien; y te salvaré en aquel día y no te daré, no, en manos de los hombres de quien temías tú, de la faz de ellos. Porque, salvando, te salvaré, y en espada no caerás, no; y será tu alma en hallazgo; pues has confiado en mí, dice el Señor». Jeremías libre. El y varios júntanse en torno de Godolías. Quien es perseguido. La palabra hecha por el Señor a Jeremías, después de enviarle Nabuzardán, el archicocinero, el de Ramá, cuando le tomó en grillos, de en medio de la transmigración de Judá de los que eran llevados a Babilón. Y le tomó el archicocinero y le dijo: «Señor, tu Dios, ha hablado estos males sobre este lugar; e hizo(a) el Señor, porque pecasteis contra él y no oísteis su voz. He aquí te he soltado de estas esposas, las sobre tus manos; si bello ante ti venir conmigo a Babilonia, pondré mis ojos en ti; y, si no, márchate, vuélvete a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán; a quien ha constituido rey de Babilón, en(b) tierra de Judá; y habita, con él, en medio del pueblo, en tierra de Judá; a todos los bienes en tus ojos para ir, ve». Y le dio el archicocinero dones y le envió. Y vino a Godolías, hijo de Ahicam, a Masfat; y asentóse en medio del pueblo, el dejado en la tierra. Y oyeron todos los caudillos del ejército, el del campo, ellos y los varones de ellos, que constituyó rey de Babilón a Godolías en la tierra, y le fueron encomendados varones, y mujeres de ellos(c) los que no trasladó a Babilón. Y vino a Godolías, a Masfat, Ismael hijo de Natanías; y Joanán y Joatán, hijos de Caree; y Sareas, hijo de Tanuhumet, e hijos de Ofí, el netofatita; y Jezonías, hijo de Maacatí; ellos y sus varones. Y les juró Godolías y a los varones de ellos, diciendo: «No temáis a faz de niños de los caldeos; habitad en la tierra, y trabajad para el rey de Babilón, y mejor será para vosotros. Y he aquí yo sentado estoy ante vosotros en Masfat, para estar a faz de los caldeos que vinieren sobre vos; y vos recoged vino, y frutos y aceite; y echad en vuestros vasos, y habitad en las ciudades que habéis ocupado. Y todos los judíos, los en Moab y entre hijos de Amón y los en la tierra de Idumea, y los en toda la tierra oyeron que dio rey de Babilón reliquias a Judá, y que constituyó sobre ellos a Godolías, hijo de Ahicam. Y vinieron a Godolías, a tierra de Judá, a Masfat; y recogieron vino y frutos muchos sobremanera y aceite. Y Joanán, hijo de Caree y todos los capitanes del ejército, los en los campos, vinieron a Godolías, a Masfat; y le dijeron: «¿Si con conocimiento conoces que Baalís, rey de hijos de Amón, ha enviado a ti a Ismael, a percutir tu alma?» Y no les creyó Godolías. Y Joanán dijo a Godolías, secretamente, en Masfat: «Iré ahora y percutiré a Ismael; y nadie sepa, para que no percuta tu alma y sea dispersado todo Judá, los congregados cerca de ti, y perezcan los residuos de Judá». Y dijo Godolías a Joanán: «No hagas cosa tal; pues mentiras tú dices de Ismael». Crueldad de Ismael. Resuelven los judíos emigrar a Egipto. Y aconteció el mes séptimo que vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisamá, del linaje del rey, y diez varones con él, a Godolías, a Masfat; y comieron allí pan juntamente. Y se levantó Ismael y los diez varones que estaban con él, y percutieron a Godolías, a quien había constituido rey de Babilón sobre la tierra; y a todos los judíos que estaban con él en Masfat, y a todos los caldeos, los hallados allí. Y aconteció el día, el segundo, de haber percutido él a Godolías (y hombre no lo conoció); vinieron varones de Siquem, y de Silo y de Samaria, ochenta varones, rapados de barbas, y rasgadas las vestiduras y plañendo y dones e incienso en sus manos para ofrendar en casa del Señor. Y salióles al encuentro Ismael; ellos iban y lloraban y díjoles: «Entrad cerca de Godolías». Y aconteció, entrando ellos al medio de la ciudad, los degolló en el pozo. Y diez varones se hallaron allí, y dijeron a Ismael: «No nos mates; pues tenemos tesoros en campo: trigo y cebada, miel y aceite». Y no les mató en medio de sus hermanos. Y el pozo en que arrojó allí Ismael a todos los que percutió, pozo grande éste el que hizo el rey Asa, a faz de Baasa, rey de Israel: éste llenó Ismael de occisos. Y se llevó Ismael todo el pueblo, el dejado en Masfat, y las hijas del rey, que había encomendado el archicocinero a Godolías; hijo de Ahicam; y fue más allá de los hijos de Amón. Y oyó Joanán, hijo de Caree y todos los jefes del ejército, los con él, todo lo malo que hizo Ismael; y llevaron toda la milicia de ellos y fueron a guerrear contra él, y halláronle sobre agua mucha en Gabaón; y aconteció, cuando vio todo el pueblo, el con Ismael, a Joanán y los jefes del ejército, el con él; volviéronse a Joanán. E Ismael salvó con ocho hombres, y fuese a los hijos de Amón. Y tomó Joanán y todos los jefes del ejército, los con él, a todos los residuos del pueblo que quitaron de Ismael, potentes varones en la guerra, y a las mujeres y lo demás y los eunucos que se llevó de Gabaón; y fueron y asentáronse en Camaán, la cerca de Belén; para irse a Egipto, de faz de los caldeos; porque temieron a faz de ellos; por haber percutido Ismael a Godolías; a quien había constituido el rey de Babilón en la tierra. Manda Dios que no emigren a Egipto Y acercáronse todos los jefes del ejército, y Joanán, y Jezonías, hijo de Azaías, y todo el pueblo, de pequeño, y hasta grande, a Jeremías, el profeta, y dijéronle: «Caiga ahora nuestra misericordia ante tu faz, y ora al Señor, tu Dios, por estos restantes; que restamos pocos de muchos, según tus ojos ven. Y anúncienos el Señor, tu Dios, el camino que hemos de ir, en él, y palabra que hemos de hacer». Y díjoles Jeremías: «He oído; he aquí oraré al Señor, nuestro Dios, según vuestras palabras; y será la palabra que respondiere el Señor, la que os anunciaré; no ocultaré, no, de vosotros palabra». Y ellos dijeron a Jeremías: «Sea el Señor, entre nosotros, en testigo justo y fiel si no, según toda la palabra que nos enviare el Señor; así hiciéremos. Y si bueno y si malo, la voz del Señor, nuestro Dios, a quien te enviamos, a él, oiremos; para que mejor nos esté; que oiremos la voz del Señor, nuestro Dios». Y aconteció, después de diez días, fue hecha palabra del Señor a Jeremías. Y llamó a Joanán y los jefes del ejército y a todo el pueblo; de pequeño y hasta grande, y díjoles: «Así dijo el Señor: «Si sentando os sentareis en esta tierra, os edificaré, y no arrasaré, no; y os plantaré, y no desarraigaré, no; pues he reposado de los males que os he hecho. No temáis de faz del rey de Babilón, de quien vosotros teméis, de su faz; no temáis, dice el Señor; pues con vos yo, para libraros y salvaros de mano de ellos. Y daréos piedad, y me apiadaré de vos y os volveré a vuestra tierra. Y si decís vos: «No nos sentaremos en esta tierra, no; por no oír la voz del Señor; pues a tierra de Egipto entraremos, y no hemos de ver, no, guerra; y voz de trompeta, no oír, no; y en panes no hambrear, no; y allí habitaremos»; por esto oíd la palabra del Señor: «Así dijo el Señor: «Si vosotros dais vuestro semblante a Egipto y entráis allí a habitar; será: la espada que vosotros teméis, a faz de ella, os hallará en tierra de Egipto; y el hambre con que vos cuenta tenéis, a faz de ella os cogerá, tras vos, en Egipto; y allí moriréis. Y serán todos los hombres y todos los alienígenas, los que dieren su semblante a la tierra de Egipto, a habitar allí; desfallecerán en la espada y en el hambre; y no habrá de ellos ninguno que salve de los males que yo traigo sobre ellos. Porque así dijo el Señor: «Así como destiló mi furor sobre los habitantes de Jerusalén; así destilará mi furor sobre vos, entrando vos en Egipto; y seréis en intransitable(a) y manumitidos y en maldición y oprobio; y no veréis, no, ya este lugar». Lo que ha hablado el Señor sobre vos, los residuos de Judá: «No entréis en Egipto». Y ahora, conociendo, conoceréis; que prevaricasteis en vuestros corazones enviándome, diciendo: «Ora por nos al Señor;» y «según todo lo que te hablare el Señor, haremos». Y no habéis escuchado la voz del Señor, con la cual me envió a vosotros. Y ahora en espada y en hambre desfalleceréis en el lugar que vos queréis entrar, para habitar allí». Acusan de mendaz los judíos a Jeremías y le llevan, con Baruc, a Egipto. Y sucedió, al acabar Jeremías de decir estas palabras al pueblo, todas las palabras del Señor con las que le envió el Señor a ellos, todas estas palabras; dijo Azarías, hijo de Osaías, y Joanán, hijo de Caree, y todos los varones los que dijeron a Jeremías; diciendo: «¡Mentiras! no te ha enviado el Señor a nosotros, diciendo: «No entréis en Egipto a habitar allí», sino que Baruc, hijo de Nerías, te incita contra nosotros, para que nos des en manos de caldeos, a matarnos y transmigrarnos a Babilón». Y no oyó Joanán y todos los jefes del ejército y todo el pueblo la voz del Señor de que habitaran en tierra de Judá. Y tomó Joanán y todos los jefes del ejército a todos los residuos de Judá, que se habían vuelto a habitar en la tierra: a los potentes varones y las mujeres y lo demás, y las hijas del rey y las almas que dejó Nabuzardán con Godolías, hijo de Ahicam, y a Jeremías, el profeta y a Baruc, hijo de Nerías; y entraron en Egipto; pues no oyeron la voz del Señor, y entraron en Tafnis. Y fue hecha voz del Señor a Jeremías en Tafnis diciendo: «Tómate piedras grandes y ocúltalas en vestíbulos, en puerta de la casa de Faraón, en Tafnis, a ojos de varones de Judá; y dirás: «Así dijo el Señor: «He aquí yo envío, y traeré a Nabucodonosor, rey de Babilón, y pondrá su trono encima de estas piedras que has ocultado, y levantará las armas sobre ellas; y entrará y percutirá la tierra de Egipto: a los para muerte, de muerte; y a los para transmigración, de transmigración; y a los para espada, de espada; y encenderá fuego en casas de los dioses de ellos; y las quemará, y los trasladará; y despiojará(a) tierra de Egipto, cual despioja un pastor su vestido. Y saldrá en paz. Y quebrantará las columnas de Heliópolis, las en On; y las casas de ellos quemará en fuego. Continúan los judíos idolatrando. Amenázales el profeta con castigos. La palabra, la hecha a Jeremías para todos los judíos, los residuos en tierra de Egipto, y para los asentados en Mágdalo, y en Tafnis y en tierra de Fatures, diciendo: «Así dijo el Señor, el Dios de Israel: «Voz habéis visto todos los males que he traído sobre Jerusalén y sobre las ciudades de Judá; y he aquí están yermas de habitantes, a faz de maldad de ellos que hicieron para irritarme, yendo a incensar a dioses otros que no conocíais. Y envié a vos mis niños, los profetas, al alba, y envié, diciendo: «No hagáis la cosa de esta contaminación que he aborrecido». Y no oyeron y no inclinaron su oreja para apartarse de sus males, para no incensar a dioses otros. Y destiló mi ira y mi furor, y se enardeció en puertas de Judá y fuera(a) de Jerusalén; y fueron hechos en desolación y en intransitable; como(b) este día. Y ahora así dijo el Señor Todopoderoso: «¿A qué vos hacéis males grandes contra vuestras almas, para cortar(c) de vos, hombre y mujer, infante y mamante, de en medio de Judá; para que no quede de vos nadie; exacerbándome en las obras de vuestras manos; incensando a dioses otros, en tierra de Egipto; a la que habéis ido a habitar, allí; para que seáis cortados y para que seáis convertidos en maldición y en oprobio, en todas las gentes de la tierra? ¿Acaso os habéis olvidado de los males de vuestros padres, y de los males de los reyes de Judá, y de los males de vuestros príncipes y de los males de vuestras mujeres, que hicieron en tierra de Judá, y fuera de Jerusalén? Y no han cesado hasta este día, y no adhirieron a mis preceptos que di a faz de sus padres. Por esto, así dijo el Señor: «He aquí yo pongo mi rostro [sobre vos, en mal, para perder a todo Judá](d) para perder a todos los residuos, los en Egipto; y caerán en espada y en hambre; y desfallecerán, de pequeño a grande, y serán en oprobio, y en perdición y en maldición. Y visitaré sobre los asentados en tierra de Egipto; como he visitado sobre Jerusalén en espada y en hambre; y no será salvo nadie de los residuos de Judá, los que peregrinan en tierra de Egipto, para volver a tierra de Judá; a la que ellos esperan, con sus almas, volver allí; no volverán, no, sino los evadidos». Y respondieron a Jeremías todos los varones, (los que sabían que incensaban sus mujeres) y todas las mujeres, congregación grande, y todo el pueblo, los asentados en tierra de Egipto, en Fatures, diciendo: «La palabra que nos has hablado, con nombre del Señor, no te oiremos; pues, haciendo haremos toda la palabra, que saldrá de nuestra boca: de incensar a la reina del cielo(e) y libarle libaciones; según que hemos hecho nos y nuestros padres y nuestros reyes y nuestros príncipes en ciudades de Judá y fuera de Jerusalén; y nos llenamos de panes y fuimos buenos y males no vimos. Y, como dejamos de incensar a la reina del cielo, hemos desmedrado todos, y en espada y en hambre desfallecido. Y porque nosotras incensábamos a la reina del cielo y le libábamos libaciones, ¿acaso, sin nuestros maridos, le hacíamos tortas y le libábamos libaciones?». Y dijo Jeremías a todo el pueblo, a los potentes y a las mujeres, y a todo el pueblo, a los que le habían contestado palabras, diciendo: «¿Acaso del incienso que incensabais en las ciudades de Judá y fuera de Jerusalén, nos y vuestros padres, y vuestros reyes, y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra, no se acordó el Señor; y subió(f) sobre el corazón de él? Y no pudo el Señor ya sufrir a faz de maldad de vuestras obras, y ante las abominaciones que hicisteis; y fue hecha vuestra tierra en desolación, y en intransitable y en maldición; como en este día, a faz de lo que incensabais y lo que pecabais al Señor; y no oísteis la voz del Señor; y en sus preceptos, y en su ley, y en sus testimonios no habéis andado; os han cogido estos males». Y dijo Jeremías al pueblo y a las mujeres: «Oíd la palabra del Señor: «Así dijo el Señor, el Dios de Israel: «Vosotras, mujeres, con vuestra boca habéis hablado, y con vuestras manos llenado(g), diciendo: «Haciendo haremos nuestras confesiones que hemos confesado, incensando a la reina del cielo y libándole libaciones»; perseverando habéis perseverado en vuestras confesiones; y haciendo, habéis hecho. Por esto oíd palabra del Señor, todo Judá: los asentados en tierra de Egipto: «He aquí he jurado por mi nombre, el grande, dijo el Señor, como si estuviere ya mi nombre en boca de Judá, para decir: «¡Vive el Señor!» en toda la tierra de Egipto. Pues yo velo sobre ellos para mal hacerles y no bien; y desfallecerán todo Judá; los habitantes en tierra de Egipto en espada y en hambre, cuando desfallecieren. Y los evadidos a la espada volverán a tierra de Judá, pocos en número; y conocerán los residuos de Judá, los puestos en tierra de Egipto, para habitar allí, palabra de quién ha de permanecer. Y ésta, para vos la señal de que visitaré yo sobre vos en mal: así dijo el Señor: «He aquí yo doy a Efree, rey de Egipto en manos de su enemigo y en manos de los que buscan su alma; según que he dado a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilón, su enemigo, y que buscaba su alma». Consuela Jeremías a Baruc y asegúrale que librará de la perdición La palabra que habló Jeremías, el profeta, a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribía estas palabras en el libro, de boca de Jeremías, en el año el cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá: «Así dijo el Señor sobre ti, Baruc; porque has dicho: «¡ay de mí! ¡ay de mí! que ha añadido el Señor fatiga a mi trabajo; he dormido en gemidos; reposo no he hallado»; dile: «Así dijo el Señor: «He aquí yo edifiqué; yo arrasaré; y los que yo he plantado, yo desarraigo. Y ¿tú buscarás para ti cosas grandes? No busques; pues yo traigo males sobre toda carne, dice el Señor; y daré tu alma en hallazgo en todo lugar donde anduvieres allí». Profetiza contra Egipto; y sobre los judíos En principio de reinar Sedecías, rey, fue hecha esta palabra acerca de Elam(a) a Egipto, sobre el ejército de Faraón Necao, rey de Egipto; que estaba sobre el río Eufrates, en Carcamis; a quien percutió Nabucodonosor, rey de Babilón, en el año el cuarto de Joaquín, rey de Judá: «Coged armas y broqueles, y avanzad a guerra; uncid los bridones; subid, los jinetes, y estaos en vuestros morriones; enristrad las lanzas y vestíos vuestras corazas. ¿Qué? ¿que ellos se aterran, y retroceden hacia atrás? Por esto; porque los fuertes de ellos destrozados serán; con fuga fugáronse, y no se volvieron, rodeados en contorno, dice el Señor. No huya el ligero; y no se evada el fuerte al septentrión; lo que al Eufrates desmayó, y ha caído. ¿Quién es éste que como río ascenderá, y como ríos ondeará agua? Aguas de Egipto, tal como río, ascenderán; y dijo:(b) «Ascenderé y cubriré la tierra y perderé a los habitantes de ella». Subid en los bridones; prevenid las armas; salid, los batalladores de etíopes y libios armados de armaduras, y lidios, ascended, tended arco; y aquel día para el Señor, nuestro Dios, día de venganza de vengarse de sus enemigos; y devorará la cuchilla del Señor y se llenará y embriagará de la sangre de ellos; pues sacrificio para el Señor, desde tierra de septentrión sobre río Eufrates. Asciende, Galaad, y toma resina para la virgen hija(c) de Egipto; en vano has multiplicado tus medicamentos; provecho no hay para ti. Han oído gentes tu voz, y de tu clamor se ha llenado la tierra; pues batallador contra batallador flaquearon, y a una cayeron ambos. Lo que habló el Señor en mano de Jeremías, al venir el rey de Babilón a percutir la tierra de Egipto. «Anunciad a Magdalón, y anunciad a Menfis; decid: «Ponte y prepárate; que ha devorado la cuchilla tu cerca. ¿Por qué ha huido de ti el apis, el becerro, el elegido tuyo? No permaneció; que el Señor lo deshizo; y tu muchedumbre ha flaqueado y caído; y cada uno a su prójimo hablaba: «Levantémonos y volvamos a nuestro pueblo, a nuestra patria a la faz de cuchilla helénica(d). Llamad el nombre del faraón, Necao, rey de Egipto: «Perdición; dejó pasar un tiempo favorable», ¡Vivo yo! dice el Señor Dios, que así como el Tabor en los montes, y el Carmelo, el en la mar viene. Vasos de transmigración hazte, habitadora hija de Egipto; pues Menfis en desaparecimiento se convertirá y será llamada «Ay» por no haber habitantes en ella. Becerra ataviada Egipto: arreamiento de septentrión ha venido sobre ella; y sus mercenarios en ella, como terneros cebados, nutridos en ella; por esto también ellos se volvieron y huyeron a una; no se detuvieron; pues día de perdición vino sobre ellos, y tiempo de venganza de ellos. Voz, cual de sierpe(e) silbante; pues en arena andan(f); en segures vendrán sobre ella(g); cual los que cortan leña, cortarán el bosque de ella, dice el Señor; pues no se ha comparado(h), no; que se multiplica sobre langosta, y no tienen número. Avergonzada ha sido la hija de Egipto, entregada en manos de pueblo de septentrión. He aquí yo me vengaré de Amón, el hijo de ella, de Faraón y de los confiados en él(i); [y los daré en manos de los que buscan su alma; y en mano de Nabucodonosor, rey de Babilón, y en manos de sus siervos; y después de esto será habitada, como en los días los antiguos, dice el Señor(j)] y tú no temas, siervo mío Jacob; ni te espantes, Israel; por esto: porque yo soy el que te salva de lejos, y a la simiente tuya del cautiverio de ellos. Y volverá Jacob; y descansará y dormirá; y no habrá quien le turbe. No temas, niño mío, Jacob, dice el Señor; que contigo yo soy: la intrépida y voluptuosa entregada ha sido; pues haré consumación en toda gente a donde te he lanzado, allí; pero a ti no haré desfallecer, no; y te castigaré en juicio, y cual a impune, impune no te dejaré». Profecía del triunfo de los caldeos sobre los filisteos [Palabra del Señor, la hecha a Jeremías el profeta(a)] contra los filisteos [antes de percutir el Faraón a Gaza(b)]. Esto dice el Señor: «He aquí aguas ascienden del septentrión; y se convertirán en torrente inundador, e inundarán la tierra y la plenitud de ella: la ciudad y sus habitantes; y vociferarán los hombres y ulularán todos los habitantes de la tierra, de la voz de su ímpetu; de las armaduras de sus pies, y del estremecimiento de sus carros: del estruendo de sus ruedas. No se volvieron los padres a sus hijos, de desfallecimiento de sus manos; en el día el que sobreviene a perder a todos los filisteos. Y desvaneceré a Tiro y a Sidón y todos los restantes del auxilio de ellos; pues exterminará el Señor a los restantes de las islas(c). Viene calvicie sobre Gaza; lanzada ha sido Ascalón y los restos de los gigantes(d). ¿Hasta cuándo herirás, la cuchilla del Señor? ¿Hasta cuándo no reposarás? Restitúyete a tu vaina; descansa y quítate ¿Cómo reposará? Y el Señor le mandó sobre Ascalón y sobre las marítimas y sobre las demás, levantarse». Devastación de Moab Para Moab:Así dice el Señor: [de los ejércitos, el Dios de Israel(a)] «Ay de Nabó(b) pues ha perecido; tomada ha sido Cariataím, avergonzada Amat y Agat(c). No hay ya medicina para Moab; alborozo en Hesebón: se pensó contra ella mal: «La hemos cortado de las gentes, y con reposo reposará». Tras de ti andará cuchilla; porque voz de los que han vociferado de Oronaim; perdición y quebranto grande, quebrantada ha sido Moab; anunciad a Sogora(d) pues ha sido llenada Luit en lloro(e). Subirá llorando, vía de Oronaím; clamor de quebranto habéis oído: huid y salvad vuestras almas; y poneos como ónagro en desierto; puesto que has confiado en tus fortificaciones; también tú capturada serás; y saldrá Camós(f) en transmigración, y sus sacerdotes y sus príncipes a la vez. Y vendrá perdición sobre toda ciudad; no se salvará, no; y perecerá la hondonada, y exterminado será el llano; según ha dicho el Señor. Dad avisos(g) a Moab; pues con cogimiento cogida será; y todas sus ciudades en intransitable convertidas; ¿de dónde habitador para ella? Maldito el que hace las obras del Señor negligentemente, desviando su cuchilla de sangre. Reposaba Moab desde muy niño; y confiado estaba en su gloria: no trasvasaba, y a transmigración no iba; por esto quedó su gusto en él, y su olor no desfalleció(h). Por esto he aquí días de él vienen, dice el Señor, y le enviaré postradores y le postrarán, y sus vasos destrozarán y sus cuernos destrozarán; y avergonzado será Moab por causa de Camós; así como avergonzada fue la casa de Israel, por causa de Betel, su esperanza; confiados en ellos. ¿Cómo diréis: Fuertes somos, y hombre esforzado para lo bélico? Pereció Moab, la ciudad de él; y selectos jovencillos de él bajaron a degüello;(i) cerca está el día de Moab en venir; y su maldad, rauda sobremanera. Moveos(j) a él, todos en contorno; todos proferid su nombre; decid: ¿Cómo ha sido quebrantado báculo glorioso, vara de magnificencia? Desciende de gloria, y siéntate, en húmedo(k) sentada. Dibón es borrada; que ha perecido Moab; ha subido a ti, quien destruye tu fortificación. En el camino detente y mira, sentada en Aroer, y pregunta a fugitivo y salvo, y di: «¿Qué ha sucedido?» Confundida ha sido Moab; pues ha sido quebrantada; ulula tú y vocifera, anuncia en Arnón que pereció Moab; y juicio viene, a tierra del Llano, sobre Helón, y sobre Yasa, y sobre Mefaat, y sobre Dibón, y sobre Nabó, y sobre Betgamul, y sobre Betmaón, y sobre Cariot, y sobre Bosrá y sobre todas las ciudades de Moab, las de lejos y las de cerca. Quebrado fue el cuerno de Moab, y su puño quebrantado. Embriagable, que contra el Señor se engrandeció; y golpeará a Moab en su mano(l); y será en risa también él; y ¿acaso en mofa no era para ti Israel, y en tus hurtos hallado fue, cuando guerreabas contra él? Abandonaron las ciudades; y habitaron en peñas los habitantes de Moab; fueron hechos como palomas anidando en peñas, boca de hoyo. Y oí altanería de Moab (altanereó sobremodo) su altanería y su soberbia; y se exaltó su corazón; pero yo conocí sus obras; ¿acaso no lo bastante a él(m) no así hizo? Por esto sobre Moab ululad de doquiera; vocead sobre varones de Queír Hadas, de escualor(n); como llanto de Jazer, te lloraré, vid de Sabamá: tus sarmientos pasaron la mar, ciudades de Jazer tocaron con tu fruto; sobre tus vendimias perdición cayó. Arrebatado fue regocijo y alegría de la Moabítide; y vino había en sus lagares; al alba no hollaron, y a la tarde no hicieron, no, ¡Ay de!(o) Del clamor de Hesebón hasta Eleale y Jasa, las ciudades de ellos dieron su voz; desde Segor hasta Oronáim, y anuncio a Salasiá; pues hasta el agua de Nemrim en combustión será».(p) Y destruiré a Moab, dice el Señor, al que sube al ara e inciensa a sus dioses. Por esto el corazón de Moab, así como flautas(q) rebombarán el corazón mío sobre hombres rapados,(r) así como flauta rebombará; por esto lo que adquirió, pereció por hombre. Toda cabeza en todo lugar raparán; y toda barba rapada será, y todas las manos se golpearán; y sobre todo lomo, saco; y sobre todo terrado de Moab y por sus calles; pues he quebrantado, dice el Señor, como vaso de que no hay necesidad, de él. ¿Cómo ha cambiado? ¿Cómo ha vuelto espalda Moab? Confundida fue y hecha Moab en risa y odio a los en contorno de ella. Que así dijo el Señor: [he aquí como águila volará, y extenderá sus alas sobre Moab»(s)] Capturada fue Cariot, y las fortificaciones capturadas fueron; y perecerá Moab por la turba; pues sobre el Señor se ha magnificado. Lazo, y miedo y hoyo sobre ti, sentado Moab. El fugitivo a faz del miedo, caerá en el hoyo; y el que sube del hoyo, cogido será en el lazo; pues traeré esto sobre Moab en año de visitación de ellos: [En sombra de Hesebón detuviéronse, los que del ejército huían; que fuego salió de Hesebón y llama de en medio de Seón, y devoró el costado de Moab y la cumbre de hijos de perdición. ¡Ay de ti, Moab! pereció el pueblo de Camós; pues cogieron a tus hijos y a tus hijas en cautividad. Y convertiré cautividad de Moab en los últimos días, dice el Señor». Hasta aquí el juicio de Moab(t)]. Profecía sobre Amón, Edom, Damasco, árabes y elamitas A los hijos de Amón.Así dijo el Señor: «¿Acaso hijos no hay en Israel o quien herede, no tienen? ¿por qué ha heredado Melcom a Gad, y el pueblo de ellos en sus ciudades habitará? Por esto, he aquí días vienen, dice el Señor y resonaré sobre Rablat tumulto de guerras; y serán en intransitable y en perdición; y sus aras en el fuego serán quemadas; y heredará Israel el principado de él. Ulula, Hesebón, porque ha perecido [Hai]; vocead, hijas de Rablat, vestíos sacos y heríos; pues Melcom, en transmigración irá, y sus sacerdotes y sus príncipes juntamente. ¿Qué os alborozáis en las campiñas de «los gigantes»? hija de impudencia, la confiada en sus tesoros; la que decías: «¿Quién vendrá sobre mí?» He aquí yo traigo temor sobre ti, dijo el Señor, de toda tu circunvecindad y os dispersaréis cada uno a su faz; no hay quien congregue. [Y después de esto volveré los cautivos de los hijos de Amón, dice el Señor]. A la Idumea: Esto dice el Señor: «No hay ya sabiduría en Temán;(a) pereció consejo de entre prudentes; se fue sabiduría de ellos; conculcado ha sido el lugar de ellos(b); ahondad para asiento(c) los que habitáis en Dedán; que pesadas cosas ha hecho(d); he traído sobre él(e) en tiempo que he visitado sobre él; pues vendimiadores han venido, que no te dejarán rastrojo; como ladrones de noche pondrán encima su mano. Que yo he derribado a Esaú, descubierto lo oculto de ellos; ocultarse no podrán, no; han perecido por mano del hermano de él, vecino mío; y no hay como quede huérfano que viva; y yo haré vivir, y viudas en mí confían. Porque esto dijo el Señor: «Los que no tenían ley de beber el cáliz, bebieron, y tú absuelta(f) no serás absuelta; que por mí mismo he jurado, dice el Señor; pues en intransitable y en oprobio y en maldición serás en medio de ella, y todas las ciudades de ella estarán desiertas por siglo. Oída he oído del Señor, y ángeles a las gentes envió: «Congregaos y llegad a ella; levantaos en guerra». Pequeño te he dado entre gentes, despreciable entre hombres. Tu arrogancia hase apoderado de ti; impudencia de tu corazón habitó cavernas de peñas; tomó fuerza de colina excelsa —pues exaltó así como águila su nido—; de allí te derribaré. Y será la Idumea en intransitable; todo transeúnte sobre ella silbará. Así como fue trastornada Sodoma y Gomorra y sus vecinas, dijo el Señor Omnipotente, no se asentará, no, allí hombre; y no habitará, no, allí hijo de hombre. He aquí como león ascenderá(g) de en medio del Jordán hasta el lugar de las Peñas; pues rápidamente los perseguiré de él; y a los jovencillos sobre él constituid(h). Pues ¿quién como yo? ¿y quién me resistirá? Y ¿quién es ese pastor que se pondrá ante mi faz? Por esto oíd la determinación que determinó sobre la Idumea, y su pensamiento que pensó sobre los habitantes de Temán: «¡Si no fueren arreadas las(i) más pequeñas de las ovejas!... ¡Si no fuere hecha intransitable sobre ella la morada de ellos!...; pues a la voz de su caída se amedrentó la tierra; y estruendo de mar no se oyó.(j) He aquí, tal como águila, mirará y extenderá las alas sobre las fortificaciones de ella(k); y estará el corazón de los fuertes de la Idumea en aquel día como corazón de mujer parturiente». A Damasco:«Avergonzada está Emat y Arfad; pues han oído oída mala: pasmáronse, enfureciéronse(l); reposar no podrán, no. Desmayóse Damasco; se volvió a la fuga; temblor la cogió(m). ¿Cómo no dejó mi ciudad, aldea amaron?(n) Por esto caerán jovencillos en tus calles, y todos los varones, los guerreros tuyos, caerán, dice el Señor; y encenderé fuego en los muros de Damasco, y devorará encrucijadas(o) de Benadad». A Cedar la reina del Aula(p), que percutió Nabucodonosor, rey de Babilón.Así dijo el Señor: «Levantaos y subid a Cedar, e invadid a los hijos de oriente. Sus tiendas y sus ovejas, serán llevadas; sus vestiduras y todos sus vasos y sus camellos les serán llevados; y llamad sobre ellos perdición de en contorno. Huid; sobremanera ahondad para asiento, sentados en el Aula; pues ha deliberado sobre vosotros rey de Babel deliberación y pensado pensar. Levántate y sube sobre gente tranquila sentada en refrigerio; que no tienen puertas, no cerraduras, no cerrojos: solos moran. Y serán sus camellos en botín, y muchedumbre de sus ganados en perdición; y los aventaré con todo viento, rapados(q) ante la faz de ellos; de todo confín de ellos traeré su derribamiento, dijo el Señor. Y será el Aula morada de avestruces, e intransitable por siglo; no se asentará allí hombre, no; y no habitará allí hijo de hombre, no. Lo que profetizó Jeremías sobre las gentes, las de Elam(r): Esto dice el Señor: «Quebrado ha sido el arco de Elam, principado del poderío de ellos. Y traeré sobre Elam cuatro vientos desde las cuatro sumidas del cielo y les dispersaré por todos estos vientos; y no habrá gente que no llegue allí: los lanzados de Elam. Y les aterraré delante de los enemigos de ellos, los que buscan su alma, y traeré(s) sobre ellos, según la ira de mi furor, y enviaré tras ellos mi cuchilla hasta aniquilarlos. Y pondré mi trono en Elam, y enviaré desde allí rey y magnates. Y será en el postrero de los días: volveré la cautividad de Elam, dice el Señor. Caída de Babel. Retorno de los israelitas. Palabra del Señor la que habló sobre Babel: «Anunciad en las gentes y oíble hacedlo y no ocultéis; decid: «Capturada está Babel; confundida, Bel; la impertérrita, la voluptuosa entregada ha sido a Merodac(a). Pues ha venido sobre ella una gente del septentrión. Este pondrá la tierra de ella en desaparecimiento; y no habrá quien habite en ella, desde hombre y hasta bestia. En aquellos días y en aquella sazón llegarán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá a una; andando y llorando irán, al Señor, su Dios, buscando. Hasta Sión preguntarán el camino, pues hacia allá su faz darán; y llegarán y se refugiarán cerca del Señor Dios.Pues testamento eterno no se olvidará. Ovejas perdidas ha sido hecho mi pueblo; sus pastores los lanzaron; sobre los montes, los extraviaron; de monte a collado fueron; olvidáronse de su aprisco. Todos los que los hallaban, consumíanlos; sus enemigos dijeron: «No los dejemos; por cuanto han pecado al Señor: dehesa de justicia(b) para el que congregó a sus padres». Extrañaos en medio de Babel, y en tierra de caldeos; y salid y haceos así como dragones a faz de ovejas(c). Pues he aquí yo suscito sobre Babel congregaciones de gentes desde tierra de septentrión, y se le armarán, de ahí será cogida, cual dardo de combatiente hábil no volverá vacío. Y será la Caldea en presa; todos los apresadores de ella se llenarán. Porque os alegrabais y gloriabais, arrebatando mi heredad; por esto: porque saltabais, como becerros en hierba; y corneabais, como toros. Avergonzada ha sido vuestra madre sobremanera, [confundida la que os parió] madre para bien; última de gentes, desierta; por ira del Señor, no será habitada; y será en desaparecimiento toda; y todo el que pasare por Babel, se contristará; y silbarán sobre toda la plaga de ella. Armaos sobre Babel en torno, todos los que tendéis arco; tirad sobre ella, no perdonéis a vuestros dardos; y apoderaos de ella: desmayadas están sus manos; han caído sus baluartes, y socavado ha sido su muro; que venganza de Dios es; vengaos de ella; según que ha hecho, hacedle. Exterminad simiente de Babel; al que empuña hoz en tiempo de siega; a faz de cuchilla helena(d), cada uno a su pueblo volverán; y cada uno a su tierra huirá. Oveja errante, Israel; leones, arrojáronla; el primero comióla rey de Asur; y éste últimamente sus huesos, rey de Babel. Por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo me vengaré de Babel y de su tierra, según me he vengado del rey de Asur. Y restituiré a Israel a su dehesa, y pacerá en el Carmelo y en monte de Efraín y en el Galaad; y se llenará su alma. En aquellos días y en aquella sazón buscarán la injusticia de Israel, y no la habrá; y los pecados de Judá, y no se hallarán, no; pues propicio seré a los residuos sobre la tierra, dice el Señor. Amargamente asciende sobre ella y sobre sus habitantes; véngate cuchilla y desvanece, dice el Señor, y haz según todo cuanto te mando. Voz de guerra y quebranto grande en tierra de caldeos. ¿Cómo ha sido roto y quebrantado el martillo de toda la tierra? ¿Cómo ha sido hecha en desaparecimiento Babel, entre gentes? Ascenderán sobre ti y no conocerás cómo Babel también ha sido cogida; hallada has sido y cogida; que al Señor te opusiste. Abrió el Señor su tesoro y sacó los vasos de su ira; pues trabajo,(e) para el Señor Dios en tierra de caldeos, pues han venido los tiempos de ella. Abrid las reservas de ella; no quede de ella resto; secad todos sus frutos; y desciendan a degüello. ¡Ay de ellos, que ha llegado su día y tiempo de su venganza! Voz de los que huyen y se evaden de tierra de Babel, a anunciar en Sión la venganza del Señor, nuestro Dios. Anunciad sobre Babel a muchos, a todo el que tiende arco; acampad sobre ella en contorno; no haya quien de ella se evada; retribuidles según sus obras; según todo cuanto hizo, hacedle; que contra el Señor se alzó, Dios santo de Israel. Por esto caerán los jovencillos de ella en sus calles; y todos sus varones, sus guerreros serán derribados, dijo el Señor. He aquí yo, sobre ti, la ultrajadora, dice el Señor; que ha llegado tu día y el tiempo de tu venganza; y flaqueará tu ultrajar y caerá; y no habrá quien la levante; y encenderé fuego en su sierra(f), y devorará todo en contorno de ella. Esto dice el Señor: «Señoreados han sido los hijos de Israel y los hijos de Judá; juntamente todos los que los habían cautivado y señoreádolos; pues no quisieron despedirlos. Y el que los redime fuerte: «Señor, Todopoderoso», su nombre; juicio juzgará contra los adversarios de él, para librar la tierra y exacerbar con los habitantes de Babel. ¡Cuchilla sobre los caldeos y sobre los habitantes de Babel y sobre sus magnates y sobre sus prudentes! ¡Cuchilla sobre sus combatientes, y desfallecerán! ¡Cuchilla sobre los bridones de ellos y sus carros! ¡Cuchilla sobre los combatientes de ellos, y sobre el mezclado el en medio de ella; y serán cual mujeres! Cuchilla los tesoros de ella; y dispersados serán. Sobre el agua de ella, y confundidos serán (que tierra de esculturas(g) es) también en las islas(h) de que se gloriaban. Por esto habitarán fantasmas en las islas; y habitarán en ella hijas de sirenas(i); no será habitada, no, ya por el siglo. Así como trastornó Dios a Sodoma y Gomorra y las vecinas de ellas, dijo el Señor, no habitará, no, allí hombre; y no morará, no, allí hijo de hombre. He aquí pueblo viene de septentrión; y gente grande y reyes muchos serán excitados del extremo de la tierra. Arco y daga empuñando; osado es, y no se apiadará, no; la voz de ellos, como mar resonará; sobre caballos cabalgarán, aderezados, cual fuego, a guerra, contra ti, hija de Babel. Oyó el rey de Babel la oída de ellos, y desmayaron sus manos; tribulación apoderóse de él, angustias, cual de parturienta. He aquí, como león subirá del Jordán(j) a Morada de peñas; pues, rápidamente los arrojaré de ella; y a todo jovencillo sobre ella constituiré; porque ¿quién como yo? ¿Y quién me resistirá? ¿Y quién ese pastor que se pondrá contra mi faz? Por esto oíd la determinación del Señor, que ha determinado sobre Babel; y sus pensamientos que ha pensado sobre los habitantes caldeos: ¡si no perecieren los corderos de sus ovejas; si no desapareciere dehesa de ellos!... Porque a voz de captura de Babel temblará la tierra, y vociferación en gentes se oirá». (Continuación) «Esto dice el Señor: «He aquí yo suscito sobre Babel y sobre los habitantes caldeos un viento abrasado, matador. Y enviaré a Babel ultrajadores y acabaránla de ultrajar, y mancillarán su tierra; ¡ay de Babel en contorno en día de su maltratamiento! Tienda, quien tiende, su arco, y póngase en torno; quien tiene, sus armas; y no perdonéis a sus jovencillos; y desvaneced todo el poder de ella. Y caerán heridos en tierra de caldeos, y traspasados fuera de ella. Por esto: porque no ha enviudado(a) Israel y Judá del Dios de ellos, del Señor Omnipotente; pues la tierra de ellos se ha llenado de injusticia ante el Santo de Israel. Huid de en medio de Babel, y salve cada cual su alma, y no seáis arrojados en la injusticia de ella; pues tiempo de su venganza es del Señor; retribución él retribúyele. Cáliz áureo, Babel en mano del Señor, embriagando toda la tierra; del vino de ella bebieron gentes; por esto conmovidas fueron; y de súbito cayó Babel y quebrantada fue. Lamentadla, tomad resina para su corrupción, por si sana. «Hemos curado a Babel, y no ha sanado: abandonémosla, y retirémonos cada cual a su tierra; que se ha llegado al cielo su juicio; alzádose hasta los astros». Sacó fuera el Señor su juicio. Venid y anunciemos en Sión las obras del Señor, nuestro Dios. Preparad los arcos; llenad las aljabas; ha despertado el Señor el espíritu del rey de los medos; pues contra Babel, su ira para exterminarla; que venganza del Señor es; venganza de su pueblo es. Sobre muros de Babel alzad enseña; colocad aljabas; despertad guardas; preparad armas; pues ha empezado, y hará el Señor lo que habló sobre los habitantes de Babel; que moran sobre aguas muchas y en muchedumbre de sus tesoros; ha llegado tu fin verdaderamente a tus entrañas. Que juró el Señor por su brazo, por esto: porque «llenaréte de hombres, cual de langostas; y sonarán, sobre ti, bajando. El que hace la tierra en su fuerza; el que dispone el orbe en su sabiduría; en su entendimiento extiende el cielo; en voz puso estruendo de agua en el cielo y subió nubes del extremo de la tierra; relámpagos lluvia hizo, y sacó luz(b) de sus tesoros. Desconcertóse todo hombre en conocimiento; fue confundido todo orífice en sus esculturas; pues engaños fundieron: no hay espíritu en ellos. Cosas vanas son, obras risibles; en tiempo de su visitación perecerán. No tal parte; para Jacob; pues quien todo lo plasmó, él es su heredad; «Señor», su nombre. Tú(c) me dispersaste vasos de guerra; y dispersaré en ti gentes, y quitaré de ti reyes. Y dispersaré en ti bridón y cabalgante de él; y dispersaré en ti carros y aurigas de ellos; y dispersaré en ti jovencillo y doncella; y dispersaré en ti varón y mujer. Y dispersaré en ti pastor y su grey, y dispersaré en ti agrícola y su agro; y dispersaré en ti tus príncipes y estrategos. Y retribuiré a Babel y a todos los habitantes caldeos todas las maldades de ellos que hicieron sobre Sión, ante vuestros ojos, dice el Señor. He aquí yo, contra ti, el monte, el corrompido, el que corrompes toda la tierra; y extenderé mi mano sobre ti, y te rodaré sobre las piedras, y te daré como monte quemado; y no tomarán, no, de ti piedra para ángulo y piedra para cimiento; pues en desaparecimiento por el siglo serás, dice el Señor. Alzad enseña sobre la tierra; trompetead en gentes con trompetas; santificad sobre ella gentes, pregonad sobre ella: «Reyes, alzad a par de mí»; también a los ascanazeos(d), poned sobre ella ballestas; subid sobre ella bridón, cual de langostas muchedumbre(e). Subid sobre ella gentes, al rey de los medos y de toda la tierra; a los príncipes de él y todos sus estrategos. Tembló la tierra y trabajó por esto: porque se levantó contra Babel el pensamiento del Señor: de poner la tierra de Babel en desaparecimiento y para que no sea habitada. Desfalleció el luchador de Babel del guerrear; se sentarán allí en fortificación; herida ha sido su potencia; hechos han sido cual mujeres; quemadas han sido las tiendas de ella; quebrantados sus cerrojos. Corredor a encuentro de corredor correrá, y nuncio a encuentro de nuncio, para anunciar al rey de Babel que ha sido prendida su ciudad; desde el extremo de las pasadas de él(f) han sido tomados; y las fortificaciones de ellos quemadas en fuego; y los varones de él, los guerreros salen. Por cuanto, esto dice el Señor: «Casas de rey de Babel, cual era estival serán trituradas; todavía un poco, y vendrá la siega de ella. «Me devoró, me partió; cogiéronme tinieblas menudas; Nabucodonosor, rey de Babel me devoró; como dragón llenó su vientre de las delicias mías; arrojáronme mis trabajos y mis miserias a Babel», dirá la habitadora de Sión; «y mi sangre sobre los habitantes caldeos»; dirá Jerusalén. Por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo juzgaré a tu adversario, y vindicaré tu vindicta; y yermaré la mar de ella, y secaré la fuente de ella; y será Babel en desaparecimiento; y no será habitada(g). Que juntamente, como leones, fueron despertados y como cachorros de leones. En el calor de ellos daréles bebida, y les embriagaré, para que se aletarguen y duerman sueño eterno, y no despierten, no, dice el Señor. Y los bajaré como corderos, a degüello, y como carneros con cabrones. ¡Cómo ha sido capturada y presa la gloria de toda la tierra! ¡Cómo ha sido hecha Babel en desaparecimiento en las gentes! Ascendió sobre Babel la mar en resonancia de sus olas; y ha sido cubierta! Han sido hechas sus ciudades como tierra inacuosa e intransitable; no habitará en ella ni uno, ni pernoctará en ella hijo de hombre. Y me vengaré de Babel, y sacaré lo que devoró, de su boca; y no se congregarán, no, en ella las gentes. [Hasta el muro de Babel caerá. Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada uno su alma, ante la ira del furor del Señor. No sea que se ablande vuestro corazón, y temáis por la oída que se oirá en la tierra; y llegue en año la oída, y, después del año la oída, miseria e injusticia sobre la tierra, y dominador sobre dominador. Por esto he aquí días vienen, y me vengaré de las esculturas de Babel; y toda la tierra de ellos avergonzada será; todos sus heridos caerán en medio de ella. Y se alegrarán de Babel los cielos y la tierra y todo lo en ellos; pues del septentrión vienen a él exterminadores, dice el Señor; también Babel caerá, heridos de Israel(h)] y en Babel caerán heridos de toda la tierra. Los que os evadís de la tierra(i), id, y no os paréis; los de lejos, acordaos del Señor, y Jerusalén ascienda sobre vuestro corazón. Avergonzados hemos sido, por oír nuestro oprobio; ha cubierto deshonra nuestro semblante; han entrado alienígenas en el santo nuestro, en casa del Señor. Por esto he aquí días vienen, dice el Señor, y me vengaré de las esculturas de ella; y en toda la tierra de ella caerán heridos. pues, si ascendiere Babel, como el cielo, y cuando si fortificare los muros con fuerza de ella, de mí vendrán, los que la exterminen, dice el Señor. Voz de grita en Babel, y quebranto grande en tierra de caldeos; porque exterminó el Señor a Babel; y perdió, de ella, voz grande(j) estruendosa, cual aguas muchas; dio a perdición la voz de ella. Pues ha venido sobre Babel miseria: cautivos están sus batalladores; aterrado, el arco de ellos; que Dios les retribuye. Señor retribuye, y embriagará con ebriedad a sus caudillos, y a sus sabios y a sus estrategos, dice el rey «Señor, Omnipotente», su nombre. Esto dice el Señor: «El muro de Babel ha sido allanado; excavándosele, excavado será, y sus puertas, las excelsas, quemadas; y no trabajarán(k) pueblos en vano; y gentes en imperio desfallecerán». La palabra que mandó el Señor a Jeremías, decir a Sarías, hijo de Nerías, hijo de Maasías; cuando iba de Sedecías, rey de Judá, a Babel, en el año, el cuarto, del reinado de él; y Saraías, príncipe de dones. Y escribió Jeremías todos los males que vendrán sobre Babel, en un libro, todas estas palabras las escritas sobre Babel. Y dijo Jeremías a Saraías: «Cuando vinieres a Babel, y vieres y leyeres todas estas palabras, dirás: «Señor, Señor, tú has hablado sobre este lugar: de exterminarlo, y que no haya en él habitantes, de hombre a bestia; pues desaparición por el siglo será». Y será cuando acabares de leer este libro, atarás sobre él una piedra y lo lanzarás al medio del Eufrates, y dirás: «Así será hundida Babel; y no se levantará, no, a faz de los males que yo traigo sobre ella». Sitio y toma de Jerusalén por Nabucodonosor Siendo de veintiún años Sedecías, al enreyecerse, once años reinó en Jerusalén; y nombre de su madre, Amital, hija de Jeremías de Lobná. [E hizo lo malo delante del Señor, según todo cuanto hizo Joaquín. Pues la ira del Señor era en Jerusalén y en Judá; hasta que los arrojó de su faz; y se rebeló Sedecías contra el rey de Babel(a)]. Y aconteció el año nono del reinado de él, en mes el nono, el décimo del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babel y todo su ejército sobre Jerusalén; y circunvaláronla y circunedificáronla con cuadrupedales(b) en contorno. Y vino la ciudad en sitio hasta el undécimo año para el rey Sedecías, en el mes, el cuarto, en el noveno del mes; y se afianzó el hambre en la ciudad; y no tenía panes el pueblo de la tierra. Y fue rota la ciudad, y todos los varones los guerreros salieron, de noche, camino de la puerta en medio del muro y el antemural, que estaba por el huerto del rey; y los caldeos, sobre la ciudad en contorno; y fueron camino del desierto; y persiguió el ejército de los caldeos en pos del rey; y cogióle allende de Jericó; y todos los niños de él, dispersáronse de él. Y cogieron al rey y le trajeron al rey de Babel a Reblatá; y hablóle en juicio. Y degolló rey de Babel a los ojos de Sedecías, a ojos de él; y a todos los príncipes de Judá degolló en Reblatá. Y los ojos de Sedecías cegó, y le ató en grillos; y llevóle rey de Babel a Babel, y diole en casa del molino, hasta el día que murió. Y en el mes quinto, el décimo de mes, vino Nabuzardán, el archicocinero, puesto a faz del rey de Babel, a Jerusalén. y quemó la casa del Señor, y la casa del rey; y todas las casas de la ciudad y toda casa grande quemó en fuego. Y todo muro de Jerusalén en contorno arrasó el ejército de los caldeos, el con el archicocinero. [Y de los pobres del pueblo y el resto del pueblo y los dejados en la ciudad y los prófugos que se habían fugado cerca del rey de Babel y lo restante de la turba, trasladó el archicocinero]. Y los restos del pueblo dejó el archicocinero para viñadores y agrícolas. Y las columnas las broncíneas, las en casa del Señor, y las basas, y la mar la broncínea, la en casa del Señor, destrozaron los caldeos y tomaron el bronce de ellos y llevaron a Babel. Y la corona, y las tazas, y todos los vasos, los broncíneos, en que ministraban, en ellos; y las ánforas, y los incensarios, y las fuentes, y las lámparas, y los morteros, y las copas, los que eran áureos, áureos y los que eran argénteos, argénteos, tomó el archicocinero. Y las columnas dos y el mar uno y los becerros doce broncíneos debajo del mar, lo que hizo el rey Salomón para la casa del Señor; no había peso del bronce de ellos. Y las columnas treinta y cinco, de codos altura de la columna la una; y cuerda de doce codos rodeábala, y el grueso de ella, de dedos cuatro en contorno; y capitel sobre ellos broncíneo; y de cinco codos la altura, salida del capitel el uno; y red y granadas sobre el capitel en contorno; todo ello broncíneo; y según esto, la columna la segunda; ocho granadas, el codo, los doce codos. Y eran las granadas, noventa y seis, una parte; y eran todas las granadas ciento sobre la red en circuito. Y tomó el archicocinero al sacerdote, el primero, y al sacerdote, el segundo, y a los tres que guardaban el camino(c); y a eunuco uno que era el prefecto de varones los guerreros, y a siete varones nombrados, los a faz del rey, los hallados en la ciudad, y al escriba de las milicias, el que escribía para el pueblo de la tierra; y a sesenta hombres del pueblo de la tierra; los hallados en medio de la ciudad. Y los tomó Nabuzardán, el archicocinero y los llevó al rey de Babel, a Reblatá; y los percutió el rey de Babel, en Reblatá, en tierra de Emat; [y fue trasladado Judá, de su tierra. Y éste el pueblo que trasladó Nabucodonosor: en el año el séptimo, judíos tres mil y veintitrés. En el año el décimo octavo de Nabucodonosor, de Jerusalén, almas ochocientas treinta y dos. En el año el vigésimo tercio de Nabucodonosor, trasladó Nabuzardán, el príncipe del séquito, de judíos almas setecientas cuarenta y cinco: todas las almas, cuatro mil seiscientas](d) Y aconteció en el año treinta y siete de haber sido trasladado Joaquín, rey de Judá en el duodécimo mes, en el vigésimo tercero del mes, tomó Evilmerodac, rey de Babel, en el año que fue entronizado, la cabeza de Joaquín, rey de Judá, y le trasquiló, y sacóle de casa en que era custodiado; y hablóle bien y le dio el trono suyo sobre los reyes los con él en Babel; y mudó la estola de su custodia; y comió pan siempre a faz de él todos los días que vivió. Y el sustento dábasele siempre por el rey de Babel, de día en día, hasta el día que murió. Desolación de Jerusalén Y aconteció, después de ser cautivo Israel, y Jerusalén, desierta, sentarse Jeremías llorando y trenando este treno sobre Jerusalén, y decir:Alef ¡Cómo está sentada solitaria la ciudad, la llena de pueblos! Ha sido hecha cual viuda ¡llena en gentes! príncipe en regiones ha sido hecha en tributo. Bet Llorando lloró en noche, y sus lágrimas en sus mejillas; y no hay quien la consuele, de todos los que la amaban; todos sus amigos la desecharon; trocáronsele en enemigos. Ghimel Emigró Judea por su humillación y por la muchedumbre de su esclavitud; asentóse en gentes; y no halló reposo; todos los perseguidores de ella cogiéronla en medio de los atribulantes. Dálet Vías de Sión lloran, por no haber quien venga a fiesta; todas sus puertas, deshechas; sus sacerdotes gimen; sus vírgenes, llevadas; y ella, amargada dentro de sí. He Han sido hechos los atribuladores de ella en cabeza(a); y sus enemigos han enriquecido, que el Señor la humilló por la muchedumbre de sus impiedades; sus párvulos partieron en cautiverio a faz de atribulador. Vau Y quitado ha sido de la hija de Sión todo su decoro; han sido hechos sus príncipes, como carneros no encontrando pasto, y en no fuerza, a faz de perseguidor. Zaín Acordóse Jerusalén de días de su humillación y sus lanzamientos —todo lo deseable de ella, cuanto tenía desde días antiguos— al caer su pueblo en manos de atribulador; y no había quien la ayudara; viendo sus enemigos, riéronse de su vivienda. Het Pecado pecó Jerusalén; por esto a fluctuación ha venido; todos los que la glorificaban, humilláronla; pues vieron su ignominia; y esto que ella está gimiendo, y volvióse hacia atrás. Tet La impureza de ella, a sus pies; no se acordó de sus novísimos, y descendió sobremanera; no hay quien la solace. —«Mira, Señor, mi humillación; que se ha engrandecido el enemigo.» Yod Su mano extendió el atribulador a todo lo deseable de ella; pues vio gentes entrar en el santuario de ella; las que mandaste no entren ellas, en tu congregación. Jaf Todo su pueblo, gemebundos, buscando pan, dieron lo deseable de ella, en comida para recobrar el alma —«Mira, Señor, y considera que he sido hecha deshonrada.» Lámed Los que para vosotros, todos los que pasáis por el camino, volveos y ved si hay dolor, según el dolor mío que ha sido hecho; clamando en mí, humillóme el Señor, en día de ira de su furor. Mem De su celsitud envió fuego; a mis huesos lo bajó; tendió la red a mis pies; volvióme hacia atrás; me dio anonadada; todo el día dolorida. Nun Veló sobre mis impiedades; en mis manos enredáronse; ascendieron sobre mi cuello, desmayó mi fuerza; que dio el Señor en mis manos dolores; no podré estar. Samec Quitó a todos los fuertes el Señor de en medio de mí; llamó sobre mí tiempo de quebrantar a mis elegidos; lagar calcó el Señor a la virgen, hija de Judá: sobre esto yo lloro. Ain Mi ojo vertió agua; que se alejó de mí quien me consuele, quien restituya mi alma; han sido hechos mis hijos desaparecidos; pues se ha fortalecido el enemigo. Fe Extendió Sión sus manos; no hay quien la consuele. Mandó el Señor a Jacob: en torno de él, los que le atribulan; ha sido convertida Jerusalén en menstruosa en medio de ellos. Tsadé Justo es el Señor; pues su boca he exacerbado. Oíd, ya, todos los pueblos, y ved mi dolor; mis doncellas y mis jovencillos han ido a cautividad. Cof He llamado a mis amadores; pero ellos me desdeñaron; mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad desfallecieron; que buscaron de comer para sí para recrear sus almas; y no hallaron. Res Ve, Señor, que se me atribula: mi vientre se ha conturbado, y mi corazón vuéltose en mí; pues, exacerbando, he sido exacerbada; fuera ha deshijado la cuchilla; así como la muerte en la casa. Ysen Oíd ya que gimo yo; no hay quien me consuele; todos mis enemigos han oído mis males y alegrádose de que tú has hecho: traído día, llamado tiempo; —han sido hechos(b) semejantes a mí. Tau Entre toda la maldad de ellos ante tu faz, y racímalos del modo que han hecho racimo de todos mis pecados; que muchos mis gemidos; y mi corazón contristado está. Exhorta el profeta a Sión a gemir ante Dios Alef ¡Cómo entenebreció, en su ira, el Señor a la hija de Sión! derribó, de cielo en tierra, la gloria de Israel; y no rememoró el escabel de sus plantas. Bet En día de su ira hundió el Señor, no perdonando; todo lo hermoso de Jacob arrasó en su furor; las fortificaciones de la hija de Judá pegó con la tierra; contaminó a su rey y a sus príncipes. Ghimel Quebrantó, en ira de su furor, todo cuerno de Israel; apartó hacia atrás su diestra, a faz de enemigo; y encendió en Jacob, cual fuego, llama, y devoró todo en contorno. Dálet Tendió su arco, cual enemigo adversario; afianzó su diestra, como adversario; y mató todas las apetencias de mis ojos, en tienda de hija de Sión; derramó, como fuego, su furor. He Se ha hecho el Señor, como enemigo: hundió a Israel; hundió sus alcázares; destruyó sus fortificaciones; y multiplicó, para la hija de Judá, a la que es humillada y a la que humillada está. Vau Y disipó, cual vid, su pabellón; destruyó su fiesta; se olvidó el Señor de lo que hizo, en Sión, de fiesta y sábado; y exasperó, con rugido de su ira, a rey, y sacerdote y príncipe. Zaín Arrojó el Señor su altar; sacudió su santuario; quebrantó, en su mano, muro de alcázares de ella; voz dieron, en la casa(a), como en día de fiesta. Het Y volvióse a destruir muro de hija de Sión; extendió mensura; no volvió su mano de holladura; y lloró el antemural, y el muro igualmente desmayó. Tet Clavadas fueron en tierra las puertas de ella; destruyó y quebrantó sus cerrojos, a su rey, y sus príncipes, en las gentes; no hay ley; y tampoco sus profetas vieron visión, del Señor. Yod Sentáronse en la tierra; callaron ancianos de hija de Sión; esparcieron polvo sobre su cabeza; ciñéronse sacos; bajaron en tierra a las príncipes vírgenes, en Jerusalén. Jaf Desfallecieron en lágrimas mis ojos; se conturbó mi corazón; derramóse en la tierra mi gloria, por el quebranto de la hija de mi pueblo, al desfallecer pequeñuelo y mamante en las calles de la ciudad. Lámed A sus madres dijeron: «¿Dónde trigo y vino?» al desmayar ellos, como heridos, en las calles de la ciudad; al derramar sus almas en el seno de sus madres. Mem ¿Qué te atestiguaré(b) o qué asemejaré a ti, hija de Jerusalén? ¿Quién te salvará y consolará, virgen hija de Sión? pues se ha engrandecido(c) el cáliz de tu quebranto; ¿quién te sanará? Nun Tus profetas te vieron vanidades e insensatez; y no revelaron sobre tu injusticia, para apartar tu cautiverio; y te vieron «aprehensiones vanas y lanzamientos.» Samec Batieron sobre ti palmas todos los que pasaban de camino; silbaron y movieron su cabeza sobre la hija de Jerusalén: «¿Esta, la ciudad —dirán— corona de alegría de toda la tierra?» Ain Abrieron sobre ti su boca todos tus enemigos; silbaron y rechinaron de dientes; y dijeron: «Devorádola hemos; sí, éste, el día que esperábamos: hémoslo hallado, visto.» Fe Hizo el Señor lo que pensó; cumplió sus palabras, que mandó desde días antiguos; arrasó, y no perdonó, y alegró sobre ti al enemigo; exaltó cuerno de tu atribulador. Tsadé Clamó el corazón de ellos al Señor: «Muros de Sión, verted, como torrentes, lágrimas día y noche; no te des recobro; no calle, hija, el ojo tuyo. Cof Levántate, salta, de noche, a principios de tu vigilia; derrama, como agua, tu corazón ante la faz del Señor; alza a él tus manos por el alma de los pequeñuelos, los que desmayan de hambre, a comienzo de todas las vías. Res «Ve, Señor, y mira a quien rastrojeas así; ¡si habrán de comer mujeres fruto de su vientre!(d). Rastrojo ha hecho cocinero: ¿Serán matados infantes mamando pechos? ¿Matarás, en santuario del Señor, a sacerdote y profeta? Ysen Durmiéronse, en la vía, párvulo y anciano; mis doncellas y mis jovencillos han ido en cautividad; en cuchilla y en hambre has matado; en día de tu ira ensañádote, no perdonado. Tau Llamaste a día de fiesta las cohabitaciones mías en contorno; y no hubo en día de furor del Señor quien librara y fuera dejado; como(e) envalentoné y multipliqué a mis enemigos todos(f). Dolor. Confesión. Ruina de los enemigos. Alef Yo, varón que ha visto pobreza; en vara de su furor sobre mí. Cogióme y llevó a tinieblas, y no a luz. Además a mí volvió su mano todo el día; envejeció a mi carne y mi piel; mis huesos quebrantó. Bet Ha edificado contra mí; y rodeado mi cabeza y afligido; en tinieblas sentádome, cual a muertos de siglo(a); edificado contra mí; y no saldré; agravó mi bronce(b). Ghímel Aunque clamare yo y voceare, obstruyó mi oración. Dálet Edificó mis caminos; obstruyó mis sendas; conturbó oso asechando; él, para mí, un león en oculto; ha perseguido al que se retiraba, y parádome, puéstome anonadado. He Tendió su arco y me fijó como blanco a saeta; clavó en mis riñones flechas de su carcaj; he sido hecha risa a todo mi pueblo, cantar de ellos todo el día. Vau Hame hartado de amargura; embriagádome de hiel; derribó(c) mis dientes; me abrevó con ceniza; y lanzó, de paz, a mi alma; olvidéme de bienes; y pereció mi victoria y mi esperanza, del Señor. Zaín Recordé, de mi pobreza y por la persecución; mi amargura y hiel recordada será; y molestará parlando sobre mí, el alma mía; ésta(d) pondré en mi corazón; por esto esperaré. Het Las misericordias del Señor, que no me haya abandonado, que no se hayan acabado sus conmiseraciones; por las mañanas se llenó tu fe. «Mi parte, Señor, dijo mi alma, por esto esperaré en él.» Tet Bueno, el Señor para los que esperan en él; alma la que le buscare, bueno(e); y esperará y sosegará en la salud del Señor. Bueno para el varón, cuando llevare yugo en su adolescencia; sentaráse solitario, y callará, pues tomó(f) sobre sí. [Pondrá en el polvo su boca, por si hay esperanza(g).] Yod Dará al que le hiriere, la mejilla; saciado será de oprobios; porque no por el siglo rechazará el Señor. Jaf Pues, quien humilló, se apiadará, y, según la muchedumbre de su misericordia; no reprobó(h) de su corazón y humilló hijos de varón; Lámed Para humillar a sus pies todos los aherrojados de la tierra; para desviar juicio de varón ante la faz del Altísimo; para condenar al hombre, cuando es juzgado, —el Señor no dijo(i). ¿Quién así dijo, y se hizo?— El Señor no mandó. ¿De boca del Altísimo no saldrá lo malo y lo bueno? Mem ¿Qué murmurará hombre viviente, varón por sus pecados? Nun Escudriñado ha sido(j) nuestro camino y examinado; y volvamos al Señor; levantemos nuestros corazones, con(k) manos, al Altísimo en el cielo; hemos pecado, prevaricado; y no te has propiciado. Samec Sombreaste en furor y perseguístenos; mataste; no perdonaste. Envolvístete en nube, para(l) oración; para cegarme y rechazarme. Ain Pusístenos en medio de los pueblos; abrieron sobre nosotros su boca todos nuestros enemigos. Temor y furor nos vino; alzamiento y quebranto; soltura de lágrimas verterá el ojo mío sobre el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Fe El ojo mío devorado fue; y no me callaré, porque no hay recobro; hasta que se incline y mire el Señor desde el cielo. El ojo mío racimará(m) sobre mi alma ante todas las hijas de la ciudad. Tsadé Cogiendo cogiéronme, como gorrión, todos mis enemigos, sin causa; mataron en hoyo mi vida; y pusieron piedra sobre mí; sobrepasó agua sobre mi cabeza; —dije: «Desechado he sido.» Cof Invoqué tu nombre, Señor, desde hoyo profundísimo; mi voz has oído; no ocultes tus orejas para mi súplica; en ayuda mía te has llegado; en el día que te invoqué, dijísteme: «No temas.» Res Has juzgado, Señor, los juicios de mi alma, redimido mi vida. Viste, Señor, mis turbaciones; has juzgado mi juicio. Has visto toda la venganza de ellos, en todos sus pensamientos contra mí. Ysen Has oído su oprobio; todos sus pensamientos en contra de mí; labios de los que se me levantan y sus designios contra mí, todo el día; su sentarse y su levantarse. Mira sus ojos; les retribuirás retribución, Señor, según las obras de sus manos. Tau Les retribuirás, como escudamiento de corazón trabajo. Tú los perseguirás en ira; y los consumirás de debajo del cielo, Señor. Treno a la destrucción de Jerusalén Alef ¡Cómo será obscurecido el oro, mudada la plata, la buena! Derramáronse piedras sacras en ángulo de todas las vías. Bet Los hijos de Sión, los apreciados, los enaltecidos en oro, ¡cómo han sido reputados como vasos barrizos, obras de manos de alfarero! Ghímel Hasta los dragones(a) han descubierto pechos; amamantado cachorros de ellos a hijas de mi pueblo, en la irremediable(b), como avestruz en el desierto. Dálet Se ha pegado la lengua del mamante a su paladar, en sed; párvulos pidieron pan; quien les parte no hay. He Los que comían las viandas, fueron anonadados en las vías; los criados en púrpura revistiéronse de estiércol. Vau Y engrandecióse la iniquidad de la hija de mi pueblo sobre la iniquidad de Sodoma, la que fue trastornada, cual al punto; y no trabajaron en ella con manos. Zaín Depuráranse sus nazarenos sobre nieve; esplendieran sobre leche, purpurearan sobre piedras(c), de zafiro la forma de ellos. Het Entenebrecióse sobre hollín su aspecto; no se les reconoció en las vías; pegóse su piel a sus huesos; secáronse, volviéronse como palo. Tet Hermosos fueron los heridos a espada sobre los heridos de hambre; se fueron, atravesados por causa de frutos de campos. Yod Manos de mujeres compasivas cocieron sus pequeñuelos; convirtiéronse en alimento para ellos, en el quebranto de la hija de mi pueblo. Jaf Consumó el Señor su furor; derramó el furor de su ira, y encendió fuego en Sión; y devoró los cimientos de ella. Lámed No creyeron los reyes de la tierra, todos los habitantes del orbe, que entraría enemigo y atribulador por las puertas de Jerusalén. Mem Por los pecados de sus profetas, las injusticias de sus sacerdotes; los que derramaron sangre justa en medio de ella(d). Nun Vacilaron sus veladores en las calles; mancilláronse en sangre, no pudiendo ellos; se cogieron sus vestiduras(e). Samec «Apartaos de lo impuro —gritadles— apartaos, apartaos, no toquéis»; que se han pegado y al menos vacilado. Decid en las gentes: «No volverán, no, a habitar.» Ain Semblante(f) del Señor, la parte de ellos; no volverá a mirarles; semblante de sacerdotes no aceptaron; de profetas(g) no se apiadaron. Fe Cuando aún éramos, desfallecieron nuestros ojos; a nuestra ayuda en vano atisbando nosotros. Tsadé Hemos atisbado a gente que no salvaba; cazaron a nuestros párvulos —que(h) no fueran a nuestras calles. Cof Ha llegado nuestro tiempo; cumplídose nuestros días; está nuestro tiempo, ligeros hanse hecho nuestros perseguidores, sobre águilas del cielo; sobre montes se volaron; en desierto asecháronnos. Res Espíritu de nuestra faz, ungido el Señor fue cogido en las corrupciones de ellos; del que decíamos: «A la sombra de él viviremos en las gentes.» Ysen Alégrate y regocíjate, hija de Idumea, la que habitas sobre la tierra(i); también sobre ti pasará el cáliz del Señor; te embriagarás, y derramarás. Tau Desfalleció tu iniquidad, hija de Sión; no volverá a trasladarte. Ha visitado tus iniquidades, hija de Edón; descubierto sobre ti: tus iniquidades. Ora Jeremías por la conversión y dicha de Israel Acuérdate, Señor, de lo que nos ha acontecido; mira y ve nuestro oprobio. Nuestra heredad ha pasado a extraños; nuestras casas a extranjeros. Huérfanos hemos sido hechos; no hay padre; nuestras madres cual las viudas. De nuestros días los leños nuestros, en conmutación han venido; sobre nuestra cerviz(a) —hemos sido perseguidos; hemos trabajado, no reposado. Egipto dio mano; Asur para hartura de ellos(b). Nuestros padres han pecado, no son; nosotros sus iniquidades tolerado. Siervos se han enseñoreado de nosotros; quien redima, no hay de la mano de ellos. En nuestras manos traeremos nuestro pan, a faz de espada del desierto(c). Nuestra piel, como horno, se ha secado; arrugáronse a faz de tormentas de hambre. Mujeres en Sión han humillado; vírgenes en ciudades de Judá. Príncipes en(d) sus manos colgados fueron; ancianos, no fueron glorificados. Elegidos llanto levantaron; y jovencillos en leño desmayaron(e). Y anciano de puerta(f) cesaron; elegidos, en sus cantares cesaron. Desfalleció el gozo de nuestro corazón; mudóse en luto nuestro coro; cayó nuestra corona de la cabeza. ¡Ay ahora de nosotros, porque hemos pecado! Por esto se convirtió en dolor dolorido nuestro corazón; por esto entenebreciéronse nuestros ojos. Sobre el monte Sión, pues se anonadó, zorros anduvieron en ella. Mas tú, Señor, por el siglo habitarás; tu trono, por generación y generación. ¿Por qué hasta el triunfo te has de olvidar de nosotros?, ¿abandonarnos con longura de días? Vuélvenos, Señor, a ti, y nos volveremos; y renueva nuestros días, como antes. Porque, rechazando nos has rechazado, airádote contra nosotros hasta lo sumo. En visión ve el profeta a Dios Y aconteció en el trigésimo año(a), el cuarto mes, el quinto del mes, y yo estaba en medio de la cautividad, sobre el río el Cobar; y abriéronse los cielos, y vi visiones de Dios. El quinto del mes, éste el año el quinto de la cautividad del rey Joaquín; y fue hecha palabra del Señor a Ezequiel, hijo de Buzí, al sacerdote, en tierra de caldeos, sobre el río el Cobar. Y fue hecha sobre mí la mano del Señor; y vi, y he aquí, ráfaga arrebatadora vino del septentrión y nube grande en ella, y esplendor en torno de ella y fuego relampagueante, y en medio de él, como visión de electro, en medio del fuego, y esplendor en él. Y en el medio, como semejanza de cuatro vivientes, y ésta la visión de ellos: semejanza de hombre en ellos. Y de cuatro faces el uno, y de cuatro alas el uno; y las piernas de ellos, rectas, y aladas las plantas de ellos, y centellas, como relampagueante bronce; y ligeras sus alas; y mano de hombre, por debajo de sus alas, en sus cuatro partes; y las faces de ellos, los cuatro, no se volvían, al andar ellos; cada uno ante su faz andaban. Y semejanza de sus faces: faz de hombre, y faz de león, a diestra, de los cuatro; y faz de becerro, a siniestra, de los cuatro; y faz de águila de los cuatro; y las alas de ellos extendidas por sobre los cuatro; de cada uno dos, unidas entre sí; y dos cubrían por arriba los cuerpos de ellos(b). Y cada uno ante su faz andaba; por donde estaba la ráfaga andando, andaban, y no se volvían. Y en medio de los vivientes, una visión, como carbones de fuego ardientes, como vista de lámparas discurriendo por en medio de los vivientes, y esplendor del fuego; y del fuego brotaba relámpago. Y los vivientes corrían y volvían, cual figura de relámpago. Y vi, y he aquí rueda una sobre la tierra junto a los vivientes los cuatro. Y la figura de las ruedas como figura de mar, y semejanza una de las cuatro, y la labor de ellas era cual si fuese rueda en rueda; sobre sus cuatro partes andaban; no se volvían en su andar, ni sus curvaturas; y altura tenían(c); y lo vi, y las curvaturas de ellas, llenas de ojos(d) en torno de las cuatro. Y al andar los vivientes, andaban las ruedas a par de ellos; y al levantarse los vivientes de la tierra, levantábanse las ruedas. Donde estaba la nube, allí la ráfaga del ir: iban las ruedas y levantábanse con ellos(e), por esto: porque ráfaga de vida, en las ruedas. Yendo ellos, iban y parando ellos, paraban; y levantándose de la tierra, levantábanse con ellos; pues ráfaga de vida había en las ruedas. Y semejanza sobre la cabeza de los mismos vivientes; así como firmamento, como visión de cristal extendido sobre las alas de ellos por arriba; y debajo del firmamento, las alas de ellos extendidas, aleteando otra(f) a la otra (a cada uno dos cubriendo el cuerpo de ellos)(g). Y oía yo la voz de sus alas, al andar ellos, como voz de agua mucha (como voz del Potente; al ir de ellos, voz de palabra, como voz de ejército), y, al parar ellos, reposaban sus alas. Y he aquí, voz de arriba del firmamento que había sobre la cabeza de ellos (al pararse ellos, detenían sus alas); (y por sobre el firmamento, el sobre la cabeza de ellos) como visión de piedra zafiro, semejanza de trono en él, y sobre la semejanza del trono, semejanza como figura de hombre(h). Y vi como vista de electro (como visión de fuego por dentro de él en contorno, y), desde la visión del lomo, y hasta arriba; y desde la visión del lomo, y hasta abajo, vi visión de fuego, y el esplendor de él, en contorno. Como visión de arco, cuando estuviere en la nube, en días de lluvia; así la puesta del esplendor en contorno. Continuación. Vocación del profeta. Esta, la visión de semejanza de la gloria del Señor; y vi, y caí sobre mi rostro; y oí la voz de hablante, que me dijo: «Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y te hablaré»; y vino sobre mí un espíritu, y cogióme, y levantóme y púsome sobre mis pies; y le oía yo hablarme; y me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a la casa de Israel, a los que me exacerban; los cuales me han exacerbado (e hijos de dura faz y recio corazón —yo te envío a ellos), ellos y sus padres, hasta el día de hoy y dirás a ellos: Esto dice el Señor: «Si por ventura han de oír o aterrarse, por cuanto casa exacerbadora es; y han de conocer que profeta eres tú, en medio de ellos. Y tú, hijo de hombre, no les temáis; ni te pasmes a faz de ellos; por cuanto se juntarán para aguijonear y acometerte en contorno, y en medio de escorpiones tú habitas; sus palabras no temas, y a faz de ellos no te pasmes; por cuanto casa exacerbadora es. Y hablarás mis palabras a ellos; si por ventura han de oír o aterrarse; pues casa exacerbadora es. Y tú, hijo de hombre, oye a quien te habla; no te hagas exacerbador tal como esta casa la exacerbadora: abre tu boca y come lo que yo te doy.» Y vi, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella una punta de libro; (2:9) y la desenvolvió; y en ella escrito estaba lo de delante y lo de atrás, y estaba escrita lamentación, y cantar, y ay. Misión, y nueva visión del profeta Y, díjome: «Hijo de hombre, cómete(a) esta punta, y anda y habla a los hijos de Israel. Y abrió(b) mi boca y me alimentó y me alimentó con la punta. Y me dijo: «Hijo de hombre, tu boca comerá, y tu vientre se llenará de esta punta la dada a ti.» Y la comí y se convirtió en mi boca como en miel endulzando. Y me dijo: «Hijo de hombre, ve y entra en la casa de Israel, y habla mis palabras a ellos; por cuanto no a pueblo de profunda(c) lengua tú eres enviado: a la casa de Israel; ni a pueblos muchos de otra voz u otra lengua, ni a los que son recios de lengua, cuyas palabras no oyeres; y si a tales te hubiera yo enviado, éstos te escucharan. Pero la casa de Israel no te querrá escuchar, no; por cuanto no quieren escucharme; pues toda la casa de Israel contenciosos son y cordiduros. Y he aquí he dado tu faz poderosa ante las fases de ellos; y tu contención fortaleceré ante las contenciones de ellos; Y será siempre más fuerte que piedra. No les temas, ni te aterres a faz de ellos; por cuanto casa exasperadora es.» Y me dijo: «Hijo de hombre, todas las palabras que he hablado contigo, toma en tu corazón; y con tus orejas oye; y anda, entra en la cautividad, a los hijos de tu pueblo; y hablarás a ellos y dirás a ellos: Esto dice el Señor: «Si por ventura han de oír; si por ventura, ceder.» Y me alzó el espíritu, y oí detrás de mí, y oí voz de estremecimiento grande: «Bendita la gloria del Señor, desde el lugar de él.» Y oí voz de alas de los vivientes aleteando otra contra la otra; y voz de las ruedas contigua a ellos, y voz del estremecimiento. Y el espíritu me alzó y me tomó consigo, y anduve a impulso de mi espíritu; y la mano del Señor vino sobre mí, poderosa. Y entré en la cautividad aéreo(d) y recorrí a los habitantes, sobre el río, el Cobar, a los que estaban allí. Y sentéme allí siete días, conversando en medio de ellos. Y fue hecha, después de los siete días, la palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, por atalaya te he dado a la casa de Israel; y oirás, de mi boca, palabra, y les conminarás de mi parte. Al decir yo al inicuo: «De muerte morirás», —y(e) no le has anunciado ni hablado, para anunciar al inicuo que se apartare de sus caminos para que viva; aquel inicuo en su injusticia morirá, y su sangre de tu mano pediré. Y tú, si anunciares al inicuo, y no se apartare de su iniquidad y camino; aquel inicuo en su injusticia morirá, y tú el alma tuya librarás. Y, apartándose el justo, de sus justicias, e(f) hiciere prevaricación, también daré el castigo en su rostro: él morirá, porque no le has anunciado, y en sus pecados morirá; por esto: porque no se recordarán sus justicias; y su sangre de tu mano pediré. Y tú, si anunciares al justo que no peque, y él no pecare, el justo de vida vivirá, por haberle tú anunciado, y tú la propia alma librarás. E hízose sobre mí mano del Señor, y díjome: «Levántate y sal al campo, y allí se te hablará.» Y levantéme y salí al campo; y he aquí, allí la gloria del Señor estaba, según la visión y según la gloria que vi sobre el río, el Cobar; y caigo sobre mi faz. Y vino sobre mí un espíritu y púsome sobre mis pies, y me habló y me dijo: «Entra y enciérrate en medio de tu casa. Y tú, hijo de hombre, he aquí han sido dadas sobre ti ligaduras, y te ligarán en ellas; y no saldrás, no, de en medio de ellas. Y tu boca ligaré, y enmudecerás y no serás para ellos en varón reprendedor por esto: porque casa exacerbadora es. Y, hablando yo a ti, abriré tu boca, y les dirás: Esto dice el Señor: «Quien oye, oiga; y quien desobedece, desobedezca; por esto: porque casa exacerbadora es.» Diversos símbolos de los castigos que sobrevendrán a Jerusalén Y tú, hijo de hombre, tómate un ladrillo y lo pondrás ante tu faz y describirás en él una ciudad: Jerusalén; y darás sobre ella asedio; y edificarás sobre ella antemurales; y echarás sobre ella en torno, un valladar; y darás sobre ella un campamento, y ordenarás las catapultas en contorno. Y tú, tómate sartén férrea y la pondrás por muro férreo en medio de ti y en medio de la ciudad; y pararás tu rostro sobre ella, y será en encierro; y la encerrarás; señal es ésta para los hijos de Israel. Y tú dormirás(a) sobre tu costado el izquierdo, y pondrás las injusticias de la casa de Israel sobre él, según número de los días ciento cincuenta; los que dormirás sobre él, y tomarás las injusticias de ellos. Y yo te he dado las dos injusticias de ellos en número de días: ciento(b) noventa días; y tomarás las injusticias de la casa de Israel. Y consumarás esto, y dormirás sobre tu costado el derecho, y tomarás las injusticias de la casa de Judá: cuarenta días; un día por un año te he puesto. Y al encierro de Jerusalén pararás tu rostro, y tu brazo afirmarás y profetizarás sobre ella. Y he aquí yo he dado sobre ti ligaduras, y no te volverás de tu costado a tu costado, hasta que se consumen los días de tu encierro. Y tú, tómate trigo, y cebada, y haba y lenteja, y mijo y escanda; y los echarás en vaso uno barrizo, y te los harás en panes, y según número de los días que tú duermes sobre tu costado; ciento noventa días los comerás. Y tu alimento comerás en peso: veinte siclos,(c) el día; de tiempo en tiempo, lo comerás. Y agua en medida, beberás: la sexta parte del hin(d) de tiempo a tiempo beberás. Y torta cebadeña, lo comerás; en desechos de estiércol humanos siclos(e), lo guardarás(f); a ojos de ellos; y dirás: «Esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Así comerán los hijos de Israel lo inmundo entre las gentes.» Y dije: «De ninguna manera, Señor, Dios de Israel; si mi alma no se ha manchado en inmundicia; y lo destrozado de bestias y lo mortecino no he comido desde mi nacimiento hasta ahora; ni ha entrado en mi boca toda carne rancia.» Y me dijo: «He aquí te he dado desechos de bueyes en vez de los desechos, los humanos; y harás tus panes sobre ellos.» Y me dijo: «Hijo de hombre, he aquí yo quebranto afianzamiento de pan en Jerusalén, y, comerán pan en peso y en penuria; y agua, en medida y en desaparecimiento, beberán; para que necesitados sean hechos de pan y agua; y desaparecerá hombre y su hermano, y se desharán en sus injusticias. Continuación Y tú, hijo de hombre, tómate una espada, aguda sobre navaja de trasquilador; te la poseerás, y la subirás sobre tu cabeza y sobre tu barba. Y tomarás balanza de pesas y los(a) dividirás: el cuarto(b) en fuego quemarás, en medio de la ciudad, según(c) el cumplimiento de los días del encierro, y tomarás el cuarto, y lo quemarás en medio de ella; y el cuarto cortarás en espada, en contorno de ella; y el cuarto desparramarás al viento; y cuchilla desnudaré tras ellos. Y tomarás de allí unos pocos en número y orlarás con ellos tu vestidura. Y de éstos tomarás aún, y los lanzarás en medio del fuego, y los quemarás en fuego: de ésta(d) saldrá fuego y dirás a toda casa de Israel: Esto dice el Señor: «Esta es la Jerusalén; en medio de las gentes la he puesto, y las, en su contorno regiones(e). Y dirás(f) mis justificaciones(g) a la inicua de entre las gentes y mis preceptos(h); de las regiones las en contorno de ella; por esto: porque mis justificaciones han desechado; y en mis preceptos no han andado, en ellos. Por esto dice el Señor: «Por cuanto vuestro partir(i), de las gentes, las en contorno vuestro; y en mis preceptos no habéis andado; y mis justificaciones no habéis hecho, pero ni según las justificaciones de las gentes las en vuestro contorno siquiera habéis hecho; por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo, sobre ti, y haré en medio de ti, juicio, a faz de las gentes; y haré en ti cosas que no he hecho, y cosas que no haré, semejantes a ellas, ya, según todas tus abominaciones. Por esto padres comerán hijos en medio de ti, e hijos comerán a padres, y haré en ti juicios y dispersaré todos los residuos tuyos a todo viento. Por esto: «¡Vivo yo!», dice el Señor, verdaderamente, por cuanto mi santuario has mancillado, en todas tus abominaciones, también yo te desecharé; no perdonará el ojo mío; y yo no me apiadaré. El cuarto de ti en muerte será consumido; y el cuarto en hambre se acabará en medio de ti; y el cuarto de ti a todo viento lo dispersaré; y el cuarto de ti en espada caerá en contorno tuyo; y cuchilla desnudaré tras ellos. Y se consumará mi furor y mi ira sobre ellos; y conocerás(j) porque yo el Señor he hablado en mi celo, cuando yo consumaré mi ira sobre ellos. Y te pondré en el desierto y a tus hijas(k) en contorno de ti, a faz de todo transeúnte; y serás gemebunda y mísera en las gentes las en contorno tuyo; cuando hiciere yo en ti juicios, en vindicta de mi furor; yo, el Señor, he hablado; y cuando enviare yo mis saetas del hambre sobre ellos, serán en desfallecimiento; y quebrantaré el afianzamiento de tu pan. (5:16) Y enviaré sobre ti hambre y bestias malas, y te castigaré; y muerte y sangre atravesarán por ti; y espada traeré sobre ti en contorno; yo el Señor he hablado. Castigo de Israel idólatra. Se convierten y salvan sus reliquias. Ira divina. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, fija tu rostro en los montes de Israel y profetiza de ellos, y dirás: Los montes de Israel, oíd palabra del Señor: Esto dice el Señor a los montes, y las colinas y las sierras y las hondonadas»: «He aquí traigo sobre vosotros espada, y será exterminado lo excelso de vosotros; y quebrantadas serán vuestras aras y vuestras selvas(a) y derribaré vuestros heridos, a faz de vuestros ídolos, (y daré los cadáveres de los hijos de Israel, a faz de sus ídolos)(b) y desparramaré vuestros huesos en contorno de vuestras aras, y en toda vivienda vuestra. Las ciudades serán yermadas, y las celsitudes desaparecerán, para que sean exterminadas vuestras aras; y quebrantados serán vuestros ídolos, y arrancadas vuestras selvas (y borradas vuestras obras)(c); y caerán heridos en medio de vosotros, y conoceréis que yo soy Señor. Y, cuanto hubiere, de entre vosotros, salvos de espadas, entre las gentes, y entre la dispersión de vosotros en las regiones. se acordarán de mí los salvos de vosotros entre las gentes, donde hubieren sido cautivos, allí; he jurado el corazón(d) de ellos el fornicador contra mí, y a los ojos de ellos los fornicadores en pos de sus antojos; y golpearán sus rostros en todas sus abominaciones; vrs. 32. Esto dice el Señor: «El cáliz de tu hermana beberás, el hondo, y el ancho y el redundante, para consumar ebriedad; y reconocerán que yo el Señor (no en vano) he hablado (hacerles todos estos males)(e).» Esto dice el Señor: «Bate la mano y golpea con el pie y di: «¡Bien, bien!» sobre todas las abominaciones de la casa de Israel: en espada, y en muerte y en hambre caerán; el cercano en espada caerá; el lejano en muerte(f) fenecerá, y el asediado en hambre consumido será; y consumaré mi ira contra ellos; y me conoceréis, porque yo, el Señor, cuando estuvieren vuestros heridos en medio de vuestros ídolos, en contorno de vuestras aras; sobre toda colina excelsa (y en todas las cumbres de los montes)(g) y por debajo de árbol umbrío (y por debajo de toda encina frondosa)(h), donde dieron, allí olor de suavidad a todos los ídolos de ellos. Y extenderé mi mano sobre ellos y pondré la tierra en desaparecimiento y en perdición, desde el desierto de Deblata, en toda vivienda, y reconoceréis que yo soy el Señor. Ruina total del reino judío Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Y tú, hijo de hombre, di: Esto dice el Señor a la tierra de Israel: El fin llega, el fin llega sobre las cuatro alas de la tierra. Llega el fin; ahora el fin a ti; y enviaré sobre ti y te vindicaré en todos tus caminos; y daré sobre ti todas tus abominaciones; no perdonaré mi ojo; ni me apiadaré; pues tu camino sobre ti daré; y tus abominaciones en medio de ti estarán; y sabrás que yo soy el Señor.» Por cuanto esto dice el Señor: «El fin llega; llega el fin; ha despertado contra ti; he aquí viene el fin. Llega el fin sobre ti que habitas la tierra; se ha acercado el día, no con perturbaciones ni con congojas(a). Ahora de cerca fundiré mi ira sobre ti, y consumaré mi furor en ti; y te juzgaré en tus caminos; y daré sobre ti todas tus abominaciones; no perdonará mi ojo; y no me apiadaré, por esto: porque tus caminos sobre ti daré, y tus abominaciones en medio de ti estarán; y conocerás esto: que yo soy el Señor, el que hiere. He aquí el fin viene, he aquí el día del Señor (ha salido el infortunio)(b); si también la vara(c) ha florecido, la contumelia levantádose; y quebrantará afianzamiento de inicuo, y no con perturbación, ni aceleramiento(d). Viene el tiempo; he aquí el día: quien ha comprado, no se alegre, y quien ha vendido, no se lamente (pues ira sobre toda la muchedumbre de ella)(e); por esto: porque el comprante al vendiente ya no volverá, no (y aun en vida el vivir de ellos(f); que visión a toda la muchedumbre de ella no tornará)(g); y hombre en ojo de su vida no se afianzará(h). Trompetead en trompeta; juzgadlo todo(i) (y no hay quien vaya a la guerra; que mi ira sobre toda la muchedumbre de ella). La guerra en espada, fuera; y el hambre y la muerte, dentro. El que en el campo, en espada fallecerá —pero a los de la ciudad, hambre y muerte consumirá. Se salvarán los salvos entre ellos (y estarán sobre los montes, como palomas de los valles)(j). (k)Y a todos mataré; a cada uno en sus injusticias. Todas manos se desmayarán, y todos muslos mancillaránse de humedad; y se ceñirán sacos; y los cubrirá el espanto; y sobre todo semblante caerá la vergüenza, sobre ellos; y sobre toda cabeza, la rapadura. Su plata arrojada será a las calles, y su oro despreciado. (Su plata y su oro no podrá librarlos en el día de la ira del Señor)(l); sus almas no se hartarán, no; y sus vientres no se llenarán, no; por esto: porque castigo de sus injusticias se ha hecho. Lo selecto del mundo en soberbia lo pusieron, e imágenes de sus abominaciones hicieron de ello; por causa de esto, se lo he dado en inmundicia; y entregarélo en mano de extraños para que lo arrebaten, y a las pestes de la tierra en despojos; y lo contaminarán. Y apartaré mi rostro de ellos, y mancillarán mi visitación(m), y entrarán en ello(n) incustodiadamente y lo contaminarán. Y harán desorden(o); por esto: porque la tierra, llena de pueblos, y la ciudad, llena de iniquidad. (Y traeré malos de gentes y heredarán la casa de ellos)(p). Y apartaré el relincho de su fuerza; y contaminado será lo santo de ellos. Y propiciación vendrá, y buscará paz, y no habrá. Ay sobre ay habrá, y mensaje sobre mensaje; y se buscará visión de profeta; y la ley perecerá de(q) sacerdote y consejo de ancianos. Príncipe vestirá el desaparecimiento; y las manos del pueblo de la tierra desfallecerán; según sus caminos les haré; y en sus juicios los vindicaré; y conocerán que yo soy el Señor. Ve el profeta, en espíritu, las abominaciones del pueblo en el templo, y anuncia su castigo. Y aconteció en el octavo año, en el quinto mes, el quinto del mes, yo estaba sentado en la casa, y los ancianos de Judá, sentados delante de mí. Y fue sobre mí mano del Señor, Y vi, y he aquí una semejanza de varón: desde su lomo y hasta abajo, fuego; y desde su lomo hasta arriba, cual visión de electro. Y extendió una semejanza de mano y me alzó de mi vértice, y me alzó un espíritu por en medio de la tierra y cielo; y me llevó a Jerusalén, en visión de Dios, a los vestíbulos de la puerta, la que mira al septentrión; donde estaba la estatua del Poseyente(a). Y he aquí, allí había gloria del Señor Dios de Israel, según la visión que vi en la llanura. Y díjome: «Hijo de hombre, mira con tus ojos al septentrión.» Y miré con mis ojos al septentrión; y he aquí, del septentrión a la puerta del altar la efigie de este celo, en la entrada misma. Y díjome: «Hijo de hombre, ¿has visto qué éstos hacen? Iniquidades grandes hacen aquí para retirarse de mi santo; y aún verás iniquidades mayores.» E introdújome a los vestíbulos del atrio, y vi y he aquí abertura una en la pared; y díjome: «Hijo de hombre, cava.» Y cavé(b) y he aquí una puerta. Y me dijo: «Entra y ve las iniquidades que éstos hacen aquí»; y entré y vi, y he aquí vanas abominaciones, y todos los ídolos de casa de Israel grabados en ella, en contorno. Y setenta varones de los ancianos de casa de Israel; Jeconías, el de Safán, en medio de ellos estaba a faz de ellos; y cada uno su incensario tenía en su mano, y el humo del incienso ascendía. Y díjome: «Has visto, hijo de hombre, lo que los ancianos de la casa de Israel hacen, cada uno de ellos en la alcoba la oculta de ellos; por cuanto han dicho: «No ve el Señor; ha abandonado el Señor la tierra.» Y díjome: «Aún verás iniquidades mayores que éstos hacen.» Y me introdujo a los vestíbulos de la puerta de la casa del Señor, la que mira al septentrión; y he aquí allí mujeres sentadas trenando a Adonis. Y me dijo: «Hijo de hombre, ¿has visto? Y aún verás atentados mayores que éstos.» E introdújome en el atrio de la casa del Señor, el exterior; y sobre los vestíbulos del templo del Señor, en medio de los atrios y en medio del altar, como veinte(c) varones, sus espaldas al templo del Señor y sus rostros enfrente; y estos adoran al sol. Y díjome: «¿Has visto, hijo de hombre? ¿Acaso poco para la casa de Judá el hacer las iniquidades que han hecho aquí, puesto que han llenado la tierra de iniquidad? Y he aquí ellos como escarneciendo. Y yo les haré con furor; no perdonará el ojo mío; y no me apiadaré, no.» Continuación. Castigo. Y clamoreó a mis orejas con voz grande, diciendo: «Se ha acercado la vindicta de la ciudad»; y cada uno tenía las armas del exterminio en su mano. Y he aquí seis varones venían del camino de la puerta la alta, la que mira al septentrión; y de cada uno la segur en su mano; y un varón en medio de ellos vestido de talar, y ceñidor de zafiro, sobre su lomo; y entraron y se pusieron a par del altar broncíneo. Y gloria de Dios de Israel ascendió, de los querubines, la que estaba sobre ellos, hacia el atrio de la casa(a). Y llamó al varón al vestido de talar, que tenía sobre su lomo ceñidor, y le dijo: «Atraviesa por en medio de Jerusalén, y da signo(b) sobre las frentes de los varones los gemebundos y los pesarosos por todas las iniquidades, las que se hacen en medio de ellos.» Y a éstos dijo, oyendo yo: «Id, tras él, a la ciudad, y cortad, y no perdonéis a vuestros ojos, y no os apiadéis: anciano, y jovencillo, y doncella, y pequeñuelos y mujeres, matad en exterminio; pero a todos aquellos sobre los cuales hay signo, no os acerquéis; de mi santo empezad.» Y empezaron por los varones, los ancianos que estaban dentro de la casa. Y díjoles: «Contaminad la casa, y llenad las vías de muertos, saliendo, y cortad.» Y aconteció, al cortar ellos también, que caigo sobre mi rostro, y voceé y dije: «¡Ay de mí, Señor! ¿Exterminarás tú los residuos de Israel, al derramar tú el furor tuyo sobre Jerusalén?» Y me dijo: «La injusticia de la casa de Israel y Judá se ha agrandado sobremanera; y pues se ha llenado la tierra de pueblos muchos y(c) la ciudad llenádose de injusticia e inmundicia; porque han dicho: «Ha abandonado el Señor la tierra; no mira el Señor.» Y no perdonará el ojo mío; y no me apiadaré, no; sus vías sobre sus cabezas he dado.» Y he aquí el varón el vestido de talar, y ceñido del ceñidor su lomo, respondió diciendo: «He hecho según me mandaste.» Carbones encendidos son derramados sobre Jerusalén. Reaparece el carro de la gloria de Dios. Y vi, y he aquí por sobre el firmamento(a) el sobre la cabeza de los querubines, como(b) piedra de zafiro, semejanza de trono sobre ellos. Y dijo el varón al vestido de la estola: «Entra en medio de las ruedas, las por debajo de los querubines; y llena tus puños con carbones de fuego de en medio de los querubines y espárcelos sobre la ciudad.» Y entró delante de mí. Y los querubines estaban a la diestra de la casa, al entrar el varón; y la nube llenó el atrio interior. Y alzóse la gloria del Señor, de los querubines, al atrio de la casa; y llenó a la casa la nube; y el aula llenóse del esplendor de la gloria del Señor. Y voz de las alas de los querubines se oía hasta el aula exterior, como voz de Dios omnipotente hablando. Y aconteció, al mandar él al varón, al vestido de la estola la sagrada, diciendo: «Toma fuego de en medio de las ruedas, de en medio de los querubines»; entró y detúvose a par de las ruedas. Y extendió su mano al medio del fuego, del que había en medio de los querubines, y tomó y dio en las manos del vestido de la estola, la sagrada; y tomó y salió. Y vi los querubines: semejanza de manos de hombre, por debajo de sus alas. Y vi, y he aquí ruedas cuatro había junto a los querubines; rueda una junto al querubín uno; y la vista de las ruedas como vista de piedra carbúnculo; y la vista de ellas, como semejanza en las cuatro, como si estuviese rueda en medio de rueda; al ir ellos(c) a las cuatro partes(d) de ellos iban; y no volvían al ir; pues al lugar que había mirado el principio el uno(e), iban; y no se volvían a ir. Y las espaldas de ellos, y sus manos y sus alas, llenas de ojos, en circuito, en las cuatro ruedas. Y estas ruedas fueron llamadas «voladoras», oyendo yo. (Y cuatro faces tenía cada uno: la faz del uno era la faz de un querube; y la faz del segundo, la faz de un hombre y del tercero la faz, de un león, y del cuarto la faz de un águila)(f). Y los querubes eran ese viviente que yo había visto sobre el río Cobar. Y al andar los querubes, andaban las ruedas; y ellas junto a ellos; y al alzar los querubes sus alas a levantarse de la tierra, no se volvían(g) las ruedas de ellos; al pararse ellos, se paraban; y, al alzarse ellos, se alzaban con ellos; por esto: porque el espíritu de vida en ellas estaba. Y salió la gloria del Señor, de la casa, y ascendió sobre los querubines; y alzaron los querubines sus alas, y levantáronse de la tierra, delante de mí; al salir ellos, también las ruedas junto a ellos; y detuviéronse sobre los vestíbulos de la puerta de casa del Señor, la delantera; y la gloria de Dios de Israel estaba sobre ellos, por arriba. Este el viviente es que vi por debajo del Dios de Israel sobre el río Cobar; y conocí que los querubes son: cuatro faces el uno(h); y ocho alas, el uno; y semejanza de manos de hombre por debajo de las alas de ellos. Y semejanza de las faces de ellos éstas las faces son que vi por debajo de la gloria del Dios de Israel, sobre el río Cobar; y ellos, cada uno según la faz de ellos andaban. Continuación de la vista. Perecen los nobles; torna el pueblo. Desaparece la visión. Y me levantó consigo un espíritu, y me llevó sobre la puerta de la casa del Señor, la enfrente, la que mira al oriente. Y sobre los vestíbulos de la puerta, como(a) veinticinco varones; y vi en medio de ellos a Jezonías, el de Azur y a Feltías, el de Banaías, los jefes del pueblo. Y me dijo el Señor: «Hijo del hombre, éstos, los varones que piensan cosas vanas, y aconsejan consejo malo en esta ciudad; los que dicen: «¿Acaso no se acaban de edificar las casas? Esta(b) es la olla y nosotros la carne.» «Por esto profetiza sobre ellos; profetiza, hijo de hombre.» Y cayó sobre mí el espíritu del Señor y me dijo: «Di: Esto dice el Señor: «Así habéis dicho, casa de Israel, y los consejos de vuestro espíritu yo sé; habéis multiplicado vuestros muertos en esta ciudad y llenado vuestras vías de heridos. Por esto dice el Señor: «Vuestros muertos que heristeis en medio de ella, éstos son la carne; y ésta la olla es; y a vosotros sacaré de en medio de ella. Espada teméis, y espada traeré sobre vosotros, dice el Señor. Y os sacaré de en medio de ella; y os entregaré en manos de extraños; y haré en vosotros juicios. En espada caeréis; sobre los montes de Israel os juzgaré, y conoceréis que yo soy el Señor. (Esta os será en olla; y vosotros no seréis, no, en su medio, en carne; en los confines de Israel os juzgaré. Y conoceréis esto: que yo soy el Señor; que en mis justificaciones no habéis andado, y mis juicios no habéis hecho, y según los juicios de las gentes, en contorno vuestro, habéis hecho)(c).» Y aconteció que, profetizando yo, Feltías, el de Banaías, muriera; y caigo sobre mi rostro, y vociferé con voz grande, y dije: «¡Ay de mí, ay de mí, Señor; ¿en consumación tú haces los residuos de Israel?» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, tus hermanos y los varones de tu cautividad y toda la casa de Israel ha sido consumados, a los cuales dijeron, a ellos, los habitantes de Jerusalén: «Lejos estad del Señor: a nosotros ha sido dada la tierra en herencia.» Por esto di: «Esto dice el Señor»: «Porque los rechazaré a las gentes, y los dispersaré en toda la tierra, y seréles santificación pequeña en las regiones donde entraren, allí.» Por esto di: «Esto dice el Señor: «También los acogeré de entre las gentes; y congregárelos de las regiones donde los dispersé en ellas, y daréles la tierra de Israel. Y entrarán allí, y quitarán todas las abominaciones de ella y todas sus iniquidades, de ella. Y les daré corazón, otro; y espíritu nuevo les daré; y sacaré el corazón el lapídeo de su carne y les daré corazón cárneo; porque en mis preceptos anden, y mis justificaciones guarden y las hagan; y me serán mi pueblo, y yo les seré su Dios. Y al corazón de sus abominaciones y sus iniquidades, así como su corazón andaba, sus caminos sobre sus cabezas he dado», dice el Señor. Y alzaron los querubines sus alas; y las ruedas(d), junto a ellos; y la gloria del Dios de Israel con ellos por cima de ellos. Y ascendió la gloria del Señor de en medio de la ciudad; y detúvose sobre el monte que está frente a la ciudad. Y cogióme consigo un espíritu y me llevó a tierra de los caldeos, a la cautividad, en visión, en espíritu de Dios. Y ascendí de la visión que vi; y hablé a la cautividad todas las palabras del Señor, las que me había manifestado. Profetiza la fuga del rey, la cautividad y miseria del pueblo. Castigo de los mofadores. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, en medio de las injusticias de ellos tú habitas, los que tienen ojos para ver y no ven; y orejas tienen para oír y no oyen; por esto: porque casa exacerbante es. Y tú, hijo de hombre, hazte vasos de cautiverio, de día, delante de ellos, y cautivado serás del lugar tuyo a lugar otro, delante de ellos; para que vean esto, que casa exacerbante es. Y sacarás fuera tus vasos, vasos de cautiverio, a ojos de ellos; y tú saldrás de tarde, como sale un cautivo, delante de ellos; perfórate por la pared; y pasarás por ella. Delante de ellos. En hombros serás tomado, y oculto saldrás; tu rostro cubrirás, y no verás, no, la tierra; por esto: porque en portento te he dado a la casa de Israel.» E hice así, según todo cuanto me mandó; y vasos saqué fuera, de cautiverio, de día; y de tarde, perforéme la pared, y oculto salí; en hombros fui tomado delante de ellos(a). Y fue hecha palabra de Señor a mí, de mañana, diciendo: «Hijo de hombre, ¿no dijeron a ti la casa de Israel, casa la exacerbante: «¿Qué tú haces?»; diles: «Esto dice el Señor, Señor: «El príncipe y el jefe en Jerusalén(b); y a todo Israel, los que están en medio, de él, di que yo portentos hago; del modo que he hecho, así le será: en transmigración y en cautividad partirán. Y el príncipe, en medio de ellos, en hombros será llevado; y oculto saldrá por la pared, y perforará para salir él por ella; su rostro encubrirá para no ser visto de ojo, y él la tierra no verá. Y extenderé mi red sobre él, y cogido será en mi asedio; y llevaréle a Babel, a tierra de caldeos, y no la verá; y allí morirá. Y a todos los que están en circuito de él, a los amparadores de él y a todos los acogedores de él diseminaré por todo viento; y espada desnudaré tras ellos. Y conocerán esto: que yo soy el Señor, cuando los dispersare yo en las gentes; y los diseminare en las regiones. Y dejaré de entre ellos varones en número, de espada, y de hambre y de muerte; para que cuenten todas sus iniquidades en las gentes donde entraren, allí; y conocerán que yo soy el Señor.» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, tu pan con dolor comerás, y el agua con tormento y tribulación beberás. Y dirás al pueblo de la tierra: Esto dice el Señor a los habitantes de Jerusalén sobre la tierra de Israel: «Sus panes con estrechez comerán y su agua con anonadamiento beberán; para que sea anonadada la tierra con plenitud de ella; pues en impiedad viven todos los habitantes de ella. Y las ciudades de ellos, las habitadas, serán yermadas, y la tierra en anonadamiento lo será; y conoceréis esto: que yo soy el Señor.» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, ¿qué parábola es la vuestra sobre la tierra de Israel, que decís: Largos son los días; ha perecido la visión?»(c). Por esto diles: «Esto dice el Señor: «También apartaré esta parábola; y no dirán ya esta parábola la casa de Israel; pues les hablarás: «Hanse acercado los días de la palabra de toda visión. Pues no habrá ya toda visión mentida, y profetizante de gracia, en medio de los hijos de Israel. Por esto: porque yo soy el Señor, hablaré mis palabras; hablaré y haré, y no tardaré ya, no; que en vuestros días, casa la exacerbante, hablaré palabra y haré, dice el Señor.» Y fue hecha la palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, he aquí la casa de Israel, la exacerbante, diciendo, dicen: «La visión que éste ve, para días muchos; y para tiempos largos éste profetiza.» Por esto diles: Esto dice el Señor: «No tardan, no, ya más todas las palabras mías que yo hablaré; hablaré y haré», dice el Señor. Contra los falsos profetas y profetisas Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, profetiza sobre los profetas de Israel; y profetizarás y les dirás: «Oíd la palabra del Señor: «Esto dice el Señor: «¡Ay de los que profetizan de su corazón!, y, en modo alguno, ven. Como raposas en los yermos, tus profetas, Israel(a) no han estado en firmeza y congregado greyes sobre la casa de Israel; no se levantaron, los que dicen: «En el día del Señor»(b); viendo mentiras, vaticinando vanidades, los que dicen: «Dice el Señor», y el Señor no los ha enviado, y han empezado a suscitar palabra. ¿Acaso visión mentida no habéis visto, y vaticinios vanos dicho? Por esto di: «Esto dice el Señor»: Por cuanto vuestras palabras son mentidas, y vuestros vaticinios, vanos, por esto, he aquí que yo estoy sobre vosotros, dice el Señor; y extenderé mi mano sobre los profetas, los que ven mentiras, y anuncian vanidades: en enseñanza de mi pueblo no estarán; en escritura de casa de Israel no serán escritos, no; y a la tierra de Israel no entrarán; y conocerán esto: que yo soy el Señor. Por cuanto a mi pueblo han extraviado, diciendo: «Paz»; y no había paz, y éste edifica pared(c), y éstos la enlucen(d) y caerá. Di a los enlucidores: «Caerá, y habrá lluvia inundadora, y daré las piedras, las peñas arrojando(e) a las junturas de ellas; y caerán; y racha arrebatadora, y se rasgará.» Y he aquí ha caído la pared; y no dirán a vos: «¿Dónde está vuestro enlucido que enlucisteis?» Por esto, esto dice el Señor: «Y romperé(f) ráfaga arrebatadora con furor; y lluvia inundante en ira mía habrá; y las piedras las peñas arrojando en furor traeré para consumación; y socavaré la pared que enlucisteis: caerá; y la pondré sobre la tierra y se descubrirán los cimientos de ella; y caerá; y seréis consumidos con increpaciones; y conoceréis esto: que yo soy el Señor. Y consumaré mi furor contra la pared y contra los que la enlucen: caerá. Y os he dicho: «No está la pared, ni los que la enlucen, los profetas de Israel, los que profetizan sobre Jerusalén y ven para ella paz; y paz no hay, dice el Señor.» «Y tú, hijo de hombre, fija tu faz sobre las hijas de tu pueblo, las que profetizan, de su corazón, y profetiza sobre ellas; y dirás: «Esto dice el Señor: «Ay de las que cosen cojines bajo todo codo de mano; y hacen cendales bajo toda cabeza de toda edad, para pervertir almas(g). Las almas han sido pervertidas de mi pueblo; y almas se ganaban; y contaminábanme para con mi pueblo por un puñado de cebada y por fragmentos de panes, para matar almas que no debían morir, y para ganarse almas que no debían vivir, al anunciar vosotros al pueblo oyente vanos anuncios.» Por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo(h) sobre vuestros cojines con los cuales vosotras allí pervertís(i) almas, y los desgarraré de vuestros brazos, y despediré las almas que vosotras pervertís, las almas de ellos, en dispersión; y desgarraré vuestros cendales, y libraré al pueblo de vuestras manos; y ya no estarán en vuestras manos, en estrechamiento; y conoceréis esto: que yo soy el Señor. Por cuanto pervertíais corazón de justo (y yo no le pervertí), y para fortalecer manos de inicuo, que de ningún modo volviera de su camino el malo y viniera; por esto mentiras no veréis, no; y vaticinios no vaticinaréis, no; ya, y libraré mi pueblo de vuestra mano; y conoceréis que yo soy el Señor.» Castigo de hipócritas y pseudoprofetas. Reservará Dios a algunos. Y vinieron a mí, algunos de los ancianos, varones de Israel, y sentáronse a faz mía. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, estos varones han puesto sus pensamientos en sus corazones; y la punición(a) de sus injusticias ante sus rostros; ¿si respondiendo, les responderé? Por esto háblales, y les dirás: Esto dice el Señor: «Hombre, hombre(b) de la casa de Israel, que pusiere sus pensamientos en su corazón; y la punición de su injusticia colocare ante su rostro, y viniere al profeta; yo el Señor le responderé en lo que se ocupa su mente; para extraviar la casa de Israel, según sus corazones, los extrañados de mí, en los deseos de ellos.» Por esto di a la casa de Israel: Esto dice el Señor, Señor: «Convertíos y apartaos de vuestro vivir y de todas vuestras impiedades, y convertid vuestros rostros. Puesto que hombre hombre de la casa de Israel y de los peregrinos los que peregrinan en Israel, el que se hubiere extrañado de mí y puesto sus pensamientos en su corazón; y la punición de su injusticia colocado ante su rostro, y viniere al profeta para interrogarle en mí; —yo el Señor le responderé en lo que se ocupa; en ello, y afianzaré mi semblante sobre aquel hombre; y le pondré en yermo y desaparecimiento; y le quitaré de en medio de mi pueblo; y conoceréis que yo soy el Señor. Y al profeta, si extraviare y hablare; yo el Señor he extraviado a aquel profeta; y extenderé mi mano sobre él y le aniquilaré de en medio de mi pueblo de Israel. Y cogerán su injusticia; según lo injusto del que interroga, también, según lo injusto, igualmente para el profeta será; para que no se extravíe ya la casa de Israel, de mí; y para que no se mancillen ya en todas sus prevaricaciones; y seránme en pueblo, y yo les seré en Dios, dice el Señor.» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, tierra que pecare contra mi para prevaricar prevaricación; extenderé mi mano sobre ella, y quebrantaré afianzamiento de pan; y enviaré sobre ella hambre, y quitaré de ella hombre y bestia. Y, si estuvieran estos tres varones en medio de ella: Noé, y Daniel y Job, ellos(c) en su justicia salvarían, dice el Señor. Que si también bestias malas traigo sobre la tierra, la castigaré y será en desaparecimiento, y no habrá quien transitare a faz de las bestias; y estos tres varones en medio de ella estuvieren, ¡vivo yo! dice el Señor, si hijos o hijas salvarán; sino que solos salvarán; pero la tierra será en perdición. O también espada sí traigo sobre aquella tierra y dijere yo: «Espada pase por la tierra»; y quitare yo de ella hombre y bestia; y estos tres varones en medio de ella, ¡vivo yo! dice el Señor no librarán, no, a hijos ni hijas; ellos solos salvarán. O también la muerte enviaré yo sobre aquella tierra, y derramaré mi furor sobre ella, en sangre, para exterminar de ella hombre y bestia; y Noé, y Daniel y Job en medio de ella, ¡vivo yo! dice el Señor, si hijos o hijas quedarán; ellos en su justicia librarán sus almas. Esto dice el Señor: «Que si también mis cuatro venganzas, las malas: espada, y hambre, y bestias malas y muerte, enviaré yo sobre Jerusalén, para exterminar de ella hombre y bestia; y he aquí residuos en ella, los salvos de ella, que sacarán de ella a hijos e hijas; he aquí salen a vosotros; y veréis sus caminos, y sus pensamientos; y conoceréis esto: que en vano he hecho, todo cuanto hice en ella, dice el Señor.» Jerusalén y pueblo, sarmientos secos para el fuego Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Y tú, hijo de hombre, —¿qué será el leño de la vid entre todos los leños los que hay en todos los leños de la sierra? ¿Si tomarán de ella leño, para hacer en labor? ¿Si tomarán de ella estaca, para colgar de ella todo vaso? Tan sólo a fuego está dada, en consumación; la anual poda de ella consume el fuego y desfallece en fin. ¿Acaso útil será para labor?(a). Ni aun estando entero, no será para labor; ¿acaso, cuando ya el fuego lo hubiere consumido hasta el fin, si será aún para labor? Por esto di: Esto dice el Señor: «Al modo que el leño de la vid entre los leños de la sierra, el cual lo he dado al fuego en consumación; así he dado a los habitantes de Jerusalén. Y daré mi rostro sobre ellos; del fuego saldrán, y fuego los devorará; y conocerán que yo soy el Señor, afianzando yo mi rostro sobre ellos. Y daré la tierra en desaparecimiento, por cuanto han prevaricado con prevaricación», dice el Señor.» Ingratitud. Prostitución. Castigo. La nueva alianza. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, testimonia a Jerusalén sus iniquidades; y dirás: «Tu raíz y tu generación, de tierra de Canaán; tu padre amorreo, y tu madre, hetea. Y tu generación(a): en el día que naciste, no ligaste tus pechos(b); y en agua no se te lavó; ni con sal se te saló, y con pañales no se te apañaló; ni perdonó mi ojo en ti, de todas estas cosas, para sufrir algo en ti(c); y arrojada fuiste sobre la haz del campo por la pravedad de tu alma, en el día que naciste. Y pasé a par de ti, y te vi envuelta en tu sangre, y te dije: «De tu sangre, vida: multiplícate; así como el brotar del campo, te di, y te multiplicaste y engrandeciste, y entraste en ciudades de ciudades. Tus pechos enderezáronse, y tu pelo brotó, pero tú estabas desnuda y avergonzada. Y pasé por ti, y te vi, y he aquí, tiempo tuyo y tiempo de huéspedes(d); y extendí mis alas y cubrí tu vergüenza, y te juré y entré en alianza contigo, dice el Señor; y te hiciste mía; y te lavé en agua; y te lavé de la sangre; y te ungí en óleo; y te vestí de colorido; y te calcé jacinto; y te ceñí de biso; y te envolví en tela de pelo; y te orné con ornato, y puse brazaletes en torno de tus manos y cadena en torno de tu cuello. Y di pendiente en torno de tu nariz, y ruedecillas en tus orejas, y corona de gloriación en tu cabeza; y ornada fuiste de oro y plata; y tus vestiduras bísinas y pelitejidas y polimitas; harina flor, y óleo y miel comiste, y fuiste hecha bella sobremanera. Y salió tu nombre a las gentes en tu belleza; por esto: porque lo perfecto estaba en el decoro, en la hermosura, que dispuse sobre ti, dice el Señor. Confiaste en tu belleza, y te prostituiste en el nombre tuyo, y derramaste tu prostitución en todo transeúnte. Y tomaste de tus vestidos e te hiciste ídolos cosidos(e) y te prostituiste sobre ellos—; ¡y no entrarás, no; y no se hará, no!(f). Y tomaste los vasos de tu gloriación, del oro mío y de la plata mía, de lo que te di, y te hiciste imágenes masculinas(g) y te prostituiste en ellas; y tomaste la vestidura, la polimita tuya, y envolvístelas en ella; y el óleo mío y el timiama mío pusiste a faz de ellas, y con los panes míos que te di, harina flor, y óleo y miel te alimenté; y pusístelos a faz de ellas en olor de suavidad. Y aconteció, dice el Señor, que tomaras tus hijos, y tus hijas las que engendraste, y les inmolaste(h) en consunción; como si poco te prostituyeras, degollaste tus hijos y dístelos, expiándoles con ellos. Esto, sobre toda tu prostitución; y no rememoraste tu juventud: el día que estabas desnuda y avergonzada; envuelta en tu sangre viviste. Y aconteció, después de todas tus maldades, dice el Señor, edificástete una casa rameril; e hicístete rótulo en toda calle; y en principio de toda vía edificaste tus lupanares, y mancillaste tu hermosura; y abriste tus muslos a todo transeúnte, y multiplicaste tu prostitución; y te prostituiste a los hijos de Egipto, los vecinos tuyos, los carnudos; y de muchos modos te prostituiste, para irritarme. Y si extiendo mi mano sobre ti, quitaré tus leyes y entregaré a almas que te odian, hijas de alienígenas, las que te apartan de tu camino. Prevaricaste y te prostituiste sobre las hijas de Asur; y ni así te hartaste; y te prostituiste, y no te llenaste. Y multiplicaste tus alianzas con tierra de caldeos, y ni en éstos te llenaste. ¿Cómo dispondré a tu hija, dice el Señor, haciendo tú todas estas obras de mujer prostituta? Y te has prostituido triplemente en tus hijas; el prostíbulo edificaste en todo principio de camino, y base tuya hiciste toda calle. Y te has hecho como prostituta juntando pagas, la mujer la adúltera, símil a ti, de su marido recibiendo pagas; a todos los que fornicaban con ella, añadía pagas; y tú has dado pagas a todos tus amantes; y los cargabas(i), para que viniesen a ti, a la redonda, en tu prostitución. Y fue hecho en ti lo perverso más que a las mujeres, en tu prostitución; y contigo han fornicado, dando tú pagas; y pagas no se te dieron; y fue hecho en ti lo perverso.» Por esto, prostituta, oye la palabra del Señor: Esto dice el Señor: «Por cuanto has vertido tu dinero, descubierta será tu vergüenza en tu prostitución para tus amantes y para todos los pensamientos de tus iniquidades, y en las sangres de tus hijos que les diste. Por esto he aquí, yo reúno todos tus amantes en los cuales te mezclaste, en ellos; y a todos los que amaste, con todos los que odiabas, y los juntaré sobre ti, en contorno, y descubriré tus maldades para con ellos, y verán toda la vergüenza tuya; y te vindicaré con vindicta de adúltera; y te pondré en sangre de furor y celo. Y te entregaré en sus manos, y socavarán tu lupanar; y arrasarán tu gasa; y te desvestirán tus vestiduras y cogerán los vasos de tu gloriación; y te despedirán desnuda y avergonzada. Y traerán sobre ti turbas; y te apedrearán en piedras; y te degollarán en sus espadas; y quemarán tus casas con fuego y harán en ti vindicta, a faz de mujeres muchas; y te separaré de ramería, y pagas no darás ya nunca jamás. Y soltaré mi furor sobre ti y(j) se levantará mi celo de ti, y reposaré, y no me acuitaré ya nunca jamás. Por cuanto no te acordaste de tu infancia; y me constristabas en todas estas cosas; y yo he aquí tus caminos sobre tu cabeza he dado, dice el Señor; y así has hecho tu impiedad sobre todas tus iniquidades.» Esto es todo cuanto dijeron contra ti en parábola, diciendo: «Así como la madre, también la hija de tu madre eres tú, la repudiadora de su marido y sus hijos; y hermanas de tus hermanas, las repudiadoras de sus maridos y de sus hijos; vuestra madre, hetea, y vuestro padre, amorreo. Vuestra hermana la mayor, Samaria, ella y las hijas de ella la que habita a tu izquierda; y tu hermana la menor tuya, la que habita a tu derecha: Sodoma y las hijas de ella. Y ni así en los caminos de ellas anduviste, ni, según las iniquidades de ellas, has hecho algo menos, y las sobrepasaste en todos tus caminos. ¡Vivo yo! dice el Señor, ¡si ha hecho Sodoma, ella y las hijas de ella del modo que has hecho tú y las hijas tuyas! Empero ésta fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: soberbia; en abundancia de panes y en florecimiento lozaneaban, ella y las hijas de ella; y mano de mendigo y pobre no acogían; y jactábanse; e hicieron iniquidades a faz mía; y las arrebaté, según(k) vi(l). Y Samaria, según las mitades de tus pecados no pecó; y has multiplicado tus iniquidades sobre ellas, y justificado(m) a tus hermanas en todas las iniquidades tuyas que has hecho. Y tú llévate tu castigo en lo que has corrompido a tus hermanas en tus pecados en que has prevaricado sobre ellas y justificádolas sobre ti misma; y tú avergonzada seas, y coge tu deshonra por haber justificado a tus hermanas. Y convertiré las conversiones(n) de ellas; la conversión de Sodoma y de las hijas de ella; y convertiré la conversión de Samaria y de las hijas de ella; y convertiré la conversión tuya, en medio de ellas; para que te lleves tu castigo y avergonzada seas por todo lo que has hecho, para irritarme. Y tu hermana Sodoma y las hijas de ella serán restituidas, según eran al principio, y Samaria y las hijas de ella serán restituidas, según eran al principio(o). Y tú y tus hijas restituidas seréis según al principio erais. Y aunque no estaba Sodoma, tu hermana, para oída(p), en tu boca, en los días de tu soberbia; (antes que fuesen descubiertas tus maldades; del modo que ahora oprobio eres de hijas de Siria y de todas las en contorno de ella hijas de alienígenas las que te rodean en contorno); tus impiedades y tus iniquidades tú las has llevado, dice el Señor.» Esto dice el Señor: «Y haré en ti, según has hecho, como has despreciado estas cosas, para transgredir mi alianza. Y recordaré yo mi alianza, la contigo en días de tu infancia; y te suscitaré alianza eterna. Y recordarás tu camino, y despreciada serás, cuando te acojan tus hermanas las mayores que tú con las tuyas menores que tú; y te las daré en edificación, y no por pacto tuyo. Y suscitaré yo la alianza mía contigo, y conocerás que yo soy el Señor; porque te acuerdes y avergüences, no tengas ya que abrir tu boca, a faz de tu deshonra, cuando me reconciliare yo contigo, según todo cuanto has hecho, dice el Señor.» Parábola de la llevada del rey Sedecías. Reino del Mesías. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: Hijo de hombre, narra narración y di parábola a la casa de Israel; y dirás: Esto dice el Señor: «Un águila, la grande, la grandialada, la larga por la dimensión, llena de uñas; la que ocupa el conducto de entrar en el Líbano, tomó lo selecto del cedro, las sumidades de la terneza cortó(a) y las llevó a tierra de Canaán; en ciudad murada púsolas. Y tomó de la semilla de la tierra, y la dio a la llanura plantación sobre agua mucha; visible dispúsola. Y brotó y convirtióse en vid débil y pequeña, hasta mostrar ella sus pámpanos sobre ella; y sus raíces por debajo de ella estaban. Y convirtióse en vid e hizo retoños y extendió su trepar. Y hubo águila otra grande, grandialada, mucha de uñas; y he aquí esta vid, enredada en torno hacia ella; y sus raíces, hacia ella; y sus pámpanos envióla para que la regara con la gleba de su plantación. En campo hermoso sobre agua mucha, ésta engruesa, para hacer brotes y llevar fruto para hacerse vid grande.» Por esto di: Esto dice el Señor: «¿Si se enderezará? ¿Acaso las raíces de su terneza y el fruto no se pudrirá, y se secará todo lo progerminante de ella? y no(b) en brazo grande, ni en pueblo mucho, para arrancarla de sus raíces. Y he aquí engruesa. ¿Acaso se enderezará? ¿Acaso, juntamente con tocarla el viento el abrasado, no se secará? Con la gleba de su germinación, secaráse.» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: Hijo de hombre, di ahora a la casa la exacerbadora: «¿No sabéis qué cosa sea esto?» Di: «Cuando viniere rey de Babel sobre Jerusalén, y tomare al rey de ella y a los príncipes de ella, y los llevare cerca de sí a Babel...(c) Y tomará la simiente de la reyecía, y pactará con él pacto, y le introducirá en maldición; y los caudillos de la tierra tomará, para que sea reino débil, del todo no se levante, para que guarde el pacto de él y lo afiance. Y se rebelará contra él, enviando sus mensajeros a Egipto, para que le dé bridones y pueblo mucho. ¿Si se enderezará? ¿Si salvará, quien hiciere lo contrario? Y transgrediendo pacto ¿si salvará?» «¡Vivo yo!», dice el Señor, si, en lugar —el rey, el que enreyeció al que deshonró mi maldición(d) y que transgredió mi alianza, con él, en medio de Babel, no terminará. Y no en poder grande ni en turba mucha hará con él el Faraón la guerra, en circunvalación y en estructura de ballestas para arrebatar almas. Y deshonró su juramento, transgrediendo el pacto; y he aquí he dado su mano, y todo esto le ha hecho; ¿acaso salvará? Por esto di: Esto dice el Señor: «¡Vivo yo! si el juramento mío que deshonró, y la alianza mía que transgredió, no la diere yo sobre su cabeza. Y tenderé sobre él la red, y prendido será en el envolvimiento de ella (y le llevaré a Babel, y juzgaré con él allí del agravio que agravió en mí)(e). En toda batalla de él, en espada caerán; y los sobrevivientes a todo viento dispersaré; y conocereis esto: que yo, el Señor, he hablado.» Por cuanto esto dice el Señor: «Y tomaré yo de lo selecto del cedro, de la cima del corazón de ellos cortaré, y transplantaré yo a monte alto; y lo suspenderé en monte sublime de Israel y transplantaré; y echará brote, y hará fruto y se convertirá en cedro grande; y reposará debajo de él toda ave; y todo volátil bajo su sombra reposará; sus ramas serán restituidas. Y conocerán todos los leños del campo esto: que yo soy el Señor, el que humillo leño alto, y enaltezco leño humilde; y seco leño verde, y germino leño seco. Yo, el Señor, he hablado y haré.»(f). Cada cual paga sus propias culpas. Exhortación a la penitencia. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, ¿qué a vosotros esta parábola entre los hijos de Israel que dicen: «Los padres comieron agraz, ¿y los dientes de los hijos se han destemplado?» ¡Vivo yo! dice el Señor, ¡si será todavía dicha esta parábola en Israel. Porque todas las almas mías son; del modo que el alma del padre, así también el alma del hijo, mías son: pero el alma la que pecare, ésta morirá. Y el hombre que fuere justo, el que hiciere justicia; sobre los montes(a) no comiere y sus ojos no alzare, no, a los pensamientos de la casa de Israel; y a la mujer de su prójimo no manchare; y a mujer menstruosa no se llegare; y a hombre no esclavizare, no; prenda de deudor devolviere; y rapiña no rapiñare; su pan al hambriento diere, y a desnudo cubriere; y su dinero a usura no diere y demasía no recibiere; y de injusticia apartare su mano; juicio justo hiciere en medio de varón y en medio de su prójimo; y con mis preceptos hubiere andado, mis justificaciones guardado para hacerlas; justo éste es, de vida vivirá, dice el Señor. Y, si engendrare hijo —peste que derramando sangre y haciendo pecado; en el camino de su padre el justo no ha andado; sino que también sobre los montes ha comido; y a la mujer de su prójimo manchado; y a mendigo y pobre esclavizado; y rapiña rapiñado; y prenda no devuelto; y en los ídolos puesto sus ojos; iniquidad ha hecho; con usura dado y demasía tomado; éste de vida no vivirá; todas estas iniquidades ha hecho; de muerte morirá; su sangre sobre él estará. Y, si engendrare hijo, y viere todos los pecados de su padre que ha hecho; y temiere y no hiciere conforme a éstos: sobre los montes no ha comido y sus ojos no han puesto en los pensamientos de la casa de Israel y a la mujer de su prójimo no ha manchado; y a hombre no ha esclavizado; y prenda no prendado; y rapiña no rapiñado; su pan al hambriento ha dado; y a desnudo ha cubierto; y de injusticia apartado su mano; usura ni demasía no ha tomado; justicia ha hecho, y en mis preceptos andado; no morirá en las injusticias de su padre y de vida vivirá. Y su padre, si con tribulación atribulare y rapiñare rapiña, lo contrario ha hecho en medio de mi pueblo, morirá en su injusticia. Y diréis: «Que ¿por qué no ha recibido la injusticia el hijo del padre? Porque el hijo justicia y misericordia ha hecho; todas mis leyes ha observado y hécholas; de vida vivirá. Pero el alma la que pecare, morirá; mas el hijo no llevará la injusticia del padre; ni el padre llevará la injusticia del hijo: justicia de justo sobre él estará e iniquidad de inicuo sobre él estará. Y el inicuo, si se convirtiere de todas sus iniquidades que ha hecho, y guardare todos mis mandamientos e hiciere justicia y misericordia; de vida vivirá; no morirá, no. Todas sus prevaricaciones cuantas ha hecho, no se recordarán; en su justicia que ha hecho vivirá. ¿Acaso con querer querré la muerte del inicuo, dice el Señor, sino que se convierta de su camino el malo, y viva? Mas, si se apartare un justo de su justicia e hiciere injusticia, según todas las iniquidades que ha hecho el inicuo; todas sus justicias que ha hecho, no se recordarán; en su prevaricación que prevaricó, y en sus pecados que pecó, en ellos morirá.» Y dijisteis: «No endereza el camino del Señor.» Oíd ahora, casa de Israel: ¿acaso mi camino no endereza? ¿Por ventura no(b) el camino vuestro no endereza? Apartándose el justo de su justicia y haciendo prevaricación; si muriere en la prevaricación que ha hecho; en ella morirá. Y, apartándose un inicuo de su iniquidad que ha hecho, si hiciere juicio y justicia; éste su alma ha guardado. Y se ha apartado de todas sus impiedades que ha hecho, de vida vivirá; no morirá, no.» Y dicen la casa de Israel: «No va recto el camino del Señor.» ¿Acaso mi camino no va recto, casa de Israel? ¿Por ventura no, el camino vuestro no va recto? A cada uno, según su camino, juzgaréos, casa de Israel, dice el Señor. Convertíos y apartaos de todas vuestras impiedades; y no os serán para castigo de injusticia. Lanzad de vosotros todas vuestras impiedades que habéis impiado contra mí y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y ¿a qué morís, casa de Israel? Por esto: porque no quiero la muerte del que muere, dice el Señor (y convertíos y vivid).(c) Treno, en dos imágenes, sobre Israel Y tú, coge treno sobre el príncipe de Israel; y dirás: «¿Qué(a) tu madre? Leoncilla; en medio de leones nació; en medio de leones multiplicó sus cachorros. Y escapóse uno de sus cachorros; león hízose, y aprendió a rapiñar rapiñas; hombres comió. Y oyeron contra él gentes; en la perdición de ellas(b) fue cogido, y le llevaron en morral a tierra de Egipto. Y vio(c) que le había sido arrebatado, había perecido su consistencia; y tomó otro de los cachorros de ella: león le constituyó. Y estábase en medio de leones; león hízose, y aprendió a rapiñar rapiñas; hombres comió; y se apacentaba en su osadía; y las ciudades de ellos yermó; y anonadó tierra y la plenitud de ella con voz de su rugido. Y dieron sobre él gentes de regiones circunvecinas, y tendieron sobre él sus redes; en perdición de ellas fue cogido; y le pusieron en morral y en jaula; vino el rey de Babel; y le metió en prisión; porque no se oyese su voz sobre los montes de Israel. Tu madre, cual vid y cual flor en granado, en agua plantado; el fruto de ella y el germen de ella creció de agua mucha. Y nació esta vara(d) sobre tribu de caudillos, y se exaltó con su magnitud, en medio de retoños; y vio su magnitud en muchedumbre de sus pámpanos. Y quebrantada fue en furor: sobre tierra fue arrojada, y viento el abrasado secó lo selecto de ella; vindicados fueron, y secóse la vara de la fuerza de ella; fuego la consumió(e). Y ahora hanla plantado en el desierto, en tierra inacuosa. Y salió fuego de la vara, de lo selecto de ella, y la devoró; y no había en ella vara de fuerza. Tribu(f) en parábola de treno es; y será en treno.» Dios no responde a los ancianos. Castigo de la ingratitud de Israel. Su conversión. Y aconteció en el año el séptimo, el quince del mes, que vinieron varones de los ancianos de la casa de Israel a consultar al Señor; y sentáronse a faz de él. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel; y les dirás: Esto dice el Señor: «¿Si a consultarme vosotros venís? ¡Vivo yo! si os he de responder, dice el Señor, si los he de vindicar con vindicación. Hijo de hombre, las iniquidades de sus padres, testimóniales; y les dirás: «Esto dice el Señor: «Desde el día que elegí la casa de Israel y me manifesté a ellos en tierra de Egipto, y los acogí con mi mano, diciendo: «Yo soy el Señor, vuestro Dios»; en aquel día acogílos con mi mano, para sacarlos de tierra de Egipto, a la tierra que les preparé: tierra manando miel y leche; panal es, más que toda la tierra. Y les dije: «Cada uno las abominaciones de sus ojos arroje lejos; y en los cultos de Egipto no os inquinéis; yo el Señor vuestro Dios.» Y apartáronse de mí; y no quisieron escucharme; las abominaciones de sus ojos no arrojaron lejos; y los cultos de Egipto no abandonaron. Y dije derramar mi furor sobre ellos, consumar mi ira en ellos, en medio de Egipto. E hice que mi nombre del todo no fuera mancillado, a faz de las gentes, de las cuales ellos estaban en medio, de ellas; en las cuales me manifesté a ellos, a faz de ellas, para sacarlos de tierra de Egipto. (Y saquélos de tierra de Egipto)(a) y los llevé al desierto; y les di mis preceptos, y mis justificaciones manifestéles, cuantas harálas el hombre y vivirá en ellas. Y mis sábados les di, para que les fuesen, para señal, en medio de mí y en medio de ellos, para que conocieran esto: que yo soy el Señor, el que los santifico. Y dije a la casa de Israel en el desierto: «En mis preceptos andad.» Y no anduvieron; y mis justificaciones lanzaron las que hará el hombre, y vivirá; y mis sábados profanaron sobremanera. Y dije derramar mi furor sobre ellos en el desierto, para consumirlos. E hice que mi nombre en modo alguno fuese profanado a faz de las gentes, de las cuales los saqué a ojos de ellos. Y yo alcé mi mano sobre ellos en el desierto para en modo alguno introducirlos en la tierra que les di; tierra manando leche y miel; panal es más que toda la tierra; por cuanto mis justificaciones lanzaron; y en mis preceptos no anduvieron, en ellos; y mis sábados profanaban, y en pos de los deseos de su corazón andaban. Y perdonó mi ojo sobre ellos, para borrarlos, y no los hice en consumación en el desierto. Y dije a sus hijos en el desierto: «En las leyes de vuestros padres no andéis; y sus justificaciones no guardéis, y en los cultos de ellos no os mezcléis y no os contaminéis. Yo soy el Señor, vuestro Dios: en mis preceptos andad y mis justificaciones guardad, y hacedlas; y mis sábados, y sea en señal en medio de mí y vosotros para conocer esto: que yo soy el Señor, vuestro Dios.» Y exacerbáronme también sus hijos: en mis preceptos no anduvieron; y mis justificaciones no guardaron, para hacerlas, las que hará el hombre y vivirá en ellas; y mis sábados profanaban; y dije derramar mi furor sobre ellos en el desierto, para consumar mi ira sobre ellos. E hice que mi nombre en modo alguno fuera profanado, a faz de las gentes, y los saqué a ojos de ellas. Y alcé mi mano sobre ellos en el desierto, para dispersarlos en las gentes, diseminarlos en las regiones; por cuanto mis justificaciones no hicieron, y mis preceptos lanzaron; y mis sábados profanaban; y tras los deseos de sus padres eran sus ojos. También yo les di preceptos no hermosos y justificaciones en las cuales no vivirán, en ellas(b). Y los mancharé en sus dones, pasando yo a través de todo lo que abre matriz, para exterminarlos.» «Por esto habla a la casa de Israel, hijo de hombre; y les dirás: Esto dice el Señor: «Hasta esto me han irritado vuestros padres en sus prevaricaciones en que prevaricaron contra mí. Y los introduje en la tierra a la que alcé la mano, la mano mía, para darles. Y vieron toda colina alta y todo leño frondoso; y sacrificaron allí a los dioses de ellos; y dispusieron allí olor de suavidad y libaron allí sus libaciones» y les dije: «¿Cuál es la altura, que vosotros vais allá?» Y llamaron su nombre Altura, hasta el día de hoy. Por esto di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: «¿Si en las iniquidades de vuestros padres vosotros os mancháis y tras abominaciones de ellos vosotros fornicáis; y en las primicias de vuestros dones, en las reservas con que vosotros os mancháis en todos vuestros deseos hasta el día de hoy; yo os responderé, casa de Israel? ¡Vivo yo! dice el Señor, si os he de responder, y si ha de subir a vuestro espíritu esto. Y no será del modo que vosotros decís: «Seremos como las gentes y como las tribus de la tierra, sirviendo a leños y piedras.» Por esto: ¡Vivo yo! dice el Señor, en mano fuerte y en brazo excelso y en furor derramado, reinaré sobre vosotros; y os sacaré de los pueblos, y os acogeré de las regiones donde habéis sido dispersados, en ellas, en mano fuerte, y brazo excelso, y en furor derramado. Y os llevaré al desierto de los pueblos, y juzgaré con vosotros allá, cara a cara. Del modo que juzgué con vuestros padres en el desierto de tierra de Egipto; así os juzgaré dice el Señor. Y os pasaré bajo mi vara; y os introduciré en número; y elegiré de entre vosotros a los impíos, y los rebeldes; por esto, porque de la cohabitación los sacaré; y en la tierra de Israel no entrarán; y conoceréis esto: que yo soy el Señor Señor.» Y vosotros, casa de Israel, esto dice el Señor Señor: «Cada uno sus cultos quitad; y, tras esto, si vosotros no me escucháis, tampoco mi nombre, el Santo, no profanaréis ya en vuestros dones y en vuestros cultos; por esto: porque sobre el monte el santo mío, sobre monte excelso, dice el Señor Señor, allí me servirán toda la casa de Israel hasta el fin. Y allí acogeré y allí miraré vuestras primicias, y las primicias de las separaciones vuestras, en todas las santificaciones vuestras. En olor de suavidad os acogeré, cuando os sacare de los pueblos y os acogiere de las regiones en que habéis sido dispersados en ellas; y seré santificado en vosotros, a los ojos de los pueblos. Y conoceréis esto: que yo soy el Señor; cuando os introdujere en la tierra de Israel, en la tierra a que alcé mi mano, para darla a vuestros padres. Y recordaréis allí vuestros caminos y vuestros cultos en que os manchasteis, en ellos; y golpearéis vuestros semblantes en todas vuestras maldades. Y conoceréis esto: que yo soy el Señor, cuando yo os hiciere tal que mi nombre ya no se profane por todos vuestros caminos los malos y por vuestros cultos los corrompidos, dice el Señor.» Y fue hecha palabra del Señor a mí diciendo: «Hijo de hombre, afianza tu rostro sobre el mediodía(c) y mira hacia los santuarios y profetiza y dirás a la selva príncipe del mediodía: ‘Oye palabra del Señor: ‘Esto dice Señor Señor: He aquí yo enciendo en ti fuego, y devorará en ti leño verde y todo leño seco; no se apagará la llama, la inflamada, y quemará en ella todo rostro, de mediodía a septentrión. Y conocerá toda carne que yo, el Señor, lo he quemado; no se extinguirá.» Y dije: «¡De ningún modo, Señor Señor! ellos me dicen: «¿Acaso no es parábola la que se dice, ésta?»(d) Castigo de Israel, Amón y Babel Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Por esto profetiza, hijo de hombre, afianza tu rostro sobre Jerusalén y mira hacia los santuarios de ellos, y profetizarás sobre la tierra de Israel. Y dirás a la tierra de Israel: «He aquí yo a ti, y sacaré mi daga de su vaina, y exterminaré de ti, a injusto e inicuo. Por cuanto exterminaré, de ti, a injusto e inicuo, así saldrá la daga mía de su vaina sobre toda carne, de mediodía a septentrión; y conocerá toda carne esto: que yo, el Señor, he sacado mi daga de su vaina; no retornará más. Y tú, hijo de hombre, gime mucho en quebranto de tu lomo; y en dolores gime ante los ojos de ellos. Y será: si dijeren a ti: ¿Por qué tú gimes? dirás: «Por el mensaje, por esto: porque viene(a), y herido será todo corazón; y todas las manos desmayarán; y desfallecerá toda carne y todo espíritu; y todos los muslos se inquinarán de humedad», he aquí viene, dice el Señor Señor». Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, profetiza, y dirás: «Esto dice el Señor: Di: «Espada, espada, afílate y enfurécete, para que degüelles; afílate para que te conviertas en fulgor, preparada a disipación(b): degüella, desdeña, desecha todo leño.» Y la dio apta para que la asiera su mano; afilada ha sido la espada; está apta para darla en mano de matador. Vocifera y ulula, hijo de hombre; pues ella ha sido hecha en(c) mi pueblo; ella, en todos los caudillos de Israel; peregrinarán; por espada ha sido(d) en mi pueblo; por esto bate sobre tu mano. Porque juzgado está; ¿también la tribu ha sido desechada?(e). No será, dice el Señor Señor. Y tú, hijo de hombre, profetiza, y bate mano con mano; y duplica espada: la tercera espada de heridos es; espada de heridos, la grande. Y los pasmarás; para que no se quiebre el corazón, y se multipliquen los enfermos sobre toda puerta; entregados han sido a degüello; bien ha sido hecha(f) en fulgor. Y pasa, afílate a diestra y siniestra, a donde tu rostro se levantare. Y yo batiré mi mano con mi mano y lanzaré adentro mi furor; yo, el Señor, he hablado.» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Y tú, hijo de hombre, disponte(g) dos caminos, para que entre la espada de rey de Babel: de región una saldrán los dos; y mano al principio de camino de ciudad; sobre principio de camino constituirás, que entre espada sobre Rabbath, de hijos de Amón, y sobre la Judea y sobre Jerusalén en medio de ella. Por esto: porque se pondrá el rey de Babel sobre el antiguo camino sobre el principio de los dos caminos para adivinar adivinación, para hervir vara, y consultar en las esculturas, e inspeccionar hígados a su diestra(h). Fue hecha la adivinación sobre Jerusalén; de echar vallado, de abrir boca en vociferación; de alzar voz con grita, de echar vallado sobre las puertas de ella, de echar valladar, de construir ballestas. Y él(i) como adivinándoles adivinación, a faz de ellos; y él rememorando iniquidades de él de rememorar. Por esto, esto dice el Señor: «Por cuanto habéis recordado vuestras injusticias, al ser reveladas vuestras impiedades, para que fuesen vistos los pecados vuestros, en todas vuestras impiedades y en vuestros cultos; por cuanto lo recordáis(j), en ello cogidos seréis.» Y tú, inicuo contaminado príncipe de Israel, cuyo día llega en tiempo de iniquidad-término(k); esto dice el Señor: «Quitaste la tiara y te pusiste corona; esta no será así(l); humillaste lo alto y enalteciste lo bajo. ¡Injusticia, injusticia, injusticia! la pondré: ¡ay de ella! tal será hasta que viniere el a quien se debe(m), y entregaré(n) a él.» Y tú, hijo de hombre, profetiza, y dirás: Esto dice el Señor a los hijos de Amón y al oprobio de ellos; y dirás: «Espada, espada, desenvainada para degüellos, y desenvainada para consumación, levántate, porque esplendas. En tu visión la vana, y en el adivinar tú mentirás para que te entregues a cuellos de heridos inicuos; llega el día de iniquidad-término. Vuélvete(o); no te quedes en este lugar que has nacido: en la tierra, la propia tuya te juzgaré. Y derramaré sobre ti mi ira; en el fuego de mi ira soplaré sobre ti, y te entregaré en manos de varones extraños, que fabrican perdiciones. En fuego serás pasto, tu sangre estará en medio de tu tierra; no habrá, no, memoria de ti, por esto: porque yo, el Señor, he hablado.» Contra los vicios de Israel que serán castigados Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Y tú, hijo de hombre, ¿si juzgarás la ciudad de las sangres? Y muéstrala en todas sus iniquidades; y dirás: «Esto dice el Señor Señor: «¡Oh ciudad que vierte sangres en medio de ella; para que llegue el tiempo de ella, y que hace cultos contra sí misma; para mancillarse!» En las sangres de ellos que vertiste, has prevaricado; y en los cultos que hacías, te mancillabas; y acercaste tus días, y trajiste el tiempo de tus años. Por esto te di en oprobio a las gentes, y en ludibrio a todas las regiones, las cercanas de ti y las lejanas de ti; y se mofarán de ti, inmunda la llamada y mucha en las iniquidades. He aquí los caudillos de la casa de Israel, cada uno con sus cognados, mezcláronse en ti para derramar sangre; a padre y madre maldecían en ti, y a peregrino trastornaban en injusticias en ti; a huérfano y viuda esclavizaban; y mi santo despreciaban, y mis sábados profanaban en ti. Varones ladrones, en ti, para derramar en ti sangre, y sobre los montes comían en ti; cosas sacrílegas hacían en medio de ti. Vergüenza de padre descubrieron en ti; y a la en impureza sentada humillaron en ti; cada cual de la mujer de su prójimo abusaron; y cada cual a su nuera mancilló en impiedad; y cada cual a su hermana, hija de su padre humillaban en ti. Dádivas recibían en ti, para derramar sangre; usura y exceso recibían en ti; y consumaste consumación de maldad tuya, la en opresión; y de mí te olvidaste, dice el Señor. Y, si levantare mi mano sobre lo que has consumado, lo que has hecho, y sobre tus sangres las hechas en medio de ti; ¿si subsistirá tu corazón? ¿Si prevalecerán tus manos en los días que yo hago en ti? Yo, el Señor, he hablado, y así lo haré. Y te dispersaré en las gentes, y te diseminaré en las regiones; y(a) desfallecerá tu inmundicia de ti; y heredaré en ti ante los ojos de las gentes, y conoceréis esto: que yo soy el Señor.» Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, he aquí, han sido hechos, para mí, la casa de Israel, mixtos todos de bronce, y fierro, y estaño y plomo; en medio de plata entremezclada está. Por esto di: «Esto dice el Señor Señor: «Por cuanto habéis sido hechos en conmistión una; por esto yo os recibiré en medio de Jerusalén; como se recibe plata, y bronce, y fierro, y estaño y plomo en medio del horno, para soplar sobre vosotros fuego de fundir; así os recibiré en mi ira, y juntaré y fundiré; y soplaré sobre vosotros el fuego de mi ira; y fundidos seréis en medio de ella. Del modo que se funde plata en medio del horno; así seréis fundidos en medio de ella; y conoceréis esto: que yo el Señor, he derramado mi furor sobre vosotros.» Y fue hecha palabra del Señor a mí diciendo: «Hijo de hombre, di a ella: «Tú eres tierra, la no regada; ni lluvia ha sido hecha sobre ti en día de ira. Cuyos caudillos, en medio de ella, como leones rugientes, rapiñando rapiña, almas devorando en potencia, y precios recibiendo; y las viudas multiplicáronse en medio de ti. Y los sacerdotes de ella despreciaron mi ley; y profanaban mi santo; en medio de santo y profano no distinguían; y en medio de impuro y lo puro no distinguían; y ante mis sábados cubrían sus ojos; y contaminábaseme en medio de ellos. Los príncipes de ella, en medio de ella como lobos rapiñando rapiñas, a fin de derramar sangre; para, con codicia, codiciar. Y los profetas de ella, que los ungen, caerán, viendo cosas vanas, vaticinando mentiras, diciendo: «Esto dice el Señor», y el Señor no ha hablado; al pueblo de la tierra estrujando con injusticia y rapiñando rapiñas; al mendigo y pobre oprimiendo; y con el peregrino no tratando con juicio; Y buscaba yo de entre ellos varón que tratase rectamente, y estuviese delante de mí íntegramente, en tiempo de la tierra, para no hasta el fin borrarla, y no hallé. Y derramé sobre ella mi furor, en fuego de mi ira, para consumar; sus caminos sobre sus cabezas he dado, dice el Señor Señor.» Samaria y Jerusalén, meretrices Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, dos mujeres había, hijas de madre una; y se prostituyeron en Egipto en su adolescencia; allí cayeron sus pechos y desvirgáronse. Y sus nombre eran: Oola, la mayor, y Oóliba, su hermana. E hiciéronse mías; y parieron hijos e hijas; y los nombres de ellas: Samaria fue Oola, y Jerusalén fue Oóliba(a); y se prostituyó Oola, de mí, y adhirió a sus amantes; a los asirios que se llegaban a ella, vestidos de jacintinas(b), príncipes y estrategos; jovencillos y selectos, todos cabalgadores cabalgando sobre caballos. Y dio su prostitución sobre ellos; selectos hijos de asirios todos; y sobre todos a quienes adhirió, en todos los deseos de ella, se mancilló. Y su prostitución de Egipto no abandonó; pues con ella dormían en la adolescencia de ella; y ellos la desvirgaron y derramaron la prostitución de ellos sobre ella. Por esto la he entregado en manos de sus amantes, en manos de hijos de asirios a quien se adhirió. Ellos descubrieron la vergüenza de ella, hijos e hijas de ella cogieron; y a ella en espada mataron, y fue hecha cuento entre mujeres; y vindictas hicieron en ella por las hijas. Y vio su hermana Oóliba, y corrompió(c) la adhesión de ella sobre ella, y su prostitución sobre la prostitución de su hermana; y a los hijos de los asirios adhirió: a príncipes y estrategos, los cerca de ella, vestidos de hermosas telas, cabalgadores cabalgando sobre caballos: jovencillos selectos todos. Y vi que inquinado está camino uno(d) de las dos. Y añadió a la prostitución de ella, y vio varones pintados en la pared: imágenes de caldeos, pintados en estilo, ceñidos de polimitas sus lomos pintadas y sobre sus cabezas; vista triple(e) de todos, semejanza de hijos de caldeos, tierra patria de él(f), y se adhirió a ellos por la vista de sus ojos; y envió mensajeros a ellos a tierra de caldeos; y vinieron a ella hijos de Babel, a lecho de huéspedes, y mancháronla en la prostitución de ella, y manchado fue en ellos; y apartóse el alma de ella de ellos. Y reveló su prostitución, y descubrió su vergüenza. Y apartóse mi alma de ella, al modo que se apartó mi alma de su hermana. Y multiplicaste tu prostitución, acordándote del día de tu adolescencia, en los que te prostituiste en Egipto; y adheriste a los caldeos; de los cuales, como de asnos, las carnes, de ellos; y pudendo de caballos, el pudendo de ellos(g); y visitaste la iniquidad de tu adolescencia, lo que hacías en Egipto, en tu hospedaje; donde los pechos de tu adolescencia.» Por esto, Oóliba, esto dice el Señor: «He aquí que yo suscito tus amantes sobre ti, de los cuales se apartó tu alma, de ellos; y los traeré sobre ti, en contorno; a hijos de Babel y a todos los caldeos; perfectos, y ricos y nobles; y todos los hijos de asirios con ellos; jovencillos, selectos, príncipes y estrategos, todos terceros(h) y renombrados, cabalgando sobre caballos. Y todos vendrán sobre ti, del septentrión, carros y ruedas con turba de pueblos adargas y rodelas; y lanzará guardia sobre ti, en circuito. Y dará ante el rostro de ellos juicio, y te juzgarán en sus juicios; y daré mi celo en ti, y harán contigo en ira de furor: narices tuyas y orejas tuyas arrancarán de ti, y los residuos tuyos en espada derribarán. Ellos a tus hijos y tus hijas tomarán; y tus residuos fuego devorará; y te desnudarán de tu vestidura, y quitarán los vasos de tu gloriación. Y apartaré tus impiedades, de ti, y tu prostitución, de la tierra de Egipto y no alzarás, no, tus ojos a ellos; y de Egipto no te acordarás, no, ya.» Por esto: porque esto dice el Señor: «He aquí yo te entrego en manos de los que odias; de los que se apartó tu alma, de ellos; y harán en ti, en odio, y quitarán todos tus trabajos y afanes; y estarás desnuda y avergonzada, y se revelará la vergüenza de tu prostitución y tu impiedad. Y tu prostitución te ha hecho esto, al ir tú en pos de gentes; y te has mancillado en los deseos de ellos. En el camino de tu hermana has andado; y daré su cáliz en tus manos. Esto dice el Señor: «El cáliz de tu hermana beberás, el hondo, y el ancho y el redundante, para consumar ebriedad; y de desfallecimiento te llenará, y el cáliz de anonadamiento, cáliz de tu hermana, lo beberás, y sus fiestas y neomenias quitaré; por esto: porque yo he hablado, dice el Señor.» Por esto, esto dice el Señor: «Por cuanto me olvidaste y arrojaste tras de tu cuerpo; también tú toma tu impiedad y tu prostitución». Y díjome el Señor: «Hijo de hombre ¿no juzgarás a Oola y a Oóliba, y las anunciarás sus iniquidades? pues adulteraban; y sangre en sus manos. Según sus cultos adulteraban; y los hijos de ellas que me engendraron, pasáronles(i) por entre holocaustos. Hasta que aun esto me hicieron: mi santuario inquinaron; y mis sábados profanaban; degollando sus hijos para sus ídolos, entraban en mi santuario para profanarlo. Y porque así hacían en medio de mi casa; y porque, para los varones que venían de lejos a los que mensajeros habían enviado, a ellos; tan pronto como venían, al punto te bañabas y pintabas tus ojos; y te ornabas con ornato, y te sentabas sobre estrado tendido; y mesa ornada, delante de él. Y mi timiama y mi óleo alegrábanse(j) en ellos; y voz de armonía resonaba; y a varones que de muchedumbre de hombres, venían del desierto; y dieron brazaletes sobre las manos de ellos, y corona de gloriación sobre sus cabezas.» Y dije: «¿No en esto adulteran, y a obras de prostitución también ella se prostituyó? y entraban a ella del modo que entran a mujer prostituta; así entraban a Oola y a Oóliba a hacer iniquidad. Y varones justos ellos también las vindican con vindicta de adúltera y con vindicta de sangre; pues adúlteras son, y sangre, en sus manos.» Esto dice el Señor Señor: «Trae sobre ellas muchedumbre, y da en ellas tumulto y rapiña; y apedréalas con piedras de turbas, y traspásalas en las espadas de ellos. A sus hijos y sus hijas matarán y sus casas quemarán. Y apartaré la impiedad de la tierra, y aprenderán todas las mujeres; y no harán, no, según las impiedades de ellas. Y será dada vuestra impiedad sobre vosotras; y los pecados de vuestros cultos recibiréis, y conoceréis esto: que yo soy el Señor.» Sitio de Jerusalén y su infortunio Y fue hecha palabra del Señor a mí, en el año el noveno, en el mes el décimo, el décimo del mes, diciendo: «Hijo de hombre, escríbete para el día, desde este día que se ha afianzado rey de Babel sobre Jerusalén, desde el día de hoy; y di a la casa, la exacerbadora, una parábola; y dirás a ellos»: Esto dice el Señor: «Pon la olla(a) y vierte en ella agua; y echa en ella presas, toda presa hermosa, muslo y hombro desosados; de selectas bestias tomados; y enciende los huesos debajo de ellos: —hirvió, hirvió, y cocidos están los huesos de ella(b) en medio de ella.» Por esto, esto dice el Señor: «¡Oh ciudad, de sangres olla, en que está moho, en ella, y el moho no ha salido de ella; miembro por miembro de ella ha sacado; no ha caído sobre ella suerte. Porque sangres de ella, en medio de ella están; sobre lisa piedra lo he puesto; no derramándolo sobre la tierra, para cubrir sobre ello tierra; para que subiese furor en venganza de vengar he dado la sangre de ella sobre lisa piedra, para no cubrirla.» Por esto, esto dice el (Señor) Señor: («¡Ay de la ciudad de las sangres!)(c). También yo agrandaré el tizón; y multiplicaré la leña y encenderé el fuego, para que se derritan las carnes, y se disminuya el caldo; y esté sobre las brasas; para que se queme y caldee el bronce de ella; y se derrita en medio de la inmundicia de ella, y se acabe el moho de ella; y no salga, no, de ella mucho el moho de ella; avergonzado será su moho, por cuanto te has manchado. ¿Y qué, si no te purificares ya, hasta que llene yo mi furor? Yo, el Señor, he hablado; y llegará, y haré; no diferiré, y no me apiadaré, no; según tus caminos y según tus deseos te juzgaré, inmunda la afamada y mucha para irritar.» Y fue hecha palabra del Señor a mí diciendo: «Hijo de hombre, he aquí yo quito de ti los deseos de tus ojos en aprontamiento: no plañas, no; y no llores, no; gemido de sangre, de lomo, de llanto serás; no estarán tus cabellos entrelazados sobre ti y tus calzados en tus pies; no serás consolada, no, en labios de ellos, y pan de varones no comerás, no.» Y hablé al pueblo (por la mañana, y por la tarde, murió mi mujer e hice)(d) por la mañana del modo que me mandó por la tarde. Y me dijo el pueblo: «¿No nos anunciarás qué es esto que tú haces?» Y les dije: «Palabra del Señor a mí se ha hecho, diciendo: «Di a la casa de Israel: «Esto dice el Señor: «He aquí yo profanaré mi santo, jactancia de vuestra fortaleza, delicias de vuestros ojos, y sobre el cual se apiadan(e) vuestras almas. Y vuestros hijos y vuestras hijas que dejasteis, en espada caerán; y haréis del modo que he hecho; por boca de ellos no seréis consolados(f), y pan de varones(g) no comeréis; y vuestros cabellos sobre vuestra cabeza, y los calzados, en vuestros pies; y no plañiréis, no; y no lloraréis, no; y os desharéis en vuestras injusticias; y consolaréis cada uno a su hermano(h). Y será Ezequiel para vosotros, en portento(i): según todo cuanto hizo, haréis, cuando llegaren estas cosas; y conoceréis esto: que yo soy el Señor.» «Y tú, hijo de hombre, acaso en el día, cuando les quito la fortaleza, el alzamiento de la gloriación de ellos, las delicias de sus ojos, y el alzamiento de su alma; sus hijos y sus hijas; en aquel día ¿no llegará el salvo a ti a anunciarte en las orejas? En aquel día se abrirá tu boca al salvo: hablarás, y ya no se acallará nunca jamás(j); y serás, para ellos, en portento; y conocerán esto: que yo soy el Señor.» Profecía contra Amón, Moab, Edom y Filistea Y fue palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, afianza tu rostro sobre los hijos de Amón y profetiza sobre ellos; y dirás a los hijos de Amón: «Oíd palabra del Señor: «Esto dice el Señor: «Por cuanto os habéis alegrado sobre mi Santo, porque fue profanado; y sobre la tierra de Israel, porque fue anonadada; y sobre la casa de Judá, porque partieron a cautiverio; por esto he aquí yo os entrego a los hijos de oriente(a) en heredad; y se empabellonarán en su bagaje, en ti; y ellos comerán tus frutos y ellos beberán tu grosura, y darán en ti sus tiendas. Y daré la ciudad de Amón en dehesa de ovejas; y conoceréis esto: que yo soy el Señor.» Por esto: porque esto dice el Señor: «Por cuanto batiste tu mano y golpeaste al par con tu pie, y te alegraste, de tu alma, sobre la tierra de Israel, por esto, extenderé mi mano sobre ti, y te daré, en botín, a las gentes; y te exterminaré de los pueblos; y te perderé, de las regiones, con perdición; y conoceréis esto: que yo soy el Señor.» Esto dice el Señor: «Por cuanto dijo Moab: «He aquí ¿no del modo que todas las gentes la casa de Israel y Judá?» Por esto he aquí disuelvo el hombro(b) de Moab de ciudades de sus promontorios, escogida tierra, casa de Betyesimot sobre fontana de ciudad marítima; los hijos de oriente, con los hijos de Amón, le(c) he dado en heredad; para que memoria no haya de los hijos de Amón. Y en Moab haré venganza; y conocerán esto: que yo soy el Señor.» Esto dice el Señor: «Por cuanto ha hecho Idumea, en vindicar ellos vindicta de la casa de Judá y el mal rememoraron y vindicaron vindicta; por esto dice el Señor: «También extenderé mi mano sobre Idumea, y exterminaré, de ella, hombre y bestia; y la pondré desierta; y de Dedán fugitivos en espada caerán; y daré mi venganza sobre Idumea en mano de mi pueblo de Israel; y harán en Idumea, según mi ira y según mi furor; y conocerán mi venganza, dice el Señor.» Por esto, esto dice el Señor: «Por cuanto han hecho los alienígenas en vindicta y suscitaron vindicta, gozándose, de alma, para exterminar hasta uno(d); por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo extenderé mi mano sobre los alienígenas, y exterminaré cretenses; y destruiré los restantes, los habitadores de la marina; y haré en ellos venganzas grandes, y conocerán esto: que yo soy el Señor; cuando diere mi venganza sobre ellos.» Profecía contra Tiro Y aconteció en el undécimo año, primero de mes, que fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, por cuanto dijo Tiro sobre Jerusalén: ¡Bien! está quebrantada(a); perecieron las gentes; volvióse(b) a mí; la llena desierta está»; por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo, sobre ti, Tiro; y traeré sobre ti gentes muchas; como sube la mar con sus olas. Y derribarán los muros de Tiro; y derribarán tus torres; y aventaré su polvo, de entre ella; y la daré en lisa piedra. Secadero de redes será en medio del mar; que yo he hablado, dice el Señor. Y será en presa para las gentes; y sus hijas(c) en el campo a cuchilla serán muertas; y conocerán que yo soy el Señor.» Pues esto dice el Señor: «He aquí yo traigo sobre ti, Tiro, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, desde el septentrión (rey de reyes es) con bridones, y carros, y jinetes y reunión de gentes muchas sobremanera. Este, las hijas tuyas, las del campo, a cuchilla matará; y daré sobre ti avanzadas, y circunvalará, y hará sobre ti en contorno vallado y circuito de armas; y sus lanzas contra ti dará; tus muros y tus torres derribará en sus cuchillas. Por la muchedumbre de sus bridones cubriráte la polvareda de ellos; y por la voz de sus bridones y las ruedas de sus carros temblarán tus muros, cuando él entrare en tus puertas, como entrando en la ciudad, desde el llano(d). En los cascos de sus caballos conculcarán todas tus calles; a tu pueblo con cuchilla matará; y la consistencia(e) de tu fortaleza por tierra echará. Y apresará tu fuerza, y despojará tus haberes; y derribará tus muros y tus casas las deseables derrocará; y tus piedras, y tu madera y tu polvo al medio de tu mar lanzará. Y deshará la muchedumbre de tus músicos; y la voz de tus salterios no se oirá, no, ya. Y te daré(f) lisa piedra; secadero de redes serás; no serás, no, edificada ya; pues yo, el Señor, hablé», dice el Señor. Por cuanto esto dice el Señor Señor a Tiro: «¿No de voz de tu ruina, al gemir heridos, al desenvainar cuchilla en medio de ti, temblarán tus islas? Y descenderán de sus tronos todos los príncipes entre las gentes de la mar; y quitarán las mitras, de sus cabezas; y las vestiduras las polimitas de ellos se desvestirán. Con pasmo se pasmarán; en tierra sentaránse y temerán su perdición; y gemirán sobre ti; y cogerán sobre ti lamento, y te dirán. «¿Cómo has sido derrocada del mar, la ciudad, la celebrada, la que dio su temor a todos los habitadores de él? Y temerán las islas desde el día de tu caída; que esto dice el Señor Señor: «Cuando yo te diere ciudad desierta, como las ciudades que no serán habitadas; cuando trajere sobre ti el abismo, y te cubriere agua mucha; te bajaré a los que descienden a la hondura; al pueblo del siglo(g); y te colocaré en las profundidades de la tierra, como desierto sempiterno, con los que descienden a la hondura; para que no seas habitaba, ni resurjas sobre tierra de vida. Perdición te daré(h), y no serás ya por el siglo, dice el Señor Señor». Treno por la ruina de Tiro Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, también tú coge sobre Tiro treno; y dirás a Tiro, la que habita sobre la entrada del mar, el emporio de los pueblos desde islas muchas: Esto dice el Señor a Tiro: «Tú dijiste: «Yo me revestí de mi hermosura; en el corazón del piélago sita; tus hijos(a) pusieron alrededor tuyo hermosura. Cedro de Sanir te fue edificado; ligaduras de tablas, de ciprés, del Líbano tomadas fueron, para hacerte mástiles abetinos; de Basan hicieron tus remos; tus santuarios(b) hicieron de marfil: casas silvestres(c), de islas de Quitin(d). Biso con polimitas de Egipto fue hecho para ti estrado, para circundarte de gloria y rodearte de jacinto y púrpura, de las islas de Tarsis(e); y fueron hechos manto tuyo. Y tus príncipes, los habitantes de Sidón y aradios fueron hechos remadores tuyos; los sabios tuyos, Tiro, los que estaban en ti, éstos, pilotos tuyos; los ancianos de los biblos(f) y los sabios de ellos estaban en ti; éstos fortalecían tu consejo; y todos los bajeles del piélago y sus remadores fueron tuyos, de occidente a occidente. Persas, y lidios, y libios estaban en tu fuerza; varones guerreros tuyos broqueles y morriones suspendieron en ti; éstos dieron tu gloria. Hijos de Arad y tu fuerza, sobre tus muros; centinelas(g) en tus torres eran, sus carcajes suspendieron en tus retiros, éstos consumaron tu hermosura. Cartagineses, tus mercaderes, por la muchedumbre de toda tu fuerza, plata, y oro, y hierro, y estaño y plomo dieron(h) tu ágora. La Hélada, tanto toda ella, como lo adyacente; —y éstos negociaban para ti en almas de hombres(i), y vasos áureos dieron tu negociación; de la casa de Togorna, bridones y cabalgadores dieron tu ágora. Hijos de rodios(j) mercaderes tuyos, desde las islas multiplicaron tu negociación: dientes elefantinos; y por lo que se introducía, permutabas tus jornales; hombres(k) por negociación tuya, por la muchedumbre de tu mixtura, estacte y bordadura de Tarsis, y seda y margaritas dieron tu ágora. Judá y los hijos de Israel; éstos tus mercaderes, en venta de trigo y ungüentos y casia; y primera miel y aceite y resina dieron a tus mixtos. Damasco, mercaderes tuyos, de la multitud de toda tu fortaleza: vino de Quelbón, y lanas de Mileto; y vino a tu ágora dieron. (l)De Asel hierro labrado; y rueda en tus mixtos hay(m). Dedán, mercaderes tuyos con bestias(n) selectas para carros. La Arabia y todos los príncipes de Cedar, éstos, tus mercaderes, por mano tuya(o); camellos, y corderos y carneros, en que negociaban contigo. Mercaderes de Sabá y Regmá; éstos tus mercaderes en primeros perfumes y piedras preciosas; y oro dieron tu ágora. Harán, Quene y Edén; éstos, mercaderes tuyos. Sabá, Asur, Quilmad, mercaderes tuyos; trayendo negociación: jacinto y tesoros escogidos ligados con cuerdas, y objetos cipresinos. Bajeles, tus mercaderes en la muchedumbre, en tu mixtura; y te repletaste y gravaste sobremanera en el corazón de la mar. En agua mucha te llevaron tus remeros. La racha del noto te quebrantó en el corazón de la mar; estaban tus fuerzas y la ganancia tuya y de los mezclados contigo; y tus remeros, y tus pilotos, y tus consejeros y los mixtos de los mixtos tuyos, y todos los varones los guerreros tuyos en ti; y toda la congregación tuya, en medio de ti, caerán en el corazón de la mar, en el día de tu caída. Al clamor de tu voz, tus pilotos con temor temerán; y descenderán de los barcos todos los remadores y los ascensores y los pilotines de la mar en la tierra pondránse; y vociferarán sobre ti con su voz y gritarán amargamente y pondrán sobre su cabeza tierra; y ceniza desparramarán sobre sí. (Y raerán sobre ti raedura y se ceñirán saco, y llorarán por ti, en amargura de alma y en llanto amargo prorrumpirán)(p). Y cogerán los hijos de ellos sobre ti treno, treno de Tiro. («¿Quién como Tiro la enmudecida en medio del mar?»)(q). ¡Cuánta hallaste ganancia por la mar! Repletaste gentes con tu plenitud, y con tu mezcla(r) enriqueciste a todos los reyes de la tierra. Ahora quebrantada has sido en el mar; en el profundo del agua tu mezcla y toda tu congregación en medio de ti. Cayeron todos tus remadores; todos los habitantes de las islas espantáronse de ti; y sus reyes con pasmo se pasmaron, y lloró su faz. Mercaderes de las gentes silbáronte; perdición has sido hecha; y no serás ya por el siglo.» Profecía contra el rey de Tiro; contra Sidón; sobre la vuelta de Israel. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Y tú, hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor: «Por cuanto se ha exaltado tu corazón, y has dicho: «Dios soy yo»; habitación de Dios habitó en el corazón de la mar; y tú eres hombre; y no Dios; y has dado tu corazón como corazón de Dios; ¿acaso más sabio eres tú que Daniel? O sabios ¿no te han instruido en la disciplina de ellos? ¿Acaso en tu disciplina o tu prudencia te has hecho poder, y oro y plata en tus tesoros? En tu mucha disciplina y comercio has dilatado tu poder; se ha exaltado tu corazón en tu poder.» Por esto, esto dice el Señor: «Puesto que has dado tu corazón como corazón de Dios; a trueque de esto, he aquí yo traigo sobre ti ajenas pestes de las gentes, y desnudarán tus cuchillas sobre ti y sobre la hermosura de tu disciplina, y tenderán tu hermosura en perdición; y te bajarán, y morirás muerte de heridos en el corazón de la mar. ¿Acaso diciendo dirás: «Dios soy yo», a faz de los que te matan? y tú eres hombre y no Dios. En muchedumbre de incircuncisos perecerás a manos de extraños; porque yo he hablado», dice el Señor. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, coge treno sobre el príncipe de Tiro, y dile: «Esto dice el Señor Señor: «Tú, sello de semejanza(a) y corona de hermosura, en las delicias del paraíso de Dios estuviste. Toda piedra preciosa te prendiste: sardio, y topacio, y esmeralda, y carbúnculo, y zafiro y jaspe, y plata y oro, y jacinto(b) y ágata, y amatista, y crisólito, y berilo y ónice; y de oro llenaste tus tesoros y las recámaras tuyas en ti. Desde el día que fuiste creado tú con el querube(c) te puse en el monte santo de Dios; fuiste hecho en medio de piedras ígneas(d); fuiste hecho intachable en tus días; desde el día que fuiste creado, hasta que se hallaron las injusticias en ti. Con la muchedumbre de tu comercio llenaste tus recámaras de iniquidad, y pecaste y herido fuiste del monte de Dios; y te sacó el querube de en medio de las piedras ígneas. Se exaltó tu corazón por tu hermosura; corrompióse tu disciplina con tu hermosura; por la muchedumbre de tus pecados a la tierra te he arrojado; delante de los reyes te he dado ser escarmiento. Por la muchedumbre de tus pecados y de las injusticias de tu comercio profané tus santuarios, y sacaré fuego de en medio de ti; éste te devorará; y te daré(e) ceniza sobre tu tierra, delante de todos los que te ven. Y todos los que te conocen en las gentes gemirán sobre ti; perdición has sido hecho, y no serás ya por el siglo». Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, fija tu rostro sobre Sidón y profetiza sobre ella, y di: «Esto dice el Señor: «He aquí yo, sobre ti, y glorificado seré en ti, y conocerás que yo soy el Señor; cuando hiciere yo en ti juicios; y santificado seré en ti. Sangre y muerte en tus calles; y caerán heridos a cuchillas, en ti, en tu circuito; y conocerán esto: que yo soy el Señor. Y no habrá, no, ya en la casa de Israel estaca de amargura y espina de dolor, de parte de los en contorno de ellos, los que los vilipendian; y conocerán que yo soy el Señor.» Esto dice el Señor Señor: «Y congregaré a Israel de entre las gentes donde han sido dispersados, allí; y seré santificado en ellos y delante de los pueblos y de las gentes. Y habitarán sobre la tierra de ellos que he dado a mi siervo Jacob; y habitarán sobre ella, en esperanza; y edificarán casas y plantarán viñas; y habitarán en esperanza, cuando hiciere yo juicio en todos los que hubieren vilipendiado en los en contorno de ellos; y conocerán que yo soy el Señor, el Dios de ellos y el Dios de sus padres.» Profecía sobre la devastación de Egipto En el año el duodécimo, en el décimo mes, a uno del mes, fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, fija tu rostro sobre el Faraón, rey de Egipto, y profetiza sobre él y sobre Egipto entero, y di: «Esto dice el Señor: «He aquí yo, sobre Faraón, el dragón(a) el grande, el sentado en medio de sus ríos, el que dice: «Míos son los ríos, y yo los hice.» Y yo daré lazos(b) a tus mejillas, y adheriré los peces del río a tus plumas(c) y te sacaré de en medio de tu río; y te derribaré en breve(d) y todos los peces de tu río; sobre faz del campo caerás; y no serás congregado, no, y no recogido(e), no, a las bestias de la tierra y a los volátiles del cielo te he dado en devoración. Y conocerán todos los habitantes de Egipto que yo soy el Señor; por cuanto te hiciste vara cañiza(f) para la casa de Israel; cuando te cogió con la mano de ellos, te quebraste y, cuando aplaudió sobre ellos toda mano, y cuando descansaron sobre ti, te destrozaste y quebrantaste de ellos todo lomo. Por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo traigo sobre ti espada, y perderé, de ti, hombres y bestias, y será la tierra de Egipto perdición y desierto; y conocerán que yo soy el Señor; por decir tú: «Los ríos míos son, y yo los he hecho.» Por esto, he aquí yo sobre ti y sobre todos tus ríos, y daré la tierra de Egipto en desierto, espada y perdición, desde Magdol y Siene(g) y hasta fines de los etíopes. No pasará, no, en ella pie de hombre, y pie de bestia no pasará, no, por ella; y no será habitada cuarenta años. Y daré la tierra de ella en perdición, en medio de tierra desierta; y las ciudades de ella, en medio de ciudades desiertas, estarán cuarenta años. Y dispersaré a Egipto en las gentes y aventarélos por las regiones.» Esto dice el Señor: «Después de cuarenta años congregaré a los egipcios, de entre las gentes donde fueron dispersados, allí; y retornaré la cautividad de los egipcios, y los estableceré en tierra de Faturés(h); en la tierra de donde fueron tomados, y será principado humilde entre todos los principados; no será exaltado, no, ya sobre las gentes, y muy pocos los haré, para que no sean más en las gentes. Y no serán ya a la casa de Israel en esperanza recordadora de iniquidad, para seguir ellos en pos suya; y conocerán que yo soy el Señor.» Y aconteció en el séptimo y vigésimo año, a uno del mes el primero, que fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Nabucodonosor, rey de Babel, ha esclavizado sus fuerzas sobre Tiro (toda cabeza, calva, y todo hombre, pelado)(i) y galardón no tuvo él y su ejército sobre Tiro, y de la servidumbre con que(j) sirvieron sobre ella.» Esto dice el Señor Señor: «He aquí yo doy a Nabucodonosor, rey de Babel, la tierra de Egipto, y depredará su depredación, y despojará su despojo, y tendrán galardón sus fuerzas. Por el misterio con que sirvió sobre Tiro le he dado la tierra de Egipto.» Esto dice el Señor Señor: (29:22) «En aquel día brotará cuerno(k) a toda la casa de Israel, y te daré boca abierta en medio de ellos, y conocerán que yo soy el Señor.» Continuación Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, profetiza y di: «Esto dice el Señor: «¡Oh, oh, día! pues cerca, día del Señor, día, fin(a) de gentes será. Y vendrá cuchilla sobre los egipcios; y habrá turbación en tierra etíope; y caerán al par heridos en Egipto; y caerán al par sus fundamentos. Persas, y cretes, y lidos, y libios y todos los mestizos, y de los hijos de mi alianza, a cuchilla, caerán en ella. Y caerán los baluartes de Egipto; y se derribará la altanería de su fuerza, desde Magdol hasta Siene; a cuchilla caerán en ella, dice el Señor. Y yermado será, en medio de regiones yermadas; y las ciudades de ellos en medio de ciudades yermadas estarán; y conocerán que yo soy el Señor, cuando yo diere fuego sobre Egipto, y quebrantados fueren todos los que le ayudan. En aquel día saldrán mensajeros apresurándose(b) a anonadar la Etiopía; y habrá turbación en ellos, en el día de Egipto, pues he aquí que viene.» Esto dice el Señor Señor: «Y perderé muchedumbre de egipcios por mano de Nabucodonosor, rey de Babel, suya y de su pueblo: pestes de gentes enviados a perder la tierra. Y desnudarán todos sus cuchillas sobre Egipto; y se llenará la tierra de heridos. Y daré sus ríos desiertos(c); y perderé la tierra y su plenitud en manos de extraños; yo, el Señor, he hablado.» Porque esto dice el Señor Señor: «Y perderé [abominaciones y acabaré con](d) magnates de Menfis y príncipes de Menfis, de la tierra de Egipto; y no serán ya; [y daré temor en tierra de Egipto](e). Y perderé la tierra de Faturés, y daré fuego sobre Tanes; y haré vindicta en Dióspolis(f). Y derramaré mi furor sobre Pelusio, la fuerza de Egipto, y perderé la muchedumbre de Menfis. Y daré fuego sobre Egipto; y conturbación será turbada Siene; y en Dióspolis habrá ruptura, y se derramarán aguas. Jovencillos de Heliópolis y Bubasto a cuchilla caerán; y las mujeres en cautiverio irán; y en Tafnis se obscurecerá el día, cuando yo quebrantare allí los cetros de Egipto, y pereciere allí la altanería de su fuerza; y a ésta una nube cubrirá; y sus hijas(g) cautivas serán llevadas. Y haré juicio en Egipto y conocerán que yo soy el Señor.» Y aconteció en el undécimo año, en el primer mes, séptimo del mes que fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, los brazos de Faraón, rey de Egipto quebranté, y he aquí no suplicó se le diera sanidad, para que se diera sobre el emplasto, para que se diera fuerza de empuñar cuchilla. Por esto, esto dice el Señor Señor: «He aquí yo sobre Faraón, rey de Egipto, y quebrantaré los brazos de él, los fuertes y los extendidos, y derribaré su cuchilla de sus manos, y dispersaré el Egipto en las gentes, y les aventaré por las regiones; y fortaleceré los brazos del rey de Babel, y daré mi espada en su mano, y la traerá sobre Egipto; y depredará su depredación, y despojará su despojo. Y fortaleceré los brazos del rey de Babel; los brazos de Faraón caerán y conocerán que yo soy el Señor, cuando diere mi espada en manos del rey de Babel; y la extenderá él sobre la tierra de Egipto, y dispersaré a Egipto entre las gentes y les aventaré por las regiones; y conocerán todos que yo soy el Señor.» La ruina de Asur, ejemplo de la de Egipto Y aconteció en el décimo año, en el décimo mes, a uno del mes que fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, di al Faraón, rey de Egipto y su muchedumbre: «¿A quién te has asemejado a ti mismo en tu altura? He aquí Asur, ciprés en el Líbano y hermoso en los vástagos y excelso por la grandeza; en medio de nubes fue hecha su cima; agua le nutrió; el abismo(a) alzóle, sus ríos llevó en contorno de sus retoños, y sus oleadas envió a todos los leños de la campiña. Por causa de esto, se exaltó su grandeza sobre todos los leños de la campiña; y se dilataron sus ramas por la mucha agua. En sus vástagos anidaron todos los volátiles del cielo; y debajo de sus ramas generaron todas las bestias del campo; a su sombra habitó toda la muchedumbre de las gentes; y era bello en su altura por la muchedumbre de sus ramas; pues se hallaban sus raíces en agua mucha. Y cipreses tales, en el paraíso de Dios; y los pinos, no símiles a los vástagos de él; y abetos no hubo símiles a sus ramas; todo leño en el paraíso de Dios no se asemejó a él en su belleza; por la muchedumbre de sus ramas; y envidiáronle los leños del paraíso de las delicias de Dios.» Por esto, esto dice el Señor: «Por cuanto te hiciste grande por la grandeza y diste tu cima en medio de nubes; y vi, cuando se le exaltaba, y le entregué en manos de los príncipes de las gentes, e hizo la perdición de él. y le exterminaron ajenas pestes de las gentes, y derribáronle sobre los montes; en todas las hondonadas cayeron sus ramas, y quebrantados fueron sus troncos en todo campo de la tierra; y bajaron de su cobijamiento todos los pueblos de las gentes y lo postraron. Sobre su caída(b) reposaron todos los volátiles del cielo; y sobre sus troncos vinieron todas las bestias del campo; para que no se levanten en la grandeza de ellos todos los leños, los en el agua; y dieron su cima en medio de las nubes; y no permanecieron en su altura para consigo; todos los que beben agua, todos han sido dados a muerte, a de tierra hondura, en medio de hijos de hombres, hacia los que bajan a la fosa.» Esto dice el Señor Señor: «En el día que descendió al infierno, lamentóle el abismo; y paré sus ríos, y detuve la muchedumbre de agua(c); y obscurecióse sobre él, el Líbano; todos los leños del campo sobre él desmayaron. A la voz de su caída, temblaron las gentes, cuando le bajaban al infierno, con los que descienden al lago; y le consolaban en la tierra todos los leños de las delicias, y los selectos del Líbano, todos los que bebían agua. Pues también ellos bajaron con él, al infierno entre los heridos a cuchilla; y la simiente de él, los habitantes a la sombra de él, en medio de la vida de ellos, perecieron. ¿A quién te has asemejado? Desciende y bajado seas, con los leños de las delicias, a la tierra hondura; en medio de incircuncisos dormirás, con heridos a cuchilla. Así Faraón y la muchedumbre de su fuerza, dice el Señor Señor.» Otros dos trenos a la ruina de Egipto Y aconteció en el duodécimo año, en el décimo mes, a uno del mes, que fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, coge treno sobre el Faraón, rey de Egipto; y le dirás: «A león de gentes has sido hecho semejante tú; y, como dragón, el de la mar, y corneabas(a) con tus ríos, y conturbabas el agua con tus pies, y conculcabas tus ríos.» Esto dice el Señor: «Y lanzaré en tu torno, sobre ti, redes de pueblos muchos, y te sacaré fuera en mi anzuelo; y te tenderé sobre la tierra; campos se llenarán de ti y asentaré sobre ti todos los volátiles del cielo, y hartaré todas las bestias de toda la tierra; y daré tus carnes sobre los montes, y hartaré con tu sangre; y se regará la tierra con tu podredumbre, con la muchedumbre tuya sobre los montes, hondonadas llenaré de ti. Y encubriré, cuando te hubieres extinguido, el cielo, y oscureceré sus astros; el sol, en nube cubriré; y la luna no mostrará, no, su luz. Todo lo que muestra luz en el cielo, se encubrirá sobre ti, y daré tinieblas sobre la tierra, dice el Señor Señor. E irritaré corazón de pueblos muchos, cuando yo trajere tu cautiverio a las gentes, a tierra que no conoces. Y contristaránse sobre ti gentes muchas; y los reyes de ellas con pasmo se pasmarán, cuando volare mi espada sobre sus rostros, aguardando ellos su ruina, desde el día de tu ruina.» Que esto dice el Señor: «Espada del rey de Babel vendrá para ti, en cuchillas de gigantes; y derribaré tu fuerza; pestes de gentes, todos, y perderán la altanería de Egipto; y quebrantada será toda su fuerza. Y perderé todas sus bestias de(b) agua mucha; y no la turbará, no, pie de hombre ya; y huella de bestias no la conculcará, no. Así, entonces, reposarán las aguas de ellos; y los ríos de ellos como aceite correrán, dice el Señor; cuando yo diere Egipto a perdición; y se yermare la tierra con la plenitud de ellas; cuando dispersare todos los habitantes de ella; y conocerán que yo soy el Señor. Treno es(c) y lo trenarás; y las hijas de las gentes lo trenarán; sobre Egipto y sobre toda su fuerza lo(d) trenarán», dice el Señor Señor». Y aconteció en el duodécimo año, del primer mes, a quince del mes, fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: Hijo de hombre, trena sobre la fuerza de Egipto; y hundirán a sus hijas los pueblos, muertas en la hondura de la tierra, junto a los que descienden a la fosa; [¿Eres más amable que otro? Baja y duerme con los incircuncisos](e). En medio de por cuchilla heridos caerán con él(f); y dormirá toda su fuerza. Y te dirán los gigantes: «A hondura de tumulto(g) has venido; ¿mejor que quién eres? Y bájate y duérmete con los incircuncisos en medio de los heridos a cuchilla. Allí Asur y toda su congregación, todos heridos allí han sido dados; y su sepulcro en la hondura de la fosa; y ha sido hecha su congregación en contorno de su tumba: todos los heridos, los caídos a cuchilla; los que dan el temor de ellos sobre tierra de vida. Allí Elam y toda su fuerza en contorno de su tumba: todos los heridos, los caídos a cuchilla y los que bajan incircuncisos a de tierra hondura; los que han dado su temor sobre la vida; y recibieron su castigo, con los que bajan a fosa, en medio de heridos [pusieron el lecho de él, con toda su muchedumbre; en circuito suyo sus tumbas, todos incircuncisos, heridos a cuchilla; pues dieron su temor sobre tierra de vida y recibieron su castigo con los que bajan a la fosa; en medio de heridos fueron dados](h). Allí fueron dados Mosoc y Tubal y toda la fuerza de ellos, en contorno de su tumba; todos heridos suyos; todos incircuncisos heridos de cuchilla; los que han dado su temor sobre la vida; y se durmieron con los gigantes, los caídos, desde el siglo; los que bajaron al infierno en armas guerreras, y pusieron sus cuchillas bajo sus cabezas; y fueron hechas sus iniquidades sobre sus huesos; pues amedrentaron a todos en su vida. También tú, en medio de incircuncisos dormirás, con heridos a cuchilla. Allí fueron dados los príncipes de Asur, los que dieron la fuerza de él a herida de cuchilla; éstos con heridos durmieron, con los que bajan a la fosa. Allí los príncipes del septentrión, todos estrategos de Asur; los que bajan heridos con el temor de ellos y con la fuerza de ellos durmieron incircuncisos, con heridos a cuchilla, y se llevaron sus castigos, con los que bajan a la fosa. Aquellos verá el rey Faraón; y se consolará sobre toda la fuerza de ellos, [heridos a cuchilla el Faraón y toda su fuerza](i), dice el Señor Señor; pues he dado su temor sobre tierra de vida; y dormirá en medio de incircuncisos heridos a cuchilla el Faraón y toda su multitud con él, dice el Señor Señor». El profeta es atalaya; Dios es justo. Caída de Jerusalén. Castigo de los remanentes. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: «Tierra sobre la cual traigo espada y tomare el pueblo de la tierra a un hombre, uno de entre ellos; y se lo dieren en atalaya; y él viere la espada venir sobre la tierra, y trompeteare con la trompeta, y avisare al pueblo, y oyere el oyente la voz de la trompeta, y no se guardare, y viniere la espada y le cogiere; su sangre sobre su cabeza será; pues la voz de la trompeta oyendo, no se guardó, su sangre sobre él será; y ése, porque se guardó, su alma libró. Y el atalaya, si viere la espada venir, y no avisare con la trompeta, y el pueblo no se guardare; y, viniendo la espada, cogiere, de entre ellos, un alma; ésta, por su iniquidad ha sido cogida; y la sangre de mano del atalaya pediré. Y tú, hijo de hombre por atalaya te he dado a la casa de Israel; y oirás, de boca mía, palabra. Al decir yo al pecador: «De muerte morirás», y no hablares que se guarde el impío en su camino el mismo inicuo por su iniquidad perecerá; pero su sangre de tu mano pediré. Mas si pronunciares al impío su camino para que se aparte de él; y no se apartare de su camino, ése por su impiedad morirá, y tú, a tu almas has librado.» Y tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel: «Así habéis hablado, diciendo: «Los errores nuestros y las iniquidades nuestras sobre nosotros son, y en ellos nos consumimos; ¿y cómo viviremos?» Diles: «¡Vivo yo!» Esto dice el Señor: «No quiero la muerte del impío —¡que se convierta el impío de su camino y viva! Con conversión convertíos de vuestro camino; y ¿por qué morís, casa de Israel? Di a los hijos de tu pueblo: «Justicia de justo no le librará, no, en el día que errare; e iniquidad de impío no le dañará, no, en el día que se convirtiere de su iniquidad; y el justo no podrá salvar(a), no. Diciendo yo al justo: «Este confía en su justicia, y hará iniquidad; todas sus justicias no se rememorarán, no; en su injusticia que hizo, en ella morirá. Y diciendo yo al impío: «De muerte morirás», y si se apartare(b) de su pecado, e hiciere juicio y justicia; y prenda restituyere y rapiñas devolviere; en preceptos de vida anduviere, no haciendo lo injusto; de vida vivirá, y no morirá, no; todos(c) sus pecados que pecó, no se rememorarán, no; pues juicio y justicia ha hecho, en ellos vivirá. Y dirán los hijos de tu pueblo: «No recto el camino del Señor»; y ella, la vía de ellos, no recta. Apartándose el justo de su justicia; y hará iniquidades y morirá en ellas. Y apartándose el pecador de sus iniquidades; y hará juicio y justicia, en ellos él vivirá. Y esto es lo que habéis dicho: «No recto es el camino del Señor.» A cada cual en sus caminos os juzgaré, casa de Israel.» Y aconteció en el duodécimo año, en el duodécimo(d) mes, el quinto del mes de nuestra cautividad, que vino a mí el salvado de Jerusalén, diciendo: «Capturada está la ciudad.» Y fue hecha sobre mí la mano del Señor, a la tarde, antes de venir aquél, y abrió mi boca hasta que vino a mí, a la mañana; y abierta mi boca, no se contuvo ya. Y fue hecha palabra del Señor a mí diciendo: «Hijo de hombre, los que habitan las yermadas(e) sobre la tierra de Israel, dicen: «Uno era Abrahán, y poseyó la tierra; y nosotros muchos somos, a nosotros está dada la tierra en posesión.» Por esto diles: [«Así dijo el Señor Señor: «Con la sangre comeréis y vuestros ojos alzaréis a vuestros ídolos; y sangre derramaréis; ¿y la tierra poseeréis?» Os apoyasteis en vuestra espada; hicisteis abominación, y varón a la mujer de su prójimo manchasteis, y ¿la tierra poseeréis?] Esto dice el Señor Señor: «¡Vivo yo! si acaso los en las desiertas en cuchillas no caerán, y los sobre la faz del campo, a las bestias del ogro serán dados en devoración; y los en las muradas y los en las cavernas con muerte mataré. Y daré la tierra desierta y perecerá la altanería de la fuerza de ella; y yermados serán los montes de Israel, por no haber quien transite. Y conocerán que yo soy el Señor. Y haré en tierra yerma, y yermada será por todas sus abominaciones que han hecho. Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo, que hablan de ti junto a los muros y en las puertas de las casas; y hablan hombre a su hermano, diciendo: «Reunámonos y oigamos lo que sale del Señor.» Vienen a ti, como se junta el pueblo, y siéntanse delante de ti, y oyen tus palabras y no las harán, no; pues mentira en su boca y, en pos de contaminaciones, su corazón. Y eres para ellos, como voz de salterio dulcísono, bien templado, y oirán tus palabras, y no las harán, no. Y, cuando viniere(f), dirán: «He aquí llega» y conocerán que un profeta había en medio de ellos». Los malos pastores son juzgados ellos y su grey. Es anunciado el buen pastor. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, profetiza sobre los pastores de Israel; profetiza y di a los pastores: «Esto dice el Señor Señor: «¡Oh pastores de Israel! ¿Acaso se apacientan los pastores a sí mismos? A las ovejas ¿no apacientan los pastores? He aquí la leche os coméis, y con las lanas os cubrís, y lo gordo degolláis; y mis ovejas no apacentáis. Lo flaco no fortalecisteis, y lo enfermo no alimentasteis, y lo quebrantado no vendasteis, y lo errante no volvisteis, y lo perecido no buscasteis; y lo fuerte agobiasteis de trabajo. Y han sido dispersadas mis ovejas, por no haber pastores; y han sido hechas en presa a todas las bestias del campo. Y han sido dispersadas mis ovejas en todo monte y en toda colina alta; y sobre la haz de la tierra han sido dispersadas, y no había quien buscara ni quien volviera.» Por esto, pastores, oíd la palabra del Señor: «¡Vivo yo! dice el Señor Señor, si acaso por ser hechas mis ovejas en presa, y ser hechas mis ovejas en devoración a todas las bestias del campo, por no haber pastores; y no buscaron los pastores mis ovejas; y se apacentaron los pastores a sí mismos y mis ovejas no apacentaron»; por esto, pastores, esto dice el Señor Señor: «He aquí yo, sobre los pastores, y pediré mis ovejas de sus manos; y les separaré para que no pastoreen mis ovejas; y no las apacentarán ya los pastores; y libraré mis ovejas de su boca; y no les serán ya en devoración.» Por cuanto esto dice el Señor: «He aquí yo buscaré mis ovejas; y las visitaré. Así como busca el pastor su grey en día cuando hubiere tinieblas y nube en medio de ovejas separadas; así buscaré mis ovejas, y las sacaré de todo lugar a donde fueron dispersadas, allí, en día de nube y tinieblas. Y los sacaré fuera de las gentes, y los congregaré de las regiones; y los introduciré en su tierra; y los apacentaré sobre los montes de Israel y en los valles y en toda habitación de la tierra; en dehesa buena apacentaréles en el monte el excelso de Israel. Y estarán los rediles de ellos allí; y dormirán; y allí reposarán en delicias buenas; y en dehesa pingüe serán apacentados sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas y yo las reposaré; y conocerán que yo soy el Señor.» Esto dice el Señor Señor: «Lo perdido buscaré; y lo errante volveré; y lo quebrantado vendaré; y lo desfallecido fortaleceré; y lo fuerte guardaré, y las apacentaré con juicio.» Y a vosotras, ovejas, esto dice el Señor Señor: «He aquí yo discerniré entre oveja y oveja, carneros y cabrones. Y ¿no os bastaba que la hermosa dehesa pacíais, que los residuos de vuestra dehesa hollabais, con vuestros pies; y la recogida agua bebíais, y el residuo con vuestros pies revolvíais? ¿Y mis ovejas las holladuras de vuestros pies pacían? ¿Y la revuelta agua por vuestros pies bebían?» Por esto, esto dice el Señor Señor: «He aquí yo discerniré entre oveja fuerte y entre oveja enferma. Con vuestros costados y hombros empujabais, y con vuestros cuernos corneabais; y toda desfallecida atribulabais. Y salvaré mis ovejas y no serán, no, ya en presa; y juzgaré entre carnero contra carnero. Y suscitaré sobre ellos pastor uno, y les pastoreará a mi siervo David(a), y será su pastor; y yo, el Señor, seréles su Dios, y David, su príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, he hablado. Y pactaré a David, un pacto de paz; y aniquilaré bestias malas de la tierra, y habitarán(b) en el desierto, y dominarán en las sierras. Y los daré en contorno de mi monte; y os daré la lluvia, lluvia de bendición. Y los leños del campo darán su fruto; y la tierra dará su fuerza, y habitarán en su tierra en esperanza de paz; y sabrán que yo soy el Señor, cuando quebrantare yo el yugo de ellos y los librare de mano de los que los esclavizan. Y no serán ya en botín a las gentes; y las bestias de la tierra ya no los comerán. Y habitarán en esperanza, y no habrá quien los aterre. Y les suscitaré plantación de paz, y ya no estarán pereciendo de hambre sobre la tierra; y oprobio de gentes no sobrellevarán, no, ya. Y conocerán que yo soy el Señor, el Dios suyo; y ellos, pueblo mío. Casa de Israel, dice el Señor Señor, ovejas mías y ovejas de mi rebaño sois; y yo el Señor, el Dios vuestro», dice el Señor Señor. Contra Edom Y fue hecha palabra del Señor a mí diciendo: «Hijo de hombre vuelve tu rostro sobre el monte Seír, y profetiza a él, y dile: «Esto dice el Señor Señor: «He aquí yo sobre ti, monte Seír, y extenderé mi mano sobre ti, y te daré en yermo y serás yermado; y en tus ciudades yermación haré; y tú, yermo serás; y conocerás que yo soy el Señor; por haber sido, tú, enemiga eterna y haber asediado a la casa de Israel, con dolo, en mano de enemigos, con cuchilla, en tiempo de injusticia, al extremo; por esto, ¡vivo yo!, dice el Señor; si ya contra sangre(a) pecaste, también sangre te perseguirá. Y daré el monte de Seír en yermo y yermado, y perderé, de él, hombres y bestias; y llenaré de heridos tus collados y valles; y, en todos tus campos, heridos a cuchilla caerán en ti. Yermo eterno te pondré; y tus ciudades no serán habitadas, no, ya; y conocerás que yo soy el Señor. Por decir tú: «Las dos gentes y las dos regiones mías serán; y las heredaré,(b) y el Señor allí está.» Por esto ¡vivo yo!, dice el Señor, también te haré según tu enemistad; y te seré conocido, cuando te juzgare yo; y conocerás que yo soy el Señor. He oído la voz de tus blasfemias, pues dijiste: «Los montes de Israel son yermos: a nosotros han sido dados en devoración»; y te jactaste sobre mí, con tu boca; yo oí.» Esto dice el Señor: «En la alegría de toda la tierra, páramo te haré, páramo serás, monte de Seír, y toda la Idumea, también consumida será; conoceréis que yo soy el Señor, el Dios de ellos.» Dios, por su gloria, restituirá a Israel «Y tú, hijo de hombre, profetiza acerca de los montes de Israel; y di a los montes de Israel: «Oíd palabra del Señor: Esto dice el Señor Señor: «Por cuanto ha dicho el enemigo sobre vosotros: «¡Bien! páramos sempiternos, en posesión para nosotros han sido hechos»; por esto profetiza y di: «Esto dice el Señor Señor: «Por cuanto habéis sido envilecidos vosotros y aborrecidos vosotros por los de en torno de vosotros; para ser vosotros dados en posesión a los residuos de las gentes, y habéis subido fábula a la lengua y a oprobio a las gentes»; por esto, montes de Israel, oíd la palabra del Señor: «Esto dice el Señor a los montes, y a los collados, y los valles, y los torrentes y los yermados y desaparecidos; y a las ciudades, las abandonadas; y fueron hechas en botín y en holladura a las dejadas gentes en contorno, por esto, esto dice el Señor Señor: «¡Si ya en fuego de mi furor he hablado sobre las demás gentes, sobre la Idumea toda; pues se han dado mi tierra en posesión con alegría, vilipendios de almas para aniquilar en botín!... Por esto, profetiza sobre la tierra de Israel, y di a los montes, y los collados, y los valles y las hondonadas: Esto dice el Señor: «He aquí yo en mi celo y en mi furor he hablado, por haber los oprobios de las gentes soportado vosotros. Por esto, yo levantaré mi mano sobre las gentes en vuestro contorno; ésos su deshonra llevarán; pero de vosotros, montes de Israel, la uva(a) y el fruto vuestro se comerá mi pueblo, pues esperan que venga(b). Porque he aquí yo por vosotros, y miraré por vosotros, y labrados seréis y sembrados; y multiplicaré sobre vos a hombres y bestias, toda casa de Israel, hasta el fin(c); y serán edificadas las ciudades, y la yerma edificada. Y multiplicaré sobre vos hombres y bestias, y os estableceré, como en vuestro principio; y bien os haré, tal como lo anterior vuestro; y conoceréis que yo soy el Señor. Y generaré sobre vos hombres: al pueblo mío de Israel; y os heredarán, y les seréis en posesión; y no volveréis, no, ya a ser deshijados por ellos.» Esto dice el Señor Señor: «Por cuanto te dijeron: «Devoradora de hombres eres, y deshijada(d) por tu gente has sido»; por esto, hombres ya no comerás; y tu gente no deshijarás ya, dice el Señor Señor. Y no se oirá ya sobre vos vilipendio de gentes; e improperios de pueblos no sobrellevaréis, no, ya, dice el Señor Señor.» Y fue hecha palabra del Señor a mí diciendo: «Hijo de hombre, la casa de Israel habitó sobre su tierra; y la mancillaron en su camino, y en sus ídolos, y en sus inmundicias, y, según la inmundicia de la menstruosa hízose el camino de ellos ante mi faz; y derramaré mi furor sobre ellos; [por la sangre que derramaron sobre la tierra; y en sus ídolos la mancillaron](e) y los dispersé por las gentes, y aventélos por las regiones, según su camino y según su pecado les juzgué. Y entraron a las gentes adonde entraron, allí, y profanaron mi nombre el Santo, al decírseles: «Pueblo del Señor, éstos, y de su tierra han salido.» Y perdonéles por mi nombre el Santo que profanaron la casa de Israel en las gentes donde entraron, allí.» Por esto, di a la casa de Israel: «Esto dice el Señor: «No por vos yo(f) hago, casa de Israel, sino por mi nombre, el Santo, que profanasteis, allí. Y santificaré mi nombre el grande, el profanado en las gentes; el que profanasteis en medio de ellas; y conocerán las gentes que yo soy el Señor, al santificarme en vos a ojos de ellas. Y os tomaré, de entre las gentes; y os juntaré, de todas las tierras, y os introduciré en vuestra tierra. Y rociaré sobre vos pura agua y depurados seréis de todas vuestras impurezas y de todos vuestros ídolos; y os depuraré; y os daré corazón nuevo, y espíritu nuevo daré en vos; y quitaré el corazón el lapídeo de vuestra carne; y os daré corazón cárneo. Y mi espíritu daré en vos, y haré que en mis justificaciones andéis, y mis juicios guardéis y hagáis. Y habitaréis sobre la tierra que di a vuestros padres; y me seréis mi pueblo, y yo os seré vuestro Dios. Y os salvaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré el trigo, y lo multiplicaré, y no daré sobre vos hambre; y multiplicaré el fruto del leño, y los gérmenes del campo; para que no llevéis oprobio de hambre en las gentes. Y rememoraréis vuestras vías las malas y vuestros propósitos los no buenos y os encolerizaréis a faz de ellos en vuestras iniquidades y por las abominaciones de ellos(g). No por vos yo hago, dice el Señor Señor; conocido os es. Avergonzaos y confundíos por vuestras vías, casa de Israel.» Esto dice Adonaí, el Señor: «El día que os purificaré de todas vuestras iniquidades, y habitaré las ciudades, y se edificarán los páramos; y la tierra aniquilada se labrará; por cuanto que aniquilada fue hecha a ojos de todo transeúnte; y dirán: «Esa tierra aniquilada ha sido hecha como huerto de delicias; y las ciudades las desiertas y aniquiladas y socavadas; fortificadas se han asentado.» Y conocerán las gentes, cuantas hubieren quedado en contorno vuestro, que yo el Señor he edificado las arrasadas, y plantado las aniquiladas; yo, el Señor, he hablado, y así lo haré.» Esto dice Adonaí, el Señor: «Todavía esto me ha de buscar(h) la casa de Israel que yo les haga: los multiplicaré, como ovejas, a los hombres; como ovejas sacras, como ovejas de Jerusalén(i) en las fiestas de ella. Así serán las ciudades las desiertas, llenas de ovejas de hombres; y conocerán que yo soy el Señor.» Resurrección de los muertos. Reunión de Judá con Israel. Y fue hecha sobre mí la mano del Señor, y sacóme en espíritu el Señor, y me puso en medio del campo; y éste estaba lleno de huesos humanos; y condújome por entre ellos de contorno en contorno; y he aquí muchos sobremanera sobre el haz de la llanura, secos sobremanera. Y me dijo: «Hijo de hombre ¿si vivirán estos huesos?» Y dije: «Señor; tú sabes esto.» Y díjome: «Profetiza sobre estos huesos y les dirás: «Los huesos, los secos, oíd palabra del Señor»: «Esto dice el Señor a estos huesos: «He aquí yo traigo sobre vosotros espíritu de vida; y daré sobre vosotros nervios y subiré sobre vosotros carnes; y extenderé sobre vosotros piel, y daré mi espíritu sobre vosotros y viviréis; y conoceréis que yo soy el Señor.» Y profeticé, según me mandó. Y aconteció, mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor, y acercáronse los huesos, entre sí a su juntura. Y vi, y he aquí sobre ellos nervios y carnes nacían; y subían entre ellos pieles encima; y espíritu no había en ellos. Y díjome: «Profetiza sobre el espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: «Esto dice el Señor: «De los cuatro vientos ven y sopla sobre estos muertos, y vivan.» Y profeticé según que me mandó; y entró en ellos el espíritu, y vivieron y pusiéronse sobre sus pies, congregación mucha sobremanera. Y hablóme el Señor, diciendo: Hijo de hombre, estos huesos, toda la casa de Israel es; y ellos dicen: «Secos se han tornado nuestros huesos, ha perecido nuestra esperanza, hemos discordado(a)». Por esto profetiza y di: «Esto dice el Señor: «He aquí yo abro vuestras tumbas; y os sacaré de vuestras tumbas; y os introduciré en la tierra de Israel; y conoceréis que yo soy el Señor, cuando yo abriere vuestras tumbas, para sacar yo de las tumbas a mi pueblo y daré mi espíritu en vosotros y viviréis; y os pondré sobre vuestra tierra; y conoceréis que yo, el Señor, he hablado, y así lo haré», dice el Señor. Y fue hecha palabra de Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, tómate vara y escribe sobre ella: a Judá y los hijos de Israel los añadidos a él; y vara segunda te tomarás, y la escribirás: «Para José, vara de Efraín y todos los hijos de Israel los añadidos a él.» Y las juntarás entre sí, para ti, en vara una, para atarlas; y estarán en tu mano. Y será: cuando te dijeren los hijos de tu pueblo: «¿No nos indicas qué es esto para ti?» Y les dirás: Esto dice el Señor: «He aquí yo tomaré la tribu de José, la en mano de Efraín, y las tribus de Israel las unidas con él, los daré sobre la tribu de Judá y serán en vara una para la mano de Judá. Y serán las varas sobre las que tú has escrito, sobre ellas, en tu mano, a faz de ellos»; y les dirás: «Esto dice el Señor Señor: «He aquí yo tomo toda la casa de Israel de en medio de las gentes, donde han entrado, allí, y los congregaré de todos los en contorno de ellos; y los introduciré en la tierra de Israel; y los daré en gente, en la tierra mía, y en los montes de Israel; y príncipe uno será de ellos, y no serán ya en dos gentes; y no se separarán, no, ya en dos reinos; para que no se manchen ya en sus ídolos. Y los libraré de todas sus iniquidades en que pecaron en ellas; y los purificaré, y me serán mi pueblo; y yo el Señor les seré su Dios; y mi siervo David, príncipe en medio de ellos: será pastor uno de todos; pues en mis preceptos andarán, y mis juicios guardarán y los harán. Y habitarán sobre su tierra que yo he dado a mi siervo Jacob; donde habitaron, allí sus padres; y habitarán sobre ella, ellos. Y David, mi siervo, príncipe por el siglo; y pactaré con ellos pacto de paz; pacto sempiterno será con ellos; y pondré mi santuario en medio de ellos por el siglo; y estará mi tabernáculo en ellos; y seré, para ellos, su Dios; y ellos serán mi pueblo. Y conocerán las gentes que yo soy el Señor, el que los santifico; cuando estuviere mi santuario en medio de ellos por el siglo.» Profecía contra Gog y Magog. Final derrota de los enemigos de Dios, al fin de los tiempos. Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Hijo de hombre, fija tu faz sobre Gog(a) y la tierra del Magog, príncipe de Ros, Mosoc y Tubal; y profetiza sobre él y dile: Esto dice el Señor Señor: «He aquí yo, sobre el príncipe de Ros, Mosoc y Tubal; y juntaré a ti y todo tu ejército: caballos y cabalgadores, vestidos de lorigas todos, en congregación mucha escudos, y morriones y cuchillas. Persas y etíopes y libios, todos con morriones y escudos; Gómer y todos los en su contorno, la casa de Tergamá, del extremo septentrión, y todos los en su contorno, y gentes muchas contigo. Preparado está, prepárate, tú y toda tu congregación, los reunidos contigo; y me serás en vanguardia. Desde días muchos se preparará(b), y en el postrero de los años vendrá y llegará a la tierra la apartada de cuchilla, de reunidos, de gentes muchas, sobre la tierra de Israel; la que fue hecha desierta del todo; y éste(c) de las gentes ha salido; y habitarán en paz todos. Y ascenderás, como lluvia(d); y llegará, como nube, a cubrir la tierra, y estarás, tú y todos los en torno tuyo, y gentes muchas contigo.» Esto dice el Señor Señor: «Y será en aquel día: subirán palabras sobre tu corazón, y pensarás pensamientos malos, y dirás: «Subiré sobre tierra desechada; llegaré sobre reposantes en reposo y habitantes en paz, todos habitadores de tierra en que no hay muro ni cerrojos; y puertas no tienen; a depredación, a depredar y despojar despojos de ellos; a volver mi mano a la yermada, que ha sido habitada, y sobre gente recogida de gentes muchas; los que han hecho ganancias, habitando sobre el ombligo de la tierra.» Sabá y Dedán y mercaderes cartagineses, y todas las villas de ellos te dirán: «¿A depredación para depredar, tú vienes y a despojar despojos? ¿Has congregado tu congregación a coger plata y oro, a quitar ganancia, a despojar despojos?» Por esto profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: «¿No en aquel día, al habitar mi pueblo de Israel en paz, te levantarás? Y vendrás, de tu lugar, del extremo septentrión, y gentes muchas contigo: cabalgadores de caballos todos, congregación mucha y ejército mucho. Y ascenderás sobre mi pueblo de Israel, cual nube a cubrir la tierra; en los últimos de los días será, y te traeré sobre mi tierra; para que conozcan todas las gentes a mí, al santificarme yo en ti, a faz de ellas.» Esto dice el Señor Señor, a Gog: «Tú eres acerca de quien hablé antes de los días de antes, por mano de mis siervos, profetas de Israel, en aquellos días y años, de traerte sobre ellos. Y será en aquel día, en el día que viniere Gog sobre la tierra de Israel, dice el Señor Señor, que ascenderá mi furor y mi celo. En fuego de mi ira he hablado: ¡Si ya en aquel día habrá temblor grande sobre la tierra de Israel; y temblarán, a faz del Señor, los peces del mar, y los volátiles del cielo, y las bestias del campo, y todos los reptiles los que reptan sobre la tierra, y todos los hombres sobre la haz de la tierra; y se rasgarán los montes, y caerán los valles; y todo muro sobre la tierra caerá! Y llamaré sobre ello también todo espanto, dice el Señor(e); cuchilla de hombre(f) sobre su hermano será. Y juzgaréle con muerte, y sangre, y lluvia cataclismal y piedras de granizo; y fuego y azufre lloveré sobre él, y sobre todos los con él y sobre gentes muchas con él: Y seré magnificado, y santificado, y glorificado y conocido delante de gentes muchas; y conocerán que yo soy el Señor.» Continuación «Y tú, hijo de hombre, profetiza sobre Gog, y di: Esto dice el Señor: «He aquí yo, sobre ti, Gog, príncipe de Ros, Mosoc y Tubal; y te reuniré y te conduciré y te subiré de sobre el extremo del septentrión, y te ascenderé sobre los montes de Israel. Y perderé tu arco, de tu mano, la siniestra; y tus saetas, de tu mano, la diestra; y te arrojaré sobre los montes de Israel; y caerás tú y todos los en torno tuyo; y las gentes las contigo serán dadas a muchedumbre de aves; a todo volátil y a todas las bestias del campo te he dado a devorar. Sobre la faz del campo caerás; que yo he hablado, dice el Señor. Y enviaré fuego contra Gog; y serán habitadas las islas en paz(a); y conocerán que yo soy el Señor. Y mi nombre el santo conocido será en medio de mi pueblo de Israel; y no profanarán mi nombre el santo ya más, y conocerán las gentes que yo soy el Señor santo en Israel. He aquí viene(b) y sabrás que será, dice el Señor Señor: éste es el día en que he hablado, y saldrán los habitadores de las ciudades de Israel, y quemarán(c) en las armas: broqueles, y lanzas, y arcos, y flechas, y varas de manos y astas; y quemarán en ellos fuego siete años; y no cogerán leña del campo, y no cortarán, no, de las sierras, sino que las armas quemarán con fuego; y depredarán, a sus depredadores, y despojarán a sus despojadores, dice el Señor. Y será en aquel día que daré a Gog el lugar nombrado: monumento en Israel, el poliandrio(d) de los que vinieren al mar; y edificarán en contorno de la boca del valle; y enterrarán allí a Gog y toda su muchedumbre, y se llamará entonces: el Poliandrio de Gog. Y los enterrarán la casa de Israel; para que se purifique la tierra en septimestre; y los enterrarán todo el pueblo de la tierra y les será renombrado(e) el día que fuere glorificado(f), dice el Señor. Y varones a la continua segregarán que recorran la tierra, para sepultar a los residuos sobre la haz de la tierra; para purificarla después del septimestre; y rebuscarán. Y todo el que recorra la tierra y vea hueso de hombre, erigirá a par de él una señal, hasta que lo sepulten los sepultureros en Gaí, el Poliandrio de Gog. Pues también el nombre de la ciudad, Poliandrio, y será purificada la tierra.» Y tú, hijo de hombre, di: «Esto dice el Señor: «Di a toda ave volátil y a todas las bestias del campo: «Juntaos y venid, juntaos, de todos los en contorno, a mi víctima que os victimé; víctima grande sobre los montes de Israel; y comeréis carnes y beberéis sangre. Carnes de gigantes comeréis, y sangre de príncipes de la tierra beberéis, carneros y becerros y cabrones; y los becerros, cebados todos. Y comeréis grosura hasta la saciedad; y beberéis sangre hasta la embriaguez, de mi víctima que os victimé. Y os hartaréis, sobre mi mesa, de bridón, y cabalgador, y gigante y todo varón guerrero, dice el Señor. Y daré mi gloria en vosotros; y verán todas las gentes mi juicio que he hecho, y mi mano que traído he sobre ellos. Y conocerán la casa de Israel que yo soy el Señor, su Dios, desde ese día y en adelante. Y conocerán todas las gentes que, por sus pecados, fueron cautivados la casa de Israel; por cuanto prevaricaron contra mí; y aparté mi rostro de ellos, y los entregué en manos de sus enemigos; y cayeron todos a cuchilla. Según sus inmundicias y según sus iniquidades les hice, y aparté mi rostro de ellos.» Por esto, esto dice el Señor: «Ahora apartaré cautiverio en Jacob; y me apiadaré de la casa de Israel, y celaré, por mi nombre el santo. Y se llevarán(g) su ignominia y el agravio que agraviaron; al habitar ellos(h) sobre su tierra en paz; y no habrá quien aterre; cuando yo los volviere de las gentes y los congregare yo de las regiones de las gentes; y seré santificado en ellos, a faz de las gentes y conocerán que yo soy el Señor, su Dios; cuando yo les apareciere en las gentes. Y no apartaré ya más mi rostro de ellos; por cuanto derramé mi furor sobre la casa de Israel», dice el Señor Señor. El nuevo templo Y aconteció en el vigésimo quinto año de nuestra cautividad, en el primer mes, el diez del mes, en el décimo cuarto año, después de capturada la ciudad; en aquel día, fue hecha, sobre mí, la mano del Señor; y llevóme en visión de Dios, a la tierra de Israel, y púsome sobre monte alto sobremanera; y sobre él(a) una como edificación de ciudad enfrente. E introdújome allá; y he aquí un varón y la vista de él era una como vista de bronce fulgurante; y en su mano había cordel de edificadores y caña de medir; y él estaba en la puerta. Y me habló el varón: «¿Has visto, hijo de hombre? En tus ojos ve, y en tus orejas oye; y guarda en tu corazón todo cuanto te muestro; por esto: porque, a fin de que yo te muestre, has entrado aquí; y mostrarás todo cuanto tú vieres, a la casa de Israel.» Y he aquí un muro por fuera de la casa en circuito; y en la mano del varón; una caña: la medida de codos seis, en codo y de palmo(b); y midió el antemural anchura igual a la caña. Y entró por la puerta, la que miraba al oriente, en siete gradas; y midió el dintel de la puerta, igual a la caña; y la cámara, igual a la caña la longitud, e igual a la caña la anchura; y el dintel entre las cámaras, de codos seis; y la cámara, la segunda, igual a la caña la anchura, e igual a la caña la longitud; y el dintel de codos cinco; y la cámara, la tercera, igual a la caña, longitud, e igual a la caña, anchura; y el dintel del portal, junto al dintel de la puerta, de codos ocho; y los dinteles, de codos dos; y los dinteles de la puerta adentro; y las cámaras de la puerta de la cámara de enfrente; tres acá y tres acá; y medida en las tres: medida una para los dinteles acá y acá. Y midió la anchura de la puerta del portal; de codos diez; y la anchura del portal, de codos trece. Y un codo se estrechaba al frente de las cámaras de acá y de acá: y la cámara de codos seis de acá y de codos seis de acá. Y midió la puerta, desde el muro de la cámara hasta el muro de la cámara: anchura, codos veinticinco; esta puerta contra puerta. Y el atrio de la cámara de la puerta afuera: codos veinte de las cámaras de la puerta en circuito. Y el atrio de la puerta de fuera al dintel de la puerta de dentro: de codos cincuenta. Y ventanas ocultas, sobre la cámara, y sobre los dinteles de dentro de la puerta del atrio en contorno; e igualmente a los dinteles, ventanas(c) en contorno por dentro; y sobre el dintel, palmas, de acá y de acá. Y me introdujo en el atrio interior; y he aquí pastoforios y peristilos(d) del atrio en derredor: treinta pastoforios, en los peristilos; y las columnas a espalda de las puertas; según la longitud de las puertas, el peristilo el inferior. Y midió la anchura del aula, desde el atrio de la puerta al exterior, hacia adentro, bajo el atrio de la puerta la que mira hacia afuera: codos ciento de la que mira al oriente. Y me condujo al aquilón; y he aquí una puerta mirando al aquilón en el aula, la exterior; y la midió así la longitud de ella como la anchura; y las cámaras tres de acá y tres de acá; y los dinteles; y las pilastras y las palmas de ella. Y fue hecha según las medidas de la puerta la que mira al oriente: de codos cincuenta la longitud de ella, y de codos veinticinco la anchura de ella. Y las ventanas de ella, y las pilastras y las palmas de ella, según la puerta la que mira al aquilón, y en siete gradas ascendían a él; y las pilastras por dentro. Y puerta, en el aula interior, mirando a la puerta del aquilón, al modo de la puerta la que mira a oriente; y midió el aula, de puerta a puerta: codos ciento. Y llevóme al austro; y he aquí puerta mirando al austro; y la midió, y las cámaras, y los dinteles y las pilastras, según estas medidas. Y las ventanas de ella y las pilastras a la redonda, así como las ventanas del dintel: de codos cincuenta, la longitud de ella, y de codos veinticinco, la anchura de ella; y siete gradas en ella; y pilastras por dentro, y palmas, en ella, una de acá y una de acá sobre los dinteles. Y puerta enfrente de la puerta del aula, la interior, al austro; y midió el aula, de puerta a puerta: codos ciento, la anchura al austro. Y me introdujo en el aula interior de la puerta al austro, y midió la puerta según estas medidas, y las cámaras y los dinteles y las pilastras, según estas medidas; y ventanas, en ella y las pilastras a la redonda: codos cincuenta la longitud de ella, y la anchura, codos veinticinco [y pilastras a la redonda, longitud de veinticinco codos, y anchura de cinco codos](e) del dintel a la puerta, la exterior; y palmas en el dintel y ocho gradas. E introdújome a la puerta(f) la que mira al oriente y la midió, según estas medidas; y las cámaras, y los dinteles y las pilastras, según estas medidas; y ventanas en ella, y pilastras a la redonda: codos cincuenta, longitud de ella, y anchura de ella, codos veinticinco. Y pilastras, hacia el aula, la interior, y palmas sobre el dintel de acá y de acá; y ocho gradas en ella. Y me introdujo a la puerta la al aquilón y midió, según estas medidas, y las cámaras, y los dinteles y las pilastras; y ventanas, en ella a la redonda, y en la pilastras de ella: codos cincuenta longitud de ella, y anchura, codos veinticinco; y las pilastras hacia el aula, la exterior; y palmas en el dintel de acá y de acá; y ocho gradas en ella. Sus pastoforios, y sus pórticos y sus pilastras, sobre la puerta, la segunda, un acueducto (allí lavarán el holocausto); y en el vestíbulo del pórtico, dos mesas, de acá, y dos mesas de acá, de oro(g) para que degüellen en ella el sacrificio por el pecado y por la ignorancia. Y a espaldas del arroyuelo de los holocaustos de la(h) que mira a aquilón, dos mesas hacia oriente, a espaldas de la segunda(i); y del dintel de la puerta, dos mesas a oriente; cuatro de acá y cuatro de acá, a espalda de la puerta; sobre ellas degüellan las víctimas. Enfrente de las ocho mesas de las víctimas, también cuatro mesas de los holocaustos, lapídeas, pulidas; de codo y medio, la anchura; y de codos dos y medio, la longitud, y sobre codo, la altura; sobre ello impondrán los vasos en que degüellan, allí, los holocaustos y las víctimas. Y de un palmo tendrán borde pulido por dentro en contorno; y sobre las mesas, arriba techumbres, para guarecerse de la lluvia y de la sequía. E introdújome en el aula interior, y he aquí dos cónclaves en el aula, la interior: uno a espaldas de la puerta la que mira a aquilón, y uno a espaldas de la puerta la del austro, que mira a aquilón; y díjome: «Este cónclave que mira al austro, es para los sacerdotes que guardan la guarda de la casa; y el cónclave, el que mira al aquilón, es para los sacerdotes que guardan la guarda del altar. Aquéllos con los hijos de Sadoc(j), que se allegan, de Leví, al Señor, a ministrarle. Y midió el aula: longitud de codos ciento; y anchura, codos ciento, por las cuatro partes de ella; y el altar enfrente de la casa.» Y me introdujo en el dintel(k) de la casa; y midió el dintel del vestíbulo: de codos cinco la anchura, de acá, y de codos cinco, de acá; y el ancho de la portada: de codos catorce;: y las bóvedas de la puerta del dintel de codos tres, de acá, y de codos tres de acá; y la longitud del dintel: de codos veinte, y la anchura de codos doce; y sobre diez gradas ascendían a él; y columnas había en el dintel: una de acá y una de acá. El santo y el santo de los santos; y edificios contiguos al templo. E introdújome en el templo, al que midió el dintel: de codos seis el ancho, de acá, y de codos seis, la anchura del dintel, de acá; y el ancho de la portada, de codos ocho, y las bóvedas de la portada, de codos cinco, de acá, y de codos cinco, de acá. Y midió su longitud: de codos cuarenta; y su ancho de codos veinte. Y entró en el aula interior, y midió el dintel del pórtico: de codos dos; y el pórtico, de codos seis, y las bóvedas del pórtico, de codos siete, de acá, y de codos siete, de acá. Y midió la longitud de las puertas: de codos cuarenta, y el ancho de codos veinte al frente del templo. Y dijo: «Este es el santo de los santos.» Y midió el muro de la casa: de codos seis, y el ancho del costado: de codos cuatro a la redonda; y los costados(a), costado a costado, treinta y tres, dos veces(b) y separación, en el muro de la casa, en los costados a la redonda; que fuese para los que intentaren ver; a fin de que, en modo alguno, tocaran los muros de la casa. Y el ancho del superior de los costados, según la añadidura de entre el muro, hacia el superior, en contorno de la casa; para que se dilate desde arriba, y desde los inferiores asciendan a lo superior, y de los aleros, a los tres pisos; y el aspecto de la casa; altura en contorno, intervalo de los costados igual a la caña de codos seis. Intervalos y ancho del muro del costado por fuera: de codos cinco; y lo demás, lo en medio de los costados de la casa y en medio de los cónclaves: ancho de codos veinte, el circuito de la casa en contorno. Y las puertas de los cónclaves, a lo dejado(c) de la puerta, la una, hacia aquilón; y la puerta una, al austro; y el ancho de la luz la dejada: de codos cinco, la anchura a la redonda. Y lo que está en claro, al frente de lo dejado, como hacia el mar: de codos setenta; anchura del muro el divisorio: de codos cinco; ancho en contorno y longitud de él: de codos noventa. Y midió, enfrente de la casa, longitud de codos ciento, y el ancho, por el frente de la casa y lo dejado enfrente: de codos ciento. Y midió la longitud de lo divisorio por el frente de lo dejado lo detrás de aquella casa, y lo dejado de acá y de acá: de codos ciento la longitud. Y el templo, y los ángulos y el dintel exterior enmaderados. Y las ventanas arredadas, claraboyas en contorno para los tres(d), para asomarse. Y la casa y lo contiguo, enmaderado a la redonda; y el pavimento, y, desde el pavimento hasta las ventanas; y las ventanas se abrían triplemente, para asomarse; y hasta cerca de la interior(e) y hasta la exterior. Y por todo el muro en circuito, en lo dentro y en lo de fuera, esculpidos, querubines, y palma en medio de querub y en medio de querub. De dos rostros, el querub: rostro de hombre hacia la palma de acá y de acá; y rostro de león hacia la palma, de acá y de acá —esculpida la casa en contorno—. Desde el pavimento hasta el enmaderamiento, los querubines y las palmas esculpidos. Y el santo y el templo, abriéndose cuadrangulares; por frente del santuario, aspecto como vista de altar lígneo: de codos tres, su altura; y la longitud, de codos dos, y el ancho, de codos dos. Y cuernos tenía y su basa y sus paredes, lígneos. Y díjome: «Esta, es la mesa, ante el rostro del Señor.» Y dos puertas, en el templo; y dos puertas en el santo; con las dos hojas, las tomadizas; dos hojas, en la una, y dos hojas en la puerta, la segunda. Y escultura sobre ellas, y sobre las puertas del templo, querubines; y palma por sobre la escultura del santo; y excelentes maderas por sobre el frente del dintel, por fuera; y ventanas ocultas. Y midió de acá y de acá, hacia la bóveda del dintel, y los costados de la casa simétricos. Descripción de algunos edificios contiguos al templo E introdújome en el aula interior, a oriente, enfrente de la puerta hacia el aquilón; e introdújome, y he aquí: cónclaves cinco contiguos a lo demás(a), y contiguos al divisorio, a aquilón: como codos ciento, longitud a aquilón, y la anchura, cincuenta, cinceladas al modo que las puertas del aula interior, y al modo que los peristilos del aula, la exterior, ordenadas enfrentadas columnatas triples(b). Y enfrente de los cónclaves, un pasillo; de codos diez el ancho; como codos ciento, la longitud; y las puertas de ellos, a aquilón; y los pasillos los superiores, lo mismo. Pues sobresalía el peristilo desde él, desde inferior peristilo, y el espacio(c); así los peristilos y el espacio; y así columnatas dos; por esto: porque triples eran y columnas no tenían como las columnas de las exteriores(d). Por esto sobresalían de las inferiores y las medias, desde la tierra. Y luz de afuera, al modo que los cónclaves del aula exterior, los que miran al frente de los cónclaves los al aquilón: longitud de codos cincuenta. Porque la longitud de los cónclaves, los que miran al aula exterior; era de codos cincuenta; y éstos son los enfrentados con éstos, el todo de codos ciento. Y las puertas de estos cónclaves de la entrada a oriente, para entrar por ellas, desde el aula exterior, según la luz a la cabeza del pasillo(e); y lo al austro, en frente del austro, al frente de lo demás(f), y al frente de lo divisorio. Y los cónclaves y el pasillo enfrente de ellos, según las medidas de los cónclaves los al aquilón, y según la longitud de ellos, y según el ancho de ellos, y según todas las salidas de ellos, y según todas las entradas de ellos, y según las luces de ellos, y según las puertas de ellos, de los cónclaves los al austro; y según las puertas de cabeza del pasillo, hasta la luz de espacio de una caña, y a oriente, para entrar por ellos. Y me dijo: «Los cónclaves los que a aquilón y los cónclaves los a austro; los que hay enfrente de los espacios, ésos son los cónclaves del santuario; en los que comerán allí, los sacerdotes, hijos de Sadoc, los que se acercan al Señor, lo santo de lo santo; y allí pondrán lo santo de lo santo, y la oblación, por pecado y por ignorancia; por esto: porque el lugar es santo. No entrarán allí sino los sacerdotes; no saldrán del santuario al aula exterior; para que de continuo santos sean, los que ofrecen; y no tocarán el vestuario de ellos, en los que ministran, en ellos; por esto: porque cosas santas son. Y se pondrán vestiduras otras, cuando tocaren(g) al pueblo.» Y se terminó la medida de la casa interior.Y me condujo camino de la puerta la que mira a oriente; y midió la muestra de la casa, en contorno, en orden. Y paróse a espaldas de la puerta la que mira a oriente, y midió quinientos, en la caña de la medida. Y se volvió a aquilón y midió lo enfrente del aquilón: codos quinientos, en la caña de la medida. Y se volvió hacia el mar, y midió lo enfrente del mar: quinientos en la caña de la medida. Y se volvió al austro, y midió enfrente del austro: quinientos en la caña de la medida: (42:19) las cuatro partes de la misma caña. Y la dispuso(h), y el muro de ellos en circuito: de quinientos, a oriente, y de quinientos codos, el ancho, para dividir en medio del santuario, y en medio del antemural, el en disposición de la casa. Gloria sempiterna del nuevo templo. Altar y dedicación. Y condújome a la puerta la que mira a oriente y me sacó fuera, y he aquí que la gloria del Dios de Israel venía por el camino a oriente, y la voz de los ejércitos(a), como voz de repetidores muchos; y la tierra esplendía, como fulgor, de la gloria en contorno. Y la visión era, según la visión que vi, cuando yo entraba a ungir(b) la ciudad; y la visión del carro que vi, según la visión que vi sobre el río Cobar; y caigo sobre mi rostro. Y la gloria del Señor entró en la casa por el camino de la puerta la que mira a oriente. Y cogióme un espíritu y me introdujo en el aula, la interior; y he aquí, llena de la gloria del Señor la casa. Y me detuve, y he aquí la voz de dentro de la casa hablándome; y el varón estaba junto a mí; y díjome: «Has visto, hijo de hombre, el lugar de mi trono y el lugar de la huella de mis pies, en los que se empabellonará mi nombre en medio de la casa de Israel por el siglo; y no profanarán ya la casa de Israel más mi nombre, el Santo, ellos y los príncipes de ellos, en la prostitución de ellos y en los homicidios de los príncipes en medio de ellos; al poner mi dintel en los dinteles de ellos y mis postes contiguos a los postes de ellos(c); y dieron mi pared como conexa entre mí y ellos; y profanaron el nombre, el Santo mío, en sus iniquidades que hacían; y les quebranté en mi furor y en matanza. Y ahora lancen de sí su prostitución, y los homicidios de sus príncipes, de mí(d); y me empabellonaré en medio de ellos, por el siglo. Y tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel la casa; y cesarán en sus pecados; y la visión de ella y la disposición de ella; y ellos se llevarán(e) el castigo por todo lo que hicieron. Y describirás la casa, y sus salidas, y su disposición; y sus prescripciones, y sus leyes les manifestarás y describirás delante de ellos; y guardarán todas mis justificaciones y todos mis preceptos; y los harán. Y la descripción de la casa(f), sobre la cumbre del monte; todos los términos de él a la redonda(g), santos de santos.» Y éstas son las medidas del altar, en codo de codo y palmo; seno de hondura, como un codo; y un codo el ancho; y borde sobre el labio de él, en contorno, un palmo. Y ésta la altura del altar: desde la profundidad del comienzo del seno de él hasta el propiciatorio, esto grande(h) por debajo, de codos dos, y el ancho un codo. Y, desde el propiciatorio, el pequeño, hasta el propiciatorio, el grande, codos cuatro, y ancho, un codo. Y el ara misma; de codos cuatro, y desde el ara, y por encima de los cuernos, un codo. Y el ara de codos doce de largo; hasta codos doce cuadrangular, por sus cuatro costados. Y el propiciatorio de codos catorce el largo; hasta codos catorce el ancho, por sus cuatro costados; y su borde, en torno, circuyéndole(i), de medio codo; y el circuito de él, un codo en contorno; y sus gradas mirando a oriente. Y me dijo: «Hijo de hombre, esto dice el Señor, el Dios de Israel: «Estos, son los preceptos del altar en día de su hechura, para ofrecer sobre él holocaustos y derramar sobre él sangre. Y darás a los sacerdotes, los levitas de la simiente de Sadoc, a los que se acercan a mí, dice el Señor Dios, para que me ministren, un becerro, de bueyes, por pecado. Y tomarán de la sangre de él, y pondrán sobre los cuatro cuernos del altar, y sobre los cuatro ángulos del propiciatorio, y sobre la basa en torno y lo expiarán. Y tomarán el becerro, el por pecado, y quemarán en lo separado de la casa, fuera del santuario. Y el día el segundo tomarán cabrones dos, de cabras, inmaculados, por pecado. Y expiarán el altar, según que expiaron, en el becerro. Y después que hubieres consumado la expiación, ofrecerán becerro de bueyes, inmaculado, y carnero de ovejas, inmaculado; y ofreceréis delante del Señor; y esparcirán los sacerdotes sobre ellos sal, y los ofrendarán en holocaustos al Señor. Siete días harás cabrón por pecado, diariamente, y becerro de bueyes, y carnero de ovejas; inmaculados, harás siete días. Y expiarán el altar, y lo purificarán; y llenarán sus manos. Y será desde el día octavo y en adelante, harán los sacerdotes sobre el altar vuestros holocaustos y los de vuestra salud; y os acogeré», dice el Señor. Disposiciones particulares del nuevo templo. Su sacerdocio y ministerio. Y volvióme camino de la puerta del santuario, la exterior, la que mira al oriente; y ésa estaba cerrada. Y díjome el Señor: «Esa puerta cerrada estará; no se abrirá; y nadie pasará por ella, no; pues el Señor, el Dios de Israel, entrará por ella; y estará cerrada. Por esto: «Porque el príncipe, éste se sentará en ella a comer pan delante del Señor; por el camino del dintel de la puerta entrará, y por el camino de él saldrá.» E introdújome por el camino de la puerta a aquilón enfrente de la casa; y vi, he aquí llena de gloria la casa del Señor; y caigo sobre mí. Y díjome el Señor: «Hijo de hombre, pon en tu corazón, y ve con tus ojos, y con tus orejas oye todo cuanto yo hablo contigo, según todas las prescripciones de la casa del Señor, y según todas las leyes de ella; y pondrás tu corazón en la entrada de la casa, según todas las salidas de ella, en todo el santuario. Y dirás a la casa, la exacerbadora, a la casa de Israel: «Esto dice el Señor Dios: «Básteos con todas vuestras iniquidades, casa de Israel, de introducir hijos alienígenas, incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne, para estar en mi santuario; y lo profanaban al ofrecer vosotros panes, carnes y sangre; y transgredíais mi testamento, en todas vuestras iniquidades; (y no guardasteis la guardia de mi santuario)(a) y dispusisteis guardar guardias en mi santuario.» Por esto, esto dice el Señor Dios: «Todo hijo alienígena, incircunciso de corazón e incircunciso de carne, no entrará en mi santuario, en todos los hijos de alienígenas los que están en medio de la casa de Israel, empero los levitas, los cuales saltaron lejos de mí, al extraviarse Israel de mí, en pos de sus ídolos; también recibirán su injusticia, y serán en mi santuario, ministrando, porteros en las puertas de la casa, y ministrando a la casa, éstos degollarán los holocaustos y las hostias al pueblo; y éstos estarán delante del pueblo, para ministrarles. Por cuanto les ministraban a faz de los ídolos de ellos, y fue hecho, a la casa de Israel, en castigo de injusticia; por esto he alzado mi mano sobre ellos, dice el Señor Dios; y no se llegarán a mí a sacerdotar; ni, para ofrecer a las cosas santas de los hijos de Israel; ni al santo de mis santos; y se llevarán su deshonor en el error que erraron. Y los bajarán a guardar guardias de la casa en todas las labores de ella; y en todo cuanto hicieren. Los sacerdotes, los levitas, los hijos de Sadoc; los que guardaren las guardias de mi santuario, al extraviarse la casa de Israel, de mí; éstos se acercarán a mí, a ministrarme y estarán ante mi faz a ofrecerme hostia, grosura y sangre, dice el Señor Dios. Estos entrarán en mi santuario; y éstos se aproximarán a mi mesa a ministrarme; y guardarán mis guardias. Y será entrando ellos por las puertas del aula interior, que estolas líneas vestirán; y no vestirán lanas, ministrando, desde la puerta de la interior aula. Y vendas líneas tendrán sobre sus cabezas; y fajas líneas tendrán sobre sus lomos; y no se ceñirán con fuerza. Y, cuando salieren al aula, la exterior, al pueblo, se desvestirán sus estolas, en las que ellos ministran, en ellas; y pondránlas en los cónclaves del santuario; y se vestirán estolas otras, y no santificarán, no, al pueblo, en sus estolas. Y sus cabezas no raerán, y sus cabellos no cortarán; subiendo subirán sus cabezas. Y vino no beberán, no, todo sacerdote, cuando entraren en el aula, la interior. Y viuda y repudiada no se tomarán por mujer, sino virgen de la simiente de Israel; y viuda, si fuere de sacerdote, tomarán. Y a pueblo enseñarán entre sacro y profano; y entre puro e impuro les instruirán; y en juicio de sangre éstos estarán para juzgar; mis justificaciones justificarán; y mis juicios juzgarán; mis leyes y mis preceptos en todas mis fiestas guardarán; y mis sábados santificarán. Y sobre alma de hombre no entrarán a mancillarse; empero sobre padre y madre, y sobre hijo y sobre hija, y sobre hermano y sobre hermana suya, que no ha sido de(b) varón, se contaminará(c). Y, después de purificarse él mismo, siete días se contará; y el día que entraren al aula la interior a ministrar en el santo, ofrecerán expiación, dice el Señor Dios; y les será en heredad; yo, heredad de ellos; y posesión no se les dará entre los hijos de Israel; pues yo, soy su posesión. Y los sacrificios y lo por pecado y lo que por ignorancia, éstos cometerán; y toda separación en Israel para ellos será; primicias de todo y los primogénitos de todo, y las separaciones todas de todas las primicias vuestras para los sacerdotes serán; y lo primerizo vuestro daréis al sacerdote, para que ponga vuestras bendiciones sobre vuestras casas. Y todo lo mortecino y lo de fiera apresado, de entre los volátiles y de entre bestias, no comerán los sacerdotes. Reparto de la tierra. Pesos y medidas. Sacrificios del príncipe por el pueblo. Y cuando midiereis la tierra en heredad, separaréis primicia al Señor santa de la tierra: veinticinco millares(a), longitud, y anchura, veinte(b) millares; sagrado será en todos los límites de él en contorno. Y habrá de esto santificaciones: quinientos por quinientos, un cuadrado en contorno; y cincuenta codos distancia de ellos en contorno. Y de esta medida mediréis, longitud veinticinco millares y anchura veinte millares; y en ésta estará el santo de los santos. De la tierra habrá para los sacerdotes, los ministrantes en el santo; y habrá para los que se acercan a ministrar al Señor. Y habrá para ellos lugar, en casas separadas para su santificación; veinticinco millares, longitud; y anchura, veinte millares. Y para los levitas, los que ministran, a la casa, para ellos, en posesión, ciudades de habitar. Y la posesión de la ciudad darás: cinco millares de anchura; y de longitud, veinticinco millares; al modo que las primicias del santuario para toda la casa de Israel serán(c); y al príncipe, de acá y de allá(d); hacia las primicias del santuario, hacia la posesión de la ciudad, enfrente de las primicias del santuario y enfrente de la posesión de la ciudad: lo hacia la mar y desde lo hacia la mar a oriente; y la longitud como una de las partes desde las lindes las hacia la mar; y la anchura hacia las lindes a oriente de la tierra. Y será para él, en posesión, en Israel; y no oprimirán ya los príncipes de Israel a mi pueblo; y la tierra heredará la casa de Israel, según las tribus de ellos. Esto dice el Señor Dios: «Básteos, los príncipes de Israel; injusticia y vejación quitad; juicio y justicia haced; alzad la opresión de mi pueblo, dice el Señor Dios. Balanza justa y medida justa y bato(e) justo os sea de mensura, y el bato igualmente uno será para recibir, el décimo del gómor, un bato, y el décimo del gómor(f); con respecto al gómor será la igualdad. Y los pesos: veinte óbolos, cinco siclos; cinco y siclos(g), diez; y cincuenta siclos, la mina será para vosotros. Y éstas las primicias que separaréis: sexta medida de un gómor del trigo; y el sexto de él, del efi, de un coro de la cebada. Y lo preceptuado del aceite: una taza de aceite, de diez tazas, pues las diez tazas son un gómor. Y una oveja de ovejas, de doce(h), separación de todas las familias de Israel, en hostias, y en holocaustos y en salud, a fin de expiar por vosotros, dice el Señor Dios. Y todo pueblo dará estas primicias al príncipe de Israel; y, por medio del príncipe serán los holocaustos, y las hostias y las libaciones en las fiestas, y en las neomenias, y en los sábados y en todas las fiestas de la casa de Israel. El los hará por pecado, y la hostia, y los holocaustos y lo de la salud, para expiar por la casa de Israel. Esto dice el Señor Dios: «En el primer mes, a uno del mes, tomaréis un becerro, de bueyes, inmaculado, para expiar el santuario. Y tomará el sacerdote, de la sangre de la expiación, y dará sobre los umbrales de la casa y sobre los cuatro ángulos del santuario, y sobre el altar y sobre los umbrales de la puerta del aula interior. Y así harás en el mes el séptimo, a uno del mes, de cada cual(i) una porción, y expiaréis la casa. Y en el primero, el décimo cuarto del mes, será para vosotros la pascua fiesta; siete días ázimos comeréis. Y hará el príncipe, en aquel día, por sí, y la casa y todo el pueblo de la tierra, un becerro por pecado, y los siete días de la fiesta hará, holocaustos al Señor, siete becerros y siete carneros inmaculados, diariamente, los siete días; y por pecado, un cabrón de cabras, diariamente; y hostia, y cocción al becerro, y cocción al carnero harás; y de aceite un hin para la cocción. Y en el séptimo mes, el quince del mes, en la fiesta, harás según lo mismo, siete días, tal como por el pecado, y tal como los holocaustos, y tal como la hostia y tal como el aceite.» Sacrificios que ofrecerá el rey Esto dice el Señor Dios: «La puerta en el aula interior, la que mira a oriente; estará cerrada seis días, los de trabajo; en el día de los sábados ábrase; y en el día de la neomenia se abrirá. Y entrará el príncipe por el camino del dintel de la puerta interior, y estará sobre el vestíbulo de la puerta; y harán los sacerdotes los holocaustos de él y los de la salud de él. Y adorará sobre el vestíbulo de la puerta, y saldrá, y la puerta no se cerrará, no, hasta la tarde; y adorará el pueblo de la tierra junto al vestíbulo de aquella puerta, y en los sábados, y en las neomenias delante del Señor. Y los holocaustos ofrecerá el príncipe al Señor, en el día de los sábados: seis corderos inmaculados y un carnero inmaculado. Y oblación, cocción(a) al carnero; y a los corderos, hostia, don de su mano(b); y aceite el hin para la cocción. Y en el día de la neomenia, un becerro inmaculado y seis corderos; y el carnero inmaculado será; y la cocción al carnero y la cocción al becerro, será oblación; y a los corderos, según que alcanzare su mano, y de aceite el hin para cocción. Y, al entrar el príncipe, por la vía del dintel de la puerta entrará, y por la vía de la puerta saldrá. Y, cuando entrare el pueblo de la tierra delante del Señor en las fiestas, el que entra por la vía de la puerta, la que mira a septentrión, a adorar; saldrá por la vía de la puerta la al noto; y el que entra por la vía de la puerta la al noto, saldrá por la vía de la puerta a septentrión; no tornará por la puerta en que ha entrado, sino que por lo recto de ella saldrá. Y el príncipe, en medio de ellos, al entrar ellos, entrará con ellos; y, al salir ellos, saldrá. Y en las fiestas y en las solemnidades será la oblación la cocción al becerro, y la cocción al carnero, y a los corderos, según que alcanzare su mano; y de aceite el hin para la cocción. Y si hiciere el príncipe confesión: un holocausto de salud al Señor, y se abrirá a sí mismo la puerta, la que mira a oriente, y hará su holocausto y lo de la salud de él; del modo que hace en el día de los sábados; y saldrá y cerrará las puertas, después de salir. Y cordero añal inmaculado hará en holocausto, diariamente, al Señor; al alba lo hará. Y oblación hará sobre él, al alba: un sexto de la medida; y de aceite un tercio del hin, para mezclar la harina flor, oblación al Señor: precepto perpetuo. Haréis el cordero, y la oblación y el aceite haréis, al alba: holocausto perpetuo.» Esto dice el Señor Dios: «Si diere el príncipe dádiva a uno de sus hijos, de la heredad de él, será posesión en heredad. Y si diere dádiva a uno de sus niños(c), será suya hasta el año del jubileo, y la devolverá al príncipe; empero(d), de la heredad de sus hijos, de ellos será. Y no tomará el príncipe, no, de la heredad del pueblo, oprimiéndolos; de su posesión heredará a sus hijos, para que no se disperse mi pueblo, cada uno de su posesión.» Y me introdujo en la entrada de la al noto puerta, en el cónclave del santuario, de los sacerdotes, el que mira a septentrión; y he aquí un sitio separado. Y díjome: «Este el sitio es donde cocerán los sacerdotes lo sacrificado por ignorancia y por pecado; y allí cocerán la oblación del todo, para que no saquen al aula exterior, para(e) santificar al pueblo.» Y me condujo al aula exterior, y me condujo en torno por las cuatro partes del aula; y he aquí un aula a los lados del aula; al lado, un aula, un aula sobre los cuatro, y del aula, un aula pequeña, de longitud de codos cuarenta, y latitud de codos treinta; medida una para las cuatro. Y cónclaves, en circuito, en ellas, en circuito a las cuatro; y cocinas, hechas por debajo de los cónclaves en circuito. Y díjome: «Estas son las casas de los cocineros, donde cocerán, allí, los ministros de la casa las víctimas del pueblo.» El agua sagrada. Feracidad y límites de la tierra santa. E introdújome al vestíbulo de la casa y he aquí que agua salía de debajo del atrio, a oriente; pues la fachada de la casa miraba a oriente; y el agua descendía del lado el diestro, del austro, al altar. Y me condujo por el camino de la puerta del septentrión, y me condujo en torno, camino de fuera, a la puerta del aula, la que mira al oriente; y he aquí el agua bajaba, del lado diestro, según la salida de un varón de enfrente; y medida de su mano, y midió mil en la medida, y atravesó(a), en el agua, agua de soltura(b), y midió mil; y atravesó, en el agua, agua hasta los muslos, y midió mil; y atravesó agua hasta el lomo, y midió mil, y no podía atravesar, pues se ensoberbecía(c); cual de torrente que no pasarán. Y me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?» Y me llevó y me volvió sobre el labio del río, en mi vuelta. Y he aquí sobre el labio del río, árboles muchos sobremanera, de acá y de acá. Y díjome: «Esta agua, la que sale a la Galilea(d), a oriente; y descendía a la Arabia(e), e iba hasta el mar, al agua de la salida(f); y sanará las aguas. Y será: toda alma de los vivientes los que bullen, a todos los que llegare allí el río, vivirá; y habrá allí pez mucho sobremanera, pues ha venido allí esta agua; y sanará y vivirá todo a lo que viniere el río, allí; vivirá. Y estarán allí pescadores, desde Engadi hasta Engalim(g). Secamiento de redes habrá, por sí misma(h) será; y los peces de ella como los peces del piélago el grande, muchedumbre mucha sobremanera. Y en la salida de él, y en la vuelta de él, y en el desbordamiento de él, no sanarán, no; en sales han sido dadas(i). Y sobre el río ascenderá; sobre su labio de acá y de acá, todo leño comestible, no envejecerá, no, en él(j), ni desfallecerá, no, su fruto; de su novedad brotará de nuevo(k); porque sus aguas, del santuario, éstas salen; y será su fruto en alimento, y su brote(l) en sanidad.» Esto dice el Señor Dios: «Estas lindes heredaréis de la tierra: para las doce tribus de los hijos de Israel, asignación de medida(m). Y la heredaréis cada uno así como su hermano, sobre la cual he alzado mi mano, para darla a sus padres; y caerá esta tierra a vos en herencia. Y éstas son las lindes de la tierra la del norte: desde la mar grande, la descendente y en torno dividente, a Hetalón, Sedadá, Emat, Berotá, Sabarim, en medio de los confines de Damasco y en medio de los confines de Emat, «aula de Ticón»; las que están encima de los confines de Aurán. Estas son las lindes desde la mar, desde el «aula de Enon», lindes de Damasco; y las al norte. Y las al este, en medio de Aurán y en medio de Damasco y en medio de Galaad, y en medio de la tierra de Israel; el Jordán delimita sobre la mar la al este del Palinar, éstas las del este. Y las al sur y ábrego, desde Temán, y el Palinar, hasta el Agua de contradicción de Cadés; extendiéndose sobre la Mar grande. Esta es la parte sur y ábrego; ésta la parte de la Mar la grande que delimita, hasta enfrente de la entrada de Emat hasta la entrada de él; éstas son las hacia la Mar de Emat. Y repartiréis la tierra a ellos: las tribus de Israel. La echaréis en suerte a vos y los prosélitos los que habitan en medio de vosotros, los que han engendrado hijos en medio de vosotros, y serán de vosotros como indígenas entre los hijos de Israel; con vos comerán en heredad, en medio de las tribus de Israel; (47:22) y serán en tribu de prosélitos entre los prosélitos los con vosotros; allí les daréis heredad», dice el Señor Dios. Distribución de la tierra entre las tribus. Descripción de la ciudad. Y éstos son los nombres de las tribus, desde el principio, el septentrión, según la parte del descenso, la que separa en torno sobre la entrada la Emat-Aula de Elam, linde de Damasco a septentrión, según parte de Emat-Aula; y será para ellos lo al oriente hasta el Mar-Dan, una(a). Y, desde los confines de Dan, lo al oriente hasta lo al Mar-Aser, una. Y, desde los confines de Aser, desde lo al oriente, hasta lo al Mar-Neftalí, una. Y, desde los confines de Neftalí, desde oriente hasta lo al Mar-Manasés, una. Y, desde los confines de Manasés, desde lo al oriente hasta lo al Mar-Efraín, una. Y, desde los confines de Efraín, desde lo al oriente, hasta lo al Mar-Rubén, una. Y, desde los confines de Rubén, desde lo al oriente, hasta lo al Mar-Judá, una. Y, desde los confines de Judá, desde lo al oriente, estarán las primicias de la separación: veinticinco millares, anchura y longitud como una de las partes, desde lo al oriente, y hasta lo del mar; y estará el santuario en medio de ellos; primicias que separarán al Señor, longitud veinticinco millares; y anchura, veinticinco millares. De esto serán las primicias del santuario para los sacerdotes, al septentrión, veinticinco millares; y al mar diez millares; y al austro, veinticinco millares —y el monte del santuario estará en medio de él— para los sacerdotes, los santificados hijos de Sadoc, los que guardan las guardias de la casa; los que no se extraviaron en el extravío de los hijos de Israel; al modo que se extraviaron los levitas. Y serán para ellos las primicias dadas de las primicias de la tierra, lo santo de lo santo, de los confines de los levitas. Y para los levitas, lo contiguo a los confines de los sacerdotes: longitud, veinticinco millares; y latitud, diez millares; toda la longitud(b), veinticinco millares; y latitud, veinte(c) millares. No se venderá de ello ni se medirá(d); ni se quitarán(e) las primicias de la tierra; porque cosa santa es para el Señor. Y los cinco millares, los sobrantes(f) de la latitud; en los veinticinco millares, antemural será para la ciudad, para la habitación y espaciación de él; y estará la ciudad en medio de él. Y éstas las medidas de ella: desde el aquilón: cuatro mil y quinientas; y desde el austro: cuatro mil y quinientas; y desde el oriente: cuatro mil y quinientas; y desde el mar: cuatro mil y quinientas. Y habrá espacio para la ciudad, a aquilón, doscientas cincuenta; y a austro, doscientas cincuenta; y a oriente, doscientas cincuenta; y al mar, doscientas cincuenta. Y lo sobrante de la longitud, lo contiguo a las primicias, las santas: diez mil a oriente, y diez mil a la mar y serán las primicias del santuario; y serán los frutos de ella para panes a los servidores de la ciudad. Y los servidores de la ciudad la servirán, de todas las tribus de Israel. Todas las primicias veinticinco mil por veinticinco mil; un cuadrado separaréis las primicias del santuario mismo, de la posesión de la ciudad. Y lo sobrante(g), para el príncipe, de esto, y de esto, de las primicias del santuario, y para la posesión de la ciudad sobre veinticinco mil de longitud, hasta los confines del oriente y el mar, sobre veinticinco mil hasta los confines del mar, contiguo a las partes del príncipe; y serán las primicias del santuario y lo santificado de la casa en medio de ella. Y, fuera de los levitas, desde la posesión de la ciudad, en medio de los príncipes, será(h) en medio de los límites de Judá y en medio de los límites de Benjamín, y de los príncipes será. Y lo demás de las tribus, desde lo a oriente, hasta el Mar-Benjamín, una. Y, desde los límites de lo de Benjamín, desde lo a oriente, hasta lo al Mar-Simeón, una. Y desde los límites de Simeón, desde lo a oriente, hasta lo al Mar-Isacar, una. Y, desde los límites de Isacar, desde lo a oriente, hasta lo al Mar-Zabulón, una. Y, desde los límites de Zabulón, desde lo a oriente, hasta lo al Mar-Gad, una. Y, desde los límites de Gad, desde lo a oriente, hasta lo al ábrego —y serán los límites de él desde Tamar y el Agua de la Contradicción— Cadés, de heredad, hasta la mar la grande. Esta, la tierra la echaréis en suerte a las tribus de Israel; y éstas las reparticiones de ellas, dice el Señor Dios. Y éstas, las salidas(i) de la ciudad, las a septentrión: cuatro mil quinientas en medida. Y éstas, las puertas de la ciudad, en nombre de las tribus de Israel puertas tres a septentrión: puerta de Rubén, una; y puerta de Judá, una; y puerta de Leví, una. Y lo al oriente: cuatro mil y quinientas y puertas tres: puerta de José, una; y puerta de Benjamín, una; y puerta de Dan, una. Y lo al austro: cuatro mil y quinientas en medida y puertas tres: puerta de Simeón, una; y puerta de Isacar, una; y puerta de Zabulón, una. Y lo al mar: cuatro mil y quinientas, en medida; puertas tres: puerta de Gad, una; y puerta de Aser, una; y puerta de Neftalí, una. Circuito(j) dieciocho mil. Y el nombre de la «Ciudad» desde el día que hecha fuere será el nombre de ella. Daniel en la corte de Nabucodonosor En el año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén; y la asediaba. Y diola el Señor en mano de él, a Joaquín, rey de Judá, y cierta parte de los sacros vasos de casa del Señor; y condújolo a tierra de Senaar de casa de su dios; y los vasos, y los afianzó en templo de ídolos. Y dijo el rey a Asfenez, arquieunuco suyo, que le introdujese de los hijos de los magnates de Israel y del real linaje y de los escogidos, jovencillos intachables y esbeltos y entendidos en toda sabiduría y letrados y prudentes y sabios y capaces de estar en la casa del rey, y de enseñarles letras, lengua de caldeos; y darles apartación de la casa del rey cada día y de la real mesa y del vino que bebe el rey y enseñarlos, años tres, y después de ellos, estar delante del rey. Y fueron del linaje de los hijos de Israel, de los de la Judea, Daniel, Ananías, Azarías, Misael. Y sobrenombróles el arquieunuco: a Daniel, Baltasar; y a Ananías, Sidrac; y a Misael, Misac; y a Azarías, Abdenagó. Y puso Daniel en su corazón no mancillarse en la comida del rey y en el vino que bebe; y rogó al arquieunuco no mancillarse. Y dio el Señor a Daniel honra y gracia ante el arquieunuco. Y dijo el arquieunuco a Daniel: «Temo yo al señor, mi rey, el que ha determinado vuestra comida, y vuestra bebida; que no vea vuestros semblantes macilentos y débiles ante los con vosotros juntados jóvenes de los alienígenas; y peligrare por mi propia cerviz.» Y dijo Daniel a Malasar, a quien había constituido el arquieunuco sobre Daniel, Ananías, Misael, Azarías: «Prueba ya a tus niños, días diez; y désenos de las legumbres de la tierra mascar y agua beber. Y si pareciere nuestra faz macilenta ante los otros jovencillos, los que comen de la real comida; según quisieres, así haz con tus niños.» Y tratóles de este modo y probóles días diez. Y, al fin de los diez días, pareció la faz de ellos hermosa y el estado del cuerpo mejor que los otros jovencillos los que comían la real comida. Y fue Malasar quitando los manjares de ellos y el vino de su bebida; y dábales legumbres. Y a los jovencillos dioles el Señor saber e inteligencia y prudencia en todo letrado arte; y a Daniel dio entendimiento en toda palabra; y visión, y ensueños y en toda ciencia. Y después de los días que mandó el rey introducirlos, fueron introducidos por el arquieunuco al rey Nabucodonosor. Y habló con ellos el rey; y no se halló en los sabios semejante a Daniel, y Ananías, y Misael, y Azarías; y estaban cerca del rey; y en toda palabra y entendimiento y enseñanza, cuanto preguntóles el rey, hallóles más sabios diez veces sobre los sabios y los filósofos los de todo su reino; y glorificólos el rey y constituyólos príncipes, y los manifestó sabios más que todos los de él, en negocios en toda la tierra de él y en todo el reino de él. Y estuvo Daniel hasta el primer año de Ciro, rey de los persas. Sueño de Nabucodonosor. Sólo Daniel lo interpreta y es exaltado a altos honores. Y en el año segundo del reinado de Nabucodonosor, aconteció, en visiones y sueños caer el rey y salía de sí en su ensueño; y su sueño se fue de él. Y ordenó el rey congregar a los encantadores, y los magos y los benéficos de los caldeos, que anunciaran al rey sus ensueños; y, viniendo, presentáronse ante el rey. Y díjoles el rey: «Ensueño he visto; y se pasmó mi espíritu. Conocer, pues, quiero el ensueño.» Y hablaron los caldeos al rey en siro: «Señor rey, ¡el siglo vive!, anuncia tu ensueño a tus niños, y nosotros te diremos su interpretación.» Y, respondiendo el rey, dijo a los caldeos:«La palabra(a) de mí se fue; por lo tanto, si no me anunciareis en verdad, el ensueño, y su interpretación me declarareis, escarmentados seréis, y quitados serán vuestros bienes para lo regio. Pero, si el ensueño me explicareis, y su interpretación anunciareis, recibiréis toda suerte de dádivas, y glorificados seréis por mí. Declaradme el ensueño y explicad.» Y volvieron a responder, diciendo: «Rey, la visión di; y tus niños explicarán según esto.» Y díjoles el rey: «En verdad sé que tiempo vosotros tratáis de ganar; ya que habéis visto que se fue de mí lo acontecido; según he ordenado, pues, así será. Si el ensueño no me anunciareis, en verdad, y la interpretación de éste declarareis, de muerte caeréis en torno; por haberos confabulado para palabras mentidas hacerme, hasta que el tiempo cambiase. Ahora, pues, si la palabra me dijereis que anoche he visto, conoceré que también su significación me manifestaréis.» Y respondieron los caldeos ante el rey que: «Nadie de los sobre la tierra podrá decir al rey lo que ha visto, según tú preguntas; y todo rey y todo potentado, semejante cosa no pregunta a todo sabio y mago y caldeo; y la palabra que indagas, pesada es y temerosa; y ninguno hay que manifieste esto al rey, a no ser algún ángel que no tiene habitación con toda carne; de donde no es posible acontezca, según piensas.» Entonces el rey entristecióse y muy apenado, ordenó sacar fuera todos los sabios de Babilonia. Y se acordó a todos matar; y se buscó a Daniel y los con él, a fin de que pereciesen con ellos. Entonces, Daniel dijo el consejo y parecer que tenía, a Arioc, el arquicocinero del rey, a quien había ordenado sacar fuera los sabios de Babilonia, y averiguó de él, diciendo: «Príncipe del rey ¿por qué se determina acerbamente de parte del rey?» Entonces el decreto manifestó Arioc a Daniel. Y Daniel entró prontamente al rey, y rogó se le diese tiempo de parte del rey, y manifestaría todo acerca del rey. Entonces, yéndose Daniel a su casa, a Ananías y Misael y Azarías, sus compañeros, refirió todo; y anunció ayuno, y suplicación e imploración(b), para buscar ante el Señor el Altísimo, acerca de este arcano; a fin de que no fuesen entregados Daniel y los con él a perdición junto con los sabios de Babilonia. Entonces a Daniel, en visión, en la misma noche, el arcano del rey fue revelado claramente. Entonces Daniel bendijo al Señor, el Altísimo, y exclamando, dijo: «Será el nombre del Señor, el grande, bendito por el siglo; pues la sabiduría y la magnificencia de él son; y él muda ocasiones y tiempos, quitando reyes y poniendo, dando a sabios sabiduría, y entendimiento a los que en saber están; revelando lo profundo y tenebroso, y conociendo lo en las tinieblas y lo en la luz; y ante él, solución. A ti, Señor de mis padres, confieso y alabo; pues sabiduría, prudencia me diste; y ahora me manifestaste cuanto he pedido para declarar al rey en esto.» Y, entrando Daniel a Arioc, el constituido por el rey para matar a todos los sabios de Babilonia, le dijo: «A los sabios de Babilonia no pierdas; y llévame al rey y cada cosa al rey manifestaré.» Entonces Arioc llevó con presteza a Daniel ante el rey, y le dijo que: «He hallado un hombre sabio de la cautividad de Judea; el que al rey manifestará cada cosa.» Y, respondiendo el rey, dijo a Daniel (y sobrenombrado en caldeo: Baltasar): «¿Podrás manifestarme la visión que vi, y su interpretación?» Y, exclamando Daniel ante el rey, dijo: «El arcano que ha visto el rey, no es de sabios y magos, y encantadores y agoreros la declaración; más hay un Dios en el cielo que revela arcanos; el cual ha declarado al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros de los días. El ensueño y la visión(c) de tu cabeza, sobre tu lecho, éste es: Tú, rey, te acuitabas sobre tu lecho, por que acontecería después de esto; y el que revela los arcanos, te manifestó lo que ha de acontecer. Y a mí también, no como si hubiese más sabiduría en mí que en todos los hombres, este arcano ha sido revelado; sino para que fuese declarado al rey, me fue manifestado lo que dispusiste en tu corazón conocer. Y tú, rey, has visto, y he aquí imagen una; y era aquella imagen grande sobremanera; y su figura eximia está delante de ti; y la figura de la imagen, temerosa. Y era su cabeza, de oro bueno; el pecho y los brazos, argénteos; el vientre y los muslos broncíneos; y las piernas férreas; los pies, una parte de hierro; otra parte barriza. Mirabas, hasta que fue cortada una piedra de un monte, sin manos, y percutió la imagen por los pies los férreos y barrizos, y los desmenuzó. Entonces desmenuzados fueron a la vez el hierro, y el barro y el bronce, y la plata y el oro; y trocáronse como en menudísima paja en era, y agitólos el viento hasta nada quedar de ellos; y la piedra la que había percutido a la imagen, hízose monte grande y percutió toda la tierra. Esta es la visión; y también la interpretación diremos delante del rey. Tú, rey, rey de reyes; y a ti el Señor del cielo, el principado, y el reino, y la fuerza, y la honra y la gloria ha dado; en todo el orbe, desde hombres y fieras salvajes y volátiles del cielo y los peces del mar ha entregado bajo tus manos, para dominarlo todo; tú eres la cabeza, la áurea. Y, después de ti se levantará un reino menor que tú(d); y un tercer reino, otro, broncíneo, que dominará a toda la tierra(e); un reino cuarto, fuerte, como el hierro; como el hierro, el que doma todo; y como el hierro que todo árbol corta; y se sacudirá toda la tierra(f). Y como has visto los pies de ella y los dedos, una parte de barro cerámico, otra de hierro, reino otro dividido será en sí mismo; así como has visto el hierro mezclado con el barrizo lodo. Y los dedos de los pies, una parte férrea, otra parte barriza; una parte del reino será fuerte, otra parte será quebrantada. Y así como has visto el hierro mezclado con el barrizo lodo, también mezclados serán en generación de hombres; y no serán concordes y benévolos entre sí; así como tampoco el hierro puede mezclarse con el barro. Y en los tiempos de estos reinos fundará el Dios del cielo un reino otro, el cual será por los siglos y no se disolverá; y este reino otra gente no dejará, no; y también percutirá y desvanecerá estos reinos(g); y él se alzará por el siglo; así como has visto del monte ser cortada la piedra, sin manos; y desmenuzó el barro, el hierro, el bronce y la plata y el oro. Dios, el grande, ha manifestado al rey lo futuro en los postreros de los días; y veraz la visión y fiel su interpretación. Entonces Nabucodonosor, el rey, cayendo de rostro al suelo, y adoró a Daniel(h); y ordenó hostias y libaciones hacerle. Y exclamando el rey, a Daniel dijo: «En verdad es vuestro Dios, Dios de los dioses, y señor de los reyes; el que revela arcanos ocultos solo; pues has podido declarar este arcano». Entonces el rey Nabucodonosor, a Daniel engrandeciendo y dando dádivas grandes y muchas, constituyó sobre los negocios de Babel y le designó príncipe y jefe de todos los sabios de Babel. Y Daniel rogó al rey que constituyera sobre los negocios de Babel a Sidrac, Misag, Abdenagó; y Daniel vivió en la real corte. La estatua áurea del rey. Los jóvenes en el horno. Favor del rey a los judíos. El año décimo octavo, Nabucodonosor rey, ordenando ciudades y regiones, y todos los habitantes, de India a Etiopía(a), hizo una imagen(b) áurea, la altura de ella de codos sesenta, y la anchura de ella de codos seis; y púsola en la llanura de la circunvecina(c) región de Babel. Y Nabucodonosor, rey de reyes y dominador del orbe entero,envió a congregar todas las gentes, y tribus y lenguas: sátrapas, estrategos, gobernadores y soberanos, procuradores y los con poderes por la región; y a todos los por el orbe, para que viniesen a la dedicación de la imagen, la áurea, que puso Nabucodonosor, el rey. Entonces congregáronse soberanos, estrategos, gobernadores, príncipes, soberanos grandes con poderes, y todos los potentados de las regiones para venir a la dedicación de la imagen que puso Nabucodonosor, el rey. Y pusiéronse los citados delante de la estatua que puso Nabucodonosor. Y el pregonero pregonó a las turbas: «A vosotros se dice, gentes y regiones, pueblos y lenguas: cuando oyereis la voz de la trompeta, flauta y cítara, arpa y salterio, sinfonía y todo linaje de músicas, postrándoos, adorad la imagen, la áurea que ha puesto Nabucodonosor, rey; y todo el que no se postrare, no adorare, a la misma hora arrojado será en el horno del fuego, el encendido. Y en aquel tiempo, cuando oyeron todas las gentes la voz de la trompeta, y flauta y cítara, y arpa y salterio y de todo son de músicas, postrándose todas las gentes, tribus y lenguas, adoraron la imagen, la áurea, que puso Nabucodonosor, el rey, en frente de ellas. En aquel tiempo, acercándose varones caldeos, calumniaron a los judíos; y empezando, dijeron a Nabucodonosor, el rey: «Señor, rey, ¡por el siglo vive! Tú, rey, has ordenado y juzgado que todo hombre que oyere la voz de la trompeta, y flauta y arpa, cítara y salterio y de todo son de músicas, postrándose, adore la imagen, la áurea; y el que no se postrare y adorare, será arrojado en el horno del fuego, el encendido. Pero hay algunos varones judíos, que has constituido sobre la región de Babilonia: Sidrac, Misac, Abdenagó; esos varones no han temido tu mandato y tu numen no han venerado, y tu imagen, la áurea, que has puesto, no han adorado.» Entonces Nabucodonosor, enfurecido de ira, mandó traer a Sidrac, Misac, Abdenagó; entonces los hombres fueron traídos al rey. A los cuales mirando Nabucodonosor el rey, díjoles:«¿Por qué Sidrac, Misac, Abdenagó, mis dioses no veneráis, y la imagen, la áurea, que he puesto no veneráis, no adoráis? Ahora, pues, ¿si ya estáis prontos, junto con oír la trompeta, y flauta y cítara, y arpa y salterio, y sinfonía y todo son de músicas para, postrándoos, adorar la imagen, la áurea, que he puesto? Y si no, sabed que no adorando vosotros, al punto seréis arrojados al horno del fuego, el encendido; y ¿qué dios os librará de mis manos? Y, respondiendo Sidrac, Misac, Abdenagó, dijeron al rey Nabucodonosor:«Necesidad no tenemos nosotros, acerca de este mandato, de responderte. Pues hay un Dios en los cielos, único señor nuestro, a quien tememos, quien es poderoso a sacarnos del horno del fuego, el encendido; y de tus manos, rey, nos librará. Y, si no, has de saber, rey, que ni tu numen veneramos, ni tu imagen la áurea, que has puesto, adoramos.» Entonces Nabucodonosor se llenó de furor, y el aspecto de su semblante se demudó sobre Sidrac, Misac y Abdenagó; y ordenó encender el horno, el séptuplo de lo que debía encenderse; y a varones fortísimos de los de su ejército ordenó que, ligando a Sidrac, Misac, Abdenagó, arrojasen en el horno, el encendido. Entonces aquellos varones fueron ligados, teniendo sus calzas y sus tiaras sobre sus cabezas, con sus vestiduras, y arrojados en el horno del fuego, el encendido. Puesto que la orden del rey urgía; y el horno había sido encendido, sobre lo anterior, el séptuplo; y los varones, los designados, habiéndolos atado y llevado al horno, los echaron en él; empero a los que habían atado a los con Azarías, saliendo la llama del horno quemó y mató; y ellos mismos fueron conservados.(3:24) Así, pues, oró Ananías, y Azarías, y Misael; y cantaron al Señor, cuando el rey los ordenó arrojar en el horno.(3:25) Y parado Azarías oró así, y abriendo su boca confesó al Señor junto con sus compañeros en medio del fuego, encendido el horno por los caldeos sobremanera. Y dijeron:(3:26) «Bendito eres, Señor, el Dios de nuestros padres, y loable y glorioso tu nombre por los siglos;(3:27) que justo eres en todo lo que nos has hecho; y todas tus obras, verdaderas; y tus caminos, rectos; y todos tus juicios, verdaderos;(3:28) y determinaciones de verdad has hecho en todo lo que has traído sobre nosotros y sobre tu ciudad, la santa, la de nuestros padres: Jerusalén; por cuanto en verdad y juicio has hecho todo esto por nuestros pecados.(3:29) Pues hemos pecado en todo, y prevaricado apartándonos de ti, y delinquido en todo;(3:30) y los preceptos de tu ley no hemos escuchado ni guardado; ni hecho según nos has mandado, para que bien nos vaya.(3:31) Y ahora todo cuanto has traído sobre nosotros y todo cuanto nos has hecho;(3:32) y entregándonos en manos de nuestros enemigos inicuos, y de enemiguísimos prevaricadores, y a un rey injusto y malísimo, más que toda la tierra.(3:33) Y ahora no hay para nosotros abrir la boca: vergüenza y oprobio hemos sido hechos de tus siervos y de los que te temen.(3:34) No nos entregues hasta el fin, por tu nombre, y no disipes tu testamento.(3:35) Y no quites tu misericordia de nosotros, por Abrahán, tu amado; y por Isaac, tu siervo; y por Israel, tu santo;(3:36) cual has hablado a ellos, diciendo que grandemente multiplicarás la simiente de ellos, como los astros del cielo en muchedumbre; y, como la arena, la de la ribera del mar.(3:37) Porque, Soberano, empequeñecidos hemos sido más que todas las gentes, y somos humildes en toda la tierra hoy, por nuestros pecados;(3:38) y no hay, en este tiempo, príncipe y profeta, ni caudillo, ni holocausto, ni hostia, ni oblación, ni timiama; ni sitio de ofrendar delante de ti para hallar misericordia.(3:39) Empero en alma contrita y espíritu humillado seamos acogidos,(3:40) como en holocausto de carneros y toros, y como en millares de corderos pingües, así hágase nuestra hostia delante de ti hoy y propicie en pos de ti(d) (pues no hay confusión para los que confían en ti) y perfecciónese en pos de ti.(3:41) Y ahora te seguimos, en todo nuestro corazón y tememos; y buscamos tu rostro.(3:42) No nos confundas, sino haz con nosotros misericordia, según tu benignidad y según la muchedumbre de tu misericordia,(3:43) y líbranos según tus maravillas; y da gloria a tu nombre, Señor;(3:44) y confundidos sean todos los que a tus siervos exhiben males; y avergonzados sean por toda potencia, y su fuerza, quebrantada;(3:45) conozcan que tú eres sólo el Señor, Dios y glorioso sobre todo el orbe.»(3:46) Y no cesaban los que les arrojaron, ministros del rey, de encender el horno y, cuando arrojaron a los tres juntos en el horno, ya el horno estaba ardiente hasta su ignición el séptuplo; y cuando los arrojaron, unos, que los arrojaron estaban encima de ellos(e); otros introducían por debajo de ellos nafta y estopa, y pez y fajina.(3:47) Y derramóse la llama sobre el horno hasta codos cuarenta y nueve;(3:48) y salió fuera y quemó a los que halló alrededor del horno, de entre los caldeos.(3:49) Y un ángel del Señor descendió junto a los en torno de Azarías en el horno y sacudió fuera la llama del fuego, de dentro del horno;(3:50) e hizo el medio del horno tal como un aura de rocío susurradora; y no les tocó en lo más mínimo el fuego, y no entristeció y no les molestó en nada.(3:51) Y, entonando los tres, como de una sola boca, cantaron, y glorificaron, y bendijeron y ensalzaron a Dios, en el horno, diciendo:(3:52) «Bendito eres, Señor, el Dios de nuestros padres; y laudable y sobreensalzado por los siglos; y bendito el nombre de tu gloria el Santo y sobrelaudable y sobreensalzado por todos los siglos.(3:53) Bendito eres en el templo de tu santa gloria y sobrecantable y sobreensalzado por todos los siglos.(3:54) Bendito eres en el trono de gloria de tu reino y cantable y sobreensalzado por los siglos.(3:55) Bendito eres quien miras los abismos, sentado sobre querubines, y laudable y glorificado por los siglos.(3:56) Bendito eres en el firmamento del cielo, y cantable y glorificado por los siglos.(3:57) Bendecid, todas las obras del Señor, al Señor —cantad y sobrensanzadle por los siglos.(3:58) Bendecid, ángeles del Señor al Señor —cantadle y sobreensalzadle por los siglos.(3:59) Bendecid, cielos, al Señor —cantadle y sobreensalzadle por los siglos.(3:60) Bendecid, aguas y todo lo sobre los cielos, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:61) Bendecid, todas las virtudes del Señor, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:62) Bendecid, sol y luna, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:63) Bendecid, astros del cielo, al Señor —cantadle y sobreensalzadle por los siglos.(3:64) Bendecid, toda lluvia y rocío, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:65) Bendecid, todos los espíritus, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:66) Bendecid, fuego y ardor, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:67) Bendecid, hielo y escarcha, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:68) Bendecid, rocíos y nieves, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:69) Bendecid, heladas y hielo, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:70) Bendecid, escarchas y nieve, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:71) Bendecid, noches y días, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:72) Bendecid, luz y tinieblas, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:73) Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:74) Bendiga la tierra al Señor —cante y sobreensálcele.(3:75) Bendecid, montes y colinas, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:76) Bendecid, todo lo que nace en la tierra al Señor, cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:77) Bendecid, lluvias y las fuentes, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:78) Bendecid, ballenas y todo lo que se mueve en las aguas, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos;(3:79) Bendecid, mares y ríos, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:80) Bendecid, todos los volátiles del cielo, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:81) Bendecid, los hijos de los hombres, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:82) Bendecid, cuadrúpedos y fieras de la tierra, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:83) Bendecid, los hijos de los hombres al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:84) Bendiga, Israel, al Señor —cante y sobreensálcele por los siglos.(3:85) Bendecid, sacerdotes(f), al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:86) Bendecid, siervos(g), al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:87) Bendecid, espíritus y almas de justos, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:88) Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos.(3:89) Bendecid, Ananías, Azarías, Misael, al Señor —cantad y sobreensalzadle por los siglos; pues nos ha librado del infierno y salvádonos de mano de la muerte y quitádonos de en medio de la ardiente llama y del fuego, redimídonos. Confesad al Señor, porque es bueno; porque por el siglo es su misericordia.(3:90) Bendecid, todos los temerosos del Señor, al Dios de los dioses; cantad y sobreensalzad; que por el siglo su misericordia y por el siglo de los siglos. (3:91) Y aconteció al oírles el rey cantar, parado veíalos vivos; entonces Nabucodonosor, el rey, se maravilló y alzóse presuroso y dijo a sus amigos: «¿Acaso varones tres no hemos arrojado en medio del fuego atados?» Y dijeron al rey: «Ciertamente, rey.» (3:92) Y dijo el rey: «He aquí yo veo varones cuatro sueltos pasear por el fuego, y daño ninguno les ha venido; y el aspecto del cuarto, semejanza de un ángel de Dios.» (3:93) Y, llegándose el rey a la puerta del horno ardiente con el fuego, llamólos por el nombre: «Sidrac, Misac, Abdenagó, los niños del Dios de los dioses, el Altísimo, salid del fuego.» Así, pues, salieron los varones de en medio del fuego. (3:94) Y congregáronse los sátrapas, prefectos y jefes de familia; y los amigos del rey, y vieron a aquellos varones que no había tocado el fuego sus cuerpos; y sus cabellos no se habían quemado; y sus calzas no alterádose; ni olor de fuego había en ellos. (3:95) Y, empezando Nabucodonosor, el rey, dijo: «Bendito, el Señor de Sidrac, Misac, Abdenagó, que ha enviado su ángel y salvado sus niños, los que esperaban en él; pues el precepto del rey despreciaron y entregaron sus cuerpos a quemar, por no servir ni adorar a dios otro que al Dios de ellos. (3:96) Y ahora yo decreto: «Toda gente y todas tribus y todas lenguas —quien blasfemare contra el Señor el Dios de Sidrac, Misac, Abdenagó, será descuartizado; y su casa confiscada; por esto: porque no hay Dios otro que podrá salvar así». (3:97) (Así, pues, el rey a Sidrac, Misac, Abdenagó potestad dando, sobre toda la región, constituyólos príncipes). (3:98) Nabucodonosor, el rey, a todos los pueblos, tribus y lenguas, los que habitan en toda la tierra: paz a vosotros, multiplíquese. (3:99) Las señales y los prodigios que ha hecho para conmigo el Dios, el Altísimo, ha placido ante mí anunciaros. (3:100) ¡Cuán grandes y fuertes! Su reino, reino eterno; su poder de generación en generación. Sueño del árbol cortado, y su interpretación. Locura y restitución del rey. (4:1) El año dieciocho del reinado de Nabucodonosor dijo: «Pacífico estaba yo en mi casa, y próspero sobre mi trono. (4:2) Un ensueño vi, y me solicité y temor cayó sobre mí [y visiones de mi lecho y vistas de mi cabeza me amedrentaron. (4:3) Y por mí fue puesto decreto de introducir delante de mí a todos los sabios de Babel, para que la interpretación del ensueño me manifestaran. (4:4) Y entraban encantadores, magos, caldeos y agoreros; y el ensueño yo dije delante de ellos, y su interpretación no me manifestaron, (4:5) hasta que vino Daniel, cuyo nombre es Baltasar, según el nombre de mi dios; quien el espíritu de Dios, Santo, en sí tiene; (4:6) a quien dije: «Baltasar, príncipe de los encantadores, al que yo conozco, que espíritu de Dios, Santo en ti, y todo misterio no te es imposible; oye la visión de mi ensueño que vi, y la interpretación de él dime](a). (4:7) Sobre mi lecho dormía, y he aquí un árbol alto, naciendo sobre la tierra; y su aspecto, grande; y no había otro símil a él; (4:8) su cima acercábase al cielo, y su circuito a las nubes, llenando lo de debajo del cielo; el sol y la luna estaban; en él habitaban e iluminaban toda la tierra(b). (4:9) Sus ramas de largo como de estadios treinta(c); y debajo de él cobijábanse todas las bestias de la tierra; y en él los volátiles del cielo anidaban; su fruto, mucho y bueno; y sustentaba todos los vivientes. (4:10) Miraba yo en el sueño; y he aquí un ángel(d) fue enviado, en fuerza, desde el cielo; (4:11) y clamó y díjole: «Cortadlo y destruidlo; pues ordenado ha sido por el Altísimo, desarraigarlo e inutilizarlo.»(e) (4:12) Y así dijo: «Raíz una dejadle en la tierra, para que, con las bestias de la tierra, en los montes hierba como buey pazca; (4:13) y del rocío del cielo, su cuerpo se demude; y siete años sea apacentado con ellas (4:14) hasta que conozca que el Señor del cielo potestad tiene sobre todos los del cielo y los de la tierra; y cuanto quisiere hacer, hace en ellos». Delante de mí cortado fue en día uno y su destrucción en hora una del día; y sus ramas fueron dadas a todo viento, y arrastrado fue y la hierba de la tierra comía; y a prisión fue entregado, y en grillos y esposas fue atado por ellos.Sobremanera maravilléme de esto, y el sueño mío se apartó de mis ojos. (4:15) Y levantándome al alba, de mi lecho, llamé a Daniel, el príncipe de los sabios, y el jefe de los que interpretan los ensueños; y le conté el ensueño y me declaró toda su interpretación. (4:16) Y grandemente maravillóse Daniel; y vacilación le conturbó; y temiendo, habiéndole temblor cogido y, demudada su faz; moviendo la cabeza, después de haberse una hora maravillado, respondíame con voz humilde: «Rey, este ensueño a los que te odian y su interpretación a tus enemigos sobrevenga. (4:17) El árbol, el en la tierra plantado, cuyo aspecto, grande, tú eres, rey. (4:18) Y todos los volátiles del cielo, los que anidan en el(f) —la fuerza de la tierra, y de las gentes y de las lenguas todas, hasta los confines de la tierra; y todas las regiones te sirven. (4:19) Y lo de haber sido enaltecido aquel árbol, y acercádose al cielo y su circuito tocado las nubes; —tú, rey, has sido enaltecido sobre todos los hombres que hay sobre la haz de toda la tierra; se ha enaltecido tu corazón con soberbia y fuerza en contra del Santo y sus ángeles; tus obras se han manifestado según has yermado la casa de Dios, el viviente, por los pecados del pueblo(g). (4:20) Y la visión que has visto: que un ángel, en fuerza enviado fue por el Señor, y que dijo quitar el árbol y cortar —el juicio de Dios, el grande, vendrá sobre ti; (4:21) y el Altísimo y sus ángeles sobre ti se precipitan: (4:22) a prisión te llevarán y a lugar desierto te enviarán. (4:23) Y la raíz del árbol, la quitada, la que no fue desarraigada —el lugar de tu trono se te guardará en tiempo y hora. He aquí sobre ti se preparan, y te flagelarán y traerán lo juzgado sobre ti. El Señor vive en el cielo y su poder, sobre toda la tierra. (4:24) A él suplica por tus pecados, y todas tus injusticias con limosnas redime, para que benignidad se te dé y no se te pierda. Estas palabras ama tú; pues verdadera es mi palabra, y lleno, el tiempo tuyo». (4:25) Y, a la terminación de las palabras, Nabucodonosor, cuando oyó la interpretación de la visión, las palabras en su corazón conservó(h). (4:26) Y, después de meses doce, el rey sobre los muros de la ciudad, con toda su gloria se paseaba, y sobre sus torres andaba; (4:27) y, respondiendo, dijo: «Esta es Babel, la grande, que yo he edificado; y casa de mi reino, en la fuerza de mi potencia será llamada, en honor de mi gloria.» (4:28) Aún estando la palabra en la boca del rey y a la terminación de su palabra, voz del cielo oyó: «A ti se dice, Nabucodonosor rey: el reinado de Babel se te quitará y a otro se dará; a un humilde hombre de tu casa. He aquí yo le constituyo sobre tu reino; y tu poder y tu gloria y tus delicias se llevará; a fin de que conozcas que potestad tiene el Dios del cielo en el reino de los hombres; y a quien quiere, le dará; y, desde el nacer del sol, rey otro se alegrará en tu casa, y se apoderará de tu gloria, de tu fuerza y de tu potestad. (4:29) Y los ángeles te perseguirán por años siete; y no perecerás, no; y no hablarás, no, con todo hombre; con hierba te alimentarán, y de la verdura de la tierra será tu pasto; he aquí, en vez de tu gloria, te atarán, y la casa de tus delicias y de tu reino otro tendrá. (4:30) Y, desde el alba, todo se cumplirá en ti, Nabucodonosor, rey de Babel; y no faltará de todo esto nada.»«Yo, Nabucodonosor, rey de Babel, siete años estuve atado; con hierba, como buey me alimentaron; y de la verdura de la tierra yo comía. Y, después de años siete, di mi alma a la oración, y pedí acerca de mis pecados a faz del Señor, el Dios del cielo; y, acerca de mis ignorancias, al Dios de los dioses, el grande, oré. (4:31) Y mis cabellos se habían hecho cual alas de águila; mis uñas tal como de león; habíase mudado mi carne y mi corazón; desnudo andaba con las fieras de la tierra. Ensueño vi, y aprehensiones me han cogido; y, por tiempo, sueño se apoderó de mí mucho, y adormecimiento cayó sobre mí. (4:32) Y, a la terminación de los siete años, el tiempo de mi redención vino; y mis pecados y mis ignorancias consumáronse ante el Dios del cielo, y oré por mis ignorancias al Dios de los dioses, el grande; y he aquí un ángel me llamó, desde el cielo, diciendo: «Nabucodonosor, sirve tú al Dios del cielo, al Santo, y da gloria al Altísimo: el reinado de tu gente te ha sido devuelto. (4:33) En aquel tiempo me fue restituido mi reino, y mi gloria me fue devuelta. (4:34) Al Altísimo confieso y alabo; al que hizo el cielo y la tierra y los mares y los ríos y todo lo en ellos, confieso y alabo; que él es Dios de los dioses, y señor de los señores y rey de los reyes; que él hace señales y prodigios y muda sazones y tiempos, quitando reino de reyes y constituyendo otros en lugar de ellos.Desde ahora le serviré; y de su temor temblor me ha cogido; y a todos sus santos loo; pues los dioses de las gentes no tienen en sí fuerza de transferir reino de rey a otro rey, y de matar y de vivir hacer, y de hacer señales y prodigios grandes y temerosos, y de mudar sin par grandes cosas, así como ha hecho en mí el Dios del cielo y mudado sobre mí grandes cosas. Yo todos los días de mi reinado, por mi alma al Altísimo hostias ofreceré en olor de suavidad, al Señor; y lo grato ante él haré yo y mi pueblo, la gente y las regiones mías en mi potestad; y a todos los que han hablado contra el Dios del cielo; y cuantos fueren cogidos hablando algo, a éstos condenaré a muerte.»Y escribió el rey Nabucodonosor epístola encíclica a todas las lugareñas gentes, y regiones y lenguas todas, las habitadoras de todas las regiones, a generaciones y generaciones:«Al Señor, el Dios del cielo, load y hostias y sacrificio ofrecedle gloriosamente. Yo, rey de reyes, le confieso gloriosamente, porque así ha hecho conmigo: en este mismo día me ha sentado en el trono mío, y de la potestad mía y del reino mío; en mi pueblo he prevalecido, y mi grandeza restituídoseme. Nabucodonosor rey a todas las gentes, y todas las regiones y todos los habitadores de ellas, paz se os multiplique en todo tiempo. Y ahora os manifestaré las obras que ha hecho conmigo el Dios, el grande; y me ha parecido manifestar a vos y a los sabios vuestros que hay Dios, y sus maravillas grandes; su reino, reino por el siglo; su potestad, de generaciones en generaciones.» Y envió epístolas acerca de todo lo a él acontecido en su reinado, a todas las gentes las que había bajo su reino. Baltasar y la mano misteriosa. Caída de Babel. Baltasar, el rey, hizo un festín grande a sus compañeros. Y bebía vino; y enaltecióse su corazón, y dijo traer los vasos, los áureos y los argénteos, de la casa de Dios; que trajo Nabucodonosor, su padre, de Jerusalén, y escanciar en ellos a sus compañeros. Y fueron traídos; y bebían en ellos(a); y loaban a los ídolos hechizos de ellos; y al Dios del siglo no loaron; al que tiene la potestad del espíritu de ellos. En aquella misma hora, salieron dedos como de mano de hombre sobre la pared de su casa, sobre el tapiz, en frente de la luz, delante del rey Baltasar y vio una mano escribiendo. Y su rostro se demudó y temores y aprehensiones le agitaban. Apresuróse, pues, el rey y se levantó, y vio aquella escritura; y los comensales en torno de él se gloriaban(b). Y el rey voceó con voz grande para llamar a los encantadores, y benéficos, y caldeos y agoreros, que anunciasen la interpretación de la escritura. Y entraban los encantadores, y benéficos y agoreros, y no podía nadie la interpretación de la escritura anunciar. Entonces el rey llamó a la reina acerca de la señal, y la manifestó cuán grande es; y que todo hombre no puede anunciar al rey la interpretación de la escritura. Entonces, la reina se acordó, ante él, de Daniel; que era de la cautividad de la Judea. Y dijo al rey: «El, hombre prudente era y sabio, y superando a todos los sabios de Babel; y espíritu santo en él hay; y en los días de tu padre, el rey, interpretaciones inmensas mostró a Nabucodonosor, tu padre.» Entonces Daniel fue traído al rey; y, respondiendo el rey, díjole: «Ah, Daniel ¿tú eres de los hijos de la cautividad de la Judea, la que trajo el rey, mi padre? He oído de ti que espíritu de dioses, en ti; y agudeza y sabiduría excesiva se ha hallado en ti. Y ahora han entrado ante mí los sabios, magos, agoreros, para que esta escritura lean y su interpretación me manifiesten; y no han podido anunciarme. Y yo he oído de ti que tú puedes interpretaciones interpretar ¿puedes manifestarme la interpretación de la escritura? Y te vestiré de púrpura, y collar áureo te pondré en torno; y tendrás potestad de la tercera parte de mi reino.» Entonces Daniel dijo delante del rey: «Tus dones para ti sean y la dádiva de tu casa a otro da; pero yo la escritura leeré y su interpretación te manifestaré. Rey, el Dios el Altísimo, el reino y la grandeza y el honor y la gloria dio a Nabucodonosor, tu padre; y, de la grandeza que le dio, todos los pueblos, tribus, lenguas, estaban temblando y medrosas a faz de él; a los que quería, él mataba; y a los que quería, él hería; y a los que quería, él enaltecía; y a los que quería, él humillaba. Y, cuando se levantó su corazón y su espíritu se fortaleció para ensoberbecerse —fue depuesto del trono de su reino, y el honor fue quitado de él; y de entre los hombres fue lanzado; y su corazón con las bestias fue dado; y con ónagros, su habitación; y de hierba, como buey, le alimentaban, y en el rocío del cielo su cuerpo fue bañado; hasta que conoció que domina Dios, el Altísimo, al reino de la tierra; y a quien quisiere, lo dará. Y también tú, pues, su hijo Baltasar, no has humillado tu corazón ante Dios; no has conocido todo esto, y sobre el Señor Dios del cielo te has exaltado.»(c). Entonces Daniel púsose delante de la escritura y leyó; y así respondió al rey: «Esta, la escritura: «Contado está, pesado, quitado»; —y paróse la mano— y ésta la interpretación: Rey, tú has hecho festín a tus amigos; y bebías vino y los vasos de la casa del Dios viviente fueronte traídos; y bebías en ellos, tú y tus magnates; y loasteis a todos los ídolos, los hechizos por los hombres; y al Dios, el viviente, no bendijisteis; y tu espíritu, en su mano, y tu reino él te dio; y no lo bendijiste ni le loaste(d). Esta, la interpretación de la escritura: «Contado está el tiempo de tu reino; cesará tu reinado; cortado y consumado está; -- tu reino a los medos y persas está dado.» Entonces Baltasar, el rey, vistió a Daniel de púrpura; y collar áureo puso en torno de él; y diole potestad de la tercera parte de su reino(e). Y la interpretación vino sobre Baltasar(f), el rey; y el reino fue quitado a los caldeos y dado a los medos y los persas. Y Artajerjes, el de los medos, asumió el reino. Daniel en el lago de los leones Y Darío, lleno de días y glorioso en la vejez; Daniel en el lago de los leones Y Darío, lleno de días y glorioso en la vejez; y constituyó sátrapas ciento veintisiete sobre todo su reino; y constituyó sátrapas ciento veintisiete sobre todo su reino; y sobre ellos varones tres príncipes de ellos; y Daniel, uno era de los tres varones; sobre todos teniendo potestad en el reino. Y Daniel estaba vestido de púrpura y grande y glorioso delante de Darío, el rey, según era glorioso, y prudente y sagaz; y espíritu santo en él, y prosperando en los negocios del rey los que hacía. Entonces el rey pensó constituir a Daniel sobre todo su reino y los dos varones que había constituido con él; y sátrapas ciento veintisiete. y sobre ellos varones tres príncipes de ellos; y Daniel, uno era de los tres varones; sobre todos teniendo potestad en el reino. Y Daniel estaba vestido de púrpura y grande y glorioso delante de Darío, el rey, según era glorioso, y prudente y sagaz; y espíritu santo en él, y prosperando en los negocios del rey los que hacía. Entonces el rey pensó constituir a Daniel sobre todo su reino y los dos varones que había constituido con él; y sátrapas ciento veintisiete. Y, cuando pensaba el rey constituir a Daniel sobre todo su reino, entonces deliberación y parecer deliberaron entre sí los dos jovencillos, el uno al otro diciendo (ya que ningún pecado ni ignorancia(a) hallaban contra Daniel, por la cual acusarle al rey) Y, cuando pensaba el rey constituir a Daniel sobre todo su reino, entonces deliberación y parecer deliberaron entre sí los dos jovencillos, el uno al otro diciendo (ya que ningún pecado ni ignorancia(a) hallaban contra Daniel, por la cual acusarle al rey) y dijeron: «Ea, establezcamos decreto contra nosotros mismos: que todo hombre no orará oración, ni votará voto a todo dios, hasta días treinta, sino a Darío, el rey; de lo contrario morirá.»— y dijeron: «Ea, establezcamos decreto contra nosotros mismos: que todo hombre no orará oración, ni votará voto a todo dios, hasta días treinta, sino a Darío, el rey; de lo contrario morirá.»— a fin de anular a Daniel delante del rey y que fuese arrojado al lago de los leones; pues sabían que Daniel ora y ruega al Señor, su Dios, tres veces al día. a fin de anular a Daniel delante del rey y que fuese arrojado al lago de los leones; pues sabían que Daniel ora y ruega al Señor, su Dios, tres veces al día. Entonces entraron aquellos hombres y dijeron delante del rey: Entonces entraron aquellos hombres y dijeron delante del rey: «Decreto y estatuto hemos establecido que todo hombre que orare oración o pidiere petición alguna a todo dios, hasta treinta días, sino a Darío, el rey, será arrojado en el lago de los leones.» «Decreto y estatuto hemos establecido que todo hombre que orare oración o pidiere petición alguna a todo dios, hasta treinta días, sino a Darío, el rey, será arrojado en el lago de los leones.» Y así el rey Darío estableció y mandó. Y así el rey Darío estableció y mandó. Y, sabiendo Daniel el decreto que puso contra él, ventanas abrió en su terraza, en frente de Jerusalén; y caía sobre su rostro tres veces al día, según hacía de antes, y oraba. Y, sabiendo Daniel el decreto que puso contra él, ventanas abrió en su terraza, en frente de Jerusalén; y caía sobre su rostro tres veces al día, según hacía de antes, y oraba. Y ellos observaron a Daniel y le sorprendieron orando tres veces al día, cada día. Y ellos observaron a Daniel y le sorprendieron orando tres veces al día, cada día. Entonces estos hombres se llegaron al rey y dijeron: «Darío rey ¿acaso no has decretado decreto de que todo hombre no ore oración, ni pida petición a todo dios, hasta treinta días, sino a ti, rey; y de no, será arrojado en el lago de los leones? Y, respondiendo el rey, dijo: «Exacta, la palabra; y quedará el decreto.» Entonces estos hombres se llegaron al rey y dijeron: «Darío rey ¿acaso no has decretado decreto de que todo hombre no ore oración, ni pida petición a todo dios, hasta treinta días, sino a ti, rey; y de no, será arrojado en el lago de los leones? Y, respondiendo el rey, dijo: «Exacta, la palabra; y quedará el decreto.» Y dijéronle: «Te juramos por las de los medos y persas leyes, que no mudes el decreto ni aceptes persona, y que no disminuyas algo de lo dicho, y castigues al hombre que no cumpla este decreto.» Y dijo: «Así haré, según decís; y estatuido está por mí esto.» Y dijéronle: «Te juramos por las de los medos y persas leyes, que no mudes el decreto ni aceptes persona, y que no disminuyas algo de lo dicho, y castigues al hombre que no cumpla este decreto.» Y dijo: «Así haré, según decís; y estatuido está por mí esto.» Y dijeron: «He aquí hemos hallado a Daniel, tu amigo, orando y pidiendo al rostro de su Dios, tres veces al día.» Y dijeron: «He aquí hemos hallado a Daniel, tu amigo, orando y pidiendo al rostro de su Dios, tres veces al día.» Y, entristecido el rey, dijo fuese arrojado Daniel el el lago de los leones; según el decreto que había estatuido contra él.Entonces el rey, sobremanera se entristeció por Daniel, y trabajó por librarle, hasta la puesta del sol, de las manos de los sátrapas; Y, entristecido el rey, dijo fuese arrojado Daniel el el lago de los leones; según el decreto que había estatuido contra él.Entonces el rey, sobremanera se entristeció por Daniel, y trabajó por librarle, hasta la puesta del sol, de las manos de los sátrapas; y no pudo librarle de ellos. Entonces, exclamando Darío, el rey, dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien tú sirves continuamente, tres veces al día, él te librará de mano de los leones; hasta el alba espera.»(b). y no pudo librarle de ellos. Entonces, exclamando Darío, el rey, dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien tú sirves continuamente, tres veces al día, él te librará de mano de los leones; hasta el alba espera.»(b). Entonces Daniel fue arrojado en el lago de los leones, y traída una piedra y puesta sobre la boca del lago; y selló el rey en su anillo y en los anillos de sus magnates; para que por ellos fuera sacado Daniel, o el rey le extrajese del lago. Entonces Daniel fue arrojado en el lago de los leones, y traída una piedra y puesta sobre la boca del lago; y selló el rey en su anillo y en los anillos de sus magnates; para que por ellos fuera sacado Daniel, o el rey le extrajese del lago. Entonces volvió el rey a su palacio, y pernoctó ayuno; y estaba afligido por Daniel. Entonces el Dios de Daniel, cuidado teniendo de él, cerró la boca de los leones, y no molestaron a Daniel. Entonces volvió el rey a su palacio, y pernoctó ayuno; y estaba afligido por Daniel. Entonces el Dios de Daniel, cuidado teniendo de él, cerró la boca de los leones, y no molestaron a Daniel. Y el rey Darío madrugó al alba; y tomó consigo a los sátrapas; y, yendo, púsose sobre la boca del lago de los leones. Y el rey Darío madrugó al alba; y tomó consigo a los sátrapas; y, yendo, púsose sobre la boca del lago de los leones. Entonces el rey llamó a Daniel con voz grande, entre llanto, diciendo: «Oh, Daniel, ¿si por ventura vives, y el Dios tuyo, a quien sirves continuamente, te ha salvado de los leones y no te han inutilizado? Entonces el rey llamó a Daniel con voz grande, entre llanto, diciendo: «Oh, Daniel, ¿si por ventura vives, y el Dios tuyo, a quien sirves continuamente, te ha salvado de los leones y no te han inutilizado? Entonces Daniel respondió con voz grande y dijo: Entonces Daniel respondió con voz grande y dijo: «Rey, todavía estoy vivo, y me ha salvado Dios(c) de los leones, puesto que justicia fue hallada en mí delante de él; y delante de ti, rey, ni ignorancia ni pecado se halló en mí; y tú has oído hombres que extravían reyes, y me has arrojado al lago de los leones, en perdición.» «Rey, todavía estoy vivo, y me ha salvado Dios(c) de los leones, puesto que justicia fue hallada en mí delante de él; y delante de ti, rey, ni ignorancia ni pecado se halló en mí; y tú has oído hombres que extravían reyes, y me has arrojado al lago de los leones, en perdición.» Entonces juntáronse todos los ejércitos, y vieron a Daniel cómo no le molestaron los leones. Entonces juntáronse todos los ejércitos, y vieron a Daniel cómo no le molestaron los leones. Entonces aquellos dos hombres(d) que perjuraron contra Daniel, ellos, y sus mujeres y sus hijos, fueron arrojados a los leones; y(e) los leones los mataron y quebrantaron sus huesos. Entonces aquellos dos hombres(d) que perjuraron contra Daniel, ellos, y sus mujeres y sus hijos, fueron arrojados a los leones; y(e) los leones los mataron y quebrantaron sus huesos. Entonces Darío escribió a todas las gentes, y lenguas y regiones, a los habitantes de toda la tierra de él, diciendo: Entonces Darío escribió a todas las gentes, y lenguas y regiones, a los habitantes de toda la tierra de él, diciendo: «Todos los hombres los que hay en todo mi reino, estén adorando y sirviendo al Dios de Daniel; pues él es Dios que permanece y vive por generaciones de generaciones, hasta el siglo. «Todos los hombres los que hay en todo mi reino, estén adorando y sirviendo al Dios de Daniel; pues él es Dios que permanece y vive por generaciones de generaciones, hasta el siglo. Yo, Darío, estaré adorándole y sirviendo todos mis días; pues los ídolos, los hechizos, no pueden salvar como ha librado el Dios de Daniel a Daniel.» Yo, Darío, estaré adorándole y sirviendo todos mis días; pues los ídolos, los hechizos, no pueden salvar como ha librado el Dios de Daniel a Daniel.» Y el rey Darío fue puesto con su linaje; y Daniel constituido sobre el reino de Darío; y Ciro el persa tomó su reino. Y el rey Darío fue puesto con su linaje; y Daniel constituido sobre el reino de Darío; y Ciro el persa tomó su reino. Los cuatro imperios universales; y el eterno del Mesías El año primero que reinó Baltasar sobre la región de Babel, Daniel visión vio a la cabeza de su lecho. Entonces Daniel la visión que vio, escribió en resúmenes de palabras: «Sobre mi lecho miraba yo en sueño de noche; y he aquí cuatro vientos del cielo cayeron sobre la mar, la grande(a). Y cuatro fieras subían del mar, diversas la una de la otra. La primera como leona, teniendo alas como de águila; y miraba yo hasta que fueron arrancadas sus alas; y quitada fue de la tierra; y sobre pies humanos estuvo; y humano corazón se le dio(b). Y he aquí, después de ella, otra fiera, semejanza teniendo de oso; y sobre un costado se afianzó, y tres costados había en su boca, en medio de sus dientes, y así decía: «Levántate; devora carnes muchas.»(c). Y, después de esto, miraba yo fiera otra, como leopardo; y alas cuatro se extendían sobre él; y cuatro cabezas, las de la fiera(d). Después de esto, miraba yo, en visión de la noche, una fiera cuarta, espantosa; y su espanto, sobrepujando con su fuerza; teniendo dientes férreos grandes, comiendo y triturando, en torno con los pies hollando, difiriendo de todas las de antes fieras; y tenía cuernos diez; y designios muchos en sus cuernos(e). Y he aquí, otro cuerno nació en medio de ellos, pequeño en los cuernos de ella; y tres de los cuernos los primeros, secáronse por él.Y he aquí, ojos como ojos humanos en este cuerno y boca hablando jactancias; y hacía guerra contra los santos. Y miraba yo hasta que tronos fueron puestos; y un anciano de días(f) sentóse, teniendo indumentaria; y el cabello de su cabeza como lana cándida, pura; el trono, como llama de fuego; sus ruedas, como fuego inflamado. Un río de fuego se arrastraba; y salía de su rostro un río de fuego; mil millares le servían, y miríadas de miríadas le asistían; y juicio asentóse y libros fueron abiertos. Miraba yo entonces a la voz de las palabras las grandes que el cuerno hablaba; mirando estaba, y fue decapitada la fiera, y pereció su cuerpo y fue dado en combustión de fuego. Y los en contorno de ella —quitóse la potestad de ellos; y tiempo de vida fueles dado hasta tiempo y hora. Miraba yo en visión de la noche; y he aquí sobre las nubes del cielo, un como hijo de hombre venía, y como un anciano de días presentábase y los asistentes presentábanse a él(g). Y le fue dada potestad y honor real: y todas las gentes de la tierra, según linajes, y toda la gloria, sirviéndole; y su potestad, sempiterna, la que no se quitará, no; y su reino el que no perecerá, no. Y acuitado yo, Daniel, en esto, en la visión de la noche, perturbábanme mis pensamientos. Acerquéme a uno de los asistentes; y la verdad inquiría yo de él acerca de todo esto. Y respondiendo, díceme; y el sentido de las cosas aclaróme: «Estas fieras las grandes son cuatro reinos que perecerán de sobre la tierra; y cogerán el reino los santos del Altísimo y conservarán el reino hasta el siglo de los siglos. Entonces quería yo se me explicase bien lo de la fiera, la cuarta, la destructora de todo y sobreamedrentadora; y he aquí sus dientes, férreos, y sus uñas, broncíneas, devorando a todos en contorno y hollando los pies; y lo de sus diez cuernos, los sobre la cabeza, y del uno: el otro que brotaba, y cayeron, por él, tres; y aquel cuerno tenía ojos y boca hablando jactancias; y su aspecto sobrepujaba a los otros. Y reflexionaba yo sobre aquel cuerno, guerra armando contra los santos y derribándolos, hasta que llegó el anciano de días, y el juicio dio a los santos del Altísimo, y el tiempo fue dado y el reino obtuvieron los santos. Me fue dicho acerca de la fiera la cuarta que «reino cuarto será sobre la tierra, el cual superará a toda la tierra, y devorará toda la tierra, y la revolverá y la arrasará. Y los diez cuernos del reino —diez reyes se levantarán; y otro rey después de estos se levantará, y él superará en males a los anteriores, y a los tres reyes humillará; y palabras contra el Altísimo hablará; y a los santos del Altísimo destrozará, y esperará mudar tiempos y ley; y será entregado todo en sus manos, hasta tiempo, y tiempo; y hasta mitad de tiempo(h). Y el juicio se sentará; y la potestad destruirán, y determinarán mancillar y destruir hasta el fin. Y la reyecía, y la potestad, y la grandeza de ellos, y el principado de todos los bajo el cielo reinos ha dado(i) al pueblo santo el Altísimo(j), para reinar con reino eterno. Y todas las potestades le(k) serán sometidas y se le sujetarán —hasta el fin de la palabra(l). Yo, Daniel, sobremanera en estupor estaba envuelto, y mi faz se demudó; y la palabra en mi corazón aseguré. Destrucción del reino segundo, tercero y del santuario El año tercero, reinando Baltasar, visión que vi yo, Daniel, después de ver la primera. Y vi en la visión de mi ensueño, estando yo en Susa, la ciudad; la cual está en la Elimaide región; y vi en visión, aún estando yo delante de la puerta de Elam. Mirando, vi carnero uno grande, parado en frente de la puerta; y tenía cuernos, y los cuernos altos; y el uno más alto que el otro; y el más alto subía. Después de esto, vi el carnero corneando hacia oriente(a), y hacia septentrión, y hacia occidente, y hacia mediodía; y todas las bestias no se tenían en pos de él; y no había quien salvara de las manos de él; y hacía cual quería y era exaltado. Y yo reflexionaba, y he aquí cabrón de cabras venía de occidente sobre la haz de la tierra; y era del cabrón cuerno uno, visible en medio de sus ojos. Y vino el carnero el que los cuernos tenía, que vi parado delante de la puerta; y corrió a él con furia de ira. Y le vi arremetiendo contra el carnero, y enfurecióse contra él; y percutió al carnero y quebrantó sus dos cuernos; y no hubo ya fuerza en el carnero de afrontar al cabrón; y le arrastró sobre la tierra, y le quebrantó; y no hubo quien librara al carnero del cabrón. Y el cabrón de las cabras prevaleció sobremodo; y, cuando hubo prevalecido, fue quebrantado su cuerno, el grande; y subieron otros cuatro cuernos, en pos de él, hacia los cuatro vientos del cielo. Y de uno de ellos nació cuerno fuerte uno, y prevaleció y percutió a mediodía, y a oriente y a septentrión(b); y exaltado fue hasta las estrellas del cielo; y destrozadas fueron sobre la tierra algunas estrellas(c), y ellas conculcadas (hasta que el arquiestratego libertare la cautividad); y, por él, los montes, los desde el siglo, se hendieron y quitado fue su lugar(d) y el sacrificio; y púsola hasta el suelo sobre la tierra, y prosperaron, y fue hecho; y el santuario será yermado(e). Y fueron hechos sobre el sacrificio los pecados; y derribada fue por tierra la justicia; e hizo y prosperó. Y oí a otro santo(f) hablar; y dijo el otro santo al desconocido que hablaba: «¿Hasta cuándo la visión permanecerá, y el sacrificio, el quitado, y el pecado de desolación, el dado, y el santuario será yermado en conculcación?» Y le dijo: «Hasta tarde y mañana(g), días dos mil trescientos; y será purificado el santuario.» Y aconteció: al mirar yo, Daniel, esta visión, buscaba entender, he aquí detúvose delante de mí una como vista de hombre. Y oí voz de hombre en medio de Ulaí(h), y llamó y dijo: «Gabriel, explica a aquél la visión.» Y, clamando, dijo el hombre: «Por ese mandato, la visión.»(i). Y vino y se detuvo junto a mi estada; y, al venir él, turbéme y caí sobre mi rostro; y me dijo: «Entiende, hijo de hombre; pues aún hasta hora de tiempo(j), esta visión.» Y, hablándome él, adormecíme sobre el rostro, en tierra; y, tocándome, levantóme sobre el sitio; y me dijo: «He aquí yo te anuncio lo que habrá en el postrero de la ira(k), para los hijos de tu pueblo, pues, aún hasta hora de tiempo de consumación permanecerá(l). El carnero que has visto, el que tiene los cuernos, el rey de medos y persas es. Y el cabrón de las cabras, rey de los helenos es(m); y el cuerno el grande, el en medio de sus ojos, ése, el rey primero. Y los quebrantados y nacidos en pos de él, cuatro cuernos —cuatro reyes de su linaje se levantarán; y no en su fortaleza(n). Y al fin de su reinado, completos sus pecados, se levantará un rey impudente(o) de faz, entendido en arterías. Y se afirmará su fuerza, y no en la fuerza de él(p); y maravillosamente perderá; y prosperará y hará; y perderá potentados y pueblo de santos, su pensamiento; y prosperará la mentira en sus manos; y su corazón se exaltará, y con dolo anonadará a muchos; y sobre perdición de varones se alzará; y hará congregación de mano, y retribuirá.»(q). La visión de tarde y mañana fue hallada sobre verdad; y ahora cerrada, la visión; pues aún, para días muchos(r). Yo, Daniel, enfermo días muchos; y, levantándome, administraba de nuevo negocios reales y desfallecía por la visión; pues nadie había quien advirtiera. Súplica de Daniel por la restauración. Profecía de las setenta semanas. El año primero de Darío, de Jerjes(a), del linaje de la Media; que reinaron sobre el reino de los caldeos; el primer año del reinado de él, yo, Daniel, medité, en los libros, el número de los años, cuando fue hecho mandato a la tierra, bajo Jeremías, el profeta, de determinar, para el cumplimiento del oprobio de Jerusalén, setenta años. Y di mi rostro hacia el Señor Dios para hallar oración y misericordia, en ayunos, y saco y ceniza. Y oré al Señor Dios y confesé y dije: «He aquí, Señor, tú eres el Dios, el grande y el fuerte y el terrible, guardando la alianza y la misericordia a los que te aman y a los que guardan tus preceptos, hemos pecado, delinquido, prevaricado, y abandonado y transgredido tus mandamientos y tus juicios; y no escuchado a tus niños, los profetas, lo que hablaron, en tu nombre, sobre nuestros reyes, y nuestros potentados y nuestros padres, y a toda gente sobre la tierra. A ti, Señor, la justicia, y a nosotros la confusión del rostro, en este día, a los hombres de Judá y los asentados en Jerusalén, y a todo el pueblo de Israel, al cercano y al lejano en todas las regiones en que los has dispersado allí, en la prevaricación que prevaricaron delante de ti. Soberano, a nosotros la confusión del rostro, y a nuestros reyes y potentados y a nuestros padres; que hemos pecado contra ti. Al Señor la justicia y la misericordia; pues nos hemos apartado de ti; y no oído la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir tu ley que diste a faz de Moisés y de nosotros, por medio de tus niños, los profetas. Y todo Israel ha abandonado tu ley y apartádose para no oír tu voz; y vino sobre nosotros la maldición y el juramento el escrito en la ley de Moisés, niño de Dios, porque hemos pecado contra él. Y nos estatuyó sus preceptos, cuantos habló sobre nosotros y nuestros jueces; cuantos has juzgado para nos traer sobre nos, males grandes; cuales no ha habido bajo el cielo, como ha habido en Jerusalén. Según lo escrito en testamento de Moisés, todos los males han venido sobre nos; y no hemos buscado el rostro del Señor, nuestro Dios, para apartarnos de nuestros pecados, y considerar tu justicia, Señor. Y veló el Señor Dios sobre los males y trajo sobre nos; que justo es el Señor, nuestro Dios, en todo cuanto hiciere; y no hemos escuchado su voz. Y ahora, soberano, Señor Dios nuestro, el que sacaste tu pueblo de Egipto con tu brazo el excelso, e hiciste nombre, como este día, hemos pecado, ignorado. Soberano, según tu justicia, apártese tu furor y tu ira de tu ciudad de Jerusalén, tu monte santo; pues en nuestros pecados y en las ignorancias de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo, Señor, en oprobio, en todos los circunvecinos nuestros. Y ahora escucha, Soberano, la oración de tu niño, y mis plegarias; y mire tu rostro sobre el monte, el santo tuyo; el desierto por causa de tus siervos, Soberano; inclina, Señor, tu oreja y escúchame; abre tus ojos, y ve la desolación nuestra y de tu ciudad; sobre la cual se ha invocado tu nombre, sobre ella; pues no sobre nuestras justicias rogamos en nuestras oraciones delante de ti; sino, por tu misericordia, Señor, tú propíciate. Señor, escucha y haz, y no tardes, por ti mismo, Soberano; pues tu nombre ha sido invocado sobre tu ciudad de Sión y sobre tu pueblo de Israel.» Y yo hablaba, orando y confesando mis pecados y los pecados de mi pueblo de Israel, y rogando en las oraciones delante del Señor, mi Dios, y sobre el monte, el santo, de nuestro Dios; y aún hablando yo en mi oración, he aquí el hombre a quien vi en mi sueño al principio(b), Gabriel, con rapidez volando, acercóse a mí en hora de sacrificio vespertino; y llegóse y me habló y dijo: «Daniel, acabo de salir para manifestarte inteligencia. Al principio de tu súplica, salió decreto, del Señor; y yo he venido a manifestarte; pues compasivo(c) eres; y entiende el decreto. Setenta semanas(d) han sido determinadas sobre tu pueblo y sobre la ciudad de Sión, para que termine el pecado, y las injusticias se quiten, y se borren las injusticias; y se entienda la visión y se dé justicia sempiterna y se cumplan las visiones y profeta, y para ungir(e) el santo de los santos. Y conocerás y entenderás, y te alegrarás y hallarás edictos de responder(f); y edificarás a Jerusalén, ciudad, al Señor. Y, después de siete —y setenta—(g)y setenta y dos, quitada será la unción(h), y no será; y reino de gentes destruirá la ciudad y el santuario con lo ungido, y llegará la consumación de él, con ira y tiempo de consumación; de guerra se guerreará. E imperará la alianza sobre muchos; y de nuevo volverá(i); y será deshabitada en longitud y latitud y según consumación de tiempos; y después de siete —y setenta tiempos— y sesenta y dos de años(j), hasta tiempo de terminación de guerra (y será quitada la desolación, cuando prevaleciere la alianza por muchas semanas) y en el fin de la semana será quitada la hostia y la libación; y, sobre el santuario, abominación de desolaciones habrá hasta consumación y consumación será dada sobre la desolación(k). Visión de Daniel: Arcángeles auxiliándose a sí, contra demonios. En el año el primero de Ciro, el rey de persas, decreto fue revelado a Daniel; que era sobrenombrado con el nombre de Baltasar; y verdadera, la visión y el decreto; y la muchedumbre la fuerte verá(a); y lo vi en visión. En aquellos días, yo, Daniel, estuve lloroso tres semanas; pan de regalo no comí; y carne y vino no entró en mi boca; con óleo no me ungí, hasta que terminé las tres semanas de días. Y aconteció: el día el cuarto y vigésimo del mes el primero, yo estaba sobre el labio del río, el grande; que es el Tigris. Y levanté mis ojos, y vi, y he aquí un hombre vestido de vestes bísinas y el lomo ceñido de biso, y de en medio de él, luz; y su boca, como de mar; y su semblante, como vista de relámpago; y sus ojos, como lámparas de fuego; y sus brazos y pies, como bronce fulgurante; y voz de su habla, como voz de tumulto. Y vi yo, Daniel, esta visión, la grande; y los hombres que estaban conmigo no vieron esta visión; y temor vehemente cayó sobre ellos, y huyeron en apresuramiento. Y yo quedé solo y vi esta visión, la grande; no quedó en mí fuerza; y he aquí un espíritu se volvió sobre mí, en perdición(b); y no me recobré. Y no vi(c) la voz de su habla; yo estaba caído sobre mi rostro, sobre la tierra. Y he aquí una mano se llegó a mí, y me levantó sobre las rodillas, sobre las plantas de mis pies. Y me dijo: «Daniel, hombre compasivo eres; atiende a los mandatos que yo hablo a ti, y está en tu lugar; pues acabo de ser enviado a ti.» Y al hablar él conmigo este mandato, me estuve temblando. Y me dijo: «No temas, Daniel; pues, desde el día, el primero, que diste tu rostro a entender y humillarte delante del Señor, tu Dios, ha sido escuchada tu palabra; y yo he venido a tu palabra.» «Y el estratego del rey de los persas(d) opúsose delante de mí veintiún días; y he aquí Miguel, uno de los príncipes, los primeros, acudió a ayudarme, y a él allí dejé, con el príncipe del rey de los persas». Y dijo: «He venido a manifestarte qué ocurrirá a tu pueblo el postrero de los días; pues aún tiempo para días.»(e). Y, al hablar él conmigo estos mandatos, di mi rostro sobre la tierra, y enmudecí. Y he aquí una como semejanza de mano de hombre tocó mis labios, y hablé y dije al que estaba en frente de mí: «Señor (y una como visión volvióse sobre mi costado y no quedó en mí fuerza) y ¿cómo podrá el niño hablar con su señor? Y yo he desmayado, y no hay en mí fuerza y aliento no ha quedado en mí.» Y prosiguió y me tocó una como visión de hombre y me confortó; y díjome: «Hombre pasible(f) eres; no temas: sana; envalentónate y recóbrate.» Y, hablando él conmigo, me recobré y dije: «Hable, mi señor, pues me ha confortado.» Y díjome: «¿Sabes a qué he venido a ti? Y ahora retornaré a luchar con el estratego del rey de los persas.(g) Y yo, salía, y he aquí un estratego de helenos entraba. Y bien te manifestaré lo primero en escritura de verdad(h); —y nadie había que me ayudara en pro de éstos, sino Miguel, el ángel. Continuación. El rey persa vencido por el griego. Guerra entre los reyes del mediodía y del septentrión. Un rey impío en el trono. (Y en el año primero de Ciro, el rey, me dijo confortarme y envalentonarme(a). Y ahora he venido la verdad a manifestarte: he aquí tres reyes se levantarán en la Persia; y el cuarto enriquecerá con riqueza grande más que todos(b); y al prevalecer él en su riqueza, se alzará contra todo rey de helenos. Y surgirá un rey poderoso, y señoreará con señorío grande; y hará según quisiere. Y tras de levantarse él, se quebrantará su reyecía, y se dividirá a los cuatro vientos del cielo; no, según la fuerza de él, ni según el señorío de él con que había dominado; por que apostatará su reyecía, y a otros enseñará esto(c); y fortalecerá reyecía de Egipto; y uno de los potentados prevalecerá contra él(d); y dominará con dominación grande la dominación de él. Y en consumación de años los conducirá(e); y entrará el rey de Egipto(f) en la realidad, la de septentrión a hacer pactos; y no prevalecerá, no; pues su brazo no afianzará fuerza; y su brazo se paralizará, y el de los que van con él, y quedará por tiempos. Y brotará retoño de la raíz de él de por sí; y vendrá sobre el ejército de él, en fuerza suya, un rey(g) del septentrión; y hará turbación y prevalecerá. Y sus dioses derribará, con los conflátiles de ellos; y sus turbas, con los vasos, los deseables de ellos, la plata y el oro, en cautiverio se llevarán a Egipto; y habrá año para el rey del septentrión; y entrará al reino el rey de Egipto, días; y volverá a su tierra. Y el hijo de él; se le provocará y congregará congregación de turba mucha, y entrará por ella depredado. Pasará y retornará; y se exacerbará grandemente(h). Y se airará el rey de Egipto, y saldrá y guerreará con el rey del septentrión, y pondrá turba mucha; y será entregada la congregación en las manos de él; y cogerá la congregación y se levantará su corazón, y turbará a muchos, y no se amedrentará, no(i). Y retornará el rey del septentrión(j), y congregará, de ciudad, congregación mayor que la primera, al fin de tiempo de año(k); y entrará en él(l) contra él en turba mucha y haberes muchos. Y en aquellos tiempos, pensamientos(m) surgirán contra el rey de Egipto; y reedificará lo caído de la gente(n); y se levantará —para levantar la profecía; y tropezarán. Y sobrevendrá un rey del septentrión, y volverá sus lanzas y tomará la ciudad, la fortificada(o); y los brazos del rey de Egipto pararánse junto con sus potentados, y no tendrá fuerza de resistirle. Y hará, el que viene contra él, según su voluntad; y no habrá quien resista delante de él; y se afirmará en la región(p) y se consumará todo en sus manos. Y dará su rostro a acometer a la fuerza su obra; y pactos con él(q) hará; e hija de hombre(r), le dará, para perderla(s); y no se sostendrá, y no será(t). Y dará su rostro sobre la mar, y cogerá a muchos; y convertirá la ira del oprobio de ellos en juramento(u); según el oprobio de él. Volverá su rostro a oprimir la región de él, y tropezará y caerá; y no se le hallará. Y surgirá de la raíz de él un retoño en surgimiento: un varón hiriendo(v) gloria de rey, y en los días postreros quebrantado será y no en ira ni en guerra; y se levantará, en su lugar, un despreciable(w); y no será dada sobre él gloria de rey, y vendrá súbitamente: se apoderará rey de su herencia. Y los brazos los quebrantados quebrantará(x) de ante su faz. Y con el pacto y el pueblo aliado con él, hará fraude; y entre gente fuerte, en poquísima gente, de súbito yermará la ciudad; y hará cuanto no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres: botín y despojos y haberes les dará; y contra la ciudad, la fuerte, maquinará; y sus maquinaciones en vano. Y se levantará su fuerza y su corazón contra rey de Egipto, en turba mucha; y el rey de Egipto será provocado a guerra en turba fuerte sobremanera; y no se sostendrá; pues se maquinará contra él maquinación. Y devoraránle sus cuitas; le apartarán, y pasarán; y se desbordará, y caerán heridos muchos(y). Y dos reyes solos cenarán a una y sobre una mesa comerán; y mentirán y no prosperarán; pues aún el fin para tiempo(z). Y volverá a su región en haberes muchos; y su corazón, contra la alianza del santo, hará y volverá a su región. A su tiempo volverá y entrará en Egipto; y no será como la primera, también la última vez. Y vendrán romanos, y le lanzarán y se indignarán contra él; y volveráse; y se airarán contra la alianza del Santo; y hará y volverá y se concertará con los que hubieren abandonado la alianza del Santo. Y brazos(a) con él estarán y mancillarán el santo del temor(b); y quitarán el sacrificio, y darán abominación de desolación; y en pecados de alianza(c) mancillarán en duro pueblo; y la gente la conocedora de esto(d) se confortarán y harán; y los prudentes de la gente instruirán a muchos, y darán en espada y envejecerán(e) en ella, y en cautiverio y en despojo; de días(f), serán manchados. Y, cuando fueren quebrantados, congregarán fuerza pequeña(g), y se juntarán con ellos muchos en ciudad y muchos como en herencia(h). Y, de entre los prudentes, pensarán(i) en purificarse a sí mismos, y en que se elija y en que se purifique, hasta tiempo de consumación; pues aún tiempo para tiempos(j). Y hará, según su voluntad el rey; y se enfurecerá y levantará contra todo dios; y contra el Dios de dioses, cosas extrañas hablará; y prosperará hasta que se consume la ira(k); pues contra él la consumación es hecha. Y de los dioses de sus padres no se cuidará, no; y de codicia de mujer(l) no se cuidará, no; pues sobre todo(m) se levantará; y le serán sometidas gentes fuertes, y removerá el lugar de él(n); y a un dios(o) que no conocieron sus padres honrará en oro y plata y piedra preciosa. Y en cosas deleitables hará(p) de ciudades y a fortificación recia llegará, con dios extraño; al que le reconoce, llenará de gloria y le someterá mucho, y la región repartirá en dádiva. Y en tiempo de consumación, chocará con él el rey de Egipto, y se airará con él el rey del septentrión, en carros y en bridones muchos y en navíos muchos, y entrará en Egipto. Y vendrá a la región mía(q); y muchos tropezarán; y ellos salvarán de su mano: Edom y Moab y lo principal de los hijos de Amón. Y tenderá su mano a las tierras; y en región de Egipto no habrá, en ella, quien salve. Y se apoderará del lugar del oro y del lugar de la plata y de todo lo apetecible de Egipto; y libios y etíopes estarán en su turba. Y oída le turbará, desde oriente y septentrión; y saldrá en furor fuerte y espada a exterminar y matar a muchos; y pondrá su pabellón entonces en medio de los mares y del monte, el deseable, el santo; y llegará hora de su consumación; y no habrá quien le ayude. Liberación del pueblo de Dios. Resurrección. Gloria de los santos. Fin de la gran desolación. Y por aquella región(a) vendrá Miguel, el ángel, el grande, el que asiste a los hijos de tu pueblo; aquel el día de la tribulación, cual no hubo, desde que nacieron(b) hasta aquel día; y en aquel día será exaltado todo el pueblo que se hallare inscrito en el libro. Y muchos de los que duermen en la anchura de la tierra, resucitarán, unos a vida sempiterna, otros a oprobio, otros a dispersión e ignominia sempiterna; y los prudentes resplandecerán, cual lumbreras del cielo; y los que afianzaren mis palabras, tal como los astros del cielo, por el siglo del siglo. Y tú, Daniel, encierra los mandatos, y sella el libro, hasta tiempo de consumación(c); hasta que acaben de desvariar muchos, y se llene la tierra de injusticia. Y vi yo, Daniel, y he aquí dos otros estaban: uno aquende el río y uno allende. Y dije al uno, el revestido de biso, el de encima: «¿Cuándo, pues, consumación de lo que me has dicho: lo maravilloso y la purificación de esto?» Y oí al revestido de biso el que estaba encima de las aguas del río: «Hasta tiempo de consumación»; y alzó la diestra y la siniestra al cielo, y juró por el viviente por el siglo Dios: que por un tiempo y tiempos y mitad de un tiempo(d) la consumación de manos(e), de perdón del pueblo santo; y se consumará todo esto(f). Y yo oí y no entendí, de él, el tiempo, y dije: «Señor ¿cuál la solución de esta palabra?» Y díjome: «Vete, Daniel, pues ocultados y sellados los mandatos, hasta que sean tentados y santificados muchos, y pequen los pecadores, y no entenderán, no, todos los pecadores, y los entendidos atenderán. Desde que fuere quitado el sacrificio perpetuo y fuere dispuesto que se dé la abominación de la desolación: días mil doscientos noventa. Bienaventurado, el que perseverare; él llegará a días mil trescientos treinta y cinco. Y tú, ve, reposa; pues aún hay días y horas hasta el cumplimiento de la consumación; y reposarás y resucitarás a tu gloria al fin de los días.» Imágenes de la infidelidad de Israel. Conversión de los gentiles. Palabra del Señor que fue hecha a Oseas, el de Beerí, en días de Ozías, y Joatán, y Acaz, y Ezequías, reyes de Judá; en días de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel. Principio de la palabra del Señor a Oseas: «Ve, tómate mujer de fornicación(a) e hijos de fornicación(b); por esto: porque fornicando, fornicará la tierra por detrás del Señor». Y fue y tomó a la de Gomer, hija Debeláim; y concibió y parióle un hijo y díjole el Señor: «Llama su nombre Jezrael(c); por esto: porque todavía un poco, y vengaré la sangre de Jezrael sobre la casa de Judá; y acabaré con el reino de la casa de Israel; y será que en aquel día quebrantaré el arco de Israel en el valle de Jezrael». Y concibió aún, y parió una hija, y díjole: «Llama el nombre de ella Desapiadada; por esto: porque no seguiré, no, ya apiadándome de la casa de Israel; sino que afrontando, los afrontaré. Pero de los hijos(d) me apiadaré y les salvaré yo el Señor, su Dios; y nos les salvaré en arco, ni en espada, ni en guerra, ni en caballos ni en cabalgadores». Y destetó a la Despiadada; y concibió aún y parió, otro hijo, y dijo: «Llama su nombre No-pueblo mío; por esto: porque vosotros no sois el pueblo mío y yo no soy vuestro Dios». Y era(e) el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se medirá ni se contará, y será en el lugar donde se les dijo: «No pueblo mío vosotros», llamados también serán ellos Hijos del Dios viviente. Y congregados serán los hijos de Judá y los hijos de Israel juntamente, y se pondrán principado uno; y ascenderán de la tierra; pues grande(f) es el día de Jezrael. Amenazas de Dios a su pueblo. Exhórtale a la conversión. Decid a vuestro hermano: «Pueblo mío», y a vuestra hermana: «Apiadada»(a) Sentenciad a vuestra madre, sentenciad; que ésta no es mujer mía; y yo no soy su marido. Y quitaré la fornicación de ella de ante mi faz, y su adulterio de en medio de sus pechos; no será que la desvista yo desnuda, y la restituya, como el día de su natividad; y la pondré desierta y la constituiré como tierra inacuosa y la mataré con sed, y los hijos de ella no apiadaré, no; que hijos de fornicación son. Pues fornicó su madre y confundida fue la que los parió; porque dijo: «Iré tras mis amantes que me dan mis panes, y mi agua, y mis vestidos, y mis lienzos, mi aceite y todo cuanto necesito». Por esto, he aquí yo cerraré su camino en estacas; y reedificaré los caminos, y su senda no hallaré, no; y perseguirá a sus amantes y no los cogerá, no; y los buscará a sus amantes y no los cogerá, no; y los buscará y no los hallará, no, y dirá: «Iré y me volveré a mi marido el primero; pues bellamente me iba entonces(b) que ahora». Y ella no supo que yo di el trigo, y el vino y el aceite, y que le multipliqué la plata, y ella plata y oro hizo a la baal. Por esto me volveré y llevaré mi trigo en tiempo de él, y mi vino en su sazón, y quitaré mis vestidos y mis lienzos, para que no cubran su vergüenza. Y ahora revelaré su impureza delante de sus amantes; y nadie la sacará, no, de entre mi mano, y apartaré todas sus alegrías, sus fiestas, y sus neomenias y sus sábados, y todas sus celebraciones; Y desvaneceré su viña y sus higueras, cuanto dijo: «Ganancias mías, éstas son que me dieron mis amantes», y las pondré en testimonio; y las devorarán las bestias del campo, y los volátiles del cielo y los reptiles de la tierra; y vengaré en ella los días de las baales en los que les sacrificaba, y se ponía en torno sus zarcillos y sus collares, e iba tras sus amantes; y de mí se olvidaba, dice el Señor. Por esto, he aquí yo la extraviaré y la pondré como yermo; y hablaré a su corazón; y le daré las posesiones(c) de ella de allí(d), y el valle de Acor(e), para abrir su entendimiento; y será humillada(f) allí según los días de su adolescencia, y según los días de su subida de tierra de Egipto. Y será en aquel día, dice el Señor que me llamará: «Esposo mío», y no me llamará ya: «Baales»; y quitaré los nombres de las baales, de su boca, y no se recordarán, no, ya los nombres de ellas. Y pactaré con ellos un pacto en aquel día con las bestias del campo y con los volátiles del cielo y los reptiles de la tierra; y arco y espada y guerra quebrantaré de sobre la tierra; y le domiciliaré en esperanza. Y te desposaré conmigo por el siglo; y te desposaré conmigo en justicia, y en juicio y en misericordia y en conmiseraciones; y te desposaré conmigo en fe, y conocerás al Señor. Y será en aquel día, dice el Señor, que escucharé(g) al cielo, y el cielo escuchará a la tierra; y la tierra escuchará al trigo, y al vino y al aceite; y ellos escucharán a Jezrael(h). Y me la(i) sembraré sobre la tierra; y amaré a la no amada; y diré al no pueblo mío: «Pueblo mío eres tú». Y él dirá: «Señor, Dios mío, eres tú». Abandono y conversión de Israel Y díjome el Señor: «Aun ve, y ama a una mujer amante de lo malo y adúltera, así como ama Dios a los hijos de Israel; y ellos miran a dioses ajenos, y aman cocimientos con pasas(a). Y me la alquilé en quince de plata y un gomor de cebada y una ánfora de vino. Y la dije: «Días muchos te asentarás conmigo; y no fornicarás, no, y no serás no de hombre, y yo contigo». Por cuanto días muchos se asentarán los hijos de Israel, sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin altar, ni sacerdocio ni revelaciones. Y después de esto se convertirán los hijos de Israel y buscarán al Señor, su Dios, y a David, su rey; y se asombrarán del Señor y de todos sus bienes en los postreros de los días. Pueblo y sacerdotes de Israel, reconvenidos; y exhortado Judá a escarmentar. Oíd palabra del Señor, hijos de Israel; pues juicio del Señor son los habitantes de la tierra, por esto: porque no hay verdad, ni misericordia ni conocimiento de Dios sobre la tierra; maldición, y mentira, y occisión y ramería se han derramado sobre la tierra y sangres con sangres mézclanse. Por esto plañirá la tierra; y minorada será con todos sus habitantes, con las bestias del campo y con los reptiles de la tierra, y con los volátiles del cielo; y los peces del mar desfallecerán; para que nadie sea juzgado ni increpado nadie(a) y mi pueblo, como contradicho sacerdote(b); y flaqueará hoy, y flaqueará el profeta con él; de noche he asemejado a tu madre(c); se ha asemejado mi pueblo como no teniendo conocimiento(d); pues tú conocimiento has desechado, también yo te desecharé, para que no me sacerdotees, y has olvidado la ley de tu Dios, también yo olvidaré a tus hijos. Según la muchedumbre de ellos, así han pecado contra mí; su gloria en deshonor pondré; pecados(e) de mi pueblo comerán, y en sus injusticias recibirán sus almas. Y será, así como el pueblo, así también el sacerdote; y vengaré en él sus caminos, y sus intentos le devolveré. Y comerán, y no se saciarán, no; han fornificado, y no se enderezarán, no; por esto: porque al Señor abandonaron para guardar fornicación. Y vino y ebriedad acogió el corazón de mi pueblo; en augurios consultaban, y en varas(f) de él respondíanle; con espíritu de ramera extraviados eran y ramereaban, de su Dios. En las cumbres de los montes sacrificaban; y sobre las colinas incensaban; debajo de encina, y pobo y árbol umbrío; pues bella es la sombra. Por esto ramerearán vuestras hijas, y vuestras esposas adulterarán; y no visitaré, no, sobre vuestras hijas, cuando ramereen; y sobre vuestras esposas, cuando adulteren; pues ellas con las rameras se mezclaban ; y con los iniciados(g) incensaban; y el pueblo el discreto(h) adhirió a ramera. Pero tú, Israel, no ignores, y Judá, no entréis en Gálgala; y no ascendáis a la casa de On; y no juréis por el viviente Señor. Por cuanto, como becerra aguijoneada, aguijoneado fue Israel: ahora los apacentará el Señor, como a cordero en llanura. Partícipe de ídolos, Efraín(i), púsose tropiezos; eligió cananeos, ramereando, ramerearon; amaron deshonra, del relincho(j) de ella(k). Ráfaga de viento tú eres en las alas de ella(l); y avergonzados serán por las aras de ellos. Israel y Judá amenazados por su infidelidad Oíd esto, los sacerdotes, y atened, la casa de Israel; y la casa del rey escuchad; por esto: porque con vosotros es el juicio, pues lazo os hicisteis para «la atalaya», y como red tendida sobre el Itabirión(a); la que los cazadores de la presa enclavaron(b); y yo educador vuestro; yo conozco a Efraín; e Israel no está lejos de mí. Por cuanto ahora ha fornificado Efraín, mancillándose Israel. No han dado sus pensamientos a convertirse a su Dios; pues espíritu de fornicación de ellos hay; y al Señor no conocieron. Y humillada será la altanería de Israel, a faz suya; e Israel y Efraín flaquearán en sus injusticias; y flaqueará Judá con ellos. Con ovejas y becerros irán a buscar al Señor; y no le hallarán, no; que ha declinado de ellos; pues al Señor abandonaron; pues hijos ajenos se engendraron; ahora los devorará el anublo y las heredades de ellos. Trompetead con trompeta sobre las «colinas»; resonad sobre «lo excelso»; pregonad en la casa de On(c); desvarió Benjamín; Efraín en desaparecimiento ha sido hecho en días de increpación. En las tribus de Israel he manifestado lo fiel(d); han sido hechos los príncipes de Judá cual cambiadores de lindes(e); sobre ellos derramaré, como agua, mi ímpetu. Oprimió Efraín a su adversario(f) holló el juicio; pues empezó a ir en pos de los vanos(g). Y yo, como tumulto(h) para Efraín; y, como aguijón para la casa de Judá. Y vio Efraín su enfermedad, y Judá su dolor. Y fue Efraín a los asirios; y envió legados al rey Jarim; y éste no os pudo sanar; y no calmó, no, de vosotros el dolor. Por cuanto yo soy, cual pantera, para Efraín; y, cual león para la casa de Judá. Y yo arrebataré e iré y cogeré; y no habrá salvador. Iré y volveré a mi lugar, hasta que desaparezcan, y busquen mi faz. Redención. Conversión efímera de Israel. Crímenes. En su tribulación, madrugarán a mí, diciendo: «Vamos y volvámonos al Señor, nuestro Dios; pues él ha arrebatado, y nos sanará; nos percutirá, y vendrá; nos enviará después de dos días; en el día el tercero, resucitaremos y viviremos a faz de él, y conoceremos; correremos a conocer al Señor; cual aurora, pronto(a) le hallaremos; y vendrá, como lluvia a nosotros temprana y tardía a la tierra. ¿Qué te haré, Efraín? ¿Qué te haré Judá? Y vuestra misericordia, como nube matutina, y como rocío auroral pasajero. Por esto segué a vuestros profetas; los maté en palabra de mi boca; y mi juicio como luz saldrá. Por esto: porque misericordia quiero, que(b) sacrificio; y conocimiento de Dios, que holocaustos. Pero ellos son como hombre transgresor de testamento; allí me despreciaron. Galaad, ciudad obradora de vanidades; conturbadora de agua(c); y tu fuerza de varón pirata; ocultaron sacerdotes el camino; asesinaron a Siquem; pues iniquidad hicieron en la casa de Israel; he visto cosas horrendas allí, ramería de Efraín; manchóse Israel y Judá. Comienza a vendimiar para ti, cuando yo convirtiere la cautividad de mi pueblo. Crímenes de Israel. Su vana confianza en Egipto y Asiria. Cuando yo sanare a Israel. Y descubierta será la injusticia de Efraín y la maldad de Samaria; pues obraron mentiras; y ladrón a él entrará, despojador bandido en el camino de él; para que concenten(a), como cantantes, con su corazón. Todas las maldades de ellos he recordado; ahora les han cercado sus pensamientos: frente por frente de mi faz han sido hechos(b). En las maldades de ellos alegraron a los reyes; y, en sus mentiras, a los príncipes; todos adulterando, como horno encendido para cocimiento, de inflamación por la llama, por mezcla de fermento, hasta leudarse ello(c). Días(d) de vuestros reyes empezaron los príncipes a enfurecerse de vino; extendió su mano con las pestes(e); por esto: porque ardieron, cual horno los corazones de ellos; al despeñarse(f) ellos, la noche entera, de sueño Efraín se llenó; mañana se hizo, reinflamóse, cual de fuego resplandor. Todos caldeáronse, cual horno, y devoraron a sus jueces; todos sus reyes cayeron; no hubo quien clamara, entre ellos a mí. Efraín en sus pueblos se mezcló; Efraín ha sido hecho torta no vuelta; devoraron extraños su fuerza, y él no conoció; y canas le brotaron(g), y él no conoció. Y humillada será la altanería de Israel, a su faz(h); y no se volvieron al Señor, su Dios, y no le buscaron en(i) todo esto. Y será Efraín, como paloma loca, no teniendo corazón(j): a Egipto llamaba; y a los asirios fueron. Así como fueren, lanzaré sobre ellos mi red; así como los volátiles del cielo, los derribaré, los enseñaré en la oída de su tribulación. ¡Ay de ellos, por haber saltado lejos de mí; desventurados son, por haber prevaricado contra mí; y yo los redimí, y ellos hablaron en contra mía mentiras! Y no clamaron a mí sus corazones; sino que ululaban en sus lechos; por trigo y vino se desgarraban, enseñados fueron en(k) mí; y yo robustecí sus brazos; y contra mí excogitaron cosas malas. Convirtiéronse en nada; hechos fueron como arco tendido(l); caerán en espada sus príncipes por indisciplina(m) de su lengua; ésta la mofa de ellos(n) en tierra de Egipto. Es castigado Israel por su perfidia y desconfianza Al seno de ellos como tierra(a); como águila sobre la casa del Señor(b); por cuanto transgredieron mi testamento; y contra mi ley prevaricaron. A mí habrán vociferado: «Dios te conocemos». Porque Israel se apartó de lo bueno, en pos de enemigo corrieron; sobre sí mismos reinaron; y no por mí principiaron; y no manifestaron su plata; y de su oro hiciéronse ídolos, para que sean exterminados. Quita tu becerro Samaria; se ha irritado mi furor sobre ellos. ¿Hasta cuándo no podrán, no, purificarse en Israel? Y esto un artífice hizo; y Dios no es; por esto: porque embaidor era tu becerro, Samaria(c); porque lo de vientos corrompido sembraron, la ruina de ellos lo cogerá(d): un puñado sin fuerza de hacer harina; y aun cuando hiciere, extraños lo devorarán. Engullido fue Israel; ahora ha sido hecho, en las gentes, como vaso inútil. Pues ellos subieron a Asiria; brotó aparte(e) Efraín; dones amaron; por esto entregados serán en las gentes. Ahora los acogeré; y descansarán un poco de ungir rey y príncipes. Pues ha llenado Efraín aras; en pecados se le han convertido aras queridas. Le escribiré muchedumbre —y mis leyes por ajenas reputadas fueron(f) —aras las queridas. Por esto, si sacrificaren sacrificio y comieren carnes, el Señor no lo recibirá: ahora se acordará de las injusticias de ellos, y vindicará los pecados de ellos. Ellos a Egipto se han convertido; y en Asiria inmundicias comerán. Y se ha olvidado Israel de quien le hizo; y edificaron selvas(g) y Judá multiplicó ciudades muradas; y lanzaré fuego en sus ciudades, y devorará sus cimientos. Cautiverio a Israel No te alegres Israel, ni te regocijes, al modo que las naciones, puesto que has fornificado de(a) tu Dios, amado dádivas sobre toda era de trigo(b). Era y lagar no los conoce; y el vino les mintió(c). No han habitado en la tierra del Señor(d); ha habitado Efraín en Egipto; y en Asiria inmundicias comerán. No libaron al Señor vino; y no le pluguieron los sacrificios de ellos, como pan de llanto para ellos; todos los que comieren ello, se inquinarán, por esto: porque sus panes, para sus almas, no entrarán en la casa del Señor. ¿Qué haréis en los días de asamblea y en el día de la fiesta del Señor? Por esto he aquí van de miseria de Egipto y los acogerá Menfis, y los sepultará Macmás; la plata de ellos, perdición la heredará, espinas en las tiendas de ellos(e). Han llegado los días de la venganza, han llegado los de tu retribución, y maltratado será Israel; como el profeta el arrobado, un hombre, inspirado(f): por la muchedumbre de tus injusticias se ha multiplicado tu frenesí. Atalaya Efraín, con Dios; profeta(g), lago tortuoso sobre todas sus vías; frenesí, en casa de Dios han clavado. Corrompiéronse según los días de la «colina»(h); rememorará sus injusticias, vindicará sus pecados. Como uva en desierto hallé a Israel; y como atisbador en higuera tempranero vi a los padres de ellos(i); ellos entraron a Beelfegor y se extrañaron a ignominia; y fueron hechos los abominados como los amados. Efraín, como ave volóse, la gloria de ellos, de partos y parturiciones y concepciones(j); puesto que, aun cuando nutrieren a sus hijos, deshijados serán entre los hombres; puesto que también ay para ellos es; mi carne de entre ellos(k). Efraín, para sacar a matanza sus hijos(l). Dales, Señor ¿que les darás? Matriz deshijada y pechos secos. Todas sus maldades, en Galgal; pues allí los odié por las maldades de sus intentos; de mi casa los arrojaré; no proseguiré; no, amándoles; todos sus príncipes, inobedientes. Acuitóse Efraín; sus raíces se secaron; fruto ya no llevará; puesto que, aun cuando generaren, mataré lo deseable de su vientre. Los rechazará Dios; que no le escucharon; y serán errabundos entre las gentes. La idolatría y otros vicios. Conminación. Vid pampanosa, Israel; fruto abundoso el suyo; según la plenitud de sus frutos, repletó aras; según los bienes de su tierra, edificó columnas. Dividieron sus corazones,ahora aniquilados serán; él socavará sus aras; vejadas serán sus columnas. Por lo tanto, ahora dirán: «No tenemos rey; porque no temimos al Señor». Y el rey ¿qué nos hará, hablando palabras, pretextos mentidos? Pactará pacto, brotará, cual grama, juicio sobre secano de campo. Con el becerro de la casa de On habitarán los habitadores de Samaria; pues lloró su pueblo sobre él; y, así como le exacerbaron(a), se conmoverán de su gloria(b); pues trasladado fue de él(c). Y, para Asiria atándole llevaron, en presente, al rey Jareb(d); en dádiva de Efraín acogerá; y avergonzaráse Israel en su consejo. Lanzó lejos Samaria a su rey(e), como fagina sobre haz de agua; y quitadas serán las aras de On, pecados de Israel; espinas y cardos subirán sobre las aras de ellos, y dirán a los montes: «Cubridnos»; y a los collados(f): «Caed sobre nosotros». Desde las colinas(g), pecó Israel; allí se detuvieron(h), ¿no los cogerá, no, en la colina, guerra contra los hijos de la injusticia, para castigarlos? y se juntarán sobre ellos pueblos; cuando fueren castigados en las dos injusticias de ellos(i). Efraín, becerra enseñada a amar contienda; y yo subiré sobre lo más hermoso de su cuello; ascenderé a Efraín; silenciaré a Judá; prevalecerá sobre sí Jacob(j). Sembrad, para vos en justicia, vendimiad en fruto de vida; iluminaos lumbre de conocimiento; buscad al Señor, hasta que vengan gérmenes de justicia a vos. ¿Por qué habéis silenciado(k) impiedad y las injusticias de ella vendimiado, comido fruto mentido? Porque has esperado en tus pecados, en muchedumbre de tu poder; y se levantará perdición en tu pueblo; y todas tus amurallaciones se irán. Como el príncipe Salamán(l), de la casa de Jeroboam, en días de guerra, madre sobre hijos estrellaron, así os haré(m), casa de Israel, a faz de injusticia de vuestras maldades. Cautiverio y liberación A la aurora fueron arrojados; arrojado, el rey de Israel. Pues párvulo, Israel; y yo le amé y de Egipto llamé a sus hijos(a). Así como los llamé, así se apartaron de mi faz; ellos a las baales sacrificaron, y a las esculturas incensaron. Y yo fajé a Efraín, toméle sobre mi brazo; no conocieron que yo los sano. En corrupción de hombres(b), los dilaté en cuerdas de mi amor; y seré para ellos como uno que golpea hombre(c) sobre las mejillas de él; y miraré por él, prevaleceré para él. Habitó Efraín en Egipto; y fue Asur mismo rey de él; pues no quiso volverse; desmayó(d) espada en sus ciudades y reposó en sus manos; y comerán de sus intentos. Y su pueblo aférrase a su trasmigración(e); y Dios sobre lo precioso de él se airará, y no le exaltará, no. ¿Cómo te dispondré, Efraín; te escudaré, Israel? ¿Cómo te dispondré? ¿Cómo Adamá te pondré y como Seboím? Se ha mudado mi corazón, acerca del mismo; conturbádose mi compasión; no haré, no, según la ira de mi furor; no dejaré, no, que sea borrado Efraín; por esto: porque Dios yo soy, y no hombre en ti(f), santo; y no entraré la ciudad «En pos del Señor iré; como león voceará, como él rugirá, y se espantarán los hijos de las aguas(g). Vendrán volando, cual ave, desde Egipto; y, cual paloma, desde la tierra de Asiria; y los restituiré a sus casas», dice el Señor. Me cercó en mentiras Efraín; y en impiedad la casa de Israel y Judá, ahora los ha conocido Dios, y pueblo santo será llamado, de Dios(h). Ingratitud, rebeldía y cautividad de Israel Pero Efraín, mala ráfaga(a), ha corrido tras el ardor(b), todo el día; lo vacío y vano ha multiplicado; y pacto con asirios pactado, y aceite a Egipto exportaba y juicio del Señor con Judá, para vengar a Jacob: según sus vías y según sus intentos le retribuirá. En el vientre suplantó a su hermano; y en sus trabajos fortalecióse para con Dios; y fortalecióse con ángel y pudo(c). Lloraron e imploráronme(d); en la casa de On(e) me hallaron y allí se les habló. Y el Señor, el Dios, el todopoderoso será su memorial. Y tú en tu Dios te convertirás; misericordia y juicio guarda y acércate a tu Dios siempre. Canaán(f), en mano de él la balanza de injusticia enseñorearse amó. Y dijo Efraín: «Empero he enriquecido, halládome en reposo». Todos sus afanes no se hallarán para él, por las injusticias que pecó. Y yo, Señor, tú Dios, te saqué de tierra de Egipto; todavía te estableceré en pabellones, así como días de fiesta. Y hablaré a los profetas; y yo visiones he multiplicado, y en manos de profetas, comparé(g). Si Galaad no es(h); luego mendaces estaban en Galaad los príncipes sacrificando; y las aras de ellos como tortugas sobre secano de campo(i). Y apartóse Jacob(j) a llanura de Siria; y sirvió Israel por mujer, y por mujer custodió(k). Y por profeta sacó el Señor a Israel a tierra de Egipto; y por profeta fue guardado. Enfureció(l) Efraín, y encolerizó; y su sangre sobre él se derramará, y su oprobio le retribuirá el Señor. Pecados y castigo de Israel. Piedad divina. Según la palabra Efraín justificaciones él recibió en Israel(a); y púsolas a la baal, y murió. Y pasó a pecar, e hiciéronse fundición de su plata, a imagen de ídolos, obras de artífices fabricadas para ellos; ellos dicen: «Sacrificad hombres, pues becerros han fallado». Por esto serán como nube matutina, y como rocío auroral pasajero; como paja soplada de era y como vaho de lágrimas. Y yo Señor, tú Dios, afianzando el cielo y creando tierra, cuyas manos crearon toda la milicia del cielo; y no te mostré eso para que anduvieses en su pos; y yo te saqué de tierra de Egipto; y Dios, fuera de mí no conocerás; y quien salve, no hay fuera de mí. Yo te pastoreé en el desierto en tierra inhabitable, según los prados de ellos(b); y se hartaron, hasta hartura; y exaltáronse sus corazones; por esto me olvidaron. Y seré para ellos como pantera y como leopardo, orillas de camino de asirios; me encontraré con ellos, como osa angustiada; y destrozaré cerradura(c) de su corazón; y los devorarán allí leoncillos de sierra, bestias de campo los destrozarán. Tu perdición, Israel, ¿quién remediará(d)? ¿Dónde tu rey ese(e)? Y sálvete en todas tus ciudades; júzguete de quien dijiste: «Dame rey y príncipe». Y te di rey en mi ira, y quité en mi furor. Aglomeración de injusticia Efraín, ocultó su pecado; dolores, como de parturiente, le vendrán. ¡Este es tu hijo, el prudente! por cuanto no subsistirá en quebranto de hijos. De mano de infierno, libraréles, y de muerte redimiré: ¿dónde, tu imperio, muerte? ¿Dónde, tu aguijón, infierno? consolación está oculta(f) a mis ojos; por cuanto éste en medio de hermanos(g). Traerá quemante viento el Señor, desde el desierto sobre él, y secaré sus venas, yermará sus fuentes; él resecará su tierra y todos sus vasos los deseables. (14:1) Aniquilada será Samaria pues ha resistido a su Dios; en espada caerán ellos y sus amantes serán estrellados; y las en vientre teniendo, de ellos, hundidas serán. Penitencia. Los penitentes serán felices. (14:2) Vuélvete, Israel, a tu Dios, por esto: porque has enfermado en tus injusticias. (14:3) Tomad con vosotros palabras(a), y volveos al Señor, vuestro Dios. Decidle que no tomaréis injusticia, y tomaréis bienes; y retribuiremos el fruto de nuestros labios. (14:4) Asur no nos salvará, no, en bridón no subiremos; no diremos ya «Nuestros dioses» a las obras de nuestras manos. El, en ti(b) se apiadará del huérfano. (14:5) Sanaré las moradas de ellos; les amaré abiertamente; pues apartó mi irá de sí. (14:6) Seré, como rocío, para Israel: florecerá, como lirio; y echará sus raíces, como el Líbano, (14:7) irán sus ramas, y será, como olivo fructífero; y su fragancia, como del Líbano. (14:8) Volverán y se sentarán a su sombra; vivirán y se embriagarán de trigo y florecerá, como vid, su memoria; como vino de Líbano. (14:9) A Efraín ¿qué a él ya y los ídolos? Yo le humillé; y fortaleceré. Yo, como enebro denso(c); de mí tu fruto se hallará(d). (14:10) ¿Quién es sabio, y entenderá esto? ¿O inteligente, y lo conocerá? Pues rectas son las vías del Señor, y los justos andarán en ellas, pero los impíos, flaquearán. Profetiza que la langosta arrasará a toda la Judea Palabra del Señor que fue hecha a Joel, el de Batuel. Oíd esto, los ancianos; y escuchad todos los habitantes de la tierra. ¿Si habrá acontecido cosa tal en vuestros días o en los días de vuestros padres? De esto a vuestros hijos contad, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación. Los residuos de la oruga devoró la langosta; y los residuos de la langosta devoró el pulgón, y los residuos del pulgón devoró la roya. Despertad los ebrios, del vino de ellos y llorad; trenad, todos los que bebéis vino hasta la ebriedad; pues ha sido quitada, de vuestra boca, la alegría y el gozo. Pues gente ha subido a mi suelo, fuerte e innúmera; sus dientes, dientes de león, y sus muelas de cachorro; ha puesto mi vid en desaparecimiento, y mis higueras en quebranto; escudriñando escudriñóla y derribó; blanquearon sus ramas. Plañe por mí, sobre la esposa vestida de saco por su marido el virginal. Quitada ha sido la hostia y libación de casa del Señor; llorad, sacerdotes, los ministros del altar. Porque desolados están los campos; llore la tierra, porque desolado está el trigo; secóse el vino; mermó el aceite; secáronse los labriegos; llorad, heredades, por el trigo y cebada; pues ha perecido la vendimia del campo; la vid secádose; y las higueras mermado. Granado, y palma, y manzano, y todos los leños del campo han secádose; pues avergonzaron el gozo los hijos de los hombres. Ceñíos y plañid los sacerdotes; trenad, los ministros del altar; entrad, dormid en sacos, ministros de Dios; pues se ha retirado de la casa de nuestro Dios, la hostia y la libación. Santificad el ayuno; pregonad reunión; congregad ancianos, a todos los habitadores de la tierra en casa de vuestro Dios; y clamad al Señor continuamente. ¡Ay de mí! ¡ay de mí! ¡ay de mí en el día! pues cercano está el día del Señor; y como calamidad de calamidad vendrá. Frente por frente de vuestros ojos, los víveres perecieron y de la casa de vuestro Dios, la alegría y el gozo. Saltaron(a) becerras de sus pesebres; desvaneciéronse, los tesoros; socaváronse los lagares, que se secó el trigo. ¿Qué nos guardaremos? Lloraron vacadas de vacas; que no había pasto para ellas; y los retoños de las ovejas desaparecieron. A ti, Señor, clamaré; porque el fuego consumió los primores del desierto; y la llama quemó todos los leños del campo; y las bestias del llano han mirado hacia ti; por haberse secado los manantiales de las aguas y fueron devorados los primores del desierto. Continúase pintando el castigo: y se exhorta a penitencia. La futura piedad. Trompetead con trompeta en Sión; pregonad en mi monte santo; y desfallezcan todos los habitantes de la tierra; por esto: porque cerca está el día del Señor; porque próximo, el día de tinieblas y de caligme; día de nube y niebla. Como el alba, derramado será sobre los montes pueblo mucho y fuerte; semejante a él no ha habido desde el siglo; y, después de él, no se le repetirá hasta años: por generaciones de generaciones. Lo delante de él, fuego consumidor; y lo detrás de él, encendida llama; cual paraíso de delicias, la tierra ante de su faz; y lo después de él, llanura de anonadamiento; y quien se salve, no habrá para él. Como visión de bridones la visión de ellos; y como cabalgantes, así perseguirán. Como voz de carros sobre las cumbres de los montes, saltarán, y como voz de llama de fuego devorando paja; y como pueblo mucho y fuerte, ordenado en guerra. Ante su faz quebrantados serán pueblos; toda faz como quemadura de marmita. Como batalladores correrán; y, como varones guerreros ascenderán a los muros y cada cual en su camino andará, y no declinarán, no, de sus sendas; y cada cual de su hermano no se apartará; oprimidos en sus armaduras andarán, y en sus dardos caerán y no serán consumados(a), no. De la ciudad apoderaránse, y sobre los muros correrán, y a las casas ascenderán; y por ventanas entrarán, cual ladrones. A su(b) faz, desfallecerá la tierra; y se estremecerá el cielo; el sol y la luna se obscurecerán; y los astros depondrán su fulgor(c). Y el Señor dará su voz a faz de su potencia; que mucho es sobremanera su ejército; que fuertes las obras de sus palabras; por cuanto grande, es el día del Señor; grande y esplendente sobremanera; ¿y quién será bastante para ella? Y ahora dice el Señor, vuestro Dios: «Convertíos a mí de todo vuestro corazón, y en ayuno y llanto plañid; y desgarrad vuestros corazones, y no vuestros vestidos; y convertíos al Señor, vuestro Dios; pues misericordioso y compasivo es, longánimo y piadosísimo y arrepintiéndose de los males. ¿Quién sabe si se convertirá y arrepentirá; y dejará tras sí bendición, hostia y libación al Señor, vuestro Dios? Trompetead con trompeta en Sión, santificad ayuno, pregonad reunión, congregad pueblo; santificad congregación; elegid(d) ancianos; congregad párvulos mamantes de pechos; salga esposo de su cámara y esposa de su tálamo. En medio del vestíbulo del altar llorarán los sacerdotes, los ministrantes del Señor, y dirán: «Perdona, Señor, a tu pueblo, y no des tu heredad en oprobio, para que los dominen gentes; porque no digan en las gentes: «¿Dónde está el Dios de ellos?». Y se ha encelado el Señor con su tierra; y ha perdonado a su pueblo. Y ha respondido el Señor y dicho a su pueblo: «He aquí yo os envío el trigo y el vino y el aceite y os hartaréis de ellos; y no os daré ya más en oprobio en las gentes; y al del aquilón fugaré de vosotros y le expeleré a tierra inacuosa, y anonadaré su vanguardia en el mar el primero; y su retaguardia en el mar el postrero; y subirá su podredumbre; y subirá su hedor, pues ha engrandecido sus obras(e). Confía, tierra, alégrate y regocíjate, pues ha engrandecido el Señor el hacer(f). Confiad, bestias del campo; pues han germinado las llanuras de la soledad; pues el leño ha llevado su fruto; higuera y vid dado la fuerza de ellas. Y los hijos de Sión, gozaos y alegraos en el Señor, vuestro Dios; por cuanto os ha dado las viandas en justicia(g); y os lloverá lluvia matutina y vespertina, así como antes; y se llenarán las eras de trigo; y rebosarán los lagares de vino y aceite. Y os retribuiré, por los años que devoró la langosta, y el pulgón y la roya y la oruga: mi ejército el grande que envié contra vosotros; y comeréis, comiendo, y os hartaréis; y loaréis el nombre del Señor, vuestro Dios, lo que ha hecho con vosotros en maravillas; y no será confundido, no, mi pueblo por el siglo; y reconoceréis que en medio de Israel yo estoy, y yo el Señor, vuestro Dios; y no hay más, fuera de mí; y no será confundido, no, ya mi pueblo por el siglo. Y será, después de esto, que derramaré de mi espíritu sobre toda carne; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros ancianos ensueños soñarán; y vuestros jovencillos visiones verán; y sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi espíritu(h) y daré prodigios en el cielo; y sobre la tierra sangre, y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de venir día del Señor, el grande y esplendente(i); y será que todo el que invocare el nombre del Señor se salvará; pues en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, según ha dicho el Señor, y evangelizantes(j), que el Señor ha llamado. Ultimo juicio de los gentiles. Gloria de Jerusalén. Pues he aquí que yo, en aquellos días, en aquel tiempo, cuando convirtiere la cautividad de Judá y Jerusalén (3:1) y congregaré todas las gentes y las bajaré al valle de Josafat, y discutiré con ellas allí sobre mi pueblo y mi heredad de Israel, los que han sido dispersados en las gentes; y mi tierra repartieron, (3:2) y sobre mi pueblo echaron suertes, y dieron los pequeñuelos a meretrices; y las doncellitas vendían por vino, y bebían. (3:3) Y ¿qué vosotros conmigo, Tiro y Sidón y toda Galilea de alienígenas? ¿Con no retribución vos me retribuiréis? ¿O rencoreáis vos contra mí? Súbita y rápidamente retribuiré vuestra retribución a vuestras cabezas; (3:4) por cuanto mi plata y mi oro tomasteis; y lo selecto mío, lo hermoso introdujisteis en vuestro templos; (3:5) y los hijos de Judá y los hijos de Jerusalén vendisteis a los hijos de los griegos, para arrojarles(a) de sus confines. (3:6) Y he aquí que yo los suscito del lugar a donde los vendisteis allí, y retribuiré la retribución vuestra a vuestras cabezas, (3:7) y venderé vuestros hijos y vuestras hijas en manos de los hijos de Judá, y los venderán, en cautiverio a gente(b) lejos apartada; que el Señor ha hablado. (3:8) Pregonad esto en las gentes, santificad la guerra; levantad a los batallones; traed y subid, todos los varones guerreros; (3:9) despedazad vuestros arados para espadas, y vuestras hoces para lanzas; el impotente diga que «Me envalentono». (3:10) Juntaos y entrad, todas las gentes de en contorno, y congregaos allí; el manso sea batallador. (3:11) Levántense, asciendan todas las gentes al valle de Josafat(c); por esto porque allí me sentaré a juzgar a todas las gentes en contorno. (3:12) Enviad hoces, que ha llegado la vendimia: entrad, hollad puesto que lleno está el lagar; rebosad los sublagares; que se han colmado los males de ellos. (3:13) Resonancias resonaron en el valle del juicio; pues cerca está el día del Señor, en el valle del juicio. (3:14) El sol y la luna se obscurecerán; y los astros depondrán su fulgor. (3:15) Y el Señor, desde Sión, clamará; y, desde Jerusalén, dará su voz; y temblará el cielo y la tierra; y el Señor perdonará a su pueblo, y confortará a los hijos de Israel. (3:16) Y conoceréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, el que me empabellono en Sión, en mi monte santo; y será Jerusalén santa, y alienígenas ya no pasarán, no, por ella más. (3:17) Y será: en aquel día que destilarán los montes dulzura; y las colinas manarán leche; y todos los manantiales de Judá manarán aguas; y fuente de casa del Señor saldrá, abrevará los torrentes de los juncos(d). (3:18) Egipto en desaparición será; y la Idumea en llanura de desaparición será, por injusticias de los hijos(e) de Judá, por cuanto derramaron sangre justa en la tierra de ellos. (3:19) Y la Judea por el siglo habitada será, y Jerusalén por generaciones de generaciones. (3:20) Y exigiré la sangre de ellos(f); y no os absolveré, no; y el Señor se empabellonará en Sión. Profecía contra Damasco. Los filisteos. Tiro, Edom y Amonitas. Palabra de Amós que fueron hechas en Acarim, en Tecúe, que vio sobre Jerusalén en días de Ozías, rey de Judá; y en días de Jeroboam, de Joás, rey de Israel; dos años antes del terremoto. Y dijo: «El Señor desde Sión, clamó, y desde Jerusalén, dio su voz; y lloraron los prados de los pastores; y arideció la cima del Carmelo». Y dijo el Señor: «Por todas las tres impiedades de Damasco y por las cuatro no me apartaré de él(a); por cuanto aserraron férreas a las grávidas(b) de Galaad; y enviaré fuego a la casa de Hazael, y devorará los fundamentos de el hijo de Hader(c); y quebrantaré los cerrojos de Damasco, y exterminaré los habitadores del campo de On(d); y destrozaré la tribu de varones de Carrán, y será cautivado el pueblo de Siria nombrado», dice el Señor. Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de Gaza y sobre las cuatro no me apartaré de ellos; por haber ellos cautivado cautiverio de Salomón(e); para encerrar en la Idumea; y enviaré fuego sobre los muros de Gaza; y devorará los fundamentos de ella. Y exterminaré los habitadores de Azoto; y quitada será la tribu, de Ascalón, y extenderé mi mano sobre Acarón y perecerán los residuos de los filisteos», dice el Señor. Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de Tiro, y por las cuatro no me apartaré de ella; por cuanto encerraron cautiverio de Salomón en la Idumea; y no rememoraron pacto de hermanos; y enviaré fuego sobre los muros de Tiro, y devorará sus fundamentos». Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de la Idumea y por las cuatro, no me apartaré de ellos, porque los persiguieron en espada, al hermano de él, y ultrajó madre(f) sobre la tierra; y arrebató, para testimonio, su horror; y su ímpetu guardó, para victoria; y enviaré fuego a Temán; y devorará fundamentos de muros de ella». Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de los hijos de Amón y las cuatro, no me apartaré de él, por cuanto hendieron a las grávidas de los galaaditas, para dilatar sus confines; y encenderé fuego sobre los muros de Rabá; y devorará los fundamentos de ella, con clamor, en día de guerra, y temblará en días de su consumación; e irán los reyes de ellos en cautiverio; y los sacerdotes de ellos y los príncipes de ellos a la vez», dice el Señor. Contra Moab, Judá e Israel. Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de Moab, y las cuatro, no me apartaré de él; por cuanto quemó los huesos de la Idumea en ceniza; y enviaré fuego sobre Moab y devorará los fundamentos de sus ciudades; y morirá Moab en impotencia, con clamor y con voz de trompeta; y exterminaré como juez de ella, y todos los de ella mataré con él», dice el Señor. Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de los hijos de Judá y las cuatro, no me apartaré de él, porque desecharon la ley del Señor y sus preceptos no guardaron; y extraviáronles los vanos(a) de ellos que hicieron, a quienes siguieron sus padres, en pos de ellos; y enviaré fuego sobre Judá, y devorará los fundamentos de Jerusalén. Esto dice el Señor: «Por las tres impiedades de Israel y sobre las cuatro, no me apartaré de él; por cuanto vendieron, por dinero, al justo, y al pobre por sandalias, que huellan el polvo de la tierra, y abofeteaban las cabezas de los menesterosos, y el camino(b) de los humildes torcieron; e hijo y su padre entraban a la misma niña, para contaminar el nombre del Dios de ellos; y de sus vestiduras, atando con cuerdas(c), velos hacían a par del ara; y vino de calumnias(d), bebían en la casa de su Dios. y yo arrojé al amorreo de ante la faz de ellos; del cual era, como altura de cedro, la altura de él; y fuerte era, como encina; y sequé el fruto de él arriba, y sus raíces, abajo; y yo saqué de la tierra de Egipto, y os llevé, en contorno en el desierto cuarenta años, para que heredaseis la tierra de los amorreos; y tomé, de vuestros hijos, para profetas y de vuestros adolescentes, para santificación ¿Acaso no es esto, hijos de Israel?», dice el Señor. Y propinabais a los santificados vino; y a los profetas mandabais diciendo: «No profetices, no». Por esto, he aquí yo ruedo debajo de vosotros al modo que rueda el carro lleno de paja; y perecerá fuga, de corrida; y el fuerte no tendrá su fuerza, no; y el batallador no salvará su alma, no; y el arquero no subsistirá, no; y el rápido en sus pies no salvará, no; y el cabalgador no salvará su alma, no; y el fuerte no hallará su corazón, no, en poderíos; (2:15) el desnudo perseguirá en aquel día», dice el Señor. Castigo del ingrato Israel Oíd esta palabra que habló el Señor sobre vos, casa de Israel, y contra toda tribu que sacó de tierra de Egipto, diciendo: «Sólo a vos he conocido(a) de todas las tribus de la tierra; por esto vengaré en vos todos vuestros pecados. ¿Si andarán dos juntos del todo, sin conocerse?(b)» ¿Si rugirá león de entre sierras, presa no teniendo? ¿Si dará el leoncillo su voz, si no arrebatare algo? ¿Si caerá ave sobre la tierra; sin pajarero? ¿Si será depuesto el lazo sobre la tierra, sin haber cogido algo? ¿Si sonará la trompeta en la ciudad, y el pueblo no se amedrentará, no? ¿Si habrá calamidad en ciudad, que el Señor no haya hecho? Por esto no hará el Señor Dios cosa alguna si no revelare su enseñanza(c) a sus siervos, los profetas. El león rugirá, y ¿quién no temerá? El Señor Dios ha hablado, y ¿quién no profetizará?(d). Anunciad a las regiones en Asiria, y sobre las regiones de Egipto, y decid: «Congregaos sobre el monte de Samaria, y ved maravillas(e) muchas en medio de ella y opresión la en ella; y no conoció lo que había delante de(f) ella, dice el Señor; los atesoradores de injusticia y miseria en las regiones de ellos». Por estos dice el Señor Dios: «Tiro(g) en contorno: la tierra tuya desolada será; y derribará de ti la fuerza tuya; y despojadas serán tus regiones». Esto dice el Señor; «Del modo que arrancare el pastor de boca del león un par de pies o lóbulo de oreja; así arrancados serán los hijos de Israel, los habitantes en Samaria, enfrente de la tribu, y en Damasco los sacerdotes(h) Oíd y testificad a la casa de Jacob, dice el Señor, el Dios, el todopoderoso; porque en el día cuando vindicare yo las impiedades de Israel sobre él, y vindicare sobre los altares de Betel y sacados fueren los cuernos del altar y cayeren sobre la tierra; desharé y percutiré la casa la columnaria sobre la casa la estival, y perecerán casas marfileñas y añadirán otras casas muchas», dice el Señor. Castigo del desenfreno e idolatría de Israel. Exhortación a la penitencia. Oíd esta palabra, becerras de la Besanítide, las del monte de Samaria, las que oprimís a los pobres y holláis a los indigentes; las que decíais a vuestros señores: «Dadnos de beber». Jura el Señor por sus santos; porque: «He aquí días vienen sobre vosotros y os cogerán en armas; y a los con vosotras en ollas encendidas lanzarán abrasadas pestes(a); y seréis echadas desnudas unas frente a otras, y arrojadas al monte de Hermón(b). Entrasteis en Betel y prevaricasteis y en Gálgala multiplicasteis el prevaricar, y trajisteis, al alba, vuestras hostias; y cada triduo(c) vuestros diezmos. Y leyeron fuera la ley y pregonaron confesiones. Anunciad que esto han amado los hijos de Israel; dice el Señor(d) Y yo os daré(e) destemple de dientes(f) en todas vuestras ciudades; y no os habéis convertido a mí, dice el Señor. Y yo detuve, de vosotros la lluvia tres meses antes de la vendimia; y lloveré sobre ciudad una, sobre ciudad una no lloveré; parte una será regada, y parte una, sobre la cual no lloveré, se secará. Y reuniránse dos y tres ciudades en ciudad una a beber agua; y no se saciarán, no; y no os convertisteis a mí, dice el Señor. Os he percutido en ardor y en ictericia; multiplicasteis vuestros huertos; vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares devoró la oruga; y ni así os convertisteis a mí, dice el Señor. Envié a vosotros muerte en vía de Egipto(g); y maté en espada a vuestros adolescentes, con cautiverio de tus bridones; y saqué en fuego vuestros campamentos en vuestra ira(h); y ni así os convertisteis a mí, dice el Señor. Os arrasé como arrasó Dios a Sodoma y Gomorra, y fuisteis hechos como tizón sacado del fuego; y ni así os convertisteis a mí, dice el Señor. Por esto, así te haré, Israel; empero, porque así te haré, prepárate a invocar a tu Dios, Israel. Puesto que he aquí yo, afianzando trueno(i) y creando ráfaga y anunciando a los hombres su ungido(j); el que hago aurora y niebla, que camino sobre las celsitudes de la tierra; Señor, el Dios el Omnipotente, es su nombre». Treno a Israel caído. Exhortación a penitencia. Oíd esta palabra del Señor que yo entono sobre vosotros, un treno: «La casa de Israel ha caído; no tornará ya, no, a levantarse; la virgen de Israel se ha derribado sobre su tierra; no hay quien la levante». Por esto esto dice Señor Señor: «La ciudad de que salían mil, quedarán ciento; y de la que salían ciento, quedarán diez a la casa de Israel: Por esto esto dice Señor a la casa de Israel: «Buscadme, y viviréis; y no busquéis a Betel, y a Gálgala no entréis; y por el pozo del juramento no paséis, porque Gálgala cautiva será cautivada; y Betel será como no existente. Buscad al Señor y vivid, para que no se inflame como fuego la casa de José, y la devore; y no habrá quien apague para la casa de Israel. El que hace, en celsitud, juicio, y justicia en tierra ha puesto(a); el que hace todo y transforma(b), y muda, en alba, sombra, y día en noche, entenebrece; el que llama el agua del mar y la derrama sobre la haz de la tierra; el Señor, su nombre; el que discierne(c) quebranto sobre la fortaleza; y miseria sobre fortificación trae. Odiaron al en puertas amonestador(d), y palabra santa abominaron. Por esto, por cuanto abofeteaban a los pobres; y dádivas selectas recibíais de ellos, casas pulidas(e) edificasteis; y no habitaréis, no, en ellas; viñas deseables plantasteis; y no beberéis, no, el vino de ellas. Pues he conocido vuestras muchas impiedades; y recios, vuestros pecados, conculcando al justo, tomando permutas(f); y a los pobres en las puertas desviando(g). Por esto el inteligente en esta sazón callará; que sazón de malos es. Buscad lo hermoso, y no lo malo, para que viváis, y será así con vosotros el Señor, el Dios, el omnipotente; del modo que habéis dicho: «Hemos odiado lo malo y amado lo hermoso», reparad en puertas, juicio; porque se apiade el Señor, el Dios, el omnipotente de las reliquias de José. Por esto, esto dice el Señor, el Dios, el omnipotente: «En todas las vías, lamento y en todos los caminos se dirá:» ¡Ay, ay!; será llamado el labrador a llanto y lamento, y a los sabedores de treno. y en todos los caminos lamento; por esto: porque pasaré por en medio de ti, dice el Señor. ¡Ay de los que desean el día del Señor(h)! ¿A qué este a vosotros día del Señor? Y éste es tinieblas, y no luz. Del modo que si huyese un hombre de faz del león, y topare con él el oso, y se escapare a su casa; y afirmare sus manos en la pared, y le mordiere serpiente(i). ¿Acaso no, tinieblas, el día del Señor, y no luz y tenebrosidad, no teniendo esplendor ella? He odiado, rechazado vuestras festividades y no oleré, no, hostias en vuestras reuniones. Por lo cual, si me ofreciereis holocaustos y hostias vuestras, no acogeré; y pacíficos de vuestra presentación no miraré. Aparta de mí el son de tus cantares; y el salmo de tus órganos no escucharé; y rodará, cual agua, el juicio; y la justicia, cual torrente intransitable. ¿Acaso víctimas y hostias me ofrecisteis en el desierto, cuarenta años, casa de Israel? Y tomasteis el pabellón de Moloc y el astro de vuestro dios Raifán(j); las imágenes de ellos, las que os hicisteis; y os trasportaré allende de Damasco, dice el Señor, el Dios, el omnipotente, su nombre». Vicios de Israel y su castigo ¡Ay de los que desdeñan(a) a Sión, y confían en el monte de Samaria! Vendimiaron primicias de las gentes, y entraron ellos mismos. Casa de Israel, pasad todos y ved; y atravesad de allí, a Emat-Rabá; y bajad, de allí, a Get de filisteos, las mejores de todos estos reinos: si mayores sus confines son que vuestros confines(b). Los que vienen para un día malo, los que se allegan y tocan sábados mentidos(c); los que duermen en lechos marfileños y lujurian en sus estrados; y comen cabritos de greyes y becerrillos; de en medio de vacadas, lechones; los que aclaman a la voz de los órganos; como cosas estables las han reputado, y no como fugitivas(d); los que beben el defecado vino y con primeros ungüentos se ungen; y no padecían nada en(e) el quebranto de José. Por esto ahora, cautivos serán del principado de los potentes; y quitado será el relincho de caballos(f), de Efraín. Pues ha jurado el Señor por sí mismo, por cuanto abomino yo toda la altanería de Jacob, y sus regiones aborrecí; y quitaré la ciudad con todos sus habitadores; y será: si quedaren diez en casa una, morirán, y quedarán los demás(g); y cogerán los domésticos, los de ellos, y se esforzarán por sacar los huesos de ellos de la casa; y dirá(h) a los prepósitos de la casa: «¿Si aún queda cerca de ti(i)?» y dirá: «No más». Y dirá: «Calla; que no nombres el nombre del Señor(j)». Por cuanto he aquí el Señor manda, y percutirá la casa grande con ruinas, y la pequeña con hendeduras. ¿Si perseguirán en peñas bridones? ¿Si callarán ante hembras(k)? Porque habéis convertido en furor el juicio, y el fruto de justicia en amargura; los que os alegráis por ninguna(l) palabra; los que decís: ¿«No en nuestra fuerza hemos tenido cuernos(m)»?. Puesto que yo suscito sobre vosotros, casa de Israel, gente, dice el Señor de los ejércitos; y os quebrantarán que no entréis en Emat y hasta el torrente de occidente». Visiones de la culpa de Israel. Un sacerdote idólatra y su castigo. Así me manifestó el Señor Dios, y he aquí cría de langostas(a), viniendo matutina y he aquí pulgón uno: Gog, el rey(b). Y fue, cuando hubo terminado de devorar la hierba de la tierra, y dije: «Señor, Señor, propicio sé; ¿quién levantará a Jacob, pues poquísimo es? Arrepiéntete, Señor, de esto». Y esto no será, dice el Señor. Así me manifestó el Señor, y he aquí que llamó el juicio, en fuego(c), el Señor, y devoró el abismo mucho(d), y devoró la parte del Señor. Y dije: «Señor, cesa ya: ¿quién levantará a Jacob; pues poquísimo es? Arrepiéntete, Señor, de esto». Tampoco esto no sucederá, dice el Señor. Así me manifestó el Señor, y he(e) aquí parado sobre muro acérico(f); y en su mano un acero. Y me dijo el Señor: «¿Qué tú ves, Amós?». Y dije: «Acero». Y díjome Señor: «He aquí yo depongo el acero en medio de mi pueblo de Israel; ya no volveré a pasar por él; y desaparecerán las aras de irrisión; y las iniciaciones(g) de Israel serán yermadas; y me levantaré sobre la casa de Jeroboam en espada». Y envió Amasías, el sacerdote de Betel cerca de Jeroboam, rey de Israel, diciendo: «Pobladas hace contra ti Amós, en medio de la casa de Israel; no podrá, no, la tierra soportar todas sus palabras. Porque esto dice Amós: «En espada fenecerá Jeroboam; e Israel cautivo será llevado de su tierra». Y dijo Amasías a Amós: «El vidente ve, sal tú a tierra de Judá; y allí vive, y allí profetizarás; pero en Betel ya no proseguirás profetizando porque santuario de rey es; y casa de reyecía es». Y respondió Amós y dijo a Amasías: «No era profeta yo, ni hijo de profeta, sino que cabrero era, y cogiendo sicomoros. Y me sacó el Señor de entre las ovejas, y me dijo el Señor: «Ve y profetiza sobre mi pueblo de Israel». Y ahora oye la palabra de Señor: «Tú dices: «No profetices sobre Israel, y no juntes, no, turbas sobre la casa de Jacob»; Por esto, dice el Señor: «Tú mujer en la ciudad será prostituida; y tus hijos y tus hijas en espada caerán; y tu tierra en cuerda será medida; y tú, en tierra inmunda, morirás; pero Israel cautivo será llevado de su tierra». Ruina de Israel Así me manifestó el Señor, Señor; y he aquí un instrumento de pajarero(a); y dijo: «¿Qué tú ves Amós?» Y dije: «Instrumento de pajarero». Y díjome el Señor: «Viene el fin sobre mi pueblo de Israel; no proseguiré ya pasando de él. Y ulularán los artesonados del templo en aquel día, dice el Señor, Señor; mucho el caído en todo lugar; lanzaré silencio. Oíd ahora esto los que conculcáis, a la mañana, al pobre, y oprimís indigentes de sobre la tierra, diciendo: ¿Cuándo pasará el mes(b) y negociaremos; y los sábados, y abriremos el tesoro para hacer pequeña la medida y para agrandar el peso y hacer balanza injusta; para ganar, en plata, también a pobres y humildes, por sandalias; y con todo fruto comerciaremos? Jura el Señor contra la soberbia de Jacob. Si olvidará para triunfo(c), todas vuestras obras; y por esto no se conturbará la tierra y llorará todo habitador de ella; y subirá como río para, consumación; y bajará, como río de Egipto. Y será en aquel día, dice el Señor: se pondrá el sol al mediodía, y se obscurecerá, sobre la tierra, de día la luz; y mudaré vuestras fiestas en llanto, y todos vuestros cánticos en treno, y subiré, sobre todo lomo, el saco, y sobre toda cabeza, de calvación; y le pondré, como llanto de amado; y a los con él, como día de dolor. He aquí días vienen dice el Señor, y enviaré hambre sobre la tierra, no hambres de panes, ni sed de agua, sino hambre de oír la palabra del Señor; y se estremecerán las aguas del mar; y, desde el septentrión hasta el oriente discurrirán buscando la palabra del Señor, y no hallarán, no. En aquel día desfallecerán la vírgenes, las hermosas, y los adolescentes de sed; los que juran por la propiciación de Samaria y los que dicen: «Vive Dios, Dan; y vive tu Dios, Bersabé»; y caerán y no se levantarán más. Total ruina de Israel. Promesas de los tiempos mesiánicos. Vi al Señor parado sobre el ara, y dijo: «Percute tú sobre el propiciatorio, y se estremecerán los vestíbulos, y destroza(a) contra las cabezas de todos; y sobre los restantes de ellos en espada mataré; no huirá, no, de entre ellos fugitivo; y no salvará, no, de entre ellos, quien salvare. Si se escondieren en el infierno, de allí mi mano los arrancará; y si subieren al cielo , de allí los despeñaré; si ocultos estuvieren en la cima del Carmelo, de allí los escudriñaré y cogeré; y si se hundieren de ante mis ojos en las honduras de la mar, allí mandaré al dragón, y los morderá; y si fueren a cautividad a faz de sus enemigos, allí mandaré a la espada, y los matará; y afianzaré mis ojos sobre ellos en mal, y no en bien. Y el Señor, el Dios, el Omnipotente, el que toca la tierra y la estremece; y llorarán todos los moradores de ella; y ascenderá, como río, la consumación de ella; y descenderá, como río de Egipto; el que edifica en el cielo su ascensión, y su promisión sobre la tierra fundamenta; el que llama el agua de la mar y la derrama sobre haz de la tierra; es el Señor, Omnipotente, su nombre. ¿No sois vosotros, como hijos de etíopes, míos(b)? dice el Señor. ¿No he sacado a Israel de tierra de Egipto, y a los filisteos de Capadocia, y a los siros, de hoyo? He aquí los ojos del Señor Dios sobre el reino de los pecadores y lo quitaré de sobre la haz de la tierra; empero no hasta el fin quitaré la casa de Jacob, dice el Señor. Por lo cual yo mando y aventaré en todas las gentes la casa de Israel al modo que se avienta en el aventamiento; y no caerá, no, quebranto(c) sobre la tierra. En espada fallecerán todos los pecadores de mi pueblo; los que dicen: «No se llegará, no, y no vendrá, no, sobre nosotros el mal». En aquel día levantaré, y reedificaréla tal como los días del siglo(d); a fin de que busquen(e) las reliquias de los hombres, y todas las gentes sobre las cuales está invocado el nombre mío, sobre ellas, dice el Señor, el que hace esto. He aquí días vienen, dice el Señor, y cogerá la siega a la vendimia, y madurará la uva en la siembra, y destilarán los montes dulzura; y todas las colinas sembradas estarán. Y convertiré la cautividad de mi pueblo de Israel; y edificarán ciudades las disipadas; y habitarán, y plantarán viñas y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos, (9:14) y no serán arrancados jamás ya de la tierra que les he dado, dice el Señor, el Dios Omnipotente». Visión de Abdías. Esto dice el Señor Dios a la Idumea: «Oída, he oído del Señor, y un mensaje a las gentes he enviado: «Levantaos, y levantémonos sobre ella en guerra. He aquí poquísimo te he dado(a) en las gentes; deshonrado tú eres sobremodo; soberbia de tu corazón te levantó habitando en las hendeduras de las peñas; exaltando su morada, diciendo en su corazón: «¿Quién me despeñará sobre la tierra?» Si te alzares, cual águila; y si en medio de los astros pusieres tu nido, de allí te despeñaré, dice el Señor. Si ladrones hubieran entrado a ti o bandoleros de noche, ¿adónde fueras arrojada? ¿No robaran lo bastante a ellos? Y si vendimiadores entraran a ti ¿no hubieran dejado racima? ¡Cómo ha sido escudriñado Esaú y cogido lo oculto de él! Hasta los confines te despidieron(b); todos los varones de tu testamento levantáronse contra ti; pudieron contra ti varones pacíficos tuyos; pusieron asechanzas debajo de ti; no tienen entendimiento. En aquel día, dice el Señor, perderé los sabios de la Idumea, y el entendimiento del monte de Esaú; y se amedrentarán tus combatientes, los de Temán; para que sea quitado el hombre del monte de Esaú; por el degüello, y la impiedad de tu hermano Jacob, te cubrirá vergüenza, y serás quitado hasta el siglo. Desde el día que resististe en contra, en días de los que cautivaban, filisteos la fuerza de él, y extranjeros entraron en las puertas de él, y sobre Jerusalén echaron suertes, también eras, como uno de ellos. Y no despreciarás(c) el día de tu hermano, en día de extranjeros, y no te alegrarás por los hijos de Judá, en día de la perdición de ellos; y no te jactarás en día de tribulación; y no entrarás en las puertas de los pueblos en día de trabajos de ellos; ni despreciarás tampoco tú su congregación, en día de su perdición; ni te pondrás sobre sus salidas, para exterminar a los que salvaren de ellos; ni encerrarás a los fugitivos de él, en día de tribulación; por esto: porque cerca esta el día del Señor sobre todas las gentes. Del modo que has hecho, así te irá: tu retribución se retribuirá a tu cabeza; Puesto que del modo que bebiste(d) sobre el monte, el santo mío, beberán, y bajarán y serán como si no fuesen. Y en el monte de Sión, habrá salvación y será santo; y poseerán la casa de Jacob a los que habían poseído. Y será la casa de Jacob fuego, y la casa de José llama; y la casa de Esaú en paja; y se inflamarán contra ellos, y los devorarán; y no habrá triguero para la casa de Esaú, por cuanto el Señor ha hablado. Y poseerán los del mediodía el monte de Esaú; y los del llano a los filisteos; y poseerán el monte de Efraín y la llanura de Samaria, y a Benjamín y la Galaadítide. Y de la transmigración(e), éste es el comienzo para los hijos de Israel, tierra de los cananeos, hasta Sarepta; y la transmigración de Jerusalén, hasta Efrata; poseerán las ciudades del mediodía. Y subirán los salvos, de monte de Sión, a castigar el monte de Esaú; y será del Señor el reino. Vocación, desobediencia y castigo del profeta Y fue hecha la palabra del Señor a Jonás, el de Amati, diciendo: «Levántate y ve a Nínive, la ciudad la grande, y predica en ella que ha ascendido el clamor de su maldad a mí». Y levantóse Jonás, a huir de Tarsis, de ante rostro de Señor(a); y bajó a Jope y halló nave yendo a Tarsis; y dio su pasaje y entró en ella a navegar con ellos a Tarsis de ante el rostro del Señor. Y el Señor suscitó una ráfaga sobre el mar, y se hizo oleaje grande en la mar; y la nave peligraba ser deshecha. Y amedrentáronse los nautas y vociferaron cada cual a su dios, y lanzamiento hicieron de los vasos, los de la nave, al mar, para aligerarla de ellos. Y Jonás había bajado a la hondura de la nave, y dormía y roncaba. Y acercóse a él el subpiloto y díjole: «¿Qué? ¿tú roncas? Levántate e invoca a tu dios, porque el dios nos salve y no perezcamos». Y dijo cada cual a su prójimo: «Venid, echemos suertes, y conoceremos por quién este mal está sobre nosotros». Y echaron suertes; y cayó la suerte sobre Jonás. Y le dijeron: «Cuéntanos cuál tu obrar es, y de dónde vienes, y de qué región y de qué pueblo eres tú». Y les dijo: «Siervo del Señor yo soy y al Señor Dios del cielo y temo, quien hizo la mar y la seca» Y temieron los varones con temor grande y dijéronle: « ¿Qué? ¿esto has hecho?» por cuanto conocieron los varones que de ante el rostro del Señor estaba fugitivo; pues contádoles había. Y dijéronle: «¿Qué te haremos y reposará la mar de nosotros?» pues la mar iba y alzaba más marejada. Y díjoles Jonás: «Cogedme y lanzadme a la mar, y reposará el mar de vosotros; puesto que conozco yo que por mí esta marejada la grande sobre vos está» Y esforzábanse mucho los varones por volver a la tierra, y no podían, porque la mar iba y alzábase más contra ellos. Y vociferaron al Señor y dijeron: «¡Jamás, Señor! no perezcamos, por causa del alma de este hombre, y no des sobre nosotros sangre justa; por cuanto tú, Señor, del modo que has querido has hecho(b)». Y cogieron a Jonás y le lanzaron a la mar, y detúvose la mar en su agitación. Y temieron los varones con temor grande al Señor y sacrificaron sacrificios al Señor, y votaron votos. (2:1) Y ordenó el Señor a un cetáceo grande(a) devorar a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches; Jonás en el vientre de un pez. Ora allí, y después de tres días, es lanzado a tierra. (2:2) y oró Jonás al Señor, su Dios, desde el vientre del cetáceo y dijo: (2:3) «He clamado en mi tribulación, al Señor, mi Dios y me ha escuchado. Del vientre del infierno, el clamor escuchaste de mi voz; (2:4) me has arrojado en honduras del corazón de la mar, y torrentes me han cercado; todos tus alzamientos y tus olas han pasado sobre mí. (2:5) Y yo dije: «Desechado he sido de tus ojos»; empero volveré a ver tu templo, el santo tuyo; (2:6) se ha derramado agua en torno, hasta el alma; abismo me ha cercado postrero(b); hundióse mi cabeza en hendeduras de montes(c); (2:7) y descendí a tierra cuyos cerrojos, de ella, detenciones sempiternas; y suba la perdición de mi vida(d); Señor, mi Dios; (2:8) al desfallecer de mí, el alma mía, del Señor me he acordado; y venga a ti mi plegaria, al templo santo tuyo. (2:9) Los que guardan vanidades y mentiras, su misericordia abandonaron(e); (2:10) yo, empero, con voz de loor y confesión, te sacrificaré; cuanto he votado, te pagaré, de salud(f), al Señor. (2:11) Y mandóse al cetáceo y lanzó a Jonás sobre la seca. Predica Jonás penitencia en Nínive, la que se convierte Y fue hecha la palabra del Señor a Jonás por segunda vez, diciendo: «Levántate, ve a Nínive, la ciudad, la grande(a), y predica en ella, según la predicación de antes que yo te hablé». Y levantóse Jonás y fue a Nínive, según lo que habló el Señor. Pero Nínive era ciudad grande para Dios(b), como de jornadas tres. Y empezó Jonás a entrar a la ciudad, como una jornada; y predicó y dijo: «Todavía tres días, y Nínive será destruida». Y creyeron los varones de Nínive a Dios, y predicaron ayunos, y vistieron sacos, de grande de ellos a pequeño de ellos. Y llegó la palabra al rey de Nínive; y se levantó de su trono, y quitóse su estola y revistióse de saco; y se sentó en ceniza. Y fue predicado y dicho en Nínive por el rey y por los grandes de él, diciendo: «Los hombres y las bestias, y los bueyes y la ovejas no gusten nada, ni pazcan ni agua beban». Y revestidos fueron de sacos los hombres, y las bestias; y clamaron a Dios vehementemente y convirtiéronse cada uno de su camino el malo y de la injusticia la en sus manos, diciendo: «Quién sabe si se arrepienta Dios, y se aparte de la ira de su furor, y no perezcamos». Y vio Dios las obras de ellos, que se habían convertido de sus caminos, los malos; y se arrepintió Dios del mal que había hablado hacerles; y no lo hizo. Queja del profeta y su castigo Y contristóse Jonás con tristeza grande y se desconcertó; y oró al Señor y dijo: «Oh Señor, ¿no oís(a) éstas mis palabras, estando yo aún en mi tierra? Por esto me apresuré a huir a Tarsis, por cuanto conocí que tu eres misericordioso y compasivo, longánimo y piadosísimo, y arrepintiéndote de los males. Y ahora, dominador Señor, quita mi alma de mí, que hermoso que yo muera que no que yo viva». Y dijo el Señor a Jonás: ¿»Si muy mucho te has contristado?...» Y salió Jonás de la ciudad y sentóse en frente de la ciudad, e hízose allí tienda; y se sentó debajo de ella, en sombra, hasta ver qué sería de la ciudad. Y mandó el Señor Dios a una coloquíntida(b), y subió sobre la cabeza de Jonás, para que hubiese sombra sobre su cabeza, para que le sombrease de sus males; y alegróse Jonás de la coloquíntida con alegría grande. Y mandó Dios a un gusano matinal al otro día, e hirió la coloquíntida, y secóse. Y aconteció, en saliendo el sol, que Dios mandó a un prester quemante, y percutió el sol sobre la cabeza de Jonás; y se abatió y desesperó su alma, y dijo: «Hermoso me es morir, que no vivir» Y dijo Dios a Jonás: «¿Si muy mucho te has contristado tú por la coloquíntida?»... Y dijo: «Muy mucho me he contristado yo hasta la muerte» Y dijo el Señor: «Tú te has lastimado de la coloquíntida, por la cual no has trabajado, por ella ni la has criado; que nació a la noche, y a la noche pereció, y yo ¿no me lastimaré de Nínive, la ciudad, la grande, en que habitan más de ciento veinte mil hombres, los que no conocen su derecha o su izquierda(c), y bestias muchas?». Destrucción de Israel por sus vicios. Castigo de Judá. Y fue hecha palabra del Señor a Miqueas, el de Morastí, en días de Joatán, y Acaz, y Ezequías, reyes de Judá, sobre lo que vio acerca de Samaria y acerca de Jerusalén. Oíd pueblos, mis palabras; y atienda la tierra y todos los que hay en ella; y será el Señor en vosotros, un testimonio; el Señor, desde su casa santa. Puesto que he aquí el Señor sale de su lugar, y descenderá a las celsitudes de la tierra; y se estremecerán los montes por debajo de él, y los valles se derretirán, como cera a faz de fuego, y como agua precipitándose en descenso. Por impiedad de Jacob, todo esto, y por pecado de casa de Israel. ¿Cuál es la impiedad de Jacob? ¿No es Samaria?, ¿Y cuál, el pecado de la casa de Judá? ¿Acaso no es Jerusalén? Y pondré a Samaria en guardafrutos(a) de campo, y en plantación de viña; y derribaré en caos sus piedras y sus cimientos descubriré; y todas sus esculturas despedazarán; y todas sus ganancias quemarán en fuego; y todos sus ídolos pondré en desaparecimiento; porque de ganancia de prostitución congregó(b), y de ganancias de prostitución convirtió(c). Por esto plañirá y trenará, irá descalza y desnuda; hará plañido como de dragones, y llanto , como de hijas de sirenas(d). Pues ha prevalecido su plaga; puesto que ha venido hasta Judá; y tocado hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén. Los de Get, no os engrandezcáis; los de Akim, no reedifiquéis de casa irrisión(e); tierra esparcid sobre vuestra irrisión; la que habitas bellamente sus ciudades, no ha salido la habitadora de Senaar(f), a plañir por casa contigua a ella; tomará de vosotros plaga de dolor(g). ¿Quién ha principiado en bien para habitadora de dolor?(h). Pues ha descendido mal, desde el Señor, sobre las puertas de Jerusalén: estruendo de carros y cabalgadores. La habitadora de Laquis, príncipe de pecado ella es para la hija de Sión; pues en ti se hallaron las impiedades de Israel. Por esto dará emisarios(i) hasta la heredad de Get: casas vanas(j); en vano(k) han salido para los reyes de Israel; hasta que a los herederos(l) lleven, habitadora de Laquis; la heredad hasta Odolam llegará, la gloria de la hija de Israel(m). Rápate y trasquílate, por tus hijos, los predilectos, dilata tu viudez(n), como águila(o); porque han sido cautivados de en medio de ti. Vicios de Israel y Judá. Fin del cautiverio. Mejores tiempos. Han sido hechos pensadores de trabajos, y obradores del mal, en sus lechos y, con el día, lo consumaban; por esto: porque no alzaron a Dios sus manos; y codiciaban agros, y despojaban huérfanos, y casas oprimían, y despojaban al varón y su casa, y al varón y su heredad. Por esto, esto dice el Señor: «He aquí yo pienso sobre esta tribu, males, de los que no levantaréis, no, rectos súbitamente; porque el tiempo malo es. En aquel día se cogerá sobre vosotros parábola, y se trenará treno en cantar, diciendo: «Con miseria nos hemos enmiseriado; la parte de mi pueblo medida ha sido en cuerda; y no hubo quien le prohibiera(a), para que se apartase; vuestros campos han sido repartidos. Por esto no habrá, para ti, quien eche cuerda en heredad, en congregación del Señor. «No lloréis lágrimas; ni lloren sobre esto; pues no arrojará oprobio(b). el que dice: «La casa de Jacob ha irritado al espíritu de Señor». ¿Si estos sus designios son? ¿No son las palabras de él hermosas con él(c)? ¿Y rectos han andado(d)? Ya antes mi pueblo, en enemistad se opuso; en frente de su faz, su piel quitaron para quitar esperanzas, quebranto de guerra(e). Los príncipes de mi pueblo lanzados serán de las casas de sus delicias; por sus malos designios han sido arrojados. Acercaos a los montes eternos(f); levántate y ve; pues no hay, para ti, este reposo, por inmundicia. Os habéis corrompido con corrupción; habéis andado perseguidos, nadie persiguiendo; el espíritu ha estatuido mentira; te destiló en vino y ebriedad(g). Y será de la gota de este pueblo, congregando se congregará Jacob con todos, acogiendo acogeré las reliquias de Israel; en uno pondré el apartamiento de él; como ovejas en tribulación; como grey en medio de la majada de ellos, saltarán de entre los hombres; por el rompimiento, ante la faz de ellos, rompieron, y atravesaron la puerta, y salieron por ella(h) y salió su rey, ante el rostro de ellos, y el Señor los acaudillará. Por los pecados de los gobernantes será destruida Jerusalén Y dirá: «Oíd ahora esto, los principados de la casa de Jacob y los restantes de la casa de Israel: ¿No es vuestro el conocer el juicio? Odiando(a) lo bello y buscando lo malo, despojándoles de sus pieles, y sus carnes, de sus huesos. Al modo que devoraron las carnes de mi pueblo y sus pieles de ellos, arrancaron; y sus huesos quebrantaron y partieron, como carnes en olla, y como presas en caldera; así clamarán al Señor; y no los escuchará; y apartará su semblante de ellos en aquel tiempo; por cuanto han maleado en sus designios sobre ellos(b). Esto dice el Señor sobre los profetas, los que seducen a mi pueblo; los que muerden con sus dientes y predican sobre él la paz, que no ha sido dada en la boca de ellos; suscitaron sobre él la guerra; por esto noche habrá para vosotros en vez de visión; y tinieblas(c) habrá para vosotros en vez de adivinación; y se pondrá el sol sobre los profetas; y se entenebrecerá sobre ellos el día. Y avergonzados serán, los que ven ensueños y burlados, los agoreros; y hablarán contra ellos todos ellos; pues que no habrá quien los escuche. ¿Si yo no me llenare de fuerza en espíritu del Señor, y de juicio y poder, para anunciar a Jacob sus impiedades y a Israel sus pecados? Oíd ahora esto, los príncipes de la casa de Jacob y los demás de la casa de Israel, los que abomináis del juicio y todo lo recto pervertís; los que edificáis a Sión en sangres y a Jerusalén en injusticias. Sus príncipes por dádiva juzgaban; y sus sacerdotes por paga respondían; y sus profetas por dinero adivinaban; y en el Señor descansaban, diciendo: «¿Acaso el Señor entre nosotros no está? No vendrán, no, sobre vosotros males». Por esto, por vosotros Sión como campo, será arado; y Jerusalén, como guardafrutos será, y el monte de la casa, en selva de sierra estará. El Mesías y su reino eterno de la paz. Vuelta de Israel. Y será en los postreros de los días manifiesto el monte del Señor, preparado sobre las cumbres de los montes; y se levantará por cima de los collados; y se apresurarán a él los pueblos; e irán gentes muchas y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, y a la casa del Dios de Jacob; y nos mostrará su camino e iremos en sus sendas». Porque de Sión saldrá la ley, y la palabra del Señor, de Jerusalén; y juzgará en medio de pueblos muchos, y argüirá gentes fuertes, hasta lejos, y despedazarán sus espadas, en arados, y sus lanzas en hoces; y no levantará ya jamás gente contra gente espada; y no aprenderán ya jamás a guerrear; y reposará cada cual debajo de su vid, y cada cual debajo de su higuera; y no habrá quien espante, por cuanto la boca del Señor Omnipotente ha hablado esto; pues todos los pueblos irán cada cual por su camino; y nosotros iremos en nombre del Señor, Dios nuestro, por el siglo y más allá. En aquel día, dice el Señor, congregaré a la quebrantada y a la arrojada acogeré, y a los que había yo arrojado; y pondré a la arrojada en reliquia(a), y a la arrojada en gente poderosa; y reinará el Señor sobre ellos en el monte Sión, desde ahora hasta por el siglo. Y tú, torre del rebaño escuálido, hija de Sión, a ti vendrá y entrará el principado el primero, reino desde Babel a la hija de Jerusalén. Y ahora ¿a qué conoces males?(b) ¿Acaso rey no tenías; o tu consejo pereció que se han apoderado de ti angustias como de parturiente? Angústiate y envalentónate, y aproxímate, hija de Sión, cual parturiente, por esto: porque ahora saldrás de la ciudad y te empabellonarás en el campo y llegarás hasta Babel. De allí te librará, y de allí te redimirá el Señor, tu Dios, de mano de tus enemigos. Y ahora se han congregado en ti gentes muchas diciendo: «Nos alegraremos, y mirarán sobre Sión nuestros ojos». Ellos, empero no han conocido el pensamiento del Señor y no han entendido su consejo, porque los ha reunido como gavillas de era. Levántate y tríllalos, hija de Sión, pues tus cuernos pondré férreos y tus cascos pondré broncíneos; y desharás pueblos muchos, y consagrarás al Señor la multitud de ellos; y su fuerza al Señor de toda la tierra. Castigo de los enemigos de Israel. Nacimiento del Mesías en Belén. Su reino de paz invicto. Ahora será obstruida la hija(a) con obstrucción; asedio ha sido ordenado sobre vosotros; en vara percutirán, sobre mejilla, las puertas(b) de Israel. Y tú, Belén, casa de Efrata, pequeñísima eres tú para estar entre(c) millares de Judá: de ti me saldrá, para que sea en príncipe(d) de Israel; y sus salidas(e) desde el principio, desde días de siglo. Por esto los dará(f) hasta que a tiempo de parturiente pariere(g); y los demás de los hermanos de ellos volverán a los hijos de Israel. Y se alzará y verá, y pastoreará su grey, en fuerza, el Señor; y en la gloria del nombre del Señor, su Dios, serán; por esto: porque ahora serán magnificados hasta las sumidades de la tierra. Y será esta paz: Asur, cuando viniere sobre vuestra tierra, y cuando subiere sobre vuestra región; y se levantarán sobre él siete pastores y ocho mordeduras de hombres(h); y pastorearán a Asur en espada y la tierra de Nemrod en la holla de ella(i) y librará(j) de Asur, cuando viniere sobre vuestra tierra, y cuando subiere sobre vuestros confines. Y serán las reliquias de Jacob en las gentes, en medio de pueblos muchos, como rocío del Señor, cayendo, y como corderos sobre grama, para que no sea congregado nadie ni esté sujeto entre hijos de hombres(k). Y serán las reliquias de Jacob entre las gentes, en medio de los pueblos como león entre bestias en la sierra, y como leoncillo entre greyes de ovejas; del modo que, cuando pasare, dividiendo rapiñará, y no habrá quien arrebate. Exaltaráse tu mano sobre los que atribulan; y todos tus enemigos exterminados serán. Y será en aquel día, dice el Señor, que exterminaré los caballos de en medio de ti; y perderé tus carros; y exterminaré las ciudades de tu tierra, y quitaré todas tus fortificaciones, y exterminaré tus beneficios de entre tus manos, e inspirados no habrá en ti; y exterminaré las esculturas tuyas y las columnas tuyas de en medio de ti; y ya no adorarás las obras de tus manos; y cortaré las selvas de en medio de ti; y desvaneceré tus ciudades; y haré en ira y en furor vindicta en las gentes, por cuanto no escucharon. Juzga Dios a su pueblo por sus vicios Oíd ahora la palabra del Señor que dijo: «Levántate; sé juzgado ante los montes(a) y oigan las colinas de tu voz. Oíd, pueblos, el juicio del Señor, y los valles, fundamentos de la tierra; pues juicio tiene el Señor contra su pueblo; y a Israel encausará. Pueblo mío ¿qué te he hecho? o ¿en qué te he contristado?; o ¿en qué he molestádote? Respóndeme. Puesto que te saqué de la tierra de Egipto; y de casa de servidumbre te redimí; y envié ante tu faz a Moisés, y Aarón y María. Pueblo mío, recuerda ahora qué determinó contra ti Balac, rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde «las cuerdas» hasta Galgal; para que se conociera la justicia del Señor. ¿En qué ganaré(b) al Señor, acogeré a mi Dios altísimo? ¿Si le ganaré en holocaustos, en becerros añales? ¿Si se propiciará al Señor en millares de carneros, o en miríadas de cabrones pingües? ¿Si daré lo primogénito mío, por impiedad, fruto de mi vientre por pecado de mi alma? Si te ha anunciado un hombre ¿qué, hermoso(c) o qué el Señor pide de ti sino hacer juicio y amar misericordia y pronto estar a caminar con el Señor, tu Dios? La voz del Señor a la ciudad clamará, y salvará a los temerosos de su nombre. Oye tribu, ¿y quién ornará la ciudad?(d). ¿Acaso fuego y casa de inicuo atesorando tesoros inicuos; y, con contumelia, injusticia? ¿Si será justificado en balanza el inicuo, y, en bolsa, los pesos de engaño?; de que sus riquezas de impiedad llenaron; y los que habitan en ella, hablaban mentiras; y la lengua de ellos exáltese en su boca. Y yo empezaré a herirte, te borraré en tus pecados. Tú comerás, y no te hartarás, no, y se obscurecerá en ti y se desviará, y no te salvarás, no; y cuantos se salvaren, a espada entregados serán; tú sembrarás, y no segarás, no; tú aprensarás oliva, y no te ungirás, no, con óleo; y vino, y no beberéis, no; y disipadas serán las leyes de mi pueblo. Y has guardado las justificaciones de Amri y todas las obras de la casa de Acab, y caminando en las vías de ellos; para que yo te entregue a desaparecimiento y sus habitadores a rechifla, y oprobios de gentes recibiréis. Rareza de buenos. Promesa de perdón. ¡Ay de mí que he sido hecho como quien recoge paja en siega, y como racimo en vendimia, no habiendo uva para comer los primerizos(a)! ¡Ay de mi alma, que ha perecido el pío de la tierra; y quien enderece entre los hombres, no hay, todos a sangres son juzgados; cada cual a su prójimo atribulan con tribulación; lo malo sus manos disponen; el príncipe pide; y el juez pacíficas palabras ha hablado: deseo de su alma es(b). Y quitaré los bienes de ellos; como polilla royendo y andando sobre caña, en día de inspección(c). ¡Ay, ay! tus vindictas han llegado, ahora serán los lloros de ellos. No confiéis en amigos, y no esperéis en príncipes; de la cohabitadora tuya guárdate de confiarle algo; por esto: porque el hijo injuria al padre; la hija se levantará contra su madre; la nuera contra su suegra; y enemigos todos del varón, los de su casa. Yo, empero, al Señor miraré, aguardaré a Dios, mi salvador, me escuchará mi Dios. No te alegres de mí, enemiga mía; porque he caído y me levantaré; pues que, si me sentare en las tinieblas, Señor me iluminará. Ira de Señor toleraré; pues he pecado contra él; hasta que él justificare mi causa. Y hará mi juicio, y me sacará a la luz; veré su justicia y verá mi enemiga y se vestirá de vergüenza la que me dice: «¿Dónde Señor, tu Dios?» Mis ojos la verán, ahora será en conculcación, como lodo en las vías. De día de enlucido de ladrillo(d), tu borradura aquel día; y fregará tus leyes aquel día; y tus ciudades vendrán a arrasamiento y mensuración de los asirios, y tus ciudades, las fortificadas, a mensuración, desde Tiro hasta el río, de mar a mar, y de monte a monte; y será la tierra en desaparecimiento con sus habitadores, por los frutos de sus designios. Pastorea a tu pueblo en tu vara, ovejas de tu heredad, empabellonados solitarios en la sierra, en medio del Carmelo; pacerán a Basán y a Galaad; así como los días del siglo. Y según los días de tu salida de Egipto, veréis maravillas; verán gentes y se confundirán, y de toda su fuerza; pondrán manos sobre su boca, y sus orejas ensordeceránse; lamerán tierra, como serpientes arrastrándose por el suelo; desmayarán en su angustia; ante el Señor, nuestro Dios se pasmarán; y amedrentaránse de ti. ¡Quién, Dios cual tú, quitando iniquidades y traspasando impiedades a las reliquias de su herencia! Y no retuvo en testimonio su ira; que deseador de misericordia es. Tornará y se compadecerá de nosotros; hundirá nuestras injusticias, y lanzadas serán a las honduras del mar, todos nuestros pecados. Dará(e) en verdad a Jacob; misericordia a Abrahán; según que juraste a nuestros padres, desde los días los de antes. Castigo de Asur. Salvación de Israel. Carga de Nínive, libro de la visión de Nahum, el elceseo. Dios es celador y vengador, el Señor, con furor; vengador el Señor de sus enemigos, y, arrebatando él mismo a sus enemigos. Señor longánimo, y grande, su fuerza, y a inculpable no inculpará el Señor; en consumación y en conmoción, es su camino; y nubes, polvo de sus plantas; el que increpa el mar, y la seca, y todos los ríos yerma. Empequeñecida fue Basán y el Carmelo; y lo florido del Líbano desfalleció; los montes temblaron ante él, y las colinas estremeciéronse; y se alzó la tierra ante su rostro entera y todos sus habitadores. A rostro de su ira, ¿quién subsistirá? ¿y quién resistirá en la ira de su furor? Su furor deshace principados(a); y las peñas quebrantadas fueron por él. Bondadoso es el Señor para con los que esperan en él, en día de tribulación; y conociendo a los temerosos de él. Y en cataclismo de ida(b) consumación hará; a los alzados y enemigos suyos, perseguirán tinieblas. ¿Qué pensáis contra el Señor? Consumación él hará; no vindicará dos veces igualmente en tribulación; porque hasta sus cimientos será asolada; y, como correhuela enredada será consumida, y, como paja de aridez llena(c). De ti saldrá pensamiento contra el Señor, cosas malas acordando contrarias. Esto dice el Señor, el que impera sobre aguas muchas: «También así disipados serán, y tu oída no se oirá más. Y ahora quebrantaré mi vara sobre ti y las ligaduras romperé». Y mandará acerca de ti el Señor: «no se sembrará de tu nombre ya; de la casa de tu dios exterminaré las esculturas y fundiduras; pondré tu tumba»; pues veloces he aquí sobre los montes los pies del buen mensajero y que anuncia la paz. Celebra Judá, tus celebraciones; paga tus votos, por esto: porque no volverán, no, ya a transitar por ti en deterioro(d). Destrucción de Nínive Consumado está; quitado está; subió quien alienta en tu faz, quien libra de tribulación. Mira el camino; fortalece el lomo; envalentónate con la fuerza sobremanera; por esto: porque apartó el Señor la altanería de Jacob(a); así como la altanería de Israel; por cuanto, sacudiendo, los sacudieron y sus retoños; destruyeron(b) las armas de su potencia de entre los hombres, a varones poderosos, jugando en fuego; las riendas de sus carros en día de preparación de él, y los cabalgantes se espantarán(c) en los caminos; y se confundirán los carros y chocarán en las calles: el aspecto de ellos como lámparas de fuego, y, como relámpagos vagarosos. Y se acordarán los magnates de ellos y huirán de día y flaquearán en su andanza, y se apresurarán hacia los muros de ella; y prepararán los antemurales de ellos. Las puertas de las ciudades(d) se han abierto, y el real palacio ha caído, y el fundamento descubiértose; y ella(e) subía y sus siervas(f) eran llevadas, así como paloma gimiendo en sus corazones. Y Nínive como piscina(g) de agua, sus aguas; y ellos(h) huyendo, no se detuvieron; y no había quien mirara. Arrebataban la plata; arrebataban el oro; y no había término de su ornato: cargados están con todos sus vasos los deseables. Sacudida, y resacudida, y lanzamiento, y de corazón herimiento y disolución de rodillas; y angustias sobre todo lomo; y el rostro de todos, como chamuscamiento de olla. ¿Dónde está la mansión de los leones, y el prado que tenían los leoncillos? ¿A dónde ha ido el león, para que entrase allí el leoncillo; y no había quien espantara? El león arrebató lo bastante para sus cachorros, y llenó de presa su nido, y su morada, de rapiña. He aquí que yo estoy sobre ti, dice el Señor Todopoderoso, y quemaré en horno tu muchedumbre; y tus leones devorará la espada; y exterminaré de la tierra tu presa; y no se oirán ya jamás tus obras. Otra profecía sobre la destrucción de Nínive Oh ciudad de sangres, toda mendaz de injusticia llena, no será tocada la caza(a). Voz de flagelos y voz de conmoción de ruedas, y de bridón persiguiendo y carro encendido y cabalgador ascendiendo; y de fulgente espada y fulgurantes armas, y de muchedumbre de heridos y de pesado derrumbamiento y no tenían fin sus gentes(b), y enfermarán en sus cuerpos(c) por la multitud de prostitución. Prostituta bella y graciosa, princesa de maleficios, la que vende(d) gentes en su prostitución y pueblos en los maleficios de ella. He aquí yo estoy sobre ti, dice el Señor Dios, el Todopoderoso; y descubriré lo posterior tuyo(e) por sobre tu rostro; y mostraré a las gentes tu vergüenza, y a los reinos tu deshonra. Y arrojaré sobre ti abominación según tus inmundicias y te pondré en ejemplo. Y será: todo el que te viere, descenderá a ti, y dirá: «Miserable Nínive ¿quién gemirá por ella? ¿De dónde buscaré consuelo para ella? Prepárate a tu parte; junta cuerda; prepárate a la parte de Amón(f), la que habita en ríos; agua en torno de ella; cuyo principado la mar, y agua, sus muros; y Etiopía, su fuerza y Egipto; y no se puso fin de su fuga; y libios hiciéronse sus auxiliadores. También ella a transmigración irá(g) cautiva y a sus pequeñuelos estrellarán en las esquinas de todas sus calles; y sobre todo lo precioso de ella echarán suertes; y todos sus magnates atados serán con grillos. También(h) tú serás embriagada(i) y despreciada; y tú te buscarás paradero de ante tus enemigos. Todas tus fortificaciones, higueras(j), guardadores(k) teniendo; si fueren sacudidas, caerán en boca del que come. He aquí tu pueblo como mujeres en ti; y a tus enemigos abriéndose abriránse las puertas de tu tierra; devorará el fuego tus cerrojos. Agua de asedio sácate, refuerza tus fortificaciones; entra en el lodo y huella en pajas e impera sobre los ladrillos; allí te devorará el fuego; te exterminará la espada, te devorará como langosta, y oprimirá, como pulgón. Multiplicaste tus negociaciones sobre los astros del cielo: el pulgón precipitóse y voló. Saltó lejos, como langostón tu advenedizo; como langosta subida sobre cerca en día de hielo; el sol salió, y se voló; y no conoció su lugar. ¡Ay de ellos! Dormitaron tus pastores; rey asirio adormeció(l) a tus potentes; se fue tu pueblo sobre los montes, y no había quien acogiera. No tiene curación tu quebranto; hinchóse tu llaga; todos los que oyen la nueva tuya, batirán palmas sobre ti; por esto; porque ¿sobre quién no ha venido tu maldad continuamente? Lamento sobre la opresión de los caldeos. Esperanza. La carga que vio Habacuc, el profeta. ¿Hasta cuándo, Señor, clamaré y no escucharás? ¿Vocearé a ti, agraviándoseme, y no me salvarás? ¿Por qué me has manifestado dolores y trabajos que mirar, miseria e impiedad?En contra mía se ha hecho juicio; y el juez admite(a); por esto está deshecha la ley; y no se lleva a término el juicio; pues el impío prevalece contra el justo; por causa de esto saldrá el juicio torcido. Ved, los despreciadores y mirad, y admirad lo admirable y desapareced, por esto: porque obra yo obro en vuestros días, que no creeréis, no, si alguien narrare. Por cuanto he aquí yo suscito a los caldeos, el linaje amargo y veloz; que anda sobre la anchura de la tierra, para poseer tiendas que no son suyas; amedrentador y brillante, es; de él su juicio será y su carga saldrá(b). Y saltarán, sobre(c) leopardos, sus bridones, y más rápidos sobre lobos de la Arabia; y cabalgarán sus cabalgantes y se precipitarán de lejos; y volarán, cual águila ansiosa de comer. Consumación a impíos vendrá, resistentes a los rostros de ellos en contra; y congregará, cual arena, cautividad. Y él en reyes se deleitará, y tiranos, sus juguetes, y él de toda fortificación se mofará, y echará vallado y apoderaráse de ella. Luego mudará(d) la ráfaga, y pasará; y se propiciará: ésta es la fuerza de mi Dios. ¿Acaso no(e) tú, desde el principio, Señor Dios, el santo mío? Y no moriremos, no, Señor,en juicio le(f) has puesto; y me ha plasmado para manifestar su castigo. Puro(g) el ojo tuyo para ver lo malo y mirar los trabajos de dolor. ¿Por qué miras a los despreciadores; callas, mientras devora el impío al justo? ¿Y harás a los hombres cual peces del mar, y cual los reptiles los que no tienen guía? Consumación en anzuelo alzó(h), y arrastróle(i) en red y congrególe en sus mallas. Por causa de esto se alegrará, y gozará su corazón; por causa de esto sacrificará a sus mallas, e incensará a su red; pues en ellas engrosó su parte, y sus viandas, selectas. Por esto tenderá su red; y continuamente de matar gentes no dejará. Castigo de los caldeos Sobre mi atalaya me pondré(a), y subiré sobre peña, y acecharé para ver qué hablará en mí y qué responderé a mi castigo. Y respondióme el Señor y me dijo: «Escribe visión, y claramente en boj, para que siga presto, quien lo lee. Por esto: porque todavía hay visión para un tiempo(b); y saldrá a término, y no en vano; si tardare, aguárdate, pues viniendo, vendrá, y no demorará, no. Si se retrajere, no se complace mi alma en él; pero el justo de mi fe vivirá. Mas el arrogante y despreciador, varón altanero, no terminará nada(c); el que ha dilatado, como infierno su alma, éste como la muerte, que no se llena, juntará a sí todas las gentes, y recibirá junto a sí todos los pueblos. ¿Por ventura estos todos no cogerán parábola contra él y sujeto para narración de él? Y dirán: «Ay del que multiplica para sí lo que no es de él —¿hasta cuándo —y agrava su collar fuertemente(d)? Pues de súbito se levantarán, los que le muerden; y velarán tus asechadores y serás, en rapiña para ellos. Por esto: porque has despojado a gentes muchas, despojarán todos los restantes pueblos, por sangres de hombres e impiedades de la tierra y ciudad y todos sus habitantes. ¡Oh! el que codicia, codicia mala para su casa, a fin de poner en celsitud su nido; a fin de evadirse de mano de males, has excogitado vergüenza para tu casa; consumido pueblos muchos ; y ha pecado tu alma; por lo cual la piedra de la pared gritará; y el escarabajo de leño lo sonará. Hay del que edifica la ciudad en sangres, y dispone las ciudad en injusticias. ¿No es esto del Señor Omnipotente? y desfallecieron(e) pueblos bastantes en fuego; y gentes muchas desmayaron. Porque se llenará la tierra de conocer la gloria de Señor, como agua los cubrirá. Ay del que propina a su prójimo subversión inmunda(f) y embriagadora para ver las cavidades de ellos. Hartura de ignominia, en vez de gloria, bebe también tú; de corazón estremécete y tiembla, te ha cercado el cáliz de la diestra del Señor; y acumuládose ignominia sobre tu gloria. Por cuanto la impiedad(g) del Líbano te cubrirá; y la miseria de las bestias te aterrará, por sangres de hombres e impiedades de tierra y ciudad y todos los habitantes de ella. ¿Qué aprovecha a la escultura que la esculpieron? Lo plasmó(h) fundidura, imagen mentida, que ha confiado el plasmador en su plasma, para hacer ídolos mudos. Ay del que dice al madero: «Despierta, levántate»; y a la piedra: «Alzate; y ello es imagen; y esto es batidura de oro y plata; y todo espíritu no hay en él. Pero el Señor esta en su templo santo y tema a su faz toda la tierra. Oración. Loores a Dios por sus beneficios, y esperanza fundada en ellos de tiempos mejores. Oración de Habacuc, el profeta —con cantar. Señor he oído tu oída, y temido; considerado tus obras y asombrádome. En medio de dos vivientes serás conocido(a) cuando se lleguen los años serás conocido, cuando llegue el tiempo, te manifestarás; cuando se turbare mi alma, de misericordia te acordarás. Dios de Temán vendrá, y el santo, del monte de Farán sombrío denso(b). (Entrecantar).Cubrió los cielos su virtud; y de su loor está, llena la tierra. Y su esplendor como luz será; hay cuernos, en sus manos; y puso amor potente de su fuerza(c). Ante su faz irá palabra(d), y saldrá a llanuras, a sus pies. Detúvose, y tembló la tierra; miró y deshiciéronse las gentes, quebrantáronse los montes con fuerza; deshiciéronse las colinas eternas(e), de su andar eterno. Por trabajos vi(f) pabellones de Etiopía; aterraránse también las tiendas de la tierra de Madián. ¿Acaso en ríos te has airado, Señor? ¿o en ríos enciendes tu furor? ¿o en la mar tu embate(g)? Porque ascenderás en tus caballos, y tu caballería es salvación. «Tendiendo, tendiste arco sobre los cetros»,(h) dice el Señor. (Entrecantar).De ríos se henderá la tierra; te verán y angustiaránse los pueblos; el que dispersa aguas de vaivén(i) dio el abismo su voz; la celsitud de su visión(j). Elevóse el sol, y la luna se detuvo en su puesto; a la luz tus dardos irán, al esplendor de relámpago de tus armas. En amenaza minorarás(k) la tierra, y en furor derribarás las gentes. Has salido a salvación de tu pueblo, a salvar a tu ungido; lanzarás a cabezas de impíos muerte; suscitaste ataduras hasta el cuello(l). (Entrecantar). Partiste, en estupor, las cabezas de los poderosos; temblarán en él; abrirán sus riendas(m) como come un pobre a hurto. Y asciendes sobre la mar tus bridones, turbando el agua mucha. Aguardaré(n), y se aterró mi entraña a la voz de la oración de mis labios; y entró temblor en mis huesos; y debajo de mí, conturbóse mi ser.(o) Reposaré en día de tribulación, para subir al pueblo de mi peregrinación(p). Por cuanto la higuera no fructificará, y no habrá gérmenes en las vides; mentirá labor de oliva, y los campos no harán sustento. Desfallecieron de sustento las ovejas, y no hay vacas en pesebres. Yo, empero, en el Señor me alborozaré; gozaré en Dios, mi salvador. Señor Dios, mi potencia; y pondrá mis pies en consumación(q). Sobre las celsitudes me asciende, para triunfar en su cántico. Desolación por la idolatría Palabra del Señor que fue hecha a Sofonías, el de Cusí, hijo de Godolías, de Amarías, de Ezequías; en días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá. Con desfallecimiento desfallezca, de la faz de la tierra, dice el Señor; desfallezca el hombre y las bestias; desfallezcan los volátiles del cielo, y los peces de la mar; y enfermarán los impíos y quitaré los inicuos de la faz de la tierra, dice el Señor. Y extenderé mi mano sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalén; y quitaré de este lugar los nombres de la baal y los nombres de los sacerdotes; y a los que adoran, sobre las azoteas, la milicia del cielo, y a los que adoran y los que juran(a) por el Señor y los que juran por el rey de ellos, y los que declinan del Señor, y a los que no buscan al Señor, y a los que no adhieren al señor. Temed a faz del Señor Dios por esto: porque cerca está el día del Señor; porque ha prevenido el Señor su sacrificio, santificado a sus llamados(b). Y será: que en el día del sacrificio, me vengaré de los príncipes, y de la casa del rey, y de todos los que visten vestiduras extranjeras. Y me vengaré manifiestamente de los vestíbulos en aquel día, los que llenan la casa del Señor Dios de ellos, de impiedad y dolo. Y habrá en aquel día, dice el Señor, voz de clamor, desde la «puerta de traspasadores»(c); y alaridos desde la «segunda»(d), y quebranto grande desde las colinas. Trenad, los habitadores de la destrozada(e); pues se ha asemejado todo el pueblo a Canaán; y han sido exterminados todos los alzados en plata. Y será en aquel día: que escudriñaré a Jerusalén con lámpara, y me vengaré de los varones los que desprecian sus guardas(f); Y los que dicen en sus corazones: «No hará bien, no, Señor; y no hará mal, no(g); y será la fuerza de ellos en rapiña y sus casas en disipación; y edificarán casas, y no habitarán, no, en ellas; y plantarán viñas, y no beberán, no, su vino. Porque próximo, está el día del Señor, el grande, próximo y veloz sobremanera; la voz del día del Señor, amarga y dura, ha sido dispuesta, poderosa. Día de ira, aquel día, día de tribulación y violencia; día de inmadurez y desaparecimiento; día de tinieblas y calígine; día de nube y niebla; día de trompeta y vociferación sobre las ciudades, las fortificadas y sobre las almenas las excelsas. Y atribularé a los hombres; y andarán como ciegos; pues contra el Señor pecaron; —y derramará la sangre de ellos como polvo, y sus carnes como estiércoles; y su plata y su oro no les podrá librar, no, en el día de la ira del Señor. Y en fuego de su celo consumida será toda la tierra; pues consumación y apresuramiento hará sobre todos los moradores de la tierra. Exhortación a la penitencia. Castigo a los filisteos, amonitas, moabitas, etíopes, asirios. Juntaos y coligaos, la gente la indisciplinada, antes de haceros cual flor(a) pasajera; antes de sobreveniros la ira del Señor. Buscad al Señor, todos los humildes de la tierra; juicio haced; y justicia buscad; y responded otro tanto(b); para que seáis protegidos en el día de la ira del Señor. Puesto que Gaza saqueada será; y Ascalón en desaparecimiento; y Azoto al mediodía(c) será arrojada; y Acarón desarraigada. ¡Ay de los habitadores de la cuerda(d) del mar, colonos de Cretes! la palabra del Señor está sobre vosotros, Canaán tierra de filisteos, que os perderé de colonia; y será Creta prado de greyes y majada de ovejas; y será la cuerda del mar para las reliquias de la casa de Judá; sobre ellos se apacentarán en las casas de Ascalón; a la tarde pernoctarán a faz de los hijos de Judá; porque los visita el Señor, y ha apartado su cautiverio. He oído oprobios de Moab, y maltratamientos de los hijos de Amón; en los que oprobiaban a mi pueblo, y se engrandecían sobre mis confines. Por esto; «Vivo yo» (dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel) que Moab como Sodoma será; y los hijos de Amón, como Gomorra(e); Y Damasco, abandonada, como acervo de era y disipada por el siglo; y las reliquias de mi pueblo despojaránlos, y las reliquias de mi gente los poseerán. Esto(f) a ellos por su altanería, porque oprobiaron y se engrandecieron sobre el Señor, el Omnipotente. Aparecerá el Señor sobre ellos y exterminará a todos los dioses de las gentes de la tierra; y le adorarán cada una, de su lugar, todas las islas(g) de las gentes. Y vosotros, etíopes, heridos de espada mía sois; y extenderá su mano sobre el septentrión, y perderá al asirio; y pondrá a Nínive en desaparecimiento inacuoso, como desierto. Y pacerán en medio de ella rebaños y todas las bestias de la tierra; y camaleones y erizos en sus pesebres se anidarán; y bestias vocearán en sus fosos; cuervos en sus puertas, por cuanto cedro el alzamiento de ella(h). Esta, la ciudad la mofadora, la que habita en esperanza, la que dice en su corazón «Yo soy, y no hay, después de mí más». Como ha sido hecha en desaparecimiento, prado de bestias. Todo el que pasa por ella, silbará y batirá sus manos. Contra Jerusalén. Promesa de los tiempos mesiánicos. ¡Oh la ilustre y redimida ciudad, la paloma! No escuchó su voz; no admitió enseñanza; en el Señor no confió; y a su Dios no se llegó. Sus príncipes en ella, como leones rugientes. sus jueces como lobos de la Arabia, no dejan(a) para la mañana; sus profetas, de viento portadores, varones despreciadores; sus sacerdotes profanan lo sacro y ultrajan la ley. Pero el Señor justo en medio de ellos, y no hará, no, cosa injusta; temprano, temprano dará su juicio a luz; y no se ha ocultado; y no conoce injusticia en exacción, ni en contienda injusticia. En perdición he derribado a los soberbios; desvaneciéronse sus almenas; yermaré sus vías del todo, para no pasar; desfallecieron sus ciudades a punto de nadie quedar ni habitar. Dije; «Empero, temedme y recibid enseñanza; y no seréis no, exterminados de los ojos de ella, en todo cuanto me he vengado de ella; prepárate, madruga(b): disipada ha sido toda la frondosidad de ellos. Por esto, aguárdame, dice el Señor, para el día de mi resurrección(c), en testimonio; pues mi juicio es contra congregaciones de gentes, para recibir reyes y verter sobre ellos toda la ira de mi furor; por cuanto en fuego de mi celo consumida toda la tierra. Porque entonces volveré, sobre pueblos, lengua a la generación de ella(d); porque invoquen todos el nombre del Señor; porque le sirvan en coyunda una. De los confines de los ríos de Etiopía, acogeré en(e) mis dispersos; ofreceránme sacrificios. En aquel día no serás confundida, no, de todos tus designios con que prevaricaste contra mí; pues entonces quitaré de ti las ciudades de tu altanería; ni jamás ya volverás a jactarte sobre el monte el santo mío. y dejaré en ti un pueblo manso y humilde; y temerán el nombre del Señor los residuos de Israel; y no harán injusticia; y no hablarán en vano; y no se hallará, no, en boca de ellos lengua falaz; por esto: porque ellos apacentados serán y acostaránse; y no habrá quién los amedrente. Alégrate, hija de Sión; pregona, hija de Jerusalén; regocíjate y alborózate de todo tu corazón, hija de Jerusalén. Ha quitado el Señor tus injusticias; ha redimídote de mano de tus enemigos. El rey de Israel, el Señor, en medio de ti: no verás males ya jamás. En aquel tiempo dirá el Señor a Jerusalén: Confía Sión, no desfallezcan tus manos. Señor Dios tuyo, en ti; el poderoso te salvará; traerá sobre ti alegría; y te renovará(f) en su amor; y se alegrará de ti, en gozo, como en día de fiesta. Y congregaré a tus quebrantados(g); ay, ¿quién ha cogido contra ella oprobio? He aquí yo hago en ti, en aquel tiempo, dice el Señor; y salvaré a la estrujada y a la desechada;(h) acogeréles en gloria y serán renombrados(i) en toda la tierra. Y se confundirán en aquel tiempo, cuando hermosamente yo os hiciere, y en el tiempo cuando os acogiere; por cuanto os daré renombrados y en gloria, en todos los pueblos de la tierra, al convertir yo vuestra cautividad, a la faz de vosotros, dice el Señor. Contra la negligencia en la reedificación del templo, y el castigo de ella En el segundo año, bajo Darío, el rey, en el mes sexto, a primero del mes, fue hecha la palabra del Señor en manos de Ageo, el profeta, diciendo: «Di a Zorobabel, el de Salatiel, de la tribu de Judá, y a Jesús, el de Josedec, el sacerdote, el grande, diciendo: «Esto dice el Señor Omnipotente, diciendo: «Este pueblo dice: «No ha llegado el tiempo de edificar la casa del Señor.» Y fue hecha la palabra del Señor en manos de Ageo, el profeta, diciendo: «¿Si es tiempo ya para vosotros de habitar en vuestras casas artesonadas; y esta casa desierta está?» Y ahora, esto dice el Señor Omnipotente: «Poned ya vuestros corazones en vuestros caminos: habéis sembrado mucho, y recogido poco; habéis comido, y no a saciedad; bebido y no a ebriedad; cubiértoos y no calentádoos en ello; y ganancias juntando, juntasteis en bolsa rota.» Esto dice el Señor Omnipotente: «Poned vuestros corazones en vuestros caminos. Subid al monte y cortad madera y edificad la casa; y me complaceré en ella y me glorificaré», dijo el Señor. Mirasteis a mucho, y se ha hecho poco, y fue introducido en la casa, y soplélo fuera. Por esto, esto dice el Señor Omnipotente: «Por cuanto mi casa está desierta; y vosotros seguís cada cual a su casa; por esto se abstendrá el cielo, de rocío, y la tierra sustraerá sus productos; y traeré espada sobre la tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite y cuanto produce la tierra; y sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todas las labores de vuestras manos». Y oyó Zorobabel, el de Salatiel, de la tribu de Judá, y Jesús, el de Josedec, el sacerdote, el grande, y todas las reliquias del pueblo la voz del Señor, su Dios, y las palabras de Ageo, el profeta, según que le envió el Señor, Dios de ellos, a ellos; y temió a faz del Señor. Y dijo Ageo, mensajero de Dios, mensajero del Señor, al pueblo: «Yo soy con vosotros», dice el Señor. Y suscitó el Señor el espíritu de Zorobabel, de Salatiel, de la tribu de Judá, y el espíritu de Jesús, de Josedec, el sacerdote, el grande, y el espíritu de las reliquias de todo el pueblo; y entraron, y hacían labores en la casa del Señor Omnipotente, Dios de ellos. (2:1) El veinticuatro del mes sexto, el segundo año bajo Darío, el rey. El segundo templo, más glorioso que el primero; bendición de Dios; restitución de Israel. (2:2) El mes el séptimo, el veintiuno del mes, habló el Señor en mano de Ageo, el profeta, diciendo: (2:3) «Di ahora a Zorobabel de Salatiel, de la tribu de Judá, y a Jesús el de Josedec, el sacerdote, el grande, y a todas las reliquias del pueblo, diciendo: (2:4) ¿Quién de vosotros es el que ha visto esta casa en su gloria la anterior?¿Y cómo vosotros la veis ahora?Tal como no existe a faz vuestra. (2:5) Y ahora esfuérzate, Zorobabel, dice el Señor, y esfuérzate Jesús, el de Josedec el sacerdote el grande; y esfuércese todo el pueblo de la tierra, dice el Señor; puesto que con vosotros yo soy, dice el Señor, el Omnipotente: -- «Todavía una vez yo moveré el cielo, y la tierra, y la mar y la seca; (2:8) y estremeceré todas las gentes; y vendrá lo selecto(a) de todas las gentes, y llenaré esta casa de gloria», dice el Señor omnipotente. (2:9) Mía la plata, y mío el oro, dice el Señor Omnipotente. (2:10) Por esto grande será la gloria de esta casa, la última sobre la primera, dice el Señor Omnipotente; y en este lugar daré paz del alma en lucro a todo el que laborare en suscitar este templo. (2:11) El veinticuatro del nono mes, del segundo año, bajo Darío, fue hecha la palabra del Señor a Ageo, el profeta, diciendo: (2:12) Esto dice el Señor Omnipotente: «Pregunta ahora a los sacerdotes de la ley, diciendo: (2:13) «Si tomare un hombre carne santa en la extremidad de su vestidura; y tocare la extremidad de su vestidura pan, o cocimiento o vino, o aceite a toda vianda ¿si será santificada?» Y respondieron los sacerdotes y dijeron: «No.» (2:14) Y dijo Ageo: «Si tocare un manchado impuro de alma todo esto ¿si se manchará?» Y respondieron los sacerdotes y dijeron: «Se manchará.» (2:15) Y respondió Ageo y dijo: «Así este pueblo, y así esta gente a faz mía, dice el Señor; y así todas las obras de sus manos; y quien se llegare allí, se manchará, por causa de sus dones, los matutinos; se dolerán a vista de sus trabajos; y habéis odiado a los reprensores. (2:16) Y ahora poned ya en vuestros corazones, desde este día y en adelante, antes de poner piedra sobre piedra en el templo del Señor, quiénes erais, (2:17) cuando arrojabais en cajón de cebada, veinte medidas; y se hacían de cebada diez medidas, y entrabais al lagar a sacar cincuenta ánforas, y se hacían veinte. (2:18) Os percutí en esterilidad, y en aire malsano y en granizo, todas las obras de vuestras manos, y no os volvisteis a mí, dice el Señor. (2:19) Someted ya vuestros corazones, desde este día y después, desde el veinticuatro del nono mes, y desde el día que se ha fundamentado el templo del Señor; poned en vuestros corazones (2:20) si se conocerá en la era; y si todavía la vid, y la higuera, y el granado y los leños de la oliva, que no llevan fruto; desde este día bendeciré. (2:21) Y fue hecha la palabra del Señor por segunda vez a Ageo, el profeta, el veinticuatro del mes, diciendo: (2:22) «Di a Zorobabel, el de Salatiel, de tribu de Judá, diciendo: «Yo muevo el cielo, y la tierra, y la mar y la seca; (2:23) y trastornaré los tronos de los reyes; y exterminaré la fuerza de los reyes de las gentes; y trastornaré carros y cabalgadores, y bajarán caballos y cabalgadores de ellos, cada cual en espada contra su hermano. (2:24) En aquel día, dice el Señor Omnipotente, te tornaré Zorobabel, el de Salatiel, mi siervo, dice el Señor y te pondré como sello(b), por cuanto te he elegido», dice el Señor Omnipotente. Visión del ángel. Restauración de Israel. En el octavo mes del año segundo, bajo Darío, fue hecha palabra del Señor a Zacarías, el de Baraquías, hijo de Adó, el profeta, diciendo: «Se ha airado el Señor contra vuestros padres con ira grande; y les dirás: «Esto dice el Señor Omnipotente: «Convertíos a mí, dice el Señor de los ejércitos, y me convertiré a vos, dice el Señor de los ejércitos. Y no os hagáis tal como vuestros padres, a quienes les reconvinieron los profetas antes, diciendo: «Esto dice el Señor Omnipotente: «Apartaos de vuestros caminos los malos y de vuestros designios los malos»; y no escucharon, y no atendieron a escucharme, dice el Señor. Vuestros padres ¿dónde están? y los profetas ¿acaso por el siglo vivirán? Empero mis palabras, y mis leyes recibid, cuantas yo mando, en mi espíritu, a mis siervos los profetas; los que cogieron(a) a vuestros padres. Y respondieron y dijeron: «Tal como ha(b) dispuesto el Señor Omnipotente hacernos según nuestros designios, así nos ha hecho.» El veinticuatro, el undécimo mes; éste es el mes sabat, en el segundo año, bajo Darío, fue hecha palabra del Señor a Zacarías, el de Baraquías, hijo de Adó, el profeta, diciendo: «He visto anoche, y he aquí un varón montado en bridón rojo, y ése estaba en medio de los montes umbríos(c); y detrás de él, bridones rojos, y grises y manchados y blancos. Y dije: «¿Qué son ésos, señor?» Y díjome el ángel que hablaba en mí(d); «Yo te mostraré qué es esto.» Y respondió el varón, el parado en medio de los montes, y me dijo: «Estos son los que ha enviado el Señor a recorrer la tierra.» Y respondieron al ángel del Señor, el parado entre los montes y dijeron: «Hemos recorrido toda la tierra, y he aquí toda la tierra(e) es habitada y reposa.» Y respondió el ángel del Señor y dijo: «Señor Todopoderoso ¿hasta cuándo no te apiadarás, no, de Jerusalén y las ciudades de Judá las que has menospreciado, éste, el septuagésimo año?» Y respondió Señor Todopoderoso al ángel que hablaba en mí palabras hermosas y razones consoladoras Y díjome el ángel que hablaba en mí: «Vocea, diciendo: «Esto dice el Señor Todopoderoso: «He celado a Jerusalén y a Sión con celo grande; y con ira grande yo me aíro contra las gentes, las sobreimpuestas; por cuanto yo me airé poco(f); ellos empero, se sobreimpusieron para mal». Por esto, esto dice el Señor: «Me convertiré a Jerusalén en conmiseración; y mi casa se reedificará en ella, dice el Señor Todopoderoso, y medida se extenderá sobre Jerusalén todavía.» Y díjome el ángel, el que hablaba en mí»: Vocea diciendo: «Esto dice el Señor Todopoderoso: «Aún serán inundadas las ciudades de bienes; y se apiadará el Señor aún de Sión, y elegirá a Jerusalén». Y alcé mis ojos y vi, y he aquí cuatro cuernos. Y dije al ángel que hablaba en mí: «¿Qué son éstos, señor?» Y díjome: «Estos, los cuernos(g) los que han dispersado a Judá, y a Israel y a Jerusalén.» Y mostróme el Señor cuatro herreros; y dije: «¿Qué éstos vienen a hacer?» Y dijo: «Estos cuernos los que han dispersado a Judá, y a Israel y Jerusalén han quebrantado; y nadie de ellos ha levantado cabeza; y han salido éstos a aguzarlos(h), en sus manos, los cuatro cuernos: las gentes que alzaron cuerno sobre la tierra del Señor, para dispersarla.» Visión del mediador. Gloria de la nueva Jerusalén. Y alcé mis ojos y vi, y he aquí un varón y en su mano una cuerda agrimensora. Y le dije: «¿a dónde tú vas?» Y díjome: «A medir a Jerusalén, a ver cuál su anchura es y cuál su longitud.» Y he aquí el ángel, el que hablaba en mí, detúvose, y ángel otro salióle al encuentro; y díjole, diciendo: «Corre y habla a aquel joven, diciendo: Muy frugíferamente(a) será habitada Jerusalén por la muchedumbre de hombres y bestias en medio de ella; y yo seré, para ella, dice el Señor, un muro de fuego en contorno, y para gloria estaré en su medio». «¡Oh, oh! Huid de la tierra del septentrión, dice el Señor; puesto que los cuatro vientos del cielo os reuniré, dice el Señor; en Sión salvaos, los habitadores de la hija de Babel». Por cuanto esto dice el Señor Todopoderoso: «Tras de la gloria(b) me ha enviado(c) el Señor a las gentes que os han despojado; puesto que, quien os toca(d) como quien toca la pupila del ojo mío; puesto que yo extiendo mi mano contra ellos; y serán despojados a los que les sirven; y conoceréis que el Señor Todopoderoso me ha enviado. Goza y alégrate, hija de Sión; puesto que he aquí yo vengo, y me empabellonaré en medio de ti, dice el Señor. Y refugiaránse gentes muchas cerca del Señor, en aquel día; y conocerás que el Señor Todopoderoso me ha enviado a ti». Y poseerá el Señor a Judá, su parte de la tierra santa; y elegirá todavía a Jerusalén. Tema toda carne la faz del Señor; pues se ha levantado de sus nubes santas. Es calumniado y absuelto el sacerdocio. El siervo fiel. La piedra. Y mostróme el Señor a Jesús, el sacerdote grande, puesto a la faz del ángel del Señor; y el diablo estaba puesto a su diestra para oponerse a él. Y dijo el Señor al diablo: «Increpe el Señor a ti, diablo, e increpe el Señor en ti el que ha elegido a Jerusalén; ¿no es esto, he aquí, como tizón sacado de fuego?(a). Y Jesús estaba vestido de vestiduras sórdidas, y estaba en frente del ángel. Y respondió y dijo a los que estaban en frente de él, diciendo: «Quitad las vestiduras, las sórdidas de él.» Y le dijo: «He aquí he quitado tus iniquidades; y revestidle de talar; y poned tiara pura en su cabeza, y revestidle de vestiduras.» Y el ángel del Señor estaba y conjuró a Jesús, diciendo: Esto dice el Señor Todopoderoso: «En mis caminos anda, y mis preceptos guarda, y tú juzgarás a mi casa; y si custodiares mi aula te daré quienes conversen(b) en medio de estos asistentes. Oye ahora, Jesús, el sacerdote el grande, tú y los allegados tuyos que están sentados en frente, pues que varones atalayas(c) de portentos son; pues he aquí yo traigo a mi siervo Oriente(d); pues que la piedra que di en frente de Jesús —sobre la piedra la una siete ojos están(e); he aquí yo cavo hondura(f), dice el Señor Todopoderoso; y atentaré(g) contra toda la injusticia de aquella tierra en día uno. En aquel día, dice el Señor Todopoderoso, convocaréis cada cual a su prójimo debajo de vid y debajo de higuera». Visión de los candelabros y olivos Y volvió el ángel, el que hablaba en mí, y me despertó del modo que es despertado un hombre de su sueño; y díjome: «¿Qué tú ves?» y dije: «He visto y he aquí un candelabro áureo todo, y la lámpara encima de él, y siete lamparillas encima de ella, y siete aceiteras para las lamparillas las de encima de ella: uno a derecha de su lámpara y uno a izquierda». -- Y pregunté y dije al ángel, el que hablaba en mí, diciendo: «¿Qué son estos, señor?» Y respondió y díjome diciendo: «¿No conoces qué son estos?» y dije: «No, señor.» Y respondió y díjome, diciendo: «Esta es la palabra del Señor a Zorobabel, diciendo: «No en poder grande, ni en fuerza sino en mi espíritu(a), dice el Señor Todopoderoso. ¿Quién eres tú, el monte el grande(b), el ante la faz de Zorobabel, para enderezar? Y sacaré la piedra de la heredad, igualdad de gracia, la gracia de ella(c)». Y fue hecha palabra del Señor a mí, diciendo: «Las manos de Zorobabel fundamentaron esta casa, y sus manos la terminarán, y conocerás que el Señor Todopoderoso me ha enviado a ti.» «Porque ¿quién ha desdeñado días pequeños?(d). Y alegraránse y verán la piedra, la estañosa, en manos de Zorobabel; siete estos ojos son los que miran sobre toda la tierra.» Y respondí y le dije: «¿Qué los dos olivos estos, los a diestra de la lámpara y a siniestra?» Y pregunté segunda vez y le dije: «¿Qué, las dos ramas de los olivos, las en las manos(e) de los dos tubos los áureos que vierten y traen las aceiteras?» Y díjome: «¿No sabes qué es esto?» Y dije: «No, señor.» Y dijo: «Estos dos, hijos de la grosura(f), asisten al Señor de toda la tierra.» La hoz volante: destrucción de los impíos. Y me volví y levanté mis ojos, y vi, y he aquí una hoz(a) volante. Y díjome: «¿Qué tú ves?» Y dije: «Yo veo una hoz volante, de largo de codos veinte, y de ancho de codos diez.» Y díjome: «Esta es la maldición, la que sale sobre la hoz de toda la tierra; puesto que todo ladrón, desde ahora hasta su muerte, castigado será; y todo perjuro, desde ahora, castigado será. Y la sacaré, dice Señor Todopoderoso, y entrará en la casa del ladrón y en la casa del que jura en mi nombre con falsía; y morará en medio de su casa, y la acabará hasta los leños de ella y las piedras de ella. Y salió el ángel, el que hablaba en mí, y me dijo: «Levanta tus ojos y ve esto que sale.» Y dije: «¿Qué es?» Y dijo: «Esta es la medida que sale.» Y dijo: «Esta la injusticia de ellos en toda la tierra.» Y he aquí un talento de plomo encumbrado, y he aquí mujer una estaba sentada en medio de la medida(b). Y dijo: «Esta es la iniquidad»; y la arrojó al medio de la medida, y arrojó la piedra del plomo a la boca de ella. Y alcé mis ojos, y vi, y he aquí dos mujeres saliendo; y viento en las alas de ellas; y éstas tenían alas de abubilla, y elevaron la medida en medio de tierra y en medio del cielo. Y dije al ángel, el que hablaba en mí: «¿A dónde éstas llevan la medida?» Y díjome: «Para edificarle(c) casa en tierra de Babel y preparar; y la pondrán allí sobre su preparación(d)». Los cuatro carros. Las coronas. Y me volví y levanté mis ojos, y vi, y he aquí cuatro carros saliendo de en medio de dos montes; y los montes eran montes broncíneos. En el carro primero, bridones rojos; y en el carro segundo, bridones negros; y en el carro tercero, bridones blancos; y en el carro cuarto, bridones manchados grises. Y pregunté y dije al ángel el que hablaba en mí: «¿Qué son éstos, señor?» Y respondió el ángel, el que hablaba en mí, y dijo: «Estos son los cuatro vientos del cielo; salen a asistir al Señor de toda la tierra.» En el que estaban los bridones negros, salían sobre la tierra del septentrión(a); y los blancos salían tras de ellos; y los manchados salían sobre la tierra del austro(b); y los grises salían, y aprestábanse recorrer la tierra. Y dijo: «Id y recorred la tierra.» Y recorrieron la tierra. Y clamó y me habló, diciendo: «He aquí los que salen sobre tierra de septentrión, han calmado mi furor en tierra de septentrión.» Y fue hecha la palabra del Señor a mí, diciendo: «Coge lo del cautiverio, de parte de los príncipes y de parte de los acaudalados de él y de parte de los que le han conocido(c), y entra tú en aquel día en la casa de Josías, de Sofonías, el que vino de Babel; y toma plata y oro, y harás coronas, y pondrás en la cabeza de Jesús de Josedec, el sacerdote grande; y le dirás: Esto dice el Señor Todopoderoso: «He aquí un varón; Naciente(d), su nombre; y debajo de él nacerá(e); y edificará la casa del Señor, y él recibirá virtud; y sentaráse, e imperará en su trono; y estará el sacerdote a su diestra, y consejo pacífico habrá en medio de entrambos(f). Y la corona será para los que aguardan, y para los acaudalados de ella y los conocedores de él(g), y en gracia del hijo de Sofonías, y en cantar en casa del Señor. Y los que están lejos de ellos vendrán, y edificarán en la casa del Señor; y conoceréis que el Señor Todopoderoso me ha enviado a vosotros. Y será, si escuchando escucharéis la voz del Señor, vuestro Dios». Sobre el ayuno durante la cautividad. Dios pide obras de justicia. Y aconteció en el cuarto año, bajo Darío, el rey, fue hecha palabra del Señor a Zacarías, el cuatro del mes nono, que es Casleu; y envió Betel a Sarasar y a Rogomelec y a los varones de él a propiciar al Señor, diciendo a los sacerdotes, los de la casa del Señor Todopoderoso, y a los profetas, diciendo: «Ha entrado aquí, en el mes el quinto, la santificación(a); como ha hecho ya bastantes años.» Y fue hecha la palabra del Señor de los ejércitos a mí, diciendo: Di a todo el pueblo de la tierra y a los sacerdotes diciendo: «Si habéis ayunado o plañido en los quintos o en los séptimos(b), y he aquí setenta años, ¿acaso ayuno habéis ayunado para mí? Y si habéis comido o bebido ¿acaso no vosotros habéis comido y bebido? ¿No son éstas las palabras que habló el Señor en manos de los profetas, los de antes, cuando estaba Jerusalén habitada y rica, y las ciudades de ella en contorno; y la montaña y la llanura estaban habitadas?» Y fue hecha la palabra del Señor a Zacarías, diciendo: Esto dice el Señor Todopoderoso: «Juicio juzgad, y misericordia y conmiseración haced cada uno con su hermano; y a viuda y huérfano y prosélito y menesteroso no oprimáis; y maldad cada cual de su hermano no guarde, en vuestros corazones. Y no se persuadieron a atender, y dieron dorso despectivo; y sus orejas gravaron para no escuchar; y su corazón pusieron inobediente, para no escuchar mi ley, y las palabras que envió el Señor Todopoderoso, en su espíritu, en manos de los profetas, los de antes; y hubo ira grande del Señor Todopoderoso. Y será del modo que dijo, y no escucharon, así vociferaran, y no escucharé, no, dice el Señor Todopoderoso. Y los lanzaré a todas las gentes que no conocían; y la tierra desaparecerá, tras ellos de yente y viniente; y pusieron la selecta en desaparecimiento». Continuación. Enmendándose Israel, sus días de penitencia se trocarán en de alegría. Y fue hecha palabra del Señor Todopoderoso, diciendo: «Esto dice el Señor Todopoderoso: «He celado a Jerusalén y a Sión con celo grande; y con furor grande la he celado.» Esto dice el Señor: «Volveré a Sión y me empabellonaré en medio de Jerusalén; y será llamada Jerusalén «ciudad la verdadera», y el monte del Señor Todopoderoso, «monte santo». Esto dice el Señor Todopoderoso: «Aún sentaránse ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual su báculo teniendo en su mano; y las calles se llenarán de niñitos y niñitas jugando en las calles de ella.» Esto dice el Señor Todopoderoso: «Si imposible fuera a faz de los residuos de este pueblo, en aquellos días, ¿acaso también a faz mía imposible será?, dice el Señor todopoderoso. Esto dice el Señor Todopoderoso: «He aquí yo salvo a mi pueblo, de tierra de occidente; y los introduciré y empabellonaré en medio de Jerusalén, y seránme en pueblo y yo seréles en Dios, en verdad y en justicia.» Esto dice el Señor Todopoderoso: «Confórtense las manos de vosotros los que oís en estos días estas palabras de boca de los profetas, desde el día que ha sido fundamentada la casa del Señor Todopoderoso, y el templo desde que ha sido edificado. Por esto: porque antes de aquellos días la ganancia de los hombres no será(a) en provecho, y la ganancia de las bestias no subsistirá, y para el saliente y para el entrante no habrá(b) paz de ante la tribulación; y enviaré(c) a todos los hombres, a cada uno sobre su prójimo. Y ahora, no según los días los de antes, yo hago a los residuos de este pueblo, dice el Señor Todopoderoso; sino que mostraré paz: la vid dará su fruto; y la tierra dará sus gérmenes; y el cielo dará su rocío; y posesionaré a los residuos de mi pueblo de esto todo. Y será del modo que érais en maldición a las gentes, casa de Judá y casa de Israel; así os salvaré y seréis en bendición: confiad y confortaos en vuestras manos». Por cuanto esto dice el Señor Todopoderoso: «Al modo que pensé maltrataros, por irritarme vuestros padres, dice el Señor Todopoderoso: y no me pesó; así he determinado y pensado en estos días hermosamente hacer a Jerusalén, y a la casa de Judá: Confiad. Estas, las palabras que haréis: hablad verdad cada uno a su prójimo; verdad y juicio pacífico juzgad en vuestras puertas; y cada uno la maldad de(d) su prójimo no penséis en vuestros corazones; y juramento falso no améis; por esto: porque todo esto odio, dice el Señor Todopoderoso». Y fue hecha palabra del Señor Todopoderoso a mí: «Dice el Señor Todopoderoso: Ayuno el cuarto(e), y ayuno el quinto, y ayuno el séptimo, y ayuno el décimo serán, para la casa de Judá en gozo y alegría, y en fiestas buenas; y os alegraréis; y la verdad y la faz amaréis». Esto dice el Señor Todopoderoso: «Aún vendrán pueblos muchos y habitadores de ciudades muchas; y se congregarán los habitadores de cinco ciudades en una ciudad, diciendo: «Vamos a deprecar la faz del Señor, y a buscar la faz del Señor Todopoderoso; iré también yo.» Y vendrán pueblos muchos y gentes muchas a buscar la faz del Señor Todopoderoso en Jerusalén y a propiciar la paz del Señor. Esto dice el Señor Todopoderoso: «En aquellos días; si(f); cogieren diez varones, de todas las lenguas de las gentes y cogieren la orla de un varón judío, diciendo: «Iremos contigo, puesto que hemos oído que Dios con vosotros es.» El Mesías. Triunfo de Israel sobre los helenos. Carga de la palabra del Señor en(a) tierra de Hadrac(b) (y de Damasco sacrificio de él(c); por cuanto el Señor mira a los hombres y todas las tribus de Israel); y en Emat, en los confines de ella Tiro y Sidón, por cuanto se jactan sobremanera; y ha edificado Tiro fortificaciones para sí, y atesorado plata, como tierra, y oro, como lodo de caminos. Y por esto el Señor se posesionará de ellos, y derribará al mar, la fortaleza de ella en fuego devorada será. Verá Ascalón (y temerá) y Gaza (y se angustiará sobremanera) y Acarón; pues avergonzóse de la caída de ella; y perecerá rey de Gaza; y Ascalón no será habitada, no. Y habitarán extraños en Azoto; y arrasaré la altanería de los extraños; y quitaré la sangre(d) de ellos de la boca de ellos y sus abominaciones(e) de en medio de sus dientes; y serán dejados también éstos para nuestro Dios; y será como Quiliarca(f) en Judá; y Acarón, como el jebuseo(g); y pondré bajo mi casa elevación, para que no pase, ni vuelva, y no entre, no, a ellos nunca más, quien cautive; por esto: porque he mirado en mis ojos(h). Alégrate sobremanera, hija de Sión; pregona, hija de Jerusalén: he aquí tu rey viene a ti, justo y salvando él mismo, manso y montando en subyugal(i) y pollino nuevo. Y exterminará carros, de Efraín, y bridón, de Jerusalén; y exterminado será el arco bélico; y muchedumbre(j) y paz entre las gentes; y dominará sobre aguas hasta mar, y sobre los ríos de salida(k) de la tierra. Y tú en sangre de tu testamento soltaste tus aherrojados de cisterna que no tiene agua(l). Os asentaréis en fortificaciones, aherrojados de la congregación; y por un día de tu peregrinación; el doble te pagaré; por cuanto te he tendido, Judá, para mí un arco(m); he llenado a Efraín; y levantaré a tus hijos contra los hijos de los helenos; y te empuñaré como espada de batallador; y el Señor será sobre ellos; y partirá, cual relámpago, flecha; y el Señor Todopoderoso en trompeta trompeteará, y andará en vaivén de su amenaza. El Señor Todopoderoso les escudará; y los(n) consumirán, y los cubrirán en piedras de honda; y los beberán, como vino, y llenarán las tazas, como ara. Y les salvará el Señor, su Dios, en aquel día, como ovejas a su pueblo; por cuanto piedras santas(o) ruedan sobre la tierra de él. Porque, si algo bueno hay de él, y, si algo hermoso de él, es como el trigo para los jovencillos, y el vino fragante para las doncellas(p). Continuación. Bendiciones divinas. Los malos pastores. Conversión total de Israel. Pedid al Señor lluvia a su hora: matutina y vespertina. El Señor ha hecho ostentaciones —y lluvia inverniza les dará, a cada uno hierba en el campo. Por esto: porque los oráculos han hablado invenciones; y los adivinos visiones falsas, y los ensueños cosas falsas hablaban, con vanas palabras consolaban; por esto secáronse cual ovejas y maltratados fueron; pues que no había curación. Sobre los pastores se ha irritado mi furor; y sobre los corderos visitaré; y visitará el Señor, el Dios, el Todopoderoso, a su grey: la casa de Judá; y los dispondrá como su bridón magnífico en guerra; y, de él, miró, y de él dispuso(a); y, de él, arco en furor; de él saldrá todo el que lanza, en él mismo(b). Y serán como batalladores conculcando lodo en las vías, en guerra; y combatirán, por cuanto el Señor está con ellos; y confundidos serán los cabalgadores de bridones. Y confortaré la casa de Judá; y la casa de José salvaré; y los estableceré porque los he amado; y serán, cual si no les hubiera yo desterrado; por esto: porque yo soy el Señor, el Dios de ellos, y les escucharé. Y serán como batalladores de Efraín; y se gozará su corazón, como el vino; y sus hijos verán y alegraránse, y se gozará su corazón en el Señor. Les significaré,y los acogeré; por cuanto los redimiré; y se multiplicarán según eran muchos; y los sembraré en pueblos, y los de lejos se acordarán de mí; criarán a sus hijos y retornarán. Y los retornaré de tierra de Egipto, y, de asirios, los acogeré, y a la Galaadítide y al Líbano los introduciré; y no faltará, no, de ellos ni uno; y atravesarán en mar estrecha(c), y herirán, en mar, las olas; y secaránse todas las honduras de ríos; y quitada será toda altanería de asirios; y el cetro de Egipto será arrancado. Y los confortaré en el Señor, su Dios, y en su nombre se gloriarán, dice el Señor. Juicio de Dios y castigo Abre Líbano tus puertas y devore el fuego tus cedros. Ulule el pino, pues ha caído el cedro; que grandemente los grandes se han enmiseriado; ululad, encinas de Basán; que cortada ha sido la sierra, la tupida. Voz de trenantes pastores; pues se ha enmiseriado su grandeza. Voz de rugientes leones; pues se ha enmiseriado el estruendo del Jordán. Esto dice el Señor Todopoderoso: «Apacentad las ovejas de la matanza; las que los dueños degollaban, y no les pesaba»; y los que las vendían, decían: «Bendito el Señor, y nos hemos enriquecido»; y los pastores de ellas nada sufrían por ellas». Por esto no perdonaré ya a los habitadores de la tierra, dice el Señor. Y he aquí que yo entrego a los hombres, a cada uno, en mano de su prójimo y en mano de su rey, y destrozarán la tierra, y no libraré, no, de la mano de ellos. Y apacentaré las ovejas de la matanza en la Canaanítide(a); y me cogeré dos varas: la una llamé Hermosura, y la otra llamé Cuerda(b); y apacentaré las ovejas. Y quitaré los tres pastores(c); en mes uno; y se agravará mi alma sobre ellos; pues también sus almas rugían sobre mí. Y dije: «No os apacentaré; lo que muere, muera; y lo que desfallece, desfallezca, y el resto devoren cada cual las carnes de su prójimo. Y tomaré la vara mía, la hermosa, y la arrojaré para dispersar el pacto que he pactado con todos los pueblos; y dispersados serán en aquel día, y conocerán los cananeos las ovejas, las que son guardadas para mí; por esto: porque palabra del Señor es». Y les diré: «Si hermoso a faz vuestra es, dadme mi jornal o negaos; y pesaron mi jornal: treinta de plata.»(d) Y díjome el Señor: «Ponlos en el crisol(e), y veré si probado es al modo que he sido probado por ellos.» Y tomé los treinta de plata y los arrojé en la casa del Señor, en el crisol. Y lancé la vara la segunda, la cuerda, para disipar la posesión en medio de Judá y en medio de Israel. Y díjome el Señor: «Aún tómate vasos pastoriles de pastor imperito(f); pues he aquí que yo suscito un pastor sobre la tierra; lo desfalleciente no visitará, no; y lo disperso no buscará, no; y lo quebrantado no sanará, no; y lo entero no enderezará, no; y las carnes de los elegidos devorará; y las cervices de ellos quebrará. ¡Oh los que pastorean lo vano(g) y han abandonado las ovejas! ¡Cuchilla sobre los brazos de él y sobre el ojo el derecho de él! ¡Su brazo, secándose, secaráse y su ojo el derecho, cegando se cegará!» Salvación de Jerusalén. Penitencia de Judá. Carga de la palabra del Señor sobre Israel. Dice el Señor, el que extiende el cielo y fundamenta la tierra y plasma el espíritu del hombre en él: «He aquí yo pongo a Jerusalén como atrios estremecidos para todos los pueblos en contorno; y en la Judea habrá asedio sobre Jerusalén». Y será en aquel día que pondré a Jerusalén por piedra hollada a todas las gentes; todo el que la hollare, escarneciendo, escarnecerá; y se juntarán sobre ella todas las gentes de la tierra. En aquel día, dice el Señor Todopoderoso, percutiré todo caballo en estupor, y a todo cabalgante en demencia; y sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y todos los caballos de los pueblos percutiré en ceguera. Y dirán los tribunos de Judá en sus corazones: «Nos hemos hallado(a) a los habitantes de Jerusalén en el Señor Todopoderoso.» En aquel día pondré los tribunos de Judá como tizón de fuego en leña, y como lámpara de fuego en paja; y devorarán, a diestra y siniestra, a todos los pueblos en contorno; y habitará Jerusalén todavía, de por sí en Jerusalén. Y salvará el Señor los pabellones de Judá, así como desde el principio; para que no se engrandezca la gloriación de la casa de David, y los envanecimientos de los habitantes de Jerusalén sobre Judá. Y será que en aquel día escudará el Señor a los habitantes de Jerusalén; y será el flaco en ellos, en aquel día, como David; y la casa de David, como casa de Dios, como ángel del Señor a faz de ellos. Y será en aquel día que buscaré exterminar todas las gentes las que vienen sobre Jerusalén; y efundiré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el espíritu de gracia y conmiseración; y mirarán hacia mí, por cuanto han traspasado(b); y plañirán sobre el plañido, como sobre un amado; y se dolerán con dolor, como sobre el primogénito. En aquel día se agrandará el plañido en Jerusalén, como plañido en Adadremón en el campo de Magedón(c); y plañirá la tierra, por tribus, tribus: tribu de casa de David aparte; y las mujeres de ellos aparte; tribu de casa de Natán aparte, y las mujeres de ellos aparte; tribu de casa de Leví aparte, y las mujeres de ellos aparte; tribu de Simeón aparte, y las mujeres de ellos aparte. Todas las restantes tribus, tribu, aparte y las mujeres de ellos aparte. Destrucción del pecado y del error. Es herido el pastor; dispersada y dividida la grey. En aquel día estará todo lugar abierto a la casa de David y los habitantes de Jerusalén para la mudanza y para la separación(a). Y será en aquel día, dice el Señor de los ejércitos, que exterminaré los nombres de los ídolos de sobre la tierra; y ya de ellos no habrá memoria; y a los pseudoprofetas y el espíritu, el impuro, quitaré de la tierra. Y será: si profetizare hombre todavía, le dirá su padre y su madre, los que le engendraron: «No vivirás, pues mentiras has hablado, en nombre del Señor»; y ataránle su padre y su madre, los que le engendraron, cuando profetizare. Y será que en aquel día avergonzados serán los profetas, cada uno por su visión, cuando profetizare y se vestirán piel peluda, por haber mentido. Y dirá: «No soy profeta yo; puesto que hombre labrador de la tierra yo soy; pues hombre me engendró(b), desde mi infancia.» Y le dirá: «¿Qué, estas heridas en medio de tus manos?» Y dirá: «Con las que he sido herido en la casa, la querida mía.» Espada, levántate sobre mis pastores; sobre varón, ciudadano mío, dice el Señor Todopoderoso; herid a los pastores y arrancad las ovejas; y traeré mi mano sobre los pequeños(c). Y será: en toda la tierra, dice el Señor, las dos partes de ella exterminadas serán y desfallecerán; y el tercio será dejado en ella; y pasaré el tercio por fuego y los acrisolaré, como se acrisola la plata; y los probaré, como se prueba el oro; él invocará mi nombre, y yo le escucharé, y dice:«Pueblo mío éste es»; y él dirá: «Señor, Dios mío.» Nuevas tribulaciones de Israel. Auxilio divino. Ruina de los enemigos. Conversión final de las gentes. He aquí, días vienen del Señor, y se repartirán tu botín en ti; y congregaré todas las gentes sobre Jerusalén, en guerra; y capturada será la cuidad, y despojadas, las casas; y las mujeres, mancilladas; y saldrá la mitad de la urbe en cautiverio; y el resto de mi pueblo no será exterminado, no, de la urbe. Y saldrá el Señor, y batallará contra aquellas gentes; así como en día de su batalla, en día de guerra(a). Y se pondrán los pies de él, en aquel día, sobre el monte de los Olivos, el enfrente de Jerusalén, al oriente: y henderáse el monte de los Olivos; la mitad de él a oriente y mar, hendedura grande sobremanera; y se inclinará la mitad del monte a septentrión y la mitad de él al austro; y se obstruirá la hondonada de mis montes; y se adherirá(b) la hondonada de los montes, hasta Jasod; y se obstruirá tal como se obstruyó en los días del terremoto, en días de Ozías, rey de Judá(c). Y vendrá el Señor, mi Dios y todos los santos con él. Y será que en aquel día no habrá luz; frío y hielo habrá por un día; y aquel día, conocido del Señor; y no día y no noche(d); y a la tarde habrá luz. Y en aquel día saldrá agua viviente de Jerusalén; la mitad de ella a la mar la primera, y la mitad de ella a la mar la última; y en estío y en primavera será así. Y será el Señor, rey sobre toda la tierra; en aquel día será el Señor uno y su nombre, uno, circuyendo toda la tierra y el desierto, desde Gabe hasta Remón al austro de Jerusalén (y Rama en su lugar quedará); desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta la primera, hasta la puerta de los ángulos y hasta la torre de Hananeel, hasta los lagares del rey(e): habitarán en ella, y maldición no habrá ya; y habitará Jerusalén confiadamente. Y ésta será la ruina con que herirá el Señor a todos los pueblos cuantos han militado contra Jerusalén: desharánse las carnes de ellos parados sobre sus pies; y sus ojos fluirán de sus cuencas; y su lengua se deshará en su boca. Y será en aquel día terror del Señor grande sobre ellos; y cogerá cada uno la mano de su prójimo y estrechará su mano con la mano de su prójimo(f). Y Judá batallará en Jerusalén y congregará la fuerza de todos los pueblos en contorno, oro y plata y vestidura en muchedumbre sobremanera. Y ésta la ruina de los caballos y de las mulas y de los camellos y de los asnos, y todas las bestias las que hubiere en aquellos campamentos, según esta ruina. Y será: cuantos hubieren quedado de todas las gentes las venidas contra Jerusalén, ascenderán cada año a adorar al rey, el Señor Todopoderoso, y a celebrar la celebridad de los Tabernáculos. Y será que cuantos no ascendieren de todas las tribus de la tierra a Jerusalén a adorar al rey, el Señor Todopoderoso, también éstos a aquéllos se juntarán(g). Pero, si la tribu de Egipto no ascendiere ni viniere, sobre éstos será la ruina con que percutirá el Señor a todas las gentes, cuantas no ascendieren a celebrar la celebridad de los Tabernáculos. Este será el pecado de Egipto y el pecado de todas las gentes, cuantas no ascendieren a celebrar la celebridad de los Tabernáculos. En aquel día será lo sobre la brida del caballo santo(h) al Señor Todopoderoso; y serán las calderas en la casa del Señor, como tazas en frente del altar; y será toda caldera en Jerusalén y en Judá, santa al Señor todopoderoso; y vendrán todos los sacrificantes y tomarán de ellas, y cocerán en ellas; y no habrá cananeo(i) ya en la casa del Señor Todopoderoso en aquel día. Ingratitud del pueblo. Sacrificio puro. Carga de la palabra del Señor sobre Israel, en mano de su ángel; poned ahora en vuestro corazón. Os he amado, dice el Señor, y habéis dicho: «¿En qué nos has amado?» ¿No hermano era Esaú de Jacob?, dice el Señor; y he amado a Jacob; y a Esaú aborrecido(a); «Y puestos sus confines en desaparecimiento, y su heredad, en moradas de desierto». Por cuanto dirá: «La idumea ha sido destruida; y volvamos y reedifiquemos los desiertos»; esto dice el Señor Todopoderoso: «Ellos edificarán, y yo destruiré; y se les sobrenombrarán «confines de iniquidad», y «pueblo contra el cual está combatiendo el Señor, por el siglo». Y vuestros ojos verán, y vosotros diréis: «Se ha engrandecido el Señor por sobre los confines de Israel». El hijo glorifica a su padre, y el siervo a su amo. Y si padre soy yo ¿Dónde está mi gloria? y si amo soy yo ¿Dónde está mi temor?, dice el Señor Omnipotente. Vosotros(b), los sacerdotes los que menospreciáis mi nombre, y habéis dicho: ¿«En qué hemos menospreciado tu nombre»? Los que ofrecéis en el altar son panes manchados, y habéis dicho: ¿»En qué los hemos manchado»? En lo que decís: «La mesa del Señor manchada está»; y lo puesto en ella, despreciasteis. Por cuanto, si ofreciereis lo ciego para sacrificio ¿No, malo? y si ofreciereis lo cojo o enfermo ¿No, malo? Ofrécelo ahora a tu príncipe, si lo ha de admitir, si ha de aceptar tu rostro..., dice el Señor Omnipotente. Y ahora propiciad el rostro de vuestro Dios y suplicadle (en vuestras manos ha sido hecho esto); ¡si aceptaré de(c) vosotros, vuestros rostros!, dice el Señor Omnipotente. Por esto; porque también en vosotros se cerrarán las puertas; y no se encenderá mi altar en vano; no está mi voluntad en vosotros, dice el Señor Omnipotente; y el sacrificio no aceptaré de vuestras manos. Por esto: porque, de oriente de sol y hasta poniente, mi nombre glorificado será entre las gentes; y en todo lugar, timiama se ofrece a mi nombre y sacrificio puro; por esto; porque grande es mi nombre entre las gentes, dice el Señor Omnipotente. Pero vosotros lo profanáis, cuando decís: «La mesa del Señor manchada está; y lo puesto en ella es despreciado: las viandas de él». Y habéis dicho: «Esto es mal llevadero». «Y lo he aventado, dice el Señor Omnipotente. Y ofreceréis rapiña, y lo cojo y lo molesto; y si(d) llevaréis por sacrificio; si lo he de recibir de vuestras manos...» dice el Señor Omnipotente. Y maldito, el que era poderoso, y había en su grey masculino, y su voto sobre él, y sacrifica lo defectuoso al Señor; por esto: porque rey grande yo soy, dice el Señor Omnipotente, y mi nombre, es ilustre en las gentes. Prosigue reconviniendo al Sacerdocio. Contra los matrimonios con gentiles. Y ahora este mandamiento a vosotros, sacerdotes. Y si no oyereis, y si no pusiereis en vuestro corazón dar gloria a mi nombre, dice el Señor Omnipotente, yo enviaré sobre vosotros la maldición; y maldeciré vuestra bendición, y la maldeciré; y disiparé vuestra bendición, y no habrá en vosotros, porque vosotros no habéis puesto rectitud en vuestro corazón. He aquí yo os arrojaré al hombro, y desparramaré el ventrículo sobre vuestro semblante, un ventrículo de solemnidades; y os acogeré juntamente(a); y conoceréis que yo he enviado a vosotros este mandamiento, para que sea mi pacto con los levitas, dice el Señor Omnipotente. Mi pacto era con él(b) de la vida y de la paz; y le di que en temor me temiera, a la faz de mi nombre le(c) enviara. Pacto de verdad era en su boca; e injusticia no se halló en sus labios; en paz enderezando anduvo conmigo; y a muchos convirtió de injusticia. Pues labios de sacerdote han de guardar ciencia; y ley pedirán a su boca, por cuanto mensajero de Señor Omnipotente es. Pero vosotros habéis declinado del camino, y debilitado a muchos en la ley; corrompido el pacto de Leví, dice el Señor Omnipotente. También yo os he dado despreciados y desechados a todas las gentes; por cuanto vosotros no habéis guardado mis caminos, sino que aceptabais personas en la ley. ¿Acaso Dios uno no has creado? ¿Acaso no eres padre uno de todos nosotros? ¿Por qué habéis abandonado cada cual a su hermano para profanar el pacto de vuestros padres? Abandonado será Judá; y abominación ha sido hecha en Israel y en Jerusalén; por cuanto ha profanado Judá el santuario del Señor; en el que ha amado y adherido a dioses extraños. Exterminará el Señor al hombre, al que hace tal(d) hasta que y sea humillado en las tiendas de Jacob, y de los que ofrecen sacrificios al Señor Omnipotente. Y esto que yo aborrecía, hacíais; cubríais de lágrima el altar y de llanto y gemido, de trabajos. ¿Todavía es digno mirar sacrificios o recibir cosa acepta de vuestras manos? Y habéis dicho: ¿«Por qué»?, porque el Señor ha testificado(e) en medio de ti y en medio de la mujer de tu adolescencia, que has abandonado; y ella ha sido compañera tuya y mujer de tu pacto. Y ¿no lo hermoso ha hecho(f), y emanación de tu espíritu(g)? Y habéis dicho: ¿Qué otra cosa que simiente busca Dios?» y guardaos en vuestro espíritu(h), y mujer de tu adolescencia no abandones, no. Empero, si, aborreciendo, repudiares, dice el Señor, el Dios de Israel, cubrirá la impiedad tus designios, dice el Señor Omnipotente. Y guardaos en vuestro espíritu, y no abandonéis, no, los que irritáis a Dios en vuestras palabras; y habéis dicho: ¿»En qué le hemos irritado»? En que decís: «Todo el que hace lo malo, lo hermoso a faz de Señor; y en ellos él se ha complacido»; y: ¿»Dónde está el Dios de la justicia»?(i). El Mesías y su precursor. Contra los levitas y el pueblo. He aquí que envío mi mensajero, y mirará por el camino ante mi faz; y de súbito vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis, y el mensajero del testamento, a quien vosotros queréis; he aquí viene, dice el Señor Omnipotente. Y ¿quién aguardará el día de su entrada? o ¿quién se sostendrá en su visita? Por cuanto él entra, como fuego de acrisolador, y, como hierba de lavantes. Sentaráse acrisolando y purificando como la plata y como el oro; y purificará a los hijos de Leví y los derramará como el oro y como la plata; y estarán al Señor ofreciendo sacrificio en justicia; y placerá al Señor sacrificio de Judá y Jerusalén, tal como(a) los días del siglo y tal como los años, los de antes. Y me acercaré a vosotros en juicio; y seré testigo breve contra los maléficos, y contra las adúlteras y contra los que juran en mi nombre con mentira, y contra los que defraudan jornal de jornalero, y los que oprimen viuda y los que abofetean huérfanos, y los que declinan juicio de advenedizo y los que no me temen, dice el Señor Omnipotente. Por esto: porque yo soy el Señor, vuestro Dios, y no cambio. Y vosotros, hijos de Jacob, no os apartáis de la injusticias de vuestros padres; os habéis desviado de mis leyes, y no guardasteis. Convertíos a mí, y me convertiré a vosotros, dice el Señor el Omnipotente. Y habéis dicho: «¿En qué nos convertiremos»? ¿Acaso suplantará el hombre a Dios? porque vosotros me suplantáis. Y diréis: ¿»En qué te hemos suplantado»? Porque los diezmos y las primicias con vosotros están; y considerando vosotros consideráis(b) y a mí vosotros suplantáis. El año consumado está; e introdujisteis todos los frutos en las recámaras; y estará la rapiña de él en su casa(c). Considerad ya esto, dice el Señor Omnipotente; ¡si no os abriere yo las cataratas del cielo! y derramaré sobre vosotros mi bendición, hasta que bastare. Y os repartiré en comida; y no destruiré, no, el fruto de vuestra tierra; y no enfermará, no, vuestra vid, la del campo, dice el Señor Omnipotente. Y os felicitarán todas las gentes, por esto: porque seréis vosotros tierra acepta, dice el Señor Omnipotente. Habéis agravado sobre mí vuestras palabras, dice el Señor, y dicho: ¿»En qué hemos hablado mal de ti»? Habéis dicho: «Vano es el que sirve a Dios»; y «¿Qué más(d), que hemos guardado las guardas de él, y que hemos andado suplicantes a faz del Señor Omnipotente? Y nosotros ahora felicitamos a los extraños; y edificados(e) son todos los que hacen lo inicuo; y han resistido a Dios y han salvado». Este mal hablaron los temerosos del Señor, cada cual a su prójimo; y atendió el Señor y escuchó; y escribió un libro de memorial(f) a faz suya, para los que temen al Señor y respetan su nombre. Y serán para mí, dice el Señor Omnipotente, para el día que yo hago, en adquisición, y los elegiré del modo que elige el hombre a su hijo el que le sirve. Y os convertiréis y veréis en medio del justo y en medio del inicuo, y en medio del que sirve a Dios y el que no sirve. Día del juicio. Venida del Mesías. Pues he aquí que el día viene ardiendo como el horno, y los abrasará; y serán todos los alienígenas y todos los que hacen lo inicuo, paja, y los quemará el día el que viene, dice el Señor Omnipotente; y no quedará, no, de ellos, raíz ni rama. Y os nacerá, los que teméis mi nombre, sol de justicia, y sanidad en sus alas; y saldréis y retozaréis, cual becerrillos, de ataduras sueltos. Y conculcaréis a los inicuos; puesto que serán ceniza debajo de vuestras plantas en el día que yo hago, dice el Señor Omnipotente. Y he aquí que yo os envío a Elías, el tesbita, antes de venir el día del Señor, el grande y manifiesto; quien restituirá el corazón de padre a hijo, y corazón de hombre a su prójimo; para no venir yo y herir la tierra totalmente. Acordaos de la ley de Moisés, mi siervo, según que le mandé en Horeb, para todo Israel con preceptos y justificaciones. Genealogía de Cristo Libro de generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham; Abraham engendró a Isaac, e Isaac engendró a Jacob; y Jacob engendró a Judas y sus hermanos; y Judas engendró a Farés y Zará de Tamar; y Farés engendró a Esrom; y Esrom engendró a Aram; y Aram engendró a Aminadab; y Aminadab engendró a Naasom; y Naasom engendró a Salmón; y Salmón engendró a Boós de Rahab; y Boós a Jobed de Rut; y Jobed engendró a Jesaí; y Jesaí engendró a David, el rey. Y David engendró a Salomón de la de Urías; y Salomón engendró a Roboam; y Roboam engendró a Abías; y Abías engendró a Asaf; y Asaf engendró a Josafat; y Josafat engendró a Joram; y Joram engendró a Ozías; y Ozías engendró a Joatam; y Joatam engendró a Acaz; y Acaz engendró a Ezequías; y Ezequías engendró a Manasés; y Manasés engendró a Amós; y Amós engendró a Josías; y Josías engendró a Jeconías y sus hermanos en la transmigración de Babilonia. Y después de la transmigración de Babilonia. Jeconías engendró a Selatiel; y Selatiel engendró a Zorobabel; Zorobabel engendró a Abiud; y Abiud engendró a Eliaquín; y Eliaquín engendró a Azor; y Azor engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Aquim; y Aquim engendró a Eliut; y Eliut engendró a Eleazar; y Eleazar engendró a Matán; y Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María; de la cual nació Jesús, el llamado Cristo. Todas las generaciones, pues, desde Abraham hasta David, generaciones catorce; y desde David hasta la transmigración de Babilonia, generaciones catorce; y desde la transmigración de Babilonia, hasta el Cristo, generaciones catorce; y la generación de Cristo Jesús fue así:Desposada su madre, María, con José, antes(a) de juntarse ellos, se halló en el vientre teniendo del Espíritu Santo; Pero José, su esposo, siendo justo y no queriendo denunciarla, quería ocultamente repudiarla. Mas, pensando él esto, he aquí que un ángel del Señor en sueños(b) se le apareció diciéndole: José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, pues lo engendrado en ella de Espíritu es, de santo: y parirá un hijo, y llamarás su nombre Jesús; pues él salvará a su pueblo de sus pecados. Y todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho del Señor por el profeta, diciendo: He aquí que la virgen tendrá en el vientre y parirá hijo y llamarán su nombre Emanuel; lo que es interpretado: «Con nosotros Dios». Y despertando José del sueño, hizo como le mandó el ángel del Señor, y acogió a su mujer; y no la conoció hasta que parió hijo,(c) y llamó su nombre Jesús. Los magos Nacido Jesús en Belén de Judea en los días de Herodes, el rey, he aquí que magos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el nacido rey de los judíos? pues hemos visto su estrella en el oriente y venido a adorarle». Mas, oyendo el rey Herodes se espantó y toda Jerusalén con él. Y reuniendo todos los pontífices y escribas del pueblo, interrogóles dónde el Cristo nacería. Y ellos le dijeron: «En Belén de la Judea. Pues así está escrito por el profeta: Y tú Belén, tierra de Judá.en manera alguna eres la más pequeña enlos príncipes de Judá; (a)pues de ti saldrá el guíaque pastoreará a mi pueblo, a Israel». Entonces Herodes llamando ocultamente a los magos averiguó de ellos el tiempo de la estrella aparecida; y enviándoles a Belén, dijo: «Caminando, indagad cuidadosamente acerca del infante; y cuando le hallareis, avisadme de nuevo, para que yo también yendo le adore». Y ellos oyendo al rey, partieron. Y he aquí que la estrella que vieran en el oriente, guióles hacia adelante, hasta que, llegando, se paró sobre donde estaba el infante; y viendo la estrella, se alegraron con alegría grande sobremanera; y viniendo a la casa, vieron al infante con María, su madre, y postrándose, le adoraron; y, abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, e incienso y mirra. Y habiéndoseles revelado en sueños, no volver a Herodes, por otro camino retiráronse a su lugar. Y, habiéndose ellos retirado, he aquí que un ángel del Señor en sueños se apareció a José, diciendo: «Despertando toma al infante y a su madre, y huye a Egipto, y estáte allí hasta que yo te dijere; pues Herodes ha de buscar al infante, para perderle». Y él, despertando, tomó al infante y a su madre, de noche, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta el fin de Herodes; para que se cumpliese lo dicho del Señor por el profeta, diciendo:De Egipto llamé a mi hijo. Entonces Herodes, viendo que había sido burlado por los magos, se enfureció grandemente y enviando, arrebató a todos los niños, a los en Belén y en todos sus confines, de dos años abajo, según el tiempo que había inquirido de los magos: Entonces se cumplió lo dicho por Jeremías, el profeta, diciendo: Voz en Ramá se ha oído;llanto y alarido mucho;Raquel llorando a sus hijos;y no quiso consolarse, porque no son. Pero, muerto Herodes, he aquí que un ángel del Señor se aparece en sueños a José en Egipto; diciendo: «Despertando toma al infante y su madre y ve a la tierra de Israel; porque están muertos los que buscaban el alma del infante». Y él, despertando, tomó al infante y su madre y se fue a la tierra de Israel. Pero, oyendo que Arquelao reina sobre la Judea, en lugar de su padre Herodes, temió irse allá, y advertido del cielo, en sueños, retiróse a las partes de la Galilea. Y viniendo, habitó en una ciudad, llamada Nazaret, para que se cumpliese lo dicho por los profetas: porque «Nazareno será llamado.» El Bautista Y en aquellos días vino Juan el Bautista, predicando en el desierto de la Judea, diciendo: «Arrepentíos; que cerca está el reino de los cielos». Pues éste es el dicho por Isaías, el profeta, diciendo:«Voz del que clama en el desierto:Preparad el camino del Señor;enderezad sus sendas». Y el mismo Juan tenía su vestido de pelo de camello y ceñidor de piel sobre su lomo; y su comida era langostas y miel silvestre. Entonces salió a él Jerusalén y toda la Judea y todos los contornos del Jordán, y eran bautizados en el río Jordán por él, confesando sus pecados. Mas, viendo a muchos de los fariseos y saduceos venir al bautismo, díjoles: «Engendros de víboras ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que ha de venir? Haced, pues, fruto digno de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: «Por padre tenemos a Abraham», pues dígoos que puede Dios de estas piedras despertar hijos a Abraham. Y ya la segur en la raíz de los árboles yace; todo árbol pues, que no hace fruto bueno, es cortado y al fuego arrojado. Yo os bautizo en agua para arrepentimiento: pero el que después de mi viene, más fuerte que yo es, cuyas sandalias no soy bastante a llevar, él os bautizará en Espíritu Santo y fuego; cuyo aventador en su mano, y depurará su era y reunirá su trigo en su granero; mas la paja quemará con fuego inextinguible». Entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para ser bautizado por él. Mas él detúvole, diciendo: «Yo necesidad tengo de ser por ti bautizado ¿y tú vienes a mí?». Pero, respondiendo Jesús, díjole: «Deja ahora; pues así conveniente es a nosotros cumplir toda justicia». Entonces dejóle. Y bautizado Jesús, luego subió del agua. Y he aquí que se abrieron los cielos; y vio el espíritu de Dios, bajando como paloma, venir sobre él. Y he aquí una voz de los cielos, diciendo: «Este es el hijo mío, el amado, en quien me he complacido.» Tentación de Cristo Entonces Jesús fue llevado al desierto por el espíritu para ser tentado por el diablo. Y habiendo ayunado días cuarenta y noches cuarenta, al último tuvo hambre. Y acercándose el tentador, díjole: «Si hijo eres de Dios, di que las piedras éstas panes se hagan». Y él respondiendo dijo: «Escrito está»: No de pan sólo vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Entonces cógele consigo el diablo hacia la santa ciudad, y púsole en el alero del santuario y dícele: «Si hijo eres de Dios, arrójate abajo; porque escrito está quea sus ángeles mandará de tiy en manos te llevaránno sea que lastimes en piedra tu pie». Díjole Jesús: «De nuevo, escrito está: «No tentarás al Señor, tu Dios». De nuevo cógele consigo el diablo hacia un monte grandemente alto y muéstrale todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y dícele: «Esto te lo daré todo, si, prosternándote, me adoras». Entonces dícele Jesús: «Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás». Entonces dejóle el diablo, y he aquí que ángeles se acercaron y le sirvieron. Y, oyendo que Juan había sido entregado, se retiró a la Galilea, Y dejando a Nazaret, yendo, habitó, en Cafarnaúm, la marina, en los confines de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliese lo dicho por Isaías, el profeta, diciendo: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, allende el Jordán, Galilea de las gentes; el pueblo el sentado en tinieblas luz vio grande, y a los sentados en región y sombra de muerte luz nacióles.» Desde entonces principió a predicar y decir: «Arrepentíos; pues cerca está el reino de los cielos». Y, caminando junto al mar de la Galilea vio dos hermanos: a Simón, el llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, lanzando red en la mar, pues eran pescadores, y díceles: «Venid en pos de mí, y haréos pescadores de hombres»: Y ellos al punto, dejando las redes, siguiéronle. Y, caminando adelante de allí, vio otros dos hermanos: a Santiago, el de Zebedeo y Juan, su hermano, en la barca, con Zebedeo, el padre de ellos, reparando sus redes, y llamóles; y ellos al punto, dejando la barca y su padre, siguiéronle. Y anduvo al través de toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda flaqueza en el pueblo. Y fue su fama por toda la Siria; y traían todos los enfermos de varias enfermedades y poseídos de penalidades, endemoniados y lunáticos y paralíticos y les sanaba. Y seguíanle turbas muchas desde la Galilea, y Decápolis, y Jerusalén, y Judea y allende del Jordán. Sermón de la montaña I Bienaventuranzas Y viendo las turbas, subió al monte; y, sentándose él, se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca, enseñóles diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los llorosos, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los hambrientos y sedientos de la justicia, porque ellos serán hartos. Bienaventurados los compasivos, porque ellos serán compadecidos. Bienaventurados los puros del corazón, porque ellos a Dios verán. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos hijos de Dios serán llamados. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois, cuando os afrentaren y persiguieren y dijeren todo lo malo, contra vosotros, mintiendo por causa mía. Alegráos y alborozáos, porque vuestro galardón,(a) mucho en los cielos; pues así persiguieron a los profetas, a los anteriores a vosotros.» «Vosotros sois la sal de la tierra; pero, si la sal se desvaneciere ¿con qué se la salará(b)? Para nada vale ya, sino para que arrojada fuera, sea hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede una ciudad ocultarse que sobre monte yaciere; ni encienden lumbre y pónenla bajo el celemín; sino sobre el candelabro; y luce a todos los de la casa. Así luzca vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre el de los cielos.» «No creáis que he venido a derogar la ley o los profetas; no he venido a derogar sino a cumplir(c). Pues, en verdad os digo que hasta que pasare el cielo y la tierra, jota(d) alguna o tilde alguna no pasará, no, de la ley, hasta que todo se haga. Quien, por tanto, quebrantare uno de estos mandamientos, de los más pequeños, y enseñare así a los hombres, el más pequeño será llamado en el reino de los cielos; pero, el que hiciere y enseñare, ése grande será llamado en el reino de los cielos. Porque os digo que, si no abundare vuestra justicia más que la de los escribas y fariseos, no entraréis, no, en el reino de los cielos.» «Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás»; y el que matare, reo será del juicio. Mas yo os digo que todo el que se airare con su hermano, reo será del juicio; pero el que dijere a su hermano «¡Racá!»,(e) reo será del tribunal(f) pero el que dijere: «¡Insensato!(g) reo será de la gehenna(h) del fuego. Si trajeres, pues, tu don al altar, y allí recordares que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu don delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano y entonces, viniendo, presenta tu don. Sé benévolo con tu adversario luego, mientras estés con él en el camino; no sea que te entregue el adversario al juez y el juez al ministro; y a la guardia seas arrojado; en verdad te digo, no saldrás de allí, mientras no pagues el último cuadrante(i). Habéis oído que se dijo: No adulterarás. Yo, empero, os digo que todo el que mirare mujer para codiciarla, ya ha fornicado con ella en su corazón.» «Y, si tu ojo el derecho te escandaliza, arráncale y arrójale de ti; pues te conviene que perezca uno de tus miembros y tu cuerpo entero no sea arrojado a la gehenna. Y, si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti; pues te conviene que perezca uno de tus miembros y tu cuerpo entero no vaya a la gehenna.» «Se ha dicho: Quien repudiare a su mujer, déle libelo de repudio. Mas yo os digo que todo el que repudiare a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hácela adulterar, y el que con repudiada se casare, adultera.» «De nuevo, habéis oído que se ha dicho a los antiguos: No perjurarás, y cumplirás al Señor tus juramentos. Mas yo os digo que no juréis en manera alguna: ni por el cielo porque trono es de Dios, ni por la tierra, porque peana es de sus pies; ni por Jerusalén, porque ciudad es del gran rey. Ni por tu cabeza jures, porque no puedes un solo cabello blanco hacer o negro. Mas sea vuestra palabra: «sí, sí; no, no»; pero lo que excede de esto, del mal es.» «Habéis oído que se ha dicho: Ojo por ojo y diente por diente. Mas yo os digo que no resistáis al mal: sino que quien te golpeare en tu mejilla derecha vuélvele también la otra; y al que quisiere enjuiciarte y tu túnica tomar, déjale también el manto; y quien te forzare(j) una milla, ve con él dos; al que te pidiere, dale, y al que quisiere prestado de ti, no te vuelvas(k) de él. Habéis oído que se ha dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo(l). Yo, empero, dígoos, amad a vuestros enemigos(m), y orad por los que os persiguen; para que os hagáis hijos de vuestro Padre, el de los cielos; porque alza su sol sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos. Pues, si amareis a los que os aman ¿qué galardón tenéis? ¿No hacen también los publicanos lo mismo? Y si saludareis a vuestros hermanos solamente ¿qué demás hacéis? ¿no hacen también los gentiles lo mismo? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre, el celestial, perfecto es.» El Sermón de la Montaña II Caridad «Guardaos de no hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; pues, de no, galardón no tenéis delante de vuestro Padre, el de los cielos. Cuando, pues, hicieres limosna, no trompetees delante de ti, como los hipócritas hacen en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados de los hombres. En verdad dígoos, reciben su galardón. Pero, tú, haciendo limosna, no sepa tu izquierda qué hace tu derecha; para que sea tu limosna en oculto; y tu Padre, el que ve en lo oculto, te recompensará.» «Y, cuando orareis, no seréis como los hipócritas; porque aman, en las sinagogas y en las esquinas de las calles, de pie, orar, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, reciben su galardón. Tú, empero, cuando orares, entra en tu alcoba y cerrando tu puerta, ora a tu Padre el en lo oculto; y tu Padre, el que ve en lo oculto, te recompensará. Y orando, no parléis como los gentiles, pues creen que en su verbosidad serán escuchados. No os asemejéis, pues, a ellos; porque sabe vuestro Padre lo que necesitáis, antes de pedírselo vosotros. Así, pues, oraréis vosotros: «Padre nuestro, el de los cielos, santifíquese(a) tu nombre(b); llegue tu reino(c); hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra; el pan nuestro, el del día, dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos entres en tentación(d), sino líbranos del mal(e). Pues, si perdonareis a los hombres sus caídas, os perdonará también vuestro Padre el celestial; pero, si no perdonareis a los hombres, ni vuestro Padre perdonará las caídas vuestras. Y, cuando ayunareis, no os pongáis como los hipócritas, mustios; pues demudan sus rostros para aparecer a los hombres ayunando. En verdad os digo, reciben su galardón. Tú, empero, ayunando, unge tu cabeza y lava tu rostro; para no aparecer a los hombres ayunando, sino a tu Padre, el en lo oculto; y tu Padre, el que ve en lo oculto, te recompensará.» «No os atesoréis tesoros sobre la tierra, donde carcoma y herrumbre destruyen, y donde hurtadores desentierran y hurtan; pero atesoraos tesoros en el cielo donde ni carcoma ni herrumbre destruyen y donde hurtadores no desentierran ni hurtan; pues, donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. La candela de tu cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo fuere sencillo(f), todo tu cuerpo luminoso será; pero, si tu ojo estuviere malo, todo tu cuerpo tenebroso será. Si pues la luz, la en ti, tinieblas fuere, las tinieblas ¡cuántas(g)! Nadie puede servir a dos señores; pues, o al uno odiará y al otro amará; o al uno adherirá y al otro despreciará; no podéis a Dios servir y al Mamoná(h). Por esto os digo, no os solicitéis de vuestra alma(i), qué comáis o qué bebáis, ni de vuestro cuerpo qué os vistáis ¿Acaso el alma no es más que la comida y el cuerpo que el vestido? Contemplad los volátiles del cielo cómo no siembran, ni siegan, ni allegan en graneros, y vuestro Padre el celestial, aliméntalos, ¿No sois vosotros mucho más que ellos? Y ¿quién de vosotros, solicitándose, puede añadir a su vida codo uno(j)? Y del vestido ¿qué os solicitáis? aprended de los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan. Y dígoos que ni Salomón en toda su gloria cubrióse como uno(k) de éstos. Pero, si a la hierba del campo que hoy es y mañana en el horno se arroja, Dios viste así, ¿cuánto más a vosotros, poco creyentes? No os solicitéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Qué nos vestiremos? Pues todo esto los gentiles lo buscan; porque sabe vuestro Padre, el celestial, que necesitáis todo esto. Mas, buscad primero la justicia y el reino de él y todo esto se os añadirá. No os solicitéis, pues, del mañana, pues el mañana, se solicitará de sí mismo; basta al día su mal.» Caridad «No juzguéis para que no se os juzgue; pues, con el juicio que juzgáis, se os juzgará; y, con la medida que medís, se os medirá. ¿Y qué miras la paja, la en el ojo de tu hermano, y la en ojo, el tuyo, viga no adviertes? O ¿cómo dirás a tu hermano: «Deja arroje yo la paja del ojo tuyo», y he aquí la viga en el ojo tuyo? Hipócrita, arroja primero de tu ojo la viga, y entonces verás de arrojar la paja del ojo de tu hermano.» «No deis lo santo(a) a los perros(b), ni arrojéis vuestras perlas(c) delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies, y, volviéndose, os destrocen a vosotros.» «Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; golpead, y se os abrirá. Pues todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que golpea, se le abrirá. O ¿quién de vosotros es el hombre a quien, si pidiere su hijo pan, una piedra le dará? O también un pez pidiere ¿una sierpe le dará? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dones buenos dar a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre, el de los cielos, dará lo bueno a los que le pidieren? Todo, pues, cuanto quisiereis que a vosotros hagan los hombres, así también vosotros hacedles; que ésta es la ley y los profetas.» «Entrad por la estrecha puerta; porque ¡ancha, la puerta y espacioso el camino que conduce a la perdición!; y muchos son los que van por él. ¡Qué estrecha la puerta y angosto el camino, que conduce a la vida, y pocos son los que le encuentran! Guardaos de los falsos profetas los que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos les conoceréis. ¿Acaso cogen de las espinas uvas o de los abrojos higos? Así todo árbol bueno frutos hermosos hace; pero el podrido árbol frutos malos hace. No puede árbol bueno frutos malos llevar, ni árbol carcomido frutos hermosos llevar. Todo árbol que no hace fruto hermoso, cortado es y al fuego, arrojado. Por sus frutos, pues, ciertamente les conoceréis. No todo el que me dijere: «¡Señor, Señor!», entrará en el reino de los cielos, sino el que hiciere la voluntad de mi Padre, el de los cielos. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no hemos en tu nombre profetizado, y en tu nombre arrojado los demonios; y en tu nombre virtudes muchas hecho?» Y entonces les confesaré que «jamás os conocí: apartaos de mí, los que obráis la iniquidad». Todo aquel, pues, que oye estas palabras mías y las hace, se asemejará a varón prudente, que edificó su casa sobre la peña. Y descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y despeñáronse sobre aquella casa, y no cayó; pues fundada estaba sobre la peña. Y todo el que oye estas palabras mías, y no las hace, se asemejará a varón necio, que edificó su casa sobre la arena. Y descendió la lluvia y vinieron los ríos y soplaron los vientos, y batieron aquella casa, y cayó, y fue su ruina grande». Y aconteció cuando Jesús acabó estas palabras, asombráronse las turbas de su doctrina; pues estábales enseñando como quien tiene poder, y no como los escribas de ellos. El leproso. Curaciones Y bajando El del monte, siguiéronle turbas muchas. Y he aquí que un leproso, acercándose, adoróle diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Y, extendiendo la mano, le tocó, diciendo: «Quiero, sé limpio». Y al punto limpióse su lepra. Y dícele Jesús: «Mira, a nadie digas, sino ve, muéstrate al sacerdote y llévale el don que mandó a Moisés, en testimonio a ellos.» Y yendo Él a Cafarnaúm acercósele un centurión, rogándole y diciendo: «Señor, el niño(a) mío está postrado en la casa, paralítico, terriblemente atormentado». Dícele: «Yo, viniendo, curaréle». Y, respondiendo el centurión, dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; pero solo di de palabra, y sanará el niño mío». Pues también yo hombre soy bajo potestad constituido, teniendo debajo de mí soldados, y digo a éste: «Ve, y va»; y al otro: «Ven, y viene»; y a mi siervo: «Haz esto, y hace». Y, oyendo Jesús, admiróse, y dijo a los que seguían: «En verdad dígoos: en ninguno tanta fe en Israel he encontrado. Y os digo que muchos de oriente y occidente vendrán y recostaránse(b) con Abraham e Isaac y Jacob, en el reino de los cielos; pero los hijos del reino arrojados serán fuera, a las tinieblas las exteriores; allí será el llanto y el rechino de los dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Vete; cual has creído, hágasete». Y sanó el niño en aquella hora. Y, yendo Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de él postrada y afiebrada; y tomó la mano de ella y la dejó la fiebre; y se levantó, y sirvióle. Y, llegada la noche, trajeron a El endemoniados muchos; y arrojó fuera los demonios de palabra; y a todos los enfermos sanó, para que se cumpliese lo dicho por Isaías, el profeta, diciendo: «Él las flaquezas nuestras tomó y las enfermedades llevó.» Y, viendo Jesús turba alrededor de sí, mandó transfretar; y, acercándose un escriba, díjole: «Maestro, te seguiré a donde fueres». Y dícele Jesús: «Las raposas cuevas tienen y los volátiles del cielo, albergues; pero el Hijo del hombre(c) no tiene dónde la cabeza reclinar». Y otro de los discípulos díjole: «Señor, déjame primero ir, y enterrar a mi padre(d)». Y Jesús dícele: «Sígueme, y deja a los muertos enterrar sus muertos»(e). Y, entrando él en barca, le siguieron sus discípulos. Y he aquí que un movimiento grande sobrevino en el mar; que la barca fue cubierta por las olas; Él, empero, dormía. Y acercándose, despertáronle, diciendo: «Señor, salva; perecemos». Y, díceles: «¿Qué? ¿miedosos estáis, poco creyentes?» Entonces, levantándose, increpó a los vientos y al mar, y fue bonanza grande. Y los hombres admiráronse, diciendo: «¿De dónde es éste, que también los vientos y el mar le obedecen?» Y, yendo él hasta allende, hasta la región de los gadarenos, viniéronle al encuentro dos endemoniados, saliendo de las tumbas, pesados por demás, de no poder nadie andar por aquel camino. Y he aquí que gritaron, diciendo: «¿Qué a nosotros y a ti, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí antes de tiempo a atormentarnos?». Y había lejos de ellos una piara de puercos muchos, paciendo. Y los demonios rogáronle, diciendo: «Si nos echas fuera, envíanos a la piara de los puercos». Y díjoles: «Id»(f). Y ellos, saliendo, fueron a los puercos; y he aquí que se precipitó toda la piara, escarpa abajo, al mar, y perecieron en las aguas. Y los que apacentaban, huyeron y, viniendo a la ciudad, anunciaron todo y lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús, y, viéndole, rogaron que saliera de sus confines. Un paralítico; curaciones Y entrando en una barca, transfretó y vino a su ciudad. Y he aquí que trajéronle un paralítico en una litera puesto. Y, viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Confía, hijo; perdonados te están los pecados». Y he aquí algunos de los escribas dijeron dentro de sí: «Este blasflema». Y viendo Jesús los pensamientos de ellos dijo: «¿A qué pensáis mal en vuestros corazones?» pues ¿qué es más fácil decir: «Perdonados te están los pecados», o decir: «Levántate y anda»? Y para que veáis que tiene poder el Hijo del hombre sobre la tierra de perdonar pecados— (entonces dice al paralítico): «Levántate, alza tu litera y vete a tu casa». Y levantándose, fuese a su casa. Y, viendo las turbas, temieron y glorificaron a Dios que dio poder tal a los hombres. Y, yendo Jesús de allí, vio a un hombre sentado en el telonio, llamado Mateo, y dícele: «Sígueme». Y, levantándose, siguióle. Y sucedió que, recostado él en la casa, he aquí muchos publicanos y pecadores, viniendo, se recostaron junto a Jesús y a sus discípulos. Y viendo los fariseos, dijeron a sus discípulos: «¿Por qué con los publicanos y pecadores come vuestro maestro?» Y él, oyendo, dijo: «No necesidad tienen los fuertes de médico, sino los que mal están». Y, yendo, aprended qué es: «Misericordia quiero, y no sacrificio»; pues no he venido llamar a los justos, sino a los pecadores». Entonces se acercaron a él los discípulos de Juan, diciendo: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho, y los discípulos tuyos no ayunan?» Y díjoles Jesús: ¿Acaso pueden los hijos(a) del Esposo entristecerse, mientras con ellos está el Esposo? Mas, vendrán días en que les será quitado el Esposo, y entonces ayunarán. Y nadie echa remiendo de paño inabatanado(b) en vestido viejo; pues tira la plenitud(c) de él del vestido, y peor se hace la rotura. Ni echan vinos nuevos en odres viejos, que, de otra suerte, se rompen los odres, y el vino se derrama y los odres se pierden: sino que echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan a la vez(d)». Hablándoles él esto, he aquí un príncipe, acercándose, adoróle, diciendo: que «mi hija acaba de morir, pero, viniendo, pon tu mano sobre ella, y vivirá». Y, levantándose Jesús, siguióle y los discípulos de él. Y ahí una mujer, hemorrágica doce años, acercándose por detrás, asió la fimbria de su vestido; pues dijo entre sí: «Si tan sólo asiere su vestido, sanaré». Y Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: «Confía, hija; tu fe te ha salvado». Y sanó la mujer desde aquella hora. Y, viniendo Jesús a la casa del príncipe, y viendo los flautistas y la turba tumultuando, dijo: «Retiraos; pues no ha muerto la niñita, sino que duerme». Y reíanse de él. Y, cuando fue arrojada fuera la turba, acercándose, cogió la mano de ella, y despertó(e) la niñita. Y salió esta(f) fama por toda aquella tierra. Y caminando de allí, siguieron a Jesús dos ciegos gritando y diciendo: «Apiádate de nosotros, hijo de David». Y, viniendo él a la casa, acercáronsele los ciegos, y díceles Jesús: «¿Creéis que puedo hacer esto?» Dícenle: «Sí, Señor». Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: «Según vuestra fe, hágaseos» Y se abrieron los ojos de ellos. Y entre murmuróles(g) Jesús, diciendo: «Mirad; que nadie lo sepa(h)» Pero ellos, saliendo, le divulgaron por toda aquella tierra. Y, saliendo ellos, he aquí le trajeron un mudo endemoniado. Y, arrojado el demonio, habló el mudo. Y maravilláronse las turbas, diciendo: «Jamás pareció tal en Israel». Pero los fariseos decían: «En el príncipe de los demonios arroja los demonios.» Y recorrió Jesús las ciudades todas y las aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda flaqueza(i). Y viendo a las turbas se lastimó de ellas; porque estaban desgarradas,(j) postradas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies, por cierto, mucha; pero los obreros, pocos; rogad, pues, al señor de la mies, que apremie(k) obreros a su mies.» Envío de los apóstoles; instrúyeles Y llamando a sus doce discípulos les dio potestad de(a) los espíritus inmundos, para que los arrojasen, y sanasen toda enfermedad y toda flaqueza. Y los nombres de los doce apóstoles son éstos: el primero, Simón, el llamado Pedro, y Andrés su hermano, y Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano. Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el de Alfeo y Tadeo. Simón, el Cananeo(b) y Judas, el Iscariote(c) el que también le vendió. A éstos doce envió Jesús mandándoles diciendo: «A camino de gentes no os apartéis, y a ciudad de samaritanos no entréis; e id más bien a las ovejas las perecidas de la casa de Israel. Y, yendo, predicad, diciendo: que se ha acercado el reino de los cielos. Enfermos sanad; muertos resucitad; leprosos limpiad; demonios arrojad. De gracia recibisteis, de gracia dad. No adquiráis oro, ni plata, ni bronce, para(d) vuestros cinturones; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzado ni báculo; que digno es el obrero de su alimento. Y en la ciudad o aldea que entrareis, indagad quién en ella hay digno, y allí quedaos hasta iros. Y, entrando en la casa, saludadla. Y, si ya fuere la casa digna, venga vuestra paz(e) sobre ella; mas, si no fuere digna, vuestra paz sobre vosotros vuelva. Y quien no recibiere a vosotros, ni escuchare las palabras de vosotros —saliendo fuera de la casa o de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies(f). En verdad os digo: más llevadero será a la tierra de Sodoma y Gomorra en el día del juicio que a aquella ciudad. He aquí que yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed pues, prudentes, como las serpientes y sencillos(g), como las palomas. Y guardaos de los hombres; pues os entregarán en sanedrines(h) y en sus sinagogas azotarános, y así ante príncipes como reyes se os llevará, por causa mía, en testimonio para ellos(i) y las gentes(j). Y cuando os entregaren, no os solicitéis de cómo o qué hablar, pues se os dará en aquella hora qué habléis; pues no vosotros sois los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que habla en vosotros. Y entregará hermano a hermano a muerte y padre a hijo, y se levantarán juntos hijos contra padres y mataránles. Y seréis odiados de todos por mi nombre; y el que perseverare hasta el fin, éste se salvará. Y cuando os persiguieren en esta ciudad, huid, a la otra; pues, en verdad os digo; no acabaréis(k) las ciudades de Israel que no venga el Hijo del hombre. No hay discípulo sobre el maestro ni siervo sobre su señor. Basta al discípulo ser como su maestro; y el(l) siervo como su señor. Si al padre de familias llamaron Beelzebub ¿cuánto más a sus domésticos? No les temáis, pues; porque nada hay tan cubierto que no se descubra y oculto que no se conozca. Lo que os digo en las tinieblas, decidlo en la luz, y lo que oís a la oreja, predicadlo sobre los terrados. Y no temáis de los que matan el cuerpo, y el alma no pueden matar, pero temed mas bien al que puede así el alma como el cuerpo perder en la gehenna(m). ¿No se venden dos gorriones por un as(n)? y uno de entre ellos no cae sobre la tierra sin el padre de vosotros. De vosotros, empero, aún los cabellos de la cabeza todos contados están. No temáis, pues: de muchos gorriones diferís(o) vosotros. Todo aquél, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante del Padre mío el de los cielos; y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante del Padre mío el de los cielos. No creáis que he venido a lanzar paz sobre la tierra(p) no he venido a lanzar paz, sino cuchilla. Pues he venido a dividir hombre contra su padre e hija contra su madre, y nuera contra su suegra. Y ¡enemigos del hombre, sus domésticos! Quien amare a padre o a madre más que a mí, no es de mí digno; y quien amare hijo o hija más que a mí, no es de mí digno; y quien no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es de mí digno. Quien hallare su alma, perderála, y quien perdiere su alma, por causa mía, hallarála. El que os recibiere a vosotros, me recibe y el que me recibiere, recibe al que me ha enviado. El que recibiere a un profeta, en nombre de profeta, galardón de profeta recibirá; y el que recibiere a un justo, en nombre de justo, galardón de justo recibirá. Y el que diere de beber a uno de estos pequeños(q) un cáliz de fría(r), solamente, en nombre de discípulo, en verdad os digo: no perderá, no, su galardón.» Juan y Cristo. Divinidad de Cristo Y sucedió, que cuando acabó Jesús de mandar a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y predicar en las ciudades de ellos. Y Juan, oyendo en la cárcel, las obras del Cristo, enviando por medio de sus discípulos(a), le dijo: «¿Tú eres el que ha de venir, o a otro esperamos?» Y, respondiendo Jesús, díjoles: «Yendo, anunciad a Juan lo que oís y veis: Ciegos están viendo y cojos andando; leprosos son limpios; y sordos oyen, y muertos resucitan y pobres son evangelizados(b); y bienaventurado es, quien no se escandalizare en mí». Y, yéndose éstos, empezó Jesús a decir a las turbas sobre Juan: «¿Qué habéis salido al desierto a mirar? ¿caña por el viento balanceada? Pero ¿qué habéis salido a ver? ¿hombre en blanduras envuelto? he aquí los que lo blando llevan, en las casas de los reyes(c). Pero ¿a qué habéis salido? ¿profeta a ver? Sí; os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz; quien preparará tu camino delante de ti. En verdad os digo: no se ha levantado en nacidos de mujeres mayor que Juan el Bautista; pero el menor en el reino de los cielos mayor que él es(d). Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es forzado(e), y forzadores arrebátanlo. Pues todos los profetas y la ley han profetizado(f) hasta Juan; y si queréis permitir(g) él es Elías, el que ha de venir. El que tuviere orejas, oiga.» «Y ¿a quién asemejaré esta generación? semejante es a pequeñuelos sentados en las plazas, los que voceando a los otros, dicen: Flauteado os hemos, y no habéis danzado: trenádoos(h), y no habéis llorado(i). Pues vino Juan, ni comiendo ni bebiendo, y dicen: «Demonio tiene». Vino el Hijo del hombre, comiendo y bebiendo, y dicen: «He aquí un hombre glotón y vinolento, de publicanos amigo y de pecadores». Y se justificó la sabiduría por sus obras(j). Entonces empezó a reconvenir a las ciudades en que habían sido hechos los más de los poderes de él, porque no se habían arrepentido: «¡Ay de ti, Corazaín! ¡ay de ti, Betsaida; que, si en Tiro y Sidón, se hicieran los poderes, los hechos en vosotras, mucho ha, en saco y ceniza se hubieran arrepentido. Empero, dígoos que a Tiro y Sidón más llevadero será en el día del juicio que a vosotras. Y tú, Cafarnaúm ¿acaso hasta el cielo te sublimarás? Hasta el infierno bajarás; pues, si en Sodoma se hicieran los poderes los hechos en ti, quedara ella hasta el día de hoy. Empero, dígoos que a la tierra de Sodoma más llevadero será en el día del juicio que a ti.» En aquel tiempo, respondiendo(k) Jesús, dijo: «Ensálzote, Padre, señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes(l), y reveládolas a los pequeñuelos(m). Sí, Padre; porque tal plugo ante ti. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre; ni al Padre alguien conoce sino el Hijo y a quien quisiere el Hijo revelar. Venid a mí, todos los trabajados y recargados, y yo os refrigeraré. Alzad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, porque suave soy y humilde del corazón, y hallaréis alivio para vuestras almas; que mi yugo es bueno; y mi carga, ligera es.» Enseñanzas del sábado En aquel tiempo fue Jesús el sábado al través de los sembrados; y sus discípulos hambrearon, y principiaron a desgranar espigas y a comer. Pero los fariseos, viendo, dijéronle: «He ahí que tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado». Y él díjoles: «¿No habéis leído qué hizo David, cuando hambreó y los con él? ¿cómo entró en la casa de Dios y los panes de la proposición comió; lo que no le era lícito comer ni a los con él, sino a los sacerdotes solos? ¿O no habéis leído en la ley que los sábados los sacerdotes en el santuario el sábado profanan(a) e inocentes son? Y dígoos que cosa mayor que el santuario hay aquí(b). Y si conocieseis qué es: «Misericordia quiero, y no sacrificio», no condenaríais a los inocentes. Pues señor es del sábado el Hijo del hombre». Y partiendo de allí, fue a la sinagoga de ellos. Y he aquí un hombre, una mano teniendo seca; y preguntáronle diciendo: «¿Si es lícito los sábados curar?» para acusarle. Y él díjoles: «¿Quién será de entre vosotros el hombre que tenga oveja una, y si cayere ésta el sábado en un hoyo, no la coja y alce? Pues, ¿cuánto difiere(c) un hombre de una oveja? así que lícito es los sábados bellamente hacer». Entonces dice al hombre: «Extiende tu mano». Y la extendió y restituida fue sana como la otra. Y saliendo los fariseos, consultáronse contra él, para perderle. Pero Jesús, conociendo, retiróse de allí. Y siguiéronle muchos, y sanóles a todos; e intimóles que no le descubriesen; para que se cumpliese lo dicho por Isaías, el profeta, diciendo: He aquí a mi Hijo a quien elegí,mi amado, en quien se ha complacido mi alma;pondré mi espíritu sobre él,y mi juicio a las gentes anunciará. No contenderá ni voceará;ni oirá alguien en las calles su voz. Caña quebrantada no romperá;y lino(d) humeante no apagará;hasta que lanzare a victoria el juicio. Y en su nombre las gentes esperarán. Entonces le fue traído un endemoniado ciego y mudo(e) y sanóle, que el mudo habló y vio. Y arrobáronse todas las tubas y dijeron: «¿Acaso no es(f) éste el hijo de David?» Pero los fariseos, oyendo, dijeron: «Este no lanza los demonios sino en Beelzebub, príncipe de los demonios». Y conociendo los sentimientos de ellos, díjoles: «Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no subsistirá. Si Satanás a Satanás lanza, contra sí mismo está dividido: ¿Cómo, pues, subsistirá su reino? Y, si yo en Beelzebub lanzo los demonios, vuestros hijos(g) ¿en quién le lanzan? Por esto ellos jueces serán vuestros. Pero si en el Espíritu de Dios yo lanzo los demonios, por cierto ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿O cómo puede alguno entrar en la casa del fuerte, y arrebatar sus armas si primero no atare al fuerte; y entonces despojará su casa? El que no es conmigo, contra mí es, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por esto dígoos: todo pecado y blasfemia, perdonada será a los hombres; pero la blasfemia del Espíritu no será perdonada. Y, si alguno dijere palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará, pero si hablare contra el Espíritu santo(h), no se le perdonará, no, ni en este siglo, ni en el venidero(i). O haced(j) el árbol hermoso y su fruto hermoso, o haced el árbol carcomido y su fruto carcomido; pues por el fruto se conoce el árbol. Engendros de víboras, ¿cómo podéis lo bueno hablar, malos siendo? pues de la abundancia del corazón la boca habla. El buen hombre del buen tesoro lanza lo bueno; y el mal hombre del mal tesoro lanza lo malo. Y dígoos que toda palabra ociosa(k) que hablaren los hombres, —darán de ella cuenta en el día del juicio. Pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras, condenado.» Entonces, respondiéronle algunos de los escribas y fariseos, diciendo: «Maestro, queremos de ti una señal ver». Y él, respondiendo, díjoles: «Generación mala y adúltera, señal demanda, y señal no se le dará, sino la señal de Jonás el profeta. Pues, así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra, tres días y tres noches. Varones ninivitas resucitarán en el juicio con esta generación y condenaránla; porque se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás aquí(l). Reina del noto(m) levantárase, en el juicio con esta generación y condenárala, porque vino de los fines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón, aquí.» «Y cuando el inmundo espíritu(n) ha salido del hombre, va al través de inacuosos lugares buscando reposo, y no halla. Entonces dice: «A mi casa volveré de donde salí»; y, viniendo, hállala reposando y barrida y adornada: Entonces va y toma consigo siete otros espíritus peores que él y entrando habitan allí; y se hace lo postrero de aquel hombre peor que lo primero. Así sucederá también a esta generación, la mala.» Aún hablando él a las turbas, he aquí que la madre y los hermanos(o) de él, estaban parados fuera, queriéndole hablar. y díjole alguien: «He ahí que tu madre y tus hermanos fuera están parados queriéndote hablar». Y él respondiendo, dijo al que le hablaba: «¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?» (12:48) y, extendiendo su mano, sobre sus discípulos, dijo: «He ahí mi madre y mis hermanos; (12:49) pues quien quiera que hiciere la voluntad de mi Padre, el de los cielos, él es mi hermano, y hermana y madre.» Parábolas En aquel día, saliendo Jesús de la casa, sentóse junto al mar; y congregáronse a él turbas muchas, de modo que él, en barco entrando, se sentó y toda la turba sobre la ribera estaba parada, y hablóles muchas cosas en parábolas, diciendo: «He aquí salió el sembrador a sembrar. Y, sembrando él, lo uno cayó junto al camino y, viniendo los volátiles del cielo, devoráronlo. Y lo otro cayó sobre lo pedregoso, donde no tenía tierra mucha y pronto brotó por no tener hondura de tierra; pero, naciendo el sol, se quemó y, no teniendo raíz, secóse. Y lo otro cayó sobre las espinas, y subieron las espinas, y ahogáronlo. Y lo otro cayó sobre la tierra la bella y daba fruto; cual a ciento; cual a sesenta; cual a treinta. El que tenga orejas para oír, oiga». Y allegándose los discípulos, dijéronle: «¿Por qué en parábolas les hablas?» Y él respondiendo, díjoles: «Porque a vosotros es dado conocer los misterios del reino de los cielos; mas a aquéllos no es dado. Pues, quien tuviere,(a) le será dado; y abundará; pero, el que no tuviere, —aún lo que tuviere, le será quitado. Por esto en parábolas les hablo, porque viendo no ven(b), y oyendo no oyen, ni entienden. Y cumplida les está la profecía de Isaías, la que dice:(Is. 6,9-10.) Con oído oiréis y no entenderéis, no;Y mirando, miraréis y no veréis, no. Pues se endureció el corazón de este puebloy con las orejas pesadamente han oído;y sus ojos han ido cerrando,que jamás vean con los ojos,y con las orejas oigan,y con el corazón entiendan;y se conviertan, y yo los sane. De vosotros, empero, felices los ojos porque miran, y las orejas, porque oyen. Pues, en verdad dígoos que muchos profetas y justos anhelaron ver lo que miráis y no vieron, y oír lo que oís, y no oyeron. Vosotros, pues, oid la parábola del que siembra. De todo el que oyere la palabra del reino y no entendiere, —viene el malo y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el junto al camino sembrado. Y el sobre lo pedregoso sembrado; éste es el que la palabra oye y al punto con alegría la recibe; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que temporal es, y viniendo tribulación o persecución por la palabra, al punto se escandaliza. Y el sobre las espinas sembrado: éste es el que la palabra oye, y el cuidado del siglo y el engaño de las riquezas acaba de ahogar la palabra, e infructuosa se hace. Y el sobre la hermosa tierra sembrado: éste es el que la palabra oye y entiende, el que fructifica y da: quien a ciento; quien a sesenta; quien a treinta.» Otra parábola propúsoles, diciendo: «Asemejádose ha el reino de los cielos a un hombre sembrando hermosa simiente en su campo. Y mientras dormían los hombres, vino el enemigo de él, y sobresembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Y cuando floreció la yerba y fruto dio, entonces apareció también la cizaña. Y, llegándose los siervos del dueño de casa le dijeron: «Señor, ¿no has acaso hermosa simiente sembrado en tu campo? ¿de dónde pues, tiene cizaña? Y él díjoles: «Enemigo hombre esto hizo». Y ellos le dicen: «¿Quieres, pues que, yendo, la recojamos?» Y les dice: «No», no sea que, recogiendo la cizaña, desarraiguéis a la vez con ella el trigo. Dejad crecer juntamente los dos hasta la siega; y, en tiempo de la siega, diré a los segadores: «Recoged primero la cizaña y atadla en atados para quemarla; y el trigo juntad en mi granero.» Otra parábola propúsoles diciendo: «Semejante es el reino de los cielos a un grano de mostaza, el que tomando un hombre, sembró en su campo, la cual, aunque es la más pequeña de todas las simientes, sin embargo, cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas y se hace árbol que vienen los volátiles del cielo y moran en sus ramas.» Otra parábola hablóles: «Semejante es el reino de los cielos a levadura, que tomando una mujer, escondió en, de harina, satos(c) tres hasta que se leudó todo». Todo esto habló Jesús en parábolas a las turbas, y sin parábola nada les hablaba. Para que se cumpliese lo dicho por el profeta, diciendo: «Abriré en parábolas mi boca; desbordaréme en cosas escondidas desde la creación del mundo». Entonces, despidiendo las turbas, vino a la casa. Y llegáronse a él sus discípulos, diciendo: «Acláranos bien la parábola de la cizaña del campo». Y él respondiendo, dijo: «El que siembra la bella simiente es el Hijo del hombre; y el campo es el mundo, y la bella simiente —éstos son los hijos del reino; y la cizaña son los hijos del malo; y el enemigo el que la siembra, es el diablo; y la siega, consumación de siglos, y los segadores ángeles son. Así como, pues, se recoge la cizaña y con fuego se quema, así será en la consumación del siglo. Enviará el Hijo del hombre sus ángeles y recogerán de su reino todos los escándalos y a los que hacen la iniquidad. y arrojaránles en el horno del fuego; allí habrá el llanto y el rechino de los dientes. Entonces los justos destellarán como el sol, en el reino de su Padre. Quien tuviere orejas para oír, oiga.» «Símil es el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, el que, encontrando un hombre, escondió, y de gozo de él se va, y vende cuanto tiene y compra aquel campo.» «De nuevo símil es el reino de los cielos a un mercader buscando hermosas perlas; y, encontrando una preciosa perla, yéndose, ha vendido todo cuanto tenía, y compróla.» «De nuevo símil es el reino de los cielos a una red lanzada al mar y de todo género(d) juntando, la que, cuando se llenó, sacándola fuera a la playa y sentándose, reunieron lo hermoso en vasos, pero lo podrido fuera arrojaron. Así será en la consumación del siglo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos, y arrojaránles en el horno del fuego; allí habrá el llanto y el rechino de los dientes. ¿Tenéis entendido esto todo?». Dícenle: «Sí». Y él díjoles: «Por esto,(e) todo escriba instruido en el reino de los cielos símil es a un hombre dueño de casa, el cual saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.» Y sucedió, cuando acabó Jesús estas parábolas pasó de allí. Y viniendo a su patria, enseñóles en la sinagoga de ellos, que se arrobaron y dijeron: «¿De dónde a éste esta sabiduría y los poderes?(f) ¿No es éste del carpintero hijo? ¿No la madre de él se llama María y los hermanos de él Santiago, y José, y Simón y Judas? Y las hermanas de él ¿acaso no todas con nosotros están? ¿De dónde, pues, a éste todo esto?» Y escandalizábanse en él. Y Jesús díjoles: «No hay profeta deshonrado, sino en su patria y en su casa». Y no hizo allí poderes muchos, por la incredulidad de ellos. Milagros Muerte del Bautista En aquel tiempo oyó Herodes, el tetrarca, la oída (a) de Jesús, y dijo a sus jóvenes:(b) «Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por esto los poderes se obran en él». Porque Herodes, apoderándose, a Juan había atado y en prisión puéstole, por Herodías, la mujer de Felipe, su hermano; pues decíale Juan: «No te es lícito tenerla». Y queriendo matarle, temía a la muchedumbre, porque por profeta le tenían. Y viniendo el natalicio de Herodes; danzó la hija de Herodías al medio y agradó a Herodes, por donde con juramento prometió darla lo que pidiese. Y ella prevenida de su madre: «Dame, dice, aquí en una escudilla, la cabeza de Juan el Bautista». Y entristecido el rey por los juramentos y los comensales, mandó se diese; y enviando, decapitó a Juan en la prisión. Y se trajo la cabeza de él en una escudilla y se le dio a la doncellita, y la llevó a su madre. Y viniendo sus discípulos levantaron el cadáver, y sepultáronle, y, viniendo, anunciaron a Jesús. Y, oyendo Jesús, se retiró en barca a desierto lugar aparte; y, oyendo las turbas, siguiéronle a pie de las ciudades. Y, saliendo, vio mucha turba y se lastimó de ellos y sanó sus enfermos. Y al atardecer acercáronsele los discípulos, diciendo: «Desierto es el lugar y la hora ya ha pasado; despide, pues, las turbas para que, yendo a las aldeas, se compren alimento». Y Jesús díjoles: «No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer». Y ellos dícenle: «No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces». Y él dijo: «Traédmelos acá». Y mandando a las turbas recostarse en la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, mirando hacia el cielo, bendijo, y partiendo dio a los discípulos los panes, y los discípulos, a las turbas. Y comieron todos y hartáronse y alzaron las sobras de los pedazos; doce cofines(c) llenos. Y los que comieron, fueron como cinco mil hombres sin mujeres y niños. Y luego hizo a sus discípulos subir en la barca y precederle allende hasta mientras despedía las turbas. Y habiendo despedido las turbas, subió al monte aparte a orar. Y al atardecer solo estaba allí. Y la barca ya estadios(d) muchos de la tierra distaba, azotada por las olas; pues era contrario el viento. Mas, a la cuarta vigilia(e) de la noche vino a ellos paseando sobre el mar. Y los discípulos viéndole pasear por el mar se espantaron, diciendo que: «fantasma es», y de temor gritaron. Pero luego hablóles Jesús, diciendo: «Confiad: yo soy: no temáis». Y respondiéndole Pedro, dijo: «Señor, si tú eres, mándame ir a ti sobre las aguas». Y él dijo: «Ven». Y bajando de la barca Pedro, paseó sobre las aguas, y fue a Jesús. Mas, mirando el viento fuerte, se atemorizó; y empezando a sumergirse, gritó diciendo: «Señor sálvame». Y luego Jesús, extendiendo la mano, le cogió, y dícele: «Poco creyente, ¿a qué has dudado?» Y subiendo ellos en la barca, calmó el viento. Y los de la barca adoráronle, diciendo: «Verdaderamente de Dios Hijo eres». Y atravesando llegaron a la tierra, a Genesaret. Y conociéndole los hombres de aquel lugar, enviaron a todos aquellos contornos y trajéronle todos los enfermos, y rogábanle que tan sólo tocaran la orla de su vestido; y cuantos le tocaron, sanaron. Son confundidos los fariseos Entonces acércanse a Jesús de Jerusalén, fariseos y escribas, diciendo. «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? ¿pues no se lavan las manos cuando pan comen?» Y él respondiendo, díjoles: «¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Pues Dios dijo: Honra al padre y la madre. Y: el que hablare mal de padre o madre, de muerte fine; y vosotros decís: «El que dijere al padre o a su madre: «Ofrenda que de mí(a) a ti te aprovechará»; no honrará a su padre, no, a su madre(b); y derogasteis la palabra de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bellamente profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con los labios me honra; pero su corazón lejos está de mí; y en vano me reverencian, enseñando enseñanzas, invenciones de hombres». Y llamando a sí la turba, díjoles: «Oid y entended: No lo que entra en la boca, comunica(c) al hombre, sino lo que sale de la boca, esto comunica al hombre». Entonces, acercándose los discípulos, le dicen: «¿Sabes que los fariseos, oyendo la palabra, se han escandalizado?» Y él respondiendo, dijo: «Todo plantel que no ha plantado mi Padre el celestial, desarraigado será. Dejadles: ciegos son guías de ciegos; y ciego si a ciego guía, ambos en hoyo caerán». Y respondiendo Pedro díjole: «Explícanos la parábola». Y él dijo: «¿Aún ahora también vosotros ininteligentes sois? No comprendéis que todo lo que entra en la boca, al vientre va y en la letrina(d) se arroja? Pero lo que sale de la boca, del corazón parte, y aquello comunica al hombre. Pues del corazón salen pensamientos malos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Esto es lo que comunica al hombre; pero el con manos no lavadas comer no comunica al hombre.» Y saliendo de allí Jesús, se retiró a las partes de Tiro y Sidón. Y he aquí una mujer cananea de aquellos confines saliendo, gritaba, diciendo: «Apiádate de mí, Señor, hijo de David. Mi hija está malamente endemoniada». Pero él no la respondió palabra. Y acercándose sus discípulos, rogáronle, diciendo: «Despídela, porque grita detrás de nosotros». Y él respondiendo dijo: «No se me ha enviado sino a las ovejas, las perecidas, de casa de Israel». Mas, ella, viniendo, adoróle diciendo: «Señor, socórreme». Y él respondiendo dijo: «No es bello tomar el pan de los hijos y arrojar a los perrillos». Y ella dijo: «Sí, Señor, —también los perrillos comen de las migajas las que caen de la mesa de sus señores». Entonces respondiendo Jesús, díjola: «¡Oh mujer, grande, tu fe!: hágasete como quieres». Y sanó su hija desde aquella hora. Y saliendo de allí Jesús, vino junto al mar de la Galilea, y, subiendo al monte, sentóse allí. Y acercáronse a él turbas muchas, teniendo consigo cojos, mancos, ciegos, sordos y otros muchos, y arrojáronles a los pies de él; y sanóles; que las turbas se maravillaron viendo a sordos hablar, mancos sanos; y cojos pasear, y ciegos ver, y glorificaron al Dios de Israel. Y Jesús llamando a sí sus discípulos, dijo: «Lastímome de la turba, que días tres permanecen conmigo y no tienen qué comer; y despedirles ayunos no quiero; no sea que desfallezcan en el camino». Y dícenle los discípulos: «¿De dónde a nosotros en páramo panes tantos para hartar turba tanta?» Y díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Y ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». Y significando a la turba echarse sobre la tierra, tomó los siete panes y los peces, y agradeciendo, partió, y daba a los discípulos; y los discípulos, a las turbas. Y comieron todos, y hartáronse y las sobras de los pedazos alzaron: siete espuertas llenas. Y los que comieron, fueron cuatro mil hombres, sin mujeres y niños. Y habiendo despedido a las turbas, entró en la barca y fue a los confines de Magadán. Enseñanzas La señal de Jonás Y acercándose los fariseos y saduceos, tentando, pidiéronle señal del cielo les mostrara. Mas él, respondiendo, díjoles: «Al atardecer, decís: «Bonanza, que se enrojece el cielo»; Y al alba: «Hoy tempestad que se enrojece, entristeciéndose el cielo». La faz del cielo, ciertamente, sabéis distinguir; pero ¿las señales de los tiempos no podéis? Generación mala y adúltera señal pide, y señal no se le dará sino la señal de Jonás.» Y abandonándoles, se fue. Y viniendo los discípulos allende, olvidaron panes tomar. Y Jesús, díjoles: «Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos». Y ellos consideraban entre sí, diciendo: que «panes no hemos tomado». Y conociendo Jesús, dijo: «¿Qué consideráis dentro de vosotros, poco creyentes, que panes no tenéis? ¿Aún no comprendéis, ni recordáis los cinco panes de los cinco mil y cuantos cofines cogistéis? Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántas espuertas cogisteis? ¿Cómo no comprendéis que no de panes os dije: «Y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos?» Entonces comprendieron que no dijo se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos. Y viniendo Jesús a las partes de Cesarea, la de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: «¿Quién dicen los hombres ser el Hijo del hombre?» Y ellos dijeron: «Unos que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías, o uno de los profetas». Díceles: «Y vosotros ¿quién decís que soy?» Y respondiendo Simón Pedro, dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el viviente». Y respondiendo Jesús, díjole: «Bienaventurado eres, Simón Barjonás(a), porque carne y sangre(b) no te ha revelado, sino mi Padre el de los cielos. Y yo también(c) te digo que tú eres Pedro(d) y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y puertas de infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que atares sobre la tierra, atado estará en los cielos, y lo que desatares sobre la tierra, desatado estará en los cielos.» Entonces intimó a sus discípulos que a nadie digan que él es el Cristo. Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que debe él a Jerusalén ir y mucho padecer de los ancianos y sumos sacerdotes y escribas, y ser muerto, y al tercer día, resucitar. Y tomándole aparte Pedro, dícele intimando: «¡Lejos de ti Señor!: no te será esto, no». Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Retírate! detrás de mí, Satán(e); escándalo(f) eres mío, porque no piensas lo de Dios, sino lo de los hombres.» Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «si alguno quiere en pos de mí venir, niéguese a sí mismo, y alce su cruz, y sígame. Pues el que quisiere su alma salvar, perderála; mas, el que perdiere su alma por causa mía, hallarála. Pues ¿qué aprovechará un hombre, si el mundo entero ganare y a su alma dañare? O ¿qué dará un hombre en cambio de su alma? Pues debe el Hijo del hombre de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces remunerará a cada uno según su conducta. En verdad os digo que hay algunos de los aquí parados los que no gustarán(g) muerte hasta que no vieren al Hijo del hombre venir en su realeza»(h). Milagros La Transfiguración Y después de días seis toma consigo aparte Jesús a Pedro, y Santiago, y Juan, el hermano de él, y los lleva arriba, a un monte alto aparte. Y transfiguróse delante de ellos: y resplandeció su rostro como el sol; y sus vestidos tornáronse esplendorosos como la luz. Y he aquí que se les apareció Moisés y Elías, conversando con él. Y respondiendo Pedro, dijo a Jesús: «Señor, bello es que nosotros aquí estemos; si quieres, haré aquí tiendas tres: a ti una, y a Moisés una, y a Elías una». Aún hablando él, he aquí una nube luminosa les fue sombreando y he aquí una voz de la nube diciendo: «Este es el Hijo mío, el amado, en quien me he complacido: escuchadle». Y oyendo los discípulos, cayeron sobre su rostro y atemorizáronse sobremanera. Y llegóse Jesús y, tocándoles, dijo: «Levantaos y no os atemoricéis». Y alzando sus ojos a nadie vieron, sino a Jesús sólo. Y bajando ellos del monte, encargóles Jesús, diciendo: «A nadie digáis la visión hasta que el Hijo del hombre de los muertos resucite.» Y preguntáronle los discípulos, diciendo: «¿Qué, pues, los escribas dicen que Elías debe venir primero?» Y él respondiendo, dijo: «Elías ciertamente viene y restaurará todo; y dígoos que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron en él cuanto quisieron; así también el Hijo del hombre ha de padecer de ellos.» Entonces comprendieron los discípulos que de Juan el Bautista les habló. Y viniendo ellos a la turba acercósele un hombre, arrodillándosele, y diciendo: «Señor, apiádate de mi hijo, porque es lunático y mal está; pues, muchas veces cae al fuego y muchas veces al agua. Y le traje a tus discípulos y no le pudieron sanar.» Y respondiendo Jesús, dijo: «Oh generación, increyente y perversa ¿hasta cuándo con vosotros estaré? ¿hasta cuándo os sufriré? Traédmelo acá.» E impúsole Jesús, y salió de él el demonio y sanó el niño desde aquella hora. Entonces acercándose los discípulos a Jesús aparte dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos lanzarle?» Y él les dice: «Por vuestra poca fe; pues en verdad os digo: si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Pásate de acá a allá». Y se pasará, y nada os será imposible. Pero este linaje no sale sino en oración y ayuno.» Y volviendo, ellos juntos, en la Galilea, díjoles Jesús: «Ha de ser el Hijo del hombre entregado en manos de hombres, y mataránle y al tercer día resucitará». Y se entristecieron sobremanera. Y, viniendo ellos a Cafarnaúm, se acercaron los que los didracmas cobraban a Pedro y dijeron: «¿Vuestro maestro no paga didracmas?». Dice: «Sí». Y viniendo él a la casa adelantóse a él Jesús, diciendo: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra ¿de quiénes cobran tributos o censo? ¿de los hijos de ellos o de los extraños?» Y diciendo él: «De los extraños», díjole Jesús: «Luego, pues, libres están los hijos. Pero, porque no los escandalicemos, yendo al mar, arroja anzuelo y al saliente primer pez alza; y abriendo su boca, hallarás un estatero(a); aquél tomando, dales por mí y ti». Enseñanzas El niño En aquella hora acercáronse los discípulos a Jesús, diciendo: «¿Quién, pues, mayor es en el reino de los cielos?» Y llamando a sí a un pequeñuelo púsole en medio de ellos, y dijo: «En verdad dígoos; si no os mudareis e hiciereis como los pequeñuelos, no entraréis, no, en el reino de los cielos». Quien, pues, se humillare como este pequeñuelo, ése es el mayor en el reino de los cielos». «Y el que recibe un pequeñuelo tal, en mi nombre, a mí recibe; mas, el que escandalizare a uno de estos pequeños, de los que creen en mí, conviénele que se cuelgue muela asinina(a) alrededor de su cuello y se sumerja en el piélago de la mar(b). Ay, del mundo por los escándalos; necesario es, por cierto, que vengan los escándalos; empero ¡ay del hombre, por quien el escándalo viene! Y si tu mano o tu pie te escandaliza, córtalo y arrójalo de ti; bello te es entrar en la vida manco o cojo que, dos manos o dos pies teniendo, ser arrojado al fuego al eterno. Y si tu ojo te escandaliza, sácalo y arrójalo de ti; bello te es monóculo a la vida entrar que, dos ojos teniendo, ser arrojado a la gehenna del fuego. Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeños; pues, dígoos que sus ángeles en los cielos de continuo miran el rostro de mi Padre, del de los cielos. Pues ha venido el Hijo del hombre a salvar lo perdido. ¿Qué os parece? si tuviera algún hombre cien ovejas y se descarriare una de ellas —¿no dejará las noventa y nueve en los montes, y, yendo, busca la descarriada? Y si aconteciere hallarla, en verdad dígoos que se alegra de ella más que de las noventa y nueve no descarriadas. Así no hay voluntad delante de mi Padre, el de los cielos, de que perezca uno de estos pequeños. Y, si pecare tu hermano, ve, repréndele entre ti y él solo. Si te oyere, has ganado a tu hermano; mas, si no oyere, tómate contigo todavía uno o dos para que en boca de dos testigos o tres conste toda palabra. Pero, si les desoyere, di a la iglesia;(c) pero, si también a la iglesia desoyere, séate tal como el gentil y el publicano. En verdad, os digo: cuanto atareis sobre la tierra, estará atado en el cielo; y cuanto desatareis sobre la tierra, desatado estará en el cielo. De nuevo, en verdad, dígoos que, si dos se concertaren de vosotros sobre la tierra, acerca de toda cosa que pidieren, seráles(d) desde mi Padre, el de los cielos. Pues donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.» Entonces, acercándose Pedro, díjole: «Señor ¿cuántas veces pecará contra mí mi hermano y le perdonaré? ¿hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te digo: hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto se ha asemejado el reino de los cielos a un hombre rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Y principiando él a ajustar, fue traído uno a él, deudor de diez mil talentos(e). Y no teniendo él cómo pagar, mandóle el señor vender y la mujer y los hijos y todo cuanto tiene, y pagarse. Cayendo, pues, el siervo, adoróle diciendo: «Magnánimo sé conmigo, y todo te pagaré». Y lastimado el señor de aquel siervo, soltóle y la deuda perdonóle. Pero, saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios(f) y cogiendo le ahogaba, diciendo: «Paga, si algo debes». Cayendo(g) pues, su consiervo, rogábale diciendo: «Magnánimo sé conmigo y te pagaré»; pero él no quiso, sino que yéndose, le arrojó en prisión hasta que pagase lo debido. Viendo, pues, sus consiervos lo acontecido, se entristecieron sobremanera, y, viniendo, contaron a su señor todo lo acontecido. Entonces, llamándole a sí, su señor dícele: «Siervo malo, toda aquella deuda te perdoné, cuando me rogaste; ¿no era necesario también apiadarte tú de tu consiervo, como yo también me apiadé de ti? Y airado su señor, entrególe a los verdugos hasta que pagase todo lo a él debido. Así también mi Padre, el celestial, hará con vosotros si no perdonareis, cada cual a su hermano, de vuestros corazones.» Enseñanzas. De la monogamia Y aconteció, cuando Jesús terminó estas palabras, pasó de la Galilea, y fue a los confines de la Judea, allende del Jordán, Y siguiéronle turbas muchas, y sanóles allí. Y acercarónse a él fariseos, tentándole y diciendo: «¿Si es lícito repudiar a su mujer por cualquier causa?» Y él, respondiendo, dijo: «¿No habéis leído que quien les creó, desde el principio macho y hembra hízoles y dijo:(a) Por esto abandonará hombre padre y madre y se adherirá a su mujer, y serán los dos para en carne una. Así que ya no son dos sino carne una. Lo que Dios, pues, coyundó, el hombre no lo separe». Dícenle: «¿Qué, pues, Moisés encargó dar libelo de divorcio y repudiar?» Díceles: «Porque Moisés por vuestro duro corazón os concedió repudiar vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Y dígoos que quien repudiare a su mujer, si no por fornicación y se casare con otra, adultera». Dícenle los discípulos: «Si así es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse». Y él les dijo: «No todos comprenden esta palabra, sino a los que ha sido dado(b). Pues hay castrados que del vientre de la madre han nacido así, y hay castrados quien castrados fueron de los hombres; y hay castrados que se castraron a sí mismos por el reino de los cielos. El que pueda comprender, comprenda.» Entonces trajeron a él pequeñuelos, para que pusiera las manos sobre ellos y orara; pero los discípulos impusiéronles. Y Jesús dijo: «Dejad a los pequeñuelos y no les estorbéis venir a mí; que de tales es el reino de los cielos». Y habiendo puesto las manos sobre ellos, partió de allí. Y he aquí uno llegándose, díjole: «Maestro bueno ¿qué de bueno haré para tener la vida eterna?» Y él díjole: «¿Qué me(c) preguntas de lo bueno? uno es el bueno; pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». Dícele: «¿Cuáles?» Y Jesús dijo: «El de no matarás; no adulterarás; no hurtarás; no testimoniarás falso; honra al padre y a la madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el jovencito: «Todo esto he guardado desde mi juventud;(d) ¿qué me falta todavía?». Díjole Jesús: «Si quieres ser perfecto anda, vende lo que tienes y dalo a los mendigos, y tendrás un tesoro en los cielos, y acá sígueme». Pero, oyendo el jovencito la palabra, se retiró entristecido; porque estaba teniendo bienes muchos. Y Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos. Y de nuevo os digo: más fácil es que un camello por ojo de aguja entre(e) que un rico, en el reino de Dios.» Y, oyendo los discípulos, se pasmaron sobremanera, diciendo: «¿Quién, pues, se puede salvar?» Y contemplando, Jesús, díjoles: «Ante hombres esto imposible es, pero ante Dios; todo posible». Entonces, respondiendo Pedro, díjole: «He aquí nosotros hemos dejado todo y seguídote: ¿qué, pues, habrá para nosotros?» Y Jesús díjoles: «En verdad os digo que vosotros los que me habéis seguido, en la regeneración, cuando se sentare el Hijo del hombre en trono de su gloria os sentaréis también vosotros en doce tronos, juzgando las doce tribus de Israel. Y todo aquel que ha dejado casas y hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o campos por mi nombre, el múltiplo recibirá y la vida eterna heredará. Y muchos habrá primeros, últimos, y últimos, primeros.» Parábola de la viña «Porque semejante es el reino de los cielos a un hombre dueño de casa, el que salió con el alba a ajustar obreros para su viña. Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día envióles a su viña. Y saliendo cerca de la tercera hora(a) vio otros parados en la plaza, ociosos, también a aquéllos dijo: «Id también vosotros a la viña, y lo que fuere justo daréos». Y ellos se fueron. Y otra vez saliendo cerca de la sexta y nona hora, hizo otro tanto. T; 12ª —puesta de sol. Y cerca de la undécima, saliendo halló otros parados y díceles: «¿Qué aquí estáis parados todo el día ociosos?» Dícenle: «Porque nadie nos ha ajustado». Díceles: «Idos también vosotros a la viña». Y atardeciendo, dice el dueño de la viña a su mayordomo: «Llama a los obreros y paga el jornal principiando por los últimos, hasta los primeros. Y viniendo los de cerca de la undécima hora recibieron sendos denarios. Y viniendo los primeros pensaron que más recibirían, y recibieron sendos denarios también ellos. Y cogiendo, murmuraron contra el dueño de casa, diciendo: «Estos, los últimos, una hora han hecho, e iguales a ellos con nosotros has hecho que hemos llevado el peso del día y el ardor». Y, él respondiendo, a uno de ellos, dijo: «Amigo no te agravio: ¿Acaso en denario no te has concertado conmigo? Toma lo tuyo, y vete; Quiero yo a éste, el último, dar lo mismo que a ti.(b) ¿No puedo yo, lo que quiero hacer en lo mío? ¿o tu ojo malo está porque yo bueno soy?» Así serán los últimos, primeros; y los primeros, últimos. Pues muchos son llamados; pero pocos, escogidos.» Y, habiendo de subir Jesús a Jerusalén, llevóse los doce aparte, y en el camino díjoles: «He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; y condenaránle a muerte, y entregaránle a las gentes para jugarse con él y azotar y crucificar; y al tercer día resucitará». Entonces acercóse a él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos adorando y pidiendo algo de él, y él díjola: «¿Qué quieres?» Dícele: «Di que se sienten estos dos hijos míos: uno a la derecha tuya y uno a la izquierda en tu reino». Y respondiendo Jesús dijo: «No sabéis qué pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?» Dícenle: «Podemos». Díceles: «El cáliz mío ciertamente beberéis; mas el sentarse a la derecha mía o a la izquierda, no es mío esto dar, sino a quienes está preparado por mi Padre». Y oyendo los diez, indignáronse contra los dos hermanos. Y Jesús llamándoles a sí, dijo: «Sabéis que los príncipes de las gentes se enseñorean de ellos y los grandes aduéñanse de ellos. No así es en vosotros; sino que el que quisiere en vosotros grande hacerse, será de vosotros servidor. Y el que quisiere en vosotros ser primero, será de vosotros siervo; así como el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su alma redención por muchos.» Y saliendo ellos de Jericó, siguióle turba mucha. Y he aquí dos ciegos sentados a par del camino, oyendo que Jesús va pasando, clamaron diciendo: «Señor, apiádate de nosotros, hijo de David». Y la turba intimábales que callaran; pero ellos más clamaban, diciendo: «Señor, apiádate de nosotros, hijo de David». Y parándose Jesús, voceóles y dijo: «¿Qué queréis os haga?» Dícenle: «Señor, que se abran nuestros ojos». Y lastimado Jesús, tocó los ojos de ellos y al punto vieron y siguiéronle. Jesús en Jerusalén Entrada triunfal Y cuando se acercaron a Jerusalén, llegaron a Betfagé, al monte de las Olivas. Entonces Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: «Id a la aldea, la de enfrente de vosotros, y luego hallaréis asna atada y pollino con ella; desatando, traedme. Y si alguien os dijere algo, diréis: que «el Señor de ellos necesidad tiene, y luego los enviará.» Y esto ha acontecido para que se cumpliese lo dicho por el profeta, diciendo: Decid a la hija de Sión:«He aquí tu rey te vienemanso y sentado sobre asnay sobre pollino, hijo de subyugal»(a) Y yendo los discípulos y haciendo según les determinó Jesús, trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos las vestiduras y sentóse sobre ellas. Y la mayor(b) turba tendieron sus vestiduras en el camino y otros cortaban ramas de los árboles y tendían en el camino. Y las turbas las que le precedían y las que seguían clamaban diciendo:Hosanna(c) al Hijo de David,bendito el que viene en nombre del Señor;hosanna en lo más excelso. Y entrando él en Jerusalén se conmovió toda la ciudad, diciendo: «¿Quién es éste?» Y las turbas decían: «Este es el profeta Jesús, el de Nazaret, de la Galilea». Y entró Jesús en el santuario de Dios y arrojó fuera todos los vendientes y comprantes en el santuario, y las mesas de los cambistas volcó y las sillas de los vendientes de las palomas. Y díceles: Escrito está: «La casa mía, casa de oración será llamada: pero vosotros la hacéis cueva de bandidos». Y allegáronsele ciegos y cojos en el santuario, y curóles. Y viendo los sumos sacerdotes y los escribas lo maravilloso que hizo y los niños clamantes en el santuario y dicientes: «Hosanna al Hijo de David», se indignaron, y dijéronle: «¿Oyes qué estos dicen?» y Jesús díceles: «Sí; ¿jamás habéis leído que de boca de infantes y mamantes has consumado loor?» y abandonándoles, salió fuera de la ciudad a Betania y pernoctó allí. Y al alba, retornando a la ciudad, hambreó. Y, viendo higuera una(d) a par del camino, vino a par de ella, y nada encontró en ella, sino hojas solamente y dícele: «No más, no, saldrá de ti fruto por el siglo».(e) Y secóse al punto la higuera. Y viendo los discípulos, maravilláronse diciendo: «¿Cómo al punto se ha secado la higuera?» Y, respondiendo Jesús, díjoles: «En verdad dígoos; si tuviereis fe y no vacilareis no sólo lo de la higuera haréis, sino que, si también a este monte dijereis; «Alzate y arrójate en el mar», se hará, y todo cuanto pidiereis en la oración, creyendo, recibiréis». Y viniendo él al santuario, acercáronse a él, cuando enseñaba, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo: «¿En qué poder esto haces?(f) ¿Y quién te ha dado este poder?» Y, respondiendo Jesús, díjoles: «Preguntaréos yo también, palabra una: la cual si me dijereis, yo también os diré en qué poder esto hago: «El bautismo el de Juan, de dónde era: ¿del cielo o de los hombres?» Y ellos consideraban entre sí, diciendo: Si dijéremos: «del cielo», dirános: «¿Por qué, pues, no le habéis creído?» Y si dijéremos: «de los hombres», tememos la turba, pues, todos por profeta tienen a Juan». Y respondiendo a Jesús dijeron: «No sabemos». Díjoles también él: «Ni yo os digo en qué potestad esto hago». «¿Y qué os parece? Un hombre tenía hijos dos; viniendo el primero, dijo: «Hijo, vete, hoy trabaja en la viña». Y él respondiendo, dijo:»¡Yo señor!» —Y no fue. Y, viniendo al segundo; dijo asimismo. Y él respondiendo, dijo: «No quiero», por fin, arrepintiéndose, fue, «¿Quién de los dos hizo la voluntad del padre?» Dicen: «el último». Díceles Jesús: «En verdad dígoos que los publicanos y las rameras se adelantan a vosotros al reino de Dios». Pues vino Juan a vosotros en camino de justicia y no le creisteis; pero los publicanos y las rameras creyéronle; pero vosotros, viendo ni os habéis arrepentido por fin a creerle. Otra parábola escuchad: Un hombre hubo dueño de casa, el que crió viña y cerca le puso en torno y cavó en ella lagar, y edificó torre(g) y arrendóla a agrícolas, y peregrinó. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los agrícolas a coger los frutos de ellas. Y cogiendo los agrícolas a sus siervos a uno desollaron(h); a otro mataron; a otro apedrearon. De nuevo envió otros siervos, más que los primeros, e hiciéronles asimismo. Y, por fin, envió a ellos su hijo, diciendo: «Considerarán a mi hijo». Pero los agrícolas, viendo al hijo, dijeron entre sí: «Este es el heredero: Venid, matémosle, y tengamos su herencia», y cogiendo le lanzaron fuera de la viña y mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña ¿qué hará a aquellos agrícolas?» Dícenle: «Malos, mal perderáles y la viña arrendará a otros agrícolas los que le paguen los frutos a sus tiempos». Díceles Jesús: «¿Nunca habéis leído en las Escrituras:¡A la piedra que desestimaron los edificantesesta fue hecha cabeza de ángulo;desde Señor hecha fue ésta(i),y es maravillosa en nuestros ojos! Por esto dígoos que será quitado de vosotros el reino de Dios y dado a gente(j) que haga los frutos de él(k). ¡Y el que cayere sobre esta piedra —a ése destrozará; y sobre quién ella cayere— le aventará(l)!» Y oyendo los sumos sacerdotes y escribas sus parábolas; conocieron que de ellos habla. Y buscando cómo prenderle, temieron a las turbas, porque por profeta le tenían. Parábola de las bodas reales Y respondiendo(a) Jesús, de nuevo hablóles en parábolas diciendo: «Asemejádose ha el reino de los cielos a un hombre rey, el que hizo bodas a su hijo: y envió sus siervos a convidar a los convidados a las bodas; y no querían venir. De nuevo envió otros siervos, diciendo: «Decid a los llamados: «He aquí mi comida aderezada tengo; mis toros y cebas(b), muertos y todo preparado: venid a las bodas». Ellos, empero, desentendiéndose, se fueron: el uno al propio campo; el otro a su negocio; y los demás, prendiendo los siervos de él ultrajaron y mataron. Y el rey airóse, y mandando sus ejércitos, perdió a aquellos homicidas y su ciudad quemó. Entonces dice a sus siervos: «La boda a la verdad aderezada está: pero los llamados no eran dignos; id, pues, a los cruceros de los senderos, y a cuanto hallareis, llamad a las bodas». Y, saliendo aquellos siervos a los senderos, trajeron juntos a todos los que hallaron; malos así como buenos, y llenóse el tálamo de comensales. Y entrando el rey a ver a los comensales, vio allí a un hombre no vestido con veste de boda. Y dícele: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí, no trayendo veste de boda(c)?» El, empero, enmudeció. Entonces el rey dijo a los ministros: Atándole de pies y manos, y arrojadle fuera, en las tinieblas las exteriores(d); allí será el llanto y el rechino de los dientes. Que muchos son los llamados; pocos, empero, los escogidos.» Entonces yéndose los fariseos, consultaron, entre sí cómo enlazarle en palabra. Y le envían los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: «Maestro, sabemos que veraz eres: y el camino de Dios en verdad enseñas: y que no te importa de nadie, porque no miras a faz de hombres; dinos, pues, ¿qué te parece? ¿es lícito(e) dar censo a César, o no?» Mas, conociendo Jesús la malicia de ellos, dijo: «¿Qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del censo». Y ellos trajéronle un denario. Y díceles: ¿De quién esta imagen y el epígrafe? Dicen: «De César». Entonces díceles: «Devolved, pues, lo de César a César, y lo de Dios a Dios». Y, oyendo; maravilláronse, y, dejándole, se fueron. En aquel día se acercaron a él saduceos diciendo que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: «Maestro, Moisés dijo: «Si alguno muriere, no teniendo hijos se casará leviráticamente(f) su hermano con su mujer, y resucitará simiente a su hermano». Había, pues, entre nosotros, siete hermanos. Y el primero, habiéndose casado, finó, y, no teniendo simiente, dejó su mujer a su hermano. Lo mismo también el segundo y el tercero hasta los siete. Y, al fin de todos, murió la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? pues todos tuviéronla». Y respondiendo Jesús, díjoles: «Erráis: no sabiendo las Escrituras, ni el poder de Dios». Pues, en la resurrección, ni se casan, ni se las casa,(g) sino como ángeles en el cielo son. Y de la resurrección de los muertos ¿no habéis leído lo hablado a vosotros por Dios, diciendo: «Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivientes». Y oyendo las turbas asombrábanse de su doctrina. Pero los fariseos, oyendo que había acallado a los saduceos, juntáronse a una, y preguntó uno de ellos, legisperito, tentándole: «Maestro ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios en todo tu corazón y en toda tu alma y en toda tu mente. Este es el grande y primero mandamiento. El segundo, semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos toda la ley pende y los profetas». Y congregados los fariseos, preguntóles, Jesús, diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es hijo? Dícenle: «De David». Díceles: «Pues ¿cómo David, en espíritu, llámale señor, diciendo: Dijo Señor a mi Señor: «Siéntate a mi diestra hasta poner yo tus enemigos por debajo de tus pies? Si David, pues le llama señor ¿cómo hijo suyo es?» Y nadie pudo responderle palabra, ni se atrevió alguno, desde aquel día, a preguntarle más. Contra los fariseos y Jerusalén Hipocresía y ambición farisaicas Entonces Jesús habló a las turbas y a sus discípulos, diciendo: «Sobre la de Moisés cátedra sentáronse los escribas y los fariseos; todo, pues, cuanto os dijeren, haced, y guardad, pero, según sus obras, no hagáis; que dicen y no hacen. Y atan cargas pesadas e insoportables y pónenlas sobre los hombros de los hombres; pero ellos con su dedo no quieren moverlas. Y todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; pues ensanchan(a) sus filacterias(b) y extienden sus franjas;(c) y aman el primer lecho en los banquetes, y las primeras sillas en las sinagogas; y las salutaciones en las ágoras y ser llamados de los hombres rabbí,(d) vosotros, empero, no os llaméis rabbí, que uno es vuestro maestro, y todos vosotros hermanos sois. Y padre no llaméis vuestro sobre la tierra; pues uno es vuestro padre: el celestial. Ni os llaméis guías que vuestro guía es uno: el Cristo. Y el mayor de vosotros será vuestro servidor. Y quienquiera que se ensalzare, será humillado; y quienquiera que se humillare, será ensalzado.» «Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, que ni vosotros entráis ni a los que entran, dejáis entrar! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque devoráis las casas de las viudas, orando con aparato, largamente(e) por esto llevaréis más abundante juicio! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque atravesáis la mar y la árida por hacer un prosélito y cuando sucede, hacéisle hijo de la gehenna duplo que vosotros! ¡Ay de vosotros, ductores ciegos, los que decís: «Quien jurare en el templo, —nada es, pero, quien jurare en el oro(f) del templo, se obliga!(g)». ¡Necios y ciegos! pues ¿quién es mayor; el oro o el templo que santifica el oro? Y: «Quien jurare en el altar nada es; pero, quien jurare en la ofrenda la sobre él, se obliga». ¡Necios y ciegos! pues ¿qué es mayor: la ofrenda o el altar, el que santifica la ofrenda? Quien jurare, en el altar, jura en él y en todo sobre él; y quien jurare en el templo, jura en él y en el que se aposenta en él; y quien jurare en el cielo, jura en el trono de Dios y el sentado sobre él. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque diezmáis la menta, y el eneldo y el comino, y tenéis dejado lo más grave de la ley: el juicio, y la misericordia y la fe! Y esto era necesario hacer, y aquello no dejar. ¡Ductores ciegos, los que coláis el mosquito, y el camello tragáis! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas porque limpiáis lo de fuera del cáliz y de la escudilla, y por dentro rebosan de rapiña e intemperancia! Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del cáliz y de la escudilla, para que quede también lo de fuera de él limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque semejáis tumbas recién blanqueadas; las que por fuera parecen hermosas, pero por dentro rebosan de huesos de muertos y de toda impureza! Así también vosotros, por fuera ciertamente parecéis a los hombres, justos, pero por dentro estáis henchidos de hipocresía e injusticia. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis las tumbas de los profetas y adornáis los monumentos de los justos! y decís: «Si fuéramos en los días de nuestros padres, no fuéramos de ellos partícipes en la sangre de los profetas» Así que atestiguáis de vosotros mismos que hijos sois de los que mataron a los profetas. Y vosotros llenasteis la medida de vuestros padres, serpientes, engendros de víboras ¿cómo huiréis del juicio de la gehenna? Por esto, he aquí que yo envío a vosotros profetas, y sabios y escribas; de ellos mataréis y crucificaréis; y de ellos azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad, para que venga sobre vosotros toda sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel, el justo, hasta la sangre de Zacarías(h), hijo de Baraquías; a quien matasteis entre el templo y el altar. En verdad dígoos: vendrá todo esto sobre esta generación. Jerusalén, Jerusalén, la matadora de los profetas y apedreadora de los enviados a ella —¡cuántas veces quise ir juntando tus hijos del modo que un ave va juntando sus pollos bajo sus alas, y no quisisteis! He aquí se os abandonará(i) vuestra casa. Pues dígoos que no me veréis, no, desde ahora hasta que digáis:Bendito el que viene en nombre de Señor.» Escatología De la ruina de Jerusalén y del fin del mundo. Ocasión de la profecía Y saliendo Jesús, íbase del santuario, y se llegaron sus discípulos, a mostrarle los edificios del santuario. Y él respondiendo, díjoles: «¿No veis todo esto?» En verdad dígoos no se dejará, no, aquí piedra sobre piedra que no sea deshecha». Y, sentándose él en el monte de las Olivas, llegáronse a él sus discípulos aparte, diciendo: «Dinos, cuándo esto será y cuál la señal de tu advenimiento(a) y consumación del siglo». Y respondiendo Jesús, díjoles: «Mirad que nadie os descamine. Pues muchos vendrán en mi nombre, diciendo: «Yo soy el Cristo», y a muchos descaminarán. Y habéis de oír guerras y oídas(b) de guerras. Ved: no os espantéis; porque es menester que suceda; pero todavía no es el fin. Porque se levantará gente contra gente(c) y reino contra reino; y habrá hambres, y pestes y terremotos aquí y allí; y todo esto, principio de dolores de parto(d) Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán y seréis aborrecidos de todas las gentes por mi nombre. Y entonces se escandalizarán muchos, y unos a otros se entregarán, y se aborrecerán unos a otros. Y muchos pseudoprofetas se levantarán y descaminarán a muchos. Y, por colmarse la iniquidad, se enfriará la caridad de los más. Y el perseverante hasta el fin, éste se salvará. Y se predicará este evangelio del reino en toda la habitada(e), en testimonio a todas las gentes, y entonces vendrá el fin. Cuando viereis, pues, la abominación del asolamiento(f), la dicha por Daniel el profeta, parada en lugar sagrado (el leyente, entienda(g)), entonces los en la Judea, huyan a los montes; y el que sobre el terrado, no descienda a alzar lo de su casa; y el que en el campo, no vuelva atrás a alzar su manto. Y ¡ay de las preñadas y las lactantes en aquellos días! Y orad, que no sea vuestra fuga en invierno ni en sábado(h). Pues habrá entonces tribulación grande, cual no ha habido de principio de mundo hasta lo de ahora, ni habrá, nunca jamás. Y si no se acortaran aquellos días, no se salvara toda carne; pero por los elegidos se acortarán aquellos días. Entonces, si alguno os dijere: «Ve: ¡aquí el Cristo!» o: «¡aquí!» no creáis; pues se levantarán pseudocristos y pseudoprofetas y darán señales(i) grandes y prodigios hasta descaminar (si es posible) también a los elegidos. He aquí, predicho os lo tengo. Si os dijeren, pues: «He aquí, en el desierto» no salgáis; y «he aquí, en las alcobas», no creáis. Pues, como el relámpago sale de oriente y parece hasta occidente, así será el advenimiento del Hijo del hombre. Donde estuviere la carroña,(j) allí juntaránse las águilas. Y al punto, después de la tribulación de aquellos días el sol se entenebrecerá, y la luna no dará su esplendor, y los astros caerán del cielo, y los poderes(k) de los cielos se estremecerán. Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces plañirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gloria mucha. Y enviará sus ángeles con trompeta grande, e irán juntando sus elegidos de los cuatro vientos, de extremos de cielos hasta extremos de ellos(l). Y de la higuera(m) aprended la parábola. Cuando ya su rama se tornare tierna y las hojas brotaren, conocéis que cerca el estío; así también vosotros, cuando viereis todo esto, conoced que cerca está(n), a las puertas. En verdad dígoos que no pasará, no, esta generación(o) hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasará; pero mis palabras no habrán pasado, no. Pero acerca de aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre sólo. Pues tal como los días de Noé, así será el advenimiento del Hijo del hombre(p). Pues, como estaban, en aquellos días, los antes del diluvio, comiendo y bebiendo; casándose y casando, hasta el día que entró Noé en el arca; y no conocieron hasta que vino el diluvio y arrebató a todos totalmente; así será el advenimiento del Hijo del hombre. Entonces habrá dos en el campo: uno es llevado de allí(q), y uno, dejado; dos molineras en la molienda: una es llevada de allí, y una dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora vuestro Señor viene. Aquello, empero, conoced: que, si supiera el dueño de casa a qué vigilia el ladrón viene, velaría y no dejaría socavar su casa. Por esto también vosotros estad prontos; pues a la que no pensáis hora(r), el Hijo del hombre viene. ¿Quién es, pues, el fiel siervo y prudente, a quien ha puesto el Señor sobre su familia, para darles el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo, a quien, viniendo su Señor, hallare así haciendo. En verdad dígoos que sobre todos sus bienes le pondrá. Si dijere, empero, aquel mal siervo en su corazón: «Tarda mi Señor»; y comenzare a golpear a sus consiervos; y comiere y bebiere con los ebrios; llegará el Señor de aquel siervo el día que no aguarda y a la hora que no sabe, y le cortará en dos, y su parte con los hipócritas pondrá; allí será el llanto y el rechino de los dientes.» Parábolas de la segunda venida «Entonces asemejaráse el reino de los cielos a diez vírgenes(a), las que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Y cinco de ellas eran fatuas y cinco prudentes. Pues las fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas, las prudentes tomaron aceite en los vasos con las lámparas. Pero, tardando el esposo, dormitaron todas y se durmieron. Y a la media noche clamor hubo: «He aquí el esposo: salid al encuentro». Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Y las fatuas a las prudentes dijeron: «Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan». Mas, respondieron las prudentes, diciendo: «No sea que no alcance no para nosotras y vosotras. Id más bien a los que venden y compraos». Y, yendo ellas a comprar, vino el esposo, y las apercibidas entraron con él a las bodas, y cerróse la puerta. Y al fin llegaron también las demás vírgenes, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Mas, él, respondiendo, dijo: «En verdad dígoos: no os conozco». Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora.» «Pues,(b) así como un hombre, peregrinando, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes; y a éste dio cinco talentos; al otro, dos; al otro, uno; a cada cual según su propia fuerza; y peregrinó. Al punto, partiendo el que cinco talentos recibió, trabajó en(c) ellos y ganó otros cinco. Así mismo el que los dos, ganó otros dos. Mas, el que uno recibió, yéndose, cavó la tierra y ocultó el dinero de su señor. Y después de mucho tiempo, viene el señor de aquellos siervos y tómales cuenta. Y, llegando el que los cinco talentos recibió, trájole otros cinco talentos, diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado». Díjole su señor: «¡Bien! siervo bueno y fiel: sobre poco has sido fiel; sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu señor». Y llegando también el que los dos talentos, dijo: «Señor, dos talentos me entregaste, he aquí otros dos talentos he ganado». Díjole su señor «¡Bien! siervo bueno y fiel: sobre poco has sido fiel; sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor». Pero, llegando también el que un talento ha recibido, dijo: «Señor, te he conocido yo: que duro eres —hombre, segando donde no sembraste, y juntando donde no esparciste; y, atemorizado, yendo oculté tu talento en la tierra; he aquí tienes lo tuyo». Y respondiendo su señor, díjole: «Mal siervo y perezoso ¿sabías que siego, donde no sembré, y junto, donde no esparcí? Debías, pues, haber echado mis dineros a los cambistas, y, viniendo yo, recibiera lo mío con intereses. Quitadle, pues, el talento y dad al que tiene los diez talentos. Pues al que tiene, todo(d) se le dará, y abundará; mas al que no tiene, aún lo que tiene, quitarásele. Y al inútil siervo lanzad a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechino de los dientes.» «Y cuando viniere el Hijo del hombre en su gloria y todos los ángeles con él; entonces se sentará en trono de su gloria; y congregadas serán delante de él todas las gentes; y les separará unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de los cabritos; y pondrá las ovejas a su derecha; los cabritos, a la izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha. «Venid, los benditos de mi Padre, heredad el reino dispuesto para vosotros desde fundación de mundo. Pues hambre tuve, y me disteis de comer, sed, y me disteis de beber; huésped fui, y me recogisteis; desnudo, y me vestisteis; enfermé y me visitasteis; en prisión estuve y vinisteis a mí. Entonces responderánle los justos, diciendo: «Señor ¿cuándo te vimos hambriento, y sustentamos, o sediento y dimos de beber? Y ¿cuándo te vimos huésped, y recogimos; o desnudo y cubrimos? Y ¿cuándo te vimos enfermo o en prisión, y vinimos a ti? Y, respondiendo el Rey les dirá: «En verdad os digo: en cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos, los más pequeños, a mí hicisteis». Entonces dirá también a los de la izquierda: «Apartaos de mí, los malditos, al fuego, al eterno, el preparado al diablo y sus ángeles. Pues hambre tuve, y no me disteis de comer, y sed, y no me disteis de beber; huésped fui, y no me recogisteis; desnudo y no me cubristeis; enfermo y en prisión, y no me visitasteis». Entonces responderán también ellos, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o desnudo, o enfermo, o en prisión, y no te servimos?» Entonces les responderá, diciendo: «En verdad os digo: en cuanto no hicisteis a uno de estos más pequeños, ni a mí hicisteis». E irán éstos a castigo eterno, y los justos a vida eterna»(e). Pasión Anuncia Cristo su muerte Y, aconteció que, acabando Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: «Sabéis que, dentro de dos días la Pascua es, y el Hijo del hombre es entregado para que se le crucifique». Entonces juntáronse los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en el aula del sumo sacerdote, del llamado Caifás; y consultáronse, para a Jesús con engaño prender y matar. Y dijeron: «No en fiesta, porque tumulto no haya en el pueblo». Y, estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, acercósele una mujer teniendo un alabastro(a) de ungüento precioso, y derramólo sobre la cabeza de él recostado. Y viendo los discípulos, indignáronse, diciendo: «¿A qué esta pérdida? Que podíase esto vender caro y dar a los pobres». Y, conociendo Jesús, díjoles: «¿Qué? ¿golpes asestáis a la mujer? Pues obra hermosa ha obrado conmigo. Que siempre a los pobres tenéis con vosotros, pero a mí no siempre tenéis. Pues echando ésta este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultar me ha hecho(b). Y en verdad dígoos: doquiera se predicare este evangelio en todo el mundo, se contará también lo que ésta ha hecho, en memoria de ella». Entonces, yendo uno de los doce: el llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes, dijo: «¿Qué me queréis dar? y yo os lo entregaré». Y ellos le señalaron treinta dineros; y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. Y el primero de los ázimos, acercáronse los discípulos a Jesús, diciendo: «¿Dónde quieres, te preparemos el comer la Pascua?»(c) Y él dijo: «Id a la ciudad a tal(d) y decidle: «El Maestro dice: «Mi tiempo cerca está; contigo hago la Pascua con mis discípulos». E hicieron los discípulos como les mandó Jesús, y prepararon la Pascua. Y, atardeciendo, recostóse con los discípulos; y, comiendo ellos, dijo: «En verdad os digo que uno de vosotros me entregará». Y, contristados sobremanera, empezaron a decirle cada uno de ellos: «¿Acaso yo soy, Señor?» Y él respondiendo dijo: «El que remoja conmigo la mano(e) en la escudilla, éste me entregará. El Hijo del hombre ciertamente va; según está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado; bello le fuera, si no hubiese nacido aquel hombre». Y respondiendo Judas, el que le entregó, dijo: «¿Acaso yo soy, Maestro?» Dícele: «Tú has dicho». Y, comiendo ellos, tomando Jesús pan y bendiciendo, partió, y, dando a los discípulos, dijo: «Tomad, comed; éste es mi cuerpo». Y, tomando un cáliz, y, agradeciendo, dioles, diciendo: «Bebed de él todos: ésta es mi sangre del (nuevo) testamento; la que por muchos es derramada en remisión de pecados. Y dígoos: no beberé, no, desde ahora de este germen de la vid, hasta aquel día que le beberé con vosotros nuevo en el reino de mi Padre». Y, salmeando, salieron al monte de las Olivas. Entonces díceles Jesús: «Todos vosotros os escandalizaréis en mí esta noche; que escrito está: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas de la grey.» Pero, después de resucitar yo, os conduciré a la Galilea». Y, respondiendo Pedro, díjole: «Si todos se escandalizaren en ti, yo jamás me escandalizaré.» Díjole Jesús: «En verdad te digo: en esta noche antes de cantar el gallo, tres veces me negarás». Dícele Pedro: «Aunque sea menester morir yo contigo, jamás te negaré». Así dijeron también todos los discípulos. Entonces va con ellos Jesús a un paraje, llamado Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras yendo allá orare yo». Y, llevándose a Pedro y los dos hijos del Zebedeo, comenzó a entristecerse y atediarse. Entonces díceles: «Triste en torno(f) está mi alma a muerte: quedaos aquí, y velad conmigo». Y, adelantándose un poco, cayó sobre su rostro orando y diciendo: «Padre mío, si posible es, pase de mí este cáliz. Mas, no como yo quiero, sino como tú». Y va a los discípulos y hállales durmiendo, y dice a Pedro: «Así ¿no habéis valido para una hora velar conmigo? Velad y orad para que no entréis en tentación. Que el espíritu, pronto; la carne, empero, enferma». De nuevo segunda vez, retirándose, oró: «Padre mío, si no puede éste (cáliz) pasar sin beberlo yo, hágase tu voluntad». Y, yendo de nuevo, hallóles durmiendo, porque los ojos de ellos cargados estaban: Y, dejándoles, de nuevo retirándose, oró tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces va a los discípulos y díceles: «Dormid ya, y reposad(g). Pues he aquí es llegada la hora, y el Hijo del hombre entregado es en manos de pecadores. Levantaos, vamos; he aquí es llegado el que me entrega». Y, aún hablando él, he aquí Judas, uno de los doce, vino y con él turba mucha con cuchillas y palos, de(h) los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Y el que le entregó, dioles señal, diciendo: «A quien yo besare, él es; prendedle». Y al punto llegándose Judas, dijo: «Salve, rabí», y le besó tiernamente. Y Jesús díjole: «Amigo, ¿a qué tú aquí» Entonces, llegándose, echaron las manos a Jesús y prendiéronle. Y he aquí uno de los de él, extendiendo la mano, desenvainó su cuchilla, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, llevóle la orejilla(i). Entonces dícele Jesús: «Vuelve tu cuchilla a su lugar, que todos los que cogieren cuchilla, a cuchilla perecerán. ¿O crees que no puedo pedir a mi Padre, y me rodeará al punto de más de doce legiones de ángeles(j)? ¿Como, pues, se cumplirían las escrituras de que así ha de suceder?» En aquella hora dijo Jesús a las turbas: «¿Como a ladrón, habéis salido con cuchillas y palos a cogerme? Día a día en el templo sentábame yo enseñando, y no me prendisteis. Pero todo esto aconteciendo está, para que se cumplan las Escrituras de los profetas». Entonces los discípulos todos, dejándole, huyeron. Y ellos, prendiendo a Jesús, fuéronle llevando ante Caifás, el sumo sacerdote; donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Mas, Pedro seguíale de lejos, hasta el atrio del sumo sacerdote; y, entrando dentro, sentóse con los servidores, para ver el fin. Y los sumos sacerdotes y todo el sanedrín buscaban falso testimonio contra Jesús, para matarle; y no hallaron, habiéndose llegado muchos falsos testigos. Y, al fin, llegándose dos falsos testigos, dijeron: «Este dijo: Puedo deshacer el templo de Dios y en tres días edificarle.» Y, levantándose el sumo sacerdote, díjole: «¿Nada respondes? ¿Qué(k) testifican éstos contra ti?» Jesús, empero, callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: «Conjúrote por el Dios, el viviente, que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». Dícele Jesús: «Tú has dicho. Empero dígoos: desde ahora(l) veréis al Hijo del hombre, sentado a diestra del Poder; y viniendo sobre las nubes del cielo». Entonces el sumo sacerdote desgarró sus vestiduras, diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? He aquí ahora habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?» Y ellos, respondiendo, dijeron: «Reo de muerte es». Entonces escupieron en su rostro y abofeteáronle, y otros le golpearon; diciendo: «Profetízanos, Cristo, ¿quién es el que se ha jugado contigo?» Y Pedro sentado estaba, fuera, en el atrio, y llegóse a él una muchacha, diciendo: «También tú estabas con Jesús, el galileo». Mas, él negó delante de todos, diciendo: «No sé lo que dices». Y, saliendo él al pórtico, vióle otra, y dice a los de allí; «Este estaba con Jesús el Nazareno». Y de nuevo negó con juramento: que «no conozco al hombre». Y un poco después, llegándose los que estaban, dijeron a Pedro: «Verdaderamente también tú de ellos eres; que aún tu habla te da a conocer». Y entonces empezó a maldecir mucho y a jurar, que «no conozco al hombre». Y al punto cantó el gallo. Y recordó Pedro la palabra de Jesús, diciéndole: que «antes que el gallo cante, tres veces me negarás», y saliendo fuera lloró amargamente. Crucifixión Y, amaneciendo, consultáronse todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo contra Jesús, para matarle; y, atándole, llevaron y entregaron a Pilato el presidente. Entonces, viendo Judas, el que le entregó, que se le había condenado, arrepentido, devolvió los treinta denarios a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo: «Pequé, entregando sangre inocente». Mas, ellos dijeron: «¿Qué a nosotros? Tú verás». Y, arrojando los denarios en el templo, retiróse, y, yendo, se ahorcó. Y los sumos sacerdotes cogiendo los dineros, dijeron: «No es lícito echarlos en el gazofilacio, porque precio de sangre es». Y, consultándose, compraron con ellos «el campo del alfarero» para sepultura de los peregrinos. Por esto se llamó aquel campo campo de sangre, hasta el día de hoy. Entonces cumplióse lo dicho por Jeremías, el profeta, diciendo: Y cogieron los treinta dineros, el precio del apreciado que apreciaron, de entre los hijos de Israel; y los dieron para el campo del alfarero según lo que me mandó(a) el Señor. Y Jesús estuvo delante del presidente. Y preguntóle el presidente, diciendo: «¿Tú eres el rey de los judíos?» Y Jesús díjole: «Tú dices». Y acusándosele por los sumos sacerdotes y ancianos, nada respondió. Entonces dícele Pilato: «¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?» Y no le respondió ni a una palabra, que se maravilló el presidente sobremanera. Y durante la fiesta acostumbraba el presidente soltar un preso al pueblo: el que querían. Y tenían entonces un preso señalado, llamado Barrabás. Reunidos, pues, ellos, díjoles Pilato: «¿A quién queréis os suelte? a Barrabás o a Jesús el llamado Cristo?» Pues sabía que por envidia le habían entregado. Y sentado él en el tribunal, envió a él su mujer, diciendo: «¡Nada a ti y aquel justo!: que mucho he padecido hoy en sueños(b) por él». Pero los sumos sacerdotes y ancianos persuadieron a las turbas que pidiesen a Barrabás, y a Jesús perdiesen. Y respondiendo el presidente, díjoles: «¿A quién queréis, de entre los dos, os suelte?» Y ellos dijeron: «A Barrabás». Díceles Pilato: «¿Qué, pues, haré de Jesús, el llamado Cristo? «Dícenle todos: «¡Crucifíquesele!» Y él dijo: «Pues, ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban sobremanera, diciendo: «¡Crucifíquesele!» Y, viendo Pilato que nada adelanta, sino que más tumulto se hace, tomando agua, lavóse las manos, frente por frente de la turba, diciendo: «Inocente soy de la sangre de éste (justo); vosotros veréis». Y, respondiendo todo el pueblo, dijo: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» Entonces soltóles a Barrabás, y a Jesús, azotando, entregó para ser crucificado. Entonces los soldados del presidente, llevando a Jesús al pretorio, juntaron cerca de él el manípulo(c) entero. Y, desvistiéndole, pusiéronle clámide purpúrea; y tejiendo corona de espinas, pusieron en su cabeza y una caña en su derecha; y, arrodillándose delante de él, jugábanse con él diciendo: «Salve, rey de los judíos»; y, escupiéndole, cogieron la caña y heríanle en la cabeza. Y, después de jugarse con él, desvistiéronle la clámide y vistiéronle sus vestidos y lleváronle a crucificar. Y, saliendo, hallaron a un hombre cireneo; por nombre, Simón; a éste compelieron a llevar su cruz. Y, viniendo al lugar, al llamado Gólgota; esto es: el lugar llamado del Cráneo(d), diéronle a beber vino mezclado con hiel(e); y, gustando, no quiso beber. Y, crucificándole, repartiéronse sus vestiduras echando suertes: para que se cumpliese lo dicho por el profeta: «Repartiéronse mis vestidos y sobre mis vestiduras echaron suertes(f); y, sentados le guardaban allí. Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Entonces son crucificados con él dos bandidos; uno a derecha y uno a izquierda. Y los transeúntes, blasfemábanle, moviendo sus cabezas y diciendo: «¡El que deshace el templo de Dios y en tres días edifica! —sálvate a ti mismo; si Hijo de Dios eres, baja de la cruz». Así mismo también los sumos sacerdotes, mofándose de él, con los escribas y ancianos, decían: «A otros salvó: a sí mismo no puede salvar; rey de Israel es; baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Confiado ha en Dios; líbrele ahora, si le quiere; pues dijo: que «de Dios soy Hijo». Lo mismo también los bandidos, los crucificados con él, improperábanle. Pero, desde la sexta hora tinieblas fueron sobre toda la tierra hasta hora nona. Y, cerca de la nona hora, clamó Jesús con voz grande, diciendo: «Helí, Helí, lemá sabaktaní»; esto es: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Y algunos de los circunstantes, oyendo, dijeron: que «a Elías vocea éste». Y al punto, corriendo uno de entre ellos, y tomando una esponja y empapando en vinagre, y poniéndola alrededor de una caña, diole a beber. Y los demás dijeron: «Deja(g); —veamos si viene Elías, salvándole». Pero Jesús, de nuevo clamando con voz grande(h), entregó el espíritu. Y he aquí que el velo(i) del templo se rasgó, de alto a bajo, en dos; y la tierra tembló; y las peñas se rasgaron; y las tumbas abriéronse, y muchos cuerpos de los dormidos(j) santos(k) resucitaron, y saliendo(l) de las tumbas, después de la resurrección de él, entraron en la santa ciudad y aparecieron a muchos. Y el centurión y los que con él guardaban a Jesús, viendo el terremoto(m) y lo acontecido, temieron muy mucho, diciendo: «Verdaderamente, Hijo de Dios era éste». Y había allí mujeres muchas, a lo lejos, mirando; las que habían seguido a Jesús, desde la Galilea, sirviéndole; entre las cuales estaba María, la Magdalena, y María, la de Santiago y José madre, y la madre de los hijos del Zebedeo. Y atardeciendo, vino un hombre rico, de Arimatea, por nombre José; que también era discípulo de Jesús; éste, llegando a Pilato; pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó entregarlo. Y tomando el cuerpo José, envolviólo en sábana límpida(n), y le puso en su nueva sepultura, que había labrado en la peña, y rodando una piedra grande a la puerta de la sepultura, se fue. Y estaba allí María, la Magdalena y la otra María(o), sentadas enfrente del sepulcro. Y al otro día, el que es después de la parasceve(p), juntáronse los sumos sacerdotes y los fariseos cerca de Pilatos, diciendo: «Señor, hemos recordado que aquel el impostor dijo, viviendo aún: «Después de tres días, resucito». Manda, pues, se asegure la tumba hasta el tercer día, no sea que, viniendo los discípulos, lo hurten y digan al pueblo: «Resucitó de los muertos»; y será el último error peor que el primero». Díjoles Pilato: «Tenéis guardia; marchaos; aseguraos como sabéis(q)». Y ellos, yéndose aseguraron la tumba, sellando la piedra con la guardia. Resurrección Y en la tarde(a) del sábado, al amanecer del primer día de la semana, vino María, la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y he aquí un terremoto hubo grande; pues un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegándose, echó a rodar la piedra y sentóse sobre ella. Y era su aspecto como relámpago y su vestidura alba como nieve. Y de temor de él estremeciéronse los guardas y quedaron como muertos, Mas, el ángel dijo a las mujeres: «No temáis vosotras; pues sé que a Jesús el crucificado buscáis. No está aquí; pues resucitó como dijo. Venid, ved el lugar donde yació. Y presto, yendo, decid a sus discípulos que resucitó de los muertos, y he aquí condúceos a la Galilea; allí le veréis. He aquí que os he dicho». Y retirándose al punto de la tumba, con temor y gozo grande, corrieron a anunciar a sus discípulos. Y he aquí Jesús encontrólas, diciendo: «Alegraos(b)», y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces díceles Jesús: «No temáis; id, anunciad a mis hermanos que se retiren a la Galilea, y allí me verán». Y, partiendo ellas, he aquí que algunos de la guardia, viniendo a la ciudad, anunciaron a los sumos sacerdotes todo lo acontecido. Y, juntándose con los ancianos y consultándose, dieron dinero bastante a los soldados, diciendo: «Decid que sus discípulos, de noche viniendo, le hurtaron, durmiendo nosotros». Y, si fuere oído esto por el presidente, nosotros persuadiremos, y os tendremos sin cuidado». Y ellos tomando el dinero, hicieron como se les había enseñado; y divulgóse esta palabra(c) entre los judíos, hasta el día de hoy. Mas, los once discípulos fuéronse a la Galilea, al monte donde les había ordenado Jesús, Y, viendo, le adoraron; algunos empero dudaron(d). Y, llegándose Jesús, hablóles, diciendo: «Dada me ha sido toda potestad en el cielo y sobre la tierra. Partiendo pues, enseñad a todas las gentes, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Santo Espíritu, enseñándoles a guardar todo cuanto he mandado a vosotros. Y he aquí que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo»(e). Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Según está escrito en Isaías, el profeta:«He aquí envío mi ángel ante tu faz,que aderezará tu camino; voz de clamante en el desierto:«Preparad el camino del Señor;rectas hace sus sendas»; estaba Juan, el bautizante, en el desierto, predicando bautismo de penitencia en remisión de pecados. Y salía a él toda la Judea región y los jerosolimitanos todos, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y estaba Juan vestido de pelos de camello y ceñidor de cuero en torno de su cintura, y comiendo langostas y miel(a) silvestre. Y predicaba, diciendo: «Viene el más poderoso que yo en pos, de quien no soy digno de desatar, postrándome, la correa de sus zapatos. Yo os he bautizado con agua; él, empero, os bautizará con Espíritu Santo.» Y aconteció, en aquellos días, que vino Jesús desde Nazaret a la Galilea, y fue bautizado en el Jordán por Juan. Y presto, saliendo del agua, vio henderse los cielos y el Espíritu como paloma descendiendo sobre él. Y voz hubo de los cielos: «Tú eres el hijo mío, el amado; en ti me he complacido». Y presto el Espíritu le lanza(b) al desierto. Y estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás, y estaba con las fieras, y los ángeles le servían. Y, después de ser entregado(c) Juan, vino Jesús a la Galilea, predicando el evangelio de Dios, y diciendo: que «cumplido está el tiempo y cerca el reino de Dios: arrepentíos y creed en el Evangelio». Y pasando junto al mar de la Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, redando en el mar; pues eran pescadores. Y díjoles Jesús: «Venid en pos de mí, y haréos ser pescadores de hombres». Y al punto, dejando las redes, le siguieron. Y, caminando un poco, vio a Santiago, al del Zebedeo, y a Juan, su hermano, a ellos también en la barca aderezando las redes; y presto les llamó. Y, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, fuéronse en pos de él. Y llegaron a Cafarnaúm; y al punto el sábado, entrando en la sinagoga, enseñaba; y asombráronse de su enseñanza, porque estábales enseñando, como potestad teniendo, y no como los escribas. Y luego estaba en la sinagoga de ellos un hombre en(d) espíritu inmundo(e), y vociferó, diciendo: «¿Qué a nosotros y a ti, Jesús Nazareno? ¡Has venido a perdernos! Conózcote quién eres: el Santo de Dios». E impúsole Jesús, diciendo: «Enmudece, y sal de él». Y descoyuntándole el espíritu, el inmundo, y gritando con voz grande, salió de él. Y espantáronse todos ellos, a punto de preguntarse entre sí, diciendo: «¿Qué es esto? ¡Doctrina nueva! Con poder a los mismos espíritus los inmundos manda, y obedécenle». Y salió su oída luego a doquiera, a toda la región al través de la Galilea. Y luego de la sinagoga yéndose, fue a la casa de Simón y Andrés, con Santiago y Juan. Y la suegra de Simón postrada estaba de fiebre; y luego dijéronle de ella. Y, llegándose, la levantó tomando de la mano, y la ha dejado(f) la fiebre; y servíales. Y, atardeciendo, cuando se puso el sol, traían a él todos los que mal estaban y los endemoniados; y estaba toda la ciudad agolpada a la puerta. Y sanó a muchos(g) que mal estaban de diversas enfermedades; y demonios muchos lanzó; y no dejaba los demonios hablar; pues sabían que él el Cristo era. Y, al alba, muy de noche, levantándose, fuése y retiróse a lugar desierto, y allí oraba. Y le siguió Simón y los con él. Y halláronle, y dícenle: que «todos te buscan» y díceles: «Vamos a otra parte, a las cercanas villas, para también allí yo predicar; pues a esto he salido(h)». Y vino predicando a las sinagogas de ellos, a toda la Galilea, y los demonios lanzando. Y viene a él un leproso, rogándole y arrodillándose, diciéndole: que «si quieres, puedes limpiarme». Y, compadecido, extendiendo la mano, lo tocó, y dícele: «Quiero: sé limpio». Y luego, en diciendo él, se fue de él la lepra y fue limpio(i). Y, conminándole, luego lanzóle(j), y dícele: «Mira: a nadie nada digas; mas, ve y muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que ordenó Moisés en testimonio a ellos».(k) Pero él, saliendo, empezó a encomiar grandemente y a divulgar la palabra(l), de suerte que no pudo(m) ya manifiestamente en la ciudad entrar; sino fuera, en desiertos lugares(n); y venían a él de dondequiera. Oposición primera a Jesús Y, entrando de nuevo en Cafarnaúm, días después, se oyó que está en casa; y juntáronse muchos, que ya no cabían ni delante de la puerta, y hablábales la palabra. Y vienen trayendo a él un paralítico alzado por cuatro. Y, no pudiéndole traer hasta él, a causa de la turba, destejaron el techo donde estaba, y perforando, descolgaron la camilla en que el paralítico yacía. Y, viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, perdonados te están los pecados». Y estaban algunos de los escribas allí sentados y considerando en sus corazones: «¿Qué? ¿éste de este modo habla? Blasflema; ¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?» Y luego, conociendo Jesús en su espíritu que así consideraban dentro de sí, díceles: «¿Qué? ¿esto consideráis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir al paralítico: «Perdonados te están tus pecados»; o decir: «Levántate y coge tu camilla, y paséate?» Pero para que sepáis que poder tiene el Hijo del hombre de perdonar pecados sobre la tierra; —(dice al paralítico):— «Te digo, levanta, alza tu camilla y vete a tu casa». Y levantóse y luego alzando la camilla, salióse delante de todos; que se extasiaron todos y glorificaron a Dios, diciendo que «así jamás hemos visto». Y, salió de nuevo junto a la mar y toda la turba venía a él, y enseñábalos. Y, pasando, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el telonio, y dícele: «Sígueme». Y, levantándose, siguióle. Y acontece que, recostándose(a) él en la casa de él, también muchos publicanos(b) y pecadores se recostaron junto con Jesús y sus discípulos; pues eran muchos(c) y le seguían. Y los escribas de los fariseos, viendo que come con los pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: que «¿con los publicanos y los pecadores come?» Y, oyendo Jesús, díceles: que «no necesidad tienen los fuertes de médico, sino los que mal están. No he venido a llamar justos, sino pecadores». Y estaban los discípulos de Juan y los fariseos ayunando. Y vienen y dícenle: «¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no ayunan?» Y díjoles Jesús: «¿Acaso pueden los hijos del tálamo, mientras el Esposo está con ellos, ayunar? Cuanto tiempo tuvieren consigo al Esposo, no pueden ayunar; mas, vendrán días, cuando les será quitado el Esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie remiendo de paño no abatanado(d) zurce en vestido viejo; que, si no, tira la plenitud(e) la nueva de lo viejo, y peor rotura se hace. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; que, si no, romperá el vino los odres, y el vino se pierde y los odres. (Empero ¡vino nuevo en odres nuevos!)». Y aconteció que en el sábado fue pasando por los sembrados, y sus discípulos empezaron a caminar arrancando las espigas. Y los fariseos le decían: «Mira qué hacen en el sábado: lo que no es lícito». Y les decía: «¿Jamás habéis leído qué hizo David, cuando necesidad tuvo y hambreó él y los con él? ¿Cómo entró en la casa de Dios, bajo Abiatar, sumo sacerdote, y los panes de la proposición comió, que no es lícito comer sino a los sacerdotes, y dio también a los que con él estaban?» Y decíales: «El sábado por el hombre ha sido hecho, y no el hombre por el sábado. Así que señor es el Hijo del hombre también del sábado.» Y entró de nuevo en la sinagoga, y estaba allí un hombre resecada teniendo la mano; y acechábanle si en el sábado le curaría, para acusarle. Y dice al hombre, al que la mano tenía seca: «Levántate al medio». Y díceles: «¿Es lícito los sábados bien hacer o mal hacer; alma salvar o matar?» Pero ellos callaban. Y, mirándoles alrededor con indignación, condoliéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Y extendió y restituida fue su mano. y saliendo los fariseos luego con los herodianos, consultábanse para perderle. Y Jesús con sus discípulos retiróse al mar y mucha turba de la Galilea siguió, y de la Judea, y de Jerusalén y de la Idumea y de allende el Jordán; y alrededor(a) de Tiro y Sidón turba mucha, oyendo cuanto hace, vinieron a él. Y dijo a sus discípulos que barca le aprestaran, por la turba, para que no le estrechasen; pues a muchos sanó, de modo que cayeron sobre él, para tocarle, cuantos tenían plagas. Y los espíritus los inmundos, viéndole, postrábanse ante él y clamaban, diciendo: que «tú eres el Hijo de Dios». Y muchísimo intimábales que no le diesen a conocer. Y sube al monte y llama a sí los que quiso él, y volvieron a él. E hizo(b), doce para que estén con él y les envíe a predicar. y tener potestad de lanzar los demonios. E impuso nombre a Simón: Pedro, y a Santiago, el del Zebedeo, y a Juan, el hermano de Santiago(c), —y les impuso nombres: Boanerges(d); esto es: «hijos del trueno»—; y a Andrés, y Felipe, y Bartolomé, y Mateo, y Tomás, y Santiago, el de Alfeo, y Tadeo, y Simón, el cananeo(e); y Judas Iscariote(f); que también(g) le entregó.Y va a la casa, y vase de nuevo juntando la turba, de no poder ellos ni pan comer. Y, oyendo los de cerca de él, salieron a sujetarle(h); pues decían: que «está fuera de sí». Y los escribas, los de Jerusalén descendidos, decían: que «a Beelzebub tiene»; y que, «en el príncipe de los demonios lanza los demonios». Y llamándoles a sí, en parábolas hablóles: «¿Cómo puede satanás a satanás lanzar? Y, si un reino contra sí mismo se dividiere; no podrá afianzarse aquel reino. Y, si una casa contra sí misma se dividiere, no podrá aquella casa permanecer. Y si Satanás se alzare contra sí mismo y se dividiere, no puede permanecer, sino que fin tiene. Empero, no puede nadie, en la casa del fuerte entrando, sus enseres saquear, si primero al fuerte no atare; y entonces su casa saqueará. En verdad dígoos que todo se perdonará a los hijos de los hombres: los pecados y las blasfemias, cuanto blasfemaren; pero el que blasfemare contra el Espíritu, el santo, no tiene perdón en tiempo alguno, sino que reo es de eterno pecado(i)». Porque decían: «Espíritu inmundo tiene». Y vienen su madre y sus hermanos; y, fuera parados, enviaron a él, llamándole. Y estaba sentada alrededor de él la turba, y dícenle: «He aquí, tu madre y tus hermanos y tus hermanas, fuera, búscante». Y, respondiendo, les dice: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?» (3:33) Y, mirando en contorno a los en torno de él en círculo sentados, dice: «He aquí mi madre y mis hermanos. (3:33) Quien hiciere la voluntad de Dios, éste, mi hermano, y hermana y madre es». Parábolas. Tempestad. Y de nuevo comenzó a enseñar cerca del mar; y júntase a él turba muchísima, tanto, que, entrando él en la barca, se sienta en el mar; y toda la turba junto al mar sobre la tierra estaban. Y enseñábales, en parábolas, muchas cosas, y decíales en su enseñanza: «Oíd. He aquí salió el sembrador a sembrar. Y aconteció, en el sembrar, lo uno cayó junto al camino y vinieron los volátiles y devoráronlo. Y lo otro cayó en lo pedregoso y donde no tenía tierra mucha, y luego brotó, por no tener hondura de tierra; y cuando salió el sol, quemóse y, por no tener raíz, se secó. Y lo otro cayó entre espinas y subieron las espinas y lo ahogaron del todo y fruto no dio. Y lo otro cayó en la tierra la hermosa, y daba fruto subiendo y creciendo, y llevaba a treinta, y a sesenta y a ciento». Y él decía: «Quién tiene orejas para oir, oiga». Y, cuando estaba a solas, preguntábanles los en torno de él con los doce las parábolas. Y decíales: «A vosotros el misterio es dado del Reino de Dios; a aquéllos, empero, los de fuera, en parábolas todo se hace para que, mirando, miren, y no vean;y oyendo, oigan, y no entiendan;no sea que se conviertan y se les perdone.» Y díceles: «¿No sabéis esta parábola? y ¿cómo todas las parábolas conoceréis? El que siembra, la palabra siembra. Y éstos son los de junto al camino donde es sembrada la palabra: los que, cuando la oyeren, luego viene Satanás y quita la palabra la sembrada en ellos. Y éstos son lo mismo que los en lo pedregoso sembrados; los que, cuando oyeren la palabra, luego con gozo la toman; y no tienen raíz en sí mismos, sino temporáneos son; después, viniendo tribulación o persecución por la palabra, luego se escandalizan. Y otros son los entre las espinas sembrados; éstos son los que la palabra han oído; y los cuidados del siglo y el engaño de la riqueza, y las acerca de las demás cosas codicias, entrando, ahogan del todo la palabra, e infructuosa se hace. Y aquéllos son los sobre la tierra, la hermosa, sembrados: los que oyen la palabra, y la reciben y fructifican a treinta y sesenta y(a) ciento.» Y decíales que: «¿por ventura viene la candela para ser bajo el celemín puesta o bajo la cama, no para ser sobre el candelero puesta? pues nada hay oculto sino para que se manifieste; ni se ha hecho escondido, sino para que venga a lo público. Si alguno tiene orejas para oír, oiga.» Y decíales: «Mirad qué oís. En la medida que medís, mediráseos y añadiráseos: pues el que tiene —se le dará; y el que no tiene, aún lo que tiene— se le quitará.» Y decía: «Así es el reino de Dios como un hombre ha arrojado la simiente sobre la tierra; y ha dormido y levantádose noche y día, y la simiente germina y dilátase, como(b) no sabe él. Automática la tierra fructifica, primero, hierba; luego, espiga; luego, ¡lleno trigo(c) en la espiga! Y, cuando se ha presentado el fruto, al punto mete(d) la hoz, pues ha llegado la siega.» Y decía: «¿Cómo(e) compararemos el Reino de Dios? o ¿en qué parábola lo pondremos? Como(f) a un grano de mostaza, el que, cuando se ha sembrado sobre la tierra, siendo la más pequeña de todas las semillas de las sobre la tierra; y cuando se ha sembrado, sube y se hace mayor que todas las hortalizas y cría ramas grandes, hasta poder bajo su sombra los volátiles del cielo habitar.» Y con tales parábolas muchas hablábales la palabra, así como podían oír(g); y sin parábolas no les hablaba; pero en particular a sus particulares(h) discípulos explicaba todo. Y díceles en aquel día al atardecer: «Atravesemos allende». Y dejando ellos la turba, le tomaron, como estaba(i) en la barca, y otras barcas estaban con ella. Y viene un torbellino grande de viento, y las olas despeñábanse en la barca, que ya se llevaba la barca. Y él estaba en la popa sobre la almohada durmiendo. Y despiértanle y dícenle: «Maestro, ¿nada se te da que perezcamos?» Y, levantándose, amenazó al viento y dijo al mar: «Calla, enmudece». Y calmó el viento y fue bonanza grande. Y díjoles: «¿Qué? ¿medrosos estáis así? ¿Cómo no tenéis fe?» Y atemorizáronse con temor grande, y decían unos a otros: «¿Quién, pues, éste es que así el viento como el mar obedécenle?» Curaciones Y vinieron hasta allende el mar, a la región de los gerasenos. Y, saliendo él de la barca, al punto encontróse con él, desde los monumentos un hombre en espíritu inmundo; el cual la morada tenía en las tumbas; y ni con cadenas ya nadie podía atarle; por haber sido muchas veces con grillos y cadenas atado, y rotas por él las cadenas y los grillos desmenuzados, y nadie podíale domar; y durante toda la noche y día en las tumbas y en los montes estaba gritando y despedazándose con piedras. Y, viendo a Jesús de lejos, corrió y adoróle; y gritando con voz grande, dice: «¿Qué a mí y a ti, Jesús, Hijo de Dios, del Altísimo? conjúrote por Dios que no me atormentes(a)». Pues decíale(b): «Sal el espíritu, el inmundo, del hombre». Y, preguntóle: «¿Qué nombre el tuyo?» Y dícele: «Legión mi nombre es que muchos somos». Y rogábale muchísimo que no les enviase fuera de la región. Y estaba allí cerca del monte una piara de puercos grande paciendo; y rogáronle diciendo: «Mándanos a los puercos, porque entremos en ellos». Y permitióles; y saliendo los espíritus, los inmundos, entraron en los puercos; y precipitóse la piara de la escarpa abajo, al mar como dos mil, y ahogáronse en el mar. Y los que los apacentaban, huyeron, y lo anunciaron a la ciudad y a los campos; y vinieron a ver qué es lo acontecido. Y vienen a Jesús y ven al endemoniado sentado, vestido y cuerdo, al que ha tenido la Legión, y atemorizáronse. Y contáronles los que habían visto: cómo le fue al endemoniado y lo de los puercos. Y comenzaron a rogarle que saliese de los confines de ellos. Y, entrando él en la barca, rogábale el que estuvo endemoniado para estar con él. Y no le dejó, sino dícele: «Ve a tu casa, a los tuyos, y anúnciales cuánto el Señor te ha hecho y apiadádose de ti». Y retiróse y empezó a publicar en la Decápolis cuánto le hizo Jesús; y todos maravillábanse. Y atravesando Jesús en la barca de nuevo hasta allende, juntóse turba mucha a él; y estaba él junto al mar. Y viene uno de los arquisinagogos, por nombre Jairo, y viéndole cae a sus pies; y rogábale muchísimo, diciendo: que «mi hijita está en los últimos; para que, viniendo, pongas tus manos sobre ella, para que salve y viva». Y se fue con él, y seguíale turba mucha, y estrechábanle. Y una mujer que estaba en flujo de sangre doce años y, mucho había padecido de muchos médicos y gastado lo junto a ella(c) todo, y nada adelantado, sino más bien a peor venido; habiendo oído lo acerca de Jesús, viniendo en la turba, por detrás tocó su vestido. Pues decía: que «si tocare yo no más que sus vestidos, salvaré». Y al punto secóse la fuente de su sangre y conoció en el cuerpo que está sana de la plaga. Y luego Jesús, conociendo, en sí mismo la de él virtud salida, volviéndose en la turba, decía: «¿Quién ha tocado mis vestidos?» Y decíanles sus discípulos: «Miras la turba estrechándote, y dices: «¿Quién me ha tocado?» Y miraba en su torno a ver la que esto había hecho. Y la mujer, medrosa y temblorosa, sabiendo lo que la había pasado, vino y cayó ante él y díjole toda la verdad. Y él díjola: «Hija, tu fe te ha salvado, ve a paz(d), sé sana(e) de tu plaga». Aún hablando él, vienen del arquisinagogo, diciendo: que «tu hija ha muerto: «¿qué ya mortificas al Maestro?» Pero Jesús, desoyendo la palabra, la hablada, dice al arquisinagogo: «No temas, sólo cree». Y no dejó a nadie consigo a par seguir, sino a Pedro y Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Y vienen a la casa del arquisinagogo; y ve el tumulto y a los que plañían y ululaban muchísimo; Y entrando, díceles: «¿Qué tumultuáis y plañís? La niñita no ha muerto, sino dormídose». Y reíanse de él. él, empero, lanzando fuera a todos, toma consigo al padre de la niñita y la madre y los con él, y entra en donde estaba la niñita. Y cogiendo la mano de la niñita, dícela: Talithá kum; lo que es interpretado: ¡La doncellita! —te digo(f)— despierta. Y al punto levantóse la doncellita, y paseábase; pues era de doce años(g). Y extasiáronse al punto con éxtasis grande. Y encargóles muchísimo que nadie supiese esto, y dijo se la diera de comer. Peregrinaciones de Cristo Jesús en Nazaret Y salió de allí, y va a su patria y síguenle sus discípulos. Y llegado el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga. Y los más, oyendo, pasmábanse, diciendo: «¿De dónde a éste esto?» ¿Y qué la sabiduría la dada a él, y tales virtudes que por sus manos se hacen? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, y José, y Judas y Simón? Y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros?» Y escandalizábanse en él. Y decíales Jesús: «que no hay profeta deshonrado, sino en su patria, y en sus parientes y en su casa». Y no podía allí hacer ninguna virtud(a); sino que a unos pocos enfermos, imponiendo las manos, sanó. Y admiróse de la incredulidad de ellos.Y recorría las aldeas en contorno, enseñando. Y llama a sí los doce y empezó a enviarles dos dos,(b) y dábales potestad de(c) los espíritus, los inmundos; y mandóles que nada cogiesen(d) para el camino, sino báculo sólo, ni pan, ni alforja, ni para el cinturón, metal(e); mas, calzados ir de sandalias(f), y no vestir dos túnicas. Y decíales: «Dondequiera que entréis en una casa, allí permaneced, hasta que salgáis de allá(g). Y el lugar que no os recibiere ni os escucharen, —saliendo de allá, sacudid el polvo el debajo de vuestros pies en testimonio a ellos». Y, saliendo, predicaron, que se arrepintiesen; y demonios muchos lanzaban y ungían con óleo a muchos enfermos y(h) sanaban. Y oyó el rey Herodes (pues notorio hízose su nombre y decían: que Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por esto obran(i) las virtudes en él(j); y otros decían: que «Elías es»; y otros decían: que «profeta, como uno de los profetas». Y, oyendo Herodes, decía: «Al que ya decapité: Juan, éste ha resucitado». Pues el mismo Herodes, enviando, prendió a Juan y atóle en prisión por Herodías, la mujer de Felipe, su hermano, por haberse casado con ella; pues decía Juan a Herodes: que «no te es lícito tener la mujer de tu hermano». Mas, Herodías clavada estaba en él y le quería matar; y no podía; que Herodes temía a Juan, sabiéndole hombre justo y santo; y guardábale(k), y, oyéndole, vacilaba(l) en muchas cosas, y gustoso le oía. Y, venido un día oportuno(m), cuando Herodes en sus natalicios(n) un festín hizo a sus magnates y los tribunos(o) y los primeros de la Galilea; y(p), entrando la hija de la misma Herodías y danzando agradó a Herodes y los comensales. Y el rey dijo a la doncellita: «Pídeme lo que quisieres, y daréte». Y juróle: «Cuanto me pidieres, daréte —hasta la mitad de mi reino». Y, saliendo ella, dijo a su madre: «¿Qué pediré?» Y ella dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Y, entrando ella luego, de prisa, al rey, pidió diciendo: «Quiero que al punto me des en escudilla la cabeza de Juan el Bautista». Y triste en torno(q) poniéndose el rey, por los juramentos y los comensales, no quiso rechazarla. Y luego, enviando el rey un guarda, mandó traer su cabeza. Y, yéndose, decapitóle en la prisión, y trajo su cabeza sobre una escudilla y dióla a la doncellita: y la doncellita dióla a su madre Y, oyendo sus discípulos, vinieron y alzaron su cadáver, y pusiéronlo en una tumba. Y júntanse los apóstoles a Jesús y anunciáronle todo cuanto hicieron y cuanto enseñaron. Y díceles: «Venid vosotros mismos(r) aparte a lugar desierto y reposad un poco». Pues eran los yentes y vinientes muchos, y ni a comer se desocupaban. Y retiráronse en la barca a desierto lugar aparte. Y viéronles yendo, y conocieron muchos, y a pie de todas las ciudades concurrieron y adelantáronseles. Y, saliendo, vio mucha turba, y lastimóse de ellos, pues eran como ovejas sin tener pastor(s), y empezó a enseñarles muchas cosas. Y, ya hora mucha(t) venida, llegándose a él sus discípulos, decían: que «desierto es el lugar, y ya hora mucha: despídeles, porque, retirándose a los circunvecinos campos y aldeas, se compren qué comer». ¿Y él díceles: «Dadles vosotros de comer». Y dícenle: «¿Yendo compraremos, por denarios doscientos, panes y les daremos de comer? Y él díceles: «¿Cuántos tenéis panes? Id, ved.» «Y, saliendo, dicen: «cinco y dos peces». Y ordenóles que se recostaran todos —comensalías comensalías(u)— en el verde césped. Y asentáronse —cuadros cuadros— de a ciento y de a cincuenta. Y, tomando los cinco panes y los dos peces, mirando hacia el cielo, bendijo, y fue partiendo los panes, y daba a los discípulos, para que les sirviesen, y los dos peces partió a todos. Y comieron todos y hartáronse, y alzaron los pedazos —de doce cestas llenuras y de los peces. Y eran los que comieron los panes: cinco mil varones. Y luego obligó a sus discípulos a entrar en la barca y adelantarse allende, a Betsaida; mientras él despedía la turba. Y separándose de ellos(v), retiróse al monte a orar. Y atardeciendo, estaba la barca en medio del mar, y él sólo en la tierra. Y, viéndoles atormentados en el remar (pues era el viento contrario a ellos), cerca de la cuarta vigilia de la noche viene a ellos paseando sobre la mar. Y quería dejarles atrás: y ellos, viéndole pasear sobre la mar, creyeron que fantasma era, y rompieron a gritar, pues todos le vieron y espantáronse. Pero él llegó, habló con ellos, y díceles: «Animaos, yo soy, no temáis». Y subió a ellos en la barca, y calmó el viento. Y muy por demás en sí mismos arrobáronse. Pues no entendieron de los panes(w), sino que su corazón empedernido estaba. Y, transfretando hasta la tierra, vinieron a Genesaret, y aportaron. Y saliendo ellos de la barca, luego conociéndole, recorrieron(x) toda aquella región y principiaron, en camillas, los que mal estaban a llevar en torno, donde oían que está. Y, doquiera entraba en aldeas o ciudades o campos, en las plazas ponían los enfermos, y rogábanle tocar ellos siquiera la fimbria de su vestido, y cuantos le tocaban, salvaban. Redarguye a los fariseos, y cura. Lo que mancha Y júntanse a él los fariseos y algunos de los escribas, viniendo de Jerusalén. Y viendo a algunos de sus discípulos que con comunes manos, esto es: no lavadas, comen los panes, pues los fariseos y todos los judíos, si, con el puño(a) no se lavan las manos, no comen, conservando la tradición de los ancianos; y, del ágora(b), si no se rociaren, no comen; y otras muchas cosas hay que recibieron para observar: lavados de copas, y ánforas, y bronces(c); y preguntáronle los fariseos y los escribas: «¿Por qué no andan tus discípulos según la tradición de los ancianos, sino que, con comunes manos comen el pan?» Y él díjoles: «Bellamente profetizó Isaías de vosotros, los hipócritas, como escrito está queeste pueblo con los labios me honra;pero su corazón lejos distánciase de mí; mas en vano me reverencian,enseñando enseñanzas: mandatos de hombres. Dejando el mandamiento de Dios, conserváis la tradición de los hombres; lavados de ánforas y copas; y otras cosas, semejantes a éstas, muchas hacéis. Bellamente anuláis el mandamiento de Dios, para vuestra tradición guardar. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: Quien maldijere padre o madre, de muerte perezca; (Dt. 5,16; Ex. 20, 12; 21,17) vosotros, empero, decís: Si dijere un hombre al padre o a la madre «¡Corbán (lo que es»: ¡Don!)—el que de mí, te aprovechará(d); y no le dejáis ya hacer nada al padre o a la madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que tradicionasteis; y cosas, semejantes a éstas, muchas hacéis». Y, llamando a sí de nuevo a la turba, díceles: «Oídme, todos, y entended. Nada hay de fuera del hombre, entrando en él, que pueda comunicarle,(e) pero lo que del hombre sale, es lo que comunica al hombre. Si alguno tuviere orejas para oír, oiga.» Y, cuando entró en casa, de la turba, preguntáronle los discípulos la parábola. Y díceles: «¿Así(f) también vosotros insipientes estáis? ¿No entendéis que todo lo de fuera entrando en el hombre no puede comunicarle. pues no entra en su corazón, sino en el vientre, y a la secreta sale, purgando todas las viandas?» Y decía que «lo que del hombre sale, aquello comunica al hombre. Pues de dentro del corazón de los hombres los pensamientos, los malos, salen, ramerías, hurtos, homicidios, adulterios, codicias, maldades, fraude, desenfreno, ojo maligno, blasfemia, soberbia, insipiencia(g); todo esto, lo malo, sale y comunica al hombre.» Y de allí levantándose, retiróse a los confines de Tiro y Sidón. Y, entrando en casa, nadie quiso conociera(h); y no pudo quedar oculto; sino que luego, oyendo una mujer acerca de él; cuya hijita de ella(i) tenía espíritu inmundo, viniendo, cayó ante sus pies; y la mujer era griega, sirofenisa del linaje, y rogábale que al demonio lanzase de su hija. Y decíale él: «Deja primero hartarse los hijos; que no es bello tomar el pan de los hijos y a los perrillos lanzar». Y ella repuso y dícele: «Sí, Señor; —también los perrillos por debajo de la mesa comen de las migajas de los niñitos». Y díjole: «Por esta tu palabra anda: ha salido de tu hija el demonio». Y, yéndose a su casa ella, encontró a la niñita echada sobre la cama, y al demonio del todo salido. Y de nuevo saliendo de los confines de Tiro fue, a través de Sidón, al mar de la Galilea, por en medio de los confines de Decápolis(j). Y tráenle un sordo y mal hablante(k); e invócanle que le imponga la mano. Y, tomándole de la turba aparte, metió sus dedos en las orejas de él; y, ensalivando(l) tocó su lengua; y, mirando al cielo, gimió, y dícele: «¡Effatá!» esto es: «¡Abrete!». Y abriéronse sus oídos, y soltóse la atadura de su lengua, y hablaba rectamente. Y ordenóles que a nadie digan; pero, cuanto más les ordenaba, ellos más sobremanera publicaban. Y sobremanera(m) arrobábanse, diciendo: «Bellamente todo ha hecho; así como(n) a los sordos hace oír y a los mudos hablar». Milagros. La cruz En aquellos días, otra vez, habiendo mucha turba, y no teniendo ellos qué comer, llamando a sí sus discípulos, díceles: «Lastímome de la turba, pues ya días tres permanecen aquí, y no tienen qué comer. Y, si les despidiere ayunos a su casa, desfallecerán en el camino; y algunos de ellos de lejos son». Y respondiéronle sus discípulos: que «¿de dónde a éstos podrá alguien aquí hartar de panes en el páramo?» Y preguntóles: «¿Cuántos tenéis —panes?» Y ellos dijeron: «Siete». Y significó a la turba echarse sobre la tierra: y tomando los siete panes, agradeciendo(a) partió, y daba a sus discípulos para servir, y sirvieron a la turba. Y tenían pececillos pocos; y, bendiciéndolos, dijo también éstos servir. Y comieron y hartáronse, y alzaron las sobras de los pedazos(b); siete espuertas. Y eran como cuatro mil. Y despidióles. Y luego, entrando él en la barca, con sus discípulos vino a las puertas de Dalmanutá. Y volvieron los fariseos y principiaron a inquirirle(c), requiriendo de él una señal(d) del cielo; tentándole. Y suspirando en su espíritu, dice: «¡Qué! la generación ésta ¿pide señal? En verdad digo: si se dará a aquesta generación señal(e)...» Y, dejándoles, de nuevo entrando,(f) retiróse allende. Y olvidáronse de tomar panes, y no más que un pan tenían(g) consigo en la barca. Y encargóles, diciendo: «Mirad, guardaos de la levadura(h) de los fariseos y la levadura de Herodes.» Y consideraban entre sí, porque panes no tienen. Y conociendo, díceles: «¿Qué?, consideráis que panes no tenéis?» ¿Aún no entendéis ni advertís? ¿Ofuscado tenéis vuestro, corazón? Ojos teniendo, ¿no véis?, y orejas teniendo, ¿no oís? Y ¿no recordáis, cuando los cinco panes partí a los cinco mil? ¿cuántos cofines de pedazos llenos alzasteis?» Dícenle: «Doce». «Y, cuando los siete a los cuatro mil, ¿de cuántas espuertas llenuras de pedazos, alzasteis?» Y dícenle: «Siete». Y díceles: «¡Cómo! ¿todavía no advertís?» Y vienen a Betsaida. Y tráenle un ciego, e invócanle que le toque. Y, cogiendo la mano del ciego, sacóle fuera de la aldea, y ensalivando(i) sus ojos, imponiéndole las manos, preguntóle si algo ve. Y, mirando, arriba, decía: «Veo los hombres, que, como árboles, los miro pasear». Luego de nuevo puso las manos en sus ojos, y miró recto, y restituido fue; y miraba fijo(j), a lo lejos esplendorosamente todo del todo. Y envióle a su casa, diciendo: «Ni en la aldea entres, ni digas a alguno en la aldea». Y salió Jesús y sus discípulos a las aldeas de Cesarea, la de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: «¿Quién yo dicen los hombres que soy?» Y ellos habláronle, diciendo: que «Juan el bautista», y otros que «Elías»; y otros: que «uno de los profetas». Y él preguntóles: «Vosotros, empero, ¿yo quien decís que soy?» Y, respondiendo Pedro, dícele: «Tú eres el Cristo». E impúsoles que a nadie digan acerca de él. Y empezó a enseñarles que es menester que el Hijo del hombre muchas cosas padezca y desechado sea por los ancianos, y los sumos sacerdotes y los escribas, y muerto, y después de tres días resucite; y con libre habla(k) la palabra hablaba. Y tomándole aparte Pedro, empezó a imponerle. Y él, volviéndose y viendo a sus discípulos, impuso a Pedro, y dice: «Anda, detrás de mí, Satán; pues no piensas en lo de Dios, sino en lo de los hombres». Y, llamando a sí a la turba con sus discípulos, díceles. «Si alguno quiere en pos de mí venir, niéguese a sí mismo, y alce su cruz y sígame. Pues quien quisiere su alma salvar, perderála; y quien perdiere su alma por causa mía y del Evangelio, salvarála. Pues ¿qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero y dañar a su alma? Pues ¿qué dará un hombre en cambio de su alma? Pues, quien se avergonzare de mí y de mis palabras, en esta generación la adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando viniere en la gloria de su Padre con los ángeles los santos». (8:39) Y decíales: «En verdad os digo que hay algunos de los aquí parados, los que no gustarán(l), no, muerte hasta que vieren la realeza de Dios venida en poder.» (9:1) Enseñanzas Y, después de días seis, toma consigo aparte Jesús a Pedro, y a Santiago y Juan, y los lleva arriba a un monte alto aparte solos; y transfiguróse delante de ellos; (9:2) y sus vestidos tornáronse esplendentes, blancos sobremanera, (cual nieve); como batanero sobre la tierra no los puede así blanquear. (9:3) Y aparecióles Elías con Moisés; y estábanse conversando con Jesús. (9:4) Y, respondiendo Pedro, dice a Jesús: «‘Rabbí’(a), bello es que nosotros aquí estemos; y hagamos tres tiendas: a ti una, y a Moisés una, y a Elías una». (9:5) Pues no sabía qué respondía; pues espantados estaban. (9:6) Y hubo(b) una nube que les fue sombreando, y hubo una voz de entre la nube: «Este es el Hijo mío, el amado, oídle». (9:7) Y súbitamente, mirando alrededor, no ya a nadie vieron consigo, sino a Jesús sólo. (9:8) Y, bajando ellos del monte, encargóles que a nadie lo que vieron, contaran, sino cuando el Hijo del hombre de entre muertos resucitara. (9:9) Y la palabra retuvieron consigo, inquiriendo entre sí qué «es lo de entre muertos resucitar». (9:10) Y preguntábanle, diciendo: «¿Cómo, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero(c)(9:11) Y él díjoles: «Elías ciertamente viniendo primero reintegra todo; —y ¿cómo escrito está acerca del Hijo del hombre que muchas cosas padezca y anonadado sea(d)(9:12) Pero dígoos que así Elías(e) ha venido como le hicieron cuanto quisieron, según escrito está acerca de él». (9:13) Y, viniendo,(f) a los discípulos, vieron turba mucha en torno de ellos y escribas disputando contra ellos. (9:14) Y luego toda la turba, viéndole arrobáronse, y corriendo a él, le saludaron. (9:15) Y preguntóles: «¿Qué disputáis contra ellos?» (9:16) Y respondióle uno de la turba: «Maestro, he traído mi hijo a ti, que tiene espíritu mudo; (9:17) y doquier que de él se apodera, convulsiónale; —y espumarajea(g) y cruje los dientes;— y secándose está. Y dije a tus discípulos que le lanzasen , y no pudieron». (9:18) Y él respondiendo, les dice: «¡Oh generación increyente! ¿hasta cuándo con vosotros estaré? ¿hasta cuándo os sufriré? Traédmele». (9:19) Y trajéronsele. Y viéndole(h) el espíritu, luego le fue retorciendo(i), y cayendo sobre la tierra rodó espumarajeando. (9:20) Y preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo ha que esto aconteciéndole está?» Y él dijo: «Desde muy niño; (9:21) Y a menudo aún en fuego le ha arrojado y en aguas para perderle. Pero, si algo puedes, ayúdanos, lastimado de nosotros». (9:22) Y Jesús díjole: «¡Lo de: «Si puedes!»(j) Todo (es) posible al que cree». (9:23) Pronto exclamando el padre del niñito con lágrimas decía: «Creo; ayuda(k) mi incredulidad». (9:24) Y viendo Jesús que corriendo se aglomera turba, impuso al espíritu, al inmundo, diciendo: «¡El mudo y sordo espíritu, yo te mando: sal de él, y ya no entres en él!». (9:25) Y, exclamando y muchísimo convulsionando, salió; —y quedó cual si muerto, que muchos decían: que «ha muerto». (9:26) Pero Jesús, tomando su mano, levantóle, y se alzó. (9:27) Y, entrando él en casa, sus discípulos a solas preguntábanle: «¿Cómo, pues, nosotros no pudimos lanzarlo?» (9:28) Y díjoles: «Este linaje en nada puede salir, sino en oración y ayuno». (9:29) Y de allí saliendo, caminaba al través de la Galilea; y no quiso que alguno supiera; (9:30) pues enseñaba a sus discípulos y decía que el Hijo del hombre es entregado en manos de hombres, y mataránle y, muerto, después de tres días, resucitará. (9:31) Mas, ellos ignoraban la palabra, y temían interrogarle. (9:32) Y vinieron a Cafarnaúm. Y, a la casa llegado, preguntábales: «¿Qué en el camino tratabais?» (9:33) Y ellos callaban; pues entre sí habían conversado en el camino de quien (era) mayor. (9:34) Y, sentándose, voceó(l) a los doce, y díceles: «Si alguno quisiere primero ser, será de todos último y de todos servidor». (9:35) Y, tomando un niñito, púsole en medio de ellos, y abrazándolo, díjoles: (9:35) «Quien a uno de tales niñitos recibiere en mi nombre, a mí recibe; y quien a mí recibiere, no a mí recibe, sino al que ha enviado a mí». (9:36) Díjole Juan: «Maestro, vimos a uno en tu nombre lanzar demonios; y le estorbábamos, porque no seguía a nosotros». (9:37) Y Jesús dijo: «No le estorbéis; pues nadie hay que haga poder(m) en mi nombre y pueda luego maldecirme; (9:38) pues quien no es contra nosotros, por nosotros es(n). (9:39) Pues, quien de beber os diere cáliz de agua en nombre mío, porque de Cristo sois, en verdad os digo que no perderá, no, su galardón. (9:40) Y, quien escandalizare a uno de estos pequeños, los que creen en mí, bello es para él más bien, si yace muela asinaria(o) en torno de su cuello, y está lanzado él en la mar. (9:41) Y, si te escandalizare tu mano, córtala; bello es que manco entres en la vida que, las dos manos teniendo, te vayas a la Gehenna, al fuego, el inextinguible; (9:42) donde el gusano de ellos no acaba, y el fuego no se extingue. (9:43) Y, si tu pie te escandalizare, cortálo; bello es que entres en la vida cojo, que, los dos pies teniendo, arrojado seas en la Gehenna, al fuego, el inextinguible. (9:44) Donde el gusano de ellos no acaba y el fuego no se extingue. (9:45) Y, si tu ojo te escandalizare, lánzalo fuera; bello te es monóculo entrar en el Reino de Dios, que, dos ojos teniendo, ser arrojado en la Gehenna; (9:46) donde el gusano de ellos no acaba y el fuego no se extingue. (9:47) Pues cada uno(p) con fuego será salado; y cada víctima con sal será salada. (9:48) ¡Bella, la sal! mas, si la sal insulsa se hiciere ¿en qué la sazonaréis? Tened en vosotros sal(q), y pacificad entre vosotros». Enseñanzas Y, de allí levantándose, vase a los confines de la Judea y allende del Jordán; y júntanse de nuevo turbas a él; y, como solía, de nuevo enseñábales. Y, viniendo a él fariseos, preguntábanle si es lícito a hombre mujer repudiar, tentándole. Y él, respondiendo, díjoles: «¿Qué os ha ordenado Moisés?» Y ellos dijeron: «Concedió Moisés libelo de repudio escribir y repudiar». Y Jesús díjoles: «Por vuestro duro(a) corazón os escribió Moisés este mandamiento. Del principio, empero, de la creación, macho y hembra hízoles; por esto abandonará hombre a su padre y su madre; y serán los dos para en carne una; así que ya no son dos, sino una carne. Lo que Dios, pues, ha coyundado, hombre no lo separe». Y, a la casa(b), de nuevo los discípulos acerca de esto preguntábanle. Y díceles: «Quien repudiare a su mujer y se casare con otra, adultera contra ella; y si ella, repudiando a su marido, se casare con otro, adultera». Y trajéronle niñitos, para que los tocase; mas, los discípulos imponíanles. Y, viendo Jesús, indignóse, y díjoles: «Dejad a los niñitos venir a mí; no les estorbéis, porque de los tales es el Reino de Dios. En verdad dígoos: quien no recibiere el Reino de Dios como niñito, no entrará, no, en él». Y, abrazando, bendíceles mucho, poniendo las manos sobre ellos. Y, saliendo él al camino, corriendo a él uno y arrodillándosele, preguntóle: «Maestro bueno, ¿qué haré para la vida eterna heredar? Y Jesús díjole: «¿Qué me dices bueno? Nadie bueno sino uno: Dios. Los mandamientos sabes: «No matarás, no adulterarás; no hurtarás; no perjurarás; no dañarás; honra tu padre y tu madre». Y él díjole: «Maestro, esto todo he guardado desde mi juventud». Y Jesús, mirándole, amóle y díjole: «Una cosa te falta: vete: cuanto tienes, vende y da a mendigos, y tendrás tesoro en el cielo: y ¡acá! sígueme». Pero él, contrariándose por la palabra, se fue contristado; pues estaba poseyendo bienes muchos. Y, mirando en torno Jesús, dice a sus discípulos: «¡Cuán difícilmente los que las riquezas tienen, en el Reino de Dios entrarán!» Y los discípulos maravillábanse por sus palabras. Y Jesús, de nuevo respondiendo, díceles: «Hijos, cuán difícil es que quien están confiados en las riquezas, en el Reino de Dios entren. Más fácil es que un camello por el ojo de una aguja pase que un rico en el Reino de Dios entre». Y ellos sobremanera pasmábanse, diciéndose a sí mismos: «¿Y quién puede salvarse?» Contemplándoles Jesús, dice: «Ante los hombres ¡imposible!; pero no ante Dios; que ¡todo posible ante Dios!» Empezó a decir Pedro a él: «He aquí, nosotros hemos dejado todo y seguídote». Dijo Jesús. «En verdad dígoos: nadie hay que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos por mí y por el evangelio; si no(c) recibiere el céntuplo ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, e hijos y campos, con(d) persecuciones, y, en siglo venidero, vida eterna. Y muchos serán primeros, últimos; y los últimos, primeros.» Y estaban en el camino subiendo a Jerusalén, y estaba conduciéndoles(e) Jesús, y maravillábanse; y los que seguían, atemorizábanse. Y tomando aparte de nuevo a los doce, empezóles a decir lo que le había de acontecer. que «he aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre entregado será a los sumos sacerdotes y a los escribas, y condenaránle a muerte y entregaránle a las gentes. Y jugaránse con él, y escupiránle y azotaránle y matarán; y, después de tres días, resucitará». Y viénense acercando a él Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, diciéndole: «Maestro, queremos que, lo que pidiéremos, nos hagas». Y él díjoles: «¿Qué queréis yo os haga?» Y ellos dijéronle: «Danos que uno a tu derecha y uno a la izquierda nos sentemos en tu gloria». Y Jesús díjoles: «No sabéis qué pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o con el bautismo que yo me bautizo, bautizaros?» Y ellos dijéronle: «Podemos». Y Jesús díjoles: «El cáliz que yo bebo, beberéis; y con el bautismo que yo me bautizo, os bautizaréis; pero el sentarse a mi derecha o a la izquierda, no es mío dar, sino a los que prevenido está». Y oyendo los diez, comenzaron a indignarse de Santiago y Juan. Y llamándoles a sí Jesús, díceles: «Sabéis que los que parecen principar a las gentes, avasállanlas; y los grandes de ellos enseñoréanse de ellos. Mas no así es en vosotros, sino que, quien quisiere grande hacerse en vosotros, será de vosotros servidor, y, quien quisiere en vosotros ser primero, será de todos siervo. Pues también el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su alma redención por muchos». Y van a Jericó. Y partiendo él de Jericó, y sus discípulos y turba bastante, el hijo de Timeo: Bartimeo(f), ciego, mendigo, sentado estaba junto al camino. Y, oyendo que Jesús es, el Nazareno, empezó a gritar y decir: «¡Hijo de David, Jesús, apiádate de mí!» E intimábanle muchos que callara; pero él mucho más gritaba: «¡Hijo de David, apiádate de mí!» Y parándose Jesús, dijo: «Voceadle». Y vocean al ciego, diciéndole: «Confía; levanta; vocéate». Y él, arrojando lejos su manto, saltando alto, vino a Jesús. Y respondiéndole Jesús, dijo: «¿Qué te quieres haga?» Y el ciego díjole: «Rabbuní(g), que vea». Y Jesús díjole: «Vete; tu fe te ha salvado». Y luego vio, y seguíale en el camino. Jesús en Jerusalén Y, cuando se acercaron a Jerusalén, a Betfagé y Betania, hacia el monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos, y díceles: «Id a la aldea la de en frente de vosotros. Y luego, entrando en ella, hallaréis pollino atado, sobre el cual nadie todavía de hombres se ha sentado; soltadlo y traed. Y si alguno os dijere: «¿Qué hacéis esto?, decid: «El Señor de él necesidad tiene, y luego envíale de nuevo acá». Y fuéronse y hallaron pollino atado a la puerta fuera, a la calle, y suéltanle. Y algunos de los allí parados decíanles: «¿Qué hacéis, soltando el pollino?» Y ellos dijéronles según dijo Jesús; y dejáronles. Y traen el pollino a Jesús, y echan sobre él sus mantos; y sentóse sobre él. Y muchos sus mantos tendieron por el camino, y otros, frondas cortando de los campos; y los que precedían y los que seguían, clamaban: «¡Hosanna!»(a)bendito el que viene en nombre de Señor; bendita la que viene realeza de nuestro padre David;Hosanna en lo más excelso! Y entró en Jerusalén, en el santuario; y mirando en torno todo, tarde ya siendo la hora, salió a Betania con los doce. Y al otro día, saliendo ellos de Betania, hambreó; y viendo una higuera, de lejos, teniendo hojas, vino por si algo hallaba en ella; y, viniendo a ella, nada halló, sino hojas; pues el tiempo no era de higos(b). Y, respondiendo, díjola: «No más por el siglo(c) de ti nadie fruto coma». Y oyeron sus discípulos. Y viene a Jerusalén. Y: entrando en el santuario, comenzó a arrojar fuera los vendientes y los comprantes en el santuario, y las mesas de los cambistas y las sillas de los vendientes de las palomas volcó; y no dejaba que alguno llevase vaso(d) a través del santuario: y enseñaba y decía: «¿No está escrito que la casa mía, casa de oración será llamada, para todas las gentes? Vosotros, empero, tenéisla hecha cueva de bandidos». Y oyeron los sumos sacerdotes y los escribas, y buscaban como perderle. Pues atemorizábanse; pues toda la turba pasmábase de su doctrina. Y, cuando atardeció, salieron fuera de la ciudad. Y, pasando de alba, vieron la higuera secada de raíz. Y, recordando Pedro, dícele: «Rabbí, he aquí la higuera que maldijiste, se ha secado». Y, respondiendo Jesús, díceles: «¡Tened fe de(e) Dios! En verdad os digo: que quien dijere a este monte: «Alzate y arrójate en la mar», y no vacilare en su corazón, sino creyere que lo que habla, se hace, le será(f).» «Por esto dígoos: todo cuanto orareis y pidiereis, creed que lo habéis recibido(g) y seráos. Y, cuando estéis parados orando, perdonad, si algo tenéis contra alguno, para que también vuestro Padre, el de los cielos, os perdone vuestros deslices». Y, si vosotros no perdonáis, ni vuestro Padre, el de los cielos, perdonará vuestros deslices». Y vienen de nuevo a Jerusalén. Y, en el santuario paseándose él, vienen a él los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos; y decíanle: «¿En qué poder esto haces? y ¿quien te tiene dado este poder, que esto haces?» Y Jesús díjoles: «Preguntaréos una(h) palabra, y respondedme; y diréos en qué poder esto hago»: «el bautismo de Juan ¿del cielo era o de los hombres?» Respondedme». Y consideraban consigo, diciendo: «Si dijéremos: «Del cielo», dirá: «¿Por qué, pues, no le habéis creído?» Empero, ¿diremos(i): «De los hombres»? temían a la turba; pues todos tenían a Juan verdaderamente como que profeta era. Y, respondiendo a Jesús, dicen: «No sabemos». Y Jesús díceles: «Ni yo os digo en qué potestad esto hago». Confunde Cristo a los fariseos y saduceos Y principióles en parábolas a hablar: «Viña un hombre crió, y en torno puso cerca, y cavó sublagar(a), y edificó torre(b), y arrendóla a agrícolas, y peregrinó. Y envió a los agrícolas, en el tiempo(c), un siervo, para que, de los agrícolas, cogiera de los frutos de la viña. Y, cogiéndole, desollaron(d), y le enviaron vacío. Y de nuevo envió a ellos otro siervo; a aquél también descabezaron(e) y deshonraron. Y otro envió; a aquél también mataron; y muchos otros, a éstos desollando, a aquéllos matando. Todavía uno tenía: hijo amado; envióle postrero a ellos, diciendo: que «considerarán a mi hijo». Aquéllos, empero, los agrícolas, entre sí dijeron: que «éste es el heredero: «¡acá! matémosle y nuestra será la herencia». Y cogiendo matáronle y arrojáronle fuera de la viña. ¿Qué hará el señor de la viña? Vendrá y perderá a los agrícolas y dará la viña a otros. ¿Ni esta escritura habéis leído?(Salmo 118,20,23) A la piedra que desestimaron los edificantes,ésta fue hecha cabeza de ángulo; desde Señor hecha fue ésta(f),y es maravillosa en nuestros ojos». Y buscaban de él apoderarse; pero temieron a la turba; pues conocían que a ellos la parábola dijo. Y, dejándole, se fueron. Y envían a él algunos de los fariseos y los herodianos para prenderle con palabra. Y, viniendo, dícenle: «Maestro, sabemos que veraz eres y no te importa de nadie; que no miras a la faz de los hombres, sino en verdad el camino de Dios enseñas: ¿Es lícito dar censo a César o no? ¿Daremos o no daremos?» Y él, sabiendo la hipocresía de ellos, díjoles: «¿Qué me tentáis? Traedme denario, para ver». Y ellos trajeron. Y díceles: «¿De quién, esta imagen y el epígrafe?» Y ellos dijéronle: «De César». Y Jesús dijo: «Lo de César devolved a César, y lo de Dios a Dios». Y asombrábanse de él. Y vienen saduceos a él, los que dicen que resurrección no hay, y preguntábanle, diciendo: «Maestro, Moisés escribiónos que, si de alguno un hermano muriere y abandonare mujer y no dejare hijo; —que tome su hermano la mujer y excite de ella simiente a su hermano. Siete hermanos eran. Y el primero tomó mujer; y, muriendo, no dejó simiente. Y el segundo tomóla, y murió, no dejando en pos simiente, y el tercero asimismo; y los siete no dejaron simiente. Al fin de todos también la mujer murió. En la resurrección ¿de quién de ellos será mujer? que los siete tuviéronla por mujer». Díjoles Jesús: «¿No por esto(g) erráis: no sabiendo las Escrituras ni el poder de Dios? Pues, cuando de los muertos resucite, ni se casan, ni se les casa, sino son como ángeles, los de los cielos. Y acerca de los muertos: el que despiertan ¿no habéis leído en el libro de Moisés, sobre la zarza, cómo le dijo Dios, diciendo: «Yo el Dios de Abrahán, y Dios de Isaac y Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivientes; mucho erráis.» Y, acercándose uno de los escribas, oyéndoles disputar, sabiendo que bellamente les ha respondido, preguntóle: «¿Cuál es el mandamiento primero de todos?» Respondió Jesús que el primero es: «Oye, Israel: Señor, el Dios nuestro, Señor uno es: y amarás a Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de toda tu fuerza Segundo éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mayor que éstos otro mandamiento no hay». Y díjole el escriba: «Bellamente, maestro, en verdad has dicho que uno es y no hay otro fuera de él. Y el amarle de todo el corazón, y de todo el entendimiento y de toda la fuerza; y el amar al prójimo como a sí mismo, superior es a todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viéndole que razonablemente respondió, díjole: «No lejos estás del Reino de Dios». Y nadie más ya atrevióse a preguntarle. Y, respondiendo Jesús, decía, enseñando en el santuario: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo hijo de David es? El mismo David dijo en el Espíritu el santo:(Salmo 109,1.) Dijo Señor a mi Señor: «Siéntate a mi diestra, hasta poner yo a tus enemigos debajo de tus pies». El mismo David dícele Señor; y ¿de dónde(h) de él es Hijo?»Y la mucha turba(i) oíale placenteramente; Y en su doctrina decía: «Mirad(j) de los escribas, los que quieren en estolas(k) pasear, y salutaciones en las ágoras(l), y primeras sillas en las sinagogas y primeros lechos(m) en las comidas. Los que devoran las casas de las viudas, y con apariencia muy largamente oran; —éstos recibirán mayor juicio». Y, sentándose en frente del gazofilacio(n), miraba cómo la turba echaba bronce(o); y muchos ricos echaban mucho; y viniendo una viuda mendiga, echó monedas dos(p); lo que es un cuadrante. Y, llamando a sí a sus discípulos, díjoles: «En verdad dígoos que esta viuda, la mendiga, más que todos echó de los que echaron en el gazofilacio. Porque todos de lo sobrante a ellos echaron; ésta, empero, de su penuria, todo cuanto tenía, echó: todo su sustento». Sermón escatológico de Cristo Fin de Jerusalén y del mundo Y saliendo él del santuario, dícele uno de sus discípulos: «Maestro, ¿ve? de dónde —piedras(a) y ¿de dónde— ¡edificios!» Y Jesús díjole: «Miras estos grandes edificios? No se dejará, no, aquí piedra sobre piedra que no sea, no, deshecha». Y, sentándose él en el monte de las olivas, en frente del santuario, preguntóle aparte Pedro y Juan y Andrés: «Dínos ¿cuándo esto será; y qué, la señal, cuando se hubiere esto de consumar todo?» Y Jesús empezó a decirles: «Mirad que nadie os descamine. Muchos vendrán en mi nombre, diciendo: que «yo soy» y a muchos descaminarán. Y, cuando oyereis guerras y oídas(b) de guerras, no os espantéis: necesario es que acontezca; pero ¡aún no el fin! Pues se levantará gente contra gente, y reino contra reino; habrá hambres. de alto. El templo parecía una montaña esplendorosa. Herodes había ocupado en su fábrica diez mil obreros y ocho años. El principio de los dolores de parto(c), esto. Y miraos a vosotros mismos: os entregarán a sanedrines y a sinagogas; desollados seréis(d), y, ante presidentes y reyes, puestos por mí en testimonio para ellos. Y a todas las gentes primero(e) menester es se predique el Evangelio. Y, cuando, os lleven, entregando, no os preocupéis de qué hablar, sino lo que se os dé en aquella hora, esto hablad; que no sois vosotros los hablantes, sino el Espíritu el santo. Y entregará hermano a hermano a muerte, y padre a hijo; y levantaránse juntos hijos contra padres y mataránles, de ancho, y seréis aborrecidos de todos por mi nombre. Mas el perseverante(f) hasta el fin, éste se salvará.» «Y, cuando viereis la abominación de la desolación, —lo parado(g) donde no debe (el leyente entienda), entonces los en la Judea huyan a los montes; el sobre la azotea no baje, ni entre a alzar algo de su casa; y el que al campo(h), no se vuelva a lo de atrás a alzar su manto. Y ¡ay de las preñadas y lactantes(i) en aquellos días! Y orad que no acontezca en invierno(j).» «Pues serán aquellos días de tribulación, cual no ha habido tal, de comienzo de criatura que crió Dios hasta lo de ahora, y no habrá, no. Y, si no acortara Señor los días, no salvara toda carne; pero, por los elegidos que ha elegido, ha acortado los días. Y entonces, si alguno os dijere: «¡Mira! ¡aquí el Cristo! mira: ¡allí! no creáis; pues se levantarán pseudocristos y pseudoprofetas, y darán señales y prodigios para ir descaminando, si posible, los elegidos. Y vosotros mirad: os he predicho todo. Empero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se entenebrecerá, y la luna no dará su esplendor, y los astros estarán del cielo cayéndose; y los poderes, los en los cielos, se estremecerán. Y entonces verán al Hijo del hombre venir en nubes con poder y gloria mucha. Y entonces enviará los ángeles e irá juntando sus elegidos, de los cuatro vientos, de extremo de tierra a extremo de cielo. Y de la higuera aprended la parábola. Cuando ya su rama tierna se tornare, y brotare las hojas, conocéis que cerca el estío está; así también vosotros, cuando viereis esto acontecer, conocéis que cerca está(k), a las puertas. En verdad os digo que no pasará, no, esta generación, hasta que esto todo acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, no.» «Pero acerca de aquel día y la hora, nadie sabe ni ángel en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad: que no sabéis cuándo el tiempo es. Como(l) hombre peregrino dejando su casa y dando a sus siervos la potestad, a cada cual su obra; —también al portero encargó que velase(m). Velad, pues; porque no sabéis cuándo el señor de la casa viene: si tarde, si a medianoche, si al galicinio, si al alba, porque, viniendo de repente no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos digo: velad». Pasión de Cristo Y era la Pascua y los ázimos después de dos días; y buscaban los sumos sacerdotes y los escribas cómo en dolo prendiendo matarle; pues decían: «No en la fiesta, no sea que haya tumulto del pueblo». Y, entrando él en Betania, en la casa de Simón, el leproso, recostado él, vino una mujer teniendo un alabastro(a) de ungüento de nardo líquido(b) muy valioso; quebrando el alabastro, derramó sobre su cabeza. Y había algunos indignándose dentro de sí. «¿A qué esta pérdida de ungüento se ha hecho? Porque se pudo este ungüento vender por más de trescientos denarios y dar a los mendigos». Y entremurmuráranla. Mas, Jesús dijo: «Dejadla ¿Qué? ¿a ella golpes asestáis? Hermosa obra ha obrado en mí. Pues siempre a los pobres tenéis con vosotros, y cuando quisiereis, podéisles bien hacer; pero a mí no siempre tenéis. Lo que tuvo(c), hizo: anticipóse a ungir mi cuerpo para la sepultura. En verdad dígoos: doquiera se predicare el Evangelio en todo el mundo, también lo que ha hecho ésta, se contará en memoria de ella.» Y Judas Iscariotes, el uno de los doce, se fue a los sumos sacerdotes, para entregarle a ellos. Y ellos, oyendo, alegráronse y anunciáronle dinero dar; y buscaba cómo oportunamente entregarle. Y el primer día de los ázimos, cuando la Pascua inmolaban, dícenle sus discípulos: «¿Dónde quieres que, yéndonos, preparemos para que comas la Pascua?» Y envía dos de sus discípulos, y díceles: «Idos a la ciudad. Y encontraráos un hombre, cántaro de agua llevando: seguidle; y, donde entrare, decid al dueño de casa: que «el Maestro dice: «¿Dónde está mi estancia, donde la Pascua con mis discípulos yo comer?» Y él mismo os mostrará cenáculo(d) grande, tendido(e), preparado; y allí preparadnos». Y salieron los discípulos, y fueron a la ciudad y hallaron según les dijo, y prepararon la Pascua. Y atardeciendo, va con los doce. Y, recostados ellos y comiendo, Jesús dijo: «En verdad dígoos que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo». Empezaron a entristecerse y decirle uno por uno: «¿No ciertamente yo?» Y él díjoles: «Uno de los doce: el que remoja conmigo dentro de la escudilla. Porque ciertamente el Hijo del hombre se va, según escrito está acerca de él; ¡ay empero, de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado; bello para él, si no hubiese nacido aquel hombre!» Y, comiendo ellos, tomando pan, bendiciendo, partió y dióles, y dijo: «Tomad: este es mi cuerpo». Y tomando cáliz, agradeciendo, dioles; y bebieron de él todos. Y díjoles: «Esta es mi sangre, la del testamento, la que es derramada por muchos. En verdad dígoos que no más no beberé, no, del germen de la vid, hasta aquel día que lo beba nuevo en el reino de Dios». Y, salmeando, salieron al monte de las Olivas; y díceles Jesús: que «todos os escandalizaréis; que escrito está: «Heriré al pastor, y las ovejas se dispersarán», «Empero, después de resucitar yo, conduciréos a la Galilea». Y Pedro díjole: «Aun cuando todos se escandalicen, pero no yo». Y dícele Jesús: «En verdad dígote que tú hoy en esta noche, antes de que dos veces el gallo cante, tres veces me negarás». Pero él tanto más hablaba: «Si menester fuere que yo muera contigo, no te negaré, no». Y lo mismo también todos decían. Y vienen a un paraje cuyo nombre, Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo orare». Y, llevóse a Pedro; y a Santiago y a Juan consigo, y empezó a aterrarse y atediarse; y díceles: «Triste en torno(f) está mi alma a muerte: quedaos aquí y velad». Y, adelantándose un poco, caía sobre la tierra y oraba que, si posible es, pasara de él la hora y decía: «Abbá, el Padre, todo posible a ti: traspasa este cáliz de mí; empero, no lo que yo quiero, sino lo que tú». Y viene y hállales durmiendo, y dice a Pedro; «Simón, ¿duermes? ¿No has valido para una hora velar? Velad y orad que no entréis en tentación; el espíritu ciertamente, pronto; la carne, empero, ¡enferma!» Y de nuevo yéndose oró, la misma palabra diciendo. Y de nuevo viniendo, hallóles durmiendo; que estaban los ojos de ellos oprimidos, y no sabían qué responderle. Y viene tercera vez y díceles: «Dormid ya y reposad(g). Basta. Ha llegado la hora: he aquí es entregado el Hijo del hombre en las manos de los pecadores. Levantaos, vamos: he aquí el que me entrega, es llegado». Y al punto, aún hablando él, llégase Judas uno de los doce, y, con él, una turba con cuchillas y palos, de(h) los sumos sacerdotes, y los escribas y los ancianos. Y había, el que le entregaba, dádoles seña, diciendo: «A quien yo besare, él es: prendedle y llevadle seguramente». Y, viniendo al punto, y llegándose a él, dice: «Rabbí», y le besó tiernamente, y ellos echaron las manos a él y prendiéronle. Uno, empero, de los circunstantes, tirando de la cuchilla, hirió el siervo del sumo sacerdote y llevóle la orejilla(i). Y, respondiendo Jesús, díjoles: «¿Como a bandido habéis salido con cuchillo y palos a aprehenderme? Día a día estaba ante vosotros en el santuario, enseñando, y no me prendisteis. —Empero(j)— ¡para que se cumplan las Escrituras!» Y, dejándole, huyeron todos. Y cierto jovencillo seguíale al par, envuelto en una sábana sobre lo desnudo; y préndenle; mas, él, abandonando la sábana, desnudo huyó. Y fueron llevando a Jesús ante el sumo sacerdote; y juntáronse todos los sumos sacerdotes, y los ancianos y los escribas. Y Pedro; de lejos siguióle hasta dentro del atrio del sumo sacerdote, y estaba sentado junto con los servidores y calentándose a la lumbre. Y los sumos sacerdotes y todo el sanedrín buscaban contra Jesús testimonio para matarle, y no hallaban; pues muchos testificaban en falso contra él, e iguales sus testimonios no eran. Y algunos, levantándose, testificaron en falso contra él, diciendo: que «nosotros hémosle oído decir: que «yo desharé este templo el hechizo, y, en tres días, otro no hechizo edificaré». Y ni así igual era su testimonio. Y, levantándose el sumo sacerdote al medio, preguntó a Jesús, diciendo: «¿No respondes nada a lo que éstos contra ti testifican?» Mas él callaba; y no respondió nada(k). De nuevo el sumo sacerdote preguntábale y dícele: «¿Tú eres el Cristo el Hijo del (Dios) Bendito?» Y Jesús dijo: «Yo soy: y veréis al Hijo del hombre a diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo». Y el sumo sacerdote, desgarrando sus túnicas, dice: «¿Qué ya necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia: ¿qué os parece?» Y ellos todos condenáronle: que reo era de muerte. Y empezaron algunos a escupir en él, y cubrir en torno su rostro, y abofetearle y decirle: «Profetiza(l)»; y los servidores a puñadas le tomaban. Y, estando Pedro abajo, en el atrio, viene una de las muchachas del sumo sacerdote; y, viendo a Pedro calentándose, contemplándole, dice: «También tú con el Nazareno estabas, con Jesús». Pero él negó, diciendo: «No sé, ni entiendo tú lo que dices». Y salió fuera, al vestíbulo; y la muchacha(m) viéndole, empezó de nuevo a decir a los circunstantes: que «éste de ellos es». Y él de nuevo negó. Y poco después, de nuevo los circunstantes decían a Pedro: «Verdaderamente de ellos eres; pues también galileo eres». Pero él empezó a maldecir y jurar: que «no conozco a este hombre que decís». Y al punto, por segunda vez el gallo cantó. Y recordó Pedro la palabra: como le dijo Jesús: que «antes que el gallo dos veces cante, tres veces me negarás». Y, advirtiendo, lloraba. Crucifixión Y luego, al alba, consejo preparando los sumos sacerdotes con los ancianos y escribas y todo el sanedrín, atando a Jesús, fuéronle llevando y entregáronle a Pilato. Y preguntóle Pilato: «¿Tú eres el rey de los judíos?» y él, respondiendo, le dijo: «Tú dices». Y acusábanle los sumos sacerdotes de muchas cosas. Y Pilato de nuevo preguntábale diciendo: «¿No respondes nada? Mira de cuán grandes cosas te acusan». Mas, Jesús ya no respondió nada, que se maravilló Pilato. Y durante la fiesta, soltábales un preso: el que pedían. Y estaba el llamado Barrabás, con los sediciosos atado; los que en la sedición muerte habían hecho. Y, subiendo la turba, empezó a pedir, según siempre les hacía. Y Pilato respondióles, diciendo: «¿Queréis os suelte al rey de los judíos?» Pues conocía que por envidia le habían entregado los sumos sacerdotes. Y los sumos sacerdotes sublevaron la turba: que más bien a Barrabás les soltase. Y Pilato de nuevo respondiendo decíales: «¿Qué, pues, haré del que decís: «el rey de los judíos»? Y ellos de nuevo gritaron: «¡Crucifícale!» Y Pilato decíales: «¿Pues qué ha hecho malo?» Mas, ellos sobremanera gritaron: «¡Crucifícale!» Y Pilato queriendo a la turba satisfacer, soltóles a Barrabás, y entregó a Jesús flagelado, para que se le crucificase. Y los soldados fueron llevándole adentro del atrio, lo que es pretorio; y convocan todo el manípulo(a). Y fuéronle revistiendo de púrpura y le pusieron en torno, tejiendo, espínea corona; y empezaron a saludarle: «Salve, rey de los judíos»; y herían su cabeza con caña y escupían en él, y poniendo las rodillas, adorábanle. Y, cuando se hubieron jugado con él, desvistiéronle la púrpura, vistiéronle sus vestiduras. Y llévanle fuera para crucificarle. Y compelen a cierto transeúnte, Simón, cireneo, viniendo del campo, padre de Alejandro y Rufo, para que llevase su cruz. Y llévanle al del Gólgota lugar; lo que es interpretado: del Cráneo(b), lugar. Y dábanle mirrado vino; y él no tomó. Y crucifícanle, y repártense sus vestiduras, echando suertes sobre ellas: quién qué se llevaba. Y era la hora tercia y(c); crucificáronle. Y estaba el epígrafe de su causa escrito: «El rey de los judíos». Y con él crucifican dos bandidos: uno a derecha y uno a izquierda. Y cumplióse la escritura, la que dice: «Y con los inicuos fue contado». Y los transeúntes blasfemábanle, moviendo sus cabezas y diciendo: «¡Ah! el que deshace el templo de Dios y edifica en tres días! Sálvate a ti mismo, bajando de la cruz». Así mismo también los sumos sacerdotes, jugándose con él, unos a otros con los escribas, decían: «A otros salvó, a sí mismo no puede salvar. El Cristo, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos». También los crucificados juntamente con él, improperábanle. Y siendo hora sexta, tinieblas fueron sobre toda tierra hasta hora nona, y a la nona hora clamó Jesús con voz grande: «Eloí, Eloí, ¿lama sabachtaní?»; lo que es interpretado: «Dios mío, Dios mío ¿a qué me has desamparado?» Y algunos de los circunstantes oyendo, decían: «Mira: a Elías vocea». Y corriendo uno, empapando una esponja en vinagre, poniendo alrededor de una caña, dióle a beber, diciendo; «Dejad: veamos si viene Elías a bajarle». Y Jesús, dando voz grande, expiró. Y el velo del templo se rasgó en dos, de alto a bajo. Y viendo el centurión, el circunstante, en frente de él, que así expiró, dijo: «Verdaderamente este hombre, Hijo de Dios era». Y había también mujeres de lejos mirando; entre las cuales también María, la Magdalena, y María, la de Santiago, el menor y de José, madre, y Salomé. Las que, cuando estaba en la Galilea, seguíanle y servíanle; y otras muchas, las que habían subido con él a Jerusalén. Y ya atardeciendo, por ser la parasceve(d); lo que es: ante sábado(e), viniendo, José de Arimatea, noble consejero; el cual también, él mismo, estaba aguardando el reino de Dios; audazmente entró a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Y Pilato maravillóse de que ya estuviere muerto y, llamando a sí al centurión, preguntóle si ya era muerto. Y conociendo del centurión, donó el cadáver a José. Y, comprando sábana, bajando, le envolvió en la sábana; y depúsole en un sepulcro que estaba canteado en piedra; y rodó piedra ante la puerta de la sepultura. Y María, la Magdalena, y María, la de José, miraban dónde estaba(f) puesto. Resurrección Y, pasado el sábado, María, la Magdalena y María, la de Santiago, y Salomé compraron aromas, para, yendo, ungirle. Y muy al alba, el primero(a) de los sábados vienen al sepulcro, naciendo el sol. Y decían entre sí: «¿Quién revolverános la piedra de la puerta de la sepultura?» (Y, reparando, ven que está revuelta atrás la piedra). Pues era grande sobremanera. Y entrando en la sepultura, vieron un jovencito sentado a la derecha, envuelto en estola esplendorosa, y arrobáronse. Mas él díceles: «No os arrobéis: a Jesús buscáis, al Nazareno, al crucificado: resucitó; no está aquí; he aquí el lugar donde le pusieron. Empero, idos, decid a sus discípulos, y a Pedro que os conduce a la Galilea; allí le veréis, según os dijo». Y, saliendo, huyeron de la sepultura, pues apoderóse de ellas temblor y éxtasis; y a nadie nada dijeron(b), pues temían. Y, resucitando al alba, el primero del sábado, aparecióse primero a María, la Magdalena; de la cual había lanzado siete demonios. Aquélla, yendo, anunció a los que con él estuvieron, que lamentaban y lloraban. También aquéllos, oyendo que vivía y habíase manifestado a ella, no creyeron. Y, después de esto, a dos de ellos que paseaban, aparecióse en otra forma, yendo ellos al campo; y también aquéllos, yéndose, anunciaron a los demás; ni aquéllos creyeron. Y por fin, recostados ellos, los once, aparecióse, y vituperó su incredulidad y duro corazón, porque a los que le vieran resucitado, no creyeron. Y díjoles: «Yendo al mundo todo entero, predicad el Evangelio a toda criatura. El creyente y bautizado, se salvará; mas, el increyente, se condenará. Y señales a los creyentes acompañarán éstas: en mi nombre demonios lanzarán; lenguas hablarán nuevas; serpientes alzarán; y si mortífero algo bebieren, no les dañará, no; sobre enfermos manos impondrán, y bellamente estaránse». Y ciertamente el Señor Jesús, después de hablarles, fue asumido al cielo, y sentóse a la diestra de Dios; aquéllos, empero, saliendo, predicaron doquiera, cooperando el Señor a la palabra, confirmando con las señales que la seguían. Anunciación del Bautista y de Cristo Prólogo Dado que ya muchos han puesto mano en componer narración acerca de las cosas, en nosotros plenamente confirmadas(a), según nos han trasmitido los que desde el principio testigos oculares y servidores fueron de la palabra; pareció también a mí, que he seguido a par, desde atrás, todo exactamente, ordenadamente escribirte, óptimo Teófilo(b); porque de las palabras(c) en que se te instituyó, conozcas bien la certidumbre. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote, por nombre Zacarías, del turno de Abías; y mujer tenía de las hijas de Aarón, y el nombre de ella, Elisabet. Y eran justos ambos delante de Dios, caminando en todos los mandamientos y justicias(d) del Señor intachables. Y no tenían hijo, pues era Elisabet estéril; y ambos avanzados en sus días eran. Y aconteció que, de sacerdote él en el orden de su turno ante Dios, según la costumbre del sacerdocio; tocóle incensar, entrando en el templo del Señor; y toda la muchedumbre estaba del pueblo orando fuera, a la hora del timiama(e). Y aparecióle ángel del Señor; parado a la diestra del ara del timiama. Y espantóse Zacarías viendo, y temor cayó sobre él. Y dijo a él el ángel: «No temas, Zacarías, porque escuchada ha sido tu plegaria, y tu mujer, Elisabet, te parirá hijo, y llamarás su nombre Juan; y tendrás gozo y júbilo; y muchos en su nacimiento se gozarán. Pues será grande delante del Señor; y vino y sidra no beberá, no; y de Espíritu Santo será lleno aún de vientre de su madre; y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor, al Dios de ellos; Y él precederá delante de él en espíritu y poder de Elías, a convertir corazones de padres(f) a hijos, e inobedientes, en pensamiento de justos a preparar al Señor pueblo perfecto». Y dijo Zacarías al ángel: «¿Por dónde conoceré esto? Pues yo soy anciano y mi mujer avanzada en sus días». Y, respondiendo el ángel díjole: «Yo soy Gabriel el parado junto a la faz de Dios, y he sido enviado a hablar a ti, y evangelizarte(g) esto. Y he aquí estarás callando y no pudiendo hablar(h) hasta el día que acontecieren estas cosas, por esto: porque no has creído a mis palabras; las cuales se cumplirán a su tiempo». Y estaba el pueblo aguardando a Zacarías, y maravillábanse de que tardase en el templo él. Y, saliendo, no pudo hablarles. Y conocieron bien que visión había visto en el templo; y él estaba significándoles;(i) y quedó sordomudo. Y aconteció que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Y, después de estos días, concibió Elisabet, su mujer; y ocultóse en torno meses cinco(j), diciendo: que «así me ha hecho el Señor en los días que miró por mí a quitar mi afrenta en los hombres». Y en el mes el sexto fue enviado el ángel Gabriel de Dios, a una ciudad de Galilea, cuyo nombre Nazaret, a una virgen desposada con un varón, cuyo nombre, José, de casa de David; y el nombre de la virgen, María. Y, entrando a ella dijo: «Alégrate(k), agraciada(l): el Señor, contigo, bendita tú en mujeres(m)» Y ella por la palabra perturbóse, y consideraba de dónde fuese esta salutación(n). Y dijo el ángel a ella: «No temas, María; porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en vientre, y parirás hijo, y llamarás su nombre, Jesús. Este será grande e Hijo del Altísimo será llamado; y darále Señor Dios el trono de David, su padre; y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y de su reino no habrá fin». Y dijo María al ángel: «¿Cómo será esto, cuando varón no conozco?» Y, respondiendo el ángel, díjola: «Espíritu santo vendrá sobre ti, y poder del Altísimo te sombreará; por esto también lo nacido santo será llamado Hijo de Dios. Y he aquí, Elisabet, tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este mes el sexto es para ella la llamada estéril; que no será imposible delante de Dios toda palabra». Y dijo María: «He aquí la sierva del Señor; hágaseme según tu palabra». Y retiróse de ella el ángel. Y levantándose María, en estos días, se fue a la montaña, de prisa, a una ciudad de Judá; y entró en la casa de Zacarías y saludó a Elisabet. Y aconteció, como oyó la salutación de María, Elisabet, saltó la criatura en su vientre, y fue llena de Espíritu Santo Elisabet; y exclamó con grito grande y dijo: «¡Bendita tú en mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí esto: que venga la madre de mi Señor a mí? Pues he aquí, como llegó la voz de tu salutación a mis orejas, saltó en júbilo la criatura en mi vientre. Y bienaventurada la creyente, pues habrá cumplimiento para lo hablado a ella del Señor». Y dijo María:«Magnifica mi alma al Señor, y jubiló mi espíritu en Dios mi salvador; Porque ha mirado a la humildad(o) de su sierva. Que he aquí, desde ahora mismo, bienaventurada diránme todas las generaciones; que me ha hecho cosas grandes el poderoso; y santo su nombre; y su misericordia, a generaciones y generaciones, a los que le temen. Ha hecho fuerza en su brazo:dispersó los soberbios con pensamiento de su corazón. derribó potentes de tronos,y exaltó humildes; hambrientos llenó de bienesy ricos despidió vacíos. Acogió a Israel, niño suyo,para recordar misericordia,según habló a nuestros padres: a Abrahán y su simiente por el siglo(p)». Y quedó María con ella como meses tres, y volvió a su casa. Y a Elisabet cumplióse el tiempo de parir ella, y engendró hijo. Y oyeron los vecinos y los parientes de ella que magnificaba Señor su misericordia con ella, y alegráronse con ella. Y aconteció en el día el octavo vinieron a circuncidar al párvulo, y llamábanle, por el nombre de su padre, Zacarías. Y respondiendo su madre dijo: «No; sino se llamará Juan». Y dijeron a ella: que «ninguno hay de tu parentela, que sea llamado con este nombre». Y significaron a su padre que qué quería se le llamase. Y, pidiendo tablilla, escribió diciendo: «Juan es su nombre». Y maravilláronse todos. Y abrióse su boca al punto y su lengua, y hablaba, bendiciendo a Dios. Y vino sobre todos temor los que en torno de ellos habitaban; y en toda la montaña de la Judea hablábanse todas estas palabras. Y pusiéronselas todos los que oían, en su corazón diciendo: «¿Quién, pues, este infante será?» Porque también la mano del Señor era con él. Y Zacarías su padre fue lleno de Espíritu Santo y profetizó diciendo: «Bendito, Señor, el Dios de Israel;pues ha visitado y hecho redención a su pueblo y alzó cuerno(q) de salvación a nosotros,en casa de David, niño suyo; según habló, por boca de los santos(desde el siglo) profetas suyos: salvación de nuestros enemigosy de mano de todos los que nos odian; para hacer misericordia con nuestros padresy recordar testamento(r) santo suyo, juramento que juró Abrahán, padre nuestro, el darnos. que, inmedrosamente, de mano de nuestros enemigos librados, le sirvamos en piedad y justicia a su faz todos nuestros días. Y también tú, infante, profeta del Altísimo serás llamado, pues precederás a faz de Señor, a preparar sus caminos, para dar ciencia de salud a su pueblo en(s) remisión de sus pecados; por entrañas de misericordia de nuestro Dios; en las que nos visitó, oriente(t) de lo excelso, a manifestarse a los en tinieblas y sombra de muerte sentados,para enderezar nuestros pies a camino de paz». Y el infante crecía; y confortábase de espíritu; y estábase en los desiertos hasta día de su manifestación a Israel. Infancia de Jesús Y aconteció en aquellos días, salía edicto de César Augusto de que se empadronase todo el orbe. Este empadronamiento primero hízose, presidiendo a la Siria Cirino. E iban todos a empadronarse, cada cual a su ciudad. Y subió también José, desde la Galilea, de ciudad de Nazaret, a la Judea, a ciudad de David; la cual se llamaba Belén; por ser él de la casa y familia de David; para empadronarse con María, la desposada con él, estando grávida. Y aconteció que estando ellos allí, cumpliéronse los días del parir ella; y parió a su hijo, el primogénito(a); y fajóle y reclinóle en pesebre; porque no había para ellos lugar en la posada. Y pastores había en aquel mismo paraje pernoctando al sereno y guardando guardias de la noche sobre su grey. Y he aquí un ángel del Señor detúvose sobre ellos, y gloria del Señor circunfulgoróles, y atemorizáronse con gran temor. Y díjoles el ángel: «No os atemoricéis; pues he aquí, evangelízoos gozo grande, el que será para todo el pueblo; porque os ha nacido hoy el Salvador; quien es Cristo Señor, en ciudad de David. Y ésta, para vosotros señal: hallaréis infante fajado y yaciendo en pesebre». Y de súbito fue con el ángel muchedumbre de milicia celestial, que alababan a Dios, y decían: «Gloria en lo más excelso a Dios, y sobre tierra paz en hombres de beneplácito(b)». Y aconteció, en retirándose de ellos, al cielo, los ángeles, los pastores hablaban entre sí: «Pasemos ya hasta Belén, y veamos esta palabra la acontecida que el Señor nos ha manifestado». Y vinieron apresurados y encontraron a María y a José, y al infante yaciendo en el pesebre; y viendo, noticiaron acerca de la palabra, la hablada a ellos acerca de este niñito. Y todos los oyentes maravilláronse de lo hablado por los pastores a ellos; y María todas conservaba —las palabras, confiriendo en su corazón(c). Y retornaron los pastores, glorificando y alabando a Dios por todo lo que oyeran y vieran, según se habló a ellos. Y, cuando se cumplieron días ocho para circuncidarle, también fue llamado su nombre Jesús, el llamado por el ángel, antes de ser concebido en el vientre. Y, cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos(d), según la ley de Moisés, subiéronle a Jerusalén, para presentar al Señor, según está escrito en la ley del Señor: que «todo lo masculino, abriendo matriz santo al Señor será llamado»; y para dar hostia, según lo dicho en la ley de Señor, «un par de tórtolas o dos palominos». Y he aquí que un hombre había en Jerusalén, cuyo nombre, Simeón, y este hombre, justo y timorato, esperando consolación de Israel. Y Espíritu había Santo sobre él, y habíale sido vaticinado por el Espíritu, el Santo, que no vería muerte antes de ver al Cristo de Señor. Y vino en el Espíritu al santuario; y, al entrar los padres al infante Jesús, para hacer, según lo acostumbrado de la ley, con él, también él recibióle en los brazos, y bendijo a Dios y dijo: «Ahora despides a tu siervo, Soberano,según tu palabra, en paz; pues han visto mis ojos lo saludable tuyo, que preparaste a faz de todos los pueblos: luz para revelación(e) de gentesy gloria de tu pueblo de Israel». Y estaba su padre y la madre maravillándose de lo que se hablaba acerca de él. Y bendíjoles Simeón; y dijo a María, su madre: «He aquí éste puesto está para caída y resurrección de muchos en Israel y para señal a quien se contradice; (y a tu propia alma traspasará espada) a fin de que se revelen, de dentro de muchos corazones, pensamientos». Y había una Ana, profetisa, hija de Fanuel, de tribu de Aser; —ésta avanzada en días muchos; que viviera con marido años siete, desde su virginidad; y ésta, viuda hasta años ochenta y cuatro; quien no se retiraba del santuario, con ayunos y plegarias sirviendo noche y día. Y, a la misma hora sobreviniendo, confesaba a la vez a Dios y hablaba acerca de él a todos los que esperaban redención de Jerusalén. Y, en terminando todo lo según la ley del Señor, retornaron a la Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el infante crecía y confortábase, llenándose de sabiduría; y gracia de Dios era sobre él. E iban sus padres cada año a Jerusalén la fiesta de la Pascua. Y, cuando fue de años doce, subiendo ellos, según la costumbre de la fiesta, y terminando(f) los días, al retornar ellos; quedóse Jesús, el infante, en Jerusalén; y no supieron sus padres. Y, creyendo que él estaba en la comitiva, anduvieron una jornada, y mucho buscáronle entre los parientes y los conocidos; y, no hallando, retornaron a Jerusalén, mucho buscándole. Y aconteció, después de días tres, halláronle en el santuario, sentado en medio de los maestros, y oyéndoles y preguntándoles. Y arrobábanse todos los que le oían por el entendimiento y las respuestas de él. Y, viéndole, pasmáronse, y dijo a él su madre: «Hijo, ¿qué nos has hecho así? He aquí tu padre y yo doloridos te buscábamos». Y dijo a ellos: «¿Qué? ¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que en lo de mi Padre debo estar yo?» Y ellos no comprendieron(g) la palabra que les habló. Y bajó con ellos y vino a Nazaret; y estaba sujeto a ellos. Y su madre conservaba todas estas palabras en su corazón. Y Jesús adelantaba en la sabiduría, y edad y gracia ante Dios y hombres. Predicación del Bautista Y en el año quince del imperio de Tiberio César, imperando Poncio Pilato a la Judea, tetrarquiando(a) a la Galilea Herodes, y Felipe, su hermano, tetrarquiando a la Iturea y Traconítide región, y Lisanias a la Abilene tetrarquiando; bajo sumo sacerdote Anás y Caifás, hubo palabra de Dios sobre Juan, el de Zacarías hijo, en el desierto; y vino a toda la circunvecindad del Jordán, predicando bautismo de penitencia en remisión de pecados; como escrito está en libro de palabras de Isaías, el profeta:«Voz de clamante en el desierto:Preparad el camino del Señor;rectas haced sus sendas: toda hondonada se llenará,y todo monte y collado se humillará;y será lo torcido en rectos(b),y los ásperos en caminos llanos; y verá toda carne lo saludable de Dios». Decía, pues, a las salidas turbas(c) para ser bautizadas por él: «Engendros de víboras, ¿quién os ha significado huir de la venidera ira? Haced, pues, dignos frutos de penitencia. Y no empecéis a decir(d) en vosotros. «Padre tenemos: a Abrahán»; pues dígoos que puede Dios de estas piedras levantar hijos a Abrahán. Y ya también la segur hacia la raíz de los árboles yace: todo árbol, pues, que no hace fruto bello, cortado es, y al fuego arrojado». Y preguntábanle las turbas, diciendo: «¿Qué, pues, haremos?» Y, respondiendo, decíales: «El que tiene dos túnicas, participe al que no tiene; y el que tiene alimentos, así mismo haga». Y vinieron también publicanos a bautizarse, y dijeron a él: «Maestro, ¿qué haremos?». Y él dijo a ellos: «Nada más que lo ordenado a vosotros, obrad». Y preguntábanle también soldados, diciendo: «¿Qué haremos también(e) nosotros?» Y díjoles: «A nadie concusionéis, ni calumniéis, y contentaos con vuestros estipendios». Y aguardando el pueblo(f) y considerando todos en sus corazones, acerca de Juan: si acaso él era el Cristo, respondió diciendo a todos Juan: «Yo por cierto con agua os bautizo; viene, empero, el más fuerte que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego; cuyo bieldo en su mano, para limpiar del todo su era y juntar el trigo en su granero; —mas, la paja quemará con fuego inextinguible». Ahora por cierto también muchas otras cosas, exhortando, evangelizaba al pueblo; y Herodes el tetrarca, reconvenido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y a causa de todo lo que hizo de malo Herodes; añadió esto a todo, y encerró a Juan en prisión. Y aconteció que, bautizándose todo el pueblo, y bautizado Jesús y orando; abrióse el cielo, y descendió el Espíritu Santo en corporal forma, como paloma, sobre él, y voz del cielo hubo: «Tú eres el Hijo mío, el amado; en ti me he complacido». Y el mismo(g) era Jesús; que empezaba(h), como de años treinta; siendo hijo, cual se creía, de José, de(i) Helí, de Matat, de Leví, de Melqui, de Jana, de José, de Matatías, de Amós, de Nahum, de Esli, de Naga, de Maat, de Matatías, de Semeí, de Josec, de Jodá, de Joanán, de Resa, de Zorobabel, de Salatiel, de Neri, de Melqui, de Adi, de Cosán, de Helmadán, de Her, de Jesús, de Eliezer, de Jorim, de Matat, de Leví, de Simeón, de Judas, de José, de Jonán, de Eliacim, de Melea, de Mena, de Matata, de Natán, de David, de Jesé, de Jobed, de Boós, de Sala, de Naasón, de Aminadab, de Arni, de Esrón, de Fares, de Judas, de Jacob, de Isaac, de Abrahán, de Tara, de Nacor, de Seruc, de Ragau, de Falec, de Eber, de Sala, de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noé, de Lamec, de Matusalén, de Henoc, de Jared, de Maleleel, de Cainán, de Enós, de Set, de Adán, de Dios. Comienza Cristo su vida pública Y Jesús, lleno de Espíritu Santo, retornó del Jordán, y fue llevado en el Espíritu; en el desierto días cuarenta tentado del diablo. Y no comió nada en aquellos días; y terminados ellos, hambreó. Y díjole el diablo: «Si Hijo eres de Dios, di a esta piedra que se haga pan». Y respondió a él Jesús: «Escrito está: que no de pan sólo vivirá el hombre». Y, subiéndole, mostróle todos los reinos del orbe en un punto de tiempo. Y díjole el diablo: «Te daré esta potestad toda y la gloria de ellos, pues a mí ha sido entregada, y a quien quiero, doila, tú, pues, si adorares a faz mía, —será de ti toda». Y, respondiéndole, dijo Jesús: «Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás». Y llevóle a Jerusalén y puso en el alero del santuario, y díjole: «Si Hijo eres de Dios, arrójate de aquí abajo, porque está escrito: que a sus ángeles mandará de ti que te guarden; y que en manos te lleven, no sea que lastimes en piedra tu pie». Y, respondiendo, díjole Jesús que «está dicho: «No tentarás al Señor tu Dios». Y habiendo consumado toda tentación, el diablo retiróse de él hasta su tiempo(a). Y retornó Jesús, en el poder del Espíritu, a la Galilea; y fama salió por toda la circunvecindad acerca de él; y él enseñaba en las sinagogas de ellos, glorificado por todos. Y vino a Nazaret, donde se había criado, y entró, según lo acostumbrado por él, en el día de los sábados, en la sinagoga, y levantóse a leer. Y se le pasó un libro del profeta Isaías; y, abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: «Espíritu de Señor sobre mí: por lo cual me ungió; para evangelizar a pobres me ha enviado; a sanar deshechos de corazón, a predicar a cautivos remisión y a ciegos vista, enviar quebrantados en remisión; predicar año de Señor, acepto». Y plegando el libro, devolviéndolo al ministro, sentóse, y, de todos en la sinagoga, los ojos, estaban fijos en él. Y empezó a decirles: que «hoy se ha cumplido esta escritura en las orejas de vosotros(b)» Y todos atestiguábanles y maravillábanse de las palabras de gracia salidas de su boca, y decían: «¿Acaso no hijo de José éste?» Y dijo a ellos: «Sin duda, me diréis esta parábola: «Médico, cúrate a ti mismo»: cuanto hemos oído verificado en Cafarnaúm haz también aquí en tu patria». Y dijo: «En verdad dígoos que ningún profeta acepto es en su patria. Y a la verdad dígoos: muchas viudas había en los días de Elías, en Israel, cuando cerrado fue el cielo años tres y meses seis, que hubo hambre grande por toda la tierra; y a ninguna de ellas enviado fue Elías el profeta, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel bajo Eliseo el profeta; y ninguno de ellos limpio fue, sino Naamán el siro». Y llenáronse todos de ira en la sinagoga, oyendo esto; y, levantándose, arrojáronle fuera de la ciudad, y lleváronle hasta la cima del monte, sobre el cual la ciudad estaba edificada de ellos, para despeñarle; él, empero, pasando por en medio de ellos, se fue. Y descendió a Cafarnaúm, ciudad de la Galilea. Y estábales enseñando, en los sábados, y pasmáronse de su enseñanza; pues en potestad era su palabra. Y en la sinagoga estaba un hombre, teniendo demonio inmundo, y vociferó con voz grande: «¡Deja! ¿Qué a nosotros y a ti, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Conózcote quién eres: el Santo de Dios». E impúsole Jesús, diciendo: «Enmudece, y sal de él». Y tirándole el demonio al medio, salió de él, nada dañándole. Y sobrevino espanto a todos, y conversaban entre sí, diciendo: «¿Qué palabra ésta, pues con potestad y fuerza impera a los inmundos espíritus, y salen?» E iba resonando fama acerca de él por todo lugar de la circunvecindad. Y, levantándose de la sinagoga, entró en la casa de Simón. Y la suegra de Simón era estrechada de fiebre grande; y rogábanle por ella. Y, llegándose hasta por sobre ella, intimó a la fiebre, y dejóla; y, al punto levantándose, servíales. Y, poniéndose el sol, todos cuantos tenían enfermos de enfermedades varias, lleváronles a él; y él a cada uno de ellos, las manos imponiendo, sanábales. Y salieron también demonios de muchos, vociferando y diciendo: que «tú eres el Hijo de Dios». E, intimando, no dejábales hablar; pues sabían que el Cristo él era. Y siendo ya de día, saliendo se fue a un desierto lugar; y las turbas iban buscándole; y vinieron hasta él, y deteníanle que no se fuese de ellos. Pero él dijo a ellos: que «también a las otras ciudades evangelizar debo el reino de Dios; pues a esto he sido enviado». Y estábase predicando por las sinagogas de la Galilea. Varios milagros y enseñanzas Y aconteció, cuando la turba le asediaba y oía la palabra de Dios, que él estaba parado junto al lago de Genesaret; y vio barcas dos paradas junto al lago; y los pescadores, de ellas apartados, lavaban las redes. Y, subiendo en una de las barcas; que era de Simón, rogóle, de la tierra, adentro, tirar un poco; y, sentándose, desde la barca, enseñaba a las turbas. Y, en acabando de hablar, dijo a Simón: «Tira a lo alto, y soltad vuestras redes a pesca». Y, respondiendo Simón, díjole: «Amo, durante toda la noche trabajando, nada hemos cogido; pero, en tu palabra, soltaré las redes». Y, esto haciendo, recogieron muchedumbre de peces grande; e íbanse rompiendo sus redes. Y significaron a los compañeros en la otra barca, que, viniendo, alzasen con ellos; y vinieron y llenaron las dos barcas, hasta hundirse(a). Y, viendo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Apártate de mí, porque varón pecador(b) soy, Señor». Pues asombro apoderóse de él y todos los con él, por la pesca de los peces que recogieron; y asimismo a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo; que eran compañeros de Simón. Y dijo a Simón Jesús: «No temas: desde ahora mismo hombres estarás cogiendo». Y, arrastrando las barcas a la tierra, dejando todo, siguiéronle. Y aconteció, mientras estaba él en una de las ciudades, que he aquí un varón lleno de lepra; y, viendo a Jesús, cayendo de rostro, rogóle, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Y extendiendo la mano, tocóle, diciendo: «Quiero: sé limpio». Y luego la lepra se fue de él. Y él indicóle que a nadie dijera, sino: —«yéndote, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza, según ordenó Moisés en testimonio a ellos». Pero cundía más la palabra(c) acerca de él; y aglomerábanse turbas muchas a oír y curarse de sus enfermedades; y él estábase retirado en los desiertos y orando. Y aconteció en uno de los días, y él estaba enseñando; y estaban sentados los fariseos y maestros de la ley; que habían venido de toda aldea de la Galilea, y Judea y Jerusalén; y fuerza de Señor(d) había de curar él(e). Y he aquí varones trayendo en litera un hombre que era paralítico, y buscaban cómo llevarle adentro a ponerle a faz de él. Y, no hallando por dónde llevarle adentro, por(f) la turba, subiendo al terrado, por entre las tejas, bajáronle con la literilla delante de Jesús. Y, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, perdonados te están tus pecados». Y empezaron a considerar los escribas y fariseos, diciendo: «¿Quién es éste, que habla blasfemias? ¿Quién puede pecados perdonar sino sólo Dios?» Y, penetrando Jesús las consideraciones de ellos, respondiendo, dijo a ellos: «¿Qué consideráis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: «Perdonados te están tus pecados»; o decir: «Levántate y paséate? Pero, para que veáis que el Hijo del hombre poder tiene sobre la tierra de perdonar pecados» —dijo al paralítico: «Te digo: Levántate, y, alzando tu literilla, vete a tu casa». Y al punto, levantándose a faz de ellos, alzando sobre lo que yacía, fuese a su casa, glorificando a Dios. Y éxtasis cogió a todos ellos; y glorificaron a Dios, y llenáronse de temor, diciendo: que «hemos visto increíbles cosas hoy». Y después de esto salió, y contempló a un publicano, por nombre Leví sentado en el telonio, y díjole: «Sígueme». Y, abandonando todo, levantándose, siguióle. E hizo recepción grande Leví a él en su casa, y había turba mucha de publicanos y otros que estaban con ellos recostados. Y murmuraban los fariseos y los escribas de ellos(g), a sus discípulos diciendo: «¿Por qué, con los publicanos y pecadores coméis y bebéis?» Y respondiendo Jesús, dijo a ellos: «No tienen necesidad los sanos de médicos, sino los que mal están. No he venido a llamar justos, sino pecadores a penitencia». Y ellos dijeron a él: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y plegarias hacen; así mismo también los de los fariseos; ¿y los tuyos comen y beben?» Y él dijo a ellos: «¿Acaso podéis a los hijos del tálamo en tanto el Esposo con ellos está, hacer ayunar? Mas, vendrán días; y cuando será quitado de ellos el Esposo, entonces ayunarán en aquellos días». Y decía también una parábola a ellos: que «nadie remiendo, de vestido nuevo rasgando, echa en vestido viejo; que, si no por cierto, también el nuevo se rasgará, y con el viejo no se armonizará remiendo, el del nuevo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; que, si no por cierto, romperá el vino el nuevo los odres; y él se derramará, y los odres se perderán; sino que vino nuevo en odres nuevos hay que echar. Y nadie bebiendo viejo quiere nuevo; pues dice: «El viejo, bueno es». Enseñanzas Y aconteció que en sábado fue a través de sembrados; y arrancaban sus discípulos y comían las espigas, estregando con las manos. Y algunos de los fariseos dijeron: «¿Qué hacéis lo que no es lícito los sábados?» Y, respondiendo, a ellos dijo Jesús: «¿Ni esto habéis leído lo que hizo David cuando hambreó él y los con él? ¿Cómo entró en la casa de Dios, y, los panes de la proposición tomando, comió y dio a los con él; que no es lícito comer, sino a solos los sacerdotes?» Y decíales: «Señor es también del sábado el Hijo del hombre». Y aconteció que en otro sábado entró en la sinagoga y enseñó. Y estaba allí un hombre, y su mano la derecha, era seca, y acechábanle los escribas y los fariseos, si en el sábado cura, para hallar cómo acusarle. Y él sabía sus consideraciones, y dijo al hombre, al que seca tenía la mano: «Levántate, y párate al medio». Y levantándose, paróse. Y dijo Jesús a ellos: «Pregúntoos, ¿si es lícito el sábado bien hacer o mal hacer, alma salvar o perder?» Y, mirando alrededor a todos ellos, díjole: «Extiende tu mano». Y él hizo así, y restituida fue su mano. Y ellos llenáronse de desconcierto; y, conversaban entre sí qué harían a Jesús. Y aconteció en estos días que salió al monte a orar, y estaba pernoctando en la oración de Dios. Y cuando amaneció, convocó a sus discípulos, y, eligiendo de ellos doce, los que también apóstoles llamó, a Simón, al que también llamó Pedro, y a Andrés, su hermano, y a Santiago, y Juan, y Felipe, y Bartolomé, y Mateo, y Tomás, a Santiago de Alfeo, y Simón, el llamado Celador(a), y Judas de Santiago, y a Judas Iscariot(b); quien fue traidor, y bajando con ellos paróse en lugar llano; y turba mucha de sus discípulos, y gentío mucho del pueblo, de toda la Judea, y Jerusalén y la marina de Tiro y Sidón; que vinieran a oírle y sanar de sus enfermedades; y los vejados por espíritus inmundos eran curados; y toda la turba buscaba cómo tocarle; porque fuerza de él salía, y sanaba a todos. Y él, alzando sus ojos a sus discípulos, dijo: «Bienaventurados, los pobres; porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados, los que hambreáis ahora; porque seréis hartos. Bienaventurados, los que lloráis ahora; porque reiréis. Bienaventurados sois, cuando os aborrecieren los hombres, y afrentaren; y arrojaren fuera vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos aquel día y brincad; pues he aquí vuestro galardón ¡mucho en el cielo! pues así mismo hacían a los profetas los padres de ellos. Empero, ay de vosotros, los ricos; pues os lleváis vuestra consolación. Ay de vosotros, los hartos ahora; pues hambrearéis. Ay de los que reís ahora; pues lamentaréis y lloraréis. Ay cuando de vosotros bellamente dijeren todos los hombres; pues así mismo hacían a los pseudoprofetas los padres de ellos. Pero a vosotros digo, los oyentes: amad a vuestros enemigos; bellamente haced a los que os aborrecen; bendecid a los que os imprecan; orad por los que os dañan. Al que te hiere en la mejilla, preséntale también la otra; y al que se lleve tu vestidura,tampoco la túnica niegues. A todo el que te pide, da, y del que se lleva lo tuyo, no vuelvas a pedir. Y según queréis que os hagan los hombres, hacedles asimismo. Y, si amáis a los que os aman ¿qué gracia(c) tenéis? Pues también los pecadores a los que les aman, aman. Y si bien hacéis a los que os hacen ¿qué gracia tenéis? También los pecadores lo mismo hacen. Y si prestareis a los de quien esperáis coger ¿qué gracia tenéis? También pecadores a pecadores prestan, para recoger otro tanto. Empero, amad a vuestros enemigos y bien haced, y prestad, nada esperando por ello; y será vuestro galardón mucho, y seréis hijos del Altísimo; porque él bueno es con los ingratos y malos. Haceos misericordiosos, según vuestro Padre misericordioso es. Y no juzguéis, y no se os juzgará, no. Y no condenéis, y no se os condenará, no. Perdonad, y se os perdonará. Dad, y se os dará; medida hermosa, apretada, remecida, rebosante darán en vuestro seno; pues con la medida que medís, se os volverá a medir». Y dijo también parábola a ellos: «¿Por ventura puede ciego a ciego guiar? ¿Acaso ambos dentro al hoyo no caerán? No hay discípulo sobre el maestro; y perfecto todo(d) será como su maestro. Y, ¿qué miras la paja, la en el ojo de tu hermano, y la viga, la en el propio ojo, no consideras? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja arroje yo fuera la paja, la en tu ojo, tú mismo la en tu ojo, viga no mirando? Hipócrita, arroja fuera primero la viga, del ojo tuyo, y entonces mirarás cómo la paja, la en el ojo tu hermano, arrojar. Pues no hay árbol hermoso que haga fruto podrido; ni a su vez árbol podrido que haga fruto hermoso. Pues cada árbol por su propio fruto es conocido; pues no de espinas recogen higos; ni de zarza uva vendimian. El buen hombre del buen tesoro del corazón saca lo bueno; y el malo de lo malo saca lo malo; pues de abundancia de corazón habla su boca. ¿Qué me llamáis: «¡Señor! ¡Señor!» y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí y que oye mis palabras y hácelas —os manifestaré a quién es semejante. Semejante es a hombre edificando casa; quien cavó, y ahondó y puso cimiento sobre piedra. E, inundación viniendo, rompió el río sobre aquella casa, y no pudo conmoverla, por lo hermosamente edificada que estaba. Pero el que oye y no hace, semejante es a hombre edificando casa sobre tierra, sin cimiento; sobre la cual rompió el río, y al punto se derrumbó, y fue el rompimiento de aquella casa magno». Milagros y enseñanzas Cuando ya llenó(a) a todas sus palabras en los oídos del pueblo, entró en Cafarnaúm. Y de cierto centurión el siervo mal estando, había de finar; que le era apreciado. Y, oyendo acerca de Jesús, envió a él ancianos de los judíos, rogándole que, viniendo, salvase a su siervo. Y ellos, acercándose a Jesús, pedíanle instantemente, diciendo: que, «digno es de que le otorgues esto; pues ama nuestra gente, y la sinagoga él nos edificó». Y Jesús iba con ellos. Y, cuando ya él no lejos estaba de la casa, mandó amigos el centurión, diciéndole: «Señor, no te mortifiques; que no digno soy de que bajo mi techo entres; por lo cual ni a mí mismo he creído digno de a ti venir; mas di con una palabra, y ¡sane mi niño! Que también yo hombre soy bajo potestad constituido teniendo bajo mí mismo soldados, y digo a éste: «Ve, y va», y a otro: «Ven, y viene»; y a mi siervo: «Haz esto, y hace». Y oyendo esto Jesús, admiróle, y volviéndose, a la a él siguiente turba, dijo: «Dígoos, ni en Israel tanta fe he encontrado». Y retornando a su casa los enviados, encontraron al siervo sano. Y aconteció en seguida, fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y turba mucha. Y, en acercándose a la puerta de la ciudad, he aquí llevárase fuera difunto al unigénito hijo de su madre; y ella era viuda; y turba de la ciudad bastante había con ella. Y, viéndola el Señor, lastimóse de ella y díjola: «No llores». Y, acercándose, tocó el féretro; y los llevadores paráronse. Y dijo: «Jovencito, (te digo) levántate». Y sentóse el muerto, y empezó a hablar, y dióle a su madre. Y cogió temor a todos, y glorificaron a Dios, diciendo: «que profeta grande se ha levantado en nosotros» y que «ha visitado Dios a su pueblo». Y salió esta palabra en toda la Judea acerca de él y toda la circunvecindad. Y anunciaron a Juan sus discípulos acerca de todas estas cosas. Y, llamando a sí ciertos dos de sus discípulos Juan, mandóles al Señor, diciendo: «¿Tú eres, el que viene o a otro esperamos?» Y, acercándose a él los varones, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: «Tú eres el que viene, ¿o a otro esperamos?» En aquella hora curara, a muchos de enfermedades, y plagas y espíritus malos, y a ciegos muchos agraciara con el ver. Y, respondiendo, díjoles: «Yendo, anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: ciegos ven; cojos paséanse; leprosos limpios son; sordomudos oyen; muertos resucitan; pobres son evangelizados; y bienaventurado es, quien no se escandalizare en mí». Y, yéndose los mensajeros de Juan, empezó a decir a las turbas sobre Juan: «¿Qué habéis salido al desierto a mirar? ¿caña por el viento balanceada? Pero ¿qué habéis salido a ver? ¿A hombre de blandas vestiduras revestido? He aquí los que en vestimenta ostentosa y voluptuosidad viven, en los palacios están. Pero ¿qué habéis salido a ver? ¿A un profeta? —Sí, dígoos, y más que profeta. Este es, de quien está escrito: He aquí envío a mi mensajero delante de tu faz; quien preparará tu camino delante de ti». Dígoos: mayor, en nacidos de mujeres, que Juan, ninguno hay; pero el menor en el reino de Dios, mayor que él es». Y todo el pueblo oyendo(b), y los publicanos justificaron(c) a Dios, siendo bautizados con bautismo de Juan; mas, los fariseos y los escribas el consejo de Dios frustraron para sí, no siendo bautizados por él. «¿A quién, pues, asemejaré los hombres de esta generación, y a quién son semejantes? Semejantes son a pequeñuelos, a los sentados en las plazas y voceándose entre sí, que dicen:Flauteádoos hemos, y no habéis danzado,trenádoos hemos, y no habéis llorado(d). Pues vino Juan el Bautista ni comiendo pan ni bebiendo vino, y decís: «Demonio tiene». Ha venido el Hijo del hombre comiendo y bebiendo, y decís: «He aquí un glotón y vinolento, amigo de publicanos y pecadores». Y justificada ha sido la sabiduría(e) por todos los hijos de ella». Y rogaba alguno a él de los fariseos que comiese con él; y, viniendo a la casa del fariseo, reclinóse. Y he aquí una mujer, la que había en la ciudad, pecadora, en sabiendo que está recostado en la casa del fariseo, trayendo alabastro de ungüento, y parándose junto a sus pies llorando, con las lágrimas empezó a regar sus pies; y con los cabellos de su cabeza enjugaba y besaba tiernamente sus pies y ungía con el ungüento. Y, viendo el fariseo el que le llamara, habló dentro de sí, diciendo. «Este, si fuera profeta, conocería quién y de dónde, la mujer, la que le toca; porque pecadora es». Y respondiendo Jesús, dijo a él: «Simón, tengo a ti algo que decir». Y él «Maestro, di», dice: «Dos deudores había de cierto prestamista: el uno debía denarios quinientos, y el otro, cincuenta. No teniendo ellos cómo devolver, a los dos perdonó. ¿Quién, pues, de ellos más le amará?» Respondiendo Simón, dijo: «Paréceme que a quien lo más perdonó». Y él díjole: «Rectamente has juzgado». Y, volviéndose a la mujer, a Simón dijo: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa; agua para los pies no me diste; mas ésta con las lágrimas ha regado mis pies y con sus cabellos enjugado. Beso no me diste; mas ésta, desde que entré, no ha dejado de besarme tiernamente los pies. Con óleo mi cabeza no has ungido; pero ella con ungüento ha ungido mis pies. Por lo cual (dígote) perdonados le están sus pecados, —los muchos, pues amó mucho; mas a quien poco se perdona,— también poco ama». Y díjola: «Perdonados te están los pecados». Y empezaron los comensales a decir dentro de sí: «¿Quién éste es que también pecados perdona?» Y dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; ve a paz». Y aconteció en seguida de esto que él atravesaba cada ciudad y aldea, predicando y evangelizando el reino de Dios; y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malos y enfermedades: María, la llamada Magdalena; (de la cual demonios siete habían salido). y Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas; las cuales servíanles de sus haciendas. Y, juntándose mucha turba, y los de cada ciudad viniendo junto a él, dijo por parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla, y sembrando él, lo uno cayó junto al camino, y conculcado fue, y los volátiles del cielo devoráronlo. Y lo otro cayendo fue sobre la piedra, y, naciendo, secóse por no tener humedad. Y lo otro cayó en medio de las espinas, y naciendo a la vez las espinas, ahogáronlo. Y lo otro cayó en la tierra la buena y, naciendo, hizo fruto céntuplo». Esto diciendo, clamó: «El que tenga orejas para oír, oiga». Preguntáronle sus discípulos cuál fuese esta parábola. Y él dijo: «A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; a los demás, empero, ¡en parábolas! porque, viendo, no vean, y, oyendo no oigan. Es ésta, empero, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los juntos al camino, son los que oyen; después viene el diablo y quita la palabra, de sus corazones, no sea, que creyendo, se salven. Y los sobre la piedra —los que, cuando oyeren, con gozo reciben la palabra; y éstos raíz no tienen— los que, por tiempo creen, y en tiempo de tentación, se apartan. Y lo sobre espinas caído, éstos son los que oyen, y por los cuidados y riquezas y placeres de la vida, yendo, se ahogan y no maduran. Y lo que en hermosa tierra, éstos son los que en corazón hermoso y bueno, oyendo, la palabra retienen y fructifican en paciencia.» «Y nadie la candela tomando, ocúltala con vaso, o por debajo de cama pone, sino sobre candelero pone para que los que entran, vean la luz. Pues no hay cosa oculta que manifiesta no se haga, ni escondida que no se conozca y a público venga. Mirad, pues, como oigáis(a); porque quien tuviere, —darásele; y, quien no tuviere,— también lo que parece tener, quitado será de él». Y acercáronsele la madre y los hermanos de él, y no podían llegar a él por causa de la turba. Y anunciósele: «Tu madre y tus hermanos parados están fuera, verte queriendo». Y él, respondiendo, dijo a ellos:«Madre mía y hermanos míos, éstos son, los que la palabra de Dios oyen y hacen». Y aconteció en uno de los días que él en entró en barca y los discípulos de él; dijo a ellos: «Atravesemos allende del lago»; y zarparon. Y, navegando ellos, durmióse. Y bajó un torbellino de viento al lago, e íbanse inundando y zozobrando. Y, acercándose, despertáronle, diciendo: «¡Amo, amo, perecemos!» Y él, levantándose, impuso al viento y al golpe del agua; y calmaron y fue bonanza. Y díjoles: «¿Dónde vuestra fe?» Y atemorizándose, maravilláronse, diciendo unos a otros: «¿Quién, pues, éste es, que también a los vientos ordena y al agua, y obedécenle?» Y navegaban abajo, a la región de los gerasenos; la cual está frente de la Galilea. Y, saliendo él a la tierra, vínole al encuentro cierto hombre de la ciudad, teniendo demonios; tiempo bastante no se puso vestidura; y en casa no quedaba, sino en las tumbas. Y, viendo a Jesús, vociferando cayó ante él y con voz grande dijo: «¿Qué a mí y a ti Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ruégote, no me atormentes». (Pues significara al espíritu, al inmundo salir del hombre). Pues muchos tiempos habíale arrebatado consigo; y atábasele, con cadenas y grillos guardado; y, destrozando las ataduras, llevado era por el demonio a los desiertos. Y preguntóle Jesús: «¿Qué nombre tienes?» Y él dijo: «Legión»; pues entraron demonios muchos en él. Y rogábanle que no les ordenase al abismo irse. Y había allí una piara de puercos bastantes, que pacía en el monte; y, rogáronle que les permitiese en aquéllos entrar. Y permitióles. Y saliendo los demonios del hombre, entraron en los puercos; y precipitóse la piara escarpa abajo al lago y ahogóse. Y, viendo los que apacentaban, lo acontecido, huyeron, y, yéndose, lo anunciaron a la ciudad y los campos. Y salieron a ver lo acontecido, y vinieron a Jesús; y encontraron sentado al hombre de quien los demonios salieron, vestido y cuerdo, a los pies de Jesús; y atemorizáronse. Y contáronles los que vieran, cómo fue salvado el endemoniado. Y rogáronle toda la muchedumbre de los circunvecinos de los gerasenos se retirase de ellos; pues de temor grande eran estrechados; y él, entrando en barca, retornó. Y pidióle el hombre de quién habían salido los demonios, estar con él. Pero despidióle, diciendo. «Retorna a tu casa, y refiere cuanto te ha hecho Dios.» Y retiróse, por toda la ciudad publicando cuanto le hizo Jesús. Y entrando Jesús, acogióle la turba; porque estaban todos aguardándole. Y he aquí vino un hombre cuyo nombre Jairo; y éste, príncipe de la sinagoga era; y cayendo a los pies de Jesús, rogábale fuese a su casa; pues hija unigénita tenía como de años doce, y ésta moríase. Y, yendo él, las turbas del todo sofocábanle. Y una mujer que estaba en flujo de sangre, años doce había; la cual habiendo en médicos gastado toda su hacienda, no pudo ser por ninguno curada, acercándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido; y al punto paró el flujo de su sangre. Y dijo Jesús: «¿Quién, el que me ha tocado?» Y negando todos, dijo Pedro: «Amo, las turbas estréchante y estrujan, y dices: «¿Quién el que me ha tocado?» Y Jesús dijo: «Tocado me ha alguien; pues yo he conocido virtud salida de mí» Y viendo la mujer que no se ha ocultado, temblorosa vino, y cayendo ante él, por qué causa le ha tocado, significó a la faz de todo el pueblo, y cómo ha sanado al punto. Y él díjola: «Hija, tu fe te ha salvado; ve a paz». Aún hablando él, viene alguien del arquisinagogo, diciendo: que «ha muerto tu hija; ya no mortifiques al Maestro. Y Jesús, oyendo, respondióle: «No temas; sólo cree, y salvará». Y, viniendo a la casa, no dejó entrar ninguno consigo, sino a Pedro, y Juan, y Santiago, y al padre de la niña y a la madre. Y plañían todos y lamentábanla. Y él dijo: «No plañáis; que no ha muerto, sino dormídose». Y reíanse de él, sabiendo que murió. Y él cogiendo la mano de ella, clamó diciendo: «¡La niña! levántate». Y volvió el espíritu de ella, y resucitó al punto; y ordenó se la diera de comer. Y arrobáronse los padres de ella; y él significóles a ninguno decir lo acontecido. Milagros y enseñanzas Y, convocando a los doce, dióles fuerza y potestad sobre todos los demonios y para enfermos curar; y envióles a predicar el reino de Dios y sanar, y dijo a ellos: «Nada cojáis para el camino: ¡ni báculo, ni alforja, ni pan, ni plata, ni dos túnicas tener! Y en la casa que entréis, —allí quedad, ni de allí salgáis. Y cuantos no os recibieren, saliendo de aquella ciudad— el polvo de vuestros pies sacudid en testimonio de ellos». Y, saliendo, atravesaban por las aldeas, evangelizando y curando doquiera. Y oyó Herodes, el tetrarca, lo sucedido todo, y confundióse por decirse de algunos: que «Juan ha resucitado de muertos», y de algunos: que «Elías ha aparecido»; y de otros que «algún profeta de los antiguos se ha levantado». Y dijo Herodes: «A Juan yo decapité; y ¿quién es éste acerca del cual oigo tales cosas?» Y buscaba verle. Y retornando los apóstoles refiriéronle cuanto hicieron. Y, tomándoles consigo, retiróse aparte, a una ciudad llamada Betsaida. Y las turbas, conociendo, siguiéronle; y, acogiéndoles, hablábales del reino de Dios y a los que menester habían curación, sanaba. Y el día empezaba a declinar; y, acercándose los doce, dijéronle: «Despide la turba, porque, yendo a las, en torno, aldeas y campos, se hospeden y hallen comestibles; pues aquí en desierto lugar estamos». Y dijo a ellos: «Dadles de comer vosotros». Y ellos dijeron: «No tenemos más que panes cinco y peces dos; —a no ser que, yendo, nosotros comprásemos para todo este pueblo, viandas». Pues eran como varones cinco mil. Y dijo a sus discípulos: «Recostadles— comensalías(a) como de a cincuenta». E hicieron así, y recostaron a todos. Y, tomando los cinco panes y los dos peces, mirando hacia el cielo, bendíjolos, y fue partiendo, y dio a los discípulos para servir a la turba. Y comieron y hartáronse todos, y alzado fue lo sobrante a ellos: de pedazos cofines doce. Y aconteció, estando él orando a solas, estaban con él los discípulos, y preguntóles, diciendo: «¿Quién yo las turbas dicen que soy?» Y ellos, respondiendo, dijeron: «Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros que algún profeta de los antiguos ha resucitado». Y díjoles: «Y vosotros ¿quién yo decís que soy?» Y Pedro, respondiendo dijo: «El Cristo de Dios». Y él intimándoles, significó a ninguno decir esto; diciendo que «debe el Hijo del hombre muchas cosas padecer y ser desestimado por los ancianos, y sumos sacerdotes y escribas; y muerto ser y al tercer día resucitar». Y dijo a todos: «Si alguno quiere en pos de mí venir, niéguese a sí mismo; alce su cruz cada día y sígame. Pues, quien quisiere su alma salvar, perderála, y quien perdiere su alma por causa mía, éste salvarála. Pues ¿qué aprovecha el hombre, ganando el universo entero, y a sí mismo perdiéndose o dañándose? Pues, quien se avergonzare de mí y de mis palabras; —de éste el Hijo del hombre se avergonzará, cuando viniere en la gloria de él, y del Padre y de los santos ángeles. Y dígoos verdaderamente: hay algunos de los aquí parados que no gustarán, no, muerte, hasta que vieren la realeza de Dios.» Y aconteció, después de estas palabras como días ocho, que tomando consigo a Pedro, y Juan y Santiago, subió al monte a orar. Y tornóse, orando él, la figura de su rostro otra, y su vestimenta esplendorosa— destellando. Y he aquí varones dos conversaban con él; los que eran Moisés y Elías; que, apareciendo en gloria, decían la salida de él que había de cumplir en Jerusalén. Y Pedro y los con él, estaban cargados de sueño; y despertando de él, vieron su gloria y los dos varones los parados junto a él. Y aconteció, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: «Amo, bello es que nosotros aquí estemos, y hagamos tiendas tres: una a ti, y una a Moisés y una a Elías»; no sabiendo lo que dice. Y, esto él diciendo, hubo una nube y fue sombreándoles. Y atemorizáronse al entrar ellos en la nube. Y voz hubo de entre la nube, diciendo: «Este es el Hijo mío, el elegido: a él oíd». Y, cuando hubo la voz, hallóse Jesús solo. Y ellos callaron y a nadie significaron en aquellos días nada de lo que han visto. Y aconteció el siguiente día, bajando ellos del monte, junta encontróle turba mucha. Y he aquí un hombre, desde la turba, gritó diciendo: «Maestro, ruégote mires a mi hijo, pues unigénito mío es; y he aquí un espíritu cógele y de súbito vocifera, y dilacérale con espuma; y apenas retírase, deshaciéndole; y rogué a tus discípulos que le lanzasen, y no pudieron». Y respondiendo Jesús, dijo: «Oh generación increyente y perversa ¿hasta cuándo estaré con vosotros y os sufriré? Trae para acá tu hijo». Y, aún acercándose él, convulsionóle el demonio y al par dilaceróle. E impuso Jesús al espíritu, al inmundo; y sanó al niño; y devolvióle a su padre. Y pasmáronse todos de la grandeza de Dios.Y todos maravillándose de todo lo que hacía Jesús, dijo a sus discípulos: «Poned vosotros en vuestras orejas estas palabras: pues el Hijo del hombre ha de ser entregado en manos de hombres». Mas ellos ignoraban esta palabra, y encubierta estaba ante ellos, para que no la entendiesen; y temían preguntarle acerca de esta palabra. Y entró consideración en ellos de quién sería mayor de ellos. Y Jesús, viendo la consideración del corazón de ellos, tomando un niñito, paróle junto a sí, y díjoles: «Quien recibiere a este niñito en nombre mío, a mí recibe; y quien a mí recibiere, recibe al que me ha enviado. Pues, el que menor en todos vosotros hay, éste es grande». Y, respondiendo Juan, dijo: «Amo, hemos visto a alguno en tu nombre lanzando demonios; y le estorbábamos, pues no sigue con nosotros». Y dijo a él Jesús: «No estorbéis; porque, quien no es contra vosotros, por vosotros es». Y aconteció, al cumplirse los días de su asunción, que él la faz fijó para ir a Jerusalén; y envió mensajeros ante su faz. Y, yendo entraron en aldea de samaritanos, a prevenir, para él. Y no le recibieron, porque su faz era yendo a Jerusalén. Y, viendo los discípulos, Santiago, y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres digamos fuego baje del cielo y los consuma(b)? Mas, volviéndose, impúsoles y dijo: «No sabéis de qué espíritu sois, pues el Hijo del hombre no ha venido almas de hombres a perder, sino a salvar». Y fueron a otra aldea. Y, yendo ellos, en el camino uno dijo a él: «Te seguiré a doquiera que te fueres». Y díjole Jesús: «Las raposas cuevas tienen, y los volátiles del cielo albergues; pero el Hijo del hombre no tiene dónde la cabeza reclinar». Y dijo a otro: «Sígueme». Y dijo: «Señor, déjame primero, yendo, enterrar a mi padre»(c). Y díjole: «Deja a los muertos enterrar sus muertos; mas tú, yéndote, anuncia doquiera el reino de Dios». Y dijo también otro: «Te seguiré, Señor; mas primero déjame despedirme de los de mi casa». Y díjole Jesús: «Nadie, echando la mano al arado y mirando a lo de atrás, bien dispuesto está para el reino de Dios». Enseñanzas Envío de los discípulos Y después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y envióles de a dos ante su faz, a toda ciudad y lugar a donde había él de ir. Y dijo a ellos: «¡La mies, por cierto, mucha! mas los obreros, ¡pocos! Rogad, pues, al señor de la mies, que obreros envíe a su mies. Idos, he aquí envíoos como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y a nadie por el camino saludéis. Y en la que entrareis —casa, primero decid: «Paz a esta vivienda». Y, si allí hubiere hijo(a) de paz, reposará por sobre él vuestra paz; empero, si no, a vosotros retornará. Y en la misma casa quedad, comiendo y bebiendo lo cerca de ellos; pues ¡digno el obrero de su salario! No paséis de casa en casa. Y a la ciudad que entrareis y os recibieren— comed lo que se os sirviere, y curad los en ella enfermos, y decidles: «Se ha acercado a vosotros el reino de Dios». Pero, a la ciudad que entrareis y no os recibieren— saliendo a las calles de ella, decid: «También el polvo pegado a nosotros de vuestra ciudad, a los pies os sacudimos; empero esto conoced: que se ha acercado el reino de Dios». Dígoos que a Sodoma en aquel día más llevadero será que a aquella ciudad. ¡Ay de ti, Corazín, ay de ti, Betsaida! pues, si en Tiro y Sidón hubiera habido las virtudes las habidas en vosotras, tiempo ha en saco y ceniza sentados se arrepintieran. Empero a Tiro y Sidón más llevadero será en el juicio que a vosotras. Y tú Cafarnaúm ¿no has sido hasta el cielo exaltada? Hasta el infierno bajarás. El que oye a vosotros, a mí oye, y el que desecha a vosotros, a mí desecha; y el que me desecha, desecha al que me ha enviado». Y retornaron los setenta y dos con gozo, diciendo: «Señor, también los demonios sujétansenos en tu nombre». Y díjoles: «Veía yo(b) a Satanás del cielo como, relámpago, caer. He aquí os he dado la potestad de pisar por sobre serpientes y escorpiones, y sobre toda la fuerza del enemigo; y nada os dañará, no. Empero, en esto no os gocéis: que los espíritus se os sujeten, mas gozaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo». En aquella hora jubiló por el Espíritu, el Santo, y dijo: «Ensálzote, Padre, señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y reveládolas a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque tal plugo ante ti. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo quisiere revelar». Y volviéndose a los discípulos, aparte dijo: «Bienaventurados los ojos los que miran lo que miráis. Pues dígoos que muchos profetas y reyes quisieron ver, lo que vosotros miráis, y no vieron, y oír lo que oís, y no oyeron». Y he aquí un legisperito levantóse tentándole, diciendo: «Maestro, ¿qué haciendo vida eterna heredaré?» Y él dijo a él: «En la ley ¿qué escrito está? ¿Cómo lees?» Y él, respondiendo dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón, y en toda tu alma y en toda tu fuerza y en toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo» Y díjole: «Rectamente has respondido; esto haz, y vivirás». Mas él, queriéndose justificar(c), dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Y, respondiendo Jesús, dijo: «Un hombre bajó de Jerusalén a Jericó, y en medio de bandidos cayó; que, también desvistiéndole y golpes imponiéndole, se fueron, dejando medio muerto. Y por acaso un sacerdote bajó en aquel camino, y, viéndole, pasó de largo. Y así mismo también un levita(d), yendo de camino, viniendo y viendo, pasó de largo. Pero un samaritano, viajando, vino cerca de él, y, viendo, lastimóse, y, llegándose, fue ligando sus llagas, infundiendo aceite y vino, y, subiéndole en la propia bestia, llevóle a posada y cuidó de él. Y al otro día, sacando(e), dio dos denarios al posadero y dijo: «Cuida de él, y todo lo que de más gastares, yo volviendo por acá te devolveré». ¿Quién de estos tres, parécete prójimo haber sido del que cayó en bandidos?» Y él dijo: «El que hizo la misericordia con él». Y díjole Jesús: «Vete, y tú haz así mismo». Y, yendo ellos, él entró en una aldea; y una mujer, por nombre Marta, hospedóle. Y ella tenía hermana llamada María; que también(f) sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra; y Marta afanábase acerca de mucho servicio. Y, parándose junto, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana sola me ha dejado servir? Di, pues, a ella que ayude juntamente conmigo». Y, respondiendo, díjole Jesús: «Marta, Marta, te cuidas y agitas acerca de muchas cosas; y una es menester(g). Y María la buena parte se ha elegido; la cual no será quitada de ella». Enseñanzas Y aconteció, estando él en un lugar orando, como acabó, dijo uno de sus discípulos a él: «Señor, enséñanos a orar, así como también Juan enseñó a sus discípulos.» Y díjoles: «Cuando orareis, decid: «Padre, santifíquese tu nombre: venga tu reino: el pan nuestro, el cotidiano, danos cada día; y perdónanos nuestros pecados; pues también nosotros mismos hemos perdonado a todo el que nos debe; y no nos entres en tentación». Y dijo a ellos: «¿Quién de vosotros tendrá amigo, e irá a él a media noche y le dirá: «Amigo préstame tres panes, puesto que un amigo mío ha venido de camino a mí, y no tengo qué servirle, y aquél de dentro, respondiendo dijere: «No me des molestias; ya la puerta cerrada está, y mis niñitos conmigo en la cama están: no puedo, levantándome, darte». (Y, si aquél perseverare golpeando), dígoos: aunque no le dé, levantándose, por ser su amigo; por su impudencia, sin embargo, alzando, darále cuanto necesita. Y yo os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; golpead y se os abrirá. Pues todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que golpea, se le abrirá. Y, ¿a quién, de entre vosotros, padre, pedirá el hijo un pez, y, en lugar de pez, sierpe le dará y pan, acaso piedra le dará? O también pedirá un huevo —¿darále escorpión? Sí, pues, vosotros, malos como sois, sabéis dádivas buenas dar a vuestros hijos ¿cuánto más el Padre, el desde cielo, dará Espíritu Santo a los que le piden?» Y estaba lanzando demonio, y él era mudo; y aconteció, saliendo el demonio, habló el mudo, y maravillarónse las turbas. Mas algunos de entre ellos dijeron: «En Beelzebub, el príncipe de los demonios, lanza los demonios»; y otros, tentando, señal desde cielo buscaban de él. Y él, sabiendo sus pensamientos, díjoles: «Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado, y casa sobre casa cae. Y si también Satanás contra sí mismo está dividido ¿cómo subsistirá su reino? porque decís que en Beelzebub lanzo yo los demonios. Y, si yo en Beelzebub lanzo los demonios, vuestros hijos ¿en quién lanzan? Por esto ellos vuestros jueces serán. Pero, si, en dedo de Dios, lanzo los demonios, por cierto ha llegado a vosotros el reino de Dios. Cuando el fuerte armado guardare su atrio, en paz está, lo que posee; pero, tan pronto como uno más poderoso que él, sobreviniendo, le venciere, toda su armadura alza, en la que fiado estaba, y sus despojos reparte. El que no es conmigo, contra mí es; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el inmundo espíritu saliere del hombre, atraviesa, por inacuosos(a) lugares, buscando reposo, y no hallando dice: «Retornaré a mi casa de donde salí»; y viniendo, halla barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros espíritus peores que él: siete, y entrando, establécense allí; y hácese lo postrero de aquel hombre peor que lo primero». Y aconteció, diciendo él esto, alzando alguien voz: una mujer, de entre la turba, díjole: «Bienaventurado el vientre el que que te llevó, y pechos que mamaste». Y él dijo: «Sí, por cierto, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y guardan». Y las turbas juntándose aún más, empezó a decir: «La generación ésta, generación mala es; señal busca, y señal no se le dará, sino la señal de Jonás. Pues, así como se hizo Jonás para los ninivitas señal, así será también el Hijo del hombre para esta generación. La reina del noto(b) levantaráse en el juicio, con los varones de esta generación, y condenaráles, pues vino de los fines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón. Y he aquí ¡más que Salomón aquí! Varones ninivitas resucitarán en el juicio con esta generación, y condenaránla; pues arrepintiéronse a la predicación de Jonás. Y he aquí ¡más que Jonás aquí!» «Y nadie, candela cogiendo en oculto(c) pone ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, porque los que entran, la luz miren. La candela de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo sencillo fuere, también todo tu cuerpo luminoso es; mas tan pronto como malo fuere; también tu cuerpo tenebroso. Mira, pues, que la luz la en ti no sea tinieblas. Si, pues, tu cuerpo todo luminoso, no teniendo parte alguna tenebrosa, será luminoso todo, como cuando la candela con el relámpago te iluminare». Y, mientras hablaba, rogábale un fariseo que comiese con él; y, entrando recostóse. Pero el fariseo, viendo, maravillóse de que primero no se lavase antes de la comida. Y dijo el Señor a él: «Ahora vosotros, los fariseos, lo de fuera del cáliz y de la escudilla limpiáis; pero lo de dentro de vosotros rebosa de rapiña y maldad. Necios ¿no el que ha hecho lo de fuera, también ha hecho lo de dentro? Por lo demás, lo de adentro dad de limosna, y he aquí todo limpio os es. Pero, ay de vosotros, los fariseos, porque diezmáis la menta y la ruda y toda hortaliza, y pervertís el juicio(d) y el amor de Dios; y esto debíase hacer y aquello no omitir. Ay de vosotros, los fariseos, porque amáis el primer asiento en las sinagogas y las salutaciones en las ágoras. Ay de vosotros, porque sois como los monumentos los invisibles; y los hombres los que se pasean por encima, no saben». Y, respondiendo uno de los legisperitos, dícele: «Maestro, esto diciendo, también a nosotros ultrajas». Y él dijo: «También de vosotros, los legisperitos, ¡ay! porque cargáis a los hombres con cargas mal llevaderas; y vosotros mismos con uno de vuestros dedos no tocáis en las cargas. Ay de vosotros, porque edificáis los monumentos de los profetas; y vuestros padres matáronles. Por cierto, testigos sois y al par os complacéis en las obras de vuestros padres; porque ellos ciertamente matáronles, y vosotros edificáis. Por esto también la sabiduría de Dios dijo: «Enviaré a ellos profetas y apóstoles; y de ellos matarán y perseguirán; para que exigida sea la sangre de todos los profetas, la derramada, de fundación de mundo, de esta generación; de sangre de Abel a sangre de Zacarías, del que pereció entre el ara y la casa. Sí, dígoos: exigiráse de esta generación. Ay de vosotros, los legisperitos, porque os llevasteis la llave del conocimiento: vosotros mismos no entrasteis(e) y a los que entraban, estorbasteis». Y, de allí saliendo él, empezaron los escribas y los fariseos a terriblemente asediar y abocarle acerca de más cosas, (11:53) acechándole por coger algo de su boca para acusarle. Enseñanza Entre tanto, juntándose aún más las miríadas(a) de la turba, hasta hollarse unos a otros, empezó a decir a sus discípulos primero: «Guardaos de la levadura (la que es hipocresía) de los fariseos. Y nada encubierto está que no se descubra, ni oculto que no se conozca. Por esto cuanto en las tinieblas habéis dicho, en la luz se oirá; y lo que a la oreja habéis hablado en las alcobas, predicado será sobre los terrados. Dígoos a vosotros, mis amigos: no temáis a los que matan el cuerpo y, después de esto, no tienen más que hacer. Pero os mostraré a quién temáis: temed al que, después de matar, tiene potestad de arrojar a la gehenna. Sí, dígoos: a éste temed. ¿Acaso cinco gorriones no se venden por asillos(b) dos? y uno de ellos no está olvidado a la faz de Dios. Empero, también los cabellos de vuestra cabeza todos contados están. No temáis: de muchos gorriones diferís(c). Y dígoos: todo el que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; Pero, el que me negare a faz de los hombres, le renegará a faz de los ángeles de Dios. Y todo el que dijere palabra contra el Hijo del hombre, perdonarásele; mas el que contra el Santo Espíritu blasfemare, no se perdonará. Y, cuando os introdujeren en las sinagogas, y los principados y las potestades, no os solicitéis de cómo o qué respondáis o qué digáis; pues el Santo Espíritu enseñaráos en aquella hora lo que fuere menester decir». Y dijo uno de la turba a él: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia». Y él díjole: «Hombre ¿quién me ha constituido juez o partidor sobre vosotros?» Y dijo a ellos: «Ved y guardaos de toda codicia; pues no (si le sobra a alguno), la vida de él es(d) de lo que posee». Y dijo parábola a ellos diciendo: «De un hombre rico bien fructificó la región. Y consideró dentro de sí, diciendo: «¿Qué haré, pues no tengo dónde juntar mis frutos?» Y dijo: «Esto haré: derribaré mis graneros y mayores edificaré; y juntaré allí todo el trigo y los bienes míos, y diré a mi alma: «Alma, tienes muchos bienes yacientes para años muchos: descansa, come, bebe, goza». Y díjole Dios: «Necio, esta noche tu alma pedirán de ti; y lo que has preparado ¿para quién será?» Así, el que atesora para sí, y no para Dios enriquece.» Y dijo a sus discípulos: «Por esto, no os solicitéis de vuestra alma qué comáis ni de vuestro cuerpo qué vistáis. Que el alma más es que la comida, y el cuerpo, que el vestido. Contemplad los cuervos, cómo no siembran ni siegan; que no tienen despensa ni granero, y Dios aliméntalos. ¿Cuánto más vosotros diferís de los volátiles? Y ¿quién de vosotros, solicitándose, puede a su vida añadir un codo(e)? Si, pues, ni lo muy pequeño podéis ¿qué acerca de lo demás os solicitáis? Contemplad los lirios cómo crecen: no trabajan ni hilan; y dígoos: ni Salomón en toda su gloria vistióse como uno de éstos. Y, si, en campo, la hierba que es hoy, y mañana en el horno se arroja, Dios así cubre, ¿cuánto más a vosotros, poco creyentes? Y vosotros no busquéis qué comáis y qué bebáis; y no zozobréis; que esto todo las gentes del mundo se buscan; pero vuestro Padre sabe que necesitáis de esto; empero, buscad su reino y esto se os añadirá.» «No temas, el(f) pequeño rebañito; pues ha placido a vuestro Padre daros el reino. Vended lo que poseéis y dad de limosna: haceos bolsas que no envejecen, tesoro indefectible en los cielos; donde ladrón no se allega, ni carcoma corrompe; pues, donde está vuestro tesoro, allí también vuestro corazón estará.» «Estén vuestros lomos ceñidos en torno(g) y las candelas ardiendo, (en vuestras manos) y vosotros, semejantes a hombres aguardando a su señor, cuando retorne de las bodas; para que, viniendo él y golpeando, al punto le abran. Bienaventurados aquellos siervos, que, viniendo el señor, hallare velando; en verdad dígoos que se ceñirá en torno, y recostaráles y, pasando, serviráles. Y, si en la segunda y si en la tercera vigilia viniere y hallare así, bienaventurados son aquéllos. Y esto conoced que, si supiera el dueño de casa a qué hora el ladrón viene, no dejará socavar su casa. También vosotros estaos preparados; pues a la hora que no pensáis, el Hijo del hombre viene». Y dijo Pedro: «Señor, ¿a nosotros esta parábola dices, o también a todos?» Y dijo el Señor: «¿Quién, pues, es el fiel administrador, el prudente, a quien pondrá el señor sobre su servidumbre para dar a tiempo la medida de trigo(h)? Bienaventurado aquel siervo, a quien, viniendo su señor, hallare haciendo así. Verdaderamente dígoos que sobre todos sus bienes pondrále. Si dijere, empero, aquel siervo en su corazón: «Tarda mi señor en venir»; y empezare a golpear los muchachos y las muchachas, a comer así como a beber y embriagarse; llegará el señor de aquel siervo en el día que no espera y en la hora que no conoce, y le cortará en dos(i), y su parte con los infieles pondrá. Pero aquel siervo el que conoce la voluntad de su señor, y no preparare o hiciere según su voluntad, será desollado(j) con muchos(k); pero el que no conoce, e hiciere cosas dignas de golpes, será desollado con pocos. Y, a todo el que ha sido dado mucho, mucho buscarán de él; y al que han entregado mucho(l), más pedirán de él. Fuego he venido a arrojar sobre la tierra, y ¿qué quiero(m), si ya está encendido? Y, con bautismo tengo que ser bautizado; y ¿cómo me angustio hasta que se cumpla? ¿Pensáis que paz he venido a dar en la tierra? Que no, dígoos, sino sólo división. Pues habrá desde ahora mismo cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres se dividirán: padre contra hijo e hijo contra padre; madre contra hija, e hija contra la madre; suegra contra su nuera, y nuera contra la suegra». Y dijo también a las turbas: «Cuando viereis nube naciendo de occidente, al punto decís: «Lluvia viene»; y acontece así; y, cuando, al noto soplando, decís que «ardor habrá»; y acontece. Hipócritas, la faz de la tierra y del cielo sabéis examinar ¿Y qué también por vosotros mismos(n) no juzgáis lo justo? Pues, cuando vas con tu adversario al príncipe, en el camino date trabajo por librarte de él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al ejecutor, y el ejecutor te arroje en prisión. Dígote: no saldrás; no, de allí hasta que también el último maravedí pagues». Parábolas Y estaban allí algunos en este mismo tiempo, significándole acerca de los galileos, cuya sangre Pilato mezclara con los sacrificios de ellos. Y, respondiendo, díjoles: «¿Pensáis que estos galileos pecadores más que todos los galileos fueron, porque esto han padecido? Que no, dígoos; empero, si no os arrepintiereis, todos así mismo pereceréis. O aquéllos, los dieciocho sobre quienes cayó la torre en Siloé, y matóles ¿pensáis que ellos deudores fueron más que todos los hombres, los habitantes de Jerusalén? Que no, dígoos; empero si no os arrepintiereis, todos del mismo modo pereceréis». Y dijo esta parábola: «Higuera tenía uno criada en su viña, y vino buscando fruto en ella, y no encontró. Y dijo al viñador: «He aquí tres años ha que vengo buscando fruto en esta higuera, y no encuentro; córtala ¿para qué todavía la tierra esquilma?» Y él respondiendo, dícele: «Señor, déjala todavía este año, hasta que cave yo en torno de ella y arroje estercolillos: y, si ya hiciere fruto en lo venidero(a). Empero, si no cortarásla». Y estaba enseñando en una de las sinagogas en los sábados. Y he aquí una mujer que espíritu tenía de enfermedad años dieciocho, y estaba encorvada y no podía desencorvarse en manera alguna. Y viéndola Jesús, voceóle y díjole: «Mujer, libre estás de tu enfermedad», e impúsole las manos y al instante enderezóse y glorificó a Dios, Y, respondiendo el arquisinagogo, indignándose de que el sábado hubiese curado Jesús, dijo a la turba: que «seis días hay en que se debe trabajar; en ellos, pues, viniendo curaos, no el día del sábado». Y respondióle el Señor y dijo: «Hipócritas, ¿cada uno de vosotros el sábado no suelta su buey o el asno, del pesebre, y, llevando, abreva? Y a esta, hija de Abrahán siendo, a la que ató Satanás, he aquí dieciocho años ¿no se debía soltar de esta atadura el día del sábado?» Y, esto diciendo él, avergonzándose iban todos los adversos a él; y toda la turba gozábase en todas las cosas gloriosas, las hechas por él. Dijo, pues: «¿A qué semejante es el reino de Dios? ¿y a qué asemejarélo? Semejante es a un grano de mostaza, el cual, tomando un hombre, arrojó en su huerto; y creció y convirtióse en árbol, y los volátiles del cielo moraron en sus ramas». Y de nuevo dijo: «¿A quién asemejaré el reino de Dios? Semejante es a levadura, que tomando una mujer, escondió en, de harina, satos tres, hasta que se leudó todo». Y caminando iba a través de ciudades y aldeas, enseñando, y camino haciendo hacia Jerusalén. Y dijo uno a él: «Señor ¿si pocos los que se salvan?» Y él dijo a ellos: «Luchad por entrar por la estrecha puerta; pues muchos, dígoos, buscarán cómo entrar, y no podrán. Desde que se levante el dueño de casa y llavee la puerta, también empezaréis fuera a estaros y golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y respondiendo diráos: «No os conozco, de dónde sois». Entonces empezaréis a decir: «Hemos comido a faz tuya y bebido, y en nuestras calles has enseñado». Y dirá: «Dígoos: no sé de dónde sois; apartaos de mí, todos obradores de iniquidad». Allí será el llanto y el rechino de los dientes, cuando viereis a Abrahán, y a Isaac y a Jacob y todos los profetas en el reino de Dios y a vosotros arrojados fuera. Y llegarán de oriente y occidente, y de bóreas y noto; y recostaránse en el reino de Dios. Y he aquí son últimos que serán primeros, y son primeros que serán últimos». En la misma hora llegáronse algunos de los fariseos, diciéndole: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiérete matar». Y díjoles; «Yendo, decid a esa raposa: «He aquí lanzo demonios, y sanidades voy consumando hoy y mañana; —y al tercer día consumado soy(b)». Empero, debo hoy y mañana y pasado andar, que no es dable que un profeta perezca fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, la matadora de los profetas y apedreadora de los enviados a ella! —¡cuántas veces quise ir juntando tus hijos al modo que un ave va juntando su nido(c) bajo las alas, y no quisisteis! He aquí abandónaseos vuestra casa.(13:35) Y dígoos: no me veréis, no, hasta que(d) digáis: «Bendito, el que viene en nombre del Señor». Enseñanzas Y aconteció, mientras iba él a casa de uno de los príncipes de los fariseos en sábado a comer pan, que ellos estaban acechándole. Y he aquí un hombre estaba hidrópico delante de él. Y, respondiendo Jesús, habló a los legisperitos y fariseos, diciendo: «¿Es lícito el sábado curar, o no?» Mas ellos callaron. Y cogiendo sanóle y despidió; y a ellos dijo: «¿De quién de vosotros hijo o buey en pozo caerá, y no al punto le tirará arriba en día del sábado?» Y no pudieron replicar a esto. Y decía a los convidados parábolas; advirtiendo cómo los primeros lechos se elegían, diciendo a ellos: «Cuando fueres convidado de alguno a bodas, no te asientes en el primer asiento, no sea que uno más honrado que tú esté convidado por él. y, viniendo el que a ti y a él convidó, te diga: «Da a éste lugar»; y entonces empieces con vergüenza el último lugar a ocupar. Mas, cuando fueres convidado, andando recuéstate en el último lugar, para que, cuando venga el que te ha convidado, te diga: «Amigo vente subiendo más arriba»; entonces habrá para ti gloria a faz de todos los comensales tuyos. Porque, todo el que se exaltare, humillado será, y el que se humillare, exaltado será». Y decía también al que le había convidado: «Cuando hagas comida o cena, no llames tus amigos, ni tus hermanos, ni tus parientes, ni los vecinos ricos; no sea que también ellos te vuelvan a convidar y se te haga retorno. Empero, cuando banquete hagas, convida pobres, mútilos, cojos, ciegos; y bienaventurado serás, porque no tienen cómo retornarte; que se te retornará en la resurrección de los justos». Y, oyendo uno de los comensales díjole: «Bienaventurado el que come pan en el reino de Dios». Y él díjole: «Un hombre hizo cena grande y convidó a muchos; y envió a su siervo, a la hora de la cena, a decir a los convidados: «Venid, que ya las cosas preparadas están». Y empezaron a una todos a excusarse. El primero díjole: «Campo he comprado, y tengo necesidad de, saliendo, verlo; ruégote, tenme por excusado». Y otro dijo: «Yuntas de bueyes he comprado cinco, y voy a probarlas; ruégote, tenme por excusado». Y otro dijo: «Mujer he tomado, y por esto no puedo ir». Y, volviendo aquel siervo, refirió a su señor estas cosas. Entonces, airado el dueño de casa, dijo a su siervo: «Sal pronto a las vías y calles de la ciudad y a los pobres, y mútilos, y ciegos y cojos tráete acá». Y dijo el siervo: «Señor, hecho está lo que ordenaste, y todavía lugar hay». Y dijo el señor al siervo: «Sal a los caminos y cercas, y fuérzales a entrar, para que se llene mi casa». Pues dígoos que ninguno de aquellos varones los convidados, gustará mi cena». E iban con él turbas muchas; y, volviéndose dijo a ellos: «Si alguno viene a mí, y no odia a su padre, y la madre, y la mujer, y los hijos, y los hermanos y las hermanas, y aún también su alma(a), no puede ser mi discípulo. Quienquiera, pues, que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo(b). Pues ¿quién de entre vosotros, queriendo torre edificar no ya primero, sentándose, calcula el gasto, si tiene para conclusión? No sea que, más tarde, habiendo él puesto el cimiento y no pudiendo concluir, todos los que miran, empiecen a mofarse de él, diciendo: que este hombre empezó a edificar y no pudo concluir. ¿O qué rey, yendo con otro rey a chocar en guerra, no ya, sentándose, primero consultará, si poderoso es, en diez millares, a afrontar al que con veinte millares viene sobre él? Empero, si no, aún él lejos estando, embajada enviando, ruega lo para paz. Así, pues, cada uno de entre vosotros, que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. ¡Bella, pues, la sal! pero, si también la sal se desvaneciere ¿en qué se sazonará? Ni para la tierra, ni para el estercolero buena es; fuera arrójanla. El que tiene orejas para oír, oiga». Parábolas sobre la piedad divina Y estábansele acercando todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y mucho murmuraban así los escribas como los fariseos, diciendo: que «éste pecadores acoge y come con ellos». Y dijo a ellos esta parábola, diciendo: «¿Qué hombre de entre vosotros, teniendo cien ovejas y perdiendo de entre ellas una, no abandona las noventa y nueve en el desierto y va tras la perdida, hasta hallarla? Y, hallando, impónela sobre sus hombros gozándose y viniendo a la casa, convoca los amigos y los vecinos, diciéndoles: «Gozaos conmigo, porque he hallado mi oveja la perdida». Dígoos que así gozo en el cielo habrá sobre un pecador arrepentido, que sobre noventa y nueve justos, los que necesidad no tienen de arrepentimiento». «¿O qué mujer, dracmas teniendo diez, cuando perdiere dracma una, no ya enciende candela y barre la casa y busca empeñosamente hasta que la halla? Y, hallando, convoca las amigas y vecinas diciendo: «Gozaos conmigo, pues he hallado la dracma que perdiera». Así, dígoos, hácese gozo a la faz de los ángeles de Dios sobre un pecador arrepentido.» Y dijo: «Un hombre tenía dos hijos. Y dijo el menor de ellos al padre: «Padre, dame la correspondiente parte de los bienes». Y él repartióles la hacienda. Y, después de no muchos días, reuniendo todo el hijo menor, peregrinó a región lejana; y allí, disipó sus bienes, viviendo perdidamente. Y, habiendo gastado él todo, hubo hambre fuerte por aquella región, y él empezó a padecer, y, yendo, adhirió a uno de los ciudadanos de aquella región; y envióle a sus campos a apacentar puercos. Y deseaba hartarse(a) de las algarrobas(b) que comían los puercos; y nadie dábale. Y, en sí volviendo, dijo: «¡Cuántos jornaleros de mi padre abundan de panes, y yo de hambre aquí perezco! Levantándome, iré a mi padre, y diréle: «Padre, he pecado contra el cielo y a faz de ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo; hazme como uno tus jornaleros». Y, levantándose, vino a su padre. Y aún lejos de él estando, vióle su padre, y lastimóse; y, corriendo, cayó sobre su cuello y tiernamente besóle. Y dijo el hijo a él: «Padre, he pecado contra el cielo y a faz de ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo». Y dijo el padre a sus siervos: «Pronto traed acá estola la primera, y vestidle y dad anillo a su mano y calzados a sus pies; y traed el becerro el cebado, matad, y, comiendo, gocemos; porque este hijo mío muerto era y ha revivido; estaba perdido, y ha sido hallado». Y empezaron a gozar. Mas estaba su hijo el mayor en el campo. Y, como, viniendo, aproximóse a la casa, oyó sinfonía y danzas, y, llamando a sí a uno de los niños, averiguó qué fuese esto. Y él díjole: que «tu hermano ha llegado y ha muerto tu padre el becerro el cebado, porque sano le ha recobrado». Y airóse, y no quiso entrar. Mas su padre, saliendo, rogábale. Pero él respondiendo, dijo a su padre: «He aquí tantos años te sirvo y jamás tu mandato preterí, y a mí jamás diste cabrito, porque con mis amigos gozara; Pero, cuando tu hijo éste, el que ha devorado tu hacienda con rameras, ha venido, hazle muerto el cebado becerro». Y él díjole; «Hijo, tú doquiera conmigo estás, y todo lo mío tuyo es; pero gozarse y alegrarse era menester, porque tu hermano éste muerto era y ha revivido, y perdido y ha sido hallado». Parábolas sobre las riquezas Y decía también a los discípulos: «Un hombre había rico, que tenía administrador, y éste fuéle acusado como disipando sus bienes. Y, voceándole, díjole: «¿Qué esto oigo de ti? Da la cuenta de tu administración: pues no podrás ya administrar». Y dijo entre sí el administrador: «¿Qué haré, que mi señor quita la administración de mí? Cavar no puedo, y de mendigar avergüénzome. He advertido qué haré, para que, cuando fuere sacado de la administración, me reciban en sus casas. Y, llamando a sí a cada uno de los deudores de su señor, decía al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?» Y él dijo: «Cien batos(a) de aceite». Y él díjole: «Toma tus escrituras, y sentándote, escribe pronto: «Cincuenta». Después a otro dijo: «Y tú ¿cuánto debes?» Y él dijo «Cien coros(b) de trigo». Dícele: «Toma tus escrituras, y escribe: «Ochenta». Y alabó el señor al administrador de la iniquidad, porque prudentemente obró, porque los hijos de este siglo más prudentes sobre(c) los hijos de la luz para su generación(d) son». «Y yo os digo: haceos amigos del(e) Mamoná de la iniquidad, para que, cuando él desfalleciere, os reciban en las eternas tiendas. El fiel en cosa muy pequeña, también en mucha fiel es; y el, en cosa muy pequeña, inicuo, también en mucha inicuo es. Si, pues, en el inicuo Mamoná(f) fieles no fuisteis, lo verdadero ¿quién os fiará? Y, si en lo ajeno fieles no fuisteis; lo nuestro(g) ¿quién os dará? Ningún doméstico puede a dos señores servir; pues al uno odiará y al otro amará; o al uno adherirá, y al otro despreciará. No podéis a Dios servir y al Mamoná.» Y oían esto todos los fariseos, que amantes del dinero eran, y mucho fruncíansele de nariz. Y díjoles: «Vosotros sois los que os justificáis a faz de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones, pues, lo en los hombres alto, ¡abominación, a faz del Señor!». «¡La ley y los profetas, hasta Juan!; desde entonces el reino es evangelizado, y cada cual a él se esfuerza(h). Y más fácil es que el cielo y la tierra pasen que de la ley tilde una caiga(i)». «Todo el que repudiare a su mujer, y se casare con otra, adultera; y el que con repudiada por varón se casare, adultera.» «Y un hombre había rico; y que se revestía siempre de púrpura y biso(j), gozando cada día espléndidamente. Y un mendigo por nombre Lázaro(k), estaba arrojado contra su portada ulcerado, y deseando hartarse de lo que caía de la mesa del rico(l); —pero también los perros, viniendo, lamían(m) sus úlceras. Y aconteció morir el mendigo y ser llevado de allí él, por los ángeles, al seno de Abrahán; y murió también el rico y fue sepultado(n). Y en el infierno(o), alzando sus ojos, estando en tormentos, ve a Abrahán de lejos y a Lázaro en los senos de él. Y él, clamando, dijo: Padre Abrahán, apiádate de mí y envía a Lázaro, para que moje lo extremo de su dedo en agua, y vaya refrigerando mi lengua(p), porque afligido soy en esta llama. Y dijo Abrahán: «Hijo, acuérdate de que recibiste tus(q) bienes en tu vida; y Lázaro así mismo los males; pero aquí es consolado; y tú, afligido. Y en todo esto, en medio de nosotros y vosotros sima grande afianzada está, para que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no puedan, ni de ahí a nosotros atravesar». Y dijo: «Ruégote, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre; pues tengo cinco hermanos; para que les conjure que no también ellos vengan a este lugar del tormento». Y dícele Abrahán: «Tienen a Moisés y los profetas: oíganlos». Y él dijo: «No, padre Abrahán; empero, si alguno de entre muertos fuere a ellos, se arrepentirán». Y díjole: «Si a Moisés y los profetas no oyeren, ni si alguno de entre muertos resucitare, creerán». Enseñanzas Y dijo a sus discípulos: «Imposible es que escándalos no vengan; empero, ay del por quien vienen; conviénele, si piedra molar yace alrededor de su cuello y arrojado está en la mar; que no que escandalice, de estos pequeños a uno. Atended a vosotros: Si pecare tu hermano, intímale; y si se arrepintiere, perdónale. Y, si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces se volviere a ti, diciendo: «Arrepiéntome», perdonarásle». Y dijeron los apóstoles al Señor: «Añádenos fe». Y dijo el Señor: «Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este moral»: «Desarráigate y plántate en el mar»; y os obedecerá. ¿Y quién de vosotros, siervo teniendo, arando o apacentando(a), que, al que retorna del campo, le diga: «Pronto acercándote, recuéstate», pero no ya le diga: «Prepárame de cenar; y ciñéndote en torno, sírveme hasta que yo coma y beba; y después de esto, comerás y beberás tú? «¿Acaso tiene gratitud al siervo, porque hizo lo ordenado? Así también vosotros, decid: que siervos inútiles somos: lo que debimos hacer, hemos hecho». Y aconteció, yendo a Jerusalén, que él atravesaba por medio de Samaria y Galilea. Y, entrando él en cierta aldea, viniéronle al encuentro diez leprosos varones, que se pararon de lejos; y ellos alzaron voz, diciendo: «Jesús, amo, apiádate de nosotros». Y, viendo, díjoles: «Yendo, mostraos a los sacerdotes». Y aconteció, retirándose ellos, fueron limpios. Y uno de ellos, viendo que sanó, regresó, con voz grande glorificando a Dios; Y cayó de rostro, a los pies de él, agradeciéndole, y él era samaritano. Y, respondiendo Jesús, dijo: «¿No los diez han sido limpios? Y los nueve ¿dónde? ¿No se han hallado quien regresaran a dar gloria a Dios, sino este extranjero?». Y díjole: «Levantándote, anda»: (tu fe te ha salvado). Y preguntado por los fariseos, cuándo viene el reino de Dios, respondióles y dijo: «No viene el reino de Dios con observación(b); ni dirán: «¡He aquí o allí(c)! Pues he aquí el reino de Dios dentro de vosotros(d) está». Y dijo a los discípulos: «Vendrán días, cuando desearéis uno de los días(e) del Hijo del hombre ver, y no veréis. Y os dirán: «¡He allí; he aquí!»; no vayáis, ni corráis en pos». Pues, así como el relámpago, el relampagueante de lo debajo del cielo a lo debajo del cielo, resplandece, así será también el Hijo del hombre. Mas primero debe muchas cosas padecer y ser desestimado por esta generación. Y según como aconteció en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, casábanse, casaban, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y perdió a todos. Igualmente también como aconteció en los días de Lot (comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; y el día que subió Lot a Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y perdió a todos); lo mismo será el día que el Hijo del hombre se revele. En aquel día quien estuviere sobre el terrado, y sus enseres en la casa, no baje a alzarlos; y en el campo, igualmente no retorne a lo de atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien buscare cómo su alma lograr, perderála; y quien perdiere, viviparirála(f). Dígoos: esta noche habrá dos en lecho uno: el uno será llevado(g) de allí, y el otro, dejado; habrá dos moliendo juntas: la una será llevada de allí, y la otra dejada». Y, respondiendo, dícenle: «¿Dónde, Señor?» Y él díjoles: «Donde, la carroña(h), allí también se juntarán las águilas». Enseñanzas sobre oración, humildad, pobreza Y decía parábola a ellos sobre el deber siempre orar ellos y no acobardar, diciendo: «Un juez había en una ciudad, a Dios no temiendo, y a hombre no considerando. Y viuda había en aquella ciudad; y venía a él, diciendo: «Desagráviame de mi agraviador». Y no quería por un tiempo. Después de esto, dijo dentro de sí: «Aunque a Dios no temo ni a hombre considero, por ya acarrearme trabajo esta viuda, la desagraviaré; para que al fin, viniendo no me acardenale los ojos». Y dijo el Señor: «¡Oíd qué el juez de la iniquidad dice! Y Dios ¿no hará, no, el desagravio de sus escogidos, de los que claman a él día y noche; —y se alarga de ánimo(a) con ellos? Dígoos que, hará su desagravio en breve—. Empero, el Hijo del hombre viniendo ¿acaso hallará la fe sobre la tierra?» Y dijo también a algunos, los que confiaban en sí mismos, porque son justos, y en nada tienen a los demás, esta parábola: «Hombres dos subieron al santuario a orar: uno, fariseo, y el otro, publicano. El fariseo apostado esto consigo oraba: «¡Dios! agradézcote que no soy así como los demás hombres: rapaces, injustos, adúlteros; —o también como este publicano; ayuno dos veces el sábado(b); diezmo todo cuanto adquiero». Y el publicano, a lo lejos parado, no quería ni los ojos alzar al cielo, sino golpeaba su pecho, diciendo: «¡Dios! apiádate de mí, el pecador». Dígoos: bajó éste justificado a su casa, antes que el otro; pues todo el que se exaltare, humillado será, y el que se humillare, exaltado será». Y trajéronle también las criaturas, para que las tocase; y, viniendo los discípulos, imponíanles. Y Jesús llamólas a sí diciendo: «Dejad a los niñitos venir a mí y no les estorbéis, porque de los tales es el reino de Dios. En verdad dígoos: quien no recibiere el reino de Dios como niñito, no entrará, no, en él». Y preguntó uno a él , un príncipe, diciendo: «Maestro bueno ¿Qué haciendo, vida eterna heredaré?» Y díjole Jesús: «¿qué me dices bueno? Nadie bueno, sino uno: Dios. Los mandamientos sabes: «No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no perjurarás; honra a tu padre y tu madre». Y él dijo: «Esto todo he guardado desde juventud(c). Y, oyendo Jesús, díjole: «Todavía una cosa te falta: todo cuanto tienes, vende y reparte a mendigos, y tendrás tesoro en los cielos; y ¡acá! sígueme». Pero él, oyendo esto, triste en torno se puso, porque era rico sobremanera. Y, viéndole Jesús, dijo: «¡Cuán difícilmente los que las riquezas tienen, al reino de Dios llegan!; que más fácil es que un camello por ojo de aguja entre que un rico en el reino de Dios entre». Y dijeron los que oían: «¿Y quién se puede salvar?» Y él dijo: «Lo imposible ante los hombres, posible ante Dios es». Y dijo Pedro: «He aquí nosotros, dejando lo propio, te hemos seguido». Y él díjoles: «En verdad dígoos que ninguno hay que ha dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por causa del reino de Dios, que no reciba de fijo el múltiplo en este tiempo y en el siglo el futuro vida eterna». Y llevándose los doce aparte, dijo a ellos: «He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo escrito por los profetas, al Hijo del hombre; pues entregado será a las gentes, y escarnecido, y ultrajado, y escupido; y, después de azotar, mataránle, y al día, el tercero, resucitará». Mas ellos nada de esto comprendieron, y estaba esta palabra oculta a ellos, y no conocían lo dicho. Y aconteció, acercándose él a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino, mendigando. Y, oyendo a la turba pasar, preguntó qué era eso. Y significáronle que Jesús, el Nazareno, va pasando. Y clamó, diciendo: «Jesús, hijo de David, apiádate de mí». Y los que iban adelante, intimábanle que callara; pero él mucho más gritaba: «Hijo de David, apiádate de mí». Y, parado Jesús, mandó se le trajera a él. Y, acercándose él, preguntóle: «¿Qué te quieres haga?» Y él dijo: «Señor, que vea». Y Jesús díjole: «Ve: tu fe te ha salvado». Y al punto vio y seguíale, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, viendo, dio loor a Dios. En Jericó y Jerusalén Y, entrando, atravesó a Jericó. Y he aquí un varón por nombre llamado Zaqueo; y él era arquipublicano(a), y él rico; y buscaba cómo ver a Jesús: quién es; y no podía por la turba; pues de estatura pequeño era. Y, corriendo adelante, a lo delantero, subióse a un sicomoro(b), para verle; pues por allí había de pasar. Y, como vino al lugar, mirando hacia arriba Jesús, dijo a él: «Zaqueo, apresurándote, baja, pues hoy en tu casa debo quedarme». Y, apresurándose, bajó y recibióle, gozándose. Y, viendo todos mucho murmuraban, diciendo que con pecador varón entró a hospedarse. Y, parado Zaqueo, dijo al Señor: «He aquí la mitad de mis haberes, Señor, a los pobres doy; y, si de alguno algo he calumniado(c); devuelvo cuádruplo». Y dijo a él Jesús: que «Hoy salud a esta casa se ha hecho; —por cuanto también él hijo de Abrahán es; porque ha venido el Hijo del hombre a buscar y salvar lo perdido». Y, oyendo ellos esto, añadiendo dijo parábola, porque cerca estaba de Jerusalén él; y pensaban ellos que al punto debe el reino de Dios aparecer; dijo pues: «Un hombre noble partió a región lejana, a tomar para sí un reino y retornar. Y, llamando diez siervos suyos, dióles diez minas(d) y dijo a ellos: «Negociad, mientras vengo». Pero los ciudadanos de él, aborrecíanle, y enviaron mensaje tras él, diciendo: «No queremos que éste reine sobre nosotros». Y aconteció, regresando él, habiendo tomado el reino, que dijo que se le llamase a estos siervos, a los que había dado el dinero, para saber qué se habían negociado. Y acercóse el primero, diciendo: «Señor, tu mina diez se ha ganado minas». Y díjole: ¡Bien! buen siervo, porque, en muy pequeña cosa, fiel has sido, sé potestad teniendo sobre diez ciudades». Y vino el segundo, diciendo: «Tu mina, señor, ha hecho cinco minas». Y dijo también a éste: «También tú ponte sobre cinco ciudades». Y el otro vino, diciendo: «Señor, he aquí tu mina que yo tenía y haciendo aparte en sudario; pues te temía, porque hombre austero eres: alzas lo que no pusiste; y siegas lo que no sembraste». Dícele: «De tu boca júzgote, mal siervo. ¿Sabías que yo hombre austero soy, alzando lo que no puse y segando lo que no sembré? ¿Y por qué no diste mi dinero a mesa(e)? Y yo, viniendo, con interés lo hubiera pedido». Y a los circunstantes dijo: «Alzad de él la mina y dad al que las diez minas tiene» (y dijéronle: «¡Señor, tiene diez minas!») «Dígoos que, a todo el que tiene, se le dará y del que no tiene, también lo que tiene, se quitará. Empero, a estos mis enemigos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traed acá e idlos degollando delante de mí». Y, diciendo esto, iba adelante, subiendo a Jerusalén. Y aconteció, como se acercó a Betfagé y Betania, al monte el llamado de Olivas, envió dos de los discípulos, diciendo: «Id a la de enfrente—aldea, en que entrando, hallaréis pollino atado, sobre el cual nadie jamás de hombres se ha sentado; y soltándole, traed. Y si alguno os preguntare: «¿Por qué soltáis?» así diréis: «Porque el Señor de él necesidad tiene». Y, partiendo los enviados, hallaron, según les dijo; y, soltando ellos el pollino, dijeron los dueños de él a ellos: «¿Qué soltáis el pollino?» Y ellos dijeron: «Porque el Señor de él necesidad tiene»; y trajéronle a Jesús; y, tirando sus vestiduras sobre el pollino, subieron a Jesús. Y, caminando él, tendían debajo sus vestiduras en el camino. Y, acercándose él ya a la bajada del monte de las Olivas, empezaron toda la muchedumbre entera de los discípulos, gozándose, a loar a Dios, con voz grande, acerca de todas las que vieran virtudes, diciendo:Bendito el que viene,el rey, en nombre del Señor,en cielo paz,y gloria en lo más excelso. Y algunos de los fariseos, desde la turba, dijeron a él: «Maestro, increpa a tus discípulos». Y, respondiendo, dijo: «Dígoos que, si éstos callaran, las piedras clamarían». Y, como se acercó, viendo la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: que, «si conocieses en este día también tú lo para paz; pero ahora ocultóse a tus ojos; porque vendrán días sobre ti, y en torno te arrojarán tus enemigos empalizadas y en torno rodeárante y estrechárante doquiera, y en tierra darán contigo y tus hijos en ti y no dejarán piedra sobre piedra en ti, por cuanto no has conocido el tiempo de tu visitación». Y, entrando en el santuario, empezó a arrojar los vendientes y comprantes, diciéndoles: «Escrito está: Y será la casa mía, casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de bandidos». Y estaba enseñando todos los días en el santuario. Y los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo perderle, y los primeros del pueblo; y no hallaban cosa qué hacer; pues el pueblo entero suspendíase oyéndole. Confunde Cristo y enseña Y aconteció en uno de los días, enseñando él al pueblo en el santuario y evangelizando, llegáronse los sumos sacerdotes y escribas con los ancianos, y dijeron, hablando a él: «Dínos ¿en qué poder esto haces, o quién es el que te ha dado este poder?» Y, respondiendo, dijo a ellos: «Preguntaréos también yo una palabra, y decidme: «El bautismo de Juan ¿del cielo era o de los hombres?» Y ellos reflexionaron entre sí, diciendo: que «si dijéremos: «Del cielo», dirá: «¿Por qué no le habéis creído?» Y si dijéremos: «De los hombres», el pueblo todo entero nos apedreará; pues persuadido está de que Juan profeta es». Y respondieron no saber de dónde. Y Jesús díjoles: «Ni yo os digo en qué poder esto hago». Y empezó al pueblo a decir esta parábola: «Un hombre crió una viña, y arrendóla a agrícolas; y peregrinó tiempos bastantes. Y en tiempo envió a los agrícolas un siervo, para que del fruto de la viña le diesen; mas los agrícolas le despidieron, desollando(a), vacío. Y prosiguió a otro enviando —siervo; y ellos también a aquél desollando y deshonrando, despidieron vacío. Y prosiguió a un tercero a enviar; y ellos también a éste, llagando, arrojaron. Y dijo el señor de la viña: «¿Qué haré?— Enviaré a mi hijo el amado: tal vez a éste considerarán». Mas, viéndole los agrícolas, confirieron entre sí, diciendo: «Este es el heredero; matémosle; para que de nosotros sea la herencia». Y, arrojándole fuera de la viña, mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? Vendrá y perderá a estos agrícolas y dará la viña a otros». Y, oyendo dijeron: «¡No sea!» Mas él, contemplándoles, dijo: «¿Qué, pues, es esto escrito:La piedra que desestimaron los edificantes,ésta fue hecha en cabeza de ángulo? Todo el que cayere sobre aquella piedra, destrozado será; y sobre quien ella cayere, le aventará(b)». Y buscaron los escribas, y los sumos sacerdotes como echar sobre él las manos en la misma hora, y temían al pueblo; pues conocieron que a ellos dijo esta parábola. Y, acechando, enviaron espías que simulasen que ellos justos eran, para que cogiesen palabra de él, para entregarle al principado y la potestad del presidente. Y preguntáronle, diciendo: «Maestro, sabemos que rectamente dices y enseñas, y no aceptas rostro, sino con verdad el camino de Dios enseñas. ¿Es lícito que nosotros a César tributo demos o no?» Y penetrando su astucia, dijo a ellos: «Mostradme denario: ¿de quién tiene imagen y epígrafe?» Y ellos dijeron: «De César». Y él dijo a ellos: «Pues bien, devolved lo de César a César y lo de Dios a Dios». Y no pudieron coger palabra de él delante del pueblo; y, maravillándose de su respuesta, callaron. Y, acercándose algunos de los saduceos, que dicen que resurrección no hay, preguntáronle diciendo: «Maestro, Moisés escribiónos: Si de alguno hermano muriere, teniendo mujer, y éste sin hijos fuere, que tome su hermano la mujer y suscite simiente a su hermano. Siete hermanos, pues había; y el primero, tomando mujer, murió sin hijos; y el segundo; y el tercero tomóla; y así mismo también los siete: no dejaron hijos y murieron. Y al fin también la mujer murió. La mujer, pues, en la resurrección; ¿de quién de ellos es mujer? pues los siete tuviéronla por mujer». Y díjoles Jesús: «Los hijos de este siglo se casan y casan; mas los que por dignos fueren tenidos de aquel siglo alcanzar y la resurrección, la de entre los muertos, ni se casan ni casan; ni morir ya pueden (pues iguales a ángeles son) e hijos de Dios, de la resurrección hijos siendo. Y que resurgen los muertos también Moisés mostró (sobre la zarza),(c) como dice al Señor el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob; y Dios no es de muertos, sino de vivientes; pues todos para él viven». Y respondiendo algunos de los escribas dijeron: «Maestro, bellamente has dicho»; pues ya no se atrevían a preguntarle nada. Y dijo a ellos: «¿Cómo dicen que el Cristo es de David hijo?; pues el mismo David dice, en libro de salmos: Dijo Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta poner yo a tus enemigos debajo de tus pies. David, pues, a él Señor llama; y ¿cómo su hijo es?». Y, oyendo todo el pueblo, dijo a los discípulos: «Guardaos de los escribas, los que quieren pasearse en estolas y aman salutaciones en las ágoras, y las primeras sillas en las sinagogas y los primeros lechos en los banquetes; que devoran las casas de las viudas, y con apariencia muy largamente oran; éstos recibirán mayor juicio». Sobre la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo Y mirando vio los que echaban en el gazofilacio sus dádivas, ricos. Y vio a una viuda pobre echando allí monedas dos, y dijo: «En verdad dígoos esta viuda la mendiga más que todos echó pues todos estos, de lo sobrante a ellos, echaron a las dádivas; ésta empero, de su penuria, todo el sustento que tenía, echó». Y diciendo algunos acerca del santuario, que de piedras hermosas y dones ornado está, dijo: «Esto que miráis, —vendrán días en que no se dejará piedra sobre piedra aquí, que no sea deshecha». Y preguntáronle diciendo: «Maestro, ¿cuándo, pues, esto será, y cuál la señal cuando haya esto de acontecer?». Y él dijo: «Mirad que no se os descamine; pues muchos vendrán en mi nombre, diciendo: «Yo soy» y: «El tiempo se ha acercado»; no os vayáis en pos de ellos. Y, cuando oigáis guerras y revueltas, no os espantéis; que necesario es que esto acontezca primero, pero ¡no luego el fin!». Entonces díjoles: «Se levantará gente contra gente y reino contra reino»; y terremotos grandes, y aquí y allí pestes y hambres habrá; y cosas espantables y del cielo señales grandes habrá. Y ante todo esto, echarán sobre vosotros sus manos y perseguirán, entregando a sinagogas y prisiones, llevados a reyes y presidentes por causa de mi nombre; y sucederáos en testimonio. Poned, pues, en vuestros corazones no preocuparos de defenderos; pues yo os daré boca y sabiduría a la que no podrán contrastar o contradecir todos cuantos contra vosotros se asentaren. Y seréis entregados también por padres y hermanos, y parientes y amigos; y matarán de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por mi nombre. Y cabello de(a) vuestra cabeza no perecerá, no. En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.» «Y, cuando viereis cercado de ejércitos a Jerusalén, entonces conoced que se ha acercado su desolación. Entonces los en la Judea huyan a los montes; y los en medio de ella, retírense, y los en las regiones no entren en ella; porque días de venganza éstos son, para que se cumpla todo lo escrito. Ay de las grávidas y lactantes en aquellos días; pues habrá necesidad grande sobre la tierra e ira para este pueblo; y caerán a filo de cuchilla, y serán cautivados en las gentes todas, y Jerusalén será hollada por gentes, hasta que se cumplan tiempos de gentes.» «Y habrá señales en sol, y luna, y estrellas; y sobre la tierra angustia de gentes en desatiento de resonancia y piélago y marejada, exanimándose los hombres de temor y expectación de lo sobreviniente al orbe; pues los poderes de los cielos se estremecerán. Y entonces verán al Hijo del hombre venir en nube con poder y gloria mucha. Mas, empezando esto a acontecer, erguíos y alzad vuestras cabezas, por esto: porque se acerca vuestra redención». Y dijo parábola a ellos: «Ved la higuera y todos los árboles: cuando han brotado ya, mirando, de vosotros conocéis que ya cerca el estío está; así también vosotros, cuando viereis esto acontecer, conoced que cerca está el reino de Dios. En verdad dígoos que no pasará, no, esta generación hasta que todo acontezca. El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán, no. Y atended a vosotros, no sea que se carguen vuestros corazones en crápula(b), y embriaguez y solicitudes vitales(c), y esté sobre vosotros súbitamente aquel día, como lazo; pues aún sobrevendrá sobre todos los sentados sobre la faz de toda la tierra. Y velad en todo tiempo, rogando que logréis huir de esto todo que ha de acontecer, y presentaros delante del Hijo del hombre». Y estaba los días en el santuario enseñando; y las noches, saliendo, pernoctaba en el monte el llamado de Olivas. Y todo el pueblo madrugaba a él, en el santuario a oírle. Pasión Y acercábase la fiesta de los ázimos: la llamada pascua. Y buscaban los sumos sacerdotes y los escribas el cómo arrebatarle; pues temían al pueblo. Y entró satanás en Judas, el llamado Iscariotes, que era del número de los doce; y, yéndose, habló con los sumos sacerdotes y estrategos(a) el cómo a ellos entregarle. Y alegráronse y concertaron dinero darle. Y prometió; y buscaba oportunidad de entregarle, lejos de turba, a ellos. Y vino el día de los ázimos en que debía matarse la pascua; y envió a Pedro y Juan, diciendo: «Yendo, preparadnos la pascua, para que comamos». Y ellos dijéronle: «¿Dónde quieres preparemos?» Y él díjoles: «He aquí, entrando vosotros en la ciudad, encontraráos un hombre, cántaro de agua llevando; seguidle a la casa a donde se encamina. Y diréis al dueño de casa de la casa(b): «Dícete el Maestro: «¿Dónde está la estancia donde la Pascua, con mis discípulos, yo comer?». Y aquél os mostrará un cenáculo grande tendido(c): allí preparad. Y, yéndose, hallaron según habíales dicho, y prepararon la Pascua. Y, cuando fue la hora, recostóse y los apóstoles con él. Y dijo a ellos: «Con deseo he deseado esta Pascua comer con vosotros, antes de padecer yo; pues dígoos que ya no la comeré, no, hasta que se llene en el reino de Dios». Y recibiendo cáliz, agradeciendo, dijo: «Tomad éste y repartid entre vosotros; pues dígoos no beberé, no, desde ahora, del germen de la vid, hasta que el reino de Dios venga(d)». Y tomando pan, agradeciendo, partió y dióles, diciendo: Y, «Este es mi cuerpo el que por vosotros es dado; esto haced en mi memoria». Y el cáliz así mismo, después de cenar, diciendo: «Este cáliz(e) el nuevo testamento; en mi sangre, la que por vosotros es derramada. Empero ¡he aquí la mano del que me entrega, conmigo, sobre la mesa! Porque el Hijo del hombre, según lo determinado, se va; empero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!» Y ellos empezaron a inquirir entre sí quién ya fuese de entre ellos el que esto había de hacer. Y hubo también emulación en ellos sobre quién de ellos parece ser mayor. Y él díjoles: «Los reyes de las gentes domínanles y los poderosos sobre ellos, bienhechores se llaman. Mas vosotros no así, sino el mayor en vosotros hágase cual el más joven(f), y el que manda, cual el que sirve. Pues ¿quién mayor: el que se recuesta o el que sirve? ¿acaso no el que se recuesta? Y yo en medio de vosotros estoy cual el que sirve. Y vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones; y yo dispóngoos, según me ha dispuesto mi Padre, un reino, para que comáis y bebáis sobre mi mesa en mi reino y os sentéis sobre tronos, juzgando a las doce tribus de Israel. Simón, Simón, he aquí Satanás os ha reclamado, para zarandearos como el trigo; mas yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe. Y tú un día, volviéndote a ellos(g), afianza a tus hermanos». Y él díjole: «Señor, contigo, pronto estoy así a prisión como a muerte ir». Y él dijo: «Dígote, Pedro, no cantará hoy el gallo hasta que tres veces me niegues conocer». Y díjoles: «Cuando os envié, sin bolsa y alforja y zapatos ¿acaso algo os faltó?» Y ellos dijeron: «Nada». Y díjoles: «Empero ahora(h) el que tiene bolsa, alce; igualmente también alforja; y el que no tiene, venda su vestido, y compre cuchilla. Pues, dígoos que también esto escrito debe cumplirse en mí, lo de: «Y con inicuos contado fue»; y lo tocante a mí, fin tiene(i)». Y ellos dijeron: «Señor, he aquí cuchillas acá dos(j)». Y él díjoles: «Bastante es». Y saliendo, fue, según la costumbre al monte de las Olivas; y siguiéronle también sus discípulos. Y llegando al lugar, díjoles: «Orad para no entrar en la tentación». Y él mismo arrancóse(k) de ellos como a tiro de piedra, y puesto de rodillas oró, diciendo: «Padre, si quieres, traspasa este cáliz de mí; empero, no mi voluntad, sino la tuya hágase». Y aparecióle un ángel desde el cielo, confortándole. Y, entrando en agonía, más instantemente oró; y fue hecho su sudor como gotas de sangre deslizándose sobre la tierra. Y, levantándose de la oración, viniendo a los discípulos, hallóles dormidos, de la tristeza; y díjoles: «¿Qué dormís? Levantando, orad, para no entrar en tentación». Aún hablando él, he aquí turba; y el dicho Judas, uno de los doce, iba delante de ellos, y acercóse a Jesús a besarle. Y Jesús díjole: «Judas, ¿con beso al Hijo del hombre entregas?» Y, viendo los en torno de él lo que acontecería, dijeron: «Señor ¿si golpeáremos en cuchilla?» Y golpeó uno de ellos, del sumo sacerdote al siervo y llevóle la oreja la derecha. Y, respondiendo Jesús, dijo: «Dejad —¡hasta aquí(l)!» y tocando la orejilla(m), sanóle. Y dijo Jesús a los venidos sobre él: sumos sacerdotes y estrategos del santuario y ancianos: «¿Cómo a bandido habéis salido con cuchillas y palos? Día a día, estando yo con vosotros en el santuario, no extendisteis las manos sobre mí. Pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas». Y aprehendiendo, le condujeron e introdujeron en la casa del sumo sacerdote. Y Pedro seguía de lejos; y, prendiendo en torno fuego, en medio del atrio, y sentándose juntos, sentóse Pedro al medio de ellos. Y viéndole una muchacha sentado a la lumbre, y atisbándole, dijo: «También éste con él estaba». Pero él negó diciendo: «No le conozco, mujer». Y, a poco, otro, viéndole, dijo: «También tú de entre ellos eres». Y Pedro dijo: «Hombre, no soy». Y, mediando cerca de hora una, un otro aseguró, diciendo: «A la verdad, también éste con él estaba; pues también es galileo». Y dijo Pedro: «Hombre, no sé lo que dices». Y al punto, aún hablando él, cantó un gallo; y, volviéndose el Señor, contempló a Pedro; y recordó Pedro la palabra del Señor: como le dijo que «antes que gallo cante hoy, negarásme tres veces»; y, saliendo fuera, lloró amargamente. Y los varones que le sujetaban, jugábanse con él, desollando(n), y, velándole en torno, heríanle el rostro y preguntábanle diciendo: «Profetiza: ¿quién es el que te ha golpeado?» Y otras muchas cosas, blasfemando, decían contra él. Y, como amaneció, se juntó la ancianidad del pueblo, y los sumos sacerdotes y los escribas, y lleváronle al sanedrín de ellos, diciendo: «Si tú eres el Cristo, dinos». Y díjoles: «Si os dijere, no creeréis, no; y, si preguntare, no responderéis, no, o soltaréis. Pero, desde ahora, estará el Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios». Y dijeron todos: «¿Tú, pues, eres el Hijo de Dios?» Y él les dijo: «Vosotros decís: porque yo soy». Y ellos dijeron: «¿Qué ya tenemos de testimonio necesidad? Pues vosotros mismos habéis oído de boca de él». Crucifixión Y levantándose toda la muchedumbre de ellos, lleváronle a Pilato. Y empezaron a acusarle, diciendo: «A éste hemos hallado extraviando a nuestra gente y estorbando tributos a César dar, y diciendo que él Cristo es». Y Pilato preguntóle, diciendo: «¿Tú eres el rey de los judíos?» Y él, respondiéndole, dijo: «Tú dices». Y Pilato dijo a los sumos sacerdotes y las turbas: «Nada hallo culpable en este hombre». Mas ellos esforzáronse, diciendo: «que subleva al pueblo, enseñando por toda la Judea, y, empezando por la Galilea, hasta aquí». Y Pilato preguntó si el hombre galileo es; y, conociendo que de la potestad de Herodes es, remitióle a Herodes, que estaba también él mismo en Jerusalén en estos días. Y Herodes, viendo a Jesús; alegróse mucho; pues estaba, de bastantes tiempos, queriendo verle, por lo que oía acerca de él; y esperaba alguna señal ver por él hecha. Y preguntábale en palabras bastantes; mas él nada respondióle. Y estábanse los sumos sacerdotes y los escribas muy instantemente acusándole. Y, despreciándole, Herodes con sus ejércitos y jugándose con él, echando en torno veste espléndida, reenvióle a Pilato. E hiciéronse amigos Herodes y Pilato en el mismo día, el uno con el otro; pues antes encontrábanse en enemistad estando consigo. Y Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, y los príncipes y el pueblo, dijo a ellos: «Me habéis traído este hombre como seduciendo al pueblo; y he aquí, a faz de vosotros inquiriendo, nada he hallado en este hombre, culpable de lo que acusáis contra él. Empero, ni Herodes; pues le ha reenviado a vosotros, y he aquí nada digno de muerte le(a) ha sido hecho. Castigando, pues, le soltaré». Pero necesidad tenía de soltarles para la fiesta uno. Y vociferaron, a toda turba, diciendo: «Quita a éste, y suéltanos a Barrabás»; el cual estaba, por cierta revuelta y muerte hecha en la ciudad, arrojado en la prisión. De nuevo, pues, Pilato voceó a ellos, queriendo soltar a Jesús. Mas ellos vocearon, diciendo: «¡Crucifica, crucifícale!» Y él tercera vez dijo a ellos: «Pues ¿qué malo ha hecho éste? Nada digno de muerte he hallado en él; castigando, pues, le soltaré». Pero ellos, insistieron, con voces grandes pidiendo fuese crucificado; y reforzáronse sus voces; y Pilato juzgó se hiciera la petición de ellos; y, soltó al por revuelta y homicidio arrojado en prisión, al que pedían, y a Jesús entregó a la voluntad de ellos. Y, como le llevaban, cogiendo a cierto Simón cireneo, viniendo del campo, impusiéronle la cruz, a llevar detrás de Jesús. Y seguíale mucha turba del pueblo y mujeres; las que plañían y lamentábanle. Y, volviéndose hacia ellas Jesús, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis sobre mí; empero sobre vosotras mismas llorad y sobre vuestros hijos; pues he aquí vienen días en que dirán: «Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron». Entonces empezarán a decir a los montes: «Caed sobre nosotros», y a los collados: «Cubridnos»; pues, si en verde leño(b)esto hacen, en el seco ¿qué se hará? Y llevábanse también otros, malhechores dos, con él, a ser muertos. Y, cuando vinieron al lugar, el llamado Cráneo(c), allí crucificáronle y a los malhechores: uno a derecha, el otro a izquierda(d). Y Jesús dijo: «Padre, perdónales, pues no saben qué hacen». Y, repartiéndose, sus vestiduras, echaron suertes. Y estábase el pueblo parado, mirando; y mucho fruncíanse de nariz(e) también los príncipes diciendo: «Otros salvó; sálvese, si Hijo es, el Cristo, de Dios, el elegido». Y jugábanse con él también los soldados, llegándose, vinagre trayéndole, y, diciendo: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate». Y había también epígrafe sobre él: escrito en letras griegas, y romanas y hebreas: «¡El rey de los judíos, éste!» Y uno de los suspendidos malhechores blasfemábale: «¿Acaso tú no eres el Cristo? Sálvate y a nosotros». Y respondiendo el otro, imponiéndole, dijo: «¿Ni temes tú a Dios, ya que en la misma condena estás? Y nosotros por cierto justamente, pues lo digno de lo que hemos hecho, recibimos; pero éste nada criminal ha hecho». Y dijo a Jesús: «Acuérdate de mí, cuando vinieres a tu reino». Y díjole: «En verdad te digo: hoy conmigo estarás en el paraíso». Y era ya como hora sexta; y tinieblas fueron sobre toda la tierra hasta hora nona, desfalleciendo el sol; y se rasgó el velo del templo por medio. Y, clamando con clamor grande, Jesús dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y, esto diciendo, expiró. Y, viendo el centurión lo acontecido, glorificó a Dios diciendo: «Realmente, este hombre, justo era». Y todas las agolpadas turbas a este espectáculo, espectadoras de lo acontecido, golpeando los pechos, retornaron. Y parados estaban todos los conocidos de él, de lejos; y las mujeres las que a par habíanle seguido de la Galilea, viendo esto. Y he aquí un varón por nombre José, consejero que era, varón bueno y justo (éste no estaba de acuerdo con el consejo y obra de ellos), de Arimatea, ciudad de los judíos; el que aguardaba el reino de Dios; éste, llegándose a Pilato, pidió el cuerpo de Jesús; y, bajando, envolvióle en sábana, y púsolo en sepulcro cortado en piedra; donde no había nadie aún yaciente. Y día era de paresceve, y el sábado despuntaba. Y, siguiendo en pos las mujeres, las cuales habían venido de la Galilea con él, miraron el monumento y cómo se puso el cuerpo de él; y retornando, prepararon aromas y ungüentos. Empero, el sábado reposaron, según la ley. Resurrección Mas el primero de los sábados, despuntando la aurora, trayendo, vinieron los que prepararon aromas. Y hallaron la piedra rodada del monumento; y; entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y aconteció, vacilando ellas, acerca de esto, que he aquí varones dos presentáronse a ellas en veste relampagueante. Y, temerosas, volviéndose ellas, e inclinando los rostros a la tierra, dijeron a ellas: «¿Qué buscáis al viviente, con los muertos? No está aquí, sino resucitó. Recordad cómo os habló, aún estando en la Galilea. diciendo: el Hijo del hombre cómo debe ser entregado en manos de hombres pecadores, y crucificado y al tercer día resurgir». Y recordaron sus palabras; y, retornando del monumento, anunciaron esto todo a los once, y todos los demás. Y eran: la Magdalena, María, y Juana y María, la de Santiago; y las demás con ellas decían a los apóstoles esto. Y parecieron a faz de ellos cual sandez estas palabras y desconfiaron de ellas. Y Pedro, levantándose, corrió al monumento e, inclinándose ve los lienzos solos, y retiróse aparte,(a) admirando lo acontecido. Y he aquí dos de entre ellos el mismo día habíanse encaminado a una aldea, distante estadios(b) sesenta de Jerusalén; cuyo nombre, Emaús; y ellos conversaban entre sí acerca de todo esto ocurrido. Y aconteció, conversando ellos y disputando, que el mismo Jesús, acercándose, caminaba a par de ellos; pero los ojos de ellos eran forzados para no reconocerlo. Y dijo a ellos: «¿Qué palabras éstas que cambiáis entre vosotros, paseándoos?» Y detuviéronse mustios de faz. Y respondiendo uno; por nombre, Cleofás, dijo a él: «Tú solo vives aparte(c) en Jerusalén, ¿y no sabes lo acontecido en ella en estos días?» Y díjoles: «¿Qué?» Y ellos dijéronle: «Lo de Jesús el Nazareno; que fue varón profeta, poderoso en obra y palabra, delante de Dios y todo el pueblo; y cómo le entregaron los sumos sacerdotes y los príncipes de nosotros a juicio de muerte y crucificáronle. Pero nosotros esperábamos que él es el que debe redimir a Israel; empero, ya también, con(d) todo esto, el tercer día éste va que esto aconteció. Empero, también unas mujeres de entre nosotros desconcertáronnos, yendo madrugadoras al monumento y, no hallando el cuerpo de él, vinieron, diciendo que también visión de ángeles habían visto; los que dicen que él vive. Y dirigiéronse algunos de los con nosotros al monumento, y hallaron así según las mujeres dijeron; mas a él no vieron». Y él díjoles: «¡Oh ininteligentes y tardos del corazón para creer en todo lo que hablaron los profetas! ¿Acaso no esto debió padecer el Cristo y entrar en su gloria?» Y empezando de Moisés y de todos los profetas, interpretóles, en todas las Escrituras, lo acerca de él. Y acercáronse a la aldea a donde iban. Y él hizo ademán de más lejos ir. Y luego forzáronle, diciéndole: «Queda con nosotros, porque tarde es y se ha inclinado ya el día». Y entró a quedar con ellos. Y aconteció, al reclinarse él con ellos, tomando el pan, bendijo y partiendo, ofrecióles, y de ellos fuéronse abriendo los ojos y reconociéronle; y él invisible se hizo a ellos. Y dijeron entre sí: «¿Acaso nuestro corazón no estaba ardiendo en nosotros, cuando nos hablaba en el camino, cuando nos iba abriendo las Escrituras?». Y, levantándose a la misma hora, retornaron a Jerusalén, y hallaron reunidos a los once y los con ellos, diciendo que realmente resurgió el Señor y aparecióse a Simón. Y ellos contaron lo del camino y cómo fue conocido de ellos en la partidura del pan. Y hablando esto ellos, él mismo paróse(e) en medio de ellos, y díceles: «¡Paz a vosotros!» Y espantados y temerosos volviéndose, pensaban un espíritu ver. Y díjoles: «¿Qué? ¿turbados estáis? Y, ¿qué pensamientos suben a vuestro corazón? Ved mis manos y mis pies; porque yo soy—mismo; palmadme y ved que un espíritu carne y hueso no tiene, según me veis tener». Y, esto diciendo, mostróles las manos y los pies. Pero, aún desconfiando ellos por el gozo y maravillándose, díjoles: «¿Tenéis algo comestible por aquí?» Y ellos ofreciéronle de pez asado parte y de un panal de miel; y, tomando, a faz de ellos comió(f). Y dijo a ellos: «Estas, mis palabras que he hablado a vosotros, aún estando con vosotros; pues debe cumplirse todo lo escrito en la ley de Moisés, y los profetas y salmos acerca de mí». Entonces fue abriendo de ellos el entendimiento para comprender las Escrituras; y díjoles: que «así está escrito que padeciera el Cristo y resucitara de muertos, al tercer día; y se predicara, en su nombre, arrepentimiento en perdón de pecados a todas las gentes. Empezando de Jerusalén, ¡vosotros, testigos de estas cosas! Y he aquí, yo emito la promesa(g) de mi Padre sobre vosotros, y vosotros sentaos en la ciudad hasta que se os revista, desde la altura, con fuerza». Y sacóles fuera hasta frente a Betania, y elevando sus manos, bendíjoles. Y aconteció, al bendecir él a ellos, separóse de ellos y alzóse al cielo. Y ellos, habiéndole adorado, retornaron a Jerusalén, con gozo grande; y, estaban siempre en el santuario, bendiciendo a Dios. Divinidad de Cristo El Verbo encarnado En el principio(a) era el Verbo; y el Verbo era ante(b) Dios; y Dios era el Verbo. Este era en el principio ante Dios. Todo por medio de él fue hecho y, sin él no ha sido hecho nada, que ha sido hecho. En él vida era, y la vida era la luz de los hombres; y la luz en la obscuridad luce; y la obscuridad a ella no cogió. Hubo un hombre enviado por Dios; su nombre Juan; éste vino en testimonio, para testimoniar acerca de la luz, para que todos creyesen por él. No era aquél la luz, sino para que testimoniase acerca de la luz. Era la luz la verdadera que alumbra a todo hombre, que viene al mundo. En el mundo estaba, y el mundo por medio de él fue, y el mundo a él no conoció. A lo propio vino, y los propios no le recibieron. Mas, cuantos le recibieron —dióles potestad de hijos de Dios ser; a los que creen en su nombre; que, no de sangres(c) ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios han nacido. Y el Verbo carne se hizo y habitó en nosotros, y hemos visto su gloria, gloria de Unigénito de Padre; —lleno de gracia y verdad. Juan testimonia acerca de él, y ha clamado, diciendo: «Este era de quien dije: «El que, después de mí, viene, antes de mí es; porque, primero que yo, era». Pues de su plenitud todos nosotros hemos recibido, y gracia por gracia; pues la ley por medio de Moisés fue dada; la gracia y la verdad por medio de Jesucristo ha sido. A Dios nadie ha visto jamás; el unigénito Hijo, el que es dentro al seno del Padre, aquél ha declarado. Y éste es el testimonio de Juan, cuando enviaron a él los judíos, desde Jerusalén, sacerdotes y levitas, para que le preguntasen: «Tú ¿quién eres?» Y confesó, y no negó; y confesó: que «yo no soy el Cristo». Y preguntábanle: «¿Qué, pues? ¿Elías eres tú?» Y dice: «No soy». —«¿El profeta eres tú?» Y respondió: «No». Dijeron pues a él: «¿Quién eres?» para que respuesta demos a los que nos han enviado. «¿Qué dices de ti mismo?» Dijo: «Yo, voz del que clama en el desierto: «Enderezad el camino del Señor, según dijo Isaías, el profeta». Y los enviados eran de los fariseos; y preguntáronle y dijéronle: «¿Qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?» Respondióles Juan, diciendo: «Yo bautizo en agua; en medio de vosotros está, a quien vosotros ignoráis, el que, después de mí viene; de quien no soy yo digno de desatar la correa de su sandalia». Esto en Betania aconteció, allende el Jordán; donde estaba Juan bautizando. El siguiente día ve a Jesús venir a sí y dice: «He aquí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es de quien yo decía: «Después de mí viene un varón que antes de mí es, porque, primero que yo, era. Y yo ignorábale; pero, para que se manifestase a Israel, por esto he venido yo en agua bautizando». Y testimonió Juan, diciendo: que «he visto al Espíritu descender, como paloma, desde el cielo; y quedó sobre él. Y yo ignorábale; pero el que envió a bautizar en agua, aquél me dijo: «Sobre quien vieres el Espíritu descender y quedar sobre él, éste es el que bautiza en Espíritu Santo. Y yo he visto y testimoniado que éste es el Hijo de Dios». El siguiente día de nuevo estaba parado Juan y, de sus discípulos, dos; y, contemplando a Jesús pasearse, dice: «He aquí el cordero de Dios». Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron a Jesús. Y, volviéndose Jesús y mirándoles seguir, díceles: «¿Qué buscáis?» Y ellos dijéronle: «Rabí (lo que se dice interpretado: Maestro) ¿dónde moras?» Díceles: «Venid y ved». Fueron, pues, y vieron dónde mora, y con él moraron aquel día. Hora era como décima. Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los dos, los que oyeron de(d) Juan y siguiéronle; encontró éste primero al hermano, al propio, Simón, y dícele: «Hemos encontrado al Mesías» (lo que es interpretado: Cristo). Llevóle a Jesús. Y, contemplándole Jesús, dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas(e)» (lo que se interpreta: Pedro). El siguiente día quiso salir a la Galilea, y encuentra a Felipe, y dícele Jesús: «Sígueme». Y era Felipe, de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Encuentra Felipe a Natanael, y dícele: «Al que escribió Moisés, en la ley, y los profetas, hemos encontrado, a Jesús hijo, de José, al de Nazaret». Y díjole Natanael: «De Nazaret ¿puede algo bueno ser?» Dícele Felipe: «Ven y ve». Vio Jesús a Natanael venir a sí y dice de él: «He aquí verdaderamente un israelita en quien dolo no hay». Dícele Natanael: «¿De dónde me conoces?» Respondió Jesús y díjole: «Antes de llamarte Felipe, cuando estabas bajo la higuera, te vi». Respondióle Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú el rey eres de Israel». Respondió Jesús y díjole: «¿Por qué te dije que te vi por debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás». Y dícele: «En verdad, en verdad dígoos: veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios ascender y descender sobre el Hijo del hombre». Las bodas de Caná Y al tercer día boda hubo en Caná de la Galilea, y estaba la madre de Jesús allí; y habíase también convidado a Jesús y a sus discípulos a la boda. Y, faltando vino, dice la madre de Jesús a él: «Vino no tienen». Dícele Jesús: «¿Qué a mí y a ti(a), mujer? aún no llega mi hora(b)». Dice su madre a los servidores: «Cuanto os dijere él, haced». Y había allí lapídeas hidrias(c) seis, conforme a la purificación de los judíos, puestas, que cogían cada una metretas(d) dos o tres. Díceles Jesús: «Llenad las hidrias de agua». Y llenáronlas hasta arriba. Y díceles: «Sacad ahora y llevad al arquitriclino(e)». Y ellos llevaron. Y, como gustó el arquitriclino el agua vino hecha (y no sabía de dónde es; pero los servidores sabían, los que habían sacado el agua), llama al esposo el arquitriclino, y dícele: «Todo hombre primero el hermoso vino pone, y, cuando están ebrios(f), el inferior: tú has guardado el hermoso vino hasta ahora». Esta hizo principio(g) de las señales Jesús, en Caná de la Galilea; y manifestó su gloria; y creyeron en él sus discípulos. Después de esto bajó a Cafarnaúm él, y la madre de él, y los hermanos, y los discípulos de él; y allí permaneció no muchos días. Y cerca estaba la Pascua de los judíos, y subió a Jerusalén Jesús. Y halló en el santuario los vendientes de bueyes, y ovejas y palomas, y los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cuerdas, todos(h) arrojó del santuario, así las ovejas como los bueyes; y de los cambistas desparramó los cambios(i), y las mesas volcó; y a los que las palomas vendían, dijo: «Alzad esto de aquí; no hagáis la casa de mi Padre casa de negocio». Recordaron los discípulos que está escrito: «El celo de tu casa devórame». Respondieron, pues, los judíos y dijeron: «¿Qué señal nos muestras, que esto haces?» Respondió Jesús y díjoles: «Disolved este templo, y en tres días levantárele». Dijéronle, pues, los judíos: «En cuarenta y seis años edificóse este templo; ¿y tú en tres días levantarásle?» Mas aquél decía del templo de su cuerpo. Cuando resurgió, pues, de muertos, recordaron sus discípulos que esto decía y creyeron a la escritura y la palabra que dijo Jesús. Y, como estaba en Jerusalén, en la pascua, la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo sus señales, que hacía; mas Jesús mismo no se creía(j) de ellos, por conocer él a todos, y porque no menester había él de que alguno atestiguara acerca del hombre; pues él conocía qué había en el hombre. Nicodemo Y había un hombre de los fariseos; (Nicodemo su nombre), príncipe de los judíos; éste vino a él de noche, y díjole: «Maestro, sabemos que de Dios has venido, maestro(a), pues nadie puede estas señales hacer que tú haces, si no fuese Dios con él». Respondió Jesús y díjole: «En verdad, en verdad, dígote: si alguno no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios». Dice a él Nicodemo: «¿Cómo puede un hombre nacer, anciano siendo? ¿Acaso puede en el vientre de su madre segunda vez entrar y nacer?» Respondióle Jesús: «En verdad, en verdad dígote: si alguno no naciere de agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es, y lo nacido del espíritu, espíritu es. No te admires porque te he dicho: «Debéis nacer de nuevo». El espíritu, donde quiere, espira, y su voz oyes, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo el que ha nacido del espíritu». Respondió Nicodemo y díjole: «¿Cómo puede esto suceder?» Respondió Jesús y díjole: «Tú eres el maestro de Israel, ¿y esto ignoras? En verdad, en verdad, dígote que lo que sabemos, hablamos, y lo que hemos visto, atestiguamos, y nuestro testimonio no recibís. Si lo terreno os he dicho, y no creéis ¿cómo, si os dijere lo celestial, creeréis? Y nadie ha ascendido al cielo, sino el que del cielo ha descendido: el Hijo del hombre. Y así como Moisés exaltó la serpiente en el desierto, así conviene que sea exaltado el Hijo del hombre. para que, todo el que creyere en él, tenga vida eterna. Pues así ha amado Dios al mundo, que a su Hijo, al unigénito, ha dado, para que, todo el que creyere en él, no perezca, sino tenga vida eterna. Que no ha enviado Dios el Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que se salve el mundo por él. El que cree en él, no es juzgado; el que no cree, ya juzgado está, pues no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y éste es el juicio: que la luz ha venido al mundo, y han amado los hombres más las tinieblas que la luz; pues eran malas sus obras. Pues todo el que lo malo practica, aborrece la luz y no viene a la luz, para que no se vituperen sus obras; pues el que hace la verdad, viene a la luz, para que se manifiesten sus obras; pues en Dios están hechas». Después de esto vino Jesús a sus discípulos a la judaica tierra; y allí quedábase con ellos, y bautizaba. Y estaba también Juan bautizando, en Enón cerca de Salem; pues aguas muchas había allí; y llegábanse y bautizábanse; pues aún no estaba arrojado en la prisión Juan. Hubo, pues, cuestión de parte de los discípulos de Juan con un judío sobre la purificación. Y vinieron a Juan y dijéronle: «Maestro, el que estaba contigo allende el Jordán; a quien tú has testimoniado, he aquí éste bautiza, y todos van a él». Respondió Juan y dijo: «No puede un hombre tomar ni una cosa, si no le ha sido dada desde el cielo. Vosotros mismos me testimoniáis que dije: «Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él. El que tiene la esposa(b), esposo es; y el amigo del esposo, el que parado está y le oye, con gozo gózase por la voz del esposo. Este gozo, pues, el mío cumplido está. Aquél debe crecer, yo, empero, disminuir. El que de arriba viene, por sobre todos está. El que es de la tierra, de la tierra es, y de la tierra habla; el que del cielo viene, por sobre todos está; lo que ha visto y oído, esto testimonia. Y su testimonio nadie recibe. El que recibió su testimonio, selló que Dios veraz es. Porque(c) a quien envió Dios, las palabras de Dios habla; porque no por medida da(d) el espíritu. El Padre ama al Hijo y todo ha dado en la mano de él. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que desobedece al Hijo, no verá vida, sino la ira de Dios queda sobre él». En Sicar y Galilea La samaritana Como conoció, pues, el Señor que oyeron los fariseos que Jesús más discípulos hace y bautiza que Juan, (aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos) dejó la Judea y retiróse otra vez a la Galilea. Y debía atravesar por la Samaria. Viene, pues, a una ciudad de la Samaria, llamada Sicar, cerca del paraje que dio Jacob a José, su hijo. Y había allí una fuente de Jacob. Jesús, pues, fatigado del viaje, sentóse así(a) sobre la fuente. Hora era como sexta; viene una mujer de la Samaria, a sacar agua. Dícela Jesús: «Dame de beber». Pues sus discípulos habíanse ido a la ciudad a alimentos comprar. Dice, pues, a él la mujer, la samaritana: «¿Cómo tú que judío eres, a mí de beber pides que mujer samaritana soy?» (Pues no tratan judíos con samaritanos). Respondió Jesús y díjola: «Si supieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber»; tú le pedirías y él te daría agua viva». Dícele la mujer: «Señor, ni cubo tienes, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua, la viva? ¿Acaso tú mayor eres que nuestro padre Jacob; que nos dio el pozo; y él mismo de él bebió, y sus hijos y sus crianzas(b)?» Respondió Jesús y díjola: «Todo el que bebe de esta agua, tendrá sed de nuevo; pero el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed, no, por el siglo(c), sino el agua que le daré, haráse en él fuente de agua saltando a vida eterna». Dice a él la mujer: «Señor dame esta agua, para no tener sed, ni atravesar acá a sacar». Dícela: «Vete, llama tu marido y ven acá». Respondió la mujer y dijo: «No tengo marido». Dícela Jesús: «Bellamente has dicho: que «marido no tengo»; pues cinco maridos has tenido; y ahora el que tienes, no es tu marido. Esto verdadero has dicho». Dícele la mujer: «Señor: veo que profeta eres tú. Nuestros padres en este monte adoraron; y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde adorar se debe». Dícela Jesús: «Créeme, mujer, que viene hora, cuando, ni en este monte, ni en Jerusalén, adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud, de(d) los judíos es; empero viene hora y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad. Pues también el Padre tales busca; los que le adoren. Espíritu, Dios, también los que le adoran, en espíritu y verdad deben adorarle». Dícele la mujer: «Sé que el Mesías viene (el llamado Cristo); cuando viniere aquél, nos declarará todo». Dícela Jesús: «Yo soy, el que hablo contigo». Y en esto vinieron sus discípulos, y maravillábanse de que con mujer(e) hablaba; nadie, sin embargo, dijo: «¿Qué buscas o qué hablas con ella?». Dejó, pues, su hidria la mujer y se fue a la ciudad, y dice a los hombres: «Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿acaso éste no es el Cristo?» Salieron de la ciudad y vinieron a él. Entre tanto rogábanle los discípulos, diciendo: «Rabí, come». Mas él díjoles: «Yo alimento tengo para comer, que vosotros no sabéis». Decían, pues, los discípulos entre sí: «¿Acaso alguien le ha traído de comer?» Díceles Jesús: «Mi alimento es que yo haga la voluntad del que me ha enviado y cumpla su obra. ¿No decís vosotros: que «todavía un cuatrimestre es y la siega viene(f)?» He aquí dígoos, levantad vuestros ojos y mirad las regiones, pues albas están para la mies. Ya el que siega, salario recibe y recoge fruto para vida eterna; para que el que siembra, a la vez se goce y el que siega. Pues en esto la palabra es verdadera: que «otro es el que siembra, y otro el que siega». Yo os he enviado a segar lo que no vosotros habéis trabajado: otros han trabajado, y vosotros en su trabajo habéis entrado». Y de aquella ciudad muchos creyeron en él, de los samaritanos, por la palabra de la mujer atestiguando: que «díjome todo lo que he hecho». Vinieron, pues, a él los samaritanos; rogábanle quedar con ellos. Y quedó allí dos días; y muchos más creyeron por la palabra de él; y a la mujer decían: «No ya por tu habla creemos; pues nosotros mismos hemos oído, y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo». Después de los dos días, salió de allí a la Galilea. Pues el mismo Jesús atestiguó que un profeta en su propia patria honor no tiene. Cuando vino, pues, a la Galilea, recibiéronle los galileos, que todo habían visto cuanto hizo en Jerusalén en la fiesta; pues también ellos vinieron a la fiesta. Vino, pues, de nuevo a Caná de la Galilea; donde hizo el agua vino.Y había un regio(g), de quien el hijo estaba enfermo, en Cafarnaúm; éste, oyendo que Jesús llega, de la Judea, a la Galilea, fuese a él; y rogábale que bajara y sanara a su hijo; porque había de morir. Dijo, pues, Jesús a él: «Si no señales y prodigios viereis, no creeréis, no». Dijo a él el regio: «Señor, baja, antes que muera el niñito mío». Dícele Jesús: «Ve: tu hijo vive». Creyó el hombre a la palabra que le dijo Jesús, y se iba. Y, ya bajando él, sus siervos encontráronle, diciendo: «que tu niño vive». Indagó, pues, aquella hora en que mejoró. Dijéronle, pues: que «ayer a la hora séptima dejóle la fiebre». Conoció, pues, el padre que(h) en aquella hora en que le dijo Jesús: «Tu hijo vive»; y creyó él y su casa entera. Y esta, de nuevo, segunda señal hizo Jesús, viniendo, de la Judea, a la Galilea. Afirma Jesús su divinidad Después de esto era una fiesta de los judíos; y salió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén junto a la probática(a) una piscina(b), la llamada en hebreo Betsaida; que cinco pórticos tiene: En éstos estaba yaciendo una muchedumbre de los enfermos, ciegos, cojos, secos; que aguardaban el movimiento del agua. Pues un ángel del Señor por tiempo descendía a la piscina y agitaba el agua; el primero pues, entrando tras de la agitación del agua, sano quedaba de cualquier enfermedad que estaba cogido. Y había un hombre allí, que treinta y ocho años tenía en su enfermedad; a éste viendo Jesús estar yaciendo, y conociendo que mucho ya tiempo tiene, dícele: «¿Quieres sano ser?» Respondióle el enfermo: «Señor, hombre no tengo, para que, cuando se agita el agua, me eche en la piscina; y en tanto que vengo yo, otro antes de mí baja». Dícele Jesús: «Levántate, alza tu litera, y paséate». Y al punto fue sano el hombre y alzó su litera, y paseábase. Y era sábado en aquel día. Decían, pues, los judíos al curado: «Sábado es: no te es lícito alzar tu litera». Y él respondióles: «El que me hizo sano, aquél me dijo: «Alza tu litera y paséate». Preguntáronle: «¿Quién es el hombre, el que te dijo: «Alza y paséate?» Mas el sanado no sabía quién es; porque Jesús declinó de la turba que había en el lugar. Después de esto hállale Jesús en el santuario; y díjole: «He aquí sano has sido hecho; ya no peques, para que no peor a ti algo suceda». Retiróse el hombre y comunicó a los judíos que Jesús es el que le hizo sano. Y por esto perseguían los judíos a Jesús, porque esto hacía en sábado. Y él respondióles: «Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro». Por esto, pues, más buscábanle los judíos cómo matar, porque no sólo soltaba el sábado, sino también padre propio decía a Dios; igual a sí mismo haciéndose con Dios. Respondió; pues, y díjoles: «En verdad, en verdad dígoos: no puede el Hijo hacer por sí nada, si no algo viere al Padre hacer; pues, lo que aquel hiciere, esto también el Hijo semejantemente hace. Pues el Padre ama al Hijo y todo manifiéstale lo que él mismo hace; y mayores que éstas manifestarále obras, para que vosotros os maravilléis. Pues, así como el Padre resucita los muertos y vivifica, así también el Hijo a los que quiere, vivifica. Pues ni el Padre juzga a nadie, sino el juicio todo ha dado al Hijo; para que todos honren al Hijo, según honran al Padre. Quien no honra al Hijo, no honra al Padre, el que le envió. En verdad, en verdad dígoos, que el que mi palabra oye, y cree al que me envió, tiene vida eterna y a juicio no viene, sino que ha pasado de la muerte a la vida. En verdad, en verdad dígoos que viene la hora y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que hubieren oído, vivirán. Pues, así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también al Hijo dio vida tener en sí mismo; y potestad dióle de juicio hacer, porque Hijo de hombre es. No os maravilléis de esto, porque viene la hora en que todos los en los monumentos oirán la voz de él; y saldrán fuera los que lo bueno han hecho, a resurrección de vida; los que lo malo han hecho, a resurrección de juicio. No puedo yo hacer de mí mismo nada; según oigo, juzgo, y el juicio el mío justo es; porque no busco la voluntad la mía, sino la voluntad del que me envió. Si yo atestiguo acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero; otro es el que atestigua acerca de mí; y sé que verdadero es el testimonio que atestigua acerca de mí. Vosotros habéis enviado cerca de Juan; y ha atestiguado a la verdad; y yo, no de parte de hombre el testimonio tomo; sino esto digo, para que vosotros os salvéis. Aquél era la lámpara la que arde y luce; y vosotros quisisteis alborozaros por una hora a su luz. Mas yo tengo testimonio mayor que el de Juan; pues las obras que ha dado el Padre para que yo las cumpla; las obras mismas que hago, atestiguan acerca de mí que el Padre me ha enviado. Y el que ha enviado: Padre, aquél ha atestiguado acerca de mí; ni su voz jamás habéis oído, ni su figura visto; y su palabra no tenéis en vosotros quedando; pues al que envió aquél, a éste vosotros no creéis. Escudriñáis las Escrituras; porque vosotros creéis en ellas vida eterna tener; y aquéllas son las que atestiguan acerca de mí; y no queréis venir a mí para vida tener. Gloria de parte de hombres no tomo; Empero conózcoos que el amor de Dios no tenéis en vosotros. Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en el nombre el propio, a aquél recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, gloria unos de otros tomando, y la gloria la de parte del sólo Dios no buscáis? No creáis que yo os acusaré ante el Padre; hay quien os acusa: Moisés en quien vosotros estáis esperando. Pues, si creyeseis a Moisés, creeríais a mí; pues acerca de mí aquél escribió. Y si a los de aquél escritos no creéis ¿cómo a mis palabras creeréis?». Del pan de la vida Después de esto, retiróse Jesús allende el mar de la Galilea, de la Tiberíade; y seguíale turba mucha; pues veían las señales que hacía sobre los que estaban enfermos. Y subió al monte Jesús, y allí sentóse con sus discípulos. Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Alzando, pues, los ojos Jesús, y viendo que mucha turba viene a él, dice a Felipe: «¿De dónde compraremos panes, porque coman éstos?» Y esto decía, tentándole; pues él sabía qué había de hacer. Respondióle Felipe: «De doscientos denarios panes no bástanles, para que cada cual un poco reciba». Dícele uno de sus discípulos: Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Hay un niñito aquí, que tiene cinco panes cebadazos y dos pececillos; ¿pero esto qué es para tantos?» Dijo Jesús: «Haced a los hombres recostarse». Y había pasto mucho en el lugar. Recostáronse, pues, los varones, en número de cinco mil. Tomó, pues, los panes Jesús, y, agradeciendo, distribuyó a los recostados; así también de los pececillos cuanto querían. Y, como se hartaron, dice a sus discípulos: «Recoged los sobrantes pedazos, para que nada perezca». Recogieron, pues, y llenaron doce cofines de pedazos de los cinco panes, los cebadazos, que sobraron a los que habían comido. Los hombres, pues, viendo las que hizo señales Jesús, decían: que «éste es verdaderamente el profeta el que viene al mundo». Jesús, pues, conociendo que han de venir a arrebatarle para hacer rey, retiróse de nuevo al monte, él sólo. Y, al atardecer, descendieron sus discípulos a la mar. y, entrando en la barquilla, vinieron allende la mar, a Cafarnaúm. Y obscuridad ya había, y aún no había a ellos venido Jesús; y la mar, viento grande soplando, entumecíase. Habiendo, pues, andado como estadios veinticinco o treinta, divisan a Jesús, paseando sobre la mar y cerca de la barca viniendo, y temieron. Pero él díceles: «Yo soy, no temáis». Querían, pues, acogerle en la barca; y al punto estuvo la barca sobre la tierra a la cual se dirigían. El siguiente día la turba, la parada allende la mar, viendo que barquilla otra no había allí sino una, y que no vino junto a sus discípulos Jesús a la barca, sino solos sus discípulos, se retiraron; otras vinieron barcas de la Tiberíade cerca del lugar donde comieron el pan, bendiciendo el Señor. Cuando vio la turba que Jesús no está allí, ni sus discípulos; entraron ellos en la barca y vinieron a Cafarnaúm, buscando a Jesús; y hallándole allende la mar, dijéronle: «Rabí ¿cuándo acá has llegado?» Respondióles: Jesús y dijo: «En verdad, en verdad dígoos: buscáisme, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y hartádoos. Obrad,(a) pues, no la comida la que perece, sino la comida la que queda para vida eterna, que(b) el Hijo del hombre os dará; pues a éste el Padre ha sellado: Dios» Dijeron, pues, a él: «¿Qué haremos, para obrar las obras de Dios?» Respondió Jesús y díjoles: «Esta es la obra de Dios: que creáis en el que ha enviado aquél». Dijeron, pues, a él: «¿Cuál, pues haces tú señal, para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obras? Nuestros padres el maná comieron en el desierto, según está escrito. «Pan del cielo dióles a comer». Díjoles, pues, Jesús: «En verdad, en verdad dígoos; no Moisés dióos el pan del cielo, sino mi Padre daos el pan del cielo, el verdadero. Pues el pan de Dios es el que desciende del cielo y vida da al mundo. Dijeron, pues a él: «Señor, siempre danos este pan». Díjoles Jesús: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí, no hambreará, no; y el que cree en mí, no tendrá sed, no, jamás. Pero dígoos que y me habéis visto, y no creéis. Todo lo que me da el Padre, a mí llegará; y al que viene a mí, no le arrojaré fuera, no; pues he descendido del cielo, no para hacer la voluntad, la mía, sino la voluntad del que me ha enviado. Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: que todo lo que me ha dado —no pierda yo de ello, sino lo resucite en el último día. Pues ésta es la voluntad de mi Padre que me ha enviado: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna; y resucitaréle yo en el último día». Murmuraban, pues, los judíos acerca de él, porque dijo: «Yo soy el pan el descendido del cielo». y decían: «¿Que no éste es Jesús el hijo de José; de quien nosotros conocemos al padre y la madre? ¿Cómo ahora dice: que «del cielo he descendido?» Respondió Jesús y díjoles: «No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí, si el Padre, el que me ha enviado, no le trajere; y yo resucitaréle en el último día. Está escrito en los profetas: «Y serán todos doctos(c) de Dios». Todo el que oye del Padre y aprende, viene a mí. No porque al Padre ha visto alguno, si no el que es de Dios; éste ha visto al Padre. En verdad, en verdad dígoos: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná, y murieron; éste es el pan el que del cielo desciende, para que alguno de él coma, y no muera. Yo soy el pan, el vivo, el del cielo descendido; si alguno comiere de este pan, vivirá por el siglo. Y el pan también que yo daré, la carne mía, es por la del mundo vida». Contendían, pues, entre sí los judíos, diciendo: «¿Cómo puede éste darnos su carne a comer?» Díjoles, pues, Jesús: «En verdad, en verdad dígoos: si no comiereis la carne del Hijo del hombre y bebiereis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo resucitaréle el último día. Pues mi carne, verdadera es comida, y mi sangre, verdadera es bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece y yo en él. Según me ha enviado, el vivo, Padre y yo vivo por el Padre, también el que me come, también aquél vivirá por mí. Este es el pan el del cielo descendido; no según comieron los padres, y murieron; el que come este pan vivirá por el siglo». Esto dijo en la sinagoga enseñando en Cafarnaúm. Muchos, pues, oyendo de entre sus discípulos dijeron: «Dura es esta palabra: ¿quién puede oírla?» Sabiendo, pues, Jesús, dentro de sí, que murmuraban acerca de él sus discípulos, díjoles: «¿Esto os escandaliza? ¿Si viereis, pues, al Hijo del hombre ascender a donde estaba primero(d)? El espíritu es el que vivifica; la carne no aprovecha nada: las palabras que yo os he hablado, espíritu son, y vida son(e). Empero hay entre vosotros algunos que no creen». Pues sabía desde un principio Jesús, quiénes son los no creyentes, y quién es el que le ha de entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí, si no le ha sido dado por el Padre». Desde entonces muchos de entre sus discípulos volvieron atrás, y ya no con él iban andando. Dijo, pues, Jesús a los doce: «¿No también vosotros queréis iros?» Respondióle Simón Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? palabras de vida eterna tienes, y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios». Respondióles Jesús: «¿No yo a vosotros los doce he elegido? Y de entre vosotros uno diablo es». Y decía de Judas, de Simón Iscariotes; pues éste había de entregarle, uno, de entre los doce. De Galilea a Jerusalén Y después de esto, recorría Jesús la Galilea; pues, no quería la Judea recorrer, porque buscábanle los judíos matar. Y estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos. Dijeron, pues, a él sus hermanos: «Pásate de aquí y vete a la Judea, para que también tus discípulos vean tus obras que haces; pues nadie algo en oculto hace; y busca él mismo en libre habla estar. Si esto haces, manifiéstate al mundo». Pues ni sus hermanos creían en él. Díceles, pues, Jesús: «El tiempo el mío aún no ha llegado; pero el tiempo, el vuestro, siempre está preparado. No puede el mundo aborreceros, pero a mí aborrece; porque yo atestiguo acerca de él que sus obras malas son. Vosotros subid a la fiesta, yo aún no subo a esta fiesta; porque mi tiempo aún no está cumplido». Y, esto diciéndoles, quedó en la Galilea. Mas como subieron sus hermanos a la fiesta, entonces también él subió, no manifiestamente, sino como en oculto. Los judíos, pues, buscábanle en la fiesta y decían; «¿Dónde está aquél?» Y murmullo acerca de él había mucho en las turbas. Unos decían: que «bueno es» y otros decían: «No; sino que descamina a la turba». Nadie sin embargo, con libre discurso hablaba acerca de él, por miedo de los judíos. Y, ya la fiesta mediando, subió Jesús al santuario; y enseñaba. Maravillábanse, pues, los judíos, diciendo: «¿Cómo éste letras sabe, no habiendo aprendido?» Respondióles, pues, Jesús y dijo: «La doctrina mía no es mía, sino del que me ha enviado; si alguno quisiere el querer de él hacer, conocerá acerca de la doctrina: si acaso de Dios es o yo por mí mismo hablo. El qué por sí mismo habla, la gloria la propia busca; mas el que busca la gloria del que le ha enviado, éste veraz es, e injusticia en él no hay: Moisés ¿no os dio la ley? y nadie de entre vosotros hace la ley; ¿qué me buscáis matar(a)?» Respondió la turba: «Demonio tienes; ¿quién te busca matar?» Respondió Jesús y díjoles: «Una obra he hecho, y todos os maravilláis(b). Por esto Moisés os ha dado la circuncisión: no porque de Moisés es, sino de los padres; y en sábado circuncidáis a un hombre. Si la circuncisión recibe el hombre en sábado para que no se suelte la ley de Moisés ¿conmigo os encolerizáis porque a todo el hombre sano he hecho en sábado? No juzguéis, según vista, sino el justo juicio juzgad». Decían, pues, algunos de los jerosolimitanos: «¿No es éste el que buscan matar? Y he aquí con libre discurso habla, y nada le dicen: ¿No será que verdaderamente han conocido los príncipes que éste es el Cristo? Empero éste sabemos de dónde es». Clamó, pues, en el santuario enseñando Jesús y diciendo: «Y a mí sabéis, y sabéis de dónde soy; y de mí mismo no he venido; empero es veraz el que me ha enviado, a quien vosotros no sabéis; yo le sé, pues de él soy(c), y aquél me ha enviado». Buscaban, pues, prenderle; y nadie echó sobre él la mano, porque aún no había venido su hora. Y de la turba muchos creyeron en él; y decían. «El Cristo, cuando viniere ¿acaso más señales hará que éste ha hecho?» Oyeron los fariseos, a la turba susurrar acerca de él estas cosas; y enviaron los sumos sacerdotes y los fariseos servidores para prenderle. Dijo, pues, Jesús: «Aún tiempo pequeño con vosotros estoy, y voime al que me ha enviado. Buscaréisme y no hallaréis, y donde estoy yo, vosotros no podéis venir». Dijeron pues los judíos entre sí: «A dónde éste ha de ir, que nosotros no le hallaremos? ¿Acaso a la dispersión de los helenos(d) ha de ir y enseñar a los helenos? ¿Cuál es esta palabra que ha dicho: «Buscaréisme y no hallaréis y a donde estoy yo, vosotros no podéis venir?» Y en el último día el grande de la fiesta, parado estaba Jesús, y clamó diciendo: «Si alguno tuviere sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, según dijo la Escritura —ríos de su vientre fluirán de agua viva». Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creían en él; pues aún no había sido dado Espíritu Santo, porque Jesús todavía no estaba glorificado. De entre la turba, pues, oyendo estas palabras, decían: «Este es verdaderamente el profeta». Otros decían: «Este es el Cristo». Quiénes decían: «¿Pues acaso de la Galilea el Cristo viene? ¿No dice la Escritura que de la simiente de David y de Belén, la aldea donde estaba David, viene el Cristo?» Escisión, pues, hubo en la turba por él; y algunos querían entre ellos, prenderle; pero nadie echó sobre él las manos. Vinieron, pues, los servidores a los sumos sacerdotes y fariseos, y dijéronles aquéllos: «¿Por qué no le habéis traído?» Respondieron los servidores: «Jamás ha hablado así un hombre». Respondieron, pues, los fariseos: «¿Acaso también vosotros descaminados estáis? ¿Acaso alguno de entre los príncipes ha creído en él o de entre los fariseos? Empero la turba ésta, la que no conoce la ley —malditos son». Dice Nicodemo a ellos, el que vino a él antes, que uno era de entre ellos: «¿Acaso nuestra ley juzga al hombre, si no oyere primero de él y conociere qué hace?» Respondieron y dijéronle: «¿Acaso también tú de la Galilea eres? Escudriña y ve que de la Galilea profeta no se levanta». Y fuese cada cual a su casa. Testifica su divinidad La adúltera Y Jesús fuese al monte de las Olivas. Y al alba de nuevo vínose al santuario, y todo el pueblo vino a él, y sentado enseñábales. Y traen los escribas y los fariseos a él una mujer en adulterio sorprendida; y poniéndola en medio, dícenle: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el hurto(a) mismo, adulterando; y en la ley Moisés nos mandó a las tales apedrear. Tú, pues, ¿qué dices?» Y esto decían, tentándole para tener cómo acusarle. Mas Jesús hacia abajo encorvándose, con el dedo escribía en la tierra. Y, como se quedaron preguntándole, desencorvándose, dijo a ellos: «El inculpable de vosotros primero la piedra sobre ella arroje»; y de nuevo hacia abajo encorvándose, escribía en la tierra. Y ellos, oyendo, salíanse uno a uno, empezando por los ancianos; y quedó sólo Jesús y la mujer en medio parada. Y desencorvándose Jesús y a nadie viendo, fuera de la mujer, díjola: «¡Mujer! ¿dónde están aquéllos, los acusadores tuyos? ¿Nadie te ha condenado?» Y ella dijo: «Nadie, Señor». Díjole Jesús: «Ni yo te condenaré; anda, y ya no peques». De nuevo, pues, les habló Jesús, diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no se andará, no, en la obscuridad, sino tendrá la luz de la vida». Dijéronle, pues, los fariseos: «Tú de ti mismo testificas; tu testimonio no es verdadero». Respondió Jesús y díjoles: «Aunque yo testifico de mí mismo, mi testimonio verdadero es; porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo y a dónde voy. Vosotros, según la carne, juzgáis; yo no juzgo a nadie. Y si también yo juzgo, el juicio el mío verdadero es; porque solo no soy, sino yo y el que me ha enviado —Padre. Y también en ley, la vuestra, escrito está que de dos hombres el testimonio verdadero es; Yo soy el que testifico de mí mismo y testifica de mí el que me ha enviado —Padre». Decíanle, pues: «¿Dónde está tu padre?» Respondió Jesús: «No a mí sabéis, ni a mi Padre; si a mí supieseis, también a mi Padre sabríais». Estas palabras habló en el gazofilacio, enseñando en el santuario; y nadie prendióle, pues aún no había venido su hora. Díjoles, pues, de nuevo: «Yo me voy, y buscaréisme; y en vuestro pecado moriréis; a donde yo me voy, vosotros no podéis venir». Decían, pues, los judíos: «¿No se habrá de matar, que dice: «A donde yo me voy, vosotros no podéis venir». Y decíales: «Vosotros de lo de abajo sois; yo de lo de arriba soy; vosotros de este mundo sois; yo no soy de este mundo. Digo, pues, a vosotros que moriréis en vuestros pecados; porque, si no creyereis que yo soy(b), moriréis en vuestros pecados». Decíanle, pues, «Tú ¿quién eres?» Díjoles Jesús: «Desde luego(c) ¿qué también hablo a vosotros? Mucho tengo de vosotros que hablar y juzgar; pero, el que me ha enviado, veraz es; y yo lo que he oído de él, esto hablo al mundo». No conocieron que al Padre les decía. Dijo, pues, Jesús: «Cuando exaltareis al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y de mí mismo hago nada, sino que, según me ha enseñado mi Padre, esto hablo. Y el que me ha enviado, conmigo está; no me ha dejado solo, porque yo lo agradable a él hago siempre». Esto él hablando, muchos creyeron en él. Decía, pues, Jesús a los que estaban creyendo en él, judíos: «Si vosotros permaneciereis en la palabra la mía, verdaderamente discípulos míos sois; y conoceréis la verdad, y la verdad libertaráos». Respondieron a él: «Simiente de Abrahán somos y a nadie hemos servido jamás; ¿cómo tú dices: que libres seréis?» Respondióles Jesús: «En verdad, en verdad dígoos que todo el que hace el pecado, siervo es del pecado; y el siervo no queda en la casa por el siglo. El hijo queda por el siglo. Si el hijo, pues, os libertare, realmente libres seréis. Sé que simiente de Abrahán sois; empero buscáisme matar, porque la palabra la mía no cabe en vosotros. Lo que yo tengo visto cerca del Padre, hablo; y vosotros, pues, lo que habéis oído cerca del padre(d), hacéis». Respondieron y dijéronle: «El padre de nosotros Abrahán es». Díceles Jesús: «Si hijos de Abrahán sois, las obras de Abrahán haced; pero ahora buscáisme matar, a un hombre que la verdad os ha hablado que he oído de Dios: esto Abrahán no hizo. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Dijéronle: «Nosotros de ramería(e) no hemos nacido: a un padre tenemos: Dios». Díjoles Jesús: «Si Dios vuestro padre fuese, amaríais a mí, pues yo de Dios he salido y llego; pues ni de mí mismo he venido; sino que aquél me envió. ¿Por qué el habla la mía no conocéis? Porque no podéis oír la palabra la mía. Vosotros del padre, del diablo, sois, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Aquél homicida era, de principio, y en la verdad no se estuvo, porque no hay verdad en él. Cuando hablare la mentira, de lo propio habla; porque mentiroso es y el padre de ella(f). Pero yo, porque la verdad digo, no me creéis. ¿Quién de entre vosotros me arguye de pecado? Si verdad digo, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto vosotros no oís, porque de Dios no sois». Respondieron los judíos y dijéronle: «¿No bellamente decimos nosotros que samaritano eres tú, y demonio tienes?» Respondió Jesús: «Yo demonio no tengo, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis. Y yo no busco mi gloria; hay quien busque y juzgue. En verdad, en verdad dígoos: si alguno mi palabra guardare, muerte no verá, no, por el siglo». Dijéronle los judíos: «Ahora hemos conocido que demonio tienes. Abrahán murió y los profetas, y tú dices: «Si alguno mi palabra guardare, no gustará, no, muerte por el siglo». ¿Qué tú mayor eres que nuestro padre Abrahán; el cual murió y los profetas murieron? ¿Quién a ti mismo haces?» Respondió Jesús: «Si yo me glorificare a mí, mi gloria nada es; es el Padre el que me glorifica, quien vosotros decís que vuestro Dios es; y no le habéis conocido; pero yo le sé. Y, si dijere que no le sé, seré semejante a vosotros: mendaz; empero le sé y su palabra guardo. Abrahán, vuestro padre, alborozóse para ver el día, el mío, y vio y se gozó». Dijeron, pues, los judíos a él; «Cincuenta años aún no tienes, y ¿a Abrahán has visto?» Díjoles Jesús: «En verdad, en verdad dígoos: antes que Abrahán fuese, yo soy». Alzaron, pues, piedras para lanzar sobre él; pero Jesús ocultóse y salió del santuario. El ciego de nacimiento Y pasando Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y preguntáronle sus discípulos diciendo: «Rabí, ¿quién pecó: éste o sus padres para que ciego naciera?» Respondió Jesús: «Ni éste pecó, ni sus padres; pero para que se manifiesten las obras de Dios en él. Nosotros debemos obrar las obras del que me ha enviado, mientras día es; viene noche, cuando nadie puede obrar. En tanto yo en el mundo fuere, luz soy del mundo». Esto diciendo, esputó en tierra, e hizo lodo del esputo, y puso el lodo sobre sus ojos; y díjole: «Véte, lávate en el natatorio de Siloé «(lo que se interpreta: Enviado). Retiróse, pues, y lavóse y vino viendo. Los vecinos, pues, y los que le veían antes, porque mendigo era, decían: «¿No éste es el sentado y mendigando?» Otros decían: que «éste es»; otros decían: «No, sino semejante a él es»: Aquél decía: que «yo soy». Decíanle, pues: «¿Cómo abriéronsete los ojos?» Respondió aquél: «El hombre, el llamado Jesús, lodo hizo, y untó mis ojos y díjome: que «vete a Siloé, y lávate». Yéndome, pues, y lavándome, vi». Y dijéronle: «¿Dónde está aquél?». Dice «No sé». Llévanle, pues, a los fariseos, al antes ciego. Y era sábado el día en que el lodo hizo Jesús y abrió sus ojos. De nuevo, pues, preguntáronle también los fariseos cómo vio. Y él díjoles: «Lodo puso sobre mis ojos, y lavéme, y veo». Decían, pues, de entre los fariseos algunos: «No es éste de Dios —el hombre, porque el sábado no guarda». Otros decían: «¿Cómo puede un hombre pecador tales señales hacer?» Y escisión había en ellos. Dicen, pues, al ciego de nuevo: «¿Qué tú dices de él, porque te abrió los ojos?» Y él dijo: «Que profeta es». No creyeron, pues, los judíos de él: que fue ciego y vio hasta que llamaron a los padres, del que vio; y les preguntaron, diciendo: «¿Este es el hijo vuestro, que vosotros decís que ciego nació? ¿Cómo, pues, ve ahora?» Respondieron, pues, sus padres, y dijeron: «Sabemos que éste es el hijo nuestro y que ciego nació; mas cómo ahora ve, no sabemos; o quién abrió sus ojos, nosotros no sabemos; a él preguntad; edad tiene; él acerca de sí mismo hablará». Esto dijeron sus padres porque temían a los judíos; pues ya habían acordado los judíos que, si alguno le confesaba Cristo, fuese entredicho de la sinagoga. Por esto sus padres dijeron: que «edad tiene; a él preguntad», Llamaron, pues, al hombre por segunda vez, al que había sido ciego, y dijéronle: «Da gloria a Dios, nosotros sabemos que este hombre pecador es». Respondió, pues, aquél: «Si pecador es, no sé: una cosa sé: que, siendo ciego, ahora veo». Dijéronle pues: «¿Qué te hizo? ¿Cómo abrió tus ojos?» Respondióles: «Díjeos ya, y no oísteis(a). ¿Qué otra vez queréis oír? ¿Qué también vosotros queréis discípulos suyos haceros?» E improperáronle y dijeron: «Tú discípulo eres de aquél, pero nosotros de Moisés somos discípulos. Nosotros sabemos que a Moisés ha hablado Dios; pero éste no sabemos de dónde es». Respondió el hombre y díjoles: «Pues en esto lo admirable está: que vosotros no sabéis de dónde es; y abrió mis ojos. Sabemos que Dios a pecadores no oye; empero, si alguno temeroso de Dios fuere y su voluntad hiciere, a éste oye. Desde el siglo no se ha oído que abriera alguno ojos de ciego nato; si no fuese éste de Dios, no pudiera hacer nada». Respondieron y dijéronle: «En pecados tú naciste todo, ¿y tú nos enseñas?»; y arrojáronle fuera. Oyó Jesús que le arrojaron fuera; y hallándole, dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» «¿Y quién es —dijo— Señor, para creer yo en él?» Díjole Jesús: «Y le has visto, y el que habla contigo, ése es». Y él dijo: «Creo, Señor»; y adoróle. Y dijo Jesús: «A juicio yo a este mundo he venido, para que, los que no ven, vean, y los que ven, ciegos se hagan». Y oyeron, de entre los fariseos, esto los que con él estaban; y dijéronle: «¿Que también nosotros ciegos somos?» Díjoles Jesús: «Si ciegos fueseis, no tendríais pecado; mas ahora decís: que «vemos»; vuestro pecado queda.» Divinidad de Cristo El buen pastor «En verdad, en verdad dígoos: el que no entra, por la puerta, en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, aquél ladrón es y bandido; mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. A éste el portero abre, y las ovejas su voz escuchan; y las propias ovejas llama por nombre y sácalas fuera. Cuando las propias todas echare fuera, delante de ellas camina; y las ovejas le siguen; pues saben su voz; mas a extraño no seguirán, no; sino que huirán de él, porque no saben de los extraños la voz.» Esta parábola díjoles Jesús; pero aquéllos no conocieron qué era lo que hablaba. Dijo pues, de nuevo Jesús: «En verdad, en verdad dígoos que yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos han venido antes de mí, ladrones son y bandidos; empero no les han escuchado las ovejas. Yo soy la puerta; por mí si alguno entrare, se salvará, y entrará y saldrá, y pasto hallará. El ladrón no viene, sino para robar, y matar y perder; yo he venido para que vida tengan y demás tengan. Yo soy el pastor, el bello(a). El pastor, el bello, su alma pone por las ovejas; pero el mercenario y el que no es pastor, de quien no son las ovejas propias, ve al lobo venir y abandona las ovejas y huye (y el lobo arrebátalas y dispersa); porque mercenario es y no le importa de las ovejas. Yo soy el pastor bello, y conozco las mías, y conócenme las mías; según me conoce el Padre y yo conozco al Padre; y mi alma pongo por mis ovejas. Y otras ovejas tengo que no son de este redil; también aquéllas debo traer, y mi voz escucharán, y haráse un rebaño, un pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo pongo mi alma, para de nuevo tomarla. Nadie arrebátala de mí; mas yo póngola de mí mismo. Potestad tengo para ponerla, y potestad tengo para de nuevo tomarla. Este mandamiento he recibido de mi Padre». Escisión de nuevo hubo en los judíos por estas palabras. Y decían muchos de entre ellos: «Demonio tiene y enloquece: ¿qué le oís?» Otros decían: «Estas palabras no son de endemoniado. ¿Acaso un demonio puede de ciegos, ojos abrir». Hubo entonces la dedicación(b) en Jerusalén; invierno era; y paseábase Jesús en el santuario, en el pórtico de Salomón. Cercáronle, pues, los judíos, y decíanle: «¿Hasta cuándo nuestra alma alzas?(c). Si tú eres el Cristo, dinos con libre habla». Respondióles Jesús: «Os he dicho, y no habéis creído. Las obras que yo hago en el nombre de mi Padre, éstas testifican en mí; empero vosotros no creéis; porque no sois de las ovejas, las mías. Las ovejas, las mías, mi voz escuchan y yo conózcolas, y síguenme, y yo doiles vida eterna, y no perecerán, no, por el siglo, y no arrebatará alguno a ellas de mi mano. Mi Padre lo que me tiene dado, lo mayor de todo es, y nadie puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre uno somos». Levantaron, pues, de nuevo piedras los judíos para apedrearle. Respondióles Jesús: «Muchas obras os he manifestado bellas de(d) mi Padre: ¿por cuál de las mismas obras me apedreáis?» Respondiéronle los judíos: «Por bella obra no te apedreamos, sino por blasfemia, y porque tú, hombre siendo, háceste Dios». Respondióles Jesús: «¿No está escrito en vuestra ley que: «Yo dije: «¿Dioses sois?» Si a aquellos dijo dioses, a los que la palabra de Dios vino, y no puede soltarse la Escritura; a quien el Padre santificó, y envió al mundo —¿vosotros decís: que «blasfemas», porque dije: «Hijo de Dios soy?» Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; a las obras creed, para que conozcáis y reconozcáis que ¡en mí, el Padre, y yo, en el Padre!» Buscaron, pues, de nuevo prenderle; y salió de la mano de ellos; y retiróse de nuevo allende el Jordán, al lugar donde estaba Juan, primero, bautizando; y quedóse allí. Y muchos vinieron a él; y decían que Juan ciertamente señal hizo ninguna; pero todo cuanto dijo Juan acerca de él, verdadero era. Y muchos creyeron en él allí. Resurrección de Lázaro Y había alguien enfermo: Lázaro de Betania, de la aldea de María, y Marta, su hermana; y era María, la que ungió al Señor con ungüento y enjugó sus pies con sus cabellos; cuyo hermano Lázaro enfermo estaba. Enviaron, pues, las hermanas a él, diciendo: «Señor: he aquí el que quieres, enfermo está». Y, oyendo Jesús dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino por la gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por ella». Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana y a Lázaro. Como oyó, pues, que está enfermo, entonces aún quedóse en el lugar que estaba, dos días; luego, después de esto, dice a los discípulos: «Vámonos a la Judea de nuevo». Dícenle los discípulos: «Rabí, ahora buscábante apedrear los judíos, ¿y de nuevo te vas allá?» Respondió Jesús: «¿Que no doce horas son del día? Si alguno caminare en el día(a), no se lastima, porque la luz de este mundo mira; pero, si alguno caminare en la noche, se lastima, porque la luz no está en él». Esto dijo, y, después de esto, díceles: «Lázaro, nuestro amigo, está durmiendo; pero me voy, para despertarle». Dijerónle, pues, sus discípulos: «Señor, si está durmiendo, salvará». Y había dicho Jesús de la muerte de él; mas aquéllos pensaron que de la dormición del sueño dice. Entonces, pues, díjoles Jesús con libre habla: «Lázaro ha muerto, y alégrome (por vosotros, para que creáis) de no haber estado allí(b); empero, vámonos a él». Dijo, pues, Tomás, el llamado Dídimo(c), a los condiscípulos: «Vámonos también nosotros, para morir con él». Viniendo, pues, Jesús, hallóle cuatro ya días teniendo en la sepultura. Y estaba Betania cerca de Jerusalén, como a estadios quince; Y muchos de entre los judíos habían venido a Marta y María, para consolarlas del hermano. Marta, pues, como oyó que Jesús viene, encontróle; y María en la casa estaba sentada. Dijo, pues, Marta a Jesús: «Señor, si estuvieras aquí, no hubiese muerto mi hermano. Empero, también ahora sé que, cuanto pidieres a Dios, te dará Dios». Dícela Jesús: «Resucitará tú hermano». Dícele Marta: «Sé que resucitará en la resurrección, en el último día». Díjola Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muriere, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá, no, por el siglo. ¿Crees esto?» Dícele: «Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que al mundo viene». Y esto diciendo, fuese y llamó a María, su hermana, en secreto, diciendo: «El Maestro está aquí, y llámate». Y aquélla, como oyó, levantóse presto y vino a él; y aún no había llegado Jesús a la aldea, sino estaba todavía en el lugar donde le encontró Marta. Los judíos, pues, los que estaban con ella en la casa y consolábanla, viendo a María que prestamente se levantó y salió, siguiéronla, pensando que va a la sepultura a llorar allí. María, pues, como vino donde estaba Jesús, viéndole, cayó a sus pies, diciéndole: «Señor, si estuvieras aquí, no hubiese muerto el hermano». Jesús, pues, como la vio llorando y a los con ella venidos judíos llorando, regimió con el espíritu y conturbóse a sí mismo, y dijo: «¿Dónde le habéis puesto?» Dícenle: «Señor, ven y ve». Lagrimó Jesús. Decían, pues, los judíos: «He aquí cómo le quería». Y algunos de entre ellos dijeron: «¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste no muriese?» Jesús, pues, de nuevo, regimiendo dentro de sí mismo, viene a la sepultura; y era una gruta, y una piedra yacía sobre ella. Dice Jesús: «Alzad la piedra». Dícele la hermana del difunto, Marta: «Señor, ya hiede; porque cuatriduano es». Dícela Jesús: «¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?» Alzaron, pues, la piedra. Y Jesús alzó los ojos arriba y dijo: «Padre, agradézcote, que me has oído. Y yo sabía que siempre me oyes; empero, por la turba circunstante, he dicho; porque crean que tú me has enviado». Y esto diciendo, con voz grande clamó: «¡Lázaro!, ¡acá! ¡fuera!». Salió el muerto atado los(d) pies y las manos con ligaduras; y su rostro en sudario envuelto estaba. Dice Jesús a ellos: «Desatadle, y dejadle irse». Muchos, pues, de los judíos, los que vinieron a María y vieron lo que hizo, creyeron en él; mas algunos de ellos, fuéronse a los fariseos y dijéronles lo que hizo Jesús. Congregaron, pues, los sumos sacerdotes y los fariseos sanedrín(e); y decían: «¿Qué hacemos, porque este hombre muchas hace —señales? Si le dejamos así, todos creerán en él, y vendrán los romanos y llevaránse de nosotros y el lugar y la gente». Y alguien, de entre ellos: Caifás, sumo sacerdote siendo de aquel año, díjoles: «Vosotros no sabéis nada, ni pensáis que os conviene que un hombre muera por el hombre y no toda la gente perezca». Pero esto de sí mismo no dijo, sino que, sumo sacerdote siendo de aquel año, profetizó que había Jesús de morir por la gente; y no por la gente sólo; sino para que también los hijos de Dios los dispersos congregase en uno. Desde aquel día, pues, acordaron matarle. Jesús, pues, ya no con libre habla se andaba en los judíos; sino que se retiró de allí a la región cerca del desierto: a Efrén, llamada: ciudad(f) y allí quedóse con los discípulos. Y estaba cerca la pascua de los judíos, y subieron muchos a Jerusalén, desde la región, antes de la Pascua, para santificarse(g). Buscaban, pues, a Jesús, y decían unos a otros, en el santuario parados: «¿Qué os parece que no ha venido, no, a la fiesta?» y habían dado los sumos sacerdotes y los fariseos órdenes de que, si alguno conocía dónde está, avisase para prenderle. Glorificación de Jesús Jesús, pues, antes de seis días de la pascua, vino a Betania; donde estaba Lázaro, a quien resucitó de entre los muertos Jesús. Hiciéronle, pues, cena allí; y Marta servía; y Lázaro uno era de los recostados con él; María, pues, tomando una libra de ungüento de nardo líquido, muy precioso, ungió los pies de Jesús y enjugó con sus cabellos sus pies; y la casa llenóse del olor del ungüento. Dice, pues, Judas, el Iscariotes, uno de los discípulos; el que le había de entregar. «¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres?» Y esto dijo, no porque de los pobres le importara, sino porque ladrón era, y la bolsa teniendo, lo que se echaba, se llevaba. Dijo, pues, Jesús: «Déjala, que, para el día de mi sepultura, lo guarde(a), pues, pobres siempre tenéis con vosotros; a mí, empero, no siempre tenéis». Conoció, pues, turba mucha de los judíos que allí está; y vinieron, no por Jesús sólo, sino también a Lázaro ver, a quien resucitó de muertos. Y consultábanse también los sumos sacerdotes para también a Lázaro matar; pues muchos, por él, íbanse, de los judíos, y creían en Jesús. El siguiente día, turba mucha, la que había venido a la fiesta, cuando oyeron que viene Jesús a Jerusalén, cogieron las ramas de las palmeras y saliéronle al encuentro; y clamaban: «¡Hosanna, bendito el que viene en nombre de Señor, y el rey de Israel». Y, hallando Jesús un asnillo, sentóse sobre él; según está escrito: No temas, hija de Sión;he aquí tu rey vienesentado sobre pollino de asna. Esto no conocieron sus discípulos de primero, sino, cuando glorificado fue Jesús, entonces recordaron que esto estaba de él escrito y esto hiciéronle. Atestiguaba, pues, la turba; la que estaba con él, cuando a Lázaro llamó de la sepultura y resucitóle de los muertos. Por esto también encontróle la turba, cuando oyeron que ésta él había hecho señal. Los fariseos, pues, dijeron entre sí: «¿Veis que no aprovecháis nada? He aquí el mundo en pos de él se ha ido». Y había helenos, algunos de los que subían a adorar en la fiesta; éstos, pues, acercáronse a Felipe, el de Betsaida de la Galilea, y rogáronle, diciendo: «Señor, queremos a Jesús ver». Viene, pues Felipe y dice a Andrés; viene Andrés y Felipe y dicen a Jesús. Y Jesús respondióles diciendo: «Ha venido la hora de que glorificado sea el Hijo del hombre. En verdad, en verdad dígoos: si el grano de trigo, cayendo en la tierra, no muriere, él sólo queda; pero, si muriere, mucho fruto lleva. El que ama su alma, perderála; y el que aborrece su alma, en este mundo, para vida eterna guardarála. Si a mí alguno sirviere, a mí siga; y donde yo estoy, allí también el servidor, el mío estará. Si alguno me sirviere, honrarále el Padre. Ahora mi alma conturbada está; y —¿qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Empero por esto(b) he venido a esta hora. Padre, glorifica tu nombre». —Vino, pues, una voz del cielo: «Y he glorificado, y de nuevo glorificaré». La turba, la que parada estaba y escuchaba, decía que trueno había habido; otros decían: «Un ángel le ha hablado». Respondió y dijo Jesús: «No por mí esta voz ha sido, sino por vosotros. Ahora juicio es de este mundo; ahora el príncipe de este mundo arrojado será fuera; y yo, si exaltado fuere de la tierra, a todos traeré a mí mismo». Y esto decía, significando de qué muerte había de morir. Respondió, pues, a él la turba: «Nosotros hemos oído, de la ley, que el Cristo permanece por el siglo; y ¿cómo dices tú que debe ser exaltado el Hijo del hombre? ¿Quién es este Hijo del hombre?» Dijo, pues, a ellos Jesús: «Todavía un pequeño tiempo la luz en vosotros está. Caminad mientras la luz tenéis, para que la obscuridad, no os coja; y el que camina en la obscuridad no sabe a dónde va. Mientras la luz tenéis, creed en la luz, para que hijos de luz os hagáis».Esto habló Jesús, y, retirándose, ocultóse de ellos. Y tantas él señales habiendo hecho delante de ellos, no creían en él; para que la palabra de Isaías el profeta se cumpliese; la que dijo: «Señor ¿quién ha creído a la oída de nosotros? y el brazo del Señor ¿a quién ha sido revelado? Por esto no podían creer, por que de nuevo dijo Isaías: Ha cegado de ellos los ojos, y empedernido de ellos el corazón, para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y les sane. Esto dijo Isaías, porque vio la gloria de él y habló de él. A pesar de todo, hasta de entre los príncipes muchos creyeron en él; empero, por los fariseos, no confesaban, para no entredichos de sinagoga ser; pues amaban la gloria de los hombres más bien que gloria de Dios. Y Jesús clamó y dijo: «El que cree en mí, no creerá en mí, sino en el que me ha enviado; y el que me ve, ve al que me ha enviado. Yo luz al mundo he venido, porque el que cree en mí, en la obscuridad no permanezca. Y, si alguno de mí oyere las palabras, y no guardare, yo no le juzgo; pues no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me desecha y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, aquélla júzgale en el último día. Porque yo de mí mismo no he hablado, sino el que me ha enviado —Padre, él mandamiento me ha dado: qué diga yo y qué hable. Y sé que su mandamiento vida eterna es. Lo que yo, pues, hablo, según me ha dicho el Padre, así hablo». Y antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que ha venido su hora de pasar de este mundo al Padre; habiendo amado a los propios que estaban en el mundo, al fin(a) amóles. Y cena haciéndose, habiendo el diablo ya arrojado en el corazón que le entregase Judas, de Simón Iscariotes; sabiendo que todo le ha dado el Padre en las manos, y que de Dios ha salido y a Dios se va; levántase de la cena y quita las vestiduras; y tomando un lienzo, ciñóse; después echa agua en el lavatorio, y empezó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugar con el lienzo de que estaba ceñido. Viene, pues, a Simón Pedro; dícele: «Señor, ¿tú me lavas los pies?» Respondió Jesús y díjole: «Lo que yo hago, tú no sabes todavía; pero sabrás después». Dícele Pedro: «No me lavarás, no, los pies por el siglo». Respondióle: «Si no te lavare, no tienes parte conmigo». Dícele Simón Pedro: «Señor, no mis pies solo, sino también las manos y la cabeza». Dícele Jesús: «El lavado no tiene necesidad sino de lavarse los pies; mas está limpio todo; y vosotros limpios estáis; pero no todos». Pues sabía al que le entregaba; por esto dijo: que «no todos limpios estáis». Cuando lavó, pues los pies de ellos, y tomó sus vestiduras y recostóse de nuevo, díjoles: «¿Conocéis qué os he hecho? Vosotros llamáisme el Maestro y el Señor; y bellamente decís; pues soy. Si yo, pues, he lavado vuestros pies, el Maestro y el Señor, también vosotros debéis unos de otros lavar los pies; porque ejemplo os he dado, para que, según yo he hecho a vosotros, también vosotros hagáis. En verdad, en verdad dígoos: no hay siervo mayor que su señor, ni enviado, mayor que quien le envió. Si esto sabéis, bienaventurados sois, si lo hiciereis. No de todos vosotros digo; yo sé a quiénes he elegido; empero, para que la Escritura se cumpla: «El que come mi pan, levantó contra mí su calcañar». Desde ahora dígoos, antes que suceda, para que creáis, cuando sucediere, que yo soy. En verdad, en verdad dígoos: el que recibe, si a alguno enviare yo, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me ha enviado». Esto diciendo, Jesús conturbóse en el espíritu, y testificó y dijo: «En verdad, en verdad dígoos que uno de vosotros me entregará». Miraban unos a otros los discípulos, dudando de quién dice. Estaba recostado uno de sus discípulos en el seno de Jesús, a quien amaba Jesús; significa, pues, a éste Simón Pedro y dícele; «Di quién es, de quién dice». Reclinado aquél así sobre el pecho de Jesús, dícele: «Señor, ¿quién es?» Responde, pues, Jesús: «Aquél es, a quien yo remojare el bocadillo y le diere». Remojando, pues, un bocadillo, toma y da a Judas de Simón Iscariotes. Y, después del bocadillo, entonces entró en aquél Satanás. Dice, pues, a él Jesús: «Lo que haces, haz más pronto». Esto nadie conoció de los recostados: por qué le dijo; porque algunos pensaban, puesto que la bolsa tenía Judas, que le dice Jesús: «Compra de lo que tenemos necesidad para la fiesta»; o a los pobres que algo diese. Habiendo, pues, recibido el bocadillo aquél, salió luego; y era noche.Cuando hubo, pues, salido, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios glorificado en él; y Dios glorificarále en sí mismo, y luego glorificarále. Hijitos, todavía un poco con vosotros estoy. Buscaréisme, y, según dije a los judíos: que «a donde yo me voy, vosotros no podéis venir»; también a vosotros digo ahora. Mandamiento nuevo os doy: que os améis; según os he amado, que también vosotros os améis. En esto conocerán todos que mis discípulos sois, si amor tuviereis entre vosotros». Dícele Simón Pedro: «Señor, ¿dónde te vas?» Respondió Jesús: «A donde me voy, no me puedes ahora seguir; pero seguirás más tarde». Dícele Pedro: «Señor, ¿por qué no te puedo seguir ya? mi alma por ti pondré». Responde Jesús: «¿Tu alma por mí pondrás? En verdad, en verdad dígote: no gallo cantará, no, hasta que me niegues tres veces». Divinidad y amor de Cristo «No se conturbe vuestro corazón: creed en Dios, y en mí creed. En la casa de mi Padre moradas muchas hay; y, si no, os hubiera yo dicho; pues yo voy a preparar lugar para vosotros; y, cuando me fuere y preparare lugar para vosotros, de nuevo vengo, y os acogeré a mí mismo; para que, en donde estoy yo, también vosotros estéis. Y, adónde me voy, sabéis el camino». Dícele Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo sabemos el camino?» Dícele Jesús: «Yo soy el camino, y la verdad y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. Si me hubiéseis conocido, también a mi Padre, conocierais; desde ahora conocéisle y habéis visto». Dícele Felipe: «Señor, muéstranos al Padre, y bástanos». Dícele Jesús: «Tanto tiempo con vosotros estoy, ¿y no me has conocido, Felipe?» El que ha visto a mí, ha visto al Padre: ¿cómo tú dices: «Muéstranos al Padre?» ¿No crees que yo en el Padre, y el Padre en mí está? Las palabras que yo os digo, de mí mismo no hablo; pero el Padre, en mí permaneciendo, hace las obras de él. Creedme que ¡yo en el Padre y el Padre en mí!; y si no, por las obras mismas, creedme. En verdad, en verdad dígoos, el que cree en mí, las obras que yo hago, también aquél hará, y mayores que éstas hará, porque yo al Padre me voy; y lo que(a) pidiereis en mi nombre, esto haré; para que sea glorificado el Padre en el Hijo. Si algo me pidiereis en mi nombre, yo esto haré. Si me amáis, los mandamientos los míos guardad. Y yo rogaré al Padre, y otro consolador daráos, para que esté con vosotros por el siglo: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni conoce; vosotros conocéisle, porque con vosotros permanece y en vosotros está. No os dejaré huérfanos: vengo a vosotros. Todavía un poco, y el mundo ya no me ve; pero vosotros me veréis, porque yo vivo, y vosotros viviréis. En aquél día vosotros conoceréis ¡que yo en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros! El que tiene mis mandamientos y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, amado será por mi Padre; y yo amaréle y manifestarémele». Dícele Judas (no el Iscariotes): «Señor, ¿qué es que a nosotros has de manifestarte, y que no al mundo?» Respondió Jesús y díjole: «Si alguno me ama, mi palabra guardará, y mi Padre amarále; y a él vendremos y morada con él haremos. El que no me ama, mis palabras no guarda; y la palabra que oís, no es mía, sino del que me ha enviado: del Padre. Esto os he hablado, con vosotros permaneciendo; pero el Consolador, el Espíritu, el santo, que enviará el Padre en mi nombre, aquél os enseñará todo y recordaráos todo lo que os he dicho. Yo paz dejo a vosotros; paz, la mía, os doy; no, según el mundo da, yo os doy. No se conturbe vuestro corazón, ni se acobarde. Habéis oído que yo os dije: «Vóime, y vengo a vosotros. Si me amaseis, os gozarais, porque me voy al Padre; porque el Padre mayor que yo es. Y ahora, os he dicho antes que suceda, para que cuando sucediere, creáis. Ya no muchas cosas hablaré con vosotros; pues viene el del mundo príncipe; y en mí no tiene nada; empero, para que conozca el mundo que amo al Padre, y, según mandamiento me ha dado el Padre, así hago: —levantaos, vámonos de aquí.» Exhortaciones Cristo es la vid «Yo soy la vid la verdadera, y mi Padre el agrícola es. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, quítalo; y todo el que fruto lleva, límpialo, para que más fruto lleve. Ya vosotros limpios estáis por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Así como el pámpano no puede fruto llevar de sí mismo, si no permaneciere en la vid, así ni vosotros, si en mí no permaneciereis. Yo soy la vid; vosotros, los pámpanos. Quien permanece en mí y yo en él, éste lleva fruto mucho, porque, sin mí, no podéis hacer nada. Si alguno no permaneciere en mí, arrojado será fuera, como el pámpano, y secaráse; y júntanlos y en el fuego arrojan, y quémanse. Si permaneciereis en mí, y mis palabras en vosotros permanecieren, lo que quisiereis, pediréis, y haráseos. En esto ha sido glorificado mi Padre: que fruto mucho llevéis y os hagáis mis discípulos. Así como me ha amado el Padre, también yo a vosotros he amado; permaneced en el amor, el mío. Si mis mandamientos guardareis, permaneceréis en mi amor; así como yo de mi Padre los mandamientos he guardado, y permanezco en su amor. Esto os he hablado, para que el gozo el mío en vosotros esté, y el gozo vuestro se llene. Este es el mandamiento el mío: que os améis así como os he amado. Mayor que éste, amor nadie tiene: que alguno su alma ponga por sus amigos. Vosotros mis amigos sois, si hiciereis lo que yo os mando. Ya no os digo siervos; porque el siervo no sabe qué hace su señor; mas a vosotros he dicho amigos; porque todo lo que he oído de mi Padre, os he comunicado. No vosotros me elegisteis, sino yo os elegí, y púseos, para que vosotros vayáis y fruto llevéis y el fruto vuestro permanezca; para que lo que pidiereis al Padre en mi nombre os dé. Estas cosas mando: que os améis. Si el mundo os aborrece, conoced que a mí primero que a vosotros ha aborrecido. Si del mundo fuerais, el mundo lo propio amara; pero, porque del mundo no sois, sino que yo os he elegido del mundo, por esto aborréceos el mundo. Acordaos de la palabra que yo os dije: «No hay siervo mayor que su señor». Si a mí han perseguido, también a vosotros perseguirán; si mi palabra han guardado, también la vuestra guardarán. Empero todo esto harán contra vosotros, por mi nombre; porque ignoran al que me ha enviado. Si no hubiere yo venido y habládoles, pecado no tuvieran; pero ahora excusa no tienen de su pecado. Quien a mí aborrece, también a mi Padre aborrece. Si las obras no hubiese yo hecho en ellos que ningún otro ha hecho, pecado no tuvieran; mas ahora, y han visto y aborrecido; y a mí y a mi Padre. Empero, para que se cumpla la palabra, la en la ley de ellos escrita: que «aborreciéronme gratuitamente». Mas, cuando viniere el Consolador, a quien yo enviaré a vosotros del Padre, el Espíritu de la verdad, el que del Padre procede, aquél testificará de mí. Y también vosotros testificaréis, pues, del principio, conmigo estáis». Del Espíritu Santo «Esto os he hablado, para que no os escandalicéis. De sinagogas os extrañarán; empero, viene la hora de que todo el que os mata, pensará culto rendir a Dios. Y esto harán, porque no han conocido al Padre, ni a mí. Empero estas cosas os he hablado, para que, cuando viniere la hora de ellas, os acordéis de ellas: de que yo os dije. Y estas cosas a vosotros, al principio, no dije, porque con vosotros estaba; mas ahora voime al que me envió. Y nadie de vosotros pregúntame: «¿A dónde te vas?» Empero, porque esto os he hablado, la tristeza ha llenado vuestro corazón. Empero, yo la verdad dígoos: conviéneos que yo me vaya; pues, si no me fuere, el Consolador no vendrá, no, a vosotros; pero, si yo partiere, enviaréle a vosotros. Y, viniendo aquél argüirá al mundo de pecado, y de justicia y de juicio: de pecado ciertamente, porque no creen en mí; y de justicia, porque a mi Padre me voy, y ya no me veis (porque me voy al Padre). y de juicio, porque el príncipe de este mundo juzgado está(a) Aún muchas cosas tengo que deciros; pero no podéis sufrir ahora; mas, cuando viniere aquél: el Espíritu de la verdad, encaminaráos a la verdad toda; pues no hablará de sí mismo, sino, cuanto oyere, hablará, y lo que viene, comunicaráos. Aquél me glorificará; porque de lo mío tomará y anunciaráos. Todo cuanto tiene el Padre, mío es; por esto he dicho que de lo mío toma y comunicaráos. Un poco, y ya no me veis; y de nuevo un poco, y me veréis». Dijeron, pues, de entre sus discípulos unos a otros: «¿Qué es esto que nos dice: «Un poco, y no me veis, y de nuevo un poco, y me veréis? ¿y que me voy al Padre?» Decían, pues: «¿Qué es esto que dice: «Un poco?» No sabemos qué habla». Conoció Jesús que le querían preguntar y díjoles: «De esto discutís entre vosotros, que dije: «¿Un poco, y no me veis, y de nuevo un poco, y me veréis?» En verdad, en verdad dígoos que plañiréis y trenaréis(b) vosotros, pero el mundo gozará; vosotros os entristeceréis; empero la tristeza de vosotros en gozo trocaráse. La mujer, cuando pariere, tristeza tiene, porque ha venido su hora; pero cuando hubiere generado al niñito, ya no se acuerda de la tribulación, por el gozo; pues ha nacido un hombre al mundo. También vosotros, pues, ahora ciertamente tristeza tenéis; pero de nuevo veréos, y se gozará vuestro corazón, y el gozo vuestro, nadie quitará de vosotros; y en aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad dígoos: si algo pidiereis al Padre, daráos en nombre mío. Hasta ahora no habéis pedido nada en nombre mío; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo lleno esté. Esto en proverbios os he hablado: viene la hora, cuando ya no en proverbios os hablaré; sino con libre habla acerca del Padre noticiaréos. En aquel día en mi nombre pediréis, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros pues el mismo Padre ámaos, porque vosotros me habéis amado y creído que yo del Padre he salido. He salido del Padre y venido al mundo; de nuevo dejo el mundo y voime al Padre». Dicen sus discípulos: «He aquí ahora con libre habla hablas, y proverbio ninguno dices. Ahora sabemos que sabes todo, y no has menester que alguno te pregunte: en esto creemos que de Dios has salido». Respondióles Jesús: «¿Acaso creéis? he aquí viene la hora y ha venido, de que seréis esparcidos cada cual a lo propio, y a mí solo dejaréis; —y no estoy solo, pues el Padre conmigo está. Esto os he hablado, para que en mí paz tengáis. En este mundo tribulación tendréis; empero confiad: yo he vencido al mundo.» Ora Cristo por los suyos Esto dijo Jesús, y alzando sus ojos al cielo, dijo: «Padre ha venido la hora: glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique, según(a) le has dado potestad de toda carne; para que todo lo que le has dado —les dé vida eterna. Y ésta es la eterna vida: que conozcan a ti, el solo, verdadero Dios, y al que enviaste: Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, la obra consumando que me has dado a hacer; y ahora glorifícame, tú, Padre, ante ti mismo, con la gloria que yo tenía, antes que el mundo fuera, ante ti. He manifestado tu nombre a los hombres que me has dado, del mundo. Tuyos eran; y a mí les has dado, y tu palabra han guardado; ahora han conocido que todo cuanto me has dado, de ti es: porque las palabras que me has dado, he dado a ellos; y ellos han recibido y conocido verdaderamente que de ti he salido; y han creído que tú me has enviado. Yo por ellos ruego; no por el mundo ruego; sino por los que me has dado, porque tuyos son; y lo mío todo, tuyo es, y lo tuyo, mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo, y ellos en el mundo están; y yo a ti vengo. Padre santo, guárdales en tu nombre los que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo les guardaba en tu nombre los que me has dado, y custodié; y ninguno de ellos ha perecido, sino el hijo de la perdición; para que la Escritura se cumpliese; y ahora a ti vengo, y esto hablo en el mundo, para que tengan el gozo, el mío, cumplido, en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo les ha aborrecido porque no son del mundo; así como yo no soy del mundo. No ruego porque les quites del mundo, sino porque les guardes de lo malo. Del mundo no son; así como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: la palabra la tuya la verdad es. Así como me has enviado al mundo, también yo los he enviado al mundo; y por ellos yo santifícome(b); para que sean ellos también santificados en verdad. Y no por éstos ruego solamente, sino también por los que creen, por la palabra de ellos, en mí; para que todos uno sean así como, tú, Padre, en mí y yo en ti, para que también ellos en nosotros estén; para que el mundo crea que tú me has enviado. Y yo la gloria que me has dado, he dado a ellos, para que sean uno; así como nosotros, uno. yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumados en uno; para que conozca el mundo que tú me has enviado, y amádolos así como a mí has amado. Padre, lo que me has dado, —quiero que, donde estoy yo, también aquéllos estén conmigo; para que contemplen la gloria la mía, que me has dado, porque me has amado antes de fundación de mundo: Padre justo, y el mundo no te ha conocido; mas yo te he conocido, y ellos han conocido que tú me has enviado; y les he manifestado tu nombre, y manifestaré, para que el amor con que me amaste, en ellos esté, y yo en ellos». Prisión de Jesús Esto diciendo Jesús, salió con sus discípulos allende el torrente del Cedrón(a); donde había un huerto; al que salió él y sus discípulos. Y sabía también Judas, el que le entregaba, el lugar; porque a menudo juntábase Jesús con sus discípulos allí. Judas, pues, tomando el manípulo y, de los sumos sacerdotes y los fariseos, servidores, viene allí con antorchas, y lámparas y armas: Jesús, pues, sabiendo todo lo que viene sobre él, salió; y díceles: «¿A quién buscáis?» Respondiéronle: «A Jesús, el Nazareno». Díceles: «Yo soy». Y estaba parado también Judas el que le entregaba, con ellos. Como, pues, les dijo: «Yo soy», fuéronse hacia atrás y cayeron en tierra. De nuevo, pues, preguntóles: «¿A quién buscáis?» Y ellos dijeron: «A Jesús, el Nazareno». Respondió Jesús: «Heos dicho que yo soy; si, pues a mí buscáis, dejad que éstos se vayan». Para que se cumpliese la palabra que dijo: que «los que me has dado, —no perdí de ellos ninguno». Simón, pues, Pedro, teniendo cuchilla, tiró de ella e hirió al del sumo sacerdote siervo, y cortóle la orejilla la derecha(b); y tenía por nombre el siervo, Malco. Dijo, pues, Jesús a Pedro: «Mete la cuchilla en la vaina. El cáliz que me ha dado el Padre ¿no beberéle, no?» El manípulo, pues, y el tribuno(c) y los servidores de los judíos prendieron a Jesús y atáronle; y llevaron a Anás primero; pues era suegro de Caifás; quien era sumo sacerdote de aquel año; y era Caifás el que aconsejó a los judíos que conviene que un hombre muera por el pueblo. Y seguía a Jesús Simón Pedro y otro discípulo; y aquel discípulo conocido era del sumo sacerdote, y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote. Y Pedro paróse a la puerta, fuera. Salió, pues, el discípulo, el otro, el conocido del sumo sacerdote; y dijo a la portera e introdujo a Pedro. Dice, pues, a Pedro la muchacha, la portera: ¿No también tú de los discípulos eres de este hombre?» Dice aquél: «No soy». Y habíanse parado los siervos y los servidores, que brasas habían hecho; porque frío hacía; y calentábanse; y estaba también Pedro con ellos parado y calentándose. El sumo sacerdote, pues, preguntó a Jesús de sus discípulos y de su doctrina. Respondióle Jesús: «Yo con libre habla he hablado al mundo; yo dondequiera he enseñado en la sinagoga y en el santuario, en donde todos los judíos se juntan; y en secreto he hablado nada. ¿Qué me preguntas? Pregunta a los que han oído qué les he hablado; he aquí éstos saben lo que he hablado yo». Y, esto, él diciendo, uno que estaba parado, de los servidores, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así respondes al sumo sacerdote?» Respondióle Jesús: «Si mal he hablado, testifica de lo malo; pero, si bellamente, ¿qué me desuellas(d)? Envióle, pues, Anás, atado a Caifás, el sumo sacerdote. Y estaba Simón Pedro parado y calentándose. Dijeron, pues, a él: «¿No también tú de los discípulos de él eres?» Negó aquél y dijo: «No soy». Dice uno de los siervos del sumo sacerdote, que pariente era del que cortó Pedro la orejilla: «¿No te vi yo en el huerto con él?» De nuevo, pues, negó Pedro; y luego el gallo cantó. Llevan, pues, a Jesús, de Caifás, al pretorio; y era mañana. Y ellos mismos no entraron al pretorio, por no contaminarse, sino comer la pascua. Salió, pues, Pilato fuera a ellos y dice: «¿Qué acusación tenéis de este hombre?» Respondieron y dijéronle: «Si no estuviera éste mal haciendo, no te le entregáramos». Díjoles Pilato: «Tomadle, vosotros, y según vuestra ley, juzgadle». Dijéronle los judíos: «A nosotros no es lícito matar a nadie». Para que la palabra de Jesús se cumpliese que dijo manifestando de qué muerte había de morir(e) Entró, pues, de nuevo en el pretorio Pilato y llamó a Jesús y díjole: «¿Tú eres el rey de los judíos». Respondió Jesús: «¿De ti mismo esto dices, u otros habláronte de mí?» Respondió Pilato: «¿Acaso yo judío soy? —La gente, la tuya, y los sumos sacerdotes hante entregado a mí. «¿Qué has hecho?» Respondió Jesús: «El reino, el mío, no es de este mundo. Si de este mundo fuese el reino el mío, los servidores los míos, hubieran luchado porque no fuese yo entregado a los judíos; pero ahora el reino, el mío, no es de aquí». Díjole, pues, Pilato: «Luego ¿rey eres tú?» Respondió Jesús: «Tú dices; porque rey soy yo. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: a testificar la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Dícele Pilato: «¿Qué es verdad?» Y, esto diciendo, de nuevo, salió a los judíos; y díceles: «Yo ninguna hallo en él causa(f). Pero tenéis costumbre de que a uno os suelte en la pascua: ¿queréis, pues, os suelte al rey de los judíos?» Vociferaron, pues, de nuevo, diciendo: «No a éste, sino a Barrabás». Pero era Barrabás bandido. Crucifixión Entonces, pues, tomó Pilato a Jesús y azotó. Y los soldados tejiendo una corona de espinas, pusieron sobre su cabeza, y vestidura purpúrea tiráronle en torno; y venían a él y decían: «Salve, el rey de los judíos», y dábanle bofetadas. Y salió de nuevo fuera Pilato; y díceles: «He aquí, tráigoosle fuera, para que conozcáis que ninguna causa hallo en él». Salió, pues, Jesús fuera, llevando la espínea corona y la purpúrea vestidura. Y díceles: «He aquí el hombre». Cuando le vieron, pues, los sumos sacerdotes y los servidores, vociferaron, diciendo: «¡Crucifica, crucifica!» Díceles Pilato: «Tomadle vosotros y crucificad; pues yo no hallo en él causa». Respondiéronle los judíos: «Nosotros ley tenemos, y según la ley, debe morir, porque Hijo de Dios se ha hecho». Cuando, pues, oyó Pilato esta palabra, más se atemorizó; y entró en el pretorio de nuevo; y dice a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús respuesta no le dio. Dícele, pues, Pilato: «¿A mí no hablas? ¿No sabes que potestad tengo de soltarte y potestad tengo de crucificarte?» Respondióle Jesús: «No tuvieras potestad contra mí ninguna, si no te hubiese sido dado de arriba. Por esto el que me ha entregado a ti, mayor pecado tiene». Después de esto, Pilato buscaba soltarle; pero los judíos vociferaron, diciendo: «Si a éste soltares, no eres amigo del César: todo el que rey se hace, contradice al César». Pilato, pues, oyendo estas palabras, llevó fuera a Jesús; y sentóse, en tribunal, en el lugar llamado Lithostroto(a); y en hebreo: Gabbathá(b). Y era la parasceve(c) de la pascua. Hora era como sexta. Y dice a los judíos: «He aquí vuestro rey». Vociferaron, pues, aquéllos: «¡Quita, quita: crucifícale!» Díceles Pilato: «¿A vuestro rey crucificaré?» Respondieron los sumos sacerdotes: «No tenemos rey, sino César». Entonces, pues, entrególe a ellos, para que fuese crucificado. Tomaron consigo, pues, a Jesús; y llevando él la cruz, salió al llamado del Cráneo lugar; que se dice en hebreo: Gólgota(d) donde le crucificaron, y, con él otros dos, de acá y de acá, y al medio a Jesús. Y escribió también el título Pilato y puso sobre la cruz; y estaba escrito: Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos. Este título, pues, muchos leyeron de los judíos, pues cerca estaba el lugar, de la ciudad; donde se crucificó a Jesús; y estaba escrito en hebreo, romano, heleno. Decían, pues, a Pilato los sumos sacerdotes de los judíos; «No escribas: el rey de los judíos, sino que aquél dijo: Rey soy de los judíos». Respondió Pilato: «Lo que he escrito, he escrito». Los soldados, pues, cuando crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras e hicieron cuatro partes, a cada soldado una parte; y la túnica. Mas era la túnica inconsútil; desde lo de arriba tejida por entero. Dijeron, pues, unos a otros: «No la rasguemos, sino sorteemos acerca de ella: de quién será». Para que la Escritura se cumpliese: Repartiéronse mis vestiduras, y sobre mi veste echaron suertes. Los soldados, pues, de su parte, esto hicieron; estaban, empero, paradas, junto a la cruz de Jesús, su madre y la hermana de su madre, María, de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, pues, viendo a la madre y al discípulo parado al par, al que amaba, dice a la madre: «Mujer, he ahí a tu hijo». Después dice al discípulo: «He ahí a tu madre». Y desde aquella hora recibióla el discípulo en lo propio. Después de esto Jesús, sabiendo que ya todo está consumado, para que se consumase la Escritura, dice: «Sed tengo». Un vaso yacía, de vinagre lleno; una esponja, pues, llena de vinagre, a un hisopo poniendo en torno, ofrecieron a su boca. Cuando, pues, tomó el vinagre Jesús, dijo: «Consumado está»; e, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos, pues, porque parasceve era, para que no quedasen sobre la cruz los cuerpos en el sábado (pues era grande el día de aquél sábado) rogaron a Pilato que se quebrantasen las piernas de ellos y se quitasen. Vinieron, pues, los soldados; y del primero ciertamente quebrantaron las piernas y del otro del crucificado con él; mas, a Jesús viniendo, como le vieron ya muerto, no quebrantaron sus piernas; sino que uno de los soldados con lanza su costado hirió; y salió luego sangre y agua. Y el que ha visto, ha testimoniado, y verdadero es su testimonio; y aquél sabe que lo verdadero dice, para que también vosotros creáis. Pues aconteció esto para que la Escritura se cumpliese: Hueso no será desmenuzado de él(e). Y de nuevo otra Escritura dice: Mirarán hacia quien traspasaron. Después de esto, rogó a Pilato José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto, por el miedo de los judíos, para llevarse el cuerpo de Jesús; y accedió Pilato. Vino, pues, y llevóse el cuerpo de él. Y vino también Nicodemo (el que vino a él de noche primero) trayendo mixtura de mirra y áloe, como libras ciento. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y ligáronle con lienzos, con los aromas; según costumbre es de los judíos sepultar. Y había en el lugar donde fue crucificado, un huerto, y en el huerto un monumento nuevo, en que jamás nadie había sido puesto; allí, pues, por la parasceve de los judíos, pues cerca estaba el monumento, pusieron a Jesús. Resurrección Y en uno de los sábados(a), María, la Magdalena viene, al alba, obscuridad aún habiendo, al monumento, y mira la piedra alzada del monumento. Corre, pues, y viene a Simón Pedro y al otro discípulo al que amaba Jesús, y dícele: «Se han llevado al Señor del monumento, y no sabemos dónde le han puesto». Salió, pues, Pedro y el otro discípulo; y venían al monumento; y corrían los dos juntamente. Y el otro discípulo corrió adelante más rápidamente que Pedro y vino primero(b) al monumento; e inclinándose de lado(c) mira yacientes los lienzos; sin embargo no entró. Viene, pues, también Simón Pedro siguiéndole; y entró en el monumento; y contempla los lienzos yaciente; y el sudario el que estaba(d) sobre su cabeza, no con los lienzos yacientes, sino aparte arrollado en un lugar(e). Entonces, pues, entró también el otro discípulo, el que vino primero al monumento; y vio y creyó(f); pues aún no sabían la Escritura; que debe él de los muertos resucitar. Retiráronse, pues, de nuevo a sí mismos(g) los discípulos. Pero María estaba parada junto al monumento, fuera, llorando. Como, pues, lloraba, inclinóse de lado al monumento; y ve dos ángeles, en albas(h), sentados: uno a la cabeza y uno a los pies, donde yacía el cuerpo de Jesús. Y dícenla aquéllos: «Mujer ¿qué lloras?» Y díceles: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le pusieron». Esto diciendo, volvióse hacia atrás; y ve a Jesús parado; y no sabía que es Jesús. Dícela Jesús: «Mujer ¿qué lloras? ¿A quién buscas?» Aquélla, pensando que el hortelano es, dícele: «Señor, si tú le has llevado, dime dónde le has puesto, y yo le alzaré». Dícela Jesús: «¡María! Volviéndose aquélla, dícele en hebreo: «¡Rabbuní!» (que se dice: Maestro). Dícela Jesús: «No te adhieras a mí(i); pues aún no he ascendido al Padre; pero vete a mis hermanos, y diles: «Asciendo a mi Padre y vuestro Padre, y mi Dios y vuestro Dios». Viene María, la Magdalena, anunciando a los discípulos: que «he visto al Señor y esto me ha dicho». Siendo, pues, tarde en aquel día el primero de los sábados, y las puertas cerradas donde estaban los discípulos congregados por el miedo de los judíos; vino Jesús y detúvose al medio, y díceles: «Paz a vosotros». Y, esto diciendo, mostróles, las manos y el costado. Regocijáronse, pues, los discípulos, viendo al Señor. Dijo, pues, a ellos Jesús de nuevo: «Paz a vosotros; así como me ha enviado el Padre, también yo os envío». Y, esto diciendo, insufló(j); y díceles: «Recibid Espíritu santo. Si de alguno perdonareis los pecados, perdonados le están; si de alguno retuviereis, retenidos están». Pero Tomás uno de los doce, el llamado Dídimo, no estaba con ellos, cuando vino Jesús. Dijeron, pues, a él los otros discípulos: «Hemos visto al Señor». Mas él díjoles: «Si no viere yo en sus manos la herida de los clavos, y metiere mi dedo en la herida de los clavos y metiere mi mano en su costado, no creeré, no». Y, después de días ocho, de nuevo estaban dentro sus discípulos, y Tomás con ellos. Viene Jesús, las puertas cerradas; y detúvose en medio y dijo: «Paz a vosotros». Después dice a Tomás: «Trae tu dedo acá, y ve mis manos; y trae tu mano y mete en mi costado; y no te hagas increyente sino creyente». Respondió Tomás y díjole: «¡El Señor mío y el Dios mío!» Dícele Jesús: «¿Porque me has visto, has creído? Bienaventurados los que no han visto, y creído». Muchas ciertamente, pues, y otras señales hizo Jesús a faz de los discípulos, que no están escritas en este libro; mas éstas están escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, vida tengáis en su nombre. Pesca milagrosa Después de esto(a) manifestóse de nuevo Jesús a los discípulos, a la mar de la Tiberíade, y manifestóse así: Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, el llamado Dídimo, y Natanael, el de Caná de la Galilea, y los del Zebedeo y otros de los discípulos de él dos: Díceles Simón Pedro: «Voime a pescar». Dícenle: «Venimos también nosotros contigo». Salieron y entraron en la barca; y en aquella noche cogieron nada. Y, mañana ya siendo, paróse Jesús en la ribera; sin embargo no conocieron los discípulos que Jesús es. Dice, pues, a ellos Jesús: «Hijitos, ¿no algún bocado tenéis?» Respondiéronle: «No». Y él díjoles: «Echad a las diestras partes de la barca la red, y hallaréis». Echaron, pues, y ya no arrastrarla pudieron por la muchedumbre de los peces. Dice, pues, aquel discípulo al que amaba Jesús, a Pedro: «El Señor es». Simón, pues, Pedro, oyendo que el Señor es, la sobreveste ciñóse (pues estaba desnudo) y echóse a la mar, y los demás discípulos con la barca vinieron (pues no estaban lejos de la tierra, sino como a codos doscientos) tirando la red de los peces. Como, pues, bajaron a la tierra, ven brasas yacientes, y un pececillo yaciendo encima, y pan. Díceles Jesús: «Traed de los pececillos que cogisteis ahora». Subió Simón Pedro y arrastró la red a la tierra, llena de peces grandes ciento cincuenta y tres; y, tantos siendo, no se rasgó la red, Díceles Jesús: «Venid, comed». Nadie se atrevió de los discípulos a interrogarle: «Tú ¿quién eres?» sabiendo que el Señor es. Viene Jesús y toma el pan y dales, y el pececillo igualmente. Esta ya tercera vez manifestóse Jesús a los discípulos, resucitado de muertos. Cuando pues, comieron, dice a Simón Pedro Jesús: «Simón de Juan, ¿ámasme más que éstos?» Dícele: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Dícele: «Apacienta los corderos míos». Dícele de nuevo, segunda vez: «Simón de Juan, ¿ámasme?» Dícele: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Dícele: «Pastorea las ovejuelas mías». Dícele tercera vez: «Simón de Juan, ¿quiéresme?» Entristecióse Pedro porque díjole tercera vez: «¿Quiéresme?»; y dijo: «Señor, todo tú sabes; tú conoces que te quiero». Dícele Jesús: «Pastorea las ovejuelas mías». «En verdad, en verdad dígote: cuando eras más joven, ceñíaste y caminabas a donde querías; mas, cuando envejecieres, extenderán tus manos, y otro te ceñirá y llevará a donde no quieres». Y esto dijo, significando con qué muerte glorificará a Dios. Y esto diciendo, dícele: «Sígueme». Volviéndose Pedro, ve al discípulo, el que amaba Jesús, seguir (el que también se reclinó, en la cena, sobre su pecho y dijo: «Señor, ¿quién es el que te entrega?») a éste, pues, viendo Pedro, dice a Jesús: «Señor, ¿y éste, qué(b)?» Dícele Jesús: «Si él quiero que quede, mientras vengo ¿qué a ti? Tú, sígueme». Salió, pues, esta palabra a los hermanos que aquel discípulo no muere; y no dijo a él Jesús: que «no muere, sino: «Si él quiero que quede mientras vengo, ¿qué a ti?». Este es el discípulo el que también testifica de esto y el que ha escrito esto, y sabemos que verdadero su testimonio es. Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús; las cuales si se escriben, una por una, ni el mismo, creo —el mundo, ha de coger los libros que se escriben(c). Ascensión de Cristo La primera narración(a), ciertamente he hecho acerca de todo, oh Teófilo, lo que empezó Jesús y a hacer y a enseñar, hasta el día que, preceptuando a los apóstoles, por el Espíritu Santo (a los que eligió) fue asumido. A los cuales también presentóse vivo, después de padecer él, en muchos documentos, por días cuarenta, apareciéndoles y hablando lo del reino de Dios. Y, reunido con ellos, significóles de Jerusalén no retirarse, sino aguardar a la promesa del Padre, «que habéis oído de mí; porque Juan ciertamente bautizó con agua; pero vosotros en Espíritu Santo seréis bautizados, no después de muchos estos(b) días». Aquéllos congregados, pues, preguntáronle diciendo: «Señor, ¿si en este tiempo restituyes el reino a Israel?» Dijo, pues, a ellos: «No de vosotros es conocer tiempos o momentos que el Padre ha puesto en su propia potestad; empero recibiréis fuerza, viniendo el Santo Espíritu sobre vosotros; y seréis mis testigos, y en Jerusalén, y en toda la Judea, y Samaria y hasta lo último de la tierra». Y, esto diciendo, ellos mirando, alzóse, y nube por debajo tomóle de los ojos de ellos. Y, como atisbando estaban al cielo, habiéndose ido él; —y he aquí hombres dos detuviéronse a par de ellos en vestiduras esplendorosas; los que también dijeron: «Hombres galileos ¿qué estáis parados mirando al cielo? Este Jesús, el asumido de vosotros al cielo, así vendrá del modo que le habéis visto irse al cielo». Entonces regresaron a Jerusalén del monte llamado de Olivar; que está cerca de Jerusalén, de sábado teniendo camino(c). Y cuando entraron(d), subieron a los altos(e); donde estaban morando: y Pedro, y Juan, y Santiago, y Andrés; Felipe, y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago, de Alfeo, y Simón, el Celador(f) y Judas, de Santiago. Estos todos estaban perseverando unánimemente en la oración, con las mujeres; y María, la madre de Jesús, y con los hermanos de él. Y en estos días, levantándose Pedro en medio de los hermanos dijo (y era la turba de los nombres(g) en lo mismo(h) como ciento veinte): «Varones hermanos, debía cumplirse la Escritura, que predijo el Espíritu, el Santo (por boca de David), acerca de Judas; porque contado era en nosotros, y tocó la suerte de este ministerio. Este ciertamente, pues, adquirió un campo de pago de iniquidad, y yéndose de bruces(i), crujió por medio y derramáronse todas sus entrañas; y notorio hízose a todos los habitantes de Jerusalén; y así fue llamado aquel campo en la propia habla de ellos: Hakeldamách; esto es: «Campo de sangre». Pues escrito está en libro de Salmos:(69,26) Hágase la alquería de él desierta,y no haya quien habite en ella,(109,8) y: La atalaya de él tome otro. Necesario es, pues, que, de los con nosotros venidos(j) varones, en todo tiempo que entró y salió entre nosotros el Señor Jesús; empezando del bautismo de Juan hasta el día que fue asumido de nosotros —testigo de su resurrección con nosotros se haga uno de éstos». Y pusieron a dos: a José, el llamado Bersabás, que fue sobreapellidado Justo, y a Matías. Y orando dijeron: «Tú, Señor, conocedor de todos, declara a quién has elegido de estos dos: uno, para tomar el sitio de este ministerio y apostolado, del que se descaminó Judas para irse al lugar, al propio». Y dieron suertes a ellos, y cayó la suerte sobre Matías, y electo contado fue con los once apóstoles. Venida del Espíritu Santo Y, al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntamente en lo mismo(a). Y hubo de súbito del cielo un estruendo tal como de arrastrada ráfaga violenta y llenó toda la casa donde estaban sentados; y apareciéronseles repartidas lenguas como si de fuego; y posóse sobre cada uno de ellos. Y llenáronse todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu dábales arengar(b). Y había en Jerusalén habitantes judíos, varones timoratos de toda gente de las bajo el cielo; y hecha esta voz(c), juntóse la muchedumbre y confundióse, pues oía cada uno que en la propia habla hablaban ellos. Y arrobáronse y maravilláronse, diciendo: «¿Que no —he aquí— todos estos son, los que hablan, galileos? Y ¿cómo nosotros oímos cada uno en la propia habla de nosotros en que hemos nacido: partos, y medos; y elamitas; y los que habitan la Mesopotamia, y Judea, y Capadocia, y Ponto, y el Asia, y Frigia y Panfilia, Egipto, y las partes de la Libia, la al través de Cirene(d), y los peregrinantes romanos, y judíos y prosélitos, cretenses y árabes, oímos que hablan ellos, en nuestras lenguas, las grandezas de Dios?» Y arrobáronse todos, y vacilaban, uno a otro diciendo: «¿Qué quiere esto ser?» Pero otros, mofándose, decían: que «de mosto henchidos están». Pero parado Pedro con los once alzó su voz y arengóles: «Varones judíos y los que habitáis en Jerusalén todos: esto a vosotros notorio sea, y escuchad mis palabras. Pues no, como vosotros imagináis, éstos ebrios están (pues es la hora tercia del día); sino que esto es lo dicho por el profeta Joel: (3,1-5) Y será en aquellos días dice Dios:derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas;y vuestros jovencillos visiones verán,y vuestros ancianos ensueños soñarán; y a fe sobre mis siervos y sobre mis siervasen aquellos días derramaré de mi Espírituy profetizarán. Y daré prodigios en el cielo arribay señales sobre la tierra abajo:sangre y fuego y vapor de humo. El sol se convertirá en tinieblasy la luna en sangre,antes de venir día de Señor; el grandey manifiesto(e). Y será: todo el que invocare el nombre deSeñor, se salvará. Varones israelitas, oíd estas palabras: a Jesús, el Nazareno, hombre declarado por Dios a vosotros con potestades, y prodigios y señales; que hizo, por él, Dios, en medio de vosotros, según vosotros mismos sabéis: a éste, con definida voluntad y presciencia de Dios, entregado por manos de inicuos, enclavando, arrebatasteis; a quien Dios resucitó, soltando las congojas de la muerte; según que no era posible que dominado fuera él de ella. Pues David dice de él:(16,8-11) Delante veía al Señor, a mi faz, por siempre;pues a mi diestra está, porque no me estremezca, por esto regocijóse mi corazón, y alborozóse mi lengua.y aún también mi carne habitará en esperanza; pues no abandonarás mi alma al infierno;ni darás tu santo a ver corrupción. Manifestásteme caminos de vida:llenarásme de regocijo con tu faz». «Varones hermanos, lícito es decir con libre habla a vosotros, acerca del patriarca David, porque y falleció, y sepultado fue; y su tumba está en nosotros hasta este día. Profeta, pues, siendo y sabiendo que «con juramento juróle Dios que del fruto de su lomo se sentaría sobre su trono»; previendo, habló de la resurrección de Cristo, «porque no fue abandonado al infierno; ni su carne vio corrupción». «A este Jesús resucitó Dios; de lo cual todos nosotros somos testigos. Por la diestra, pues, de Dios exaltado, y la promesa del Espíritu, del Santo, recibiendo del Padre; derramó a éste(f) que vosotros, y veis y oís. Pues no David ascendió a los cielos; y dice él: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a diestra mía hasta poner yo tus enemigos escabel de tus pies». «Seguramente, pues, conozca toda casa de Israel que también Señor a él y Cristo hizo Dios(g): a este Jesús a quien vosotros crucificasteis». Y, oyendo, compungiéronse de corazón; y dijeron a Pedro y los demás apóstoles: «¿Qué haremos, varones hermanos?» Y Pedro a ellos: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, en remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Santo Espíritu. Pues para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los a lo lejos, a cuantos hubiere a sí llamado Señor, el Dios de nosotros». Y con otras palabras más conjuraba; y exhortábales, diciendo: «Salvaos de esta generación, la torcida». Aquéllos, pues, que acogieron la palabra de él, bautizáronse: y agregáronse en aquel día almas como tres mil; y estaban perseverando en la doctrina de los apóstoles y en la comunicación(h), y la fracción del pan y las oraciones. Y hacíase a toda alma temor; y muchos prodigios y señales por los apóstoles se hacían (y miedo había grande en todos). Y todos los creyentes estaban en lo mismo(i) y lo tenían todo común; y los bienes y los haberes vendían y repartíanlos a todos, según alguno necesidad tenía; y, cada día perseverando unánimemente en el santuario, y partiendo en casa pan, tomaban juntos alimento en júbilo y sencillez de corazón: alabando a Dios y teniendo gracia delante de todo el pueblo. Y el Señor agregaba los que se salvaban, cada día, en lo mismo. Curación del cojo Y Pedro y Juan subieron al santuario a la hora de la oración, la nona. Y a un varón, que cojo desde el vientre de su madre era, llevábase; al que ponían cada día a la puerta del santuario, la que se llama Hermosa, para pedir limosna a los que entraban en el santuario; el cual, viendo a Pedro y Juan que iban a entrar en el santuario, rogaba limosna recibir. Y contemplándole Pedro, con Juan, dijo: «Míranos». Y él fijándose en ellos, aguardaba algo de ellos recibir. Y dijo Pedro: «Plata y oro no tengo; pero lo que tengo, esto te doy: en el nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y paséate». Y asiéndolo de la diestra mano, levantóle; y al punto se afirmaron las plantas de él y los tobillos; y alto saltando, paróse; y paseábase, y entró con ellos en el santuario, paseándose, y saltando y alabando a Dios, Y vióle todo el pueblo paseándose y alabando a Dios; (y reconocíanle que éste era el para la limosna sentado a la Hermosa puerta del santuario); y llenáronse de estupor y éxtasis por lo acontecido a él. Y, asiéndose él de Pedro, y de Juan, concurrió todo el pueblo hacia ellos, al pórtico, el llamado de Salomón, estupefactos. Y viendo Pedro, respondió al pueblo: «Varones israelitas, ¿qué os maravilláis de esto; o en nosotros, qué os fijáis, como si hubiéramos por propia fuerza o piedad hecho pasearse a él? El Dios de Abrahán y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su niño(a) Jesús; a quien vosotros ciertamente entregasteis, y negasteis, a faz de Pilato, juzgando aquél soltar; vosotros, empero, al santo y justo negasteis, y pedisteis varón homicida se os agraciase; y al autor de la vida matasteis; a quien Dios resucitó de muertos; de lo que nosotros testigos somos; y, por la fe de su nombre, a éste, a quien contempláis y sabéis, ha afirmado el nombre de él; y la fe, la por él, dádole ha esta integridad frente por frente de todos vosotros. Y ahora, hermanos, sé que, por ignorancia, obrasteis, así como también vuestros príncipes; pero Dios, lo que prenunció por boca de todos los profetas: padecer su Cristo; ha cumplido así. Arrepentíos, pues, y convertíos, a que del todo se borren vuestros pecados, para que vengan tiempos de refrigerio desde faz del Señor, y envíe al predestinado a vosotros: Cristo Jesús; quien debe el cielo ciertamente recibir, hasta tiempos de apocatástasis(b) de todo lo que habló Dios por boca de los santos, desde el siglo: sus profetas. Moisés ciertamente dijo: que un profeta os levantará Señor Dios de entre vuestros hermanos, como a mí: a él escucharéis, según todo cuanto hablare a vosotros. Y será: toda alma la que no escuchare a aquel profeta, exterminada será del pueblo. Y todos también los profetas, desde Samuel a los en seguida, cuando hablaron, también anunciaron estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas y del pacto que Dios pactó con nuestros padres, diciendo a Abrahán: «Y en tu simiente benditas serán todas las familias de la tierra». A vosotros primero, resucitando Dios a su niño, envióle a bendeciros para convertir a cada uno de las maldades de vosotros». Los apóstoles ante el sanedrín Y hablando ellos al pueblo, sobreviniéronles los sumos sacerdotes y el estratego(a) del santuario y los saduceos, indignados de enseñar ellos al pueblo y anunciar, en Jesús, la resurrección, la de entre muertos; y echaron sobre ellos las manos y pusieron en custodia hasta el siguiente día; pues era tarde ya. Y muchos de los que oyeron la palabra, creyeron; e hízose número de los varones como millares. Y aconteció al siguiente día, reunirse de ellos los príncipes, y los ancianos, y los escribas, en Jerusalén, y Anás, el sumo sacerdote, y Caifás, y Juan, y Alejandro y cuantos eran del linaje pontifical; y, poniéndoles en el medio, indagaron: «¿En qué fuerza o en qué nombre habéis hecho esto vosotros?» Entonces Pedro, habiéndose llenado de Espíritu Santo, dijo a ellos: «Príncipes del pueblo y ancianos, si nosotros hoy somos interrogados acerca del beneficio de un hombre enfermo: en quién éste ha sido salvado, notorio sea a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel: que en el nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis, a quien Dios resucitó de muertos, en éste aquí está a faz de vosotros, sano. Este es «la piedra, la desechada por vosotros, los edificantes, la hecha cabeza de ángulo». Y no hay en otro ninguno la salud; pues ni nombre hay otro bajo el cielo —el dado en hombres, en el que debamos salvarnos». Y viendo la de Pedro libre habla y de Juan, y, comprendiendo que hombres iletrados son e indoctos, maravillábanse (y reconocíanles que con Jesús estaban); y al hombre mirando que con ellos estaba parado, al curado, nada tenían que contradecir; y mandándoles fuera del sanedrín retirarse conferían entre sí, diciendo: «¿qué haremos a estos hombres? porque ciertamente notoria señal ha sido hecha por ellos, a todos los que habitan en Jerusalén manifiesta, y no podemos negar; pero, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémosles no ya hablar en este nombre a nadie de hombres». Y llamándoles, significaron del todo no arengar ni enseñar en el nombre de Jesús. Y Pedro y Juan, respondiendo, dijeron a ellos: «Si justo es, a faz de Dios, que a vosotros oigamos más que a Dios, juzgad; pues no podemos nosotros lo que hemos visto y oído, no hablar». Y ellos, conminando, soltáronles, nada hallando por qué castigarles; por causa del pueblo, pues todos glorificaban a Dios por lo acontecido; pues de años era más de cuarenta el hombre en quien se había hecho esta señal de la sanidad. Y, sueltos, vinieron a los propios y refirieron cuanto a ellos los sumos sacerdotes y los ancianos dijeron. Y ellos, oyendo, unánimemente alzaron la voz a Dios y dijeron: «Soberano, tú el que has hecho el cielo y la tierra, y el mar, y todo lo en ellos; el que por el Espíritu Santo por boca de David, niño tuyo, dijiste:(Sal. 2,1-2) ¿Por qué bramaron gentes;y pueblos meditaron cosas vanas? Asistieron los reyes de la tierray los príncipes juntáronse en lo mismocontra el Señor y contra su Cristo. pues se han juntado, en verdad, en esta ciudad contra el santo niño tuyo, Jesús, a quien ungiste, y Herodes y Poncio Pilato con gentes y pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y voluntad predeterminó aconteciera. Y, cuanto a ahora, Señor, mira a las amenazas de ellos, y da a tus siervos con libre habla toda, hablar tu palabra, la mano extendiendo tú, a que sanidad, y señales y prodigios se hagan por el nombre del santo niño tuyo, Jesús». Y, pidiendo ellos, tembló el lugar en que estaban reunidos, y llenáronse todos ellos de Santo Espíritu; y hablaban la palabra de Dios con libre habla. Y de la muchedumbre de los creyentes era corazón y alma una; y ni uno algo de lo que poseía, decía propio ser, sino érales todo común. Y con fuerza grande daban el testimonio los apóstoles, de la resurrección del Señor Jesús; y gracia grande era sobre todos ellos. Porque ni indigente había alguno en ellos; pues, cuantos poseedores de campos o casas eran, vendiendo, traían los precios de lo que enajenaban; y ponían a los pies de los apóstoles; y repartíase a cada uno, según alguien necesidad tenía. Y José, el sobreapellidado «Bernabé»(b) por los apóstoles (lo que es interpretado: «hijo de consolación»), levita, cipriota por linaje, poseyendo un campo, vendiendo, trajo el valor y puso a los pies de los apóstoles. Y un cierto varón, Ananías por nombre, con Safira su mujer, vendió una posesión; y defraudó del precio, consabidora también la mujer; y, trayendo, cierta parte a los pies de los apóstoles puso. Y dijo Pedro: «Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu, el Santo, y defraudases del precio del campo? ¿Acaso quedando(a) no te quedaba; y lo vendido en tu poder estaba? ¿Qué(b), que pusiste en tu corazón cosa tal? No has mentido a hombres, sino a Dios». Y oyendo Ananías estas palabras, cayendo, expiró. Y sobrevino temor grande a todos los que oyeron; y, levantándose los jóvenes, envolviéronle, y, fuera llevando sepultaron. Y hubo como de horas tres intervalo; y la mujer de él, no sabiendo lo acontecido, entró. Respondió a ella Pedro: «Dime ¿si en tanto el campo habéis vendido?» Y ella dijo: «Sí; en tanto». Y Pedro a ella: «¿Qué, os habéis concertado a tentar al Espíritu del Señor? He aquí los pies de los que han enterrado a tu marido; ¡a la puerta! y fuera llevaránte». Y cayó al punto a los pies de él y expiró; y entrando los jovencillos, halláronla muerta y, fuera llevando, sepultáronla con su marido. Y sobrevino temor grande a toda la Iglesia y a todos los que oyeron esto. Y por las manos de los apóstoles hacíanse señales y prodigios muchos en el pueblo. Y estaban unánimes todos en el pórtico de Salomón; y de los demás(c) nadie se atrevía a juntarse a ellos, y magnificábales el pueblo, (y más agregábanse los creyentes al Señor: muchedumbre, y de hombres y de mujeres); hasta también a las calles fuera llevar los enfermos y poner en camillas y literas, para que, viniendo Pedro, al menos la sombra sombrease a alguno de ellos y fuesen libres de sus enfermedades. Y concurría también la muchedumbre de las ciudades circunvecinas de Jerusalén, trayendo enfermos y perturbados de espíritus inmundos; los cuales eran curados todos. Y levantándose el sumo sacerdote y todos los con él (la que es la secta de los saduceos), llenáronse de celo, y echaron las manos sobre los apóstoles y pusiéronles en custodia pública. Pero un ángel del Señor, durante la noche, abrió las puertas de la custodia, y, sacándoles, dijo: «Id, y, parándoos, hablad en el santuario al pueblo todas las palabras de esta vida(d)». Y, oyendo, entraron al alba en el santuario; y enseñaban. Y llegando el sumo sacerdote y los con él, convocaron el sanedrín y toda la ancianidad de los hijos de Israel; y enviaron a la prisión a que se les trajese. Pero los llegados servidores no les hallaron en la custodia; y, retornando, anunciaron; diciendo: que «la prisión hemos hallado cerrada en toda seguridad y los custodios parados a las puertas; pero, abriendo, dentro a nadie hemos hallado». Y como oyeron estas palabras y el estratego del santuario y los sumos sacerdotes, confundíanse acerca de ello: cómo hubiese acontecido esto. Pero, llegando alguien, anuncióles: que «he aquí los varones que pusisteis en la custodia, están en el santuario parados y enseñando al pueblo». Entonces, retirándose el estratego con los servidores y llevóles, no por fuerza (pues temían al pueblo: que no se les lapidara); y, llevándoles, pusieron en el sanedrín. Y preguntóles el sumo sacerdote, diciendo: «Con intimación intimádoos hemos no enseñar en este nombre, y he aquí tenéis llena a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis imputarnos la sangre de este hombre». Y, respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: «Someterse hay a Dios más que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros echasteis mano, suspendiendo sobre leño. A éste, Dios a fundador y salvador ha exaltado con su diestra, a dar arrepentimiento a Israel y remisión de pecados. Y nosotros con él, testigos de estas palabras(e), y el Espíritu, el Santo, que ha dado Dios a los que se someten a él». Y ellos, oyendo, aserrados por medio(f) eran y querían arrebatarles. Pero, levantándose uno en el sanedrín: un fariseo, por nombre Gamaliel, maestro de la ley, honorable a todo el pueblo, mandó un poco los hombres echar fuera; y dijo a ellos: «Varones israelitas, atended a vosotros acerca de estos hombres: qué habéis de hacer. Pues, antes de estos días, levantóse Teudás, diciendo ser alguno(g) él; a quien se inclinó de varones un número, como cuatrocientos; el cual arrebatado fue; y todos cuantos le obedecían, fueron disipados y convertidos en nada. Después de éste, levantóse Judas, el galileo, en los días del empadronamiento; y apartó pueblo tras sí; también aquél pereció; y todos cuantos le obedecían, fueron dispersados. Y, cuanto a ahora, dígoos: apartaos de estos hombres y dejadlos; porque, si fuere de hombres esta voluntad o esta obra, se deshará; mas si de Dios es, no podréis deshacerles; no sea que también teómacos(h) se os halle». Y obedeciéronle, y llamando a sí los apóstoles, flagelando, intimaron no hablar en el nombre de Jesús; y soltáronles. Y ellos ciertamente fuéronse; gozando, de faz del sanedrín; porque se les dignó, por el nombre de Jesús, de ser deshonrados; y todo el día, en el santuario y en casa, no cesaban, enseñando y evangelizando a Cristo Jesús. Los Diáconos Y en estos días, multiplicándose los discípulos, hubo murmullo de los helenistas(a) contra los hebreos, de mirarse de reojo en el ministerio cotidiano las viudas de ellos. Y, llamando a sí los doce a la muchedumbre de los discípulos, dijeron: «No grato es que nosotros, abandonando la palabra de Dios, sirvamos a mesas. Considerad ya, hermanos, hombres de vosotros, testimoniados, siete, llenos de Espíritu santo y sabiduría; que constituyamos sobre esta necesidad; y nosotros en la oración y el ministerio de la palabra perseveraremos». Y plugo la palabra a faz de toda la muchedumbre; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y Espíritu Santo; y a Felipe, y Prócoro, y Nicanor, y Timón, y Parmenás, y Nicolás, prosélito antioqueno; que pusieron a faz de los apóstoles: y, orando, impusiéronles las manos. Y la palabra de Dios crecía; y multiplicábase el número de los discípulos en Jerusalén sobremanera; mucha turba también de los sacerdotes obedecían a la fe. Y Esteban, lleno de gracia y fuerza, hacía prodigios y señales grandes en el pueblo. Y levantáronse de los de la sinagoga, la dicha de libertinos(b), y cirenenses, y alejandrinos, y los de Cilicia y Asia, disputando con Esteban; y no podían oponerse a la sabiduría y al Espíritu que hablaba. Entonces sobornaron a varones, diciendo: que «oídole hemos hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios»; y conmovieron al pueblo, y a los ancianos y los escribas: y, sobreviniendo, arrastráronle consigo y llevaron al sanedrín; y pusieron testigos falsos, diciendo: «El hombre éste no cesa de hablar palabras contra el lugar el sagrado, y la ley; que le hemos oído decir: que «Jesús el Nazareno, éste deshará este lugar y mudará las costumbres que nos entregó Moisés». Y, fijándose en él todos los sentados en el sanedrín, vieron la faz de él, cual si faz de ángel. Discurso de San Esteban Y dijo el sumo sacerdote: «¿Si esto así se es?» Y él dijo: «Varones hermanos y padres, oíd: «El Dios de la gloria aparecióse a nuestro padre Abrahán que estaba en la Mesopotamia antes de habitar él en Carrán(a); y dijo a él: «Sal de tu tierra y tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré». Entonces, saliendo de tierra de caldeos, habitó en Carrán. Y, de allí, después de morir el padre de él, trasladóle a esta tierra en que vosotros ahora habitáis; y no le dio heredad en ella «ni pisada de pie(b)», y prometióle «dársela, en posesión y a su simiente después de él»; no teniendo él hijo. Y habló así Dios: que «será la simiente de él cohabitadora en tierra extraña; y esclavizaránla y maltratarán años cuatrocientos; y la gente a quien fueren esclavizados, juzgaré yo». Dios dice; «y después de esto saldrán y serviránme en este lugar». Y dióle testamento de circuncisión; y así engendró a Isaac, y circuncidóle el día, el octavo; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. Y los patriarcas, celando, a José vendieron para Egipto; y era Dios con él; y arrancóle de todas sus tribulaciones, y dióle gracia y sabiduría «delante de Faraón, rey de Egipto; y constituyóle príncipe sobre Egipto y toda su casa». Y vino hambre sobre todo el Egipto y Canaán, y tribulación grande; y no hallaban víveres nuestros padres. Y, oyendo Jacob haber cereales en Egipto, despachó a nuestros padres primero; y a lo segundo(c), fue conocido José de sus hermanos, y manifiesto fue a Faraón el linaje de José. Y, enviando José, llamó a sí a Jacob, su padre, y toda la parentela: en almas, setenta y cinco. Y descendió Jacob a Egipto; y él falleció y nuestros padres, y traspuestos fueron a Siquem y puestos en la tumba que compró Abrahán con precio de plata a los hijos de Hemor en Siquem. Y, como se acercó el tiempo de la promesa que comunicó Dios a Abrahán, acrecentóse el pueblo y multiplicóse en Egipto; hasta que se levantó un rey, otro, en Egipto, quien no sabía a José. Este, sofisticando(d) al linaje nuestro, maltrató a los padres, haciendo las criaturas expósitas, de ellos, para que no se vivificaran. En el cual tiempo nació Moisés, y era gracioso a Dios. Que se crió meses tres en la casa del padre; Y, expuesto él, llevóselo la hija del Faraón y crióselo para hijo. e instruyóse a Moisés en toda sabiduría de egipcios; y era poderoso en palabras y obras suyas. Y, como se le cumplió cuadricenal tiempo, ascendió a su corazón visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y, viendo a un injuriado, defendió e hizo venganza al domeñado, hiriendo al egipcio. Y pensaba entender los hermanos que Dios, por mano de él, daba salud a ellos; pero ellos no entendieron. Y al siguiente día, aparecióseles, riñendo ellos; y reconciliábales a paz, diciendo: «Varones, hermanos sois: ¿por qué os injuriáis?» Y el que injuriaba al prójimo, empujóle, diciendo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez sobre nosotros? ¿Qué? ¿arrebatarme tú quieres del modo que arrebataste ayer al egipcio?» Y huyó Moisés en esta palabra; e hízose cohabitador en tierra de Madián; donde engendró hijos dos. Y, cumpliéndose años cuarenta, apareciósele en el desierto del monte Sinaí un ángel en llama de fuego de una zarza. Y Moisés, viendo, maravillóse de la visión; y, llegándose para contemplar, vino voz de Señor: «¡Yo, el Dios de tus padres: el Dios de Abrahán, e Isaac y Jacob!» Y tembloroso poniéndose Moisés, no se atrevía a contemplar. Y díjole el Señor: «Suelta tu zapato de los pies; porque el lugar en que parado estás, tierra santa es. Viendo, he visto el maltrato de mi pueblo el de Egipto; y su gemido he escuchado, descendido a libertarles; y, ahora ¡acá! enviaréte a Egipto». A este Moisés, a quien negaron, diciendo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez?» —a éste Dios, y príncipe y redentor ha enviado con mano de ángel, del aparecido a él en la zarza. Este sacóles, haciendo prodigios y señales en Egipto, y en el rojo mar, y en el desierto, años cuarenta. Este es Moisés, el que habló a los hijos de Israel: «Profeta os levantará Dios de entre vuestros hermanos, como a mí, a él oíd. Este es el que estuvo en la iglesia(e), en el desierto, con el ángel el que le habló en el monte Sinaí; y(f) nuestros padres, que recibió sentencias vivientes para darnos; del que no quisieron escuchadores hacerse nuestros padres, sino empujaron; y volviéronse en sus corazones a Egipto, diciendo a Aarón: «Haznos dioses que nos precedan; porque este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto— no sabemos qué ha acontecido a él». Y becerrificaron en aquellos días y trajeron hostia al ídolo; y gozábanse en las obras de sus manos. Mas convirtió(g) Dios y entrególes a servir al ejército del cielo, según está escrito en libro de los profetas:(Am. 5,25-27) ¿Acaso víctimas y hostias habéisme ofrecidoaños cuarenta en el desierto, casa de Israel? Y recibisteis el tabernáculo de Molocy el astro del dios Refá(h);las figuras que hicisteis, a ¡adorarlas!y os trasladaré allende de Babilonia». El tabernáculo del testimonio tuvieron nuestros padres en el desierto, según que ordenó el que habló a Moisés hacerlo, según la figura que había visto; el que también introdujeron, habiéndolo heredado, nuestros padres con Jesús, en la posesión de las gentes; que arrojó Dios de faz de nuestros padres, hasta los días de David; quien halló gracia a faz de Dios, y pidió hallar pabellón para la casa de Jacob. Y Salomón edificóle casa. Mas no el Excelso en manuhechuras habita; según el profeta dice: (Is. 66,1-2) El cielo, a mí, trono;y la tierra escabel de mis pies:¿qué casa edificaréisme (dice Señor);o qué lugar de mi reposo? ¿que mi mano no ha hecho todo esto?» Cuelliduros e incircuncisos de corazones y de las orejas, vosotros siempre al Espíritu, el Santo, combatís; como vuestros padres, también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron los padres de vosotros? Y mataron a los que prenunciaban acerca de la venida del Justo; del que ahora vosotros traidores y asesinos os habéis hecho; los que recibisteis la ley en disposiciones de ángeles y no guardasteis...» Y, oyendo esto, aserrabánseles los corazones, y rechinaban los dientes contra él. Y, estando lleno de Espíritu Santo, fijándose en el cielo, vio gloria de Dios, y a Jesús parado a la derecha de Dios; y dijo: «He aquí, miro los cielos abiertos y al Hijo del hombre a la derecha parado de Dios». Y clamando con voz grande, taparon sus orejas, y precipitáronse unánimemente sobre él; y, lanzando fuera de la ciudad, lapidaban. Y los testigos depusieron sus vestiduras a los pies de un joven, llamado Saulo; y lapidaban a Esteban, que invocaba y decía: «Señor Jesús, recibe mi Espíritu». Y, poniendo las rodillas, clamó con voz grande: «Señor, no les peses(i) este pecado». Y, esto diciendo durmióse, en el Señor. Y Saulo estaba complaciéndose en el arrebatamiento de él. Y hubo en aquel día persecución grande contra la iglesia, la de Jerusalén; y todos dispersáronse por las regiones de Judea y Samaria, fuera de los apóstoles. Y juntos alzaron a Esteban, varones timoratos, e hicieron llanto grande sobre él. Y Saulo mancillaba(a) la iglesia, por las casas entrando y arrastrando hombres y mujeres entregaba a custodia. Ellos, pues, ya dispersos, discurrieron, evangelizando la palabra; y Felipe, descendiendo a la ciudad de la Samaria, predicábales al Cristo. Y atendían las turbas a lo que decía Felipe, unánimemente a oír ellos y mirar las señales que hacía; pues muchos de los que tenían espíritus inmundos —gritando con voz grande, salían; y muchos paralíticos y cojos eran curados; y hubo mucho gozo en aquella ciudad. Y cierto varón por nombre Simón había antes estado en la ciudad hechizando, y arrobando a la gente de la Samaria, diciendo ser alguno él grande; al que atendían todos, de pequeño a grande, diciendo: «Esta es la fuerza de Dios la que se llama grande»; y atendíanle, por haber bastante tiempo con las magias arrobádoles. Mas, cuando creyeron a Felipe evangelizando acerca del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, bautizábanse, y hombres y mujeres. Y Simón también él mismo creyó, y, bautizado, estaba perseverando con Felipe; y, viendo señales, y fuerzas grandes haciéndose arrobábase. Y, oyendo los en Jerusalén apóstoles que ha recibido la Samaria la palabra de Dios, enviaron a ellos a Pedro y Juan; los cuales, descendiendo, oraron por ellos que recibiesen Espíritu Santo; pues aún no había sobre ninguno de ellos caído; y sólo bautizados estaban en el nombre del Señor Jesús. Entonces, imponían las manos sobre ellos, y recibían Espíritu Santo. Y, viendo Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles es dado el Espíritu, trajo a ellos dinero, diciendo: «Dad también a mí esta potestad de que, a quien impusiere yo las manos reciba Espíritu Santo». Y Pedro dijo a él: «Tu plata contigo sea en perdición porque el don de Dios has pensado por dinero adquirir. No hay para ti parte ni herencia en esta palabra; que tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de ésta tu maldad; y ruega al Señor, si por ventura se te perdonará este pensamiento de tu corazón; pues en hiel de amargura(b) y atadura de iniquidad véote estar». Y respondiendo Simón dijo: «Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada venga sobre mí de lo que habéis dicho». Ellos, pues, ya habiendo testificado y hablado la palabra del Señor, retornaron a Jerusalén; y muchas aldeas de los samaritanos evangelizaban. Y un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: «Levántate y vete hacia el mediodía(c) a la vía, la que baja de Jerusalén a Gaza»; ésta es: desierta(d). Y, levantándose fuese. Y he aquí un varón etíope, eunuco poderoso de Candace(e), reina de etíopes; el que era sobre todo el tesoro de ella; el que había venido adorando a Jerusalén; y estaba retornando y sentado sobre su carro; y leía al profeta Isaías. Y dijo el Espíritu a Felipe: «Llégate y júntate a este carro». Y, corriendo allá Felipe, oyóle leyendo a Isaías, el profeta, y dijo: «Con que, ¿conoces lo que lees?» Y él dijo: «Pues ¿cómo he de poder, si alguno no me guiare?» Y rogó a Felipe que, subiendo se sentase con él. Y el paraje de la Escritura que leía, era éste:(Is. 53,7.8) Como oveja, a matanza fue llevado;y como cordero delante del que le trasquila,mudo así no abre su boca. En la humildad su juicio fue alzado(f):su generación(g) ¿quién referirá?pues alzada es de la tierra su vida. Y, respondiendo el eunuco a Felipe dijo: «Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí mismo o de otro alguno?» Y, abriendo Felipe su boca, y empezando de esta Escritura, evangelizóle a Jesús. Y como iban por el camino, llegaron a un agua, y dijo el eunuco: «He aquí agua: ¿qué impide sea yo bautizado?» (Y dijo Felipe: «Si crees de todo el corazón, lícito es». Y, respondiendo dijo: «Creo que el Hijo de Dios es Jesucristo».) Y mandó parar el carro; bajaron ambos al agua, y Felipe y el eunuco, y bautizóle. Y, cuando subieron del agua, Espíritu del Señor llevóse a Felipe, y no le vio ya no, el eunuco; pues iba por su camino gozándose. Y Felipe hallóse por Azoto; y, atravesando, evangelizaba las ciudades todas, hasta venir él a Cesarea. Y Saulo, aun respirando amenaza y matanza contra los discípulos del Señor, acercándose al sumo sacerdote, pidió de él cartas a Damasco para las sinagogas, a fin de que, si algunos hallase de esta sentada, y hombres y mujeres, atados llevase a Jerusalén. Y en el camino aconteció acercarse él a Damasco; y de repente la circunrelampagueó luz del cielo; y cayendo en la tierra, oyó voz diciéndole: «Saúl, Saúl, ¿qué me persigues?» Y dijo: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues: duro para ti, recalcitrar contra el aguijón(a)». Y temblando y atónito, dijo: «Señor; ¿qué yo quieres haga?» Y el Señor a él: «Levántate y entra en la ciudad, y hablarásete lo que debes hacer». Pero, los varones, los que caminaban con él, habíanse parado mudos, oyendo en verdad la voz; a nadie, empero viendo. Y levantóse Saulo de la tierra; y, abiertos los ojos, nada veía; y manuguiándole, introdujeron en Damasco. Y estuvo días tres no viendo, y no comió ni bebió. Y había cierto discípulo en Damasco, por nombre Ananías. Y dijo a él, en visión, el Señor: «¡Ananías!». Y él dijo: «¡Señor!» Y el Señor a él: «Levántate vete a la vía, la llamada recta y busca en casa de Judas a Saulo por nombre Tarsense(b); pues he aquí ora» (y vio a un varón, en visión: Ananías por nombre, entrar e imponerle las manos, para que volviese a ver). Y respondió Ananías: «Señor, he oído de muchos acerca de este varón: cuántos males a tus santos ha hecho en Jerusalén; y aquí tiene potestad, de los sumos sacerdotes, de atar a todos los que invocan tu nombre». Y dijo a él el Señor: «Vete, por que vaso de elección esme éste para llevar mi nombre a faz, y de las gentes, y reyes e hijos de Israel; que yo mostraréle cuanto debe, por mi nombre, padecer». Y fuese Ananías, y entró en la casa, y, poniendo sobre él las manos, dijo: «Saúl hermano, el Señor hame enviado: Jesús, el aparecido a ti en el camino que has andado, para que vuelvas a ver y lleno seas de Espíritu Santo». Y luego cayeron de sus ojos abajo como escamas; y volvió a ver, y levantándose, fue bautizado; y, tomando alimento, confortóse. Y quedóse con los en Damasco discípulos días algunos; y luego en las sinagogas predicaba a Jesús: que «éste es el Hijo de Dios». Y arrobábanse todos los que oían, y decían: «¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocan este nombre, y aquí a esto había venido; a fin de que atados los llevase a los sumos sacerdotes?» Y Saulo más fortalecíase y confundía a los judíos: a los que habitaban en Damasco, demostrando que éste es el Cristo. Y, como se cumplían días bastantes, acordaron los judíos arrebatarle; y comunicóse a Saulo el acuerdo de ellos. Y guardaban también las puertas, y de día y de noche, para arrebatarle. Mas, tomando los discípulos a él, de noche, por el muro, bajáronle descendiendo en una espuerta. Y, llegando a Jerusalén, intentaba adherir a los discípulos; y todos temíanle, no creyendo que es discípulo. Mas Bernabé, cogiéndole llevó a los apóstoles, y refirióles cómo en el camino vio al Señor, y que le habló, y cómo en Damasco habló libremente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos entrando y saliendo de Jerusalén, hablando libremente en el nombre del Señor; y hablaba y disputaba con los helenistas. Y ellos ponían mano para arrebatarle; y, conociendo los hermanos, lleváronle abajo a Cesarea, y de allí enviáronle a Tarso. La Iglesia, en verdad, por toda la Judea, y Galilea y Samaria tenía paz, edificándose y caminando con el temor del Señor; y con la consolidación del Santo Espíritu multiplicábase. Y aconteció que Pedro, que atravesaba por todos, descendió también a los santos los que habitaban en Lida. Y encontró allí a un hombre, por nombre Eneas, desde años ocho, yaciente en litera; que estaba paralizado. Y díjole Pedro: «Eneas, sánate Jesucristo: levántate y aderezáte(c)». Y luego se levantó; y viéronle todos los que habitaban Lida y el Sarón; los cuales se convirtieron al Señor. Y en Yope una discípula, por nombre Tabitá (la que, interpretada, se dice Dorcas(d)); —ésta era llena de obras buenas y limosnas que hacía. Y aconteció en aquellos días que, enfermando, murió; y, lavando, pusieron en azotea. Y, cerca estando Lida de Yope, los discípulos, oyendo que Pedro está en ella, enviaron dos varones a él, rogando: «No tardes en venir hasta nosotros». Y, levantándose Pedro, vino con ellos; a quien, llegando, subieron a la azotea; y paráronse en torno de él todas las viudas, llorando y mostrando túnicas y vestiduras: cuántas hacía, con ellas estando, Dorcas. Y, echando fuera a todos Pedro y, poniendo las rodillas, oró; y, volviéndose al cuerpo, dijo: «Tabitá, levántate». Y ella abrió sus ojos, y, viendo a Pedro, incorporóse. Y, dándole mano, levantóla; y llamando a los santos y las viudas, con ellos púsola viva. Y notorio hízose por toda Yope; y creyeron muchos en el Señor. Y aconteció días bastantes permanecer él en Yope, cerca de cierto Simón, curtidor. Conversión de Cornelio Y un varón en Cesarea, por nombre Cornelio, centurión del manípulo, el llamado itálico; piadoso y temiendo a Dios, con toda su casa, haciendo limosnas muchas al pueblo y rogando a Dios de continuo; vio, en visión, manifiestamente, como alrededor de la hora nona del día, a un ángel de Dios venir a él y decirle: «Cornelio». Y él, fijándose en él, y medroso poniéndose, dijo: «¿Qué es, Señor?» Y díjole: «Las oraciones tuyas y las limosnas tuyas han ascendido en memorial, delante de Dios. Y ahora manda varones a Yope y haz venido a cierto Simón que se sobreapellida Pedro; éste hospédase cerca de cierto Simón curtidor; cuya casa está junto a la mar; éste hablaráte qué debes hacer». Y, como se retiró el ángel, el que le hablaba, llamando dos de sus domésticos y un soldado piadoso de los que le asistían; y, narrando todo ello a ellos, envióles a Yope. Y al siguiente día, caminando aquéllos y a la ciudad acercándose, ascendió Pedro al terrado a orar alrededor de la hora sexta; y púsose hambriento; y quería gustar. Y, preparando aquéllos, vino sobre él un éxtasis. y vio al cielo abierto, y descendiendo un recipiente, como un lienzo grande, con cuatro puntas bajando sobre la tierra, en el que había todos los cuadrúpedos y reptiles de la tierra y volátiles del cielo. Y vino voz a él: «Levantándote, Pedro, mata y come». Y Pedro dijo: «Jamás, Señor; pues nunca he comido todo común e impuro». Y voz de nuevo, por vez segunda, a él: «Lo que Dios ha purificado, tú no comuniques(a)». Y esto aconteció hasta tres veces; y luego recibido fue el recipiente en el cielo. Y, como dentro de sí vacilaba Pedro: qué fuese la visión que vio, he aquí los varones los enviados de Cornelio, preguntando por la casa de Simón, detuviéronse en el atrio; y, llamando averiguaban: si «Simón, el sobreapellidado Pedro, aquí se hospeda». Y, Pedro reflexionando sobre la visión, díjole el Espíritu: «He aquí varones dos, buscándote; empero, levantándote, desciende, y vete con ellos, nada considerando; pues yo les he enviado». Y, descendiendo Pedro a los varones, dijo: «He aquí yo soy el que buscáis; ¿qué causa por la que estáis aquí?» Y ellos dijeron: «A Cornelio, centurión, varón justo y temiendo a Dios, y testimoniado, de toda la gente de los judíos, revelado fue por un ángel santo hacerte venir a su casa y oír palabras de ti». Llamándoles, pues, adentro, hospedó; y al siguiente día, levantándose, salió con ellos; y algunos de los hermanos, de Yope fueron con él. Y al siguiente día entró en Cesarea; y Cornelio estaba aguardándoles, habiendo convocado sus parientes y necesarios(b) amigos. Y como aconteció entrar(c) Pedro, encontrándole Cornelio, cayendo a los pies, adoró. Mas Pedro levantóle, diciendo: «Alza: también yo mismo hombre soy». Y, conversando con él, entró; y halla reunidos muchos; y dijo a ellos: «Vosotros sabéis como ilegal es para varón judío adherir o acercarse a alienígena; y a mí Dios mostró a nadie común o inmundo decir —a hombre(d); por lo cual también irreplicadamente he venido, habiéndoseme hecho venir. Pregunto, pues: ¿con qué palabra habéisme hecho venir?» Y Cornelio dijo: «Desde cuarto día hasta esta hora, estaba yo, la nona, orando en mi casa; y he aquí un varón detúvose a faz mía en veste radiosa; y dijo: «Cornelio, escuchada ha sido tu oración; y las limosnas tuyas recordadas han sido a faz de Dios. Manda, pues, a Yope y llama acá a Simón, que se sobreapellida Pedro: éste hospédase en casa de Simón, curtidor, junto a la mar». Al punto, pues mandé a ti; y tú bellamente has hecho viniéndote. Ahora, pues, todos nosotros a faz de Dios estamos aquí a oír todo lo ordenado a ti por el Señor». Y, abriendo Pedro la boca, dijo: «En verdad comprendo que no es de faz aceptador Dios; sino que en toda gente el que le teme y obra justicia aceptable a él es. La palabra envió a los hijos de Israel evangelizando paz por medio de Jesucristo. Este es de todos Señor. Sabéis la venida palabra a través de toda la Judea; empezando de la Galilea, con el bautismo que predicó Juan(e): a Jesús de Nazaret: cómo ungióle Dios con Espíritu Santo y fuerza; el cual pasó bien haciendo y sanando a todos los esclavizados por el diablo; pues Dios era con él. (Y ¡nosotros, testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y Jerusalén!); al que también arrebataron suspendiendo de leño. A éste Dios resucitó al tercer día y dióle manifiesto hacerse, no a todo el pueblo, sino a testigos preelegidos por Dios: nosotros que hemos con él comido y con él bebido después de resurgir él de muertos; y mandónos predicar al pueblo y testimoniar que éste es el determinado por Dios, juez de vivientes y muertos. A éste todos los profetas testifican: remisión de pecados recibir por su nombre todo el que cree en él». Aún hablando Pedro estas palabras, cayó el Espíritu, el Santo, sobre todos los que oían la palabra. Y arrobábanse los de circuncisión fieles, cuantos vinieron con Pedro, de que también sobre las gentes el don del Espíritu, el Santo, se ha derramado; pues oíanles hablar en lenguas y magnificar a Dios. Entonces respondió Pedro: «¿Acaso el agua puede estorbar alguno que no se bauticen éstos, los que el Espíritu, el Santo, han recibido, tal como nosotros?» Y ordenó que ellos en el nombre de Jesucristo se bautizasen. Entonces, rogáronle permanecer allí días algunos. Vocación de los gentiles Y oyeron los apóstoles y los hermanos los que estaban por la Judea, que también las gentes recibieron la palabra de Dios. Y, cuando subió Pedro a Jerusalén, disceptaban contra él los de la circuncisión, diciendo: que «entraste a varones que prepucio tienen y comiste con ellos». Y, empezando Pedro exponíales todo, diciendo: «Yo estaba en ciudad de Yope orando, y vi, en éxtasis, visión: descendiendo cierto recipiente como un lienzo grande, con cuatro puntas bajando del cielo, y vino hasta mí: en el cual fijándome, contemplaba y veía los cuadrúpedos de la tierra, y las fieras y los reptiles; y los volátiles del cielo. Y oí también una voz, diciéndome: «Levantándote, Pedro, mata y come». Y dije: «Jamás, Señor; pues común e inmundo nunca ha entrado en mi boca». Y respondió, por vez segunda, voz del cielo: «Lo que Dios ha purificado, tú no comuniques». Y esto aconteció hasta tres veces; y fue retirado de nuevo todo ello al cielo. Y he aquí, al punto, tres varones detuviéronse en la casa en que estábamos, enviados de Cesarea a mí. Y dijo el Espíritu a mí venir con ellos, nada trepidando. Y vinieron conmigo también estos seis hermanos, y entramos en la casa del varón; y refiriónos cómo vio al ángel en su casa, parado y diciendo: «Manda a Yope y haz venir a Simón, el sobreapellidado Pedro; quien hablará palabras a ti en que salvarás tú y toda tu casa». Y, al empezar yo a hablar, cayó el Espíritu, el Santo, sobre ellos, así como también sobre nosotros al principio. Y acordéme de la palabra del Señor: como decía: «Juan ciertamente bautizó con agua; vosotros, empero, seréis bautizados en Espíritu Santo». Si, pues, el igual don dióles Dios como también a nosotros, creyendo en el Señor Jesucristo, yo ¿quién era —poderoso a estorbar a Dios?» Y, oyendo esto, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: «¡Con que, también a las gentes Dios el arrepentimiento para la vida ha dado!» Mientras tanto, los diseminados por la tribulación la hecha bajo Esteban, atravesaron hasta Fenicia, y Chipre y Antioquía, a nadie hablando la palabra sino solamente a judíos, Y había algunos de ellos, varones cipriotas y cirenenses; los que, viniendo a Antioquía, hablaban también a los helenos, evangelizando al Señor Jesús. Y era mano del Señor con ellos; y mucho número, el creyente, convertíanse al Señor. Y oyóse la palabra en las orejas de la Iglesia, la que había en Jerusalén, acerca de ellos; y enviaron a Bernabé hasta Antioquía; quien, llegado y viendo la gracia la de Dios, gozóse; y exhortaba a todos, en el propósito del corazón permanecer en el Señor; pues era varón bueno y lleno de Espíritu santo y fe. Y añadióse turba bastante al Señor. Y, salió a Tarso, a buscar a Saulo; y, hablando, condujo a Antioquía. Y acontecióles también un año entero conversar en la Iglesia y enseñar turba bastante; y llamarse primeramente en Antioquía los discípulos: cristianos. En los mismos días descendieron de Jerusalén profetas a Antioquía; y, levantándose uno de ellos, por nombre ágabo, manifestó por el Espíritu, que hambre grande debía de haber sobre todo el orbe; la cual hubo bajo Claudio. Y de los discípulos, según abundaba alguno; —determinó cada cual de ellos, para servicio(a) enviar a los que habitaban en la Judea— hermanos; lo que también hicieron, enviando a los ancianos, por mano de Bernabé y Saulo. Pedro libertado por un ángel Y por aquel tiempo echó Herodes rey las manos a maltratar a algunos de los de la iglesia. Y arrebató a Santiago, el hermano de Juan, con cuchilla; y viendo que grato es a los judíos; añadió prender también a Pedro (y eran días de los ázimos); al que también atando puso en custodia, entregando a cuatro cuaternos de soldados para custodiarle; queriendo, después de la pascua, subirle(a) al pueblo. Y, ciertamente Pedro era guardado en la custodia; oración, empero, era continuamente hecha de la iglesia a Dios por él. Y cuando había de sacarle fuera Herodes, aquella noche estaba Pedro durmiendo en medio de dos soldados, atado con cadenas dos, y los guardas delante de la puerta guardaban la custodia. Y he aquí un ángel del Señor al par detúvose, y luz esplendió en la habitación; y percutiendo el costado de Pedro, despertóle, diciendo: «Levántate en rapidez». Y cayéronle las cadenas de las manos. Y dijo el ángel a él: «Cíñete, y átate tus sandalias». E hizo así. Y dícele: «Lanza en torno tu vestidura, y sígueme». Y, saliendo, seguía, y no sabía que verdadero es lo acontecido por el ángel; y pensaba visión mirar. Y, atravesando primera custodia y segunda, vinieron a la puerta la férrea, la que lleva a la ciudad; la cual automática abrióseles; y, saliendo, avanzaron vía una, y luego retiróse el ángel de él. Y Pedro, en sí volviendo, dijo: «Ahora sé verdaderamente que ha enviado Señor su ángel y arrancádome de mano de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos». Y, considerando, vino a la casa de María, la madre de Juan, el sobreapellidado Marco; donde estaban bastantes congregados y orando. Y, golpeando él a la puerta del atrio, acudió una niña a escuchar, por nombre Rode. Y, reconociendo la voz de Pedro, de gozo, no abrió el atrio; y corriendo adentro anunció estar Pedro delante del atrio. Y ellos la dijeron: «Deliras» Mas ella aseguróles así ser. Y ellos dijeron: «El ángel es de él». Y Pedro seguía golpeando; y, abriendo, viéronle y extasiáronse. Y, reprimiéndoles con la mano a callar, refirió cómo el Señor le sacó de la custodia; y dijo: «Anunciad a Santiago y a los hermanos esto». Y, saliendo, fuése a otro lugar. Y, venido el día, había turbación no poca en los soldados: qué, pues, Pedro se hubiese hecho. Y Herodes, buscándole y no hallando, juzgando a los guardas, mandó fuesen llevados(b); y, bajando de la Judea, en Cesarea vivía. Y estaba de ánimo reluchando contra tirios y sidonios. Mas unánimemente presentáronse a él, y, persuadiendo a Blasto, el sobre el tálamo del rey, pedían paz(c), por alimentarse su región de la real. Y en fijado día Herodes, vistiendo vestidura regia, sentado sobre solio, arengaba popularmente a ellos; y el pueblo aclamaba: «¡De Dios voz, y no de hombre(d)!» Y al punto percutióle un ángel del Señor, por cuanto no dio la gloria a Dios; y habiéndose agusanado, expiró. Y la palabra del Señor crecía y multiplicábase. Y Bernabé y Saulo retornaron de Jerusalén, después de cumplir el ministerio, llevando consigo a Juan, el sobreapellidado Marco. Trabajos apostólicos de Pablo. Y había en Antioquía, en la existente Iglesia, profetas y maestros: y Bernabé, y Simeón, el llamado negro, y Lucio el cirenense, y Manahén de Herodes, el tetrarca colactáneo y Saulo. Y ministrando ellos al Señor y ayunando, dijo el Espíritu el Santo: «Separad ya, para mí, a Bernabé y Saulo, para la obra que les tengo llamados». Entonces, ayunando, y orando, e imponiendo las manos a ellos, despidieron. Ellos, en tanto, enviados por el Santo Espíritu, bajaron a Seleucia; y de allí fueron navegando a Chipre; y, estando en Salamina, anunciando fueron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y tenían también a Juan de ministro. Y, atravesando toda la isla hasta Pafo, hallaron un varón: cierto mago, pseudoprofeta, judío, cuyo nombre Barjesús; quien estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este llamando a sí a Bernabé y Saulo, trató de oír la palabra de Dios; mas resistíales élimas(a), el mago (pues así interprétase su nombre); buscando apartar al procónsul, de la fe. Y Saulo (el que también Pablo)(b), llenándose de Espíritu Santo, fijándose en él, dijo: «Oh lleno de todo dolo y de toda falsía, hijo del diablo, enemigo de toda justicia ¿no cesas de trastornar las vías del Señor, las rectas? Y ahora he aquí mano del Señor sobre ti, y serás ciego, no viendo el sol hasta un tiempo». Y al punto cayó sobre él obscuridad y tinieblas; y, girando buscaba manuguías. Entonces, viendo el procónsul lo acontecido, creyó, pasmado por la doctrina del Señor. Y, zarpando de Pafo, los en torno de Pablo, vinieron a Perge, de la Panfilia; pero Juan, separándose de ellos, retornó a Jerusalén. Y ellos, atravesando desde Perge, arribaron a Antioquía, la Pisidia; y, viniendo a la sinagoga el día de los sábados, sentáronse. Y, después de la lección de la ley y los profetas, enviaron los arquisinagogos a ellos, diciendo: «Varones hermanos, si alguna hay en vosotros palabra de exhortación al pueblo, decid». Y, levantándose Pablo y, reprimiendo(c) con la mano, dijo: «Varones israelitas y los que teméis a Dios, oíd. El Dios de este pueblo de Israel, eligió nuestros padres, y al pueblo exaltó en la convivencia en tierra de Egipto; y con brazo excelso sacóle de él; y, como de cuarenta años tiempo, toleróles en el desierto, y arrebatando gentes siete en tierra de Canaán, sorteó en herencia la tierra de ellos, como años cuatrocientos cincuenta. Y, después de esto dio jueces hasta Samuel profeta. Y de allí pidieron rey, y dióles Dios a Saúl, hijo de Cis, varón de tribu de Benjamín, años cuarenta; y, removiéndole, levantóles a David en rey; al que también dijo, testificando. «He hallado a David, el de Jesé, varón según el corazón mío; que hará todas las voluntades mías». De cuya simiente Dios, según promesa, sacó a Israel un Salvador: Jesús; predicando antes Juan, ante faz de su venida, bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. Y, como cumplía Juan la carrera, decía: «Lo que pensáis que soy, no soy yo; mas he aquí viene, después de mí, de quien no soy digno de que el zapato de los pies desate». Varones hermanos, hijos de linaje de Abrahán y los que en vosotros temen a Dios: a vosotros la palabra de esta salud enviada ha sido. Pues los habitantes de Jerusalén y sus príncipes, a éste desconociendo y las voces de los profetas las que por todo sábado se leen, juzgando, cumplieron(d); y ninguna causa de muerte hallando, pidieron a Pilato se le arrebatase; y, como consumaron todo lo escrito acerca de él, descendiéndole del leño, pusieron en monumento. Y Dios resucitóle de muertos; quien aparecióse por días muchos a los que subieron con él de la Galilea a Jerusalén; los cuales son testigos de él al pueblo. Y nosotros os evangelizamos la a los padres promesa hecha; porque ésta Dios ha cumplido a los hijos de ellos: a nosotros, resucitando a Jesús; como también en salmo está escrito: el(e) segundo: Hijo mío eres tú, yo hoy engendrádote he. Y porque resucitóle de muertos al que ya no debía retornar a corrupción, así ha dicho: que «os daré lo santo(f) de David, lo fiel». Por esto también en otro dice: No darás a tu santo a ver corrupción. Pues David ciertamente, por propia generación(g), sirviendo a la de Dios voluntad, durmióse y fue puesto con sus padres; mas al que Dios resucitó, no vio corrupción. Notorio, pues, séaos, varones hermanos, que, por éste, a vosotros remisión de pecados se anuncia; de todo lo que no podíais en ley de Moisés ser justificados; en éste todo creyente es justificado. Mirad, pues, que no sobrevenga lo dicho en los profetas: Mirad, despreciadores y admirad y desvaneceos;pues obra obro yo en los días vuestros;obra que no creeréis, no, si alguien os refiriere». Y, saliendo ellos rogaban, para el entrante(h) sábado, se les hablasen estas palabras. Y, despedida la sinagoga, seguían muchos de los judíos y de los timoratos prosélitos a Pablo y Bernabé; los cuales, hablándoles, persuadiéronles de permanecer en la gracia de Dios. Y el siguiente sábado casi toda la ciudad juntóse a escuchar la palabra de Dios. Y, viendo los judíos las turbas, llenáronse de celo; y contradecían a lo por Pablo dicho, blasfemantes. Y, libremente hablando Pablo a Bernabé, dijeron: «A vosotros era menester primero se hablase la palabra de Dios; mas, ya que rechazáisla y no dignos jusgáisos de la eterna vida, he aquí nos volvemos a las gentes. Pues así nos ha mandado el Señor:(Is. 49, 6) Puesto te he en luz de las gentes,para que seas en salud hasta el último de la tierra». Y, oyendo las gentes, alegrábanse y glorificaban la palabra de Dios; y creyeron cuantos destinados estaban a la vida eterna; y divulgábase la palabra del Señor por toda la región. Pero los judíos instigaron a las timoratas mujeres, las nobles, y a los primeros de la ciudad, y excitaron persecución contra Pablo y Bernabé; y arrojáronles de sus confines. Y ellos, sacudiendo el polvo de los pies sobre ellos, vinieron a Iconio; y los discípulos llenáronse de gozo y Espíritu Santo. Y aconteció en Iconio a una entrar ellos en la sinagoga de los judíos, y hablar, así que creyeron de judíos y helenos harta muchedumbre. Pero los inconvencidos judíos excitaron y maltrataron(a) las almas de las gentes contra los hermanos. En tanto bastante tiempo pasaron libremente hablando en el Señor, el que testificaba la palabra de su gracia, dando que señales y prodigios hubiera por las manos de ellos; pero dividióse la muchedumbre de la ciudad, y unos eran con los judíos, otros con los apóstoles. Y, como hubo ímpetu, y de las gentes y de los judíos con los príncipes de ellos, para ultrajar y lapidarles, comprendiendo(b) refugiáronse en las ciudades de Licaonia: Listra y Derbe, y la circunvecindad; y allí evangelizando estaban. Y un varón impotente, entre listrios, de los pies, sentado estaba, cojo desde el vientre de su madre; el que jamás había andado. Este oía a Pablo hablando; quien, fijándose en él y viendo que tiene fe para salvarse; dijo con grande voz: «Levántate sobre tus pies recto». Y saltó; y paseábase; Y las turbas, viendo lo que hizo Pablo, alzaron su voz, en licaonio, diciendo: «Los dioses, hechos semejantes a hombres, han descendido a nosotros»; y llamaban a Bernabé, Júpiter, y a Pablo, Mercurio; puesto que él era el guía de la palabra; y el sacerdote de Júpiter del que estaba(c) delante de la ciudad, toros y coronas a las puertas trayendo, con las turbas quería sacrificar. Mas, oyendo los apóstoles Bernabé y Pablo, desgarrando sus vestiduras, saltando fueron a la turba, gritando, y diciendo: «Varones, ¿qué esto hacéis? También nosotros a par pasibles con vosotros somos —hombres; que os evangelizamos de estas cosas vanas volveros al Dios viviente; quien hizo el cielo, y la tierra, y la mar y todo lo en ellos; quien en las pasadas generaciones dejó a todas las gentes andar por los caminos de ellas; aunque no intestimoniado(d) a sí mismo se dejó, bien obrando desde el cielo, a vosotros lluvias dando y tiempos fructíferos, llenando de alimento y regocijo vuestras almas». Y, esto diciendo, apenas apaciguaron al pueblo que no sacrificaran a ellos. Y sobrevinieron de Antioquía y de Iconio judíos, y persuadiendo a las turbas y lapidando a Pablo, arrastraban fuera de la ciudad; pensando que estaba muerto. Mas, cercándole los discípulos, levantándose, entró en la ciudad; y, al siguiente día, salió con Bernabé a Derbe; y, habiendo evangelizado a aquella ciudad y enseñado a bastantes, retornaron a Listra, y a Iconio y a Antioquía; confirmando las almas de los discípulos, exhortando a permanecer en la fe, y que, «por muchas tribulaciones debemos entrar en el reino de Dios». Y, habiéndoles, por iglesias(e), elegido ancianos, orando con ayunos, encomendáronlas al Señor, en quien habían creído. Y, atravesando la Pisidia, vinieron a la Panfilia: y, hablando en Perge la palabra, descendieron a Atalía; y de allí zarparon a Antioquía; de donde habían sido entregados a la gracia de Dios para la obra que cumplieron. Y, llegando, y congregando la Iglesia, refirieron cuán grandes cosas hizo Dios con ellos; y que «abrió a las gentes puerta de fe». Y pasaron tiempo no poco con los discípulos. Concilio de Jerusalén Y algunos, bajando de la Judea, enseñaban a los hermanos que «si no os circuncidáis a la usanza la de Moisés, no podéis salvaros». Y, hecha disidencia y cuestión no poca a Pablo y Bernabé contra ellos,(a) dispusieron que subiesen Pablo y Bernabé y algunos otros de ellos a los apóstoles y ancianos de Jerusalén acerca de esta cuestión. Ellos, empero, acompañados de la Iglesia, atravesaron, y la Fenicia y Samaria, refiriendo la conversión de las gentes; y hacían gozo grande a todos los hermanos. Y, llegando a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, y los apóstoles y los ancianos; y anunciaron cuán grandes cosas hizo Dios con ellos. Pero levantáronse algunos de los de la secta de los fariseos que habían creído, diciendo: que «se debe circuncidarles y mandar guardar la ley de Moisés». Y congregáronse los apóstoles y los ancianos a ver acerca de esta palabra. Y, mucha cuestión habiendo, levantándose Pedro, dijo a ellos: «Varones hermanos, vosotros sabéis que, desde días antiguos entre vosotros eligió Dios que, por boca mía, oyesen las gentes la palabra del evangelio y creyesen. Y el cordiconocedor Dios testimonióles, dando el Espíritu, el Santo, tal como también a nosotros; y nada diferenciaba en medio y de nosotros y de ellos, por la fe purificando sus corazones. Ahora, pues, ¿qué tentáis a Dios, imponiendo yugo sobre la cerviz de los discípulos; el que ni los padres de nosotros ni nosotros hemos podido llevar?» Empero, por la gracia del Señor Jesús creemos salvarnos de la manera que también aquéllos». Y calló toda la muchedumbre; y oían a Bernabé y Pablo referir cuán grandes cosas hizo Dios: señales y prodigios, en las gentes por ellos. Y, después de callar ellos, respondió Santiago, diciendo: «Varones hermanos, oídme: Simeón(b) ha narrado del modo que primero Dios miró a tomar, de las gentes, un pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, según está escrito: Después de esto, volveré y reedificaréla tienda de David, la caída,y lo deshecho en ella reedificaré y reendureceréla, para que requieran los restantes de los hombresal Señor, y todas las gentes, sobre las cuales hasido invocado mi nombre —sobre ellos, dice el Señor,que hace estas cosas conocidas desde el siglo(son para Dios sus obras). Por lo cual juzgo no recargar a los que de las gentes se conviertan a Dios; sino encargarles abstenerse de las contaminaciones de los ídolos y de la ramería(c), y lo sofocado y de la sangre. Porque Moisés, desde generaciones antiguas, por ciudades tiene quien le prediquen, por todo sábado leído». Entonces pareció a los apóstoles y a los ancianos con toda la iglesia, elegidos varones de entre ellos enviar a Antioquía, con Pablo y Bernabé: a Judas, el llamado Barsabás, y Silas, varones principales de los hermanos; escribiendo por mano de ellos: «Los apóstoles y ancianos hermanos, a los de Antioquía, y Siria y Cilicia hermanos los de entre las gentes, ¡salud! Ya que hemos oído que algunos de entre nosotros os han turbado con palabras, arruinando vuestras almas, a los que no hemos encargado, nos ha parecido, convenidos unánimemente(d), elegidos varones enviar a vosotros, con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han entregado sus almas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Hemos, pues, enviado a Judas y Silas, para que también ellos, de palabra, refieran lo mismo. Pues ha parecido al Espíritu, el Santo, y a nosotros ninguna carga más imponeros que esto necesario; abstenerse de lo sacrificado a ídolos, y de sangre, y de lo sofocado y de ramería; de lo cual guardándoos, bien pasaréis. Conservaos». Así, pues, despedidos, bajaron a Antioquía; y, congregando la muchedumbre, entregaron la epístola; y, leyendo, gozáronse por la consolación. Y Judas y Silas, también ellos profetas siendo, por palabra mucha consolaron a los hermanos y confirmaron. Y, habiendo hecho(e) tiempo, fueron despedidos con paz(f), por los hermanos, a los que les enviaron. Y pareció a Silas quedarse allí; y solo Judas partió. Y Pablo y Bernabé conversaban en Antioquía, enseñando y evangelizando, también con otros muchos, la palabra del Señor. Y, después de algunos días, dijo a Bernabé Pablo: «Retornando ya, visitemos a los hermanos, por ciudad toda, en las que hemos anunciado la palabra del Señor(g): cómo están». Y Bernabé quería llevar también juntamente a Juan, el llamado Marco; Pablo, empero, estimaba que al que se separó de ellos, de Panfilia, y no vino junto con ellos a la obra —no llevar juntamente a éste. Y hubo exacerbación(h), que se retiraron el uno del otro, y que Bernabé llevando a Marco, zarpó a Chipre. Mas Pablo, eligiendo a Silas, salió, entregado(i) a la gracia del Señor por los hermanos; y atravesó la Siria; confirmando las iglesias (mandando guardar los preceptos de los apóstoles y ancianos). Timoteo en Macedonia Lidia una pitonisa Y bajó también a Derbe y a Listra. Y he aquí un discípulo había allí, por nombre Timoteo, hijo de mujer judía fiel y de padre heleno; quien era testificado por los en Listra e Iconio hermanos. Este quiso Pablo que con él saliera, y, acogiendo, circuncidóle, por los judíos que había en aquellos lugares; pues sabían todos ellos que heleno su padre era. Y, como pasaban por las ciudades, entregaban a ellos los decretos los juzgados por los apóstoles y ancianos, los en Jerusalén. Las iglesias; en verdad, confirmábanse en la fe, y abundaban por el número cada día; y atravesaron la Frigia y Galacia región, detenidos por el Santo Espíritu de hablar la palabra en el Asia; y, viniendo por(a) la Misia, intentaron a la Bitinia ir, y no dejóles el Espíritu de Jesús; y, pasando(b) de la Misia, descendieron a la Tróade. Y visión de noche a Pablo aparecióse: un varón macedonio estaba parado y rogándole y diciendo: «Pasando a Macedonia, ayúdanos». Y, como la visión vio, luego buscamos salir para Macedonia, considerando que nos había llamado Dios a evangelizarles. Zarpando, pues, de Tróade, enderezamos a Samotracia y, al siguiente día, a Nápolis; y de allí, a Filipos; la cual es primera, de la parte de la Macedonia —ciudad, colonia(c). Y estábamos en esta ciudad pasando días algunos; y el día de los sábados salimos fuera de la puerta al río donde pensábamos oración haber; y sentándonos, hablábamos a las reunidas mujeres. Y una mujer por nombre Lidia, purpurera(d) de ciudad de Tiatira, temiendo a Dios, oía; de quien el Señor abrió el corazón a atender a lo hablado por Pablo. Y, como se bautizó y la casa de ella, rogó, diciendo: «Si habéis juzgado que fiel al Señor soy, entrando a mi casa, permaneced»; y fuénos obligando. Y aconteció, yendo nosotros a la oración, que una niña que tenía espíritu pitónico(e) nos encontró; la cual ganancia mucha brindaba a sus amos, adivinando. Esta siguiendo en pos de Pablo y nosotros, gritaba, diciendo: «Estos hombres siervos del Dios, el Altísimo, son; los que anuncian a vosotros camino de salud». Y esto hacía por muchos días. E indignándose Pablo y volviéndose, al espíritu dijo: «Mándote en nombre de Jesucristo salir de ella». Y salió a la misma hora. Mas, viendo los amos de ella que salió la esperanza de la ganancia de ellos, cogiendo a Pablo y Silas arrastraron al ágora, a los príncipes; y llevándoles hasta los estrategos, dijeron: «Estos hombres conturban nuestra ciudad, judíos como son; y anuncian costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, romanos siendo». Y, junta en torno púsose la turba contra ellos; y los estrategos, desgarrando de ellos las vestiduras, mandaban avarillar; y golpes imponiéndoles muchos, arrojaron en custodia, encargando al guardaprisión seguramente guardarles; quien, encargo tal recibiendo, arrojóles en la interior custodia, y los pies aseguró de ellos sobre el leño. Mas, por la medianoche, Pablo y Silas, orando, himnodiaban a Dios; y escuchábanles los presos. Y súbitamente terremoto hubo grande, que se estremecieron los cimientos de la prisión; y abriéronse al punto las puertas todas, y de todos las ataduras soltáronse. Y, del sueño despertado el guardaprisión, y viendo abiertas las puertas de la custodia, tirando de la cuchilla, íbase a sí mismo arrebatar, pensando haberse huido los presos. Pero voceó Pablo con gran voz, diciendo: «Nada hagas a ti mismo de malo; que todos nosotros estamos aquí». Y, pidiendo antorcha, saltó cerca; y, tembloroso poniéndose, cayó ante Pablo y Silas; y, sacándoles fuera, dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?» Y ellos dijeron: «Cree en el Señor Jesús, y te salvarás tú y tu casa». Y habláronle la palabra de Dios, con todos los de su casa. Y, tomándoles consigo, en aquella hora de la noche, lavó de los golpes(f); y bautizóse él y los suyos todos ellos al punto; y, subiéndoles a su casa, púsoles delante mesa, y alborozóse casa entera, creyendo en Dios. Y, amaneciendo, enviaron los estrategos a los varilleros, diciendo: «Suelta a aquellos hombres». Y anunció el guardaprisión las palabras a Pablo: que «han enviado los estrategos porque se os suelte; ahora, pues, idos en paz». Pero Pablo dijo a ellos: «Flagelándonos públicamente, no juzgados, a hombres romanos como somos, han arrojado en custodia ¿y ahora ocultamente nos arrojan fuera? No, por cierto; sino que, viniendo ellos nos saquen fuera». Y anunciaron a los estrategos los varilleros estas palabras; y temieron, oyendo que romanos son; y, viniendo, consoláronles; y, sacando fuera, rogaron se retirasen de la ciudad. Y, viendo a los hermanos, consoláronles y salieron. San Pablo en otras ciudades Y caminando a través de Anfípolis y Apolonia, vinieron a Tesalónica; donde había sinagoga de los judíos. Y, según lo acostumbrado por Pablo, entró a ellos, y por sábados tres, disputó con ellos de las Escrituras; abriendo y exponiendo que el Cristo debía padecer y resucitar de muertos; y que «éste es Cristo, el Jesús, a quien yo os anuncio» Y algunos de ellos convenciéronse y fueron adjudicados(a) a Pablo y Silas; y de los timoratos y helenos muchedumbre harta, y de mujeres de las primeras no pocas. Y, celando los judíos y tomando consigo, de los callejeros, varones algunos malos, y turba haciendo, tumultuaron la ciudad; y, situándose ante la casa de Jasón, buscábanles conducir al pueblo; pero, no hallándoles, arrastraron a Jasón y algunos hermanos a los politarcas(b), vociferando: «que los que el orbe revuelven, éstos también acá preséntanse; que ha acogido Jasón; y estos todos contra los decretos de César obran, rey otro diciendo, que es Jesús». Y espantaron a la turba y los politarcas que oían esto; pero, tomando satisfacción de Jasón y los demás, soltáronles. Y los hermanos luego de noche enviaron de allí, y a Pablo y Silas a Berea; los cuales, llegando, a la sinagoga de los judíos dirigiéronse; y éstos eran más bien nacidos que los de Tesalónica; los que recibieron la palabra con toda voluntad, día a día escudriñando las Escrituras: si sean estas cosas así. Muchos, en verdad, de ellos creyeron; y de helenos mujeres, de las nobles, y de varones no pocos; pero, como conocieron los de Tesalónica judíos, que también en Berea fue anunciada por Pablo la palabra de Dios, fueron también allá conmoviendo y turbando las turbas. Pero luego entonces a Pablo despidieron los hermanos que fuese hasta el mar, mas quedándose, y Silas y Timoteo allí. Y los que conducían a Pablo, llevaron hasta Atenas; y, recibiendo mandato para Silas y Timoteo, de que lo más pronto vinieran a él, partieron. Y en Atenas, aguardándoles Pablo, exacerbóse su espíritu en él, viendo llena de ídolos estar la ciudad. Disputaba, en verdad, en la sinagoga, con los judíos y los timoratos; y en el ágora cada día con los que ocurrían; y algunos también de los epicúreos y estoicos filósofos discutían con él. Y algunos decían: «¿Qué querrá el charlatán éste decir?» Otros: «De peregrinos númenes parece anunciador ser», porque a Jesús y la resurrección evangelizaba; y, cogiéndole, al areópago(c) llevaron, diciendo: «¿Podemos saber cuál(d) esta nueva por ti hablada doctrina? Pues algunas peregrinas(e) cosas traes a nuestros oídos. Queremos, pues, saber cuáles quieren éstas ser». (Pero los atenienses todos y los advenedizos huéspedes para ninguna otra cosa más desocupados están que para hablar u oír algo nuevo). Y parado Pablo en medio del areópago, dijo: «Varones atenienses, por todo, como más temerosos de los númenes os veo; pues, atravesando y contemplando vuestros santuarios, encontré también ara en que estaba escrito: «Al ignorado Dios». Lo que pues, ignorando, veneráis, esto yo voy a anunciaros. El Dios quien hizo el mundo y todo lo en él, éste de cielo y tierra siendo señor, no en manuhechos templos habita, ni de manos humanas es servido, necesitado de algo, él dando a todos vida, y aliento y todas las cosas; e hizo, de uno, toda gente de hombres habitar sobre toda faz de la tierra, determinando preestablecidos tiempos(f) y las delimitaciones de la habitación de ellos. para que busquen a Dios, si así al menos le palpen y hallen; aunque no lejos de cada uno de nosotros se encuentra. Pues en él vivimos, y nos movemos y somos; como también algunos de los de entre vosotros poetas han dicho: «Pues de él también linaje somos»(g),(h). Linaje, pues, siendo de Dios, no debemos pensar que a oro, o plata o piedra, tallas de arte y de pensamiento de hombre, lo divino es semejante. Los tiempos, en verdad, de la ignorancia, sobremirando Dios, ya ahora anuncia a los hombres que todos en todas partes se arrepientan; puesto que ha estatuido día en que ha de juzgar el orbe en justicia, en varón a quien constituyó(i), fe ofreciendo a todos resucitándole de muertos». Mas, oyendo resurrección de muertos, unos mofábanse; otros dijeron: «Oirémoste de esto también otra vez». Así Pablo salió de en medio de ellos; pero algunos varones, adhiriendo a él, creyeron; en quienes(j), y Dionisio Areopagita y una mujer, por nombre Dámaris, y otros con ellos. Otras predicaciones En Corinto Después de esto, retirándose de Atenas, vino a Corinto; y, hallando a un judío, por nombre áquila, póntico por linaje, recién venido de la Italia; y a Priscila, su mujer, por haber ordenado Claudio salieran todos los judíos de Roma; llegóse a ellos; y porque de su mismo oficio era, quedóse con ellos y trabajaba (pues eran tenderos(a), por el oficio): y disputaba en la sinagoga por todo sábado, mencionando el nombre del Señor Jesús; y persuadía a judíos y helenos. Y, como descendieron de la Macedonia, y Silas y Timoteo, contrájose a la palabra Pablo, conjurando a los judíos ser el Cristo, Jesús. Pero, oponiéndose ellos y blasfemando, sacudiendo él las vestiduras, dijo a ellos: «¡La sangre de vosotros sobre la cabeza de vosotros! puro yo; desde ahora mismo, a las gentes me voy». Y, pasando de allí, vino a la casa de uno, por nombre Titio Justo, que temía a Dios, cuya casa estaba contigua a la sinagoga. Y Crispo, el arquisinagogo, creyó al Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y bautizábanse. Y dijo el Señor, en noche, por visión, a Pablo: «No temas; sino habla, y no calles; por esto: porque yo soy contigo; y nadie te acometerá para maltratarte; por esto: porque pueblo tengo mucho en esta ciudad». Y asentóse año y meses seis, enseñando en ellos la palabra de Dios. Y, Galión, procónsul(b) siendo de la Acaya, levantáronse los judíos unánimemente contra Pablo y lleváronle al tribunal, diciendo: que «contra la ley persuade éste a los hombres honrar a Dios». Mas, yendo Pablo a abrir la boca, dijo Galión a los judíos: «Si a la verdad, fuese injusticia alguna o ligereza mala, oh judíos, según razón yo os sufriera; pero, si cuestiones son acerca de palabra o nombres o ley la entre vosotros, ved vosotros mismos; juez yo de estas cosas no quiero ser». Y echóles del tribunal. Y, cogiendo todos a Sóstenes, el arquisinagogo, golpearon delante del tribunal; y nada de esto a Galión importaba. Y Pablo, aun aguardando días bastantes, de los hermanos separándose, zarpó a la Siria; y con él Priscila y áquila; habiéndose(c) trasquilado en Cencreas la cabeza; pues tenía voto. Y dirigióse a éfeso; y a aquéllos dejó allí, y él, entrando en la sinagoga, disputó con los judíos. Mas, rogándole ellos por más tiempo quedar, no consintió; sino que separándose y diciendo: «De nuevo tornaré a vosotros, Dios queriendo», partió de éfeso; y, descendiendo a Cesarea, subiendo y saludando a la iglesia(d), descendió a Antioquía; y, haciendo tiempo alguno, salió, atravesando sucesivamente la galática región y Frigia, confirmando a todos los discípulos. Y un judío, Apolo(e) por nombre, alejandrino por el linaje, varón elocuente, dirigióse a éfeso; poderoso siendo en las Escrituras. Este era instruido en el camino del Señor, y ardiente del espíritu, y hablaba y enseñaba exactamente lo de Jesús, sabiendo sólo el bautismo de Juan; y éste empezó a hablar libremente en la sinagoga. Y, oyéndole, Priscila y Aquila acogiéronle y más exactamente expusiéronle el camino de Dios. Y, queriendo él atravesar a la Acaya, alentando(f) los hermanos escribieron a los discípulos le acogieran; quien, llegando, aprovechó mucho a los que habían creído por la gracia; pues fuertemente a los judíos acallaba, en público demostrando por las Escrituras ser el Cristo, Jesús. Pablo de nuevo en éfeso Y aconteció, mientras Apolo estaba en Corinto, que Pablo, atravesando las superiores partes, viniese a éfeso y hallase algunos discípulos; y dijo a ellos: «¿Si Espíritu Santo habéis recibido creyendo?» Y ellos a él: «Pero ni si Espíritu Santo hay hemos oído». Y dijo: «¿En qué(a), pues, habéis sido bautizados? Y ellos dijeron: «En el de Juan bautismo». Y dijo Pablo: «Juan bautizó bautismo de arrepentimiento, al pueblo diciendo, en el que venía después de él creyesen; esto es: en Jesús» Y, oyendo bautizáronse en el nombre del Señor Jesús; e, imponiéndoles Pablo manos, vino el Espíritu, el Santo, sobre ellos, y hablaban en lenguas y profetizaban. Y eran todos varones como doce. Y, entrando en la sinagoga, hablaban libremente por meses tres; disputando y persuadiendo acerca del reino de Dios. Y, como algunos, se endurecían y desobedecían, maldiciendo el camino del Señor a faz de la muchedumbre; separándose de ellos, segregó los discípulos; cada día disputando en la escuela de Tirano. Y esto sucedió por años dos; así que todos los que habitaban el Asia, oyeron la palabra del Señor, y judíos y helenos. Y virtudes, no las habituales, Dios hacía por las manos de Pablo; tal que también sobre los enfermos se llevaban, de la piel(b) de él, sudarios o delantales, y retirábanse de ellos las dolencias, y los espíritus los inmundos salían. Y pusieron mano algunos también de los ambulantes judíos exorcistas a nombrar, sobre los que tenían los espíritus los malos, el nombre del Señor Jesús, diciendo: «Conjúroos por el Jesús a quien Pablo predica». Y había de un Sceva, judío sumo sacerdote, siete hijos que esto hacían. Pero, respondiendo el espíritu el malo, díjoles: «A Jesús, por cierto conozco, y a Pablo sé; pues vosotros ¿quiénes sois?» Y, saltando el hombre sobre ellos, en quien estaba el espíritu, el malo; y, apoderándose de ambos, prevaleció contra ellos, tal que, desnudos y heridos, escapáronse de aquella casa. Y esto hízose notorio a todos, y judíos y helenos los que habitaban en éfeso; y cayó temor sobre todos ellos y engrandecían el nombre del Señor Jesús; y muchos de los creyentes venían, confesando y refiriendo sus prácticas(c). Y bastantes de los que las cosas curiosas(d) practicaran, trayendo al par los libros, íbanlos quemando a faz de todos; y computaron los precios de ellos y hallaron de plata miríadas(e) cinco. Así con poderío del Señor la palabra crecía y fortificábase. Y, como se cumplió esto, puso Pablo en el espíritu, pasando la Macedonia y Acaya, ir a Jerusalén, diciendo: que, «después de estarme allí, debo también a Roma ver». Y, enviando a la Macedonia dos de los que le servían: Timoteo y Erasto, él estúvose un tiempo en el Asia. Y hubo por aquél tiempo tumulto no poco acerca del camino (del Señor). Pues uno, por nombre, Demetrio platero, que hacía templos(f) argénteos de Diana(g); brindaba a los artífices no poca obra; a los cuales reuniendo y a los en torno de semejantes cosas obreros, dijo: «Varones sabéis que de esta obra nuestro bienestar es; y veis y oís que, no sólo de éfeso, sino de casi toda el Asia este Pablo persuadiendo, ha apartado bastante turba; diciendo que no son dioses los con manos hechas. Y no sólo esta parte pelígranos venir a menosprecio, sino también el de la gran diosa Diana santuario, a ser en nada estimado, y haber de ser arrasada la majestad de ella a quien toda el Asia y el orbe venera». Y, oyendo y poniéndose llenos de cólera, gritaban, diciendo: «¡Grande, la Diana de efesios!» Y llenóse la ciudad de confusión, y precipitáronse unánimemente al teatro, arrastrando consigo a Gayo y Aristarco macedonios, coperegrinos de Pablo. Y Pablo, queriendo entrar en la plebe, —no le permitieron los discípulos; y algunos también de los asiarcas(h), siendo con él amigos, mandando a él, exhortaron a no darse en el teatro. Otros, en tanto, otra cosa gritaban, porque estaba la iglesia(i) confusa; y los más no sabían a qué se habían reunido. Y, de la turba, retiraron a Alejandro, adelante echándole los judíos; y Alejandro hacia abajo agitando la mano, quiso apologar(j) al pueblo. Pero, reconociendo que judío es, voz hubo una de todos, como por horas dos gritando: «¡Grande, la Diana de efesios! ¡Grande, la Diana de Efesios!» Y, apaciguando la turba el escriba(k), dice: «Varones efesios, ¿pues quién hay de hombres que no sepa que la de efesios ciudad barrendera(l) es de la gran Diana y de la del cielo caída(m)? Incontestables, pues, siendo estas cosas; menester es que vosotros apaciguados estéis y nada precipitado obréis. Porque habéis traído a estos varones ni sacrílegos ni blasfemando a vuestra diosa. Si en verdad Demetrio y los con él artífices tienen contra alguno palabra, forenses(n) y procónsules hay; acúsense entre sí. Pero, si más allá(o), inquirís, en legal iglesia, resolveráse. Pues también peligramos ser acusados de sedición por la de hoy: nada motivado habiendo de qué podamos dar razón de este tumulto». Y esto diciendo, despidió la iglesia. Pablo en Macedonia, Grecia y Tróade Y después de cesar el tumulto, llamando a sí Pablo los discípulos y exhortando, saludando salió a irse a Macedonia. Y atravesando aquellas partes, y exhortándoles con palabra mucha, vino a la Hélada; y, haciendo meses tres, sobreviniéndole asechanza por los judíos al ir él a zarpar para la Siria; sobrevino propósito de retornar por Macedonia. Y acompañábale Sópater, de(a) Pirro bereo, y, de tesalonicenses: Aristarco, y Secundo y Gayo derbeos y Timoteo; y asiáticos, Tíquico y Trófimo. Y éstos, adelantándose, aguardáronnos en Tróade; y nosotros zarpamos, después de los días de los ázimos, de Filipos y vinimos a ellos a la Tróade, dentro de días cinco; donde pasamos días siete. Y en el uno de los sábados(b), congregados nosotros a partir pan, Pablo disputaba con ellos, habiendo de salir al siguiente día, y prolongó la palabra hasta medianoche; y había lámparas bastantes en la azotea, donde estábamos congregados. Y, sentado un joven, por nombre éutico, sobre la ventana, dominado(c) de sueño profundo, disputando Pablo más(d); oprimido del sueño, cayó del tercer piso abajo, y fue alzado muerto. Y bajando Pablo, postróse sobre él y abrazándole en torno, dijo: «No tumultuéis, pues su alma en él está». Y, subiendo y partiendo el pan y gustando; y habiendo lo bastante conferido hasta claror(e), así salió. Y trajeron al niño viviente, y consoláronse no poco. Y nosotros, antes viniendo al barco, zarpamos a Aso; allí habiendo de tomar a Pablo; pues así ordenado había, debiendo él mismo ir a pie. Y, como se juntó con nosotros en Aso, tomándole, vinimos a Mitilene; y, de allí navegando, al siguiente día, llegamos frente a Quío, y a la tarde arribamos a Samos; y al siguiente día vinimos a Mileto. Pues había juzgado Pablo trasnavegar a éfeso, para que no le aconteciese pasar tiempo en el Asia; pues apresurábase, para, si posible le fuese, el día el de Pentecostés llegar a Jerusalén. Y de Mileto enviando a éfeso, llamó a los ancianos de la Iglesia; y, como llegaron a él, díjoles: «Vosotros sabéis, desde el primer día que entré en el Asia, cómo con vosotros todo el tiempo he estado, sirviendo al Señor con toda humildad, y lágrimas y tentaciones, las sobrevenidas a mí en las asechanzas de los judíos; cómo nada he rehuido de lo conveniente, a fin de anunciaros y enseñaros, en público y por casas; conjurando, y a los judíos y a helenos al para con Dios arrepentimiento, y fe en nuestro Señor Jesús. Y ahora, he aquí ligado yo por el Espíritu, parto a Jerusalén; lo que en ella ha de ocurrirme no sabiendo; sólo que el Espíritu, el Santo, en cada ciudad, protéstame, diciendo que prisiones y tribulaciones me aguardan. Empero, de ninguna manera estimo mi alma preciosa para mí(f), para consumar mi carrera y el ministerio que he recibido del Señor Jesús: de testificar grandemente el evangelio de la gracia de Dios. Y ahora he aquí yo sé que ya no veréis mi rostro todos vosotros en quienes he pasado, predicando el reino (de Dios). Por lo cual protéstoos en el día de hoy que puro soy de la sangre de todos; pues no he rehuido el anunciar toda la voluntad de Dios a vosotros. Atended a vosotros y toda la grey en que a vosotros el Espíritu, el Santo, ha puesto por obispos(g) para apacentar la Iglesia de Dios; la que ha adquirido por la sangre la propia. Porque yo sé que entrarán, después de mi partida, lobos pesados en vosotros, no perdonando a la grey; y de entre vosotros mismos levantaránse varones hablando cosas perversas, para apartar a los discípulos en pos de sí. Por lo cual velad, rememorando que un trienio noche y día no he cesado con lágrimas de amonestar a cada cual. Y lo que es ahora, encomiéndoos al Señor y a la palabra de su gracia(h), al que puede edificar y dar herencia en los santificados todos. Plata u oro o vestimenta de nadie he codiciado; vosotros mismos conocéis que a mis necesidades y a los que están conmigo han servido estas manos. Todo os he manifestado, pues los que así se fatigan, han de acoger a los enfermos(i), y recordar las palabras del Señor Jesús, pues él dijo: «Bienaventurado es más bien dar que recibir». Y, esto diciendo poniendo sus rodillas, con todos ellos oró. Y bastante llanto hubo en todos; y, cayendo sobre el cuello de Pablo besábanle tiernamente, (20:37) apesarados sobre todo por la palabra que había dicho: que ya su rostro no habían de ver. Y acompañábanle al barco. Agabo. Pablo en Jerusalén Y, como aconteció zarpar nosotros, arrancándonos de ellos, rectos corriendo vinimos a Cos y al otro día, a Rodas; y de allí, a Pátaras; y, hallando un barco que trasfretaba Fenicia, subiendo, zarpamos; y avistando a Chipre y dejándola a izquierda, navegamos a Siria y bajamos a Tiro; pues allí el barco había de descargar la carga. Y, encontrando a los discípulos, permanecimos días siete; los cuales a Pablo decían, por medio del Espíritu, no ascender a Jerusalén. Y, cuando aconteció cumplir nosotros los días, saliendo, caminábamos acompañándonos todos, con mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y, poniendo las rodillas sobre la playa, orando. nos despedimos y subimos al barco, y aquéllos retornaron a lo propio. Y nosotros, la navegación terminando, de Tiro llegamos a Ptolemaida; y, saludando a los hermanos, permanecimos día uno con ellos. Y, al otro, saliendo, vinimos a Cesarea; y, entrando en la casa de Felipe, el evangelista(a), que era de los siete(b), permanecimos con él. Este tenía hijas cuatro, vírgenes profetizantes. Y, permaneciendo días varios, descendió alguno de la Judea: profeta, por nombre ágabo; y, viniendo a nosotros y tomando el ceñidor de Pablo, atándose los pies y las manos, dijo: «Esto dice el Espíritu, el Santo: «Al varón cuyo es este cinturón —así atarán en Jerusalén los judíos y entregarán en manos de gentiles». Y, como oímos esto, rogamos y nosotros y los lugareños, no ascendiese él a Jerusalén. Entonces respondió Pablo y dijo: «¿Qué hacéis llorando y destrozando mi corazón? Que yo no sólo para ser atado, sino también para morir en Jerusalén preparado estoy por el nombre del Señor Jesús». Y, no persuadiéndole, callamos diciendo: «Del Señor la voluntad hágase». Y, después de estos días, preparados, ascendimos a Jerusalén; y vinieron también de los discípulos, desde Cesarea, con nosotros, llevando con quien nos hospedamos: a Mansón, un cipriota, antiguo discípulo. Y, llegando nosotros a Jerusalén, gozosamente recibiéronnos los hermanos. Y, al siguiente día, entraba Pablo con nosotros a Santiago; y todos juntáronse los ancianos. Y saludándoles refirió, cosa por cosa, lo que hizo Dios en las gentes por el ministerio de él. Y ellos, oyendo, glorificaban a Dios; y dijéronle: «Ves, hermano, cuántas miríadas hay, en los judíos, de los creyentes; y todos celadores de la ley son; e informados han sido acerca de ti que separación enseñas de Moisés a todos los, entre las gentes, judíos, diciendo no circuncidar ellos a los hijos ni con las costumbres caminar. ¿Qué, pues, es(c)? Ciertamente se ha de juntar muchedumbre; pues oirán que has venido. Esto, pues, haz que te decimos: tenemos varones cuatro, voto teniendo sobre sí; a éstos tomando contigo, santifícate(d) con ellos y gasta en ellos que se rasuren la cabeza; y conocerán todos que lo de que han sido informados acerca de ti, nada es, sino que caminas también tú mismo, guardando la ley. Y, acerca de las creyentes gentes, nosotros hemos enviado, juzgando que se guarden ellos, y de lo sacrificado a ídolos, y sangre, y lo sofocado y ramería». Entonces Pablo, tomando consigo a los varones al otro día, con ellos santificándose, entraba en el santuario, anunciando doquier el cumplimiento de los días de la santificación; hasta ofrendarse por cada uno de ellos la ofrenda. Y, como se iban los siete días a cumplir, los del Asia judíos, viéndole en el santuario, concitaban toda la turba; y echaron sobre él las manos, gritando: «Varones israelitas, ayudad. Este es el hombre, el que contra el pueblo, y la ley, y este lugar, a todos en todas partes enseña; y ya también a los helenos ha llevado al santuario y comunicado(e) este santo lugar». Pues habían visto a Trófimo, el efesio, en la ciudad con él, al que pensaban que al santuario introducía Pablo. Y, movióse la ciudad entera, y hubo concurso del pueblo; y, cogiendo a Pablo, arrastráronle fuera del santuario; y luego cerráronse las puertas. Y, buscándole matar, subió aviso al tribuno del manípulo(f) que entera se confunde Jerusalén; quien al punto tomando soldados y centuriones, corrió abajo(g) a ellos. Y ellos viendo al tribuno, y los soldados cesaron de golpear a Pablo. Entonces, llegándose el tribuno, cogióle y mandó se le atara con cadenas dos; e indagaba quién era, y qué había estado haciendo. Y unos una cosa, otros otra gritábanle en la turba; y, no pudiendo él conocer lo cierto por el tumulto, mandó se le llevase al campamento. Y, cuando llegó a las gradas(h), aconteció ser llevado él por los soldados, por la violencia de la turba; pues seguía la muchedumbre del pueblo, gritantes; «¡Arrebátale!»(i). Y, yéndole a entrar en el campamento, Pablo dijo al tribuno: «¿Si lícito me es decir algo a ti?» Y él dijo: «¿Griego sabes?» Pues ¿no eres tú el egipcio, el que, antes de estos días, sublevó y sacó al desierto los cuatro mil varones de los sicarios?». Y dijo Pablo: «Yo hombre ciertamente soy judío, tarsense, de la Cilicia, de no desconocida ciudad ciudadano; y ruégote, permíteme hablar al pueblo»; (21:39) y, silencio haciéndose mucho, arengóles, en hebrea lengua diciendo: «Varones hermanos, y padres, oídme la para vosotros, presente defensa». Y, oyendo que en hebrea lengua arengábales, más bien prestaron silencio. Y dijo: «Yo soy varón judío, nacido en Tarso de la Cilicia, y criado en esta ciudad; a los pies de Gamaliel instruido con exactitud en la paterna ley, celador siendo de Dios, así como todos vosotros sois hoy; quien este camino perseguí a muerte, atando y entregando en custodias, y a varones y mujeres; como también el sumo sacerdote testificábame y toda la ancianidad; de los que asimismo epístolas recibiendo para los hermanos en Damasco, partía, habiendo de traer también los que allí hubiese atados a Jerusalén, para ser castigados. Y acontecióme yendo y acercándome a Damasco, alrededor del mediodía, súbitamente del cielo relampaguear luz bastante en torno de mí; y caí al suelo y oí una voz, diciéndome: «Saúl, Saúl, ¿qué me persigues?» Y yo respondí: «¿Quién eres, Señor?» Y dijo a mí: «Yo soy Jesús, el Nazareno, a quien tú persigues». Y los que conmigo estaban, la luz ciertamente vieron; la voz, empero, no oyeron del que me hablaba. Y dije: «¿Qué haré, Señor?» Y el Señor dijo a mí: «Levantándote, ve a Damasco; y allí se te hablará de todo lo que determinado te está hacer». Y, como nada veía por la gloria de aquella luz, manuguiado de los que conmigo estaban, vine a Damasco. Y Ananías, un varón timorato según la ley, testimoniado de todos los habitantes judíos. viniendo a mí y parado a par, díjome: «Saúl hermano, mira acá». Y yo a la misma hora miré allá: a él. Y él dijo: «El Dios de nuestros padres ha predeterminado que conozcas su voluntad, y veas al justo(a) y oigas voz de su boca; porque testigo de él a todos los hombres serás de lo que has visto y oído. Y ahora ¿qué tardas? Levantándote, bautízate y lávate de tus pecados, invocando el nombre de él». Y acontecióme retornando a Jerusalén y orando en el santuario estar en éxtasis, y verle diciéndome: «Apresúrate y sal en breve de Jerusalén, por esto: porque no recibirán tu testimonio acerca de mí». Y yo dije: «Señor, ellos saben que yo estaba encarcelando y flagelando, por las sinagogas, a los creyentes en Ti; y, cuando se derramaba la sangre de Esteban, testigo tuyo, también yo estaba allí parado, y consintiendo y guardando las vestiduras de los que le arrebataban». Y dijo a mí: «Anda, que yo a gentes lejos he de enviarte». Y escucháronle hasta esta palabra; y alzaron su voz diciendo: «¡Quita de la tierra al tal! ¡pues no debe él vivir!» Y, vociferando ellos, y lanzando sus vestiduras, y polvareda arrojando al aire, mandó el tribuno se le introdujese en el campamento, diciendo que con azotes se le interrogase, para conocer por qué causa así voceábanle. Y, como le estiraron con correas, dijo al que allí estaba centurión, Pablo: «¿Si a hombre romano y no condenado lícito os es azotar?» Y, oyendo el centurión, acercándose al tribuno, anuncióselo, diciendo: «¿Qué vas a hacer? Que este hombre romano es». Y, acercándose al tribuno, díjole: «¿Dime si romano eres?» Y él dijo: «Sí». Y respondió el tribuno: «Yo, por mucha suma la ciudadanía esta he adquirido». Y Pablo dijo: «Yo, empero, hasta he nacido(b)». Luego, pues, retiráronse de él los que le iban a interrogar. Y el tribuno temió, conociendo que romano es y que le ha atado. Y al siguiente día, queriendo conocer lo cierto: el por qué es acusado por los judíos, soltóle y mandó juntarse los sumos sacerdotes y todo el sanedrín, y descendiendo a Pablo, puso ante ellos. Ante el sanedrín Y, fijándose Pablo en el sanedrín, dijo: «Varones hermanos, yo con toda conciencia buena he ministrado a Dios hasta este día». Mas el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que le asistían, herir su boca. Entonces Pablo le dijo: «Herirte ha Dios, pared blanqueada. También tú ¿siéntaste juzgándome según la ley, e ilegal mándasme herir?» Y los circunstantes dijeron: «¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?» Y dijo Pablo: «No sabía yo, hermanos, que es sumo sacerdote; pues escrito está; que «al príncipe de tu pueblo no maldecirás». Y, conociendo Pablo que la una parte es de saduceos, y la otra de fariseos, exclamó en el sanedrín: «Varones hermanos, yo fariseo soy, hijo de fariseos; de esperanza y resurrección de muertos se me juzga». Y, esto él hablando, descargó discusión de los fariseos y saduceos, y dividióse la muchedumbre. Pues los saduceos dicen no haber resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan lo uno y lo otro. Y hubo vociferación grande, y, levantándose algunos de los escribas de la parte de los fariseos, rebatían, diciendo: «Nada malo hallamos en este hombre; ¿y si un espíritu le ha hablado o un ángel?» Y discusión habiendo mucha, temiendo el tribuno fuese destrozado Pablo por ellos, mandó al ejército, bajando, arrancarle de en medio de ellos y llevar al campamento. Y, a la siguiente noche parado a par de él, el Señor dijo: «Confía, pues, como has testificado mucho lo acerca de mí, en Jerusalén; así debes también en Roma testificar». Y hecho día, haciendo conspiración los judíos, anatematizáronse, diciendo ni comer ni beber hasta matar a Pablo. Y eran más de cuarenta los que esta conjuración hicieron; los que, acercándose a los sumos sacerdotes y ancianos, dijeron: «Con anatema anatematizádonos hemos a nada gustar, hasta matar a Pablo. Ahora, pues, vosotros manifestad al tribuno con el sanedrín, para que le descienda a vosotros como habiendo de conocer más exactamente lo acerca de él; y nosotros, antes de acercarse él, preparados estamos a arrebatarle». Y, oyendo el hijo de la hermana de Pablo la asechanza, viniendo y entrando en el campamento, anunciólo a Pablo. Y, llamando a sí Pablo a uno de los centuriones, dijo: «A este joven lleva al tribuno; pues tiene algo que anunciarle». El en verdad acogiendo le llevó al tribuno; y dice: «El encadenado Pablo, llamándome a sí rogóme a este joven traer a ti, que tiene algo que hablarte». Y, cogiendo la mano de él, el tribuno y retirándose aparte, indagaba: «¿Qué es lo que tienes que anunciarme?» Y dijo: que «los judíos se han concertado para rogarte que mañana a Pablo desciendas al sanedrín como habiendo(a) algo más exactamente que indagar acerca de él. Tú, pues, no les creas; porque le asechan, de ellos varones más de cuarenta; los cuales hanse anatematizado para no comer ni beber hasta arrebatarle, y ahora están preparados, aguardando tu promesa». El tribuno en verdad, despidió al jovencito, encargando a nadie propalar de que «esto has manifestado a mí». Y llamando a sí a ciertos dos de los centuriones, dijo: «Preparad soldados doscientos para que vayan a Cesarea, y jinetes setenta y hombres doscientos, desde tercera hora de la noche; y, jumentos prevenir, para que, subiendo en ellos, a Pablo salven al través, hasta Félix, el presidente(b), (pues temió que por ventura arrancándole los judíos matasen; y él, después, calumnia tuviese como habiendo recibido dinero); escribiendo epístola que tenía este tenor: «Claudio Lisias al óptimo presidente Félix; ¡salud! A este varón aprehendido por los judíos y que iba a ser arrebatado por ellos, acudiendo con el ejército, arranqué después que entendí que romano es; y, queriendo conocer la causa que le objetaban, descendíle al sanedrín de ellos; al que hallé acusado sobre cuestiones de la ley de ellos, por ninguna digna de muerte o cadenas teniendo acusación. Y, delatada a mí asechanza que contra el varón había, al pronto he(c) enviado a ti, anunciando a la vez también a los acusadores decir lo contra él delante de ti». Los soldados, pues, según lo ordenado a ellos, cogiendo a Pablo, llevaron al través de la noche a Antipátride; y al siguiente día, dejando a los jinetes irse con él, retornaron al campamento; los cuales, entrando en Cesarea y entregando la epístola al presidente, pusieron también a Pablo delante de él, Y leyendo y preguntando de qué provincia es, y sabiendo que de Cilicia, «Por entero oiréte, dijo, cuando también tus acusadores llegaren», mandando en el pretorio, el de Herodes, guardarle. En Cesarea Y, después de cinco días, bajó el sumo sacerdote Ananías con ciertos ancianos y cierto rétar Tertulo; los cuales presentarónse al presidente contra Pablo. Y, llamado él, empezó a acusar Tertulo, diciendo: «Mucha paz alcanzando nosotros por ti, y mejoras haciéndose a esta gente por tu providencia, y del todo y en todas partes, recibimos(a), óptimo Félix, con toda gratitud. Y, para no mucho molestarte, ruego nos oigas brevemente, con tu clemencia. Pues, hallando a este varón peste y que mueve disensiones a todos los judíos los del orbe, y jefe de la de los nazarenos secta; quien también el santuario ha probado a mancillar, a quien también prendimos (y según nuestra ley quisimos juzgar); pero, llegando Lisias, el tribuno, con mucha fuerza, de nuestras manos sacó, mandando a los acusadores de él venir a ti); de quien podrás tú mismo, inquiriendo acerca de todo esto, conocer de qué nosotros le acusamos». Y asintieron a la vez asimismo los judíos, afirmando ser así. Y respondió Pablo, significándole el presidente que hablara: «Que, de muchos años, eres juez de esta gente sabiendo yo, tranquilamente lo acerca de mí vindico; pudiendo tú conocer que no más llevo que días doce, desde que ascendí a adorar en Jerusalén. Y, ni en el santuario hanme hallado con alguien disputando, o concurso haciendo de turba, ni en las sinagogas ni por la ciudad; ni demostrar podránte de lo que aquí mismo me acusan. Y confieso esto a ti que, según el camino que dicen secta, así sirvo al paterno Dios, creyendo en lo que por la ley y los profetas escrito está; esperanza teniendo en Dios que, la que también estos mismos aguardan resurrección habrá de haber, y de justos y de injustos. En esto(b) también yo mismo trabajo por ilesa conciencia tener para con Dios y los hombres siempre. Y, después de años varios, limosnas haciendo a mi gente, llegué, y votos; en los que me hallaron santificado en el santuario, no con turba, ni con tumulto; mas(c) algunos del Asia judíos; los que deberían ante ti comparecer y acusar, si algo tuvieran contra mí. O estos mismos digan cuál hallaron iniquidad, parado yo ante el sanedrín; sino por solo esta voz con que clamé, entre ellos parado: que «por resurrección de muertos yo soy juzgado de vosotros». Y difirióles Félix, muy bien sabiendo lo de este camino(d), diciendo: «Cuando Lisias, el tribuno, descendiere, acabaré de conocer lo entre vosotros, ordenando al centurión guardarle, y tener(e) alivio y a nadie estorbar de los propios suyos que le sirviesen. Y después de algunos días, llegando Félix con Drusila, su mujer, que era judía, llamó y oyóle acerca de la en Cristo Jesús fe. Pero, disputando él sobre justicia, y continencia y el juicio venidero, temeroso volviéndose Félix, respondió: «Lo que ahora es, vete; pero, ocasión a su vez cogiendo, a su vez he de llamarte»; juntamente también esperando que dinero sería dado por Pablo; por lo cual también más a menudo a él llamando a sí, conversaba con él. pero, un bienio cumplido, recibió sucesor Félix: a Porcio Festo; y queriendo gracia conceder a los judíos, dejó a Pablo atado. Ante Festo Festo, pues, entrando en la provincia, después de tres días, subió a Jerusalén, de Cesarea; y presentáronse a él los sumos sacerdotes y los primeros de los judíos con Pablo; y rogábanle, pidiendo gracia con él, para que le reenviase a Jerusalén, asechanza haciendo para arrebatarle por el camino. Festo, en verdad, respondió que era guardado Pablo en Cesarea, y que él mismo había en breve de salir. «Aquéllos, pues, de entre vosotros, dice, poderosos, descendiendo juntamente, si algo hay en el varón de improbo, acúsenle». Y pasando entre ellos días no más de ocho o diez, descendiendo a Cesarea, al siguiente día, sentado sobre el tribunal, mandó que Pablo fuera traído. Y, llegado él, pusiéronse en torno de él los de Jerusalén descendidos judíos, muchas y graves acusaciones aduciendo que no podían probar; vindicándose Pablo: pues «ni contra la ley de los judíos, ni contra el santuario ni contra César cosa alguna pequé». Pero Festo, queriendo a los judíos gracia conceder, respondiendo a Pablo, dijo: «¿Quieres, a Jerusalén ascendiendo allí de estas cosas ser juzgado ante mí?» Y dijo Pablo: «Puesto ante tribunal de César(a) estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos nada he agraviado; como también tú muy bellamente reconoces. Si, en verdad, pues, agravio y digna de muerte he hecho alguna cosa; no rehuso el morir: pero, si nada hay de lo que éstos me acusan, nadie me puede a ellos obsequiar(b). A César apelo». Entonces Festo, después de hablar con el consejo, respondió: «A César has apelado; a César irás». Y, días pasados algunos, Agripa, el rey, y Bernice llegaron a Cesarea, saludando a Festo. Y, como varios días quedábanse allí, Festo impúsoles de lo contra Pablo, diciendo: «Cierto varón ha sido dejado, por Félix encadenado; acerca del cual, llegando yo de Jerusalén, presentáronse los sumos sacerdotes y los ancianos y los judíos, pidiendo contra él condena; a los que respondí: que «no es costumbre de romanos agraciar(c) un hombre antes de que el acusado a faz tenga a los acusadores, y lugar de defensa tome acerca del cargo». Congregándose, pues, acá, dilación ninguna haciendo, al siguiente día, sentado sobre el tribunal, mandé se trajera al varón; en torno del cual, parados los acusadores, ninguna causa traían de las que yo suponía cosas malas; pero cuestiones algunas sobre el propio temor divino(d) tenían contra él, y sobre cierto Jesús muerto; quien afirma Pablo que vive. Y, vacilando yo en la acerca de estas cosas investigación, decía yo si quería él ir a Jerusalén, y allí ser juzgado sobre ellas. Pero, Pablo, apelando: que se le guardase para el del Augusto(e) conocimiento, mandé se le guardase hasta enviarle yo a César». Y Agripa dijo a Festo: «Querría yo también al hombre oír». «Mañana, dice, oirásle». Al siguiente día, pues, viniendo Agripa y Bernice con mucha ostentación y entrando en la audiencia, con los tribunos y varones los por excelencia de la ciudad, y, mandando Festo, se trajo a Pablo. y dice Festo: «Agripa rey, y todos los que con nosotros estáis varones, veis a éste, acerca del cual toda la muchedumbre de los judíos dirigióse a mí en Jerusalén, y aquí gritando que no debe él vivir más ya. Y yo averigué que nada digno él de muerte había hecho; y, éste mismo apelando al Augusto, juzgué enviar. Sobre el que algo seguro que escribir al señor no tengo; por lo cual hele sacado a vosotros, y sobre todo a ti, rey Agripa, para que, la investigación hecha, tenga yo qué escribir, pues irracional me parece, que quien envía a un preso, las contra él acusaciones no manifieste también». Oración de Pablo ante Agripa Y Agripa a Pablo dijo: «Permítesete de ti mismo hablar». Entonces Pablo, extendiendo la mano, vindicábase: «De todo lo que soy acusado por los judíos, rey Agripa, heme creído feliz ante ti haberme hoy de vindicar; sobre todo, conocedor siendo tú de todo lo de los judíos: y costumbres y cuestiones. Por lo cual pido que longánimamente me escuches. La vida mía, en verdad, de juventud, la de principio hecha en la gente mía en Jerusalén, saben todos los judíos, que de antes me conocen, desde el principio, si quisieren testificar; porque, según la severísima secta de nuestra religión he vivido fariseo; y ahora, por la esperanza de la a nuestros padres promesa(a) hecha por Dios estoy aquí, como reo; a la que las doce tribus de nosotros, en fervor noche y día sirviendo, esperan llegar; de la cual esperanza acusado soy por los judíos, rey. ¿Qué? ¿cosa increíble júzgase por vosotros, si Dios muertos resucita? Yo, en verdad, estimé contra el nombre de Jesús, el Nazareno, deber muchas cosas contrarias practicar, lo que también hice en Jerusalén; y muchos de los santos yo en custodia encerré, la de los sumos sacerdotes potestad recibiendo; y por que fuesen arrebatados ellos, emitió voto; y por todas las sinagogas muchas veces castigando les forzaba a blasfemar(b); y sobremanera enfureciéndome contra ellos, perseguía hasta también en las vecinas ciudades. En lo cual, yendo a Damasco, con potestad y permiso de los sumos sacerdotes, a mediodía por el camino vi, rey, desde el cielo sobre el fulgor del sol circunfulgiéndome luz y a los conmigo caminantes; y, todos cayendo en la tierra, oí voz diciéndome en hebrea habla: «Saúl, Saúl, ¿qué me persigues? ¡Duro para ti, contra el aguijón recalcitrar(c)!» Y yo dije: «¿Quién eres, Señor?» Y el Señor dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». Empero, levántate, y álzate sobre tus pies, porque para esto me he aparecido a ti: para constituirte servidor y testigo, así de lo que me has visto(d), como de lo que he de aparecerte; eligiéndote del pueblo y de las gentes; a quien yo te envío. para abrir sus ojos, a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, a fin de recibir ellos remisión de pecados y herencia de los santificados por fe, la en mí». De donde, rey Agripa, no he sido inobediente a la celestial visión: sino que, y a los de Damasco primero, y de Jerusalén, y por toda la región de la Judea, y a las gentes anunciaba yo arrepentirse y volverse a Dios, dignas del arrepentimiento obras practicando. Por causa de estas cosas, habiéndome judíos cogido juntos en el santuario probaron a poner manos(e) en mí. Auxilio, pues, alcanzando el de Dios, hasta este día, parado estoy testificando, y al pequeño y al grande, nada fuera diciendo de lo que también los profetas hablaron que ha de acontecer, y Moisés si pasible el Cristo, si primero de resurrección de muertos, luz ha de anunciar, y al pueblo y a las gentes». Y esto él alegando. Festo, con gran voz, dice: «Deliras, Pablo: las muchas letras en delirio te envuelven». Y Pablo, «No deliro, dice, óptimo Festo, sino que de verdad y cordura palabras pregono. Porque sabe de estas cosas el rey, a quien con libre habla hablo; pues, que se le oculte de estas cosas, (no me persuado) ninguna; pues no ha sido en rincón hecho esto. ¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Sé que crees. Y Agripa a Pablo: «¡Por poco no me persuades de que cristiano me haga!» Y Pablo: «Rogara yo a Dios que, o en poco o en mucho, no sólo tú, sino también todos los que me oyen, hoy os hicierais tales, cual también yo soy; —salvo estas cadenas!» Y levantóse el rey, y el presidente, y Bernice y los sentados con ellos; y, retirándose, hablaban entre sí, diciendo: que «nada de muerte o cadenas practica este hombre». Y Agripa a Festo dijo: «Soltar se podía a este hombre, si no hubiese apelado a César». Viaje a Roma Y, como se juzgó que zarpáramos a Italia, entregaron, y a Pablo y algunos otros encadenados, a un centurión, por nombre Julio, del manípulo Augusto(a). Y subiendo en barco adramiteno que debía navegar a los por el Asia lugares, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedón tesalonicense; y al otro día arribamos a Sidón; y benignamente Julio a Pablo tratando, permitió, a los amigos yendo, cuidado alcanzar. Y, de allí zarpando, costeamos a Chipre, porque los vientos eran contrarios; y, el piélago el de la Cilicia y Panfilia atravesando, bajamos a Mirra de la Licia. Y allí, hallando el centurión nave alejandrina navegando a Italia, trasbordónos a ella. Y en bastantes días lentamente navegando y apenas llegados cerca de Gnido, no dejándonos el viento, costeamos a Creta a lo largo de Salmón(b); y, apenas, perlongándola, vinimos a un lugar llamado Bellos Puertos; del cual cerca estaba una ciudad: Lasea. Y, bastante tiempo pasado, y siendo ya insegura la navegación, por haber también el ayuno(c) ya pasado, amonestó Pablo, diciéndoles: «Varones, veo que, con maltrato y mucho daño, no sólo de la carga y de la nave, sí que también de nuestras almas, habrá de ser la navegación». Pero el centurión, al piloto y patrón más obedecía que a lo que por Pablo era dicho. Y mal situado el puerto que había para invernadero, los más estatuyeron consejo de zarpar de allí, por si pudiesen, llegando, en Fenice invernar: un puerto de Creta, mirando al sudeste y al noroeste. Y, alentando noto(d), creyendo haber el propósito alcanzado, alzando más de cerca perlongaban a Creta. Pero, después de no mucho, cayó sobre ella(e) un viento huracanado: el llamado euroaquilón(f); y, arrebatada la nave y no pudiendo afrontar al viento, cediendo éramos arrastrados. Y, bajo una isleta corriendo, llamada Clauda, logramos apenas dueños hacernos del esquife; el que alzando, de recurso les servía, ciñendo(g) por debajo a la nave; y temiendo en la sirte caer, largando el aparejo(h), así éramos arrastrados. Pero, reciamente entormentados nosotros, al otro día alijamos. Y, al tercero, con sus manos los enseres arrojaron; y, ni sol, ni astros pareciendo por varios días, y tormenta no poca asediando, ya quitábase esperanza toda de salvarnos. Y, mucha hambre habiendo, entonces, parado Pablo en medio de ellos dijo: «Debíais ciertamente, oh varones, sometiéndoos a mí, no haber zarpado de Creta y ahorrar este maltrato y daño. Y lo que es ahora, exhórtoos a alentaros; pues pérdida de alma ninguna habrá, de nosotros; salvo de la nave. Pues presentóseme esta noche, del Dios de quien soy y a quien sirvo, un ángel, diciendo: «No temas, Pablo; a César debes presentarte; y he aquí te ha agraciado(i) Dios todos los que navegan contigo. Por lo cual alentaos, varones; pues creo a Dios que así será, al tenor que se me ha hablado. En una isla hemos de dar». Y cuando la catorcena noche fue, arrastrados nosotros en el Adriático, por mitad de la noche, sospecharon los nautas que se acercaba algo a ellos como tierra; y, sondando, hallaron brazas veinte, y un poco separándose y de nuevo sondando, hallaron brazas quince; y, temiendo que fuésemos en ásperos lugares a dar, de popa echando anclas cuatro, anhelaban que amaneciese. Pero los nautas, buscando huir de la nave y largando el esquife al mar, so pretexto de como si anclas hubiesen de largar, dijo a Pablo al centurión y los soldados: «Si éstos no quedaren en la nave, vosotros salvaros no podéis». Entonces los soldados cortaron las maromas del esquife y dejáronle caer. Y, mientras que iba amaneciendo, exhortó Pablo a todos ellos a tomar alimento, diciendo: «El catorceno hoy día aguardando, sin comer pasáis, nada tomando. Por lo cual exhórtoos a tomar alimento; pues esto para vuestra salud es; pues de ninguno de vosotros cabello de la cabeza perece». Y, diciendo esto y tomando pan, agradeciendo a Dios a faz de todos, y partiendo, comenzó a comer. Y alentándose todos, también ellos tomaron alimento. Y éramos todas almas en la nave doscientas setenta y seis. Y, hartos de comida, aligeraron la nave, echando el trigo(j) al mar. Y, cuando amaneció, la tierra no conocían; pero una ensenada divisaban que tenía playa; a la que querían, si pudiesen, arrojar la nave. Y, las anclas levando, cedieron al mar, a la vez soltando las amarras de los timones; e izando el artemón(k) a la ráfaga, enderezaron a la playa. Y, dando en medio de un paraje bimar(l), encallaron la nave; y, mientras la proa hincada quedó inmóvil, la popa era deshecha por la violencia de las olas. Y de soldados consejo hubo para que a los encadenados matasen, a fin de que ninguno, saliendo a nado, se fugase; pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, estorbóles el acuerdo, y mandó que los que pudiesen salir a nado, arrojándose, primeros a la tierra saliesen; y los demás, unos en tablones; otros en algunos objetos de los de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron a la tierra. Y salvos, entonces conocieron que Melite(a) la isla se llama. Y los bárbaros(b) nos brindaron no poca humanidad; pues encendiendo hoguera, nos acogieron a todos, por la lluvia inminente y por el frío. Y, recogiendo Pablo de fajina un haz y poniendo en el fuego, una víbora, del calor saliendo, pegóse(c) a su mano. Y, como vieron los bárbaros colgado el animal de su mano, unos a otros decían: «A fe asesino es este hombre; a quien, salvo del mar, la justicia vivir no ha dejado». El, empero, sacudiendo al animal en el fuego, padeció ningún mal; pero ellos aguardaban a que él se hubiese de inflamar o caer súbitamente muerto. Y mucho ellos aguardando, y viendo que nada insólito le sucedía, cambiando, decían que era un dios. Y en los alrededores de aquel lugar había predios del primero de la isla, por nombre Publio; el que, acogiéndonos, días tres amigablemente hospedó. Y aconteció que el padre de Publio de fiebres y disentería afligido yacía; a quien Pablo, entrando y orando, poniendo las manos sobre él, sanó. Y, esto sucedido, los demás los que en la isla tenían enfermedades, acercábanse y eran curados; los cuales también con muchos honores honrábannos; y, zarpando, nos allegaron lo necesario. Y, después de tres meses, zarpamos en barco que había invernado en la isla alejandrino, por enseña: Dioscóridas(d). Y, bajando a Siracusa, quedamos allí días tres; de donde rodeando, llegamos a Regio. Y, después de un día, viniendo noto, al segundo vinimos a Putéolos; donde, hallando hermanos, rogósenos con ellos permanecer días siete; y así a Roma vinimos. Y de allí los hermanos, oyendo lo acerca de nosotros, nos vinieron al encuentro hasta el de Apio foro, y Tres Tabernas: a los que viendo Pablo agradeciendo a Dios, tomó ánimo. Y, cuando entramos a Roma, permitióse a Pablo quedar solo con el custodiante soldado. Y aconteció, después de días tres, convocar él a los que eran, de entre los judíos, primeros; y congregados ellos, les decía: «Yo, varones hermanos, nada en contra haciendo del pueblo o de las costumbres las paternas, encadenado, de Jerusalén, he sido entregado en las manos de los romanos; los cuales, interrogando, me querían soltar, porque ninguna causa de muerte había en mí; pero, contradiciendo los judíos, forzado fui a apelar a César, no como de la gente mía teniendo algo que acusar. Por esta causa, pues, os he llamado a ver y hablar; pues por la esperanza(e) de Israel de esta cadena rodeado estoy». Y ellos le dijeron: «Nosotros ni letras acerca de ti hemos recibido de la Judea; ni, llegando alguno de los hermanos, ha anunciado o hablado algo de ti malo. Pero por conveniente tenemos de ti oír qué piensas; pues, lo que es esta secta, conocido nos es que doquiera se le contradice». Y, habiéndole fijado día, vinieron a él al hospedaje los más; a quienes exponía testificándoles mucho el reino de Dios, y persuadiéndoles acerca de Jesús, y por la ley de Moisés y los profetas, de mañana a tarde. Y unos obedecían a lo que se decía; otros, empero no creían; y, discordes estando entre sí, despidiéronse; diciendo Pablo palabra una: que «bellamente el Espíritu, el Santo, ha hablado por Isaías, el profeta, a vuestros padres diciendo: «Vete a este pueblo y di:«Con oído oiréis, y no entenderéis, no;y mirando miraréis, y no veréis, no. pues se endureció el corazón de este pueblo,y con las orejas pesadamente han oído,y sus ojos han ido cerrando,que jamás vean con los ojos,y con las orejas oigan,y con el corazón entiendan: y se conviertan y les sane». Conocido, pues, os sea que a las gentes ha sido enviado esta salud de Dios; ellos también oirán». (Y esto él diciendo, retiráronse los judíos, cuestión entre sí teniendo mucha). Y permaneció un bienio entero en propia casa de alquiler; y recibía a todos los que entraban a él; predicando el reino de Dios y enseñando lo acerca del Señor Jesucristo, con toda libre habla, inimpedidamente. Prólogo Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado apóstol, segregado para evangelio de Dios; que antes prometió, por sus profetas en Escrituras santas, acerca de su Hijo, el nacido de simiente de David, según carne; el declarado Hijo de Dios, en poder, según espíritu de santificación por resurrección de muertos: Jesucristo, Señor nuestro; por quien hemos recibido gracia y apostolado para obediencia de fe en todas las gentes, por su nombre; en las cuales estáis también vosotros llamados de Jesucristo: a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos: gracia a vosotros y paz de Dios, Padre nuestro y de Señor Jesucristo. Primero ciertamente, agradezco a mi Dios, por Jesucristo, acerca de todos vosotros, porque vuestra fe se va anunciando en todo el mundo. Pues testigo mío es Dios (a quien sirvo en mi espíritu en el Evangelio de su Hijo): de cómo incesantemente memoria de vosotros hago, siempre en mis oraciones pidiendo, si de algún modo ya alguna vez buen viaje he de tener, en la voluntad de Dios, para ir a vosotros. Pues anhelo veros, para que alguna participe yo dádiva a vosotros espiritual, para que os confirméis; y esto es: para consolarme juntamente con vosotros por la entre vosotros fe, y vuestra y mía. Y no quiero que ignoréis, hermanos, que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (y he sido impedido hasta aquí mismo) para algún fruto tener también en vosotros, según que también en las demás gentes. Y a helenos, y a bárbaros; y a sapientes y a insipientes deudor soy. Así lo dentro de mí, pronto(a) para también a vosotros los de Roma evangelizar. Pues no me avergüenzo del Evangelio; pues la virtud de Dios es en salud a todo creyente: y a judío y a heleno. Pues, justicia de Dios en él se revela, de fe en fe(b), según está escrito: «Y el justo de fe vivirá». Pues revélase ira de Dios, desde el cielo, sobre toda impiedad e injusticia de hombres, los que la verdad en injusticia detienen(c); por esto: porque lo cognoscible de Dios manifiesto es en ellos; porque Dios se les ha manifestado. Pues las cosas invisibles de él, por creación del mundo, en las hechuras, entendidas se miran(d), y la eterna su virtud y divinidad; para que sean ellos indefendibles; por esto: porque, conociendo a Dios, no como a Dios glorificaron o agradecieron, sino que se desvanecieron en sus pensamientos, y entenebrecióse su insipiente corazón. Jactándose de ser sabios, infatuáronse, y mudaron la gloria del incorruptible Dios, en semejanza de imagen(e) de corruptible hombre, y de volátiles, y de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual entrególes Dios en las concupiscencias de sus corazones, a inmundicias de deshonrar sus cuerpos entre ellos(f); los que mudaron la verdad en la mentira, y reverenciaron y sirvieron a la criatura que no al que creó; quien es bendito por los siglos; amén. Por esto entrególes Dios a pasiones de deshonra; pues también las hembras de ellos mudaron el natural uso en el contra naturaleza; e igualmente también los machos, desechando el natural uso de la hembra, inflamáronse en el apetito de ellos unos con otros; machos en machos la torpeza obrando; y el merecido (que era menester) de su descamino en sí mismos recibiendo. Y, así como no probaron a Dios tener en conocimiento, entrególes Dios a réprobo entendimiento, a hacer lo no conveniente; repletos de toda injusticia, malicia, ramería, codicia, maldad; henchidos de envidia, matanza, contención, dolo, malignidad; susurrones, detractores, odiadores de Dios, ultrajadores, soberbiosos, jactanciosos, inventores de maldades, a padres inobedientes; desatinados, desleales, desamantes, despiadados; los cuales, la justicia de Dios conociendo: que los que tales cosas hacen, dignos de muerte son; no sólo las hacen, sino también asienten a los obrantes. Culpa y castigo de los judíos Por lo cual indefendible eres, oh hombre, todo el que juzgas; pues, en lo que juzgas al otro, a ti te condenas; pues lo mismo obra el que juzgas. Y sabemos que el juicio de Dios es, según verdad, contra los que tales cosas obran. ¿Y estimas esto, oh hombre, el que juzgas a los que tales cosas obran, y háceslas: que tú te librarás del juicio de Dios? ¿O las riquezas de la bondad de él y de la paciencia y de la longanimidad desprecias; ignorando que lo bueno de Dios a penitencia te trae; y, según tu dureza e impenitente corazón, atesoraste ira en día de ira y revelación de justo juicio de Dios? quien retribuirá a cada cual, según sus obras; a los que, ciertamente, según paciencia de obra buena(a), gloria y honor e incorrupción buscan: vida eterna; pero a los de contención y que desobedecen a la verdad; obedecen empero, a la injusticia: ira e indignación. Tribulación y angustia sobre toda alma de hombre del que consuma lo malo; y de judío primeramente y de heleno; pero gloria, y honor y paz a todo el que obra lo bueno: a judío primeramente y a heleno; pues no hay acepción de personas ante Dios. Pues, cuantos sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y, cuantos en ley pecaron, por ley juzgados serán; porque no los oidores de ley, justos ante Dios, sino los hacedores de ley justificados serán. Pues, cuando gentes las que ley no teniendo, por naturaleza lo de la ley hacen, éstos, ley no teniendo, para sí mismos son ley; (los cuales manifiestan el hecho de la ley escrito en sus corazones, testificando con ellos la conciencia, y, entre sí los pensamientos acusando o también defendiendo), en el día que juzgará Dios lo recóndito de los hombres, según el evangelio mío(b), por Cristo Jesús. Pero, si tú judío te llamas, y reposas en ley, y te glorías en Dios, y conoces la voluntad y aprecias lo mejor, instruido de la ley; y confías en que tú mismo guía eres de ciegos, luz de los en tinieblas, enseñador de insipientes, maestro de infantes, que tienes la forma del conocimiento y de la verdad en la ley; el que enseñas, pues, a otro, ¿a ti mismo no enseñas? El que predicas no hurtar ¿hurtas? El que dices no adulterar ¿adulteras? El que abominas de los ídolos ¿santuario despojas? El que en la ley te glorías ¿por la transgresión de la ley a Dios deshonras? Pues el nombre de Dios, por vosotros, es blasfemado en las gentes, según está escrito. Pues la circuncisión, por cierto, aprovecha, si la ley practicas; pero, si transgresor de la ley eres, la circuncisión tuya prepucio está hecha(c). Si, pues, el prepucio las justicias de la ley guardare ¿no será su prepucio en circuncisión reputado? ¿y juzgará el por naturaleza prepucio, la ley consumando, a ti el, por la letra y la circuncisión, transgresor de ley? Pues no el en lo manifiesto, judío es; ni la, en lo manifiesto, en carne, circuncisión, sino, el, en lo oculto, judío, y circuncisión de corazón en espíritu, no letra; cuyo loor, no de hombres, sino de Dios. El judío y el gentil necesitan de justificación ¿Qué, pues, lo más del judío(a), o cuál el provecho de la circuncisión? Mucho en todo modo. Lo primero, porque confiados fueron los dichos de Dios. Pero ¿qué, si descreyeron algunos? ¿Acaso el descreimiento de ellos la credibilidad de Dios anonadará? ¡No sea! y; hágase(b) Dios veraz, pero todo hombre mendaz; según lo que está escrito: «Para que seas justificado en tus palabras, y venzas, cuando se te juzgare». Pero, si la injusticia de nosotros, de Dios justicia realza ¿qué diremos? ¿Acaso, injusto Dios, quien infiere ira? (según hombre digo). ¡No sea! De otra suerte ¿cómo juzgará Dios el mundo? Pues, si la verdad de Dios, en la mentira mía ha abundado en gloria suya ¿que aún también yo como pecador soy juzgado? ¿y(c) no (según se nos blasfema, según dicen algunos que nosotros decimos) haremos los males porque vengan los bienes? la condenación de los cuales(d) es justa. ¿Qué, pues? ¿Nos aventajamos?(e). En manera alguna, pues ya hemos acusado, y a judíos y helenos que todos bajo pecado están; según está escrito que:no hay justo, ni uno;(Sal. 14,1-3) no hay quien entienda;no hay quien busque a Dios;(Sal. 53. 2-4) todos han declinado; a una inutilizádose,no hay quien haga bondad; no hay siquiera uno.(Sal. 5,10) Tumba abierta, su laringe;con sus lenguas engañaran;(Sal. 140,4) veneno de áspides, bajo sus labios;(Sal. 10,7) cuya boca, de ellos, de maldición, yamargura hínchese(Is. 59, 7,8) veloces sus pies para verter sangre, quebranto y miseria en sus caminos;(Lc, 1,79) y camino de paz no conocieron,(Sal. 36,2) no hay temor de Dios ante sus ojos. Y sabemos que cuanto la ley habla, a los en la ley habla; para que toda boca se selle, y reo se haga todo el mundo para con Dios. Puesto que por obras de ley no se justificará toda carne a faz de él; pues, por ley, conocimiento de pecado. Y pues ahora, fuera de ley(f), justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y los profetas; justicia de Dios, por fe de Jesucristo a todos y sobre todos los creyentes; pues no hay diferencia; pues todos pecaron y carecen(g) de la gloria de Dios; justificándose gratuitamente por su gracia, por la redención la en Cristo Jesús; a quien propuso Dios como propiciación por la fe en la sangre de él, en manifestación de su justicia, por la remisión de las precedentes culpas, en la paciencia de Dios, para la manifestación de su justicia en el presente tiempo; a fin de ser él justo y justificando al de fe de Jesús. ¿Dónde, pues, la gloriación? Excluyóse. ¿Por qué ley? ¿de las obras? Jamás; sino por ley de fe. Inferimos, pues, que justificado es con fe el hombre, sin obras de ley. ¿O de judíos Dios solamente, que no también de gentes? Sí; también de gentes; puesto que uno el Dios, el que justificará la circuncisión con fe y el prepucio por la fe. ¿La ley, pues, desvirtuamos por la fe? ¡No sea! sino que ley establecemos. Por la ley antigua pruébase que la fe sola justifica Abrahán justificado por la fe ¿Qué, pues, diremos que Abrahán, nuestro progenitor, ha hallado según la carne? Pues, si Abrahán por obras fue justificado, tiene gloriación, pero no ante Dios. Pues ¿qué la Escritura dice? «Y creyó Abrahán a Dios, e imputado fuele a justicia». Pero, al que obra, salario no se imputa según gracia, sino según deuda. Mas, al que no obra, pero cree en el que justifica al impío, impútase su fe a justicia. Conforme a lo que también David dice la bienaventuranza del hombre a quien Dios imputa justicia sin obras: (Sal. 32,1-2) «Bienaventurados, dequienes perdonadas han sido las iniquidades, yde quienes han sido cubiertos los pecados; bienaventurado el varón a quien no ha imputado,no, Señor pecado». Esta bienaventuranza, pues, ¿en la circuncisión o también en el prepucio? Pues decimos: «Imputada fue a Abrahán la fe a justicia. ¿Cómo, pues, fue imputada? ¿En el que en circuncisión estaba o en prepucio? No en circuncisión, sino en prepucio(a). Y señal recibió de circuncisión: sello de la justicia de la fe, la en el prepucio, para ser él padre de todos los creyentes por prepucio, para serles imputada la justicia; y(b) padre de circuncisión a los no de circuncisión solamente, sino también a los que siguen las huellas de la en prepucio fe de nuestro padre Abrahán. Pues no por ley la promesa a Abrahán o a su simiente: de que heredero él sería del mundo, sino por justicia de fe. Pues, si los de la ley(c) herederos, anonadada está la fe y desvirtuada la promesa; pues la ley ira obra; y, donde no hay ley, tampoco(d) transgresión. Por esto por fe(e), para que según gracia, para que sea firme la promesa a toda la simiente, no al de ley solamente, sino también al de fe de Abrahán; quien es padre de todos nosotros, (según escrito está: que padre de muchas gentes te he puesto) delante del a quien creyó: Dios; el que vivifica los muertos y llama lo que no es como lo que es. Quien contra esperanza en esperanza creyó que sería él padre de muchas gentes, según lo dicho: Así será tu simiente. Y, no debilitado en la fe, consideró su cuerpo muerto, centenario de algún modo(f) siendo, y la muerte de la matriz de Sara; y a la promesa de Dios no vaciló con descreimiento, sino se confortó con la fe, dando gloria a Dios; confirmado plenamente en que lo que ha prometido, poderoso es también a hacer. Por lo cual fuele también imputado a justicia. Y no se escribió por él solamente que imputado le fue: sino también por nosotros; a quienes será imputado, a los que creemos en el que resucitó a Jesús, nuestro Señor, de muertos; quien fue entregado por causa de nuestras caídas y resucitado por causa de nuestra justificación. Justificados, pues, por fe, paz tengamos para con Dios, por nuestro Señor Jesucristo; por el cual también el acceso hemos alcanzado a la fe por esta gracia, en que nos alzamos y gloriamos en esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo(a), sino que nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación paciencia obra; y la paciencia, probación, y la probación, esperanza; y la esperanza no confunde; porque el amor de Dios difundido está en nuestros corazones por Espíritu Santo el dado a nosotros. Pues, si Cristo, siendo nosotros enfermos todavía, según tiempo(b) por impíos murió (pues apenas por un justo alguien muere; y demuestra su amor a nosotros, porque aún pecadores siendo nosotros, (según tiempo) Cristo por nosotros murió); mucho más, pues, justificados ahora en su sangre, nos salvaremos, por él, de la ira. Pues, si, enemigos siendo, reconciliados hemos sido con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más reconciliados nos salvaremos en su vida; y no sólo, sino que también gloriándonos en Dios por nuestro Señor Jesucristo; por quien ahora la reconciliación hemos recibido. Por esto, así como por un hombre el pecado en el mundo entró, y, por el pecado la muerte; y así a todos los hombres la muerte pasó; en quien todos pecaron(c); pues hasta ley, pecado estaba en el mundo; y pecado no se imputa, no habiendo ley; empero reinó la muerte desde Adán hasta Moisés; también sobre los que no pecaron en la semejanza de la transgresión de Adán; quien es figura del venidero. Mas, no así como la caída, así el carisma(d). Pues, si por la del uno caída, los más murieron, mucho más la gracia de Dios; y el don, en gracia, la de un hombre, Jesucristo, en los muchos abundó. Y no, como por un pecado, la dádiva; pues ciertamente el juicio, de uno, en condenación; pero el carisma; de muchas caídas, en justicia. Pues, si por la del uno caída, la muerte reinó por el uno; mucho más los que la abundancia de la gracia, y del don y de la justicia reciben, en vida reinarán por el uno: Jesucristo. Luego, pues, así como por de uno caída, a todos los hombres(e) en condenación, así también por una justicia a todos los hombres en justificación de vida; pues, así como por la desobediencia del un hombre, pecadores constituidos fueron los muchos(f), así también por la obediencia del uno, justos constituidos serán los muchos. Y la ley añadióse para que abundase la caída(g); y, donde abundó el pecado, superabundó la gracia; para que, así como reinó el pecado en la muerte, así también la gracia reinara por justicia en vida eterna por Jesucristo, nuestro Señor. Los justificados exentos están de la servidumbre del pecado; ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que la gracia abunde? ¡No sea! Los que hemos muerto al pecado ¿cómo aún viviremos en él? ¿O ignoráis que, cuantos hemos sido bautizados en(a) Cristo, en su muerte hemos sido bautizados? Consepultados, pues, hemos sido con él, por el bautismo en la muerte; para que, así como resucitó Cristo de muertos, por la gloria del Padre, así también nosotros en novedad de vida caminemos. Pues, si retoños(b) nos hubiéremos hecho, a la semejanza de la muerte de él; —empero, también de la resurrección seremos; esto conociendo que el viejo hombre nuestro juntamente crucificado fue, para que se anonadara el cuerpo del pecado(c), para no ya servir nosotros al pecado; pues el que ha muerto, justificado está del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, resucitando de muertos, ya no muere. Muerte de él ya no se enseñorea. Pues lo que murió(d), al pecado murió una vez por todas, pero, lo que vive, vive a Dios. Así también vosotros considerad que estáis muertos ciertamente al pecado, vivientes, empero, a Dios en Cristo Jesús (Señor nuestro). No reine, pues, ya el pecado en el mortal cuerpo vuestro para obedecer a sus concupiscencias; ni presentéis vuestros miembros armas(e) de iniquidad al pecado, sino presentaos a Dios, cual si de entre muertos viviendo, y vuestros miembros armas de justicia a Dios. Pues pecado de vosotros no se enseñoreará; pues no estáis bajo ley, sino bajo gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo ley, sino bajo gracia? ¡No sea! ¿No sabéis que a quien os presentáis siervos a obediencia, siervos sois del a quien obedecéis, ya sea de pecado, a muerte, sea de obediencia a justicia? Pero gracias a Dios, que fuisteis siervos del pecado, habéis, empero, obedecido de corazón a la forma que os entregasteis de doctrina; y libertándoos del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia. Cosa humana(f) digo, por la flaqueza de vuestra carne; pues, así como presentasteis vuestros miembros siervos a la inmundicia y a la iniquidad para la iniquidad; así ahora presentad vuestros miembros siervos a la justicia para santificación. Pues, cuando siervos erais del pecado, libres érais(g) para la justicia. ¿Qué fruto, pues, teníais entonces? ¡En lo que ahora os avergonzáis! Pues, a la verdad, el fruto de aquéllos, ¡muerte!; mas ahora ya, libertados del pecado, pero hechos siervos de Dios, tened vuestro fruto en santificación; y el fin, vida eterna. Pues los estipendios del pecado, muerte; pero el carisma de Dios, vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. Los justificados exentos están de la ley; ¿O ignoráis, hermanos, (pues a los que conocen ley(a), hablo) que la ley domina al hombre, cuanto tiempo viviere? Pues la enmaridada mujer al viviente marido sujeta está por ley; mas, si muriere el marido, aniquilada está(b) para la ley del marido. Por lo tanto, viviendo el marido, adúltera será juzgada, si fuere de varón otro; mas, si muriere el marido, libre está de la ley, para no ser ella adúltera, siendo de varón otro. Así mismo, hermanos míos, también vosotros muertos habéis sido para la ley por el cuerpo del Cristo, para ser vosotros para otro: para el de muertos resucitado, a fin de que fructifiquemos para Dios. Pues, cuando estábamos en la carne, las pasiones de los pecados, las por la ley, obraban en nuestros miembros, para fructificar para la muerte; mas ahora ya hemos sido aniquilados(c) de la ley, muertos a la en que estábamos detenidos, para servir nosotros en novedad de espíritu, y no vetustez de letra. ¿Qué, pues, diremos? ¿La ley, pecado (es)? ¡No sea! empero el pecado no conocí, sino por ley. Pues que la concupiscencia no supiera yo, si la ley no dijese: «No codiciarás». Pero, incitativo tomando el pecado por el mandamiento, ha consumado en mí toda concupiscencia. Pues, sin ley ¡el pecado muerto!; pero yo vivía sin ley un tiempo; pero, viniendo el mandamiento, el pecado revivió; y yo morí(d), y fue hallado por mí el mandamiento, el para vida, éste, para muerte; pues el pecado, incitativo tomando por el mandamiento, engañóme y por él mató. Así que la ley, santa; y el mandamiento, santo, y justo y bueno. Lo bueno, pues ¿se me hizo muerte? ¡No sea!; sino el pecado, para que apareciera pecado(e), por lo bueno consumando muerte; para que se hiciese por hipérbole pecador el pecado por el mandamiento. Pues sabemos que la ley espiritual es; mas yo carnal soy, vendido bajo el pecado(f). Pues lo que consumo, no conozco; pues, no lo que quiero, esto practico, sino lo que odio, esto hago. Y, si, lo que no quiero, esto hago, asiento a la ley: que es bella; pero, hoy por hoy, ya no yo consúmolo, sino el que inhabita en mí pecado. Pues sé que no habita en mí, esto es: en mi carne, cosa buena; pues el querer consiste en mí, pero el consumar lo bello, no; pues no lo que quiero, hago: lo bueno, sino, lo que no quiero: lo malo, esto practico. Pero, si lo que no quiero, esto hago, ya no yo consúmolo, sino el que habita en mí: el pecado. Hallo, pues, la ley(g) queriendo yo hacer lo bello: que en mí lo malo consiste; pues congratúlome de la ley de Dios, según el interior hombre; mas veo otra ley en mis miembros, guerreando contra la ley de mi mente y cautivándome en la ley del pecado la que hay en mis miembros. ¡Miserable yo hombre! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?(h) ¡Gracias a Dios(i) —por Jesucristo Señor nuestro! Por lo tanto yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, con la carne empero, a ley del pecado. Ninguna, pues, ahora condenación para los en Cristo Jesús, (que no según carne caminan). Pues la ley del espíritu de la vida en Cristo Jesús te libertó de la ley del pecado y de la muerte. Pues lo imposible de la ley(a), en lo que flaqueaba por la carne(b) —Dios, a su Hijo enviando en semejanza de carne de pecado; y por pecado condenó el pecado en la carne; a fin de que la justicia(c) de la ley se cumpliese en nosotros, los que, no según carne caminamos, sino según espíritu. Pues, los que según carne son, lo de la carne sienten; pero, los que según espíritu, lo del espíritu; pues el sentir de la carne, muerte; pero el sentir del espíritu, vida y paz. Por esto: porque el sentir de la carne, enemistad de Dios; pues a la ley de Dios no se sujeta; pues ni puede(d). Pero, los que en carne son(e), a Dios placer no pueden. Mas vosotros no sois en carne, sino en espíritu; si es que espíritu de Dios habita en vosotros. Pero, si alguno espíritu de Cristo no tiene, éste no es de él. Pero, si Cristo en vosotros, el cuerpo ciertamente muerto por pecado, mas el espíritu, vida por justicia. Pero, si el espíritu del que resucitó a Jesús de muertos, habita en vosotros, el que resucitó a Cristo de muertos, vivificará también los mortales cuerpos vuestros, por inhabitar su espíritu en vosotros. Por lo tanto, hermanos, deudores somos, no a la carne, para según carne vivir. Pues, si según carne viviereis, habéis de morir; mas, si con espíritu los hechos del cuerpo matareis, viviréis. Pues, cuantos por espíritu de Dios son llevados, éstos hijos son de Dios. Pues no habéis recibido espíritu de servidumbre de nuevo para temor, sino que habéis recibido espíritu de adopción; en el que clamamos: «¡Abbá, el Padre!» Pues el mismo espíritu testifica a la vez a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Mas, si hijos, también herederos: herederos ciertamente de Dios, coherederos, empero, de Cristo; si es que compadecemos, para ser también conglorificados. Pues estimo no dignos los padecimientos del presente tiempo para la gloria que se ha de revelar en nosotros. Pues la expectación de la criatura la revelación de los hijos de Dios aguarda. Pues a la vanidad la criatura ha sido sometida, no de grado, sino por el que la ha sometido, con esperanza; pues también, la misma criatura libertada será de la servidumbre de la corrupción para la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que toda criatura consuspira y comparture hasta ahora, y no sólo, sino que también los mismos que las primicias del espíritu tenemos, también nosotros mismos en nosotros suspiramos, adopción aguardando: la redención de nuestro cuerpo. Pues, por la esperanza, nos hemos salvado; pero la esperanza que ve, no es esperanza; pues lo que ve alguien ¿qué(f) espera? Pero, si lo que no vemos, esperamos, por paciencia, aguardamos. Y así mismo también el espíritu socorre a nuestra flaqueza; pues, lo que oremos, cual se debe, no sabemos; pero el mismo espíritu intercede con gemidos inefables; pues, el que escudriña los corazones, sabe cuál el sentir del espíritu; porque, según Dios, demanda por santos. Y sabemos que a los amantes de Dios, todo coopera en bien, a los que según propósito llamados son. Pues, a los que preconoció, también predestinó conformes(g) a la imagen de su Hijo, para ser él primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios por nosotros ¿quién contra nosotros? Pues, aquél que al propio Hijo no perdonó, sino por nosotros todos entrególe ¿cómo no ya, también con él, con todas las cosas nos agraciará? ¿Quién acusará contra elegidos de Dios? Dios el que justifica: ¿quién el que condenará? ¿Cristo, el que murió; mas aún: el que resucitó; el que también está a diestra de Dios; el que también intercede por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor del Cristo(h)? ¿tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro o cuchilla? Según está escrito: (Sl. 44,23) que por causa tuya se nos mata el día entero; considérasenos como ovejas de matanza. Mas en todo esto sobrevencemos(i) por el que nos ama. Pues cierto estoy de que ni muerte, ni vida; ni ángeles(j), ni principados, ni potencias; ni lo presente ni lo futuro; ni alteza, ni hondura, ni criatura alguna otra podrános apartar del amor de Dios, el en Cristo Jesús, Señor nuestro. Exordio: Tristeza del apóstol por la presente infidelidad de su pueblo Verdad digo en Cristo; no miento; testificando conmigo mi conciencia, en Espíritu Santo: que tristeza tengo grande; e incesante dolor, mi corazón, pues votara yo anatema(a) ser yo mismo del Cristo(b) por mis hermanos, mis congéneres, según carne; los que son israelitas; de quienes, la adopción, y la gloria; y la alianza, y la legislación, y el culto y las promesas; de quienes, los padres, y de quienes, el Cristo, en cuanto a la carne. El que, sobre todas las cosas, Dios, bendito por los siglos; amén. Pero(c) no como que se haya derribado la palabra de Dios. Pues no todos los de Israel, éstos, Israel; ni, porque son simiente de Abrahán, todos (Gn. 21,12) hijos; sino: En Isaac llamada te será simiente. Esto es: que no los hijos de la carne, éstos hijos de Dios, sino los hijos de la promesa considéranse como simiente. Pues de promesa esta palabra: (Gn. 18,10) Según este tiempo vendré, y tendrá Sara hijo. (Gn. 25,21) Y no sólo —sino que también Rebeca, de un(d) concúbito teniendo: de Isaac, padre nuestro; Pues, aún ni nacidos ni habiendo hecho algo bueno o malo, (para que el, según elección, propósito de Dios permaneciese), no por obras, sino por el que llamaba; fue dicho a ella que (Ml. 1,2-3) el mayor servirá al menor; según lo que está escrito: A Jacob amé; a Esaú, empero, aborrecí(e). ¿Qué, pues, diremos? ¿Acaso, injusticia, ante Dios? ¡No sea! Pues a Moisés dice: (Ex. 33,19) Me apiadaré de quien me apiadare, y me compadeceré de quien me compadeciere. Por lo tanto, no(f) del que quiere, ni del que corre, sino del que se apiada: Dios. Pues dice la Escritura a Faraón: que (Ex. 9,16) a esto mismo despertádote he para manifestar yo en ti mi poder, y para que se pregone mi nombre en toda la tierra. Por lo tanto, de quien quiere, apiádase, y a quien quiere, endurece. Dirásme, pues: «¿Qué, pues, aún vitupera? Porque a su voluntad ¿quién ha resistido?» Oh hombre, y tú ¿quién eres el que interpelas a Dios? Acaso dirá el plasma al plasmante: «¿Qué me has hecho así?» ¿O no tiene potestad el alfarero del(g) barro, para, de la misma masa, hacer: uno, de honra vaso, otro de deshonra? Y ¿si, queriendo Dios manifestar la ira y patentizar lo poderoso que es, ha soportado(h) en mucha longanimidad vasos de ira dispuestos ya(i) a perdición; para patentizar él las riquezas de su gloria para con vasos de misericordia; los que previno para gloria; a los que también llamó: a vosotros, no sólo de judíos, sino también de gentes(j)? Como también en Oseas dice:(Os. 2,25) Llamaré al no pueblo mío, «pueblo mío»,y a la no amada, «amada»;(y a la que no ha misericordia conseguido,«la que ha misericordia conseguido»); (Os. 2,1) y será: en el lugar donde se les dijo:«No pueblo mío, vosotros»,allí llamados serán hijos de Dios viviente. E Isaías clama sobre Israel:(Is. 10,22) Si(k) fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, el resto se salvará; (Is. 10,23) pues palabra consumante y concisa (en justicia; porque palabra recortada) hará el Señor sobre la tierra. Y, según que ha predicho Isaías.(Is. 1,9) Si el Señor Sabaot(l) no nos hubiese dejado simiente, como Sodoma hechos fuéramos y como Gomorra hechos semejantes. ¿Qué, pues diremos? Que las gentes, las que no seguían justicia, cogieron justicia, y justicia la de fe; e Israel, siguiendo ley de justicia, a ley no llegó. ¿Por qué? Porque, no por fe, sino como por obras tropezaron en la piedra del tropiezo(m) según está escrito: (Is. 8,14; 28,16) He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo y peña de escándalo; y el que cree en él, no será confundido. Abandonó Israel la justicia de Dios, buscando la suya propia Hermanos, el beneplácito(a) ciertamente de mi corazón, y mi plegaria a Dios por ellos en salud. Pues testifícoles que celo de Dios tienen, pero no según conocimiento; pues, desconociendo la justicia de Dios, y la propia buscando establecer, a la justicia de Dios no se sometieron. Que fin de ley, Cristo, en justicia, a todo creyente. Que Moisés escribe que la justicia, la por ley, haciendo el hombre, vivirá en ella. Pero la por fe justicia así dice: «No digas en tu corazón(b): «¿Quién ascenderá al cielo?» (esto es: a Cristo bajar). O: «¿Quién bajará al abismo?» (esto es: a Cristo de entre muertos sacar). Mas ¿qué dice(c)? (la Escritura). (Dt. 30,14.) Cerca está de ti la palabra(d), en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de la fe que predicamos. Porque, si confesares en tu boca a Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de muertos, te salvarás; pues con corazón se cree para justicia; con boca, empero, se confiesa para salud. Pues dice la Escritura: «Todo el que cree en él, no será confundido». Que no hay distinción, y de judío y de heleno; pues el mismo Señor de todos, que es rico para con todos los que le invocan. Que todo el que invocare el nombre del Señor, se salvará. ¿Cómo, pues, invocarán al que no han creído? ¿Y cómo creerán a quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin predicador? ¿Y cómo predicarán, si no se les enviare? según está escrito: (Is. 52,7.) ¡Qué hermosos los pies de los que evangelizan (paz, de los que evangelizan) lo bueno! Pero no todos han obedecido al Evangelio. Pues Isaías dice: (Is. 53,1.) «Señor, ¿quién creyó a nuestra oída? Luego la fe por oído, y el oído por medio de palabra de Cristo. Empero digo: ¿Acaso no oyeron? Antes bien: (Sl. 19,5) Por toda la tierra ha salido el son de ellos, y hasta los fines del orbe, las palabras de ellos. Pero digo: ¿Acaso Israel no conoció? Primero Moisés dice: (Dt. 32,21.) Yo celaréos en no gente; en gente insipiente irritaréos. (10:19) E Isaías atrévese y dice: (Is. 65,1.) Hallado fui de los que no me buscaban; manifiesto híceme a los que no me interrogaban(e). (10:19) Y a Israel dice: (Is.65,2.) Todo el día he extendido mis manos a pueblo que desobedece y contradice. No todos los judíos se endurecieron Digo, pues: ¿Acaso ha repelido Dios a su pueblo? ¡No sea! que también yo israelita soy, de simiente de Abrahán, tribu de Benjamín. No ha repelido Dios a su pueblo, al que preconoció(a). ¿O no sabéis, en Elías, qué dice la escritura: cómo interpela a Dios contra Israel?: 1 R. 19,10. Señor, a tus profetas han muerto; tus aras socavado, y yo he sido dejado solo, y buscan mi alma. Pero ¿qué le dice el oráculo(b)? R. 19,18. Heme dejado siete mil varones; los cuales no han doblado rodilla a Baal. Así, pues, también en el presente tiempo, resto, según elección de gracia, (salvo) ha sido hecho; y, si, de gracia, ya no por obras, que de otra suerte la gracia ya no se hace gracia. ¿Qué, pues? Lo que busca Israel, esto no consiguió; la elección(c), empero, lo consiguió; mas los restantes obcecáronse; según está escrito: Is. 29,10. Dióles Dios espíritu de quebranto, ojos para no ver, y orejas para no oír, hasta el día de hoy. Y David dice: Sl. 69,23,24. Hágase la mesa de ellos en lazo, y en prendimiento, y en escándalo y en retribución a ellos; entenebrézcanse sus ojos para no ver; y la espalda de ellos siempre encorva. Digo, pues: ¿Acaso tropezaron para que cayesen? ¡No sea! ¡sino que, con la caída de ellos, la salud(d) a las gentes, para encelarles. Y, si la caída de ellos, riquezas del mundo; y la merma de ellos, riquezas de las gentes; cuánto más la plenitud de ellos! Y a vosotros digo: a las gentes; en cuanto, en verdad, soy yo de gentes apóstol, mi ministerio glorifico; por si de algún modo he de encelar a mi carne(e) y salvar algunos de ellos. Pues, si la repulsa de ellos, reconciliación de mundo ¿cuál la recepción; si no vida de muchos? Y si las primicias(f), santas, también la masa; y, si la raíz, santa, también las ramas. Y, si algunas de las ramas se desgajaron, y tú, oleastro siendo, injertado has sido en ellas y copartícipe de la raíz, de la grosura de la oliva has sido hecho; no te jactes de las ramas, y, si te jactares, no tú la raíz llevas, sino la raíz, a ti. Dirás, pues; «Desgajáronse ramas, para que yo fuese injertado». ¡Bellamente! Por la infidelidad desgajáronse, y tú por la fe parado estás. No cosas excelsas sientas, sino teme; pues, si Dios a las según naturaleza ramas no perdonó, ni a ti perdonará. Ve, pues, benignidad y severidad de Dios: para los que cayeron ciertamente, severidad; y para ti, benignidad de Dios, si permanecieres en la benignidad; de otra suerte también tú cortado serás. Y también aquéllos si no permanecieren en la infidelidad, injertados serán. Que poderoso es Dios para de nuevo injertarles, pues, si tú cortado has sido del, por naturaleza, oleastro, y, contra naturaleza, injertado en bella oliva; ¡cuánto más éstos, los según naturaleza, injertados serán en su propia oliva! Pues no quiero que vosotros ignoréis, hermanos, este misterio (para que no seáis en vosotros mismos prudentes(g): que la ceguedad en parte a Israel aconteció, hasta que la plenitud(h) de las gentes entrare. Y así(i) todo Israel se salvará, según está escrito:Is. 59.20. Llegará de Sión el que libertará,y apartará impiedades de Jacob. Y ésta para ellos la conmigo alianza,cuando quitare yo los pecados de ellos. Según el Evangelio ciertamente odiados(j), por causa de vosotros; pero, según la elección, amados, por causa de los padres, pues irrevocables los carismas y la vocación de Dios. Pues, así como vosotros un día desobedecisteis a Dios; mas ahora ya se os compadece por la de éstos desobediencia; así también éstos ahora han desobedecido por vuestra compasión, a fin de que también a ellos ahora se les compadezca; pues ha encerrado Dios a todos en desobediencia, para de todos compadecerse. ¡Oh profundidad de riquezas y sabiduría y ciencia de Dios! ¡cuán inescrutables sus juicios, e ininvestigables sus caminos! Pues ¿quién conoció mente de Señor?¿O quién consejero suyo hecho fue? ¿O quién antes dióle, y retribuirásele? Pues de él, y por él y a él todas las cosas: a él la gloria por los siglos; amén. Tema general Exhórtoos; pues, hermanos, por las piedades de Dios, que presentéis vuestros cuerpos hostia viviente, santa, bien placiente a Dios; el espiritual culto vuestro; y no os conforméis a este siglo, sino transformaos con la renovación de la mente, para probaros: cuál(a), la voluntad de Dios, la buena(b), y bien placiente y perfecta. Pues digo, por la gracia la dada a mí, a todo el que está entre vosotros: no sentir más allá de lo que se debe sentir, sino sentir para bien sentir(c); a cada cual como(d) Dios repartió medida de fe. Pues, así como en un cuerpo muchos miembros tenemos, y los miembros todos no el mismo oficio tienen, así los muchos un cuerpo somos en Cristo; y, por lo tocante a cada cual, uno de otro miembros, y, teniendo carismas, según la gracia la dada a nosotros, distintos: sea profecía, en razón(e) de la fe, sea ministerio, en el ministerio(f); sea el que enseña, en la enseñanza; sea el que exhorta, en la exhortación; el que distribuye, en simplicidad; el que preside, en solicitud; el que compadece, en hilaridad. ¡El amor, indisimulado! Odiando lo malo, adhiriendo a lo bueno; con amor fraterno unos de otros tiernamente amantes; con la solicitud no perezosos; con espíritu fervorosos; al Señor sirviendo; con la esperanza, gozándoos; en la tribulación pacientes; en la oración, perseverantes; con las necesidades de los santos comunicando(g); la hospitalidad persiguiendo(h); perseguidores bendecid, y no maldigáis. Gozar con los que gozan; llorar con los que lloran. Lo mismo entre vosotros sintiendo(i); no lo alto sintiendo, sino de los humildes dejándoos llevar. No os hagáis prudentes ante vosotros mismos. A nadie mal por mal devolviendo; proveyendo lo bello a faz de todos los hombres; si posible, lo de vosotros(j), con todos los hombres paz teniendo; no vengándoos, amados; sino dad lugar(k) a la ira; pues escrito está: Prov. 25, 21-22. «A mí la venganza; yo retribuiré, dice Señor». Empero, «si hambreare tu enemigo, aliméntale; si sed tuviere, dale de beber. Pues, esto haciendo, ascuas de fuego acumularás sobre su cabeza(l)». (12:20) No seas vencido de lo malo(m), sino vence, en lo bueno lo malo. Obediencia a la autoridad Toda alma a potestades superiores sométase. Que no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios ordenadas son. Así que el que resiste a la potestad, a la de Dios ordenación se opone; y los que se oponen, a sí mismos condenación cogerán. Pues los príncipes no son temor para la buena obra, sino para la mala. ¿Y quieres no temer a la potestad? Lo bueno haz, y tendrás loor de ella; pues de Dios ministro te es para lo bueno. Pero, si lo malo hicieres, teme; pues no en vano la cuchilla lleva; pues de Dios ministro es; vengador, para ira, al que lo malo obra. Por lo cual ¡menester someterse, no solo por la ira(a), sino también por la conciencia! Pues por esto también tributos pagáis; pues servidores de Dios son en esto mismo(b) esforzándose. Pagad a todos las deudas: al que(c) el tributo, el tributo: al que el derecho, el derecho; al que el temor, el temor; al que el honor, el honor. A nadie nada debáis, sino unos a otros amaros. Que quien ama al otro, ley ha cumplido; pues el «no adulterarás, no matarás, no hurtarás, (no jurarás falso) no codiciarás»; y, si algún otro mandamiento(d), en esta palabra se recapitula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor(e), al prójimo mal no hace; plenitud, pues, de ley el amor. Y esto(f), sabiendo el tiempo; pues hora ya de que de sueño despertemos; pues ahora más cerca de nosotros, la salud que cuando creímos(g). La noche ha avanzado y el día aproximádose, depongamos, por tanto, las obras de las tinieblas y revistámonos las armas de la luz. Como de día decorosamente caminemos, no en bacanales y ebriedades, no en concúbitos y lascivias; no en contiendas y celos, (13:13) sino revestíos del Señor Jesucristo; y de la carne, el cuidado no hagáis en concupiscencia. Dios es el juez Y al débil en la fe(a) acoged, no para juicios de opiniones. Uno cree(b) comer todo; otro, enfermo(c), hortalizas come. El que come, al que no come, no desprecie; y el que no come, al que come no juzgue; pues Dios le ha acogido. Tú ¿quién eres el que juzgas a ajeno siervo? Para el propio Señor álzase(d) o cae; alzaráse, empero; porque puede el Señor alzarle. Uno juzga día ante día(e); otro juzga todo día. Cada cual en el propio sentir plenamente se confirme(f). El que observa el día, para Señor observa (y el que no observa el día, para Señor no observa). Y el que come, para Señor come; pues agradece a Dios; y el que no come, para Señor no come, y agradece a Dios. Pues nadie de nosotros para sí mismo vive; y nadie para sí mismo muere; pues sea que vivamos, para el Señor vivimos; sea que muramos, para el Señor morimos. Luego sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos. Que, para esto, Cristo murió y ha vivido(g), para que, y a muertos y a vivos señoree. Y tú ¿qué juzgas a tu hermano? O también tú ¿qué desprecias a tu hermano? Pues todos nos presentaremos al tribunal de Dios. Que escrito está: Is. 45,23. ¡Vivo yo!, dice Señor: que a mí se doblará toda rodilla; y toda lengua confesará a Dios. Por consiguiente cada uno de nosotros acerca de sí mismo razón dará a Dios. Luego, no más ya unos a otros juzguemos; sino esto juzgad más bien: el no poner tropiezo al hermano o escándalo. Sé y estoy cierto, en Señor Jesús, de que nada común(h) por sí mismo, sino para el que cree que algo común es; —para aquél, común(i). Pues, si por comida tu hermano es contristado, ya no, según caridad caminas. No con tu comida a aquél pierdas, por quien Cristo murió. No se blasfeme, pues, vuestro bien(j). Que no es el reino de Dios comida y bebida, sino justicia, y paz, y gozo en Espíritu Santo; pues el que en esto sirve al Cristo ¡bienplaciente a Dios y probado(k) a los hombres! Por lo tanto, lo de la paz persigamos y lo de la edificación de los unos a los otros (guardemos). No a causa de comida deshagas la obra de Dios. Todas las cosas ciertamente puras; pero malo para el hombre el que, por medio de tropiezo, come; Bello el no comer carnes, ni beber vino, ni(l) en lo que tu hermano tropieza, o se escandaliza o flaquea. Tú, la fe que tienes, para ti mismo ten a faz de Dios. Bienaventurado el que no juzga(m) a sí mismo en lo que probare; pero el que, vacilando, comiere, condenado está, porque no de fe(n); y todo lo no de fe, pecado es. El ejemplo de Cristo enseña tolerancia Pero debemos nosotros los potentes las flaquezas de los impotentes llevar, y no a nosotros mismos placer. Cada uno de nosotros al prójimo plazca para lo bueno, a edificación; pues también el Cristo no a sí plugo, sino, según está escrito: Sl. 69,10. Los improperios de los que te improperaban, cayeron sobre mí. Pues, cuanto antes se escribió, para nuestra enseñanza se escribió; a fin de que, por la paciencia y por la consolación de las Escrituras, esperanza tengamos. Y el Dios de la paciencia y de la consolación déos lo mismo sentir(a) entre vosotros, según Cristo Jesús; para que unánimemente en una boca glorifiquéis a Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por lo cual acogeos unos a otros, según también el Cristo ha acogido a nosotros para gloria de Dios. Pues digo que Cristo ministro fue hecho de la circuncisión(b) en razón de la verdad de Dios, para confirmar las promesas de los padres; y que las gentes, en razón de la misericordia, glorifican a Dios; según está escrito: Sl. 18,50. Por esto te confesaré en gentes, y a tu nombre cantaré. Y de nuevo dice: Sl. 117,1. Alegraos, gentes con su pueblo. Y de nuevo dice: Alabad, todas las gentes, al Señor; y ensálcenle todos los pueblos. Y de nuevo Isaías dice: Is.11,10. Estará la raíz de Jesé y el que se levanta a principar a las gentes; en él las gentes esperarán. Y el Dios de la esperanza llenaráos de todo gozo y paz en el creer; para que abundéis en la esperanza, en virtud de Espíritu Santo. Pero cierto estoy, hermanos míos, también yo mismo de vosotros que también vosotros mismos llenos estáis de bondad(c), repletos de toda ciencia, que podéis también unos a otros amonestar, pero más audazmente(d) heos escrito en parte, como rememorándoos(e), por la gracia la dada a mí por Dios, para ser yo ministro de Cristo Jesús, para las gentes, administrando el Evangelio de Dios, para que se haga la oblación de las gentes acepta, santificada en Espíritu Santo. Tengo, pues, la gloriación en Cristo Jesús en lo para con Dios; pues no me atrevo a algo hablar de lo que ha obrado Cristo por mis palabras para obediencia de gentes, con palabra y obra, en virtud de señales y prodigios, en virtud de Espíritu Santo; de modo que, desde Jerusalén y contorno hasta el Ilírico, he llenado(f) el Evangelio del Cristo. Y así hónrome de evangelizar, no donde se ha nombrado a Cristo, para no sobre ajeno fundamento edificar; sino según está escrito: Is. 52,15. Verán los a quien no se ha anunciado acerca de él; y los que no han oído, entenderán. Por lo cual también he sido impedido muchas veces para venir a vosotros; pero ahora ya, no más lugar(g) teniendo en estas regiones; ansia, empero, teniendo de venir a vosotros, desde bastantes años; así que partiere a España, iré a vosotros, pues espero, pasando(h), veros y de vosotros ser enviado allá, si de vosotros primero en parte me hubiere saciado(i). Pero ahora parto a Jerusalén, ministrando a los santos, Pues plugo a Macedonia y Acaya comunicación(j) alguna hacer para los pobres de los santos, de los en Jerusalén. Pues plúgoles, y son deudores de ellos; pues, si en lo espiritual de ellos han comunicado las gentes, deben también en lo carnal ministrarles. Esto, pues, consumando y sellándoles(k) este fruto, partiré, por entre vosotros, a España; y sé que, viniendo a vosotros en plenitud de bendición (del Evangelio) de Cristo vendré. Pero ruégoos, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por la caridad del (Santo) Espíritu, que conmigo luchéis, en (vuestras) oraciones por mí a Dios; a fin de que me libre yo de los que desobedecen en la Judea, y mi ministerio, el en Jerusalén acepto a los santos se haga; para que, en gozo viniendo a vosotros, por voluntad de Señor Jesús, me refrigere con vosotros. Y el Dios de la paz ¡con todos vosotros; amén! Recomendación de Febe Y recomiéndoos a Febe, la hermana nuestra; que es diaconisa de la Iglesia, la de Céncreas; para que la acojáis en Señor, dignamente de los santos; y la asistáis en el(a) que de vosotros necesitare negocio; pues también ella protectora de muchos se ha hecho y de mí mismo. Saludad a Prisca y áquilas, los cooperadores míos en Cristo Jesús (los que por mi alma su cerviz expusieron; a quienes no yo sólo agradezco, sino también todas las Iglesias de las gentes); y a la en casa de ellos Iglesia. Saludad a Epéneto el amado mío; que es primicias del Asia para con Cristo. Saludad a María; la que mucho se ha fatigado por nosotros. Saludad a Andrónico y Junia, los congéneres míos y concautivos míos; los cuales son insignes en los apóstoles; que también antes de mí han sido en Cristo. Saludad a Amplias, el amado mío en Señor. Saludad a Urbano, nuestro cooperador en Cristo, y a Staquio, el amado mío. Saludad a Apeles el probado en Cristo. Saludad a los de los(b) de Aristóbulo. Saludad a Herodión, el congénere mío. Saludad a los de los de Narciso, los que son en el Señor. Saludad a Trifena y Trifosa las que se fatigan en Señor. Saludad a Pérside, la amada; la que mucho se ha fatigado en Señor. Saludad a Rufo, el escogido en Señor, y a la madre suya y mía. Salud a Asíncrito, Flegonte, Hermes, Pátrobas, Hermas, y a los con ellos hermanos. Saludad a Filólogo y Julia, y a Nereo y a la hermana de él, y a Olimpas y a los con ellos, todos santos. Saludaos entre vosotros en ósculo santo. Saludan a vosotros las Iglesias todas del Cristo. Pero, ruégoos, hermanos, mirar a los que las disensiones y los escándalos contra la doctrina que aprendisteis, hacen, y desviaos de ellos, pues los tales a nuestro Señor Cristo no sirven, sino al vientre de ellos, y por la buena habla y bendición engañan los corazones de los inmaliciosos. Pues vuestra obediencia(c) a todos ha llegado; de vosotros, pues, gózome; y quiero que vosotros sabios seáis para lo bueno, y sencillos(d) para lo malo. Y el Dios de la paz quebrantará a Satanás debajo de vuestros pies en breve. La gracia de vuestro Señor Jesús con vosotros. Salúdaos Timoteo, mi cooperador, y Lucio y Jasón y Sosípatro, mis congéneres. Salúdoos yo, Tercio, que he escrito la epístola, en Señor. Salúdaos Cayo, huésped mío y de toda la iglesia. Salúdaos Eraos, el ecónomo de la ciudad, y Cuarto, el hermano. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, con todos vosotros. Amén. Y al que os puede confirmar según mi evangelio y la predicación de Cristo Jesús, según la revelación del misterio por tiempos eternos silenciado; manifestado, empero, ahora también por las escrituras proféticas, según ordenación del eterno Dios, para obediencia de fe, a todas las gentes noticiado; al sólo sabio Dios, por Cristo Jesús, la gloria por los siglos. Amén. Salutación Pablo, llamado apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios, la que está en Corinto, a santificados en Cristo Jesús, llamados santos, con todos los que invocan el nombre del Señor de nosotros, Jesucristo, en todo lugar, de ellos y nosotros: gracia a vosotros y paz de Dios, Padre nuestro y de Señor Jesucristo. Agradezco a Dios siempre, por vosotros, a causa de la gracia de Dios, la dada a vosotros en Cristo Jesús; porque en todo habéis enriquecido en él, en toda palabra y toda ciencia; según que el testimonio del Cristo se ha confirmado en vosotros; tal que no os falta ningún carisma, aguardando a la revelación de nuestro Señor Jesucristo; que también os confirmará, hasta el fin, irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. ¡Fiel Dios, por quien elegidos habéis sido para comunión de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor! Pero ruégoos, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo: que lo mismo digáis todos y no haya en vosotros cismas, y seáis perfectos en el mismo sentir y en la misma sentencia. Que se me ha manifestado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloe(a): que contiendas en vosotros hay. Y digo esto, porque cada uno de vosotros dice: «Cuanto a mí, soy de Pablo»; —«Y yo, de Apolos»—»Y yo, de Cefas» —«Y yo, de Cristo». ¿Dividido está Cristo? ¿Acaso Pablo ha sido crucificado por vosotros o en el nombre de Pablo habéis sido bautizados? Agradezco a Dios, que a nadie de vosotros he bautizado, sino a Cristo y Cayo; para que nadie diga que en mi nombre habéis sido bautizados. Y he bautizado también la de Estéfanas casa; por lo demás no sé si a algún otro haya bautizado. Que no me ha enviado el Cristo a bautizar, sino a evangelizar, no en sabiduría de palabra, para que no se desvanezca la cruz de Cristo. Pues la palabra de la cruz, si a los perecientes estulticia es; a los salvantes: a nosotros, virtud de Dios es. Que escrito está:Is. 29,14. Perderé la sabiduría de los sabios,y la cordura de los cuerdos anonadaré. ¿Dónde sabio? ¿Dónde escriba? ¿Dónde investigador de este siglo? ¿Que no ha estultificado Dios la sabiduría del mundo? Pues, ya que, en la sabiduría de Dios, no ha conocido el mundo, por la sabiduría, a Dios; plugo a Dios, por la estulticia de la predicación(b), salvar a los creyentes; ya que, si judíos señales piden, helenos sabiduría buscan; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para judíos ciertamente escándalo; para gentes, empero, estulticia; mas a los mismos elegidos, y judíos y helenos, a Cristo(c), de Dios virtud y de Dios sabiduría; porque lo estulto de Dios más sabio que los hombres es, y lo flaco de Dios más fuerte que los hombres. Mirad, pues, vuestra vocación hermanos, porque no muchos sabios, según carne; no muchos poderosos, no muchos nobles; sino lo estulto del mundo ha elegido Dios, para confundir a los sabios, y lo flaco del mundo ha elegido, para confundir a lo fuerte; y lo innoble del mundo y lo despreciado ha elegido Dios y lo que no es para lo que es, destruir; para que no se gloríe toda carne a faz de Dios. Y, por él, vosotros sois en Cristo Jesús; quien ha sido hecho sabiduría nuestra por Dios, y justicia, y santificación, y redención; a fin de que, según escrito está: Jr. 9, 22-23. el que se gloría, en Señor se gloríe. Sencillez de la predicación del apóstol Y yo, viniendo a vosotros, hermanos, vine, no según supereminencia de palabra o sabiduría, anunciándoos el testimonio de Dios. Pues no he juzgado algo saber entre vosotros, sino a Jesucristo, y éste, crucificado. Y yo, en flaqueza, y en temor y en temblor mucho estuve con vosotros; y mi palabra, y mi predicación, no en persuasivas de sabiduría palabras, sino en demostración de espíritu y virtud; para que vuestra fe no esté en sabiduría de hombres, sino en virtud de Dios. Y sabiduría hablamos entre los perfectos, y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, los que son destruidos; sino que hablamos de Dios sabiduría en misterio, la oculta, que predestinó Dios antes de los siglos, para gloria nuestra; que ninguno de los príncipes de este mundo conoció (pues, si conocieran, no al Señor de la gloria crucificaran); empero, según está escrito:Is. 64,3. «Lo que ojo no vio y oreja no oyó;y a corazón de hombre no ascendió—cuanto preparó Dios a los que le aman»; Pues a nosotros reveló Dios por su Espíritu. Pues el Espíritu todo escudriña, hasta las profundidades de Dios. Pues ¿quién ha conocido de hombres lo del hombre, sino el espíritu del hombre, el en él? Así también lo de Dios nadie ha conocido, sino el Espíritu de Dios. Mas nosotros, no el espíritu del mundo hemos recibido, porque sepamos lo por Dios agraciado a vosotros; lo que también hablamos, no en doctas de humana sabiduría palabras, sino en doctas del Espíritu, a lo espiritual lo espiritual comparando(a) Mas el psíquico hombre(b) no percibe las cosas del Espíritu de Dios; pues estultas para él son y no puede conocer; pues espiritualmente se juzgan. Pero el espiritual juzga, a la verdad, todo; pero él de nadie es juzgado. Pues Is. 40,13. ¿quién ha conocido mente del Señor, que le arguya? Y nosotros mente del Señor tenemos. Los corintios aún carnales Y yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a párvulos en Cristo. Leche os di a beber, no vianda; pues aún no podíais. Empero ni ahora podéis; porque todavía carnales sois. Pues, donde entre vosotros, celo y contienda —¿acaso carnales no sois y según hombre camináis? Pues, cuando dijere alguno: «Cuanto a mí, soy de Pablo»; y otro: «Yo, de Apolos», ¿no hombres sois? Pues ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Ministros por quienes habéis creído, y a cada cual como(a) el Señor dio. Yo planté; Apolos regó; empero Dios acrecentó; así que ni el que planta, es algo, ni el que riega, sino el que acrecienta: Dios. Y el que planta y el que riega, uno(b) son, y cada cual el propio galardón recibirá, según la propia labor. Que de Dios somos cooperadores: de Dios, labranza, de Dios edificación sois. Según la gracia de Dios, la dada a mí, como sabio arquitecto, fundamento puso; pero otro sobreedificó. Y cada cual mire cómo sobreedifica. Pues fundamento otro nadie puede poner fuera del yaciente, que es Jesucristo. Y, si alguno sobreedifica, sobre el fundamento, oro y plata, piedras preciosas; madera, heno, paja(c), de cada cual la obra manifiesta haráse; pues el día (del Señor) declarará; porque en fuego se revela; y de cada uno cuál la obra sea, el fuego lo probará. Si de alguno la obra quedare que sobreedificó, galardón recibirá; si de alguno la obra se quemare, dañaráse; mas él se salvará; así, empero, como por fuego. No ¿sabéis que templo de Dios sois y el Espíritu de Dios en vosotros habita? Si alguno el templo de Dios violare, violará a este Dios; que el templo de Dios sagrado es; los que sois vosotros. Nadie a sí mismo engañe; si alguno parece sabio ser entre vosotros, en este siglo, estulto hágase, para que se haga sabio. Pues la sabiduría de este mundo, estulticia ante Dios es. Porque escrito está: Sl. 94,11. El que coge a los sabios en la arteria de ellos. Y de nuevo: Señor conoce las consideraciones de los sabios: que son vanas. Así que nadie se gloríe en hombres; pues todo de vosotros es: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas; sea mundo, sea vida, sea muerte; sea lo presente, sea lo futuro; todo de vosotros; vosotros, empero, de Cristo, y Cristo, de Dios. Así a nosotros estime el hombre como ministros de Cristo y dispensadores de misterios de Dios. Aquí ya se busca entre los dispensadores que fiel alguno se halle. Pero yo en muy poco tengo el ser de vosotros juzgado o de humano día(a); empero ni a mí mismo juzgo; (pues nada(b) sé de mí; empero no en esto justificado estoy)(c); pero el que me juzga, Señor es. Así que no antes de tiempo algo juzguéis; hasta que venga el Señor; que también iluminará lo oculto de las tinieblas y manifestará las voluntades de los corazones. Y entonces el loor se hará a cada cual, de Dios. Y esto, hermanos, he asimilado(d) en mí y Apolos, por vosotros; para que en(e) nosotros aprendáis no más allá de lo que escrito está(f); para que uno contra el uno no se infle contra el otro. Pues ¿quién te juzga? ¿Y qué tienes que no hayas recibido? Pero, si también lo ha recibido ¿qué te glorías, como si no lo hubieses recibido? Ya saciados estáis; ya enriquecido habéis; sin nosotros habéis reinado, para que también nosotros con vosotros reinemos. Que pienso Dios a nosotros los apóstoles últimos ha manifestado como a muerte condenados; porque espectáculo hemos sido hechos al mundo, y ángeles y hombres. Nosotros estultos, por Cristo; y vosotros, prudentes en Cristo; nosotros, flacos, y vosotros, fuertes; vosotros gloriosos, y nosotros deshonrados. Hasta la presente hora y hambreamos, y sed tenemos, y desnudos estamos, y abofeteados somos, y vagamos; y nos fatigamos, trabajando con las propias manos; injuriados, bendecimos; perseguidos, sufrimos; blasfemados, rogamos; cual basuras del mundo hemos sido hechos; de todos desecho hasta ahora. No, avergonzándoos, escribo esto; sino que como a hijos míos amados amonesto. Pues, si diez mil ayos tuvieseis en Cristo, empero, no muchos padres; que en Cristo, por el evangelio, yo os he engendrado. Ruégoos, pues: imitadores míos haceos (como yo de Cristo) Por esto he enviado a vosotros a Timoteo; quien es mi hijo amado y fiel en Señor, que os recordará mis caminos, los en Cristo Jesús; según doquiera en toda iglesia enseño. Como, no viniendo(g) yo a vosotros, se han inflado algunos; pero vendré pronto a vosotros, si el Señor quisiere, y conoceré no la palabra de los inflados, sino la virtud. Que no en la palabra, al reino de Dios, sino en virtud. ¿Qué queréis? ¿en vara vendré a vosotros, o en caridad y espíritu de mansedumbre? Generalmente se oye entre vosotros ramería, y tal ramería la que ni entre las gentes, hasta mujer alguno del padre tener. Y vosotros inflados estáis, y no ya más bien habéis lamentado, porque fuese quitado de en medio de vosotros, el que esta obra hizo Pues yo por cierto, ausente con el cuerpo, pero presente con espíritu, ya he juzgado, como presente, al que así esto obró: en el nombre de nuestro Señor Jesús, congregados vosotros y mi espíritu, con la virtud de nuestro Señor Jesús, entregar al tal a Satanás(a), en perdición de la carne, para que el espíritu se salve en el día del Señor Jesucristo. ¡No bella vuestra gloriación! ¿No sabéis que una poca levadura toda la masa leuda? Expurgad la vieja levadura, para que seáis nueva masa, así como sois ázimos; pues también pascua nuestra fue inmolado Cristo. Así que celebremos, no en levadura de malicia y maldad, sino en ázimos de sinceridad y verdad. Heos escrito en la epístola no mezclaros con rameros; no del todo con los rameros de este mundo(b) o los avaros y rapaces; puesto que deberíais entonces del mundo haber salido; mas ahora heos escrito no mezclaros, si alguno, hermano llamado, fuere ramero, o avaro o idólatra, o injuriador, o ebrioso o rapaz, con el tal ni comer. Pues ¿qué a mí a los de fuera juzgar? ¿Que no a los de dentro vosotros juzgáis, y a los de fuera Dios juzga? Quitad al malo de entre vosotros mismos. No acudir a jueces gentiles ¿Atrévese alguno de vosotros negocio teniendo contra otro, a ser juzgado ante los injustos y no ya antes los santos? ¿O no sabéis que los santos al mundo juzgarán? Y, si en vosotros juzgado es el mundo ¿indignos sois de juicios mínimos? ¿No sabéis que a ángeles juzgaremos? ¡Cuánto más lo secular! Pues que, seculares juicios si tuviereis, a los desestimados(a) en la Iglesia, a éstos asentad(b). Para vergüenza os digo: ¿Así(c) no hay entre vosotros ningún sabio que pueda dirimir en medio de su hermano? ¿sino que hermano con hermano litiga, y esto ante infieles? Ya, a la verdad, generalmente de empeoramiento os es que juicios tengáis entre vosotros. ¿Por qué no ya más bien sois injuriados(d)? ¿Por qué no ya más bien sois despojados? Empero, vosotros injuriáis y despojáis, y esto, a hermanos. ¿O no sabéis que injustos de Dios el reino no heredarán? No erréis: ni rameros, ni idólatras, ni adúlteros, ni muelles(e), ni concubinarios masculinos(f); ni ladrones, ni avaros, ni ebriosos; no contumeliosos, no rapaces reino de Dios heredarán. Y esto algunos habéis sido; empero lavóseos; empero santificóseos; empero justificóseos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios. Todo me es lícito(g), empero no todo conviene; todo me es lícito, empero no yo dominado seré de alguno. Los alimentos para el vientre, y el vientre para los alimentos; mas Dios, y a éste y éstos destruirá . Y el cuerpo no para la ramería, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, y al Señor resucitó y a nosotros resucitará por la virtud suya. ¿No sabéis que vuestros cuerpos miembros de Cristo son? Quitando, pues, los miembros del Cristo, ¿haré(h) de ramera miembros? ¡No sea! ¿O no sabéis que el que se adhiere a la ramera, un cuerpo es? Pues serán, dice, Gn. 2,24. los dos para en carne una, Y el que se adhiere al Señor, un espíritu es. Huid la fornicación. Todo pecado que hiciere un hombre, fuera del cuerpo es; pero el que fornica, contra el propio cuerpo peca. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo y templo del en vosotros Santo Espíritu es; a quien tenéis de Dios; y que no sois vuestros? Pues comprados habéis sido por precio. Glorificad ya (y llevad) a Dios en vuestro cuerpo. Honestidad y uso del matrimonio Mas acerca de lo que me habéis escrito(a): Bello, para el hombre a mujer no adherirse; mas, en razón de la fornicación, cada uno su mujer tenga, y cada una al propio marido tenga. A la mujer, el marido lo debido pague; e igualmente también la mujer, al marido. La mujer al propio cuerpo no señorea, sino el varón; e igualmente tampoco el marido al propio cuerpo señorea, sino la mujer. No os defraudéis el uno al otro, sino ya, de convenio, por un tiempo para daros a la oración; y otra vez en lo mismo estaos; a fin de que no os tiente Satanás por vuestra incontinencia(b). Y esto digo por permisión, no por mandato. Y quiero que todos los hombres sean así como yo mismo(c); empero cada cual carisma tiene propio, de Dios: uno así, otro así. Pero digo a los solteros y a las viudas: hermoso para ellos, si quedaren así como yo; pero, si no se contienen, cásense; que mejor es casarse que quemarse. Pero a los casados ordeno, no yo, sino el Señor: que mujer de varón no se aparte; (y si también se apartare, quédese soltera o con el marido se reconcilie); y que marido a mujer no despida. Y a los demás digo yo, no el Señor: si algún hermano mujer tiene increyente, y ésta conviene en habitar con él, no la despida. Y mujer, la que tiene marido increyente, y éste conviene en habitar con ella, no despida al marido; pues santificado está el marido, el increyente, en la mujer; y santificada está la mujer, la increyente, en el hermano; si no, vuestros hijos impuros fueran; mas ahora santos son. Que, si el increyente se aparta, apártese. No está esclavizado el hermano o la hermana en tales casos; pero en paz nos ha llamado Dios. Pues ¿qué sabes, mujer, si al marido has de salvar? ¿O qué sabes, marido, si a la mujer has de salvar? Empero, a cada cual como ha repartido el Señor, a cada cual como ha llamado Dios, así camine. Y así en las Iglesias todas ordeno. ¿Circunciso alguno ha sido llamado? No se lo extire(d) ¿En prepucio ha sido llamado alguien? No se circuncide. La circuncisión nada es, y el prepucio nada es: sino observancia de mandamientos de Dios. Cada cual en el llamamiento que ha sido llamado, en éste quédese. ¿Siervo has sido llamado? No te importe; empero, aún cuando puedas libre hacerte, más bien aprovéchate(e). Pues el en Señor llamado siervo, liberto de Señor es; e igualmente también el libre, llamado, siervo es de Cristo. Por precio comprados habéis sido; no os hagáis siervos de hombres. Cada cual en lo que ha sido llamado, hermanos, en esto quédese ante Dios. Pero, sobre las vírgenes, ordenación de Señor no tengo; mas consejo doy como compadecido por Señor, para fiel ser. Estimo, por tanto, que esto bello es a causa de la apremiante necesidad(f), pues bello para el hombre el así estarse. ¿Ligado estás a mujer? No busques desligadura. ¿Desligado estás de mujer? No busques mujer. Y, aunque te hubieres casado, no pecaste; y si se hubiere casado una virgen, no pecó; pero tribulación por la carne(g) tendrán los tales; mas yo os perdono(h). Pero esto digo, hermanos: el tiempo breve es(i); sólo falta; que también los que tienen mujeres, como si no tuvieran, sean; y los que lloran, como si no lloraran; y los que gozan, como si no gozaran; y los que compran, como si no poseyeran; y los que usan de este mundo, como si no utilizaran; pues pasa la figura de este mundo; y quiero que vosotros insolícitos estéis. El soltero solicítase de las cosas del Señor: de cómo agradar al Señor; pero el casado solicítase de las cosas del mundo: de cómo agradar a la mujer; y dividido está. Y la mujer, la soltera, solicítase de las cosas del Señor, para ser santa, y de cuerpo y de espíritu; pero la casada solicítase de cómo agradar al marido. Pero esto para vuestra propia conveniencia digo; no para lazo echaros, sino para lo noble y asiduo para con el Señor indistraídamente. Pero, si alguno avergonzarse en su virgen cree(j), si fuere sobreadulta, y así debe hacerse(k), lo que quiera, haga; no peca: cásense. Y el que ha puesto en su corazón asentado(l), no teniendo necesidad, y potestad tiene de la propia voluntad(m); y esto ha juzgado en su corazón: guardar su virgen, bellamente hará. Así que también el que casa a su virgen, bellamente hará; y el que no casa, mejor hará. La mujer ligada está, por cuanto tiempo viviere su marido; pero, si durmiere el marido, libre es para con el que quiera, casarse; solamente en Señor. Pero más feliz es, si así permaneciere, según mi consejo; y creo yo también Espíritu de Dios tener. La cuestión en general Mas, acerca de lo sacrificado a ídolos, todos ciencia tenemos(a). La ciencia infla; y la caridad edifica. Si alguno piensa conocer algo, aún no ha conocido cómo debe conocer; pero, si alguno amare a Dios, éste es conocido por él. De la comida, pues, de lo sacrificado a ídolos, sabemos que nada es el ídolo en el mundo, y que ningún Dios, sino uno. Pues, aún cuando hay los que son llamados dioses(b), ora en el cielo, ora sobre la tierra (así como son dioses muchos y señores muchos); empero, para nosotros un Dios, el Padre, desde quien todas las cosas, y nosotros para él; y un Señor: Jesucristo; por quien todas las cosas, y nosotros por él. Empero no en todos, la ciencia(c); y algunos; con la conciencia, hasta ahora del ídolo, como sacrificado a ídolos comen; y su conciencia, débil siendo, mancíllase. Pero vianda no nos recomendará a Dios; ni, si comiéremos, abundamos; ni, si no comiéremos, empobrecemos. Pero, mirad, no sea que esta vuestra potestad(d) tropiezo se haga a los flacos. Pues si alguno viere al que tiene ciencia, en templo de ídolo recostarse ¿acaso la conciencia de él, flaca siendo, no se edificará(e) para lo sacrificado a ídolos comer? Pues perece el flaco en(f) tu creencia, el hermano por quien Cristo murió. Y, así, pecando contra los hermanos y percutiendo su conciencia flaca, contra Cristo pecáis. Por lo tanto, si comida escandaliza a mi hermano, no comeré, no, carne por el siglo, para no a mi hermano escandalizar. Humildad del apóstol Vindica sus derechos apostólicos ¿No soy libre(a)? ¿No soy apóstol? ¿Acaso a Jesús, nuestro Señor, no he visto? ¿No la obra mía vosotros sois en Señor? Si para otros no soy apóstol, empero al menos para vosotros soy; pues el sello de mi apostolado vosotros sois en Señor. Mi defensa para con los que me interrogan, es ésta. ¿Acaso no tenemos potestad de comer y beber? ¿Acaso no tenemos potestad de hermana mujer doquiera llevar; como también los demás apóstoles, y los hermanos del Señor y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos potestad de no trabajar? ¿Quién milita con propios estipendios jamás? ¿Quién cría viña, y su fruto no come? ¿Quién pastorea grey, y de la leche de la grey no come? ¿Acaso, según hombre, esto hablo? ¿O también la ley esto no dice? Pues en la de Moisés ley escrito está. Dt. 25,4. No amordazarás al buey trillando. ¿Acaso de los bueyes solicítase Dios? ¿o por nosotros del todo dice?(b) Pues por nosotros se escribió, porque debe en esperanza el que ara, arar; y el que trilla, en esperanza de disfrutar. Si nosotros os hemos lo espiritual sembrado ¿cosa grande, si nosotros de vosotros lo carnal segáremos? Si otros de vuestra potestad disfrutan ¿no más bien nosotros? Empero no hemos usado de esta potestad, sino que todo sufrimos, para no algún tropiezo dar al Evangelio del Cristo. ¿No sabéis que los que lo sagrado obran, del sagrario comen? ¿los que en el altar se asientan(c), del altar participan? Así también el Señor ordenó a los que el Evangelio evangelizando van, del Evangelio vivir; pero yo no he usado de nada de esto. Y no he escrito esto, para que así se haga en mí; pues bello para mí más bien morir que mi gloria nadie desvanezca. Pues, si evangelizare, no es para mí una gloria; pues necesidad me incumbe; que ¡ay de mí, si no evangelizare! Pues si de grado esto practico, galardón tengo: pero, si mal grado, dispensación me ha sido confiada(d). ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que, evangelizando, gratuito ponga el evangelio, para no usar de la potestad mía en el Evangelio. Pues, libre siendo, de todos a todos me he esclavizado, para los más(e) ganar; y heme hecho a los judíos como judío, para los judíos ganar; a los bajo ley, como bajo ley, no estando yo mismo bajo ley, para los bajo ley ganar; a los sin ley(f) como sin ley; y no siendo yo sin ley de Dios, sino con ley de Cristo, para ganar los sin ley; heme hecho a los flacos flaco, para los flacos ganar: a todos heme hecho todo, para todos salvar. Y todo hago por el Evangelio, para partícipe de él hacerme. ¿No sabéis que los que en estadio corren, todos por cierto corren, pero uno coge el premio? Así corred, para coger. Pero todo el que lucha, de todo se abstiene; aquéllos, a la verdad, para corruptible corona coger; pero nosotros, incorruptible. Yo, por tanto, así corro, como no ocultamente; así pugno, no como aire azotando(g); sino que acardenalo mi cuerpo y esclavizo; no sea que, habiendo a otros predicado, yo mismo réprobo me haga. Exhortaciones Nadie está seguro: el ejemplo de Israel Pues no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos bajo la nube estuvieron, y todos la mar pasaron; y todos en Moisés bautizados fueron en la nube y en el mar; y todos el mismo espiritual alimento comieron; y todos la misma espiritual bebieron bebida (pues bebían de la espiritual acompañante peña; mas la peña(a) era el Cristo); empero no en los más de ellos complacióse Dios; pues derribados fueron en el desierto. Y estas cosas figuras de nosotros fueron hechas, para no ser nosotros codiciosos de lo malo, según también aquéllos codiciaron. Ni idólatras os hagáis; al modo que algunos de ellos; así como escrito está: Nm. 25,1-9. Sentóse el pueblo a comer y beber; y levantóse a jugar(b). Ni forniquemos; al modo que algunos de ellos fornicaron, y cayeron un día veintitrés millares. Ni tentemos al Señor; al modo que algunos de ellos tentaron, y por las serpientes perecieron. Ni murmuréis; al modo que algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el exterminador. Y todo esto típicamente aconteció a aquéllos y escribióse para amonestación de nosotros; a quienes los fines de los siglos han llegado. Así que, el que cree estar en pie, mire no caiga. Tentación no os ha tomado sino humana(c); y fiel es Dios que no dejará seáis tentados sobre lo que podéis; sino que hará, con la tentación, también la salida, para que podáis soportar. Por lo tanto, amados míos, huid de la idolatría. Como a prudentes hablo: juzgad vosotros lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos ¿acaso no comunión es de la sangre del Cristo? El pan que partimos ¿acaso comunión del cuerpo del Cristo no es? Porque a un pan, un cuerpo los muchos somos; pues todos del un pan participamos. Mirad a Israel, según carne; ¿acaso los que comen las hostias, partícipes del altar no son? ¿Qué, pues, digo? ¿Que lo sacrificado a ídolos algo es? ¿O que un ídolo algo es? Empero porque, lo que inmolan las gentes, a demonios, y no a Dios inmolan; y no quiero que vosotros partícipes de los demonios os hagáis. No podéis cáliz del Señor beber, y cáliz de demonios; no podéis de mesa del Señor participar, y de mesa de demonios. ¿O celamos(d) al Señor? ¿Acaso más fuertes que él somos? Todo es lícito, empero no todo conviene; todo es lícito, empero no todo edifica. Nadie lo suyo busque, sino lo del otro. Todo lo que en carnicería se vende; comed, nada preguntando por la conciencia; pues del Señor, la tierra y la plenitud de ella. Si alguno os llama de los infieles, y queréis ir, todo lo presentado a vosotros, comed, nada preguntando por la conciencia. Mas, si alguno os dijere: «Esto es sacro inmolado», no comáis por aquél que ha advertido y la conciencia. Y conciencia digo, no ya suya, sino la del otro. Pues ¿por qué mi libertad es juzgada(e) por otra conciencia? Si yo con gracia(f) participo(g) ¿qué se me blasfema por lo que agradezco? Sea, pues, que comáis, sea que bebáis, sea que algo hagáis, todo a gloria de Dios haced. Inofensivos y a judíos haceos, y a helenos y a la Iglesia de Dios; según también yo por todo a todos complazco, no buscando lo a mí conveniente, sino lo a muchos, porque se salven. Imitadores míos haceos, así como también yo de Cristo. Y aláboos, porque en todo de mí os acordáis, y, según os he enseñado, las enseñanzas retenéis. Y quiero que sepáis que de todo varón la cabeza el Cristo es; y cabeza de mujer, el varón; y cabeza del Cristo, Dios. Todo varón orando o profetizando,(a) cubierta cabeza teniendo, afrenta su cabeza(b). Y toda mujer orando o profetizando, con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque, una cosa es y la misma que la raída. Pues, si no se cubre una mujer, también trasquílese; pero, si es feo para mujer el trasquilarse o raerse, cúbrase. Porque el varón ciertamente no ha de cubrirse la cabeza, imagen y gloria de Dios como él es; pero la mujer gloria de varón es. Que no viene varón de mujer, sino mujer, de varón; pues tampoco fue creado varón por causa de la mujer, sino mujer por causa del varón. Por esto debe la mujer potestad(c) tener sobre la cabeza, por(d) causa de los ángeles. Empero, ni mujer sin varón, ni varón sin mujer, en Señor; pues, así como la mujer, del varón, así también el varón, por la mujer; y todo(e), de Dios. En vosotros mismos juzgad: ¿decoroso es que mujer descubierta a Dios ore? Y la naturaleza misma ¿no os enseña que un varón por cierto, si se encabella, deshonra para él es; pero, una mujer, si se encabella, gloria para ella es? Porque el cabello por velo le ha sido dado. Pero, si alguno parece contencioso(f) ser —nosotros tal(g) costumbre no tenemos, ni la Iglesia de Dios. Pero esto preceptúo; no alabando que no para lo mejor, sino para lo peor os congregáis. Que lo primero, congregándoos en Iglesia; oigo que disensiones entre vosotros existen; y en parte creo. Porque es necesario hasta que herejías entre vosotros haya, para que aún los probados manifiestos se hagan entre vosotros. Congregándoos, pues, en uno, no hay domínica(h) cena comer; pues cada cual la propia cena antes toma, comiendo; y uno hambrea; otro embriágase(i). ¿Por ventura casas no tenéis para comer y beber? ¿O la Iglesia de Dios menospreciáis y avergonzáis a los que no tienen(j)? ¿Qué os diré? ¿Aláboos? en esto no alabo. Pues yo he recibido del Señor lo que también he trasmitido a vosotros: que el Señor Jesús en la noche que fue entregado, tomó pan, y, agradeciendo, partió y dijo: («Tomad, comed») «Este es mi cuerpo el por vosotros (entregado); esto haced en memoria mía.» Asimismo, también el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz, el Nuevo Testamento es en mi sangre; esto haced, cuantas veces bebiereis, en memoria mía». Pues, cuantas veces comiereis este pan y el cáliz bebiereis, la muerte del Señor anunciad, hasta que venga. Así que, quien comiere el pan y bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor. Pero pruébese el hombre a sí mismo; y así del pan coma y del cáliz beba; pues el que come y bebe indignamente, juicio para sí come y bebe, no discerniendo el cuerpo del Señor. Por esto entre vosotros, muchos débiles y enfermos, y duermen bastantes. Pero, si nos juzgáramos bien, no seríamos juzgados; mas, siendo juzgados, por el Señor somos enseñados, para que no con este mundo nos condenemos. Así que, hermanos míos, congregándoos a comer, unos a otros aguardaos. Si alguno hambrea, en casa coma, para que no a juicio os congreguéis. Pero lo demás, cuando yo viniere, dispondré. Naturaleza, fin y variedad de dones Y acerca de lo espiritual, hermanos, no quiero ignoréis. Sabéis que, cuando gentes erais, a los ídolos los mudos como conducidos erais, llevándoseos. Por lo cual os declaro que nadie en Espíritu de Dios hablando, dice: «¡Anatema Jesús(a)!»; y nadie puede decir: «¡Señor Jesús!» sino en Espíritu Santo. Y divisiones de carismas hay, pero, el mismo Espíritu; y divisiones de ministerios hay; y el mismo Señor; y divisiones de operaciones hay, y el mismo Dios el operante es, el todo en todos. Mas a cada cual ha sido dada la manifestación del Espíritu para provecho. Pues a uno por el Espíritu ha sido dada palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia, según el mismo Espíritu; a otro, fe en el mismo Espíritu; a otro, carismas de sanidades en el un Espíritu; a otro, operaciones de virtudes(b); a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas(c); pero particularmente todo esto obra el uno y el mismo Espíritu, dividiendo a cada cual, como quiere. Pues, al modo que el cuerpo uno es, y miembros muchos tiene; y todos los miembros del cuerpo, muchos siendo, cuerpo son uno; así también el Cristo. Pues también en un Espíritu nosotros todos para en un cuerpo hemos sido bautizados, sea judíos, sea helenos; sea siervos, sea libres; y a todos un Espíritu se nos ha dado a beber. Pues también el cuerpo no es un miembro, sino muchos. Si dijere el pie: «Porque no soy mano, no soy del cuerpo»; no por esto no es del cuerpo. Y, si dijere la oreja: «Porque no soy ojo, no soy del cuerpo»; no por esto no es del cuerpo. Si todo el cuerpo, ojo ¿dónde el oído? Si todo, oído ¿dónde el olfato? Pero ahora Dios ha puesto los miembros, uno a uno, en el cuerpo según ha querido. Que, si fuesen todos un miembro ¿dónde el cuerpo? Pero ahora, muchos miembros, y un cuerpo. Y no puede el ojo decir a la mano: «Necesidad de ti no tengo»; o, a su vez, la cabeza a los pies: «Necesidad de vosotros no tengo»; sino que mucho más los que parecen miembros del cuerpo más débiles(d) presentarse, necesarios son; y los que nos parecen más deshonrosos(e) ser del cuerpo, a éstos de honra más abundante rodeamos; y los indecorosos de nosotros, decoro más abundante tienen; pero los decorosos de nosotros necesidad(f) no tienen. Empero Dios ordenó el cuerpo, al que faltaba(g), honra dando más abundosa; para que no haya discordia en el cuerpo, sino que lo mismo unos de otros se soliciten los miembros. Y ora padezca un miembro, al par padecen todos los miembros; ora se glorifique un miembro, al par se gozan todos los miembros. Pero vosotros sois cuerpo de Cristo y miembros en parte(h). Y estos mismos ha puesto Dios en la Iglesia: primero, apóstoles; segundo, profetas; tercero, maestros; después, virtudes; después, carismas de sanidades; socorros(i), gobiernos(j), géneros de lenguas. ¿Acaso todo, apóstoles? ¿Acaso todos profetas? ¿Acaso todos maestros? ¿Acaso todos virtudes? ¿Acaso todos carismas tienen de sanidades? ¿Acaso todos lenguas hablan? ¿Acaso todos interpretan? Pero celad los carismas los mayores; y, aún: por excelencia camino os muestro(k): Excelencia de la caridad Si las lenguas de los hombres yo hablara y de los ángeles, pero caridad no tengo, he sido hecho bronce retumbante o címbalo estrepitoso. Y, si tengo profecía, y supiere los misterios todos y toda ciencia; y, si tengo toda la fe, hasta montes trasladar, pero caridad no tengo, nada soy. Y, si diere de comer con todos mis bienes; y si entregare mi cuerpo a ser quemado, pero caridad no tengo, nada aprovecho. La caridad longánima es, bondadosa es; la caridad no cela, no se jacta, no se infla; no avergüenza; no busca lo suyo; no se irrita; no piensa lo malo; no se goza en la injusticia; goza, empero, con la verdad; todo sufre, todo cree, todo espera; todo soporta. La caridad jamás cae(a); pero, sean profecías, anularánse; sean lenguas, cesarán, sea ciencia, anularáse. Pues en parte(b) conocemos y en parte profetizamos; pero, cuando viniere lo perfecto, lo en parte se anulará. Cuando yo era párvulo, hablaba, como párvulo; sentía, como párvulo; pensaba, como párvulo; cuando me he hecho hombre, he anulado lo del párvulo. Pues vemos ahora como por espejo, en enigma; pero entonces, faz a faz; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré así como también he sido conocido. Y ahora queda fe, esperanza, caridad: estas tres cosas; pero la mayor de éstas, la caridad. De algunos carismas, comunes a los fieles de los primeros siglos Profecía y don de lenguas Corred en pos de la caridad; y celad lo espiritual; pero más bien que profeticéis. Pues el que habla en lengua(a), no a hombres habla, sino a Dios; pues nadie oye, y en Espíritu habla misterios; pero el que profetiza(b), a hombres habla edificación, y exhortación y consolación. El que habla lengua, a sí mismo edifica; pero el que profetiza, a la Iglesia edifica. Y quiero que todos habléis lenguas; pero más que profeticéis; y mayor el que profetiza que el que habla con lenguas, a no ser que interprete, para que la Iglesia edificación reciba. Y ahora, hermanos, si yo fuere a vosotros lenguas hablando, ¿qué os aprovecharé, si no os hablare, o en revelación, o en ciencia, o en profecía o en doctrina? Aún lo inanimado que voz da, sea flauta sea cítara, si diferencia de sonido no diere —¿cómo se conocerá lo que se flautea o citariza? Pues y si desconocida voz una trompeta diere ¿quién se preparará a guerra? Así también vosotros, por la lengua si no clara palabra diereis ¿cómo se conocerá lo que se habla? Pues estaréis al aire hablando. Tantos, verbigracia, géneros de voces hay en el mundo, y ninguna es muda. Si, pues, no supiere yo la virtud de la voz, seré, para el que habla, un extranjero; y el que habla, en(c) mí, un extranjero. Así también vosotros, pues celadores sois de espíritus, para la edificación de la Iglesia buscad cómo abundéis. Por lo cual el que habla lengua, ore por que interprete. Si yo orare en lengua, mi espíritu(d) ora; pero mi mente infructuosa es. ¿Qué, pues, es? Oraré con el espíritu, y oraré también con la mente; salmearé con el espíritu; salmearé también con la mente. Puesto que, si bendijeres con el espíritu, el que ocupa el lugar del particular ¿cómo dirá el «amén» a tu agradecimiento?(e) pues qué dices no sabe; que tú por cierto bellamente agradeces; empero el otro no se edifica. Agradezco a Dios, que, más que todos vosotros, lenguas hablo; empero en la Iglesia quiero cinco palabras con mi mente hablar (para también a otros instruir) que(f) infinitas palabras en lengua. Hermanos, no párvulos os hagáis por el ánimo; empero, para la malicia, niñead; mas en el ánimo perfectos haceos. En la ley escrito está: que Is. 28, 11-12. en heteróglotas(g) y en labios de otros hablaré a este pueblo; y ni así escucharán, dice el Señor. Así que las lenguas para señal son, no a los creyentes, sino a los increyentes; y la profecía(h), no a los increyentes, sino a los creyentes. Si, pues, viniere la Iglesia toda en uno, y todos hablaren lenguas, y entraren los indoctos o infieles ¿no dirán que deliráis? Y, si todos profetizaren, y entrare un increyente o indocto, convencido es por todos, interrogado es por todos; lo oculto de su corazón manifiesto se hace, y así, cayendo de rostro, adorará a Dios, anunciando que realmente Dios en vosotros está. ¿Qué, pues, hay(i), hermanos? Cuando os congregáis, cada uno(j) salmo tiene, doctrina tiene, revelación tiene, lengua tiene, interpretación tiene; todo para edificación hágase. Si ya lengua alguien habla, de a dos o a lo más, tres(k), y por parte(l); y uno interprete; y, si no hubiere intérprete, calle en la Iglesia, y a sí mismo hable y a Dios. Y profetas dos o tres hablen, y los otros interroguen; y, si a otro se revelare(m) sentado, el primero calle. Pues podéis uno por uno todos profetizar, para que todos aprendan y todos exhortados sean. Y espíritus de profetas a profetas sométense(n); porque no es de tumulto Dios, sino de paz. Como en todas las Iglesias de los santos, las mujeres en las Iglesias callen; pues no les es permitido hablar; sino sométanse, según también la ley dice. Y, si algo aprender quieren, en casa a los propios maridos pregunten; pues feo para mujer, hablar en Iglesia. ¿O de vosotros la palabra de Dios ha salido, o a vosotros solos llegado? Si alguno parece profeta ser o espiritual, conozca lo que os escribo; porque del Señor es mandato. Pero si alguien desconoce, desconozca. Así que, hermanos, celad el profetizar; y hablar no impidáis en lenguas; y todo noblemente y según orden hágase. Argumento de la resurrección de Cristo Y os noto, hermanos, el Evangelio que os he evangelizado; que también recibisteis; en que también perseveráis; por el cual asimismo os salváis: con qué palabra heos evangelizado, si(a) retenéis; a no ser que en vano hayáis creído. Pues trasmitíos, entre lo primero; lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al día el tercero, según las Escrituras; y que apareció a Cefas; luego a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez; de los cuales los más quedan hasta ahora; pero algunos se han dormido. Después apareció a Santiago; luego a los apóstoles todos. Y, al último de todos, tal como si a un abortivo, apareció también a mí. Pues yo soy el más pequeño de los apóstoles; que no soy digno de llamarme apóstol; por esto: porque perseguí a la Iglesia de Dios; pero, por gracia de Dios, soy lo que soy; y su gracia, la para conmigo, no vana se hizo; sino que más que ellos todos heme fatigado; aunque no yo, sino la gracia de Dios conmigo. Ya, pues, yo, ya aquéllos, así predicamos, y así habéis creído. Pero, si Cristo es predicado que de muertos ha resucitado, ¿cómo dicen, entre vosotros, algunos que resurrección de muertos no hay? Pero, si resurrección de muertos no hay, ni Cristo ha resucitado; pero, si Cristo no ha resucitado, vana, por tanto, nuestra predicación; vana también vuestra fe; y somos hallados asimismo, falsos testigos de Dios: porque hemos testimoniado contra Dios: que resucitó al Cristo, a quien no resucitó; si ya, en verdad, los muertos no resucitan. Pues, si muertos no resucitan, ni Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vana vuestra fe es: aún estáis en vuestros pecados; por tanto también los que se han dormido en Cristo, han perecido. Si, en esta vida, en Cristo estamos esperando sólo, más lastimosos de todos los hombres somos. Pero, ahora Cristo ha resucitado de entre muertos, primicias de los dormidos. Porque, después que, por hombre, la muerte, también, por hombre, resurrección de muertos. Pues, así como en Adán todos mueren, así también en el Cristo todos serán vivificados; y cada cual en su propio orden: primicias Cristo; después, los del Cristo en la parusia(b) de él; luego el fin, cuando entregare el reino a Dios y Padre; cuando anulare todo principado, y toda potestad y virtud, Que necesario es que él reine, hasta que pusiere todos los enemigos bajo sus pies. Postrera enemiga anulada es la muerte. Pues todo ha sido sometido bajo los pies de él. Y, cuando dice: «Todo ha sido sometido», claro(c) que, fuera del que ha sometido a él todas las cosas; y, cuando sometiere a él todas las cosas; entonces el mismo Hijo se someterá al que ha sometido a él todas las cosas; para que sea Dios todo en todos. De no ¿qué harán los que se bautizan por los muertos(d)? Si, del todo, los muertos no resucitan ¿qué también se bautizan por ellos? ¿Qué también nosotros peligramos a toda hora? Cada día muero; sí, ¡por vuestra gloriación, hermanos; la que tengo en Cristo Jesús, nuestro Señor! Si, según(e) hombre, con fieras lidié en éfeso, ¿cuál para mí el provecho? Si muertos no resucitan, Is. 22,13 comamos y bebamos; que mañana morimos. No os descaminéis: corrompen costumbres buenas conversaciones malas. Recobraos justamente, y no pequéis; porque desconocimiento de Dios algunos tienen. Para confusión os hablo. Empero dirá alguno: «¿Cómo resucitan los muertos? ¿Y con qué cuerpo vienen? Insensato, tú lo que siembras no se vivifica, si no muriere; y lo que siembras, no el cuerpo, el que ha de nacer, siembras, sino desnudo grano, por ejemplo, de trigo o de algo de lo demás; y Dios dale cuerpo, según ha querido; y a cada una de las simientes, propio cuerpo. No toda carne la misma carne; sino una de hombres; otra, carne de bestias; otra, carne de volátiles; otra, de peces. Y cuerpos celestes, y cuerpos terrenos(f); empero, otra, por cierto, la de los celestes gloria, y otra, la de los terrenos. Otra, gloria de sol; y otra, gloria de luna; y otra, gloria de estrellas; que estrella de estrella difiere en gloria. Así también la resurrección de los muertos. Siémbrase en corrupción; levántase en incorruptibilidad: Siémbrase en deshonra; levántase en gloria; Siémbrase cuerpo anímico; levántase cuerpo espiritual. Si hay cuerpo anímico, hay también espiritual. Así también está escrito: «Hecho fue el primer hombre Adán, en alma viviente, el último Adán, en espíritu vivificante». Empero no primero lo espiritual, sino lo anímico; después, lo espiritual. El primer hombre, de tierra, lúteo; el segundo hombre, de cielo. Cual el lúteo, tales también los lúteos; y cual el celeste, tales también los celestes; y, según hemos llevado la imagen del lúteo, llevaremos también la imagen del celeste. Pero esto digo, hermanos, que carne y sangre, reino de Dios poseer no pueden, ni la corrupción la incorruptibilidad posee. He aquí misterio os digo: todos no dormiremos; todos, empero, nos transformaremos, en un momento, en un cerrar de ojo, en la postrera trompeta; pues trompeteará, y los muertos levantaránse incorruptibles, y nosotros(g) nos transformaremos. Que debe esto corruptible revestirse incorruptibilidad, y esto mortal revestirse inmortalidad. Y, cuando esto corruptible se revistiere incorruptibilidad, y esto mortal se revistiere inmortalidad, entonces haráse la palabra la escrita; Is. 25,8 Devorada fue la muerte en victoria. Os. 13,14. ¿Dónde, muerte, tu victoria? ¿Dónde, muerte, tu aguijón? Pero el aguijón de la muerte, el pecado(h), y el poder del pecado, la ley; Pero, a Dios gracias, al que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estables hacéos, inamovibles, abundando en la obra del Señor siempre; sabiendo que vuestra fatiga no es vana en el Señor. De las colectas Mas, acerca de la colecta, la para los santos así como he ordenado a las Iglesias de la Galacia; así también vosotros haced. En cada sábado(a) cada cual de vosotros consigo ponga, guardando lo que le pareciere, para que no, cuando yo vengo, entonces colectas se hagan. Y, cuando llegare, a los que probareis, por cartas a éstos enviaré a llevar vuestra gracia(b) a Jerusalén; y, si ello digno fuere de que yo también vaya, conmigo irán. Y vendré a vosotros, cuando Macedonia atravesare; pues Macedonia atravieso; y, con vosotros acaso permanezca o también inverne; para que vosotros me conduzcáis adonde yo fuere. Porque no quiero ahora veros de paso; pues espero algún tiempo quedarme con vosotros; si el Señor permitiere. Pero me quedaré en éfeso hasta Pentecostés; que puerta se me ha abierto grande y eficaz(c); y adversarios, muchos. Y si viniere Timoteo, mirad que inmedrosamente esté con vosotros; pues la obra del Señor obra él, como yo. Que nadie, pues, le menosprecie. Y conducidle en paz, para que venga a mí; pues aguárdole con los hermanos. Y, acerca de Apolos, el hermano, mucho le he rogado que venga a vosotros con los hermanos; pero de ningún modo ha tenido voluntad de venir ahora; pero irá, cuando le acomodare. Velad, estad firmes en la fe; viriles sed; esforzaos; todo lo vuestro en caridad hágase. Y ruégoos, hermanos (conocéis la casa de Estéfanas (y Fortunato y Acaico); porque es las primicias de la Acaya, y al ministerio de los santos se entregaron a sí mismos) que también vosotros os sometáis a los tales y a todo el que al par trabaja y se fatiga. Y gózome de la presencia de Estéfanas, y Fortunato y Acaico, porque vuestra falta éstos han suplido; pues han refrigerado mi espíritu y el vuestro. Conoced, pues, a los tales. Os saludan las Iglesias del Asia. Os saludan, en Señor, mucho áquila y Priscila, con la, de la casa de ellos, Iglesia. Os saludan los hermanos todos. Saludaos unos a otros en ósculo santo. El saludo, de mi mano: Pablo. Si alguno no ama al Señor, sea anatema. Maranatá(d). La gracia del Señor Jesús con vosotros. El amor mío con todos vosotros en Cristo Jesús. Amén. Salutación Pablo, apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios, la que está en Corinto, con los santos todos los que están en toda la Acaya: gracia a vosotros y paz, de Dios nuestro Padre y de Señor Jesucristo. ¡Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el padre de las misericordias y Dios de toda consolación; el que nos consuela en toda la tribulación nuestra, para poder nosotros consolar a los en toda tribulación, por la consolación que somos consolados nosotros mismos por Dios! Porque, así como abundan los padecimientos del Cristo en nosotros, así, por el Cristo, abunda también la consolación nuestra. Y, ora seamos atribulados,(a) por vuestra consolación y salud; ora seamos consolados,(b) por vuestra consolación; la que obra para paciencia de los mismos padecimientos que también nosotros padecemos. Y nuestra esperanza firme(c), de vosotros; sabiendo que, como compañeros sois de los padecimientos, así también de la consolación. Pues no queremos que ignoréis hermanos, acerca de la tribulación nuestra, la acaecida en el Asia: que con exceso, sobre fuerza, gravados fuimos, que desesperamos también del vivir, empero, nosotros mismos en nosotros la respuesta de la muerte(d) hemos tenido, para que, no confiados estemos en nosotros, sino en Dios, el que resucita los muertos; quien, de tamaña muerte nos ha librado y nos librará; en quien hemos esperado que aún librará; ayudándonos al par también vosotros por la plegaria; a fin de que el por causa de muchas personas a nosotros(e) carisma, por muchos se agradezca por nosotros. Que nuestra gloriación ésta es: el testimonio de nuestra conciencia de que en santidad y pureza de Dios, y no en sabiduría carnal, sino en gracia de Dios hemos conversado en el mundo; y mucho más con vosotros. Que no otras cosas os escribimos que lo que leéis o también conocéis. Y espero que hasta el fin conoceréis, según también nos habéis conocido en parte; porque gloria vuestra somos, al igual que también vosotros nuestra, en el día de nuestro Señor Jesús. Y con esta confianza quería yo primero a vosotros venir, para que segunda gracia tuvieseis; y, por vosotros atravesar a Macedonia, y de nuevo de Macedonia venir a vosotros, y por vosotros ser conducidos a la Judea. Esto, pues, queriendo ¿acaso de ligereza he usado? ¿O lo que quiero, según carne quiero, para que sea en mí el «Sí, sí» y el «No, no»? Y fiel Dios, que nuestra palabra la a vosotros no es «Sí» y «No». Pues de Dios, el Hijo, Jesucristo, él en vosotros por nosotros predicado, por mí, y Silvano y Timoteo, no se ha hecho «Sí» y «No», sino que «Sí» en él ha sido(f); Pues cuantas promesas(g) de Dios en él, el «Sí»; por lo cual también por él, el «Amén»(h); a Dios para gloria por(i) nosotros. Y el que nos confirma, con vosotros en Cristo, y nos unge: Dios; el que también os ha sellado, y dado las arras del Espíritu en vuestros corazones. Y yo por testigo a Dios invoco sobre mi alma: de que, lastimándome de vosotros, aún no he venido a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe; sino que colaboradores somos de vuestro gozo; que en la fe estáis firmes. Y he juzgado para mí mismo esto: el no de nuevo(a) en tristeza a vosotros ir. Pues, si yo os contristo —¿y quién el que me regocija, sino el que es contristado de mí? Y he escrito esto mismo para que, viniendo, no tenga tristeza (sobre tristeza) yo, de los que debía regocijarme, confiado en todos vosotros; porque mi gozo de todos vosotros es. Que de mucha tribulación y angustia de corazón, os escribí entre muchas lágrimas; no para que os contristaseis, sino el amor para que conocieseis que tengo sobrado a vosotros. Pero, si alguno ha contristado, no(b) a mí ha contristado, sino en parte (para no exagerar) a todos vosotros. Bastante al tal(c) el vituperio mismo, el de los más; para que, por el contrario, condonéis y consoléis, no sea que por la excesiva tristeza consumido sea el tal. Por lo que os ruego que confirméis, con él, caridad; pues, para esto; también escribí, para conocer vuestra probanza: si para todo obedientes sois. Y, a quien algo condonáis, también yo; que también yo, lo que he condonado, si algo he condonado, por vosotros a faz de Cristo(d); para que no seamos suplantados por Satanás; pues sus pensamientos no desconocemos. Y, viniendo a la Tróade al Evangelio del Cristo; y, puerta para mí abierta en Señor; no he tenido reposo para mi espíritu, por no hallar a Tito, mi hermano; sino que, despidiéndome de ellos, salí a Macedonia. Y ¡a Dios gracias, al que siempre nos da triunfar en el Cristo, y el olor de su conocimiento manifiesta por nosotros en todo lugar!, pues de Cristo buen olor somos, para Dios en los que se salvan y en los que perecen: a unos olor de muerte para muerte; a otros olor de vida para vida. Y, para esto(e) ¿quién bastante? Pues no somos como los muchos que adulteran la palabra de Dios, sino que, como en pureza, sino que, como delante de Dios, en Cristo, hablamos. ¿Empezamos de nuevo a recomendarnos? ¿O acaso necesitamos, como algunos, de comendaticias epístolas para vosotros o de vosotros? Nuestra epístola vosotros sois, inscrita en nuestros corazones, que es conocida y leída por todos los hombres; que os manifestáis que sois epístola de Cristo, suministrada por nosotros e inscrita no con tinta, sino con Espíritu de Dios viviente; no en placas lapídeas, sino en placas de corazón carnales. Y confianza tal tenemos, por el Cristo, para con Dios. No, porque, por nosotros mismos, capaces seamos de pensar algo de nosotros mismos; sino que nuestra capacidad de Dios(a); el que también nos ha capacitado ministros de Nuevo Testamento, no de letra, sino de espíritu; que la letra mata; pero el espíritu vivifica. Y, si el ministerio de la muerte(b) en letra, grabado en piedras, se convirtió en gloria, que no pudieron fijarse los hijos de Israel en la faz de Moisés, por la gloria de su faz, la que se anulaba; ¿cómo ya no más bien el ministerio del espíritu será en gloria? Pues, si el ministerio de la condenación gloria(c), mucho más abunda el ministerio de la justicia en gloria. A la verdad, no está glorificado lo glorificado en esta parte(d), a causa de la superante gloria. Pues, si lo que es anulado, por gloria(e), mucho más lo permanente, en gloria(f). Teniendo, pues, tal esperanza, de mucha libre habla usamos. Y no al igual que Moisés ponía velo sobre su faz, para que no miraran los hijos de Israel hasta el fin(g) de lo que era anulado. Empero petrificáronse los sentidos de ellos. Pues hasta el día de hoy, el mismo velo en la lección del Antiguo Testamento queda, no descubierto, porque en Cristo es anulado; empero, hasta hoy, cuando es leído Moisés, velo sobre el corazón de ellos yace. Pero, cuando se convirtiere a Señor, quitado es el velo. Mas el Señor el Espíritu es y donde el Espíritu de Señor, allí libertad(h). Y nosotros todos, a descubierta faz, la gloria de Señor especulando(i), en la misma imagen somos transformados, de gloria en gloria, como por Señor-Espíritu(j). Por esto, teniendo este ministerio, según se nos compadeció, no acobardamos. sino que hemos renunciado a lo oculto de la vergüenza(a), no caminando en artería, ni falseando la palabra de Dios, sino con manifestación de la verdad, recomendándonos a toda conciencia de hombres, a faz de Dios. Y, si también está velado nuestro evangelio; en los que perecen, está velado; en los que el Dios de este siglo ha cegado los sentidos de los increyentes, para que no (les) esplenda la iluminación del Evangelio de la gloria del Cristo; quien es imagen de Dios; pues, no a nosotros mismos predicamos, sino a Cristo Jesús, Señor, y a nosotros mismos siervos vuestros por Jesús: por el Dios que dijo: «De las tinieblas luz resplandezca»; el(b) que ha resplandecido en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios; en faz de Cristo. Pero tenemos este tesoro en barrizos vasos para que la supereminencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, siendo en todo atribulados, empero no angustiados; vacilando, empero no desesperando; perseguidos, empero no abandonados; postrados, empero no pereciendo; siempre la mortificación de Jesús en el cuerpo a doquier llevando; para que también la vida de Jesús en nuestro cuerpo se manifieste. Pues siempre nosotros los vivientes a la muerte entregados somos por Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en la mortal carne nuestra. Así que la muerte en nosotros obra, mas la vida en vosotros. Y, teniendo el mismo espíritu de fe, según lo escrito: «He creído; por lo cual he hablado»; también nosotros creemos; por lo cual también hablamos; sabiendo que el que resucitó a Jesús, asimismo a nosotros con Jesús resucitará y pondrá con vosotros. Pues todo por vosotros; para que la gracia, abundando por los muchos, el agradecimiento redunde para la gloria de Dios. Por lo cual no desmayamos, sino que, aunque nuestro exterior hombre se corrompe, empero el interior es renovado día a día. Pues lo, por hoy, leve de la tribulación; va, de demasía en demasía, un eterno peso de gloria obrándonos; no contemplando nosotros lo que se ve, sino lo que no se ve; que, lo que se ve, temporal; mas, lo que no se ve, eterno. Pues sabemos que, si la terrena casa nuestra(a) de pabellón, se deshiciere, edificación de Dios tenemos: casa no hechiza, eterna en los cielos. Y por esto también gemimos, nuestra habitación la del cielo sobrevestirnos ansiando; con tal que también vestidos, no desnudos fuéremos hallados(b). En verdad los que estamos en el pabellón, gemimos gravados, porque no queremos se nos desvista, sino sobrevista; a fin de que absorbido sea lo mortal por la vida. Y el que nos ha formado para esto mismo(c): Dios; el que nos ha dado las arras del Espíritu. Confiando, pues, siempre y sabiendo que, avecinándonos en el cuerpo, nos desavecinamos del Señor; (que, por(d) fe, caminamos, no por visión)(e); y confiamos, y nos complacemos más bien en desavecinarnos del cuerpo y avecinarnos al Señor, por lo cual también a honor tenemos, sea avecinándonos, sea desavecinándonos, aceptos serle(f). Pues todos nosotros comparecer debemos ante el tribunal del Cristo, para que reciba cada cual lo del cuerpo(g), según lo que ha hecho, sea bueno, sea malo. Sabiendo, pues, el temor del Señor, a los hombres persuadimos, y a Dios manifiestos estamos; mas, espero también en vuestras conciencias manifiestos estar. No otra vez nos recomendamos a vosotros, sino motivo dándoos de gloriación por nosotros, para que tengáis(h) contra los que de faz(i) se glorían, y no de corazón. Pues, si nos hemos arrobado, —para Dios; y si nos moderamos—, para vosotros; pues el amor del Cristo estréchanos; habiendo juzgado esto: que, si uno ha muerto por todos, luego todos han muerto, y por todos ha muerto, para que los vivientes ya no para sí vivan, sino para el que por ellos ha muerto y resucitado. Así que nosotros, desde ahora a nadie conocemos según carne(j); aunque hemos conocido según carne a Cristo, empero ahora ya no conocemos. Así que, si alguno en Cristo(k), nueva criatura: lo viejo ha pasado; he aquí se ha hecho nuevo todo. Y todo, de Dios(l), del que nos ha reconciliado consigo por Cristo y dádonos el ministerio de la reconciliación; como que Dios estaba en Cristo, el mundo reconciliando consigo, no imputándoles las caídas de ellos, y poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Por Cristo, pues, legados somos, como de Dios, que exhorta por medio de nosotros: rogamos por Cristo, reconciliaos con Dios. Al que no conocía pecado, por nosotros pecado hizo(m), para que nosotros nos hiciésemos justicia(n) de Dios en él. Y cooperadores, también exhortamos a que en vano la gracia de Dios no recibáis (pues dice:Is. 49,8 En tiempo acepto te he escuchado,y en día de salud ayudádote;he aquí ahora tiempo acepto; he aquí ahora día de salud); ninguna, en nada, dando ofensa, para que no se vitupere el ministerio; sino en todo recomendándonos como de Dios ministros, en paciencia mucha, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en golpes, en prisiones; en sediciones; en fatigas, en vigilias, en ayunos; en castidad, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en Espíritu Santo, en caridad infingida, en palabra de verdad, en virtud de Dios; por las armas de la justicia, las diestras y las siniestras(a); por gloria y deshonra, por infamia y buena fama; como seductores, y veraces; como desconocidos, y conocidos; como muriendo, y he aquí vivimos; como castigados, y no occisos; como entristecidos, y siempre gozando; como pobres, pero a muchos enriqueciendo; como nada teniendo, y todo poseyendo. Nuestra boca abierta está para vosotros, corintios; nuestro corazón dilatado está; no os angustiáis en nosotros(b), pero os angustiáis en vuestras entrañas; pero, al mismo galardón (como a hijos digo), dilataos también vosotros. No os hagáis diversamente enyugados(c) con infieles; pues ¿qué compañía a justicia e iniquidad? ¿o qué comunión a luz con tinieblas? ¿Y qué armonía de Cristo con Belial? ¿o qué parte a fiel con infiel? ¿Y qué convenio a templo de Dios con ídolos? Pues nosotros templo de Dios somos vivientes; según dijo Dios:que habitaré en ellos e iréme caminando en ellos;y seré su Dios; y ellos serán mi pueblo. Por lo cual salid de en medio de ellos,y separaos, dice Dios;y a cosa impura no adhiráis;y yo acogeréos; y seréos en padrey vosotros seréisme en hijos e hijas, diceSeñor Omnipotente. Explanaciones de la epístola 1ª Estas, pues, teniendo promesas, amados, purifiquémonos de toda mancha de carne y espíritu, consumando santificación en temor de Dios. Entendednos: a nadie hemos agraviado; a nadie, corrompido(a); a nadie, defraudado. Para condenación no digo; pues ya he dicho que en nuestros corazones estáis para el conmorir y convivir. Mucha mi confianza en vosotros; mucha mi gloria de vosotros: estoy lleno de consuelo; sobreabundo del gozo, en toda tribulación nuestra. En verdad, viniendo nosotros a Macedonia, ninguna ha tenido refrigeración la carne nuestra, sino en todo atribulados: fuera luchas, dentro temores. Empero el que consuela a los humildes, nos ha consolado: Dios, en la llegada de Tito; y no sólo en su llegada, sino también en la consolación que fue consolado entre vosotros, refiriéndonos vuestra ansia(b), vuestro lamento, vuestro celo por mí, tal que más me gocé. Pues, aunque os contristé en la epístola, no me pesa; y aunque me pesara, (veo que aquella epístola, aunque una hora, os contristó), ahora me gozo, no porque os contristasteis, sino porque os contristasteis para arrepentimiento; pues os habéis contristado según Dios, para que en nada seáis dañados de nosotros. Pues la, según Dios, tristeza arrepentimiento, para salud, impesarosa(c) obra; pero la del mundo tristeza muerte opera. Pues he aquí esto mismo: el, según Dios, contristarse ¡cuánta os ha operado solicitud! —empero defensa, empero indignación, empero temor, empero ansia, empero celo, empero vindicación(d). En todo os habéis probado puros ser en el negocio(e). Por tanto, aunque os escribí, no por causa del que injurió, empero, ni por causa del injuriado; empero por causa de que se manifestase vuestra solicitud la por nosotros entre vosotros, a faz de Dios; por esto hemos sido consolados. Y, en nuestra consolación, muchísimo más nos hemos gozado en el gozo de Tito, porque ha sido recreado su espíritu por todos vosotros; porque, si algo con él de vosotros me he gloriado, no he sido confundido; sino que, como todo en verdad os hablamos, así también la gloriación vuestra ante Tito verdad se ha hecho; y sus entrañas(f) más abundantemente con vosotros están; rememorando la de todos vosotros obediencia, cómo con temor y temblor le acogisteis. Gózome de que en todo confío en vosotros. Ejemplo de los macedonios Y os noticiamos, hermanos, la gracia de Dios la dada en las Iglesias de la Macedonia; porque en mucha prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y la, de profundidad(a), pobreza de ellos abundó en la riqueza de su simplicidad; porque, según sus fuerzas (atestiguo) y sobre sus fuerzas, espontáneos, con mucha instancia pidiéndonos la gracia y la participación(b) del ministerio(c) del para con los santos; y no, según hemos esperado(d), sino que a sí mismos diéronse primero al Señor, y(e) a nosotros por voluntad de Dios; de modo que hemos exhortado a Tito, para que, así como antes empezó, así también termine entre vosotros, también esta gracia. Empero, así como en todo abundáis fe, y palabra, y ciencia, y toda solicitud y el nuestro a vosotros amor, ¡que también en esta gracia abundéis! No según mandato digo, sino por la de otros solicitud, y lo noble de vuestro amor probando; (pues conocéis la gracia(f) de nuestro Señor Jesús, porque, por nosotros, se empobreció, rico siendo, para que vosotros, con la de aquél pobreza enriquecieseis). Y consejo en esto doy. Pues esto os aprovecha, los que no sólo en el hacer, sino también en el querer(g) habéis adelantado, desde el año anterior. Pero, ahora ya también el hacer terminad a fin de que, al igual que la propensión del querer, así también(h) el terminar del tener. Pues, si la propensión existe, según lo que tuviere, acepta(i), no, según lo que no tiene(j). Pues no, para que a otros refrigerio, a vosotros tribulación,(k) sino que según igualdad. En el tiempo de ahora vuestra abundancia para la de aquéllos indigencia; a fin de que también la de aquéllos abundancia(l) se haga para vuestra indigencia; para que se haga igualdad; según está escrito(m): Ex. 16,18. El que lo mucho, no abundó, y el que lo poco, no minoró. Pero, gracias a Dios al que da la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito; porque ciertamente la exhortación acogió; pero, más solícito hallándose, espontáneo salió a vosotros. Y hemos enviado al par con él al hermano cuya alabanza en el evangelio por todas las Iglesias; (y no sólo, sino también elegido por las Iglesias coperegrino mío en esta gracia(n) la que es administrada por nosotros para la del Señor gloria y(o) propensión nuestra); evitando esto: que nadie nos vitupere en esta abundancia(p) la administrada por nosotros; pues proveemos lo bello, no sólo a faz de Señor, sino también a faz de hombre. Y hemos enviado con ellos a nuestro hermano; a quien hemos probado que en muchas cosas muchas veces solícito es, pero ahora mucho más solícito, con confianza mucha la en vosotros; sea cuanto a Tito, compañero mío y para con vosotros, coadjutor; sean(q) nuestros hermanos, legados de Iglesias, gloria de Cristo; ¡la demostración, pues(r), del amor vuestro y la gloriación nuestra por vosotros, para con ellos mostrando, a faz de las Iglesias! De la limosna Pues ciertamente acerca del ministerio del para con los santos, demás para mí está el escribiros; pues sé la propensión vuestra, por la cual, de vosotros, me glorío ante los macédones, pues Acaya prevenida está desde el año pasado, y vuestro celo ha incitado a muchísimos. Y he enviado los hermanos, para que nuestra gloriación, la por vosotros, no se desvanezca en esta parte; para que, así como decía yo, prevenidos estéis; no sea que, cuando vinieren conmigo macédones y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros (por no decir: vosotros por esta circunstancia. Necesario, pues, he estimado exhortar a los hermanos, a antes venir a vosotros y prevenir que esta antes prometida bendición vuestra preparada esté, así como bendición(a), y no como avaricia. Pero esto(b): el que siembra parcamente, parcamente también segará, y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará. Cada cual según ha propuesto en su corazón, no con tristeza o por necesidad. Pues al alegre dador ama Dios. Pero puede Dios toda gracia colmar en vosotros, para que en todo siempre toda suficiencia teniendo, abundéis en toda obra buena; según está escrito:Sl. 112,9. Desparramó, dio a los pobres;su justicia permanece por el siglo. Pero el que suministra simiente al que siembra, también pan para comida suministrará, y multiplicará la simiente vuestra y acrecentará los gérmenes de vuestra justicia; en todo enriquecidos para toda simplicidad(c); la cual obra por nosotros agradecimiento de Dios(d). porque el ministerio de este servicio(e) no sólo está supliendo las faltas de los santos, sino también abundando en muchos agradecimientos a Dios; y por la probación de este ministerio glorificando a Dios, en la obediencia de vuestra confesión(f) para con el Evangelio del Cristo, y la simplicidad de la contribución para con ellos y para con todos; y con su plegaria por vosotros, deseándoos(g), por la eminente gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su inenarrable don! Potestad Y yo mismo: Pablo, exhórtoos, por la mansedumbre y clemencia del Cristo; quien, de rostro por cierto humilde entre vosotros; pero ausente, osado soy con vosotros; y ruego que no, presente sea(a) yo osado por la confianza que se cree soy osado con algunos que creen que nosotros, como según carne, caminamos. Pues, en carne caminando, no según carne militamos; (pues las armas de nuestra milicia, no carnales, sino poderosas con Dios para derribamiento de fortificaciones); razones derribando y todo baluarte que se alza contra la ciencia de Dios, y aprisionando todo entendimiento en obediencia del Cristo; y prontos estando a castigar toda desobediencia, cuando cumplida fuere vuestra obediencia. Lo según apariencia(b) mirad. Si alguno parece estar fiado de sí mismo en que de Cristo es, esto considere otra vez consigo mismo: que, según él de Cristo, así también nosotros. Pues, aunque algo más me gloriara de la potestad nuestra, que ha dado el Señor para edificación, y no para destrucción vuestra, no me avergonzaría. Para no parecer yo como espantándoos por las epístolas—. Porque «Las epístolas por cierto, dicen, graves y fuertes; pero la presencia del cuerpo flaca, y la palabra, despreciable». Esto considere el tal: que cuales somos, con la palabra, por epístolas, ausentes, tales también presentes con la obra. pues no osamos equiparar o compararnos con algunos que a sí mismos se recomiendan. Empero ellos en sí mismos midiéndose y comparándose consigo mismos, no entienden(c); pero nosotros no hasta lo desmedido nos gloriaremos, sino según la medida de la regla que nos distribuyó Dios: medida(d) de alcanzar también hasta vosotros. Pues no, cual no alcanzando hasta vosotros, nos hemos sobreextendido(e); pues hasta también a vosotros hemos llegado en el Evangelio del Cristo; no hasta lo desmedido gloriándonos en ajenos trabajos; y, esperanza teniendo, creciendo vuestra fe, de ser, en vosotros, magnificados, según nuestra designación, en abundancia, para aquello(f) de más allá de vosotros evangelizar, no en ajena designación, en lo preparado(g), gloriarnos. Mas el que se gloría, en Señor gloríese; pues no el que a sí mismo recomienda, aquél es aprobado, sino el que el Señor recomienda. Gloríase de su integridad Ojalá supieseis algún poco de la insipiencia mía(a); —empero, también sufridme. Pues céloos con de Dios celo; que os he concertado a un varón virgen pura presentar: al Cristo; pues temo no sea que, como la serpiente engañó a Eva en su astucia, se corrompan vuestros pensamientos de la simplicidad y pureza la para con Cristo. Pues ciertamente, si el que viene, a otro Jesús predica que no hemos predicado; u otro espíritu recibís que no habéis recibido, o evangelio otro que no habéis recibido, bellamente sufrís(b). Pues estimo en nada haberme quedado atrás de los muy grandemente apóstoles(c). Mas, aunque indocto en la palabra, empero no en la ciencia; sino que en todo habiéndonos manifestado en todas las cosas a vosotros. ¿O pecado he hecho humillándome para que vosotros fueseis exaltados, porque gratuitamente el de Dios Evangelio os he evangelizado? Otras Iglesias he despojado tomando estipendio para vuestro servicio; y, presente entre vosotros y necesitado, no he molestado a nadie; (pues la necesidad mía fueron llenando los hermanos, viniendo de Macedonia) y en todo ingravoso heme a vosotros guardado y guardaré. Está la verdad de Cristo en mí: de que esta gloriación no será obstruida para conmigo en las regiones de la Acaya. ¿Por qué? ¿porque no os amo? ¡Dios sabe! Mas, lo que hago, también haré, para cortar la ocasión de los que quieren ocasión(d), para, en lo que se glorían, hallarse, así como también nosotros. Pues los tales, pseudoapóstoles(e) obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo. Y no(f) maravilla; que el mismo Satanás transfigúrase en ángel de luz. No cosa grande, por tanto, sino también sus ministros se transfiguran cual ministros de justicia; cuyo fin será según las obras de ellos. Otra vez digo: que nadie crea ser yo insipiente; pero, de no(g), también como a insipiente recibidme, para también yo algún tanto gloriarme. Lo que hablo, no según Señor hablo, sino como en insipiencia(h): en esta materia de gloriación. Puesto que muchos se glorían según la carne; también yo me gloriaré(i). Pues de grado sufrís a los insipientes, sabios siendo vosotros; pues sufrís, si alguno os esclaviza; si alguno devora; si alguno coge; si alguno se yergue; si alguno de rostro os desgarra(j). Por afrenta digo, como si nosotros hubiésemos flaqueado; pero en lo que alguno es osado(k) (en insipiencia digo) osado soy también yo. ¿Hebreos son? También yo. ¿Israelitas son? También yo. ¿Simiente de Abrahán son? También yo. ¿Ministros de Cristo son? (desatinando hablo): más(l) yo: en trabajos más abundantemente, en prisiones más abundantemente; en golpes desmedidamente; en muertes a menudo. De judíos cinco veces cuarenta(m), menos uno, he recibido; tres veces he sido apaleado, una vez lapidado, tres veces he naufragado, una noche y día en el piélago(n) he pasado; viajes(o) a menudo, peligros de ríos, peligros de bandoleros, peligros de linaje(p), peligros de gentes, peligros en ciudad, peligros en páramo, peligros en mar, peligros en pseudohermanos, trabajo y miseria; en vigilias a menudo, en hambre y sed, en ayunos a menudo, en frío y desnudez. Fuera de lo demás: el concurso a mí el cotidiano, la solicitud de todas las Iglesias. ¿Quién enferma, y no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me abraso? Si gloriarse es menester, de lo de mi flaqueza gloriaréme. El Dios y Padre del Señor Jesús sabe —el que es bendito por los siglos— que no miento. En Damasco el etnarca(q) de Aretas, el rey guardaba, la ciudad de los damascenos para prenderme; Y, por ventana, en espuerta, descolgóseme por el muro, y escapé de sus manos. Visiones y revelaciones ¿Gloriarse hay? No conviene ciertamente; pero vendré también a las visiones y revelaciones de Señor. Conozco a un hombre en Cristo, ha catorce años, (si en cuerpo, no sé; si fuera del cuerpo, no sé: Dios sabe) —arrebatado el tal hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en cuerpo, si fuera del cuerpo, Dios sabe). que fue arrebatado al paraíso, y oyó inefables palabras, que no es lícito a hombre hablar; De este tal(a) me gloriaré; pero de mí mismo no me gloriaré, sino en mis flaquezas. Pues si quisiera gloriarme, no sería insipiente; que verdad diría; pero absténgome, para que nadie me estime en más de lo que me ve u oye de mí; y por el exceso de las revelaciones. Por lo cual, para que no me sobreexalte, se me ha dado aguijón a la carne:(b) ángel de Satanás, para que me abofetee, para que no me sobreexalte. Por esto tres veces al Señor he rogado que se retirase de mí. Y me ha dicho: «Bástate mi gracia; que el poder en flaqueza se perfecciona». Muy a placer, pues, más bien me gloriaré en mis flaquezas, para que se empabellone en mí el poder del Cristo. Por lo cual me complazco en flaquezas, en ultrajes, en necesidades, en persecuciones, y angustias por Cristo; pues, cuando flaqueo, entonces potente soy. Heme hecho insipiente: vosotros habéisme obligado. Pues yo debí de vosotros ser recomendado; pues en nada heme quedado atrás de los muy grandemente apóstoles; —aunque nada soy. Sin embargo las señales del apóstol obradas han sido en vosotros, en toda paciencia; y señales, y prodigios y virtudes. Pues ¿qué es en lo que habéis sido inferiores(c) a las demás Iglesias, sino que yo mismo no os he molestado? Perdonadme esta injuria. He aquí esta la tercera vez que prevenido estoy para venir a vosotros; y no importunaré; pues no busco lo vuestro, sino a vosotros; que no deben los hijos para los padres atesorar, sino los padres para los hijos. Y yo muy a placer gastaré, y sobregastaré por vuestras almas; aunque, más amándoos, sea yo menos amado. Pero sea; yo no os he molestado; mas como soy industrioso, por engaño os he cogido(d). ¿Acaso a alguno de los que he enviado a vosotros— por medio de él os he defraudado? He rogado a Tito, y enviado con él al hermano. ¿Acaso os ha defraudado Tito? ¿No hemos en el mismo espíritu caminado? ¿No, en las mismas huellas? ¿Aún pensáis que ante vosotros nos excusamos? Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo, amados, por vuestra edificación. Pues temo no sea que, viniendo, no cuales quiero, os halle y yo sea hallado por vosotros cual no queréis; no sea que(e) contienda, celo, animosidades, disensiones, detracciones, susurraciones, inflaciones, sediciones. Para que de nuevo viniendo yo, no me humille mi Dios ante vosotros, y llore yo a muchos de los que antes han pecado y no se han arrepentido de la impureza, y ramería, y libertinaje que han hecho. Vendrá como juez Tercera esta vez vengo a vosotros. En boca de dos testigos o tres se establecerá toda palabra. He predicho y predigo (como presente la segunda vez,(a) y ausente ahora) a los que antes han pecado y a los demás todos: que si yo viniere de nuevo, no perdonaré. Puesto que prueba buscáis del que en mí habla: Cristo; quien para con vosotros no flaquea, sino que es potente en vosotros. Pues también crucificado fue por flaqueza; pero vive por potencia de Dios; pues también nosotros flaqueamos con él; pero viviremos con él por potencia de Dios para con vosotros. A vosotros mismos tentad si estáis en la fe; a vosotros mismos probad. ¿O no os reconocéis: que Jesucristo en vosotros? ¡si ya no sois reprobados! Mas espero que conozcáis que nosotros no somos reprobados. Y rogamos a Dios que no hagáis malo nada; no, para que nosotros probados aparezcamos, sino para que vosotros lo bello hagáis, y nosotros como reprobados seamos. Pues no podemos cosa alguna contra la verdad(b), sino por la verdad. Pues nos gozamos, cuando nosotros flaqueamos, y vosotros potentes sois; esto también rogamos: vuestra consumación(c). Por esto, esto ausente, escribo, para que, presente, no proceda yo, según la potestad que el Señor me ha dado, para edificación, y no para destrucción. Por lo demás, hermanos, gozaos, consumaos, consolaos, lo mismo sentid, paz tened; y el Dios de la caridad y paz será con vosotros. Saludaos en santo ósculo. (13:12) Os saludan los santos todos. (13:13) La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios y la comunicación del Santo Espíritu con todos vosotros. Pablo, apóstol, no de parte de hombres(a), ni por hombre, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de muertos; y los conmigo todos hermanos, a las Iglesias de la Galacia: Gracia a vosotros y paz de Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo; el que se dio por nuestros pecados, a fin de sacarnos del siglo, del presente, malo, según la voluntad de Dios y Padre nuestro; a quien la gloria por los siglos de los siglos: Amén. Admírome de que tan pronto os paséis del que os llamó en gracia de Cristo, a otro evangelio; que no es otro, sino algunos son los que os perturban y quieren trastornar el Evangelio del Cristo. Empero, aunque nosotros o un ángel del cielo os evangelizare fuera de lo que os hemos evangelizado, anatema sea. Como antes hemos dicho, ahora de nuevo digo: si alguno os evangelizare fuera de lo que habéis recibido, anatema sea. Pues ahora ¿a hombres persuado o a Dios? ¿O busco a hombres agradar? Si todavía a hombres agradara, de Cristo siervo no sería. Pues os noticio, hermanos, el Evangelio, el evangelizado por mí: que no es según hombre; pues, ni yo de hombre lo he recibido ni aprendido, sino por revelación de Jesucristo. Pues habéis oído mi conversación un día en el judaísmo: que en exceso perseguía la Iglesia de Dios y devastábala; y sobrepasaba en el judaísmo a muchos coetáneos en mi linaje, sobremanera celador siendo de las paternas mías tradiciones. Mas, cuando plugo al que me segregó, del vientre de mi madre, y llamó por su gracia, para revelar a su Hijo en mí, para que yo le evangelizara en las gentes; al punto no me confié a carne o sangre; ni me fui a Jerusalén, a los antes que yo apóstoles, sino que me fui a Arabia y de nuevo retorné a Damasco. Tras de esto, después de años tres, vine a Jerusalén, a ver a Cefas, y quedéme con él días quince; pero a otro de los apóstoles no vi, sino a Santiago, el hermano del Señor. Y lo que os escribo, he aquí, a faz de Dios, que no miento. Tras de esto, vine a las regiones de la Siria y la Cilicia. Pero era yo desconocido de rostro para las Iglesias de la Judea, las en Cristo; y sólo oyendo estaban: que «el que nos perseguía un tiempo, ahora evangeliza la fe que un tiempo devastaba»; y glorificaban en mí a Dios. Pablo en el concilio de Jerusalén Tras de esto, después de catorce años, de nuevo subí a Jerusalén con Bernabé, llevando juntamente también a Tito; y subí, según revelación, y expúseles el evangelio que predico en las gentes, y, aparte, a los estimados(a), para no en vano correr o haber corrido(b). Empero, ni Tito conmigo, heleno siendo, obligado fue a circuncidarse; y(c) por los subintroducidos pseudohermanos; los cuales se subintrodujeron a espiar la libertad nuestra, que tenemos en Cristo Jesús, para esclavizarnos ellos; a quienes ni por una hora cedimos con sujeción; a fin de que la verdad del Evangelio permaneciera con vosotros. Pero, de los que estimaban ser algo (cuáles antes fueran, nada me importa: rostro Dios de hombre no acepta) —pues a mí los estimados nada me han añadido(d); sino que, lo contrario: viendo ellos que me había sido confiado el evangelio del prepucio, así a como a Pedro, de la circuncisión; (pues el que obró por Pedro(e), para apostolado de la circuncisión, obró también por mí para las gentes) y conociendo la gracia la dada a mí, Santiago, y Cefas y Juan, que son estimados columnas ser, diestras dieron a mí y a Bernabé, de compañía, para que nosotros(f), a las gentes, y ellos, a la circuncisión; sólo de los pobres que nos acordásemos, lo que también me he empeñado esto mismo en hacer. Y, cuando vino Cefas a Antioquía, a faz le resistí, porque reprensible era. Pues, antes de venir algunos(g), de Santiago, con las gentes comía; pero, cuando vinieron sustraía y separábase, temiendo a los de circuncisión. Y disimularon con él los demás judíos, tal que también Bernabé fue al par arrastrado a la disimulación de ellos. Empero, cuando vi que no con recto pie andaban, según la verdad(h) del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: «Si tú, judío como eres, gentílica(i), y no ya judaicamente vives ¿cómo las gentes obligas a judaizar?» Nosotros por naturaleza judíos(j), y no de entre gentes pecadores(k); y, sabiendo que no se justifica el hombre por obras de ley, sino por la fe de Cristo Jesús, también nosotros en Jesucristo hemos creído, para ser justificados por fe de Cristo, y no obras de ley; porque, por obras de ley, no será justificada toda carne. Y, si, buscando justificarnos en Cristo, hemos sido hallados también nosotros mismos pecadores ¿acaso Cristo, de pecado ministro(l)? ¡No sea! pues, si lo que he deshecho, esto de nuevo edifico, transgresor me constituyo. Que yo, por ley, a ley he muerto, para a Dios vivir. Con Cristo he sido crucificado; y vivo, no ya yo, pero vive en mí Cristo; y lo que ahora vivo en carne, en fe vivo la de Dios y Cristo; el que me amó y se entregó por mí. No desecho la gracia de Dios; pues, si por ley, justicia, luego en vano murió. ¡Oh insensatos gálatas!, ¿quién os ha fascinado, (para no obedecer a la verdad) ante cuyos ojos Jesucristo ha sido descrito crucificado(a)? Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿por obras de ley el Espíritu habéis recibido o por oído de fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por espíritu ¿ahora por carne termináis? ¿Tamañas cosas habéis padecido en vano? ¡Ojalá que sólo en vano!— Quien, pues, os concede el Espíritu y obra virtudes en vosotros, ¿por obras de ley o por oída de fe? Así como Abrahán, Gen. 15,6, creyó a Dios, e imputósele a justicia. Sabed, pues, que los por fe, éstos hijos son de Abrahán. Pues, previendo la Escritura que, por fe justifica las gentes de Dios, prenunció a Abrahán: Gen. 12,3 que benditas serán en ti todas las gentes. Así que los de fe, benditos son con el fiel Abrahán. Pues, cuantos de obras de ley son, bajo maldición están. Pues escrito está: que maldito todo el que no permanece en todo lo escrito en el libro de la ley, para hacerlo. Y, que en ley nadie es justificado ante Dios, claro(b); porque el justo de fe vivirá; pero la ley no es de fe, sino el que lo(c) hiciere, vivirá en ello. Cristo nos rescató de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; pues escrito está que: Dt. 21,23. maldito todo el suspendido de leño; a fin de que para las gentes la bendición de Abrahán se hiciera en Jesucristo; a fin de que la promesa del Espíritu recibamos por la fe. Hermanos, según hombre(d) digo. Sin embargo, de hombre(e) un sancionado testamento, nadie invalida o sobreañade. Pero a Abrahán dichas fueron las promesas y a la simiente de él. No dice: «Y a las simientes», como(f) de muchos, sino como de uno: «Y a tu simiente; el que es Cristo. Y esto digo: testamento antes sancionado por Dios, la después de cuatrocientos y treinta años hecha ley, no deroga, para anular la promesa. Pues, si de ley la herencia, ya no de promesa; pero a Abrahán, por promesa, ha agraciado Dios. ¿Qué, pues, la ley? Por causa de las transgresiones(g) fue añadida,(h) hasta que viniese la simiente a quien se había prometido(i), establecida por ángeles en mano de mediador(j). Pero el mediador de uno no es, y Dios uno es(k). ¿La ley, pues, contra las promesas de Dios? ¡No sea! Pues, si se hubiera dado ley, la que pudiese vivificar, realmente en ley fuera la justicia. Empero ha encerrado(l) a la vez la escritura todo bajo pecado, para que la promesa de fe de Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero, antes de venir la fe, bajo ley se nos guardaba encerrados para la venidera fe por revelar. Así que la ley, ayo hízose hacia Cristo, para que por fe fuésemos justificados. Pero, venida la fe, ya no bajo ayo estamos. Pues todos hijos de Dios sois por la fe en Cristo Jesús. Que, cuantos en Cristo habéis sido bautizados, de Cristo os habéis revestido. No hay en él judío ni heleno; no hay en él siervo ni libre; no hay en él macho ni hembra; que todos vosotros uno sois en Cristo Jesús. Y, si vosotros de Cristo, luego de la de Abrahán simiente sois, según promesa herederos. Pero digo: cuanto tiempo el heredero párvulo es, en nada difiere de siervo, señor de todo siendo; sino que bajo tutores está y curadores hasta el día prefijado, el del padre. Así también nosotros, cuando éramos párvulos bajo los elementos(a) del mundo, estábamos esclavizados; pero, cuando vino la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, hecho de mujer, hecho bajo ley; para que los bajo ley redimiese; para que la filiación recibiésemos. Y, porque sois hijos, envió el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones, el que clama: «Abbá, el Padre». Así que ya no eres siervo, sino hijo; y, si hijo, también heredero por Dios. Empero entonces por cierto no conociendo a Dios, servisteis a los que, por naturaleza, no eran dioses; pero ahora, conociendo a Dios, y más bien: siendo conocidos(b) por Dios ¿cómo retornáis de nuevo a los flacos y pobres rudimentos, a que otra vez, de nuevo, servir queréis? Días observáis, y meses, y tiempos y años. Temo, por vosotros, no sea que en vano haya trabajado yo por vosotros. Haceos como yo, porque también yo(c), como vosotros hermanos, ruégoos. Nada me habéis agraviado: pero sabéis que, en medio de flaqueza de la carne, evangelicéos primeramente; y la tentación(d) vuestra en mi carne; no menospreciasteis ni abominasteis; sino que, cual a un ángel de Dios me recibisteis, cual a Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, vuestra felicidad(e)? Pues os atestiguo que, si posible, vuestros ojos sacando, me hubierais dado. ¿Así que enemigo vuestro me he hecho, la verdad diciendo? Os celan no bellamente, sino excluiros(f) quieren, para que a ellos celéis. Y bello, ser celado en lo bueno siempre, y no sólo, estando yo con vosotros, hijos míos; por quienes de nuevo dolores puerperales tengo, que se forme Cristo en vosotros. Y querría yo estar con vosotros ya y cambiar mi voz(g) porque vacilo cuanto(h) a vosotros. Decidme, los que bajo ley queréis estar: ¿la ley no oís? Pues escrito está que Abrahán dos hijos tuvo: uno de la sierva y uno de la libre. Empero el de la sierva según carne nació; pero el de la libre, por la promesa. Lo que es alegórico. Que éstos son dos testamentos: el uno ciertamente del monte Sinaí, para servidumbre engendrado, cual es Agar(i). (y Agar, el Sinaí monte, es en Arabia), y confina con la actual Jerusalén (pues sirve con los hijos suyos); pero la superior Jerusalén libre es; la que es nuestra madre; pues escrito está:Is. 54,1. Regocíjate, estéril, la que no pares;alborózate y clama la sin dolor puerperal:pues muchos, los hijos de la abandonada,que de la que tiene marido. Y vosotros, hermanos, según Isaac, de la promesa hijos sois. Empero, así como entonces el según carne nacido perseguía al según espíritu; así también ahora. Empero ¿qué dice la Escritura?: Gn. 21,10 «Arroja fuera a la sierva y a su hijo; pues no heredará el hijo de la sierva con el hijo de la libre». Por lo cual, hermanos, no somos de sierva hijos, sino de la libre. En la libertad, pues, con que Cristo nos ha libertado, afirmaos; y no de nuevo seáis a yugo de servidumbre sujetos. He aquí yo, Pablo, dígoos que, si os circuncidáis, Cristo a vosotros nada aprovechará; y testifico de nuevo a todo hombre que se circuncida; que deudor es de toda la ley hacer. Estáis borrados de Cristo, los que en ley sois justificados: de la gracia habéis caído. Pues nosotros, por Espíritu, por fe, esperanza de justicia aguardamos; pues en Cristo, ni circuncisión algo vale, ni prepucio, sino fe, por caridad obrando. Corríais bellamente; ¿qué os estorbó de la verdad no persuadiros? La persuasión(a) no del que os llama. Pequeña levadura toda la masa leuda. Yo confío en vosotros que ninguna otra cosa habéis de sentir; pero el que os perturba, llevará el juicio, quienquiera que él fuere. Y yo, hermanos, si la circuncisión todavía predico ¿por qué todavía soy perseguido? luego ha cesado el escándalo de la cruz(b). Ojalá también cortados fuesen los que os conturban. Pues vosotros a libertad habéis sido llamados, hermanos; sólo que no(c) la libertad en ocasión a la carne; empero por la caridad servíos unos a otros. Pues toda la ley en una palabra cumplida está: en la de: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero, si unos a otros mordéis y devoráis, mirad no seáis unos de otros consumidos(d). Y digo: en espíritu caminad, y concupiscencia de carne no satisfagáis, no. Pues la carne codicia contra el espíritu, y el espíritu contra la carne; pues éstos entre sí se oponen; para que, no lo que queráis, esto hagáis. Pero, si de espíritu sois llevados, no estáis bajo ley: Que manifiestas son las obras de la carne; las que son: ramería, inmundicia, libertinaje; idolatría, hechicería(e), enemistades, contienda, celo, iras, riñas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, ebriedades, bacanales y lo semejante a esto; lo cual os declaro, según antes he dicho: que los que lo tal hacen; reino de Dios no heredarán. Pero el fruto del espíritu es: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia, (temperancia, castidad). Contra las cuales cosas no es la ley. Pero los de Cristo Jesús, la carne han crucificado con las pasiones y las concupiscencias. Si vivimos de espíritu, en espíritu también andemos. No nos hagamos vanagloriosos, unos a otros irritando; unos a otros envidiando. Admoniciones varias Hermanos, aunque sorprendido fuere un hombre en alguna caída, vosotros los espirituales, restituid al tal en espíritu de mansedumbre; mirándote a ti mismo, porque no también tú seas tentado. Unos de otros las cargas sobrellevad, y así cumpliréis la ley de Cristo. Pues, si cree alguno ser algo, nada siendo, engáñase a sí mismo; y su obra examine; y entonces de sí mismo solamente gloriación tendrá(a), y no del otro; pues cada cual su propia carga llevará. Y comunique, el que es enseñado en la palabra, al que enseña, en todos los bienes(b). No erréis: a Dios no se escarnece. Pues lo que sembrare el hombre, esto también segará; porque el que siembra en su carne, de la carne segará corrupción; y el que siembra en el espíritu, del espíritu segará vida eterna. Y, lo bello haciendo, no desmayemos; que en el tiempo propio, segaremos, no desfalleciendo. Por lo tanto, mientras tiempo tenemos, obremos lo bueno para con todos, pero mayormente para con los domésticos de la fe. Ved con qué letras(c) os he escrito de mi mano. Cuantos quieren bien parecer en carne, éstos os obligan a circuncidaros, sólo para que, por la cruz del Cristo, no se les persiga(d). Pues, ni los circuncisos mismos la ley guardan, sino que quieren os circuncidéis, para en vuestra carne gloriarse. Pero a mí no acontezca gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por quien a mí el mundo crucificado está y yo al mundo. Pues ni circuncisión algo es, ni prepucio, sino nueva criatura. Y, cuantos con esta regla andan, paz sobre ellos y misericordia, y sobre el Israel de Dios. En adelante trabajos a mí nadie ocasione(e); pues yo los estigmas(f) de Jesús en mi cuerpo llevo. La gracia de nuestro Señor Jesucristo con vuestro espíritu, hermanos; amén. Pablo, apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios, a los santos, a los que están en éfeso, y fieles en Cristo Jesús: gracia a vosotros, y paz de Dios, nuestro Padre y Señor Jesucristo. Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo; el que nos ha bendecido en toda bendición espiritual, en lo celeste, en Cristo; así como nos eligió en él, antes de la constitución del mundo, para ser santos e irreprensibles faz a faz de él; en caridad predestinándonos a filiación por Cristo Jesús, para él, según el beneplácito de su voluntad; en loor de gloria de su gracia; con que nos agració en el amado; en quien tenemos la redención por su sangre: la remisión de las caídas, según la riqueza de su gracia; que abundó en nosotros en toda sabiduría y prudencia; manifestándonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que propuso en él, en dispensación de la plenitud de los tiempos, a resumir todo en el Cristo, lo en los cielos y lo en la tierra, en él; en quien también hemos sido llamados predestinados, según propósito del que todo lo obra, según el consejo de su voluntad; para que seamos en loor de su gloria, lo que antes hemos esperado en el Cristo; en quien también vosotros, oyendo la palabra de la verdad: el Evangelio de vuestra salud. —en quien también creyendo, habéis sido sellados con el Espíritu de la promesa, el Santo; que es las arras de vuestra herencia en redención de la adquisición, en loor de su gloria. Por esto también yo, oyendo la entre vosotros fe en el Señor Jesús y la caridad la para con todos los santos; no ceso de agradecer, de vosotros memoria haciendo en mis oraciones; para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación, en conocimiento de él, iluminados los ojos del corazón, para que sepáis cuál es la esperanza de su vocación, cuál la riqueza de la gloria de su herencia, en los santos; y cuál la eminente grandeza de su virtud para con nosotros, que creemos según la operación del poder de su fuerza(a); que ha operado en el Cristo, resucitándole de muertos y sentando a su diestra en los cielos; por sobre todo principado, y potestad, y virtud, y dominación y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el futuro; y todo sometió bajo sus pies, y diólo por cabeza, sobre todas las cosas, a la iglesia; la cual es su cuerpo, la plenitud del que todo en todo llena. Y a vosotros, estando muertos por vuestras caídas y pecados; en que un día habéis caminado según el siglo(a) de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire(b), del espíritu el que ahora opera en los hijos de la desobediencia; entre los cuales también nosotros todos un día hemos conversado en las concupiscencias de nuestra carne; haciendo las voluntades de la carne y de los pensamientos, y éramos hijos, por naturaleza, de ira, como también los demás; pero Dios, rico siendo en misericordia, por su mucho amor con que nos amó; y, estando nosotros muertos por las caídas, convivificónos en el Cristo (por gracia habéis sido salvados); y conresucitó y consentó en lo celestial, en Cristo Jesús; para manifestar en los siglos, los sobrevinientes, la excesiva riqueza de su benignidad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues, por la gracia, habéis sido salvados por fe; y éste, no de vosotros: de Dios don(c); no por obras, para que nadie se gloríe; pues de él somos hechura, creados en Cristo Jesús para obras buenas, que previno Dios, para que en ellas caminásemos. Por lo cual, rememorad que un día vosotros las gentes en carne, los que sois dichos «prepucio» por la que es dicha «circuncisión» en carne, a mano hecha; que estabais en aquel tiempo sin Cristo, extrañados del estado de Israel y huéspedes de los testamentos de la promesa, esperanza no teniendo, y sin Dios en el mundo. Y ahora ya en Cristo Jesús vosotros que un día estabais lejos, habéis sido hechos cercanos en la sangre del Cristo. Que él es nuestra paz, el que hizo entrambos(d) uno y la pared media del cercado disolviendo, la enemistad, en su carne, la ley(e) de los mandamientos con doctrinas, anulando, para los dos crear, en sí mismo, en un nuevo hombre, haciendo paz; y reconciliar ambos en un cuerpo para Dios por la cruz, matando la enemistad en sí mismo. Y, viniendo, evangelizó paz a vosotros, los de lejos, y paz a los de cerca; que por él tenemos el acceso ambos a dos, en un Espíritu, al Padre. Por lo tanto, ya no sois huéspedes y advenedizos, sino que sois conciudadanos de los santos y domésticos de Dios, sobreedificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús; en quien toda edificación que se compagina, crece en templo santo, en Señor; en quien también vosotros coedificados sois para morada del Cristo en Espíritu. Vocación de las gentes por S. Pablo Por causa de esto, yo, Pablo, el prisionero de Cristo Jesús(a), por vosotros, las gentes; si es que(b) habéis oído la dispensación de la gracia de Dios, la dada a mí para vosotros; que, según revelación, se me manifestó el misterio, según antes(c) he escrito en breve; para lo cual podéis, leyendo, entender mi inteligencia en el misterio del Cristo; que(d) a las otras generaciones no fue manifestado, a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a los santos de él y profetas en Espíritu: el ser las gentes coherederas, y concorpóreas y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por el Evangelio; de que(e) he sido hecho ministro, según el don de la gracia de Dios, la dada a mí según la operación de su virtud. A mí, el menos que el menor de todos los santos(f) ha sido dada esta gracia: a las gentes evangelizar la inescrutable riqueza del Cristo, e iluminar a todos: cuál sea la dispensación del misterio, el oculto desde los siglos en Dios, el que todo lo ha creado; para que sea manifestada ahora a los principados y las potestades en lo celeste, por las Iglesias, la muy varia sabiduría de Dios, según propósito de los siglos; lo que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor; en quien tenemos la libre habla y acceso en confianza por la fe de él. Por lo que pido(g) que no desmayéis en las tribulaciones mías por vosotros; lo cual es vuestra gloria. Por causa de esto doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo; de quien todo lo paterno en los cielos y sobre la tierra es denominado, para que dé a vosotros, según la riqueza de su gloria, que con potencia seáis corroborados, por su Espíritu en el interior hombre; para que inhabite el Cristo, por la fe, en vuestros corazones; en caridad arraigados y fundamentados(h) a fin de que os fortifiquéis a comprender con todos los santos, cuál sea la latitud, y longitud, y altura y hondura(i); y conocer el todo superante amor del Cristo; a fin de que os llenéis en toda llenura de Dios. Y al que puede a todo exceder, en abundancia, sobre lo que pedimos o entendemos, según el poder, el que opera en nosotros; a él la gloria, en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones del siglo de los siglos(j); amén. Exhórtoos, pues, yo el prisionero en Señor, a que dignamente(a) caminéis del llamamiento con que habéis sido llamados, con todo humilde sentir y mansedumbre; con longanimidad, soportándoos en amor, apresurándoos a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: un cuerpo y un Espíritu, así como habéis sido llamados en una esperanza de vuestro llamamiento: un Señor, una fe, un bautismo; un Dios y Padre de todos, el sobre todos y por todo en todos. Y a cada uno de nosotros ha sido dada gracia, según la medida del don del Cristo. Por lo cual dice:Sl. 67,19. Ascendiendo a la altura, cautivó a la cautividad;dio dádivas a los hombres. Mas lo de: ascendió ¿qué es sino que también descendió primero a las inferiores partes de la tierra? El que descendió, el mismo es también el que ascendió por sobre todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo dio unos(b) apóstoles; otros profetas; otros, evangelistas; otros, pastores y maestros; para la consumación de los santos en obra de ministerio, en edificación del cuerpo del Cristo; hasta que nos encontremos todos en la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, en varón perfecto, en medida de edad de la plenitud(c) del Cristo; para que ya no seamos infantes fluctuando y agitados por todo viento de la doctrina en el dadeo(d) de los hombres, en artería, para el rodeo del descarrío; y, siendo veraces en amor, crezcamos hacia él en todo; quien es la cabeza: Cristo; de quien todo el cuerpo que es compaginado y conglomerado por toda ligadura de suministración(e), según operación, en medida de todas y cada una de las partes, el crecimiento del cuerpo efectúa para edificación de sí mismo en amor. Esto, pues, digo y atestiguo en Señor: que ya no caminéis, según también las gentes caminan en vanidad de su inteligencia, entenebrecidos del pensamiento estando, extrañados de la vida de Dios, por la ignorancia la que hay en ellos, por el empedernimiento de su corazón; los cuales, indolentes, a sí mismos entregaron al libertinaje, a operación de impureza toda, en avidez. Pero vosotros no así habéis aprendido al Cristo; si es que le habéis oído y en él sido enseñados, según hay verdad en Jesús, a que depongáis, según(f) la primera conversación, el viejo hombre, el que se corrompe según los apetitos del engaño(g); y a que os renovéis en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis al nuevo hombre, al, según Dios, creado en justicia y santidad de la verdad(h). Por lo cual, deponiendo la mentira, hablad verdad cada cual con su prójimo, pues somos unos de otros miembros. Airaos(i), y no pequéis; el sol no se ponga sobre vuestro airamiento(j); ni deis lugar al diablo. El que hurta, ya no hurte, y más bien fatíguese trabajando con las manos lo bueno, para que tenga qué partir con el que necesidad tiene. Toda palabra corrompida de vuestra boca no salga, sino que, si alguna(k) buena para edificación de la necesidad(l), para que dé gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu, al Santo de Dios; en quien habéis sido sellados para el día de la redención(m). Toda amargura, y cólera, e ira, y vociferación y blasfemia quítese de vosotros, con toda malicia. Haceos, unos para con otros, buenos, entrañables, condonándoos, según también Dios en Cristo os ha condonado. Haceos, pues, imitadores de Dios, como hijos amados; y caminad en amor, así como también el Cristo nos amó y entregóse por nosotros ofrenda y hostia a Dios en olor de fragancia. Pero ramería e impureza toda o avaricia ni se nombre entre vosotros, tal como conviene a santos(a), y torpeza y necio hablar o jocosidad que no cuadran, sino más bien benevolencia. Pues esto sabed: que todo ramero, o impuro o avaro, que es idólatra(b), no tiene herencia en el reino del Cristo y Dios. Nadie os engañe con vacías palabras; pues, por esto,(c) viene la ira de Dios sobre los hijos de la infidelidad. No os hagáis, copartícipes de ellos. Pues erais un día tinieblas, pero ahora luz en Señor: como hijos de luz caminad (que el fruto de la luz(d), en toda benignidad, y justicia y verdad); probando qué sea bien placiente al Señor, y no comuniquéis con las obras, las infructuosas, de las tinieblas; pero más bien también vituperadlas. Pues, lo que en oculto se hace por ellos, feo es hasta decirlo; pero todo lo que se vitupera, por la luz se manifiesta; que todo lo que se manifiesta(e), luz es. Por lo cual dice:Is. 26,19. Despiértate, el que duermes,y levántate de los muertos;y te iluminará el Cristo. Mirad, pues, cómo exactamente caminéis, no como insipientes, sino como sapientes; redimiendo(f) el tiempo; que los días malos son. Por esto no os hagáis insensatos, sino que comprended cuál(g) la voluntad del Señor. Y no os embriaguéis con vino, en el que hay lujuria; sino que llenaos en Espíritu; hablándoos en salmos, e himnos y cantares espirituales(h); cantando y salmeando, en vuestro corazón, al Señor; agradeciendo siempre todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo, al Dios y Padre. Sujetándoos unos a otros en temor de Cristo; las mujeres a los propios varones, como al Señor; que varón cabeza es de la mujer, como también el Cristo, cabeza de la iglesia; él mismo, salvador del cuerpo(i). Empero, la iglesia está sujeta al Cristo; así también las mujeres a los maridos en todo. Los maridos, amad a vuestras mujeres; así como también el Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificando con el lavacro del agua en palabra; para presentar él a sí mismo gloriosa a la iglesia, no teniendo mancha, o arruga o algo de lo tal, sino para que sea santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus cuerpos. Quien ama a su mujer, a sí mismo ama; pues nadie alguna vez su carne ha aborrecido, sino que cría y caliéntala, como también el Cristo a la iglesia; porque miembros somos de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Gn 2,2.4 Por esto abandonará hombre a su padre y a la madre, y se apegará a su mujer, y serán los dos para en carne una. Este misterio grande es, pero yo digo: para(j) Cristo y la iglesia. Empero también vosotros todos uno por uno, cada cual a su mujer así ame como a sí mismo; y la mujer que tema(k) al marido. Los hijos, obedeced a vuestros progenitores; que esto es justo. Honra al padre tuyo y a la madre; el que es el mandamiento primero en(a) promesa: para que bien te vaya y seas longevo sobre la tierra(b). Los padres, no enojéis a vuestros hijos, sino criadles en enseñanza y amonestación de Señor(c). Los siervos, obedeced a los carnales amos con temor y temblor, en sencillez de vuestro corazón, como al Cristo; no según servicio al ojo como a hombres placiendo, sino como siervos de Cristo, haciendo la voluntad de Dios, de alma: con benevolencia sirviendo como al Señor, y no a hombres; sabiendo que cada cual lo que hiciere bueno, esto se llevará de Señor, sea siervo, sea libre. Y los amos, otro tanto(d) haced con ellos, dejando la amenaza; sabiendo que de ellos y de vosotros el Señor está en cielos y acepción de personas no hay ante él. Por lo demás, hermanos, confortaos en Señor, y en el poder de su fortaleza. Vestíos la armadura toda de Dios para que podáis afrontar las asechanzas del diablo; porque no es para nosotros la lucha contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los mundipotentes de estas tinieblas, contra lo espiritual(e) de la malicia, en lo celeste. Por esto, coged la armadura toda de Dios, para que podáis resistir en el día el malo, y de todo en todo consumados alzaros. Is. 59,17. Alzaos, pues, ceñidos en torno vuestro lomo en verdad, y vestidos la loriga de la justicia. y calzados los pies en preparación del Evangelio de la paz. En todo cogiendo el escudo de la fe; en el cual podréis todos los dardos del malo los encendidos apagar; y el morrión de la salud tomad y la cuchilla del Espíritu; lo que es palabra de Dios. Por toda oración y plegaria orando en todo tiempo en Espíritu, y para ello velando en toda constancia y plegaria para todos los santos; y por mí, para que se me dé palabra en abrimiento de mi boca, en libre habla, para manifestar el misterio del Evangelio; por el cual legado soy en cadena, para que en él libremente hable, como debo hablar. Y, para que también vosotros sepáis lo acerca de mí, qué hago; todo noticiaráos Tíquico, el amado hermano y fiel ministro en Señor; al que envié a vosotros para esto mismo: a fin de que conozcáis lo acerca de nosotros y consuele él vuestros corazones. Paz a los hermanos y caridad con fe, de Dios Padre y Señor Jesucristo. La con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en incorrupción.(f) Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús, los que están en Filipos, con obispos y diáconos: gracia a vosotros y paz, de Dios, nuestro Padre, y Señor Jesucristo. Agradezco al Dios mío, en toda memoria de vosotros, siempre en toda plegaria mía por todos vosotros, con gozo la plegaria haciendo, por vuestra participación en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; confiado de esto mismo: que, quien empezó en vosotros obra buena, perfeccionará hasta día de Jesucristo; según es justo que yo esto sienta por todos vosotros; por tener yo, en mi corazón, a vosotros, que, y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del Evangelio, copartícipes de mi gracia todos vosotros sois. Pues testigo mío es Dios de cómo deseo a todos vosotros, en entrañas de Jesucristo. Y esto oro: que vuestra caridad todavía más y más abunde en conocimiento y todo sentir, para que probéis lo mejor; a fin de que seáis puros e inmaculados para día de Cristo; repletos de fruto de justicia, el por Jesucristo, en gloria y loor de Dios. Y que conozcáis quiero, hermanos, que lo acerca de mí, más bien para adelanto del Evangelio ha venido; tal que mis prisiones manifiestas en Cristo se han hecho en todo el pretorio y a los demás todos; y que los más de los hermanos, en Señor confiados, por mis prisiones, más abundantemente osan inmedrosamente la palabra de Dios hablar. Unos también, por envidia y contienda; otros también, por beneplácito, a Cristo predican. Unos por caridad, sabiendo que en defensa del Evangelio yazco; otros por emulación a Cristo van anunciando, no puramente, creyendo tribulación suscitar a mis prisiones. ¿Pues, qué? —Con tal que, de toda suerte, sea por pretexto, sea por verdad, Cristo sea anunciado; —también en esto gózome; mas también gozaréme. Pues sé que esto se me convertirá en salud, por vuestra plegaria y suministración del Espíritu de Jesucristo, según la expectación y esperanza mía de que en nada seré confundido, sino que en toda libre habla, como siempre, también ahora magnificado será Cristo en el cuerpo mío, sea por vida, sea por muerte. Que a mí, el vivir(a), Cristo, y el morir, ganancia. Y, si el vivir en carne, esto para mí, fruto de labor, entonces qué he de elegir no sé. Y angústiome por las dos cosas: el anhelo teniendo de disolverme y con Cristo estar, pues muchísimo mejor(b); pero el quedarme en carne, más necesario por vosotros. Y de esto confiado sé que quedaré, y quedaréme con todos vosotros para vuestro adelanto y gozo de la fe; a fin de que vuestra gloriación abunde en Cristo Jesús, en mí, por mi presencia de nuevo, entre vosotros. Sólo dignamente del Evangelio del Cristo conversad; para que, sea, viniendo y viéndoos, sea, ausente, oiga lo acerca de vosotros: que os afirmáis en un espíritu, una alma, luchando por la fe del Evangelio; y que no os aterráis en nada por los adversarios; lo que es para ellos señal de perdición, y para vosotros, de salud; y esto de(c) Dios; porque a vosotros ha donado, cuanto a Cristo: no sólo en él creer, sino también por él padecer; el mismo conflicto teniendo, cual habéis visto en mí y ahora oís en(d) mí. Ejemplo, humildad y gloria de Cristo. Amar a imitación de Cristo Si, pues,(a) alguna consolación en Cristo; si algún lenitivo de caridad; si alguna comunión de espíritu; si algunas entrañas y conmiseraciones; llenad mi gozo, para que lo mismo sintáis, la misma caridad teniendo, unánimes, lo uno(b) sintiendo; nada por emulación, nada por vanagloria; sino con humildad, el uno al otro considerando superior a sí; no a lo suyo cada cual mirando; sino también a lo de los demás cada cual. Pues esto sentid en vosotros lo que también en Cristo Jesús; quien, en forma de Dios subsistiendo, no rapiña consideró el ser igual a Dios; pero a sí mismo se anonadó, forma de siervo tomando, en semejanza de hombres hecho y de condición hallado como hombre; humillóse a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios le sobreexaltó y donóle un nombre, el sobre todo nombre; para que, en el nombre de Jesús, toda rodilla se doble de celestiales, y terrenales e infernales; y toda lengua confiese que Señor Jesucristo(c) en la gloria de Dios Padre. Así que, amados míos, según siempre habéis obedecido, no como en presencia mía sólo, sino ahora mucho más en ausencia mía, con temor y temblor vuestra salud consumad. Que Dios es el que obra en vosotros, y el querer y el obrar, por el beneplácito(d). Todo haced sin murmuración y vacilaciones; a fin de haceros intachables e íntegros, hijos de Dios, irreprensibles en medio de una generación torcida y depravada; entre quienes lucís como lumbreras en el mundo; palabra de vida reteniendo, en gloriación a mí, para el día de Cristo; porque no en vano corrí; ni en vano me afané. Empero, aunque soy libado(e) sobre la hostia y culto de la fe vuestra,(f) gózome, y gózome con todos vosotros; y asimismo, vosotros gozaos y gozaos conmigo. Y espero, en Señor Jesús, a Timoteo más presto enviaros, para también yo respirar, conociendo lo acerca de vosotros. Que a nadie tengo tan unánime(g); el cual noblemente lo acerca de vosotros procure; que casi todos lo suyo buscan, no lo de Jesucristo. Y la prueba de él conoced; de que, como a un padre un hijo, conmigo ha servido en el Evangelio. A éste, por lo tanto, espero enviar, cuando yo divisare(h) lo acerca de mí, al punto. Y confío en Señor que también yo mismo presto iré a vosotros. Y necesario he creído, a Epafrodito, el hermano, y cooperador, y conmilitón mío, y de vosotros apóstol, y ministro de la necesidad mía, enviar a vosotros, puesto que deseoso estaba él de todos vosotros y afligido, por esto: porque habíais oído que había enfermado. Pues también enfermado había de muerte; empero Dios apiadóse de él, y no de él solamente, sino también de mí, para que no tristeza sobre tristeza yo tuviese. Más presurosamente, pues, le he enviado, para que, viéndole de nuevo, os gocéis, y yo menos triste esté. Acogedle, pues, en Señor, con todo gozo, y a los tales en estima tened; porque, por la obra de Cristo, a la muerte se acercó, peligrando de alma(i), para suplir vuestra falta en mi ministerio(j). Contra los falsos doctores Por lo demás, hermanos míos, gozaos en Señor. Lo mismo(a) escribiros, a mí ciertamente, no penoso, y a vosotros, seguro. Mirad(b) los canes; mirad los malos obreros; mirad la mutilación(c). Que nosotros somos la circuncisión, los que, en espíritu, a Dios servimos y nos gloriamos en Cristo Jesús, y no en carne confiamos; aunque yo tengo confianza aún en carne. Si algún otro cree confiar en carne, yo más: de circuncisión, de ocho días; de linaje de Israel; de tribu de Benjamín; hebreo de hebreos; según ley, fariseo; según celo, persiguiendo a la Iglesia; según justicia la en ley, hecho irreprensible. Empero, las cosas que me eran ganancias, éstas he creído, por el Cristo, pérdida. Empero, por lo tanto, también creo que todas las cosas pérdida son por la eminencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor; por quien todas las cosas he perdido, y creo basuras para a Cristo ganar, y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, la de ley, sino la por fe de Cristo, la de Dios justicia en la fe; para conocerle y la virtud de su resurrección y la comunión de sus padecimientos, configurado con su muerte; por si llego al resurgimiento el de entre muertos. No que ya haya alcanzado yo(d) o ya perfeccionádome(e); pero en pos corro, por si también prendo(f) en lo que he sido también aprehendido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pienso haber(g) aprehendido; una cosa empero:(h) ya a lo de atrás olvidando, ya a lo de adelante tendiendo: tras la meta lánzome al premio de la suprema vocación de Dios, en Cristo Jesús. Cuantos, pues, perfectos(i), esto sintamos, y, si algo de otra manera sentís, también esto Dios os revelará; sólo que, a lo que hemos llegado(j) lo mismo sintamos, con regla andemos igual. Coimitadores míos haceos, hermanos, y mirad a los que así caminan, según nos tenéis por ejemplar. Que muchos caminan, de los que muchas veces os he dicho, y ahora también llorando digo; —los enemigos de la cruz del Cristo; cuyo fin, perdición; cuyo dios, el vientre, y la gloria, en la vergüenza de ellos, los que lo terreno sienten. Que nuestra conversación en los cielos es; de donde también salvador aguardamos a Señor Jesucristo; quien trasformará el cuerpo de la humildad nuestra configurado al cuerpo de la gloria suya, según la operación con que puede también someterse las cosas todas. Conclusión Así que, hermanos míos amados y deseados; gozo y corona mía, así estaos en Señor, amados. A Evodia exhorto y a Síntique exhorto a lo mismo sentir en Señor. Sí; ruego también a ti, noble compañero, acude a ellas(a); las que en el Evangelio han luchado a par de mí; también de Clemente y los demás colaboradores míos; cuyos nombres, en libro de vida. Gozaos en Señor siempre; otra vez diré: gozaos, Vuestra modestia(b) conózcase por todos los hombres: el Señor cerca(c). Nada os afanéis; sino en todo, por la oración y la plegaria, con agradecimiento, vuestras peticiones manifiéstense ante Dios. Y la paz de Dios, la que supera a todo entendimiento, custodiará vuestros corazones y vuestras inteligencias en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, cuanto es verdadero; cuanto, honesto; cuanto, justo; cuanto, casto; cuanto, amable; cuanto, bien afamado; si alguna virtud y si alguna alabanza —esto pensad. Y lo que habéis aprendido, y recibido, y oído y visto en mí, esto haced; y el Dios de la paz será con vosotros. Pero gocéme en Señor grandemente de que ya, al fin, hayáis reflorecido para de mí cuidar, en lo cual también os cuidábais; pero os era inoportuno. No que, en razón de penuria, lo diga; pues yo he aprendido, con lo que tengo, a contentarme. Sé también humillarme(d); sé también abundar; en todo y en todas las cosas(e) iniciado estoy: y en hartarme y hambrear; y abundar, y necesitar. Todo puedo en el que me conforta. Empero, bellamente habéis hecho, comunicando al par con mi tribulación(f). Y sabéis también vosotros, filipenses, que en comienzo del Evangelio, cuando salí de Macedonia, Iglesia conmigo ninguna comunicó, cuanto a donación y recepción, sino vosotros sólo; porque también en Tesalónica, y una y dos veces, para la necesidad, me mandasteis. No que busque yo el don, sino busco el fruto, el que abunda, en pro de vosotros. Y tengo recibido todo, y abundo; heme llenado, recibiendo de Epafrodito lo de vosotros, olor de fragancia, hostia acepta, grata a Dios. Y mi Dios llenará toda necesidad de vosotros, según su riqueza, en gloria, en Cristo Jesús. Y al Dios y Padre nuestro la gloria por los siglos de los siglos; amén. Saludad a todo santo, en Cristo Jesús. Os saludan los conmigo hermanos. Os saludan todos los santos, y mayormente los de la del César casa. La gracia del Señor Jesucristo con vuestro espíritu. Amén. Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios; y Timoteo, el hermano, a los en Colosas, santos y fieles hermanos en Cristo Jesús: gracia a vosotros y paz, de Dios, Padre nuestro y de Señor Jesucristo. Agradecemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, siempre por vosotros orando; oyendo vuestra fe en Cristo Jesús y la caridad que tenéis para con todos los santos, por la esperanza, la reservada a vosotros en los cielos; la que antes habéis oído en la palabra de la verdad del Evangelio, la llegada a vosotros, así como también en todo el mundo está fructificando(a) y creciendo; así como también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios, en verdad; según aprendisteis de Epafrás, el amado consiervo nuestro, que es fiel para vosotros ministro del Cristo; que también nos ha manifestado la caridad vuestra en espíritu. Por esto también nosotros, desde el día que oímos, no cesamos, por vosotros orando y pidiendo que seáis llenos del conocimiento de la voluntad suya, en toda sabiduría, e inteligencia espiritual; para caminar dignos del Señor, para toda complacencia, en toda obra buena fructificando y creciendo en el conocimiento de Dios, en toda fuerza fortalecidos, según la potencia de la gloria suya, para toda paciencia y longanimidad, con gozo; agradeciendo al Padre que nos ha capacitado para la parte(b) de la herencia de los santos, en la luz; quien nos libró de la potestad de las tinieblas y trasladó al reino del Hijo del amor suyo; en quien tenemos la redención: la remisión de los pecados; quien es imagen del Dios, el invisible, primogénito de toda criatura; que en él creado fue todo en los cielos y, sobre la tierra; lo visible y lo invisible, ora tronos, ora dominaciones; ora principados, ora potestades: todo por él y para él ha sido creado; y él es ante todo; y todo en él susténtase. Y él es la cabeza del cuerpo de la iglesia; el que(c) principio, primogénito(d) de entre los muertos; para que se haga en todas las cosas él primando. Porque en él plugo que toda la plenitud(e) inhabitase; y, por él, lo reconciliase todo consigo; pacificando por la sangre de su cruz, ora lo sobre la tierra, ora lo en los cielos. Y a vosotros, que un día erais extraños y enemigos, por la mente, en las obras, las malas;— pero ahora ya reconcilió en el cuerpo de su carne, por la muerte, para presentaros santos e inmaculados, e irreprensibles faz a faz de él; si ya perseveráis en la fe fundados, y estables y no removibles de la esperanza del Evangelio que oísteis, el que ha sido predicado en toda criatura, la bajo el cielo; del cual he sido yo, Pablo, hecho ministro. Ahora gózome en los padecimientos por vosotros, y lleno de mi parte(f) las deficiencias de las tribulaciones del(g) Cristo en mi carne, por el cuerpo suyo, que es la iglesia; de la cual he sido yo hecho ministro, según la dispensación de Dios, la dada a mí para con vosotros, para cumplir(h) la palabra de Dios: el misterio(i), el oculto desde los siglos y desde las generaciones; —y ahora ha sido descubierto a sus santos; a quienes quiso Dios manifestar cuál(j) la riqueza de la gloria de este misterio, entre las gentes, el que es Cristo entre vosotros: la esperanza de la gloria; a quien nosotros anunciamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, para presentar a todo hombre, perfecto en Cristo; para lo cual también me fatigo lidiando, según la operación suya, la que obra en mí, en poder. Pues, quiero sepáis cuán grande solicitud tengo por vosotros y los de Laodicea, y cuantos no han visto mi rostro en carne; para que se consuelen sus corazones, instruidos en caridad y para toda la riqueza de la plenitud de la inteligencia, en conocimiento del misterio de Dios Padre y Cristo; en quien están todos los tesoros de la sabiduría y ciencia ocultos. Y esto digo, para que nadie os paralogice en argucias. Pues, aunque, con la carne estoy ausente; empero, con el espíritu, con vosotros estoy, gozándome y viendo vuestro orden y la firmeza de vuestra, en Cristo, fe. Como, pues, recibisteis a Cristo Jesús, el Señor, en él caminad, radicándoos y sobreedificándoos en él, y afianzándoos por la fe, según habéis aprendido, abundando, en él, en agradecimiento. Mirad, nadie haya que os prenda por la filosofía y vana falacia, según la tradición de los hombres, según los principios del mundo, y no según Cristo; porque en él inhabita toda la plenitud de la divinidad corporalmente; (y estáis en él llenos) el que es la cabeza de todo principado y potestad; en quien también habéis sido circuncidados con circuncisión no hecha a mano en despojo del cuerpo de la carne; en la circuncisión del Cristo, consepultados con él en el bautismo; en quien también conresucitasteis por la fe de la operación de Dios, el que le resucitó de entre los muertos. Y a vosotros, muertos estando en las caídas y el prepucio(a) de la carne vuestra, convivificó con él, condonándonos todas las caídas; borrando la a nosotros adversa escritura(b) con los decretos, que nos era contraria; y, quitándola del medio, clavóla en la cruz; despojando, a los principados y las potestades, exhibió confiadamente, triunfando de ellos en sí mismo. Nadie, pues, os juzgue en comida o en bebida, o en punto a fiesta o novilunio, o sábados; cosas que son sombra de lo futuro; pero el cuerpo(c) del Cristo. Nadie os condene(d) complacido(e) en humildad y culto de los ángeles; lo que no ha visto, usurpando, en vano inflándose por la mente de su carne; y no ateniéndose a la cabeza(f); de la cual todo el cuerpo, por los nexos y articulaciones suministrado(g) y conglomerado, crece con el crecimiento de Dios. Si habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo ¿por qué, cual si vivieseis en el mundo, se os enseña: «No toques(h); no gustes(i); no palpes(j)»? (las cuales cosas son todas para ruina, con el uso) según los mandamientos y enseñanzas de los hombres; cosas que apariencia ciertamente tienen de sabiduría, en culto voluntario(k), y humildad y despiedad con el cuerpo; no en honra alguna, para hartura de la carne. Si habéis, pues, conresucitado en Cristo, lo de arriba buscad; donde el Cristo está en diestra de Dios sentado; lo de arriba pensad, no lo sobre la tierra. Que habéis muerto, y la vida vuestra escondida está, con el Cristo, en Dios. Cuando el Cristo se manifestare: la vida vuestra, entonces también vosotros, con él, manifestados seréis en gloria. Mortificad, pues, los miembros vuestros, los sobre la tierra: ramería, impureza, pasión(a), apetito malo y la avaricia; la que es idolatría; por las cuales cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de la inobediencia(b); en las cuales también vosotros caminasteis un día cuando vivíais en éstas. Pero ahora ya deponedlo también vosotros todo: ira, enojo, malicia, blasfemia, torpe habla de la boca vuestra. No mintáis unos a otros, desvistiéndoos del viejo hombre con sus obras; y vistiéndoos del nuevo, el que es renovado, en conocimiento, según la imagen del que le creó; donde no hay heleno y judío, circuncisión y prepucio, bárbaro, escita, siervo y libre, sino el todo y en todo, Cristo. Vestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad; sobrellevando unos a otros y condonándoos, si alguno contra alguno tuviere queja; tal como también el Señor ha condonado a vosotros, así también vosotros; y sobre todo esto, la caridad(c), la que es lazo de la perfección. Y la paz del Cristo triunfe en vuestros corazones; a la cual también fuisteis llamados en un cuerpo; y gratos(d) haceos. La palabra del Cristo inhabite en vosotros ricamente, en toda sabiduría, enseñando y (Cor. 10,31.) amonestándoos, con salmos, himnos y cantares espirituales, en la gracia cantando, en vuestros corazones, a Dios. Y todo lo que hiciereis en palabra o en obra, todo, en nombre de Señor Jesucristo; agradeciendo al Dios y Padre, mediante él. Las mujeres, sujetaos a los maridos; cual conviene en Señor. Los maridos, amad a las mujeres, y no os amarguéis para con ellas. Los hijos, obedeced a los padres en todo; que esto bien placiente es en Señor. Los padres, no irritéis a los hijos vuestros, para que no se apoquen. Los siervos, obedeced en todo a los carnales amos; no en servicio al ojo, como a hombres placiendo, sino en simplicidad de corazón, temiendo al Señor; a lo que hiciereis, de alma obrad, cual para el Señor; y no para hombres; sabiendo que de Señor recibiréis la remuneración de la herencia: al Señor Cristo servid. Pues el que prevarica, recibirá lo que prevaricó; y no hay acepción de personas. Los amos, lo justo y la igualdad a los siervos tribuid, sabiendo que también vosotros tenéis amo en el cielo. En la oración perseverad, velando en ella, en agradecimiento; orando a la vez también por nosotros, para que Dios nos abra puerta de la palabra, para hablar el misterio del Cristo; por lo que también atado estoy; a fin de (Efes. 5,15) manifestarlo según debo hablar. En sabiduría caminad con los de fuera, la ocasión redimiendo. La palabra vuestra, siempre en gracia, con sal sazonada, que sepáis cómo debéis a cada uno responder. Lo acerca de mí, todo os noticiará Tíquico, el amado hermano, y fiel ministro y consiervo en Señor; a quien he enviado a vosotros a esto mismo, para que conozcáis lo acerca de nosotros y él consuele los corazones vuestros; con Onésimo, el fiel y amado hermano; que es de entre vosotros; todo os noticiarán lo de acá. Os saluda Aristarco, el concautivo mío, y Marco, el primo de Bernabé, acerca del cual habéis recibido recomendaciones (cuando viniere a vosotros, recibidle) y Jesús, el que es llamado Justo; los que son de circuncisión: éstos solos(a) cooperadores para el reino de Dios; los que se me han hecho consuelo. Salúdaos Epafrás, el de entre vosotros, siervo de Cristo Jesús, siempre esforzándose por vosotros en las oraciones, para que os estéis perfectos y plenamente confirmados en toda voluntad de Dios. Porque testifícoos que tiene mucho trabajo por vosotros, y los de Laodicea y los de Hierápolis. Salúdaos Lucas, el médico, el amado, y Demas. Saludad a los de Laodicea hermanos, y a Ninfas y la de su casa iglesia. Y, cuando se hubiere leído ante vosotros la epístola, haced que también en la de los laodicenos iglesia se lea; y la(b) de Laodicea, que vosotros también leáis. Y decid a Arquipo: «Mira el ministerio que has recibido en Señor, para que le cumplas». El saludo de mi mano —de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia con vosotros. Pablo, y Silvano y Timoteo a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. Gracia a vosotros y paz. Agradecemos a Dios siempre por vosotros, memoria de vosotros haciendo en las oraciones nuestras, incesantemente; memorando vuestra obra de la fe y del trabajo de la caridad y la paciencia de la esperanza de nuestro Señor Jesucristo delante de Dios y Padre nuestro; sabiendo, hermanos amados de Dios, la elección vuestra: que el Evangelio nuestro no fue a vosotros en palabra sólo, sino también en poder, y Espíritu Santo, y en plena confirmación mucha, según sabéis cuáles fuimos entre vosotros, por vosotros. Y vosotros imitadores nuestros os hicisteis; y del Señor, recibiendo la palabra en tribulación mucha, con gozo de Espíritu Santo; hasta haceros vosotros modelo a todos los creyentes de la Macedonia y de la Acaya. Que de vosotros resonó la palabra del Señor, no sólo en la Macedonia y en la Acaya; sino que en todo lugar de la fe vuestra, la para con Dios, ha salido; tal que necesidad no tenemos de hablar cosa alguna; pues ellos, de nosotros anuncian cuál entrada tuvimos a vosotros, y cómo os convertisteis a Dios, de los ídolos, a servir al Dios viviente y verdadero; y a aguardar al Hijo suyo de los cielos; al que resucitó de los muertos; a Jesús, al que nos salva de la ira, la que viene. Que vosotros mismos sabéis, hermanos, la entrada nuestra, la a vosotros: que no vana ha sido; sino que, antes padeciendo y ultrajados, según sabéis, en Filipos, libremente obramos en el Dios nuestro para hablar a vosotros el Evangelio de Dios en mucha lid. Que la exhortación nuestra, no de descamino, ni de impureza, ni en dolo; sino que, según hemos sido probados por Dios para confiársenos el evangelio; así hablamos, no como a hombres placiendo, sino a Dios, el que prueba los corazones nuestros. Porque, ni alguna vez en palabra de adulación hemos estado, según sabéis; ni en pretexto de avaricia (¡Dios testigo!); ni buscando de hombres gloria: ni de vosotros, ni de otros; pudiendo en gravamen estar cual de Cristo apóstoles; empero nos hicimos infantes en medio de vosotros; cual una nodriza calienta a sus hijos; así, ansiándoos, nos complacemos en comunicaros, no sólo el Evangelio de Dios, sino también las almas(a) nuestras, por esto: porque amados a nosotros os habéis hecho. Memorad, pues, hermanos, la fatiga nuestra y el afán: noche y día trabajando por no gravar a alguno de vosotros, hemos predicado a vosotros el Evangelio de Dios. Vosotros testigos y Dios, de cuán santa, y justa e irreprensiblemente con vosotros, los creyentes, hemos estado; según que sabéis: cómo a cada uno de vosotros como un padre a sus hijos, exhortándoos y consolando; y testificando que caminéis dignos de Dios, el que os llama a su reino y gloria. Por esto también nosotros agradecemos a Dios incesantemente que, recibiendo palabra de oída, de nosotros, de Dios, acogisteis, no palabra de hombres, sino, según es verdaderamente, palabra de Dios; la que también obra en vosotros, los creyentes. Que vosotros imitadores os hicisteis, hermanos, de las iglesias de Dios las que hay en la Judea, en Cristo Jesús, porque las mismas cosas habéis padecido también vosotros de los propios connacionales; según que también nosotros mismos, de los judíos; de los que también al Señor mataron: a Jesús y a los profetas; y a nosotros han lanzado fuera; y a Dios no agradando, y de todos los hombres adversarios; estorbándonos a las gentes hablar a fin de que se salven, para colmar sus pecados siempre; y ha llegado sobre ellos la ira hasta el fin. Pero nosotros hermanos, huérfanos de vosotros a tiempo de hora(b), con rostro, no con corazón, más abundantemente nos hemos apresurado el rostro de vosotros a ver, en mucho anhelo. Por esto: porque quisimos ir a vosotros, yo, por cierto, Pablo, y una y dos veces; pero se nos atravesó Satanás. Pues ¿cuál nuestra esperanza, o gozo, o corona de gloriación; o no ya también vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su parusia(c)? Que vosotros sois la gloria nuestra y el gozo. Por lo cual, no ya sufriendo, plúgonos ser dejados en Atenas solos; y hemos enviado a Timoteo, el hermano nuestro y ministro de Dios en el Evangelio del Cristo, para confirmaros y exhortar sobre vuestra fe; para que nadie se conturbe en estas tribulaciones; que vosotros mismos sabéis que a eso puestos estamos. Porque también, cuando con vosotros estábamos, os predijimos que hemos de ser atribulados; así como también sucedió, y sabéis. Por esto también yo, ya no sufriendo, envié a conocer vuestra fe, no fuese que os hubiera tentado el que tienta; y vana se haga nuestra fatiga. Mas, acabando de venir Timoteo a nosotros de vosotros y bien anunciándonos(a) la fe y la caridad de vosotros, y que tenéis memoria de nosotros buena siempre, anhelando vernos; tal como también nosotros a vosotros; por esto, nos hemos consolado, hermanos, en vosotros, en toda la necesidad y tribulación nuestra, por vuestra fe; pues ahora vivimos, si vosotros os estáis en Señor. Pues ¿qué agradecimiento podemos a Dios retribuir por vosotros, en todo el gozo que gozamos, por vosotros, delante de nuestro Dios, noche y día sobreexcesivamente pidiendo por ver vuestro rostro, y perfeccionar las deficiencias de la fe vuestra? Y el mismo Dios y Padre nuestro y el Señor nuestro Jesucristo enderece del todo el camino nuestro a vosotros. Y a vosotros, el Señor multiplique, y replete en la caridad a los unos para con los otros y para con todos; tal como también nosotros para con vosotros; para confirmar los corazones vuestros, irreprensibles, en santidad delante del Dios y Padre nuestro, en la parusia del Señor nuestro Jesucristo, con todos sus santos. Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en Señor Jesús, a que, según habéis recibido de nosotros cómo debéis caminar y agradar a Dios; según esto también caminéis para abundar más. Pues sabéis qué mandamientos os hemos dado por el Señor Jesús. Pues ésta es la voluntad de Dios: la santificación vuestra: que os abstengáis de la ramería; que sepa cada uno de vosotros su vaso poseer en santificación y honor; no en pasión de concupiscencia, tal como también las gentes las que no conocen a Dios; que no suplante y defraude en el negocio a su hermano; por esto: porque vengador Señor de todas estas cosas; según también antes os dijimos y conjuramos. Que no nos llamó Dios para impureza, sino en santificación. Por lo tanto, el que desprecia(a), no a hombre desecha, sino a Dios, el que os ha dado su Espíritu, el Santo, en vosotros. Y, cuanto al amor fraterno, necesidad no tenemos de escribiros; que vosotros mismos de Dios enseñados(b) sois para amaros unos a otros. Pues que lo hacéis para con todos los hermanos, los de toda la Macedonia. Pero os exhortamos, hermanos, a abundar más, y a rivalizar en sosegaros y hacer las cosas propias y trabajar con vuestras manos; según os hemos preceptuado, a fin de que caminéis noblemente ante los de fuera y de nada necesidad tengáis. Y no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de los que duermen, para que no os contristéis, tal como también los demás, los que no tienen esperanza. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó; —así también Dios a los que han dormido por Jesús, traerá con él. Que esto os decimos en palabra de Señor: que nosotros los que vivimos(c) los que somos dejados para la parusia del Señor, no nos adelantaremos, no, a los que durmieron; porque el mismo Señor en mandato, en voz de arcángel y en trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resurgirán primero; después nosotros, los que vivimos, los que somos dejados, seremos a una con ellos arrebatados, en nubes, al encuentro del Señor, por el aire; y así siempre con Señor estaremos. Así que, consolaos unos a otros en estas palabras. Incierto es el día del Señor Y, cuanto a los tiempos y los momentos, hermanos, no tenéis necesidad de que se os escriba; que vosotros mismos exactamente sabéis que el día de Señor, como ladrón de noche, así viene. Cuando dijeren: «Paz y seguridad», entonces súbita viene sobre ellos la perdición, así como el dolor(a) a la que en vientre tiene; y no se evadirán, no. Y vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que el día, como ladrón, arrebate; que todos vosotros hijos de luz sois e hijos de día; no somos de noche ni de tinieblas. Luego, pues, no durmamos, cual también los demás, sino velemos y temperémonos. Pues, los que duermen, de noche duermen; y, los que se embriagan, de noche se embriagan; mas nosotros, de día siendo, temperémonos, vistiendo coraza de fe y caridad, y yelmo: esperanza de salvación; que no nos ha puesto Dios para ira, sino para adquisición de salud, por nuestro Señor Jesucristo; el que murió por nosotros, para que, sea velemos, sea durmamos, juntamente con él vivamos. Por lo cual exhortaos unos a otros, y edificad uno al otro, según que también hacéis. Y os rogamos, hermanos, que conozcáis a los que se fatigan en vosotros y os presiden en Señor, y os amonestan; y los estiméis sobreabundantemente en caridad, por la obra de ellos. Paz tened entre vosotros. Y os exhortamos, hermanos: amonestad a los desordenados; alentad a los pusilánimes; sostened a los débiles; longanimaos para con todos. Ved que nadie mal por mal a alguno retorne; sino, siempre tras lo bueno corred, y unos para con otros y para con todos. Siempre alegraos; incesantemente orad; en todo agradeced; que ésta, voluntad de Dios en Cristo Jesús para con vosotros. El espíritu no apaguéis(b); profecías(c) no menospreciéis; todo probad; lo bello, retened. De toda especie(d) mala, absteneos. Y el mismo Dios de la paz santifíqueos todo perfectos; e íntegro el espíritu vuestro, y el alma, y el cuerpo irreprensiblemente en la parusia de nuestro Señor Jesucristo se conserven. Fiel, quien os llama, el que también hará(e). Hermanos, orad por nosotros. Saludad a los hermanos todos en ósculo santo. Conjúroos por el Señor que se lea la epístola a todos los santos hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesucristo con vosotros. Pablo y Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios, Padre nuestro, y Señor Jesucristo. Gracia a vosotros y paz, de Dios, Padre nuestro, y Señor Jesucristo. Agradecer debemos a Dios siempre por vosotros, hermanos, según justo es, porque lozanea vuestra fe y abunda la caridad de cada cual de todos vosotros, unos para con otros; de suerte que nosotros mismos en vosotros mucho nos gloriamos, en las iglesias de Dios, de la paciencia vuestra y fe en todas las persecuciones vuestras y las tribulaciones que toleráis: ejemplo del justo juicio de Dios(a) para que se os digne del reino de Dios; por el cual también padecéis; si ya(b) justo ante Dios retribuir a los que os atribulan, tribulación, y a vosotros los que sois atribulados, reposo con nosotros en la revelación del Señor Jesús, desde el cielo, con ángeles de su poder, en fuego de llama dando él venganza a los que no saben a Dios y a los que no obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales pena pagarán: perdición eterna desde(c) la faz del Señor y desde la gloria de su virtud; cuando viniere a ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que creyeron; pues creído(d) fue el testimonio nuestro sobre vosotros(e) en aquel día. Para lo cual también oramos siempre por vosotros, para que os digne del llamamiento el Dios nuestro y llene todo beneplácito de bondad, y obra de fe en poder; para que sea glorificado el nombre de nuestro Señor Jesucristo en vosotros, y vosotros, en él, según la gracia del Dios nuestro y Señor Jesucristo. Y os rogamos, hermanos, por la parusia de nuestro Señor Jesucristo y la reunión nuestra a él: que no pronto os mováis del entender(a), ni os intimidéis, ni por espíritu(b), ni por palabra, ni por epístola, como nuestra: como que próximo esté el día del Señor. Nadie os seduzca de ninguna manera; porque, si no viniere la apostasía primero, y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición; el que se opone, y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el templo de Dios asentarse, manifestándose a sí mismo que es Dios(c)— ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto yo os decía? Y ahora lo que detiene(d), sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo. Pues el misterio ya se obra de la iniquidad; sólo que el que detiene, ahora(e), hasta que del medio sea quitado. Y entonces revelaráse el inicuo; a quien el Señor Jesús arrebatará con el aliento de su boca, y desvanecerá con la manifestación de su parusia; cuya parusia es, según(f) operación de satanás en toda virtud, y señales y prodigios mentidos; y en todo engaño de injusticia para los que perecen; por cuanto la caridad de la verdad no abrazaron para salvarse. Y por esto envíales Dios operación de descarrío para que crean a la mentira; para que sean juzgados todos los que no creyeron a la verdad, sino complacieron a la injusticia. Mas nosotros debemos agradecer a Dios siempre por vosotros, hermanos amados de Señor, porque os eligió Dios primicias para salvación en santificación de espíritu y fe de verdad; para lo cual también os eligió por el Evangelio nuestro, para consecución de gloria de nuestro Señor Jesucristo. Luego, pues, hermanos, afirmaos, y retened las tradiciones que se os han enseñado; sea de palabra sea por epístola nuestra. Y el mismo Señor nuestro Jesucristo y el Dios y Padre nuestro; el que nos amó y dio consolación eterna y esperanza buena en gracia; consuele vuestros corazones y confirme en toda obra y palabra buena. Por lo demás, orad, hermanos, por nosotros, para que la palabra de Dios corra y se glorifique; así como también entre vosotros, y para que se nos libre de los importunos y malos hombres; pues no de todos, la fe. Pero fiel es el Señor, que os confirmará y guardará de lo malo. Y confiamos en Señor, cuanto a vosotros, que, lo que hemos mandado, y hacéis y haréis. Y el Señor enderece vuestros corazones a la caridad de Dios y paciencia del Cristo. Y os mandamos, hermanos, en nombre del Señor nuestro Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que desordenadamente anduviere, y no según la doctrina que recibieron de nosotros. Que vosotros mismos sabéis cómo es menester imitarnos, pues no nos hemos desordenado entre vosotros; ni gratuitamente pan comido de alguno, sino en fatiga y afán, noche y día trabajando, para no gravar a alguno de vosotros; no, porque no tengamos potestad, sino porque a nosotros mismos por ejemplar diésemos a vosotros que imitar. Pues también, cuando estábamos entre vosotros, esto os preceptuamos: que si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Pues oímos que algunos caminan entre vosotros desordenadamente, nada trabajando, sino ocioseando. Y a los tales preceptuamos y exhortamos, en Señor Jesucristo, a que, con quietud trabajando, su pan coman. Y vosotros, hermanos, no desmayéis bellamente haciendo. Y, si alguien no obedece a la palabra nuestra por la epístola, a éste señalad, y no os mezcléis con él, para que se avergüence; y, no como enemigo consideréis, sino amonestad como a hermano. Y el mismo Señor de la paz déos paz siempre, dondequiera. El Señor con todos vosotros. El saludo de la mano mía: de Pablo; que es señal en toda epístola; así escribo. «La gracia de nuestro Señor Jesucristo con todos vosotros». Pablo, apóstol de Jesucristo, según ordenación de Dios, salvador nuestro, y de Cristo Jesús, la esperanza nuestra, a Timoteo, nativo hijo de la fe: Gracia, misericordia, paz de Dios Padre y Cristo Jesús, el Señor nuestro. Según te rogué quedaras en éfeso, al partir yo a Macedonia, para que preceptuases a algunos no disidentemente enseñar, ni atender a fábulas y genealogías interminables(a); las que disquisiciones ofrecen más bien que dispensación de Dios, la en fe;(b) y el fin de la preceptuación es caridad de puro corazón y conciencia buena y fe infingida; de lo que algunos desacertando, convirtiéronse a vaniloquio; queriendo ser legisdoctores, no entendiendo ni lo que dicen, ni lo que aseguran. Y sabemos que hermosa la ley, si uno de ella legítimamente usa; sabiendo esto: que para justo ley no está puesta, pero para ilegales e insubordinados, impíos y pecadores, facinerosos e inmundos, parricidas y matricidas, homicidas, rameros, sodomitas, plagiarios, embusteros, perjuros; y si alguna otra cosa a la sana doctrina repugna, según el Evangelio de la gloria del bienaventurado Dios, que ha sido confiado a mí. Gracias doy al que me ha confortado: Cristo Jesús, el Señor nuestro, porque fiel me juzgó, poniendo en ministerio al que antes era blasfemo, y perseguidor y ultrajador; empero compadecióseme, porque, ignorando, hice en infidelidad; y sobreabundó la gracia de nuestro Señor con fe y amor el en Cristo Jesús. Fiel la palabra y de toda aceptación digna: que Cristo Jesús vino al mundo, pecadores a salvar; de los que el primero soy yo; mas por esto compadecióseme, por que en mí primero manifestara Cristo Jesús, la omnímoda longanimidad, para dechado de los que han de creer en él, para vida eterna. Y al rey de los siglos, incorruptible, invisible, a sólo Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos; amén. Este precepto encomiéndote, hijo Timoteo, según precedentes, relativas a ti profecías(c), para que milites en(d) ellas la hermosa milicia; teniendo fe y buena conciencia; la cual algunos repeliendo, acerca de la fe han naufragado; de los cuales es Himeneo y Alejandro; a quienes he entregado a Satanás, para que aprendan a no blasfemar. Exhorto, pues, ante todo, a que se hagan plegarias, oraciones, peticiones, agradecimientos por todos los hombres; por reyes y todos los que en eminencia están, para que placentera y tranquila vida pasen en toda piedad y honestidad. Que esto, hermoso y acepto a faz del salvador de nosotros, Dios; quien todos los hombres quiere se salven y a conocimiento de verdad vengan. Que uno, Dios; uno también medianero de Dios y hombres, hombre Cristo Jesús; el que se dio rescate por todos: el testimonio en tiempos propios(a), para lo cual he sido puesto yo predicador y apóstol (verdad digo; no miento), maestro de gentes en fe y verdad. Quiero, pues, oren los hombres en todo lugar, alzando piadosas manos, sin ira ni disputa; asimismo también mujeres, en vestuario ornado(b), con pudor y moderación órnense; no en trenzados, u oro, o perlas o vestimenta muy costosa; sino lo que cuadra a mujeres que profesan timoratez, por obras buenas. La mujer en sosiego aprenda, en toda sumisión; y que enseñe mujer no permito, ni que domine al marido, sino que esté en sosiego. Pues Adán primero fue formado; después, Eva. Y Adán no fue engañado; pero la mujer engañada en transgresión vino a ser. Pero se salvará por el engendramiento de hijos, —si permaneciere en fe y caridad y santificación con temperancia. Fiel(a) la palabra: Si alguno episcopado pretende, bella obra anhela. Debe, pues, el obispo irreprensible ser, de una(b) mujer marido, sobrio, prudente, decoroso, hospitalario, enseñador(c); no vinolento, percusor, sino benigno, incontencioso, desamante del dinero, a la propia casa bellamente presidiendo, hijos teniendo en sumisión, con toda honestidad; (pero si a la propia casa presidir no sabe ¿cómo de iglesia de Dios cuidará?) no un neófito(d), para que no, inflado, en juicio caiga del diablo; Y debe él también testimonio bello tener de los de fuera, para que no en vituperio caiga y lazo del diablo. Los diáconos(e) asimismo honestos(f), no bilingües, no a vino mucho dándose, no torpes logreros; teniendo el misterio de la fe en pura conciencia. Y también éstos probados sean primero; después ministren, irreprensibles siendo. Las mujeres asimismo honestas, no detractoras, sobrias, fieles en todo. Diáconos sean de una mujer maridos, a hijos bellamente presidiendo y a las propias casas. Pues los que bellamente ministraren, grada(g) para sí bella ganan y mucha libre habla(h) en la fe, la en Cristo Jesús. Esto te escribo, esperando venir a ti en breve; y, si tardare, para que sepas cómo se debe en casa de Dios conversar; la que es iglesia del Dios viviente, columna y sostén de la verdad. Y convenidamente(i) grande es el de la piedad(j) misterio; que manifestado fue en carne, justificado en espíritu(k), visto de ángeles, predicado entre gentes, creído en el mundo, asumido en gloria(l). Y el Espíritu expresamente dice que en los postrimeros tiempos apostatarán algunos de la fe, atendiendo a espíritus falaces y doctrinas de demonios, en hipocresía habladores de embustes, cauterizados(a) en la propia conciencia; que prohiben casarse; —abstenerse(b) de manjares que Dios crió en comida, con agradecimiento, para los fieles y que han conocido la verdad. Que toda criatura de Dios, bella, y nada desechable lo que, con agradecimiento, se toma; porque es santificado por palabra de Dios y oración. Esto preceptuando a los hermanos, bello serás ministro de Cristo Jesús, nutriéndole con las palabras de la fe y de la bella doctrina, a la que han seguido. Pero las profanas y aniles fábulas rechaza; y ejercítate en la piedad. Pues el corporal ejercicio para poco es provechoso; pero la piedad para todo provechosa es, promesa teniendo de vida de la de ahora y de la venidera. Fiel la palabra y de toda aceptación digna. Pues por esto nos fatigamos y vituperados somos, porque hemos creído en Dios viviente; quien es salvador de todos hombres, mayormente de los fieles. Manda esto y enseña. Nadie tu juventud menosprecie, en conducta, en caridad, en fe, en castidad. Mientras vengo, atiende a la lectura(c), a la exhortación, a la enseñanza. No descuides el, en ti, carisma, que se te dio, por profecía(d), con imposición de las manos del presbiterio. Esto medita; en esto está, porque tu aprovechamiento manifiesto sea a todos. Atiende a ti y a la doctrina; persiste en ello; que esto haciendo, y a ti mismo salvarás y a los que te oyen. A anciano no increpes, sino exhorta, cual a padre; a jovencillos, cual a hermanos; a ancianas, cual a madres; a jovencillas, cual a hermanas, en toda castidad. Viudas honra, a las realmente viudas. Y si alguna viuda hijos o nietos tiene, —aprendan(a) primero la propia casa reverenciar y compensaciones retornar a los progenitores; que esto acepto es a faz de Dios. Y la realmente viuda y desolada, esperanzada está en Dios; y persevera en las plegarias y oraciones día y noche; pero la disoluta, viviendo, muerta está. Y estas cosas preceptúa, para que inimpugnables sean. Y, si alguno, a los propios, y máximamente a los domésticos, no provee, la fe ha negado y es, más que un infiel, malo. Viuda regístrese(b), no menos de años sesenta nacida, de un marido mujer; en obras bellas siendo testimoniada: si hijos ha criado; si ha hospedado; si de santos pies lavado; si a atribulados, socorrido; si de toda obra buena ha ido en pos. Pero a las algo jóvenes viudas rechaza(c); pues, cuando han lozaneado(d) contra Cristo, casarse quieren teniendo juicio(e), porque la primera fe desecharon; y a la vez también ociosas aprenden, recorriendo las casas, y no sólo ociosas, sino también locuaces e impertinentes, a hablar lo no debido. Quiero, pues, que las algo jóvenes se casen(f), hijos engendren, casa gobiernen, ningún asidero den al adversario de vituperio; pues ya algunas hanse vuelto en pos de satanás. Si un fiel o una infiel tiene viudas, socórralas, y no se grave la iglesia, para que a las realmente viudas socorra. Los que bellamente presiden, presbíteros, de doble honor son dignos; máximamente los que se fatigan en palabra y enseñanza. Pues dice la Escritura: A buey que trilla, no bozalearás; y digno, el obrero de su jornal. Contra presbítero acusación no admitas, a no ser que con dos o tres testigos. A los que pecan, a faz de todos reprende, a fin de que también los demás temor tengan. Conjuro a faz de Dios y de Cristo Jesús y de los escogidos ángeles, que, esto(g) guardes, sin prejuicio, nada haciendo según propensión. Manos más(h) luego a nadie impongas, ni participes de pecados ajenos: a ti mismo casto conserva. (Ya no agua(i) bebas, sino de vino módico usa por tu estómago y tus frecuentes enfermedades). De algunos hombres los pecados manifiestos son, que se adelantan a juicio; pero a algunos también siguen: asimismo también las obras, las bellas, manifiestas son, y las que de otro modo se han, ocultarse no pueden(j). Cuantos son bajo yugo siervos, a los propios amos de toda honra dignos estimen; para que el nombre de Dios y la doctrina no sean blasfemados. Pero, los que fieles tienen amos, no menosprecien, porque hermanos son; sino más bien sirvan, porque fieles son y amados los que el beneficio reciben. Esto enseña tú y exhorta. Si alguno enseña disidente y no se allega a sanas palabras: las de nuestro Señor Jesucristo, y a la, según piedad, doctrina, inflado está, nada sabiendo, sino enfermando acerca de disputas y logomaquias(a); de las que nace envidia, contienda, blasfemias, sospechas malas, refriegas de hombres de la mente corrompidos y privados de la verdad; que estiman negocio ser la piedad Pero es negocio grande la piedad con bastantía(b). Pues nada hemos traído al mundo; claro que tampoco llevar cosa alguna podemos; y, teniendo sustento y cobertura esto nos ha de bastar. Pero los que quieren enriquecer, caen en tentación y bajo el diablo y apetitos muchos insensatos y perniciosos; los que hunden a los hombres en ruina y perdición. Que raíz de todos los males es el amor del dinero, a que algunos tendiendo, se han extraviado de la fe y a sí mismos traspasádose con dolores muchos. Mas tú, oh hombre de Dios, esto huye, y corre en pos de justicia, piedad, fe, caridad, paciencia, mansedumbre. Combate el bello combate de la fe; aprehende la eterna vida, para la cual has sido llamado, y has confesado la bella confesión a faz de muchos testigos. Preceptúote a faz del Dios, el que vivo engéndralo todo, y de Cristo Jesús, el que testificó ante Poncio Pilato la bella confesión; que guardes la(c) ordenación inmaculado, inimpugnable, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo; la que en tiempos propios mostrará el bienaventurado y sólo dinasta, el rey de los reinantes y señor de los señoreantes; el sólo que tiene inmortalidad, luz habitando inaccesible; a quien ha visto nadie de hombres ni ver puede; a quien honor e imperio sempiterno; amén. A los ricos en el de ahora siglo, preceptúa que no sublimes sientan, ni estén confiados en, de riqueza, incertidumbre, sino en el Dios, el viviente; el que nos brinda todo ricamente para disfrutar; que bien obren, enriquezcan en obras bellas, dadivosos sean, comuniquen(d), atesorándose fundamento bello para lo futuro, para que aprehendan la realmente vida. Oh Timoteo, el depósito custodia, esquivando las profanas nuevas voces(e) y objeciones de la mentidamente llamada ciencia; la cual algunos profesando, acerca de la fe, desacertaron. La gracia contigo. Amén. Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, según promesa de vida, la en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: gracia, misericordia, paz, de Dios Padre y Cristo Jesús, nuestro Señor. Agradecimiento tengo al Dios a quien sirvo, desde progenitores, en pura conciencia, que ininterrumpida tengo de ti memoria en mis oraciones noche y día; anhelando verte, recordando tus lágrimas(a), para de gozo llenarme; a la memoria trayendo la en ti infingida fe; la que inhabitó primero en tu abuela, Lóide, y tu madre, Eunice; y persuadido estoy de que también en ti. Por la cual causa te recuerdo que reinflames el carisma de Dios, que hay en ti por la imposición de mis manos. Pues no nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de fuerza, y caridad y templanza. No te avergüences, pues, del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero, sino que males padece, con el Evangelio, según la virtud de Dios(b), el que nos ha salvado y llamado con llamamiento santo, no, según nuestras obras, sino según propia determinación y gracia, la dada a nosotros, en Cristo Jesús, antes de tiempos seculares(c); y manifestada ahora por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo; que, así abolió la muerte como iluminó vida e incorruptibilidad, por el Evangelio; para lo cual he sido puesto yo predicador, y apóstol y maestro de gentes. Por la cual causa también esto padezco; empero no me avergüenzo; pues sé a quién he creído, y persuadido estoy de que poderoso es para el depósito mío custodiar hasta aquel día. Dechado ten de sanas palabras, las que de mí has oído en fe y amor el en Cristo Jesús. El bello depósito custodia, por el Espíritu Santo el que inhabita en nosotros. Sabes esto: que se han apartado de mí todos los del Asia; de los que es Figelo y Hermógenes. Dé misericordia el Señor a la de Onesíforo casa; porque muchas veces me ha refrigerado y de mi cadena no avergonzádose; sino que, viniendo a Roma, diligentemente buscóme y halló. Déle el Señor hallar misericordia de Señor en aquel día. Y cuanto en éfeso ministró, mejor tú conoces. Tú, pues, hijo mío, confórtate en la gracia la en Cristo Jesús; y lo que has oído de mí, por muchos testigos, esto encomienda a fieles hombres, los que idóneos han de ser para también a otros enseñar. Soporta, como bello soldado de Cristo Jesús. Nadie, militando, implícase en los de la vida negocios; para al reclutador, agradar. Y, si también luchare alguien, no es coronado, si no legítimamente luchare. El labrador agrícola debe primero(a) de los frutos participar. Entiende lo que digo(b), pues te dará el Señor entendimiento en todo. Recuerda a Jesucristo resucitado de muertos, de simiente de David(c); según mi Evangelio; en que soporto, hasta cadenas, como malhechor; empero la palabra de Dios no está encadenada. Por esto, todo sufro por los elegidos, para que también ellos salud consigan: la en Cristo Jesús con gloria eterna. Fiel la palabra: pues si hemos conmuerto, también conviviremos; si sufrimos, también conreinaremos; si negáremos, aquél también nos negará; si descreemos, aquél fiel permanece; pues negar a sí mismo no puede. Estas cosas recuerda, conjurando a faz del Señor. (1 Tim. 1,4) No alterques; cosa para nada proficua; para(d) subversión de las gentes. Afánate para a ti mismo probado presentarte a Dios: obrero inavergonzable, recta cortando la palabra(e) de la verdad. Y los profanos vaniloquios esquiva; pues mucho ayudarán a la impiedad; y la palabra de ellos como gangrena, pábulo tendrá(f); de los que es Himeneo y Fileto; los cuales acerca de la verdad han desacertado, diciendo que la resurrección ya ha sido(g); y subvierten de algunos la fe. Empero, el firme fundamento de Dios mantiénese, teniendo este sello: Ha conocido el Señor a los que son suyos; y: «Apártese de iniquidad todo el que nombra el nombre de Señor». Pero, en grande casa, no hay sólo vasos áureos y argénteos, sino también lígneos y lúteos, y unos para honra, otros para deshonra. Si alguien, pues, se depurare de estas cosas, será vaso para honra, santificado y útil al dueño, para toda obra buena dispuesto. Y los juveniles apetitos huye, y corre en pos de justicia, fe, caridad, paz con los que aman al Señor, de puro corazón. Pero las necias e indisciplinadas cuestiones evita, sabiendo que engendran riñas. Y el siervo de Señor no debe reñir, sino suave ser para con todos, docente, paciente, en mansedumbre amaestrando a los contradictores; por si les dé Dios arrepentimiento para a conocimiento de verdad venir, y vuelvan en sí del lazo del diablo, vivos prendidos por él a su voluntad. Y esto conoce: que en los últimos días sobrevendrán tiempos pesados, pues serán los hombres amantes de sí mismos, amantes del dinero, jactanciosos, altaneros, blasfemos, a los padres inobedientes, desagradecidos, impíos, inamantes, implacables, calumniadores, incontinentes, indómitos, inamantes del bien, traidores, precipitados, inflados, del deleite amantes, más que de Dios amantes; teniendo apariencias de piedad, pero la virtud de ella negando; también de éstos apártate. Pues de éstos son los que se entran en las casas y cautivan mujerzuelas cargadas de pecados, que son llevadas de concupiscencias diversas, siempre aprendiendo y jamás a conocimiento de verdad venir pudiendo. Del modo que Janés y Jambrés resistieron a Moisés; así también éstos resisten a la verdad, hombres corrompidos de la mente, réprobos acerca de la fe. Empero no adelantarán más; pues su demencia muy manifiesta será a todos; como la de aquéllos fue. Pero tú has seguido la doctrina mía, la institución, el propósito, la fe, la longanimidad, la caridad, la paciencia, las persecuciones, los padecimientos; cuales me acontecieron en Antioquía, en Iconio, en Listras; las cuales persecuciones toleré, y de todas me libró el Señor. Y todos los que quieren piadosamente vivir en Cristo Jesús, perseguidos serán. Pero malos hombres y embaidores empeorarán más y más, engañando y engañándose. Mas tú permanece en lo que has aprendido, y que, desde niño, las sagradas letras sabes, las que pueden adiestrarte para la salud por la fe, la en Cristo Jesús. Toda escritura, por Dios inspirada, también provechosa para enseñanza, para reprensión, para corrección, para amaestramiento el en justicia; para que perfecto sea el de Dios hombre, para toda obra buena perfeccionado. Conjuro a faz de Dios y de Jesucristo del que ha de juzgar vivientes y muertos, y por su aparición y su reino: predica la palabra; insiste a tiempo, a destiempo; convence, increpa; exhorta con toda longanimidad y doctrina. Pues habrá tiempo, cuando la santa doctrina no tolerarán; sino que, según los propios apetitos, se hacinarán maestros, picándoseles(a) el oído; y ciertamente, de la verdad el oído apartarán; pero a las fábulas se convertirán. Mas tú vela en todo; soporta; obra haz de evangelista; tu ministerio completa. Que ya yo soy libado(b), y el tiempo de mi disgregación está próximo. (Flp. 2,17) La bella lid he lidiado, la carrera consumado, la fe conservado. Por lo demás, guardada me está la de la justicia(c) corona, que me dará en aquél día, el justo juez; y no sólo a mí, sino también a todos los que han amado su aparición(d). Apresúrate a venir a mí presto. Que Demas me ha abandonado, amando el presente siglo, y ha partido a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia; Lucas está sólo conmigo. A Marco tomando trae contigo; porque me es útil para ministerio. Y a Tíquico envié a éfeso. El capote que dejé en Tróade, cerca de Carpo, viniendo, trae, y los libros; sobre todo, los pergaminos. Alejandro, el herrero, muchos males me ha mostrado(e); le pagará el Señor, según sus obras; de quien también tú guárdate; pues muy mucho resistió a las palabras nuestras. En mi primera defensa(f) nadie me acompañó; sino que todos me abandonaron; no se les impute. Pero el Señor me asistió y confortóme para que por mí la predicación fuese completada y oyesen todas las gentes; y librado fui de boca de león. Libraráme el Señor de toda obra mala, y salvará para su reino, el celestial; a quien la gloria por los siglos de los siglos, amén. Saluda a Prisca y áquilas y la de Onesíforo casa. Erasto quedó en Corinto; y a Trófimo dejé, en Mileto, enfermo. Apresúrate, para, antes del invierno, venir. Salúdate Eubulo, y Pudente, y Lino, y Claudia y los hermanos todos. El Señor Jesucristo con tu espíritu. La gracia con vosotros. De los ordenados. Increpaciones y consejos. Exordio Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo, según fe de elegidos de Dios y conocimiento de verdad, la según piedad, en esperanza de vida eterna; que prometió el inmendaz Dios, antes de tiempos seculares; y manifestó, en sazones propias, su palabra, en predicación; que ha sido confiada a mí, según ordenación de nuestro Salvador, Dios; a Tito, verdadero hijo, por la común fe: gracia y paz de Dios Padre y Cristo Jesús, Salvador nuestro. Por esta causa te dejé en Creta: para que, lo que falta, acabases de corregir; y constituyeses en cada ciudad ancianos(a); cual yo te ordené: si alguno es irreprensible, de una mujer marido, hijos teniendo fieles, no en acusación de libertinaje o insumisos. Que debe el obispo irreprensible ser, como de Dios dispensador: no arrogante, no iracundo, no vinolento, no percusor, no torpe logrero; sino hospitalario, benigno, sobrio, justo, santo, continente, atenido a la, según la doctrina, fiel palabra; para que poderoso sea, y a exhortar en la enseñanza la sana, y a los que contradicen, refutar. Pues hay muchos también insumisos, vanílocuos y embaidores; sobre todo los de la circuncisión; a quienes hay que refrenar; los cuales enteras casas trastornan, enseñando lo que no se debe, por causa de torpe lucro. Dijo uno de ellos, propio de ellos profeta(b): Los cretenses siempre embusteros, malas bestias, vientres haraganes. Este testimonio es verdadero. Por la cual causa repréndeles ásperamente, para que sanen en la fe, no ateniéndose a judaicas fábulas y mandamientos de hombres que de sí apartan la verdad. Todo(c) puro a los puros; pero a los manchados e infieles, nada puro; sino que manchadas están, y su mente y su conciencia. A Dios confiesan conocer, mas con las obras niegan; abominables siendo y rebeldes, y, para toda obra buena, reprobados. De los diversos deberes Pero tú habla lo que corresponde a la sana doctrina; que los ancianos sobrios sean, graves, prudentes, sanos(a) en la fe, la caridad, la paciencia; las ancianas, asimismo, en porte propio de lo sacro, no calumniadoras, no a mucho vino esclavizadas, bellas maestras; para que prudentes hagan a las jóvenes, porque amantes de los maridos sean, amantes de los hijos, prudentes, castas, caseras buenas, sometiéndose a los propios maridos para que la palabra de Dios no sea blasfemada. A los jóvenes asimismo exhorta a ser temperantes; acerca de todo a ti mismo presentándote modelo de bellas obras, en la doctrina incorruptibilidad, gravedad, palabra sana, intachable, para que el adversario se confunda, nada teniendo que decir de nosotros malo. Siervos(b) que a los propios amos se sujeten; en todo complacientes sean, no contradiciendo, no defraudando, sino toda fe demostrando buena, para que la doctrina la de nuestro Salvador Dios, atavíen(c). Porque ha destellado la gracia de Dios salvadora a todos los hombres, instruyéndonos, para que, renunciando a la impiedad y las mundanas concupiscencias, sobria, y justa y piadosamente vivamos en el presente siglo, aguardando la bienaventurada esperanza y aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo; que se dio por nosotros, para rescatarnos de toda iniquidad, y depurar para sí un pueblo opulento, celador de hermosas obras. Esto habla y exhorta y reprende con todo imperio: nadie te menosprecie. De las virtudes cristianas Acuérdales que a principados y potestades se sometan; sumisos sean; para toda obra buena preparados estén; que a nadie blasfemen; incontenciosos sean, benignos, toda mansedumbre demostrando para con todos los hombres. Pues éramos un tiempo también nosotros, insipientes, inobedientes, extraviados; sirviendo a concupiscencias y deleites diversos, en malicia y envidia viviendo, odiados, aborreciendo unos a otros. Pero, cuando la bondad y la afabilidad destelló de nuestro Salvador, Dios; no por obras, las en justicia que habíamos hecho nosotros, sino según su misericordia salvónos, por lavacro de regeneración y renovación del Espíritu santo; a quien derramó sobre nosotros opulentamente por Jesucristo, Salvador nuestro; para que, justificado por su gracia, herederos fuésemos hechos, según esperanza, de vida eterna. Fiel la palabra, y estas cosas quiero aseveres: que piensen por hermosas obras descollar los que han creído a Dios. Esto es hermoso y útil a los hombres. Pero necias cuestiones, y genealogías y contiendas y luchas legales evita; pues son inútiles y vanas. A herético hombre, después de una y otra amonestación, evita; sabiendo que está pervertido el tal y peca, estando condenado por sí mismo(a). Cuando yo enviare Ártemas a ti o Tíquico, apresúrate a venir a mí a Nicópolis; pues allí he resuelto invernar. A Zenas, el legisperito y a Apolo, había enviado adelante procurando que nada les falte. Y aprendan también los nuestros a ser en hermosas obras los primeros(b) para las premiosas necesidades, a fin de que no sean infructuosos. Salúdante los conmigo todos; saluda a los que nos aman en la fe. La gracia con todos vosotros. Pablo, encadenado de Cristo Jesús, y Timoteo, el hermano, a Filemón, el amado y cooperador nuestro; y a Apia, la hermana, y a Arquipo, el conmilitón nuestro, y a la, en tu casa, iglesia. Gracia a vosotros y paz de Dios, Padre nuestro, y Señor Jesucristo. Agradezco a mi Dios, siempre memoria de ti haciendo en mis oraciones, oyendo la caridad tuya y la fe, que tienes para con el Señor Jesús y para con todos los santos; a fin de que la comunicación de tu fe, activa se haga en conocimiento de todo bien(a), el en nosotros, para con Cristo Jesús. Pues gozo mucho tuve y consuelo en tu caridad, porque las entrañas de los santos refrigeradas están por ti, hermano. Por lo cual, libre habla en Cristo teniendo mucha para ordenarte lo conveniente; por el amor más bien ruego, tal siendo, como(b) Pablo: anciano, y ahora ya también encadenado de Jesucristo; ruégote por el hijo mío, que engendré en las prisiones: Onésimo; el un tiempo para ti inútil, pero ahora ya, y a ti y a mí muy útil, el que te he remitido; y tú a él, esto es: las entrañas mías(c), acoge. Al que yo quería conmigo retener, para que, por ti, me sirviese en las prisiones del evangelio. Pero, sin el asentimiento tuyo, nada he querido hacer, para que no como de fuerza el bien tuyo sea, sino de grado. Porque tal vez por esto se apartó por una hora, para que sempiterno le recobres; no ya como siervo, sino más que siervo: hermano amado, sobre todo para mí y cuánto más para ti, y en carne y en Señor. Si, pues, me tienes por compañero, acógele como a mí. Y, si algo te ha agraviado o debe, esto a mí cárgamelo. Yo, Pablo, he escrito de mi mano; yo pagaré; por no decirte que aún a ti mismo te me debes además. Sí, hermano; yo te disfrute en Señor: refrigera mis entrañas en Cristo. Confiado en tu obediencia te he escrito, sabiendo que aún sobre(d) lo que digo, harás. Y a la vez también prepárame hospedaje; pues espero que, por vuestras oraciones donado(e) seré a vosotros. Salúdate Epafrás, el concautivo mío en Cristo Jesús, Marco, Aristarco, Demas, Lucas, mis cooperadores. La gracia de nuestro Señor Jesucristo con vuestro espíritu. Cristo excede a los ángeles Habiendo múltiple y multímodamente, en lo antiguo, Dios hablado a los padres en los profetas; en el último de estos días, nos ha hablado en el Hijo; a quien puso heredero de todo, por(a) quien también hizo los siglos; El cual, siendo destello de la gloria e imagen de la substancia de él, y sustentándolo todo con la palabra de su poder, habiendo purificación de los pecados hecho, sentóse a la diestra de la majestad en lo excelso; tanto mejor hecho(b) que los ángeles, cuanto más excelente que ellos ha heredado nombre. Porque ¿a quién dijo alguna vez de los ángeles: (Sl. 2,7.) Hijo mío eres tú yo hoy te he engendrado? Y de nuevo: (2 S. 7,14.) ¿Yo seréle en padre y él seráme en hijo? Y, cuando de nuevo, introdujo al Primogénito en el orbe, dice: (Sal. 103,4.) Y adórenle todos los ángeles de Dios. Y cuanto a los ángeles, dice: (Sl. 44,7.) «El que hace a sus ángeles ráfagas y a sus ministros de fuego llama». Y cuanto al Hijo: (Sal. 44,7-8.) El trono tuyo, el(c) Dios, por el siglo del siglo; vara de rectitud, la vara de tu reino. Amaste justicia, y odiaste iniquidad; por esto te ungió Dios, tu Dios, con óleo de alborozo, sobre tus copartícipes. (Sl. 101,26-28.) Y: Tú, en los principios, Señor, la tierra cimentaste, y obras de tus manos son los cielos; ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos, como vestidura se envejecerán; y, cual si manto les mudarás y se mudarán; pero tú el mismo eres, y tus años no desfallecerán. Y ¿a quién de los ángeles ha dicho alguna vez: (Sl. 109,1) Siéntate a mi diestra hasta que yo ponga tus enemigos escabel de tus pies? ¿Acaso no todos son ministeriales espíritus, que, en ministerio son enviados por los que han de heredar la salud? Obediencia al Hijo de Dios. Su humillación para salvar a los creyentes Por esto debemos más abundantemente atenernos a lo oído; no sea que difluyamos(a). Pues, si la por ángeles hablada palabra(b) se hizo firme, y todo descamino y desobediencia recibió condigna retribución; ¿cómo nosotros escaparemos, tamaña descuidando salud?(c) la que, principio tomando de ser hablada del Señor, por los que oyeron, fue a nosotros confirmada, atestiguándola a la vez Dios, y con señales y prodigios, y diversas virtudes y del Espíritu santo repartimientos, según su voluntad. Pues no a ángeles sometió el mundo el futuro; del cual hablamos. Y testificó en alguna parte alguien, diciendo, (Sl.8-5.) ¿Qué es el hombre que te acuerdas de él; o el hijo de hombre, que le visitas? Minorástele un tanto(d) de los ángeles, de gloria y honor coronástele, y constituístele sobre las obras de tus manos. Todo sometiste por debajo de sus pies. Porque, al sometérselo todo, nada dejó insumiso a él. Pero ahora todavía no se lo vemos todo sometido. Y al un tanto de ángeles minorado vemos: a Jesús, por el padecimiento de la muerte, de gloria y honor coronado; para que, por gracia de Dios, por cada uno gustara la muerte. Pues cumplía a él(e), por causa de quien las cosas todas y por quien las cosas todas(f), que, a muchos hijos a gloria llevando, al autor de la salud de ellos(g), por padecimientos, consumase. Pues el que santifica y los que son santificados, de uno(h), todos; por la cual causa no se avergüenza de hermanos llamarles, diciendo: (Sl. 21,23.) Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la iglesia te himnaré. Y de nuevo: (Is. 8,17.) Yo seré confiado en él. Y de nuevo: He aquí yo y los párvulos que me ha dado Dios(i). Ya que los párvulos, pues, han comunicado con sangre y carne, también él mismo igualmente participó de ellas(j), para que, por la muerte, anonadase al que el imperio tenía de la muerte; esto es: al diablo; y soltase a éstos; cuantos, por temor de la muerte, durante todo el vivir, sujetos estaban a servidumbre(k). Pues no por cierto de ángeles asume,(l) sino de simiente de Abrahán asume. Por donde debió en todo a los hermanos asemejarse, para misericordioso hacerse y fiel sumo sacerdote en lo para con Dios, para expiar los pecados del pueblo. Pues en(m) lo que ha padecido él, tentado, puede a los tentados socorrer. Cristo mayor que Moisés Por donde, hermanos santos del llamamiento celestial partícipes, considerad al apóstol y sumo pontífice de nuestra confesión Jesús; que fiel es a quien le hizo; como también Moisés, en toda la casa(a) de él. Porque de mayor gloria éste sobre Moisés ha sido dignado, cuanto mayor honor tiene que la casa el que la fabricó. Pues toda casa fabricada es por alguno; pues, quien todo fabricó(b): Dios. Y Moisés ciertamente, fiel(c) en toda su casa, como servidor, en testimonio de lo que se había de hablar(d); pero Cristo, como Hijo(e), sobre su casa; cuya casa somos nosotros, si la libre habla y la gloriación de la esperanza, hasta el fin, firme retuviéremos. Por lo cual, según dice el Espíritu Santo: (Sl. 94,8-11.) Hoy, si la voz de él oyereis, no endurezcáis vuestros corazones, como en la exacerbación, según el día de la tentación en el desierto; donde me tentaron vuestros padres; probáronme, y vieron mis obras, cuarenta años; por lo cual, indignéme contra esta generación y dije: «Siempre yerran de corazón. Y ellos no han conocido mis caminos; como juré en mi ira: «¡No entrarán en el reposo mío...!» Mirad, hermanos, no sea que haya en alguno de vosotros corazón malo de infidelidad para(f) apartarse del Dios viviente; sino exhortaos cada día, mientras que el Hoy(g) se nombra: para que no se endurezca alguno de entre vosotros con engaño del pecado. Pues partícipes del Cristo hemos sido hechos, con tal que el principio de su fundamento(h), hasta el fin, firme retuviéremos; mientras se dice: «Hoy, si la voz de él oyereis, no endurezcais vuestros corazones, como en la exacerbación». Pues algunos, oyendo, exacerbaron, empero no todos los que salieron de Egipto por Moisés. Pero, ¿contra quiénes se indignó cuarenta años? ¿Acaso no contra los que pecaron; cuyos cadáveres cayeron en el desierto? Pero ¿a quiénes juró que no entrarían en el reposo de él, sino a los increyentes? Y vemos que no pudieron entrar por incredulidad. El reposo a los judíos, se da por Cristo Fuerza de la palabra divina Temamos, pues, no sea que, abandonando la promesa de entrar en el reposo(a) de él, parezca alguno de entre vosotros haberse rezagado. Pues también hemos sido evangelizados, así como aquéllos; empero no aprovechó la palabra de la oída a aquéllos no mezclada con la fe, en lo que oyeron. Pues entramos en el reposo, los que hemos creído; según ha dicho: «Como juré en mi ira: «¡Si entrarán en mi reposo!...»; y eso, estando las obras, desde fundación de mundo, hechas(b). Pues ha dicho en alguna parte acerca del séptimo así: (Gn. 2,2.) Y reposó Dios en el día el séptimo de todas sus obras. Y en ésta de nuevo: «¡Si entrarán en el reposo mío!...» Ya que resta, pues, que algunos entren en él, y los primeros evangelizados no entraron por desobediencia, de nuevo determina día: «Hoy», en David, diciendo, después de tanto tiempo, como antes ha dicho: «Hoy, si la voz de él oyereis, no endurezcáis vuestros corazones». Pues, si a ellos Jesús(c) reposara, no de otro hablara luego día. Por tanto queda el sabatismo(d) para el pueblo de Dios. Pues, el que entró en el reposo de él, también él reposó de sus obras, tal como de las propias Dios. Apresurémonos, pues, a entrar en aquel reposo, para que nadie en el mismo ejemplo caiga de la desobediencia. Pues viviente, el verbo de Dios y eficaz, y cortante sobre toda cuchilla bifauce(e); y, pasando hasta la división del alma y espíritu, así de articulaciones como de médulas, y discernidor de intentos y pensamientos de corazón; y no hay criatura invisible a faz de él, y todo desnudo y cuelli-descubierto(f) a sus ojos; para con quien a nosotros la cuenta(g). Teniendo, pues, sumo sacerdote grande que ha atravesado los cielos: a Jesús, el Hijo de Dios, asgámonos a la confesión(h). Que no tenemos sumo pontífice que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino tentado, por todo, según semejanza, sin pecado. Lleguémonos, pues, con libre habla(i) al trono de la gracia, para alcanzar misericordia; y gracia hallar, para oportuno socorro. Cristo pontífice eterno Porque todo sumo pontífice, que de entre hombres se toma, en pro de hombres constituido es en lo para con Dios, a fin de ofrecer dones y hostias por pecados; que condolerse pueda de los ignorantes y errantes; ya que también él cercado está de flaqueza; y, por ella, debe, así como por el pueblo, así también por sí mismo ofrendar por pecados. Y no se toma alguno el honor, sino el que es llamado por Dios; así como Aarón. Así también el Cristo no a sí mismo se glorificó, haciéndose sumo pontífice, sino el que le habló: (Sl. 2,7.) Hijo mío eres tú: yo hoy te he engendrado; así como también en otro lugar dice: (Sl. 109,4) Tú, sacerdote por el siglo, según el orden de Melquisedec. Quien, en los días de su carne, y plegarias y súplicas al que podía salvarle de muerte, con clamor intenso y lágrimas, ofreciendo; y escuchado por la reverencia(a), con ser Hijo, aprendió, de lo que padeció, la obediencia; y, consumado, hízose para todos los obedientes a él, causante de salud eterna; designado por Dios pontífice sumo, según el orden de Melquisedec. De quien tenemos mucha palabra, y mal declarable, que decir, ya que tardos os habéis hecho de los oídos. Puesto que, debiendo ser maestros, por el tiempo, de nuevo necesidad tenéis de que se os enseñe cuáles(b) los rudimentos del principio de los dichos de Dios(c), y habéis venido a tener necesidad de leche, no de sólido manjar. Pues, todo el que participa de leche, inexperto(d), de palabra de justicia(e); que párvulo es; pero, de perfectos es el sólido manjar, de los que, por el hábito, los sentidos ejercitados tienen para discernimiento y de bello y de malo. Exhortación a permanecer en la fe y confianza, a ejemplo de Abrahán Por lo cual, preteriendo la del principio del Cristo palabra(a), a la perfección dirijámonos, no de nuevo fundamento echando de penitencia de muertas obras y fe en Dios, de bautismos(b) doctrina y de imposición de manos, de resurrección de muertos y juicio eterno. Y esto haremos, si lo permitiere Dios. Pues imposible(c) que, los que una vez han sido iluminados, y han gustado el don el celestial y partícipes han sido hechos del Espíritu santo, y la hermosa han gustado de Dios palabra y las virtudes del venidero siglo(d), y han recaído; otra vez se renueven a penitencia; crucificando otra vez, para sí, al Hijo de Dios y exhibiendo(e). Pues tierra que se ha embebido, la sobre ella a menudo caída lluvia, y genera hierba útil a aquéllos por quienes también se cultiva; ha participado de bendición de Dios; pero, produciendo espinas y abrojos, réproba(f) y de maldición cerca; cuyo fin en quema. Pero persuadidos estamos, cuanto a vosotros, amados, de lo mejor y próximo a salud; aunque así hablamos. Que no injusto Dios, para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis demostrado para con su nombre, habiendo servido a los santos y sirviendo. Pero anhelamos que cada uno de vosotros demuestre empeño en el pleno aseguramiento de la esperanza, hasta el fin, para no tardos haceros, sino imitadores de los que, por fe y longanimidad, heredan las promesas. Pues a Abrahán prometiendo Dios, ya que a nadie tenía mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo: (Gen. 22,16.) «En verdad, bendiciendo te he de bendecir, y multiplicando, multiplicarte. Y así, longanimándose, alcanzó la promesa. Pues hombres por el mayor juran y de toda, para ellos, controversia fin en firmeza(g), el juramento; en lo que, más abundantemente queriendo Dios demostrar a los herederos de la promesa lo inmutable de su determinación, interpuso el juramento; a fin de que, por dos cosas inmutables,(h) en las cuales imposible(i) que mienta Dios, poderosa consolación tengamos los que nos hemos refugiado a asirnos a la propuesta esperanza. La que como áncora tenemos del alma y segura y firme, y que entra en lo interior del velo; adonde precursor por nosotros entró Jesús, según el orden de Melquisedec, sumo pontífice hecho por el siglo. Melquisedec y Cristo Pues este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios, del Altísimo, el que encontró a Abrahán volviendo de la matanza de los reyes, y le bendijo; al que también diezmo de todo dividió Abrahán; el que en primer lugar es interpretado; «rey de justicia»; y después también: «rey de Salem; lo que es: rey de paz»; sin padre, sin madre, sin genealogía; ni principio de días, ni de vida fin teniendo, y asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Y mirad ¡cuánto éste! al que también Abrahán dio de lo principal, el patriarca. Y aquéllos, de entre los hijos de Leví, el sacerdocio recibiendo, mandamiento tienen de diezmar al pueblo, según la ley; esto es: a sus hermanos, aunque salidos del lomo de Abrahán; pero éste, que no es genealogado de entre ellos, ha diezmado a Abrahán; y, al que tiene las promesas, ha bendecido. Pero fuera de toda contradicción, lo menos por lo más es bendecido. Y aquí por cierto diezmos murientes hombres reciben; pero allí, quien es atestiguado que vive. Y, por decir la palabra: por Abrahán, también Leví, el que diezmos recibe, diezmado ha sido(a); pues ya en el lomo del padre estaba, cuando le encontró Melquisedec. Si a la verdad, pues, perfección(b) por el levítico sacerdocio había (porque el pueblo por él ha sido legislado) ¿qué ya necesidad(c) de que, «según el orden de Melquisedec» otro se levantara sacerdote, y que no «según el orden de Aarón» se diga? Pues trasladado el sacerdote, por fuerza también de ley traslación se hace. Pues el en(d) que se dice esto, de tribu otra ha descendido, de la que nadie ha atendido al altar; que claro es que de Judá ha nacido nuestro Señor; a la cual tribu, sobre sacerdotes, nada Moisés habló. Y más aún claro es, si, a la semejanza de Melquisedec, se levanta sacerdote otro, que no, según la ley de mandamiento carnal ha sido hecho, sino según virtud de vida indisoluble. Porque testimoniado es: que «Tú, sacerdote por el siglo, según el orden de Melquisedec». Pues derogación por cierto se hace de precedente ordenación por su flaqueza e inutilidad; pues nada perfeccionó la ley; introducción, empero, de mejor esperanza(e), por la que nos acercamos a Dios. Y en cuanto no(f) sin juramento (pues aquéllos, sin juramento, han sido hechos sacerdotes; pero éste, con juramento, por el que le dice: Juró Señor, y no se arrepentirá: Tú, sacerdote por el siglo); en tanto de mayor testamento ha sido hecho fiador Jesús. Y aquéllos, muchos han sido hechos sacerdotes, por serles , por muerte, impedido permanecer; pero éste, por permanecer él por el siglo, intransitorio tiene el sacerdocio. Por donde también salvar del todo puede a los que se allegan, por él, a Dios, siempre viviente para interceder por ellos. Pues tal a nosotros convenía sumo pontífice, santo, inocente, incontaminado, segregado de los pecadores, y más excelso que los cielos hecho; que no tiene cada día necesidad, así como los sumos pontífices, de primeramente por los propios pecados hostias ofrecer, después, por los del pueblo; pues esto hizo de una vez, a sí mismo ofreciendo. Pues la ley hombres constituye sumos pontífices que tienen flaqueza; pero la palabra del juramento, del después de la ley, a Hijo, por el siglo, consumado(g). Cristo pontífice de la nueva y mejor alianza Y suma de lo que se dice: Tal tenemos sumo pontífice que se sentó a diestra del trono de la majestad en los cielos; del santuario ministro y del tabernáculo el verdadero, que plantó Dios, y no hombre. Pues todo sumo pontífice para ofrecer y dádivas y hostias ese constituido; por donde necesario(a) que tenga algo también éste que ofrecer. Sí, por lo tanto, estuviese sobre la tierra, ni sería sacerdote, habiendo quienes ofrecen, según la ley, las dádivas; los cuales a figura y sombra sirven de las cosas celestes; según fue revelado a Moisés, cuando había de fabricar el tabernáculo: Porque Mira, dice, (Ex. 25,40) harás todo según el dechado que se te mostró en el monte. Pero ahora más excelente ha recibido ministerio, cuanto también de una mejor es alianza medianero; la cual sobre mejores promesas ha sido instituida. Pues, si aquella primera hubiese sido intachable, no de segunda se buscara lugar. Pues, tachándoles, dice: (Jer. 31,31-34.) He aquí días vienen, dice Señor y consumaré sobre la casa de Israel y sobre la casa de Judá alianza nueva; no según la alianza que hice a los padres de ellos un día que tomé yo la mano de ellos para sacarles de tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi alianza, y yo les desprecié, dice Señor. Porque éste(b) el pacto que pactaré con la casa de Israel, después de aquellos días, dice Señor: dando mis leyes en su mente también en su corazón inscribirélas,(c) y seréles en Dios, y ellos seránme en pueblo. Y no enseñará, no, cada cual a su conciudadano y cada cual a su hermano, diciendo: «Conoce tú al Señor»; porque todos sabránme, de pequeño a grande de ellos; porque propicio seré a sus iniquidades; y de sus pecados no me acordaré, no, ya. Al decir: nueva, ha anticuado a la primera; y lo que se anticúa y envejece, cerca(d) de desaparición. Cristo medianero por su sangre Tenía, por cierto, también la primera prescripciones de culto y el santuario mundano(a). pues tabernáculo fue dispuesto, el primero, en el cual(b), y el candelabro, y la mesa y la proposición de los panes; el cual se dice el santo. Y detrás del segundo velo(c); tabernáculo, el que se llama el santo de los Santos(d), áurea teniendo ara, y el arca del testamento, revestido doquier de oro; en la que una urna áurea, teniendo el maná y la vara de Aarón la brotada y las tablas del testamento; y encima de ella querubines de gloria que sombreaban el propiciatorio; de lo cual no hay ahora que hablar parte por parte. Y, estas cosas así dispuestas, en el primer tabernáculo siempre entran los sacerdotes que los cultos consuman; en el segundo, empero, una vez en el año, sólo el sumo sacerdote, no sin sangre; que ofrece por sí mismo y las del pueblo ignorancias(e); esto mostrando el Espíritu el santo: no haberse aún manifestado la del santuario vía, mientras el primer tabernáculo tiene consistencia; lo que(f) parábola para el tiempo el presente(g), según la cual, y dádivas y hostias se ofrecen que no pueden, cuanto a conciencia, perfeccionar el cultor, que sólo en viandas, y bebidas y diversas lociones y prescripciones de carne, hasta tiempo de rectificación(h), consisten. Cristo, empero, viniendo sumo pontífice de los venideros bienes, por el mayor y más perfecto tabernáculo no hechizo; esto es: no de esta creación, ni por sangre de cabrones y becerros, sino por la propia sangre entró una vez por todas en el santuario, eterna redención hallando. Pues, si la sangre de cabrones y toros, y cenizas de becerra espolvoreadas a los contaminados santifica para la de la carne pureza; ¿cuánto más la sangre del Cristo, quien, por Espíritu eterno, se ofreció inmaculado a Dios, purificará nuestra conciencia de muertas obras para servir a un Dios viviente? Y por esto de alianza nueva medianero es; para que, muerte viniendo en redención de las bajo el primer testamento transgresiones, la promesa recibiesen los llamados, de la eterna herencia. Pues, donde(i) testamento, muerte menester(j) que sobrevenga del testador; porque testamento en muertos es firme; puesto que nunca vale, mientras vive el testador. Por donde, ni el primero sin sangre ha sido consagrado. Pues, recitada toda la ordenación según ley, por Moisés a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los cabrones, con agua y lana carmesí e hisopo, así el mismo libro, como todo el pueblo roció, diciendo: «Esta(k), la sangre del testamento que ha dispuesto para con vosotros Dios». Y también el tabernáculo y todos los vasos del ministerio con sangre igualmente roció. Y casi, en sangre, todo se purifica, según la ley, y sin efusión de sangre, no hay remisión. Menester(l), pues, que las figuras de lo de los cielos, con esto, se purificasen; las celestiales mismas, empero, con mejores hostias que éstas. Pues no en hechizo santuario entró Cristo, antitípico(m) del verdadero, sino en el mismo cielo, para ahora aparecer al rostro de Dios por nosotros; ni para a menudo ofrecerse a sí mismo; como el sumo pontífice entra en el santuario cada año en sangre ajena; si no, hubiera sido menester que muchas veces padeciese, desde la fundación del mundo; empero, ahora ya una vez por todas, en consumación de los siglos, para anonadamiento del pecado, por su inmolación se ha manifestado. Y, tal como está decretado a los hombres una vez morir; y, después de esto, el juicio; así también el Cristo, una vez ofrecido para de muchos quitar pecados; por segunda vez, sin pecado, apareceráse a los que le esperan, para salud. Cristo expió en la cruz todos los pecados Pues, sombra teniendo la ley, de los venideros bienes, no la imagen misma de las cosas, cada año(a) con las mismas hostias que ofrecen perennemente, jamás pueden a los que se allegan, perfeccionar; de otro modo ¿no hubieran cesado de ofrecerse, por ninguna(b) tener ya conciencia de pecados los cultores una vez purificados? Empero en ellas(c), memoria(d) de pecados cada año; pues imposible que sangre de toros y cabrones quite pecados. Por lo cual, entrando en el mundo, dice: (Sl. 39,7-9.) Hostia y oblación no quisiste; pero cuerpo adaptásteme; holocaustos aun por pecado no te pluguieron. Entonces dije: «He aquí vengo (a la cabeza del libro(e) escrito está de mí) a hacer, el(f) Dios, tu voluntad». Diciendo más arriba: «Porque hostias, y oblaciones y holocaustos, aún por pecado, no quisiste, ni pluguieron»; las cuales(g), según ley, se ofrecen, entonces ha dicho: «He aquí vengo para hacer tu voluntad»; quita lo primero, para lo segundo establecer. En la cual voluntad santificados estamos por la oblación del cuerpo de Jesucristo una vez por todas. Y todo sacerdote asiste cada cada día ministrando, y las mismas a menudo ofreciendo hostias; las cuales jamás pueden quitar pecados; éste, empero, habiendo una por pecados ofrecido hostia, para siempre sentóse a la diestra de Dios; en adelante aguardando a que sean puestos sus enemigos escabel de sus pies. Porque, con una oblación, ha consumado para siempre a los que se santifican. Y testifícanos también el Espíritu, el Santo. Porque, después de haber dicho: (Jer. 31,33.) Este, el testamento que testaré con ellos, después de aquellos días, dice Señor: «Dando leyes mías en su corazón; y en su mente las escribiré. y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré, no, ya». Pero, donde(h), remisión de éstos; ya no(i) oblación por pecado. Teniendo, pues, hermanos, libertad para la entrada del santuario, en la sangre de Jesús, por el camino que nos consagró nuevo y viviente, por el velo; esto es: la sangre suya; y(j) sumo pontífice grande sobre la casa de Dios; lleguémonos con verdadero(k) corazón, en plenitud de fe, rociados(l) los corazones de conciencia mala, y lavados el cuerpo(m) con agua pura; mantengamos la confesión de la esperanza indeclinable(n) (pues fiel, el que ha prometido); y mirémonos(o) unos a otros, en estímulo de caridad y hermosas obras; no abandonando nuestra congregación, según costumbre de algunos, sino exhortando, y tanto más, cuanto veis acercarse el día(p). Que voluntariamente pecando nosotros, después de recibir el conocimiento de la verdad, ya no por pecados queda hostia; pero una medrosa expectación de juicio; y de fuego celo, que devorar debe a los contrarios. Desechando alguno la ley de Moisés, sin lástimas, mediante dos o tres testigos, muere; ¿cuánto más, pensáis, peor merecerá castigo, el que al Hijo de Dios conculcó y la sangre del testamento, común(q) reputó; en la cual ha sido santificado; y al Espíritu de la gracia ultrajó? Pues sabemos al que dijo: (Deut. 32,35.) A mí, venganza: yo retribuiré; y de nuevo: (Sl. 135,14.) Juzgará Señor a su pueblo. Medroso, el caer en manos de un Dios viviente. Pero rememorad los anteriores días, en que, iluminados(r) mucha lid sostuvisteis de padecimientos: ahora, así con oprobios como con tribulaciones hechos espectáculo; ahora en partícipes de los así vivientes(s), convertidos. Pues también con los aprisionados padecisteis y la rapiña de vuestros bienes con gozo aceptasteis, conociendo que tenéis mejores haberes, y permanentes. No abandonéis, pues, vuestra confianza; la cual tiene grande remuneración. Que de paciencia tenéis necesidad, para que, la voluntad de Dios haciendo, reportéis la promisión. (Is. 26,20.) Pues todavía un poco, tantito, tantito —el que viene, llegará, y no tardará; (Hb. 2,3-4.) y el justo mío de fe vivirá, y si se retrajere(t), no se complace mi alma en él. Pero nosotros no somos de retraimiento, para perdición, sino de fe, para ganancia de alma. Ejemplos de fe Y es la fe de las cosas que se esperan, fundamento; de cosas demostración que no se ven. Pues en ésta testimoniados(a) fueron los antiguos, Por fe, entendemos haber sido dispuestos los siglos(b) por palabra de Dios, para que, de lo que no parece, se hiciera lo que se ve. Por fe, mayor hostia Abel que Caín ofreció a Dios; por la que fue testimoniado ser justo; testimoniando a sus ofrendas Dios; y por ella, muerto, aún habla(c). Por fe, Enoc trasladado fue, para no ver muerte; y no fue hallado, por esto: porque le había trasladado Dios; pues, antes de la traslación, testimoniado está de haber placido a Dios. Y, sin fe, imposible placerle; pues creer debe, el que se llega a Dios, que(d) es, y, para los que le buscan, remunerador se hace. Por fe, habiéndose revelado a Noé lo que aún no se veía, temeroso dispuso el arca, para salvación de su casa, por la cual(e) condenó al mundo, y de la, según fe, justicia hízose heredero. Por fe, el renombrado(f) Abrahán, obedeció en salir a lugar que había de recibir en herencia; y salió, no sabiendo a dónde va. Por fe, avecindóse en tierra de la promesa, como ajena; en tiendas habitando con Isaac y Jacob, los coherederos de la promesa la misma; porque esperaba la que los fundamentos tiene ciudad, cuyo artífice y autor(g), Dios. Por fe, también la misma Sara virtud, para fundación de simiente, recibió, aún fuera de sazón de edad, por cuanto fiel reputó al que prometía. Por lo cual también, de uno engendrados fueron (y eso amortecido) tal como los astros del cielo, por la muchedumbre, y, como la arena la en la ribera del mar, la innumerable. Conforme a fe(h) murieron éstos todos, no habiendo recibido las promesas, sino en lontananza viéndolas y saludando, y confesando que huéspedes y peregrinos son sobre la tierra. Pues los que tal dicen, demuestran que patria buscando van. Y, si por ventura aquélla hubieran recordado de que salieron, hubiesen tenido tiempo de retornar; pero ahora una mejor pretenden; esto es: celestial. Por lo que no se avergüenza de ellos Dios, Dios llamándose de ellos; porque preparádoles ha ciudad. Por fe, ha ofrecido Abrahán a Isaac, siendo tentado; y al unigénito ofrecía, el que las promesas recibiera; a quien se habló: (Gn. 21,18.) Que en Isaac llamada te será simiente; pensando que también de entre muertos a resucitar poderoso(i) Dios; por donde también en parábola,(j) le recibió. Por fe, asimismo acerca de lo venidero bendijo Isaac a Jacob y a Esaú. Por fe, Jacob, muriendo, a cada uno de los hijos de José bendijo, y adoró hacia la punta de la vara de él(k). Por fe, José, feneciendo, de la salida de los hijos de Israel acordóse, y acerca de los huesos de él mandó. Por fe, Moisés; nacido, ocultado fue un trimestre por sus padres, por esto: porque vieron gracioso al niñito, y no temieron la orden del rey. Por fe, Moisés, grande hecho, rehusó decirse hijo de hija de Faraón; más bien eligiendo ser maltratado, con el pueblo de Dios, que temporales tener de pecado fruiciones; mayor riqueza estimando, que los de Egipto tesoros, el oprobio del Cristo(l); pues miraba a la remuneración. Por fe, abandonó a Egipto, no temiendo la ira del rey; pues al invisible, como(m) viendo, se atuvo. Por fe, ha hecho la pascua y la aspersión de la sangre, para que, el que exterminaba lo primogénito, no tocase a ellos. Por fe, pasaron por la roja mar, como por seca tierra; de la cual experiencia tomando los egipcios, devorados fueron. Por fe, los muros de Jericó cayeron cercados por siete días. Por fe, Rahab, la ramera, no pereció al par de los increyentes, acogiendo a los exploradores con paz. ¿Y qué aún digo? Pues faltaríame; refiriendo, el tiempo, acerca de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté y David y Samuel, y de los profetas; quienes por medio de fe debelaron reinos; obraron justicia; alcanzaron promesas, cerraron bocas de leones, extinguieron poder de fuego, huyeron bocas(n) de cuchilla; confortados fueron de flaqueza; hiciéronse fuertes en guerra, campamentos derribaron de extraños(o); recibieron mujeres por resurrección, a los muertos de ellas; y otros atimbalados(p) fueron, no admitiendo el rescate(q) para mejor resurrección tocar. Y otros de ludibrios y azotes experiencia tomaron, y, a más, de prisiones y custodia: lapidados fueron, aserrados fueron, probados fueron, en matanza de cuchilla murieron, anduvieron en zaleas, en caprinas pieles, necesitados, atribulados, maltratados; de quienes no era digno el mundo; en soledades errabundos, y montes, y cavernas y las grietas de la tierra. Y estos todos, testificados(r) por la fe, no se llevaron la promesa; Dios acerca de nosotros algo mejor proveyendo, para que no sin nosotros, consumados fuesen(s). De la paciencia, a ejemplo de Cristo Excelencia de la nueva alianza Por lo tanto; también nosotros, tanta teniendo, que nos cerca, nube de testigos, carga deponiendo toda y el cautivador pecado, por paciencia corramos la que se nos propone, lid, mirando al de la fe autor y consumador, Jesús; quien en vez del que se le proponía gozo, soportó cruz, vergüenza menospreciando; y a la diestra del trono de Dios está sentado. Porque recapacitad al que tamaña(a) ha soportado, de los pecadores, contra sí, contradicción; para que no os rindáis, en las almas vuestras desmayados. Aún no hasta sangre habéis resistido, contra el pecado reluchando: y os(b) habéis olvidado de la consolación; la que con vosotros, cual con hijos conversa: (Prov. 3,11.) Hijo mío, no apoques(c) la corrección del Señor, ni desmayes, por él reprendido. Pues al que ama Señor, corrige; y vapula a todo hijo que recibe(d). Hasta la corrección perseverad; cual a hijos, se os ofrece Dios; pues, ¿qué hijo(e) a quien no corrige el padre? Y, si fuera estáis de corrección, de que partícipes han sido hechos todos; luego bastardos, y no hijos sois. Además; a los de nuestra carne padres teníamos de correctores; y les reverenciábamos; ¿no mucho más nos subordinaremos al padre de nuestros espíritus, y viviremos? Pues aquéllos para pocos días, según lo que les parecía, educaban; éste, empero, en lo conveniente a participar de su santidad. Pero toda educación, en cuanto a lo presente, no parece de gozo ser, sino de pesar; al fin, empero, fruto pacífico, a los por ella ejercitados, da de justicia. Por lo cual, las remisas manos y las disueltas rodillas erguid, y pasos rectos haced con vuestros pies para que lo claudicante no extravíe; sane, empero, más bien. La paz seguid con todos, y la santificación; sin la cual nadie verá al Señor; mirando que nadie falte a la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura, subiendo, empezca y por ella se manchen los muchos; que ninguno(f), ramero, o profano, como Esaú; quien, por manjar uno, vendió su primogenitura; porque sabéis que también más adelante, queriendo heredar la bendición, reprobado fue; pues de penitencia lugar no halló; con lágrimas, buscándola. Porque no os habéis allegado a palpable monte, y encendido fuego, nieblas y tinieblas, y tormenta, y a de trompeta son y voz de palabras; la cual oyendo, pidieron que no se les dirigiera palabra; (pues no sufrían lo que se ordenaba: Aun cuando bestia tocare el monte, lapidada será; y tan temeroso era lo que aparecía que Moisés dijo: Espantado estoy y tembloroso); sino que os habéis allegado a Sión monte y ciudad de Dios viviente, a Jerusalén celeste y a miríadas(g) de ángeles, a asamblea y congregación de primogénitos(h) inscritos en los cielos, y al juez Dios de todos, y a espíritus de justos consumados(i). y a de alianza nueva medianero, Jesús, y a sangre de aspersión, mejor hablando que Abel. Mirad que no desechéis al que habla; pues, si aquéllos no escaparon los que sobre la tierra desecharon al vaticinante(j); mucho menos nosotros los que al de los cielos desechamos; cuya voz la tierra estremeció entonces; ahora, empero, ha prometido diciendo: (Ag. 2,6.) Todavía una vez yo estremeceré, no sólo la tierra, sino también el cielo. Y lo de: «Todavía una vez», declara la de las cosas estremecidas traslación, como(k) de hechas; para que queden las no estremecidas. Por lo cual reino inestremecible recibiendo, retengamos la gracia; por la que sirvamos gratamente a Dios, con reverencia y temor, que nuestro Dios, fuego consumidor. Exhortaciones La fraternidad persevere. De la hospitalidad no os olvidéis; que, por ésta, ocultóseles a algunos(a), que hospedaban a ángeles. Acordaos de los cautivos, como de concautivos; de los afligidos, como que también vosotros estáis en cuerpo. Honorable, el matrimonio en todo, y el tálamo, inmaculado; que a rameros y adúlteros juzga Dios. Desinteresada la vida; contentos con lo presente; pues él dijo: (Deut. 31,6.) No te dejaré, no; ni te abandonaré, no; así que confiadamente digamos: Señor, para mí, ayudador: no temeré: ¿que me hará el hombre? Recordad a los prepósitos vuestros; los cuales os hablaron la palabra de Dios, de los que, contemplando la salida de la conversación(b), imitad la fe. Jesucristo: ayer y hoy el mismo, y por los siglos. De doctrinas varias y peregrinas no seáis llevados; porque hermoso, con gracia afianzarse el corazón; no con viandas, que no aprovecharon a los observantes. Tenemos altar, de que comer no tienen potestad los que al tabernáculo sirven. Pues de los animales, cuya sangre es introducida, por pecado en el santuario, por el sumo sacerdote; de éstos los cuerpos se queman fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar por la propia sangre al pueblo, fuera de la puerta(c) padeció. Por tanto salgamos a él, fuera del campamento, su oprobio llevando; que no tenemos aquí permanente ciudad, sino que la venidera buscamos. Por él, pues, ofrezcamos hostias de loor siempre a Dios; esto es: fruto de labios que confiesan su nombre. Y de la beneficencia y comunión(d) no os olvidéis, pues en tales hostias se complace a Dios. Obedeced a vuestros prepósitos, y someteos; pues ellos velan por vuestras almas, como que cuenta han de dar, para que, con gozo esto hagan, y no gimiendo; pues inconveniente a vosotros esto. Orad por nosotros; pues confiamos en que bella conciencia tenemos, en todo bellamente queriendo conversar. Y más exhorto a esto hacer, para que más pronto sea yo restituido a vosotros. Y el Dios de la paz, el que sacó de muertos al pastor de las ovejas, el grande, en sangre de testamento eterno, a nuestro señor Jesús; os perfeccione en todo bien, para hacer su voluntad, haciendo(e) en vosotros lo grato a faz de él, por Jesucristo; a quien la gloria por los siglos de los siglos, Amén. Y exhórtoos, hermanos, a sufrir la palabra de la exhortación; por haberos brevemente escrito. Sabed que nuestro hermano Timoteo está libre, con quién, si más pronto él viniere, os veré. Saludad a todos vuestros prepósitos y a todos los santos. Os saludan los de la Italia. La gracia con todos vosotros. De la sabiduría; la tentación; la lengua Santiago, de Dios y Señor Jesucristo siervo, a las doce tribus, las en la dispersión, salud. Todo gozo estimad, hermanos míos, cuando en tentaciones(a) cayereis varias; conociendo que la probación de vuestra fe obra paciencia. Y la paciencia obra perfecta tenga(b), para que seáis perfectos e íntegros, en nada faltos. Y, si a alguno de vosotros falta sabiduría, pida al que da: Dios, a todos sencillamente(c) y no enrostra; y darásele. Mas pida en fe, nada vacilando; pues el que vacila, parécese a oleadas de mar aventadas y agitadas. Pues bien no piense aquel hombre, que alcanzará algo del Señor; un varón doble(d) instable en todos sus caminos. Y gloríese el hermano, el bajo en su alteza(e); el rico; empero, en su bajeza(f); pues, como flor de heno pasará. Pues alzóse el sol con el ardor, y secó el heno, y la flor de él cayóse, y el decoro de la faz de él pereció; así también el rico en sus andanzas se marchitará. Bienaventurado el varón que sobrelleva tentación; porque después de probado, recibirá la corona de la vida; que ha prometido el Señor a los que le aman. Nadie, al ser tentado, diga: que «de Dios soy tentado»; que Dios intentado es de males(g); y tienta él a nadie. Cada cual, empero, tentado es; por la propia concupiscencia arrastrado y cebado; luego la concupiscencia, concibiendo, pare pecado; y el pecado, consumado, engendra muerte. No erréis, hermanos míos amados. Toda dádiva buena y todo don perfecto de arriba es, descendiendo del Padre de las luces; en quien no hay mudanza o de vicisitud sombreamiento(h). Queriendo, engendrónos con palabra de verdad, para que seamos ciertas primicias de sus criaturas. Sabéis(i), hermanos míos amados. Y sea todo hombre pronto para el oír; tardo para el hablar; tardo para ira; pues ira de varón justicia de Dios no obra. Por lo cual, desechando toda impureza y demasía de malicia, en mansedumbre aceptad la implantada palabra, la poderosa a salvar vuestras almas. Y convertíos en hacedores de palabra, y no en oidores solamente, engañándoos a vosotros mismos. Porque, si alguno oidor de palabra es, y no hacedor, éste parécese a varón que contempla la faz de su natividad(j) en espejo; pues contempládose ha, e ídose y luego olvidádose de cómo era(k). Pero, el que escudriña la ley perfecta, la de libertad(l), y persevera, no oidor de olvido(m) hecho, sino hacedor de obra, éste, bienaventurado en su hacer será. Si alguien cree religioso ser, no refrenando su lengua, sino engañando a su corazón(n); de éste, vana la religión. Religión pura e inmaculada ante Dios y Padre, ésta es: visitar huérfanos y viudas en la tribulación de ellos; inmancillado guardarse del mundo. De la misericordia y las buenas obras Hermanos míos, no en acepciones de personas tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo de la gloria(a). Pues, si entrare en vuestra reunión un varón de anillos de oro, en vestimenta esplendorosa; y entrare también un pobre en sórdida vestimenta; y miráreis al que lleva la vestimenta la esplendorosa, y dijereis: «Tú, siéntate aquí bellamente»; y al pobre dijereis: «Tú, párate allí, o siéntate debajo del escabel mío»; ¿no habéis juzgado(b) en vosotros mismos y héchoos jueces de pensamientos malos? Oíd, hermanos míos amados: ¿no ha elegido Dios a los pobres para el mundo, ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Y vosotros habéis deshonrado al pobre. Los ricos ¿no se enseñorean de vosotros y ellos os arrastran a tribunales? ¿No blasfeman ellos el bello nombre el invocado sobre vosotros? Si a la verdad ley cumplís regia, según la escritura: (Lev.19,18.) Amarás a tu prójimo como a ti mismo; bellamente hacéis; mas, si personas aceptáis, pecado obráis, siendo redargüidos por la ley como transgresores. Pues, quienquiera que toda la ley guardare, pero ofendiere en una cosa, ha sido de todas hecho reo. Pues, el que dijo: No adulterarás, dijo también: No matarás; y si no adulterares, matares, empero, te has hecho transgresor de ley. Así hablad y así haced, como por ley de libertad habiendo de ser juzgados. Pues el juicio inmisericordioso al que no ha hecho misericordia; gloríase, empero, misericordia contra juicio. ¿Cuál, el provecho, hermanos míos, si fe dijere alguno tener, pero obras no tuviere? ¿Acaso puede la fe salvarle? Y si hermano o hermana desnudos están, y privados del diario sustento; y les dijere uno de entre vosotros: «Id en paz, calentaos y hartaos», pero no les diereis las cosas necesarias del cuerpo: ¿cuál el provecho? Así también la fe, si no tuviere obras, muerta está en sí misma. Empero dirá alguno: «Tú fe tienes, y yo obras tengo», muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré, por mis obras, mi fe. Tú crees que uno es Dios; bellamente haces; también los demonios creen, y se estremecen. Pero ¿quieres conocer, oh hombre vano, que la fe, sin las obras, muerta es? Abrahán, nuestro padre, ¿no por obras justificóse, ofreciendo a Isaac, su hijo, sobre el altar? ¿Ves que la fe cooperó a sus obras y por las obras la fe se consumó? Y cumplióse la escritura la que dice: (Gen. 15,6) Y creyó Abrahán a Dios e imputósele a justicia y amigo de Dios fue llamado(c). ¿Veis que por obras, justificado es el hombre, y no por la fe solamente? Y asimismo también Rahab, la ramera, ¿no por obras fue justificada(d), acogiendo a los mensajeros y, por otro camino lanzándoles? Pues, así como el cuerpo, sin espíritu, muerto es, así también la fe, sin las obras; muerta es. De la lengua y la sabiduría No muchos, maestros os hagáis, hermanos míos, sabiendo que mayor juicio recibiremos. Que en muchas cosas tropezamos todos; si alguno en palabra no tropieza éste, perfecto varón, poderoso a enfrenar todo el cuerpo. Y, si de los caballos los frenos a las bocas echamos para que nos obedezcan, también todo el cuerpo de ellos manejamos. He aquí también las naves, tamañas siendo, y por vientos ásperos empujadas, gobiérnanse con pequeñísimo timón a donde el impulso del dirigente quisiere. Así también la lengua pequeño miembro es, y muy grande se jacta(a). He aquí cuánto(b) fuego, cuánta selva enciende; y la lengua, fuego: el mundo(c) de la iniquidad. La lengua constituida está(d) en los miembros nuestros, la que mancilla todo el cuerpo(e) e inflama el rodar de nuestra vida desde el nacer, y es inflamada(f) por la gehenna. que toda naturaleza, y de bestias, y volátiles, y reptiles, y marinos dómase; y domada está por la naturaleza, la humana; la lengua, empero, nadie domar puede de hombres: desasosegado mal, henchida de veneno mortífero. En ella bendecimos al Señor y Padre, y en ella maldecimos a los hombres los a semejanza de Dios hechos; de la misma boca procede bendición y maldición. No debe, hermanos míos, esto así suceder. ¿Por ventura el manantial por la misma abertura brota lo dulce y, lo amargo? ¿Acaso puede, hermanos míos, higuera olivas hacer, o vid, higos? ni la salada dulce hacer agua. ¿Quién sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la bella conversación sus obras en mansedumbre de sabiduría. Pero si celo amargo tenéis y emulación en vuestro corazón, no alardeéis y mintáis contra la verdad. No es ésta la sabiduría que de arriba desciende, sino terrenal, psíquica(g), demoníaca. Pues, donde celo y emulación, allí desasosiego y toda mala obra. Mas la de arriba sabiduría, lo primero, pura es; luego pacífica, clemente, dócil, henchida de misericordia y frutos buenos, no juzgadora, no hipócrita. Y fruto de justicia en paz siémbrase para los que hacen paz. Contra la concupiscencia, maledicencia, y presunción ¿De dónde guerras, y de dónde contiendas entre vosotros? ¿No de aquí: de vuestras concupiscencias las que militan en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis(a); matáis y envidáis, y no podéis alcanzar; contendéis y guerreáis, y no tenéis; por cuanto no pedís; pedís, y no recibís; por esto: porque malamente pedís: para en vuestras concupiscencias gastarlo. Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad del mundo enemiga de Dios es? Quien, pues, quisiere amigo ser del mundo, enemigo de Dios constitúyese. ¿O pensáis, que en vano la escritura dice: «¿Para envidia codicia el Espíritu que habita en vosotros?»; pero(b) mayor da gracia. Por lo cual dice: (Prov. 3,34.) Dios a soberbios resiste; a humildes, empero, da gracia. Someteos, pues, a Dios, y resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y se acercará a vosotros. Limpiad manos, pecadores, y purificad corazones, dobles. Afligíos, y lamentaos y llorad: la risa vuestra en lamento conviértase, y el gozo, en confusión. Humillaos a faz de Señor, y exaltaraos. No murmuréis unos de otros, hermanos. El que murmura del hombre o juzga a su hermano, murmura de ley y juzga ley; y, si ley juzgas, no eres hacedor(c) de ley, sino juez. Uno es el legislador y juez el que puede salvar y perder, pero tú ¿quién eres, el que juzgas al prójimo?— Ea, ahora, los que decís: «Hoy o mañana partiremos a la ciudad tal, y pasaremos allí un año, y comerciaremos y ganaremos»; (los que no sabéis lo del mañana; pues ¿qué vuestra vida? Vapor es, el que un momento aparece y luego desaparece); en vez de decir: «Si el Señor quisiere y viviéremos, haremos esto o aquello». Mas ahora os gloriáis en vuestras soberbias: toda gloriación tal mala es. El que sabe, pues, bello hacer, y no hace, pecado para él es. Contra los avaros. De la paciencia; juramento; extremaunción, confesión, acción y celo Ea; ahora, los ricos, llorad ululando sobre vuestros infortunios los que llegan. Vuestra riqueza podrida está, y las vestiduras vuestras apolilladas están; el oro vuestro y la plata se han enmohecido, y el moho de ellos en testimonio os será y comerá vuestras carnes, como fuego. Habéis atesorado para los últimos días(a). He aquí el jornal de los obreros los que segaron vuestras regiones, el defraudado por vosotros, grita; y los clamores de los que han cosechado, en las orejas del Señor sabaot(b) ha entrado. Os habéis holgado sobre la tierra, y lujuriado, nutrido vuestros corazones para día de degüello. Condenasteis, matasteis al justo: no os resiste. Longanimaos, pues, hermanos, hasta la parusia(c) del Señor. He aquí el labrador aguarda el precioso fruto de la tierra, longanimándose con él, hasta coger el temprano y el tardío. Longanimaos también vosotros; confirmad vuestros corazones; que la parusia del Señor se ha acercado. No os lamentéis, hermanos, unos contra otros, para que no se os juzgue; he aquí el juez a las puertas está. Por dechado tomad, hermanos, del sufrimiento y la longanimidad, a los profetas, que hablaron en el nombre de Señor. He aquí felicitamos a los que sufrieron: el sufrimiento de Job habéis oído y el fin de Señor visto; pues de muchas entrañas(d) es el Señor, y misericordioso— Pero, ante todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra; ni otro alguno juramento; y sea de vosotros el «Sí; sí»; y el «No; no»; porque bajo de juicio no caigáis. ¿Sufre alguno entre vosotros? Ore. ¿Goza alguno? Cante. ¿Enférmase alguno entre vosotros? Llame a sí a los presbíteros de la iglesia, y oren sobre él, ungiéndole con óleo, en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo; y levantarále(e) el Señor; y si pecados hubiere hecho, perdonaránsele. Confesaos, pues, unos a otros los pecados y orad los unos por los otros; para que sanéis. —Mucho puede plegaria de justo asidua. Elías hombre era pasible igual a nosotros; y con oración oró que no lloviera, y no llovió sobre la tierra, años tres y meses seis; Y de nuevo oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra brotó su fruto. Hermanos míos, si alguno entre vosotros se extraviare de la verdad, y le convirtiere alguno; conozca que, quien convirtiere a pecador de extravío de su camino, salvará el alma de él de muerte y cubrirá muchedumbre de pecados(f). Méritos de Cristo. Santa vida Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos(a) advenedizos de dispersión de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, según presciencia de Dios Padre, en santificación de Espíritu, para obediencia, y aspersión de sangre de Jesucristo: gracia a vosotros y paz acreciéntese.— Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo; quien, según la muchedumbre de su misericordia, nos ha regenerado en esperanza viva, por resurrección de Jesucristo de entre muertos; para herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible conservada en los cielos a vosotros; los que, en virtud de Dios, custodiados sois, por fe, para salud preparada a revelarse en tiempo postrero. En el cual os alborozáis(b); un poco ahora, si menester es, apenados en varias tentaciones; para que la prueba de vuestra fe(c) mucho más preciosa que oro el que perece, aunque a fuego es probado; se halle, en loor, y gloria y honor, en revelación de Jesucristo; a quien no viendo, amáis; a quien ahora no mirando, pero creyendo, os alborozáis con gozo inenarrable y glorificado; reportando el fin(d) de vuestra fe: salud de almas. Acerca de la cual salud inquirieron y escrudriñaron profetas, los, acerca de la para con vosotros gracia, profetizantes, escudriñando en qué o cuál tiempo declaraba el en ellos Espíritu de Cristo, pretestificando los para Cristo padecimientos y las, después de ellos glorias; a quienes revelado fue que no para sí, pero para vosotros ministraban(e) lo que ahora se os ha anunciado por los que os han evangelizado por el Espíritu Santo(f), enviado del cielo; lo que anhelan ángeles contemplar. Por lo cual, ciñéndoos los lomos de vuestra mente, ayunos(g), perfectamente esperad en la que se os trae gracia, en revelación de Jesucristo. Cual hijos de obediencia, no configurándoos con los anteriores de vuestra ignorancia apetitos; sino que según el que os ha llamado Santo, también vosotros mismos santos en toda conversación haceos; por esto: porque está escrito: (Lv. 11,44.) Santos seréis; porque yo santo soy. Y, si por Padre invocáis al que, sin acepción de personas, juzga según la de cada uno obra, en temor el de vuestra peregrinación tiempo pasad; sabiendo que, no con corruptibles cosas, plata u oro, habéis sido redimidos de vuestra vana conversación paterno-tradicional, sino con la preciosa sangre, como de cordero inmaculado e incontaminado: Cristo; preconocido por cierto antes de la constitución del mundo; manifestado, empero, en el último de los tiempos, por vosotros; los, por él fieles a Dios; el que le resucitó de muertos, y gloria le dio; para que vuestra fe y esperanza sea en Dios. Vuestras almas habiendo vosotros purificado en la obediencia de la verdad, en fraternidad infingida; de corazón amaos entrañablemente; renacidos, no de simiente corruptible, sino incorruptible; por palabra de viviente Dios y permanente. Por esto: (Is. 40, 6-8.) porque toda carne, como heno, y toda gloria de ella, como flor de heno: secóse el heno y su flor se cayó. Mas la palabra de Señor permanece por el siglo. Y ésta es la palabra, la que se os ha evangelizado. Inocencia; obediencia; paciencia Despojándoos, pues, de toda malicia y todo dolo, e hipocresía, y envidias y todas detracciones; cual recién nacidos niños, la racional, indolosa leche ansiad; a fin de que en ella crezcáis en salud; si ya es que gustasteis que bueno, el Señor. Al que aproximándoos, a piedra viviente, por hombres, en verdad, desechada, pero, ante Dios, escogida, preciosa, también vosotros mismos, como piedras vivientes edificaos sobre ella, casa espiritual, en sacerdocio santo, a ofrecer espirituales hostias, aceptas a Dios por Jesucristo. Por lo cual se contiene en la escritura: (Is. 28,16.) He aquí pongo en Sión piedra angular, escogida, preciosa; y el que cree en ella, no será confundido, no; A vosotros, pues, la honra, a los creyentes; a los desobedientes, empero, piedra que desecharon los edificantes; ésta ha sido hecha en cabeza de ángulo; y piedra de tropiezo y peña de escándalo; los que tropiezan, a la palabra desobedeciendo; para lo cual también han sido puestos(a). Pero vosotros, linaje escogido, regio sacerdocio, gente santa, pueblo de adquisición(b); para que las virtudes anunciéis del que os ha llamado de tinieblas a su maravillosa luz; los, un día, no pueblo; ahora empero, pueblo de Dios; los no compadecidos; ahora, empero, compadecidos. Amados, exhorto a que, como advenedizos y peregrinos os abstengáis de los carnales apetitos; los cuales militan contra el alma; vuestra conversación entre las gentes teniendo hermosa; a fin de que, en lo que murmuran de vosotros como malobrantes, por las hermosas obras, contemplando, glorifiquen a Dios en día de visitación(c). Someteos, pues, a toda humana criatura(d), por el Señor; sea a rey, como a descollante; sea a presidentes, como por él enviados para vindicta de malobrantes, y alabanza de bienobrantes; pues así es la voluntad de Dios: que, bien obrando, acalléis la de los insensatos hombres ignorancia; como libres, y no, como por velo teniendo de la malicia, la libertad(e), sino como siervos de Dios. A todos honrad; la fraternidad amad; a Dios temed; al rey honrad. Los siervos sometidos en todo temor a los amos; no sólo a los buenos y clementes, sino también a los torcidos. Que esto, gracia(f): si por conciencia de Dios, sobrelleva alguno penas, sufriendo injustamente. Pues, ¿qué gloria, si, pecando, también abofeteados sufrís? Empero, si, bien obrando y padeciendo, sufrís, esto, gracia ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados; porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos dechado para que siguierais sus huellas; quien pecado no hizo, ni se halló dolo en su boca; quien, siendo ultrajado, no a su vez ultrajaba; padeciendo, no conminaba; y entregábase al que juzga justamente; quien los pecados nuestros el mismo llevó, en su cuerpo, sobre el leño; para que, a los pecados muriendo, a la justicia viviésemos; con cuyas llagas habéis sido sanados. Pues erais como ovejas errantes; pero os convertisteis ahora al pastor y guarda de vuestras almas. Deberes de los casados. De las principales virtudes morales De la pasión y el bautismo Asimismo(a) las mujeres, sometidas a los propios maridos; para que, aunque algunos desobedezcan a la palabra, por la de las mujeres conversación, sin palabra sean ganados; contemplando vuestra en temor, pura conversación. De las cuales sea, no el exterior, de ensortijamiento y atavíos áureos o uso de vestes, ornato; sino el oculto del corazón hombre(b), en la incorruptibilidad del sosegado y manso espíritu; que es, a faz de Dios, muy precioso. Pues así en otro tiempo también las santas mujeres, las que esperaban en Dios, adornábanse, sometiéndose a los propios maridos; como Sara obedecía a Abrahán, señor llamándole; de la cual habéis venido a ser hijas, bien obrando y no temiendo ningún terror. Los maridos, asimismo cohabitando según ciencia(c), como con más débil vaso, con el mujeril, dispensando honra como a también coherederas de gracia de vida; para que no sean impedidas vuestras oraciones(d). Y, al fin, todos, unánimes, compasivos, hermanables, bien entrañables, humildes; no volviendo mal por mal o ultraje por ultraje; pero, al contrario, bendiciendo; pues a esto habéis sido llamados, para que bendición heredéis. (Sl. 33,13) Pues, el que quiere vida amary ver días buenos,reprima su lengua de lo malo,y sus labios para que no hablen dolo; apártese de mal y haga bien;busque paz y corra en pos de ella; porque ojos de Señor sobre justos,y sus orejas a plegaria de ellos;y faz de Señor sobre los que hacen mal. ¿Y quién, el que os maltratará, si del bien celadores os hiciereis? Empero, aunque sufriereis por justicia, bienaventurados. (Is. 8,12.) Y el temor de ellos no temáis; ni os conturbéis. Y al Señor, al Cristo santificad(e) en vuestros corazones, prontos siempre a defensa a todo el que os pidiere cuenta de la en vosotros esperanza; empero con mansedumbre y temor, conciencia teniendo buena; para que en lo que se os detracta, sean confundidos los que calumnian vuestra buena en Cristo conversación. Pues mejor que, bien obrantes vosotros, si quisiere la voluntad de Dios padezcáis, que mal obrantes. Pues también Cristo una vez por pecados padeció, justo por injustos, para introduciros a Dios, muerto ciertamente en carne; vivificado, empero, en espíritu; en el que también a los en custodia espíritus yendo predicó; a los inobedientes en otro tiempo(f); cuando aguardaba la de Dios longanimidad en días de Noé, fabricándose el arca; en la cual pocos; esto es: ocho almas, se salvaron del agua. Como también a vosotros una imagen(g), ahora salva: el bautismo: no de carne ablución, de inmundicia; sino de conciencia buena seguridad para con Dios, por resurrección de Jesucristo; quien está a la diestra de Dios; (devorando a la muerte, para que de vida eterna nos hiciéramos herederos) ido al cielo; sometidos a él ángeles, y potestades y virtudes. Nueva vida. Gozo en la tribulación Habiendo, pues, Cristo, padecido en carne, también vosotros del mismo pensamiento armaos; pues, quien padece en carne, ha cesado de pecado; para no ya para de hombres concupiscencias, sino, para voluntad de Dios, el restante, en carne, vivir tiempo. Pues basta que el pasado tiempo, el querer de las gentes hayan cumplido, caminando en lascivias, concupiscencias, vinolencias, bacanales, potaciones y criminales idolatrías. Por lo que se extrañan de que no concurráis al mismo de la lujuria desenfreno, blasfemando; los que darán cuenta al que pronto está a juzgar vivos y muertos. Pues para esto también a los muertos(a) se ha evangelizado; para que de una parte sean juzgados, según hombres, de carne; vivan, empero, según Dios, de espíritu. Mas de todas las cosas el fin se ha acercado. Moderaos, pues, y templaos para oraciones; pero, ante todo, la entre vosotros caridad continua teniendo; porque la caridad cubre muchedumbre de pecados. Hospitalarios unos con otros sin murmuración; cada uno, según ha recibido carisma, entre vosotros ministrándolo, como buenos dispensadores de varia gracia de Dios. Si alguno habla, como dichos de Dios; si alguno ministra, como con fuerza que suministra Dios; para que en todo glorificado sea Dios por Jesucristo; a quien es la gloria y el imperio por los siglos de los siglos; amén. Amados, no os extrañéis del en vosotros fuego para prueba a vosotros encendido, como de cosa extraña a vosotros acontecida; sino que, por cuanto participáis de los de Cristo padecimientos, gozaos; para que también en la revelación de su gloria os gocéis, alborozándoos. Si se os ultraja en nombre de Cristo, bienaventurados; pues el de la gloria y potestad y el de Dios espíritu sobre vosotros reposa. Pero nadie de vosotros padezca como homicida, o ladrón o malhechor, o como de lo ajeno codicioso; mas, si como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios en este nombre. Porque(b), el tiempo de empezar el juicio por la casa de Dios; pero, si primeramente por nosotros, ¿cuál, el fin de los que desobedecen al de Dios Evangelio? Y si el justo apenas se salva, el impío y pecador ¿dónde parecerá? Así que también los que padecen, según la voluntad de Dios, al fiel Creador encomienden sus almas, en beneficencia. Exhortación a los presbíteros. De la humildad A los ancianos, pues, a los entre vosotros exhorto, el coanciano y testigo de los de Cristo padecimientos; el también, de la que se ha revelar, gloria partícipe: Apacentad la entre vosotros grey de Dios; vigilando, no forzada, sino espontáneamente, según Dios; ni sórdido-codiciosa, sino gustosamente; ni como dominando sobre las heredades, sino dechados haciéndoos de la grey; y, apareciendo el arquipastor, os llevaréis la inmarcesible de la gloria corona. Asimismo, adolescentes, sujetaos a ancianos. Y todos, unos con otros, de humildad revestíos; porque Dios a soberbios resiste; pero a humildes da gracia. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios; para que os exalte en tiempo de visitación; toda vuestra solicitud arrojando sobre él; pues él cuida de vosotros. Templaos, velad: vuestro enemigo diablo, como león bramante ronda, buscando a quien devorar; al que resistid, firmes en la fe; sabiendo que las mismas tribulaciones están a vuestros en el mundo hermanos reservadas. Y el Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, habiendo un poco padecido vosotros; él os perfeccionará, afirmará, esforzará. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. Por Silvano, el fiel hermano, como pienso, os he brevemente escrito, exhortando y conjurando que ésta es la verdadera gracia de Dios; en la cual os mantenéis. Salúdaos al en Babilonia(a) coelegida(b) y marco(c), el hijo mío. Saludaos unos a otros en ósculo de caridad. Paz a vosotros todos los en Cristo. Prácticas de la virtud. De la transfiguración Simeón(a) Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que han alcanzado igual fe que nosotros en justicia del Dios nuestro y Salvador Jesucristo. Gracia a vosotros y paz multiplíquese, en conocimiento de Dios y Jesucristo, Señor nuestro: como todas las cosas(b) a nosotros, de su divino poder, para vida y piedad; el que ha sido donado(c) por el conocimiento del que nos ha llamado a la propia gloria y virtud. Por las cuales, las muy grandes y preciosas promesas nos ha donado; para que, por ellas, os hagáis de la divina partícipes naturaleza, huyendo de la del mundo de concupiscencia corrupción. Y por esto mismo también, solicitud toda empleando añadid a vuestra fe la virtud; y, a la virtud, la ciencia; y, a la ciencia, la templanza, y, a la templanza, la paciencia: y, a la paciencia, la piedad; y, a la piedad, la fraternidad; y a la fraternidad, la caridad; Pues, estas cosas en vosotros existiendo y acrecentándose, no ociosos ni infructuosos(d) constituyen en el de nuestro Señor Jesucristo conocimiento, pues, quien no tiene estas cosas, ciego es, miopeando, olvido tomando de la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual más bien, hermanos, apresuraos, para que, por las hermosas obras cierta vuestra vocación y elección hagáis; que, esto haciendo, no caeréis jamás. Que así ricamente se os suministrará la entrada en el eterno reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por lo cual os habré siempre de rememorar estas cosas, aún sabiéndolas y estando afirmados en la presente verdad. Y justo creo, mientras estoy en esta tienda, despertaros con recordación; sabiendo que rápida es la guarda de mi tienda; según también nuestro Señor Jesucristo me declaró. Y me empeñaré en que también de continuo tengáis, después de mi partida, cómo de estas cosas memoria hacer. Pues no de ingeniosas fábulas en pos siguiendo, os hemos manifestado de nuestro Señor Jesucristo virtud y parusia; sino espectadores hechos de la de aquél majestad. Pues, recibiendo(e) de Dios Padre honor y gloria, una voz deslizándose sobre él, así, de la magnífica gloria: «El Hijo mío, el amado mío éste es, en quien yo me he complacido (a él oíd)». Y esta voz nosotros hemos oído del cielo deslizada con él estando en el santo monte. Y tenemos una más firme(f): la profética palabra, a la que bellamente hacéis ateniéndoos, como a lámpara luciendo en tenebroso lugar, hasta que día irradie y lucero nazca en vuestros corazones; esto primero conociendo que toda profecía de la escritura, de propia interpretación(g), no se hace; pues, no por voluntad de hombre, ha sido traída jamás una profecía; sino que de Espíritu santo llevados, han hablado (santos) de Dios, hombres. Contra los falsos doctores Y hubo también pseudoprofetas en el pueblo; como también en vosotros habrá pseudomaestros; los cuales subintroducirán sectas de perdición, y, del que les compró dueño, renegando, atrayendo sobre sí rápida perdición. Y muchos irán en pos de las lascivias de ellos; por quienes el camino de la verdad blasfemado será; y, en avaricia, con fingidas palabras, os negociarán(a); para quienes el juicio, tiempo ha, no ocia(b); y la perdición de ellos no dormita. Pues, si Dios a ángeles que pecaron, no perdonó, sino que con cuerdas de tinieblas tartarizando(c) entregó a que, para juicio, castigados siendo, fuesen guardados(d)—; y al antiguo mundo no perdonó, sino que a octavo(e), Noé, de justicia heraldo, guardó, un cataclismo sobre un mundo de impíos trayendo; y ciudades de Sodoma y Gomorra incinerando, a perdición condenó, ejemplo a los que habían de prevaricar poniendo; y al justo Lot, atormentado por la, de los desenfrenados en lujuria conversación, libró; (pues, con vista y oído, el justo habitando entre ellos, día por día, alma(f) justa, con sus obras inicuas, atormentaba); sabe Señor a píos de tentación librar; pero, a injustos a día de juicio, para castigados, guardar; y, sobre todo, a los que, en pos de carne, en concupiscencia de inmundicia, van, y dominación(g) desprecian, audaces, presuntuosos, glorias(h), no tiemblan de blasfemar; donde ángeles, en fuerza y poder mayores siendo, no llevan contra ellos, ante Señor, blasfemo juicio(i). Pero éstos, como irracionales vivientes nacidos naturalmente para captura y destrucción, de lo que ignoran, blasfemando; en su corrupción también serán destruidos; llevándose galardón de injusticia. Deleite estimando la del día(j) sensualidad; manchas e ignorancias que se encenagan en sus extravíos(k), banqueteando con vosotros; ojos teniendo henchidos de adulterio e insaciables de pecado, cebando almas instables; corazón ejercitado en avaricia teniendo; de maldición hijos; abandonando recta vía, se han extraviado; yendo en pos del camino de Balaán, el de Bosor; quien galardón de injusticia amó; pero el vituperio tuvo de la propia prevaricación: un animal de carga mudo, en de hombre voz hablando, refrenó la del profeta insensatez. Estos son manantiales inacuosos y nieblas por huracán arrastradas; a quienes la calígine(l) de las tinieblas reservada está. Pues, la hinchazón de la vanidad hablando, ceban, en apetitos de carne, con lascivias a los que apenas se habían evadido de los que en error conversan; libertad prometiéndoles, ellos mismos esclavos viviendo, de la corrupción; pues, de quien alguno vencido está, a éste también esclavizado está. Pues, si huyendo las contaminaciones del mundo, en reconocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo; en éstas de nuevo implicándose, son vencidos, hánseles las postrimerías hecho peores que los principios. Porque mejor fuérales no haber conocido el camino de la justicia que, habiendo conociendo, volverse del a ellos dado santo mandamiento. Hales acontecido lo del verdadero proverbio: (Prov. 26,11.) Perro volviendo al propio vómito; y: Cerdo lavado, a revolcadero de cieno. Fin del mundo y segunda venida. Las epístolas de San Pablo ésta ya, amados, segunda os escribo epístola; en las cuales despierto de vosotros, en recordación, lo sincera mente, a recordar las predichas palabras por los santos profetas y el de vuestros apóstoles mandamiento del Señor y Salvador; esto primero conociendo, que vendrán en los últimos días, en mofa mofadores, según sus propias concupiscencias caminando, y diciendo: «¿Dónde está la promesa de la parusia de él? Pues desde que nuestros padres se durmieron, todo así persevera desde principio de creación». Pues ocúltase a los que esto quieren(a), que cielos eran de muy antiguo, y tierra de agua y por agua consistiendo(b), por la de Dios palabra; por las cuales el de entonces mundo, por agua inundado, pereció. Y los de ahora cielos y la tierra, por la misma palabra, guardados están para fuego, reservados, para día de juicio y perdición de los impíos hombres. Pero esto uno no se os oculte, amados: que un día ante Señor, como mil años, y mil años, como día uno. No tarda Dios la promesa, como algunos tardanza creen; sino que se longanima por nosotros; no queriendo que algunos perezcan, sino que todos a arrepentimiento se lleguen. Pero vendrá el día de Señor como ladrón; en el que cielos estruendosamente pasarán; y elementos, ardiendo, disolveránse, y tierra y las en ellas obras se quemarán. Esto, pues, todo disolviéndose ¡cuáles debéis haberos vosotros en santas conversaciones y piedades; aguardando y apresurándoos a la parusia del de Dios día, por el cual los cielos, encendidos disolveránse; y elementos, ardiendo, se funden! Y nuevos cielos y nueva tierra, según las promesas de él aguardamos, en los cuales justicia habita. Por lo cual, amados, esto aguardando, empeñaos en que inmaculados e intachables por él hallados seáis en paz. Y la de nuestro Señor longanimidad salud estimad, así como también nuestro amado hermano Pablo, según la a él dada sabiduría, os ha escrito; cual también en todas las epístolas hablando en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender; que los indoctos e instables tuercen, como asimismo las demás escrituras, para su propia perdición. Vosotros, pues, amados, preconociendo, guardaos para que, por el de los desenfrenados extravío al par arrebatados, no caigáis de la propia firmeza; y creced en gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria y ahora y hasta día de siglo. Cristo es la vida; y Dios luz Lo que era desde el principio: lo que hemos oído; lo que hemos visto con nuestros ojos; lo que hemos mirado y nuestras manos han palpado, acerca del Verbo de la vida; (y la vida manifestóse; y hemos visto, y testificamos y os anunciamos la vida la eterna; la cual era con el Padre y manifestóse a nosotros) lo que hemos visto y oído, os anunciamos a vosotros; para que también vosotros comunión tengáis con nosotros; —y asimismo nuestra unión(a) con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Y esto os escribimos, porque vuestro gozo sea lleno. Y éste es el anuncio, que hemos oído de él y os anunciamos: que Dios luz es y tinieblas en él no hay ningunas. Si dijéremos que comunión tenemos con él, y en las tinieblas andamos, mentimos y no hacemos la verdad; pero, si en la luz andamos, como él está en la luz, comunión tenemos entre nosotros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, purifícanos de todo pecado. Si dijéremos que pecado no tenemos, nos engañamos, y la verdad no está en nosotros. Si confesáremos nuestros pecados, fiel es y justo para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si dijéremos que no hemos pecado, mendaz le hacemos, y su verbo no está en nosotros. De la caridad Hijitos míos, esto os escribo, para que no pequéis. Y, si alguno pecare, abogado tenemos para con el Padre: a Jesucristo justo; y él propiciación es por nuestros pecados; y no por los nuestros solamente, sino también por los de todo el mundo. Y en esto conocemos que le hemos conocido: si sus mandamientos guardamos. El que dice: que «le he conocido», y sus mandamientos no guarda, mendaz es; y en éste la verdad no está; pero, el que guardare su palabra, verdaderamente en éste la caridad de Dios consumada está. En esto conocemos que en él estamos. El que dice en él permanecer, debe, según aquél anduvo, también él andar. Amados, no mandamiento nuevo os escribo, sino mandamiento antiguo, que teníais desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído. Otra vez(a) mandamiento nuevo os escribo; lo que es verdadero en él(b) y en vosotros, porque las tinieblas pasan, y la luz la verdadera(c) ya luce. El que dice en la luz estar y a su hermano odia, en las tinieblas está hasta ahora. El que ama a su hermano, en la luz permanece, y escándalo en él no hay; pero el que odia a su hermano en las tinieblas está y en las tinieblas anda y no sabe a donde va; pues las tinieblas han cegado sus ojos. Escríboos, hijitos, porque os han sido perdonados los pecados por su nombre. Escríboos, padres, porque habéis conocido al del principio(d). Escríboos adolescentes, porque habéis vencido al malo. Os he escrito, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito, padres, porque habéis conocido al del principio. Os he escrito, adolescentes, porque fuertes sois, y la palabra de Dios en vosotros permanece, y habéis vencido al malo. No améis al mundo ni lo del mundo; si alguno ama al mundo, no está la caridad del Padre en él; porque todo lo del mundo: la concupiscencia de la carne(e) y la concupiscencia de los ojos(f) y la soberbia de la vida(g), no es del Padre; sino que del mundo es. Y el mundo pasa, y la concupiscencia de él; mas, quien hace la voluntad de Dios, permanece por el siglo. Hijitos, última hora es, y, según habéis oído que anticristo viene; también ahora(h) anticristos muchos se han hecho; por donde conocemos que última hora es. De nosotros salieron; pero no eran de nosotros; pues, si fueran de nosotros, hubieran permanecido con nosotros: —empero, para que se manifiesten que no son todos de entre nosotros. Y vosotros unción tenéis del Santo, y sabéis todo. No os he escrito, porque no sepáis la verdad, sino, porque la conocéis; y porque toda mentira de la verdad no es. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco al Padre tiene; el que confiesa al Hijo, también al Padre tiene. Vosotros, lo que habéis oído desde el principio, en vosotros permanezca. Si en vosotros permaneciere, lo que desde el principio habéis oído, también vosotros en el Hijo y en el Padre permaneceréis. Y ésta es la promesa que él os ha prometido: la vida la eterna. Esto os he escrito acerca de los que os extravían. Y vosotros, la unción que recibisteis de él, permanece en vosotros, y no necesidad tenéis de que alguno os enseñe; sino, como su unción enséñaos acerca de todo (y verdadero es, y no es mentira) y según que os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él; para que, si(i) se manifestare, tengamos libre habla, y no nos avergoncemos en la parusia de él. Si supiereis que es justo, conoced que también todo el que hace la justicia, de él ha nacido. De la caridad Ved qué amor nos ha dado el Padre: que hijos de Dios nos llamemos; y somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció. Amados, ahora hijos de Dios somos, y aún no ha parecido lo que seremos. Sabemos que, si él pareciere, semejantes a él seremos; porque le veremos, así como es. Y todo el que tiene esta esperanza en él, santifícase, así como aquél santo es. Todo el que hace el pecado, también la iniquidad(a) hace; y el pecado es la iniquidad. Y sabéis que aquél padeció para los pecados quitar; y pecado en él no hay. Todo el que en él permanece, no peca; todo el que peca, no le ha visto, ni conocido. Hijitos, nadie os seduzca: el que hace la justicia, justo es, según aquél justo es; el que hace el pecado, del diablo es; porque, desde el principio, el diablo peca. Para esto padeció el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios, pecado no hace; porque la simiente de él(b) en él permanece; y no puede pecar(c), porque de Dios ha nacido. En esto manifiestos son los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no hace justicia, no es de Dios; y el que no ama a su hermano. Porque éste es el anuncio que habéis oído desde el principio: que nos amemos; No así como Caín, que del malo era y mató a su hermano. ¿Y por qué le mató? Porque sus obras malas eran; y las de su hermano, justas. No os maravilléis, hermanos, si os odia el mundo. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos; el que no ama, permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano, homicida es, y sabéis que todo homicida no tiene vida eterna en sí permanente. En esto hemos conocido el amor: que aquél por nosotros su alma puso, y nosotros debemos por los hermanos las almas poner. Y el que tuviere los bienes del mundo y viere a su hermano necesidad tener, y cerrare sus entrañas para con él, ¿cómo el amor de Dios permanece en él? Hijitos, no amemos de palabra y con la lengua, sino con obra y verdad. En esto conoceremos que de la verdad somos; y delante de él aprobaremos nuestro corazón. Pues, si nos condenare el corazón, —por cierto mayor es Dios que nuestro corazón y conoce todo. Amados, si el corazón no condenare, confianza tenemos para con Dios; y lo que pidiéremos; recibimos de él; porque, sus mandamientos guardamos y lo grato a faz de él hacemos. Y éste es su mandamiento que creamos en el nombre del Hijo suyo Jesucristo y nos amemos, unos a otros, según nos ha dado mandamiento. Y el que guarda sus mandamientos, en él permanece, y él, en él; y en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado. Espíritu de Dios, y espíritu del mundo Amados, no a todo espíritu creáis, sino probad los espíritus, si de Dios son; pues muchos pseudoprofetas han salido al mundo. En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo en carne ha venido, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, de Dios no es; y éste es el del anticristo; el que habéis oído que viene, y ahora en el mundo está ya. Vosotros de Dios sois, hijitos; y le habéis vencido; porque mayor es el en vosotros que el en el mundo. Ellos del mundo son; por esto del mundo hablan, y el mundo les oye. Nosotros de Dios somos; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error. Amados, amémonos unos a otros, porque el amor de Dios es; y todo el que ama, de Dios ha nacido y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque dios amor es. En esto se ha manifestado el amor de Dios para con nosotros: que a su Hijo el unigénito, ha enviado Dios al mundo, para que vivamos por él. En esto está el amor: no, porque nosotros hayamos amado a Dios, sino porque él nos amó y envió a su Hijo, propiciación por nuestros pecados. Amados, si así Dios nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie jamás ha visto; si nos amamos, Dios en nosotros permanece, y su amor perfecto en nosotros es. En esto conocemos que en él permanecemos, y él, en nosotros: que de su Espíritu nos ha dado. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo: Salvador del mundo. Quien confesare que Jesús es el Hijo de Dios, dios en él permanece, y él, en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que tiene Dios para con nosotros. Dios amor es; y el que permanece en el amor, en Dios permanece; y Dios en él permanece. En esto perfecto está el amor con nosotros: que confianza tengamos en el día del juicio; porque, así como aquél es, también nosotros somos en este mundo. Temor no hay en el amor, sino que el perfecto amor fuera lanza al temor; porque el temor congoja tiene; y el que teme, no es perfecto en el amor. Nosotros le amamos, porque él primero nos amó. Si alguno dijere: que «amo a Dios», y a su hermano odiare, mentiroso es; porque el que no ama a su hermano, a quien está viendo, a Dios a quien no ha visto, no puede amar. Y este mandamiento tenemos de él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano. Fe y caridad. Confianza en Cristo. El es Dios Todo el que cree que Jesús es el Cristo, de Dios ha nacido; y todo el que ama al engendrante, ama también al engendrado de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: cuando a Dios amamos, y sus mandamientos hacemos. Pues éste es el amor de Dios: que sus mandamientos guardemos y sus mandamientos pesados no son; porque todo lo nacido de Dios, vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es el que ha venido por agua y sangre: Jesucristo: no en el agua solamente, sino en el agua y en la sangre; y el Espíritu es el que testifica; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testificantes (en el cielo: el Padre, el Verbo, y el santo Espíritu y éstos los tres uno son; y tres son los testificantes en la tierra): el espíritu y el agua y la sangre, y estos tres para en uno son. Si el testimonio de los hombres recibimos, el testimonio de Dios mayor es; porque éste es el testimonio de Dios: porque ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio (de Dios) en sí. El que no cree a Dios, mendaz le ha hecho; porque no ha creído en el testimonio que ha testificado Dios acerca de su Hijo. Y éste es el testimonio: que vida eterna nos ha dado Dios; y esta vida en su Hijo es. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, la vida no tiene. Esto os he escrito para que sepáis que vida tenéis eterna, los que creéis en el nombre del Hijo de Dios. Y ésta la confianza que tenemos para con él: que, si algo pidiéremos, según su voluntad, nos oye. Y, si sabemos que nos oye lo que pidiéremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos pedido. Si alguno supiere que su hermano peca pecado no para muerte(a); pedirá y darále vida, a los que pecan no para muerte. Hay pecado para muerte; no por él digo que ruegue. Toda iniquidad pecado es; y es pecado no para muerte. Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca; sino que el nacido de Dios se guarda a sí mismo(b); y el malo no le coge. Sabemos que de Dios somos, y el mundo todo en lo malo yace. Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y dádonos entendimiento para que conozcamos al Verdadero; y somos en el Verdadero: en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. El anciano a la elegida señora(c) e hijos de ella, a quienes yo amo en verdad; y no yo sólo, sino también todos los que han conocido la verdad, por la verdad(d), la que permanece en nosotros, y con nosotros estará por el siglo. Será con vosotros gracia, misericordia, paz, de(e) Dios Padre y de Jesucristo el Hijo del Padre, en verdad y caridad. Heme gozado sobremanera de haber hallado, de tus hijos(f), caminantes en verdad, según que mandamiento hemos recibido del Padre. Y ahora, ruégote, señora, no como mandamiento escribiéndote nuevo, sino el que hemos tenido, desde el principio: que nos amemos unos a otros. Y éste es el amor: que caminemos según sus mandamientos; éste es el mandamiento, según que habéis oído desde el principio: que en él(g) caminéis. Porque muchos seductores han salido al mundo; los que no confiesan que Jesucristo viene en carne. Este es el seductor y el anticristo. Mirad por vosotros, que no perdáis lo que habéis trabajado, sino que galardón lleno reportéis. Todo el que se desvía y no permanece en la doctrina del Cristo, a Dios no tiene; el que permanece en la doctrina, éste y al Padre y al Hijo tiene. Si alguno viene a vosotros y esta doctrina no trae, no le recibáis en la casa y «Salve» no le digáis;(h) pues, el que le dice «Salve», comunica con las obras de él las malas. Mucho teniéndoos que escribir, no he querido por papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y boca a boca hablar, para que vuestro gozo sea cumplido. (1:12) Salúdante los hijos de tu hermana, la elegida. El anciano a Gayo, el amado, a quien yo amo en verdad. Amado, en todo oro que avances y bien estés, tal como avanza tu alma. Pues heme gozado sobremanera, viniendo hermanos y testificando a tu verdad: cómo tú en verdad caminas. Mayor que éste no tengo gozo, que oír que mis hijos en la verdad caminan. Amado, fiel cosa haces, lo que trabajares por los hermanos, y estos peregrinos; los que han testificado tu caridad a faz de iglesia; los que bellamente harás, aviando dignamente de Dios; pues por el nombre(i) partieron, nada recibiendo de los étnicos. Nosotros, pues, debemos acoger a los tales, para cooperadores hacernos de la verdad. Escribiera yo algo a la iglesia; empero, el amigo de primar entre ellos: Diótrefes, no nos recibe. Por esto, si yo viniere, amonestaré sus obras que hace, con palabras malas mofándose de nosotros; y, no bastándole esto, ni él recibe a los hermanos, y a los que quieren, estorba, y de la iglesia arroja. Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El benéfico de Dios es; el maléfico no ha visto a Dios. A Demetrio se ha testificado(j) de todos y de la misma verdad; y también nosotros testificamos; y sabes que, nuestro testimonio verdadero es. Mucho tenía yo que escribirte; mas no quiero, por tinta y cálamo, escribirte; mas espero pronto verte; y boca a boca hablaremos. Paz a ti. Salúdante los amigos. Saluda a los amigos nominalmente. Judas, de Jesucristo siervo, hermano de Santiago, a los en Dios Padre amados y en Jesucristo guardados, llamados. Misericordia a vosotros, y paz y caridad multiplíquese. Amados, toda solicitud haciendo de escribiros acerca de nuestra común salud: necesidad he tenido(k) de escribiros, exhortando a luchar por la, una vez entregada a los santos, fe. Pues se han subintroducido algunos hombres, (los de antiguo, prescritos(l) para este juicio)(m) impíos, la de nuestro Dios gracia convirtiendo en lascivia, y al solo amo y señor nuestro Jesucristo negando. Y, amonestaros quiero, que sabéis una vez(n) todo: que Jesús(o); al pueblo de tierra de Egipto salvando; lo segundo(p) a los no creyentes perdió; y ángeles, los que no guardaron su principado, sino, abandonaron la propia morada, para juicio del gran día con ataduras sempiternas bajo calígine tiene guardados; como Sodoma y Gomorra y las circunvecinas ciudades, habiendo de semejante modo que éstos(q) ramereado e ídose tras carne otra; yaciendo están para escarmiento, de fuego eterno pena sufriendo. Asimismo, en verdad, también éstos, soñando(r), carne por cierto manchan, soberanía(s), empero, desechan; glorias,(t) empero, blasfeman; cuando Miguel, el arcángel, con el diablo contendiendo, disputaba acerca del de Moisés cuerpo; no osó juicio(u) interponer de blasfemia(v), sino que dijo: «Incrépete Señor». Estos, empero, ora cuanto no saben, blasfeman; ora cuanto naturalmente, como los irracionales animales entienden, en esto se corrompen. Ay de ellos, pues por el camino de Caín han ido, y por el error de Balaán: de paga, derramáronse(w) y por la contradicción de Coré perecieron. Estos son los que, en vuestros ágapes(x) manchas, banqueteando inmedrosamente, a sí mismos pastoreando, nubes inacuosas, por vientos arrastradas; árboles otoñales, infructuosos, dos veces muertos(y), desarraigados; olas fieras de mar espumante de sus ignominias, astros errantes(z) a quienes la calígine(a) de las tinieblas por siglos reservada está. Y profetizó también acerca de éstos el séptimo, desde Adán: Henoc, diciendo: «Hé aquí ha venido Señor en sus santas miríadas(b), a hacer juicio contra todos y redargüir a todos los impíos acerca de todas las obras de impiedad con que han sido impíos; y acerca de todo lo duro que han hablado contra él pecadores impíos». Estos son murmuradores querellosos, según sus concupiscencias caminando; y su boca habla cosas altaneras; admirando personas por ganancia. Pero vosotros, amados, acordaos de las cosas las predichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, porque os decían: que «en el último tiempo habrá mofadores, según sus concupiscencias caminando, de las impiedades(c)». Estos son los que a sí mismos se segregan sensuales, Espíritu no teniendo. Pero vosotros, amados, sobreedificándoos sobre vuestra santísima fe, en Espíritu Santo orando, a vosotros mismos en amor de Dios guardaos, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. Y a unos reprended, juzgados; a otros salvad, del fuego arrebatando; a otros compadeced en(d) temor; aborreciendo aun la por la carne manchada túnica. Y al que puede guardaros seguros y poneros faz a faz de su gloria, inmaculados en alborozo: a sólo Dios, Salvador nuestro, por Jesucristo Señor nuestro, gloria, magnificencia, imperio y potestad antes de todo el siglo, y ahora y por todos los siglos. Amén. Apocalipsis(a) de Jesucristo que le dio Dios, para manifestar a sus siervos lo que ha de acontecer en breve; y significó enviando, por su ángel, a su siervo Juan; el que testificó la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo, cuanto vio. Bienaventurado quien lee, y quien oye las palabras de la profecía y guarda lo en ella escrito; que el tiempo, cerca. Juan a las siete iglesias las del Asia(b): gracia a vosotros y paz del que es, y que era y que viene; y de los siete espíritus los a faz de su trono, y de Jesucristo, —el testigo el fiel, el primogénito(c) de los muertos y el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y nos lavó de nuestros pecados en su sangre; e hízonos reino, sacerdotes para Dios y su Padre; a él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos; amén. «He aquí viene con las nubes, y verále todo ojo, y los que le traspasaron; y plañirán sobre él todas las tribus de la tierra». Sí; amén. «Yo soy el alfa y la O(d) [principio y fin], dice Señor Dios; el que es, y que era y que viene, el todopoderoso». Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tribulación, y reino y paciencia, en Jesús, estuve en la isla llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesús; estuve(e) en espíritu en el dominico día, y oí detrás de mí una voz grande, como de trompeta, diciendo: «Lo que miras, escribe en libro y envía a las siete iglesias: a éfeso, y a Esmirna, y a Pérgamo, y a Tiatira, y a Sardis, y a Filadelfia y a Laodicea»: y volvíme a mirar la voz la que hablaba conmigo; y volviéndome, vi siete candelabros áureos; y en medio de los candelabros a uno semejando hijo de hombre, revestido de talar y ceñido, a los pechos, de ceñidor áureo; y su cabeza y los cabellos, esplendentes, como lana esplendente; como nieve; y sus ojos, como llama de fuego; y sus pies semejantes a electro; como en horno encendidos; y su voz, como voz de aguas muchas; y en su diestra mano, astros siete y de su boca, espada aguda, bifila saliendo; y su rostro, como el sol luce en su fuerza. Y, cuando le vi, caí ante sus pies como muerto; y puso su diestra sobre mí, diciendo: «No temas: yo soy el primero y el último, y el viviente, y estuve muerto, y he aquí viviente soy por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Escribe, pues, lo que has visto, y lo que es, y lo que ha de ser, después de esto. El misterio de los siete astros que has visto en mi diestra, y los siete candelabros los áureos —los siete astros, ángeles de las siete iglesias son, y los candelabros los siete, siete iglesias son. Al ángel(a) de la de éfeso iglesia escribe:«Esto dice el que tiene los siete astros en su diestra; el que camina en medio de los siete candelabros los áureos: «sé tus obras, y tu fatiga y tu paciencia; y que no puedes soportar malos; y has probado a los que se dicen apóstoles, y no son, y les has hallado mendaces; y paciencia tienes, y has sufrido por mi nombre, y no has desfallecido. Empero tengo contra ti que tu caridad la primera has dejado. Recuerda, pues, de dónde has caído, y arrepiéntete y las primeras obras haz; y, si no, vengo a ti, y moveré tu candelabro de su lugar; si no te arrepintieres. Empero esto tienes: que odias las obras de los nicolaítas(b); que también yo odio. Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias: «Al que venciere, daréle a comer del leño de la vida; el que está en el paraíso de Dios». Y al ángel de la de Esmirna iglesia escribe:«Esto dice el primero y el último, el que estuvo muerto y vivió: «Sé tu tribulación y tu pobreza (empero rico eres), y la blasfemia de los que se dicen judíos ser, y no son, sino sinagoga de satanás. No temas lo que has de padecer. He aquí ha de arrojar el diablo de entre vosotros en prisión, para que seáis tentados; y tendréis tribulación de días diez. Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida». Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias: «El que venciere, no será dañado, no, por la muerte la segunda»(c). Y al ángel de la de Pérgamo iglesia escribe:«Esto dice el que tiene la espada la bifila la aguda»: «Sé dónde habitas: donde el trono de satanás, y tienes mi nombre; y no has negado mi fe; hasta en los días que Antipas mi testigo mi fiel; —que fue muerto entre vosotros, donde satanás habita. Empero tengo contra ti unas pocas cosas: que tienes allí a los que adhieren a la doctrina de Balaán; quien enseñaba a Balac a lanzar escándalo a faz de los hijos de Israel: a comer lo sacrificado a ídolos y a fornicar. Así tienes también tú a los que adhieren a la doctrina de los nicolaítas asimismo. Arrepiéntete, pues; y, si no, vengo a ti prestamente, y guerrearé con ellos en la espada de mi boca». Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias: «Al que venciere, le daré del maná el oculto; y le daré pedrezuela alba(d) y en la pedrezuela nombre nuevo escrito, que nadie sabe, sino el que recibe». Y al ángel de la de Tiatira iglesia escribe:«Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene los ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes a electro»: «Sé tus obras; y tu caridad, y tu fe, y tu ministerio y tu paciencia; y tus obras las últimas, más(e) que las primeras. Empero tengo contra ti: que dejas a la mujer Jezabel; la que se dice a sí misma profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a fornicar y comer lo sacrificado a los ídolos. Y la he dado tiempo de arrepentirse; y no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí la arrojo en lecho(f); y a los que adulteran con ella, en tribulación grande; si no se arrepintieren de las obras de ella; y a los hijos de ella mataré en muerte; y conocerán todas las iglesias que yo soy el que escudriño riñones y corazones; y daréos a cada cual, según vuestras obras. Y a vosotros digo, los demás de Tiatira, cuantos no tienen esta doctrina; los cuales no han conocido «las profundidades de satanás»; como dicen: no arrojaré sobre vosotros otro peso; sólo que lo que tenéis, retenedlo hasta que yo viniere. Y el que venciere y el que guardare hasta el fin mis obras, daréle potestad sobre las gentes; y las regirá en vara férrea: como los vasos los cerámicos, son quebrantados; como también yo he recibido de mi Padre; (2:27) y le daré la estrella matutina. (2:27) Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias». Y al ángel de la de Sardis iglesia escribe:«Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y los siete astros(a): «Sé tus obras: que nombre tienes de que vives, y muerto estás. Sé vigilante, y confirma lo demás que hubiera tenido que morir; que no he hallado tus obras llenas a faz de mi Dios. Recuerda, pues, cómo has recibido(b) y oído, y guarda, y arrepiéntete. Si, pues, no velares, llegaré a ti como ladrón, y no conocerás, no, en que hora llegaré a ti. Empero, tienes unos pocos nombres(c) en Sardis, que no han contaminado sus vestiduras; y caminarán conmigo en albas, porque dignos son. El que venciere así envolveráse en vestiduras albas; y no borraré, no, su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre a faz de mi Padre y a faz de sus ángeles. Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias». Y al ángel de la de Filadelfia iglesia escribe:«Esto dice el Santo, el Verdadero; el que tiene la llave de David(d); el que abre y nadie cerrará; y que cierra y nadie abre: Sé tus obras. He aquí he dado a faz de ti puerta abierta(e), que nadie puede cerrarla; porque poca tienes fuerza, y(f) has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. He aquí daré de la sinagoga de satanás, de los que se dicen judíos ser, y no son, sino que mienten; he aquí haréles que se lleguen(g) y adoren a faz de tus pies, y conozcan que yo te he amado. Porque has guardado la palabra de mi paciencia, también yo te guardaré de la hora de la tentación la que ha de venir sobre el orbe entero, a tentar a los que habitan sobre la tierra. Vengo pronto; conserva, lo que tienes, para que nadie tome tu corona. El que venciere, haréle columna en el templo de mi Dios; y fuera no saldrá, no, ya; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios: la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo, desde mi Dios; y mi nombre el nuevo(h). Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias». Y al ángel de la de Laodicea iglesia escribe:«Esto dice el Amén, el testigo el fiel y verdadero, el principio de la criatura de Dios: «Sé tus obras: que ni frío eres ni cálido. Ojalá frío fueras o cálido. Así, porque tibio eres, y ni cálido ni frío, he de vomitarte de mi boca(i). Porque dices: que «rico soy y estoy enriquecido y de nada necesidad tengo»; y no sabes que tú eres el desventurado, y el miserando, y mendigo, y ciego y desnudo; aconséjote comprar de mí oro acrisolado en crisol, para que enriquezcas, y vestiduras albas, para que te vistas, y no parezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para ungir tus ojos, para que veas(j). Yo a cuantos amo, reprendo y castigo: cela(k), pues, y arrepiéntete. He aquí estoy a la puerta y golpeo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo. El que venciere, le daré sentarse conmigo en mi trono; como también yo he vencido y sentándome con mi Padre en su trono. Quien tiene oreja, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias». Después de esto vi, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la voz la primera que oí, como de trompeta hablando conmigo, diciendo: «Asciende acá, y te mostraré lo que ha de acontecer después de esto». Al punto estuve en espíritu; y he aquí un trono se hallaba en el cielo y en el trono uno sentado; y el sentado, símil, por el aspecto, a piedra jaspe y sardonio; y un iris en cerco del trono, símil, por el aspecto, a esmeralda. Y en cerco del trono, tronos veinticuatro; y en los tronos(a), veinticuatro ancianos(b) sentados cubiertos de vestiduras albas y sobre sus cabezas, coronas áureas. Y del trono salen relámpagos, y voces y truenos(c); y siete lámparas de fuego ardientes a faz del trono; las que son los siete espíritus de Dios; y a faz del trono, como un mar vítreo, símil a cristal; y en medio del trono y en cerco del trono, cuatro vivientes llenos de ojos(d) delante y detrás. Y el primer viviente, símil a león; y el segundo viviente, símil a becerro; y el tercer viviente, teniendo la faz como de hombre; y el cuarto viviente, símil a águila volante(e). Y los cuatro vivientes, cada uno de ellos, teniendo alas seis; en cerco y por dentro llenos están de ojos; y reposo no tienen día y noche, diciendo: «Santo, santo, santo Señor Dios, el Todopoderoso; el que era, y el que es y el que viene». Y, al dar los vivientes gloria, y honor y agradecimiento al sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos; caerán(f) los veinticuatro ancianos a faz del sentado en el trono, y adorarán al que vive por los siglos de los siglos, y arrojarán sus coronas a faz del trono, diciendo; «Digno eres, el Señor, el Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor, y la potestad; porque tú lo has creado todo y, por el querer tuyo, era y creado fue». Y vi en la diestra del sentado en el trono un libro, escrito, por dentro y fuera, sellado con sellos siete. Y vi un ángel fuerte, pregonando con voz grande: «¿Quién, digno de abrir el libro y desatar sus sellos(a)?» Y ninguno podía, en el cielo, ni sobre la tierra ni por debajo de la tierra, abrir el libro ni mirarle(b). Y yo lloraba mucho, porque nadie digno fue hallado de abrir el libro ni de mirarle. Y uno de los ancianos díceme: «No llores: he aquí ha vencido el león, el de la tribu de Judá, la raíz de David, para abrir el libro y los siete sellos de él». Y vi, en medio del trono y de los cuatro vivientes y en medio de los ancianos, un Cordero estante, como inmolado, teniendo cuernos siete y ojos siete(c); los que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Y vino, y tomó de la diestra del sentado en el trono el libro; y, cuando hubo tomado el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos cayeron a faz del Cordero, teniendo cada cual cítara y tazas áureas henchidas de timiamas, las que son las oraciones de los santos. Y cantan cantar nuevo, diciendo: «Digno eres de tomar el libro y abrir los sellos de él; porque has sido inmolado y nos has comprado para Dios, en tu sangre, de toda tribu, y lengua, y pueblo y gente; y les has hecho, para nuestro Dios, reino y sacerdotes; y reinarán sobre la tierra». Y vi, y oí voz de ángeles muchos en torno del trono, y de los vivientes y de los ancianos; y era su número miríadas de miríadas, y millares de millares, diciendo con voz grande: «Digno es el Cordero, el inmolado, de tomar la potestad, y riqueza, y sabiduría, y fuerza, y honor, y gloria y bendición». Y toda criatura que en el cielo, y sobre la tierra y por debajo de la tierra y sobre el mar es; y lo en ellos todo, oí decir: «Al sentado en el trono y al Cordero, la bendición, y el honor, y la gloria y el poder por los siglos de los siglos». Y los cuatro vivientes decían: «Amén». Y los ancianos cayeron y adoraron. Y vi que abrió el Cordero uno de los siete sellos; y oí uno de los cuatro vivientes, diciendo, cual con voz de trueno: «Ven y ve». Y vi, y he aquí un corcel albo, y el sentado en él, teniendo arco, y diósele corona, y salió venciendo, y para vencer(a). Y, cuando abrió el sello, el segundo, oí al segundo viviente diciendo: «Ven». Y salió otro corcel, rojizo, y al sentado en él diósele quitar la paz de la tierra y para que unos a otros se degollaran, y diósele cuchilla grande(b). Y, cuando abrió el sello el tercero, oí al tercer viviente diciendo: «Ven». Y vi, y he aquí un corcel negro, y él sentado en él, teniendo balanza en su mano. Y oí cual voz en medio de los cuatro vivientes, diciendo: «Ración de trigo a denario, y tres raciones de cebada, a denario; y al aceite y al vino no dañes(c). Y, cuando abrió el sello el cuarto, oí voz del cuarto viviente, diciendo: «Ven». Y vi, y he aquí un corcel jalde, y el sentado sobre él, —su nombre: «la muerte»; y el infierno seguíale, y dióseles potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar en espada, y en hambre y en muerte, y por las fieras de la tierra. Y, cuando abrió el quinto sello, vi por debajo del altar las almas de los degollados por la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban con voz grande, diciendo: «¿Hasta cuándo, el Soberano, el santo y verdadero, no juzgas y vindicas nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra? Y dióseles a cada uno estola alba, y díjoseles que reposaran todavía tiempo pequeño, hasta completarse, y sus consiervos y sus hermanos los que habían de ser matados cual, también ellos(d). Y vi, cuando abrió el sello el sexto, y terremoto grande fue, y el sol fue tornándose negro cual cilicio(e), y la luna entera fue tornándose cual sangre, y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como una higuera arroja sus higos invernizos, de viento grande sacudida: y el cielo fue cediendo, como libro que se arrolla; y todo monte e isla de sus lugares moviéronse. Y los reyes de la tierra y los magnates, y los tribunos, y los ricos, y los fuertes, y todo siervo y libre ocultáronse en las cavernas y en las peñas de los montes; y dicen a los montes y a las peñas: «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la faz del sentado en el trono, y de la ira del Cordero; porque ha llegado el día el grande de la ira de ellos; ¿y quién se puede sostener?». Y después de esto vi, cuatro ángeles estantes sobre los cuatro ángulos de la tierra, señoreando los cuatro vientos de la tierra, para que no sople viento sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre todo árbol. Y vi otro ángel ascendiendo del oriente del sol, teniendo sello del Dios viviente; y clamó con voz grande a los cuatro ángeles a quien se les dio dañar la tierra y el mar, diciendo: «No dañéis la tierra ni el mar, ni los árboles, hasta que sellemos a los siervos de nuestro Dios en sus frentes». Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro millares de sellados de toda tribu de hijos de Israel; de tribu de Judá, doce millares de sellados; de tribu de Rubén, doce millares; de tribu de Gad, doce millares; de tribu de Aser, doce millares; de tribu de Neftalí, doce millares; de tribu de Manasés, doce millares; de tribu de Simeón, doce millares; de tribu de Leví, doce millares; de tribu de Isacar, doce millares; de tribu de Zabulón, doce millares; de tribu de José, doce millares; de tribu de Benjamín, doce millares de sellados(a). Después de esto vi, y he aquí turba mucha que contarla nadie podía, de toda gente, y tribus, y pueblos y lenguas, estantes a faz del trono y a faz del Cordero, vestidos de estolas albas, y palmas en sus manos. Y claman con voz grande, diciendo: «La salud a nuestro Dios, al sentado en el trono, y al Cordero». Y todos los ángeles estaban en torno del trono, y de los ancianos y de los cuatro vivientes; y cayeron a faz del trono sobre sus rostros y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La bendición y la gloria, y la sabiduría, y el agradecimiento, y el honor, y la potestad y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos; amén». Y respondió(b) uno de los ancianos, diciéndome: «Estos los vestidos de las estolas las esplendentes ¿quiénes son, y de dónde han venido?» Y he dicho: «Señor mío, tú lo sabes». Y díjome: «Estos son los que vienen de la tribulación la grande; y lavaron sus estolas y esplendoráronlas en la sangre del Cordero. Por esto están a faz del trono de Dios y sírvenle día y noche en su templo; y el sentado en el trono aposentárase en ellos. No tendrán hambre ya, ni sed ya; ni habrá de caer sobre ellos el sol ni todo ardor; pues el Cordero el en medio del trono pastorearáles y encaminaráles a de vida manantiales de agua; y enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos». Y, cuando abrió el sello el séptimo, hízose silencio en el cielo, como media hora(a); y vi a los siete ángeles, que a faz de Dios están; y diéronseles siete trompetas. Y otro ángel vino y púsose ante el altar, teniendo turíbulo áureo, y diéronsele timiamas muchos(b), para que diese a las oraciones de los santos todos, sobre el altar áureo, el a faz del trono. Y ascendió el humo de los timiamas a las oraciones de los santos, de mano del ángel, a faz de Dios. Y recibió el ángel el turíbulo, e hinchióle del fuego del altar, y lanzó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos y temblor. Y los siete ángeles los que tenían las siete trompetas, aprestáronse a trompetear. Y el primero trompeteó: y hubo granizo y fuego mezclados de sangre, y arrojados fueron sobre la tierra: y el tercio de la tierra se abrasó; y el tercio de los árboles se abrasó, y toda hierba verde se abrasó. Y el segundo ángel trompeteó: y uno cual monte grande, en fuego ardiendo, fue arrojado a la mar: y se hizo el tercio de la mar sangre; y murió el tercio de las criaturas las en la mar, las que tenían almas; y el tercio de las naves pereció. Y el tercer ángel trompeteó, y cayó del cielo un astro grande, ardiendo cual antorcha, y cayó sobre el tercio de los ríos y sobre los manantiales de las aguas. Y el nombre del astro se dice el Ajenjo. Y convirtióse el tercio de las aguas en ajenjo, y muchos de los hombres murieron de las aguas por haberse amargado. Y el cuarto ángel trompeteó: y fue herido el tercio del sol y el tercio de la luna y el tercio de los astros, para que se entenebreciera el tercio de ellos, y el día para que no luciera el tercio de él, y la noche asimismo. Y vi y oí a un águila volando en medio del cielo, diciendo con voz grande: «¡Ay, ay, ay! de los que habitan sobre la tierra, por las demás voces de la trompeta de los tres ángeles que van a trompetear(c)». Y el quinto ángel trompeteó; y vi una estrella del cielo caída en la tierra; y diósele la llave del pozo del abismo; y abrió el pozo del abismo: y subió humo del pozo, cual humo de horno grande; y entenebrecióse el sol y el aire, del humo del pozo. Y del humo salieron langostas a la tierra, y dióselas potestad, cual tienen potestad los escorpiones de la tierra. Y díjoselas que no dañaran la hierba de la tierra, ni toda verdura, ni todo árbol, sino a los hombres, los que no tienen el sello de Dios en las frentes. Y dióseles que no les matasen, sino atormentasen meses cinco; y el tormento de ellas, como tormento de escorpión, cuando hiere a hombre. Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán, no, y apetecerán morir, y huye la muerte de ellos. Y las semejanzas de las langostas, semejantes a caballos aparejados para guerra, y sobre las cabezas de ellas, cual coronas semejantes a oro; y los rostros de ellas, como rostros de hombres; y tenían cabellos como cabellos de mujeres; y los dientes de ellas, como de leones, eran; y tenían corazas, como corazas férreas y la voz de sus alas como voz de carros de bridones muchos, corriendo a guerra. Y tienen colas semejantes a escorpiones, y aguijones; y en las colas de ellas su poder de dañar a los hombres meses cinco. Tienen sobre sí por rey al ángel del abismo; su nombre en hebreo «Abaddón», y, en la helénica(a), nombre tiene «Apolión»(b). El Ay el primero se fue; he aquí vienen todavía dos Ayes, después de esto. Y el sexto ángel trompeteó; y oí voz una de los cuatro cuernos del altar el áureo, el a faz de Dios; diciendo al sexto ángel, el que tenía la trompeta: «Suelta a los cuatro ángeles, los atados sobre el río el grande: Eufrates». Y sueltos fueron los cuatro ángeles los preparados a la hora, y día, y mes y año(c); para que matasen el tercio de los hombres. Y el número de los ejércitos de la caballería, dos miríadas de miríadas; oí el número de ellos. Y así vi los corceles en la visión y los montados en ellos: teniendo corazas ígneas, y jacínticas y sulfúreas(d); y las cabezas de los corceles, como cabezas de leones; y de las bocas de ellos sale fuego, y humo y azufre. De estas tres plagas, fueron muertos el tercio de los hombres: del fuego, y del humo y del azufre, el que salía de las bocas de ellos. Pues el poder de los corceles en su boca está y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, teniendo cabezas; y en ellas dañan. Y los restantes de los hombres, los que no fueron muertos en estas plagas, ni se arrepintieron de las obras de sus manos, para no adorar a los demonios, y los ídolos los áureos, y los argentinos, y los broncíneos, y los lapídeos y los lígneos(e) los cuales ni ver pueden, ni oir, ni caminar, y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechizos(f), ni de su ramería, ni de sus hurtos. Y vi a otro ángel fuerte descender del cielo, envuelto en nube; y el iris sobre su cabeza, y su rostro como el sol y sus pies como columnas de fuego; y teniendo en su mano un librito abierto(a): Y puso su pie, el derecho, sobre la mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó con voz grande, así como el león ruge. Y, cuando clamó, hablaron los siete truenos(b) las voces de ellos. Y, cuando hablaron los siete truenos, iba yo a escribir, y oí voz del cielo, diciendo: «Sella(c) lo que los siete truenos han hablado, y no lo escribas». Y el ángel que vi estar sobre la mar y sobre la tierra, alzó su mano, la diestra, al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, quien creó el cielo y lo en él, y la tierra y lo en ella, y la mar y lo en ella: que «Tiempo ya no habrá, sino que, en los días de la voz del séptimo ángel, cuando hubiere de trompetear, también se ha consumado el misterio de Dios, como evangelizó a sus siervos los profetas(d)». Y la voz, que oí del cielo, de nuevo hablando conmigo y diciendo: «Ve, toma el librito el abierto de la mano del ángel que está sobre la mar y sobre la tierra». Y fui al ángel, diciéndole me diera el librito. Y díceme: «Toma y devóralo, y amargará tu vientre; empero en tu boca será dulce como miel». Y tomé el librito de la mano del ángel y devorélo, y fue en mi boca como miel, dulce; y cuando le devoré, amargóse mi vientre. Y dícenme: «Menester es que de nuevo profetices sobre los pueblos, y gentes, y lenguas y reyes muchos». Y dióseme una caña símil a vara, diciendo él(a): «Levántate y mide el templo de Dios, y el altar y los que adoran en él. Y el atrio el de fuera del templo arrójale fuera(b) y no le midas; porque ha sido dado a las gentes, y la ciudad la santa hollarán meses cuarenta y dos. Y daré a los dos testigos míos(c); y profetizarán días mil doscientos sesenta, envueltos en sacos. Estos son las dos olivas(d) y los dos candelabros los a faz del Señor de la tierra estantes. Y, si alguno les quiere dañar, fuego sale de la boca de ellos y devora a los enemigos de ellos. Y, si alguno quisiere dañarles, así debe él ser matado. Estos tienen la potestad de cerrar el cielo, para que lluvia no humedezca en los días de su profecía; y potestad tienen sobre las aguas de convertirlas en sangre, y de percutir la tierra en toda plaga, cuantas veces quisieren. Y, cuando terminaren el testimonio suyo, la bestia, la que sube del abismo, hará contra ellos guerra, y venceráles y mataráles. Y el cadáver de ellos, sobre las vías de la ciudad la grande; la que se llama espiritualmente Sodoma(e) y Egipto(f); donde también el Señor de ellos crucificado fue. Y miran de entre los pueblos, y tribus, y lenguas y gentes el cadáver de ellos, días tres y medio; y los cadáveres de ellos no dejarán se pongan en sepulcro. Y los que habitan sobre la tierra, gózanse en ellos y regocíjanse; y dones enviarán unos a otros; porque estos dos profetas atormentaron a los que habitaban sobre la tierra. Y, después de los tres días y medio, espíritu de vida desde Dios entró en ellos, y alzáronse sobre sus pies; y temor grande cayó sobre los que les contemplaban. Y oyeron voz grande, desde el cielo, diciéndoles: «Ascended acá»; y ascendieron al cielo en la nube, y contemplábanles los enemigos de ellos. Y en aquella hora hubo temblor grande, y el décimo de la ciudad cayó, y muertos fueron, en el terremoto, nombre de hombres(g) millares siete, y los demás medrosos tornáronse y dieron gloria al Dios del cielo(h). El Ay el segundo se fue; he aquí el Ay el tercero viene presto. Y el séptimo ángel trompeteó; y hubo voces grandes en el cielo, diciendo: «Hecho es el reino del mundo de nuestro Señor y de su Cristo, y reinará por los siglos de los siglos, y los veinticuatro ancianos, los a faz de Dios sentados en sus tronos, cayeron sobre sus rostros y adoraron a Dios, diciendo: «Agradecémoste, Señor, el Dios el omnipotente, el que es, y el que era, porque has tomado el poder tuyo, el grande, y has reinado; y las gentes hanse airado, y ha venido la ira tuya y el tiempo de los muertos para ser juzgados, y para dar galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre a los pequeños y a los grandes; y para perder a los que perdieron la tierra». Y abrióse el templo de Dios el en el cielo, y pareció el arca de su testamento en su templo, y hubo relámpagos y voces, y truenos y temblor y granizo grande. Y señal grande apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de estrellas doce(a); y en vientre teniendo, grita dolorida de parto y atormentada de parir. Y apareció otra señal en el cielo, y he aquí un dragón rojizo, grande, teniendo cabezas siete(b) y cuernos diez(c), y sobre las cabezas de él siete diademas; y la cola de él arrastra el tercio de los astros del cielo; y lanzólos a la tierra(d). Y el dragón púsose a faz de la mujer, la que estaba para parir, para, cuando pariese, el hijo de ella devorar. Y parió hijo varón, el que ha de regir todas las gentes en vara férrea; y arrebatado fue el hijo de ella, a Dios, y al trono de él. Y la mujer huyó al desierto; donde tiene allí lugar preparado por Dios; para que allí la nutran días mil doscientos sesenta(e). Y hubo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles guerrearon con el dragón; y el dragón guerreó y sus ángeles; y no prevalecieron, ni lugar fue hallado de ellos ya en el cielo. Y fue arrojado el dragón, el grande, la serpiente la antigua, el que se llama Diablo y satanás; el que seduce al orbe entero; arrojado fue a la tierra; y sus ángeles con él arrojados fueron. Y oí voz grande en el cielo diciendo: «Ahora hecha ha sido la salud, y el poder, y el reino de nuestro Dios y la potestad de su Cristo; porque arrojado ha sido el acusador de nuestros hermanos; el que les acusa a faz de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos; y no han amado su alma hasta la muerte. Por esto regocijaos, cielos, y sus habitadores. Ay de la tierra y de la mar, porque ha bajado el diablo a vosotros, teniendo cólera grande, sabiendo que poco tiempo tiene». Y, cuando vio el dragón que había sido lanzado a la tierra, persiguió a la mujer, la cual parió al varón. Y diéronse a la mujer las dos alas del águila el grande, para que volara al desierto al lugar de ella (donde es nutrida allí tiempo(f) y tiempos y medio tiempo) de la faz de la serpiente. Y lanzó la serpiente de su boca, tras de la mujer, agua como un río, para que del río arrebatarla hiciese. Y ayudó la tierra a la mujer, y abrió la tierra su boca y absorbió el río que lanzó el dragón de su boca. Y airóse el dragón contra la mujer, y fuese a hacer guerra con los demás de la simiente de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús. (12:18) Y paróse sobre la arena del mar(g). Y vi del mar una bestia subir, teniendo cuernos diez y cabezas siete, y sobre los cuernos de ella diez diademas, y sobre las cabezas de ella nombres de blasfemia. Y la bestia que vi, era semejante a leopardo, y los pies de ella como de oso y la boca de ella como boca de león(a). Y dióle el dragón su poder, y su trono y potestad grande. Y(b) una de sus cabezas(c) como degollada para muerte; y el golpe de su muerte se curó. Y maravillóse entera la tierra tras de la bestia; y adoraron al dragón, porque dio la potestad a la bestia; y adoraron a la bestia diciendo: «¿Quién, semejante a la bestia, y quién puede guerrear con ella?» Y diósele boca para hablar cosas grandes y blasfemias; y diósele potestad de hacer, meses cuarenta y dos. Y abrió su boca para blasfemias contra Dios, para blasfemar el nombre suyo y el pabellón suyo: a los que en el cielo habitan. Y diósele hacer guerra con los santos y vencerles; y diósele potestad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua y gente. Y adoráronle todos los que habitan sobre la tierra; de los cuales no está escrito el nombre en el libro de la vida del Cordero, el inmolado, desde la fundación del mundo. Si alguno tiene oreja, escuche. Si alguno a cautiverio(d), a cautiverio se va; si alguno en cuchilla matare, fuerza es que él en cuchilla matado sea. Aquí(e) está la paciencia y la fe de los santos. Y vi otra bestia subir de la tierra, y tenía cuernos dos semejantes a cordero, y hablaba como dragón. Y el poderío de la primera bestia todo hace a faz de ella. Y hace a la tierra y a los de ella habitantes, adorar a la bestia la primera, de la cual se curó el golpe de la muerte suya. Y hace señales grandes, hasta fuego hacer del cielo bajar a la tierra a faz de los hombres. Y seduce a los que habitan sobre la tierra, por las señales que se le dio hacer a faz de la bestia, diciendo a los que habitan sobre la tierra hacer imagen a la bestia, que tiene el golpe de la cuchilla, y ha vivido. Y diósele dar espíritu a la imagen de la bestia, hasta hablar la imagen de la bestia y hacer que, cuantos no adoraren la imagen de la bestia, matados sean. Y hace a todos: a pequeños y a grandes; y a los ricos y a los pobres; y a los libres y a los esclavos, darles marca en la mano de ellos, la derecha, o en la frente de ellos y que nadie pueda comprar o vender, sino el que tiene la marca: el nombre de la bestia o el número del nombre suyo. Aquí la sabiduría está(f). El que tiene entendimiento, compute el número de la bestia; pues número de hombre(g) es, y el número de ella, seiscientos sesenta y seis. Y vi: y he aquí el Cordero estante sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro millares(a), teniendo el nombre de él y el nombre del Padre de él escrito en sus frentes. Y oí voz desde el cielo, como voz de aguas muchas y como voz de trueno grande; y la voz que oí, como de citaristas citarizando en sus cítaras. Y cantan como cantar nuevo a faz del trono y a faz de los cuatro vivientes y de los ancianos; y nadie podía aprender el cantar, sino los ciento cuarenta y cuatro millares, los comprados de la tierra. Estos son los que con mujeres no se han mancillado(b); pues vírgenes son(c). Estos siguen al Cordero a donde fuere. Estos han sido comprados de entre los hombres; primicias para Dios y el Cordero; y en su boca no se halló mentira: inmaculados son. Y vi otro ángel volando en mitad del cielo, teniendo evangelio eterno(d) para evangelizar a los sentados sobre la tierra y a toda gente, y tribu, y lengua y pueblo, diciendo en voz grande: «Temed a Dios y dadle gloria; porque ha venido la hora de su juicio; y adorad al que ha hecho el cielo, y la tierra, y el mar y fuentes de aguas». Y otro segundo ángel siguió diciendo: «Cayó, cayó Babilonia(e) la grande; que del vino del furor de su ramería(f) abrevadas tiene todas las gentes». Y otro ángel, tercero, siguióles, diciendo en voz grande: «Si alguno adora a la bestia y la imagen de ella, y recibe marca sobre su frente o sobre su mano, también él beberá del vino del furor de Dios, el mezclado(g) inmisto en el cáliz de la ira de él; y será atormentado en fuego y azufre a faz de ángeles santos y a faz del Cordero. Y el humo del tormento de ellos por siglos de siglos sube; y no tienen reposo día y noche, los que adoran la bestia y la imagen de ella; y si alguno recibe la marca del nombre de ella. Aquí la paciencia de los santos está, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Y oí voz, desde el cielo, diciendo: «Escribe»: «Bienaventurados los muertos los que en Señor mueren, desde ahora». «Sí, dice el Espíritu; para que reposen de sus trabajos; que sus obras síguenles». Y vi, y he aquí nube esplendente, y sobre la nube sentado uno semejando Hijo de hombre, teniendo en su cabeza corona áurea y en su mano hoz aguda. Y otro ángel salió del templo, clamando en voz grande al sentado sobre la nube: «Mete tu hoz y siega; que ha llegado la hora de segar; que se ha secado la siega(h) de la tierra(i)». Y echó el sentado sobre la nube su hoz a la tierra, y fue segada la tierra. Y otro ángel salió del templo del en el cielo, teniendo también él hoz aguda. Y otro ángel salió del altar, teniendo potestad sobre el fuego, y voceó con voz grande al que tenía la hoz la aguda, diciendo: «Mete tu hoz, la aguda, y vendimia los racimos de la vid de la tierra; que han madurado sus uvas». Y echó el ángel su hoz en la tierra, y vendimió la vid de la tierra; y arrojó, al lagar de la furia de Dios, la grande(j). Y hollado fue el lagar, fuera de la ciudad, y salió sangre del lagar hasta los frenos de los caballos, por estadios mil seiscientos(k). Y vi otra señal en el cielo grande y maravillosa; ángeles siete teniendo plagas siete, las postreras; porque en ellas consumóse el furor de Dios. Y vi como mar vítreo mezclado con fuego, y a los triunfantes de la bestia y de la imagen de ella y del número del nombre de ella, estantes sobre el mar el vítreo, teniendo cítaras de Dios. Y cantan el cantar de Moisés, el siervo de Dios, y el cantar del Cordero, diciendo: «Grandes y maravillosas, tus obras, Señor, el Dios el omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, ¡el rey de las gentes! ¿Quién no temerá, no, Señor, y glorificará tu nombre? Porque sólo santo(a); porque todas las gentes llegarán y adorarán a faz tuya, porque tus justicias manifestáronse». Y, después de esto vi, y abrióse el templo del tabernáculo del testimonio en el cielo; y salieron los siete ángeles los que tenían las siete plagas, del templo(b), vestidos de lino puro esplendoroso y ceñidos alrededor de los pechos con ceñidores áureos. Y uno de los cuatro vivientes dio a los siete ángeles siete tazas áureas repletas del furor del Dios el que vive por los siglos de los siglos. Y llenóse el templo de humo(c) de la gloria de Dios y de su poder; y nadie podía entrar en el templo; hasta que se consumaron las siete plagas de los siete ángeles. Y oí gran voz del templo diciendo a los siete ángeles: «Id y derramad las siete tazas del furor de Dios, en la tierra». Y fue el primero, y derramó su taza en la tierra; e hízose llaga mala y perniciosa en los hombres, los que tenían la marca de la bestia y los que adoraban su imagen. Y el segundo derramó su taza en la mar; e hízose sangre, cual de muerto, y toda alma de vida murió, la en la mar. Y el tercero derramó su taza en los ríos y los manantiales de las aguas; y se hicieron sangre. Y oí al ángel de las aguas diciendo: «Justo eres, el que es y el que era, el santo; porque esto has juzgado; porque sangre de santos y profetas derramaron, y sangre les has dado a beber: dignos son». Y oí al altar diciendo: «Sí, Señor, el Dios el omnipotente, verdaderos y justos, tus juicios». Y el cuarto derramó su taza en el sol, y fuele dado abrasar a los hombres en fuego. Y abrasáronse los hombres de abrasamiento grande; y blasfemaron el nombre del Dios, el que tiene la potestad sobre estas plagas; y no se arrepintieron para darle gloria. Y el quinto derramó su taza en el trono de la bestia; y fue el reino de ella entenebrecido, y se mordían las lenguas por el dolor; y blasfemaron al Dios del cielo por sus trabajos y por sus llagas; y no se arrepintieron de sus obras. Y el sexto derramó su taza sobre el río el grande: Eufrates; y secóse el agua de él, para que se preparase el camino de los reyes, los de oriente sol. Y vi de la boca del dragón y de la boca de la bestia y de la boca del pseudoprofeta espíritus tres, inmundos, cual ranas; pues son espíritus de demonios que(a) hacen señales, los que salen a los reyes del orbe entero, a reunirles para la guerra del día el grande de Dios, el Omnipotente. (He aquí vengo como ladrón: bienaventurado el que vela y cuida sus vestiduras, para no desnudo andar y que vean su vergüenza). Y los congregó en el lugar el que se llama en hebreo «Harmagedón»(b). Y el séptimo derramó su taza en el aire; y salió voz grande del templo, desde el trono, diciendo: «Hecho está». Y hubo relámpagos, y voces, y truenos; y terremoto hubo grande, cual no hubo desde que hombres hubo sobre la tierra, tamaño terremoto, tan grande. Y se hizo la ciudad, la grande, tres partes; y las ciudades de las gentes cayeron. Y Babilonia, la grande, rememorada fue a faz de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de él. Y toda isla huyó; y montes no se hallaron(c). Y granizo grande, como talentar(d) baja del cielo sobre los hombres; y blasfemaron los hombres a Dios por la plaga del granizo; porque grande es la plaga de él sobremanera. Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete tazas, y habló conmigo diciendo: «Ven: te mostraré el juicio de la ramera la grande, la sentada sobre aguas muchas(a); con la que han ramereado los reyes de la tierra, y embriagádose los que habitan la tierra, con el vino de la ramería de ella». Y llevóme a un desierto en espíritu(b). Y vi una mujer sentada sobre bestia carmesí, repleta de nombres de blasfemia, teniendo cabezas siete y cuernos diez. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, dorada(c) de oro y piedra preciosa, y margaritas, teniendo cáliz áureo en su mano, repleto de abominaciones y de lo inmundo de su ramería; y sobre su frente nombre escrito: «Misterio; Babilonia, la grande; la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra». Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los mártires de Jesús(d). Y maravilléme, viéndola, con maravilla grande. Y díjome el ángel: «¿Por qué te has maravillado? Yo te diré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva, la que tiene las siete cabezas y los diez cuernos. La bestia que has visto, era, y no es, y debe de subir del abismo y a perdición ir; y maravillaránse los que habitan sobre la tierra; (de los que no está escrito el nombre en el libro de la vida, desde la fundación del mundo) mirando a la bestia, porque era, y no es y estará allí. Aquí(e), el entendimiento que tiene sabiduría. Las siete cabezas, siete montes son; donde la mujer está sentada sobre ellos(f). Y reyes siete son: los cinco cayeron; el uno es, el otro aún no ha venido; y, cuando viniere, poco ha de durar. Y la bestia que era, y no es, y él(g) el octavo es, y de los siete es, y a perdición va. Y los diez cuernos que has visto, diez reyes son; los que reino aún no han tomado; empero potestad, como reyes, una hora toman con la bestia. Estos una mira tienen, y su fuerza y potestad a la bestia(h) dan. Estos con el Cordero guerrearán, y el Cordero les vencerá, porque señor de señores es y rey de reyes, y los con él, llamados, y elegidos y fieles»(i). Y díjome: «Las aguas que ves, donde está la ramera sentada, pueblos y turbas son, y gentes y lenguas(j). Y los diez cuernos que has visto y la bestia, éstos aborrecerán a la ramera y desierta haránla y desnuda, y las carnes de ella comerán, y a ella quemarán en fuego; porque Dios ha dado en el corazón de ellos hacer esta mira de él y hacer una mira y dar el reino de ellos a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Y la mujer que has visto, es la ciudad, la grande, la que tiene reino sobre los reyes de la tierra»(k). Caída de Babilonia Después de esto vi, otro ángel descender del cielo, teniendo potestad grande: y la tierra iluminóse de su gloria. Y gritó en fuerte voz, diciendo: «Cayó, cayó Babilonia la grande, y se hizo morada de demonios y prisión(a) de todo espíritu impuro y prisión de toda ave impura(b) y aborrecida; porque del vino del furor de la ramería de ella han bebido todas las gentes; y los reyes de la tierra con ella han ramereado; y los mercaderes de la tierra, con el poder de la libídene de ella, enriquecido». Y oí otra voz desde el cielo, diciendo: «Salid, mi pueblo, de ella, para no comunicar con los pecados de ella; y de las plagas de ella que no recibáis; porque se han conglutinado(c) sus pecados hasta el cielo, y se ha acordado Dios de las iniquidades de ella. Retribuidle como también ella retribuyó, y doblad el doble según las obras de ella: en el cáliz que mezcló, mezcladle doblado; cuanto se glorificó y deleitó, tanto dadle tormento y luto. Porque en su corazón dice: «Sentada estoy reina, y viuda no soy, y luto no veré, no». Por esto, en un día llegarán las plagas de ella: muerte, y luto y hambre; y en fuego quemada será; porque fuerte, Señor, el Dios, el que la ha juzgado. Y llorarán y plañirán sobre ella los reyes de la tierra, los que con ella han ramereado y deleitádose; cuando vieren el humo del incendio de ella, de lejos parados, por el temor del tormento de ella, diciendo: «¡Ay, ay! la ciudad la grande, Babilonia, la ciudad la fuerte, porque en una hora ha venido tu juicio». Y los mercaderes de la tierra llorarán y plañirán sobre ella, porque el cargamento de ellos nadie compra ya: cargamento de oro, y plata, y piedra preciosa, y margaritas, y biso(d), y púrpura y seda, y escarlata, y todo leño oloroso, y todo vaso marfileño y todo vaso de leño preciosísimo, y bronce, y hierro y mármol; y cinamomo, y amomo, y timiamas, y ungüento, e incienso, y vino, y aceite, y harina flor, y trigo, y jumentos, y ovejas; y de(e) caballos, y carrozas y cuerpos, y almas de hombres. Y la flor del apetito de tu alma retiróse de ti, y todo lo pingüe y lo espléndido pereció de ti; y ya no lo hallarán, no. Los mercaderes de esto, los que enriquecieron con ella, a lo lejos detendránse, por el temor del tormento de ella, llorando y plañendo, diciendo: «¡Ay, ay! la ciudad, la grande, la envuelta en biso, y púrpura y escarlata, y dorada en oro, y piedra preciosa, y margarita; porque, en una hora, desolada fue la tal riqueza». Y todo piloto y todo el que sobre el lugar navega y nautas y cuantos la mar trabajan, a lo lejos detuviéronse: y clamaban, mirando el humo del incendio de ella, diciendo: «¿Quién símil a la ciudad la grande?» Y arrojaron polvo sobre sus cabezas; y clamaban, llorando y plañendo: «¡Ay, ay! la ciudad la grande en que enriquecieron todos los que tenían las naves en el mar, de la preciosidad de ella; porque en una hora desolada ha sido. Regocíjate sobre ella, cielo, y los santos, y los apóstoles y los profetas; pues ha juzgado Dios vuestro juicio sobre ella». Y alzó un ángel fuerte una piedra como piedra de molino magna, y arrojó al mar; diciendo: «Así con ímpetu arrojada será Babilonia la gran ciudad, y no será, no, hallada ya. Y voz de citaristas, y músicos y flautistas, y trompeteros no se oirá, no, en ti ya, y todo artífice de toda arte no se hallará, no, en ti ya, y voz de molino no se oirá, no, en ti ya; y luz de lámpara no alumbrará, no, en ti ya; y voz de novio y novia no se oirá, no, en ti ya; porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, porque en la hechicería(f) tuya descarriadas fueron todas las gentes; y en ella(g) sangre de profetas y santos fue hallada, y de todos los degollados sobre la tierra». Júbilo en el cielo Después de esto, oí como voz grande de turba mucha en el cielo, que decían: «¡Aleluya! La salud, y la gloria, y el poder, de nuestro Dios; porque verdaderos y justos, los juicios suyos; porque ha juzgado a la ramera la grande; la que ha corrompido la tierra en la ramería suya; y ha vindicado la sangre de sus siervos, de la mano de ella». Y segunda vez han dicho: «¡Aleluya!». Y el humo de ella(a) sube por los siglos de los siglos. Y cayeron los ancianos los veinticuatro y los cuatro vivientes, y adoraron a Dios al sentado sobre el trono, diciendo: «¡Amén, aleluya!». Y voz del trono salió diciendo: «Load a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le temen, los pequeños y los grandes». Y oí como voz de turba mucha, y como voz de aguas muchas y como voz de truenos fuertes, que decían: «¡Aleluya! porque reina Señor, nuestro Dios, el Omnipotente. Gocémonos y regocijémonos, y demos la gloria a él; porque han venido las nupcias del Cordero(b) y su mujer preparóse; y diósela vestirse de biso esplendente, puro; pues el biso las justicias de los santos son». Y díceme: «Escribe»: Bienaventurados los al festín de las nupcias del Cordero llamados». Y díceme: «Estas las palabras verdaderas de Dios son». Y caí delante de sus pies a adorarle. Y díceme: «Mira: no: Consiervo tuyo soy y de los hermanos tuyos que tienen el testimonio de Jesús: a Dios adora. Que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía»(c). Y vi el cielo abrirse, y he aquí corcel esplendente, y el sentado sobre él llamado «Fiel y Veraz»; y en justicia juzga y guerrea. Y sus ojos, llama de fuego, y sobre su cabeza, diademas muchas; teniendo nombre escrito que nadie sabe sino él mismo; y vestido de vestidura tinta en sangre(d) y se llama su nombre: el «Verbo de Dios». Y las milicias las del cielo, seguíanle sobre corceles esplendorosos, vestidas de biso esplendoroso, puro. Y de la boca de él sale espada aguda, para en ella percutir las gentes; y él los regirá, en vara férrea; y él huella el lagar del furor de la ira de Dios el omnipotente. Y tiene sobre su vestidura y sobre su muslo un nombre escrito: «Rey de reyes y Señor de señores». Y vi un ángel parado en el sol y clamó en voz grande, diciendo a todas las aves las volantes en medio del cielo: «Venid, congregaos a la cena la grande de Dios: a comer carnes de reyes, y carnes de tribunos, y carnes de fuertes, y carnes de bridones y de los sentados sobre ellos, y carnes de todos: y libres, y siervos, y pequeños y grandes. Y vi a la bestia y a los reyes de la tierra y los ejércitos de ellos congregados, hacer la guerra con el sentado sobre el corcel y con el ejército suyo. Y fue cogida la bestia y con ella el pseudoprofeta(e), el que hacía señales a faz de ella, en las cuales sedujo a los que tomaron la marca de la bestia, y a los que adoraron la imagen de ella: vivos fueron arrojados los dos en el lago del fuego, el que arde en azufre. Y los demás fueron matados en la espada del sentado sobre el corcel, la que salía de su boca; y todas las aves hartáronse de las carnes de ellos. Y vi un ángel descender del cielo, teniendo la llave del abismo y cadena grande en su mano. Y apoderóse del dragón, la serpiente, la antigua, que es el Diablo y satán, y ligóle por mil años. Y lanzóle en el abismo, y cerró y selló por encima de él; para que no seduzca ya a las gentes, hasta que se cumplan los mil años; después de esto, necesario es que se le suelte por poco tiempo. Y vi tronos, y sentáronse sobre ellos y juicio dióseles; y(a) las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, y los que no adoraron a la bestia ni la imagen de ella y no tomaron la marca sobre la frente y sobre la mano de ellos; y vivieron y reinaron(b) con el Cristo mil años. Y los restantes de los muertos(c) no vivieron, hasta que se cumplieron los mil años. Esta, la resurrección, la primera. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la resurrección la primera; sobre éstos la segunda muerte no tiene potestad; sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él mil años. Y cuando terminaren los mil años, se soltará a satanás de su prisión(d); y saldrá a seducir las gentes en los cuatro ángulos de la tierra; al Gog y al Magog, a juntarlos en guerra; de los que el número de ellos como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra y cercaron el campamento de los santos y la ciudad la amada; y descendió fuego (desde Dios) del cielo, y devorólos; y el diablo el que los seducía, fue arrojado al lago del fuego y azufre; donde también, la bestia y el pseudoprofeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y vi un trono grande, esplendente y al sentado sobre él; de cuya faz huyó la tierra y el cielo; y lugar no se halló para ellos. Y vi los muertos, los grandes y los pequeños estar a faz del trono; y libros(e) se abrieron; y otro libro abrióse, que es de la vida, y juzgados fueron los muertos por lo escrito en los libros, según las obras de ellos. Y dio el mar los muertos los en él, y la muerte(f) y el infierno(g) dieron los muertos los en ellos, y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el infierno(h) fueron arrojados al lago del fuego. Esta la muerte la segunda es: el lago del fuego(i). Y si alguno no se halló en el libro de la vida escrito, fue arrojado al lago del fuego. Y vi cielo nuevo y tierra nueva; que el primer cielo y la primera tierra se fueron y la mar no es ya. Y la ciudad, la santa Jerusalén nueva, vi descender del cielo desde Dios, preparada como esposa ataviada para su marido. Y oí voz grande del trono, diciendo: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y habitará con ellos; y ellos pueblos suyos serán, y el mismo Dios con ellos será su Dios; y enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será ya; ni lloro, ni clamor, ni trabajo no será ya, pues lo primero se fue». Y dijo el sentado en el trono: «He aquí nuevo hago todo». Y dice: «Escribe que «estas palabras fieles y verdaderas son». Y díjome: «Hechas(a) están. Yo, el alfa y la o(b), el principio y el fin. Yo al sediento le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente. El que venciere, heredará esto, y seréle Dios y él seráme hijo. Pero a los malos e increyentes, y abominables, y homicidas, y rameros; y hechiceros, e idólatras y todos los mendaces, la parte de ellos en el lago el que arde con fuego y azufre; lo que es la muerte la segunda. Y vino uno de los siete ángeles los que tenían las siete tazas las repletas de las siete plagas las últimas, y habló conmigo, diciendo: «Ven, te mostraré la esposa, la mujer del Cordero». Y llevóme en espíritu a un monte grande y alto y mostróme la ciudad, la santa Jerusalén descendiendo del cielo, desde Dios, teniendo la gloria de Dios; la lumbrera de ella semejante a piedra preciosísima, como piedra jaspe cristalizante(c); teniendo muro grande y alto; teniendo puertas doce, y sobre las puertas ángeles doce, y nombres escritos; que son de las doce tribus de hijos de Israel: a oriente, puertas tres y a septentrión, puertas tres, y al mediodía, puertas tres, y al occidente, puertas tres. Y el muro de la ciudad, teniendo fundamentos doce y sobre ellos doce nombres, de los doce apóstoles del Cordero. Y el que hablaba conmigo, tenía medida: caña áurea, para medir la ciudad y sus puertas y su muro. Y la ciudad cuadrangular sita está, y su longitud cuanta su latitud. Y midió la ciudad con la caña por estadios doce millares: la longitud y la latitud y la altura de ella iguales son. Y midió su muro: ciento cuarenta y cuatro codos, medida de hombre, la que es de ángel(d). Y era la estructura de su muro, jaspe; y la ciudad, oro puro, símil a vidrio puro. Los fundamentos del muro de la ciudad, con toda piedra preciosa adornados: el fundamento el primero, jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda; el quinto, sardónice(e); el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el nono, topacio; el décimo, crisóprasa; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Y las doce puertas, doce margaritas; cada una de las puertas era de una margarita. Y la calle de la ciudad, oro puro, como vidrio translúcido. Y templo no vi en ella; pues el Señor Dios el Omnipotente, templo de ella es, y el Cordero. Y la ciudad necesidad no tiene del sol ni de la luna, que le luzcan; que la gloria de Dios la ha iluminado, y su lámpara, el Cordero. Y caminarán las gentes a la luz de ella; y los reyes de la tierra traen la gloria suya a ella; y sus puertas no se cerrarán, no, de día (que noche no habrá allí); y traerán la gloria y el honor de las gentes a ella. Y no entrará, no, en ella todo común(f) y el que hace abominación y mentira; sino los escritos en el libro de la vida del Cordero. Y mostróme un río de agua de vida, espléndido como cristal, el que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza de ella, y, del río, aquende y allende, leño de vida, haciendo frutos doce; cada mes, dando su fruto; y las hojas del leño para sanidad de las gentes. Y toda maldición no habrá ya. Y el trono de Dios y del Cordero en ella estará, y los siervos de él serviránle, y verán su faz; y el nombre de él, sobre sus frentes. Y noche no habrá ya, y no tienen necesidad de lámpara y luz de sol; porque Señor Dios iluminaráles, y reinarán por los siglos de los siglos. Y díjome: «Estas palabras, fieles y verdaderas; y el Señor Dios de los espíritus de los profetas envió su ángel a mostrar a sus siervos las cosas que han de acontecer en breve. Y he aquí vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro». Y yo, Juan, el que oyó y vio estas cosas. Y cuando oí y miré, caí a adorar delante de los pies del ángel, el que me mostraba estas cosas. Y díceme: «Mira; no: consiervo tuyo soy y de tus hermanos, los profetas y de los que guardan las palabras de este libro; a Dios adora». Y díceme: «No selles(a) las palabras de la profecía de este libro; que el tiempo cerca está. El que agravia, agravie todavía; y el contaminado contamínese todavía; y el justo, justicia haga todavía, y el santo, santifíquese todavía. He aquí vengo pronto, y el galardón mío, conmigo, a retribuir a cada uno, como la obra es de él. Yo el alfa y la o, el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados los que lavan sus estolas, para que sea su potestad sobre el leño de la vida; y, para que por las puertas entren en la ciudad. Fuera(b) los canes(c), y los hechiceros, y los rameros, y los homicidas, y los idólatras, y todo el que ama y hace mentira. Yo, Jesús, he enviado mi ángel a testificaros esto para las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella, la esplendorosa, la matutina(d). Y el Espíritu y la esposa dicen: «Ven»; y quien oye, diga: «Ven». Y quien tiene sed, venga; quien quiere, coja agua de vida gratuitamente. Testifico yo a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: si alguno añadiere a ellas, añadirá Dios sobre él las plagas, las escritas en este libro; y, si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, quitará Dios su parte del leño de la vida y de la ciudad la santa, de(e) las cosas escritas en este libro(f). Dice el que testifica estas cosas: «Sí; vengo pronto». Amén; ven, Señor Jesús. La gracia del Señor Jesús con todos. short.title=Jünemann description=Sagrada Biblia - Versión de la LXX al español - por Guillermo Jünemann about={\rtf1\ansi\ansicpg1252\deff0{\fonttbl{\f0\froman\fprq2\fcharset0 Georgia;}{\f1\froman\fprq2\fcharset0 TITUS Cyberbit Basic;}{\f2\fnil\fcharset0 Georgia;}{\f3\froman\fprq2\fcharset0 Times New Roman;}{\f4\fnil\fcharset0 TITUS Cyberbit Basic;}}\ {\colortbl ;\red0\green0\blue0;\red0\green0\blue255;}\ {\stylesheet{ Normal;}{\s1 heading 1;}{\s2 heading 2;}{\s3 heading 3;}}\ \viewkind4\uc1\pard\nowidctlpar\qc\cf1\lang1034\b\f0\fs64 LA SAGRADA BIBLIA\par\ \pard\qc\fs36 Versi\'f3n de la Septuaginta al espa\'f1ol\par\ \line\fs28 PBRO. GUILLERMO J\'dcNEMANN BECKSHAEFER\cf0\lang4106\b0\f1\par\ \pard\nowidctlpar\qc\cf1\lang1034\f0\fs22\par\ \fs24 Versi\'f3n directa del Griego, Hebreo y Arameo.\par\ \fs24 Seg\'fan los mejores c\'f3dices:\par\ \fs24 Vaticano, Sina\'edtico, Alejandrino y sus mejores ediciones\par\ \fs22\par\ \fs20 Texto b\'edblico autorizado para su publicaci\'f3n por la Conferencia Episcopal de Chile mediante el decreto n. 70 (860/92) con fecha del 8 de octubre de 1992\par\ \fs22\par\ \i M\'f3dulo para e-Sword presentado por:\par\ \lang4106\b\fs24 EQUIPO INTERNACIONAL E-SWORD\par\ BIBLIOTECA HISPANA\par\ \pard\sl360\slmult1\qj\i0\fs20\par\ \pard\nowidctlpar\qc\b0 Queda terminantemente prohibida la venta o utilizaci\'f3n comercial de este m\'f3dulo.\par\ \par\ \i\f2 El Equipo Internacional e-Sword Biblioteca Hispana \i0\f0 agradece a la direcci\'f3n del \i\f2 Seminario Metropolitano de Concepci\'f3n \i0\f0 su amable colaboraci\'f3n al facilitarnos toda la informaci\'f3n necesaria as\'ed como acceso a la edici\'f3n impresa.\par\ \pard\sl360\slmult1\qj\b\par\ \pard\sl360\ Datos Bibliogr\'e1ficos\par\ \pard\nowidctlpar\b0 T\'edtulo: \tab\tab\tab La Sagrada Biblia.\par\ \tab\tab\tab Versi\'f3n de la Septuaginta al espa\'f1ol\par\ \pard\nowidctlpar\b0 Traductor: \tab\tab Guillermo J\'fcnemann Beckshaefer\par\ \pard\nowidctlpar\b0 Copyright: \tab\tab Esta traducci\'f3n est\'e1 en el dominio p\'fablico.\par\ \pard\nowidctlpar\b0 Editorial: \tab\tab Seminario Metropolitano de Concepci\'f3n\par\ \tab\tab\tab O'Higgins 1487 Chiguayante\par\ \tab\tab\tab Concepci\'f3n - CHILE\par\ \tab\tab\tab\cf2\ul http://www.seminarioconcepcion.cl\cf1\ulnone\par\ \pard\nowidctlpar\b0 Edici\'f3n:\tab\tab Antiguo Testamento publicado en 1992\par\ \tab\tab\tab Nuevo Testamento publicado en 1928\par\ \par\ \b\par\ \pard\sl360\slmult1\qj Datos Generales del M\'f3dulo\par\ \pard\nowidctlpar\lang3082\b0 Etiqueta: \tab\tab J\'fcnemann\par\ \pard\nowidctlpar\lang3082\b0 Tipo:\tab\tab\tab Biblia Completa\par\ \pard\nowidctlpar\lang3082\b0 Canon:\tab\tab\tab 73 libros\par\ \pard\nowidctlpar\lang3082\b0 Denominaci\'f3n:\tab\tab Cat\'f3lica\par\ \pard\nowidctlpar\lang3082\b0 Compilador:\tab\tab Equipo Internacional e-Sword, B.H.\par\ \lang1034 Fuente:\tab\tab\tab Texto descargable desde\par\ \tab\tab\tab\cf2\ul http://www.synodia.org/libros/junemann\cf1\ulnone\par\ \tab\tab\tab Preparado por VE Multimedios\par\ \tab\tab\tab\cf2\ul http://www.vemultimedios.org\cf1\ulnone\par\ \lang4106\tab\tab\tab Aunque se ha utilizado este texto como base, se han encontrado\line\tab\tab\tab algunos errores y notas cortadas que se han restaurado consultando\line\tab\tab\tab la edici\'f3n impresa.\lang1034\par\ \lang4106 \'daltima Revisi\'f3n:\tab 26 de noviembre de 2009.\par\ \par\ \lang4106 Este texto debe ir acompa\'f1ado de un m\'f3dulo de comentario que contiene las notas.\par\ \par\ \b\f2 Numeraci\'f3n de vers\'edculos:\b0\f0 Esta traducci\'f3n de la Biblia utiliza en algunos pasajes una numeraci\'f3n de cap\'edtulos y vers\'edculos que difiere de la est\'e1ndar de e-Sword. A fin de mantener la compatibilidad se ha adaptado la numeraci\'f3n, dejando entre par\'e9ntesis la numeraci\'f3n de la obra impresa por respeto al original, y para facilitar su consulta.\par\ \par\ \par\ \pard\sl360\slmult1\qj\lang4106\b Acerca del traductor y la obra\par\ \pard\cf0\lang3082\b0\f3 (Texto tomado de \cf2\ul http://www.multimedios.org/docs/d000056/p000007.htm\cf0\ulnone )\par\ \par\ \pard\s2\sb100\sa100\qj\b\f0\fs28 Primicia mundial desde Am\'e9rica Latina\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0\fs20 Si bien, como ya se ha se\'f1alado, en la \'e9poca del dominio espa\'f1ol puede que se haya dado alguna traducci\'f3n de la Biblia a un idioma nativo de Am\'e9rica, no existe clara evidencia de ello, salvo por lo ya indicado en el estudio del padre Specker. Tampoco hay evidencia de una traducci\'f3n completa de la Biblia en las posesiones espa\'f1olas de Am\'e9rica. As\'ed, pues, con toda justicia corresponde al padre Guillermo J\'fcnemann Beckschaefer el muy honroso t\'edtulo de primer traductor de la Sagrada Escritura en Am\'e9rica \cf2\super 98\cf0\nosupersub . M\'e1s a\'fan, su traducci\'f3n directamente del antiguo texto griego de la Biblia al castellano es una verdadera primicia mundial. Lo fue al hacer la traducci\'f3n castellana y lo sigue siendo hoy, pues no se ha emprendido obra semejante \cf2\super 99\cf0\nosupersub .\par\ \pard\s3\sb100\sa100\qj\b El padre J\'fcnemann\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 Aunque naci\'f3 en la ciudad de Welwer, en Westfalia, el 28 de mayo de 1855, a los ocho a\'f1os arrib\'f3 a Chile para quedarse durante toda su vida en su nueva patria. Sus padres, Federico J\'fcnemann y Cristina Beckschaefer, junto con sus cuatro hijos, emigraron de Alemania. Para 1871, Guillermo marcha a Santiago, donde sigue estudios en el Colegio San Ignacio. Dos a\'f1os despu\'e9s, el joven alumno, que iba destacando en el aprendizaje, ingresa al Seminario Conciliar de Concepci\'f3n. Ya entonces destacaba por su dominio del lat\'edn. A \'e9l suma el aprendizaje del griego. Tras los estudios correspondientes de filosof\'eda y teolog\'eda, recibe el orden sacerdotal, en 1880. Al lado de sus labores ministeriales realiza tareas de ense\'f1anza. De \'e9stas brotan varios libros como su texto de \i Literatura espa\'f1ola,\i0 su \i Antolog\'eda Universal de los Mayores Genios Literarios\i0 o aqu\'e9l otro de \i Literatura Universal\i0 \cf2\super 100\cf0\nosupersub . La editorial alemana Herder los publica. Tambi\'e9n traduce la \i Il\'edada\i0 , pues era muy aficionado al estudio de los cl\'e1sicos griegos y tambi\'e9n a los latinos.\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 Para 1920, el sacerdote germano-chileno da inicio a la traducci\'f3n del Nuevo Testamento directamente del griego. Contin\'faa con el Antiguo Testamento, para lo cual recurre, lleno de devoci\'f3n por el valor que le concedieron los autores del Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia, a la antigua versi\'f3n griega, conocida como de los \i LXX\i0 \cf2\super 101\cf0\nosupersub . Unos siete a\'f1os le lleva realizar su traducci\'f3n, hasta noviembre de 1928. Realiza su labor en unos peque\'f1os cuadernos manuscritos, de los que en el mismo 1928 entrega a imprenta el Nuevo Testamento, que publica la Editorial Diocesana de Concepci\'f3n. El Antiguo Testamento, versi\'f3n de la \i Septuaginta\i0 al castellano, s\'f3lo ser\'e1 editado 64 a\'f1os despu\'e9s, con la aprobaci\'f3n de la Conferencia Episcopal de Chile.\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 El padre J\'fcnemann fue llamado por el Se\'f1or el 21 de octubre de 1938, estando en Tom\'e9, en su querida di\'f3cesis de Concepci\'f3n.\par\ \pard\s3\sb100\sa100\qj\b La Biblia del padre J\'fcnemann\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 El origen de su deseo de traducir la Sagrada Escritura habla mucho de la personalidad de este sensible sacerdote. En sus propias palabras relata as\'ed c\'f3mo empez\'f3 su aventura: \'abUn d\'eda me dice casi de improviso una ni\'f1a: "Cuando abro el Evangelio, no s\'e9 lo que me pasa: me olvido de todo; me parece que no estoy aqu\'ed". Y yo: "Cu\'e1nto m\'e1s gozar\'eda Ud., si lo leyese exactamente traducido; no tan mal como lo est\'e1". Ella: Y \'bfpor qu\'e9 no lo traduce bien Ud.; ya que escribe tantas otras cosas? Yo le copio. Yo: Ud. sabe que mi editor (B. Herder) y Alemania son actualmente, como si no existieran. \'bfQui\'e9n me lo imprime? Ella: Yo le ayudo a costear la edici\'f3n... A\'f1adir\'e9 que distaba ella mucho de ser rica; y no tengo ya necesidad de decir que el mismo d\'eda cog\'ed la pluma, y no la soltar\'e9 hasta que termine mi trabajo, si Dios antes no me la quita de la mano. \'c9sta es la g\'e9nesis de mi versi\'f3n de la Biblia\'bb \cf2\super 102\cf0\nosupersub .\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 El Nuevo Testamento fue publicado por primera vez en 1928. Se trata de un texto sumamente literal que se ajusta incluso al orden de las palabras en griego. El padre J\'fcnemann lleva muy metida en las venas la precisi\'f3n tan querida por el genio alem\'e1n de sus antepasados, y elige realizar una traducci\'f3n lo m\'e1s literal posible. Se da pocas libertades a pesar que afirma su prop\'f3sito de \'abverterla (la palabra divina) de modo que no tuviese yo que avergonzarme delante de Dios por irrespetuoso, ni delante del idioma espa\'f1ol, ruboriz\'e1ndome de rigidez y pobreza\'bb \cf2\super 103\cf0\nosupersub . El literalismo que se percibe m\'e1s parece responder al primer criterio.\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 Igual sentido literal se aprecia en el texto del Antiguo Testamento, que bien podr\'eda servir para una edici\'f3n interlineal con el texto griego, de conocerse con seguridad de qu\'e9 obras traduce \cf2\super 104\cf0\nosupersub aqu\'e9l a quien Mons. Straubinger califica como \'abexcelente conocedor de la lengua griega y formado en la escuela de San Cris\'f3stomo, cuyos escritos eran su lectura predilecta\'bb \cf2\super 105\cf0\nosupersub .\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 La traducci\'f3n del padre J\'fcnemann constituye a\'fan hoy un testimonio b\'edblico de valor \'fanico. Incluso su literalidad extrema puede servir para seguir desde el castellano el texto griego de los \i LXX\i0 o el del Nuevo Testamento. Precisamente, G.Ma. Verd, hablando en general, se\'f1ala: \'abLas versiones literales transparentan el texto original, y pueden ser sumamente iluminadoras en la lectura privada de una persona de cultura\'bb \cf2\super 106\cf0\nosupersub , aunque no son para uso general ni pastoral. En todo caso, la magna empresa de J\'fcnemann queda como un hito muy especial en la historia de la traducci\'f3n de la Sagrada Escritura al castellano, y merece ser mejor conocida.\par\ \pard\s3\sb100\sa100\qj\b La edici\'f3n de 1992\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 Con ocasi\'f3n del Quinto Centenario de la Evangelizaci\'f3n de Am\'e9rica fue impresa en Chile \i La Sagrada Biblia\i0 traducida por Guillermo J\'fcnemann. Al texto castellano ya fijado por la edici\'f3n del Nuevo Testamento de 1928, se sum\'f3 una especie de odisea de copiados que desde los manuscritos originales llegaron a la imprenta.\par\ \pard\sb100\sa100\qj\b0 Los manuscritos originales de la traducci\'f3n de los \i LXX\i0 , en los ya mencionados peque\'f1os cuadernos, quedaron en posesi\'f3n del padre Benedicto Gui\'f1ez, quien qued\'f3 a cargo para cuanto fuera menester. \'c9ste trasmiti\'f3 luego la responsabilidad al padre Ambrosio Villa, quien pas\'f3 a m\'e1quina buena parte de la traducci\'f3n. A su vez \'e9ste traslad\'f3 todas las responsabilidades a otro sacerdote, que como los anteriores hab\'eda sido disc\'edpulo del padre J\'fcnemann. Esta vez, quien recibi\'f3 la posta fue el padre Eleazar Rosales Rojas, quien prosigui\'f3 la tarea. Finalmente mediante documento notarial el padre Rosales, al enfermar gravemente, pas\'f3 los manuscritos y la potestad sobre ellos a Gustavo Leiva Carrasco, en setiembre de 1971. Precisamente Leiva, Vicepresidente del Centro de exalumnos del Seminario Conciliar de Concepci\'f3n, con la colaboraci\'f3n y apoyo eficaz del presidente Alfonso Naranjo Urrutia y el aliento del Arzobispo de Concepci\'f3n, Mons. Antonio Moreno, lograron la publicaci\'f3n de una edici\'f3n de la Biblia completa, cumpliendo as\'ed el sue\'f1o del padre J\'fcnemann.\par\ \pard\qj\f4\fs24{\pict\wmetafile8\picw1764\pich882\picwgoal8830\pichgoal29 \ 010009000003bb00000006001c00000000000400000003010800050000000b0200000000050000\ 000c023300590e040000002e0118001c000000fb021000070000000000bc020000000001020222\ 53797374656d0000590e00008c990000a889130070838239f8bf20000c020000040000002d0100\ 0004000000020101001c000000fb029cff0000000000009001000000000740001254696d657320\ 4e657720526f6d616e0000000000000000000000000000000000040000002d0101000500000009\ 02000000020d000000320a5a0000000100040000000000610e320020242d00030000001e000700\ 0000fc020000808080000000040000002d01020008000000fa02050000000000ffffff00040000\ 002d0103000e00000024030500ffffffffffff3200600e3200600effffffffffff08000000fa02\ 00000000000000000000040000002d01040007000000fc020000ffffff000000040000002d0105\ 00040000002701ffff040000002d010000030000000000\ }\f0\par\ \pard\sb100\sa100\qj\cf2\super\fs18 98\cf0\nosupersub Straubinger lo califica como \'abel primer traductor de la Biblia en la Am\'e9rica cat\'f3lica\'bb (p. 12). Quiz\'e1 la calificaci\'f3n \'abcat\'f3lica\'bb se deba a que conoc\'eda de la \i American Standard Version, de 1901,\i0 pero \'e9sta es tan s\'f3lo una revisi\'f3n de la inglesa \i Revised Version\i0 de la d\'e9cada de los ochenta del siglo XIX, o la edici\'f3n conocida como \i Biblia de Chicago\i0 (1931), cuyo Nuevo Testamento fue publicado por E.J. Goodspeed en 1923; los libros del Antiguo Testamento seg\'fan el canon protestante, fueron publicados por J.M. Powis Smith, T. Meek y otros, en 1927; y los dem\'e1s libros para, reci\'e9n, completar la Biblia seg\'fan el canon de la Iglesia fueron a\'f1adidos en 1939 (ver \ldblquote San Jer\'f3nimo\rdblquote 69: 161 y 164). Tenemos noticia de una Biblia protestante traducida por H.B. Pratt, aunque no la hemos podido confirmar.\par\ \cf2\super 99\cf0\nosupersub De 1931 a 1933 en M\'e9xico, Galb\'e1n Rivera publica en una traducci\'f3n del franc\'e9s, en veinticinco vol\'famenes, la \i Bible de Vence\i0 (1748-1750), que a su vez recoge otra traducci\'f3n francesa del siglo anterior: la \i Bible de Sacy\i0 (1672/1695). Ver Alonso, pp. 709 y 734; Tuya, p. 591.\par\ \cf2\super 99\cf0\nosupersub En nuestros d\'edas se est\'e1 realizando una edici\'f3n francesa con abundantes notas. Por ahora est\'e1 en el Pentateuco. Adem\'e1s de las varias traducciones latinas, hay tambi\'e9n al menos una en ingl\'e9s.\par\ \cf2\super 100\cf0\nosupersub Una buena presentaci\'f3n de la vida y obra del padre J\'fcnemann la ofrece Mons. Antonio Moreno Casamitjana, actual Arzobispo de Concepci\'f3n, en el pr\'f3logo que hace a la edici\'f3n \i La Sagrada Biblia\i0 del recordado cl\'e9rigo de Concepci\'f3n. Los datos han sido tomados de la obra de J\'fcnemann, \i Mi Camino,\i0 de los que aparecen en su edici\'f3n de la Biblia, y de alg\'fan dato tomado del pr\'f3logo de Mons. Juan Straubinger a su propia traducci\'f3n.\par\ \cf2\super 101\cf0\nosupersub Ver Benoit, pp. 155-192; Swete, pp. 381-477; tambi\'e9n: Rahlfs, p. LVII; Lifschitz, pp. 397s; Koester, pp. 252ss.\par\ \cf2\super 102\cf0\nosupersub Guillermo J\'fcnemann, \i Mi camino\i0 , Imprenta San Francisco, Chile, 1939, pp. 533s.\par\ \cf2\super 103\cf0\nosupersub Lug. cit.\par\ \cf2\super 104\cf0\nosupersub Mons. Moreno Casamitjana se\'f1ala: \'abNo sabemos exactamente qu\'e9 texto emple\'f3 el se\'f1or J\'fcnemann. El \ldblquote Diccionario Biogr\'e1fico del Clero Secular Chileno\rdblquote , de don Raymundo Arancibia, habla de una traducci\'f3n hecha por don Guillermo J\'fcnemann, \ldblquote seg\'fan los C\'f3digos Vaticano, Sina\'edtico y Alejandrino\rdblquote , lo que permitir\'eda pensar que us\'f3 alguna de las ediciones de Tischendorf-Nestl\'e9\'bb (J\'fcnemann (1992), p. 21).\par\ \cf2\super 105\cf0\nosupersub Straubinger, p. 11.\par\ \cf2\super 106\cf0\nosupersub Verd (1971), pp. 350s. Sobre la traducci\'f3n literal se puede ver Sc\'edo, \i Disertaci\'f3n Preliminar\i0 , ep\'edgrafes IV y V.\par\ \pard\nowidctlpar\cf1\lang4106\b\fs20\par\ }\